Domingo, 05 Agosto 2012 06:13

La lógica infernal del capital

La lógica infernal del capital
Los estados capitalistas dependientes que, en América Latina tienen gobiernos llamados progresistas” que se rehúsan a aplicar las políticas impuestas por el Consenso de Washington, están atrapados en un engranaje que devora continuamente los esfuerzos en pro de un cambio económico y social, mecanismo que reproduce y agrava el pasado, afirmando de paso las políticas neoliberales que esos gobiernos declaran rechazar.


Sus economías viven cada vez más de la exportación de commodities, sobre la base del cultivo de unos pocos productos exportables; además, necesitan inversiones extranjeras para impulsar una industrialización de base y la creación de infraestructuras porque el gran capital controla el ahorro nacional y lo exporta, y los grandes capitalistas extraen y se llevan legal o ilegalmente capitales y ganancias por cientos de miles de millones de dólares.


Los bancos, las grandes industrias exportadoras o productoras de alimentos y bienes de consumo e incluso buena parte de la tierra están, en efecto, en manos extranjeras y su producción y exportaciones son, en realidad, un comercio interno entre la matriz y diversas filiales de empresas transnacionales.


Los autos “argentinos”, por ejemplo, son Fiat, Ford, GM o de otras marcas similares; el acero “argentino” es de la transnacional Techint; los granos exportados, de Cargill, Bunge y Dreyfus, grandes transnacionales del sector, y la propiedad del gas, del petróleo y de la electricidad sigue en manos extranjeras, pues la cacareada “renacionalización” de YPF se limitó meramente al control del Estado de 51 por ciento de las acciones del ex socio mayoritario –Repsol–, que continúa formando parte de la empresa, la cual es mixta, no estatal; mientras, 68 por ciento de los yacimientos argentinos son explotados por otras firmas igualmente privadas, en su inmensa mayoría de otros países. Petrobras, por su parte, no es brasileña, sino una compañía mixta, y lo mismo sucede con la gran mayoría de las palancas de la economía boliviana o ecuatoriana.


Esos gobiernos, para sostener el alto nivel de ganancias de los inversionistas, deben mantener bajo control los ingresos reales de los trabajadores, lo cual impide un aumento mayor de la construcción de viviendas y del consumo de bienes esenciales y, por consiguiente, una importante parte de la población económica activa se encuentra en el sector llamado “informal” (de desocupación disfrazada), en el desempleo estructural y en la pobreza. Los cuantiosos subsidios estatales en realidad no tienen como principal motivación aliviar la pobreza y asegurar un mínimo de consumo sino, sobre todo, abaratar la mano de obra al reducir el precio de los servicios, en particular el del transporte, y de algunos “bienes salario”. Son subsidios al sector patronal porque el Estado contiene así las demandas salariales y asegura una fuerza de trabajo barata pero con alta productividad.


Esa política de sostén estatal a las ganancias patronales en los tiempos de crisis, como el actual, es insostenible y no puede impedir ni los despidos ni un nuevo aumento de la pobreza y tampoco el número de desempleados; ni siquiera traba la desindustrialización relativa porque, cuando la especulación se concentra sobre el sector de granos forrajeros o alimenticios (soya, maíz, trigo) es mucho más lucrativo poner los capitales en ese comercio que invertir a largo plazo en mercados asfixiados por la escasa capacidad de consumo de una gran masa de su población.


Por otra parte, los intentos de unificar esfuerzos, por ejemplo, en el contexto del Mercosur, son fructíferos sólo a mediano o largo plazo, pues por importantes que sean, no arrojan resultados inmediatos y no hay aún una estrecha cooperación financiera entre los países miembros ni una moneda común, y como dichos esfuerzos deben vencer los intereses particulares de cada nación, la coordinación y una posible unificación aparecen más como una meta que como una solución inmediata.


Eso lleva a recurrir desesperadamente a una nueva panacea: el desarrollo de la minería, para extraer oro y metales y tierras raras, cualquiera que sea el precio social, ambiental y político. También conduce a la reducción al máximo de los márgenes democráticos, para acallar las protestas de la sociedad y adoptar decisiones repentinas –desde arriba e inconsultas–, chocando así con la base social de esos gobiernos y pisoteando leyes e instituciones.


De este modo, gobiernos que fueron el resultado directo o indirecto de movilizaciones por la democracia y por un cambio social, restringen ahora los márgenes de la democracia y reproducen el viejo orden social, debilitándose.


No se sale de los males del capitalismo con más capitalismo. La solución a ese nudo gordiano nuevamente es la de Alejandro: cortarlo. Ahora bien, es imposible la autarquía y no es posible comerse la soya y prescindir del comercio exterior, pero éste podría ser monopolizado por el Estado, que vendería la producción a otros países pagando en pesos a los productores. Es posible igualmente dar prioridad al futuro, a las próximas generaciones, preservando el agua y el ambiente, en vez de regalarlos a las mineras extranjeras, y es factible comenzar a planificar la producción y los consumos, así como reconstruir el territorio, considerando en conjunto, con los países vecinos, los recursos, los medios, las necesidades.


Precisamente porque la crisis es profunda y duradera y, contrariamente a muchas fanfarronadas dichas hasta hace poco, nuestros países no están blindados contra ella; la alternativa es clara: seguir en este juego y hundirnos aún más o tomar medidas radicales que puedan ayudar a una transición fuera realmente de la lógica infernal del capital, contando con el apoyo y la movilización de los trabajadores y las poblaciones. Eso requiere dejar de lado la arrogancia de los ignorantes. No es tiempo para decisiones de gabinetes de tecnócratas, sino de discusión pública y democrática de lo que se debe hacer ante los grandes problemas.

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Miércoles, 18 Julio 2012 07:09

Su apellido es ‘Crisis’

Su apellido es ‘Crisis’
¿Cuándo fue la última vez que una economía capitalista se mantuvo en expansión y en armonía social? Parece que hay que hacer un buen ejercicio de memoria porque no es fácil recordar semejante episodio de placidez. Y sin embargo, en el imaginario social perdura la creencia de que en una época perdida que habría que recuperar, el capitalismo pudo hacer entrega de buenos resultados. Quizás el anhelo profundo del ser humano es ese mundo de paz, bienestar y justicia. Pero esa aspiración no significa que ese mundo anhelado sea posible bajo la feroz regla del capital.


La historia del capitalismo revela un proceso de continua expansión y eso ha sido interpretado como señal de éxito. En esa misma historia hay una nutrida sucesión de episodios de contracción y descalabro. Es como si la crisis incesante fuera el estado natural del capitalismo.


La lista de crisis y dislocaciones traumáticas en la marcha del capitalismo es densa. En ella se entrelazan la especulación financiera, la caída en la demanda agregada provocada por recortes salariales, el exceso de capacidad instalada y, por supuesto, las expectativas optimistas de los inversionistas que fueron una y otra vez desmentidas por el mercado. En varios momentos los límites a la acumulación de capital condujeron a confrontaciones inter-imperialistas y a políticas de colonización que buscaban superar esas limitaciones. En todos estos casos la secuela de desempleo y empobrecimiento, destrucción y guerras dejó cicatrices sombrías.


