Miércoles, 17 Octubre 2018 06:21

Transición justa: los sentidos verdaderos

Transición justa: los sentidos verdaderos

En el mes de septiembre 2018, representantes de los movimientos de base más significativos de Estados Unidos se reunieron en San Francisco, en una semana de protestas, debates, talleres, manifestaciones artísticas, encuentros, reuniones, marchas. Le llamaron la semana de “Solidaridad para las Soluciones”. El momento y lugar fue para manifestarse contra las propuestas de la Cumbre Global de Acción Climática (CGAC), convocada por Jerry Brown, actual gobernador de California.

 

Pero lo que se manifestó fue mucho más que eso. Fue una muestra, apenas un pedacito, de un movimiento profundo y diverso que crece desde abajo, en el Estados Unidos que usualmente no sale en los medios de comunicación masivos. Fue por unos días respirar que la normalidad cambiaba de sentido en las calles y encuentros, y que la solidaridad, la auto-organización, la autogestión, la diversidad de lenguas, colores y pensamientos convergían para fortalecer cada lucha, cada construcción local y también internacional. Pero no fue solo por el hecho de encontrarse, hay algo más profundo y más sólido que anima estos movimientos y que no empezó ni terminó en esta semana. Se trata de un cuestionamiento sistémico profundo que se enriquece en los intercambios.


La convocatoria fue organizada por la alianza de movimientos “It takes roots”, que reúne a la Red Ambiental Indígena, la Alianza de Organizaciones de Base por la Justicia Global, la Alianza por la Justicia Climática y los movimientos por el derecho a la ciudad. (Indigenous Environmental Networ (IEN), Grassroots Global Justice Alliance (GGJ), Climate Justice Alliance (CJA); Rigth to the city )


Son cientos de organizaciones locales de base, barriales, comunitarias, artísticas, de comunidades y pueblos indios, de comunidades negras, feministas y de géneros, asociaciones de migrantes de ahora y de antes, de lucha urbana y rural, de trabajadores del campo y la ciudad. Son los que de Alaska a Arizona sufren y resisten la contaminación, la devastación y las injusticias ambientales, sociales, raciales, económicas, políticas, de género, culturales e históricas. Un movimiento que tiene raíces más allá de fronteras y se une a otras raíces similares en otros países.


Al territorio Ohlone ocupado –sobre toda la bahía de San Francisco– llegaron organizaciones desde todo Estados Unidos, y también organizaciones aliadas de Canadá, Puerto Rico, México, Brasil, Ecuador, Mozambique, Filipinas, Uruguay, Nicaragua, Suiza, Alemania, entre otras. Se pueden ver videos, fotos documentos y del encuentro en los sitios de las organizaciones y en It takes roots.


El nombre de esta alianza de movimientos: “Se necesitan raíces”, comenzó como una coordinación en temas de justicia climática. “Se necesitan raíces para aguantar la tormenta”. Ahora lo ampliaron a “Se necesitan raíces para crecer la resistencia”.


En esta semana, se trataba efectivamente de contestar las falsas soluciones que planteó la Cumbre Climática (CGAC), en la cual el gobernador Jerry Brown –que se opone a Trump en su negación del clima– aparece como el sector que sí quiere enfrentar al cambio climático. Pero, como describe Cynthia Mellon, de la Alianza por Justicia Climática, lo que allí se discutió es como favorecer el capitalismo verde, con más mercados de carbono, más tecnologías de las trasnacionales para hacer negocios con la crisis climática, incluso las más extremas como geoingeniería, que amenaza con experimentos en varios territorios indígenas de Estados Unidos.


“No podíamos dejarlo pasar”, dice Jaron Browne de GGJ. “Las comunidades y la gente de nuestros movimientos están en situaciones realmente críticas, con la contaminación por la explotación, producción y uso de petróleo, gas, carbon, fracking, sumado a la desocupación y la persecución a los migrantes. No tenemos tiempo para perder, dejando que parezca que las falsas soluciones van a resolver algo, cuando nada va cambiar.”


Pero además de una resistencia constante y organizada, estos movimientos respiran mucho más, y más aún cuando están juntos. No en vano le llamaron encuentro de “Solidaridad para las Soluciones”: es vasto el arcoíris de propuestas y realidades alternativas y autogestionarias. El nivel de organización, de preparación para las acciones y protestas es notable y refleja mucha experiencia colectiva acumulada y compartida. Igualmente es notable el nivel de horizontalidad y descentralización coordinada, la presencia tranquila de la experiencia unida a la energía de la juventud en una coordinación que claramente exigió mucho esfuerzo y trabajo, pero que al momento de actuar parece un río que se desliza sin tropiezos. Más notable aún, es no se trata sólo de organización para la resistencia. En el día de discusión en talleres, presentaron experiencias de muchos tipos que ya están ocurriendo. Desde cooperativas y comunidades intencionales a organizaciones económicas, educativas, de salud, de solidaridad con migrantes y las y los que sufren persecución de género.


La convergencia de pueblos y movimientos indígenas, negros, migrantes, feministas, trabajadoras y trabajadores se manifiesta, entre otros, en el concepto de justicia ambiental y justicia climática. Un concepto permea en todas las organizaciones: transición justa.


“Es un concepto que viene de los trabajadores de las industrias contaminantes”, explica Cynthia Mellon, que es antes de ser parte del equipo de CJA fue por años activista barrial en Newark, en el Ironbound Community Corporation, donde viven todo tipo de resistencias colectivas a la devastación de salud y ambiental de trabajadoras, trabajadores y vecinos. “Hay una crítica a las industrias contaminantes, las de combustibles fósiles que causan el cambio climático, pero las y los trabajadores no pueden quedar desocupados, entonces la demanda comenzó como una “transición justa” para crear otras fuentes de trabajo”.


Pero el concepto creció y se enriqueció enormemente en el encuentro de todos estos movimientos. Fue un diálogo construido desde la realidad de las comunidades y barrios obreros, en encuentro con las organizaciones de migrantes, feministas y de género, con los pueblos indígenas y comunidades negras. En ese diálogo acuñaron el marco de la justicia ambiental y la justicia climática, que incluye la transición justa.


Al concepto de solamente demandar transición justa para trabajadores, le sumaron muchos otros. Según Jaron, la transición justa debe ser hacia una economía feminista y regenerativa. Una economía que cuestione el patriarcado, aspecto fundamental del capitalismo, que integre la diversidad, la autogestión y también que recupere la relación con la naturaleza, el ambiente, el agua, el aire.


Para la Red Ambiental Indígena, la “transición justa” es la que lleva a los pueblos a la autonomía y sus culturas y territorios. Una transición que no se trata de integrarse a la economía capitalista, sino que integra la soberanía, la responsabilidad y la acción transformadora, en una relación que vuelva a integrar a todas y todos, en comunidad, con la Madre Tierra y el Padre Cielo. Un ejemplo de esta transición lo representan de manera extraordinaria las acciones de las comunidades navajo en Black Mesa Water Coalition, que inició con jóvenes hopis y navajos para defender el acuífero navajo y que en lugar de esperar a que alguien solucionara su futuro en una zona de devastación por las mineras y la explotación de carbón, lograron parar grandes projectos contaminadores, pero también establecieron varias cooperativas y pequeñas empresas de energías solar y formas de valorizar las actividades tradicionales de trabajar textiles y otras.


Agrega Cynthia, “la transición justa es un principio, un proceso y una práctica. No se trata solamente de las demandas, también del proceso de discusión y de relación para entender el sistema del cual queremos salir, y discutir con respeto y en colectivo lo que queremos construir. Es un proceso completo de cuestionar los modos de producción y de consumo, es una relación de construcción de comunidad. La transición justa en sí misma tiene que ser parte de donde queremos ir y cómo”.

