"En Detroit seremos la primera ciudad post-industrial"

Detroit celebrará este mes la conferencia Nuevo Trabajo-Nueva Cultura, las primeras jornadas dedicadas a repensar la economia y la cultura en Estados Unidos. Para entender el cambio que está sucediendo en Detroit y en norte-america hemos hablado con la histórica activista Grace Lee Boggs. Esta entrevista fue previamente publicada en Zazpika.

Grace Lee Boggs tiene casi 100 años y su pensamiento humanista vigoriza la devastada ciudad de Detroit (norte de Estados Unidos). Si la conocida como Motor City se convirtió en el símbolo del "sueño americano", hoy sus inmensos terrenos parecen un escenario de posguerra: gigantescas calles vacías, solares abandonados y abundante pobreza. Con el documental American Revolutionary. The evolution of Grace Lee Boggs y su libro The Next American Revolution: Sustainable Activism for the Twenty-First Century muchos norteamericanos han descubierto la visión y las esperanzas de esta mujer chino-americana. Luchadora por los derechos civiles en los Estados Unidos y tenaz activista del Black Power, Grace Lee Boggs se ha convertido en una figura legendaria: una sabia anciana que ve en las impresoras 3D y en los huertos urbanos la posibilidad de (r)evolucionar la sociedad.


Usted dice que se alegra de vivir en Detroit y de poder constatar cada día cómo los gigantes "también caen".

Sí, (sonríe). Creo que debemos pensar en perspectiva de siglos. ¿Qué sabes tú de la transición que hubo del Paleolítico al Neolítico?


Creo que muy poco..

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En el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico pasamos de la caza a la agricultura. Fue en ese milenio, antes de Cristo, cuando aparecieron todas las religiones, cada una con su propia "regla de oro". Esto sucedió porque la gente empezó a relacionarse de formas muy diferentes. Hoy tenemos que pensar en estos términos. El cambio que tenemos delante es como esa transición del Paleolítico al Neolítico. Tenemos que pensar de una forma mucho más antropológica y muchísimo más amplia.


¿Y piensa usted que en Detroit están metidos de lleno en este cambio?

Creo que sí. En los últimos doscientos años el ideal de vida ha sido el de la vida en la ciudad, pero este modelo nos lleva a nuestra propia extinción. La gente que seguimos habitando en Detroit estamos re-imaginando cómo queremos vivir. Hay gente que veía los solares abandonados como espacios vacíos y muertos y otros que los vemos como la posibilidad de colocar huertos urbanos. Somos los primeros en enfrentarnos a este nuevo estadio en la historia de la humanidad.

En su ciudad, ha transformado la que fue su casa y la de su marido James Boggs en el Boggs Center. Desde ahí trabajan la que denominan como "organización- visionaria". ¿Puede detallar este concepto en contraposición a lo que usted llama "organización-protesta"?


La organización-protesta funcionaba bien cuando el Estado-nación era fuerte. Pero ahora, da igual cuánta gente mandemos a Washington a protestar: Obama no tiene el mismo poder. El Estado-nación y los parlamentos fueron creados hace doscientos años, pero, después de la Segunda Guerra Mundial y con la globalización, los Estados-nación perdieron su papel.

¿Cómo funciona la organización-visionaria?


Cuando hay una crisis, hay gente que no se da ni cuenta, otra que reacciona y otra que ve las oportunidades que se generan y crea algo completamente nuevo. La idea de organización-visionaria surge al darnos cuenta de esto, de que las personas no son bancos de peces, no reaccionamos todas de la misma forma.


En Detroit queremos, a través de una organización visionaria, generar actividades nuevas, organizarnos para el futuro que queremos tener. ¿Los huertos urbanos crearán una nueva cultura?

Es el cambio de paradigma. Cuando se forzó a las mujeres a alejarse de la tierra y se mandó a los hombres a las fábricas hubo un cambio en el pensamiento y en la cultura. Así se generó el pensamiento cartesiano y la cultura industrial. En Estados Unidos creo que tenemos ahora esta oportunidad.


¿Podría darme más ejemplos de lo que hacen en su ciudad, además de los huertos urbanos?

Hace unos años quisieron solucionar la crisis del automóvil colocando casinos, con la promesa de generar nuevos puestos de trabajo. Nosotros nos opusimos y luego comprobamos que los casinos trajeron el dinero fácil, la droga y la criminalidad. Desde la organización-visionaria, nuestra respuesta a los casinos fue crear la Escuela de Verano, para repensar cómo queríamos vivir y trabajar. Ahora, en octubre organizaremos la primera conferencia mundial titulada "Nuevo Trabajo, Nueva Cultura".

¿Se acabó el "sueño americano"?


En Detroit, fuimos la ciudad de los milagros industriales y ahora seremos la primera ciudad post-industrial. La televisión y la publicidad tuvieron un rol muy importante en la cultura de masas.

¿Cómo se crea el nuevo imaginario?

Creo que usar impresoras 3D cambia totalmente la forma de pensar. Ahora es la sociedad la que puede decidir lo que producimos y no al revés. Cambia todo.

¿Y las mujeres?

En la transición del feudalismo al capitalismo, empezó la persecución de las brujas, así se impidió que las mujeres participaran en esta transición. Leí hace poco que un grupo de mujeres en África hizo una casa, en un día, con una impresora 3D. El cambio cultural es enorme.

Aconseja a los jóvenes tomarse la filosofía más en serio.


Sí, fui muy afortunada porque fui a la Universidad durante los años 30. Imagina lo que significa eso: los años 30, todo el mundo iba loco intentando entender la crisis económica de entonces. Yo dejé mis clases y me apunté a Filosofía. No entendía la filosofía y quería hacerlo. La esencia de la filosofía son dos cuestiones: ¿qué significa ser un ser humano? y ¿qué significa saber lo que sabemos? Estas son las preguntas que constantemente nos estaremos haciendo.

En los años sesenta participó en la organización de la marcha en Detroit en la que Martin Luther King ensayó por primera vez el famoso discurso «I have a Dream». ¿Cómo se vinculó con el movimiento Black Power?

Yo he sido muy afortunada por nacer mujer y de familia china. Crecí en Nueva York, donde mi padre abrió un restaurante, y siempre se me motivó a estudiar y a leer. Conseguí entrar en la Universidad y sacar el doctorado en Filosofía, pero luego nadie quiso darme trabajo. Me discriminaban por ser mujer y tener rasgos orientales. Cuando vi a la población afroamericana luchando por sus derechos, me uní a ellos. En Chicago vi y entendí por primera vez el sufrimiento de la población negra: como personas, como seres humanos.


¿Qué cambió en usted unirse al movimiento Black Power?

Cambió mi forma de entender la vida. Al participar en las manifestaciones y acciones y ver la fuerza de las masas pensé: "Si esto es lo que pueden conseguir las acciones masivas, esto es lo que quiero hacer toda mi vida". Cuando ahora veo lo que hacemos en Detroit, cómo los vecinos vuelven a cuidarse, cómo los niños son escuchados... pienso, si Malcom X viera lo que estamos haciendo seguro diría: "Esto es de lo que estaba hablando".


Junto con su marido, James Boggs, escritor negro y trabajador en la automoción (fallecido en 1993), hablaban ya desde los sesenta de la próxima "revolución americana".


Llegamos a esta conclusión a causa de los disturbios en Detroit en los 70: no estábamos haciendo una revolución, se trataba del grado de enfado de la gente. Una revolución es lo que hace que evolucione la humanidad, pero es importante distinguir bien entre revolución o rebelión y disturbio. Lo difícil, nuestra lucha, es intentar evolucionar como seres humanos. Los disturbios y las rebeliones no son lo mismo.


¿Entonces tenemos que (r)evolucionar?

Ahora mismo la cultura industrial, que se creó hace 200 años después de la Revolución francesa, se ha colapsado. Los europeos han afrontado las revoluciones como oportunidades para tomar el poder y no tanto como transiciones entre culturas. Pero, no se trata de tomar el poder. Fíjate, mi abuela nació cuando Marx era un niño. Era el periodo en el que aún no estaba claro qué camino seguiría Europa y nadie imaginaba todo lo que ha ido pasando después

¿Cómo ve ahora Europa?

Os veo en peor posición que los Estados Unidos, pero mi intuición dice que estudiar las migraciones en vuestro continente puede resultar clarificador. En Detroit, nos ha ayudado mucho entender los movimientos de la población negra. No creo que la inmigración africana tenga el mismo rol en Europa, pero hay que entender cómo os están afectando los movimientos de población. Europa intenta bloquear la inmigración y las deportaciones están aumentando. El pensamiento europeo sigue estando dominado por las ideas, principalmente, de los partidos políticos en tiempos de la dominación europea. Hay que cambiar esta mentalidad. Cuando vi las fotos de los inmigrantes intentando entrar en Ceuta me quedé muy sorprendida... Allí había algo nuevo. Debéis mirar a Europa desde esta perspectiva. Un periódico puede ayudar a hacerlo: tenéis que identificar y reconocer el cambio que estamos viviendo. Así, el cambio se reconoce a sí mismo.

¿Podría dar un ejemplo?

Por ejemplo, creo que es crucial entender el papel de Wangari Maathai en Kenia. Vino a EE UU en el momento álgido del movimiento de liberación de la mujer y cuando volvió a Kenia se dio cuenta de la diferencia entre la política hecha por los hombres y, en cambio, la sabiduría de las mujeres (con la organización del agua y la madera). La doctora Maathai se dio cuenta de que toda su lucha medioambiental era parte de un todo. Era una lucha ligada a combatir el sexismo, la pobreza y la corrupción. Entender el papel y la perspectiva que ha cogido gente como Maathai puede ser muy útil para entender de qué sirven estas migraciones.

¿Necesitamos más imaginación?

Hay que distinguir entre conocimiento e imaginación. Las escuelas se han centrado en dar conocimiento,que habla de realidades pasadas. La imaginación es proyección hacia el futuro,y los próximos líderes serán aquellos y aquellas que sepan ver y crear algo nuevo.

¿Qué significa ser un ser humano?


Evolucionar. Somos el único planeta que ha tenido este tipo de vida. Y ahora nos enfrentamos al peligro de la exterminación. Tenemos que evolucionar para impedirlo.

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"Ahora el feminismo del Norte tiene que mirar al del Sur"

Es norteamericana y una de las principales intelectuales feministas. Aquí, explica la relación entre feminismo y capitalismo, destaca la necesidad de controlar el capital financiero internacional, critica la pasividad de Obama al respecto y reivindica la postura de Cristina Kirchner.


