La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo

Planificación centralizada y democracia

 

La trayectoria de las luchas populares entre la conquista de la independencia de los pueblos de las Américas (1776-1830) y la consolidación de la democracia en el mundo, tras la II Guerra Mundial, con la descolonización de Asia y África (1976), se ha visto caracterizada por revoluciones y guerras, entre las que destacan las revoluciones de 1848 en Europa, la Guerra de Secesión en Estados Unidos (1861-65), la Comuna de París (1871), la Revolución de 1905 en la Rusia zarista, la I Guerra Mundial (1914-18), la Revolución rusa de octubre de 1917, la Guerra Civil Española (1936-39) y las numerosas revoluciones y guerras internacionales y civiles que componen la llamada II Guerra Mundial (1939-1945). Esta, en realidad, no acabó con la rendición de Japón en 1945, como se habla convencionalmente. Basta recordar los conflictos de agrados por esta guerra mundial y que prosiguieron después de 1945 en China y Vietnam, en Grecia, en Filipinas y en otros países colonizados del Tercer Mundo. Todos estos eventos marcaron con violencia los avances de las luchas por no solo más democracia política sino también por profundas mudanzas sociales y económicas.

Muchas de estas guerras las iniciaron regímenes que procuraban fortalecerse gracias a las glorias bélicas de conquista a países extranjeros, pero acabaron por debilitarse en la medida en que los conflictos se extendían en el tiempo, infligiendo enormes sufrimientos a la masa popular. Revueltas populares ayudaron a derrocar regímenes autoritarios, incluso donde no llegó a haber revueltas, sino solo agitaciones políticas que abrieron camino a grandes avances en las luchas obreras, feministas, de liberación nacional y de afirmación democrática y socialista. Esta larga experiencia histórica forjó en las mentes de muchos socialistas la idea de que sin violencia revolucionaria era imposible vencer las resistencias al avance de las luchas populares.

Este había sido ciertamente el caso de Karl Marx y Friedrich Engels, cuya influencia sobre las luchas populares desde el lanzamiento del Manifiesto del Partido Comunista en 1848, difícilmente puede exagerarse. Ambos son autores del programa revolucionario socialista más inspirado, que a partir de la II Internacional, motivó y orientó un sinnúmero de movimientos y los dotó de una visión de otro sistema socioeconómico, superior en todos los aspectos al capitalismo, siempre supuestamente al borde de su crisis terminal. Marx y Engels heredaron de los socialistas utópicos la idea de que la economía socialista tendría que ser autogestionaria, teniendo como modelo las cooperativas de producción de su época. Esta idea predominó en la I Internacional, habiendo sido compartida por partidarios de Marx y Engels, y de Proudhon y Bakunin. La bandera de la libre unión de los productores como directriz básica de organización de las actividades económicas emergió en la Revolución de 1848, en Francia, y nuevamente en la Comuna de París veintitrés años después.

Marx estudió intensamente la administración capitalista de las empresas guiado por la experiencia empresarial de Engels, que dirigía una fábrica textil de su familia. Marx captó la contradicción entre la anarquía provocada por la competencia entre las empresas en el mercado y la minuciosa racionalidad aplicada en la gestión de la empresa para extraer de ella el máximo de beneficio. Marx y Engels concluyeron que en el socialismo el mercado podría y debería abolirse, y en su lugar el ajuste entre la oferta y la demanda se produciría, mediante una planificación centralizada de toda la economía en su conjunto, análogo a lo que el capitalista realiza en su empresa. Obviamente, esta planificación no perseguiría la maximización del beneficio privado sino el bienestar de los consumidores. Para que la sociedad pueda dar el salto de la economía anárquica del mercado a la economía ordenada por el Estado, es preciso que este se apropie al mismo tiempo de todos los medios de producción; lo cual, exige obviamente la conquista de todo el poder del Estado por parte de una organización revolucionaria y, por tanto, la necesidad de la caída del gobierno existente.


La historia fue cruel con los padres del socialismo científico al hacer que su propuesta acabara siendo aplicada, cerca de 40 años después de formulada, en Rusia. La planificación general de toda la economía, centralizada por el Estado, fue practicada durante cerca de 70 años. El modelo se exportó después de la II Guerra Mundial a numerosos países de Europa, Asia y África, y a Cuba en América. Uno de sus resultados innegables es que el Estado, lejos de perecer, como pensaban Marx y Engels, se hipertrofió. La aspiración democrática se dejó de lado y la vida social se vio sometida a una camisa de fuerza. En palabras de alguien forzado a vivir en un país inmerso en el socialismo real: “Aquí todo lo que no está prohibido es obligatorio”.

El aspecto que aquí nos interesa es que la planificación centralizada es incompatible no solo con la democracia “burguesa” sino también con el socialismo autogestionario, que tanto entusiasmo había despertado a Marx y Engels. Selucky, que analizó esta contradicción con mucha perspicacia, concluyó:

Me gustaría sugerir que el rechazo al mercado es, por definición, incompatible con el concepto de un sistema económico socialista autogestionario. Si el mercado es abolido, la autonomía de las unidades económicas desaparece. Si el mercado es abolido, la relación horizontal (esto es, el intercambio) entre unidades económicas también desaparece. Si el mercado es abolido, la información proveniente de los consumidores (la demanda) o es enteramente cortada o es irrelevante para los productores. De ser así, el plan central es la única fuente proveedora de informaciones relevantes para los productores en la toma de decisiones.

Aunque la autoridad para tomar decisiones esté formalmente garantizada a los órganos autogestionarios, su única fuente de información es el plan central, ya que se ha eliminado el mercado. Cualquier economía sin mercado tiene que ser, por definición, centralizada: dirigida por un plan de comando, controlada por un puñado de planificadores en vez de por los propios trabajadores, basada en la manipulación de los productores por la agencia de planificación (1).

Tras la II Guerra Mundial, cuando el régimen soviético se extendió a numerosos países de Europa Oriental y Central, no tardó mucho tiempo para que los sucesivos levantamientos obreros en Berlín, Hungría, Polonia, y finalmente en la Checoslovaquia entre 1953 y 1968, desenmascarasen el pseudosocialismo. Después de la invasión rusa de Checoslovaquia en 1968, en un intento por reprimir la instauración allí de un socialismo “con rostro humano”, el régimen vigente en la Unión Soviética y sus satélites pasó a ser denominado en el mundo entero “socialismo realmente existente” o abreviadamente “socialismo real”. Numerosos partidos comunistas situados fuera de la Unión Soviética se distanciaron públicamente del socialismo real, mientras que los pocos partidos comunistas que no lo hicieron perdieron la mayor parte de sus electores.

El único país del bloque soviético que intentó construir una economía socialista autogestionaria fue Yugoslavia, mientras la gobernó Tito, entre 1948 y 1980. Las cooperativas estaban bajo la influencia de las autoridades nacionales y también de las comunidades locales. Para que el sistema pudiera funcionar con cierta autenticidad, el partido comunista fue disuelto y sustituido por la Liga de los Comunistas y la represión a las libertades civiles fue considerablemente atenuada. A pesar del mantenimiento del régimen de partido único, los temas económicos y sociales controvertidos se discutían públicamente. Paul Singer, co-autor de este capítulo, estuvo personalmente en el país en 1978 y pudo verificar el contraste entre la total ausencia de libertades políticas en los países que integraban el mundo del “socialismo real” y el régimen yugoslavo.

Lamentablemente, después de la muerte de Tito en 1980, los diferentes países que conformaban Yugoslavia entraron en conflictos étnicos y religiosos violentísimos, que desintegraron la nación y con ella la experiencia de autogestión, que hasta aquel entonces se consideraba única en el mundo.

En realidad, la autogestión obrera no se encontraba en la agenda de la socialdemocracia. En esta predominaban, más bien, los temas reivindicativos de los sindicatos, cuyo cumplimiento produjo el famoso y en su momento consensuado Estado del Bienestar Social. En este, lo que más se acercaba a la autogestión obrera era la reivindicación de los derechos democráticos en el local de trabajo: la creación de comités de empresa, compuestos por representantes elegidos por los empleados, con poder para intervenir en situaciones en las que algún derecho contractual o legal de los empleados se estuviera vulnerando. Cabe notar que estos derechos se conquistaron en diversos países europeos, dando a los representantes elegidos por los trabajadores cierta capacidad de influencia en las decisiones de los empleadores que afectasen directamente a los intereses de sus representados.

 

Autogestión

 

La autogestión volvió a la palestra con la explosión de protestas y manifestaciones de los estudiantes de París que rápidamente se extendieron por Europa, América del Norte y del Sur, en el inolvidable año de 1968. Fue antes que nada un movimiento juvenil, de una generación que estaba siendo educada para actuar en un mundo que no solo desaprobaban sino que los indignaba por las flagrantes injusticias que los poderosos estaban cometiendo, sin que nada se estuviera haciendo para impedirlo.

El radicalismo europeo en 1968 era totalmente internacionalista, inspirado en los movimientos revolucionarios no occidentales o en la rabia contra los Estados Unidos contrarrevolucionarios.

En mayo de 1968, la agitación estudiantil estalló en la Universidad de París, la Sorbona. Los estudiantes entraron en huelga, ocuparon la universidad, y en seguida organizaron manifestaciones en las calles, con la consiguiente represión de la policía, lo que despertó la simpatía de la población hacia los jóvenes. De este modo, las protestas estudiantiles acabaron por contagiar a la clase obrera fabril. En respuesta, el Partido Comunista, que dominaba el sindicato más poderoso, repudió el movimiento estudiantil, denunciando que los estudiantes rebeldes eran enemigos pseudorrevolucionarios de la clase trabajadora. Sin embargo, a medida que los acontecimientos se sucedían, los militantes comunistas inevitablemente se adhirieron a las manifestaciones. Sabedores de que sin ellos ningún desafío real al gobierno iría a producirse, de un modo reluctante, la CGT acordó con las otras centrales sindicales una huelga general de un día para el 13 de mayo, cuando ochocientos mil trabajadores marcharon en un claro apoyo a las acciones de los estudiantes (2).

El ánimo en la protesta pasó de los estudiantes a los obreros. En un fin de semana, la onda expansiva de la huelga se expandió, concentrada en el cinturón rojo de París, Normandía y Lyon. Se vieron afectadas las industrias de automóviles, aviación, ingeniería, carbón, química y construcción naval, además del sector público, con el transporte municipal, ferrovías, gas y electricidad, los correos, servicios sanitarios y la navegación del canal, todos en huelga. También pararon los profesionales técnicos, como los controladores aéreos y el personal de la radio y de la televisión. El 18 de mayo 2 millones estaban en huelga y había 120 fábricas ocupadas. La semana siguiente, el número de huelguistas llegó a algo en torno a los 4 y 6 millones. Al día siguiente ya eran entre 8 y 10 millones (3).

La rebelión estudiantil, probablemente sin quererlo, acabó provocando un inmenso movimiento de protesta social. En las universidades ocupadas, los estudiantes trataron de eliminar jerarquías, democratizar la administración y redefinir los currículos. “Sin embargo, los trabajadores también rearmaron su compromiso. Inspirados por el ejemplo de los estudiantes, su audacia sorprendió no solo a los empresarios y al gobierno, sino también a los sindicatos. En Nantes, la acción en la Sud Aviation consiguió galvanizar la huelga general, que culminó el 27 de mayo con la toma del ayuntamiento por el comité central de los trabajadores, agricultores y estudiantes, expulsando al alcalde y al jefe de la policía (4).

Después de la prolongada resistencia en las fábricas y en las universidades, obreros y estudiantes acabaron teniendo que ceder ante el gobierno, que al final consiguió restaurar el orden. Sin embargo, el movimiento de mayo de 1968 ha dejado un rico legado que aún da frutos. “Animar a la revuelta antiautoritaria fue un ideal de autogestión, adoptado oficialmente como Autogestión por el nuevo Partido Socialista (PS) en 1973-75. Previa a la democratización de la economía, mediante la reivindicación del control de las fábricas por sus trabajadores, de cooperativas autogestionarias y de constitución de los negocios, así como mediante la toma de decisiones participativa, la apertura de los libros, la descentralización de la gerencia y la mejora general de los locales de trabajo” (5). La posición del nuevo Partido Socialista reflejaba los valores del movimiento de mayo del 68, que presentan significativas semejanzas con los del movimiento de la economía solidaria en Brasil y en otras naciones, 35 años después.

El movimiento estudiantil, que tuvo su epicentro en París, y se desparramó por toda Francia en 1968, repercutió en Italia, en Alemania y en otros países de Europa, en los guetos negros de las grandes ciudades de EU, en la masacre estudiantil en Ciudad de México, en el Cordobazo argentino, y en las huelgas y masivas manifestaciones en la calle de los estudiantes en Río y en São Paulo. En 1968, en plena dictadura militar, las universidades brasileñas estaban en huelga a favor de la reforma universitaria, en el fondo protestando contra el golpe que había fulminado la democracia.

En 1973 los trabajadores ocuparon la fábrica Lip, pero dos meses después se vieron forzados por la policía a evacuar el edificio. Aunque, antes de ello, los trabajadores habían requisado piezas de la producción para continuar con la fabricación en talleres clandestinos. El gobierno negoció un plan de reflotamiento de la empresa con los sindicatos e industriales “progresistas”, que después de prolongadas idas y vueltas acabó siendo aprobado por los trabajadores. Sin embargo, las medidas de racionalización no fueron suficientes para garantizar la recuperación deseada y con la recesión en 1975-76 la dirección de la Lip anunció en abril de 1976 la quiebra de la empresa, lo que llevó a los trabajadores a volver a ocuparla con la esperanza de poder contar con la solidaridad de la izquierda francesa y de la clase obrera organizada. Los obreros abrieron las puertas de la Lip a visitas (solo en mayo fueron sesenta mil). Los sindicatos y ellos mismos participaron en reuniones en toda Francia, con la prensa, con representantes del gobierno y con los síndicos de la quiebra, nombrados por el tribunal. Los obreros sobrevivían con el seguro de desempleo y las ganancias por la venta de diversos artículos que producían y vendían a los simpatizantes.

