Ríos atmosféricos, las autopistas aéreas que regulan el clima

Si existe un campo de estudio dentro de la dinámica atmosférica cuya notoriedad haya experimentado un crecimiento exponencial en las últimas décadas es, sin duda, el de los ríos atmosféricos (AR, por sus siglas en inglés).

El motivo quizás sea que los ríos atmosféricos juegan un papel destacado en un gran número de factores del clima, como el balance radiativo (energético) del planeta o su ciclo hidrológico. O quizás sea su creciente tendencia a ser nombrado en los boletines meteorológicos cuando, en compañía de una tormenta tropical o una ciclogénesis explosiva, traen en ocasiones más de 70 l/m² de precipitación en unas pocas horas.

¿Qué son los ríos atmosféricos?

Los ríos atmosféricos son regiones de la atmósfera cuyo contenido de humedad es muy superior al de las regiones colindantes. Suelen ser regiones muy alargadas y (relativamente) estrechas –miles de km de largo frente a unos cientos de km de ancho– y acompañan normalmente a los frentes fríos tan característicos de las latitudes medias.

Su naturaleza les permite funcionar como grandes autopistas que distribuyen la humedad –y con ello, energía en forma de calor latente– desde las húmedas y cálidas regiones subtropicales y tropicales hacia el resto del planeta.

Estas formaciones son, por tanto, esenciales para el mantenimiento de la buena salud de nuestro ciclo hidrológico, y un mecanismo indispensable del balance radiativo del planeta. Su forma alargada y la enorme cantidad de agua que transportan (superior al caudal del río Mississippi) han inspirado el característico y atrayente nombre de "ríos atmosféricos".

Su papel en las precipitaciones

Los ríos atmosféricos presentan una enorme variabiliad entre ellos. No hay dos iguales. La mayor parte son eventos de intensidad moderada, y son por tanto considerados como beneficiosos. Entre otras cosas, aportan una cantidad indispensable de humedad a la atmósfera de latitudes medias y continentales, que no podría recibirse de otra manera.

Otros ríos atmosféricos, sin embargo, son fenómenos extremos que pueden llevar asociadas precipitaciones superiores a los 100 l/m² en un solo día, teniendo un impacto económico y social negativo en las regiones que se ven afectadas por ellos.

A nivel global, se trata de fenómenos comunes. Suelen existir unos tres o cuatro simultáneamente por cada hemisferio, situados habitualmente sobre los grandes corredores oceánicos. Su temporada alta es el invierno correspondiente a cada hemisferio, cuando la atmósfera es menos húmeda, pero mucho más dinámica que la de la temporada estival.

Las costas occidentales de los grandes continentes, incluida la costa atlántica ibérica, son las regiones calientes de llegada de ríos atmosféricos. Los que llegan a España transportan un elevado porcentaje de lluvia desde el golfo de México. En invierno la península ibérica acostumbra a recibir 3 o 4 al mes.

Otra región activa del mundo hispanoparlante es la costa de Chile, donde los ríos atmosféricos del Pacífico suelen generar importantes precipitaciones en su interacción con la cordillera de los Andes.

¿Cómo serán los ríos atmosféricos del mañana?

La respuesta a la pregunta de como serán los ríos atmosféricos del mañana depende, como es lógico, de cómo sea la atmósfera en la que residan.

La mayor parte de los análisis prospectivos predicen una atmósfera más cálida, y con una dinámica diferente. En este contexto, se considera que los ríos atmosféricos irán tendiendo a ser más frecuentes, y también más intensos, aunque con grandes diferencias entre las diferentes regiones del planeta.

En un reciente estudio liderado por los profesores Luis Gimeno y Raquel Nieto de la Universidad de Vigo, y realizado en colaboración con la Universidad de Lisboa y la Universidad de Illinois, hemos analizado la variación el contenido de humedad durante las últimas décadas en las regiones estratégicas para el fenómeno. Esto nos sirve para realizar una proyección robusta y determinar como serán el día de mañana en un contexto de calentamiento global.

En el artículo, publicado en Nature Communications, se muestra que el contenido de humedad se ha incrementado –y por tanto, con mucha probabilidad, se incrementará– aproximadamente en un 7 % por cada grado centígrado de humedad que se calienta la parte inferior de la atmósfera.

Esta es una proporción bien conocida para los estudiosos de la termodinámica, pues es predicha por la ecuación de Clausius-Clapeyron, que determina la cantidad máxima de humedad que puede contener una celda de aire antes de llegar a la saturación.

Además, hemos demostrado que, de todas las regiones del planeta, la señal más clara a este respecto se observa precisamente en la región donde se origina la mayor parte de la humedad que llega a Europa en forma de ríos atmosféricos: el golfo de México.

Una atmósfera más cálida será una atmósfera más húmeda, y tenemos ahora motivos de peso para asumir que ese incremento de humedad se trasladará en una proporción similar a los ríos atmosféricos.

La cantidad de humedad que recibiremos en el futuro desde las regiones subtropicales será mayor, y también la probabilidad de precipitaciones extremas, poco convenientes para el correcto aprovechamiento del agua como recurso, y peligrosas.

El esfuerzo de la comunidad científica para procurar entender, predecir y adelantarse al clima del futuro es grande, y no sin motivo, pues del clima dependen una buena parte de los recursos que nos proporciona el planeta.

Entre ese complejo collage de fenómenos que constituirán el clima del mañana, parecen jugar un papel destacado los ríos atmosféricos a los que podemos atribuir, sin miedo a equivocarnos, una buena parte del agua que llega a nuestras casas, cultivos, embalses y ríos.

Por:

Jorge Eiras Barca 

Investigador postdoctoral en Física de la Atmósfera, Universidade de Vigo

Iago Algarra Cajide

Investigador Postdoctoral en Física de la Atmósfera, Universidade de Vigo

El 98% de la infraestructura de Providencia habría sufrido daños por Iota, confirma el Gobierno

El presidente Iván Duque confirmó este lunes que finalmente pudo comunicarse con el alcalde de Providencia, quien le confirmó que el 98 por ciento de la infraestructura de la isla habría resultado afectado por el paso del huracán Iota y que habría, por lo menos, una víctima mortal.

“Estamos ante un hecho que tiene unas características nunca vistas en nuestro país, en primer lugar en cuestión de horas pasó de tormenta tropical a un huracán de categoría 5, la mayor categoría, y la es la primera vez que en la historia llega a nuestro país un huracán de tipo 5 desde que existen registros”, puso de presente el jefe de Estado.

Agregó que se ha venido trabajando en la medida de lo posible en San Andrés pero que “en el caso de Providencia hemos tenido comunicación muy pobre por la afectación que hay en el sistema de telecomunicaciones. Sabemos que puede haber una afectación grande y por eso hemos desplegado todas las capacidades de respuesta que empiezan por toda la capacidad logística de Gestión del Riesgo desde San Andrés, con nuestra Armada, nuestra Fuerza Aérea, nuestro Ejército, para tener la posibilidad de llegar rápidamente”.

Trabajo conjunto entre Gobierno, Ideam y Alcaldía de San Andrés

Por su parte, el primer mandatario afirmó en una rueda de prensa que “hay un deterioro del 98%” dentro de la isla de Providencia y que, hasta el momento, se ha perdido una vida humana.

