Lunes, 13 Febrero 2012 08:38

Insomnio

 Insomnio
El sueño americano –tanto su mito como su realidad– ha sido anulado aquí y sólo los ricos pueden dormir. Esto no es simbólico; de hecho, está al centro de todo el debate político y social de Estados Unidos. La promesa de este país fue que todos, sin importar dónde y cómo nacieron, en la pobreza o en una mansión, si en este u otro país, de una raza u otra, tenían a su alcance la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida para que fueran superiores a las de la generación anterior.

Claro que en su forma más simplista –cualquiera podría llegar a ser presidente o millonario si se portaba bien, estudiaba mucho y trabajaba más– siempre fue un mito, como también eso de que ésta era una sociedad sin clases económicas. Pero en cierto grado, por ser la economía más rica del mundo, con una serie de conquistas logradas por movimientos sociales (derechos y normas laborales, derechos civiles, educación pública, seguro social, etcétera), Estados Unidos sí ofreció elementos de ese sueño, y durante décadas cada generación gozó de mejores condiciones que su antecesora. Hasta que ya no.

El sueño aquí fue cancelado con las mismas políticas neoliberales aplicadas a países del "tercer mundo", ahora implementadas en el "primer mundo". Los resultados, en el contexto de cada país, son los mismos: desmantelamiento del estado de bienestar, privatización de funciones públicas (incluidas las guerras), ataque frontal para destruir organizaciones sociales, sobre todo sindicatos, intentos por revertir conquistas sociales (derechos laborales, de mujeres, de minorías, de educación, etcétera), mayor represión (este país ha enjaulado a más de 2 millones de sus habitantes –más que cualquier otro en el mundo– en sus prisiones), y concentración extrema de la riqueza.

Durante los últimos meses se ha documentado tanto el fin de ese sueño como las pesadillas que lo han sustituido. Entre éstas: uno de cada dos estadunidenses está en la pobreza o al borde de ésta; dos tercios del caudal neto de los latinos y la mitad del de los afroestadunidenses se esfumó al perder su posesión más valiosa: sus casas, en la crisis hipotecaria; la desigualdad económica ha llegado a extremos sin precedente desde la gran depresión; el ingreso promedio de los trabajadores se ha estancado durante más de tres décadas; uno de cada siete hogares estadunidenses padece o enfrenta la amenaza del hambre (el nivel más alto jamás registrado).

Más recientemente se detectó algo que anula en lo fundamental el sueño americano. La educación siempre ha sido considerada el factor clave en promover la igualdad de oportunidades en una sociedad, en particular en Estados Unidos. Pero recientes y amplias investigaciones descubrieron que la brecha educativa entre estudiantes de familias ricas y pobres se ha ampliado de manera significativa. En una se registró que la distancia en calificaciones de exámenes estandarizados entre los estudiantes prósperos y los de bajos ingresos se amplió 40 por ciento desde los años sesenta hasta ahora. En otra, la brecha entre pobres y ricos que completan sus estudios universitarios se amplió 50 por ciento desde finales de los ochenta, reporta el New York Times. La conclusión es que el ingreso familiar ahora determina más que nunca el "éxito" de un joven en el ámbito de la educación.

Anteriormente se reportó otra investigación de expertos que reveló que Estados Unidos se distingue entre los países avanzados por ser donde hay menos "movilidad social", o sea, donde más se hereda la posición socioeconómica de sus ciudadanos. Eso contradice toda la esencia del llamado sueño americano, y confirma que hoy es casi todo mito y poca realidad.

De hecho, para los varones con preparatoria o menos –los que antes lograban obtener vidas de clase media con buenos empleos manufactureros, o sea, participar en el sueño– las cosas van de mal en peor: los salarios se han desplomado 23 por ciento desde 1973, y mientras 65 por ciento de ellos en 1980 tenían seguro de salud como prestación de su empleo, en 2009 sólo 29 por ciento gozaban de él, reportó el economista premio Nobel Paul Krugman.

Hasta los multimillonarios más honestos confiesan que algo está muy mal entre lo que debería ser y lo que existe en este país. "La marea alta eleva a todos los barcos", decía el refrán, recuerda el segundo hombre más rico de Estados Unidos, Warren Buffett, en una entrevista para la cadena de televisión CBS. Pero lo que ha ocurrido es que "esa marea alta sólo ha elevado a los yates", dijo, y agregó que "los muy ricos de este país no han sacrificado ni una onza" para mejorar las condiciones económicas de todos los habitantes del país. El financiero George Soros recientemente alertó, en entrevista con Newsweek, que "estamos enfrentando un tiempo extremadamente difícil, comparable en muchas maneras a los treintas, la gran depresión", y que con ello pueden surgir "mayores conflictos de clase, disturbios en las calles y, con ello, mayor represión estatal, mucho en torno a la desigualdad económica".

De hecho, en encuestas recientes del Centro de Investigación Pew, el conflicto de clases se agrava: 66 por ciento (dos de cada tres) creen que existen conflictos fuertes o muy fuertes entre la élite y los empobrecidos en Estados Unidos.

Hace unas semanas, otro multimillonario, Richard Branson (Virgin Airways, Virgin Records y otras empresas), opinó que el movimiento Ocupa Wall Street debería ser "un muy necesario despertador" para los empresarios ricos. En entrevista con The New Yorker, Branson estimó que Ocupa es "un movimiento admirable, un movimiento pacífico. La única cosa que no ha sido pacífica es la manera en que la policía en algunos estados lo ha enfrentado, lo cual creo que está absolutamente mal".

El grito de Ocupa Wall Street, de que el 99 por ciento padece el secuestro del sueño americano por el 1 por ciento, logró enmarcar el contexto básico en el cual se realizan las elecciones nacionales este año en Estados Unidos.

Es un año más de insomnio y pesadilla para el 99 por ciento en Estados Unidos. Pero a veces las pesadillas provocan gritos y despiertan la demanda de soñar.
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Auge del "capitalismo estatal" (energía y electricidad) y caída del neoliberalismo, admite The Economist

The Economist, portavoz del neoliberalismo global, publicó un "reporte especial" (21.1.12) sobre "la mano visible" del "capitalismo de Estado", de Adrian Wooldridge, quien aduce que "la crisis del capitalismo neoliberal occidental ha coincidido con el ascenso de una poderosa nueva forma de capitalismo de Estado en los mercados emergentes".
 

Se enfoca al "futuro resplandeciente de China, Rusia y Brasil" –tres miembros prominentes de los BRICS– y deja extrañamente de lado a India, corroída por la corrupción (como si el circuito anglosajón fuese menos corrupto), a Sudáfrica y al "añejo capitalismo de Estado de Europa". ¿Dan los anglosajones por muerta a Europa?

Cita al Instituto Fraser (Canadá) –uno de los proponentes del amero, la divisa común del ASPAN foxiano–, que ha degradado su "índice de libertad" (de apertura neoliberal).
 

Juzga que la "crisis del capitalismo neoliberal se ha profundizado por el ascenso de una alternativa poderosa: el capitalismo de Estado, que intenta combinar los poderes del Estado con el capitalismo", además de "usar instrumentos capitalistas como la bursatilización de las empresas estatales y la adopción de la globalización". Esto ya ocurrió en Alemania en 1870 y en Japón en 1950, "pero nunca había operado en tal escala y con herramientas tan sofisticadas" como hoy.
 

Las cifras son imponentes: "El capitalismo de Estado detenta las más exitosas economías del mundo", cuando en los "pasados 30 años el PIB de China ha crecido a un promedio de 9.5 por ciento al año y su comercio internacional ha incrementado su volumen 18 por ciento". En los pasados 10 años, "el PIB de China se ha más que triplicado a 11 millones de millones de dólares". Hoy "el Estado es el mayor accionista de las principales 150 empresas de China".
 

