Martes, 04 Mayo 2010 07:01

Alternativas desde la sociedad

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”: 
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997).
 
Las sociedades en el mundo están cansadas del modelo de desarrollo depredador del capitalismo globalizador. Sí. Y no es sólo un síntoma de las personas que habitan en las ciudades perdidas de cualquier país en desarrollo, porque lo padecen en carne propia todos los días. No. También es parte de aquellas personas que incluso tienen otro nivel de vida y habitan en las grandes ciudades, pero igualmente están percibiendo en su vida cotidiana los males en que está degenerando el capitalismo global.
 
Y los efectos de la descomposición están a ojos vistos por todas partes. Porque la polaridad entre riqueza y pobreza ha alcanzado niveles tales que el mismo capital acumulado ya no tiene frente a sí muchas opciones. O mejor dicho, ha entrado en un callejón sin salida. Porque el capital está para crecer sin importar que en su proceso arrastre tras de sí, incluso, al mismo planeta. Y al parecer, el mundo de la riqueza ya entró en un ciclo perverso de autodestrucción. La fuga de petróleo en el Golfo de México se encamina hacia una catástrofe de enormes dimensiones y elevadísimos costos para el planeta. Tiende a ser un desastre mundial, de alcance mucho mayor que una “catástrofe nacional”, como la ha clasificado Estados Unidos.
 
Es decir, que el uso y el abuso de los recursos naturales han alcanzado ya un grado de límite extremo. Eso en lo que corresponde al capital destructivo y rapaz, el de los procesos industriales. Pero el capital especulativo, el capital financiero que se mueve entre las bolsas del mundo, tampoco encuentra opciones ya. Y la mejor prueba es que en EU la crisis del capital financiero no tiene salidas. Y no las tiene porque las busca afuera, y no adentro del mismo sistema. Quiere el sacrificio de otros, no autoflagelarse.
 
Es por eso el tiempo pertinente para que las sociedades aceleren sus procesos de compartir experiencias para la autoayuda, para salir del hoyo al que las ha encaminado el capitalismo globalizador sin otro remedio que la depredación natural y el exterminio de la raza humana. La fuerza de la sociedad es incalculable. Y queriendo, u obligada por la necesidad, la sociedad puede mover el mundo. Salir de la crisis como lo hizo la sociedad argentina en los años aciagos de la debacle de 1995.
 
Pero, en general, la sociedad en muchas partes del mundo cuenta con experiencias alternativas al desarrollo del capital, porque como dicta un refrán de algunas comunidades indígenas de México, zapatistas claro: “otro mundo es posible”. Y llegó el tiempo de echar a andar todas las experiencias (entre todos) como sociedad-mundo. Para eso antes hay que compartirlas primero, y darlas a conocer. Todas las que ya existen, para sopesar en dónde se pueden instrumentar.
 
Ayer comenzó en el Zócalo de la Ciudad de México el Foro Social Mundial (FSM) ahora “México 2010”.La duración será de tres días. Y es un foro para compartir. El zócalo de la capital del país, se abre ahora como el espacio óptimo en donde las organizaciones sociales, movimientos y colectivos de la sociedad civil estarán aterrizando el viejo sueño del esfuerzo para sumar experiencias que permitan, por qué no, construir una alternativa nacional. Es la suma de los esfuerzos con otros países para construir las alternativas al neoliberalismo de la globalización.
 
Promover e impulsar la participación colectiva, social y comunitaria, donde la propia comunidad encuentra soluciones a los problemas que le plantea el sistema del capital neoliberal, y la necesidad incesante de compartir esas experiencias, es lo que hace enriquecedor este tipo de eventos. Más tratándose de un foro como el FSM, que ha alcanzado un elevado prestigio desde que surgió en junio de 2000, entre la propia sociedad civil mundial.
 
Lo anterior, pese al cuestionamiento de los detractores en el sentido que (especialmente el que se realiza cada año de modo alterno al Foro Económico Mundial de Davos que reúne a la crema y nata de los hombres de negocios del mundo, y ocurre en Porto Alegre, Brasil, bajo los auspicios del gobierno de ese país latinoamericano), el foro es pagado por las mismas empresas multinacionales responsables o activos principales de la tan cuestionada globalización.
 
Pero no importa. El caso es que el FSM va más allá de la catarsis que muchos le ven a estos encuentros. Porque sirven para lavar las conciencias de los depredadores. Y las manifestaciones como tales minimizan las presiones en su contra. No lo creo así. Porque encuentros como el FSM socializa las experiencias y comparte los esfuerzos, incluso de las comunidades. Porque aquí los participantes, actores todos, expresan sus vivencias y muestran la madera de la que está hecha el hombre de carne y hueso que sirve para mucho más que carne de cañón o para ser exprimida en los procesos de producción industrial.
 
Porque la sociedad tiene necesidad de participar y ser tomada en cuenta. Quiere encontrar las soluciones que el capital depredador no le proporciona. Ni en los países desarrollados, como tampoco en los de desarrollo medio o “en vías de desarrollo”.
 
Pablo González Casanova, el sociólogo mexicano que en los últimos años de su vida se ha inclinado por la búsqueda de alternativas al neoliberalismo, dijo ayer en el foro central que las opciones existen. Sólo hay que socializarlas y quitarse algunos tabúes (no con esas palabras). “El capital no tiene solución a la crisis”. Al contrario, va por la destrucción de la tierra. El hábitat del ser humano. Por eso planteó que el derrumbe del capitalismo es inminente, “por la pura lógica de la acumulación”.
 
Por lo mismo planteó alternativas. Entre otras, trabajar unidos bajo principios morales y de respeto a todas las voces, independientemente de raza, color o sexo. Elaborar un proyecto común, de acción conjunta, individual y colectiva. Dignificar la lucha de los excluidos, como son los pobres de la tierra. Y en el ejemplo los zapatistas no sobran. Alternativas al fin en un foro que se organiza para eso: las alternativas posibles en contra del neoliberalismo depredador.

Por Salvador González Briceño
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Ante una situación caracterizada por una triple crisis: ecológica, económica y socio-política, los movimientos tranformadores necesitan nuevas respuestas y caminos de actuación. Desde una parte de la izquierda anticapitalista y desde la ecología política, se ha otorgado al decrecimiento un papel de herramienta política de alta validez. De manera efectiva pensamos que puede servir para superar un capitalismo que pretende virar hacia lo “verde” sin poner en cuestión su lógica injusta e insostenible, así como afrontar el triste futuro que nos depara el cambio climático si no actuamos con decisión.
Básicamente el concepto del decrecimiento pone en cuestión los grandes fundamentos del productivismo al exponer que no hay crecimiento infinito posible en un planeta finito. Apoyándose en autores de varias procedencias ideológicas como Iván Illich, André Gorz o Nicholas Georgescu-Roegen se opone, por lo tanto, al consenso generalizado según el cual el crecimiento económico es el alfa y el omega del bienestar humano e, incluso, de la conservación de los ecosistemas. Asimismo, de la mano o a pesar del incremento constante del PIB mundial desde hace 50 años, la huella ecológica de la humanidad –es decir el impacto de nuestras sociedades sobre el medio ambiente– excede hoy en casi un 30% la capacidad de regeneración del planeta. Si todas las personas vivieran como la ciudadanía vasca se necesitarían tres planetas. Mientras tanto las injusticias y desigualdades aumentan dejando en la brecha no sólo a los países del Sur sino también al casi 9% de personas que viven debajo del umbral de la pobreza relativa en Euskadi (20% en el Estado español); eso sin contar el déficit democrático que supone el imposible control de la ciudadanía sobre las cuestiones energéticas y la inexistencia de mecanismos de democracia participativa y directa.

Si bien se pueden discutir algunas implicaciones que poseen la utilización e idoneidad del término “decrecimiento”, constatamos que en la mayoría de los casos el rechazo al concepto enmascara en realidad un fuerte temor a su contenido subversivo y a la dificultad que entraña la posibilidad de manipularlo (a diferencia de lo ocurrido con el “desarrollo sostenible”). Igualmente, un número cada vez más importante de personas y movimientos sociales está empezando a utilizar el decrecimiento no sólo para vivir acorde con sus principios de simplicidad voluntaria, sino también para organizarse, reflexionar y aportar propuestas concretas de cambio. Además en Francia, en Italia o en el Estado español a nivel político el movimiento verde está dando un fuerte impulso a la cuestión y los movimientos de la izquierda anticapitalista trabajan cada vez más sobre el tema.

Sin duda el concepto de decrecimiento, al introducir la finitud del planeta y el lema “vivir mejor con menos”, posee una serie de virtudes innegables y, desde una perspectiva política, puede aportar elementos centrales para el futuro como:

Una revisión de conceptos como desarrollo, trabajo o riqueza, y una profundización y rescate de otros como justicia social, ciudadanía o democracia.

Propuestas novedosas desde la justicia ambiental y las relaciones Norte-Sur, la reubicación de los procesos de producción-consumo o la apuesta por nuevos modelos urbanísticos y energéticos como las ciudades en transición.

El valor de la coherencia entre el comportamiento individual y la acción colectiva.

Un puente entre sociedad y espacios de transformación social, y la creación de un nexo estratégico entre partidos y movimientos verdes, anticapitalistas y ecosocialistas.

Por lo tanto, ante el modelo capitalista de crecimiento infinito, el decrecimiento propone una alternativa no por sencilla de comprender menos revolucionaria. Frente a la dictadura del PIB volvamos a situar a la persona en el centro de los debates. Dejemos de perder el tiempo con el “hay que ganarse la vida” y de destruir el medio ambiente; apostemos por la emancipación personal y colectiva y la conversión ecológica de la economía reduciendo el consumo y produciendo según nuestras necesidades reales, compartamos el trabajo y liberemos tiempo para invertirlo en actividades creadoras de riqueza social y ecológica. En definitiva, optemos por la ciudadanía, la justicia social y ambiental, hoy y mañana, en el Norte y en el Sur. En otras palabras, ¡apostemos por vivir mejor con menos!"