El mítico periodo glorioso del capital es algo endeble. Hagamos abstracción de las crisis de siglos anteriores, como la de la South Sea Company inglesa (1720) o las del siglo XIX: la depresión post-napoleónica, la crisis de 1837 en Estados Unidos, la de 1847, las de 1857 y 1873-96 (llamada la ‘Larga Depresión’). Pasemos al siglo XX.


En 1907 explota una feroz crisis en Nueva York que amenaza todo el sistema bancario y desemboca en la creación de la Reserva Federal. En 1920-21 se presenta una crisis deflacionaria que precedió a la Gran Depresión. Ésta dejó una huella profunda en la historia económica y política de la primera mitad del siglo.


Después de la Segunda Guerra viene la llamada “época dorada” de expansión capitalista. Esa fase (1947-1970) estuvo sostenida por circunstancias excepcionales e insostenibles: la demanda de la reconstrucción post bellum y del consumo postergado desde la crisis de 1929. La era dorada duró poco: a fines de los sesenta comienza el agotamiento de oportunidades rentables para la inversión. En 1973 concluye el crecimiento de los salarios y arranca la crisis de estancamiento con inflación, misma que desemboca en el alza brutal de las tasas de interés y desencadena la crisis de los años 80 a escala mundial. En América Latina nos acostumbramos a decir “la década perdida” de los 80. Olvidamos que en los países centrales la crisis se había gestado precisamente en la “era dorada”. La crisis de los 80 le pega a todo el mundo.


A finales de los 70 estalla la crisis de las cajas de ahorro y crédito en Estados Unidos. El costo fue enorme y los efectos se prolongaron a lo largo de 10 años hasta que en 1987 sobrevino el Lunes Negro. Durante los años 90 la economía estadunidense experimenta un episodio de bonanza artificial y hasta las finanzas públicas alcanzan a tener un superávit. Mientras en Estados Unidos se está gestando la burbuja de las empresas de ‘alta tecnología’, en el resto del mundo se presenta una nutrida serie de crisis: México, Tailandia y el sudeste asiático, Rusia, Turquía, Brasil. Para cuando los atentados del 9-11 la recesión ya tenía dos años de golpear en Estados Unidos.


No hay pausa para respirar. El capitalismo vive a través de mutaciones patógenas continuas. Es como si se tratara de un enfermo que en momentos de aparente buena salud estuviera preparando los momentos de graves convulsiones.


No hay que caer en una visión reduccionista. No todas las crisis son iguales, ni tuvieron las mismas causas. El desarrollo del capitalismo es un proceso contradictorio y por ello ha tenido fases de relativa prosperidad. Precisamente en esas etapas de estabilidad se gestan las mutaciones que conducen a más crisis.


El análisis de corte marxista ofrece las perspectivas más ricas para el análisis teórico de la crisis como esencia del capital. Pero hasta en una disposición reformista, à la Keynes, es fácil observar que la crisis es el apellido del capitalismo: no existe un mecanismo de ajuste que permita solucionar el problema de la inestabilidad de las funciones de inversión y de preferencia de liquidez en una economía monetaria de tal manera que se alcance una situación de pleno empleo. El punto es este: no es que no funcione el mecanismo, sino que no existe.


Definitivamente, la visión ingenua sobre el capitalismo debe ir a reposar en el museo de los mitos curiosos. Se desprende una importante tarea política e histórica para la izquierda, la única fuerza capaz de cuestionar las bases del capitalismo.

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Lunes, 16 Julio 2012 06:02

China, en guardia ante la crisis

China, en guardia ante la crisis
El primer ministro chino, Wen Jiabao, ha vuelto a hacer gala de su prudencia habitual y ha asegurado que el impulso para lograr una recuperación económica aún no es estable y las dificultades continuarán durante algún tiempo, a pesar de que la economía del país asiático crece a tasas impensables en Occidente. Así lo señaló el sábado durante una de sus habituales giras por China —en la provincia suroccidental de Sichuan—, según publicó el domingo la agencia oficial Xinhua.


“Hay que entender claramente que todavía no se ha logrado el empuje para un rebote estable. Necesitamos evaluar la situación de forma exhaustiva y reconocer los problemas, dificultades y riesgos, en particular la presión a la baja de la economía”, señaló. El banco central lanzó también una advertencia el viernes y dijo que la debilidad de la demanda global dificultará el crecimiento. Calificó la situación mundial de “sumamente” complicada.


Los comentarios de Wen, que dejará el cargo en marzo próximo, se producen después de que el viernes fueran publicados los datos de la economía del segundo trimestre, que, según la Oficina Nacional de Estadísticas, ha crecido un 7,6% anual, el valor más bajo desde el 6,6% registrado en el primer trimestre de 1999, cuando la crisis financiera mundial estaba en auge. La ralentización se ha debido al impacto que ha tenido en China la crisis en Europa y Estados Unidos, que ha desanimado la demanda extranjera, y al efecto de los controles aplicados por Pekín para frenar la especulación inmobiliaria y la inflación.


No obstante, el primer ministro afirmó que el actual ritmo de crecimiento del PIB se encuentra dentro de los cálculos previstos, y las medidas tomadas por el Gobierno para “estabilizar la economía” están “dando frutos”. El objetivo oficial de crecimiento para el conjunto del año es del 7,5%. En 2011 subió un 9,2%, y en 2010 lo hizo un 10,4%.


Wen apuntó que “los fundamentos para el desarrollo siguen siendo sólidos”, ha vuelto a repetir que “la prioridad número uno” es estabilizar el crecimiento y ha asegurado que en el segundo semestre se van a realizar ajustes para cumplir las previsiones.


El Gobierno dará prioridad a la creación de puestos de trabajo —uno de los grandes retos de la segunda economía del mundo—, impulsará la actividad de empresas privadas, y proporcionará ayuda financiera y ventajas fiscales a las compañías exportadoras afectadas por la caída de la demanda exterior. También incentivará el desarrollo de los mercados emergentes y la inversión privada.


El primer ministro afirmó que la moderación de la inflación, las subidas de los salarios y la mejora en el nivel de vida y la inversión en infraestructuras auguran un futuro crecimiento. El Gobierno recortó recientemente los tipos de interés por segunda vez en un mes, y desde diciembre ha disminuido en tres ocasiones los requisitos de reservas que deben tener los bancos. La inflación china se situó en el 2,2% en junio, el valor más bajo en 29 meses.


Pekín está inyectando dinero en la economía mediante inversiones en compañías estatales y mayor gasto en proyectos de vivienda de bajo coste y obras públicas. Pero lo está haciendo con precaución, ya que el plan de estímulo aprobado en noviembre de 2008 por valor de cuatro billones de yuanes (513.400 millones de euros al cambio actual) para hacer frente a la crisis financiera global disparó la inflación y provocó una espiral inmobiliaria.


