"China no es muy diferente de otros gobiernos capitalistas"

Me encuentro en un barrio de extrarradio de la ciudad de Beijing, alrededor de una mesa junto a un té y unas pastas en una de tantas casas colmena que rodean la ciudad. Mien­tras nos sentamos, mi anfitrión, Hongbing (obviamente un seudónimo), me ofrece además un cigarrillo mientras se quita una gorra roja de los Chicago Bulls. Nadie diría por su aspecto que se trata de un activista en varios colectivos y organizaciones marxistas por los derechos laborales en la República Popular China y redactor de 红色中国, una de las principales páginas web de referencia de la "nueva izquierda". Le pregunto, para romper el hielo, si es fan del equipo, y riendo me contesta que se la pone "por el color". El apartamento es absolutamente modesto y está decorado con una enorme multitud de estatuillas de porcelana de Mao Zedong. Una vez cómodos, comenzamos la entrevista.

 

La primera pregunta es brusca, pero quiero que definas ciertos términos para que los lectores puedan entender con quién y de qué estamos hablando. ¿Es China un país comunista?
Personalmente, no creo que el actual Gobierno chino sea ni comunista ni socialista. Treinta años atrás, o incluso antes, después de la derrota de la Revolución Cultural, comenzó el camino de la restauración capitalista. El movimiento de masas de 1989 y el colapso de la antigua Unión Soviética en 1991 son puntos críticos, pues desde entonces no hay ninguna esperanza para revertir o siquiera detener esta restauración, excepto otro movimiento de masas que surja en la actualidad o el futuro. En 2001 y 2002 el Gobierno chino se unió a la Organización Mundial del Comercio y modificó los estatutos del partido para que los capitalistas pudieran sumarse al partido... Sin duda esta restauración en China ha llegado prácticamente a su máximo exponente. Actualmente hay un gran número de millonarios, e ¡incluso multimillonarios!, en el Congreso Nacional del Pueblo y en el Partido Comunista Chino (PCCh). Da igual cómo lo mires, desde el punto de vista político, económico o de quién forma parte de las estructuras del partido, el actual Gobierno del PCCh no es muy diferente de otros partidos capitalistas.

 

Y ahora que has definido la República Popular China, ¿cómo te defines políticamente hablando y cómo has llegado hasta ahí?
Yo me describo como socialista, más específicamente como marxista. Cuando era adolescente, fui testigo del movimiento de 1989 y me impactó profundamente; de esa manera comenzó mi inmaduro pensamiento sobre la política y los movimientos de masas. En 1999, la embajada china en la antigua Yugoslavia fue bombardeada por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América, lo que encendió la ira de las clases populares chinas y la mía propia, claro. Pero además supuso un enorme cambio de mis puntos de vista, ya que por aquel entonces era neoliberal en lo económico y proamericano en cuanto a política internacional. Justo en aquel momento, diez millones de trabajadores estatales fueron despedidos y simultáneamente apartados de la obtención de prestaciones sociales... las clases populares sufrieron ese tipo de políticas promercados. Los jóvenes empezamos a cuestionarnos estas políticas y su legitimidad, fuimos los llamados "nuevos izquierdistas" que en China surgieron durante ese periodo. Yo acababa de graduarme en la universidad, me radicalicé con estos sucesos y los movimientos de masas que surgieron. Desde entonces también he tenido la oportunidad de conocer la verdadera situación de los trabajadores de los países "occidentales" y los movimientos antiglobalización y contrarios a las políticas neoliberales en estos países, así que empecé a leer y entender las secuelas de marxismo clásico y sus aplicaciones en el mundo real. Desde el principio del siglo XXI, por lo tanto, me clasifico como socialista o como marxista.

 

¿Es difícil ser un 'verdadero' comunista hoy en China?
(Risas) ¡Claro!, no es fácil ser un verdadero socialista en China hoy, pero generalmente en ningún lugar ni en ningún tiempo... ¡Nunca ha sido fácil ser un genuino socialista! Como en todas partes, la despolitización y el consumismo son los factores dominantes en la sociedad china actual. Existe una gran diferencia entre ricos y pobres, todo podrido por la burocracia y la corrupción... lo que explica la lucha de clases y otros conflictos sociales. Además, el PCCh, como único grupo gobernante, reprime, verbal y físicamente, cualquier voz crítica que proponga un cambio... No importa cuáles sean tus demandas, como ha ocurrido recientemente con las cinco feministas que fueron arrestadas, lo importante es que estés organizado "a la contra". El actual régimen se declara verbalmente como seguidor del socialismo/comunismo y el marxismo, pero funciona como un régimen monopartidista capitalista. ¡Ellos no creen realmente ni en una sola palabra de marxismo, maoísmo o socialismo!

Como dijo el anterior primer ministro, Wen Jiabao, en una conferencia de prensa durante el año 2012, la élite gobernante está verdaderamente preocupada por cualquier desorden o situación "anárquica" o cualquier movimiento genuinamente proletario, como una nueva Revolución Cultural. De la misma manera ellos también están preocupados por cualquier corriente de pensamiento que pueda menoscabar su hegemonía, por ello reprimen con la misma dureza las formas de expresión cultural de maoísmo y el derechismo proamericano. El Gobierno además ha condenado a duras sentencias (entre cinco y diez años de prisión) a algunos maoístas que trataron de organizar un partido en 2010. Incluso algunas organizaciones de estudiantes y asociaciones están siendo "monitorizadas" por las administraciones universitarias, preocupadas por algunos estudiantes "demasiado radicales", que tratan de explicar la actual sociedad en los términos de las clásicas teorías marxistas más allá de los muros de la universidad.

 

Movimiento obrero

 

El movimiento obrero en China vive su momento de mayor tensión desde la Revolución Cultural. ¿Qué se puede esperar de todo esto?
Hoy la lucha de los trabajadores se está volviendo cada vez más radical, más determinada y mejor organizada. Hemos sido testigos de varias huelgas muy relevantes y bien organizadas, que han conseguido victorias parciales o completas. El problema es que no ha sabido evolucionar en un movimiento. La mayoría de las luchas suelen estar mal organizadas, además de tener unos objetivos a corto plazo, y generalmente son a la defensiva. Me explico: las protestas se realizan en base a la ley y no en base a la necesidad de los trabajadores. Otro de los problemas ha sido que los trabajadores no han sido capaces de influenciar a la actual generación de trabajadores. Desde 1990, existen estos dos grupos protagonistas de las protestas, las nuevas generaciones de trabajadores y los viejos trabajadores de las fábricas estatales; sin embargo, estas luchas nunca se han visto conectadas. Los maoístas y los panizquierdistas están más enraizados en esta vieja generación de trabajadores, y sólo han tratado de involucrarse en las luchas de los nuevos trabajadores estos últimos años. Seguramente la situación es cada vez más prometedora, aunque en número aún no se trate de una fuerza relevante, jóvenes estudiantes e izquierdistas se están aproximando a los trabajadores e incluso van a sus lugares de trabajo y tratan de ayudar a los trabajadores a organizarse. Nosotros creemos que en un futuro cercano habrá un gran cambio de la lucha de los trabajadores izquierdistas en calidad y en cantidad.

 

¿Es posible crear conciencia ideológica en esta nueva generación de trabajadores, en la "segunda generación de inmigrantes rurales?
Debido a la urbanización, industrialización y globalización del capitalismo, actualmente las jóvenes generaciones de inmigrantes rurales ni pueden ni quieren volver a sus aldeas de origen -las de sus padres, vaya-. Su futuro es ser el futuro proletariado chino y estará en las áreas urbanas. Estos jóvenes tienen el mismo estilo de vida, estudian en el mismo lugar, tienen la misma experiencia laboral, incluso su lenguaje y referentes culturales generacionales: la nueva ideología común emergerá de ahí. Pero lo que yo me pregunto es: ¿cuál será esta nueva conciencia ideológica? Creo que podríamos intentar proponer el socialismo tratando de que fuese su principal composición.

Se habla de un gran número de huelgas y manifestaciones, pero nadie dice nada sobre el porcentaje de fracasos. También se habla sobre el carácter pacífico de esta protesta. ¿De qué porcentajes estamos hablando?
Bueno, es muy difícil manejar cualquier tipo de dato. De hecho, las cifras que ofrece el China Labor Bulletin de que el 80% de las huelgas o acciones industriales son pacíficas resulta muy difícil de estimar, ya que tampoco se conoce exactamente el número exacto de huelgas, y por lo tanto tampoco las huelgas que tienen éxito. Pero basado en los ejemplos expuestos, creo que alrededor del 50% de las huelgas consiguen lograr parcialmente sus demandas. Por ejemplo, los trabajadores de una fábrica textil consiguieron recientemente en Guandong hacer cumplir sus demandas después de diez meses de lucha. Ganaron una compensación por la reubicación de la fábrica, recibo de los atrasos salariales y conseguir algunas prestaciones sociales.

 

Política internacional

 

China se está convirtiendo cada vez más en una potencia central en cuestiones de política internacional, incluyendo regiones distantes como América Latina o África. Ello levanta suspicacias en Europa -tanto en el 'establishment' como desde la izquierda-. ¿Es China una potencia imperialista?
Creo que, sin duda, China es la gran promesa de poder para el capitalismo emergente, si consideramos su peso económico, su influencia geográfica y su población. China también ha empezado a exportar –de hecho es el principal país exportador del mundo– no sólo productos y manufacturas, sino también capital a países tanto desarrollados como subdesarrollados. Por lo tanto yo clasificaría China como una potencia capitalista emergente, lo que significa estar a medio camino de serlo. De cualquier manera, China es aún diferente a otros países de tradición imperialista, por ejemplo en cuanto a los niveles del "saber-hacer" y del desarrollo propio de tecnologías, y sigue bastante por detrás de las grandes economías desarrolladas. Aunque la fuerza militar china esté creciendo rápidamente, sigue muy alejada de la de Estados Unidos, y además no tiene fuerza suficiente para operar en países a larga distancia.

 

La izquierda europea se encuentra actualmente dividida en torno a diferentes conflictos internacionales, por ejemplo: Ucrania, Siria, las revoluciones de colores, la Primavera Árabe... También la "Revolución de los Paraguas" o la "Revolución de los Girasoles" han sido motivo de disputa. ¿Cómo te posicionas con respecto a estos movimientos? ¿Son comparables a otros movimientos como los del Xinjiang o el Tíbet?
La actual crisis socioeconómica está profundamente arraigada en el sistema capitalista. Los jóvenes, las minorías étnicas o las opciones sexuales minoritarias se han visto fuertemente impactadas y oprimidas por el sistema. De todas formas, las ideologías burguesas y sus doctrinas neoliberales siguen dominando el pensamiento de la mayoría de la gente después del colapso del movimiento comunista el siglo pasado. La Revolución de los Paraguas en Hong Kong y la Revolución de los Girasoles de Taiwán reflejan en estas dos áreas la rabia contra la injusticia del sistema, pero ellos no emplean los métodos correctos para confrontarse a estos problemas. No reconocen que la clase obrera es la principal fuerza de cambio en el sistema actual, y estos movimientos sólo viven gracias a ciertos estudiantes y a las mentiras de la pequeña burguesía... Por cierto, también hay elementos de discriminación en estos movimientos, por ejemplo, el discurso sobre los chinos continentales.

 

Pero pienso que la Revolución de los Paraguas y la Revolución de los Girasoles son muy diferentes de otros movimientos como los del Xinjiang y el Tíbet... Los primeros son movimientos sociales relativamente autónomos y los últimos son movimientos nacionales mucho más influenciados por Estados Unidos y el imperialismo occidental. Creo que un socialista tiene que apoyar a todos los oprimidos (los jóvenes, las minorías étnicas, las orientaciones sexuales minoritarias) y sus derechos básicos, por lo que debemos mostrar nuestra solidaridad y ofrecer nuestra guía a todas las luchas para conseguir un futuro socialista, pero lo que no podemos es apoyar un separatismo prooccidental subvencionado por el imperialismo estadounidense y cuyas demandas están naturalmente enfrentadas a la justicia social y el socialismo.

 

Hablemos de afinidades con movimientos vecinos. ¿Qué opinión tienes acerca de otras experiencias socialistas próximas al eje Asia-Pacífico (Nepal, República Democrática de Corea, Vietnam...)?
Vietnam es muy similar a China, y allí también se ha producido la restauración del capitalismo, que originalmente ocurrió en China. Hay pequeñas y grandes diferencias entre los dos países, pero naturalmente no hay diferencia entre ellos. Actualmente la política económica de Vietnam está muy relacionada con la de China, no es una cuestión de objetividad o de subjetividad. Sobre Corea [del Norte]... yo no creo que la República Popular Democrática de Corea sea un país socialista después de 1970. Seguramente fue un país comunista, muy parecido a China o a la antigua Unión Soviética. En cualquier caso hoy se parece más a un país gobernado por una "familia real". Se dice que los residentes en la capital disfrutan de ciertos privilegios, pero la mayoría del pueblo sufre, parcialmente por el embargo de los Estados Unidos, pero sin duda también por el Gobierno de los Kim. Y en cuanto al movimiento maoísta de Nepal fue una buena tentativa para la liberación de las clases populares en un país subdesarrollado a través de la lucha armada. En cualquier caso, hoy el maoísmo nepalí ha entregado las armas y se ha sumergido voluntariamente en el sistema capitalista. Esto es una lección muy importante para otros socialistas y revolucionarios, especialmente para los maoístas en la India.

 

Entonces, ¿son los naxalitas la única esperanza para una revolución en la India?
(Risas) Yo no sé mucho sobre los maoístas (naxalitas) en la India, pero admiro profundamente a todas las hermanas y hermanos combatientes, que están luchando por los campesinos. Creo que su método de revolución rural es ampliamente aplicable a cualquier área rural de la India, que nunca han tenido una reforma agraria y ni siquiera, en muchos aspectos, un fin del régimen feudal. Pero, por lo que yo se, los maoístas en la India no tienen fuertes lazos con la clase trabajadora de áreas urbanas. Tal vez algunos intelectuales les apoyan, pero no trabajadores organizados. En la actual industrialización y globalización, en este mundo-mercado, cómo de lejos puede llegar un método revolucionario del siglo pasado es una importante cuestión para todos los revolucionarios del mundo.

