Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías Arte feminista latinoamericano

Como todas las reflexiones, acciones y creaciones feministas, el artivismo de las mujeres es una respuesta que confronta la realidad porque sus preguntas brotan de ella. Por lo tanto, Julia Antivilo en este libro nos propone analizar las respuestas que las mujeres han dado a la violencia feminicida, la autorepresentación ante el borramiento constante de su historia y la burla de las visiones acabadas de lo que debe ser una mujer (por ejemplo, la subversión de los estereotipos educadores a la sumisión y represión del deseo de las mujeres en los medios masivos de comunicación y la publicidad).

Jueves, 11 Enero 2018 06:13

Klimt y Schiele, 100 años de ausencia

Muerte y vida, 1910-1911, óleo sobre lienzo, cuadro acerca de un tema que obsesionó a Klimt durante sus últimos añosFoto tomada del libro Gustav Klimt, obras completas, editorial Taschen

 

La mayor pandemia mundial segó a dos grandes pintores austriacos

Sus obras, objetos de culto que disparan las subastas internacionales

 

Hace cien años, la pandemia más devastadora de la historia humana, arrebató al mundo del arte a dos de sus grandes pinceles: Gustav Klimt y Egon Schiele. Con apenas ocho meses de diferencia, ambos fallecieron en 1918, en Viena, Austria, víctimas de la llamada gripe española.

A partir de ese momento sus obras pasaron a formar parte de un culto que hoy día ha convertido a los artistas, quienes además fueron buenos amigos, en dos de los autores austriacos más cotizados en las subastas internacionales.

El museo Leopold de la capital austriaca, fundado en 2001 con las obras de la antigua colección privada de arte de Rudolf y Elisabeth Leopold y que alberga el mayor conjunto en el mundo de Egon Schiele, recordará durante 2018 la efeméride con magnas exposiciones dedicadas a los principales exponentes del movimiento modernista de la Secesión de Viena.

El 18 de enero se inaugura la muestra Vienna 1900. Klimt-Moser-Gerstl-Kokoschka, conformada por obras de Klimt (1862-1918) y Koloman Moser (1868-1918), así como de los expresionistas pioneros Richard Gerstl (1883-1908) y Oskar Kokoschka (1868-1980), en una lectura completamente nueva, promete el recinto.

Ahí se podrá apreciar la joya del Museo Leopold: el cuadro Muerte y vida de Klimt, uno de los últimos que realizó antes de morir, acerca de un tema que lo obsesionó sus últimos años. En 1911, con esa obra el artista recibió el primer premio de la Exposición Universal de Roma.

En 1918, a los 56 años, luego de haber sobrevivido a un infarto y una neumonía, el pintor no pudo con la gripe española. Se sabe que, en su lecho de muerte, mandó llamar a su musa y eterna compañera, Emilie Flöge, con quien lo unió una intensa historia de amor. Fueron sus últimas palabras.

Un número considerable de sus obras, varias de ellas inconclusas, fueron confiscadas de su taller por los nazis y después destruidas en el incendio del castillo de Immendorf en 1945, para evitar que se convirtieran en botín de guerra.

También las pinturas del techo del aula magna de la Universidad de Viena hechas por Klimt, conocidas como las Pinturas de la Facultad, fueron destruidas durante los últimos días de la guerra en 1945, tachadas de pornográficas.

En la actualidad, explica el Museo Leopold, esos murales representan “un cambio de paradigma y un credo de una nueva noción temática y formal del fin de siglo: espíritu y materia, naturaleza y el arte, así como Eros y Thanatos, partes esenciales de la obra artística de Klimt.

“Las obras pictóricas del vanguardista Gustav expresan además un anhelo de belleza y sensualidad. Junto con obras de las colecciones del Museo Leopold y la colección privada de la familia Leopold, las muestras dedicadas al artista en el centenario de su muerte contarán con obras de la Fundación Klimt, otorgadas al museo como un préstamo permanente de un descendiente del pintor, así como préstamos internacionales seleccionados de colecciones privadas e institucionales.

“Por tanto, la exposición retratará la evolución artística de Klimt como un exponente del historicismo tardío hacia uno de los representantes más prominentes del Jugendstil (estilo joven) vienés.”

En febrero abrirá en ese recinto la exposición dedicada a conmemorar el centenario luctuoso de Egon Schiele, única en su combinación de pinturas, obras en papel y material de archivo, la muestra tocará los más importantes temas en la obra del artista. En primer lugar, su confianza en sí mismo, rompiendo con las tradiciones, y su evolución como artista expresivo, seguido de la figura ambivalente de la madre y las representaciones tabú de niñas y niños, temas como la espiritualidad y la metamorfosis, casas y paisajes enigmáticos, así como sus análisis complejos y llenos de tensión en sus autorretratos.

En 1918 el artista tenía 28 años. Participó con éxito en la 49 exposición de la Secesión de Viena, para la que diseñó el cartel y donde vendió la mayoría de los 50 cuadros que presentó.

En otoño de 1917 la pandemia de la gripe española (que causó más de 20 millones de muertos en Europa) llegó a Viena. En febrero había muerto Gustav Klimt atacado por esa enfermedad y el 28 de octubre la esposa de Schiele, Edith, quien estaba embarazada de seis meses. Tres días después falleció Egon.

En su caballete quedó su última pintura importante: La familia, de un realismo inusual, dicen los expertos, en la que retrata, desnudos, a un hombre sentado en un sofá, y una mujer con un niño pequeño entre sus piernas, envuelto en una cobija, siempre con un halo de melancolía.

 

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La familia (1918), una de las últimas pinturas realizadas por Egon Schiele. Foto tomada de Internet

 

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Retrato de Chaim Soutine, obra incluida en la exhibición dedicada a Amedeo Modigliani, abierta en marzo de 2017, en el Palazzo Ducale de Génova. Defensores del consumidor en Italia exigen rembolsos a los visitantes de la muestra, tras darse a conocer que al menos 20 pinturas son falsas. Foto Ap

 

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Viernes, 05 Enero 2018 07:06

Octavio Paz contra el neoliberalismo

Octavio Paz contra el neoliberalismo

 

“El mundo que viene es más de dueños que de trabajadores”, confesó a PáginaI12 el Ceo de Los Grobo en el aquelarre de la OMC. ¡Chocolate por la noticia!, me animaría a decirle. Pero él intentaba escamotear la actual hecatombe concreta sobre derechos seculares de la clase obrera, con el espejismo de un futuro paraíso virtual, y universal, de “emprendedores”. Por suerte, el lenguaje sigue siendo fecundamente ambiguo. Y de sus palabras podemos extraer el contenido literal, bien patente –por desdicha– para los argentinos en la actualidad: todo para los dueños, nada para los que crean su riqueza.

Casi de inmediato, como un reflejo antípoda, recordé otro concepto también significativo. En uno de sus diálogos reunidos en libro (El poeta en su tierra) por Braulio Peralta, confiesa Octavio Paz: “Siempre creí –y creo– que mi interlocutor natural era el intelectual llamado de izquierda. Vengo del pensamiento llamado de izquierda. Fue algo muy importante en mi formación. No sé ahora (...) lo único que sé es que mi diálogo –a veces mi discusión– es con ellos. No tengo mucho que hablar con los otros.” Pero el gran dinero corporativo y los no menos desmedidos medios hegemónicos, intentaron apoderarse de todo Octavio Paz, el célebre escritor mexicano, distorsionando sus tempranas críticas al terror stalinista y su redescubrimiento del auténtico liberalismo para adjudicárselo, domesticado como a tantos otros conversos hacia la derecha.

Porque Paz, nacido en plena Revolución Mexicana (1914), era hijo de Octavio Paz Solórzano, fundador del Partido Nacional Agrarista, asesor legal de Emiliano Zapata y su representante en EEUU, involucrado en la reforma agraria y en las transformaciones educativas de José Vasconcelos. Apenas recibido, en 1937 parte a Yucatán con las misiones pedagógicas del legendario Presidente Lázaro Cárdenas. Y también ese año integra la delegación mexicana al célebre Congreso de Escritores Antifascistas convocado en Valencia por los republicanos españoles, mientras arreciaba la guerra civil desatada por el franquismo.

Comenzaba su tarea de escritor, cuyos primeros títulos lo vuelven hombre público. Polemista agudo, convencido humanista, su figura crece como su influjo, entre admiraciones y rechazos. Pero algo hay que reconocerle: en 1968, tras 24 años de diplomacia renuncia como rechazo a la feroz represión oficial que dejó muchos muertos y heridos, durante la masacre de Tlatelolco, entre los estudiantes mexicanos.

Medio siglo después de aquel legendario Congreso de Valencia, se invitó a los sobrevivientes. A Octavio Paz eso le provocó un gran texto: “El lugar de la prueba”. Lo reprodujo el diario La Nación, el 8 de noviembre de 1987. Y en él comencé a descubrir una vertiente bien oculta. Dice: “porque la libertad de expresión está en peligro siempre. La amenazan no sólo los gobiernos totalitarios y las dictaduras militares, sino también, en las democracias capitalistas, las fuerzas impersonales de la publicidad y el mercado. Someter las artes y la literatura a las leyes que rigen la circulación de mercancías es una forma de censura no menos nociva y bárbara que la censura ideológica.”

En su libro La otra voz / Poesía y fin de siglo, de 1990, el año de su Premio Nobel, Octavio Paz reitera claramente: “hoy las artes y la literatura se exponen a un peligro distinto: no las amenaza una doctrina o un partido político omnisciente sino un proceso económico sin rostro, sin alma y sin dirección. El mercado es circular, impersonal, imparcial e inflexible”.

