Viernes, 10 Octubre 2014 15:36

En el país de la memoria

En el país de la memoria


Mide casi dos metros, pero nadie lo veía como candidato al Nobel. Patrick Modiano, con sus novelas sobre la identidad de las personas y la amnesia de la historia, parece candidato a ser uno de esos escritores que el Nobel despierta y los lectores agradecen.

 

 

El escritor francés no figuraba ni a placé en el sitio de apuestas Ladbrokes para el Nobel, donde hace semanas estaba instalado como inamovible favorito el keniano Ngugi wa Thiong'o, y tallaban la bielorrusa Svetlana Alexievich, Haruki Murakami, Joyce Carol Oates y Philip Roth en opción estadounidense, o el poeta sirio Adonais (mi candidato posible, dado que en mi corazón persiste el portugués Lobo Antunes).


Aunque imprevisto, Patrick Modiano no es un Nobel exótico por el que habrá que esperar que lleguen las traducciones en sellos heroicos de la industria editorial española. Premio Goncourt en 1978, Modiano estaba algo lejos de los reflectores, menos comentado quizá que Pascal Quignard, su compañero de generación y según versiones olvidado en Suecia, donde hace años que no era traducido al idioma de premiación. En Montevideo, en cambio, sus libros están disponibles en la colección Narrativas de Anagrama, y la página de Gussi, su distribuidor, muestra nueve títulos del francés entre los que destaca su Trilogía de la ocupación, las clásicas Calle de las tiendas oscuras (que le dio el Goncourt) y En el café de la juventud perdida y la más reciente La hierba de las noches (2012).


Los caminos del Nobel no son insondables. Se me hace que este premio, que para algunos desequilibra la balanza de rotación en favor de Francia, tiene también sus razones de estrategia geopolítica y no evita aquella polémica disposición del testamento de Alfred Nobel que explícitamente mandataba premiar una literatura que fuese "idealista" y aportase algo a los hombres. Es posible que este premio tenga sus sondables razones como un premio que responde a una Europa en crisis, habitada por el miedo y con rebrotes xenófobos.


HABLA MEMORIA

 

Patrick Modiano nació, como predestinado a lo que habría de escribir obsesivamente, en 1945. Fue un hijo de la posguerra, un babyboomer. Su apellido denuncia el origen italiano de Módena, de donde llegaron sus ancestros, pero fue por su condición de judío que su padre debió esconderse para evitar ser enviado a los campos. Por "revelar el universo de la ocupación" a través "de un arte de la memoria capaz de evocar los más ina-sibles destinos humanos", argumentó el comité de la Academia Sueca, recuperando una memoria para Europa. Modiano "es el poeta de la ocupación y la voz de los desaparecidos", dice con felicidad Rupert Thomson en el Guardian.


En Calle de las tiendas oscuras la acción se ubica en los años sesenta y el protagonista, Jean, reiterado álter ego del autor, es un detective amnésico que busca conocer su pasado. Sus investigaciones lo llevan al tiempo de la ocupación y al gran trauma moral del colaboracionismo. Modiano parece haber necesitado siempre de una perspectiva histórica para su literatura, y esa mirada al pasado es lo que paradójicamente le da actualidad. Trabaja el pasado como un secreto que se resiste a ser entregado. En 2009 respondía sobre el ocultamiento histórico de los hechos: "Francia ha tenido tabúes sobre la ocupación nazi y la guerra de Argelia, básicamente. Lo que me impresiona siempre es que esos tabúes históricos los encontramos reproducidos a pequeña escala, en las vidas individuales, en los casos concretos de la gente que olvida aspectos de su biografía. Y sin llegar a la amnesia, si usted pregunta a alguien por su pasado, lo va a transformar sin darse cuenta. Esos falsos testimonios me fascinan. Es novelesco, es novela negra. El novelista es un detective". En la novela hay un pianista que, al estilo de Casablanca, toca "Que reste-t-il de nos amours?", una canción que hace la pregunta que la novela busca responder. La pregunta histórica se superpone a la personal. Modiano dedicó la novela a su padre porque al terminarla supo que había muerto y ya hacía diez años que no sabía nada de él. El ajuste de cuentas con el padre lo hizo el autor en Un pedigrí, una memoria autobiográfica sobre su infancia y primera juventud que publicó en 2005 y está también disponible en Uruguay. Cuenta la muerte de su hermano Rudy, dos años menor y que murió apenas con 10. A Rudy le dedicó cada uno de sus ocho primeros libros. Confiesa que, aunque lo que cuenta en esa breve memoria está disperso en sus otros libros como ficción, precisó que transcurriesen cuarenta años para poder hablar de esa intimidad y que pudo hacerlo cuando ya esos recuerdos no precisaban ser resguardados y lo que contaba era ya la vida de otro, y pudo contarla con una piedad que no necesitaba excusas. El premio ha resucitado de los archivos de los periódicos franceses la anécdota de cuando un Patrick Modiano de 18 años falsificó su carné de identidad para poder pasearse libremente en las noches parisinas. Con sagacidad, el periodista de L'Express postula que más que para pasar por mayor de edad, la verdadera razón estuvo en darse a sí mismo la edad de Rudy, el hermano, y anular así su muerte y vivir con y por él.


UNA TRADICIÓN

 

Si su padre marca su literatura desde la ausencia, hay un padre elegido en el universo Modiano: Raymond Queneau, el poeta, matemático y escritor vanguardista del Oulipo que lo amparó en su carrera literaria. Queneau lo conoció en el liceo Henri IV, un centro de enseñanza media productor de elites, y se hicieron amigos. Fue su testigo de casamiento y quien lo presentó a Gallimard cuando editó su primera novela. En el consagratorio Cahier de l'Herne que se le dedicó en 2012 se publicaron algunas cartas de Queneau; en una, de cuando le salió de testigo, le comenta a su esposa divertido que por la novia sale de testigo uno que lleva el nombre de André Malraux. Lo que es exacto y revela ese otro pedigrí cultural del autor. Como escritor de la memoria no es raro que Modiano reivindique a Proust, a quien dedicó un ensayo llamándolo "Mártir literario", pero en una lista más amplia de sus diez libros favoritos, la tradición se ensancha a otras lenguas e incluye al Dickens de Grandes esperanzas, el Mann de La montaña mágica, el Lowry de Bajo el volcán, presididos, eso sí, por un clásico francés, Tristán e Isolda. Más recientemente declaró su admiración por Peter Handke, un nobelizable a quien condena su posición favorable a Serbia cuando la guerra de los Balcanes. La lista de afinidades electivas debe completarse con cierta afición al policial. Previniendo deserciones, Eric Sarner, el escritor francés radicado en Uruguay y traductor de Idea Vilariño, celebró en Facebook un poco provocativamente el hecho de que el nuevo Nobel no sea "un experimentador de la prosa". Modiano explica por qué prefiere escribir sus historias lejos del barroquismo verbal y en una prosa directa y de frases breves: "porque para dar esa impresión de un sueño interrumpido, en el que entra alguien por sorpresa, necesito frases muy concretas, al igual que en algunos cuadros surrealistas, como los de Magritte, todo es muy preciso pero la impresión global es de sueño". También va en ese sentido su apego al policial: "los policiales me interesan como formas abstractas, por algo se los filma en blanco y negro". Casi todo en Modiano es un artificio que se confunde con lo real. Es el gran escritor actual de París, se ha escrito, pero de un París, dice él, "que ya no existe sino en mi memoria", el de su juventud.


Su mundo está hecho de identidades inciertas e historias ocultas. Sus libros son rompecabezas para armar pero también elegías, porque esos puzles raramente se arman, comparte con la novela negra la fascinación por el misterio, pero no tiene fe en que sea posible encontrar una solución.


Seguramente ocurra con otros muchos lugares en el mundo, pero es seguro que historias como la que cuenta en Dora Bruder sobre el caso real de una chica de 15 años, desaparecida y enviada a Auschwitz, o la escucha del pasado que otros no quieren oír, encuentre interés en lectores que han pasado por la experiencia de las dictaduras del Cono Sur. Es probable que un escritor que es definido como un "arqueólogo del pasado" y que crea personajes acuciados por entender quiénes son y quiénes han sido, tenga algo que decirnos.

 


 

Buscando al viejo hombre nuevo


Una escritora bielorrusa –cuyo nombre estuvo hasta ayer entre los favoritos a ganar el Nobel de Literatura 2014– recorrió la antigua Urss con un grabador. Buscaba un retrato hablado del hombre soviético. El resultado es un híbrido entre la antropología y la literatura. Puro periodismo.

 

"Seremos como el Che", dicen, todavía, los niños cubanos al recibir su pañuelo de pioneros en el patio de una escuela. Son los restos de un naufragio que el mar ha dejado en la playa. El naufragio de un intento que recorrió el mundo desde aquel primer cañonazo del crucero Aurora en el Petrogrado de 1917. El intento ya no de crear un nuevo sistema político o una sociedad de nuevo tipo, sino el hercúleo –y herético– intento de crear un hombre nuevo: altruista y forjado como el acero para construir y sostener un mundo más justo. Un intento que revelaría su imposibilidad y daría lugar a su parodia: el "Homo sovieticus", indiferente y apegado a la ley del menor esfuerzo.