En definitiva, el decrecimiento no es algo totalmente nuevo; probablemente ni siquiera puede caracterizarse como una ideología política per se. Sin embargo posee la capacidad de dar alternativas a un sistema depredador e injusto y de crear puentes entre diferentes tradiciones políticas y sociales, lo que lo convierte en una poderosa herramienta política estratégica y una apuesta de transformación social. 
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Los autores Florent Marcellesi, Igor Moreno Jauregi e Iñaki Valentín son, respectivamente, miembros de Berdeak/Los Verdes, Gorripidea-Zutik y Antikapitalistak.
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¿Por qué es preciso pensar en una transición anticapitalista? ¿Y qué es lo que sería tal transición? La participación de David Harvey, profesor de Geografía y Antropología de la City University, de Nueva York, en el seminario de evaluación de los 10 años del Foro Social Mundial, en Porto Alegre, fue una tentativa de responder a estas preguntas. 

La respuesta, en realidad, incluye, en primer lugar una justificación de la pertinencia de las preguntas. Después de la derrota de la Unión Soviética, de los regímenes socialistas del Este Europeo y de la caída del Muro de Berlín, hablar de anticapitalismo se tornó prohibido. El comunismo fracasó, el capitalismo triunfó y no se habla más del asunto: ese mensaje cruzó el planeta adquiriendo aires de sentido común. Pero los muros del capitalismo siguieron en pié y creciendo. Y excluyendo, provocando crisis, pobreza, hambre, destrucción ambiental, guerra…

Y es en los últimos años que se volvió a hablar de anticapitalismo y en la necesidad de pensar otra forma de organización económica, política y social. David Harvey vino a Porto Alegre a hablar de eso. Para él, la necesidad de volver hablar de anticapitalismo se apoya sobre algunos datos: el aumento de la desigualdad social, la creciente corrupción de la democracia por el poder del dinero, el alineamiento de los medios de comunicación con el gran capital (y su consecuente papel de cómplice de la corrupción de la democracia), la destrucción acelerada del medio ambiente. Ese escenario exige una respuesta política, resume Harvey. Una respuesta política, en su criterio, de la naturaleza anticapitalista. ¿Por qué? El autor de La producción capitalista del espacio , presenta algunos datos de naturaleza económica para justificar esa afirmación.

El capital ficticio y la fábrica de burbujas 

El capitalismo, en cuanto sistema de organización económica, está basado en el crecimiento. En general, la tasa mínima de crecimiento aceptable para una economía capitalista saludable es del 3 por ciento. El problema es que se está poniendo cada vez más difícil sostener esa tasa sin recurrir a la creación de variados tipos de capital ficticio, como viene ocurriendo con los mercados de acciones y con los negocios financieros en las últimas dos décadas. Para mantener esa tasa media de crecimiento será preciso producir más capital ficticio, lo que provocará nuevas burbujas y nuevos estallidos de las burbujas. Un crecimiento compuesto del 3 por ciento exige inversiones del orden de los 3 billones de dólares. En 1950, había espacio para eso. Hoy involucra una absorción de capital muy problemática. Y China está siguiendo el mismo camino, dice Harvey. 

Las crisis económicas de los últimos 30 años, asegura, reposan (y al mismo tiempo, profundizan) en una disfunción creciente entre la cantidad de papel ficticio y la cantidad de riqueza real. “Por eso necesitamos alternativas al capitalismo”, insiste. Históricamente esas alternativas son el socialismo o el comunismo. El primero terminó transformándose en una forma menos salvaje de administración del capitalismo; el segundo fracasó. Sin embargo, esos fracasos no son una razón para desistir hasta porque las crisis del capitalismo se están volviendo cada vez más frecuentes y más graves, replanteando el tema de las alternativas. Para Harvey, el Foro Social Mundial al proponer la bandera de “otro mundo es posible”, debe asumir la tarea de construir otro socialismo u otro comunismo como alternativas concretas.

La irracionalidad del capitalismo 

“En tiempos de crisis, la irracionalidad del capitalismo se vuelve más clara para todos. Excedentes de capital y de trabajo existen uno al lado del otro sin una forma clara de unirlos, en medio de un enorme sufrimiento humano y de necesidades insatisfechas. En pleno verano de 2009, un tercio de los bienes de capital en los Estados Unidos permaneció inactivo, mientras cerca del 17 por ciento de la fuerza del trabajo estaba desempleada o trabajando involuntariamente en regímenes de medio tiempo. ¡Qué podría ser más absurdo que eso!- sostiene Harvey en su libro Enigma del capital, que será lanzado próximamente por la editorial Profile Books. Él descarta, por otro lado, cualquier inevitabilidad sobre el futuro del capitalismo. El sistema puede sobrevivir a las crisis actuales, admite, pero a un costo altísimo para la humanidad.

No basta, por lo tanto, denunciar la irracionalidad del capitalismo. Es importante recordar, señala, Harvey, lo que Marx y Engels apuntaron en el Manifiesto Comunista con respecto a los profundos cambios que el capitalismo trajo consigo: una nueva relación con la naturaleza, nuevas tecnologías, nuevas relaciones sociales, otro sistema de producción, cambios profundos en la vida cotidiana de las personas y nuevos arreglos político-institucionales. “Todos esos momentos tuvieron un proceso de co-evolución. El movimiento anticapitalista tiene que luchar en todas esas dimensiones y no solamente en una de ellas como muchos grupos hacen actualmente. El gran fracaso del comunismo fue el no conseguir mantener en movimiento todos esos procesos. Fundamentalmente, la vida diaria tiene que cambiar, las relaciones sociales tienen que cambiar”, afirma.

“Necesitamos hablar de un mundo anticapitalista” 

Harvey está hablando de la perspectiva de un posible fracaso del capitalismo, de un punto de inestabilidad que afecte a los engranajes del sistema. Pero al mismo tiempo, él no apunta a ninguna inevitabilidad o destino histórico. Se trata de un diagnóstico sobre el tiempo presente. “El capitalismo entró en una fase de cada vez más destrucción y cada vez menor creación”. Y cuáles serían, entonces, las fuerzas sociales capaces de organizar un movimiento anticapitalista en los términos antes señalados. La respuesta de Harvey es corta y directa: Hoy no hay ningún grupo pensando o hablando de eso. “Las ONGs y los movimientos sociales que participan en el FSM precisan comenzar a hablar de un mundo anticapitalista. La izquierda debe cambiar sus patrones mentales. Las universidades necesitan cambiar radicalmente”.

¿La justificación de esos imperativos? Harvey da un ejemplo más de la “racionalidad” capitalista actual. En enero de 2008, 2 millones de personas perdieron sus casas en los Estados Unidos. Esas familias, en su mayoría pertenecen a las comunidades afroamericanas y de origen hispano, perdieron, en total, aproximadamente 40 mil millones de dólares. En aquel mismo mes, Wall Street distribuyó un bono de 32 mil millones de dólares entre aquellos “inversores” que provocaron la crisis. Una forma peculiar de redistribución de la riqueza, que muestra que, con esta crisis, muchos ricos están quedando más ricos. “Estamos viviendo un momento de negación de la crisis en los Estados Unidos. Los trabajadores, y no los grandes capitalistas, son quienes están siendo señalados como responsables. Es por eso que necesitamos una transformación revolucionaria del orden social”.

Marco Aurélio Weisheimer
Carta Maior

Traducción para www.sinpermiso.info : Carlos Abel Suárez 
Tomado de: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3259

 
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La crisis de 1929 había colocado al liberalismo a la defensiva o hasta fuera del campo ideológico de los debates, por existir consenso en culparlo de la anarquía de los mercados existente en la base de la mayor crisis vivida por el capitalismo. El modelo keynesiano, la economía soviética centralmente planificada y los modelos fascistas -especialmente en Alemania e Italia– tienen componentes antineoliberales tanto en el plano económico como en el político.

El agotamiento del ciclo largo expansivo del capitalismo de la segunda posguerra permitió el renacimiento del liberalismo en el plano económico, con el diagnóstico de que solamente la desregulación de la economía permitiría recuperar el crecimiento. Fue un diagnóstico vencedor, ante el agotado keynesianismo –y con él la social democracia- y ante la ausencia de una interpretación anticapitalista que disputase la hegemonía del nuevo modelo ascendente, que retomaba las tradiciones liberales en el plano económico.

Por otra parte, el fin de la URSS y del campo socialista permitieron recomponer la vigencia del liberalismo político, a partir de las teorías del totalitarismo –que partiendo de la polarización democracia/totalitarismo como predominante para interpretar la historia contemporánea, busca amalgamar en dicha categoría al nazismo y al socialismo soviético-. El esquema formal de la democracia liberal ganó carácter de valor universal, convirtiéndose en la propia definición de la democracia, con sus reglas generales: elecciones periódicas, separación de los poderes del Estado, pluralidad de partidos, prensa “libre”, identificada como prensa privada.

Esa ofensiva liberal – ya sea en las dos dimensiones la económica y la política o ya sea en una de ellas - funcionó como un vendaval en el campo teórico arrasando con las resistencias keynesianas, especialmente en el campo de la izquierda. Como si, condenados al capitalismo, fuese mejor optar por su versión “democrática”, es decir liberal, aunque estuviese acompañada del ideario económico neoliberal. Ya que sería un freno defensivo contra las recaídas –consideradas estructurales– del socialismo en totalitarismos.

Un análisis fundamental de Perry Anderson demuestra como los teóricos clásicos de la radicalización de la democracia y en un caso, la fusión del socialismo y el liberalismo –como John Rawls, Habermas, Bobbio- terminan defendiendo a las “guerras humanitarias” como forma de imponer los valores supuestamente universales del liberalismo (Nota: Anderson, Perry, “Arms and Rights: The Adjustable Center”, en Spectrum, Ed. Verso, Londres 2005).

