Eleonor Faur es socióloga (UBA) y doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Es profesora del IDAES, de la Universidad Nacional de San Martín e investigadora del Instituto de Desarrollo Económico y Social (UNGS-IDES).

Eleonor Faur, especialista en relaciones de géneros, familia y políticas públicas

La investigadora explica en qué consisten las políticas de cuidado desde una perspectiva de género e invita a desandar la organización generizada de ciertos comportamientos. Además, la Educación Sexual Integral, los estereotipos en las infancias, las masculinidades y el debate alrededor del aborto.

 

Es autora de Masculinidades y desarrollo social. Las relaciones de género desde las perspectivas de los hombres (2004), El cuidado infantil en el siglo XXI. Mujeres malabaristas en una sociedad desigual (2014) y Mitomanías de los sexos (con Alejandro Grimson, 2016), entre otras publicaciones.

Pionera en el estudio de los sistemas de cuidado desde una perspectiva de género, Faur se refiere a las tareas de cuidado en un año signado por una mayor permanencia en los hogares, los dispositivos de transmisión de mensajes, la Educación Sexual Integral (ESI), el surgimiento del movimiento Ni Una Menos, el derecho al aborto, y la importancia de “abrir espacios de reflexión y apuntar a un objetivo que en realidad es un horizonte, que es el horizonte de la igualdad”.

--¿A qué nos referimos cuando hablamos de cuidados?

--El cuidado es un elemento central del bienestar humano. No hay nadie que pueda vivir sin ser cuidado o sin haberlo sido. Y aunque hay algunos momentos de la vida en los cuales necesitamos cuidados de una manera más intensa, en realidad a lo largo de toda nuestra vida necesitamos cuidados. Al mismo tiempo somos proveedores y proveedoras de cuidados. Estamos hablando de una serie de actividades que se requieren para que una vida sea vivible, que haya un bienestar físico y emocional, que haya lazos entre las personas que habiliten una vida social agradable. Entonces, aunque todos y todas necesitamos cuidados y todos y todas tenemos la capacidad de cuidar, lo cierto es que, a nivel social, institucional y político, desde hace por lo menos dos siglos los cuidados se han organizado de una cierta manera por la cual se supone que se proveen básicamente dentro del ámbito de los hogares y que somos las mujeres las principales responsables de ofrecer esos cuidados. La organización del cuidado tiene una marca de género muy clara. Ahí tenemos uno de los nudos críticos de la cuestión de los cuidados que, hace varias décadas, estamos tratando de desandar y desanudar desde la academia y el activismo feminista. No se cuida solo en el hogar, sino en distintos escenarios públicos, comunitarios y privados, y no sólo las mujeres tenemos la capacidad de cuidar. Sin embargo, son muchos los engranajes sociales, institucionales, políticos y culturales que definen esta organización del cuidado como una organización generizada. El problema es que, frente a la escasez de políticas públicas, la variable de ajuste para que no se profundice el déficit de cuidados termina siendo la elasticidad del tiempo de trabajo no remunerado de las mujeres.

--¿Qué observó, en términos de cuidados, en estos tiempos de pandemia y aislamiento?

--Las transformaciones a nivel social --en este tipo de cuestiones también--, muchas veces llegan de formas que uno no espera. Al mismo tiempo que uno defiende la necesidad de políticas para acelerar ciertos cambios sociales, hay veces que estos últimos vienen de la mano de un torbellino, digamos, que nadie imaginó. Por ejemplo, en los años ‘80, ‘90, las fuertes crisis económicas en América Latina hicieron que las mujeres salieran masivamente al mercado de trabajo. Esto, junto con una historia de mayores niveles educativos y de haber ido construyendo una aspiración de mayor autonomía. La crisis del coronavirus, el estar todos y todas guardados en nuestras casas, supuso una intensificación de las tareas domésticas y de cuidado. En los hogares donde hay una pareja conviviente --que es alrededor de la mitad de los hogares de nuestro país--, esa intensificación de los cuidados pudo haber tenido algún tipo de impacto y de movimiento para los varones adultos. Si bien todavía no tenemos datos representativos que puedan revelar cuál fue la medida de ese cambio, dentro de la escasa información que tenemos lo que se ve es que hay un aumento de participación y dedicación para ambos géneros, pero que sigue manteniéndose una brecha. Las mujeres dedican más tiempo a los cuidados y al trabajo doméstico. En los casos de personas con hijos en edad escolar son casi siempre las madres las que acompañan las tareas, viendo si se conectan, viendo si le tienen que prestar el celular en caso de sectores populares con dificultades de conexión. Ojalá quede una memoria de lo duro que es el trabajo cotidiano de sostenimiento del hogar; hay que ver cómo se empuja también desde las políticas públicas para generar nuevas condiciones para la organización de los cuidados.

--¿Cómo se desarma y desanda esta imagen tan establecida de los roles y las tareas de cuidado?

--Hay muchas maneras. A lo largo de las últimas décadas algo ha ido cambiando. Hay pequeñas transformaciones que todavía son demasiado incipientes. Por ejemplo, todo el auge del feminismo juvenil... Cuando trabajaba en mi tesis sobre cuidados, en los primeros 2000, y decía que era sobre cuidados, la gente me decía “¿sobre qué?”. Era un tema que no estaba en agenda ni siquiera de las feministas; es decir, sí había una agenda feminista sobre esto, pero no era el tema de batalla. Hoy esto circula en las redes sociales, en las conversaciones. Ya es una buena señal. Además, hay grupos trabajando sobre masculinidades, pero todavía más con la agenda de ver cómo se generan o cómo se sostienen masculinidades no violentas que sobre cómo compartir los cuidados.

--En esto, también la Educación Sexual Integral tiene mucho que aportar.

--Sí, la Educación Sexual Integral es una herramienta muy poderosa, que se está trabajando y se está empezando a visualizar en las prácticas pedagógicas pero que todavía hay que reforzar. Históricamente, la escuela fue una de las instituciones que nos formó a las mujeres para con los cuidados. Luego de muchos años y décadas de investigaciónm, Catalina Wainerman señaló cómo representaban la literatura infantil escolar y los libros de lectura de las escuelas primarias las imágenes familiares y las imágenes de géneros. El leitmotiv era “Mi mamá me mima” y las imágenes mostraban a las mujeres cocinando y a los hombres volviendo del trabajo agotados, leyendo el diario o mirando la tele. Lo mismo entre niños y niñas: salían de picnic y las niñas preparaban la ensaladita mientras que los nenes remontaban los barriletes. Todo eso habita nuestro inconsciente. Algo de esto empezó a cambiar a finales del siglo XX, cuando en los libros escolares empezaron a haber familias que no eran necesariamente mamá, papá e hijitos; mujeres que participaban del mercado de trabajo y no solamente con el delantal puesto, lavando los platos o atendiendo al resto de la familia. Son muchas las imágenes que nos atravesaron y que siguen estando presentes en algunas escuelas todavía. Entonces, también desde la perspectiva de los cuidados la ESI es muy importante, porque tiene entre sus componentes centrales la reflexión sobre la construcción social de relaciones de género. El universo a transformar es inmenso. Es necesario transformar desde las leyes, desde las políticas, desde la ESI, desde la escuela, pero también desde nuestras propias prácticas cotidianas.

--Las formas de transmisión de mensajes, además de variadas, son silenciosas. Se puede enseñar que el llanto es una emoción de todas las personas, pero con frecuencia los chicos y las chicas se angustian si el que llora es el padre, por ejemplo.

--Exactamente, son tantos los dispositivos de transmisión de mensajes y esa idea de que los varones no lloran, los hombres no lloran, muchas veces puede estar solapada, de manera imperceptible en películas, en dibujos animados, donde simplemente vemos pocos varones llorando, mientras abunda la imagen de mujeres emocionadas hasta las lágrimas. Esas cuestiones forman parte de una sensibilidad social que, si bien cambia, todavía está muy presente. Entonces, es importante comprender que los cambios culturales profundos, como las transformaciones en los estereotipos y en las dinámicas de género, se van desarrollando en capas. No sucede todo al mismo tiempo ni somos conscientes de todo. No hay recetas tampoco. Es fundamental tener esto en cuenta, porque con el auge del feminismo también nos hemos llenado de mandatos y recetas. Hay muchas cuestiones que permean nuestras sensibilidades, nuestras subjetividades. La tarea es más de filigranas, una tarea lenta, una tarea que requiere de autorreflexión y muchas preguntas: “¿por qué te preocupás cuando tu papá llora?”, más que “¡ay, bueno, pero es normal que los varones lloren!”. La ESI es un desafío importantísimo. Es un derecho y al mismo tiempo tiene una complejidad que es más un proceso que un resultado. Hay que dar lugar a la reflexión, a sorprendernos de lo que nos encontramos, a permitir que se habiten las dudas y las preguntas con mayor libertad. Porque si nos llenamos rápidamente de certezas estamos escondiendo muchas de las cuestiones que están ahí todavía persistiendo.

--Entre otras cosas, ¿cuánto de miedo hay detrás de aquellos sectores que se oponen a la ESI?

--Hay una férrea oposición que se expresa en este slogan absolutamente brillante desde el punto de vista comunicacional que dice “Con mis hijos no te metas”. Creo que es una mezcla de activar temores basados en el prejuicio: “que la ESI adoctrina a les niñes”, “que es el nuevo fachismo”. Por un lado, está todo ese temor y, por otro, hay realmente una férrea defensa de ciertas corporaciones religiosas que han encontrado un lenguaje simple y directo para llegar a las familias que tienen dudas. Funcionan a partir de provocar lo que suele denominarse el “pánico moral”, que es eso de “Con mis hijos no”. Estos movimientos vienen de los años ‘90; desde ahí se está hablando de una supuesta ideología de género con una asociación fuerte que se estableció entre el Vaticano y algunos sectores evangélicos conservadores -subrayo porque los evangélicos no son todos conservadores. Estas grandes corporaciones religiosas fueron permeando fuertemente en la capilaridad social a través de iglesias, parroquias y de una cantidad de educadores y educadoras de este tipo de espacios y, en los últimos años, vía redes sociales. Estas posiciones se reflejan también en los triunfos de Jair Bolsonaro, en Brasil, y de derechas muy rancias a lo largo de la región.

--En varios de sus libros aborda el tema de las masculinidades. ¿A qué refiere el concepto?