La búsqueda de un crecimiento que garantice el desarrollo y la creación de suficientes puestos de trabajo, sin sobrecalentar la economía ni desatar la inflación, ha sido una constante de la política china desde hace años. Un fallo por cualquiera de los lados podría generar descontento e inestabilidad social y poner en peligro la continuidad del Partido Comunista Chino, algo que preocupa especialmente a los líderes cuando se preparan para el cambio en la dirección del partido a finales de año, y en la cúpula del Gobierno, en marzo de 2013.


Por Jose Reinoso Pekín 15 JUL 2012 - 19:33 CET
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Domingo, 01 Julio 2012 06:11

El opio y el esteroide del capitalismo

El opio y el esteroide del capitalismo
Durante el Mundial en Sudáfrica 2010 Terry Eagleton escribió que el futbol es un opio del pueblo” y “buen amigo del capitalismo” y que si se quiere pensar en un verdadero cambio político, habría que abolirlo –sic (The Guardian, 15/6/2010).


Se le reprochó que la suya no era la crítica de la alienación futbolera, sino una prueba de su alienación de la realidad. Pero el marxista británico no es completamente insensible al futbol: en Después de la teoría (Debate, 2005) evocó a George Best y el significado de jugar la pelota para las decisiones morales, lo que recuerda la famosa, pero apócrifa frase de Camus: “lo que más sé acerca de moral se lo debo al futbol” (él hablaba del deporte en general).


Pero mirando el contexto de la Eurocopa 2012 en Polonia y Ucrania –de la que hoy se juega la final– Eagleton incluso se quedó corto: el futbol puede ser un opio, pero también es un fuerte esteroide, un motor de la acumulación y del desarrollo desigual.


Para el premier Donald Tusk (PO) –gran aficionado y jugador– la Eurocopa fue un regalo: no sólo cumplía sus sueños, sino que vino justo a tiempo para salvarlo. En los meses pasados él y su gabinete liberal-conservador, arrogante y hostil a cualquier diálogo social, enfrentaron grandes protestas (las más fuertes por retrasar la edad de jubilación) y metían la pata una y otra vez.


Gracias al futbol anestesiaron la sociedad y mejoraron la imagen. Anunciaron una peculiar pax futbolera, posponiendo las reformas y pidiendo a los sindicatos que no se manifestaran durante el evento (Tusk prefiere tratar con una masa sinclasista de hinchas que con los sectores agrupados en torno a demandas específicas).


Gracias a un particular conjunto de factores Polonia se salvó relativamente de la crisis. Las inversiones para la Eurocopa jugaron un papel, pero decir que fueron decisivos o que el campeonato ha sido crucial para la modernización de la infraestructura (estadios, aeropuertos, carreteras y trenes en cuales se gastó unos 23 mil millones de euros) es admitir que el gobierno es inepto y sin el futbol no sabe hacer nada.


Además se construía rápido, en una atmósfera de la euforia, sin pensar en las verdaderas necesidades. Se invirtió demasiado en los estadios y en los aeropuertos, poco en trenes.


Lo más preocupante es que el efecto esteroide en la construcción es la prolongación del modelo que ocasionó la crisis (Polonia se salvó porque no tuvo un boom inmobiliario). Más que dejar un “legado” del que hablan los políticos (ni hablar de ganancias que serán para la UEFA y los monopolios), dejará problemas económicos y sociales.


La mayoría de estadios para la Eurocopa 2004 en Portugal resultaron “elefantes blancos”. Hoy es más barato demolerlos, que mantenerlos. Pero la deuda contraída para su construcción infló el déficit, problema que hoy acecha a este país (una estupenda lección sobre el origen de la eurocrisis –nada que ver los supuestos “privilegios sociales”).


Para construir los suyos Poznan, Wroclaw y Gdansk se endeudaron hasta las orejas (Varsovia está mejor). Podrían servir para conciertos o ferias, pero hacerlos rentables será difícil. Ya antes faltaba para hospitales, viviendas, escuelas, guarderías, teatros o transporte público. Ahora habrá aún menos gasto social, más privatización de bienes municipales y más impuestos.


El futbol resultó aquí la herramienta de la redistribución de riqueza hacia arriba y de estructurar las ciudades en torno de las exigencias del capital. En fin el circo lo pagará la gente, aunque no quiera verlo.


Marx, que tachó la religión de “opio”, criticaba al propio pueblo que prefiere soñar en vez de fijarse en las condiciones materiales de su vida. Su intención era que los viera.


En Polonia la crítica de la Eurocopa desde el principio fue objeto de burla. Pocos se atrevían a decir que mucha parte del dinero será malgastado. Lo oficial era un sueño de la grandeza futbolística (con un equipo mediocre) y del “prestigio internacional” (lo que decía más de nuestras inseguridades, que del evento).


Los que resistieron esta maniobra organizaron una campaña “Pan en vez del circo” criticando el endeudamiento, la falta de la política pública de la vivienda y reclamando el derecho a la participación en la gestión de las ciudades –una voz en el desierto.


Dicho todo esto y estando consciente de los usos y abusos del futbol, por un mes anduve hasta cierto punto “alienado” o conectado con la “realidad futbolera”. Lloré cuando Polonia no salió del grupo (no lo logramos desde hace 30 años...). Me enfurecí cuando tampoco lo logró Ucrania (a la que no le reconocieron un gol, aunque el balón entró en el arco...). Disfruté el hecho y el estilo con que Italia derrotó a Alemania en las semifinales.


El futbol por supuesto no se trata sólo del capitalismo. Querer abolirlo es absurdo.


Pero tal vez sólo en otro modo de producción el juego cobraría su verdadera dimensión moral (ya que la única moral capitalista es la del mejor postor).


Tal vez sólo más allá del capital dejará de ser el opio y el esteroide del sistema, volviéndose un placer puro (a Eagleton le gusta subrayar que la teoría de Marx no es tanto sobre el trabajo, sino sobre el tiempo libre que permita el florecimiento humano).




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Lunes, 13 Febrero 2012 08:38

Insomnio

 Insomnio
El sueño americano –tanto su mito como su realidad– ha sido anulado aquí y sólo los ricos pueden dormir. Esto no es simbólico; de hecho, está al centro de todo el debate político y social de Estados Unidos. La promesa de este país fue que todos, sin importar dónde y cómo nacieron, en la pobreza o en una mansión, si en este u otro país, de una raza u otra, tenían a su alcance la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida para que fueran superiores a las de la generación anterior.

Claro que en su forma más simplista –cualquiera podría llegar a ser presidente o millonario si se portaba bien, estudiaba mucho y trabajaba más– siempre fue un mito, como también eso de que ésta era una sociedad sin clases económicas. Pero en cierto grado, por ser la economía más rica del mundo, con una serie de conquistas logradas por movimientos sociales (derechos y normas laborales, derechos civiles, educación pública, seguro social, etcétera), Estados Unidos sí ofreció elementos de ese sueño, y durante décadas cada generación gozó de mejores condiciones que su antecesora. Hasta que ya no.