 

¿Cómo ves la actual crisis política de la Unión Europea?
Para empezar creo que la crisis europea es tan política como económica. Se debe principalmente al fallo del sistema capitalista y de las políticas neoliberales. La Unión Europea es una de las cabezas hegemónicas internacionales liderada por Estados imperialistas (Alemania, Francia, etc.) para satisfacer la demanda de los capitalistas globales. Sin embargo, desde el principio existen contradicciones dentro de la UE: hay países ricos y países pobres, los intereses de la clase capitalista y del pueblo trabajador, además de la corrupción, de los nacionalismos internos, el racismo, las cuestiones ambientales y las diferencias culturales. La Unión Europea es también la herramienta de los capitalistas europeos para explotar a otros continentes, sus recursos y a sus gentes, y luchan con Estados Unidos y otras potencias regionales y mundiales. Cuando la crisis financiera se produjo en 2008, los problemas y las cuestiones quedan al descubierto, pero la clase dominante quiere rescatarse a sí misma poniendo la carga económica y social en los hombros de sus clases populares y de los llamados PIIGS [Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España]. Las clases populares europeas luchan por su vida y sus derechos.


Sin embargo, debido a la izquierda "domesticada" y a la despolitización o la baja conciencia ideológica/social hasta hoy no se ha ganado la batalla, aunque ya tienen ciertos intentos exitosos de organización en un país o en todo el continente. Por ejemplo, hemos sido testigos y vitoreado las manifestaciones y las huelgas en Grecia, España, Italia y otros países. A principios de este año, en Grecia la alianza de la izquierda radical, Syriza, aunque ganó las elecciones y consiguió formar gobierno, no puede llevar el socialismo a Grecia, e incluso comenzaron a comprometerse con el establishement actual y la troika (la UE, el FMI y el BCE), pero al menos representan la rabia y las demandas de los trabajadores en Europa. Europa es el origen del socialismo y del movimiento comunista. Espero que la crisis capitalista pueda convertirse en la oportunidad para el socialismo y para la recuperación de la conciencia ideológica y de clase de los trabajadores europeos.

 

Asuntos internos

 

El caso Bo Xilai fue tremendamente popular en Europa, y probablemente en el resto del mundo. ¿Cuál es tu visión sobre este caso? ¿Representa de alguna manera de figura de la izquierda en China?
Tres consideraciones al respecto. En primer lugar, Bo Xilai no es ni socialista ni marxista, pero es un reformista o alguien que intenta mejorar la situación con respecto al actual establishment. En segundo lugar, su caso (el escándalo relacionado con la corrupción y la lujosa vida de su hijo no resultan demasiado impresionantes si los comparamos con los de otros burócratas chinos) ha ganado ciertas simpatías de las clases populares en China. Lo que el hizo en Chongqing (anticorrupción, luchar contra la mafia organizada, tratar de garantizar un estado del bienestar básico garantizando vivienda, educación y sanidad) ha hecho que gane apoyos de los residentes de Chongqing e incluso de gente de fuera. En tercer lugar está la actual crisis del régimen, que no puede gobernar fácilmente con sus métodos pasados, es otro de los elementos del liderazgo para buscar otra vía para resolver lo problemas de división de los líderes del partido.

 

Recientemente algunas activistas feministas fueron arrestadas tras realizar una serie de acciones. Por otro lado, fuera del país se está hablando de un documental enarbolado por Cui Jian donde se critica al Gobierno. ¿Cuál es tu opinión sobre estas formas de oposición?
Sí, el caso de las feministas y la película de Cui Jian han sido bastante famosos. En la República Popular China existe un fuerte movimiento pandemocrático/proliberal que está apoyado por la emergente clase capitalista y pequeño-burguesa, especialmente en las áreas urbanas. Ellos consideran que el principal problema de China es sólo la ausencia de democracia (hablamos de democracia en términos occidentales y más concretamente estadounidense). Hay algunos activistas famosos: Liu Xiaobo, Ai Weiwei, Xu Zhiyong y un largo etcétera, pero creo que esta visión es muy limitada, el mundo real tiene muchos problemas mucho más complicados, problemas económicos o los problemas sociales, los problemas de la gente corriente, de la mayoría social, y personalmente creo que por eso no obtendrán un gran apoyo popular. Creo que como socialistas deberíamos apoyar el trabajo democrático sobre todo tema social para los derechos de los trabajadores, las masas democráticas y la justicia social, pero combatir claramente a aquellos que ideológicamente ponen sus ilusiones en el mercado capitalista o los modelos occidentales democráticos. Aunque, claro, siempre apoyaremos los valores básicos de libertad de pensamiento y de asociación porque creemos que estos derechos son algo muy importante para la izquierda y para la organización en sí misma. Bajo esta condición, podríamos trabajar con algunos de estos "disidentes" en aspectos específicos.

 

Después de las reformas capitalistas en los ochenta y noventa tomadas por el PCCh, ¿hay alguna esperanza de que este partido siga una línea de izquierda?
No voy a clasificar todos los miembros del PCCh (unos 90 millones) como procapitalistas, pero sin duda la máxima dirección del partido está llevando a cabo políticas neoliberales y promercado desde hace décadas. Puede haber alguna diferencia en los niveles y contenidos de las políticas, pero están totalmente en contra de los trabajadores (la llamada clase dirigente según la actual Constitución) y de la sociedad en general. Por lo tanto, creo que las izquierdas en China no deberían poner una gran esperanza en la llamada "línea de izquierda" dentro del partido... Nosotros haremos todo lo posible por organizar y desarrollar por nuestra cuenta y sobre todo buscar un profundo arraigo con los trabajadores y los campesinos. Desgraciadamente, hasta ahora un gran número de izquierdistas (maoístas) en China han puesto la esperanza en la dirección del Partido para hacer una reforma hacia la izquierda. Tienen una ilusión realista, es decir, en que algunos de los dirigentes del Partido pueden girar bruscamente a la izquierda y China sería reconstruida como un país socialista, por lo que se afanaban en persuadir a las altas esferas del Partido. Pero la dirección del Partido no puede hacer eso, sobre todo cuando ellos y sus familias disfrutan personalmente del sistema actual.

 

Hoy, el Gobierno chino está hablando todo el tiempo sobre el concepto de "sueño chino". ¿Qué es este sueño?
El término de "sueño chino" se refiere al "sueño americano" y no hay ninguna explicación específica, en realidad sólo una propaganda verbal. Aunque el Gobierno habla de que todo el mundo en China podría alcanzar su "sueño chino" si siguen a la orden del establishment y creen en la lucha personal, de hecho no es más que un caramelo o, si lo prefieres, opio para engañar a la gente. No creo que el sueño de la gente normal pueda lograrse dentro del sistema ni que las políticas actuales puedan realizar todos sus sueños individuales.

 

Entonces, ¿hay alguna esperanza para la revolución en China?
Creo que siempre hay esperanza de la revolución en todas partes. Las revoluciones no se conspiran ni son golpes tomados por unas pocas élites o aventureros ambiciosos. Las revoluciones son ecos de las demandas de la gente, son la locomotora real para el desarrollo de la historia. China está llena de contradicciones de clase, de conflictos sociales, de desastres ambientales y brechas entre diferentes clases y capas sociales. China ha seguido un rápido ritmo de desarrollo económico durante más de 30 años, pero incluso el actual régimen ha admitido que no podía sostenerse por más tiempo. Cuando la crisis capitalista visite China, como en cada país capitalista, existirá una nueva situación objetiva para la preparación de la revolución. Y si la izquierda de hoy en China puede prepararse bien y honestamente, estudiar las tradiciones históricas y las lecciones de la vieja revolución comunista, una revolución socialista y proletaria es muy posible que se produzca. Estamos empezando nuestra larga marcha desde un pasado de colapso del movimiento socialista/comunista tradicional hacia un futuro brillante y prometedor para la clase obrera china e internacional.

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La encíclica ecologista del papa Francisco

En medio de polémicas y tensiones, el papa Francisco hace pública su encíclica Alabado seas, sobre el cuidado de la casa común, en la que advierte los gravísimos problemas del medio ambiente y hace responsable al sistema económico mundial de llevar a la humanidad al borde del colapso, por carecer de sustento ético. La voracidad del capitalismo de mercado y del dios dinero están llevando a la humanidad también a la contaminación del alma del ser humano y la corrosión de su espíritu.
Bergoglio se arropa en el pensamiento de sus predecesores y de manera audaz recupera la crítica de Ratzinger a la cultura del relativismo, aplicada por Francisco al sistema económico y al deterioro del medio ambiente. Para Bergoglio la cultura del relativismo es la misma enfermedad que impulsa a una persona a tomar ventaja de la otra y tratarla como un mero objeto.


Por otra parte, el papa Francisco en este importante texto cuestiona a aquellos que argumentan que el derecho a la propiedad privada es un principio absoluto e intocable, haciendo hincapié en la función social de cualquier forma de propiedad. Dice el Papa: La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada.


La encíclica, que lleva el título Alabado seas, tiene seis capítulos y dos oraciones finales. El lenguaje del Papa es sencillo, directo, sin excesivos tecnicismos teológicos ni doctrinales. Su tono es crítico sin ser catastrofista.


Tiene un primer capítulo demoledor titulado Lo que está pasando en nuestra casa. El severo análisis del Papa aborda la interconexión entre contaminación y cambio climático, la mala gestión del agua, la pérdida de la biodiversidad, la gran desigualdad entre regiones ricas y pobres; la debilidad de políticas insuficientes ante la catástrofe ecológica. Como era de esperarse, sus poderosos detractores lo critican –desde Jeb Bush hasta la extrema derecha italiana y sectores de la curia– porque no sólo diagnostica los problemas, sino que señala a los culpables.


Francisco pretende abrir un debate; se dirige no sólo a los creyentes, sino a todos los que pueden colaborar en invertir la tendencia de la degradación del planeta. Esta encíclica está dirigida a todos los que puedan recibir su mensaje y crecer en la responsabilidad hacia la casa común que Dios nos ha confiado. Hay un intento explícito del Papa de que el texto sea acogido y discutido por otras grandes corrientes religiosas que viven la amenaza ecológica.


La versión italiana de la encíclica fue filtrada y publicada en el sitio web del semanario L'Espresso tres días antes de la fecha proyectada. Podríamos decir que Francisco ya tuvo también su Vatileaks.


Según expertos vaticanistas la filtración es una estrategia de los círculos conservadores con un doble propósito: a) debilitar el mensaje e impacto de la encíclica, porque en algunos pasajes es muy crítico a los países poderosos y b) golpear y bloquear la imagen del Papa en el contexto de la resistencia a su obra de renovación de la Iglesia.


La filtración ha provocado, por ejemplo, que Jeb Bush, precandidato a la presidencia de Estados Unidos, representante de los rancios intereses de compañías petroleras, arremeta contra el Papa por denunciar en su encíclica el cambio climático: No me dejaré dictar en la política económica por mis obispos, mis cardenales o mi Papa. Incluso llega a insinuar la arrogancia de Francisco, al decir: Es una arrogancia sostener que con relación a los cambios climáticos exista una ciencia exacta. Esperando leer el texto completo, Jeb Bush afirmó en New Hampshire que la religión debería ocuparse de hacer mejores a las personas y menos de cuestiones que tienen que ver con aspectos políticos.


En la encíclica el Papa encara lo que llama los depredadores del planeta. En el capítulo Desarrollo y progreso, Francisco provoca: no es suficiente conciliar el cuidado de la naturaleza con los ingresos financieros, o la preservación del medio ambiente con el progreso. El término ambiental es sólo un pequeño retraso en el desastre. Se trata simplemente de redefinir el progreso.


En Economía cuestiona los fundamentos de la economía mundial como responsables no sólo de los daños ecológicos irreversibles, sino de la lacerante desigualdad entre los países y los criterios obsoletos que se siguen para gobernar el mundo. Francisco es enfático: la producción no siempre es racional, a menudo está vinculada a variables económicas que dan al producto un valor que no se corresponde con el real. Esto provoca a menudo la sobreproducción de ciertos bienes, con un impacto ambiental, al mismo tiempo perjudica a muchas economías.


En Deuda externa, el Papa señala que "la deuda externa de los países pobres se ha convertido en una herramienta de control, pero no es lo mismo que ocurre con la deuda ecológica... es necesario que los países desarrollados contribuyan a la solución de este límite tan importante para el consumo de energía no renovable de la deuda, y traer recursos a los países más necesitados para promover políticas y programas de desarrollo sostenible".


La tecnología. El Papa dice que no se puede ignorar que "la energía nuclear, la biotecnología, la tecnología de la información, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos ofrecen un enorme poder... ¿En manos de quién está y qué puede lograr tanto poder? Es terriblemente arriesgado que resida en una pequeña parte de la humanidad".


El cambio climático. Bergoglio alarmado advierte: Si la tendencia actual continúa, este siglo podría presenciar un cambio climático sin precedente y la destrucción de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos. El Papa no ocultó el hecho de que "muchos de los que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse principalmente en los problemas superficiales y en ocultar los síntomas, tratando de minimizar los efectos negativos del cambio climático. Pero muchas señales indican que estos efectos pueden ser peores si seguimos con los actuales patrones de producción y consumo.
Francisco habla de una nueva relación con la Tierra. La tierra y su cultivo como expresiones de espiritualidad. No es casualidad que la encíclica inicie con el Cántico de las criaturas, de San Francisco de Asís, considerado el primer texto ecológico de la historia, escrito antes de la muerte este defensor de la naturaleza, en 1226.

