Viernes, 14 Diciembre 2018 06:08

Presos políticos mapuche

Presos políticos mapuche

“Si comparo la situación actual con once años atrás, veo un cambio notable en nuestro pueblo”, explica Mónica Quezada, madre de Matías Catrileo, asesinado por la espalda en 2008 mientras recuperaba tierras. La coyuntura a la que se refiere Mónica es la masiva y maciza movilización social a partir del 14 de noviembre, cuando fue asesinado Camilo Catrillanca, también por la espalda.


El diálogo lo tuvimos el pasado lunes 10 en la cárcel de Temuco, donde visitamos a tres de los ocho presos políticos mapuche: los hermanos Benito y Pablo Trangol y el machi Celestino Córdova. Estaban rodeados de media docena de mujeres de su pueblo, que acuden todas las semanas, como hermanas políticas de los presos.


Los Trangol fueron acusados de la quema de una iglesia evangélica, pero fueron incriminados por “testigos sin rostro” y se les aplicó la Ley Antiterrorista. Realizaron una huelga de hambre de más de cien días, el año pasado, para revertir la aplicación de una legislación que según organizaciones de derechos humanos representa violencia, racismo y discriminación étnica en contra del pueblo mapuche.


A la extensa huelga de hambre se sumó un hermano de los Trangol y una autoridad de su comunidad, exigiendo el inicio de un juicio justo, ya que estuvieron más de un año como imputados sin juicio, y la no aplicación de la Ley Antiterrorista. La justicia determinó diez años de prisión para Benito y Pablo, de 35 y 25 años de edad, sin más elementos que las declaraciones de una mujer cuyos datos ni siquiera los abogados conocen.


El machi Celestino fue acusado en el marco de las investigaciones de la muerte del matrimonio de hacendados Luchsinger-Mackay, en 2013. Fue condenado a 18 años de prisión y realizó una extensa huelga de hambre de más de cien días para poder acudir a su comunidad para realizar una ceremonia tradicional y cumplir así su función de machi (autoridad religiosa mapuche).


La impresión que recogemos en la visita, confirmada en todos los diálogos con autoridades mapuche, es que la represión viene creciendo de forma exponencial. Algunos comuneros relataron que el cuerpo de Carabineros utiliza formas represivas ilegales para atacar a las comunidades y en particular a las autoridades comprometidas en la recuperación de tierras y en la resistencia al Estado de Chile.


Los crímenes de Catrileo y de Catrillanca muestra claramente el accionar delictivo de Carabineros. En los dos casos los uniformados mintieron. Catrileo muere en una acción pacífica en el fundo Santa Margarita, del agricultor Jorge Luchsinger, predio que reclaman las comunidades y era defendido por Carabineros que dispararon sobre el militante mapuche. Dijeron que hubo un enfrentamiento armado, pero los asesinos debieron ser condenados cuando se desmontó el engaño y dados de baja del cuerpo.


Catrillanca fue asesinado por la espalda por un miembro del Comando Jungla de Carabineros mientras conducía un tractor. La primera versión de Carabineros fue que la acción era la respuesta al robo de coches de profesoras de la escuela de Ercilla por un grupo de encapuchados y dijeron que tenía antecedentes penales. Aseguraron que la acción no había sido filmada, pero en realidad destruyeron esa prueba.


Cuando todas las mentiras se vinieron abajo, el gobierno debió dar marcha atrás y a lo largo de todo Chile se multiplicaron las manifestaciones de apoyo al pueblo mapuche. A esa enorme movilización hizo referencia Mónica, la mamá de Matías Catrileo, al mencionar el crecimiento del pueblo mapuche en esta larga y difícil década.


Así como el asesinato de Matías forjó una nueva camada de militantes, el de Camilo está ampliando el horizonte de todo un pueblo. Lo realmente nuevo en el Chile actual, no es la lucha mapuche, un pueblo que lleva cinco siglos de pie, sino el involucramiento de nuevas camadas de jóvenes (y no tan jóvenes) en una pelea de larga duración contra un Estado genocida y terrorista.


Esa “potencia” que menciona Mónica, ese crecimiento del pueblo mapuche, no puede comprobarse en las grandes manifestaciones ni en las acciones de repudio y solidaridad. Pero es palpable en los grupos de base, en la multiplicación de organizaciones mapuche y mixtas, en el notable crecimiento de las personas que hablan y estudian mapudungun, incluyendo muchos blancos o huincas. Una fuerza que nace de la tierra, de muy abajo, y que está resultando imbatible.


El principal azote del pueblo mapuche es el extractivismo forestal, al que protegen y defienden el Estado chileno y el gobierno de Piñera. Ese modelo tiene un límite: como señala el último editorial de la página Mapuexpress, la dignidad de la familia y la comunidad de Camilo Catrillanca han supuesto “un fuerte remezón para mirar con mayor precisión histórica y política lo que está ocurriendo en el Wallmapu”, y ha generado “una poderosa ruta para el pueblo mapuche” (goo.gl/BztDCk).

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Viernes, 14 Diciembre 2018 05:46

Quedarse para sobrevivir, migrar para vivir

Quedarse para sobrevivir, migrar para vivir

“No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano. En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible”. Eduardo Galeano

En una de sus reflexiones, uno de los grandes literatos de América Latina, compara con tristeza la libre naturaleza para migrar que tienen otros seres vivos en este planeta con las dificultades que enfrentan los seres humanos que deciden abandonar el lugar donde viven. Las ciencias sociales han buscado respuestas a este fenómeno y cada región tiene sus propias explicaciones sociales, económicas y políticas. En Guatemala, donde la cantidad de nacionales que migran a Estados Unidos ha aumentado en el último año según reportes de prensa con base en estadísticas recopiladas en agencias de migración regionales,[1] recientemente hemos sido testigos de una caravana poco usual que refleja una realidad de la cual no estamos tan lejos y tiene una explicación de la cual muchos aún son indiferentes.