--Empecé a abordar las masculinidades en los ‘90. En esos años había diferentes maneras de pensar las masculinidades y no todas eran feministas. Había algunas miradas reactivas también con relación a “las mujeres ya avanzaron muchísimo” o “ahora los discriminados somos nosotros”. Siempre un poquito de pánico moral hay alrededor de los movimientos que buscan detener las grandes transformaciones igualitarias. Hubo algunos pensadores y algunas pensadoras que empezaron a trabajar las masculinidades desde una perspectiva feminista, esto es, comprender que las identidades de género --sean femeninas, masculinas o de la diversidad-- se producen y se desarrollan en una particular configuración de relaciones sociales de género. Cuando hablamos de masculinidades estamos hablando de una posición dentro de una práctica de género, y al mismo tiempo, de los efectos de esa práctica en los cuerpos y en las subjetividades masculinas. Es imposible ver las masculinidades por fuera de las prácticas de género. No hace sentido desvincularlas de un mundo de relaciones de poder, así como tampoco tienen sentido los feminismos si los desvinculamos del análisis de las relaciones sociales de género.

--Hay varias posiciones e ideas sobre el feminismo. ¿Qué entiende usted por feminismo?

--Cuando pienso en feminismo lo que pienso es un movimiento emancipatorio que ha trabajado desde hace muchísimos años por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en primer lugar. Luego con la feliz movilización de la diversidad sexual aprendimos que cuando hablamos de igualdad de género no estamos solamente refiriéndonos a un esquema binario donde sólo existen varones y mujeres, presuntamente heterosexuales. En realidad, el feminismo nunca pensó en la heterosexualidad como una pauta universal ni mucho menos. Hoy definir al feminismo es pensar en la igualdad entre géneros, la igualdad entre personas, la igualdad de derechos y la necesidad de igualación de oportunidades para permitir mayores libertades. Todo ello, a través de una serie de dispositivos sociales y políticas públicas. Lo importante es abrir espacios de reflexión y apuntar a un objetivo que en realidad es un horizonte, que es el horizonte de la igualdad.

--Las luchas de mujeres lograron instalar el debate alrededor de la legalización del aborto, la decisión sobre el propio cuerpo, entre otras cuestiones de suma relevancia. ¿Cuánto se ha avanzado en lo que tiene que ver con vivir la sexualidad libremente?

--La posición de feminidades y masculinidades en relación con la sexualidad es un proceso que viene transformándose hace muchas décadas. Hubo un tema importante que fue la píldora anticonceptiva en los años ‘60. En el momento en que se empieza a desligar tecnológicamente la sexualidad de la reproducción tenemos un paso ganado. Entonces ahí las mujeres también se hacen más dueñas de su cuerpo, de su sexualidad, de sus deseos. Pero por supuesto, yendo al contexto argentino, definitivamente el estallido feminista, que lo ubico en el Ni Una Menos, y después el debate del aborto, trajo una nueva ola, asentada en mas de 30 años de Encuentros Nacionales de Mujeres (hoy plurinacionales y conteniendo a las disidencias). Hay una historia larga de feminismo en la Argentina, sobre todo después de la recuperación democrática. Todo eso trajo transformaciones muy importantes en la subjetividad y en la sexualidad femenina y en los últimos años eso se ve cada vez más claro. Empieza a aparecer esto que llamamos una nueva pedagogía del deseo, donde se empiezan a generar ciertas reglas que, para mí, no deben confundirse con recetas: la libertad y el consenso en los vínculos sexo-afectivos.

--¿Cuáles son los estereotipos más comunes en la infancia y cuánto puede aportar la ESI para terminar con ellos?

--Los estereotipos más frecuentes en la infancia siguen siendo que las nenas son dulces y emotivas y los varones son hiperactivos e inquietos y menos detallistas. Habría que mirar si eso responde realmente a algo verdadero o cuánto de lo que pusimos nosotros y nosotras socializando niños y niñas de esa manera no se expresa después en personalidades diferentes. Yendo a la ESI, en relación con estas cuestiones de género, lo importante es poder dejar atrás estereotipos, aceptar que las personas no son sólo una cosa. Dar lugar para que niños, niñas, niñes vayan encontrando cómo quieren vivir, cómo se sienten, a sabiendas de que la identidad es un proceso de construcción permanente. Para mí la ESI tiene eso como una de las batallas: poder dar lugar al desarrollo de cada persona en los términos en los cuales esa persona sienta que va a vivir de la manera más cercana posible a su propia forma de sentir y de pensar, siempre que no vulnere derechos de otras personas. Ese apropiarse de la propia vida es generar todas las condiciones para vivir una vida libre de violencias en la cual podamos promover y proteger los derechos de cada persona, con independencia de su identidad sexo-genérica. 

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Sábado, 19 Diciembre 2020 05:45

Bitcoin: Son una burbuja o son el futuro

Bitcoin: Son una burbuja o son el futuro

El bitcoin subió hasta 23 mil dólares, más del 200 por ciento en el año. ¿Es una maniobra especulativa o anticipa lo que viene?

 

El precio de las criptomonedas volvió a dispararse la semana pasada. El bitcoin se ubicó en un nuevo pico de cotización: superó los 23 mil dólares. Se trata de un incremento de más del 200 por ciento en el año. Otros activos digitales como ethereum también acompañaron este boom de inversiones y triplicaron su valor en lo que va de 2020.

Las subas de las criptomonedas generaron un nuevo debate en el mundo de las finanzas. Por un lado los fanáticos de estas tecnologías consideran que el salto de las cotizaciones es una muestra de los cambios estructurales que enfrenta el mundo.

El argumento es que la pandemia alteró patrones de comportamiento de la población para generar una adopción acelerada en el uso de las plataformas digitales. Esto explica el aumento de las ganancias de las plataformas de comercio electrónico como Amazon pero al mismo tiempo una creciente expectativa sobre la masificación de los criptoactivos.

Los principales defensores de las monedas digitales plantean que son el dinero de internet y que en un mundo cada vez más interconectado su crecimiento es natural. La confianza en la tecnología es tan grande que algunos inversores vaticinan que bitcoin es el reemplazo del oro.

La gran transformación que proponen las criptomonedas es una ruptura con los intermediarios. Los individuos no necesitan un banco ni grandes sistemas de pago montados por bancos centrales para asegurar que no serán estafados enviando una transferencia.

Las empresas no necesitan contratar servicios costosos para recibir los pagos de sus clientes ni acceder a la información de sus cobros. Las transacciones en las redes de bitcoin y otras criptomonedas pueden monitorearse sin perder la seguridad.

Al igual que todo proceso de transformación acelerado las nuevas monedas digitales despiertan el fanatismo pero también el rechazo de distintos sectores de las finanzas. Los inversores escépticos comparan el salto de precios de las criptomonedas con las grandes burbujas financieras como la de los tulipanes holandeses.

Los argumentos en contra del bitcoin y de su tecnología no son sólo vinculados a la especulación. Muchos critican el gasto de energía desproporcionado que requiere la red de esta moneda digital para poder asegurar las transacciones entre cuentas.

Otros plantean que los desarrollos de la física en nuevos campos como la cuántica transformarán en inservibles los protocolos de criptografía usados por las monedas digitales y por último algunos críticos aseguran que la blockchain no aporta una innovación poderosa porque las regulaciones de los Estados impedirán el desarrollo de monedas privadas.

Este último punto es posiblemente uno de los más sensibles. Las criptomonedas –a pesar de ser un foco de innovación y plantear cambios de paradigma para la arquitectura financiera internacional- son uno de los principales instrumentos para mover el dinero no declarado a nivel mundial y suelen utilizarse en actividades que bordean lo legal.

Por el momento los marcos regulatorios no son claros y los negocios vinculados a esta tecnología están atados a la incertidumbre de cambios normativos. Desde los países desarrollados no obstante existe cada vez más interés en establecer regulaciones homogéneas.

La tendencia de los países no es sólo a aplicar regulaciones sino a experimentar con la tecnología para reemplazar gradualmente los esquemas de emisión de billetes tradicionales. En el último año la palabra CBDC (monedas digitales de los bancos centrales) se ha puesto de moda y en algunos de los principales países del mundo comienza a ser una realidad. Es el caso de China que para el 2022 planea lanzar masivamente su modelo de Yuan Digital.

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La RAE frente al lenguaje inclusivo: cuando la batalla del género se juega en la lengua

La Docta Casa responde a una consulta sobre el uso de "todes" o "chiques" rechazando la utilización de la letra 'e' como supuesta marca de género inclusivo. La decisión abre de nuevo el debate sobre la pertinencia del lenguaje

 

Una reciente respuesta de la RAE vía Twitter ha dado carpetazo (de momento) al debate sobre el lenguaje inclusivo. Una usuaria tuvo a bien preguntar este martes a través del hashtag #dudaRAE si utilizar "chiques o todes a cambio de chicos y todas es un idiotismo". La réplica de la Docta Casa dejaba claro que "el uso de la letra 'e' como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical ('chicos') ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género". 

Dicho lo cual, la RAE despachaba de nuevo el recurrente asunto del lenguaje inclusivo. Lo hacía, además, en casi idénticos términos a los utilizados cuando se le inquirió por la siempre controvertida 'x': "El uso de la 'x' como supuesta marca de gén. inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario e impronunciable; el masculino gramatical ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de gén.: 'Los chicos están felices'".

Así las cosas, la posibilidad de que se abra una brecha en la Academia en favor del lenguaje inclusivo queda blindada por el momento, pese a que el debate no tiene visos de remitir. Algo que, según los expertos, responde −entre otras cuestiones− a un proceso creciente de desestabilización del masculino genérico. Un proceso que, por cierto, no sólo afecta al español, otras lenguas romances están inmersas en debates similares en torno al género.

"Hay discursos cambiantes sobre el rol y la posición de las mujeres en la sociedad, muchas no se sienten interpeladas por este tipo de lenguaje, es una cuestión de representación y de cómo los hablantes moldean la lengua sobre la marcha", explica Maite Puigdevall, investigadora del grupo Lengua, cultura e identidad de la Universitat Oberta de Catalunya. Un proceso de cambio constante que la Academia recoge y estipula conforme al poder y la influencia que ocupa en una determinada comunidad lingüística.

"La academia siempre va por detrás −prosigue Puigdevall− las innovaciones lingüísticas las producen los y las hablantes como sujetos que hacen uso de esa lengua determinada, son las prácticas lo que importan y estas son muy diversas porque los espacios de práctica también lo son, la variedad de registros permiten esa flexibilidad de usos". Una cintura a la hora de dar su bendición a nuevas incursiones de la que, por el momento, carece la Docta Casa.

