Moscú y Damasco ultiman una propuesta para resolver la guerra siria


Rusos, turcos y sirios están negociando desde hace varias semanas una salida a un conflicto que ya dura cinco años y medio. La voz dominante la tiene Moscú, adonde acuden continuamente turcos y sirios para presentar sus propuestas. Las ideas que se discuten se han publicado esta semana en la prensa árabe.


JERUSALÉN – Vladimir Putin declaró el viernes a la agencia de noticias americana Bloomberg que se están produciendo avances significativos, sin duda el progreso más sustancial hasta la fecha, para resolver la crisis siria. “Muy pronto podremos alcanzar un acuerdo y presentarlo ante la comunidad internacional”, adelantó optimista el presidente ruso.

El diálogo a tres bandas halló un impulso el 19 de agosto y desde entonces rusos y americanos se han mostrado discretamente satisfechos. Ese día el presidente turco Recep Tayyip Erdogan viajó a San Petersburgo para reunirse con Putin y normalizar las relaciones bilaterales, y ese mismo día, y no por casualidad, una destacada delegación de los servicios de inteligencia civiles y militares sirios viajó a Rusia.


Algunos detalles de la negociación en marcha se han publicado esta semana en la prensa árabe. El recuento más detallado apareció el jueves en Al Safir, un diario de centro izquierda libanés afín al gobierno de Damasco. Según Al Safir, las fuentes de la información que viene a continuación son rusas y occidentales, aunque lo más probable es que en realidad sean sirias.
En una primera fase, el plan prevé la creación de un gobierno de transición tripartito que estaría integrado por elementos independientes, representantes de la oposición “moderada” y del gobierno. El periódico no indica qué quiere decir la palabra “moderado” y esto puede constituir una dificultad que no será fácil de resolver necesariamente.

Turquía, que también participa en las negociaciones, ha pedido a Damasco que en el futuro gobierno estén representados los grupos étnicos o sectarios, quizá con la idea de que los turcomanos sirios, históricos aliados de Turquía, participen en el proceso, pero esta propuesta ha sido rechazada por el presidente Bashar al Asad, que no acepta la idea de considerar su país desde un punto de vista sectario.

Por su parte, Asad exige mantener durante la transición el control directo sobre cinco ministerios, que son Defensa, Exteriores, Interior, Finanzas y Justicia. Las demás carteras podrían pasar a manos de los independientes y de la oposición “moderada”. Así mismo se crearían tres vicepresidencias que se repartirían entre las tres partes personadas en la negociación.

En el momento en que las tres partes rubricaran el acuerdo, se dejarían discurrir dieciocho meses para llevar a cabo una serie de reformas constitucionales, aunque en ningún caso se tocarían las competencias del presidente. Al término de ese año y medio se celebrarían elecciones legislativas y presidenciales y se formaría un gobierno democrático.
Se ha de destacar que el actual gobierno sirio exige que en esas primeras elecciones presidenciales pueda participar el presidente Asad, y al parecer esta petición cuenta con posibilidades de ser aceptada. Asad, sin embargo, no podría concurrir a comicios posteriores.


Si el proyecto tira adelante, Damasco ha propuesto que se celebre un congreso en la capital siria que contaría con la presencia de la oposición del exilio. Los representantes de la oposición recibirían garantías de Moscú en lo referente a su seguridad personal durante su estancia en Damasco para participar en el congreso. De esta manera, Damasco sustituiría a Ginebra como lugar de negociaciones entre el gobierno y los opositores.

Para poner en marcha el proceso, el gobierno de Asad exige que Moscú garantice a todos los miembros del Estado, funcionarios, políticos y militares, así como a las milicias que han combatido contra los insurgentes al lado del ejército, que no sean procesados por ningún tribunal extranjero, incluida la Corte Penal Internacional.

Es dudoso que Moscú pueda realizar una garantía de esta naturaleza, aunque detrás de la petición puede estar el deseo de las personas más relevantes del gobierno y del ejército de hallar refugio en Rusia según lo que ocurra más adelante.
El periódico de Beirut indica que Moscú está preparando un encuentro entre Asad y Erdogan que se celebrará en la capital rusa en la segunda mitad de septiembre, bajo el patrocinio de Vladimir Putin. Existen numerosos indicios de que Erdogan está tratando de normalizar las relaciones con Damasco, que en otro tiempo, antes de la guerra, fueron ejemplares.

Erdogan y Asad incluso habían veraneado juntos y se consideraban amigos, pero todo eso cambió cuando se inició la revuelta y Erdogan adoptó una posición muy beligerante que ha agravado el conflicto al permitir la entrada masiva de armamento para los grupos yihadistas que han operado en Siria, incluido el Estado Islámico y el Frente al Nusra (Al Qaeda).

En el momento actual es razonable pensar que resultaría muy difícil, probablemente imposible, que el gobierno de Damasco recuperara todo el territorio que ha perdido durante la guerra, máxime si se tiene en cuenta que los rebeldes cuentan con un suministro garantizado de armas por parte de Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudí y sus aliados.


Después de cinco años y medio de conflicto, Rusia y Turquía pueden adoptar una posición constructiva que permita ser moderadamente optimista, aunque tal y como está el panorama resulta difícil esperar que de la noche a la mañana se puede crear una democracia liberal modélica en Siria, máxime teniendo en cuenta el desastre democrático del vecino Irak.

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El impeachment amenaza ahora al propio Temer

El magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil Marco Aurelio Mello presentó una acción que pide a la Cámara de Diputados la instalación de una comisión especial que revise un pedido de impeachment (juicio político) contra el presidente interino del país, Michel Temer, informó el martes la corte.


La decisión fue tomada luego de que el propio tribunal decidió estudiar una solicitud presentada por un abogado en que se exige la apertura de un proceso de impeachment similar al sufrido por la presidenta Dilma Rousseff, pues Temer, en su calidad de vicepresidente, firmó el año pasado cuatro decretos económicos que modificaron los presupuestos del Estado sin la aprobación del Congreso.


El recurso se basa en que Temer firmó decretos de créditos suplementarios del mismo tipo de los que suscribió Rousseff, lo que sirvió de argumento para la petición de juicio político de la mandataria. Temer sustituyó el 12 de mayo pasado a Rousseff, quien fue suspendida temporalmente por el Senado con el alegato de maquillar los balances públicos de 2014 y 2015.


Mello resolvió sobre un recurso presentado por el abogado Mariel Marley Marra, de Minas Gerais, contra la decisión del entonces presidente de la cámara baja, Eduardo Cunha –actualmente suspendido– de archivar el pedido de juicio político contra Temer.


Ahora la decisión de cuándo poner la acción a consideración del pleno del STF la tiene el presidente de la corte, el juez Ricardo Lewandowski. Las sesiones plenarias se llevan a cabo los martes y miércoles.


Según el sitio de Internet del diario O Estado de Sao Paulo, Lewandowski todavía no ha definido una fecha para incluir el caso en la agenda del pleno de la corte.


En otro orden, el director general de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), Wilson Roberto Trezza, habría presentado su dimisión después de que el gobierno interino de Temer decidió la recuperación del antiguo gabinete de seguridad institucional sin consultarlo.


El diario Folha de Sao Paulo informó que la renuncia fue presentada el lunes pasado durante una reunión con el nuevo ministro de Seguridad, general Sergio Etchegoyen, aunque su salida definitiva se dará hasta el final de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en agosto.


El Instituto Lula, que representa al ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, desmintió acusaciones hechas en la televisión por el ex senador del Partido de los Trabajadores (PT), Delcidio Amaral, sobre una supuesta obstrucción a la justicia del ex mandatario.


El presidente del PT, Rio Falcao, anunció que Rousseff y Lula emprenderán en breve una gira por varios países para denunciar el golpe en Brasil.


En tanto, como parte de los cambios en el gobierno interino fue designado presidente del Banco Central el economista Ilan Goldfajn, anunció el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles. El nombramiento debe ser aprobado por el Senado.

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Miércoles, 30 Marzo 2016 06:35

“La Revolución Cubana ha prevalecido”

“La Revolución Cubana ha prevalecido”

Anderson analiza la relación de fuerzas dentro de la dirigencia cubana al tiempo que pone de relieve la consistencia de las especificidades culturales históricas de Cuba como elemento clave de la resistencia del nuevo modelo.

 


Hasta la incertidumbre del futuro es exuberante en Cuba. El acercamiento con los Estados Unidos, la visita del presidente norteamericano Barack Obama, la paulatina apertura económica, los gestos de reenganche cultural con los representantes más famosos del capitalismo –Rolling Stones, Chanel, Google– y la efervescencia inagotable de La Habana diseñan un frente de transformaciones cuyo alcance se desconoce. Pocos entienden mejor a Cuba y su Revolución que el gran periodista norteamericano Jon Lee Anderson. Autor, de la hasta ahora más completa, rigurosa y memorable biografía de Ernesto Che Guevara (Che Guevara, Una vida revolucionaria, editorial Anagrama, 1997) Anderson pertenece a esa dinastía de cronistas que lo que cuentan y piensan está arrancado de la vida. Cero periodismo falso de sillón, nada de ese periodismo inmóvil y pedante cuya fuente es internet. Anderson vive y narra. Fue corresponsal en Cuba en los años posteriores a la caída del Muro de Berlín (1989) y ha recorrido luego los conflictos del mundo contemporáneo como pocos.

Miembro del staff de la revistaThe New Yorker, en estas semanas de delirio que Cuba vivió entre la visita del presidente Barack Obama y el concierto de los Rolling Stones, Anderson estuvo en la capital Cubana. En esta entrevista exclusiva Anderson analiza la relación de fuerzas dentro de la dirigencia cubana al tiempo que pone de relieve la consistencia de las especificidades culturales históricas de Cuba como elemento clave de la resistencia y de la elaboración de un nuevo modelo social y económico. “En Cuba no abrirán McDonald’s como en Praga y Varsovia”, pronostica el periodista norteamericano.

–Exactamente una semana después de la visita de Barack Obama a Cuba, Fidel Castro publicó un texto donde dice, entre otras cosas, “No necesitamos que el imperio nos regale nada”. ¿Se trata de una ruptura con su hermano Raúl?

–Es un poco lo que hemos estado viendo de parte de Fidel Castro desde el principio de la negociación con Estados Unidos que inició Raúl. Fidel Castro manifiesta al mismo tiempo su recelo y su respeto ante las decisiones tomadas por su hermano. Fidel se expresa desde su estatus de líder histórico de la Revolución. La gente, en Cuba, sabe que es así: él no está de acuerdo con todo esto. A medida que uno sube en la escala del poder hay más matices. Pero no creo que en ningún caso esto signifique une ruptura. Más bien, la critica tiene su espacio y Raúl ha avanzado con eso. No hay ruptura en el sistema, se trata más bien de un reafincamiento del sector más doctrinario de la Revolución cubana. En realidad, lo que Fidel está expresando es justamente de qué se trata la Revolución cubana, es decir, el orgullo nacional, el espíritu soberanista. Este es el país que menos soberanía tenía hasta que vino la Revolución. Entonces, en el fondo, aunque la parte socialista de la Revolución entre en una fase menguante, los históricos reivindican la esencia soberanista y dicen: frente a ustedes siempre estaremos en alerta y en vigilia. Fidel Castro es más escéptico ante este proceso.


–Usted conoce muy bien este país, ¿para usted la Revolución Cubana tiene un destino o está llamada a desaparecer?


–Es muy prematuro para que me ponga en plan de oráculo. Yo diría no obstante que hasta el momento la Revolución ha prevalecido, aunque no sea la misma Revolución. De hecho, la Revolución cubana ha tenido muchas etapas. Si comparamos la etapa de hoy con el 63, o con la del 83, veríamos grandes diferencias. Yo viví aquí justo después del colapso de la Unión Soviética y vi a la Revolución en aprietos. Esto no se siente hoy en día. El factor diferente entre hoy y hace 30 años es el factor de la globalización, de la cual, parece, nadie está a salvo. Un país isla como Cuba yo creo que puede perdurar más tiempo al margen de la gran corriente globalizadora, también por su historia revolucionaria independentista. Los cubanos han aprendido a resolver las cosas por si mismos y creo que esto va a incidir mucho en el futuro. De alguna manera, Fidel quiso decir que los cubanos no están aquí patas arriba. Hay un sector de la población cubana que siempre reclama cambios, muchos se quieren ir, otros regresan. Por primera vez estamos con un flujo en ambas direcciones. Creo que en este momento hay una mezcolanza de corrientes. En Cuba hay porvenir económico. Si bien está combatido y es difícil, por primera vez se vislumbran posibilidades de cambio, se ven posibilidades de porvenir material dentro de la isla incluso para los jóvenes. Lo que los revolucionarios históricos como Fidel tienen que medir es saber hasta qué punto nos abrimos a los gringos para que nos den lo necesario para seguir manteniendo el bote a flote. La pregunta es: ¿en qué momento se pone peligroso, en qué momento comenzamos a perder las lealtades de la población, en qué momento el Estado se repliega tanto que hay más ciudadanos que dependen más de su cuentapropismo que de nosotros, en qué momento perdemos el alma y los corazones de la gente? Este es el gran vía crucis que tiene Cuba y la Revolución en este momento. Pero no hay que olvidar que lo ha tenido desde hace un cuarto de siglo. Fidel era un personaje muy fuerte y muy carismático que logró hacer que siguiera tirando hasta que vino Chávez y reemplazó a la URSS en términos prácticos, en bonanza material. Con eso lograron emparchar muchas de las cosas que se habían deteriorado. También han tenido que ir viendo hasta qué punto se abrían al turismo. Si bien el turismo trae bienes económicos, también trae consigo un deterioro cultural, y no sólo en Cuba, sino en cualquier lado. ¿Entonces qué te queda de autóctono? Finalmente, ese es el gran reto. Ahora lo enfrentan con los norteamericanos. La fuerza arrolladora de la cultura y la economía norteamericana es tal que pocos resisten a ella. Lo que está ocurriendo es muy interesante. Los dos hermanos siguen vivos y Raúl está lidiando con todo esto. Fidel es más reacio, por razones obvias. Es como el viejo sabio, como el abuelo que le dice a los chicos que no acepten caramelos de los extraños que los paran en la esquina. ¡Cuidado con ellos porque te llevan!


–Hay como una suerte de apuesta malsana en el capitalismo occidental con respecto a Cuba. Unos apuestan por una suerte de “capitalismo del caribe”, otros por un destino semejante al que conocieron Polonia o República Checa después de la caída del Muro de Berlín.


