Sábado, 15 Septiembre 2018 08:49

Vender el cielo

Vender el cielo

Se necesitan raíces para aguantar la tormenta. Más profundas y sólidas cuánto más fuerte arrecian, algo que el cambio climático hace aún más dramático. Este es el lema de la alianza de alianzas de organizaciones de base y movimientos populares más contundente de Estados Unidos. It takes roots, como se llama en inglés, reúne a cuatro grandes redes de todos los puntos cardinales de ese país: la Red Ambiental Indígena, la Alianza de Organizaciones de Base por la Justicia Global, la Alianza por la Justicia Climática y los movimientos por el derecho a la ciudad. Por sus siglas en inglés, IEN, GGJ, CJA y Rigth to the city (ittakesroots.org)


En conjunto, se trata de cientos de organizaciones de pueblos indígenas, de migrantes, barriales, feministas, comunidades negras y otras, en campo y ciudad. Entre todas representan las resistencias de base más significativas de Estados Unidos ante la contaminación, la devastación y las injusticias ambientales, sociales, económicas, políticas y de género y culturales.


Del 8 al 14 de septiembre se reunieron cientos de sus delegados en San Francisco, California, para una semana de actividades y protestas, bajo el lema “Solidaridad para las soluciones”. Tanto para manifestarse contra la Cumbre Global de Acción Climática (CGAC), convocada por Jerry Brown, gobernador de California, como para mostrar sus propuestas de acción y solución frente al caos climático.


Jaron Browne, uno de los coordinadores de la alianza Grassroots Global Justice (GGJ), explica: “Es un enorme esfuerzo para nuestras organizaciones, pero no podíamos dejar pasar esta gran simulación del gobernador, quien bajo el manto de su oposición a Donald Trump y en nombre de la emergencia climática busca imponer medidas que tienen un impacto devastador en nuestras comunidades”. Jerry Brown, demócrata, aparece como supuesta alternativa a Trump, porque declaró públicamente que Estados Unidos no debería haber abandonado el Acuerdo de París sobre cambio climático y que el Estado de California seguiría cumpliendo ese compromiso. “En realidad, se trata de abrir más negocios verdes para las grandes empresas. Es la historia de siempre”, continúa Jaron. “Nos dan a elegir entre dos opciones terribles y nos reprimen porque no aceptamos ninguna de ellas.”


Entre las propuestas que se presentan en la oficial Cumbre Global de Acción Climática están las formas de aumentar los mercados de carbono –que no han tenido ningún efecto para disminuir el cambio climático, pero sí para multiplicar las ganancias de las empresas que lo causan, dándoles de paso una coartada verde–– y propuestas tecnológicas, como megaparques eólicos y solares en territorios indígenas, así como técnicas de geoingeniería.


Ninguna de éstas cuestiona el statu quo de injusticia económica y devastación ambiental. En realidad son complementarias con las políticas de mayor explotación de combustible fósil que Trump sostiene abiertamente. Por ejemplo, las propuestas de captura, almacenamiento y uso de dióxido de carbono (CCUS, por sus siglás en inglés) dan a las empresas créditos de carbono, aunque aumentan la extracción de petróleo y gas.


“Hay que terminar con las fuentes de contaminación y emisiones de gases que provocan el cambio climático desde el origen, no a través de estas medidas de mercado o remiendos tecnológicos”, afirma Jaron. “De Alaska a Arizona, nuestras comunidades son las más golpeadas tanto por la explotación petrolera, de gas y carbón, como por oleoductos y gasoductos, la contaminación de tierra, agua y aire, y también por el cambio climático. Resistimos a todo eso, pero además también tenemos verdaderas soluciones. No sólo hablamos de la necesidad de una transición justa para salir de la civilización petrolera, ya la estamos construyendo. Muchas de nuestras comunidades y barrios están organizados en cooperativas y colectivos que van de alternativas económicas a la atención de la salud y contra las violencias”.


Uno de esos ejemplos son los muchos logros de resistencia y construcción de la Black Mesa Water Coalition. Junto con la plataforma más amplia Protectores del Agua, son uno de los movimientos indígenas que animaron la resistencia ejemplar contra el oleoducto Dakota Access y el campamento Standing Rock, que en 2017 reunió a todas las resistencias en ese país y despertó solidaridad global.


En esta cumbre alternativa se presentaron también los Protectores del Cielo (http://skyprotector.org/). Tom Goldtooth, de la Red Ambiental Indígena, explica: “Además de la tierra y el agua, empresas y gobiernos quieren vender el cielo. Eso son los mercados de carbono y programas como REDD, diseñados para privatizar el aire y que las comunidades pierdan el control de sus bosques. Por si fuera poco, también nos imponen proyectos de captura, almacenamiento y uso de carbono, así como otras propuestas de geoingeniería para manipular la lluvia, las nubes y el sol. Nuestro territorio incluye desde nuestras formas de vida y organización, hasta tierra, agua y cielo. Todo ello no está ni nunca ha estado a la venta.”


* Investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Un corredor de bolsa se sienta en el edificio de la Bolsa de Nueva York (NYSE, según sus siglas en inglés), el 15 de septiembre de 2008, el día de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers. EFE/ Peter Foley

La "exuberancia irracional" del capitalismo no tiene límites. Diez años después del estallido de la crisis financiera, el peligro a una nueva réplica sigue latente. Con el agravante de que la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado hasta límites insostenibles y la clase media brilla, aún, por su ausencia.

 

La primera lectura que se puede extraer diez años después del 15-S de 2008 (cuando en EEUU, la mayor potencia capitalista, decidió nacionalizar el banco de inversión Lehman Brothers y, casi al unísono, las autoridades monetarias de Rusia, cuna y estandarte del comunismo, interrumpía las negociaciones de la Bolsa de Moscú ante la caída libre de los valores de sus cotizadas) es que la mayor convulsión que ha sacudido los mercados en la era moderna se podría volver a repetir. Es decir, que el armazón forjado para resguardarse de futuros tsunamis de extraordinaria magnitud como el de hace un decenio, presenta puntos débiles de calibre. Y no pocas contradicciones sin resolver. Como las proclamas que exigían una tregua al capitalismo, un paréntesis, para tratar de explicar por qué la Casa Blanca estatalizaba su banca y el Kremlin se apresuraba a salvar su mercado de capitales.

El nudo gordiano es que esta catarsis podría surgir de nuevo. Y de forma inminente. A juzgar por las voces inversoras que, desde Wall Street, vislumbran un clima bursátil que recuerda los meses que precedieron al estallido de la crisis. Con sobresaltos inversores por la excesiva volatilidad de los mercados globales. Entonces, el epicentro tuvo un foco indiscutible: los insostenibles avales de liquidez de Fannie Mae y Freddie Mac, las inmobiliarias de EEUU que se hundieron con sus tristemente famosas hipotecas subprime y se llevaron por delante a bancos de inversión como el mencionado Lehman Brothers o Bear Stearns, por su alta exposición crediticia en el mercado de la vivienda americano.

Las subprime se inyectaron a mansalva y endeudaron a familias (en especial, a las de escasos recursos), engatusadas por la permisividad prestamista de contratos que contenían cláusulas abusivas por doquier y que ejercieron su virulencia con el estallido de la turbulencia, cuando los empleos desaparecieron y la disponibilidad monetaria de los hogares se tornó en alarmantes números rojos.

La fulminante caída de Fannie Mae y Freddie Mac contagió, en semanas, a bancos de inversión como Lehman Brothers, icono de la opulencia artificial de los años de bonanza desenfrenada, y comerciales como el alemán Sachsen, o el Northern Rock británico. Y, sin razón de continuidad, desencadenaron, con una urgencia y una virulencia inusitadas, una oleada de rescates bancarios y programas de estímulo económico por todas las potencias industrializadas. No por casualidad, el tsunami había sumergido, por vez primera en su historia, al conjunto de las economías del G-7 en una profunda recesión.

 

 


La sede del banco Lehman Brothers, en Nueva York, en una imagen de junio de 2008.. EFE/ Justin Lane


Diez años después, la "exuberancia irracional" de los mercados (como diría el que fuera presidente de la Reserva Federal de EEUU, Alan Greenspan) no ha llegado a los históricos récords bursátiles de 2008. Ni mucho menos. Más bien al contrario, el ciclo de negocio surgido de la crisis ha dado muestra de fragilidad, pese al elevado dopaje proporcionado por las arcas públicas (sobre todo, las de las naciones de rentas altas, las más afectadas por este fenómeno) para costear las multibillonarias recapitalizaciones de las entidades financieras (en especial, las sistémicas, con dimensión global y, por tanto, con una capacidad de contagio sobre la totalidad de la arquitectura bursátil internacional) y afrontar la astronómica deuda absorbida desde el ámbito privado.

Pero el fanatismo inversor por adquirir pingües beneficios, lo que lleva implícito un factor de riesgo extraordinario, permanece igual de inalterable. A pesar de que la primera de las facturas que tuvieron que atender desde los Tesoros del primer mundo, la que se usó para sanear activos tóxicos disimulados en los libros contables de los bancos (productos de alto riesgo como swaps, derivados o estructurados) se valoró en un primer instante, desde el FMI, en más de 2,5 billones de dólares, equivalente al PIB británico, y años más tarde, en más del doble, como el tamaño de la economía japonesa. O de que todavía no se haya desinflado el montante total de la deuda global, que sigue en hinchando los globos en todas las latitudes del espectro industrializado.

Mientras, en el orden financiero, restablecido contrarreloj en medio de urgentes peticiones de tregua en el modus operandi del capitalismo, retorna a la laxitud. Regulatoria y supervisora. Para más inri, la Administración Trump empuja al mundo hacia otra dimensión, tan incierta en lo geopolítico como peligrosa en lo económico.

Vista del patio de negociación de la Bolsa de Nueva York, (NYSE, según sus siglas en inglés), en Wall Street, el 15 de septiembre de 2015, el día de la quibra de Lehman Brothers. AFP/Nicholas Roberts


¿Cómo se puede apreciar, entonces, esta huida hacia adelante? El propio análisis del mercado se afana en buscar las respuestas. Estas son cinco de las encrucijadas a las que se enfrentará el capitalismo en el futuro inmediato. Poco halagüeñas. En gran medida, por su resistencia al orden y a las transformaciones estructurales.

 

1.- Lecturas que siguen sin entenderse 10 años después


En realidad, la primera interpretación correcta es la vinculación de los ataques terroristas del 11-S, de 2001, y la quiebra de Lehman Brother’s, el 15-S de 2008.

El día en que, por primera vez en su historia, EEUU sufrió un ataque masivo en su territorio nacional, se acabó abruptamente la denominada siesta geo-estratégica. La Pax Global que se inició el 9 del 11 (de 1989) con la Caída del Muro de Berlín que puso colofón a la Guerra Fría y que concedió al mundo más de un decenio de entente cordiale. Si el 11-S convulsionó el planeta y dirigió a las potencias occidentales a guerras abiertas en Afganistán (con el plácet inmediato de la OTAN y sin cortapisas del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, o Irak, con falacias sobre la existencia de armas nucleares y demasiado fervor nacionalista e ínfulas de poder por parte del llamado Eje de las Azores), y al límite de un choque de civilizaciones, el estallido de la crisis corroboró la fragilidad del modelo capitalista en el que se asientan sus patrones de crecimiento y prosperidad. Dos hitos con un mismo daño colateral: una crisis de identidad en el primer mundo sin precedentes.

 

Humo y llamas en una de las Torres Gemelas de Nueva York, tras el ataque terrorista del 11-S de 2001. AFP/Henry Ray Abrams



El colapso de Lehman Brothers aireó una alarmante falta de liquidez. Activos tóxicos sin control se apropiaron de las carteras de inversión y de las finanzas de los bancos dejando sin ahorros ni patrimonios ni acceso a dinero efectivo a familias y empresas. Especialmente a los del primer mundo. La fiesta se acabó, tituló entonces la prestigiosa revista The Economist. Término que utilizó también al analizar el final del mal llamado milagro económico en latitudes como España. El caos fue total. Las acciones se desplomaron por todos los parqués, el mercado inmobiliario de EEUU se hundió, igual que la economía real, a la que dejaron de fluir, sólo en la primera potencia global, más de 2 billones de dólares por restricciones urgentes del crédito.

Los fenómenos se precipitaron. Austeridad económica, el mayor salto en la desigualdad entre ricos y pobres de la historia reciente, desaparición de gran parte de la clase media, inseguridad y precariedad laboral, quiebra de los sistemas financieros y asunción de unos niveles de deuda soberana sin parangón; debido, en una alta proporción, a la nacionalización de las elevadas tasas de endeudamiento privado, de hogares y empresas, a los Tesoros estatales, que asumieron así una losa adicional sobre sus cuentas públicas.