Y en otro libro: Al paso, insiste: “Pienso en la solapada dominación del dinero y el comercio en el mundo del arte y la literatura. Las leyes del mercado no son estrictamente aplicables a la literatura, al pensamiento y al arte. Las potencias meramente comerciales, regidas por el criterio del éxito y la venta, tienden a la uniformidad –máscara de la muerte.”

No era algo casual. El 25 de agosto de 1992 leo en La Nación: “Es muy grave que el relativismo social actual se convierta en un nuevo absolutismo basado en esta idea: las cosas no tienen valor, tienen precio. Este es el camino por el cual una sociedad se destruye.” Y añade: “Cuando yo era joven el gran enemigo del arte eran los Estados autoritarios. Esta amenaza ha sido sustituida por otra mucho más sutil: la amenaza del mercado, que lo relativiza todo. Estas son las grandes amenazas modernas. El mecanismo del mercado no tiene ideología, acepta todas, las usa todas, no respeta ninguna y se sirve de todas ellas.”

Si fuera poco, en Le Nouvel Observateur poco antes de morir, en 1998 afirma Paz: “Se habló del desastre del autoritarismo, sería preciso hablar del desastre del capitalismo liberal y democrático, en el dominio del pensamiento como en el de la vida cotidiana; la idolatría del dinero, el mercado transformado en valor único que expulsa a todos los otros.”

Podría citar más, pero ya basta. Llegó la hora de pensar a Octavio Paz en su complejidad, sin anteojeras. No quiero decir que tal reiteración sea única (no pocas veces me tocó disentir con él en otras lecturas). Pero siento que le debemos considerarlo íntegramente, desde nuestra propia perspectiva sí, pero en toda su múltiple riqueza. Así empezó a ocurrir donde algunos no hubieran esperado: intelectuales cubanos impulsaron un seminario de análisis a fondo para la entera obra de Paz.

Y hay más. En “El lugar de la prueba”, 50 años después de aquel congreso antifascista, Octavio Paz sólo recuerda esto: “en fin, y ante todo, el trato con los soldados, los campesinos, los obreros, los maestros de escuela, los periodistas, los muchachos y las muchachas, los viejos y las viejas. Con ellos y por ellos aprendí que la palabra fraternidad no es menos preciosa que la palabra libertad: es el pan de los hombres, el pan compartido. Esto que digo no es una figura literaria. Una noche tuve que refugiarme con algunos amigos en una aldea vecina a Valencia mientras la aviación enemiga, detenida por las baterías antiaéreas, descargaba sus bombas en la carretera. El campesino que nos dio albergue, al enterarse de que yo venía de México, un país que ayudaba a los republicanos, salió a su huerta a pesar del bombardeo, cortó un melón y, con un pedazo de pan y un jarro de vino, lo compartió con nosotros.”

¿Alguien capaz de expresar eso no merece que volvamos a pensarlo más a fondo? (Sí, ya sé que no era fácil. Que era incómodo, intelectual, disidente, complicado. ¿Pero es que no se trata justamente de eso? ¿No se trata de seguir soñando un mundo con más libertad y más justicia, con más justicia y libertad?)

* Poeta, traductor, ensayista.

 

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Jueves, 23 Noviembre 2017 09:52

Crímenes Sublimes - Capítulo 18

Crímenes Sublimes - Capítulo 18

La calle 82 atraviesa la zona rosa. Rodeada de bares, restaurantes y centros comerciales, en las noches concentra buena parte de la actividad social de la ciudad. A la altura de la carrera novena, un tanto alejada del ruido de los bares y discotecas, una vieja casa de dos pisos alberga la Librería Bucholz.

Después de estacionar, Marlowe entra a la librería y sube unas escaleras en forma de caracol que conducen al café en el segundo piso. Desde lo alto de las escaleras Marlowe observa las filas de estantes llenos de libros y algunas personas que los hojean descuidadamente, entre ellas dos hombres de saco y corbata que parecen más preocupados por vigilar la puerta principal de la librería que por el destino de la literatura contemporánea. En una de las mesas del fondo del café hay una mujer sola, elegantemente vestida. Marlowe se dirige directamente hacia su mesa.

Flora Suskind debe tener unos 55 años, aunque aparenta tener menos. Su piel es brillante y de color canela, como si acabara de volver de unas vacaciones en la playa. Es más delgada de lo que Marlowe recordaba. Tiene las cejas pobladas y juntas, la nariz recta y alargada y labios finos. “¿Quiere tomar algo, detective?”. “Un café estaría bien”. Flora le hace una señal al mesero que de inmediato desaparece atrás de una puerta de madera. Sólo hay otra mesa ocupada donde un hombre viejo escribe concentrado en un cuaderno de tapa oscura. “Es Chandler, el escritor”, dice Flora mirando hacia la otra mesa. “No leo mucho últimamente”, dice Marlowe. “Bueno, no importa”. El mesero coloca una taza de café frente a Marlowe y después vuelve a desaparecer atrás de la puerta.


“¿Quería hablar conmigo?”, dice Marlowe, después de darle un sorbo largo a su taza de café. “Detective, lo que voy a decirle ahora no lo sostendré en ningún otro momento. Espero que me entienda. Sólo lo hago porque creo que mi vida está en riesgo”. “No se preocupe, la entiendo”. “Como usted ya debe imaginar, los asesinatos de los últimos días, no son casos aislados”. “Tenía la vaga intuición”. “Veo que no ha perdido el sentido del humor, me alegro”. “En este país es nuestra única defensa”. “Estoy de acuerdo”, dice Flora con una sonrisa. “Zubiría, Laura, el Coronel Fernández, se conocían y yo los conocía a ellos. Hacíamos parte de un grupo, de una cofradía...”. “¿El Club del Fuego del Infierno?”, dice Marlowe. “Ha estado investigando”, dice Flora un poco sorprendida. “Pensé que era una broma de intelectuales ricos y desocupados”. “Touché”, dice Flora, “algo por el estilo. O por lo menos eso creíamos hasta que comenzaron las muertes”. “¿Y cuál era el objetivo del grupo exactamente?”. “Bien, creo que esto no sorprenderá a un detective de homicidios. El grupo reúne a aficionados, conocedores del arte del asesinato, personas cultas que estudian el asesinato: sus diversas formas, métodos, historia...”. Marlowe la mira fijamente a los ojos. “Detective, encaramos el asesinato desde un punto de vista estético, no desde un punto de vista moral. No planeamos, ni queremos la muerte de ningún ser humano, analizamos hechos consumados que están ahí como una obra de arte, como una pintura o una novela. Ninguno de nosotros es... o era un asesino”. “¿De Quincey hacía parte del grupo?”. “Más que eso, De Quincey es uno de los miembros fundadores, uno de los mayores conocedores del tema y defensor intelectual del asesinato considerado como una de las bellas artes.” “Pero no un asesino”, dice Marlowe. “Me cuesta creerlo, pero en este momento no estoy segura de nada”. “¿Y Zubiría?”. “Ah, Eliseo nunca debió entrar al grupo. Comenzó a frecuentarlo en compañía de su esposa, más por curiosidad que por verdadera afinidad, como nos dimos cuenta después. Tras las primeras reuniones comenzó a atacarnos, a decir que lo que hacíamos era inmoral y peligroso y amenazó con poner al descubierto las actividades del grupo”. “Algo que no sería nada agradable para importantes figuras públicas”. “Exacto. Decidimos terminar con las reuniones para no correr el riesgo.” “¿Cuándo fue eso?”. “Hace más o menos un año”. “¿La señora Braun también hacía parte del Club?”. “Sí, era un miembro antiguo de la cofradía desde sus años en Berlín”. “Ah, así que el grupo es internacional”. “Tiene una larga tradición detective, en varios países”. “El Club Rotario de Asesinatos”, dice Marlowe irónico. “¿Quién más hacía parte del grupo?”. “A eso precisamente quería llegar. Mi buen amigo Oscar Cardoso.” “¿Cardoso, el arquitecto?”. “Sí, llevo varios días tratando de comunicarme con él y no lo consigo. No atiende su celular, ni el teléfono fijo, no responde los mails. Nadie lo ha visto recientemente”. “¿Dónde vive?”. “En una casa de campo a las afueras de Chía. Esta es la indicación para llegar”. Flora le pasa un pequeño papel blanco con un mapa. “¿Por qué decidió contar todo esto ahora?”. “Tengo miedo, detective. Ando todo el día con escoltas. Cualquier movimiento me parece sospechoso. No puedo dormir. Quiero que esto termine, que se capture al responsable. Quiero volver a vivir en paz”. La voz de Flora se quiebra un poco antes de terminar la frase. “Por ahora le recomiendo que tenga mucho cuidado. Llámeme si ve algo sospechoso”, dice Marlowe mientras le pasa una tarjeta. “Lo haré detective”, dice Flora recuperando la firmeza de su voz. “Gracias por su ayuda”.

 

* Este es el último capítulo que aparecerá impreso en el Periódico desdeabajo, para continuar la lectura de “Crímenes sublimes” puede ingresar a:

 

https://crimenessublimes.wordpress.com

 

Publicado enEdición Nº241
Miércoles, 25 Octubre 2017 06:24

La Revolución de Octubre y las vanguardias

La Revolución de Octubre y las vanguardias

Hay grandes obras que, aunque restan inconclusas, o quizás porque restan inconclusas, subrayan su intención, su hechura para la posteridad, ya que estarían señalando lo inconmensurable, la imposibilidad de ciertos sueños humanos, los límites del mínimo hombre. Sucede con algunos textos de Franz Kafka (entre otros, nada menos que con El proceso y El castillo); sucede con El buen soldado Švejk, de Jaroslav Hasek, la gran sátira checa que “solo” llegó a completar cuatro volúmenes de los seis planeados; relativamente parecido es lo que pasa con la famosa Sinfonía, también “Inacabada”, de Franz Schubert, o con el Requiem en D menor de Wolfgang Amadeus Mozart; sucede con el templo de Antoni Gaudí, La Sagrada Familia, en Barcelona, el cual, comenzada su ejecución en 1882, aún no se ha terminado de construir. Pasó también, casi obligadamente, con el Monumento a la Tercera Internacional, cuya colosal maqueta, diseñada por Vladimir Tatlin, y presentada en 1920, jamás se transformó en una obra incorporada a la realidad.