"Elle", un pronombre en disputa

A finales de octubre, otro dictamen de la RAE suscitó cierto revuelo. Todo a causa de la incorporación del pronombre "elle" en el llamado Observatorio de Palabras. Duró poco en el citado observatorio, apenas un mes. Luego desapareció. 

"Pronombre de uso no generalizado creado para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno los dos géneros tradicionalmente existentes". Así aparecía definida la palabra de marras, pero no cuajó. Un tuit tardío de la RAE explicaba su exclusión: "Debido a la confusión que generaba la presencia de 'elle' en el Observatorio de Palabras, se ha preferido sacar la entrada. Cuando se difunda ampliamente el funcionamiento y cometido de esta sección, se volverá a valorar". Quizá sea eso, quizá sea una cuestión de tiempo.

MADRID

17/12/2020 22:40 ACTUALIZADO: 18/12/2020 10:12

JUAN LOSA

 @jotalosa

Publicado enCultura
Martes, 15 Diciembre 2020 05:24

Anarquismo y Reformas

Anarquismo y Reformas

 Una breve reseña de nuestro primer número en el periódico comunista con base en Nápoles, Prometeo, trata principalmente de un artículo de Merlino*, y el reseñante reflexiona sobre la incomprensión básica de quienes afirman saberlo todo y que nunca se equivocan. Dice, ‘Aunque la definición parezca extraña, existe sin dudas una categoría de anarquista reformista’.

Claramente Prometeo cree haber hecho un descubrimiento.

A pesar de lo implacentero de la palabra, que ha sido abusada y desacreditada por los políticos, el anarquismo siempre ha sido y nunca podría ser otra cosa que reformista. Preferimos usar la palabra reformador para evitar toda confusión posible con quienes oficialmente se les clasifica de ‘reformista’y que luchan por mejorías pequeñas y con frecuencia ilusorias para hacer que el régimen sea más aceptable, ayudando por lo tanto a reforzarlo; o quienes, de buena fe, buscan eliminar los males sociales mientras reconocen y respetan (en la práctica y si es que no en la teoría) las instituciones políticas y sociales mismas que han dado pie y alimentan aquellos males.

La revolución, en el sentido histórico de la palabra, significa la reforma radical de las instituciones, ejecutada raudamente por medio de la insurrección violenta del pueblo contra el arraigado poder y privilegio.

Y somos revolucionarios e insurreccionarios porque queremos no solamente mejorar las instituciones que existen ahora, sino destruirlas completamente, abolir todas y cada una de las formas de poder del humano sobre el humano y todo parasitismo, de todo tipo, sobre el trabajo humano. Porque, también, queremos hacerlo tan rápido como sea posible y porque estamos convencidos de que las instituciones nacidas de la violencia se mantienen con la violencia y solo caerán si se les opone violencia suficiente.

Pero la revolución no puede ocurrir a pedido. ¿Debemos, entonces,  permanecer como espectadores pasivos, esperando que el momento correcto se presente. E incluso tras una insurrección exitosa, podremos realizar repentinamente todos nuestros deseos y que por algún milagro convirtamos el infierno del gobierno y el capitalismo en el cielo del comunismo libertario — esto es, la libertad completa del individuo en solidaridad de intereses con otros?

Estas son ilusiones que echan raíz en suelo autoritario; pues los autoritarios ven a las masas del pueblo como materia prima a ser manipulada hacia el molde que sea que ellos quieran a través del ejercicio del poder por decreto, por la pistola y las esposas.

Pero aquellas no son ilusiones anarquistas. Necesitamos del consentimiento del pueblo y debemos por lo tanto persuadir por medio de la propaganda y el ejemplo. Debemos educar y buscar cambiar el ambiente de tal modo que la educación sea accesible para un número siempre creciente de personas.

Todo, tanto en la historia como en la naturaleza, ocurre gradualmente. Cuando una represa revienta (es decir, muy rápido, aunque siempre bajo la influencia del tiempo) es porque o bien la presión del agua ha crecido demasiado para que la represa siga conteniendo o por la desintegración gradual de las moléculas del material del que está hecho la represa. De igual modo, las revoluciones estallan bajo la creciente presión de aquellas fuerzas que buscan el cambio social y ese punto se alcanza cuando el gobierno existente puede ser derrocado y cuando, por procesos de presión interna las fuerzas del conservadurismo se debilitan progresivamente.

Somos reformadores hoy en tanto buscamos crear las condiciones más favorables y el mayor número posible de personas responsables y conscientes necesario para desencadenar una insurrección popular exitosa.

Hemos de ser reformadores mañana, cuando la insurrección haya triunfado y la libertad se haya obtenido, en tanto hemos de buscar, por todos los medios que la libertad disponga — por la propaganda, el ejemplo y la resistencia — incluyendo la resistencia violenta contra quienes destruirían nuestra libertad — ganarnos a un número siempre creciente de personas hacia nuestras ideas.

Pero nunca hemos de reconocer — y aquí es donde nuestro ‘reformismo’ difiere de aquel tipo de ‘revolucionismo’ que termina sumergido en las urnas de votación de Mussolini o de otros de su especie — nunca hemos de reconocer las instituciones [existentes]. Hemos de llevar a cabo todas las reformas posibles en el espíritu en el que un ejército avanza siempre arrebatando en su camino el territorio ocupado por el enemigo. Y siempre hemos de permanecer hostiles a todo gobierno — ya sea monarquista como el de hoy o republicano o bolchevique, como el de mañana.

Por Errico Malatesta

Marzo de 1924

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Anticapitalismo ¿Otro mundo es posible?: el anticapitalismo en el siglo XXI

El último libro de Erik Olin Wright estudia las posibilidades de derrocar el capitalismo en pos de una sociedad socialista. Cómo conseguirlo, cuál es la función del Estado y cuál debería ser, y qué retos plantea el siglo XXI al sistema son algunas de las cuestiones que el sociólogo intenta responder en Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI.

 

Reconceptualizar la vida se torna necesario, cuasi obligatorio, en un momento de desestabilización mundial. Un virus asola la faz de la Tierra y la maquinaria capitalista se endurece: la gente no tiene que ver cuán endeble es el sistema. Hace algo más de un año que falleció Erik Olin Wright, uno de los más eminentes sociólogos marxistas, no sin antes dejar para la posteridad su último libro: Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI (Akal, 2020).

La búsqueda de alternativas al sistema de producción predominante en la mayoría de los países del mundo fue el faro de guía durante los últimos años de vida del autor. Esta monografía de reciente publicación, con un vocabulario sencillo y atractivo, con un índice conciso pero bien estructurado, intenta ser la continuación de otra de las obras culmen del académico, la que tituló Construyendo utopías reales (Akal, 2014). Si antes mostraba hacia dónde tiene que ir la Humanidad, ahora desarrolla el cómo, la estrategia.

Tres binomios vertebran todo un postulado posterior: igualdad/equidad; democracia/libertad; y comunidad/solidaridad. A partir de ellos, el sociólogo emprende un viaje al interior del anticapitalismo. "Esos pares que él presenta al principio evocan la triada de libertad, igualdad y fraternidad. Así es como refleja que el proyecto socialista no es algo exótico, sino que conecta con preocupaciones ampliamente compartidas. Prácticamente, nadie se opone a esas parejas de conceptos, y quienes defendemos el proyecto socialista democrático tenemos que partir de amplias ideas compartidas", aduce Jorge Sola, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y antiguo alumno de Wright.

El escritor plantea cinco posibilidades para aplacar o, como mínimo aminorar, los efectos del capitalismo. Se debate entre aplastar, desmantelar, domesticar, resistirse y huir del capitalismo. De esta forma, la primera de ellas será descartada, pues las condiciones actuales no posibilitan una verdadera revolución que abola el sistema. Wright llega a afirmar que "aplastar el capitalismo queda rechazado por las experiencias trágicas que se dieron en el siglo XX en torno al comunismo".

Después, el sociólogo comenta algunos aspectos de las demás, sin llegar a decantarse por ninguna de ellas. Así lo ve Sola: "Hace tiempo, en un artículo defendió que los socialistas hemos perdido demasiado tiempo y energía discutiendo qué vía es mejor, cuando existen muchas de ellas y no tienen por qué ser incompatibles. Él defiende un pluralismo estratégico".

¿Otro mundo es posible?

La denominación que Wright realiza de los aspectos a tener en cuenta de cara a un cambio de paradigma, tanto productivo como social, se relaciona con los "ingredientes básicos de un destino democrático más allá del capitalismo". Una ristra de lugares comunes, pero que el sociólogo consigue articular de tal forma que parece que el derribo del capitalismo está a la vuelta de la esquina una vez se hayan conseguido.

A saber: la renta básica universal (RBU); una economía de mercado cooperativa; una economía social y solidaria; la democratización de las empresas capitalistas; y la conversión de la banca en una empresa de servicio público. En este sentido, aunque pudiera parecer que esos objetivos aún son lejanos, Sola incide en que la prioridad es "vencer el escepticismo de la gente, hacer ver que otro mundo es posible". Y lo explica: "En realidad, una parte de ese mundo deseado ya existe en el que tenemos, son como semillas que tienen que florecer. La gente ya participa en estructuras institucionales alternativas, por lo que tan solo habría que extenderlas a todas las esferas de la vida social".

En este sentido, el imaginario colectivo que la ciudadanía es capaz de crearse para sí es una de las cuestiones primordiales. Los límites de lo que se percibe como posible o deseable son muy inestables y se desplazan continuamente, tal y como apunta el sociólogo de la UCM. Esta realidad, que puede ser tanto positiva como perjudicial a la hora de efectuar cambios sociales de alto alcance, se materializa en ideas tan básicas como la democratización de las compañías capitalistas.

El propio Wright recoge en el volumen publicado por Akal que la ley alemana estipula que los trabajadores pueden elegir casi al 50% del consejo de dirección en empresas que emplean a más de 2.000 trabajadores, y un tercio en aquellas empresas que tienen entre 500 y 2.000 trabajadores. "Aquí, que eso nos parece imposible, en Alemania es normal; pero la sanidad pública, que aquí nos parece normal, en Estados Unidos es imposible", ejemplifica Sola.

Diagnosticando las dolencias y los procesos de crisis y autodestrucción que comporta para sí mismo el capitalismo, muchas veces apaciguados por el propio Estado, Wright defiende que la emergencia climática y la revolución tecnológica serán los dos retos a los que la sociedad tendrá que enfrentarse durante el siglo XXI. Los dos aspectos abren la puerta a que los valores democráticos, igualitarios y solidarios, el mantra repetido a lo largo de la monografía, se impongan sobre los demás.