Y, algunos años más tarde, aunque la semilla se propagara entonces, la irrupción del nacional-populismo. Las naciones de rentas altas pueden dar fe de varios vestigios de estos movimientos ideológicos, xenófobos y excluyentes, que rayan (o se jactan, según sus variantes) el nazismo.

Las repercusiones del tsunami financiero aún se aprecian en la actualidad. En EEUU, por ejemplo, una porción de la economía, valorada en 1,4 billones de dólares, el equivalente al PIB español, se ha perdido irremediablemente. Es decir, nunca volverá a formar parte del modelo productivo del país. Su desaparición ha supuesto, cómo no, un castigo a las clases más desfavorecidas.

 

Los operadores de la Bolsa de Chicago (Illinois, EEUU), el 15 de septiembre de 2008, el día de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers. EFE/ Kamil Krzaczynski



En un momento en el que su presidente, surgido del populismo más exacerbado, maneja el poder con una diplomacia sin rumbo, a golpe de órdenes ejecutivas, desmantelando los progresos de la era Obama (MediCare o regulación bancaria) y poniendo en cuestión el compromiso de EEUU con el libre comercio y la estabilidad económica. Su doble rebaja tributaria, sobre las rentas y los beneficios empresariales, y su despilfarro presupuestario en el terreno militar tienen en vilo al resto del planeta, al establishment del país y a los mercados. Donald Trump representa, mejor que cualquier otro dirigente, la época triunfal de esta nacional-populismo.

 

2.- Qué ha cambiado (y qué no)


Susan Lund, de la consultora McKinsey, explora en cinco puntos determinantes dónde se ha avanzado y en qué se ha retrocedido:

a) La deuda sigue creciendo. A pesar de que los bancos centrales y las autoridades políticas y regulatorias tomaron medidas extraordinarias y fulminantes para devolver a la banca a sus actuales índices de capitalización, por encima de la cota que alcanzaron en meses previos al estallido de la crisis y de que, en conjunto, los virajes económicos, financieros y monetarios hayan dejado menos dinero en circulación en el sistema, los riesgos siguen en el desfiladero. La deuda global combinada de gobiernos, empresas, hogares y bancos ha crecido en más de 72 billones de dólares desde finales de 2007. Sin visos de que pare.

China acapara más de la tercera parte de este incremento. Ha multiplicado por más de cinco veces su deuda, hasta totalizar 29,6 billones a mediados de 2017. En relación a su PIB, ha pasado de significar el 145% al 256 en ese periodo. EEUU también ha catapultado su deuda más allá de la barrera del 100% de su PIB. En cotas desconocidas en tiempos de paz. Es decir, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En general, los gobiernos superan los 60 billones de deuda desde 2008. Con Japón, Grecia, Italia, Portugal, Bélgica, Francia, España y Reino Unido por encima de ese umbral. En los mercados emergentes, la cota es más moderada. Del 46% del PIB, frente al 105% de las economías avanzadas. Pero la mayoría de sus compromisos están denominados en moneda extranjera, con coyunturas monetarias que debilitan sus divisas y ponen en riesgo casi insostenible sus calendarios de vencimientos.

Por si fuera poco, la deuda no financiera de las empresas se mantiene disparada. Se ha duplicado con creces en este decenio. Hasta 66 billones de dólares. Pese a los rescates bancarios y a los programas de estímulos a sectores. Sólo las firmas chinas han elevados sus ratios en 15 billones de dólares. Desarticular la bomba de la deuda es, pues, uno de los retos más acuciantes. De difícil solución.

 

Operadores del mercado de divisas, en Tokio. REUTERS/Kim Kyung-Hoon


b) Las familias, menos endeudadas, pero lejos de la calma financiera. La dura recesión, la pérdida de empleos y la contracción del crédito dejó a los hogares en situación precaria. Entre otras razones, porque en los años de bonanza, de 2000 a 2007, el alza de hipotecas fue más que notable. La deuda de las familias en EEUU aumentó por este concepto 28 puntos porcentuales. En Reino Unido, más del 30%, hasta significar el 93% del PIB. La deuda privada en España triplicaba holgadamente el tamaño de su economía. El impago de hipotecas llegó a rebasar el 11% del total de préstamos por vivienda en EEUU.

La buena noticia en este punto es que este decenio las fórmulas de refinanciación, la dación en pago, en según qué países, y la reestructuración de los bancos -rescatados o no- que incluye una valoración más precisa de los riesgos y una merma de las firmas de contratos hipotecarios, ha saneado las cuentas de las familias. En EEUU, el recorte de la deuda de los hogares ha sido del 19%, aunque también ha disminuido la porción de propietarios de inmuebles, muchos de los cuales han pasado a integrar el patrimonio de bancos o fondos buitres. En España, ha sido del 21% desde el máximo, en 2009. Pese a ello, una nueva burbuja se cierne sobre ciertas naciones. La deuda ha subido en Australia, Canadá, Suiza o Corea del Sur. Aunque también ha subido por otros motivos. En EEUU, la cobertura sanitaria se ha encarecido en 400 dólares de media para el 40% de los adultos y los préstamos estudiantiles llegan a los 1,4 billones de dólares, más que la deuda contraída con tarjetas de crédito.

c) Bancos más seguros, aunque menos rentables. El cambio regulatorio elevó la ratio de capital desde una cota algo inferior al 4% en los bancos europeos y estadounidenses en 2007 a más del 15% en 2017. En esencia, las nuevas normas exigían colchones holgados de capital y una cantidad mínima de activos líquidos. La presión regulatoria fue más dura en los primeros episodios de la crisis en EEUU; pero, con posterioridad, las exigencias se han tornado más rígidas entre los bancos europeos. De 2012 a 2017, la industria global declaró un alza de ingresos del 2,4%, frente a los repuntes del 12,3% de los meses antes de la quiebra de Lehman Brothers. La banca se queja de que su reducción de ingresos, tras años de reconversiones de plantillas y recortes de gastos, les está perjudicando su tránsito hacia la digitalización. En general, han reducido su negocio internacional.


Pero este clima regulatorio puede tocar a su fin. Trump quiere restablecer la doctrina neoliberal y prepara el derribo de la Ley Dodd-Frank, creada por Obama en 2010 con el fin de añadir supervisión y vigilancia al sistema bancario y mayor rigor normativo a una industria infectada de activos tóxicos. Las economías anglosajonas ya han mostrado su disposición a seguir la estela americana para no perder competitividad, arguyen.

d) La arquitectura financiera internacional se encuentra menos interconectada. Luego, resulta menos vulnerable al contagio. Globalmente, los bancos han vendido activos por un valor superior a los 2 billones de dólares desde 2008. Algo que deja una evidencia más que palpable: los flujos de capital transfronterizos se han reducido un 53% desde la crisis y los intercambios de inversión extranjera directa han pasado de los 3,2 billones de dólares de 2007 a los 1,6 billones de 2017.

Sin embargo, queda por saber cómo reaccionarán los bancos ante otro nuevo episodio de calado. Porque algo huele en el mercado a los meses previos a la crisis de 2008. La volatilidad reciente por el encarecimiento del crédito y del acceso a liquidez, debido al abandono de las políticas monetarias laxas en EEUU y Reino Unido, especialmente, son buenas muestras de ello.

e) Nuevos riesgos sistémicos. Los niveles de endeudamiento corporativo y la fragilidad de las divisas emergentes. El 40% de la deuda empresarial ajena a EEUU tiene nota BBB entre las principales agencias de rating, un escalón por encima del bono basura, en el que podrían caer cuatro de cada diez de ellas si la Reserva Federal sube dos puntos básicos más el precio del dinero. En total, las necesidades de refinanciación de deuda empresarial pasarán, en los próximos cinco años, de suponer 1,6 billones de dólares a 2,1 billones. Los riesgos inmobiliarios también aparecen en escena. Con mercados en ebullición en San Francisco, Shanghai o Sidney. Por si fuera poco, el aterrizaje, que aún puede calificarse de controlado y suave, del PIB chino suma tensiones. Al igual que una debacle de las criptomonedas. O tensiones geoestratégicas. El retorno al proteccionismo comercial. El incierto panorama de los movimientos nacionalistas. O la proliferación de los algoritmos, que ya han propiciado la pérdida de interés informativo por parte de los inversores sobre los valores a los que dirigir sus carteras de capital.

 

3.- La desigualdad social aumenta


El arsenal monetario de billones de dólares puesto en el mercado por los grandes bancos centrales para sostener el efecto dominó de quiebras de bancos evitó un credit-crunch mundial. A duras penas. Y con un elevado coste económico. Diez años después, la capacidad económica y el ritmo del comercio están todavía por debajo de sus registros de 2007.

Igual que el MSCI (antes denominado Morgan Stanley Capital Internacional) indicador que mide la evolución ponderada de los fondos de inversión por todo el mundo, permanece un 22% por debajo de su nivel de hace diez años. Aunque está marcando un ritmo alcista desconocido desde 2003. Alerta roja en los mercados. Porque el fantasma de una próxima crisis acecha ante la débil manifestación del ciclo de negocios.

La inflación brilla aún por su ausencia. Es decir, que las subidas de precios permanecen lejos de los límites que los bancos centrales emplean para encarecer los tipos de interés y que la Reserva Federal de EEUU, por ejemplo, se ha saltado a la torera al iniciar un rally alcista sin vestigios claros de presiones inflacionistas. En gran medida, la plana evolución de los precios se han debido al lento aumento de los salarios, la tecla que más y primero tocaron los responsables económicos, una vez más, para afrontar la emergencia global, y que sigue debilitando la demanda interna y retrasando las decisiones de compra de viviendas o adquisición de bienes duraderos.

La OCDE, el club de los ricos, admite que el 10% más pobre que habita en su órbita de influencia -las economías con mayores rentas per cápita y condición de economías de mercado- no serán capaces de recuperarse de la crisis ante la persistente caída de sus retribuciones. La brecha entre ciudadanos con alto poder adquisitivo y los que sobreviven bajo el umbral de la pobreza no sólo se ha ensanchado alarmantemente. Es, para la mayoría de economistas y académicos que han investigado los efectos colaterales de la crisis, la píldora más difícil de digerir para la sociedad global. Los datos son elocuentes. La ONG Oxfam afirma que el 82% de la riqueza que se generó en 2017 la atesoró el 1% de la población más pudiente. Mientras que la mitad demográfica con menores recursos vieron, un año más, reducida su fuente de ingresos. Oxfam enfatiza desde el inicio de la crisis y la instauración de la austeridad que el sistema de la economía global falla sistemáticamente. Tiene demasiadas fallas tectónicas. Entre otras, fugas impositivas, influencias insostenibles de las empresas en la toma de decisiones políticas (los lobbies del sector privado y la industria financiera, mencionan), erosión de los derechos de los trabajadores y recortes de gastos sociales masivos y generalizados. Todo ello está detrás de esta lacra universal.

Un 'sintecho' cena en un albergue en la ciudad francesa de Niza. REUTERS/Eric Gaillard



Oxfam también lo interpreta desde otro punto de vista. El patrimonio combinado de los 85 más ricos del mundo es similar al que disponen el 50% con menores recursos del planeta. Es decir, que las 85 personas con mayor riqueza manejan una cantidad semejante a la que poseen 3,5 millones de habitantes. Los menos favorecidos.

El llamado coeficiente Gini es el método que determina el grado de desigualdad de rentas. Este indicador considera el nivel cero como el estado de equidad absoluta -el ideal de distribución de los recursos- mientras que el uno equivale a que una persona absorba toda la riqueza mundial. Con este barómetro, la OCDE elabora el top-ten de sus socios que más han deteriorado sus ratios de igualdad. Japón (0,336 de índice Gini) en 2018. País que se llama a sí mismo de la clase media ha visto como en el último decenio su emblemático estrato social ha reducido en dos veces su tasa de ingresos medios. Con 3,3 millones de japoneses buscando sólo empleos temporales. La tercera potencia mundial es la décima en desigualdad de la OCDE. Todavía los hay peores. Por orden decreciente, hasta el primero de esta lista negra, el que más ha empeorado su brecha, así queda el ranking.

Grecia (0,337): Su economía, sometida a evasiones tributarias a raudales y manejada con falsas estadísticas, protagonizó la mayor crisis de deuda en Europa. Necesitó varios rescates. Ahora es el país, sólo superado por México, cuya población trabaja menos números de horas al año.

España (0,338): También tuvo que acudir a un rescate -nunca reconocido por su Gobierno de la época- financiero para sanear su sistema bancario. Los salarios se congelaron e, incluso, bajaron todavía en 2014 mientras subían las tarifas eléctricas, de agua o de transporte, entre otras. Con la segunda tasa de desempleo más elevada de la UE, a pesar de la salida de casi dos millones de jóvenes con talento e inmigrantes, sus índices de precariedad laboral son alarmantes. Más del 90% de los nuevos contratos de trabajo siguen siendo eventuales.

