Sábado, 10 Noviembre 2012 06:46

¿Un shock del pueblo?

¿Un shock del pueblo?

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: “Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias”, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces “las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon”, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

 

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las “sociedades pública-privadas”, conocidas como “P3”. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. “Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso”, dijo a The Nation. “Así que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3”.

 

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial “proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan”.

 

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

 

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

 

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos “listos para el clima” –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

 

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que “puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse”. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? “Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.”

 

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de “reforma a los mercados laborales” y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen “estrategias sociales, formales o informales”. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas “estrategias sociales” antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.
Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de “conserjería” a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran “instalarse con estilo”.

 

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

 

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

 

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

 

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

 

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour “Haz las cuentas”. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

 

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

 

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

 


Naomi Klein, autora de No logo y La doctrina del shock.

 

Traducción: Tania Molina Ramírez.

Copyright Naomi Klein 2012.

Publicado en The Nation (thenation.com).

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Jueves 8

2:00 - 5:00 p.m. (Bogotá)

Biblioteca Luis Ángel Arango

 

Sábado 10

2:00 - 5:00 p.m. (Medellín)

Auditorio Moravia

 

 




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La decadencia del poder estadounidense

La crisis estructural de Capitalismo

Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos


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 Videos relacionados:   

 
 
 
 

Conferencia magistral de Immanuel Wallerstein "Los desafíos de América Latina en el Sistema-Mundo" (parte 1) realizada en Quito, Ecuador, con motivo de doctorado honoris causa conferido al destacado investigador por el IAEN. Agosto 2011.




 

Informes: 212 73 97 - 346 62 40 - 345 18 08 (Bogotá) - 291 09 69 (Medellín)

Estado de derecho y “el derecho del más fuerte”
La planificación económica por los Estados, que en los países donde dominaba el capitalismo industrial caracterizó todo el período del New Deal, la llamada “era del Estado benefactor” tuvo por objetivo aplicar una política de redistribución de la riqueza para reducir las enormes desigualdades en los ingresos que tipifican los períodos del liberalismo económico, como sucede en la actualidad y fue el caso en el primer tercio del siglo 20, y que inevitablemente conducen a graves crisis económicas y financieras, al desempleo y el empobrecimiento masivo, y a momentos políticos decisivos.
 
La planificación de la economía en manos de los Estados, tan combatida y denigrada por las voces cantantes del sector privado que defienden la “autorregulación” de los mercados, la libertad de la empresa y de la propiedad privada, no ha desaparecido del mapa, sino simplemente ha sido traspasada de los Estados al gran capital con el resurgimiento del liberalismo económico a partir de finales de los 60.
 
Ahora el gran capital, o sea las grandes empresas transnacionales que abarcan todos los sectores económicos, así como el dominante sector financiero, ha tomado el poder, el control de los Estados y de los partidos políticos de gobierno, como es claro en todos los países del llamado “capitalismo avanzado”.
 
Dicho de otra manera, gracias al control que ejercen en todos los niveles de los Estados y al acoplamiento con los “partidos políticos de gobierno”, desde los conservadores a los socialdemócratas, el gran capital puede actualmente planificar y ejecutar con rigor las políticas económicas y financieras que, a escala nacional y mundial, tienen por único objetivo volver a concentrar la riqueza social en unas pocas manos, en ese menos del uno por ciento de la población, como bien lo denuncian los ocupantes del Wall Street y los indignados de todo el mundo.
 
Excelente prueba de esta rigurosa planificación al servicio del gran capital es la destrucción sistemática de las políticas industriales, comerciales monetarias y fiscales que caracterizaron el período del New Deal, como actualmente puede constatarse con las políticas de austeridad aplicadas en la Unión Europea (UE), y con la creación de los mecanismos, instituciones y legislaciones para un Estado al servicio exclusivo del gran capital (1).
 

Lo que no pudo entrar por la puerta se infiltró por la ventana

 
La razón por la cual “hace agua” desde finales de 1999 la Organización Mundial del Comercio (OMC), el “navío almirante” de la liberalización del comercio, es simple y bien conocida por quienes se interesan.
 
La OMC reemplazó al sistema del Acuerdo General sobre Tarifas y Aranceles (GATT, en su sigla en inglés), que en realidad permitía a las grandes potencias tomar las decisiones a puertas cerradas e imponerlas a la mayoría, para liberalizar acorde a sus intereses los intercambios comerciales y desmontar poco a poco las políticas industriales y de sustitución de importaciones en las naciones subdesarrolladas o en vías de desarrollo.
 
Funcionando bajo las reglas de la ONU, en la OMC cada país tiene un voto y la mayoría decide. Esto, según nos decían entonces los directores de la OMC y los ministros de Comercio Internacional de países de la UE y Canadá, permitiría instaurar por decisión de la mayoría de países un nuevo “estado de derecho” a nivel mundial.
 
Un nuevo “estado de derecho” que permitiera que cada país, grande o pequeño, débil o poderoso, fuese tratado a pie de igualdad por el resto del mundo.
 
Como se vio en los sucesivos fracasos de las “rondas” de la OMC, el sistema de “un país un voto” en el proceso de toma de decisiones permitió que las voces de los países subdesarrollados y emergentes expusieran el doble rasero de las políticas de Estados Unidos (EE.UU.), la UE y Japón, como los subsidios a la producción de cereales y alimentos en sus países y las trabas a la importación de tales productos. El voto mayoritario de los países subdesarrollados y emergentes frenó temporalmente, y exclusivamente en esa instancia multilateral, algunos de los peores aspectos de la liberalización.
 
Decimos “temporalmente” porque lo que no pudo entrar por la puerta multilateral de la OMC fue introducido por la ventana de los acuerdos bilaterales o multilaterales de liberalización comercial o de integración económica, donde los países poderosos –aquellos donde el Estado está ya al servicio del gran capital- pueden imponer sus condiciones.
 
Una demostración en vivo es la actual negociación del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (ATP, en su abreviación), en la cual Washington busca desde febrero del 2008 ampliar el acuerdo de liberalización comercial firmado en 2005 por Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, y puesto en marcha en 2006.
 
