Estados Unidos abre su primera granja autónoma gestionada por robots

Usando inteligencia artificial, la empresa californiana Iron Ox pretende aumentar el rendimiento de los cultivos y solucionar el problema de la falta de mano de obra

La primera explotación agraria autónoma y gestionada por robots en Estados Unidos ya está funcionando. La inauguraron la semana pasada en California con la esperanza de que los sistemas de inteligencia artificial (IA) sirvan para reconvertir un sector en el que falta mano de obra y aumenta la presión por aumentar las cosechas.


La empresa responsable, Iron Ox, tiene su sede en San Carlos y dice que podrá "producir 30 veces más que las explotaciones tradicionales" gracias a la IA, a cultivos hidropónicos que crecen durante todo el año sin necesidad de tierras, y a un uso más eficiente del espacio que lograrán trasplantando cultivos a medida que crezcan.


Estos son varios de los grandes desafíos a los que se enfrenta la agricultura y que tienen a los inversores pendientes. El año pasado, las inversiones en startups agrícolas crecieron un 29% con relación a 2016 y sumaron un total de diez mil millones de dólares en todo el mundo.


El espacio para el cultivo de Iron Ox mide unos 185 metros cuadrados. Dentro de él, hay macetas con hierbas y verduras frondosas almacenadas en "módulos de crecimiento" blancos de 1,2 por 2,4 metros y unos 360 kilos. Las máquinas autónomas se encargan del levantamiento de objetos pesados, de cultivar y de detectar necesidades.


El cofundador de Iron Ox, Brandon Alexander, habla con entusiasmo de "Angus" una máquina "increíblemente inteligente" similar a un coche autónomo de la que dice estar "muy orgulloso". Con un peso de unos 450 kilos, Angus se mueve por el lugar controlando cultivos, levantando cosas, y llevando los módulos de crecimiento hasta la zona de procesado.


Una vez allí, un brazo robótico (también autónomo) cosecha los cultivos sujetando las macetas, lo que reduce el daño en la planta. Según Alexander, eso fue algo increíblemente difícil de lograr: tuvieron que desarrollar un proceso para que la máquina fuera capaz de reconocer a las plantas y luego analizarlas a una escala submilimétrica. De acuerdo con la empresa, el brazo robótico tiene cuatro sensores Lidar y es capaz de "ver" en tres dimensiones gracias a dos cámaras que además le permiten identificar enfermedades, plagas y anomalías.


Gran nivel de precisión


Dice Alexander que al equipo de Iron Ox le llevó años llegar al actual nivel de precisión y estabilidad. También, que su robot es muy diferente a otras máquinas, como por ejemplo la cosechadora de trigo, que no necesita tanta delicadeza en el momento de recoger los cultivos.


Tanto ‘Angus’ como el brazo robótico están continuamente mandando datos a ‘Brain’, el software de IA en la nube que a su vez controla a los robots y les indica cuándo actuar. "Cada robot sabe cómo hacer su trabajo, pero no saben cuándo", explica Alexander.


‘Brain’ (cerebro) procesa los datos de los sensores que hay en los robots y en toda la instalación, y un equipo de especialistas en botánica lo controla. No es el único toque humano. La siembra y parte de las labores de ‘postcosecha’, como la recolección de las hojas perdidas y el empaquetado, son llevadas a cabo por personas.


De acuerdo con David Slaughter, profesor de ingeniería en biología y agricultura de la UC Davis, la solidez de las herramientas es una de las variables clave para los agricultores cuando adoptan nuevas tecnologías. En una aplicación gratuita, como el navegador de Internet, los usuarios están dispuestos a tolerar algunos errores, dice, pero para la tecnología agrícola eso "no es aceptable": "Se trata de un producto perecedero, tiene que ser fiable de verdad". Si la innovación demuestra ser robusta, Slaughter cree que será rápidamente incorporada. "Los agricultores buscan soluciones tecnológicas", dice.


¿Y por qué no hubo una granja autónoma hasta ahora? Alexander responde sin rodeos: "Porque es jodidamente difícil". El trabajo que está haciendo le toca muy de cerca. "Hablé con mi abuelo sobre cuando empezó a trabajar en la agricultura y siempre se ha quejado de no conseguir suficiente ayuda", dice.


Así fue como él y Jon Binney, el otro fundador de Iron Ox, comenzaron a viajar para escuchar directamente de los agricultores las cosas que les hacía falta. "Tuvimos que hacer un pacto para no ponernos a construir algo de inmediato, algo que no resulta fácil para un ingeniero", bromea Alexander.


Por todos lados escucharon las tres mismas preocupaciones: la escasez de mano de obra, la inestabilidad del clima y las largas distancias que tenían que recorrer los productos agrícolas.


Iron Ox planea comenzar a vender sus productos en restaurantes y tiendas de comestibles de la Bahía de San Francisco a finales de este año. Para 2019 quieren llevarlos a toda la región y en los próximos años tienen pensado abrir varias explotaciones agrarias en torno a los centros urbanos para reducir el tiempo y coste de entrega de los productos.
La agricultura se enfrenta desafíos pero Alexander cree, como creía hace tres años cuando empezó, que la solución pasará por poner a la robótica en primer lugar. "Necesitamos hacer algo radical; necesitamos hacer algo drástico para arreglar esto", dice. "No alcanza con ser un 5% o un 10% más eficiente".

Por Noah Smith - Los Ángeles
13/10/2018 - 18:37h
Traducido por Francisco de Zárate

 

Solo 87 empresas controlan toda la cadena productiva del agronegocio

Sólo 87 corporaciones con sede en 30 países dominan la cadena productiva del agronegocio en todo el mundo. Entre ellas, están las gigantes del sector de bebidas y carnes, como Coca-Cola, AmBev, JBS y Unilever; pero también empresas de tecnología como IBM, Microsoft y Amazon, atraídas para la producción agrícola y venta minorista por áreas como big data (grandes conjuntos de manipulación de datos) y vehículos inteligentes.