Finalmente, en noviembre de 1976, la asamblea de los trabajadores decidió formar una cooperativa que compraría la Lip a sus accionistas. Por razones ideológicas, este paso tardó 19 meses en darse: se consideraban asalariados en lucha contra los propietarios y la idea no era que ellos mismos se convirtieran en propietarios. Temían que su transformación en cooperados implicara un cambio en su identidad de clase y por tanto en sus relaciones con la clase obrera asalariada del país. Estaban convencidos, no obstante, de que en las elecciones de marzo de 1978 la izquierda saldría victoriosa y que con un gobierno de izquierda una empresa de propiedad de sus trabajadores podría ser un ejemplo para otros ocupantes de fábricas. Y, de hecho, en 1974-75 más de 200 ocupaciones de fábricas en Francia se inspiraron en el ejemplo de la Lip. No obstante, la izquierda fue derrotada en las elecciones, lo que no impidió que los trabajadores presentaran un nuevo plan para asumir la empresa en calidad de cooperativa (6).

En 1980 comenzó otra insurrección por los mismos motivos: aumento de precios. El astillero Lenin fue ocupado por obreros liderados por Lech Walesa. Pero esta vez los trabajadores plantearon una nueva reivindicación: sindicatos independientes. Mientras el gobierno negociaba con los trabajadores en las diferentes regiones, en septiembre se fundó el Sindicato Independiente Autogestionario o Solidaridad Solidarnosc. Al mes siguiente estalló una huelga general y el número de seguidores del Solidarnosc crecía de manera exponencial: 3 millones en septiembre, 8 millones en octubre, llegando a 9,5 millones, esto es, más de tres cuartos de una fuerza de trabajo de 12,5 millones, un año después.

A pesar de ser reprimido por la fuerza, el movimiento de Solidarnosc tuvo una enorme repercusión en otros países, particularmente en los que actuaban los jóvenes estudiantes, comprometidos con movimientos sociales herederos de los valores de 1968. En Brasil, la lucha del Solidarnosc coincidió con la fundación del Partido de los Trabajadores por un amplio frente de agrupaciones de izquierda, de diferentes orientaciones pero con una significativa representación en los nuevos movimientos sociales. Una parcela significativa de los dirigentes estaba compuesta por personas que habían estado exilados en Europa, por tanto, conocedores de las luchas por la autogestión obrera de los países al otro lado de la aún incólume Cortina de hierro.

En Brasil, uno de los que se enfrascaron en el estudio del socialismo autogestionario fue Claudio Nascimento (7). En un testimonio autobiográfico comentaba:


En 1980 había publicado encuadernaciones en tapa blanda y ensayos sobre el movimiento obrero y sindical que había surgido en Polonia, el Solidarnosc. En Francia participé en estudios y acciones de apoyo a los exilados de Solidarnosc, que estaban apoyados por la Cfdt, donde trabajaba. […] Muchas entrevistas y tertulias en bares de la periferia de París con dirigentes obreros e intelectuales polacos […], reuniones con militantes de Lublin, que venían mediante un convenio con la Universidad de Lovaina la Nueva, en Bélgica, me llevaron a escribir sobre esta experiencia de autogestión. Me documenté en Francia sobre el movimiento de autogestión en Polonia, el Solidarnosc, consultando bibliotecas y Centros de Documentación. El trabajo se publicó en Portugal, en la editorial Base-Fut, de Oporto.

De vuelta a Río de Janeiro, me reincorporé al Cedac (Centro de Acción Comunitaria). Con el compañero de la metalurgia Ferreirinha pasé a integrar el Equipo de formación sindical de la Secretaría de Formación del Estado de Río de Janeiro. Desde esta época hasta más o menos 1991 viajé por varios estados, impartiendo cursos sobre “socialismo autogestionario” para grupos de jóvenes, de obreros, estudiantes y militantes de movimientos sociales, ávidos de conocimiento sobre una nueva forma de organización de la sociedad y de autores prácticamente desconocidos por nosotros: Rosa Luxemburgo, el Austro-Marxismo, Pannekoek, Mariátegui y experiencias históricas de autogestión.

El testimonio de Nascimento muestra que el socialismo autogestionario recibió una divulgación sistemática por parte de un número considerable de intelectuales, a partir de por lo menos julio de 1983, cuando el autor vuelve a Brasil. En realidad, esta actividad comenzó antes, según relata en sus declaraciones:

En 1978-79, con el regreso de los amnistiados habíamos fundado diversas ONG para llevar este trabajo a varios estados de la federación: en Río fundamos el Cedac, donde empecé a trabajar. En esta época, ya era asesor de la Pastoral Obrera Nacional (8). Trabajábamos por establecer una oposición sindical en todo el país. Esta intensa actividad me llevó más de una vez a sufrir persecuciones: tras ser seguido durante seis meses, en 1980, entraron en mi piso de Río, con la ola de terrorismo que asoló el país en aquel período […]. Por ello, tuve que salir de Brasil, rumbo a Francia, trabajando durante tres años en un sindicato, la Cfdt. Este tipo de práctica fue en el campo de la formación sindical, pues estábamos a punto de fundar la CUT [Central Única de los Trabajadores] y necesitaríamos personas que supieran cómo organizar la formación en un sindicato (no teníamos esta experiencia en el país debido a la constante represión y prohibición de las centrales sindicales) (9).

La fuerte afinidad de los socialistas cristianos con el socialismo autogestionario o la economía solidaria se manifiesta también en el hecho de que el Complejo Cooperativo de Mondragón, la mayor red de cooperativas del mundo, ha sido fundado por la iniciativa y el liderazgo del padre Arizmendiarreta, un genuino socialista cristiano y discípulo del padre Lebret.

El neoliberalismo surge avasallador desde 1979-80, al mismo tiempo en que la Unión Soviética comienza a librarse de las amarras estalinistas que sofocaron durante casi 70 años cualquier iniciativa democrática de su población. Hay quienes atribuyen la apertura rusa a esta onda neoliberal, hipótesis que no encuentra ninguna corroboración en los hechos. Lo que sorprende en los países capitalistas es la casi total incapacidad de la izquierda de ofrecer resistencia a la ofensiva neoliberal, por la ausencia de alternativas, que no precisaría ser socialista sino apenas democrática, como la que los movimientos juveniles están hoy reivindicando en la periferia europea y en los países árabes. Las prolongadas luchas por la democracia y el socialismo, trabadas por los movimientos obreros y sus intelectuales orgánicos a lo largo de los siglos XIX y XX, prueban que la esencia del socialismo es la democracia sin más adjetivos, aplicada no solo a la política, sino a la economía, a la educación escolar, a la asistencia sanitaria, a la planificación urbana, al cuidado con el medioambiente y a las demás áreas cruciales de la interacción social.

La economía solidaria se concreta con el apoyo de movimientos sociales apoyados por los sectores organizados de la sociedad civil: comunidades eclesiásticas de base, pastorales, sindicatos, movimientos estudiantiles que actúan en “incubadoras” o entidades similares, movimientos de trabajadores rurales sin tierra, recogedores de residuos reciclables, grupos de indígenas y afrodescendientes, mujeres, ex internos de manicomios, sin mencionar la solidaridad entre vecinos que forma parte de la cultura de las clases trabajadoras de baja renta.

La creciente diversidad cultural enriquece la economía solidaria al juntar obreros de empresas recuperadas, que aportan la experiencia reciente de la lucha de clases, con pueblos que cultivan los valores de la economía solidaria en función de sus propias tradiciones, transmitidas de generación en generación desde hace muchos años. Gracias al respeto a los diferentes, la diversidad amplía los horizontes de los comprometidos en la economía solidaria y los capacita para extraer de los avances y retrocesos, de las ganancias y de las pérdidas, las enseñanzas que facilitan la convivencia y activan la inteligencia colectiva para enfrentarse a nuevos desafíos.

Bajo nombres diferentes, la economía solidaria se da en numerosos países de los cinco continentes y gracias a la revolución informática el intercambio de experiencias se ha visto facilitado, lo que posibilita no solo la interacción sino la colaboración efectiva que permite hablar de la globalización de una variedad de alternativas viables al capitalismo neoliberal, que a todos amenaza. El florecimiento de una profusión de economías solidarias o sociales o humanas, o como quiera que se denominen, es la garantía de su viabilidad, pues la vocación de la humanidad no es la uniformidad.

 

Consideraciones finales

 

Quien levanta la bandera de la economía solidaria como la futura “otra economía” alternativa al capitalismo es el propio movimiento de la economía solidaria y los diversos movimientos sociales que en ella participan.

En cuanto a la relación entre el sindicalismo y el cooperativismo, podemos decir que no es contradictoria, muy al contrario, de colaboración mutua, en la medida en que ambos tienen por base social trabajadores combativos. Hay también sindicatos amarillos (agentes patronales) y cooperativas formadas por empresas de la agroindustria. La contradicción es explícita entre los sindicatos y las cooperativas alineados con los oprimidos, y los que se alinean con los opresores.

¿Cuál es el alcance del movimiento de la economía solidaria como crítica al sistema capitalista? y ¿qué propuestas plantea para el avance sobre el sistema económico como un todo? En la actual coyuntura que vive Latinoamérica, el embate del movimiento de la economía solidaria con el sistema capitalista tiene como centro la crisis medioambiental y la lucha por la tierra de campesinos, indígenas y comunidades de descendientes de esclavos. Estos últimos luchan, en general, en defensa de los espacios que ya ocupan y consideran como suyos, y contra los avances de empresas capitalistas, cuando no de racistas frecuentemente criminales.

Hay, un significativo avance de la agroecología, de las finanzas solidarias en forma de cooperativas de crédito y bancos comunitarios y de cooperativas sociales de ex internos de manicomios y de cooperativas de recicladores de residuos sólidos. La economía solidaria tiene un papel significativo en la inclusión productiva urbana.

 

 

* Apartes de “La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo”. Economía social y solidaria en movimiento, José Luis Coraggio (organizador), Ediciones Ungs, 2016.
** Paul Singer. Profesor de la Facultad de Economía. Desde 1996 se dedica a la economía solidaria.
Valmor Schiochet. Máster en Sociología Política. Director de Estudios de Divulgación de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria (Ministerio del Trabajo 2003-07).

1 Selucky, Radoslav (1975). “Marxism and Self Management”. En Vanek, Jaroslav. Self-Management; Economic Liberation of Man. Inglaterra: Penguin Education, Harmondsworth.

2 Ibid.: 401
3 Idem.

4 Idem.
5 Ibid.: 406.
6 Carnoy, Martin y Derek Shearer (1980). Economic Democracy. The Challenge of the 1980s. Inglaterra: Routledge. pp.163-169.

7 Intelectual autodidacta y educador popular, que a partir del 2003 integraría el equipo de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria como coordinador general de Formación.
8 Con Frei Beto, Frei Eliseu, sindicalistas como João Pires Vasconcelos, José Ibrahim e intelectuales como Piragibe Castro Alves.

9 Claudio Nascimento, 2014.

Consulta anticorrupción. Avancemos hacia un modelo integral de vida
[xx

4. Presupuestos públicos con participación de la ciudadanía

¿Aprueba usted establecer la obligación de realizar audiencias públicas para que la ciudadanía y los corporados decidan el desglose y priorización del presupuesto de inversión de la Nación, los departamentos y los municipios, así como en la rendición de cuentas sobre su contratación y ejecución? Sí (  ) No (  )

xx]

 

Toda participación, directa y decisiva del conjunto social sobre aspectos que competan a su vida, inmediata o mediata, es bienvenida, ese es uno de los conductos para salir de la democracia formal y transcender a la directa, radical y plebiscitaria.

 

Aquí la cuestión fundamental es que la participación sea para decidir y no solo para que escuchen la opinión de la ciudadanía, la cual finalmente queda como eso, una opinión. Es decir, llenar auditorios para que diligencien planillas de asistencia, como sucedía con los llamados Presupuestos participativos, sesiones en las cuales la gente decidía pero sobre cuestiones menores (la pavimentación de una calle, la construcción de una cancha para algún deporte, la dotación de una centro de salud de primer nivel y cosas semejantes), y cuando se quería avanzar sobre lo fundamental (el carácter del sistema de transporte de la ciudad, la construcción de un centro de salud de tercer nivel, el manejo de la Empresa de teléfonos de la ciudad –para el caso de Bogotá– o de las Empresas públicas –para el caso de Medellín), la observación era inmediata: “sobre eso no es posible discutir”, claro, mucho menos decidir.

Entonces, en esta ocasión debe avanzarse de la opinión a la decisión, y para que así sea, para que la sociedad sea quien decida, las instancias que tienen la información sobre los asuntos de Estado, sobre cada una de sus ramas, ministerios, departamentos descentralizados, institutos de diversa índole, etcétera, deberán garantizar la entrega de la información pertinente en el tiempo adecuado, de manera que quien decida concurrir a las audiencias que se abran para operativizar lo aquí votado en verdad puedan opinar, proponer y votar con real conocimiento de estos temas.

Conocer las entrañas del Estado es fundamental para poder comprender cómo funciona esta máquina, para visualizar la manera cómo absorbe el producto del trabajo de millones de personas a través de impuestos directos e indirectos, clavando a unos –a quienes menos poder tienen– y exonerando a otros –a quienes controlan las riendas del poder–, destinando finalmente lo recogido, de manera prioritaria, para todo aquello que le conviene a los grupos de poder que lo controlan, entre los cuales no están solamente los grupos nacionales sino también los internacionales.

