Donald Trump felicita a Mark Esper, nuevo secretario de Defensa de EE.UU. / LEAH MILLIS (REUTERS)

«Si vis pacem, para bellum», con este lema, un discurso bélico y en medio del aumento de la tensión en el Golfo Pérsico, el halcón Mark Esper será la guinda puesta en el ya inquietante gabinete de Donald Trump. Agente directo del complejo militar-industrial, Esper, ex vicepresidente de Raytheon, una de las principales empresas de armas de EEUU, sustituye a Patrick Shanahan, un ejecutivo de la fabricante de aviones y misiles Boeing, en el Pentágono.

Mark Esper, un veterano de la primera guerra de EE.UU. contra Irak en 1991, trabajó durante siete años como secretario de las Fuerzas Armadas del Pentágono, haciendo de “persona influyente” para Raytheon (fabricante del sistema de misiles Patriot, y de los motores del avión de combate F-35, el programa de armas más caro del Pentágono), y conoció al exjefe de la CIA y el actual secretario de Estado, Mark Pompeo, en la Academia Militar. El compañero de Esper en Raytheon, Charles Faulkner, “incrustado” en el Departamento de Estado, fue obligado el mes pasado a dimitir por elaborar un plan que benefició con miles de millones de dólares a esta firma: aceleró la venta de bombas guiadas por láser Paveway a Arabia Saudí (los mismo utilizados para atacar a la nación yemení), eludiendo el control del Congreso. El lema de Raytheon es “El éxito del cliente es nuestra misión”, aunque sus clientes mucho éxito que digamos no han tenido en Yemen. Bajo el pretexto del “aumento de la tensión con Irán”, los hombres de esta compañía gestionaron la venta de un paquete de armas a los jeques saudíes y emiratíes por el valor de 8.000 millones de dólares.

Por cierto, a Esper le sustituye como secretario del Ejército Ryan McCarthy, un “comercial” del Lockheed Martin, la principal empresa de armas del planeta, que recibe hasta 50.000 millones de dólares en contratos gubernamentales.

La clave: puerta giratoria

Pasan seis décadas desde que el presidente Dwight D. Eisenhower advirtiera de la “influencia indebida” de un monstruo llamado “complejo militar-industrial” que estaba atrapando las instituciones civiles de EEUU. El propio Donald Trump, en una entrevista con Fox News del 20 de mayo, le señaló como la fuerza que impide la salida de las tropas de Siria porque “quiere guerra”. Su insaciable sed de ganar dinero vendiendo armas es uno de los principales motivos de la actual guerra de EEUU contra Irán.

Ahora, un Esper ascendido al puesto más alto de la Administración podrá decidir qué armas y a quién comprar, sobre qué nación descargar las viejas y sobre qué escuelas, bodas y funerales probar el impacto de las nuevas.

No se trata de “trabajadores” que deben pagar sus facturas , mantener a su familia y que simplemente ejecutan las órdenes de los políticos belicistas (banalizando el mal), sino del sector más criminal de la burguesía que aumenta su fortuna, controlando la política exterior del país, y lo hace a través de dos principales métodos: 1) invertir en las campañas electorales de los candidatos al Parlamento y a la Presidencia de EEUU, comprándolos; y 2) utilizar la puerta giratoria: colocar en el Pentágono a sus ejecutivos y contratar a los militares de alto rango parar dirigir sus compañías. Veamos: la secretaria de la Fuerza Aérea, Heather Wilson, fue consultora de Lockheed Martin; la subsecretaria de Defensa para Adquisición y Sostenimiento de armas (USD- A&S), Ellen Lord, fue directora ejecutiva de Textron Systems, un conglomerado industrial de aeronáutica, seguridad y tecnologías avanzadas; el jefe de personal del Consejo de Seguridad Nacional, el teniente Keith Kellogg, fue empleado de varias compañías militares y de inteligencia; o John Rood, subsecretario de Defensa, ha trabajado para Lockheed Martin y Raytheon.

Según The Project on Government Oversight (el Proyecto de Supervisión del Gobierno, POGO), solo en 2018, 645 funcionarios de alto rango trabajaron en la dirección de uno de los veinte principales contratistas militares: una pequeña pista de quién realmente dirige la política exterior del país más armado del mundo, y de por qué Trump ha eliminado la diplomacia de su Gobierno .

La línea de Esper

Para el nuevo secretario de Defensa, el principal desafío de la superpotencia occidental es contener a China y Rusia, y su receta es:

  1. a) Modernizar el Ejército y prepararlo para las futuras guerras cercanas contra dichas potencias, invirtiendo más dinero en el equipamiento de las Fuerzas Armadas, y aumentar el número de soldados por encima de 500.000.
  2. b) Construir armas específicas -como una artillería de precisión de gran alcance- para el «conflicto de alta intensidad» que sucederá con China y Rusia. Dice con razón el director de planificación de programas de Secure World Foundation, Brian Weeden, que EEUU se está preparando para un conflicto armado con China en lugar de evitarlo.

Y, para disipar la preocupación de los neocon antiiraní respecto a sus prioridades, propone defender con contundencia los intereses de EEUU en el Golfo Pérsico. El primer paso será formar una coalición con los aliados para “mantener la libertad de navegación alrededor del estrecho de Ormuz” militarizándolo, mientras su país impide ilegalmente la libre circulación de las petroleras iraníes. El propósito del ministro de «evitar la guerra con Irán» pasa por matarlo de hambre impidiendo que venda su petróleo. Al contrario de Mike Pompeo, Esper cree que no se puede utilizar la Ley Antiterrorista AUMF para atacar a Irán, siendo este un Estado –que no un grupo terrorista–, pero recalca que el presidente tiene derecho a “defenderse” contra un ataque iraní, sin la autorización del Congreso .

Para “derrotar la insurgencia”en Irak y Afganistán, propone renovar los vehículos militares y fabricar aeronaves especiales “adaptados” a dichos conflictos, para que esta carnicería que su país y sus aliados han montado allí perdure más años y sea más rentable en término monetarios.

Esper tendrá más desafíos como: ¿recuperar la alianza con Turquía o seguir con el proyecto de “ un estado kurdo ” desmantelando Irak y Siria? ¿Enviar tropas a Libia para expulsar a Turquía y Qatar, uniéndose a Rusia? ¿Qué más hacer para provocar caos en Venezuela ?, entre otros tantos. «Con el Ejército involucrado en más de 140 países de todo el mundo… nuestra preparación debe ser nuestra máxima prioridad»: a Ester le va un estado de guerra permanente, y Trump ha pedido al Congreso un aumento del 13% en el presupuesto militar para el ya astronómico de 700.000 millones de dólares.

Las compañías de armas han tenido un decisivo papel para que hoy no haya un movimiento global antimilitarista . La red Put People Over the Pentagon (Dar prioridad al pueblo por encima del Pentágono) ha reunido a una veintena de organizaciones progresistas para presionar a los candidatos presidenciales para que eliminen 200.000 millones de dólares del presupuesto de este Departamento. ¡Mucha suerte!