 

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Viernes, 12 Octubre 2018 06:11

La urgencia de buscar nuevos caminos

La urgencia de buscar nuevos caminos

La abrumadora votación que recibió Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, que lo colocan en las puertas de la presidencia, son una buena oportunidad para que las personas de izquierda reflexionemos sobre la necesidad de transitar nuevos caminos. No alcanza, por tanto, limitarse a denunciar lo que ya sabemos: el carácter militarista, autoritario y ultraderechista del candidato. Hay que explicar porqué medio país lo vota y qué implicaciones tiene para el proyecto emancipatorio.

Brasil vive una profunda fractura de clase, de género y de color de piel que se expresa de forma nítida en los partidos de la derecha, que han delineado sus objetivos de forma clara y transparente: quieren instalar una dictadura pero manteniendo el sistema electoral. La izquierda cree en una democracia inexistente, asentada en una imposible conciliación de clases. Si Bolsonaro es fascista, como dicen el PT y sus intelectuales, debemos recordar que nunca fue posible derrotar al fascismo votando. Hace falta otra estrategia.

La otra es la fractura geográfica: un país dividido entre un sur rico y blanco y un norte pobre y negro/mestizo. Lo curioso es que tanto el PT como los principales movimientos sociales nacieron en el sur, donde tuvieron algunos gobiernos estatales y municipales. Esa región es ahora el epicentro del hondo viraje hacia la derecha, con claro contenido racista y machista.

Debemos explicarnos las razones por las cuales las élites y las clases medias acomodadas han producido este fenomenal viraje, desertando de su partido preferido, la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso, hacia Bolsonaro. Han abandonado la democracia y apenas conservan las elecciones como máscara de la dominación.

La razón principal la explica el filósofo Vladimir Safatle. "Brasil llega a 2018 con dos de sus mayores empresas siendo públicas, así como dos de sus mayores bancos. Además, con un sistema de salud que cubre a 207 millones de personas, gratuito y universal, algo que no tiene ningún país con más de 100 millones de habitantes" (goo.gl/KRX6EE). Agrega que las universidades no son sólo para las minorías ricas y concluye que "Brasil llega a los días actuales en una situación muy atípica desde el punto de vista del neoliberalismo".

El autoritarismo es el modo de imponer la agenda que necesitan el sistema financiero, el agronegocio y las mineras para seguir acumulando riqueza en un periodo de crisis sistémica. No lo pueden hacer sin reprimir a los sectores populares y criminalizar sus movimientos. Por eso Bolsonaro convoca a militares y policías y se permite amenazar al activismo social, con modos muy similares a los de la ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, quien acusa a los movimientos sociales de mantener relaciones "muy estrechas" con el narcotráfico, cuando todos sabemos que es la policía la que los ampara (goo.gl/eLWyNZ).

El racismo, las violencia anti-LGBT y el odio a la izquierda de las clases medias brasileñas, muestran la cara oculta del país con mayor desigualdad del mundo. No quieren perder sus privilegios de color, de género, de posición geográfica y de clase. Poco les importa que sean asesinadas más de 60 mil personas cada año, en su inmensa mayoría jóvenes, negros, pobres, porque saben que es el precio para mantener sus privilegios.

Ante este panorama las izquierdas no deben seguir aferradas a una estrategia que fue esbozada para otros tiempos, cuando el diálogo de clases era aún posible. En el anterior medio siglo hemos pasado de la estrategia de la lucha armada a la estrategia puramente electoral. Ambas tienen en común el objetivo de la tomar del poder y enfocan todas sus baterías en esa dirección.

Este péndulo es nefasto porque coloca a los sectores populares sólo como apoyo logístico o como votantes, siempre al servicio de vanguardias o caudillos, pero nunca como protagonistas de sus vidas políticas. Ante nosotros algunos pueblos originarios, comunidades negras y un puñado de movimientos están transitando otros caminos, por fuera de las instituciones pero sin confrontarlas abiertamente.

Están abriendo espacios en los territorios de los pueblos que juegan un doble papel: resistir creando vida. En los recientes años hemos reporteado, como otros compas, quizá miles de resistencias creativas en todos los países de la región. Son caminos que lo recorren por sí mismas, sin que ninguna vanguardia o partido les indique los pasos a seguir.

Si en algún momento decidieran tener presencia electoral, lo harán desde esos "poderes en movimiento" pero sin desarmarlos. Lo que no tiene el menor sentido, es que mientras la burguesía está desmontando una democracia que le sirvió durante el periodo de los estados del bienestar, nos limitemos a actuar sólo en ese terreno, colocando todas las construcciones previas en peligro.

La estrategia puramente electoral nos deja a merced de los de arriba, menos al puñado de cargos que saltan del partido al Estado, en un viaje sin retorno.

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Siete reflexiones (libertarias) para apoyar la movilización estudiantil del 10 de octubre

1) El Estado constituye una forma fetichizada, falsa, de comunidad; conlleva la creación de un pueblo o nación que no se corresponde nunca con la multiplicidad, complejidad y extensión de las relaciones sociales. Es importante, por ende, no confundir lo público en general, ni lo común, con lo “público” estatal. Un aumento en el presupuesto para las universidades, obtenido a partir de la organización de estudiantes, trabajadores/as y docentes, es una manera de recuperar lo que el Estado nos roba (para nutrir y reproducir ciertos segmentos parasitarios de clase) a través de los impuestos, que, como su nombre lo indica, son impuestos mediante un ejercicio violento (donde el famoso tema weberiano del monopolio de la fuerza se ve necesariamente involucrado).


2) En la medida en que el aumento de presupuesto es una forma de devolverle ciertos “recursos” a la comunidad, la cual no debe ser confundida con el Estado, es importante que la gestión de ese dinero venga acompañada de un control efectivo mediante una combinación de formas de democracia participativa, directa, deliberativa y, en determinados asuntos, representativa.


3) En virtud de los puntos anteriores, la discusión de la financiación no puede ser desligada de la discusión sobre la democracia universitaria y la democracia en general.


4) No confundir la comunidad con el Estado implica también que los diversos grupos que intentamos reapropiarnos de lo que el Estado usurpa constantemente debemos articularnos con otros grupos que tratan de hacer algo análogo en terrenos diferentes: comunidades indígenas, campesinas, afro, de educación experimental y no institucional, etc.

5) La movilización, en consecuencia, no puede tener como objetivo la construcción de “un proyecto de país”, sino de diversos proyectos de comunidad articulados que sean capaces de rebasar las fronteras estatales. ¡La educación no pude seguir estando al servicio del Estado ni del Capital!


6) Si de reapropiarnos de la educación se trata, es de suma importancia que pensemos colectivamente cómo queremos formarnos (y/o deformarnos/transformarnos) y qué tipo de espacios físicos, técnicas, formas de organización, etc., implica eso.


7) Finalmente, no podemos dejar de lado la reapropiación de las instituciones privadas, que, como su nombre lo indica, nos privan constantemente de definir nuestra propia educación y sus objetivos. La articulación con dichas iniciativas es, asimismo, de vital relevancia.


¡Por dentro o por fuera de lo que hoy es “público” estatal, a moverse por lo que es de todas y todos!