El sueño aquí fue cancelado con las mismas políticas neoliberales aplicadas a países del "tercer mundo", ahora implementadas en el "primer mundo". Los resultados, en el contexto de cada país, son los mismos: desmantelamiento del estado de bienestar, privatización de funciones públicas (incluidas las guerras), ataque frontal para destruir organizaciones sociales, sobre todo sindicatos, intentos por revertir conquistas sociales (derechos laborales, de mujeres, de minorías, de educación, etcétera), mayor represión (este país ha enjaulado a más de 2 millones de sus habitantes –más que cualquier otro en el mundo– en sus prisiones), y concentración extrema de la riqueza.

Durante los últimos meses se ha documentado tanto el fin de ese sueño como las pesadillas que lo han sustituido. Entre éstas: uno de cada dos estadunidenses está en la pobreza o al borde de ésta; dos tercios del caudal neto de los latinos y la mitad del de los afroestadunidenses se esfumó al perder su posesión más valiosa: sus casas, en la crisis hipotecaria; la desigualdad económica ha llegado a extremos sin precedente desde la gran depresión; el ingreso promedio de los trabajadores se ha estancado durante más de tres décadas; uno de cada siete hogares estadunidenses padece o enfrenta la amenaza del hambre (el nivel más alto jamás registrado).

Más recientemente se detectó algo que anula en lo fundamental el sueño americano. La educación siempre ha sido considerada el factor clave en promover la igualdad de oportunidades en una sociedad, en particular en Estados Unidos. Pero recientes y amplias investigaciones descubrieron que la brecha educativa entre estudiantes de familias ricas y pobres se ha ampliado de manera significativa. En una se registró que la distancia en calificaciones de exámenes estandarizados entre los estudiantes prósperos y los de bajos ingresos se amplió 40 por ciento desde los años sesenta hasta ahora. En otra, la brecha entre pobres y ricos que completan sus estudios universitarios se amplió 50 por ciento desde finales de los ochenta, reporta el New York Times. La conclusión es que el ingreso familiar ahora determina más que nunca el "éxito" de un joven en el ámbito de la educación.

Anteriormente se reportó otra investigación de expertos que reveló que Estados Unidos se distingue entre los países avanzados por ser donde hay menos "movilidad social", o sea, donde más se hereda la posición socioeconómica de sus ciudadanos. Eso contradice toda la esencia del llamado sueño americano, y confirma que hoy es casi todo mito y poca realidad.

De hecho, para los varones con preparatoria o menos –los que antes lograban obtener vidas de clase media con buenos empleos manufactureros, o sea, participar en el sueño– las cosas van de mal en peor: los salarios se han desplomado 23 por ciento desde 1973, y mientras 65 por ciento de ellos en 1980 tenían seguro de salud como prestación de su empleo, en 2009 sólo 29 por ciento gozaban de él, reportó el economista premio Nobel Paul Krugman.

Hasta los multimillonarios más honestos confiesan que algo está muy mal entre lo que debería ser y lo que existe en este país. "La marea alta eleva a todos los barcos", decía el refrán, recuerda el segundo hombre más rico de Estados Unidos, Warren Buffett, en una entrevista para la cadena de televisión CBS. Pero lo que ha ocurrido es que "esa marea alta sólo ha elevado a los yates", dijo, y agregó que "los muy ricos de este país no han sacrificado ni una onza" para mejorar las condiciones económicas de todos los habitantes del país. El financiero George Soros recientemente alertó, en entrevista con Newsweek, que "estamos enfrentando un tiempo extremadamente difícil, comparable en muchas maneras a los treintas, la gran depresión", y que con ello pueden surgir "mayores conflictos de clase, disturbios en las calles y, con ello, mayor represión estatal, mucho en torno a la desigualdad económica".

De hecho, en encuestas recientes del Centro de Investigación Pew, el conflicto de clases se agrava: 66 por ciento (dos de cada tres) creen que existen conflictos fuertes o muy fuertes entre la élite y los empobrecidos en Estados Unidos.

Hace unas semanas, otro multimillonario, Richard Branson (Virgin Airways, Virgin Records y otras empresas), opinó que el movimiento Ocupa Wall Street debería ser "un muy necesario despertador" para los empresarios ricos. En entrevista con The New Yorker, Branson estimó que Ocupa es "un movimiento admirable, un movimiento pacífico. La única cosa que no ha sido pacífica es la manera en que la policía en algunos estados lo ha enfrentado, lo cual creo que está absolutamente mal".

El grito de Ocupa Wall Street, de que el 99 por ciento padece el secuestro del sueño americano por el 1 por ciento, logró enmarcar el contexto básico en el cual se realizan las elecciones nacionales este año en Estados Unidos.

Es un año más de insomnio y pesadilla para el 99 por ciento en Estados Unidos. Pero a veces las pesadillas provocan gritos y despiertan la demanda de soñar.
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Auge del "capitalismo estatal" (energía y electricidad) y caída del neoliberalismo, admite The Economist

The Economist, portavoz del neoliberalismo global, publicó un "reporte especial" (21.1.12) sobre "la mano visible" del "capitalismo de Estado", de Adrian Wooldridge, quien aduce que "la crisis del capitalismo neoliberal occidental ha coincidido con el ascenso de una poderosa nueva forma de capitalismo de Estado en los mercados emergentes".
 

Se enfoca al "futuro resplandeciente de China, Rusia y Brasil" –tres miembros prominentes de los BRICS– y deja extrañamente de lado a India, corroída por la corrupción (como si el circuito anglosajón fuese menos corrupto), a Sudáfrica y al "añejo capitalismo de Estado de Europa". ¿Dan los anglosajones por muerta a Europa?

Cita al Instituto Fraser (Canadá) –uno de los proponentes del amero, la divisa común del ASPAN foxiano–, que ha degradado su "índice de libertad" (de apertura neoliberal).
 

Juzga que la "crisis del capitalismo neoliberal se ha profundizado por el ascenso de una alternativa poderosa: el capitalismo de Estado, que intenta combinar los poderes del Estado con el capitalismo", además de "usar instrumentos capitalistas como la bursatilización de las empresas estatales y la adopción de la globalización". Esto ya ocurrió en Alemania en 1870 y en Japón en 1950, "pero nunca había operado en tal escala y con herramientas tan sofisticadas" como hoy.
 

Las cifras son imponentes: "El capitalismo de Estado detenta las más exitosas economías del mundo", cuando en los "pasados 30 años el PIB de China ha crecido a un promedio de 9.5 por ciento al año y su comercio internacional ha incrementado su volumen 18 por ciento". En los pasados 10 años, "el PIB de China se ha más que triplicado a 11 millones de millones de dólares". Hoy "el Estado es el mayor accionista de las principales 150 empresas de China".
 

Subraya que el "capitalismo de Estado ostenta las más poderosas empresas del mundo. Las 13 principales empresas petroleras (sic), que concentran más de 3/4 partes de las reservas mundiales de petróleo, todas son estatales (¡súper sic!)", como Gazprom, la mayor empresa rusa de gas natural del mundo. Por cierto, estos datos los expuse hace cuatro años en mi libro La desnacionalización de Pemex (Ed. Orfila, 2009), con el tonificante prólogo de AMLO.
 