¿Por qué migramos? ¿Qué hace que un ser humano decida abandonar el lugar donde creció, el campo donde se escapaba y la tienda donde compraba su refacción? En el último Índice de Desarrollo Humano, publicado por el Programa de Naciones Unidas, El Salvador ocupaba el puesto 121, Guatemala el 127 y Honduras el puesto 133 de 189 países. Este índice mide la esperanza de vida, el acceso a la educación, el servicio de salud, ingresos y desarrollo de los países donde, a nivel latinoamericano, ocupamos los últimos puestos. El fenómeno de la migración, evidente pero a la vez silencioso, ocupo portadas de periódico y comentarios en redes sociales en las últimas semanas desnudando una realidad de la región que nos negamos a enfrentar: las personas están migrando porque sus Estados son incapaces de proveer condiciones y herramientas mínimas para su desarrollo integral con un proyecto de vida digno en sus propios territorios. Una verdad conocida que la sociedad y clase política pareciera dejar a un lado por el individualismo e intereses personales que no corresponden a una visión de país incluyente y participativo.


Las reacciones de rancio nacionalismo, uso de la fuerza e incomprensión no se hicieron esperar. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su publicación sobre “Movilidad Humana: Estándares Interamericanos” establece que el ingreso y la estancia irregular de una persona en un Estado no son delitos penales sino faltas administrativas, estamos ante una persona en situación irregular que debe normalizarse en respeto a su dignidad humana. El término de “ilegal” solo refuerza la criminalización de la persona que ejerce su derecho a migrar. Ninguna persona es ilegal ni criminal por buscar oportunidades para el desarrollo de su persona y familia. Aunado a lo anterior, el “Convenio Centroamericano de libre movilidad” establece que para transitar entre nuestros países únicamente es necesario el documento personal de identificación, desbaratando la falacia de que son migrantes “ilegales o indocumentados” y el rechazo a los mismos.


Pareciera que el derecho humano a migrar en la historia de la humanidad solo es válido en épocas de colonización ò invasión y no es así. La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce que todos y todas tenemos derecho a transitar libremente dentro de nuestras fronteras y fuera de ellas, cumpliendo con los requisitos mínimos establecidos en cada legislación. Al hablar de las grandes injusticias sociales pareciera que se repite lo obvio, pero aún es necesario visibilizar y recordar lo evidente para humanizar nuestro diario vivir. Es de valientes tomar la decisión de abandonar sus raíces, desplazarse a otro lugar para tener la esperanza de vivir con dignidad. ¿Y sus sueños? ¿Sus metas? ¿Es feliz? ¿Es sencillo? No, migrar no lo es. Algunos deciden renunciar a ello para que su familia los cumpla, otros los ha sustituido con esperanza de un futuro mejor y otros, aun añoran conocer la vida que nos contaban los libros y series de televisión. Por el valor, un abrazo a la distancia.

Por Mario Castillo
13 diciembre 2018


[1] Agencia EFE. El número de inmigrantes del Triángulo Norte creció un 25 % entre 2007 y 2015 https://www.efe.com/efe/america/portada/el-numero-de-inmigrantes-del-triangulo-norte-crecio-un-25-entre-2007-y-2015/20000064-3461269

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#FilosofíaOKupaYResiste: Por una universidad pública, crítica y vital.

Kropotkin, dijo en aquel cercano y lejano siglo XIX: hagamos a los otros lo que quisiéramos que hicieran por nosotros en las mismas circunstancias. Tal postulado intentó apelar a las relaciones horizontales basadas en el apoyo mutuo entre las personas. Lejos de la explotación del “Hombre por el Hombre”, este anarquista reivindicaba la solidaridad como el carácter primario que ha de tener cualquier asociación humana. Pero la explotación y subordinación entre las personas producidas por el Estado al forzar y preponderar por la propiedad privada, se encargó de señalar las ideas de Kropotkin como violentas, oscureciendo de paso, todo el ideario de los anarquistas.

Prohudhon, Stirner, Bakunin, el mismo Kropotkin, Malatesta, Weil, Goldman y Armand fueron hijos bastarnos de la ilustración. Hijos porque se atrevieron a pensar lo social en términos de libertad e igualdad –horizontal-, sin instituciones y opresores, sin la heteronomía del “deber ser” civilizado. Bastardos porque sin ser reclamados por la tradición moderna, se apropiaron de la capacidad de autodeterminación individual (producida por la modernidad filosófica) al resignificar sus propias vidas desde la conquista y apropiación de su propio ser, -un ser que aniquilaba, a su vez, de forma negativa al “ego” de la razón y,cualquier institución nacida en la formalización de la racionalidad cartesiana-. En consecuencia, los/las anarquistas nunca olvidaron su ser indómito, incendiario e iconoclasta desde un devenir animal que se levanta contra todo acto, forma o “cuerpos intermedios” (familia patriarcal, iglesia, Estado) de opresión, enajenación y dominación de su mismidad.

Por otra parte, la civilidad, forma contemporánea del civismo liberal moderno, determinó constitucionalmente qué es lo justo, lo bueno y lo correcto para las personas desde la perspectiva lineal ilustrada que se comprendió a sí misma como la mejor manera posible de filosofar, de construir academia, de hacer ciencia, de ver el mundo y vivir conforme a un enfoque privado, sangriento y heteronormativo abanderado por el liberalismo político.
El Estado liberal representa el terror contra la vulnerabilidad de la persona que, como una herida abierta, está condicionada a vivir en medio de actos violentos de represión estatal a su condición más elemental: la corpórea. A la filosofía institucionalizada y determinada por el capitalismo cognitivo jamás le ha interesado salvaguardar la physis, al pensar que, la única forma de reivindicar los discursos filosóficos-políticos es la intelectual, operante en la civilización de la barbarie que aniquila, con su perspectiva omniabarcadora, la otredad disidente que reclama espacios políticos desde la praxis vital y orgánica.

A la filosofía institucional le ha hecho falta reconocer su propia histeria y señalar que su tribunal de la razón es anacrónico e insuficiente para comprender los procesos políticos actuales que no reivindican el discurso probo, sino que procuran la conquista de la vida natural, somática y vulnerable que más fácilmente fue asimilada por la teoría anarquista al proclamar: hagamos a los otros lo que quisiéramos que hicieran por nosotros en las mismas circunstancias - determinar que ese otro piense paralelo a mí-.