Ahora que el principal impulsor de la utopía de un humano de nuevo tipo, León Trotsky, yace en una tumba mexicana después de que un agente de Stalin le partiera el cráneo con una piqueta de alpinista; ahora que el escritor disidente que acuñó la parodia, Aleksandr Zinóviev, al ver en qué se había convertido su país tras la caída de la Unión Soviética (Urss) pasó los últimos años de su vida en luna de miel con el neocomunismo, volviéndose un activista contra la occidentalización del abatido gigante; ahora entonces, a semanas del cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín, ¿qué ha quedado de ese hombre nuevo y su parodia?


O de la mezcla de ambos, los verdaderos hombres y mujeres que crecieron en el corto siglo soviético.


Esa pregunta se la hizo la escritora bielorrusa Svetlana Alexievitch, y para contestarla realizó una investigación literaria con mucho de eso que en periodismo se conoce como "gran reportaje". Tal vez la nueva aparición de su nombre entre los favoritos a ganar el Nobel de literatura motive a los editores de habla hispana a pagar por la traducción del libro resultante. Por ahora sólo disponemos de su versión en francés, La fin de l'homme rouge. Ou le temps du desenchantement (El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto), traducción del título original en ruso que, de manera literal, sería "Tiempos second hand. El fin del hombre rojo".


Mucho les dice ese "second hand" a los que vivían detrás de la cortina de hierro. La promesa del fin de los escaparates vacíos que todos esperaron con esperanza después de 1991 se transformó demasiado pronto en la realidad del consumo para unos pocos. La gran mayoría debió conformarse con la ropa usada de segunda mano, y las tiendas de second hand se reprodujeron como hongos en el antiguo campo socialista.


Entrevistada en marzo de este año por la periodista española Pilar Bonet, la autora bielorrusa opinó que el "hombre soviético", producto del plan para transformar la naturaleza humana en el laboratorio del marxismo-leninismo, sigue existiendo en Rusia, Bielorrusia, Turkmenistán, Ucrania, Kazajistán, y el resto del territorio de lo que fue la Urss. "Creo que conozco a este hombre, que lo conozco muy bien, que he vivido con él muchos años. Él soy yo, yo y mis conocidos, amigos, padres (...). Ahora vivimos en distintos estados, hablamos en distintas lenguas, pero no nos puedes confundir con nadie. Nos reconocerás enseguida. Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte (...) estamos llenos de envidia y de prejuicios. Venimos de allí donde existió el Gulag...", escribió Alexievitch en el segmento del prólogo de su libro que cita Bonet en su artículo de El País de Madrid.


LA GRAN DEPRESIÓN

 

El desafío –destaca Bonet– de reconciliarse con la pérdida del gran proyecto que supuso la Urss, y de pasar de la "gran historia" a la "existencia individual", ha sido un golpe cultural que no siempre fue resuelto de la mejor manera. Alexievitch atribuye la abundancia de suicidas a la incapacidad de resolverlo, de reciclar para la paz lo que la bielorrusa llama una psicología de la guerra ("Somos guerreros. O luchamos o nos preparamos para la guerra. Nunca vivimos de otro modo. De ahí la psicología de guerra"), Guerra Fría, pero guerra al fin. Por eso la generación del poeta Evgueni Evtushenko, la de quienes habían sido evacuados a las aldeas siberianas durante la Segunda Guerra Mundial, creció con la sensación de haber "nacido tarde". Listos desde niños para la alarma antiaérea y para transformar las estaciones de metro en refugios antinucleares, no estaban preparados para lo que verdaderamente terminó ocurriendo.


Esa abundancia de suicidios ya había sido detectada por los expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que en 1999 habían registrado cómo un número creciente de ex soviéticos se quitaban la vida al verse sumergidos en la pobreza, literalmente de la noche a la mañana. Téngase en cuenta que en 1989 quienes vivían con menos de cuatro dólares por día en el campo socialista eran 14 millones, pero a mediados de los noventa esa cifra se había multiplicado por diez, llegando a 142 millones de personas en los mismos países. Eso, sumado al corte de la mayor parte de los beneficios sociales y el final de la seguridad del "trabajo para toda la vida", dio por resultado un panorama económico de la "primera década de libertad" que el Banco Mundial comparó con la Gran Depresión de los años treinta en Estados Unidos. La diferencia fue que la pérdida en el nivel de producción en la ex Urss fue el doble que la que sufrió Estados Unidos tras el derrumbe de Wall Street de 1929; y en algunas repúblicas ex soviéticas, como Georgia, se perdió casi el triple.


COCINAS LABORATORIO

 

El impacto de esos números en la lectura que las personas hacen de su propia vida (pero no solamente de esos números, también de lo que no puede medirse) es el centro de la investigación literaria de Svetlana Alexievitch.

 

En sus páginas hay algunas joyas. Como el fragmento de la generación de las cocinas. Si para Occidente la del 68 fue la generación de las luchas estudiantiles en las calles, para los soviéticos fue la generación de las cocinas. En la década del 60, cuenta Alexievitch, comenzó a masificarse la vivienda individual y los soviéticos pudieron dejar la cocina comunitaria y tener su propio lugar para preparar los alimentos. "La cocina para nosotros no fue entonces solamente un lugar de nutrición, era también un lugar de trabajo y una tribuna. Ahí uno podía criticar al poder, escuchar a la Bbc. En las cocinas nació la Perestroika. Pero no sólo. ¡Las ideas y proyectos fantásticos que nacieron en las cocinas! Ahí pasábamos nuestro tiempo bebiendo té, café, vodka. Y en los setenta ron cubano. Todos adorábamos a Fidel Castro. La revolución cubana. El Che con su boina. Una verdadera vedette de Hollywood. No dejábamos de parlotear. Y en lo mejor de la conversación siempre había alguien que miraba la llave de luz o el enchufe y preguntaba '¿Comprendió, camarada general?'. Esa sensación de riesgo... era como un juego. Sólo unos pocos se rebelaron abiertamente. La mayoría de nosotros éramos 'disidentes de cocina'."


Entonces llegó 1991. Y de las cocinas salieron a las calles. Sólo para comprender, registra Alexievitch en su testimonio coral, que si no tenías dinero no eras nadie. "La democracia era un animal que nos resultaba totalmente desconocido. No éramos antisoviéticos. Sólo queríamos una vida mejor. Poder comprar bluejeans, un video, y el sueño mayor, un automóvil. Todos queríamos usar vestimenta de colores y comer buenas cosas."
La imposibilidad de ese sueño volvió a muchos contra aquel que lo había alimentado. Enseguida del testimonio anterior, en contrapunto, el trabajo casi antropológico de Alexievitch en su libro hace surgir otra voz: "Gorbachov nos ha traicionado. Sí, nosotros hacíamos cola para conseguir pollos que azuleaban y papas podridas, pero esta era mi patria. Y yo la amaba. Era un gran país. Rusia siempre ha sido un enemigo temido por Occidente. Teníamos una civilización sin trapos y sin mercachifles. La civilización soviética. Tarde o temprano Gorbachov será juzgado. Espero que ese Judas viva largo tiempo para conocer la cólera del pueblo. En vez de una patria, ahora tenemos un inmenso supermercado".


El Washington Post reconoció recientemente que este sentimiento anti Gorbachov está muy extendido en Rusia, "especialmente entre los más ancianos y pobres". Una afirmación consistente con el estudio del Centro Yuriy Levada, que detectó que el 85 por ciento de los jubilados y el 79 por ciento de los ciudadanos de bajos ingresos preferirían que la Urss no se hubiera disuelto, opinión que en la media de la población era del 60 por ciento. Tanto es así que en los días posteriores a la anexión de Crimea, en marzo de este año, un grupo de legisladores oficialistas presentó una querella contra el padre de la Perestroika. Lo acusan por la de-sintegración de la Urss y por no haber respetado un referéndum en el cual la mayoría de la población soviética votó en contra de esa medida. El actual mandatario, Vladimir Putin, sin embargo, no se ha mostrado particularmente entusiasta con un eventual encarcelamiento del último premier soviético.


REVIVAL

 

Luego de la crisis de Crimea se produjeron las declaraciones de independencia de otras dos regiones que pertenecían a Ucrania, Lugansk y Donetsk, fronterizas con Rusia, dando lugar a una corta pero intensa guerra civil que llevó al límite las tensiones entre Washington y Moscú.
En los reportes periodísticos desde la zona de combates era frecuente ver banderas con hoces y martillos entre una variada simbología soviética en el bando separatista. Sus manifestaciones al pie de las estatuas de Lenin y su discurso profundamente antioccidental dieron al conflicto un aire de los años de la Guerra Fría.