Reino Unido (0,341): El coeficiente más alto de los últimos 30 años. Los británicos más ricos son los que controlan el 31% de la renta del país; el 10% más pobre apenas gestiona el 1% de esos ingresos.

Portugal (0,344): Pese a sus progresos. El país, también rescatado, ha recuperado los niveles de empleo y producción económica previos a la crisis. Saltándose la austeridad exigida en Bruselas, lo que le ha conducido, además, a casi igualar la renta per cápita de 2007. Su gran escollo es la pobreza estructural. Histórica y cíclica.

Los cinco con mayor desigualdad son Israel (0,376), con la mitad de las familias musulmanas en declaración de pobreza; EEUU (0,38), cuyo 1% más rico absorbió, entre 2009 y 2012, el 95% de las ganancias de la recuperación económica; Turquía (0,411), junto a Grecia, los países que más han abierto su brecha social, debido a un injusto código fiscal que sitúa la dos terceras partes de la presión impositiva sobre los impuestos indirectos, lo que pagan indistintamente, a gravamen similar, ricos y pobres. México (0,466), con la legislación laboral más dura para los trabajadores de todo el mundo, lo que se traduce en muchas horas de trabajo a cambio de salarios ridículos, y Chile (0,501), al que pasa factura el neoliberalismo de la era de Pinochet con grandes porciones de ingresos que sus ciudadanos deben destinar al pago de créditos estudiantiles o a sus fondos de pensiones privados.

Un caso clínico es el de EEUU. Más de la mitad de la clase media no está en disposición de asumir un gasto extraordinario leve, de 400 dólares al mes, sin acudir a solicitar un préstamos personal.

 

4.- La globalización, en riesgo de quiebra técnica


El FMI ha contabilizado 124 crisis bancarias de mayor o menor dimensión desde 1970 hasta 2007. Aunque cada vez, de mayor envergadura. En sintonía con los avances globalizadores de los mercados. Quizás uno de los mejores ensayos de esta doble quiebra, de los mercados y la globalización, que ha dado lugar a un nuevo orden geoestratégico y económico internacional, sea el de Ian Bremmer, politólogo estadounidense y experto en política exterior americana. Titulado Nosotros contra ellos (los políticos): El fallo de la globalización, no se cansa de pregonar que la errática diplomacia de la Administración Trump es una amenaza para el orden global, especialmente por los ataques a sus aliados tradicionales. Aunque, a renglón seguido, dice que la globalización, germen del populismo de derechas, es la responsable de la ruptura brusca de la aspiración clásica de las clases medias por desarrollar su trayectoria profesional e instalarse con esfuerzo y trabajo en la prosperidad. Esos estándares -resalta Bremmer- han saltado por los aires.

Por eso la derecha recalcitrante y retrógrada que posibilitó la victoria del Brexit en Reino Unido, el triunfo de Trump en EEUU o la oleada de nacional-socialismo por el Este y el Centro de Europa -también en Italia- está de enhorabuena. Porque han sabido trasladar a la opinión pública el descontento que han generado, básicamente, las elites políticas, económicas y empresariales. Al igual que líderes culturales y sociales. Incapaces de gobernar la globalización. De armar otro contrato social. Más bien al contrario, han generado el abono que han utilizado Steve Bannon y otros acólitos de las fake news.

La exaltación del patriotismo ha llegado a las tres grandes potencias. El America, first, la Madre Rusia o la Revolución Cultural del Gran Timonel chino del Siglo XXI. Son los detonantes del Nuevo Orden Global. Más gasto militar, con escalada atómica, y cambios económicos de calado con el beneplácito de sus sociedades civiles, dominadas por la censura o la post-verdad de las redes sociales y los medios de comunicación.

Bruce Kasman, economista jefe de JP Morgan, traslada este panorama al ámbito económico. La guerra comercial iniciada por este año Trump contra Europa, China y sus socios norteamericanos del Nafta y, más recientemente, a Turquía, a base de órdenes ejecutivas, “induce a preguntarse si no estamos ante el comienzo de la desglobalización”. Porque las subidas arancelarias que se están sucediendo -y que en el caso de la batalla abierta contra China ha traído consigo la idea de Trump de ampliar el encarecimiento de tarifas a bienes que importa del gigante asiático por un valor superior a los 200.000 millones de dólares, además de 360.000 millones adicionales si se contabiliza su intención de obstruir la adquisición de automóviles foráneos-, sus embestidas contra la OMC, a la que dice querer liquidar, y los intentos estadounidense, estos ya reales, de bloquear la renovación de nombramientos de los futuros jueces de la Corte de Apelaciones de esta institución, auguran, al menos, una globalización distinta. “Puede que sea prematuro hablar de una era de la des-globalización pero, desde luego, no resulta descabellado”, aclara Kasman. “La invocación de la Casa Blanca a la defensa de la seguridad nacional para justificar la subida de tarifas legitima espacios jurídicos para promover políticas proteccionistas con mayor barrera de aranceles”, asegura.

Bremmer, además, alerta contra otro fenómeno colateral, la robotización y, en general, la era de la digitalización. Esta llamada Cuarta Revolución Industrial pone patas arriba las relaciones laborales. A su juicio, y basándose en datos de la Unctad, la agencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, esta transformación en las cadenas de valor de las empresas y en los ecosistemas de comercialización de bienes y servicios, pone en riesgo el 47% de los empleos en EEUU, el 65% de Nigeria, el 69% en India o el 77% en China. A lo que hay que unir los efectos, no cuantificados aún con rigor, del cambio climático, el riesgo de ataques terroristas o la presión demográfica. Para este politólogo, la amortiguación de estos cambios e, incluso, la oportunidad de negocios que pueden generar, pasa por políticas eficaces y activas en áreas como la mejora educativa, la formación profesional de los asalariados, la reestructuración de unos modelos de fiscalidad decimonónicos o el impulso de iniciativas público-privadas para la construcción y la gestión de infraestructuras o redes de abastecimiento y transporte. “Sólo así -advierte- se logra poner orden en el capitalismo, impulsar los mercados y gobernar la globalización”, frente a las falacias nacionalistas y el proteccionismo comercial de los neo-liberales recalcitrantes.

 

5.- ¿Está Europa preparada para otra crisis?


“Obviamente, debería estar alerta”, dice Lutz Jaede, socio de la consultora Oliver Wyman. Dos de cada tres empresarios la esperan en menos de tres años, según una encuesta entre directivos de grandes corporaciones. Europa es aún demasiado vulnerable. Por su sistema bancario, con riesgos latentes, inestabilidades políticas surgidas de los movimientos nacionalistas, un desapego a la digitalización, que no acaba de generar grandes multinacionales del sector, si se compara con las economías asiáticas o la estadounidense, y una reacción contraria a los proyectos de inversión a medio plazo por parte de las firmas privadas. A la espera de mejores coyunturas para los negocios.

Esas mismas voces de alarma la han emitido también expertos como el financiero George Soros. O Kenneth Rogoff, antiguo economista jefe del FMI y profesor en ejercicio de la Universidad de Harvard. Para Rogoff, “varios de los líderes europeos se niegan aún a reconocerlo, pero su status quo actual no resulta sostenible. O crean una mayor y más efectiva integración fiscal, financiera, presupuestaria y monetaria del euro o el proyecto europeo se resquebrajará”. Sin remedio. En su opinión, y a corto plazo, el escenario, incluso, invita al optimismo. Con el PIB creciendo, hasta finales de 2017, al mayor ritmo en doce años, en medio de un sólido despegue de la actividad, y el tándem Emmanuel Macron y Angela Merkel con mandatos despejados en sus respectivos países, engrasando de nuevo el eje franco-alemán y reanimando la fiabilidad del euro. Pero su suerte -explica Rogoff- está echada. Su misión es “cómo maniobrar para que el euro sobreviva y sea sostenible”. Con mayor integración o permitiendo que estalle por los aires de forma caótica. “Porque es del todo punto improbable que la divisa europea no se enfrente a un nuevo examen de resistencia en los próximos cinco o, a lo sumo, diez años; si no antes”.

De momento, impera el nein de Merkel a una agenda reformista (la de la Comisión Europea con el denominado informe Juncker), secundada por Macron, pero a la que se opone el bloque de contribuyentes netos, con los países nórdicos, Holanda y Austria a la cabeza. No desean ni oír hablar de presupuesto anticrisis, ni completan la unión bancaria con medidas de mutualización de riesgos, como los eurobonos. Ni siquiera de un ministro de Finanzas del euro o de convertir el mecanismo de rescate Mede en el Fondo Monetario Europeo. El empuje de la ultraderecha, cuyo último botón de muestra se produjo el pasado fin de semana en las elecciones suecas, en la que los Demócratas de Suecia, se convirtieron en la tercera fuerza del país, a escasos escaños de socialdemócratas y conservadores, se ha impuesto a los criterios que reclaman, con aplastante dosis de lógica, un paso decidido hacia la supranacionalidad de la UE. Más Europa, en definitiva, para abordar futuras crisis sistémicas. Económicas y políticas. La próxima -y posiblemente última oportunidad- será en la cumbre de jefes de Estado y Gobierno de diciembre. De momento, en junio, claudicó el plan Macron.

Publicado enEconomía
Domingo, 02 Septiembre 2018 10:37

Lo que debemos enfrentar

Lo que debemos enfrentar

La inteligencia artificial, tan poco estudiada en las universidades latinoamericanas y tan poco desarrollada en nuestro continente, podría tanto causar un terrible desastre social como, por el contrario, hacer posible el sueño de Fourier de unas pocas horas de trabajo para la reproducción y casi todo el día para otros trabajos voluntarios y creativos o, simplemente, para el descanso y el disfrute de la naturaleza.

Hoy ya hay robots que sustituyen a las cajeras de los supermercados, a los soldadores especializados, a los pintores de brocha gorda, albañiles y hasta a los cirujanos, pero con el desarrollo de la inteligencia artificial, millones de robots especializados y multiusos podrían remplazar a una enorme cantidad de trabajadores manuales o de empleados y funcionarios, arrojándolos a la desocupación. La pesadilla de Jack London en El Talón de Hierro podría concretarse y hacia su realización tienden los esfuerzos del capitalismo.

Para eso está acabando con todas las leyes de protección social, rebajando brutalmente el nivel de ingreso y destruyendo sistemáticamente poblaciones enteras de los países dependientes, que son minadas por el hambre y las enfermedades, pauperizadas y disgregadas por el despojo agrícola o minero, diezmadas por las guerras y las migraciones de los más jóvenes, audaces y emprendedores que empobrece a las comunidades.Para el capitalismo "sobran" miles de millones de personas, cuyas necesidades sociales y derechos (agua, aire limpio, servicios esenciales, vivienda digna) considera "gastos" (cuando son inversiones productivas dadas gratis a los patrones para que puedan explotar trabajadores rendidores y en buenas condiciones).

Una mejor condición de vida de la mayoría de la población eleva las expectativas de vida; eso es intolerable para el capitalismo, ya que los ancianos son también "sobrantes", "improductivos", "una carga social". Reducir la masa salarial, los servicios sociales y también el tiempo no productivo, aumentando el trabajo infantil y acelerando la muerte de los ancianos, es un objetivo del capital. El ideal del mismo es sustituir a trabajadores vivos por capital muerto (como los robots) que en poquísimo tiempo amortiza con su trabajo el costo de su producción y deja un margen de ganancia infinitamente mayor, además de no pensar ni hacer huelgas.

La alternativa a estos planes siniestros consiste en utilizar la nueva tecnología y desarrollar la inteligencia artificial, pero para reducir el tiempo de trabajo necesario para la reproducción de la familia obrera y para la amortización y renovación de las instalaciones y maquinarias, hay que distribuir la masa de trabajo entre los desocupados actuales, de modo de trabajar menos trabajando todos. Para eso hay que expropiar al capitalismo, cortando así de raíz las emigraciones en busca de trabajo y la delincuencia causada por la miseria y el atraso.

Hace 100 años se trabajaba en la industria 12 horas diarias y en los campos de sol a sol. La conquista de las ocho horas y de las leyes sociales fue un paso enorme hacia la civilización. Hoy es ya posible trabajar dos horas y dedicar todo el tiempo libre a cultivarse y a reconstituir el ambiente gravemente dañado por el capitalismo en apenas un siglo y medio. Pero, insistimos, para eso hay que acabar con los hambreadores, envenenadores y destructores de la naturaleza.

El capitalismo también siembra egoísmos nacionalistas y localistas y el odio "al de afuera" para mejor aplastar a todos y hace creer a los imbéciles que lo poco que aún tienen es amenazado por otros explotados de color, nacionalidad o lengua diferentes. A esa intoxicación ideológica es necesario contraponerle la solidaridad, la unión comunitaria y la conciencia de que, o nos salvamos todos unidos del peligro que nos amenaza o la barbarie tecnificada nos aplastará.