Pero, más acá de la escuela política de Occidente, nuestros estudiantes de filosofía de la Universidad de Antioquia, quienes decidieron ocupar una oficina del alma mater desde el pasado siete de diciembre, tomaron acciones para vindicar la vida ante la reducción de los espacios que procura la burocratización y privatización estatal (¿neo?)liberal, en este caso, de la universidad pública convertida en una empresa prestadora de servicios .

Ellos/as, con la actualidad de sus acciones y con el movimiento vital que es impredecible, contingente e intempestivo, escriben una nueva página en la historia del trasegar político –universitario- al ocupar los lugares de agencias, desinstitucionalizando una oficina, despojándola de su actividad mercantil y regresando el espacio a su quehacer universitario de enseñanza/aprendizaje. Por lo tanto, repoblar la universidad con discursos de fuga y acciones políticas, inenarrables por la historia universitaria nacional, es, en primer lugar, revitalizarla desdela imaginación y la capacidad de autoeducar del deseo del estudiantado, quejaquea la inercia institucional con la ocupación corporal de espacios obstruidos por la máquina.

La universidad tiene que recuperar su capacidad de acoger distintos discursos y escucharlos, este era su objetivo en sus inicios. No se puede tachar con discursos que son cortos de vista las acciones honestas del estudiantado que apela por espacios de estudio, investigación y educación para toda la comunidad universitaria. No es una respuesta violenta la que exigen las acciones de los estudiantes de filosofía de la Universidad de Antioquia con su comunicado. Es la capacidad de escucha y diálogo lo que demanda su postura que, a su vez, solicita el ser percibidos, ser comprendidos y buscar soluciones prácticas –y no soloadministrativas- ante las difíciles condiciones de zozobra y violencia estatal que se ciñen sobre su acontecer académico/político.

Nuestra alma mater olvida su origen y se traiciona a sí misma al no escuchar su propia otredad. Invito a cada egresado, profesor, administrativo, estudiante y, en general, a toda la comunidad universitaria a hablar y atender a nuestros estudiantes que apelan a lo público de la universidad pública. No hay que temer a nuestros diletantes de filosofía basados en escrúpulos, como si se tratara de personas ajenas a nuestro entorno. Como lo diría Stirner:
Los escrúpulos son, algo tan vulgar y corriente como el hablar y el conversar. (…) Los escrúpulos vulgares y corrientes van y vienen, pero los escrúpulos sagrados permanecen y son absolutos (dogmas, artículos de fe, principios). Contra ellos se revela el profanador y mide su fuerza contra lo sagrado (…).

El libre pensamiento en su forma más libre es la crítica pura que no descansa ante ningún escrúpulo absoluto. la filosofía se ha levantado innumerables veces contra la tradición para para resistir contra la institucionalidad del pensamiento. Por eso los “luditas filosóficos” -si se me permite llamarles así a los estudiantes que valientemente ocupan su universidad- circunscriben su crítica filosófica a la resistencia de la acción política no violenta sí contestataria, abierta al diálogo, al buen trato y al cuidado de toda la comunidad universitaria de la cual ellos también hacen parte y merecen ser cuidados (no amenazados ni violentados).

Como egresada del Instituto de filosofía de la Universidad de Antioquia, como exprofesora de la misma unidad académica, como filósofa y como librepensadora celebro, respaldo y apoyo incondicionalmente a la ocupación académico/filosófica de la oficina del primer piso del bloque doce de la ciudadela universitaria de la UdeA.

Los estudiantes reconquistan lo que les pertenece: espacios de formación política en la universidad sin condición, pública, crítica y vital que ellos se merecen. #FILOSOFÍAOKUPAYRESISTE

 

 

 

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Domingo, 09 Diciembre 2018 06:07

La represión de Macron agravó la crisis

La represión de Macron agravó la crisis

Museos, teatros, la Torre Eiffel o estaciones de metro cerradas, calles bloqueadas y comercios amurallados con placas de madera, todo estaba listo. Para enfrentar la cólera de su pueblo, el gobierno movilizó a todo su aparato represivo.

París amaneció sitiada por las fuerzas del orden. Desde la mañana, la capital francesa era una ciudad medio fantasma. Museos, teatros, la Torre Eiffel o estaciones de metro cerradas, calles bloqueadas y comercios amurallados con placas de madera, todo estaba listo como si fuera una guerra. Para enfrentar la cólera de su pueblo, el gobierno movilizó a 89.000 fuerzas del orden y terminó arrestando a más de 1300 personas, lo que da más del dos por ciento de personas detenidas o interpeladas brutalmente de forma preventiva. Hubo también más de cien heridos. No faltó ni la policía montada. El Estado puso el mejor aparato represivo que tenía y con él superó varias veces el número de manifestantes: en toda Francia habrá habido entre 120.000 y 135.000 personas contras 89.000 policías. En la capital francesa se desplegaron 8000 efectivos y había 8000 chalecos amarillos. La cuarta jornada de protestas de los chalecos dio lugar a unas cuantas escenas de violencia en París, Marsella, Burdeos o Nantes, pero muy lejos de la escenificación dramática montada por la presidencia francesa y el Ejecutivo. El presidente Emmanuel Macron llegó hasta evocar la posibilidad de gente con armas que venían a “matar”. 