"Conozco muchas personas en Estados Unidos que, como yo, gritaron a favor de Cristina Fernández de Kirchner por su rechazo al chantaje que sufrió por parte de los fondos buitre. Para nosotros es una heroína, aunque sea solo en el sentido simbólico en este punto", dijo a Página/12 Nancy Fraser, una de las más destacadas pensadoras de la teoría social y política y del feminismo. Fraser estuvo en los últimos días en Buenos Aires, invitada por la Universidad Nacional de San Martín, donde fue distinguida con un Doctorado Honoris Causa y dio dos conferencias en las que se explayó sobre la crisis global del capitalismo y el papel de los movimientos sociales en Latinoamérica. En una entrevista con este diario, la intelectual norteamericana señaló la necesidad de avanzar con una reforma en el sistema global, "para controlar el capital financiero internacional" y cuestionó la pasividad del presidente Barack Obama frente al tema. "Actualmente la deuda es el primer generador de ganancias en el mundo, mucho mayor de lo que fue la explotación directa de los trabajadores, y eso tiene que estar en el centro del análisis", indicó, en una charla en la que además reconoció que "en el Norte estamos en una crisis de imaginación y de ideas. No tenemos cómo imaginarnos una sociedad más democrática e igualitaria, emancipadora" y por eso "estoy mirando lo que está sucediendo en otras partes del mundo –como Latinoamérica– para tener inspiración e ideas".


Esta fue su cuarta visita a la Argentina. La última, recordó, había sido hace cuatro años. Esta intelectual feminista estadounidense es Loeb Professor en Filosofía y Política en la New School for Social Research, Einstein Fellow en la Freie Universität-Berlin y directora de la cátedra Justicia Global del Collège d'études mondiales en París. Polémica, su pensamiento no esquiva los dilemas que el mundo en transformación va proponiendo permanentemente. Así es como su trabajo teórico sobre la justicia social la llevó a revisar las reivindicaciones y luchas del feminismo desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad. Sobre este aspecto también profundizó en la entrevista de Página/12. La postura de Fraser sobre la teoría crítica generó agudas interpretaciones en relación al Estado de Bienestar, al salario familiar, las políticas de reconocimiento y, más recientemente, sobre la justicia en un mundo globalizado.


Fraser publicó en castellano Iustitia Interrupta. Reflexiones críticas desde la posición "postsocialista" (Siglo del Hombre Editores / Universidad de los Andes, Santa Fe de Bogotá, 1997), ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político-filosófico, con Axel Honneth (Madrid, Ediciones Morata / A Coruña, Paideia, 2006) y recientemente Escalas de justicia (Barcelona, Herder, 2008), donde presenta las tres dimensiones de su teoría de la justicia: la redistribución en la esfera económica, el reconocimiento en el ámbito socio-cultural y la representación en lo político. El acento en esta última dimensión constituye la novedad de esa obra en la que además transita del marco del Estado-nación al transnacional.


El lunes 29 dio en la Unsam la conferencia "¿Puede la sociedad ser una mercancía? Reflexiones sobre la crisis del capitalismo". Al día siguiente brindó la conferencia "El destino de la igualdad en un mundo financiarizado". En el marco de su visita al país, conversó con Página/12 en el café del hotel donde se hospedó, en el barrio porteño de Recoleta.


–¿Por qué sostiene que la crítica feminista al sexismo ha servido de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación?
–Es una reflexión en parte autobiográfica. Pertenezco a la generación del '68, que se vio envuelta en la explosión de la segunda ola del feminismo, entre los sesenta y principios de los setenta, que cambió mi vida, así como la de muchísimas personas. En ese momento entendí el feminismo como una crítica profunda y radical de la estructura de la sociedad capitalista, especialmente en relación al trabajo pago y al trabajo no remunerado. A diferencia de los marxistas tradicionales, nosotras no asumíamos que la solución era llevar a las mujeres al mercado pago de trabajo. Nosotras siempre pensamos que la única solución posible era más profunda, era un cambio de la estructura real del capitalismo en relación a la producción y la reproducción. Utilizando términos que desarrollé más tarde en retrospectiva puedo ver que lo que estábamos tratando de hacer era combinar una perspectiva socialista, feminista y crítica de la política económica y a su vez una crítica del orden de las jerarquías sociales y no solo en términos de dominación y subordinación en relación al género, sino a las razas, las etnias y muchas otras cosas; y en términos que acuñé más tarde, en relación a la política, lo que tratábamos de hacer era combinar la lucha de la redistribución del ingreso y del reconocimiento social. Vivíamos en ese momento en un capitalismo que todavía estaba gerenciado por el Estado, por decir de alguna manera. Pero en las décadas siguientes vimos cómo se desarrolló una nueva forma del capitalismo, el neoliberalismo, que cambió el contexto para los movimientos feministas, resignificando las formas de nuestras luchas. Cuando pensamos en esto, las feministas, en el norte global, es decir, en Estados Unidos y Europa, no éramos conscientes de cómo estaba cambiando el territorio bajo nuestros pies. Entonces tomamos una perspectiva del feminismo más inclinada al culturalismo, estábamos más interesadas en la lucha por el status social que por la política económica. Esa visión fue muy conveniente al neoliberalismo porque necesitaba de alguna manera que las mujeres entraran al mercado laboral pago; le dio al neoliberalismo un lenguaje para la economía que le hacía parecer que era un avance progresista. De alguna forma, el feminismo, especialmente en los Estados Unidos, se vio capturado por el sector de mujeres de elite, de clase media alta, educadas, con educación superior, cuyo proyecto era –y cito a Hillary Clinton con su famosa frase– "romper el techo de cristal". Es decir, se dio una idea de meritocracia, de que había que ascender en la escala corporativa y llegar a los más altos puestos pero, también, esta perspectiva dejó de lado la gran masa de mujeres que tienen dos, tres y hasta cuatro trabajos y que además se hacen cargo del trabajo doméstico y aún así no pueden ganarse la vida. Entonces, nos vimos con un contexto de desindustrialización, de reubicación de las grandes industrias y empresas en Asia, de un mercado laboral precario con bajos salarios y una economía de servicios precarios, combinado con clases profesionales y de elite, a las cuales el feminismo sirvió, en detrimento de las otras mujeres.


–¿Cómo se puede romper "esa amistad peligrosa" –como usted define en alguno de sus textos– del feminismo con el neoliberalismo?
–Esta es una de las razones por las que estaba tan interesada en venir a la Argentina. Tengo la impresión de que en este momento en toda Latinoamérica, y sabiendo las diferencias que existen entre los países, hay una especie de "marea rosa", una afluencia de gobiernos y de movimientos sociales que influyen en el poder y en la política. Yo sé que no es todo ideal. Pero históricamente el feminismo del Sur global miraba al feminismo del Norte global para ver cómo se hacían las cosas, pero me parece que estamos en un momento en que hay que mirar en sentido inverso. Nosotros en el Norte estamos en una impasse, estamos en serios problemas. No tenemos ninguna oposición seria y organizada al neoliberalismo, ni en Europa ni en los Estados Unidos. Y hasta todos los gobiernos que se hacen llamar de izquierda o socialistas han adoptado prácticas neoliberales. Incluso las protestas que vivimos recientemente de los "indignados" o el movimiento Occupy desapareció repentinamente sin dejar ninguna organización, ningún proyecto programático futuro. En el Norte global estamos en problemas y estoy mirando lo que está sucediendo en otras partes del mundo para tener inspiración e ideas.


–¿Es posible una sociedad más igualitaria y solidaria?
–Por supuesto, absolutamente. De hecho, tuvimos en otros momentos sociedades que, si bien no fueron perfectas, han sido democráticas y más igualitarias que las que vemos hoy, como en la época del New Deal, en la década del '40 en Estados Unidos, o incluso el peronismo aquí; sin estar exentos de problemas pero sí con un contexto mucho más igualitario. Hoy lo que tenemos en los Estados Unidos es información cuantitativa muy alarmante de cómo ha crecido la desigualdad en el país. Ha habido una redistribución de la riqueza hacia la cúspide de la sociedad. Una sociedad más igualitaria es posible pero depende de que existan movilizaciones populares, de las bases, que no sean solo protestas sino que estén acompañadas de un proyecto, de ideas, de una noción de qué políticas e instituciones son necesarias para el cambio. En el Norte estamos en una crisis de imaginación y de ideas. No tenemos cómo imaginarnos una sociedad más democrática e igualitaria, emancipadora. ¿Cómo sería? No lo podemos ver. Y estamos en un momento muy distinto de los '40 porque hoy en día el progreso de la globalización ha sido tan grande que uno no puede volver, por ejemplo, a un socialismo en un país o en un bloque de países. No hay una solución que no implique grandes cambios a escala global, más allá de lo que haya que hacer en cada país. Hay que transformar toda la estructura global y crear una arquitectura para controlar el capital financiero internacional. También hay que crear instituciones democráticas e igualitarias a nivel global que nos ayuden a luchar contra el cambio climático. Estos son los dos grandes problemas que aquejan a la Humanidad. Tenemos que poder re-imaginar la democracia, la solidaridad, la participación, la igualdad, e incluir dentro de este proyecto el marco ecológico y el otro gran problema de controlar las finanzas.


–¿Cómo analiza el rol del capital financiero internacional a la luz de la disputa que mantiene el gobierno argentino con los fondos buitre?
–En relación con este tema, conozco muchas personas que como yo en Estados Unidos gritaron a favor de Cristina Fernández de Kirchner especialmente por su rechazo al chantaje que sufrió por parte de los fondos buitre. Para nosotros es una heroína, aunque sea solo en el sentido simbólico en este punto. El problema es que no podemos depender para este gran cambio de que existan héroes acá o allá, o en todas partes. Además de esos héroes y esas figuras, tiene que haber una solución sistemática. Hoy en día la cuestión de la deuda es tan fundamental como ha sido históricamente la cuestión de la explotación laboral de los trabajadores en la tradición socialista y en la realidad. Tenemos formas de opresión que van desde las deudas personales de consumo hasta las deudas de los países. Y esto es una característica de esta etapa del capitalismo financiero, donde los capitales son los que reinan, a diferencia del capitalismo anterior, donde el Estado gerenciaba una economía industrial. Actualmente la deuda es el primer generador de ganancias en el mundo, mucho mayor de lo que fue la explotación directa de los trabajadores, y eso tiene que estar en el centro del análisis.


–¿Por qué cree que Barack Obama no hizo nada para frenar la embestida de los fondos buitre contra la Argentina?
–Obama es un hombre que hizo que Larry Summers sea su principal asesor económico y que piensa el sistema bancario así. Summers es el gran ideólogo de la desregulación del sistema bancario, trabajaba en Goldman Sachs, de los grupos de bancas de inversión y valores más grandes del mundo. Todo el sistema político norteamericano, tanto demócratas como republicanos, son partidarios de Wall Street. ¿Por qué Obama no cerró Guantánamo? ¿Por qué está bombardeando Siria? ¿Quién continuó la guerra contra el terrorismo? En 2008 Obama se presentó como un gran transformador. Tuvo un discurso que inspiró a mucha gente, a millones, en Estados Unidos y en el mundo, que esperaba un gran cambio paradigmático, que nunca se produjo.