 

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Crisis financiera universidad pública

https://youtu.be/C8ZHDehlU2k

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Viernes, 05 Octubre 2018 06:56

Bolsonaro, el polarizador

Bolsonaro, el polarizador

Encabeza las encuestas de intención de voto para la primera vuelta de las elecciones presidenciales del domingo, y tiene buenas chances de convertirse en el próximo presidente de Brasil. Jair Bolsonaro ha sabido aprovechar el profundo descontento popular por la corrupción, el desencanto con el petismo, el miedo a la inseguridad y la reacción contra los movimientos de mujeres y de minorías discriminadas. Así este ex militar ha obtenido el apoyo de sectores muy diversos. El único grupo que ha logrado unirse con éxito en rechazo a este nostálgico de la dictadura han sido las mujeres. Con el eslogan “Él no”, el sábado pasado tuvo lugar el mayor evento político organizado por mujeres en la historia de Brasil.

 

Brasil se enfrenta a una de las elecciones presidenciales más polarizadas de su historia reciente. Las constantes discusiones entre la gente contrastan con el hastío que la mayoría de los brasileños dicen sentir frente a la política.


Si la discusión política se mantiene viva a nivel social, es sobre todo debido a un hombre: Jair Bolsonaro. El candidato presidencial ultraderechista lidera las encuestas para la primera vuelta del domingo próximo con 35 por ciento de la intención de voto (según una encuesta de Datafolha de ayer).


Este ex militar paracaidista, nostálgico de la dictadura militar, ha logrado acumular el apoyo de amplios sectores de la sociedad, aprovechando sobre todo el descontento popular con la extendida corrupción en el país, la preocupación por la inseguridad y la reacción contra los movimientos de mujeres, Lgbt y de minorías discriminadas.


Pero su discurso virulento también ha sido capaz de generar un amplísimo rechazo, y el pasado sábado 29 de octubre ese rechazo lo representaron las mujeres brasileñas, que irrumpieron en el escenario político al colmar las calles de las principales capitales de los estados del país con multitudinarias manifestaciones, sobre todo en San Pablo –donde alcanzaron el medio millón de participantes– y Rio de Janeiro. A una semana de las elecciones, las mujeres se colocaron a la vanguardia de la lucha política. Protagonizaron la primera movilización masiva anti-Bolsonaro, que no fue gestada por las organizaciones sociales tradicionales ni contó con el sustento de grandes estructuras organizativas. Nació como iniciativa de una mujer, Ludmilla Teixeira, que a mediados de setiembre creó un grupo de Facebook llamado “Mujeres unidas contra Bolsonaro”. En dos semanas ya contaba con más de 3,5 millones de integrantes y rápidamente, antes de expresarse en las calles, el rechazo a Bolsonaro se transformó en un fenómeno viral bajo el eslogan #elenão (“él no”).


UN FANTOCHE CARISMÁTICO.


Jair Bolsonaro es un personaje curioso. Fácilmente irritable, suele perder la compostura ante preguntas que, aunque no muy complejas, lo obligan a pensar más allá de su estrecha zona de confort. A pesar de estar acostumbrado a ser victimario, ha conseguido presentarse como víctima (el apuñalamiento que sufrió durante un acto público el mes pasado reforzó esta imagen) y presentar la imagen de que todo el mundo está contra él porque dice lo que nadie se anima a decir.


Sus declaraciones venenosas y sus propuestas radicales de mano dura –una de sus banderas es la liberalización de las armas: “Si alguien dice que quiero darle carta blanca a la Policía Militar, para matar, yo respondo: sí, quiero”, dijo en diciembre pasado– encuentran eco en un país con índices altísimos de violencia. Ha logrado convencer de que representa lo nuevo al venderse como el “único político que no se corrompió”, a pesar de que su trayectoria parlamentaria es poco impresionante: durante sus 28 años en el Congreso, el diputado del Partido Social Liberal (Psl) sólo ha logrado hacer aprobar dos proyectos de ley que presentó. Bolsonaro cosecha apoyos en una sociedad indignada con la corrupción.


Asume su ignorancia –y se distancia así de su principal rival, Fernando Haddad, el sabelotodo de la elite académica paulista, encorsetado en la defensa del legado petista, que no ejerce la autocrítica ni asume ninguna equivocación– prometiendo “rodearse de los mejores en cada área” y “buscarle la vuelta” a los problemas del país.


Estos son algunos de los elementos que hacen que Bolsonaro convoque apoyos muy lejanos de lo que debería ser el nicho de una candidatura de extrema derecha que defiende la oligarquía blanca más rancia, que es capaz de partir al medio una placa conmemorativa de Marielle Franco en la calle y posar para una foto riendo descaradamente.


Bolsonaro ha superado ese nicho, y el riesgo de su victoria ya se ha vuelto demasiado real. Con Lula preso, el diálogo con el pobrerío quedó vacante, y en tiempos de histeria colectiva no sería la primera vez que pase a ejercerlo un fantoche con delirios fascistas que promete cuidar a los menos privilegiados, aunque en realidad los odia.


“ANTISISTEMA.


” La socióloga Esther Solano, de la Universidad de San Pablo, ha estudiado a los votantes de Bolsonaro. En su investigación, Crisis de la democracia y extremismos de derecha, explora, mediante entrevistas, los motivos para simpatizar con el ultraderechista. Solano señala que el principal es que se presenta como un “político honesto”, en contraposición a la “clase política corrupta” que gobierna el país. Eso, analiza la investigadora en su estudio, lo ha convertido en un candidato “antisistema” a ojos de sus seguidores. Además Bolsonaro consigue presentarse como un candidato con soluciones para temas muy caros a la sociedad brasileña, como la inseguridad.


“Te pueden matar en cualquier momento. Este país es horrible. Tenés una hija, sale de noche y puede ser violada. Robos, asaltos por todos lados. No se puede vivir de esta manera, siempre con miedo. Nosotros queremos soluciones”, se queja una entrevistada por Solano. Otros defienden la liberalización de las armas de fuego: “Si el Estado no nos protege, tenemos que protegernos solos. Los bandidos tienen armas y nosotros no. Es un derecho, sí queremos tener armas para defender a nuestra familia y a nuestra casa”, comenta otra entrevistada.


Otro eje central del apoyo a Bolsonaro que identifica Solano es el antipetismo –el rechazo al PT tuvo su punto más alto durante las protestas pro impeachment de 2016–, cuyo foco es la condena a la corrupción, pero también a las “políticas asistencialistas”, que generarían “parásitos del Estado”.


Solano muestra en su estudio que muchos también consideran que Bolsonaro es un líder carismático, cercano a la gente común, una imagen de la que goza Lula y que motivó a muchos de sus votantes en anteriores elecciones.


Bolsonaro suele expresar su rechazo al 50 por ciento de la población brasileña que es negra. En un acto en el Club Hebraica, de Rio de Janeiro, en abril de 2017, contó que visitó un quilombo –así se llamaban las comunidades de esclavos forajidos, y que hasta hoy son espacios de resistencia negra– y que allí las personas “no hacen nada, creo que ya no sirven ni para procrear”. Prometió que de ser electo presidente no demarcará “ni un centímetro de tierra indígena o quilombola”, porque “donde hay una tierra indígena se encuentra una riqueza debajo” que puede ser explotada. Las comunidades indígenas y quilombolas que reclaman tierras sufren en Brasil una persecución sangrienta. Según los datos de la Comisión Pastoral de la Tierra (Cpt), más de 1.800 personas fueron asesinadas en conflictos vinculados a la posesión de tierras desde el retorno de la democracia, en 1985.
La mayoría de los entrevistados por Esther Solano expresan recelos respecto del movimiento negro, del feminismo y de los movimientos Lgbt. Afirman que los integrantes de estos movimientos sí sufren discriminación, pero que “abusan de sus derechos” y que se aprovecharían de la victimización para obtener beneficios del Estado e incomodar a los que no pertenecen a esos grupos.


