Domingo, 26 Diciembre 2010 10:18

Privatizar, privatizar y privatizar

Hace ya tres décadas que el capitalismo muestra su verdadera cara. Nunca ha sido un sistema integrador. Tampoco un orden social compatible con la democracia, ni siquiera la representativa. Cuando ha podido, querido y necesitado, la burguesía se ha saltado y violado sus propias normas. Los ejemplos son muchos. Su mano ha estado siempre en los golpes de Estado contra gobiernos progresistas, de izquierda, nacionalistas y antimperialista. No hace falta insistir en ello. Los ejemplos históricos se pueden extraer de los cinco continentes. Pero tampoco, si hace falta, renuncia a patrocinar fraudes electorales cuando es menester. Igualmente se adhiere a las prácticas corruptas si en ello les va la bolsa. Asimismo prefieren el tráfico de influencias al juego limpio cuando se trata de aumentar sus ganancias. Y si alguien osa mostrar su desacuerdo, y señalar que juegan con las cartas marcadas, es perseguido hasta su total destrucción.

Casas de latrocinio, venta de armas, trata de blancas, esclavitud infantil, comercio de órganos humanos, nada escapa a su voracidad. Negar dichas verdades como si se tratasen de problemas ajenos al capitalismo les quita el sueño. Cada día es más difícil ocultar lo evidente. Una realidad de hambre, miseria, desigualdad y muerte son los buques insignias del capitalismo. Para evitar su total descrédito se ha montado un aparato publicitario multimedia. Su función es divulgar y propagar los beneficios de la economía de mercado a como dé lugar. Su fuerza y triunfo parcial, radica en el control cuasi omnímodo de la radio, la televisión, las editoriales, las revistas, los periódicos regionales y, desde luego, la red. Su coraza consta de varias capas. Cuando se logra traspasar una, aparece otra y otra y así sucesivamente. Su objetivo es no dejar al descubierto su cuerpo mal oliente y moribundo. En cuanto los ataques generan fisuras en la armadura, saltan las alarmas. La censura se impone como un mecanismo de control de la información. Y si no logra evitar su resquebrajamiento, siempre hay un plan B. Se presiona y mete el miedo. La formula la conocemos. No olvidemos que en Colombia, México, Honduras o Rusia, ser periodista es profesión de alto riesgo. Son cientos de ellos quienes han perdido la vida cuando trataban de informar y romper el cerco de la mentira dominante. Aunque no siempre es necesario llegar a tal extremo. Amenazar con el despido, el ostracismo, en ocasiones, es suficiente. Otra técnica empleada es la difamación. De la noche a la mañana periodistas considerados un ejemplo para su comunidad sufren campañas donde se les presenta como verdaderos monstruos. Ludópatas, alcohólicos, drogadictos, maltratadores y corruptos. Pero esto suma y sigue. Los documentos filtrados a Wikileaks dejan al descubierto cómo se las gastan el imperialismo y sus aliados. En este juego no hay reglas. Siempre es posible caer más bajo con tal de salvar al capitalismo. ¿Qué otro sentido tiene acusar a su fundador, Julian Assange, de violación? No sólo inhabilitarlo y sembrar la duda sobre su honorabilidad, además de que las autoridades suecas terminen, si se produce la extradición desde Gran Bretaña, hacer una carambola y que Assange acabe con sus huesos en una cárcel de alta seguridad en Estados Unidos. Aunque tampoco podemos descartar su asesinato pedido por los sectores más conservadores del establishment estadunidense.
En tiempos de crisis, el capitalismo redobla sus esfuerzos para vendernos la moto. Por cierto, una moto desgastada y lista para ser vendida como chatarra. Aún así no quieren dar su brazo a torcer. Sus seguidores deben fidelidad al guión. Ha llegado la hora de certificar la muerte del Estado del bienestar y por ende del sector público. Hay que crear más mercado, más desregulación, más apertura financiera y comercial y mucha, mucha liberalización. El Estado, argumentan, ha sido un pésimo gestor, no entiende de competitividad ni de beneficios. No funciona acorde a las leyes de la oferta y la demanda. Suele dilapidar capital social y humano. Hay que adelgazar su estructura y transformarlo. Es imprescindible tomar, de una vez y para siempre, el toro por los cuernos. La decisión no se puede retrasar más. Llegados a este punto el argumento es simple. Externalizar. No hacen falta hospitales públicos, el gasto de inversión es elevadísimo, mejor es crear clínicas privadas con médicos y personal sanitario que cobran sueldos de miseria. Igualmente, la educación pública ha sido un fracaso, entonces mejor apoyar la iniciativa privada donde se enseñan valores humanos acordes con la tolerancia. Basta observar la disciplina en los colegios y centros administrados por religiosos. Rezan todos los días, les enseñan a no pecar, a ser obedientes y temerosos de Dios. Sea Ala, Buda o Jehová.

Este argumento, de la externalización, se acompaña de una la palabra mágica que se ha convertido en una droga para economistas, sociólogos, periodistas y políticos de medio pelo, sean conservadores, liberales o socialdemócratas. Su enunciación les produce alegría y les hace sentirse pletóricos de fuerza. Nada más pronunciarla tres veces son abducidos hasta perder el sentido común y la decencia: privatizar, privatizar y privatizar.

]Por Marcos Roitman Rosenmann

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–Usted ha desarrollado la noción de que el capitalismo es “productor de subjetividad”: ¿qué diferencia habría entre la subjetividad producida por el capitalismo en sus primeras etapas y la que produce en la actualidad?

–Actualmente rige un capitalismo social y del deseo. En la primera fase del capitalismo, se trataba ante todo de producir, y después venía el consumo. Hoy es al revés: un auto se produce después de haber sido vendido, quiero decir: después de haberse constituido como objeto de deseo. Aquí se ubican la publicidad, el marketing.

–¿Por qué antes eso no era necesario?

–Hace un siglo, no funcionaba así. Esto empezó en Estados Unidos, y uno de los que introdujeron esta concepción del marketing fue Edward Bernays, sobrino de Freud. Es sintomático que haya sido el sobrino de Freud, fundador de la noción de deseo inconsciente, quien introdujo este pasaje en el capitalismo: construir el objeto como valor de deseo. Deseo masivo: es necesario que se lo muestre en la tele, que sea testeado por consumidores. Hace un siglo esto no se planteaba, porque los obreros no eran consumidores de lo que producían. Henry Ford fue quien, a partir del abaratamiento generado por la producción en serie, planteó: mis productos son comprados por mis obreros. Hoy en día el capitalismo, para funcionar, debe producir subjetividad, tanto en el trabajo como en el consumo. En ambos planos la subjetividad ha cambiado.

–¿En qué cambió la subjetividad, desde la perspectiva del trabajo?

–En Occidente se piensa al trabajador como un pequeño empresario: cada individuo asume como tal el riesgo de su actividad, es responsable de lo que hace: desde el ama de casa hasta el ingeniero especializado. Cada uno debe ser autónomo, como un empresario: esto es el “capital humano”. En la antigua organización del trabajo, se trataba de una subordinación directa. Hoy la subordinación se constituye alrededor de la autonomía, el individuo lleva en sí mismo la condición de su subordinación. Esto florece bajo el último neoliberalismo. A la vez que la economía financiera pasa a preponderar, todo el mundo pasa a estar bajo esta lógica empresarial. Aun el desempleado debe rendir cuentas: cómo organiza su jornada, qué hace; se le otorga un subsidio pero, a cambio, es necesario que sea activo, que se haga responsable.

–Alguien podría plantear: ¿cuál es el problema? Está bien que la gente se haga responsable...

–Es que esta responsabilidad se plantea como si el individuo fuese culpable de su situación. En verdad la desocupación no es por falta del individuo: el sistema produce el paro. Pero se hace como si fuera su falta, se dice que no tiene ganas de trabajar, que es perezoso, que se aprovecha de la asistencia del Estado. Se lo culpabiliza.

–¿Cómo se plantea la cuestión de la subjetividad del lado del consumidor?

–El consumidor es objeto de diferentes dispositivos de poder: la publicidad, el marketing, la televisión impulsan a las personas a construir sus objetos de deseo. El neoliberalismo, a la vez que acrecienta la desigualdad de ingresos entre las clases sociales, cada vez más empuja a las personas a consumir, como si el acceso al consumo fuese posible para todo el mundo. Los objetos de deseo, las mercancías, están siempre disponibles... en imágenes. Primero llegan las imágenes; después, las mercancías. Otra importante transformación de la subjetividad se produjo en relación con las finanzas, que son otro dispositivo de poder. El funcionamiento mundial de las finanzas, como dispositivo central del capitalismo, requiere la generalización del crédito. Hace un siglo, el crédito era para las empresas, la gente vivía de los ingresos de su trabajo. Hoy todos son impulsados hacia el crédito. En Estados Unidos hay créditos para el consumo, la educación; si uno quiere estudiar debe endeudarse, obtener un crédito. Y esto organiza la subjetividad. Un crédito es una promesa: yo voy a pagar. Durante diez, veinte años voy a pagar este crédito. ¿Cómo se puede asegurar que el crédito será respetado todo ese tiempo? A nivel legal pero también a nivel subjetivo se construyen mecanismos para garantizar que la promesa se cumpla.

–¿Cómo sería el dispositivo a nivel individual?

–El sujeto queda tomado por la deuda. Toda su vida va a estar condicionada por la deuda. Si usted tiene una deuda a 30 años, las condiciones y los límites de su vida van a estar organizados por ese crédito. Es lo que pasa a nivel de los países: cuando la Argentina estuvo tan endeudada, los individuos y la nación estaban obligados a vivir bajo las condiciones definidas por la deuda.

–Pero, en la Argentina, la deuda pesó en forma diferente sobre los distintos sectores sociales: a muchos los perjudicó pero a algunos los benefició: hubo empresarios cuyas deudas fueron estatizadas.

–Sin duda. Es lo que pasa ahora en Europa con la crisis financiera: la deuda de bancos privados está reasegurada por la deuda pública, y los que van a pagarla serán sobre todo los menos ricos. Y hay quienes aprovechan la deuda: por definición, la aprovecha el sector financiero. En Estados Unidos, este año las empresas hicieron los mayores beneficios.

–Entonces habría dos tipos de subjetividad: esa subjetividad del deudor concerniría a un sector de la población, quizá mayoritario, pero hay otro sector que tendría otra subjetividad...

–Ciertamente. Así como en la industria están los empresarios y los obreros, en las finanzas están los acreedores y los deudores. Y los que comandan son los acreedores: los que otorgan los créditos definen las condiciones. Pero hay diferencias entre la oposición patrón-obrero y la oposición acreedor-deudor.

–¿Qué diferencias?

–Desde cierto punto de vista es lo mismo: hay desigualdad entre patrón y obrero, como entre acreedor y deudor. El problema es que hoy los acreedores no se definen desde una clase social específica. La condición de acreedor concierne también a clase media, a obreros: los fondos de pensión se han privatizado; para su vejez, el sujeto adquiere un seguro privado. En cuanto a la subjetividad del deudor, Nietzsche trabajó la cuestión de la promesa. Dice que lo que formó al hombre civilizado no es el trabajo, ni el intercambio, sino la deuda. Porque la deuda construye un hombre que puede prometer, y puede prometer en tanto construye una memoria: yo voy a pagar porque recuerdo mi deuda. La deuda, la promesa, se han marcado en el cuerpo del individuo, como la libra de carne de El mercader de Venecia. Lo que me interesa destacar es que un individuo es al mismo tiempo trabajador, consumidor y deudor. La misma persona está presa en distintas relaciones de poder.

–A partir de conceptos de Gilles Deleuze, usted ha señalado dos formas distintas de sujeción: el sujetamiento social y la servidumbre maquínica. ¿Cómo se plantean en la fase actual del capitalismo?