Bien, pero una cosa es decidir sobre el presupuesto de inversión del país o de las ciudades o departamentos principales que, como es conocido, cuentan con presupuestos dignos de tal nombre, pero otra muy distinta es hacerlo en municipios quebrados, como la mayoría de los más de mil que integran el territorio nacional. En estos, que viven con pequeños tributos locales que no dan más que para garantizar el funcionamiento de una u otra dependencia municipal, así como de los aportes descentralizados provenientes de la Nación, y con los cuales opera la poca o mucha burocracia que integra cada una de estas instancias, poco, muy poco, es lo que la ciudadanía puede debatir, reflexionar, proyectar, orientar, quedando, fácilmente, sometida a un discurso de resignación o de que apruebe el pago de intereses o de los diversos empréstitos que ahogan las arcas respectivas.

En este caso, entonces, la participación sería instrumentalizada para paralizar aún más la inversión con propósito social y garantía de diversos derechos humanos, y priorizar los compromisos con el sector financiero. Toda una instrumentalización de la participación directa de la gente.

Ante esta realidad, ante la evidencia de que los municipios colombianos en su mayoría están quebrados por la ausencia de un modelo integral de vida (para no aludir al mal llamado desarrollo), los movimientos sociales colombianos deben avanzar en la vía de estimular la movilización social para construir tal modelo integral de vida, nacional y con sus particularidades departamentales y municipales, soportado sobre ejes tales como medio ambiente, soberanía alimentaria y económica, integración ciudad-campo, paz justa y derechos humanos –en toda la extensión de la palabra, no solamente vida/muerte–.

En tal perspectiva, estos movimientos sociales están ante la posibilidad de discutir y decidir un conjunto de medidas por tomar con urgencia y por decreto extraordinario en el plano nacional, un plan humano para los de abajo, a partir del cual elevar la autoestima del conjunto social, en su mayoría ajeno a los beneficios de un Estado que llegare a tener rostro humano, medidas urgentes, tales como: trabajo digno, estable y bien remunerado para todos y todas, acceso a techo para todas las familias, servicios públicos para todos y todas, con garantía de mínimos vitales, esto en una primera instancia, para avanzar de manera ininterrumpida hacia el acceso gratuito de todos y todas a los mismos, implementando a la par planes municipales y regionales para el cuidado, protección y recuperación de bosques nativos, reforestación, manejo de cuencas, etcétera, para así garantizar agua para el conjunto nacional, a la par de energía. Acceso a salud, en todos sus niveles, de manera gratuita y universal. El transporte, también, deberá ser de verdad público y colectivo, reorganizando las prioridades existentes en las ciudades para la movilidad, potenciando por esta vía el uso de lo colectivo y desestimulando el uso de los vehículos privados.

En referencia a la planeación nacional, y como avance hacia un Estado dotado de unos ingresos suficientes para poder financiar los gastos derivados de un verdadero Estado garante de los derechos humanos y que procure la felicidad de los suyos, abrir el debate sobre la privatización sufrida de todo aquello que era público y rentable, para reestatizarlo, pero más que ello, para garantizar que pase a ser común.

En fin, la opción que abre este punto de la consulta, que deberá votarse de manera positiva, es amplia, y le permitiría a la sociedad colombiana empezar a transitar el camino de lo formal a lo real. Pero esto depende de los actores sociales, que con visión propositiva y de futuro, con un pie en el presente, tienen que empezar a proponer y actuar.

 

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Publicado enColombia

Vivimos en medio de un modelo social, cultural y económico que prioriza el individualismo, propicia la competencia, el sálvese quien pueda, y donde quienes tienen más siempre buscan sacar ventajas a costa de los demás. ¿Es posible superar esta lógica?

 

“La guerra de clases existe y nosotros los ricos la estamos ganando”, fue la declaración dada por Warren Buffett hace algunos años, frase que indica la conciencia de clase que tienen los más adinerados, la misma que no tienen los asalariados (trabajadores rasos y clase media), que son los que peor están parados en esta lucha asimétrica.

 

En el juego capitalista quienes cuentan con mayor capital tienen mayores efectos multiplicadores en la acumulación de su riqueza, y quienes están privados del acceso a las oportunidades incrementan significativamente su propia exclusión. En un estudio reciente (A Broken Social Elevator?) la Ocde muestra que en los países donde peor distribuyen su riqueza, la dificultad para que una persona de ingresos bajos alcance los ingresos medios de la sociedad es mucho mayor. Mientras que en un país como Dinamarca se requiere de dos generaciones para que esto suceda, en Colombia se requiere de 11.

 

En términos globales, el economista francés Thomas Piketty demostró el incremento desmedido de la desigualdad. Mientras que en 1980 el 16 por ciento del ingreso mundial era acaparado por el 1 por ciento de la población más rica (por ingresos), en 2016 este sector social pasó a concentrar el 22 por ciento de la riqueza mundial1.

 

En el caso de Colombia, el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el ingreso de la clase media (33 millones de personas); y entre 2010 y 2015 la riqueza de este segmento minúsculo de la población logró incrementarse casi en 250 billones de pesos2.


La gran desigualdad manifiesta en Colombia y el mundo urge un cambio. No solo por los problemas sociales que genera (violencia, suicidios, enfermedades mentales, etc) sino porque un pequeño grupo de personas muy poderoso ponen entre dicho la viabilidad de toda la vida humana en el planeta, sometiéndonos, por demás, a una dictadura donde el interés de ellos se muestra como si fuera el interés de las mayorías.



Es un cambio necesario, que de acuerdo con el pensamiento de Nassim Nicholas Taleb, solo puede empezar con la transformación de los principios éticos y morales imperantes. La moral predicada por el Neoliberalismo es falaz: aquello de que todos trabajando con el mejor esfuerzo logramos que la riqueza colectiva, de una u otra forma, genere oportunidades para los más excluidos, es falsa. Sucede más bien todo lo contrario, el asimétrico juego donde unos pocos se enriquecen más y muchos otros son excluidos, produce un escenario en el que unas masas manipulables son sometidas, utilizadas, infrigiéndoles un enorme daño.

 

La moral propuesta por Taleb enseña que debemos tener alto nivel de responsabilidad por las acciones que emprendemos y que tienen afectación (cierta o incierta) sobre el bienestar de otros. La crisis financiera de 2008 es un buen ejemplo. Allí unos pocos especuladores amenazaron la estabilidad económica de una nación generando quiebras, desempleo y, siguiendo el estudio de Angus Deaton (El gran escape), problemas de alcoholismo, depresión y suicidios. La solución planteada por Taleb es que si quienes alimentaron esta gran burbuja especulativa hubiesen tenido una porción importante de capital propio involucrado en sus operaciones, y no como sucedió, que en su mayoría se trataba de recursos de terceros, el antecedente y desenlace de la crisis hubiera sido diferente. A esto él lo llama poner en riesgo su propio pellejo (skin in the game).

 

El principio skin in the game abarca toda la elaboración de política pública y sería el principio que haría más justa la responsabilidad y el beneficio de su implementación. Así, por ejemplo, entre los modelos económicos que buscan asegurar un ahorro para la vejez, juzgado por el rasero de Taleb, estaría mejor ponderado el régimen de prima media que el régimen de ahorro individual. Puesto que si no coexistiesen los dos modelos sino solo el primero, los policy makers al estar involucrados deberían preocuparse por solucionar la informalidad del país y mejorar las condiciones de ingresos de la gran mayoría, ya que de esta depende el funcionamiento del sistema y el hecho que se garantice un ingreso vitalicio para la vejez de todos.

 

En caso que solo funcionase el régimen de ahorro individual el principio skin in the game obligaría a que los administradores privados de estos recursos mantuvieran una porción importante de su patrimonio (40% o más) invertidos en los portafolios en los que está el ahorro que los aportantes están destinando a su vejez. De esta forma los mismos administradores serían justos en el costo de las tarifas de administración, serían moderados en los riesgos asumidos, y buscarían las estrategias y coberturas financieras que mantuvieran al menos el valor real de los recursos administrados más un rendimiento garantizado que diera cuenta del costo de oportunidad mínimo de una inversión en pesos. Pero como no es así, el escenario que se tiene es que a la primera generación de pensionados por este régimen les están devolviendo el ahorro sin poderles garantizar un flujo vitalicio, porque lo ahorrado resulta inferior a lo aportado.

 

En el tema de reforma tributaria es donde más presente está la lucha de clases, porque la pugna por quién recibe la carga tributaria para obtener los ingresos de funcionamiento e inversión de la nación, casi siempre la pierden los grupos de medianos y bajos ingresos frente a los más ricos, porque estos últimos dominan a los policy makers a favor de sus intereses mediante el financiamiento de sus campañas electorales. El principio justo por el que debería guiarse la tributación –si no estuviese expuesta a esta distorsión– es el de la progresividad, esto es, que quien tiene mayor ingreso aporta más.

 

En Colombia este principio nunca se ha aplicado. El Estatuto Tributario tiene varias exenciones que han sido introducidas con la intención de atraer la inversión extranjera para, supuestamente, impulsar el desarrollo económico. Así las cosas tenemos, por ejemplo, que la industria extractiva puede deducir el pago de regalías de los impuestos de renta, dejando de pagar anualmente COP 2 billones. Totalizando los beneficios tributarios, la industria minera y petrolera deja de pagar a la nación, cada año, COP 8 billones. En el caso del sistema financiero la cifra es parecida, con el agravante de que ninguno de estos dos sectores son intensivos en trabajo; en otras palabras, estos sectores generan muy poco empleo.

 

Esta falta de progresividad en el ingreso de la nación es un factor limitante en la progresividad del gasto público social. Un sistema de acceso gratuito y universal a la educación superior en Colombia se estima con un costo de COP 16 billones al año (más o menos la misma cifra que el sector extractivo y financiero dejan de aportarle a la nación). Y esta limitación se traduce, a su vez, en una traba a la movilidad social. Si Colombia el acceso universal a la educación superior, podría desarrollar los talentos y capacidades de los jóvenes sin que importara su capacidad socioeconómica, logrado así un mayor desenvolvimiento individual y colectivo de los mismos.

 

El economista Jacob Mincer mostró que el ingreso de las personas se incrementa más que linealmente en función del número de años de escolaridad. Limitar la escolaridad de las personas, además de limitar la movilidad social, tiene otros varios efectos. Uno es el que no desarrollan criterios y capacidades para entender y tomar acciones frente a los problemas complejos de ser ciudadano e incidir acertadamente en propuestas programáticas que sean progresivas y favorables para romper las trampas de pobreza, favoreciendo de este modo al 1 por ciento más rico que cada vez acapara mayor riqueza. Y otra es que la movilidad social sería favorable para todos (incluyendo al mismo 1% más rico) porque habría mayor demanda de sus productos, logrando así un círculo virtuoso.

 

Contrario a la evidencia, en Colombia impera el principio opuesto al skin in the game. Los conductores en un semáforo no ven la precaución de detenerse antes de alcanzar la luz roja sino que ven la oportunidad de no detenerse sin importar el riesgo que implica esta acción sobre los demás usuarios de las vías públicas. Llamemos a esto oportunidad naranja. Que es aplicada de forma general por toda la sociedad colombiana. Por ejemplo, en las filas para abordar Transmilenio hay personas que quieren llegar primero al bus, sin respetar a quienes intentan ‘civilizar’ un sistema de transporte precario. La oportunidad naranja también resalta cuando las EPS no revelan las operaciones de compra de medicamentos y al regulador no le queda otra opción que construir mecanismos regulatorios con base en la información de precios, que sí son observables en otros países.

 

Sin embargo, hay un tema adicional por entender, la posibilidad de superveniencia de la raza humana está en juego, se necesita de un menor crecimiento que no agote los recursos no renovables y que no vulnere la calidad de vida de las personas con alta carga laboral. Ahora el problema es más profundo, además de aplicar skin in the game debemos pensar en políticas económicas que reduzcan la sobreproducción de bienes materiales y que trasladen la actividad económica hacia el cuidado del otro, que es lo que propone el ambientalista Tim Jackson. Con ésta son urgentes las transformaciones morales que necesita una especie que está llevando su propia vida a la extinción.

 

DA2497 art p7

 

 

1 Ver Informe sobre la desigualdad global 2018 en https://wir2018.wid.world/files/download/wir2018-summary-spanish.pdf
2 Ver La pobreza ahoga a la clase media en https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/29112-la-pobreza-ahoga-a-la-clase-media.html

 

Publicado enEdición Nº249
Consulta anticorrupción: ¿una nueva normatividad vacía?

“en mi opinión, la corrupción no es una enfermedad del capitalismo, sino un síntoma de una enfermedad: el capitalismo”. 

 

José María Tortosa

 

 

Las cifras han hecho de ella un tema diario. También su manipulación por parte del poder de todo tipo. No hay día donde no aparezca alguna noticia que la relacione. Es tal su impacto que ha terminado por traducirse en una realidad posible de ver a diario en cualquier escala de la vida social, y olerse en los pasillos de cualquier institución del Estado, como también en las grandes instituciones-empresas privadas de carácter nacional o internacional.

Es claro, aludimos a la corrupción.

Para enfrentarla, y supuestamente superarla, algunos políticos proponen realizar normas y leyes que hagan entrar en razón –por miedo a las penas– a quienes han hecho de ella vehículo de acumulación individual o grupal, y para que la ética que debe prevalecer en la defensa y cuidado de lo púbico gane el espacio que requiere la defensa y cuidado de lo público.

