“Resiste”, el monumento construido por la resistencia en Cali

Lo que empezó como un sueño se hizo realidad. En víspera de cincuenta días de paro nacional, la comunidad de Puerto resistencia, su creadora, con abierta y desbordante alegría inauguró el monumento “Resiste”.

 

Similar a como ha sido su tenacidad para resistir la andanada criminal del establecimiento, logrando mantener el control de su territorio más allá de lo imaginado, la numerosa y vistuosa concurrencia comunitaria lo llenaba todo. No ocultaban su alegría ni su identidad con lo que está sucediendo, y no es para menos.

Al llegar al punto de la inauguración, si se entra por la calle 27, lo primero con que se encontraba quien pretendía ingresar al espacio designado para la celebración, era un carro incendiado con el que obstruían la vía. Varios manifestantes con boquitoquis coordinaban la logística; “motos a la izquierda, no se cobra parqueadero”, decía uno de ellos.

 

 

Unas cuadras más adelante, a la altura de la autopista Simón Bolívar,se veían miles de personas con banderas de Colombia yotros miles con capuchas que cubrían su rostro. A lo lejos, sobre una tarima,desprendía su sonido el cacerolazo sinfónico; a su lado varias personas desmontaban los andamios de un monumento de 12 metros de alto, que retoma una mano que con varios escudos incrustados a su costado izquierdo, en la cima, agarra con los dedos la palabra “Resiste”.

 

 

 

En el cambuche donde la comunidad guarda las herramientas con las que construyó este monumento estaba Luis García*, metalmecánico del sector, que emocionado contó cómo nació la idea: “Una noche estaban cinco manifestantes que propusieron la construcción del monumento. Y entonces unos obreros fueron por material y cogieron unas varillas que estaban botadas en las estaciones del MIO, y empezaron la construcción, donde antes había 3 postes de 12 metros y donde se colocaban unas banderas. Se consiguieron los andamios, los soldadores y las pulidoras. La comunidad traía que palustres, que palas, que cemento y arena. También un señor donó las luces para iluminar el monumento en la noche. Con esto le demostramos al Gobierno que sí podemos y el Gobierno enojado porque le dimos un ejemplo, lo que hacen los pobres, que la unión hace la fuerza”.

La celebración es inmensa, mucho alboroto y alegría. Miles cantaban la conocida arenga “el que no salte es tombo”. A su vez, con una mano agarrada a una cinta amarilla para que no se pasaran personas y obstruyeran el desmonte de los andamios, estaba Valentina Quintero, con un casco blanco que a su costado derecho tenía pintada la palabra: arte.

Ella colaboró en el monumento haciendo las raíces de la mano y después pintando los escudos y las caras de varios manifestantes caídos, como Nicolás Guerrero, Luis Eduardo López y Elkin Fernández, oAngie Johana Valencia, la mujer que falleció en Calipso impactada por la bala de un fusil. “El monumento significa que empezamos desde abajo y vamos creciendo desde la noche y arriba, cuando termina el día, encontramos nuestra palabra “Resiste”. Y, para mí, la resistencia es victoria”, contó emocionada la joven, que en cuanto podía también saltaba y gritaba las demás arengas que miles de personas entonaban.

 

En el monumento, amarrado con lazos a las varillas del andamio y ayudando a desmontarlos, se veía a un joven con una pantaloneta del equipo América de Cali. Su nombre es Jefferson, y dice que su participación en la construcción del monumento fue desde el primer día en que el pueblo tomó la decisión de resistir y de reconocerse.

“La idea de su creación vino, sin querer distorsionarla, porque unos compañeros vieron una piedra con sangre. La idea del puño no es solamente de resistir sino de aguantar y de recuperar lo que es el amor. Un puño cerrado, es un corazón. Todos los temas son importantes, pero con hambre no trabaja nadie. Entonces, dibujé sobre las madres ancestrales que salieron a sacar su olla, su sancocho y su sazón acá en Puerto resistencia. Creo que fueron 19 días de construcción y fueron días muy corticos mano, porque hubo mucho amor. Pero si este monumento lo hubiera hecho el Estado se hubieran demorado 2 o 3 años y lo dejan iniciado”, expresó el artistadespués de terminar de desmontar los andamios, con una cerveza en la mano.

 

 

Varias intervenciones artísticas se presentaron a lo largo de la celebración. Personas de provenientes desde los otros veinte puntos de bloqueos de la ciudad estuvieron presentes en la inauguración, que terminó con juegos pirotécnicos. El monumento “Resiste”,propicia identidad y fortalece, valora lo realizado y logrado estas semanas de intensa lucha, y estimula a las personas de la ciudad de Cali en el propósito de mantener el Paro, que por falta de negociaciones y acuerdos serios por parte del gobierno parece prolongarse.

Vea la galería de fotos que el equipo desde abajo tomó de esta inauguración.

       

 

       

 

      

 

    

 

 

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

Escrito y fotografías: Sebastián Navarrete Aldana.

Publicado enColombia
Lunes, 14 Junio 2021 06:14

Delatores democráticos

Estatuas que representan a Edward Snowden, Julian Assange y Chelsea Manning, durante el lanzamiento de una campaña internacional, hace unos días, que apremia a la liberación inmediata del fundador de Wikileaks. Las figuras representan a personajes que se han atrevido a informar a sus conciudadanos sobre engaños, corrupción, injusticias o abusos gubernamentales.Foto Afp

Se cumplen 50 años este domingo desde que comenzó la publicación de los Papeles del Pentágono entregados al New York Times y después al Washington Post por Daniel Ellsberg, y el 11 de junio fueron ocho años desde que Edward Snowden decidió revelar que él fue quien filtró documentos secretos sobre el espionaje masivo a ciudadanos en Estados Unidos y otras partes del mundo, mientras Julian Assange lleva más de una década perseguido por Washington y otros gobiernos por atreverse a publicar y filtrar documentos sobre crímenes de guerra, engaños de gobernantes y políticos a sus ciudadanos, corrupción y más.

La semana pasada se reveló que el gobierno de Trump secretamente obtuvo información de las llamadas telefónicas de periodistas del New York Times, CNN y el Washington Post que sospechaba estaban recibiendo información filtrada. Y el jueves pasado, mientras Biden declaraba parte de su cruzada internacional contra la corrupción, un juez dio una sentencia de prisión a una funcionaria del Departamento del Tesoro que probablemente hizo más que nadie en tiempos recientes en la lucha contra la corrupción al filtrar documentos que llevaron a la investigación periodística multinacional sobre el dinero sucio en el sistema financiero internacional (https://www.icij.org/investigations/fincen-files/)

Se les llama whistleblowers, sopladores de silbato, los que dan pitazos, filtradores, denunciantes, y son aquellos que se atreven a informar a sus conciudadanos sobre engaños, corrupción, injusticias o abusos gubernamentales que podrían dañar a la sociedad.

Los periodistas que colaboran en estos esfuerzos por la transparencia también son perseguidos por las autoridades. Nixon ordenó a su Departamento de Justicia prohibir la publicación de los Papeles del Pentágono –que revelaban años de mentiras gigantescas sobre la guerra en Vietnam– un caso que llegó hasta la Suprema Corte, la cual, con un fallo de seis a tres, defendió la libertad de expresión y la prensa libre en una gran derrota para el presidente. Ante ello, Nixon ordenó a un grupo de operadores secretos conocidos como "los plomeros", ingresar a las oficinas del siquiatra personal de Ellsberg para buscar material con qué destruir al filtrador públicamente, y ahí empezó lo que después se conoció como Watergate y el fin de Nixon.

A sus 90 años, Ellsberg continúa no sólo defendiendo los actos de filtradores, sino solicitando que se multipliquen, y ahora se dedica a alertar sobre la amenaza creciente de una guerra nuclear, así como del cambio climático. "El acto de delatar es un acto de patriotismo, de defensa de la Constitución", afirmó la semana pasada. "Necesitamos vigilancia pública de todos los que están en el poder".

El padre y hermano de Assange están ahora en una gira por Estados Unidos, apoyados por un elenco de figuras reconocidas como Roger Waters y Chris Hedges, para exigir que el gobierno de Biden que ya abandone la persecución de Julian, quien permanece encarcelado en Inglaterra tratando de evitar ser extraditados a Estados Unidos, donde enfrenta una posible condena de 175 años de cárcel por revelar crímenes de guerra de Estados Unidos. "La batalla por la libertad de Assange es la batalla por la libertad de prensa de nuestros tiempos", afirmó Hedges en un foro de esta gira. (https://assangedefense.org/tour/).

Ellsberg señala que Snowden, Assange, Manning y varios filtradores y periodistas más son perseguidos y amenazados por revelar que las autoridades estaban violando las leyes internacionales y la propia Constitución. "Aquellos que revelan estas violaciones, y no los que cometieron esos crímenes son los que están bajo juicio".

