Sábado, 31 Enero 2009 10:40

Turbulencias en la 'Bolsa del poder'

No hay una bolsa internacional del poder. Pero si alguna institución consigue aproximarse a un mercado donde se cotiza el valor de los Gobiernos, las corporaciones e incluso las personalidades, ésta es la reunión anual del Foro Económico Mundial. Estar en Davos es existir, aunque a veces sea a través del desplante o de la presencia rebajada al mínimo, como ha sido este año el caso de la nueva Administración norteamericana. Pero todavía es más importante hablar y actuar en los paneles de Davos, construir una buena agenda de contactos y amistades en las comidas y cenas restringidas, o monopolizar la entera atención de la cumbre de los ricos con una actuación excepcional, unas declaraciones o un acuerdo que abra telediarios o manche las primeras páginas de la prensa de todo el mundo.

Este año, los organizadores insisten en que es la reunión con mayor y mejor asistencia de toda su historia. Pero esta cuarentena larga de primeros ministros y jefes de Estado que han acudido al encuentro y el número creciente de inscritos no esconde la dura realidad. Las ideas que han dado las mayores horas de gloria del foro están hechas trizas, tal como pudo comprobarse en el juego intelectual de uno de los encuentros, donde se fabricó una lista de conceptos que pasarían al basurero de la historia: el capitalismo financiero, la mano invisible de Adam Smith, los mercados desregulados, el dominio occidental del mundo del que tanto se beneficia Davos o los sindicatos franceses se situaron en lo más alto de las preferencias. Es visible la deserción del mundo de las finanzas, ocupado en otras cosas; a veces, en reunirse con los abogados para defenderse ante las demandas. Quienes han cobrado bonus como directivos de grandes empresas tampoco se han acercado este año por estas montañas.

Como en un efecto dominó, el derrumbe de los mercados financieros se ha traducido en inestabilidad e inseguridad de la propia Bolsa donde se cotizan y ha permitido que el foro alternativo, reunido en su novena convocatoria en Belém, volviera a rivalizar con la reunión del capitalismo global.

La asistencia a Davos se ha visto mermada también por este flanco, convirtiéndose en una debilitada presencia del entero continente americano: en Belém están cinco presidentes (Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay); en Davos sólo hay dos (Colombia y México), y falta el más significativo de todos, Barack Obama, que sólo ha mandado a su consejera especial Valerie Jarrett. No significa que América no cotice, sino que es el propio foro el que ha perdido puntos en América entera.

El continente euroasiático, en cambio, tiene una presencia abultada y visible. Y Asia especialmente. Desde la mirada oriental, ésta es la cumbre del resto, el conjunto de países que aspiran a jugar en el tablero mundial después del derrumbe de la idea de una única superpotencia. Pero buena parte de la agresividad exhibida en los últimos meses de la presidencia de Bush por este nuevo mundo multipolar ha desaparecido ahora con la llegada de Obama. Vladímir Putin estuvo algo más suave que de costumbre. También Wen Jiabao. E incluso el ministro de Exteriores iraní, Manouchehr Mottaki, suavizó las exigencias iniciales de su presidente Mahmud Ahmadineyad a Estados Unidos como condición para emprender una negociación bilateral: el ministro se limitó a pedir hechos que acompañen a las palabras de Obama, mientras que el presidente quiere que Washington se arrodille y pida perdón por sus pecados. Los iraníes llegaron a Davos con las valvas cerradas como un molusco atacado, y no es poco mérito que hayan empezado a relajarse un poco en estas alturas.

Uno de los países con mayor juego en Davos ha sido siempre Turquía, pero su presencia al máximo nivel está ahora amenazada tras el virulento incidente entre Tayyip Recep Erdogan y Simon Peres. En este caso, la presencia de ambos mandatarios en la bolsa del poder presiona a la baja. Turquía e Israel no salen muy bien libradas de este encontronazo a propósito de Gaza, aunque las opiniones públicas nacionales aprecien los gestos de defensa del honor y la valentía de cada uno. El percance es menor para el Gobierno turco, que tiene una gran capacidad de negociación en toda la región y es un buen intermediario prácticamente en todas las direcciones. Pero es un síntoma de cómo cotiza Israel después de la acción devastadora de 23 días sobre Gaza y su población. En mínimos históricos. Por cierto, nadie tiene noticia de cómo cotiza aquí el poder político español. No está. Ni este año ni prácticamente nunca.

LLUÍS BASSETS (ENVIADO ESPECIAL) - Davos - 31/01/2009
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El capitalismo no puede funcionar si no se basa en valores compartidos y justicia", advirtió el ex primer ministro británico Tony Blair durante la segunda jornada del encuentro, que finalizará el domingo.

Blair dijo que "el sistema financiero falló". El ex premier insistió en que el sistema de libre empresa sigue siendo vital, pero pidió una "globalización basada en valores", según señaló un cable de la agencia DPA.

Por el lado empresario, Indra Nooyi, jefe del fabricante de bebidas y aperitivos Pepsico, mantuvo un discurso similar al afirmar que "el capitalismo es bueno" y lamentó que "la noción de ganancias fuertes se impusiera a la moralidad y la ética".

Durante un diálogo con el fundador del foro, Klaus Schwab, el ex presidente estadounidense Bill Clinton se remontó a los orígenes de la crisis y la atribuyó a la política fiscal y de gasto público seguida por la administración de George W. Bush.

"La casa está ahora en llamas y necesitamos apagarlas lo más rápido posible", señaló el ex mandatario, que aprovechó la ocasión para transmitir su apoyo al nuevo presidente, Barack Obama.