“El alcalde Gari Hooker está haciendo una remoción de obstrucción en algunas de las principales vías y estamos trabajando para limpiar la pista de aterrizaje del Aeropuerto El Embrujo”, dijo además.

Por su parte agregó que le ha reiterado al alcalde de San Andrés que “esta es una afectación grande y somos conscientes de que por primera vez en la historia de nuestro país vemos un huracán de categoría 5 golpear nuestro territorio”.

“Estamos a su lado señor alcalde y al lado de toda la comunidad de Providencia” y “Vamos a recuperar toda la infraestructura en el menor tiempo posible”, expresó.

Indicó además que “Necesitamos llegar rápidamente y hacer el levantamiento del registro único de damnificados, hacer el levantamiento de toda la información de daños estructurales y con todo el equipo de Gobierno Nacional podamos realizar el plan de reactivación de esta región”.

“Vamos a adelantar en este momento este puesto de mando adelantado y estaremos repartiendo kits de salvamento y suministrando agua y elementos vitales”, agregó el presidente.

Finalizó diciendo que “estaremos entregando información rápida y periódica” y que la directora del Ideam estará trabajando en Providencia con el alcalde Gari Hooker".

“Esperamos que en el transcurso de las próximas horas las condiciones climáticas mejoren y que podamos estar allá el día de mañana”. Dijo que “Hoy zarpará desde Cartagena un barco de la Armada con material humanitario y tenemos a todo el equipo de la Policía Nacional, Defensa Civil, Armada Nacional y Ejército trabajando en conjunto.

El lota sigue causando estragos

Por su parte, Iván Duque aseguró que pudo comunicarse con el alcalde de Providencia, Norberto Gari, y que este le aseguró que, hasta el momento, se ha confirmado un muerto y 98% de daños a la infraestructura de la isla.

La identidad de la persona fallecida no se ha confirmado. El mandatario advirtió que la información se trataba de un parte parcial y que la información sobre la situación de la isla será ampliada más adelante.

“Hacemos un llamado a la solidaridad del sector privado y de todos los ciudadanos para que agendamos esta situación entre todos”, expresó.

Entre las últimas comunicaciones que se sostuvieron con la isla, algunos habitantes de Providencia reportaron vientos de más de 100 kilómetros por hora, inundaciones en algunos sectores y la pérdida de los techos de algunas casas. Además, a esa hora solo había pérdida materiales.

Este domingo el Servicio Meteorológico Nacional informó que el huracán, que va rumbo a Nicaragua y Honduras, se ha fortalecido y pasó a categoría 5, con vientos sostenidos de 135 nudos (250 km/h), ráfagas de hasta 155 nudos (287 km/h).

Se estima que el ojo del huracán se encuentra a menos de 10 kilómetros de Providencia.

16 de Noviembre de 2020

Publicado enColombia
Sábado, 07 Noviembre 2020 05:51

Billonarios y geoingeniería

Billonarios y geoingeniería

Los billonarios globales invierten ahora en geoingeniería: tecnologías para manipular el clima. Es lógico, pero muy preocupante. Las propuestas de geoingeniería son aún teóricas y especulativas, pero funcionan como excusa para la inacción climática y como coartada para aumentar la extracción y uso de combustibles fósiles, alegando que el caos climático se puede "manejar" con estas riesgosas tecnologías.

 

Bill Gates, fundador de Microsoft, fue el primero del club de superricos que invirtió fondos para investigar y desarrollar estas tecnología (https://tinyurl.com/y48824ak). Varios otros provienen de Silicon Valley, el área de California sede de las empresas tecnológicas. Algunos son discretos, otros se mantienen en el anonimato, financiando ONGs o empresas de responsabilidad limitada donde sus nombres no aparecen.

 

Al parecer, los millonarios planean avanzar –y luego imponer– estas peligrosas recetas tecnológicas sin consultar a nadie, sin supervisión ni regulación independiente y pasando por arriba de las decisiones precautorias de la comunidad internacional. Es una forma habitual de actuar de los titanes tecnológicos, como resumió Mark Zuckerberg al inicio de Facebook: "moverse rápido y romper cosas". La geoingeniería tiene dos direcciones tecnológicas: remover carbono de la atmósfera (una vez emitido) y bloquear/reflejar parte de los rayos del sol, para bajar la temperatura. En ningún caso contempla cambiar las causas del cambio climático, sino que después de haber "roto las cosas", propone recetas tecnológicas que abren nuevos negocios.

 

En octubre de 2020 el grupo SilverLining, con sede en California, anunció que financiará con 3 millones de dólares la investigación en tecnologías de "manejo de la radiación solar", como blanquear nubes marinas o bloquear los rayos del sol con nubes volcánicas artificiales y otras propuestas que si se hacen a gran escala tendrán fuertes impactos negativos, como sequías y disrupción de lluvias. En 2010, entonces como empresa, SilverLining intentó hacer experimentos de blanqueo de nubes en las costas de California sobre miles de kilómetros cuadrados, pero luego de que los medios revelaran que el proyecto tenía fondos de Bill Gates, el proyecto se suspendió (https://tinyurl.com/y4eoy9kg). Kelly Wanser, entonces directora de la empresa, reapareció después en un "Proyecto de blanqueo de nubes marinas" de la Universidad de Washington y afirmó que sólo eran un grupo de científicos que no tenían fondos para experimentos. Ahora se presentan como una ONG. Wanser continúa como directora y anuncia que apoyará a varios de esos científicos y a otros conocidos promotores de la geoingeniería. Esta vez financiada por los millonarios e inversores de riesgo Matt Cohler, antes alto ejecutivo de Facebook; Bill Trenchard, inversor en Uber y otras plataformas como LiveOps, comprada por Microsoft; la gestora Lowercarbon Capital, del inversionista Chris Sacca, antes ejecutivo de Google e inversor en Twitter, Instagram, Uber y otras; el Fondo de Innovación Pritzker, una de las 10 familias más ricas de Estados Unidos según Forbes; y el LAD Climate Fund, del que no da referencias, pero podría estar vinculado a grandes ONG conservacionistas. Chris Sacca explica en una entrevista, que en Lowercarbon Capital, no ven problema en recibir fondos de empresas como Exxon y Chevron (https://tinyurl.com/y3p35s5j)

 

En septiembre 2020, la revista New Scientist reveló que otro grupo de promotores de la geoingeniería marina se reunieron en California. Técnicos, abogados y consultores fueron convocados por Oceankind, otra nueva organización de un multimillonario "anónimo", para discutir como avanzar la "alcalinización del océano", un método para cambiar artificialmente la química de los mares. Según informa New Scientist, el primer director de Oceankind, Evan Rapoport, era un alto ejecutivo de Google, luego contratado por "una familia rica de Silicon Valley" para el cargo (https://tinyurl.com/y27qpnmf).