Los oprimidos comparten hoy, en su inmensa mayoría, los valores y la ideología de sus opresores, pero en algunos sectores subsisten restos de comunitarismo, de pensamiento colectivo, de solidaridad en lo que es posible apoyarse y que la lucha desarrollará porque sólo en el combate se aprende a ver las cosas y se cambian las ideas.

La tecnología y los conocimientos no son patrimonio exclusivo de los patrones; son meros instrumentos, como un martillo, que puede ser útil como herramienta o criminal como arma, según quién y para qué lo utilice. Con la masiva proletarización de vastas capas de científicos y técnicos especializados desplazados por la inteligencia artificial y los golpes que recibirán las universidades, mejorarán las condiciones para estrechar la alianza entre el trabajo manual y el intelectual que permitirá poner al servicio de las humanidad las técnicas que hoy sirven para su control y destrucción.

No hay gobiernos capitalistas buenos, sólo hay algunos menos peores, pero todos defienden la explotación del trabajo y aportan así a la construcción de un mundo inhumano sostenido por la represión y por la ignorancia. No hay salvadores providenciales y sólo los oprimidos pueden salvarse a sí mismos. La autorganización de los trabajadores y su independencia política frente a los partidos e instituciones de los explotadores, la creación a partir de asambleas de consejos de gobierno locales que registren cuáles son las necesidades urgentes y organicen cómo empezar a satisfacerlas de inmediato y directamente, la autonomía y la autogestión generalizadas, son las condiciones básicas para superar el desastre y al capitalismo mismo y para abrir el camino a un sistema en el que quienes trabajan sean dueños de su propio destino y discutan, resuelvan y apliquen las soluciones democráticamente elaboradas por ellos mismos.

Publicado enPolítica
De la oportunidad Naranja al exponer el propio pellejo

Vivimos en medio de un modelo social, cultural y económico que prioriza el individualismo, propicia la competencia, el sálvese quien pueda, y donde quienes tienen más siempre buscan sacar ventajas a costa de los demás. ¿Es posible superar esta lógica?

 

“La guerra de clases existe y nosotros los ricos la estamos ganando”, fue la declaración dada por Warren Buffett hace algunos años, frase que indica la conciencia de clase que tienen los más adinerados, la misma que no tienen los asalariados (trabajadores rasos y clase media), que son los que peor están parados en esta lucha asimétrica.

 

En el juego capitalista quienes cuentan con mayor capital tienen mayores efectos multiplicadores en la acumulación de su riqueza, y quienes están privados del acceso a las oportunidades incrementan significativamente su propia exclusión. En un estudio reciente (A Broken Social Elevator?) la Ocde muestra que en los países donde peor distribuyen su riqueza, la dificultad para que una persona de ingresos bajos alcance los ingresos medios de la sociedad es mucho mayor. Mientras que en un país como Dinamarca se requiere de dos generaciones para que esto suceda, en Colombia se requiere de 11.

 

En términos globales, el economista francés Thomas Piketty demostró el incremento desmedido de la desigualdad. Mientras que en 1980 el 16 por ciento del ingreso mundial era acaparado por el 1 por ciento de la población más rica (por ingresos), en 2016 este sector social pasó a concentrar el 22 por ciento de la riqueza mundial1.

 

En el caso de Colombia, el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el ingreso de la clase media (33 millones de personas); y entre 2010 y 2015 la riqueza de este segmento minúsculo de la población logró incrementarse casi en 250 billones de pesos2.


La gran desigualdad manifiesta en Colombia y el mundo urge un cambio. No solo por los problemas sociales que genera (violencia, suicidios, enfermedades mentales, etc) sino porque un pequeño grupo de personas muy poderoso ponen entre dicho la viabilidad de toda la vida humana en el planeta, sometiéndonos, por demás, a una dictadura donde el interés de ellos se muestra como si fuera el interés de las mayorías.



Es un cambio necesario, que de acuerdo con el pensamiento de Nassim Nicholas Taleb, solo puede empezar con la transformación de los principios éticos y morales imperantes. La moral predicada por el Neoliberalismo es falaz: aquello de que todos trabajando con el mejor esfuerzo logramos que la riqueza colectiva, de una u otra forma, genere oportunidades para los más excluidos, es falsa. Sucede más bien todo lo contrario, el asimétrico juego donde unos pocos se enriquecen más y muchos otros son excluidos, produce un escenario en el que unas masas manipulables son sometidas, utilizadas, infrigiéndoles un enorme daño.

 

La moral propuesta por Taleb enseña que debemos tener alto nivel de responsabilidad por las acciones que emprendemos y que tienen afectación (cierta o incierta) sobre el bienestar de otros. La crisis financiera de 2008 es un buen ejemplo. Allí unos pocos especuladores amenazaron la estabilidad económica de una nación generando quiebras, desempleo y, siguiendo el estudio de Angus Deaton (El gran escape), problemas de alcoholismo, depresión y suicidios. La solución planteada por Taleb es que si quienes alimentaron esta gran burbuja especulativa hubiesen tenido una porción importante de capital propio involucrado en sus operaciones, y no como sucedió, que en su mayoría se trataba de recursos de terceros, el antecedente y desenlace de la crisis hubiera sido diferente. A esto él lo llama poner en riesgo su propio pellejo (skin in the game).

 

El principio skin in the game abarca toda la elaboración de política pública y sería el principio que haría más justa la responsabilidad y el beneficio de su implementación. Así, por ejemplo, entre los modelos económicos que buscan asegurar un ahorro para la vejez, juzgado por el rasero de Taleb, estaría mejor ponderado el régimen de prima media que el régimen de ahorro individual. Puesto que si no coexistiesen los dos modelos sino solo el primero, los policy makers al estar involucrados deberían preocuparse por solucionar la informalidad del país y mejorar las condiciones de ingresos de la gran mayoría, ya que de esta depende el funcionamiento del sistema y el hecho que se garantice un ingreso vitalicio para la vejez de todos.

 

En caso que solo funcionase el régimen de ahorro individual el principio skin in the game obligaría a que los administradores privados de estos recursos mantuvieran una porción importante de su patrimonio (40% o más) invertidos en los portafolios en los que está el ahorro que los aportantes están destinando a su vejez. De esta forma los mismos administradores serían justos en el costo de las tarifas de administración, serían moderados en los riesgos asumidos, y buscarían las estrategias y coberturas financieras que mantuvieran al menos el valor real de los recursos administrados más un rendimiento garantizado que diera cuenta del costo de oportunidad mínimo de una inversión en pesos. Pero como no es así, el escenario que se tiene es que a la primera generación de pensionados por este régimen les están devolviendo el ahorro sin poderles garantizar un flujo vitalicio, porque lo ahorrado resulta inferior a lo aportado.

 

En el tema de reforma tributaria es donde más presente está la lucha de clases, porque la pugna por quién recibe la carga tributaria para obtener los ingresos de funcionamiento e inversión de la nación, casi siempre la pierden los grupos de medianos y bajos ingresos frente a los más ricos, porque estos últimos dominan a los policy makers a favor de sus intereses mediante el financiamiento de sus campañas electorales. El principio justo por el que debería guiarse la tributación –si no estuviese expuesta a esta distorsión– es el de la progresividad, esto es, que quien tiene mayor ingreso aporta más.

 

En Colombia este principio nunca se ha aplicado. El Estatuto Tributario tiene varias exenciones que han sido introducidas con la intención de atraer la inversión extranjera para, supuestamente, impulsar el desarrollo económico. Así las cosas tenemos, por ejemplo, que la industria extractiva puede deducir el pago de regalías de los impuestos de renta, dejando de pagar anualmente COP 2 billones. Totalizando los beneficios tributarios, la industria minera y petrolera deja de pagar a la nación, cada año, COP 8 billones. En el caso del sistema financiero la cifra es parecida, con el agravante de que ninguno de estos dos sectores son intensivos en trabajo; en otras palabras, estos sectores generan muy poco empleo.

 

Esta falta de progresividad en el ingreso de la nación es un factor limitante en la progresividad del gasto público social. Un sistema de acceso gratuito y universal a la educación superior en Colombia se estima con un costo de COP 16 billones al año (más o menos la misma cifra que el sector extractivo y financiero dejan de aportarle a la nación). Y esta limitación se traduce, a su vez, en una traba a la movilidad social. Si Colombia el acceso universal a la educación superior, podría desarrollar los talentos y capacidades de los jóvenes sin que importara su capacidad socioeconómica, logrado así un mayor desenvolvimiento individual y colectivo de los mismos.

 

El economista Jacob Mincer mostró que el ingreso de las personas se incrementa más que linealmente en función del número de años de escolaridad. Limitar la escolaridad de las personas, además de limitar la movilidad social, tiene otros varios efectos. Uno es el que no desarrollan criterios y capacidades para entender y tomar acciones frente a los problemas complejos de ser ciudadano e incidir acertadamente en propuestas programáticas que sean progresivas y favorables para romper las trampas de pobreza, favoreciendo de este modo al 1 por ciento más rico que cada vez acapara mayor riqueza. Y otra es que la movilidad social sería favorable para todos (incluyendo al mismo 1% más rico) porque habría mayor demanda de sus productos, logrando así un círculo virtuoso.

 

Contrario a la evidencia, en Colombia impera el principio opuesto al skin in the game. Los conductores en un semáforo no ven la precaución de detenerse antes de alcanzar la luz roja sino que ven la oportunidad de no detenerse sin importar el riesgo que implica esta acción sobre los demás usuarios de las vías públicas. Llamemos a esto oportunidad naranja. Que es aplicada de forma general por toda la sociedad colombiana. Por ejemplo, en las filas para abordar Transmilenio hay personas que quieren llegar primero al bus, sin respetar a quienes intentan ‘civilizar’ un sistema de transporte precario. La oportunidad naranja también resalta cuando las EPS no revelan las operaciones de compra de medicamentos y al regulador no le queda otra opción que construir mecanismos regulatorios con base en la información de precios, que sí son observables en otros países.

 

Sin embargo, hay un tema adicional por entender, la posibilidad de superveniencia de la raza humana está en juego, se necesita de un menor crecimiento que no agote los recursos no renovables y que no vulnere la calidad de vida de las personas con alta carga laboral. Ahora el problema es más profundo, además de aplicar skin in the game debemos pensar en políticas económicas que reduzcan la sobreproducción de bienes materiales y que trasladen la actividad económica hacia el cuidado del otro, que es lo que propone el ambientalista Tim Jackson. Con ésta son urgentes las transformaciones morales que necesita una especie que está llevando su propia vida a la extinción.

 

DA2497 art p7

 

 

1 Ver Informe sobre la desigualdad global 2018 en https://wir2018.wid.world/files/download/wir2018-summary-spanish.pdf
2 Ver La pobreza ahoga a la clase media en https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/29112-la-pobreza-ahoga-a-la-clase-media.html

 

Publicado enColombia
El sistema ha creado el ‘principio de autodestrucción’: Leonardo Boff

El doctor Leonardo Boff, ecólogo, fue una de las personalidades en materia de defensa del medioambiente que el pasado 20 de agosto acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para ser testigo de la apertura del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad y de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de esta casa de estudios.

Antes de su participación como panelista en el coloquio ‘Universidad y Sustentabilidad en México’, que la Vicerrectoría Académica de la IBERO llevó a cabo para anunciar las aperturas, Boff, filósofo y uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, accedió a dar varias entrevistas; he aquí lo que respondió en una de ellas.

—En un mundo donde el capitalismo es el sistema económico y político hegemónico ¿es posible mitigar los daños al medio ambiente, a la Madre Tierra?

—Yo creo que dentro del sistema es imposible, porque el sistema en sí mismo es altamente destructivo de la naturaleza, la explota y no se siente parte de la naturaleza, sino que se siente su señor y dueño, y dispone de ella a su antojo.

Eso ha creado toda la cultura moderna, ha cambiado al planeta Tierra y simultáneamente ha creado el ‘principio de autodestrucción’, sea con armas químicas, nucleares o biológicas; sea también por las reacciones que la Tierra está teniendo de cara a la agresión sistemática que está sufriendo y que aparece bajo el nombre de calentamiento global.

Calentamiento global que se manifiesta a través de efectos extremos: grandes sequías, grandes inviernos, volcanes que se han activado, huracanes y grandes inundaciones; los que dejan ver que la Tierra perdió su equilibrio y su centro. Eso es consecuencia de un tipo de relación que tenemos con la naturaleza, que no es una relación de cooperación y de respeto, sino de dominación y de explotación.

De seguir ese rumbo vamos al encuentro de lo peor. A mi juicio, y lo que otros tantos ecólogos dicen, puede ser una tragedia ecológica-social que puede diezmar gran parte de la biósfera y hacer desaparecer también a gran parte de la humanidad.