El eurocentrismo, ahora en la versión yanqui del “modo de vida usamericano” creció en todos los cuadrantes, conquisto aires de universalismo, se mareó con el derecho a invadir, destruir, ocupar, imponer su modo de vida, como si hubiese sido legitimado por un derecho universal. (Terminada la URSS, Tony Blair recicló la OTAN para transfomarla en un bastión de los “derechos humanos” en el mundo, acuñando la expresión “guerra humanitarias” nueva bandera de los imperios, especie de “imperialismo humanitario “ o de “imperialismo de los derechos humanos” contra las periferies).

El socialismo reducido al destino totalitario, el capitalismo al inexorable destino de la democracia se redujo a la democracia liberal, el sistema económico a capitalismo.. Desaparecerán esas especificidades, con el socialismo desaparecerá también su antípoda –el capitalismo- como victoria de la tesis del “fin de la historia”. Todo lo que aconteciere se producirá en el horizonte de la democracia liberal y de la economía de mercado, lo demás serían retrocesos, no avances.

La fuerza ideológica de la derecha procede del renacimiento del liberalismo. Aun con el agotamiento del modelo neoliberal, su expresión política parece sobrevivir sin heridas, como si entre ellos no existiesen relaciones umbilicales. La democracia reinstaurada en el Brasil tuvo límites claramente liberales, que no alteraron las relaciones de poder –de la tierra, del dinero- heredadas de la dictadura, a tal punto que ha sido víctima indefensa de las políticas neoliberales, de absoluta mercantilización de la sociedad a las que resultó funcional.

Superar el modelo neoliberal supone no solo desarrollar un nuevo modelo económico sino un modelo político que democratice profundamente las estructuras del Estado y se adapte a las necesidades de profunda democratización de nuestra sociedad: de la propiedad de la tierra, del capital financiero, de los medios entre tantos otros aspectos.

Superar el neoliberalismo como un objetivo urgente significa también encarar la superación del liberalismo y del capitalismo. Crear un nuevo bloque social, político y cultural de fuerzas de nivel nacional que hegemonice el proceso de transformaciones antineoliberales, en una dinámica de construcción de nuevas formas de poder popular y de una sociedad humanista, solidaria, socialista.

Emir Sader
Carta Maior
Traducción de Susana Merino
http://www.cartamaior.com.br/templates/postMostrar.cfm?blog_id=1&post_id=432
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Martes, 12 Enero 2010 06:42

CO2: El nuevo tráfico de indulgencias

Ginebra.- El elemento esencial de las indulgencias es la cesión a favor de una persona de los méritos realizados por otros. La doctrina básica era que la oración y las buenas obras tienen un valor acumulable que constituye el “Tesoro de la Iglesia”, una cuenta en el otro mundo. El depósito inicial serían los méritos de Jesús, luego abonaron los santos y miles de conventos y millones de devotos que elevan sus rezos[1]. Esas santas emisiones sumaron a la iglesia unos “trillions” en misericordia celestial. La iglesia giraba sobre esa cuenta divina a favor de los pecadores que hacían la buena obra de dar a la iglesia dinero sonante y de este mundo. 
 
La Historia nos cuenta como ese ávido truco creó un mercado conocido como el “Tráfico de Indulgencias”. Un tráfico que fue de las más graves acusaciones esgrimidas por la rebelión protestante y que obligó a reformar el uso de sus indulgencias a la propia Iglesia Católica.
 
Ahora se habla otra vez del cielo y otra vez de indulgencias. Los ricos compran unos “Bonos de Carbono”, que les perdonan sus emisiones y que obligan a los países en desarrollo a no aumentar las suyas. El efecto es congelar la mala repartición de la riqueza mundial. Como en la Organización Mundial de Comercio (OMC), con subsidios a la agricultura de los ricos, que arruinan la agricultura de los pobres. Otra vez los pobres deben salvar el planeta y redimir a los pecadores ricos. Lo peor, es que la histeria creada en torno al CO2 , un gas benéfico, desvía hacia un fantasma futuro, la atención que requiere la presente y muy real contaminación ambiental. 
 
La verdadera contaminación ambiental
 
El planeta está contaminado y continúa contaminándose. Una culpa es la ignorancia, pero la causa mayor es la codicia, la prédica del lucro como fin supremo. El estimular al consumo para ganar más y ahorrar gastos dejando impregnar el aire, la tierra o el mar de desechos tóxicos. Minería a cielo abierto. Lagos, ríos y playas negras de petróleo. Sobre-pesca. Bosques talados para soya y palma aceitera. Plásticos y desechos tóxicos en el mar. Basura indiscriminada. Desechos tóxicos vaciados en acuíferos. Munición radioactiva de la OTAN causando bebes deformes. Bombas racimo israelíes que matan niños libaneses. La lista es muy larga y no se convoca ninguna cumbre mundial para remediarlo.
 
Casi todo lo ensuciado se puede limpiar y recuperar, con un esfuerzo. Europa ya recuperó muchos lagos, ríos y bosques. El alto nivel de educación y una conciencia pública ambiental obligó a sus políticos a actuar y sin dejar de ser una gran potencia industrial. El país más contaminador con restos tóxicos son los Estados Unidos (que además produce el 30% del CO2 mundial), pero eso casi no se dice. El Pentágono contamina el mundo entero con su guerra sin fin y desde unas 800 bases, pero esas emisiones no cuentan. Estados Unidos pide en todas las negociaciones –Kyoto o Copenhagen - que la contaminación del Pentágono quede excluida[2], que no se mida; por razones de seguridad, naturalmente. 
 
La diabolización del CO2
 
Otra vez la pureza del cielo la asedia un demonio. Otra vez el diablo es un ángel caído: el CO2, el gas con que la fotosíntesis produce oxigeno. Las plantas decaen si el CO2 baja a 220 ppm[3] y mueren con 160 ppm. El nivel óptimo es cerca de 1000 ppm. 
 
El aire es una mezcla de gases, 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y 1% de otros gases, entre ellos el CO2[4]. Esa ínfima parte de CO2 oscila con los océanos: el agua fría absorbe CO2 y el agua caliente lo libera. Los océanos almacenan un 25% del CO2 para plantas y seres marinos. El CO2 es parte de la respiración humana. Cuidado, que de pronto nos cobran por respirar. 
 
Hay una campaña para culpar al CO2 por un aumento de la temperatura terrestre. El trompetista más notorio de la acusación es Al Gore, que no es un científico, sino un político norteamericano. Su documental “Una verdad inconveniente” manipula desde el título mismo. Su error más neto es decir que los mares se calientan por las emisiones de CO2, cuando es a la inversa; el mar primero se calienta y luego emite más CO2. Es un hecho básico conocido y explica la coincidencia de las curvas ascendientes de temperatura y CO2. Temo que es otro caso de etiquetar con lo contrario para vender fechorías: una mentira conveniente. 
 
Sabemos, desde bachillerato, que la temperatura terrestre fluctúa con las radiaciones solares. La vida existe porque hay “Efecto Invernadero” y el gas que más lo causa es el vapor de agua, las nubes. La tesis del “Calentamiento Global Generado por el Hombre”[5] parece explotar con fines políticos la simpatía de quienes queremos defender el ambiente de la contaminación. Se está fabricando un pretexto para imponer una autoridad mundial que administre el uso de la energía fósil, cree nuevos impuestos, cree otro mercado de valores falsos y desarrolle un mercado para bienes ambientales con tecnología de las empresas apátridas. Mientras tanto, se desvía la atención de la contaminación verdadera. 
 
Contradicciones desde el origen
 
En 1988, se creó en la ONU un “Panel Intergubernamental de Cambio Climático-IPCC[6] que contrató un grupo de expertos. En 1995 los expertos presentaron un borrador que decía: 
 
“1. Ningún estudio ha mostrado evidencia de cambio climático debido a gases de invernadero; 
 
2. Ningún estudio atribuye algún cambio climático atribuible a las actividades humanas.”
 
En el Sumario para legisladores del reporte final del IPCC se cambiaron esas dos claras negaciones por una afirmación que dice: “La balanza de la evidencia sugiere una influencia humana discernible en el clima global.” Hubo un gran escándalo[7]. Los expertos contratados por el IPCC se indignaron, muchos renunciaron y exigieron al IPCC que se borrase sus nombres del Reporte Final. 
 
Millares de científicos firman su desacuerdo con el informe del IPCC. Alguno puede que sea pagado por las petroleras, como dicen, pero tienen buenos argumentos. Todos dicen que desde siempre han habido cambios globales de temperatura. Épocas de hielo hasta los Alpes y otras calientes (900 -1200) en que la helada Groenlandia era verde y una flota china surcó el Ártico. Otro argumento válido es que los astrónomos reportan un aumento de temperatura general en todos los planetas, por una mayor actividad energética del Sol[8]. No parece culpa humana. 
 
El mercado del Carbono
 
Es la idea favorita de grandes empresas, bancos, políticos y algunas ONGs. Una autoridad mundial administraría un mercado de derechos a emitir CO2. El volumen de emisiones legal sería el de los niveles históricos, o sea, que no se disminuye, se congela. Quienes sobrepasen el nivel de emisiones legal pueden comprar bonos a quienes  emiten menos de lo permitido. Europa tiene algo así con el nombre de Sistema de Comercio de Derechos de Emisión (EU ETS). El Presidente Sarkosy ya anunció de impuestos indirectos (consumidor) al carbono.
 
Congelar las emisiones históricas es la esencia de la propuesta. El desarrollo necesita energía y esa proviene- hoy - de combustibles fósiles que generan CO2 y también gases tóxicos. El mercado de carbono es un medio para frenar a los países en desarrollo y crear otra bolsa para  jugar con las emisiones de dólares sin fondos que contaminan la economía internacional. 
 
