Pintor, cineasta, escritor y cantautor. Luis Eduardo Aute (Manila, 1943) es uno de esos artistas tan completos que da la sensación de que podría hacer cualquier cosa. Durante sus 42 años de carrera ha mostrado una preocupación por la sociedad que lo ha llevado a ser considerado, además, un crítico de los críticos. De sus 14 nuevas canciones, ha dedicado algunas al declive de la televisión o la dictadura de las nuevas tecnologías, al amor y hasta al cine de Buñuel.

Intemperie, título del álbum, "tiene un denominador común: el estado de ánimo de los tiempos que corren, o más bien que no corren", comenta Aute. Se trata de una sensación, la de estar en manos de lo que designa esta intemperie "en la que puede ocurrir algo en cualquier momento", explicó a Público.

El nuevo rumbo de la política cubana le parece positivo: "Se incentivará la iniciativa privada desde unas bases sociales definidas donde se cubren las primeras necesidades del ser humano", señala el autor de la canción Al Alba. Para él, el capitalismo está agotado y ha tenido como consecuencia la acuciante crisis. "Por eso, intentar refundar el capitalismo me parece absurdo, lo que hay que hacer es reflotar y refundar el socialismo", explica el cantautor.

El barco de la política

Comparar la política con un barco parece la mejor opción para comprender su forma de entender el mundo: "El occidental es un barco que se hunde y el único proyecto que hay es poner parches para que tarde en hacerlo". Sin embargo, ve en América Latina cierta esperanza, pues allí cree que están construyendo el barco, "unos de una manera más moderada y otros más radical, pero construyen", argumenta.

Presume de no tener móvil. "No sé hasta qué punto nos servimos de las tecnologías o ellas se sirven de nosotros", comenta el artista mientras apagaba un cigarro. Sin pudor, se somete al tabaco. "Sí, por eso no quiero más. Si pudiera, lo dejaría, aunque hay épocas en las que el tabaco me deja a mí", concluye Luis EDuardo Aute.

Por ROCÍO PONCE 10/11/2010 22:37 Actualizado: 11/11/2010 10:00
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Los economistas, y probablemente los periodistas económicos, han hecho algo parecido al ridículo en esta crisis. Casi nadie la vio venir. Casi nadie supo explicar lo sucedido. Aun hoy casi nadie sabe qué diantre va a ocurrir. Y no solo eso: la mayor parte de los avances de esa ciencia lúgubre que es la economía en los últimos 30 años son, según el Nobel Paul Krugman, "espectacularmente inútiles en el mejor de los casos, absolutamente dañinos en el peor". Nouriel Roubini es uno de los pocos que fueron capaces de anticipar esta crisis (y otras muchas que nunca llegaron a materializarse, por cierto). Polémico, poco querido en Wall Street, visionario y tremendamente pesimista -apodado Doctor Catástrofe con toda justicia-, durante años sus colegas le tildaron de loco, de agorero recalcitrante, de profeta con ínfulas. Pero acertó. Pronosticó la secuencia exacta de las mutaciones de la crisis desde el inicio. Y siguió pesimista en 2009, cuando los brotes verdes, cuando la recuperación de los mercados provocó que otros oráculos se pasaran al bando de los optimistas y perdieran sus credenciales. "No soy un pesimista: me considero un realista", asegura en una entrevista peculiar, realizada a caballo entre Washington y Nueva York. Más vale que se equivoque: "Aún no hemos salido de esta y ya viene otra crisis: la cuestión es solo cuándo".

Roubini (Estambul, 52 años) es algo parecido a una estrella de la farándula. Firma docenas de autógrafos, estuvo en la última edición del festival de Cannes por su participación en dos películas, es vecino de la actriz Scarlett Johanson en su loft de TriBeCa (Nueva York), colecciona arte, proyecta películas independientes para sus amigos y da multitudinarias fiestas que le han granjeado una merecida fama de crápula. Y trabaja a destajo: puede que nunca gane el Nobel, pero ha superado ya a Krugman en el star system de la academia por sus menciones en la prensa internacional. Cotiza al alza: viaja constantemente, se reúne con políticos, financieros y banqueros centrales de todo el mundo, es el oráculo de moda y acaba de publicar un libro excelente, Cómo salimos de ésta (Destino), en el que ajusta cuentas con los cegatos y disecciona la crisis y lo que está por venir. ¿Adivinan? Bingo: más problemas.

"Vienen años de bajo crecimiento económico por muy bien que salgan las excepcionales y en ocasiones insólitas medidas de política fiscal y monetaria que se han puesto en marcha. Vienen años dolorosos por la resaca del alto endeudamiento público y privado en el mundo rico. La buena noticia es que podemos evitar una recaída en la recesión. La mala es que no se puede hacer mucho más que eso", asegura a modo de diagnóstico general.

Roubini atendió hace un par de semanas a este periódico en un pasillo de la sede del Fondo Monetario Internacional, en Washington, durante apenas unos minutos. Venía de Tokio y Seúl, y tenía mucha prisa: se marchaba a Kiev y a su Estambul natal esa misma tarde. La charla se reanudó la semana siguiente, por teléfono, desde su despacho en su consultora RGE, en Nueva York. Puede que los viajes cambien el estado de ánimo de algunas gentes, pero el tono de Roubini es parecido esté donde esté: "Las crisis son animales de costumbres. Se parecen a los huracanes: actúan de manera relativamente previsible, pero pueden cambiar de dirección, amainar e incluso resurgir sin avisar. Esta fue primero una crisis financiera muy modesta, después mutó en crisis económica, más tarde fue crisis fiscal y ahora es crisis de divisas. Y esto no ha terminado: estamos justo antes de la siguiente etapa, ahora viene cuando en muchos de los países más castigados la deuda privada se convierte en deuda pública y resurgen los problemas fiscales", advierte.

¿Cómo se detiene un huracán? Roubini da una receta general: más regulación. "La banca es la semilla del problema, el ojo del huracán, y todo lo que se haga por darle una vuelta de tuerca a la regulación llegará ya demasiado tarde y será demasiado poco; y aun así hay que reconstruir los diques financieros para hacer frente a futuras crisis. Al paso que vamos la siguiente crisis financiera será aún peor que esta".

Roubini es un tipo singular, tal vez como su peripecia personal. Hijo de judíos iraníes, pasa sus primeros años en Irán y vive después en Israel (recientemente, por cierto, ha vaticinado que un eventual ataque nuclear de Israel a Irán podría complicar las cosas). Cursa sus estudios universitarios en Italia y se doctora en Harvard. Ha enseñado en Yale y sigue haciéndolo en la Universidad de Nueva York. Habla inglés, italiano, hebreo y farsi. Ha sido asesor del FMI, de la Reserva Federal y del Tesoro estadounidense con Bill Clinton como presidente. Ahora preside su propia consultora, con 80 empleados y 1.000 clientes institucionales. Pasa dos terceras partes de su tiempo en la carretera -se define como "nómada global": los tópicos no perdonan ni siquiera a los gurús- y, en términos económicos, no es ni keynesiano ni un neoliberal de la Escuela de Chicago: "Soy pragmático, ecléctico, centrista".

El Doctor Catástrofe -un supervillano de cómic creado en los años sesenta- se transformó en Roubini en 2004, cuando el economista empezó a hablar de un aterrizaje brusco de la economía norteamericana. En esa época pronosticó también una debacle del dólar -causada por los desequilibrios globales- que no se ha producido. Pero lo que le cambió la vida fue un seminario en el FMI en otoño de 2006: allí contó que venía un descalabro financiero, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en el Atlántico Norte y, en última instancia, una depresión profunda. Unos meses después, en el Foro de Davos, hizo lo mismo. Nadie le creyó. Otros muchos también acertaron: "Robert Shiller o Kenneth Rogoff, por ejemplo, pronosticaron algo parecido en varios trabajos. La diferencia es que la prensa amplificó el acierto de Roubini. Creo que se trata de un economista serio con un buen olfato", asegura el profesor Guillermo Calvo desde Nueva York. Pero esa opinión es casi una excepción.

La mayoría de los expertos consultados para este reportaje critica el trabajo de Roubini, la mayoría de ellos con la condición del anonimato. "Exagera a menudo, al menos en público", asegura Daniel Gros, del CEPS. "Puede acertar en algunos diagnósticos, pero falla con facilidad y sus recetas son una locura", añade José Carlos Díez, de Intermoney, que recuerda que en su última visita a España llegó a pedir que se cerraran los mercados ante la sobredosis de incertidumbre que se venía encima, en octubre de 2008, justo después de la quiebra de Lehman Brothers.

Y sin embargo, se le escucha. Un alto funcionario del FMI contaba hace unos días que en primavera de 2007, cuando nadie veía problemas, el director de Asuntos Monetarios del FMI, Jaime Caruana, citaba ya a Roubini y aseguraba que el gurú ya le había puesto cifras al agujero de la banca: un billón de dólares, poco más o menos la misma estimación que hizo inicialmente el FMI pero con varios meses de retraso. "Desde hace mucho tiempo, en economía a las trampas se les llama modelos. Roubini cree que la economía está demasiado dominada por las matemáticas. Él bebe de campos muy diferentes, con un enfoque más amplio: viaja, escucha distintos puntos de vista de primera mano, intenta ver las cosas desde distintos ángulos, y además usa esos modelos, con los que está familiarizado desde hace más de veinte años. Esa es la clave de sus aciertos", asegura el coautor del citado Cómo salimos de ésta, el historiador económico Stephen Mihm, en una conversación telefónica.

El caso es que Roubini sigue viendo el horizonte sombrío. La crisis va por barrios: "Estados Unidos está algo mejor que Europa; y la periferia de Europa peor que el centro. Y aún dentro de Europa, Grecia y algunos países del Este están peor que Irlanda y Portugal, y esos dos países tienen más problemas que España", dispara.

Sus prescripciones son distintas en unos y otros casos. "Estados Unidos tiene margen para un segundo estímulo como el que propone Obama. Y su banco central está haciendo los deberes. Pero a la larga no podrá mantener su déficit fiscal: los riesgos se acumulan, y las presiones sobre el dólar dejan una especie de equilibrio del terror financiero. Estados Unidos devalúa su moneda con la política monetaria [la expansión cuantitativa: la máquina de imprimir dinero que supone la compra de deuda] y los países emergentes, empezando por China, siguen comprando bonos estadounidenses e impiden así que el dólar baje más. Hay un riesgo de crisis del dólar, como ya he afirmado en otras ocasiones, que provocaría serios problemas en todo el mundo. Pero no veo que eso vaya a ocurrir a corto plazo".