–Deleuze y Guattari plantearon estos conceptos en Mil mesetas, en 1980. En los años más recientes se destaca el hecho de que, a la vez que se nos demanda ser sujetos responsables, individuos soberanos, estamos presos en dispositivos maquínicos. En la empresa, se le demanda al empleado ser sujeto soberano a la vez que una parte del mecanismo. En la comunicación de masas, la persona debe ser sujeto a la vez que input-output de una red televisiva; el desocupado debe ser responsable de su situación, y a la vez no es más que una variable de ajuste en la economía. Uno está preso en dispositivos heterogéneos, contradictorios. Por una parte, se es un componente de un sistema que nos sobrepasa; por otra, se hace como si fuéramos centros de decisiones con soberanía.

–“Como si fuéramos...”, dice usted: ¿quiere decir que la verdadera situación es la otra, la maquínica?

–Sí, pero ambas funcionan juntas. Los dos dispositivos son reales. En el sistema maquínico uno está preso en tanto individuo. En la empresa, por ejemplo, están todos los componentes de mi subjetividad: mi inteligencia, mi atención, mi capacidad física, intelectual; yo quedo descompuesto en esos componentes. Es un proceso de desubjetivación, pero, al mismo tiempo, siempre va a haber una resubjetivación. Hay una imposibilidad de salir de la lógica para la cual yo soy un sujeto con objetos a mi alrededor. Cierto que, en la servidumbre maquínica, ni el hombre es sujeto ni la cosa es objeto, sino que ambos son partes de un agenciamiento. Pero el sujeto va a retornar, o bien en forma individual o bien en formas colectivas como el racismo, el fascismo.

–Esa servidumbre maquínica revertiría en formas de subjetivación.

–Sí. El capitalismo funciona a través de aquella ideología del individuo soberano, pero el individualismo ya no funciona y el nacionalismo, el machismo, el integrismo religioso, son formas de subjetivación. La hipermodernidad derrota al sujeto porque lo capta en el sistema maquínico colectivo pero, a la vez, todo el tiempo se reconstruyen neoarcaísmos. Georges W. Bush marcó el ascenso del integrismo religioso en Occidente; no sólo Al Qaeda es integrista. El racismo crece en Europa, particularmente en Alemania. El individualismo no basta, hace falta un sujeto colectivo y es cierto, en ese lugar podría construirse otro sujeto colectivo, pero se reconstruye el nacionalismo, el racismo.

–¿En qué respuestas, aunque sean embrionarias o parciales, pueden vislumbrarse procesos o intentos emancipatorios?

–Ante todo, hay que decir que la crisis continuará y se profundizará. Hoy la crisis gira alrededor de las finanzas. La deuda privada se ha transferido al Estado, es decir que ya no hay otro a quien transferirla. La dificultad es que no hay modelos políticos y de emancipación que correspondan a la subjetividad actual. Hace un siglo y medio el comunismo, el socialismo, correspondían a una subjetividad real: la de la industria bajo el primer capitalismo, con los obreros, los sindicatos. Había instrumentos reales que no están más. Es necesario construirlos, y no creo que esto se haga muy pronto. Hay que pasar a otra cartografía teórica, otro instrumento distinto al que el movimiento obrero construyó entre fines del siglo XIX y principios del XX. Por otra parte, se desarrollan luchas reales. Una importante, en Francia, es la referida a la jubilación.

–La resistencia a la elevación de la edad jubilatoria...

–Sí. Se perdió, pero la forma como se dio la lucha ofrece perspectivas. Si bien la jubilación concierne a los asalariados, el proceso no se centró sólo en ellos. Tocó también a otras categorías sociales. Movilizó a estudiantes, a distintos órdenes de ciudadanos. No era una lucha sólo corporativa. Y se desplegó en la sociedad. La lucha es eficaz cuando bloquea el funcionamiento de la sociedad. Antes, para bloquear la sociedad era necesario bloquear la producción.

–Se refiere a la huelga.

–Sí. Hoy, en cambio, es necesario bloquear la sociedad para bloquear la producción: bloquear la circulación, las rutas. En este caso se bloquearon las refinerías, no había combustible para circular. Pero por el momento la acción es más inteligente que los enunciados. Todavía no hay enunciados que, en esta dirección, conciernan al conjunto de la sociedad. Y el tema de la jubilación concierne a todo el mundo. Desde hace más de 30 años, la mayoría de las personas no viven bajo la situación clásica de empleo, pero se hace como si estuviéramos en la misma situación de hace décadas. Los sindicatos todavía actúan como si se tratara de asalariados estables, pero, para las personas que se incorporaron al mercado de trabajo desde la década de los ‘70, es más difícil reunir los años de trabajo que se requieren para la jubilación. Entonces, no tienen jubilación o tienen jubilaciones muy débiles, porque durante años no trabajaron, cambiaron de trabajo, estuvieron en paro, en precariedad.

–Entonces, el reclamo no es sólo que se mantenga la edad jubilatoria.

–Como decía, los enunciados están en retraso respecto de la acción. Los enunciados se refieren a la jubilación a los 60 años. A nivel teórico se piensa todavía en un asalariado clásico. Así funcionan los sindicatos y los partidos de izquierda. Mientras tanto hay pequeñas luchas, más bien de experimentación. Un ejemplo, también en Francia, fue la lucha de los trabajadores de espectáculos: no dependen de una sola empresa, sino que trabajan una vez para una, otra vez para otra; una vez hacen una película, otra una obra de teatro, otra una publicidad. Son móviles, precarios. ¿Cómo desarrollar una lucha si no se trabaja para una empresa en particular?

–¿Cuál era la causa del conflicto?

–La modificación de su seguro de desempleo. Ellos tenían un subsidio específico para las personas que no tienen un puesto fijo pero, de acuerdo con la lógica neoliberal, los subsidios de desempleo iban a ser reemplazados por un seguro privado; una vez más, reemplazar la mutualización por la privatización.

–¿Qué instrumentos utilizó esa lucha?

–Por ejemplo, bloquearon festivales como el de Avignon. Hoy la cultura tiene un rol económico muy importante, por ejemplo en relación con el turismo. Bloquear un festival es bloquear la economía de una ciudad. Cuando ellos bloquearon el Festival de Arte Lírico en Aix-en Provence, los hoteleros fueron muy afectados y protestaron. Ellos también hicieron bloqueos móviles, que se desplazaban de un lugar a otro: la movilidad, que habían desarrollado por las características de su trabajo, la transformaron en herramienta de lucha. A diferencia del método clásico de los obreros, que ocupan una empresa y se encierran en ella, la cuestión era bloquear aquí y allá, en rutas, instituciones, museos, centros culturales, ministerios: van y se quedan un día, mañana van a otro lugar.

–¿Contra quién era la lucha: el gobierno, los empresarios?

–Contra los dos. Hace diez años, la federación patronal francesa tuvo un cambio de dirección: antes la dirigían los empresarios metalúrgicos, pero la conducción pasó a manos de empresas de servicios, como las aseguradoras. Entonces emprendieron un programa “para la refundación social”, cuyo claro objetivo era transformar el Estado de bienestar: reprivatizarlo. Y se aplicó con la ayuda del Estado.

–En su libro Políticas del acontecimiento, donde usted plantea un debate con el marxismo, no encontré referencias al concepto de plusvalía: ¿cómo considera esta noción?

–La plusvalía, el plusvalor, remite al concepto de valor. Para el marxismo, el valor sería una cantidad objetivable, tendría una consistencia en sí: pero las cosas no tienen valor sino porque colectivamente les ha sido investido; en él están en juego subjetividades. Además, la plusvalía supone una concepción antropomórfica del valor: en El capital, el valor lo produce sólo el trabajo humano, la máquina no crea valor. Para Deleuze y Guattari, en cambio, hay una plusvalía maquínica: la máquina también produce plusvalía; el concepto de plusvalía pasa a ser: plusvalía humana más plusvalía de la máquina. El marxismo considera que la producción de valor depende sólo del humano, particularmente del obrero. Pero hoy, si tomamos las finanzas, el valor de un activo está ligado con criterios, opiniones, deseos de los actores; no sólo con el trabajo y su organización, sino con la creencia.

–Pero la noción marxista de plusvalía plantea dramáticamente la diferencia de clases, al postular que el patrón expropia parte del trabajo del asalariado. Plantear que la plusvalía se obtiene igualmente de la máquina, ¿no conlleva el riesgo de borronear esa dimensión?

–El concepto de plusvalía es políticamente muy fuerte porque está ligado con el concepto de explotación, en términos de clases sociales. El problema es que la forma de explotación ha cambiado y no tenemos conceptos que correspondan a esto. Si uno utiliza el viejo concepto de plusvalía, hace como los partidos trotskistas, que todavía están con la industria de hace 50 años. Hoy existe la explotación de personas que trabajan como asalariados, pero no sólo ésa. El gran centro de acumulación de riqueza son las finanzas, y en las empresas financieras la plusvalía no viene de la explotación de quienes trabajan en ellas, sino de otra parte. Habría que examinar estas nuevas formas de organización de la plusvalía y la explotación, y no pensar que nada ha cambiado y que, como hace un siglo, los explotados son sólo los obreros: también los consumidores son explotados, de otras maneras.

–¿De qué maneras?

–Para que algo se venda, debe construirse como objeto de deseo: cuando usted lo compra, además de poner dinero, se empobrece subjetivamente. Porque hay una estandarización de la subjetividad. Todo el mundo debe desear eso mismo para comprarlo. Para hacer apariencia de individualización, se le agrega algún detalle “personalizado”. Junto con el empobrecimiento económico hay un empobrecimiento subjetivo.

Por Pedro Lipcovich
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Compañeras y compañeros:

Es muy grato para mí y un gran honor acceder a la solicitud que me hicieron llegar de transmitirles un mensaje con motivo del XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tiene lugar en la Patria de Nelson Mandela, símbolo viviente de la lucha contra el odioso sistema del apartheid.

Cuba fue sede de dos festivales mundiales: el XI, en 1978; y el XIV, en 1997.

Por primera vez el Festival dejaba de realizarse en Europa para hacerlo en un país de este hemisferio.

La decisión fue tomada por la IX Asamblea de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas que tuvo lugar en Varna, Bulgaria, a fines del año 1974.

Eran tiempos diferentes: el mundo se enfrentaba a problemas serios, pero menos dramáticos. Los jóvenes más progresistas luchaban por el derecho de todos los seres humanos a una vida digna; el viejo sueño de los mayores pensadores de nuestra especie cuando era evidente que la ciencia, la tecnología, la productividad del trabajo y el desarrollo de la conciencia lo hacían posible.

En un breve lapso de tiempo la globalización se aceleró, las comunicaciones alcanzaron niveles insospechados, los medios para promover la educación, la salud y la cultura se multiplicaron. Nuestros sueños no eran infundados. En ese espíritu se llevó a cabo el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en el que participó también nuestro pueblo.

En el Consejo General de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, celebrado precisamente en la heroica Sudáfrica a principios de octubre de 1995, se aprobó la realización en La Habana del XIV Festival, en el que participaron más de 12 mil delegados de 132 países. Nuestro país llevaba entonces casi 37 años librando la batalla política e ideológica contra el imperio y su brutal bloqueo económico.

Hasta la década de 1980 no solo existían la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Kampuchea, que habían soportado guerras genocidas y los crímenes de los yankis, sino también el campo socialista de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un enorme Estado multinacional de 22 millones 402 mil 200 kilómetros cuadrados, con enormes recursos de tierra agrícola, bosques, petróleo, gas, minerales y otros. Frente a la superpotencia imperialista, con más de 800 bases militares desplegadas por todo el planeta, se erguía la superpotencia socialista.

La disolución de la URSS, fuesen cuales fueran los errores en uno u otro momento de la historia, constituyó un duro golpe al movimiento progresista del mundo.

Los yankis se movieron rápidamente y extendieron las bases militares y el uso de instalaciones construidas por la URSS para cercar más estrechamente con su maquinaria de guerra a la Federación Rusa, que aún continúa siendo una gran potencia.

El aventurerismo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se incrementó en Europa y Asia. Desataron la guerra de Kosovo y desintegraron a Serbia.

En el ámbito de nuestro hemisferio, aún antes de la desintegración de la URSS, invadieron en el año 1965 a la República Dominicana; bombardearon e intervinieron con fuerzas mercenarias a Nicaragua; invadieron con sus tropas regulares a Granada, Panamá y Haití; promovieron sangrientos golpes militares en Chile, Argentina y Uruguay y dieron apoyo a la brutal represión de Stroessner en Paraguay.