"Un gobierno que exilia a Snowden por revelar espionaje doméstico ilegal y con cárcel a Assange por revelar crímenes de guerra y corrupción de líderes políticos estadunidenses y sus aliados, tienen cero credibilidad para denunciar a otros por abusar a disidentes y derechos humanos", escribe el periodista Glenn Greenwald.

Ms. Lauryn Hill. I’ve got life. https://open.spotify.com/track/4myeNyb8ArMQFvYqeivzp3? si=Ixwa0LkpTJGcXDJYpJJwIA&dl_branch=1

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Serrat: elaboré buenas  canciones gracias a poetas como Machado

Joan Manuel Serrat comentó que el confinamiento lo ha encontrado con los libros que tenía por leer y las aves visitantes. Foto de archivo La Jornada

Conversa en Internet con Paco Ignacio Taibo II sobre cómo la pandemia destapó el precio del tiempo y la conveniencia o no de escribir canciones

 

El cantante y poeta catalán Joan Manuel Serrat sostuvo que autores como Antonio Machado son quienes "nos ha permitido hacer buenas canciones. Si somos capaces de hacerlas, hemos de ser conscientes de que los poemas son los responsables". Así lo dijo durante una charla transmitida en línea este domingo.

El también compositor conversó con Paco Ignacio Taibo II, Paloma Sáiz y Marina Taibo en torno a la censura en la España franquista, su exilio en México y la relación con la familia de sus anfitriones de la Brigada para Leer en Libertad; además de como su inclinación al canto, la posición política contra el monolitismo de la dictadura en su país y sus actividades en el año de confinamiento por el Covid-19.

"El haber podido hacer de difusor de la poesía de Machado es fantástico. Pero antes, tienes que tratar de hacer unas buenas canciones, que suenen en la radio, funcionen en muchos sitios y que sea reconocida", declaró Serrat.

"Cuando hablamos de cantautores que hayan hecho letras con poetas, cuando ves lo que ha hecho Paco Ibáñez con Lorca o Góngora o Raimon con Salvador Espriu, de lo que estáis hablando es que cantes buenas canciones, que luego han podido comunicar el nombre del autor". Ironizó la versión de que cuando en el gobierno militar de Augusto Pinochet se dejaron de publicar libros de Machado "una de las razones fue por ser letrista mío".

Mencionó que "si llegara Antonio Machado ahora, seguramente me sería mucho más difícil. Había un cierto descaro en la forma de tratarlo que no era voluntario. Fue la que me permitió manejar muy bien todos los diferentes registros que hay en los poemas de mis canciones".

En la conversación organizada, Joan Manuel Serrat recordó “desde niño me gustaba cantar, cantar por cantar, porque me hacía feliz. Seguramente me llegó la afición porque también mi familia espantaba los males cantando.

"Tuve la ventaja de contar no sólo con ellos, sino también con la posibilidad de ir a la escuela. Lo que realmente me importaba cuando era niño era jugar, escaparme con mis amigos, correr, reír, ser feliz y luego empezar a estudiar."

Serrat refirió que no había pensado en que el canto fuera su vocación y por ello realizó estudios universitarios pues "estaba seguro que mi vida podría ir por otros derroterosde la ciencia y al conocimiento".

Fue entonces que empezó a "escribir alguna canción sin esperar mayores resultados". Cuando sus primeras melodías tuvieron éxito, se integró al grupo Els Setze Jutges (Los 16 jueces), cuyo nombre provenía de un refrán que era una especie de santo y seña catalán.

Una voz, para cada época

"Me metí porque en aquel momento el franquismo era nuestro gran enemigo político. La dictadura no coincidía con mis pensamientos o los de muchísimos españoles ni con los de mis padres y mis abuelos. Una manera de integrarme en la política fue haciendo canciones. Cantar y escribir en catalán era un enfrentamiento al sistema. El régimen era monolítico, pues sostenía que solamente había un país, una lengua y una forma de pensar".

Narró que a sus 20 años “el concepto de inmortalidad o de inmoribilidad lo tienes a flor de piel, o sea que no tienes ninguna prudencia, recato o pudor. El descaro nos ayuda mucho. A la vuelta de la esquina te encontrabas con un puñetazo.

"Siempre pasaba algo que te hacía despertar de aquel entusiasmo, pero de alguna manera te hacía crecer. Cantar en el franquismo, crear, inventar, escribir o pintar era siempre cargando la losa terrible de la censura. Tú mismo te convertías en un personaje vigilado, perseguido y acosado."

Contrastó con el presente: "uno agradece tener libertad para manifestarse de lo que sea, como sea y en el sentido que sea"; reconoce cuánta ventaja tiene para que una sociedad pueda crecer, ser más tolerante, limpia, trasparente y, sobre todo, "en la que todos nos podamos sentir mejor".

El autor de Cantares mencionó que en México "me supe exiliado después de haberlo estado. Yo vivía cada día esperando el regreso hasta cierto punto. Me dí cuenta de cuál había sido el gran drama del exilio español en México: la tardanza en la integración. Entendí que debía tocar y cantar enseguida".

Por ello, en los camiones La Gordita y La Chispita viajó dando conciertos. “Una gira hermosa de medio año por toda la República Mexicana. Fue mi gran aprendizaje de un conocimiento físico de este país tan rico, inmenso, complicado y a veces distinto que es México.

Ese periplo, sostuvo, "me dio la posibilidad de detener esta situación inestable espiritualmente, tener la estabilidad que me dieron las personas que me acogieron, me ayudaron a integrarme y siguen siendo a lo largo de mi vida mi gran compañía".

Serrat afirmó que acceder a la casa de Paco Ignacio Taibo en nuestro país "fue como llegar al jardín de las delicias", porque ahí se reunía un importante grupo de españoles y mexicanos. "Ahí estaba Luis Buñuel siempre. Luis Alcoriza, Juan Rejano, Luis Rius, Max Aub y Juan Rulfo. Tuve mucha suerte por las personas que conocí entonces y me acogieron. Son mis amigos".

Era el tiempo próximo a la matanza de Tlatelolco: “Convulso, muy duro y negro. El luto de la masacre aún persiste, También hubo un activismo muy fuerte. En la universidad y fuera se empiezan a mover. La política como posibilidad ciudadana de optar por bajar unas ideas del pensamiento a la calle empieza a hacerse realidad. Un concepto que ha tardado mucho, pero de alguna forma ir avanzando. Volvemos a Machado: ‘todo pasa y todo queda’”.

Sobre sus actividades en el confinamiento mencionó: "procuro tener el tiempo ocupado. Es tan escaso y se va tan rápido que creo que hay que usarlo. Es lo más caro, junto con la salud, de lo que disponemos. Me he dedicado mucho en este año a ver crecer los árboles, a ver lo que les pasa. Y los pájaros. Tengo una gran relación con todos los pájaros que viven alrededor de mi casa".

También se ha convertido en "un lector insistente, pertinaz de todos aquellos libros que pensaba se iban a quedar en las estanterías sin leer". La escritura es otra de sus actividades, "pero he pasado una temporada larga que no (ha escrito), he pasado unos meses en que no veía para qué. Si tú vas a escribir unas canciones es para subir al escenario y cantarlas. Si no, ¿qué vas a escribir?, ¿quién las va a escuchar?".

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El exjefe del Ejército brasileño reveló que la cúpula castrense conspiró contra la liberación de Lula da Silva

Contenido escandaloso del libro "General Villas Boas: conversaciones con el comandante"

Villas Boas admite que el texto disparado vía Twitter que amenazó a los ministros de la Corte Suprema fue elaborado por todo el Alto Comando del Ejército, sin consultar a las demás fuerzas armadas. 

 

Revelaciones y declaraciones surgidas en los últimos días sacuden Brasil. La revelación más contundente, que apareció el miércoles, está a la venta en Amazon por poco más de tres dólares: el libro General Villas Boas: conversaciones con el comandante.

Ya la declaración que sorprendió vino un día antes, a través de Gilmar Mendes, uno de los veteranos integrantes del Supremo Tribunal Federal.Frente a las revelaciones sobre la manera con que el exjuez Sergio Moro actuó en el juicio que condenó el expresidente Lula da Silva a la cárcel, Mendes admitió sentirse “perturbado”. 

Dijo además que se pregunta cómo permitieron (en referencia a sus colegas de la corte suprema de justicia) que ocurriesen las manipulaciones y los absurdos ahora comprobados a través de grabaciones de intercambio de mensajes entre juez y fiscales. Mucho más que juez, Moro – quien luego sería ministro de Justicia del ultraderechista Jair Bolsonaro – actuó todo el tiempo como verdadero jefe de la acusación.

El objetivo único de las maniobras absolutamente ilegales era precisamente impedir que Lula fuese candidato en las elecciones de 2018.