En respuesta a las advertencias contra el proteccionismo vertidas por Vladimir Putin, durante la inauguración del foro este miércoles, Clinton se mostró "satisfecho de oír al primer ministro ruso salir en defensa de la libre empresa".

En tanto, el presidente israelí, Shimon Peres, impulsó una ideología que "cree riqueza" en lugar de propagarla. El líder laborista pidió además avances en educación y en ciencias, incluyendo la investigación de energías alternativas.

Desde el sector financiero, Stephen Green, del banco HSBC, asumió similar postura al afirmar que "ninguna serie de reglas podrá imponer el buen comportamiento": "Sin valores en las compañías, la regulación no hará el trabajo por nosotros", añadió.

A pesar de esa coincidencia en la necesidad de un cambio, los participantes advirtieron contra el proteccionismo en el comercio e insistieron en que las nuevas regulaciones "no deben frustrar el emprendimiento, la innovación", según James Schiro, de Zurich Financial Services.
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De una forma u otra, los 120.000 activistas llegados de todo el mundo al Foro Social Mundial (FSM) que se celebra en la ciudad brasileña de Belém son de izquierdas. De todas las izquierdas: antiguas y modernas. Unas izquierdas sin horizontes en las que se dan cita viejos leninistas, nuevos ecologistas, anarquistas con banderas negras, curas progresistas e incluso asociaciones de prostitutas. Muchas izquierdas con una sola pregunta: ¿qué hacer con el capitalismo? Y una novedad: por primera vez, ninguna de esas izquierdas ha quemado banderas estadounidenses, como ocurría en ediciones anteriores a este encuentro, concebido como alternativa al Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). El que ahora se desarrolla en Belém, que en años previos parecía agonizar víctima de la euforia neoliberal de un mundo cada vez más rico, ha resucitado con fuerza gracias a la crisis financiera mundial, que ha cambiado el reparto de la baraja.

Sin embargo, aunque la pregunta sobre el futuro del capitalismo es el denominador común de los debates y conferencias del foro, no existe consenso acerca de cómo o con qué sustituirlo.

En las discusiones se perfilan dos tendencias: por un lado, la de quienes quieren sustituir el capitalimo por otro sistema económico, sin especificar cuál. Algunos, como el Movimiento de los Sin Tierra (MST), abogan por una vuelta al socialismo. ¿Pero qué socialismo? Eso ya es más difícil de definir, a pesar de que varios expertos, como el sociólogo francés Ignácio Ramonet, pidió que el FSM emprenda batallas comunes con los Gobiernos de ruptura con el capitalismo, como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

"Mercado socialmente responsable"

La segunda tendencia, más moderada, es la defendida por uno de los creadores del foro, Oded Grajew, quien propone como alternativa al sistema que se ha roto lo que califica de "capitalismo socialmente responsable". En vez de mercado libre, pide un "mercado socialmente responsable, con una democracia más participativa". No rechaza la existencia de empresas privadas, pero siempre, puntualiza, "que sean controladas socialmente".

Junto a la pregunta de qué hacer con el capitalismo, otro interrogante suena con fuerza en el foro de Belém: ¿dónde tenían los Gobiernos del mundo esos miles de millones de dólares que ahora se sacan de la manga para salvar el sistema financiero y de los que carecían cuando se trataba de invertir en educación o sanidad?

Si desde su primera edición, en 2001, el foro social se presentó como contrapunto al de Davos, este año el antagonismo no puede ser más evidente y puntual.

El Partido de los Trabajadores (PT), que gobierna en Brasil y al que el foro acusa de haber renunciado a sus raíces de izquierda, ha movilizado a 3.000 militantes para preparar un clima favorable a la llegada del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, que este año ha preferido asistir al encuentro de Belém en lugar de al de Davos. Según alguno de sus asesores, parece que el presidente arremeterá con fuerza contra el capitalismo y contra los que han originado la crisis financiera internacional.

No ha sido aún confirmada la participación de Lula en el debate previsto entre los Sin Tierra y los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez; Bolivia, Evo Morales, y Paraguay, Fernando Lugo. El MST, al parecer, no ha invitado a Lula, con quien mantiene numerosas diferencias.

Por, Juan Arias
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Sábado, 27 Diciembre 2008 08:54

De la “U” a la “Z”

La mayoría de las interpretaciones sobre el colapso financiero que se inició en octubre insisten, de una u otra manera, en verlo como la parálisis de un sistema que a mediano o a largo plazo se habrá de recuperar para seguir funcionando grosso modo como lo había hecho hasta hace poco. ¿Qué tan largo es hoy el “largo plazo”? Cuando en los años 30 los socialistas solían decir que “a largo plazo el capitalismo estaba prácticamente muerto”, Keynes les respondía que a “largo plazo” todos estaríamos muertos. Es curioso que el argumento haya cambiado de bando. Al parecer, cada vez que una doctrina social o económica recurre a la indecibilidad del tiempo para justificarse, hay algo que anda mal en ella, que la hace vulnerable frente a las circunstancias.

Existen varias predicciones sobre lo que podría pasar. El escenario “U”: el descenso se inició desde 2007 y la recuperación tardará dos o tres años. El escenario “V”: la caída de las bolsas fue tan abrupta como lo será, debido precisamente a las quiebras, la reanimación. El escenario “L”: tal como sucedió a la economía japonesa en los años 90, se trata de una recesión a la que se ingresó sin aviso previo y que se prolongará durante una década o más.