Crearon la Escuela de las Américas, donde no solo entrenaban a miles de oficiales latinoamericanos en conspiraciones y golpes de Estado, sino también familiarizaron a muchos con doctrinas de odio y prácticas sofisticadas de torturas, mientras se presentaban ante el mundo como paladines de “los derechos humanos y la democracia”.

En la primera década de este siglo, la superpotencia imperialista parece desbordarse de su propio cauce.

Los sangrientos sucesos del 11 de septiembre de 2001, en que fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York -un episodio dramático en el que perdieron la vida alrededor de 3 000 personas-, y el ataque posterior al Pentágono, vino como anillo al dedo al inescrupuloso aventurero George W. Bush para instrumentar la llamada guerra contra el terror, que constituye, simplemente, una peligrosa escalada en la brutal política que Estados Unidos venía aplicando en nuestro planeta.

Está más que demostrada la bochornosa complicidad de los países de la OTAN con tan repudiable guerra. Esa organización bélica acaba de proclamar su propósito de intervenir en cualquier país del mundo donde considere que sus intereses, es decir, los de Estados Unidos, estén amenazados.

El monopolio de los medios masivos de información, en manos de las grandes transnacionales capitalistas, ha sido utilizado por el imperialismo para sembrar mentiras, crear reflejos condicionados y desarrollar instintos egoístas.

Mientras los jóvenes y los estudiantes viajaban hacia Sudáfrica a luchar por un mundo de paz, dignidad y justicia, en Gran Bretaña los estudiantes universitarios y sus profesores libraban una batalla campal contra los fornidos y bien equipados cuerpos represivos que, sobre briosos caballos, los atacaban. Pocas veces y tal vez ninguna otra en la historia se vió un espectáculo semejante de la “democracia” capitalista. Los partidos neoliberales gobernantes ejerciendo su papel de gendarme de la oligarquía, traicionando sus promesas electorales, aprobaron medidas en el Parlamento que elevaban a 14 mil dólares anuales el costo de los estudios universitarios. Lo peor de todo fue el descaro con que los parlamentarios neoliberales afirmaron que el “mercado resolvía ese problema”. Solo los ricos tenían derecho a los títulos universitarios.

Hace pocos días, el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, al comentar los secretos divulgados por Wikileaks declaró: “El hecho es que los gobiernos tratan con EE.UU. porque les interesa, no porque les gustemos, no porque confíen en nosotros, y no porque crean que podemos guardar secretos. Algunos gobiernos tratan con nosotros porque nos temen, algunos porque nos respetan, la mayoría porque nos necesita. Todavía somos esencialmente, como se ha dicho antes, la nación indispensable”.

No pocas de las personas inteligentes y bien informadas albergan la convicción de que el imperio yanki, como todos los que lo precedieron, ha  entrado en la etapa final y que las señales son irrebatibles.

Un artículo publicado en el sitio Web TomDispatch, traducido del inglés por el sitio Rebelión, expone cuatro hipótesis del probable curso de los acontecimientos en Estados Unidos, y en todas ellas la guerra mundial figura como una de las posibilidades, aunque no excluye que pueda haber otra salida. Añade que definitivamente ese país perderá su papel dominante en las exportaciones globales de mercancías, y en menos de 15 años perdería su papel dominante en la innovación tecnológica y la función privilegiada del dólar como moneda de reserva. Cita que ya este año China alcanzó un 12% frente a Estados Unidos 11% en la exportación mundial de mercancías, y aludió a la presentación por el Ministro de Defensa de China en el mes de octubre de este año del superordenador Tianhe-1A, tan poderoso que, como expresó un experto estadounidense, “liquida la máquina Nº 1″ existente en Estados Unidos.

Nuestros queridos compatriotas, al llegar a Sudáfrica, entre las primeras actividades rindieron merecido tributo a los combatientes internacionalistas que dieron su vida luchando por África.

Desde hace 12 años en el vecino Haití nuestra misión médica presta su servicio al pueblo haitiano; hoy con la cooperación de médicos internacionalistas graduados en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina). Allí luchan también por África combatiendo la epidemia del cólera, que es la enfermedad de la pobreza, para impedir que se extienda a ese continente, donde al igual que en América Latina hay mucha pobreza. Con la experiencia adquirida, nuestros médicos han reducido extraordinariamente la tasa de letalidad. Muy cerca de Sudáfrica, en Zimbabwe, en agosto de 2008, de “forma explosiva” estalló esa epidemia según el diario “Herald” de Harare. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad.

Como prueba de la total falta de escrúpulo yanki, es necesario recordar que el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas, que después de la victoria de Cuito Cuanavale avanzaban en la dirección Sur, donde el mando cubano, sospechando ese peligro, adoptó las medidas y tácticas pertinentes que le daban el dominio total del aire. Si intentaban usar tales armas, no habrían obtenido la victoria. Pero es legítimo preguntarse: ¿qué habría ocurrido si los racistas sudafricanos hubiesen utilizado las armas nucleares contra fuerzas de Cuba y Angola? ¿Cuál habría sido la reacción internacional? ¿Cómo habría podido justificarse aquel acto de barbarie? ¿Cómo habría reaccionado la URSS? Son preguntas que debemos hacernos.

Cuando los racistas entregaron el gobierno a Nelson Mandela, no le dijeron una sola palabra, ni qué hicieron con aquellas armas. La investigación y denuncia de tales hechos sería en estos instantes un gran servicio al mundo. Los exhorto, queridos compatriotas, a presentar este tema en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

Fidel Castro Ruz
Diciembre 13 de 2010
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El Partido de la Izquierda Europea, coalición formada por los Verdes nórdicos y las fuerzas situadas a la izquierda de los socialistas en toda Europa, aprobó en París el lanzamiento del proyectoTransform! Europe. Con él se proponen lanzar una campaña de recogida de un millón de firmas de europeos para ejercer por primera vez el derecho a la iniciativa legislativa popular y cambiar las actuales orientaciones del euro y del Banco Central Europeo (BCE), juzgados responsables de la crisis y de la destrucción de derechos sociales.
 
Tras cuatro días de congreso, los más de 25 partidos o coaliciones reunidos entre ellos Izquierda Unida, el PCE, EsquerraUnida i Alternativa e Iniciativa per Catalunya votaron el nombramiento de su nuevo presidente confederal europeo, cargo que recayó en Pierre Laurent, número uno del Partido Comunista Francés.
 
"Nuestra iniciativa popular legislativa europea va a ser fundamental, porque las políticas de austeridad y el rol del BCE, del Consejo Europeo y de la Comisión en ellas, pueden ser catastróficos para los europeos", afirmó Laurent.
 
Con el millón de firmas en al menos nueve países de la UE, que van a ser recogidas en una campaña pública, mientras las comisiones del Partido de la Izquierda Europea afinan sus propuestas para otro euro y otro BCE, los alterglobalistas pretenden "cambiar los términos del debate político europeo actual".
 
Laurent citó varios ejes: poner el euro al servicio de la creación de empleo; modificar los estatutos del BCE; abandonar el fondo de estabilidad financiera de la UE actual; crear un Fondo de Desarrollo Social Europeo e imponer una tasa a las transacciones financieras "puesto que ajustan el cinturón de los europeos".
 
Los partidos de izquierda europeos votaron una resolución de solidaridad con el pueblo saharaui, exigiendo paz y "llevar a buen puerto el inacabado proceso de descolonización". La resolución irritó a los observadores enviados a París por el Partido del Progreso y el Socialismo marroquí, que se retiraron del congreso.

Por ANDRÉS PÉREZ CORRESPONSAL 05/12/2010 20:45 Actualizado: 05/12/2010 21:00
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1. Dialéctica de la crisis

La función positiva de toda crisis es que revela la inviabilidad de un modelo. Remueve las ilusiones y escombros ideológicos que bloquean la visión estratégica del futuro. En este sentido, las crisis sistémicas del capitalismo mundial, del modelo de Cuba y del modelo de Venezuela abren el camino al Socialismo del Siglo XXI.

2. Fin de ilusiones y opciones

Europa/Estados Unidos: la crisis capitalista ha dejado claro que los gobiernos del Primer Mundo no son más que lacayos del Gran Capital. Mientras cientos de millones de personas se han hundido en la pobreza, las empresas estadounidenses han tenido en el tercer cuartal de 2010 las mayores ganancias en su historia registrada, gracias a la política del gobierno Obama. En la Unión Europea, el desmontaje  del Estado de bienestar va acompañado de la amenaza de su más alto funcionario, J. D. Barroso, Comisario de la UE, de instalar dictaduras militares en Portugal y España, si los sindicatos ofrecen demasiada resistencia. En consecuencia, dos ideologías
primermundistas cardinales se tambalean: a) que la  lucha de clases ha terminado y, b) que el Estado burgués garantiza para siempre la paz social, el bienestar y  la democracia. 

Cuba: las últimas ilusiones sobre la viabilidad del Socialismo del Siglo XX se cayeron con las drásticas medidas de economía de mercado implantadas en la isla; el reconocimiento de Granma de que las mayorías del país practican una “economía de subsistencia”, y la afirmación del Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, en China, de que Cuba  “aprovechará la experiencia de desarrollo en reforma y apertura” de China. 
Venezuela: La crisis del modelo venezolano  ---que flota a la deriva en el mar de sus contradicciones---  está acabando con las ilusiones “socialistas” del desarrollismo burgués latinoamericano. Queda limitado el mérito socialista de Hugo Chávez a haber divulgado el concepto del Socialismo del Siglo XXI, sin sustanciación institucional o científica alguna posterior. Es el merito que Marx/Engels le conceden a Hegel.

Las opciones políticas estructurales son, por lo tanto: para el Primer Mundo, dictaduras abiertas del capital, regímenes parlamentarios neoliberales o Socialismo del Siglo XXI; para el Tercer Mundo, desarrollismo socialista (NEP/Lenin, China) o burgués (Venezuela) con Socialismo del Siglo XXI. Entre esas opciones tienen que escoger las clases sociales, Partidos y Estados.

3. La Tricontinental del Socialismo del Siglo XXI 

En un reciente debate del Bloque Regional de Poder Popular-Scientists for a Socialist Political Economy (BRPP/SSPE), hubo consenso en cuanto a que el progreso del Socialismo del Siglo XXI requiere de tres catalizadores: 1. una mayor integración de las fuerzas anticapitalistas de América Latina, Europa y Asia; 2. la consolidación de una vanguardia científica mundial  que trabaja sobre el modo de producción postcapitalista y la transición, 3. la vinculación del Socialismo del Siglo XXI con las masas.

4. Los ejes geopolíticos de la Tricontinental

La importancia de América Latina en el desarrollo del proyecto mundial postcapitalista radica en que tiene  los movimientos sociales más activos, conscientes y combativos de todos los continentes. Europa, a su vez, aporta el conocimiento científico más avanzado sobre la economía política y el modo de producción del Socialismo del Siglo XXI (Escuela de Escocia/Escuela de Bremen). China es clave, porque es uno de los dos decisores del grupo G-20 y el único país poderoso gobernado por un Partido Comunista. Si la reactivación de la lucha de masas en Europa continúa, es preciso integrar también su izquierda partidista, sindical y juvenil al triángulo estratégico de la evolución postcapitalista.

5. Vanguardia y epistemología naif

Uno de los más grandes logros de la ideología burguesa y del dogmatismo del Socialismo del Siglo XX ha sido la destrucción de la teoría revolucionaria del Estado y de la vanguardia. El resultado destructivo es bicéfalo: la sumisión acrítica, casi religiosa de las masas y de los miembros del Partido del Estado ante el líder histórico, por una parte, y la idolatría acrítica y anarquoide de la “democracia de base”, por otra. Ambas actitudes son ingenuas porque niegan la dialéctica entre las necesarias jerarquías de poder.