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Francia presenta su nuevo submarino nuclear de ataque

El Suffren renovará la flota atómica subacuática francesa de los años ochenta

 

 

No todos los días se presenta un nuevo modelo de submarino. Sobre todo, cuando se trata de un submarino nuclear de ataque (SNA), una potente máquina de guerra —o de defensa— que solo poseen cuatro países además de Francia: Estados Unidos, Rusia, China y el Reino Unido. No es de sorprender, pues, que el presidente francés, Emmanuel Macron, quisiera estar presente en los astilleros de Cherburgo para la presentación del Suffren, la nave subacuática de propulsión atómica de nueva generación y de fabricación francesa llamada a renovar la flota nacional, a responder a los desafíos militares del siglo XXI y, de paso, a permitirle a Francia hacer gala de poderío castrense y de savoir faire tecnológico.

El Suffren es una “proeza industrial y tecnológica” que permite “seguir escribiendo la epopeya submarina francesa”, afirmó Macron, tras visitar los astilleros en la costa atlántica francesa donde se construyen estos nuevos sumergibles, cuyo significado va mucho más allá, subrayó, de una mera máquina militar. “Lo que se construye aquí es la independencia de Francia, nuestra soberanía, es nuestra libertad de acción, nuestra propia condición de gran potencia mundial”, sostuvo el mandatario. La última vez que Francia realizó una ceremonia de este tipo fue en 2008, para el lanzamiento del submarino estratégico nuclear Le Terrible.

El Suffren es más largo, más rápido, más discreto —su propulsión mediante un reactor nuclear compacto lo hace hasta 10 veces más silencioso y además no lleva un periscopio clásico— y, sobre todo, más potente y moderno que su predecesor, el Rubis, lanzado a comienzos de la década de los ochenta. “Es como pasar de un Peugeot 207 a la Fórmula 1”, explicó el portavoz de la Marina francesa, Bertrand Dumoulin, según la agencia France Presse.

De 99 metros de eslora de acero negro, aunque este viernes para la ceremonia su proa lucía la bandera tricolor francesa, el Suffren desplaza hasta 5.800 toneladas en inmersión, frente a las 2.670 del Rubis. Necesita menos tripulación —65 integrantes en vez de los 75 del Rubis— . Además, tiene autonomía plena para navegar entre 70 y 90 días a 350 metros de profundidad. Ello, unido a que no requiere más que una parada técnica de mantenimiento al año, en vez de trimestrales, le permitirá realizar misiones más largas y a mayor distancia “sean cuales sean las condiciones”, según el Ministerio de Defensa.

Su misión principal es la protección de otras joyas de la Marina francesa como sus portaaviones o los submarinos nucleares lanzadores de misiles (SNLE, por sus siglas en francés), así como localizar sumergibles enemigos o recopilar información lo más cerca de la costa enemiga.

Dispone además de un hangar de puente móvil que permitirá enganchar un pequeño submarino al Suffren, lo que a su vez hará posible enviar a comandos especiales a realizar misiones en tierra. “Es una base avanzada secreta y sumergida para los nadadores de combate y su equipo, incluido un mini-submarino”, explicó el portavoz naval.

Asimismo, tiene capacidad para lanzar misiles de crucero navales a objetivos terrestres situados hasta a 1.000 kilómetros de distancia. Es, en palabras de la ministra de Defensa, Florence Parly, una “joya tecnológica que va a permitirle a Francia mantener su estatus y su rango de potencia militar”.

Para ver al Suffren en acción habrá sin embargo que esperar un tiempo. La ceremonia de este viernes no fue más que la celebración del fin de la construcción del primero de los seis submarinos previstos bajo el programa Barracuda, que comenzó con tres años de retraso y de alto coste: en total, los seis Suffren previstos costarán 9.100 millones de euros. Las primeras pruebas en mar tendrán lugar el año que viene. Hasta 2030, los Suffren deberán haber reemplazado a los seis submarinos de clase Rubis desplegados desde los ochenta. El primero de ellos, el Saphir, llegó este viernes a Cherburgo para ser desarmado.

La fecha elegida para presentar el Suffren no es casual. Se realiza a dos días de la celebración de la fiesta nacional francesa, el 14 de julio, cuyo punto álgido es un gran desfile militar en París. Dedicado en esta ocasión a la iniciativa europea de defensa, este año están invitados a desfilar también más de cien militares españoles, entre otros. Pero este mes de julio se recuerda también el segundo aniversario del primer gran choque de Macron con la cúpula militar, cuando apenas llevaba dos meses en el poder. El entonces jefe del Estado Mayor, el general Pierre de Villiers, dimitió después de que el presidente le llamara la atención tras una disputa por el presupuesto militar. Dos años más tarde, y ante una fuerte representación militar, Macron defendió este viernes en Cherburgo el “esfuerzo sin precedentes” realizado para modernizar el Ejército francés.

Por Silvia Ayuso

París 12 JUL 2019 - 13:15 COT

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Domingo, 30 Junio 2019 06:32

La nueva carrera armamentística

La nueva carrera armamentística

Sin que se hable demasiado del asunto, hay en marcha una nueva carrera armamentística que puede cambiar por completo el equilibrio militar del mundo. Se trata de armas relativamente simples, imposibles de detectar o de interceptar, que pueden dejar en la obsolecencia más completa a objetos como los portaaviones y los buques de guerra. La nueva vedette de las industrias bélicas son las armas hipersónicas, micromisiles tan veloces que ningún sistema de defensa actual alcanza a reaccionar. Son tan poderosos, que ni siquiera necesitan llevar explosivos para ser letales.

La barrera del sonido se alcanza cuando un avión, un misil o un cohete llegan a los 1235 kilómetros por hora, o 342 metros por segundo. Como el sonido viaja distinto de acuerdo a la altura y la temperatura del aire, la medida que se usa como standard –a nivel del mar y a 20 grados de calor- puede variar, aunque en un porcentaje pequeño. Ya hay varias armas supersónicas, incluyendo aviones de combate y una amplia familia de cohetes y misiles que viajan a más de 1235 kilómetros por hora, o Mach Uno. Pero hipersónico implica velocidades de tres, cuatro o más Mach, lo que crea fenómenos físicos particulares.

Por ejemplo, un misil hipersónico que viaje Mach 5, algo más de seis mil kilómetros por hora, tendría una tal energía kinética que sólo con estrellarse contra algo causaría una explosión equivalente a entre 300 y 400 toneladas de dinamita. No hace falta tener una gran imaginación para entender lo que le haría esto a un portaaviones o a un tanque: hundirle de inmediato o prácticamente vaporizarlo, respectivamente. Para lograr este resultado, basta que el misil sea una pieza de modestos tres metros de largo y un peso de 300 kilos.

En esta carrera de alta velocidad, Rusia y sus socios tecnológicos están muy adelantados. En marzo, los rusos probaron una nueva familia de misiles hipersónicos, los Kinzhai, Dagas, que son los primeros en operar desde un avión. Los test probaron el arma desde un Mig 31 con buenos resultados. Moscú anunció que el modelo naval de los Kinzhai, los Zircón, empezaría a instalarse en buques de guerra el año que viene. Ambas series tienen un alcance de 800 kilómetros.