Subraya que el "capitalismo de Estado ostenta las más poderosas empresas del mundo. Las 13 principales empresas petroleras (sic), que concentran más de 3/4 partes de las reservas mundiales de petróleo, todas son estatales (¡súper sic!)", como Gazprom, la mayor empresa rusa de gas natural del mundo. Por cierto, estos datos los expuse hace cuatro años en mi libro La desnacionalización de Pemex (Ed. Orfila, 2009), con el tonificante prólogo de AMLO.
 

Wooldridge constata que las "firmas estatales exitosas pueden ser encontradas en casi cualquier industria", como China Mobile, con 600 millones de clientes; Saudi Basic Industries Corp., el banco ruso Sberbank, Dubai Ports, etcétera.
 

El "índice bursátil nacional" de MSCI exhibe la "participación de capitalización" de las empresas controladas por el Estado: China (80 por ciento), Rusia (62 por ciento) y Brasil (38 por ciento).
 

El capitalismo de Estado "va viento en popa, pletórico de liquidez y envalentonado (sic) por la crisis de Occidente": el "Estado avanza mientras el sector privado retrocede; esto sucede tanto en China como a escala global".
 

Resulta y resalta que, según datos del "índice de mercados emergentes" del MSCI por sector industrial (junio 2011), la "participación de las empresas estatales en energía" es de 67 por ciento (¡súper sic!) y 55 por ciento del sector eléctrico, frente a otras industrias donde el Estado es todavía minoría: servicios de telecomunicación (36 por ciento), finanzas (35 por ciento), salud (6 por ciento), tecnología de la información (2 por ciento), etcétera.
 

Una de las características exitosas del capitalismo de Estado consiste en que las empresas son manejadas por "gerentes profesionales" en lugar de "burócratas o compinches".
 

Hoy el crecimiento del mundo emergente en su mercado dinámico es de 5.5 por ciento al año frente a 1.6 por ciento de Occidente, y se calcula que constituya la mitad del PIB mundial en los próximos nueve años. El capitalismo de Estado se consolida como "la tendencia futura". ¿Futura? Mi libro Hacia la desglobalización (Ed. Jorale, 2007) ya lo había detectado hace seis años…
 

Pese a todo, el "reporte especial" mantiene "un ojo escéptico sobre el capitalismo de Estado" y "levanta dudas" tanto sobre su habilidad para "capitalizar sus éxitos cuando tenga que innovar en lugar de alcanzar" como sobre "su capacidad de autocorregirse cuando las cosas salgan mal". Aduce que "una cosa es manejar las contradicciones del sistema cuando la economía crece rápidamente y otra es cuando se encuentra con obstáculos". ¿Tal "escepticismo" no es válido, acaso, para cualquier sistema humano nada perfecto?
 

Proclama "el retorno de la historia" y ejecuta la autopsia de los teóricos fracasados de la globalización –es decir, los Fukuyamas de la economía, finanzas, historia y sociología, quienes pulularon grotescamente durante cuatro décadas (desde la imposición del thatcherismo/reaganomics) gracias a la falta de rigor crítico de los multimedia, propiedad de las trasnacionales anglosajonas–, como Kenichi Ohmae, quien descabelladamente había sentenciado el "fin del Estado-nación" (a ver si se da una vueltecita por Europa del este).
 

No fue el fukuyamesco "fin de la historia", sino el "fin de la histeria" del vulgar propagandista nipón del Departamento de Estado, estigmatizado con el ridículo global.
 

Cita el controvertido libro El fin del libre mercado: ¿quién gana la guerra entre estados y trasnacionales?, de Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group.
 

Bremmer, teórico de la hilarante "curva J" y contaminado por su asociación mercantil con el vilipendiado Citigroup, aborda el fenómeno del capitalismo de Estado desde su perspectiva neoliberal daltónica y –en lugar de elogiar el exitoso ascenso de las empresas estatales de China, Rusia, Brasil, los Países Árabes del Golfo, Irán, Venezuela, etcétera– fustiga el capitalismo de Estado, que califica de "autoritario" y de "desafío (sic) para la economía global" que encabeza EU.
 

Wooldridge considera que el "mundo emergente ha aprendido cómo usar el mercado para promover sus objetivos políticos" y concluye que "la mano invisible del mercado cedió su lugar a la mano visible del capitalismo de Estado".
 

Se asienta que la corriente histórica global está del lado de la "estatización" –primordialmente del binomio energéticos/electricidad– bajo el modelo del "capitalismo de Estado", como aduje en mi ponencia ante el Senado (www.tu.tv/videos/ponencia-dr-alfredo-jalife-completa-), cuatro años antes de la confesión neoliberal de The Economist.
 

En forma coincidente, en México colisionan dos proyectos diametralmente opuestos que definirán el destino del país en la próxima elección: la privatización de Pemex propuesta por el candidato del PRI, Peña Nieto –apuntalado por el equipo neoliberal/monetarista/itamita de Aspe y Videgaray– frente a la consolidación de la (para)estatal de parte de AMLO, cuya postura se asemeja más a las políticas estatales de los BRICS, curiosamente, la "economía mixta" del PRI nacionalista hoy en derrilección.
 

La postura de AMLO NO tiene por qué colisionar con la seguridad del abasto energético a EU: situación insalvable por consideraciones de buena vecindad geopolítica y geoeconómica (situación singular de la que carecen otras potencias energéticas).
 

Porque de otra manera EU va a acabar vendiéndonos nuestro propio petróleo, como ha sucedido en forma demencial con España, que nos vende muy caro nuestro propio gas. ¿Eso es lo que desean? La próxima vez abordaré las "variedades" del "capitalismo de Estado", según el evangelio apócrifo de The Economist.
 

http://alfredojalife.com
 

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Miércoles, 25 Enero 2012 06:27

El capitalismo tiene los siglos contados

El capitalismo tiene los siglos contados

A pesar de los mayas, no parece que el mundo vaya a acabarse en 2012. Y a pesar de la crisis, tampoco el capitalismo tiene visos de correr esa misma suerte: "El capitalismo tiene los siglos contados", decía al principio de esta larguísima Gran Recesión un político italiano, Gianni Ruffulo, a propósito de la mala salud de hierro, del extraordinario instinto de supervivencia del sistema. Davos (Suiza) es un buen lugar para tomarle el pulso al sistema; y al antisistema. La reunión del Foro Económico Mundial, con los primeros espadas de la política, las finanzas y las grandes multinacionales en liza, empieza hoy con un lema grandilocuente, La gran transformación. Y con el habitual juego de contrastes: mientras los superricos juegan al polo sobre la nieve, un puñado de jóvenes ha construido iglús en los aledaños del archivigilado palacio de congresos, en la versión alpina del Ocupa Wall Street o del 15-M. "Davos apesta"; "Destruye el Foro", dicen pintadas que recuerdan a la que una vez recogió el escritor Eduardo Galeano en el puente de Boca, en Buenos Aires: "Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie".
 

Davos no vota por nadie. Y en cambio paga lo que haga falta. En torno a 2.000 vips estarán presentes en la edición de 2012, a la que van llegando en autobuses y trenes, pero sobre todo en limusinas, aviones privados y helicópteros, a un coste de 5.500 dólares por viaje (solo ida). Los hoteles, por encima de los 500 dólares por noche, deberían ser un indicador del optimismo entre la clase dirigente. Nada más lejos de la realidad: PricewaterhouseCoopers presentó ayer en el Foro una encuesta a primeros ejecutivos de todo el mundo que constata que la confianza en la economía se desvanece: solo el 15% de los directivos cree que mejorará este año.
 

El año 2012 llega cargado de riesgos. Europa amenaza la recuperación mundial. Nadie sabe cómo están los bancos. La deuda pública es ahora una fuente más de incertidumbre. El paro se ha desbocado. El estancamiento amenaza a las grandes potencias occidentales, y las burbujas a los emergentes. Las desigualdades se han ensanchado a toda velocidad y los sociólogos vaticinan una etapa convulsa que acabe con el "silencio de las víctimas" que, según Alain Touraine, ha caracterizado el primer lustro de la Gran Recesión.
 