La presencia de EE.UU. en esta negociación a partir del 2008 atrajo a otros siete países: Australia (noviembre 2008), Canadá (junio 2012), Japón (noviembre 2011), Malasia (octubre 2010), México (junio 2012), Perú y Vietnam (ambos desde noviembre 2008), y según la agencia Reuters que cita a Ron Kirk, Representante Comercial de EE.UU., Washington quisiera mucho que China se incorporase al ATP (Reuters, 8 de mayo 2012), algo dudoso si no se cambian las reglas del ATP, que dan a sus nueve participantes originales –lo que excluye a los últimos llegados, como Canadá, Japón y México- un derecho de veto sobre la participación de nuevos países en las negociaciones.
 
Como analiza Peter Lee (Asia Times Online), la entrada de EE.UU. en este proceso de negociación significó, desde el 2008, que todos los países participantes tendrían acceso privilegiado al mercado estadounidense si dan plena satisfacción a Washington y eliminan las barreras tarifarias y subsidios que afectarán a más de 11 mil productos, y al mismo tiempo abren sus mercados (es decir los mercados públicos y privados a escala nacional y local) a todos los proveedores de bienes y servicios, incluyendo a los financieros, y aplican con el rigor exigido por Washington el respeto a los derechos de propiedad, entre ellos el de la propiedad intelectual (2).
 
Para incorporarse al ATP, que está ahora bajo la egida de Washington, las naciones del Pacifico deberán haber sacrificado la capacidad de defender sus soberanías frente a las “intensamente competitivas multinacionales” (y sus ejércitos de abogados que serán figuras ubicuitas en las cortes de las naciones del ATP si este pacto es llevado a cabo), y esto a cambio de “algo que no es abundantemente claro”, como enfatiza Lee.
 
Canadá, Japón y México no podrán reabrir las negociaciones en los capítulos del ATP en los cuales los nueve países participantes ya alcanzaron acuerdos, y tampoco tendrán derecho de veto en cualquier otro capítulo de las negociaciones, y tal será la situación de China si decide incorporarse al proceso, algo que probablemente no ocurrirá.
 
En el caso de la protección de la propiedad intelectual esto significa que a través del ATP, Washington introducirá a escala regional y con perspectiva global, una interpretación extremadamente restrictiva, como la existente ya en las leyes estadounidenses, y para aplicarla a gusto dispondrá de todos los mecanismos, abogados y palancas necesarias que las grandes transnacionales de varios sectores (desde el farmacéutico, las mineras y petroleras, hasta los fabricantes de productos electrónicos e informáticos, entre otros más) pondrán en acción.
 
La ley que se aplicará con rigor y extraterritorialmente, a través de las cortes nacionales o de los tribunales del ATP, será la estadounidense, que protege los derechos del gran capital.
 
Es así, a través del “derecho del más fuerte” como viene forjando el imperialismo y sus aliados el “estado de derecho” universal del liberalismo a ultranza.
 
Nada de nuevo en todo esto. En una crítica a las ideas del economista británico J. Stuart Mill sobre la apropiación de la distribución de las riquezas y la propiedad, Karl Marx escribió en 1857 que a los economistas burgueses les parece que con la policía moderna la producción funciona mejor que, por ejemplo, aplicando el derecho del más fuerte. Olvidan solamente que el derecho del más fuerte es también un derecho, y que este derecho del más fuerte se perpetúa bajo otra forma en su “estado de derecho” (3).
 
La Vèrdiere, Francia.
 
- Alberto Rabilotta es periodista argentino - canadiense.
 
1.- Karl Polanyi desarrolló de manera excelente este tema en su libro La Grande Transformation, que terminó de escribir en 1944, y particularmente en el último capítulo (La libertad en una sociedad compleja), donde señala que el liberalismo acusa a la planificación y el dirigismo económico “de ser la negación de la libertad. La libre empresa y la propiedad privada son declaradas partes esenciales de la libertad”, algo que es una “ficción por la dura realidad de los gigantescos fideicomisos y el poder principesco de los monopolios”. Y alertaba que fue a causa de este liberalismo que el gran capital “se instaló en varios países de Europa así como, por otra parte, diversas formas de fascismo”, y que la planificación, la reglamentación y el dirigismo que los neoliberales de la época querían ver “desterrados porque eran un peligro para la libertad”, fueron entonces utilizados por los enemigos jurados de la libertad, los fascistas, para “abolirla totalmente”. Es así, según Polanyi, que “la obstrucción hecha por los liberales a toda reforma comportando planificación, reglamentación y dirigismo hizo prácticamente inevitable la victoria del fascismo”. (página 330 de la edición francesa, Edition Gallimard)
2.- Sobre este particular ver en http://keionline.org/node/1516 una “fuga” del texto negociado en el ATP Limitaciones y Excepciones del derecho de propiedad intelectual. Y ver críticas en https://www.eff.org/deeplinks/2012/08/new-leaked-tpp-puts-fair-use-risk
3.- Karl Marx, Introducción de “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858” (Grundisse), página 8 en la edición de Siglo XXI Editores SA, y página 10 del cuaderno original.

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Sábado, 15 Septiembre 2012 06:43

El mundo que nos toca vivir

El mundo que nos toca vivir
El camino para la salvación del euro está libre. En ese tono titularon los diarios el jueves pasado. Es que la Corte Suprema de Alemania había aprobado la resolución del Parlamento por la cual se proponía la ayuda financiera al Banco Central Europeo. Con eso se ratificaba la posición de la jefa del gobierno germano, Angela Merkel y, de alguna manera, se respaldaba la existencia del Mercado Común Europeo.


Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda respiraron con optimismo luego de tantos meses de un panorama económico más que dramático. Pero la Justicia alemana limitó la ayuda de su país a la suma de 190 mil millones de euros. Todo préstamo más allá de esa suma debe ser aprobado antes por el Parlamento alemán, así se le da cabida a la opinión de la minoría.


Sí, un respiro para la agotada Europa y un gesto de Alemania para salvar al euro y un no al regreso a las fronteras económicas de antes y a la moneda propia de cada país. Pero hay muchas protestas, en especial de la derecha alemana –mismo en sectores del propio partido gobernante demócrata cristiano–, que se preguntan por qué Alemania siempre es la que tiene que pagar los platos rotos que rompen los otros europeos. Pero cualquier aislamiento de Alemania hubiera podido ocasionar una verdadera catástrofe económica continental. Esta misma semana se publicaron pronósticos de que la crisis económica llegará también a Alemania a comienzos del 2013, cuando el crecimiento sea sólo del 1,1 por ciento, en vez del 1,7 pronosticado antes.