Estos son los desarrollos tácticos, de armas lo suficientemente pequeñas como para llevarse en aviones de caza o buques de mediano porte. Rusia ya tiene en operaciones un sistema, el Avangard, que se lanza desde un misil. Esta máquina se transformó en el paradigma de la nueva tecnología: el misil, convencional, se eleva y acelera antes de soltar el Avangard; éste sólo tiene un motor de maniobra y gana más velocidad planeando hacia el blanco desde una altura que supera el alcance de los sistemas actuales de intercepción, como el Aegis. El alcance de este tipo de misil hipersónico depende de la capacidad de carga del cohete-madre, con lo que teóricamente hasta puede ser intercontinental.

Rusia tiene un socio en el desarrollo de esta tecnología, la India. La marina india ya está equipando sus naves con el Brah-Mos, coproducción con el Kremlin que tiene su feo nombre por los ríos Brahmaputra y Moscú. El Brah-Mos viaja a 4800 kilómetros por hora y antes de fin de año se anuncia la versión aérea, con un rendimiento similar. India anunció para 2020 la producción del modelo II, que puede llegar a la alucinante velocidad de 10.000 kilómetros por hora, con un alcance de 600 kilómetros.

Rusia también está desarrollando variantes de estos misiles con socios franceses, mientras que los japoneses y australianos preparan juntos sus modelos, y la Unión Europea investiga aplicaciones civiles, por ejemplo para llevar pasajeros, cumpliendo el sueño del presidente Carlos Menem de llegar a Japón en dos horas. China, con gran discreción, desarrolló misiles aéreos y de base terrestre con lo que definieron como “un éxito importante”. Para superar ciertos problemas tecnológicos, los chinos se concentraron en desarrollar sistemas de corto alcance, más sencillos.

Es que el problema de construir estas armas es justamente la velocidad, que no perdona la menor imperfección en las carcasas. El margen de tolerancia del carenado aumenta en proporción inversa a la velocidad, lo que explica que sea tan sencillo en una moto y mucho más exigente en un avión a chorro con velocidad crucero de mil kilómetros por hora. Cuando se quiere construir un objeto que no se desintegre al viajar a 12.000 kilómetros por hora, se está cambiando de paradigma.

Por eso es que el centro del desarrollo tecnológico de las armas hipersónicas pase por materiales como cerámicos, fibras de carbono y super-aleaciones de níquel y cromo. Con estos nuevos materiales se puede aspirar a un altísimo grado de perfección en las superficies, lo que evite vibraciones que destruyan al misil. También está el problema de la enorme fricción generada por el aire a tales velocidades, que pueden quemar casi todo material convencional.

Al superar estos problemas se logra un arma notable. Un objeto que cae a tamaña velocidad es difícil de detectar con las tecnologías disponibles y si se lo detecta es muy difícil saber exactamente cuál es su objetivo. Una hipersónica lanzada desde un misil puede estar acelerando desde los ochenta mil metros de altura, con lo que una mínima corrección de rumbo puede significar que impacte en una ciudad o en otra. Ni hablar si el objetivo es un ejército o una flota.

Como se dijo, a estas velocidades la simple masa del misil lo hace capaz de desintegrar un tanque y destrozar un portaaviones. Es fácil imaginar la capacidad destructiva de agregar una mínima carga explosiva. Y una hipersónica puede acabar además con el actual equilibrio del terror atómico, portando una bomba nuclear que sólo puede ser detectada prácticamente cuando está llegando y que es imposible de interceptar.

Estados Unidos y Rusia tienen cada uno 6500 cabezas nucleares montadas en todo tipo de transportes, una baja histórica desde las 31000 que llegaron a tener en el pico de la guerra fría. Con cien alcanza para crear una masacre épica que nos deje al borde de la extinción por el hambre y el invierno nuclear que nos exponga a los rayos ultravioletas. Las lanzaderas hipersónicas pueden tener a cierta gente.

Con lo que extraña que Estados Unidos venga tan de atrás, con el anuncio de que esta semana probaron el modelo AGM-183A que podría producirse a partir de 2022 y entraría en servicio desde una base terrestre recién en 2023. Por supuesto, este prototipo ya costó varios miles de millones de dólares…

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 Raytheon es el mayor productor mundial de misiles, entre ellos el popular Patriot.  Bloomberg

La fusión entre Raytheon y United Technologies crea un gigante en el negocio de defensa con una facturación de 80.000 millones de dólares

 

Hace dos años, en plena escalada balística de Corea del Norte, el nuevo jefe del Pentágono se acercaba a Silicon Valley para visitar la base experimental de innovación del Departamento de Defensa en Mountain View. Se creó con Barack Obama de presidente para estar lo más cerca posible de las nuevas firmas tecnológicas y así poder resolver complejos retos estratégicos y tácticos. Una de las ideas era incorporar los avances en inteligencia artificial y tecnología autónoma al ámbito militar. “Eso ya no va a ser necesario”, afirma rotundo Thomas Kennedy, consejero delegado de Raytheon, “somos los que llevamos la ciencia-ficción a la realidad”. La contratista estadounidense que está detrás de los misiles crucero Tomahawk y el sistema de defensa Patriot acaba de anunciar una fusión entre iguales con United Technologies, que desarrolla los propulsores del caza invisible F-35. “Nos permitirá llevar los nuevos avances antes al mercado”, prevé.

La nueva Raytheon Technologies será la compañía aeroespacial y defensa más grande por ingresos después de Boeing cuando se complete la integración en 2020. Para entonces tendrá unas ventas anuales próximas a 80.000 millones de dólares, contará con 60.000 ingenieros y un presupuesto combinado en investigación y desarrollo de unos 8.000 millones anuales.

El avance tecnológico está en el corazón de la operación. Juntas tienen más de 38.000 patentes activas. La industria militar destina a I+D más que Apple, Google y Microsoft juntas. De hecho, Silicon Valley debe su origen a la defensa. “Contamos con una capacidad tecnológica sin igual que nos permitirá definir el futuro”, añade Gregory Hayes. Será quien lidere la nueva compañía, que tendrá un valor bursátil de 120.000 millones al precio actual. United Technologies tuvo unas ventas de 66.500 millones en 2018. De ese total, el 26% corresponde a la filial que fabrica aparatos de aire acondicionado Carrier y el 18% a los ascensores Otis. Raytheon empezó a tantearle precisamente cuando hace un año anunció que se desprendía de estas dos filiales. En paralelo estaba en proceso de integrar Rockwell Collins.

Los analistas de CFRA Research explican que es difícil encontrar una combinación similar. United Technologies es muy fuerte en el ámbito comercial. Entre sus principales clientes tiene a Boeing y Airbus. Raytheon, por su parte, es una de las cinco líderes en defensa. Además, son relativamente similares en escala, tamaño y márgenes de beneficio. En lo que va de año, se revalorizaron un 20% en Wall Street.

“No recuerdo la última vez que competimos por un contrato”, dice Kennedy. El solapamiento es inferior al 1%. La operación es muy parecida a la que acaba de cerrar L3 Technologies con Harris Corporation. El negocio aeroespacial y de defensa evoluciona rápido, además de ser de gran complejidad. Raytheon Technologies será, en principio, más resistente a los cambios de ciclo. El nuevo coloso estará estructurado en cuatro segmentos: inteligencia, espacio y radares; sistemas de defensa y misiles; Rockwell Collins y los motores Pratt & Whitney, que equipan los aviones comerciales de Airbus y los cazas supersónicos F-15, F-16 y F-35. Las sinergias serán de 1.000 millones. La idea es que la tecnología que utiliza Raytheon en el ámbito de defensa se combine en un mismo producto con las soluciones que United Technologies desarrolla en el ámbito aeroespacial comercial. Como ejemplo ponen el programa de misiles hipersónicos, donde su rival Lockheed Martin lleva la delantera.