 

El color amarillo de los chalecos reemplazó los adoquines de las revueltas de Mayo del 68. La gente estaba indignada por el montaje policial activado por el gobierno. En la Avenida de los Campos Elíseos y los alrededores, donde se produjeron los enfrentamientos más duros con la policía, el grito masivo “Macron Dimisión” era un coro lleno de ira. Algunas personas que no habían participado en las manifestaciones decían con irritación que este “espectáculo lamentable hizo pasar a Francia a otra cosa que no tiene nada que ver con el Estado de derecho” (Julie, 36 años, profesora de matemáticas). Ante una rebelión que no supo manejar a tiempo, el liberalismo parlamentario recurrió a la represión maciza para salvar su modelo de ajustes, aumentos, desempleo y cargas fiscales sobre las clases medias y populares. “Un poder sin rumbo, “un poder que vacila”, “un poder acorralado”, “un poder sin influencia”, “un poder autoritario”. Los comentarios de los medios de prensa, progresistas o conservadores, recorren todo el pentagrama de las críticas. Francia está aturdida. El presidente Emmanuel Macron se ha convertido en el hazmerreír de la sociedad y de los otros dirigentes del planeta que ahora (lo hizo Trump en un tweet y el turco Erdogan, entre otros) se burlan copiosamente de él. El gran reconciliador, el emérito espadachín contra el populismo rampante tuvo que sacar las tropas a la calle para aplacar el hastío de su sociedad. “Tenemos un presidente que no nos escucha y encima se esconde”, decía rojo de arrebato Michel, un intermediario de productos cárnicos que trabaja en el gran mercado de Rungis, en la periferia de París. Los chalecos amarillos son, de hecho, la minoría que se expresa por los demás y han puesto a Francia en estado de convulsión por el cuestionamiento tan sorpresivo como radical de una línea política que consagra la desigualdad. “El poder al pueblo”, decía una pintada que llevaba un chaleco amarillo con la máscara de Emmanuel Macron. ¿ Revolución ? No, escribe el filosofo Jacky Dahomay en el portal de Mediapart; tal vez Francia se esté dirigiendo hacia “una democracia insurgente”. Los mismos chalecos amarillos están sorprendidos por el perfil de los acontecimientos. Robert, un comerciante del centro de Francia, confiesa que “ni por asomo esperábamos este terremoto. Sólo buscábamos que nos escucharan, que nos comprendieran, que nos vieran de una buena vez por todas. Por eso nos vestimos de amarrillo, para dejar de ser invisibles”. Esa visibilidad ya planetaria conseguida con un chaleco obligatorio que se conserva en la guantera de los autos remite directamente al movimiento zapatista que surgió en México el 31 de diciembre de 1993. Esa noche, liderados por el Subcomandante Marcos, los zapatistas irrumpieron en la política mexicana con la cara cubierta con un pasamontañas. Desde ese momento empezaron a explicar lo que hoy en París dicen los chalecos amarrillos: “Nos cubrimos el rostro para dejar de ser invisibles”.


Ni siquiera los editorialistas y analistas más conocidos de la prensa llegan a interpretar con acierto lo que está pasando. Diagnostican los errores garrafales del estilo de Macron –el presidente que mira con desprecio a los de abajo–o sus incongruentes decisiones como fue la transformación del ISF, el impuesto aplicado a las grandes fortunas, en un impuesto que perdona a los afortunados. Los partidos, que sea la extrema derecha, la derecha y la izquierda radical, menos aún. Están más preocupados en validar sus propias retóricas pegándose a los chalecos amarillos que en comprender sinceramente qué le está diciendo a Francia este volcán. Fuera de un pequeño grupo de universitarios que estudió los territorios del país, casi nadie conocía las dolencias de esa mal llamada por todos “Francia invisible”. No es un movimiento obrero, ni un núcleo sindical, no son funcionarios públicos, ni desempleados, ni comerciantes. Empezaron impugnando en las redes sociales el aumento del gasoil y acabaron destruyendo al macronismo, aunando a parte de la sociedad y, al final de cuentas, protagonizando la primera revuelta fiscal de la historia moderna. En París y otras ciudades, la extrema izquierda comparte la calle con la ultra derecha. El gobierno anuló los aumentos previstos para el próximo año sin conseguir que los chalecos amarillos volvieran a casa. Ni los mismos chalecos amarillos son capaces de designar a un representante. Su diversidad ideológica y geográfica es muy amplia. ¿Permanecerán como actores de la tormenta o se retirarán con el paso de los días ?. Una incógnita. Han dejado, no obstante, una herida abierta en el corazón del macronismo. La idea del equipo presidencial de presentarse en las elecciones europeas de mayo próximo con el hilo conductor de que Macron era el muro exquisito contra los populismos, el abanderado de la globalización y liberal se hizo añicos. Nadie creerá en ello. Y las dos otras reformas de peso que estaban en la carpeta presidencial constituyen desde ya dos bombas de tiempo: la reforma del sistema de pensiones y la protección social.


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Viernes, 07 Diciembre 2018 06:04

"Ellos" se preparan. Nosotros...

"Ellos" se preparan. Nosotros...

Semanas atrás el escritor y profesor de cultura virtual Douglas Rushkoff publicó un artículo titulado "La supervivencia de los más ricos y cómo traman abandonar el barco" (goo.gl/qo3erX). Me parece necesario reflexionarlo, ya que relata el encuentro entre uno de los principales teóricos del cyberpunk y un pequeño grupo de empresarios multimillonarios, en el cual revelan en qué están pensando y cómo piensan salir adelante ante el mundo que se nos viene.

Frente a cinco varones superricos, “de las altas esferas del mundo de los hedge funds”, Rushkoff pudo descubrir pronósticos y propuestas de estas personas a las que habitualmente no tenemos acceso. Lo acribillaron a preguntas.

"¿Qué región se vería menos afectada por la crisis provocada por el cambio climático, Nueva Zelanda o Alaska? ¿Realmente Google está construyéndole a Ray Kurzweil un hogar para albergar su mente? ¿Logrará su conciencia sobrevivir a la transición, o por el contrario perecerá y renacerá una completamente nueva?"

El director general de una agencia de bolsa, que está construyendo un búnker, le lanzó una pregunta tan inteligente como angustiada:"¿Cómo conseguiré imponer mi autoridad sobre mi guardia de seguridad después del acontecimiento?"

El escritor explica: “El acontecimiento. Este era el eufemismo que empleaban para el colapso medioambiental, la agitación social, la explosión nuclear, la propagación imparable de un virus o el momento en que el hacker de Mr. Robot acabe con todo”.

Rushkoff explica que los superricos son conscientes de que necesitarán guardias armadas para "proteger sus instalaciones de las masas encolerizadas". Pero no tienen claro cómo les van a pagar "cuando el dinero ya no valiera nada". Ni cómo van a proteger sus abastecimiento de alimentos. En suma, están buscando protegerse ante el "cambio climático, el aumento de los niveles del mar, los grandes flujos migratorios, las pandemias globales, el pánico nacionalista o el agotamiento de los recursos".