Para Estados Unidos, Roubini ve riesgos: de recaída si no se estimula la economía, de crisis del dólar -a la larga- si no se solucionan sus abultados déficits. Para Europa, ve más dificultades. Una década perdida a la japonesa o incluso algo peor: una espiral parecida a la que sufrió Argentina en 2001. "A pesar del plan de rescate anunciado, a pesar de las ayudas a Grecia y a pesar de las pruebas de esfuerzo a la banca, la deuda de los países periféricos sigue presentando problemas. Y el crecimiento en Europa, especialmente en los PIGS [acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España], va a ser muy bajo e incluso negativo. El panorama asusta", dice. "Con esas deudas tan altas y con los planes de austeridad, la deflación es un riesgo serio. Y en esa tesitura, países como Grecia van a tener que reestructurar su deuda, y eso generará una nueva crisis fiscal: ya no es una cuestión de si va a ocurrir, sino solo de cuándo".

Llegan las bofetadas. Roubini considera que tanto el Banco Central Europeo como Alemania están usando políticas equivocadas, por decirlo de forma suave. "La tozudez del BCE, que se empeña en ver fantasmas de inflación, es un desastre para Europa y en particular para los países periféricos. El euro se ha ido por las nubes por la negativa del BCE a dar pasos en la compra de bonos parecidos a los de la Reserva Federal. Como siga en esa línea y el euro llegue a 1,60 por dólar habrá desaparecido cualquier posibilidad de recuperación, y probablemente veamos que junto a Grecia algún otro país tenga que pedir rescate. Irlanda y Portugal son los peor situados. España ha conseguido desmarcarse y está algo mejor, aunque está metida en otros líos".

Roubini nunca ha sido optimista con España. Al inicio de la crisis fiscal griega fue muy duro: "Si cae Grecia es un problema para la UE; si cae España es el desastre". Ahora rebaja la dosis: "España está mucho mejor que Grecia, y mejor que Irlanda o Portugal. Pero tiene una deuda privada enorme, un paro muy elevado que no va a bajar a medio plazo y un pinchazo inmobiliario en el que los precios aún tienen que caer más. Las pruebas de esfuerzo de la banca fueron muy positivas y la competitividad está mejorando, pero créame si le digo que los ajustes han sido duros pero probablemente tengan que ser aún más severos. Sobre todo si Alemania -con esa manía de la austeridad fiscal- y el BCE -incapaz de ser menos rígido- persisten en sus graves errores".

En fin, Roubini en estado puro: "El principal riesgo es la recaída en la recesión o un largo estancamiento, combinado con la deflación: con niveles de endeudamiento público y privado tan altos, eso supondrá suspensiones de pagos en familias, empresas, bancos y, finalmente, Gobiernos".

Hay quien dice que Roubini es como un reloj parado: con todo lo que dispara, acierta dos veces al día. Antonio Torrero, catedrático de la Universidad de Alcalá, asegura que al menos "tiene la valentía de ir a contracorriente" y apunta con tino que "además, da la impresión de venderse estupendamente". Rogoff, que durante años fue uno de sus valedores en la academia, ha explicado que "si uno está sentado junto a miembros del BCE y alguien pregunta qué es lo peor que puede ocurrir, lo primero que se oye es: veamos qué dice Roubini". Últimamente su fama le ha llevado al cine: aparece en Wall Street II y la aún no estrenada en España Inside Job.

Roubini, cómo no, tiene también un análisis sobre esa querencia del cine por la economía, por esa versión del capitalismo mágico de los tres últimos años, irreproducibles en un guión creíble. "No hay forma de hacer una buena película sobre el capitalismo. La realidad es más dramática, impredecible y sorprendente que cualquier película", concluye el oráculo, que esta semana viajó hacia Argentina para dar una de sus conferencias apenas unas horas antes de la muerte de Kirchner.

Por CLAUDI PÉREZ 31/10/2010
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Hay algo nuevo en la historia. Por una parte, el capitalismo, como modo de dominación y acumulación, ha entrado en una crisis terminal. Su capacidad de destruir ya no puede ser superada por la de construir, con ese “happy end” que Schumpeter veía en cada crisis económica. El capitalismo ya tampoco puede resolver los problemas de la justicia social y el desarrollo. Sus soluciones, por lo demás, excluyeron de sus beneficios a la inmensa mayoría de la humanidad. Hoy el neo-liberalismo aumenta aún más sus políticas de acumulación a costa de los trabajadores, los pueblos y las juventudes.

Lo que es imposible en el capitalismo escapa al campo de lo incierto. Sólo quienes trabajan para el imperialismo colectivo de Ananías intentan coléricos descalificar la autodestrucción y la impotencia moral del capitalismo. Para ocultar o prolongar su agonía el capitalismo se engaña así mismo: usa sofisticadas políticas de desinformación, de mentiras científicas, de campañas publicitarias millonarias, aparatosas y subliminales, de juegos de guerra abierta y encubierta, de millones de muertos virtuales y reales, con daños buscados y otros esperados, “laterales”.

Los embates del gran capital y su inmensa red de asociados y subordinados buscan –a confesión de parte—que pueblos y trabajadores pierdan su identidad, que partidos y sindicatos de izquierda no cumplan sus ofrecimientos y desilusionen a sus partidarios, que frentes y movimientos sociales abandonen sus rebeldías y se transformen en ONG’s con políticas paternalistas, o de “acción cívica”, como el discurso contrainsurgente las llama. El gran capital, y los estados de los países más industrializados que lo apoyan, impulsan las luchas contra el “terrorismo” que ellos mismos difundieron desde finales de los años cincuenta, y contra el “narcotráfico”, ambos útiles para dominar y vender armas, para “lavar dinero” y apropiarse de inmensas regiones estratégicas, ricas en recursos naturales y en mano de obra barata.

De éstos crímenes, las fuentes oficiales y bancarias dejan abundantes pruebas “clasificadas” y “desclasificadas”, “encubiertas” y des-cubiertas por sus propios agentes, o por los expertos “hackers” que se meten hasta el cerebro del Pentágono sin que éste tenga la menor capacidad de identificarlos. El gran capital y el imperialismo se oponen abiertamente a ese supuesto “desarrollo” que iba a beneficiar a todo el mundo. Olvidan ese ilusorio “Progreso” que llevaría a la humanidad a un modo de vida cada vez mejor. Ni decir nada de aquella orgullosa “Civilización Occidental”, superior a cualquier otra. Ellos mismos destruyen cuanto tenían por bueno.

A más de incrementar el número de hambrientos, de enfermos curables, de sin empleo, de desechables, de extremadamente pobres y esqueléticos, de empobrecidos y des-regulados, los señores del gran capital persiguen con saña, aprisionan, expulsan, y eliminan entre fobias racistas y fanáticas, a quienes buscan escapar de los infiernos de la miseria y pretenden trabajar en las regiones metropolitanas del mundo. Los trabajadores inmigrantes, los “sin papeles”, son cosificados y deshumanizados con creencias racistas, darwinianas y con religiones de hombres blancos, padres de familias enternecedoras que se sienten amenazados por sus víctimas, y que hasta se ríen cuando las ven sufrir, o cuando juegan con sus cuerpos y humillan su dignidad.

Al mismo tiempo, en los círculos más altos del poder y la cultura científica y tecnológica se busca impedir la guerra loca, la MAD, o “Mutual assured destruction” en que es segura la destrucción mutua de los combatientes. Con sus más sofisticadas investigaciones no buscan lograr la paz sino hacer la guerra. Buscan una guerra en que queden a salvo de las respuestas atómicas que hoy los amenazan. El problema es insoluble. Por más supercálculos y modelos que hacen no logran resolver ni diseñar el escenario de una guerra nuclear en que puedan ganar. A sabiendas de eso, se entretienen haciendo “prácticas de guerra” con amenazas que intimiden al enemigo, y lo obliguen a incurrir en una implosión por exceso de gastos militares, y por fallas crecientes en la promoción de bienes y de servicios a la población. Ellos mismos fomentan y aprovechan esas fallas para alentar las luchas internas y las desestabilizaciones.

Hay otra novedad en la historia mundial. La lucha reciente y emergente de “los pobres de la tierra” es muy rica y alentadora. En ella aparecen recuerdos y experiencias de los intentos emancipadores que la precedieron. Surge una junta de humanismos con sus ideales y experiencias en los combates pasados y sus posibilidades creadoras enriquecidas para construir las bases de otra libertad, otra justicia, otra democracia, y otro socialismo. Sin la menor exageración, la lucha emergente corresponde a la más profunda de las alternativas al capitalismo, y la más acogedora de los distintos caminos que la humanidad ha seguido y sigue para su emancipación.

Sobre su expresión en América Latina querría decir unas palabras y decirlas en relación a las luchas por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra. En mi intento de comunicación no sólo procuro ser riguroso en el uso de mis fuentes e interpretaciones. También apelo a las contribuciones epistemológicas de la moral, y a los sentimientos que nos permiten descubrir verdades. Experiencias y decisiones conciernen el sentido de la vida propia. Aparecen en el sentido de la vida y de la lucha de los pobres de la tierra, que insisten en construir un mundo mejor.

La vivencia de nuestras contribuciones epistemológicas puede tener un origen pascaliano o jansenista, pero sin la vivencia en las selvas o en las fábricas de los trabajadores pobres es imposible encontrar verdades y voluntades que sólo se adquieren con la praxis de quienes luchan por la emancipación humana. Sin oponerse a las verdades de la academia hallan y viven otras verdades, como las que Paulo Freire llamara “palabras verdaderas”. Son verdades que al consolidar un “lenguaje consecuente”, comúnmente expresado y entendido, se transforman en “palabras-actos” de los colectivos rebeldes y los empeños libertarios y justicieros.

La “palabra verdadera” crea un poder creador que es necesario vivir para entender. El enemigo o el conformista no lo entienden. Así quien dice o dijo “esta guerra económica es de todo el pueblo”, o “esta lucha la vamos a ganar entre todos”, quien se refiere o refirió al “todo” o a “todos”, y pensó desde entonces en cómo organizar realmente a “todos”, o a ese todo de que hablaba, creó en los actos de todos o de casi todos un poder que entraña esa otra “palabra verdadera”; esa otra moral práctica y creadora que logra “hacer posible” lo que sin ella era “imposible”. Nos referimos a un poder especial. La fuerza de las palabras es el poder ético-político que desde el principio mueve a las vanguardias genuinamente rebeldes. Con políticas consecuentes e innovadoras permite hacer invencible a un pueblo cuando todo el pueblo organizado comparte y comprende el camino de la ética y de los conocimientos, que en los inicios de la Revolución, sólo tenían unos adelantados… Las nuevas vanguardias quieren “aprender a aprender” lo que otros saben, y “enseñar a aprender” lo que sus integrantes saben. Quieren que todo pueblo sepa lo que en una sociedad desigual sólo conocen las vanguardias, o sólo conocen quienes dominan a pueblos intelectualmente “entontecidos” por los que mandan. Si tras todos los conceptos insurgentes y actuales están Marx, Fidel Castro, los jóvenes rebeldes del 53 y el 68, o los de hoy, lo verdaderamente importante es que quienes luchan por la emancipación humana digan lo que piensan y hagan lo que dicen con razones practicadas. Entre éstas también se encuentra el “ofrecer hacer” y el “luchar para lograr”. Y también la decisión existencial de arriesgarse en todo lo que se puede. Como dicen los zapatistas: “Que cada quien haga lo que pueda”.