En tal ruta, el próximo 26 de agosto tendrá lugar en nuestro país un intento para enfrentar este problema a través de las urnas, para que nuestros connacionales aprueben o derogarán siete preguntas que componen la consulta anticorrupción (Ver recuadro). Algunas dudas deja este proceder: ¿la corrupción es un tema únicamente del Estado y específicamente de la rama legislativa? ¿será suficiente con una nueva ley o un nuevo decreto para enfrentar este problema?, o, simplemente ¿se están aplicando paños de agua tibia para afrontar una problemática estructural?

 

Imagen de un sistema social

 

No es nuevo, aunque con el neoliberalismo sí alcanzó niveles hasta antes desconocidos. El tema de la corrupción no es especifico de países periféricos, de “culturas o sociedades corruptas” o “proclives a corromperse”, por el contrario, es un fenómeno que podría decirse hace parte de la globalización y de la financiarización de la economía mundo, con las cuales los bienes públicos –en realidad todo el Estado– se rifan y ponen al servicio de fines privados, los mismos que utilizan diferentes estrategias para negociar, ocultar, silenciar y pasar desapercibidos, generando así una frustración generalizada para quienes intentan denunciar esta práctica*. Al funcionar dentro de esta lógica, ahora sabemos que “La base que alimenta y potencia la corrupción es la oferta y la demanda, es decir, el principio básico del mercado capitalista”1.
Un síntoma planetario que no se detiene con normas y leyes

No es de países “subdesarrollados”. En el 2014 el exprimer ministro de Portugal José Sócrates fue detenido por fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción, de igual manera se sindicaron a los directores de múltiples bancos. En Italia, en el 2015, fue condenado Silvio Berlusconi por sobornar senadores para beneficiarse políticamente. En 2016 los casos estallaron en España, donde 37 empresarios y políticos afines al Partido Popular fueron llevados a juicio que sentenció la relación entre unos y otros para propiciar negocios individuales que también generaban comisiones para su partido. Algunos de ellos fueron condenados en el 2018 a varios años de cárcel.

Tampoco es de países “desarrollados”. En los últimos años diferentes escándalos estallaron en nuestra región, resaltando en todos ellos políticos de primer orden. Es paradigmático el caso de Perú, donde varios expresidentes –Fujimori, García, Humala, Toledo– terminaron vinculados a casos de corrupción hasta el punto de ser capturados y puestos tras las rejas –Pedro Pablo Kuczynski tuvo que renunciar a su cargo en marzo del presente año por corrupto–. De igual manera, están empapelados o presos, Funes en El Salvador, Martinelli en Panamá, Colom en Guatemala, Lula en Brasil; en el ojo del huracán también está Juan Manuel Santos en Colombia, cuyo tesorero durante las campañas presidenciales ha terminado por expiar culpas que no son solo suyas.

Pero tampoco es una problemática que solo afecta a los estados nacionales. Desde el 2016 el caso Odebrecht trasluce la corrupción existente entre empresarios y políticos de diferentes países del mundo –Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela–. Asímismo los famosos Papeles de Panamá, con los cuales queda claro que diferentes políticos empresarios y personalidades de la farándula internacional ocultaban sus fortunas, propiedades y cuentas en los llamados paraísos fiscales, para evadir impuestos. Todo esto sucede bajo la lupa y normatividad de tratados contra la corrupción.

Desde el 2003 las Naciones Unidas aprobaron la Convención contra la corrupción. Antes en 1997 se aprobó la Convención Interamericana contra la corrupción y la Convención para Combatir el Cohecho de Servidores Públicos Extranjeros en Transacciones Comerciales Internacionales, aprobada por la Ocde. Asimismo, hay que tener en cuenta que cada país tiene diferentes normatividades para enfrentar esta práctica, por ejemplo, Colombia cuenta con la Ley 1778 de 2016 y el Estatuto Anticorrupción (Ley 1474/11).

Así las cosas, lo que queda claro es que el problema de la corrupción efectivamente no es un problema de normas o leyes, es un problema estructural que tiene que ver con el funcionamiento económico contemporáneo: el neoliberalismo, que busca a toda costa poner en venta lo público4.

 

La consulta del 26 de agosto

 

A propósito de esta realidad del capital internacional y de sus formas de dominio y control social logradas y cada vez renovadas y profundizadas, en la historia reciente del país nombres como Proceso 8.000, Dragacol, Agro Ingreso Seguros, Reficar, Interbolsa, Avenida 26, Ruta del sol II, Saludcoop, y otros muchas, han tenido su cuarto de hora. Algunos de los empresarios y políticos que los han protagonizado han terminado presos.

De igual manera suenan carruseles: Carrusel de la contratación, Carrusel de las cirugías plásticas. Así como también carteles: Cartel de la toga, Cartel de la paz, Cartel de los abuelos, Cartel de la chatarrización. Como comunidades de la corrupción: Comunidad del anillo. Casos que se investigan y se quedan en el olvido, pues pareciera que Colombia está condenada a la desmemoria.

Cansadas de esto –¿o con intenciones políticas individuales?– la senadora Angélica Lozano y Claudia López –quien para ese momento también desempeñaba igual rango–, impulsaron la consulta anticorrupción, poniendo en la palestra pública el desfalco de los recursos de los colombianos que anualmente –según la Contraloría Nacional– representa casi 50 billones de pesos, los mismos que terminan en los bolsillos de empresarios y políticos de diferentes partidos e ideologías.

La consulta que recogió casi 4’500.000 firmas entre enero y julio del año pasado, fue aprobada por unanimidad en la plenaria del Senado del 5 de junio de 2018. Para su realización en todo el país la Registraduría deberá disponer de $280 mil millones de pesos; para ser aprobada debe participar por lo menos el 30 por ciento del censo electoral vigente –casi 12 millones de connacionales.
Lo curioso de la consulta –que resulta grotesco– es que a ella se integrarán para su aprobación todos los partidos tradicionales del país, y también harán alarde de pulcros los grandes empresarios nacionales –los mismos que han amasado para sus particulares fines los bienes públicos, los mismos que antes era de todos y todas. Como podrá recordarse el hoy Presidente elector Iván Duque firmó en su momento a favor de tal convocatoria y, sin duda, hará de esta causa una bandera que la desnaturalizará.

Este es un riesgo que ahora tiene esta iniciativa política, la cual está obligada a ligarse en la lucha contra el neoliberalismo si de verdad sus impulsoras no quieren terminar por ser útiles al sistema que dicen confrontar.

Esta es una realidad que no puede negarse. La otra es que la misma dificultad de reunir la cantidad de votos que requiere –y el temor de cargar con el peso de una derrota, mucho más cuando falta menos de un año para las elecciones regionales– a terminado por silenciar u ocupar un lugar secundario en esta coyuntura, a diversos líderes de la amplia gama de lo comprendido como izquierda, actuación que amplía el riesgo del resultado final que obtenga la consulta.

 

El movimiento social, corrupción y consulta

 

Resulta extraño que hasta el momento los diferentes sectores progresistas y alternativos no han generado un distanciamiento que los diferencie de los partidos tradicionales que participarán en la consulta, por el contrario han tomado las banderas de votar 7 veces si en la consulta.

De esta manera. el papel de los movimientos sociales y sectores alternativos de nuevo queda embolsado en el marco de la agenda institucional, siguiendo sus coyunturas sin distanciarse y problematizarlas.

Actuando a la sombra del establecimiento, se calla o poco se enfatiza en la relación entre corrupción y la fase actual del sistema capitalista, lo que extiende una nebulosa en el conjunto social sobre el origen, razón de ser y beneficiarios de la corrupción.

 

La corrupción: un problema de democracia

 

Queda claro que todos estos casos de corrupción se presentan principalmente en un modelo “democrático” liberal, donde la participación de la gente simplemente es necesaria para las votaciones parlamentarias o presidenciales. Un modelo político donde la democracia queda enmarcada únicamente a lo político representativo, dejando de lado las discusiones que tienen que ver con lo esencial de la vida diaria, y con la misma toma de decisiones que nos afectan a todos como, por ejemplo, la venta o privatización de bienes públicos estratégicos, lo cual es esencial a la vista de Alberto Acosta, quien dice que “los estados menos proclives a la corrupción son aquellos con mayores niveles de democracia, es decir, con mayor transparencia y participación ciudadana además de una bastante adecuada distribución de la riqueza y el ingreso”5.

Un reto para todo el conjunto nacional que debe trascender lo formal de una consulta, pues más allá de lo formal está una nueva forma de concretar la política, una donde la gente pida cuentas públicas a quienes eligieron, donde los políticos empiecen a entender que su papel es el de servir a los demás y no servirse a sí mismo. Un reto que implica pasar de ser simples ciudadanos –un número en una tarjeta de identidad o cédula, o en el carnet del Sisben– a ser sujetos activos de nuestra vida cotidiana. Un reto donde hombres o mujeres, adultos, jóvenes, viejos, se movilicen por un país donde lo público –lo colectivo– sea sagrado, y donde la democracia gane el carisma de ser el conducto para fortalecer eso mismo que el neoliberalismo se ha esforzado por desprestigiar, hasta llevar a la gente a la total indiferencia, lo público, que en realidad es el camino para hacer efectiva la existencia de vida digna y plena para todos y todas.

 

* La corrupción no es simplemente un tema netamente económico –fiscal, comercial, financiero– es un tema político y social, ampliado a múltiples temas, como: negocios de armas, tráfico de migrantes, turismo sexual, trata de personas, deportes, obras públicas, entre otros.
1 Ver: La corrupción del poder, Le Monde diplomatique edición Colombia, número 163. https://www.desdeabajo.info/colombia/item/32424-la-corrupcion-del-poder.html
2 Tortosa, José María., Corrupción, edición corregida y aumentada. Barcelona, Icaria editorial, s.a. 2013. p. 16.
3 Ibid. p. 54.
4 Ver: Contra la corrupción: Plebiscito más condena social, Le Monde diplomatique edición Colombia, número 179.
5 Tortosa, José María., Corrupción, edición corregida y aumentada. Barcelona, Icaria editorial, s.a. 2013. pp. 9-10.

Artículos consultados

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonso-gomez-mendez/para-que-la-consulta-anticorrupcion-238858 
https://www.elespectador.com/noticias/politica/listo-el-decreto-para-la-consulta-anticorrupcion-articulo-795405 
https://www.las2orillas.co/no-voto-la-consulta-anticorrupcion/ 


Recuadro

 

Las 7 preguntas

 

Pregunta 1. Reducir el salario de congresistas y altos funcionarios del estado
¿Aprueba usted reducir el salario de los congresistas de 40 a 25 Salarios Mínimos Legales Mensuales Vigentes-SMLMV, fijando un tope de 25 SMLMV como máxima remuneración mensual de los congresistas y altos funcionarios del Estado señalados en el artículo 197 de la Constitución Política? SI ( ) NO ( )

Pregunta 2. Cárcel a corruptos y prohibirles volver a contratar con el estado
¿Aprueba usted que las personas condenadas por corrupción y delitos contra la administración pública deban cumplir la totalidad de las penas en la cárcel, sin posibilidades de reclusión especial, y que el Estado unilateralmente pueda dar por terminados los contratos con ellas y con las personas jurídicas de las que hagan parte, sin que haya lugar a indemnización alguna para el contratista ni posibilidad de volver a contratar con el Estado?
SI ( ) NO ( )

Pregunta 3. Contratación transparente obligatoria en todo el país
¿Aprueba usted establecer la obligación a todas las entidades públicas y territoriales de usar pliegos tipo, que reduzcan la manipulación de requisitos habilitantes y ponderables y la contratación a dedo con un número anormalmente bajo de proponentes, en todo tipo de contrato con recursos públicos? SI ( ) NO ( )
Pregunta 4. Presupuestos públicos con participación de la ciudadanía
¿Aprueba usted establecer la obligación de realizar audiencias públicas para que la ciudadanía y los corporados decidan el desglose y priorización del presupuesto de inversión de la Nación, los departamentos y los municipios, así como en la rendición de cuentas sobre su contratación y ejecución? SI ( ) NO( )

Pregunta 5. Congresistas deben rendir cuentas de su asistencia, votación y gestión
¿Aprueba usted obligar a congresistas y demás corporados a rendir cuentas anualmente sobre su asistencia, iniciativas presentadas, votaciones, debates, gestión de intereses particulares o de lobbistas, proyectos, partidas e inversiones públicas que haya gestionado y cargos públicos para los cuales hayan presentado candidatos? SI ( ) NO ( )

Pregunta 6. Hacer públicas las propiedades e ingresos injustificados de políticos elegidos y extinguirles el dominio
¿Aprueba usted obligar a todos los electos mediante voto popular a hacer público a escrutinio de la ciudadanía sus declaraciones de bienes, patrimonio, rentas, pago de impuestos y conflictos de interés, como requisito para posesionarse y ejercer el cargo; incorporando la facultad de iniciar de oficio investigaciones penales y aplicar la extinción de dominio al elegido y a su potencial red de testaferros como su cónyuge, compañero o compañera permanente, a sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad y primero civil, y a sus socios de derecho o de hecho? SI ( ) NO ( )

Pregunta 7. No más atornillados en el poder: máximo 3 períodos en corporaciones públicas
¿Aprueba usted establecer un límite de máximo tres periodos para ser elegido y ejercer en una misma corporación de elección popular como el Senado de la República, la Cámara de Representantes, las Asambleas Departamentales, los Concejos Municipales y las Juntas Administradoras Locales? SI ( ) NO ( )

 

 

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Publicado enColombia
Miércoles, 15 Agosto 2018 07:00

101 eufemismos del glosario neoliberal

101 eufemismos del glosario neoliberal

A

“Ajustado a derecho”: justicia a modo.

Alternancia: marketingelectoral.
Aperturismo: destrucción del mercado interno.
Asimetría: “ley de hierro” de las oligarquías.
Ayuda: limosna.


