Décima carta a las izquierdas: ¿democracia o capitalismo?

Al inicio del tercer milenio, las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el primer desafío.


Contra lo que el sentido común de los últimos cincuenta años puede hacernos pensar, la relación entre democracia y capitalismo siempre fue una relación tensa, incluso de contradicción. Lo fue, ciertamente, en los países periféricos del sistema mundial, en lo que durante mucho tiempo se denominó Tercer Mundo y hoy se designa como Sur global. Pero también en los países centrales o desarrollados la misma tensión y contradicción estuvieron siempre presentes. Basta recordar los largos años de nazismo y fascismo.


Un análisis más detallado de las relaciones entre capitalismo y democracia obligaría a distinguir entre diferentes tipos de capitalismo y su dominio en distintos períodos y regiones del mundo, y entre diferentes tipos y grados de intensidad de la democracia. En estas líneas concibo al capitalismo bajo su forma general de modo de producción y hago referencia al tipo que ha dominado en las últimas décadas: el capitalismo financiero. En lo que respecta a la democracia, me centro en la democracia representativa tal como fue teorizada por el liberalismo.


El capitalismo sólo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus "necesidades", mientras que la democracia es idealmente el gobierno de las mayorías que no tienen capital ni razones para identificarse con las "necesidades" del capitalismo, sino todo lo contrario. El conflicto es, en el fondo, un conflicto de clases, pues las clases que se identifican con las necesidades del capitalismo (básicamente, la burguesía) son minoritarias en relación con las clases que tienen otros intereses, cuya satisfacción colisiona con las necesidades del capitalismo (clases medias, trabajadores y clases populares en general). Al ser un conflicto de clases, se presenta social y políticamente como un conflicto distributivo: por un lado, la pulsión por la acumulación y la concentración de riqueza por parte de los capitalistas, y, por otro, la reivindicación de la redistribución de la riqueza generada en gran parte por los trabajadores y sus familias. La burguesía siempre ha tenido pavor a que las mayorías pobres tomen el poder y ha usado el poder político que le concedieron las revoluciones del siglo XIX para impedir que eso ocurra. Ha concebido la democracia liberal como el modo de garantizar eso mismo a través de medidas que cambiaron en el tiempo, pero mantuvieron su objetivo: restricciones al sufragio, primacía absoluta del derecho de propiedad individual, sistema político y electoral con múltiples válvulas de seguridad, represión violenta de la actividad política fuera de las instituciones, corrupción de los políticos, legalización del lobby... Y siempre que la democracia se mostró disfuncional, se mantuvo abierta la posibilidad del recurso a la dictadura, algo que sucedió muchas veces.


Después de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos países tenían democracia, vastas regiones del mundo estaban sometidas al colonialismo europeo, que servía para consolidar el capitalismo euro-norteamericano, Europa estaba devastada por una guerra que había sido provocada por la supremacía alemana, y en el Este se consolidaba el régimen comunista, que aparecía como alternativa al capitalismo y a la democracia liberal. En este contexto surgió en la Europa más desarrollada el llamado capitalismo democrático, un sistema de economía política basado en la idea de que, para ser compatible con la democracia, el capitalismo debería ser fuertemente regulado, lo que implicaba la nacionalización de sectores clave de la economía, un sistema tributario progresivo, la imposición de las negociaciones colectivas e incluso, como sucedió en la Alemania Occidental de la época, la participación de los trabajadores en la gestión de empresas. En el plano científico, Keynes representaba entonces la ortodoxia económica y Hayek, la disidencia. En el plano político, los derechos económicos y sociales (derechos al trabajo, la educación, la salud y la seguridad social, garantizados por el Estado) habían sido el instrumento privilegiado para estabilizar las expectativas de los ciudadanos y para enfrentar las fluctuaciones constantes e imprevisibles de las "señales de los mercados". Este cambio alteraba los términos del conflicto distributivo, pero no lo eliminaba. Por el contrario, tenía todas las condiciones para instigarlo después de queel crecimiento económico de las tres décadas siguientes se atenuara. Y así sucedió.


Desde 1970, los Estados centrales han estado manejando el conflicto entre las exigencias de los ciudadanos y las exigencias del capital mediante el recurso a un conjunto de soluciones que gradualmente fueron dando más poder al capital. Primero fue la inflación (1970-1980); después, la lucha contra la inflación, acompañada del aumento del desempleo y del ataque al poder de los sindicatos (desde 1980), una medida complementada con el endeudamiento del Estado como resultado de la lucha del capital contra los impuestos, del estancamiento económico y del aumento de los gastos sociales originados en el aumento del desempleo (desde mediados de 1980), y luego con el endeudamiento de las familias, seducidas por las facilidades de crédito concedidas por un sector financiero finalmente libre de regulaciones estatales, para eludir el colapso de las expectativas respecto del consumo, la educación y la vivienda (desde mediados de 1990).


Hasta que la ingeniería de las soluciones ficticias llegó a su fin con la crisis de 2008 y se volvió claro quién había ganado en el conflicto distributivo: el capital. La prueba fue la conversión de la deuda privada en deuda pública, el incremento de las desigualdades sociales y el asalto final a las expectativas de una vida digna de las mayorías (los trabajadores, los jubilados, los desempleados, los inmigrantes, los jóvenes en busca de empleo) para garantizar las expectativas de rentabilidad de la minoría (el capital financiero y sus agentes). La democracia perdió la batalla y sólo evitará ser derrotada en la guerra si las mayorías pierden el miedo, se rebelan dentro y fuera de las instituciones y fuerzan al capital a volver a tener miedo, como sucedió hace sesenta años.


En los países del Sur global que disponen de recursos naturales, la situación es, por ahora, diferente. En algunos casos, por ejemplo en varios países de América Latina, hasta puede decirse que la democracia se está imponiendo en el duelo con el capitalismo, y no es por casualidad que en países como Venezuela y Ecuador se comenzó a discutir el tema del socialismo del siglo XXI, aunque la realidad esté lejos de los discursos. Hay muchas razones detrás, pero tal vez la principal haya sido la conversión de China al neoliberalismo, lo que provocó, sobre todo a partir de la primera década del siglo XXI, una nueva carrera por los recursos naturales. El capital financiero encontró ahí y en la especulación con productos alimentarios una fuente extraordinaria de rentabilidad. Esto permitió que los gobiernos progresistas -llegados al poder como consecuencia de las luchas y los movimientos sociales de las décadas anteriores- pudieran desarrollar una redistribución de la riqueza muy significativa y, en algunos países, sin precedentes. Por esta vía, la democracia ganó nueva legitimidad en el imaginario popular. Sin embargo, por su propia naturaleza, la redistribución de la riqueza no puso en cuestión el modelo de acumulación basado en la explotación intensiva de los recursos naturales y, en cambio, la intensificó. Esto estuvo en el origen de conflictos -que se han ido agravando- con los grupos sociales ligados a la tierra y a los territorios donde se encuentran los recursos naturales, los pueblos indígenas y los campesinos.


En los países del Sur global con recursos naturales pero sin una democracia digna de ese nombre, el boom de los recursos no trajo ningún impulso a la democracia, pese a que, en teoría, condiciones más propicias para una resolución del conflicto distributivo deberían facilitar la solución democrática y viceversa. La verdad es que el capitalismo extractivista obtiene mejores condiciones de rentabilidad en sistemas políticos dictatoriales o con democracias de bajísima intensidad (sistemas casi de partido único), donde es más fácil corromper a las élites, a través de su involucramiento en la privatización de concesiones y las rentas del extractivismo. No es de esperar ninguna profesión de fe en la democracia por parte del capitalismo extractivista, incluso porque, siendo global, no reconoce problemas de legitimidad política. Por su parte, la reivindicación de la redistribución de la riqueza por parte de las mayorías no llega a ser oída por falta de canales democráticos y por no contar con la solidaridad de las reducidas clases medias urbanas que reciben las migajas del rendimiento extractivista. Las poblaciones más directamente afectadas por el extractivismo son los indígenas y campesinos, en cuyas tierras están los yacimientos mineros o donde se pretende instalar la nueva economía agroindustrial. Son expulsados de sus tierras y sometidos al exilio interno. Siempre que se resisten son violentamente reprimidos y su resistencia es tratada como un caso policial. En estos países, el conflicto distributivo no llega siquiera a existir como problema político.


De este análisis se concluye que la actual puesta en cuestión del futuro de la democracia en Europa del sur es la manifestación de un problema mucho más vasto que está aflorando en diferentes formas en varias regiones del mundo. Pero, así formulado, el problema puede ocultar una incertidumbre mucho mayor que la que expresa. No se trata sólo de cuestionar el futuro de la democracia. Se trata, también, de cuestionar la democracia del futuro. La democracia liberal fue históricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivirá en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepción de la democracia más robusta, cuya marca genética sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democrático en el imaginario de la emancipación social, sería un grave error político desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser también una lucha antidemocrática. Por el contrario, es preciso convertir el ideal democrático en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirviéndose de otras formas de opresión, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, además de anticapitalista, debe ser también anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revolución democrática o democracia revolucionaria -el nombre poco importa-, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundización de la democracia sólo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia, debe prevalecer la democracia real.

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Aún es posible evitar el capitalismo en Cuba

Tiene razón el comunista cubano y ex diplomático de su país Pedro Campos cuando dice que el sentido profundo de la actual política económico-social cubana se expresa en el proyecto de Código del Trabajo, presentado por la dirección de la Central Obrera como imposición, sin discusión previa con la base, y cuyo contenido aumenta el poder de patrones, gerentes y administradores y anula toda posibilidad de control obrero sobre sus decisiones. Como se recordará, fue también la dirección de esa central –que es una correa de transmisión del gobierno hacia los asalariados– la que les comunicó a éstos, en vez de defenderlos, que 2 millones de ellos serían despedidos...

 

En Cuba, como en Vietnam, la veloz construcción de una clase capitalista nacional asociada al capital extranjero combina un control burocrático de la economía y de toda la vida nacional por un partido único ultracentralizado y dirigido desde el vértice, con el libre desarrollo de la acción del mercado capitalista. Todo eso recibe el inmerecido calificativo de socialista, aunque conduce a un rápido agravamiento de las diferencias sociales, excluye la intervención plena, democrática y protagónica de los trabajadores (los supuestos sujetos de un cambio socialista real) y desmoraliza y despolitiza a vastas capas, sobre todo urbanas, de la juventud y de los asalariados que ven las crecientes desigualdades, la brutal contradicción entre las declaraciones y las acciones de los dirigentes socialistas y el aumento de la corrupción. Los que durante más de medio siglo pusieron sus esfuerzos y su vida al servicio de la defensa y desarrollo de Cuba y de la construcción del socialismo y del logro de una mayor igualdad social se sienten hoy frustrados y, en cambio, aquellos que crecieron y maduraron durante los últimos casi 30 años de profunda crisis económica y de crisis también de la ideología oficial, y que han tenido que arreglarse individualmente a costa de todo y de todos, no creen en nada ni en nadie. El gobierno gobierna así sobre un terrible vacío y su única carta es el arraigado sentimiento nacional de los cubanos, que se niegan en su inmensa mayoría a que su país vuelva a ser colonia de Estados Unidos.

 

El bloqueo estadunidense es criminal, viola la legalidad internacional y causa gravísimas dificultades para Cuba, pero la responsabilidad de la crisis económica, política y moral actual recae principalmente sobre el paternalismo y el burocratismo del partido-Estado, en su educación estalinista, antidemocrática y en el voluntarismo y veleitarismo de la dirección del proceso revolucionario, culpables de tantos errores y despilfarros.