–¿Cree que sería posible una reforma financiera global en este escenario internacional?
–En teoría es posible y necesaria. El problema sería cómo llegar desde donde estamos hoy hasta esa transformación. Actualmente, a diferencia de otros períodos, no existe una capa de la elite empresaria o corporativa que pueda pensar a largo plazo para salvar al capitalismo de sus propios mecanismos autodestructivos, es decir, que pueda pensar cómo regular las propias tendencias del capitalismo de autodestruirse. En otras épocas, hubo elites que tuvieron esa visión. Hoy la mayoría tiene una visión de corto plazo. Existen excepciones. Puedo nombrar a George Soros o Warren Buffett pero, en general, todos los países están aterrorizados por los mercados financieros, temen que si no hacen lo que les dicen que hagan, se va a destruir su economía o su moneda se va a devaluar. Por eso la postura que asumió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner contra los fondos buitre es muy importante, al menos a nivel simbólico. Una parte de la solución que todo el mundo conoce es aplicar una suerte de impuesto al lucro obtenido por la especulación financiera. Pero no se aplica. Otro déficit importante es que no existen poderes públicos genuinos a nivel global que se hagan responsables frente a la población para enfrentar estos problemas. Hoy en día las decisiones del mundo financiero se toman a puertas cerradas, por grupos de privados o semiprivados, sobre los cuales no tenemos ningún tipo de decisión. Es un gran déficit de la democracia a nivel global.


–En una de las conferencias que dio en la Unsam planteó que América latina intenta expandir el sentido de la igualdad. ¿Cómo ve el proceso político en la región?
–Para comenzar, debo decir que no soy una académica experta en América latina. Voy a adaptar mis impresiones de las lecturas de los diarios, de cosas que he visto. Pero no tengo una autoridad muy grande en este tema. En primer lugar me parece que es muy interesante lo que está sucediendo en los países andinos, donde hay un gran empuje para incluir en la sociedad a los pueblos originarios, para crear una forma plurinacional de la democracia y no que los indígenas tengan que asimilar el Ethos del blanco europeizante, sino que se reconocen especificidades de otros pueblos. Es muy importante como forma de expandir la democracia. Me interesa también mucho el desarrollo de la economía popular y solidaria, es decir, lo que sucede en las bases de las comunidades, donde toman con sus propias manos la organización de la cooperación. Es una tendencia hacia la auto-organización. Pero a la vez debe encontrarse con un movimiento más grande para cambiar la estructura societaria a nivel general. Me interesa porque es un cambio que tiene un fin igualitario. La situación varía en cada país, hay muchas diferencias entre Venezuela, Argentina, Chile, y las demás naciones. Pero el hecho de que existan tantos intentos, tantos proyectos, de construir un movimiento contrahegemónico y alternativo al neoliberalismo que busque aumentar la equidad o disminuir al menos la inequidad es de por sí muy interesante.


–En el Cono Sur se da la particularidad de que hay tres presidentas, en Argentina, Chile y Brasil. ¿Qué nos puede decir de los liderazgos de mujeres?
–Un hecho muy importante para destacar de las tres presidentas es que son líderes progresistas. No son perfectas pero van en la dirección del progresismo. Por ejemplo, podemos contrastarlas con figuras como Margaret Thatcher o en los Estados Unidos, próximamente, es probable que –si me preguntan al día de hoy creo que es la principal candidata– Hillary Clinton pueda convertirse en la presidenta de los Estados Unidos y dudo mucho, no creo, que sea una líder progresista. Es más, creo que es un "halcón" en términos de política exterior más que Obama, es decir, una figura que promoverá más que los Estados Unidos sea un país dominante. Y eso me preocupa mucho. Es decir, el liderazgo femenino no garantiza per se que la mujer aplique las políticas que uno quiere o espera. Y otra característica para destacar de estas tres presidentas es que son parte de esa "marea rosa", que veo en Latinoamérica, que las convierte por combinación en líderes muy interesantes.

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Viernes, 26 Septiembre 2014 10:15

Big data y control social

Big data y control social

Es casi un tópico o lugar común, cuando de destacar la interconexión de nuestra época se trata, enumerar que diariamente son enviados 294 billones (millones de millones) de correos y más de 400 millones de tuits; que cada día son realizadas 2.880 millones de búsquedas en internet y que mil millones de usuarios visitan Youtube cada mes. Pues, bien, la generación de masas de datos es hoy tan grande, que algunos expertos suelen afirmar que la cantidad de información acumulada por la humanidad hasta 2003 equivale a lo producido hoy en dos días, hecho que debiera llevar a pensar que tal inmensidad garantiza que la información particular y específica sea prácticamente inaccesible a los extraños y los curiosos, por la dificultad que supondría su búsqueda. Sin embargo, no es así.

El desarrollo de los buscadores desde mediados de la década del 90 del siglo pasado, también conocidos como motores de búsqueda, y el alto grado de centralización de la información materializada en la creación de gigantescos repositorios de datos, gestionados por grandes empresas privadas o por los Estados, terminaron llamando la atención sobre las potencialidades del uso de una información tan enorme. El aumento significativo de la capacidad de almacenamiento y de la velocidad del procesamiento completaron el cuadro que dio lugar al surgimiento del big data (usamos la acepción en inglés, por ser el nombre que también le dan los especialistas en español), que no es otra cosa que el conjunto de técnicas usadas en la selección, el manejo y la interpretación de miles de millones de datos que permiten inferir tendencias, extrayendo información de miríadas de casos puntuales que están sucediendo o han sucedido. Determinar, por ejemplo, las variaciones en tiempo real de la demanda de un producto, incluyendo el color preferido por los consumidores, es uno de los casos más comunes de la aplicación de este tipo de técnicas.

Pero, no cualquiera tiene acceso a la infraestructura que permite el procesamiento de una masa tan gigantesca de información. Se habla, entonces, de 'refinerías' de datos, por el símil establecido entre la información y el petróleo, en su dimensión de riqueza estratégica. La mayor refinería del mundo la construye en Utah la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), bajo la denominación Utah Data Center (UDC), con una inversión presupuestada de dos mil millones de dólares, que tiene por objeto no sólo procesar datos actuales en tiempo real sino también lo almacenado desde 2001.

 

Los comportamientos, como dato

 

Desde los teléfonos móviles y los ordenadores personales es generada una gran cantidad de información, incluso cuando no estamos operándolos, ya que, por la incorporación en estos aparatos de instrumentos de geolocalización la emisión de señales es permanente y facilita monitorear los desplazamientos de los usuarios. Pero, además, la instalación de un número cada vez mayor de cámaras en las vías para vigilar el tránsito de vehículos y personas, y de sensores que miden todo tipo de cosas, como temperatura, humedad, ruido, velocidad de desplazamiento y densidad de los grupos humanos –para detectar si hay amotinamientos–, acaba generando también una gran cantidad de información de sonido y video (información considerada no estructurada y que para su procesamiento requiere mayores capacidades computacionales),que puede ser analizada para establecer patrones de conducta.

El uso del número de consultas en la red sobre determinado tema ha servido para diseñar los llamados Sistemas de Alerta, que, por ejemplo, como en el caso de la gripe, pretenden predecir en qué lugares se va a desarrollar masivamente. Este sistema, denominado Tendencias de la gripe (Google flu trends, denominación inglesa), y alabado por la revista Nature en 2009 como un ejemplo del uso de la información masiva para anticipar problemas, ha sido fuertemente criticado este año al comprobarse que puede sobreestimar el desarrollo de la enfermedad en casi el doble de casos, pero, independientemente de eso, es una buena ilustración de cómo las consultas sobre enfermedades y medicamentos son utilizadas para identificar regiones o grupos que dan señales de padecer determinado problema, razón por la cual corren el riesgo de ser discriminados o aislados.

De las llamadas redes sociales (de las que Facebook es el ejemplo paradigmático), puede extraerse información de un individuo acerca de sus preferencias y rutinas, el estado de ánimo a través de sus expresiones, las relaciones con su familia por la frecuencia y tono de los contactos, su ideología y su salud. Si a esto le sumamos la información existente sobre sus compras, las páginas que consulta en la Red, y el diagrama de los desplazamientos (obtenido de su teléfono personal), tenemos los ingredientes básicos para construir los perfiles que les permiten a las empresas determinar si les conviene contratarlo, y a los bancos decidir si otorgarle o no un crédito. Los agregados de los perfiles de los miembros de una comunidad pueden ser usados para que un gobierno mida el grado de conformidad de un grupo social particular. Por ejemplo, el proyecto Hedonometer (sistema de medición del hedonismo) tiene por objeto crear una cartografía de la felicidad en las ciudades de los Estados Unidos a partir de datos obtenidos de la red social Twitter (se analizaron 37 millones de tuits geolocalizados de no menos de 180 mil personas).

Las agencias de prensa reseñaban recientemente que el Pentágono le financia en la Universidad de Cornell un proyecto de extracción de datos de las redes sociales, con el propósito de estudiar los momentos en que la indignación generada por una información distribuida en dichas redes se transforma en acción en las calles.

 

Los bits de información, como refuerzo de las balas

 

El reciente escándalo del espionaje electrónico a la canciller alemana Ángela Merkel y otros mandatarios amigos de los Estados Unidos, por parte de la NSA, es tan solo la punta del iceberg del uso sistemático de las tecnologías modernas de la información como arma. La OTAN tiene instalado en Estonia el Centro de Excelencia para la Ciberdefensa, y realiza simulaciones ofensivas y defensivas en forma análoga a como lo hacen los demás componentes de las fuerzas militares. Su creación fue justificada como reacción a los ciberataques contra Estonia en 2007, y contra Lituania y Georgia en 2008. En noviembre de 2013 se llevó a cabo un ejercicio cibermilitar internacional bajo el nombre de operación Escudos Cerrados (Locked Shields), en el que grupos de expertos se atacaban mutuamente a través de los llamados 'virus' y 'gusanos' para obtener información de sus computadoras o bloquear los ataques.

Iraníes, rusos y chinos parecen ser los principales objetivos. El gusano Stuxnet y el virus Flame han sido los instrumentos informáticos más sofisticados utilizados contra los Estados; el primero, detectado por los iraníes en 2010, fue diseñado para atacar infraestructura física computarizada como centrales eléctricas y centros de enriquecimiento de uranio. Se afirma que el éxito del ataque atrasó en dos años el programa nuclear iraní pero que, tal como sucede con los microorganismos biológicos, el gusano se reprodujo en miles de computadoras y su código está ahora disponible para que cualquier especialista se lo apropie y lo use según sus propósitos.

El virus Flame está diseñado para extraer información de la Red, capturar imágenes de pantalla, grabar conversaciones, así como detectar las pulsaciones del teclado y, por tanto, acceder a escritos que incluso no han circulado. Su existencia se filtró en 2012 y en lo esencial se usó contra países de Oriente Medio.

Las mutuas acusaciones de agresión cibernética entre Estados Unidos y China obligó a este último país a desarrollar el buscador Baiduque, que hoy es, después de Google, el motor de búsqueda más grande del mundo. Renren y Weibo son dos redes sociales creadas también por los chinos (análogas a Facebook y Twitter), con el objetivo de procurarse cierta soberanía informática y de esta manera disminuir su vulnerabilidad. Con esto, podemos ver que el mundo virtual no es más que la imagen especular del mundo real.

 

¿Ciudades inteligentes o ciudades penitenciarias?

