¡Insólito!: el FMI fustiga la sobrestimación del neoliberalismo global

La tripleta del Departamento de Investigación del FMI –su vicedirector, Jonathan D. Ostry; su jefe de división, Prakash Loungani, y el economista Davide Furceri– (http://goo.gl/9CEcVO) llega con mucho retraso a la fastidiosa conclusión de que "algunas (sic) políticas neoliberales han incrementado la desigualdad, en lugar de promover el crecimiento, lo cual pone en riesgo la expansión duradera".

 

Nunca citan el libro del economista galo Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI (https://goo.gl/Yy6ML2), el cual es probable que marque en el corto plazo el rumbo ideológico de la muy cuestionada teoría económica en todo su alucinante caleidoscopio.

 

Después de haber descuartizado a Thomas Piketty como "doctrinario, aburrido y erróneo en sus estadísticas", el mismo Financial Times, portavoz del neoliberalismo global con The Economist –ambos controlados por BlackRock (http://goo.gl/ntbvWY)–, juzga que sus sensatas teorías "están recibiendo validación (sic) de los inversionistas bursátiles en contra de la creciente desigualdad financiera" cuando se ha gestado una "rebelión de los accionistas" contra los pagos excesivos a los ejecutivos de Deutsche Bank, Goldman Sachs, Citigroup y BP (http://goo.gl/0S3XAE).

 

Hoy los ciudadanos que votan a los dos lados del Atlántico Norte se rebelan contra la "ortodoxia económica" neoliberal, genuina teología medieval, que ha aplicado sin miramientos el FMI a partir del nefario experimento del binomio thatcherismo /reaganomics de la década de los 70 del siglo pasado.

 

Justin Trudeau en Canadá, Jeremy Corbyn en Gran Bretaña y Bernie Sanders y Donald Trump en EU no son fenómenos aislados en la anglósfera donde Wall Street y sus banksters han aniquilado a la otrora próspera clase media (http://goo.gl/bcxJep).

 

La matriz operativa del neoliberalismo global en el Atlántico Norte –EU y Gran Bretaña– es obligada a correrse a la "izquierda", mientras sus vasallos de Latinoamérica sucumben al caduco modelo financierista neoliberal pinochetista.

 

Se ha generado un “fracking financierista/economicista” entre el G-7 y sus súbditos en Latinoamérica, quienes se han volcado en forma disfuncional y asincrónica al fétido neoliberalismo: el cuarteto Peña/Carstens/Aspe/Videgaray (estos últimos tres, itamitas) en México; Macri en Argentina, y en Brasil Ilan Goldfajn, ex empleado del FMI y BM nacido en Israel (http://goo.gl/1KRi4o), nombrado gobernador del banco central por el polémico ministro de Finanzas Henrique Meirelles, instrumento de Wall Street (http://goo.gl/VlsJH3), quienes en su conjunto aceleran el desmantelamiento nacional mediante la nueva tónica del triple golpe mediático/jurídico/ financierista.

 

Los tres principales economistas del FMI colocan en la picota al neoliberalismo –en particular, el aplicado a Latinoamérica– por provocar desigualdad y austeridad fiscal: "Existen aspectos de la agenda neoliberal que no han dado resultados como esperado (sic)".

 

Llegan a "inquietantes conclusiones": la creciente desigualdad ha socavado el crecimiento económico.

 

La tripleta rememora el júbilo de Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, en 1982, cuando proclamó al pinochetismo neoliberal de Chile "milagro económico".

 

La revista propagandista de Televisa alucinó también que Chile era el “modelo a seguir (http://goo.gl/o8uVTc)”, quizá por beneficiar al sionismo financierista.

 

Las ínfulas esotéricas ("La mano invisible" de Adam Smith, del siglo XVIII) y los oráculos estrafalarios del neoliberalismo global se sustentan "en dos principales ejes": 1. La "competitividad creciente mediante la desregulación y la apertura de los mercados domésticos, incluidos los financieros, a la competencia foránea" y 2. "Un pequeño papel para el Estado conseguido mediante la privatización y los límites a la capacidad del gobierno para acumular deuda y librar déficits fiscales".

 

Si el "México neoliberal itamita" ha sido el modelo cacareado a seguir ahora, pues resultó en un soberano fracaso cuando, en fechas recientes, se desplomó seis lugares en el "índice de competitividad", sin contar la lastimosa devaluación del peso: 60 por ciento en la etapa aciaga del súper corrupto Videgaray Caso.

 

La tripleta maneja en su lecho de Procusto estadísticas alegres sobre la bondad del experimento de Chile que 34 años más tarde –desde 1982– se encuentra en un sitial menos que mediocre, como ya había anticipado Rudiger Dornbusch ("una economía de quinto nivel"), maestro en el MIT de los entreguistas itamitas Aspe y Videgaray.

 

Con todo y las maromas pinochetistas/neoliberales de la tripleta del FMI, el desplome del cobre, importado primordialmente por China, ha pegado con severidad a Chile cuando ocupa el anodino sitial 45 en la economía global (424 mil 300 millones de dólares en poder adquisitivo), casi a la par de Hong Kong (46) y Kazajstán (44), y detrás de Venezuela (38), Colombia (32), Argentina (26), México (12) y Brasil (8), y muy cerca de Perú (48), según la CIA (https://goo.gl/vmSbRR).

 

Un grave error de los zelotes del FMI es que se enfocan únicamente a Chile y a su fallido modelo pinochetista neoliberal friedmanita y dejan de lado al restante tanto de 188 miembros del FMI como de los 192 países de la ONU.

 

Resulta y resalta que la liberalización de los flujos de capital no siempre es conveniente y depende de "si los países han alcanzado algún umbral de desarrollo financiero e institucional".

 

El "punto de vista del FMI" ha también cambiado a "una mayor aceptación de controles (¡supersic!) para lidiar con la volatilidad de los flujos de capital" cuando su "libre flujo" no es siempre (sic) un apropiado objetivo final.

 

La "evidencia del daño (sic) económico proveniente de la desigualdad sugiere que los hacedores de la política deben estar más abiertos a la redistribución de lo que ahora son" y en "algunos casos, las consecuencias indeseables de la distribución tendrán que ser remediadas (sic) mediante impuestos y gasto gubernamental (¡supersic!) para redistribuir el ingreso".

 

No ocultan que el "incremento en la desigualdad fue engendrado por la apertura financiera y la austeridad" que "pudieron haber socavado el crecimiento" cuando "existe ahora (sic) una fuerte evidencia (sic) de que la desigualdad puede, en forma significativa, disminuir tanto el nivel como la durabilidad del crecimiento".

 

En la mira se encuentran los "flujos de capital de corto plazo" (los ominosos capitales golondrinos/especulativos) cuando las "políticas de austeridad generan costos (sic) sustanciales de bienestar social debido a los canales del ofertismo, pero que también lastiman la demanda, y así empeoran el empleo y el desempleo".

 

Concluyen que no existe un modelo que se ajuste a todos, en específico, en referencia a la "consolidación fiscal" y a los "límites de la deuda", cuando "existen países que han reducido su tasa de deuda, pero que no les evita reducir su riesgo a una crisis".

 

El agónico neoliberalismo pinochetista pide a gritos una sepultura civilizada antes de que siga provocando mayores estragos a la valetudinaria humanidad.

 

¡Vivir para creer: el FMI arroja a la basura 41 años de carnicería financierista debido a que alcanzó a sus controladores en el Atlántico-Norte!

 

www.alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Publicado enInternacional
Lunes, 16 Mayo 2016 07:25

Movimientos ¿en movimiento?

Movimientos ¿en movimiento?

¿Cómo entender lo que se denomina como movimientos? Sean regionales, vecinales, gremiales, autonómicos, campesinos, indígenas, de género; sean contra desalojos urbanos, despojo de tierras por compra obligada o decreto; por desastres inducidos o naturales, desarrollos mineros, inmobiliarios, turísticos; de rechazo a cultivos Frankenstein, leyes y reglamentos lesivos para los de abajo (y hasta los de en medio), tratados secretos con el capitalismo foráneo (como lo llamaba el Che Guevara); en favor de la libertad de expresión, tránsito, siembra de semillas propias.

 

Desde la experiencia latinoamericana, implican un estar-fuera-del-Estado, de los mecanismos de control, cooptación y castigo; no ser partidistas, o serlo de manera secundaria, autónoma de la nube electoral. ¿Cómo podrían asociarse con gobiernos, incluso los que diciéndose progresistas (y siéndolo, comparados con los reaccionarios y autoritarios) que siguen la corriente mundial del supra-gobierno financiero, ideológico y militar que ejerce el neoliberalismo; resultan presa fácil de una derecha que saca raja de sus desprestigios y cuenta con mayor margen para el cinismo.

 

Los movimientos, en particular los de matriz indígena, poseen arraigo territorial, de identidad o lengua, de interés comunitario. Su meta es defender la vida, lo bueno posible en los lugares que habitan ancestralmente o por recuperación legítima.

 

Raúl Zibechi observa y analiza de cerca la dinámica de los movimientos sociales en América Latina. Además de reportajes y artículos, publica con propositiva constancia libros sobre Brasil, Bolivia y otros países, conoce a fondo el zapatismo mexicano y se involucra en las protestas y acciones populares de su país, Uruguay, y otras naciones del área. Recientemente publicó Cambiar el mundo desde arriba: los límites del progresismo (Desdeabajo, Bogotá, 2016), en colaboración con Decio Machado. Entrevistado en el País Vasco, Zibechi reiteró su crítica al progresismo sudamericano en términos que irritan a los seguidores de los gobiernos de izquierda, aunque la evolución (involución) de estos le conceda razón.

 

Sopesa los errores de estas experiencias, en Brasil por ejemplo: No tocar al 10 por ciento de poderosos que concentran la mayoría de riqueza; no hacer reformas estructurales y perpetuar el modelo extractivo. Nos hemos dado cuenta tarde de qué supone el modelo. En un principio sólo fuimos capaces de ver sus negativos efectos medioambientales y para la salud humana. Además, el extractivismo es una cultura, genera una situación dramática: una parte de la población sobra porque no está en la producción. Se crea así un campo sin campesinos. El monocultivo y la megaminería apenas generan empleo. “También tenemos un extractivismo urbano: ciudades donde los pobres son llevados cada vez más lejos, y si esto funcionara a tope –lo que pasa es que hay resistencias– hoy las villas ya no existirían”.