Quizás el episodio más emblemático de ese regreso al pasado fue la resurrección de un tanque.


En junio se conoció la noticia –y se pudo ver el video en Youtube– de que un IS-3 de la Segunda Guerra Mundial, que estaba congelado como monumento en una plaza en la ciudad de Kostiantynivka, fue bajado de su pedestal, se lo hizo arrancar, y se lo puso nuevamente en servicio. Eso no sería nada si no se le hubiera pintado en el blindaje el nombre de Josip Stalin.
Así bautizado, el carro de combate volvió a disparar sus proyectiles de 122 milímetros, ya no contra los blindados alemanes pero –rizando un poco más el rizo– contra un ejército de Ucrania de sospechosas simpatías hacia la corta temporada en que los nazis fueron dueños del país.


Cuando debieron retirarse hacia sus últimos dos bastiones, los separatistas se llevaron su tanque. Y cuando lograron cambiar el curso de la guerra –según Kiev con apoyo militar ruso– y poner en desbandada a los ucranianos empujándolos hacia el Mar de Azov, volvieron a llevarlo como su arma talismán.


El nombre dado al tanque se suma a otros episodios, como los trolley decorados con la imagen de Stalin en varias ciudades de provincia, o la peculiar casualidad de que justo la manzana de la casa natal del ex hombre fuerte del Kremlin haya quedado intacta durante la guerra relámpago de Georgia (se dice que por expreso mandato de Putin).


Cuando Pilar Bonet le pregunta por el peso de la figura de Stalin en la memoria de los protagonistas de su libro El fin del hombre rojo..., Svetlana Alexievitch responde con dos palabras: "Está vivo".


INFANCIA PERDIDA

 

En su poema "Adiós, bandera roja nuestra", Evtushenko entreteje reclamos y compasión por su vieja patria. Una bandera que, "como una cortina roja", ocultaba tras de sí "al Gulag repleto de cadáveres helados".


En la estrofa final el poeta, que habla en nombre de quienes "nacimos en un país que ya no existe", un poeta que no es "lo que llamarías un comunista", refleja la nostalgia que Svetlana Alexievitch encontró en la mayor parte de sus testimonios. La nostalgia por el mundo de la infancia. Por esa porción perdida de paraíso. Porque "en aquella Atlántida estuvimos vivos y fuimos amados".


Lo mismo opina otra escritora, Zhanna Sribnaya, de 37 años. "Todos tenemos una cierta nostalgia de la Urss, en especial cuando miramos hacia nuestra infancia. Tiempos felices en los que un helado costaba siete kopeks y todo el mundo podía ir en verano a las playas del Mar Negro con los campamentos de pioneros. Ahora sólo la gente con dinero puede tomar esas vacaciones."


Entre quienes más han escrito sobre lo que significa haber vivido la niñez en la era soviética se destaca en primer lugar Zajar Prilepin, a quien la revista Newsweek considera "probablemente el escritor más importante de la Rusia actual". Nacido en 1975, ganó en 2008 el premio al mejor libro ruso con Pecado, donde aborda la realidad pos Perestroika, novela que en 2011 le dio el premio a la mejor obra en prosa de la década anterior.


"La enfermera corría detrás de mí para ponerme una vacuna, la vecina me cuidaba cuando era pequeño sin pedirles a mis padres dinero a cambio, la bibliotecaria me miraba de vez en cuando para decirme que había venido Elektronik (el personaje de unos dibujos animados de los años setenta) de la ciudad, el cocinero en la escuela me servía los trozos más apetitosos, nunca he visto a un policía en la aldea porque no había peleas, nadie robaba, no había gamberros. Nuestra enorme parentela se reunía y durante dos y a veces, incluso, cuatro semanas, se divertía, olvidando por completo sus deberes y preocupaciones; el fatigado país nos miraba desde lo alto y en su mirada no se percibía ni crueldad ni frialdad", reinventa –más que recuerda– Prilepin.


Y continúa: "La tranquila Unión navegaba a la par de mi infancia como una sombra grande y pesada. Cargada de hierro y de construcciones complejas fue encallando casi imperceptiblemente. Ahora permanece pesada y entumecida, inofensiva y herrumbrosa con sólo sombras en su interior, con sólo pequeños alevines, sólo una corriente indolente y glacial.
Imaginar cómo era la Unión para mí no es una tarea compleja.


Me viene a la mente por ejemplo la siguiente imagen. Una tarde en la aldea. ¿Se puede imaginar lo que es una tarde de aldea, invernal, fría y negra? No, seguro que ni se lo imagina.
Tengo 5 años y mi hermana 11.
Y silencio alrededor, sólo se oye el crujir de la balaustrada de la casa. Y nadie, alrededor sólo la Unión Soviética, inmensa, silenciosa y cubierta de nieve".

 

*Svetlana Alexievitch

 

Es bielorrusa. Pero nació en la Ucrania soviética en 1948, de padre bielorruso y madre ucraniana. Toda su carrera, periodística y literaria, la hizo en Minsk, hasta que la persecución del régimen de Aleksander Lukashenko la obligó al exilio. Vivió entonces en París, Gotemburgo y Berlín. Hace tres años regresó a su tierra y escribió el que probablemente sea su libro más importante hasta el momento: El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto. Ahí cultiva al extremo un estilo de testimonios corales que ya había ensayado en sus obras anteriores: La guerra no tiene rostro de mujer, El último testigo (ambos sobre la Segunda Guerra Mundial), El chico de cinc (sobre la invasión soviética a Afganistán) y Voces de Chernóbil (su único libro disponible en español).

 


 Miradas orientales

 

 

No es inusual, al hablar con miembros o ex miembros del Partido Comunista uruguayo, que admitan algo similar a lo que Svetlana Alexievitch encontró al recorrer la ex Urss. Cierto espejo de ese "nos reconocerás enseguida.

Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte".

Como si fuera una extensión del grabador de la escritora bielorrusa, Brecha registró una charla en una casa de Montevideo. Aunque parcialísima en relación con la diversidad de voces que podrían recogerse si se intentara mostrar la visión de los hombres y mujeres rojos de esta parte del mundo, bien podría insertarse en el libro de Svetlana.

Hablaron de eso de lo que casi nunca se habla, lo vivido en la cárcel y la tortura. Recordaron un reciente viaje al departamento de Colonia, a un homenaje a Nibia Sabalsagaray. Contaron historias jocosas, como la vez que entró un pequeño ratón a una celda y las luchadoras de Así se templó el acero versión Paso Molino se treparon espantadas a los catres del celdario. También historias de las otras.

Repasaron ese léxico de que habla Alexievitch, rescatando de la memoria palabras ya perdidas. Se rieron de sí mismos con algo de amargura. Iba a ser sólo una entrevista, terminó siendo el comienzo de un libro que ya lleva más de cien páginas escritas.

—Éramos muy inocentes también. De lo mal que iban las cosas en el campo socialista, por ejemplo, nadie decía nada.
—No, tampoco era así. Arismendi era el que no decía nada. Me acuerdo de que cuando fui a una reunión en Praga, que fue en el 83, a una especie de Comité Central ampliado, ya como para preparar el regreso, ahí Enrique Rodríguez hizo un informe y señaló muchas cosas críticas. Muy al estilo del partido, diciendo que el campo socialista tenía que resolver determinados dilemas, pero leyendo entre líneas uno se daba cuenta de que no todo estaba bien. Lo que pasa es que para los dirigentes, estando en un país socialista, no era fácil decir "esto se viene abajo".—Me acuerdo de un compañero que vino de la Rda y contó de un tipo que habían nombrado obrero destacado en una fábrica y agarró la medalla y se la tiró así en la cara al que le había dado la condecoración.—¿Cómo los afectaba a ustedes en plena época de la dictadura uruguaya?—No nos afectaba para nada, porque nosotros estábamos convencidos de que el campo socialista era mucho más fuerte de lo que después se vio que era. Me acuerdo de que tuve una conversación con un dirigente exiliado en La Habana y me dijo: "Lo que pasa es que en el socialismo la gente no trabaja, chau".—A mí en el 88 me mandaron del diario La Hora a la Unión Soviética, en tiempos de la Perestroika, y yo me quería morir. Después de que había estado en Cuba y había visto a la gente haciendo cola, llegabas a la Unión Soviética, la patria del socialismo, y volvías a ver a la gente haciendo cola. Yo qué sé...—No atender esas cosas fue un error tremendo del socialismo, fatal.—Igual te digo que ahora no están nada conformes con lo que vino después. Hace poco leía una entrevista a uno de los opositores de Rusia y fue durísimo con Putin. El tipo dijo: "Después de que se cayó el socialismo acá lo único que le han dado al pueblo es vod-ka". Es un capitalismo salvaje. Fíjate que la expectativa de vida cayó a 55 años, una barbaridad.