La primera representa el abuso de poder de un liderazgo que pretende eternizar una coyuntura histórica favorable que le permitió conquistar el Estado. La segunda pertenece a la epistemología naif, porque niega la estructura objetiva del universo: que el cosmos está organizado en escalas y jerarquías de complejidades, dimensiones e interacciones. De la negación de ese hecho ontológico nace la ilusión anárquica de que una sociedad puede organizarse simplemente de manera horizontal o que las masas pueden auto-organizarse adecuadamente, sin delegar información, coordinación y poder a instancias superiores e intermedias. Un simple ejemplo de la ley de escala revela lo absurdo de esta pretensión. Si tres personas discuten, no necesitan moderador ni reglamento. Si son trescientas, ambos son funcionalmente imprescindibles, para impedir el caos y el abuso.

6. Vanguardia, verdad y mayorías

El auténtico liderazgo de vanguardia nace de la verdad. Por eso, a veces no coincide con la lógica de las mayorías. Si Einstein sostiene que el espacio es curvado y cien físicos presentes dicen lo contrario, Einstein tiene razón, porque expresa la verdad objetiva frente a un atraso en el conocimiento de sus colegas. Lenin tiene razón cuando dimite al Comité Central y convoca, en octubre de 1917, a la insurrección armada inmediata, acusando de  idiotas y traidores a aquellos que quieren esperar la “mayoría ´formal´de los bolcheviques” en un futuro congreso del Partido. 

7. Líder y masas

Es la dialéctica del liderazgo. El conocimiento y la audacia superior (a la Media) de la avantgarde   ---en lo político y militar frecuentemente con un fuerte aspecto intuitivo---   salva en la crisis. Muchos líderes derivan de ese talento su reclamo a la eternización de su  conducción. Las masas deben reconocer ese talento, pero deben defender su autonomía rectora, por el bien del proceso. ¿De qué se deriva su autonomía rectora? Del hecho, de que en tiempos de evolución normal no se requieren las calidades de liderazgo que caracterizan al solitario héroe rescatador, sino la dirección y retroalimentación colectiva. De ahí la sabia construcción de la dictadura romana.

8. Vanguardia y Foros Sociales

Recién discutí con el amigo Alexander Buzgalin, quien publicó en el año 2000 en Cuba un breve libro intitulado, El futuro del Socialismo, sobre el problema de la transición al postcapitalismo y la vanguardia. Él tiene mucha esperanza en los foros sociales, como el Foro Social Europeo (FSE). Después de mi participación en los Foros de Atenas, Paris, Londres y Quito, no comparto su optimismo y he dejado de participar en esos eventos. No veo que de las “escuelas de verano” (Ramonet dixit) nazca la Revolución Mundial anticapitalista, ni tampoco, que inquieten mayormente a los amos del Capital. De hecho, los amos los financian.

Toda vanguardia nace en torno a un paradigma, es decir, una verdad objetiva que sirve como centro de gravitación epistémica y en su caso, política, del homo sapiens. En la actual superación del capitalismo, ese paradigma es el Modo de Producción del Socialismo del Siglo XXI, es decir, el genoma de la economía y sociedad postcapitalista. Como en todo proceso de evolución, los modelos disfuncionales son absorbidos por la historia.

30.11.2010   
 
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Martes, 30 Noviembre 2010 07:01

Zizek y el Final de los Tiempos

Es el fin del mundo tal como lo conocemos. Slavoj Zizek tiene varias ideas de los motivos. El principal es la proximidad del final del sistema económico que conocemos como capitalismo. Aunque si escuchamos a sus líderes de todo el mundo (especialmente en EE.UU.) no llegamos a saberlo; los últimos decenios han sido duros para el capitalismo. Para mantener la expansión que necesita se han otorgado créditos a individuos e instituciones que nunca habrían tenido posibilidades de obtenerlos antes de 1973. Esto ha posibilitado que el poder de compra del consumidor se extienda más allá de la capacidad de ingresos de la mayoría de la gente. Además, muchos servicios que antes eran suministrados por el gobierno han sido privatizados. Este fenómeno incluye algunas escuelas, bibliotecas, y ciertas operaciones militares, policiales y de seguridad. Esta transición ha sido precipitada por la continua disminución de los impuestos para los muy ricos y la reducción de la prioridad de todos los servicios sociales. Naturalmente, las fuerzas armadas siguen devorando la mayoría de los presupuestos nacionales en muchos países, especialmente EE.UU. Este hecho, combinado con la mencionada privatización de algunas operaciones militares, prisiones y funciones policiales, ha creado una situación en la cual los pobres y las llamadas clases medias ven que su futuro se oscurecen mientras los acaudalados cierran filas a escala global para intentar garantizar su eterna dominación.

Zizek dice que los ricos son víctimas de sus propias ilusiones. En última instancia la distopía que crea el capitalismo monopolista extenderá su sombra sobre todo el mundo. Desocupados, empleados, propietarios, directores ejecutivos y financistas. El momento de la masa crítica está próximo. A los amos del capital les quedan pocas o ninguna carta que jugar. Es seguro que probarán algunos trucos que han utilizado en el pasado en lo que finalmente serán intentos inútiles de reconstruir el planeta capitalista, pero los hechos son obvios. Cada vez hay menos mercados que crear para luego explotarlos. La compra y venta de crédito y deuda con más crédito y deuda sólo pueden engañar al que lleva la batuta por un tiempo limitado. La hora de pagar las consecuencias se acerca.

Una vez tuve una amiga cuya familia abandonó Holanda justo antes de que los nazis se apoderaran del país. No estoy seguro de si era judía, pero su madre sabía que ninguno de sus familiares sobreviviría mucho tiempo una vez que el Tercer Reich llegara a su vecindario. Quién sabe, tal vez eran comunistas. En todo caso en 1981, cuando los trabajadores polacos iniciaron una huelga nacional después que el gobierno estalinista atacó brutalmente a los trabajadores asociados con el movimiento Solidarnosc, ella mencionó su temor por el pueblo polaco mientras esperábamos que el barman nos trajera otra cerveza. Comencé a hablar de un par de huelgas en EE.UU. en las que había participado unos años antes. Mi amiga me interrumpió y dijo que había que desechar todas las suposiciones y que los que supieran cuidarse unos a otros vivirían mucho mejor que la mayoría.

Esta noción no está muy presente en el modo de pensar capitalista, incluso (si no especialmente) entre los que trabajan en sus negocios, fábricas y campos. En vez de eso los trabajadores tienden a asumir la filosofía de los que les pagan. La creencia de que el individuo es la clave para la supervivencia, el camino a la distopía privatizada, no sólo se acepta, sino que además es vitoreada por una mayoría apreciable.

Vuelvo a Slavoj Zizek. Su último libro, titulado Vivir en el Final de los Tiempos, es una aventura. Un poco verboso, el filósofo estrella examina el estado de las cosas en el planeta a comienzos del Siglo XXI. Mediante la división de su análisis en lo que los terapeutas llaman las cinco etapas del duelo, Zizek examina de cerca la naturaleza del problema –el capitalismo y su cultura-. Examina las causas repasando la filosofía occidental y enfrenta todo el dilema con las posibilidades críticas de Marx y Engels. La tarea es fascinante a pesar del uso de ideas como aplicaciones prácticas de otras ideas –un truco de filósofo que tiende a confundir en lugar de aclarar-. Zizek aplica más lo que trata de decir sobre la realidad política y cultural del mundo en los capítulos que vienen directamente después de cada uno de los nombrados según las etapas mencionadas. En otras palabras, Zizek trata de aplicar en esos capítulos sus ideas a algo real. Sin embargo utiliza frecuentemente el recurso del filme para ilustrar sus argumentos. Es como si las sombras en la caverna de Platón se hubieran convertido en los que proyectan esas sombras. Al igual que Ronald Reagan y su confusión, Zizek se refiere al filme como si fuera real.

Recientemente leí un artículo sobre la crisis económica actual que decía que los eventos fueron causados por la codicia individual. Aunque esto es válido en cierta medida, los hechos tienen mucho más que ver con la masa crítica mencionada anteriormente. La industria financiera tenía que encontrar algo que vender porque el mercado estaba saturado y la gente no se podía permitir lo que estaba en venta a menos que su crédito se ampliara más allá de lo razonable. Esencialmente, el capitalismo crea y posibilita la codicia, en su etapa actual, porque su maquinaria sabe que ésta lo mantiene en vida.

Hay un par de maneras de luchar contra el fin que se aproxima. Un método se despliega actualmente en EE.UU. y el otro levanta su cabeza colérica en sitios como Grecia y Francia (y más recientemente en Gran Bretaña). El primero es un método que coincide exactamente con la cultura individualista de EE.UU. Este método encuentra su mejor expresión en el medio político actual en el Tea Party. Su obsesivo individualismo pretende que cada realidad humana es una isla y por lo tanto tiene derecho a acaparar, guardar y proteger lo que cada cual considera suyo. Todo lo demás se puede ir al diablo. Subraya este desorden la creencia de que todos pueden llegar a ser ricos si trabajan bastante duro. Como sabe cualquiera que haya observado a los financistas del Tea Party, esa filosofía egocéntrica es propugnada por unos pocos socialdarwinistas extremadamente ricos.

El otro método depende de la solidaridad y la acción de masas. Los griegos y los franceses en las calles comprenden que esta crisis no es un acto divino, no es inevitable y está directamente relacionada con la etapa actual del capitalismo monopolista –la globalización capitalista-. Saben que los amos que fijan las reglas tienen otras prioridades que las masas y que la única manera de cambiar esas prioridades es reflejar las de los trabajadores (empleados y desocupados) y de otros a quienes los ricos quieren privar de poder. Ante esta situación, señala Zizek, puede que el único camino sea perturbar el orden público. Como ejemplo cita las protestas griegas de 2008 después de que la policía mató a un adolescente. Hay que recordar que esas protestas se extendieron por toda Europa. Todo lo que no sea acción directa que estropee los planes del Estado es ineficaz, sea porque es ignorado por el Estado o cooptado por éste. Como ejemplo de esto último Zizek apunta a la reacción oficial de Washington y Londres ante las masivas protestas del 15 de febrero de 2003 contra la inminente invasión de Iraq. Una vez terminadas las manifestaciones, tuvo lugar la invasión. Sin embargo, los corteses manifestantes pudieron sentirse bien en el sentido de que habían hecho todo lo posible para impedirla, mientras los gobiernos invasores pudieron referirse a las protestas como ejemplo de “cómo funciona la democracia”. Circunstancia que, en realidad, sólo funcionaron a favor de esos gobiernos y de la maquinaria bélica de la que estos últimos forman parte integral.

Entre sus numerosos objetivos, Zizek incluye la democracia liberal. Está de acuerdo en que sus defectos son muy obvios. Muchos de esos defectos se pueden atribuir al hecho de que el liberalismo económico y el llamado libre mercado han triunfado sobre el liberalismo político. Fue Herbert Marcuse quien escribió en su libro El hombre unidimensional: “La libertad de pensamiento, palabra y conciencia eran –precisamente como la libre empresa a la que servían para promoverla y protegerla– básicamente ideas criticas, destinadas a reemplazar una cultura material e intelectual obsoleta por otra más productiva y racional. Una vez institucionalizados, estos derechos y libertades compartieron el destino de la sociedad de la habían llegado a convertirse en parte integrante. El logro anula las premisas.” En los hechos, insiste Zizek, esos derechos van ahora en contra del proyecto mayor de mantener el sistema capitalista no importa de qué manera se presente.

Eso, a pesar del hecho de que la mayoría de los ciudadanos de las democracias occidentales (y probablemente también de democracias en otras partes del mundo) prefieren las libertades sociales y la igualdad prometidas por el liberalismo político. Sin embargo, el libre mercado, que no es realmente libre en el amplio sentido de la palabra, descubre que no puede sobrevivir en un mundo en el cual no haya desigualdad. El capitalismo, después de todo (y especialmente el capitalismo monopolista) crea (y necesita) ricos y pobres. En consecuencia, los dirigentes que defienden el liberalismo político y la democracia se encuentran en una situación en la que acceden a las demandas de los que creen que el mercado supera todas las demás realidades. En otras palabras los liberales políticos, que también son firmes creyentes en el mercado, sucumben. Nada lo demuestra mejor que la presidencia de Obama.