–No lo creo. Hay que recordar que mucho antes del diferendo con Estados Unidos los cubanos pelearon durante décadas contra los españoles. Acá hay un espíritu duro con el que llega de afuera que data del siglo antepasado. Ellos tienen un gran espíritu nacional y no creo que esto cambie por más que haya atractivos en el gran país del Norte. En la medida en que los cubanos tengan posibilidades de ir y venir, de sacar lo que quieren de la relación con Estados Unidos, sin tener que cambiarlo todo a cambio de esa misma relación, todo esto será saludable para la economía cubana. Con tal de que la nomenclatura pueda servir como guardianes de la cultura cubana, de que estén conscientes de todo lo que pueden perder, yo creo que Cuba tiene un gran futuro, inclusive con cultura propia. Ellos no tienen por qué abrir un McDonald’s si no quieren. Pueden entregar porciones, como lo hicieron durante el período especial, a italianos, a españoles, a chinos, o a canadienses, menos a los gringos. Todo esto no tiene por qué ser tan politizado. Necesitan ayuda técnica y tal vez gestionaria en determinadas cosas. Por lo demás, pueden ir solventando su futuro como quieran. ¡Yo no veo que esto vaya a ser República Checa o Polonia! Hay mucha gente que está convencida de que esto ya se terminó, pero conociendo a Cuba y a los cubanos no creo que esto sea así. No habrá McDonald como en Praga o Varsovia.


–Acaso, a escala global y particularmente latinoamericana, ¿no se está jugando en Cuba la reelaboración de un nuevo mode- lo de desarrollo económico y humano, una suerte de equilibrio mixto entre un liberalismo menos voraz y un socialismo más abierto?


–Sí, yo creo que sí. Cuando uno analiza el discurso de los revolucionarios cubanos no es muy distinto al de las reivindicaciones de los países socialdemócratas de Escandinavia. Cuando se refieren a las conquistas del socialismo están hablando de mantener el papel del Estado en propiciar la salud, la educación, la seguridad y la vivienda para sus ciudadanos. Su gran reto es entonces cómo solventar esto. El mismo reto enfrentan los países socialdemócratas del norte que ven cómo todo esto se va minando. En Cuba, el futuro será mixto. Diría, que, en buen cubano, el futuro será sincrético. Habrá un poco de santería y socialismo..

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Miércoles, 25 Noviembre 2015 07:27

Cuando los votos pueden más que las balas

Cuando los votos pueden más que las balas

El pasado 7 de noviembre, en Myanmar (antes Birmania), el partido oficial, respaldado por el ejército, que hasta hace poco ejerció una brutal dictadura, fue aplastado por los votos de la oposición encabezada por la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, privada de libertad por años. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ya había ganado en ocasiones anteriores, pero los militares burlaron su triunfo.


Ahora, a pesar de que el tribunal electoral estaba presidido por un general de la vieja guardia, los votos fueron contados como se debe, y le dieron a la Liga 387 escaños del parlamento contra apenas 42 para el oficialismo. Un poeta, Tin Thit, también preso por años, le ganó el escaño a otro poderoso general, U Wai Lwin, antiguo ministro de Defensa. Cuando su triunfo fue declarado, el poeta dijo algo que no será novedoso, pero es verdadero: Los votos pueden más que las balas.


En América Latina las balas, o sea los golpes de Estado y las dictaduras militares, van quedando para la historia, como acaba de demostrarse en las elecciones presidenciales de Argentina. La democracia, con todas las complejidades que allí tiene, hace que el poder se dilucide en los recintos electorales, y no en los cuarteles.


El peronismo, un fenómeno de masas dentro del que se mueven distintas corrientes, parecía imbatible hasta que se abrió la segunda vuelta electoral, y Mauricio Macri, candidato liberal de derecha, ahora electo presidente, se puso en las encuestas delante de Daniel Schioli, del peronismo oficial. Conversé hace poco en Buenos Aires con amigos de ambas fuerzas contendientes, en un ambiente polarizado, como en toda campaña electoral, y cada quien creía por supuesto en las cualidades de su propio candidato; pero lo que nunca escuché fueron dudas acerca de los votos. Un fraude electoral parecía a todos un asunto de otro planeta.


Ahora nos tocará vivir dentro de poco la prueba de Venezuela, con las elecciones que se celebrarán el 6 de diciembre para renovar la totalidad de los escaños de la Asamblea Nacional. En medio de la profunda crisis social y económica, las encuestas auguran la victoria de la oposición, conglomerada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que desplazaría del dominio del poder legislativo al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por el comandante Hugo Chávez, y que es ahora el partido del presidente Nicolás Maduro.


En medio de muchas y graves acusaciones contra el sistema, la historia electoral de Venezuela bajo el chavismo resulta impecable. Es el país de América Latina donde más elecciones se han dado en los años recientes, y aunque el órgano electoral se halla bajo el control oficial, es poco lo que puede alegarse hasta ahora en contra de la transparencia a la hora de contar los votos.


Los reparos están en cómo el gobierno, desde los tiempos de Chávez, ha asumido sus derrotas, despojando de sus poderes a los funcionarios electos, gobernadores y alcaldes, quitándoles facultades mediante maniobras legales o medidas de hecho, o metiéndolos simplemente a la cárcel. El desafío de las elecciones de diciembre es por tanto muy serio, pues de ganar la oposición, tal como señalan las encuestas, el presidente Maduro perdería el control de la aprobación de las leyes, y del andamiaje legislativo depende buena parte del poder que ejerce.


Sólo para empezar, de acuerdo con la Constitución Bolivariana, la Asamblea Nacional puede delegar en él la autoridad de dictar leyes y decretos por periodos prolongados, en una larga lista que incluye asuntos financieros, tributarios y energéticos, seguridad ciudadana y jurídica, seguridad pública y defensa, ordenación territorial, infraestructura, transporte y servicios. Es decir, todo.


En unas nuevas circunstancias en que la oposición controlara los dos tercios de la mayoría parlamentaria, como parece que podría ser, esta transferencia absoluta de poderes al presidente, que deja prácticamente en receso a la Asamblea Nacional, ya no podría darse, y sobrevendría entonces un conflicto institucional. Acomodar una situación semejante corresponde a los mismos mecanismos de la democracia, y lo que a ojos vistas debería imponerse es un diálogo de convivencia, para que el país no siga descarrilándose.


Pero las declaraciones del presidente Maduro no barruntan lo mejor. Aunque ha dejado claro que el gobierno, y su partido, respetarán los resultados electorales, también ha dicho que de perder estas elecciones, Venezuela entraría en una de las más turbias y conmovedoras etapas de su vida política y nosotros defenderíamos la revolución, no entregaríamos la revolución y la revolución pasaría a una nueva etapa; y que gobernaría con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico militar.


Son unas afirmaciones difíciles de entender a la luz del funcionamiento de un Estado democrático. Dice que todo eso lo haría con la constitución en la mano para echar adelante "la independencia de Venezuela cueste lo que cueste, como sea... quien tenga oídos que entienda, el que tenga ojos que vea clara la historia, la revolución no va a ser entregada jamás, escuchen".
Surgen preguntas inquietantes: ¿Qué significa no entregar la revolución, si la mayoría legítima de los votantes pone a la Asamblea Nacional en manos de la oposición? ¿Una nueva etapa de la revolución significa más radicalización, y pérdida de más libertades ciudadanas? ¿Qué significa gobernar con el pueblo, si es que el pueblo ya ha votado en contra del partido oficial? Y peor de todo, ¿qué significa gobernar en unión cívico militar? ¿Qué pito tocan los generales y los coroneles a la hora en que los votos dilucidan el asunto del poder? Eso me recuerda al poeta birmano Tin Thit cuando dice, con tanta razón, que: los votos pueden más que las balas.


Maduro también ha dicho que si su partido gana las elecciones legislativas, llamará a un diálogo nacional. Es lo que debería hacer también si las pierde. Y lo que debería hacer la oposición si gana. El diálogo es un instrumento de la democracia, y de un poder irreductible.


Guadalajara, noviembre de 2015
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Martes, 13 Octubre 2015 08:00

Paz y poder dual en la transición.

Paz y poder dual en la transición.

Los diálogos de paz entre el gobierno del Presidente Santos y las Farc; entre el Estado colombiano y la insurgencia campesina revolucionaria en la Mesa de La Habana, han perfilado un momento fundacional de la nación. Porque se quiera o no, las conversaciones para terminar la guerra y sentar las bases de una paz estable y duradera se convierten en un parteaguas histórico que traza una frontera en el devenir de la sociedad y la nación.


La potencia desplegada por los sujetos sociales y políticos, configurados en el inexorable acontecer de los años recientes, ha promovido la configuración de nuevos horizontes sociales, culturales, institucionales e internacionales. La capacidad democratizadora de la multitud, la fuerza transformadora de las masas populares demuele las desuetas estructuras oligárquicas de dominación y subordinación de millones de seres humanos sometidos al trato arbitrario, a la explotación, la mentira, la manipulación y la humillación.


Gradualmente, el viejo establecimiento se viene al suelo. Se derrumba, y con él, los dispositivos de control y prevalencia de las roscas organizadas (nacionales, internacionales, regionales, locales y sectoriales) en el monopolio de la riqueza, de las rentas, del trabajo y los dispositivos de la hegemonía dominante: aparatos armados, medios de comunicación, sistemas de educación, regímenes jurídicos, redes institucionales e infraestructuras políticas de diverso alcance.


Quien quiera leer que lea. Quien tenga la lucidez para entender que entienda. Quien quiera interpretar a su manera, que lo haga, que proceda a conveniencia, designando las cosas de acuerdo a sus intereses, egoístas o comunales. La delirante ultraderecha dirá que camina un golpe de Estado comunista, Castro-chavista, en sus recientes palabras. Que acabaran con el Ejército; que se eliminara la propiedad privada; que se fulminara la democracia liberal; que la libertad de prensa morirá para implantar la verdad comunista; que la familia se disolverá, etc, etc. En fin, cualquier cantidad de ocurrencias como las que suele repetir el caudillo de marras en plan de meter miedo y no perder vigencia con su discurso de guerra y violencia.


Pero la realidad verdadera cobra forma. Estamos en una transición desde el viejo y agotado dominio oligárquico hacia una democracia ampliada, hacia una sociedad en paz con justicia social . Estamos en un momento de la democracia como autodeterminación de las masas .


Estamos ante la posibilidad de construir un poder independiente, paralelo, autónomo; es decir, una dualidad de poder, encontrar un caso sui generis en que, a través del propio Estado y de la conquista de la estructura jurídica superior del país, se puede consolidar y constituir un poder popular. La cuestión de la dualidad de poderes debe ser abordada en lo teórico con la urgencia que presenta la proximidad en el tiempo o el entrecruzamiento entre el reformismo burgués santista y el cambio radical jalonado por la insurgencia revolucionaria. Hay que actuar previendo giros sorpresivos, inesperados, que, obviamente, es preciso estimular o prevenir. No se puede vivir al remolque de los sucesos y la rutina.


Colapsan los viejos poderes de las rancias elites patrimonialistas y emergen los nuevos poderes populares, los poderes de los movimientos sociales, los poderes de la democracia avanzada, ampliada, de autentica participación, en la gramática de los consensos alcanzados en los diálogos de La Habana.
No se necesita mucha ciencia para advertir que la oligarquía no cumplirá lo pactado en materia agraria, política, de cultivos de uso ilícito y jurídico. Eso lo tenemos por sabido los revolucionarios. La elite ira tirando a la caneca de la basura cada documento que se firme. En ellos todo esto es un simulacro; su interés esencial, en la lucha de clases sustancial en curso, es doblegar, destruir al adversario. Masacrarlo. Exterminarlo. Impedir que avancen las conquistas populares. Su objetivo principal es reencauchar el régimen social de acumulación, apuntalarlo, oxigenarlo. No ahorraran recursos. Ni maniobra. Ni componenda. Vendrán nuevos paramilitarismos en otras envolturas y presentaciones. Vendrán montajes judiciales y penitenciarios. Proseguirá el juego mediático. El Ejército, como síntesis exacerbada y razón última del Estado, se reorganizara para acoplarlo a los nuevos cometidos de la geopolítica imperial: apropiación, saqueo y despojo de los recursos naturales, de las materias primas, de la riqueza amazónica, del agua, del petróleo, del oro, de la fuerza de trabajo, de la riqueza social. La proyectada reforma de la doctrina de la seguridad del Ejército corresponde más a un contexto continental de reafirmación de la hegemonía norteamericana, apropiación de los recursos naturales y desestabilización de gobiernos no afines a la Casa Blanca, tales como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Esta situación exige unas Fuerzas Militares preparadas para combatir con ejércitos regulares y no con guerrillas agrarias.


El cambio de la doctrina militar que se anunció hace algunos días por el comandante del Ejército no responde a los intereses de la paz interna, sino a una lógica global pensada e impulsada por Estados Unidos.


Durante el posconflicto los enemigos identificables de la paz y el progreso no serán las guerrillas comunistas sino los campesinos, indígenas, afrodescendientes y movimientos sociales que se movilizarán por la defensa de la tierra ancestral, el agua y el territorio, tal como pasa ahora en el Cauca, en Cali, Sumpaz, Putumayo, y La Guajira.

Para descalificar a estos actores sociales hay que ligarlos con el discurso de la amenaza "castro-chavista", un discurso hoy más común que nunca debido al conflicto fronterizo con Venezuela y a la cercanía del acuerdo con las FARC. La supuesta ideología cubano–venezolana sirve para encontrar enemigos dentro y fuera de las fronteras.


Avanzar, profundizar, consolidar lo conquistado en los diálogos es un reto permanente para las fuerzas revolucionarias del cambio. En eso no hay tregua. No se puede hacer pausa. Ya quisiera la elite dominante que se renunciara, desde abajo, a la lucha por el cambio radical del sistema imperante.
Todo se remite, en últimas, a las correlaciones de fuerza. Lo que ha ocurrido hasta el momento encarna esa realidad política.


Por eso hay que determinar y construir la correlación de fuerzas dentro de la "dualidad de poderes" mediante la política de alianzas entre las clases subalternas e intermedias durante la fase de transición. Para ello es vital caracterizar: a) la cantidad de fuerza; b) La Localización de la cantidad de fuerzas; c) El movimiento de la cantidad; d) La cantidad del poder efectivo que varía según la fase o momento del proceso de poder dual: no es una construcción acumulativa y unilineal, sino que tiene retrocesos y avances que dependen de la táctica y de la autonomía de lo político.