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La nueva etapa del neozapatismo mexicano

Después de más de veinte años de vida pública, y más de treinta de existencia, el neozapatismo mexicano continúa más vivo, activo y creativo que nunca. Y esto a pesar del constante –y reciente– e incrementado hostigamiento militar y paramilitar del Estado en contra de las dignas comunidades indígenas neozapatistas, y más allá también de la evidente y sistemática campaña de invisibilizacion y marginación montada por los medios de comunicación masiva, oficiales y privados, de prácticamente todo el espectro de la sociedad mexicana1.

Sin embargo, y no obstante esta 'guerra de alta intensidad' que tanto los gobiernos priistas como panistas han implementado en su contra, es un hecho claro que sus bases de apoyo han pasado a ser, en estos veinte años de su vida pública, de varias decenas de miles de indígenas rebeldes, a varias centenas de miles en pie de lucha. Y eso, sin contar a los también cientos de miles y millones de simpatizantes que el neozapatismo generó a lo largo y ancho del planeta, hoy agrupados, en México, en el vasto y creciente movimiento de la 'Sexta' nacional, y en el mundo, en los cientos de Comités de Apoyo, de Solidaridad, de Observación, de Acompañamiento e incluso también de abierta militancia en el igualmente muy amplio movimiento de la 'Sexta' internacional2.

Además, y acompañando a este crecimiento cuantitativo, sostenido y enorme de sus bases de apoyo directas, y de ese movimiento nacional e internacional de la 'Sexta' por ellos convocado, también es evidente una clara maduración y consolidación orgánica del propio neozapatismo, el que en estas dos décadas pasó de denunciar y criticar al atroz sistema capitalista que aún padecemos a nivel mundial, a comenzar a construir en una 'pequeña escala' –pequeña relativamente, pues ella ocupa casi tres cuartas partes de todo el territorio del estado de Chiapas, es decir, poco menos de 60.000 km2 de extensión–, los claros gérmenes de un mundo nuevo, ya no capitalista, y no regido por la lógica del lucro, de la explotación económica, de la opresión política y de la discriminación social y cultural en todas sus formas.

Por eso, más allá de los naturales reflujos y luego relanzamientos que el movimiento neozapatista ha conocido, y que son propios de todo movimiento social vivo y activo, es claro hoy que su influencia dentro del vasto conjunto de las luchas y de los movimientos anticapitalistas y antisistémicos de todo el mundo, continúa siendo muy grande y muy presente, inspirando, por ejemplo todo tipo de movilizaciones sociales fuertes, como lo vimos hace unos pocos años en varias de las grandes revueltas de 2011, y de seguir alimentando con sus múltiples lecciones a las rebeliones y a los combates desplegados en los cinco continentes de nuestro cada vez más pequeño planeta Tierra.

 

Renovarse, conservando los objetivos: la persistencia del neozapatismo.

 

El 21 de diciembre de 2012, en la fecha supuestamente anunciada del 'fin del mundo' según el calendario maya, los neozapatistas 'tomaron' por segunda vez, aunque ahora de manera pacífica y no armada, cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas, movilizando a más de 40.000 miembros de sus bases de apoyo, y anunciando con ello la apertura en su movimiento de una nueva etapa, la cuarta, que pocos meses después se concretó, primero en la gran convocatoria, nacional e internacional, del nuevo movimiento social anticapitalista y antisistémico conocido como 'La Sexta', y más adelante, en la original e importante iniciativa de la 'Escuelita Zapatista', en la importante reunión con el Congreso Nacional Indígena de México, y más recientemente, en la celebración del Primer Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo de diciembre de 2014 y enero de 2015 y del Seminario "El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista" de mayo de 2015.

Nueva etapa, que al mismo tiempo que mantiene ciertas continuidades importantes con la que le antecedió –'La Otra Campaña', desarrollada entre junio de 2005 y diciembre de 2012, e incluso con toda la historia previa del neozapatismo–, representa también un claro paso adelante y una nueva estrategia política general, y por ende, un conjunto también de discontinuidades evidentes con esas mismas fases de la historia neozapatista que le preceden3.

En esta nueva etapa y en continuidad con toda su historia previa, el neozapatismo sigue afirmando su profunda vocación anticapitalista y antisistémica, que asume que la causa de todos nuestros males no es ni un individuo ni un partido político cualquiera, sino un sistema social y todo un proyecto civilizatorio, y que por lo tanto nuestros objetivos solo podrán cumplirse cabalmente cuando hayamos eliminado a ese capitalismo planetario de la entera faz del planeta Tierra.

Igualmente, continúa viva su generosa postura condensada en su lema planteado desde 1994, de 'Para todos, todo, para nosotros, nada', que implica y ha implicado ya muchas veces en el pasado, que el neozapatismo no lucha egoístamente solo por sus demandas indígenas, y ni siquiera solo por liberar al pueblo mexicano del atrasado capitalismo que aún padece, sino que está dispuesto a colocar en riesgo y en la balanza de la apuesta en juego, todos sus propios logros cada vez que la situación lo amerita.

También se mantiene en esta nueva etapa del neozapatismo, su lucha en contra de toda posible forma de exclusión, y desde ella su tenaz defensa de un proyecto de lucha basado en el respeto del otro, en el reconocimiento y hasta la celebración de la diferencia, en la tolerancia y en el explícito cultivo de la diversidad.

Además, esta nueva etapa mantiene aún el objetivo, declarado en 'La Otra Campaña', de impulsar en México la formación de un vasto y potente movimiento nacional antisistémico y anticapitalista, civil y pacífico, encaminado a transformarlo radicalmente, instaurando un nuevo e inédito gobierno nacional que 'mande obedeciendo', una economía igualitaria donde nadie explote al otro ni viva del trabajo de otros, en donde sin ricos ni pobres 'estén todos parejitos', y una sociedad y una cultura basadas en el cultivo de la diferencia y la diversidad, un 'mundo donde quepan muchos mundos', sin jerarquías, asimetrías ni exclusiones de ningún tipo4.

Finalmente, otro elemento de clara continuidad en esta nueva etapa, es el de continuar predicando con el propio ejemplo, es decir, el de mantener una coherencia total entre sus discursos y sus acciones, lo que entre muchas otras cosas también implica que luchar por ese mundo nuevo no capitalista ni clasista debe comenzar a hacerse aquí y ahora.

 

Mantenerse, renovando la estrategia: la nueva etapa del neozapatismo.

 

De otra parte, existen también varios rasgos originales, que son claras discontinuidades de esta nueva etapa frente a las anteriores.

1) El acento mayor que ahora el neozapatismo coloca en torno a la dimensión internacional y planetaria de su propia lucha. Pues si bien es claro que la tarea de cada movimiento revolucionario es la de hacer la revolución en su propio país –y esto, no por ningún tipo de chovinismo o de nacionalismo cualquiera, ambos hoy ya bastante anacrónicos–, también es cada día más evidente que la lucha en contra del capitalismo solo puede ser una lucha mundial, pues todos los que estamos en su contra solo triunfaremos realmente cuando cada uno en su país, y todos juntos en todo el planeta, hayamos enterrado definitivamente a ese capitalismo planetario.

De modo que, si en contra de su propia voluntad, su movimiento tuvo sobre todo presencia en Chiapas en las dos primeras etapas de su vida histórica, y si en la tercera etapa –2005 a 2012–, se convirtió en un movimiento de alcance nacional con 15,000 miembros repartidos en todo el territorio mexicano (quince mil miembros, no quince mil personas, pues el miembro número uno del movimiento era el EZLN, que incluye a cientos de miles de personas), en esta nueva etapa el neozapatismo se afirma doblemente, primero como un movimiento anticapitalista y antisistémico mexicano, agrupado en la Sexta nacional, y en segundo lugar, como un movimiento antisistémico y anticapitalista internacional y planetario, autodesignado como la Sexta internacional.

2) El complejo diagnóstico y análisis que el neozapatismo hace de la sociedad capitalista más contemporánea. Pues a todos los grupos del 'abajo social' que antes había ya convocado el neozapatismo, ahora va a sumar uno nuevo, que es el de los 'desposeídos totales' del mundo, al que los zapatistas llaman los 'sótanos de la sociedad' o el abajo dentro del abajo social. Y quizá parte del impacto universal y duradero del neozapatismo, se explica también precisamente por su capacidad de haber transformado su lucha local y especifica en contra de la exclusión secular de los indígenas mexicanos por parte del Estado, en una lucha verdaderamente universal en pro de todos los excluidos del mundo y en contra de toda forma de exclusión social o cultural posible5.

Convocatoria entonces a esos 'sótanos' sociales que son el nivel más bajo del abajo social, que no solo hace evidente la riqueza conceptual y de caracterización teórica del Neozapatismo, en su análisis y diagnóstico del capitalismo más contemporáneo, capitalismo que debido a su crisis terminal reproduce y ahonda ahora de modo extremo todos esos procesos de desposesión total, sino que también ubica muy certeramente a los nuevos sujetos y actores sociales, producidos por este capitalismo de nuestro más actual presente, que hoy engrosan masivamente las filas de la rebelión mundial anticapitalista y antisistémica en curso.

3) Un rasgo de la novedad radical de esta etapa más reciente del neozapatismo, está en la forma de organización que ellos proponen para todo el movimiento de la Sexta, nacional e internacional, basado en el principio de no hegemonizar y de no homogeneizar a los distintos miembros.

Un modo de organización que casi parecería, según los parámetros tradicionales, una no-organización o hasta una anti-organización, pues no solo no implica inscripción, formularios, recomendación de un tercero, pruebas, requisitos previos, ni procesos complicados de formación o aprendizajes preparatorios, ni tampoco experiencia o militancia probadas anteriores, sino que además es una organización totalmente horizontal, sin jerarquías ni delegación de funciones o tareas, totalmente desconcentrada y descentralizada, además de promotora explicita para todos y cada uno de sus miembros individuales y colectivos, de la mayor autonomía, libertad e iniciativa propia posibles.

Partiendo de la convicción, expresada por el Subcomandante Marcos, de que 'para rebelarse y luchar no son necesarios ni líderes, ni caudillos, ni Mesías ni salvadores'6, los zapatistas proponen que la forma de organización de la Sexta, tanto nacional como internacional, se base solo en que son de este movimiento aquellos que declaran por sí mismos, libre y voluntariamente, ser miembros de la Sexta, y cuya única condición es la de proponer en sus modos, formas, desde sus calendarios y geografías propios, compromisos de acción y cumplirlos.

Nueva forma de organización, cercana a una estructura rizomática, que va a revolucionar totalmente los esquemas de organización de todos los movimientos anticapitalistas y antisistémicos anteriores e incluso actuales, al replantear de modo radicalmente distinto la relación entre 'lideres' y 'masas', o entre 'vanguardias' y 'movimientos o sectores o clases aliados', lo mismo que entre 'programa', 'estrategia' y 'táctica' de un lado, y acciones 'espontaneas', 'inmediatas' o 'no organizadas o planificadas previamente' por el otro, igual que los vínculos entre 'disciplina de la organización' y libertad de acción individual o colectiva de sus miembros, o entre los 'intelectuales', la 'conciencia', o el 'saber erudito' de una parte, y los militantes de base, o el instinto revolucionario o los saberes populares de la otra, entre muchos puntos directamente conectados con estas nuevas formas y estructuras organizativas de los movimientos.

Revolución que supera las falsas antítesis entre los dos polos mencionados de cada una de las relaciones recién enunciadas, aunque siempre en la lógica de devolver el protagonismo central a las bases del movimiento, y que avanza en el sentido de reunificar, en lugar de oponer, ambos polos de cada falsa antítesis enunciada.

Lo que se mostró muy claramente, por ejemplo, primero en la 'Escuelita Zapatista' donde los 'intelectuales' fueron real y rigurosamente educados e instruidos por los indígenas bases de apoyo, y más recientemente, con la 'muerte' (simbólica) del Subcomandante Marcos, el que si bien cumplió una tarea que fue esencial e imprescindible en las etapas anteriores, como vocero oficial del neozapatismo, y como 'puente' entre el digno movimiento indígena y la sociedad civil, ahora ha dejado de ser necesario, cuando ese neozapatismo dialoga ya directamente con todos los miembros de la Sexta, nacional e internacional, como se ejemplifico claramente en el reciente Seminario "El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista", y cuando dicho puente se vuelve superfluo porque hoy la sociedad civil y el neozapatismo son ya compañeros de lucha, en el vasto combate anticapitalista y antisistémico que, seguramente, más temprano que tarde, habremos de ganar.

Porque si los compañeros neozapatistas nos han enseñado durante veinte años que el 'nosotros' colectivo debe ser siempre mucho más importante que cualquier 'yo' individual, y si una de sus críticas centrales a la vieja y ya caduca actividad de la política humana, es que se basa en la cada vez más injustificada e ilegítima 'delegación' de la capacidad de decidir de las mayorías hacia toda suerte de 'líderes', caudillos, 'mesías', salvadores, iluminados, intelectuales, o pretensos 'guías' ilustrados, siempre autodesignados y siempre absurdos, entonces es lógico y fácilmente comprensible que ellos mismos sustituyan al anterior vocero, el Subcomandante Insurgente Marcos, por el nuevo vocero, el Subcomandante Insurgente Moisés, al mismo tiempo en que destruyen y eliminan tranquilamente a ese holograma o botarga que habían creado, inflado y alimentado los medios de comunicación masiva capitalistas, y que era esa falsa imagen del Subcomandante Marcos.

Lo que no impide para nada que el verdadero Subcomandante Marcos, y no el holograma creado desde el exterior, siga siendo un compañero de lucha valioso, querido y respetado por todas las comunidades neozapatistas, y siempre fiel y comprometido colaborador central del movimiento neozapatista y de la Sexta, nacional e internacional, en su conjunto. Aunque ahora, rebautizado como Subcomandante Insurgente Galeano.

Así que desde la clara convicción de que los líderes somos todos, y de que, parafraseando a Marx, la emancipación de todos nosotros solo puede ser obra de nosotros mismos, bien podemos decir, tranquila y alegremente: ¡El Subcomandante Insurgente Marcos ha 'muerto'!, ¡Viva el Subcomandante Insurgente Galeano!