 

Songdo, en Corea del Sur, una ciudad diseñada con sensores para controlar la temperatura, el uso de energía y el tráfico de todo tipo, igualmente dispone de un sistema de absorción de los residuos sólidos que en forma automática los conduce a grandes túneles que los llevan al depósito final. Además, las interconexiones entre los sensores instalados en las calles y los dispositivos electrónicos personales pueden llegar a permitir que el usuario reciba aviso automáticamente cuando está cerca su autobús. Este tipo de diseños urbanos es lo que se conoce como ciudades inteligentes, y a lo que no pocos apuntan.

El gigante tecnológico IBM lanzó su programa Planeta más inteligente (Smarter Planet) en 2009, con inversión de 14 mil millones de dólares, que incluye el presupuesto para la adquisición de más de 25 empresas. El objetivo es el desarrollo de técnicas de big data para generalizar el uso de sistemas integrados de cámaras, sensores y conectores que integren la información captada, para procesarla de manera automática y en tiempo real, con el fin de controlar ´por completo los flujos y procesos urbanos. La base de la infraestructura conectiva es una red de fibra óptica, un conjunto de sensores que captan información sobre todo tipo de eventos y un centro de control donde es procesada y gestionada la información.

En Londres, durante el desarrollo de los juegos olímpicos de 2012, según lo conocido recientemente, fueron ensayadas papeleras inteligentes que registraban datos de los teléfonos móviles de quienes transitaban cerca de ellas. Nick Pickles miembro del grupo Big Brother Watch, institución fundada en 2009 y que propende por la vigilancia de las amenazas contra las libertades civiles, denunciaba la instalación de cámaras en los grandes almacenes de la capital británica que pretendían devolverle a la persona captada un cúmulo de propaganda individualizada, seleccionada automáticamente de acuerdo con las expresiones faciales y en general con el aspecto del potencial comprador. Hoy son desarrolladas aceleradamente tecnologías para la identificación automática de las imágenes de la cara de las personas y su vinculación con información personal asociada a ellas.

En junio de este año, un juez argentino obligó al gobierno de Buenos Aires a publicar en el sitio Web del gobierno municipal el mapa de la instalación de las cámaras ubicadas en espacios públicos, pues al parecer el Gobierno utilizaba las grabaciones como información privilegiada. La demanda fue instaurada por el sociólogo Andrés Pérez Esquivel, miembro de la Red Latinoamericana de Tecnología, Vigilancia y Sociedad, fundada en 2009, que impulsa la discusión sobre las tecnologías de captación, procesamiento y gestión de información, particularmente de datos personales. Entre nosotros, en la pasada campaña electoral, tanto Juan Manuel Santos como Óscar Iván Zuluaga competían por prometer la instalación de una cantidad mayor de cámaras de vigilancia, sin que la más mínima crítica surgiera al respecto.

Destacado: En la Red no dejamos huellas, dejamos totalidades de nosotros mismos, por lo que el problema mayor no es siquiera el del Gran Hermano que vigila, sino el del amo que impone.

La lógica penitenciaria moderna, el panóptico, se basa en que el prisionero es observado sin que éste pueda ver a su observador. La altísima concentración y la centralización de la información parece entonces conducirnos de modo inexorable a que el 99-1 sea también una realidad no sólo en la riqueza material sino asimismo en el conocimiento del otro. En este caso, el uno por ciento conoce y anticipa los movimientos y sentires del 99 por ciento restante, sin que éste lo perciba, y menos que tenga acceso a lo que ese uno por ciento predispone para la totalidad.

 

Vulnerabilidad y sometimiento

 

Los expertos en seguridad señalan como una de las grandes amenazas actuales los ataques a las redes sistematizadas de servicios públicos. Provocar un gran apagón que dañe permanentemente los generadores mediante ofensivas cibernéticas es algo posible, como también lo es el rebosamiento o socavamiento de grandes presas de agua, o la alteración incontrolable de los instrumentos de navegación de los aviones. El sistema de pagos es el más comúnmente atacado, y muchas personas son a diario víctimas de robos de sus depósitos monetarios. Los casos de hurto masivo más conocidos son la extracción de cinco millones de dólares de más de 4.500 cajeros automáticos en la India, en diciembre de 2012, y la apropiación fraudulenta de 40 millones de dólares a través de 36 mil transacciones en Estados Unidos en febrero de 2013.

Pero es mucho más que este tipo de peligro, pues, a finales de junio de este año, las agencias de prensa daban cuenta de que Facebook había realizado secretamente un experimento en el que manipulaba las emociones de 700 mil usuarios para saber cómo respondían a las noticias negativas y positivas, con el fin de conocer si existe contagio emocional a través de la Red. En la divulgación de la noticia, señalaban la posibilidad de que el experimento fuera parte del programa Minerva, patrocinado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos y cuyo objeto es "modelar el discurso y la dinámica social en los regímenes autoritarios".

El efecto de las emociones en las redes sociales ya ha cobrado víctimas. En mayo de este año fue linchada Fabiane Maria de Jesús en Guarujá, localidad de Sao Paulo, en Brasil. Se trata de una madre de 33 años, señalada en la calle como la ladrona de niños cuyo retrato hablado se había difundido por Facebook. No se trata solamente de que la información sobre cada uno de nosotros sea capturada y mercantilizada para conocer nuestros gustos y devolvernos como consumidores la oferta de determinados artículos, ya que lo más importante parece ser el moldeamiento de comportamientos e ideas cuya inoculación la facilita el conocimiento que los predadores de información toman de nosotros. En la Red no dejamos huellas; dejamos totalidades de nosotros mismos, por lo que el problema mayor no es siquiera el del Gran Hermano que vigila sino el del amo que impone.

Decir que los riesgos señalados hacen parte de los ineludibles efectos colaterales que trae consigo todo nuevo desarrollo es olvidar que, en este caso, la tecnología es producida con el propósito explícito de aumentar el control, y que, a pesar del argumento de la búsqueda de mantener a raya 'lo malo', es precisamente la definición de qué debe considerarse como tal lo que todavía no se discute. La seguridad, considerada como un absoluto, es decir, la extinción total de lo azaroso y lo inesperado, no es más que una forma de matar la libertad.

 

Publicado enEdición Nº206
Miércoles, 24 Septiembre 2014 16:15

"Estamos en un totalitarismo gradual"

"Estamos en un totalitarismo gradual"

El doctor en sociología del derecho, Boaventura de Soussa Santos, profesor en la Universidad de Coimbra –Portugal– y autor en temas de jurisprudencia, globalización, multiculturalismo y derechos humanos, habló con el periódico desde abajo en su reciente visita a Colombia en el marco del Noveno Congreso Nacional de Sociología. Boaventura analiza el panorama global de la democracia, en lo que para él es un contexto de pérdida del Estado social, y proyecta los retos a los que estaría enfrentado nuestro país de lograrse una resolución del conflicto armado.

 

Desde abajo –da– "Democratizar la democracia" es una de sus expresiones más conocidas, sin embargo si miramos la coyuntura internacional, con casos como el Medio Oriente o la ciudad de Ferguson en los Estados Unidos, puede pensarse que estamos ante una involución de las formas de la democracia liberal, ¿es realmente así?, ¿nos estamos alejando de la posibilidad de democratizar la democracia?
Boaventura de Sousa Santos –BS– En cuanto a la primera pregunta, pienso que sí, que estamos en un proceso de retroceso. Aparte de los ejemplos dados, quizás sea más elocuente citar lo que ocurre en Europa. De alguna manera, después de la Segunda Guerra, este continente fue visto como un ejemplo de buenas prácticas democráticas que fueron exportadas a otros países del mundo, pero hoy esos procesos democráticos retroceden.

Es decir, el capitalismo después de la Guerra estaba con miedo porque había otro sistema al otro lado de Europa que era el socialista, por eso hubo concesiones muy fuertes a los trabajadores. La tributación, por ejemplo, permitió que los más ricos aportaran más; el Estado pudo construirse como un estado social. Lo que ahora pasa en Europa, sobretodo desde 2008, es una destrucción gradual, pero persistente, de todo ese sistema social. Podríamos decir, por eso, que la democracia liberal está perdiendo la batalla ante el capitalismo. Y que el capital solamente tiene confianza en ser gobernado por gente que tenga una lógica de gobierno maximizadora de ganancias.


da. ¿Estamos, entonces, ante la reconversión del modelo de desarrollo?
BS. Evidentemente, el capital sabe que ha ganado mucho, perdió poder político pero ganó mucho poder económico. Eso me parece que es el frente del retroceso de los procesos democratizantes. Hubo algunos avances democráticos en el pasado, pero el aumento de la desigualdad está trayendo también un incremento del racismo y de la xenofobia.

La desigualdad en Europa produce, por ejemplo, políticas migratorias que son humillantes para los extranjeros, eso es colonialismo dentro del continente que parecía el más democrático. Ahora vemos en Latinoamérica a los grupos indígenas y campesinos, que bloquean una carretera en contra de una empresa minera, vistos como obstáculos para el desarrollo. Porque son salvajes, inferiores. Esa actuación viene desde siglos y está volviendo, y no es solamente acá, también se nota en países como los Estados Unidos.

Las relaciones humanas, con la desigualdad y el racismo son cada vez más violentas, y por eso las Naciones Unidas desarrolló el concepto de seguridad humana, que es la búsqueda de que la gente pueda vivir sin miedo y sin necesidades vitales por cumplir. Hoy, ese concepto de seguridad humana se transformó en seguridad nacional, y entonces las políticas son de vigilancia, de securitización de toda la sociedad. Los ciudadanos están sobre sospecha. Ya no son, a mi juicio, los llamados terroristas, es el ciudadano común que está constantemente vigilado con cámaras, y eso hace que sea un ciudadano peligroso. Esto es la negación de la democracia.

 

da. ¿Estamos entonces ante un retroceso de la democracia?
BS. En efecto. Así sucede porque las dinámicas del neoliberalismo crean imperativos globales que van en contra de la deliberación democrática. Así, por ejemplo, si un país decide incrementar las políticas públicas de salud, al día siguiente la Agencia respectiva hace una declaración diciendo que eso va a perjudicar el presupuesto nacional y que las tasas de las deudas soberanas van a incrementarse. Eso es un chantaje.

Todo esto, a mi juicio, se está articulando para disminuir el campo de liberación democrática, y cuando éste disminuye lo que aumenta es el campo de los despotismos sociales, lo que llamo en mi trabajo: el fascismo social. Las sociedades son políticamente democráticas, pero socialmente fascistas.

da. Precisamente, decía usted que el grado cero de legitimación del Estado es ese fascismo social. ¿Podría decirse que se está desdibujando el sentido de la democracia formal y que los Estados, incluso los del centro capitalista, están entrando en formas más directas de fascismo y de autoritarismos más explícitos?
BS. Sí, me parece. La fórmula es el estado de excepción, un estado de suspensión de las garantías constitucionales. El estado de excepción es excepcional. Pero lo que vemos hoy es su permanencia y, además, sin que signifique una suspensión de la Constitución. Pareciera que todo eso es normal porque ya hay otras formas de actuación. Por ejemplo, hay un recorte de pensiones en Portugal debido a una emergencia de la deuda, y esta emergencia se transforma en motivo suficiente para declarar, informalmente, un estado de excepción.