A la omisión de la corte suprema frente a las manipulaciones ya bastante visibles en el juicio a Lula, se suma ahora otra revelación explosiva: Villas Boas, entonces comandante general del Ejército (bajo Dilma Rousseff), admite con una serenidad impactante que conspiró todo el tiempo, primero para alejar a su entonces jefa, y luego para impedir que un pedido de hábeas-corpus elevado por la defensa de Lula fuese aprobado por la corte suprema.

En el libro escrito por Celso de Castro, profesor de la prestigiosa Fundación Getulio Vargas, Villas-Boas revela algo aún más grave: el texto disparado vía Twitter que amenazó a los ministros de la corte suprema fue elaborado por todo el Alto Comando del Ejército, sin consultar a las demás fuerzas armadas – Marina y Aeronáutica –, y divulgado a tiempo de aparecer en el “Jornal Nacional”, noticiero de mayor audiencia en Brasil.

En otra de las entrevistas reunidas en el libro, Villas Boas admite haberse reunido muchas veces con el entonces vicepresidente Michel Temer, cuando la conspiración para desfechar el golpe institucional contra Dilma Rousseff estaba en plena marcha.

El argumento para justificar su omisión frente al golpe que se armaba gira alrededor de dos puntos: lo que él clasifica como “desastre económico” del gobierno, y la instauración de la Comisión de la Verdad que investigó crímenes cometidos por militares y agentes públicos a lo largo de la dictadura que duró 21 años, de 1964 a 1985.

Con relación a la política económica de Dilma, bastante criticable por cierto, no hay nada que justifique la participación de un general en la preparación de un golpe institucional.

Ya la referencia a la Comisión de la Verdad muestra la ambigüedad moral con que se mueven los militares brasileños.

En el twitter lanzado en vísperas de que la corte suprema analizase el pedido de hábeas corpus solicitado por la defensa de Lula, está dicho con todas las letras que el Ejército brasileño “juzga compartir la ansia de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad”.

Ironías de la vida: hace años la misma corte suprema, con otros integrantes, aseguró a todos los militares y agentes públicos de seguridad que cometieron crímenes de lesa humanidad exactamente la impunidad, con base a una ley de amnistía negociada al cerrarse las luces de la dictadura.

Hay muchas otras revelaciones lanzadas por el general retirado Villas Boas en el libro, relacionadas inclusive sobre cómo el Ejército en particular, pero con respaldo de la Fuerza Aérea y la Marina, optó por tragarse la candidatura de Jair Bolsonaro y luego integrar su gobierno.

Por más que las revelaciones y declaraciones no tengan mayor repercusión frente a la tragedia sanitaria padecida por los brasileños, quedan claras dos cosas.

La primera: la corte suprema actúa de manera omisa y luego el más contundente de sus integrantes se pregunta cómo permitieron que ocurriese lo que efectivamente permitieron.

La segunda: considerar que luego de la redemocratización los militares volvieron a los cuarteles determinados a cumplir su función constitucional ha sido, en el mejor de los casos, pura ingenuidad.

Siguen igualitos a lo que siempre han sido.

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"Soy cubano por los 64 costados, desde mis tatarabuelos al menos, y este es mi país y es mi cultura".

En su nueva novela, el autor de El hombre que amaba a los perros cuenta la historia de un grupo de amigos, llamado el Clan, atravesados por el exilio, el desarraigo y la dispersión. Explora el drama de esos jóvenes que asisten al colapso y desmoronamiento del mundo que conocían y cómo cada uno intentó sobrevivir quedándose o buscando empezar de nuevo en otro lugar. Padura es de los que se quedó. 

 

El hombre que ama a Cuba se define “cubano por los 64 costados”. Leonardo Padura, candidato al Premio Nobel de Literatura en 2020, publicó Como polvo en el viento (Tusquets), una novela en la que cuenta la historia de un grupo de amigos, llamado el Clan, atravesados por el exilio, el desarraigo, la dispersión. La generación de Clara, Bernardo, Elisa, Irving, Darío, Horacio, Fabio y Liuba --que es también la generación de Padura-- vivió el fin de las esperanzas cuando llegó el llamado “Período Especial” en los años noventa. Entonces el país se quedó sin aliados políticos, sin alimentos, sin petróleo. La realidad de la isla entró en “un túnel oscuro cuya salida no se vislumbraba”. El escritor cubano explora el drama de esos jóvenes que asisten al colapso y desmoronamiento del mundo que conocían y cómo cada uno intentó sobrevivir quedándose o buscando empezar de nuevo en otro lugar.

El título de la novela Como polvo en el viento es un guiño a la canción “Dust in the wind”, de Kansas. La historia –que va de los años 90 hasta 2016— sigue de cerca a los personajes en La Habana, Hialeah (Florida, Estados Unidos), Madrid, Buenos Aires, Barcelona y San Juan (Puerto Rico), entre otras ciudades. Dos fantasmas recorren la trama: el fantasma de Elisa, que un día desapareció y el Clan nunca volvió a saber de ella, y el fantasma de Walter, un pintor que murió “reventado contra el pavimento luego de volar desde un piso dieciocho”.

Padura (La Habana, 1955), creador del detective Mario Conde –que apareció por primera vez en Pasado perfecto y ha protagonizado ocho novelas, entre las que se destacan Vientos de cuaresma, Adiós, Hemingway, La neblina del ayer y La transparencia del tiempo— está viviendo la pandemia de Covid-19 confinado en su casa en Mantilla, la misma casa en la que nació. Como muchos otros escritores y artistas, tuvo que cancelar varias giras, incluida su visita a la Argentina. La virtualidad le ha permitido participar de conferencias y entrevistas. En 2020 recibió la Medalla Carlos Fuentes de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El escritor cubano confiesa en la entrevista con Página/12 que extraña el movimiento, pero el tiempo confinado lo aprovechó para trabajar más. “Para mí el trabajo, mi trabajo, es un júbilo, sobre todo cuando me sale bien, y no tengo obligación onerosa”, dice Padura, el autor de El hombre que amaba a los perros, formidable reconstrucción literaria de las trayectorias vitales de León Trotsky y Ramón Mercader.

--Una pregunta que aparece en la novela tiene que ver con la diáspora cubana: ¿por qué alguien se aleja de su país sin salir de él?, como sucedió con José María Heredia y tantos otros. Escribir “Como polvo en el viento”, hurgar en la ficción (como ya lo habías hecho en “La novela de mi vida”), ¿te permitió encontrar una respuesta a ese dilema de alejarse sin poder salir de Cuba?

--Más que una respuesta a un asunto tan complejo y visceral para los cubanos (y para los ciudadanos de muchas partes del mundo), lo que hice fue encontrar más preguntas, más dudas, más incertidumbres. Las reacciones de los hombres ante los desafíos de la vida social y de las circunstancias políticas son grandes temas de la filosofía, y la literatura, creo, solo puede encontrar y lanzar más preguntas que interrogarán a los lectores y los motivarán. Eso es lo que me propongo: inquietar a los que me leen, obligarlos a pensar. Y ya eso es bastante.

--“Entre viajar y emigrar existe un pozo insondable. Y entre emigrar y adquirir un oneroso permiso de ‘salida definitiva’, con la transmutación de ciudadano en apátrida, un horror parecido al desierto”, se dice en “Como polvo en el viento”. ¿Por qué decidiste no emigrar de Cuba? ¿El temor de ser un “apátrida”, de quedarte sin material para escribir, hizo que eligieras quedarte?

-En una ocasión le preguntaron algo así a nuestra gran poeta Dulce María Loynaz y ella respondió con contundente simpleza: “No me voy porque yo llegué primero”. Yo también. Soy cubano por los 64 costados, desde mis tatarabuelos al menos, y este es mi país y es mi cultura. Y yo necesito esa realidad para escribir. Si no hubiera sido escritor, quizás hubiera emigrado. Pero soy un escritor, un escritor cubano, un escritor cubano que necesita a Cuba para escribir.

--El impacto que genera en el Clan la lectura de “1984”, de George Orwell, a principios de los años 80, ¿le pasó también al joven Padura, entonces periodista de la revista literaria “El Caimán Barbudo”?

--Es absolutamente biográfico y también generacional. Nos pasó a muchos. Ver, aun en una novela, adónde puede llegar la sociedad perfecta, cerrada, uniforme, nos produjo pavor. Y lo peor es que, todavía hoy, me provoca la misma sensación. Cada vez que se proclama la unanimidad y la obediencia, siento el aliento de 1984.

--Uno de los personajes del Clan, Horacio, repite una frase de Fassbinder: “El miedo devora el alma”. Si como dice Irving, otro miembro del Clan, “cada uno arrastra sus miedos, solo que unos cargan más que otros”, ¿qué miedos tenía el joven Padura? ¿Y cómo aparecen esos miedos en la escritura?

--He pasado por muchos miedos… Voy a recordar algunos… En 1983, cuando me sacan de El Caimán Barbudo, la revista donde había comenzado mi vida laboral, tuve miedo de no poder volver a ser persona en Cuba, como le había pasado a muchos intelectuales en los años 1970. En Angola, cuando estuve como periodista, le tuve mucho miedo a la muerte: era la circunstancia más cercana en que había vivido esa posibilidad. Por años he tenido miedo a la marginación social e intelectual. Y ahora le tengo miedo a la vejez, que para un escritor puede ser un estado lamentable.