Un motivo para el apoyo a Bolsonaro es justamente la defensa de valores tradicionalmente conservadores. Por ejemplo, Solano entrevistó a un estudiante de 19 años que se define como gay de derecha y que cree que los homosexuales sufren discriminación, pero piensa que eso se soluciona trabajando y no reclamando: “Yo no soy víctima de nada. Eso de que los gays somos unos pobrecitos, unas víctimas, no es así. Hay que reclamar menos y trabajar más”.


REMASCULINIZACIÓN.


Joanna Burigo, coeditora del libro Tem saída? Ensaios críticos sobre o Brasil y magíster en género, medios y cultura, señaló a Brecha que Bolsonaro también representa “el fuerte rescate de una masculinidad que muchos sienten que está siendo atacada y diluida, sobre todo por los discursos feministas”, ese es un punto clave, insistió. “Eso se ve reforzado en el gesto principal de la campaña de Bolsonaro (que constantemente simula tener un arma en la mano y disparar con ella) y en fotos que se sacan sus seguidores con armas reales, en una demostración fálica.”


Es que en un país donde –según los datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública– 164 mujeres son violadas cada día, si hay algo que parece haber logrado forjar una unidad contra Bolsonaro es su machismo indiferente y sus repetidos ataques hacia las mujeres.


En 2016 el diputado del Psl dedicó su voto a favor del impeach¬ment de la entonces presidenta Dilma Rousseff al coronel Carlos Brilhante Ustra, uno de los más feroces torturadores de la dictadura militar, verdugo de Dilma y al que Bolsonaro califica de “héroe nacional”. En 2014, en el pleno de la Cámara de Diputados, le dijo a la diputada petista y ex ministra de Derechos Humanos María do Rosário que no la violaba “porque no valía la pena”. Un hábito del candidato ultraderechista es denigrar a mujeres periodistas que lo entrevistan, incluso en vivo y en directo. Las ha llamado “vagabundas”. También ha afirmado que no necesariamente le pagaría el mismo salario a una mujer que a un hombre.
Sobre la población Lgbt, Bolsonaro no esconde nada. Ya dijo que “a nadie le gustan, sólo los soportamos”.


MUJERES DE TODOS LOS COLORES.


El rechazo a la candidatura de Bolsonaro recorre todo el espectro político. En las movilizaciones del sábado participaron mujeres tanto de izquierda como de derecha.
“Estoy aquí porque no quiero un fascista gobernando mi país. Sería un retroceso sin retorno. Luchar para que no ocurra esa tragedia es una cuestión de ciudadanía básica. Bolsonaro va contra todo lo que hemos construido en este tiempo de democracia”, comentó a Brecha Eloísa, durante el acto en la explanada de Largo da Batata, en San Pablo. Simpatizante de Geraldo Alckmin –representante de la derecha liberal y candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb)– y lesbiana, afirmó que votar por Bolsonaro significaría ir contra sí misma: “Cómo voy a votar por un candidato misógino, homofóbico y racista, que además no tiene propuestas. Votarlo es darle un cheque en blanco. Quien respeta los derechos humanos, quien quiere igualdad y pluralismo no puede permitir que una persona así sea electa. Entre el oscurantismo y la libertad, no hay dudas, elijo la libertad”, sentenció.


Para Jessy Dayane, vicepresidenta de la Unión Nacional de los Estudiantes (Une), que también estuvo presente en la marcha en San Pablo, Bolsonaro representa “un atraso civilizatorio” que “enfrenta a todo el pueblo brasileño”. Esta militante, que votará a Fernando Haddad, consideró que uno de los motivos para rechazarlo es que a lo largo de su trayectoria política el presidenciable representó siempre intereses que “benefician a los ricos” y perjudican a la clase trabajadora: “Cree que los trabajadores tienen que tener menos derechos, para así generar más empleos; o sea, opone el trabajo a los derechos. Y nosotras queremos justamente lo contrario: un Brasil con trabajo digno y derechos para todos”, comentó a Brecha. “Mujeres de diferentes identidades y corrientes ideológicas se unieron contra él justamente porque el fascismo, el machismo, el racismo y la ‘lgbtfobia’ son atrasos civilizatorios que nadie que defienda un mínimo básico de democracia puede defender. Y especialmente las mujeres, que sabemos que su victoria sería un riesgo para nuestras vidas”, concluyó.


En otro rincón de la multitud se encontraba Melina, una argentina que vive en Brasil desde hace siete años y que hace campaña por el candidato Ciro Gomes, un progresista de perfil nacional-desarrollista. “Yo nunca fui activista, ni me involucré mucho en política. Pero hoy soy madre de un niño de 2 años y me di cuenta de la importancia que tiene la mujer en la toma de decisiones políticas”, comentó. “Cuando escuchás hablar a Bolsonaro te das cuenta de que no piensa en invertir en las personas, lo que quiere es resolver los problemas sociales eliminando a las personas, al diferente, y lo hace a través de un discurso tosco de violencia y segregación. Yo no quiero eso para mi hijo”, comentó a Brecha, y describió el fenómeno de apoyo a Bolsonaro como una “marea de odio”. “El problema es que fue subestimado, pero es un fenómeno creciente –afirmó–, por eso estamos acá, precisamos combatirlo en las calles.”

LECTURAS DE LA MARCHA.


Para Burigo, el hecho de pasar de un grupo de Facebook a una movilización nacional en tan poco tiempo marcó un punto de inflexión en el movimiento anti-Bolsonaro. “Poner el cuerpo en las manifestaciones, que fue lo que ocurrió el sábado en todo el país, cambió radicalmente el tono de la protesta, porque es en nuestros cuerpos donde sentimos los efectos de la violencia, y son nuestros cuerpos los que estamos colocando en las trincheras de la lucha contra un futuro sombrío para segmentos de la población ya tan marginalizados en este país”, comentó.


Burigo apuntó, además, que “ningún otro grupo consiguió movilizar a tanta gente en las calles contra esa candidatura abiertamente antidemocrática, y en ese mismo impulso construir el mayor evento político organizado por mujeres en la historia de Brasil”. Pero esta analista señaló que las manifestaciones multitudinarias del sábado no surgieron de la nada y que no deben comprenderse solamente como un gesto de las mujeres para “salvar a la patria”, sino como “una continuación de la politización de las mujeres brasileñas y de nuestra participación en el debate público”.


Según Esther Solano, las mujeres tendrán un papel clave en las elecciones de este mes de octubre. “Por primera vez en la historia el voto de género está tan distante entre unos candidatos y otros. El público femenino representa la mayor parte del voto indeciso. Ese voto tiene la capacidad de tener un gran impacto en la elección, sobre todo en una segunda vuelta, que todo indica será muy ajustada”, comentó a Brecha. Sobre todo teniendo en cuenta que, según la última encuesta publicada (Datafolha, 2 de octubre), es en este público entre el cual Bolsonaro encuentra mayor rechazo. El 49 por ciento de las mujeres de ninguna manera votaría por él.


“Al partir de variables como ‘izquierda’ versus ‘derecha’, ‘militantes de partidos’ versus ‘despolitizados’, ‘elite’ versus ‘pobres’, ‘antipetismo’ versus ‘petismo’, los analistas tradicionales no consiguen explicar cómo lo femenino atraviesa esas distinciones y las torna más complejas”, comentó en Facebook Camila Maia, activista de derechos humanos y co-coordinadora del programa de política exterior del candidato presidencial Guilherme Boulos, del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (Psol). “Para las mujeres, Bolsonaro no es sólo un candidato. Es una fuerza concreta que afecta sus relaciones en la sociedad, sus relaciones personales y familiares, especialmente con los hombres, su libertad y su existencia”, subrayó.