Wooldridge constata que las "firmas estatales exitosas pueden ser encontradas en casi cualquier industria", como China Mobile, con 600 millones de clientes; Saudi Basic Industries Corp., el banco ruso Sberbank, Dubai Ports, etcétera.
 

El "índice bursátil nacional" de MSCI exhibe la "participación de capitalización" de las empresas controladas por el Estado: China (80 por ciento), Rusia (62 por ciento) y Brasil (38 por ciento).
 

El capitalismo de Estado "va viento en popa, pletórico de liquidez y envalentonado (sic) por la crisis de Occidente": el "Estado avanza mientras el sector privado retrocede; esto sucede tanto en China como a escala global".
 

Resulta y resalta que, según datos del "índice de mercados emergentes" del MSCI por sector industrial (junio 2011), la "participación de las empresas estatales en energía" es de 67 por ciento (¡súper sic!) y 55 por ciento del sector eléctrico, frente a otras industrias donde el Estado es todavía minoría: servicios de telecomunicación (36 por ciento), finanzas (35 por ciento), salud (6 por ciento), tecnología de la información (2 por ciento), etcétera.
 

Una de las características exitosas del capitalismo de Estado consiste en que las empresas son manejadas por "gerentes profesionales" en lugar de "burócratas o compinches".
 

Hoy el crecimiento del mundo emergente en su mercado dinámico es de 5.5 por ciento al año frente a 1.6 por ciento de Occidente, y se calcula que constituya la mitad del PIB mundial en los próximos nueve años. El capitalismo de Estado se consolida como "la tendencia futura". ¿Futura? Mi libro Hacia la desglobalización (Ed. Jorale, 2007) ya lo había detectado hace seis años…
 

Pese a todo, el "reporte especial" mantiene "un ojo escéptico sobre el capitalismo de Estado" y "levanta dudas" tanto sobre su habilidad para "capitalizar sus éxitos cuando tenga que innovar en lugar de alcanzar" como sobre "su capacidad de autocorregirse cuando las cosas salgan mal". Aduce que "una cosa es manejar las contradicciones del sistema cuando la economía crece rápidamente y otra es cuando se encuentra con obstáculos". ¿Tal "escepticismo" no es válido, acaso, para cualquier sistema humano nada perfecto?
 

Proclama "el retorno de la historia" y ejecuta la autopsia de los teóricos fracasados de la globalización –es decir, los Fukuyamas de la economía, finanzas, historia y sociología, quienes pulularon grotescamente durante cuatro décadas (desde la imposición del thatcherismo/reaganomics) gracias a la falta de rigor crítico de los multimedia, propiedad de las trasnacionales anglosajonas–, como Kenichi Ohmae, quien descabelladamente había sentenciado el "fin del Estado-nación" (a ver si se da una vueltecita por Europa del este).
 

No fue el fukuyamesco "fin de la historia", sino el "fin de la histeria" del vulgar propagandista nipón del Departamento de Estado, estigmatizado con el ridículo global.
 

Cita el controvertido libro El fin del libre mercado: ¿quién gana la guerra entre estados y trasnacionales?, de Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group.
 

Bremmer, teórico de la hilarante "curva J" y contaminado por su asociación mercantil con el vilipendiado Citigroup, aborda el fenómeno del capitalismo de Estado desde su perspectiva neoliberal daltónica y –en lugar de elogiar el exitoso ascenso de las empresas estatales de China, Rusia, Brasil, los Países Árabes del Golfo, Irán, Venezuela, etcétera– fustiga el capitalismo de Estado, que califica de "autoritario" y de "desafío (sic) para la economía global" que encabeza EU.
 

Wooldridge considera que el "mundo emergente ha aprendido cómo usar el mercado para promover sus objetivos políticos" y concluye que "la mano invisible del mercado cedió su lugar a la mano visible del capitalismo de Estado".
 

Se asienta que la corriente histórica global está del lado de la "estatización" –primordialmente del binomio energéticos/electricidad– bajo el modelo del "capitalismo de Estado", como aduje en mi ponencia ante el Senado (www.tu.tv/videos/ponencia-dr-alfredo-jalife-completa-), cuatro años antes de la confesión neoliberal de The Economist.
 

En forma coincidente, en México colisionan dos proyectos diametralmente opuestos que definirán el destino del país en la próxima elección: la privatización de Pemex propuesta por el candidato del PRI, Peña Nieto –apuntalado por el equipo neoliberal/monetarista/itamita de Aspe y Videgaray– frente a la consolidación de la (para)estatal de parte de AMLO, cuya postura se asemeja más a las políticas estatales de los BRICS, curiosamente, la "economía mixta" del PRI nacionalista hoy en derrilección.
 

La postura de AMLO NO tiene por qué colisionar con la seguridad del abasto energético a EU: situación insalvable por consideraciones de buena vecindad geopolítica y geoeconómica (situación singular de la que carecen otras potencias energéticas).
 

Porque de otra manera EU va a acabar vendiéndonos nuestro propio petróleo, como ha sucedido en forma demencial con España, que nos vende muy caro nuestro propio gas. ¿Eso es lo que desean? La próxima vez abordaré las "variedades" del "capitalismo de Estado", según el evangelio apócrifo de The Economist.
 

http://alfredojalife.com
 

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Miércoles, 25 Enero 2012 06:27

El capitalismo tiene los siglos contados

El capitalismo tiene los siglos contados

A pesar de los mayas, no parece que el mundo vaya a acabarse en 2012. Y a pesar de la crisis, tampoco el capitalismo tiene visos de correr esa misma suerte: "El capitalismo tiene los siglos contados", decía al principio de esta larguísima Gran Recesión un político italiano, Gianni Ruffulo, a propósito de la mala salud de hierro, del extraordinario instinto de supervivencia del sistema. Davos (Suiza) es un buen lugar para tomarle el pulso al sistema; y al antisistema. La reunión del Foro Económico Mundial, con los primeros espadas de la política, las finanzas y las grandes multinacionales en liza, empieza hoy con un lema grandilocuente, La gran transformación. Y con el habitual juego de contrastes: mientras los superricos juegan al polo sobre la nieve, un puñado de jóvenes ha construido iglús en los aledaños del archivigilado palacio de congresos, en la versión alpina del Ocupa Wall Street o del 15-M. "Davos apesta"; "Destruye el Foro", dicen pintadas que recuerdan a la que una vez recogió el escritor Eduardo Galeano en el puente de Boca, en Buenos Aires: "Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie".
 

Davos no vota por nadie. Y en cambio paga lo que haga falta. En torno a 2.000 vips estarán presentes en la edición de 2012, a la que van llegando en autobuses y trenes, pero sobre todo en limusinas, aviones privados y helicópteros, a un coste de 5.500 dólares por viaje (solo ida). Los hoteles, por encima de los 500 dólares por noche, deberían ser un indicador del optimismo entre la clase dirigente. Nada más lejos de la realidad: PricewaterhouseCoopers presentó ayer en el Foro una encuesta a primeros ejecutivos de todo el mundo que constata que la confianza en la economía se desvanece: solo el 15% de los directivos cree que mejorará este año.
 