Hace dos años Nicolas Sarkozy habló aquí de "refundar el capitalismo". En 2011, Davos volvió a reclamar reglas globales para el tigre de los mercados. Está por ver qué decretan los mandarines esta vez, pero la gran transformación que reclama el Foro contrasta con la cruda realidad: lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir. El multimillonario George Soros comerá hoy con los periodistas, pero ya ha adelantado su punto de vista: el problema es que los mercados se han hecho globales, pero la regulación, no. La paradoja es que eso lo denuncie un tipo al que el Nobel Paul Krugman definía como un "delincuente de aventuras financieras". En fin, así es Davos: contradictorio y estimulante, incluso en tiempos difíciles.


Por CLAUDI PÉREZ (ENVIADO ESPECIAL) - Davos - 25/01/2012

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Viernes, 13 Enero 2012 07:34

Las izquierdas y el fin del capitalismo

Las izquierdas y el fin del capitalismo

La actual crisis mundial fragmenta el planeta en regiones de tal modo que el sistema-mundo se aproxima a una creciente desarticulación. Uno de los efectos de esta creciente regionalización del planeta es que los procesos políticos, sociales y económicos ya no se manifiestan del mismo modo en todo el mundo y se producen divergencias –en el futuro tal vez bifurcaciones– entre el centro y la periferia.
 

Para las fuerzas antisistémicas esta desarticulación global hace imposible el diseño de una sola y única estrategia planetaria y hace inútiles los intentos de establecer tácticas universales. Aunque existen inspiraciones comunes y objetivos generales compartidos, las diferentes velocidades que registra la transición hacia el poscapitalismo, y las notables diferencias entre los sujetos antisistémicos, atentan contra las generalizaciones.
 

Hay dos cuestiones relevantes que afectan sin embargo las estrategias en todo el mundo. La primera es que el capitalismo no se va a derrumbar ni va a colapsar, sino que debe ser derrotado por las fuerzas antisistémicas, sean éstas movimientos de base horizontales y comunitarios, partidos más o menos jerárquicos e incluso gobiernos con voluntad anticapitalista.
 

Parafraseando a Walter Benjamin, habría que decir que nada hizo más daño al movimiento revolucionario que la creencia de que el capitalismo caerá bajo el peso de sus propias “leyes” internas, sobre todo de carácter económico. El capital llegó al mundo envuelto en sangre y lodo, como decía Marx, y tuvo que mediar una catástrofe demográfica como la producida por la peste negra para que las gentes, paralizadas por el miedo, se sometieran no sin resistencias a la lógica de la acumulación de capital. Depende de la gente perder el miedo, como hacen los zapatistas, para comenzar a re-apropiarse de los medios de producción y de cambio, y construir algo diferente.
 

La segunda es que nada indica que la transición a una sociedad nueva será breve o se producirá en unas pocas décadas. Hasta ahora todas las transiciones requirieron siglos de enormes sufrimientos, en sociedades donde las regulaciones comunitarias ponían límites a las ambiciones, cuando la presión demográfica era mucho menor y el poder de los de arriba no se parecía en absoluto al que hoy acumula el uno por ciento de los más ricos.
 

En América Latina, en las tres últimas décadas los movimientos antisistémicos inventaron nuevas estrategias para cambiar las sociedades y construir un mundo nuevo. Existen también reflexiones y pensamientos sobre la acción colectiva que por la vía de los hechos divergen de las viejas teorías revolucionarias, aunque es evidente que no niegan los conceptos acuñados por el movimiento revolucionario a lo largo de dos siglos. En la coyuntura actual podemos registrar tres hechos que nos imponen reflexiones diferentes a las que se vienen procesando por parte de las fuerzas antisistémicas en otras regiones.
 

En primer lugar, la unidad de las izquierdas ha avanzado de forma notable y en no pocos casos éstas han llegado al gobierno. Por lo menos en Uruguay, en Bolivia y en Brasil la unidad de las izquierdas ha ido tan lejos como era posible. Es cierto que por fuera de esas fuerzas hay partidos de izquierda (sobre todo en Brasil), pero eso no cambia el hecho central de que la unidad ha sido consumada. En otros países, como Argentina, hablar de unidad de la izquierda es decir muy poco.


El hecho central es que las izquierdas, más o menos unidas, han dado casi todo lo que podían dar más allá de la evaluación que se haga de su desempeño. Los ocho gobiernos sudamericanos que podemos calificar de izquierda han mejorado la vida de las personas y disminuido sus sufrimientos, pero no han avanzado en la construcción de sociedades nuevas. Se trata de constatar hechos y límites estructurales que indican que por ese camino no se puede obtener más de lo logrado.
 

En segundo lugar, en América Latina existen gérmenes, cimientos o semillas de las relaciones sociales que pueden sustituir al capitalismo: millones de personas viven y trabajan en comunidades indígenas en rebeldía, en asentamientos de campesinos sin tierra, en fábricas recuperadas por sus obreros, en periferias urbanas autorganizadas, y participan en miles de emprendimientos que nacieron en la resistencia al neoliberalismo y se han convertido en espacios alternativos al modo de producción dominante.
 

Lo tercero es que los sufrimientos generados por la crisis social provocada por el neoliberalismo en la región fueron contenidos por iniciativas para sobrevivir creadas por los movimientos (desde comedores hasta panaderías populares), antes que los gobiernos que salieron de las urnas se inspiraran en esos mismos emprendimientos para promover programas sociales. Estas iniciativas han sido, y son aún, claves para resistir y crear a la vez alternativas al sistema, ya que no sólo reducen los sufrimientos, sino generan prácticas autónomas de los estados, las iglesias y los partidos.
 

Es cierto, como señala Immanuel Wallerstein en La izquierda mundial luego de 2011, que la unidad de las izquierdas puede contribuir a alumbrar un mundo nuevo y, a la vez, reducir los dolores del parto. Pero en esta región del mundo buena parte de esos dolores no han menguado con los triunfos electorales de la izquierda. Hay casi 200 encauzados por terrorismo y sabotaje en Ecuador por oponerse a la minería a cielo abierto. Tres militantes del Frente Darío Santillán fueron asesinados hace días por mafias en Rosario, en lo que puede ser el inicio de una escalada contra los movimientos. Cientos de miles son desplazados de sus viviendas en Brasil por la especulación de cara a la Copa del Mundo de 2014. La lista es larga y no deja de crecer.
 

La unidad de la izquierda puede ser positiva. Pero la batalla por un mundo nuevo será mucho más larga que la duración de los gobiernos progresistas latinoamericanos y, sobre todo, se dirimirá en espacios manchados de sangre y barro.
 

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Domingo, 08 Enero 2012 09:51

El mundo cambia

El mundo cambia

Son muchos los cambios, y varias predicciones ya no son iguales, pero hay algunas que debemos conocer. Empezamos por una bastante publicada: Brasil rebasó, en el valor de su producción, en su producto nacional bruto (PNB), a la Gran Bretaña.
 

El estudio, hasta donde he leído, fue originalmente elaborado por el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN), ubicado en la propia Gran Bretaña. En varias publicaciones, sin embargo, han puesto en relieve que, si bien Brasil tuvo un aumento en el PNB de 7.5 por ciento en 2010, en 2011 su ritmo de crecimiento ha venido declinando. Esto no ha impedido que su crecimiento siga siendo mayor que el británico y que, por lo tanto, la haya rebasado en el PNB, para llegar al sexto lugar mundial. Algunas fuentes consideran que esta baja en el ritmo brasileño en 2011 tiene que ver con la crisis europea.
 

El mismo estudio recuerda que a principios de 2011, China rebasó en el segundo lugar del PNB a Japón, y agrega otros países en una lista de diez. Sigue en primer lugar Estados Unidos, luego China, Japón, Alemania, Francia, Brasil, Gran Bretaña. Italia, Rusia e India.
 