Cuatro grandes trading companies controlan la importación y exportación de commodities agrícolas: el llamado grupo ABCD, formado por las empresas estadounidenses Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill y el conglomerado multinacional con sede en Holanda, Louis Dreyfus Company. Actualmente, representan un 70% del mercado mundial decommodities agrícolas.


Esos datos forman parte del Atlas Agroalimentario, lanzado en Brasil este martes (16). El informe analiza la cadena global de la agricultura y cómo la concentración del mercado en manos de pocas empresas moldean el sistema agrícola mundial.


Maureen Santos, coordinadora de Justicia Socioambiental de Heinrich Böll, una de las promovedoras del atlas, explica que el nuevo documento presenta análisis sobre la realidad local del agronegocio.
Según ella, el mérito del proyecto se debe al levantamiento que reúne, en una sola publicación, los datos del sector sobre finanzas, inversiones y maquinaria; conflictos relacionados al acceso a la tierra y al agua, semillas y uso de fertilizantes en el mercado de commodities, desde el procesamiento de alimentos hasta el consumo doméstico.


“[El Atlas] muestra que globalmente, y también en Brasil, hay problemas muy serios relacionados con esa cadena: la expansión de los monocultivos y el consecuente incremento del uso de agroquímicos y de los problemas de salud; reducción de la calidad de los suelos y de la biodiversidad; los conflictos que se relacionan con la concentración del mercado y del incremento de la adquisición de tierras en detrimento de las condiciones de vida y del trabajo de la agricultura familiar, campesina y de las comunidades ancestrales”.


Financiarización


El Atlas también demuestra cómo funciona el juego financiero de lastrading companies que forman el grupo ABCD en el mercado especulativo.
En 2015, el comercio de contratos de futuros sobre maíz fue 11 veces mayor que la producción mundial de este grano. Es decir, mientras la cosecha de maíz llegó a 978 toneladas, los contratos en la Bolsa de Valores llegaba a 10,5 millones de toneladas.


Además, el grupo es directamente o indirectamente responsable por la deforestación en la selva tropical. En Brasil, por ejemplo, las comunidades guaraníes acusaron a Bunge por comprar caña de azúcar producida en tierras robadas en 2012. En aquel momento, la empresa afirmó que sus abastecedores respetaban el derecho a la tierra, pero no renovó los contratos.


Soberanía alimentaria


La concentración en la cadena productiva representa una amenaza al conocimiento ancestral del cultivo de la tierra. Esta es una de las preocupaciones de la periodista Verena Glass, coordinadora de proyectos de la Fundación Rosa Luxemburgo, que trabajó en la adaptación del informe al porugués. Ella señala que el incremento del uso de la tecnología de punta, con la agricultura de precisión, representa una amenaza a la soberanía alimentaria de diversos países.


“Lo que había de más vivo, la relación de alimentar a los seres humanos y reproducir la vida a partir del conocimiento sobre la tierra, el territorio, el clima, los animales y de la integración con la biodiversidad, se sustituye. Y esa es una lógica que se suma al uso de semillas transgénicas, agroquímicos, tecnificación y patentes y representa una pérdida de la biodiversidad y del conocimiento”, afirma la periodista.


Glass señala aún para el aumento de la disputa por territorios. “O sea, cuál será el espacio para la agricultura familiar y la agroecología, las comunidades ancestrales en Brasil y el mundo según esos nuevos paradigmas?”, cuestiona Glass.


Otro punto que se destaca en el informe es la acelerada disminución del número de empresas en el mercado global de semillas y agroquímicos debido a las fusiones que originan poderosos conglomerados de empresas. Desde la consolidación de la compra de Monsanto por Bayer en junio de este año, este mercado se divide en cuatro grandes grupos: Dow DuPont, Bayer, Syngenta y BASF.
La versión brasileña del Atlas Agroalimentario está disponible en el sitio web de la Fundación Heinrich Böll.


Edición: Juca Guimarães | Traducción: Luiza Mançano

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Martes, 28 Agosto 2018 07:23

El desafío –70/+ 70

El desafío –70/+ 70

El año 2050 marca un doble desafío a escala mundial: para esa fecha, el mundo debe reducir en 70 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y aumentar en 70 por ciento su producción de alimentos.


Reducir las emisiones es urgente para evitar que la temperatura mundial aumente más de 2 grados centígrados y así evitar los efectos más devastadores del cambio climático, mientras incrementar la producción de comida es fundamental para alimentar a una población de casi 10 mil millones de personas.


Uno de los principales responsables de responder a este doble desafío –70/+70 es el sector agropecuario, que actualmente aporta una quinta parte de todas las emisiones globales de GEI.


Entre 1990 y 2015, la producción agropecuaria creció con fuerza: 74 por ciento a escala mundial, 85 por ciento en América Central y más de 132 por ciento en América del Sur. En ese mismo periodo, las emisiones de GEI del sector (que incluye agricultura, ganadería y cambios en el uso del suelo) se redujeron 1 por ciento en el mundo, 28 por ciento en América Central y 25 por ciento en América del Sur.


Es decir, hoy producimos mucha más comida emitiendo menos gases de efecto invernadero.


Si relacionamos estas dos variables (producción de alimentos y emisión de GEI), vemos que en 1990 en América Latina emitíamos 15 toneladas de GEI por cada mil dólares de alimento producido, mientras en 2015 disminuimos fuertemente a cinco toneladas de GEI por cada mil dólares. De haber mantenido los niveles tecnológicos de 1990 en 2015, las emisiones de GEI latinoamericanas del sector agrícola habrían sido el triple, lo que habría significado agregar 3.3 mil millones de toneladas de GEI a nuestra atmósfera. Esto no sólo demuestra cuánto hemos avanzado, sino que sí es posible alimentar al mundo sin contaminar nuestra atmósfera.


En América Latina y el Caribe todavía podemos hacer mucho por intensificar sosteniblemente la producción agrícola y ganadera. La ciencia, la innovación tecnológica y las reformas institucionales y de gobernanza son motores centrales para enfrentar el desafío –70/+70 que marcará las siguientes tres décadas.