En este sentido, Sola arguye que la crisis climática es una oportunidad para afrontar cambios más profundos, pero a su vez también constituye una mala noticia, ya que exige a los humanos cierta urgencia y radicalidad en las acciones. En cuanto a la revolución tecnológica, él prefiere ser escéptico ante los "discursos apocalípticos de las máquinas" ya que "durante los últimos años hemos presenciado procesos similares y hemos podido ver que el problema está en la distribución de las riquezas que genera la tecnología, por lo que no deja de ser un problema político".

En cuanto a la agencia colectiva, un concepto que describe la posibilidad y poder que tiene la sociedad para revertir ciertas dinámicas perniciosas para la misma, Wright desarrolla tres segmentos que habría que tener en cuenta para que el cambio se materializara. Por un lado, las identidades, importantes para "forjar la solidaridad dentro de un actor colectivo", por otra parte, los intereses, para "modelas los objetivos de la acción colectiva", y por último, los valores, importantes para "conectar diversas identidades e intereses dentro de los significados comunes".

Sola se adhiere a estas premisas dado que "la clase trabajadora no nace homogénea, sino como algo que se crea a través de muchos estímulos que hay que coaligar políticamente", en sus propios términos. Crear una base común y articular los aspectos compartidos es, en opinión del sociólogo de la UCM, la clave para afrontar la diversidad "con espíritu constructivo y superar las divisiones que obstaculizan el surgimiento de estos actores".

Wright cierra su ensayo aportando algunos parámetros que, desde su punto de vista, son imprescindibles para la creación de actores colectivos capaces de sostener la acción política. Superar las vidas privatizadas; construir solidaridad de clase dentro de estructuras de clase complejas y fragmentas; y forjar políticas anticapitalistas en presencia de formas de identidad diversas y rivales, no basadas en la clase, son los indicadores que el sociólogo marca para cimentar un posible cambio que conduzca a ese socialismo democrático al que aspira.

Qué fue antes, ¿el trabajo o la vida?

Sara Porras, también profesora de sociología en la UCM, aporta algunas concepciones que completan Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI. Algo a lo que recurre Wright en su obra es articular la construcción de una sociedad socialista en base a la economía que se da en el contexto de la producción, un hecho que responde a la tradición teórica del marxismo. "El mercado sería la institución fundamental que ordenaría la vida política y social, pero teniendo en cuenta la coyuntura actual, donde una pandemia ha trastocado y acelerado la vida en la mayoría de sus vertientes, creo que es buena ocasión para repensar hacia dónde queremos llegar y cómo pretendemos lograrlo", introduce la académica.

"Cuando Wright da herramientas concretas, como el establecimiento de la RBU, a mí me gustaría ir más lejos y plantear el debate de cuáles son los trabajos socialmente necesarios, una parcela del mercado en la que se puede observar una correlación muy clara: aquellos empleos que son socialmente imprescindibles son los peor valorados y a los que más afectan algunas escalas. Primero en cuanto a la feminización de los mismos y, después de ella, la racialización que experimentan", agrega la profesora de la UCM, quien defiende que la obra del sociólogo recientemente fallecido estaría más completa si introdujera estas identidades (etnia, raza, género, etc.) como significantes dentro de la propia identidad de clase.

Ciudad y cuidados, las claves para el cambio

A partir de la publicación, Porras adhiere tres ejes en torno a los que circularía la creación del nuevo paradigma socialista. En primer lugar, situar la vida y la responsabilidad colectiva como espina dorsal del cambio anticapitalista, una realidad que se podría dar con la RBU o la adopción de la jornada laboral de cuatro días a la semana. Por otra parte, ella incide en la potencialidad que, en la actualidad, tienen las ciudades como espacio de socialización, representadas como el principal territorio en el que los diversos actores colectivos se ven interconectados y el vecindario puede conocerse y organizarse.

Por último, esta socióloga también remarca la transformación a la que tendría que someterse el Estado como principal institución reguladora de una nación: "El Estado no solo tendría que ser el principal sostén de la parte social de la ciudadanía sino que para garantizarla debería comenzar a ser un actor económico y social de gran envergadura, en el que también reviertan las ganancias económicas que propicia con su financiación, sobre todo ahora que nos encontramos en un contexto global donde el desfalco fiscal es enorme".

A su vez, sí que coincide en el postulado que Wright esgrime en su obra en torno a la emergencia climática. En palabras de Porras, "esta emergencia nos supone huir del debate entre si queremos que esto cambie o no, para llevarnos al debate sobre en qué lugar nos vamos a posicionar en este cambio que ya es obligado". Poner la vida en el centro abre un amplio abanico de posibilidades, una miríada de opciones por descubrir que se irían perfeccionando mientras se practican.

Para ello, el aspecto de los cuidados es fundamental: "No se trata de ver cuántas horas producimos en el mercado laboral y cuántas nos quedan para nuestra vida; es todo lo contrario. Primero tendríamos que tomar conciencia de cuánto tiempo necesitamos para suplir los cuidados que todas las personas requerimos en nuestra vida, ya que aquel individuo que afirma no necesitarlos se corresponde con un sujeto que tiene una mujer racializada en su casa durante ocho horas resolviéndole las tareas mientras él produce en el mercado. Más acertado que la mano invisible de los mercados, es hablar de la mano invisible de los cuidados", agrega al respecto.

De esta forma, la socióloga afirma que "situar la vida en el centro supone un espacio privilegiado para demostrar la fragilidad del sistema capitalista y la potencia del cambio justo en un momento en el que desaparecerán miles de empleos y una gran expulsión de muchas personas del mercado debido a la revolución tecnológica". Un dato: "El 80% de los cuidados que requiere una persona y que no supone su hospitalización son desarrollados por una mujer o por entidades privadas", agrega Porras.

Cuestión de identidades

Respecto a la teoría clásica de la identidad que Wright defiende en su última obra, la profesora de la UCM advierte que se encuentra algo desfasada. Y así lo explica: "Las identidades son necesarias para sostener un proceso de transformación, pero que se basen únicamente en el contexto de la producción las debilita. La gente se identifica más con sus aspiraciones que con la realidad estructural que los ocupa. Cuando le pregunto a mi alumnado cómo se describen, lo hacen poniendo por delante su condición de estudiantes de sociología que la condición de trabajadores precarios. Tenemos que ser capaces de imaginar y construir un espacio en el que puedan conectar las identidades subrepticias para conectarlas en su complejidad y fragmentación, y eso lo permite mucho más la ciudad que el Estado".

En conclusión, Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI aporta algunos cimientos en los que fortalecer la lucha contra el sistema preponderante a nivel global, pero también posibilita la creación de un nuevo imaginario a partir del que construir. Wright, con esta obra, se despide de una forma abrupta, prematura incluso, pero en la que se puede percibir ese talante transformador y meritorio que le ha hecho ser uno de los sociólogos más reconocidos de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI.

Madrid

09/12/2020 08:35 Actualizado: 09/12/2020 09:27

Por Guillermo martínez

@Guille8Martinez

Publicado enSociedad
El presidente electo de EEUU, Joe Biden. - REUTERS

Continúa la destrucción programada y sistemática de Siria. El país que un día fue uno de los pesos pesados del mundo árabe ha sido borrado del mapa, al igual que Irak y Libia, gracias a la ingeniería militar de EEUU e Israel y su capacidad de manipular la opinión pública. Desde 2011 (fecha del inicio de los tres conflictos sirios), medio millón de su gente ha sido asesinada, cientos de miles de sus mujeres y niñas han sido violadas, doce millones han tenido que huir de sus casas, y el resto recoge su vida destrozada entre los escombros, la pobreza y la desesperación absoluta. Y la situación puede seguir este curso más años a pesar de que la guerra ha cumplido sus principales objetivos.

Siria no estuvo presente en la campaña electoral de EEUU. Las prioridades de la política exterior del futuro presidente Joe Biden serán China, Irán y recuperar el multilateralismo, sobre todo su lado militar representado por la OTAN.

Tres presidentes de EEUU frente a un Assad

Biden hereda una Siria fruto de los cinco años del gobierno de Obama, en el que estuvo de vicepresidente, y cuatro de Donald Trump:

1- Lo que hizo la Administración Obama-Biden

. Aprovechar las "primaveras árabes" y el descontento interno en Siria para crear un Afganistán en Eurasia.

. No poner "las botas en el suelo" sirio, sino intervenir mediante la organización internacional de mercenarios "yihadistas", trasladada desde Irak, Afganistán y Jordania. Primero la llamó "rebeldes moderados" o "Ejercito Libre de Siria" para después bautizarle como "Estado islámico", justificando así los ataques con misiles para desmantelar el Estado sirio: debe haber un terrorismo para que haya una lucha "anti-terrorista". Lo admitió Evan McMullin, un candidato presidencial de 2016: "Mi papel en la CIA era salir y convencer a los operativos [terroristas por la democracia]de Al Qaeda para que trabajaran con nosotros". Este juego sucio ha permitido a EEUU obtener, por primera vez en su historia, no una sino al menos 11 bases militares en el país euroasiático. Aunque, en 2015, las discrepancias entre la CIA, que aboga por respaldar a los kurdos, y el Pentágono -que prioriza salvar las relaciones estrategias con Turquía-, dividen a los mercenarios y enfrenta a los estados que los patrocinan: Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos, Israel, los países europeos, etc.

. A pesar de desatar la "crisis de refugiados", organizada por Turquía, Arabia Saudí, Israel y los halcones de EEUU, cuyo objetivo fue forzar a Obama a derrocar a Assad, mostrando en los medios además imágenes de decapitaciones por los terroristas, el presidente de EEUU se niega porque 1) no iba a espantar a Irán, con el que estaba firmando su desarme nuclear matando a un mandatario con fecha de caducidad, y 2) un Assad vivo le serviría para convertir a Siria en una trampa y así desgastar a Rusia, Turquía, Irán y otros, rivales y enemigos. Fue por eso que Biden negoció con Rusia la retirada de las armas químicas sirios, neutralizando las presiones para una intervención directa y establecer zonas de exclusión aérea, preludio de la partición siria.

2- Lo que hizo la Administración Trump

. Inicialmente, no mostró ningún interés especial por Siria.

. En abril de 2017, y ante la acusación del uso de armas químicas por el gobierno de Assad, Trump lanzó 59 misiles de crucero contra una base aérea siria. Fue muy aplaudido en Washington. "Los combatientes respaldados por la CIA pueden haber matado o herido a 100.000 soldados sirios y sus aliados en los últimos cuatro años", afirma el periodista de The Washington Post David Ignatius, entusiasmado por aquella carnicería.