Uno de los elementos clave en la previsión al futuro, es su análisis del problema de Europa y del Euro. Dice que en 2012 la unión europea bajaría su PNB 0.6 por ciento, “si el problema europeo es resuelto”, y si no, bajaría en el mismo plazo 2 por ciento.
 

Vamos a considerar también un estudio económico del Reporte Mensual del Mercado Petrolero, de diciembre de 2011, publicado por la OPEP, y basado en numerosas fuentes internacionales, incluso oficiales. Considera el crecimiento del PNB de Estados Unidos, tanto de 2011 como de 2012, de 1.7 por ciento. Otras fuentes hacen depender esto de la influencia que pueda tener en Estados Unidos la crisis europea, lo cual implicaría un ritmo menor para 2012, pero en todo caso unos y otros consideran que es un ritmo muy lento. En esta fuente de la OPEP, se considera a la zona europea como que tuvo 1.6 por ciento en 2011, y tendrá 0.4 por ciento en 2012. De todos modos es una declinación, en lo cual coinciden ambas fuentes. En estas páginas, el martes masado, se publicó un estudio del Economist Intelligence Unit en el que se prevé, para el año que empieza, a Alemania, Francia e Italia, las bajas del producto, de -0.2, -0.5 y -0.6 respectivamente.
 

Regresamos a la fuente de la OPEP, que empieza hablando de la “crisis de la euro-zona”, y de la “crisis de deuda de la euro-zona”. En ésta y otras fuentes se habla como tal del BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y proporciona la revista de la OPEP los PNB de estos cuatro países de 2011 y 2012, evidentemente el segundo como una previsión.
 

Para China, el PNB será 9 por ciento, en 2011, y para 2012, 8.7 por ciento. Para India, 7.6 por ciento para el primero de estos años y, para el segundo, 7.5 por ciento. Para Brasil, después de su 7.5 por ciento de 2010, en 2011 es de 3.3 por ciento, y sube a 3.5 por ciento para 2012; y para Rusia, para el primer año 4.1 por ciento y 4 por ciento para 2012.
 

Con sus diferencias, los ritmos de crecimiento económico de los países del BRIC son mayores que los del “primer mundo”, en todos los casos sin excepción.


Vamos a ver algunos aspectos de China e India, que apuntan a su problema actual y a su futuro económico. Una de las causas de que China crezca más despacio es la reducción de sus exportaciones, especialmente a la Europa en crisis. El ritmo de crecimiento había bajado en noviembre de 2011, y en diciembre vuelve a crecer.
 

India. Se publicaron declaraciones de Amartya Sen, de India y premio Nobel. Este profesor (de la Universidad de Harvard), miembro del equipo económico del Ministro de Hacienda de Delhi, critica a los gobernantes europeos por impulsar programas de austeridad para tratar de remediar sus problemas. Dice que esos programas llevaban a una “catástrofe en espiral” que estaba afectando a más países europeos e invitando a Estados Unidos a sumarse a la caída. Que Europa va por un camino de crecimiento lento de 10 años o más, y que el problema es que tiene amplios nexos con India, afectándola aunque el efecto sea mucho menor que el que se tiene en Europa.
 

Así, el ritmo de crecimiento de India estuvo por abajo de 7 por ciento en el tercer trimestre de 2011. El asesor en jefe del ministerio de finanzas dijo que India requiere de “salirse del decreciente crecimiento industrial lo antes posible” para restaurar un mayor crecimiento real. Y el gobernador del Banco de la Reserva de India dijo que la política monetaria “podría invertirse” para impulsar el crecimiento económico. Esto último contrasta con quienes, en Europa, hablan del euro “duro” a costa de seguir el crecimiento lento.
 

Todo esto ayuda a explicar por qué unos suben y otros bajan, en la “lista de diez”. El cuadro que vamos a presentar(ver imagen), se traduce en un pronóstico muy audaz del CIEN británico: los principales cambios para 2020 son la baja europea, y el ascenso del BRIC, que ya están ocurriendo ambos. Estos son los primeros diez PNB en el mundo y para 2020:
 

Este estudio puede no coincidir con otros. Pero tiene sus bases, que apuntan en una cierta dirección. Y los dos casos de China y Brasil ya son hechos consumados, ya están en el lugar que el estudio les asigna para 2020, segundo y sexto. Ninguno de ellos tenía ese lugar hace un año.
 

Ya ni hablamos del futuro de México. En cuanto al producto por habitante, vimos aquí ayer que, en 2006-2010, es el único país con cambio negativo en Latinoamérica, con -1.3 por ciento. En cambio, los otros mayores países aumentaron: Argentina, 23.3 por ciento, y Brasil, 14.8 por ciento.
 

Nuestro país depende mucho de Estados Unidos y, en segundo término, de Europa, y no se ven síntomas positivos. Además, sólo queda un año del actual gobierno, y su futuro dependerá en buena medida de qué régimen quede para después.
 

Desde que gobierna la derecha, en 1982, el crecimiento declinó de manera tremenda en relación con las décadas anteriores, con todos los problemas que haya habido. Hicieron, entre otras cosas, lo que critica el Nobel de India.
 

La derecha apunta a alinearnos con la decadencia. La izquierda, en diversos grados, apunta hacia el progreso. Y nuestro voto será decisivo para México.
 


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Cuando el capitalismo sufre hay que sacrificar la democracia
"Lo que nos dice (Standard & Poor’s, S&P) es claro: para los inversores, la zona euro y Europa tienen necesidad de un marco político riguroso, estructurado, eficaz, capaz a medio y largo plazo de respetar sus compromisos () De cierta manera, es un exhorto a una gobernanza política y económica más sólida, y nuestra respuesta no tiene ambigüedad: es el acuerdo franco-alemán elaborado (el lunes 5 de diciembre) por Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel”, declaró el primer ministro francés François Fillon ante la Asamblea Nacional al comentar el anuncio de S&P sobre una eventual degradación de la calificación del crédito de 15 países de la zona euro (ZE).
 
El acuerdo Merkozy, como lo titula la prensa, impone la austeridad a perpetuidad para la ZE mediante sanciones automáticas para los países que violen los limites de los déficits presupuestarios, y anclando límites a la deuda fiscal en las Constituciones de los Estados miembros de la Unión Europea (UE), como define sucintamente la agencia Bloomberg.  Gracias a la amenaza de los mercados, es decir de S&P, el acuerdo Merkozy será probablemente aceptado cuando se reúnan, este viernes 9 de diciembre, los dirigentes de los 27 países de la UE, de los cuales 17 forman parte de la ZE.
 

La sombra de la Comisión Trilateral

 
En una entrevista con Mediapart (1) el historiador y antropólogo francés Emmanuel Todd aborda la crisis política europea y declara que en las partes débiles de la ZE, “o sea toda la zona salvo Alemania”, las naciones están confrontadas a una “forma de hibridación”, que define como el nombramiento bajo la presión de Berlín de tecnócratas que previamente trabajaron para Goldman Sachs (G&S) para poner orden en las finanzas públicas.
 
Es cierto, pero cabria agregar algo tanto o más importante. Tanto Lucas Papademos como Mario Monti, que la Troika (Comisión Europea, FMI y Banco Central Europeo) nombró primeros ministros de Grecia e Italia, respectivamente, además de ser banqueros y en un momento u otro hombres de G&S, son miembros activos de la Comisión Trilateral (2), que tanta importancia tuvo en las décadas de los 70 y 80, y que sigue tan activa e influyente como siempre pero que desde entonces “vuela por debajo de la zona del radar” del escrutinio periodístico.
 
Por lo tanto es difícil analizar la crisis de la democracia liberal en el contexto de la gran crisis del capitalismo – que no sólo afecta a la ZE sino a los demás países del capitalismo avanzado - sin remitirse a esa Comisión Trilateral (CT) fundada en 1973, en el contexto de la crisis del petróleo, y más precisamente al informe de la CT de 1975 titulado “La Crisis de la Democracia”, elaborado por el sociólogo francés Michel Crozier, el politólogo estadounidense Samuel Huntington y el sociólogo nipón Joji Watanuki (3).
 
