Domingo, 16 Diciembre 2018 11:26

Un claro en el cielo asiático

Escrito por Serge Halimi
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Gabriel Beltrán, Vuelo, escultura, 134 x 97 X 48 cm. (Cortesía del autor)Gabriel Beltrán, Vuelo, escultura, 134 x 97 X 48 cm. (Cortesía del autor)

Existe un país en el que, a diferencia de lo que sucede en Brasil, la Justicia persigue a ex presidentes conservadores, los condena por malversación de fondos y los envía a la cárcel. Un país en el que la derecha, la extrema derecha y los fundamentalistas protestantes se sienten traicionados por Donald Trump. Un país en el que el presidente de Estados Unidos, en vez de volver a poner en discusión un acuerdo de desarme nuclear, como hizo con Irán, o un tratado sobre los misiles de mediano alcance, como hizo con Rusia, parece querer resolver un conflicto para el que ninguno de sus predecesores encontró solución. Ni siquiera el último, premio Nobel de la Paz.

Está claro que esto sucede en algún país del Lejano Oriente y que es demasiado complejo para ingresar en el gran relato maniqueo que forma y deforma nuestra mirada sobre el mundo. Ahora bien, en una situación planetaria sombría como la actual, el discurso voluntarista y optimista del presidente surcoreano Moon Jae-in no debería haber pasado desapercibido. El pasado 26 de septiembre, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, anunció: “Ocurrió un milagro en la Península de Corea”.


El milagro


¿Un milagro? Un vuelco completo, podría decirse. Nadie ha olvidado la seguidilla de tuits devastadores que Trump y el presidente norcoreano intercambiaron hace solo un año: “fuego y furia”, “botón nuclear”, etc. Es más, la ex embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, acaba de confesar que, el 2 de septiembre de 2017, esgrimió la amenaza de una invasión estadounidense en Corea del Norte ante su par chino para empujar a Pekín a actuar sobre su vecino y aliado. Hoy, Trump aplaude el “coraje” del presidente Kim Jung-un, “un amigo”. Incluso, durante un mitin republicano, ¡pretendió experimentar “amor” por el mandatario!

Los coreanos, tanto los del Norte como los del Sur, avanzan a paso forzado aprovechando que los astros se alinearon. La derecha surcoreana está fragmentada y el régimen de Pyongyang finalmente parece privilegiar el desarrollo económico del país. Por su parte, la Casa Blanca, vilipendiada por los demócratas y los medios estadounidenses por su acercamiento con Corea del Norte –una imprudencia–, nunca admitirá por motu propio que el autoproclamado maestro del “arte de la negociación” haya sido timado por alguien más taimado que él. De todos modos, si Estados Unidos quisiera volver al “fuego y furia”, la rápida degradación de sus relaciones con Pekín y Moscú impedirían que China y Rusia le siguieran los pasos.


En este cuadro general, el desarme nuclear de Corea no puede convertirse en una exigencia previa para la concreción de otros puntos de la negociación, como la suspensión de las maniobras militares de ambas partes, el levantamiento de las sanciones económicas o un tratado de paz. Pyongyang nunca renunciará a su seguro de vida sin sólidas garantías, ya que Trump no es eterno y sus sentimientos de clemencia tampoco... Por más paradójica que sea, se trata de una razón de más para ser optimista acerca de la posibilidad de que, en los próximos meses, se resuelva un conflicto que ya lleva más de tres cuartos de siglo. g

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Georgina Fraser

Información adicional

  • Autor:Serge Halimi
  • Edición:183
  • Fecha:Noviembre de 2018
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