 

El modelo extractivo genera una sociedad sin sujetos con su modelo de tierra arrasada. Los movimientos que surgen lo van a hacer en los márgenes de la producción capitalista. Es difícil organizar a la gente que está por fuera de. Eso nos coloca en una situación compleja que nos está llevando a la necesidad de organizar a la gente en las peores condiciones, sin vinculación con la producción, donde hay una degradación de la trama social, otra de las consecuencias nefastas del modelo extractivo. No cuesta mucho encontrar políticas económicas claramente reaccionarias en la agenda posneoliberal de los llamados gobiernos progresistas. Cita Brasil de nuevo: los grandes bancos están obteniendo las mayores ganancias de su historia, mientras se fomenta el consumo como forma de integración despolitiza los sectores populares. Ese era, tal vez, el objetivo del gobierno de Lula, que pretendió contentar a los de abajo y también a los de arriba, buscando evitar el conflicto social.

 

A fin de cuentas, la crisis de los gobiernos progresistas se debe a la incapacidad de salir del modelo extractivo, que es un modelo de sociedad, como lo fue la industrial: las relaciones sociales, la cultura, la vida; un modelo de muerte que margina a 30 o 40 por ciento de la población, la condena a permanecer en sus periferias, recibir políticas sociales y no poder organizarse, ya que cuando se mueve un poquito, cuando sale de sus barrios, es criminalizada. Zibechi propone repensar para denunciarlo y discutir políticamente al modelo que caducó. Con gobiernos de izquierda y de derecha, el modelo se mantiene.

 

En lo inmediato, su pronóstico es negativo: van a gobernar las derechas. A mediano plazo, para que la correlación de fuerzas cambie, habrá que ver qué hacen los movimientos sociales. Creo que en un plazo relativamente breve van a volver a la ofensiva, y una de las tareas centrales, si se quiere llegar al gobierno, será discutir con qué programa, qué realizaciones tendrán lugar, cuáles van a ser los aliados.

 

 

 

Publicado enPolítica
“La revolución tecnocientífica crea el tecnocapitalismo, diferente al capitalismo industrial”

Los señores del aire, los dueños de la informática, son los nuevos señores feudales en una época tecnocientífica. De las diez mayores empresas del mundo, siete están relacionadas con tecnologías de la información y la comunicación.

 


Javier Echeverría se considera a sí mismo un pionero en el estudio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Su libro Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, publicado en 1999, era una suerte de apuesta para el nuevo siglo que comenzaba. Su precisión lo convirtió rápidamente en una obra de lectura obligatoria para los académicos españoles y latinoamericanos. Invitado por la Universidad de Lanús y por el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el filósofo, matemático, ensayista y profesor del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dialogó con Página/12 sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad.

 

Su obra tiene un fuerte impacto en el mundo académico de nuestra región.

 


–¿Usted nació en México?

 

–Mi padre emigró a México a los 19 años huyendo de la guerra de Marruecos. Cuando mi padre se fue a México quedó como desertor hasta que en 1936 la República le amnistió. Volvió a España, se casó con una mujer del pueblo y se la llevó a México. Hoy parece algo asombroso, pero en esos tiempos eran historias muy típicas las de los indianos, que eran aquellos que hacían las Indias por estrictas cuestiones económicas. Mis hermanos nacieron en México, pero mi madre decidió que yo naciera en España porque había perdido dos niños por falta de atención médica.

 

–Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno fue publicado en los umbrales del siglo XXI. ¿Cómo evalúa los cambios producidos por las nuevas tecnologías de la información a casi dos décadas de ese trabajo?

 

– En aquellos momentos los señores del aire eran Microsoft, Nokia y Ericsson. Nokia y Ericsson han desaparecido. Todas las grandes compañías del hardware, el software, las telefonías móviles, los videojuegos y las tarjetas de crédito irían creciendo, y ese sistema de las nuevas tecnologías de la información se extendería por todos los países, como ha sucedido. Quienes controlaran esas tecnologías tendrían un poder creciente. Los señores del aire era una metáfora de los señores de la tierra en el medioevo. Los que tenían el control de la tierra tenía el poder. En el siglo XXI, los que controlaran el aire, internet y las redes telemáticas son los que tendrían el poder. Basta mirar las diez empresas con mayor capitalización en bolsa para saber que siete son del sector de tecnologías de la información y la comunicación. Hace 16 años eran las empresas petroleras, industriales, de automóviles. Amazon, Google, Facebook y Twitter no existían. Los señores del aire han tenido sus batallas, sus conflictos y evoluciones, pero lo fundamental era lo que yo proponía, la metáfora feudal, y lo sigo afirmando radicalmente. Internet o el tercer entorno está en una etapa neofeudal. Hay una especie de dependencia o servidumbre. Cualquier usuario de un software o una red social llega a un momento clave que es el del “acepto”. Uno acepta o no. Si no lo haces no accedes a las redes sociales, y quedas excluido de ese ámbito social, ámbito ciudadano, te quedas sin nada. Y si aceptas, has firmado un contrato donde aceptas todas las condiciones que te impone el señor del aire y que nadie lee. Eso es lo típico de un poder feudal. El origen de sometimiento en la relación es total. Uno pertenece entonces al señor feudal, depende de él, se tiene que atener a sus normas, tiene que actualizar continuamente sus productos. Somos súbditos de estas grandes empresas.

 

–En su momento, usted usó la expresión “neofeudalismo cibernético”. ¿Estamos más cerca de ser una “democracia electrónica” ahora?

 

–Esa era la idea de Telépolis, hacer una ciudad democrática en este mundo digital. En 1994, cuando lo publico, esto era utópico, porque estas tecnologías estaban surgiendo. El tercer entorno no es sólo internet. Aparte están las redes digitales, telemáticas, militares y financieras, presentes desde los años 80. Las redes financieras son las que generaron la crisis del 2009. Ahora mismo los Panamá papers es un ejemplo clarísimo de por dónde circulan los grandes dineros. Circulan por redes financieras, que son telemáticas. De la misma forma se mueven las guerras. Antes de organizar una guerra, los países tecnológicamente desarrollados montan la red telemática correspondiente. En la guerra de Irak esto fue clarísimo. Estados Unidos tardó un mes en llegar hasta Saddam Hussein, porque estaba montando toda la red para saber dónde bombardear. El tercer entorno es una estructura diferente de la tierra y de las ciudades, porque no es territorial. Quien domine las redes, sean militares, financieras, científicas, mantenidas por las comunidades científicas y las grandes industrias, o civiles, como internet, tiene el poder. Esto configura un nuevo espacio, el tercer entorno o mundo digital. Ha habido grandes novedades, como Facebook y las redes sociales, y Apple ha superado a Microsoft. En cualquier caso, no ha habido más que cambios en las relaciones de poder entre los señores del aire. Ahora los llamo los señores de las nubes. La metáfora es casi la misma. Puede haber nubes huracanadas, de cenizas, nucleares. Las nubes pueden generar nubarrones y puede ocurrir un huracán, verdaderamente devastador, como le ha sucedido a las redes militares y financieras. Si en algún momento Google quebrara, porque otro señor del aire le bombardeara, cuando comiencen las tecnoguerras, muchas redes caerían.

 

–¿La masificación creciente en el acceso a internet puede desembocar en una mayor democratización?

 

–Para nada. En el 99 decía taxativamente que ese espacio no era democrático, y ahora lo es menos que antes. Que haya mucha gente en un sitio no significa que sea una democracia. Una condición sine qua non requiere, en el sentido griego de democracia, que haya un espacio público, el ágora, de acceso universal y libre a todos los ciudadanos. Esto no sucede, pues para acceder a internet tengo que usar un navegador, un portal, una conexión wi-fi. Si internet fuera el ágora, habría un montón de filtros, de señores que me cobran o me controlan por acceder. No hay acceso libre en absoluto. El segundo argumento, más convincente todavía, es que no hay democracia sin división de poderes. Si hay sólo un poder ejecutivo, esto es tiranía. ¿Hay un Parlamento en Facebook, en Twitter? Lo que hay es un consejo de administración cuyos miembros ignoramos todos y que no se elige democráticamente. Si se quiere democratizar, ya no el tercer entorno pero uno de los dominios feudales, pido que elijamos al presidente de Google los usuarios. Mark Zuckerberg, que es tan democrático y anarco, que se someta a la elección de sus usuarios. El concepto de democracia se ha devaluado, se lo confunde con mucha gente. Lo que sí sucede, sobre todo en las ciudades, es que la masificación produce un incremento de valor. Cuando hay un trending topic o un bloguero con mucha audiencia, entonces la publicidad le llega, aumenta el valor de su dominio, el valor bursátil de la red correspondiente y el poder económico.

 

–¿Qué piensa de las llamadas “revoluciones 2.0”, este matrimonio entre redes sociales y las calles, como lo sucedido en Egipto, Brasil y España?

 

–En los países árabes todo ha acabado como el rosario de la aurora. Incluso Túnez, que es la única democracia que ha sobrevivido, está completamente controlado y limitado.

 

–Durante las revueltas del 2011 en Londres, David Cameron apuntó a Twitter.

 

–Si lo pide Cameron, Twitter negocia. Lo que no se sabe es qué pudo haber obtenido Twitter de Cameron. En esta misma fase, se produjo la revuelta de Wall Street. De eso ha quedado Trump.

 

–También Bernie Sanders.

 

–Bueno, pero personajes como Trump son típicos del tercer entorno, de esta nueva modalidad de lucha por el poder, donde triunfa la demagogia y la política del espectáculo. Incluso Putin, que va de serio y riguroso. O del dictador de Corea del norte, que organiza espectáculos, hace ensayos nucleares, tira misiles, sólo para tener publicidad en la prensa. Hitler fue un gran líder de masas. El equivalente al ciudadano clásico es el usuario de las nuevas tecnologías. Democratizar una red es dar el voto libre y secreto a los usuarios. Puede ser democracia directa o parlamentaria, que el Parlamento dicte unas leyes, que el presidente del consejo de administración se atenga a las reglas que han impuesto otros y que gestione la red sin poner las normas él o sus hombres de confianza. A mí me resulta alarmante que se piense que porque hay mucha gente en una red social es democracia.

 

–Quizás el problema es que se analiza un escenario relativamente nuevo con viejas categorías, como si se tratara del tema de los medios de comunicación tradicionales.

 

–La tesis de Castells es que los políticos están controlados por los medios de comunicación y éstos están dominados directamente por el sistema financiero. Esa es la estructura del mundo en la actualidad. Pensar hoy en día que los gobernantes mandan es tiempo pasado. Precisamente por eso hay una crisis profunda de las democracias. Estas elecciones entre Hillary Clinton y Trump son un ejemplo de cuánto se ha deteriorado la democracia en un país donde ha habido presidentes como Jefferson o Lincoln. La política se ha convertido en tecnopolítica. Los partidos políticos se han convertido en empresas que compiten en un mercado de los votantes y que capitaliza en las urnas. Un movimiento social importante como el 15M ha acabado en un partido político normal y corriente como cualquier otro que manifiesta su fuerza capitalizando votos. Dudo que eso aumente la calidad de la democracia. Si ha cambiado el concepto de democracia, entonces que se explicite. Si no hacen falta constituciones ni repúblicas, y hay redes privadas como Facebook, que se diga. Google no es una institución pública. Es propiedad privada de unos señores que son muy liberales, tolerantes y sofisticados. No estoy criticando a las personas, sino a la estructura, que es muy alarmante.