B. Banco: templo para fieles preferentes.


Banca offshore: cueva de piratas con cuello y corbata.


C. Canasta básica: consumo utópico.
Capital productivo: anacronismo.
Capital financiero: especulación.
Capitalismo moderno: saqueo.
Carenciado: pobre.
Carta Democrática de la OEA: intervencionismo legalizado.
Carta de la ONU: antigualla histórica.
Ciudadano: consumidor.
Competencia: poner precio a lo que no lo tiene.
Comunicación: mercado de la industria informática.
Comunidad internacional: Estados Unidos.
Conflicto de interés: corrupción.
Conflictividad social: lucha de clases.
Contratista en conflictos bélicos: mercenario.
Crecimiento económico: desarrollo excluyente.
Crimen organizado: anarco capitalismo.
Crisis: adrenalina financiera.
Cultura: divertimiento.


D. “Daños colaterales”: masacre de civiles.
Defensa del medio ambiente: chiste de mal gusto.
Democracia moderna: dictadura corporativo-policial.
Derechos sociales: lastre económico.
“Derroche”: repartición justa del ingreso.
Desarrollo sustentable: empobrecimiento sostenido.
Deuda: obligación del pobre, o negociación del rico.
Deuda externa: chantaje financiero.
Diálogo: dar atole.


E. Economía: disciplina seudocientífica.
Economía de mercado: bolchevismo financiero.
Economía emergente: neocolonialismo moderno.
“Eje del mal”: integrado por todos los países, con excepción de Estados Unidos y Tel Aviv.
Empleo: utopía.
Endeudamiento: capacidad para contraer más deuda.
Enriquecimiento ilícito: saqueo de los fondos públicos.
Ética: dignidad negociable.
“Excesos”: tortura.


F. “Fascista”: cualquier líder popular y antimperialista.
Flexibilidad laboral: esclavitud posmoderna.
Fraternidad: sentimentalismo.
Fundamentalismo: aplícase a lo árabe, preferiblemente.


G. Generosidad: arcaísmo.
Gente: pueblo.


H. Hitler: vocablo político multiuso.


I. Inequidad: desigualdad.
Independencia: privilegio del más fuerte.
Información: transmisión de datos descontextualizados.
Inserción en el mundo: cesión de soberanía.
Internauta: alienado voluntario.
Informalidad laboral: desempleo programado.
Inversión: capital especulativo.
Izquierda “moderna”: derecha ambidextra.


L. Liberalismo: impostura ideológica.
Libertad: atole liberal.
Libertad de expresión: arbitrariedad mediática.
Librepensador: derechista vergonzante.
Libre comercio: algo que nunca existió.
Lucha contra la pobreza: vivir del cuento.


M. Maquila: explotación laboral.
Mercado: coto de caza.
Meritocracia: casta de ineptos, con diploma y medalla de oro.
Mesías: dirigente popular que habla con claridad.
Modernización: homogeneización.
Moral: árbol que da moras.


N. Narcotráfico: acumulación primitiva posmoderna.
Naturaleza: nuevo El Dorado.
Niño de la calle: sicario en formación.


O. Oportunidad: zanahoria.


P. País: mercado.
Patria: shopping center.
Pragmatismo: amoralidad.
Pluralismo: simulación.
Pobreza: fatalidad.
Pobreza extrema: indigencia hard.
Pobreza relativa: indigencia light.
Poder Judicial: anacronismo republicano.
Poder Legislativo: espacio para transar en lo oscurito.
Populismo: aplícase a lo políticamente distinto del statu quo.
Posverdad: mentira razonada.
Privatización de la guerra: negocio con rentabilidad garantizada.
Progreso: depredación del medio ambiente.
Prosperidad: crecimiento excluyente.
Proteccionismo: defensa del mercado interno.


R. Realismo: inescrupulosidad.
Régimen: aplícase a cualquier gobierno que no obedezca a Washington.
Relato: tergiversación a modo de la realidad.


S. Sectores sociales: clases sociales.
Seguridad: vigilancia invasiva.
Solidaridad: anacronismo.


T. Trabajo. ocupación económicamente retribuida, si Dios quiere.
Transparencia: opacidad legal.
Terrorismo: recurso natural del capitalismo salvaje.

Terrorismo mundial: miedo programado en Washington y Tel Aviv.


W. Wall Street: templo mayor de la civilización occidental.


Z. Zona de libre comercio: enclave neocolonial.


Observación: el glosario queda abierto. Faltan vocablos que empiecen con las letras J, K, Q, U y V. Propuestas serán bienvenidas.

Publicado enSociedad
El capitalismo, no “la naturaleza humana”, fue lo que acabó con nuestro impulso para enfrentar el cambio climático

Este domingo, la revista del New York Times entera estará dedicada a un solo artículo sobre un único tema: el fracaso a la hora de enfrentar la crisis climática global en la década de 1980, una época en que la ciencia y la política parecían alinearse. Escrito por Nathaniel Rich, esta obra de la historia está llena de revelaciones internas sobre caminos no tomados que, en varias ocasiones, me hicieron maldecir en voz alta. Y para que no quede ninguna duda de que las implicaciones de esas decisiones quedarán grabadas en el tiempo geológico, las palabras de Rich aparecen reforzadas por las fotografías aéreas a toda plana de George Steinmetz, que documentan de forma dolorosa la veloz desintegración de los sistemas planetarios, desde el agua torrencial donde solía haber hielo en Groenlandia, a las floraciones masivas de algas en el tercer lago más grande de China.

El artículo, con una extensión de novela corta, representa el tipo de compromiso de los medios que la crisis climática se ha merecido siempre aunque casi nunca se le ha dedicado. Todos hemos escuchado las diversas excusas de por qué ese pequeño asunto de expoliar nuestro único hogar no se consideraba una noticia urgente: "El cambio climático es cosa de un futuro lejano"; "es inapropiado hablar de política cuando la gente está perdiendo la vida por los huracanes y los incendios"; "los periodistas siguen las noticias, no las crean, y los políticos no hablan del cambio climático"; y, por supuesto: "Cada vez que intentamos hablar del tema, los índices de audiencia se desploman".


Ninguna de estas excusas puede enmascarar el abandono del deber. Los principales medios de comunicación siempre han podido decidir, por sí mismos, que la desestabilización planetaria es una gran noticia, muy probablemente la más relevante de nuestro tiempo. Siempre tuvieron la capacidad de aprovechar las habilidades de sus reporteros y fotógrafos para conectar la ciencia abstracta con los fenómenos climáticos extremos experimentados. Y si lo hicieran de forma consistente, disminuiría la necesidad que de los periodistas se adelanten a los políticos porque cuanto mejor informada esté la gente sobre la amenaza y las soluciones tangibles, más presionarán a sus representantes electos para que se decidan por acciones audaces.


Por eso es tan excitante ver que el Times pone toda la fuerza de su maquinaria editorial al servicio de la obra de Rich, acompañándola de un video promocional, lanzándola con un evento en vivo en el Times Center y acompañándola de material educativo .


Por todo ello es por lo que resulta tan indignante que el artículo se equivoque de forma espectacular en su tesis central.


Según Rich, entre los años de 1979 y 1989, se entendió y aceptó la ciencia básica relativa al cambio climático; la división partidista sobre la cuestión aún no se había producido, las empresas de combustibles fósiles aún no habían iniciado seriamente su campaña de desinformación y había un enorme impulso global para conseguir un acuerdo internacional vinculante y audaz de reducción de emisiones. Al escribir sobre el período clave de finales de los ochenta, Rich dice: "Las condiciones para el éxito no podrían haber sido más favorables".


Y, sin embargo, "nosotros", los seres humanos, lo echamos todo a perder porque al parecer somos demasiado miopes para salvaguardar nuestro futuro. En caso de que no entendamos a quién y a qué hay que culpar por el hecho de que estemos ahora "perdiendo el planeta", la respuesta de Rich se presenta en un recuadro a toda página: "Conocíamos todos los hechos y nada se interponía en nuestro camino. Nada, excepto nosotros mismos".


Sí, Vds. y yo. Según Rich, no eran responsables las compañías de combustibles fósiles que acudían a cada reunión política importante descrita en el artículo. (Imagínense a los ejecutivos del tabaco siendo repetidamente invitados por el gobierno estadounidense para proyectar políticas que prohibieran fumar. Cuando todas esas reuniones no consiguieron resultado sustancial alguno, ¿no deberíamos llegar a la conclusión de que la razón de ello es que los seres humanos sólo queremos morirnos? En cambio, ¿no podríamos llegar a la conclusión de que el sistema político es corrupto y está en quiebra?


Varios científicos e historiadores del clima han señalado esta lectura equivocada desde que la versión online del artículo apareció el miércoles. Otros han comentado sobre las enloquecedoras invocaciones de la "naturaleza humana" y el uso del regio "nosotros" para describir a un grupo muy homogéneo de poderosos actores estadounidenses. A lo largo del relato de Rich, no oímos nada de todos aquellos líderes políticos del Sur Global que exigían una acción vinculante en este período clave y después se preocupaban de algún modo por las generaciones futuras a pesar de ser humanos. Al mismo tiempo, las voces de las mujeres son casi tan raras en el texto de Rich como los avistamientos del pájaro carpintero real en peligro de extinción, y cuando las señoras aparecen, es principalmente como esposas sufridoras de hombres trágicamente heroicos.


Todos estos fallos han sido ya abordados, por eso no voy a discutirlos de nuevo aquí. Me centraré en la principal premisa del artículo: que a finales de la década de 1980 las condiciones no "podían haber sido más favorables" para una acción climática audaz. Bien al contrario, una apenas podría imaginar un momento más inoportuno en la evolución humana para que nuestra especie se encontrara cara a cara con la dura verdad de que las ventajas del moderno capitalismo consumista estaban erosionando rápidamente la habitabilidad del planeta. ¿Por qué? Porque los últimos años ochenta estábamos en el cenit absoluto de la cruzada neoliberal, un momento de suprema ascendencia ideológica para el proyecto económico y social que se propuso vilipendiar deliberadamente la acción colectiva en aras a la liberación del "libre mercado" en los aspectos de la vida. Sin embargo, Rich no menciona esta turbulencia paralela en el pensamiento económico y político.


Cuando ahondé en esta misma historia del cambio climático hace unos años, llegué a la conclusión, al igual que Rich, que el momento clave en que el impulso mundial se estaba forjando en aras a un acuerdo global firme basado en la ciencia se produjo en 1988. Fue cuando James Hansen, entonces director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, testificó ante el Congreso alegando que tenía un "99% de seguridad" en que había una "tendencia real hacia el calentamiento" vinculada con la actividad humana. Más tarde, ese mismo mes, cientos de científicos y políticos celebraron la histórica Conferencia Mundial sobre Cambios en la Atmósfera en Toronto, cuando se discutió sobre los primeros objetivos para la reducción de emisiones. A finales de ese mismo año, en noviembre de 1988, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, la principal entidad científica para asesorar a los gobiernos sobre la amenaza climática, celebraba su primera sesión.


Pero el cambio climático no sólo preocupaba a políticos y expertos, había pasado a formar parte de las conversaciones cotidianas y charlas de café, a tal nivel que cuando los editores de la revista Time anunciaron en 1988 su "Hombre del Año", optaron por cambiarlo por el "Planeta del Año: La Tierra en Peligro". La portada mostraba una imagen del mundo sostenido con un cordel, con el sol poniéndose al fondo de forma inquietante. "Ningún individuo en particular, ningún acontecimiento, ningún movimiento logró capturar la imaginación ni dominó más los titulares", explicaba el periodista Thomas Sancton, "que el grupo de rocas y suelo y agua y aire que es nuestro hogar común".


(Curiosamente, a diferencia de Rich, Sancton no culpaba a la "naturaleza humana" del pillaje planetario. Siguió profundizando en el uso indebido del concepto judeocristiano de "dominio" sobre la naturaleza y en el hecho de que suplantó la idea precristiana de que "la Tierra era considerada como madre, como donante fértil de vida. La naturaleza -el suelo, el bosque, el mar- estaba investida de divinidad y los mortales estaban subordinados a ella.)


Cuando examiné las noticias climáticas de este período, parecía que podría lograrse realmente un cambio profundo. Pero después, de forma trágica, todo se desvaneció, con Estados Unidos largándose de las negociaciones internacionales y el resto del mundo conformándose con acuerdos no vinculantes que dependían de "mecanismos de mercado" sospechosos, como la comercialización y compensaciones de bonos del carbono. Por tanto, merece realmente la pena preguntar, como lo hace Rich: ¿Qué demonios sucedió? ¿Qué fue lo que interrumpió la urgencia y la determinación que emanaban de todos estos establishment elitistas de forma simultánea al final de los años ochenta?


Rich concluye, aunque sin ofrecer ninguna prueba social o científica, que algo llamado "naturaleza humana" se puso a dar patadas y lo estropeó todo. "Los seres humanos", escribe, "ya sea en organizaciones globales, democracias, industrias, partidos políticos o como individuos, son incapaces de sacrificar las ventajas presentes para evitar el desastre impuesto a las generaciones futuras". Parece que estamos programados para "obsesionarnos con el presente, preocuparnos por el medio plazo y eliminar de nuestra mente el término a largo plazo, aunque acabemos envenenados por ello".


Al examinar el mismo período, llegué a una conclusión muy diferente: que lo que al principio parecía ser nuestro mejor intento para salvar la vida de la acción climática había sufrido, en retrospectiva, un caso épico de mal momento histórico. Porque lo que queda claro cuando se mira hacia atrás en esta coyuntura es que justo cuando los gobiernos se estaban uniendo para actuar seriamente a fin de controlar el sector de los combustibles fósiles, la revolución neoliberal global se convirtió en supernova y ese proyecto de reingeniería económica y social chocó a cada paso con los imperativos tanto de la ciencia del clima como de la regulación corporativa.


