El presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, expresó que Cuba debe adecuar su modelo económico a la situación mundial actual, para de esa manera garantizar una profundización de la Revolución.

En entrevista concedida a teleSUR, Alarcón indicó que los cambios en el mundo obligan a Cuba a “adecuar, actualizar el modelo social, de manera que la Revolución continúe, se profundice, para construir un futuro mejor”.

Con respecto a ese proyecto de adecuación de la economía de Cuba, el líder del Parlamento del país antillano indicó que “no se van a privatizar la educación, ni la salud pública, ni se va a desmantelar el sistema de seguridad y asistencia social del que disponen y disfrutan todos los cubanos”.

En ese sentido explicó que “la etapa que vive Cuba y la realidad que vive el mundo obliga a los cubanos precisamente a salvar recursos, a ahorrar, a administrar mejor lo que tenemos, para poder seguir garantizando a todos el mínimo que nadie más fuera de esta Isla puede contar por seguro”.

Recordó que, en la actualidad, Cuba es objeto de un bloqueo económico impuesto unilateralmente por Estados Unidos en la década de 1960, lo cual también motiva al Gobierno cubano a modificar el modelo económico.

“Cuba es el único país de la tierra que es víctima de una guerra económica que cumple más de 50 años ya. Es en esas condiciones que tenemos que ajustar nuestro modelo”, dijo Alarcón en su diálogo con teleSUR.

A continuación, teleSUR ofrece el texto de la entrevista a Ricardo Alarcón:

P: ¿En qué momento se encuentra actualmente la Revolución?, ¿a dónde va?

R: Estamos en una fase muy importante en la que nuestro país trata de ajustar su proyecto económico y social tomando en cuenta los factores del mundo que la rodea, sobre la base de 50 años de experiencia y, hay que decirlo, de muchas realizaciones pero al mismo tiempo en un mundo que ha cambiado mucho y que nos obliga a adecuar, a actualizar -decimos nosotros- el modelo económico social nuestro, de manera de que la Revolución continúe, se profundice, no se trata de un regreso al pasado, eso es imposible, sino de construir un futuro mejor.

Raúl ha dicho que en estos momentos se trata de transformar conceptos erróneos en el socialismo y acerca del socialismo y dijo que tenía plena conciencia de los errores cometidos, ¿En qué falló la Revolución?

Los revolucionarios son, después de todo, seres humanos, y el socialismo es una aventura, es como un viaje hacia lo desconocido, hacia lo inexplorado. El capitalismo tiene una historia mucho más larga que el socialismo y nadie puede poner en duda que ha acumulado una cantidad de fracasos que lo sufren, lo sienten, centenares de personas en todo el mundo.

La aventura del socialismo es mucho más breve históricamente hablando, y además no nos olvidemos de que el socialismo cubano se ha tenido que realizar o intentar realizar durante medio siglo en condiciones de hostilidad extrema. Hoy Cuba es el único país de la tierra que es víctima de una guerra económica que cumple más de 50 años ya. Es en esas condiciones que tenemos que ajustar nuestro modelo. 

Alarcón, hay quienes ven una contradicción entre la política de justicia social que el Estado siempre ha tratado de garantizar en Cuba y algunas medidas de carácter social que tienen que ver con la eliminación de subsidios. ¿Qué opina sobre eso?

Nosotros estamos obligados a adoptar con el consentimiento de la gente mediante discusión paciente y pondedara con todos, la eliminación de algunas cosas que nos parecen excesivas en términos de gratuidad y ventajas para nuestra población, a las que nos hemos acostumbrado demasiado durante medio siglo, pero la idea precisamente es salvar las grandes conquistas que esa población ha alcanzado.

Aquí no se va a privatizar la educación, ni la salud pública, ni se va a desmantelar el sistema de seguridad y asistencia social del que disponen y disfrutan todos los cubanos, sin excepción. Ahora bien, la etapa que vive Cuba y la realidad que vive el mundo nos obliga a los cubanos precisamente a salvar recursos, a ahorrar, a administrar mejor lo que tenemos, para poder seguir garantizando a todos el mínimo que nadie más fuera de esta isla puede contar por seguro. 

Alarcón, las palabras de clausura del presidente Raúl Castro en la Asamblea Nacional fueron calificadas de apocalípticas por los enemigos de la Revolución y de esperanzadoras por los amigos de la Revolución. ¿Cuál es su valoración del discurso de Raúl en un momento como éste, cuáles son las principales ideas que pudieran estar en ese discurso?

Fue un discurso profundo, necesario, y además posiblemente uno de los dicursos de la historia de Cuba en los que el orador ha estado más identificado con el público, con la gente. Te puedo decir que he recibido hasta llamadas telefónicas de viejos amigos, que hacía años que no hablaba con ellos, para expresarme su sentimiento, su emoción, su identifiación plena con esas palabras.

Fue un discurso muy crítico, no fue autocomplaciento en absoluto, y por supuesto que la Revolución Cubana tiene muchas cosas de las cuales deberá estar siempre orgullosa, y los cubanos estaremos siempre orgullosos de lo que hemos alcanzado, pero no se trata de eso.

Para superar las deficiencias, para vencer los errores, para mejorar, hay que concentrar la atención en los defectos, en lo que anda mal, en lo que podemos y debemos superar con el concurso de todos y todas, y como se trata de eso, era muy importante, y creo que Raúl lo logró brillantemente, identificarse plenamente con lo que nuestra gente siente, con las preocupaciones de la gente y creo que ese es el gran mérito fundamental del discurso de Raúl, valiente, honesto, íntegro y sobre todo representativo del sentimiento común de la población cubana.

Ya comenzaron los debates, en el pueblo, sobre estos lineamientos a la política económica y social del país. Usted como presidente de la Asamblea Nacional del poder popular en Cuba, ¿qué información tiene sobre lo que más le preocupa al pueblo cubano en este momento?

En realidad se trata de un debate, de una discusión muy abierta, en la que muchas veces están presentes preocupaciones puntuales de problemas, dificultades, obstáculos en un lugar en concreto donde tiene lugar la discusión; y junto a eso los grandes temas generales, las preocupaciones más universales.

Yo creo que por una parte estos temas concretos de cada lugar son preocupaciones legítimas, comprensibles de nuestra gente o de algunos sectores de la población que tienen que preguntarse cómo va a ser la vida, las condiciones de su trabajo, su desenvolvimiento en la sociedad en condiciones que en muchos aspectos van a ser muy nuevas, sobre todo para la gente más joven. Los que tenemos ya cierta edad recordamos que Cuba no siempre tuvo este tipo de modelo económico.

El "cuentapropismo" en nuestro país existió siempre en un sector muy importante en nuestra economía y lo fue hasta el año 1968, ya bien entrada la revolución y ahora va regresar, regresa como un factor importante en la economía cubana pero con una gran diferencia: no serán trabajadores "informales", como les dicen en latinoamérica, serán trabajadores que tendrán salud, asistencia médica y seguridad social; incluso, jubilación y licencia por maternidad garantizada. ¡Es una gran diferencia!

Por primera vez va a haber una Conferencia Nacional del Partido Comunista Cubano en 2011, después del Congreso del partido, ¿qué se espera que se trate en esa reunión?

Decidimos separar en dos momentos dos cuestiones claves de la sociedad cubana. En primer lugar el Congreso se va a concentrar en los problemas de la economía y en los ajustes del modelo económico social cubano, y la conferencia del partido se va a concentrar sobretodo en la cuestión del papel del partido en la sociedad cubana, de su organización, de sus métodos y estilos de trabajo, área en la cual -el propio Raúl lo ha dicho con mucha claridad- también tenemos que hacer muchos ajustes.

Es decir, ver cómo se desarrolla en este mundo de hoy el trabajo político, ideológico, que es la función fundamental del partido, en condiciones nuevas y diferentes, y también que permita erradicar, eliminar, ciertas rutinas, esquemas, modos de hacer las cosas en las que tambien hacen falta cambios de concepto y de enfoques, que nuestra militancia seguramente lo manifestará. 

El VI Congreso del partido debe ser "por Ley de la vida", dijo Raúl, el último en los que estará la mayoría de los que integraron la generación histórica de la Revolución, Raúl también llamó a recuperar las ideas de Fidel. ¿Cuál es el principal desafió al que se enfrenta la Revolución en este 2011?

El principal desafío es la batalla económica, es cómo lograr perfeccionar una sociedad bloqueada, hostigada, la única del planeta en este momento que enfrenta una guerra económica. Luego, el desafío que tiene todo ser humano, todo ser viviente, que es precisamente la vida, que plantea unas limitaciónes biológicas y que plantea una renovación constante.

Es cierto que la generación histórica, la que participó en la lucha que condujo al derrocamiento de Batista y a la instauración del poder revolucionario, se va agotando, va terminando, pero no nos olvidemos que a esa generación le ha sucedido otra que también ha combatido, los jóvenes que pelearon en Angola, en playa Girón, los jóvenes que hoy mismo están cumpliendo misiones, internacinalistas que cumplen misiones muy delicadas en América Latina, en África, en Asia, en cualquier parte del mundo.

Es decir, ha habido una continuidad en el espíritu revolucionario inicial, por supuesto, con los cambios inevitables que implica la evolución generacional. Nadie puede pensar o imaginar que los hijos y nietos tengan los mismos gustos o estilos que los padres o abuelos, pero que tengan el mismo patriotismo y convicciones básicas, por supuesto que apostamos por eso. 

Alarcón, ¿En qué momento se encuentra el proceso de los Cinco jóvenes presos en Estados Unidos?

Este año, 2011, va a ser crucial en este sentido porque en primer lugar el año comienza con un momento decisivo en el proceso extraordinario llamado habeas corpus que deberá dilucidarse sobre el caso del compañero Gerardo Hernández Nordelo.

El gobierno de Estados Unidos tiene como plazo el 31 de enero para responder a la petición que se presentó para que sea declarado inocente y se elimine todo cargo contra él, después habrá la respuesta de la defensa y en algún momento del año 2011 deberá producirse la decisión final, la última, no hay otra posibilidad en el sistema estadounidense, incluso ésta es la que llaman "proceso extraordinario", por eso nos parece muy decisivo este momento para él, el principal acusado de los Cinco, porque tiene la condena mucho más severa.