 

 

Publicado enCultura
David Fincher se ríe de nuestra degenerada cultura mediática

"Soy el director oscuro que coquetea con lo supuestamente siniestro de la mente humana. Soy un gran manipulador", ha declarado el cineasta David Fincher (Se7en, El club de la lucha, La red social, Zodiac) en Argentina a propósito de su nueva película, Perdida (Gone Girl), una adaptación al cine del best-seller de Gillian Flynn con la que construye, justamente, un apasionante retrato del arte de la manipulación y la falsificación. Ben Affleck y Rosamund Pike son los protagonistas de este juego cinematográfico, con el que el director, además de revelar un sentido del humor perverso, dibuja un certero mapa de la cobertura maliciosa que hacen hoy los medios de comunicación. Finche

r hace la fotografía a todo color de la degenerada cultura mediática que nos domina y se ríe sin disimulo del resultado.
Un misterio policial que se va transformando en thriller psicológico y culmina en sátira social. Es el recorrido que hace Fincher con este trabajo, en el que propone al espectador que disfrute con la farsa que le ofrece y que no se detenga demasiado en intentar desentrañar la investigación criminal. Aquí el 'cómo' sucedieron los acontecimientos o, incluso, el 'quién' no es tan importante como el 'por qué' ocurrió todo.


Vampirización de la tragedia


Ambientada en la Norteamérica de la recesión, la historia comienza en Nueva York para desplazarse a una pequeña localidad del Medio Oeste, es decir, a la normalidad. La mañana del quinto aniversario de su matrimonio, Nick Dunne llama a la Policía porque su esposa Amy ha desaparecido. La imagen de pareja feliz se va desmoronando a medida que la presión mediática crece. Y el marido abrumado del comienzo pasa a ser un tipo sospechoso del que todo el mundo se pregunta si ha asesinado a su mujer.

"No es una sátira de los medios de comunicación, es una historia de la vampirización de la tragedia, que es una cosa muy diferente", dijo en la radio pública de Estados Unidos el director, que descarga toda su malicia en el dibujo de los personajes de las presentadoras que manipulan el caso de Amy y Nick Dunne. La misoginia y la violencia de género planean sobre la historia y se acrecientan cuando estos personajes aparecen. Una nube de periodistas rodea la casa del protagonista casi desde el comienzo de la historia y hasta el final.


Vivimos en un "mundo sediento de revelaciones", escribe el cineasta en el dossier de su película, donde explica que su personaje masculino "se ve succionado por el torbellino de la ira pública". Y entonces, Nick Dunne muta en una persona completamente diferente de la que era, la persona en la que le han convertido los medios de comunicación con la complicidad de la sociedad abducida por estos.


Sátira del matrimonio

"Soy el tío que te salva de toda esta fabulosidad", dice Nick Dunne a Amy en los primeros minutos del relato. Están en una fiesta neoyorquina, ambos son escritores, ingeniosos, brillantes... No parecen ni de lejos los mismos personajes que viven poco después, cuando la crisis les ha alcanzado, en esa pequeña localidad del Medio Oeste. Y ahí está la otra gran declaración de intenciones de Fincher, que reconoce que su película "trata sobre las proyecciones narcisistas que hacemos de nosotros mismos para seducir. Cuando estás en la etapa de enamoramiento no te imaginas que en tres o cuatro años estarás aburrido, o que te enfrentarás con alguien que no tenías ni idea de que existe". En palabras de la actriz Rosamund Pike: "Todos estamos vendiendo una versión de nosotros mismos".


Versión que con el tiempo se va debilitando. En la pareja llega un momento en que la máscara cae y la imagen construida con tanto esmero desaparece. "Lo que me interesó de la novela es que hablaba de ese reflejo de nosotros mismos en el que tanto nos gusta mirarnos hasta que, pasados los años, el reflejo empieza a desdibujarse, provocando en nosotros una enorme ira y desconcierto, porque al dejar de reconocernos en el otro descubrimos que se ha convertido en un perfecto extraño", explicó el cineasta en Madrid, en la inauguración del curso de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI

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Fincher deja cinco años de convivencia a sus personajes y entonces ataca con toda su ironía y sarcasmo. Y presenta en Perdida la construcción de una incisiva sátira del matrimonio. "¿Qué pasa cuando uno decide romper la imagen de cónyuge perfecto, cuando uno dice 'no pretendo ser tu alma gemela'?" es la pregunta que se hace el director y que lanza al espectador para incitarle a reflexionar sobre el matrimonio en esta edad moderna.

El resultado, desde su punto de vista, no es nada tranquilizador. De hecho, el mismísimo Stephen King dijo, refiriéndose a este aspecto de la película, que en ella se hacía "un retrato hilarantemente aterrador del matrimonio, que hará reflexionar al lector sobre quién es en realidad la persona que duerme al otro lado de la cama".

Publicado enCultura
Gustavo Cerati: "Sos el ángel inquieto que sobrevuela la ciudad de la furia"

Las tazas sobre el mantel

la lluvia derramada...
un poco de miel
un poco de miel
no basta

El eclipse no fue parcial
y cegó nuestras miradas
te vi que llorabas
te vi que llorabas
por él

Té para tres
Un sorbo de distracción
buscando descifrarnos
no hay nada mejor
no hay nada mejor
que casa

Té para tres

El título de esta nota hace parte de los versos de Luis Alberto Spinetta, compuestos para "el músico del rock del futuro", el cantante, guitarrista y compositor, fundador de la banda "Soda Stereo", Gustavo Cerati, cuyo deceso acaeció el pasado 4 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires, a sus 55 años de vida, y tras una larga agonía de 4 que pasó en coma producto de un accidente cerebro vascular.

Tremendo músico, sobre todo con la guitarra, cantante y compositor fecundo. Lúcido y visionario uno de los mejores intérpretes del rock de América-latina. Incursionó en variadas formas del rock y otros estilos; la influencia de sus canciones quedó patente en 2007 cuando en la última gira de "Soda Stereo" –"Me veras volver"–, movilizó a un millón de personas en varios países de América Latina, llenando en Argentina seis veces el estadio de River Plate.

La música de Cerati y de "Soda Stéreo" tiene mucho que ver con las realidades del rock argentino, con sus particularidades respecto al de otros países de la región. Comenzando por lo que en la década de 1960 fue llamado el "rock nacional" argentino por ejemplo "Los gatos", "Almendra", "Manal", "Vox Dei", "Sui generis". Siempre existió la rivalidad del tango y el rock que marcaría también los procesos de las nuevas músicas.

De la relación con la "invasión inglesa" y la "invasión uruguaya" fue forjándose ese rock en español que era la gran novedad hace unas décadas, poco aceptada por las disqueras y por la sociedad. Pero ese rock estaba marcado por dos tendencias: una más popular, salida de los barrios obreros de la periferia de Buenos Aires, representada en Sandro "el irreverente", por Palito Ortega y Leonardo Favio, que usaron el pop y el folclore. Se la llamó "música complaciente" y de manera peyorativa les decían los "grasas". Mientras que el otro rock era el de clase media, el llamado "rock progresivo" de la ciudad de Buenos Aires, de Rosario, La plata y Mar del Plata. A esta última tendencia perteneció Cerati por un tiempo, aunque en alguna ocasión comentó que se inició en música con el "rock complaciente", pero que él no era de ningún lado.

Debe enfatizarse que el rock en la Argentina se desarrolló en la década de 1970 durante las dictaduras, expresando la protesta social no sólo contra la represión militar sino contra la represión cultural. La represión contra el rock fue muy fuerte pues cultivar este género musical era sinónimo de ser guerrillero.

"Soda Stereo surge en un momento muy especial: 1982, guerra de Las Malvinas –efervescencia nacionalista–, fin de la dictadura militar e inicio de la apertura política o democrática. La guerra había distanciado a los sureños de los ingleses, pese a lo cual las bandas que influenciaron a Cerati, Zeta Bosio y Alberti en la interpretación de la guitarra, la voz, el vestuario y la puesta en escena fueran inglesas: The Police, Queen, y Deep Purple, The Cure, inclusive Led Zepellin.

Influencias que deben matizarse por lo dicho por Cerati: "Influencias hubo. Se habla mucho de la música inglesa como única influencia (pero la hubo) de muchos discos de tendencias ambients-trance. También del rock nacional casi en su totalidad, con sus diferentes tendencias, desde Spinetta hasta La Biblia de Vox Dei". Y la música andina.

La principal crítica de "Soda Stereo" fue contra el hedonismo vivido en aquellos momentos por los argentinos, en su nueva condición política, pero también económica, y de tranquilidad social. Lo sucedido en 1988, al celebrar "Los tres días por la democracia", como apoteosis musical en la Avenida 9 de julio trasluce el estado emocional de los gauchos y su apertura a nuevos sonidos y estéticas, los que encontrarían rápida y positiva recepción en los restantes países de la región, aportando a su vez con sus particularidades.