El hecho de no hacer siquiera una referencia pasajera a esta otra tendencia global que estaba desarrollándose en los últimos años ochenta representa un gran punto ciego incomprensible en el artículo de Rich. Después de todo, el principal beneficio de volver como periodista a un período en un pasado no muy lejano es que puedes ver tendencias y pautas que aún no resultaban visibles para las personas que vivieron esos tumultuosos acontecimientos en tiempo real. Por ejemplo, en 1988, la comunidad del clima no tenía manera de saber que estaban en la cúspide de la convulsa revolución neoliberal que transformaría todas las economías principales del planeta.


Pero nosotros sí lo sabemos. Y una cosa que queda muy clara cuando se mira hacia atrás, en los finales ochenta, es que desde ofrecer "condiciones para el éxito que no podrían haber sido más favorables", 1988-89 fue el peor momento posible para que la humanidad decidiera que iba a tomarse en serie el hecho de poner la salud planetaria por delante de los beneficios.


Recuerden qué otras cosas estaban pasando. En 1988, Canadá y Estados Unidos firmaron su acuerdo de libre comercio, un prototipo del NAFTA (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y de los innumerables acuerdos que lo seguirían. El muro de Berlín estaba a punto de caer, un acontecimiento que los ideólogos de la derecha aprovecharían con éxito en EE. UU. como prueba del "fin de la historia", tomándolo como licencia para exportar la receta Reagan-Thatcher de privatización, desregulación y austeridad a todos los rincones del mundo.


Fue esta convergencia de tendencias históricas -la aparición de una arquitectura global que se suponía iba a abordar el cambio climático y el afianzamiento de una arquitectura global mucho más poderosa que iba a liberar el capital de cualquier restricción- lo que hizo descarrilar el impulso que Rich identifica correctamente. Porque, como señala repetidamente, enfrentar el desafío del cambio climático hubiera requerido imponer rígidas regulaciones a los contaminadores, a la vez que invertir en la esfera pública para transformar la forma en que impulsamos nuestras vidas, vivimos en las ciudades y nos movemos.


Todo esto fue posible en los años 80 y 90 (todavía lo es hoy), pero habría exigido una batalla frontal contra el proyecto del neoliberalismo, que en ese momento estaba librando una guerra contra la idea misma de la esfera pública ("La sociedad no existe", nos dijo Thatcher). Mientras tanto, los acuerdos de libre comercio que se firmaron en este período estaban desarrollando muchas iniciativas climáticas sensatas, como subvencionar y ofrecer un trato preferencial a la industria verde local y rechazar muchos proyectos contaminantes como la fractura hidráulica y los oleoductos, que son ilegales en virtud del derecho comercial internacional.


Sobre esta colisión entre el capitalismo y el planeta escribí un libro de 500 páginas, y no quiero entrar de nuevo en los detalles aquí. Sin embargo, este extracto se introduce en el tema con cierta profundidad, por lo que citaré aquí un breve fragmento:


No hemos hecho lo necesario para reducir las emisiones porque eso entra fundamentalmente en conflicto con el capitalismo desregulado, la ideología reinante durante todo el período en el que hemos estado luchando para encontrar una salida a esta crisis. Estamos atrapados porque las acciones que nos darían la mejor oportunidad para evitar una catástrofe -que beneficiarían a la gran mayoría- son extremadamente amenazadoras para una élite minoritaria que tiene un dominio absoluto sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación. Ese problema podría no haber sido insuperable si se hubiera presentado en otro momento de nuestra historia. Pero es nuestra gran desgracia colectiva que la comunidad científica hiciera su decisivo diagnóstico sobre la amenaza climática en el preciso momento en que esas élites disfrutaban de un poder político, cultural e intelectual más ilimitado que en cualquier momento desde la década de 1920. De hecho, los gobiernos y los científicos habían empezado a hablar seriamente sobre los recortes radicales a las emisiones de gases de efecto invernadero en 1988, el año exacto que marcó el comienzo de lo que se llamó "globalización".


¿Por qué es importante que Rich no mencione este choque y, en cambio, afirme que nuestro destino ha sido sellado por la "naturaleza humana"? Es importante porque si la fuerza que interrumpió el impulso hacia la acción somos "nosotros mismos", entonces el titular fatalista en la portada de la revista New York Times Magazine "Perdiendo la Tierra" es realmente merecido. Si la incapacidad de sacrificarnos a corto plazo por una dosis de salud y seguridad en el futuro se cuece en nuestro ADN colectivo, entonces no tenemos ninguna esperanza de cambiar las cosas a tiempo para evitar un calentamiento verdaderamente catastrófico.


Por otra parte, si nosotros, los seres humanos, estuvimos realmente a punto de salvarnos en los años 80, pero nos vimos inundados por una oleada de fanatismos por parte de la élite del libre mercado, a la que se oponían millones de personas en todo el mundo, entonces ahí hay algo bastante concreto que podemos hacer al respecto. Podemos enfrentar ese orden económico y tratar de reemplazarlo con algo que esté enraizado en la seguridad humana y planetaria, esa que no coloca la búsqueda del crecimiento y el beneficio a toda costa en su centro.


Y la buena noticia -y sí, hay alguna- es que hoy, a diferencia de 1989, un movimiento joven y en crecimiento de socialistas democráticos verdes está avanzando precisamente con esa visión en EE. UU. Y eso representa algo más que sólo una alternativa electoral: es nuestra única línea de vida planetaria.


Sin embargo, tenemos que tener claro que la línea de vida que necesitamos no es algo que haya sido probado antes, al menos no en la escala requerida. Cuando el Times tuiteó su tráiler del artículo de Rich sobre "la incapacidad de la humanidad para enfrentar la catástrofe del cambio climático", la excelente ala de ecojusticia de los Socialistas Democráticos de América ofreció velozmente estacorrección : "*CAPITALISMO* Si fueran serios a la hora de investigar qué ha ido tan mal, deberían centrarse en la ‘incapacidad del capitalismo para abordar la catástrofe del cambio climático’. Por encima del capitalismo, *la humanidad* es totalmente capaz de organizar sociedades que prosperen dentro de límites ecológicos".


Su punto de vista es bueno, pero está incompleto. No hay nada esencial sobre los seres humanos que viven bajo el capitalismo; los humanos somos capaces de organizarnos en todo tipo de órdenes sociales diferentes, incluidas las sociedades con horizontes de tiempo mucho más largos y con mucho más respeto por los sistemas de apoyo a la vida natural. De hecho, los humanos han vivido de esa manera durante la gran mayoría de nuestra historia y muchas culturas indígenas mantienen vivas hasta el día de hoy las cosmologías centradas en la tierra. El capitalismo es un breve incidente en la historia colectiva de nuestra especie.


Pero culpar simplemente al capitalismo no es suficiente. Es absolutamente cierto que el impulso hacia el crecimiento y las ganancias sin fin se oponen rotundamente al imperativo de una transición rápida en el abandono de los combustibles fósiles. Es absolutamente cierto que el desencadenante global de la forma desatada de capitalismo conocida como neoliberalismo en los años 80 y 90, ha sido el mayor contribuyente al desastroso pico de las emisiones globales en las últimas décadas, así como el mayor obstáculo para la acción climática basada en la ciencia desde que los gobiernos comenzaron a reunirse para hablar (y hablar y hablar) sobre la reducción de emisiones. Y sigue siendo el mayor obstáculo hoy en día, incluso en países que se promocionan como líderes climáticos, como Canadá y Francia.


Pero tenemos que ser honestos y reconocer que el socialismo industrial autocrático ha sido también un desastre para el medioambiente, como lo demuestra radicalmente el hecho de que las emisiones de carbono descendieron brevemente cuando las economías de la antigua Unión Soviética se colapsaron a principios de los años noventa. Y como escribí en "Esto lo cambia todo", el petropopulismo venezolano ha continuado con esta tradición tóxica hasta nuestros días, con resultados desastrosos.


Reconozcamos este hecho al tiempo que señalamos que los países con una fuerte tradición socialista democrática, como Dinamarca, Suecia y Uruguay, tienen algunas de las políticas ambientales más visionarias del mundo. De esto podemos concluir que el socialismo no es necesariamente ecológico, pero que una nueva forma de ecosocialismo democrático, con la humildad de aprender de las enseñanzas indígenas sobre los deberes para con las generaciones futuras y la interconexión de toda la vida, parece ser la mejor oportunidad que tiene la humanidad para la supervivencia colectiva.


Estas son las apuestas del aluvión de candidatos políticos que están promoviendo una visión democrático ecosocialista, conectando los puntos entre los expolios económicos causados por décadas de ascendencia neoliberal y el devastado estado de nuestro mundo natural. Inspirados en parte por la carrera presidencial de Bernie Sanders, candidatos de diversos tipos, como Alexandria Ocasio-Cortez en Nueva York, Kaniela Ing en Hawai y muchos más, se presentan en plataformas que piden un "Nuevo acuerdo ecológico" que satisfaga las necesidades materiales básicas de todos, ofrezca soluciones reales a las desigualdades raciales y de género, al tiempo que catalice una transición rápida al cien por cien de energía renovable. Muchos, como la candidata a gobernadora de Nueva York, Cynthia Nixon, y el candidato a fiscal general de Nueva York, Zephyr Teachout, se han comprometido a no aceptar dinero de las compañías de combustibles fósiles y, en cambio, estánprometiendo procesarlas.


Estos candidatos, se identifiquen o no como socialistas demócratas, rechazan el centrismo neoliberal del establishment del Partido Demócrata, con sus tibias "soluciones basadas en el mercado" para la crisis ecológica, así como la guerra total de Donald Trump contra la naturaleza. También están presentando una alternativa concreta ante los socialistas extractivistas antidemocráticos del pasado y del presente. Y quizá lo más importante, esta nueva generación de líderes no está interesada en convertir a la "humanidad" en chivo expiatorio de la avaricia y corrupción de una élite minúscula. Busca en cambio ayudar a la humanidad, en particular a sus innumerables miembros sistemáticamente desconocidos, a encontrar su voz y poder colectivos para poder enfrentarse a esa élite.


No estamos perdiendo la Tierra, pero esta se está calentando de forma tan veloz que está inmersa en una trayectoria en la que muchos de nosotros vamos a perdernos. Justo a tiempo, está apareciendo un nuevo camino político hacia la seguridad. No es el momento de lamentar nuestras décadas perdidas. Es hora ya de salir del infierno por ese camino.

Naomi Klein, periodista e investigadora canadiense de gran influencia en el movimiento antiglobalización y el socialismo democrático. Entre sus libros publicados figuran: No Logo, Vallas y Ventanas, Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima. Su nuevo libro es: Decir no, no basta: Contra las nuevas políticas del shock, por el mundo que queremos.


The Intercept

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Fuente: https://theintercept.com/2018/08/03/climate-change-new-york-times-magazine/

 

Publicado enMedio Ambiente
"No soy fatalista": Naomi Klein habla sobre Puerto Rico, la austeridad y la izquierda

El libro más reciente de Naomi Klein, La Batalla por el Paraíso: Puerto Rico y el Capitalismo del Desastre, analiza los esfuerzos de recuperación tras el huracán María. Es la primera vez que la reconocida periodista y escritora estudia el caso de Puerto Rico, basándose en un viaje que realizó a principios de año. Klein conversó con el periodista de the Guardian Oliver Laughland sobre su libro y sobre el futuro de la isla.

Estuve en Puerto Rico poco después del huracán María y me resultó un trabajo especialmente fuerte. Me recordó a cuando tuve que cubrir la crisis del agua en Flint, Michigan, y observé una población entera sin infraestructura, abandonada por el gobierno. ¿Qué impacto personal tuvo en usted el haber visitado la isla?

Cuando estuve en Puerto Rico, conocí gente de Detroit, Michigan, que estaban allí para dar charlas sobre gestión de emergencias y el impacto en las escuelas. También había personas de Nueva Orleans, que compartían información sobre lo que sucedió en el sistema educativo luego del huracán Katrina. Eso me pareció conmovedor y diferente: que este tipo de intercambios de base, de una comunidad a la otra, estuvieran sucediendo tan pronto tras el desastre.

Donde existen comunidades mayoritariamente de color, cualquier crisis económica o desastre natural se convierte en un pretexto para desarmar cualquier intención de autogobierno, de democracia, e imponer medidas de austeridad. Los llamados "programas de ajuste estructural" a menudo se llevan a cabo justo después de un desastre natural, para aprovecharse del estado de emergencia de la gente. La realidad es que es muy difícil promover la participación política cuando la gente tiene que hacer una fila de tres horas para conseguir agua y alimentos. Mantenerse con vida se convierte en un trabajo de tiempo completo. Es una táctica política increíblemente cínica, y aún así la gente se las arregla para resistirla, incluso bajo estas circunstancias tan extremas.

Lo que realmente me conmovió en Puerto Rico fue ver la capacidad de organización en circunstancias casi imposibles, y creo que eso habla de la profunda historia de resistencia a la colonización que tiene la isla, y la infraestructura activista que ya existía antes de María, en términos de resistencia a lo que los puertorriqueños llaman 'La Junta', el consejo de control fiscal.

Yo no sabía que el movimiento antiausteridad en Puerto Rico había alcanzado su punto máximo justo unos meses antes de María. Las Festividades de los Mayos del año pasado fueron la segunda manifestación más masiva de Puerto Rico, siendo la mayor las protestas contra la base de la Marina estadounidense en Vieques.