La candidatura de Bolsonaro ha evidenciado un abismo cultural en cuanto a los derechos de las mujeres. Una muestra de esa polarización, que incluso ha logrado dividir a las mujeres entre sí, fueron los comentarios de la profesora universitaria Janaina Pascoal, famosa por ser una de las autoras del pedido de impeachment de Dilma y hacer discursos encendidos Biblia en mano. “Las mujeres que votan a Bolsonaro saben que si el PT vuelve, seguiremos más rápidamente hacia una venezuelización. No tiene sentido quedarnos paradas en causas femeninas o feministas”, declaró al sitio Huffington Post.


El día después de las movilizaciones de mujeres contra Bolsonaro, los seguidores del ultraderechista realizaron su propia marcha. En la Avenida Paulista, de San Pablo, Eduardo Bolsonaro, diputado e hijo del candidato presidencial, reforzó el discurso de su padre. Entre otras cosas dijo: “Las mujeres de derecha son más lindas que las de izquierda” porque “no muestran los pechos ni defecan en las calles”.


La candidatura de Bolsonaro, concluyó Burigo, “es un triste síntoma cultural de la nación”.

 

Por Marcelo Aguilar
5 octubre, 2018

 

Publicado enInternacional
Lunes, 01 Octubre 2018 06:26

Postales estadunidenses (II y última)

Postales estadunidenses  (II y última)

“A veces la luz está brillando sobre mí / Otras veces apenas puedo ver / Recientemente se me ocurre: Que viaje tan largo y extraño ha sido…”: Grateful Dead

 

Nos despedimos de Chicago y cientos de kilómetros más hacia el oeste visitamos a dos amigos que viven en una granja en Wisconsin, un estado históricamente progresista pero que en años recientes se volteó hacia la derecha. Nos explicaron que el giro político se debía al fracaso de los demócratas y progresistas en cumplir con su compromiso de defender a los granjeros. Recordaron que el país perdió en sólo unas tres décadas 9 millones de granjas familiares, se impuso en su lugar un modelo corporativo de agricultura masiva donde ahora aproximadamente un millón de personas son responsables de casi el total de la producción agraria del país.

Pero lo que más les sorprende ahora aquí es una creciente corriente progresista que rechaza la cúpula política y que se identifica con el "socialismo democrático" de Bernie Sanders. En una reunión del Partido Demócrata local a la cual llegaron para medir las cosas, unas mujeres de la tercera edad les preguntaron que qué tipo de demócratas eran, que si eran de Hillary, y cuando respondieron delicadamente que más bien tipo Bernie, los abrazaron exclamando, "ahora sí podemos hablar clarito". Poco después, mientras uno atendía una mesa del Partido Demócrata local en una feria rural, le preguntó a una joven de 16 años que estaba dando vueltas por ahí si le interesaba la política. Respondió firmemente que en 2020 "ya podré votar y vamos a echar a todos estos, y lo voy hacer en honor de Elizabeth Cady Stanton (la filósofa y líder del movimiento de las mujeres por el voto en el siglo XIX) y porque se cumplirá el centenario de que las mujeres conquistaron el derecho al voto en este país". Lo dejó callado, "me estaba dando una lección de historia".

Comentan que “durante décadas evitamos usar la palabra ‘socialismo’ para no asustar y obstaculizar el trabajo de organización, y ahora resulta que es la palabra necesaria en el trabajo político local aquí”.

De ahí pasamos por los llanos de Minnesota y Dakota del Norte, paisajes que contienen largas historias de luchas de inmigrantes escandinavos; de granjeros, mineros, ferrocarrileros y empacadores de carne. Por aquí se oyen los ecos de antiguas luchas indígenas y las contemporáneas: al sur, Wounded Knee, símbolo de resistencia indígena en el siglo XIX como en el XX; al norte, la histórica movilización de Standing Rock hace poco mas de un año.

Pasamos por Idaho, un cachito de Washington y llegamos a la costa de Oregon. Estaciones de radio nos ofrecían un licuado de mensajes antimigrantes, programas cristianos con reverendos tratando de convencernos de que no era demasiado tarde para encontrar a Jesús (y enviarles donativos, mientras) y, de repente, radio en español con música, noticias y chismes mexicanos. Un espectacular en la carretera afirmaba: "Jesús sí existió, más allá de la duda razonable". Bueno saber. En una gasolinera perdida en medio de la nada se anunciaba "Coca-Cola hecha en México".

Oregon es tierra de John Reed y una gran tradición anarcosindical importada por inmigrantes europeos. El sindicato de estibadores en la costa fue fundado por comunistas (el primer líder fue un australiano) y sigue entre los más progresistas. En el pueblito turístico de Yachats en la costa hay una panadería que se llama Pan y Rosas. Ahora esas mismas luchas, para pan y rosas también, son libradas por mexicanos y otros latinoamericanos, entre otros inmigrantes.

En Portland platicamos con una extraordinaria luchadora por los derechos civiles, antiguerra, ambientalista, sindicalista desde los 60 hasta hoy día, quien nos contó cómo los jóvenes, junto con veteranos de luchas sociales, están creando un mosaico, aún fragmentado, de rebeliones unidas por un furioso "no" a lo que ahora se ha impuesto en el poder, y que de ahí esta brotando tal vez la última esperanza para este país en esta coyuntura.

En este viaje por una de las épocas más oscuras de este país, de repente se asomaba la luz del alba.

 

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Llama el BID a eliminar subsidios a combustibles

En lugar de mantener subsidios a combustibles, como gasolina, diésel y gas, que benefician más a la población de altos ingresos que a los hogares pobres, los gobiernos de América Latina y el Caribe deben entregar a éstos otro tipo de apoyos, por ejemplo, transferencias monetarias, vales o bonos para transporte y alimentos, que resultan más efectivos para compensarlos, aseguró el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Eliminar subsidios y aplicar impuestos a la energía puede ser difícil, ya que los hogares vulnerables dependen de tener energía a precios bajos, pero resultan regresivos, indicó.
Muchos estudios han concluido que, en general, los gobiernos tendrán poco éxito al reformar los subsidios si no comprenden los efectos que tendrá su eliminación en los hogares y en otros grupos clave. Además, si no adoptan medidas específicas para contrarrestar dichas consecuencias y no las comunican de manera apropiada. Independientemente de si los subsidios específicos son regresivos o progresivos, su eliminación gradual puede tener impactos nocivos en los hogares y votantes pobres y de clase media, señaló.


A partir de una investigación en 11 países de la región, el BID concluyó que los subsidios a la energía son una manera muy cara de transferir ingresos a los hogares pobres, porque de cada 12 dólares de apoyo sólo uno llega a la quinta parte de la población más pobre.


Por eso, dijo, son criticados. Promueven el uso derrochador de la energía y contribuyen a elevar las emisiones de carbono.

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Viernes, 28 Septiembre 2018 06:19

Neoliberalismo progresista latinoamericano

Neoliberalismo progresista latinoamericano

La feminista estadunidense Nancy Fraser viene alertando sobre los problemas derivados del "neoliberalismo progresista", que identifica con los gobiernos de Bill Clinton, Tony Blair, el socialismo francés y sus sucesores como Barack Obama (goo.gl/4GGTbX). En su opinión, "combina políticas económicas regresivas, liberalizantes, con políticas de reconocimiento aparentemente progresistas". Se trata del multiculturalismo, el ambientalismo, los derechos de las mujeres y LGBTQ.