Los demás seguirán su proceso legal también, tienen secuencias distintas en el tiempo, de manera que será un año muy importante en la batalla legal, final en la práctica. Pero más importante que eso es que será el año en el que se pueda quebrar la muralla de silencio que ha cubierto este proceso y que es la única razón por la cual se sigue cometiendo esta injustica.

El gobierno del presidente Obama que prometió cambios tiene este año y el próximo, los que le quedan como presidente, ojalá sea reelegido, vamos a ver qué pasa. Él tiene que tomar la decisión, la única que puede hacer, y sabe perfectamente que la soluicón es que retire la acusación contra los cinco compañeros

Dos acusaciones, conspiración para cometer espionaje, que el tribunal desestimó pues saben que no existió, y el otro cargo contra Gerardo es conspiración para cometer asesinato en primer grado. El señor Obama lo único que tiene que hacer es solicitar la petición de emergencia que presentó el gobierno de Bush en mayo del 2001 donde dijeron por escrito que no tenían pruebas para sustentar esa acusación ¿Qué más le hace falta?.

Lo único que falta es voluntad política y ésa hay que generarla con la opinión pública y para eso hace falta que otros medios de información imiten a teleSUR y dejen de ocultar la verdad, dejen de ocultar las cosas importantes y permitan al pueblo de Estados Unidos conocer la verdad de este caso.

Muchas gracias, Alarcón, por sus palabras a teleSUR
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"El mercado no va a resolver la crisis ambiental", dice el teólogo y ecologista Leonardo Boff, profesor de la brasileña Universidad del Estado de Río de Janeiro. La solución, insiste, está en la ética y en la batalla de los pueblos originarios para cambiar la relación con la naturaleza.
Boff, que enseña Ética, Filosofía de la Religión y ecología, es uno de los principales representantes de la Teología de la Liberación, corriente progresista de la Iglesia Católica en América Latina, ha escrito más de 60 libros y dedicó los últimos 20 años a promover el movimiento verde. 

Fue uno de los 23 impulsores de la Carta de la Tierra en 2000 y, un año después, recibió el Right Livelihood Award, conocido como el Premio Nobel Alternativo, que se otorga a personalidades destacadas en la búsqueda de soluciones a los problemas globales más urgentes. 

"Si no cambiamos, vamos al encuentro de lo peor… O nos salvamos o perecemos todos", dijo Boff en una entrevista concedida a Tierramérica en la capital mexicana, tras asistir como observador a la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 16), celebrada este mes en Cancún. 

TIERRAMÉRICA: ¿Cómo evalúa la COP 16? 

LEONARDO BOFF: Lo que predominó, salvado en los últimos dos días, fue una atmósfera de decepción, de fracaso. Pero sorprendentemente hubo tres convergencias: el compromiso de luchar para no llegar a (un aumento de la temperatura mundial de) dos grados; la creación del Fondo (Climático Verde) de 30.000 millones de dólares (para 2012) a fin de ayudar a los países más vulnerables, una señal de solidaridad interesante; y la creación de un gran fondo para la reducción de la deforestación y la degradación de los bosques, porque ahí está la causa principal de calentamiento global.

¿Cómo entender la posición de Bolivia, único país que no aceptó estos compromisos? 

Bolivia parte de la tesis de que la Tierra es Pachamama, un organismo vivo que hay que respetar, cuidar, y no sólo explotar. Es una visión contraria a la dominante, que está en el marco de la economía: vender bonos de carbono, por ejemplo, que significa tener derecho a contaminar. 

Las sociedades dominantes ven a la Tierra como un baúl de recursos que se pueden sacar infinitamente, aunque ahora hay que sacarlos con sustentabilidad, porque son escasos. No reconocen dignidad y derecho a los seres de la naturaleza, los ven como medios de producción y su relación es de utilidad. Esos son temas que no entran en Cancún ni en todas las COP. 

¿Por qué tendrían que estar? 

Porque el sistema que ha creado el problema no nos va a sacar de él. Si cada país tiene que crecer un poco al año y al hacerlo degrada la naturaleza y acrecienta el calentamiento, entonces, ese sistema es hostil a la vida. 

El argumento es que es necesario para el desarrollo... 

¿Crecer significa qué? ¿Explotar la naturaleza? Exactamente ese tipo de crecimiento y desarrollo puede llevarnos a un abismo, porque los seres humanos estamos consumiendo 30 por ciento más de lo que la Tierra puede reponer. 

Ahí está el círculo vicioso. China no puede contaminar 30 por ciento, como contamina, porque la contaminación no se queda en China, entra al sistema global. 

El problema es la relación del ser humano con la Tierra, porque es violenta, de puño cerrado… Mientras no cambiemos eso, vamos al encuentro de lo peor. Y esta vez no hay un Arca de Noé. Nos salvamos o perecemos todos. 

¿Tan grave es? 

Hay regiones del mundo que han cambiado tanto que ya se hacen inhabitables. Por eso hay 60 millones de desplazados en África y el sudeste de Asia, que son los más afectados y los que menos contaminan. Si no lo paramos, en los próximos cinco o siete años serán como 100 millones de refugiados climáticos, y eso va a crear un problema político. 

¿Cuál es el papel de América Latina? 

LB: Es el continente que más posibilidades tiene de una contribución positiva a la crisis ecológica: tiene los más grandes bosques húmedos y reservorios de agua, la más grande biodiversidad y tal vez las extensiones más grandes para cosechas. 

Pero todavía hay una insuficiente conciencia ecológica en gran parte de la población. Y, por otra parte, hay una invasión muy riesgosa de grandes empresas que se están apropiando de vastas regiones. Es una apropiación de bienes comunes en función de beneficios particulares. 

En Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, de a poco se están dando cuenta del juego nuevo del capital: una gran concentración de medios de vida para garantizar el futuro del sistema. 

¿Qué opciones hay? 

Tenemos fondos y tecnología, pero nos faltan la voluntad política y la sensibilidad con la naturaleza y la humanidad sufriente. Eso hay que rescatar. Y junto con la ética del cuidado va la ética de la cooperación. Ahora se impone la cooperación de todos con todos. 

¿Es posible? ¿Qué hay que hacer? 

Hay movimientos, especialmente en grupos que ven que sus tierras son divididas, como La Vía Campesina y los Sin Tierra de Brasil. Y los indígenas, que no ven a la Tierra solo como un instrumento de producción, sino como una extensión de su cuerpo, y la necesitan para garantizar su identidad. 

Estamos buscando el equilibrio y esa es la tarea colectiva de la humanidad que el mercado y la economía no van a resolver. Cada uno tiene que hacer su parte, ser más con menos, tener un sentido de la justa medida. El problema no es de dinero.

Por Daniela Pastrana
IPS
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Domingo, 26 Diciembre 2010 10:18

Privatizar, privatizar y privatizar

Hace ya tres décadas que el capitalismo muestra su verdadera cara. Nunca ha sido un sistema integrador. Tampoco un orden social compatible con la democracia, ni siquiera la representativa. Cuando ha podido, querido y necesitado, la burguesía se ha saltado y violado sus propias normas. Los ejemplos son muchos. Su mano ha estado siempre en los golpes de Estado contra gobiernos progresistas, de izquierda, nacionalistas y antimperialista. No hace falta insistir en ello. Los ejemplos históricos se pueden extraer de los cinco continentes. Pero tampoco, si hace falta, renuncia a patrocinar fraudes electorales cuando es menester. Igualmente se adhiere a las prácticas corruptas si en ello les va la bolsa. Asimismo prefieren el tráfico de influencias al juego limpio cuando se trata de aumentar sus ganancias. Y si alguien osa mostrar su desacuerdo, y señalar que juegan con las cartas marcadas, es perseguido hasta su total destrucción.

Casas de latrocinio, venta de armas, trata de blancas, esclavitud infantil, comercio de órganos humanos, nada escapa a su voracidad. Negar dichas verdades como si se tratasen de problemas ajenos al capitalismo les quita el sueño. Cada día es más difícil ocultar lo evidente. Una realidad de hambre, miseria, desigualdad y muerte son los buques insignias del capitalismo. Para evitar su total descrédito se ha montado un aparato publicitario multimedia. Su función es divulgar y propagar los beneficios de la economía de mercado a como dé lugar. Su fuerza y triunfo parcial, radica en el control cuasi omnímodo de la radio, la televisión, las editoriales, las revistas, los periódicos regionales y, desde luego, la red. Su coraza consta de varias capas. Cuando se logra traspasar una, aparece otra y otra y así sucesivamente. Su objetivo es no dejar al descubierto su cuerpo mal oliente y moribundo. En cuanto los ataques generan fisuras en la armadura, saltan las alarmas. La censura se impone como un mecanismo de control de la información. Y si no logra evitar su resquebrajamiento, siempre hay un plan B. Se presiona y mete el miedo. La formula la conocemos. No olvidemos que en Colombia, México, Honduras o Rusia, ser periodista es profesión de alto riesgo. Son cientos de ellos quienes han perdido la vida cuando trataban de informar y romper el cerco de la mentira dominante. Aunque no siempre es necesario llegar a tal extremo. Amenazar con el despido, el ostracismo, en ocasiones, es suficiente. Otra técnica empleada es la difamación. De la noche a la mañana periodistas considerados un ejemplo para su comunidad sufren campañas donde se les presenta como verdaderos monstruos. Ludópatas, alcohólicos, drogadictos, maltratadores y corruptos. Pero esto suma y sigue. Los documentos filtrados a Wikileaks dejan al descubierto cómo se las gastan el imperialismo y sus aliados. En este juego no hay reglas. Siempre es posible caer más bajo con tal de salvar al capitalismo. ¿Qué otro sentido tiene acusar a su fundador, Julian Assange, de violación? No sólo inhabilitarlo y sembrar la duda sobre su honorabilidad, además de que las autoridades suecas terminen, si se produce la extradición desde Gran Bretaña, hacer una carambola y que Assange acabe con sus huesos en una cárcel de alta seguridad en Estados Unidos. Aunque tampoco podemos descartar su asesinato pedido por los sectores más conservadores del establishment estadunidense.
En tiempos de crisis, el capitalismo redobla sus esfuerzos para vendernos la moto. Por cierto, una moto desgastada y lista para ser vendida como chatarra. Aún así no quieren dar su brazo a torcer. Sus seguidores deben fidelidad al guión. Ha llegado la hora de certificar la muerte del Estado del bienestar y por ende del sector público. Hay que crear más mercado, más desregulación, más apertura financiera y comercial y mucha, mucha liberalización. El Estado, argumentan, ha sido un pésimo gestor, no entiende de competitividad ni de beneficios. No funciona acorde a las leyes de la oferta y la demanda. Suele dilapidar capital social y humano. Hay que adelgazar su estructura y transformarlo. Es imprescindible tomar, de una vez y para siempre, el toro por los cuernos. La decisión no se puede retrasar más. Llegados a este punto el argumento es simple. Externalizar. No hacen falta hospitales públicos, el gasto de inversión es elevadísimo, mejor es crear clínicas privadas con médicos y personal sanitario que cobran sueldos de miseria. Igualmente, la educación pública ha sido un fracaso, entonces mejor apoyar la iniciativa privada donde se enseñan valores humanos acordes con la tolerancia. Basta observar la disciplina en los colegios y centros administrados por religiosos. Rezan todos los días, les enseñan a no pecar, a ser obedientes y temerosos de Dios. Sea Ala, Buda o Jehová.