Pandemonio en Copenhague
 
El objetivo oculto de la cumbre en Copenhagen era poner precio al CO2. Se presentó un papel  ya “negociado” con los países en desarrollo “cooperativos” de  siempre. El acceso a las reuniones se jerarquizó. Se admitió sólo a  países representados por presidentes y se excluyó a los representados por Cancilleres. Una clara violación del derecho internacional. Aún así, se excluyó a Hugo Chávez y Evo Morales, presentes en Copenhagen, por no ser “cooperativos”.
 
Luego ocurrió algo para los anales de la mala práctica diplomática. El Primer Ministro de Dinamarca, Anders Rasmussen, con el papel en la mano, ordenó a los países estudiarlo en una hora, aprobarlo y cerrar la sesión. Se levantó para irse, pero la Secretaría lo invitó a escuchar a las delegaciones que pidieron la palabra. Dejó hablar, pero sólo a los de siempre. 
 
La delegada de Venezuela, Claudia Salerno, golpeó inútilmente con su pancarta, pidiendo la palabra. Al final, con su mano sangrante increpó a Rasmussen: “¿Es que debo tener sangre en las manos para poder hablar? ¡Esto es una vergüenza!”. Al fin se le dio la palabra. Le siguieron Cuba, Bolivia y las otras delegaciones del ALBA, todas rechazando el papel. 
 
El Sr. Rasmussen escuchó, sin tomar notas como hace todo presidente de una reunión. Luego vino la segunda “gaffe”, sin más,  preguntó cuantos estaban en contra, para pasar a votación. De nuevo Venezuela lo puso en su lugar y le recordó que las decisiones en la ONU se toman por consenso. El Sr. Rasmussen pidió una pausa, de la que ya no regresó. La reunión terminó presidida por un Vicepresidente, de Bahamas, quien hizo lo adecuado: tomar nota del papel. 
 
Conclusión
 
Combatir la polución es urgente. Señalar el CO2 con el espantajo del “Cambio Climático” parece una fabulación dirigida a controlar el CO2, que es controlar energía. Se quiere crear un derecho adquirido al consumo de energía y el derecho de negarlo a otros. La OMC es ejemplo del juego con niveles históricos: quienes daban subsidios agrícolas antes los pueden seguir dando y se prohíbe darlos a quienes producían sin usar subsidios. No estamos locos y no esperamos un resultado distinto. Errare humanum est, perseverarem diavolicum. 
 
Por Umberto Mazzei, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Ha sido profesor en temas económicos internacionales en universidades de Colombia, Venezuela y Guatemala. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.
http://www.ventanaglobal.info

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[1] Tomás de Aquino, Summa Theologica,1947, en sacred-texts.com
[2] Bryan Farrell:  "The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism", 2009
   Jeffrey Salmon: "National security and military policy issues involved in the Kyoto treaty," George Marshal Institute, May 18, 1998: “complete military exemption from greenhouse gas emissions limits.”
[3] Ppm : partes por millón. Es el número de moléculas de dióxido de carbono (CO2) dividido por el número de todas las otras moléculas presentes en una cantidad de aire.   
[4] El porcentaje de CO2 en el aire varia entre 0,036% y 0,039%. 
[5] Antropogenic Global Warming-AGW
[6] Intergovernmental Panel of Climate Change (IPCC)
[7] Zbignew Jaworosky: CO2 : The greatest scandal of our time, Science, March 16, 2007.
Tom Segalstad: The distribution of CO2 between Atmosphere, Hydrosphere, and Lithosphere; Minimal Influence from Anthropogenic CO2 on the Global “Greenhouse Effect,” 1995, Global Warming Debate, European Science & Environmental Forum, 1996.
[8] Pier Corbyn et al.:www.weatheraction.com: “The most significant and persistent cycle of variation in the world's temperature follows the 22-year magnetic cycle of the sun's activity… IPCC uses the 11 warmer ones.” 
 
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Veinte años después de su debut, Roger & Me (1989), Michael Moore ha urdido la que a sus ojos es su obra definitiva, la culminación de dos décadas de activismo, fanfarronadas, exhibicionismo y no poca demagogia en pos de la lucha contra el neoliberalismo. Desde luego, no se le puede arrebatar a Moore la facultad de acertar en su siempre oportuno destape de los pozos negros del sistema, aunque en Capitalismo: una historia de amor se pase de autoconsciente, lacrimógeno y predicador religioso.

Él mismo lo ha dejado claro: "Aunque empecé la producción en la primavera de 2008, en realidad estoy haciendo esta película desde hace 20 años. Capitalismo: una historia de amor no sólo es la continuación de Roger & Me sino que es su culminación".

No en balde, su nueva película presentada en la pasada Mostra de Venecia contiene no pocas referencias a aquel primer filme en el que un Moore menos megalómano contaba las nefastas consecuencias de la desindustrialización de su pueblo natal, Flint (Michigan). En su última obra vuelve a su ciudad, pero también recala en Wall Street, en el Capitolio una vez más y en cuanto estado americano tenga un hogar en desahucio.

He aquí las vetas hiperbolizadas de la personalidad del documentalista más mediático del siglo XXI.

El salvador


El pastel era demasiado jugoso: en plena producción, estalló la crisis financiera que corroboraba lo que Moore había venido predicando desde hacía años: el desastroso impacto que el dominio de las corporaciones tiene sobre la vida de los estadounidenses. Moore estaba allí donde la crisis de las hipotecas subprime y el endeudamiento familiar conducía a la ruina y al desahucio, donde las empresas se lucraban con las muertes de sus trabajadores y, por supuesto, en el advenimiento de la esperanza Obama.

Pero quizás llevó hasta el delirio su papel de predicador de la rebeldía anticapitalista. Pocas dudas nos deja de que él es el salvador que EEUU necesita. Que disculpe Obama. "Mucha gente considera que es suficiente con agachar la cabeza y taparse la nariz para apañárselas. Pero alguien tiene que alzar la voz", reconoció al presentar el documental.

La formación católica del director de Bowling for Columbine (2002) estudió en un seminario y quiso ser cura brota en este filme sin tapujo. Moore apoya su discurso en el cristianismo y busca respaldo, como si las pruebas que expuso no fueran suficientes, en dos curas y un obispo que le secundan al decir que el capital es el mal.

Lacrimógeno


"En el mundo no hay suficientes toallitas desinfectantes para limpiar Washington", mantiene el director. Tampoco suficientes paquetes de pañuelos para las lágrimas que derraman las víctimas del capital que Moore retrata. El de Flint siente debilidad por las tomas a moco tendido, por el comentario lacrimógeno y el patetismo. Después de Sicko, donde el director llevó a cotas delirantes su estética del dramón, Capitalismo: una historia de amor contiene quizás los momentos más sentimentales y gruesos de la carrera del director.

Gamberro escénico


Entregado al drama, la película prescinde durante demasiado tiempo del humor. En Capitalismo: una historia de amor no hay capítulo alguno que se compare con el abordaje a la casa de Charlton Heston en Bowling for Columbine. Su gamberrismo se edulcoró, aunque la acción de encordonar Wall Street con una cinta policial donde se lee Zona de crimen tenga su gracia subversiva. Aún así Moore reconoce que su finalidad última es que el espectador "se divierta y se rebele". A las barricadas, pues.


SARA BRITO - MADRID - 06/01/2010 22:00
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El fin del neoliberalismo

El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.

Después de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se levantaron y la catástrofe ecológica, con un altísimo grado de irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.

Los pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación con la naturaleza, por detener el saqueo.

El fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena.

Los cambios de fase

La sociedad capitalista contemporánea ha alcanzado un grado de complejidad que la vuelve altamente inestable. De la misma manera que ocurre con los sistemas biológicos (Prigogine, 2006), los sistemas sociales complejos tienen una capacidad infinita y en gran medida impredescible de reacción frente a los estímulos o cambios. El abigarramiento con el que se edificó esta sociedad, producto de la subsunción pero no eliminación de sociedades diferentes, con otras cosmovisiones, costumbres e historias, multiplica los comportamientos sociales y las percepciones y prácticas políticas a lo largo y ancho del mundo y abre con ello un espectro inmenso de sentidos de realidad y posibilidades de organización social.

La potencia cohesionadora del capitalismo ha permitido establecer diferentes momentos de lo que los físicos llaman equilibrio, en los que, a pesar de las profundas contradicciones de este sistema y del enorme abigarramiento que conlleva, disminuyen las tendencias disipadoras. No obstante, su duración es limitada. En el paso del equilibrio a la disipación aparecen constantemente las oportunidades de bifurcación que obligan al capitalismo a encontrar los elementos cohesionadores oportunos para construir un nuevo equilibrio o, en otras palabras, para restablecer las condiciones de valorización del capital. Pero siempre está presente el riesgo de ruptura, que apunta hacia posibles dislocamientos epistemológicos y sistémicos.

Los equilibrios internos del sistema, entendidos como patrones de acumulación en una terminología más económica, son modalidades de articulación social sustentadas en torno a un eje dinamizador u ordenador. Un eje de racionalidad complejo que, de acuerdo con las circunstancias, adopta diferentes figuras: en la fase fordista era claramente la cadena de montaje para la producción en gran escala y el estado en su carácter de organizador social; en el neoliberalismo el mercado; y en el posneoliberalismo es simultáneamente el estado como disciplinador del territorio global, es decir, bajo el comando de su vertiente militar, y las empresas como medio de expresión directa del sistema de poder, subvirtiendo los límites del derecho liberal construido en etapas anteriores del capitalismo.