Hasta ahí los puntos centrales del artículo, que cada quien puede analizar y, en todo caso, llegar a conclusiones distintas. Es cierto que se puede concluir que estos muy ricos padecen ciertas dosis de paranoia y de alucinaciones sobre el futuro. Sin embargo, si han llegado a ese lugar es porque algo saben del mundo que nosotros no debemos ignorar. Creo que hay dos temas de fondo.

El primero es que piensan en el largo plazo, hacen proyecciones sobre el futuro, analizan riesgos y buscan soluciones. Como decía Fernand Braudel, la clase dominante tiene informaciones privilegiadas que le permiten tomar decisiones que la benefician.

La segunda es que toda su reflexión gira en torno al "acontecimiento"; el caos sistémico inminente en que el estamos ingresando, para que ese momento no los tome desprevenidos, para tener "plan B", alternativas reales y no quedar atrapados sin salida.

Ciertamente, las salidas que buscan son tremendas, como preparar un futuro post-humano, o la colonización de Marte, subir sus mentes a supercomputadoras o un futuro digital para superar la condición humana, sin depender de sentimientos como la compasión y la interdependencia, para asegurarse la supervivencia. No tienen el menor apego a la ética de la vida.

Creo que los movimientos antisistémicos podemos aprender algo de estos maquiavélicos multimillonarios. Veo tres aspectos centrales.

El primero es la necesidad de comprender que el "acontecimiento", la "tormenta" como señalan los zapatistas, está en el horizonte. El fin de cada sistema-mundo ha sido así. La caída de Roma, el declive del feudalismo y el ascenso del capitalismo cuando la peste negra mató a dos tercios de la población europea; las dos guerras mundiales del pasado siglo que enterraron la hegemonía británica.

Lo segundo, es que planifican salidas ante una situación apocalíptica. Elon Musk dice que es poco probable que no haya una nueva guerra mundial y nuclear. El magnate tiene un solución: "Una base lunar y otra en Marte tal vez podrían ayudar a regenerar la vida aquí en la Tierra" (goo.gl/NpoFVz). Dirán que son delirios, pero no debemos ignorar lo que piensa la clase dominante.

No quiero entrar en el debate sobre las propuestas concretas de los ricos, sino reflexionar sobre la necesidad de construir salidas entre los abajos. Ellos no confían ni en el Estado, ni en los monopolios que controlan, ni siquiera en sus guardas privados. Buscan la autonomía, individualista claro, porque piensan sólo en ellos.

Lo tercero es que las soluciones colectivas que involucren a pueblos enteros son mucho más complejas que las salidas individualistas para un pequeño núcleo. Esa es nuestra responsabilidad y es tremenda.

Por lo que veo a mi alrededor, las y los de abajo estamos "entretenidos" mirando la televisión, jugando con los celulares, votando cada varios años y aplaudiendo al salvador de turno. Sólo algunos pueblos originarios, algunos grupos de mujeres y de jóvenes, están trabajando para un futuro de autonomía y dignidad.

 

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La Francia que Macron sedujo lo cuestiona hoy al rojo vivo

En apenas un año Macron pasó de ser un joven educado y nuevo a un hombre con una arrogancia monárquica. Los chalecos amarillos ganan apoyos en la calle: estudiantes, agricultores y camioneros van a sumarse a las protestas.


La República tiembla. 89.000 fuerzas de orden desplegadas (8.000 en París), 12 blindados en circulación, teatros y espectáculos públicos retrasados, museos cerrados, la Torre Eiffel clausurada, partidos de fútbol aplazados y centenas de interpelaciones, los chalecos amarillos pusieron a Francia en un estado de alerta global ante la perspectiva de la manifestación convocada para este sábado 8 de diciembre por ellos y otros sectores opuestos al presidente Emmanuel Macron. Los claros gestos de apaciguamiento asumidos por el Ejecutivo cuando accedió en dos tiempos a la exigencia central de los chalecos amarillos no bastaron para desmovilizar este magma de bronca social que estalló hace unas semanas. El gobierno decidió primero suspender el aumento del gasoil, de la luz y la electricidad por un período de 6 meses y luego lo amplió a todo el año 2019.


Las posturas de quienes tienen la intención de reclamar una modificación substancial de las políticas del poder político no se modificaron. Tanto el presidente Macron como su primer ministro, Édouard Philippe, intervinieron en varios planos con el fin de aplacar el fuego. El responsable del Ejecutivo hizo un llamado a “la responsabilidad de todos los actores del debate público, dirigentes políticos, sindicales, editorialistas, ciudadanos”. Philippe agregó que lo que estaba en juego era “la seguridad de los franceses y no la de las instituciones”. A las protestas del sábado organizadas por los chalecos amarillos se le agregan las manifestaciones previstas el mismo día (en otro recorrido) en el marco de la movilización internacional por la justicia climática.


Con justa razón ente lo ocurrido en París y otras ciudades en las manifestaciones que tuvieron lugar durante las últimas dos semanas, la Presidencia y el gobierno temen que la violencia llegue a los extremos. El mismo mandatario francés evocó la existencia de “un núcleo duro de varios miles de personas” capaces de venir a la capital francesa “para romper y matar”. Los chalecos amarillos sumaron apoyos no sólo en los sondeos sino también en la calle: estudiantes, agricultores y camioneros piensan sumarse a las manifestaciones. La dramatización del miedo responde a la densidad de la bronca observada en París el pasado fin de semana y a la posición intransigente de algunas cabezas de los chalecos amarillos.

Una de sus figuras más visibles, Eric Drouet, convocó a “tomar el Palacio del Elíseo” (la sede de la presidencia francesa). De hecho, es le convergencia de varias oposiciones y el protagonismo violento de las extremas derechas, de las extremas izquierdas así como la radicalización de algunos chalecos lo que ha tornado la perspectiva muy complicada. Según una nota interna de los servicios de inteligencia revelada por los medios, existe una “movilización de la extrema derecha que sueña con la revolución, otra de la extrema izquierda que pregona la insurrección” mientras que hay “una franja de los chalecos amarillos que se radicalizan en la violencia y la política”. El temor a actos desmedidos condujo a los sindicatos a intervenir en los llamados al normalidad. Las tres grandes centrales sindicales, la CFDT, CGT y FO, difundieron un comunicado en el que le piden al gobierno que atienda las demandas sociales y “garantice de una buena vez por todas negociaciones reales”.