No exageramos si sugerimos la constitución de un poder dual en la coyuntura. No descubrimos nada nuevo sin querer insinuar que se trata de un vulgar calco de otros procesos.


Obviamente hay que entender que esa dualidad de poderes ocurre en el seno de un Estado democrático burgués de alto desarrollo institucional en un contexto económico subdesarrollado. En un país de desarrollo intermedio o subdesarrollo intermedio, pero con una gran capacidad de desarrollo institucional y de relaciones participativas en que una burguesía emergente en la década de los 60 construyó una gran alianza intradominante, superando conflictos internos mediante el consociacionalismo y, por consiguiente, capaz de crear estructuras de dominación muy estables en un país que durante 60 años no tiene golpes de Estado pero si una cruenta guerra interior.


Eso para decir que en el enigma de la psicología de las naciones y en lo que se puede llamar el 'temperamento' de los Estados, hay siempre una causalidad descifrable, un ciclo de datos reconocibles y situables. Pues bien, para quienes estudian el Estado en la América Latina, aquella continuidad o eje autoridad-legalidad-democracia que se ha dado en Colombia, aun en medio de la más feroz guerra, fue siempre, por lo menos en su apariencia preliminar, una suerte de 'misterio dado' de la historia regional.


Poder dual se presentó en la revolución inglesa del siglo XVII: existen allí fases de reproducción del poder dual: 1) Londres (burguesía presbiteriana v/s Oxford) (rey); 2) Burguesía presbiteriana (fracción en el ejército parlamentario) v/s Parlamento presbiteriano (burguesía acomodada y rica); 3) Levellers v/s Cromwell.


En la revolución francesa de 1789. En la revolución americana del siglo XVIII. En la revolución europea de 1848. En la Comuna proletaria de Paris. En la revolución soviética de 1917.


Poder dual ocurrió en la revolución minera boliviana de 1952, en la Asamblea popular de 1971, en La Paz. En el Chile de Salvador Allende, en 1973. Se registra en los procesos bolivariano y ecuatoriano.


El poder dual no está referido ni a un tiempo determinado, ni un a un lugar histórico preciso definido. Se habla de "dualidad de poderes" en toda transición política, de un fenómeno peculiar de toda crisis social y no propio y exclusivo de alguna revolución pasada.


La dualidad de poderes no existe necesariamente y en todos los casos; se produce solamente allá donde, en el momento de la crisis histórica, las clases básicas se ven obligadas a aceptar una fase de poder dual, porque no han podido imponer al punto su propio poder global. Es una falacia hablar por eso, en general, del poder dual como algo que debiera existir necesariamente en cierto momento; es una falacia, asimismo, hablar de su construcción imprescindible, como pródromo del poder global.


El poder dual es una realidad política y sociológica en los procesos de transformación revolucionaria y cambio radical del Estado y la sociedad civil. No obstante, hay que eludir la disolución del concepto de "dualidad de poderes", en tanto que sobre generalización.


De todas maneras todo poder dual es breve. La temporalidad o precariedad es el carácter natural e inevitable de este hecho anómalo porque la unidad es la voluntad principal de todo Estado.


Las preguntas que queremos formularnos a propósito de esta fenomenología política son las siguientes: ¿Emerge, de manera embrionaria, un poder dual en la actual coyuntura auspiciada con los diálogos de paz entre el Estado y la guerrilla de las Farc? ¿El campo de conflicto delineado además de incluir unos sujetos en reyerta promueve la emergencia y existencia de nuevos poderes sociales, políticos y estratégicos? ¿Se derrumba y colapsa el anacrónico Estado oligárquico y su vieja maquinaria gubernamental?


Para responder a estas preguntas, para sugerir y proponer unas hipótesis de trabajo político acudo a la reflexión y análisis de René Zavaleta Mercado, el pensador marxista boliviano, que desde su experiencia en la revolución boliviana de 1952 y en el gobierno de Salvador Allende, a principios de los años 70, abordo este importante aspecto en su obra El poder dual (1979). Problemas de la teoría del Estado en América Latina.


Como lo que se pretende es la identificación de un poder dual en la presente coyuntura y sus potenciales implicaciones, incorporo además el planteamiento de Boaventura de Sousa Santos sobre el poder y las características que presenta en estos momentos. Su construcción teórica al respecto ocurre en el debate con las teorías liberales clásicas del poder y su enfoque institucional del mismo y con las formulaciones de M. Foucault sobre el tema. De Sousa Santos nos plantea este campo analítico en la perspectiva de la lucha por la emancipación y la construcción de un Estado democrático que coincide con el fin esencial de la terminación de la guerra civil colombiana y la construcción de la paz.


En tal sentido, hay que considerar que el conocimiento de la naturaleza y estructura de poder es un paso muy grande hacia la adquisición de una táctica correcta, de unas consignas adecuadas al momento.


Sugiero, adicionalmente, para tratar el tema, acudir a un nuevo andamiaje teórico, el cual nos parece más oportuno para abordar el contexto de transformaciones que se presenta en Colombia en los años recientes; lo que supone ampliar, por supuesto, la visión de lo político y del poder a partir del concepto de "campo político" y también incorporar la noción de "campo de conflicto" como el lugar en que se dirime la disputa por el poder.


Dussel (2006), a partir de un análisis teórico minucioso de los momentos de lo político, sus dimensiones y esferas, plantea un acercamiento a lo concreto, conflictivo y crítico de la realidad política y sus posibilidades de deconstrucción y paralela construcción de un orden político alternativo. Asume el concepto de campo político, cercano al de P. Bourdieu, para delimitar el objeto de la y lo político y diferenciarlo de los otros campos del mundo cotidiano. De ahí que "el campo político es el espacio de interacciones, cooperación, coincidencias y conflictos, que remite a la esfera de las luchas hegemónicas por el poder" (2006). Agrega que: "Todo campo político es un ámbito atravesado por fuerzas, por objetos singulares con voluntad, y con cierto poder. Esas voluntades se estructuran en universos específicos [...] cada sujeto, como actor es agente que se define en relación a los otros" (Dussel, 2006).


El concepto de campo político, desplaza o más bien amplía el análisis hacia la sociedad civil y permite identificar la red de relaciones de fuerzas o nodos, en que cada ciudadano, cada representante o cada organización operan.


Resulta pertinente ampliar la noción de poder, que no se restringe a los espacios convencionales de gestión y acción política, sino que abarca todos los intersticios de la vida social. Como sostiene Foucault (1983), y profundiza críticamente De Sousa Santos, el poder no se localiza en una institución o en el Estado, no se posee, sino que se ejerce, y se encuentra diseminado en las distintas dimensiones de la vida social y política, en sus hogares moleculares. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce. Nadie es dueño o poseedor, sin embargo, sabemos que se ejerce en determinada dirección; no sabemos quién lo tiene pero sí sabemos quién no lo tiene (1985).


Lo cierto es que la política y la lucha por el poder involucran una disputa sobre el conjunto de significaciones culturales, y el cuestionamiento a las prácticas dominantes relacionadas tanto con los universos simbólicos como con la redistribución de los recursos. En efecto, remite a la constitución de una nueva gramática social capaz de cambiar las relaciones de género, de raza, de etnia y la apropiación privada de los recursos públicos, e implica una nueva forma de relación entre el Estado y la sociedad (De Souza Santos, 2004).


En su carácter potencial, el poder reside en el pueblo (potentia). De acuerdo a Dussel (2006), a través de la red de interacciones y nodos –recurriendo a un concepto de Manuel Castells–, es capaz de generar un proceso de toma de conciencia del poder en-si y de constituir organizaciones para acceder al control del poder político institucional (potestas), es decir, orientarse hacia la objetivación del poder. De acuerdo al autor, el poder se tiene o no se tiene, en ningún caso se toma. Para una aproximación más cercana al funcionamiento del orden político vigente, el autor recurre al concepto de sistema, a partir del cual propone caracterizar a los sistemas como liberales, socialistas o de participación creciente.


En ese marco, se ubica el concepto de campo de conflicto (Melucci 1999) como operador metodológico. En primer lugar, para discernir entre los conflictos de carácter estructural o hegemónico que implican situaciones de crisis estatal y conllevan la posibilidad de una transformación de las relaciones, de aquellos corporativos o meramente coyunturales cuyo impacto y alcances son limitados, y no afectan a la estructura del poder. En segundo lugar, el campo de conflicto constituye sujetos, en episodios de conflictividad los sujetos se agregan, articulan, construyen discursos, pueden cambiar la cualidad y el alcance de la acción colectiva, en tanto que en situaciones históricas en que no existe conflictividad o ésta se reduce a cuestiones puntuales, los sujetos colectivos tienden a inhibirse e incluso a desaparecer. Ello permite abordar a los movimientos en su multiplicidad y variabilidad, en sus desplazamientos entre los diversos ámbitos del sistema y del campo político; así su identidad no es una esencia sino el resultado de "intercambios, negociaciones, decisiones y conflictos entre diversos actores" (Melucci, 1999).


En todo caso, en el del poder dual en ciernes, metodológicamente existe la necesidad de desplazarse del ámbito político–institucional y ubicarse en el espacio de las relaciones, articulaciones y tránsitos entre Estado y sociedad civil (Dagnino et. al. 2008).


El poder dual.


Zavaleta define el "poder dual" como la ruptura de la unidad de poder natural del Estado moderno, el cual se caracteriza por esa capacidad de generación de una estructura de dominación, no sólo institucional sino también social y cultural; es decir, una estructura de poder completa. El poder dual, por consiguiente, es una forma de romper esa unidad de poder a partir de formas de lucha que van conformando un contrapoder al poder de la burguesía. Zavaleta destaca la concepción leninista sobre la capacidad de las fuerzas revolucionarias para constituir un gobierno suplementario y "paralelo" al gobierno formal de la burguesía, dando lugar a un segundo poder.


La dualidad de poderes consiste en que lo que debía ocurrir sucesivamente ocurre sin embargo de una manera paralela, de un modo anormal; es la contemporaneidad cualitativa de lo anterior y lo posterior.


La dualidad de poderes:


- Señala un tipo de contradicción estatal o coyuntura estatal de transición;
- Anomalía que se presenta en el seno del poder del Estado (y a veces en el seno del aparato de Estado);
- Se produce en circunstancias determinadas debidamente circunscritas;
- Hablamos de una metáfora, un signo trópico; usamos la designación como símbolo de situaciones que son más complejas que lo que puede caber en una frase;
- No es un poder dual (un único poder con dos caras, una suerte de Jano), sino una dualidad de poderes: dos tipos de Estado que se desarrollan de un modo coetáneo en el interior de los mismo elementos esenciales anteriores; su sola unidad es una contradicción o incompatibilidad.


El doble poder se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía, que tiene en sus manos todos los resortes del poder; el otro, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de las masas populares, agrarias y obreras.


El poder dual se describe como un hecho de facto y no como un hecho legal.


No es un poder dividido, sino dos poderes contrapuestos y enfrentados (cada polo está ocupado por una clase social, es ya el poder de una clase organizada).


Existen seis formas de Poder dual, de dualidad de poderes:


i) En la esfera de la economía.
ii) Territorial o geográfica.
iii) Intraclase dominante.
iv) Semifantasmal o falsa dualidad. Sirve solamente como apariencia para esconder una dualidad de poderes "verdadera", que no ha podido expresarse todavía. Pero es algo que sólo puede conocerse a posteriori; de otro modo, la encontraríamos en cada contradicción aparente, como el anuncio de un doble poder todavía inédito.
v) En los órganos políticos periféricos.
vi) En los órganos políticos superiores (dualidad estatal propiamente dicha).


Características distintivas de toda situación de dualidad de poderes son, a saber: el hecho de ser una fase transitoria por definición, que supone la emergencia, en el marco de un proceso revolucionario, de dos poderes con vocación estatal, uno de carácter principal, el otro embrionario y surgido desde abajo a partir de la iniciativa de las masas, ambos alternativos e incompatibles entre sí, donde lo que debía producirse sucesivamente en términos temporales –revolución democrático-burguesa primero, revolución socialista tiempo después– acontece de una manera paralela/simultanea, generando por lo tanto una dinámica de contemporaneidad cualitativa de lo anterior y lo posterior.


Poder dual, contrahegemonia y emancipación.


Avanzando en esta indagación del poder dual en la transición a la paz, acudimos a la reflexión teórica de Boaventura de Sousa Santos sobre el fenómeno del poder para entender su complejo entramado.


El autor construye una teoría política de carácter crítico–emancipatorio que propone una ampliación de los límites y el alcance de la noción de «poder», poniendo en cuestión la naturaleza del poder político público tradicionalmente privilegiado por la teoría política dominante. Este enfoque le permite adelantar una radiografía que identifica los múltiples poderes políticos en circulación y descubre las opresiones estructurales entrelazadas que se producen en las actuales sociedades neoliberales.


Desde hace algún tiempo, viene identificando en sus trabajos las bases para la elaboración de una nueva teoría política capaz de fundar, en la época de la globalización neoliberal y su resaca social y económica mundial, un nuevo contrato social global más solidario e incluyente que el hoy en crisis contrato social de la modernidad occidental.


La teoría política desarrollada por éste constituye una opción teórico–práctica contrahegemónica por dos motivos fundamentales. El primero, porque parte del análisis crítico de la realidad mundial contestando el liderazgo de la teoría política liberal dominante; el segundo, porque plantea caminos alternativos para la transformación personal y social desde posiciones que se inscriben en el horizonte de acción política y social de inspiración socialista, que tiene como centro de gravedad la búsqueda de los valores de justicia, igualdad y solidaridad, que él complementa con el de la diversidad. Su objetivo principal es el de crear un «nuevo sentido común político» (Santos, 1998: 340; 2003: 127) basado en la potenciación de la dimensión participativa de la política y en la repolitización global de la vida social, en contra de las dinámicas despolitizadoras estimuladas por la teoría política neoliberal hegemónica.


De la teoría política contrahegemónica de De Sousa Santos se puede afirmar, en general, que es portadora de una constitución «genética» que puede calificarse de crítica, emancipadora y utópica. Es crítica, en primer lugar, porque huye de las posturas pasivas y conformistas que asumen —e incluso celebran— la realidad dada y sospecha de aquellas actitudes dominadas por el fatalismo histórico, la creencia conservadora y resignada según la cual las cosas son como son y no se pueden cambiar. En lugar de ello, su teoría política crítica asume una posición de denuncia al examinar las condiciones de vida y poner en evidencia las numerosas relaciones de poder incrustadas en la corteza de las sociedades neoliberales contemporáneas, busca alternativas viables de pensamiento y acción, y contribuye a la formación de sujetos políticos rebeldes, solidarios y participativos que exigen transformaciones sociales estructurales en sentido progresista.