Hablando de esa presidencia, con respecto a la última elección de Tony Blair, Zizek señala que Blair era la persona más impopular en Gran Bretaña en 2005. Sin embargo, como no existía un camino oficial para expresar el rechazo, fue reelegido. Las elecciones más recientes en Gran Bretaña y EE.UU. llevan esta realidad un paso más lejos. Los votantes están frustrados ante la falta de cambio pero no ven un camino oficial para expresarlo, por lo tanto llevan al poder en Gran Bretaña a una coalición liberal-conservadora que hace exactamente lo que se proponía hacer el Nuevo Laborismo. En EE.UU., votaron por el falso populista Tea Party o no votaron a nadie. Mientras tanto, un panel bipartidista ha recomendado grandes cambios en la Seguridad Social y Medicare en Washington, mientras se imponen otras medidas de austeridad en ambas naciones. La guerra de Afganistán sigue escalando y cualquier pretensión de una retirada se boprra lentamente de la memoria. Nada cambiará. Al mismo tiempo tiene que ocurrir un cambio. El señor Zizek describe la situación a su manera en Vivir en el Final de los Tiempos, pero finalmente el texto no es otra cosa que un intricado juguete intelectual.

Si queremos efectuar un cambio, libros como Vivir en el Final de los Tiempos no van a ser la chispa que prenda el fuego en la pradera, no importa cuán hábilmente hayan sido escritos. Aunque el texto de Zizek es potencialmente importante para los que se toman el tiempo necesario para leerlo, sigo convencido de que nuestra búsqueda de un futuro mejor sale ganando mediante la lectura de los primeros capítulos de un pequeño libro publicado por primera vez el 21 de febrero de 1848. ¿Ese libro? El Manifiesto del Partido Comunista de Carlos Marx y Federico Engels. Pienso que el señor Zizek estará de acuerdo.

Ron Jacobs*
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.

*Ron Jacobs es autor de “The Way the Wind Blew: a History of the Weather Underground”, que Verso ha vuelto a publicar. El ensayo de Jacobs sobre Big Bill Broonzy figura en la colección de música, arte y sexo de CounterPunch “Serpents in the Garden”. Su primera novela “Short Order Frame Up”, fue publicada por Mainstay Press. Puede contactarse con él en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 
 
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Pintor, cineasta, escritor y cantautor. Luis Eduardo Aute (Manila, 1943) es uno de esos artistas tan completos que da la sensación de que podría hacer cualquier cosa. Durante sus 42 años de carrera ha mostrado una preocupación por la sociedad que lo ha llevado a ser considerado, además, un crítico de los críticos. De sus 14 nuevas canciones, ha dedicado algunas al declive de la televisión o la dictadura de las nuevas tecnologías, al amor y hasta al cine de Buñuel.

Intemperie, título del álbum, "tiene un denominador común: el estado de ánimo de los tiempos que corren, o más bien que no corren", comenta Aute. Se trata de una sensación, la de estar en manos de lo que designa esta intemperie "en la que puede ocurrir algo en cualquier momento", explicó a Público.

El nuevo rumbo de la política cubana le parece positivo: "Se incentivará la iniciativa privada desde unas bases sociales definidas donde se cubren las primeras necesidades del ser humano", señala el autor de la canción Al Alba. Para él, el capitalismo está agotado y ha tenido como consecuencia la acuciante crisis. "Por eso, intentar refundar el capitalismo me parece absurdo, lo que hay que hacer es reflotar y refundar el socialismo", explica el cantautor.

El barco de la política

Comparar la política con un barco parece la mejor opción para comprender su forma de entender el mundo: "El occidental es un barco que se hunde y el único proyecto que hay es poner parches para que tarde en hacerlo". Sin embargo, ve en América Latina cierta esperanza, pues allí cree que están construyendo el barco, "unos de una manera más moderada y otros más radical, pero construyen", argumenta.

Presume de no tener móvil. "No sé hasta qué punto nos servimos de las tecnologías o ellas se sirven de nosotros", comenta el artista mientras apagaba un cigarro. Sin pudor, se somete al tabaco. "Sí, por eso no quiero más. Si pudiera, lo dejaría, aunque hay épocas en las que el tabaco me deja a mí", concluye Luis EDuardo Aute.

Por ROCÍO PONCE 10/11/2010 22:37 Actualizado: 11/11/2010 10:00
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Los economistas, y probablemente los periodistas económicos, han hecho algo parecido al ridículo en esta crisis. Casi nadie la vio venir. Casi nadie supo explicar lo sucedido. Aun hoy casi nadie sabe qué diantre va a ocurrir. Y no solo eso: la mayor parte de los avances de esa ciencia lúgubre que es la economía en los últimos 30 años son, según el Nobel Paul Krugman, "espectacularmente inútiles en el mejor de los casos, absolutamente dañinos en el peor". Nouriel Roubini es uno de los pocos que fueron capaces de anticipar esta crisis (y otras muchas que nunca llegaron a materializarse, por cierto). Polémico, poco querido en Wall Street, visionario y tremendamente pesimista -apodado Doctor Catástrofe con toda justicia-, durante años sus colegas le tildaron de loco, de agorero recalcitrante, de profeta con ínfulas. Pero acertó. Pronosticó la secuencia exacta de las mutaciones de la crisis desde el inicio. Y siguió pesimista en 2009, cuando los brotes verdes, cuando la recuperación de los mercados provocó que otros oráculos se pasaran al bando de los optimistas y perdieran sus credenciales. "No soy un pesimista: me considero un realista", asegura en una entrevista peculiar, realizada a caballo entre Washington y Nueva York. Más vale que se equivoque: "Aún no hemos salido de esta y ya viene otra crisis: la cuestión es solo cuándo".

Roubini (Estambul, 52 años) es algo parecido a una estrella de la farándula. Firma docenas de autógrafos, estuvo en la última edición del festival de Cannes por su participación en dos películas, es vecino de la actriz Scarlett Johanson en su loft de TriBeCa (Nueva York), colecciona arte, proyecta películas independientes para sus amigos y da multitudinarias fiestas que le han granjeado una merecida fama de crápula. Y trabaja a destajo: puede que nunca gane el Nobel, pero ha superado ya a Krugman en el star system de la academia por sus menciones en la prensa internacional. Cotiza al alza: viaja constantemente, se reúne con políticos, financieros y banqueros centrales de todo el mundo, es el oráculo de moda y acaba de publicar un libro excelente, Cómo salimos de ésta (Destino), en el que ajusta cuentas con los cegatos y disecciona la crisis y lo que está por venir. ¿Adivinan? Bingo: más problemas.

"Vienen años de bajo crecimiento económico por muy bien que salgan las excepcionales y en ocasiones insólitas medidas de política fiscal y monetaria que se han puesto en marcha. Vienen años dolorosos por la resaca del alto endeudamiento público y privado en el mundo rico. La buena noticia es que podemos evitar una recaída en la recesión. La mala es que no se puede hacer mucho más que eso", asegura a modo de diagnóstico general.

Roubini atendió hace un par de semanas a este periódico en un pasillo de la sede del Fondo Monetario Internacional, en Washington, durante apenas unos minutos. Venía de Tokio y Seúl, y tenía mucha prisa: se marchaba a Kiev y a su Estambul natal esa misma tarde. La charla se reanudó la semana siguiente, por teléfono, desde su despacho en su consultora RGE, en Nueva York. Puede que los viajes cambien el estado de ánimo de algunas gentes, pero el tono de Roubini es parecido esté donde esté: "Las crisis son animales de costumbres. Se parecen a los huracanes: actúan de manera relativamente previsible, pero pueden cambiar de dirección, amainar e incluso resurgir sin avisar. Esta fue primero una crisis financiera muy modesta, después mutó en crisis económica, más tarde fue crisis fiscal y ahora es crisis de divisas. Y esto no ha terminado: estamos justo antes de la siguiente etapa, ahora viene cuando en muchos de los países más castigados la deuda privada se convierte en deuda pública y resurgen los problemas fiscales", advierte.

¿Cómo se detiene un huracán? Roubini da una receta general: más regulación. "La banca es la semilla del problema, el ojo del huracán, y todo lo que se haga por darle una vuelta de tuerca a la regulación llegará ya demasiado tarde y será demasiado poco; y aun así hay que reconstruir los diques financieros para hacer frente a futuras crisis. Al paso que vamos la siguiente crisis financiera será aún peor que esta".

Roubini es un tipo singular, tal vez como su peripecia personal. Hijo de judíos iraníes, pasa sus primeros años en Irán y vive después en Israel (recientemente, por cierto, ha vaticinado que un eventual ataque nuclear de Israel a Irán podría complicar las cosas). Cursa sus estudios universitarios en Italia y se doctora en Harvard. Ha enseñado en Yale y sigue haciéndolo en la Universidad de Nueva York. Habla inglés, italiano, hebreo y farsi. Ha sido asesor del FMI, de la Reserva Federal y del Tesoro estadounidense con Bill Clinton como presidente. Ahora preside su propia consultora, con 80 empleados y 1.000 clientes institucionales. Pasa dos terceras partes de su tiempo en la carretera -se define como "nómada global": los tópicos no perdonan ni siquiera a los gurús- y, en términos económicos, no es ni keynesiano ni un neoliberal de la Escuela de Chicago: "Soy pragmático, ecléctico, centrista".

El Doctor Catástrofe -un supervillano de cómic creado en los años sesenta- se transformó en Roubini en 2004, cuando el economista empezó a hablar de un aterrizaje brusco de la economía norteamericana. En esa época pronosticó también una debacle del dólar -causada por los desequilibrios globales- que no se ha producido. Pero lo que le cambió la vida fue un seminario en el FMI en otoño de 2006: allí contó que venía un descalabro financiero, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en el Atlántico Norte y, en última instancia, una depresión profunda. Unos meses después, en el Foro de Davos, hizo lo mismo. Nadie le creyó. Otros muchos también acertaron: "Robert Shiller o Kenneth Rogoff, por ejemplo, pronosticaron algo parecido en varios trabajos. La diferencia es que la prensa amplificó el acierto de Roubini. Creo que se trata de un economista serio con un buen olfato", asegura el profesor Guillermo Calvo desde Nueva York. Pero esa opinión es casi una excepción.

La mayoría de los expertos consultados para este reportaje critica el trabajo de Roubini, la mayoría de ellos con la condición del anonimato. "Exagera a menudo, al menos en público", asegura Daniel Gros, del CEPS. "Puede acertar en algunos diagnósticos, pero falla con facilidad y sus recetas son una locura", añade José Carlos Díez, de Intermoney, que recuerda que en su última visita a España llegó a pedir que se cerraran los mercados ante la sobredosis de incertidumbre que se venía encima, en octubre de 2008, justo después de la quiebra de Lehman Brothers.

Y sin embargo, se le escucha. Un alto funcionario del FMI contaba hace unos días que en primavera de 2007, cuando nadie veía problemas, el director de Asuntos Monetarios del FMI, Jaime Caruana, citaba ya a Roubini y aseguraba que el gurú ya le había puesto cifras al agujero de la banca: un billón de dólares, poco más o menos la misma estimación que hizo inicialmente el FMI pero con varios meses de retraso. "Desde hace mucho tiempo, en economía a las trampas se les llama modelos. Roubini cree que la economía está demasiado dominada por las matemáticas. Él bebe de campos muy diferentes, con un enfoque más amplio: viaja, escucha distintos puntos de vista de primera mano, intenta ver las cosas desde distintos ángulos, y además usa esos modelos, con los que está familiarizado desde hace más de veinte años. Esa es la clave de sus aciertos", asegura el coautor del citado Cómo salimos de ésta, el historiador económico Stephen Mihm, en una conversación telefónica.

El caso es que Roubini sigue viendo el horizonte sombrío. La crisis va por barrios: "Estados Unidos está algo mejor que Europa; y la periferia de Europa peor que el centro. Y aún dentro de Europa, Grecia y algunos países del Este están peor que Irlanda y Portugal, y esos dos países tienen más problemas que España", dispara.