Este argumento, de la externalización, se acompaña de una la palabra mágica que se ha convertido en una droga para economistas, sociólogos, periodistas y políticos de medio pelo, sean conservadores, liberales o socialdemócratas. Su enunciación les produce alegría y les hace sentirse pletóricos de fuerza. Nada más pronunciarla tres veces son abducidos hasta perder el sentido común y la decencia: privatizar, privatizar y privatizar.

]Por Marcos Roitman Rosenmann

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–Usted ha desarrollado la noción de que el capitalismo es “productor de subjetividad”: ¿qué diferencia habría entre la subjetividad producida por el capitalismo en sus primeras etapas y la que produce en la actualidad?

–Actualmente rige un capitalismo social y del deseo. En la primera fase del capitalismo, se trataba ante todo de producir, y después venía el consumo. Hoy es al revés: un auto se produce después de haber sido vendido, quiero decir: después de haberse constituido como objeto de deseo. Aquí se ubican la publicidad, el marketing.

–¿Por qué antes eso no era necesario?

–Hace un siglo, no funcionaba así. Esto empezó en Estados Unidos, y uno de los que introdujeron esta concepción del marketing fue Edward Bernays, sobrino de Freud. Es sintomático que haya sido el sobrino de Freud, fundador de la noción de deseo inconsciente, quien introdujo este pasaje en el capitalismo: construir el objeto como valor de deseo. Deseo masivo: es necesario que se lo muestre en la tele, que sea testeado por consumidores. Hace un siglo esto no se planteaba, porque los obreros no eran consumidores de lo que producían. Henry Ford fue quien, a partir del abaratamiento generado por la producción en serie, planteó: mis productos son comprados por mis obreros. Hoy en día el capitalismo, para funcionar, debe producir subjetividad, tanto en el trabajo como en el consumo. En ambos planos la subjetividad ha cambiado.

–¿En qué cambió la subjetividad, desde la perspectiva del trabajo?

–En Occidente se piensa al trabajador como un pequeño empresario: cada individuo asume como tal el riesgo de su actividad, es responsable de lo que hace: desde el ama de casa hasta el ingeniero especializado. Cada uno debe ser autónomo, como un empresario: esto es el “capital humano”. En la antigua organización del trabajo, se trataba de una subordinación directa. Hoy la subordinación se constituye alrededor de la autonomía, el individuo lleva en sí mismo la condición de su subordinación. Esto florece bajo el último neoliberalismo. A la vez que la economía financiera pasa a preponderar, todo el mundo pasa a estar bajo esta lógica empresarial. Aun el desempleado debe rendir cuentas: cómo organiza su jornada, qué hace; se le otorga un subsidio pero, a cambio, es necesario que sea activo, que se haga responsable.

–Alguien podría plantear: ¿cuál es el problema? Está bien que la gente se haga responsable...

–Es que esta responsabilidad se plantea como si el individuo fuese culpable de su situación. En verdad la desocupación no es por falta del individuo: el sistema produce el paro. Pero se hace como si fuera su falta, se dice que no tiene ganas de trabajar, que es perezoso, que se aprovecha de la asistencia del Estado. Se lo culpabiliza.

–¿Cómo se plantea la cuestión de la subjetividad del lado del consumidor?

–El consumidor es objeto de diferentes dispositivos de poder: la publicidad, el marketing, la televisión impulsan a las personas a construir sus objetos de deseo. El neoliberalismo, a la vez que acrecienta la desigualdad de ingresos entre las clases sociales, cada vez más empuja a las personas a consumir, como si el acceso al consumo fuese posible para todo el mundo. Los objetos de deseo, las mercancías, están siempre disponibles... en imágenes. Primero llegan las imágenes; después, las mercancías. Otra importante transformación de la subjetividad se produjo en relación con las finanzas, que son otro dispositivo de poder. El funcionamiento mundial de las finanzas, como dispositivo central del capitalismo, requiere la generalización del crédito. Hace un siglo, el crédito era para las empresas, la gente vivía de los ingresos de su trabajo. Hoy todos son impulsados hacia el crédito. En Estados Unidos hay créditos para el consumo, la educación; si uno quiere estudiar debe endeudarse, obtener un crédito. Y esto organiza la subjetividad. Un crédito es una promesa: yo voy a pagar. Durante diez, veinte años voy a pagar este crédito. ¿Cómo se puede asegurar que el crédito será respetado todo ese tiempo? A nivel legal pero también a nivel subjetivo se construyen mecanismos para garantizar que la promesa se cumpla.

–¿Cómo sería el dispositivo a nivel individual?

–El sujeto queda tomado por la deuda. Toda su vida va a estar condicionada por la deuda. Si usted tiene una deuda a 30 años, las condiciones y los límites de su vida van a estar organizados por ese crédito. Es lo que pasa a nivel de los países: cuando la Argentina estuvo tan endeudada, los individuos y la nación estaban obligados a vivir bajo las condiciones definidas por la deuda.

–Pero, en la Argentina, la deuda pesó en forma diferente sobre los distintos sectores sociales: a muchos los perjudicó pero a algunos los benefició: hubo empresarios cuyas deudas fueron estatizadas.

–Sin duda. Es lo que pasa ahora en Europa con la crisis financiera: la deuda de bancos privados está reasegurada por la deuda pública, y los que van a pagarla serán sobre todo los menos ricos. Y hay quienes aprovechan la deuda: por definición, la aprovecha el sector financiero. En Estados Unidos, este año las empresas hicieron los mayores beneficios.

–Entonces habría dos tipos de subjetividad: esa subjetividad del deudor concerniría a un sector de la población, quizá mayoritario, pero hay otro sector que tendría otra subjetividad...

–Ciertamente. Así como en la industria están los empresarios y los obreros, en las finanzas están los acreedores y los deudores. Y los que comandan son los acreedores: los que otorgan los créditos definen las condiciones. Pero hay diferencias entre la oposición patrón-obrero y la oposición acreedor-deudor.

–¿Qué diferencias?

–Desde cierto punto de vista es lo mismo: hay desigualdad entre patrón y obrero, como entre acreedor y deudor. El problema es que hoy los acreedores no se definen desde una clase social específica. La condición de acreedor concierne también a clase media, a obreros: los fondos de pensión se han privatizado; para su vejez, el sujeto adquiere un seguro privado. En cuanto a la subjetividad del deudor, Nietzsche trabajó la cuestión de la promesa. Dice que lo que formó al hombre civilizado no es el trabajo, ni el intercambio, sino la deuda. Porque la deuda construye un hombre que puede prometer, y puede prometer en tanto construye una memoria: yo voy a pagar porque recuerdo mi deuda. La deuda, la promesa, se han marcado en el cuerpo del individuo, como la libra de carne de El mercader de Venecia. Lo que me interesa destacar es que un individuo es al mismo tiempo trabajador, consumidor y deudor. La misma persona está presa en distintas relaciones de poder.

–A partir de conceptos de Gilles Deleuze, usted ha señalado dos formas distintas de sujeción: el sujetamiento social y la servidumbre maquínica. ¿Cómo se plantean en la fase actual del capitalismo?

–Deleuze y Guattari plantearon estos conceptos en Mil mesetas, en 1980. En los años más recientes se destaca el hecho de que, a la vez que se nos demanda ser sujetos responsables, individuos soberanos, estamos presos en dispositivos maquínicos. En la empresa, se le demanda al empleado ser sujeto soberano a la vez que una parte del mecanismo. En la comunicación de masas, la persona debe ser sujeto a la vez que input-output de una red televisiva; el desocupado debe ser responsable de su situación, y a la vez no es más que una variable de ajuste en la economía. Uno está preso en dispositivos heterogéneos, contradictorios. Por una parte, se es un componente de un sistema que nos sobrepasa; por otra, se hace como si fuéramos centros de decisiones con soberanía.

–“Como si fuéramos...”, dice usted: ¿quiere decir que la verdadera situación es la otra, la maquínica?

–Sí, pero ambas funcionan juntas. Los dos dispositivos son reales. En el sistema maquínico uno está preso en tanto individuo. En la empresa, por ejemplo, están todos los componentes de mi subjetividad: mi inteligencia, mi atención, mi capacidad física, intelectual; yo quedo descompuesto en esos componentes. Es un proceso de desubjetivación, pero, al mismo tiempo, siempre va a haber una resubjetivación. Hay una imposibilidad de salir de la lógica para la cual yo soy un sujeto con objetos a mi alrededor. Cierto que, en la servidumbre maquínica, ni el hombre es sujeto ni la cosa es objeto, sino que ambos son partes de un agenciamiento. Pero el sujeto va a retornar, o bien en forma individual o bien en formas colectivas como el racismo, el fascismo.

–Esa servidumbre maquínica revertiría en formas de subjetivación.

–Sí. El capitalismo funciona a través de aquella ideología del individuo soberano, pero el individualismo ya no funciona y el nacionalismo, el machismo, el integrismo religioso, son formas de subjetivación. La hipermodernidad derrota al sujeto porque lo capta en el sistema maquínico colectivo pero, a la vez, todo el tiempo se reconstruyen neoarcaísmos. Georges W. Bush marcó el ascenso del integrismo religioso en Occidente; no sólo Al Qaeda es integrista. El racismo crece en Europa, particularmente en Alemania. El individualismo no basta, hace falta un sujeto colectivo y es cierto, en ese lugar podría construirse otro sujeto colectivo, pero se reconstruye el nacionalismo, el racismo.