Es emancipadora, en segundo lugar, porque está radicalmente comprometida con los diferentes proyectos de lucha contra hegemónicos abanderados por los distintos movimientos sociales y políticos que alrededor del mundo impulsan la puesta en marcha de múltiples procesos de liberación de los grupos subordinados. La finalidad principal de estos procesos es la de combatir y erradicar el agravamiento de las injusticias económicas, políticas y sociales existentes, fomentando el mejoramiento global de la condición humana, y no sólo el de una minoría social privilegiada y el de un reducido grupo de países. De hecho, una de las principales aspiraciones que contiene su teoría política contrahegemónica es la de rescatar las voces silenciadas que resisten o, en palabras del sociólogo, «dar voz a los que no la tienen y aclarar teóricamente muchas de las causas del sufrimiento humano en este mundo globalizado e injusto en el que vivimos» (Santos apud Chavarría, 2004: 100).


La teoría política crítico–emancipatoria de Boaventura de Sousa Santos puede ser considerada, en tercer lugar, una teoría política que desempeña una función utópica, porque restituye el valor de conceptos tan denostados por el realismo político como «esperanza», «imaginación utópica», «cambio» o «futuro abierto», entre otros, y está fundada en anhelos de un cambio de rumbo que contienen una doble dimensión: la crítico–descriptiva, al desafiar el orden de cosas existente y la propositivo–transgresora, que se concreta en planteamiento de alternativas creíbles que funcionan como horizonte movilizador de la acción colectiva e individual. Para el filósofo alemán Ernst Bloch, el teórico contemporáneo más importante de la esperanza, el fenómeno utópico es un rasgo constitutivo del pensamiento humano que remite, en todo tiempo y condición, a la construcción de otro mundo posible más justo y decente. En el pensamiento filosófico de Bloch, la utopía, en su significado positivo, está relacionada con categorías como «lo nuevo», lo que «todavía no» es, «sueño diurno» y «conciencia anticipadora», entre otras, que adquieren un papel relevante en la sociología crítica de Boaventura de Sousa Santos. Tal y como la define formalmente, por «utopía», el pensador portugués entiende: «La exploración, a través de la imaginación, de nuevas posibilidades humanas y nuevas formas de voluntad, y la oposición de la imaginación a la necesidad de lo que existe, sólo porque existe, en nombre de algo radicalmente mejor por lo que vale la pena luchar y al que la humanidad tiene derecho» (Santos, 2003: 378). Ahora bien, en rigor terminológico, a su particular forma de entender la utopía, Santos (1995: 479; 2003: 379) la llama heterotopía, noción acuñada originalmente por el filósofo francés Michel Foucault. Con este concepto, que etimológicamente significa «otro lugar», Santos se refiere a la descentralización, dentro de un mismo lugar, de los proyectos y las prácticas emancipadoras.


La originalidad del concepto está en el rechazo de la idea de un lugar único considerado la sede por excelencia de la emancipación social, sino que pone el acento en una concepción múltiple y plural de la utopía. Según esta visión, en el presente existen experiencias concretas —algunas plenamente disponibles, otras tan sólo en estado latente— que tienen posibilidades reales de desarrollarse en la dirección de una sociedad mejor. Pero estas experiencias se encuentran socialmente descentradas, localizadas en el centro, aunque también en los márgenes de la sociedad. Conviene matizar, a fin de evitar errores de interpretación, que la teoría política contrahegemónica de Santos no defiende, en el lenguaje de Bloch (1977: 134, 147), una «utopía abstracta», la que está cargada de tintes idealistas y se entrega a una ensoñación atemporal e ilusoria situada más allá del devenir histórico. Por el contrario, de Sousa Santos aboga por lo que Bloch (1977: 135, 147) llama utopía concreta, la que no se refiere a un sueño imposible ni irrealizable, sino que está relacionada con lo probable o, mejor dicho, con la búsqueda de «lo real–posible» (Bloch, 1977: 135). La utopía concreta de Santos se refiere, pues, a direcciones, caminos y tendencias alternativas que son empíricamente realizables, pero que todavía están madurando, de modo que remiten a un futuro abierto por el que vale pena luchar.


Los ejes sobre los que se articula la teoría política contrahegemónica de Boaventura de Sousa Santos pueden dividirse en cinco, que se sintetizan del siguiente modo. El primero es la elaboración de un marco analítico amplio que examina de manera crítica las diferentes y entrecruzadas relaciones de poder que se dan en las sociedades del centro, la periferia y la semiperiferia del sistema mundial capitalista.


El segundo es la propuesta de reconfigurar la capacidad reguladora del Estado en el contexto de la globalización neoliberal. Esta idea implica el restablecimiento del debilitado poder regulador del Estado en materia económica y social mediante diferentes líneas de acción, como la recuperación de la función redistributiva de la riqueza y los recursos públicos, así como la transformación teórico–práctica del Estado en un «novísimo movimiento social» (Santos, 2005: 330), planteamiento según el cual el Estado es concebido como una organización política híbrida formada por una conjunto heterogéneo de flujos, redes, movimientos y organizaciones en el que interaccionan actores e intereses estatales y no estatales, tanto a escala local como global, de los que el Estado es el elemento coordinador.


El tercer eje temático es el desarrollo de una concepción sustantiva y contrahegemónica de la democracia (cf. Aguiló, 2008, 2009a). Ésta adquiere la forma de una democracia radical o de alta intensidad como complemento enriquecedor —y democratizador— de la democracia representativa liberal, por la que toma opción la teoría política hegemónica. El objetivo principal de la democracia radical planteada por Santos es el de convertir las relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida.


El cuarto eje de análisis apunta hacia la crítica de las concepciones etnocéntricas de los derechos humanos y su reconstrucción en un proyecto intercultural y cosmopolita subalterno a través del diálogo horizontal de culturas.


En quinto y último lugar, la transformación de la universidad en una institución académica y social de carácter intercultural e incluyente, regida por el conocimiento como factor de emancipación y promotora activa de la democracia epistémica y la justicia cognitiva (cf. Aguiló, 2009b). Todos estos ejes de la teoría política de Santos desembocan, a su vez, en un objetivo común: la reinvención en el siglo XXI del dañado valor de la emancipación social.


La teoría liberal clásica del poder y el enfoque de Foucault.


Para elaborar su análisis del poder, Boaventura de Sousa Santos entra en diálogo y discusión con dos grandes concepciones sobre el poder y la política provenientes de orientaciones epistémicas e ideológicas diferentes: la teoría política liberal clásica y el pensamiento político de Foucault.


Una cartografía crítica del poder.


Las consideraciones de Boaventura de Sousa Santos (1989a, 1991, 1995, 1998, 2002, 2003, 2006a, 2006b) sobre la mecánica y las formas de poder existentes en las sociedades capitalistas contemporáneas le llevan a construir una teoría política contrahegemónica que incluye una nueva cartografía del poder político y de sus modos de producción. Este análisis estructural del poder tiene un doble objetivo: el primero, en la línea de Foucault, consiste en revelar y criticar las ocultaciones que producen los discursos políticos (neo) liberales dominantes sobre lo político; el segundo es el de amplificar los conceptos de «poder político» y «derecho» más allá de los angostos límites que establece la teoría política liberal clásica. El análisis cartográfico de los poderes políticos que circulan en las sociedades capitalistas contemporáneas permite a Santos identificar distintos sistemas de opresión y elaborar, como propuesta alternativa, un mapa de la emancipación social fundado en procesos de democratización radical.


Más que del poder, en abstracto, como si fuera una substancia externa, trascendente y autónoma, Santos habla habitualmente, adoptando una perspectiva contextual y relacional, de relaciones intersubjetivas e intergrupales de poder.


Desde una perspectiva general, Santos (2003: 303) define el concepto de «poder» como «cualquier relación social regulada por un intercambio desigual». Estos intercambios desiguales engloban de manera virtual todas aquellas condiciones —bienes materiales, recursos, oportunidades, símbolos, valores, entre otras— que afectan, e incluso determinan, nuestra vida personal y social. Las relaciones de poder, según la definición anterior, constituyen procesos de intercambio desigual entre individuos o grupos sociales; son, en otros términos, conjuntos de relaciones sociales entre sujetos iguales en la teoría pero desiguales en la práctica.


Bajo la influencia del pensamiento de Foucault, Santos (2003: 328) distingue dos dimensiones distintas del poder. Por un lado, el ejercicio del poder cósmico, aquel centrado en el Estado, jerárquicamente organizado y que tiene unos límites formales establecidos por relaciones burocráticas e institucionalizadas. En términos comparativos se corresponde con el poder estatal teorizado por Foucault. Por el otro, y en contraposición, está el poder caósmico, el poder descentralizado e informal que no tiene una localización específica, emerge de intercambios sociales desiguales, se ejerce desde varios microcentros de poder de manera caótica y no tiene unos límites predefinidos. Es otra manera de referirse al poder disciplinario foucaultiano.


La cartografía estructural que desarrolla Santos tiene como foco prioritario de atención analizar las formas de desigualdad social que producen las relaciones de poder. La idea clave sobre la que se sustenta el análisis es que las relaciones de poder no existen ni ocurren de manera aislada, sino que se producen en secuencias o cadenas, de manera que el poder actúa a través de complejas redes políticas y sociales. Es lo que Santos (2003: 301) llama constelaciones de poder, definidas como «conjuntos de relaciones entre personas y entre grupos sociales» (Santos, 2003: 306). Teniendo en cuenta la definición anterior del poder ofrecida por Santos, conviene percatarse de que las constelaciones de poder no se basan en la solidaridad, la cooperación o el reconocimiento mutuo entre las personas, sino que constituyen relaciones sociales asimétricas en las que una de las partes tiene la capacidad para tratar las necesidades e intereses de la otra de manera desigual. En su funcionamiento, las constelaciones de poderes combinan componentes cósmicos con una pluralidad de componentes caósmicos.


Santos intenta encontrar una vía de análisis que no reproduzca las deficiencias de la teoría liberal del poder ni las de la concepción foucaultiana. Respecto a la primera, critica lo que denomina la «ortodoxia conceptual» (Santos, 1989a: 3; 1998: 139) de la teoría política liberal: la idea según la cual el Estado, en comparación con la vida espontánea y prepolítica propia del estado de naturaleza, guiada por la conservación de los derechos naturales individuales y la satisfacción de los intereses privados, es una construcción artificial. Es, en efecto, el planteamiento que legitima la dicotomía entre lo público y lo privado, núcleo duro de la ortodoxia conceptual liberal. De ella forman parte otras importantes dicotomías e ideas, como la escisión entre lo colectivo y lo individual, la tensión entre el derecho natural y el derecho positivo, la que se establece entre la ley y el contrato, la despolitización de la sociedad civil, el confinamiento de la democracia al ámbito público, la reducción de los poderes políticos al poder político liberal y la del derecho al derecho legal estatal.


Con relación al análisis foucaultiano del poder, Santos plantea dos críticas. La primera se refiere a la visión extremadamente fragmentaria y homogeneizante que Foucault tiene del poder disciplinario. Para Santos, el poder caósmico–disciplinario no es tan disperso ni carente de centro como creía Foucault. Si, como afirmaba el filósofo, el poder pervade todos lados, en realidad no está en ninguna parte, de ahí la necesidad de establecer un principio de estructuración y jerarquización que sirva como instrumento de diferenciación interna del poder disciplinario, porque no todos los poderes sociales son iguales, ni son idénticas sus lógicas de acción: el poder caósmico no se ejerce de la misma manera en la fábrica, en la familia o en la escuela. La conceptualización de Foucault no distingue, por tanto, las condiciones específicas de cada uno de los poderes sociales en circulación. La segunda crítica está relacionada con la concepción monolítica y pura que Foucault tenía del poder jurídico. El error de Foucault, en opinión de Santos, está en identificar equivocadamente lo jurídico con lo estatal, ya que en multitud de sociedades pueden encontrarse cuerpos normativos no reconocidos formalmente por el Estado, como la legalidad indígena o la ley gitana, ordenes jurídicos en competencia con la ley oficial estatal. Para Santos, el poder jurídico no es un cuerpo aislado e impermeable, sino flexible y heterogéneo que tiende vínculos estables con otros tipos de poder social. Sostiene, de hecho, que una de las características fundamentales de la modernidad occidental es el llamado isomorfismo estructural entre el derecho y la ciencia: la idea según la cual el orden social tiene que ser el reflejo del orden científico, premisa que llevó al derecho a convertirse en una especie de alter ego de la ciencia moderna. Se trata de hacer ver la interrelación que hay entre el poder jurídico y el poder disciplinario, aspecto que el análisis de Foucault había descuidado. Critica, además, que en la teoría foucaultiana del poder es posible encontrar una cierta devaluación del poder jurídico estatal, reducido a una forma más de poder entre la multiplicidad de poderes sociales, cuando, según Santos, el Estado sigue teniendo una posición central en la configuración de las relaciones de poder.


El marco analítico que construye Boaventura de Sousa Santos (1989b: 250; 1991: 181; 1995: 417; 1998: 150; 2002: 369; 2003: 316; 2006a: 52-53) trata de cartografiar aquellas relaciones sociales estructurales de poder que generan injusticia y desigualdad. Este mapa, cuya lente de enfoque se ciñe a las sociedades capitalistas que forman parte del sistema mundial, no adoptar una perspectiva nortecéntrica de análisis, en el sentido de prestar atención a las dinámicas globales que afectan no sólo a los países del centro del sistema mundial capitalista, sino también, y especialmente, a los márgenes del sistema mundial, en los que se encuentran los países periféricos y semiperiféricos.


Haciendo uso de una metáfora espacio–temporal, Santos distingue seis espacios–tiempo estructurales. Internamente, cada uno de los espacios–tiempo estructurales está constituido por seis elementos que determinan su sentido y alcance: el primero es una unidad de práctica o agencia social, la dimensión activa del espacio–tiempo que organiza la acción colectiva e individual a partir de un criterio principal de identidad; el segundo se refiere a una forma institucional privilegiada, que se encarga de crear pautas, estructuras, modelos y procedimientos de normalización, así como de organizar las relaciones sociales en secuencias rutinarias hasta lograr que los modelos establecidos se naturalicen y formen parte del sentido común; el tercero lo forma una dinámica de desarrollo, que es el principio de racionalidad que imprime la orientación de la acción social y define la pertenencia de las relaciones sociales a uno u otro espacio estructural; el cuarto elemento concierne a un mecanismo de poder, relativo a formas de intercambio desigual entre individuos o grupos. Las diferentes formas de intercambio desigual originan diferentes formas de poder y aunque cada una de ellas posea un lugar de acción privilegiado pueden estar presentes en todos los espacio–tiempo. El quinto elemento es una forma de derecho, referida a los marcos legales y normativos que contribuyen a la prevención y solución de conflictos; la sexta y última dimensión de los espacios–tiempo de las sociedades neoliberales es una forma de conocimiento que incluye estilos específicos de razonamiento y aspectos retóricos y argumentativos.