 

1 El 2 de mayo de 2014 fue arteramente asesinado un maestro zaatista, y heridos otros 13 de sus bases de apoyo, además de haber destruido una escuela y una sus clínicas, todo ello en el Caracol de La Realidad, bastión histórico y simbólico del neozapatismo y centro importante de su irradiación original en tierras chiapanecas. Sobre esta situación y la campaña mundial de apoyo que desató, véanse http://www.ezln.org.mx.
2 Llamado movimiento de la 'Sexta', tanto nacional como internacional, por estar construido a partir de su adhesión explícita a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, del año de 2005, y no por inscribirse, para nada, en la serie de la Primera, la Segunda, la Tercera o la Cuarta Internacionales, que van desde Marx hasta el movimiento trotskista.
3 Sobre la periodización general de la historia del neozapatismo, y también sobre los rasgos específicos de su nueva etapa, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, 'La nueva etapa del neozapatismo mexicano', en Contrahistorias, núm. 21, 2013, que es una versión mucho más amplia de este mismo ensayo que el lector tiene ahora entre sus manos.
4 Sobre este proyecto de crear ese movimiento nacional antisistémico y anticapitalista en México, vale la pena releer la 'Sexta Declaración de la Selva Lacandona', la que según el Subcomandante Marcos ha sido hasta hoy 'la más audaz y la más zapatista de todas las iniciativas' del neozapatismo, http://www.ezln.org.mx Véanse también los artículos incluidos en Contrahistorias, núm. 6, México, 2006.
5 cfr. Immanuel Wallerstein, 'Marcos, Mandela y Gandhi', del 1 de marzo de 2001, en el sitio en internet del Fernand Braudel Center: http://fbc.binghamton.edu, y también Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del Buen Rebelde, Ed. Desde Abajo, Bogotá, 2013 y Movimientos Antisistémicos. Pensar lo antisistémico en el Siglo XXI, Ed. Prohistoria, Rosario, 2012.
6 Esta afirmación la hizo el Subcomandante Marcos en su discurso final, 'Entre la luz y la sombra', en donde también declara su propia 'muerte' (simbólica), el 25 de mayo de 2014, discurso que puede consultarse en el sitio de 'Enlace Zapatista'. Sobre esta última, véase Carlos Antonio Aguirre Rojas, "La muerte (simbólica) del Subcomandante Insurgente Marcos y el nosotros colectivo neozapatista" en Contrahistorias, núm. 24, 2015

Publicado enEdición Nº 213
Su recesión no es nuestro decrecimiento

1) Nuestra meta: Los derechos sociales: de forma global y concreta


¿Cuál es nuestro objetivo con la crítica al concepto de crecimiento económico, y por qué creemos que es necesario esbozar unas líneas de vuelo para una economía decrecentista en esta coyuntura? Nuestro objetivo es establecer los derechos sociales a nivel mundial, de manera que una buena vida sea posible para todo el mundo. Nuestra alternativa como economía decrecentista justa no se centra simplemente en la "supervivencia de la humanidad" o en "salvar la naturaleza" de una forma abstracta, como ya hacen otras muchas voces que critican la noción de crecimiento ilimitado. Este tipo de perspectivas corren el peligro de oscurecer los derechos sociales concretos tanto individuales como colectivos. En lugar de ello, nuestro objetivo es satisfacer tanto la demanda de la justicia social y la igualdad en el aquí y ahora, como en el futuro. Al igual que en el pasado, cuando los granjeros ingleses fueron expulsados de los bienes comunes por la aristocracia terrateniente, la cuestión social no se puede considerar como algo separado de los valores ecológicos –a pesar de que se haya hecho con frecuencia en el pasado–. Después de una época en la que las empresas transnacionales se han ido apoderando de cada vez más recursos naturales, y en vista de la creciente biocrisis mundial (como la crisis climática, el pico del petróleo, la pérdida de biodiversidad, la degradación de la tierra, etc.), que amenaza de forma dramática la supervivencia de cientos de millones de personas, la justicia (global) sólo puede significar justicia socioecológica. Y un centro de coordenadas claro que apunta en esa dirección es el simplemente una economía decrecentista.


2) La naturaleza es limitada y resiliencia


El crecimiento ilimitado en un planeta finito es imposible. Los economistas neoclásicos eliminan de nuestro campo de visión la existencia de la naturaleza y su resiliencia. Tanto la materia, el espacio y el tiempo, como las dimensiones de lo que llamamos realidad, desaparecen en sus libros de texto. La naturaleza aparece sólo en la forma de recursos, que cuando escasea puede ser sustituida por el aumento de las inversiones del capital. Hoy en día, tanto la producción y la reproducción que se lleva acabo en nuestra sociedad se basan fundamentalmente en ella: ya que el planeta nos proporciona servicios (aire limpio, campos agrícolas, etc.), y materias primas que se extraen de ella y se transforman. Debido a esto la naturaleza tiene límites, que obviamente no pueden ser compensados por capital. Por supuesto, sería posible calcular los costes asociados al uso de máquinas de polinización artificial para un huerto en California, pero cuando no haya más abejas, realmente estaremos en serios problemas.


La bio-crisis global, sobre todo, la crisis climática, y el hecho de que pronto se alcanzará el pico de producción de petróleo (Peak Oil), imponen límites externos sobre el crecimiento económico. La conexión entre la explotación de las fuentes de energía fósil altamente concentradas y el sistema capitalista de crecimiento hace que el pico del petróleo (con pronósticos que van desde 2005 hasta 2020) sea un fenómeno especialmente crítico. La cuestión será simplemente cómo vamos a responder a ello: de una forma caótica y violenta, o con una planificación democrática y cooperativa. Sucesos climáticos mortalmente extremos y guerras por los recursos naturales proyectan grandes sombras futuras. Esto no mejorará las condiciones de las luchas sociales mundiales.


3) Desacoplar la economía no es posible


Los últimos años se ha visto un renacimiento de los conceptos como crecimiento "sostenible" o "verde", el Nuevo Pacto Verde u otras variaciones del capitalismo "verde". Los think tanks desarrollan nuevos conceptos, para que los políticos puedan crear nuevas mayorías. Lo común a todos estos enfoques es la noción de que una completa disociación entre el crecimiento económico del uso de recursos naturales y la destrucción del medio ambiente es posible. La creencia de que las innovaciones tecnológicas, las energías renovables, el aumento en la eficiencia del uso de los recursos y del sector servicios de la sociedad "verde" –objetivos proclamados para desmaterializar el crecimiento– serán capaces de hacer posible que el producto interno bruto siga creciendo, mientras que al mismo tiempo se usen cada vez menos energía fósil u otros recursos limitados. Este desacoplamiento –en la medida absoluta en la que sería necesario– es una completa ilusión. Por lo que la necesidad de reducir las emisiones de CO2 en los países industrializados del hemisferio Norte, manteniendo al mismo tiempo su crecimiento económico, exigiría unos aumentos de eficiencia de los recursos naturales y unos avances tecnológicos que están más allá de lo que es técnica y políticamente posible. Esto es debido también a la forma en que funciona nuestra economía, que nos aporta la evidencia histórica de una tasa decreciente en innovación y el fracaso de las estrategias de desacoplamiento hasta la fecha. Por lo tanto, crecer económicamente fuera de la biocrisis actual no es una opción viable. Por otra parte, la reducción de la economía a un nivel saludable en el Norte es necesario para que las regiones más pobres del sur tengan otro tipo de opciones diferentes para ellas mismas en el futuro a medio plazo (ej. Buen Vivir, Ubuntu,...).


4) "Leur récession n'est pas notre décroissance!"


... Fue un eslogan durante las protestas contra la crisis en el 2009 en Francia ("Su recesión no es nuestro decrecimiento!"). Porque una cosa es cierta: Nuestra idea de una economía decrecentista no es simplemente reducir el tamaño de las economías dentro de las estructuras económicas y sociales existentes y relaciones distributivas –ya que esto llevaría a recortes sociales masivos, pobreza y otros síntomas de la crisis capitalista, como los que estamos actualmente experimentando. Dentro de las estructuras crecimiento-dependientes que existen en la actualidad, una economía estanca o en recesión implica que los aumentos en la productividad no pueden ser compensados por el crecimiento económico, por lo tanto el desempleo aumenta rápidamente. La demanda inevitablemente disminuye, la crisis se intensifica, y la recesión viene acompañada de deflación. Al mismo tiempo, los ingresos fiscales administrados disminuyen, los sistemas de seguridad social comienzan a estar bajo presión, y la deuda se incrementa a pasos agigantados. Todo ello conduce a una peligrosa espiral de recesión y empobrecimiento. En el capitalismo crecimiento-dependiente se cumplen los siguientes pasos: contracción = recesión = crisis social.


5) ... y su austeridad no es nuestro decrecimiento!


La transformación hacia una economía decrecentista exige luchar por una nueva gramática económica, una que abogue por una justicia social y una buena vida para la gente de todo el mundo. Esto implicaría, como consecuencia, una reducción del PIB. Sin embargo, centrarse únicamente en el imperativo de reducir la economía puede caer en ser un mensaje reduccionista y peligroso. Esto se hace evidente dentro de las diferentes variedades neoliberales-conservadoras o neo-feudales que son criticas con el crecimiento económico hoy en día, especialmente en la República Federal de Alemania, que con sus argumentos de raíz ecológica se unen al coro reaccionario de: "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", o "Tenemos que apretarnos el cinturón" y convierten la critica hacia el crecimiento en un argumento de base para justificar la austeridad y los recortes en los servicios sociales.En oposición a esto, el concepto de una economía decrecentista basada en la solidaridad lleva a una reducción negociada de la producción y el consumo de una forma democrática con el fin de permitir que los derechos sociales sean una realidad para todo el mundo, tanto a nivel mundial, ahora como en el futuro.


6) No hay un buen crecimiento, sólo una buena vida!


El decrecimiento no está dirigido a la especulación abstracta y utópica de una sociedad que emerge después del capitalismo, sino que tiene como objetivo reconocer a menudo dinámicas socio-económicas y ecológicas que no se ven, y la correspondiente reorientación de las estrategias emancipatorias. Los gobiernos y las empresas transnacionales se oponen a esto. Y lo mismo puede decirse de los que agitan contra la crisis actual el lema "No a los recortes, más crecimiento", como los burócratas de la Federación Europea de Sindicatos.A pesar de la necesidad de hacer retroceder los recortes sociales, se cae en la ilusión de que los problemas sociales pueden ser resueltos por un mayor crecimiento. Durante décadas, las tasas de crecimiento de los países industrializados han ido disminuyendo, algo que es debido, no sólo a los límites del crecimiento (como el aumento del costo de los recursos, la destrucción del clima, etc.), sino también a las barreras internas del desarrollo capitalista (como la saturación relativa de la demanda). El crecimiento por sí solo no ha sido suficiente para reducir el desempleo estructural efectivo (debido a la tendencia de crecimiento sin empleo) que existe desde hace tiempo; ni tampoco aumenta el bienestar público; por lo que la marea no levanta todos los barcos. El cénit del petróleo es también un serio desafío a las estrategias pro-crecimiento de la izquierda tradicional. Las guerras libradas para asegurar las materias primas, las catastróficas perforaciones en aguas profundas y los millones de refugiados son una parte integral del modelo de crecimiento basado en los combustibles fósiles. El crecimiento se opone al objetivo de los derechos sociales globales. Porque los valores abstractos de cambio y las oportunidades de acumulación para unos pocos, hacen que una buena vida para todo el mundo sea imposible.


7) Adiós, Keynes - buenos días Keynes y más allá...


La formulación de políticas keynesianas falló en los 70/80, cuando el modelo económico ya no era capaz de satisfacer los mismos ritmos de producción de capital. En pocas palabras: el modelo de crecimiento keynesiano alcanzó su límite. La respuesta fue la contrarrevolución neoliberal, como Milton Friedman, el propio cerebro de la misma, la llamó. Pero igualmente, el modelo de crecimiento neoliberal del capitalismo financiero también está en crisis. A pesar del fracaso del keynesianismo –sobre todo en el contexto global– y de que los límites ecológicos cada vez son más evidentes, todavía hay esperanzas para una nueva fase keynesiana, en forma de un programa de crecimiento ecológico keynesiano que vaya más allá del capitalismo financiero característico del mercado neoliberal, algo que hace perder la perspectiva del problema real. Aunque muchos conceptos analizados por la izquierda emancipadora –incluso la keynesiana– siguen siendo importantes, especialmente los que se enfocan a reducir la injusticia social y la explotación: en forma de una redistribución radical, disminuyendo las horas de trabajo, y potenciar una economía más democrática y un control cada vez mayor de los capitales y la inversión. Es necesario reconceptualizar todos estos conceptos y ligarlos a ideas que van más allá de la perspectiva actual, como la (re)apropiación de los bienes comunes, la desglobalización, la existencia de nuevas formas de trabajo, la soberanía alimentaria y la democracia energética, bajo los principios de una economía que no tiene como ultimo imperativo "el crecer", sino que tiende hacia la estabilización. Por lo que es necesario descubrir el Keynes oculto, la teoría del Estado estable y preguntarse cómo esbozar una sociedad liberada de la obligación de trabajar y del afán de lucro. Todo esto hace necesario atravesar e ir más allá de Keynes, con el fin de alcanzar un modelo decrecentista justo.


8) Reducir la producción, reducir las horas de trabajo, redistribuir la riqueza, regular la inversión


El decrecimiento implica una ruptura con la lógica superficial y de suma positiva formuladora de políticas de distribución y de la ilusión de una economía basada en la escasez artificial, en la que sólo hay redistribución cuando la economía crece. No sólo se ha demostrado que el "efecto goteo" ha fallado completamente; sino que el crecimiento contribuye directamente a la producción del llamado "subdesarrollo" y al incremento de las desigualdades sociales. A pesar de que hay suficiente para todo el mundo. Por lo tanto la riqueza debe ser distribuida equitativamente, y sin el objetivo de hacerla crecer constantemente. Para que esto sea posible, no sólo necesitamos un ingreso mínimo, sino también un ingreso máximo, como el movimiento decrecentista francés demanda.