Otra vez el sistema capitalista con sus crisis y un mundo que no encuentra la paz ni puede cumplir con el principio del trabajo para todos o por lo menos pan para todos. Y justo, con la información de la aprobación de la ayuda alemana a los países europeos en crisis, apareció la noticia oficial de la Agencia Federal de Estadísticas alemana, de que va creciendo en este país la cuota de gente que cae en estado de pobreza. Se señala que en 2005 la gente pobre llegaba al 14,7 por ciento del total de la sociedad; en 2010 bajó al 14,5, pero en 2011 ha llegado ya al 15,1 por ciento. Una cifra para pensar. ¿Por qué si aumenta la producción aumenta al mismo tiempo la pobreza, y eso que se trata de un país del “primer mundo”? ¿Por qué no se investiga si la fortuna de los acaudalados va cada vez más en aumento y la pobreza avanza al mismo tiempo? Los estudios oficiales señalan, por ejemplo, que el riesgo de pobreza en Berlín creció del 19,7 en el 2005, a 21,1 en el 2011.


Recuerdo cuando en la década del cincuenta se nos enseñaba que la “economía de mercado” iba a solucionar todos los problemas del mundo. Pues bien, las cifras que presentó Unicef nos dicen que todos los días fallecen en el mundo 19.000 niños menores de cinco años. Todo eso a pesar del progreso de las ciencias médicas. De acuerdo con ese estudio, cada tercer niño que muere es por desnutrición crónica o aguda. De enfermedad pulmonar fallece el 18 por ciento del total; de colitis, el 11 por ciento, y de malaria, el 7 por ciento.


¿Qué dice Naciones Unidas ante estas cifras? ¿Qué es en esencia el ser humano que permite así la muerte de esos seres indefensos? Y aquí viene la otra cara de la moneda. La producción de armas. Las armas cada vez más mortíferas. Los mayores exportadores de armas son Estados Unidos, luego Rusia y el tercero es nada menos que Alemania. Sí, el país que perdió la última Guerra Mundial perdió millones de seres que encontraron la muerte –no sólo como soldados, sino mujeres y niños– en las ciudades bombardeadas. A pesar de ello, acaba de publicarse la información de que esta Alemania actual vendió armas al exterior por 1,1 mil millones de euros en el 2004, y subió esa exportación a 2,1 mil millones seis años después. Negocio perfecto. Negocios son negocios, no importa la moral. Los autores de este estudio, Nicolas Büchse y Hauke Friedrichs, señalan que “la venta de tanques de guerra a regímenes políticos autocráticos (dictaduras, en el verdadero sentido) ya no es más un tabú”, y agregan (textual): “Jamás en la historia fue tan fácil vender armas al exterior”. Ultimamente, esas armas han sido empleadas en la guerra de Afganistán, en Kosovo, en Macedonia. También en maniobras militares de Arabia Saudita y en la Unión de Emiratos Arabes. Por ejemplo, la ametralladora MP5 dispara 8000 proyectiles por minuto y ha sido comprada por Irán, para uso policial, y por la India (que tiene el 24 por ciento del total de muertes de niños en el mundo), por Turquía y por Indonesia. El tanque Leopard II, al que la empresa que los fabrica llama “la nave insignia de los ejércitos”, cuesta 9 millones de euros por unidad. De esta arma –se dice que es la más codiciada del mundo– ya Arabia Saudita ha comprado 800 unidades; Qatar, 200 e Indonesia, 100. También viene dotado con un cañón de caño corto “para ser utilizado en las ciudades”. Y una ametralladora “vertical” con la cual puede atacar “enemigos en los techos de las casas”. Y un lanzagranadas para gases y nieblas. El estado-ciudad de Singapur compró 168 tanques de este tipo.


También Alemania produce el submarino Dolphia, que cuesta cada uno 550 millones de euros. Israel ya ha comprado seis de ellos y los ha dotado de armas nucleares. Todo parece una novela de perversa imaginación; que los judíos que sufrieron uno de los genocidios más grandes de la Historia a manos de los nazis alemanes, ahora compren a Alemania justamente armas.


En total, Alemania produce actualmente las ocho armas más efectivas de la Historia. El recorrido que ha hecho el mundo humano parece ser una obra de ficción inigualable. Pobres autores de libros de ficción, ¡qué cortos se han quedado! Mejor escriban la actual realidad del mundo y van a encontrar los temas de más fantasía. Tal vez los lectores de mis contratapas se digan: ¡otra vez Bayer escribiendo sobre el hambre de los niños y la venta de armas, basta! Pero no. Voy a cerrar esta página con el otro aspecto de la humanidad. Los que no se rinden: la gente bien de abajo que lucha por más dignidad, por ejemplo, las mujeres de Vernon Yankee en Estados Unidos. Allí existe una central atómica que ya ha tenido varios problemas. Un conjunto de abuelas –todas abuelas– se han reunido y comenzado la lucha para su cierre. Se llaman a sí mismas “las Ladys radicales”, y marchan y cantan himnos: “Stand up” y “I will Survive”. Todas visten blusas con inscripciones antinucleares y “molestan” día por día a los responsables. Y están seguras de que triunfarán.


Otro caso es el de las colectividades armenias en todo el mundo, que han salido nuevamente a la calle ahora por la vergonzosa y pérfida medida llevada a cabo por el gobierno de Azerbaiján. Armenia y Azerbaiján tienen un largo conflicto desde la década del noventa. En el 2004, en Budapest, se realizó el seminario “Colaboración para la Paz”, de ayuda para encontrar soluciones, con invitaciones a militares de ambos países. Allí, el teniente azerbaijano Ramil Safarow aprovechó la oportunidad para entrar en la habitación del oficial armenio Gurgan Makarian y cortarle la cabeza de un hachazo. La Justicia húngara condenó al asesino a cadena perpetua. Entonces, el gobierno azerbaijano pidió la extradición del culpable para hacerle cumplir la pena en su país natal. Hungría se lo entregó y el mismo día en su país se le dio la libertad, se lo nombró oficialmente “héroe” nacional” y se lo ascendió a Mayor. La protesta mundial de los armenios ha tenido un gran eco. Piden que el asesino sea devuelto a Hungría y cumpla la pena. Han dejado así el desnudo ante el mundo al gobierno encubridor de un asesino feroz.