—¿Cómo proteger a la ‘Pacha Mama’ (la Madre Tierra) y a las comunidades originarias que viven en las grandes reservas ecológicas, de la depredación de los grandes capitales, por ejemplo, de la extracción minera y petrolera, la industria turística, etcétera?

—En Brasil tenemos el problema del agronegocio que está avanzando terriblemente sobre la Amazonia, la Amazonia que es importante para el equilibrio de los climas mundiales y para la biodiversidad.

Yo creo que la mejor manera de defender esa riqueza natural es por medio de los habitantes que ahí viven: pueblos originarios, personas que trabajan en la pesca, en la foresta, en la extracción de los bienes, pero preservando los árboles y las fuentes de su riqueza; ellos los saben proteger y conocen la forma de manejar esa realidad sin dañarla. La figura más emblemática en esto fue Chico Mendes, quien ideó cómo sacar los bienes de la foresta, sean frutas o medicinas, pero preservando la foresta.

Asimismo, se necesita de un proceso de educación colectiva de toda la humanidad, que parte de dos razones. Una, del miedo; a que cuando el ser humano se da cuenta que puede desaparecer, porque la Tierra está manifestando el agotamiento de los bienes y servicios, y el ser humano puede desaparecer dentro de una catástrofe ecológica-social, entonces cambia, porque el instinto de vida es más fuerte que el instinto de muerte.

Segunda, hay que reeducar a los seres humanos: en la forma de producir, respetando los bienes de la naturaleza; en la forma de consumir; tener un sentido de solidaridad con todos y compartir los bienes de la naturaleza y los bienes industriales. Es un equilibrio difícil pero tenemos que llegar a eso, a un consumo consciente y generoso, y a mantener un equilibrio en relación con las leyes de la naturaleza.
Ese es un trabajo que debe atravesar todas las sociedades, que todos se den cuenta de que somos responsables del futuro del sistema vida, del sistema Tierra y de nuestra civilización. Si no hacemos eso, podemos ir al encuentro de lo peor.

—Dentro del actual mundo desigual, donde los menos concentran la mayor parte de la riqueza, ¿cómo promover el desarrollo económico y social de todos, principalmente de los más pobres, sobre todo los que viven en zonas rurales?

—El sistema como totalidad es insostenible, porque a donde llega crea dos fenómenos. Primero, una profunda desigualdad entre aquellos que tienen y acumulan, y al lado y como consecuencia, genera una pobreza muy grande. Por otra parte, también crea una injusticia ecológica, que es la súper explotación del medioambiente, de los bienes y servicios de la naturaleza. Es un sistema dañino para la vida, que acumula en una parte y genera una inmensa pobreza en otra; y eso es insuperable, es la lógica del sistema.

Por eso tenemos que generar alternativas, que a mi juicio empiezan trabajando el territorio, lo que en ecología se llama biorregionalismo, porque ahí se puede crear la sustentabilidad, con la región, con los recursos que tiene, de agua, de bienes de la naturaleza, con la cultura de la población. Un biorregionalismo definido no por las divisiones artificiales nuestras, en estados y municipios, sino como la naturaleza se dividió, con ríos y montañas.

Crear ahí una totalidad que puede ser sostenible, con pequeñas empresas, un sentido comunitario de producción y distribución, incluyendo toda la parte cultural, de las fiestas, tradiciones, celebraciones de sus héroes, de sus personas significativas. Esa totalidad puede ser sostenible; pero en pequeño.

Pero el sistema, como sistema global, no es sostenible; porque es una amenaza que ha llevado a una guerra total contra la Tierra, sea en el aire, sea en el suelo, sea en el mar. Y esa guerra el ser humano no tiene ningún chance de ganarla, porque la Tierra es más fuerte. Nosotros necesitamos a la Tierra, pero la Tierra no nos necesita, ella puede seguir adelante sin nosotros.

—¿En el presente contexto de crisis ecológica, económica y social valdría la pena tener una segunda oleada de la teología de la liberación, que ponga en los medios de comunicación e imaginario colectivo estos problemas y la necesidad de optar por los pobres?

—Sí. El eje central de la teología de la liberación es la opción por los pobres, luchar contra la pobreza, en favor de la justicia social y la liberación. Y dentro de los pobres, hay que poner al gran pobre, que es la Tierra. Hay que tratarla de tal manera que se protejan los bienes y servicios necesarios para la vida; ese es el sentido de la carta encíclica del Papa Francisco, Laudato Si´, cómo cuidar de la Casa Común (la Tierra).
Aquí la palabra clave es cuidar. Cuidar es una relación amigable, amorosa, protectora de la realidad. Si no hacemos eso, vamos atropellando, destruyendo y creando las condiciones para tener una gran crisis ecológica-social que puede damnificar a gran parte de la biósfera y a la misma especie humana.

—¿Cómo pueden las universidades, como la Iberoamericana, ayudar a promover la sustentabilidad, el cuidado de la Tierra?

—Es una tarea de todas las facultades, es decir, hay que ecologizar todas las ciencias. Cada ciencia tiene que dar su aporte, sea la física, sean las matemáticas, sea la pedagogía; todas juntas deben tener como centralidad crear comportamientos y conocimientos que favorezcan la vida y no solamente al mercado, que permitan la participación de todos y que no hayan excluidos, que tengamos una relación de pertenencia a la naturaleza, a la Tierra, y no de dominación sobre ella.

Una universidad puede crear una especie de cosmovisión que incorpore de forma sistemática en todos sus cursos esa preocupación por el futuro del sistema vida, del sistema humanidad. Porque si no nos preocupamos ahora no tendremos el tiempo ni la sabiduría suficiente para cambiar, será demasiado tarde e iremos al encuentro de una gran catástrofe ecológica-social.

—¿Qué opina de la apertura del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad y de la Licenciatura en Sustentabilidad Ambiental de la IBERO?

—Yo lo entiendo como si fueran una semilla, algo que empieza como una semilla. Dentro de la semilla hay de todo, hay las raíces, hay el tronco, hay las hojas, hay las flores, hay los frutos.

Desde esas semillas se puede irradiar a las demás facultades. Crear una red donde cuestiones de sustentabilidad son discutidas juntos, y cómo cada ciencia puede aportar y cómo cada uno puede hacer las transformaciones, porque se habla de la gran transformación de la modernidad. Esa gran transformación tiene que empezar con la transformación de uno mismo, de tener un sentido de respeto a todo lo que vive, existe, de tener un consumo más solidario, de no ser consumista, de cuidar el agua, el aire.

Finalmente, del cuidado que recubre todas las dimensiones de lo humano, especialmente las relaciones, para que no sean agresivas, no lleguen a crear marginalidad. Hay gente en la humanidad que se da cuenta que solamente tenemos esta Casa Común (la Tierra) y no hay un plan B, o cuidamos de ésta o entonces vamos al encuentro de la destrucción.

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 28 Agosto 2018 07:18

Ambientalismo y neoliberalismo

Ambientalismo y neoliberalismo

rSu posicionamiento provocó un cambio radical y antisistema. La naturaleza, silenciada con el advenimiento del mundo moderno, industrial, capitalista y tecnocrático, que la deja convertida en una máquina bajo el yugo de la ciencia, vuelve a tener voz como la tuvo durante los 300 mil años anteriores, periodo por el que la especie humana vivió dentro del manto encantado de una ecología sagrada. El ambientalista brota acicateado por los conocimientos de una nueva disciplina científica –la ecología– que se atreve por fin a extender y a conectar sus resultados con el mundo de lo humano. Así surge el ambientalismo hacia finales del siglo XX, fundamentalmente en Europa, como nuevo movimiento social y poco después como partido político, y de ahí se extiende hacia las periferias del mundo. Fue tal su impacto que, hacia finales de la década de 1970, el filósofo alemán W. Harrich declaró que los ambientalistas serán en el siglo XXI lo que los comunistas fueron para el siglo XX. ¿Que ha sucedido en estas cinco o seis décadas? Ocurrieron dos fenómenos generales: por un lado el capital logró la más formidable de las concentraciones de riqueza de toda la historia (megamonopolios) mediante la consolidación del poder global de las corporaciones; y esto a su vez desencadenó en la misma escala una desigualdad social y una destrucción ecológica sin paralelo. Hoy el ambientalismo verdadero ya no lucha por consignas particulares (contaminación de suelos, aires, aguas o mares; destrucción de hábitats naturales, moratoria de centrales nucleares o alimentos transgénicos, etcétera), sino por la supervivencia misma de la vida en el planeta, incluidos los seres humanos. El desequilibrio del ecosistema global, por la rápida acumulación de irracionalidades, representado por el cambio climático, es hoy el indicador más dramático y preocupante. La gráfica difundida el mes pasado sobre el incremento del bióxido de carbono en la atmósfera (el principal gas que produce el calentamiento del planeta) entre junio de 1958 y junio de 2018 (ver) es el anuncio evidente de que la humanidad sigue el camino hacia el colapso.
Pero durante este periodo ocurrió otro proceso que explica también la situación actual: el ambientalismo fue cooptado, edulcorado y finalmente neutralizado por el despliegue del neoliberalismo. Esto comenzó con la consagración del discurso ambiental a escala internacional, un fenómeno que tomó unas cuatro décadas. Las posiciones avanzadas en el discurso global que se inició con el Informe del Club de Roma y la Conferencia de Estocolmo (ambos en 1972) comenzaron a declinar con el Informe Bruntland (1987) y se fueron gradualmente desvaneciendo durante las conferencias mundiales iniciadas en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992. Hoy, casi sin excepción, las posiciones de gobiernos, empresas, academias y organismos internacionales giran en torno a que la solución a la crisis ecológica mundial, de la cual se ocultan sus causas profundas, es posible mediante el mercado, las tecnologías y los arreglos institucionales. La adopción oficial de la economía verde, que armoniza ecología y capital, por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) marca sin duda la entonación de la marcha fúnebre por el ambientalismo tal y como se conocía desde sus inicios. Como lo señalé hace más de tres décadas (Nexos), sólo un ecologismo transformándose en una verdadera ecología política logrará modificar las tendencias mundiales aquí señaladas. Esto es lo que justamente ha estado sucediendo en los países periféricos, especialmente en sus zonas rurales, con inusitada fuerza en la América Latina y particularmente en México.
El neoliberalismo es, ha sido y seguirá siendo, fundamentalmente, una guerra contra los seres humanos y contra la naturaleza, dirigido por un puñado de parásitos, que buscan por todos los medios ocultar y hacer invisible esa doble explotación. Hoy, los ciudadanos nos enfrentamos al dilema de aceptar el falso paradigma esgrimido por el neoliberalismo de que todo es solucionable por el mercado y la tecnología o de rechazarlo oponiéndole una alternativa posible. A la propuesta neoliberal, que busca una economía globalizada bajo el dominio de las corporaciones, los grandes bancos y los estados, donde los ciudadanos, las comunidades y las regiones se hacen cada vez más vulnerables a fuerzas distantes, es necesario oponer una nueva utopía. En una próxima colaboración mostraremos cómo en México durante las décadas recientes, el neoliberalismo logró engullirse al ambientalismo, hasta reducirlo a un conjunto de declaraciones y acciones neutras e inocuas. Y de cómo la llegada de un nuevo gobierno tiene la posibilidad, y también la obligación, de remontarlo.

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 26 Agosto 2018 10:22

Lo válido del zapatismo

Lo válido del zapatismo

El punto fuerte del zapatismo y su aporte siempre actual es la práctica y la defensa de la autonomía de las comunidades y de la autogestión de los pueblos indígenas. Esa es la base de su amplia influencia en México e incluso internacional a finales de los años 90 y de la persistencia de su apoyo en un sector de la población chiapaneca y en algunos grupos urbanos, mientras otros fueron rechazados por la arrogancia, el autoritarismo y el sectarismo de sus caudillos-portavoces.

El zapatismo, sin embargo, es más precapitalista que anticapitalista porque defiende los intereses de los pueblos indígenas y la autogestión y autonomía de los mismos, pero no tiene como finalidad primordial la autogestión social generalizada, las autonomías de las comunas no indígenas, la democracia real y para los trabajadores y oprimidos de todo el país y del mundo ni va más allá de exigir algunas leyes indigenistas, pues quiere "un mundo donde quepan muchos mundos", o sea un capitalismo democrático conviviente con organizaciones no capitalistas lo cual equivale a querer jaguares vegetarianos.

El capitalismo es un sistema mundial, no regional. Se basa en la explotación del trabajo ajeno. Debe ser ayudado a morir, pues no es posible reformarlo. Es justo luchar para que los indígenas tengan igual dignidad e iguales derechos que los mestizos, pero no hay que olvidar que también éstos están sometidos, oprimidos y aplastados por un sistema que debe ser abatido por indígenas, negros, blancos, asiáticos y mestizos de todo el mundo, porque la riqueza creciente de pocos se basa en la creciente pobreza en el otro polo y en un sistema explotador no puede haber democracia.