 

Los trabajadores fueron y son tratados como menores de edad por los esclarecidos, que los excluyen de los procesos de toma de decisiones sobre su propia vida y la del país. Eso es lo que hay que cambiar si se quiere que Cuba salga de su crisis no por la vía rusa, china o vietnamita sino por la de una democracia radical audaz apoyada en la intervención masiva de los trabajadores de todo tipo que, con su ejemplo, sea capaz de resucitar el apoyo político que tuvo la Revolución cubana en los primeros años 60 en toda América Latina. No hay mucho tiempo para ese cambio pues la protesta social es generalizada, como lo refleja, entre otros síntomas, el éxito de Leonardo Padura, cuyo audaz y excelente El hombre que amaba los perros abrió brecha a su libro Herejes, profundamente escéptico y crítico que, guardando todas las distancias, lo pone en el papel de un nuevo Beaumarchais, o sea de un intelectual integrado en el régimen pero que es su crítico popular, denunciante de sus deficiencias y falacias y precursor de la probable caída del mismo.

 

Hay actualmente una intensa discusión en los sectores muy minoritarios pero valientes y revolucionarios que, como Pedro Campos, siguen siendo socialistas y quieren detener la marcha hacia la transformación de los apparatchiks en neocapitalistas como pasó en Rusia, o hacia el nacimiento de una clase de millonarios capitalistas comunistas y miembros del partido como en China. Ellos plantean la necesidad de estudiar seriamente la historia del estalinismo en Cuba, desde la participación de los comunistas en el gobierno de Batista hasta sus posiciones frente al movimiento dirigido por Fidel Castro y su actuación en los primeros años de la Revolución, así como de hacer un balance de las relaciones entre la Revolución cubana y la entonces Unión Soviética y los partidos comunistas de todo el mundo. En efecto, el gobierno revolucionario sólo después del estallido del barco Le Couvre en el puerto de La Habana y del desembarco de mercenarios en Playa Girón, en 1961, fue empujado por los ataques de Estados Unidos hacia una alianza con la Unión Soviética, que lo había reconocido muy tardíamente pues hasta entonces era un gobierno nacionalista antimperialista pero no seguidor de la línea de Moscú, ni menos aún socialista. La opción pragmática a partir de 1961 de aplicar la teoría falsa de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo y de retribuir la compra de azúcar por la URSS y la venta de armas, declarándose marxista leninista, o sea adoptando las posiciones de la URSS, no era la única posible y el pueblo cubano no fue consultado sino que fue colocado por Fidel Castro ante un hecho consumado cuando éste repentinamente declaró por radio que Cuba era socialista, sin definir qué socialismo sería el de la isla. Ninguna de las políticas posteriores era tampoco la única opción, porque nunca hay una sola opción y porque en Cuba nunca los revolucionarios antimperialistas en el poder recurrieron a la intervención plena y democrática de los trabajadores, provistos de la información necesaria, en las decisiones políticas, o sea, a la base misma de la construcción del socialismo. Eso es lo que hay que cambiar antes de que sea tarde.

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Capitalismo y Otredad. Esbozo introductorio a la obra de Roger Bartra

 

Edición 2013. Formato: 17 x 24 cm, 302 páginas
P.V.P:$30.000 ISBN:978-958-8454-68-9

 

Reseña:

Para presentar la tesis central sustentada en "Capitalismo" y Otredad. Esbozo introductorio a la obra de Roger Bartra", su autora expone el siguiente símil: Si el capitalismo fuera un árbol, la Otredad sería la luz, el agua, el calor, los nutrientes que hacen posible que sus hojas reverdezcan.

Precisamente, un eje importante del pensamiento de Bartra ha sido la exploración de este fenómeno. Como comprobarán quienes se adentren en la lectura de este texto, se trata de un fenómeno contemporáneo que marca la tónica política de nuestro actual presente.

 

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Entrega de aguas profundas/shale gas a la anglosfera; “ANP” e irrelevancia de Pemex

Las interpretaciones tanto de Juan Montes (JM), de The Wall Street Journal ( WSJ, 18/6/13) –quien curiosamente maneja dos versiones, una en inglés y otra muy amputada en español–, como de Bloomberg, (18/6/13) se concilian con los asertos de Peña al Financial Times (ver Bajo la Lupa, 30/6/13): ambos son más explícitos en cuanto se refiere a los alcances del control de las aguas profundas del Golfo de México y el shale gas por las trasnacionales “extranjeras” (léase: anglosajonas).

 

Según JM/ WSJ, la propuesta del Pacto por México modifica varios artículos de la Constitución y las negociaciones formales se iniciarán después de las elecciones del 7 de julio.

 

El plan prevé “la apertura (sic) a la exploración (sic) y producción (sic) de aguas profundas (sic), donde se cree que está mas de la mitad (¡extrasupersic!) de los posibles recursos petroleros” y en “gas esquisto”. But of course!

 

La jugada maestra está en las aguas profundas y en el shale gas, mientras le dejan a Pemex –con su sindicato pantagruélico, su abultada carga de fondos de pensiones y su desmantelamiento tecnológico– el cascarón del petróleo/gas natural que todavía queda en las sobrexplotadas tierra firme/aguas someras que han disminuido su producción, pero que han elevado exorbitantemente su precio (esto lo oculta tramposamente JM/ WSJ).

 

Paradojas de la geopolítica y la geología: hoy Pemex gana mucho más produciendo menos.

 

A mi juicio, se fractura la exploración y la producción de los energéticos: aguas profundas/transfronterizos/ shale gas para las trasnacionales anglosajonas, mientras el restante –desarmado, a la baja y sin futuro– para Pemex, en alianza fagocitaria con las empresas privadas locales. Pemex se moriría de inanición a fuego lento.

 

Muy condescendiente con lo ajeno, JM/ WSJ sentencia que el petróleo de fácil acceso (con menor costo de producción) en tierra firme/aguas someras “seguirá en dominio exclusivo de Pemex”. ¡Gracias!

 

Juan Montes cita a un clandestino “alto funcionario de Sener”: “Queremos una reforma profunda (sic) que otorgue certeza jurídica (sic) a las compañías, no otro parche más. Queremos dejar absolutamente (sic) claro en la Constitución bajo qué condiciones pueden participar” las trasnacionales extranjeras.

 

Viene la amenaza obscena de JM/ WSJ: “La reforma podría ser la última (sic) oportunidad para México de atraer miles de millones de dólares necesarios para desarrollar las reservas de aguas profundas (¡supersic!) y para evitar convertirse en un importador neto de crudo (algo que Pemex advierte que podría ocurrir en 2020)”. ¡Qué exageración!

 

A mi juicio, tal “privatización” significa el control de las mayores reservas de hidrocarburos por las trasnacionales anglosajonas, relegando a Pemex a la irrelevancia.

 

Pemex ha contratado empresas privadas extranjeras como Schlumberger (donde es accionista privilegiado un anterior director de Pemex) y Halliburton (vinculada a Dick Cheney) para la “perforación de pozos a cambio de comisiones fijas”. Traducción: ambas trasnacionales se han posicionado ( reforma Calderón de 2008) para lanzarse ya a las codiciadas “aguas profundas”.

 

El “plan maestro”, según JM/ WSJ: concesión de contratos de 25 años para las áreas designadas; permitir a empresas privadas (sic) apartar (sic) las reservas de petróleo, lo que les da acceso más fácil a la financiación (¡extrasupersic!); y creación de la agencia nacional del petróleo (ANP) –fondo soberano de riqueza (FSR)– para administrar los ingresos petroleros de “México”.

 

Se infiere que los FSR de la ANP se acomodarían unidireccionalmente en las plazas financieras de la anglosfera mediante su bidireccionalidad “extractiva” multiplicada: ¡negocio redondo!

 

Comenta JM/ WSJ que la ANP tendría que “pagar costos (sic) de producción (sic) en caso del petróleo y el gas producidos privadamente” (¡supersic!) por las trasnacionales y “el beneficio sería compartido (sic) entre el Estado y las trasnacionales”. ¡Qué cómodos!
Cita a un iluso “alto funcionario” clandestino, quien conjetura que el beneficio sería de “alrededor (¡supersic!) de 70 por ciento” para el gobierno. ¡Cómo no!

 

Se desprende, de lo asentado por JM/ WSJ, que existen dos tipos de “privatizaciones” con sus respectivas privaciones: una versión en inglés, para los inversionistas anglosajones, y otra en español, para el despreciable público doméstico. De nuevo emerge el deliberado doble discurso esquizofrénico.

 

Lo que no queda claro del Financial Times y del Wall Street Journal lo elucida generosamente Bloomberg, que chantajea subliminalmente con la devaluación del peso y la fuga de capitales: Peña “contempla acabar monopolio de 75 años de Pemex del crudo”, que sólo “desarrollaría algunos (¡supersic!) campos y/o pozos mientras los otros (sic) son explotados por trasnacionales foráneas” (¡supersic!).

 

Se delinean así “dos Méxicos energéticos”: uno nacional en decadencia para Pemex, a quien se dejaría morir a fuego lento con su chatarra, mientras es capturado paulatinamente por las empresas privadas locales, y otro trasnacional, en auge, en las aguas profundas/transfronteras/ shale gas para la anglosfera, que se llevaría las joyas de la corona.

 

Bloomberg exulta el “regreso de las trasnacionales anglosajonas” despedidas hace 75 años y destaca una controvertida frase de Peña: “Es obvio (¡supersic!) que Pemex no tiene la capacidad financiera (¡supersic!) para estar en cada uno de los frentes (sic) para la generación de energía”.

 

Pues ni tan “obvio”, porque ulteriormente demostraré que si algo le sobra a Pemex y a México –visto como un todo holístico, válgase la tautología– es dinero (ver video).

 

Muy obsequioso de lo ajeno, Peña considera que el “ shale gas es una de las áreas para las empresas privadas (¡supersic!), pero no es la única”. “Obvio” que no es “la única” entrega: le faltó agregar aguas profundas/transfronteras.

 

A propósito, el ex embajador de Estados Unidos en México James Jones compara la “sensibilidad (sic) política de Peña con Salinas”. Sin comentarios.

 

Bloomberg concluye con una pregunta de Duncan Wood, socio prominente del CSIS y uno de los artífices de la privatización en la “versión en idioma inglés” para la anglosfera: “Si se muere el Pacto por México, ¿entonces cuál es el plan?”

 

¿Existe un plan B para la anglosfera que sólo impone su plan A?

 

Duncan Wood es el director del Instituto México (sic) del Woodrow Wilson International Center, con sede en Washington, y ha sido profesor numerario de relaciones internacionales del ITAM, cuyo papel entreguista vuelve a surgir a la palestra después de su firma con el CSIS del documento entreguista Nuevos horizontes de 2001.

 

La ignominiosa “conexión ITAM/Woodrow Wilson” queda sellada en otro nuevo documento más imperativo, que merece un escrutinio riguroso: Un nuevo comienzo para el petróleo mexicano: principios y recomendaciones para una reforma a favor del interés nacional (¡supersic!).

 

Se deduce en su exégesis que el “interés nacional” (sic) que prima es el de la anglosfera, no el de México: desmantelado tecnológicamente y castrado financieramente.

 

AlfredoJalife.com

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La gravedad de la crisis mundial evidencia que no hay ninguna posibilidad de continuar con el actual modelo económico sustentado en la depredación y rapacidad del capitalismo, sostiene si ambages el economista, catedrático universitario, exministro de Estado y actual superintendente de Control del Poder de Mercado del Ecuador, Pedro Páez Pérez.Para este experto analista económico, "qué futuro nos puede esperar si seguimos exportando materias primas y postres de bajo valor agregado a una economía mundial cuya locomotora estaba basada en el crédito, cuando hay un nivel de sobreendeudamiento tan gigantesco". Por ello, sostiene que el camino es cambiar el modelo económico imperante, creando las condiciones institucionales y de mercado que permitan que otras lógicas productivas puedan ser viables."Hay que romper con la lógica totalitaria de la codicia y el consumismo y dar viabilidad y sustentabilidad a lógicas económicas distintas a las del capital, respetando y auspiciando la naturaleza interna de la propiedad estatal portadora del interés nacional, por un lado, y la heterogeneidad de modalidades de la economía popular, por otro. Estos serán cambios medulares e imprescindibles, pero muy complejos", precisa.