Todas o casi todas estas “interpretaciones” –actos de fe, sería un término más preciso– coinciden en que, para impulsar el come back, el “Estado” habrá de ocupar el lugar que le fue negado desde los años 80 en el ámbito de la regulación, las inversiones públicas y las políticas contra el desempleo. Es realmente jocoso observar a un Sarkozy o un Berlusconi, o su copia muy enclenque y desmejorada en Germán Martínez, hablar, como si se hubieran cambiado simplemente de camiseta, de la necesidad de un “Estado fuerte” y una “conciencia de la regulación” para garantizar el bienestar de la sociedad. Hace tan sólo unos meses, estas definiciones eran, en boca de esa misma facilidad retórica, conceptos anacrónicos, vestigios del pasado. Entre chiste y chiste, cuando se escucha al jefe ultra del panismo decir “Estado fuerte”, más vale precaver, pues uno lo imagina visualizando un régimen en el que él encarna la fuerza que suprime toda diversidad.

En suma: lo que más impresiona de la parálisis actual es acaso la parálisis de las interpretaciones mismas, el estancamiento del pensamiento desde el cual se codifica la “crisis”. La parálisis es un efecto que proviene ya sea de un colapso de funciones o bien de alguna forma del temor. En este caso, probablemente se conjugan ambas a la vez.

Parálisis frente al acontecimiento mismo, frente a un presente que pierde rápidamente actualidad, acaso frente a la resistencia para aceptar que, en el mundo de nuestros días, las formas sociales y económicas (la subjetividad que define nuestras elecciones, las instituciones que regulan lo plausible, los límites de lo aceptable, las expectativas de lo fiable) no logran mantener su estabilidad, porque mutan y se transforman antes de que puedan definir el sentido de las acciones que pretenden fijar.

Aceptémoslo: el hipercapitalismo, la forma del capitalismo más reciente, que se había visto a sí mismo como un fin de la historia, se acerca gradualmente al fin de su historia. Especular sobre los escenarios de este fin no tiene sentido, porque el único debate que puede producir algún sentido no es el que se origina en la pregunta de qué pasará, sino en el dilema de qué está pasando. Hablar del futuro cuando el presente ha implotado es un simple y llano auto de fe. Es curioso que una filosofía tan pragmática como lo fue el neorracionalismo haya terminado en un pobre decálogo de teología económica.

Al parecer el peor adversario del hipercapitalismo ha sido él mismo: no tuvo frente a sí ningún “enemigo”, ningún “sujeto” que lo relevara, ninguna “alternativa” o “fuerza social” que lo desplazara. De su breve historia se podría decir lo mismo que de la de Narciso: lo hundió el encanto por sí mismo.

Lo que está en juego hoy es, ante todo, la construcción de una nueva subjetividad. ¿Bajo qué primado habrá de enfrentarse, en la próxima década, creo, la reinvención de la sociedad? Adscribir al “Estado” esa responsabilidad es dejar en manos de quienes lo ocupan esa discusión. El problema es si las instituciones y las nuevas formas sociales que habrán de surgir se edifican bajo el primado de lo público, de las preguntas por el bienestar, la distribución de la riqueza, la democratización de las oportunidades, o si se deja al fantasma del “Estado” la oclusión de la novedad. No hay que confundir el orden de lo público con los sintagmas estatales.

Tal vez el escenario que nos espera no se asemeje al destino previsto en la “U” o en la “L”, sino más bien en la “Z”, que describe un punto de ingreso a la crisis y una salida ya muy distante (y distinta) a ese origen.

Por, Ilán Semo
 

 

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Viernes, 19 Diciembre 2008 08:53

China: Hu Jintao promete más reformas

El presidente chino, Hu Jintao, conmemoró ayer el 30º aniversario del inicio de las reformas económicas con un discurso en el Gran Palacio del Pueblo, en el que aseguró que China continuará abriéndose al mundo, pero quebró cualquier esperanza de que el país camine hacia la pluralidad democrática. “No hay camino de vuelta atrás para nosotros. Sólo el desarrollo tiene sentido”, dijo el mandatario en la sede de la Asamblea Popular Nacional, en Pekín, ante miles de miembros del Partido Comunista Chino (PCCh), entre los que se encontraban el anterior presidente, Jiang Zemin, y el ex primer ministro Zhu Rongji.

Hu afirmó que el gobierno proseguirá con las reformas lanzadas hace tres décadas por Deng Xiaoping, que han convertido a China en la cuarta economía del mundo, la han situado entre las grandes potencias diplomáticas del mundo y le han permitido sacar a cientos de millones de personas de la pobreza (aunque siga habiendo 318 millones de una población de 1300 millones que viven con menos de dos dólares diarios). Aunque, a cambio, las desigualdades sociales, la corrupción y la degradación medioambiental hayan alcanzado cotas alarmantes. “Centrarnos en el desarrollo económico es la clave para el rejuvenecimiento del país. Es el imperativo fundamental para lograr la prosperidad y una paz y estabilidad duraderas”, señaló.

En un discurso entrelazado con referencias al marxismo y las teorías socialistas, Hu celebró los logros de estas tres décadas y lanzó un mensaje tranquilizador sobre la crisis económica. Dijo que las medidas adoptadas para reactivar la economía están funcionando, una declaración que trasluce la preocupación que late en el gobierno sobre el impacto que el cierre de miles de factorías, debido a la menor demanda extranjera, está teniendo sobre el empleo. Pekín ha advertido que el desempleo va a crecer en los próximos meses, lo que supone una fuente potencial de protestas y una seria amenaza para la estabilidad social. Tras cinco años seguidos con cifras de crecimiento de la economía superiores al 10 por ciento, se prevé que este año y el que viene las subidas sean de un solo dígito.