“Perder el miedo” tiene a su vez profundos significados epistemológicos vinculados al poder emergente. “La fuerza no se cuenta por el número de combatientes que un ejército tiene, sino por el número de los que están dispuestos a ganar incluso a costa de su propia vida”, nos dijo alguna vez un comandante del Caribe. Las maquinaciones del enemigo buscan “meternos miedo”. Se les enfrenta con serenidad y “profundizando el proceso” emancipador.

Las variadas políticas que el mundo emergente plantea son una inmensa y fascinante tarea de millones de seres humanos. Me limito a decir unas palabras sobre la emancipación territorial, sobre la construcción de “otro mundo posible”, y, sobre las nuevas luchas por la libertad, la justicia, la democracia y el socialismo. De América Latina tomo políticas que han confirmado su eficacia para organizar conciencias y voluntades emancipadoras con valor universal. Incluyo a Cuba, a los indios mayas zapatistas, y registro algunas aportaciones muy importantes de Bolivia y Venezuela. Al final me refiero a los habitantes de Indoamérica, sin cuya presencia activa ningún esfuerzo será cabalmente emancipador ni en esta región del mundo ni en otras que tengan naciones sometidas y explotadas a las que sus sedicentes “conciudadanos” tratan como extranjeras y colonizadas en una opresión, explotación y exclusión que aclaran la lucha de clases y de “razas”. La ausencia de las “minorías étnicas” en la toma de decisiones nacionales sirve para explicar el fracaso de cualquier movimiento emancipador. En América Latina fracasará todo movimiento radical que desatienda la participación activa de los “habitantes originales”. Hasta hoy, los liberadores colonizados frecuentemente se olvidan de ellos, no sólo como indios sometidos, despojados y explotados sino como fuerzas emancipadoras.

Sobre cuatro políticas eficaces y una ineludible

A unos meses del triunfo revolucionario, el 17 de mayo de 1959, Fidel Castro dio a conocer la Reforma Agraria. Ésta acabó con el latifundio y convirtió en beneficiarias a 350,000 familias de campesinos y trabajadores que gratuitamente tomaron posesión de tierras que antes cultivaban para los grandes latifundistas. La cólera de los expropiados fue visceral. Se expresó con renovadas amenazas y ataques de todo tipo. No sólo se enfureció la plutocracia criolla. Los propietarios norteamericanos eran dueños nada menos que del 55% de la propiedad agrícola. Terratenientes criollos y accionistas yanquis expropiados renovaron sus viejas alianzas. La lucha de clases se planteó de inmediato como lucha por la Independencia. El gobierno de Estados Unidos, --desde presidente Eisenhower para abajo-- organizó una feroz ofensiva, que incluía la posibilidad de asesinar a Fidel Castro. (Entre paréntesis: todo lo que digo está documentado) La necesidad de defender el territorio y de defender la vida de los dirigentes revolucionarios se hizo notoria. Las medidas que pueblo y gobierno tomaron prueban su eficacia hasta hoy. No me detengo. Nada más quiero resaltar que de la reforma agraria se pasó a la defensa del territorio. Y de la defensa del territorio nacional se hizo a cargo el pueblo organizado y distribuido a lo largo y lo ancho del país. El imperialismo combinó sus planes conspirativos y magnicidas con una campaña bien conocida. Lo que ocurría en Cuba era una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos. En defensa propia Estados Unidos se disponía a atacar.

La lucha por la reforma agraria y por el territorio nacional se complementó con la lucha por la “información”. También por la “formación” del pueblo. Los discursos de Fidel y otros líderes, así como de los activistas y simpatizantes realizaron la tarea de informar y educar. También ellos aprendieron.

El tiempo que le llevaba Fidel Castro hablarle al pueblo a menudo pasaba de cinco horas. Desenredar razonamientos tenía un fuerte sentido pedagógico. Desenredaba a un pueblo de trabajadores agrícolas y obreros, con una alta proporción de analfabetos. Preparaba a todo el pueblo para tomar decisiones. Así, una de las primeras luchas llevó a Fidel a preguntar a la multitud. La escribo como la recuerdo: “Si para lograr la democracia tuvieran que escoger entre el voto y las armas, ¿Qué escogerían, el voto o las armas? El clamor de “¡las armas!” no se hizo esperar. Pasado un breve tiempo, en el discurso del 15 de abril de 1961, preguntó a la multitud que asistía: “¿Quienes tienen las armas? ¿Acaso los millonarios tienen las armas? (Gritos de “No”) Al final del discurso pidió otra aclaración: “¿Es democracia una revolución en que los humildes tienen las armas? (Gritos de sí. Aplausos.) Años después el antropólogo Jorge Alonso y otros autores sostuvieron que el 80% del pueblo cubano estaba armado.

Los esfuerzos realizados fueron complementarios. Desde 1960 se tuvo que organizar a todo el pueblo para la defensa de tierras y territorio, con sus habitantes amenazados en los hechos por crecientes actos terroristas. Así nacieron los “Comités de Defensa de la Revolución”. Pronto se convertirían en una organización del pueblo de abajo para arriba, en una especie de construcción piramidal del estado-pueblo. Cada cuadra tenía su CDR; los presidentes de varias cuadras conformaban el CDR del barrio; los presidentes de los barrios, los CDRS de las provincias, los de las provincias los CDRS de la nación. La gigantesca organización forjó canales paralelos de abajo a arriba y de arriba abajo. Sirvió para dialogar, discutir, disentir, acordar adentro y con los de adentro, es decir, para “mantener al pueblo unido y expresando sus diferencias, sus oposiciones y críticas en el interior de sus organizaciones”. Obviamente constituyó una formación sociopolítica que nada tenía que ver con la democracia de los partidos y de la publicidad mercantil, ni con los regímenes del “cesarismo democrático”. Correspondió al concepto de democracia que define con tanta claridad el teólogo Leonardo Boff cuando dice: “ El principio de la democracia es éste: <lo que interesa a todos debe poder ser pensado y decidido por todos>”. 250,000 alfabetizadores se encargaron de enseñar a leer y escribir a todo el pueblo. Hoy sus habitantes y gobierno construyen un “País-Universidad” que busca acabar con el mito de que sólo una minoría de seres humanos puede alcanzar la educación superior.

El eslabón reforma agraria-defensa del territorio- organizaciones armadas del territorio-servicios secretos altamente eficaces --vanguardias diseminadas en las bases— y --bases que cuidan a los comandantes y al país de atentados y actos terroristas enriquecieron con la acción los discursos pedagógicos sobre cómo gobernar. A los propósitos originales de los CDR se añadieron muchos otros. Los CDR practicaron actividades de servicios urbanos y rurales, de alfabetización, de salud, de prevención de plagas, de prevención y curación de enfermedades. Construyeron redes de comunicación permanente entre las organizaciones del pueblo, y las que abarcaban el territorio nacional. La interacción de los colectivos de esas redes fue una novedad incomprensible para los políticos tradicionales. Fue tanto o más incomprensible que “el discurso de la verdad” y “la política de la moral”, únicos garantes del pueblo al principio del triunfo de sus vanguardias o avanzadas, y antes de que se diera “esa fuerte disciplina que se impone uno a sí mismo por convicción propia” –de la que hablaba el Che-. La puesta en marcha de todos esos factores explica en gran medida el triunfo y resistencia de Cuba.

Cabe aquí destacar dos hechos sobre la forma en que el proceso revolucionario no se detuvo en los límites de la Nación sino practicó una nueva política internacional y mundial. A las acusaciones con que el imperialismo tachó a cualquier movimiento popular de la post-guerra de ser “comunista”, se contestó aceptando el término y estableciendo las alianzas que implicaba con los países dirigidos por los partidos comunistas. A la novedad de una revolución socialista, que no estaba dirigida por el proletariado de los países más industrializados del mundo, y cuyo conocimiento del marxismo era incipiente, y siempre relacionado con el de José Martí --ese genio del pensamiento liberal radical y antiimperialista mas profundo--, se respondió dando nuevas características del diálogo-discusión-disciplina-consentida-consenso, que se practican en las redes del gobierno-pueblo, del estado-pueblo cubano, y que en el mundo inició un nuevo internacionalismo desde las periferias coloniales rebeldes. La organización de la “Tricontinental” y múltiples actos de solidaridad militante incluyeron África, Asia y varias naciones de América Latina. Las misiones de alfabetizadores y médicos cubanos trabajan con un extraordinario profesionalismo en esas regiones del mundo.

En cuanto las contradicciones entre lo innovado y lo heredado, lo dialogal y lo autoritario, y otras que aparecen conforme la revolución se vuelve un proceso prolongado en que no cesan las luchas contra la burguesía y el imperialismo, es un problema crucial que apuntaré al final de este ensayo, en espera de profundizar en él todo lo que merece. Por lo pronto termino este esbozo con palabras de Samir Amin a quien cito en extenso: “Il nous faut comprendre que la polarisation produite par l´histoire du capitalisme réellement existant impose une autre vision de la longue transition (séculaire) du capitalisme au socialisme. Cette longue transition doit être, pour les peuples du Sud, constituée de phases successives de déploiement de structures nationales, populaires et démocratiques. Celles- ci sont capables d´associer les exigences contradictoires d´un développement efficace des forces productives encore incontournable et celles de la progression, d´étape en étape, de logiques sociales nouvelles, celles du socialisme, en mesure de donner toute leur ampleur au respect de la démocratie en toutes ses dimensions sociales, et de répondre aux exigences de la vie du planète, menacée par l´irrationalité de la logique de l´accumulation capitaliste. Le marxisme créateur doit être capable de produire des conceptualisations théoriques et d´inspirer les stratégies de la transition nécessaires au déploiement du socialisme du XXIe siècle. Cuba est bien placé pour cette création humaine”.