–¿En qué respuestas, aunque sean embrionarias o parciales, pueden vislumbrarse procesos o intentos emancipatorios?

–Ante todo, hay que decir que la crisis continuará y se profundizará. Hoy la crisis gira alrededor de las finanzas. La deuda privada se ha transferido al Estado, es decir que ya no hay otro a quien transferirla. La dificultad es que no hay modelos políticos y de emancipación que correspondan a la subjetividad actual. Hace un siglo y medio el comunismo, el socialismo, correspondían a una subjetividad real: la de la industria bajo el primer capitalismo, con los obreros, los sindicatos. Había instrumentos reales que no están más. Es necesario construirlos, y no creo que esto se haga muy pronto. Hay que pasar a otra cartografía teórica, otro instrumento distinto al que el movimiento obrero construyó entre fines del siglo XIX y principios del XX. Por otra parte, se desarrollan luchas reales. Una importante, en Francia, es la referida a la jubilación.

–La resistencia a la elevación de la edad jubilatoria...

–Sí. Se perdió, pero la forma como se dio la lucha ofrece perspectivas. Si bien la jubilación concierne a los asalariados, el proceso no se centró sólo en ellos. Tocó también a otras categorías sociales. Movilizó a estudiantes, a distintos órdenes de ciudadanos. No era una lucha sólo corporativa. Y se desplegó en la sociedad. La lucha es eficaz cuando bloquea el funcionamiento de la sociedad. Antes, para bloquear la sociedad era necesario bloquear la producción.

–Se refiere a la huelga.

–Sí. Hoy, en cambio, es necesario bloquear la sociedad para bloquear la producción: bloquear la circulación, las rutas. En este caso se bloquearon las refinerías, no había combustible para circular. Pero por el momento la acción es más inteligente que los enunciados. Todavía no hay enunciados que, en esta dirección, conciernan al conjunto de la sociedad. Y el tema de la jubilación concierne a todo el mundo. Desde hace más de 30 años, la mayoría de las personas no viven bajo la situación clásica de empleo, pero se hace como si estuviéramos en la misma situación de hace décadas. Los sindicatos todavía actúan como si se tratara de asalariados estables, pero, para las personas que se incorporaron al mercado de trabajo desde la década de los ‘70, es más difícil reunir los años de trabajo que se requieren para la jubilación. Entonces, no tienen jubilación o tienen jubilaciones muy débiles, porque durante años no trabajaron, cambiaron de trabajo, estuvieron en paro, en precariedad.

–Entonces, el reclamo no es sólo que se mantenga la edad jubilatoria.

–Como decía, los enunciados están en retraso respecto de la acción. Los enunciados se refieren a la jubilación a los 60 años. A nivel teórico se piensa todavía en un asalariado clásico. Así funcionan los sindicatos y los partidos de izquierda. Mientras tanto hay pequeñas luchas, más bien de experimentación. Un ejemplo, también en Francia, fue la lucha de los trabajadores de espectáculos: no dependen de una sola empresa, sino que trabajan una vez para una, otra vez para otra; una vez hacen una película, otra una obra de teatro, otra una publicidad. Son móviles, precarios. ¿Cómo desarrollar una lucha si no se trabaja para una empresa en particular?

–¿Cuál era la causa del conflicto?

–La modificación de su seguro de desempleo. Ellos tenían un subsidio específico para las personas que no tienen un puesto fijo pero, de acuerdo con la lógica neoliberal, los subsidios de desempleo iban a ser reemplazados por un seguro privado; una vez más, reemplazar la mutualización por la privatización.

–¿Qué instrumentos utilizó esa lucha?

–Por ejemplo, bloquearon festivales como el de Avignon. Hoy la cultura tiene un rol económico muy importante, por ejemplo en relación con el turismo. Bloquear un festival es bloquear la economía de una ciudad. Cuando ellos bloquearon el Festival de Arte Lírico en Aix-en Provence, los hoteleros fueron muy afectados y protestaron. Ellos también hicieron bloqueos móviles, que se desplazaban de un lugar a otro: la movilidad, que habían desarrollado por las características de su trabajo, la transformaron en herramienta de lucha. A diferencia del método clásico de los obreros, que ocupan una empresa y se encierran en ella, la cuestión era bloquear aquí y allá, en rutas, instituciones, museos, centros culturales, ministerios: van y se quedan un día, mañana van a otro lugar.

–¿Contra quién era la lucha: el gobierno, los empresarios?

–Contra los dos. Hace diez años, la federación patronal francesa tuvo un cambio de dirección: antes la dirigían los empresarios metalúrgicos, pero la conducción pasó a manos de empresas de servicios, como las aseguradoras. Entonces emprendieron un programa “para la refundación social”, cuyo claro objetivo era transformar el Estado de bienestar: reprivatizarlo. Y se aplicó con la ayuda del Estado.

–En su libro Políticas del acontecimiento, donde usted plantea un debate con el marxismo, no encontré referencias al concepto de plusvalía: ¿cómo considera esta noción?

–La plusvalía, el plusvalor, remite al concepto de valor. Para el marxismo, el valor sería una cantidad objetivable, tendría una consistencia en sí: pero las cosas no tienen valor sino porque colectivamente les ha sido investido; en él están en juego subjetividades. Además, la plusvalía supone una concepción antropomórfica del valor: en El capital, el valor lo produce sólo el trabajo humano, la máquina no crea valor. Para Deleuze y Guattari, en cambio, hay una plusvalía maquínica: la máquina también produce plusvalía; el concepto de plusvalía pasa a ser: plusvalía humana más plusvalía de la máquina. El marxismo considera que la producción de valor depende sólo del humano, particularmente del obrero. Pero hoy, si tomamos las finanzas, el valor de un activo está ligado con criterios, opiniones, deseos de los actores; no sólo con el trabajo y su organización, sino con la creencia.

–Pero la noción marxista de plusvalía plantea dramáticamente la diferencia de clases, al postular que el patrón expropia parte del trabajo del asalariado. Plantear que la plusvalía se obtiene igualmente de la máquina, ¿no conlleva el riesgo de borronear esa dimensión?

–El concepto de plusvalía es políticamente muy fuerte porque está ligado con el concepto de explotación, en términos de clases sociales. El problema es que la forma de explotación ha cambiado y no tenemos conceptos que correspondan a esto. Si uno utiliza el viejo concepto de plusvalía, hace como los partidos trotskistas, que todavía están con la industria de hace 50 años. Hoy existe la explotación de personas que trabajan como asalariados, pero no sólo ésa. El gran centro de acumulación de riqueza son las finanzas, y en las empresas financieras la plusvalía no viene de la explotación de quienes trabajan en ellas, sino de otra parte. Habría que examinar estas nuevas formas de organización de la plusvalía y la explotación, y no pensar que nada ha cambiado y que, como hace un siglo, los explotados son sólo los obreros: también los consumidores son explotados, de otras maneras.

–¿De qué maneras?

–Para que algo se venda, debe construirse como objeto de deseo: cuando usted lo compra, además de poner dinero, se empobrece subjetivamente. Porque hay una estandarización de la subjetividad. Todo el mundo debe desear eso mismo para comprarlo. Para hacer apariencia de individualización, se le agrega algún detalle “personalizado”. Junto con el empobrecimiento económico hay un empobrecimiento subjetivo.

Por Pedro Lipcovich
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Compañeras y compañeros:

Es muy grato para mí y un gran honor acceder a la solicitud que me hicieron llegar de transmitirles un mensaje con motivo del XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que tiene lugar en la Patria de Nelson Mandela, símbolo viviente de la lucha contra el odioso sistema del apartheid.

Cuba fue sede de dos festivales mundiales: el XI, en 1978; y el XIV, en 1997.

Por primera vez el Festival dejaba de realizarse en Europa para hacerlo en un país de este hemisferio.

La decisión fue tomada por la IX Asamblea de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas que tuvo lugar en Varna, Bulgaria, a fines del año 1974.

Eran tiempos diferentes: el mundo se enfrentaba a problemas serios, pero menos dramáticos. Los jóvenes más progresistas luchaban por el derecho de todos los seres humanos a una vida digna; el viejo sueño de los mayores pensadores de nuestra especie cuando era evidente que la ciencia, la tecnología, la productividad del trabajo y el desarrollo de la conciencia lo hacían posible.

En un breve lapso de tiempo la globalización se aceleró, las comunicaciones alcanzaron niveles insospechados, los medios para promover la educación, la salud y la cultura se multiplicaron. Nuestros sueños no eran infundados. En ese espíritu se llevó a cabo el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en el que participó también nuestro pueblo.

En el Consejo General de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, celebrado precisamente en la heroica Sudáfrica a principios de octubre de 1995, se aprobó la realización en La Habana del XIV Festival, en el que participaron más de 12 mil delegados de 132 países. Nuestro país llevaba entonces casi 37 años librando la batalla política e ideológica contra el imperio y su brutal bloqueo económico.

Hasta la década de 1980 no solo existían la República Popular China, la República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Kampuchea, que habían soportado guerras genocidas y los crímenes de los yankis, sino también el campo socialista de Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, un enorme Estado multinacional de 22 millones 402 mil 200 kilómetros cuadrados, con enormes recursos de tierra agrícola, bosques, petróleo, gas, minerales y otros. Frente a la superpotencia imperialista, con más de 800 bases militares desplegadas por todo el planeta, se erguía la superpotencia socialista.

La disolución de la URSS, fuesen cuales fueran los errores en uno u otro momento de la historia, constituyó un duro golpe al movimiento progresista del mundo.

Los yankis se movieron rápidamente y extendieron las bases militares y el uso de instalaciones construidas por la URSS para cercar más estrechamente con su maquinaria de guerra a la Federación Rusa, que aún continúa siendo una gran potencia.

El aventurerismo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se incrementó en Europa y Asia. Desataron la guerra de Kosovo y desintegraron a Serbia.

En el ámbito de nuestro hemisferio, aún antes de la desintegración de la URSS, invadieron en el año 1965 a la República Dominicana; bombardearon e intervinieron con fuerzas mercenarias a Nicaragua; invadieron con sus tropas regulares a Granada, Panamá y Haití; promovieron sangrientos golpes militares en Chile, Argentina y Uruguay y dieron apoyo a la brutal represión de Stroessner en Paraguay.