El reconocimiento de estos derechos y colectivos sociales es, para Fraser, "enteramente compatible con el neoliberalismo financiero", ya que bloquea el igualitarismo. El abordaje de las discriminaciones consiste en “asegurar que unos pocos individuos ‘talentosos’ de grupos ‘subrepresentados’ puedan ascender al tope de la jerarquía corporativa y alcanzar posiciones y remuneraciones paritarias con los hombres heterosexuales blancos de su propia clase”.

Mientras una minoría consigue insertarse en el capitalismo financiero, el resto continúa prisionero del capital, con lo que el sistema adquiere mayores niveles de legitimación, amplía su base de apoyo y consigue aislar a los críticos a los que, de paso, les endilga los motes de masas "atrasadas e incultas". Así, el feminismo liberal, el anti-racismo liberal y el capitalismo verde son las únicas opciones "críticas" que el sistema legitima, calificando toda otra resistencia o rebelión como "populismo".

Creo que el análisis de Fraser es adecuado y enteramente compartible para el norte del mundo, aunque creo que debe ser matizado para las regiones del sur y en particular para América Latina. Aunque sus argumentos pueden ser tomados como punto de partida, las diferencias con nuestro continente son notables.

La primera es que el progresismo (neoliberal, porque ese es modelo imperante) accede a los gobiernos como consecuencia de las luchas de los pueblos originarios, afros, sectores populares y trabajadores que resistieron la primera oleada neoliberal privatizadora y protagonizaron levantamientos, insurrecciones y amplias resistencias del más diverso tipo.

Esta es la principal diferencia con los procesos del norte. Las nuevas construcciones de poder, arriba y abajo, se bifurcan: en el sur asistimos al fin de las democracias y de la soberanía de los estados-nación, y a la neutralización de la política institucional como espacio donde se construyen sujetos colectivos y se promueven los cambios de larga duración. Pero el protagonismo popular es también una de las razones del desborde de la represión y de la violencia estatal y paraestatal.

La segunda es que ese conjunto de resistencias han abierto fisuras en la dominación, donde los de abajo estamos construyendo mundos otros por fuera del Estado y del mercado. Postulo que esos espacios son los principales obstáculos para la total implementación del neoliberalismo, tanto conservador como progresista, con sus mega-emprendimientos mineros, monocultivos y grandes obras de infraestructura.

Espacios como las 400 fábricas recuperadas en Argentina, los 100 bachilleratos populares y una red de medios antisistémicos donde se informa 15 por ciento de la población. Sumemos: 5 mil asentamientos de reforma agraria en Brasil, con 25 millones de hectáreas, habitados por 2 millones de sin tierra; 12 mil acueductos comunitarios en Colombia; decenas de miles de emprendimientos colectivos y comunitarios en toda la región; áreas enteras "liberadas" de mercados y estados en varios países, cuya referencia mayor son las juntas de buen gobierno zapatistas.

La tercera es que en América Latina los poderes que se reconfiguran arriba, son el resultado de una amalgama o alianza entre grandes empresas, narcotráfico y sectores del aparato estatal. Sobre esa base se van creando desde narcoestados hasta diversas formas de dominación (desde “guerras contra el narco” hasta feminicidios) que a menudo cuentan con la bendición de las iglesias evangélicas y pentecostales.

El análisis y la descripción de estos nuevos poderes de arriba es necesario para comprender dónde estamos y hacia dónde vamos, mientras adjetivos como "fascista" o "ultraderechista", aun siendo justos, no contribuyen a esclarecer la realidad. Cuánto más avanzan los movimientos antisistémicos, más brutal es la reconfiguración del poder de arriba, siendo México una referencia ineludible.

La cuarta es la conversión de las democracias en un sistema excluyente, que crea enemigos internos para aislar a sectores enteros de la población que perturban la lógica del capital financiero. Mientras en el norte se bautiza como populismo toda transgresión de las reglas, en el sur se emplea cada vez más una legislación antiterrorista, implementada tanto por gobiernos conservadores como progresistas, entre los que cabe destacar casos tan diferentes como los de Daniel Ortega y Dilma Rousseff.

Ante la nueva estructura del poder de arriba, los márgenes de maniobra institucionales serán cada vez menores.

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Un famoso matemático octogenario propone una solución a un problema valorado en un millón de dólares

Los expertos son escépticos ante la demostración de la hipótesis de Riemann ofrecida por Michael Atiyah

El reconocido matemático británico Michael Atiyah, de 89 años, presentó este lunes durante una conferencia en un congreso en Heidelberg (Alemania) la supuesta solución a uno de los problemas más famosos de la disciplina, la demostración de la hipótesis de Riemann, mediante la que el matemático alemán buscó en 1859 una solución a la distribución de los números primos. El reto que dice haber resuelto es uno de los siete problemas del milenio: enigmas matemáticos cuya solución premia el Clay Mathematics Institute (EE UU) con un millón de dólares. Desde que los problemas se fijaron en el año 2000, solo uno —la conjetura de Poincaré— ha sido desentrañado.

Atiyah ha recibido por trabajos previos la medalla Fields y el premio Abel, galardones que a menudo se consideran equivalentes a los premios Nobel en el campo de las matemáticas. Su charla de este lunes provocó gran expectación porque ya en el programa del congreso se advertía de que presentaría una “demostración simple” de la hipótesis de Riemann a través de una nueva aproximación radical. Sin embargo, los expertos contactados por Materia, tras consultar un documento filtrado de cinco páginas con la firma de Atiyah en el cual expone su demostración, dudan o rechazan que el matemático haya alcanzado una solución.


Ricardo Pérez Marco, uno de los mayores expertos en la hipótesis de Reimann, asegura que es muy fácil pasar por alto errores en este problema y que el manuscrito de Atiyah “no es preciso y no está completo”. “A mi me envían [supuestas] demostraciones de la hipótesis de Riemann todos los meses, pero esta hace más ruido porque Atiyah es conocido. Sinceramente, no creo que tengamos una demostración aquí”, zanja el matemático. Atiyah todavía no ha publicado su demostración en una revista científica ni en el repositorio de manuscritos matemáticos Arxiv.


Antonio Córdoba, director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), se muestra cauto: “Por lo que he podido observar en el vídeo de la presentación de Atiyah, su conferencia estaba dirigida a un público general. No me ha sido posible sacar en claro el nudo de su demostración, quizás porque no era la intención de Atiyah ofrecer los detalles necesarios dada la naturaleza de su audiencia. Espero, por tanto, a que la presentación se haga ante el foro adecuado de expertos que no necesiten tanto de los preámbulos y sí de los argumentos precisos”, dice. Y añade: “En cuanto al escrito de cinco páginas atribuido a Atiyah, tampoco me parece que tenga el nivel que se exige habitualmente en una publicación matemática”.


La hipótesis debe su nombre al alemán Bernhard Riemann (1826-1866) y tiene implicaciones para la comprensión de la distribución de los números primos, lo que, a su vez, puede tener repercusiones para las técnicas de seguridad informática. Para muchos expertos, este problema centenario es el más importante de todos. “Existe un gran número de teoremas que serían ciertos si es que la hipótesis de Riemann lo es”, señala Córdoba. “Es uno de los más importantes objetos del deseo matemático”.


Cuenta la leyenda que a principios del siglo XX, el matemático británico Godfrey Hardy escribió una postal a su amigo Harald Bohr en la que aseguraba haber encontrado la solución. Se embarcaba en un viaje tormentoso por el mar del Norte y Hardy, aunque era ateo, razonó que un dios no permitiría que se ahogase para dejar al mundo dudando si había sido el genio que demostró la hipótesis. Llegó a buen puerto, sin haber solucionado el problema, por supuesto. También el famoso matemático alemán David Hilbert afirmó, en respuesta a una pregunta, que si reviviese en 500 años, lo primero que haría sería preguntar si alguien había demostrado la hipótesis de Riemann.