Durante la pasada Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los países de la región solicitaron asistencia técnica para acceder al financiamiento internacional con el fin de apoyar una mayor producción de alimentos con menos impactos ambientales y climáticos.


Recientemente, el Fondo Verde del Clima aprobó 90 millones de dólares para un proyecto del gobierno de Paraguay formulado por la FAO; el proyecto apoyará la adaptación al cambio climático de 17 mil familias rurales, muchas de ellas indígenas. Con el gobierno de El Salvador, la FAO ha preparado un proyecto para el mismo fondo: al ser aprobado, beneficiará a 225 mil personas y cubrirá a 33 por ciento de la población más vulnerable al cambio climático en el Corredor Seco salvadoreño, una zona que sufre inclementes sequías, inundaciones y tormentas tropicales. Estos dos proyectos implican inversiones por más de 217 millones de dólares en favor de la resiliencia y la adaptación al cambio climático en nuestra región.


Además, la FAO y la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) han creado un fondo de preinversión que permitirá a 14 países de la Comunidad de Estados Caribeños (Caricom) diseñar 27 proyectos para mejorar su resiliencia y movilizar recursos en su lucha contra el cambio climático.


Para promover el diálogo, el intercambio de experiencias y la acción multisectorial en torno a la resiliencia climática en las zonas rurales, la FAO y la Fundación Futuro Latinoamericano de Ecuador han convocado a una alianza de expertos del más alto nivel; uno de sus objetivos es apoyar los cambios estructurales necesarios para promover una producción agropecuaria más limpia, sostenible y eficiente. El 28 de agosto, en Montería, Colombia, la FAO convocará a los mayores expertos regionales a un seminario que busca impulsar la producción ganadera baja en emisiones, un factor que será clave para contribuir a resolver el doble desafío –70/+70 de la seguridad alimentaria y ambiental para 2050.


*Representante regional de la FAO
**Consultora de la FAO

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Sábado, 18 Agosto 2018 08:10

Día del juicio final de Monsanto

Día del juicio final de Monsanto

El pasado 11 de agosto, el Tribunal Superior de San Francisco, Estados Unidos, condenó a Monsanto (propiedad de Bayer) a pagar 289 millones de dólares en respuesta a la demanda presentada por Dewayne Johnson, un jardinero que la acusa de ocasionarle cáncer con el uso de dos de sus agrotóxicos con glifosato (RoundUp y Ranger Pro). El veredicto es muy significativo porque da justa razón a Johnson tras la revisión de numerosos documentos científicos y algunos secretos de la compañía, concluyendo que el glifosato es muy peligroso y que la empresa sabía de los daños.


Hay al menos otros 4 mil demandantes en Estados Unidos que acusan a la compañía de provocarles cáncer. La organización US Right to know abrió el portal Monsanto Papers para seguir estas demandas, que aumentan cada día (https://tinyurl.com/lfpych4). Por todo lo que hay en juego, en el alegato final del abogado de Johnson, éste pidió al jurado hacer una declaración fuerte: que por éste y todos los casos de cán-cer que se podrían haber evitado, la sentencia se convirtiera en un día del juicio final de Monsanto.


Dewayne Johnson comenzó a trabajar en una escuela en San Francisco en 2012 y aplicó hasta 30 veces por año esos herbicidas en los jardines. Luego de algunos meses comenzó a tener sarpullidos y malestares, y en 2014 le diagnosticaron linfoma no-Hodgkin, un cáncer que afecta el sistema linfático. Dewayne tiene ahora 46 años y dos hijos; los médicos le dan meses de vida. Desde que comenzó a sufrir molestias, llamó a Monsanto para preguntar si estaba relacionado con sus agrotóxicos. Le contestaron que alguien se comunicaría con él, lo que nunca sucedió. Como dijo en el juicio: jamás hubiera utilizado esto en la escuela sabiendo de los daños que puede causar.


Debido a la enfermedad del demandante, el tribunal aceleró el proceso interpuesto por Johnson en 2015. El juicio duró un mes y el jurado debatió tres días. La sentencia emitida obliga a Monsanto a pagar 39 millones de dólares en compensaciones y otros 250 millones por daños punitivos. La sentencia establece que la empresa actuó con malicia y falla negligente porque sabía de los daños que podía ocasionar. La compañía anunció que apelará.


Los abogados presentaron documentos que prueban la toxicidad del glifosato y otros de la empresa que muestran que sus propios ejecutivos e investigadores sabían de los riesgos del agrotóxico, asimismo, mostraron que se pagó a científicos para escribir artículos que negaran o relativizaran los peligros del glifosato y establecieron turbias relaciones con técnicos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que debían dictaminar los riesgos. La EPA se dobló ante Monsanto y terminó negando incluso las evidencias de sus propios científicos. (https://tinyurl.com/yd7vzzb9)


El glifosato fue inventado y lanzado al mercado por Monsanto en 1974 y ha sido una importante fuente de sus ganancias. Se difundió rápidamente por ser un herbicida de amplio espectro que la compañía consiguió amañadamente que fuera declarado como moderadamente tóxico, algo que subsistió hasta que en 2015, la Organización Mundial de la Salud declaró que era probablemente cancerígeno.


El envenenamiento y condena a muerte prematura de Johnson ocurrió en apenas dos años, algo que seguramente está sucediendo con muchas otras personas en situaciones similares. El glifosato es el herbicida más usado a escala mundial, tanto en cultivos agrícolas como en jardines, hogares, parques, escuelas e instituciones. Su uso se disparó exponencialmente con la introducción de cultivos transgénicos tolerantes a glifosato, más de 80 por ciento de los transgénicos en el campo.


Este uso intensivo generó resistencia en decenas de malezas, con lo que además de aumentar las dosis empleadas, la empresa comenzó a agregarle surfactantes y otros co-adyuvantes para hacerlo más eficaz. En el juicio se expuso que además de la toxicidad del glifosato, quizá la mezcla con esos otros elementos, que las empresas no necesitan declarar en los productos y que la EPA no considera en sus evaluaciones de riesgo, aumentaba el peligro.