Mi segundo ejemplo, es el de “los hombres y las mujeres más pequeños del mundo”, el movimiento zapatista de los pueblos indios de México. Apunto un poco, muy poco, la historia de los pueblos mayas que fueron ocupando tierras en poder de los latifundistas mexicanos y extranjeros. Pueblos de tzeltales, de tzoziles, choles, tojolabales y otros idiomas, entre los que no excluían el “castilla”, o castellano, esos pueblos llegaron a ocupar un amplísimo territorio en el sudeste mexicano. A ellos se unieron grupos de jóvenes rebeldes que, tras algunas derrotas en el Norte y Centro del país, habían hecho un arma de la “modestia de aprender”, y de no dirigir a los pobres entre los pobres. Tardó tiempo para que fueran aceptados como fuerza defensiva. Más tiempo tardó en que se organizaran como Ejército Zapatista de Liberación Nacional, un ejército en que los comandantes de los pueblos indios eran indios, de por sí conocedores de la cultura de la resistencia centenaria con su inmenso saber, y algunos también del marxismo guevarista trasmitido en las escuelas republicanas, o de la teología de la liberación que en los colegios y conventos de Centroamérica y Chiapas prosperaba.

Mirando de cerca el Movimiento parece como una resistencia y una rebeldía de “ensayo y error” que hasta cuando pierde hace extraordinarios descubrimientos. Con ellos logra seguir resistiendo y construyendo la alternativa de un mundo mejor. Descubre así y practica un pensamiento hecho de múltiples combinaciones de las que tomo algunos ejemplos: UNO. Las comunidades y las redes, --es decir las organizaciones que vienen de los habitantes originales o del medievo español--, se combinaron con las que han mostrado ser más eficaces en la época de la información electrónica, y con las comunicaciones, acciones y organizaciones cibernéticas y complejas. DOS. Las luchas por la tierra se combinan con las luchas por el territorio, por la nación, por el mundo, y por la solidaridad internacional. TRES. Combinan la lucha por la autonomía de los pueblos y las articulaciones necesarias para defender “el interés general” de “los pueblos de los pobres de la tierra” a que pertenecen. CUATRO. Combinan la capacidad de lucha armada, con la capacidad de negociación, y ambas con la firme decisión de negarse a las luchas mediatizadoras de quienes han dado muestras reiteradas de traicionar su palabra y sus compromisos con ellos y con los trabajadores. QUINTO. Combinan su respeto a las distintas creencias e ideologías con el pensamiento crítico y con la creación de alternativas en que destacan las “Juntas de Buen Gobierno” y las asociaciones de los municipios autónomos, unidades mayores, llamadas “Caracoles”. Se trata de una experiencia de unión de las comunas y de construcción del poder desde las comunidades y bajo su control…Hoy, los zapatistas, tras el intento de participar a nivel nacional fuera del sistema político en crisis, al ver que las inmensas masas que reunieron en las ciudades cuando lucharon para que los derechos de los pueblos indios fueran reconocidos, en la “Otra Campaña” que emprendieron a nivel nacional al tiempo de las elecciones presidenciales, aquellas inmensas masas que los apoyaban, no hicieron acto de presencia. Desde entonces parecen haberse consagrado a construir “Los caracoles” sin que pueda decirse cómo van a seguir la lucha a nivel nacional, continental y mundial.

El tiempo apremia. Mucho más podríamos decir de Cuba y los zapatistas, y diremos mucho menos de lo que merecen Bolivia, Venezuela y otros países de América del Sur, cuyas aportaciones son también muy importantes en la historia mundial emergente.

En cuanto a la lucha por la tierra, el gran movimiento que llevó a Evo Morales a la Presidencia de Bolivia empezó con la defensa de las tierras y los territorios, con la defensa del derecho a sembrar una planta llamada “coca”que forma parte de la dieta del pueblo, y con la defensa del agua y sus veneros. En esas luchas el actual presidente de Bolivia –socialista y amigo de Cuba- fue uno de los principales líderes. Las aportaciones del movimiento boliviano al nuevo proceso emancipador de pueblos y trabajadores pobres son inmensas. Entre ellas destaca la vinculación de las luchas por la tierra con las luchas por el territorio y con las luchas por el Planeta Tierra. Recientemente realizaron en Cochabamba un Congreso que, a diferencia del de Copenhague, constituye la base para plantear no sólo las verdaderas causas y amenazas que el capitalismo entraña para la vida en la tierra, sino las soluciones necesarias en la transición al socialismo, que pasan por la organización de la “democracia comunitaria” para el “vivir bien”. Leonardo Boff ha hecho una buena definición de ambos en relación a las estructuras que vienen de las culturas originarias de Indoamérica: “Estas – escribe - buscan realizar un “vivir bien” que no es como nuestro “vivir mejor”, que implica que muchos vivan peor.” Y añade: “El vivir bien” es la búsqueda permanente del equilibrio mediante la participación de todos, equilibrio entre hombre y mujer, entre ser humano y naturaleza, equilibrio entre la producción y el consumo en la perspectiva de una economía de lo suficiente y de lo decente y no de la acumulación”. Raúl Zibechi, por su parte ha destacado con razón que, a diferencia de las anteriores luchas por las tierras y los territorios, las actuales “están promoviendo un nuevo patrón de organización del espacio geográfico, donde surgen nuevas prácticas y relaciones sociales”. Característica de todos los movimientos es el respeto a la autonomía de los gobiernos locales. Estos exigen la construcción colectiva de una nueva organización social que tiende a superar los fracasos anteriores de “la comuna”, “el municipio libre”, o el “soviet” como base del poder del estado de una Nación-Pueblo hecha de muchas naciones y muchos pueblos. Tales parecen ser las características realmente nuevas del pensamiento crítico que tiene como antecedentes el pensamiento tradicional de los pueblos indígenas, y el revolucionario del poder que se construye y controla desde abajo, en busca de una sociedad alternativa de transición al socialismo, a la democracia como poder de los pueblos y de los trabajadores, y al pluralismo ideológico y religioso. Lo nuevo en la lucha por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra es que concibe y practica una compleja lucha de clases, que también es lucha nacional contra el imperialismo y contra las mega-empresas, sus asociados y subordinados, y una lucha cultural o guerra de las ideas y las imágenes que busca la paz y la supervivencia de la tierra, con la difícil lógica del poder de “todo el pueblo”, base ineludible para la victoria. Esta se logrará si se abandona el indianismo y el aldeanismo en la defensa de los pueblos indios y si deja de enfrentarse la democracia ciudadana a la comunitaria, en vez de combinarlas dentro de una lógica nacional y mundial en que los intereses de clase y sus mediación no pueden olvidarse.

Entre los otros movimientos del Sur de América, destaca el de Venezuela por el hecho de que un militar de alta graduación, entrenado profesionalmente para la lucha contra el pueblo, se pone del lado del pueblo en la lucha contra la plutocracia y el imperialismo, se consagra a organizar los municipios y comunidades de los pueblos autónomos para la defensa de su vida y de sus derechos, fenómeno que revela cómo en las grandes revoluciones de ayer y hoy el determinismo de clase no acaba con la libertad humana. Si muchos de los jóvenes rebeldes de los antiguos y nuevos movimientos revolucionarios surgieron de las clases medias e incluso de las oligarquías que en sus países estaban destinados a gobernar, ese hecho se repite hoy con un general del Ejército que al mismo tiempo respeta las leyes heredadas a pesar de que a menudo constituyan un gran freno incluso para las reformas legislativas necesarias. El Presidente Hugo Chávez inicia el proceso al socialismo del siglo XXI manifestando su respeto a la Revolución Cubana, y añadiendo que su herencia ideológica proviene de las líderes de Venezuela desde la época de Simón Bolívar. Muchos son los que temen que el futuro de este movimiento sea parecido al que llevó del Nacionalismo Revolucionario, al Populismo, y de éste al Neoliberalismo. Ese proceso no corresponde al orden de lo necesario; las explicaciones deterministas no son atendibles. A lo que se tiene que atender es a la lucha que se libra entre la lógica del capitalismo y la lógica del socialismo. Si a cada ataque de aquélla se responde con un incremento de ésta las posibilidades de victoria aumentan exponencialmente. Pensar que “lo político” es detenerse es un error en términos generales.

Termino. Todos los nuevos movimientos rebeldes, incluido el de Cuba son reversibles y serán fácilmente derrocados si no cuentan con todo el pueblo o con su inmensa mayoría; con ese 80% de ciudadanos armados que Cuba tiene; o con ese 80% que votó por Evo Morales en Bolivia, o con la inmensa movilización de masas encabezada por las masas que en Venezuela defendieron y salvaron al presidente Chávez de los golpistas traidores. Tener a “todo el pueblo” o a “la inmensa mayoría del pueblo”, es la clave de toda “política del éxito” en la transición a la emancipación humana. Para “ser político” y luchar por la emancipación no hay más alternativa que responder con nuevos avances en la libertad, la justicia, la democracia, y el socialismo y con el respeto a las distintas creencias y religiones. Esa es la clave universal de la transición al socialismo del siglo XXI. Frente a ella se levantan muchas y poderosas fuerzas dominantes. Sus armas más peligrosas son las que corresponden a las contradicciones en el interior del pueblo, en cuyo uso sí se ha especializado el pensamiento neoconservador del imperialismo, sus asociados y subordinados. Nosotros no hemos dado la atención suficiente a “las contradicciones en el interior del pueblo” para mejorar nuestra “cultura del éxito”. De hacerlo, la corrupción aparecerá más que como un delito como el arma oculta y más peligrosa del capitalismo, o como la que mejor defiende y restaura ese modo de acumulación y dominación.

En nuestras sociedades y comunidades de recursos escasos, a la deshonestidad que pueda darse en algunos dirigentes de los procesos revolucionarios con fines de acumulación personal, se añade el mercado paralelo, informal y prohibido en sociedades que sufren la guerra integral, o de amplias dimensiones. El capitalismo “se hace publicidad” como una sociedad de consumo y de lujo. Sus atractivos “se venden” como si fueran característicos de una sociedad a la que los excluidos pueden aspirar. La guerra de las imágenes se combina con la guerra de las ideas. Una y otra se combinan con las políticas de asfixia financiera y comercial, con las “desestabilizaciones” a cargo de agentes provocadores abiertos y encubiertos, y con los bloqueos criminales. Los efectos que la guerra múltiple produce llevan en los países de transición al socialismo a la creación del “mercado negro” que en la transición a la emancipación y al socialismo es el inicio de la diferencia creciente entre el socialismo formal y “el socialismo realmente existente”. Por sí sola, la corrupción que se generaliza es el peor enemigo de las revoluciones emancipadoras. Más que denunciarla necesitamos enfrentarla en forma reflexiva y activa para vencerla. Creo que la venceremos.
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Miércoles, 22 Septiembre 2010 07:32

Para los pobres, mercado

Son muchas las pruebas que, en la actualidad, demuestran la inviabilidad del capitalismo como modo de organización de la vida económica. Uno de sus máximos apologistas, el economista austríaco-americano Joseph Schumpeter, gustaba argumentar que lo que lo caracterizaba era un continuo proceso de “destrucción creadora”: viejas formas de producción o de organización de la vida económica eran reemplazadas por otras en un proceso virtuoso y de ininterrumpido ascenso hacia niveles crecientes de prosperidad y bienestar. Sin embargo, las duras réplicas de la historia demuestran que se ha producido un desequilibrio cada vez más acentuado en la ecuación schumpeteriana, a resultas del cual los aspectos destructivos tienden a prevalecer, cada vez con más fuerza, sobre los creativos: destrucción cada vez más acelerada del medio ambiente y del tejido social; del estado y las instituciones democráticas y, también, de los productos de la actividad económica mediante guerras, la obsolescencia planificada de casi todas las mercancías y el desperdicio sistemático de los recursos productivos.