Cada uno de dichos espacios constituye una constelación de relaciones de poder que (re)producen intercambios desiguales. Estos espacios–tiempo estructurales integran las formas de sociabilidad y hábitos relacionales hegemónicos en la vida cotidiana, de ahí su carácter estructural, pues desempeñan el papel de núcleos configuradores del orden social y político imperante en las actuales sociedades capitalistas del sistema mundial, condicionando el tipo de relaciones de familia, trabajo, consumo y vecindad, entre otras. Aunque entre los espacios– tiempo se establecen articulaciones mutuas, cada uno de ellos tiene una lógica propia y presenta un funcionamiento autónomo. Así, para Santos (2003: 309), las sociedades neoliberales pueden definirse como series de constelaciones políticas formadas por seis modos específicos de producción de poder. Además de ello, las sociedades neoliberales también son conjuntos de constelaciones jurídicas y de constelaciones epistemológicas.

Veamos el examen de las constelaciones políticas y de los seis modos básicos de producción de poder, quedando pendiente el estudio de los modos de producción de derecho y de los modos de producción de conocimiento.

El primero de los espacios–tiempo estructurales que conforman el modelo de análisis de la organización de las sociedades neoliberales propuesto por Santos es el espacio doméstico, que puede definirse como el conjunto de relaciones sociales que se dan entre los miembros de la familia: entre los cónyuges, entre éstos y sus hijos y entre los propios hijos, principalmente. El objetivo de estas relaciones es el producir y recrear el ámbito de lo doméstico y del parentesco: la división sexual del trabajo, la gestión de los bienes y de las responsabilidades familiares, entre otros aspectos. En este espacio–tiempo, las relaciones entre sujetos se organizan en torno al patriarcado, la forma de poder dominante. Es el sistema de control y dominación de los varones sobre la reproducción social las mujeres en tanto sujetos individuales y colectivos. La dominación patriarcal, sin embargo, basada en la autoridad masculina, no se circunscribe al espacio doméstico, sino que se extiende e invade el resto de espacios por medio de instituciones económicas, políticas, mediáticas, legales, culturales, religiosas y militares que descalifican, discriminan o excluyen las diferentes maneras de significar, conocer y sentir de las mujeres. La unidad de práctica social característica de este espacio es la diferencia sexual y generacional.


Las instituciones privilegiadas son el matrimonio y la familia –entiéndase la familia nuclear, formada por cónyuges de distinto sexo con hijos legítimos–. El principio de racionalidad operativo es la maximización de la afectividad. La forma de conocimiento propia es el familismo o cultura familiar. Por último, la forma hegemónica de derecho es el derecho doméstico.


En segundo lugar, se encuentra el espacio de la producción, en el que se desarrollan relaciones sociales en torno a valores económicos de cambio derivados de procesos productivos. Las relaciones que se dan en este espacio–tiempo son de dos tipos: relaciones de producción —relaciones capital–trabajo— y relaciones en la producción —relaciones trabajo– trabajo—. El modo de poder propio es la explotación, entendida en el sentido que le atribuía Marx, es decir, como el intercambio desigual de trabajo humano por un salario que está por debajo de su valor real. A la explotación humana hay que añadir la explotación de la naturaleza, concebida por el capitalismo como res extensa cartesiana: materia pasiva, inerte, cuantitativa, desprovista de dignidad alguna, que puede ser manipulada y explotada a placer.


La unidad de práctica social la forman la clase social y la naturaleza. La dimensión institucional se materializa en la fábrica y la empresa. La dinámica de desarrollo actuante es la optimización del lucro y la maximización de la degradación de la naturaleza. El cuerpo normativo que rige estas relaciones es el derecho de producción y la forma epistemológica que despunta es el productivismo o, de manera más general, la cultura empresarial.


El tercer lugar lo ocupa el espacio de mercado, constituido por relaciones sociales que tienen como base la distribución y el consumo de valores de cambio en el libre mercado. La modalidad de poder, adoptando una perspectiva marxista, es el fetichismo de las mercancías, que guarda relación directa con la explotación. Con este concepto, Marx hacía referencia a la cosificación de los seres humanos y a la personificación de los objetos que se produce en la sociedad capitalista. En los intercambios mercantiles, las mercancías aparecen dotadas de un carácter autónomo, es decir, no evidencian las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción necesarias para fabricarlas. Como resultado de ello, el trabajador percibe el objeto producido como algo extraño a su actividad: es la sensación de alienación que le provoca el hecho de ser un mero instrumento alquilado para la elaboración de un objeto que no le pertenece y que en el mercado se relaciona como si fuera una persona, mientras que las personas, en la esfera productiva, lo hacen como si fueran objetos. El fetichismo de las mercaderías alude también a la falta de libertad que, según Marx, padece el consumidor, ya que las posibilidades de quien compra están condicionadas por la posición que ocupa en la organización social. En este espacio–tiempo, la unidad de práctica social es el cliente o consumidor. La institución social central es el mercado. El principio de racionalidad se traduce en la maximización de la utilidad y la mercantilización total de las necesidades. La forma jurídica es el derecho del intercambio y la forma epistemológica relevante es el consumismo o cultura de masas.


El cuarto espacio–tiempo estructural es el espacio de la comunidad, definido como la serie de relaciones sociales desarrolladas en torno a la producción de territorios físicos y universos simbólicos que favorecen la identificación colectiva. El dispositivo de poder activo es la diferenciación desigual, mediante la cual se identifica diferencia con inferioridad: el sujeto o grupo percibido socialmente como diferente con relación a los códigos socioculturales imperantes de regulación es, en virtud de su diferencia empírica —de género, etnia, orientación sexual, biológica, entre otras—, clasificado como inferior. Los procesos de diferenciación desigual funcionan creando mecanismos de identidad —o inclusión— y diferencia —o exclusión— utilizados para discriminar entre miembros externos e internos a la comunidad. En esta constelación política, jurídica y epistemológica, la unidad de práctica social es la etnicidad, la raza, la nación, el pueblo o la religión. Las instituciones de normalización adoptan la forma de la comunidad, el barrio, la región, las organizaciones populares de base y las iglesias. La racionalidad que guía la acción es la maximización de la identidad. El cuerpo de leyes que regula estas relaciones es el derecho de la comunidad y las formas dominantes de saber son la cultura local y el conocimiento de la tradición.


El espacio de la ciudadanía, en quinto lugar, es aquel en el que predominan las relaciones de obligación política vertical, entre el Estado y los ciudadanos. El mecanismo específico de poder es la dominación. En tanto que está centrada en el Estado y es ejercida por él, la dominación es la modalidad de poder más fuertemente institucionalizada, de aquí que sea la única forma de poder que la teoría política liberal clásica considere como poder político. En la teoría política crítica de Boaventura de Sousa, en cambio, el espacio ciudadano es una de las varias formas de poder social. Su unidad de práctica social es la ciudadanía. El aparato institucional es el Estado. El modo de racionalidad la maximización de la lealtad. El marco legal lo proporciona el derecho territorial y las formas de conocimiento son el nacionalismo educacional y cultural y la cultura cívica.


En sexto y último lugar, se encuentra el espacio mundial, definido como el conjunto de relaciones sociales que la división internacional del trabajo produce en las sociedades nacionales (Santos, 2003: 313).


La forma propia de poder es el intercambio desigual, en el sentido más estricto del término, y se refiere a los relaciones de intercambios económicos desiguales realizados entre el centro, la periferia y la semiperiferia del sistema mundial. Es una forma de poder muy estudiada por los teóricos del sistema mundial, del imperialismo comercial y las teorías de la dependencia. El Estado–nación es la unidad de práctica social. El entramado institucional lo forman el sistema interestatal, los organismos internacionales y las organizaciones supraestatales. El principio de racionalidad es la maximización de la eficacia. El patrón normativo que reglamenta los intercambios en el sistema mundial es el derecho sistémico y la forma epistemológica que sobresale es la ciencia.


A partir de sus reflexiones sobre la naturaleza del poder político y su dinámica de funcionamiento en las actuales sociedades capitalistas, Boaventura de Sousa Santos diseña un complejo mapa en el que identifica los lugares estructurales que producen y reproducen relaciones políticas de poder. Es un marco analítico propuesto como alternativa teórica que resulta, por un lado, de una crítica a la teoría liberal del poder que intenta desactivar la dicotomía entre Estado y sociedad civil y sus corolarios —anclaje del derecho y la política en el nicho del Estado, profesionalización de la política, distinción entre lo público y lo privado, etcétera— y, por el otro, de la adhesión crítica a la concepción foucaultiana del poder. En un esfuerzo por superar, entre otras deficiencias, el carácter fragmentario y disperso de la teoría política de Foucault, Santos localiza y distribuye, de manera más específica y detallada que aquél, el poder social en seis espacios–tiempo estructurales: el doméstico, el productivo, el mercantil, el comunitario, el ciudadano y el mundial. Ello le permite mostrar que «la naturaleza política del poder no es el atributo exclusivo de una determinada forma de poder, pero sí el efecto global de una combinación de diferentes formas de poder y de sus respectivos modos de producción» (Santos, 1991: 181; 2003: 310).


Una de las aportaciones más interesantes del análisis del poder que plantea la teoría política contrahegemónica de Boaventura de Sousa Santos es la idea según la cual las sociedades capitalistas no deben considerarse formaciones sociales articuladas en torno a un derecho único, el derecho estatal, ni a una política única, la expresada en la relación entre el Estado y la sociedad civil por vía de la representación política democrática. Al contrario, son concebidas como una pluralidad de constelaciones jurídicas, políticas y epistemológicas relacionadas entre sí. Este juego de poderes políticos, jurídicos y epistemológicos en relación recíproca le permite adoptar a Santos una perspectiva relacional que diluye la dicotomía jurídico–política liberal entre lo público–político y lo privado–personal, evitando caer así tanto en la «hiperpolitización del Estado» como en su reverso, la «despolitización de la sociedad civil» (Santos, 1989b: 249; 2003: 128) causada por la teoría política liberal.


Al asumir como natural la división entre lo público y lo privado, la teoría política liberal menospreció la idea de una pluralidad de poderes políticos en circulación social e invirtió sus energías en llevar a cabo una cierta democratización del poder estatal en tanto que única forma reconocida de poder político–público. Sin embargo, y como contrapartida, no reconocer que el poder, más allá del ejercido por el Estado sobre la ciudadanía, actúa en múltiples espacios y se reproduce de muchas maneras —mediante discursos y prácticas que abarcan desde la violencia física hasta mecanismos simbólicos e institucionales más sutiles, tales como las leyes vigentes, las costumbres heredadas y la mentalidad en boga—, condujo a una teoría política ciega y conservadora que dejaba en una situación de vulnerabilidad a quienes en el ámbito considerado privado padecían actos discriminatorios. La teoría política liberal no es, en este sentido, crítica ni emancipatoria, pues no denuncia las injusticias de formaciones sociales que atenazan a los colectivos más débiles, invisibiliza y legitima las discriminaciones sexistas, económicas, étnicas y culturales y no plantea elementos para enfrentar las varias formas de opresión —discriminación, abusos, explotación, exclusión, falta de oportunidades, entre otras— que condicionan la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. No es, en definitiva, una teoría política solidaria con quienes sufren relaciones políticas de sujeción. Por esta razón, unos de los méritos más notables de la teoría política crítica de Santos es el de ampliar los límites del poder político y la opresión.


Cuando una determinada construcción social o relación de poder es despolitizada, es decir, privatizada y no sujeta a responsabilidad política, hasta el punto de convertirse en una realidad naturalizada, se está evitando que quien la sufre pueda emanciparse de una situación injusta.


Desterrar del ámbito del poder político estatal fenómenos socioculturales hoy dominantes, como el patriarcado heterosexista o la producción y el consumo capitalistas, sólo contribuye a aumentar las desigualdades entre personas, naturalizar relaciones de subordinación y desarticular lo privado como espacio político para la vindicación ciudadana. Puede decirse que Santos, en este aspecto, presenta un concepto de libertad que conecta con la tradición política republicana, para la cual la libertad no es la libertad liberal como ausencia de interferencia, sino la emancipación de las relaciones de dominación despótica o, como la entiende el filósofo Philip Pettit (1999: 40 ss.), la ausencia de dominación arbitraria. Llama la atención, a este respecto, cómo el Estado de derecho democrático–liberal es capaz de convivir cómodamente con formas despóticas de poder exentas de cualquier control democrático. Es lo que de Sousa Santos (2005: 354 ss.) conceptualiza como fascismos sociales. Son relaciones sociales que, aunque están formalmente incluidas en el marco del Estado y del contrato social, se rigen por la arbitrariedad y el autoritarismo del fuerte sobre el débil: «La vulnerabilidad del individuo en el fascismo social no resulta [...] de la imposición de un poder estatal tiránico frente al individuo, sino, por el contrario, del abandono total del individuo —muchas veces propiciado por el mismo Estado— de tal manera que cualquier poder, de cualquier tipo, puede aspirar a regular el comportamiento individual y a dispensar los bienes públicos a su antojo» (Santos y García Villegas, 2001: 45). Desde luego, una teoría política que convive tranquilamente con una abundancia de despotismos y esclavitudes sociales cotidianas es difícilmente transformadora y deficitariamente democrática.


Digamos para concluir que el debate sobre el poder dual en la transformación sociopolítica apalancada por los diálogos de paz debe incluir estas consideraciones de orden analítico. No es posible avanzar en la construcción de un pacto final de paz en marzo del 2016 sino se identifican claramente los elementos de dicha realidad que, por supuesto, la delegación santista intenta conducir en los términos de un cambio político monitoreado en función de los intereses de la elite dominante en el Estado.


Notas.