Fueron capaces de reconstruir esa infraestructura, no sólo de resistir, sino de unirse y decir: "¿Qué es lo que queremos?" Y yo eso no lo había visto nunca. He visto resistencia ante un impacto. "Basta. No pagaremos por vuestra crisis", si piensas en los movimientos masivos en las plazas en el sur de Europa.

Pero creo que nunca antes había visto lo que vi en Puerto Rico, que es gente reuniéndose en comunidades como Mariana, sin agua, sin electricidad, para soñar juntos y decir: "Vale. Por supuesto que no queremos que cierren nuestras escuelas, y no queremos que se venda nuestro tendido eléctrico, y no queremos más austeridad, pero también sabemos que diciendo solamente 'No', no llegaremos donde queremos llegar, y las cosas como están son inaceptables. Entonces, ¿cómo debería ser nuestro sistema eléctrico, en un mundo ideal? ¿Cómo podríamos transformar nuestro sistema alimentario? ¿Cómo deberíamos transformar nuestro sistema educativo?" Esto es lo que me pareció más emocionante.

La Batalla por el Paraíso trata muchos temas que usted ha analizado en escritos anteriores –capitalismo del desastre, las batallas contra el neocolonialismo y la discriminación arraigada–, por eso me pregunto si ésta es la primera vez que pensó en Puerto Rico en el contexto de un trabajo más amplio.

Cuando publiqué La Doctrina del Shock, comencé a recibir invitaciones para visitar Puerto Rico y críticas de puertorriqueños por no haber hablado de la isla en mi libro. El año en que se publicó el libro, 2007, fue un año crucial para Puerto Rico.

En 2006, los puertorriqueños experimentaron un shock extremo cuando caducaron las tasas impositivas que se les habían ofrecido a empresas estadounidenses para construir fábricas en Puerto Rico. Ése fue el comienzo de la actual crisis de deuda. Así que ya estaban con muchos problemas, cuando encima llegó la crisis financiera mundial, haciendo tambalear la economía de Puerto Rico. Y eso se convirtió en el pretexto para poner en práctica severas medidas de austeridad. Peor que en Grecia, peor de lo que se llevó a cabo en el sur de Europa.

Pero no, no había visitado Puerto Rico. Estaba gestionando las cosas para ir, y luego supe de un grupo de académicos de la Universidad de Puerto Rico, que formaron una organización llamada PAReS, que me invitaron más o menos un mes después del paso de María, diciéndome: "Tienes que venir".

 

Una de las imágenes más recordadas de los días posteriores al paso del huracán es la de Donald Trump visitando San Juan y lanzando rollos de papel a una multitud de gente mientras se paralizaban los esfuerzos de recuperación en la isla. Fue un momento que enfureció a mucha gente. ¿Qué cree usted que dice esa imagen sobre la respuesta del actual gobierno ante el desastre?

Creo que toda la respuesta de este gobierno ha expresado una indiferencia total hacia la vida de los puertorriqueños, incluido aquel momento en que el presidente lanzó rollos de papel, pero también el show que montó con el gobernador Ricardo Rosselló sobre lo afortunados que fueron los puertorriqueños porque supuestamente casi no había muerto gente.

En ese momento, creo que el número oficial de fallecidos era de 16. El día siguiente eran 64, lo cual es significativo, porque Rosselló fue completamente cómplice del gobierno de Trump en el encubrimiento del número oficial de muertos al detener activamente el conteo de fallecidos.

Creo que, más que el momento en que lanzó rollos de papel, el momento que mejor lo define fue cuando durante esa visita dijo: "Qué afortunados sois. Esto no ha sido como Katrina". Y ahora sabemos, gracias a un estudio reciente de Harvard que se publicó en el New England Journal of Medicine, que el número de muertos probablemente ascendió a 5.000 o más. Creo que toda la respuesta del gobierno fue insultante y un encubrimiento.

 

Por supuesto que es difícil hablar de forma contrafáctica, pero me pregunto, dada la larga historia de explotación de la isla, si usted piensa que un gobierno demócrata hubiera actuado de otra forma.

Es una buena pregunta, pero no sé si puedo responderla. Sí pienso que el enchufismo en muchos contratos parece ser peor durante gobiernos republicanos. Algunos de estos contratos fueron entregados como si fueran huchas para contratistas con conexiones políticas aunque no tuvieran ninguna experiencia o fueran increíblemente ineptos.

Esto ya lo hemos visto en Irak, o en Nueva Orleans tras el huracán Katrina. Pero fue Obama quien aprobó la Ley Promesa. Fue Obama quien firmó las designaciones de los siete miembros de La Junta. Está muy pero muy claro que la mayor causa de muerte no fue el impacto inicial de la tormenta, sino el colapso de la infraestructura, y el colapso no hubiera sucedido sin más de una década de asfixiante austeridad económica. No se puede culpar sólo a Trump por eso. Es una culpa absolutamente compartida con los demócratas y con Obama.

 

Estamos muy cerca de las elecciones de mitad de legislatura y cientos de miles de puertorriqueños están abandonando la isla para asentarse en Estados Unidos, la mayoría elige Florida, un estado clave políticamente. ¿Usted cree que el tratamiento de Puerto Rico tendrá peso en este ciclo electoral?

Ciertamente, eso espero. Los republicanos han hecho enfadar a mucha gente de Florida, porque además allí vive una comunidad muy grande de haitianos y el gobierno de Trump les ha quitado el estatus de "inmigrantes temporalmente protegidos" a decenas de miles de haitianos. Eso no sólo afecta a esas personas, que de todas formas no tienen derecho a votar porque no son ciudadanos estadounidenses, sino que son parte de redes, son parte de comunidades y muchos haitianos sí votan.

Muchos puertorriqueños que ya viven en Florida ahora están recibiendo a familiares que, si están registrados, podrán votar, y creo que ellos también están muy enfadados. Es una situación muy ventajosa para los que quieren despoblar parcialmente a la isla y les da oportunidades para apropiarse de tierras para desarrollos turísticos, pero sí que cambia la demográfica electoral de una forma significativa, en un estado clave como Florida que puede definir elecciones. Así que creo que esto puede derivar en repercusiones políticas importantes.

 

En este momento, la dicotomía central en Puerto Rico es entre un movimiento de base que busca una forma de recuperación radical e innovadora y el gobierno actual, con su agenda de austeridad y privatizaciones. Como le dijo a usted Manuel Laboy Rivera, secretario de comercio puertorriqueño, las decisiones políticas que se tomen durante el próximo año determinarán el futuro de la isla durante los próximos 50 años. ¿Qué lado de la dicotomía cree usted que "ganará"? ¿Tiene esperanzas en lo que pueda suceder en el futuro?

Tengo esperanzas en una nueva formación política en Puerto Rico representada por JunteGente, una coalición que surgió tras María y que está generando reuniones por todo el archipiélago para presentar una plataforma que sea realmente popular y coherente.

Creo que la alcaldesa Carmen Yulín Cruz es una importante voz política en Puerto Rico, que de muchas formas está recogiendo estas voces y enfrentándose a las fuerzas que quieren privatizar la isla. Pero es realmente muy difícil.

Mercedes Martínez, directora de la Federación de Maestros de Puerto Rico, dice: "Los capitalistas nunca duermen". Ella dice mucho esa frase, porque cuando los sindicatos o los grupos progresistas logran alguna victoria, deben volver a pelear las mismas batallas una y otra vez. Los sindicatos han ganado varias veces y han logrado detener varios intentos de cerrar las mismas escuelas, pero la lucha no se detiene nunca.

No suelo definirme como una optimista, pero tampoco soy fatalista. No soy fatalista porque veo que los movimientos populares están aprendiendo de otros movimientos e intentando ver cómo pueden hacer mejor las cosas, y evolucionar, y convertirse en nuevas formaciones políticas, y meterse en la política electoral. En Puerto Rico veo esto a un nivel que no lo he visto en ninguna otra situación post desastre.

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Martes, 07 Agosto 2018 08:47

Consumismo: adicción a la infelicidad

Consumismo: adicción a la infelicidad

El sistema económico necesita ciudadanos adictos al consumo, que aunque tienen cada vez más cosas, siguen comprando más y más cada día. Y es que la adicción a la compra no es un problema de algunas personas, sino un problema que tiene nuestra sociedad.

Los psicólogos que, en los albores de lo que hoy conocemos como sociedad de consumo, analizaban los cambios que se estaban produciendo, eran optimistas: los avances tecnológicos y la industrialización permitirían fabricar cada vez más bienes, en menos tiempo y con menos trabajo humano. Pronto todos los ciudadanos dispondrían de lo que necesitaban e incluso de adelantos que harían más cómoda su vida ordinaria: lavadora, frigorífico, etc. Cuando esto sucediera, la curva de consumo, acelerada al principio, se estabilizaría. El consumismo inicial se moderaría y, las personas dispondrían de mucho tiempo libre, en una sociedad que progresaría hacía el bienestar. En esa nueva sociedad, los ciudadanos tendrían oportunidad de buscar su auténtica realización personal a través de la cultura, las relaciones humanas, y aquellas actividades que les resultarán gratificantes.

Vista la situación de la sociedad actual, estas profecías nos parecen tan optimistas como ingenuas. Sin embargo, si lo pensamos bien, esa hubiera sido la evolución socioeconómica más lógica, ¿Quién podía pensar que los ciudadanos, que cada vez tenían más cosas, siguieran comprando más y más cada día?, ¿Cómo se podía prever que la curva del consumo subiera de forma exponencial, sin encontrar ningún punto de moderación, aunque fuera a costa de destruir en pocos años todos los recursos del planeta?

El punto clave para entender la evolución de la sociedad de consumo, es que quienes controlan el sistema económico –como ha quedado claro en la reciente crisis– no están interesados en el bienestar psicológico de los ciudadanos, ni en su realización personal. Lo que desea es mantener el mercado en constante expansión, de forma que no dejen de aumentar las ventas de las empresas y, por lo tanto, sus beneficios. Esto es lo que ha supuesto pasar de una “economía de producción” a una “economía de consumo” en la que el reto de las empresas no es producir, sino vender. El marketing y la publicidad son las piezas claves del mantenimiento de este sistema, puesto que son las encargadas de mantener a los consumidores permanentemente estimulados para incorporar a sus vidas todos los productos y servicios que se les ofrece.

Como acertadamente señalaba Maslow y otros psicólogos humanistas, a medida que las personas tienen cubierta sus necesidades básicas, buscan la motivación en otras metas más elevadas, como tener relaciones sociales gratificantes y el desarrollo de sus capacidades; esto es, en la búsqueda de la autorrealización y la felicidad. Para cambiar esta tendencia natural de las personas, y continuar manteniéndoles en su papel pasivo de consumidores, la publicidad y el marketing se ha esforzado en transformar sus valores e ideas, tendiéndole un engaño de profundas y negativas consecuencias: convencerles de que la compra es el medio para encontrar esa felicidad que buscan.

Sin duda esta manipulación esconde el mayor de los absurdos: tratar de utilizar la compra para superar el hastío y la insatisfacción que produce la sociedad de consumo. Los consumidores que –consciente o inconscientemente– se dan cuenta cada día de que su vida no es la que les gustaría, necesitan seguir comprando, aunque no necesiten lo que compran. En eso consiste la adicción a la compra: una dependencia hacia un comportamiento que no da ni felicidad ni placer, pero que se sigue realizando como si lo diera. Como dice Gilles Lipovetsky en su libro: La felicidad paradójica: “las sociedades consumistas se emparientan con un sistema de estímulos infinitos, de necesidades que intensifican la decepción y la frustración, cuando más resuenan las invitaciones de felicidad al alcance de la mano. La sociedad que más ostensiblemente festeja la felicidad es aquella en la que más falta…aquella en que las insatisfacciones crecen más deprisa que las ofertas de felicidad. Se consume más, pero se vive menos; cuanto más se desatan los apetitos de compras más aumentan las insatisfacciones individuales”.

El sistema económico necesita ciudadanos adictos al consumo, y se ha esforzado en crearlos y mantenerlos así, aunque el precio haya sido destruir la esperanza de una sociedad más humana y un desarrollo personal más pleno para todos. Por tanto, la adicción a la compra no es un problema de algunas personas sino un problema que tiene toda nuestra sociedad.

Debemos luchar por un desarrollo económico sostenible, pero también por nuestro propio bienestar y por nuestra propia realización personal. En el siglo V a.C., Tucídices decía a los atenienses: “Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje”. Es lo que debemos tener los consumidores para encontrar nuestra felicidad: coraje para ser libres y para no dejarnos arrastra por las estrategias de manipulación consumistas. No podemos aceptar sin crítica los valores que interesadamente tratan de imponernos, ni resignarnos al papel de simples consumidores manipulables e insaciables que nos han asignado. Debemos lograr un nuevo modelo de consumo que aumente nuestro bienestar, sin destruir el medioambiente ni los valores humanos y sociales más positivos.

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Carta Magna de la transformación en Cuba

“Cuba pasará a ser un Estado socialista de derecho”, un concepto novedoso. En materia económica, se incorporan otras definiciones de propiedad diferentes a la estatal. El presidente no podrá superar dos mandatos consecutivos.

Cuba se dará para sí una nueva constitución a más tardar en noviembre. Con sus propios tiempos, bajo la reafirmación del modelo socialista, pero con reformas añadidas que cambiarán bastante lo conocido hasta ahora. En materia económica, la incorporación de otras definiciones de propiedad diferentes a la estatal. La ratificación política de que el presidente no podrá superar dos mandatos consecutivos de cinco años cada uno. O en la ampliación de derechos civiles, la incorporación del matrimonio entre personas de un mismo sexo. En los hechos, las dos primeras situaciones ya se están dando. Pero la isla se rige por una carta magna de 1976 que el gobierno necesitaba actualizar. El proyecto ya se venía estudiando desde 2013 y ahora será bajado a una consulta popular para su discusión. La ley máxima del Estado pasará de 137 artículos a 224. Solo quedarán 11 vigentes de los que rigen desde hace 42 años, se modificarán 113 y se eliminarán 13.