Vladimir Tatlin, iniciador del Constructivismo, nació en Járkov, Ucrania, en 1885, hijo de un ingeniero de ferrocarriles y una poeta. Trabajó como cadete del mar y joven comerciante, y pasó algún tiempo en el extranjero. Comenzó su carrera artística como pintor de íconos en Moscú, y asistió a la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura. También fue músico, “bandurist” (la bandura es un instrumento ucraniano de cuerda pulsada, que combina los elementos de la cítara y el laúd), y actuó en la Exposición Universal de París en 1906. Fue uno de los entusiastas de la vanguardia eslava, y al inicio del período soviético sostuvo que el arte debía integrarse en el conjunto de la producción, disolverse en la vida cotidiana y renunciar a su función exclusivamente estética. No es que la Revolución haya impuesto a los artistas estos trasvases; ellos mismos venían sosteniendo que el arte debía incorporarse a la vida diaria, y que era del cambio en las formas estéticas que iban a venir los cambios en la forma de vivir. Por eso, la gran fuerza que mantuvo unida a la vanguardia rusa fue política.


Si, como sostiene Peter Bürger (Theorie der Avantgarde, 1974), lo que distingue a los movimientos de las primeras décadas del siglo XX de cualquier ruptura estética anterior es “el intento de organizar, a partir del arte, una nueva praxis vital”, ellos vieron en las revueltas contra el zarismo, y finalmente en la Revolución de Octubre, la concreción de esa posibilidad. El embanderamiento de la mayoría de sus componentes, su acalorada y firme participación en la construcción de una nueva sociedad, representaron la razón, el ápice y el drama de esas vidas. Alentados en los primeros tiempos por la tolerancia de Lenin, por las cultas distinciones de León Trotsky, tuvieron en el Comisariado de la Educación y de las Artes (Narkompros) un apoyo respetuoso, y en Anatoli Lunacharsky, el sutil y cultivado “Comisario de la Ilustración”, a un impulsor y protector. Al principio se logró, por primera vez en la historia, conciliar la voluntad de construir una nueva sociedad con los cambios perseguidos por las vanguardias en el campo artístico. Era el momento de poner a prueba el arte como factor de transformación social, y ellos aceptaron este reto, asumiendo el protagonismo en la nueva política cultural y la dedicación a la docencia artística como forma de educar al pueblo. Luego, la burocracia fue fortaleciendo sus criterios pedagógicos y conservadores, hasta imponer las recetas realistas de Andrei Zhdanov y los extremos de represión que después se conocieron.


Fue, sin embargo, en el seno de la propia izquierda estética y revolucionaria que surgieron concepciones enfrentadas respecto de la función que debía cumplir el arte. Si para Vladimir Tatlin era ineludible su acción de servicio hacia la nueva sociedad (el arte debía integrarse en la producción, convertido en obras de arquitectura, en diseño industrial, en publicidad y difusión), para Kazimir Malevich la investigación artística tenía que ser ajena a toda contaminación externa. Los constructivistas, con Tatlin a la cabeza, negaban validez al arte como actividad exclusivamente estética, y exigían su disolución en la vida cotidiana. Ante la individualidad creadora, el Constructivismo oponía el sentido de una producción cultural colectiva. Frente a la pura investigación formal, requerían inmediatez para la resolución de las demandas populares. De lo que consideraban juego gratuito y mera especulación en la investigación plástica, se pasó a la búsqueda de una fusión entre arte y tecnología, señaladas como los mayores agentes del cambio social. Tatlin llegaría al Constructivismo partiendo del Cubismo y el Futurismo; del primero tomó su descomposición de los objetos por planos y del segundo el interés por el uso de todo tipo de materiales, plásticos y verbales, y la incorporación de la mecánica y del maquinismo. En 1913 había visitado el estudio de Pablo Picasso, en París, donde tuvo oportunidad de ver las esculturas y las pinturas, con añadidos de cartones recortados o plegados, que utilizaba para sus experiencias cubistas.


Después de la Revolución de Octubre, todo su trabajo estuvo presidido por la idea del artista-constructor. Donde mejor pudo plasmar sus ideales, esa transformación de los elementos de la cultura industrial (hierro, acero y cristal) en volúmenes, planos, colores, superficie y luz, fue en el proyecto para el Monumento a la Tercera Internacional, cuya maqueta presentó en 1920. El edificio era concebido como la superposición de tres cuerpos geométricos, con unos 400 m de alto: un cubo, una pirámide y un cilindro, articulados por un eje vertical y cubiertos por una estructura helicoidal ascendente; dentro de la estructura de hierro y acero de espirales dobles, el diseño preveía tres bloques de construcción, con ventanas de vidrio, que girarían a velocidades diferentes: la primera, un cubo, una vez al año; la segunda, una pirámide, una vez al mes; la tercera, un cilindro, una vez al día. Los tres volúmenes albergarían, respectivamente, las salas de congresos, las del órgano ejecutivo y el centro de comunicaciones, rematados por un mecanismo para proyectar imágenes y sonido. Emblema de la utopía socialista apoyado por la tecnología, el monumento se imaginaba como un faro que alumbra el nuevo mundo.


Las investigaciones plásticas de los constructivistas tuvieron una influencia directa en el desarrollo de la arquitectura moderna. Su decidida aspiración de unir arte y sociedad encontraba plasmación natural en esta, como compendio de las artes plásticas y, aunque sus realizaciones fueron pocas, las búsquedas cristalizaron en proyectos significativos para su desarrollo. Tatlin también se dedicó al estudio de la ropa y de objetos, muebles, vajilla. Antes del final de su vida, empezó a investigar el vuelo de los pájaros. Esa idea culminaría entre 1929 y 1932 con unas esculturas volantes, a las que puso el nombre de Letatlin, que recuerdan los diseños de Leonardo da Vinci. Ello, con el fin de construir un aparato al que dio forma, para emprender la realización de otro de los grandes sueños de la humanidad: el vuelo.
* Escritor, docente universitario.

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:45

Dos canciones para la navidad en Casablanca

Dos canciones para la navidad en Casablanca

Para mi amigo Carlos

 

Cuando llegué a uno de los Centros Locales de Artes, ubicado al occidente de Bogotá, lo escuché cantar con su voz afectada por la gripa, y al fondo las voces de los niños en coro. Se trataba de un poema de José Goytisolo llamado El lobito bueno, que Paco Ibañez había musicalizado: «Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos./ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado./ Todas estas cosas había una vez./ Cuando yo soñaba/ un mundo al revés». Seguí el rastro de las voces hasta un salón donde lo vi de pie, rodeado por seis niños que lo acompañaban en la tonada. El día era claro y el sol entraba por la puerta del centro local de artes dibujando siluetas sobre los azulejos del pasillo. Él estaba sonriente, batiendo sus manos dirigiendo al pequeño coro, pero cuando me fijé en sus ojos, abultados ya, quizás atrapados tras una red de lóbregos recuerdos, observé aquella mirada que en una navidad de treinta y seis años atrás brillaba tras los barrotes y en medio de la oscuridad de una celda de la cárcel La Modelo.

 

Se hace llamar Carlos Mayo, pero bien podría llamarse Carlos Abril o Carlos Diciembre, tiene sesenta y ocho años y es escritor, aunque yo prefiero llamarlo poeta. Trabaja como artista formador de creación literaria para los niños de la ciudad. Tiene dos hijos, una madre a la que cuida de acuerdo al turno que le sea asignado, sus manos son grandes y fuertes, recorre la ciudad en una pequeña bicicleta niquelada que soporta el peso de su maleta que siempre va atiborrada de libros. Su ser es tranquilo y anda por el mundo diseminando sus sonrisas, su lucha incansable por la justicia y por supuesto, sus poemas.

 

Días atrás Carlos había empezado a relatarme su historia y aquella mañana, luego de su clase salimos hacia una panadería donde pedimos café y retomamos la conversación. Su historia o parte de la que me había contado caló tan hondo en mí que le pedí me refiriera los hechos ocurridos en aquel diciembre de 1981, cuando él tenía treinta y dos años y las fuerzas intactas para la lucha. El día era claro, las copas de los árboles brillaban y el viento pasaba liviano por nuestros rostros. Encendí un cigarrillo y Carlos luego de aprobar el sabor del café de una cabezada continuó.

 

Fue en los albores de la navidad del 81. Carlos se encontraba en su casa cuando una escuadra del ejército llegó hasta allí para apresarlo. Inicialmente se negó a ir con ellos, mientras su hijo de tan solo dos años se aferraba a su pantalón para que no se lo llevaran. Sin embargo, el capitán que dirigía a los militares extrajo una hoja donde había escritos alrededor de sesenta nombres de civiles, buscó el de Carlos, tapó los demás y se la enseñó. Se trataba de una orden de arresto firmada por el mismísimo presidente de la república Julio César Turbay Ayala, en la que se le acusaba de conspiración y se explicaba que era una detención preventiva para frenar el paro cívico que germinaba en algunos sectores, y para evitar los desmanes que pudieran ocurrir tras el supuesto paro.