Paradójicamente, el final de Monsanto había llegado antes de este juicio. Bayer consiguió la aprobación de Europa y Estados Unidos para finalizar la compra de la empresa en junio de este año y su primer anuncio fue que el nombre desaparecía, justamente por la mala fama. Probablemente ya se arrepintió de su compra, porque desde el anuncio de la sentencia en favor de Johnson, las acciones de Bayer han bajado más de 18 por ciento, lo cual se tradujo en una pérdida de cerca de 18 mil millones de dólares. Bayer teme que otra ola de juicios se desate pronto en Estados Unidos por el uso del agrotóxico dicamba con la soya transgénica Xtend, también de Monsanto, cuya deriva está dañando los cultivos de otros agricultores.

Por SILVIA RIBEIRO, investigadora del Grupo ETC

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Migas de pan de 14.400 años cuestionan el origen de la agricultura

Investigadoras españolas hallan restos de pan elaborado milenios antes del cultivo de los cereales

 

El pan se inventó antes que el trigo cultivado. Investigadoras españolas han identificado restos de pan hecho hace 14.400 años, varios milenios antes de que los cereales fueran domesticados. El hallazgo da un revolcón al relato dominante sobre el origen de un alimento tan básico para la historia de muchas civilizaciones y el de la propia agricultura.

El descubrimiento se ha producido en el desierto Negro, en el nordeste de Jordania. En un hogar de una pequeña aldea, los científicos hallaron miles de restos orgánicos de origen vegetal. La mayoría pertenecían a un tubérculo acuático emparentado con la chufa. En menor cantidad, también identificaron semillas de avena, cebada o escaña, un trigo silvestre. Pero lo más llamativo eran 24 pequeños trozos churruscados.


"¿Tienes tostadora en casa? Pues estos 24 son muy parecidos a los restos de pan que se quedan en ella", dice la investigadora de la Universidad de Copenhague y principal autora del estudio, Amaia Arranz-Otaegui. "Al microscopio binocular [el óptico convencional] se ve que hay algo diferente, como incrustaciones. Pero con el microscopio electrónico de barrido [que usa haces de electrones en vez de luz], se ve que son células vegetales, células de granos de cereal", añade la investigadora del University College de Londres (UCL) y coautora de la investigación, Lara González Carretero.


El estudio, publicado en la revista PNAS, lo describe como un pan plano, sin levadura, ácimo, hecho de harina y agua. Al microscopio se puede observar una estructura similar, aunque menos inflada, que la de muchos panes actuales. Los vanos, los espacios huecos, apenas ocupan el 16%, frente al 40% - 70 % de los actuales con levadura. Se parecería más a un pan pita que a uno de molde. La datación por radiocarbono considera a este pan como el más antiguo de los encontrados. Hasta ahora, ese puesto lo tenía un pan encontrado por la propia González en Çatalhöyük, un yacimiento de la meseta de Konya, en la actual Turquía. Según sus estimaciones, tendría unos 9.000 años. El identificado ahora fue cocinado unos cinco milenios antes.


Las migas de pan de 14.400 años fueron halladas por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Copenhague en Shubayqa 1, uno de los yacimientos más antiguos de la cultura natufiense, presente en todo el Oriente Próximo, desde el norte del actual Irak hasta la península del Sinaí, en el moderno Egipto. "Los natufienses fueron los últimos cazadores recolectores [en Oriente Próximo] antes de la llegada de los agricultores del Neolítico", recuerda Arranz-Otaegui, que ha participado en las excavaciones del desierto Negro durante cuatro años. Aquel pueblo ya tenía perros domesticados, habían abandonado la vida nómada y contaban con piedras, morteros y toda una industria lítica para, entre otras cosas, hacer pan.


Sin embargo, el cultivo consciente de los cereales necesarios para obtener harina exigiría un proceso de domesticación que no se producirá hasta unos milenios más tarde. Así que los natufienses hacían su pan plano con granos de cereales silvestres en un proceso que debía ser muy costoso. "El trigo actual se descascarilla casi solo, en los silvestres la cobertura está diseñada para protegerlo y después había que molerlo, amasarlo, cocerlo... Todo apunta a que el pan se hacía en ocasiones, quizá para un uso simbólico o ritual, pero esto es difícil de demostrar", comenta la arqueóloga de la Universidad de Copenhague.


De hecho, la presencia de cereales, pan y otros posibles derivados de la harina como las gachas es pequeña si se compara con otros vegetales o carnes hallados en el yacimiento. Apenas el 20% de la dieta de aquellas personas dependía de los cereales que recolectaban. Ese porcentaje irá aumentando a medida que avance la agricultura.


"El pan exige un proceso intensivo en mano de obra que incluye el descascarillado, la molienda de los cereales, el amasado y el horneado. Que esto se hiciera antes de los métodos agrícolas sugiere que era considerado algo especial y el deseo de hacer más de esta comida especial probablemente contribuyera a la decisión de empezar a cultivar cereales", opina el director de la tesis de González, el profesor de la UCL Dorian Fuller. Y con el cultivo de los cereales, se generalizó la agricultura, la acumulación de alimento, la primera explosión demográfica, las primeras ciudades, las estructuras sociales...

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Cenda: Canasta Alimentaria Familiar se ubicó en más de 220 millones de bolívares en mayo

19 de junio de 2018.- El precio de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) de mayo de 2018 se ubicó en 220.138.620 bolívares, lo que representa un incremento de Bs 119. 963.639 (119,8%) con respecto a abril, reportó el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda). Así lo reseñó "El Universal".


En una nota de prensa la organización indicó que la inflación anualizada entre mayo 2017 y mayo 2018 fue de 22.115%, y que se requieren 220 salarios mínimos para poder adquirir la canasta básica, referida a una familia de cinco miembros: 7.337.954,02 bolívares diarios (7.33 salarios mínimos diarios).