Los posneoliberalismos y las bifurcaciones

La incertidumbre acerca del futuro lleva a caracterizarlo más como negación de una etapa que está siendo rebasada. Si la modalidad capitalista que emana de la crisis de los años setenta, que significó una profunda transformación del modo de producir y de organizar la producción y el mercado, fue denominada por muchos estudiosos como posfordista; hoy ocurre lo mismo con el tránsito del neoliberalismo a algo diferente, que si bien ya se perfila, todavía deja un amplio margen a la imprevisión.

Posfordismo se enuncia desde la perspectiva de los cambios en el proceso de trabajo y en la modalidad de actuación social del estado; neoliberalismo desde la perspectiva del mercado y del relativo abandono de la función socializadora del estado. En cualquiera de los dos casos no tiene nombre propio, o es un pos, y en ese sentido un campo completamente indefinido, o es un neo, que delimita aunque sin mucha creatividad, que hoy están dando paso a otro pos, mucho más sofisticado, que reúne las dos cualidades: pos-neo-liberalismo. Se trata de una categoría con poca vida propia en el sentido heurístico, aunque a la vez polisémica. Su virtud, quizá, es dejar abiertas todas las posibilidades de alternativa al neoliberalismo –desde el neofascismo hasta la bifurcación civilizatoria–, pero son inciertas e insuficientes su fuerza y cualidades explicativas.

En estas circunstancias, para avanzar en la precisión o modificación del concepto es indispensable detenerse en una caracterización de escenarios, entendiendo que el espectro de posibilidades incluye alternativas de reforzamiento del capitalismo –aunque sea un capitalismo con más dificultades de legitimidad–; de construcción de vías de salida del capitalismo a partir de las propias instituciones capitalistas; y de modos colectivos de concebir y llevar a la práctica organizaciones sociales no-capitalistas. Trabajar todos los niveles de abstracción y de realidad en los que este término ocupa el espacio de una alternativa carente de apelativo propio, o el de alternativas diversas en situación de coexistencia sin hegemonismos, lo que impide que alguna otorgue un contenido específico al proceso superador del neoliberalismo.

El posneoliberalismo del capital

Aun antes del estallido de la crisis actual, ya eran evidentes los límites infranqueables a los que había llegado el neoliberalismo. La bonanza de los años dorados del libre mercado permitió expandir el capitalismo hasta alcanzar, en todos sentidos, la escala planetaria; garantizó enormes ganancias y el fortalecimiento de los grandes capitales, quitó casi todos los diques a la apropiación privada; flexibilizó, precarizó y abarató los mercados de trabajo; y colocó a la naturaleza en situación de indefensión. Pero después de su momento innovador, que impuso nuevos ritmos no sólo a la producción y las comunicaciones sino también a las luchas sociales, empezaron a aparecer sus límites de posibilidad.

Dentro de éstos, es importante destacar por lo menos tres, referidos a las contradicciones inmanentes a la producción capitalista y su expresión específica en este momento de su desarrollo y a las contradicciones correspondientes al proceso de apropiación y a las relaciones sociales que va construyendo:

1. El éxito del neoliberalismo en extender los márgenes de expropiación, lo llevó a corroer los consensos sociales construidos por el llamado estado del bienestar, pero también a acortar los mercados. La baja general en los salarios, o incluso en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo en un sentido más amplio, fue expulsándola paulatinamente del consumo más sofisticado que había alcanzado durante el fordismo. La respuesta capitalista consistió en reincorporar al mercado a esta población, cada vez más abundante, a través de la producción de bienes precarios en gran escala. No obstante, esta reincorporación no logra compensar ni de lejos el aumento en las capacidades de producción generadas con las tecnologías actuales, ni retribuir las ganancias esperadas. El grado de apropiación y concentración, el desarrollo tecnológico, la mundialización tanto de la producción como de la comercialización, es decir, el entramado de poder objetivado construido por el capital no se corresponde con las dimensiones y características de los entramados sociales. Es un poder que empieza a tener problemas serios de interlocución.

2. Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías, llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas, doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún tipo de mercancía fue –es– uno de los caminos de afianzamiento de la supremacía económica; la ocupación de territorios para convertirlos en materia de valorización. Paradójicamente, el capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es destruirla.

Con la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación, con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.

Pero quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.

El capitalismo ha demostrado tener una especial habilidad para saltar obstáculos y encontrar nuevos caminos, sin embargo, los niveles de devastación alcanzados y la lógica con que avanza hacia el futuro permiten saber que las soluciones se dirigen hacia un callejón sin salida en el que incluso se van reduciendo las condiciones de valorización del capital.

3. Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que, evidentemente, se han levantado en contra.

Esto, junto con las protestas y revueltas originadas por las políticas de ajuste estructural o de privatización de recursos, derechos y servicios promovidas por el neoliberalismo, ha marcado la escena política desde los años noventa del siglo pasado. Las condiciones de impunidad en que se generaron los primeros acuerdos de libre comercio, las primeras desregulaciones, los despojos de tierras y tantas otras medidas impulsadas desde la crisis y reorganización capitalista de los años setenta-ochenta, cambiaron a partir de los levantamientos de la década de los noventa en que se produce una inflexión de la dinámica social que empieza a detener las riendas sueltas del neoliberalismo.

No bastaba con darle todas las libertades al mercado. El mercado funge como disciplinador o cohesionador en tanto mantiene la capacidad desarticuladora y mientras las fuerzas sociales se reorganizan en correspondencia con las nuevas formas y contenidos del proceso de dominación. Tampoco podía ser una alternativa de largo plazo, en la medida que la voracidad del mercado lleva a destruir las condiciones de reproducción de la sociedad.

El propio sistema se vio obligado a trascender el neoliberalismo trasladando su eje ordenador desde la libertad individual (y la propiedad privada) promovida por el mercado hacia el control social y territorial, como medio de restablecer su posibilidad de futuro. La divisa ideológica del “libre mercado” fue sustituida por la “seguridad nacional” y una nueva fase capitalista empezó a abrirse paso con caracaterísticas como las siguientes:

1. Si el neoliberalismo coloca al mercado en situación de usar el planeta para los fines del mantenimiento de la hegemonía capitalista, en este caso comandada por Estados Unidos, en esta nueva fase, que se abre junto con la entrada del milenio, la misión queda a cargo de los mandos militares que emprenden un proceso de reordenamiento interno, organizativo y conceptual, y uno de reordenamiento planetario.

El cambio de situación del anteriormente llamado mundo socialista ya había exigido un cambio de visión geopolítica, que se corresponde con un nuevo diseño estratégico de penetración y control de los territorios, recursos y dinámicas sociales de la región centroasiática. El enorme peso de esta región para definir la supremacía económica interna del sistema impidió, desde el inicio, que ésta fuera dejada solamente en las manos de un mercado que, en las circunstancias confusas y desordenadas que siguieron al derrumbe de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, podía hacer buenos negocios pero no condiciones de reordenar la región de acuerdo con los criterios de la hegemonía capitalista estadounidense. En esta región se empieza a perfilar lo que después se convertiría en política global: el comando militarizado del proceso de producción, reproducción y espacialización del capitalismo de los albores del siglo XXI.

2. Esta militarización atiende tanto a la potencial amenaza de otras coaliciones hegemónicas que dentro del capitalismo disputen el liderazgo estadounidense como al riesgo sistémico por cuestionamientos y construcción de alternativas de organización social no capitalistas. Sus propósitos son el mantenimiento de las jerarquías del poder, el aseguramiento de las condiciones que sustentan la hegemonía y la contrainsurgencia. Supone mantener una situación de guerra latente muy cercana a los estados de excepción y una persecución permanente de la disidencia.

Estos rasgos nos llevarían a pensar rápidamente en una vuelta del fascismo, si no fuera porque se combinan con otros que lo contradicen y que estarían indicando las pistas para su caracterización más allá de los “neos” y los “pos”.

Las guerras, y la política militar en general, han dejado de ser un asunto público. No solamente porque muchas de las guerras contemporáneas se han enfocado hacia lo que se llama “estados fallidos”, y en ese sentido no son entre “estados” sino de un estado contra la sociedad de otra nación, sino porque aunque sea un estado el que las emprende lo hace a través de una estructura externa que una vez contratada se rige por sus propias reglas y no responde a los criterios de la administración pública.

El outsourcing, que se ha vuelto recurrente en el capitalismo de nuestros días, tiene implicaciones muy profundas en el caso que nos ocupa. No se trata simplemente de privatizar una parte de las actividades del estado sino de romper el sentido mismo del estado. La cesión del ejercicio de la violencia de estado a particulares coloca la justicia en manos privadas y anula el estado de derecho. Ni siquiera es un estado de excepción. Se ha vaciado de autoridad y al romper el monopolio de la violencia la ha instalado en la sociedad.

En el fascismo había un estado fuerte capaz de organizar a la sociedad y de construir consensos. El estado centralizaba y disciplinaba. Hoy apelar al derecho y a las normas establecidas colectivamente ha empezado a ser un disparate y la instancia encargada de asegurar su cumplimiento las viola de cara a la sociedad. Ver, si no, los ejemplos de Guantánamo o de la ocupación de Irak.

Con la reciente crisis las instituciones capitalistas más importantes se han desfondado. El FMI y el Banco Mundial son repudiados hasta por sus constructores. Estamos entrando a un capitalismo sin derecho, a un capitalismo sin normas colectivas, a un capitalismo con un estado abiertamente faccioso. Al capitalismo mercenario.

El posneoliberalismo nacional alternativo

Otra vertiente de superación del neoliberalismo es la que protagonizan hoy varios estados latinoamericanos que se proclaman socialistas o en transición al socialismo y que han empezado a contravenir, e incluso revertir, la política neoliberal impuesta por el FMI y el Banco Mundial. Todas estas experiencias que iniciaron disputando electoralmente la presidencia, aunque distintas entre sí, comparten y construyen en colaboración algunos caminos para distanciarse de la ortodoxia dominante. Bolivia, Ecuador y Venezuela, de diferentes maneras y con ritmos propios, impulsan políticas de recuperación de soberanía y de poder participativo, que se ha plasmado en las nuevas Constituciones elaboradas por sus sociedades1.