Entonces, aquí estamos en un borderline, es lo que llamo un totalitarismo gradual. Por eso ya estamos realmente entrando, en razón de lo que está pasando, en una forma de fascismo parapolítico dentro de las instituciones mismas del Estado.

da. Estamos en un momento en que el número de los excluidos es muchísimo mayor que el de los incluidos. Para poder democratizar la democracia, ¿primero tenemos que mirar cómo hacer más simétrico el ingreso? O, ¿la lucha por la democracia estaría primero, y luego la búsqueda de una igualdad en términos reales? ¿Es legítimo preguntarse de esta manera esto, o cómo ve usted el problema?
BS. Pienso que tenemos que hacer las dos cosas, la sociedad hoy no nos da otra alternativa. Es curioso ver que la expresión del 99-1 es muy antigua, creada en 1910 por Tolstoi para describir la Rusia de entonces. Para decir que el uno por ciento de Rusia dominaba al 99 por ciento, y el movimiento de Wall Street, algunos sin saber, otros sabiendo, aprovecharon ese concepto.

El capitalismo nos lleva hoy a formas de polarización, de desigualdades sociales casi como en el siglo XIX. Realmente si usted mira la concepción que hay de derechos laborales se ve un retroceso. Por eso debe reflexionarse si efectivamente es posible democratizar la democracia en estas condiciones. Pienso que va a ser muy difícil y será necesario algo más que la democracia representativa.

A los jóvenes que al final del siglo XIX lanzaban bombas en las calles de Chicago, Londres y Moscú, y a los anarquistas, por ejemplo, nunca les pasó por la cabeza pedir una democracia real. Un siglo después, está dentro del imaginario popular. La gente hoy tiene una concepción de derechos, como vemos con las tutelas aquí en Colombia, tienen una idea de que tenemos derechos y que hay que reivindicar y demandar para que sean cumplidos.

Algunas veces se dice que no hay capacidad de renovación de la democracia representativa, que ésta está realmente en grandes dificultades, como dice mi libro, pero hay siempre alguna innovación, por ejemplo, recientemente, para sorpresa de mucha gente, surge en España un partido, "Podemos", donde tenemos esperanza que realmente pueda surgir alguna renovación de la izquierda. La renovación que buscamos exige luchar a nivel de la democracia representativa y de la democracia participativa

Pienso que la democracia representativa en otros países está ocupada por anti-demócratas, gente que está al servicio del capital, de la corrupción, y que por eso no tiene ningún interés en representar a los representados. Por eso éste va a ser un tiempo lleno de luchas por las instituciones, y lucha desde afuera: antiinstitucional: en las calles, en las plazas, demandando derechos, democracia, paz. Entrando en lo que llamo un momento posinstitucional. La gente va a protestar porque tiene la idea de que las instituciones no están ejerciendo sus funciones como deberían. Eso va a ser, pienso, el escenario en el que vamos a vivir en este lado, claro, porque Medio Oriente cercano tiene otras dinámicas.

da. En América Latina vemos la resistencia de los poderes locales a la explotación minera, contraviniendo las políticas del Estado central. Podría decirse, en términos estratégicos, que ¿el Estado central está debilitado?

En esa misma línea, fenómenos como la separación de Cataluña o lo que vamos a tener ahora en Escocia, de alguna manera son ¿manifestaciones de una mayor independencia de lo local? ¿habría esperanzas en ese aspecto?
BS. Es una buena pregunta y merece una respuesta compleja porque, por un lado es verdad lo que estás diciendo, si miramos estos casos de impulso independentista de pueblos –como los catalanes o los escoceses– se ve que hay un esmero para crear un proyecto de país que está siendo destruido a nivel nacional por el neoliberalismo.

Los países fueron creados desde el concepto geopolítico de que cada uno puede tener su proyecto. Era un proyecto excluyente porque no incluía a las comunidades indígenas, ni los afro, pero era un proyecto de país. El neoliberalismo no era un proyecto de país, lo era de circuitos y de flujos globales, pero el movimiento en contra del Estado central empezó con políticas del Banco Mundial en los 90. El Banco, para debilitar el Estado central –que en ese entonces era muy fuerte– propuso medidas de descentralización, por ejemplo, que la educación básica debería pasar por los municipios.

Lo que pasó, como todo en la sociedad es dialéctico, fue que las fuerzas populares municipales aprovecharon este impulso descentralizador y se apropiaron de él. Y eso, cuando hay un agente político fuerte, como el caso del PT en Brasil –que decide en 1989 crear los presupuestos participativos en los municipios–, va a cambiar el Continente y va a provocar una revolución administrativa, política y local muy importante.

Pero tú cambias a nivel local y si no interfieres a nivel nacional, sigue la misma cosa. Necesitamos formas de democracia participativa a nivel nacional. Me sorprende que Bogotá no esté haciendo en este momento una experiencia novedosa de lo que podría ser una democracia participativa. Pienso que hay esperanzas de estas formas de democracia desde abajo, por así decir, que van a fortalecer los modelos que desde arriba están perdiendo dinámica, están perdiendo vitalidad.

da. Muchos de los movimientos en América Latina que en la última década lucharon por otros proyectos de nación se han agotado, y se encuentran con posibilidades de regresión, como en el caso de Venezuela y Brasil, ¿cómo ve el fenómeno de estos movimientos hacia el futuro?
BS. Lo que pasa es que la primera década del milenio fue luminosa en el Continente, llevando incluso a la discusión sobre el socialismo del siglo XXI, y por eso nos pareció que estábamos con una innovación política que podría arrastrar rápidamente otros países.

Pero no fue así. La segunda década es mucho menos brillante para el Continente, tuvimos acontecimientos muy peligrosos como el golpe en Honduras, más tarde en Paraguay y luego lo que pasó en Venezuela. El impulso de renovación política de la primera década disminuyó y perdió vitalidad por dos razones: una, que los movimientos sociales se desarmaron rápidamente cuando vieron que sus amigos habían llegado al poder. En Brasil eso fue claro: Lula es nuestro amigo, está en el poder, entonces ya no tenemos que trabajar. El único movimiento que no se desarmó fue el de los Sin Tierra. El resultado fue que el Presidente todos los días tenía la presión del capitalismo global y del capitalismo nacional y por eso muchas de las promesas se fueron frustrando.

Pero no es solamente esto, el otro factor, a mi juicio, es que desde abajo hubo poca presión y desde arriba hubo mucha del neoliberalismo y que en la década luminosa, la primera década, el imperialismo norteamericano estaba totalmente concentrado en Irak y por eso se olvidó de América Latina, donde siempre tuvo un papel de mucha injerencia, pero desde unos años pone de nuevo atención en esta parte del mundo.

da. En La Habana hay un avance como nunca había existido en diálogos anteriores entre la insurgencia y el gobierno colombiano. Después de tantos años de violencia sistemática en Colombia, teniendo en cuenta su conocimiento de los movimientos sociales qué le auguraría al país por lo menos en términos de ampliar la democracia, ¿sí es posible? O, ¿podríamos estar más cerca de un resultado como el de Guatemala?
BS. Las cosas son muy distintas obviamente y Colombia, a pesar de tener deficiencias institucionales muy fuertes tiene, en el caso del sistema judicial por ejemplo, una fuerza superior a otros países. Sobre todo después de la Constituyente del 91, la Corte Constitucional tuvo un papel pionero en el continente y hoy en día sigue siendo un ejemplo para el constitucionalismo transformador, como lo llamamos.

Ese aspecto no está en otros países. Pienso que aquí hay una institucionalidad quizá más fuerte y una sociedad que de tanta violencia se acostumbró a correr riesgos y por eso existen aún movimientos sociales. Los agrarios, los campesinos, los indígenas, como ya lo vimos en el paro agrario, siguen organizándose, siguen luchando, buscando solidaridad internacional.

Ahí quedan unos elementos de esperanza, pero una esperanza muy mitigada, muy cautelosa, porque depende mucho de que la sociedad civil organizada de Colombia, que tiene tantas aspiraciones y tantas expectativas en este proceso de paz, no se quede pasiva después de los acuerdos.

Yo pienso que debe tratarse de otras democracias, o sea, necesitamos una democracia intercultural en este país, y esa democracia deberá tener un componente obviamente representativo y una dimensión de democracia participativa y quizás de democracia comunitaria, como se determina en el caso de la constitución de Bolivia. Si eso se logra creo que habrá señales de esperanza para que este posconflicto ponga a Colombia como un ejemplo, para esta nueva década, de alguna creatividad política. Pero eso es una gran incógnita.

da. Lo que argumentan en esencia los que más se oponen al proceso de paz es que no puede haber paz con impunidad y pugnan porque, fundamentalmente, los jefes guerrilleros tengan que pagar cárcel. Desde la izquierda se dice que no es conveniente y que además debe permitírseles la participación en política. ¿Cómo ve usted este aspecto hacia futuro? ¿Eso podría constituirse hacia adelante en un obstáculo, incluso si se firman los acuerdos de paz? ¿Cómo ve usted este aspecto de la Justicia Transicional?
BS. Para mí es claro, la paz está primero que la justicia. Solo quien no conoce a Colombia puede decir que ahora vamos a aplicar todo como si nunca se hubiera presentado violencia, no es así. La paz está primero.

En segundo lugar, mira la historia ¿qué pasó en la Guerra Civil de los Estados Unidos entre el norte y el sur?, ¿cómo terminó la guerra? Con perdón recíproco, una guerra extremadamente violenta de todos los lados, y tuvo que haber perdón, no había jurisdicción universal en ese entonces, no había Tribunal Penal Internacional, pero hubo perdón. No podía ser de otra manera. Por eso pienso que los enemigos del proceso de paz van a utilizar todos los argumentos. Y, como te digo, el capitalismo internacional no está interesado quizás en una paz que no pueda controlarse después.

Con la paz las multinacionales podrán invertir mejor en Colombia, pero hay mucha gente que va a perder mucha plata con la paz. Y ellos no quieren perderla, y por eso van a resistir, por ejemplo, trayendo la legislación internacional de los crímenes contra la humanidad. Y ya están diciendo lo mismo a nivel de la Corte Penal Internacional: cuidado, porque hay este tipo de crímenes, etcétera.

da. Profesor, usted decía en uno de sus escritos que nos encontramos en un punto de bifurcación, para utilizar el lenguaje de Prigogine, y que cualquier elemento pequeño puede llevarnos a situaciones totalmente distintas, ¿qué resortes, diría usted, deberíamos tocar quienes propugnamos por un mundo más amable? ¿Hacia qué debemos apuntar para que sea posible en últimas democratizar la democracia?
BS. En cada país hay un contexto distinto, pero Colombia, en este momento, no es consciente de esto. Colombia está a punto de ser pionera de otro tipo de construcción de sociedad que es el proceso de paz en sí mismo y la posibilidad de un posconflicto, de una sociedad más reconciliada, más inclusiva.