 

La acidificación de los mares es un grave problema global que se debe principalmente al exceso de dióxido de carbono que absorben los oceános, lo que causa que moluscos, crustáceos y otros organismos no puedan formar sus caparazones y afecta también a los arrecifes de coral. Para prevenirla se debe controlar la contaminación (de petróleo, desechos, escurrimientos agrícolas) y reducir drásticamente las emisiones de carbono. En lugar de ir a las causas, la propuesta en este caso es alcalinizar el océano con roca molida, lo que implica un aumento exponencial de minería, con la secuela de problemas ambientales y sociales que conlleva. Se estima que ocuparía 5 mil millones de toneladas de roca molida anuales, el doble de la roca que usa toda la industria cementera a nivel global. Aún si funcionara para alcalinizar el oceáno, esta industria y las flotas de barcos para diseminarla, aumentarán la emisión de gases y el cambio climático.

 

Por los altos riesgos y efectos colaterales que conlleva, la geoingeniería está bajo moratoria en el Convenio de Diversidad Biológica de ONU. Los billonarios y sus gigantes tecnológicas tienen una enorme huella ambiental y encarnan la parte del león en la injusticia social y climática global. No podemos permitir que además controlen el termostato global.

 

* Investigadora del Grupo ETC

 

En la imagen se muestra a A68a, que se desprendió en 2017; aún es una sola pieza, pese a las enormes fracturas que se observan.Foto Ap

El fenómeno pone en riesgo la fauna y la flora // Dificultará a focas y pingüinos llevar el alimento a sus crías, alertan

 

El iceberg más grande del mundo, conocido como A68a y que abarca 4 mil 200 kilómetros cuadrados de hielo flotante, amenaza la isla de Georgia del Sur.

De cuatro veces el tamaño de la Ciudad de México avanza por el océano Antártico despertando temores de que pondrá en peligro la fauna y flora locales.

La Agencia de Estudios Antárticos de Gran Bretaña expresó su temor el miércoles de que chocara con la isla, impidiéndole el paso a animales que buscan presas para alimentarse y que se reproducen en la costa.

Un ecologista que trabaja para esa agencia, Geraint Tarling, explicó que en esta época del año las focas y los pingüinos cuidan allí a sus crías. Para esos animales, es crucial la distancia que tienen que recorrer para encontrar sustento.

"Tiene implicaciones masivas sobre dónde los depredadores terrestres podrían alimentarse", explicó Tarling. "Cuando se habla de pingüinos y focas durante el periodo que es realmente crucial para ellos, durante la cría de cachorros y polluelos, la distancia real que tienen que viajar para encontrar comida (pescado y krill) realmente importa. Si tienen que hacerlo un gran desvío, significa que no van a volver con sus crías a tiempo para evitar que se mueran de hambre". El iceberg ha flotado rumbo al norte desde que se escindió de la capa de hielo en julio de 2017, informó la agencia.

Todas las criaturas que viven en el fondo del mar serían aplastadas por A68a al llegar a tierra, una perturbación que tardaría mucho tiempo en revertirse.

"Los ecosistemas pueden recuperarse y lo harán, por supuesto, pero existe el peligro de que si el iceberg se atasca, podría permanecer allí 10 años", señaló a la BBC Tarling. "Eso marcaría una gran diferencia, no sólo para la biodiversidad de Georgia del Sur, sino también para su economía".

Miles de millones de toneladas

La isla, territorio británico de ultramar, es una especie de cementerio de los gigantescos pedazos de hielo de la Antártida. A68a ha recorrido el llamado "callejón de los iceberg" desde que se desprendió.

Este iceberg pesa cientos de miles de millones de toneladas, pero su relativa delgadez (una profundidad sumergida de quizá 200 metros o menos) significa que tiene el potencial de desplazarse antes de quedar atrapado en el fondo marino.

Aunque las imágenes de satélite sugieren que A68a está en un camino directo hacia Georgia del Sur, aún podría escapar de la captura. Todo es posible, afirmó Peter Fretwell, especialista en mapeo y teledetección de la agencia británica.

"Las corrientes deberían tomarlo en lo que parece un extraño bucle alrededor del extremo sur de Georgia del Sur, antes de girarlo a lo largo del borde de la plataforma continental y retroceder hacia el noroeste. Pero es muy difícil decir con precisión qué sucederá", declaró a BBC News.

"A68a es espectacular", sostuvo su colega Andrew Fleming. “La idea de que todavía está en una sola pieza es realmente notable, en particular debido a las enormes fracturas que se ven atravesando en las imágenes del radar. Esperaba que se hubiera roto a esta altura.

"Si gira alrededor de Georgia del Sur y se dirige hacia el norte, debería comenzar a romperse. Llegará muy rápidamente a aguas más cálidas y la acción de las olas empezará a eliminarlo", concluyó.

Cómo la ciencia está desentrañando el misterio de los rayos y las tormentas eléctricas

Diferentes grupos de investigadores están estudiando el poder destructivo de truenos y rayos, que cada vez son más frecuentes

 

Imagínese que está tumbado un hermoso día en una verde colina viendo las nubes pasar. Seguramente esté pensando en nubes de tipo cúmulo, esas que parecen suaves bolas de algodón. Su aspecto es de lo más inocente. Sin embargo, pueden convertirse en los más formidables cumulonimbos. De esos monstruos salen los rayos y los truenos. Son poderosos, destructivos, e intensamente misteriosos. También hay indicios de que cada vez son más frecuentes. Por ello, entender su funcionamiento ‒y su efecto en el mundo de los seres humanos, incluido cómo construimos los edificios y los tendidos eléctricos‒ es más importante que nunca.

Muchas nubes se forman cuando el aire caliente asciende a grandes alturas, donde se enfría y se condensa en gotitas de agua. Las tormentas se producen cuando una nube que se está formando por este proceso crece y se agranda muy rápidamente, absorbiendo cada vez más vapor de agua. A ello le suelen seguir precipitaciones y fuertes ráfagas de viento. Y, por supuesto, los rayos. Aunque aparentemente son un fenómeno bastante escaso, ha tenido lugar unas 700 veces ‒en la Tierra caen unos 100 rayos por segundo‒ en algún lugar del planeta en el tiempo que usted ha tardado en leer esta frase.

Al parecer, los rayos y las tormentas son cada vez más habituales, y hay indicios de que la tendencia continuará como consecuencia del calentamiento global. En 2014, David Romps, catedrático de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), elaboró un modelo atmosférico que predecía que los rayos aumentarían un 12% por cada grado de aumento de la temperatura de la Tierra. Diversas señales indican que esto podría estar sucediendo ya. En Holanda, varios investigadores han observado el número de incendios en los bosques de Alaska y Canadá originados por un rayo y han descubierto que ha aumentado entre un 2% y un 4% anual a lo largo de los últimos 40 años.

Los rayos son algo que no acabamos de entender. Si, por ejemplo, filmásemos la caída uno de ellos y la proyectásemos a cámara superlenta, veríamos que avanza a saltos. Según Alejandro Luque, del Instituto de Astrofísica de Andalucía en Granada, se detiene un instante a intervalos antes de seguir avanzando. Ignoramos por qué ocurre esto. Luque comenta que hay unos cuantos artículos sobre el tema, pero, en realidad, ninguna teoría aceptada.

Los espectros rojos

No obstante, el investigador cree que puede tener algunas de las claves del problema gracias a sus estudios sobre un fenómeno eléctrico todavía más increíble pero que se conoce mejor: los espectros rojos.