Todos los rubros subieron de precio


En el informe el Cenda explica que todos los rubros de la canasta alimentaria aumentaron de precio: raíces, tubérculos y otros, 266,4%; frutas y hortalizas, 193,4%; pescados y mariscos, 126,8%; café, 125,0%; azúcar y sal, 119,7%; cereales y productos derivados, 108,6%; leche, quesos y huevos, 107,5%; carnes y sus preparados, 90,6%; salsa y mayonesa, 78,1%; granos, 69,0% y grasas y aceites, 59,8%.
Escasez


Según el instituto de análisis, al menos quince productos presentaron problemas de escasez: leche en polvo, atún enlatado, margarina, avena, azúcar, aceite de maíz, lentejas, arroz, harina de trigo, pastas alimenticias, harina de maíz, café, mayonesa, pan, queso amarillo: el 25,00% de los 60 productos que contiene la canasta.

Por: Agencias | Martes, 19/06/2018 06:26 PM

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El cambio climático hace menos nutritivo el pan que comes

Varios estudios alertan de la pérdida de nutrientes de los cereales bajo condiciones atmosféricas con mayor concentración de dióxido de carbono

Que el cambio climático ya está afectando a la climatología y las condiciones en las que la vida se desarrolla en la biosfera no es nada nuevo. Desertificación, sequías y temporales son los primeros fenómenos que vienen a la cabeza cuando se habla de las consecuencias del calentamiento global provocado por la actividad humana, pero sus efectos van mucho más allá.


Recientes estudios señalan hechos como el cambio de hábitat de bancos de miles de peces hacia aguas más frías, la migración de especies de anfibios a zonas más altas o la desaparición de familias enteras de insectos a medida que se modifican las condiciones en los lugares en los que habitan. La llamada sexta extinción masiva de especies está en pleno auge y, con cada hábitat modificado, con cada especie desaparecida, se producen nuevas consecuencias para las cadenas tróficas —los caminos invisibles a través de los que se transfieren sustancias nutritivas entre las diferentes especies— del a menudo frágil equilibrio medioambiental. Un círculo vicioso extremadamente difícil de frenar.


El Homo sapiens no se salva de todos estos procesos. Y las plantas de las que se alimenta tampoco. De entre todas las sustancias de las que ingerimos para poder desplazarnos, pensar y seguir realizando todas esas actividades que producen el cambio climático, los cereales son alimentos clave. Su alta cantidad en hidratos de carbono es básica para la vida humana. Miles de millones de personas dependen de ellos. De hecho, se asocia a la domesticación de plantas como el trigo, el arroz, el maíz, la cebada, la avena o el centeno la aparición de la civilización.


Pero su riqueza no es solo los hidratos de carbono que contienen. Fibra, lípidos, proteínas, sales minerales o vitaminas del grupo B son algunos de los nutrientes que podemos encontrar en ellos. Nutrientes que, según una investigación firmada por una quincena de científicos de Australia, China, Estados Unidos y Japón, y publicada recientemente en la revista Science, están viéndose alterados por la mayor proporción de dióxido de carbono (CO2)


MÁS DIÓXIDO DE CARBONO, MENOS NUTRIENTES


La investigación, centrada en el arroz, alimento básico de más de 3.000 millones de personas, señala que, a mayores niveles de CO2, menor cantidad de proteínas, minerales y vitaminas esenciales para los humanos se encuentra en los granos. La actividad humana ha elevado la concentración atmosférica de dióxido de carbono de las 280 partes por millón de la era preindustrial a las 410 actuales. Tal como señala Kristie L. Ebi, una de las científicas a cargo del estudio, en un artículo firmado por ella misma, “si las tasas de emisión globales continúan en su camino actual, las concentraciones atmosféricas podrían alcanzar más de 1.200 partes por millón para el año 2100, incluyendo el metano y otras emisiones de gases de efecto invernadero”.


Bajo esa hipótesis, la investigación expuso a diferentes cepas de arroz a altas concentraciones de CO2. El resultado: “Nuestros datos muestran por primera vez que el arroz cultivado a las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera que los científicos esperan que el mundo alcance en 2100 tiene niveles más bajos de cuatro vitaminas B clave”, vitaminas necesarias para que el cuerpo realice algunas de sus funciones básicas.


Sus conclusiones respaldan trabajos como el publicado en 2014 por una veintena de científicos en Nature titulado Increasing CO2 threatens human nutrition (El incremento de C02 amenaza la nutrición humana), en el que se señala que determinados tipos de grano cultivados en ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono tienen menos minerales como el zinc o el hierro, así como menor cantidad de proteínas.


Dada la dependencia de tantos miles de millones de personas de cereales como el arroz, el problema podría tener “un impacto desproporcionado en la salud materna e infantil en los países más pobres dependientes del arroz”, señala Ebi en su texto. Según el estudio publicado en Nature, si continúa el ritmo de aumento de CO2, en 2050 alimentos como el arroz, el trigo, la cebolla o las patatas perderán entre un 6% y un 14% de proteínas y la dieta diaria habrá perdido, de media, más de un 5% de sus valores nutricionales.


EL TRIGO NO SE SALVA


Este cambio en la concentración de minerales básicos para la vida en el arroz afecta igualmente al trigo, tal como remarca el estudio en el que participa Ebi. No solo eso, al igual que el arroz, el cereal básico en España sintetiza menos proteínas al reducir la cantidad de minerales en sus granos, al mismo tiempo que produce más hidratos de carbono. Tal como recuerda la investigadora, 2.000 millones de personas en el mundo tienen deficiencias de micronutrientes como el hierro, el zinc y el yodo. La ausencia del primero puede producir anemia, mientras que la del segundo puede alterar el normal crecimiento de la persona o debilitar el sistema inmunológico, entre otras anomalías.


El arroz cultivado por los científicos para su estudio contenía, de media, una reducción del 17% de vitaminas B1 y B2, del 13% de B5, del 30% de B9, del 10% de proteínas, del 8% de hierro y del 5% de zinc. Si bien, se registraron aumentos de los niveles de vitamina E. Teniendo en cuenta que 600 millones de humanos obtienen más del 50% de sus calorías y proteínas diarias del arroz, las consecuencias sobre los niveles de desnutrición global pueden ser importantes.