Sus prescripciones son distintas en unos y otros casos. "Estados Unidos tiene margen para un segundo estímulo como el que propone Obama. Y su banco central está haciendo los deberes. Pero a la larga no podrá mantener su déficit fiscal: los riesgos se acumulan, y las presiones sobre el dólar dejan una especie de equilibrio del terror financiero. Estados Unidos devalúa su moneda con la política monetaria [la expansión cuantitativa: la máquina de imprimir dinero que supone la compra de deuda] y los países emergentes, empezando por China, siguen comprando bonos estadounidenses e impiden así que el dólar baje más. Hay un riesgo de crisis del dólar, como ya he afirmado en otras ocasiones, que provocaría serios problemas en todo el mundo. Pero no veo que eso vaya a ocurrir a corto plazo".

Para Estados Unidos, Roubini ve riesgos: de recaída si no se estimula la economía, de crisis del dólar -a la larga- si no se solucionan sus abultados déficits. Para Europa, ve más dificultades. Una década perdida a la japonesa o incluso algo peor: una espiral parecida a la que sufrió Argentina en 2001. "A pesar del plan de rescate anunciado, a pesar de las ayudas a Grecia y a pesar de las pruebas de esfuerzo a la banca, la deuda de los países periféricos sigue presentando problemas. Y el crecimiento en Europa, especialmente en los PIGS [acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España], va a ser muy bajo e incluso negativo. El panorama asusta", dice. "Con esas deudas tan altas y con los planes de austeridad, la deflación es un riesgo serio. Y en esa tesitura, países como Grecia van a tener que reestructurar su deuda, y eso generará una nueva crisis fiscal: ya no es una cuestión de si va a ocurrir, sino solo de cuándo".

Llegan las bofetadas. Roubini considera que tanto el Banco Central Europeo como Alemania están usando políticas equivocadas, por decirlo de forma suave. "La tozudez del BCE, que se empeña en ver fantasmas de inflación, es un desastre para Europa y en particular para los países periféricos. El euro se ha ido por las nubes por la negativa del BCE a dar pasos en la compra de bonos parecidos a los de la Reserva Federal. Como siga en esa línea y el euro llegue a 1,60 por dólar habrá desaparecido cualquier posibilidad de recuperación, y probablemente veamos que junto a Grecia algún otro país tenga que pedir rescate. Irlanda y Portugal son los peor situados. España ha conseguido desmarcarse y está algo mejor, aunque está metida en otros líos".

Roubini nunca ha sido optimista con España. Al inicio de la crisis fiscal griega fue muy duro: "Si cae Grecia es un problema para la UE; si cae España es el desastre". Ahora rebaja la dosis: "España está mucho mejor que Grecia, y mejor que Irlanda o Portugal. Pero tiene una deuda privada enorme, un paro muy elevado que no va a bajar a medio plazo y un pinchazo inmobiliario en el que los precios aún tienen que caer más. Las pruebas de esfuerzo de la banca fueron muy positivas y la competitividad está mejorando, pero créame si le digo que los ajustes han sido duros pero probablemente tengan que ser aún más severos. Sobre todo si Alemania -con esa manía de la austeridad fiscal- y el BCE -incapaz de ser menos rígido- persisten en sus graves errores".

En fin, Roubini en estado puro: "El principal riesgo es la recaída en la recesión o un largo estancamiento, combinado con la deflación: con niveles de endeudamiento público y privado tan altos, eso supondrá suspensiones de pagos en familias, empresas, bancos y, finalmente, Gobiernos".

Hay quien dice que Roubini es como un reloj parado: con todo lo que dispara, acierta dos veces al día. Antonio Torrero, catedrático de la Universidad de Alcalá, asegura que al menos "tiene la valentía de ir a contracorriente" y apunta con tino que "además, da la impresión de venderse estupendamente". Rogoff, que durante años fue uno de sus valedores en la academia, ha explicado que "si uno está sentado junto a miembros del BCE y alguien pregunta qué es lo peor que puede ocurrir, lo primero que se oye es: veamos qué dice Roubini". Últimamente su fama le ha llevado al cine: aparece en Wall Street II y la aún no estrenada en España Inside Job.

Roubini, cómo no, tiene también un análisis sobre esa querencia del cine por la economía, por esa versión del capitalismo mágico de los tres últimos años, irreproducibles en un guión creíble. "No hay forma de hacer una buena película sobre el capitalismo. La realidad es más dramática, impredecible y sorprendente que cualquier película", concluye el oráculo, que esta semana viajó hacia Argentina para dar una de sus conferencias apenas unas horas antes de la muerte de Kirchner.

Por CLAUDI PÉREZ 31/10/2010
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Hay algo nuevo en la historia. Por una parte, el capitalismo, como modo de dominación y acumulación, ha entrado en una crisis terminal. Su capacidad de destruir ya no puede ser superada por la de construir, con ese “happy end” que Schumpeter veía en cada crisis económica. El capitalismo ya tampoco puede resolver los problemas de la justicia social y el desarrollo. Sus soluciones, por lo demás, excluyeron de sus beneficios a la inmensa mayoría de la humanidad. Hoy el neo-liberalismo aumenta aún más sus políticas de acumulación a costa de los trabajadores, los pueblos y las juventudes.

Lo que es imposible en el capitalismo escapa al campo de lo incierto. Sólo quienes trabajan para el imperialismo colectivo de Ananías intentan coléricos descalificar la autodestrucción y la impotencia moral del capitalismo. Para ocultar o prolongar su agonía el capitalismo se engaña así mismo: usa sofisticadas políticas de desinformación, de mentiras científicas, de campañas publicitarias millonarias, aparatosas y subliminales, de juegos de guerra abierta y encubierta, de millones de muertos virtuales y reales, con daños buscados y otros esperados, “laterales”.

Los embates del gran capital y su inmensa red de asociados y subordinados buscan –a confesión de parte—que pueblos y trabajadores pierdan su identidad, que partidos y sindicatos de izquierda no cumplan sus ofrecimientos y desilusionen a sus partidarios, que frentes y movimientos sociales abandonen sus rebeldías y se transformen en ONG’s con políticas paternalistas, o de “acción cívica”, como el discurso contrainsurgente las llama. El gran capital, y los estados de los países más industrializados que lo apoyan, impulsan las luchas contra el “terrorismo” que ellos mismos difundieron desde finales de los años cincuenta, y contra el “narcotráfico”, ambos útiles para dominar y vender armas, para “lavar dinero” y apropiarse de inmensas regiones estratégicas, ricas en recursos naturales y en mano de obra barata.

De éstos crímenes, las fuentes oficiales y bancarias dejan abundantes pruebas “clasificadas” y “desclasificadas”, “encubiertas” y des-cubiertas por sus propios agentes, o por los expertos “hackers” que se meten hasta el cerebro del Pentágono sin que éste tenga la menor capacidad de identificarlos. El gran capital y el imperialismo se oponen abiertamente a ese supuesto “desarrollo” que iba a beneficiar a todo el mundo. Olvidan ese ilusorio “Progreso” que llevaría a la humanidad a un modo de vida cada vez mejor. Ni decir nada de aquella orgullosa “Civilización Occidental”, superior a cualquier otra. Ellos mismos destruyen cuanto tenían por bueno.

A más de incrementar el número de hambrientos, de enfermos curables, de sin empleo, de desechables, de extremadamente pobres y esqueléticos, de empobrecidos y des-regulados, los señores del gran capital persiguen con saña, aprisionan, expulsan, y eliminan entre fobias racistas y fanáticas, a quienes buscan escapar de los infiernos de la miseria y pretenden trabajar en las regiones metropolitanas del mundo. Los trabajadores inmigrantes, los “sin papeles”, son cosificados y deshumanizados con creencias racistas, darwinianas y con religiones de hombres blancos, padres de familias enternecedoras que se sienten amenazados por sus víctimas, y que hasta se ríen cuando las ven sufrir, o cuando juegan con sus cuerpos y humillan su dignidad.

Al mismo tiempo, en los círculos más altos del poder y la cultura científica y tecnológica se busca impedir la guerra loca, la MAD, o “Mutual assured destruction” en que es segura la destrucción mutua de los combatientes. Con sus más sofisticadas investigaciones no buscan lograr la paz sino hacer la guerra. Buscan una guerra en que queden a salvo de las respuestas atómicas que hoy los amenazan. El problema es insoluble. Por más supercálculos y modelos que hacen no logran resolver ni diseñar el escenario de una guerra nuclear en que puedan ganar. A sabiendas de eso, se entretienen haciendo “prácticas de guerra” con amenazas que intimiden al enemigo, y lo obliguen a incurrir en una implosión por exceso de gastos militares, y por fallas crecientes en la promoción de bienes y de servicios a la población. Ellos mismos fomentan y aprovechan esas fallas para alentar las luchas internas y las desestabilizaciones.

Hay otra novedad en la historia mundial. La lucha reciente y emergente de “los pobres de la tierra” es muy rica y alentadora. En ella aparecen recuerdos y experiencias de los intentos emancipadores que la precedieron. Surge una junta de humanismos con sus ideales y experiencias en los combates pasados y sus posibilidades creadoras enriquecidas para construir las bases de otra libertad, otra justicia, otra democracia, y otro socialismo. Sin la menor exageración, la lucha emergente corresponde a la más profunda de las alternativas al capitalismo, y la más acogedora de los distintos caminos que la humanidad ha seguido y sigue para su emancipación.

Sobre su expresión en América Latina querría decir unas palabras y decirlas en relación a las luchas por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra. En mi intento de comunicación no sólo procuro ser riguroso en el uso de mis fuentes e interpretaciones. También apelo a las contribuciones epistemológicas de la moral, y a los sentimientos que nos permiten descubrir verdades. Experiencias y decisiones conciernen el sentido de la vida propia. Aparecen en el sentido de la vida y de la lucha de los pobres de la tierra, que insisten en construir un mundo mejor.

La vivencia de nuestras contribuciones epistemológicas puede tener un origen pascaliano o jansenista, pero sin la vivencia en las selvas o en las fábricas de los trabajadores pobres es imposible encontrar verdades y voluntades que sólo se adquieren con la praxis de quienes luchan por la emancipación humana. Sin oponerse a las verdades de la academia hallan y viven otras verdades, como las que Paulo Freire llamara “palabras verdaderas”. Son verdades que al consolidar un “lenguaje consecuente”, comúnmente expresado y entendido, se transforman en “palabras-actos” de los colectivos rebeldes y los empeños libertarios y justicieros.

La “palabra verdadera” crea un poder creador que es necesario vivir para entender. El enemigo o el conformista no lo entienden. Así quien dice o dijo “esta guerra económica es de todo el pueblo”, o “esta lucha la vamos a ganar entre todos”, quien se refiere o refirió al “todo” o a “todos”, y pensó desde entonces en cómo organizar realmente a “todos”, o a ese todo de que hablaba, creó en los actos de todos o de casi todos un poder que entraña esa otra “palabra verdadera”; esa otra moral práctica y creadora que logra “hacer posible” lo que sin ella era “imposible”. Nos referimos a un poder especial. La fuerza de las palabras es el poder ético-político que desde el principio mueve a las vanguardias genuinamente rebeldes. Con políticas consecuentes e innovadoras permite hacer invencible a un pueblo cuando todo el pueblo organizado comparte y comprende el camino de la ética y de los conocimientos, que en los inicios de la Revolución, sólo tenían unos adelantados… Las nuevas vanguardias quieren “aprender a aprender” lo que otros saben, y “enseñar a aprender” lo que sus integrantes saben. Quieren que todo pueblo sepa lo que en una sociedad desigual sólo conocen las vanguardias, o sólo conocen quienes dominan a pueblos intelectualmente “entontecidos” por los que mandan. Si tras todos los conceptos insurgentes y actuales están Marx, Fidel Castro, los jóvenes rebeldes del 53 y el 68, o los de hoy, lo verdaderamente importante es que quienes luchan por la emancipación humana digan lo que piensan y hagan lo que dicen con razones practicadas. Entre éstas también se encuentra el “ofrecer hacer” y el “luchar para lograr”. Y también la decisión existencial de arriesgarse en todo lo que se puede. Como dicen los zapatistas: “Que cada quien haga lo que pueda”.