La transición que actualmente ocurre en el campo político a raíz del proceso de paz bien puede interpretarse a la luz de las elaboraciones teóricas de Leonardo Morlino, reunidas en el texto "Cómo cambian los regímenes políticos?" (1985), donde plantea un modelo de reformas políticas promovidas desde las elites dominantes en el Estado, las que advertidas de una crisis estructural en el funcionamiento del Estado implementan procesos de reformas y ajustes institucionales para no perder el control de la sociedad y las instituciones. Ver en el siguiente enlace electrónico dicho texto http://bit.ly/1K4Gplm Este enfoque no es el que se comparten este trabajo pero hay que abordarlo para entender cómo y en qué piensa la clase directiva colombiana a propósito del proceso de paz.
El concepto de la democracia como autodeterminación de las masas elaborado por René Zavaleta Mercado es ampliado por Luis Tapias en su texto "Cuatro conceptos de la democracia" al que se puede acceder en el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/1OxB6kT

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Silvio Rodríguez: "Habrá otra revolución en el futuro, pero mientras llega, lo que nos toca es evolucionar"

El cantautor cubano, que celebra el quinto aniversario de la gira de conciertos gratuitos por los barrios más humildes de Cuba, repasa la situación de su país y el proceso de acercamiento a Estados Unidos.


El cantautor cubano Silvio Rodríguez concede una entrevista a Público en la misma semana que celebra el quinto aniversario de la gira de conciertos gratuitos por los barrios más humildes de Cuba. Silvio hace un repaso de los retos que enfrenta Cuba en su acercamiento a Estados Unidos; analiza los desafíos de la cultura cubana ante las reformas económicas que se desarrollan en el país; hace una apasionada defensa de la poesía y expresa sus deseos de hacer una gira en España tras nueve años de ausencia de los escenarios españoles.

El acercamiento de Cuba y Estados Unidos abre muchas posibilidades pero también representa desafíos para la cultura cubana.


A nivel cultural siempre ha habido intercambio con Estados Unidos. Que haya condiciones para que se incremente ese intercambio, será como levantar barreras para que todo fluya con más naturalidad. Si hay algo frustrante no es porque sea negativo el contacto, sino porque pudiera aumentar la distorsión de los proclives a deslumbrarse acríticamente. Digamos que el mimetismo puede volverse aún más pedestre, si tal cosa fuera posible.


Cuba es también una potencia cultural pero sin el poder económico de la cultura estadounidense. ¿No teme que la cultura cubana se vea obligada a "pasar por el aro" para acceder al mercado de Estados Unidos?


Siempre ha habido artistas que piensan en mercados y en conveniencias, y artistas que anteponen el arte a todo lo demás. Nunca olvido aquello martiano de que nuestras ramas pueden ser del mundo, pero que el tronco se mantenga nuestro. Satyajit Ray empezó su célebre trilogía de Apú con un pensamiento muy lúcido: "Cuenta tu aldea y contarás el mundo". Sólo la banalidad es capaz de maquillarse de "mundo" y dar la espalda a lo propio, pensando en el éxito fácil.


¿Cuáles son las principales fortalezas de la cultura cubana para enfrentar el reto del nuevo acercamiento con Estados Unidos?


Creo en la identidad. Sin confundirla con lo característico a ultranza, que puede resultar caricaturesco, como esa pinturita de lo cubano que parece seducir a tantos. Y es que la identidad también evoluciona con la instrucción de un pueblo, como ha sido el caso. Incluso cuando no teníamos la consciencia que nos ha dado medio siglo de confrontación política, Cuba resistió y siguió siendo Cuba. ¿Por qué no habría de hacerlo ahora?


¿Cuáles serían sus principales debilidades?


Supongo que la superficialidad, que también pulula como la verdolaga. Y, ocasionalmente, algunos brotes de oportunismo.
En un momento en el que las reformas buscan la autofinanciación de todos los sectores, ¿como puede hacerlo la cultura?

¿Lo pueden hacer el ballet o el cine?

Actividades artísticas que requieren infraestructuras más o menos complejas, como el ballet y el cine, son impracticables en países en desarrollo. Pero mucho más si no existe la voluntad de construirlas y sostenerlas. En Cuba se han desarrollado por la vocación humanista de Fidel Castro y por el empuje de personalidades como Haydeé Santamaría, Alicia y Fernando Alonso, Alfredo Guevara, Julio García Espinosa y luego otros. Incluso países con desarrollo, como España, están en constante lucha por presupuestos para el cine, la música clásica y otras manifestaciones. Esto aún cuando en muchos lugares esas expresiones sobreviven gracias al mecenazgo. Pero se supone que un Estado socialista debe ser más responsable, más benévolo. Incluso tratándose de un Estado pobre, bloqueado, cada vez con menos ayudas y para colmo con una crisis económica mundial, como telón de fondo. Cabe preguntarse qué pude significar para Cuba salir del bloqueo y caer en manos del FMI. Sea como sea, hay que ser muy valiente para declarar que no renunciamos al socialismo.

Los cineastas cubanos se muestran conscientes de la realidad; también de ahí sus planteos de independencia y de una ley cinematográfica. No creo que el ballet vaya a desaparecer, pero las instituciones difícilmente sobrevivirán sin cambios. Es admirable que figuras como Liz Alfonso y ahora Carlos Acosta lleven adelante sus proyectos. Por otra parte también hay otras experiencias nuevas e interesantes, como la Fábrica de Arte, de X Alfonso.

Estructuras como las Fundaciones fueron tomadas en Cuba con reserva, acaso por temor a que se independizaran demasiado. Así hay proyectos que llevan años esperando por una anunciada revisión de la Ley de Fundaciones. Pues yo creo que una forma de salvar algunas buenas actividades que empezaron con la Revolución es transformándolas precisamente en fundaciones, o instituciones semejantes. Y que cada iniciativa pruebe en la práctica su capacidad y su vigencia.


El turismo en Cuba ha crecido mucho, dicen que muchos turistas quieren conocer el país "antes de que lleguen los americanos". ¿Cree que realmente Cuba corre el riesgo de americanizarse, de que los McDonald's suplanten al pan con lechón?


No se puede subestimar la chispa de los cubanos. No hay más ver el auge vertiginoso de los restaurantes y otros servicios. Si llega a Cuba, no dudo que McDonald's acabe vendiendo pan con lechón, aunque habrá que ver cómo los hacen. Yo quisiera que no cambiáramos en lo sano que todavía comemos: ese es un valor nuestro a defender. Algunos listillos presionan la naturaleza para que las frutas maduren más rápido, lo que les cambia el sabor, además del daño de los agentes químicos. Yo espero que esos malos hábitos no se generalicen y que nunca cambiemos salud por falso crecimiento. Puede que a cosas así se refieran con lo de "antes que lleguen los americanos".


Sus conciertos por los barrios han sonado mucho a nivel nacional e internacional.


Empezamos haciéndolos muy discretamente; rechazábamos que el trabajo que hacíamos en esos lugares se transformara en show. Pero con el tiempo ha sido inevitable que trascienda. Algunos documentales han ayudado. El primero lo hizo el español Nico García, y se llama Ojalá. También se hizo una exposición de pasteles de Tony Guerrero y fotos mías en el Centro Cultural Pablo de la Torriente. Fueron ocurriendo cosas que sacaron el proyecto a la luz.


¿Por qué decidió hacerlos?


El primer concierto me lo pidió José Alberto Álvarez, un policía que atendía al barriecito de La Corbata. Pero resulta que ir a los barrios es adictivo. Llegas allí y ves a las familias, a los niños, a los viejitos en portales y balcones, a jóvenes colgados de los techos, y te traspasa la belleza y ves que hace falta y que la gente lo agradece. No hay mejores razones.


¿Cuántos ha realizado?


Hoy haremos el concierto número 68, y ayer, 9 de septiembre,cumplimos cinco años de gira.


¿Cómo los financia?


Recibo un poco de ayuda estatal. Me prestan la tarima, la planta de electricidad y las luces, que son cosas que no tenemos. También nos ayuda algún personal del departamento de Giras del Ministerio de Cultura. Todo lo demás, el sonido, los micrófonos, los instrumentos y los sueldos de algunos trabajadores, lo pone el proyecto Ojalá. Estos gastos son un acápite fijo de nuestra economía. Las giras al exterior nos sirven para ir mejorando condiciones, sobre todo la calidad de las bocinas, las mesas de sonido, los cables, que poco a poco han llegado a ser muy profesionales. No está de más puntualizar que todos los músicos y artistas que se ofrecen para la gira lo hacen con absoluto desinterés material.

Sus opiniones sobre la situación social que ha encontrado en los barrios ha despertado todo tipo de comentarios. ¿Qué encontró realmente en esos lugares?


No es que yo ignorara que hubiera barrios así. El proyecto Ojalá lleva más de 20 años al lado de El Romerillo. Todo el que vive en Cuba y quiere ver que eso existe, lo ve. Es que el trabajo constante en esos lugares hace profundizar no sólo en las carencias y las condiciones de vida, sino en la lucha constante contra la indolencia y la burocracia. Por eso se hizo de esa forma Canción de Barrio, el documental de Alejandro Ramírez que resume los dos primeros años de la gira: descarnado, como es la realidad. Y por eso el día del estreno invitamos a los dirigentes de los lugares que iban a ser expuestos. Algunos fueron.


¿Qué le aportan, como artista y como persona, estos conciertos?


Lo empecé a experimentar desde niño, a principios de la Revolución. Yo vi ballet no por formación familiar o por posibilidades económicas, sino porque de pronto Alicia Alonso bailaba en una plaza. ¿Qué es lo que cuenta el primer documental de Octavio Cortazar, Por primera vez?: la visita de un camión proyector a las montañas, donde nunca había estado el cine. ¿Qué hacíamos en nuestra juventud nosotros mismos, constantemente, sino cantar en todas partes?... Yo nunca he dejado de cantar así, sobre todo en mi país.

Puede que no se sepa, pero jamás he cobrado un concierto en Cuba. Bueno: una vez Luis Eduardo Aute y yo cobramos uno, en el Karl Marx, y donamos el dinero a San Antonio de los Baños, para que la alcaldía tuviera un fondo (que decía no tener) y pudiera pagar a trabajadores que limpiaran el río Ariguanabo. Pero también afuera he cantado así. Lo he hecho muchísimo en México, a donde empecé a ir por aquellas Jornadas de Solidaridad con Uruguay. Lo hice en Colombia, en Venezuela, en Angola, en República Dominicana, en Ecuador, en Bolivia, en Paraguay. Lo hice en alta mar, durante meses, cuando la Flota Cubana de Pesca. Lo hice en las prisiones varias veces. Hace muy poco hicimos un concierto en el barrio de Lugano, en Buenos Aires. En Chile hablé con Michelle Bachelet para que hiciera una ley que obligara a los extranjeros a hacer un concierto gratuito. Parece que no se pudo.

Lograr la sistematización de la Gira por los Barrios en Cuba (también conocida como la Gira Interminable) me ha dado una satisfacción muy grande. Más que cualquier otra cosa.


¿Cómo ve las posibilidades de que se mantenga el proyecto social de la revolución?


Los proyectos sociales humanistas, revolucionarios, se van a mantener siempre que existan quienes los lleven a cabo.


Cuando en Segunda Cita leemos blog en evolución uno piensa si en algún otro momento no hubiera dicho blog en revolución. ¿Hay alguna contradicción entre esos conceptos?


No hay contradicción, lo que hay es consecuencia. La Revolución Cubana ha sido una realidad inmensa, reconocida en un legado incuestionable. Yo he sido partícula de ese torbellino todo el tiempo. No dudo que haya otra revolución en el futuro. Pero mientras llega ese momento extraordinario, lo que nos toca es evolucionar.


¿Cuál cree que debe ser el papel de los artistas en medio de esta transformación que vive Cuba?


Eso de los papeles me resulta angustioso. Llegamos a lo que llaman arte, o a lo que sea, de distintas maneras; por claves a veces colectivas pero también personales. Entonces no siempre hay fáciles respuestas generales; todo tiene aspectos que son asunto de cada cual, y eso es muy respetable.

Creo que a todos nos toca halar hacia donde creemos correcto. ¿Pensamos igual? Obviamente no. Pero hay matices. Yo podré tener sueños complicados, pero me identifico con cosas muy básicas. Estoy en contra del bloqueo, y a todo el que esté contra el bloqueo lo considero familia. Los que están por una sociedad responsable con el planeta y con los menos favorecidos, también son mi familia.


¿Qué es la poesía para ustede? ¿Cómo la concibe en estos tiempos? ¿Es necesaria dentro del proceso de cambio de Cuba?


La poesía es imprescindible donde quiera que existan seres humanos. Es alcanzable de muchas formas, sin duda también con el periodismo. Cuando era joven leí Arte poética, de José Zacarías Tallet, y me pareció un disparate fabuloso; pero hoy podría suscribir cada uno de esos versos. Por eso te garantizo que hay poesía "hasta en la catalina de una bicicleta" y que, en cualquier circunstancia, "el problema es dar con ella".


¿Quiere enviar algún mensaje a sus seguidores españoles?


Siempre he sentido que le debo mucho a España. Llegué allí en 1977, cuando muchos pueblos latinoamericanos tenían gobiernos militares. Algunos exiliados llevaron mi música a sus países porque en España se podían conseguir mis discos. Los camuflaban con otras portadas... En el 2016 hará nueve años que no hago conciertos allá. Lo he intentado en varias ocasiones, pero la crisis económica no lo ha permitido. Yo quisiera volver siquiera una vez más y hacer algunas presentaciones para, al final, darme el gusto de hacer un concierto bien lindo en un barrio de los más necesitados; acaso en uno donde también haya inmigrantes. Sueño con hacer ese regalo. Ojalá podamos vernos allí.

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"Cuba no termina de amoldarse a la palabra cambio"

Aleida Guevara, la hija del Che, visitó Argentina para promover el programa sanitario Operación Milagro, que cura de forma gratuita la ceguera leve a pacientes pobres latinoamericanos. Habla sobre la transición política y la apertura económica en marcha y brinda pistas y nombres sobre los posibles sucesores de Raúl Castro.

 

La similitud física de la alergóloga y pediatra Aleida Guevara con su padre es llamativa. La coordinadora del programa continental cubano Operación Milagro no necesita presentar documento para demostrar que lleva la sangre del líder revolucionario argentino-cubano en sus venas. Sin embargo, Aleida recuerda con mucho humor una anécdota donde su semejanza con el Che fue puesta en tela de juicio por una criatura de 6 años. "En una oportunidad, una paciente intentó llamar la atención de su hijo y le dijo: '¿Sabías que la doctora es la hija del Che?'; 'Imposible, mamá. ¿La hija del Che, tan gorda?'", rememora Aleida y estalla en una carcajada que le achina los ojos. Pelo rubio trigal hasta la altura de las orejas, ojos café, sencilla en su vestimenta, verborrágica, distendida en el trato, estuvo casi tres semanas en Argentina para inaugurar el Hospital Escuela Ernesto Che Guevara en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba e impulsar como madrina política las brigadas militantes que coordinan la Operación Milagro y el programa de alfabetización Yo sí Puedo en el litoral y la Patagonia.