Durante milenios las enormes diferencias de información, cultura y conocimientos que existían entre los "especialistas" (filósofos, matemáticos, sacerdotes o grandes guerreros) y todos los demás, dieron origen a castas y clases que en algunos casos, como en Atenas, eran democráticas para unos pocos iguales, pero se basaban en la esclavitud. La democracia griega, la de las ciudades-repúblicas en el Renacimiento italiano y la de la República nacida de la revolución francesa no eran gobiernos del demos, el pueblo, sino de quienes hablaban en nombre de éste, al que dejaban sin voz, aunque a veces decían interpretar.

Para la monarquía, la soberanía correspondía al rey por derecho divino. Para los liberales, los conservadores o los marxistas dogmáticos de la socialdemocracia o del estalinismo pertenece supuestamente al pueblo, pero, para ellos, éste no puede ejercerla de modo directo porque no está preparado. Por eso tratan de perpetuar la delegación de poderes y son centralistas y adoradores de las instituciones estatales, que son sus escudos frente a la plebe.

Los burgueses "progresistas" utilizan el Estado en nombre de la democracia y del pueblo como si fuera un bien propio y con él se defienden de sus adversarios nacionales o extranjeros y de todo intento de democratización radical, demovilización plebeya. Algunos, como García Linera, en su afán por construir un capitalismo-andino moderno, imitan el centralismo jacobino, pisotean las autonomías y aborrecen la autogestión social.

El capitalismo actual –que ha conducido a la especie humana al borde del peligro de extinción y se suicidará si sigue destruyendo las bases naturales y sociales de la civilización– ha abierto, sin embargo, la posibilidad de un salida positiva de esta crisis de agonía del sistema.

En efecto, los actuales medios de comunicación y de información permiten eliminar por completo el analfabetismo y, gracias a una vasta capa de técnicos y científicos proletarizados, elevar enormemente el nivel de la cultura general de modo tal que cualquiera pueda intervenir y decidir en la dirección de los problemas que ahora se tratan en las asambleas legislativas y otras instituciones mediadoras en favor del capital. Al mismo tiempo, el nivel actual de la producción y las nuevas tecnologías permitiría en poco tiempo una distribución equitativa de alimentos y riquezas y una drástica reducción de los horarios de trabajo a dos o tres horas diarias, dejando así tiempo para reconstruir el planeta.

La barbarie de linchamientos de delincuentes o de matanzas de terratenientes y opresores es fruto del odio mortal a las injusticias, de la sensación de impotencia política y de la ignorancia y podría ser controlada por las comunidades libres mismas, mientras ejercen la democracia directa, discutiendo y decidiendo todos los problemas en asambleas y nombrando representantes revocables para cada asunto que requiera especialización, como hacía la Comuna de París en 1871.

Por primera vez en la historia existen las bases materiales y culturales para la democracia directa de modo que todos sean al mismo tiempo, dirigentes y aplicadores de políticas decididas colectivamente. El obstáculo para que ese sueño se convierta en realidad es el capitalismo, que está hundiéndonos cada día más en la barbarie y nos conduce a un inmenso desastre.

Marx definía el socialismo diciendo que sería una federación de libres comunas asociadas. Unafederación de comunas libres y de individuos libres y asociados, no de súbditos dispersos de un poder central burgués. La democracia directa es posible a condición de acabar con este sistema.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enSociedad
José Mujica alerta del "holocausto ecológico" de la sociedad de consumo

El expresidente de Uruguay se encuentra en Madrid para recibir el XIV premio de la Fundación Abogados de Atocha y recuerda que "los recursos de la Tierra no son infinitos" e invita a huir de "la esclavitud del consumo" por que, dice, "no hay necesidad de vivir tan desesperados"

 

El expresidente de Uruguay José Mujica ha alertado hoy en Madrid del "holocausto ecológico" de la sociedad de hoy, regida por "la multiplicación del consumo", una "tragedia" para las generaciones nuevas, que -dice- deberán luchar por la renta básica, por el medio ambiente o por reducir los horarios de trabajo.


Después de recibir el XIV premio de la Fundación Abogados de Atocha, otorgado en enero pasado pero que solo hoy ha podido recoger, Mujica ha pronunciado un discurso crítico con la "esclavitud del consumo", aunque ha advertido que él no hace "apología de la pobreza" sino "apología de la libertad".


El expresidente de Uruguay entre 2010 y 2015 ha alertado sobre las consecuencias desmedidas del consumo y ha dicho que en pocos años habrá 9.000 millones de habitantes en la tierra, donde la economía creció 40 veces desde 1950 y deberá crecer 200 veces en el próximo medio siglo.


"Los recursos de la tierra no son infinitos", ha dicho Mujica al recordar que hace ya varias décadas que los científicos indicaron "lo que debemos hacer", aunque la sociedad hoy se empeña en seguir transitando "por los caminos del desastre".


"La ciencia vaticinó hace treinta años los peligros del deshielo o las consecuencias de liberar gas metano a la atmósfera y la retroalimentación exponencial del recalentamiento", pero ante esto "no se puede parar", porque "no es posible enfrentar la economía corporativa y la desesperación de los gobiernos por crecer", ha dicho el exgobernante.


Según Mujica, "no hay necesidad de vivir tan desesperados" y, por el contrario, aunque es difícil cambiar el mundo, sí es posible "controlar la cabeza para evitar el dominio de la cultura subliminal de consumo", pues considera que "la felicidad está dentro, en el equilibrio de los sentimientos".


"No puedes ir al supermercado a comprar años de vida", ha dicho, convencido de que el ciudadano puede "manejar la conducta para ganar un pedazo de libertad".


El expresidente ha insistido en que cualquier ciudadano necesita estabilidad económica para vivir, pero siempre mejor bajo la premisa de que "vivir es ser, no tener, sin estar sometido al esclavismo de las necesidades".


Mujica renunció el pasado día 14 a su cargo en el Senado uruguayo con el objetivo de tomarse una "licencia" antes de morir de "viejo" y para seguir con su "lucha de ideas" por otras sendas.


El pasado martes, en la localidad granadina de La Zubia, recibió el premio de poesía Laurel de Plata por representar la "expresión más genuina" de lo "mejor" del ser humano y de la política "hecha poesía".
Y hoy ha recogido el premio que le otorgó el 24 de enero la Fundación Abogados de Atocha por su labor en defensa de la libertad y por compartir con sus acciones "el ADN de los abogados de Atocha".
En esa fecha de 1977, un grupo de extrema derecha irrumpió en un despacho de abogados laboralistas en el número 55 de la calle madrileña de Atocha y mató a tiros a Javier Sauquillo Pérez del Arco, Luis Javier Benavides Orgaz, Enrique Valdelvira Ibáñez y Serafín Holgado de Antonio, y al sindicalista Ángel Rodríguez Leal.

Publicado enSociedad
La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo

Planificación centralizada y democracia

 

La trayectoria de las luchas populares entre la conquista de la independencia de los pueblos de las Américas (1776-1830) y la consolidación de la democracia en el mundo, tras la II Guerra Mundial, con la descolonización de Asia y África (1976), se ha visto caracterizada por revoluciones y guerras, entre las que destacan las revoluciones de 1848 en Europa, la Guerra de Secesión en Estados Unidos (1861-65), la Comuna de París (1871), la Revolución de 1905 en la Rusia zarista, la I Guerra Mundial (1914-18), la Revolución rusa de octubre de 1917, la Guerra Civil Española (1936-39) y las numerosas revoluciones y guerras internacionales y civiles que componen la llamada II Guerra Mundial (1939-1945). Esta, en realidad, no acabó con la rendición de Japón en 1945, como se habla convencionalmente. Basta recordar los conflictos de agrados por esta guerra mundial y que prosiguieron después de 1945 en China y Vietnam, en Grecia, en Filipinas y en otros países colonizados del Tercer Mundo. Todos estos eventos marcaron con violencia los avances de las luchas por no solo más democracia política sino también por profundas mudanzas sociales y económicas.

Muchas de estas guerras las iniciaron regímenes que procuraban fortalecerse gracias a las glorias bélicas de conquista a países extranjeros, pero acabaron por debilitarse en la medida en que los conflictos se extendían en el tiempo, infligiendo enormes sufrimientos a la masa popular. Revueltas populares ayudaron a derrocar regímenes autoritarios, incluso donde no llegó a haber revueltas, sino solo agitaciones políticas que abrieron camino a grandes avances en las luchas obreras, feministas, de liberación nacional y de afirmación democrática y socialista. Esta larga experiencia histórica forjó en las mentes de muchos socialistas la idea de que sin violencia revolucionaria era imposible vencer las resistencias al avance de las luchas populares.

Este había sido ciertamente el caso de Karl Marx y Friedrich Engels, cuya influencia sobre las luchas populares desde el lanzamiento del Manifiesto del Partido Comunista en 1848, difícilmente puede exagerarse. Ambos son autores del programa revolucionario socialista más inspirado, que a partir de la II Internacional, motivó y orientó un sinnúmero de movimientos y los dotó de una visión de otro sistema socioeconómico, superior en todos los aspectos al capitalismo, siempre supuestamente al borde de su crisis terminal. Marx y Engels heredaron de los socialistas utópicos la idea de que la economía socialista tendría que ser autogestionaria, teniendo como modelo las cooperativas de producción de su época. Esta idea predominó en la I Internacional, habiendo sido compartida por partidarios de Marx y Engels, y de Proudhon y Bakunin. La bandera de la libre unión de los productores como directriz básica de organización de las actividades económicas emergió en la Revolución de 1848, en Francia, y nuevamente en la Comuna de París veintitrés años después.

Marx estudió intensamente la administración capitalista de las empresas guiado por la experiencia empresarial de Engels, que dirigía una fábrica textil de su familia. Marx captó la contradicción entre la anarquía provocada por la competencia entre las empresas en el mercado y la minuciosa racionalidad aplicada en la gestión de la empresa para extraer de ella el máximo de beneficio. Marx y Engels concluyeron que en el socialismo el mercado podría y debería abolirse, y en su lugar el ajuste entre la oferta y la demanda se produciría, mediante una planificación centralizada de toda la economía en su conjunto, análogo a lo que el capitalista realiza en su empresa. Obviamente, esta planificación no perseguiría la maximización del beneficio privado sino el bienestar de los consumidores. Para que la sociedad pueda dar el salto de la economía anárquica del mercado a la economía ordenada por el Estado, es preciso que este se apropie al mismo tiempo de todos los medios de producción; lo cual, exige obviamente la conquista de todo el poder del Estado por parte de una organización revolucionaria y, por tanto, la necesidad de la caída del gobierno existente.


La historia fue cruel con los padres del socialismo científico al hacer que su propuesta acabara siendo aplicada, cerca de 40 años después de formulada, en Rusia. La planificación general de toda la economía, centralizada por el Estado, fue practicada durante cerca de 70 años. El modelo se exportó después de la II Guerra Mundial a numerosos países de Europa, Asia y África, y a Cuba en América. Uno de sus resultados innegables es que el Estado, lejos de perecer, como pensaban Marx y Engels, se hipertrofió. La aspiración democrática se dejó de lado y la vida social se vio sometida a una camisa de fuerza. En palabras de alguien forzado a vivir en un país inmerso en el socialismo real: “Aquí todo lo que no está prohibido es obligatorio”.

El aspecto que aquí nos interesa es que la planificación centralizada es incompatible no solo con la democracia “burguesa” sino también con el socialismo autogestionario, que tanto entusiasmo había despertado a Marx y Engels. Selucky, que analizó esta contradicción con mucha perspicacia, concluyó:

Me gustaría sugerir que el rechazo al mercado es, por definición, incompatible con el concepto de un sistema económico socialista autogestionario. Si el mercado es abolido, la autonomía de las unidades económicas desaparece. Si el mercado es abolido, la relación horizontal (esto es, el intercambio) entre unidades económicas también desaparece. Si el mercado es abolido, la información proveniente de los consumidores (la demanda) o es enteramente cortada o es irrelevante para los productores. De ser así, el plan central es la única fuente proveedora de informaciones relevantes para los productores en la toma de decisiones.

Aunque la autoridad para tomar decisiones esté formalmente garantizada a los órganos autogestionarios, su única fuente de información es el plan central, ya que se ha eliminado el mercado. Cualquier economía sin mercado tiene que ser, por definición, centralizada: dirigida por un plan de comando, controlada por un puñado de planificadores en vez de por los propios trabajadores, basada en la manipulación de los productores por la agencia de planificación (1).