Y allá, en mi país, Argentina, en la ciudad bonaerense de Balcarce, hombres y mujeres que no admiten lo injusto han iniciado acciones para que se quite a la ciudad el monumento al dictador Uriburu, sí, el dictador que inició los golpes militares contra los gobiernos constitucionales y fue fusilador de obreros. Es increíble ese monumento. Un insulto a la vida y a la democracia. Pero hay seres nobles que ponen la cara para el triunfo de la Etica. Para lograr ese mundo soñado sin armas y con niños que sonrían eternamente.


Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

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Martes, 11 Septiembre 2012 06:52

Firmas mexicanas invaden el mundo

Firmas mexicanas invaden el mundo
Las inversiones de mexicanos en el extranjero han crecido en forma considerable en años recientes, al punto de que los montos salientes han rebasado a los entrantes en el primer semestre de 2012. Esta tendencia sugiere que las empresas mexicanas intentan aumentar ingresos con operaciones en otros países, diversificando el riesgo y generando grandes alzas potenciales de utilidades.


Es probable que los altos volúmenes de flujos al exterior continúen en los próximos años, impulsados por crecientes oportunidades de inversión y por el surgimiento y consolidación de jugadores globales en México.


En el primer semestre de 2012, la cuenta financiera de la balanza de pagos mostró una salida neta de mil 900 mdd en inversión extranjera directa (IED). Esto sólo había ocurrido una vez antes en un periodo de seis meses (abril-septiembre de 2010).


La elevación de flujos de IED es una tendencia reciente: entre 2001 y 2008, las entradas superaron a las salidas por un promedio de 20 mil mdd al año, pero esa cifra comenzó a declinar después, a unos 7 mil mdd, en 2009-11. En comparación, las salidas de IED de Chile llegaron a 11 mil 800 mdd en 2011, luego de promediar 8 mil 500 mdd en 2008-10. Los flujos de Brasil disminuyeron en 2009 y 2011, pero llegaron a 11 mil 600 mdd en 2010 y promediaron18 mil 600 en 2006-08.


La capacidad de las grandes empresas mexicanas de invertir en el extranjero refleja el hecho de que muchas operan con poca competencia en sus mercados domésticos, y por tanto gozan de márgenes más altos que sus contrapartes internacionales, lo que les permite generar fuertes flujos de caja.


Esas compañías, que tienden a ser manejadas por familias únicas, han seguido tradicionalmente una estrategia conservadora de negocios, ajustándose a las constantes crisis financieras y con fuerte dependencia del ciclo político. Durante mucho tiempo, su objetivo primario ha sido defender su participación de mercado y distribuir ingreso a sus propietarios.


Aunque tal vez siga siendo así, el pensamiento gerencial ha evolucionado por efecto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de la creciente globalización de México, y se ha ajustado a normas internacionales una vez que las empresas han comenzado a buscar formas alternativas de elevar el crecimiento y maximizar la acumulación de capital.


Para la mayoría de las empresas, invertir en el mercado doméstico sigue siendo la opción preferida; sin embargo, esta estrategia se ve restringida por un desempeño económico bastante mediocre en comparación con otros mercados del mundo, y por limitadas oportunidades de desarrollo, dado que la extensa desigualdad de ingreso continúa baldando la demanda doméstica. Como resultado, las compañías mexicanas han comenzado a ver más allá del mercado doméstico, a otros mercados que puedan ofrecer mejores oportunidades de crecimiento e inversión, con riesgos manejables.


Al mismo tiempo, la población de ascendencia mexicana en EU ha seguido creciendo y ganando poder de compra. De los 40 millones de personas nacidas en el extranjero que viven en ese país, 12 millones provienen de México y otros 10 millones del resto de América Latina y el Caribe.


Además, la población de origen latino en EU asciende a 51 millones de personas y su contribución al crecimiento demográfico fue de 56% del total entre 2000 y 2010.


El gran incremento de la inversión mexicana en EU ha buscado, por tanto, aprovechar un mercado latino que en muchos casos ha sido difícil de penetrar para las empresas locales. Se estima que este mercado vale unos 500 mil mdd, alrededor de la mitad del PIB mexicano.


Asimismo, la mayoría de los países latinoamericanos han reportado firmes tasas de crecimiento en la década pasada, lo que representa cada vez más prometedores, y redituables, destinos de IED para inversionistas mexicanos ansiosos de diversificar su cartera. Las similitudes culturales también les ofrecen una ventaja competitiva.


Según la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (BEA, por sus siglas en inglés), la inversión mexicana en ese país totalizó 7 mil 700 mdd entre 2005 y 2010, en comparación con flujos negativos de Brasil (unos 700 mil dólares en promedio) en el mismo periodo. En 2011 la inversión mexicana y brasileña se elevó a 2 mil 500 y 3 mil 700 mdd, respectivamente.


La mayor parte de la inversión mexicana en el exterior se ha dado en los sectores de manufacturas, alimentos y telecomunicaciones. En 2010, Grupo Bimbo, la mayor empresa panificadora del mundo, adquirió la firma estadunidense Sara Lee por casi mil mdd, con lo cual se volvió la primera firma del ramo en EU. El consorcio opera también en varios países latinoamericanos, como Brasil, Chile y Colombia.


Sigma, brazo de alimentos refrigerados del conglomerado Alfa, ha expandido sus capacidades de procesamiento y distribución de alimentos al mercado estadunidense, con una planta de carnes frías en Oklahoma y otra de productos lácteos en Wisconsin. También cuenta con 16 oficinas de distribución en territorio de EU.


Apeak, igualmente parte de Alfa, se ha convertido en la segunda empresa petroquímica de AL y tiene plantas en EU y Argentina.


Entre tanto, el gigante de materiales de construcción Cemex ha realizado una dinámica expansión en EU, mediante 13 plantas de cemento, 46 terminales de distribución y más de 450 plantas de concreto premezclado. Cemex opera en 50 países, desde Argentina hasta Israel.


Por último, pero por supuesto no menos importante, el gigante de telecomunicaciones Telmex (y su compañía filial, América Móvil) se ha expandido con fuerza en todo EU y AL en los ocho años pasados, a menudo bajo su marca registrada Claro.


El potencial del mercado latino en EU y las firmes tasas de crecimiento en AL continuarán atrayendo inversionistas mexicanos en busca de nuevas oportunidades. En algunos casos, estos proyectos son parte de una estrategia integral para convertirse en verdaderos jugadores globales, como en el caso de Cemex, en la cresta de la ola de multilatinas (empresas multinacionales latinoamericanas).