 

Por aquellos días en todo el país no era extraño que se apresara a la gente de esta forma. El Estatuto de Seguridad Nacional, eufemismo utilizado para hablar del Estado de Sitio o en nuestro tiempo de la Seguridad Democrática, creado en 1978 por el general Camacho Leyva y Turbay Ayala le confirió poderes especiales a las fuerzas armadas para detener a cualquier civil sospechoso de ser enemigo de la patria, de desaparecer a personas pertenecientes a grupos armados ilegales o simplemente a opositores y críticos del gobierno, también impedía la reunión de más de dos personas, las manifestaciones y marchas, y hasta cubrirse el rostro era considerado un delito. Por tanto, cuando el gobierno supuso, según sus fuentes de información secretas, que se avecinaba un paro cívico, imaginó que sería igual o peor al ocurrido en 1977 y decidió evitarlo enviando a la cárcel a estudiantes, trabajadores, sindicalistas y reconocidos líderes sociales. Es la ley natural del más fuerte la que utilizaba el Estado, me dice Carlos, matando siempre al más impetuoso y bravo y dejando a los más débiles para manipularlos a su antojo.

 

Pero a Carlos no solo lo acusaban de algo que no había alcanzado a hacer, como era llevar a cabo el paro cívico y participar activamente en él, sino que se encontraba reseñado, o quizás podría decirse que se encontraba signado o marcado por el destino desde que era un niño y su padre le hablaba sobre la justicia, sobre la igualdad, sobre la corrupción, y cuando aprendió a leer y accedió a Marx y a Mao Tse Tung, y cuando a los ocho o nueve años, todos los sábados en la tarde caminaba hasta el bebedero de su barrio y se sentaba sobre los bultos de papa para escuchar las historias de los viejos que escanciaban botellas de cerveza y para escuchar a los tríos que llegaban a cantar sus canciones de amores fallidos y de guerras en los campos de su país. También estaba signado por el destino cuando en su juventud hizo parte de la Junta de acción comunal de su barrio y quiso hacer cosas diferentes a conseguirle votos a los congresistas, porque él sabía y sabe aún, que el verdadero cambio en el país, para que haya justicia y conciencia política, se da en los hábitos de las personas, y que son la cultura y el deporte los que pueden brindarle otras formas de ver el mundo a la sociedad.

 

Por supuesto, las viejas herencias de la politiquería colombiana, aferradas hasta los más bajos niveles del poder como las juntas de acción comunal, lo señalaron y lo expulsaron pues lo veían como enemigo de los principios de corrupción que nos han gobernado durante los pocos siglos en que nuestro país es un país. Carlos, que había estudiado odontología en la Universidad Nacional, siguió trabajando por la comunidad a cuenta propia y desvinculado de cualquier grupo, atendiendo de forma gratuita a las personas que no podían pagar las consultas y tratamientos, y de vez en cuando, viajando de forma clandestina hasta los confines del país, y en medio de las selvas, atender a los campesinos y guerrilleros que tampoco tenían acceso a un servicio de salud.

 

Fue así como años después la misma comunidad lo eligió presidente de la Junta de acción comunal de su barrio, ubicado en la localidad de Kenedy. Fue allí donde en la década de los sesentas él le propuso al hijo del presidente de la junta cambiarle el nombre al barrio para que pasara a llamarse Camilo Torres, en honor al prócer de la independencia. Allí su vida dio un giro vertiginoso y al voltear de los días que se abrían como calles inciertas, se encontró con la literatura al fundar junto con los vecinos más jóvenes el primer periódico comunal del sector. Aprendió el oficio de escribir, de contar sucesos, de lanzar injurias, de polemizar por medio de la palabra, además les dio un espacio en el mundo a esos jóvenes extraviados de su comunidad. Luego hizo parte del paro cívico nacional del 77 y continuó con su trabajo social sin detenerse a pensar en los beneficios que obtendría. Por todo lo anterior, estaba reseñado y por eso lo apresaron aquel diciembre del 81.

 

Por eso me encarcelaron de nuevo, me dice Carlos sonriendo con melancolía como quien recuerda hechos dolorosos que jamás volverán a ocurrir. Los militares lo llevaron a la cárcel La Modelo de Bogotá a la que él llama Casablanca con ironía y lo encerraron en la sección de Recepción. Lo que más me dolía en ese momento era tener que pasar la navidad sin mi hijo, sin mi esposa y sin mi comunidad, porque la navidad es para compartir en comunidad y lo que buscaba mi apresamiento y el de todos los presos políticos era individualizarnos, alejarnos de la sociedad para reducirnos hasta nuestra más mínima expresión, comenta con tranquilidad y con la mirada pegada a su segundo café que bebe a sorbos lentos.

 

Allí le atrapó la tristeza del 24 de diciembre. En aquella ocasión compartió su celda con siete hombres más, entre los que había sindicalistas, estudiantes, revolucionarios intelectuales, artistas, trabajadores del común y un profesor de literatura que se convirtió en su gran amigo y al que no ve desde esos días. Esa navidad fue terrible, refiere Carlos con la voz quebrada por la gripa y la evocación, cuando estaba llegando la medianoche los reclusos empezaron a golpear las puertas y las rejas de sus celdas, gritaban, lloraban, otros rezaban, entretanto la desesperación crecía desaforadamente. Carlos se puso de pie y se aferró con fuerza de los barrotes, intentó sacar la cabeza de la celda para mirar lo que ocurría pero la oscuridad todo lo devoraba, así que imaginó los rostros descompuestos de aquellos hombres que él no conocía y que se encontraban en Casablanca, rostros de ojos famélicos, desfigurados por la tristeza y muertos por la soledad. Volvió su mirada y vio las siluetas de sus compañeros de celda arrojados en aquel minúsculo espacio, fumando y otros acostados en posición fetal. Pasada la medianoche un silencio profundo, tenebroso y tajante se adueñó de Casablanca, estaba conmocionado, me dice Carlos a quien se le escapan dos lágrimas, seguía mirando hacia los pasillos y hacia el barrio que circundaba la cárcel por entre las rejas que dejaban entrever el techado laminado de la penitenciaría y donde vio las luces de los fuegos artificiales restallar en medio de la noche y de su pecho.

 

De repente sintió una mano que lo tomaba para abrazarlo y una voz que le cantó la misma canción que ahora escucho en esta mañana gris de junio, treinta y seis años después, y que me estremece, mientras imagino a Carlos joven, encarcelado y abatido. Era su amigo, el profesor de literatura, un hombre de treinta años de edad, moreno, alto, venido de la Costa Atlántica quien le entonó Memorias de una vieja canción que yo reproduzco a estas tempranas horas en la voz de Horacio Guarany, entretanto recuerdo a Carlos tomar su bicicleta luego de abrazarme, echar a andar por el mundo sorteando las bofetadas de la vida y tarareando la misma canción: «Este día sin sol es todo mío,/ golpea mis ventanas tanto frío./ Una vieja canción en mi guitarra,/ una vieja canción no tiene olvido./ Es la misma que un día nos uniera,/ en las playas lejanas de tu viejo país./ Y el otoño al ver caer sus hojas,/ viene hasta mí y me moja con su llovizna gris./ Por qué no olvido tu canción/ será porque tanto te amé,/ que aquí sentado en esta pieza/ sobre esa misma mesa/ anoche te lloré./ Por qué no olvido tu canción,/ si el río va y no vuelve más/ Reloj eterno de las horas y esta canción que llora/ sobre mi ventanal».

Publicado enEdición Nº239
Una bienal de arte para soñar y reclamar la ciudad

“El derecho a la ciudad no es simplemente el derecho de acceso a lo que ya existe, sino el derecho a cambiarlo a partir de nuestros anhelos más profundos. Necesitamos estar seguros de que podemos vivir con nuestras creaciones. Pero el derecho a rehacernos a nosotros mismos creando un entorno urbano cualitativamente diferente es el más preciado de todos los derechos humanos”.

David Harvey
Ciudades rebeldes. 2012

 

La falta de justicia social es el pan de cada día en Bogotá. La capital colombiana figura hoy como una de las ciudades más desiguales del país: su coeficiente Gini (cuanto más cercano a 0 hay mayor igualdad, y cuanto más cercano a 1, mayor desigualdad), cerró el año pasado en 0,498. Adicional a esto, según el último informe de calidad de vida “Bogotá como vamos”, frente a la pobreza monetaria en el 2017, Bogotá vuelve al indicador de hace 5 años: 11,6 por ciento de la población bajo la línea de pobreza, es decir que de cada 100 hogares a duras penas 11 pueden suplir sus necesidades básicas; y la situación empeora.

 

No obstante, existen habitantes de esta ciudad que a pesar de vivir duramente la crisis en carne propia, le apuestan todo por organizarse desde abajo y actuar colectivamente en el territorio. Acá una de esas experiencias.

 

Lo que sucede en la cuenca alta del río Fucha

 

Sobre los Cerros Orientales, donde se asentó parte de la población migrante producto de la expansión económica del siglo XX y la violencia política de los años 60 y 70 del siglo pasado, se encuentra la cuenca alta del río Fucha, ubicado en la localidad de San Cristóbal, Unidad de Planeación Zonal (UPZ) San Blas, espacio poblado por 5.200 habitantes, distribuidos en 7 barrios: Montecarlo, San Cristóbal Alto, Manila, Gran Colombia, Los Laureles, La Cecilia y Aguas Claras.

 

En la actualidad, sobre este sector de la ciudad existen dos grandes proyectos turísticos y pseudo ambientales: el Parque lineal río Fucha y el Sendero de las Mariposas, impulsados por la actual alcaldía distrital. Proyectos con graves consecuencias, por las reubicaciones que implican, para quienes acá habitan: de los cerca de 2.000 predios en el territorio, ocupados por casas autoconstruidas, con gran valor simbólico y político con historia y memoria de 30 años de lucha y de construir ciudad, una vez tomen forma estos proyectos solo quedarían en pie cerca de 1.000, situación que genera incertidumbre, inseguridad y desconfianza en una comunidad que necesita que le garanticen a todos sus habitantes el derecho a la ciudad y a tener una vivienda digna.