Se puede argumentar que ese informe, redactado hace 36 años, no corresponde a la realidad actual.  La UE no existía en su forma actual y el euro estaba a 25 años de distancia.  Pero el informe es de gran actualidad porque designa, desde el punto de vista de los intereses de las transnacionales y el gran capital que se lanzaba a universalizar la liberalización comercial y financiera, el neoliberalismo, las amenazas intrínsecas a la democracia, que no son otras que las provenientes de quienes quieren que la democracia sea real, no ficticia.  Y muchos, quien sabe la mayoría de ciudadanos, en particular los jóvenes que quieren un futuro, se reconocerán entre quienes forman parte de esa amenaza intrínseca.
 
Después de señalar como “uno de los principales retos” a los intelectuales y grupos relacionados que afirman su disgusto con la corrupción, el materialismo, la ineficiencia de la democracia y la sumisión de los gobiernos democráticos al “capitalismo monopolista”, el informe mencionado expresa que “finalmente, y quizás esto sea lo más serio, hay desafíos intrínsecos a la viabilidad de los gobiernos democráticos que surgen directamente del funcionamiento de la democracia () Más democrático el sistema, mayor es la posibilidad de que sea puesto en peligro por las amenazas intrínsecas () Hay profundas razones para el pesimismo si las amenazas a la democracia surgen ineluctablemente desde el inherente funcionamiento del proceso democrático en sí mismo.  Aun, en los años recientes, las operaciones del proceso democrático parecen en efecto haber generado un quiebre de los medios tradicionales de control social, una deslegitimación de la política y de otras formas de autoridad, y una sobrecarga de demandas sobre los gobiernos, que exceden su capacidad de responder”.
 
En ese informe y refiriéndose a cómo “restaurar el balance entre la vitalidad y la gobernabilidad en el sistema democrático”, podemos leer que “una vez Al Smith subrayó que ‘la única cura para los males de la democracia es más democracia’. Nuestro análisis sugiere que aplicar tal cura en este momento sería como echar combustible a las llamas.  En realidad, algunos de los problemas actuales de la gobernabilidad en Estados Unidos derivan de un exceso de democracia”.  Y la CT continúa apuntando que la democracia “es sólo una de las maneras de constituir la autoridad, y no es necesariamente una que pueda ser aplicable universalmente.  En muchas situaciones hay reclamo de pericia, de jerarquía, experiencia, y hasta las reivindicaciones de que la democracia es una vía para constituir autoridad podría ser anulada por talentos especiales” (página 113).
 
Fácil entender lo que está sucediendo en la ZE, y porque dos miembros activos de la CT -Papademos y Monti- están donde se encuentran, si recordamos que ese informe de la CT, al analizar las “vulnerabilidades” de la democracia por una mayor participación social de individuos muy educados y móviles que denuncian la creciente desigualdad, el desempleo y la eliminación de las conquistas sociales y económicas, expresaba que “hay () potencialmente límites deseables a la indefinida extensión de la democracia política” (página 115).
 
En fin, en esta época de dominación de los mercados la democracia no tiene remedio: “El espíritu democrático es igualitarista, individualista, populista, e impaciente con las distinciones de clase y rango.  La extensión de este espíritu debilita las amenazas tradicionales a la democracia que plantean grupos como la aristocracia, la iglesia y los militares.  Pero al mismo tiempo un penetrante espíritu de democracia tal vez plantee una amenaza intrínseca y mine todas las formas de asociación, debilite los lazos sociales que mantienen unidas a las familias, las empresas y la comunidad.  Cada organización social requiere, en alguna medida, desigualdades en autoridad y distinciones en las funciones” (página 162)
 
Lo que estamos viendo en la UE, en Estados Unidos y otros países del capitalismo avanzado, es el restablecimiento de la autoridad del capital sobre la sociedad.  Para el capitalismo en su forma actual la democracia es un estorbo, una amenaza intrínseca.
 
La Vèrdiere, Francia.
 
1.- Entrevista con Emmanuel Todd en Mediapart: http://www.mediapart.fr/article/offert/c0f3881a39acaa0774cfc36eadf74bde y en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140807
 
2.- Ver la lista de miembros de la Comisión Trilateral en http://www.trilateral.org/go.cfm?do=Page.View&pid=6
 
3.- El informe  (TFR 8 – The Crisis of Democracy) está disponible en: http://www.trilateral.org/go.cfm?do=file.showdirectory&list=Triangle-Papers; Para situar los objetivos de la creación de la Comisión Trilateral vale la pena remitirse al llamado “Powell Manifesto” de 1971: http://reclaimdemocracy.org/corporate_accountability/powell_memo_lewis.html ; Y al análisis de Noam Chomsky “La Administración Carter: Mitos y Realidades”: http://www.chomsky.info/books/priorities01.htm
 
http://alainet.org/active/51390
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Principios para arrancar el clima de manos del capitalismo salvaje
Ya lo dijimos y lo repetimos: el Clima está en manos del “capitalismo salvaje” y sus instituciones. En las negociaciones del último año no se ha avanzado prácticamente en nada positivo para los pueblos, no se han logrado compromisos de una mayor reducción y, apoyados en los acuerdos de Cancún, se ha seguido una lógica suicida de “compromisos voluntarios” orientados a desmantelar el régimen del clima y fomentar un nuevo instrumento que sustituya al Protocolo de Kyoto facilitando a las grandes economías eludir sus responsabilidades, en particular a EEUU. Se ha empoderado al Banco Mundial y su rol en el Fondo Verde abriéndose hacia una mayor privatización, endeudamiento y condicionalidades, se ha avanzado en afinar los mecanismos de mercado para el “control” de las emisiones, no se cuentan con compromisos para fondos suficientes que respondan a la catástrofe, se ha debilitado en la práctica la situación de los países en desarrollo y vamos vertiginosamente hacia temperaturas mayores a los 2ºC, algunos colectivos científicos hablan incluso de que en este siglo podríamos superar una elevación de 4ºC promedio: una verdadera catástrofe.
 
Las decisiones que se vayan a tomar ya son tardías, pero daría al menos una esperanza saber que los estados son concientes de la magnitud de esta crisis y de sus responsabilidades. Los gobiernos deben decir la verdad, explicar a sus pueblos lo que pasa, pues los lamentos y las promesas de un futuro no son suficientes, necesitamos medidas efectivas e inmediatas para parar esta destrucción.
 
 Exigimos a los gobiernos que en la COP 17 defiendan los principios de la equidad y de las responsabilidades históricas de las grandes economías para con el mundo y que los países responsables de esta catástrofe no solamente se comprometan a reducciones sustantivas de sus emisiones, sino a dejar de impulsar un desarrollo insostenible en el sur mediante sus empresas, sus políticas y su afan de salvar al capitalismo en su crisis financiera. El planeta no tiene por qué pagar el costo de la crisis producida por ellos mismos.
 
 Exigimos también a nuestro gobierno que, a tiempo de defender el régimen climático basado en las responsabilidades históricas y diferenciadas entre las grandes economías y los “países en desarrollo”, actúe con coherencia y consecuencia en el nivel internacional y a nivel local, porque si bien clamamos por el derecho al desarrollo, debemos decir con la cara en alto que el tipo de desarrollo que buscamos no es el mismo que el que está destruyendo el planeta. Los representantes de Bolivia deben ser coherentes con cómo poner en práctica aquello que llamamos los “derechos de la Madre Tierra”, esos temas incluidos en los textos borradores de negociación deben contar con explicaciones coherentes, reflexionadas, basadas en lo que las realidades locales están clamando.
 