Tras la II Guerra Mundial, cuando el régimen soviético se extendió a numerosos países de Europa Oriental y Central, no tardó mucho tiempo para que los sucesivos levantamientos obreros en Berlín, Hungría, Polonia, y finalmente en la Checoslovaquia entre 1953 y 1968, desenmascarasen el pseudosocialismo. Después de la invasión rusa de Checoslovaquia en 1968, en un intento por reprimir la instauración allí de un socialismo “con rostro humano”, el régimen vigente en la Unión Soviética y sus satélites pasó a ser denominado en el mundo entero “socialismo realmente existente” o abreviadamente “socialismo real”. Numerosos partidos comunistas situados fuera de la Unión Soviética se distanciaron públicamente del socialismo real, mientras que los pocos partidos comunistas que no lo hicieron perdieron la mayor parte de sus electores.

El único país del bloque soviético que intentó construir una economía socialista autogestionaria fue Yugoslavia, mientras la gobernó Tito, entre 1948 y 1980. Las cooperativas estaban bajo la influencia de las autoridades nacionales y también de las comunidades locales. Para que el sistema pudiera funcionar con cierta autenticidad, el partido comunista fue disuelto y sustituido por la Liga de los Comunistas y la represión a las libertades civiles fue considerablemente atenuada. A pesar del mantenimiento del régimen de partido único, los temas económicos y sociales controvertidos se discutían públicamente. Paul Singer, co-autor de este capítulo, estuvo personalmente en el país en 1978 y pudo verificar el contraste entre la total ausencia de libertades políticas en los países que integraban el mundo del “socialismo real” y el régimen yugoslavo.

Lamentablemente, después de la muerte de Tito en 1980, los diferentes países que conformaban Yugoslavia entraron en conflictos étnicos y religiosos violentísimos, que desintegraron la nación y con ella la experiencia de autogestión, que hasta aquel entonces se consideraba única en el mundo.

En realidad, la autogestión obrera no se encontraba en la agenda de la socialdemocracia. En esta predominaban, más bien, los temas reivindicativos de los sindicatos, cuyo cumplimiento produjo el famoso y en su momento consensuado Estado del Bienestar Social. En este, lo que más se acercaba a la autogestión obrera era la reivindicación de los derechos democráticos en el local de trabajo: la creación de comités de empresa, compuestos por representantes elegidos por los empleados, con poder para intervenir en situaciones en las que algún derecho contractual o legal de los empleados se estuviera vulnerando. Cabe notar que estos derechos se conquistaron en diversos países europeos, dando a los representantes elegidos por los trabajadores cierta capacidad de influencia en las decisiones de los empleadores que afectasen directamente a los intereses de sus representados.

 

Autogestión

 

La autogestión volvió a la palestra con la explosión de protestas y manifestaciones de los estudiantes de París que rápidamente se extendieron por Europa, América del Norte y del Sur, en el inolvidable año de 1968. Fue antes que nada un movimiento juvenil, de una generación que estaba siendo educada para actuar en un mundo que no solo desaprobaban sino que los indignaba por las flagrantes injusticias que los poderosos estaban cometiendo, sin que nada se estuviera haciendo para impedirlo.

El radicalismo europeo en 1968 era totalmente internacionalista, inspirado en los movimientos revolucionarios no occidentales o en la rabia contra los Estados Unidos contrarrevolucionarios.

En mayo de 1968, la agitación estudiantil estalló en la Universidad de París, la Sorbona. Los estudiantes entraron en huelga, ocuparon la universidad, y en seguida organizaron manifestaciones en las calles, con la consiguiente represión de la policía, lo que despertó la simpatía de la población hacia los jóvenes. De este modo, las protestas estudiantiles acabaron por contagiar a la clase obrera fabril. En respuesta, el Partido Comunista, que dominaba el sindicato más poderoso, repudió el movimiento estudiantil, denunciando que los estudiantes rebeldes eran enemigos pseudorrevolucionarios de la clase trabajadora. Sin embargo, a medida que los acontecimientos se sucedían, los militantes comunistas inevitablemente se adhirieron a las manifestaciones. Sabedores de que sin ellos ningún desafío real al gobierno iría a producirse, de un modo reluctante, la CGT acordó con las otras centrales sindicales una huelga general de un día para el 13 de mayo, cuando ochocientos mil trabajadores marcharon en un claro apoyo a las acciones de los estudiantes (2).

El ánimo en la protesta pasó de los estudiantes a los obreros. En un fin de semana, la onda expansiva de la huelga se expandió, concentrada en el cinturón rojo de París, Normandía y Lyon. Se vieron afectadas las industrias de automóviles, aviación, ingeniería, carbón, química y construcción naval, además del sector público, con el transporte municipal, ferrovías, gas y electricidad, los correos, servicios sanitarios y la navegación del canal, todos en huelga. También pararon los profesionales técnicos, como los controladores aéreos y el personal de la radio y de la televisión. El 18 de mayo 2 millones estaban en huelga y había 120 fábricas ocupadas. La semana siguiente, el número de huelguistas llegó a algo en torno a los 4 y 6 millones. Al día siguiente ya eran entre 8 y 10 millones (3).

La rebelión estudiantil, probablemente sin quererlo, acabó provocando un inmenso movimiento de protesta social. En las universidades ocupadas, los estudiantes trataron de eliminar jerarquías, democratizar la administración y redefinir los currículos. “Sin embargo, los trabajadores también rearmaron su compromiso. Inspirados por el ejemplo de los estudiantes, su audacia sorprendió no solo a los empresarios y al gobierno, sino también a los sindicatos. En Nantes, la acción en la Sud Aviation consiguió galvanizar la huelga general, que culminó el 27 de mayo con la toma del ayuntamiento por el comité central de los trabajadores, agricultores y estudiantes, expulsando al alcalde y al jefe de la policía (4).

Después de la prolongada resistencia en las fábricas y en las universidades, obreros y estudiantes acabaron teniendo que ceder ante el gobierno, que al final consiguió restaurar el orden. Sin embargo, el movimiento de mayo de 1968 ha dejado un rico legado que aún da frutos. “Animar a la revuelta antiautoritaria fue un ideal de autogestión, adoptado oficialmente como Autogestión por el nuevo Partido Socialista (PS) en 1973-75. Previa a la democratización de la economía, mediante la reivindicación del control de las fábricas por sus trabajadores, de cooperativas autogestionarias y de constitución de los negocios, así como mediante la toma de decisiones participativa, la apertura de los libros, la descentralización de la gerencia y la mejora general de los locales de trabajo” (5). La posición del nuevo Partido Socialista reflejaba los valores del movimiento de mayo del 68, que presentan significativas semejanzas con los del movimiento de la economía solidaria en Brasil y en otras naciones, 35 años después.

El movimiento estudiantil, que tuvo su epicentro en París, y se desparramó por toda Francia en 1968, repercutió en Italia, en Alemania y en otros países de Europa, en los guetos negros de las grandes ciudades de EU, en la masacre estudiantil en Ciudad de México, en el Cordobazo argentino, y en las huelgas y masivas manifestaciones en la calle de los estudiantes en Río y en São Paulo. En 1968, en plena dictadura militar, las universidades brasileñas estaban en huelga a favor de la reforma universitaria, en el fondo protestando contra el golpe que había fulminado la democracia.

En 1973 los trabajadores ocuparon la fábrica Lip, pero dos meses después se vieron forzados por la policía a evacuar el edificio. Aunque, antes de ello, los trabajadores habían requisado piezas de la producción para continuar con la fabricación en talleres clandestinos. El gobierno negoció un plan de reflotamiento de la empresa con los sindicatos e industriales “progresistas”, que después de prolongadas idas y vueltas acabó siendo aprobado por los trabajadores. Sin embargo, las medidas de racionalización no fueron suficientes para garantizar la recuperación deseada y con la recesión en 1975-76 la dirección de la Lip anunció en abril de 1976 la quiebra de la empresa, lo que llevó a los trabajadores a volver a ocuparla con la esperanza de poder contar con la solidaridad de la izquierda francesa y de la clase obrera organizada. Los obreros abrieron las puertas de la Lip a visitas (solo en mayo fueron sesenta mil). Los sindicatos y ellos mismos participaron en reuniones en toda Francia, con la prensa, con representantes del gobierno y con los síndicos de la quiebra, nombrados por el tribunal. Los obreros sobrevivían con el seguro de desempleo y las ganancias por la venta de diversos artículos que producían y vendían a los simpatizantes.

Finalmente, en noviembre de 1976, la asamblea de los trabajadores decidió formar una cooperativa que compraría la Lip a sus accionistas. Por razones ideológicas, este paso tardó 19 meses en darse: se consideraban asalariados en lucha contra los propietarios y la idea no era que ellos mismos se convirtieran en propietarios. Temían que su transformación en cooperados implicara un cambio en su identidad de clase y por tanto en sus relaciones con la clase obrera asalariada del país. Estaban convencidos, no obstante, de que en las elecciones de marzo de 1978 la izquierda saldría victoriosa y que con un gobierno de izquierda una empresa de propiedad de sus trabajadores podría ser un ejemplo para otros ocupantes de fábricas. Y, de hecho, en 1974-75 más de 200 ocupaciones de fábricas en Francia se inspiraron en el ejemplo de la Lip. No obstante, la izquierda fue derrotada en las elecciones, lo que no impidió que los trabajadores presentaran un nuevo plan para asumir la empresa en calidad de cooperativa (6).

En 1980 comenzó otra insurrección por los mismos motivos: aumento de precios. El astillero Lenin fue ocupado por obreros liderados por Lech Walesa. Pero esta vez los trabajadores plantearon una nueva reivindicación: sindicatos independientes. Mientras el gobierno negociaba con los trabajadores en las diferentes regiones, en septiembre se fundó el Sindicato Independiente Autogestionario o Solidaridad Solidarnosc. Al mes siguiente estalló una huelga general y el número de seguidores del Solidarnosc crecía de manera exponencial: 3 millones en septiembre, 8 millones en octubre, llegando a 9,5 millones, esto es, más de tres cuartos de una fuerza de trabajo de 12,5 millones, un año después.

A pesar de ser reprimido por la fuerza, el movimiento de Solidarnosc tuvo una enorme repercusión en otros países, particularmente en los que actuaban los jóvenes estudiantes, comprometidos con movimientos sociales herederos de los valores de 1968. En Brasil, la lucha del Solidarnosc coincidió con la fundación del Partido de los Trabajadores por un amplio frente de agrupaciones de izquierda, de diferentes orientaciones pero con una significativa representación en los nuevos movimientos sociales. Una parcela significativa de los dirigentes estaba compuesta por personas que habían estado exilados en Europa, por tanto, conocedores de las luchas por la autogestión obrera de los países al otro lado de la aún incólume Cortina de hierro.

En Brasil, uno de los que se enfrascaron en el estudio del socialismo autogestionario fue Claudio Nascimento (7). En un testimonio autobiográfico comentaba:


En 1980 había publicado encuadernaciones en tapa blanda y ensayos sobre el movimiento obrero y sindical que había surgido en Polonia, el Solidarnosc. En Francia participé en estudios y acciones de apoyo a los exilados de Solidarnosc, que estaban apoyados por la Cfdt, donde trabajaba. […] Muchas entrevistas y tertulias en bares de la periferia de París con dirigentes obreros e intelectuales polacos […], reuniones con militantes de Lublin, que venían mediante un convenio con la Universidad de Lovaina la Nueva, en Bélgica, me llevaron a escribir sobre esta experiencia de autogestión. Me documenté en Francia sobre el movimiento de autogestión en Polonia, el Solidarnosc, consultando bibliotecas y Centros de Documentación. El trabajo se publicó en Portugal, en la editorial Base-Fut, de Oporto.

De vuelta a Río de Janeiro, me reincorporé al Cedac (Centro de Acción Comunitaria). Con el compañero de la metalurgia Ferreirinha pasé a integrar el Equipo de formación sindical de la Secretaría de Formación del Estado de Río de Janeiro. Desde esta época hasta más o menos 1991 viajé por varios estados, impartiendo cursos sobre “socialismo autogestionario” para grupos de jóvenes, de obreros, estudiantes y militantes de movimientos sociales, ávidos de conocimiento sobre una nueva forma de organización de la sociedad y de autores prácticamente desconocidos por nosotros: Rosa Luxemburgo, el Austro-Marxismo, Pannekoek, Mariátegui y experiencias históricas de autogestión.