 

Construyendo utopías en el territorio del alto Fucha

 

Corría el año 2013, cuando un grupo de jóvenes en unión con algunos habitantes del sector decidimos conformar la colectiva Huertopía Sembra luna, rescatando la importancia de la agroecología de la mano de algunos principios del feminismo, con un objetivo principal inicial: construir una huerta urbana llamada “Buen Vivir”. ¿Su propósito? Reconocer, junto a la comunidad, el valor de uso de los alimentos y la posibilidad de establecer una soberanía alimentaria para el barrio, además de promover la nueva dimensión de los derechos de la naturaleza y de la convivencia en armonía con la misma.

 

Después de un año de tejer relaciones con el barrio y su gente, decidimos crear una segunda huerta, que denominamos “Huertopía”. La primera intención con ésta era apropiarnos de un lote, fruto de las primeras reubicaciones sufridas por pobladores del barrio, el cual se estaba convirtiendo en un espacio de microtráfico. “Huertopía” se convirtió en el espacio más frecuentado por los niños que vieron en la huerta un espacio de juego, aprendizaje y transformación; espacio en el cual no prima el interés económico pues parte de la cosecha es para quien la trabaja.

 

Tensiones

 

Este proceso de creación y fortalecimiento comunitario ha tenido que pasar por grandes tensiones desde el 2015, a partir del momento en que a varias familias les llega una carta de la Caja de Vivienda Popular informándoles que serían desalojadas en 15 días sino aceptaban el plan de reasentamiento. Este hecho, al tiempo que desató gran indignación, fortaleció nuestra organización, presentando escenarios de movilización y denuncia frente a la política de reasentamiento que principalmente beneficia a los bancos y constructoras encargadas de construir las indignas viviendas de interés prioritario (VIP).

 

Luego de 3 años de exigencias, se expide la resolución de legalización parcial de los barrios Los Laureles y La Cecilia, en ella, según la Secretaria de Ambiente del Distrito se argumenta que los barrios se encuentran afectados por el paso de un hilo de agua denominado drenaje del río Fucha, el cual por su importancia debe ser conservado. Este fue el argumento mediante el cual se justifican reubicaciones de los predios que se encuentran cercanos al drenaje, los cuales están excluidos del proceso de legalización.

 

Con este panorama decidimos salir de trabajar solamente en las huertas, para trabajar por la obtención de los servicios y la legalización total del barrio. Es ésta la razón por la que la comunidad del Alto Fucha decide conformar la Comisión en Defensa del Territorio Fucha, con el fin de emprender acciones legales en demanda de claridades y socialización frente a los diagnósticos de riesgo y desalojo de la comunidad.

 

Dicho proceso generó el fortalecimiento de las discusiones colectivas sobre derecho a la ciudad desde una perspectiva crítica, profundizando en los varios planes que afectan el centro de la ciudad (Ver proyectos), del cual somos cercanos, y el territorio río Fucha, procesos de gentrificación, conurbación, metropolización y megalopolización1, caracterizados por un diseño no participativo que contribuyen a la profundización del patrón de acumulación neoliberal del capital financiero, inmobiliario y hotelero transnacional.

 

Todos estos escenarios de socialización y discusión procuran construir una posición barrial y popular en pro de la defensa del territorio Fucha. Con ese mismo objetivo encontramos sobre el camino procesos como Arquitectura expandida, que desde el año 2012 posibilitó un escenario de reunión comunitaria para la Junta de Acción Comunal-JAC del barrio La Cecilia, proceso conocido como La casa de la lluvia de ideas, proceso adscrito en las formas de construcción autónomas –como es el caso de los Ecobarrios en nuestra localidad–, articulado con el Mandato Popular del Centro (MPC), la Mesa Ambiental de los Cerros Orientales (MCO) en oposición al modelo imperante de ciudad.

 

Frente a la desigual disputa por la ciudad, los sectores populares han dispuesto su organización como la forma de encontrar solución a las problemáticas que las afectan, a la par de demandar el pago de la deuda histórica que el Estado tiene con quienes habitan la frontera de los Cerros Orientales, los barrios cercanos al centro o ubicados en los sitios donde se realizarán grandes planes o proyectos de renovación urbana.

 

Comunidades Fucha: un laboratorio llamado
Casa lluvia de ideas

 

Reconociendo el contexto de la cuenca alta del Río Fucha y las distintas formas organizativas existentes y posibles en el territorio, se han abierto otras propuestas de construcción colectiva en esta zona de la localidad de San Cristóbal. Es así como se impulsa, a partir de las artes, un espacio de encuentro que nos ha permitido reflexionar más a fondo frente al origen de los conflictos territoriales, los actores involucrados y sus respectivas implicaciones.

 

El laboratorio es en sí, una excusa para el encuentro con diferentes colectivas y organizaciones comunitarias de dentro y de fuera de los barrios del alto Fucha y la localidad; posibilita un encuentro intergeneracional para dar cuenta de las distintas formas de diálogo y construcción de soluciones creativas a necesidades culturales, sociales, ambientales y de comunicación entre los diferentes barrios y el trabajo de las formas de organización en el territorio. Este año hemos desarrollado un espacio de fortalecimiento de la autonomía a partir de la búsqueda del empoderamiento barrial por parte de los habitantes del barrio La Cecilia principalmente y vecinos, con ejercicios como: lecturas de cartografías de sueños, impulso a los proyectos de vida individuales y colectivos, elaboración de libros y fanzines.

 

Se han podido activar, así, esas formas de encuentro barrial poco exploradas, a través de apuestas como “La cumbia del reciclaje”, invitación lúdica2 que nos incitó a reciclar y a transformar la basura en objetos artísticos que tengan un segundo o tercer uso, como la creación de máscaras para una comparsa. De esa manera, como otra forma de resistir al desplazamiento y reasentamiento, empezamos a darle forma a un ecoterritorio cultural. Iniciativa integradora, de la cual salieron actividades como el Cecilazo3, el festival Barrios vivos, Fucha libre4, y la feria de trueque La Cecilia tiene crochet5.

 

El Cecilazo, en particular, representa el primer paso para proyectar lo que posteriormente sería la Primera bienal de arte comunitario, con un ejercicio de muralismo y campeonato de banquitas (en una de las calles con mayor número de casas en amenaza de reubicación) y como forma de dar a conocer el alcance de la Cumbia del reciclaje. El festival Barrios vivos, Fucha libre, fue un acercamiento a otro sector del territorio, afectado por la misma problemática a través de muestras musicales, intervenciones artísticas, talleres y encuentros deportivos, eventos que consolidaron alianzas territoriales.

 

Por otro lado, la feria de trueque La Cecilia tiene crochet, consistió en un ejercicio de acercamiento de la problemática a otros sectores y pobladores de la localidad y la ciudad, de modo que estos otros reconocieron estar afectados por la situación, así no vivieran allí. Otro objetivo logrado fue el de reconocer el trabajo y la participación constante de las mujeres y los niños en la construcción del tejido social. En el marco de esta feria, y como continuidad del ejercicio de reciclaje, se logró obtener más de mil bolsas que se convirtieron en setenta banderines que simbolizan estos espacios de encuentro en los que colectivamente se enlazaron y entrelazaron afectos, sueños y trabajo.

 

El arte como un encuentro para soñar, resistir y construir6

 

La primera bienal (San Cristóbal-2017), nace como un ejercicio de comunicación para la ciudad y el país frente a las problemáticas existentes en la capital, respecto al significado de los Cerros Orientales para la ciudad: uso del suelo, derecho de comunidades campesinas y urbanas a con-vivir en los cerros y la ausencia de garantía de nuestros derechos fundamentales.

 

La bienal surge como iniciativa de proyección de ciudad, a partir de lo que hemos denominado Eco-territorios culturales, propuesta de ciudad donde el arte, el ambiente, lo social, lo comunitario y lo organizacional se enlazan para construir durante casi un mes, de manera constante y continua, un ejercicio de resistencia con actividades para el diálogo, la reflexión y el encuentro cultural entre el arte y la comunidad. Las opiniones de algunos de quienes participaron –artistas y comunidad– refuerzan su validez (Ver Echando raíces).

 

En el marco de esta iniciativa se invitó a un grupo de artistas de la localidad, la ciudad y el país. La misma fue respondida por 27 artistas que desarrollaran intervenciones fijas de muralismo, escultura y gaffiti, cuarenta presentaciones artísticas entre teatro, títeres, músicas populares, rock, danza tradicional, break dance, literatura, narraciones orales, muestras gastronómicas, proyecciones audiovisuales, talleres, todo ello con la participación de los habitantes y las comunidades de los siete barrios del alto Fucha. Este fue un ejercicio de autogestión, solidaridad y apoyo de organizaciones locales así como también la comunidad, quienes a través de donaciones de materiales, préstamos de equipos, espacios, energía y hasta baños, hicieron posible su realización.

 

El camino está abierto, los sueños deben seguir diseñándolo.