Es lo que hace Boeing, que ve cómo dos grandes suministradores de sistemas se convierten en su rival directo. Tras la fusión, los ingresos de Raytheon Technologies se repartirán a partes iguales entre el negocio aeroespacial y de defensa. La mitad de las ventas se realizarán en el mercado internacional. El Pentágono será su principal cliente, con un tercio de los contratos globales.

La industria se reorganiza anticipando una moderación del gasto militar y en la aviación comercial, que hará más difícil hacer crecer los ingresos y los beneficios. Hace tres décadas eran medio centenar las compañías que competían por los grandes contratos. Ahora son cinco. Se calcula que el recorte en el gasto militar contribuyó a que 17.000 pequeñas compañías dejaran la industria entre 2001 y 2015.

Los avances tecnológicos en el sector de la defensa, señalan desde el Center for Strategic Studies, suelen hacerse desde las pequeñas contratistas hacia las grandes. Raytheon tendrá así escala y recursos financieros para elevar el gasto en I+D. Lo que no dijo Kennedy a pregunta de los analistas es si juntas destinarán el mismo o más dinero que por separado.

El presidente, Donald Trump, dice que le gusta la idea de la combinación. Pero le preocupa que reste competencia al negociar contratos de defensa. “Es razonable”, valoran en Seaport Global, “pero no será un problema mientras el Pentágono vea que el ciclo de innovación se acelera y se hace a menor coste”. Los rivales, añaden, tienen también “productos muy buenos”. El Pentágono depende del sector privado para armarse y por eso necesita poder hacer palanca para negociar buenos contratos. CFRA Research anticipa que la fusión meterá más presión a Lock­heed Martin, Northrop Grumman y General Dynamics para innovar. También pone nerviosas a Rolls-Royce, General Electric y Honeywell, que fabrican motores para aviones.

Intentos fallidos

El Departamento de Defensa bloqueó hace dos décadas ella fusión entre Lockeed Martin y Northrop Grumman porque concluyó que dañaba a la competencia. Pero la realidad ahora es muy diferente y a Washington le interesa que las compañías que le suministran sean financieramente exitosas. Más aún en un momento de preocupación creciente por China. El Pentágono, en plena batalla comercial, publicaba un informe detallando sobre la rapidez con la que Pekín está innovando en el ámbito militar. Kennedy responde a las dudas de Trump con un argumento patriótico para defender la creación de esta nueva plataforma para diseñar y producir los sistemas armamentísticos del futuro: “Nos hará mejores y más fuertes como país”.

Renaissance Strategic Advisor dice que la consolidación de la industria no debe ser una sorpresa porque fue el propio Pentágono el que decidió reducir el margen de maniobra para que varias contratistas pudieran competir a la vez.La última vez que Defensa puso objeciones a una fusión similar fue cuando Lockheed Martin adquirió el negocio de helicópteros Sikorsky a United Technologies. Northrop Grumman se hizo el año pasado con Orbital ATK, especializada en propulsores para misiles y cohetes espaciales. General Dynamics adquirió CSRA. Honey­well tanteó a United Technologies.

Nueva York 21 JUN 2019 - 09:34 COT

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Sábado, 22 Junio 2019 05:58

Y al final, Irán sí estaba armado

Los restos del dron rescatados por los iraníes. Imagen: AFP

Un detalle pasó desapercibido en las interminables especulaciones sobre dónde y por qué Irán derribó un sofisticado dron norteamericano. Tanto mapa con la ubicación del avión robot, tanto cálculo sobre el "mensaje" de Teherán a Washington, dejó de lado un dato que los militares norteamericanos si entendieron: se suponía que Irán no tenía la tecnología para derribar un dron de esos. Pero resultó que sí la tenía.

El dron derribado es un monstruo tecnológico y uno de esos elefantes blancos que la industria armamentística norteamericana le encaja a su mercado cautivo, los militares de EE.UU. El RQ-4 Global Hawk es fabricado por la Northrop Gruman, una empresa que en sus tiempos producía aviones de combate y perdió la competencia con la McDonnell Douglas. El Global Hawk es del tamaño de un avión de pasajeros, de cuarenta metros de punta de ala a punta de ala.

El monstruo está cargado de sensores, interceptores y computadoras, además de enormes cámaras, lo que lo define como una plataforma de espionaje, o para usar la más cortés expresión militar, de inteligencia. No extraña que cada uno cueste 120 millones de dólares.

Este dron no sirve para el combate, porque no tiene ni armas, ni velocidad, ni capacidad de hacer maniobras evasivas para evitar a un enemigo. De hecho, es una muy cara pieza de equipo diseñada para hacer "barridos" sobre territorio a estudiar, en este caso el estrecho de Hormuz y la costa sur de Irán. Su única defensa, el único changüí que tiene el Global Hawk, es que vuela muy alto, con un techo de hasta veinte mil metros.

Y aquí entra la sorpresa iraní. El dron volaba tranquilo porque se suponía que ni los Guardias Revolucionarios, tan bien equipados ellos, tenían misiles de ese alcance. Según parece, la inteligencia norteamericana se creía que sólo tenían misiles antiaéreos de los que se lanzan desde un tubo al hombro, guiados por calor, o a lo sumo baterías rusas SA-6, que no llegan a semejantes alturas.

Pero el dron fue derribado, lo que alarmó a los expertos: ¿los iraníes tienen baterías SA-17? ¿Los rusos los equiparon con eso? El gobierno de los ayatolás contestó que habían derribado al monstruo usando un misil Khordad de fabricación propia, con un radar con radio de 150 kilómetros, un alcance efectivo de cincuenta kilómetros y un techo operativo de 27.000 metros. Si esto es cierto, y puede ser propaganda iraní, Teherán está produciendo una familia de armas mucho más avanzada de lo que esperaban en el Pentágono.

Lo que lleva a recalcular los riesgos de una guerra. Un viejo y sabio chiste en Washington es que la base de la política exterior norteamericana es "nunca te metas con alguien de tu tamaño". Esto explica las constantes prepeadas a países militarmente débiles y el extraordinario respeto a los rusos -con un arsenal de 6500 bombas atómicas-y a los chinos.

Irán, por supuesto, no es del tamaño de EE.UU., pero es la 14 potencia mundial según el medio especializado Global Fire Power. Los ayatolás comandan un ejército de medio millón de hombres, con 350.000 reservistas. La fuerza aérea es relativamente pequeña, con 142 aviones de combate y apenas doce helicópteros de ataque, pero la infantería cuenta con el apoyo de 1600 tanques de combate, una herencia de las batallas con Irak.