El año 2012 llega cargado de riesgos. Europa amenaza la recuperación mundial. Nadie sabe cómo están los bancos. La deuda pública es ahora una fuente más de incertidumbre. El paro se ha desbocado. El estancamiento amenaza a las grandes potencias occidentales, y las burbujas a los emergentes. Las desigualdades se han ensanchado a toda velocidad y los sociólogos vaticinan una etapa convulsa que acabe con el "silencio de las víctimas" que, según Alain Touraine, ha caracterizado el primer lustro de la Gran Recesión.
 

Hace dos años Nicolas Sarkozy habló aquí de "refundar el capitalismo". En 2011, Davos volvió a reclamar reglas globales para el tigre de los mercados. Está por ver qué decretan los mandarines esta vez, pero la gran transformación que reclama el Foro contrasta con la cruda realidad: lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir. El multimillonario George Soros comerá hoy con los periodistas, pero ya ha adelantado su punto de vista: el problema es que los mercados se han hecho globales, pero la regulación, no. La paradoja es que eso lo denuncie un tipo al que el Nobel Paul Krugman definía como un "delincuente de aventuras financieras". En fin, así es Davos: contradictorio y estimulante, incluso en tiempos difíciles.


Por CLAUDI PÉREZ (ENVIADO ESPECIAL) - Davos - 25/01/2012

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Viernes, 13 Enero 2012 07:34

Las izquierdas y el fin del capitalismo

Las izquierdas y el fin del capitalismo

La actual crisis mundial fragmenta el planeta en regiones de tal modo que el sistema-mundo se aproxima a una creciente desarticulación. Uno de los efectos de esta creciente regionalización del planeta es que los procesos políticos, sociales y económicos ya no se manifiestan del mismo modo en todo el mundo y se producen divergencias –en el futuro tal vez bifurcaciones– entre el centro y la periferia.
 

Para las fuerzas antisistémicas esta desarticulación global hace imposible el diseño de una sola y única estrategia planetaria y hace inútiles los intentos de establecer tácticas universales. Aunque existen inspiraciones comunes y objetivos generales compartidos, las diferentes velocidades que registra la transición hacia el poscapitalismo, y las notables diferencias entre los sujetos antisistémicos, atentan contra las generalizaciones.
 

Hay dos cuestiones relevantes que afectan sin embargo las estrategias en todo el mundo. La primera es que el capitalismo no se va a derrumbar ni va a colapsar, sino que debe ser derrotado por las fuerzas antisistémicas, sean éstas movimientos de base horizontales y comunitarios, partidos más o menos jerárquicos e incluso gobiernos con voluntad anticapitalista.
 

Parafraseando a Walter Benjamin, habría que decir que nada hizo más daño al movimiento revolucionario que la creencia de que el capitalismo caerá bajo el peso de sus propias “leyes” internas, sobre todo de carácter económico. El capital llegó al mundo envuelto en sangre y lodo, como decía Marx, y tuvo que mediar una catástrofe demográfica como la producida por la peste negra para que las gentes, paralizadas por el miedo, se sometieran no sin resistencias a la lógica de la acumulación de capital. Depende de la gente perder el miedo, como hacen los zapatistas, para comenzar a re-apropiarse de los medios de producción y de cambio, y construir algo diferente.
 

La segunda es que nada indica que la transición a una sociedad nueva será breve o se producirá en unas pocas décadas. Hasta ahora todas las transiciones requirieron siglos de enormes sufrimientos, en sociedades donde las regulaciones comunitarias ponían límites a las ambiciones, cuando la presión demográfica era mucho menor y el poder de los de arriba no se parecía en absoluto al que hoy acumula el uno por ciento de los más ricos.
 

En América Latina, en las tres últimas décadas los movimientos antisistémicos inventaron nuevas estrategias para cambiar las sociedades y construir un mundo nuevo. Existen también reflexiones y pensamientos sobre la acción colectiva que por la vía de los hechos divergen de las viejas teorías revolucionarias, aunque es evidente que no niegan los conceptos acuñados por el movimiento revolucionario a lo largo de dos siglos. En la coyuntura actual podemos registrar tres hechos que nos imponen reflexiones diferentes a las que se vienen procesando por parte de las fuerzas antisistémicas en otras regiones.
 

En primer lugar, la unidad de las izquierdas ha avanzado de forma notable y en no pocos casos éstas han llegado al gobierno. Por lo menos en Uruguay, en Bolivia y en Brasil la unidad de las izquierdas ha ido tan lejos como era posible. Es cierto que por fuera de esas fuerzas hay partidos de izquierda (sobre todo en Brasil), pero eso no cambia el hecho central de que la unidad ha sido consumada. En otros países, como Argentina, hablar de unidad de la izquierda es decir muy poco.


El hecho central es que las izquierdas, más o menos unidas, han dado casi todo lo que podían dar más allá de la evaluación que se haga de su desempeño. Los ocho gobiernos sudamericanos que podemos calificar de izquierda han mejorado la vida de las personas y disminuido sus sufrimientos, pero no han avanzado en la construcción de sociedades nuevas. Se trata de constatar hechos y límites estructurales que indican que por ese camino no se puede obtener más de lo logrado.
 

En segundo lugar, en América Latina existen gérmenes, cimientos o semillas de las relaciones sociales que pueden sustituir al capitalismo: millones de personas viven y trabajan en comunidades indígenas en rebeldía, en asentamientos de campesinos sin tierra, en fábricas recuperadas por sus obreros, en periferias urbanas autorganizadas, y participan en miles de emprendimientos que nacieron en la resistencia al neoliberalismo y se han convertido en espacios alternativos al modo de producción dominante.
 

Lo tercero es que los sufrimientos generados por la crisis social provocada por el neoliberalismo en la región fueron contenidos por iniciativas para sobrevivir creadas por los movimientos (desde comedores hasta panaderías populares), antes que los gobiernos que salieron de las urnas se inspiraran en esos mismos emprendimientos para promover programas sociales. Estas iniciativas han sido, y son aún, claves para resistir y crear a la vez alternativas al sistema, ya que no sólo reducen los sufrimientos, sino generan prácticas autónomas de los estados, las iglesias y los partidos.
 

Es cierto, como señala Immanuel Wallerstein en La izquierda mundial luego de 2011, que la unidad de las izquierdas puede contribuir a alumbrar un mundo nuevo y, a la vez, reducir los dolores del parto. Pero en esta región del mundo buena parte de esos dolores no han menguado con los triunfos electorales de la izquierda. Hay casi 200 encauzados por terrorismo y sabotaje en Ecuador por oponerse a la minería a cielo abierto. Tres militantes del Frente Darío Santillán fueron asesinados hace días por mafias en Rosario, en lo que puede ser el inicio de una escalada contra los movimientos. Cientos de miles son desplazados de sus viviendas en Brasil por la especulación de cara a la Copa del Mundo de 2014. La lista es larga y no deja de crecer.
 

La unidad de la izquierda puede ser positiva. Pero la batalla por un mundo nuevo será mucho más larga que la duración de los gobiernos progresistas latinoamericanos y, sobre todo, se dirimirá en espacios manchados de sangre y barro.
 