El testimonio de Nascimento muestra que el socialismo autogestionario recibió una divulgación sistemática por parte de un número considerable de intelectuales, a partir de por lo menos julio de 1983, cuando el autor vuelve a Brasil. En realidad, esta actividad comenzó antes, según relata en sus declaraciones:

En 1978-79, con el regreso de los amnistiados habíamos fundado diversas ONG para llevar este trabajo a varios estados de la federación: en Río fundamos el Cedac, donde empecé a trabajar. En esta época, ya era asesor de la Pastoral Obrera Nacional (8). Trabajábamos por establecer una oposición sindical en todo el país. Esta intensa actividad me llevó más de una vez a sufrir persecuciones: tras ser seguido durante seis meses, en 1980, entraron en mi piso de Río, con la ola de terrorismo que asoló el país en aquel período […]. Por ello, tuve que salir de Brasil, rumbo a Francia, trabajando durante tres años en un sindicato, la Cfdt. Este tipo de práctica fue en el campo de la formación sindical, pues estábamos a punto de fundar la CUT [Central Única de los Trabajadores] y necesitaríamos personas que supieran cómo organizar la formación en un sindicato (no teníamos esta experiencia en el país debido a la constante represión y prohibición de las centrales sindicales) (9).

La fuerte afinidad de los socialistas cristianos con el socialismo autogestionario o la economía solidaria se manifiesta también en el hecho de que el Complejo Cooperativo de Mondragón, la mayor red de cooperativas del mundo, ha sido fundado por la iniciativa y el liderazgo del padre Arizmendiarreta, un genuino socialista cristiano y discípulo del padre Lebret.

El neoliberalismo surge avasallador desde 1979-80, al mismo tiempo en que la Unión Soviética comienza a librarse de las amarras estalinistas que sofocaron durante casi 70 años cualquier iniciativa democrática de su población. Hay quienes atribuyen la apertura rusa a esta onda neoliberal, hipótesis que no encuentra ninguna corroboración en los hechos. Lo que sorprende en los países capitalistas es la casi total incapacidad de la izquierda de ofrecer resistencia a la ofensiva neoliberal, por la ausencia de alternativas, que no precisaría ser socialista sino apenas democrática, como la que los movimientos juveniles están hoy reivindicando en la periferia europea y en los países árabes. Las prolongadas luchas por la democracia y el socialismo, trabadas por los movimientos obreros y sus intelectuales orgánicos a lo largo de los siglos XIX y XX, prueban que la esencia del socialismo es la democracia sin más adjetivos, aplicada no solo a la política, sino a la economía, a la educación escolar, a la asistencia sanitaria, a la planificación urbana, al cuidado con el medioambiente y a las demás áreas cruciales de la interacción social.

La economía solidaria se concreta con el apoyo de movimientos sociales apoyados por los sectores organizados de la sociedad civil: comunidades eclesiásticas de base, pastorales, sindicatos, movimientos estudiantiles que actúan en “incubadoras” o entidades similares, movimientos de trabajadores rurales sin tierra, recogedores de residuos reciclables, grupos de indígenas y afrodescendientes, mujeres, ex internos de manicomios, sin mencionar la solidaridad entre vecinos que forma parte de la cultura de las clases trabajadoras de baja renta.

La creciente diversidad cultural enriquece la economía solidaria al juntar obreros de empresas recuperadas, que aportan la experiencia reciente de la lucha de clases, con pueblos que cultivan los valores de la economía solidaria en función de sus propias tradiciones, transmitidas de generación en generación desde hace muchos años. Gracias al respeto a los diferentes, la diversidad amplía los horizontes de los comprometidos en la economía solidaria y los capacita para extraer de los avances y retrocesos, de las ganancias y de las pérdidas, las enseñanzas que facilitan la convivencia y activan la inteligencia colectiva para enfrentarse a nuevos desafíos.

Bajo nombres diferentes, la economía solidaria se da en numerosos países de los cinco continentes y gracias a la revolución informática el intercambio de experiencias se ha visto facilitado, lo que posibilita no solo la interacción sino la colaboración efectiva que permite hablar de la globalización de una variedad de alternativas viables al capitalismo neoliberal, que a todos amenaza. El florecimiento de una profusión de economías solidarias o sociales o humanas, o como quiera que se denominen, es la garantía de su viabilidad, pues la vocación de la humanidad no es la uniformidad.

 

Consideraciones finales

 

Quien levanta la bandera de la economía solidaria como la futura “otra economía” alternativa al capitalismo es el propio movimiento de la economía solidaria y los diversos movimientos sociales que en ella participan.

En cuanto a la relación entre el sindicalismo y el cooperativismo, podemos decir que no es contradictoria, muy al contrario, de colaboración mutua, en la medida en que ambos tienen por base social trabajadores combativos. Hay también sindicatos amarillos (agentes patronales) y cooperativas formadas por empresas de la agroindustria. La contradicción es explícita entre los sindicatos y las cooperativas alineados con los oprimidos, y los que se alinean con los opresores.

¿Cuál es el alcance del movimiento de la economía solidaria como crítica al sistema capitalista? y ¿qué propuestas plantea para el avance sobre el sistema económico como un todo? En la actual coyuntura que vive Latinoamérica, el embate del movimiento de la economía solidaria con el sistema capitalista tiene como centro la crisis medioambiental y la lucha por la tierra de campesinos, indígenas y comunidades de descendientes de esclavos. Estos últimos luchan, en general, en defensa de los espacios que ya ocupan y consideran como suyos, y contra los avances de empresas capitalistas, cuando no de racistas frecuentemente criminales.

Hay, un significativo avance de la agroecología, de las finanzas solidarias en forma de cooperativas de crédito y bancos comunitarios y de cooperativas sociales de ex internos de manicomios y de cooperativas de recicladores de residuos sólidos. La economía solidaria tiene un papel significativo en la inclusión productiva urbana.

 

 

* Apartes de “La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo”. Economía social y solidaria en movimiento, José Luis Coraggio (organizador), Ediciones Ungs, 2016.
** Paul Singer. Profesor de la Facultad de Economía. Desde 1996 se dedica a la economía solidaria.
Valmor Schiochet. Máster en Sociología Política. Director de Estudios de Divulgación de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria (Ministerio del Trabajo 2003-07).

1 Selucky, Radoslav (1975). “Marxism and Self Management”. En Vanek, Jaroslav. Self-Management; Economic Liberation of Man. Inglaterra: Penguin Education, Harmondsworth.

2 Ibid.: 401
3 Idem.

4 Idem.
5 Ibid.: 406.
6 Carnoy, Martin y Derek Shearer (1980). Economic Democracy. The Challenge of the 1980s. Inglaterra: Routledge. pp.163-169.

7 Intelectual autodidacta y educador popular, que a partir del 2003 integraría el equipo de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria como coordinador general de Formación.
8 Con Frei Beto, Frei Eliseu, sindicalistas como João Pires Vasconcelos, José Ibrahim e intelectuales como Piragibe Castro Alves.

9 Claudio Nascimento, 2014.

Consulta anticorrupción. Avancemos hacia un modelo integral de vida
[xx

4. Presupuestos públicos con participación de la ciudadanía

¿Aprueba usted establecer la obligación de realizar audiencias públicas para que la ciudadanía y los corporados decidan el desglose y priorización del presupuesto de inversión de la Nación, los departamentos y los municipios, así como en la rendición de cuentas sobre su contratación y ejecución? Sí (  ) No (  )

xx]

 

Toda participación, directa y decisiva del conjunto social sobre aspectos que competan a su vida, inmediata o mediata, es bienvenida, ese es uno de los conductos para salir de la democracia formal y transcender a la directa, radical y plebiscitaria.

 

Aquí la cuestión fundamental es que la participación sea para decidir y no solo para que escuchen la opinión de la ciudadanía, la cual finalmente queda como eso, una opinión. Es decir, llenar auditorios para que diligencien planillas de asistencia, como sucedía con los llamados Presupuestos participativos, sesiones en las cuales la gente decidía pero sobre cuestiones menores (la pavimentación de una calle, la construcción de una cancha para algún deporte, la dotación de una centro de salud de primer nivel y cosas semejantes), y cuando se quería avanzar sobre lo fundamental (el carácter del sistema de transporte de la ciudad, la construcción de un centro de salud de tercer nivel, el manejo de la Empresa de teléfonos de la ciudad –para el caso de Bogotá– o de las Empresas públicas –para el caso de Medellín), la observación era inmediata: “sobre eso no es posible discutir”, claro, mucho menos decidir.

Entonces, en esta ocasión debe avanzarse de la opinión a la decisión, y para que así sea, para que la sociedad sea quien decida, las instancias que tienen la información sobre los asuntos de Estado, sobre cada una de sus ramas, ministerios, departamentos descentralizados, institutos de diversa índole, etcétera, deberán garantizar la entrega de la información pertinente en el tiempo adecuado, de manera que quien decida concurrir a las audiencias que se abran para operativizar lo aquí votado en verdad puedan opinar, proponer y votar con real conocimiento de estos temas.

Conocer las entrañas del Estado es fundamental para poder comprender cómo funciona esta máquina, para visualizar la manera cómo absorbe el producto del trabajo de millones de personas a través de impuestos directos e indirectos, clavando a unos –a quienes menos poder tienen– y exonerando a otros –a quienes controlan las riendas del poder–, destinando finalmente lo recogido, de manera prioritaria, para todo aquello que le conviene a los grupos de poder que lo controlan, entre los cuales no están solamente los grupos nacionales sino también los internacionales.

Bien, pero una cosa es decidir sobre el presupuesto de inversión del país o de las ciudades o departamentos principales que, como es conocido, cuentan con presupuestos dignos de tal nombre, pero otra muy distinta es hacerlo en municipios quebrados, como la mayoría de los más de mil que integran el territorio nacional. En estos, que viven con pequeños tributos locales que no dan más que para garantizar el funcionamiento de una u otra dependencia municipal, así como de los aportes descentralizados provenientes de la Nación, y con los cuales opera la poca o mucha burocracia que integra cada una de estas instancias, poco, muy poco, es lo que la ciudadanía puede debatir, reflexionar, proyectar, orientar, quedando, fácilmente, sometida a un discurso de resignación o de que apruebe el pago de intereses o de los diversos empréstitos que ahogan las arcas respectivas.

En este caso, entonces, la participación sería instrumentalizada para paralizar aún más la inversión con propósito social y garantía de diversos derechos humanos, y priorizar los compromisos con el sector financiero. Toda una instrumentalización de la participación directa de la gente.

Ante esta realidad, ante la evidencia de que los municipios colombianos en su mayoría están quebrados por la ausencia de un modelo integral de vida (para no aludir al mal llamado desarrollo), los movimientos sociales colombianos deben avanzar en la vía de estimular la movilización social para construir tal modelo integral de vida, nacional y con sus particularidades departamentales y municipales, soportado sobre ejes tales como medio ambiente, soberanía alimentaria y económica, integración ciudad-campo, paz justa y derechos humanos –en toda la extensión de la palabra, no solamente vida/muerte–.

En tal perspectiva, estos movimientos sociales están ante la posibilidad de discutir y decidir un conjunto de medidas por tomar con urgencia y por decreto extraordinario en el plano nacional, un plan humano para los de abajo, a partir del cual elevar la autoestima del conjunto social, en su mayoría ajeno a los beneficios de un Estado que llegare a tener rostro humano, medidas urgentes, tales como: trabajo digno, estable y bien remunerado para todos y todas, acceso a techo para todas las familias, servicios públicos para todos y todas, con garantía de mínimos vitales, esto en una primera instancia, para avanzar de manera ininterrumpida hacia el acceso gratuito de todos y todas a los mismos, implementando a la par planes municipales y regionales para el cuidado, protección y recuperación de bosques nativos, reforestación, manejo de cuencas, etcétera, para así garantizar agua para el conjunto nacional, a la par de energía. Acceso a salud, en todos sus niveles, de manera gratuita y universal. El transporte, también, deberá ser de verdad público y colectivo, reorganizando las prioridades existentes en las ciudades para la movilidad, potenciando por esta vía el uso de lo colectivo y desestimulando el uso de los vehículos privados.

En referencia a la planeación nacional, y como avance hacia un Estado dotado de unos ingresos suficientes para poder financiar los gastos derivados de un verdadero Estado garante de los derechos humanos y que procure la felicidad de los suyos, abrir el debate sobre la privatización sufrida de todo aquello que era público y rentable, para reestatizarlo, pero más que ello, para garantizar que pase a ser común.

En fin, la opción que abre este punto de la consulta, que deberá votarse de manera positiva, es amplia, y le permitiría a la sociedad colombiana empezar a transitar el camino de lo formal a lo real. Pero esto depende de los actores sociales, que con visión propositiva y de futuro, con un pie en el presente, tienen que empezar a proponer y actuar.

 

Artículos relacionados

Cárcel a corruptos y prohibirles a volver a contratar con el EstadoCárcel a corruptos y prohibirles a volver a contratar con el Estado

21 de agosto de 2018

Más que rendición de cuentas, requerimos un gobierno de la gente y para la gente

18 de agosto de 2018

Consulta anticorrupción. Reducción de salarios para congresistas y…

17 de agosto de 2018

Publicado enColombia
Página 1 de 28