Esa nueva estética musical de Gustavo Cerati lo llevó a tener un punto de vista sobre la función social del arte. Así se expresaba al hablar de sus discos: "[...] como la mayoría de mis letras, no necesariamente se ajustan a una realidad concreta que haya vivido sino que son producto de la mentira, la imaginación, la fábula y a veces de las cosas reales. La honestidad para mi está relacionada con hacer un proceso sin ponerle tapas en el medio y largar lo que uno siente. Pero no necesariamente tiene que ver con la verdad, no necesariamente tiene que dar un mensaje de ayuda humanitaria, o político, o lo que sea, para mí todo eso no tiene ningún sentido y no tiene nada que ver con el arte. O sea, el arte puede ser mentira también y me gusta que sea así. Lo mío puede ser mucho más real que lo de aquellos que parecen un noticiero cantado. Si una canción te sirve para hacer el amor, ¿es menos real que una que te dice que te están robando?".

Cerati tomó la música como la más importante de las artes, siguiendo a Hegel que decía que era la forma más elevada y pura del arte, "es mi forma de comunicación y de relación". Esta visión lo llevó a tener una manera de tratarla con visión futurista

Y por ello mismo tuvo una visión muy interesante sobre la relación entre arte y tecnología, no dejándose absorber por ésta pero usándola en la experimentación musical.

Gustavo Cerati fue escéptico, existencialista: "Todo es mentira ya veras, la poesía es la única verdad" (Dejàvu). Vivir el aquí y el ahora. Ecléctico en la composición pues integró diferentes géneros musicales en su trabajo. Hizo una música que logró posicionar diversidad de temas, entre ellos: "Música ligera", "En la ciudad de la furia", "Paseo inmoral", "Canción animal" "Puente", "Médium", "Crimen", "Fuerza natural", "Dejavu", "Bocanada", "Raíz"; pero ante todo fue un músico de perspectiva pues el estilo y las propuestas que dejó para la música serán parte del futuro: "Me verás volar sobre la ciudad de la furia donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos".

 

Referencias:

"Orígenes del rock argentino", Wikipedia.com
Paseo inmoral, vida y obra de Gustavo Cerati, rock.com.ar,
Cerati en primera persona (La palabra de Gustavo en un relato único), una investigación de Maitena Aboitiz, Ediciones B, Buenos Aires, 2012.

Publicado enEdición Nº206
Miércoles, 24 Septiembre 2014 10:49

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar de veinte años, maestro de escuela, lector furibundo del vanguardismo francés que lo cambió todo hace un siglo? Si vivieras no podrías parar de reír, socarrón, ante los homenajes de las adolescentes cautivadas por tus frases amorosas en internet, ante los académicos solemnes quienes de España a México, de Colombia hasta Argentina te celebran leyendo discursos hechos con piedras.

¿Cómo te va, Julio de cincuenta años, compañero, camarada que escribiera el panfleto más lúdico, más literario en lengua española, Fantomas contra los vampiros multinacionales, así como una novela política sin ninguna clase de pudor, Libro de Manuel? Hoy la gente de izquierdas se toma muy en serio, nunca sonríe y quizás desea parecerse a sus contrincantes, la gente de derechas –interesada en instrumentalizarte, en volverte un escritor inofensivo, simpático-.

Arriba hay personas y la internet y la tv, con sus lecturas pausadas, escasas, de Rayuela y de algunos cuentos tuyos que no terminan de entender. Hoy debemos entenderlo todo, Julio, para sacarle jugo a las cosas. Nada goza del privilegio de la inutilidad. Si en La vuelta al día en ochenta mundos aparece la famosa máquina que escribe literatura, ella sola, algún industrial reclamará su patente y conseguirá venderla bajo lemas relacionados con ahorrar tiempo. Los profesores, psicólogos y publicistas intentan sacarle enseñanzas a tus relatos. El Manual de instrucciones perteneciente a Historias de Cronopios y de Famas es una manifestación del estrés y la desesperación colectiva en la cual nos hundimos, dicen. Ómnibus, Los buenos servicios, son reportajes disfrazados de cuentos y sirven a la hora de entender el caos dentro de la contemporaneidad, continúan. Concluyen: Pameos y Meopas –tus poemas que pueden leerse de arriba a abajo y de abajo a arriba– lucen perfectos si quiere hacerse un performance con ellos.

Hay Cortázar para enamorar, levantar discursos políticos o entretenerse un rato antes de volver a las oficinas, al trabajo de ocho horas y a la supervivencia. Asimismo hay Cortázar para programas musicales –el jazz de Ornette Coleman por un lado, los tangos por otro. Pero de prisa. Antes de saltar a otra emoción, otra imagen audiovisual que encabrite nuestra atención.


Abajo hay la internet, la tv y las personas. Algunas ignoran que redactaste un proyecto ambicioso, quizás angustioso, de libro misceláneo –mezcla de géneros, del ensayo al cuento, de la novela al teatro–, 62/modelo para armar, donde puede verse tu rostro real, el de un intelectual voraz que había leído todos los libros, observado todo el cine, oído todas las músicas, con el único pretexto de jugar. Y jugar en serio, como Calac y Polanco, personajes de ese libro, con una convicción digna del guerrero o del místico. Si la realidad es lo táctil, lo inmediato, nos recordaste el otro lado, los otros lados: tu gato tenía trato con fantasmas, un hombre es asesinado por su propio pulóver, un tigre ronda las habitaciones de cierta casa familiar, a una orquesta se la come viva su público. ¿Para qué sirve eso? Para nada, esencialmente. Y para todo, si nos tomamos el tiempo necesario con intención de asimilarlo.

 

Explorador y coleccionista. Eso fuiste. Eso eres.

 

Han pasado cien años desde tu nacimiento. Le importas a muchos debido al pretexto más simple: diviertes con tus textos breves. Sin embargo, no olvidamos lo poco citado, lo desapercibido. Al brindarnos mundos que niegan o colman de plenitud a este nuestro mundo tan plano y uniforme, nos diste credenciales, documentos y sobre todo licencia para crear y habitar los propios rincones bajo otras perspectivas, similares a las del juego de estatuas en la línea férrea de Final del juego, a las del infinito trancón o atasco automovilístico de Autopista al sur.

Entre tanta floritura por tu aniversario, tanto sentimentalismo y cursilería, solo esperamos que la policía no te haya atrapado mientras leías los poemas de Pedro Salinas en la noche de un parque.

Le decías "Bicho" a Alejandra Pizarnik. Una evocación lejana de aquel insecto que tú mismo eras en Divertimento. Palabra cálida, sobrenombre humorístico y tierno que aproxima y hermana. Cuando escribías, las inmensas distancias entre lector y autor empezaban a diluirse. Apelamos a tus propias palabras: Este último texto [...] no es un adiós entre el que habla y los que lo escuchan sino todo lo contrario, una voluntad de seguir estando allí, cerca, esperando, ayudando a la esperanza, con todo lo que se tiene. Hoy te decimos "Bicho".

Tú que invocaste al poeta francés Robert Desnos, muerto en el campo de concentración Terezín, y al poeta guerrillero Javier Héraud, asesinado en combate.

Cómo te va, Robert Desnos, cómo te va, Javier Héraud. Rara baraja de memoria los dos tan juntos esta noche, los dos tan lejos en la vida, Robert Desnos, Javier Héraud, en esta mesa a medianoche mirándose desde mis ojos, fumando el mismo cigarrillo que compartimos como el trago y este silencio de París, un cuarto piso donde estamos tan solos en la medianoche, arriba hay gente y la tv, abajo hay la tv y hay gente, el mundo de hoy, no el de mañana, Javier Héraud, Robert Desnos, la mesa llena de papeles, los restos de la cena fría, un disco de Édith Piaf, la mugre del hombre solo en casa sola, el libro abierto en cualquier página.

("Diciembre 17. Moro e Inti cazaron una pava. Nosotros, Tuma, Rolando y yo, nos dedicamos a hacer la cueva secundaria que puede quedar lista mañana...")

Llueve en París, llueve en Camiri, cómo te va, Régis Debray, llueve en La Habana, llueve en Praga, Elizabeth, el día llega cantando por los cañadones, llega con Tania y Michèle Firk, iremos juntos a los bailes de las esquinas liberadas, juntos de nuevo, juntos todos los que esta noche están tan lejos fumando el mismo cigarrillo del hombre solo en casa sola, y si tenemos suerte puede que también venga ése que mira siempre a lo lejos mientras nace el alba en la profunda selva.

("Junio 26. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron, para atenderlo, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo, con los relojes de los compañeros muertos anteriormente...lo llevaré, toda la guerra...")

¿Cómo te va hoy, Julio Cortázar?

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Sábado, 20 Septiembre 2014 08:41

Las mejores imágenes de astronomía de 2014

Las mejores imágenes de astronomía de 2014

Cada año, el Real Museo de Greenwich convoca un concurso para elegir al mejor fotógrafo de astronomía del año. Las imágenes de esta edición son tan buenas que algunas parecen completamente irreales, pero no hay Photoshop detrás. Solo el espacio, una cámara, y no pocas dosis de talento. Cubadebate comparte los premios de esta edición.