 

No obstante el gran reto, considera que en América Latina están dadas las circunstancias para enfrentar la crisis capitalista mediante una nueva arquitectura financiera internacional, porque lo que se observa hoy en día es que "hay un desmadre generalizado de los mecanismos de la economía del mercado, así como un problema de coherencia de producción y de consumo".

 

Pero es más, agrega, "América Latina no solo que tiene las condiciones políticas y económicas sino que tiene hasta la liquidez para hacerlo".

 

Para abordar este y otros temas como el proceso de institucionalización del Banco del Sur, los resultados que ha tenido la implementación del Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre) entre los países del ALBA, la superación del neoliberalismo en Ecuador y la integración latinoamericana, el Observatorio Sociopolítico Latinoamericano http://www.cronicon.net, dialogó en Quito con Pedro Páez.

 

Este investigador social y analista económico cuenta con una amplia hoja de vida tanto en el ámbito académico como en el desempeño de cargos públicos. Es Ph.D y M.Sc. en Economía por la Universidad de Texas, Máster en Desarrollo y Políticas Públicas por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y economista de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Fue profesor visitante de la Universidad de Utah, y del Instituto de Altos Estudios de América Latina -IHEAL- Université Paris III, Sorbonne Nouvelle, Francia en la Cátedra Simón Bolívar, así como también de la Facultad de Economía de la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Guayaquil. Es miembro de la Comisión Stiglitz de la ONU.

 

Durante la actual administración del presidente Rafael Correa ha ocupado importantes posiciones como director de la Comisión Técnica Presidencial del Ecuador para la Nueva Arquitectura Financiera, Viceministro de Economía y Ministro Coordinador de Política Económica. En septiembre de 2012 fue elegido como el primer Superintendente de Control del Poder de Mercado.

 

El sumak kawsay replantea el sistema capitalista

 

- ¿Se puede afirmar que el concepto del Buen Vivir, el Sumak Kawsay, que está inscrito en la Constitución del Ecuador, es un nuevo concepto de desarrollo?

 

- Creo que va más allá de eso. En realidad va más allá del modelo de desarrollo del régimen de acumulación, del modo de producción, y atañe al modo de vida. Es un nuevo concepto que desde la caída del muro de Berlín y del fracasó de los socialismos de carácter estatal da claves no solamente para entender esos procesos sino también para superar las actuales crisis: ecológica, demográfica, energética. El regresar a ver cuáles han sido los parámetros, los criterios de vida con los que las comunidades primordiales han construido sus sociedades ayuda a construir herramientas para el futuro, y por eso es interesantísimo inclusive ver las dificultades de traducción, porque Sumak Kawsay no es Buen Vivir propiamente dicho, Sumak Kawsay quiere decir vivir en plenitud, vivir en excelencia, con lo cual se rompe el tema del consumismo y del hedonismo que se lo plantea como única posibilidad realista de coexistencia entre seres humanos, esa cuestión de la unidimensionalidad del mercado, de la unidimensionalidad entre el placer y el dolor, de la necesidad de que el consumidor sea satisfecho y que se vea como la única posibilidad de realización de la gente.

 

El Buen Vivir abre justamente las puertas para replantearte el tema de la economía desde otras prioridades y creo que hay que enriquecer toda esa filosofía porque a nivel de la cosmovisión andina hay tres animales simbólicos muy referentes en torno a este tema: el cóndor, el puma y la serpiente. El cóndor como el animal solar de lo explicito, del futuro, de las responsabilidades con el futuro. El puma, el animal del presente, de enfrentarse a asumir las responsabilidades con el presente, y la serpiente, el inframundo, nuestras responsabilidades con nuestros antiguos, con nuestros ancestros. Esto grafica muy bien la presencia de otra cosmovisión, una visión holística en la definición de la vida que en la cuestión quichua además, plantea tres niveles de responsabilidad en cada una de esas dimensiones, es decir el no mentir, el no robar, el no ser perezoso, quiere decir el querer bien, el pensar bien, el actuar bien en cada uno de estos niveles. Creo que ahí se plantea la esencia de toda otra forma de organizar la sociedad, otra forma de organizar la economía.

 

- ¿Una nueva epistemología?

 

- Que es también una nueva epistemología que tiene que estar ligada a una nueva axiología, lo cual está además directamente vinculado a la orientación y las prioridades no solo del desarrollo sino a la orientación y prioridades del conocimiento científico, a la orientación y el desarrollo de las tecnologías que se aplican, cuáles son las prioridades en términos de la organización de la comunidad de la valoración de las cosas.

 

ESTADO Y MERCADO HASTA AHORA HAN SERVIDO A LOS MISMOS AMOS, POR ESO HAY QUE TRANSFORMARLOS A AMBOS

 

- El concepto del Buen Vivir elevado en el Ecuador a principio constitucional está enfocado a derribar los moldes y los esquemas neoliberales, pero debería servir también para avanzar hacia una alternativa al capitalismo. Sin embargo la Constitución ecuatoriana sigue teniendo como marco el dogma del mercado, ¿o me equivoco?

 

- No, yo creo que el tener esta nueva definición nos ayuda a sobrepasar ciertos dogmas o ciertas visiones muy estancadas del pasado, inclusive dentro de la izquierda en torno a las distintas etapas, a la secuencia de las cosas. En realidad la nueva Constitución inspirada en el concepto de vivir en excelencia pone como tareas del aquí y el ahora tanto la superación de las políticas neoliberales como el cambio de las políticas keynesianas a un nivel mucho mas profundo, no hablaríamos solamente de lo que se conoce como el modo de regulación sino del régimen de acumulación porque plantea una nueva forma de entender las cosas, una nueva convivencia lo cual implica una nueva correlación entre capital y el no capital con la presencia de la economía popular y solidaria. El hecho de que existan inclusive dentro del mercado otras prioridades, o dentro del Estado otras lógicas es porque esa vieja dicotomía entre Estado y mercado es una dicotomía totalmente falsa. El Estado y el mercado hasta ahora han servido a los mismos amos y de lo que se trata es de transformarlos a ambos, entonces tenemos a ese nivel un reto importantísimo que ayuda a cambiar de perspectiva. El cambiar de punto de vista, el cambiar de horizonte abre otra visión de la lucha política, de la construcción social y avanza ya no solamente a nivel de la política económica, del régimen de la acumulación del modelo de desarrollo, también plantea como tarea del aquí y del ahora no necesariamente pasando por una toma del gobierno o la estatización de los medios de producción como era en el pasado, una superación del modo de producción en el sentido de tener la lógica de la ganancia como único elemento organizador del conjunto de la sociedad. Es decir, el desmadre que está planteando la crisis global tiene como eje precisamente el absolutizar, que lo único que es viable lo tenemos interiorizado en nuestra cabeza, que lo único que es eficiente es lo que funciona como una ganancia de mercado, y cómo cada vez hay una concentración y centralización de capital más grande, y cómo cada vez esa concentración y centralización están volcadas hacia la prioridad especulativa. Resulta ser que con esa lógica quedan bloqueados, totalmente asfixiados, millones de proyectos productivos, porque no cumplen con las exigencias de tasas de ganancia altísimas, de cortísimos plazos, de altísima volatilidad y ductilidad de las inversiones que pueden pasarse de un lado para otro que es lo que exige el capital financiero. Entonces, hay otras lógicas productivas como se ha mostrado con las empresas recuperadas, son unidades productivas que no son viables desde la lógica del capital pero que son perfectamente viables desde la lógica de trabajo, y lo mismo sucede el rato que se incorpora el tema de las cooperativas, no tanto al nivel de lo productivo como al nivel del consumo, de la comercialización, como a nivel de iniciativas financieras distintas, con una lógica diferente a esta dictadura financiera mundial que impone la oligarquía especulativa. Por eso esta nueva visión del Sumak Kawsay, del vivir en excelencia, plantea retos y caminos para superar el problema de la política económica, para superar el problema de régimen de acumulación, los problemas de distribución del ingreso, de las distintas lógicas productivas, para superar el modo de producción, pero también va mas allá, que es el concepto de modo de vida, porque aquí, el recuperar esa visión holística de las culturas primordiales ayuda a replantearse. También está un aspecto espiritual que va mas allá del economicismo, que va mas allá de la sociología, digamos tanto de la sociología critica marxista como de la sociología posmoderna, que supera lo que es potable en medios académicos, incluso se puede ver como un tema cursi el tema de lo espiritual cuando el ser humano es un ser trascendente y la gravedad de la crisis que estamos viviendo ahora que no es una crisis financiera sino una crisis de civilización obliga a poner las expectativas a ese nivel de profundidad. Es decir, abre al mismo tiempo las puertas para una gran responsabilidad, un peso enorme, el darnos cuenta de la gravedad, los días que estamos viviendo, pero al mismo tiempo nos dice: estamos con las condiciones para cambiar aquí y ahora, y lo que haga cada uno de nosotros importa, por eso es tan importante estos tiempos históricos, esta historicidad tan intensa que estamos viviendo, porque como pocas veces se concentra, como que hay un proceso de condensación en cortísimos plazos de la historia lo que obliga a que cada uno tenga que asumir su responsabilidad y cree otro tipo de relación entre el individuo y la colectividad, porque ahora los temas de la creatividad, de la iniciativa, de la libertad son mas importante que nunca.

 

EL SUCRE, VEHÍCULO DE CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO TIPO DE SOCIEDAD

 

- Hablemos de políticas públicas puntuales. El Ecuador con el gobierno del presidente Correa le está apostando a la integración mediante el fortalecimiento de mecanismos como Unasur, ALBA, y dentro del ALBA se ha generado lo que se ha denominado la nueva arquitectura regional con políticas concretas como la implementación del Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre). ¿Qué es el Sucre y cómo ha avanzado?

 

- Algo tan cotidiano como el tema de la moneda que uno lo vería casi tan natural como la lluvia o como las montañas resulta ser que no, en el momento en que se plantea una visión crítica como la que permite este horizonte del vivir en excelencia se abre el interrogante de decir bueno, ¿qué es en esencia la moneda?, y romper el fetiche porque el problema de la moneda no es romper esa cosa, lo que estamos es encubriendo, tenemos metido en nuestra cabeza un papel, el dólar, el euro, o el peso colombiano, o el real brasileño nos está gobernando, cuando no es así. Detrás de esa cosa lo que hay son relaciones sociales, relaciones sociales fosilizadas, pero detrás de estas relaciones en última instancia tenemos relaciones humanas y lo que hace el Sucre es precisamente abrir las puertas desde una reconstrucción del concepto de la moneda y su operacionalidad, de un nuevo tipo de relaciones humanas, la capacidad de recuperar lo humano en esa relaciones sociales de producción fosilizadas y a través de algo que nos parecería totalmente inapropiado que es la moneda. Cuando nosotros estábamos empezando a discutir con los sectores populares el tema de la nueva arquitectura financiera nos decían, ¿pero un banco, pero una moneda?, pero fíjate lo que está pasando en Europa con el euro. Los bancos, los fondos, las monedas son creaciones humanas y tenemos que organizarnos recuperando lo humano y darle una intencionalidad política en términos de esta nueva construcción de sociedad, haciendo que la moneda sirva a nuestros intereses. En consecuencia, el Sucre es un nuevo tipo de moneda que no se convierte o no replica el papel del dólar, del euro, de las monedas nacionales hasta ahora presentes como un vehículo de la explotación, como un vehículo de la discriminación social, de la exclusión, sino que es más bien vehículo de la construcción de un nuevo tipo de sociedad, de un nuevo tipo de relaciones humanas, de la validación del trabajo de la gente, inclusive de la valoración del trabajo por ejemplo de las mujeres, de los ancianos en las comunidades que día a día, sobre todo acá en el sur, están dando un subsidio gigantesco al gran capital transnacional a través de ese trabajo no pagado, de ese trabajo invisibilizado, de ese trabajo entre comillas "que no vale". Al cambiar esa axiología y esa epistemología de las que venimos hablando y descubrir que ese trabajo de las madres, ese trabajo de las esposas, de los niños dentro del hogar, de la comunidad en las mingas, vale y vamos a crear un mecanismo que permita validarlo. Los productos se convierten en vehículos de esos trabajos y el momento que haya un intercambio hay una relación que está receptando esa emisión hecha en primer lugar por quien originalmente hizo el esfuerzo, lo cual está creando un nuevo tipo de diplomacia y un nuevo tipo de dinámicas entre los pueblos. Está creando al mismo tiempo espacio para viabilizar otro tipo de formas productivas, que hasta ahora aparecen como totalmente ineficientes y que están condenadas a la asfixia por el mercado o hacer archivadas. Al crear este nuevo espacio de transaccionalidad, este nuevo espacio de validación del trabajo de la gente de la comunidad, estamos también no solamente cambiando las prioridades sino la forma en que se hacen las cosas e iniciativas que hasta hace poco parecían totalmente ilusorias o utópicas, de pronto se vuelven viables porque estamos poniendo la moneda al servicio de la gente, y no como hasta ahora es, la gente al servicio de la moneda.