Una nueva prueba de esta inviabilidad ya no a largo sino a mediano plazo del capitalismo lo otorga su escandalosa incapacidad para resolver el problema de la pobreza, tema que en estos días está siendo discutido en el marco de la Asamblea General de la ONU. A pesar de los modestos objetivos planteados por las llamadas “Metas del Milenio” para el año 2015 –entre los que sobresale la reducción de la población mundial que vive con menos de 1,25 dólares al día-, lo cierto es que ni siquiera tan austeros (por no decir insignificantes) logros podrán ser garantizados. De hecho, si a nivel mundial se produjo una relativa mejoría esto debe atribuirse a las políticas seguidas por China e India, que se apartaron considerablemente de las recomendaciones emanadas del Consenso de Washington. Más allá de esto sería interesante que los tecnócratas del Banco Mundial y del FMI explicaran cómo podría calificarse a una persona que habiendo superado el fatídico umbral del 1,25 dólar por día gana, por ejemplo, 1,50. ¿Dejó de ser pobre? ¿Es un “no-pobre” por eso? ¿Y qué decir de la estabilidad de sus misérrimos ingresos en un mundo donde aquellas instituciones pregonan las virtudes de la flexibilización del mercado laboral?

Esta incapacidad para enfrentar un problema que afecta a más de mil millones de habitantes –cifra que crecería extraordinariamente si, aún desde una visión economicista, situáramos la línea de la pobreza en los 2 dólares diarios- se torna motivo de escándalo y abominación cuando se recuerda la celeridad y generosidad con que los gobiernos del capitalismo avanzado se abalanzaron con centenares de miles de millones de dólares al rescate de los grandes oligopolios, arrojando por la borda toda la vacua palabrería del neoliberalismo. El rescate a los grandes oligopolios financieros e industriales, según informa la Agencia Bloomberg, de clara identificación con la “comunidad de negocios” norteamericana, costaba, hasta finales del año pasado y por diferentes conceptos, “un total de 12,8 millones de millones de dólares, una cantidad que se acerca mucho al Producto Interior Bruto (PIB) del país”. En cambio, la “Ayuda Oficial al Desarrollo” (AOD), que había sido fijada por la ONU en un irrisorio 0,7 % del PIB de los países desarrollados, sólo es respetada por los países escandinavos y Holanda. Datos de los últimos años revelan que, por ejemplo, Estados Unidos destinó a la AOD sólo una fracción de lo acordado: el 0,17 % de su PBI, mientras que España aportaba el 0,24 e Italia el 0,15 %. Los principales países de la economía mundial, nucleados en el G-7, dedicaron a la cooperación internacional apenas el 0,22 % de su PIB. A diferencia de lo ocurrido con las grandes empresas oligopólicas, el “rescate” de los pobres queda en manos del mercado. Para los ricos hay estado, los pobres tendrán que arreglárselas con el mercado. Y si aparece el estado es para reprimir o desorganizar la protesta social. Alguien dijo una vez que las crisis enseñan. Tenía razón.

Por Atilio Boron
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ALAI AMLATINA, 16/07/2010.- La idea de la llamada “crisis estructural”, se encuentra primeramente en el prólogo de Marx a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Marx habla de un largo período histórico, “una era de revolución social” en que se crea, dentro del modo de producción existente, un nuevo modo de producción. Las relaciones sociales de producción buscan ajustarse al desarrollo de las fuerzas productivas que no logran avanzar sin profundas reformas hasta al nacimiento revolucionario de un nuevo modo de producción que supera el anterior.

El modo de producción capitalista evoluciona hacia la constante innovación tecnológica, la concentración, el monopolio, y la intervención del Estado. Solo estos ajustes de las relaciones sociales le permiten mantenerse en funcionamiento y hasta expandir las fuerzas productivas. Pero esto se hace entre revoluciones, crisis económicas y guerras cada vez más violentos. De ahí el surgimiento de nuevas formaciones sociales que buscan adaptar las relaciones sociales a los nuevos y gigantescos avances de las fuerzas productivas, particularmente con la explosión de la revolución científico-técnica en los años de 1940.

El Nazifacismo, luego de derrotado el Estado Militar que emerge después de la 2ª guerra y con la excusa de la “Guerra Fría”, el Estado de Bienestar y la planeación centralizada que se identifico con el socialismo, fueron las formaciones sociales nuevas que permitieron la supervivencia del modo de producción capitalista entre varias revoluciones sociales y la emergencia de los nuevos Estados nacionales en las zonas coloniales. La derrota del fascismo, la caída de los regímenes coloniales y el surgimiento de los Estados nacional-desarrollistas marcaron los años de posguerra.

Como respuesta a esta expansión, los centros de decisión capitalistas lograron articular una ofensiva ideológica y política en su contra que, en las décadas del 1970-80, se cristalizó en el llamado “pensamiento único” neoliberal.

Pero, al contrario del mundo de equilibrio fiscal, cambiario y monetario que proponía alcanzar, con una disminución de la intervención estatal, la práctica neoliberal condujo a un gigantesco desequilibrio global con fuertes déficit en el centro del sistema mundial y la creación de un sistema financiero colosal sostenido por esta intervención estatal – sobretodo la expansión colosal de la deuda pública. Ésta, a su vez, generó un gigantesco sistema financiero que absorbió los excedentes económicos generados en todo el planeta a partir de la generalización de los efectos de revolución científico técnica, para el consumo ostensivo de una nueva casta social de dimensiones globales.

La crisis actual (2008-2010) demuestra las dificultades del sistema capitalista de gestionar la economía, la sociedad y la cultura contemporánea. La gigantesca intervención estatal en curso no hizo más que reforzar los intereses privados y su capacidad de destrucción de la vida en la tierra: expansión de la pobreza, violencia social creciente, destrucción del medio ambiente y amenaza a la propia sobrevivencia de la humanidad, en tanto que las nuevas guerras son las manifestaciones de la crisis del sistema.

La coyuntura actual, marcada por la fuerte intervención estatal, l no apunta a un periodo de crecimiento sostenido y a cambios estructurales profundos. La recuperación del crecimiento económico en marcha apunta hacia una “recuperación rasante” en los países centrales, mientras la periferia se abre camino al crecimiento y al desarrollo. Pero hay graves límites para un desarrollo sostenible, igualitario, pluralista y democrático en esta nueva coyuntura. Además, la actual ola de innovación tecnológica, en curso desde 1994, se encuentra en su fase final. Ella debe agotarse en 10 a 15 años. La combinación de una nueva crisis coyuntural violenta con una nueva fase depresiva de reestructuración del sistema mundial abrirá un periodo de revoluciones y contra-revoluciones mundiales parecido al que vivimos entre las dos guerras mundiales, pasando por las revoluciones sociales, de un lado, y el acenso del nazi-fascismo, de otro, con un costo de vida colosal para la humanidad.

Por Theotonio Dos Santos, Profesor Emérito de la Universidad Federal Fluminense (UFF). Profesor Visitante Nacional Sénior de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Presidente de la Cátedra y Red UNECO/UNU sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible (REGGEN). Ver www.reggen.org.br
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Conforme los líderes y expertos del mundo continúan negando la realidad de una depresión mundial –ni siquiera utilizan el término–, las opciones imposibles que enfrentan gobierno tras gobierno son más y más obvias todos los días.

Consideremos lo que ha ocurrido justo el último mes.

Estados Unidos tuvo sus peores cifras de desempleo en mucho tiempo. Sí, hubo algunos nuevos empleos, pero 95 por ciento de éstos correspondió a los trabajadores temporales del censo. Los empleadores privados añadieron apenas 10 por ciento de los empleos que se suponía añadirían. Pese a esto, se ha vuelto políticamente imposible conseguir con votos del Congreso más dinero para incentivos. Y la Reserva Federal ha dejado de comprar valores y bonos hipotecarios del Tesoro, que habían sido las dos estrategias principales para incrementar los empleos. ¿Por qué? El llamado en favor de recortes deficitarios ha crecido muy fuertemente.

La consecuencia más inmediata puede verse a nivel de los presupuestos de cada uno de los gobiernos de los estados. El costo de Medicaid ha subido por la crisis económica. El costo lo asumen los estados en lo individual. El año pasado habían recibido la ayuda de mayores subsidios federales gastados en Medicaid. Estos subsidios no los va a renovar el Congreso. El gobernador Edward Rendell, de Pennsylvania, dice que esto aumentará en dos tercios el déficit presupuestario de su estado, y forzará a dejar cesantes a 20 mil profesores, oficiales de la policía y otros empleados gubernamentales. Por supuesto, esto se suma a la pérdida de servicios médicos para mucha gente.

En Gran Bretaña, el nuevo primer ministro, David Cameron, dice que cortar los préstamos es "el asunto más urgente que enfrenta Gran Bretaña hoy". El Financial Times resume sus propuestas en un encabezado: "Cameron lanza una era de austeridad". Y la evaluación de esta política es: "Si el gobierno va a efectuar reducciones tan abruptas en el gasto, es evidente que no podrá evitar que se dañen los servicios de primera línea. Los recortes serán más brutales aun que cualquier cosa que se haya contemplado durante el gobierno de Thatcher".

La canciller federal alemana Merkel ha anunciado su versión de la austeridad: recortes profundos e inmediatos en el gasto público, que se incrementarán anualmente durante los próximos cuatro años. También ha anunciado nuevos impuestos a las líneas aéreas. Las aerolíneas mundiales respondieron de inmediato que esto dañará su capacidad para reducir los balances negativos y salvarlos de la bancarrota. Las tasas de desempleo en Alemania se incrementarán, pero los beneficios por desempleo se reducirán. Otros gobiernos en Europa más Estados Unidos están urgiendo a Alemania a que gaste más y exporte menos, con el fin de restaurar la demanda mundial. Merkel rechazó estas demandas diciendo que la reducción de la deuda era su prioridad.

El primer ministro japonés, Naoto Kan, advirtió a su país que la situación de la deuda estaba tan mal que incluso Japón podría enfrentar una situación comparable a la de Grecia. Para remediar esto, propuso algunos incrementos fiscales, más regulación en el ámbito financiero, y nuevas clases de gastos público.