 

–La expansión de internet se asocia con globalización. ¿Cómo impactan estas nuevas tecnologías en las identidades?

 

–Surgen nuevas formas de identidad. El sujeto pasa a tener una identidad plural. Frente a la noción clásica de sujeto político, por ejemplo, uno puede tener una nacionalidad o a lo sumo dos. En el segundo entorno uno tiene una patria y punto. En el tercer entorno, en cambio, uno puede tener múltiples identidades, porque se es súbdito de varios señores del aire. El ser súbdito de Facebook no me impide serlo de Google. Al revés. Como esas son tecnoidentidades, o identidades tecnológicas, tengo que adquirir competencias y mi mente tiene que estar troquelada para manejar esas tecnologías. Estoy hablando de identidades mentales. El tercer entorno es básicamente una identidad mental y se puede venir abajo en cualquier momento. Y cuando uno se queda sin conexión insulta y pierde los nervios. Un padre quiere que un señor del aire controle las fotos que su hijo sube a Flickr o Instagram o las locuras que hace en las redes sociales. Es decir, está controlado por una empresa. El anonimato es perfectamente posible desde un punto de vista tecnológico, pero esto no les interesa a los señores del aire. Les interesa conocer al detalle los gustos e intereses de sus usuarios, porque al saber sus usos están haciendo un estudio de mercado gratis, del actual y del futuro, en el caso de los jóvenes. Han descubierto la fórmula de la coca cola. Hacer un estudio de mercado es muy costoso e impreciso, bien lo saben los expertos en econometría. Los jóvenes lo ven desde otra perspectiva. Ya veremos quién tiene la razón.

 

–¿Qué cambios produce este nuevo paradigma en la educación y en el trabajo, dos pilares de los Estados modernos?

 

–En los 90 yo hablaba elogiosamente del teletrabajo, lo consideraba una gran oportunidad para muchos oficios, para gente con mucha movilidad. Ahora el empleo, el trabajo asalariado está menguando en todo el mundo. El valor económico lo generan los propios usuarios en la medida que sean millones de usuarios o telespectadores los que contemplan un partido de fútbol o un atentado como el del 11 de septiembre. Eso genera un valor incalculable, y lo previeron los terroristas, que sabían que dos aviones impactando en las torres impactarían a su vez en las mentes. Yo no olvidaré esas imágenes. Ese es el poder de los señores del aire. El señor feudal antes te marcaba con un hierro caliente. Es mucho más grave que te marquen la mente. El consumo de la información y el uso de las tecnologías son algo productivo si es masivo, si produce riqueza y genera valor económico. Por lo tanto, la producción de riqueza en la economía del conocimiento y de la información está evolucionando de manera distinta a lo que era la generación de valor en las economías industriales, donde lo trabajadores eran los que generaban valor. Ahora lo hacen los usuarios, los consumidores. La consecuencia es que uno se tiene que buscar la vida en la red como sea, de autónomo y de modo precario. Los empleos asalariados en la red son los diseñadores de software, los que controlan la seguridad en las redes, los administradores, pero la gente de base tendrá un dinerito puntual por haber hecho tal trabajo, como creativo o modificando una fotografía. Esto me preocupa mucho porque vamos a sociedades sin empleos. Yendo a la educación, quienes marcaban las mentes en el medioevo europeo eran los sacerdotes, la familia y los vecinos, hasta que la revolución francesa, tremenda, con miles de muertos, instituyó la escolarización obligatoria y un Estado laico. Eliminó el poder religioso del ámbito educativo, arrancó a los hijos de las familias y los vecinos determinadas horas del día y los llevó a la educación pública. Hoy en día los procesos de aprendizaje se hacen a través de la red, la televisión y los videojuegos. Los padres y los maestros ni se enteran. En lo que a los niños les interesa de verdad, saben bastante más ellos que los profesores. Por eso no los respetan. La inversión del conocimiento en el ámbito educativo tiene consecuencias tremendas. En la escuela se mantiene una educación que a los chicos y a las chicas les interesa muy poquito. Encima en España se les prohíben los móviles en las aulas. Es como prohibir el fútbol o el hablar. Instituir la prohibición de cosas que los chicos y las chicas quieren hacer en el tercer entorno no es la vía. Se aprende más en el tercer entorno que en el primero o en el segundo. La inmensa mayoría de los niños empieza a saber lo que son los animales y las plantas a través de la televisión o de internet. Son nativos digitales, su mundo es ese.

 

–¿Cree que la tecnociencia puede superar su funcionalismo al sistema capitalista?

 

–La tecnociencia es una revolución. Pero las revoluciones pueden ir hacia la izquierda o hacia la derecha. La revolución tecnocientífica crea una nueva modalidad de capitalismo, el tecnocapitalismo, muy diferente al capitalismo industrial. Las crisis del capitalismo actual son grandes crisis tecnológicas, casi apocalípticas. Como lo que ocurrió en Japón con la central nuclear de Fukushima y el tsunami. La crisis del corralito fue estrictamente de fuga de capitales por las redes telemáticas. Una tecnosociedad es aquella en donde las personas, para relacionarse, deben hacerlo mediante algún sistema tecnológico. Hay personas que son más tecnopersonas que otras. La revolución tecnocientífica comenzó en física, en matemáticas, en biología con el ADN y la secuenciación del genoma, y ha llegado a las ciencias sociales, a las personas y ha transformado al capitalismo. Las nanotecnologías son decisivas, más que las tecnologías de la información. Con los nanoscopios, los científicos han podido ver la materia orgánica e inorgánica a escala diez elevado a la menos nueve. Este estrato de la naturaleza nunca se había visto. Estamos acostumbrados a ver el medio ambiente con nuestra percepción que es de diez elevado a la menos tres milímetros. A una micra no llegamos. A la escala diez elevado a la menos nueve pasan cosas importantísimas, como la interrelación entre las neuronas o el origen de los virus, que se descubrieron a partir del año 2000. Es la tecnonaturaleza. Todos los países están volcados a las nanotecnologías. A uno lo ametrallarán con nanopartículas y ni se enterará.

 

–Todo esto ligado al imperativo de la innovación.

 

–En su origen, la ciencia estaba para comprender y explicar el mundo. El mayor ejemplo es Galileo. Comprobamos que la tierra no se mueve y todos lo tenemos clarísimo. Cuando llega la tecnociencia, importan más la transformación y la innovación que la cuestión de la explicación. Hoy vale más el conocimiento científico que genera tecnologías, y si produce innovación uno pasa a tener la financiación. La tecnociencia genera innovación, como el grafeno o Twitter. Steve Jobs es el innovador por antonomasia. Todos los señores del aire son grandes innovadores. Cuando se está hablando de innovación no se está hablando de algo bueno. Schumpeter fue el primer gran teórico de la innovación, y dijo que la innovación es destrucción creativa. Si innovas, destruyes. En el siglo XIX la innovación era rechazada totalmente. Ser innovador social era ser un revolucionario. Proudhon, Owen y Marx eran innovadores sociales. Esto ha cambiado completamente en los años 80 cuando surge la tecnociencia en Estados Unidos, en Silicon Valley, con la innovación como el objetivo principal. Si eres innovador, pasas a ser más competitivo como empresa y a obtener mayores beneficios. Schumpeter lo dijo: la innovación es la esencia del capitalismo.

 

–¿Qué políticas se deberían seguir para democratizar la producción científica, para mejorar los vínculos con los ciudadanos?

 

–Un país es tecnocientífico cuando más del 50 por ciento de la inversión en investigación viene del sector privado. Por lo tanto el pensar que son los Estados los líderes en la tecnociencia, ni hablar. La tecnociencia la promueven básicamente Monsanto, por ejemplo. Cualquier gran empresa farmacológica es tecnocientífica y altamente innovadora. Los Estados son sus clientes. Cuando viene el zika se forran de dinero. Todos estarán investigando salvajemente para ver quién consigue la vacuna. Independientemente de eso, es cierto que el sector público todavía produce conocimiento y algunas innovaciones, aunque pocas. La idea clave es que los científicos, los investigadores en concreto, nos hemos convertido en trabajadores del conocimiento. En la economía del conocimiento habrá empresarios y trabajadores. Un investigador es un trabajador del conocimiento. El científico no se ha convertido en una mercancía pero su paper o artículo académico sí. En mi gremio los papers no se leen, sino que se miran el índice de impacto y el número de citas que has tenido. Nadie lee filosofía. Uno se puede pasar dos o tres años leyendo a Hegel. En una sociedad de consumo rápido y fácil, de titulares, pildoritas y tags, uno no se va a poner a leer a Kant. La filosofía mengua entonces su relevancia, justamente porque no se ha hecho tecnofilosofía. En cambio, a los tecnocientíficos les va maravillosamente bien. Lo que valen son las mediciones y las encuestas.

 

–¿Cuál es la relación entre ciencia y política, o ciencia e ideología?

 

–Sectores amplísimos de la sociedad miran con desconfianza, y hasta con rechazo, a múltiples líneas de investigación y a múltiples innovaciones. Los que hacen política científica intentan promover vías de comunicación entre la ciencia y la sociedad, con las revistas de divulgación científica para elevar el nivel de conocimiento científico en la sociedad, intentando además que los ciudadanos participen en la toma de decisiones en la actividad científica. Ojalá sucediera en el campo de la tecnociencia, y los ciudadanos participaran en el diseño de Google. Pero no sucede. Google se diseña en los laboratorios de una empresa privada y ahí no hay quien entre. Es confidencial. Apoyo la decisión de la Unión Europea de dar acceso abierto a todo el conocimiento científico que se genere allí. No es cierto que sea todo el conocimiento pero es un avance muy importante. Si uno tiene una financiación de la Comisión Europea, está obligado a hacer público su conocimiento. Hay muchos investigadores a los que mucho no les gusta esto, porque piensan que todo el mundo les va a copiar. El conocimiento de financiamiento privado es inaccesible por completo. Ahí está el cogollo de la cuestión. Las políticas públicas deberían regular el proceso de producción de conocimiento en las propias empresas privadas, sean de software, farmacológicas o telemáticas.

 

–¿Hacia dónde avanza el tercer entorno?

 

–La utopía de Telépolis la concebía simplemente como un ayuntamiento de redes, no como un Estado. Hace 20 años ya había muchas redes, con su propia administración, su propia autonomía. Son tecnologías que generan poder. Y donde hay poder hay conflicto. El poder tecnocientífico es una nueva modalidad de poder, y no podemos pensar en arcadias ideales. Pero sí podemos palear los conflictos. Sobre todo, evitar que haya súbditos y un sistema de dominación de unos sobre otros. Es una lucha contra la esclavitud. Por eso citaba a Jefferson y a Lincoln. Con que no seamos esclavos de los señores del aire me daría por contento.