. En febrero de 2018 bombardeó un convoy del ejército sirio que  intentaba recuperar el yacimiento de gas Conoco (nombre de la empresa petrolífera de EEUU que lo controla), cerca de Deir Ezzor. Aunque el pretexto de la presencia militar sigue siendo "proteger los campos petroleros del ISIS", la realidad es otra: a) las unidades de artillería que ha instalado en la zona no sirven para la lucha antiterrorista, sino, como confiesa el ex Secretario de Defensa Mark Esper, están para impedir el legítimo acceso del ejército sirio al yacimiento; b) Permite que sus aliadas, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), se financien de la venta de este gas y poder pagar a sus 60.000 combatientes y mantener a miles de presos "yihadistas" y sus familias del bolsillo de los sirios. En Afganistan EEUU ha financiado a los Muyahedines mediante la venta del opio, y en América Latina a través del negocio de la cocaína colombiana.  

. Cerró la ruta en Al-Tanf que conecta Irán a Siria desde Irak.

. Apoyó la ocupación turca de Idlib, y luego, en octubre de 2019, (aconsejado por el Pentágono) autorizó al "increíble líder" Tayyeb Erdogan el asalto a los aliados kurdos: un regalo envenenado con el objetivo de empantanar a una Turquía que se estaba acercando demasiado a Rusia. Pero, meses después, asignó 300 millones de dólares para las SDF. Si eso no es un "doble juego" ¿Qué es, entonces?

. Aprobó la Ley César en junio de 2020, que impone sanciones a las personas, empresas y países que apoyan a Bashar al-Assad o trabajan con su gobierno, y prohíbe la reconstrucción del país mientras aquel presidente sigue en el poder.

. Cortó la ayuda humanitaria a los civiles, y ralentizó el trámite de la petición de refugio de cerca de 120.000 solicitantes sirios,  prisioneros en los campos de refugiados infrahumanos.

. Ordenó la retirada de las tropas de EEUU de Siria, a pesar de la oposición del Congreso con 354 votos en contra. Sin embargo, Jim Jeffrey, enviado especial de Trump para Siria, revela que el Pentágono engañó al presidente para disuadirlo de retirar las tropas y no le comunicó el verdadero número de los soldados, que entre los uniformado y los mercenarios armados deben ser decenas de miles. En los últimos meses, EEUU ha reforzado sus bases en las áreas ocupadas de Hasakah, Raqqa y Deir Ez-Zour, enviado convoyes desde Irak. Seguramente la CIA tampoco hizo caso a Trump que mandó acabar sus operaciones en este país.

. Reconoció la soberanía ilegal de Israel sobre los Altos de Golán sirios.

Por lo que, el mandato de Trump no ha reducido la influencia de EEUU en Siria, solo la ha ocultado. Esta potencia sigue siendo el principal y el actor más determinante de este escenario.

3- Lo que planea hacer la Administración Biden

Hay varias cuestiones que habría que tener en cuenta:

  1. Biden prioriza la política exterior, a pesar de que los medios afirman que al menos 250.000 ciudadanos más pobres han muerto a causa de la coid-19: las primeras personas designadas para su gabinete fueron, no el Secretario de Sanidad o de Asunto Sociales, sino de la política exterior y de la seguridad nacional. Antony Blinken, su Secretario de Estado, es un veterano belicista, que a pesar de que no descarta la normalización de las relaciones con el presidente Assad (como hizo Obama en febrero de 2010), afirma que este "no es un escenario probable en los próximos cuatro años". Blinken utilizará el control ilegal sobre el petróleo sirio como "un punto de influencia porque al gobierno sirio le encantaría tener dominio sobre esos recursos. No debemos renunciar a eso gratis".
  2. Biden ha anunciado que corregirá los errores que cometió en Siria. ¿Cuáles? ¿Enviar a miles de "yihadistas" o no romper Siria en líneas sectarias y étnica? En 2006, el senador Biden propuso dividir a Irak en tres regiones independientes: árabe suniita, árabe chiita y kurdo sunnita.
  3. Alrededor del futuro Gobierno de Biden se están reorganizando los defensores de las "guerras perpetuas" como los funcionarios del gobierno de Bush, o criminales de las guerras sucias como John Negroponte, Chuck Hagel, Eliot Cohen, Richard Armitage, Victoria Nuland o Susan Rice que se opusieron a Trump por su "aislacionismo".
  4. Biden mantendrá tranquila a la ala izquierdista del Partido Demócrata con políticas económica sociales para tener las manos abiertas en una política exterior agresiva, aunque por el momento recurrirá a la fórmula del "imperialismo liberal": proporcionar recursos a determinados grupos para minar un régimen desde dentro, bajo el nombre de "solidaridad con la sociedad civil". Significa recuperar el estatus de EEUU como la policía del mundo, violando la soberanía nacional de otros estados, para convertirlos en territorios sin estado. Formar un gabinete con personas con diferentes sexo, color de piel, y origen nacional es una respuesta a las deficiencias políticas en el interior de EEUU, y de ninguna manera significa un cambio en las políticas del imperialismo en el mundo. La vicepresidenta electa Kamala Harris declaró que el gobierno de EEUU "una vez más apoyará a la sociedad civil y los socios prodemocracia en Siria y ayudará a avanzar en un acuerdo político en el que el pueblo sirio tenga voz". Los lobbies financiados por los multimillonarios judíos, como la Fundación para la Defensa de las Democracias o American Enterprise Institute de Paul Wolfowitz, estarán encantados de volver a colocar el cartel "Israel, primero". Un Biden que ha sido uno de los responsables de la desastre siria no podrá, ni pretende darle una solución menos cruel a Siria: puede empezar con una serie de presiones diplomáticas de "palo y zanahoria", para pasar a gestionar el conflicto en vez de colaborar en su solución.

El diseño del llamado "Enfoque 4-R"-Reevaluación,  Reestructuración, Realineación, y no Repetir viejos errores presenta el siguiente panorama:

. Corregir lo que los demócratas consideran el mayor error de EEUU en Siria: dejar que los militares de CENTCOM decidan la estrategia de la superpotencia. Aunque, provocar caos en Oriente Próximo y Asia Central ha sido una estrategia, no un error.

. Revitalizar la diplomacia y el multilateralismo para repartir los gastos y las responsabilidades en sus futuras incursiones militares, como lo hizo en Yugoslavia o Libia.

. Seguir politizando la cuestión humanitaria de los refugiados, condicionando su regreso a realizar amplias "reformas" por Assad o directamente a su salida del poder, ¿para reemplazar el último gobierno semisecular de Oriente Próximo por otro islamista, que es lo que EEUU ha ido haciendo en los últimos 40 años?

. Mantener la Ley César, para forzar a Rusia, Irán y el propio Damasco a una transición "pacifica". Si no lo hace, no habrá reconstrucción de Siria. Para Vladimir Putin, que no recibió a Assad hasta 2015, lo importante no es rescatar a Assad (total, algún día tendría que apartarse, siendo Siria una república) sino preservar lo que ha logrado en Siria y abandonar una guerra muy costosa. En 2016, el embajador ruso ante la ONU, Vitali Churkin, criticó a Assad por su deseo de continuar la contienda hasta recuperar todo el territorio sirio. Entre los 20 propósitos de Rusia en Siria, no está tal objetivo.

. Reactivar la Resolución 2254 del 2015 del Consejo de Seguridad de la ONU (o sea, con los votos favorables también de Rusia y China) que establece la convocatoria de elecciones libres supervisadas por la ONU.

. Mantener la ocupación de Siria. Incluso podrá desplegar tropas árabes para que mueren y maten por los intereses de EEUU, y de paso contengan a Rusia, Irán y Turquía. Los estados árabes no han tenido una política sofisticada y elaborada en la región. Según Lee Smith, columnista de Huston Institute, Obama admiraba a Ghasem Soleimani y su labor de crear redes de apoyo a la política de la República Islámica en la zona. Había dicho a un grupo de funcionarios árabes que "necesitan aprender del ejemplo de Irán", de saber usar el poder blando en los países de su interés y ser más sutiles, más furtivos, más efectivos… bueno, más como Irán.  Arabia Saudí, que ha destituido al hombre de guerra del Ministerio de Exteriores Adel al-Jubeir, ahora puede hasta proteger a Assad ya que la opción del Partido Demócrata de EEUU de instalar a un hombre de la Hermandad Musulmana (HM), poderosa organización sunnita patrocinada por Turquía y Qatar, es más perjudicial para sus intereses que un presidente secular. Además, así podrá alejar a Assad de Irán, sacándole de la "Comunidad chiitas" para reingresarle en la "Comunidad árabe"; de paso, provocar un enfrentamiento entre Assad y Turquía, el principal enemigo de Riad: los árabes hasta regalaron varios millones a los kurdos sirios por su lucha contra el ejército turco. Los jeques no olvidan que Barak Obama se estrenó en 2009 como presidente con una conferencia en la universidad Al Azhar de HM en el Cairo. Assad que, por su parte, necesitan los petrodólares árabes para reconstruir el país, ha ido alejándose de Teherán.

***

Hace un siglo, Francia y Reino Unido plasmaron, con el Tratado de Picot y Sykes, las líneas de sus intereses en el mapa de Oriente Próximo sobre los restos del Imperio Otomano. En 191, y con la desaparición de la Unión Soviética, EEUU intenta rediseñar este mapa a la medida de sus intereses

 

Por Nazanín Armanian

8 diciembre 2020

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Decenas de personas hacen fila para votar en Río de Janeiro, en unas elecciones marcadas por la abstención a causa del coronavirus Fábio Motta / Efe

Bolsonaro, que no tiene partido, dio su apoyo a 13 aspirantes a la alcaldía de alguna de las 57 grandes ciudades; 11 fueron derrotados

 

El centroderecha ha ganado este domingo las alcaldías de Sao Paulo y Río de Janeiro. En esta última ciudad, el 'bolsonarismo' ha sufrido además un nuevo golpe, tras la derrota en la segunda vuelta de las municipales de Brasil del actual regidor, el obispo evangélico Marcelo Crivella.

Este domingo estaban llamados a las urnas en Brasil 38 millones de personas, el 25% de los votantes del país, para elegir alcalde en 57 grandes ciudades. Entre ellas, Recife, donde el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva firmó su debacle tras perder la posibilidad de ganar una gran capital.

En Sao Paulo, el mayor colegio electoral del país con nueve millones de votantes, se cumplieron las proyecciones de las encuestas con la reelección del alcalde Bruno Covas, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de centroderecha. El regidor cuenta con el aval del actual gobernador del estado, Joao Doria, el principal rival político de Bolsonaro entre los conservadores.