--En la novela se recuerda la demolición que significó el llamado “Período Especial” en Cuba. Uno de los miembros del Clan, Clara, ganaba tres dólares al mes, cuando en el mercado negro un pollo costaba un dólar o un dólar cincuenta, según el tamaño. Es decir que Clara, como se plantea en la novela, “ganaba dos pollos al mes”. ¿Cuántos pollos al mes puede comprar hoy un cubano con su salario?

--No puedo sacar la cuenta, menos ahora que se han modificado los salarios y los precios. Lo que sí te puedo decir es que, por años, desde esa década de 1990, la mayoría de los cubanos que ganan un salario del Estado (que aun hoy es el mayor empleador del país), no han podido vivir con su salario. Y eso lo ha reconocido el gobierno. Y esa realidad ha obligado a la gente a practicar muchas estrategias de supervivencia. Por ejemplo: vivir de remesas que envían de Estados Unidos sus familiares “apátridas”. Al vivir de los “gusanos”, muchos de los que se quedaron se convirtieron en “garrapatas”.

--Uno de los personajes femeninos que se fue de Cuba tiene una mirada muy negativa: “Cuba es un país maldito y los cubanos somos su peor maldición. Somos gentes que preferimos odiar y envidiar más que crecer con lo que tenemos”, dice. Si esto es una parte constitutiva de la idiosincrasia cubana, ¿de dónde viene esta maldición, este odio?

--Ese personaje, que es muy complejo, tiene sus razones, visibles y ocultas, para tener esa opinión (y como ella miente mucho, pues se puede dudar de lo que dice). En fin, no se trata de un axioma. Es una reacción personal. No obstante, en Cuba y fuera de Cuba los cubanos han practicado demasiado el odio. Desde el odio de clases, al odio del resentimiento, al odio alentado por la envidia o provocado por ella. Y sería bueno poder superar ese odio para tener un país de todos y para todos. En una época pensé que era posible esa superación. Ya no. O porque se ha enquistado ese odio, o porque es una maldición nacional, una especie de castigo divino.

--Aparece en la novela una crítica del Clan hacia la generación de los padres, hacia una parte de esos padres (el padre de Elisa, por ejemplo) que se decían comunistas íntegros, pero que tenían un accionar público y privado cuestionable. ¿Qué consecuencias tiene ese desencanto generacional?

--La primera consecuencia fue de índole ético. Mientras ese tipo de personas tenía un discurso público, su vida privada iba por otro camino, y eso fue bautizado como “doble moral”, cuando en realidad era no tener ninguna. Luego, el desengaño: prometieron muchas cosas que nunca se lograron y, mientras, exigieron obediencia. Muchos de los hijos de esos personajes hoy viven fuera de Cuba. Son parte de la diáspora que hemos vivido.

--Desde la perspectiva que despliega la novela, parecería que el desencanto se “radicaliza” y los hijos del Clan, los hijos de Clara, no dudan en irse de Cuba, mientras la madre es la única que se queda. Excepto porque no es escritora, se podría decir que entre todos los personajes de la novela, Clara es la que más se parece a Leonardo Padura, ¿no?

--Me identifico mucho con Clara, y también con el personaje de Irving, uno de los que se va de Cuba sin irse por completo de Cuba. Pero Clara es la resistencia, la permanencia, dos actitudes que yo he practicado. No solo porque yo haya llegado primero, sino porque tengo ese fuerte sentido de pertenencia. Como Clara, vivo en la casa donde nací, en el barrio en que nací, y he hecho de mi lugar, mi caracol. Desde aquí me asomo y veo el mundo, y de vez en cuando, salgo a recorrerlo, pero con mi casa a cuestas.

--Hay un tema que aparece a través de la historia de uno de los personajes y es la vergüenza por el origen de uno de los miembros del Clan, cuya madre fue violada, nunca supo quién fue su padre y tuvo una infancia marcada por la marginación y la pobreza. Y su bisabuelo fue un negro esclavo. ¿La esclavitud es negada por una parte de la sociedad cubana?

-Ese es un tema muy complejo, diría que medular de la historia cubana: el papel, la existencia del negro en la conformación del cuerpo nacional. Como en cualquier país del occidente, en Cuba ha habido racismo. Por suerte, desde hace décadas no hay discriminación racial y las manifestaciones de racismo son muy combatidas, pero no han desaparecido, por razones históricas, culturales, psicológicas incluso. Pero la integración del negro a la sociedad cubana es hoy mucho más plena que nunca en nuestra historia, por políticas domésticas y por el mismo peso de la evolución social. Y, entre los más jóvenes creo que casi no es un problema. Ojalá sea así.

--Uno de los personajes, hacia el final de la novela, se pregunta si “es posible la reconciliación nacional luego de tanta ofensa cruzada, de tanto odio acumulado y muy bien preservado”. ¿Qué respuesta podría barajar Leonardo Padura hoy?

--Algo te adelanté… Hoy soy muy pesimista al respecto. Los fundamentalismos parecen ser más fuertes que la racionalidad, incluso que el pragmatismo, y hay cabezas que se dedican a alimentarlo. Y hoy mismo está muy bien alimentado.

--Se anunció que Cuba tendrá una sola moneda de curso legal, el peso cubano (CUP), con una tasa de cambio de 24 unidades por dólar, desde el 1° de enero. ¿Qué ventajas traerá esta unificación a la economía cubana?

--La ventaja de que se unifiquen monedas y tipos de cambio, y eso provocará reacciones hacia el muy deformado y poco eficiente sistema económico cubano, es que a la larga puede ser favorable. La medida era muy esperada, era necesaria, pero hacia la vida cotidiana de los ciudadanos va a ser complicado, y no sé si podrá afectar hasta asfixiarlo al pequeño sector privado... Pero apenas se ha iniciado ese tránsito y sería necesario ver su desarrollo para hablar de efectos permanentes.

--¿Cómo creés que serán las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos a partir de la asunción de Joe Biden el próximo 20 de enero?

--No lo sé, la verdad. Solo creo que no podrán ser peores de lo que han sido en estos cuatro años de Trump. Esperemos a ver…

--¿Estás escribiendo una nueva novela de Mario Conde?

--Sí, es una historia con dos líneas más o menos confluyentes. Una en el presente de 2016, con una investigación policial que realiza Conde, y otra alrededor de 1910, centrada en una figura mítica, Alberto Yarini, el más famoso y polémico proxeneta cubano. Es otro intento de reflexión sobre los destinos y desafíos de la cubanía. Siempre escribo sobre mis obsesiones.

Actividad cultural y disidencia

Más de 300 jóvenes protagonizaron una manifestación frente al Ministerio de Cultura en La Habana, el pasado 27 de noviembre, como reacción al desalojo de miembros del Movimiento San Isidro (MSI) que estaba realizando una huelga de hambre en protesta por la detención del rapero Denís Solís. Esa manifestación, en la que se exigía libertad de expresión y creación, contó con el apoyo de figuras como el músico Silvio Rodríguez. El actor Jorge Perugorría y cineastas como Fernando Pérez y Ernesto Daranas expresaron su respaldo a la necesidad de dialogar. El Movimiento San Isidro, que está integrado por artistas, intelectuales y periodistas alternativos, nació en 2018 para cuestionar el decreto 349, que regula la actividad cultural en Cuba. Entre los integrantes está el escritor y periodista Carlos Manuel Álvarez, el artista Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo, entre otros.

--¿Qué efectos está generando este movimiento en la cultura y la política cubana?

--El Movimiento San Isidro fue una expresión de descontento y disidencia y el grupo que se manifestó el 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura fue una expresión de una necesidad y una inconformidad. Lamentablemente creo que los efectos generados por ambas manifestaciones son los previsibles, los de siempre, al menos hasta ahora. Es como si dialogar fuera ceder y no avanzar. Y lo cierto, creo, es que sin diálogo no hay progreso.