 

 

Sábado, 23 Abril 2016 07:45

Los leones veganos no existen

Los leones veganos no existen
La aprobación del proceso de impeachment contra Dilma Rousseff el domingo pasado es un punto de inflexión en la historia sudamericana. Los puntos de inflexión o saturación política son momentos que redefinen el escenario y las relaciones de fuerza y que condensan en poco tiempo procesos de largo aliento.

 

 

Su fuerza disruptiva radica precisamente en desencadenar la energía acumulada de contradicciones largamente contenidas. Para este caso, el impeachment era casi inevitable, la cuestión era cómo se llegaba a él. Más que la batalla en sí, lo importante es cómo arriban los ejércitos a ésta; cuando amanece el día de las definiciones ya está casi todo dicho.

 

El resultado se fue gestando durante años. Crecía junto con la popularidad de un Lula que, a pesar de venir de abajo, era el mejor aliado de los poderes empresariales. Crecía también junto con la aprobación generalizada de este líder de la “izquierda vegetariana” (Vargas Llosa dixit; la carnívora era la venezolana) con el que todos querían salir en la foto y que nos decía que ser de izquierda y revolucionario era cosa de jóvenes, que en la madurez de la vida todos somos de centro, razonables. Lo que pasó el domingo se hizo cada vez más posible a medida que el PT fue cambiando el gorro rojo del Mst para terminar su ciclo con Katia Abreu (representante del agronegocio) como ministra de Agricultura. Los sucesivos ministros de Economía salidos del riñón de la banca hicieron al domingo cada vez más inminente y patético. Mientras ocurrían las manifestaciones de junio de 2013, que comenzaron siendo de izquierda, con reclamos de derechos sociales y económicos, el PT apostó al achique y fue rebasado por un movimiento de masas cada vez más derechizado, y terminó saliendo de la crisis transando una agenda con la derecha (contener el déficit fiscal, la inflación y la corrupción), el impeachment no paró de crecer. Con el fin del ciclo de crecimiento económico y el gobierno planteando como respuestas la ortodoxia económica y el ajuste, el domingo y su resultado ya eran cosas a las que sólo había que ponerles fecha.

 

Desde el inicio (véase la “Carta ao povo brasileiro”1) no había más estrategia en el PT que la gestión y proyección mundial y regional del capital brasileño. Es cierto que su posición en términos institucionales siempre fue frágil, y la amenaza del impeachment latente. A eso el PT respondió cediendo posiciones para evitar en lo inmediato el cerco de la derecha en el parlamento, pero al precio de hundirse cada vez más en términos estratégicos. Se fue gestando una encerrona para salir de la cual lo único que atinó a hacer el PT fue profundizar la estrategia equivocada: seguir cediendo y asumir la mera gestión del capital. La que parecía ser la sola estrategia posible para sostener al gobierno y evitar el impeachment, únicamente incrementaba la impotencia para enfrentarlo.

 

Así se llegó al punto actual, donde se alinearon las precondiciones para la ofensiva reaccionaria destituyente: a) la caída del apoyo social al gobierno, y b) la pérdida de la calle, ahora en manos de la derecha; la otra precondición era la salida del Pmdb de la base aliada, consecuencia inmediata de a y b.

 

Que el domingo pasado no haya sido recibido en medio de una huelga general, una ocupación generalizada de los lugares de estudio y/o cortes de rutas, y que su consumación no haya habilitado acciones de este tipo, es sintomático de la impotencia para enfrentar el golpe y la precaria acumulación de poder de clase. La sola denuncia y los llamados a la conciencia democrática no son suficientes para enfrentar a la derecha envalentonada y decidida a recuperar el terreno perdido.

 

Situarse por encima de los antagonismos de clase puede llevarlo a uno a la ilusión de que está habitando el privilegiado y electoralmente rentable centro político, cuando en realidad está en el aire. Si el gobierno no es de unos ni de otros, ¿quién va a poner el pellejo para sostenerlo cuando el crecimiento ya no permita seguir conciliando? A la vista están los resultados de la renuncia a disputar poder de clase y apostar a la mera gestión del capital como estrategia. La burguesía siempre fue ingrata y traicionera con sus gestores.

 

Decía un viejo miliciano chino: “Salvo el poder, todo lo demás es ilusión”. Que en medio del trago amargo al menos nos quede el aprendizaje: con cazamariposas no se atrapan dragones.

 

* Economista uruguayo.

 

Carta pública de Lula antes de la contienda electoral que lo llevó por primera vez al gobierno.

 

 

Publicado enInternacional
Retrato  F.T. Marinetti

“Nosotros cantaremos a las grandes masas agitadas por el trabajo, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas, cantaremos al vibrante fervor nocturno de las minas y de las canteras, incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas, devoradoras de serpientes que humean; a las fábricas suspendidas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; a los puentes semejantes a gimnastas gigantes que husmean el horizonte, y a las locomotoras de pecho amplio, que patalean sobre los rieles, como enormes caballos de acero embridados con tubos, y al vuelo resbaloso de los aeroplanos...” Esto y más escribió Filippo Tommaso Marinetti (1867-1944) en su Manifiesto futurista de 1909, y acaso esta proclama, capte y refleje como nada ese impulso nunca visto en la historia humana con que el capital se lanzó de lleno a la industrialización imparable, ya recién descubierto el petróleo, su fórmula secreta.

 

El maravilloso mundo que se avecinaba para la humanidad a inicios del siglo XX, mediante la innovadora combinación de capital, petróleo y tecnología, se vio, sin embargo, casi de inmediato interrumpido por su sentido inverso. Y esos tres supuestos pináculos del progreso, el confort y la vida convertida en sueño, se utilizaron en cambio para la destrucción masiva, la magnificación de la fuerza y el genocidio nunca visto en la historia del planeta Tierra. La relativa era pacífica que surgió con la posguerra volvió a animar por medio siglo las expectativas de un futuro lleno de plenitudes fincadas en el mercado, las innovaciones científico tecnológicas y el uso de los combustibles fósiles (petróleo, gas y uranio), especialmente tras la caída de la Unión Soviética, la otra cara de la civilización industrial, convertida en el bastión mundial de una quimera colectivista que se volvió un infierno. El capitalismo entraba de lleno como la única opción de una civilización tecnocrática y materialista basada en el individualismo, la competencia, la corporación, el confort, el consumismo y una necia necesidad de dominar y explotar la naturaleza. El mejor de los mundos posibles. Marinetti renacía de sus cenizas.

 

Hoy, Los papeles de Panamá culminan, son el último eslabón de una cadena de sucesos que tras casi una década colocan las ilusiones del capital en pleno descrédito. Toda civilización se mueve en el tiempo, a través de la historia, en la medida en que es capaz de mover la imaginación de los individuos en torno a expectativas de vida. La falsa conciencia opera entonces como el mecanismo que mueve las energías individuales, las cuales, articuladas, genneran los procesos societarios que hacen que las sociedades se muevan. El capitalismo ha sido el motor de la civilización moderna o inndustrial y sus fuegos artificiales, luces y luminarias los impresionantes avances tecnoeconómicos y el bienestar y connfort que ofrecen. Pero cada vez queda más al descubierto una realidad distinta. La fórmula por la que apuesta el capitalismo no sólo se queda corta, sino que da señales de fatiga, decadencia y aun de ineficacia y perversidad. Los enormes aparatos creadores de ideología que bombardean día y noche las mentes humanas por todos los rincones del planeta se están volviendo disfuncionales. La civilización moderna aparece cada día como una gigantesca maquinaria dedicada a la doble explotación que realiza una minoría de minorías sobre el trabajo humano y el trabajo de la naturaleza. Una explotación que se adereza, oculta, desvanece, maquilla e incluso justifica por todos los medios posibles. El capitalismo no sólo no cumple con las expectativas de bienestar, equidad, justicia, seguridad y democracia que siempre pregonó, sino que a los ojos de los ciudadanos del mundo aparece como un mecanismo indetenible que parasita y depreda. En este nuevo panorama el Estado va quedando al descubierto como la instancia dedicada a defender, legitimar, justificar o imponer los intereses del capital corporativo, en el brazo al servicio de la concentración y acumulación de riquezas. Las figuras de los grandes plutócratas, que idealizan y alaban revistas, programas de televisión, películas y medios digitales e impresos, desde Walt Disney o Henry Ford hasta Steve Jobs, Bill Gates o Carlos Slim, se van desplomando y sustituyendo por los cientos de empresarios corruptos en pleno contubernio con criminales y mafias políticas. El mercado, concebido como la vara mágica de la innovación, el desarrollo y el progreso, se va delineando por la fuerza de los hechos en un escenario brutal de competidores sin escrúpulos o corruptos y en un inexorable perfeccionamiento de los monopolios. El mundo se ha ido convirtiendo en un gran casino y el devenir del mismo en una guerra despiadada entre el capital y el Estado de un lado y la humanidad y la naturaleza del otro.

 

El mundo ficción que ha construido el capital se resquebraja. Antes de Los papeles de Panamá aparecieron la gran crisis financiera de 2008 y el rescate de los bancos quebrados con los impuestos de los ciudadanos, el espionaje masivo, el lavado de dinero, las trampas de VKW y los actos corruptos de reyes, presidentes, primeros ministros, cardenales y obispos, magnates y ejércitos, la comprobación científica de la inequidad social y económica, la megaconcentración de las riquezas, la injusticia agraria mundial, la depredación despiadada de la naturaleza, el peligroso desequilibrio del ecosistema global y los cambios del clima, el gasto bélico y la amenaza nuclear. La tecnología, el petróleo y el mercado conducidos por la racionalidad del capital han creado un mundo más, no menos, peligroso e injusto. Quedan de testimonios irrefutables los datos duros derivados de estudios. Los 62 seres más ricos del mundo (de los cuales sólo nueve son mujeres) poseen una riqueza igual a la de 3 mil 600 millones de otros miembros de la especie (Oxfam Internacional), situación que se agravó entre 2010 y 2015. Por otra parte, tres investigadores suizos develaron, tras el análisis de la base de datos ORBIS 2007, que lista 37 millones de empresas, que un grupo de solamente mil 318 corporativos y bancos domina la mayor parte de la economía mundial (New Scientist, 19/10/2011). Ello mientras, tras dos décadas de reuniones mundiales, no se logra detener el calentamiento del planeta que la triada mercado/tecnología/petróleo, la civilización moderna, ha generado.

 

 

Publicado enSociedad
El mejor control político de la sociedad: la bancarización

La mejor vía por la cual se establece un control político a gran escala consiste en el proceso de bancarización de la economía y bancarización de la sociedad. Es por esta razón que existe un interés sincero por hacer que la clase media crezca.