Crearon la Escuela de las Américas, donde no solo entrenaban a miles de oficiales latinoamericanos en conspiraciones y golpes de Estado, sino también familiarizaron a muchos con doctrinas de odio y prácticas sofisticadas de torturas, mientras se presentaban ante el mundo como paladines de “los derechos humanos y la democracia”.

En la primera década de este siglo, la superpotencia imperialista parece desbordarse de su propio cauce.

Los sangrientos sucesos del 11 de septiembre de 2001, en que fueron destruidas las Torres Gemelas de Nueva York -un episodio dramático en el que perdieron la vida alrededor de 3 000 personas-, y el ataque posterior al Pentágono, vino como anillo al dedo al inescrupuloso aventurero George W. Bush para instrumentar la llamada guerra contra el terror, que constituye, simplemente, una peligrosa escalada en la brutal política que Estados Unidos venía aplicando en nuestro planeta.

Está más que demostrada la bochornosa complicidad de los países de la OTAN con tan repudiable guerra. Esa organización bélica acaba de proclamar su propósito de intervenir en cualquier país del mundo donde considere que sus intereses, es decir, los de Estados Unidos, estén amenazados.

El monopolio de los medios masivos de información, en manos de las grandes transnacionales capitalistas, ha sido utilizado por el imperialismo para sembrar mentiras, crear reflejos condicionados y desarrollar instintos egoístas.

Mientras los jóvenes y los estudiantes viajaban hacia Sudáfrica a luchar por un mundo de paz, dignidad y justicia, en Gran Bretaña los estudiantes universitarios y sus profesores libraban una batalla campal contra los fornidos y bien equipados cuerpos represivos que, sobre briosos caballos, los atacaban. Pocas veces y tal vez ninguna otra en la historia se vió un espectáculo semejante de la “democracia” capitalista. Los partidos neoliberales gobernantes ejerciendo su papel de gendarme de la oligarquía, traicionando sus promesas electorales, aprobaron medidas en el Parlamento que elevaban a 14 mil dólares anuales el costo de los estudios universitarios. Lo peor de todo fue el descaro con que los parlamentarios neoliberales afirmaron que el “mercado resolvía ese problema”. Solo los ricos tenían derecho a los títulos universitarios.

Hace pocos días, el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, al comentar los secretos divulgados por Wikileaks declaró: “El hecho es que los gobiernos tratan con EE.UU. porque les interesa, no porque les gustemos, no porque confíen en nosotros, y no porque crean que podemos guardar secretos. Algunos gobiernos tratan con nosotros porque nos temen, algunos porque nos respetan, la mayoría porque nos necesita. Todavía somos esencialmente, como se ha dicho antes, la nación indispensable”.

No pocas de las personas inteligentes y bien informadas albergan la convicción de que el imperio yanki, como todos los que lo precedieron, ha  entrado en la etapa final y que las señales son irrebatibles.

Un artículo publicado en el sitio Web TomDispatch, traducido del inglés por el sitio Rebelión, expone cuatro hipótesis del probable curso de los acontecimientos en Estados Unidos, y en todas ellas la guerra mundial figura como una de las posibilidades, aunque no excluye que pueda haber otra salida. Añade que definitivamente ese país perderá su papel dominante en las exportaciones globales de mercancías, y en menos de 15 años perdería su papel dominante en la innovación tecnológica y la función privilegiada del dólar como moneda de reserva. Cita que ya este año China alcanzó un 12% frente a Estados Unidos 11% en la exportación mundial de mercancías, y aludió a la presentación por el Ministro de Defensa de China en el mes de octubre de este año del superordenador Tianhe-1A, tan poderoso que, como expresó un experto estadounidense, “liquida la máquina Nº 1″ existente en Estados Unidos.

Nuestros queridos compatriotas, al llegar a Sudáfrica, entre las primeras actividades rindieron merecido tributo a los combatientes internacionalistas que dieron su vida luchando por África.

Desde hace 12 años en el vecino Haití nuestra misión médica presta su servicio al pueblo haitiano; hoy con la cooperación de médicos internacionalistas graduados en la ELAM (Escuela Latinoamericana de Medicina). Allí luchan también por África combatiendo la epidemia del cólera, que es la enfermedad de la pobreza, para impedir que se extienda a ese continente, donde al igual que en América Latina hay mucha pobreza. Con la experiencia adquirida, nuestros médicos han reducido extraordinariamente la tasa de letalidad. Muy cerca de Sudáfrica, en Zimbabwe, en agosto de 2008, de “forma explosiva” estalló esa epidemia según el diario “Herald” de Harare. Robert Mugabe acusó a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña de introducir la enfermedad.

Como prueba de la total falta de escrúpulo yanki, es necesario recordar que el Gobierno de Estados Unidos entregó armas nucleares al régimen del apartheid, que los racistas estuvieron a punto de usar contra las tropas cubanas y angolanas, que después de la victoria de Cuito Cuanavale avanzaban en la dirección Sur, donde el mando cubano, sospechando ese peligro, adoptó las medidas y tácticas pertinentes que le daban el dominio total del aire. Si intentaban usar tales armas, no habrían obtenido la victoria. Pero es legítimo preguntarse: ¿qué habría ocurrido si los racistas sudafricanos hubiesen utilizado las armas nucleares contra fuerzas de Cuba y Angola? ¿Cuál habría sido la reacción internacional? ¿Cómo habría podido justificarse aquel acto de barbarie? ¿Cómo habría reaccionado la URSS? Son preguntas que debemos hacernos.

Cuando los racistas entregaron el gobierno a Nelson Mandela, no le dijeron una sola palabra, ni qué hicieron con aquellas armas. La investigación y denuncia de tales hechos sería en estos instantes un gran servicio al mundo. Los exhorto, queridos compatriotas, a presentar este tema en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

Fidel Castro Ruz
Diciembre 13 de 2010
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El Partido de la Izquierda Europea, coalición formada por los Verdes nórdicos y las fuerzas situadas a la izquierda de los socialistas en toda Europa, aprobó en París el lanzamiento del proyectoTransform! Europe. Con él se proponen lanzar una campaña de recogida de un millón de firmas de europeos para ejercer por primera vez el derecho a la iniciativa legislativa popular y cambiar las actuales orientaciones del euro y del Banco Central Europeo (BCE), juzgados responsables de la crisis y de la destrucción de derechos sociales.
 
Tras cuatro días de congreso, los más de 25 partidos o coaliciones reunidos entre ellos Izquierda Unida, el PCE, EsquerraUnida i Alternativa e Iniciativa per Catalunya votaron el nombramiento de su nuevo presidente confederal europeo, cargo que recayó en Pierre Laurent, número uno del Partido Comunista Francés.
 
"Nuestra iniciativa popular legislativa europea va a ser fundamental, porque las políticas de austeridad y el rol del BCE, del Consejo Europeo y de la Comisión en ellas, pueden ser catastróficos para los europeos", afirmó Laurent.
 
Con el millón de firmas en al menos nueve países de la UE, que van a ser recogidas en una campaña pública, mientras las comisiones del Partido de la Izquierda Europea afinan sus propuestas para otro euro y otro BCE, los alterglobalistas pretenden "cambiar los términos del debate político europeo actual".
 
Laurent citó varios ejes: poner el euro al servicio de la creación de empleo; modificar los estatutos del BCE; abandonar el fondo de estabilidad financiera de la UE actual; crear un Fondo de Desarrollo Social Europeo e imponer una tasa a las transacciones financieras "puesto que ajustan el cinturón de los europeos".
 
Los partidos de izquierda europeos votaron una resolución de solidaridad con el pueblo saharaui, exigiendo paz y "llevar a buen puerto el inacabado proceso de descolonización". La resolución irritó a los observadores enviados a París por el Partido del Progreso y el Socialismo marroquí, que se retiraron del congreso.

Por ANDRÉS PÉREZ CORRESPONSAL 05/12/2010 20:45 Actualizado: 05/12/2010 21:00
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1. Dialéctica de la crisis

La función positiva de toda crisis es que revela la inviabilidad de un modelo. Remueve las ilusiones y escombros ideológicos que bloquean la visión estratégica del futuro. En este sentido, las crisis sistémicas del capitalismo mundial, del modelo de Cuba y del modelo de Venezuela abren el camino al Socialismo del Siglo XXI.

2. Fin de ilusiones y opciones

Europa/Estados Unidos: la crisis capitalista ha dejado claro que los gobiernos del Primer Mundo no son más que lacayos del Gran Capital. Mientras cientos de millones de personas se han hundido en la pobreza, las empresas estadounidenses han tenido en el tercer cuartal de 2010 las mayores ganancias en su historia registrada, gracias a la política del gobierno Obama. En la Unión Europea, el desmontaje  del Estado de bienestar va acompañado de la amenaza de su más alto funcionario, J. D. Barroso, Comisario de la UE, de instalar dictaduras militares en Portugal y España, si los sindicatos ofrecen demasiada resistencia. En consecuencia, dos ideologías
primermundistas cardinales se tambalean: a) que la  lucha de clases ha terminado y, b) que el Estado burgués garantiza para siempre la paz social, el bienestar y  la democracia. 

Cuba: las últimas ilusiones sobre la viabilidad del Socialismo del Siglo XX se cayeron con las drásticas medidas de economía de mercado implantadas en la isla; el reconocimiento de Granma de que las mayorías del país practican una “economía de subsistencia”, y la afirmación del Presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, en China, de que Cuba  “aprovechará la experiencia de desarrollo en reforma y apertura” de China. 
Venezuela: La crisis del modelo venezolano  ---que flota a la deriva en el mar de sus contradicciones---  está acabando con las ilusiones “socialistas” del desarrollismo burgués latinoamericano. Queda limitado el mérito socialista de Hugo Chávez a haber divulgado el concepto del Socialismo del Siglo XXI, sin sustanciación institucional o científica alguna posterior. Es el merito que Marx/Engels le conceden a Hegel.

Las opciones políticas estructurales son, por lo tanto: para el Primer Mundo, dictaduras abiertas del capital, regímenes parlamentarios neoliberales o Socialismo del Siglo XXI; para el Tercer Mundo, desarrollismo socialista (NEP/Lenin, China) o burgués (Venezuela) con Socialismo del Siglo XXI. Entre esas opciones tienen que escoger las clases sociales, Partidos y Estados.