En otros casos, las inversiones reflejan oportunidades de corto plazo a la vez que proporcionan diversificación y significativas ganancias potenciales. En ausencia de sorpresas negativas en el panorama mundial, es probable que la tendencia observada en la inversión mexicana en el extranjero se consolide y se mantenga por algún tiempo.


Traducción de textos: Jorge Anaya

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Según Samir Amin hemos entrado en una nueva fase del capitalismo. Cree que se trata de una etapa cualitativamente nueva. El sistema capitalista no solo está en crisis, -mantiene Amin- sino que lo que se está produciendo en él una autentica implosión, pero que no es el efecto de la lucha popular.


Samir Amín es uno de los pensadores marxistas más importantes de su generación. Nacido en El Cairo, pasó su infancia y juventud en Port Said. Fue allí donde asistió a la escuela secundaria. De 1947 a 1957 estudió en París, obteniendo un diploma en Ciencias Políticas antes de graduarse en estadística (1956) y economía (1957). En su autobiografía Itinéraire intellectuel confesó que su vida militante solo le permitía dedicar un mínimo de tiempo a su preparación para los exámenes universitarios. En efecto, a su llegada a Paris, Amin se unió prontamente al Partido Comunista Francés. Sin embargo, terminaría alejándose de esta organización para aproximarse a los círculos de pensamiento maoísta


Samir Amin es autor de una voluminosa obra de análisis crítico del capitalismo y de sus crisis. Durante una reciente visita a Ecuador de este notable pensador marxista, Irene León, de la organización FEDAEPS, le realizó una entrevista. De ella hemos tratado de resumir las ideas que nos han parecido más significativas.


Según Samir Amin hemos entrado en una nueva fase del capitalismo. Cree que se trata de una etapa cualitativamente nueva, caracterizada por la extraordinaria centralización del capital, llegando a tal punto que, hoy en día, el capital monopólico lo controla absolutamente todo.


Se trata de un relevante cambio cualitativo que él le adjudica la calificación de "monopolio generalizado", es decir, que extiende sus tentaculos a todas las esferas.


Esta característica provoca consecuencias importantísimas . "En primer lugar -dice Samir Amin- se ha desvirtuado completamente la democracia burguesa, pues si antes se fundamentaba en una oposición izquierda-derecha, que correspondía a alianzas sociales, más o menos populares, más o menos burguesas, pero diferenciadas por sus concepciones de la política económica, en la actualidad, en Estados Unidos, por ejemplo, republicanos y demócratas, o en Francia socialistas de la corriente de Hollande y la derecha de Sarkozy,


Samin cree que el sistema capitalista no solo está en crisis, sino que lo que se está produciendo es una autentica implosión del sistema mismo... Es decir, el sistema no está siendo capaz de reproducirse desde sus propias bases. O dicho de otra forma, está siendo víctima de sus propias contradicciones internas.


Por otra parte, Samir Amin cree que a diferencia de lo que ocurría en el pasado, las fuerzas reaccionarias dominantes -el capital monopólico- está concentrado en una triada imperialista constituida por Estados Unidos-Europa-Japón. A esta tríada se suman todas las fuerzas reaccionarias alrededor del mundo que se agrupan, de una forma u otra, en bloques hegemónicos locales. De acuerdo con la opinión de Samir Amin, estas fuerzas reaccionarias locales son extremadamente numerosas y difieren enormemente de un país al otro.


"La estrategia política de las fuerzas dominantes,-Estados Unidos-Europa-Japón- está definida por su identificación del enemigo. Para ellos, el enemigo son los países emergentes, es decir, China. El resto, como India, Brasil y otros, son para ellos semi-emergentes".


UN SISTEMA QUE IMPLOSIONA PERO CON UNA DÉBIL RÉPLICA POPULAR


Para Samir Amin, el sistema capitalista no está implosionando como consecuencia del ataque organizado de los pueblos, sino que paradójicamente su destrucción está siendo una consecuencia de su propio éxito. "Desgraciadamente, -puntualiza Samir Amin- si examinamos los movimientos de nuestros pueblos en la actualidad, su grado de conciencia sobre la naturaleza del sistema y, particularmente, sobre la implosión es aún muy débil y muy limitado. Se circunscribe a la izquierda histórica de tradición marxista, mientras la mayoría, al cabo de reiteradas capitulaciones frente al neoliberalismo, no se cuestiona, ni problematiza el asunto de fondo".


Y Amin hace una puntualización histórica: "Los momentos revolucionarios son raros y cortos a lo largo de la historia, y si en esos momentos, hay iniciativas audaces, estas ganan terreno y se abren paso muy rápidamente. No me molesta escuchar que en la actualidad, los comunistas en Ecuador o en Egipto, son una pequeña minoría y en casos no logran nada en las elecciones generales y demás. Si tienen audacia, y no solamente una audacia retórica, si emprenden acciones, eso se convierte rápidamente en una bola de nieve".


Para constatarlo, explica Samir Amin, basta examinar la historia de los partidos comunistas que han llegado al poder. Alcanzaron el poder en muy corto tiempo. El Partido Bolchevique se constituyó formalmente en 1897. En 1905, siete años después, hubo una primera revolución y siete años después, vino la segunda. No pasaron ni siquiera veinte años.


"Cuando el Partido Comunista Chino, se reunía en Shanghái, con Mao y otros, eran apenas una veintena, muy pocos para un país de la dimensión de China. Seis meses después, fueron varios centenares y unos años después, ya encabezaban un pequeño ejército local de liberación. Similares características tuvo la Revolución Cubana, liderada por Fidel Castro".


Samir Amin cree que históricamente las victorias revolucionarias han sido o rápidas o inexistentes. "El hecho es que los partidos de izquierda que se ponen a congelar, durante cincuenta años, esperando el "momento indicado", simplemente se congelan y ahí termina su historia".


Fuene: Canarias Semanal

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Domingo, 05 Agosto 2012 06:13

La lógica infernal del capital

La lógica infernal del capital
Los estados capitalistas dependientes que, en América Latina tienen gobiernos llamados progresistas” que se rehúsan a aplicar las políticas impuestas por el Consenso de Washington, están atrapados en un engranaje que devora continuamente los esfuerzos en pro de un cambio económico y social, mecanismo que reproduce y agrava el pasado, afirmando de paso las políticas neoliberales que esos gobiernos declaran rechazar.


Sus economías viven cada vez más de la exportación de commodities, sobre la base del cultivo de unos pocos productos exportables; además, necesitan inversiones extranjeras para impulsar una industrialización de base y la creación de infraestructuras porque el gran capital controla el ahorro nacional y lo exporta, y los grandes capitalistas extraen y se llevan legal o ilegalmente capitales y ganancias por cientos de miles de millones de dólares.