El decrecimiento también dice adiós a la ilusión de una sociedad con pleno empleo basado en el crecimiento económico. Debido a que durante mucho tiempo, las tasas reales de crecimiento no han sido suficientes para integrar la fuerza de trabajo, debido a los aumentos en la productividad y a la mercantilización dentro del mercado de trabajo. La alternativa a permitir pasivamente que grandes sectores de la sociedad sean cada vez más pobres y "obsoletos" es la de acortar las horas de trabajo para todo el mundo. Además, de que la reducción del número absoluto de horas laborales asalariadas es realmente necesario para una reducción a largo plazo del PIB. 20 horas son suficientes –para empezar–. Y no lo olvide: hay una vida más allá del trabajo asalariado, que –como enfatizan siempre las economistas feministas– forma gran parte del trabajo necesario para la (re) producción de la sociedad!. El cual ha de ser distribuido entre todo el mundo.


La reducción de la jornada laboral aunque forme parte de la arena de los engranajes de la economía pro-crecimiento crea una debate necesario y estratégico, pero que por sí solo no es suficiente. Al final, una "racionalización" masiva de esta política por parte de las empresas sería su respuesta, donde el imperativo de obtener beneficios, y de crecer, no serían cuestionados. Las nuevas formas de transacción demonetizadas, una simple economía solidaria y el cultivo / manejo de los bienes comunes son elementos cruciales. Al mismo tiempo, es necesario intervenir de una forma real en el capitalismo financiero existente, para controlar la inversión de una forma democrática y darle la vuelta – alejándola de los sectores basados en los combustibles fósiles y en el crecimiento para orientarla hacia la "economía del cuidado", el valor de uso de servicios organizados entorno a bases sociales y una reorganización socio-ecológica. Y en vez de abogar por el servicio de la deuda (pública), luchamos por la cancelación de la misma. La deuda ha de desaparecer!


9) Más allá del capitalismo


Todos aquellos que intentan seriamente ir más allá de una crítica hacia el crecimiento y luchar por el decrecimiento de la economía han de hacer frente a enormes desafíos, porque es cuestión de una transformación fundamental de la sociedad, que ha de hacerlo desde sus propias raíces. Conceptos tecnocráticos plausibles para una economía decrecentista, como proyectos en forma de islas ejemplares existentes dentro de la economía solidaria son algo esencial, pero no son suficientes si el proceso de acumulación capitalista sigue en marcha. El crecimiento está impulsado por la autorrealización ciega del capital: el dinero se invierte en la producción con el fin de ganar más dinero, lo que implica un aumento en la producción del valor. De este modo, el decrecimiento significa que las oportunidades de auto-valorización del capital han de disminuir y las reivindicaciones ficticias sobre activos, inflados por los mercados financieros, no pueden ser una realidad. Además, con el fin de llegar a una economía justa y ecológica, muchas instalaciones de producción– sobre todo en los sectores asociados al uso de combustibles fósiles –deben cerrarse como base para una transformación hacia una economía decrecentista (desinversora). Ambos significan la destrucción del capital. No hay otro camino alrededor de este núcleo central de la economía política, si queremos que los derechos sociales globales sean una realidad, y por lo tanto no hay forma de ignorar la cuestión del poder. El problema: el proyecto neoliberal de globalización, con su liberalización de mercados (OMC, FMI), su privatización, su desregulación y sus ataques a los agentes sociales colectivos, que han incrementado el poder del capital transnacional activo de una forma exponencial. FAQ: ¿qué constelación de agentes sociales, con que intereses, medios y estrategias tiene la voluntad y la capacidad de establecer una economía decrecentista justa y la necesaria desmercantilización y demonetización de los diferentes sectores de la (re)producción?


10) Buen Vivir más allá de la tradición y la modernidad


La idea del eterno crecimiento, ligada a la idea del homo economicus, es un componente integral del concepto de modernidad. Es hora de abandonar esta idea aquí y ahora. Pero la buena noticia es: "Nunca hemos sido modernos", como Bruno Latour descubrió y Donna Haraway confirmó. Tampoco somos los "dromomaniacs" (fanáticos de la velocidad) que hemos sido llamados por el urbanista francés Paul Virilio. Pero incluso si abandonamos el crecimiento –Adiós, adiós!– seguiremos reclamando conceptos modernos como los derechos humanos y la democracia, que han sido el fruto de largas luchas por la emancipación. El decrecimiento no significa abandonar la idea de la posibilidad de que exista progreso sino de liberarlo de su asociación con la creencia de que implica acumular bienes y crecer económicamente. Por lo tanto, el decrecimiento no significa volver a la tradición, a la edad de piedra, o ceder a un todo vale pos-modernista. El decrecimiento se toma en serio la situación post-colonial y la constelación multipolar causada por el ascenso de los países en vías de industrialización, y por ende, la cuestión de la justicia global y la igualdad. La utopía concreta de la buena vida (buen vivir) en una sociedad igualitaria sin crecimiento constituye un nuevo punto de orientación más allá de la tradición y la modernidad. La idea de una economía decrecentista justa reabre el horizonte de oportunidades que van más allá de la posición dominante de gobernar concepciones económicas e imperativos. Es una cuestión de de-colonización de la imaginación, de la desmitificación de las concepciones fetichizadas tales como crecimiento económico, progreso, trabajo asalariado, eficiencia y PNB. Preguntando caminamos ...


11) Trans-comunalismo en lugar de post-democracia


La democracia ha sufrido duros ataques con las diferentes oleadas neoliberales desde los 70/80. Pero el ultimo asociado a las condiciones de emergencia producidas por la crisis económica mundial y los planes de rescate masivos a los bancos se ha llegado a la post-democracia. Los impactos sociales de la crisis y las consecuencias también sociales de la bio-crisis actual han aumentado considerablemente la presión sobre las estructuras democráticas. Por lo tanto, una economía decrecentista justa requiere de nuevas instituciones democráticas, que signifique la reconstitución de la democracia local y nacional. Una democracia europea y una democracia global todavía son un largo camino por recorrer. Por tanto, la reestructuración de la producción conlleva la desglobalización, por ende una nueva articulación del nivel local con el nacional y a su vez con el mundial sobre la base de nuevos procedimientos democráticos. Entre ellos el control de los mercados financieros, y especialmente de las inversiones. No vamos a caer en la trampa del localismo miope. Tampoco la del chovinismo racista en vista de los flujos migratorios y de las nueve mil millones de personas estimadas que viven en este planeta. Por lo tanto, es necesario inventar estrategias democráticas trans-comunales.


12) El horizonte del decrecimiento


Batallas defensivas contra las políticas de austeridad afectarán a la segunda fase de la crisis, que comenzó en la zona euro. Estas luchas contra los recortes sociales son y seguirán siendo defensivas. Un proyecto en modo ofensivo para llegar más allá (de la fuerza neoliberal financiera de mercados) del capitalismo no es todavía evidente. Pero se necesita un nuevo horizonte con el fin de centrar nuestras energías. Uno de los puntos guía (direcciones) que marca este nuevo horizonte es el de una economía decrecentista (con base solidaria).


El altermundialismo o los movimientos de "justicia global" (que comprenden los sindicatos, grupos políticos, redes y organizaciones) con su posición anti-neoliberal desempeñaron un papel importante en la reconstitución de la cuestión social después de los largos años de neo-liberalismo "pensé unique" de los años 90. Alrededor de 2007/08 –simbolizado por la creación de la Justicia Climática Ahora! en la Cumbre del Clima en Bali, la primera conferencia sobre decrecimiento en París, y sobre todo por los movimientos indígenas en el Foro Social Mundial de Belem, etc.– comenzó la reconstitución del campo de la ecología política crítica, la justicia ambiental y climática.

 

Es imprescindible para nosotros que la justicia ecológica se convierte en un componente integral de potencial de segundo ciclo del movimiento de "justicia global". El horizonte por el decrecimiento une las cuestiones sociales y ecológicas (de distribución), conecta micro-prácticas con conceptos macroeconómicos y une de forma trans-comunal lo local con lo nacional y con lo global. El decrecimiento económico es una perspectiva para un movimiento ofensivo que conecta lo viejo con lo nuevo dando lugar a un horizonte que viene para quedarse.

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En el capitalismo corporativo,  el tamaño sí importa

"Todos los animales son iguales,
pero algunos animales son más iguales que otros" (ley única de la Granja
Manor, luego de estabilizado
el dominio de los cerdos)"
George Orwell (Rebelión en la Granja)

La expresión, "¿No sabe quién soy yo?", usada ante representantes de la autoridad, indicándoles que por cierta condición especial el requerido no está obligado, como el común de los mortales, a acatar procedimientos de ley, se convirtió en materia prima de todas las formas de humor posibles, luego que un falso sobrino de un expresidente del Estado colombiano la usara contra unos policías que mediaban en una trifulca entre él y unos taxistas. La frase, también usada en las mismas circunstancias por políticos y familiares reales de magistrados y burócratas es, más allá de bromas o manifestaciones "indignadas" de columnistas de periódico y funcionarios públicos, el reflejo de un hecho social que hoy trasciende "repúblicas bananeras" como la nuestra, donde la jerarquización social y los privilegios derivados de ésta han hecho, desde siempre, de la aplicación de las normas jurídicas un reducto al que debían someterse tan sólo "los de ruana".

Y no es que las aplicaciones diferenciales de la letra menuda de los códigos no haya existido en las sociedades del centro capitalista, sino que tanto en lo formal como en lo sustantivo los sesgos no habían alcanzado en esos países, por razones prácticas de funcionamiento, las dimensiones mostradas en las naciones de la periferia, fuertemente marcadas por ordenamientos sociales pre-modernos. Los esbozos de un capitalismo regulado en las primeras décadas del siglo XX, que toma forma tan sólo cuando la organización fordista del capital madura y da lugar al desarrollo del Estado del Bienestar, permitió la mitificación del principio liberal de igualdad ante la ley, y se convirtió en la materia prima de un movimiento académico y político para el que la justicia es un imposible sin la existencia de ciertas formas de simetría social. Pues bien, ese principio de igualdad ante la ley, no sólo está siendo cuestionado por la realidad, sino que también es objeto de ataques por parte de grupos privilegiados que claman por verdaderos apartheid legales que diferencien sus derechos de los de las clases subordinadas.

Igualdad y justicia ¿algo más que discurso?

En 1971, cuando los Estados Unidos derogaron la convertibilidad del dólar y comenzaron a dar rienda suelta a los déficits comerciales crónicos, es decir, cuando el capitalismo entró en una etapa depresiva de largo plazo –de la que aún no sale, según muchos estudiosos– fue publicado el libro Teoría de la justicia, de John Rawls, que inauguró un torrente de publicaciones que hoy conforman el cuerpo de doctrina conocido como "igualitarismo liberal". El texto, independientemente de que fuera o no concebido como la contraparte en la academia de la creciente fuerza mostrada por las posturas ultra-liberales, lideradas en ese momento por los trabajos de Milton Friedman en Estados Unidos y Friedrich Hayek en Europa (quien también fue miembro por un tiempo de la universidad de Chicago, donde trabajó con Friedman), terminó constituyéndose en la base argumental de un "capitalismo más humano".

La obra de Rawls, en contravía de los postulados ultra-liberales acepta cierta regulación de los mercados y justifica también algunas políticas redistributivas. La imposibilidad de poder pensar la justicia sin ciertos presupuestos de igualdad, dará lugar a preguntas como ¿igualdad de qué?, planteada por Amartya Sen (Premio Nobel de economía en 1998), y entre cuyas respuestas tenemos la igualdad de recursos de Ronald Dworkin, o la igualdad de capacidades del mismo Sen que, independientemente de sus diferencias, dejan claro que no se trata de la igualdad "en general" sino de cierta igualdad "en particular", lo que está enmarcado dentro de la lógica Rawlsiana que se permite afirmar que "La injusticia consistirá entonces, simplemente, en las desigualdades que no benefician a todos".
Pero, más allá de eso, lo importante de remarcar acá es que para estos autores, a diferencia de los radicales liberales, las desigualdades surgidas de condiciones de las que no son responsables los individuos –Dworkin las denomina "mala suerte bruta"–, deben ser compensadas de alguna manera por la sociedad, con lo que reconocen que, por lo menos alguna parte de las asimetrías, no es un asunto que puede reducirse a las "naturales" diferencias de capacidad de los seres humanos, como suelen explicarlo los justificadores del statu quo. Y si bien es cierto que el temor a que las marcadas desigualdades terminen en disturbios sociales de gran escala, no es seguramente la motivación menos importante de los planteamientos de quienes propugnan por un capitalismo más amable, no debe desconocerse que esgrimen una concepción más compleja de la estructuración de las sociedades capitalistas que la de la escuela más convencional. Pese a lo cual, y más allá de lo que pueda pensarse sobre tales planteamientos, lo que es claro es que tienen lugar en la esfera de lo normativo, la del deber ser, por lo que es lícito preguntarse, ¿qué pasa mientras tanto con el capitalismo realmente existente? Hoy, nadie negaría que no sólo es un sistema desigual, sino que tiende a reproducir estructuralmente la desigualdad de manera ampliada.

La idea de que el capitalismo desregulado conduciría a un proceso de crecimiento acelerado, que terminaría filtrando hacía abajo parte de la riqueza creada y apropiada por las élites, en la famosa teoría del goteo o filtración, terminó desmentida por una distribución de la riqueza cuya desigualdad tan sólo es comparable con la alcanzada a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando el 10 por ciento de los más ricos poseía alrededor del 90 por ciento del patrimonio. En efecto, según las estimaciones de la revista Forbes, de los diez personajes más ricos de la historia seis son estadounidenses (John Rockefeller, Andrew Carnegie, William Vanderbilt, Andrew Mellon y Henry Ford y Cornelius Vanderbilt) y fueron capitanes de industria entre fines del XIX y comienzos del Siglo XX. La fortuna del fundador del clan Rockefeller, convertida a valores actuales, superaría 4,2 veces la de quienes encabezan la lista Forbes en el presente.