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Domingo, 27 Diciembre 2020 08:10

La gata y el gran hombre

La gata y el gran hombre

A la memoria de Cartulina

 

En la cárcel de Poznan–Wronki, Polonia, escribe que se siente feliz porque, luego de mucho insistir, le han comprado una pequeña regadera y, aunque deba caminar hasta el estanque para llenarla al menos una docena de veces y así dejar regados en su totalidad los jacintos azules que le han permitido cultivar. Escribe también que ha logrado liberar de entre las rejas la que considera la primer avispa del verano “joven y delgada” cuando zumbaba aturdida contra los vidrios sin encontrar las hojas abiertas de la ventana de su celda. Y para escribir, amén de la única pluma y el papel restringido, Rosa Luxemburgo se las arregla con una silla y una madera empotrada en la pared. Al tiempo limitado del cautiverio suele oponerle la libertad del tiempo que hace : bajo la lluvia torrencial y sin paraguas (aclara como si obtenerlo fuera posible al igual que obtuvo la regadera), con su viejo sombrero y envuelta en la capa de la abuela Kautsky (la madre de Karl, dirigente de la Segunda Internacional) , escribe que vaga por el jardín seguida por un pequeño pájaro carbonero que seguramente se refugia bajo su silueta oscura de las gotas de agua y del viento (Con esa imagen Margaret Von Trotta elije comenzar su película Rosa Luxemburgo). Puede que no quiera preocupar a su amante y camarada Hans Diefenbach haciéndole un cuento de flores y de pájaros por correspondencia pero ese cuento que conserva, aún libre y en medio de los más arduos debates ideológicos y avatares políticos –cuando llegan a llamarla “perra rabiosa” o le adjudiquen chorros de veneno sin argumentos– hace pensar que la revolución no es incompatible con una voluntad de felicidad que sólo se encuentra en armonía con la naturaleza y sus criaturas. Para ella “sentirse bien” es casi una obligación militante. En cada prisión, ya sea por insultar al emperador, su militancia clandestina, la antimilitarista, o por ser considerada un peligro para la seguridad pública, prohibido el horizonte, la libertad le suele entrar por los oídos: En Poznan-Wronki, a través del sonido monótono del sacudir de una alfombra que alguna guardiacárceles soltera o tal vez viuda, desea mantener limpia en un cuarto que acostumbra ocupar poco. En Zwickau, es el cuac cuac de los patos que le recuerdan el origen de algún mundo. En Alexanderplatz, donde la noche comienza a las cinco y treinta, es el trepidar de los trenes de cercanías que le impiden dormir hasta que los acalla con su propia voz cantando una área de Las bodas de Figaro, más tarde el grito de alguien que ordena recogerse en la casa a una niña que canta y baila escapándose –puede imaginarla– hasta que sus protestas se apagan hasta el día siguiente. Y lo más conmovedor: en Barnimstrabe, las luces se apagan a las nueve de la noche; a esa hora o unos minutos después un bebé rompe a llorar con esa clásica progresión de vagido in crescendo que, bajo el propio estímulo, suele conducir al aullido vivo. A las diez en punto se oye la voz impaciente de la madre , unos golpecitos no muy fuertes , al mismo tiempo de castigo y de consuelo, y se hace el silencio. “Creeme, Hänschen –le escribe Rosa a Hans Diefenbach–, ese anticuado método para resolver los problemas de la existencia también hizo maravillas en mi alma a través de las palmaditas en el trasero del bebé. Mis nervios se relajaron inmediatamente junto con los del niño y me dormí cada vez simultáneamente con él”.

Estas imágenes poderosas, de radiante vitalidad en medio de toda tiniebla pertenecen al libro Dime cuando vienes, cartas de amor, 1893-1917 de Rosa Luxemburgo que publicó la editorial Banda Propia con prólogo de Diamela Eltit y traducción y selección de Angelo Narváez León. Los corresponsales son Leo Jogiches, Kostja Zetkin, Paul Levi y Hans Diefenbach, amantes, camaradas, “cuadros”, aunque la retórica amorosa los condene a los diminutivos “Niuniu”, ”Bub”, ”Bobus”, “Bub”, “Kukuchna”, ”Ciucia”, “Dziodzio”. Sólo las cartas escritas en prisión deben reprimir esas jocosidades retóricas privadas. Allí, en ausencia de la gata Mimi, especie de compañía y proyección de sí misma (“Ayer por la tarde hizo esto; la estaba buscando por las habitaciones, pero no la encontraba en ninguna parte. Comencé a preocuparme y luego la descubrí en mi cama. Acostada de tal modo que la cubierta quedaba bien colocada justo debajo de su mentón, con la cabeza sobre la almohada de la misma manera en que yo me acuesto”), presencia tan asidua en las cartas como la de un Karl Kauski o una Clara Zetkin, es preciso desdoblarse en lo que la imaginación provee a la lucha que no cesa.

Bolche y felina

Con esa compañía peluda, suele compartir efusiones. “Te beso. Y Mimi también lo hace” y depositar en ella la nostalgia: ”Mimi te buscó en el pasillo y en la habitación, luego me miró inquisitivamente con un prrr”. Y cuando cuenta “Mimi es una sinvergüenza. Saltó hacia mí desde el suelo e intentó morderme. “Parece estar refiriéndose a su propia oscuridad, fácilmente mutable en una violencia que sería necesario deponer". Y, luego de separarse del joven Kostja Zetkin, le escribe , al parecer sin humor pero también sin rencor que se lo comunicará a Mimi: ”Le diré a la pequeña Mimi que ahora estamos solas y la besaré”.

Cuando describe a la gata revolcándose en la alfombra, olisqueando las flores frescas del florero, o bebiendo en dos patas el agua de la canilla, parece retratar su propia voluptuosidad ante lo que la vida ofrece sin la forma de la mercancía. Será por eso que al leer en Mimi, suele hacerlo despojándola de su naturaleza y entonces escribe como al pasar ”Mimi estuvo aullando por dos días y noches seguidas, lo que me puso muy nerviosa. También se puso débil y delgada, pero ahora ya está mejor, hoy incluso jugó un poco conmigo. Pobre querida Mimi”. Hubiera sido sencillo reconocer en ese malestar pasajero pero insistente, el cíclico celo.

El dos de abril de 1911, Vladimir Ilich Uliánov visita e Rosa Luxemburgo en su habitación de Berlín: ”Hace calor aquí, incluso está algo templado ya por completo primaveral ¡Pobre Mimi, siempre haciendo prrr! Impresionó tremendamente a Lenin, que dijo que solo en Siberia había visto una criatura tan magnífica, dijo que ella era una gata majestuosa. Ella también coqueteó con él, rodó sobre su espalda y se comportó seductoramente, pero cuando intentó acercarse a ella, lo golpeó con una pata y gruñó como un tigre”.

Claro que la gata no había tomando ningún partido. Ignoraba que ese hombre se había embelesado tempranamente con La cabaña del tío Tom, novelón paternalista sobre la esclavitud a través del sometimiento bonachón como valor, mientras que su Humana , formaba parte de un grupo que lleva el nombre del quien levantó en arma a los esclavos romanos. Aunque la escena podría llamarse como una de las obras de la víctima: Un paso adelante, dos pasos atrás. Es que una gata no es nunca una afiliada. Tampoco sabe de “centralismo” salvo de sí misma. Su internacional está dada y consta de una suma de individuos sin alianzas más que el turno en el callejón o el incremento de la temperatura por contacto y cuya lengua es única aunque etiólogos positivistas han pretendido encontrar en los maullidos de cada país, resonancias de las lenguas humanas que se hablan en el mismo. Si Mimi levantó la cola, mostró el ano recién límpio y se refregó ronroneando en esa camisa abotonada hasta el cuello es porque buscaba marcarla con sus feromonas y no demostrar cariño a su portador.

En una de las últimas cartas dirigidas a Hans Diefenbach Rosa Luxemburgo parece aludir a una metáfora adonde, como siempre, no puede faltar Mimi: “Mi residencia en Sudende , como sabes, es como una linterna expuesta al sol en todas las direcciones, que por las horas de la mañana adquiere forma de una manera muy encantadora. Después del desayuno solía tomar el prisma de cristal que dejaba sobre el escritorio como pisapapeles y con sus innumerables ángulos y facetas, lo ponía a la luz del sol para que los rayos se dispersaran de inmediato sobre el piso y las paredes en cientos de pequeñas salpicaduras de luz arco iris. Mimi mantenía fascinada la vista en este juego, especialmente cuando movía el prisma y lograba que los brillantes colores se lanzaran bailando de aquí para allá . Al principio corría y saltaba alto para atraparlos, pero pronto deducía que no había nada ahí, que eran solo una ilusión óptica y luego seguía mirando el baile con sus pequeños ojos alegres sin agitarse“. Era una ilusión que se conduce mediante la voluntad, bajo un principio científico, un movimiento que es el de bailar y que tiene el color del arco iris… como una revolución.

27 de diciembre de 2020

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Martes, 17 Noviembre 2020 05:40

¿Para qué sirve un escritor?

¿Para qué sirve un escritor?

Palabras inaugurales en la XVI Feria Internacional del Libro de Venezuela

 

1

Siempre me he preguntado, al igual que todo el mundo, para qué sirve un escritor. La primera respuesta que  se nos ocurre es obvia: para nada. En otros sitios los literatos motorizan industrias editoriales que ensucian mucho papel y mueven mucho dinero. En un país donde los índices de lectores subieron abruptamente y posiblemente se desplomaron tras el bloqueo, vuelve el escritor a ser fantasma sin aplicación, salvo el arribismo político o el malabarismo burocrático. Esta respuesta es falsa, pero me siento cómodo con ella. Sostener que un ser humano debe servir para algo es  mercantilismo ajeno a la Utopía, donde el Ser se justificará por el prodigio de su propia existencia y sus creaciones. Instalarse en un oficio sin escalafón ni tabla de remuneraciones es conquistar  de manera soberbia una parcela del Reino de la Libertad: del vivir sin deberle a nadie excusas ni plusvalía. Vale decir, la aristocracia sin siervos ni esclavos a la que acceden sólo creadores e indigentes.