Pero la estrategia real, el desbalance relevante en esta geografía, es que los iraníes invirtieron en dos sistemas de armamentos que le permitirían hacer un daño terrible a un invasor. Por un lado, la pequeña armada iraní tiene nada menos que 34 submarinos, perfectamente capaces de bloquear la principal vía marítima de exportación petrolera del mundo. Por otro lado, Teherán dispone de nada menos que 1600 plataformas de lanzamiento de misiles, la cuarta fuerza de su tipo en el planeta. Sólo EE.UU., Rusia y China tienen más de esas.

Un paréntesis para argentinos es que Irán no es un país desarrollado sino que tiene una economía que apenas pasa los dos tercios de la nuestra. Pero el petróleo hace una enorme diferencia: la deuda externa iraní es ínfima y su banco central tiene reservas declaradas de 120.000 millones de dólares. Por algo, son clientes mimados de los rusos, que les transfieren todo tipo de tecnología.

Si Donald Trump termina tropezando con la última piedra y arranca una guerra con Irán, se va a encontrar con mucho más que otro Irak. Al contrario que con Saddam Hussein, no está garantizado que los iraníes se dejen bombardear desde el aire, cediendo esa superioridad desde el vamos, que para algo están los tantos misiles. Y tampoco se van a dejar bloquear por mar, que 34 submarinos no son un chiste.

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 El director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, sale del Palacio del Elíseo después de reunirse con el presidente francés, Emmanuel Macron.Foto Xinhua

Después de la diatriba de Chris Hughes contra su ex socio Mark Zuckerberg, mandamás de la tríada Facebook/Whatsapp/Instagram y el hombre más poderoso del mundo por encima de gobiernos y trasnacionales debido a su "dominio" global (https://bit.ly/2LCGzOU), que controla la intimidad de 2 mil 375 millones de usuarios (sólo Facebook), ahora The Financial Times ( FT, 13/5/19) –controlado con The Economist por el Grupo Pearson, asociado al eje Banca Rothschild/George Soros– destapa otro megaescándalo desde su corresponsalía en Tel Aviv sobre la inyección de un código maligno (spyware) israelí en los celulares con llamadas de voz vía WhatsApp: “La aplicación de mensajes descubre la vulnerabilidad que ha permitido a los atacantes (sic) inyectar el spyware comercial de Israel en los celulares”.

WhatsApp, con mil 500 millones de usuarios (https://bit.ly/2Bz9eNc) y que se encuentra en la picota por incidir en las elecciones de Brasil hasta India (https://bit.ly/2vXbwm1), “descubrió la instalación de un software de espionaje en los celulares iPhone y Android” con el simple hecho de "usar la función de llamadas de voz de su aplicación".

Mientras la Corte Suprema de Estados Unidos asestaba un golpe al monopolio Apple (https://bit.ly/2EaKMmC), WhatsApp reveló una perturbadora violación a su ciberseguridad “que permitió la instalación de un spyware selectivo en los celulares mediante las llamadas”, que afecta la vulnerabilidad de la seguridad de los dispositivos iPhone y Android con el código maligno del grupo NSO de Israel y que "es transmitido cuando el usuario contesta la llamada infectada". ¡Simplemente diabólico!

En un artículo paralelo, FT (13/5/19) desnuda el "negocio del espionaje en los iPhone por el grupo NSO de Israel", ya que el “software que ha hackeado a WhatsApp también ha sido acusado de ayudar a los gobiernos a espiar a los disidentes”.

Pegasus constituye la pieza de software que “puede penetrar los secretos más oscuros (sic) de cualquier iPhone”, como "sus mensajes privados y su localización". Asimismo, representa una tecnología mejorada de hace una década que “es tan poderosa que el Ministerio de Defensa (¡megasic!) de Israel regula su venta”.

Pregunta tonta: ¿Para quién trabaja el Ministerio de Defensa de Israel, hoy bajo la férula del premier Benjamín Netanyahu, aliado del eje Trump/Jared Kushner/Sheldon Adelson?

¿Por qué el eje Banca Rothschild/Soros expone hasta hoy la "malignidad" del spyware controlado por el Ministerio de Defensa de Israel?

FT comenta que la venta del spyware Pegasus concede a "Israel una importante carta de visita diplomática" con la que ha adquirido mayor presencia en los cuartos de guerra (war rooms) profundamente clasificados que incluye a las petromonarquías.

El Grupo NSO alega que Pegasus “ha sido usado por 45 (sic) países, entre ellos México, para prevenir ataques terroristas (sic) e infiltrar a los cárteles de la droga”. ¿Por qué, entonces, se han incrementado el terrorismo y el tráfico global de toda índole?

Tres cuartas partes de los ingresos del Grupo NSO de Israel, con valor de mil millones de dólares, provienen de la venta del spyware Pegasus, que fue "adquirido" por el gobierno mexicano de la dupla Videgaray/Peña, consagrada a espiar a los ciudadanos en forma inimputable.

El ex teniente general Michael Flynn, ex asesor de Seguridad Nacional de Trump, formaba parte de la nómina del Grupo NSO (https://bit.ly/2YuUIiu).

El grupo NSO de Israel desarrolló el código maligno "que puede ser transmitido aun si los usuarios no contestan sus teléfonos".

Se trata de un grave espionaje a escala global carente de inmunidad para la intimidad y privacidad de los usuarios, por lo que es axiológicamente imperativo que cada país, de acuerdo con sus propias leyes, regule todo este caos perturbador de las plataformas del Gafat (Google/Apple/Facebook/Amazon/ Twitter), así como el hierático megaterrorismo cibernético al que se ha consagrado Israel en forma deliberada para controlar la conducta de miles de millones de usuarios, no se diga de sus adversarios, que son legión en todo el planeta.

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 Un avión Eurofighter de la Fuerza Aérea alemana, en Amari (Estonia) el pasado febrero. picture alliance picture alliance via Getty Images

Washington acusa a Bruselas de violar los compromisos adquiridos a través de la OTAN y le advierte de que pone en peligro décadas de colaboración militar

Más gasto en armamento, sí. Pero independencia estratégica, no. Estados Unidos ha advertido por escrito a la Unión Europea de que sus planes actuales de defensa están poniendo en peligro décadas de integración de la industria de defensa transatlántica y de cooperación militar a través de la OTAN.


La misiva, fechada el pasado 1 de mayo y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, llega cargada de amenazas, más o menos veladas, de posibles represalias políticas y comerciales si Bruselas mantiene su intención de desarrollar proyectos europeos de armamento sin apenas contar con países terceros, ni siquiera con EE UU.


La diatriba del Departamento de Defensa contra los planes europeos agrava la tensión entre Europa y la Administración de Donald Trump cuando los ánimos ya estaban soliviantados por la negativa de Alemania y Reino Unido a impedir la participación de la empresa china Huawei en el desarrollo de la telefonía de quinta generación.


La reacción de EE UU llega poco después de que el Parlamento Europeo diese el visto bueno provisional, el pasado 18 de abril, a la creación de un Fondo Europeo de Defensa dotado con 13.000 millones de euros para el período 2021-2027. Washington, además, se opone a las condiciones generales de la llamada Cooperación Permanente Estructurada (PESCO, por sus siglas en inglés), por la que 25 países de la UE han iniciado el desarrollo de 34 proyectos de armamento.