 

- ¿Y cuáles han sido los resultados de intercambio entre los países?

 

- La importancia del Sucre no es la cantidad de transacciones que se han dado, a pesar de que en el año 2011 creció en el ocho mil por ciento solamente entre los países del ALBA, que no somos los socios comerciales más pesados recíprocamente...

 

- Pero señala que la importancia del Sucre no se puede medir en la transacción, ¿sino?

 

- El hecho de que a pesar de que la cuestión no es el volumen de transacciones que ya cubre más del 35% del comercio intra ALBA, es decir, un tema muy significativo, abre la posibilidad no solamente a cambiar las cosas a nivel micro de los operadores económicos que están involucrados sino que también abre unas nuevas perspectivas macro, ¿por qué? Porque el tema de la restricción externa, el hecho de que todas nuestras transacciones las hagamos en dólares significa una restricción, un yugo enorme, a diferencia de lo que pasa con el euro en el que se disputa de una manera absurda la soberanía, la capacidad de decidir supranacional entre los países hermanos, sacrificando la soberanía nacional. Nosotros estamos poniendo al alimón, trabajando conjuntamente esta construcción de nuevas capacidades. Pongamos por ejemplo a dos países que no están en el Sucre como Colombia y Perú. Si Colombia le compra mil millones a Perú y Perú le compra dos mil millones a Colombia, entre los dos tienen que comprar de manera totalmente innecesaria, si es que hacen transacciones formales, tres mil millones de dólares sobre el mercado local de divisas. Si solamente se cambia la planilla completa y se la paga el saldo, el neto de los dos mil, menos los mil, ya solamente se tiene que comprar mil millones y eso significa un ahorro de dos mil millones. Con el Sucre lo que se hace es utilizar una tarjeta de crédito reciproca que permite que opere durante seis meses, con lo cual el ahorro es muchísimo más grande y se alivia de manera masiva la presión sobre el mercado regional de divisas.

 

- No se utiliza el dólar...

 

- No se utiliza el dólar, o sea, se elimina una demanda totalmente artificial, innecesaria sobre el mercado del tipo de cambio, lo cual vuelve mucho más manejables los objetivos cambiarios del gobierno, da más grados de libertad en las políticas comercial, cambiaria y externa de un país, que a su vez ya no requiere manipular el tipo de interés para tener un objetivo cambiario, con ello se obtiene más grados de libertad en la política financiera y en la política monetaria. Además, el tipo de interés ya no es una variable de ajuste, es una variable para ajustar el tipo de cambio, se vuelve mucho menos volátil el tema de servicio de la deuda tanto para el gobierno como para las empresas y los hogares. Es decir, la sociedad en su conjunto está creando nuevos espacios de decisión liberando recursos que antes estaban dedicados al servicio de la deuda o que estaban planificados a futuro al servicio de la misma para invertirlo en nuevas capacidades productivas para el bienestar. Entonces es un elemento que permite cambiar una política. El tema del Sucre que es una moneda virtual al mismo tiempo permite cambiar las lógicas productivas. Igualmente, abre las puertas para cambiar el modelo de desarrollo porque si es que ya no hay presión por la restricción externa, por esta obligación innecesaria masiva, colosal permanente de tener que obtener dólares para poder insertase en el mercado mundial, o inclusive para poder relacionarse con los vecinos, resulta ser que ya se pueden destinar nuevos recursos para la cuestión interna, generar otro tipo de prioridades sin tener que preocuparse por la presión de vender en el mercado internacional, de la competitividad que obliga a bajar los costos laborales y los costos de la naturaleza, con lo cual se mata a la gallina de los huevos de oro, pues en forma sistemática durante estos 500 años se ha desfalcado a la fuerza, al talento humano y a la naturaleza. Bueno, de qué desarrollo estamos hablando, parecería entonces que es un tema retórico pero es absolutamente coherente ver cómo un tema tan tecnocrático como es el de un sistema de compensación de pagos como el Sucre puede abrir las puertas para una nueva transformación de las políticas económicas en lo inmediato, no solo las liberales sino también las keynesianas para transformar las políticas de desarrollo, las políticas sectoriales, agrícolas, industriales, las políticas de la pequeña y mediana empresa, pero también las políticas regionales, porque ahora regiones enteras que no estaban vinculadas al intercambio regional o subregional pueden insertarse porque bajan los umbrales de participación en este mercado. Eventualmente también se puede hablar ya no solamente de las exportaciones a través de las grandes empresas o de los bancos como ahora, sino que podría haber, por ejemplo, una relación de comunidad a comunidad, de comunidad indígena a comunidad indígena como en algún momento pretendimos hacer con Bolivia, entonces se cambia también el modo de producción y se abren posibilidades para construir la sociedad en otros términos, es decir, un nuevo modo de vida.

 

CAMBIAR LA LÓGICA CON LA QUE FUNCIONA UN BANCO MULTILATERAL, RETO DEL BANCO DEL SUR

 

- Ahora pasemos hablar de Unasur. ¿Por qué está estancado el Banco del Sur? ¿Es Brasil el que pone el palo en la rueda?

 

- Yo creo que hay muchos problemas, estamos todavía prisioneros del pasado, y de nuevo, es una excelente ilustración de cómo el concepto integral de vivir en excelencia es el que nos define la viabilidad del tema, sin plantearnos una cuestión dicotómica en blanco y negro, de quiénes son los culpables, o si es que este es más de izquierda o más de derecha. Ahora, uno de los elementos que desde hace algún tiempo está estancando el problema es la no comprensión del mandato final de los siete Presidentes de crear el Banco del Sur como instrumento financiero de Unasur. No se trata de que el Banco del Sur sea un Banco Mundial en chiquito, un BID en chiquito, o una CAF en chiquito, con eso no sacaríamos mayor cosa. De lo que se trata es de cambiar la lógica con la que funciona un banco multilateral, en lugar de seguir con las dinámicas de estas entidades internacionales de crédito que les imponen las condiciones a los países, ahora es el Consejo de Ministros de Unasur por ejemplo en Agricultura, el que decide, diseña, negocia y se pelea, si es que es el caso, por un coproyecto continental. El concepto de soberanía continental que está directamente apoyando, no menoscabando, el concepto de soberanía nacional. Por ejemplo, en el caso de soberanía alimentaria que está firmado como primera prioridad por los Presidentes, son los ministros los representantes del mandato popular los que deciden que es lo que tiene que hacerse y el Banco del Sur lo que hace con su músculo financiero es invitar a sentarse a todas las otras instituciones: Banco Mundial, bancos privados, bancos locales de desarrollo, subnacionales, nacionales, subregionales, públicos, privados, fundaciones, la FAO, la Unicef, para que pueden meterse en este tema de soberanía alimentaria y discutir qué parte quiere financiar cada uno. Y para eso el Banco del Sur encarga de organizar el sindicato de financiamiento, con monedas nacionales, con divisas, pero también con monedas regionales como el Sucre. Se da cuenta cómo cambia totalmente la cosa, la soberanía son los ministros, quienes soberanamente definen el proyecto.

 

- Pero institucionalmente el Banco del Sur no se ha concretado...

 

- Exacto. ¿Por qué? Porque todavía está prisionera la discusión, la negociación en temas como en qué país va a estar la sede, o cuál es el proyecto que se hace, pero esa es la lógica del viejo poder, de la vieja arquitectura financiera. En el mandato de los Presidentes, en lo que ha sido la propuesta ecuatoriana, en lo que veníamos discutiendo hasta hace un tiempo está claro que el Banco está al servicio de lo que deciden los representantes democráticamente electos de acuerdo al mandato popular, porque de lo contrario seguimos en el asunto de que es el BID el que decide cuáles son los proyectos energéticos que convienen o no, que además es lo que ha sucedido tradicionalmente. O cuáles son los proyectos en el tema de soberanía alimentaria o seguridad alimentaria que le conviene al Banco Mundial porque está de acuerdo con toda la lógica de los tratados de libre comercio. Unasur, precisamente, está cambiando esa lógica, simple y llanamente porque el otro concepto de integración comercial basado en la noción de las ventajas comparativas y de la liberación arancelaria es simplemente inviable, no es un problema de opinión.

 

- ¿Es inviable? ¿Por qué? En países como Perú y Colombia es una herejía decir que la cuestión de las ventajas comparativas es inviable...

 

- La noción de mercado común tiene como base un arancel externo común, es decir, una barrera hacia el exterior con la liberación de tarifas y la baja de los aranceles al interior. Esa es la idea con la que se está moviendo en los últimos años la Comunidad Andina que no era el proyecto original y es el proyecto con el que nació el Mercosur. Y es el eje en torno del cual gira la ALADI que se ha convertido básicamente en una notaría de todos los tratados de libre comercio entre los países miembros, ¿Cuál es el problema? Que ya cada uno de los países miembros ha perforado ese arancel externo común con compromisos extra regionales. De esta manera entonces es imposible la cláusula de nación mas favorecida. Por ejemplo, cuando México firma el Nafta ya está violando el tema de la cláusula de la nación más favorecida y tenía que haber dado exactamente las mismas condiciones para el resto de sus socios viejos, pero obviamente por una situación política claramente entendible a ninguno de los países miembros se le ha ocurrido reclamar al Estado mexicano eso.

 

El momento en que todas estas locuras de los tratados de libre comercio con Estados Unidos, con Europa, continúen perforando cada vez de manera más incisiva las capacidades de integración local, lógicamente esto es simplemente inviable. Pero no acaba ahí la cosa, la asimetría estructural fruto del proceso de desarrollo, ese proceso de desarrollo predatorio y desigual plantea que estructuralmente Brasil tiene un superávit comercial bilateral con cada uno de los países de Unasur, y eso que el real brasileño esta tremendamente apreciado. El momento en que haya entre comillas "una corrección de mercado", hay una devaluación, una depreciación del real brasileño, las condiciones de competitividad del resto de los países van a empeorar por tanto esos déficits bilaterales van a explotar, si eso lo ponemos en el marco de una crisis mundial, una crisis mundial de sobreproducción en la que además la supuesta receta, el supuesto remedio en el norte de los mercados más importantes es aplicar políticas de ajuste, se asfixian mercados. Estamos hablando de un proceso de sálvese quien pueda. La lógica de cada uno de los países atrapada por la restricción externa de la vieja arquitectura financiera es tratar de compensar el déficit que se les va aumentar o la posición desfavorable que se va aumentar en su balanza con el resto del mundo, con el país vecino, es decir, replicar el orden del picoteo. O sea, ¿a quién le friego yo? Entonces esto va a terminar reventando no solamente esa posibilidad que insisto es lógicamente inviable de un mercado común en los términos tradicionales de libre comercio sino que además va terminar agotando, reventando la propia retórica de la integración y todos los esfuerzos políticos y diplomáticos de integración latinoamericana.