 

Ganador de la categoría: Tierra y Espacio

Aurora sobre un lago de glaciares. James Woodend, Reino Unido. Foto tomada con una Canon 5D Mk III, lentes de 33mm f/3.2 lens, ISO 1000. 10 segundos de exposición.
 

Ganador de la categoría: Nuestro Sistema Solar

Ondas en el estanque. Alexandra Hart, Reino Unido. Foto tomada con un refractor TEC140, montura EQ6, lentes Solarscope DSF 100mm f/18, y cámara PGR Grasshopper 3.

 

Ganador de la categoría: Espacio Profundo

Nebulosa Cabeza de Caballo (IC434), Bill Snyder, Reino Unido. Foto tomada con un telescopio Planewave de 17 pulgadas, montura Paramount, y cámara Apogee U16 camera con lentes f/6.8.

 

Ganador de la categoría: Joven Fotógrafo Joven

 

Nebulosa Cabeza de Caballo (IC434), Shishir y Shashank Dholakia (15 años), Estados Unidos. Foto tomada con un refractor triple Astro-Tech 111mm f/7, montura Orion Atlas EQ-G, y cámara SBIG ST-8300M, varios tiempos de exposición.

 

Ganador de la categoría: Gente y espacio

 

 Eclipse solar híbrido, Eugene Kamenew, Alemania. Foto tomada con una cámara Canon 5D Mk II, lente de 700mm f/22, ISO 400, 1/1600 segundos de exposición.

 

Premio especial Sir Patrick Moore al mejor fotógrafo novel

 

Autopistas de estrellas, Chris Murphy, Nueva Zelanda. Foto tomada con una cámara Nikon D600; lente 14–24mm f/2.8 a 17mm, ISO 3200, 20 segundos de exposición.

 

(Tomado de Gizmodo)

 

 

Publicado enFotorreportajes
Cerati, el músico que modernizó y popularizó el rock en Latinoamérica

Luego de cuatro años de agonía, tras el accidente cerebro vascular que sufrió después de un concierto en Caracas, y que desde entonces lo postró en una cama, Gustavo Cerati, uno de los exponentes fundamentales de la historia del rock en español, se despidió de este mundo para finalmente trascender hacia el Olimpo de los iconos del género. "Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio", informó ayer el médico Gustavo Barbalace de la Clínica ALCLA, donde estaba internado el cantautor argentino. "Lamentablemente, no pudimos revertirlo". Mientras que su familia, luego de trascender la noticia, advirtió en el perfil de Facebook del artista que, a partir de las 21.00 (hora local), en la Legislatura de Buenos Aires, ciudad de la que era oriundo el cantante y guitarrista, se le daría el último adiós.

A manera de paradoja, el artífice, que el 11 de agosto celebró sus 55 años sin ningún tipo de novedad con respecto a su estado de salud, por lo que la noticia de su muerte causó sorpresa y especialmente tristeza en la nación sudamericana, tuvo en el tema Adiós, compuesto junto a su hijo mayor, Benito Cerati, quien siguió sus pasos, e incluido en su disco Ahí vamos (2009), trabajo que consolidó su carrera en solitario, un pasaje que hoy podría considerarse un epitafio idóneo para su despedida. "Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor. Poder decir adiós: es crecer". Y es que si bien en vida ya era considerado una leyenda de la música popular de esta parte de Occidente, a partir de ahora será recordado como una figura revolucionaria y renovadora en la evolución del rock en América Latina, pues su olfato vanguardista, su capacidad de reinventarse constantemente y de saber adaptar a la idiosincrasia local las tendencias musicales del momento, se convirtieron en toda una universidad para su progenie y las subsiguientes generaciones de músicos.

Justo el día 27 del pasado mes se cumplieron 30 años del primer disco de Soda Stereo, titulado igual que el conjunto creado en 1982, con el que Cerati transformó los destinos del rock no sólo de Argentina, sino de América Latina. Si bien la escena de su país había cobrado fuerza a partir de la prohibición de pasar música en inglés durante la Guerra de Malvinas, el trío se tornó en un cachetazo al anacronismo al ofrecer un sonido contemporáneo y sofisticado, pero al mismo tiempo accesible a las masas. Lo que ratificó en su siguiente álbum, Nada personal, de 1985, con el que inauguró su desembarco en el resto del continente, incitado por su espíritu osado y aventurero. A pesar de que ya se conocía en otras latitudes el trabajo de exponentes de esa nación como Charly García, la banda que completaron el bajista Zeta Bosio y el baterista Charly Alberti fue realmente la responsable de la internacionalización y del prestigio que actualmente goza el rock argentino, pues, amén de su trayectoria, abrió las puertas para que otros colegas los secundaran en su cruzada.


Alumno insigne del camaleonismo bowiano, dueño de una de las muñecas guitarreras más prodigiosas del rock, poeta de la canción instantánea e instintiva, articulador del pop freestyler, apologista de la alusión, trabajólico taciturno, cazador de nuevos talentos, padre envidiable, y hombre generoso, Gustavo Cerati lanzó con Soda Stereo cinco álbumes más (del que destacó Canción animal, de 1990, con el que Latinoamérica se rindió a sus pies definitivamente) cuatro títulos en vivo y dos discos de corta duración, para luego iniciar su carrera solista. Aunque al principio sus fans y la prensa nacional y de la región lo castigaron por semejante acto de blasfemia, el músico, cuya hija más chica, Lisa, también heredó el legado artístico de su progenitor, avanzó a pesar de la adversidad y con la certeza de que algún día su decisión sería recompensada por la historia. Lo que sucedió recién 13 años después de editar su primer trabajo unipersonal, Amor amarillo, cuando puso a la venta el ya mentado Ahí vamos, con el que recobró su cualidad ultrahitera.


Una vez que hizo las paces con su presente, Cerati, aliviado y orgulloso, decidió regresar con Soda Stereo en 2007, a través de una de las giras más ambiciosas que se hayan realizado en la última década en el continente americano. No prometió volver con el trío, aunque tampoco lo desmintió. Poco le preocupaba eso en aquella ocasión, pues lo esperaba su nuevo disco en solitario, el quimérico Fuerza natural, de 2009, con el que salió a ver lo que el destino deparaba tras el equilibrio de su historia. Y vaya que sucedió lo impensable: el genio inmortal e inmoral cayó herido en la capital venezolana a causa de la sobredosis de trabajo. Muchos pensaron que lo mejor era que muriera en el acto, la forma más digna para una deidad de su talante, pero se quedó un ratito porque pudo más el amor de su madre Lilian, de sus hijos, y de sus fans, que el romántico imaginario del rock nocivo. Sin embargo, el "último moderno" de la Argentina no aguantó más. Ya estaba bien así. Ahora que finalmente descansa, es hora de devolverle al unísono esa frase que él mismo patentó: "¡Gracias totales!".

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Martes, 26 Agosto 2014 00:00

El misterioso origen de los cronopios

El misterioso origen de los cronopios

Lo saben sus lectores: Julio Cortázar –cuyo centenario recordamos hoy– murió hace 30 años y cada día escribe mejor.

 

Más allá de los ismos y del "boom latinoamericano", con los que se relaciona su obra, sus cuentos, novelas y poemas continúan atrayendo nuevos lectores con el poder magnético de sus palabras.


Hace tiempo escribí que las grandes obras crean su propia legislación, fijan sus reglas, crean sus propios universos. Permean el imaginario colectivo con atmósferas, frases, historias, personajes, imágenes poderosas que se vuelven indelebles.


Ya no es posible imaginar al mundo sin Don Quijote, sin Romeo y Julieta, sin el minotauro que habita el centro del laberinto. Tampoco sin los cronopios, los famas, los esperanzas, las manscupias o sin ese idioma en el que los amantes cifran sus pasiones y que Cortázar nos dio a conocer en el capítulo 68 de Rayuela: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes..."


Ese idioma se llama glíglico y todos, en algún momento, hemos recurrido a él inventando algunas palabras, resemantizando otras para tender esos puentes de entendimiento y complicidad que sólo pueden cifrar y descifrar quienes sostienen pláticas de sobrecama.


Todos sabemos qué es un cronopio aunque no podamos definirlo. Todos podemos entender el glíglico aunque tal vez seamos incapaces de poderlo escribir. Su importancia es tal que existen tesis académicas sobre ese idioma inexistente fijado magistralmente por Julio Cortázar.


Uno tiende a pensar que las nuevas palabras o los seres inventados por los escritores son producto de un laboratorio donde los ingredientes y las mezclas son minuciosamente preparados. En el caso de Julio Cortázar no es así:


Un día en un teatro de París durante el intervalo entre un acto y el siguiente tuvo la visión interior de unos seres que se paseaban en el aire y eran como globos verdes. Globos que tenían orejas y una figura humanoide aunque no eran exactamente seres humanos. Y así como tuvo la visión de esos seres redondos y verdosos le llegó su nombre: cronopios.