Los espectros rojos son inmensos chorros de luz coloreada que se forman a entre 50 y 90 kilómetros de altura sobre la superficie de la tierra, mucho más arriba que las tormentas. Durante años se dudó de su existencia, ya que son difíciles de ver desde el suelo. Luque los ha estudiado principalmente observando fotografías tomadas por aviones de investigación

Aunque son menos conocidos que los rayos, la física de los espectros rojos es más fácil de estudiar porque a tales alturas hay poco aire, de manera que las descargas eléctricas se producen más lentamente y a temperaturas más bajas. Los rayos originan temperaturas superiores a las de la superficie del Sol. En cambio, los canales de descarga de los espectros rojos tienen “más o menos la misma temperatura que el aire que los rodea”, afirma el investigador.

Los canales de los espectros rojos están formados por filamentos diminutos llamados “serpentinas”. En la propagación de estas, algunos de sus puntos resplandecen con más brillo y persistencia. Luque explica que, en estos fenómenos eléctricos, el intenso resplandor se debe al comportamiento de los electrones. En algunas zonas de la serpentina, los electrones se adhieren a moléculas de aire, lo cual incrementa la fuerza del campo eléctrico produciendo una luz más intensa.

Los saltos

Esta explicación no admite discusión, asegura Luque, pero lo que no sabemos es si un proceso análogo podría explicar ‒como sospecha el astrofísico‒ por qué los rayos avanzan a saltos. En el contexto de estos últimos, a alturas inferiores hay más moléculas de aire, y es posible que la incorporación de los electrones a ellas se produzca de una manera algo diferente, dando como resultado el patrón “a saltos”. Luque quiere verificarlo con su proyecto eLightning.

Luque y su alumno Alejandro Malagón-Romero formularon la hipótesis en 2019. Ahora su equipo trabaja en el desarrollo de un modelo computacional de los rayos para comprobar si el proceso que predicen puede explicar el comportamiento discontinuo.

Saber por qué los rayos avanzan a saltos no va a ayudarnos a conseguir que sean menos peligrosos, pero Luque opina que entender mejor el fenómeno quizá sea útil en muchos otros campos. Por ejemplo, las descargas pueden formarse alrededor de los tendidos eléctricos. En consecuencia, hay que diseñarlos para reducir el riesgo al mínimo. Estas descargas también se utilizan en la industria, por ejemplo, en el tratamiento de los gases residuales e incluso en las fotocopias. Entender mejor cómo funcionan podría tener como resultado una mejora de los diseños.

Puede parecer que los rayos son el arma más peligrosa del arsenal de una tormenta eléctrica, pero estas tempestades también pueden desatar vientos extraordinariamente fuertes.

El tiempo atmosférico de Europa está dominado por sistemas meteorológicos conocidos como ciclones extratropicales. Se trata de corrientes de aire en espiral que traen consigo viento y lluvia cuando atraviesan una zona. En una ciudad europea se producen por término medio entre 70 y 90 al año, y los científicos conocen bien su funcionamiento. Estas tormentas pueden ser fuertes, pero no siempre lo son.

Cada vez que se construye un edifico en Europa, los arquitectos tienen que asegurarse de que es capaz de soportar vientos fuertes, y el modelo que utilizan para ello se basa en los ciclones extratropicales. El problema es que no tienen en cuenta los vientos considerados poco frecuentes, como los que acompañan a las tormentas eléctricas.

Las tormentas eléctricas

Para entender por qué esto es importante hay que conocer la diferencia entre ciclones y tormentas. En primer lugar, las tormentas son más intensas que los ciclones. Mientras que un ciclón puede durar tres días, una tormenta puede haber pasado en 20 minutos. Por eso, en vez de con un viento moderado y continuo, nos encontramos con una tanda de ráfagas muy poderosas. En segundo lugar, más importante aún es que la fuerza del viento varía dependiendo de la altura. Los ciclones son más fuertes cuanto mayor es la altura. Las tormentas, por su parte, suelen originar vientos que arrancan a unos 100 metros de altura y soplan hacia abajo con más fuerza a medida que descienden. “Un viento normal sopla en paralelo a la superficie de la tierra, mientras que una tormenta sopla hacia abajo. Es totalmente distinto”, explica Giovanni Solari, profesor de la Universidad de Génova, en Italia.

Tomando estas consideraciones en conjunto, prosigue Solari, el resultado es que la ingeniería se esfuerza excesivamente en los edificios más altos, principalmente los rascacielos, y demasiado poco en las construcciones y estructuras de menor altura, como las grúas de los astilleros. Los 200 metros superiores de un rascacielos de 300 metros probablemente no reciban el empuje de una tormenta, pero los diseñamos como si fuesen a recibirlo porque nuestro modelo da por sentado que, a más altura, más fuerte es el viento. “Estamos construyendo edificios demasiado seguros”, concluye. Por otro lado, una tormenta puede volcar una grúa, ya que produce el viento más fuerte a nivel del suelo.

El objetivo de Solari con su proyecto THUNDERR es corregir esta tendencia desarrollando un modelo de viento de tormenta que se pueda utilizar para ayudar a diseñar edificios. De este modo, aumentaría la eficacia de las construcciones y se reducirían sus costes. El primer paso fue basarse en una tormenta artificial creada en uno de los túneles de viento más avanzados del mundo en la Universidad de Ontario, en Canadá, y elaborar un modelo de la misma. Según Solari, esa fase ya ha concluido, y su modelo logró reflejar con verosimilitud cómo funcionan las tormentas artificiales. Pero eso era la parte fácil.

Actualmente, el ingeniero ha pasado a modelizar tormentas reales, que varían enormemente entre sí. Como apoyo, él y su equipo han construido una red de 45 torres meteorológicas alrededor de la costa mediterránea, diseñadas para recopilar datos de los vientos producidos por las tormentas.

“Antes se pensaba que las tormentas eléctricas eran poco frecuentes”, observa Solari. “La razón era que no podíamos verlas. La red ha generado una base de datos con 250 registros de tormentas. Ahora el plan es ajustar el modelo inicial para que tenga en cuenta todas esas tormentas diferentes y sea verdaderamente representativo”.

Por Caleb Davies

03 nov 2020 - 2:30 COT

Este artículo ha sido originalmente publicado en inglés en Horizon, la revista de investigación e innovación de la UE. La investigación de este artículo fue financiada por la UE.

Traducción de NewsClips.

Megaincendios en la costa oeste de EEUU: “Si no creen en el cambio climático, vengan a California”

El humo proveniente de incendios forestales es visible en Pasadena, California, este sábado 12 de septiembre de 2020. Foto: AP.Varios megaincendios incineran más de un millón de hectáreas. Millones de residentes están asfixiados por el aire tóxico. Apagones continuos y olas de calor con temperaturas altísimas. El cambio climático, en palabras de un científico, le está dando una bofetada a California.

La crisis que enfrenta el estado más poblado de Estados Unidos es algo más que una mera acumulación de catástrofes individuales. También es un ejemplo de algo que les ha preocupado a los expertos del clima desde hace mucho, pero que pocos esperaban ver tan pronto: un efecto en cascada en el que una serie de desastres coinciden y se detonan o amplifican entre sí.