Los bancos, las grandes industrias exportadoras o productoras de alimentos y bienes de consumo e incluso buena parte de la tierra están, en efecto, en manos extranjeras y su producción y exportaciones son, en realidad, un comercio interno entre la matriz y diversas filiales de empresas transnacionales.


Los autos “argentinos”, por ejemplo, son Fiat, Ford, GM o de otras marcas similares; el acero “argentino” es de la transnacional Techint; los granos exportados, de Cargill, Bunge y Dreyfus, grandes transnacionales del sector, y la propiedad del gas, del petróleo y de la electricidad sigue en manos extranjeras, pues la cacareada “renacionalización” de YPF se limitó meramente al control del Estado de 51 por ciento de las acciones del ex socio mayoritario –Repsol–, que continúa formando parte de la empresa, la cual es mixta, no estatal; mientras, 68 por ciento de los yacimientos argentinos son explotados por otras firmas igualmente privadas, en su inmensa mayoría de otros países. Petrobras, por su parte, no es brasileña, sino una compañía mixta, y lo mismo sucede con la gran mayoría de las palancas de la economía boliviana o ecuatoriana.


Esos gobiernos, para sostener el alto nivel de ganancias de los inversionistas, deben mantener bajo control los ingresos reales de los trabajadores, lo cual impide un aumento mayor de la construcción de viviendas y del consumo de bienes esenciales y, por consiguiente, una importante parte de la población económica activa se encuentra en el sector llamado “informal” (de desocupación disfrazada), en el desempleo estructural y en la pobreza. Los cuantiosos subsidios estatales en realidad no tienen como principal motivación aliviar la pobreza y asegurar un mínimo de consumo sino, sobre todo, abaratar la mano de obra al reducir el precio de los servicios, en particular el del transporte, y de algunos “bienes salario”. Son subsidios al sector patronal porque el Estado contiene así las demandas salariales y asegura una fuerza de trabajo barata pero con alta productividad.


Esa política de sostén estatal a las ganancias patronales en los tiempos de crisis, como el actual, es insostenible y no puede impedir ni los despidos ni un nuevo aumento de la pobreza y tampoco el número de desempleados; ni siquiera traba la desindustrialización relativa porque, cuando la especulación se concentra sobre el sector de granos forrajeros o alimenticios (soya, maíz, trigo) es mucho más lucrativo poner los capitales en ese comercio que invertir a largo plazo en mercados asfixiados por la escasa capacidad de consumo de una gran masa de su población.


Por otra parte, los intentos de unificar esfuerzos, por ejemplo, en el contexto del Mercosur, son fructíferos sólo a mediano o largo plazo, pues por importantes que sean, no arrojan resultados inmediatos y no hay aún una estrecha cooperación financiera entre los países miembros ni una moneda común, y como dichos esfuerzos deben vencer los intereses particulares de cada nación, la coordinación y una posible unificación aparecen más como una meta que como una solución inmediata.


Eso lleva a recurrir desesperadamente a una nueva panacea: el desarrollo de la minería, para extraer oro y metales y tierras raras, cualquiera que sea el precio social, ambiental y político. También conduce a la reducción al máximo de los márgenes democráticos, para acallar las protestas de la sociedad y adoptar decisiones repentinas –desde arriba e inconsultas–, chocando así con la base social de esos gobiernos y pisoteando leyes e instituciones.


De este modo, gobiernos que fueron el resultado directo o indirecto de movilizaciones por la democracia y por un cambio social, restringen ahora los márgenes de la democracia y reproducen el viejo orden social, debilitándose.


No se sale de los males del capitalismo con más capitalismo. La solución a ese nudo gordiano nuevamente es la de Alejandro: cortarlo. Ahora bien, es imposible la autarquía y no es posible comerse la soya y prescindir del comercio exterior, pero éste podría ser monopolizado por el Estado, que vendería la producción a otros países pagando en pesos a los productores. Es posible igualmente dar prioridad al futuro, a las próximas generaciones, preservando el agua y el ambiente, en vez de regalarlos a las mineras extranjeras, y es factible comenzar a planificar la producción y los consumos, así como reconstruir el territorio, considerando en conjunto, con los países vecinos, los recursos, los medios, las necesidades.


Precisamente porque la crisis es profunda y duradera y, contrariamente a muchas fanfarronadas dichas hasta hace poco, nuestros países no están blindados contra ella; la alternativa es clara: seguir en este juego y hundirnos aún más o tomar medidas radicales que puedan ayudar a una transición fuera realmente de la lógica infernal del capital, contando con el apoyo y la movilización de los trabajadores y las poblaciones. Eso requiere dejar de lado la arrogancia de los ignorantes. No es tiempo para decisiones de gabinetes de tecnócratas, sino de discusión pública y democrática de lo que se debe hacer ante los grandes problemas.

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Miércoles, 18 Julio 2012 07:09

Su apellido es ‘Crisis’

Su apellido es ‘Crisis’
¿Cuándo fue la última vez que una economía capitalista se mantuvo en expansión y en armonía social? Parece que hay que hacer un buen ejercicio de memoria porque no es fácil recordar semejante episodio de placidez. Y sin embargo, en el imaginario social perdura la creencia de que en una época perdida que habría que recuperar, el capitalismo pudo hacer entrega de buenos resultados. Quizás el anhelo profundo del ser humano es ese mundo de paz, bienestar y justicia. Pero esa aspiración no significa que ese mundo anhelado sea posible bajo la feroz regla del capital.


La historia del capitalismo revela un proceso de continua expansión y eso ha sido interpretado como señal de éxito. En esa misma historia hay una nutrida sucesión de episodios de contracción y descalabro. Es como si la crisis incesante fuera el estado natural del capitalismo.


La lista de crisis y dislocaciones traumáticas en la marcha del capitalismo es densa. En ella se entrelazan la especulación financiera, la caída en la demanda agregada provocada por recortes salariales, el exceso de capacidad instalada y, por supuesto, las expectativas optimistas de los inversionistas que fueron una y otra vez desmentidas por el mercado. En varios momentos los límites a la acumulación de capital condujeron a confrontaciones inter-imperialistas y a políticas de colonización que buscaban superar esas limitaciones. En todos estos casos la secuela de desempleo y empobrecimiento, destrucción y guerras dejó cicatrices sombrías.