A Cortázar le divertía mucho ver cómo críticos sesudos descifraban la etimología de la palaba cronopio porque no tenía que ver con lo que elucubraban: naturalmente la relacionaban con Cronos, el dios del tiempo. Pero no tenían que ver nada con el tiempo, en absoluto. Días después aparecieron sus antagonistas: los famas.
Los cronopios comentó en algunas conferencias los sintió como unos seres muy libres, anárquicos, locos. Capaces de las peores tonterías y al mismo tiempo llenos de astucia, de sentido del humor, una cierta gracia. Y a los famas los vio con mucho cuello, mucha corbata, mucho sombrero y mucha importancia. Eran los representantes de la buena conducta, del deber ser, del mundo de las sanciones y los castigos.


El mundo de los cronopios, los famas y los esperanzas se fue articulando en algunos cuentos que formaron Historias de cronopios y de famas. Textos ligeros y lúdicos que algunos amigos le objetaron a Cortázar por ser demasiado lúdicos.


Sus críticos, amigos o no, no se habían dado cuenta que para Cortázar el juego era importante porque el escritor empieza jugando con las palabras al seleccionarlas, combinarlas o rechazarlas. Un juego serio e importante como el juego de los niños que berrean cuando los quieren sacar de ese mundo apasionado y fundamental. Aunque el juego divierte, su sentido es tan profundo que debemos tomárnoslo en serio. El juego es un territorio personal, un territorio que se comparte y se respeta y nos permite en su infinita combinatoria mirar las cosas de este mundo desde otra perspectiva.


No me extraña que le atrajera poderosamente el surrealismo en su juventud. El surrealismo fue para Julio Cortázar una gran lección. Lección más que literaria, metafísica: le mostró la posibilidad de enfrentar la realidad cotidiana no a partir de la lógica aristotélica sino a partir de los intersticios del mundo. Acercarse a las cosas a partir de las excepciones más que de las leyes. A partir de esas hendiduras secretas a las que accedemos gracias al amor y al humor, dos ejes del surrealismo. Muchas exposiciones de pintores surrealistas engendraron no pocos de sus cuentos fantásticos. No para copiar los temas de los cuadros sino por el estímulo que producían en el corazón creativo del Gran Cronopio.


Además de ser un gran escritor Julio Cortázar fue un estupendo lector. Por eso sabía que escribir y leer significan siempre interrogar y analizar la realidad. También luchar para cambiarla desde adentro, desde el pensamiento y la conciencia de los que escriben y de los que leen. No es forzoso, decía que esa literatura tuviera un contenido político: un poema de amor, un relato puramente imaginado bastaban para lograr ese cambio.


Desde 1958, según su correspondencia, Cortázar quería escribir una novela que fuera una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos. La crónica de una locura. Estaba convencido de que nada ocurre de una cierta manera, sino que cada cosa es a la vez muchísimas cosas. Por eso quería construir una narración hecha desde múltiples ángulos. La primer versión de Rayuela que originalmente se iba a llamar Mandala estaba llena de materia explosiva, una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana. Y no exageraba.


Desde sus primeros cuentos publicados en Bestiario en 1951 Julio Cortázar nos mostró que para él la literatura era un juego demasiado serio como para improvisarlo. Un juego donde la imaginación es su principal ingrediente y el lenguaje minuciosamente estructurado el único camino para provocarla.
Con los lectores de Julio Cortázar pasan los años, persisten los momentos. Momentos que son un cuento, el fragmento de una novela, la sombra de Charlie Parker en El perseguidor, los versos de un poema o la aparición de un cronopio que encontramos al doblar la esquina de cualquier calle y en cualquier lugar. Su juego está jugado, por eso cada día escribe mejor.

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Domingo, 06 Abril 2014 10:10

Quince canciones de Silvio Rodríguez

Quince canciones de Silvio Rodríguez

1. La Canción de la Trova

Es la canción con la que me autodefiní. No era baladista ni cantautor, como dictaba la moda, sino trovador, como los antiguos, como Sindo Garay y Miguel Matamoros.


2. La Era Está Pariendo un Corazón


Es la primera que me inspira el Che, y se convierte en suceso interpretada por Omara Portuondo. También es la primera que trasciende las fronteras de Cuba: el argentino Pino Solanas la incluye en su documental "La Hora de los Hornos".


3. Canción del Elegido


Creo que está entre las canciones donde cristalizó una suerte de lenguaje personal. También fue la primera que el pueblo cubano incluyó en su argot. Cuando alguien preguntaba "¿Cómo estás?", a veces se decía: "Aquí, matando canallas..." No en balde fue también la primera que hicieron suya los rumberos.


4. Epistolario del Subdesarrollo


No fue la primera canción crítica que hice, pero fue de las más escandalosas e incomprendidas. Varias veces me echaron a la calle por cantarla. Pocos vieron que tras aquella diatriba contra nuestras miserias locales había un desgarrado nivel de autoexigencia y un desafío al llamado primer mundo.


5. Esta Canción


Es la más descarnada. La hice el día que cumplí 21 años, durante un decepcionante festival de la canción en Varadero. Quedé tan agotado y vacío que nunca más intenté algo parecido, como una experiencia por la que sólo se transita una vez.


6. Ojalá


Recuerdo la mañana en que la estaba escribiendo, en el "Playa Girón". Emilia fue la llave de ingreso a aquella música y palabras vertiginosas. Era un momento intenso, una conciencia plena de lo que estaba hallando. Andaba y desandaba los dos metros y medio del camarote con la guitarra sobre el pecho, cantando aquella aparición, chocando con todo, con la vista nublada. Entonces no entendía aquellos sentimientos de fiera enjaulada. Al cabo de los años, viendo la respuesta que Ojalá provoca en tantos públicos, me pregunto cómo aquella mañana tan solitaria de alta mar pudo llegar hasta el futuro.


7. Playa Girón


Fue la primera vez que jugué a hacer una canción panfletaria para desarticular esa categoría, explicitando el proceso de elaboración. Estuve a punto de titularla "Arte Poética", pero le dejé "Playa Girón" en homenaje a aquellos pescadores que libraban una batalla en cierto sentido tan crucial como la de Bahía de Cochinos.


8. Oleo de Mujer con Sombrero


Soy culpable de haberla separado de sus hermanas, porque es la segunda de la tetralogía "Exposición de mujer con sombrero". Junto con Ojalá, La Maza y algunas otras, es de las canciones que más piden. Pasan cosas fabulosas con ella: la gente se enamora. En ese sentido es lo más cercano a la función de un bolero que he conseguido.


9. El Papalote


Le guardo un especial cariño porque describe recuerdos de infancia en mi pueblo y la vida de aquel hombre, que hacía papalotes y que al cabo de los años me hizo comprender a la gente anónima que es importante para los niños. En realidad trata de muchos temas; entre ellos hay un toque a la discriminación racial, sin subrayarlo, que es parte de un viejo propósito que siempre tuve: hablar de cosas cruciales como si fuera sin querer, sin ser didáctico, sesgadamente, como la mayoría de las veces nos enseña la vida real.


10. Pequeña Serenata Diurna


Entre varias canciones mías donde lo personal y lo colectivo se funden, esta creo que es la que mejor lo consigue, por su transparencia. Creo que fue un resumen, tras hacer otros muchos intentos, entre los que también pudiera contarse Te Doy Una Canción. Usé la paráfrasis de un título de Mozart porque creí encontrarme ante el mismo dilema que él en su Pequeña Música Nocturna: nombrar cosas grandes en un espacio ínfimo.


11. Sueño con Serpientes


"Es una canción sin familia", me dijo Sabina, y quizá tenía razón. La escribí de madrugada, porque la soñé: soñé las serpientes tragándome y soñé la música medio árabe que tiene, con el bajo en clave de son y todo. La cita de Bretch se la puse como brújula, porque si hoy resulta misteriosa, cuando la hice era desconcertante. Entonces parecía demasiado críptica, y yo necesitaba de un recurso para darle sentido. Y confieso que el sabio de Bretch empezó su ayuda por mi mismo.


12. Rabo de Nube


La escribí en la ciudad de México, a fines de los 70, una tarde en que me quedé solo en la casa de un amigo que nos daba albergue, a Noel Nicola y a mí. Pero la tenía escrita en la percepción desde que era niño y la había intentado varias veces. En Girón-Preludio le pasé la mano, pero la dejé ir. Me parece que todo el que ha sido niño y ha visto un tornado, ha sentido fascinación por el poder de la naturaleza. En Cuba la gente del campo les llama rabo de nube. Lo demás es crecer, vivir el mundo y darse cuenta de lo necesarios que serían, si barrieran con todas las tristezas. Para mi esta canción significa comunicarme con un sentimiento de todos, seamos de donde seamos y pensemos como pensemos. Algunos jazzistas se han fijado en ella: hay versiones de Charles Lloyd, de Chucho Valdés, de Charlie Hyden y de otros.