El diálogo se ha perdido entre cielos obscuros. Francia parece saltar más allá de los cuestionamientos de una medida y de una política para instalarse en una suerte de repudio tajante de su presidente. Hay, también, una confusión asombrosa entre muchos jóvenes de la sociedad civil. PáginaI12 habló con un grupo de jóvenes que discutían en un café sobra las manifestaciones del sábado. Ante las imágenes de un Porsche incendiado, los jóvenes mostraron su total desacuerdo con que se incendiara un auto que un “señor pagó de su bolsillo”.

En cambio, estaban totalmente de acuerdo con que se destruyeran y saquearan los símbolos de la República, las paradas de colectivos, las estaciones de Metro, los semáforos y las calles. A Emmanuel Macron se le dio vuelta el cuadro. La Francia que él sedujo en apenas un año, la que lo admiró y llevó a la presidencia, ahora lo cuestiona con niveles de irritabilidad al rojo vivo. En 2017, Macron se vistió con el traje del hombre providencial que había salvado a Francia del populismo y la extrema derecha. Era joven, educado y nuevo. En 2018 aparece en cambio como un hombre testarudo, aislado entre bancos y lobbies, ignorante de las problemáticas de las clases pobres y de una arrogancia monárquica. Una columna-llamado publicada por Atac, la fundación Copérnico y firmada por decenas de sindicalistas, intelectuales, artistas e investigadores sintetiza la certeza polémica que el jefe del Estado instaló en el corazón del país. El movimiento de los chalecos amarillos “se caracteriza por su auto organización horizontal y plantea la exigencia de una democracia real contra una presidencia autoritaria y despreciativa”. En un chispazo repentino y casi sin aviso, el macronismo perdió lo que había conquistado en el póker político. Las imágenes difundidas en las redes sociales que muestran la dureza de la policía arrestando como delincuentes a jóvenes bachilleres movilizados contra Macron no hacen sino contribuir a asentar la idea de un poder vertical y autoritario. El ex banquero que en 2017 entendió a los electores, en 2018 dejó de entender a su país y, este, se lo hace saber.


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Detenidos en Francia más de 700 estudiantes de secundaria por protestas

Más de 700 estudiantes de secundaria fueron detenidos para ser identificados por la policía en Francia, al cumplirse la cuarta jornada consecutiva de movilización, con incidentes en todo el país, indicó una fuente en el Ministerio de Interior.


Cerca de 280 institutos de secundaria se vieron perturbados, de los cuales 45 fueron totalmente bloqueados por los estudiantes, según la misma fuente.


El Gobierno del presidente francés, Emmanuel Macron, redoblaba sus esfuerzos este jueves para evitar un nuevo estallido de violencia en las protestas de los “chalecos amarillos” previstas para el sábado, en un clima de descontento general que se extiende a otros sectores.


Las convocatorias a manifestar el sábado proliferaban en las redes sociales, despertando temores entre las autoridades de que se repitan las escenas de caos que dieron la vuelta al mundo el fin de semana pasado.


Para prevenir nuevos desmanes, las autoridades instaron a todas las tiendas y restaurantes de la avenida de los Campos Elíseos a cerrar sus puertas el sábado. La Torre Eiffel, la ópera de París y una decena de museos de la capital, incluyendo el Grand Palais y las Catacumbas, tampoco abrirán al público.


Los cierres preventivos no se limitaban a la capital. En Burdeos, donde se produjeron también choques violentos la semana pasada, la Alcaldía anunció el cierre de una decena de museos.


Gobierno de Francia moviliza medios excepcionales ante manifestaciones


El primer ministro francés, Edouard Philippe, instó esta jornada a mantener la calma en todo el país y anunció la movilización de medios excepcionales para controlar las manifestaciones de los llamados chalecos amarillos el próximo sábado.


Según precisó, los efectivos y recursos se sumarán a los más de 65 mil agentes desplegados en la nación europea, escenario de multitudinarias manifestaciones contra la gestión del presidente Emmanuel Macron.


Philippe pidió realizar los esfuerzos necesarios “para preservar la República” y solicitó a los chalecos amarillos no realizar demostraciones en París, donde -dijo- grupos extremistas promueven la violencia.


Al acercarse el cuarto sábado consecutivo de demostraciones, el Gobierno intentó aplacar a los ciudadanos con la suspensión de medidas como el alza de los precios del combustible.
No obstante, según medios locales, las convocatorias a nuevas acciones aumentan en las redes sociales.


Además, continúan paralizados cientos de colegios, cuyos estudiantes y maestros exigen el respeto a sus derechos y un mayor acceso a la educación .


Bajo presión desde el 17 de noviembre, la dirección del país teme que las protestas no puedan ser controladas y que se repitan los sucesos de los últimos días, cuando cientos de personas fueron arrestadas y más de 200 resultaron heridas.


En un inicio, las manifestaciones fueron organizadas para denunciar el incremento de los costos del combustible, pero después se convirtieron en tribuna de otras demandas como la reducción de los impuestos en general, el acceso igualitario a la seguridad social y el aumento de los pagos por jubilación.


Los participantes también piden el respeto a los derechos de los trabajadores, el fin de la política de austeridad y la protección a los migrantes.


Un estudio divulgado por el diario Le Fígaro apunta que Macron cuenta con el respaldo de sólo el 21 por ciento de los ciudadanos, frente al 64 registrado al comienzo de su mandato.


(Con información de AFP/ Prensa Latina)

6 diciembre 2018 

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Evo Morales será candidato en Bolivia pese a haber perdido la consulta sobre la reelección

Carlos Mesa, expresidente y aspirante opositor, califica la decisión del tribunal electoral de "herida de muerte a la democracia"

En medio de críticas y protestas de la oposición, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Bolivia inscribió el martes por la noche a los candidatos Evo Morales y Álvaro García para optar a un cuarto mandato en las elecciones de octubre de 2019. Los opositores buscaban que la autoridad electoral impidiera esta inscripción basándose en la Constitución, la cual limita la cantidad de veces que los primeros mandatarios pueden ser reelectos, y en el resultado del referendo del 21 de febrero de 2016, el cual rechazó una reforma propuesta por el oficialismo y destinada a eliminar la limitación constituciona sobre la reelecciónl.