 

AMÉRICA LATINA TIENE QUE APROVECHAR LO QUE TIENE

 

- ¿Entonces por qué Ecuador siguen en la Comunidad Andina de Naciones (CAN)?

 

- De lo que se trata es de transformar desde adentro todas estas instituciones.

 

- Pero la CAN esta anquilosada con gobiernos como los de Colombia y Perú que apuestan a tratados de libre comercio con Estados Unidos y Europa...

 

- Si, pero yo creo que aquí los Presidentes han tenido mucha perspectiva al plantearse un proceso de integración a varias velocidades que no es incompatible con tener al mismo tiempo ALBA, Unasur, CAN y CELAC, porque hay que trabajar con los ritmos que se puedan en cada uno de esos niveles para construir la Patria Grande. Ahora, la crisis internacional, la crisis global, esta crisis de civilización que estamos viviendo puede gatillar una explosión de este proceso, puede cerrar la ventana de oportunidades que hasta ahora está abierta, es decir precipitar algo parecido a lo que sucedió en los años 80 con la crisis de la deuda: caen los precios de nuestras exportaciones principales que hasta esta hora son las que han mantenido cierta holgura en el manejo macroeconómico y en la propia relación comercial interna, en la restricción externa de la que hemos hablado pero también se puede presentar una cerrada de grifo de lo que tiene que ver con los flujos públicos y privados de liquidez hacia nuestro continente y eso puede pasar cualquier rato, es un tema en el que todo el continente puede deslizarse rápidamente a una situación de riesgo. Esta situación tiene un efecto inmediato si es que América Latina no aprovecha lo que tiene. Creo que como pocas veces en la historia América Latina no solo que tiene las condiciones políticas y económicas sino que tiene hasta la liquidez para hacerlo. Distintos sectores más allá de la calificación de izquierda o derecha, incluso sectores empresariales, algunos de los cuales lucraban de la vieja arquitectura financiera, del viejo orden, cada vez tiene una percepción mas perspicaz de la gravedad de la crisis mundial y del hecho de que no hay ningún futuro en seguir con el modelo anterior, es decir, qué futuro nos puede dar el seguir exportando materias primas y postres de bajo valor agregado a una economía mundial cuya locomotora estaba basada en el crédito, cuando hay un nivel de sobreendeudamiento tan gigantesco. Ahora, la clave es recuperar mercados para el proceso productivo y entonces ahí viene el otro reto: ¿podemos nosotros realmente entrar a competir en las condiciones de "libre mercado" entre comillas de las ventajas comparativas británicas, con China por ejemplo, con la capacidad gigantesca que tiene este gigante asiático, o con la capacidad de integración que tiene Eurasia con todo el tema del tratado de cooperación de Shanghái? ¿Con todo el tema de las distintas iniciativas que se han dado por parte de Rusia por un lado, por parte de China y la India por otro, o con los BRICS? ¿Es posible que existan unos BRICS con un Brasil desarticulado del resto de América Latina? ¿Es posible que Brasil aspire a las ligas mayores sin América Latina? ¿Puede Brasil desplegar su potencial industrial disputando mercados a China o a Alemania para este caso? ¿O a India? No. América Latina es indispensable y no en un proceso de subimperialismo, no en un proceso de reproducir esas lógicas del pedazo de torta que yo me como es el pedazo que le he quitado al otro, eso es imposible. Estamos en una crisis mundial estructural de sobreproducción y la única opción es cambiar lógicas, crear las condiciones institucionales y de mercado que permita que otras lógicas productivas puedan ser viables.

 

HAY QUE ARMAR UN MODELO DE VIDA

 

- ¿Dentro de ese contexto, el reto de América Latina es superar el extractivismo y luchar por el valor agregado?

 

- Si, por lo demás el superar el extractivismo no es un problema moralista como algunos plantean. Superar el extractivismo es luchar y superar las raíces estructurales históricas que lo originaron. El problema en América Latina viene del momento del despojo colonial, de la conquista, en ese momento se mutilan a las sociedades que de alguna manera con distintas lógicas, prioridades y valores tenían una unidad orgánica entre producción y consumo. El monopolio colonial obliga a producir estas cosas y a importar otras, entonces hace quinientos años se empieza a troquelar otra forma de ser en la que la reproducción de la sociedad dependía ineludiblemente de la vinculación exitosa con el mercado mundial, el cual nos obligaba, nos arrinconaba precisamente en esa producción primario-extractivista. Es decir, el tema de la dependencia comercial está ligado directamente con una dependencia tecnológica. Además, el problema de la dependencia comercial está implicando una dinámica de dependencia tecnológica que tiene también un problema de colonialidad cultural que está íntimamente ligado con el alma de los latinoamericanos.

 

Precisamente lo que estamos armando ahora es un modelo de vida que tiene que ver con todas estas dimensiones. El tema por ejemplo de la construcción de mercados internos tiene que partir también de un proceso de una nueva reorganización social del espacio; de una nueva definición de prioridades de la sociedad que no son las que vienen del automatismo y del fetiche del mercado mundial sino que tienen que partir de una definición de la voluntad de la gente, en que cada individuo cuenta, lo cual está directamente vinculado con el tema de la democracia, una democracia cada vez más radical y participativa, y una democracia más consciente de decir si queremos la paz, sí queremos otro tipo de desarrollo, si queremos a la Patria Grande y la obligación de los economistas, de los técnicos, de los intelectuales es buscar esos caminos rompiendo todo tipo de dogmas, todo tipo de callos mentales y mostrar que la única vía de la integración no es el modelo europeo, eso es una mentira, mostrar que buena parte de lo que dicen los libros de texto sobre la moneda, sobre el crédito, es totalmente falso, que en última instancia detrás de la integración, detrás de la moneda, del crédito, de los mercados, detrás de todos estos elementos técnicos, está la gente y lo que hay que hacer es recuperar lo humano, y lo humano se caracteriza precisamente por esa actividad creativa consciente, por esa intención de hacer las cosas. En ese sentido, el mercado y el Estado tienen que ser reestructurados en torno a esos nuevos objetivos.

 

CRISIS CAPITALISTA REPRODUCE DE MANERA AMPLIADA LAS CONDICIONES DE DOMINACIÓN

 

- Ha sido sorprendente ver como los sobrevivientes de la crisis financiera básicamente de Estados Unidos y Europa siguen manteniendo su poder. ¿La crisis finalmente ha servido para la reproducción de un sistema capitalista más agresivo y del mantenimiento del modelo neoliberal?

 

- Claro, no solamente hay que estudiar la crisis del capitalismo sino también el capitalismo de crisis, es decir, cómo estos sectores del poder utilizan las situaciones de dificultades, de dolor del resto de la sociedad para imponer, para reproducir de manera ampliada sus condiciones de dominación y eso es lo que han hecho, no solamente que la crisis no ha afectado en absoluto a JP Morgan Chase, a Goldman Sachs, a Deutsche Bank, al Hong Kong y Shanghai Banking Corporation, banco organizado para el trafico del opio y que recién se lo vuelve a ver con el tema de lavado de dinero del narcotráfico, sino que ha aumentado su capacidad de chantaje sobre el conjunto de la sociedad y ha sido la extrema derecha la que empieza a capitalizar estos procesos, en lugar de que esto se convierta en una oportunidad para que la gente diga bueno, esto ya no nos sirve, ya no vale. En algún momento pudo haberse convertido en un factor de despliegue de potencialidades, ahora se convierte en un elemento de asfixia, de degradación social, de degradación moral. Justamente de lo que se trata, y regresamos al principio de esta entrevista, es de rebuscar cuáles son las herramientas que nos permitan cambiar ese modelo de desarrollo y de nuevo aparece la explicación totalmente congruente del papel de la moneda como un elemento central para reproducir esos viejos poderes, esos poderes oligárquicos que están planteando la degradación civilizatoria y probablemente generando un horizonte casi inmediato de más guerra, de más desestabilización, de más fraude y de mas corrupción. Frente a eso hay que crear otro tipo de moneda, planteamos nuestra moneda que viabilice este otro tipo de proyecto societal, el proyecto de la paz, el proyecto de la igualdad, el de la solidaridad frente a la banca que ahora se convierte en el agujero negro de una insolvencia estructural cada vez más masiva en el que el proceso inicial que era simplemente la cuestión de las hipotecas subprime ha hecho metástasis en todos los otros sectores de la economía y en el resto del globo con burbujas especulativas, inclusive en las grandes ciudades de América del Sur. Por ello, cambiemos esa lógica y planteemos una banca que realmente sirva a las necesidades de la gente como lo que se plantea el Banco del Sur. Para eso necesitamos hacer un cambio axiológico y epistemológico con nuevos indicadores financieros, con nuevas prácticas financieras, con nuestro nuevo manejo de la moneda frente a la cuestión de la asechanza del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional que están ahí, pendiente para regresar con sus mismas recetas que se han mostrado perniciosas, no solamente en el Sur sino que ahora en el propio centro del imperio. Plantémonos nuestra propia red de seguridad financiera, por ejemplo el Fondo del Sur que redefina el rol de la banca central y la forma de articulación de nuestras economías, de nuestras macroeconomías, de los mercados de liquidez internacional, y eso lo podemos hacer porque ahora como nunca tenemos la plata, solo los bancos centrales, tienen más de 780 mil millones de dólares en reservas monetarias internacionales. Gran paradoja, dónde está esa plata, la gran mayoría precisamente ahí donde es el foco de infección, el foco de corrupción, y que eventualmente ni siquiera vamos a ver a regresar a ver esa plata porque está precisamente en los grandes bancos quebrados del norte, y además recibiendo tasas de remuneración bajísimas, ni siquiera cumpliendo con el principio básico de la teoría de portafolios de la compensación entre riesgo y rentabilidad, estamos colocando todos esos recursos de liquidez inmediata con un sacrificio gigantesco.

 

- ¿Ecuador trajo las reservas?

 

- Sí, Ecuador trajo las reservas y estamos dando un tipo de utilización mucho más eficiente. No vamos a pagar las tasas de dividendo que da JP Morgan Chase sobre la base de la corrupción y del subsidio permanente y colosal de sus gobiernos, pero si vamos a crear una tasa de rentabilidad que va hacer un múltiplo, diez, quince veces un múltiplo de lo que están pagando los bonos del Tesoro de los Estados Unidos actualmente. Entonces, estamos creando una opción absolutamente sensata, absolutamente viable, que no está siendo precipitada por ningún tipo de idealismo, o por ningún tipo de pensamientos antojadizos, estamos hablando de realidades concretas que permitirán en el aquí y en el ahora cambiar la lógica de las políticas, del modo de regulación, del régimen de acumulación, del modo de desarrollo, de producción y del modo de vida.

 

- ¿La nueva Ley de control de mercado en Ecuador que crea la Superintendencia a su cargo, es un mecanismo para evitar la concentración de la economía en este país?