“Se están cayendo las piezas de dominó como los estadounidenses nunca se habían imaginado”, dijo Roy Wright, quien dirigió programas de resiliencia en la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por su sigla en inglés) hasta 2018 y creció en Vacaville, California, cerca de uno de los incendios más grandes de este año. “Es apocalíptico”.

Lo mismo se podría decir de toda la costa oeste del país esta semana, hasta Washington y Oregón, donde los pueblos se vieron diezmados por el fuego mientras los bomberos combatían al límite de sus capacidades.

Las crisis simultáneas de California son un ejemplo de cómo funciona la reacción en cadena. Un verano sofocante derivó en condiciones de sequía que jamás se habían experimentado. La aridez ayudó a que los incendios forestales de la temporada fueran los más grandes que se hayan registrado. Seis de los 20 incendios forestales más grandes en la historia moderna de California han sucedido este año.

Si el cambio climático era un concepto abstracto hace una década, en la actualidad es demasiado real para los californianos. Los intensos incendios forestales no solo están desplazando a miles de personas de sus hogares, sino que están provocando que químicos peligrosos se filtren en el agua potable. Las advertencias sobre el calor excesivo y el aire asfixiante lleno de humo han amenazado la salud de personas que ya están batallando durante la pandemia.

Además, la amenaza de más incendios forestales ha hecho que las aseguradoras cancelen las pólizas de los propietarios de las viviendas y que los principales proveedores de servicios públicos del estado corten el suministro de electricidad para decenas de miles de personas con fines preventivos.

“Si no creen en el cambio climático, vengan a California”, dijo el gobernador Gavin Newsom el mes pasado.

Los funcionarios se han preocupado por los eventuales desastres en cascada. Pero no pensaron que comenzarían tan pronto.

“Solíamos preocuparnos por un peligro natural a la vez”, dijo Alice Hill, investigadora principal del Consejo de Relaciones Exteriores que supervisó la planificación de la resiliencia en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Obama. “Pero la aceleración de los impactos climáticos ha sucedido más rápido de lo que esperábamos”.

Los climatólogos argumentan que el mecanismo detrás de la crisis de incendios forestales es simple: el comportamiento humano, sobre todo la quema de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo, ha liberado gases de efecto invernadero que elevan las temperaturas, lo cual seca los bosques y los predispone a incendiarse.

Mark Harvey, quien fue director sénior de resiliencia en el Consejo de Seguridad Nacional hasta enero, dijo que al gobierno se le ha dificultado prepararse para situaciones como las que se están viviendo en California.

“El gobierno tiene un desempeño muy muy deficiente en cuanto a los efectos en cadena”, afirmó Harvey. “La mayoría de nuestros sistemas están diseñados para lidiar con un problema a la vez”.

De cierto modo, los incendios forestales que han sucedido en California durante este año llevan décadas gestándose. Una sequía prolongada que terminó en 2017 fue una de las principales causas de muerte de 163 millones de árboles en los bosques de California en la última década, según el Servicio Forestal de Estados Unidos. Uno de los incendios que se propagó con más velocidad este año devastó los bosques que tenían la concentración más alta de árboles muertos, al sur del Parque Nacional de Yosemite.

Más al norte, el Bear Fire (incendio del oso) se convirtió en el décimo incendio más grande en la historia de California, pues arrasó con la impactante cantidad de 93.077 hectáreas en un periodo de 24 horas.

“Es realmente impresionante ver la cantidad de incendios enormes y destructivos que se propagan con tanta rapidez y suceden al mismo tiempo”, dijo Daniel Swain, climatólogo del Instituto del Medioambiente y Sustentabilidad en la Universidad de California en Los Ángeles. “He hablado con casi treinta expertos en incendios y climatología en las últimas 48 horas, y casi todos se han quedado sin palabras. Sin duda, no se ha vivido algo de esta magnitud en los últimos tiempos”.

Mientras las autoridades estatales se movilizan para lidiar con las amenazas inmediatas, los incendios también dejarán a California con problemas difíciles y costosos a largo plazo, desde los efectos de inhalar humo hasta el daño a los sistemas de agua potable.

El humo proveniente de un incendio forestal puede ser mortal, en el peor de los casos, sobre todo para las personas mayores. Hay estudios que demuestran que cuando llegan las olas de calor, la tasa de hospitalizaciones se eleva, y los pacientes experimentan problemas respiratorios, paros cardiacos y derrames cerebrales.

La pandemia de coronavirus añade una nueva capa de riesgo a una situación que de por sí es peligrosa. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han emitido comunicados que advierten que las personas con COVID-19 corren mayor riesgo de resultar afectadas por el humo de los incendios forestales durante la pandemia.

“Cuanto más tiempo dure el aire contaminado en California, más preocupaciones tendremos por los efectos adversos en la salud”, comentó John Balmes, vocero de la Asociación Americana del Pulmón y profesor de Medicina en la Universidad de California, campus San Francisco.

13 septiembre 2020 

(Tomado de The New York Times)

Publicado enMedio Ambiente
Un hombre sostiene una foto que muestra una estructura antes de que se sumergiera bajo el agua debido a las inundaciones. REUTERS/Baz Ratner

Andrew Wheeler, dirigente de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, afirmó que la regulación climática va en contra de los más vulnerables. Sin embargo, la ciencia señala que los efectos del cambio climático serán más severos para las clases más desfavorecidas y los países en desarrollo.

 

En el 50 aniversario de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos), su actual dirigente, Andrew Wheeler, opinaba que las políticas dirigidas a luchar contra la crisis climática basadas en medidas regulatorias suponen un ataque a los intereses de los pobres y los colectivos más vulnerables. Se trata de un mantra del negacionismo que parecía olvidado y que durante el mandato de Trump ha resurgido con fuerza.

De esta forma, el administrador del organismo federal –designado por Trump en 2017– cargaba contra las políticas demócratas del mandato Obama y vinculando la desregulación ambiental con los intereses de las clases trabajadoras. "Algunos miembros de administraciones anteriores y progresistas en el Congreso han elevado la defensa de un solo tema, en muchos casos centrados solo en el cambio climático, y por encima de los intereses de las comunidades dentro de su propio país", comentaba este jueves Wheeler, haciendo ver que una hipotética reelección del presidente republicano supondrá el portazo definitivo a la lucha contra el cambio climático.

No en vano, la afirmación del dirigente de la EPA pretende difuminar las evidencias científicas que confirman que los efectos de la crisis climática son (y serán) más severos para las clases trabajadoras y los países pobres del sur global. Se trata de un mensaje tradicional de la derecha republicana que señala con el dedo a las políticas de protección ambiental por lastrar los intereses económico y las vincula con un supuesto interés de la izquierda de querer controlar las vidas cotidianas de los ciudadanos de a pie. En un ejemplo claro, Wheeler hizo referencia a la restricción de los combustibles fósiles, argumentando que no van tanto en contra de los intereses de las compañías de petróleo y las marcas de automóviles, como de las necesidades de las clases trabajadoras para moverse en automóvil. De hecho, según informa Reuters, el dirigente de la Administración Trump vinculó escenarios de apagones en California con las políticas demócratas de transición verde basadas en energías renovables como la eólica o la solar.