La disputa con el FMI y el Banco Mundial ha determinado un alejamiento relativo de sus políticas y de las propias instituciones, al tiempo que se inicia la creación de una institucionalidad distinta, todavía muy incipiente, a través de instancias como el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe y otras que, sin embargo, no marcan una pauta anticapitalista en sí mismas sino que apuntan, por el momento, a constituir un espacio de mayor independencia con respecto a la economía mundial, que haga propicia la construcción del socialismo. Considerando que, aun sin tener certeza de los resultados, se trata en estos casos por lo menos de un escenario posneoliberal diferente y confrontado con el que desarrollan las potencias dominantes, es conveniente destacar algunos de sus desafíos y paradojas.

1. Para avanzar en procesos de recuperación de soberanía, indispensable en términos de su relación con los grandes poderes mundiales --ya sea que vengan tras facetas estatales o empresariales--, y para emprender proyectos sociales de gran escala bajo una concepción socialista, requieren un fortalecimiento del estado y de su rectoría. Lo paradójico es que este estado es una institución creada por el propio capitalismo para asegurar la propiedad privada y el control social.

2. Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de propiedad. Para un “cambio de modelo” esto no es suficiente, es un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una reivindicación popular histórica.

3. El reforzamiento del interés nacional frente a los poderes globales o transnacionales va acompañado de una centralización estatal que no resulta fácilmente compatible con la plurinacionalidad postulada por las naciones o pueblos originarios, ni con la idea de una democracia participativa que acerque las instancias de deliberación y resolución a los niveles comunitarios.

4. Las Constituyentes han esbozado las líneas de construcción de una nueva sociedad. En Bolivia y Ecuador se propone cambiar los objetivos del “desarrollo” por los del “buen vivir”2, marcando una diferencia fundamental entre la carrera hacia delante del desarrollo con la marcha horizontal e incluso circular del buen vivir, que llamaría a recordar la metáfora zapatista de caminar al paso del más lento. La dislocación epistemológica que implica trasladarse al terreno del buen vivir coloca el proceso ya en el camino de una bifurcación societal y, por tanto, la discusión ya no es neoliberalismo o posneoliberalismo sino eso otro que ya no es capitalista y que recoge las experiencias milenarias de los pueblos pero también la crítica radical al capitalismo. Los apelativos son variados: socialismo comunitario, socialismo del siglo XXI, socialismo en el siglo XXI, o ni siquiera socialismo, sólo buen vivir, autonomía comunitaria u horizontes emancipatorios.

Ahora bien, la construcción de ese otro, que genéricamente podemos llamar el buen vivir, tiene que salirse del capitalismo pero a la vez tiene que transformar al capitalismo, con el riesgo, siempre presente, de quedar atrapado en el intento porque, entre otras razones, esta búsqueda se emprende desde la institucionalidad del estado (todavía capitalista), con toda la carga histórica y política que conlleva.

El posneoliberalismo de los pueblos

Otro proceso de salida del neoliberalismo es el que han emprendido los pueblos que no se han inclinado por la lucha electoral, fundamentalmente porque han decidido de entrada distanciarse de la institucionalidad dominante. En este proceso, con variantes, se han involucrado muchos de los pueblos indios de América, aunque no sólo, y su rechazo a la institucionalidad se sustenta en la combinación de las bifurcaciones con respecto a la dominación colonial que hablan de rebeliones larvadas a lo largo de más de 500 años, con las correspondientes a la dominación capitalista. Las naciones constituidas en el momento de la independencia de España y Portugal en realidad reprodujeron las relaciones de colonialidad interna y por ello no son reconocidas como espacios recuperables.

La resistencia y las rebeliones se levantan a veces admitiendo la nación, más no el estado, como espacio transitorio de resistencia, y a veces saltando esta instancia para lanzarse a una lucha anticapitalista-anticolonial y por la construcción-reconstrucción de formas de organización social simplemente distintas.

Desde esta perspectiva el proceso se realiza en los espacios comunitarios, transformando las redes cotidianas y creando condiciones de autodeterminación y autosustentación, siempre pensadas de manera abierta, en interlocución y en intercambio solidario con otras experiencias similares.

Recuperar y recrear formas de vida propias, humanas, de respeto con todos los otros seres vivos y con el entorno, con una politicidad libre y sin hegemonismos. Democracias descentradas. Este es el otro camino de salida del neoliberalismo, que sería muy empobrecedor llamar posneoliberalismo porque, incluso, es difícil de ubicar dentro del mismo campo semántico. Y todos sabemos que la semántica es también política y que también ahí es preciso subvertir los sentidos para que correspondan a los nuevos aires emancipatorios.

Lo que viene después del neoliberalismo es una abanico abierto con múltiples posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir marcando los caminos.

Bibliografía

Acosta, Alberto 2008 “La compleja tarea de construir democráticamente una sociedad democrática” en Tendencia N° 8 (Quito).

Prigogine, Ilya 2006 (1988) El nacimiento del tiempo (Argentina: Tusquets).

Constitución de la República del Ecuador 2008.

Asamblea Constituyente de Bolivia 2007 Nueva Constitución Política del Estado (documento oficial)
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de la autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Ana Esther Ceceña
Rebelión

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El que Michael Moore acostumbre a meter el dedo en las llagas de su país no responde sino a su voluntad de recuperar el verdadero orgullo de ser americano, hipótesis que demuestra en Capitalismo: una historia de amor, el documental en el que busca a los culpables de la crisis.

"Llamarme antiamericano es como decir al Papa que odia a la Iglesia", se defiende en una entrevista con Efe el popular documentalista que, en su nueva cinta, no apela a la comparación con Europa o Canadá, sino a la capacidad de ilusión de su pueblo, a sus bases democráticas primigenias o a las políticas del New Deal de Roosevelt.

Esas políticas que, curiosamente, sentaron el Estado del Bienestar en Europa. "No veo Europa con visión de miope, ya sé que no sois una utopía. Tenéis muchos problemas. Si creyera que es tan genial, estaría viviendo allí, pero sigo viviendo aquí, así que en realidad prefiero esto", explica el ganador de un Óscar por Bowling for Columbine.

Con "esto" se refiere a Traverse City, la pequeña localidad del estado de Michigan en la que reside, en la que ha creado su propio festival de cine y en la que convocó a la prensa internacional.

"Quería que todos vosotros viniérais al lugar al que nunca vendríais: al estado con mayor tasa de desempleo del país. Estáis en medio de la depresión", asegura. Y en ella profundiza su película, en la que, por primera vez en su cine, el drama puede con el humor.

Quería abordar un romance: gente muy y su amor hacia el dinero Y es que, después de hacer una "comedia de situación" con Charlton Heston en Bowling for Columbine o de buscar la filosofía del apoyo incondicional de Britney Spears a George W. Bush en Fahrenheit 9/11, Moore quería abordar un romance.

"Ha sido una evolución natural -bromea-; es una historia de amor de gente rica que ama su dinero. Ellos no sólo quieren el dinero, también el nuestro. Querían todo el dinero. Estaban tan enamorados de ellos mismos y de su dinero que no pudieron pensar claro. Y, por su culpa, el resto del mundo ahora sufre", explica.

Al decir "el mundo", denuncia el mimetismo de Europa con la cara más feroz de los Estados Unidos. "Dejad de ser como nosotros. Vuestra sociedad sufrirá si privatizáis la sanidad, si retiráis el dinero de la educación, seréis como la América de mis películas", espeta.

"Os pido es que no adoptéis nuestras políticas, dejad de invadir otros países con nosotros. Apoyásteis a George W.Bush y le legitimásteis", reprocha.

 


Un cine por la democracia


El ex presidente de su país ha sido una atípica musa para su cine, pero no echa de menos la inspiración y da la bienvenida a la esperanza gracias a la elección de Barack Obama.

La administración Bush estimulaba su sorna, pero con Obama segrega optimismo. "Tengo mucha esperanza desde que Obama fue elegido", confiesa. Según él, ahora le toca a la gente estar a la altura y, por eso, Capitalismo: una historia de amor, llama a la revuelta popular.

"Me preocupa que los millones de personas que se activaron para que la victoria de Obama se produjera se sienten ahora en su casa y se pongan a ver la tele sin más", argumenta.

"No conseguiremos que su política avance en el Congreso si no estamos detrás de él. Como ocurrió con Roosevelt, cuando directores en Hollywood decidieron hacer cine sobre la condición humana, como Frank Capra, Preston Sturges y Will Rogers, o John Steinbeck escribió 'Las uvas de la ira'", prosigue.

Con sus películas intenta recuperar ese cine por la democracia. "Las cosas han cambiado en mí país: cuando hice Fahrenheit 9/11-por la que ganó la Palma de Oro en Cannes- el 70 por ciento creía en Bush y en la guerra. En 2004 era un 'outsider'. Pero en 2008 la mayoría de los americanos estaban de acuerdo conmigo", argumenta.

Pero, si el objetivo último de su cine es que el mundo se solucione, ¿qué sería de Michael Moore en un mundo perfecto?

"Me gustaría no ser necesario en este negocio. Si la gente empezara a hacer las cosas mejor y yo no tuviese que hacer más películas, estaría encantado", concluye.

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Viernes, 18 Diciembre 2009 06:50

La hora de la verdad

Las noticias que llegan de la capital danesa reflejan caos. Los anfitriones, después de concebir un evento en el que participarían alrededor de 40 mil personas, no tienen forma de cumplir su palabra. Evo, que fue el primero de los dos Presidentes del ALBA en llegar, expresó profundas verdades que emanan de la cultura milenaria de su raza.