Y a quienes se rasgan las vestiduras afirmando que los que más contaminan hoy son los países emergentes, que no para nosotros son ningún modelo a seguir, les recordamos la enorme deuda histórica que los países desarrollados y las grandes economías tienen con los países pobres y que son precisamente las grandes transnacionales de occidente las que exacerban el extractivismo y el desarrollismo. El argumento de las economías emergentes está siendo usado por los países desarrollados, en particular por Estados Unidos, para desmantelar el régimen multilateral sobre el clima y destruir aquellos principios expresados en la Convención y el Protocolo de Kyoto e inclusive borrar con el codo lo que se acordó en la Agenda de Bali. Mientras tanto y en paralelo se afilan los sables para las negociaciones de la OMC que bajo mandato del G20 en la reciente reunión en Niza se han constituido en una prioridad a ser concluidas. Son precisamente las profundas asimetrías y las leyes del capital como los sistemas de propiedad intelectual y las reglas de inversión las que han facilitado a estos países ubicarse a años luz en tecnologías y matrices energéticas de bajo carbono y que –por cierto- ni siquiera son utilizadas como corresponde bajo políticas públicas sino que siguen en manos del poder corporativo.
 
Pero también es fundamental echar una mirada al poder de las corporaciones y las élites dominantes en los países del sur y a los modelos de desarrollo, infraestructura y energía que éstas están impulsando, como es el caso de América del Sur y su relación con la crisis climática y ambiental y recordar que el propio PICC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) afirma que ninguna experiencia previa en términos de infraestructura, gestión del agua, gestion medioambiental es un antecedente para la magnitud de los desafíos que el futuro depara, dados los grados de vulnerabilidad por los cambios climáticos.
 
Sin duda, las soluciones de fondo vendrán de la gente, que es la que vive en carne propia las consecuencias así como lo hemos visto en Tailandia, Colombia, Australia, América del Sur, las sequías en Africa y todas aquellas regiones golpeadas por la crisis climática y ambiental y por la vulnerabilidad que ha añadido a esta situación el uso de la energía nuclear, la construcción de infraestructuras agresivas y el incremento de los agrocombustibles. Es la gente de a pie, esa que no va a las conferencias internacionales, la que enfrenta y resuelve las crisis y la que se merece una esperanza.
 
Así fue también con la agenda propuesta por el Acuerdo de los Pueblos que sintetiza la conciencia de que requerimos acuerdos globales basados en la ciencia, la equidad y la justicia, recordemos algunas de las propuestas elaboradas colectivamente:
 
Los acuerdos deben estar dirigidos a limitar el incremento de la temperatura en el presente siglo a 1º C para reducir los efectos del cambio climático.
 
Se debe buscar reducir los gases de efecto invernadero en 50% respecto al año base de 1990 para el 2do periodo de compromiso en el Protocolo de Kioto desde 2013 – 2017.
 
Los países desarrollados tienen una deuda climática con los países pobres, la madre tierra y las futuras generaciones y deben honrarla.
 
Los fondos para enfrentar los impactos del cambio climático deben superar a nivel mundial los presupuestos de defensa, guerra y seguridad de los países desarrollados.
 
Ninguna institución de interés privado como el Banco Mundial u otras deben intervenir en la gestión de los fondos para el clima que son de interés público.
 
 No se puede someter la reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques a los mecanismos de mercado. (Acuerdo de los Pueblos, Abril 2010)
 
Cada año los medios dicen que esta vez se trata de “la última oportunidad para salvar el planeta”. Hasta las palabras están empezando a quedar vacías de contenido. Lo que se juega en Durban no es la vida, porque ya la rifaron hace tiempo, lo que se juega verdaderamente es la posibilidad de encontrar los caminos reales y coherentes para detener la catástrofe y para sembrar desde la ética y la justicia las bases de una sociedad transformada que eluda consecuentemente los mecanismos y el aparato de la destrucción global en el día a día.
 
Elizabeth Peredo Beltrán es psicóloga social, escritora y activista por el agua, la cultura y contra el racismo.
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Por su libro El orden de El capital, el filósofo español Carlos Fernández Liria ha obtenido –junto a su colega Luis Alegre Zahonero- el Premio Libertador al pensamiento crítico.

Se trata de uno de los más importantes galardones que a nivel internacional se otorgan por obra publicada, pero como dice el entrevistado “la noticia del Premio no ha salido en ningún medio de comunicación español, pese a que  es un premio internacional de ensayo (con una dotación que es el doble de la que entrega nuestro innombrable príncipe de Asturias con sus afamados galardones)  que, después de todo, ha sido otorgado a dos profesores universitarios españoles.” En esta entrevista, Carlos aborda el por qué de ese silencio, los contenidos y propósitos de su trabajo intelectual, así como su relación con la más candente actualidad.

Acabas de ganar en Venezuela -junto a Luis Alegre, por el libro El orden de El Capital- el Premio Libertador al pensamiento crítico que quizá sea el más importante galardón que se otorga a la producción intelectual de izquierda en habla española y que han obtenido pensadores tan prestigiosos como István Mészároz ¿Qué lectura haces de este hecho y cómo piensas que contribuya a la divulgación de las tesis que has venido defendiendo a lo largo de toda tu obra?

Luis y yo estamos muy agradecidos. Por supuesto al gobierno venezolano, al ministro de cultura y al presidente Chávez, quien creó este premio que permite al pensamiento crítico y de izquierdas ser reconocido rompiendo con la hegemonía cultural del neoliberalismo. También estamos muy reconocidos a Atilio Borón, al que no conocemos, pero al que admiramos muchísimo, y a todos los otros miembros del jurado. Queremos dar las gracias especialmente a Farruco Sesto y a Carmen Bohorquez, porque desde hace años nos han honrado con su confianza. Como tú dices, lo mejor del premio es que así el libro tendrá una mayor difusión. Nuestra esperanza es que eso sirva para aportar un grano de arena en las luchas que vamos a tener que afrontar en los próximos tiempos, que yo creo que van a ser muy duras. Lo que tenemos por delante, a nivel mundial, es una batalla frontal con el capitalismo. En los próximos veinte años no vamos a tener opción. Eso de “socialismo o muerte” va a cobrar un nuevo sentido, porque o acabamos con el capitalismo o el capitalismo acaba con nosotros.  Mira lo de Japón, por ejemplo. Si la ola del tsunami hubiera sido diez metros más alta o el terremoto un punto más fuerte (¿y por qué no habría de haber sido asÍ?), una docena de reactores nucleares se habrían fundido y habría sido el fin para decenas de millones de personas. Habría sido necesario desalojar Japón. Estamos sentados sobre un polvorín controlado por dementes y criminales. ¿Quiénes son esos a los que llaman “mercados”? En cualquier caso, están locos, juegan a la ruleta rusa con el planeta, sacrifican poblaciones enteras, cambian de opinión a cada minuto, hundiendo y salvando países como quien juega a los barcos. Nunca hubo dictadores más sordos y más dementes. Ni Calígula, ni Nerón estaban tan chiflados. Y ni mucho menos tenían tanto poder.

En varios de tus libros, tanto en solitario como junto a Luis, –y este no parece ser una excepción- has venido insistiendo en el análisis crítico del concepto de ciudadanía, la subversión de lo que se entiende tradicionalmente como “Estado de Derecho”, y tratando de demostrar la  imposibilidad de su realización bajo el capitalismo. Ahora lo haces desde el análisis de la obra más estudiada de Marx –El Capital-: ¿Qué cambia o se profundiza en este libro con respecto a tus trabajos a anteriores?

Las tesis que hemos mantenido insistentemente Luis Alegre y yo en todas nuestras publicaciones anteriores no necesitaban, me parece, de mayor aclaración.  Como tú dices, nos hemos empeñado en demostrar que la democracia y el estado de derecho son impracticables bajo condiciones capitalistas de producción, y que, en cambio, serían perfectamente asumibles bajo unas condiciones socialistas. Esto implicaba, además, que los comunistas no teníamos por qué inventar nada nuevo ni mejor respecto a los conceptos de la tradición republicana y del pensamiento de  la Ilustración. Todo lo contrario, lo que tenemos que hacer es reivindicar como propios los conceptos de “ciudadanía” y de “estado de derecho”, en lugar de regalárselos al enemigo como si se tratase de escoria burguesa destinada a ser superada por la historia. Todo esto, como dices, lo habíamos repetido ya en diversos formatos, procurando ser lo más pedagógicos posible. Pero faltaba algo muy importante por hacer: demostrar que esas tesis eran compatibles con Marx. Y para ello era preciso leer a Marx y proporcionar una interpretación rigurosa de su obra. Nos ha llevado quince años lograrlo. Pero creemos haber demostrado que se entiende mucho mejor El Capital si lo integramos en la tradición de la Ilustración y el pensamiento republicano, que si lo encorsetamos en los moldes de la escolástica marxista. Y que, además, el resultado es mucho más útil para entender el desastre humano al que estamos abocados bajo el capitalismo.