 

Existen diferencias notables cuando se estudia el tránsito del capitalismo comercial (siglos XVI–1XVII) al capitalismo industrial (siglo XIX), y de éste al capitalismo posindustrial (siglo XX). Se trata de la forma como, para decirlo en lenguaje clásico, el capital controla y domina al trabajo. Un estudio histórico arrojaría nuevas luces al respecto.


Sin embargo, la verdad es que en el siglo XXI, a gran escala, el capitalismo —conservando la misma esencia de siempre—, ha hecho el tránsito a una etapa posterior, a saber: el capitalismo informacional. Como sostiene M. Castells, el capitalismo hizo el tránsito de la fase posindustrial a la informacional porque era la única opción que tenía si quería seguir existiendo. (La sociología, otra ciencia políticamente incorrecta, hablando de Castells, por ejemplo).


Ayer, a los enemigos del capitalismo se los eliminaba físicamente, literalmente. Hoy nada de eso es necesario. La mejor vía por la cual se establece un control político a gran escala consiste en el proceso de bancarización de la economía y bancarización de la sociedad. Es por esta razón que existe un interés sincero por hacer que la clase media crezca, como consecuencia de lo cual la pobreza tiende a disminuir. Por lo menos en términos de los macroindicadores económicos. Como se aprecia, todo sucede exactamente al revés.


Es decir, no existe ningún interés ético ni social por suprimir la pobreza, sino, en realidad, por aumentar la clase media. La razón es que su crecimiento se traduce inmediatamente en el crecimiento del consumo. Y la forma más expedita para permitir y a la vez garantizar el consumo consiste en bancarizar al máximo el número posible de la población.


Esta bancarización consiste en dos estrategias paralelas, así: de un lado en facilitar ampliamente créditos de consumo; y de otra parte, al mismo tiempo, pero de manera independiente, otorgarle al máximo número de personas tarjetas de crédito, con cupos pequeños o medianos en su gran mayoría. Cupos que, según los manejos, tienden por lo general a aumentar, incluso en muchas ocasiones automáticamente; esto es, sin que el tarjeta–habiente solicite el cupo de endeudamiento de la tarjeta de crédito. Ambas estrategias garantizan que una amplia franja de la población se endeudará a futuro —¡de eso se trata todo!—, y así, el trabajo se convierte en la más importante preocupación de esa creciente clase media.


Los sistemas de crédito —paga mañana lo que consumes hoy— son ubicuos, tanto como lo es el mercado mismo. Crédito para la ropa, para el estudio, para la vivienda, o hasta las vacaciones. La vida entera de las personas está enteramente dominada por los analistas de riesgo de los bancos y las entidades financieras, y esa información se usa no únicamente con fines financieros o económicos, sino: sorpresa, además y principalmente, con fines políticos. En una palabra: a la gente (= la oposición o las bases sociales de la oposición) no hay que eliminarlas físicamente; basta con endeudarlas.


Paga mañana lo que consumes hoy tiene una clara expresión en la economía, de acuerdo con J. M. Keynes, la deuda de hoy son los impuestos del mañana (today’s debt is tomorrows’ taxes). Con las consecuencias conocidas: inflación, deuda interna y externa, devaluación, etcétera.


Que en la crisis económica y financiera alrededor del mundo los bancos sean las entidades que los gobiernos se preocupan por salvar (Grecia, Islandia, Portugal, España, Irlanda...), no es un acto gratuito. Es la forma misma mediante la cual el Estado y el mercado controlan a la población civil, en toda la extensión de la palabra.


Los mecanismos policivos y de seguridad pueden dedicarse a enemigos internos y externos (mafias, terrorismo, etcétera), y en numerosas ocasiones también a “pinchar” a la propia sociedad civil. En cualquier caso, el sistema bancario, en general, se dedica al control de la ciudadanía, y en eso exactamente consisten la sociedad del riesgo, los analistas de riesgo, las centrales de riesgo, y demás. Hasta el punto de que, incluso, hay embajadas que otorgan o niegan el visado con base en el cruce de información con las bases del sistema bancario. Y esto sin teoría de la conspiración ni nada semejante.


Quienes tienen deudas a futuro piensan menos en procesos como sindicalización, militancia política y otras formas de acción colectiva. Su vida se define principalmente en torno al trabajo, al mantenimiento del empleo y al pago seguro de las deudas presentes y futuras. Se trata de gente que, literalmente, hipoteca su propia vida a muchos años hacia delante. Esta gente cumple, en el mejor de los casos, con votar, pero es víctima fácil del cuarto poder, a saber: de los grandes medios de comunicación masiva.

Al fin y al cabo eso es la clase media: una clase de promedios, estándares, medias y medianas, en fin, como lo señalaba ya en los años 1940 el filósofo argentino J. Ingenieros, “El hombre mediocre”. (Un libro bien escrito e inteligente).


De esta suerte, la acción colectiva, la protesta social y la oposición quedan cooptadas a través de la bancarización y las deudas con el sector financiero. Con seguridad, el mejor ejemplo lo constituye, grosso modo, el contraste entre Estados Unidos y Europa. En términos generales, Estados Unidos es un país con una deuda pública y privada, colectiva e individualmente mucho mayor que en Europa. Y por ello mismo las acciones sociales de protesta tienen lugar con mayor frecuencia y vehemencia en Europa que en Estados Unidos. Sería interesante adelantar el estudio del fenómeno en América Latina y llevar a cabo un proceso comparativo. Ese es el objeto de otro texto aparte, por espacio y densidad.


La literatura lo tiene bien claro, desde Goethe hasta Thomas Mann, por ejemplo. La banca es el diablo mismo al cual la gente le vende su alma, literalmente. Al final del día el diablo se le aparece a la gente y le obliga a recordar sus promesas. Y si no han cumplido las promesas (deudas crediticias), el diablo se les lleva el alma. No es literatura ni poesía. Es economía y política, algo que el propio Goethe o Mann no lograron vislumbrar en su momento. La muerte del diablo se denomina en el mundo del derecho y la economía la muerte civil. Que no es menos grave ni dramática que la muerte penal o física, por ejemplo.


Digámoslo en términos éticos, filosóficos y políticos: la verdadera libertad, autonomía e independencia de los individuos y la sociedad consiste exactamente en la no–bancarización, o por lo menos, la menor deuda con los bancos y entidades financieras. Un nuevo contexto y nuevos marcos para las ciencias sociales, en verdad.

Publicado enEconomía
“La izquierda tiene que repensar su aparato teórico y táctico”

David Harvey, uno de los pensadores marxistas más prominentes de nuestro tiempo, se sentó con el activista colectivo AK Malabocas a discutir las transformaciones en el modo de acumulación capitalista, la centralidad del terreno urbano en las luchas de clase contemporáneas, y las implicancias de todo esto para la organización anti-capitalista.

 

AK Malabocas: En los últimos 40 años, el modo de acumulación capitalista ha cambiado globalmente. ¿Qué significan estos cambios para la lucha contra el capitalismo?


DH: Desde una perspectiva macro, cualquier modo de producción tiende a generar un tipo distintivo de oposición, la cual es un espejo curioso de sí mismo. Si miras atrás, en los ’60 o ’70, cuando el capital estaba organizado en grandes formas corporativas, jerárquicas, tenías estructuras de oposición que eran corporativas, tipos sindicalistas de aparatos políticos. En otras palabras, un sistema fordista generaba una oposición de tipo fordista.


Con el quiebre de esta forma de organización industrial, particularmente en los países capitalistas avanzados, se terminaba con una configuración del capital mucho más descentralizada: más fluida sobre el espacio y el tiempo que lo pensado previamente. Al mismo tiempo veíamos el surgimiento de una oposición que está ligada a las redes, a la descentralización y a la que no le gusta la jerarquía y las formas previas de oposición de tipo fordista.
Así, que de una manera curiosa, las y los militantes de izquierda se reorganizan a sí mismos en el mismo modo en el que la acumulación del capital se reorganiza. Si entendemos que la izquierda es una imagen en espejo de lo que estamos criticando, entonces tal vez lo que debamos hacer es romper el espejo y salir de esta relación simbiótica con aquello que estamos criticando.

MK: ¿En la era fordista, la fábrica era el principal sitio de resistencia. Dónde podemos encontrarla ahora que el capital se ha movido lejos del piso fabril hacia el terreno urbano?


DH: Antes que nada, la forma fabril no ha desaparecido. Todavía encuentras fábricas en Bangladesh o en China. Lo que es interesante es cómo el modo de producción en las ciudades centrales cambió. Por ejemplo, el sector logístico se ha expandido: UPS, DHL y todos sus trabajadores y trabajadoras están produciendo valores enormes hoy en día.


En las últimas décadas, un gran cambio tuvo lugar en el sector servicios también: los más grandes empleadores de mano de obra en la década de 1970 en los Estados Unidos eran General Motors, Ford y US Steel. Los más grandes empleadores de mano de obra hoy son Mc Donalds, Kentucky Fried Chicken y Walmart. Antes, la fábrica era el centro de la clase obrera, pero hoy encontramos a la clase obrera más que nada en el sector servicios. ¿Por qué diríamos que producir autos es más importante que producir hamburguesas?


Desafortunadamente la izquierda no se siente cómoda con la idea de organizar a los trabajadores y trabajadoras de la comida rápida. Su imagen de la tradicional clase obrera no encaja con la producción de valor de los trabajadores y trabajadoras de servicios, los de distribución, de restaurants, de los supermercados.


El proletariado no desapareció, pero hay un nuevo proletariado que tiene características diferentes del que tradicionalmente la izquierda solía identificar como la vanguardia de la clase trabajadora. En este sentido, las y los trabajadores de Mc Donalds se convirtieron en las y los trabajadores metalúrgicos del siglo XX.


MK: ¿Si esto es lo que es el nuevo proletariado, cuáles son los lugares desde organizar la resistencia hoy?


DH: Es muy difícil de organizar en los lugares de trabajo. Por ejemplo, las y los trabajadorss de la distribución se mueven de un lado a otro. Así que esta población tal vez podría organizarse mejor fuera del lugar de trabajo, quiero decir, en sus estructuras barriales.


Hay una frase interesante en el trabajo de Gramsci de 1919 que dice que organizarse en el lugar de trabajo y tener concejos fabriles está muy bien, pero que deberíamos tener también concejos en los barrios también. Y los concejos de los barrios, dijo, tienen un mejor entendimiento de lo que son las condiciones de toda la clase trabajadora, comparado con el entendimiento sectorial de la organización en el lugar de trabajo.