EL SECANO EN ESPAÑA


En España varios estudios llevan alertando años de los cambios en el crecimiento y el rendimiento de los cereales. Una investigación de la Universidad de Córdoba publicada en Climatic Change en 2015, que analizaba 30 años de datos de la Agencia Estatal de Meteorología, recogía que los cereales de invierno habían adelantados sus fases de floración. En concreto, tras analizar 26 localizaciones de la península y Balears, el trigo había adelantado a un ritmo de tres días por año su floración entre 1986 y 2012, mientras que la avena la había anticipado en un día por año.


Por su parte, el estudio del proyecto europeo AgriAdapt remarcaba el año pasado que los cereales de secano de invierno, que suponen la mayoría de la superficie de cultivo del Estado, tendrán un rendimiento menor a causa del calentamiento global, algo que no solo ocurrirá a estos cereales, sino también al maíz o a la vid.

 

PABLO RIVAS
@CEBOTWIT

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Engaños sobre los alimentos transgénicos

Al contrario de lo que se difunde, la aventura de alterar el ADN de nuestros cultivos alimenticios mediante las técnicas de la llamada "ingeniería genética" (IG), no ha estado sustantada en ciencia, más bien, la ha deshonrado. Sus ingenieros y quienes los apoyan, con frecuencia han ignorado, y hasta ocultado o destruido, evidencias científicas. También han violado los estándares de la ciencia. Inclusive han ocultado esas infracciones mediante el engaño. Más aún, el proceso de IG; en particular de cultivos, ha sido descrito de tal manera que parezca más natural y preciso de lo que en realidad es, y aún los hechos más básicos de la biología contemporánea han sido distorsionados para minimizar los verdaderos riesgos de los cultivos transformados mediante IG.

La aventura de los alimentos modificados por IG ha dependido de manera crucial de esos engaños y no habría sobrevivido sin ellos. Por tanto, es imprescindible exponer esos engaños y que se conozca la verdad.

En mi artículo publicado en La Jornada del pasado 18 de mayo revelé cómo los engaños clave provinieron del gobierno de Estados Unidos –y cómo este país ha promovido a los cultivos transgénicos, de empresas semilleras mediante técnicas de IG y ha impulsado su negocio en los mercados mundiales. En los siguientes párrafos explico cómo otras destacadas instituciones han contribuido a este engaño.

Una de las mayores ficciones es que hay consenso entre los expertos científicos sobre la inocuidad de los cultivos transgénicos. Por tanto, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia ha declarado que "cualquier organización respetable" que haya examinado la evidencia científica ha concluido que los alimentos derivados de estos cultivos no involucran "mayor riesgo" que los alimentos convencionales. Sin embargo, varias organizaciones respetables, como la Sociedad Real de Canadá, la Asociación Médica Británica y la Asociación de Salud Pública de Australia no comparten tal acuerdo; más bien, alertan sobre sus posibles riesgos.

Además, aquellas organizaciones que proclaman la inocuidad de los transgénicos se apoyan básicamente en el engaño. Consideremos el caso de las toxinas novedosas no previstas que la IG puede generar. Para sostener el argumento de que los alimentos transgénicos no implican riesgos adicionales o novedosos, en un importante reporte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos se argumenta que con el mejoramiento genético convencional también se puede incurrir en riesgos similares. Sin embargo, los autores sólo pudieron citar un caso para la agricultura convencional (que involucra a la papa), y que más adelante se demostró que era falso. Aseveraron que la nueva papa, obtenida mediante métodos convencionales no transgénicos, contenía una molécula tóxica novedosa que no se encontraba en ninguno de los progenitores, a pesar de que éstos sí la producían; pero este tipo de sustancias tóxicas fueron encontrados en otras papas.

La Sociedad Real Británica también ha torcido la verdad para hacer creer al público que los cultivos transgénicos no presentan riesgos con respecto a los alimentos convencionales. Por ejemplo, argumentan que estos últimos pueden también producir efectos inesperados. En una publicación de 2016 de la misma organización, muestran que "todos" los genomas de plantas "con frecuencia presentan inserciones de ADN viral y/o bacteriano" –y que esas inserciones son "similares" a las que se generan mediante técnicas de ADN recombinante de la IG. Ambas aseveraciones son falsas. Mientras los genes insertados en el genoma vía IG siempre son integrados al genoma de las plantas, rara vez ocurre esto con los genes de virus y bacterias. Además, las infrecuentes inserciones de genes virales en el genoma de plantas permanecen inactivas y no están combinadas con otras secuencias de virus o bacterias, como ocurre en las construcciones recombinantes de la IG. La presencia de genes bacterianos también es restringida en los genomas de plantas, y tampoco están activos. En cambio, los genes y sus combinaciones insertados mediante IG además de impactar de diversas maneras en el fenotipo, son artificialmente impulsados a una hiper actividad que puede causar desbalances riesgosos.

La referida publicación también ha engañado sobre los resultados de investigación. Proclama que "no ha habido evidencias de daño" ligado a algún cultivo transgénico aprobado, a pesar de varios estudios publicados en revistas arbitradas que mostraban lo contrario. Es más, la misma sociedad está enterada de un estudio que demuestra daño y que la propia Sociedad Real trató de desacreditar. Ese estudio, realizado en el reconocido Instituto Rowett, puso en duda la inocuidad de los alimentos transgénicos, al reportar que el proceso de ingeniería genética mismo puede causar problemas. Tal descompostura animó al editor de la prestigiosa revista The Lancet a rechazar la iniciativa de la sociedad, calificándola de "impertinencia insólita". The Lancet consideró el estudio como científicamente adecuado y lo publicó. La sociedad obvió este estudio y aseveró que no había investigación alguna que mostrara que el proceso de IG en sí puede causar diferencias en los cultivos transgénicos que puedan implicar daños.