"EE UU está profundamente preocupado con la aprobación del Reglamento del Fondo Europeo de Defensa y con las condiciones generales de la PESCO", advierte la subsecretaria estadounidense de Defensa, Ellen Lord, en la carta dirigida a Federica Mogherini, la Alta Representante de Política Exterior de la UE.


El Reglamento permite que participen empresas extracomunitarias, pero exige que la propiedad intelectual del proyecto sea exclusivamente europea y no permite que países terceros impongan controles a la exportación del armamento construido. La participación en los proyectos de la PESCO también es limitada y sometida a la aprobación unánime de los países de la UE, por lo que Washington teme que el veto de un solo socio les deje fuera.


El durísimo texto americano acusa a la UE de desarrollar sus capacidades militares "de una manera que produce duplicación, sistemas militares que no son interoperativos, dispersión de los escasos recursos de defensa y una competencia innecesaria entre la OTAN y la UE".


El Departamento estadounidense de Defensa advierte de que, a su juicio, el proyecto del Fondo y la PESCO "suponen una dramática marcha atrás después de tres décadas de creciente integración de la industria de defensa transatlántica". Washington añade que "no solo se podría dañar la constructiva relación entre la OTAN y la UE, sino que potencialmente podría revivir las enfrentadas discusiones que dominaban hace 15 años nuestros contactos sobre las iniciativas europeas de defensa".


"Estamos ante un claro conflicto de intereses", señala Luis Simón, director de la Oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas e investigador principal de ese centro de estudios. Simón recuerda que "la industria estadounidense tiene una presencia muy fuerte en el mercado europeo". Y que EE UU observa los primeros pasos de la política europea de defensa, por tímidos que sean, como una potencial amenaza para su dominio tanto en el mercado europeo como en países terceros.


Pero el Gobierno de Donald Trump no se limita a expresar con dureza sus quejas y reproches. La carta de Lord, una veterana de la industria del armamento con más de 30 años de experiencia, también contiene serias advertencias y amenazas sobre las consecuencias que se desencadenarán si Bruselas sigue adelante con sus planes. "Está claro que si EE UU impone restricciones recíprocas similares no serían bienvenidas por nuestros socios y aliados europeos", señala la subsecretaria de Defensa. "No nos gustaría tener que planteárnoslo en el futuro", advierte. Y recuerda el multimillonario impacto que podría tener esa decisión en las empresas europeas del sector.


La carta recuerda que el año pasado se adjudicó a una empresa italiana, en asociación con Boeing, un contrato de 2.800 millones de dólares para desarrollar y construir nuevos helicópteros para la fuerza aérea estadounidense.


El año anterior, en 2017, el Departamento de Defensa estadounidense adquirió armamento de 12 empresas europeas por valor de 2.600 millones de dólares (unos 2.490 millones de euros). Y en 2016 concedió 118,7 millones de dólares en subsidios a empresas de 24 países de la UE para proyectos de I+D.


EE UU exige que se modifique el proyecto de Reglamento del Fondo para suprimir las condiciones sobre propiedad intelectual y control de exportaciones. Y que en PESCO se elimine el derecho de veto y que se permita al país que lidera cada proyecto invitar a las empresas que desee.


Ambos textos, sin embargo, ya fueron pactados en febrero de manera provisional por el Consejo de ministros de la UE y el Parlamento Europeo. "Este es un gran paso para hacer realidad la cooperación europea en defensa", celebró entonces Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea. Washington exige ahora una humillante rectificación en una carta de la que ha enviado copia a Katainen y al presidente del Parlamento, Antonio Tajani.


"Antes de que los textos sigan adelante, les instamos a revisarlos con la mira puesta en nuestros objetivos compartidos a largo plazo para un partenariado de seguridad transatlántica", conmina la misiva de Lord. "Con cambios menores (...) se podría aliviar nuestra preocupación", minimiza la subsecretaria de Estado la enmienda a la totalidad al proyecto europeo.
Simón cree que "la inquietud de EE UU ha ido a más con el Brexit porque los británicos, con el apoyo de Berlín, eran garantía, de que la política europea de defensa, tanto desde el punto vista geoestratégico como del industrial, no sería discriminatoria hacia ellos". La posible salida del Reino Unido de la UE, el acercamiento de Alemania a Francia en materia de defensa y la irrupción de la Comisión Europea en un terreno que le estaba vetado, han acabado por disparar las alarmas en Washington, según el director en Bruselas de Elcano.
Las propias empresas europeas, según Washington, se exponen a verse obligadas a elegir entre el mercado europeo y el estadounidense por culpa de las normas "envenenadas", como las califica la carta, del Fondo Europeo de Defensa. Un grave dilema dado el gasto de EE UU (460.000 millones de euros) duplica al de Europa (210.000 millones).


Una consecuencia no buscada podría ser que las empresas europeas con actividad fuera de la UE (especialmente en el mercado de EE UU a través de acuerdos con empresas estadounidenses) tal vez decidan no participar en los proyectos PESCO para no arriesgarse a que su propiedad intelectual quede aislada dentro de la UE o "a incumplir las normas de EE UU sobre control de exportaciones", advierte Lord.

Por Bernardo de Miguel
Bruselas 13 MAY 2019 - 01:42 COT

 

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Sanciones punitivas contra el pueblo de Venezuela

Los medios televisivos del mundo transmiten el mensaje de que el gobierno de Nicolás Maduro ha provocado una crisis humanitaria. La narrativa es que la mala gestión de la economía que acompaña cualquier proyecto socialista conduce al caos. En muy pocas ocasiones se habla de la historia del régimen que comenzó con Hugo Chávez y de la larga lista de intentos para sabotearlo y derribarlo, comenzando con el frustrado golpe militar de 2002, apoyado por el gobierno estadunidense, como revelan muchos estudios bien documentados.

Venezuela tiene hoy las reservas probadas de petróleo más importantes del planeta: más de 300 mil millones de barriles. Es un crudo pesado, caro de extraer y refinar, pero Estados Unidos no le quita la vista de encima a este recurso. Las exportaciones de crudo generan 98 por ciento de las divisas extranjeras utilizadas por esa economía.

Durante años a nadie pareció preocuparle cuál era el destino de la renta petrolera en Venezuela. El monto del gasto social como proporción del PIB promedió 8 por ciento entre 1990-1998. Cuando accedió Chávez al poder, en 1998, el gasto social se incrementó hasta alcanzar 14.7 por ciento del PIB en 2005. Para entonces todas las alarmas en Washington se habían activado. Desde el principio Chávez fue visto como un enemigo peligroso, en especial porque tuvo apoyo popular masivo.

En 2017 el gobierno de Washington impuso una primera serie de sanciones económicas contra Venezuela. El componente más importante consistía en la prohibición de realizar operaciones financieras en el mercado estadunidense. Como resultado, Venezuela no podía emitir bonos en ese mercado y no podía restructurar su deuda externa. La deuda de la empresa estatal petrolera PDVSA estaba siendo renegociada, pero la restructuración se interrumpió. La empresa venezolana Citgo, con más de 5 mil gasolineras en Estados Unidos, fue impedida de remitir sus ganancias a Venezuela. Se cerraron cuentas de instituciones venezolanas en bancos y entidades financieras estadunidenses, y se terminaron las líneas de crédito. La falta de crédito frenó las operaciones de mantenimiento, compra de refacciones e inversiones que se necesitan para mantener la producción. Estas medidas y sus efectos pasaron casi desapercibidas por el gran público, lo que permite transmitir ahora la impresión de que fue la mala gestión económica del gobierno lo que provocó la crisis. En especial, la caída del flujo de divisas impactó la capacidad de comprar medicinas y alimentos, lo que trajo aparejado un fuerte aumento de la inflación.