El Partido Comunista ha basado, en buena medida, su legitimidad en la capacidad de suministrar prosperidad. Pero una crisis pronunciada podría hacerle perder el apoyo con el que cuenta entre una población totalmente despolitizada, a la que, prácticamente, lo único que preocupa es avanzar económicamente.

De ahí, su obsesión por la paz social y su negativa a acometer cualquier liberalización democrática, que pueda entorpecer el desarrollo económico. “Sin estabilidad, no podemos hacer nada, y perderemos todo lo logrado”, advirtió Hu. Y dejó bien claro que el PCCh continuará sujetando con firmeza las riendas del poder para mantener el difícil equilibrio entre las reformas económicas y el control político. “Necesitamos utilizar como referencia los frutos beneficiosos de la civilización política alcanzada por el ser humano, pero de ninguna modo copiaremos el modelo de sistema político occidental.”

Porque China tiene mucho camino por delante. “Debemos ser conscientes de que nuestro país se encuentra aún en una etapa primaria de socialismo y que seguirá en ella durante mucho tiempo.”. Y citó entre los enormes desafíos a los que se enfrenta la tremenda brecha que separa a ricos y pobres y a las ciudades y el campo y la debilidad de las estructuras agrícolas.

Por José Reinoso*
* De El País de Madrid. Especial para Página/12.
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Martes, 02 Diciembre 2008 11:04

Orígenes de la crisis

La semana del 15 de septiembre, la industria financiera global sufrió un infarto. Murió el 18 de septiembre, pero fue resucitada por el secretario del Tesoro Paulson con un choque eléctrico de alto voltaje que en última instancia representó 700 mil millones de dólares (mdd) de rescate gubernamental. Al momento de escribir esta nota no se sabe aún si el paciente saldrá vivo de terapia intensiva. Y, en tal caso, si su salud podría estar tan dañada que reposaría en un pabellón permanente (nacionalizado) del gobierno.

El origen de esta crisis se remonta a los años 60. Hasta esa década, la ortodoxia económica de capitalismo de siglo XIX dirigió la política monetaria y fiscal. Esa ortodoxia exigía presupuestos gubernamentales equilibrados, moneda sana respaldada por oro, y un comercio internacional equilibrado. El abandono de esos tres principios durante las cuatro décadas pasadas es una de las causas directas de la crisis del capitalismo que hoy nos amenaza.

La guerra de Vietnam y el programa Gran Sociedad de Lyndon Johnson se combinaron para minar el primer principio, al propiciar enormes déficit presupuestarios gubernamentales a finales de los años 60. Excesivos gastos gubernamentales y una fuerte inversión de las corporaciones estadunidenses en el exterior ocasionaron una acumulación de dólares fuera de Estados Unidos. Cuando los gobiernos extranjeros comenzaron a redimir esos dólares por oro estadunidense, como se había acordado en el Sistema Internacional Monetario Bretton Woods, los funcionarios estadunidenses se alarmaron sobre la velocidad con que se agotaban las reservas estadunidenses de oro.

En 1971 el entonces presidente Richard Nixon anunció que EU ya no cumpliría sus compromisos con otros países de cambiar oro a razón de 35 dólares la onza, abandonando así el Sistema Bretton Woods y rompiendo el vínculo entre dólar y oro. A partir de entonces, el dólar ha sido estrictamente una moneda fiduciaria. De este modo se hizo a un lado el segundo principio de la ortodoxia económica.

El abandono del último principio, comercio equilibrado, se dio de manera natural a partir del rechazo de los dos primeros. El excesivo gasto gubernamental sobrestimuló la economía estadunidense y fomentó el exceso de importaciones. Y, libre del patrón oro, el país pudo financiar colosales déficit comerciales con dólares de papel y bonos del Tesoro denominados en dólares. En 2006, el déficit de cuenta corriente estadunidense se disparó a casi 800 mil mdd anuales, alrededor de 2 mdd por minuto. Ese déficit, y el crédito que lo financió, desestabilizaron la economía global al crear desequilibrios insostenibles que ahora se revierten.

Una vez abandonados los principios fundamentales del capitalismo, cualquier locura financiera concebible se convirtió en una oportunidad lucrativa para Wall Street. Como el dólar dejó de estar respaldado por el oro, la Reserva Federal perdió el control sobre la generación del crédito. La división entre dinero y crédito se hizo borrosa, y luego desapareció por completo. Los pasivos de Fannie Mae y Freddie Mac se incrementaron a 5 billones de dólares y, a medida que su deuda se expandía, adquirieron o garantizaron más de la mitad de las hipotecas nacionales, y elevaron el precio de los inmuebles en el proceso.

Los banqueros fraccionaron, rempaquetaron y revendieron una cornucopia de instrumentos de deuda (ahora conocidos como deuda tóxica) y pagaron a las agencias calificadoras para obtener calificaciones AAA. Se crearon y proliferaron instrumentos crediticios derivados que, según el recuento más reciente, sobrepasan 600 billones de dólares en valor teórico, el equivalente a casi 100 mil dólares por persona en el planeta.

Durante los 20 años pasados Alan Greenspan supervisó la explosión de esta deuda; su presidencia ha sido la más larga y, posiblemente, la peor en la historia de la Reserva Federal. En lugar de retirar el tazón del ponche antes de que la fiesta se prolongara, Greenspan prefirió curar la resaca con más ponche. Mantuvo bajas las tasas de interés, desalentó la regulación, pero animó la innovación de sector financiero. Y celebró la rápida expansión de los instrumentos derivados como un medio de mejorar la estabilidad del sector mediante la distribución de riesgos hacia quienes eran más capaces de enfrentarlos. En el nivel macro, su estilo podría caracterizarse como la administración de burbujas económicas que fueron populares durante su largo encargo. Para la posteridad, Greenspan será el actor principal en la creación de esta crisis.