Las crisis periódicas a las que condujo tan alta concentración del capital obligaron a la promulgación en EU de la ley antimonopolio en 1890, conocida como la ley Sherman, que en realidad fue puesta en práctica tan sólo en la década siguiente durante el gobierno de Theodore Roosevelt (1901-1909). Sin embargo, los intentos iniciales de un capitalismo regulado fueron insuficientes para detener la implosión del sistema, que tan sólo podrá ser revertida luego de las dos mayores carnicerías humanas, conocidas como las Guerras Mundiales. El mundo tendrá que esperar hasta el período de la Segunda Posguerra, iniciado en 1945, para experimentar los efectos de un capitalismo regulado, que tendrá una corta vida de poco menos de tres décadas, y cuyo desmonte es institucionalizado bajo la égida de los gobiernos de Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en Estados Unidos, en la década de los ochenta. El puntillazo final de ese desmonte lo marca la derogación en 1999, durante el mandato de Bill Clinton, de la Ley Glass-Steagall, que había sido aprobada en 1933 para regular el sistema financiero cuya concentración y actividades especulativas habían estado en el núcleo de las causas de la gran crisis del capital de la centuria pasada.

Los paralelos establecidos hoy entre la actual situación del capital y la experimentada a comienzos del siglo XX, no parecen una simple metáfora, pues las líneas más generales del boceto son las mismas: alta concentración del patrimonio, marcadas asimetrías en los ingresos e inexistente regulación.

Los que no pueden caer y están más allá de la ley

En la última gran crisis del capital, iniciada en 2008, los Estados consideraron que no podían dejar quebrar algunas empresas, pues por su tamaño podrían arrastrar a toda la economía en una especie de caída serial similar a la de fichas de dominó. Se acuñó, entonces, la expresión "demasiado grande para caer" (Too big to fail, es la expresión en inglés), y esas empresas, predominantemente del sector financiero, fueron rescatadas con dineros oficiales y convertidas, de hecho, en instituciones que independientemente de sus resultados, escapan de las contingencias de los negocios pues si fallan en sus actuaciones cuentan de antemano con los recursos públicos.

La comunidad se ve así sometida a financiar esas instituciones, sin contraprestación alguna, por lo que los ciudadanos terminan pagando tributo a otros particulares, desdibujándose la naturaleza misma de la organización social. Ahora bien, los procesos de fusión de empresas existentes, la concentración de los polos de acumulación, así como el carácter de multinacionales hace que el tamaño de las organizaciones empresariales empiece a superar, en no pocos aspectos, incluso a los Estados.

La compañía Apple, productora de aparatos electrónicos de última generación, y uno de los íconos de la posmodernidad, cuyo valor de capitalización superó la cifra record de 700 mil millones de dólares (dado que el PIB de Colombia suma 390 mil millones de dólares, si el país quisiera comprar Apple, toda su gente tendría que trabajar un año y nueve meses aproximadamente, sin gastar nada, para acumular ese valor), dispone de una liquidez de 170 mil millones, tres veces lo que cuenta la tesorería del gobierno de los Estados Unidos. Y no es la única que tiene en caja tanto dinero en efectivo, pues la liquidez de Microsoft y la de Google son estimadas en cerca de 90 mil y 60 mil millones de dólares respectivamente. Buena parte de ese dinero, sin embargo, reposa en paraísos fiscales, pues las políticas de evasión tributaria se han generalizado en el mundo entero. La agencia de noticias financieras Bloomberg estima en 1,9 billones (millones de millones) la cantidad de dinero que las compañías norteamericanas poseen en el exterior.

Ante esta realidad, ¿puede llegarse a pensar que el creciente tamaño de las empresas del llamado sector real, como del sector financiero, las mantiene neutras frente al Estado y la sociedad en general? Fue claro en la última crisis que la respuesta es negativa, y que las decisiones políticas favorecen los grandes intereses en contravía de la comunidad, e incluso del sistema mismo que ha perdido para ese segmento de los negocios el mecanismo de las quiebras como uno de los reguladores de los excesos en la economía. Pero, además está en desarrollo una vinculación cada vez más estrecha entre la política y las grandes corporaciones a través del cabildeo (más conocido como lobby, por su expresión en inglés), y el patrocinio cada vez más "generoso" de esas instituciones a las campañas políticas que no paran de crecer en su costo. En Washington actúan no menos de 12.500 lobistas, entre los que se cuentan favorecedores del sector armamentista (en 2008, la Lockheed Martin tuvo ingresos por 36 mil millones de dólares de contratos con el Estado), defensores de los grandes laboratorios farmacéuticos y de la industria energética, así como de las empresas financieras y las aseguradoras, sin olvidar los grupos de fundamentalistas que abogan por la imposición del creacionismo en las escuelas.

La regulación del cabildeo, que obliga a quienes lo ejercen a inscribirse y a declarar sus gastos en el proceso, pretende mostrarse como un ejercicio de transparencia, cuando en realidad los compromisos de los legisladores ya están sesgados desde el momento mismo de financiación de las campañas. La relación financiación de los políticos-cabildeo-aprobación de leyes ajustadas a los intereses corporativos, no es una trama invisible y mucho menos fácil de desatar. En 2010, a través del magistrado Anthony Kennedy, el Tribunal Supremo estadounidense hizo público el dictamen que desreguló las contribuciones electorales pues empezaron a considerarse parte de la libertad de expresión. La donación, que tiene que ser pública, se deposita en los llamados Comités de Acción Política, que impulsan programas, que como es natural terminan coincidiendo con la promoción de políticas que generan ventajas económicas para el financiador. Los hermanos Charles y David Koch, son quizá el ejemplo más ilustrativo de la influencia de las corporaciones en la política, con el apoyo multimillonario a las campañas en contra de la reforma a la salud, las leyes del clima o las políticas favorables a la inmigración, constituyéndose en la punta de lanza de un movimiento ultra-conservador que busca hacer retroceder las relaciones sociales por lo menos tres siglos.

El cuadro de la emergencia de una perfecta plutocracia (el gobierno de los ricos) en el país campeón del capitalismo, y espejo de los demás, lo completa la estructura de los cuerpos legislativos, en los que 261 parlamentarios (49,3%) de los 543 que componen las dos cámaras poseen una fortuna superior al millón de dólares. No debe extrañar que si buena parte de las inversiones de los legisladores tiene lugar en corporaciones como Goldman Sachs, Wells Fargo o JP Morgan, entre otras, muchos de estos nombres hayan estado asociados a los rescates inscritos en el principio de "demasiado grandes para caer". Y lo peor es que ese estado de cosas es fuertemente inercial, creando mecanismos de conservación que hacen de la herencia patrimonial un instrumento de perpetuación del dominio. En 2012, el economista Miles Corak, formuló la ya famosa curva del Gran Gatsby, en la que se muestra una relación positiva entre desigualdad y falta de movilidad social, es decir, que a medida que crece la desigualdad la propensión a que se hereden las posiciones de los padres es mayor, lo que en plata blanca significa que la plutocracia emergida adopta también visos de aristocracia.

Nick Hanauer, uno de los mayores inversionistas de Amazon, publicó un artículo en la revista Politics Magazine de julio/agosto de 2014 con el título "Las horcas vienen... por nosotros los plutócratas", en el que afirma, palabras más, palabras menos, que una desigualdad como la actual conduce a un estado policial o a una revolución, y señala que la sociedad se está pareciendo más a una organización feudal que a una capitalista. En reciente entrevista hecha a la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, reproducida en varios periódicos internacionales (ver por ejemplo, el diario español El País, III-10-2014), a la pregunta ¿Le preocupa la elevadísima concentración de activos financieros en unas cuantas instituciones de gran tamaño?, respondió: "Sí, por dos razones. Cuando era una joven abogada, me formé en derecho de la competencia y aprendí que la concentración limita las posibilidades de competir, y que eso es malo. Mi segunda preocupación es que, después de haber ocupado puestos de dirección, pienso que las organizaciones demasiado grandes y complejas se vuelven difíciles de gestionar y, si no se tiene cuidado, poco transparentes".

Pues bien, opacidad, desigualdad económica, apartheid jurídico y estado policial, tienen un nombre: capitalismo corporativo. Nos adentramos, entonces, en una sociedad del derecho de pocos, donde incluso la igualdad formal empieza a ser desestimada. La expresión ¿No sabe quién soy yo?, del joven impostor bogotano, no hace más que reflejar el sentir de un grupo de personas que pretende hacer del privilegio su norma de trato con los demás. ¿La izquierda, en realidad, está tomando nota de los nuevos vientos?

Publicado enEdición Nº 212
Martes, 07 Abril 2015 06:41

El cataclismo financiero

El cataclismo financiero

Es difícil saber cuántos cientos de miles o de millones de personas, en el siglo XXI, continúan creyendo en lo que bien podría ser leído como una broma: la multiplicación de los panes y los peces. Es uno de los milagros que se atribuyen a Jesús. Según la Wiki, el suceso está contado seis veces en los Evangelios: "los cuatro evangelistas describen la primera, en que 5 mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces; Mateo el apóstol y Marcos, además, relatan la segunda, en que 4 mil hombres se alimentan de siete panes y 'unos pocos pescados'". ¿De la nada fueron creados panes y peces? Falso.


Pero lo que sí que es contundentemente cierto, es que de la nada los banqueros privados multiplican el dinero: lo crean, se han enriquecido por más de dos siglos sin freno posible, y han provocado con ello múltiples crisis financieras en la historia del capitalismo; esquilman sin cesar y la gran mayoría de la población no se da cuenta cómo lo hacen.


La multiplicación del dinero es una práctica común y corriente de los banqueros privados. El dinero bancario que, repitamos, esquilma, ha llegado a funcionar como algo que ya parece pertenecer al orden natural. Nadie necesita preguntarse cómo es posible que con papeles de valor intrínseco insignificante (billetes) pueda adquirirse todo.


Hablamos del dinero fiduciario, es decir, dinero basado –para ventura de los banqueros– en una confianza que conlleva un atroz engaño. La confianza referida la otorga el Estado, que mantendrá la validez inscrita en un papel sin valor intrínseco. Nadie se negará a recibir los billetes del país con los que paga cualquier cosa un connacional, o los billetes reconocidos como divisas internacionales.


Simplifiquemos: A deposita, digamos, 100 mil pesos en el banco Z. Lo mismo hacen los miles de clientes que tiene el Banco Z aunque con cifras muy diversas. Las autoridades financieras exigen que los bancos creen reservas cuyo monto depende del riesgo que conlleven los créditos que otorgan. Supóngase que los clientes de Z han depositado 200 millones de pesos y que esas autoridades han exigido a Z crear una reserva promedio de 10 por ciento (20 millones). Z puede prestar entonces hasta 180 millones con intereses estratosféricos, como son los que se cobran en México y ganar millones con dinero que no es de Z. ¿Le parece normal?


Quienes pidieron prestados 180 millones a Z, los depositan en los bancos X y W (no importa en cuántos bancos). X y W crearán una reserva de 10 por ciento (18 millones) y podrán prestar hasta 162 millones; ahora son X y W los que ganan millones con dinero ajeno. Pero no ha ocurrido sólo eso. A ha puesto en circulación 180 millones, y X y W, 162 millones, es decir, 342 millones; y el proceso sigue porque los prestatarios de X y W depositarán sus préstamos en J y K, que repetirán a su vez los procesos anotados, y así sucesivamente. Si continuamos el proceso en esos términos, al final los bancos habrán puesto en circulación 2 mil millones, habrán creado una reserva de 200 millones y habrán ganado un mundo de dinero. Esa es una forma de creación de dinero que, justamente, se llama dinero bancario.


Siguiendo el ejemplo descrito, es lo que sucede con el curso de un conjunto de depósitos de origen de 200 millones. Lo mismo que inicialmente ocurrió con A, ocurre en todos los bancos, con todos sus clientes, todos los días, de modo que los montos de dinero creados por los bancos son cifras astronómicas sin control posible.


La globalización neoliberal abrió las compuertas a la creación de dinero, como nunca en el pasado, con otra práctica común y cotidiana de los bancos: no requieren los depósitos de nadie, para otorgar créditos a diestra y siniestra, creando así dinero en montos inimaginables a partir de nada, de absolutamente de nada, y con eso ganan cifras indescriptibles. Desde 2008 ese proceso ha sido brutalmente reforzado con las inyecciones billonarias o trillonarias de dinero efectuadas por los bancos centrales, especialmente de EU, UE, y Japón. El capitalismo ha cruzado una línea de no retorno, y vive en el riesgo de ahogarse en un océano insondable de dinero que no podrá absorber de manera alguna. Tiene que ocurrir un cataclismo ciclópeo para salir de esa, y no sabemos que quedará, aunque en el curso del derrumbe pudo haber surgido un alza en el movimiento de masas en el mundo que podría haber creado un buen número de salidas.


Agregue a nuestra descripción simplificada de lo que hoy ocurre en el mundo financiero las trampas, como los esquemas Ponzi, la creación de burbujas con la manipulación del crédito, la venta interbancaria de paquetes de créditos llamados tóxicos (incobrables): así tenemos una pálida aproximación al caos financiero internacional del presente.


Islandia ha tomado en serio la realidad espeluznante de esta rapiña y está en proceso de quitar a los bancos el poder de crear dinero a partir de nada. La función de crear el dinero necesario para la intermediación comercial y la inversión necesaria, la cumplirá la banca central pública. Haciendo a un lado todas las chapuzas que cotidianamente cometen los banqueros, y quedándonos exclusivamente con las funciones de intermediación que requieren los mercados, debe ser creado un servicio público que cubra esa necesidad en todo el mundo.