3. La Tricontinental del Socialismo del Siglo XXI 

En un reciente debate del Bloque Regional de Poder Popular-Scientists for a Socialist Political Economy (BRPP/SSPE), hubo consenso en cuanto a que el progreso del Socialismo del Siglo XXI requiere de tres catalizadores: 1. una mayor integración de las fuerzas anticapitalistas de América Latina, Europa y Asia; 2. la consolidación de una vanguardia científica mundial  que trabaja sobre el modo de producción postcapitalista y la transición, 3. la vinculación del Socialismo del Siglo XXI con las masas.

4. Los ejes geopolíticos de la Tricontinental

La importancia de América Latina en el desarrollo del proyecto mundial postcapitalista radica en que tiene  los movimientos sociales más activos, conscientes y combativos de todos los continentes. Europa, a su vez, aporta el conocimiento científico más avanzado sobre la economía política y el modo de producción del Socialismo del Siglo XXI (Escuela de Escocia/Escuela de Bremen). China es clave, porque es uno de los dos decisores del grupo G-20 y el único país poderoso gobernado por un Partido Comunista. Si la reactivación de la lucha de masas en Europa continúa, es preciso integrar también su izquierda partidista, sindical y juvenil al triángulo estratégico de la evolución postcapitalista.

5. Vanguardia y epistemología naif

Uno de los más grandes logros de la ideología burguesa y del dogmatismo del Socialismo del Siglo XX ha sido la destrucción de la teoría revolucionaria del Estado y de la vanguardia. El resultado destructivo es bicéfalo: la sumisión acrítica, casi religiosa de las masas y de los miembros del Partido del Estado ante el líder histórico, por una parte, y la idolatría acrítica y anarquoide de la “democracia de base”, por otra. Ambas actitudes son ingenuas porque niegan la dialéctica entre las necesarias jerarquías de poder.

La primera representa el abuso de poder de un liderazgo que pretende eternizar una coyuntura histórica favorable que le permitió conquistar el Estado. La segunda pertenece a la epistemología naif, porque niega la estructura objetiva del universo: que el cosmos está organizado en escalas y jerarquías de complejidades, dimensiones e interacciones. De la negación de ese hecho ontológico nace la ilusión anárquica de que una sociedad puede organizarse simplemente de manera horizontal o que las masas pueden auto-organizarse adecuadamente, sin delegar información, coordinación y poder a instancias superiores e intermedias. Un simple ejemplo de la ley de escala revela lo absurdo de esta pretensión. Si tres personas discuten, no necesitan moderador ni reglamento. Si son trescientas, ambos son funcionalmente imprescindibles, para impedir el caos y el abuso.

6. Vanguardia, verdad y mayorías

El auténtico liderazgo de vanguardia nace de la verdad. Por eso, a veces no coincide con la lógica de las mayorías. Si Einstein sostiene que el espacio es curvado y cien físicos presentes dicen lo contrario, Einstein tiene razón, porque expresa la verdad objetiva frente a un atraso en el conocimiento de sus colegas. Lenin tiene razón cuando dimite al Comité Central y convoca, en octubre de 1917, a la insurrección armada inmediata, acusando de  idiotas y traidores a aquellos que quieren esperar la “mayoría ´formal´de los bolcheviques” en un futuro congreso del Partido. 

7. Líder y masas

Es la dialéctica del liderazgo. El conocimiento y la audacia superior (a la Media) de la avantgarde   ---en lo político y militar frecuentemente con un fuerte aspecto intuitivo---   salva en la crisis. Muchos líderes derivan de ese talento su reclamo a la eternización de su  conducción. Las masas deben reconocer ese talento, pero deben defender su autonomía rectora, por el bien del proceso. ¿De qué se deriva su autonomía rectora? Del hecho, de que en tiempos de evolución normal no se requieren las calidades de liderazgo que caracterizan al solitario héroe rescatador, sino la dirección y retroalimentación colectiva. De ahí la sabia construcción de la dictadura romana.

8. Vanguardia y Foros Sociales

Recién discutí con el amigo Alexander Buzgalin, quien publicó en el año 2000 en Cuba un breve libro intitulado, El futuro del Socialismo, sobre el problema de la transición al postcapitalismo y la vanguardia. Él tiene mucha esperanza en los foros sociales, como el Foro Social Europeo (FSE). Después de mi participación en los Foros de Atenas, Paris, Londres y Quito, no comparto su optimismo y he dejado de participar en esos eventos. No veo que de las “escuelas de verano” (Ramonet dixit) nazca la Revolución Mundial anticapitalista, ni tampoco, que inquieten mayormente a los amos del Capital. De hecho, los amos los financian.

Toda vanguardia nace en torno a un paradigma, es decir, una verdad objetiva que sirve como centro de gravitación epistémica y en su caso, política, del homo sapiens. En la actual superación del capitalismo, ese paradigma es el Modo de Producción del Socialismo del Siglo XXI, es decir, el genoma de la economía y sociedad postcapitalista. Como en todo proceso de evolución, los modelos disfuncionales son absorbidos por la historia.

30.11.2010   
 
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Martes, 30 Noviembre 2010 07:01

Zizek y el Final de los Tiempos

Es el fin del mundo tal como lo conocemos. Slavoj Zizek tiene varias ideas de los motivos. El principal es la proximidad del final del sistema económico que conocemos como capitalismo. Aunque si escuchamos a sus líderes de todo el mundo (especialmente en EE.UU.) no llegamos a saberlo; los últimos decenios han sido duros para el capitalismo. Para mantener la expansión que necesita se han otorgado créditos a individuos e instituciones que nunca habrían tenido posibilidades de obtenerlos antes de 1973. Esto ha posibilitado que el poder de compra del consumidor se extienda más allá de la capacidad de ingresos de la mayoría de la gente. Además, muchos servicios que antes eran suministrados por el gobierno han sido privatizados. Este fenómeno incluye algunas escuelas, bibliotecas, y ciertas operaciones militares, policiales y de seguridad. Esta transición ha sido precipitada por la continua disminución de los impuestos para los muy ricos y la reducción de la prioridad de todos los servicios sociales. Naturalmente, las fuerzas armadas siguen devorando la mayoría de los presupuestos nacionales en muchos países, especialmente EE.UU. Este hecho, combinado con la mencionada privatización de algunas operaciones militares, prisiones y funciones policiales, ha creado una situación en la cual los pobres y las llamadas clases medias ven que su futuro se oscurecen mientras los acaudalados cierran filas a escala global para intentar garantizar su eterna dominación.

Zizek dice que los ricos son víctimas de sus propias ilusiones. En última instancia la distopía que crea el capitalismo monopolista extenderá su sombra sobre todo el mundo. Desocupados, empleados, propietarios, directores ejecutivos y financistas. El momento de la masa crítica está próximo. A los amos del capital les quedan pocas o ninguna carta que jugar. Es seguro que probarán algunos trucos que han utilizado en el pasado en lo que finalmente serán intentos inútiles de reconstruir el planeta capitalista, pero los hechos son obvios. Cada vez hay menos mercados que crear para luego explotarlos. La compra y venta de crédito y deuda con más crédito y deuda sólo pueden engañar al que lleva la batuta por un tiempo limitado. La hora de pagar las consecuencias se acerca.

Una vez tuve una amiga cuya familia abandonó Holanda justo antes de que los nazis se apoderaran del país. No estoy seguro de si era judía, pero su madre sabía que ninguno de sus familiares sobreviviría mucho tiempo una vez que el Tercer Reich llegara a su vecindario. Quién sabe, tal vez eran comunistas. En todo caso en 1981, cuando los trabajadores polacos iniciaron una huelga nacional después que el gobierno estalinista atacó brutalmente a los trabajadores asociados con el movimiento Solidarnosc, ella mencionó su temor por el pueblo polaco mientras esperábamos que el barman nos trajera otra cerveza. Comencé a hablar de un par de huelgas en EE.UU. en las que había participado unos años antes. Mi amiga me interrumpió y dijo que había que desechar todas las suposiciones y que los que supieran cuidarse unos a otros vivirían mucho mejor que la mayoría.

Esta noción no está muy presente en el modo de pensar capitalista, incluso (si no especialmente) entre los que trabajan en sus negocios, fábricas y campos. En vez de eso los trabajadores tienden a asumir la filosofía de los que les pagan. La creencia de que el individuo es la clave para la supervivencia, el camino a la distopía privatizada, no sólo se acepta, sino que además es vitoreada por una mayoría apreciable.

Vuelvo a Slavoj Zizek. Su último libro, titulado Vivir en el Final de los Tiempos, es una aventura. Un poco verboso, el filósofo estrella examina el estado de las cosas en el planeta a comienzos del Siglo XXI. Mediante la división de su análisis en lo que los terapeutas llaman las cinco etapas del duelo, Zizek examina de cerca la naturaleza del problema –el capitalismo y su cultura-. Examina las causas repasando la filosofía occidental y enfrenta todo el dilema con las posibilidades críticas de Marx y Engels. La tarea es fascinante a pesar del uso de ideas como aplicaciones prácticas de otras ideas –un truco de filósofo que tiende a confundir en lugar de aclarar-. Zizek aplica más lo que trata de decir sobre la realidad política y cultural del mundo en los capítulos que vienen directamente después de cada uno de los nombrados según las etapas mencionadas. En otras palabras, Zizek trata de aplicar en esos capítulos sus ideas a algo real. Sin embargo utiliza frecuentemente el recurso del filme para ilustrar sus argumentos. Es como si las sombras en la caverna de Platón se hubieran convertido en los que proyectan esas sombras. Al igual que Ronald Reagan y su confusión, Zizek se refiere al filme como si fuera real.

Recientemente leí un artículo sobre la crisis económica actual que decía que los eventos fueron causados por la codicia individual. Aunque esto es válido en cierta medida, los hechos tienen mucho más que ver con la masa crítica mencionada anteriormente. La industria financiera tenía que encontrar algo que vender porque el mercado estaba saturado y la gente no se podía permitir lo que estaba en venta a menos que su crédito se ampliara más allá de lo razonable. Esencialmente, el capitalismo crea y posibilita la codicia, en su etapa actual, porque su maquinaria sabe que ésta lo mantiene en vida.