El mítico periodo glorioso del capital es algo endeble. Hagamos abstracción de las crisis de siglos anteriores, como la de la South Sea Company inglesa (1720) o las del siglo XIX: la depresión post-napoleónica, la crisis de 1837 en Estados Unidos, la de 1847, las de 1857 y 1873-96 (llamada la ‘Larga Depresión’). Pasemos al siglo XX.


En 1907 explota una feroz crisis en Nueva York que amenaza todo el sistema bancario y desemboca en la creación de la Reserva Federal. En 1920-21 se presenta una crisis deflacionaria que precedió a la Gran Depresión. Ésta dejó una huella profunda en la historia económica y política de la primera mitad del siglo.


Después de la Segunda Guerra viene la llamada “época dorada” de expansión capitalista. Esa fase (1947-1970) estuvo sostenida por circunstancias excepcionales e insostenibles: la demanda de la reconstrucción post bellum y del consumo postergado desde la crisis de 1929. La era dorada duró poco: a fines de los sesenta comienza el agotamiento de oportunidades rentables para la inversión. En 1973 concluye el crecimiento de los salarios y arranca la crisis de estancamiento con inflación, misma que desemboca en el alza brutal de las tasas de interés y desencadena la crisis de los años 80 a escala mundial. En América Latina nos acostumbramos a decir “la década perdida” de los 80. Olvidamos que en los países centrales la crisis se había gestado precisamente en la “era dorada”. La crisis de los 80 le pega a todo el mundo.


A finales de los 70 estalla la crisis de las cajas de ahorro y crédito en Estados Unidos. El costo fue enorme y los efectos se prolongaron a lo largo de 10 años hasta que en 1987 sobrevino el Lunes Negro. Durante los años 90 la economía estadunidense experimenta un episodio de bonanza artificial y hasta las finanzas públicas alcanzan a tener un superávit. Mientras en Estados Unidos se está gestando la burbuja de las empresas de ‘alta tecnología’, en el resto del mundo se presenta una nutrida serie de crisis: México, Tailandia y el sudeste asiático, Rusia, Turquía, Brasil. Para cuando los atentados del 9-11 la recesión ya tenía dos años de golpear en Estados Unidos.


No hay pausa para respirar. El capitalismo vive a través de mutaciones patógenas continuas. Es como si se tratara de un enfermo que en momentos de aparente buena salud estuviera preparando los momentos de graves convulsiones.


No hay que caer en una visión reduccionista. No todas las crisis son iguales, ni tuvieron las mismas causas. El desarrollo del capitalismo es un proceso contradictorio y por ello ha tenido fases de relativa prosperidad. Precisamente en esas etapas de estabilidad se gestan las mutaciones que conducen a más crisis.


El análisis de corte marxista ofrece las perspectivas más ricas para el análisis teórico de la crisis como esencia del capital. Pero hasta en una disposición reformista, à la Keynes, es fácil observar que la crisis es el apellido del capitalismo: no existe un mecanismo de ajuste que permita solucionar el problema de la inestabilidad de las funciones de inversión y de preferencia de liquidez en una economía monetaria de tal manera que se alcance una situación de pleno empleo. El punto es este: no es que no funcione el mecanismo, sino que no existe.


Definitivamente, la visión ingenua sobre el capitalismo debe ir a reposar en el museo de los mitos curiosos. Se desprende una importante tarea política e histórica para la izquierda, la única fuerza capaz de cuestionar las bases del capitalismo.

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Lunes, 16 Julio 2012 06:02

China, en guardia ante la crisis

China, en guardia ante la crisis
El primer ministro chino, Wen Jiabao, ha vuelto a hacer gala de su prudencia habitual y ha asegurado que el impulso para lograr una recuperación económica aún no es estable y las dificultades continuarán durante algún tiempo, a pesar de que la economía del país asiático crece a tasas impensables en Occidente. Así lo señaló el sábado durante una de sus habituales giras por China —en la provincia suroccidental de Sichuan—, según publicó el domingo la agencia oficial Xinhua.


“Hay que entender claramente que todavía no se ha logrado el empuje para un rebote estable. Necesitamos evaluar la situación de forma exhaustiva y reconocer los problemas, dificultades y riesgos, en particular la presión a la baja de la economía”, señaló. El banco central lanzó también una advertencia el viernes y dijo que la debilidad de la demanda global dificultará el crecimiento. Calificó la situación mundial de “sumamente” complicada.


Los comentarios de Wen, que dejará el cargo en marzo próximo, se producen después de que el viernes fueran publicados los datos de la economía del segundo trimestre, que, según la Oficina Nacional de Estadísticas, ha crecido un 7,6% anual, el valor más bajo desde el 6,6% registrado en el primer trimestre de 1999, cuando la crisis financiera mundial estaba en auge. La ralentización se ha debido al impacto que ha tenido en China la crisis en Europa y Estados Unidos, que ha desanimado la demanda extranjera, y al efecto de los controles aplicados por Pekín para frenar la especulación inmobiliaria y la inflación.


No obstante, el primer ministro afirmó que el actual ritmo de crecimiento del PIB se encuentra dentro de los cálculos previstos, y las medidas tomadas por el Gobierno para “estabilizar la economía” están “dando frutos”. El objetivo oficial de crecimiento para el conjunto del año es del 7,5%. En 2011 subió un 9,2%, y en 2010 lo hizo un 10,4%.


Wen apuntó que “los fundamentos para el desarrollo siguen siendo sólidos”, ha vuelto a repetir que “la prioridad número uno” es estabilizar el crecimiento y ha asegurado que en el segundo semestre se van a realizar ajustes para cumplir las previsiones.


El Gobierno dará prioridad a la creación de puestos de trabajo —uno de los grandes retos de la segunda economía del mundo—, impulsará la actividad de empresas privadas, y proporcionará ayuda financiera y ventajas fiscales a las compañías exportadoras afectadas por la caída de la demanda exterior. También incentivará el desarrollo de los mercados emergentes y la inversión privada.


El primer ministro afirmó que la moderación de la inflación, las subidas de los salarios y la mejora en el nivel de vida y la inversión en infraestructuras auguran un futuro crecimiento. El Gobierno recortó recientemente los tipos de interés por segunda vez en un mes, y desde diciembre ha disminuido en tres ocasiones los requisitos de reservas que deben tener los bancos. La inflación china se situó en el 2,2% en junio, el valor más bajo en 29 meses.