En medio de esta súper austeridad en el norte, ha ocurrido una cosa muy notable, que parecería casi no haberse notado. Como todo mundo sabe, España es uno de los países europeos que está en dificultades económicas ahora debido a proporciones de deuda muy grandes. El 30 de mayo, Fitch Ratings se unió a otras compañías calificadoras para reducir la calificación de los bonos españoles de AAA a AA+. La cuestión es por qué. Justo el día anterior, el Parlamento español había votado a favor de los más profundos recortes presupuestarios en 30 años.

Recortes presupuestarios son supuestamente lo que Alemania y otros han estado pidiendo que pase en Grecia, España, Portugal y otros países amenazados por demasiada deuda. España respondió a esta presión. Y justo porque lo hizo, Fitch Ratings la bajó de rango. Brian Coulton, la persona en Fitch que está a cargo de calificar a España, dijo en su declaración de bajarle el rango: "El proceso de ajuste a un menor nivel de sector privado y de endeudamiento externo materialmente reducirá la tasa de crecimiento de la economía española a mediano plazo".

Así que así está la cosa, te condenas si lo haces y te condenas si no lo haces. Los especuladores financieros han creado una caída desastrosa en la economía-mundo. Se arrojó entonces la pelota para que los estados resuelvan el problema. Los estados tienen menos dinero y más demandas pesan sobre ellos. ¿Qué pueden hacer? Pueden pedir prestado, hasta que aquellos que prestan dinero ya no lo hagan o exijan una tasa de interés demasiado alta. Pueden aprobar impuestos, y los negocios dicen que esto cortará su capacidad para crear empleos. Pueden reducir gastos. Y además del terrible dolor que esto inflige a todos, pero especialmente a los más vulnerables, esta acción también reducirá la posibilidad de crecimiento, como el señor Coulton apunta que sucederá en España.

Por supuesto, hay un sitio muy grande para reducir gastos: lo militar. Los gastos militares proporcionan empleos pero muchos menos que si el dinero se utilizara de otro modo. Esto no se aplica únicamente a quienes más gastan, como Estados Unidos. Un aspecto virtualmente no comentado acerca de los problemas de la deuda de Grecia es su pesado gasto en el rubro militar. ¿Pero hay gobiernos listos a reducir significativamente los gastos militares? Eso no parece muy probable.

Así que, ¿qué pueden hacer los estados? Intentan una cosa hoy, y otra mañana. El año pasado, eran los estímulos. Este año, es la reducción de la deuda. El año siguiente, serán los impuestos. En cualquier caso, la situación se pondrá peor y peor.

¿Puede China salvarnos? Stephen Roach, un muy agudo analista de Morgan Stanley, parece pensarlo, siempre que el gobierno "estimule el crecimiento privado". En ese caso, el alza en los salarios la compensará una productividad mayor. Tal vez. Pero el gobierno chino se ha resistido a una política así hasta ahora, no por razones económicas sino por razones políticas. Su impulso de mantener una estabilidad política ha sido fundamental hasta ahora. Es más, aun Roach tiene una gran temor –que la golpiza a China en Washington conduzca a sanciones comerciales. Yo mismo pienso que eso tiene una alta probabilidad, conforme la situación económica estadunidense continúa deteriorándose.

La salida a todo esto no es un pequeño ajuste aquí o allá –sea de la variedad monetarista o keynesiana. Para emerger de la caja económica en que el mundo se encuentra se requiere de una remodelación a fondo del sistema-mundo. Esto con seguridad tendrá que venir, ¿pero qué tan pronto?

Por Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera


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Jueves, 03 Junio 2010 06:37

Crónica de una tragedia anunciada

La tragedia griega de la Antigüedad clásica se ha distinguido por ser portadora de preguntas universales. Las preguntas ya habían sido planteadas con anterioridad en otros lugares y por otras culturas, pero se volvieron universales al servir de base a la cultura europea. La tragedia griega actual no escapa a la regla. Identifiquemos las principales cuestiones y lecciones que podemos aprender de ella.

Los castillos neofeudales: de Disneylandia a Eurolandia

Todo lo que ha sucedido en los últimos meses en el sur de Europa ocurrió antes en muchos países del Sur global, pero como sucedió en “el resto del mundo” se vio como un mal necesario impuesto globalmente para corregir errores locales y promover el enriquecimiento general del mundo. La existencia de un doble rasero para los mismos errores —la deuda externa de Estados Unidos excede el valor total de la deuda de los países europeos, africanos y asiáticos; comparado con los fraudes cometidos por Wall Street, el fraude griego es un truco mal hecho por falta de práctica— ha pasado inadvertida y lo mismo ha ocurrido con las estrategias y decisiones de actores muy poderosos con vistas a obtener un resultado bien identificado: el empobrecimiento general de los habitantes del planeta y el enriquecimiento de unos pocos señores neofeudales empeñados en librarse de dos obstáculos que el siglo pasado puso en su delirante camino: los movimientos sociales y el Estado democrático —la eliminación del tercer obstáculo, el comunismo, se la pusieron en bandeja los voceros del "fin de la Historia"—. La tragedia griega ha revelado todo esto.

 Estos días se habla con detalle —con nombres y apellidos, hora y dirección en Manhattan— sobre una reunión de directores de fondos de inversión especulativos de alto riesgo (hedge funds) en la que se tomó la decisión de atacar el euro a través de su eslabón más débil, Grecia. Algunos días después, el 26 de febrero de 2010, el Wall Street Journal informaba del ataque en preparación. En la reunión participaron, entre otros, el representante del banco Goldman Sachs, que había sido el que facilitó el sobreendeudamiento de Grecia y su disfraz, y el representante del especulador más exitoso y menos sancionado de la historia de la humanidad, George Soros, que en 1988 dirigió el ataque sobre la Société Générale y en 1992 planeó el hundimiento de la libra esterlina, ganando en un solo día 1.000 millones de dólares. La idea del mercado como un ser vivo que reacciona y actúa racionalmente ha dejado de ser una contradicción para pasar a ser un mito: el mercado financiero es el castillo de los señores neofeudales.

 Lo que las informaciones raramente mencionan es que los inversores institucionales reunidos en Manhattan una noche de febrero sentían que estaban cumpliendo una misión patriótica: liquidar la pretensión del euro de rivalizar con el dólar como moneda internacional. Estados Unidos es hoy un país insostenible sin la prerrogativa del dólar. Si los países emergentes, los países con recursos naturales y productores de commodities —que el capital financiero hace mucho que identificó con el nuevo El Dorado— cayeran en la tentación de poner sus reservas en euros —como lo intentó Saddam Hussein, por lo que tuvo que pagar un precio muy alto—, el dólar correría el riesgo de dejar de ser el saqueo institucionalizado de las reservas mundiales y el privilegio extraordinario de imprimir billetes de dólar de poco valdría a Estados Unidos. La operación se ejecutó con peso y medida: a Estados Unidos le interesa un euro estable, siempre que esta estabilidad esté bajo la tutela del dólar. Esto es lo que está en curso y ésta es la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI). Tal y como sucedió en el pasado, el poder financiero es lo último a perder por el poder hegemónico en el sistema mundial. En la larga transición, “los intereses convergentes" están principalmente en los países emergentes —en este caso China, India y Brasil— y no en el rival más directo, el capitalismo europeo. Todo esto quedó patente en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada el pasado mes de diciembre en Copenhague.  

La falta que hace el comunismo

 Los economistas latinoamericanos Óscar Ugarteche y Alberto Acosta [1] describen cómo, el 27 de febrero de 1953, fue acordada por los acreedores la regularización de la inmensa deuda externa de la entonces República Federal Alemana. Este país obtuvo una reducción de entre el 50% y el 75% de la deuda derivada, directa o indirectamente, de las dos guerras mundiales; las tasas de interés se redujeron drásticamente hasta entre el 0 y el 5%; se amplió el plazo para los pagos; el cálculo del servicio de la deuda se estableció en función de la capacidad de pago de la economía alemana y, por tanto, vinculándolo al proceso de reconstrucción del país. La definición de esta capacidad se encargó al banquero alemán Hermann Abs, que encabezó la delegación alemana en las negociaciones. Se creó un sistema de arbitraje que nunca se utilizó, dadas las condiciones ventajosas ofrecidas al deudor.

 Este acuerdo tuvo muchas justificaciones. Sin embargo, la menos comentada fue la necesidad de, en plena Guerra Fría, llevar el éxito del capitalismo hasta muy cerca del Telón de Acero. El mercado financiero tenía entonces, como ahora, motivaciones políticas, sólo que las de entonces eran muy diferentes a las de hoy. La diferencia se explica en buena parte por el hecho de que la democracia liberal se ha convertido en la bebida energética del capitalismo, que en apariencia lo vuelve invencible — sólo no lo defiende de sí mismo, como ya profetizó Schumpeter — . Angela Merkel nacería un año después y sólo después de 1989 conocería de primera mano el mundo de este lado del Telón. Nació políticamente bebiendo esa bebida energética, hecho que, junto con la ignorancia militante de la historia que el capitalismo impone a los políticos, transforma su falta de solidaridad con el proyecto europeo en un acto de coraje político. Sesenta años después de la "Declaración de Interdependencia" de Robert Schuman y Jean Monet, la guerra sigue siendo "impensable y materialmente imposible". Sin embargo, parafraseando a Clausewitz, cabe preguntarse si la guerra no ha vuelto por otros medios.  

El Estado como imaginación del Estado

 Vengo sosteniendo que la moderna regulación moderna occidental se basa en tres pilares: el principio del mercado, el principio del Estado y el principio de la comunidad [2]. Estos principios, sobre todo los dos primeros, han alternado históricamente su protagonismo en la definición de la lógica de la regulación social. Convencionalmente, se ha entendido que la regulación social del periodo de posguerra hasta 1980 estuvo dominada por el principio del Estado y que desde entonces pasó a dominar el principio del mercado, más conocido como neoliberalismo. Muchos vieron en la crisis del subprime y la debacle financiera de 2008 el regreso del principio del Estado y el consecuente fin del neoliberalismo. Esta conclusión fue precipitada. Debería haber servido como señal de alerta la rapidez con la que los mismos actores que durante la noche neoliberal consideraron el Estado como el "gran problema", pasaron a considerarlo como la "gran solución". La verdad es que, en los últimos treinta años, el principio del mercado ha colonizado de tal manera el principio del Estado que éste ha pasado a funcionar como un sucedáneo del mercado. Por esta razón, el Estado que era el problema era muy diferente del Estado que llegó a ser la solución. La diferencia pasó inadvertida porque sólo el Estado sabe imaginarse como Estado independientemente de lo que hace en cuanto Estado. El síntoma más evidente de esta colonización ha sido la adopción de la doctrina neoliberal por parte de la izquierda europea y mundial, que la ha dejado desarmada y carente de alternativas al estallar la crisis. De aquí el triunfo de la derecha sobre las ruinas de la devastación social que ha creado. De aquí que los gobiernos socialistas de Grecia, Portugal y España consideren más natural reducir los salarios y las pensiones que gravar los impuestos a los beneficios financieros o eliminar los paraísos fiscales. De aquí, por último, que la Unión Europea ofrezca el mayor rescate del capital financiero de la historia moderna sin imponer la estricta regulación del sistema financiero.  