El castigo más brutal vino en enero de 2019, cuando Washington cerró a Caracas su mercado más importante de petróleo. Estados Unidos compró un promedio de 586 mil barriles de crudo diariamente en 2018, pero para el 15 de marzo de este año esa cifra se redujo a cero. Y Washington presionó a otros países y empresas para que cancelaran sus operaciones con Venezuela o se hicieran acreedores a sanciones adicionales.

En Venezuela la producción de crudo se colapsó, porque no se puede comercializar el producto y porque ese país carece de instalaciones para almacenar este gigantesco inventario. Pero tanto CNN y MSNBC, como el New York Times y el Washington Post, insisten en que la caída de la producción de crudo revela la incompetencia de Maduro y su gobierno.

Debido a las sanciones de enero de 2019 los activos de PDVSA en Estados Unidos fueron incautados. Con el reconocimiento del señor Juan Guaidó como presidente interino, Washington intensificó la presión y tomó el control de los recursos de Citgo en Estados Unidos. Otras ramificaciones incluyen el embargo de recursos venezolanos por el gobierno de Reino Unido y la suspensión de la cuenta de derechos especiales de giro de Caracas por el Fondo Monetario Internacional.

La falta de divisas impide comprar medicinas y muchos artículos de primera necesidad. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), administrada por tres universidades venezolanas, revela que entre 2017 y 2018 hubo un incremento de 31 por ciento en la tasas de mortalidad general. Este es el resultado directo de la guerra económica contra Venezuela.

Una pregunta clave: ¿son legales las sanciones impuestas por Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela? La respuesta es negativa. La Carta de la Organización de Estados Americanos prohíbe en sus artículos 19 y 20 la interferencia en los asuntos internos de otro país y la imposición de medidas coercitivas. Las sanciones son también ilegales desde otro punto de vista: la Ley de Emergencias Nacionales de Estados Unidos establece que para imponer sanciones debe haber una emergencia nacional en ese país. Pero nada de lo que ha sucedido en Venezuela entraña una emergencia para Estados Unidos.

Toda guerra está basada en el engaño, dice Sun Tzu en su Arte de la guerra. El objetivo de las sanciones en contra del gobierno de Caracas no es iniciar una negociación. Lo que busca esta guerra es castigar a la población para doblegar al gobierno.

Twitter: @anadaloficial

 

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Tres muertos en ataques aéreos a la Franja de Gaza

Al menos tres palestinos murieron ayer a causa de ataques israelíes en la Franja de Gaza. Entre las víctimas hay un joven miliciano palestino del movimiento islamita Hamas y una mujer junto a su bebé. “Estábamos almorzando cuando la casa fue bombardeada por un avión israelí. Saba (la beba) murió de inmediato”, dijo Abu Mohamed Abu Arar, un familiar. “Falastin Abu Arar, de 37 años, embarazada, falleció por las heridas que recibió en la cabeza”, confirmó en tanto el ministerio de Salud de Gaza. Además de las víctimas mortales 17 palestinos resultaron heridos.


La escalada de violencia comenzó cuando las milicias palestinas en Gaza dispararon 200 cohetes contra Israel, que respondió con bombardeos sobre 120 objetivos militares, lo que produjo las tres muertes. En Israel, en tanto, dos personas sufrieron heridas graves. Una mujer de 80 años tiene lesiones por esquirlas de un cohete en Kyriat Gat al igual que otro israelí de 50 años resultó herido en Ashkelon.


Las sirenas antiaéreas sonaron de manera intermitente durante todo el día en comunidades periféricas a la franja, pero también en otras regiones del centro del país como Bet Shemesh, a unos 30 kilómetros al oeste de Jerusalén. La policía pidió a los habitantes que se dirigieran a los refugios en cada alerta.


Entre los lugares afectados por Isarel están las oficinas de inteligencia en la ciudad de Gaza, campos de entrenamiento, fábricas de armas y un túnel ofensivos transfronterizo que Palestina excavaba desde hacías semanas. “Hemos controlado la excavación del túnel y ahora hemos decidido atacarlo y neutralizarlo”, dijo el portavoz del ejército israelí, el teniente coronel Jonathan Conricus. El túnel, continuó, es una infraestructura de alta calidad en la que la Yihad Islámica invirtió mucho tiempo y esfuerzo para poder tener la posibilidad de usarlo para atacar.


Habitantes del barrio afirmaron por su parte que uno de los edificios afectados albergaba la oficina de la agencia de prensa estatal turca Anadolu, una información confirmada por Turquía que condenó “con firmeza” el ataque denunciando una “agresividad sin límites”. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan condenó el ataque en Twitter contra la oficina de la agencia y aseguró: “Turquía y la agencia Anadolu seguirán contando al mundo sobre el terrorismo y las atrocidades de Israel en Gaza y en otras partes de Palestina”. Según Anadolu, el personal de la agencia evacuó el edificio poco antes del ataque que estuvo precedido por un aviso. En este contexto Israel anunció el cierre de los pasos fronterizos de Gaza y la veda a la pesca en el litoral del enclave.


Según una fuente de Yihad Islámica Egipto, que oficia como intermediario entre Hamas e Israel, ya están intentando una mediación para bajar la tensión. En Bruselas, la Unión Europea (UE) pidió el “cese inmediato” de los disparos.


Israel y Hamas se enfrentaron en tres momentos desde 2008. A fines de marzo, bajo el auspicio de Egipto y la ONU, negociaron un alto el fuego anunciado por Hamas pero nunca confirmado por Israel. Esto permitió mantener una relativa tranquilidad durante las elecciones legislativas israelíes del nueve de abril. Pero la situación decayó durante esta semana cuando regresaron los disparos de cohetes y globos incendiarios palestinos, así como las represalias israelíes.


Tres factores podrían sin embargo empujar a Israel a calmar la situación: las negociaciones en curso para formar una coalición gubernamental luego de la victoria de Netanyahu en las elecciones, el concurso musical Eurovision previsto en Tel Aviv a mediados de mayo, y las celebraciones por la creación del Estado de Israel que tendrán lugar el jueves.


Desde marzo de 2018, los palestinos se manifiestan en la frontera entre la Franja de Gaza e Israel contra el bloqueo al enclave y por el retorno de los refugiados que fueron expulsados o tuvieron que abandonar sus tierras tras la creación de Israel, en 1948. Al menos 270 palestinos murieron desde el inicio de la movilización en las manifestaciones o en los ataques israelíes como represalia. Los organizadores de las manifestaciones y Hamas aseguran que el movimiento de la “Gran marcha del retorno” es independiente. Israel en cambio acusa a Hamas de orquestar estas movilizaciones.