El rechazo de Wheeler a la regulación y protección ambiental es un fiel reflejo de la forma en la que se aborda desde la Casa Blanca el reto climático. Más allá del incremento de contaminación y el aumento de concesión de licencias para macroproyectos con impacto ambiental, el hecho de que desde la EPA se considere que la lucha contra la crisis ecológica va en detrimento de los más vulnerables va en contra del grueso de las publicaciones científicas. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC), sin ir más lejos, advirtió en su último informe que el incremento del nivel del mar como consecuencia del calentamiento global será devastador para los países más pobres y para las estados insulares, que serán engullidos por el agua. No sólo eso, sino que la absorción del océano de cerca del 30% del CO2 emitido por el ser humano desde los años ochenta del siglo XX afectará en mayor medida a las comunidades rurales que viven de la pesca debido a una gran pérdida de biodiversidad marina.

"Las personas más expuestas y vulnerables son a menudo aquellas que cuentan con menor capacidad de respuesta", dijo el presidente del IPCC, Hoesung Lee, en relación al informe y alertando de que las demandas de la ciencia ya no pueden ir destinadas a luchar contra el cambio climático, sino a mitigar en la medida de lo posible sus consecuencias sobre los colectivos más desfavorecidos.

Cómo todo fenómeno, la crisis climática está teniendo consecuencias en función de la clase social. Así lo evidencia una investigación exhaustiva realizada por The New York Times , que detalla como los barrios negros y obreros de grandes urbes norteamericanas como Nueva York, Baltimore, Richmond, Dallas o Portland sufren ya temperaturas más cálidas que los distritos blancos y con mayor nivel de renta.

El oleoducto de Keystone que pretende transportar crudo desde EEUU es un buen ejemplo de cómo la desregulación normativa afecta directamente a los intereses de determinados colectivos. Este proyecto fue bloqueado durante el mandato de Obama, después de numerosas denuncias por parte de grupos ecologistas y comunidades indígenas canadienses y estadounidenses que iban a ver como sus territorios tradicionales iban a ser atravesados por esta infraestructura destinada al transporte de combustibles fósiles. Pese a ello, la Administración Trump decidió, en el mes de abril, reactivar el plan unos días después de que la EPA emitiera un comunicado donde anunciaba que todas las normas de protección ambiental quedaban suprimidas, al menos hasta que se ponga fin a la pandemia del coronavirus

La desregulación, al servicio de las grandes empresas

 

El mandato de Trump en materia ambiental ha estado articulado por un menosprecio a la ciencia y a todo lo relacionado con la crisis climática y la protección ambiental. Tanto es así, que su llegada a la Casa Blanca supuso la salida de los EEUU del Acuerdo de París, el tratado internacional firmado por 195 países que buscaba limitar las emisiones de CO2 mundiales y evitar que la temperatura del planeta ascendiera más de dos grados centígrados antes de que finalice el siglo XXI.

Tal y como recoge la revista Climática, durante sus cuatro años de Gobierno, el presidente republicano ha reducido o eliminado más de 150 medidas relacionadas con el medioambiente, ha incrementado la perforación del Ártico y ha afirmado que el cambio climático no tiene que ver con las acciones del ser humano en la Tierra. Todo ello, lejos de ir en beneficio de las clases proletarias como afirmaba dejaba ver el pasado jueves el dirigente de la EPA, ha ido destinado a favorecer los intereses de las grandes compañías petroleras.

El fin de las restricciones a las fugas de metano, una de las últimas medidas aprobadas por el Ejecutivo demócrata de Obama, ha sido una de las últimas decisiones de Trump más criticadas por la oposición y los grupos ecologistas, ya que libera a las compañías de la obligación de detectar y reparar cualquier escape de este gas nocivo, según informa The New York Times. La medida, como muchas otras, producirá beneficios económicos de hasta 100 millones de dólares al año hasta 2030 y conllevará 850.000 toneladas de metano durante esa década. La EPA justifica esta reciente medida y argumenta que "las cargas regulatorias impuestas por la administración Obama-Biden recayeron en gran medida sobre las pequeñas y medianas empresas de energía".

"Las acciones del presidente Trump con frecuencia han tomado la forma de ordenes ejecutivas que describen políticas nacionales, como priorizar la producción y distribución de combustibles fósiles, enfatizar el uso económico de los recursos naturales, acelerar las revisiones ambientales federales para proyectos de infraestructuras, y disminuir las restricciones de emisiones y estándares de eficiencia en todos los ámbitos", resumen desde el Centro Sabin para la Ley de Cambio Climático de la Universidad de Columbia, que cifra en en 159 el número de medidas de desregulación climática llevadas a cabo por el Ejecutivo republicano durante los últimos cuatro años de legislatura. 

05/09/2020 10:14

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La imagen de Google Earth muestra la deforestación alrededor de Parakanã en el estado de Pará en la Amazonía brasileña.

El más reciente estudio realizado por la Universidad de Maryland, y publicado por Global Forest Watch, identifica a los diez países con la mayor pérdida de bosques primarios durante 2019. Cinco de estas naciones se encuentran en América Latina.

 

Entre los datos más impactantes que ofrece este informe es que cada seis segundos se pierde un área de bosques tropicales que equivale a un campo de fútbol. El estudio también destaca que la pérdida de bosques primarios se incrementó en 2.8 % en 2019, si se compara con el año anterior.

En América Latina, la presión sobre los bosques puede incrementarse en los próximos meses, sobre todo a partir de que los gobiernos de la región buscan formas de incentivar la economía ante la crisis provocada por la pandemia del COVID-19.

¿Cuáles fueron las cinco naciones de América Latina que perdieron bosques durante 2019? ¿qué actividades han propiciado el incremento de la deforestación?

1. Brasil: políticas que afectan a los bosques

El país sudamericano alberga una de las más importantes superficies de bosques tropicales en el mundo: 60 % de la selva amazónica se encuentra dentro de su territorio. Brasil, es también la nación que registra la deforestación más intensa a nivel mundial: en 2019 perdió un millón 361 mil hectáreas.

El análisis de Global Forest Watch resalta que la pérdida de bosques primarios en Brasil representa un tercio de la cobertura boscosa que dejó de existir en todo el mundo durante 2019. Las principales causas de la intensa deforestación que se vive en Brasil son la expansión de la agricultura, los incendios forestales y la tala selectiva.

Paulo Barreto, investigador asociado del Instituto del Hombre y Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon), explica que la la pérdida de bosques ha ido en aumento en los últimos años desde que en 2012 el congreso aprobó una ley que “perdonaba” la deforestación ilegal.

Esta situación se agravó a partir del 1 de enero de 2019, cuando llegó a la presidencia de Brasil Jair Bolsonaro y promovió la aprobación de normas que abren, aún más, la puerta a la minería y a la extracción de petróleo y gas dentro de los territorios indígenas.

El informe de Global Forest Watch resalta que la deforestación se ha acelerado en áreas indígenas de Pará y en territorios de pueblos originarios, donde también ha crecido el acaparamiento de tierras.

2. Bolivia: las cenizas que dejaron los incendios

El fuego tuvo una presencia importante en los bosques de América Latina en 2019. Brasil y Bolivia —este último alberga 6 % de la selva amazónica— fueron dos de los países más afectados por los incendios forestales.