Las organizadoras y organizadores fabriles solían saber muy bien lo que un trabajador metalúrgico era, pero no entendían lo que el proletariado era como un todo. La organización barrial habría incluido, por ejemplo, a los trabajadores y trabajadoras de la limpieza urbana, de la distribución y las trabajadoras doméstica. Gramsci nunca tomó esto y dijo: “Vamos! el Partido Comunista debería organizar asambleas barriales”


No obstante, hay algunas excepciones en el contexto europeo donde los partidos comunistas organizaron, de hecho, concejos barriales, porque no podían organizarlos en las fábricas, por ejemplo en España. En la década de 1960 esta era una forma de organización muy poderosa. Por ello, como he discutido por un largo tiempo, deberíamos ver la organización barrial como una forma de organización de la clase. Gramsci sólo lo mencionó una vez en sus escritos y nunca lo desarrolló más en profundidad.


En Gran Bretaña en los ’80, hacía formas de organización laboral en plataformas a lo largo de la ciudad, sobre la base de concejos de oficios, que estaban haciendo lo que Gramsci sugirió. Pero dentro del movimiento sindical, estos concejos siempre fueron mirados como formas inferiores de organización laboral. Nunca se los trató como un componente fundacional de cómo el movimiento sindical debería operar.


De hecho, ocurrió que los concejos de oficios fueron a menudo mucho más radicales que los gremios tradicionales y eso era porque estaban basados en las condiciones de toda la clase trabajadora, no sólo de los sectores más privilegiados de la clase. Así, al punto de que estos tenían una definición mucho más amplia de la clase, los concejos tendieron a darse políticas mucho más radicales. Pero esto nunca fue valorado por el movimiento sindical en general, siempre fue mirado como un espacio en el que lxs radicales podían actuar.


Las ventajas de esta forma de organización son obvias: supera la brecha entre organizarse de manera sectorial, incluye todas las formas de trabajo “desterritorializado” y es muy adaptable a nuevas formas de organizaciones comunitarias y de base asamblearia, como Murray Boockchin planteó, por ejemplo.


MK: En las recientes oleadas de protesta -en España y Grecia, por ejemplo, o el movimiento Occupy- puedes encontrar esta idea de “localizar la resistencia”. Pareciera que estos movimientos tienden a organizarse alrededor de cuestiones de la vida cotidiana, más que en torno a grandes cuestiones ideológicas en las que la izquierda tradicional solía enfocarse.


DH: Por qué dirías que organizarse alrededor de la vida cotidiana no es una de las grandes cuestiones. Yo creo que es una de las grandes cuestiones. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y la vida cotidiana urbana es a lo que la gente está expuesta y en lo que encuentra dificultades. Estas dificultades residen tanto en la esfera de realización del valor como en la esfera de la producción del valor.


Este es uno de mis más importantes argumentos teóricos: todo el mundo lee el Volumen I del Capital y nadie lee el Volumen II. El Vol I es acerca de la producción del valor, el II es sobre la realización del valor. Al enfocarse en el Vol II, puedes ver claramente que las condiciones de realización son tan importantes como las de producción.


Marx a menudo hablaba de la necesidad de ver al capital como la unidad contradictoria entre la producción y la realización. Donde el valor es producido y donde es realizado son dos cosas diferentes. Por ejemplo, mucho valor es producido en China y, de hecho, es realizado por Apple o por Walmart en los Estados Unidos. Y, por supuesto, la realización del valor trata de la realización del valor por medio de costoso consumo de la clase obrera.


El capital puede conceder salarios más altos en el punto de la producción, pero luego los recupera en el punto de la realización por el hecho de que los trabajadores y trabajadoras tienen que pagar alquileres y gastos de vivienda más elevados, costos de teléfono, tarjetas de crédito y así sucesivamente. Así que las luchas de clase en torno a la realización, alrededor de viviendas más baratas por ejemplo, son tan significativas para la clase trabajadora como las luchas acerca de salarios y condiciones de trabajo. Cuál es el punto de tener un salario más alto si te es inmediatamente extraído en términos de gastos más elevados para tener un techo?


En su relación con la clase trabajadora, los capitalistas han aprendido hace mucho que pueden hacer un montón de dinero recuperando lo que antes habían entregado. Y, al punto que -particularmente en los 60 y 70- lxs trabajadorxs se empoderaron de manera creciente en la esfera del consumo, así que el capital comienza a concentrar mucho más en extraer valor a través del consumo.


Así que las luchas en la esfera de la realización, que no eran tan fuertes en los tiempos de Marx, y el hecho de que nadie lea el maldito libro (Vol II), es un problema para la izquierda convencional. Cuando vos me decís: “¿cuál es el problema macro aquí?”- bueno, ¡esto es un problema macro! La concepción del capital y la relación entre producción y realización. Si no ves la unidad contradictoria entre ambos entonces no vas a tener la imagen completa. Tiene lucha de clases escrita todo alrededor y no puedo entender por qué un montón de marxistas no logran ver cuán importante es esto.


El problema es cómo entendemos a Marx en el 2015. En los tiempos de Marx, la extensión de la urbanización era relativamente conveniente y el consumo de la clase trabajadora era casi inexistente, así que de lo único que Marx tenía que hablar era acerca de la clase trabajadora arreglándoselas para sobrevivir con un salario magro y cómo eran bastante sofisticados para hacerlo. El capital los dejaba hacer con sus propios dispositivos lo que les gustaba.


Pero hoy en día, vivimos en un mundo en el que el consumo es responsable de casi el 30% de la dinámica de la economía global; en EE UU llega al 70%. Así que ¿por qué estamos aquí sentados y diciendo que el consumo es casi irrelevante, pegándonos al Volúmen I y hablando acerca de la producción en lugar del consumo?


Lo que hace la urbanización es forzarnos a cierto tipo de consumo, por ejemplo: tienes que tener un auto. Y tu estilo de vida está dictado en muchos sentidos por la forma que toma la urbanización. Y de nuevo, en los tiempos de Marx esto no era significativo, pero en nuestros días es crucial. Tenemos que amigarnos con formas de organización que de hecho reconozcan este cambio en la dinámica de la lucha de clases.


Los grupos que marcaron los recientes movimientos con su estilo, viniendo de tradiciones anarquistas y autonomistas, están mucho más metidos en la política de la vida cotidiana, mucho más que las y los marxistas tradicionales.


Les tengo mucha simpatía a las y los anarquistas, tienen una mucha mejor línea en este tema, precisamente al lidiar con la política del consumo y su crítica acerca de lo que el consumo es. Parte de su objetivo es cambiar y reorganizar la vida cotidiana alrededor de nuevos y diferentes principios. Así que creo que esto es un punto crucial hacia el cual mucha de la acción política debería ser dirigida en estos días. Pero desacuerdo con vos cuando decís que esta no es una “gran cuestión”.


MK: Así que, mirando ejemplos de Europa del Sur -redes de solidaridad en Grecia, auto-organización en España o Turquía- parece ser muy crucial para construir movimientos sociales alrededor de la vida cotidiana y las necesidades básicas en estos días. ¿Ves esto como un acercamiento promisorio?


DH: Creo que es muy promisorio, pero hay una clara limitación ahí, lo que es un problema para mí. La propia limitación es la reticencia para tomar el poder en algún punto. Bookchin, en su último libro, dice que el problema con las y los anarquistas es su negación del significado del poder y su inhabilidad para tomarlo. Bookchin no va tan lejos, pero yo creo que es su rechazo a ver al Estado como un posible aliado hacia la transformación radical.


Hay una tendencia a considerar al Estado como enemigo, el enemigo al 100 %. Y hay muchos ejemplos de estados represivos fuera del control público en el que este es el caso. No hay duda: el estado capitalista debe ser combatido, pero sin dominar el poder del estado y sin tomarlo, pronto vuelves a la historia de lo que pasó por ejemplo en 1936 y 1937 en Barcelona y luego en toda España. Al rechazar tomar el Estado en un momento en el que tenían el poder para hacerlo, los revolucionarios y revolucionarias de España permitieron que el estado volviera a caer en las manos de la burguesía y del ala estalinista del movimiento comunista. Y el estado se reorganizó y aplastó la resistencia.

MK: Eso puede ser cierto para el estado español en la década de 1930, pero si miramos al estado neoliberal contemporáneo y el retroceso del estado de bienestar, ¿que queda de estado para conquistar, para aprovechar?

DH: Para empezar, la izquierda no es muy buena para responder la pregunta de cómo construimos infraestructura masiva. ¿Como construirá la izquierda el puente de Brooklyn, por ejemplo? Toda sociedad reposa sobre grandes infraestructuras, infraestructuras para toda una ciudad, como el suministro de agua, electricidad, etc. Yo creo que hay una gran reticencia dentro de la izquierda para reconocer que necesitamos diferentes formas de organización.


Hay áreas del aparato de estado, aún del aparato de estado neoliberal, que son terriblemente importantes; el centro de control de enfermedades, por ejemplo. ¿Cómo respondemos a epidemias globales como el Ébola o similares? No puedes hacerlo al modo anarquista del “hazlo tu mismo o tú misma”. Hay muchas instancias en las que necesitas alguna forma de infraestructura de tipo estatal. No podemos confrontar el problema del calentamiento global a través de formas descentralizadas de confrontación y actividades solamente.


Un ejemplo que es frecuentemente mencionado, a pesar de sus muchos inconvenientes, es el Protocolo de Montreal para enfrentar el uso de clorofuorocarbono en heladeras para limitar la afectación de la capa de ozono. Fue reforzada de manera exitosa en los ’90 pero necesitó de un tipo de organización que es muy diferente a aquella que proviene de una política basada en asambleas.


MK: Desde una perspectiva anarquista, yo diría que es posible reemplazar aún instituciones supranacionales como la OMS con organizaciones confederales que serían construidas de abajo hacia arriba y que eventualmente arribarían a una toma de decisiones global.


DH: Quizás a un cierto grado, pero tenemos que ser conscientes de que siempre habrá algún tipo de jerarquías y de que siempre enfrentaremos problemas como la responsabilidad o el recurso correcto. Siempre habrá relaciones complicadas entre, por ejemplo, gente lidiando con el problema del calentamiento global desde el punto de vista del mundo como un todo y desde el punto de vista de un grupo que está en el territorio, digamos, en Hanover o similar, y que se pregunta, por qué debería escuchar lo que ellxs están diciendo?


MK: Entonces, ¿crees que esto requeriría alguna forma de autoridad?


DH: No, va a haber estructuras de autoridad de cualquier modo, siempre las habrá. Nunca he estado en una reunión anarquista en la que no hubiera una estructura de autoridad secreta. Está siempre esa fantasía de todo siendo horizontal, pero me siento, miro y pienso, “oh dios, hay toda una estructura jerárquica acá pero está encubierta”


MK: Volviendo a las protestas recientes alrededor del Mediterráneo, muchos movimientos se han concentrado en luchas locales. ¿Cuál es el siguiente paso hacia la transformación social?