Covas ha sido reelegido con un 59,3 % de los votos, lo que supone una amplia ventaja frente al profesor universitario y líder de los sin techo Guilherme Boulos (40,6%), que no pudo ir a votar tras dar positivo por coronavirus en la recta final de la campaña electoral.

Boulos, de 38 años, se ha alzado como la principal voz de la izquierda en Brasil tras llegar a las urnas de la mano del emergente Partido Socialismo y Libertad (PSOL), formación surgida en 2004 tras una purga promovida por el PT, y ha asumido una parte del protagonismo que durante décadas ha tenido Lula dentro del campo progresista.

En Río de Janeiro, la Alcaldía recayó en manos del exalcalde Eduardo Paes, que obtuvo el 64,11% de los votos tras recibir el apoyo crítico de un variopinto grupo de partidos tanto de izquierda como de derecha que tienen en común su animadversión al presidente Jair Bolsonaro.

Crivella (35,89%) contaba con el aval del líder de la ultraderecha brasileña, quien tenía sus cartas puestas en Río de Janeiro tras el varapalo sufrido en la primera vuelta por los candidatos bendecidos por él.

Bolsonaro, que no tiene formación tras abandonar el año pasado el Partido Social Liberal (PSL) por divergencias con sus líderes, transfirió su apoyo público a un total de 13 aspirantes, de los cuales 11 fueron derrotados en las urnas.

Además de Río de Janeiro, el 'bolsonarismo' también cedió este domingo en Fortaleza (nordeste), donde Wagner Sousa Gomes, conocido como el 'capitán Wagner', perdió por un estrecho margen.

El PT de Lula sella su debacle

Pese a que la izquierda consiguió contener la sangría vivida en las municipales de 2016, el tradicional Partido de los Trabajadores terminó de confirmar el descalabro ya vivido en la primera vuelta tras perder las elecciones en Recife y Vitoria (nordeste), las dos capitales que disputaba.

En Recife, Marilia Arraes, ahijada política de Lula, perdió ante su primo Joao Campos, que se convirtió en el alcalde electo más joven en una capital de Brasil, con 27 años.

En Vitoria, un antiguo reducto electoral del PT, el candidato del partido Republicanos, el comisario Lorenzo Pazolini, desbancó al progresista Joao Coser con un 58,50% de los votos.

Esta es la primera vez que el PT, considerado por muchos años como el principal referente del campo progresista de Brasil, no gobernará a ninguna de las capitales brasileñas desde 1985.

El PT, que ya gobernó por dos veces Sao Paulo, la mayor ciudad del país, llegó al récord de nueve capitales en 2004, en el segundo año del mandato presidencial de Lula (2003-2010).

Jornada electoral sin incidentes

Con una abstención récord en Sao Paulo y Río de Janeiro, el proceso se desarrolló casi sin incidentes y bajo estrictas medidas de seguridad por la covid-19, ya que Brasil es el segundo país con más muertes en el mundo por la enfermedad, con más de 172.000 fallecidos, y el tercero con más casos, con cerca de 6,3 millones de contagios.

El escrutinio fue notablemente más rápido que en la primera vuelta, cuando un intento de ataque cibernético retrasó varias horas la divulgación de los resultados.

En Brasil, el voto es obligatorio y se hace mediante urna electrónica, una modalidad considerada fiable según los especialistas, pero que ha sido puesto en duda por el presidente Jair Bolsonaro.

El líder ultraderechista no sólo cuestionó hoy el sistema electrónico de Brasil, sino que aprovechó la cita para denunciar el "fraude" en los comicios estadounidenses, donde el voto es en papel.

"La prensa no lo divulga, pero yo tengo mis informaciones, y no sirve de nada decírselas a ustedes porque no las van a divulgar, de que realmente hubo muchos fraudes (en las elecciones de Estados Unidos)", afirmó el jefe de Estado brasileño, uno de los pocos mandatarios que aún no ha felicitado a Joe Biden por su elección como presidente de Estados Unidos.

30 de noviembre de 2020 07:34h

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El entonces vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, estrecha la mano con el presidente de China, Xi Jinping, en Pekín en diciembre de 2013 (POOL New / Reuters)

Pero no se correrá a revocar todas las políticas de Donald Trump

 

Durante cuatro años, los funcionarios chinos no han dejado de refunfuñar diciendo que el presidente Donald Trump es un matón impredecible, guiado a veces por sus propios intereses egoístas y en otros momentos por asesores que detestan al Partido Comunista. Una nota diplomática filtrada citaba al jefe del Partido Comunista de China, Xi Jinping, quejándose a unos visitantes europeos de que las relaciones con Estados Unidos parecen un “combate de boxeo sin reglas”. El equipo que rodea al presidente electo Joe Biden quiere que la contienda sea a la vez más ordenada, menos abiertamente ideológica y más difícil para China. Como si planearan el regreso de un campeón de peso pesado, los demócratas entrantes quieren ver a un Estados Unidos más en forma e inteligente que sea capaz de seleccionar con más cuidado las peleas con China y luego de entrenarse mucho para ganarlas.

Una China cautelosa intentará aliviar las tensiones, pero no se hace ilusiones acerca de un reconfiguración total de las relaciones. No habrá una vuelta a los días anteriores a 2016, cuando los presidentes estadunidenses de ambos partidos sostenían que la colaboración podía lograr de China a una apertura al mundo de su economía (y quizá de su sociedad). En cambio, Biden hará una crítica diferente a Trump: que por arremeter con demasiada fuerza contra la asertiva China de la época Xi, no ha logrado asestar golpes decisivos.

La llegada de Joe Biden

China no se hace ilusiones acerca de un reconfiguración total de las relaciones

La decepción aguarda a los empresarios que esperan que Biden corra a cancelar, en bloque, los aranceles impuestos por Trump a dos tercios de las importaciones procedentes de China. Biden tampoco va a desmontar de repente todos los controles a la exportación y las restricciones a la inversión impuestas por el gobierno de Trump a las empresas tecnológicas chinas. Biden debe tratar con unos dirigentes chinos convencidos de que Estados Unidos está empeñado en contener a China, lo cual hace inevitable una contienda entre grandes potencias. Para mantener la influencia, tiene interés en desmantelar sólo con mucho cuidado las barreras comerciales de Trump.

Sonará a veces verdaderamente trumpiano cuando hable de la necesidad de reciprocidad en los tratos con China y de lograr la vuelta de puestos de trabajo a Estados Unidos con políticas industriales y reglas de “Compre estadounidense” en apoyo de las empresas nacionales si es necesario. Si bien durante cuatro décadas respaldó con frecuencia los acuerdos de libre comercio en el Senado, ahora dirige un Partido Demócrata más escéptico que nunca con respecto a la globalización. Como vicepresidente, Biden fue un entusiasta de las alianzas de libre comercio, como la Asociación Transpacífica, diseñadas para contrarrestar los métodos mercantilistas de China. Como presidente, Biden no correrá a comprometerse en pact

China se encontrará con algunos cambios tranquilizadores. La Casa Blanca de Biden tendrá economistas ortodoxos que creen que los aranceles comerciales son en su mayoría contraproducentes y que ven graves riesgos en el uso del sistema financiero denominado en dólares como instrumento para contener a China, una táctica que sedujo a algunos asesores importantes de Trump. La puerta de la Oficina Oval de Biden estará más abierta a los directivos tecnológicos del Valle del Silicio, quienes rogarán al gobierno que sea mucho más selectivo a la hora de considerar como amenazas para la seguridad nacional ciertos productos de alta tecnología y ciertas cadenas de suministro, y que eso no debe involucrar a China.

Aún así, algunas detalles de una administración Biden conocedora de la tecnología le dificultarán las cosas a China. El presidente hará un llamamiento para que Estados Unidos mantenga la primacía sobre China en tecnologías fundamentales del futuro, desde la inteligencia artificial hasta la computación cuántica, con la ayuda de inversiones masivas en ciencia básica. Se mostrará menos alarmado por aplicaciones como TikTok, una plataforma digital creada en China en la que los adolescentes filman sus movimientos de baile. Acogerá, con mayor probabilidad que Trump, a estudiantes chinos en universidades estadounidenses y dirá que confía en el FBI para detectar el pequeño número de ellos enviado para robar secretos. Un Estados Unidos más abierto tiene ventajas e inconvenientes para los funcionarios chinos que intentan que los investigadores con talento vuelvan a casa.

Biden tendrá economistas ortodoxos que creen que los aranceles comerciales son en su mayoría contraproducentes

En privado, los funcionarios chinos admiten abiertamente que les gustó la falta de interés de Trump por los derechos humanos o los valores democráticos liberales. Saben que eso cambiará. Cabe destacar que los asesores de Biden han dicho que su jefe ve que se está abriendo una preocupante brecha entre las tecnodemocracias, que utilizan herramientas digitales para ampliar las libertades, y un bloque tecnoautoritario encabezado por China. Aunque Biden se incline por mostrarse cauteloso, el Congreso exigirá sanciones por el aplastamiento de las libertades civiles por parte de China en Hong Kong y por la “reeducación” forzosa de los uigures musulmanes en la región occidental de Xinjiang.

Biden se moverá con cautela en lo que respecta a la isla democrática de Taiwán. Mantendrá un equilibrio de décadas mediante el cual Estados Unidos utiliza sus fuerzas armadas para disuadir a China de intentar invadir la isla y a la vez asegura a los dirigentes chinos que no fomentará una declaración formal de independencia de Taiwán.

En lo que supondrá un gran cambio, Biden buscará la ayuda de China para hacer frente a problemas mundiales que Trump despreció, como el cambio climático, o que prefirió abordar en solitario, como el desarrollo de tratamientos contra la covid-19. Biden puede pedir a China que se una a él para resucitar el pacto nuclear firmado por Barack Obama con Irán y las principales potencias mundiales, y del que luego Trump renegó. Esas ramas de olivo ofrecidas a China serán denunciadas por los republicanos; en particular, por quienes tengan los ojos puestos en 2024.

Por último, Estados Unidos volverá a implicarse en la creación de coaliciones, o al menos a buscar menos peleas con sus aliados. Biden quiere a amigos en su rincón mientras se enfrenta a China. Con reglas o sin ellas, se avecina una dura contienda.

Biden buscará la ayuda de China para hacer frente a problemas mundiales que Trump despreció, como el cambio climático

Por David Rennie | jefe de la oficina de Pekín en The Economist

26/11/2020 06:00| Actualizado a 26/11/2020 10:51

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De The Economist, traducido para La Vanguardia, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, puede consultarse en www.economist.com.