 

* Colectivo Arto Arte, Colectiva Huertopía y Colectivo Aitue.
1 Gentrificación: proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado que provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios.
Conurbación: conjunto de poblaciones próximas entre ellas, cuyo progresivo crecimiento las ha puesto en contacto.
Metropolización: concepto geográfico que denota el crecimiento demográfico, espacial y operativo de las metrópolis o grandes ciudades que se caracterizan por su elevada complejidad.
Megalopolización: crecimiento urbano acelerado de las metrópolis, que lleva al contacto del área de influencia de una con las otras, formando conurbaciones de grandes ciudades.
2 Serenata “La Cumbia del Reciclaje” 2017 https://www.youtube.com/watch?v=eRN9O-ouefY
3 Para conocer más: http://www.worldurbancampaign.org/fundacion-bogotart-cultural-festivals-making-vibrant-and-trendy-previously-invisible-neighborhood
4 Para conocer más: http://www.worldurbancampaign.org/fundaci%C3%B3n-bogotart-barrios-vivos-fucha-libre-vibrant-neighborhoods-free-fucha
5 Para conocer más: http://www.worldurbancampaign.org/bogoart-foundation-la-cecilia-has-crochet-fundaci%C3%B3n-bogotart-la-cecilia-tiene-crochet
6 https://es-la.facebook.com/primerabienaldeartecomunitario/

 


 

Recuadro 1


Echando raíces

 

“De este ejercicio, que es como un sueño, se rescata la satisfacción expresada por muchos de los participantes, los cuales consideran que con arte y cultura se pude permanecer en el territorio, que estos aprendizajes pueden seguirse compartiendo y transmitiendo; que la gente de los barrios somos capaces de echar raíces, entablar diálogos, echar a andar procesos. Del mismo modo, la confianza que se revivió entre los habitantes de los barrios se evidenció, gracias al poder comunicarnos y de hacer cosas entre nosotros, con la gente, reuniéndonos, ayudando, colaborando”.

 

“Este país ha sido sometido a la violencia para que no nos vinculemos a procesos sociales, para que los sectores populares no participen. La bienal fue una oportunidad para que la gente se dejara sorprender nuevamente de las cosas, otra forma de sentir la vida, de mostrarle al mundo nuestro entorno y rescatar la riqueza que tenemos en los cerros y en nuestros barrios, nos dio la posibilidad de descubrir talentos de todas las edades, al tiempo que los vimos a todos reunidos por una misma causa. Esperamos haber difundido de una manera creativa y amena la voz de quienes nos encontramos en esta lucha por nuestros derechos: a la ciudad y el derecho a un hábitat digno y quienes también apostamos a soñar, tejer, construir, crear y hacer ciudad desde el juego, el arte, el encuentro, el trabajo y las sonrisas”*.

 

* Apreciaciones casi textuales de la comunidad, artistas y colectivos, enunciadas en reunión de cierre y evaluación del proceso el día 2 de septiembre.

 


 

Recuadro 2

 

Proyectos

 

Entre lo planeado para la reorganización del centro ampliado de Bogotá, existen las siguientes obras:

 

• Proyecto de intervención del CAN y ampliación del Aeropuerto El Dorado.
• Edificio Entre Calles
• Triángulo de Fenicia
• Edificio Donald Trump
• Edificio Los Ministerios
• Proyecto Ciudad Salud

Publicado enEdición Nº239
Guillermo del Toro, en Venecia.

 

"La forma del agua", dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, ganó hoy el León de Oro del 74 Festival de cine de Venecia, tercer cineasta hispano en lograrlo tras Luis Buñuel y Lorenzo Vigas.

"Tengo 52 años, peso 300 libras y he hecho 10 películas. Hay un momento en la vida de un narrador, de un contador de historias, en el que lo arriesgas todo para hacer algo distinto", dijo Del Toro tras recoger el premio de manos del presidente de la Biennale, Paolo Barata.

Con voz temblorosa y visiblemente emocionado, Del Toro destacó que es el primer León de Oro "para un mexicano", por lo que quiso dedicárselo y dárselo a "cada joven director de cine latinoamericano que sueña con hacer algo en el género fantástico, como un cuento de hadas".

Les aconsejo que aunque les digan que no pueden hacerlo, que insistan porque "se puede". Solo, agregó, hay que tener pureza, fe e insistir en lo que se crea, "en mi caso son los monstruos".

"Voy a llamar a este premio Sergio Leone", dijo bromeando el director, que agregó: "Creo en la vida, en el amor y en el cine y dejo este escenario lleno de vida, amor y cine".

Del Toro ganó este León de Oro en su primera participación en Venecia con una preciosa historia de amor entre una mujer muda y una criatura marina en Estados Unidos en el año 1962.

Protagonizada por Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins y Octavia Spencer, la estética de cuento y el estilo fantástico de Del Toro están envueltos por una perfecta ambientación en la que está cuidada hasta el más mínimo detalle.

Es la tercera vez que un hispano se lleva el León de Oro. La primera vez fue el español Luis Buñuel por "Belle de jour", en 1967, y la segunda el venezolano Lorenzo Vigás, por "Desde allá", en 2015.

Del Toro ha dirigido películas como "Cronos" (1993), "El espinazo del diablo" (2001) "Hellboy" (2004) o "El laberinto del fauno" (2006).

Con un particular universo lleno de fantasía y criaturas extrañas, Del Toro (Guanajuato, 1964) es uno de los realizadores más respetados y como guionista ha participado en la creación de películas como la trilogía del Hobbit, dirigida por Peter Jackson, que en principio iba a dirigir el mexicano.

Pese a su éxito, Del Toro cuenta con una única nominación al Óscar, por el guion de "El laberinto del fauno", una película que se hizo con tres estatuillas al mejor maquillaje, dirección artística y fotografía.

 

 

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Sábado, 02 Septiembre 2017 09:43

Entepola

Entepola

“Yo llegué acá por casualidad, soy vecino del sector y viendo este Entepola me parece muy bueno que hayan hecho este tipo de eventos en estos barrios porque por acá hacen falta muchas cosas así... Lástima que la gente no sepa o no valore estas actividades porque le hace un beneficio a toda la comunidad”.

 

Con estas palabras, uno de los habitantes del barrio Lourdes, en el centro-oriente de Bogotá, da su opinión en el “Foro Resistencias Latinoamericanas desde el Arte y la Cultura Popular” donde diferentes agrupaciones artísticas, pedagógicas y culturales de Bogotá, Colombia y de América Latina se dieron cita para reconocerse y realizar un intercambio de aprendizajes entre artistas y comunidad.

 

Este foro fue, en palabras de uno de los organizadores, “una semilla para posibilitar un espacio donde se permita reflexionar alrededor del quehacer del arte y la cultura popular en resistencia que hay en todo el continente”.

 

La primera vez que conocí y participé en el Entepola fue en agosto de 2015, el festival se llevó a cabo durante una semana en el barrio Juan Rey y sus alrededores de la localidad de San Cristóbal, al suroriente de la ciudad. Hoy, creo que la magia de este festival es el encuentro que va caminando año tras año por las periferias urbanas de Bogotá.

 

Un evento para reactivar la solidaridad de los pueblos

 

El Encuentro de Arte y Cultura Popular Latinoamericano nace a finales de la dictadura militar en chile hacia 1987. Por esta época en Latinoamérica irradiaba la idea del arte popular como elemento para transformar la realidad; el despliegue de esto fue tal que hoy en día se encuentra en Perú, Venezuela, México, Ecuador y otros países; es necesario decir que no todos los encuentros son autogestionados e itinerantes como el de Colombia.

 

En 2017, Entepola cumple 15 años de itinerancia en Colombia, aniversario celebrado “Desde el corazón de Bakatá” en la localidad tercera de Santa Fe. El festival se realizó en la semana del 6 al 13 de agosto, en los históricos barrios de Girardot, Las Cruces, Lourdes, Egipto y Belén, que configuraron a principios de 1900, las periferias urbanas del sur que las élites cachacas optaron por dejar a la deriva de las gentes que llegaban víctimas de la violencia económica del campo, mientras organizaban Chapinero y Teusaquillo al estilo inglés y francés.

 

Décadas más adelante, el alcalde bogotano Jorge Eliécer Gaitán nacido en Las Cruces, construiría teatros, centros comunitarios, acueductos y lavaderos colectivos en Lourdes y los territorios donde habitaban las muchedumbres que vengarían su muerte, ebrios de históricos olvidos e irrumpiendo en la ciudad formal para cambiar el rumbo de la historia nacional.

 

Este festival se toma territorios construidos por la gente obrera, desplazada, despojada y marginada del orden urbano rolo, también construye historias desde el 2002, siglo que es atravesado por la globalización cultural, la gentrificación urbana, los POT, el plan centro, las ollas de microtráfico y ONGs que se han ido enquistando en las periferias de nuestra Bakatá.

 

Por este motivo, y como homenaje al trabajo autogestionado de colectivos, artistas y comunidades articulados por la solidaridad, fui a entrevistar a algunas de las personas que han realizado durante cada año más de 9 asambleas preparatorias, en las cuales deciden adelantar por una semana, todo un festival de arte y cultura con invitados de toda América Latina en algún sector popular de la ciudad como Bosa, Engativá, Fontibón, Suba, San Cristóbal, Usme, Ciudad Bolívar, Codito, Danubio, Nuevo Chile, Lourdes, Juan Rey, etc. Y lo más importante “Sin dinero, ni politiquería. Sólo la solidaridad, el trueque y el apoyo de los vecinos”.

 

Todo el festival es organizado sin apoyos económicos de instituciones de ningún tipo. Diez comisiones hacen realidad este encuentro internacional que trabajan desde meses antes con las comunidades que deciden hospedar el evento. No es una tarea fácil. Toca ir puerta a puerta, abriendo puertas tejiendo redes de apoyo con los vecinos para suplir no sólo aspectos técnicos como sonidos, carpas, consolas, micrófonos, transporte, etc., sino garantizar la salud, el alimento, la dormida y demás aspectos comunitarios que van más allá del arte.