Aseguró, según las agencias de noticias, que tenía un mandato del pueblo boliviano de bloquear cualquier acuerdo si el texto final no satisface las alternativas. Explicó que el cambio climático no es la causa sino el efecto, que estábamos en la obligación de defender los derechos de la Madre Tierra frente a un modelo de desarrollo capitalista, la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. Habló de la deuda climática que los países ricos deben pagar a los países pobres, y devolverles el espacio atmosférico arrebatado.

Calificó de ridícula la cifra de 10 mil millones de dólares anuales ofrecidos hasta el año 2012, cuando en realidad se necesitan cientos de miles de millones cada año, y acusó a Estados Unidos de gastar trillones en exportar el terrorismo a Irak y Afganistán, y crear bases militares en América Latina.

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela habló el día 16 en la Cumbre a las 8 y 40 a.m., hora de Cuba. Pronunció un discurso brillante, que fue muy aplaudido. Sus párrafos eran lapidarios.

Impugnando un documento propuesto a la Cumbre por la Ministra danesa que presidía la Conferencia, expresó:

“…es un texto que viene de la nada, no aceptaremos ningún texto que no venga de los grupos de trabajo, que son los textos legítimos que se han estado negociando estos dos años”.

“Hay un grupo de países que se creen superiores a nosotros los del Sur, los del Tercer Mundo…”

“…no nos extrañemos, no hay democracia, estamos ante una dictadura”.

“…venía leyendo algunas consignas que hay en las calles pintadas por los jóvenes…  Una: ‘no cambien el clima, cambien el sistema’… Otra: ’si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado.’”

“Obama [...] recibió el Premio Nóbel de la Paz el mismo día que envió 30 mil soldados a matar inocentes a Afganistán”.

“Apoyo el criterio de los representantes de las delegaciones de Brasil, Bolivia, China, solo quería apoyar [...] pero no me dieron la palabra…”

“Los ricos están destruyendo el planeta, ¿será que se van a otro cuando destruyan este?”

“…el cambio climático es sin dudas el problema ambiental más devastador de este siglo.”

“…Estados Unidos llegará si acaso a 300 millones de habitantes;  China tiene casi cinco veces más población que Estados Unidos.  Estados Unidos consume más de 20 millones de barriles diarios de petróleo;  China llega apenas a cinco o seis millones de barriles diarios.  No se puede pedir lo mismo a Estados Unidos y a China.”

“…reducir la emisión de gases contaminantes y lograr un convenio de cooperación a largo plazo [...] parece haber fracasado, por ahora.   ¿La razón cuál es?  [...] la actitud irresponsable y la falta de voluntad política de las naciones más poderosas del planeta.”

“…la brecha que separa a los países ricos y pobres no ha dejado de crecer pese a todas esas cumbres y promesas incumplidas y el mundo sigue su marcha destructiva.”

“…El ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones de personas  más pobres.”

“La mortalidad infantil es de 47 muertes por cada 1000 nacidos vivos pero en los países ricos es de solo 5.”

“¿…hasta cuándo vamos a permitir que sigan muriendo millones de niños por enfermedades curables?”

“Dos mil 600 millones viven sin servicios de saneamiento.”

“El brasileño Leonardo Boff escribió: ‘Los más fuertes sobreviven sobre las cenizas de los más débiles.’”

“Juan Jacob Rousseau decía … ‘Entre el fuerte y el débil la libertad oprime.’  Por eso es que el imperio habla de libertad, es la libertad para oprimir, para invadir, para asesinar, para aniquilar, para explotar, esa es su libertad.  Y Rousseau agrega la frase salvadora: ‘Solo la Ley libera.’”

“¿Hasta cuándo vamos a permitir conflictos armados que masacran a millones de seres humanos inocentes con el fin de apropiarse los poderosos de los recursos de otros pueblos?”

“Hace casi dos siglos un libertador universal, Simón Bolívar dijo: ‘Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.’”

“Este planeta vivió miles de millones de años sin nosotros, sin la especie humana; no le hacemos falta nosotros para que él exista, pero nosotros sin la Tierra no vivimos…”

Evo habló en la mañana de hoy jueves. Su discurso será también inolvidable.

“Deseo expresar nuestra molestia por la desorganización y por las dilaciones que existen en este evento internacional…”, dijo con franqueza al inicio de sus palabras.

Sus ideas básicas:

“Cuando preguntamos qué pasa con los anfitriones, [...] nos dicen que es Naciones Unidas; cuando preguntamos qué pasa con las Naciones Unidas, dicen que es Dinamarca, y no sabemos quién desorganiza este evento internacional…”

“… estoy muy sorprendido porque solamente tratan de los efectos y no de las causas del cambio climático.”

“Si nosotros no identificamos de dónde viene la destrucción del medio ambiente [...] seguramente nunca vamos a resolver este problema…”

“…están en debate dos culturas: la cultura de la vida y la cultura de la muerte; la cultura de la muerte, que es el capitalismo.  Nosotros, los pueblos indígenas, decimos, es el vivir mejor, mejor a costa del otro.”

“…explotando al otro, saqueando los recursos naturales, violando a la Madre Tierra, privatizando los servicios básicos…”

“…vivir bien es vivir en solidaridad, en igualdad, en complementariedad, en reciprocidad…”

“Estas dos formas de vivencia, estas dos culturas de la vida están en debate cuando hablamos del cambio climático, y si no decidimos cuál es la mejor forma de vivencia o de vida, seguramente este tema nunca vamos a resolverlo, porque tenemos problemas de vivencia: el lujo, el consumismo que hace daño a la humanidad, y no queremos decir la verdad en esta clase de eventos internacionales.”

“…dentro de nuestra forma de vivencia, el no mentir es algo sagrado, y eso no lo practicamos acá.”

“…en la Constitución está el ama sua, ama llulla, ama quella: no robar, no mentir, ni ser flojos.”

“…la Madre Tierra o la Naturaleza existe y existirá sin el ser humano; pero el ser humano no puede vivir sin el planeta Tierra, y, por tanto, es nuestra obligación defender el derecho de la Madre Tierra.”

“…saludo a las Naciones Unidas, que este año, por fin, ha declarado el Día Internacional de la Madre Tierra.”

“…la madre es algo sagrado, la madre es nuestra vida; a la madre no se alquila, no se vende ni se viola, hay que respetarla.”

“Tenemos profundas diferencias con el modelo occidental, y eso está en debate en este momento.”

“Estamos en Europa, ustedes saben que muchas familias bolivianas, familias latinoamericanas vienen a Europa.  ¿A qué vienen acá?  A mejorar sus condiciones de vida.  En Bolivia podía estar ganando 100, 200 dólares al mes; pero esa familia, esa persona viene acá a cuidar a un abuelo europeo, a una abuela europea y al mes gana 1 000 euros.”

“Estas son las asimetrías que tenemos de continente a continente, y estamos obligados a debatir cómo buscar cierto equilibrio, [...] reduciendo estas profundas asimetrías de familia a familia, de país a país, y especialmente de continente a continente.”

“Cuando [...] nuestras hermanas y hermanos vienen aquí a sobrevivir o a mejorar sus condiciones de vida, son expulsados, existen esos documentos llamados de retorno [...] pero cuando los abuelos europeos hace tiempo llegaban a Latinoamérica nunca eran expulsados.  Mis familias, mis hermanos no vienen acá a acaparar ni minas, ni tienen miles de hectáreas para ser terratenientes.  Antes nunca había visas ni pasaportes para que llegaran a Abya Yala, ahora llamada América.”

“…si no reconocemos el derecho de la Madre Tierra, en vano vamos a estar hablando de 10 000 millones, de 100 000 millones, que es una ofensa para la humanidad.”

“… los países ricos deben acoger a todos los migrantes que sean afectados por el cambio climático y no estarlos retornando a sus países como les están haciendo en este momento…”

“…nuestra obligación es salvar a toda la humanidad y no a la mitad de la humanidad.”

“…el ALCA, Área de Libre Comercio en las Américas. [...]  no es Área de Libre Comercio en las Américas, es un área de libre colonización en las Américas…

Entre las preguntas que sugería Evo para un referéndum mundial sobre el cambio climático estaban:

“… ¿Está usted de acuerdo con restablecer la armonía con la naturaleza, reconociendo los derechos de la Madre Tierra?…”

“… ¿Está usted de acuerdo con cambiar este modelo de sobreconsumo y derroche, que es el sistema capitalista?…”

“… ¿Está usted de acuerdo con que los países desarrollados reduzcan y reabsorban sus emisiones de gases de efecto invernadero…?

“… ¿Está usted de acuerdo en transferir todo lo que se gasta en las guerras y en destinar un presupuesto superior al presupuesto de defensa para el cambio climático?…”

Como se conoce, en la ciudad japonesa de Kyoto, en el año 1997 se firmó el Convenio de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que obligaba a 38 países industrializados a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un determinado porcentaje con relación a las emitidas en 1990. Los países de la Unión Europea se comprometieron al 8%, y entró en vigor en el año 2005, cuando la mayoría de los países firmantes ya lo habían ratificado.  George W. Bush, entonces presidente de Estados Unidos -el mayor emisor de gases de efecto invernadero, responsable de la cuarta parte del total de estos-, había rechazado el convenio desde mediados de 2001.

Los demás miembros de Naciones Unidas siguieron adelante. Los centros de investigación continuaron su tarea. Es evidente ya que una gran catástrofe amenaza nuestra especie. Quizás lo peor sea que el egoísmo ciego de una minoría privilegiada y rica pretenda lanzar el peso de los sacrificios necesarios sobre la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.

Esa contradicción se refleja en Copenhague. Allí miles de personas están defendiendo con gran firmeza sus puntos de vista.