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Viernes, 23 Enero 2015 06:48

Caos sistémico y transiciones en curso

Caos sistémico y transiciones en curso

La geopolítica nos ayuda a comprender el mundo en que vivimos, en particular en periodos turbulentos como los actuales, cuya principal característica es la inestabilidad global y la sucesión de cambios y oscilaciones permanentes. Pero la geopolítica tiene sus límites para abordar la actividad de los movimientos antisistémicos. Nos proporciona una lectura del escenario sobre el que actúan, lo que no es poco, pero no puede ser la inspiración central de las luchas emancipatorias.


A mi modo de ver, ha sido Immanuel Wallerstein quien ha conseguido bordar de la manera más precisa la relación entre caos en el sistema-mundo y su transformación revolucionaria por los movimientos. En su artículo más reciente, titulado "Es doloroso vivir en medio del caos", destaca que el sistema-mundo se está autodestruyendo al coexistir 10 a 12 poderes con capacidad para actuar de forma autónoma. Estamos en medio del tránsito del mundo unipolar a otro multipolar, un proceso necesariamente caótico.


En periodos de inestabilidades y crisis es cuando la actividad de los movimientos puede influir de modo más eficaz en el rediseño del mundo. Es una ventana de oportunidades necesariamente breve en el tiempo. Es durante estas tormentas y no en los periodos de calma cuando la actividad humana puede modificar el curso de los acontecimientos. De ahí la importancia del actual periodo.


Algunos de sus trabajos publicados en la colección El Mundo del Siglo XXI, dirigida por Pablo González Casanova, abordan la relación entre caos sistémico y transiciones hacia un nuevo sistema-mundo (Después del liberalismo e Impensar las ciencias sociales, Siglo XXI, 1996 y 1998). En Marx y el subdesarrollo, publicado en inglés en 1985, hace ya tres décadas, advierte sobre la necesidad de repensar nuestra metáfora de transición, ya que desde el siglo XIX hemos estado enredados en el debate entre las vías evolutivas frente a las revolucionarias para llegar al poder.


Creo que el punto más polémico, y a la vez el más convincente, es su afirmación de que hemos creído que una transición es un fenómeno que puede controlarse (Impensar las ciencias sociales, p. 186). Si la transición sólo puede producirse como consecuencia de una bifurcación en un sistema en situación de caos, como señalan los científicos de la complejidad, pretender dirigirla es tanto ilusión como riesgo de relegitimar el orden en descomposición si se accede al poder estatal.


Lo anterior no quiere decir que no podamos hacer nada. Todo lo contrario. Debemos perder el miedo a una transición que toma el aspecto de derrumbamiento, de desintegración, la cual es desordenada, en cierto modo puede ser anárquica, pero no necesariamente desastrosa, escribió Wallerstein en el citado texto. Agrega que las revoluciones pueden hacer su mejor trabajo al promover el derrumbe del sistema.


Esta sería una primera forma de influir en la transición: agudizar el derrumbe, potenciar el caos. Como el propio autor reconoce, un periodo de caos es doloroso, pero puede ser también fecundo. Más aún: la transición a un nuevo orden es siempre dolorosa, porque somos parte de lo que se derrumba. Pensar en transiciones lineales y sosegadas es un tributo a la ideología del progreso.


Después de 1994 comenzamos a conocer el segundo modo de influir en la transición, que nos permitió enriquecer las consideraciones anteriores. Se trata de la creación, aquí y ahora, de un mundo nuevo; no como prefiguración, sino como realidad concreta. Me refiero a la experiencia zapatista. Creo que ambos modos de influir (derrumbe y creación) son complementarios.


El zapatismo ha creado un mundo nuevo en los territorios donde se asienta. No es el mundo que imaginamos en nuestra vieja metáfora de la transición: un Estado-nación donde se construye una totalidad simétrica a la capitalista que pretende ser su negación. Pero este mundo tiene, si entendí algo de lo que nos enseñaron las bases de apoyo durante la escuelita, todos los ingredientes del mundo nuevo: desde escuelas y clínicas hasta formas autónomas de gobierno y de producción.


Cuando el caos sistémico se profundice, este nuevo mundo creado por el zapatismo será una referencia ineludible para los de abajo. Muchos no creen que el caos sistémico pueda profundizarse. Sin embargo, tenemos por delante un panorama de guerras interestatales e intraestatales, que se suman a la cuarta guerra mundial en curso del capital contra los pueblos. Estas son algunas situaciones caóticas que avizoramos. Que pueden coincidir, en un mismo periodo, con el caos climático en desarrollo y el caos sanitario, según la previsión de la OMS de la próxima e inevitable caducidad de los antibióticos.


En la historia, las grandes revoluciones se produjeron en medio de guerras y conflictos espantosos, como reacción desde abajo cuando todo se derrumbaba. Durante la guerra fría se difundió la hipótesis de que los contendientes no usarían armas nucleares que aseguraban la destrucción mutua. Hoy ya son pocos los que apostarían en ese sentido.
Ante nosotros está naciendo una nueva metáfora de la transición posible: cuando el sistema-mundo comience a desintegrarse generando tsunamis de caos, los pueblos deberán defender la vida y reconstruirla. Al hacerlo, es probable que adopten el tipo de construcciones creadas por los zapatistas. Así sucedió en las largas transiciones de la antigüedad al feudalismo y del feudalismo al capitalismo. En medio del caos, los pueblos suelen apostar por principios de orden, como lo son algunas comunidades indígenas de nuestros días.


Algo de eso ya está sucediendo. Algunas familias priístas acuden a las clínicas de los caracoles y otras buscan en las juntas de buen gobierno solución justa a sus conflictos. Nunca los pueblos se han pasado en masa a las alternativas sistémicas. Un día lo hace una familia, luego otra, y así. Estamos transitando hacia un mundo nuevo, en medio del dolor y la destrucción.

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Lunes, 15 Diciembre 2014 15:46

Desafíos organizativos

Desafíos organizativos

ALAI AMLATINA, 15/12/2014.- En diversos espacios de intercambio y reflexión entre nuestros movimientos, al analizar el período que estamos viviendo, hemos coincidido en que asistimos al ocaso del capitalismo industrial –y las construcciones sociales que surgieron con éste–, ante la hegemonía que ha establecido el capital financiero y especulativo, con un trasfondo marcado por la crisis estructural que tiene en primer plano a la dimensión financiera, pero con repercusiones en otros planos, ya que es sistémica.

Con esta transformación, lo que tenemos es una ofensiva del capital, nacional e internacional, que busca apropiarse de todos los bienes de la naturaleza (biodiversidad, tierra, agua, oxígeno, etc.), principalmente vía la minería, las usinas hidroeléctricas y nucleares, que causan graves problemas como la devastación de los biomas, el cambio climático, desalojos, etc.; pero que también afectan directamente a la soberanía de los países y de los pueblos.

Es en esta dinámica que se inscribe la crisis climática que se expresa en sequías, inundaciones, huracanes, incendios, falta de agua y una infinidad de problemas que están alterando las condiciones de vida en nuestro planeta, cuyas víctimas principales son los más pobres, cerca de 3 mil millones de personas en el mundo. Y concomitantemente está la crisis energética, en la que la actual matriz energética basada en los combustibles fósiles prácticamente ha colapsado.

Además, tenemos una crisis alimentaria, debido a que los alimentos, fuente de nuestra vida y reproducción humana, fueron mercantilizados, estandarizados, dominados por solamente 50 empresas transnacionales en el mundo. La consecuencia es que hay novecientos mil millones de hambrientos en el planeta y la seguridad alimentaria de todos los pueblos del mundo está amenazada.

En este orden de cosas, también asistimos a una mayor precarización del trabajo, al tiempo que se recorta los derechos de los trabajadores. Tan es así que en la mayoría de los países el desempleo aumenta a cada año, sobre todo entre los jóvenes, al punto que en algunos países el desempleo juvenil llega al 50%.

En general se trata de una dinámica marcada por una creciente concentración de la propiedad de la tierra, de la riqueza, de la ciudad, de los medios de comunicación y de la política, en una minoría de capitalistas, que no pasa del 1% de la población mundial: 737 corporaciones, 80% del sector financiero y 147 empresas transnacionales. Mientras el 70% de la población mundial tiene solo 2,9% de la riqueza.

No hay que perder de vista que Estados Unidos y sus aliados del G8, Organización Mundial del Comercio mediante, controlan la economía mundial con el poder del dólar, los tratados de libre comercio (TLC's). Como tampoco, que con la maquinaria de guerra y el control de los medios de comunicación imponen sus intereses a la humanidad.

Y en la medida que el poder corporativo a nivel mundial controla la economía y los gobiernos, ya que estos pueden tener sus reuniones para simplemente no decidir nada, se registra un deterioro de la democracia y de las formalidades de representación, pues dejaron de responder a los intereses ciudadanos. Esto se registra tanto en los organismos internacionales, como en una mayoría de países donde, aunque mantengan elecciones, el pueblo no tiene el derecho de participación efectiva en el poder político. Y, por lo general, las políticas públicas no priorizan las necesidades de los más pobres, o se restringen a políticas compensatorias que no apuntan a resolver los problemas desde la raíz.

Por otra parte, las guerras en curso son estúpidas e inaceptables, pues se traducen en la pérdida de millones de vidas inocentes, tan solo para atender los intereses económicos, energéticos, geopolíticos de los países imperiales, que muchas veces utilizan falsos motivos étnicos, religiosos o de "combate al terrorismo".

En este escenario es gravitante el control monopólico de los medios de comunicación, para obtener no solo ganancias sino el control ideológico de las mentes de la población. Cuanto más que por ahí se promueve y amplifica una cultura mercantilizada, de la defensa de los falsos valores del consumismo, del egoísmo y del individualismo.

Y cabe acotar que también entra en juego el hecho de que la academia y la ciencia han sido manipuladas y utilizadas solamente para aumentar la productividad y la ganancia del capital, y no al servicio de las necesidades de los pueblos.

La necesidad de articularnos

Para encarar esta realidad, es preciso reconocer primeramente que estamos ante una crisis de proyecto alternativo, lo cual dificulta la construcción de procesos unitarios y de programas orientados a modificar la correlación de fuerzas. Esto es, las organizaciones populares, infelizmente, están aún débiles, con muchas dificultades en sus acciones, pues estamos en un período histórico de reflujo del movimiento de masas.

En términos generales, las luchas sociales aún están en la fase de "protestas" y no en la construcción de un proyecto de sociedad que involucre a los trabajadores y movimientos sociales que tenga como bases la solidaridad, la igualdad y, especialmente, la justicia, punto clave, pues sin justicia no hay futuro.

En este sentido, destacamos el Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP), realizado en Roma y el Vaticano (27-29 octubre 2014), con el auspicio del Papa Francisco[1], en la medida que fue una exitosa experiencia que evidenció, una vez más, la necesidad de mantenernos organizados y articulados para avanzar en la unidad de los trabajadores en todo el mundo, pero con un sentido de autonomía respecto a los Estados-gobiernos, partidos, iglesias e instituciones afines, sin que implique abstenerse de establecer relaciones y espacios de diálogo.

Por lo mismo, acordamos seguir aglutinando a los más amplios y distintos sectores organizados alrededor de las luchas por la tierra y la soberanía alimentaria, por la vivienda y los derechos humanos en las ciudades, por los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras, por el fin de las guerras genocidas y por el derecho a la soberanía de los pueblos, por los derechos de la naturaleza y del medio ambiente.

Por supuesto que esto nos debe llevar a afinar una plataforma a partir de lo acordado en la Declaración Final del EMMP que señala: "debe buscarse en la naturaleza inequitativa y depredatoria del sistema capitalista que pone el lucro por encima del ser humano la raíz de los males sociales y ambientales. El enorme poder de las empresas transnacionales que pretenden devorar todo y privatizarlo todo –mercancías, servicios, pensamiento- son primer violín de esta destrucción"[2].

En este sentido, el desafío pasa por la construcción de un proyecto alternativo al capitalismo con una amplia convergencia de fuerzas de los diversos sectores sociales a nivel mundial. Esto implica, por cierto, elaboración teórica que permita profundizar el entendimiento de la realidad vigente pero en consonancia con las luchas sociales, pues solamente éstas construyen y alteran la correlación de fuerzas en la sociedad; y organicidad entre los luchadores del pueblo.

A nuestro entender, esto nos remite a la importancia del trabajo de base y la formación como procesos permanentes, en tanto allí se conjuga la relación práctica-teoría-práctica, que se nutren mutuamente. Por lo mismo, no da espacio al activismo sin reflexión de lo que hacemos, como tampoco a la teoría distante de las luchas y las prácticas cotidianas. Después de todo, los cambios que queremos no dependen de nuestra voluntad personal, sino de nuestra capacidad como clase trabajadora para organizarnos, pelear y disputar. De ahí que asumimos el compromiso de construir escuelas de formación política para elevar el nivel de conciencia de nuestras bases.

Otro eje fundamental para nuestras organizaciones y la articulación internacional tiene que ver con el desafío que enfrentamos ante el poder mediático que se ha convertido en el articulador político de los poderes establecidos, ante el desgaste de los partidos políticos, y por tanto en puntal de la formación ideológica de nuestras sociedades con las ideas de los poderes hegemónicos.

Vale decir, enfrentamos a un poder mediático altamente concentrado que a nivel global y en los espacios nacionales busca controlar las ideas, los deseos y la opinión pública, por lo cual ejerce una virtual represión ideológica contra cualquier lucha social. Es por eso que en nuestra lucha por una verdadera democracia, donde el pueblo realmente pueda participar activamente en la definición de sus destinos, reclamamos, en primer lugar, la democratización de los medios de comunicación.

En esta línea nos incumbe la tarea de propiciar y potenciar nuestros propios medios de comunicación y conectarlos en red, a la vez que articularnos con los medios alternativos y populares y la lucha por la democratización de la comunicación para disputar la hegemonía comunicacional y cultural.