DH: En algún punto tenemos que crear organizaciones que sean capaces de ensamblar y reforzar el cambio social en una escala más amplia. Por ejemplo, será ¿Podemos en España capaz de hacer eso? En una situación caótica como la crisis económicas de los últimos años, es importante que la izquierda actúe. Si la izquierda no lo hace, entonces la derecha será la siguiente opción. Yo pienso -y odio decirlo- que la izquierda tiene que ser más pragmática en relación a las dinámicas que están ocurriendo ahora.


MK: ¿Más pragmática en qué sentido?


DH: Bueno, ¿por qué apoyé a SYRIZA aunque este no fuera un partido revolucionario? Porque abría un espacio en el que algo diferente podía pasar y eso era una movida progresiva para mí.


Es un poco como Marx diciendo: el primer paso hacia la libertad es la limitación de la duración de la jornada de trabajo. Demandas muy estrechas abren un espacio para resultados más revolucionarios, y aún cuando no hay ninguna posibilidad para ningún resultado revolucionario, tenemos que buscar soluciones de compromiso que sin embargo se apartan del sinsentido de la austeridad neoliberal y abren el espacio en el que nuevas formas de organización pueden tener lugar.


Por ejemplo, sería interesante si Podemos buscara organizar formas de confederalismo democrático, porque en cierto modo Podemos surgió de un montón de reuniones de tipo asambleario teniendo lugar a lo largo de España, así que tienen mucha experiencia con ese tipo de estructura.


La cuestión es cómo conectarán la forma asamblearia a formas más permanentes de organización, en relación a su creciente posición como un partido fuerte en el parlamento. Esto también vuelve a la pregunta de la consolidación del poder: tienes que encontrar maneras de hacerlo, porque si no la burguesía y el capitalismo corporativo van a encontrar modos de reafirmarse y tomar nuevamente el poder.

MK: ¿Qué piensas acerca del dilema de las redes de solidaridad llenando el vacío que dejó la retirada del estado de bienestar e indirectamente convirtiéndose en un aliado del neoliberalismo en ese sentido?

DH: Hay dos formas de organizarse. Una es el vasto crecimiento del sector ONG, pero mucho de eso está financiado de manera externa, no son organizaciones de base, y eso no se acerca a la cuestión de los grandes donantes que marcan la agenda, la cual no será una agenda radical. Aquí nos acercamos a la privatización del Estado de bienestar. Esto me parece que es muy diferente políticamente a las organizaciones de base en las que la gente dice “Ok, el estado no se ocupa de nada, así que vamos a tener que hacernos cargo de nosotros y nosotras mismas” Esto me parece que tiende a formas de organizaciones de base con un status político muy diferente.

MK: Pero ¿cómo evitar llenar esa brecha al ayudar, por ejemplo, a gente desempleada para que no sean exprimidos por el estado neoliberal?

DH: Bueno, tiene que haber una agenda anti-capitalista, para que cuando el grupo trabaje con gente todo el mundo sepa que no se trata sólo de ayudarla a arreglárselas sino que hay todo un intento organizado de tratar de cambiar políticamente el sistema en su integralidad. Esto quiere decir tener un proyecto político muy claro, lo cual es problemático con tipos de movimientos no centralizados, no homogéneos, donde alguna gente trabaja de un modo, otra trabajan de manera diferente y no hay ningún proyecto colectivo en común.


Y esto se conecta con la primera pregunta que hiciste: no hay coordinación acerca de lo que son los objetivos políticos. Y el peligro es que sólo estes ayudando a la gente a arreglárselas y que no haya política saliendo de ahí. Por ejemplo, Occupy Sandy ayudó a la gente a volver a sus casa e hizo un maravilloso trabajo, pero en última instancia, hicieron lo que la Cruz Roja y los servicios de emergencia federales deberían haber hecho.

MK: El fin de la historia parece haber pasado de largo. Mirando las condiciones actuales y los ejemplos concretos de lucha anti capitalista, ¿piensas que “ganar” es todavía una opción?

DH: Definitivamente; y más aún, tienes fábricas ocupadas en Grecia, economías solidarias a través de cadenas productivas siendo forjadas, instituciones de democracia radical en España y muchas cosas hermosas ocurriendo en muchos otros lugares. Hay un crecimiento saludable del reconocimiento de que necesitamos ser mucho más amplios y amplias en lo que concierne a la política en todas esas iniciativas.


La izquierda marxista tiende a desdeñar un poco estas cosas y creo que está equivocada. Pero al mismo tiempo no creo que ninguna de estas cuestiones sea lo suficientemente grande en sí misma como para lidiar con las estructuras fundamentales de poder que necesitan ser desafiadas. Aquí hablamos de nada menos que del Estado. Así que la izquierda debe repensar su aparato teórico y táctico.


Fuente: https://roarmag.org/magazine/david-harvey-consolidating-power/
Traducción: de Gabriela Mitidieri para Democracia Socialista, editado por VIENTO SUR

Publicado enInternacional
Es el momento más crítico en la historia de la humanidad

En una extensa conversación, Chomsky repasa las principales tendencias del escenario internacional, la escalada militarista de su país y los riesgos crecientes de guerra nuclear. Se detiene en el proceso electoral estadunidense y esboza una reflexión sobre las esperanzas de paz en Colombia

 


Estados Unidos fue siempre una sociedad colonizadora. Incluso antes de constituirse como Estado estaba eliminando a la población indígena, lo que significó la destrucción de muchas naciones originarias, sintetiza el lingüista y activista estadunidense Noam Chomsky cuando se le pide que describa la situación política mundial. Crítico acérrimo de la política exterior de su país, sostiene que desde 1898 se volcó hacia el escenario internacional con el control de Cuba, a la que convirtió esencialmente en colonia, para invadir luego Filipinas, asesinando a un par de cientos de miles de personas.


Continúa hilvanando una suerte de contrahistoria del imperio: Luego le robó Hawai a su población originaria, 50 años antes de incorporarla como un estado más. Inmediatamente después de la segunda Guerra Mundial Estados Unidos se convierte en potencia internacional, con un poder sin precedente en la historia, un incomparable sistema de seguridad, controlaba el hemisferio occidental y los dos océanos, y naturalmente trazó planes para tratar de organizar el mundo a su antojo.


Acepta que el poder de la superpotencia ha disminuido respecto al que tenía en 1950, la cima de su poder, cuando acumulaba 50 por ciento del producto interno bruto mundial, que ahora ha caído hasta 25 por ciento. Aun así, le parece necesario recordar que Estados Unidos sigue siendo el país más rico y poderoso del mundo, y a nivel militar es incomparable.


Un sistema de partido único


En algún momento Chomsky comparó las votaciones en su país con la elección de una marca de pasta de dientes en un supermercado. El nuestro es un país de un solo partido político, el partido de la empresa y de los negocios, con dos facciones, demócratas y republicanos, proclama. Pero cree que ya no es posible seguir hablando de esas dos viejas colectividades políticas, ya que sus tradiciones sufrieron una mutación completa durante el periodo neoliberal.


Están los republicanos modernos que se hacen llamar demócratas, mientras la antigua organización republicana quedó fuera del espectro, porque ambas partes se desplazaron a la derecha durante el periodo neoliberal, igual que sucedió en Europa. El resultado es que los nuevos demócratas de Hillary Clinton han adoptado el programa de los viejos republicanos, mientras éstos fueron completamente desplazados por los neoconservadores. Si usted mira los espectáculos televisivos donde dicen debatir, sólo se gritan unos a los otros y las pocas políticas que presentan son aterradoras.


Por ejemplo, destaca que todos los candidatos republicanos niegan el calentamiento global o son escépticos, que si bien no lo niegan dicen que los gobiernos no deben hacer algo al respecto. Sin embargo el calentamiento global es el peor problema que la especie humana ha enfrentado jamás, y estamos dirigiéndonos a un completo desastre. En su opinión, el cambio climático tiene efectos sólo comparables con la guerra nuclear. Peor aún, los republicanos quieren aumentar el uso de combustibles fósiles. No estamos ante un problema de cientos de años, sino de una o dos generaciones.


La negación de la realidad, que caracteriza a los neoconservadores, responde a una lógica similar a la que impulsa la construcción de un muro en la frontera con México. "Esas personas que tratamos de alejar son las que huyen de la destrucción causada por las políticas estadunidenses.


En Boston, donde vivo, hace un par de días el gobierno de Obama deportó a un guatemalteco que vivió aquí durante 25 años; tenía una familia, una empresa, era parte de la comunidad. Había escapado de la Guatemala destruida durante la administración Reagan. En respuesta, la idea es construir un muro para prevenirnos. En Europa es lo mismo. Cuando vemos que millones de personas huyen de Libia y de Siria a Europa, tenemos que preguntarnos qué sucedió en los últimos 300 años para llegar a esto.


Invasiones y cambio climático se retroalimentan


Hace apenas 15 años no existía el tipo de conflicto que observamos hoy en Medio Oriente. Es consecuencia de la invasión estadunidense a Irak, que es el peor crimen del siglo. La invasión británica-estadunidense tuvo consecuencias horribles, destruyeron Irak, que ahora está clasificado como el país más infeliz del mundo, porque la invasión se cobró la vida de cientos de miles de personas y generó millones de refugiados, que no fueron acogidos por Estados Unidos y tuvieron que ser recibidos por los países vecinos pobres, a los que se encargó recoger las ruinas de lo que nosotros destruimos. Y lo peor de todo es que instigaron un conflicto entre sunitas y chiítas que no existía antes.


Las palabras de Chomsky recuerdan la destrucción de Yugoslavia durante la década de 1990, instigada por Occidente. Al igual que Sarajevo, destaca que Bagdad era una ciudad integrada, donde los diversos grupos culturales compartían los mismos barrios, se casaban miembros de diferentes grupos étnicos y religiones. La invasión y las atrocidades que siguieron instigaron la creación de una monstruosidad llamada Estado Islámico, que nace con financiación saudita, uno de nuestros principales aliados en el mundo.


Uno de los mayores crímenes fue, en su opinión, la destrucción de gran parte del sistema agrícola sirio, que aseguraba la alimentación, lo que condujo a miles de personas a las ciudades, creando tensiones y conflictos que explotan apenas comienza la represión.


Una de sus hipótesis más interesantes consiste en cruzar los efectos de las intervenciones armadas del Pentágono con las consecuencias del calentamiento global.


En la guerra en Darfur (Sudán), por ejemplo, convergen los intereses de las potencias con la desertificación que expulsa poblaciones enteras de las zonas agrícolas, lo que agrava y agudiza los conflictos. Estas situaciones desembocan en crisis espantosas, como sucede en Siria, donde se registra la mayor sequía de su historia que destruyó gran parte del sistema agrícola, generando desplazamientos, exacerbando tensiones y conflictos, reflexiona.