Muy a menudo, las entidades reguladoras facilitaron los excesos. La industria financiera se desreguló, la ley Glass-Stegall se derogó y se forjaron enormes fortunas. Los mercados de derivados se propalaron ante la falta de supervisión regulatoria; los agentes hipotecarios generaron miles de millones de dólares en hipotecas subprime, prácticamente sin ninguna vigilancia, y los bancos burlaron los requerimientos de suficiencia de capital al ocultar sus activos.

¿Cómo salir de la crisis? Evitar el completo desplome de los mercados internacionales de capital es un paso importante, pero insuficiente para conjurar una depresión mundial. Será también esencial que el gobierno estadunidense apuntale agresivamente la demanda global agregada mediante un nuevo y mayor paquete de estímulos fiscales. La única razón realista para el optimismo es que Washington tiene capacidad de acumular los billones de dólares de una nueva deuda. Su deuda total es de 9 billones de dólares, aproximadamente 65 por ciento del PIB de EU. La proporción de deuda pública con respecto al PIB de Japón es de casi 200 por ciento.

En 1981, durante la última recesión seria de EU, el gobierno controló el déficit presupuestario, que promedió 5 por ciento del PIB estadunidense durante cinco años consecutivos. La capacidad del gobierno para hacerlo de nuevo podría ser el factor decisivo que evite una depresión global.

La sobrendeudada economía global se tambalea al borde de una navaja. De un lado están la deflación y la depresión. Si el gobierno estadunidense no pudiera invertir lo suficiente para mantener inflada la burbuja crediticia global, el mundo se precipitará en ese abismo gélido. Del otro lado están la hiperinflación y la devaluación del dólar. Si las pérdidas derivadas se acercaran a 10 billones de dólares, la Fed tendría que financiarlas mediante la emisión de papel moneda. Esto destruiría el valor de las reservas de divisas del mundo.

Para evitar cualquiera de esos terribles escenarios, EU tendrá que evitar el derrumbe sistémico del modelo financiero e invertir otros 5 billones de dólares o algo así durante los próximos cinco años para conjurar un desplome de la demanda global agregada. Es probable que tenga éxito, pero se verá obligado a rescribir las reglas sobre la marcha. Sin embargo, el precio del éxito podrían ser tasas de interés e inflación más altas, una devaluación sustancial del dólar, y una prolongada recesión global.

Tarde o temprano tendrá que establecerse un nuevo sistema monetario internacional. El patrón dólar fracasó porque las instituciones de EU no pudieron mantener los principios que apuntalan el capitalismo: presupuestos equilibrados, dinero sano y comercio equilibrado. Si los líderes del mundo no son capaces de reconstruir un sistema monetario internacional con base en esos principios, recordarán la crisis actual como el preludio del colapso.

Fuente: EIU
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Sábado, 05 Junio 2010 17:08

Trabajo creador y nuevo humanismo

Trabajo creador y nuevo humanismo

 

Edición 2010. Fromato 14 x 20 cm.177 páginas.
P.V.P:$15.000  ISBN:978-958-8454-16-0

 

Reseña:

En los últimos 30 años se hizo dominante lo que pudiéramos llar el olvido del capitalismo.En los debates culturales artísticos o cientificos, donde se abordan temas específicos pero no se pensaban sus nexos con el capitalismo como modo de producción y formación histórica.

La idea del capitalismo como estado final del desarrollo histórico de las sociedades humanas fue el supuesto implícito que hizo posible esta situación.Clausurada la experiencia de la historia, la humanidad quedaba condenada a padecer eternamente las contradicciones del capitalismo y los seres humanos quedaban limitados a tratar sólo asuntos de ámbito restringido.Los dramas humanos se reducían a microficciones sin horizonte de conjunto: un simple rastro en la arena.

Este libro de Gonzalo Arcila Ramírez plantea que es posible superar esas contradicciones en la perspectiva de un humanismo post capitalista que se afirme en las posibilidades que las revoluciones científico-tecnológicas de la contemporaneidad generan para que el trabajo creador sea el modo univrsal de existencia de las actuaciones humanas.

 

Gonzalo Arcila Ramírez. es psicologo de la Universidad Nacional de Colombia, profesor universitario, coordinador de la cátedra de psicología general de la Incca y miembro fundador del grupo de investigación "La Política Universitaria en la Sociedad del Conocimiento" (PUSOC). Ha investigado los procesos de la creación en el grpo de teatro "La Candelaria" y publicado numerosos ensayos y libros sobre la política cultural y educativa, así como las funciones psicológicas complejas.

 

 

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El año 2009 se caracterizó por la coexistencia de dos crisis que se venían gestando desde décadas atrás, y que de una u otra manera seguirán acompañando a la humanidad en el futuro: la crisis del sistema financiero y en general del sistema económico internacional, y la crisis climática.

De las múltiples y complejas implicaciones de la primera voy a destacar la llamada recesión, que en términos sencillos quiere decir que en un período determinado las economías de los países –y, en este caso, la economía global– no siguen creciendo al ritmo con que venían haciéndolo en períodos anteriores. No se necesita siquiera que decrezca (que reduzca su tamaño) significativamente sino que basta con que deje de crecer.