Traducción: Juan Gabriel López Guix

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Viernes, 20 Noviembre 2020 05:42

EZLN: 37 años de dignidad y autonomía

EZLN: 37 años de dignidad y autonomía

En estos tiempos feroces hay poco para celebrar. Mientras la oscuridad del sistema se convierte en rutina, cuando los de arriba nos despojan con muerte y violencia, las luces de abajo brillan con todo su resplandor, rasgando la noche, iluminando las trochas y las pendientes. El 37 aniversario del Ejército Zapatista de Liberación Nacional es, con seguridad, la luz más potente en el firmamento latinoamericano.

El EZLN celebra su 37 aniversario afrontando una de las mayores ofensivas militares en mucho tiempo, alentada por el gobierno "progresista" de Andrés Manuel López Obrador, por los gobiernos de Chiapas y de varios municipios del estado, que lanzaron una guerra de desgaste contra los territorios autónomos, para despojar y destruir al EZLN y a las bases de apoyo.

Pero, ¿qué celebramos en concreto? La continuidad y la perseverancia de un movimiento revolucionario distinto a todo lo anterior, algo que debemos valorar en toda su trascendencia. No sólo no claudicaron, no se vendieron y no traicionaron, sino que no repitieron el esquema vanguardista, que reproduce la cultura dominante al convertir a sus dirigentes en nuevas elites.

Celebramos la coherencia, pero también lo mucho que nos enseñaron en estas casi cuatro décadas. Para no hablar en general, quiero referirme a lo que he aprendido, ya sea en la "escuelita zapatista" o en diversos encuentros e intercambios en los que pude participar.

El núcleo del zapatismo es la autonomía. No teórica ni declarativa, sino práctica viva de los pueblos, en todos y cada uno de los momentos y espacios en los que hacen sus vidas, desde los ejidos y las comunidades, hasta los municipios y las juntas de buen gobierno. La autonomía es una forma de vida, es la dignidad de los pueblos; autonomía colectiva, no individual como nos trasmitió cierto pensamiento eurocéntrico.

Necesitamos la autonomía para continuar siendo pueblos y sectores sociales que practicamos otros modos que los de arriba. La autonomía puede ser practicada en todos los espacios, en los barrios de las ciudades, entre campesinos, pueblos originarios y negros, en los más diversos colectivos y comunidades.

La autonomía es ese inmenso paraguas de dignidad que sostenemos entre todos y todas. No es una institución, son relaciones humanas vivas, tejidas con la dignidad que nos permite hermanarnos.

Las bases de apoyo y el EZLN nos enseñaron, también, que la autonomía debe ser completa, integral, o por lo menos tender hacia ello, abarcando todos los aspectos de la vida de los pueblos. Por eso construyen escuelas, clínicas, hospitales, cooperativas y todo ese rico entramado de producción de vida y de cuidado de la vida.

Autonomía se conjuga con autogobierno y con justicia autónoma; el motor de la autonomía son los trabajos colectivos.

La defensa de los territorios y la comunidades es otra de la enseñanzas del EZLN. Pero aquí aparece otro rasgo de la autonomía, inédito en el campo de la revolución: la defensa de nuestros espacios no puede ser mera reacción a lo que nos hacen los de arriba. Elegir cómo, cuándo y de qué manera actuamos es también un rasgo de autonomía, para no caer en provocaciones, porque ellos quieren la guerra, porque la guerra beneficia al capital.

En este punto, el EZLN nos ha enseñado a no responder agresión con agresión, muerte con muerte, guerra con guerra, porque ahí dejamos de ser autónomos, o sea dejamos de ser diferentes. Y esto no tiene nada que ver con el pacifismo.

Aprendimos que no hay un modo único de autonomía, válido para todos los pueblos en todo tiempo. Nos han enseñado que cada quién camina a su modo y según sus tiempos, y eso es lo que están haciendo los pueblos en América Latina.

Puedo dar testimonio del modo como las autonomías se expanden por nuestro continente. Decenas de comunidades mapuche en el sur de Chile y Argentina, se están reconstruyendo de forma autónoma, enfrentando la política de los estados que los presentan como terroristas.

El Consejo Regional Indígena del Cauca, en el sur de Colombia, es una expresión notable de construcción de autonomías. La guardia indígena se expande hacia los pueblos negros y campesinos, que han protagonizado la reciente Minga Indígena, Negra y Campesina que culminó en Bogotá luego de caminar 500 kilómetros (https://bit.ly/2IMRFQk).

En Perú se ha formado el Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis, proceso que están siguiendo otros tres pueblos amazónicos del norte. En la Amazonia brasileña 14 pueblos están transitando hacia la autonomía para defenderse de la minería y el agronegocio, como ha mostrado el geógrafo militante Fábio Alkmin en una investigación en curso.

Sería abusivo dar la impresión que todas las autonomías siguen los caminos que está transitando el EZLN. Pero quiero enfatizar que la existencia del EZLN es un impulso, un referente, una luz que nos dice que es posible resistir al capital y al capitalismo, que es posible construir mundos otros, resistiendo y viviendo con dignidad.

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Las elecciones municipales brasileñas de 2020 no se pueden entender como una fotografía. Es necesario insertar la escena del domingo 15 de noviembre en una película con varias tomas.

Las elecciones municipales en Brasil, el 15 de noviembre, mostraron un debilitamiento del bolsonarismo en el plano local. Al mismo tiempo, se observa una recuperación de la derecha y el centro tradicionales. No obstante, la izquierda logró algunos éxitos, sobre todo con candidaturas jóvenes. También las postulantes negras y trans dejaron ver la potencialidad de una izquierda de base más amplia.

 

Hace dos años, un proyecto autoritario que predicaba la intolerancia ganó las elecciones presidenciales y se amplificó una bancada de congresistas que representaban lo más retrógrado del país: agronegocios, iglesias neopentecostales ultraconservadoras y punitivismo proarmas. Así, la denominada bancada BBB (buey, Biblia y bala) se constituyó como un importante punto de apoyo para Jair Bolsonaro y colocó a Brasil en el grupo de países del mundo gobernados por fuerzas políticas alineadas con Donald Trump y proyectos antidemocráticos. El año 2018 fue la coronación de un proceso que dio sus primeras señales en 2013, cuando la derecha ocupó las calles del país contra el proyecto democrático-popular del Partido de los Trabajadores (PT), que había estado al frente del gobierno federal durante 11 años.

En 2014, fue reelegida la presidenta Dilma Rousseff. Pero la derecha –que se había fortalecido desde el año anterior a partir de la consolidación de un sentimiento antipetista– no aceptó el resultado de las urnas y operó un proceso de destitución –un «golpe parlamentario»– por el cual Rousseff finalmente fue depuesta en 2016. Una de las escenas más recordadas es la de Jair Bolsonaro –entonces diputado– durante su voto en el Congreso para la destitución reverenciando al coronel Carlos A. Brilhante Ustra, quien fuera el torturador de la entonces presidenta durante el periodo de la dictadura militar (1964-1985).

Pero volvamos a 2020. Brasil está en la lista de los países con mayor número de muertes por covid-19, solo por detrás de Estados Unidos. La posición del presidente Bolsonaro ante la mayor pandemia del siglo fue crucial para el aumento descontrolado de las cifras de contagio. Negó la pandemia, difundió como panacea medicamentos no aprobados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), llamó a a la enfermedad «gripecita», se posicionó contra el aislamiento social, apoyó a los manifestantes que tocaban bocina frente a los hospitales e hizo campaña contra la vacunación obligatoria. Durante ocho meses de pandemia, cuatro ministros diferentes pasaron por el Ministerio de Salud, mostrando total incapacidad para manejar la crisis. El resultado: más de 160.000 vidas oficialmente perdidas, un PIB reducido, un número récord de desempleados.

Este escenario caótico puede haber cambiado la percepción de la gente sobre «qué esperar del Estado y de la política». Si hace dos años Bolsonaro ganó las elecciones con un discurso antisistema, con una postura de outsider y en favor de un Estado mínimo, el 15 de noviembre los candidatos con estas características no tuvieron el mismo éxito electoral.

La crisis del coronavirus ha impuesto al país una reflexión sobre el papel del Estado en la vida de las personas. Brasil cuenta con el Sistema Único de Salud (SUS) que garantiza, en el marco de la Constitución de 1988, acceso a la atención universal y gratuita. Fue el Estado el que debió garantizar la subsistencia de las familias devastadas por la crisis económica mediante la transferencia de recursos, con la llamada «ayuda de emergencia». Por último, en medio de la mayor crisis sanitaria, social y económica de las últimas décadas, el Estado y la política fueron las principales herramientas que buscaron garantizar la vida de las personas.

Esta comprensión tiene una dimensión muy concreta. No son percepciones etéreas, producidas por los medios de comunicación. Está ahí, palpable para la mayoría de la población: cuando lo necesitaban, fue el Estado el que garantizó la atención sanitaria, los cuidados y los ingresos. Y esta experiencia afectó e influyó en el voto. Así, si en 2018 salió victoriosa de las urnas una plataforma antisistema, antipolítica, antiestatal y contra la Constitución de 1988, en 2020 se verificaron algunas tendencias que se mueven en la dirección opuesta. Sin embargo, esto no significa que sea la oposición más progresista la que haya llevado al debilitamiento de esta plataforma bolsonarista. Los brasileños parecen haber optado –al menos en el plano municipal, que es el que estaba en juego– por la estabilidad y la continuidad de la antigua derecha ya conocida.

Sin embargo, también merecen atención algunos signos positivos relativos al aumento de la representación de los negros, los jóvenes, las mujeres y los colectivos LGBTI, así como la renovación en varios concejos municipales. Así, mientras que los representantes de la política más tradicional tuvieron buen desempeño en la elección de alcaldes, los nuevos cuadros de la izquierda se destacaron en las disputas por las concejalías con un programa de profundización de la democracia y lucha contra las desigualdades.

Es posible resumir algunas tendencias de estas elecciones municipales: a) debilitamiento del bolsonarismo; b) victoria del centro y la derecha tradicionales; c) constitución de frente amplios de izquierda y signos de resistencia.

Es importante tener en cuenta que de los 5.567 municipios brasileños, 95, los que tienen más de 200.000 electores, podrían tener una segunda vuelta (los pequeños solo tienen una vuelta). Solo en 35 de estos municipios uno de los candidatos tenía más de la mitad de los votos válidos y ganó en la primera ronda. En otras palabras, todavía hay que esperar el segundo turno del 29 de noviembre para completar el mapa electoral.