Pienso que aquí la bifurcación es está: es un proceso de paz que, uno de dos, o va a lograr una sociedad más inclusiva, con una democracia más fuerte y una gran protección a todos los actores que están involucrados en el conflicto –para no repetir lo sucedido con la Unión Patriótica, y entonces, Colombia, que se quedó por fuera de toda la primera década de las cosas luminosas producidas en el Continente –debido a gobiernos conservadores como el de Uribe–, puede volver a tener un protagonismo. Pero en estas condiciones, porque ésta es la bifurcación, si hay un fracaso del proceso de paz se llegaría al punto del desastre total.

 

Video 

Entrevista completa: ¿Democratizar la democracia?

Publicado enEdición Nº206
Martes, 09 Septiembre 2014 11:56

Los discursos otros

Los discursos otros

 

Edición 2014. Formato: 11,5 x 17,5 cm, 120 páginas
P.V.P:$15.000   ISBN:978-958-8454-96-2

 

 Reseña:

Este texto sintetiza los principales debates formulados a la teoría crítica clásica; muestra cómo la pregunta por la cultura estuvo en el centro de la preocupación por el fenómeno de la reproducción del capitalismo, trascendiendo el análisis económico, para lo cual retoma los esfuerzos de la Escuela de Frankfurt y el Centro de Estudios Culturales de Birminham, al momento de realizar los primeros estudios sobre la cultura obrera, para luego mostrar los debates estructuralistas y postestructuralistas que, con énfasis en la cultura como dimensión fundante de la realidad, tomaron distancia de dichas tradiciones.

Son revisadas, además, varias tendencias, desde la mirada arqueo-genealógica, las teorías de género, hasta los estudios poscoloniales, enfatizando en América Latina identificando importantes trabajos sobre la manera como Occidente pretendió universalizar sus valores y las formas particulares que adoptó allí la modernidad. Más allá de toda pretención de identidad, los discuros otros pueden ayudar a despertar sospecha ante las formas de dominación más sutiles, pero sobre todo a encontrar las fisuras por dónde fluyen hoy las transformaciones que nos permitirían construir nuevas utopías.

 

Alejandro Álvarez Gallego. profesor Titular de la Universidad Pedagógica Nacional desde 1989, donde obtuvo la licenciatura en Ciencias Sociales; Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación de la Uned de Madrid España.

Entre sus publicaciones: "Las Ciencias Sociales en Colombia: Genealogías Pedagógicas", 2013, "Formación de Nación y Educación" , 2010.

 


 

Índice.

 

Introducción.

I.La teoría crítica.

II.El estructuralismo.

    Sobre el concepto de estructura.

III.Los estudios Culturales.

     La génesis.

     Institucionalización.

IV.El pos-estructuralismo.

     La perspectiva de Focault.

     Teorías críticas del feminismo y los estudios de género.

V.El poscolonialismo o la crítica cultural del capitalismo tardío.

VI.Los estudios culturales y pos-estructurales en América Latina.

     En síntesis.

     Bibliografía.

 

 

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Martes, 09 Septiembre 2014 11:38

Alianza PAIS o la reinvención del poder

Alianza PAIS o la reinvención del poder

 

Edición 2014. Formato 17 x 24 cm. 402 páginas.
P.V.P:$37.000   ISBN:978-958-8454-99-3

 

Reseña:

Durante la "década progresista", en América Latina germinaron nuevas formas de dominación transformadas en hegemónicas a caballo de gobiernos proclamados de izquierda, incluso revolucionarios. Irónico. Estamos ante formas más complejas de administrar los estados, de maneras menos transparentes y, por tanto, más profundas y eficaces para el disciplinamiento de los sectores populares. Modos que neutralizan la capacidad de lucha de los movimientos, pero que a la vez dan rienda suelta a los modelos extractivos de acumulación del capital, mientras domestican camadas enteras de la sociedad con políticas sociales que no alcanzan a modificar la desigualdad.

Ante este conjunto de dificultades, es imperioso afilar el estilete del análisis y empuñar con precisión el cincel de la crítica, para dar cuenta de las nuevas realidades. No puede lucharse contra lo indescifrable ni combatir en la confusión, cualidades que son más eficaces como instrumentos de la dominación que como palancas de la emancipación. Es urgente, por tanto, alumbrar el presente, explicar cómo se engarzan los eslabones de las nuevas cadenas, no menos terribles que las anteriores.

Alianza PAIS o la reinvención del poder de Pablo Dávalos, es un instrumento valioso, un aporte sustancial para quienes, abajo y a la izquierda, trabajamos para seguir construyendo un mundo nuevo. Consigue desvanecer la bruma de este "tiempo ambiguo"; muestra con abundancia de datos y análisis precisos, tanto las continuidades como las novedades del régimen de Alianza País, incluyendo los atributos de su liderazgo autoritario.

El mérito especial de Dávalos radica en la comprensión integral de la "Revolución Ciudadana" ecuatoriana, abarcando todas sus facetas, desde la economía y la política hasta la estética y la semiótica. En mi opinión, lo mejor que puede decirse de un trabajo como el de Pablo, es que constituye una valiosa herramienta para quienes seguimos resistiendo el capitalismo y luchando por la emancipación.

Raúl Zibechi

 

Pablo Davalos. Economista ecuatoriano con estudios de posgrado en Lovaina (Bélgica) y en Grenoble (Francia). Ex Viceministro de Economía (2005). Profesor titular de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en el área de Economía Política. Profesor de posgrado y profesor visitante de la Universidad Pierre Mendes France, de Grenoble-Francia.

 

 

Artículos relacionados:

Reseña Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº138, septiembre 2014

 

 

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Sábado, 30 Agosto 2014 08:53

El triunfo cultural del neoliberalismo

El triunfo cultural del neoliberalismo

El neoliberalismo echa raíces. Durante los años 70 del siglo pasado, las tendencias del capitalismo dieron un vuelco de 180 grados. Los principios que regían las relaciones entre las clases sociales, los mecanismos de consenso, las maneras de enfrentar los conflictos y crisis, entre capital y trabajo, se fueron al traste. De la noche a la mañana la propuesta keynesiana de posguerra, que unía democracia, desarrollo e integración social, fue cuestionada. La movilidad social ascendente se transformó en un nuevo proceso de pauperización. Las desigualdades, otrora combatidas como lacras del subdesarrollo, fueron reivindicadas, en los países de capitalismo central, como motor de la competitividad. La diferencia era de interpretación. Una nueva teoría de la justicia, fundada en la competencia y anclada en la igualdad de oportunidades para fracasar o triunfar, sirvió de pretexto para declarar la supremacía del liberalismo político y reivindicar una reforma del Estado de bienestar capaz de asentar un orden social despolitizado, descentralizado y desregulado. Los principios de la desigualdad natural se consideraron aliciente para el advenimiento de una sociedad ordenada, equitativa y justa, asentada en la economía de mercado. En ella los emprendedores serían recompensados con el triunfo, y los timoratos, acostumbrados a vivir de las ayudas de papá Estado, penalizados con el fracaso y la marginación. La economía de mercado pondría a cada quien en su sitio, sin otro baremo que las habilidades, imaginación y capacidades de cada quien para forjarse un futuro. El tópico: Enseñarles a pescar y no darles el pescado, se extendió como la peste. Los colegios cambiaron las asignaturas de ética y filosofía por economía aplicada a las finanzas. Estudiantes de 15 años debían saber operar en valores bursátiles, simular inversiones, buscar dinero semilla y ser competitivos.

 

La integración social, considerada uno de los éxitos del Estado de bienestar para frenar el comunismo en Europa occidental, se aparcó y con ello el manido argumento para desactivar las luchas sociales, repetido por ideólogos y propagandistas académicos, negando la pauperización creciente del proletariado y los sectores medios. Los trabajadores no tenían cadenas ni estaban alienados, ni enajenados. Por el contrario, sus miembros estaban contentos al recibir una parte proporcional de los beneficios de la sociedad industrial. Disfrutaban de un trabajo y un salario justos, que les brindaba acceso a crédito, vivienda, educación superior, ascenso social y, sobre todo, consumir. No querían más. La lucha de clases era un mito atizado por partidos de izquierda que no aceptaban su derrota política a manos de un capitalismo con rostro humano.


Los primeros cambios doctrinarios introducidos por el neoliberalismo afectaron de manera diferente a los sectores medios y el proletario industrial de posguerra. Sin embargo, ambos verían esfumarse sus expectativas. A los sectores medios, educados en la meritocracia, la ideología del progreso y el consumo, les aguó la fiesta. Las políticas de austeridad les afectaron los bolsillos y restringieron el consumo. Y a los trabajadores industriales les atacó de lleno. Del trabajo estable y duradero se pasó al mercado laboral flexible y de mala calidad. Con ello los valores culturales del capitalismo debían transformar la mentalidad del trabajador. Se impuso el contrato a tiempo parcial, la estabilidad laboral se evaporó. La economía del bienestar, en economía del malestar. La cultura del capitalismo, su lenguaje, sus formas de explotación, dominio y hegemonía requería un cambio. A decir de Richard Sennett, la necesidad de amoldarse a las necesidades de un trabajo inestable, sin residencia fija, intercambiable en puesto, responsabilidades y disponibilidad absoluta de tiempo, dio lugar al carácter flexible. En otros términos, una personalidad gelatinosa, de principios mutables, dispuesta a todo y amoral.


Una visión apocalíptica se adueñó del discurso político de los hacedores del capital. Se acabó lo que se daba. El popular café para todos fue sustituido por un ajustarse el cinturón. Se acusó al Estado de ineficiente y corrupto, así como de despilfarrar recursos y ser un lastre para la competitividad. Nuevos valores entraron en liza. Lentamente cambiaron los referentes, los imaginarios y las palabras. El capitalismo se reinventó. Todo se fue modificando para dar cabida a un ser despolitizado, social-conformista. Un perfecto idiota social. Las viejas estructuras abrieron paso a un orden social cuyas reformas exacerbaron los valores individualistas, el yo por encima del nosotros y el otro, considerado un obstáculo, un competidor al cual destruir. Ello en plena guerra fría. La crisis de los países del Este aceleró el proceso en marcha. La revolución tecnológica apuntaló los cambios al entrar de lleno en los hogares, como anteriormente la radio y el televisor. Los videojuegos, el uso de ordenadores personales, Internet, provocaron un vuelco en las relaciones sociales. Para los más optimistas, era el nacimiento de la sociedad de la información. Las redes, los nodos, los chats y la realidad virtual sustituyen las charlas entre amigos. Se puede estar en mil sitios al mismo tiempo y en ninguno. Las tecnociencias han facilitado el control y el dominio de la población bajo fórmulas que provocan autismo social. Es normal ver a jóvenes y no tan jóvenes inmersos en el mundo de WhatsApp, Twitter y Facebook en lugares y circunstancias como restaurantes, aulas de clase, cines, autobuses, metro. No se hablan. Están absortos en sus aparatos electrónicos y una comunicación virtual. Hasta la democracia se torna en democracia 2.0, digital, confundiendo un proyecto político fundado en el diálogo, la mediación y la negociación cara a cara, con un mensaje de texto. El éxito cultural del neoliberalismo ha consistido en hacer de los proyectos sociales democráticos, emancipadores y socialistas, una opción individual de mercado dependiente de la telefonía móvil.