Cuando una persona está demasiado pasada de kilos, el médico le advierte que se puede morir si se engorda un kilo más, y le recomienda que, si le queda imposible enflaquecer, por lo menos intente no seguir engordando. Con el capitalismo sucede lo contrario: mantener su peso estable ya quiere decir enfermedad, y enflaquecerse conduce a la depresión.

La crisis climática, como se sabe, se agudiza (no se genera, pues, entre las causas de la crisis climática se pueden citar muchas más) debido al incremento de las emisiones de los llamados gases de efecto invernadero (GEI), como consecuencia del consumo excesivo de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón, del auge de la agricultura y de la ganadería “industrial”, del aumento y la acumulación de desechos que en su descomposición producen metano y otros GEI, y de otras actividades humanas ligadas todas a la manera como hemos entendido y llevamos a cabo el desarrollo.

De todos estos procesos que contribuyen al agravamiento de la crisis climática, depende el crecimiento –es decir: la salud– de la economía nacional y mundial.

Aun en sistemas ‘alternativos’ de medición de la calidad de vida, como es el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que desde hace varios años utiliza el Sistema de Naciones Unidas, el ingreso económico constituye un factor esencial. Mientras mayor sea el ingreso de una persona, una familia, una comunidad o un país, mayor será su capacidad para consumir más recursos y más energía y, se supone entonces, mayores serán sus posibilidades para acceder a una vida “con calidad”.

Desde cualquier punto de vista, sería absurdo entender como ‘saludable’ la reducción de los ingresos económicos de una gran mayoría de la población que hoy debe realizar milagros diarios para sobrevivir. Cuando esto se publique, estarán todavía en plena vigencia las reacciones por el nuevo salario mínimo y su insuficiencia para satisfacer las necesidades de supervivencia mínima de una familia colombiana.

Sin embargo, mientras más recursos y energía podamos consumir, mayor será nuestra “huella ecológica”, es decir, nuestro “peso” sobre el planeta, medido en términos de presión sobre los recursos naturales, generación de basuras y producción de gases que producen el cambio climático. En otras palabras, mientras más ‘saludable’ sea la economía, más ‘enfermo’ estará el planeta al cual pertenecemos y de cuya ‘salud’ dependemos para existir. Ya hay en la economía tentativas de ‘castigar’ los indicadores de desarrollo económico, incorporándoles la dimensión de su impacto ambiental, pero lo cierto es que, en términos prácticos, hoy por hoy más desarrollo quiere decir mayor capacidad para devorar los recursos del planeta, contaminar la biosfera y contribuir al calentamiento global.
 

Doña Juana: En primer plano, el relleno. Al fondo: Bogotá. Al relleno Doña Juana de Bogotá llegan diariamente más de seis mil toneladas de desechos, un indicador de la ‘dinámica’ de la economía de la ciudad.

Razón tuvieron Hugo Chávez y Evo Morales cuando en la reunión de Copenhague culparon al capitalismo de la crisis ambiental, pero se quedaron cortos al omitir una mención expresa de que la misma obsesión depredadora que inspira y justifica al capitalismo neoliberal alimenta al capitalismo de Estado. A la atmósfera le da lo mismo si el gas carbónico que la calienta proviene del petróleo extraído de los campos de Texas o del Golfo de México, del Golfo Pérsico o de pozos colombianos o venezolanos. En el fondo es el mismo “modelo industrial” que conduce a la deforestación del Amazonas y produjo la casi total desaparición del Mar de Aral, cuando los soviéticos se apoderaron de todos los cursos de agua que lo alimentaban, y que en otra época fuera el cuarto mayor lago del mundo, para irrigar sus cultivos industriales de algodón.
 

Aral Sea: Muestra la evolución del Mar de Aral entre 1989 y 2003 (Foto USGS)
Foto aérea de una de las porciones de lo que fuera el Mar de Aral (GWCh, 2009)


Paradójicamente, en las dos crisis que se dieron cita en el año que acaba de pasar se encuentran el problema y la solución. El problema es que, si los seres humanos queremos seguir haciendo parte de este planeta, necesariamente debemos cambiar la manera de relacionarnos y de relacionarnos con él.

Y la única manera de lograrlo es que seamos capaces de separar nuestra concepción y nuestras metas de calidad de vida, de nuestra capacidad de depredación. A lo mejor hacia eso apunta el concepto de “vivir bien” que ya quedó consagrado en las Constituciones Nacionales de Bolivia y del Ecuador, aunque en la práctica tampoco está muy claro cómo se puede lograr.

Para resumir, el mundo necesita embarcarse en una recesión planificada, con el reto de lograr lo que parece imposible en la teoría y en la práctica: reducir el tamaño y, por ende, el impacto de las economías depredadoras (sean capitalistas, comunistas, socialistas o como se quieran rotular), y al mismo tiempo incrementar la calidad de vida de los seres humanos, no medida en términos de nuestra capacidad de depredar sino de nuestro goce de existir.

La crisis por escasez de agua que ya es un hecho en varios lugares del mundo, y cuyo peligro comienza a despuntar en nuestro país, nos aporta un buen ejemplo de lo que se debe lograr: por una parte, garantizar que toda la población colombiana, sin ninguna discriminación, tenga acceso equitativo y efectivo a eso que se denomina “mínimo vital”, es decir, a la cantidad mínima de agua que un ser humano necesita para vivir con calidad; y, por otra parte, eliminar el desperdicio de agua por parte de los actores y los sectores que hacen un consumo excesivo e irresponsable de ese recurso vital.

Para las crecientes cantidades de seres humanos que hoy carecen en el mundo de ese “mínimo vital”, el acceso al mismo significa un enriquecimiento en términos de calidad de vida y de goce de existir.