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Domingo, 08 Enero 2012 09:51

El mundo cambia

El mundo cambia

Son muchos los cambios, y varias predicciones ya no son iguales, pero hay algunas que debemos conocer. Empezamos por una bastante publicada: Brasil rebasó, en el valor de su producción, en su producto nacional bruto (PNB), a la Gran Bretaña.
 

El estudio, hasta donde he leído, fue originalmente elaborado por el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN), ubicado en la propia Gran Bretaña. En varias publicaciones, sin embargo, han puesto en relieve que, si bien Brasil tuvo un aumento en el PNB de 7.5 por ciento en 2010, en 2011 su ritmo de crecimiento ha venido declinando. Esto no ha impedido que su crecimiento siga siendo mayor que el británico y que, por lo tanto, la haya rebasado en el PNB, para llegar al sexto lugar mundial. Algunas fuentes consideran que esta baja en el ritmo brasileño en 2011 tiene que ver con la crisis europea.
 

El mismo estudio recuerda que a principios de 2011, China rebasó en el segundo lugar del PNB a Japón, y agrega otros países en una lista de diez. Sigue en primer lugar Estados Unidos, luego China, Japón, Alemania, Francia, Brasil, Gran Bretaña. Italia, Rusia e India.
 

Uno de los elementos clave en la previsión al futuro, es su análisis del problema de Europa y del Euro. Dice que en 2012 la unión europea bajaría su PNB 0.6 por ciento, “si el problema europeo es resuelto”, y si no, bajaría en el mismo plazo 2 por ciento.
 

Vamos a considerar también un estudio económico del Reporte Mensual del Mercado Petrolero, de diciembre de 2011, publicado por la OPEP, y basado en numerosas fuentes internacionales, incluso oficiales. Considera el crecimiento del PNB de Estados Unidos, tanto de 2011 como de 2012, de 1.7 por ciento. Otras fuentes hacen depender esto de la influencia que pueda tener en Estados Unidos la crisis europea, lo cual implicaría un ritmo menor para 2012, pero en todo caso unos y otros consideran que es un ritmo muy lento. En esta fuente de la OPEP, se considera a la zona europea como que tuvo 1.6 por ciento en 2011, y tendrá 0.4 por ciento en 2012. De todos modos es una declinación, en lo cual coinciden ambas fuentes. En estas páginas, el martes masado, se publicó un estudio del Economist Intelligence Unit en el que se prevé, para el año que empieza, a Alemania, Francia e Italia, las bajas del producto, de -0.2, -0.5 y -0.6 respectivamente.
 

Regresamos a la fuente de la OPEP, que empieza hablando de la “crisis de la euro-zona”, y de la “crisis de deuda de la euro-zona”. En ésta y otras fuentes se habla como tal del BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y proporciona la revista de la OPEP los PNB de estos cuatro países de 2011 y 2012, evidentemente el segundo como una previsión.
 

Para China, el PNB será 9 por ciento, en 2011, y para 2012, 8.7 por ciento. Para India, 7.6 por ciento para el primero de estos años y, para el segundo, 7.5 por ciento. Para Brasil, después de su 7.5 por ciento de 2010, en 2011 es de 3.3 por ciento, y sube a 3.5 por ciento para 2012; y para Rusia, para el primer año 4.1 por ciento y 4 por ciento para 2012.
 

Con sus diferencias, los ritmos de crecimiento económico de los países del BRIC son mayores que los del “primer mundo”, en todos los casos sin excepción.


Vamos a ver algunos aspectos de China e India, que apuntan a su problema actual y a su futuro económico. Una de las causas de que China crezca más despacio es la reducción de sus exportaciones, especialmente a la Europa en crisis. El ritmo de crecimiento había bajado en noviembre de 2011, y en diciembre vuelve a crecer.
 

India. Se publicaron declaraciones de Amartya Sen, de India y premio Nobel. Este profesor (de la Universidad de Harvard), miembro del equipo económico del Ministro de Hacienda de Delhi, critica a los gobernantes europeos por impulsar programas de austeridad para tratar de remediar sus problemas. Dice que esos programas llevaban a una “catástrofe en espiral” que estaba afectando a más países europeos e invitando a Estados Unidos a sumarse a la caída. Que Europa va por un camino de crecimiento lento de 10 años o más, y que el problema es que tiene amplios nexos con India, afectándola aunque el efecto sea mucho menor que el que se tiene en Europa.
 

Así, el ritmo de crecimiento de India estuvo por abajo de 7 por ciento en el tercer trimestre de 2011. El asesor en jefe del ministerio de finanzas dijo que India requiere de “salirse del decreciente crecimiento industrial lo antes posible” para restaurar un mayor crecimiento real. Y el gobernador del Banco de la Reserva de India dijo que la política monetaria “podría invertirse” para impulsar el crecimiento económico. Esto último contrasta con quienes, en Europa, hablan del euro “duro” a costa de seguir el crecimiento lento.
 

Todo esto ayuda a explicar por qué unos suben y otros bajan, en la “lista de diez”. El cuadro que vamos a presentar(ver imagen), se traduce en un pronóstico muy audaz del CIEN británico: los principales cambios para 2020 son la baja europea, y el ascenso del BRIC, que ya están ocurriendo ambos. Estos son los primeros diez PNB en el mundo y para 2020:
 

Este estudio puede no coincidir con otros. Pero tiene sus bases, que apuntan en una cierta dirección. Y los dos casos de China y Brasil ya son hechos consumados, ya están en el lugar que el estudio les asigna para 2020, segundo y sexto. Ninguno de ellos tenía ese lugar hace un año.
 

Ya ni hablamos del futuro de México. En cuanto al producto por habitante, vimos aquí ayer que, en 2006-2010, es el único país con cambio negativo en Latinoamérica, con -1.3 por ciento. En cambio, los otros mayores países aumentaron: Argentina, 23.3 por ciento, y Brasil, 14.8 por ciento.
 

Nuestro país depende mucho de Estados Unidos y, en segundo término, de Europa, y no se ven síntomas positivos. Además, sólo queda un año del actual gobierno, y su futuro dependerá en buena medida de qué régimen quede para después.
 

Desde que gobierna la derecha, en 1982, el crecimiento declinó de manera tremenda en relación con las décadas anteriores, con todos los problemas que haya habido. Hicieron, entre otras cosas, lo que critica el Nobel de India.
 

La derecha apunta a alinearnos con la decadencia. La izquierda, en diversos grados, apunta hacia el progreso. Y nuestro voto será decisivo para México.
 


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Cuando el capitalismo sufre hay que sacrificar la democracia
"Lo que nos dice (Standard & Poor’s, S&P) es claro: para los inversores, la zona euro y Europa tienen necesidad de un marco político riguroso, estructurado, eficaz, capaz a medio y largo plazo de respetar sus compromisos () De cierta manera, es un exhorto a una gobernanza política y económica más sólida, y nuestra respuesta no tiene ambigüedad: es el acuerdo franco-alemán elaborado (el lunes 5 de diciembre) por Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel”, declaró el primer ministro francés François Fillon ante la Asamblea Nacional al comentar el anuncio de S&P sobre una eventual degradación de la calificación del crédito de 15 países de la zona euro (ZE).
 