“Si resuelves la hipótesis de Riemann te vuelves famoso. Si ya eres famoso, te vuelves infame”, dijo Atiyah durante su charla. “Nadie se cree ninguna prueba de la hipótesis de Riemann por su gran dificultad. Nadie la ha demostrado. ¿Por qué iban a demostrarla ahora? A menos que tengas una nueva idea, claro”, añadió. Atiyah propone su demostración de la hipótesis de Riemann haciendo alusión a un concepto sacado de la física, la función de Todd. Esgrime por reducción al absurdo que si hubiera un contraejemplo que refutase la hipótesis de Riemann, entonces habría una contradicción en la función de Todd y a partir de ello concluye que Riemann tenía razón.


En la charla, el matemático dedicó poco tiempo a su demostración. Hizo primero un repaso de la historia de la confrontación de los matemáticos con los números primos y señaló que la hipótesis de Riemann ofrecía la mejor posibilidad de encontrar una estructura en la distribución de los mismos. Al final, alguien del público le preguntó a Atiyah si estaba seguro de que ganaría el millón de dólares. Atiyah afirmó que lo estaba.


“Solo cabe esperar que nos provea con un manuscrito legible que supere la revisión de los expertos. Solo cuando ese proceso se haya completado podremos saber si tenemos, o no tenemos, humo blanco en este asunto”, concluye Córdoba.


¿Qué es la hipótesis de Riemann?

Antonio Córdoba, director ICMAT


A mediados del siglo XIX y en tan solo ocho páginas, el célebre matemático alemán Bernard Riemann trazó la hoja de ruta para entender la distribución de los números primos. En concreto, Riemann quería responder a la pregunta: ¿cuántos primos hay menores que un número entero dado n? Cincuenta años después, y siguiendo el plan de Riemann, los matemáticos franceses Hadamard y De la Valleé-Poussin lograron demostrar que ese número está bien aproximado por el cociente n/(log(n)), ¿pero cuál es el error relativo que estamos cometiendo con esta aproximación? ¿Cuál es su estimación óptima? La hipótesis de Riemann (RH), formulada también en ese maravilloso artículo de ocho páginas, es la respuesta precisa: según (RH) el tamaño del error relativo decrece casi como el inverso de la “raíz cuadrada de n” y esa es su mejor estimación.


Una formulación equivalente se refiere a la llamada función zeta de Riemann, definida sobre los números complejos. Recordemos que un número complejo lo escribimos en la forma z = x+yi (i=raiz cuadrada de -1), donde los números reales x e y son respectivamente su parte real y su parte imaginaria. Según la HR, dentro de la llamada banda crítica, 0<real(z) <="" 1,="" los="" ceros="" de="" la="" función="" zeta="" riemann="" están="" ubicados="" en="" recta="" vertical="" real(z)="½.

 

Ecologismo demagógico, Megaproyectos y Revolución de Color

1. No respires: es anti-ecológico


En el debate con los ecologistas demagógicos es necesario recordarles que todo sistema biológico afecta al entorno. La respiración humana es un buen ejemplo. Cada vez que una persona respira, convierte el vital gas oxígeno en un gas asfixiante (asphyxiant gas): el dióxido de carbono (C02). En total, produce unos 500 litros de C02 al día. La moraleja es clara. Ningún organismo aerobio, particularmente el homo sapiens, puede reproducirse o expandirse sin trastornar el entorno natural de la biósfera. Esta es la primera ley o constante planetaria, que hay que respetar en todo debate ecológico serio. Es decir, en debates no contaminados por intereses demagógicos y reaccionarios.


2. Evolución y "destrucción creativa"


Dicha ley planetaria se deriva del intercambio de información, energía y materia entre el organismo que pretende reproducirse, y su hábitat. Quién domina mejor ese metabolismo sobrevive, tal como formuló el genial Charles Darwin en su trascendental concepto del survival of the fittest. Presionados por la expansión de la población, las nuevas tecnologías, los megaproyectos y el estilo de vida ostentoso impuesto por el Capitalismo del Siglo 21, los pueblos y países más débiles en la jerarquía de poder geopolítico sienten cada vez más amenazados su futuro y la necesidad de modernizarse, conforme a los estándares mundiales de producción y bienestar. Ese es el eterno proceso de evolución biológica descrito por Darwin y bautizado "destrucción creativa" por el profeta de la innovación capitalista, Joseph Schumpeter. De hecho, son las tres fuentes de acumulación del capital, que generan los movimientos telúricos de choque entre la ecología de las comunidades locales y la de los mega Estados modernos; las culturas tradicionales y la modernidad, y las precondiciones para las futuras guerras nucleares por el control del agua, la energía y las antípodas del planeta azul.


3. Explotación y Ecología


Las tres formas de acumulación del capital se refieren, obviamente, a la explotación de la fuerza de trabajo vía la tasa de ganancia; la explotación de los recursos naturales vía la renta de la tierra, incluida la expropiación del ADN como "propiedad intelectual" particular, y la explotación del prestatario de dinero (consuntivo y dinero-capital) mediante tasas de interés crematísticas. El incesante intento de maximizar esas tasas de explotación del ser humano, de la naturaleza y del capital-dinero y, su consecuente "destrucción creativa" de lo existente, del status quo, es lo que la población mundial siente como amenaza: tanto el high tech, robo de datos personales por delincuentes corporativos como Mark Zuckerberg, la expropiación de facto de aguas, tierras y genomas por low tech transnacionales extractivas y life-science corporaciones, como la destrucción de las defensas culturales y tradiciones de los pueblos y Estados. Toda esa política es impuesta de manera violenta, autoritaria y sin explicación para las víctimas. Empresas transnacionales, el proto-Estado global (FMI, OCDE, etc.) y gobiernos nacionales y locales participan en esa profitable ruleta rusa con la Madre Tierra, creando el caldo de cultivo idóneo para la política del miedo (politics of fear) de megafascistas como Trump y Hitler y, toda clase de demagogos y estafadores menores.


4. Ecologísmo e indigenísmo demagógico


En una crematística de mercado, como ya notó Aristóteles, toda relación social y todo producto se convierten en mercancía. La ecología y el problema indígena, por supuesto, no son la excepción. Al lado de auténticos defensores de la naturaleza que hay en toda América Latina, se ha formado un estrato poderoso de politiqueros indígenas y mestizos --como los "mishus" del Ecuador, financiado en parte por la miriáda de fundaciones imperialistas del Primer Mundo, sobre todo Europa-- que son mercaderes de un ecologísmo demagógico y de franquicias de "identidades" y "tradiciones" de los pueblos. El imperialismo y las oligarquías detectaron tempranamente la utilidad de esos grupos para sus fines de dominación y los usan como catalizadores en sus revoluciones de color y cambios de gobierno, contra proyectos de vanguardia, centro o transición. Un vehículo operativo favorito para la desestabilización del Centro, son los "megaproyectos".
La fundamentación y sistematización de esas operaciones esta en los manuales del Terrorismo de Estado gringo, por ejemplo, Psychological Operations in Guerrilla Warfare, y por, supuesto, en las obras de Gene Sharp. Un buen ejemplo empírico y una lección fundamental para todos los proyectos de Centro en América Latina, es el ya fracasado Canal Interoceánico en Nicaragua, que fue clave para acabar con el gobierno de Rosario Murillo y Daniel Ortega.