Los incendios fueron, en el caso de Bolivia, una de las causas que contribuyeron a que el país se ubique en el cuarto lugar, a nivel mundial, de naciones con mayor pérdida de bosques primarios durante 2019. El informe de Global Forest Watch resalta que este país sudamericano perdió alrededor de 290 000 hectáreas de bosques primarios. Estudios realizados por la Fundación Amigos de la Naturaleza muestran que, entre 2015 y 2018, Bolivia registró una aceleración de pérdida de bosques que supera las 440 000 hectáreas por año.

Una de las regiones más afectadas por la deforestación en Bolivia es la Chiquitanía, en especial la provincia de Santa Cruz, epicentro de la agricultura a gran escala en el país altoandino. “La agricultura a gran escala es un importante impulsor de la deforestación en Bolivia, particularmente para la soja y la ganadería”, se resalta en el informe del Global Forest Watch.

3. Perú: minería y cultivos ilegales

El 13 % de la selva amazónica se encuentra dentro del territorio del Perú, país que a nivel mundial ocupa el quinto lugar entre las naciones que más bosques primarios perdieron durante 2019.

En ese año, el territorio peruano se quedó sin 162 000 hectáreas de bosques primarios, una cifra que supera en 20 000 hectáreas las cifras de 2018, de acuerdo con datos del Global Forest Wath.

Otro estudio realizado por el Instituto del Bien Común (IBC), basado en imágenes satelitales tomadas entre 2001 y 2015, muestra que durante ese periodo se perdieron 1 932 872 hectáreas, de las cuales 33 708 se encontraban dentro de comunidades nativas tituladas en la Amazonía peruana. Sandra Ríos, investigadora del IBC, destaca que la ilegalidad y la informalidad en la Amazonía son las principales causas de la pérdida de bosques en Perú; así como la minería ilegal y los cultivos ilícitos.

En 2019, Mongabay Latam realizó un recorrido por la zona de Puerto Nuevo, en Ucayali, en el que comprobó que grandes extensiones de bosques han sido invadidas y taladas para sembrar coca de manera ilegal.

4. Colombia: expansión ganadera

En Colombia se encuentra el 79 % de la selva tropical del Chocó (la más húmeda del mundo), así como 8 % de la Amazonía. Y aunque las cifras de la deforestación de bosques primarios han ido a la baja en los últimos años, el país sigue ubicándose entre los diez que más pérdidas registran: en 2019 se ubicó en el séptimo lugar a nivel mundial.

En 2019, de acuerdo con Global Forest Watch, Colombia dejó de tener 115 000 hectáreas de bosques primarios, una cifra que está por debajo de las 157 000 hectáreas que perdió en 2018 y las 128 000 registradas en 2017.

El informe destaca que entre las causas de la pérdida de bosques primarios está el acaparamiento de tierras y la expansión de la ganadería, sobre todo dentro de áreas naturales protegidas.

En junio del 2020, la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible en Colombia informó que hasta el 15 de abril se había deforestado más de 75 000 hectáreas de la Amazonía colombiana. Esta organización identificó que en las zonas más deforestadas hay presencia de grupos armados e invasión de territorios indígenas, en donde va en aumento actividades ilegales como el cultivo de coca.

La pérdida de bosques primarios en este país aumentó, sobre todo, a partir de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016.

5. México: un año crítico

En la lista de países que más bosques primarios perdieron durante 2019, México ocupa el noveno lugar, al presentar una deforestación de 65 000 hectáreas, casi los mismos números que se registraron en países como Laos o Camboya, de acuerdo con los datos de Global Forest Watch.

La pérdida de bosques primarios registrada durante 2019 es la más alta que se ha documentado desde 2001, de acuerdo con los análisis de Global Forest Watch. En 2018, por ejemplo, el país perdió poco más de 45 000 hectáreas de bosques primarios y 55 000 en 2017. Desde 2001 hasta 2019, México ha perdido 602 000 hectáreas de bosques primarios.

El mapa de Global Forest Watch muestra que una de las regiones en donde el país más ha perdido bosques es la Península de Yucatán, territorio en donde se encuentra la selva maya y en donde, en los últimos diez años, se han instalado granjas para la producción cerdos y se ha incrementado la agricultura extensiva. Además, se ha deforestado la selva para instalar campos de generación de energía solar y desarrollos turísticos.

La selva maya forma parte de las selvas tropicales mesoamericanas que, en total, tienen una extensión de 51 millones de hectáreas de cobertura arbórea; incluidos 16 millones de hectáreas de bosque primario.

México es el país que alberga la mayor extensión (39 %) de la cubierta forestal primaria de Mesoamérica, seguido por Guatemala (13 %), Honduras (11 %), Panamá (11 %), Nicaragua (10 %) y Costa Rica (9 %).

6 julio 2020 

Publicado originalmente en Mongabay Latam 

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Expertos y tripulación que remplazarán al equipo del rompehielos (a la derecha) abordan el barco RV Maria S Merian, en Bremerhaven, en la costa de Svalbard.Foto Afp

Equipo internacional de científicos arribará en unos días al Polarstern; debió relevar a sus colegas en abril// Atmósfera y efectos del calentamiento global,

parte de la investigación

 

Berlín. Los miembros de la expedición científica más grande de la historia en el Ártico se habían preparado para todo, incluso para ataques de osos polares, pero no a una pandemia que amenazaría la continuidad de su misión.

Con dos meses de atraso, los científicos de este equipo internacional, encargado durante más de un año de estudiar las consecuencias del cambio climático en el Polo Norte, deberían finalmente poder pasarse el relevo en los próximos días.

De regreso al Polo Norte, donde se dejó ir a la deriva todo el invierno entre los témpanos, el rompehielos Polarstern, del instituto alemán Alfred-Wegener de Bremerhaven, llegará en poco tiempo a las costas del archipiélago noruego de Svalbard.

Desembarcará a un centenar de investigadores internacionales, que acaban de pasar cerca de tres meses en el Polo, para embarcar a su vez a un centenar de sus colegas, entre ellos el jefe de esta misión, Markus Rex, trasladados a bordo de barcos de investigación de Bremerhaven.

Este climatólogo y físico, que ya efectuó una primera estadía de septiembre a enero a bordo del Polarstern, había elaborado con su equipo más de una decena de escenarios en caso de imprevisto durante los 390 días que debe durar la expedición.

"Tuvimos que desarrollar un nuevo plan muy rápidamente", tras la aparición de la pandemia que frenó la actividad mundial, indicó por teléfono desde Spitzberg, la isla principal de Svalbard.

La expedición, bautizada Mosaic y que zarpó en septiembre de Noruega, tiene por objetivo estudiar al mismo tiempo la atmósfera, el océano, el mar de hielos y el ecosistema para recibir datos que evalúen el impacto del cambio climático en la región y el mundo entero.

Durante 390 días, unos 600 expertos y científicos se relevan en el barco que se ha dejado llevar por la deriva polar, esa corriente oceánica que va de este a oeste en el Océano Ártico.

A fines de febrero, la embarcación estaba a 156 kilómetros del polo. Nunca un barco estuvo tan al norte en invierno.

Inicialmente, el nuevo equipo, integrado por expertos de una docena de países diferentes, tenía que llegar a principios de abril al Polarstern en avión desde las Svalbard, pero el cierre de fronteras provocó la cancelación de los vuelos.