2

Me corrijo: el escritor sí sirve para algo, o más bien para todo. Los  seres vivientes acceden a la condición de animales sociales al desarrollar el lenguaje. Abejas, hormigas y delfines disponen de complejos medios de comunicación. El de los seres humanos es el que más depende de la capacidad de invención. De creerle a Noam Chomsky, las estructuras profundas de nuestro lenguaje serían fijas e innatas, pero a partir de ellas hemos desarrollado millares de idiomas y culturas distintas. El escritor  organiza, fija, potencia y preserva las palabras, primero en el mecanismo mudable de la memoria, luego en la trama de los signos preservados en piedra, arcilla, nudos, papel o pulsos electromagnéticos. La palabra dicha es local y fugaz, sin más alcance que la voz y el recuerdo. La reducida a  signos en la escritura aspira a perdurable. Gracias a ella disfrutamos de inagotable  acceso a todo lo dicho desde el comienzo de los tiempos y el confín de las distancias.

3

Sin lenguaje sería  imposible coordinar  conductas humanas; sin escritura, hacer  esta coordinación perdurable. Las palabras no son la realidad, pero erigen  modelos modificables de ella. Las más poderosas  nombran objetos intangibles. Tribu, Aldea, Ciudad, Nación, Religión, República, Estado, son palabras. El escritor incesantemente construye y destruye  la concepción del mundo. Alrededor de textos como la Biblia, las Analectas, la Odisea, el Popol Vuh, el Corán,  El Príncipe o El Quijote terminan de decantarse los idiomas que a su vez definirán naciones. La escritura  fija la realidad fluyente del idioma y mediante él  estabiliza el sistema compartido de valores que llamamos Nación. Cada escritor desarrolla un estilo y cada comunidad una civilización, especie de intangible frontera del cuerpo político. Hay Naciones cuya cultura perdura milenios después de destruido su Estado, y Estados aniquilados porque dejaron morir su cultura. 

4

La naturaleza  se nos hace inteligible a través del lenguaje. Organizamos  vocablos mediante gramáticas cuyas construcciones llamamos filosofías, con las cuales  explicamos el mundo. El universo es sólo  caos de sensaciones hasta que lo ordenamos con el mito, la Historia y las matemáticas. No hay escritor más preciso que quien  traza números, a pesar de que su cosmos está poblado de criaturas insensatas: el cero, el infinito, los números irracionales. No olvidemos al que apunta sonidos y nos interna en orbes musicales  al parecer desprovistos de otro sentido que el de cautivarnos. Pintores y escultores  articulan imágenes y formas, ingenieros y arquitectos palabras  sólidas. Todo lo real fue escritura; pasado su tiempo devendrá Historia.

5

Cuenta Maquiavelo que luego de pasar el día discutiendo con jornaleros y pastores, se encerraba en su biblioteca para conversar con los grandes hombres del pasado. La filosofía no ha encontrado mejor manera de definir el Ser que considerarlo una hilación de ideas, vale decir, de palabras. Seguir el monólogo interior de James Joyce es temporariamente convertirse en él. Mediante la lectura disponemos de mil vidas; mediante la escritura, de la ilusión de ubicuidad e inmortalidad. Sólo muere el escritor cuando ya no es leído; sólo deja de serlo cuando evade su Verdad. Nace muerta la palabra que  expresa adulación o  moda. La venalidad no expresa más que el precio que la compra.

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Toda opresión es legitimada por cadenas verbales. Su fin llega cuando son resignificadas las  palabras de sus murallas conceptuales.  Toda Revolución es disparada por la prédica de una Vanguardia Ilustrada. La Revolución Francesa, la Independencia, la Bolchevique, la China, la Descolonización, la Cubana, la Sandinista, la Boliviana,  fueron movimientos explosivos detonados por  mechas de conceptos. El bolivarianismo es  intento de plasmar lo mejor del nacionalismo, el antiimperialismo, el integracionismo, el socialismo del  proyecto de la izquierda de los años sesenta. En vano desdijeron de este último algunos de sus autores. Lo dicho en vida sobrevive a quien muere en espíritu. 

7

Sobre la tierra se baten  a muerte el discurso de la Alienación y el del Reino de la Libertad. Algoritmos de  dividendos deciden hecatombes. Mentes artificiales enuncian palabras digitales que asfixian la esperanza y proscriben el futuro. Cada vocablo que tecleamos es registrado por mecanismos espías y cribado por análisis de contenido.  La información se concentra en un número cada vez menor de softwares. Todo lo que digamos puede ser digitalizado en  contra nuestra. Más de un millar de idiomas hablamos los humanos: las máquinas los han traducido a  uno solo. Mientras construimos el mundo con conceptos los ordenadores lo reducen a data. Debemos aprender idiomas inhumanos que sólo conocen el uno y el cero para defender nuestra patria, que es el infinito. Una vez más, es preciso inventar el lenguaje que nombre la vida. La palabra es nuestra memoria y nuestro consuelo. Nuestro anhelo de arribar al mundo donde, como anticiparon Carlos Gardel y Alfredo Lepera, no habrá más penas, ni olvido.

Por Luis Britto García | 17/11/2020

Fuente: http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2020/11/para-que-sirve-un-escritor.html

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Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

Publicado enSociedad
Jueves, 15 Octubre 2020 05:17

"El gran dictador" cumple 80 años

 Chaplin como Hynkel, dictador de Tomania. Su otro personaje en el film es un peluquero judío que parece su doble.

La película más polémica de Charles Chaplin

El 15 de octubre de 1940, cuando Adolf Hitler ya había iniciado su plan de invasión y exterminio, Chaplin estrenaba en Nueva York su controvertida sátira del nazismo. Más de una voz puso reparos y otras tantas se alzaron en contra.

 

 “Cualquier semejanza entre el dictador Hynkel y el peluquero judío es pura coincidencia”. El primer gag de El gran dictador llega bajo la forma de una placa durante la secuencia de títulos. La gracia es doble ya que, más allá del parecido físico entre los dos personajes –el truco que permite que, sobre el final de la historia, uno pueda reemplazar al otro– los comentarios sobre el “robo” de Adolf Hitler del bigote de Charles Chaplin circulaba desde hacía más de una década. Las coincidencias entre la vida del comediante británico y el dictador nacido en Austria no se acababan en la forma y tamaño del mostacho: los dos nacieron en el mes de abril de 1889, con apenas cuatro días de diferencia, ambos tuvieron una infancia problemática y luego desarrollarían su carrera profesional, para bien y para mal, en países adoptivos. Cuando Chaplin estrenó en la ciudad de Nueva York su primer largometraje realmente sonoro –esto es, con diálogos sincronizados durante gran parte del metraje– el 15 de octubre de 1940, hace exactamente ochenta años, el Führer ya había iniciado el esquema de invasión y sometimiento de países vecinos, y la campaña de aislamiento y encierro forzado de los ciudadanos judíos estaba en su apogeo. Aún faltaba un poco para la implementación de la Endlösung, la Solución Final para la Cuestión Judía –el eufemismo para terminar con todos los eufemismos– y el comediante declararía años después del final de la Segunda Guerra Mundial que, de haber sabido lo que iba a ocurrir en los campos de exterminio, nunca hubiera producido la película. En la Argentina, en tanto, la película fue censurada durante la presidencia de Roberto Marcelino Ortiz y continuaría prohibida por los sucesivos gobiernos hasta su estreno en mayo de 1945, apenas algunas semanas después de la caída del régimen nazi.

Luego de abandonar por completo el anhelado deseo de llevar a la pantalla una versión humorística de la vida de Napoleón Bonaparte, en 1938 Chaplin anunció que su siguiente proyecto sería una sátira del nazismo en la cual interpretaría dos papeles. Más de una voz puso reparos y otras tantas se alzaron en contra. Eran tiempos de aislacionismo en los Estados Unidos y la idea de no intervenir en otra conflagración europea pisaba fuerte en la opinión pública. Por otro lado, ¿por qué tomarse a la ligera una situación tan dolorosa para los judíos europeos? El propio Chaplin respondería a esas críticas en un texto publicado en el periódico The New York Times (ver abajo), casi dos años después del anuncio y de un intenso rodaje lleno de idas y vueltas, pruebas y errores, tomas y retomas, fiel a su estilo perfeccionista. 