Pekín está inyectando dinero en la economía mediante inversiones en compañías estatales y mayor gasto en proyectos de vivienda de bajo coste y obras públicas. Pero lo está haciendo con precaución, ya que el plan de estímulo aprobado en noviembre de 2008 por valor de cuatro billones de yuanes (513.400 millones de euros al cambio actual) para hacer frente a la crisis financiera global disparó la inflación y provocó una espiral inmobiliaria.


La búsqueda de un crecimiento que garantice el desarrollo y la creación de suficientes puestos de trabajo, sin sobrecalentar la economía ni desatar la inflación, ha sido una constante de la política china desde hace años. Un fallo por cualquiera de los lados podría generar descontento e inestabilidad social y poner en peligro la continuidad del Partido Comunista Chino, algo que preocupa especialmente a los líderes cuando se preparan para el cambio en la dirección del partido a finales de año, y en la cúpula del Gobierno, en marzo de 2013.


Por Jose Reinoso Pekín 15 JUL 2012 - 19:33 CET
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Domingo, 01 Julio 2012 06:11

El opio y el esteroide del capitalismo

El opio y el esteroide del capitalismo
Durante el Mundial en Sudáfrica 2010 Terry Eagleton escribió que el futbol es un opio del pueblo” y “buen amigo del capitalismo” y que si se quiere pensar en un verdadero cambio político, habría que abolirlo –sic (The Guardian, 15/6/2010).


Se le reprochó que la suya no era la crítica de la alienación futbolera, sino una prueba de su alienación de la realidad. Pero el marxista británico no es completamente insensible al futbol: en Después de la teoría (Debate, 2005) evocó a George Best y el significado de jugar la pelota para las decisiones morales, lo que recuerda la famosa, pero apócrifa frase de Camus: “lo que más sé acerca de moral se lo debo al futbol” (él hablaba del deporte en general).


Pero mirando el contexto de la Eurocopa 2012 en Polonia y Ucrania –de la que hoy se juega la final– Eagleton incluso se quedó corto: el futbol puede ser un opio, pero también es un fuerte esteroide, un motor de la acumulación y del desarrollo desigual.


Para el premier Donald Tusk (PO) –gran aficionado y jugador– la Eurocopa fue un regalo: no sólo cumplía sus sueños, sino que vino justo a tiempo para salvarlo. En los meses pasados él y su gabinete liberal-conservador, arrogante y hostil a cualquier diálogo social, enfrentaron grandes protestas (las más fuertes por retrasar la edad de jubilación) y metían la pata una y otra vez.


Gracias al futbol anestesiaron la sociedad y mejoraron la imagen. Anunciaron una peculiar pax futbolera, posponiendo las reformas y pidiendo a los sindicatos que no se manifestaran durante el evento (Tusk prefiere tratar con una masa sinclasista de hinchas que con los sectores agrupados en torno a demandas específicas).


Gracias a un particular conjunto de factores Polonia se salvó relativamente de la crisis. Las inversiones para la Eurocopa jugaron un papel, pero decir que fueron decisivos o que el campeonato ha sido crucial para la modernización de la infraestructura (estadios, aeropuertos, carreteras y trenes en cuales se gastó unos 23 mil millones de euros) es admitir que el gobierno es inepto y sin el futbol no sabe hacer nada.


Además se construía rápido, en una atmósfera de la euforia, sin pensar en las verdaderas necesidades. Se invirtió demasiado en los estadios y en los aeropuertos, poco en trenes.


Lo más preocupante es que el efecto esteroide en la construcción es la prolongación del modelo que ocasionó la crisis (Polonia se salvó porque no tuvo un boom inmobiliario). Más que dejar un “legado” del que hablan los políticos (ni hablar de ganancias que serán para la UEFA y los monopolios), dejará problemas económicos y sociales.


La mayoría de estadios para la Eurocopa 2004 en Portugal resultaron “elefantes blancos”. Hoy es más barato demolerlos, que mantenerlos. Pero la deuda contraída para su construcción infló el déficit, problema que hoy acecha a este país (una estupenda lección sobre el origen de la eurocrisis –nada que ver los supuestos “privilegios sociales”).


Para construir los suyos Poznan, Wroclaw y Gdansk se endeudaron hasta las orejas (Varsovia está mejor). Podrían servir para conciertos o ferias, pero hacerlos rentables será difícil. Ya antes faltaba para hospitales, viviendas, escuelas, guarderías, teatros o transporte público. Ahora habrá aún menos gasto social, más privatización de bienes municipales y más impuestos.


El futbol resultó aquí la herramienta de la redistribución de riqueza hacia arriba y de estructurar las ciudades en torno de las exigencias del capital. En fin el circo lo pagará la gente, aunque no quiera verlo.


Marx, que tachó la religión de “opio”, criticaba al propio pueblo que prefiere soñar en vez de fijarse en las condiciones materiales de su vida. Su intención era que los viera.


En Polonia la crítica de la Eurocopa desde el principio fue objeto de burla. Pocos se atrevían a decir que mucha parte del dinero será malgastado. Lo oficial era un sueño de la grandeza futbolística (con un equipo mediocre) y del “prestigio internacional” (lo que decía más de nuestras inseguridades, que del evento).


Los que resistieron esta maniobra organizaron una campaña “Pan en vez del circo” criticando el endeudamiento, la falta de la política pública de la vivienda y reclamando el derecho a la participación en la gestión de las ciudades –una voz en el desierto.


Dicho todo esto y estando consciente de los usos y abusos del futbol, por un mes anduve hasta cierto punto “alienado” o conectado con la “realidad futbolera”. Lloré cuando Polonia no salió del grupo (no lo logramos desde hace 30 años...). Me enfurecí cuando tampoco lo logró Ucrania (a la que no le reconocieron un gol, aunque el balón entró en el arco...). Disfruté el hecho y el estilo con que Italia derrotó a Alemania en las semifinales.


El futbol por supuesto no se trata sólo del capitalismo. Querer abolirlo es absurdo.


Pero tal vez sólo en otro modo de producción el juego cobraría su verdadera dimensión moral (ya que la única moral capitalista es la del mejor postor).


Tal vez sólo más allá del capital dejará de ser el opio y el esteroide del sistema, volviéndose un placer puro (a Eagleton le gusta subrayar que la teoría de Marx no es tanto sobre el trabajo, sino sobre el tiempo libre que permita el florecimiento humano).




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