Publicado enEconomía
Sábado, 16 Agosto 2014 11:29

Los 17 mandatos del anticapitalismo

Los 17 mandatos del anticapitalismo

Uno de los múltiples problemas a los que nos enfrentamos como clase social (¿o sería mejor decir como especie o planeta?) es la falta de un horizonte por el que luchar. Al menos desde la oleada revolucionaria global de los '60 y '70, no hay una alternativa socialista difundida a cierta escala. La reacción neoliberal ocurrida desde entonces machacó esas posibilidades de transición y restringió el debate a los límites internos del capitalismo.

 

Lo vemos día a día cuando las alternativas presuntamente "anticapitalistas" son simplemente defendernos de las peores consecuencias del sistema, intentar crear espacios a pequeña escala que funcionen de forma diferente o, en el peor de los casos, camuflar el anticapitalismo con la búsqueda de la gestión del Estado capitalista, postura que en general propone volver a un pasado de propiedades míticas en el que los excesos de los oligarcas estarían controlados.

 

Por este motivo, es una gran noticia que voces autorizadas planteen de forma seria esa transición desde la dictadura burguesa a la democracia. Así pues, 'cedemos' este espacio al geógrafo David Harvey, quien en su última obra, Seventeen contradictions and the end of capitalism, propone a su vez 17 "mandatos" para animar la praxis política. Esperamos que así sea.

 

"Deberíamos luchar por un mundo en el que:

 

1. La provisión directa de adecuados valores de uso para todos (vivienda, educación, seguridad alimentaria, etc.) sea prioritaria sobre su provisión a través de un sistema de mercado que maximiza el beneficio y que concentra los valores de cambio en unas pocas manos privadas y distribuye los bienes de acuerdo a la capacidad de pago.

 

2. Se cree un medio de cambio que facilite la circulación de bienes y servicios pero limite o excluya la capacidad de los individuos privados para acumular dinero como una forma de poder social.

 

3. La oposición entre propiedad privada y poder estatal sea desplazada tanto como sea posible por regímenes de derechos comunes –con énfasis concreto sobre el conocimiento humano y la tierra como los comunes más cruciales que tenemos- cuya creación, gestión y protección se sitúe en las manos de asambleas y asociaciones populares.

 

4. La apropiación de poder social por personas privadas no sea sólo limitado por barreras económicas y sociales sino que sea desaprobado universalmente como una desviación patológica.

 

5. La oposición de clase entre capital y trabajo sea disuelta en productores asociados decidiendo libremente sobre qué, cómo y cuándo producirán en colaboración con otras asociaciones en relación con la satisfacción de las necesidades sociales comunes.

 

6. La velocidad de la vida diaria sea reducida –la locomoción debe ser sin prisa y lenta- para maximizar el tiempo para actividades libres llevadas a cabo en un entorno estable y bien mantenido protegido de episodios dramáticos de destrucción creativa.

 

7. Las poblaciones asociadas evalúen y comuniquen entre sí sus mutuas necesidades sociales para proveer la base para sus decisiones de producción (a corto plazo, las consideraciones de realización dominan las decisiones de producción).

 

8. Se creen nuevas tecnologías y formas organizativas que aligeren la carga de toda forma de trabajo social, disuelvan las distinciones innecesarias en las divisiones técnicas del trabajo, liberen tiempo para actividades libres individuales y colectivas, y disminuyan la huella ecológica de las actividades humanas.

 

9. Las divisiones técnicas del trabajo sean reducidas mediante el uso de la automatización, robotización e inteligencia artificial. Aquellas divisiones técnicas del trabajo residuales consideradas esenciales estén disociadas de las divisiones sociales del trabajo tanto como sea posible. Las funciones administrativas, de liderazgo y de control deberían rotar entre individuos dentro de la población general. Nos liberemos del dominio de los expertos.

 

10. El poder monopólico y centralizado sobre el uso de los medios de producción sea conferido a asociaciones populares mediante las cuales las capacidades competitivas descentralizadas de individuos y grupos sociales se movilicen para producir diferenciaciones en las innovaciones técnicas, sociales, culturales y de estilos de vida.

 

11. Exista la diversificación más amplia posible en formas de vivir y de ser, de relaciones sociales y relaciones con la naturaleza, y de hábitos culturales y pensamientos dentro de asociaciones territoriales, comunas y colectivos. Se garantice el libre e ilimitado pero ordenado movimiento geográfico de individuos dentro de territorios y comunas. Los representantes de las asociaciones se junten regularmente para evaluar, planificar y emprender tareas comunes y tratar con los problemas comunes a diferentes escalas: biorregional, continental y global.

 

12.Todas las desigualdades en la provisión material sean abolidas aparte de aquellas implicadas en el principio de de cada cual según su o sus capacidades y a cada cual según su o sus necesidades.

 

13. La distinción entre el trabajo necesario hecho para otros distantes y el trabajo acometido en la reproducción de uno mismo, el hogar y la comuna sea gradualmente borrada, de manera que el trabajo social se integre en el trabajo doméstico y comunal, y el trabajo doméstico y comunal se convierta en la forma principal de trabajo social no alienado y no monetizado.

 

14. Todo el mundo debería tener iguales derechos a educación, salud, vivienda, seguridad alimentaria, bienes básicos y acceso abierto al transporte para asegurar la base material para la libertad para vivir sin la miseria y para la libertad de acción y movimiento.

 

15. La economía converja en el crecimiento cero (aunque con margen para desarrollos geográficos desiguales) en un mundo en que el desarrollo más grande posible de las capacidades y energías humanas tanto individuales como colectivas y la búsqueda perpetua de la innovación prevalezcan como normas sociales desplazando la manía por el crecimiento compuesto perpetuo.

 

16. La apropiación y producción de fuerzas naturales para necesidades humanas deberían mantener un ritmo sostenido pero con la máxima consideración para la protección de ecosistemas, la máxima atención prestada al reciclaje de nutrientes, energía y materia física hacia los lugares de los que vinieron, y un abrumador sentido de re-encantamiento con la belleza del mundo natural, del cual somos una parte y al cual podemos contribuir mediante nuestras obras.

 

17. Los seres humanos no alienados y las personas creativas no alienadas emerjan armadas con un nuevo y confiado sentido de sí mismos y de seres colectivos. Nacido de la experiencia de relaciones sociales íntimas contraídas libremente y la empatía con los diferentes modos de vivir y producir, emergerá un mundo donde todos sean considerados igualmente merecedores de dignidad y respeto, incluso al bramar el conflicto sobre la definición apropiada de la buena vida. Este mundo social evolucionará continuamente mediante revoluciones permanentes y continuas revoluciones en las capacidades y energías humanas. La búsqueda perpetua de la innovación continúa".

Enlace (en inglés):
http://www.thewhitereview.org/features/seventeen-contradictions-and-the-end-of-capitalism/

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John Holloway: "El desafío es salir del capitalismo"

 

A diez años de la publicación de su célebre libro, ¿sigue pensando John Holloway que es posible "cambiar el mundo sin tomar el poder"?


En 2002 John Holloway publicó un libro de referencia: Cambiar el mundo sin tomar el poder. Inspirado en el "¡Ya basta!" zapatista, en el movimiento que surgió en Argentina en 2001-2002 y por el movimiento antiglobalización, plantea en él una hipótesis: no es la idea de revolución o transformación del mundo la que ha quedado impugnada en el desastre del comunismo autoritario, sino más bien la idea de la revolución como toma del poder y la del partido como herramienta política por excelencia.
Otra noción de cambio social se insinúa en esos movimientos, y en general en todas las prácticas más o menos visibles donde se sigue una lógica distinta a la del beneficio, la de agrietar el capitalismo, o sea crear, dentro de la misma sociedad que se rechaza, espacios, momentos o áreas de actividad donde se prefigura ya un mundo distinto. Rebeldías en movimiento. Vistas así las cosas, la cuestión de la organización ya no coincide con la del partido, sino que pasa por la pregunta de cómo se reconocen y conectan las distintas grietas que van descosiendo el tejido capitalista.
Pero después del "que se vayan todos" argentino vino el gobierno de Kirchner, y después del "no nos representan" en España apareció Podemos. Nos encontramos con John Holloway en la ciudad de Puebla (México) para preguntarle si, después de una década y todo lo que ha acontecido en ella, desde los gobiernos progresistas en América Latina hasta Podemos y Syriza en Europa, pasando por los problemas de las prácticas autoorganizadas para existir y multiplicarse, sigue pensando que es posible cambiar el mundo sin tomar el poder.


—Lo primero, John, sería preguntarte de dónde viene, dónde se sostiene, la idea hegemónica de revolución en el siglo xx, es decir, la del cambio social mediante la toma del poder.


—Creo que el elemento central es el trabajo, el trabajo entendido como trabajo asalariado, es decir, trabajo enajenado o abstracto. El trabajo asalariado ha sido y es la base del movimiento sindical, de los partidos socialdemócratas que eran su ala política, y también de los movimientos comunistas. Ese concepto conformaba la teoría revolucionaria del movimiento obrero: la lucha del trabajo asalariado contra el capital. Pero su lucha era limitada, porque el trabajo asalariado es el complemento del capital y no su negación.

 


—No entiendo la relación entre esa idea del trabajo y la de revolución a través de la toma del poder del Estado.


—Una manera de entender la conexión sería la siguiente: si partes de la definición del trabajo como trabajo asalariado o enajenado, partes de la idea de los trabajadores como "víctimas" y "objetos" del sistema de dominación. Y un movimiento que lucha por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores (considerados como víctimas y objetos) se remite inmediatamente al Estado. ¿Por qué? Porque el Estado, por su separación misma con respecto a la sociedad, es la institución ideal si se busca conseguir beneficios para la gente. Así piensa la tradición del movimiento obrero y la tradición de los gobiernos de izquierda que hay actualmente en Latinoamérica.


 

—Pero no es la única tradición para pensar la política de emancipación.


—Desde luego que no. En los últimos veinte o treinta años encontramos muchísimos movimientos que afirman otra cosa: la posibilidad de emancipar la actividad humana del trabajo enajenado, abriendo grietas donde poder hacer de otra manera, hacer algo que nos parece útil, necesario y que merezca la pena, una actividad no subordinada a la lógica del beneficio.
Esas grietas pueden ser espaciales (lugares donde se generan otras relaciones sociales), temporales ("aquí en este evento, mientras estemos juntos, vamos a hacer las cosas de otra manera, vamos a abrir ventanas hacia otro mundo") o relacionadas con actividades o recursos particulares (cooperativas, por ejemplo, o actividades que siguen una lógica no mercantil con respecto al agua, al software, a la educación). 
El rechazo al trabajo enajenado y enajenante implica al mismo tiempo una crítica de las estructuras institucionales, organizativas y de pensamiento que surgen de él. Así se puede explicar el rechazo a los sindicatos, a los partidos y al Estado que podemos observar en tantos movimientos contemporáneos, desde los zapatistas hasta los indignados griegos o españoles.