Finalmente, tras numerosos obstáculos, los responsables de la misión decidieron transportar a los científicos, así como víveres y combustible, por barco hasta Spitzberg.

Por su parte, el Polarstern interrumpió hace unas semanas sus investigaciones para ir a buscar al nuevo equipo.

"La segunda gran dificultad que tuvimos fue asegurarnos que el virus no se propague entre los miembros de la expedición", continuó Markus Rex.

Para ello, se impuso una estricta cuarentena de más de 14 días a todo el nuevo equipo en dos hoteles de Bremerhaven alquilado por completo para ellos.

"Las puertas (de las habitaciones) no podían abrirse, no hubo ningún contacto con personas del exterior (...) Las comidas eran llevadas a la puerta de los cuartos", detalló.

"Todo el mundo fue sometido a tres pruebas" de detección de Covid-19, precisó Markus Rex, aliviado de que esta misión a la que consagró 11 años de su vida pueda continuar.

A bordo del Polarstern, que ya pasó 150 días de noche polar con temperaturas de hasta menos 39.5 grados Celsius, el equipo vivió a distancia el confinamiento del mundo.

"Muchos de ellos tienen familia e intentan evidentemente mantenerse lo más estrechamente posible en contacto a través del teléfono satelital", explicó Torsten Kanzow, actualmente en el rompehielos.

Los obstáculos no deberían tener un impacto mayor en las investigaciones que se llevan adelante, según el jefe de la misión.

El final de la expedición se mantiene para el 12 de octubre.

El Día de la Tierra como recordatorio de que la crisis crucial es la climática

Mientras un planeta confinado ve cómo sus índices de contaminación atmosférica se reducen, la emergencia climática continúa y la Tierra se dirige a un aumento de temperatura de 3,2 ºC. El Movimiento por el Clima llama a una acción global este viernes 24 de abril.

Este 22 de abril el planeta celebra el Día de la Tierra bajo unas circunstancias nunca vistas en un siglo. Es un hecho que en gran parte del mundo las grandes aglomeraciones están viendo cómo la calidad del aire mejora, fruto del parón momentáneo de la movilidad impulsada por motores a combustión.

La Agencia Espacial Europea (ESA) difundía esta semana unos datos sorprendentes. Las mediciones de dióxido de nitrógeno (NO2) —un contaminante asociado especialmente a los vehículos diésel—, realizadas entre el 13 de marzo y el 13 de abril, constataban el importante descenso de los niveles de polución, de en torno a 50% respecto al mismo período del año anterior.

Mientras Madrid reducía sus niveles de NO2 un 48%, otras grandes ciudades europeas como Milán o Roma constataban reducciones del 47% y el 49%, respectivamente. París iba más allá, con una disminución del 54%.

Los datos son especialmente visibles a través de las imágenes del satélite Copernicus Sentinel-5P de la ESA, información que está utilizando el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos para monitorizar la polución por NO2 en todo el continente. Con las medidas de confinamiento prolongadas en la mayoría de países, la previsión a corto plazo del organismo indica que la contaminación continuará en mínimos históricos en las próximas dos semanas.

Problema crucial pospuesto

Sin embargo, en este Día de la Tierra, desde las organizaciones ecologistas recuerdan que la crisis crucial para la humanidad se mueve en un contexto mucho más amplio, y desde Greenpeace recuerdan que, en el actual contexto de emergencia sanitaria, el cuidado del planeta es más necesario que nunca. 

Según el Informe sobre la brecha de emisiones 2019 del Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas, si solo confiamos en los compromisos climáticos actuales del Acuerdo de París, es posible que las temperaturas aumenten 3,2 °C este siglo

El Movimiento por el Clima, agrupado en las confederaciones Fridays for Future, 2020 Rebelión por el Clima y Alianza por el Clima —que integran a decenas de organizaciones— hacen un llamamiento a la población para participar este viernes 24 de abril a las 22 horas una acción global en defensa del clima. 

Mediante la proyección simbólica de sombras y sonidos en fachadas, estos colectivos pretenden reivindicar una desescalada de la crisis sanitaria actual “que ponga en el centro el medio ambiente y a las personas y tenga en cuenta criterios de justicia social y climática”, según señalan en un comunicado lanzado para la convocatoria.

“Esta crisis de salud pública ha puesto de manifiesto que esa sensación que teníamos de seguridad absoluta garantizada por la tecnología era absolutamente falsa”, apunta el documento, un texto que resalta “lo dañina que puede ser una crisis si nos pilla desprevenidos, sin planes de prevención y emergencia suficientes que puedan hacerle frente de forma efectiva”.

Así, el manifiesto recuerda que si no actuamos decidida y rápidamente, se alcanzará un cambio climático de tal magnitud y rapidez que haría imposible nuestra adaptación: “Sería devastador para la mayoría de los ecosistemas y las sociedades humanas”.

Niveles récord

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) monitoriza la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, y sus datos indican que entre enero y marzo de 2020 dicha concentración ha alcanzado las 414,03 partes por millón (ppm), frente a las 411,6 registradas en el mismo período del año anterior. La disminución de expulsión de gases de efecto invernadero como la vivida en China, donde se estima que se han reducido un 25% en febrero, apenas han tenido un efecto sobre la emergencia climática, que sigue su curso imparable.

“Mientras el coronavirus se expande por los cinco continentes, el planeta experimenta extremos climáticos: a nivel mundial, el pasado mes de enero fue el más cálido desde que se tienen registros en todo el mundo y marzo el segundo más cálido. En España, el mes de febrero estuvo 3ºC por encima de la media entre 1981 y 2010”, señalan desde Greenpeace.

La organización reclama a los gobiernos transformar la actividad económica “de un modo climática y socialmente justo”, enfrentando una reducción drástica de las emisiones sin perder de vista el garantizar unas condiciones de vida dignas para los colectivos más vulnerables.

Para el portavoz de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto, “una vez que empecemos a observar el aplanamiento de la curva de la pandemia, urge abordar la actual crisis climática y de biodiversidad, que no han vivido ninguna cuarentena”. El responsable señala que “una vez que la crisis sanitaria permita salir a las calles, la ciudadanía volverá a pedir que se aborde de manera urgente la respuesta a la crisis ecológica y que los intereses privados, que están retardando la transición ecológica, sean expulsados de los foros donde se está debatiendo el futuro de la humanidad, porque ambas crisis, la sanitaria y la climática, son caras de una misma moneda, la profunda alteración del equilibrio en la Tierra”.

En clave estatal, desde Amigos de la Tierra exigen al Estado español que acelere la descarbonización de la economía a un ritmo mucho mayor del anunciado actualmente. En concreto, este colectivo, junto a las organizaciones firmantes del manifiesto para la acción de este viernes, piden conseguir la neutralidad climática en España en 2040; el aumento de reducción de emisiones de CO2 del 23% actual al 55% para 2030 con respecto a los niveles de 1990; acabar con los subsidios, exenciones fiscales y otros beneficios de los combustibles fósiles; e incorporar medidas de reducción de emisiones que aborden sectores como el transporte, la ganadería y sectores industriales.

@CeboTwit

22 abr 2020 03:40

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