—Vine al país por invitación de la fundación Un Mundo Mejor es Posible (Ummep), para reimpulsar las misiones solidarias de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) en Argentina, que son la Operación Milagro y el programa (de alfabetización) Yo sí Puedo. De alguna manera, la misión alfabetizadora es la madre de la Operación Milagro. Cuando comenzamos a trabajar con el Yo sí Puedo encontramos cierta resistencia en algunas personas. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que la dificultad en la formación de la lectura provenía de su mala visión. Entonces decidimos caminar conjuntamente con las dos misiones, porque nadie puede aprender a leer si tiene problemas en sus ojos. En estos días, además, tuve el privilegio de encontrarme con jóvenes médicos egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana (Elam). Ellos son como mis hijos, su carácter y resistencia me da mucha energía.


 

—¿En qué consiste la Operación Milagro?


 

—Para contar qué es la Operación Milagro primero tengo que hablar de la Brigada Che Guevara. La brigada surgió como una idea para reagrupar a todos los egresados argentinos de la Elam. La mayoría trabaja en hospitales públicos y en zonas vulnerables, pero como Argentina es un país tan grande, hacía mucho tiempo que no se encontraban. Para reencontrarnos, entonces, fuimos a trabajar en la prevención de la afección de cataratas a un pueblo de Chubut muy chiquito, que se llama Gan Gan. La catarata es una ceguera leve y prevenible pero mucha gente sin cobertura de salud pierde la vista por no tratarla a tiempo. Uno de los primeros pacientes beneficiados con este programa, cuando recuperó plenamente la visión gritó emocionado: "Esto es un milagro". El nombre viene de ahí, de ese pequeño milagro que podemos alumbrar. En la última década, Cuba operó gratuitamente a más de 2 millones de personas con problemas de salud visual en toda la región. De ellos, 48 mil son argentinos. Cuando los egresados de la Elam no podían ejercer su título por un litigio con el colegio médico local, los doctores trataban a los pacientes argentinos en hospitales bolivianos fronterizos gracias a un acuerdo con Evo Morales. Ahora el hospital Ernesto Guevara, ubicado estratégicamente en Córdoba, a mitad de camino entre el norte y el sur, busca concentrar la atención de todos los argentinos con este problema visual.

 


—También en Brasil la llegada de médicos cubanos para trabajar en zonas vulnerables despertó críticas de la corporación médica. ¿Cómo viven esta situación?
—En Brasil hay cerca de 12 mil médicos cubanos, y queremos llegar a 14 mil. En Venezuela tenemos cerca de 11 mil médicos trabajando en misiones solidarias, como Barrio Adentro. La idea es llegar a zonas donde la cobertura sanitaria es muy floja. Por eso insisto en que nuestro objetivo no es desplazar a ningún colega. Todo lo contrario, la salud cubana intenta ocupar espacios vacíos, donde los más pobres de Latinoamérica sólo ven a los médicos en las series de televisión.

 


—¿Qué opina de los cambios anunciados en la política macroeconómica de Cuba? ¿La "perestroika" de su país se asemejará al abrupto giro económico instrumentado por otros gobiernos comunistas, como el chino o el vietnamita? ¿Cómo observa, en definitiva, la transición política iniciada por Raúl Castro?
—Para nosotros la palabra cambio es un poco difícil de aceptar. Porque cambio podría implicar que cambiamos de sistema político, que abandonamos el socialismo, y eso es inaceptable. Lo que estamos buscando son nuevas soluciones a viejos problemas, corregir políticas públicas que ya no resultan eficaces. Y lo hacemos de forma lenta, porque no podemos darnos el lujo de equivocarnos. En Cuba es muy importante la conciencia social, sin esa mística desaparecemos como país. Los cambios en economía no implican abandonar la formación política de los ciudadanos. Las dos cosas caminan de la mano. Son cambios lentos pero firmes. Por ejemplo, ahora se pueden vender las viviendas. Sólo la parte construida, porque la tierra, el lote, sigue siendo propiedad estatal.

 


—¿Los autos también entran en la lógica de compraventa?


 

—Claro, también podemos cambiar nuestros carros por dinero. En ese sentido la población tiene más posibilidades. Pero, insisto, esa puerta no está abierta del todo. Porque, ¿qué pasa? Ahora las familias adineradas de Miami buscan inundar La Habana con dólares, y eso podría disparar los precios de los inmuebles o de los autos. Esa situación no la podemos permitir.

 


—¿El liderazgo de Raúl Castro es muy diferente al de Fidel? ¿Qué ocurre con el desafío generacional de renovar los cuadros políticos de la revolución?

 


—Son parte del mismo proyecto. La personalidad de cada uno, en todo caso, es una anécdota. La cuestión generacional es un desafío porque Fidel, Raúl, en su momento el Che, han puesto la vara muy alta. Será muy difícil remplazarlos, pero ese camino ya está iniciado. Seguramente Raúl Castro dejará el gobierno en unos tres años, él ya anunció que este es su último período.


 

—¿Se anima a dar nombres para alistar en la posible sucesión?


 

—El vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel es un hombre muy respetado por el pueblo y un guevarista de pura cepa. Humilde, inteligente y con mucho carácter. Los cubanos ya ven en él un recambio posible, se sienten seguros con su continuidad.


 

—Es inevitable preguntarle por su padre. ¿Le resultó incómodo, en algún momento de su vida, ser la hija de un ícono revolucionario global?


 

—Todo lo contrario. La gente siempre me pregunta por el Che y entonces surgen los recuerdos personales que tengo de Ernesto Guevara papá. Yo tengo muy pocos recuerdos con papá, porque también fue poco el tiempo compartido. Él partió para el Congo cuando yo tenía 4 años. Sin embargo, esos momentos familiares fueron muy lindos. Papá era muy mimoso conmigo y mis hermanos, besaba muy apretado, casi que ni respirábamos cuando nos abrazaba. Así soy yo con mis hijos. Cuando llega la noche, mi hijo mulatico siempre me dice: "Mamá, ya estoy preparado para la sesión de besos". Y eso me quedó de mi papá, que era demasiado exigente con él mismo y con nosotros, pero también era muy tierno (dice Aleida con los ojos brillosos).


—¿Cómo está Fidel Castro? ¿Qué se sabe de él en la isla?


 

—A ver, primero quiero decir que estoy muy herida con ciertas informaciones malintencionadas que circulan sobre mi tío, porque yo a mi tío lo quiero tanto como a mi papá.


 

—¿Está hablando de Fidel cuando menciona a su tío?


 

—Claro, desde que soy bebé le digo tío. Realmente nos queremos mucho. A veces discutimos. Él es un poco terco, pero yo lo soy más. Por ejemplo, me insistía con que le pusiera Victoria a mi hija, en homenaje a una fecha revolucionaria que coincidía con el día de su nacimiento. Pero yo le di la discusión y la gané. La nombré Estefanía, y todos contentos igual. Ahora Estefanía le dice abuelo a Fidel. Una vez la maestra de la escuela me recriminó que Estefanía había insistido en clase con que tenía tres abuelos. Y yo le contesté cuál es el problema, está mi suegro, el Che, y Fidel, que es su tercer abuelo. Le expliqué la situación a la docente, que Fidel Castro había hablado con ella la noche anterior, y que él habla con ella como su abuelo. "Ah, entonces no hay ningún problema", me contestó apurada (risas). Lamentablemente hace mucho que no lo veo a Fidel, y lo extraño. Sé que está trabajando en el estudio de plantas medicinales y escribiendo sobre los peligros de una tercera guerra mundial nuclear, que él ve como muy próxima por el conflicto entre Rusia y Europa por Ucrania, esa es su última obsesión. Lamentablemente, la alta intromisión de Estados Unidos con la Otan cerca de Moscú le está dando algo de razón.


 

—Ya que lo menciona, ¿la administración de Barack Obama modificó el vínculo con Cuba? ¿Su gobierno es menos injerencista que sus colegas republicanos en el cargo?

 


—No, lamentablemente, la relación empeoró. Con la toma de poder de Obama pensábamos que un hombre negro, vamos, debería tener cierta sensibilidad social. Nos equivocamos radicalmente. El bloqueo comercial durante la era Obama ha sido peor. Hace poco tiempo atrás la Casa Blanca inició una persecución comercial a un banco francés por decidir abrir una línea de créditos para afianzar negocios en la isla. Lo mismo sucedió con un banco suizo, que afronta una multa millonaria comercial por intentar saltar el cerco económico contra Cuba.

 


—Cristina Fernández viene sosteniendo una posición política muy fuerte contra Estados Unidos en el contexto del litigio con los fondos buitre. ¿Cómo lee la posición argentina en este conflicto?


 

—Pienso que el mundo atraviesa un momento muy particular. Lo que el gobierno argentino intenta hacer en el caso de los fondos buitre es abrir un camino para otros países de la región. Por eso acompaño las palabras de la presidenta argentina. No nos pueden seguir robando nuestro futuro. No somos hombres y mujeres ignorantes, somos gente con cultura, y sobre todo somos pueblos con ganas de defender lo nuestro.

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“Revolucionar la revolución”, promete Maduro

¡Uh, ah, Chávez no se va!, dice la consigna que los seguidores del extinto presidente acuñaron y corearon sin descanso desde hace 11 años. Y no, no se va.

 

Luego de recibir la banda presidencial de manos de María Gabriela, una de las hijas del extinto presidente Hugo Chávez, Nicolás Maduro Moros se declara el “primer presidente chavista” de Venezuela y lo hace con un enorme retrato del “comandante eterno” a su espalda.

 

Maduro reitera promesas de campaña, plantea “revolucionar la revolución” y ofrece diálogo a la oposición, a su manera: “Estoy dispuesto a hablar hasta con el diablo, que Dios me perdone… hasta con el nuevo Carmona”, como ha llamado al ex candidato opositor Henrique Capriles, aludiendo al líder empresarial Pedro Carmona Estanga, cabeza del fallido golpe de Estado de 2002.

 

El cuadro lo completa, entrada ya la tarde, un desfile cívico-militar en el cual las fuerzas armadas juran lealtad a Maduro y le entregan los símbolos de mando.

 

Montado en un tanque, con uniforme camuflado y rostro pintado para el combate, el general de división Héctor Luis Coronado Bugarín, se planta frente al “presidente obrero”:

 

–¡Chávez vive! –grita el general Coronado.

 

–¡La lucha sigue! –responde Maduro.

 

–¡Independencia y patria socialista! –sigue con su vozarrón el militar.

 

–¡Viviremos y venceremos!

 

La escena cierra una noche de intensos rumores sobre una presunta división en las fuerzas armadas en torno a la legitimidad del triunfo de Maduro y también provoca las críticas de la oposición.

 

“¿Recuerda alguien en la historia contemporánea de Venezuela un besamanos militar como el que se está escenificando?”, pregunta en las redes sociales Henry Ramos Allup, secretario general de Acción Democrática.

 

En el desfile participan 11 mil 750 elementos de las fuerzas armadas y miles de beneficiarios de las “misiones” (programas sociales) creadas por el presidente Chávez.

 

A partir de 2005, Chávez aceleró la transformación de las fuerzas armadas: aumentó los salarios, modificó la ley, creó la universidad militar, introdujo la figura de las milicias. “Hizo cambios doctrinarios y las fuerzas armadas quedaron marcadas por su estilo”, dice el investigador Javier Biardeau.

 

El peso de los militares en la política venezolana está fuera de duda. Son ex militares el presidente del Congreso, la mitad de los gobernadores chavistas y un gran número de funcionarios públicos en posiciones clave.

 

Por eso no extraña que el general Coronado Bugarín diga que para los militares el chavismo es “más que un pensamiento, más que una ideología, es un sentimiento del pueblo”. Y menos que remate así: “¡Somos radicalmente chavistas!”

 

El cobijo internacional

 

Maduro comienza su primer día como presidente constitucional en Lima, donde, de madrugada, recibe el espaldarazo de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).

 

“Unasur saluda al presidente Nicolás Maduro por el resultado de los comicios y su elección como presidente de la República Bolivariana de Venezuela”.

 

El bloque regional también “insta a todos los sectores que participaron en el proceso electoral a respetar los resultados oficiales de la elección presidencial emanados del CNE”.

 

Previamente, el órgano comicial venezolano había anunciado la ampliación de la auditoría. De modo que el documento firmado por los mandatarios de la región sólo formaliza: “… todo reclamo, cuestionamiento o procedimiento extraordinario que solicite alguno de los participantes del proceso electoral sea canalizado y resuelto dentro del ordenamiento jurídico vigente y la voluntad democrática de las partes”.

 

La Unasur está integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Uruguay, Venezuela y Surinam (la excepción es Paraguay, suspendido del organismo desde la destitución del presidente Fernando Lugo).

 

En términos muy similares se expresa la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) –de la que México forma parte– en un comunicado dado a conocer en La Habana. Al cumplirse un mes de la muerte de Chávez, el organismo multilateral lo reconoció como “uno de los mayores impulsores de este proyecto”.

 

Confrontado hace unos días con el gobierno venezolano, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, celebra la realización de la auditoría, pues “contribuirá a propiciar un marco de concordia y tranquilidad ciudadana”. El chileno también llama, en un comunicado, a “intensificar los mecanismos de diálogo, en un clima de respeto a las discrepancias”.

 

A la toma de posesión acuden delegaciones de 61 países, incluyendo 17 jefes de Estado, entre ellos los que la víspera estuvieron en la capital del Perú.

 

La ovación para Dilma Rousseff es igual de sonora que la dedicada al iraní Mahmud Ajmadineyad, quienes ocupan sus lugares al lado de Raúl Castro, Cristina Fernández y Evo Morales, entre otros.

 

Maduro entra al recinto legislativo de la mano de su esposa –la “primera combatiente”, le llaman los medios chavistas– y ex procuradora, Cilia Flores, con quien ha prometido contraer matrimonio religioso. A su lado va también Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional.
Maduro –traje negro y corbata roja– es recibido con las consignas “¡Le hicimos caso a Hugo, votamos por Maduro!” y “¡Maduro solidario y revolucionario!”