 

—Pero no se trata de la oposición entre vieja y nueva política, me parece, porque lo que vemos en los movimientos de la crisis es que surgen las dos cosas al mismo tiempo: grietas como las plazas y también nuevos partidos, como Syriza o Podemos.


—Creo que es un reflejo de que nuestra experiencia en el capitalismo es contradictoria. Somos víctimas y a la vez no lo somos. Buscamos mejorar nuestras condiciones de vida como trabajadores y también ir más allá, vivir de otra manera. Por un lado, somos efectivamente personas que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Pero, por otro, tenemos sueños, comportamientos y proyectos que no caben en la definición capitalista de trabajo.
Lo difícil, ayer como hoy, es pensar la relación entre los dos tipos de movimientos. Cómo esa relación puede evitar la reproducción del sectarismo de siempre, cómo puede ser una relación fructífera sin negar las diferencias fundamentales entre las dos perspectivas.

 


—Argentina en 2001 y 2002, los indignados en Grecia y España más recientemente... En cierto momento los movimientos por abajo se detienen, entran en crisis o impasses, se desvanecen... ¿Dirías que la política de las grietas tiene límites intrínsecos para durar y expandirse?


—No hablaría de límites, sino de problemas. Hace diez años, cuando publiqué Cambiar el mundo sin tomar el poder, se veían más los logros y las potencias de los movimientos de abajo, mientras que ahora somos más conscientes de los problemas. Los movimientos que citas son faros de esperanza de una importancia enorme, pero el capital sigue existiendo y es cada vez peor, implica cada vez más miseria y destrucción. No podemos limitarnos a cantar las glorias de los movimientos, no es suficiente.


 

—¿Una respuesta podría pasar, entonces, por la opción que enfoca hacia el Estado?


—Se entiende por qué la gente quiere ir para allá, se entiende muy bien. Han sido años de luchas feroces, pero la agresión del capitalismo sigue igual. Espero sinceramente que Podemos y Syriza ganen las elecciones, porque eso cambiaría el caleidoscopio actual de las luchas sociales. Pero mantengo todas mis objeciones con respecto a la opción estatal. Cualquier gobierno de este tipo implica una canalización de las aspiraciones y de las luchas dentro de conductos institucionales que necesariamente tienen que buscar la conciliación entre la rabia que estos movimientos expresan y la reproducción del capital. Porque la existencia de cualquier gobierno pasa por fomentar la reproducción del capital (atrayendo inversión extranjera o de otra forma), no hay otra. Esto implica inevitablemente participar en la agresión que es el capital. Es lo que ya ha pasado en Bolivia y Venezuela y será también el problema en Grecia y España.

 


—¿Se trataría tal vez de complementar los movimientos por abajo con un movimiento orientado hacia las instituciones de gobierno?


—Es la respuesta obvia que se repite. Pero el problema de las respuestas evidentes es que suprimen las contradicciones. Las cosas no se pueden conciliar tan fácilmente. Desde arriba se puede tal vez mejorar las condiciones de vida de la gente, pero no me parece que se pueda romper con el capitalismo y generar otra realidad. Y sinceramente creo que estamos en una situación donde no hay soluciones a largo plazo para la humanidad entera dentro del capitalismo.


No descalifico la opción estatal porque yo tampoco tengo ninguna respuesta que ofrecer, pero no me parece que sea la solución.

 


—¿Por dónde estás buscando esa respuesta?


—Sin considerar a los partidos de izquierda como enemigos, que para mí desde luego no es el caso, yo diría que la respuesta hay que pensarla en términos de profundización de las grietas.
Si no vamos a aceptar la aniquilación de la humanidad, que es algo que me parece que está en la agenda del capitalismo como posibilidad real, la única alternativa es pensar que nuestros movimientos son el nacimiento de otro mundo. Hay que ir construyendo grietas y buscando formas de reconocerlas, potenciarlas, extenderlas, comunicarlas. Buscar la confluencia o, mejor, la comunización de las grietas.

Si pensamos en términos de Estado y elecciones nos estamos desviando de eso, porque Podemos o Syriza pueden mejorar las cosas pero no crear otro mundo por fuera de la lógica del capital. Y creo que de eso se trata.

 


—¿Cómo piensas la relación entre las dos perspectivas de que venimos hablando?


—Es necesario mantener un debate constante y respetuoso y que a la vez no suprima las diferencias y las contradicciones. Una base del diálogo podría ser la siguiente: nadie tiene la solución.
Nosotros por el momento debemos reconocer que no tenemos la fuerza suficiente para abolir el capitalismo. Y por fuerza me refiero aquí a construir maneras de vivir que no dependan del trabajo asalariado. Poder decir: "realmente no me importa si tengo empleo o no, porque si no lo tengo puedo dedicar mi vida a otras cosas que me interesan y que me dan el sustento suficiente para vivir dignamente". Ahora mismo no es el caso. Quizá tengamos que construir eso antes de decir: "váyase al carajo, capital".


En ese sentido, pensemos que una precondición de la revolución francesa fue que en cierto momento la red social de relaciones burguesas ya no necesitaba a la aristocracia para existir. De igual modo, debemos trabajar para alcanzar el punto en que podamos decir: "no nos importa que el capital global no invierta en España, porque hemos construido una red de apoyo mutuo suficiente para vivir con dignidad".


Hoy la rabia contra los bancos se extiende por todo el mundo, pero me parece que el problema no son los bancos, sino la existencia del dinero como relación social. ¿Cómo pensar la rabia contra el dinero? Creo que ésta pasa necesariamente por construir relaciones sociales no monetizadas, no mercantilizadas.
Y hay muchísima gente dedicándose a eso, por deseo, convicción o necesidad, aunque no salga en los periódicos. Construyendo otras formas de comunidad, de socialidad, de pensar la tecnología y las habilidades humanas para crear otra vida.

 

(Tomado de www.eldiario.es)

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Las semejanzas y diferencias entre Marx y Keynes

Existe bastante confusión, resultado de una sorprendente falta de conocimiento histórico en la enseñanza española, de las diferencias existentes entre las escuelas económicas basadas en la interpretación del capitalismo de Karl Marx y las que se originan con John Maynard Keynes. Cuando, por ejemplo, se habla de que la crisis actual se debe a la falta de demanda, inmediatamente se atribuye esta observación a una visión keynesiana de la economía, cuando en realidad fue Karl Marx el que habló de la crisis del capitalismo como resultado de la descendente demanda, consecuencia de la bajada de los salarios de la mayoría de la población, perteneciente a la clase trabajadora. Fue Karl Marx el que claramente vio lo que ahora ha descrito y documentado Thomas Piketty en su libro sobre la evolución del capital en el siglo XVIII, Capital in the Twenty-First Century. En El Capital, Karl Marx indicaba que la lógica del sistema capitalista lleva a una concentración del capital a costa de una "inmiseración" de la clase trabajadora, lo cual, añadía Karl Marx, creaba un enorme problema de demanda. Esta postura queda resumida en su frase de que "La causa final de toda crisis es siempre la pobreza y el limitado consumo de las masas". Uno de los economistas que mejor predijo la crisis actual, Nouriel Roubini, así lo indicó en su entrevista en el Wall Street Journal: "Karl Marx llevaba razón. El capitalismo puede destruirse a sí mismo, pues no puedes tener una constante absorción de las rentas del trabajo por parte de las del capital, sin crear un exceso de capacidad y una falta de demanda. Y esto es lo que está ocurriendo... el salario del trabajador es el motor del consumo". No es pues, John Maynard Keynes, sino Karl Marx, el que indicó que el empobrecimiento de la población supone un grave problema para el capitalismo: la escasa demanda. John Maynard Keynes habló también, más tarde, de la escasez de la demanda, pero poco de la concentración del capital. Y todavía menos de la relación entre esta concentración y el empobrecimiento de la población trabajadora. Esta era una de las grandes diferencias entre Karl Marx y John Maynard Keynes.


Otra gran diferencia entre Karl Marx y John Maynard Keynes, además del entendimiento de la crisis bajo el capitalismo (siendo el análisis de Karl Marx más completo que el de John Maynard Keynes), es en la solución a la crisis. Karl Marx creía que la solución a la crisis era una solución sistémica, que requería el cambio de la propiedad del capital, pasando de ser propiedad del capitalista a ser propiedad de los trabajadores (definidos como un colectivo que crea y produce el capital). Este cambio de propiedad era descrito esquemáticamente en el Manifiesto Comunista (el libro más vendido en la historia de la humanidad), que establecía una serie de principios, excesivamente simplificados, aunque presentados con una narrativa movilizadora. Pero (y es un enorme "pero"), Karl Marx no detalló cómo realizar dicha transición en el sistema de propiedad. Ni tampoco mostró qué políticas debían realizarse para trascender el capitalismo.


John Maynard Keynes, por el contrario, nunca se planteó la sustitución del capitalismo por otro sistema. Creía que el problema de la demanda podía resolverse con el intervencionismo del Estado, con un aumento, por ejemplo, del gasto y la financiación públicos, es decir –tal como indicó- "el gobierno y los bancos centrales pueden resolver el problema de la escasa demanda, bien directamente, con un aumento del gasto público, bien indirectamente, a través de la financiación de inversiones en programas de infraestructura". Y la experiencia ha mostrado que el problema de la demanda podría resolverse, como se vio en la manera como se salió de la Gran Depresión (y también en la manera como no se está saliendo de la Gran Recesión actual, con sus absurdas políticas de austeridad). Ahora bien, aun cuando Karl Marx subestimó la capacidad de resistencia del capitalismo, el hecho es que todos los casos de salidas de las crisis han requerido una redistribución del capital hacia el mundo del trabajo, revirtiendo la redistribución (que Karl Marx llamó, con razón, "explotación") del mundo del trabajo por parte del capital, que creó esas crisis. (Ver mi artículo "La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades". Público. 01.05.14)
La mejor y más eficaz forma de estímulo de la demanda es precisamente el enriquecimiento (en lugar del empobrecimiento) de las masas (como diría Karl Marx) a costa de los intereses del capital, excesivamente concentrado hoy en día. Y el que mejor ha analizado este hecho ha sido Michal Kalecki, un economista polaco que claramente se merecía el Premio Nobel de Economía pero que ni siquiera fue considerado para ello por vérsele demasiado "rojo". Pero hoy, y tal como ha reconocido Paul Krugman (el keynesiano más conocido hoy en el mundo) fue Michal Kalecki y no John Maynard Keynes el que mejor explicó las crisis del capitalismo, detrás de las cuales el conflicto Capital-Trabajo juega un papel fundamental. (Ver mi artículo "Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual", Le Monde Diplomatique, Julio 2013.


Estas diferencias son claves para entender lo que está ocurriendo en el capitalismo y por qué. Karl Marx explicó claramente los orígenes de la crisis, causada por el enorme declive de las rentas del trabajo a causa del enorme crecimiento de las rentas del capital y su concentración, subestimó, en cambio, la capacidad de respuesta, como bien ilustró John Maynard Keynes. Este, sin embargo, no fue consciente del contexto político, desarrollado por Michal Kalecki , el mayor y mejor analista del capitalismo.

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