Mi libro Genes alterados, verdad adulterada contiene muchos ejemplos de este tipo de conductas inaceptables de importantes revistas y sociedades científicas que han intentado ocultar o minimizar los posibles impactos negativos de los cultivos transgénicos. Los proponentes de los cultivos transgénicos han estado subvirtiendo a la ciencia, a la vez que dicen actuar en su nombre.

 

Por Steven Druker, director ejecutivo de Alliance for Bio-Integrity, una ONG basada en EU. Es autor de Genes alterados, verdad aduterada: Cómo la empresa de los alimentos modificados genéticamente ha trastocado la ciencia, corrompido a los gobiernos y engañado a la población.

Nuevos motivos para oponerse a los transgénicos

Un equipo de científicos australianos comprobó recientemente la existencia de estructuras del ADN que son diferentes a la doble hélice que conocemos. La “nueva” estructura se había observado in vitro, pero nunca en células humanas vivas. Al mismo tiempo, otro equipo de investigadores en Suiza reportó que al intentar crear resistencia a un virus que afecta a la mandioca con la tecnología CRISPR-Cas9 creó accidentalmente un nuevo virus patógeno. Es uno más de los posibles efectos adversos que pueden tener esta y otras nuevas técnicas de ingeniería genética, que contradicen la abundante propaganda seudocientífica que trata de convencernos de que son “rápidas, seguras y baratas”.

A 65 años del famoso descubrimiento de Watson y Crick sobre la estructura de hélice del ADN, se siguen revelando aspectos desconocidos sobre las estructuras e interacciones de los genes en los organismos, con diversos factores epigéneticos y con el medio ambiente, que muestran que manipular genéticamente el ADN es una pésima idea, por los muchos efectos imprevistos que conlleva.

La “nueva” estructura del ADN fue identificada por el equipo de Daniel Christ, del Instituto Garvan de Investigación Médica, y la llamó estructura de motivo intercalada (i-motif). Los resultados del estudio se publicaron el 28 de abril de este año en la revista Nature Chemistry (https://www.nature.com/articles/s41557-018-0046-3).

El descubrimiento confirma que nuestro ADN tiene una simetría más intrincada que la supuesta y que esas variantes estructurales afectan cómo funciona nuestra biología. “Cuando la mayoría de nosotros pensamos en el ADN, pensamos en la doble hélice”, dice el investigador de anticuerpos Christ. “Esta nueva investigación nos recuerda que existen estructuras de ADN totalmente diferentes y que podrían ser muy importantes para nuestras células” (https://tinyurl.com/ybew7fkw).

Los motivos intercalados son descritos como un nudo retorcido de cuatro hebras, en el que los elementos químicos que componen el ADN están asociados de una forma diferente a la conocida: las bases o letras del ADN se unen entre sí con una igual, por ejemplo la C (citosina) con otra C o la G (guanina) con otra G, algo que nunca ocurre en la doble hélice.

Los i-motif fueron visualizados desde hace años en laboratorio, pero nunca en células vivas, por lo que se cuestionaba que realmente existieran. Según Mahdi Zeraati, el primer autor del estudio australiano, ésta es sólo una de las estructuras diferentes a la doble hélice que podrían existir en el organismo; se visualizaron también estructuras cuádruples del ADN en 2013 y podrían existir más, incluso triples y cruciformes.

En el estudio que confirmó la existencia de los motivos intercalados, los investigadores insertaron un anticuerpo marcador con fluorescencia, por lo que pudieron ver cómo aparecían y desaparecían estas estructuras en tiempo real. Los i-motif están ubicados cerca de regiones del ADN conocidas como promotoras, que activan o desactivan las funciones de los genes, así como en los telómeros, otra sección del ADN relacionada con el envejecimiento celular.

Zeraati piensa que el hecho de que aparezcan y desaparezcan es un indicador de su función: al parecer intervienen en la activación o desactivación de genes, por lo que es altamente relevante entender mejor su función. Esta característica es también lo que dificultaba a los investigadores verlos en células vivas de nuestro cuerpo.

Separadamente, un estudio de Devag Mehta y colaboradores, del instituto ETH en Zurich, publicado el 4 de mayo de 2018, reporta que al intentar crear resistencia a un virus en mandioca por medio de ingeniería genética con CRISPR-Cas9, de 33 a 48 por ciento de los virus “editados” desarrollaron una mutación de un solo nucleótido (una sola letra), que creó un virus resistente. El estudio advierte además sobre el riesgo de que estos nuevos virus resistentes se diseminen en el ambiente (https://tinyurl.com/y879m7qk).

Los autores no cuestionan la tecnología para otras aplicaciones, pero alertan sobre los riesgos en este caso particular. Mehta, autor principal del estudio, menciona además en su cuenta de Twitter que le asombra la presión que ha recibido para no difundir aspectos negativos del uso de CRISPR-Cas9.

En efecto, hay gran movilización de la industria biotecnológica –incluyendo a Monsanto-Bayer y DowDuPont, que tienen sendas licencias para usar esa tecnología en agricultura y alimentos– para desvincular a esta y otras nuevas biotecnologías de los transgénicos anteriores, tratando de engañar al público de que ahora sí son tecnologías seguras.

Las trasnacionales de transgénicos intentan que nuevas biotecnologías como CRISPR-Cas9 no sean reguladas, ni siquiera bajo las presentes leyes de bioseguridad, argumentando que el producto final “no contiene” nuevo material genético. El tema está en fuerte debate en la Unión Europea y Estados Unidos, pero ya se aprobaron normas –en favor de las empresas– en Argentina y Brasil, aunque contestadas por movimientos populares y científicos críticos (https://tinyurl.com/y8yuf5tb).

Justamente, la experiencia del equipo suizo muestra que puede haber impactos negativos, haya o no material genético visible en el “producto” modificado final. Pero, sobre todo, el fascinante descubrimiento de estructuras del ADN que no se conocían y sus posibles funciones confirman nuevamente que los organismos vivos y sus interacciones en la evolución son de una enorme y maravillosa complejidad que estamos lejos de comprender bien. Por ello, que unas cuantas empresas trasnacionales y los científicos que les sirven manipulen organismos vivos es un experimento perverso con la naturaleza, la salud y el medio ambiente.