 

- Es un mecanismo débil, lleno de lagunas, sin embargo, tenemos por primera vez con un atraso enorme con respecto al resto de países del continente una normativa interna. En este tema creo que se abre la perspectiva de pagar una deuda con la sociedad porque los abusos monopólicos esta en el corazón de esta cultura oligárquica que ha sido en última instancia la raíz de los problemas del atraso de nuestro país. La cultura del acaparamiento, del no permitir que otros actores, operadores, y otras lógicas puedan participar en el proceso económico lo que ha generado son estrategias rentistas por parte de los mismos de siempre sobre la base del subdesarrollo, del arrinconarnos en esa división internacional del trabajo primario-extractivista. Es un esfuerzo modesto que en realidad no tendría mayor significación si no logramos, como estamos empeñados en hacerlo, la participación de la ciudadanía. Esto no se trata como lo plantea la visión neoclásica tradicional del contraste entre el monopolio versus la utopía de la competencia perfecta, que no existe en ninguna parte del mundo, sino que es un proceso de construcción de ciudadanía, de empoderamiento de la gente, de decir basta a los abusos en todas las transacciones, en todos los negocios, en tanto contratista, en tanto contratado, en tanto consumidor, en tanto proveedor, en tanto cliente, y eso es parte no solamente de un nuevo tipo de dinámica económica que va a permitir la incorporación de tecnologías, la articulación de oportunidades, el despertar de otra sinergia, la inclusión de otros actores, de otras lógicas, sino que también forma parte de ese buen vivir, de ese vivir en excelencia, vivir en dignidad todos los días, no permitir los abusos, no permitir la inequidad. En definitiva, ese es otro mundo, que es posible aquí y ahora. Esa es la lección de la crisis mundial.

 

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=73505

 

Fernando Arellano Ortiz

Publicado enInternacional
Una alternativa económica al capitalismo expoliador de libre mercado

Se deben proteger los recursos primordiales -que son bienes comunes- para evitar su privatización; los colectivos deben regular la actividad extractiva. Traducido por Silvia Arana para Rebelión.


En 1649, un grupo de comunistas ingleses comenzó a cuestionar la noción de propiedad privada formando una agrupación conocida como el "movimiento de los comunes". Durante ese periodo inestable de la historia de Inglaterra, el movimiento presentaba un nuevo concepto económico, en el cual la tierra, los pozos de agua y otros recursos eran considerados patrimonio común. Este grupo evitaría que un pequeño grupo de gente se apoderara y consolidara derechos sobre elementos básicos para la vida, como el agua y los alimentos. En una celebración anual, que también cumplía con el propósito de protestar, formaban un círculo alrededor del pueblo y cavaban o nivelaban cualquier cerco que indicara propiedad privada. Se los comenzó a llamar los "niveladores" (levelers) o "cavadores" (diggers).

 

El movimiento, que fue reprimido en 1651 por los terratenientes y el Concejo de Estado, ha resurgido en la década pasada. Permaneció en hibernación durante tantos años porque representa una amenaza esencial a la economía moderna al poner las necesidades de la comunidad en el eje central de la sociedad por encima de los intereses individuales.

 

Los comunes luchan contra la privatización de los recursos principales, como la pesca de la langosta en Maine o el manejo de los campos de pastoreo en Mongolia, basándose en que los colectivos deben regular la extracción. Se evita de ese modo la explotación porque ningún individuo tiene más derechos que el otro sobre los recursos.

 

"[Los comunes] ofrecen una manera intelectualmente coherente de hablar sobre valor inalienable, para el que nosotros no tenemos vocabulario", dijo David Bollier, autor de La riqueza de los comunes, a fines de enero en una conferencia organizada por la Fundación Heinrich Böll, en Washington D.C.

 

Bollier dice que es una manera de introducir formalmente los aspectos "políticos, de gestión pública, culturales, personales y hasta espirituales" de la vida en nuestro sistema económico, el que ahora solamente considera el valor monetario.

 

Agrega: "Podemos decir que es una metafísica diferente de la del estado liberal moderno, que considera al individuo como el único agente".

 

El movimiento de los 'comunes' es una reacción al capitalismo expoliador de libre mercado. Rechaza la noción de que los recursos, espacios y otros bienes son meramente un medio para conseguir riqueza. Condena la privatización de las obras públicas, como los medidores de estacionamiento de Chicago, que permite que la empresa (sovereign wealth fund, fondo de inversiones) que los controla aumente las tarifas.

 

Cuando una economía le asigna bienes valiosos a entidades privadas, los derechos de propiedad serán inevitablemente consolidados en manos de un puñado de instituciones poderosas que controlarán esos recursos.

 

Para evitarlo, dice, necesitamos proteger los bienes comunes con reglas que prohíban la propiedad privada de esos recursos esenciales. Sin embargo, no es un espacio que va a ser libre para todos; debe tener regulaciones y reconocimiento estatal para evitar que sea explotado por grupos privados.

 

El "movimiento de los comunes" introduce un "rol de auto-gobierno organizado en oposición al gobierno; aunque ambos puedan ser complementarios", dice Bollier. "La comunidad administra los recursos y tiene interés en evitar que otros diezmen las provisiones porque la licencia pertenece al público", agrega.

 

Pero los bienes comunes no se circunscriben a los recursos naturales sino que también incluyen la ciencia, el internet y otras tecnologías.

 

El internet se ha convertido en el campo de una feroz batalla entre los defensores de la comunidad que quisieran diseñar foros abiertos y libres, y las compañías que buscan controlar los contenidos mediante leyes como Stop Online Piracy Act (SOPA) y Protect IP Act (PIPA). Muchos programadores ceden sus derechos de propiedad intelectual al público mediante las licencias General Public (Público en General) y Creative Commons (Comunidad Creativa), las que permiten que el público acceda y contribuya a los foros de manera gratuita. También sirven para evitar el uso de información personal con fines comerciales, como sucede con Facebook.

 

Además, los medios privados son los dueños, a través de patentes, de un quinto del genoma humano. La empresa Myriad Genetics radicada en Salt Lake City, por ejemplo, es dueña del gen de susceptibilidad al cáncer de mama, lo que les garantiza el monopolio del control de investigación oncológica. Esto desalienta la búsqueda de nuevos tratamientos, circunstancia que podría paralizar los avances médicos.

 

El tema tiene mayores alcances aún: Monsanto usa organismos genéticamente modificados para desplazar a las semillas naturales, las compañías embotelladoras de agua están privatizando las napas subterráneas y las compañías de software se apoderan de derechos de propiedad intelectual de algoritmos matemáticos que otros no pueden usar después.

 

"Enclosure [el cercamiento de los campos abiertos] es despojo", dice Bollier en referencia a patentes y propiedad privada. Es un proceso mediante el cual los poderosos convierten un recurso comunal en una commodity de mercado... Esto se llama desarrollo.

 

"Lo raro sobre los bienes comunes es que son invisibles porque no forman parte ni del mercado ni del estado", dice Bollier. "No se visualizan como valiosos y no son reconocidos porque tienen muy poco que ver con derechos de propiedad para el mercado o con poder geopolítico... pero se estima que hay unos dos mil millones de personas en el mundo cuyas vidas dependen de bienes comunes, como pesca, bosques, agua de riego y otros recursos."

 

Paradójicamente, el mercado neoliberal, no comprende el fin detrás de los bienes comunes. Nuestro sistema actual es unidimensional, y está diseñado para ponerle un precio a todo.

 

Durante años, expertos en sustentabilidad han buscando maneras de introducir moderación y conservación en el modelo neoliberal mediante incentivos como tope y canje (cap and trade). Pero las compañías prefieren pagar costos adicionales hasta que deje de ser económicamente viable, demostrando que en un sistema privatizado, la gente está dispuesta a pagar multas mientras que estas no afecten sustancialmente las ganancias.

 

"Hay un encanto en cumplir con parámetros económicos microeconómicos y neoliberales en su propio terreno", dice Carroll Muffett, moderadora del debate y presidente del Centro por Leyes Internacionales del Medioambiente. "Para decir 'si quieren ponerle un precio a todo, aquí está el precio para esto y miren cuán caro es'... pero para mí el peligro es: ¿Es correcto jugar en su propio terreno? Hay un compromiso inherente en ello que consiste en entregar algo que está más allá de una etiqueta con el precio."

 

Hasta hace poco, Bollier y Muffet dijeron que había mucho espacio de maniobra para que el libre mercado se expandiera. Pero como las necesidades básicas de agua, energía y alimento están siendo sobreexplotadas o se van extinguiendo a causa del cambio climático, las empresas se han dado cuenta de que sus escasas opciones para mantener sus ganancias involucran la extracción de los escasos recursos de las comunidades del Tercer Mundo. Es una prueba para determinar qué es más valioso para el neoliberalismo: el dinero o la vida.

 

Muffett dice que la cuestión ya fue dilucidada cuando se construyó en Sudáfrica la estación de energía de carbón Medupi Power Station. Una evaluación de la estación de energía proyectaba que no habría suficiente agua para mantener el funcionamiento de la empresa y para satisfacer las necesidades de la comunidad local. La napa subterránea adyacente a la estación está tan sobrecargada que ya no llega al mar. La compañía Eskom propuso recanalizar el agua de otra napa subterránea para el funcionamiento básico de la estación y usar el agua local para el sistema de filtrado de la estación. Se aumentaría el precio del agua a la comunidad para evitar que "ladrones" acaben con el recurso.

 

"El consumo furtivo de agua se debe a que la gente necesita consumir agua dulce y regar sus cultivos de subsistencia", dice Muffet.

 

"Ponerle un precio a ese recurso de la comunidad es perder de vista el punto fundamental. El agua no tiene precio. Si te doy un galón de agua y tu me das mil dólares. Yo no puedo beber mil dólares."

 

Tanto Bollier como Muffet dicen que esto es el resultado de una economía basada en las ideas filosóficas de Thomas Malthus y John Locke, cuyo modelos no garantizan el derecho a la existencia. Para existir uno debe tener dinero. Esto se convierte en la característica que define la vida.

 

"Este es el riesgo de la perspectiva natural del capital", dice Muffet. "Es como decir, 'si me das mil dólares, me das un sustituto para las abejas, los agentes de polinización, para la tierra donde están enterrados mis ancestros'. Pero eso no tiene sustituto".

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“La supremacía del trabajo humano sobre el capital es innegociable”

–¿Cómo caracterizaría su gestión al frente de la Asamblea Nacional? ¿Qué etapas se distinguen, según mayor o menor actividad legislativa, e estos años?

 

–A partir de la vigencia de la Constitución de la república, el 20 de octubre del año 2008, el proyecto político de la Revolución Ciudadana asumió la tarea de transformar, en su fondo y en su forma, lo que se denomina la Función Legislativa que se ejerce a través de la Asamblea Nacional. En términos generales, puedo decir que mi primer período al frente de la Asamblea Nacional estuvo determinado por la necesidad de operativizar todo lo necesario para que se pusiera en funciones la propia Constitución. Hubo que hacer una gran depuración del ordenamiento jurídico: se derogaron leyes, cientos de decretos legislativos, más de 900 decretos supremos, decretos-ley de emergencia, dos acuerdos supremos, tres acuerdos legislativos, etc. Implica un trabajo muy intenso desde el punto de vista normativo vertiginoso: expedir, codificar, reformar, derogar e interpretar leyes. Todo al mismo tiempo.

 

Un segundo momento marca la puesta en práctica de algunas cuestiones que ya tienen que ver con el propio proyecto de la Revolución Ciudadana, por ejemplo, la implementación, en dos oportunidades, de procesos de Consulta Prelegislativa respecto de proyectos de ley referidos a los derechos de las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, del pueblo afroecuatoriano o del pueblo montubio, experiencias inéditas en términos mundiales. Toda esta actividad de la Asamblea Nacional, este esfuerzo proactivo, ha hecho que su aceptación y valoración social como institución hayan crecido de manera creciente a lo largo de estos años: en noviembre del 2007 el anterior Congreso Nacional tenía una aprobación social del 4 por ciento, en diciembre del año pasado la Asamblea Nacional ya estaba en un 52 por ciento de aprobación. Pero no sólo desde el punto de vista de la sociedad; la Asamblea Nacional ha liderado el ranking de las instituciones públicas que manejan fondos públicos según los parámetros de transparencia de la Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública. A tal punto que la Corporación Participación Ciudadana ha calificado nuestro esfuerzo por transparentar la gestión legislativa y de fiscalización con el ciento por ciento (100 por ciento) de cumplimiento.