 

Notas:


[1] Este encuentro de Movimientos Populares es un gran signo - Papa Francisco [2014-10-28] http://alainet.org/active/78382
[2] Declaración final Encuentro Mundial Movimientos Populares - [2014-10-29] http://alainet.org/active/78404

- João Pedro Stedile es miembro de la Coordinación Nacional del MST y de la Vía Campesina Brasil. Integrante del Consejo de ALAI.

* Este texto es parte de la Revista América Latina en Movimiento, No.500 de diciembre de 2014, que trata sobre el tema "América Latina: Cuestiones de fondo" - http://alainet.org/publica/500.phtml

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Piketty: "Un impuesto global al capital no debe esperar a un gobierno mundial"

Hace un año el profesor Thomas Piketty —director de estudios de la parisina École des Hautes Etudes en Sciencies Sociales— publicó el más famoso libro de análisis histórico- económico desde el inicio de la crisis, "Le capital au XXI siècle". Ahora sale al mercado traducido al catalán (RBA) y muy pronto al castellano. Brillante en la discusión como en la redacción de sus 970 páginas, Piketty se ratifica y profundiza en sus fórmulas contra la desigualdad.

Pregunta. ¿Le ayudaron las críticas a mejorar su enfoque?

Respuesta. ¿Cuáles?


P. Las del Financial Times, por ejemplo, que discutían sus bases estadísticas.
R. Las contesté punto a punto. Fue una cosa más bien simpática, dieron a conocer mi trabajo. No deberían tener miedo de mi libro, no tengo una agenda oculta. Sólo soy un investigador, apoyado por un extraordinario equipo, que quiere contribuir a la transparencia para limar los desequilibrios económico-sociales mundiales. Yo no he inventado las fortunas, los patrimonios, las crecientes desigualdades. Nadie puede negar el carácter agudo de la desigualdad, que vuelve tras una larga temporada en el siglo XX en que se había logrado amortiguarla, en parte gracias a la introducción de una fiscalidad progresiva.

P. No introduce revisiones.
R. Me atengo al principio de la desigualdad formulado en mi libro con la ecuación comprobada según la cual las rentas del capital siempre superan al crecimiento económico, nadie ha podido argumentar lo contrario. Los patrimonios, inmobiliarios, industriales, bursátiles y financieros aumentan mucho más rápido (y los más altos, mucho más deprisa) que las otras rentas, basta con que dediquen un porcentaje al ahorro, para que se reproduzcan.

P. Ciertos ultraliberales y parte del mundo financiero le temen.
R. Si mi libro inquieta es porque mi perfil no es el de un militante de extrema izquierda, sino el de un científico. No me mueve la atracción del poder. Cuando cayó el muro de Berlín yo tenía 18 años, nunca tuve tentaciones comunistas, creo bastante profundamente en la propiedad privada y en las fuerzas del mercado, pero también en que hay que reducir las desigualdades del capitalismo, al servicio del interés general. Mi generación es la primera que no conoció la guerra fría. Si algunos viven instalados en ella, es su problema, no el mío.

P. Su principal propuesta contra el retorno de la desigualdad es establecer un impuesto global y progresivo sobre el patrimonio a nivel mundial...
R. ... Y también la difusión de la educación y la inversión en el conocimiento, que son probablemente los mecanismos más decisivos para la reducción de desigualdades.

P. Su impuesto mundial al patrimonio, ¿no es utópico, ingenuo?
R. ¿Por qué? El mundo acabará yendo en esta dirección. Se pueden ir dando pasos hacia él, peldaño a peldaño, en Europa por ejemplo, sin que tengamos que esperar obligatoriamente al advenimiento de un Gobierno mundial en la suposición de que sin él no pueda avanzarse nada.

P. A pasos pequeños los procesos se eternizan.
R. Mi propuesta no inventa nada en el vacío. Parto de que la mayor parte de los países han instaurado potentes impuestos sobre la propiedad inmobiliaria, las property tax. Pues hay que modernizar el esquema y transformar esos impuestos en un impuesto progresivo, y global, que grave todos los distintos activos patrimoniales netos, puesto que se han ido diversificando. Eso permitiría suavizar la fiscalidad a una inmensa mayoría de la población. Fíjese como en el Reino Unido los laboristas incrementaron la progresividad del impuesto sobre las transacciones inmobiliarias, pero luego los conservadores, no solo no la suprimieron, sino que incluso lo incrementaron. Es algo concreto, nada utópico.

P. Pero no muy frecuente.
R. Estamos en un período histórico en que los patrimonios soportan muy bien una mayor presión. España es un caso impactante. La riqueza patrimonial privada es de un nivel altísimo, supone entre siete u ocho puntos del PIB. Sería una locura no pedir a esa riqueza un poquito más de contribución.

P. Usted ha calculado que con ese impuesto la UE podría recaudar un 2% de su PIB, lo que equivale a dos ejercicios presupuestarios, y se acerca al paquete de 300.000 millones de euros de inversión propuesto por el presidente Jean-Claude Juncker para relanzar la economía europea.
R. Los patrimonios pueden afrontar fácilmente esa cuantía. Si las grandes fortunas crecen anualmente entre un 6% y un 8%; un impuesto de un 1% no sería confiscatorio, ni mucho menos.

P. Para ponerlo en práctica está el obstáculo de la evasión fiscal, difícilmente salvable..
R. La ventaja de la UE es que, si quiere, puede hacer respetar sus decisiones. Hace cinco años se creía intocable el secreto bancario suizo. Bastaron las sanciones de EE UU en algunos casos para que Suiza siguiese la corriente general, porque EE UU suponen un cuarto del PIB mundial. Pero la UE también tiene ese peso. Si ponen sanciones, se les respeta. Lo único triste es que los Veintiocho tuviesen que esperar la actuación de Washington; pero veámoslo desde el optimismo, contra el pesimismo de que nada cambiaría jamás, las cosas pueden cambiar, y de hecho cambian.

P. Pero tardamos 14 años para la primera directiva sobre fiscalidad del ahorro.
R. Era inútil.

P. Y arrastramos la Tasa Tobin [sobre las transacciones financieras] entre miles de vericuetos procesales...
R. Es que técnicamente es muy complicada, más complicada que el impuesto mundial sobre el patrimonio. Que, además, introducirá más transparencia financiera, se sabrá el origen de cada elemento de capital.

P. Se necesitará mucha más cooperación internacional.
R. No dejemos escapar el nuevo tratado UE-EE UU, el TTIP, para introducir mayor justicia fiscal y mayor transparencia financiera. No nos limitemos a completar la liberalización comercial: las opiniones públicas tenderían a rechazarlo. Si desaprovechamos la oportunidad de incorporar el capítulo impositivo, entonces será mucho más difícil hacerlo por la vía bilateral de cada país. Y no olvidemos que ambos bloques representan conjuntamente el 50% de la economía mundial.

P. ¿Cómo relanzar la economía de la UE?
R. Creo más en la eurozona. Debemos tener un presupuesto para el área euro y un Parlamento propio de la eurozona. Con las instituciones actuales, con el Consejo Europeo tan intergubernamental, no iremos muy lejos. Debemos dar un salto importante, hacia la mutualización de las deudas públicas nacionales, hacia la unión fiscal, hacia la preponderancia de la inversión por encima de la preocupación sobre el nivel del déficit presupuestario. Ahora el Consejo Europeo habla de todo eso, pero no hace nada.

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El interminable viaje a la derecha de Rafael Correa

Las últimas medidas adoptadas en materia económica por el Gobierno de Ecuador abren un debate sobre el cambio de rumbo del proyecto político de Rafael Correa.

 

Rafael Correa triunfó en las elecciones de 2006 con un proyecto político basado en un proceso constituyente inspirado en la refundación del Estado, el arrinconamiento de los grupos económicos que históricamente habían dominado el país a través de una corrupta y deslegitimada "partidocracia", y en darle la puntilla al sistema económico neoliberal, hasta entonces vigente.

Bajo esta lógica política, los conflictos entre el Gobierno y las instituciones de Bretton Woods han sido permanentes, por lo menos hasta hace poco. Apenas tres meses después de que iniciara su mandato, Rafael Correa expulsó y declaró "persona no grata" al representante del Banco Mundial (BM) en el país. En aquel momento, el mandatario ecua­to­riano declaró: "Aquí tenemos un país altivo, soberano y digno, y no vamos a aceptar chantajes de ninguna burocracia internacional".

Coherentes con esta posición, las delegaciones del Gobierno ecuatoriano en los diversos foros internacionales donde han tenido presencia, se han caracterizado por un cuestionamiento permanente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al BM. "Remendar el sistema Bretton Woods, que no controlamos, no tiene sentido para los países en desarrollo", diría el propio presidente Correa en la Cumbre de la ONU, en junio de 2009, sugiriendo la abolición de ambas entidades financieras internacionales.

Unos meses antes, en noviembre de 2008, a través de una auditoría independiente, Ecuador documentaba centenares de irregularidades e ilegalidades en contratos de deuda con prestamistas internacionales. De esta manera, el Gobierno declaraba el cese de pagos del 70% de la deuda externa en bonos. Meses después, alcanzaba un acuerdo con la mayoría de sus acreedores para readquirir esta deuda.

Con esta operación y la inversión de 800 millones de dólares, el país logró liberarse de 3.000 millones de deuda externa, lo que le supuso un ahorro de unos 7.000 millones de dólares. Sin embargo, esta medida supuso una mayor dificultad para conseguir nuevos préstamos en los mercados financieros, lo que convirtió a China –con un tipo de interés mucho más elevado– en la tabla de salvación de la economía ecuatoriana.

Según Alberto Acosta, cofundador de Alianza País y presidente de la Asamblea Constituyente, "esto supuso un monto global entre créditos y ventas anticipadas de petróleo superior a 10.000 millones de dólares con los chinos", de los cuales –según datos del Minis­terio de Fi­nanzas– quedaba un saldo de 6.300 millones de dólares.

El último incidente notable del jefe de Estado ecuatoriano con el Banco Mundial tuvo lugar en Asun­ción, en octubre de 2011. Allí, Co­rrea abandonó la sala donde se desarrollaba la Cumbre Iberoame­ricana ante la intervención de la vicepresidenta del Banco Mundial, Pamela Cox, tras acusarla de haber "chantajeado" a su país en el pasado. "Al menos que empiece pidiendo disculpas por el daño que le ha hecho a América Latina y al resto de países del planeta", manifestó el mandatario visiblemente molesto por la presencia de la funcionaria internacional.

 

Reencuentro con el BM y FMI


Pese a todos los discursos y gestos, en julio de 2013 el Banco Mundial otorgaba un crédito al Estado ecuatoriano por 205 millones de dólares para la realización del metro de Quito y, un mes después, otros 100 millones para mejorar los servicios de agua, sanidad y transporte en la municipalidad de Man­ta. Este cambio conllevó la eliminación en el discurso oficialista de las críticas contra la institución presidida por Jim Yong Kim.

Según señala Jorge León, analista político ecuatoriano, "Correa promueve en el Gobierno desde hace algún tiempo a un sector político cercano a tradiciones de la Iglesia católica en detrimento de la izquierda; de hecho, en la cúspide del poder apenas quedan personas alineadas a esa tendencia ideológica".

En abril de este año, el Banco Mundial duplicaba la línea de crédito a este país andino. Y, dos meses después, Ecuador aceptaba el monitoreo por parte del FMI de su economía, lo que permitió la emisión de 2.000 millones de dólares en bonos del Estado. Según Acosta, "esta operación se hizo a un interés del 7,95%, es decir, incluso superior al de los préstamos chinos".

De igual manera, el pasado junio el país transfería más de la mitad de sus reservas de oro al poderoso grupo de inversión Goldman Sachs para asegurarse liquidez. En paralelo, se cerraba un acuerdo comercial con la Unión Europea.

En paralelo se cerraba un acuerdo comercial con la UE. Para Paul-Emile Dupret, asesor para asuntos de comercio internacional del grupo Izquierda Unitaria del Parlamento Europeo, "desafortunadamente es una simple y acelerada adhesión al leonino acuerdo de libre comercio de última generación ya firmado con Colombia y Perú". Según señala este asesor belga, la Comisión Europea no accedió de ninguna manera a negociar un acuerdo comercial para el desarrollo, como pedía Ecuador al principio.

A pesar de esto, el ministro de Comercio Exterior, Francisco Riva­deneira, quien con anterioridad ejerciera como gerente del banco Citi­bank, niega que se haya firmado un acuerdo asimétrico y contraproducente para el desarrollo endógeno del país, indicando que se han diseñado estrategias para "tratar de compensar a los grupos afectados".

Según Óscar Ugarteche, coordinador del Observatorio Económico de América Latina, estamos asistiendo a un discreto viraje político. "El Gobier­no está adoptando medidas de carácter ortodoxo que rechazó durante mucho tiempo. ¿Hay algo más ortodoxo que planear la eliminación de subsidios y la reestructuración de subvenciones? Es lo que siempre pide el FMI", afirma este reconocido académico peruano.

En todo caso queda para la reflexión una frase utilizada por el presidente Correa: "Básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa".

 

 Reducción de la pobreza y desigualdades

 

Las 500 mayores empresas que operan en Ecuador registraron ingresos de más de 78.000 millones de dólares, lo que supone un crecimiento del 7% en relación a 2012. El salario básico pasó de 292 dólares en 2012 a 340 dólares en el presente año.

Con respecto a la reducción de la pobreza, Ecuador es uno de los países con mejores resultados en América Latina. En 2006, la pobreza afectaba al 37,6%. En la actualidad, al 25,6%. El desempleo se sitúa en el 7,31%, aunque según datos de la OIT la economía informal en el país es del 52,2%.

Las desigualdades persistentes en el país se notan especialmente en la posesión de la tierra: unas 6.000 familias ligadas a la agroindustria concentran más del 70% de las parcelas cultivables, mientras que 700.000 familias de pequeños productores apenas tienen acceso al 20%. Ecuador es considerado como uno de los países con mayor desigualdad de acceso a la tierra del subcontienente.

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