 

¿Cómo poder hacer un evento de esta magnitud donde en vez de dinero existen trueques, donaciones y solidaridad pura y dura de los mismos barrios populares? ¿Cómo construir escenarios para que habiten el teatro, la danza, el circo, la música, además de talleres, foros, murales y demás formas de intercambiar culturas a nivel latinoamericano con compañías, artistas, habitantes, colegios, universidades y gestores populares?

 

El trabajo por comisiones

 

Organización horizontal que gestiona todo lo necesario para este festival “Porque la gente es muy escéptica. No cree. Piensa que uno tiene unos intereses políticos. Pero ya cuando ven a los chicos tres meses antes construyendo el festival con la comunidad, no solo pidiendo por ejemplo donaciones, préstamos, en fin; sino adecuando los espacios, para el festival, con presentaciones artísticas mucho antes de que inicie, entonces la gente sí comienza a integrarse y a decir: bueno estos chinos sí están haciendo algo por lo menos por el barrio”.

 

Estas 10 comisiones contaron cómo realizan su trabajo siendo ‘Entepoleros’, donde se organizan en tres ejes principales: Autogestión, Comunidad y Arte. Forjando así un sujeto colectivo, que evita personalismos innecesarios e invita a escuchar la unión de las voces que hace este encuentro posible.

 

“Nos organizamos con los principios ‘Entepoleros’ que se basan sobre todo en [...] la construcción de afectos y lazos, el reconocimiento de la comunidad. Así se llega al territorio con Entepola, para darle voz al que no se le ha dado voz, y ¿qué se trae? Pues ya toda una memoria y una historia de un evento internacional que logra movilizar a mucha gente y generar muchas redes de intercambios y de rupturas del tiempo ¿no?, de vivir otra temporalidad. Romper la cotidianidad, porque en la gente esto no hace parte de su día a día”.

 

“Hay comisiones que tienen un perfil y una labor específica en función de las necesidades de la semana del encuentro. Pero que también atienden a necesidades propias de la comunidad como lo son el transporte, la vivienda, la alimentación y la economía. Eso tiene que ver con el eje de Autonomía [...]. Responde a elementos de identidad también del territorio. Aquí (entre el barrio Lourdes y el Girardot) descubrimos el Carnaval de la Alegría que unió muchos actores del territorio y que la comparsa inaugural de estos 15 años vino a revivir este elemento de unión”. De eso se trata el Entepola, de diseñar estrategias según los territorios para no necesitar más que la unidad de la vecindad para traer espectáculos de calidad para la gente, además de ir sembrando posibilidades reales al modelo económico y cultural que diseñan en países totalmente ajenos a la realidad de los barrios populares de Latinoamérica.

 

Eje de autogestión para garantizar el evento

 

La primera comisión, y una de las más importantes para el desarrollo del evento es Alimentación encargada de “Suplir el alimento durante los días de festival para todos los artistas. En promedio estamos sirviendo de 100 a 150 platos de desayuno, almuerzo y comida durante los 8 días, ahí se hace el cálculo de cuántos platos servimos en todo el festival”.

 

La comida la consiguen principalmente en la central de Abastos junto a la comisión de Donaciones que también va puerta a puerta del mismo barrio contando acerca del Entepola y acudiendo a colegios, familias, Juntas de Acción Comunal y demás espacios claves del territorio solicitando alimentos no perecederos para los artistas invitados. “La comunidad se involucra con su fuerza de trabajo, vienen las abuelitas a picar, los abuelos, las mamás [...] este es un espacio que recuperamos, era un garaje lleno de cosas y entonces hicimos una minga, lo recuperamos y lo volvimos cocina, esa relación con la comunidad es mucho más chévere que con una institución que le toca a uno pedir cartas y hacer una mano de permisos y una mano de trabas, en cambio la comunidad colabora sin necesidad de tantas trabas [...] otra de las cosas bonitas del Entepola es eso, que se hagan esos lazos comunitarios, que realmente permiten que las cosas funcionen mucho mejor que con las instituciones. Y bueno es una comisión muy bonita, muy ardua, de mucho trabajo pero muy bacana”.

 

La mayoría de artistas que vienen de América Latina y de otras ciudades de Colombia tienen garantizado el hospedaje gracias a la comisión de Vivienda encargada de conseguir cuartos, casas, colchonetas y cobijas, para la acogida de artistas y organizadores. “En la comisión de vivienda estamos alojando cerca de 200 personas en este festival [...] Este año hay 3 casas. Una es el salón comunal de Lourdes, otro es una casa que una vecina nos prestó que estaba desocupada y la otra es un apartamento que nos prestó otra vecina en un edificio donde también tenemos el comedor [...] Las cobijas y las colchonetas las conseguimos comunitariamente haciendo puerta a puerta. Son ellos, la misma comunidad la que nos brinda día tras día los elementos que podamos necesitar, son los plomeros de la comunidad los que nos ayudan a instalar las duchas, los obreros nos ayudan a gestionar los arreglos de las casas, electricidad, bombillos, etc.”.

 

Algunos de los vecinos del barrio Girardot se ofrecieron con su tiempo y recursos para llevar, dejar y traer todo lo necesario para el festival. Estas labores hacen parte de la comisión de Transporte que es la única que recurre al dinero (igualmente a través de la autogestión como rifas, eventos y ventas) para pagar la gasolina que es lo único que nadie truequea.

 

Eje comunidad para consolidar el evento

 

Una de las comisiones que conforma este eje es la de Comunicaciones “que tiene que ver con esos canales rotos impresionantes”. También “[...] se encarga de la difusión del festival [...], para que la comunidad lo conozca se apropie y participe de las obras y de las diferentes comisiones. [...] también es traer lo popular a ese tipo de experiencias comunicativas, no sólo se usan las redes sociales, sino también el ‘voz a voz’, el perifoneo en las Juntas de Acción Comunal, las radios comunitarias, se pasa ‘saloniando’ por los colegios para contarle a los chicos qué es el Entepola, cuáles son sus principios: la autogestión, la no politiquería. Para rescatar esas otras formas comunicativas desde lo barrial, desde lo popular y hacer crecer el festival, que las cosas fluyan y que la gente nos conozca”. Se encarga de tener una estrecha relación con el territorio, con sus gestores locales, con sus dinámicas y canales de comunicación con el festival.

 

Para que el festival sea saludable, seguro y cobijado por la misma comunidad, existe la comisión de Cuidado que “[...] Se encarga de velar por el bienestar colectivo e individual. Temas como la salud (cambios de altura, tratamos de contar tanto con medicamentos como con plantas ancestrales), tener planes de contingencia, rutas seguras, botiquines y reacción ante cualquier emergencia, son organizados por un método de ‘apadrinar’ los artistas invitados por parte de la comunidad. En este festival tenemos de 100 a 150 padrinos que van desde niños hasta los adultos mayores” .


“La estrategia del apadrinamiento ha funcionado buscando personas de la localidad, comunidades de adultos mayores, de los niños, también de los colegios que puedan colaborarnos [...] buscamos otras estrategias de cuidado como por ejemplo el autocuidado, les brindamos unas recomendaciones a los artistas que vienen de otros países para que tengan rutas seguras y puedan hacer sus diligencias sin exponerse”.

 

Todos los temas que se trataron en el foro fueron programados por la comisión Académica que se encarga de pensarse pedagógicamente los principios y horizontes del arte y la cultura en el contexto del barrio popular. “[...] es esta apuesta política donde el poder no está en el discurso, en la mente y en las ideas [...], sino está es en las manos, en el quehacer [...] y el Entepola es la suma de esas manos que hacen. Entonces, claro: Empodera la comunidad [...] pensarse ese proceso de empoderamiento es lo que hace esta la comisión”.

 

Arte como eje fundamental

 

El fundamento de todo este festival y el centro en torno al cual gira todo este despliegue organizativo es el arte popular. Este eje se encarga de programar, montar y garantizar todo el escenario para los artistas y sus funciones. Por ejemplo, la comisión Técnica y logística es la encargada “de atender las necesidades de los artistas en el mismo escenario, nosotros tenemos que estar muy pendientes de esa parte, como del sonido, las puestas en escena, saber qué necesitan, cuidar el lugar, los equipos. Además de gestionar con la comunidad previamente los equipos y escenarios necesarios para el festival”.

 

En trabajo mancomunado, la comisión de Programación se encarga de la comunicación con los artistas, la convocatoria, organización de las presentaciones y también abrir espacios para los artistas locales; además preparan con las otras comisiones la cantidad de invitados con bases de datos que van creciendo con los años por el ‘voz a voz’ a nivel latinoamericano.

 

“El festival es autogestionado y realizado por jóvenes universitarios que le apuestan a una forma diferente de mundo que se da por medio de la autogestión y el trueque. No tiene nada que ver con las instituciones ni politiquería, ni nada de eso [...] Los artistas no llegan al hotel cinco estrellas ni nada, ellos están aquí con la comunidad. Es importante generar esa conciencia en los artistas cuando vienen, aunque la mayoría hace parte de procesos populares y ya conocen”.

 

La comisión de Sub-Sedes es una apuesta para que el festival logre tejer redes artísticas en los territorios de Bakatá, además de la itinerancia anual. Es la que realiza articulación con otros barrios aledaños, con universidades (generalmente públicas), para llevar el festival a otro nivel de acción.

 

En este sentido, el Entepola es una apuesta real de un nuevo mundo, un trabajo de mucho pueblo movilizándose por el arte y la cultura desde los barrios. Sin temer a la escasez cuando se tiene el tejido social. Una construcción de nuevas lógicas, de diálogos, de entender a las comunidades y vivir las dificultades que configuran su día a día.

 

* Gestor barrial -Colectivo Olla Artística Tiguaque.