“Perder el miedo” tiene a su vez profundos significados epistemológicos vinculados al poder emergente. “La fuerza no se cuenta por el número de combatientes que un ejército tiene, sino por el número de los que están dispuestos a ganar incluso a costa de su propia vida”, nos dijo alguna vez un comandante del Caribe. Las maquinaciones del enemigo buscan “meternos miedo”. Se les enfrenta con serenidad y “profundizando el proceso” emancipador.

Las variadas políticas que el mundo emergente plantea son una inmensa y fascinante tarea de millones de seres humanos. Me limito a decir unas palabras sobre la emancipación territorial, sobre la construcción de “otro mundo posible”, y, sobre las nuevas luchas por la libertad, la justicia, la democracia y el socialismo. De América Latina tomo políticas que han confirmado su eficacia para organizar conciencias y voluntades emancipadoras con valor universal. Incluyo a Cuba, a los indios mayas zapatistas, y registro algunas aportaciones muy importantes de Bolivia y Venezuela. Al final me refiero a los habitantes de Indoamérica, sin cuya presencia activa ningún esfuerzo será cabalmente emancipador ni en esta región del mundo ni en otras que tengan naciones sometidas y explotadas a las que sus sedicentes “conciudadanos” tratan como extranjeras y colonizadas en una opresión, explotación y exclusión que aclaran la lucha de clases y de “razas”. La ausencia de las “minorías étnicas” en la toma de decisiones nacionales sirve para explicar el fracaso de cualquier movimiento emancipador. En América Latina fracasará todo movimiento radical que desatienda la participación activa de los “habitantes originales”. Hasta hoy, los liberadores colonizados frecuentemente se olvidan de ellos, no sólo como indios sometidos, despojados y explotados sino como fuerzas emancipadoras.

Sobre cuatro políticas eficaces y una ineludible

A unos meses del triunfo revolucionario, el 17 de mayo de 1959, Fidel Castro dio a conocer la Reforma Agraria. Ésta acabó con el latifundio y convirtió en beneficiarias a 350,000 familias de campesinos y trabajadores que gratuitamente tomaron posesión de tierras que antes cultivaban para los grandes latifundistas. La cólera de los expropiados fue visceral. Se expresó con renovadas amenazas y ataques de todo tipo. No sólo se enfureció la plutocracia criolla. Los propietarios norteamericanos eran dueños nada menos que del 55% de la propiedad agrícola. Terratenientes criollos y accionistas yanquis expropiados renovaron sus viejas alianzas. La lucha de clases se planteó de inmediato como lucha por la Independencia. El gobierno de Estados Unidos, --desde presidente Eisenhower para abajo-- organizó una feroz ofensiva, que incluía la posibilidad de asesinar a Fidel Castro. (Entre paréntesis: todo lo que digo está documentado) La necesidad de defender el territorio y de defender la vida de los dirigentes revolucionarios se hizo notoria. Las medidas que pueblo y gobierno tomaron prueban su eficacia hasta hoy. No me detengo. Nada más quiero resaltar que de la reforma agraria se pasó a la defensa del territorio. Y de la defensa del territorio nacional se hizo a cargo el pueblo organizado y distribuido a lo largo y lo ancho del país. El imperialismo combinó sus planes conspirativos y magnicidas con una campaña bien conocida. Lo que ocurría en Cuba era una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos. En defensa propia Estados Unidos se disponía a atacar.

La lucha por la reforma agraria y por el territorio nacional se complementó con la lucha por la “información”. También por la “formación” del pueblo. Los discursos de Fidel y otros líderes, así como de los activistas y simpatizantes realizaron la tarea de informar y educar. También ellos aprendieron.

El tiempo que le llevaba Fidel Castro hablarle al pueblo a menudo pasaba de cinco horas. Desenredar razonamientos tenía un fuerte sentido pedagógico. Desenredaba a un pueblo de trabajadores agrícolas y obreros, con una alta proporción de analfabetos. Preparaba a todo el pueblo para tomar decisiones. Así, una de las primeras luchas llevó a Fidel a preguntar a la multitud. La escribo como la recuerdo: “Si para lograr la democracia tuvieran que escoger entre el voto y las armas, ¿Qué escogerían, el voto o las armas? El clamor de “¡las armas!” no se hizo esperar. Pasado un breve tiempo, en el discurso del 15 de abril de 1961, preguntó a la multitud que asistía: “¿Quienes tienen las armas? ¿Acaso los millonarios tienen las armas? (Gritos de “No”) Al final del discurso pidió otra aclaración: “¿Es democracia una revolución en que los humildes tienen las armas? (Gritos de sí. Aplausos.) Años después el antropólogo Jorge Alonso y otros autores sostuvieron que el 80% del pueblo cubano estaba armado.

Los esfuerzos realizados fueron complementarios. Desde 1960 se tuvo que organizar a todo el pueblo para la defensa de tierras y territorio, con sus habitantes amenazados en los hechos por crecientes actos terroristas. Así nacieron los “Comités de Defensa de la Revolución”. Pronto se convertirían en una organización del pueblo de abajo para arriba, en una especie de construcción piramidal del estado-pueblo. Cada cuadra tenía su CDR; los presidentes de varias cuadras conformaban el CDR del barrio; los presidentes de los barrios, los CDRS de las provincias, los de las provincias los CDRS de la nación. La gigantesca organización forjó canales paralelos de abajo a arriba y de arriba abajo. Sirvió para dialogar, discutir, disentir, acordar adentro y con los de adentro, es decir, para “mantener al pueblo unido y expresando sus diferencias, sus oposiciones y críticas en el interior de sus organizaciones”. Obviamente constituyó una formación sociopolítica que nada tenía que ver con la democracia de los partidos y de la publicidad mercantil, ni con los regímenes del “cesarismo democrático”. Correspondió al concepto de democracia que define con tanta claridad el teólogo Leonardo Boff cuando dice: “ El principio de la democracia es éste: <lo que interesa a todos debe poder ser pensado y decidido por todos>”. 250,000 alfabetizadores se encargaron de enseñar a leer y escribir a todo el pueblo. Hoy sus habitantes y gobierno construyen un “País-Universidad” que busca acabar con el mito de que sólo una minoría de seres humanos puede alcanzar la educación superior.

El eslabón reforma agraria-defensa del territorio- organizaciones armadas del territorio-servicios secretos altamente eficaces --vanguardias diseminadas en las bases— y --bases que cuidan a los comandantes y al país de atentados y actos terroristas enriquecieron con la acción los discursos pedagógicos sobre cómo gobernar. A los propósitos originales de los CDR se añadieron muchos otros. Los CDR practicaron actividades de servicios urbanos y rurales, de alfabetización, de salud, de prevención de plagas, de prevención y curación de enfermedades. Construyeron redes de comunicación permanente entre las organizaciones del pueblo, y las que abarcaban el territorio nacional. La interacción de los colectivos de esas redes fue una novedad incomprensible para los políticos tradicionales. Fue tanto o más incomprensible que “el discurso de la verdad” y “la política de la moral”, únicos garantes del pueblo al principio del triunfo de sus vanguardias o avanzadas, y antes de que se diera “esa fuerte disciplina que se impone uno a sí mismo por convicción propia” –de la que hablaba el Che-. La puesta en marcha de todos esos factores explica en gran medida el triunfo y resistencia de Cuba.

Cabe aquí destacar dos hechos sobre la forma en que el proceso revolucionario no se detuvo en los límites de la Nación sino practicó una nueva política internacional y mundial. A las acusaciones con que el imperialismo tachó a cualquier movimiento popular de la post-guerra de ser “comunista”, se contestó aceptando el término y estableciendo las alianzas que implicaba con los países dirigidos por los partidos comunistas. A la novedad de una revolución socialista, que no estaba dirigida por el proletariado de los países más industrializados del mundo, y cuyo conocimiento del marxismo era incipiente, y siempre relacionado con el de José Martí --ese genio del pensamiento liberal radical y antiimperialista mas profundo--, se respondió dando nuevas características del diálogo-discusión-disciplina-consentida-consenso, que se practican en las redes del gobierno-pueblo, del estado-pueblo cubano, y que en el mundo inició un nuevo internacionalismo desde las periferias coloniales rebeldes. La organización de la “Tricontinental” y múltiples actos de solidaridad militante incluyeron África, Asia y varias naciones de América Latina. Las misiones de alfabetizadores y médicos cubanos trabajan con un extraordinario profesionalismo en esas regiones del mundo.

En cuanto las contradicciones entre lo innovado y lo heredado, lo dialogal y lo autoritario, y otras que aparecen conforme la revolución se vuelve un proceso prolongado en que no cesan las luchas contra la burguesía y el imperialismo, es un problema crucial que apuntaré al final de este ensayo, en espera de profundizar en él todo lo que merece. Por lo pronto termino este esbozo con palabras de Samir Amin a quien cito en extenso: “Il nous faut comprendre que la polarisation produite par l´histoire du capitalisme réellement existant impose une autre vision de la longue transition (séculaire) du capitalisme au socialisme. Cette longue transition doit être, pour les peuples du Sud, constituée de phases successives de déploiement de structures nationales, populaires et démocratiques. Celles- ci sont capables d´associer les exigences contradictoires d´un développement efficace des forces productives encore incontournable et celles de la progression, d´étape en étape, de logiques sociales nouvelles, celles du socialisme, en mesure de donner toute leur ampleur au respect de la démocratie en toutes ses dimensions sociales, et de répondre aux exigences de la vie du planète, menacée par l´irrationalité de la logique de l´accumulation capitaliste. Le marxisme créateur doit être capable de produire des conceptualisations théoriques et d´inspirer les stratégies de la transition nécessaires au déploiement du socialisme du XXIe siècle. Cuba est bien placé pour cette création humaine”.

Mi segundo ejemplo, es el de “los hombres y las mujeres más pequeños del mundo”, el movimiento zapatista de los pueblos indios de México. Apunto un poco, muy poco, la historia de los pueblos mayas que fueron ocupando tierras en poder de los latifundistas mexicanos y extranjeros. Pueblos de tzeltales, de tzoziles, choles, tojolabales y otros idiomas, entre los que no excluían el “castilla”, o castellano, esos pueblos llegaron a ocupar un amplísimo territorio en el sudeste mexicano. A ellos se unieron grupos de jóvenes rebeldes que, tras algunas derrotas en el Norte y Centro del país, habían hecho un arma de la “modestia de aprender”, y de no dirigir a los pobres entre los pobres. Tardó tiempo para que fueran aceptados como fuerza defensiva. Más tiempo tardó en que se organizaran como Ejército Zapatista de Liberación Nacional, un ejército en que los comandantes de los pueblos indios eran indios, de por sí conocedores de la cultura de la resistencia centenaria con su inmenso saber, y algunos también del marxismo guevarista trasmitido en las escuelas republicanas, o de la teología de la liberación que en los colegios y conventos de Centroamérica y Chiapas prosperaba.

Mirando de cerca el Movimiento parece como una resistencia y una rebeldía de “ensayo y error” que hasta cuando pierde hace extraordinarios descubrimientos. Con ellos logra seguir resistiendo y construyendo la alternativa de un mundo mejor. Descubre así y practica un pensamiento hecho de múltiples combinaciones de las que tomo algunos ejemplos: UNO. Las comunidades y las redes, --es decir las organizaciones que vienen de los habitantes originales o del medievo español--, se combinaron con las que han mostrado ser más eficaces en la época de la información electrónica, y con las comunicaciones, acciones y organizaciones cibernéticas y complejas. DOS. Las luchas por la tierra se combinan con las luchas por el territorio, por la nación, por el mundo, y por la solidaridad internacional. TRES. Combinan la lucha por la autonomía de los pueblos y las articulaciones necesarias para defender “el interés general” de “los pueblos de los pobres de la tierra” a que pertenecen. CUATRO. Combinan la capacidad de lucha armada, con la capacidad de negociación, y ambas con la firme decisión de negarse a las luchas mediatizadoras de quienes han dado muestras reiteradas de traicionar su palabra y sus compromisos con ellos y con los trabajadores. QUINTO. Combinan su respeto a las distintas creencias e ideologías con el pensamiento crítico y con la creación de alternativas en que destacan las “Juntas de Buen Gobierno” y las asociaciones de los municipios autónomos, unidades mayores, llamadas “Caracoles”. Se trata de una experiencia de unión de las comunas y de construcción del poder desde las comunidades y bajo su control…Hoy, los zapatistas, tras el intento de participar a nivel nacional fuera del sistema político en crisis, al ver que las inmensas masas que reunieron en las ciudades cuando lucharon para que los derechos de los pueblos indios fueran reconocidos, en la “Otra Campaña” que emprendieron a nivel nacional al tiempo de las elecciones presidenciales, aquellas inmensas masas que los apoyaban, no hicieron acto de presencia. Desde entonces parecen haberse consagrado a construir “Los caracoles” sin que pueda decirse cómo van a seguir la lucha a nivel nacional, continental y mundial.