El 22 de julio, el presidente Miguel Díaz Canel definía ante la Asamblea del Poder Popular que la reforma será “profunda” porque la constitución debía “actualizarse para que la institucionalidad se fortalezca y con ella el modelo económico y social”. Los medios extranjeros en general pusieron el foco en que se suprimirá el concepto de “comunismo” de la ley. Interpretaron que, con los cambios, Cuba renunciaría a desarrollar esa fase superior del socialismo. La respuesta a esa inferencia es una sola: “el papel rector del Partido Comunista” como lo establecerá la carta magna –y como Granma hizo trascender – no se modificará. Una síntesis de lo debatido en la Asamblea y que no tiene status de documento oficial, menciona que “el proyecto reafirma el carácter socialista de nuestro sistema político, económico y social”.


La fecha para la consulta popular que deberá realizarse entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre falta confirmarse. Es el requisito previo para que después el texto vuelva a la Asamblea y eventualmente se agreguen, quiten o modifiquen artículos. Cumplido este paso, la reforma volverá al poder legislativo para su análisis final.


Cuba confirmó su cronograma de cambios en un momento donde recrudece la injerencia de Estados Unidos en América Latina. El dato es insoslayable, aunque no debería computarse como una debilidad política. La isla fue sede del último Foro de San Pablo, la caja de resonancia de un antimperialismo que también crece. Y en los cambios propuestos ahora a su máxima ley – mucho más profundos que los concretados en 1978, 1992 y 2002 – la Asamblea estudió varias constituciones, pero sobre todo las de Venezuela, Bolivia y Ecuador en el continente o las de Vietnam y China en el resto del mundo.


También se tomaron en cuenta los antecedentes locales de 1940 y 1959, el año de la Revolución. Cuba atravesó el siglo XIX con varias constituciones mambisas. La primera intervención de Estados Unidos interrumpió la vigencia de la votada en 1897. Apenas duró un año. Incluso en 1901 el gobierno de la isla incorporó la enmienda Platt a su carta magna bajo presión de EE.UU. Esta le permitía intervenir a la potencia vecina “para la conservación de la independencia cubana”. De eso ya no se habla porque parecería prehistórico. Pero condicionó las décadas posteriores y todavía conserva un símbolo muy fuerte: la base ilegal de Guantánamo ocupada desde 1898, cuando Estados Unidos le declaró la guerra a España e invadió Cuba.


El proyecto de constitución cerró una tarea de cinco años que comenzó Raúl Castro cuando creó un grupo de trabajo, allá por 2013. No es un texto coyuntural. Articula cambios en vías de consolidación que no aparecían en la ley, como las nuevas formas de propiedad privada y el reconocimiento del papel del mercado. “Cuba pasará a ser un estado socialista de derecho”, un concepto novedoso. Pero a lo que aspira su presidente Díaz Canel, es que después de la consulta popular se fortalezca “la unidad de los cubanos en torno a la Revolución” como afirmó el 22 de julio en el Palacio de las Convenciones. Dos meses antes, en el mismo escenario, había sido votado presidente para suceder a Raúl Castro.

Cuando intervino ante la Asamblea, el secretario del Consejo de Estado Homero Acosta se preguntó: “¿Ha cambiado el modelo socialista cubano? No ha cambiado en sus principios. Los conceptos fundamentales de nuestro socialismo están ahí… El papel del partido Comunista, de la economía estatal, de la propiedad socialista siguen incólumes. Pero sí se necesita hacer una transformación”.


La nueva constitución –señaló el sitio Cubadebate– “al definir los diferentes tipos de propiedad que pueden coexistir en la economía (socialista de todo el pueblo; cooperativa, mixta; de las organizaciones políticas, de masas y sociales; privada y personal), reconoce que pueden existir otras, así como que el Estado va a estimular aquellas de carácter más social”. La nueva constitución generó coincidencias desusadas en Cuba y en el exterior sobre la incorporación de derechos civiles. La principal fue sobre el matrimonio igualitario ya que el texto dejará de decir “entre un hombre y una mujer” y señalará “entre dos personas”.


La constitución renovada modificará también a las autoridades provinciales. Dejarán de existir las asambleas del Poder Popular y se establecerá el cargo de gobernador y un consejo a ese nivel del Estado. En materia de política exterior, Cuba ratificará los principios con que se rigió hasta hoy e incorporará otros: entre los nuevos, la multipolaridad en las relaciones entre los Estados, más la protección y conservación del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Y mantendrá su habitual “condena al imperialismo, al fascismo, al colonialismo o neocolonialismo en cualquiera de sus manifestaciones”.


La salud pública como un derecho de todas las personas y la educación gratuita “desde prescolar hasta la enseñanza universitaria de pregrado” continuarán como hasta ahora bajo el programa de economía planificada del estado socialista cubano. Díaz Canel no podrá seguir en el gobierno más allá de 2028 y quien lo suceda deberá cumplir un requisito que señalará la constitución: no podrá superar los sesenta años.


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2017 registró el mayor incremento de milmillonarios de la historia

El PIB global sumó 80,6 billones de dólares en 2017, según el Banco Mundial. Mientras, la deuda global de los estados, empresas y hogares de todo el mundo ascendió, en el primer trimestre de 2018, a 247,2 billones de dólares, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), lo que representa ya el 318% del PIB mundial. ¿Qué peso tiene la globalización financiera y cómo ha evolucionado? El informe de 2017 del Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea y que opera como “un banco central para los bancos centrales”, señala que la apertura financiera se aceleró desde mediados de la década de los 90 en las economías del Norte. Así, los activos y pasivos financieros exteriores “se han disparado” desde el 36% del PIB global en 1960 hasta cerca del 400% (293 billones de dólares) en 2015. El BPI, del que forman parte 60 bancos centrales, resalta que en Estados Unidos las multinacionales participan en más del 90% de las operaciones comerciales, de las que más de la mitad se realizan entre entidades vinculadas a una misma transnacional. La citada fuente reconoce que la proporción de la renta que concentra el 1% de las principales fortunas ha “aumentado significativamente” desde la mitad de los años 80 del siglo pasado.

“Todo sigue igual en el casino financiero global”, sostiene el movimiento ciudadano internacional ATTAC, surgido en 1998 en Francia y un año y medio después en el estado español. ATTAC ha publicado en castellano (mayo de 2018), francés, inglés y alemán el libro “10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas”, coordinado por Dominique Plihon, miembro del movimiento en Francia; Myriam Vander Stichele, en Países Bajos y Peter Wahl, en Alemania. El texto de 127 páginas ha sido presentado en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València por la economista feminista Carmen Castro, y por el profesor de Sociología en la Universitat de València, Ernest García, miembros del Consejo Científico de ATTAC.


El ensayo ahonda, desde una perspectiva crítica, en el impacto de las finanzas. En el mercado de divisas (el mayor del mundo) el volumen de negocio diario –más de 5,3 billones de dólares- equivale aproximadamente a cinco veces el PIB anual de España. Sin embargo, “menos del 3% de estas transacciones sirven a la economía real, es decir, al comercio y la inversión”, apunta el libro redactado por Isabelle Bourboulon, de ATTAC Francia. Es la misma estrategia con la que actúan los bancos, también embarcados en la “financiarización”, que dedican una proporción cada vez menor –entre el 30% y el 40% de sus balances en la UE- a los sectores productivo, hipotecas y depósitos bancarios.


El ensayo también resalta el poder actual de los lobbies. De hecho, los investigadores del Observatorio Europeo de las Corporaciones (CEO) han revelado que en Bruselas trabajan cerca de 25.000 lobbistas y grandes grupos de presión como la European Chemical Industry Council (CEFIC), de la industria química; o EUROCHAMBRES, que representa a 43 asociaciones nacionales del comercio e industria y otras dos transnacionales. El 17 de julio la UE y Japón firmaron en Tokio un Tratado de Libre Comercio “ambicioso” e “histórico”, que las instituciones comunitarias celebraron por las ventajas para las empresas europeas, exportadoras de bienes y servicios al país asiático por valor de 86.000 millones de euros anuales. Sin embargo, el CEO ha denunciado que, para alcanzar los acuerdos, entre enero de 2014 y enero de 2017 la Comisión Europea mantuvo 213 reuniones a puerta cerrada con los lobbistas; de estos encuentros, 190 –el 89%- se produjeron con lobbies de las corporaciones, mientras que 9 (4%) tuvieron como interlocutores a ONG, sindicatos de agricultores o grupos de consumidores.


La mezcolanza de intereses señalada por ATTAC remite a políticos como Durao Barroso, exprimer ministro de Portugal (2002-2004) y expresidente de la Comisión Europea (2004-2014); en julio de 2016 Durao Barroso fichó por Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión responsables hace una década de la crisis de las hipotecas “subprime”. Y lo hizo conservando una pensión pública de 18.000 euros mensuales por su anterior cargo en la Comisión. El Observatorio Europeo de las Corporaciones reveló asimismo que Durao (ya presidente no ejecutivo de la subsidiaria de Goldman Sachs en Londres) y el actual vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, se reunieron en octubre de 2017 en un hotel de Bruselas para tratar sobre “asuntos de comercio y defensa”.


Otro presidente que –junto al líder portugués y José María Aznar- apoyó la invasión militar de Iraq en 2003, liderada por George W. Bush y que según la organización estadounidense Just Foreign Policy causó 1,4 millones de muertos hasta 2010, fue Tony Blair. El político laborista encadenó una década como primer ministro del Reino Unido con su contratación como asesor, en 2008, del grupo Zurich Financial Services y también de JPMorgan Chase, banco sancionado en 2013 por el Gobierno de Obama con una multa de 13.000 millones de dólares por malas prácticas hipotecarias. Respecto al actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, “es un antiguo banquero de inversiones (por su pasado en la banca Rotchild) que da su apoyo masivo a la industria financiera francesa para permitirle aprovechar la exclusión de la City del mercado europeo tras el Brexit”, critica el libro de ATTAC.


Otro punto que trata el texto es del fraude y la evasión fiscal. El Índice de Secreto Financiero que cada dos años publica Tax Justice Network (TJN) está encabezado en 2018 por Suiza, país al que siguen Estados Unidos, Islas Caimán, Hong Kong, Singapur, Luxemburgo y Alemania. La red independiente calcula entre 21 billones y 32 billones de dólares la riqueza privada que en todo el mundo está sin gravar, sometida una imposición reducida o en zonas con secreto bancario. “Los Países Bajos son el país por el que transitan los mayores flujos de capital no gravado hacia los paraísos fiscales, después de Estados Unidos”, subraya ATTAC. En 2013 la Comisión Europea cifró en un billón de euros anuales los recursos que la UE dejaba de ingresar por la evasión fiscal, cantidad equivalente a la inversión sanitaria de los 28 países de la Unión en 2008.


Una de las entidades financieras citadas en el texto, por su relación con la comercialización de hipotecas “basura”, es el Deutsche Bank, cuyo balance arrojó pérdidas en el periodo 2015-2017. Las agencias de prensa informaron que el principal banco de Alemania llegó, en diciembre de 2016, a un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense para el pago de 7.200 millones de dólares por multas y reclamaciones civiles, derivadas de la emisión de valores y “titulización” de hipotecas “tóxicas” entre 2005 y 2007. La cifra propuesta unos meses antes era la de 14.000 millones de dólares. Asimismo se enfrentaron a multas sociedades como Goldman Sachs, Bank of America y Citigroup. Pero el libro comienza con la recesión de 2008 y sus efectos. Un año después el FMI estimó en 4,1 billones de dólares las pérdidas que, por la caída del valor de los activos, generaría la crisis en los países del Norte; y señalaba que la banca resultaría la principal afectada. Sin embargo, en 2009 JPMorgan Chase afirmó que duplicaba sus beneficios, que alcanzaron los 11.728 millones de dólares. Goldman Sachs también demostró su fortaleza: en el tercer trimestre de 2009 declaró un beneficio neto de 3.030 millones de dólares, frente a los 845 millones de dólares registrados entre enero y marzo de 2008.


La contrapartida puede advertirse en las informaciones de la agencia estadounidense RealtyTrac, especializada en el mercado inmobiliario. En 2008, más de 2,3 millones de casas recibieron notificaciones de venta en subasta o fueron embargadas por las entidades prestamistas en Estados Unidos, un 81% más que en 2007, resalta el informe recogido por el portal Idealista.com. A mayor escala, ATTAC subraya las desigualdades del modelo apoyándose en economistas como Thomas Piketty o Samuel Zucman (“Informe sobre la desigualdad global” de 2018); afirman que, en Estados Unidos y Europa Occidental, la participación del 1% de mayor ingreso era en 1980 cercana al 10% del Ingreso Nacional, pero que mientras en Europa Occidental aumentó al 12% en 2016, en Estados Unidos escaló el mismo año hasta el 20%. Por el contrario, la participación del 50% de menores ingresos de Estados Unidos en el Ingreso Nacional pasó del 20% en 1980 al 13% en 2016. Otro sustento para la crítica a las desigualdades es el informe de Oxfam “Premiar el trabajo, no la riqueza” (enero de 2018). Sostiene que en 2017 se produjo el mayor incremento en el número de milmillonarios de la historia, al ritmo de uno cada dos días; el número de patrimonios superiores a los mil millones de dólares asciende a 2.043; además, el 82% del crecimiento de la riqueza mundial durante 2017 se concentró en el 1% más rico. “A la mitad más pobre de la población mundial no le ha llegado nada de ese incremento”, concluye el documento de la ONG.

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