El fascismo dentro de la democracia

 Durante los años veinte del siglo pasado, tras una larga estancia en Italia, José Carlos Mariátegui, el gran intelectual y líder marxista peruano, consideraba que la Europa de aquella época se caracteriza por la aparición de dos violentas negaciones de la democracia liberal: el comunismo y el fascismo [3]. Cada una a su manera, trataría de destruir la democracia liberal. Después de un siglo, podemos decir que, en nuestro tiempo, las dos negaciones de la democracia liberal — que hoy podríamos llamar socialismo y fascismo — no se enfrentan a la democracia desde el exterior, sino que la enfrentan desde su interior. Las fuerzas socialistas son hoy particularmente visibles en América Latina. Se afirman como revoluciones de nuevo tipo: la revolución bolivariana (Venezuela), la revolución ciudadana (Ecuador) y la revolución comunitaria (Bolivia). Lo común a todas ellas es el hecho de haber emergido de procesos electorales propios de la democracia liberal. En vez de negar la democracia liberal, la enriquecen con otras formas de la democracia: la democracia participativa y la democracia comunitaria. Si consideramos la democracia liberal como un dispositivo político hegemónico, las luchas socialistas de hoy configuran un uso contrahegemónico de un instrumento hegemónico.

 A su vez, las fuerzas fascistas actúan globalmente para mostrar que sólo es viable una democracia de muy baja intensidad — sin capacidad de redistribución social — , confinada a la alternativa: ser irrelevante — no afectar a los intereses dominantes — o ser ingobernable. En vez de promover el fascismo político, promueven el fascismo social. No se trata del regreso al fascismo del siglo pasado. No es un régimen político, sino un régimen social. En vez de sacrificar la democracia a las exigencias del capitalismo, el fascismo social promueve una versión empobrecida de la democracia que vuelve innecesario, e incluso inconveniente, el sacrificio. Se trata, por tanto, de un fascismo pluralista y, en virtud de ello, de una forma de fascismo que nunca ha existido. El fascismo social es una forma de sociabilidad en la que las relaciones de poder son tan desiguales que la parte más poderosa adquiere el derecho de veto sobre las condiciones de sostenibilidad de vida de la parte más débil. Quien está sujeto al fascismo social no vive en la sociedad civil; vive realmente en un nuevo estado de la naturaleza, la sociedad civil incivil.

 Una de las formas de sociabilidad fascista es el fascismo financiero, hoy en día quizás la más virulenta. Es el que impera en los mercados financieros de valores y divisas, la especulación financiera global. Es todo un conjunto que hoy se designa como “economía de casino”. Esta forma de fascismo social es la más pluralista en la medida que los movimientos financieros son el producto de decisiones de inversores individuales o institucionales esparcidos por todo el mundo y, además, sin nada en común fuera de su deseo de rentabilizar sus activos. Por ser el más pluralista es también el más agresivo debido a que su espacio-tiempo es el más refractario a cualquier intervención democrática. Significativa fue, a este respecto, la respuesta del agente de bolsa de valores cuando le preguntaron qué era para él el largo plazo: “Para mí, largo plazo son los próximos diez minutos". Este espacio-tiempo virtualmente instantáneo y global, combinado con la lógica del beneficio especulativo que lo apoya, le otorga un inmenso poder discrecional al capital financiero, prácticamente incontrolable a pesar de ser lo suficientemente poderoso como para sacudir, en cuestión de segundos, la economía real o la estabilidad política de cualquier país. La virulencia del fascismo financiero reside en que, al ser el más internacional, está sirviendo de modelo para las instituciones de regulación global cada vez más importantes, que ahora comienzan a ser conocidas por el gran público. Entre ellas, las agencias de calificación —incluso después del descrédito que sufrieron durante la crisis de 2008—, las empresas internacionalmente acreditadas para evaluar la situación financiera de los Estados y los consecuentes riesgos y oportunidades que ofrecen a los inversores internacionales. Las calificaciones concedidas son determinantes para las condiciones en que un país o empresa de un país puede acceder al crédito internacional. Cuanto más alta es la calificación, mejores son las condiciones.

 Estas empresas tienen un poder extraordinario. Según el columnista del New York Times, Thomas Friedman, "el mundo posterior a la Guerra Fría tiene dos superpotencias: los Estados Unidos y la agencia Moody's". Friedman justifica su afirmación añadiendo que "si es verdad que los Estados Unidos pueden aniquilar a un enemigo utilizando su arsenal militar, la agencia de calificación financiera Moody's tiene el poder de estrangular financieramente a un país, atribuyéndole una mala calificación En un momento en que los deudores públicos y privados entran en una batalla mundial para atraer capitales, una mala calificación podría significar el colapso financiero del país. Los criterios adoptados por las agencias de calificación son en gran medida arbitrarios, refuerzan las desigualdades en el sistema mundial y llevan a efectos perversos: el mero rumor de una próxima descalificación puede provocar una enorme convulsión en el mercado de valores de un país. El poder discrecional de estas agencias es aún mayor en tanto que les asiste la prerrogativa de atribuir calificaciones no solicitadas por los países o deudores en cuestión. El hecho de ser también un poder corrupto — las agencias están pagadas por los bancos que evalúan y actúan sobre la especulación financiera, teniendo, por tanto, intereses particulares en las calificaciones que hacen — no ha merecido hasta ahora ninguna atención. La virulencia del fascismo financiero reside en su potencial de destrucción, en su capacidad para lanzar al abismo de la exclusión a países pobres enteros. Cuando el presupuesto del Estado queda expuesto a la especulación financiera — como sucede hoy en los países del sur de Europa —, las reglas del juego democrático que éste refleja se vuelven irrelevantes, la estabilidad de expectativas que estas reglas promueven se desvanecen en el aire.  

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 Es bien conocida la manera en la que Manifiesto Comunista de 1848 describe la revolución incesante de los instrumentos de producción de la burguesía: "Todo lo estamental y estable se evapora; todo lo sagrado es profanado y los hombres, al fin, se ven forzados a contemplar con ojos desapasionados su posición frente a la vida, sus relaciones mutuas". Cuando la usurpación de la política por parte de una "econopolícia" salvaje alcanza los lugares sagrados de la democracia, los derechos humanos, el contrato social y el primado del derecho, que hasta hace poco servían de santuario de peregrinación para personas y pueblos de todo el mundo, la perturbación y el desasosiego son los restos de la solidez. La gran incógnita es la de saber hasta qué punto el empobrecimiento del mundo y la democracia producido por el casino financiero seguirá ocurriendo en el contexto del marco formal democrático, incluso de baja intensidad. ¿Es posible olvidar a Mariátegui?

 Notas

[1] Ugarteche, Óscar y Acosta, Alberto, Repensando una propuesta global para un problema global. Disponible en: < http://alainet.org/active/38038 > y < http://www.erlassjahr.de/themen/schiedsverfahren-ftap/veroeffentlichungen/tiads.html > [consultados el 11 de mayo de 2010].

 [2] Santos, Boaventura de Sousa, Vers un nouveau sens commun juridique: Droit, science et politique dans la transition paradigmatique. Paris: Librairie Général de Droit et Jurisprudence, 2004.

 [3] Mariátegui, José Carlos, Ensayos escogidos. Lima: Editorial Universo, 1925.

Por Boaventura de Sousa Santos
Rebelión

Traducido para Rebelión por Antoni Jesús Aguiló y revisado por Àlex Tarradellas
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El método para transitar a la economía del Socialismo del Siglo XXI requiere la combinación de tres políticas: su planificación y ejecución democrática (autogestión coordinada); la medición del valor de sus productos y servicios (valorización) mediante unidades de tiempo (valor de trabajo) y, el intercambio de equivalencias.

Las tres políticas tienen que realizarse de manera combinada, porque el salto cualitativo hacia el modo de producción del Socialismo del Siglo XXI solo se produce como resultado de sus sinergias. Medidas individuales en una economía de mercado, como en Venezuela, no tendrán éxito.Un análisis comparativo de los modos de producción del Socialismo del Siglo XX y del Socialismo del Siglo XXI explican las razones de este modelo tridimensional o trimodal.

1. La economía del Socialismo del Siglo XX, llamado en la Alemania socialista (RDA) también „el socialismo realmente existente“, no fue planeada democráticamente, sino por elites--al igual que en el capitalismo. En „el socialismo realmente existente“, la planificación la hacían unos cinco mil tecnócratas y políticos del Partido Único y en el capitalismo la hacen unos cinco mil megacapitalistas, burócratas y políticos. La esencia es la misma: las mayorías están excluidas.

2. La regulación y dirección de la economía del „socialismo realmente existente“ se realizaba via una combinación de precios administrativos y precios de mercado, no mediante el valor de trabajo y el intercambio de equivalencias. Los precios administrativos fueron determinados por el Estado a raíz de consideraciones sociales, políticas y militares y, en forma secundaria, económicas. Los precios de mercado se tomaron del mercado mundial y se adecuaron a los parámetros nacionales.

3. La no-determinación del valor de los productos y servicios por su valor de trabajo (time inputs) y su respectivo intercambio por el principio de equivalencia, significaba en la economía monetarizada del „socialismo realmente existente“ que no se podía abolir el sistema de trabajo asalariado. Significaba también que los trabajadores no tenían el derechoal pleno valor creado por su trabajo, sino solo a la parte salarial y algunos servicios sociales que las elites les asignaban. Pero, si no se acaba con el trabajo asalariado, como insistían Marx y Engels, no se puede acabar con el capitalismo; como tampoco se puede acabar con él mediante la estatización de los medios de producción, sino sólo mediante su socialización (Vergesellschaftung). Hoy sabemos que esasocialización tiene que ser trimodal: planificación y ejecución democrática, valorización por el tiempo de trabajo e intercambio de equivalencias.

4. El tipo y el volumen de los „fondos socialmente necesarios“ (Marx/Engels) como salud, educación, defensa etc., no fueron decididos por las mayorías, sino por las elites. El Socialismo del Siglo XX, al igual que el capitalismo, no permiten que las mayorías deciden por plebiscito, por ejemplo, lastasas de impuestos, ni tampoco, si prefieren impuestos directos o indirectos. Para las mentes stalinistas al igual que para las capitalistas es inconcebible, que las masas conducen democráticamente a la economía, pese a que son ellas las que generan el plusproducto social.