Hay un par de maneras de luchar contra el fin que se aproxima. Un método se despliega actualmente en EE.UU. y el otro levanta su cabeza colérica en sitios como Grecia y Francia (y más recientemente en Gran Bretaña). El primero es un método que coincide exactamente con la cultura individualista de EE.UU. Este método encuentra su mejor expresión en el medio político actual en el Tea Party. Su obsesivo individualismo pretende que cada realidad humana es una isla y por lo tanto tiene derecho a acaparar, guardar y proteger lo que cada cual considera suyo. Todo lo demás se puede ir al diablo. Subraya este desorden la creencia de que todos pueden llegar a ser ricos si trabajan bastante duro. Como sabe cualquiera que haya observado a los financistas del Tea Party, esa filosofía egocéntrica es propugnada por unos pocos socialdarwinistas extremadamente ricos.

El otro método depende de la solidaridad y la acción de masas. Los griegos y los franceses en las calles comprenden que esta crisis no es un acto divino, no es inevitable y está directamente relacionada con la etapa actual del capitalismo monopolista –la globalización capitalista-. Saben que los amos que fijan las reglas tienen otras prioridades que las masas y que la única manera de cambiar esas prioridades es reflejar las de los trabajadores (empleados y desocupados) y de otros a quienes los ricos quieren privar de poder. Ante esta situación, señala Zizek, puede que el único camino sea perturbar el orden público. Como ejemplo cita las protestas griegas de 2008 después de que la policía mató a un adolescente. Hay que recordar que esas protestas se extendieron por toda Europa. Todo lo que no sea acción directa que estropee los planes del Estado es ineficaz, sea porque es ignorado por el Estado o cooptado por éste. Como ejemplo de esto último Zizek apunta a la reacción oficial de Washington y Londres ante las masivas protestas del 15 de febrero de 2003 contra la inminente invasión de Iraq. Una vez terminadas las manifestaciones, tuvo lugar la invasión. Sin embargo, los corteses manifestantes pudieron sentirse bien en el sentido de que habían hecho todo lo posible para impedirla, mientras los gobiernos invasores pudieron referirse a las protestas como ejemplo de “cómo funciona la democracia”. Circunstancia que, en realidad, sólo funcionaron a favor de esos gobiernos y de la maquinaria bélica de la que estos últimos forman parte integral.

Entre sus numerosos objetivos, Zizek incluye la democracia liberal. Está de acuerdo en que sus defectos son muy obvios. Muchos de esos defectos se pueden atribuir al hecho de que el liberalismo económico y el llamado libre mercado han triunfado sobre el liberalismo político. Fue Herbert Marcuse quien escribió en su libro El hombre unidimensional: “La libertad de pensamiento, palabra y conciencia eran –precisamente como la libre empresa a la que servían para promoverla y protegerla– básicamente ideas criticas, destinadas a reemplazar una cultura material e intelectual obsoleta por otra más productiva y racional. Una vez institucionalizados, estos derechos y libertades compartieron el destino de la sociedad de la habían llegado a convertirse en parte integrante. El logro anula las premisas.” En los hechos, insiste Zizek, esos derechos van ahora en contra del proyecto mayor de mantener el sistema capitalista no importa de qué manera se presente.

Eso, a pesar del hecho de que la mayoría de los ciudadanos de las democracias occidentales (y probablemente también de democracias en otras partes del mundo) prefieren las libertades sociales y la igualdad prometidas por el liberalismo político. Sin embargo, el libre mercado, que no es realmente libre en el amplio sentido de la palabra, descubre que no puede sobrevivir en un mundo en el cual no haya desigualdad. El capitalismo, después de todo (y especialmente el capitalismo monopolista) crea (y necesita) ricos y pobres. En consecuencia, los dirigentes que defienden el liberalismo político y la democracia se encuentran en una situación en la que acceden a las demandas de los que creen que el mercado supera todas las demás realidades. En otras palabras los liberales políticos, que también son firmes creyentes en el mercado, sucumben. Nada lo demuestra mejor que la presidencia de Obama.

Hablando de esa presidencia, con respecto a la última elección de Tony Blair, Zizek señala que Blair era la persona más impopular en Gran Bretaña en 2005. Sin embargo, como no existía un camino oficial para expresar el rechazo, fue reelegido. Las elecciones más recientes en Gran Bretaña y EE.UU. llevan esta realidad un paso más lejos. Los votantes están frustrados ante la falta de cambio pero no ven un camino oficial para expresarlo, por lo tanto llevan al poder en Gran Bretaña a una coalición liberal-conservadora que hace exactamente lo que se proponía hacer el Nuevo Laborismo. En EE.UU., votaron por el falso populista Tea Party o no votaron a nadie. Mientras tanto, un panel bipartidista ha recomendado grandes cambios en la Seguridad Social y Medicare en Washington, mientras se imponen otras medidas de austeridad en ambas naciones. La guerra de Afganistán sigue escalando y cualquier pretensión de una retirada se boprra lentamente de la memoria. Nada cambiará. Al mismo tiempo tiene que ocurrir un cambio. El señor Zizek describe la situación a su manera en Vivir en el Final de los Tiempos, pero finalmente el texto no es otra cosa que un intricado juguete intelectual.

Si queremos efectuar un cambio, libros como Vivir en el Final de los Tiempos no van a ser la chispa que prenda el fuego en la pradera, no importa cuán hábilmente hayan sido escritos. Aunque el texto de Zizek es potencialmente importante para los que se toman el tiempo necesario para leerlo, sigo convencido de que nuestra búsqueda de un futuro mejor sale ganando mediante la lectura de los primeros capítulos de un pequeño libro publicado por primera vez el 21 de febrero de 1848. ¿Ese libro? El Manifiesto del Partido Comunista de Carlos Marx y Federico Engels. Pienso que el señor Zizek estará de acuerdo.

Ron Jacobs*
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.

*Ron Jacobs es autor de “The Way the Wind Blew: a History of the Weather Underground”, que Verso ha vuelto a publicar. El ensayo de Jacobs sobre Big Bill Broonzy figura en la colección de música, arte y sexo de CounterPunch “Serpents in the Garden”. Su primera novela “Short Order Frame Up”, fue publicada por Mainstay Press. Puede contactarse con él en: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 
 
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Pintor, cineasta, escritor y cantautor. Luis Eduardo Aute (Manila, 1943) es uno de esos artistas tan completos que da la sensación de que podría hacer cualquier cosa. Durante sus 42 años de carrera ha mostrado una preocupación por la sociedad que lo ha llevado a ser considerado, además, un crítico de los críticos. De sus 14 nuevas canciones, ha dedicado algunas al declive de la televisión o la dictadura de las nuevas tecnologías, al amor y hasta al cine de Buñuel.

Intemperie, título del álbum, "tiene un denominador común: el estado de ánimo de los tiempos que corren, o más bien que no corren", comenta Aute. Se trata de una sensación, la de estar en manos de lo que designa esta intemperie "en la que puede ocurrir algo en cualquier momento", explicó a Público.

El nuevo rumbo de la política cubana le parece positivo: "Se incentivará la iniciativa privada desde unas bases sociales definidas donde se cubren las primeras necesidades del ser humano", señala el autor de la canción Al Alba. Para él, el capitalismo está agotado y ha tenido como consecuencia la acuciante crisis. "Por eso, intentar refundar el capitalismo me parece absurdo, lo que hay que hacer es reflotar y refundar el socialismo", explica el cantautor.

El barco de la política

Comparar la política con un barco parece la mejor opción para comprender su forma de entender el mundo: "El occidental es un barco que se hunde y el único proyecto que hay es poner parches para que tarde en hacerlo". Sin embargo, ve en América Latina cierta esperanza, pues allí cree que están construyendo el barco, "unos de una manera más moderada y otros más radical, pero construyen", argumenta.

Presume de no tener móvil. "No sé hasta qué punto nos servimos de las tecnologías o ellas se sirven de nosotros", comenta el artista mientras apagaba un cigarro. Sin pudor, se somete al tabaco. "Sí, por eso no quiero más. Si pudiera, lo dejaría, aunque hay épocas en las que el tabaco me deja a mí", concluye Luis EDuardo Aute.

Por ROCÍO PONCE 10/11/2010 22:37 Actualizado: 11/11/2010 10:00
Publicado enInternacional
Los economistas, y probablemente los periodistas económicos, han hecho algo parecido al ridículo en esta crisis. Casi nadie la vio venir. Casi nadie supo explicar lo sucedido. Aun hoy casi nadie sabe qué diantre va a ocurrir. Y no solo eso: la mayor parte de los avances de esa ciencia lúgubre que es la economía en los últimos 30 años son, según el Nobel Paul Krugman, "espectacularmente inútiles en el mejor de los casos, absolutamente dañinos en el peor". Nouriel Roubini es uno de los pocos que fueron capaces de anticipar esta crisis (y otras muchas que nunca llegaron a materializarse, por cierto). Polémico, poco querido en Wall Street, visionario y tremendamente pesimista -apodado Doctor Catástrofe con toda justicia-, durante años sus colegas le tildaron de loco, de agorero recalcitrante, de profeta con ínfulas. Pero acertó. Pronosticó la secuencia exacta de las mutaciones de la crisis desde el inicio. Y siguió pesimista en 2009, cuando los brotes verdes, cuando la recuperación de los mercados provocó que otros oráculos se pasaran al bando de los optimistas y perdieran sus credenciales. "No soy un pesimista: me considero un realista", asegura en una entrevista peculiar, realizada a caballo entre Washington y Nueva York. Más vale que se equivoque: "Aún no hemos salido de esta y ya viene otra crisis: la cuestión es solo cuándo".

Roubini (Estambul, 52 años) es algo parecido a una estrella de la farándula. Firma docenas de autógrafos, estuvo en la última edición del festival de Cannes por su participación en dos películas, es vecino de la actriz Scarlett Johanson en su loft de TriBeCa (Nueva York), colecciona arte, proyecta películas independientes para sus amigos y da multitudinarias fiestas que le han granjeado una merecida fama de crápula. Y trabaja a destajo: puede que nunca gane el Nobel, pero ha superado ya a Krugman en el star system de la academia por sus menciones en la prensa internacional. Cotiza al alza: viaja constantemente, se reúne con políticos, financieros y banqueros centrales de todo el mundo, es el oráculo de moda y acaba de publicar un libro excelente, Cómo salimos de ésta (Destino), en el que ajusta cuentas con los cegatos y disecciona la crisis y lo que está por venir. ¿Adivinan? Bingo: más problemas.