 

–Los casos de Honduras y Paraguay han mostrado las facetas más reaccionarias de lo que, por momentos, se convirtió en principio de acción de las oposiciones políticas a los gobiernos progresistas: la “parlamentarización” de su comportamiento, esto es, encontrar en el Parlamento el instrumento decisivo de alteración del orden; ¿en algún momento hubo una situación política semejante durante estos años en Ecuador?

 

–A grandes rasgos, no puede decirse que en Ecuador hayan ocurrido hechos similares. Pero hay algo que tiene que quedar en claro: el 30 de septiembre de 2010 se puso en riesgo la estabilidad democrática del Ecuador. Hubo una conspiración, y hubo conspiradores. Según evidencias contundentes recopiladas días después del 30S se confirmaron: el bloqueo de las actividades de la Asamblea Nacional, el intento de toma de medios de comunicación públicos y la destrucción de sus instalaciones. En particular, ese día hubo ataques de policías sublevados contra asambleístas, todo lo cual evidencia de manera contundente que la insurrección buscaba acabar no sólo con el mandato y la vida del presidente Rafael Correa, sino también con el conjunto de entidades del sistema democrático del país, también la Asamblea Nacional. Para justificar el intento de golpe de Estado se tomó como pretexto una supuesta eliminación de beneficios para militares y policías, a través de la Ley de Servicio Público, que había sido objetada parcialmente por el Ejecutivo, frente a la cual no hubo los votos necesarios para ratificar el texto aprobado por la Asamblea, cuando de ninguna manera esa norma causaba perjuicio alguno a este sector de la población. La mal llamada “oposición” política, en lugar de defender la vida democrática, alentó a los golpistas y horas más tarde, frente a la reacción del pueblo y el fracaso del golpismo, planteó un proyecto de resolución para otorgar una amnistía a todos los golpistas involucrados en la revuelta. En este específico sentido puede decirse que hubo un acompañamiento parlamentarista, pero parcial, circunscripto a esta acción posterior. Pero utilizaron la investidura, eso es evidente.

 

–Respecto de los momentos de inestabilidad política del gobierno durante estos años y como presidente de la Asamblea Nacional, ¿cuál fue su reacción frente al 30S?

 

–El 29 de septiembre en la noche yo había salido de Ecuador rumbo a España. Al salir había el rumor de que el presidente decretaría la “disolución” de la Asamblea Nacional por la cuestión del veto a la ley de Servicios Públicos. Al llegar a Madrid y tratar de recabar información sobre el mencionado rumor, nuestra sorpresa fue grande: nada de ello había ocurrido. Pero sí nos enteramos de que ese día, el 30 de septiembre de 2010, un sector insubordinado de la policía, con apoyo de algunos políticos de la mal llamada oposición, intentaban dar un golpe de Estado

 

Desde España, denuncié ante la comunidad internacional este intento de golpe de Estado que estuvo a punto de romper el orden democrático, ratifiqué el compromiso de defender el mandato del presidente Rafael Correa, las instituciones y llamé a salir a las calles a defender la democracia y la Revolución Ciudadana. Realmente fueron momentos de tensa angustia y desconcierto los que vivimos en España con Virgilio Hernández, presidente de la Comisión de Gobiernos Autónomos y Descentralización de la Asamblea Nacional, que me acompañaba en ese viaje. Inmediatamente pretendimos retornar a Ecuador, pero al conocer la actitud valerosa del pueblo y del rescate del presidente constitucional decidimos continuar viaje a Ginebra y poner en conocimiento de la Unión Interparlamentaria el intento de golpe de Estado que se vivía en Ecuador. En efecto, así ocurrió, y primero el Grulac y luego la 125 Asamblea de la UIP condenaron el intento de golpe de Estado y se pronunciaron a favor de la democracia ecuatoriana y su presidente.

 

–A su regreso a Ecuador, usted y otros parlamentarios presentaron una denuncia ante la Justicia.

 

–Ya de regreso, y una vez que me informé documentadamente de los hechos, acompañado por un importante número de legisladores de la bancada de Alianza PAIS, así como de centenares de ciudadanas y ciudadanos de distintas provincias del Ecuador, concurrí a la Fiscalía General para entregar al titular de este organismo, Galo Chiriboga, una serie de documentos para que se investigaran los hechos ocurridos el 30 de septiembre, sobre todo los ocurridos en el interior de la sede legislativa. Las agresiones que sufrieron varios asambleístas ese día, cuando se les impidió ingresar, no tenían absolutamente nada que ver con el presunto descontento que, decían, habría originado la revuelta policial. Aportamos pruebas. Entre los documentos constaban varios correos electrónicos emitidos desde las cuentas de determinados asambleístas con contenidos que la Fiscalía sabrá valorar; discursos que podrían ser metáforas –ojalá sean solo eso, y no una especie de proclamas que están yendo más allá de una mera falta de coincidencia con quien dirige el gobierno nacional–. Siempre insisto en este asunto: si quieren hacer oposición, bienvenido sea, pero conspirar en nombre de la oposición, eso no se puede aceptar. En varias ocasiones hemos dicho que observamos muchas falencias en la investigación de los hechos del 30 de septiembre. Es evidente que el sistema penal no tiene evidencias de lo que realmente ocurrió; no se investigó adecuadamente, sólo se tomaron algunas versiones y se hizo muy poco trabajo en materia de criminalística. Sobre esas falencias hay que esperar que se corrijan las actuaciones que consideramos inadecuadas e incompletas.

 

–En comparación con las oposiciones parlamentarias en otros países latinoamericanos, ¿qué caracterización haría de la oposición política al gobierno de Correa? Tendencialmente, ¿van hacia un principio de unidad, como en Venezuela, o permanecerán atomizadas?

 

–Permanecen atomizadas, como se demuestra en las actuales elecciones. Pero hay algo más: no se trata de una oposición política, de una oposición ideológica, en términos de proyectos políticos como, quizá, pueda verificarse en otros países latinoamericanos. A decir verdad, pareciera más bien una apenas mal organizada actitud de obstrucción a los cambios propuestos por la Revolución Ciudadana.

 

–Sea en foros internacionales o incluso en debates académicos, la noción del “Buen Vivir” va progresivamente ganando espacio como “referencia conceptual” respecto del proceso político en Ecuador. ¿Qué significaría, en pocas palabras, el “Buen Vivir” desde la perspectiva de la Revolución Ciudadana?

 

–El “Buen Vivir” es la doctrina de la Revolución Ciudadana y muchos de sus principios han sido consagrados en la Constitución nacional, aprobada en 2008. Todas las grandes transformaciones que hemos impulsado tanto desde el Poder Ejecutivo como desde la Asamblea Nacional se han hecho bajo la inspiración del “Buen Vivir”. Es muy importante que un proyecto político tenga su inspiración, su espíritu. Se trata del tipo de comunidad en la que queremos vivir, el tipo de construcción colectiva, justa, equitativa, democrática, pacífica, que tienda a descentralizar las instancias del poder, gestionarlas desconcentradamente y, en esto quizá seamos una referencia los ecuatorianos, respetar los derechos de la naturaleza. La Asamblea Nacional, las leyes aprobadas, han precisamente intentado “aterrizar” esta visión conceptual, para posibilitar, en términos generales, un “crecimiento con fines” en lugar del salvaje y voraz “crecimiento sin fin” que propicia el capitalismo. Tiene que ver con el tipo de solidaridad que propiciamos con nuestro entorno, con nuestro medio, y qué tipo de individuo queremos tener en la sociedad. En este contexto histórico de la humanidad, es fundamental garantizar derechos que aseguren una vida digna, libre y autodeterminada. Eliminar y sancionar toda forma de abuso, discriminación y factores de violencia social. Hay que intentar hacerlo comenzando por los sectores más abandonados, los más desprotegidos. Habría muchas leyes para mencionar en relación con esta perspectiva pero destaco una, por ejemplo, la Ley Orgánica de Discapacidades, que es emblemática y realmente un gran avance, sobre todo si la comparamos con otros países, en términos de igualdad.

 

–Respecto del Programa de Gobierno de Alianza PAIS para estas elecciones, ¿cuáles serían los principales objetivos y metas que se proyectan para los próximos años y que antes no habían sido consideradas? Siendo que prácticamente todos los indicadores macroeconómicos y sociales han sido favorables y en expansión, ¿qué nuevos problemas han surgido, incluso como efectos no deseados o inesperados?

 

–Nuestro desafío fundamental es lograr la universalización de los derechos y su transformación en igualdad de oportunidades. Aprovechar nuestras capacidades para que todos y cada uno de los ecuatorianos tengamos un permanente y progresivo mejoramiento de nuestras condiciones materiales y espirituales de vida. En ese sentido, la importancia está, también, en la construcción del Estado, del tipo de Estado, del tipo de burocracia estatal, para que ésta tenga la capacidad de gobernar y modificar las líneas centrales de la dominación capitalista. Lo que decimos tiene que ver con generar una acción colectiva desde el Estado, cuestión que requiere de la constante organización cooperativa de la sociedad, para lograr enfrentar el dominio de los poderes fácticos y de los particulares intereses de los más poderosos. Pese a que se trata de un momento de transición sostenemos, de modo radical, la importancia de que la supremacía del trabajo humano sobre el capital es innegociable. Nuestra gente y su capacidad de trabajo no pueden ser vistas como un factor más de la producción sino como el fin mismo de la producción y la base para el despliegue de nuestros talentos. Esto se consolida con una transformación del Estado, de las instituciones, debemos continuar esa transformación. Sobre este aspecto, y en relación al trabajo de la Asamblea Nacional, deberá darse continuidad, por ejemplo, a la consolidación de la autonomía de los gobiernos provinciales, municipales y parroquiales, que hoy ya cuentan con recursos para atender las necesidades de sus circunscripciones territoriales; en concreto, hay que profundizar y desarrollar el concepto de competencias exclusivas y competencias concurrentes a fin de radicalizar la descentralización y acelerar la desconcentración. En otro orden, hay que ampliar el actual concepto de colegislación, para poder llegar a una verdadera colegislación permanente con la ciudadanía, y que no sea una imposición vertical de leyes y normas de toda índole, como nos tenía acostumbrados la partidocracia. Hay varios desafíos, la Asamblea Nacional tiene bastante tarea por delante.

 

–¿Cuál es la relación de un presidente de la república como Rafael Correa con el presidente de la Asamblea Nacional?

 

–Una de los mayores esfuerzos que hemos realizado consciente y comprometidamente desde las dos funciones del Estado ha sido la actuación planificada y coordinada para conseguir el mayor cambio posible en forma eficaz y eficiente. En ese sentido, hemos generado un debate –que lo continuamos estos días en campaña– sobre la supuesta teoría de “pesos” y “contrapesos” que supuestamente “exige” la democracia. Nosotros creemos que hay un solo poder y ése radica soberanamente en el pueblo. El Estado para el cumplimiento de sus fines se divide en funciones; son eso, son funciones, que deben ser elegidas soberanamente. La partidocracia está acostumbrada a los pactos de toda índole y “al reparto” de las competencias del Estado, discrecionalmente. Son ellos los que siempre han intentado traspasar las fronteras de manera arbitraria; lo sigue planteando hoy en día, confundiendo a la ciudadanía. Frente a la falta de legitimidad y popularidad de sus liderazgos nos hablan hoy del “peligro de la acumulación de poder” en una de las funciones del Estado, en el Ejecutivo. Buscan construir al Legislativo como el único espacio legítimo cuando, en realidad, por la propia Constitución y por la dinámica del proceso político en Ecuador nunca han estado tan claras las competencias exclusivas y excluyentes de ambos poderes, al mismo tiempo de la necesidad y la obligación de actuar coordinadamente.