El creador de uno de los personajes más célebres del siglo XX –el “hombrecito”, el vagabundo, Charlot en Europa, Carlitos Chaplín para el público argentino– tenía por delante el mayor desafío de toda su carrera artística: dar el paso definitivo hacia el cine sonoro, una década después que el resto de sus colegas. Luces de la ciudad, estrenada en 1931, había sido un largometraje ciento por ciento mudo –aunque con música y sonidos sincronizados– en plena explosión de las talkies. En otras palabras, un bello anacronismo. Cinco años más tarde, Chaplin insistía en la aplicación de los términos del cine silente en una de sus grandes creaciones, Tiempos modernos, reservando la penúltima escena para una declaración de principios: si había que abrir la boca y pronunciar algunas palabras lo haría en sus propios términos, cantando en un idioma inexistente y apenas comprensible, apoyado en el arte universal de la mímica.

El gran dictador comienza con una secuencia bélica durante la Gran Guerra; en la memoria cinéfila, regresan las imágenes de ¡Armas al hombro! (1918), la muy popular comedia de cuatro rollos producida para la compañía Mutual. Jugada a los modos de la comedia slapstick, los momentos humorísticos del prólogo están rodados con la técnica del undercranking, ampliamente utilizada por los cómicos mudos, cuyo resultado es ese movimiento ligeramente acelerado que muchos espectadores actuales relacionan, erróneamente, con la totalidad del cine producido en las primeras tres décadas de la historia del cine. Si había que decirle adiós al vagabundo para siempre, la despedida sería a lo grande y bajo las normas de la vieja escuela. La sinopsis de El gran dictador es sencilla: cuando la guerra termina, el soldado no puede regresar a la vida civil y al trabajo en la peluquería debido a una amnesia radical, provocada por un accidente de aviación. Veinte años más tarde, el barbero sigue encerrado en una institución mental, aislado por completo de los grandes cambios que han ocurrido en su país, Tomania, dirigido ahora con mano dura por el dictador Adenoid Hynkel y sus principales asistentes, el Ministro del Interior Garbitsch y el Ministro de Guerra, Herring.

Luego de la vuelta al barrio –el viejo vecindario, ahora transformado en gueto– y el reencuentro con sus vecinos, el peluquero caerá en la cuenta de que su condición de judío trae aparejadas nuevas humillaciones y peligros, reflejados en una temprana escena de violencia física. Jugada, desde luego, a la comedia. Y al baile, una de las marcas de estilo de Chaplin desde sus primeros esfuerzos en la compañía Keystone. Al rescate aparece una joven y bella vecina, Hanna, interpretada por Paulette Goddard, en aquel entonces esposa de Chaplin –de quien se divorciaría dos años más tarde– y una estrella de Hollywood por derecho propio luego del rol que le dio impulso a su carrera: la chica en eterno escape de las autoridades de Tiempos modernos

Mientras tanto, en la ficción y en la cima del poder absoluto, Hynkel da un discurso ante una masa enfervorizada, rodeado de su séquito y de las dos cruces que representan el símbolo de la fuerza del partido. En la misma línea de la canción de su película anterior, Chaplin vuelve a hacer uso del sinsentido, de un lenguaje inventado que, sin embargo, suena muy similar al alemán. El comediante que forjó su carrera en la mudez hace de su voz el centro de atracción de la comicidad, ejemplo brillante de sátira y burla, aunque sin dejar de lado los gags físicos (una caída por las escaleras, los micrófonos que retroceden asustados, un vaso de agua que hace las veces de refresco genital).

Las películas de Chaplin estaban prohibidas en Alemania desde hacía algunos años, en gran medida por considerarlo un artista comunista. Según escribe Peter Ackroyd en la reciente biografía dedicada a Chaplin, también existía el “argumento de que el actor se le parecía mucho” a Adolf Hitler. El autor afirma que Chaplin le dijo a su hijo menor que Hitler era el demente y él el cómico. Pero que podía haber sido al revés, antes de detallar el trabajo de mímesis que el comediante exploró antes de comenzar el rodaje en 1939. “Adquirió la costumbre de ver una y otra vez los noticiarios en los que aparecía Hitler, registrando cada una de sus poses y ademanes. ‘Este tipo es un gran actor’, soltó un día. ‘¡Qué digo! ¡Es el mayor histrión de todos los tiempos!’ Uno de los ayudantes que intervino en la realización del film recuerda que Chaplin se ponía a increpar a Hitler cuando lo veía aparecer en la pantalla, gritándole con toda su alma ‘¡Tu, maldito bastardo, hijo de puta, canalla! ¡Sé lo que te propones!’ Poco después se metía en la piel de Adenoid Hynkel, el dictador de Tomania”.

La obra de Charles Chaplin ha legado una extensa serie de imágenes y momentos iconográficos, verdaderos tótems culturales del cine del siglo XX: sentado junto a su hijo adoptivo en El pibe, atrapado en La Máquina en Tiempos modernos, comiendo un sabroso zapato en La quimera del oro. El gran dictador sumaría a esa lista el baile con el globo terráqueo, metáfora de las ansias de dominación mundial rematada por el fracaso, reducido el objeto del deseo a una irreparable y flácida existencia. La visita de Benzino Napaloni (genial Jack Oakie), líder del país vecino Bacteria y obvio “homenaje” a Benito Mussolini, y el escape de un campo de concentración del protagonista y de su ex compañero de armas, el comandante Schultz (Reginald Gardiner), preparan el terreno para la que, sin duda, es la escena más polémica en toda la carrera del actor: el discurso final del peluquero, a quien todos confunden con Hynkel.

En 1957 y ante el reestreno del film, François Truffaut se preguntaba lo siguiente: “El gran dictador, que Charles Chaplin filmó en 1939-1940 y el público europeo vio por primera vez en 1945, ¿envejeció o no? A esta pregunta casi absurda sólo podemos responder: sí, claro, naturalmente. El gran dictador envejeció y es una suerte. Envejeció como un editorial político, como el Yo acuso de Zola, como una conferencia de prensa; es un documento admirable, una pieza rara, un objeto útil que se convirtió en obra de arte y que Chaplin hace muy bien en relanzar”. El exhorto a los soldados que cierra El gran dictador es un llamado a la paz mundial que muchos consideraron (y aún consideran) como excesivo y anti cinematográfico. Sus defensores, entre ellos André Bazin y Truffaut, recuperan y entronan el coraje del autor a la hora de acometer un proyecto tan complejo y problemático. Chaplin, en tanto, le decía adiós para siempre a su creación mayor, dejando el bastón, el sombrero y el pantalón XXL en el arcón del pasado. Su siguiente proyecto –y su obra maestra sonora–, Monsieur Verdoux, lo encontraría vestido con otros ropajes, más oscuros y cínicos. Pero la despedida fue algo digno de verse: una carcajada en la cara del horror, un escupitajo en los ojos de la muerte, un gesto de sensatez en medio de las peores calamidades creadas por el ser humano.


El gran dictador

por François Truffaut *

Lo que hoy, en 1957, sorprende al volver a ver El gran dictador es la intención de ayudar al prójimo a ver más claro. Detesto la disposición de ánimo que conduce a rechazar por inoportuna toda obra ambiciosa proveniente de un humorista renombrado. Lo primero es lo que vale, incluso si, como suele ocurrir, es producto del esnobismo; en el momento en que el esnob incinera lo que adoró, esa adoración queda absolutamente justificada (…) El gran dictador era por cierto la película que en 1939 podía alarmar a la mayor cantidad de espectadores en la mayoría de los países; era realmente la película de la época, la pesadilla premonitoria de un mundo enloquecido del que Noche y niebla daría cuenta de manera más precisa; ninguna película pasó de moda con mayor dignidad que El gran dictador, ya que podemos prever que será aplaudida o despreciada por jóvenes espectadores de doce años que quizás no hayan visto nunca un retrato de Hitler, de Goering y de Goebbels. (…) Cuando al final de la película, en la más pura tradición del espectáculo, el pequeño barbero judío es llevado por su parecido a reemplazar al Gran Dictador (sin que en la obra se haya hecho una sola alusión al respecto, ¡una elipsis genial!), llueven durante el famoso discurso las verdades primeras, de las que yo sería el último en quejarme, ya que prefiero a las otras. Los acontecimientos que desgarraron Europa poco después de la aparición de esta película probaron de sobra que allí donde Chaplin “descubría la pólvora”, las cosas no resultaban tan obvias para todos. Los exégetas, y sobre todo Bazin, señalaron que el discurso final de El gran dictador marca el momento crucial de toda su obra, en la medida en que allí vemos desaparecer progresivamente la máscara de Carlitos y como esta es reemplazada por el rostro sin maquillaje de Charles Chaplin, que ha empezado a encanecer. Chaplin lanza al mundo un mensaje de esperanza.

*Texto escrito en 1957 y compilado en el libro Las películas de mi vida.