13. Unicornio


Cuando apareció la canción, el diario "El Mercurio", de Chile, hizo una encuesta preguntando qué era el unicornio para cada entrevistado. Isabel Parra me trajo la página y leerla fue estremecedor. Cuánta razón había en cada una de las interpretaciones: una señora hablaba de su esposo muerto, una niñita lloraba su cachorro perdido... Creo que descubriendo todo aquello me di cuenta de lo que había escrito. Con Unicornio sucedieron otras cosas extrañas: la escribí a finales de 1980, o en enero del 81, no recuerdo. Lo que sí sé es que el disco fue editado en el 82. Y resultó que el año siguiente, 1983, fue nombrado como año mundial del unicornio por la UNESCO. Entonces comenzaron a aparecer libros, almanaques, agendas, y hasta se hicieron peregrinaciones al museo de Los Claustros, en New York, donde se encuentran los cincos famosos tapices de los unicornios. Para colmo, unos pocos meses después, un ingeniero genético inglés consiguió un cabrito con un solo cuerno en la frente. Todo eso fue, y sigue siendo, un gran misterio para mi.


14. Oh Melancolía


Era una canción que necesitaba hacer. Llevaba años trabajando con Afrocuba, dándole preferencia a los ritmos, y mi espíritu añoraba la lírica. El tema se me ocurrió en un ensayo que detuve inmediatamente, para correr a mi casa a desarrollarlo. No me fue fácil, estuve tres meses dándole vueltas. Pero uno acaba sabiendo reconocer cuando tiene cierto tipo de materia prima entre manos y entonces no ceja. Puse en práctica todo lo que sabía, pero afortunadamente el tema mismo era algo que no sabía, que me había inducido el azar. Y el azar es una de las fuerzas más descomunales de la naturaleza. Según los físicos, de ahí nacen las singularidades, como el Big-Bang... Bueno, está claro que no creé el universo con Oh Melancolía, pero mi modesto universo musical creció con ella.


15. Casiopea


Cintio Vitier y Fina García Marruz me dijeron que era la canción que más les atraía de "Rodríguez". Qué satisfacción sentí. Porque a mi me pasaba lo mismo. El tema de los exilios. Todos somos exiliados de algo. La misma vida se encarga de exiliarnos de sitios como la niñez. Qué elemental y qué controvertido. Casiopea y Ala de Colibrí son de esas canciones que por momentos se me escapan (hay otras), y puede que algún día les descubra otros significados, como me pasó con Unicornio. Esta ignorancia de mi mismo me ha llevado a pensar que acaso soy un mostrador de sugerencias, porque el mundo se encarga de completar la dimensión de lo que expongo. Es probable que mi utilidad consista en ser vehículo, herramienta de la que algo se sirve para que la gente no olvide aspectos de sí misma.


(Tomado del blog de Silvio Rodríguez, Segunda Cita)

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Miércoles, 13 Noviembre 2013 16:47

Poéticas del Siglo XX

Este tercer tomo compila sugerentes y lúcidos textos de algunos de los más altos poetas hispanoamericanos, europeos y norteamericanos, que reflexionan sobre la creación y la poesía, el oficio y destino del poeta como hacedor de realidades a través de la palabra, el constante de trabajo con el lenguaje y la contradictoria y controversial relación del artista con la sociedad.

 

Formato: 22 x 22 cm

Tomo: 3

250 páginas

P.V.P.: $ 38.000

 

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Jueves, 31 Octubre 2013 08:21

Robert Redford y la ética del activismo

Robert Redford y la ética del activismo

Robert Redford mira hacia atrás, hacia los años del activismo estudiantil contra el Gobierno de EE.UU. y su política en la Guerra de Vietnam, para retratar la situación ahora, o mejor dicho, para hacer la radiografía de la generación de los jóvenes del mundo occidental, buscar sus motivaciones, calcular su fuerza y, sobre todo, preguntarse si son un posible relevo hoy. Lo hace en su película Pacto de silencio (The Company you Keep), un thriller que dirige y protagoniza y con el que recupera la memoria de los Weatherman, conocidos también como The Weather Underground, una organización radical de izquierdas de los setenta que llegó a poner bombas en edificios públicos, asegurándose de que no moriría nadie en esas acciones.

 

El actor y director, que ha reunido un reparto de auténtico lujo para esta película -Susan Sarandon, Julie Christie, Nick Nolte, Brendan Gleeson, Shia LaBeouf, Richard Jenkins...- propone al espectador una reflexión acerca del uso de la violencia, la necesidad de buscar la verdad y la importancia de mantener la esperanza en la posibilidad del cambio. Son cuestiones que surgen de la historia de Jim Grant, un abogado especializado en derechos civiles, que tiene que abandonar a su hija y su vida de los últimos treinta años, cuando un periodista desvela su auténtica identidad, la de un antiguo radical antibelicista de los setenta, fugitivo buscado por asesinato (en esta ficción hay un muerto en una de las acciones de los Weatherman).


Movimientos estudiantiles

 

"Tengo la sensación de que América siempre quiere resolver las cosas muy deprisa, sin pensar en los costes o las consecuencias, o en cómo eso afecta a las vidas de las personas. Y yo cada vez estoy más y más interesado en las zonas grises, donde las cosas no son nada fáciles de cuantificar", dijo recientemente el veterano actor y director refiriéndose a esta película y a aquel grupo estudiantil. Son declaraciones de una entrevista donde reconocía que, aunque no participó en aquellos movimientos en su juventud, siempre simpatizó con ellos.
La postura de Redford en Pacto de silencio es clarísima. Hay que pelear, hay que luchar por lo que creemos, hay que involucrarse en la creación de un mundo mejor y son los jóvenes los que deben liderar esa batalla. Pero el mensaje se tropieza con algunos enemigos a lo largo del camino y uno de los peores es el que él mismo crea al enfrentar su personaje con el que interpreta Shia LaBeoauf, el de Ben Shepard, uno de los periodistas más aborrecibles del cine de los últimos años.


Pensado para ser el hombre que toma el relevo del personaje principal, Redford presenta a Shepard como un reportero de periódico local, muy ambicioso y absolutamente carente de ninguna ética del periodismo. Compra información con total naturalidad, miente, hace promesas falsas... "Ahora me explicó por qué el periodismo ha muerto", es una de las frases que al comienzo de la historia le dedica el personaje de Jim Grant. La intención es llevar a este joven periodista por un recorrido de reconocimiento de la verdad hasta convertirle en el 'relevo' y en el símbolo de la nueva generación de luchadores democráticos. El problema es que cuando el proceso ha terminado, ya no hay tiempo para empatizar con el personaje.


La posibilidad de cambiar el mundo


El discurso de Redford es ineficaz justamente por esa pérdida de pulso cinematográfico, sin embargo, sí funciona desde otros ángulos. Pacto de silencio es una reivindicación de la solidaridad, el trabajo en equipo y, sobre todo, la lealtad. Los miembros de aquel grupo radical jamás se han delatado unos a otros, siempre se han respetado y han sido capaces de discutir civilizadamente las estrategias de acción. Algunos han desistido de sus sueños, pero otros aún creen en ellos.


"Yo sigo creyendo en la posibilidad de cambiar el mundo", sentencia Mimi Lurie, la activista a la que da vida Julie Christie, una actriz que, por cierto, siempre ha dejado constancia de su postura progresista. En la película, es el personaje determinante, el que finalmente debe decidir. Es una mujer que ha apostado por mantenerse en la lucha a pesar del paso de los años. "Es también una fugitiva, pero cree que entregarse sería como colaborar con las fuerzas contra las que luchaba; sería como aceptar sus convenciones -dice-. Mucha gente podría pensar que es estrecha de miras, cuando lo cierto es que ve mucho más allá. Ha elegido lo que cree que va a ser la manera más efectiva de operar, mientas que la mayoría de las personas siguen lo que les mandan. Esa es la verdadera estrechez de miras. Al final lo que tiene es una integridad descomunal. Diría que es una integridad 'dolorosa' porque la integridad es un asunto doloroso".

 

"Comerciar honradamente con marihuana es un delito, pero lo de las preferentes es legal". Así define este personaje el mundo que desprecia y que quiere cambiar, un mundo al que también se enfrenta Redford desde su postura de cineasta, desde la que formula -con más o menos efectividad- preguntas necesarias. "Pensé que ésta era una buena historia y que ofrecía la oportunidad de ver el interior de un acontecimiento que es parte de la historia americana", afirma y añade: "Por otro lado, tenía a muchos amigos que estuvieron involucrados en aquellos movimientos. Vi lo que estaba ocurriendo, podía ver lo bueno de todo ello. La razón por la que la gente era tan apasionada era porque había una corriente entonces..."


Aquí, Redford recupera la memoria de aquellos estudiantes que lucharon para terminar con la guerra de Vietnam, los presenta como alternativa posible hoy, y, con ellos, además rememora los versos de la canción de Dylan que dieron nombre a ese grupo radical: "You don't need a weather man / to know which way the wind blows" ("No necesitas al hombre del tiempo para saber de qué lado sopla el viento").

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