 

No se puede llegar a un nuevo país con los paradigmas y herramientas del viejo país. Hay un nuevo proceso institucional en Ecuador, una dinámica política que ha estabilizado al sistema político en su conjunto, al margen de ciertos episodios, como señalé. Desde este punto de vista, hay una nueva época democrática en el país. Sin embargo esto no invalida la necesidad de tener que establecer nuevos –y profundizar los existentes– mecanismos de control político y fiscalización, para mejorar la transparencia de los procesos de gobierno y la eliminación de todo resquicio de corrupción.

 

–¿Cómo quedará el panorama político post 17 de febrero?

 

–Aspiro a un triunfo contundente del presidente Rafael Correa en la primera vuelta, como una demostración de la confianza de los ecuatorianos a nuestro proyecto político de la Revolución Ciudadana. En lo que respecta a la Asamblea Nacional, espero que el pueblo ecuatoriano, superando la desinformación y la “presión” mediática, resuelva hacer en forma directa su propia mayoría legislativa. Creo que en varios aspectos el panorama futuro depende de cómo quede proporcionada la Asamblea Nacional. Ojalá que el pueblo no delegue a un conjunto de movimientos y partidos inconsistentes la tarea de “formar” una mayoría legislativa que haga de un supuesto “contrapeso” a su propia decisión de ratificar su confianza en el presidente. El proceso de cambio requiere de una actuación leal y coordinada desde las dos funciones del Estado que son elegidas en forma directa y democrática por el pueblo ecuatoriano. Sinceramente espero que la Revolución Ciudadana en forma coherente consiga la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional para consolidar y radicalizar los cambios y acelerar el proceso de eliminación de la pobreza y las inequidades.

 


 Por Amílcar Salas Oroño y Alfredo Serrano Mancilla*

* Amílcar Salas Oroño es doctor en Ciencias Sociales, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA, y miembro de CEPS), Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía, director América Latina CEPS.

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737 multinacionales monopolizan el 80% del valor accionarial de las grandes compañías

«Diccionario crítico de empresas transnacionales. Claves para enfrentar el poder de las grandes corporaciones» es un libro recién publicado por la editorial Icaria. Más de 41 profesores universitarios y colaboradores han participado en su elaboración.

 


El poder de las empresas transnacionales es enorme. Los datos confirman ya que más de la mitad de los beneficios de esas empresas de origen vasco o español provienen de negocios que realizan lejos de su lugar de origen y, según la compañía Bolsas y Mercados Españoles (BME), más del 75% del negocio lo consiguen en otros países, principalmente en América Latina y el sureste asiático. Cuentan con un poder inmenso que está poniendo en jaque no solo las economías de esos países, sino las condiciones laborales y medioambientales. Todo por acumular riqueza.

 

«Diccionario crítico de empresas transnacionales. Claves para enfrentar el poder de las grandes corporaciones» es un nuevo libro de la editorial Icaria. El trabajo ha sido coordinado por el profesor de la UPV-EHU Juan Hernández Zubizarreta, Erika González y Pedro Ramiro, pero en este amplio trabajo participan 41 autores que, cada uno de ellos, pone el acento en un tema desde las agencias de calificación, al boicot a las empresas, su actividad en bolsas, el Consenso de Washington, la desigualdad de género, los delitos económicos, la internacioalización y, entre otros muchos temas, los derechos vulnerados de los pueblos indígenas.

 

Este «diccionario crítico» nos sitúa frente al poder multinacional. En este sentido, destaca que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) asegura que para que una compañía sea calificada de transnacional o multinacional -que se utilizan como sinónimo, pero tienen connotaciones diferentes- «basta con que una empresa controle el 10% del capital de una filial en un país extranjero para que se considere como transnacional o multinacional», explica Juan Hernández. Así, los informes sobre la inversión extranjera de la UNCTAD determinan que existen 79.000 transnacionales, que a su vez controlan 790.000 compañías filiales, que mueven un negocio de más de 800.000 millones de euros.

 

El profesor Hernández explica que, aunque en apariencia estas miles de compañías parece que pueden competir libremente en el mercado global, la realidad constata que «apenas unos cientos de ellas controlan hoy a todas las demás: 737 multinacionales monopolizan el valor accionarial del 80% de total de las grandes compañías del mundo, y solo 147 controlan el 40% de todas ellas».

 

El mismo autor destaca que a las empresas transnacionales «se les permite actuar con un alto grado de impunidad, siendo su control normativo muy desigual, ya que sus derechos se protegen por una nueva LexMercatoria integrada por el conjunto de contratos, normas de comercio e inversiones de carácter multilateral, regional y bilateral y las decisiones de los Tribunales Arbitrales y del Sistema de Solución de Diferencias de la Organización Mundial del Comercio», sin embargo «sus obligaciones se reenvían a legislaciones nacionales sometidas a políticas neoliberales de desregulación, privatización y reducción del Estado en políticas públicas y fortalecimiento de aparatos militares y de control social. Es decir, se construyen legislaciones ad hoc para la defensa de los intereses de las transnacionales», termina Juan Hernández.

 

En este extenso trabajo también se abordan alternativas a las multinacionales y el despertar de algunos pueblos y países, sobre todo en América Latina, para evitar que «les expolien su riqueza». En este capítulo, María González Reyes, de Ecologistas en Acción, explica que «conforme las multinacionales han ido extendiendo su actividad por el planeta, se han creado distintas resistencia a este poder corporativo que trata de marcar los pasos de la economía mundial».

 

Enumera a las empresas recuperadas, la banca ética, las cooperativas de consumo o el comercio justo como ejemplos de alternativas que «muestran que hay otra manera de producir que no se base en la lógica de la acumulación». A juicio de González Reyes son propuestas de base que «critican y cuestionan» el poder de las multinacionales, «que plantean otra manera de organización entre los trabajadores y trabajadoras». Un valor importante, según explica, es que ponen sobre «la mesa la incompatibilidad entre un sistema socioeconómico basado en la extracción y generación de residuos creciente y un planeta con limites».

 

Estos datos son unos ejemplos del amplio tratamiento que sobre todo lo que gira en torno a las multinacionales y que se desarrolla en cerca de 400 páginas.

 

Por Juanjo Basterra
Gara

Fuente original

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Miércoles, 16 Enero 2013 19:31

Distopías urbanas y anarcocapitalismo

Distopías urbanas y anarcocapitalismo

¿Es concebible la ciudad ideal, o habrá que resignarse a cuidar la que tenemos mientras la mancha urbana expande, en todas las direcciones, urbes y vialidades que distan de ser ideales y crecen pegadas a la que vivimos, pero ya no reconocemos?

 

En algún tramo de mi vida anterior recuerdo la plática que sostuve con Platón a propósito de la Atlántida, ciudad ideal que "... en un día y una noche terribles desapareció en el mar", junto con la justicia y la virtud que regían su gobierno.

 

Hace 17 años, Walt Disney emprendió en Florida la construcción de Celebration City, a unos pasos de Disney World. Los creadores promovieron Celebration como la urbe de los más caros valores de Estados Unidos: limpia, ordenada, honesta, concurrida, segura y en la que el crimen no se toleraría jamás. La cifra de quienes solicitaron instalarse allí rebasó las previsiones.

 

Sin embargo, en vísperas del Thanksgiving day de 2010, apareció colgado el cadáver del anciano jubilado Matteo Giovanditto, quien vivía solo con un chihuahua que ladró tres días anunciando la infausta noticia. Descubierto por la policía, el asesino alegó que el viejo lo había agredido sexualmente.

 

Días más tarde, la paz de Celebration volvió a ser motivo de escándalo. Un piloto de American Airlines se atrincheró en su casa, y antes de suicidarse de un tiro disparó contra la policía durante 14 horas. Los vecinos testimoniaron que el piloto era bueno y cálido con los niños, y la gaceta local tituló en primera plana: Amigos de Disney, bienvenidos a la realidad.

 

Entonces, los 10 mil habitantes de Celebration sintieron que a sus ideales platónicos se los había llevado la chingada. Porque las utopías urbanas también pueden convertirse en distopía (término inventado a finales del siglo XIX para señalar, justamente, lo opuesto de la utopía), y ya en El contrato social Rousseau advirtió que las casas hacen un espacio urbano, y los ciudadanos una ciudad.

 

Permítame la digresión. Borroneo estos apuntes en medio de miles de autos que de ida y vuelta, a la altura de Chilpancingo, llevan cuatro horas bloqueados en la autopista México-Acapulco. Un grupo de maestros rurales se han manifestado contra el mal gobierno, y están ardiendo más que los ardientes soles de Guerrero.

 

Las víctimas que han huido de la ciudad real constatan que la autopista ideal tampoco existe y a ninguno le importa el conflicto on line. Los de clase media se lamentan de sus exiguas vacaciones, los pobres sienten que los alimentos frescos que transportan se pudrirán antes de llegar a la ciudad feliz, y es de imaginar que los ricos en BMW o Mercedes piensan en persuadir a Marcelo Ebrard para que impulse la construcción de un segundo piso de paga exclusiva para comunicar el Distrito Federal con Punta Diamante.

 

Pero en el autobús, un matrimonio hondureño nos cuenta de las ciudades modelos que, a semejanza de Celebration, proyectan erigir algunos inversionistas poderosos en el marco de la llamada Ley de Regiones Especiales para el Desarrollo (RED) de Honduras.

 

Sabía algo del asunto gracias a las denuncias de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh), el artículo publicado por Maciek Wisnieswki en esta sección (Honduras: ciudades como modelos para armar, 24/4/12) y otro suscrito por Ernesto Paz Aguilar: Ciudades modelo: la genial impostura (La Tribuna, Tegucigalpa, 12/9/12).

 

La Ofraneh señala: La entrega de franjas del territorio nacional a inversionistas extranjeros para crear republiquetas independientes ha sido el proyecto emblemático del Partido Nacional, que se encuentra actualmente en el poder, y el cual está aparentemente dispuesto a toda costa a permanecer en el control del país más violento del mundo y uno de los más pobres de América Latina.

 

En octubre pasado, la Corte Suprema declaró inconstitucional el proyecto de las RED. Sin embargo, el 7 de enero pasado el vicepresidente del Congreso, Marvin Ponce, indicó a los medios de la posible introducción de una iniciativa para crear una nueva ley que permita implementar las ciudades modelo... en una versión mejorada.

 

La Ofraneh piensa que la reacción del Congreso frente a la declaración de inconstitucionalidad de las ciudades modelo culminó "... con un golpe al Poder Judicial".

 

El proyecto de las ciudades modelo reviste particular gravedad y trascendencia, pues se trata de otra prueba piloto del anarcocapitalismo en curso: ensayo del modelo neoliberal en Chile (1973), Plan represivo Cóndor del Pentágono en el cono sur (decenio de 1970), guerras de baja intensidad en América Central (decenio de 1980), Plan Colombia (decenio de 1990), crisis financiera inducida en Argentina (2001), limpieza étnica en México (2006).

 

No sólo el poder mediático le ha puesto sordina al asunto. Chovinismos seudopolíticos, sectarismos ideológicos, universalismos estrechos y otras distópicas utopías del otro mundo posible también han preferido silenciar su voz, y no precisamente por falta de información.

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Sábado, 10 Noviembre 2012 06:46

¿Un shock del pueblo?

¿Un shock del pueblo?

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: “Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias”, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces “las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon”, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

 

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las “sociedades pública-privadas”, conocidas como “P3”. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. “Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso”, dijo a The Nation. “Así que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3”.

 

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial “proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan”.

 

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

 

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

 

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos “listos para el clima” –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

 

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que “puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse”. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? “Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.”

 

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de “reforma a los mercados laborales” y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen “estrategias sociales, formales o informales”. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas “estrategias sociales” antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.
Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de “conserjería” a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran “instalarse con estilo”.

 

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

 

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

 

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

 

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

 

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour “Haz las cuentas”. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

 

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

 

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

 


Naomi Klein, autora de No logo y La doctrina del shock.

 

Traducción: Tania Molina Ramírez.

Copyright Naomi Klein 2012.

Publicado en The Nation (thenation.com).

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