El acuerdo Merkozy, como lo titula la prensa, impone la austeridad a perpetuidad para la ZE mediante sanciones automáticas para los países que violen los limites de los déficits presupuestarios, y anclando límites a la deuda fiscal en las Constituciones de los Estados miembros de la Unión Europea (UE), como define sucintamente la agencia Bloomberg.  Gracias a la amenaza de los mercados, es decir de S&P, el acuerdo Merkozy será probablemente aceptado cuando se reúnan, este viernes 9 de diciembre, los dirigentes de los 27 países de la UE, de los cuales 17 forman parte de la ZE.
 

La sombra de la Comisión Trilateral

 
En una entrevista con Mediapart (1) el historiador y antropólogo francés Emmanuel Todd aborda la crisis política europea y declara que en las partes débiles de la ZE, “o sea toda la zona salvo Alemania”, las naciones están confrontadas a una “forma de hibridación”, que define como el nombramiento bajo la presión de Berlín de tecnócratas que previamente trabajaron para Goldman Sachs (G&S) para poner orden en las finanzas públicas.
 
Es cierto, pero cabria agregar algo tanto o más importante. Tanto Lucas Papademos como Mario Monti, que la Troika (Comisión Europea, FMI y Banco Central Europeo) nombró primeros ministros de Grecia e Italia, respectivamente, además de ser banqueros y en un momento u otro hombres de G&S, son miembros activos de la Comisión Trilateral (2), que tanta importancia tuvo en las décadas de los 70 y 80, y que sigue tan activa e influyente como siempre pero que desde entonces “vuela por debajo de la zona del radar” del escrutinio periodístico.
 
Por lo tanto es difícil analizar la crisis de la democracia liberal en el contexto de la gran crisis del capitalismo – que no sólo afecta a la ZE sino a los demás países del capitalismo avanzado - sin remitirse a esa Comisión Trilateral (CT) fundada en 1973, en el contexto de la crisis del petróleo, y más precisamente al informe de la CT de 1975 titulado “La Crisis de la Democracia”, elaborado por el sociólogo francés Michel Crozier, el politólogo estadounidense Samuel Huntington y el sociólogo nipón Joji Watanuki (3).
 
Se puede argumentar que ese informe, redactado hace 36 años, no corresponde a la realidad actual.  La UE no existía en su forma actual y el euro estaba a 25 años de distancia.  Pero el informe es de gran actualidad porque designa, desde el punto de vista de los intereses de las transnacionales y el gran capital que se lanzaba a universalizar la liberalización comercial y financiera, el neoliberalismo, las amenazas intrínsecas a la democracia, que no son otras que las provenientes de quienes quieren que la democracia sea real, no ficticia.  Y muchos, quien sabe la mayoría de ciudadanos, en particular los jóvenes que quieren un futuro, se reconocerán entre quienes forman parte de esa amenaza intrínseca.
 
Después de señalar como “uno de los principales retos” a los intelectuales y grupos relacionados que afirman su disgusto con la corrupción, el materialismo, la ineficiencia de la democracia y la sumisión de los gobiernos democráticos al “capitalismo monopolista”, el informe mencionado expresa que “finalmente, y quizás esto sea lo más serio, hay desafíos intrínsecos a la viabilidad de los gobiernos democráticos que surgen directamente del funcionamiento de la democracia () Más democrático el sistema, mayor es la posibilidad de que sea puesto en peligro por las amenazas intrínsecas () Hay profundas razones para el pesimismo si las amenazas a la democracia surgen ineluctablemente desde el inherente funcionamiento del proceso democrático en sí mismo.  Aun, en los años recientes, las operaciones del proceso democrático parecen en efecto haber generado un quiebre de los medios tradicionales de control social, una deslegitimación de la política y de otras formas de autoridad, y una sobrecarga de demandas sobre los gobiernos, que exceden su capacidad de responder”.
 
En ese informe y refiriéndose a cómo “restaurar el balance entre la vitalidad y la gobernabilidad en el sistema democrático”, podemos leer que “una vez Al Smith subrayó que ‘la única cura para los males de la democracia es más democracia’. Nuestro análisis sugiere que aplicar tal cura en este momento sería como echar combustible a las llamas.  En realidad, algunos de los problemas actuales de la gobernabilidad en Estados Unidos derivan de un exceso de democracia”.  Y la CT continúa apuntando que la democracia “es sólo una de las maneras de constituir la autoridad, y no es necesariamente una que pueda ser aplicable universalmente.  En muchas situaciones hay reclamo de pericia, de jerarquía, experiencia, y hasta las reivindicaciones de que la democracia es una vía para constituir autoridad podría ser anulada por talentos especiales” (página 113).
 
Fácil entender lo que está sucediendo en la ZE, y porque dos miembros activos de la CT -Papademos y Monti- están donde se encuentran, si recordamos que ese informe de la CT, al analizar las “vulnerabilidades” de la democracia por una mayor participación social de individuos muy educados y móviles que denuncian la creciente desigualdad, el desempleo y la eliminación de las conquistas sociales y económicas, expresaba que “hay () potencialmente límites deseables a la indefinida extensión de la democracia política” (página 115).
 
En fin, en esta época de dominación de los mercados la democracia no tiene remedio: “El espíritu democrático es igualitarista, individualista, populista, e impaciente con las distinciones de clase y rango.  La extensión de este espíritu debilita las amenazas tradicionales a la democracia que plantean grupos como la aristocracia, la iglesia y los militares.  Pero al mismo tiempo un penetrante espíritu de democracia tal vez plantee una amenaza intrínseca y mine todas las formas de asociación, debilite los lazos sociales que mantienen unidas a las familias, las empresas y la comunidad.  Cada organización social requiere, en alguna medida, desigualdades en autoridad y distinciones en las funciones” (página 162)
 
Lo que estamos viendo en la UE, en Estados Unidos y otros países del capitalismo avanzado, es el restablecimiento de la autoridad del capital sobre la sociedad.  Para el capitalismo en su forma actual la democracia es un estorbo, una amenaza intrínseca.
 
La Vèrdiere, Francia.
 
1.- Entrevista con Emmanuel Todd en Mediapart: http://www.mediapart.fr/article/offert/c0f3881a39acaa0774cfc36eadf74bde y en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=140807
 
2.- Ver la lista de miembros de la Comisión Trilateral en http://www.trilateral.org/go.cfm?do=Page.View&pid=6
 
3.- El informe  (TFR 8 – The Crisis of Democracy) está disponible en: http://www.trilateral.org/go.cfm?do=file.showdirectory&list=Triangle-Papers; Para situar los objetivos de la creación de la Comisión Trilateral vale la pena remitirse al llamado “Powell Manifesto” de 1971: http://reclaimdemocracy.org/corporate_accountability/powell_memo_lewis.html ; Y al análisis de Noam Chomsky “La Administración Carter: Mitos y Realidades”: http://www.chomsky.info/books/priorities01.htm
 
http://alainet.org/active/51390
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