Dos vocales del Tribunal Electoral votaron según este argumento y en contra de la inscripción de Morales y García Linera. Pero otros cuatro vocales la autorizaron, lo que fue calificado por el principal candidato opositor, el expresidente Carlos Mesa, como “una herida de muerte a la democracia”. Otros líderes opositores hablaron de un “golpe de Estado” institucional y del comienzo de una “dictadura” en Bolivia.


El oficialismo justifica la nueva postulación de sus candidatos, que gobiernan el país desde 2006, en un fallo del Tribunal Constitucional, el cual estableció la suspensión de las limitaciones constitucionales a la reelección con el argumento de que las mismas coartan el “derecho humano” de todo ciudadano a elegir y ser electo. Evo Morales ha manifestado que perdió el referendo de 2016 por culpa de una “mentira” respecto a sus relaciones con una exnovia que fue procesada por enriquecimiento ilícito. García Linera recordó hace poco que la diferencia en dicho referendo fue muy estrecha (51% dijo “no”y el 49% “sí” a la reelección), por lo que no se está obrando “contra el pueblo”, y, en una entrevista con este periódico, señaló que para el movimiento popular y los indígenas prescindir de Evo “sería un suicidio político”, ya que este carismático líder encarna el proceso de acumulación de fuerzas que la izquierda boliviana viene realizando desde 2006.


Varias protestas callejeras y marchas de largo aliento se vienen realizando para rechazar esa decisión y mañana está convocado un paro laboral en las principales ciudades en contra de la participación de Morales en unas elecciones en las que -por lo que se sabe hasta ahora- enfrentará a siete frentes opositores.

Por Fernando Molina
La Paz 5 DIC 2018 - 18:46 COT

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Una de cada tres jóvenes latinoamericanas no estudia ni trabaja

Las 'ninis' suman 12,5 millones de mujeres de entre 15 y 24 años, según un estudio de la fundación chilena Espacio Público

Las mujeres jóvenes latinoamericanas que no estudian ni trabajan, las llamadas ninis, llegan a unos 12,5 millones, el 27% de la población total, según el estudio Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar? que se presentará este jueves en Santiago de Chile. Los hombres son unos 7,5 millones, o el 14%. El fenómeno de los ninis "es altamente femenizado", indica la investigación para la que se encuestaron a 15.000 individuos de entre 15 y 24 años en Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Haití, México, Paraguay, Perú y Uruguay. "En todos los países, la proporción de mujeres que no están insertas ni en el sistema educativo ni el mercado laboral más que duplica a la fracción de hombres en esa situación", indica el proyecto de la fundación Espacio Público (Chile), financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá.


Las brechas de género se disparan en algunos países. En México, un 34% de las jóvenes son ninis, pero la cifra baja al 15% para los hombres. En El Salvador, las mujeres nini representan el 30%, contra el 18% de los varones. En Brasil, las ninis representan un 28% del total, 10 puntos más que los hombres. "El embarazo adolescente en las mujeres es fundamental para explicar el fenómeno. América Latina tiene tasas altas, aunque se han ido reduciendo en el tiempo", explica la chilena Andrea Repetto, investigadora y coeditora del estudio. "A diferencia de los hombres, que entran y salen de trabajar, las mujeres son ninis en forma permanente, porque algo se los impide", agrega.


El informe indica que la mayoría de los jóvenes que tuvieron hijos en la adolescencia es nini y solo un porcentaje pequeño se dedica exclusivamente a estudiar. "Las estadísticas recopiladas por la encuesta revelan, asimismo, que quienes tuvieron hijos tempranamente y solo trabajan, son principalmente hombres, mientras que aquellos que tuvieron hijos en la adolescencia y hoy no estudian ni trabajan, son en su mayoría mujeres", señala el libro.


Cuando en la región apenas se cuenta con información de calidad sobre este sector de la población, la investigación aporta datos relevantes para poder integrarlos. De acuerdo a Repetto, los millennials son objeto de prejuicios y estereotipos. "Si se escribe en el buscador la frase 'los millennials son', aparece sugerencias como 'la peor generación', 'estúpidos' o flojos", ejemplifica. La investigación derriba mitos: "Como que los ninis son jóvenes que se despiertan a las dos de la tarde, miran su celular y no tienen nada que hacer durante el día". La economista dice que, por el contrario, "duermen la misma cantidad de horas que el resto".


El estudio indica que, del total de ninis, un 31% está buscando trabajo (sobre todo hombres), un 64% se dedica al cuidado de familiares (principalmente mujeres) y casi todos realizan labores domésticas o prestan ayuda a los negocios de sus familias (95%). "Son personas que no son activas en el mercado laboral, pero son activas en realizar acciones valoradas por sus respectivos entornos. Las mujeres están en la casa, haciendo labores domésticas, cuidando a otros", agrega Repetto.


El estudio ofrece una radiografía de la situación de los jóvenes ante un mercado de trabajo desafiante. Con la intención de analizar si esta nueva generación está suficientemente formada para los retos –el tsunami tecnológico, la llegada masiva de los robots y el crecimiento imparable de la inteligencia artificial, entre otros– se midieron las habilidades cognitivas de los nacidos en la región entre 1993 y 2004. Los resultados no fueron del todo alentadores, porque muestran un regazo importante: alrededor de 80% no habla inglés con fluidez y un 40% de los millennials latinoamericanos no es capaz de realizar cálculos matemáticos sencillos y útiles para la vida diaria, como repartir un monto de dinero en partes iguales. El país con peor desempeño en este último punto es Brasil –"es curioso, porque tiene una educación obligatoria más larga, pero los jóvenes desertan", dice Repetto–, mientras que el mejor es Colombia.