5. La propiedad y el poder fáctico sobre el plusproducto social es ejercido en „el socialismo realmente existente“ por el Estado, no por los productores inmediatos. Pero, el Estado es siempre una estructura de violencia que responde a la distribución del poder de la sociedad. Cuando las elites se enajenan de las mayorías, éstas dejan de ver al Estado como su Estado. En consecuencia, la fábrica, la tierra y los servicios de la economía estatal se convierten en una fuerza externa alienada e impositiva. Sin identificación entre trabajadores y propiedad productivano se defiende el sistema cuando entra en crisis. Por eso, los trabajadores del „socialismo realmente existente“ actuaron ante la caída del sistema comolos campesinos hindúes ante las conquistas externas: con indiferencia atentista o inclusive, como protagonistas de su destrucción (Polonia).

6. Científicamente no tiene sentido llamar al modo de producción del Socialismo del Siglo XX, "capitalismo de Estado“. Porque sin una clase de propietarios particulares del capital que actúa por ganancia y opera el mecanismo cibernético del sistema (mercado), el concepto pierde su capacidad analítica. Tampoco conviene llamar a ese modo de producción socialista,por que carece de los tres principios distintivos de la economía política socialista.

7. La combinación de los tres principios constitutivos de la Economía Política del Socialismo del Siglo XXI, la planificación y ejecución democrática (autogestión coordinada), el valor del trabajo como unidad de valorización de productos y servicios y, la equivalencia como principio de todos los intercambios, es la esencia política-económica del modo de producción del Socialismo del Siglo XXI (A. Peters), y, por lo tanto, de su modelo de transición. Para obtener el efectosinergético a nivel nacional y regional, las tres políticas tienen que llevarse a cabo coordinadamente y en cabal consideración de las fuerzas antagónicas a nivel nacional, regional y mundial.

8. Este modelo trimodal de transición hace la explotación laboral imposible y cambia cualitativamente la importancia de la propiedad sobre los medios de producción. La forma de propiedad se vuelve secundaria, porque la planificación democrática de los rubros y volumenes de producción y la determinación de los precios y salarios por el valor del trabajo, junto con su intercambio en forma equivalente, quitan a eventuales propietarios formales---Estado, cooperativas, individuales--- la capacidad de abusar de la propiedad. La determinación plebiscitaria de los impuestos, a su vez, impide el abuso confiscatorio del Estado.

9. El sistema burgués utiliza dos mecanismos principales para apropiarse del valor creado por los trabajadores: 1. los dueños de los medios de producción se apropian del valor en forma de ganancia, interés y renta de la tierra; 2. el Estado, el „capitalista colectivo virtual“ (ideell, Marx/Engels), se apropia del valor en forma de impuestos. Ambos mecanismos quedan bloqueados en el modelo de transición. La „expropiación de los expropiadores“ (Marx/Engels) ya no se realiza primordialmente sobre la estatización de la propiedad privada, sino sobre el derecho y el poder socio-político de apropiación del valor cabal generado por los trabajadores, por parte de los trabajadores.

10. Las características principales del modo de producción del „socialismo realmente existente“ son: una economía centralmente planificada por una elite; dirigida mediante precios administrativos y de mercado; con metas de obtener un plusproducto, más no una ganancia (Profit) y, por lo tanto, no-crematística; basada en el sistema asalariado ymonetarizado. Se trataba de un modo de producción sui generis que se estancó en la transición de la crematística capitalista hacia el socialismo. Al no evolucionar, colapsó y regresó a su punto de origen. Ese experimento de evolución planificada requiere de un concepto científico adecuado, urgentemente.

11. La economía del „socialismo realmente existente“ no se alejó lo suficiente de la autoritaria crematística capitalista como para convertirse en un modo de producción socialista en el sentido del Socialismo temprano, de Marx/Engels, Bakunin, RosaLuxemburg y Lenin. Pero, ni burguéses, ni stalinistas pueden parar las leyes de la evolución. Decía una canción cubana: „Carlos Marx está enojado, cheque de Engels no ha llegado.“ Bueno, al fin y al cabo siempre llegó, de tal manera que el prócer pudo realizar su gran obra de transformación.

Hoy, las condiciones objetivas para la nueva civilización son incomparablemente mejores que durante los últimos dos siglos. Por eso, Karl Marx en su tumba del Highgate Cemetery en Londres ha de estar de fiesta: El cheque de la historia está llegando al Socialismo.
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La crisis mundial más grave en la historia del sistema capitalista ha sido provocada por el capital financiero internacional, con sus latrocinios, irresponsabilidades y especulaciones, y con sus políticas de despojo de los recursos naturales de todos los pueblos. Comenzó en Estados Unidos –el país más endeudado del planeta, con un creciente déficit público de 13 billones (millones de millones, 12 ceros seguidos) de dólares–, ahora se extendió a la Unión Europea (la principal potencia económica mundial) y afectará pronto al sudeste asiático que, como China o Japón, destinan a ambos la mayor parte de sus importaciones y son los principales sostenedores del dólar y compradores de los bonos públicos estadunidenses. (Dicho sea de paso, uno nunca dejará de asombrarse ante la ligereza y el impresionismo de algunos supuestos analistas económicos internacionales de México y de otros países, que ridículamente anunciaban la muerte del dólar y su remplazo por el euro –hoy por los suelos– o por otras divisas, sin ver que todos los bancos centrales juegan el mismo juego y están atados por la misma cuerda sucia).

Los respectivos Estados salvaron a los banqueros –a golpe de cientos de miles de millones de dólares de los contribuyentes– y les entregaron la conducción de la economía que previamente habían devastado. O sea, concedieron a los responsables de la crisis la responsabilidad de la superación de la misma, y a los mafiosos y delincuentes, la protección del orden financiero.

El resultado está a la vista: con fondos públicos concedidos al uno por ciento, los ladrones de guante blanco, recicladores además de los fondos de la droga (estimados en 300 mil millones de dólares anuales, o sea, tanto como la industria petrolera), de la venta de armas y de la prostitución, prestan ese dinero ajeno a países como Grecia, a tasas que llegan a ocho por ciento, y los endeudan aún más.

El capital financiero sigue dirigiendo, como si nada hubiera sucedido, el gran casino mundial y se juega en la ruleta el destino de países enteros y de miles de millones de personas. El comercio de divisas, altamente especulativo, mueve tres billones (en español, o sea, millones de millones) de dólares cada día, y el mercado de derivados (opciones y futuros) asciende a mil billones (equivalentes a 16 veces el producto interno bruto anual de todos los países, grandes y chicos, de este planeta). Ese es el tsunami que sumerge las economías nacionales.

Eso es posible porque ningún gobierno toca al capital financiero ni intenta ponerle cortapisas. Por el contrario, ante la crisis que éste provocó, los gobiernos prolongan la edad para jubilarse, reducen o congelan los salarios, aumentan el impuesto al valor agregado –que pesa sobre todo entre los pobres–, sin pensar siquiera en ponerles a los bancos impuestos a las ganancias o a las operaciones financieras. Si los centenares de miles de millones de dólares que arrojaron al pozo sin fondo de los bancos ladrones hubiesen servido para crear bancos públicos y para sostener la demanda de sus poblaciones, la crisis sería menos extensa y menos cruel. Porque las políticas deflacionarias, a costa de los salarios y los ingresos, reducen el poder adquisitivo de las mayorías y, por consiguiente, su nivel de consumo, y agravan tanto la desocupación como la desindustrialización relativa, ya que los capitales no van a los sectores productivos, sino que se orientan a los que otorgan alta ganancia inmediata, como los delincuenciales, entre los cuales destacan los centros del capital financiero.

Éste no sólo les mete la mano en el bolsillo a asalariados, pequeños comerciantes, artesanos, campesinos y jubilados, sino que también roba la soberanía de los pueblos junto con los recursos de todo tipo. La banca de negocios sucios Goldman Sachs, por ejemplo, indujo al gobierno conservador de Karamanlis, en Grecia, a endeudarse en condiciones leoninas. Inmediatamente el pueblo griego votó en forma aplastante en favor de los socialistas y contra las políticas de ajuste brutal que querían imponer los conservadores. Pero ese voto no valió nada, porque el FMI y los bancos decidieron por su parte e impusieron al gobierno de Atenas una política económica y una orientación fiscal opuestas a las exigencias de los electores, anulando así la soberanía de éstos e imponiendo a Grecia un gobierno financiero supranacional, con la complicidad del gobierno socialdemócrata, que prefirió suicidarse políticamente porque la alternativa era desconocer la deuda fraudulenta contraída por los conservadores a sugerencia de Goldman Sachs, hacer una auditoría de toda la deuda, meter presos a los responsables de ese atentado contra el pueblo y contra el país, hacer un plan de emergencia basado en aplicar impuestos a los beneficiarios de la crisis y a los que más tienen, para dar trabajo y promover la industralización local, y convocar a un referendo para decidir respecto del no pago de la deuda injusta y fraudulenta y de la política económica.

La prosperidad y las altas ganancias de los bancos contrastan en toda Europa con el aumento de la desocupación y la pobreza. La evasión fiscal, por otra parte, es normal en el caso de las grandes empresas y del capital financiero. Por ahí habría que comenzar el ajuste: expropiando los bancos, creando una banca nacional de desarrollo, haciendo pagar a los evasores.

Pero esto plantea urgentemente la cuestión de quién debe gobernar el país. Los capitalistas y sus servidores políticos han demostrado su corrupción, su ineptitud y su carácter antisocial y antinacional. No basta ya con protestar. Es hora de reclamar y de preparar una alternativa.

Por Guillermo Almyera
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Jueves, 13 Mayo 2010 07:21

Sepa lo que es el capitalismo

El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros ("gurúes" financieros, "opinólogos", "periodistas especializados", académicos "bienpensantes" y los diversos exponentes del "pensamiento único") que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la "batalla de ideas" a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño. 

Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar general examinemos algunos datos obtenidos de documentos oficiales del sistema de Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la solución a los problemas del capitalismo se logra con más capitalismo; o que el G-20, el FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una estrategia de "relaciones públicas" diseñada para ocultar sus verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están proponiendo para "solucionar" la crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen aplicando en América Latina y África desde los años ochenta! 

A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes) recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente por los grandes medios de comunicación, autoridades gubernamentales, académicos y "expertos" varios.

Población mundial: 6.800 millones, de los cuales 

1.020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)

2.000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)

884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)

924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)

1.600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)

2.500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)

774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)

18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)

218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006) 

Entre 1988 y 2002, el 25% más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1,16% al 0,92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71,1% de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.

Sólo ese 6,4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70% de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10% más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Conclusión: si no se combate la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social. 

Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: "socialismo o barbarie", es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado. 

Atilio A. Boron
http://www.atilioboron.com
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