Debilitamiento de Bolsonaro

Bolsonaro, que abandonó el Partido Social Liberal (PSL) en 2019 por disputas internas, no logró viabilizar a su propio partido, Aliança Brasil. Su estrategia fue no atarse a ningún partido para no tener que enfrentarse a posibles derrotas. Así, a pesar de una aprobación todavía significativa (entre 30% y 40%, según la encuestadora), el presidente encontró un terreno poco fértil para transferir apoyo a sus candidatos. Esta tendencia se confirmó y el resultado estuvo por debajo de las expectativas.

De los 78 «Bolsonaros» registrados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en todo el país (varios candidatos optaron por ponerse ese nombre como forma de propaganda electoral), el único ganador fue el hijo del presidente, Carlos Bolsonaro, quien retuvo su banca de concejal en Río de Janeiro. Recibió el apoyo de su padre en la carrera, con publicaciones recurrentes en las redes sociales pidiendo el voto. Bolsonaro hijo terminó con 71.000 votos, la segunda mayor votación para el concejo municipal, detrás de un candidato del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un número bastante menor a los 106.000 votos obtenidos en 2016.

De todos los alcaldes que tuvieron un apoyo más enfático del presidente, solo dos pasaron a una segunda vuelta: Wagner Sousa Gomes, conocido como el «capitán Wagner» (Partido Republicano de Orden Social, PROS) pasó al balotaje, pero más bien escondiendo que mostrando a Bolsonaro en su campaña; y en Río de Janeiro quedó segundo Marcelo Crivella (Republicanos), el actual alcalde evangélico, detrás del candidato de derecha Eduardo Paes. Celso Russomano (Republicanos), quien también contó con declaraciones de apoyo del presidente, bajó de 29% de intención de voto a principios de septiembre a 10% y terminó en cuarto lugar en San Pablo, la ciudad más grande del país.

El debilitamiento de Bolsonaro también es evidente en su importante base de apoyo: los profesionales de la seguridad. Los datos del TSE tabulados a petición de la revista Piauíindican que fueron elegidos 50 alcaldes y 807 concejales del área de seguridad. Hubo unos 8.000 candidatos vinculados a las fuerzas de seguridad (Policía y Fuerzas Armadas), lo que supone 10,2% de éxito, un alto porcentaje para un sector específico de la sociedad. Sin embargo, si en 2018 este sector eligió partidos ubicados en la extrema derecha (como el PSL al que entonces adhería Bolsonaro), en 2020 30,2% de los candidatos de la «bala» se postularon por partidos de centroderecha, donde evaluaron que sus posibilidades de ganar podrían ser mayores. También se vieron obligados a cambiar algunas de sus consignas de campaña: por ejemplo, en lugar de anunciar «bandido bueno, bandido muerto» (el lema de campaña de los bolsonaristas hace dos años), pasaron a formular otras propuestas más relacionadas con la vida cotidiana de las ciudades.

Bolsonaro, de todos modos, no ha sido derrotado. Pero ciertamente salió debilitado de estas elecciones, lo que obligará al presidente a buscar alternativas de apoyo si quiere llegar con posibilidades a la carrera electoral en 2022.

La victoria de la derecha tradicional y el centrão

El debilitamiento del bolsonarismo en el plano municipal no implicó, obviamente, una victoria automática de la oposición de izquierda. La derecha tradicional que salió derrotada en 2018 –por ejemplo, Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, centroderecha) no llegó a 5%– puede mostrar signos de recuperación, al igual que el denominado centrão, un grupo de partidos políticos que no tienen una orientación ideológica clara y solo tienen como objetivo mantener una relación con el Poder Ejecutivo para que este les garantice ventajas a cambio de apoyo a sus proyectos en el Legislativo.

En siete de las 26 capitales, la elección se decidió en la primera vuelta, con victorias de la derecha y la centroderecha. En las otras 18 capitales, habrá balotaje. Los candidatos que pasaron a la segunda vuelta indican un freno en la ola antipolítica y el voto a fuerzas más tradicionales, lo que demuestra que la capilaridad y la estructura de los partidos siguen siendo relevantes. Demócratas (DEM) es el partido que ha elegido el mayor número de alcaldes en las capitales, con tres alcaldes elegidos, seguido por el PSDB y el Partido Social Democrático (PSD, centro), que fue el partido que más terreno ganó en las 100 ciudades más grandes: tenía seis alcaldes, ya ha garantizado cinco y puede llegar a 19 después de la segunda vuelta.

Las elecciones municipales volvieron a colocar al Movimiento Democrático Brasileño (MDB) a la cabeza del ranking de alcaldías obtenidas por partido (777 de los 5.567 municipios). El Partido Progresista (PP) y el PSD y DEM fueron los que más aumentaron proporcionalmente en número de municipios gobernados en el país. Todos estos partidos también tuvieron un buen desempeño en cuanto al número de concejales elegidos, lo que demuestra que la liberación de fondos parlamentarios del gobierno federal a los diputados a cambio del apoyo a sus proyectos legislativos puede haber tenido un efecto electoral en el ámbito local.

El conservadurismo puede mostrar así signos de cambio de ropa: las máscaras de una extrema derecha antipolítica se cambian a una derecha más tradicional, asociada a lo que en Brasil se denomina la política «fisiológica».

Frentes amplios de izquierda y signos de resistencia

Si el voto a la centroderecha y la derecha indica que el electorado dio señales de que prefiere lo ya conocido frente al extremismo antipolítico, más a la izquierda el electorado mostró que exige renovación y unidad. Aunque estos signos son más contundentes en los concejos municipales, algunas capitales también han expresado este deseo de mantener los sueños de cambio.

Los jóvenes dirigentes menores de 40 años se convirtieron en los grandes protagonistas del campo de la izquierda. Liderando este fenómeno, el candidato a la Alcaldía de San Pablo por PSOL, Guilherme Boulos, de 38 años, alcanzó el 20% de los votos y competirá en la segunda vuelta con el actual alcalde del PSDB. Ya declararon el apoyo al candidato el PT y el Partido Comunista de Brasil (PCdoB). Boulos pertenece al Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) y se ha transformado en una figura capaz de renovar el apoyo a la izquierda.

En el sur del país, en Porto Alegre, Manuela D’Ávila es otra joven candidata de la izquierda que obtuvo una fuerte votación: 29% de los votos válidos. La postulante del PCdoB había acompañado a Fernando Haddad, del PT, como candidata a vicepresidenta en 2018, y ahora tiene como acompañante de fórmula a Miguel Rossetto, un referente del PT. En Recife, la segunda vuelta será disputada por dos primos, ambos menores de 40 años: Marília Arraes (PT) y João Campos (Partido Socialista Brasileño). Este último es hijo de Eduardo Campos, un ex-gobernador de Pernambuco que murió en un accidente de avión cuando se presentaba a la Presidencia en 2014.

No tan joven, pero con un buen resultado producto de un frente amplio bien construido, Edmilson Rodrigues, del PSOL, quedó en primer lugar y pasó al balotaje en Belém do Pará. El PT y el PSOL son algunas de las siglas que más han crecido en la disputa de las alcaldías de las 100 ciudades más grandes del país. Juntos, ambos partidos, que hoy en día no tienen alcaldes en estos municipios, pueden llegar a tener 15 representantes: 13 el PT y dos el PSOL.

Además, en el año del debut de la norma que obliga a los partidos políticos a distribuir los fondos públicos de campaña proporcionalmente entre los candidatos blancos y negros, los negros y los «pardos» tuvieron un avance en la elección de alcaldes: 32% más que en 2016. En cuanto a las mujeres, el aumento fue de 11,7% de todos los alcaldes elegidos en 2016 a 12,1% en 2020. El desempeño, aunque está lejos de reflejar a la población brasileña (mayoría negra, «parda» y femenina), ya es un avance y podría representar una tendencia para las próximas elecciones.

Una encuesta realizada por el diario O Estado de S. Paulo muestra que candidatas que presentaron agendas LGBTI, feministas, antirracistas o de pueblos indígenas fueron elegidas en diferentes regiones de Brasil. Al menos 25 transexuales y travestis fueron elegidas concejales en diferentes municipios, uno de cuyos ejemplos es Erika Hilton (PSOL de San Pablo), la segunda concejala de izquierda más votada de la ciudad.

En Curitiba, Carol Dartora, del PT, fue elegida como la primera concejal negra de la ciudad. En Belo Horizonte, la profesora Duda Salabert (Partido Democrático Laborista, PDT), que es trans, tuvo récord de votos como candidata individual. En Belém, Bia Caminha (PT) salió de las urnas como la concejal más joven de la historia de la ciudad. A los 21 años, se define como una feminista negra y bisexual. Y este escenario se repite prácticamente en todas las capitales. Según los datos de la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra), el aumento de la representación es el resultado de un número récord de candidaturas de este colectivo. Un estudio de la entidad muestra que este año se registraron 294 candidaturas, 25 de ellas elegidas, lo que supone un aumento de 212% en comparación con 2016.

Las candidaturas colectivas también tuvieron buenos resultados: solo en San Pablo hubo dos de naturaleza negra y periférica, como Quilombo Periférico y Bancada Feminista, y Juntas (una candidatura colectiva del MTST) quedó como primera suplente en el PSOL. En Río de Janeiro, el legado de Marielle Franco (una joven concejal del PSOL y activista de derechos humanos asesinada en 2018 por milicias de extrema derecha) también estuvo presente, a través de la victoria de las mujeres de su colectivo en la ciudad.

En Belo Horizonte, el número de mujeres concejales se ha triplicado. En Uberlândia (Minas Gerais), una joven negra fue la más votada de la ciudad. En Contagem (Minas Gerais) y Natal (Rio Grande do Norte), también fueron elegidas dos jóvenes del movimiento estudiantil: Moara Saboia y Brisa Bracchi, ambas del PT. Además, el estado de Roraima eligió por primera vez dos alcaldes y tres vicealcaldes indígenas. Un tercio de las ciudades de ese estado amazónico tenían candidatos indígenas a las alcaldías.

Los mayores índices de desaprobación a Bolsonaro se dan entre las mujeres y los jóvenes de entre 16 y 24 años, y estos grupos de la población están ahora –más que nunca– representados en los espacios de poder local. Aunque estas elecciones han fortalecido a una derecha tradicional y al centrão, no se puede dejar de ver como una victoria el debilitamiento de Bolsonaro y la perspectiva de reconstruir una izquierda de bases más amplias y unitarias, liderada por jóvenes, negros y mujeres con fuerza y capacidad para actualizar un programa democrático para los nuevos tiempos.

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