El tiempo apremia. Mucho más podríamos decir de Cuba y los zapatistas, y diremos mucho menos de lo que merecen Bolivia, Venezuela y otros países de América del Sur, cuyas aportaciones son también muy importantes en la historia mundial emergente.

En cuanto a la lucha por la tierra, el gran movimiento que llevó a Evo Morales a la Presidencia de Bolivia empezó con la defensa de las tierras y los territorios, con la defensa del derecho a sembrar una planta llamada “coca”que forma parte de la dieta del pueblo, y con la defensa del agua y sus veneros. En esas luchas el actual presidente de Bolivia –socialista y amigo de Cuba- fue uno de los principales líderes. Las aportaciones del movimiento boliviano al nuevo proceso emancipador de pueblos y trabajadores pobres son inmensas. Entre ellas destaca la vinculación de las luchas por la tierra con las luchas por el territorio y con las luchas por el Planeta Tierra. Recientemente realizaron en Cochabamba un Congreso que, a diferencia del de Copenhague, constituye la base para plantear no sólo las verdaderas causas y amenazas que el capitalismo entraña para la vida en la tierra, sino las soluciones necesarias en la transición al socialismo, que pasan por la organización de la “democracia comunitaria” para el “vivir bien”. Leonardo Boff ha hecho una buena definición de ambos en relación a las estructuras que vienen de las culturas originarias de Indoamérica: “Estas – escribe - buscan realizar un “vivir bien” que no es como nuestro “vivir mejor”, que implica que muchos vivan peor.” Y añade: “El vivir bien” es la búsqueda permanente del equilibrio mediante la participación de todos, equilibrio entre hombre y mujer, entre ser humano y naturaleza, equilibrio entre la producción y el consumo en la perspectiva de una economía de lo suficiente y de lo decente y no de la acumulación”. Raúl Zibechi, por su parte ha destacado con razón que, a diferencia de las anteriores luchas por las tierras y los territorios, las actuales “están promoviendo un nuevo patrón de organización del espacio geográfico, donde surgen nuevas prácticas y relaciones sociales”. Característica de todos los movimientos es el respeto a la autonomía de los gobiernos locales. Estos exigen la construcción colectiva de una nueva organización social que tiende a superar los fracasos anteriores de “la comuna”, “el municipio libre”, o el “soviet” como base del poder del estado de una Nación-Pueblo hecha de muchas naciones y muchos pueblos. Tales parecen ser las características realmente nuevas del pensamiento crítico que tiene como antecedentes el pensamiento tradicional de los pueblos indígenas, y el revolucionario del poder que se construye y controla desde abajo, en busca de una sociedad alternativa de transición al socialismo, a la democracia como poder de los pueblos y de los trabajadores, y al pluralismo ideológico y religioso. Lo nuevo en la lucha por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra es que concibe y practica una compleja lucha de clases, que también es lucha nacional contra el imperialismo y contra las mega-empresas, sus asociados y subordinados, y una lucha cultural o guerra de las ideas y las imágenes que busca la paz y la supervivencia de la tierra, con la difícil lógica del poder de “todo el pueblo”, base ineludible para la victoria. Esta se logrará si se abandona el indianismo y el aldeanismo en la defensa de los pueblos indios y si deja de enfrentarse la democracia ciudadana a la comunitaria, en vez de combinarlas dentro de una lógica nacional y mundial en que los intereses de clase y sus mediación no pueden olvidarse.

Entre los otros movimientos del Sur de América, destaca el de Venezuela por el hecho de que un militar de alta graduación, entrenado profesionalmente para la lucha contra el pueblo, se pone del lado del pueblo en la lucha contra la plutocracia y el imperialismo, se consagra a organizar los municipios y comunidades de los pueblos autónomos para la defensa de su vida y de sus derechos, fenómeno que revela cómo en las grandes revoluciones de ayer y hoy el determinismo de clase no acaba con la libertad humana. Si muchos de los jóvenes rebeldes de los antiguos y nuevos movimientos revolucionarios surgieron de las clases medias e incluso de las oligarquías que en sus países estaban destinados a gobernar, ese hecho se repite hoy con un general del Ejército que al mismo tiempo respeta las leyes heredadas a pesar de que a menudo constituyan un gran freno incluso para las reformas legislativas necesarias. El Presidente Hugo Chávez inicia el proceso al socialismo del siglo XXI manifestando su respeto a la Revolución Cubana, y añadiendo que su herencia ideológica proviene de las líderes de Venezuela desde la época de Simón Bolívar. Muchos son los que temen que el futuro de este movimiento sea parecido al que llevó del Nacionalismo Revolucionario, al Populismo, y de éste al Neoliberalismo. Ese proceso no corresponde al orden de lo necesario; las explicaciones deterministas no son atendibles. A lo que se tiene que atender es a la lucha que se libra entre la lógica del capitalismo y la lógica del socialismo. Si a cada ataque de aquélla se responde con un incremento de ésta las posibilidades de victoria aumentan exponencialmente. Pensar que “lo político” es detenerse es un error en términos generales.

Termino. Todos los nuevos movimientos rebeldes, incluido el de Cuba son reversibles y serán fácilmente derrocados si no cuentan con todo el pueblo o con su inmensa mayoría; con ese 80% de ciudadanos armados que Cuba tiene; o con ese 80% que votó por Evo Morales en Bolivia, o con la inmensa movilización de masas encabezada por las masas que en Venezuela defendieron y salvaron al presidente Chávez de los golpistas traidores. Tener a “todo el pueblo” o a “la inmensa mayoría del pueblo”, es la clave de toda “política del éxito” en la transición a la emancipación humana. Para “ser político” y luchar por la emancipación no hay más alternativa que responder con nuevos avances en la libertad, la justicia, la democracia, y el socialismo y con el respeto a las distintas creencias y religiones. Esa es la clave universal de la transición al socialismo del siglo XXI. Frente a ella se levantan muchas y poderosas fuerzas dominantes. Sus armas más peligrosas son las que corresponden a las contradicciones en el interior del pueblo, en cuyo uso sí se ha especializado el pensamiento neoconservador del imperialismo, sus asociados y subordinados. Nosotros no hemos dado la atención suficiente a “las contradicciones en el interior del pueblo” para mejorar nuestra “cultura del éxito”. De hacerlo, la corrupción aparecerá más que como un delito como el arma oculta y más peligrosa del capitalismo, o como la que mejor defiende y restaura ese modo de acumulación y dominación.

En nuestras sociedades y comunidades de recursos escasos, a la deshonestidad que pueda darse en algunos dirigentes de los procesos revolucionarios con fines de acumulación personal, se añade el mercado paralelo, informal y prohibido en sociedades que sufren la guerra integral, o de amplias dimensiones. El capitalismo “se hace publicidad” como una sociedad de consumo y de lujo. Sus atractivos “se venden” como si fueran característicos de una sociedad a la que los excluidos pueden aspirar. La guerra de las imágenes se combina con la guerra de las ideas. Una y otra se combinan con las políticas de asfixia financiera y comercial, con las “desestabilizaciones” a cargo de agentes provocadores abiertos y encubiertos, y con los bloqueos criminales. Los efectos que la guerra múltiple produce llevan en los países de transición al socialismo a la creación del “mercado negro” que en la transición a la emancipación y al socialismo es el inicio de la diferencia creciente entre el socialismo formal y “el socialismo realmente existente”. Por sí sola, la corrupción que se generaliza es el peor enemigo de las revoluciones emancipadoras. Más que denunciarla necesitamos enfrentarla en forma reflexiva y activa para vencerla. Creo que la venceremos.
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Miércoles, 22 Septiembre 2010 07:32

Para los pobres, mercado

Son muchas las pruebas que, en la actualidad, demuestran la inviabilidad del capitalismo como modo de organización de la vida económica. Uno de sus máximos apologistas, el economista austríaco-americano Joseph Schumpeter, gustaba argumentar que lo que lo caracterizaba era un continuo proceso de “destrucción creadora”: viejas formas de producción o de organización de la vida económica eran reemplazadas por otras en un proceso virtuoso y de ininterrumpido ascenso hacia niveles crecientes de prosperidad y bienestar. Sin embargo, las duras réplicas de la historia demuestran que se ha producido un desequilibrio cada vez más acentuado en la ecuación schumpeteriana, a resultas del cual los aspectos destructivos tienden a prevalecer, cada vez con más fuerza, sobre los creativos: destrucción cada vez más acelerada del medio ambiente y del tejido social; del estado y las instituciones democráticas y, también, de los productos de la actividad económica mediante guerras, la obsolescencia planificada de casi todas las mercancías y el desperdicio sistemático de los recursos productivos.

Una nueva prueba de esta inviabilidad ya no a largo sino a mediano plazo del capitalismo lo otorga su escandalosa incapacidad para resolver el problema de la pobreza, tema que en estos días está siendo discutido en el marco de la Asamblea General de la ONU. A pesar de los modestos objetivos planteados por las llamadas “Metas del Milenio” para el año 2015 –entre los que sobresale la reducción de la población mundial que vive con menos de 1,25 dólares al día-, lo cierto es que ni siquiera tan austeros (por no decir insignificantes) logros podrán ser garantizados. De hecho, si a nivel mundial se produjo una relativa mejoría esto debe atribuirse a las políticas seguidas por China e India, que se apartaron considerablemente de las recomendaciones emanadas del Consenso de Washington. Más allá de esto sería interesante que los tecnócratas del Banco Mundial y del FMI explicaran cómo podría calificarse a una persona que habiendo superado el fatídico umbral del 1,25 dólar por día gana, por ejemplo, 1,50. ¿Dejó de ser pobre? ¿Es un “no-pobre” por eso? ¿Y qué decir de la estabilidad de sus misérrimos ingresos en un mundo donde aquellas instituciones pregonan las virtudes de la flexibilización del mercado laboral?

Esta incapacidad para enfrentar un problema que afecta a más de mil millones de habitantes –cifra que crecería extraordinariamente si, aún desde una visión economicista, situáramos la línea de la pobreza en los 2 dólares diarios- se torna motivo de escándalo y abominación cuando se recuerda la celeridad y generosidad con que los gobiernos del capitalismo avanzado se abalanzaron con centenares de miles de millones de dólares al rescate de los grandes oligopolios, arrojando por la borda toda la vacua palabrería del neoliberalismo. El rescate a los grandes oligopolios financieros e industriales, según informa la Agencia Bloomberg, de clara identificación con la “comunidad de negocios” norteamericana, costaba, hasta finales del año pasado y por diferentes conceptos, “un total de 12,8 millones de millones de dólares, una cantidad que se acerca mucho al Producto Interior Bruto (PIB) del país”. En cambio, la “Ayuda Oficial al Desarrollo” (AOD), que había sido fijada por la ONU en un irrisorio 0,7 % del PIB de los países desarrollados, sólo es respetada por los países escandinavos y Holanda. Datos de los últimos años revelan que, por ejemplo, Estados Unidos destinó a la AOD sólo una fracción de lo acordado: el 0,17 % de su PBI, mientras que España aportaba el 0,24 e Italia el 0,15 %. Los principales países de la economía mundial, nucleados en el G-7, dedicaron a la cooperación internacional apenas el 0,22 % de su PIB. A diferencia de lo ocurrido con las grandes empresas oligopólicas, el “rescate” de los pobres queda en manos del mercado. Para los ricos hay estado, los pobres tendrán que arreglárselas con el mercado. Y si aparece el estado es para reprimir o desorganizar la protesta social. Alguien dijo una vez que las crisis enseñan. Tenía razón.

Por Atilio Boron
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