5. Nicaragua como modelo


Toda subversión de un gobierno legal necesita un tema "transversal" que le permite organizar múltiples grupos descontentos aislados en una dinámica de "resistencia nacional". En Nicaragua, este tema fue el Canal Interoceánico. Como todo megaproyecto requería la expropiación de terrenos, lo que, ante una población y pequeña burguesía conservadora rural, era, de antemano, una tarea difícil de lograr. Una campaña informativa sofisticada y precios de compra muy por encima del valor de los terrenos eran los requisítos imprescindibles para convencer a esa población. Cuando tal campaña no es exitosa, las democracias burguesas occidentales proceden a la expropiación de la propiedad y la imponen mediante la fuerza jurídica y pública. La represión que ejerce un Estado metropolitano en esas operaciones no pone en peligro su estabilidad. En un Estado tercermundista como Nicaragua con carácter anti-monroeista, la situación es cualitativamente diferente. Todos los núcleos de desestabilización potenciales se organizan y financian desde arriba, generalmente desde Washington, en una red desestabilizadora. Los ecologistas urbanos, habitualmente de clase media y con vínculos académicos e internacionales, denuncian globalmente los efectos depredadores sobre la naturaleza. Las múltiples organizaciones de Derechos Humanos "independientes" condenan públicamente la represión y el quebranto del Estado de Derecho. Los antropólogos mestizos, que frecuentemente controlan a las organizaciones indígenas, deploran la pérdida de tradiciones y culturas indígenas. Los estudiantes, carentes de conciencia histórica, cortesía de sus profesores burgueses, se solidarizan con las víctimas de la planeada expropiación y se movilizan. Los exlíderes sandinistas, fuera de las dulces mieles del excluyente Matriarcado tropical Murillo-Ortega, deploran la destrucción de la democracia partidista y los medios masivos de indoctrinación cumplen con su papel de clase, como eco chambers (cajas de resonancia). En esta fase, Big Brother CNN globaliza y Big Daddy Almagro moviliza a la OEA, y la inoperante CIDH despierta de su letargo. El Departamento de Estado expresa su "preocupación", la Iglesia convoca al diálogo –tan estéril como su supuesta lucha contra los pederastas-- los socialdemócratas y "comunistas" de la Patria Grande repiten las tonterías de Murillo y Ortega y la CIA avanza la Revolución de Color

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6. ¿Cuando es legítima la protesta ecológica?


La organización ecológica es legítima y necesaria, cuando representa el bien común del país y de las mayorías. No es legítima, cuando representa intereses particulares de utilitarismo económico o político o estratagemas faccionístas. Bloquear la instalación del G-5, por ejemplo, sería una actitud retrógrada, porque sacrificaría la competitividad global del país a futuro. Es decir, lo empobrece. De la misma manera, si se permite que Bayer (Monsanto) genera semillas transgénicas que sólo germinan una vez, se entrega la autonomía alimenticia ciudadana global a las tres transnacionales dominantes respectivas, que controlarán casi el 60% de las semillas, el 70% de los pesticidas y productos químicos para el cultivo de alimentos, además de casi todas las patentes de los transgénicos. Permitir esto sería una actitud criminal de los gobiernos autorizantes. En cambio, la creación de variedades de arroz resistentes a la salinidad, por el "padre del arroz híbrido" Yuan Longping, es una enorme aportación al bienestar de la humanidad, que debe ser apoyada.


7. Contradicción Ecología y Democracia


A la evolución biológica y el survival of the fittest, como leyes de evolución de toda materia biótica, se agrega una antinomia social irresoluble que se deriva de las leyes de escala del universo (laws of scale) y que complica la resolución pacífica de la problemática ecologísta: la contradicción entre la necesidad funcional de organismos y organizaciones de tener autosimilaridad a toda escala –o características fractales-- y el invento humano de la democracia. Para que un organismo o una institución sobreviva, necesita una estructura de mando vertical. Este principio organizativo vertical contradice el principio organizativo horizontal de la democracia mayoritaria y es la antinomía fundamental para resolver los problemas de la democracia participativa del Siglo 21. Entre ellos, la contradicción entre el pasado y el futuro.


8. Ecología racional y progresista


Oponerse irracionalmente a las tres leyes mencionadas es quijotesco. Fue una pequeña mutación genética en el seno del gen ARHGAP11B que permitió la emergencia de las funciones cognitivas superiores propias del homo sapiens, y lo separó de los homínidos. Hoy tenemos la ventaja de entender mejor que Darwin los procesos aleatorios de las mutaciones naturales y usar los benéficos, tanto naturales como inducidos, para la humanidad.
9. Deber moral de gobiernos de Centro


Todo gobierno progresista de nuestros países neocoloniales tiene la obligación constitucional y moral de avanzar el bienestar de su población. La única manera de lograrlo es mediante la introducción de tecnologías de punta, vías de comunicación modernas, educación secular para todos y gobiernos de "moral y luces" (Simón Bolívar). No es posible sacrificar esa vía de evolución por intereses de autonombrados líderes campesinos, sindicales o indígenas: menos, cuando estos están vinculados a los intereses de explotación y dominación oligárquicas y monroeistas. Frenar el abuso del ecologísmo e indígenismo demagógicos en las contrarrevoluciones de color requiere visión y conciencia histórica de los gobiernos latinoamericanos.


¡Justo lo que más les falta!

 

Por: Heinz Dieterich | Domingo, 23/09/2018 11:47 P

Publicado enMedio Ambiente
Aprueban en EU importar extractos de mariguana de Canadá para pruebas clínicas


El producto ha tenido efectividad en la enfermedad temblorina esencial, que no es Parkinson

 

En una inusual medida, el gobierno de Estados Unidos aprobó la importación de extractos de mariguana desde Canadá para pruebas clínicas, lo que abre un nuevo camino para los investigadores estadunidenses que desde hace mucho han batallado para obtener la droga para estudios médicos.

El Centro de Investigación de Cannabis Medicinal de la Universidad de California en San Diego anunció este martes que la DEA aprobó sus planes para importar cápsulas con dos componentes clave de la cannabis –CBD y THC– de la firma Tilray Inc. con sede en la Columbia Británica, para estudiar su efectividad en el tratamiento de temblores que afligen a millones de personas, sobre todo aquellas mayores a 65 años.

Bajo la ley federal estadunidense, la mariguana sigue siendo ilegal y los investigadores no pueden obtenerla simplemente a través de proveedores con licencia de las leyes estatales.

Estados Unidos tiene un programa para abastecer a los científicos mediante el Instituto Nacional de Abuso de Drogas, que cultiva la cannabis en la Universidad de Misisipi. Sin embargo, los científicos se han quejado de la dificultad para conseguirla, así como de su calidad y la limitada variedad de la mariguana disponible.

Investigadores de la universidad pasaron años planeando y buscando aprobación de la DEA y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), para su estudio.

La mariguana médica es legal en todo Canadá y el país permitirá su venta para uso recreativo a principios del próximo mes.

No hay un medicamento específico para tratar el temblor esencial. A diferencia de la enfermedad de Parkinson, que causa tembladera cuando alguien no se mueve, este padecimiento se presenta cuando realiza tareas sencillas, lo que dificulta actividades de la vida diaria, como escribir, beber y hablar.

Muchos pacientes intentan controlarlo con medicamentos para otras enfermedades, como la presión arterial, con poco éxito.

"Hay gran necesidad de encontrar una solución", destacó Fatta Nahab, neurólogo del Centro de Trastornos del Movimiento de la Universidad de San Diego.

Agregó que empezó a indagar si la mariguana podía utilizarse para tratar temblor esencial cuando dos pacientes mostraron mejoría repentina después de fumarla o consumir CBD comprado en línea.

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