Posiblemente, para muchos de quienes –por fuerza de la Ley o de las circunstancias inexorables–- se verán obligados a renunciar al desperdicio (y a lucrarse de ese desperdicio), esto puede significar un empobrecimiento, un síntoma de recesión, e incluso un factor de depresión económica y mental.

Esa recesión económica –ojalá planificada y concertada, pero, si no, también– deberá volver los ojos a la Cultura (con mayúsculas), pues es allí donde la humanidad cuenta con los recursos necesarios para entender que renunciar al consumo innecesario de energía y de recursos no es sinónimo de empobrecimiento sino una inversión de vida a favor de la supervivencia de nuestra especie en la Tierra.

El reto, por supuesto, no es sencillo y los grandes sistemas económicos del mundo están dispuestos a acudir a lo que consideren necesario con tal no solamente de sobrevivir sino además de continuar creciendo de manera indefinida y autista, haciendo caso omiso de los límites que les impone el planeta. Una de las fórmulas para conjurar la recesión y evitar la depresión, que ya en el pasado se ha ensayado con éxito, es la guerra.

Creo en la tesis de que la llamada “guerra fría” no ha terminado sino que se están diversificando sus actores, están cambiando sus pretextos y sus expresiones, y se están buscando nuevos escenarios para calentarla (incluso con combustible nuclear). Uno de esos escenarios es nuestra América del Sur. Más allá de cualquier pretexto coyuntural, lo que hay detrás es el afán de mantener el crecimiento del sistema económico global. Por eso, los mismos ‘países civilizados’ que promueven la paz les venden a unos los tanques y los aviones de guerra, y a los otros armas especializadas en destruir esos tanques y esos aviones. Con tal de mantenerse vivos, el capitalismo neoliberal y el capitalismo de Estado acuden incluso a devorarse a sí mismos; a su propia destrucción.

La Tierra, mientras tanto, toma nota cuidadosa de la estupidez humana y activa el sistema inmunológico que le va a permitir deshacerse de nosotros en caso de que no seamos capaces de entrar en razón.

Bogotá, enero de 2010

Publicado enEdición 153
"En la tierra hay suficiente para satisfacer las
necesidades de todos, pero no tanto como
para satisfacer la avaricia de algunos". Mahatma Gandhi

La Ecopedagogía o Pedagogía de la Tierra, como movimiento colectivo, debe convertirse hoy en apuesta y práctica de todos los movimientos sociales que día a día sufren los horrores de un modo de destrucción global: el capitalismo; que, como lo señala Leonardo Boff, no sólo es explotador de la fuerza de trabajo al situar al ser humano al servicio de la economía –y no la economía al servicio del ser humano– sino también aniquilador, destructor de la naturaleza al agotar sus recursos mediante la creación de ficticias necesidades que alimentan la desigualdad social y económica entre los seres humanos y los países.

Colombia es uno de los países del mundo en el que más han recaído las desgracias que produce el capitalismo: su riqueza ha servido para alimentar la avaricia de las multinacionales, que a nombre del crecimiento económico destruyen y se apoderan de importantes recursos naturales como el agua, el carbón y el petróleo.

Las grandes extensiones de bosque hacen de Colombia el segundo país más rico en biodiversidad del mundo, pero por cuenta de la ‘civilización’ viene siendo destruida por las fumigaciones con glifosato impuestas por el ‘plan Colombia’. La variedad de plantaciones vegetales de gran importancia para el sustento campesino y para la soberanía alimentaria de los colombianos ha sido sustituida por la plantación de grandes extensiones de palma africana, despojando de sus tierras, con ayuda de los paramilitares y la complicidad del Estado, a millones de campesinos que poco a poco se ven obligados a desplazarse forzosamente a las grandes ciudades, donde no reciben tipo alguno de atención por parte del Estado.

Frente a esta caótica realidad colombiana, en la que el sufrimiento es administrado por unos pocos y recae sobre la gran mayoría –desposeídos, indígenas, estudiantes, campesinos, afrodescendientes, desplazados–, las políticas educativas, carentes de un contenido ético-político, desde hace más de 500 años se han convertido en cómplices de la barbarie de la civilización occidental al hacer eco de esas ideas que consideran a nuestros bosques como ‘selva’; que debemos ‘limpiar’, civilizar y destruir la vida que está allí; que los indígenas son incultos e incivilizados porque viven allí. Confundiendo caminos y asfalto con civilización. ¡Hasta para nuestros mejores arquitectos la tentación de cimentar todo es confundida con arte!1

Esta educación occidental-formal a la que nos hemos adaptado pero nunca integrado, ha dejado a un lado y ha rechazado los sistemas nativos de enseñanza y de socialización de la cultura de nuestros aborígenes, que eran capaces de transmitir un fuerte sentido de identidad cultural. Aquellos métodos de socialización de la cultura estaban profundamente ligados a promover una identidad, y un sentimiento de amor y respeto por nuestra madre tierra2. Esta educación de nuestros indígenas es lo que hoy más que nunca necesitamos rescatar si le apostamos a una educación comunitaria, basada en el consenso, la solidaridad y el sentido colectivo.

La Ecopedagogía nos desafía como la única superación a un modo de educar que oculta y niega la relación entre las precarias condiciones de vida y la política económica, industrial y ambiental; que nos exime de toda responsabilidad frente a la basura tirada en las calles y frente al demencial crecimiento económico que cada día entra más en contradicción con la naturaleza.