A nivel general latinoamericano, nuevamente aparece la brecha de género: "Las mujeres no tienen diferencias en lenguaje con los hombres ni en habilidades espaciales, pero sistemáticamente les va peor en matemáticas", señala Repetto.


México, El Salvador y Brasil, a la cabeza


El estudio busca conocer qué hay detrás de la elección entre el ingreso al mercado laboral o permanecer en el sistema educativo. El panorama no es del todo desalentador. Aunque un 20% de los millennials son nini –México, El Salvador y Brasil lideran las cifras regionales–, un 41% estudia, el 21% trabaja y el 17% realiza ambas actividades. Respecto de las habilidades cognitivas, los jóvenes presentan deficiencias en matemáticas o inglés, pero tienen grandes destrezas para el uso de tecnologías digitales (a excepción de Haití).
En relación a las habilidades socioemocionales –porque el estudio mide este tipo de variables, menos convencionales–, los millennials latinoamericanos muestras altos niveles de autoestima, autoeficacia y perseverancia. Entre los nueves países estudiados, Colombia presenta los mejores índices, mientras que Haití, los más bajos.


Dada la radiografía sobre este grupo de la población –100 millones de personas en la región tienen entre 15 y 24 años y 20 millones de ellos son ninis–, los autores realizan varias recomendaciones a los gobiernos para su integración productiva en la sociedad. "Sobre la calidad de la educación, debemos organizar el sistema de forma distinta para obtener el aprendizaje que los jóvenes no están logrando en Latinoamérica. Que a los 20 años no sepan dividir, es un problema", señala Repetto. "Pero resultaría interesante diseñar políticas públicas a la luz de la información que hemos encontrado. Por ejemplo: si los millennials tienen habilidades tecnológicas desarrolladas y dificultades para salir de la casa, entonces, ¿por qué no les ofrecemos módulos de formación a través de mecanismos digitales?", propone.

Por Rocío Montes
Santiago de Chile 5 DIC 2018 - 02:35 COT

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Revuelta de chalecos amarillos derrumban el anacrónico neoliberalismo de Macron

Los gasolinazos son inflamables en las democracias occidentales, más en La era de los pueblos, libro del fogoso político francés Jean Luc Mélenchon, que hoy se expresa con la insurrección de los "chalecos amarillos".

En caso de problemas en las carreteras, la ley francesa obliga a portar los ya célebres "chalecos amarillos" que se han vuelto el estandarte corporal de la Francia rural y sus suburbios (https://nyti.ms/2Sv0gH4).

El único que no vio venir la insurrección fue Macron. Inclusive, durante su altisonante querella con el presidente de EU, Trump en forma insolente le hizo notar su muy baja aceptación, de solamente 21 por ciento, en medio del desempleo y la inseguridad (http://bit.ly/2EejWeX).

Una mujer, Priscillia Ludosky, al sudeste de los suburbios de París, lanzó en mayo una petición por Internet exhortando a la disminución del precio de la gasolina: ya estaba incubada la semilla de la revuelta y cinco meses más tarde Éric Drouet, conductor de camiones, circuló la petición con sus amigos en Facebook.

La petición pasó súbitamente de 700 a 200 mil y siete meses más tarde 1.15 millones de firmantes cuentan con el apoyo, según las encuestas más recientes, de 72 por ciento de la opinión publica francesa (http://bit.ly/2SsF7xe).

No faltan quienes exigen la renuncia de Macron.

Los contestatarios aducen que Macron, quien padece xantofobia (fobia al color amarillo), gobierna para la bancocracia a la que beneficia con sus reformas neoliberales, mientras perjudica al "francés promedio" con elevados impuestos.

Le Monde enuncia que el "ejecutivo recula para intentar salir de la crisis". El primer ministro Édouard Philippe anunció el "congelamiento (sic)" de las medidas impopulares (https://lemde.fr/2EhCFqa), mientras Macron esconde su cabeza como avestruz.

La oposición ha sido feroz: exige la disolución de la Asamblea y nuevas elecciones.

Le Figaro comenta que la oposición multicolor fustiga las medidas del gobierno de Macron: "es muy poco" o "es muy tarde" (http://bit.ly/2Ee8Tmf).

Patrice-Hans Perrier, del portal DeDefensa.org asevera que los "chalecos amarillos" han puesto a Macron en peligro” cuando "la Francia que se levanta temprano (léase:la clase trabajadora y los campesinos) apoya en forma masiva un movimiento de insurrección que traduce la miseria de la gente". Cabe señalar que la insurrección amarilla ya alcanzó Bruselas.

atrice-Hans Perrier afirma que "el presidente Macron, sordo y ciego frente al gruñido popular, se refugió en un mutismo de circunstancia", mientras los "chalecos amarillos" piden la cabeza del "rey de la banca".

Macron –anterior funcionario de la banca Rothschild y zelote del neoliberalismo agónico por doquier– pontifica al mundo en cómo conducirse, mediante su absurda semiótica entre "nacionalismo" versus "patriotismo", con tal de favorecer a su decadente globalismo.

El promotor del Brexit, Nigel Farage, opera un diagnóstico demoledor de la delicuescencia de "Occidente": "Existe una inmensa división en todo el mundo occidental. En los últimos 20 años la brecha entre ricos y pobres se profundizó conforme las élites globales ignoraron preocupaciones genuinas. Brexit, Trump, Italia y ahora estas revueltas en Francia sucedieron debido a que la gente común desea sentir que tiene algo de poder sobre su propio futuro" (http://bit.ly/2EeJKrx). Le faltó agregar Occupy Wall Street.

Nigel Farage fustiga a Macron de estar desconectado con sus propios ciudadanos y comenta que no se veía en Francia una violencia de tal magnitud desde la revuelta estudiantil de 1968: "Macron, el gran globalista, el anterior banquero de inversiones que raramente abandona París, pontificando al mundo sobre el calentamiento global o sobre el libre movimiento de las personas", mientras "está ocupado con la política global, y desconectado completamente de la gente común. Macron es el presidente de los ricos y no de los pobres. Necesita pensar también en los pobres".

La crítica del británico Nigel Farage es significativa porque refleja el choque universal entre globalistas y nacionalistas (http://bit.ly/2EezuQe).

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