En su evaluación del libro el jurado que lo premió aprecia que con “propósitos transformadores explícitos emprende una reinterpretación de la teoría crítica del capitalismo, en consonancia con los desafíos de un mundo que se complejiza, agravando y sofisticando sus contradicciones”. La implicación en los procesos revolucionarios como los de Venezuela -Comprender Venezuela, pensar la Democracia. El colapso moral de los intelectuales occidentales, escrito también con Luis Alegre- o Cuba –Cuba, la Ilustración y el socialismo, junto a Santiago Alba- ha sido una constante en tu trabajo, ejerces una cátedra universitaria y colaboras con publicaciones alternativas como Rebelión, ¿Cómo ves esa relación entre la producción de un pensamiento riguroso teóricamente como ocurre con El orden de El Capital y la acción política concreta tan urgente en nuestros días?

Cuando lo que se trata de entender teóricamente es algo así como el capitalismo es imposible permanecer indiferente. Si los triángulos rectángulos consistieran en una injusticia monstruosa, si el cuadrado de la hipotenusa no lograra ser la suma de los cuadrados de los catetos más que a fuerza de condenar a la miseria a la mitad de la población mundial y de llevar el planeta hacia un suicidio ecológico y humano, los profesores de matemáticas tendrían muchas inclinaciones subversivas y la matemática habría sido una ciencia tan perseguida y censurada como la obra de Marx entre los economistas. Cuanto más entendemos lo que es el capitalismo, más monstruoso nos parece. Y entonces, es imposible permanecer de brazos cruzados.

Tu trabajo en los años ochenta en un programa de televisión que ha devenido un clásico del imaginario audiovisual español, La bola de cristal, o un libro como Educación para la ciudadanía –con un gran peso gráfico- revelan tu interés por comunicar del modo más atractivo y contemporáneo posible las herramientas para el análisis crítico a las generaciones más jóvenes ¿Cómo piensas que pudieran aprovecharse espacios como Internet en esa dirección?

Lo que está ocurriendo en Internet es una revolución inusitada. Dentro de poco, la televisión, el medio que ha sido el instrumento más poderoso de control ideológico en la historia de la humanidad (más todavía que la Iglesia, por ejemplo), se habrá convertido en una antigualla, en un cachivache doméstico, como las máquinas de coser o de escribir. La gente joven ya no se informa por la televisión, ni siquiera se divierte con ella; su mundo está en internet. Esto abre posibilidades inconmensurables a la lucha revolucionaria. Las revoluciones árabes y el 15-M español lo están demostrando.

A pesar de tener una sólida obra publicada y ejercer la docencia en una de las universidades más importantes de tu país has sufrido en varias ocasiones la censura de los medios de comunicación ¿Este premio ha cambiado algo en ese sentido?

Mira, eso es lo de menos, pero la noticia del Premio no ha salido en ningún medio de comunicación español, pese a que  es un premio internacional de ensayo (con una dotación que es el doble de la que entrega nuestro innombrable príncipe de Asturias con sus afamados galardones)  que, después de todo, ha sido otorgado a dos profesores universitarios españoles. No se trata de censura, sino del algo mucho peor: los medios están secuestrados por sus propietarios, que son inmensas corporaciones económicas que no miran más que por sus intereses. No existen medios verdaderamente públicos que escapen esta realidad. Aquí no hay más libertad de expresión que la que se pueden pagar algunos multimillonarios.

En una reciente colaboración con La pupila insomne decías que “el capitalismo ya no se puede permitir, ni siquiera, una sociedad que se pueda llamar tal” y concluías que “después del verano, se comprobará que la llamada ¨spanish revolution¨ no ha hecho más que comenzar”, Algunas semanas después de esa afirmación ratificas ese análisis, ¿por qué?

Estamos en un callejón sin salida, así es que no puede ser de otro modo. Eso no quiere decir que vayamos a ganar las batallas que se avecinan, pero no me cabe duda de que los pueblos van a plantar cara. Ya todo el mundo reconoce que lo que está ocurriendo económicamente en el planeta es pura y simple lucha de clases. Los primeros en reconocerlo han sido, como dijo el magnate Warren Buffet, “los que van ganando”, los ricos, los poderosos, los propios especuladores que están llevando el mundo al desastre al mismo tiempo que ganan más y más dinero. El gran economista de Wall Street, Michael Hudson, lo lleva también repitiendo sin cesar: lo que está ocuriendo se llama lucha de clases, nada más que lucha de clases. Y las clases bajas y medias están recibiendo una soberana paliza. Pero va a haber reacción. En Grecia están plantando cara. En los países árabes, en Latinoamérica, en Islandia, en Portugal… En España, el movimiento 15-M es imprevisible y, por ahora, no ha cesado de crecer. Me reafirmo en que el próximo otoño nos va a traer muchas sorpresas. (Publicado en CubAhora)

Iroel Sánchez
CubAhora
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Sábado, 25 Junio 2011 07:43

Crisis terminal del capitalismo?

Vengo sosteniendo que la crisis actual del capitalismo es más que coyuntural y estructural. Es terminal. ¿Ha llegado el final del genio del capitalismo para adaptarse siempre a cualquier circunstancia?. Soy consciente de que pocas personas sostienen esta tesis. Dos razones, sin embargo, me llevan a esta interpretación.
 
La primera es la siguiente: la crisis es terminal porque todos nosotros, pero particularmente el capitalismo, nos hemos saltado los límites de la Tierra. Hemos ocupado, depredando, todo el planeta, deshaciendo su sutil equilibrio y agotando sus bienes y servicios hasta el punto de que no consigue reponer por su cuenta lo que le han secuestrado. Ya a mediados del siglo XIX Karl Marx escribía proféticamente que la tendencia del capital iba en dirección a destruir sus dos fuentes de riqueza y de reproducción: la naturaleza y el trabajo. Es lo que está ocurriendo.
 
La naturaleza efectivamente se encuentra sometida a un gran estrés, como nunca antes lo estuvo, por lo menos en el último siglo, sin contar las 15 grandes diezmaciones que conoció a lo largo de su historia de más de cuatro mil millones de años. Los fenómenos extremos verificables en todas las regiones y los cambios climáticos, que tienden a un calentamiento global creciente, hablan a favor de la tesis de Marx. ¿Sin naturaleza cómo va a reproducirse el capitalismo? Ha dado con un límite insuperable.
 
Él capitalismo precariza o prescinde del trabajo. Existe gran desarrollo sin trabajo. El aparato productivo informatizado y robotizado produce más y mejor, con casi ningún trabajo. La consecuencia directa es el desempleo estructural.
 
Millones de personas no van a ingresar nunca jamás en el mundo del trabajo, ni siquiera como ejército de reserva. El trabajo, de depender del capital, ha pasado a prescindir de él. En España el desempleo alcanza al 20% de la población general, y al 40% de los jóvenes. En Portugal al 12% del país, y al 30% entre los jóvenes. Esto significa una grave crisis social, como la que asola en este momento a Grecia. Se sacrifica a toda la sociedad en nombre de una economía, hecha no para atender las demandas humanas sino para pagar la deuda con los bancos y con el sistema financiero. Marx tiene razón: el trabajo explotado ya no es fuente de riqueza. Lo es la máquina.
 