Aún no hemos pensado detenidamente, destaca, sobre lo que implica esta negación del calentamiento global y los planes a largo plazo de los republicanos que pretenden acelerarlo: Si el nivel del mar sigue subiendo y se eleva mucho más rápido, se va a tragar países como Bangladesh, afectando a cientos de millones de personas. Los glaciares del Himalaya se derriten rápidamente poniendo en riesgo el suministro de agua para el sur de Asia. ¿Qué va a pasar con esos miles de millones de personas? Las consecuencias inminentes son horrendas, este es el momento más importante en la historia de la humanidad.


Chomsky cree que estamos ante un recodo de la historia en el que los seres humanos tenemos que decidir si queremos vivir o morir: "Lo digo literalmente. No vamos a morir todos, pero sí se destruirían las posibilidades de vida digna, y tenemos una organización llamada Partido Republicano que quiere acelerar el calentamiento global No exagero –remata– es exactamente lo que quieren hacer".


A continuación cita el Boletín de Científicos Atómicos y su Reloj del Apocalipsis, para recordar que los especialistas sostienen que en la Conferencia de París sobre el calentamiento global era imposible conseguir un tratado vinculante, solamente acuerdos voluntarios. ¿Por qué? Debido a que los republicanos no lo aceptarían. Han bloqueado la posibilidad de un tratado vinculante que podría haber hecho algo para impedir esta tragedia masiva e inminente, una tragedia como nunca ha existido en la historia de la humanidad. Eso es lo que estamos hablando, no son cosas de importancia menor.


Guerra nuclear, posibilidad cierta


Chomsky no es de las personas que se dejan impresionar por modas académicas o intelectuales; su razonamiento radical y sereno busca evitar furores y, quizá por eso, se muestra reacio a echar las campanas al vuelo sobre la anunciada decadencia del imperio. Tiene 800 bases alrededor del mundo e invierte en su ejército tanto como todo el resto del mundo junto. Nadie tiene algo así, con soldados peleando en todas partes del mundo. China tiene una política principalmente defensiva, no posee un gran programa nuclear, aunque es posible que crezca.


El caso de Rusia es diferente. Es la principal piedra en el zapato de la dominación del Pentágono, porque tiene un sistema militar enorme. El problema es que tanto Rusia como Estados Unidos están ampliando sus sistemas militares, ambos están actuando como si la guerra fuera posible, lo cual es una locura colectiva. Cree que la guerra nuclear es irracional y que sólo podría suceder en caso de accidente o error humano. Sin embargo, coincide con William Perry, ex secretario de Defensa, quien dijo recientemente que la amenaza de una guerra nuclear es hoy mayor de lo que era durante la guerra fría. Chomsky estima que el riesgo se concentra en la proliferación de incidentes que involucran fuerzas armadas de potencias nucleares.


La guerra ha estado muy cerca innumerables veces, admite. Uno de sus ejemplos favoritos es lo sucedido bajo el gobierno de Ronald Reagan, cuando el Pentágono decidió poner a prueba las defensas rusas mediante la simulación de ataques contra la Unión Soviética.


Resultó que los rusos se lo tomaron muy en serio. En 1983 después de que los soviéticos automatizaron sus sistemas de defensa detectaron un ataque de misil estadunidense. En estos casos el protocolo es ir directo al alto mando y lanzar un contraataque. Había una persona que tenía que transmitir esta información, Stanislav Petrov, pero decidió que era una falsa alarma. Gracias a eso estamos acá hablando.


Sostiene que los sistemas de defensa de Estados Unidos tienen errores serios y hace un par de semanas se difundió un caso de 1979, cuando se detectó un ataque masivo con misiles desde Rusia. Cuando el consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, estaba levantando el teléfono para llamar al presidente James Carter y lanzar un ataque de represalia, llegó la información de que se trataba de una falsa alarma. Hay docenas de falsas alarmas cada año, asegura.


En este momento las provocaciones de Estados Unidos son constantes. La OTAN están llevando a cabo maniobras militares a 200 metros de la frontera rusa con Estonia. Nosotros no toleraríamos algo así sucediendo en México.


El caso más reciente fue el derribo de un caza ruso que estaba bombardeando fuerzas yihadistas en Siria a fines de noviembre. Hay una parte de Turquía casi rodeada por territorio sirio y el bombardero ruso voló a través de esa zona durante 17 segundos, y lo derribaron. Una gran provocación que por suerte no fue respondida por la fuerza, pero llevaron su más avanzado sistema antiaéreo a la región, que le permite derribar aviones de la OTAN. Argumenta que hechos similares están sucediendo a diario en el mar de China.


La impresión que se desprende de sus gestos y reflexiones es que si las potencias que son agredidas por Estados Unidos actuaran con la misma irresponsabilidad que Washington, la suerte estaría echada.

Publicado enInternacional
FANGS: ¿podrán rescatar al capitalismo estancado?

¿Se estará agotando la capacidad del capitalismo para impulsar cambios tecnológicos? Mucha gente pensará que esto es absurdo. Los ejemplos de Netflix y Spotify, o Amazon y Google, pueden venir a colación. Pero esas innovaciones están ligadas al entretenimiento y la diversión, no a la productividad, el crecimiento y el empleo. Sus efectos multiplicadores en la economía son menores. Quizás por eso en el lenguaje del mundo financiero las acciones de las empresas FANGS (Facebook, Amazon, Netflix, Google y Spotify) son las primeras en venderse cuando comienzan los movimientos telúricos en el mercado bursátil.


El acrónimo FANGS nos habla de un cúmulo de innovaciones marginales, vistosas, pero poco importantes en la economía real. No parece renviarnos a la posibilidad de una oleada de innovaciones básicas capaces de sustentar una nueva fase de expansión del capitalismo mundial.


Entre 1300 y 1700 la tasa de crecimiento anual del producto interno bruto de Inglaterra por persona y en términos reales fue de 0.2 por ciento. Es decir, durante cuatro siglos el país que más tarde sería la principal economía capitalista del mundo se mantuvo en el estancamiento. El escaso crecimiento registrado estuvo relacionado con la expansión demográfica y algunos avances introducidos en la producción agrícola y ganadera. Y si algunos se preguntan de dónde vienen estos datos, la respuesta es que de las mejores investigaciones sobre evolución de largo plazo de las economías de Europa: Stephen Broadberry y sus colegas en la Universidad de Warwick y del trabajo clásico de Angus Maddison.


O sea que el periodo anterior al capitalismo no destaca por su dinamismo tecnológico. Entre 1700 y 1850 el crecimiento del PIB per capita en Inglaterra aumenta levemente pero a partir de ese último año la tasa de expansión empezó a dar de saltos y por fin para 1900 casi alcanzaba el uno por ciento.


A partir de 1900 la atención se reorienta hacia Estados Unidos que ya estaba convirtiéndose en el poder económico dominante. La tasa de crecimiento anual por persona aumentó hasta 2.5 por ciento en sólo cuatro décadas (ese periodo de crecimiento incluye los años de la gran depresión). Pero a partir de 1950 la tasa de crecimiento del PIB per capita fue decreciendo hasta alcanzar el nivel de 1.3 por ciento.


Este es un dato desconcertante que provoca una interesante discusión entre especialistas de la historia de la tecnología y los macroeconomistas ortodoxos. Estos últimos están preocupados por el estancamiento que afecta a la economía mundial y en términos generales piensan que lo que se necesita para salir del atolladero es una oleada de innovaciones técnicas como las que introdujo la economía capitalista mundial en la primera mitad del siglo XX.


La política económica para lograr este resultado es reducir los impuestos a las grandes corporaciones y establecer un clima de confianza para que puedan llevar la economía a buen puerto. Es la visión de la macroeconomía conservadora, que piensa que a los pobres lo único que les queda es seguir trabajando duro (cada vez más duro) y ganar su salario (cada vez más bajo en términos reales). O sea, para estos economistas todavía no salimos de los años de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.


¿Qué nos dice la historia de la tecnología y el cambio técnico sobre esta visión del mundo? Lo primero que nos dice es que la oleada de innovaciones de la primera revolución industrial tardó unos 140 años en dejar sentir su impacto en toda la economía del mundo capitalista. En efecto, el ciclo de la máquina de vapor pudo difundir sus efectos en el transporte, la agricultura y la industria entre 1750 y 1890. La segunda revolución industrial gira alrededor de la electricidad (y hasta cierto punto la industria química) y sus efectos se dejan sentir en todo el tejido económico entre 1870 y 1950. Y lo que algunos han llamado la tercera revolución industrial, relacionada con los cambios en microelectrónica y la invención de la red mundial de computadoras conocida como Internet arranca en 1980 y sus efectos siguen manifestándose hasta el día de hoy. El impacto económico de cada una de estas oleadas de innovaciones se deja sentir en periodos cada vez más cortos.


Aunque los datos sobre productividad enfrentan siempre una fuerte polémica, hoy las ganancias en productividad derivadas de los últimos cambios técnicos son cada vez más débiles. Por eso Solow, el gran patriarca de la teoría neoclásica del crecimiento, pudo decir alguna vez que las computadoras están en todas partes, menos en las estadísticas sobre productividad. Además hoy se enfrentan rendimientos decrecientes para las inversiones en investigación y desarrollo experimenta en muchos renglones, desde la industria farmacéutica hasta la agricultura comercial (donde los rendimientos aumentan a un ritmo cada vez más lento y el costo de cada innovación se incrementa de manera acelerada).


No parece que el fenómeno FANGS pueda revertir estas tendencias y sacar del atolladero al capitalismo contemporáneo. Pero quién sabe, podría contribuir a hundirlo un poco más.


Twitter: @anadaloficial

Publicado enEconomía
Las corporaciones estadounidenses son más grandes que los mercados financieros de países enteros

Este mapa realizado por Merrill Lynch muestra un comparativo de los valores de las grandes corporaciones estadounidenses con los mercados de distintas naciones del mundo. Esto es, por ejemplo, una empresa como Oracle tiene el mismo valor que todas las empresas que cotizan en el mercado bursátil de México.


Hay que aclarar que muchos países tienen empresas importantes que no cotizan en la bolsa y que de hacerlo los resultados serían sumamente distintos. De cualquier forma este mapa nos sirve como entrada a una discusión más importante que tiene que ver el enorme poder que tienen las corporaciones, en algunos caso mayor que el de naciones enteras. Por ejemplo, en el 2012 Apple superó por sí sola el producto interno bruto de toda Argentina.


Lo anterior nos lleva a reflexionar si vivimos en una corporatocracia disimulada como un tablero geopolítico de países y democracias.


En su novela Snowcrash, Neal Stephenson imagina un mundo donde las corporaciones han constituido sus propios estados-nación y cobran a los ciudadanos por el servicio de poder vivir en su territorio. La CIA es la Central Intelligent Corporation y la Libería del Congreso es una especie de Apple Store. ¿Sucederá esto en un futuro cercano? ¿O será más cómodo para las corporaciones seguir manteniendo la fachada de los gobiernos para que éstos hagan el trabajo sucio por ellas?

Publicado enEconomía