 

Tras ser investido, Maduro pide la “bendición de Dios, la protección de Cristo, y las bendiciones de nuestro libertador y comandante supremo, para saber tender la mano a todos los venezolanos, para construir una Venezuela de paz e incluyente”.

 

En un discurso de dos horas, a la manera de Chávez, Maduro reitera sus promesas de campaña: ofrece un “gobierno de calle”, “revolucionar la revolución”, combatir la corrupción y la inseguridad, dignificar los barrios, hacer eficiente al gobierno y abrir el diálogo nacional.

 

“Llamo a quienes sean políticos de la oposición (...) los llamo a conversar en los distintos escenarios que se pueda conversar”, dice también, en ausencia de la mayoría de los diputados de oposición, quienes decidieron ausentarse luego de que les negaran el derecho al micrófono.

 

El ahora presidente constitucional critica que, a pesar de sus reclamos, la oposición no haya impugnado los comicios. Y tiene razón. Dirigentes de la Mesa de Unidad aseguran que esperarán los resultados de la auditoría y sólo entonces decidirán si presentan una impugnación formal.

 

El nuevo presidente de Venezuela se dice seguro de que entregará la banda a “un presidente o una presidenta chavista” y clama por la “bendición de Dios, la protección de Cristo, y las bendiciones de nuestro libertador y comandante supremo, para saber tender la mano a todos los venezolanos, para construir una Venezuela de paz e incluyente”.

 

El mismísimo Chávez ofreció diálogo una y otra vez. En octubre, tras su triunfo llegó a hablar de la posibilidad de liberar a los “presos políticos”. Sin embargo, Es hora de que no se vislumbran espacios para el diálogo nacional.

 

“Es la política que está planteada en este momento, y Maduro la asumió plenamente. De ese discurso sale una línea política para los venezolanos”, dice, a pesar de todo, el ex vicepresidente Vicente Rangel, al terminar el acto de “juramentación”.

 

Rangel también se dice confiado en que la “baja electoral” del chavismo “se va a superar rápidamente, porque la oposición no se dio cuenta del éxito electoral que obtuvo”.

 

“Yo soy Yendrick”

 

El discurso de Maduro es interrumpido por un hombre vestido de rojo que aparece en escena a toda velocidad y trata de arrebatarle el micrófono mientras grita: “Maduro, yo soy Yendrick”.

 

El hombre, Yendrick Sánchez, es rápidamente sometido y con el correr de las horas se sabe que, con un primo, ha realizado “hazañas” similares: interrumpir un discurso de Chávez, montarse en el piano de Franco de Vita, robar la corona de Miss Venezuela 2005 y quitarle el micrófono a Alejandro Sanz.

 

El pasado 10 de abril, Sánchez hizo algo parecido en un mitin de Capriles en el estado Zulia: “Capriles es el próximo presidente de la República. Te amo”, alcanzó a decir entonces.

 

El incidente quedaría en la acción de un perturbado, de no ser porque Maduro comenta: “Me pudieron haber dado un tiro aquí, ha fallado la seguridad”. Luego promete “hablar con el muchacho”.

 

El salserolazo y el brujo

 

No todos obedecen la instrucción que Henrique Capriles diera la noche anterior. En el momento en que Maduro toma posesión, y mientras los helicópteros militares sobrevuelan la ciudad, vuelven a sonar las cacerolas.

 

“Bravo por nuestro pueblo que hoy dejó sonar ese #Salserolazo en toda nuestra Venezuela, ahora es cuando la lucha continúa”, arenga Capriles, mientras el chavismo raso sigue la “juramentación” desde las calles que rodean la Asamblea Nacional, donde se han colocado pantallas gigantes.

 

Hay entusiasmo, mucha cerveza y también muchos huecos, sea porque una parte de los chavistas prefirió la avenida Los Próceres, para el desfile militar, o porque se les cita tan temprano que a las tres de la tarde ya han sudado la gota gorda. Sin embargo, hay público para el “estruendo bolivariano” que vuelve a iluminar la noche caraqueña con fuegos artificiales.

 

En varios de los templetes hay mantas acusadoras: “Capriles asesino”.

 

En el metro ocurren los acostumbrados choques verbales con simpatizantes de Capriles. Una señora que porta la gorra que el candidato opositor hizo famosa en campaña sube el tono: “El mismo brujo que dijo que Chávez no iba a durar dos años dijo que Maduro tampoco”.

 

–¿Y quién le cree a ese brujo mamahuevos? –se indigna una muchacha.

 

–Sin groserías, chama, sin groserías, para que no hablen mal de nosotros los chavistas –se mete un señor mayor.

 

Antes de bajarse, los chavistas, que son mayoría, hacen burla. “A ver Capriles, te vamo a enseñá a contá: uno, dos, tres…”, y se pierden en las escaleras.

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Chávez reitera el llamado a la unidad civil y militar en Venezuela

La Habana, 10 de diciembre. Con las alarmas encendidas, Hugo Chávez se enfrentaba este lunes aquí a la posibilidad de una cuarta operación de cáncer en año y medio, en una larga jornada que incluyó un nuevo llamado a la unidad civil y militar en Venezuela y una visita relámpago del presidente de Ecuador, Rafael Correa.

 

La estatal Venezolana de Televisión (VTV), que se capta aquí en cable, transmitió imágenes de una reunión de Chávez con miembros de su gabinete y altos mandos militares, poco antes de que el mandatario tomara el avión rumbo a La Habana, en las primeras horas del lunes.

 

Con vestuario y zapatos deportivos, Chávez tenía en sus manos la reliquia que llamó su atención el sábado, una espada que usó el libertador Simón Bolívar.

 

“Me voy y el alto mando político, aunque no lo entrego, lo delego y está en buenas manos”, dijo el mandatario. Así ratificaba su decisión de pedir el voto por el vicepresidente ejecutivo, Nicolás Maduro, en caso de que hubiera necesidad de nuevos comicios.

 

“Hasta más allá de esta vida vamos a ser leales a Hugo Chávez”, declaró Maduro más tarde durante un acto con Elías Jaua, aspirante oficialista a la gubernatura de Miranda para los comicios regionales del próximo domingo, reportó Afp.

 

Entrega a Nicolás Maduro la espada de Bolívar

 

En el mensaje sombrío del sábado anterior, Chávez confirmó que la enfermedad lo había sacado de la actividad pública, tras su relección del 7 de octubre, y reveló que era “absolutamente imprescindible” una nueva intervención, ante el rebrote de células malignas en la zona pélvica.

 

La urgencia era tal, que los médicos en La Habana le habían pedido que entrara al quirófano el viernes pasado o a más tardar durante el fin de semana. Chávez confió que la intervención implica riesgo y que sufre dolores “de alguna importancia”.

 

Pero quiso viajar a Caracas el jueves por la noche para anunciar desde ahí que considera a Maduro su eventual sucesor. Por lo pronto, el vicepresidente ejecutivo ejerce el interinato en lo que aún es una ausencia temporal del mandatario.

 

Esta madrugada, Chávez le entregó a Maduro la espada de Bolívar y aseguró: “El cuadro político de mando, la revolución, está en buenas

manos”.


Igual que el sábado, el líder venezolano habló esta madrugada con el hilo argumental de la unidad y la lealtad de su gente.

 

“Con el favor de Dios saldremos adelante”, alentó a sus ministros y jefes militares. “Sólo les pido, una vez más, fortalecer la unidad, trabajar unidos y no ceder a la intriga. Así que a seguir fortaleciendo la institución y mucho liderazgo. Les dejo mi corazón, mi agradecimiento y espero volver pronto.

 

“Confío en mis soldados, los oficiales, el ejército y las milicias que están en todo el territorio”, agregó Chávez, esta vez dirigiéndose en particular al alto mando de la fuerza armada bolivariana. “Estoy totalmente seguro, me lo dice mi corazón, que la patria está segura”.

 

Tomó el juramento del nuevo ministro de Defensa, el almirante en jefe Diego Molero Bellavia, designado apenas el pasado 29 de octubre, quien ofreció un sólido parte al jefe de Estado: “Cuenta con una fuerza armada leal a la revolución”.

 

La televisión cubana transmitió imágenes de la llegada de Chávez a la isla. Aún no amanecía cuando Raúl Castro, con uniforme de general de ejército (cuatro estrellas), recibió al aliado al pie de la escalerilla del avión, con saludo militar.

 

Chávez correspondió, llevándose la mano derecha a la sien. La conversación era animada, mucho más fluida que cuando ambos se despidieron cuatro días antes, en una escena de caras largas.

 

Con el líder venezolano venía su yerno, Jorge Arreaza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, quien también estuvo en la reunión de gabinete del sábado.

 

Chávez tuvo que haberse trasladado de inmediato al Centro de Investigaciones Médicas y Quirúrgicas, el hospital cubano del oeste de la capital, donde se atiende.

 

Correa llegó a La Habana cerca del mediodía y tenía previsto volver a su país este mismo lunes. En una breve declaración a la prensa, dijo que quiso tener “un gesto de solidaridad con un hermano de corazón.

 

“Es un presidente histórico”, agregó Correa sobre su colega y amigo. “Vengo a darle un abrazo en nombre de Ecuador y de toda la patria grande”. Chávez “no está solo en esta lucha”

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Las bases para una política económica alternativa
Los gobiernos llamados progresistas” mantienen lazos estrechos con el capital financiero internacional y siguen aplicando políticas neoliberales. Los estados que ellos tratan de dirigir están en gran medida determinados y dirigidos por las imposiciones del mercado mundial de mercancías y capitales. Exportan, por ejemplo, sobre todo petróleo, maderas, productos minerales, soya y granos alimenticios, a precios fijados en el exterior y por medio de grandes oligopolios trasnacionales, mezclados, en el mejor de los casos, con algunas empresas paraestatales mixtas, como Petrobras o YPF, ya que la venezolana PDVSA o la mexicana Pemex son excepciones, de ningún modo la regla.


Además, en todos los estados dependientes que realizan intentos neodesarrollistas, estén no o gobernados por “gobiernos progresistas”, la tierra se extranjeriza cada vez más y la megaminería depredadora destruye enteras regiones y el modo de vida de sus habitantes, provocando grandes conflictos sociales. De este modo, y en plena crisis capitalista mundial que aumenta aún más las tensiones económicas, la dependencia se ahonda aún más y el futuro sigue estando hipotecado y a merced del capital financiero internacional.


Obviamente, los gobiernos no pueden cambiar con un golpe de varita mágica el carácter del Estado ni las estructuras económicas. Los cambios son el resultado de un proceso largo de transformaciones sociales impulsadas por la movilización popular y que, en parte, ellos canalizan y orientan. Por consiguiente, es inevitable un periodo de transición marcado por reformas importantes, las cuales, sin embargo, no afectan sino en parte la continuidad de las lacras, deformaciones y miserias impuestas por el entrelazamiento entre las estructuras oligárquicas de poder y las nuevas servidumbres instaladas y enraizadas por el capital financiero internacional.


La garantía de que ese proceso de transición, inevitablemente zigzagueante, avance y no se estanque, la da el impulso de los movimientos sociales que ayuda a modificar el aparato estatal al cambiar las relaciones de fuerzas sociales y, sobre todo, reside en la independencia de los mismos frente a todas las fuerzas capitalistas, incluido el mismo Estado. El gobierno que intenta subordinar a los movimientos sociales y quitarles su independencia, convierte sus direcciones en parte del aparato estatal y debilita así su propia base en la lucha por enterrar el pasado y por adquirir mayor independencia frente al capital financiero internacional y sus agentes.


Pero el hecho de que sea imposible cortar de un solo golpe con la dependencia del mercado mundial y del capital financiero no significa que no haya más remedio que exportar más commodities, como la soya, apelar a la megaminería depredadora, dedicar tierras aptas para alimentos al cultivo de biocarburantes para la contaminante industria automotriz. Se puede, en cambio, adoptar medidas y leyes de reforma que, a la vez, reduzcan la dependencia del puñado de grandes empresas que controlan la economía y creen las condiciones para una restructuración del ambiente y el territorio según las necesidades nacionales (preservación del ambiente, creación de trabajo calificado, reordenamiento del territorio y de la utilización de los recursos que son hoy esclavos del lucro empresarial y del mercado mundial).


Por ejemplo, en vez de pisotear los derechos indígenas, las autonomías y la Constitución imponiendo la construcción del segundo tramo de la carretera del TIPNIS por su trazado actual, el gobierno boliviano habría podido abrir ese camino por otra región porque, aunque la construcción hubiese sido más larga, cara y dificultosa, habría preservado en cambio su credibilidad ante un sector importante de las mayorías populares, habría demostrado romper con el decisionismo autoritario y el neodesarrollismo, habría evitado dividir al movimiento campesino y fomentar al predominio del interés propio sobre la construcción colectiva de un nuevo Estado. La carretera así construida habría cumplido con su papel en la circulación de mercancías y en la apertura de Bolivia al comercio (capitalista) en los dos océanos pero habría reforzado un elemento potencialmente anticapitalista: la solidaridad de los diversos sectores populares bolivianos, la autonomía, la construcción de poderes democráticos locales.


La expropiación del sector financiero es también una medida burguesa, tal como lo es una reforma agraria profunda que dé tierra en Brasil a millones de campesinos. Igualmente burgués es el monopolio estatal del comercio exterior, con el fin de utilizar para el desarrollo nacional parte de las ganancias del mismo y romper el poder de los pocos oligopolios que controlan las exportaciones, o el control de cambios (para evitar la exportación de capitales). También es burguesa una ley de protección del agua y de los bienes comunes, así como una ley de fomento de la agricultura familiar, que al asentar a los trabajadores en la tierra, reduciría las migraciones, y mediante la rotación de cultivos y su diversificación y un uso racional del agua, protegería el ambiente, además de abaratar el abastecimiento alimentario nacional. Todas estas medidas, si cuentan con el respaldo de una movilización popular, reducen el poder de las clases dominantes y cambian la relación de fuerzas en el país. Todas ellas aumentarían, al mismo tiempo, la producción y la productividad, así como el aprendizaje popular de una planificación local de recursos y necesidades para ampliar los espacios conquistados. Una ley de control obrero sobre la contabilidad empresarial permitiría igualmente reducir las suspensiones y despidos y racionalizar la producción industrial, dando las bases para una restructuración desde abajo del aparato productivo.


La transición no puede quedar en manos de unos pocos iluminados. O la imponen sus beneficiarios o no será posible.

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