"Vienen años de bajo crecimiento económico por muy bien que salgan las excepcionales y en ocasiones insólitas medidas de política fiscal y monetaria que se han puesto en marcha. Vienen años dolorosos por la resaca del alto endeudamiento público y privado en el mundo rico. La buena noticia es que podemos evitar una recaída en la recesión. La mala es que no se puede hacer mucho más que eso", asegura a modo de diagnóstico general.

Roubini atendió hace un par de semanas a este periódico en un pasillo de la sede del Fondo Monetario Internacional, en Washington, durante apenas unos minutos. Venía de Tokio y Seúl, y tenía mucha prisa: se marchaba a Kiev y a su Estambul natal esa misma tarde. La charla se reanudó la semana siguiente, por teléfono, desde su despacho en su consultora RGE, en Nueva York. Puede que los viajes cambien el estado de ánimo de algunas gentes, pero el tono de Roubini es parecido esté donde esté: "Las crisis son animales de costumbres. Se parecen a los huracanes: actúan de manera relativamente previsible, pero pueden cambiar de dirección, amainar e incluso resurgir sin avisar. Esta fue primero una crisis financiera muy modesta, después mutó en crisis económica, más tarde fue crisis fiscal y ahora es crisis de divisas. Y esto no ha terminado: estamos justo antes de la siguiente etapa, ahora viene cuando en muchos de los países más castigados la deuda privada se convierte en deuda pública y resurgen los problemas fiscales", advierte.

¿Cómo se detiene un huracán? Roubini da una receta general: más regulación. "La banca es la semilla del problema, el ojo del huracán, y todo lo que se haga por darle una vuelta de tuerca a la regulación llegará ya demasiado tarde y será demasiado poco; y aun así hay que reconstruir los diques financieros para hacer frente a futuras crisis. Al paso que vamos la siguiente crisis financiera será aún peor que esta".

Roubini es un tipo singular, tal vez como su peripecia personal. Hijo de judíos iraníes, pasa sus primeros años en Irán y vive después en Israel (recientemente, por cierto, ha vaticinado que un eventual ataque nuclear de Israel a Irán podría complicar las cosas). Cursa sus estudios universitarios en Italia y se doctora en Harvard. Ha enseñado en Yale y sigue haciéndolo en la Universidad de Nueva York. Habla inglés, italiano, hebreo y farsi. Ha sido asesor del FMI, de la Reserva Federal y del Tesoro estadounidense con Bill Clinton como presidente. Ahora preside su propia consultora, con 80 empleados y 1.000 clientes institucionales. Pasa dos terceras partes de su tiempo en la carretera -se define como "nómada global": los tópicos no perdonan ni siquiera a los gurús- y, en términos económicos, no es ni keynesiano ni un neoliberal de la Escuela de Chicago: "Soy pragmático, ecléctico, centrista".

El Doctor Catástrofe -un supervillano de cómic creado en los años sesenta- se transformó en Roubini en 2004, cuando el economista empezó a hablar de un aterrizaje brusco de la economía norteamericana. En esa época pronosticó también una debacle del dólar -causada por los desequilibrios globales- que no se ha producido. Pero lo que le cambió la vida fue un seminario en el FMI en otoño de 2006: allí contó que venía un descalabro financiero, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en el Atlántico Norte y, en última instancia, una depresión profunda. Unos meses después, en el Foro de Davos, hizo lo mismo. Nadie le creyó. Otros muchos también acertaron: "Robert Shiller o Kenneth Rogoff, por ejemplo, pronosticaron algo parecido en varios trabajos. La diferencia es que la prensa amplificó el acierto de Roubini. Creo que se trata de un economista serio con un buen olfato", asegura el profesor Guillermo Calvo desde Nueva York. Pero esa opinión es casi una excepción.

La mayoría de los expertos consultados para este reportaje critica el trabajo de Roubini, la mayoría de ellos con la condición del anonimato. "Exagera a menudo, al menos en público", asegura Daniel Gros, del CEPS. "Puede acertar en algunos diagnósticos, pero falla con facilidad y sus recetas son una locura", añade José Carlos Díez, de Intermoney, que recuerda que en su última visita a España llegó a pedir que se cerraran los mercados ante la sobredosis de incertidumbre que se venía encima, en octubre de 2008, justo después de la quiebra de Lehman Brothers.

Y sin embargo, se le escucha. Un alto funcionario del FMI contaba hace unos días que en primavera de 2007, cuando nadie veía problemas, el director de Asuntos Monetarios del FMI, Jaime Caruana, citaba ya a Roubini y aseguraba que el gurú ya le había puesto cifras al agujero de la banca: un billón de dólares, poco más o menos la misma estimación que hizo inicialmente el FMI pero con varios meses de retraso. "Desde hace mucho tiempo, en economía a las trampas se les llama modelos. Roubini cree que la economía está demasiado dominada por las matemáticas. Él bebe de campos muy diferentes, con un enfoque más amplio: viaja, escucha distintos puntos de vista de primera mano, intenta ver las cosas desde distintos ángulos, y además usa esos modelos, con los que está familiarizado desde hace más de veinte años. Esa es la clave de sus aciertos", asegura el coautor del citado Cómo salimos de ésta, el historiador económico Stephen Mihm, en una conversación telefónica.

El caso es que Roubini sigue viendo el horizonte sombrío. La crisis va por barrios: "Estados Unidos está algo mejor que Europa; y la periferia de Europa peor que el centro. Y aún dentro de Europa, Grecia y algunos países del Este están peor que Irlanda y Portugal, y esos dos países tienen más problemas que España", dispara.

Sus prescripciones son distintas en unos y otros casos. "Estados Unidos tiene margen para un segundo estímulo como el que propone Obama. Y su banco central está haciendo los deberes. Pero a la larga no podrá mantener su déficit fiscal: los riesgos se acumulan, y las presiones sobre el dólar dejan una especie de equilibrio del terror financiero. Estados Unidos devalúa su moneda con la política monetaria [la expansión cuantitativa: la máquina de imprimir dinero que supone la compra de deuda] y los países emergentes, empezando por China, siguen comprando bonos estadounidenses e impiden así que el dólar baje más. Hay un riesgo de crisis del dólar, como ya he afirmado en otras ocasiones, que provocaría serios problemas en todo el mundo. Pero no veo que eso vaya a ocurrir a corto plazo".

Para Estados Unidos, Roubini ve riesgos: de recaída si no se estimula la economía, de crisis del dólar -a la larga- si no se solucionan sus abultados déficits. Para Europa, ve más dificultades. Una década perdida a la japonesa o incluso algo peor: una espiral parecida a la que sufrió Argentina en 2001. "A pesar del plan de rescate anunciado, a pesar de las ayudas a Grecia y a pesar de las pruebas de esfuerzo a la banca, la deuda de los países periféricos sigue presentando problemas. Y el crecimiento en Europa, especialmente en los PIGS [acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España], va a ser muy bajo e incluso negativo. El panorama asusta", dice. "Con esas deudas tan altas y con los planes de austeridad, la deflación es un riesgo serio. Y en esa tesitura, países como Grecia van a tener que reestructurar su deuda, y eso generará una nueva crisis fiscal: ya no es una cuestión de si va a ocurrir, sino solo de cuándo".

Llegan las bofetadas. Roubini considera que tanto el Banco Central Europeo como Alemania están usando políticas equivocadas, por decirlo de forma suave. "La tozudez del BCE, que se empeña en ver fantasmas de inflación, es un desastre para Europa y en particular para los países periféricos. El euro se ha ido por las nubes por la negativa del BCE a dar pasos en la compra de bonos parecidos a los de la Reserva Federal. Como siga en esa línea y el euro llegue a 1,60 por dólar habrá desaparecido cualquier posibilidad de recuperación, y probablemente veamos que junto a Grecia algún otro país tenga que pedir rescate. Irlanda y Portugal son los peor situados. España ha conseguido desmarcarse y está algo mejor, aunque está metida en otros líos".

Roubini nunca ha sido optimista con España. Al inicio de la crisis fiscal griega fue muy duro: "Si cae Grecia es un problema para la UE; si cae España es el desastre". Ahora rebaja la dosis: "España está mucho mejor que Grecia, y mejor que Irlanda o Portugal. Pero tiene una deuda privada enorme, un paro muy elevado que no va a bajar a medio plazo y un pinchazo inmobiliario en el que los precios aún tienen que caer más. Las pruebas de esfuerzo de la banca fueron muy positivas y la competitividad está mejorando, pero créame si le digo que los ajustes han sido duros pero probablemente tengan que ser aún más severos. Sobre todo si Alemania -con esa manía de la austeridad fiscal- y el BCE -incapaz de ser menos rígido- persisten en sus graves errores".

En fin, Roubini en estado puro: "El principal riesgo es la recaída en la recesión o un largo estancamiento, combinado con la deflación: con niveles de endeudamiento público y privado tan altos, eso supondrá suspensiones de pagos en familias, empresas, bancos y, finalmente, Gobiernos".

Hay quien dice que Roubini es como un reloj parado: con todo lo que dispara, acierta dos veces al día. Antonio Torrero, catedrático de la Universidad de Alcalá, asegura que al menos "tiene la valentía de ir a contracorriente" y apunta con tino que "además, da la impresión de venderse estupendamente". Rogoff, que durante años fue uno de sus valedores en la academia, ha explicado que "si uno está sentado junto a miembros del BCE y alguien pregunta qué es lo peor que puede ocurrir, lo primero que se oye es: veamos qué dice Roubini". Últimamente su fama le ha llevado al cine: aparece en Wall Street II y la aún no estrenada en España Inside Job.

Roubini, cómo no, tiene también un análisis sobre esa querencia del cine por la economía, por esa versión del capitalismo mágico de los tres últimos años, irreproducibles en un guión creíble. "No hay forma de hacer una buena película sobre el capitalismo. La realidad es más dramática, impredecible y sorprendente que cualquier película", concluye el oráculo, que esta semana viajó hacia Argentina para dar una de sus conferencias apenas unas horas antes de la muerte de Kirchner.

Por CLAUDI PÉREZ 31/10/2010
Publicado enInternacional