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Sábado, 30 Marzo 2019 06:17

Terrorismo, un concepto vacío

Terrorismo, un concepto vacío

Los criminales ataques contra dos mezquitas de Nueva Zelanda, si bien han sido ampliamente condenados, han suscitado también vivas polémicas en las redes sociales, pues ciertos responsables políticos, determinados media e intelectuales calificaban a regañadientes a Brenton Tarrant, el autor de la masacre, como terrorista. 

Numerosos comentaristas han subrayado que tal timidez no aparecía jamás cuando se trataba de calificar al responsable musulmán de este tipo de acciones sanguinarias.


Sin embargo, más allá de estos justificados reproches que señalan a la islamofobia dominante en Occidente, habría que reflexionar sobre el término terrorismo, que se ha vuelto de uso tan corriente que ya nadie se pregunta verdaderamente sobre su significado y que parece ser utilizado para desacreditar toda violencia de carácter político.


Desacreditar a los movimientos de liberación nacional


Un pequeño repaso histórico permite sin embargo aclarar el debate. El calificativo de terrorista se ha aplicado a grupos muy diferentes, cuyas ideologías políticas cubren un amplio espectro que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda: desde grupúsculos fascistas italianos de los años 1970 a los Tigres tamiles, pasando por el Ejército Republicano Irlandés (IRA) o la organización separatista vasca ETA. Ponerles en el mismo saco resulta una simplificación primaria.


Para comprender las razones de su acción, hay que estudiar concretamente la situación en la que se han desarrollado; ninguno se reclama del terrorismo o hace del terrorismo su objetivo, al contrario que el comunismo, el fascismo, los nacionalismos, que tienen proyectos claramente reivindicados.


En los años 1950-1960, el calificativo de terrorista se agitó muy frecuentemente para denunciar a los movimientos de liberación nacional, desde el Frente de Liberación Nacional argelino a la Organización de Liberación de Palestina (OLP), pasando por el Congreso Nacional Africano (ANC).


Recordemos que estos dos últimos grupos fueron denunciados como terroristas por Ronald Reagan, Margaret Thatcher y, por supuesto, las y los dirigentes israelíes, cuyo país colaboraba estrechamente con el África del Sur del apartheid.


Ahora bien, todos esos ejemplos han probado que terroristas de ayer son a menudo gobernantes de mañana. ¿El gobierno británico no calificó de terroristas a los grupos sionistas en los años 1940, antes de crear el Estado de Israel?


El arma de los débiles


En el mejor de los casos, se puede inscribir el terrorismo en la lista de los medios militares. Y, muy a menudo, es el arma de los débiles.
Figura brillante de la revolución argelina, detenido por el ejército francés en 1957, Larbi Ben M’hidi, jefe de la región autónoma de Argel, fue interrogado sobre la razón por la que el FLN depositaba bombas, ocultas en el fondo de capazos, en los cafés o en los lugares públicos. “Si nos dan sus aviones, les daremos nuestros capazos”, respondió a sus torturadores, que le asesinarían fríamente unos días más tarde.


La desproporción de medios entre una guerrilla y un ejército regular provoca una desproporción del número de víctimas.


Si se debe considerar como terroristas a Hamas y sus aliados por haber matado a tres civiles durante la guerra de Gaza en el verano de 2014, ¿cómo habría que calificar al Estado de Israel que, según las estimaciones más bajas (las del propio ejército israelí), masacró entre 800 y 1000 personas, entre ellas un gran número de niños y niñas?


Reducir la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal


El uso del término terrorista tomó una nueva dimensión con el lanzamiento de la guerra contra el terrorismo por George W. Bush tras el 11 de septiembre de 2001.
Denunciando a los responsables de los ataques, el presidente americano declaró ante el Congreso americano: “Odian lo que ven en esta asamblea, un gobierno democráticamente elegido. Sus dirigentes se designan ellos mismos. Odian nuestras libertades: nuestra libertad religiosa, nuestra libertad de palabra, nuestra libertad de votar y de reunirnos, de estar en desacuerdo unos con otros”.


Se trataba por tanto, en particular en Próximo Oriente, de emprender una guerra de civilización contra grupos que amenazarían el modo de vida occidental.


El problema del concepto de guerra contra el terrorismo es que dispensa de todo análisis político y reduce la lucha a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal. Si los terroristas están movidos fundamentalmente por su odio a la libertad occidental, es inútil preguntarse sobre las razones por las que esos grupos se han desarrollado, sus motivaciones, sus objetivos.
De ese modo se puede poner en la misma categoría a Hamas y a Al Qaeda, a Hezbolá y el grupo Estado Islámico (EI). Con el riesgo de caer en algunas contradicciones sobre las que no se hacen muchas preguntas: así, Occidente incluyó al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Turquía en la lista de las organizaciones terroristas, pero para oponerse al Estado Islámico ayuda militarmente a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), el brazo armado de su rama siria.


Una guerra contraproductiva


Diecisiete años después del 11 de septiembre, se puede medir el fracaso de esa guerra contra el terrorismo, por no hablar de su coste financiero o del terrible balance humano.
Implicados en Afganistán en el conflicto más largo de toda su historia, Estados Unidos se preparan para abandonar ese país cediendo el poder a los talibanes (sin embargo calificados de terroristas), que quisieron derrocar pero que prefieren al Estado Islámico, ya sólidamente implantado en el país.


Es verdad que en Irak el Estado Islámico ha sido aplastado, pero no es inútil recordar que en el momento de la invasión americana de 2003 Al Qaeda no existía en Irak y que el Estado Islámico no habría aparecido nunca sin la guerra americana. Y que, incluso vencido militarmente, el Estado Islámico conserva fuertes bases políticas. Pero sobre todo, la región jamás ha sido tan inestable, tan dividida, tan violenta.


Así pues, el uso de la expresión guerra contra el terrorismo ha permitido prescindir de cualquier análisis político o intento de comprender las causas reales de la inestabilidad. Ha permitido ignorar las consecuencias de las políticas occidentales en Palestina o en Irak que, sin embargo, han hecho bastante más para reforzar el terrorismo que la llamada ideología islamista radical.


¿Se piensa verdaderamente que el reciente reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y de la soberanía israelí sobre el Golán sirio por la administración Trump contribuirá a reducir la violencia en la región?


Hay que repetirlo: la resolución de los problemas políticos es la única capaz de reducir las tensiones y de cortar la hierba bajo los pies de los llamados grupos radicales.


Pero, ¿cómo calificar entonces los actos criminales como los ataques contra civiles con fines políticos? ¿Hay que banalizarlos? El derecho internacional contiene conceptos como crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidios, que permiten calificar esas acciones y también hacer avanzar la idea de una justicia internacional.


Pero también hay que ser claro. Si grupos como Al Qaeda y el Estado Islámico remiten a la justicia internacional, también se tendría que poder llevar ante los tribunales a los dirigentes políticos (y no solo africanos) responsables de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad en Irak, en Siria o en Palestina.


Alain Gresh es el director del diario en línea Orient XX (https://orientxxi.info). Antiguo redactor jefe de Le Monde Diplomatique, es autor de numerosos trabajos, entre ellos Un chant d’amour. Israël-Palestine, une histoire française, avec Hélène Aldeguer (La Découverte).

Por Alain Gresh
Middle East Eye

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