La fuerza pública danesa utiliza métodos brutales para aplastar la resistencia; muchos de los que protestan son arrestados preventivamente. Me comuniqué con nuestro canciller Bruno Rodríguez, que estaba en un acto de solidaridad en la capital de Copenhague, junto a Chávez, Evo, Lazo y otros representantes del ALBA. Le pregunté a quiénes estaba reprimiendo con tanto odio la policía danesa, retorciéndoles los brazos y golpeándolos repetidamente por la espalda. Me respondió que eran ciudadanos daneses y de otras naciones europeas y miembros de los movimientos sociales que demandaban a la Cumbre una solución real ahora para enfrentar el cambio climático. Me dijo, además, que a las 12 de la noche continuarían los debates de la Cumbre. Cuando hablé con él era ya de noche en Dinamarca. La diferencia horaria es de seis horas.

Desde la capital danesa, nuestros compañeros informaron que lo de mañana viernes 18 es peor. A las 10 de la mañana se suspenderá durante dos horas la Cumbre de Naciones Unidas y el Jefe del Gobierno de Dinamarca sostendrá un encuentro con 20 Jefes de Estado invitados por él a discutir con Obama “problemas globales”. Así denominan la reunión cuyo objetivo es imponer un acuerdo sobre el cambio climático.

Aunque en la reunión participarán todas las delegaciones oficiales, sólo podrán opinar “los invitados”. Ni Chávez, ni Evo, por supuesto, se encuentran entre los que pueden emitir su opinión. La idea es que el ilustre Premio Nobel pueda pronunciar su discurso preelaborado, precedido por la decisión que se adoptará en esa reunión de transferir el acuerdo para fines del año próximo en la Ciudad de México. A los movimientos sociales no se les permitirá estar presentes. Después de ese show, en el salón principal del evento proseguirá la “Cumbre” hasta su ingloriosa clausura.

Como la televisión transmitió las imágenes, el mundo pudo contemplar los métodos fascistas empleados en Copenhague contra las personas. Jóvenes en su inmensa mayoría, los manifestantes reprimidos se ganaron la solidaridad de los pueblos.

Para los jefes del imperio, a pesar de sus maniobras y sus cínicas mentiras, está llegando la hora de la verdad. Sus propios aliados creen cada vez menos en ellos. En México, como en Copenhague y en cualquier otro país del mundo, encontrarán la resistencia creciente de los pueblos que no han perdido la esperanza de sobrevivir.

Fidel Castro Ruz
Diciembre 17 de 2009
6 y 46 p.m.
Publicado enInternacional
Miércoles, 09 Diciembre 2009 09:35

El dólar, o lo que venga después

Es habitual que cuando se habla del hambre se tienda a ver como una especie de desgracia, como un desastre colosal, una fatalidad terrible del destino. Quizá sea lo normal cuando está alcanzando una magnitud tan colosal en nuestros días: ¿quién puede atreverse a pensar que detrás de la muerte diaria de 30.000 personas puede haber algo más que eso, cómo creer que alguien puede estar causando semejante atrocidad?

Sin embargo, Jean Ziegler, el anterior relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, que sabía bien de lo que hablaba, expresó muy rotundamente lo que es el hambre: "un crimen organizado contra la humanidad".

Me parece que no es posible llegar a otra conclusión si se conoce lo que hay a su alrededor, cómo funcionan de verdad los mecanismos comerciales y las instituciones y políticas de las que depende que los seres humanos más vulnerables del planeta puedan acceder o no a los recursos con los que pueden alimentarse. Y para conocerlos basta quizá con ir leyendo año a año los informes que van presentando los relatores de las Naciones Unidos, los informes de la FAO, por más que caigan en saco rato también un año detrás de otro.

Los factores que están haciendo que mueran 30.000 personas de hambre cada día, que solo en 2009 el número de hambrientos haya aumentado en 100 millones de personas, no son difíciles de descubrir y entender.

En primer lugar, influye de modo muy determinante la dificultad que tienen millones de personas para acceder a recursos que están a su lado, que deberían ser suyos pero cuyo aceso tienen vedado. De hecho, no puede pensarse que el hambre sea algo que se padece exclusivamente en países radicalmente pobres sino también en los que a pesar de disponer en algún momento o ahora mismo de recursos suficientes no pueden ponerlos al servicio de sus ciudadanos. Unas veces es la tierra, otras el agua y últimamente las semillas, es decir, lo recursos más básicos que poco a poco van acumulando los grandes propietarios o empresas multinacionales.

Los informes de las Naciones Unidas ponen claramente de manifiesto que el reforzamiento de los derechos de propiedad que reclaman, con éxito, los grandes propietarios y empresas, sólo sirve para que éstos aumenten su poder de mercado y para que aumenten los precios de los insumos, lo que aleja a los pequeños campesinos de la posibilidad de garantizar la mínima seguridad alimentaria a sus poblaciones. Y que la extensión continua de los derechos de propiedad a nuevas variedades de semillas está verticalizando la cadena alimentaria, de modo que los pequeños productores cada vez tienen menos autonomía y posibilidades de orientar la producción hacia la satisfacción de las necesifdades de su entorno. Además de fomentar el monocultivo que proporciona altos réditos comerciales pero pocos recursos alimentarios a las poblaciones.

Los informes internacionales también denuncian sin mucho éxito cómo el acceso al crédito, especialmente de las mujeres (que producen más de la mitad de la producción alimentaria mundial, y entre el 80 y el 90% de la de los países más pobres, pero sólo reciben el 10% de la financiación dirigida a la agricultura) se restringe cada vez más, cuando eso se podría resolver con una milésima parte de lo que se ha dedicado a salvar a los bancos que han provocado la crisis financiera.

Las relatorías vienen denunciando desde hace años que la regulación en la que se mueven las grandes compañías multinacionales, por llamarla de algún modo, es extraordinariamente lesiva para el derecho a la alimentación de los seres humanos precisamente porque en ningún caso hacen valer este derecho ante cualquier otro privilegio comercial.

Y de un modo particularmente expreso se ha demostrado que las condiciones en que se desenvuelve el comercio internacional impiden que se pueda satisfacer ese derecho porque está pensado, en el mejor de los casos, para que genere rendimientos a nivel agregado, como ganancias del sistema de comercio en su conjunto, y a largo plazo, pero no en términos de proporcionar ganancias a las personas concretas y en relación con su capacidad efectiva para poder alimentarse. Y también han puesto de relieve que las políticas liberalizadoras están produciendo una mayor concentración de la producción, más monocultuvo y expulsión de los pequeños productores porque para que puedan redundar en un más efectivo derecho a la alimentación sería necesario que se pudiera proteger la producción dedicada a la provisión autóctona y que se garatizara la diversidad. Lo que no se permite a los más pobres y débiles de la cadena de la producción alimentaria, aunque sí a los más ricos.

También es cada vez más evidente que, si bien es verdad que la producción agroalimentaria necesita formas de financiación específica a nivel nacional e internacional, la vinculación hoy día existente entre los canales de financiación y los mercados financieros especulativos solo está sirviendo para alimentar la ingeniería financiera, las burbujas y la inseguridad alimentaria. Basta con entrar las páginas Web de cualquier entidad bancaria o de inversión financiera para comprobar lo habitual que es la oferta de productos de ahorro destinados a rentabilizar la subida de precios de los productos alimenticios que así quedan cada vez más lejos del poder adquisitivo de millones de seres humanos. No nos engañemos: ese dinero mata.

El nuevo relator de las Naciones Unidas, el belga Olivier de Schutter (quien según sus propias palabras solo dispone de un presupuesto para dos a tres misiones internacionales por año, de un asistente en Ginebra que lo apoya administrativa y logísticamente y que no recibe ninguna remuneración añadida a la de su sueldo como profesor en Bélgica), también ha sido bastante claro al poner de relieve el daño que la producción de biocombustibles está produciendo a la hora de disfrutar del derecho básico a alimentarse. En su opinión, la política de Estados Unidos y de la Unión Europea en este campo es "irresponsable" y el despliegue de los biocombustibles "un escándalo que sólo sirve a los intereses de un pequeño grupo de poder".

En sus informes al Secretario General la relatoría viene también manifestando que el problema de fondo que está provocando el hambre en el mundo es que los Estados "no respetan" el derecho a la alimentación, no sólo porque sus políticas no se encauzan por vías que pudieran hacer efectivo su disfrute sino que, para colmo, ni siquiera respetan sus compromisos de ayuda.

En junio de 2007 se celebró una Cumbre mundial sobre la crisis alimenticia en la que los países poderosos se comprometieron (como en tantas otras) a destinar recursos para combatir el hambre. Cuando a finales de 2008 presentaba el Informe Anual de la FAO, su director Jacques Diouf, declaraba que su organismo "no ha visto un dólar de los 11.000 millones que prometieron algunos países al final de dicha cumbre". Y eso en un periodo en el que, como ya he señalado, esos mismos gobiernos dedicaron cientos de miles de millones de euros a salvar a bancos y banqueros irresponsables.

Por eso resulta cada vez más obvio que combatir el hambre es evidentemente un asunto económico, en el sentido de que es preciso que funcionen mecanismos de asignación y provisión que garanticen producción suficiente y una distribución efectiva. Pero también, y sobre todo, que la principal dificultad para ponerlos en marcha es política. La causa del hambre es una distribución muy asimétrica del poder y de las capacidades de decisión y la vía para acabar con esa plaga no puede ser otra que invertir ese equilibrio. En una dimensión que puede parecer más microescópica, así lo señala el último informe de la FAO sobre El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2008 cuando afirma que para acabar con el hambre y la desnutrición infantil hace falta reducir la desigualdad de poder entre hombres y mujeres.

Por extensión, lo necesario a nivel global para combatir el hambre es invertir el equilibrio de poder, reconocer el derecho a la alimentación como plenamente exigible y anteponerlo a cualquier otro y evitar que su disfrute esté constantemente amenzado por una lógica comercial y financiera que, además de injusta, es completamente insostenible.

Por Juan Torres López. Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web: www.juantorreslopez.com
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