Publicado enEdición Nº238
“La música me acompaña como una terapia”

La artista de Oaxaca presentará mañana y el sábado en el Gran Rex Salón, lágrimas y deseo, un disco en el que vuelca, con diversos ritmos, amores y desamores. Los desamores tienen que ver con el desencanto por el acontecer político y social en sus dos países: México y EE.UU.

 

Lila Downs larga una risotada hasta cuando habla de cosas tristes. Hay un sabor agridulce en sus canciones. Una catarsis, un intento de sanación. “Con mi dolor causando penas voy vagando por ahí / No hay una frase de cariño para mí”, son, de hecho, los primeros versos de la canción “Urge” que se escuchan en la voz inconfundible de la cantora mexicana apenas arranca Salón, lágrimas y deseo (2017), su nuevo disco que la trae de gira por Argentina que culminará mañana y el sábado a las 21 en el Teatro Gran Rex (Corrientes 857). Pesares que suenan en ritmo de cumbia, en este caso. La cantautora y antropóloga oriunda de Oaxaca no esconde su desazón. Lo primero que le confiesa a PáginaI12 es la “depresión” que le provocó la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. “Ya no tenía ganas de hacer nada, de componer ni de hacer disco. Estaba muy desencantada y triste por lo que pasó políticamente en Estados Unidos. Porque ganó Trump y me sorprendió, la verdad. Fue la primera que vez que yo voté allá, porque puedo votar tanto en México como en EE.UU.. Fue muy triste ver eso. He pasado también algunas situaciones personales de vida y muerte con mi pareja. El disco pasado estaba dedicado a la muerte, retándola y enojada con ella. Y en este disco creo que ya vuelvo a ser la misma de siempre y apreciando los momentos de vida que tengo y los de mi pareja, a quien le dieron un diagnóstico muy serio.”

 

–¿En qué sentido volvió a “ser la misma”?
–Pensaba, de alguna manera, que si yo le cantaba a la muerte quizá de esa manera iba a ser menos doloroso (en México tenemos una tradición de convivir con los muertos y con el Día de los Muertos). Todos tenemos este temor finalmente de la pérdida de un ser querido o de tu propia vida. Pensé que quizá con la música te podías curar espiritualmente de una pérdida de alguien tan cercano a ti, pero me di cuenta de que no puedes. Que de todas maneras tienes que llorar, tienes que vivir las cosas que hay que vivir cuando hay apego. Y creo que por eso este disco es tan sentimental, tan lleno de amor y desamor. Hay desencanto y desilusión en la esencia humana. Es una dedicatoria a mis países, que son México y Estados Unidos, a quienes quiero tanto y odio tanto en ocasiones.

 

–¿Cuál es el principal temor con la llegada de Trump?

–Yo creo que hay que educar a la gente. Afortunadamente yo tengo la música que me acompaña como una terapia, como mi vida. Y me da la oportunidad de educar a gente joven sobre quiénes somos y lo mucho que valemos. Porque mucho de lo que sale de Norteamérica son mensajes xenófobos, mensajes no naturales para nosotros. Lo veo con mi hijito, que es morenito, chiquito, de pelito negro. Y ve a los güeros constantemente y veo su negación de sí mismos. Y está chiquito. Veo cómo va el proceso. Yo también lo viví y le tuve que dar la vuelta a eso.

 

Finalmente, se decidió a canalizar todas esas angustias en un noveno disco, en el que combina danzón, blues, boleros y baladas de amor y desamor. Pero el desamor entendido en términos más amplios. Una especie de desencanto por el acontecer político y social. En su disco anterior, Balas y Chocolate (2015), Downs había puesto la lupa en la violación de derechos humanos en su país. Le había dedicado una canción a los 43 normalistas desaparecidos (“La patria madrina”) y denunciaba también los asesinatos a periodistas (“Humito de copal”). En el nuevo trabajo, alerta sobre el florecimiento de la xenofobia en zona fronteriza. “Envidia”, por ejemplo, es una canción que dispara sobre Trump y tiene como invitado a Andrés Calamaro. “La canción habla sobre los que odian la raíz originaria. Me refiero a esos güeros anglosajones que no tienen idea en qué tierra están parados. Estamos en los medios, en el cine, en las artes, en la literatura. Y se espantan. Porque somos lindos, somos muchos y muy trabajadores”, dice y larga otra carcajada. “Pensaba grabar un disco sólo de boleros, pero fue surgiendo la necesidad de ampliar el repertorio después de que pasó todo esto. Nos tiramos a la borrachera un ratito. Es una terapia tomarte una botellita y estar conversando sobre las cosas que están pasando en tu país, en su sociedad, en tu mundo y después trabajarlo”, enfatiza.

 

–La palabra mujer aparece muy fuerte en todo el disco y principalmente en “Peligrosa”, el corte de difusión. Se han fortalecido los derechos de las mujeres, pero sigue siendo un mundo “peligroso” para ustedes, ¿no?

–Hay mucho que hacer, mucho que dialogar. Yo creo que cada canción me da ese permiso de poder hablarlo, decirlo. Y ver cuáles son las reacciones de la gente. En México he visto que los hombres reaccionan de una manera muy diferente a “Peligrosa”. Y las mujeres están felices con esta canción.

 

“¡Power!”, dicen. Pero los hombres me dicen: “Oye, Lila, yo no sabía que eras una feminista”. Todavía hay esa idea de la competencia. En todo Latinoamérica es complejo el machismo. Porque también ponemos a la virgen, a la madre de nuestra casa, en el altar. Se han hecho muchos análisis sobre esto: eres virgen o puta. No puedes estar en medio, no puedes tener una vida sexual sana en la que tú también quizá seas dominante en una relación. ¿Y cuál es el problema? Cargamos todavía con muchos prejuicios. Y en todos los niveles sociales, no sólo en los que no tienen acceso a la educación.

 

–¿Y la música puede colaborar para visibilizar esa situación?

–Sí, como en otra época los grandes artistas, como Mercedes Sosa aquí, fueron importantes en un movimiento político. Veo la importancia que empieza a tener la música en otro contexto social. Lo veo en ciclos. A mí me interesó mucho el ciclo de los hippies y la protesta en Estados Unidos. La estudié y miraba las cuestiones políticas que pasaban en el momento. Y creo que las sociedades se comprimen y se expanden y se vuelven a comprimir. Los ciclos sociales son parte de nuestra naturaleza.

 

–El disco anterior estaba enfocado sobre las desapariciones en democracia en México. ¿Cómo ve actualmente la situación vinculada a derechos humanos en su país?

–Es importante poner atención a ese tema. Es necesario que todos los artistas que salgan de México ejerzan presión. A los gobernantes, pero también a la sociedad. Porque si no sale de nosotros... cómo va a haber presión para que los líderes hagan cambios si nosotros permitimos que sigan haciendo lo que quieren.

 

–Es un momento complejo en Latinoamérica, porque han aflorado gobierno de derecha, en Brasil, Argentina...

–...Sí, ¿no? En todas partes. Cada lugar tiene sus secretos macabros. Son parte de nuestra historia compleja los encuentros de culturas y dominios de poder. En México obviamente la historia es complicada con España y al igual aquí; muchos de estos países han sido colonias en el pasado. Pero lo que tenemos en común es la expresión de nuestra identidad que está viva y es originaria. Está basada en los valores indígenas. Y eso aunque seamos un poco más europeos, como es Argentina. Cada vez más gente acepta sus raíces indígenas. Pasan cosas muy particulares con respecto a la negación del origen, porque en algunos lugares fue más violenta.

 

–En su obra lo indígena está muy presente, es muy fuerte. ¿Le interesa que sea así, casi como una bandera?

–Yo también estuve en el closet un tiempo. Cuando era joven me pintaba el pelo de rubio. Y en parte era porque estaba en el ámbito de la música clásica y era lo admitido. Pero luego tuve una crisis existencial, entonces dejé que mis raicitas salieran negras. Ya me miré en el espejo más directo (risas). Cuando empecé a cantar y a componer, lo hice para mi propia gente. Estoy orgullosa de que la música nuestra ha aportado a ese proceso de reivindicación. Me da mucho gusto que mis paisanos mixtecos lo hablen al mixteco en frente de otras etnias, porque cuando yo era pequeña les apenaba mucho. Es una lengua del sur de Oaxaca. Millones de personas lo hablamos. En nuestro país hay 64 idiomas indígenas.

 

–El disco nuevo abre con una cumbia, “Urge”, un ritmo recurrente en toda su obra, ¿cuál es su relación con la cumbia? ¿Es muy popular en México?

–Cuando yo era chica escuchaba a Rigo Tovar y me daba vergüenza. Pero cuando iba a Estados Unidos y de pronto veía que alguien tocaba sus canciones, me recordaba a México. Por eso la cumbia ha llegado a ser muy importante para mí. Porque es espiritual y ritual, una convivencia física y de gozo. Por eso en todos los discos hablo de las dualidades que son centrales en la visión indígena. Si no hay balance, “nos va a llegar la chingada”, como decimos allá.

 

–¿Cómo eligió a los invitados del disco?

–Mi sueño era grabar con Diego El Cigala y que pudiera cantar algo tan profundo como “Un mundo raro”. Mi madre dice que ahorita estamos viviendo “un mundo raro”. A Carla Morrison la conozco desde hace años, hemos hecho conciertos juntas en Los Angeles y grabamos a dúo “Ser paloma”. Ella es una chica fronteriza, me encanta la gente fronteriza. Me identifico mucho con ellos, porque tienen un profundo sentido de libertad, se permiten violar un poco la ley para conseguir cambios. Y a Mon Laferte la conocí hace poco, vino a un concierto que dimos en Veracruz y grabamos una segunda versión de “Peligrosa”. Ella es chilena y vive en México.

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