Esta instrucción cada vez más alejada de nuestra realidad nunca nos ha dado la oportunidad de construir una relación más afectiva con las maravillas que tiene nuestra tierra. Nunca tuvimos, como lo describe Ángela Antunes3 en el prefacio de Pedagogía de la Tierra, la oportunidad de plantar un árbol, de cosechar legumbres en una huerta, de chupar un mango recogido en el jardín de la escuela y/o de admirar la belleza de una planta.

La Ecopedagogía es también un llamado a introducir temas ecológicos con un fuerte sentido crítico en las demás asignaturas –español, matemáticas, sociales, economía e historia– para que de tal manera se supere esa tendencia de la educación tradicional de programarlas como feudos académicos separados por fronteras infranqueables, como repúblicas independientes que administran las diferentes ramas de un saber fragmentado4. Contrariamente a esta actitud atomizante, los ecopedagogos, conscientes de que la Madre Naturaleza es una sola totalidad, ofrecerá a sus ecoeducandos grandes temas ambientales dentro de cualquier asignatura específica.

En tal forma, vemos en la Ecopedagogía una opción para plantearnos una reflexión-acción-transformación desde la organización de base por medio de la Educación Libertaria Popular, de acuerdo con nuestras necesidades y experiencias. No se trata, como nos advirtió nuestro maestro Paulo Freire, de reducir la escuela y la pedagogía a una tabula rasa y de construir la ecopedagogía encima de sus cenizas. No se trata de una escuela y una pedagogía ‘alternativas’, es decir, construidas separadamente de la escuela y de las pedagogías actuales. Se trata de construir en el interior de ellas, dialécticamente, a partir de la escuela y la pedagogía que tenemos, otras posibilidades, sin aniquilar las presentes. El futuro no es la destrucción del pasado sino su superación.

En conclusión, la Ecopedagogía sólo tiene sentido como proyecto alternativo global, en el que la preocupación no está sólo en la preservación de la naturaleza o en el impacto de las sociedades humanas sobre los ambientes naturales sino asimismo en un nuevo modelo de civilización sustentable desde el punto de vista ecológico, que implica un cambio en las estructuras económicas, sociales y culturales. Tal civilización sustentable está ligada, no obstante, a un proyecto utópico: cambiar las relaciones humanas, sociales y ambientales que tenemos hoy.

1    C.f Moacir Gadotti, Pedagogía de la tierra, Siglo veintiuno editores, p. 22.
2    Op., cit., p. 21.
3    Directora técnico-pedagógica del Instituto Paulo Freire en Brasil.
4    C.f Marcel Zimmermann, Ecopedagogía para el nuevo milenio, Ecoe ediciones, p. 51.
-    Colectivo de Pedagogía Libertaria Popular “Nacho Lee”
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- Centro de Investigación Libertaria y Educación Popular CILEP
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Red Libertaria Popular Mateo Kramer
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Publicado enEdición 151
Jueves, 04 Junio 2009 11:29

Socialismo o barbarie

Socialismo o barbarie

 

Edición 2009.Formato 15 x 23 cm.114 páginas
P.V.P: $25.000   ISBN:978-958-8454-06-1

 

 

Reseña:

Socialismo o barbarie. Alternativa al orden social del capital, resume el pensamiento político de István Mészáros. En esta obra, el autor precisa que: “solamente con un abordaje socialista radical del problema del cambio sistémico-estructural se puede ofrecer una solución viable e irreversible al desafío histórico sin precedentes que no podemos eludir más en las presentes circunstancias”. Y precisa, “Ser radical es agarrar firmemente el problema en sus raíces para introducir los cambios globales que tanto se necesitan”. Reflexión pertinente y anticipada del integrante de la Escuela de Budapest, ante la crisis estructural que sobrelleva el sistema mundo capitalista. Sólo soluciones estructurales pueden sacarnos de esta terrible situación, resume la posición radical del alumno de George Lukács.

El socialismo, tal como lo define el filósofo húngaro, consiste en “instituir un orden socioeconómico y cultural no antagónico, racional y humanamente dirigido, plenamente consciente del significado fundamental de la ‘Economía’, como economización verdaderamente seria de los recursos, en interés de la satisfacción humana sostenible, dentro del marco de una planificación global dirigida activamente por todos los individuos”.

 

 

István Mézáros. es uno de los más importantes intelectuales marxistas en la actualidad.Nacio en Hungria (19 de diciembre de 1930) Se graduo en Filosofía en la Universidad de Budapest.

Entre sus obras más difundidas tenemos: Beyond capital, Towards a theory of transition (1995); Marx's Theory  of alienation (1970); The work os Sartre: Search for freedom (1979); Philosophy, ideology and social science (1986); The power of ideology (1989)

Mézáros hizo parte de la Escuela de Budapest construida alrededor de la figura de George Lukács.Dentro de los propósitos intelectuales de Lukács siempre estuvo el de renovar el proyecto de Marx y escribir un "Capital" para su momento,reactivando sus categorías a fin de analizar el mundo contemporáneo, su lógica inherente y sus nuevos conceptos.Le correspondió a István Mézáros la tarea de realizar esta monumental empresa."Más allá del capital" (1995) es una continuación de la obra de Marx en la explicación de la naturaleza del capital y su dinamica; además presenta con rigor la transición del orden social del capital hacia el socialismo, mediante la crítica de las sociedades poscapitalistas y la redefinición del proyecto socialista.

Si "Más allá del capital" es la obra más importante de István Mézáros, su corolario político de combate es esta pequeña obra escrita en 1999 y títulada "El siglo XXI: ¿Socialismo o barbarie?, nombre inspirado en el célebre dilema planteado por Rosa Luxemburgo.

 

 

 

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