El señor Chaplin responde a sus críticos

por Charles Chaplin *

Las preguntas hechas por la prensa han tenido que ver, a grandes rasgos, con estos tres asuntos. Primero, ¿puede ser divertida la tragedia que Hitler supone para Europa? En segundo lugar, ¿qué ocurre con la propaganda presente en la película? Finalmente, ¿cómo se justifica el final? En cuanto a que Hitler sea gracioso, solo puedo decir que si a veces no podemos reírnos de Hitler, entonces estamos más perdidos de lo que pensamos. Hay algo saludable en la risa, la risa ante las cosas más horribles de la vida, la risa ante la muerte, incluso. ¡Armas al hombro! era divertida. Tenía que ver con los hombres que marchan a la guerra. La quimera del oro fue sugerida por primera vez por la tragedia de la Expedición Donner. La risa es el tónico, el alivio, el cese del dolor. Es saludable, lo más saludable del mundo. En cuanto a la propaganda, El gran dictador no es propaganda. Es la historia del pequeño barbero judío y el gobernante al cual se parece. Es la historia del pequeño hombre que he contado y vuelto a contar toda mi vida. Pero tiene un punto de vista, como La cabaña del tío Tom u Oliver Twist lo tuvieron en su momento. ¿Sería la piedad una mejor palabra que propaganda? ¿O el odio? No me fui por las ramas ni elegí palabras amables ni intenté contemporizar con algo que, la mayoría de nosotros, sentimos tan profundamente. Tercero, en cuanto al final. Para mí, es un final lógico para la historia. Es el discurso que el pequeño barbero hubiera hecho, que incluso hubiera estado obligado a pronunciar. Alguna gente ha dicho que se sale de su personaje. ¿Y qué? La película tiene una duración de dos horas y siete minutos. Si dos horas y tres minutos de ella son comedia, ¿no puedo ser disculpado por terminarla con una nota que refleje, de manera honesta y realista, el mundo en el que vivimos? ¿No puedo ser disculpado por abogar por un mundo mejor?

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Domingo, 05 Abril 2020 06:46

La belleza de la herida  

La belleza de la herida  

“Mi padre criaba caballos y yo era un chico asmático. El ambiente me enfermaba. A los quince me revolcaba con los peones de la cuadra, adoraba la compañía de los palafreneros. Hasta que me descubrió probándome la ropa interior de mi madre” recuerda Francis Bacon. “Se quedó tan asqueado que me puso de patitas en la calle. Y confió mi educación a un amigo suyo, que me llevó a recorrer Europa como formación. Y se enamoró de mí. Imagínense, fuimos a Berlín, en esa época desenfrenada que pintaba Grosz”.

“Pero con los años el desenfreno se vuelve una catástrofe”, recapacita más tarde.

Uno de sus amantes lo tira por la ventana, su médico se horroriza: tiene el ojo derecho lesionado, un amasijo. Inminente, una cirugía plástica. A otro de sus amantes lo conoce cuando entra en su taller para robar. Y él le dice que le da dinero con la condición de que se acostaran. Están juntos ocho años. Hasta que el amante se suicida. Todas sus relaciones se vuelven cada día más complicadas. A veces sale por las noches a levantar con un rollito de billetes en el bolsillo.

“Es difícil envejecer para un homosexual porque la homosexualidad depende de la belleza”, dice.

Su estudio siempre fue un desorden mugriento en el que se mezclan los materiales, telas, cantidad de diarios viejos, fotos cortadas, objetos estrafalarios que alguna vez tendrán su uso. El polvo se va sedimentando. Lo suele usar cuando necesita, por ejemplo, reproducir una gabardina en un retrato. “Vivo en una inmundicia dorada”, se ríe siempre con una copa en la mano. Cuando se queda sin amigos, a veces alguien que arrastra del pub, muchachos que vienen a ver si pueden sacarle un centavo. “Últimamente hice autorretratos porque muchos se murieron a mi alrededor y me quedé solo. Nadie más ha quedado para pintar excepto yo mismo”.

El taller es un basurero que contrasta con su elegancia dandística. “Toda mi vida fue un caos”, dice. Y reconoce: “Siempre estuve a la deriva”. No le avergüenza tampoco hablar del alcohol, especialmente del champagne, su imprescindible champagne. Su inmersión en lo prohibido, dice, le da fuerzas para crear. Y también: “No hay belleza sin herida”, dice. Aunque nació en la católica Dublín en 1909 pinta obsesionado recreaciones truculentas del Papa Inocencio X de Velázquez. Quiere reproducir el grito más que el horror. El fantasma de Munch está cerca. Bacon es un hereje que se consagra a su arte con actitud religiosa.

Sus noches son disipación y abismo, un juego peligroso, como el azar que lo magnetiza en las mesas de ruleta donde pierde fortunas, pero qué puede alarmarlo si es uno de los artistas más cotizados del mundo. A la mañana temprano, a las seis, ya está en el taller recuperándose con una taza de té tras otra. “Una obra de arte debe contener una gota de veneno, el grano de arena que mande a la mierda la existencia”, dice.

Ahí están esos seres deformes. Por ejemplo, “Mujer vaciando el cántaro y niño paralítico gateando según Muybridge”. Edward Muybridge, un fotógrafo aventurero, descubrió a fines del siglo XIX cómo reflejar el movimiento de animales, hombres y mujeres desnudos que serían antecedente esencial del cinematógrafo, especialmente del porno. De aquí provienen los seres que pinta Bacon. Seres torsionados, luchando al montarse. Esa energía violenta eriza a quienes se acercan a su obra y no siempre la toleran porque allí se ven literalmente desnudos. Sus personajes son criaturas del espanto. Físicos y máscaras deformes, muecas atroces, pavor y repugnancia bajo la luz de una lamparita pelada que cuelga del techo, la única luz del taller, una luz de interrogatorio. “Si es posible hablar de algo, ¿para qué pintarlo?”, opina. Entonces pinta lo inapresable, la vulnerabilidad humana, su fragilidad. La memoria visual evoca las guerras. La segunda fue no hace tanto. Y esto influyó decisivamente en su consagración.

Tal vez convenga tener en cuenta el origen de su pintura. Cuando se ganaba la vida como decorador, después de salir de una muestra de Picasso en París, el joven Bacon compró acuarelas, largó la decoración y se entregó sin retorno a la pintura. Pronto pasó al óleo. Que conste, sin haber estudiado en una academia, sin maestros, excepto Rembrandt, Poussin, Goya, Van Gogh, Giacometti. Todo lo que pintó entre 1929 y 1944 no le conformaba y lo destruyó. Si Picasso pudo reflejar en Guernica el asesinato masivo, Bacon va por otro lado: no le interesa pintar la guerra de modo explícito. Más bien, intuitivo, reproduce sus consecuencias en una intimidad atormentada. Por qué no, deformidades postnucleares. Sin embargo, a pesar de sus visiones, o justamente por ellas, definiéndose de modo nietzcheano como un “desesperado jubiloso”, dice: “Tengo voracidad y voracidad como artista”.

El crítico David Sylvester, admirador incondicional de su obra, con quien conversa en varias entrevistas escribe: “Sus seres son tan repelentes que es difícil fijarse en otra cosa. Nada es complaciente”. Como ejemplo está su predilección por la carnicería, los seres humanos no se diferencian demasiado de las reses. En su mirada hay una ilustración de lector atento de Bataille, el de “Historia del ojo”, esa nouvelle feroz que concluye con el crimen orgiástico de un clérigo. Un tríptico suyo conmueve: recrea el suicidio de su amante George Dyer, sus tres momentos finales, el suicidio, el vómito, su muerte abrazado al inodoro. En el panel central surge un contorno sombrío que tiene un aire de pájaro de rapiña acechando al agonizante.

Su objetivo es una pintura clínica, “una especie de realismo que no implica ser frío. A priori no hay sentimientos pero, paradójicamente, puede producir un sentimiento mayor. Clínico es estar lo más cerca posible del realismo, en lo más profundo de uno. Algo exacto y tajante”. El crítico Frank Maubert, autor de un reportaje titulado “El olor a sangre humana no se me quita de los ojos”, le pregunta sobre la relación directa entre su vida y su obra. Bacon le responde: “Lo primero es trabajar sobre uno mismo. Yo querría lograr una pintura clínica, en el sentido en que “Macbeth” es clínica. Los grandes poetas son unos formidables activadores de imágenes. Sus palabras me resultan indispensables, me estimulan, me abren las puertas de lo imaginario”. No es casual que en su taller, entre tanta cosa, se vea una máscara mortuoria de William Blake”.

Sobre Bacon escriben Herbert Read, George Bataille, Michel Leiris, John Berger y Roland Barthes entre otros. Bertolucci lo utiliza en “El último tango en París”. Pasolini, según cuenta Terence Stamp, el efebo de “Teorema”, lo admira. Se codea con la más selecta intelectualidad francesa.

Pero, admirado por el mundito intelectual, muere solo en Madrid en 1992 a los ochenta y tres años en un hospital. Su amante español, un efebo, ni siquiera se acercó a verlo. El artista más revulsivo del siglo pasado y aún del presente muere abandonado.  

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