*Investigadora del Grupo ETC

Autoriza Temer al ejército para despejar los bloqueos en Brasil

Al principio de la noche de este viernes de tensión máxima en Brasil, el presidente Michel Temer recibió un texto bastante breve para que lo firmara. Se trataba del decreto que implantó en el país, hasta el lunes 4 de junio, la Garantía de la Ley y el Orden.

Con eso, las fuerzas de seguridad, con especial relevancia del ejército, están autorizadas a actuar libremente en todo el territorio nacional en situaciones que atenten contra el “orden público”. Toca al mando militar definir cuáles son esas situaciones, a su libre albedrío.

El objetivo inicial de la medida es deshacer un paro de transportistas que desde el lunes pasado bloqueó carreteras en 25 estados brasileños, creando una situación crítica de desabasto en todo el país.

Tanto el paro de camioneros, que recuerda lo que antecedió en 1973 al derrocamiento de Salvador Allende en Chile y la instalación de Augusto Pinochet en el poder, como conceder carta blanca a los militares, sonaron a pésimo presagio en Brasil. Cuando un gobierno débil como el de Temer decide recurrir a la fuerza, aumenta el riesgo del caos y la convulsión.

La medida adoptada ayer es oriunda de los cuarteles, vía la acción coordinada por el general Sergio Echegoyen, responsable del gabinete de seguridad institucional, que, entre otras funciones, controla el servicio de inteligencia. El general viene de una familia de militares con amplia trayectoria durante la dictadura (1964-1985) y es considerado por sus pares como un duro-entre-duros.

El decreto tiene dos funciones. La primera y más inmediata es desobstruir las carreteras bloqueadas por piquetes de camioneros en un movimiento que alcanzó su auge el miércoles. La segunda es asegurar un paraguas protector a los militares, sean cuales sean y resulten en lo que resulten sus actos.

Decretos similares han sido bajados al menos 11 veces desde 1985, cuando los militares abandonaron el poder, pero jamás con alcance nacional.

Al principio de la noche de este viernes, el ministro de Seguridad Nacional, Raul Jungman, ex comunista convertido, anunció solemnemente que de las 938 barreras existentes en carreteras y vías expresas de 25 estados brasileños, 419 habían sido levantadas.

Lo que no dijo el ministro es que casi la mitad de ellas lo fueron por iniciativa de los mismos camioneros, para evitar enfrentamientos con el Ejército.

La adopción de la medida extrema ocurrió luego de que Michel Temer dio nutridas y robustas pruebas de absoluta incapacidad para hacer frente a una situación límite.

Un dato aclara el panorama del sector de combustibles en Brasil: a lo largo de los ocho años de Lula da Silva, hubo ocho aumentos de precios. En los dos años de Temer, 229. Eso: 229.

¿Por qué Lula y luego Dilma contuvieron los precios? Para no presionar la inflación e incentivar el crecimiento de la actividad económica. ¿Por qué con Temer se permitió una estampida absurda de aumentos? Para atender a los intereses de los mercados, tanto el local como el global.

Si con los gobiernos de Lula y Dilma el precio al consumidor era un instrumento para determinada política, con Temer se transformó en instrumento del mercado, en lo que el lucro prevalece absoluto.

La política adoptada por la todavía estatal Petrobras, de seguir día a día las oscilaciones del mercado internacional, ha sido desde siempre duramente contestada por los transportistas. Como en los últimos meses hubo 51 elevaciones, sin espacio alguno para negociar, la opción ha sido bloquear las carreteras y, con eso, literalmente paralizar el país.

A lo largo de cuatro días, de lunes a jueves, el gobierno se mostró atónito y sin norte alguno, mientras el desabasto se extendía a todos los sectores, de supermercados a los autobuses urbanos, pasando por escuelas que suspendieron las clases, hospitales donde se instaló un cuadro de emergencia extrema al faltar insumos básicos, en resumen, un caos total que alcanzó su auge cuando, al determinar la intervención de las fuerzas armadas, hubo que examinar cuáles instalaciones militares disponían de combustible para moverse.

El viernes, 11 aeropuertos, empezando por el de Brasilia, capital del país, ya no tenían cómo reabastecer aviones, lo que llevó a la suspensión de una significativa cantidad de vuelos.

El día anterior, tras una reunión de siete horas, ministros del gobierno de Temer y dirigentes de sindicatos patronales llegaron a un acuerdo confuso que, en términos concretos, significaría una rebaja de 35 centavos de real (10 centavos de dólar), 10 por ciento del precio del litro de gasoil.

Como Petrobras no acepta ser perjudicada, la diferencia saldrá de las arcas públicas para las de la empresa, provocando un agujero de al menos mil 500 millones de dólares en la cuenta fiscal este año.

Fragilidad oficial

Al negociar con dirigentes patronales, se evidenció que por detrás de los camioneros autónomos, que representan un tercio del total en actividad, estaban las empresas. O sea, lo que se dio ha sido más un lockout que un paro en moldes tradicionales. Tal acción es ilegal en Brasil, pero el gobierno de Temer, en el auge de su fragilidad, aceptó las condiciones.

Tan pronto se reunieron en la misma mesa con ministros y autoridades, los autónomos rechazaron los términos en debate y abandonaron el local, lo que ya presagiaba lo que ocurrió el viernes: nada cambió.

En Brasil, 67 por ciento de la carga es transportada por carretera, lo que hace que el poder de los gremios, tanto el patronal como el de los autónomos, sea especialmente significativo.

Un dato es preocupante: la cada vez más evidente falta de contacto de Temer con la realidad.

El mismo jueves, mientras la situación llegaba al borde del abismo y su gobierno era presionado, impotente, el presidente comparecía, en la provincia de Río de Janeiro, a una ceremonia de entrega de automóviles a algunos consejos tutelares de menores.

Sin pestañear, Temer afirmó a una platea atónita que aquel era el acontecimiento “más relevante” de la jornada. Sería el único brasileño a creer en sus palabras, si es que él mismo se las creía.

 

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