La segunda razón está ligada a la crisis humanitaria que el capitalismo está generando. Antes estaba limitada a los países periféricos. Hoy es global y ha alcanzado a los países centrales. No se puede resolver la cuestión económica desmontando la sociedad. Las víctimas, entrelazas por nuevas avenidas de comunicación, resisten, se rebelan y amenazan el orden vigente. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, no aceptan la lógica perversa de la economía política capitalista: la dictadura de las finanzas que, vía mercado, somete los Estados a sus intereses, y el rentabilismo de los capitales especulativos que circulan de unas bolsas a otras obteniendo ganancias sin producir absolutamente nada a no ser más dinero para sus rentistas.
 
Fue el capital mismo el que creó el veneno es el que lo puede matar: al exigir a los trabajadores una formación técnica cada vez mejor para estar a la altura del crecimiento acelerado y de la mayor competitividad, creó involuntariamente personas que piensan. Éstas, lentamente van descubriendo la perversidad del sistema que despelleja a las personas en nombre de una acumulación meramente material, que se muestra sin corazón al exigir más y más eficiencia, hasta el punto de llevar a los trabajadores a un estrés profundo, a la desesperación, y en algunos casos, al suicidio, como ocurre en varios países, y también en Brasil.
 
Las calles de varios países europeos y árabes, los “indignados” que llenan las plazas de España y de Grecia son expresión de una rebelión contra el sistema político vigente a remolque del mercado y de la lógica del capital. Los jóvenes españoles gritan: «no es una crisis, es un robo». Los ladrones están afincados en Wall Street, en el FMI y en el Banco Central Europeo, es decir, son los sumos sacerdotes del capital globalizado y explotador.
 
Al agravarse la crisis crecerán en todo el mundo las multitudes que no aguanten más las consecuencias de la superexplotación de sus vidas y de la vida de la Tierra y se rebelen contra este sistema económico que ahora agoniza, no por envejecimiento, sino por la fuerza del veneno y de las contradicciones que ha creado, castigando a la Madre Tierra y afligiendo la vida de sus hijos e hijas.
 
Por Leonardo Boff, Teólogo / Filósofo y autor de Proteger a Terra-cuidar da vida: como evitar o fim do mund, Record 2010. 

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Domingo, 19 Junio 2011 06:21

La otra cara de la dependencia

Aunque sea una verdad de Perogrullo, hay que recordar que los países y regiones del mundo que requieren de inmigrantes y reclutan mano de obra extranjera son los que tienen mayor proporción de inmigrantes con respecto a su población total: en primer lugar los petroleros del Golfo, 38.6 por ciento de extranjeros; luego la desértica Oceanía, 16.8 por ciento; en tercer lugar los países de Norteamérica, 14.2 por ciento (México excluido), y la vieja y envejecida Europa, 9.7 por ciento. El reclutamiento de trabajadores, en cualquiera de sus modalidades, genera dependencia de mano de obra en el mercado de trabajo secundario y perpetúa la emigración.

El caso de la agricultura es paradigmático. Los trabajadores nativos suelen abandonar este tipo de actividad y rara vez vuelven a reintegrarse, por eso se requiere de inmigrantes. De este modo la necesidad de mano de obra se convierte en un problema endémico, en una dependencia. Y dadas las características del mercado de trabajo agrícola, que suele ser mal pagado y requiere de gran esfuerzo físico, las personas que aceptan estas condiciones son inmigrantes jóvenes, con alguna adscripción étnica o racial y con bajo nivel educativo.

De este modo los países desarrollados se convierten en dependientes crónicos de mano de obra barata para la agricultura. Dependencia que no suelen reconocer, por lo que prefieren recluir y estigmatizar a la población migrante y colocarla en los límites de la legalidad para poder así explotarla y desecharla cuando sea pertinente. Una parte del discurso oficial, y también el de algunos académicos, afirma que no es necesaria esta mano de obra y que fácilmente puede ser desplazada por los avances tecnológicos. En efecto, la tecnología, ha logrado reducir significativamente la mano de obra ocupada en la agricultura y en otras áreas, pero no logra reducirla de manera absoluta.

El caso de Estados Unidos es ejemplar. A comienzos del siglo XX trabajaban manualmente en los campos agrícolas 37.5 millones de personas, y a finales del siglo XX, tan sólo 2.5 millones. La diferencia es dramática, pero también hay notables diferencias en cuanto a la composición étnica de la mano de obra. Mientras hace un siglo todas las razas trabajaban en el campo agrícola estadunidense –blancos, negros, asiáticos y latinos–, en la actualidad la inmensa mayoría son mexicanos. Según estadísticas oficiales, 77 por ciento de los trabajadores agrícolas manuales nació en México y otro 9 por ciento es de origen mexicano. Y esto es el resultado de décadas de reclutamiento sistemático y de bajos salarios en la agricultura que desplazan a la mano de obra local e incluso a los inmigrantes, que apenas pueden huyen de este tipo de trabajos, por lo que se requiere de más inmigrantes.

La dependencia de mano de obra de los países desarrollados para la agricultura es un asunto irreversible. Los abanderados del progreso y la tecnología que se oponen frontalmente a los programas de trabajadores temporales y afirman que “nada hay más definitivo que un trabajador temporal” en la práctica tienen parte de razón. Pero también hay que reconocer que nada hay más definitivo que el trabajo migrante agrícola. El mundo entero estaría agradecido, incluidos los propios trabajadores, si la tecnología fuera capaz de terminar de una vez por todas con ese tipo de empleos que demandan juventud, fuerza física hasta límites extremos y condiciones pésimas de vida.
Pero paradójicamente fue precisamente la tecnología la que en algunos casos transformó la agricultura estacional en permanente y en otros casos el trabajo permanente en estacional. La tecnología agrícola del invernadero e hidroponía convirtió los cultivos de algunas frutas y hortalizas en una actividad permanente, que demanda mucha mano de obra a lo largo de todo el año. Por el contrario, fueron los avances tecnológicos en el cultivo del tabaco, que demandaban mano de obra afroamericana de manera continua, los que transformaron el trabajo permanente en temporal, con la consiguiente huida del medio agrícola de la población afroamericana y la consecuente importación de mano de obra migrante.

La agricultura en Estados Unidos, Canadá y en muchos países de Europa es dependiente de mano de obra, tanto temporal, como definitiva. Y este es un fenómeno social y económico creciente e irreversible. Algunos países pueden optar por la importación de alimentos de manera absoluta, pero para los poderosos del planeta, la autosuficiencia alimentaria es un asunto de seguridad nacional, de ahí su política desorbitada de subsidios.

La Francia rural, con su tradición cultural, su buen vivir y mejor comer, se mantiene a partir de cuantiosos subsidios y la sobrexplotación del trabajo migrante. En épocas anteriores eran portugueses, españoles e italianos los que levantaban las cosechas. Ahora son magrebíes, subsaharianos y europeos del este. Lo mismo sucede en Italia, donde la mano de obra que trabaja en la agricultura se acerca a 50 por ciento, especialmente en el sur, donde se concentran los braceros africanos, que viven en condiciones miserables.

En España y Portugal, que tradicionalmente disponían de amplios contingentes de trabajadores agrícolas que iban de cosecha en cosecha por varios países de Europa, ahora dependen de mano de obra norafricana, suramericana y de los pobres de Europa de este. Las estadísticas no engañan: en España son los marroquíes, rumanos y ecuatorianos los principales contingentes de migrantes, y son ellos los que trabajan en la agricultura.

Son trabajadores requeridos y necesarios pero no deseados. Y su mayor ventaja es que suelen estar en zonas alejadas y periféricas, por lo tanto son menos visibles. Mientras trabajen no hay tanto problema. Por eso en Arizona el sheriff Joe Arpaio se dedica a perseguir con saña a los migrantes en la ciudad de Phoenix, pero su homólogo de Yuma, el sheriff Ralph Ogden, no hace lo mismo en las zonas agrícolas dependientes de braceros.

Por Jorge Durand

 

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