Mariela Devia, maestra normalista, hermana de Raúl Reyes, reclama el cadáver del guerrillero. Antes que la paz, el conflicto en Colombia da sorpresas. A diferencia del presidente Uribe y sin agregar calificativos, a “paramilitares de derecha […] insurgentes de izquierda” –sin duda, con relación a Colombia pero sin nombrarla– se refirió el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, en la V Cumbre de las Américas. Un ligero cambio de lenguaje. Una variación que pasó inadvertida pero que quizá descorre al ‘plan Colombia’ y disminuye o deja a Uribe sin discurso. En otra arista, una forma de ser y un lenguaje campesino, que en cualquiera de nuestras veredas tiene raíces y memoria del conflicto, expresa Mariela Devia. Ese país y ese lenguaje que los grandes medios y los artífices de la ‘guerra política’ desconocen.

Cortados del mismo palo. En las entrevistas el jefe guerrillero Raúl Reyes tenía y su hermana igual: frases tajantes y de tono seco. Como si fuera él, con su misma inflexión, rostro impávido y ojos fuertes, Mariela respondió en esta entrevista: “Sí, la verdad es eso”, “Cómo confiar en la injusticia”… “Los gobiernos tradicionales, que son los que han hecho y desecho”… o “La casita, si la quieren tumbar, que la tumben y no dejen sino el lote”. Unas respuestas con desafío del modo de ser y del tiempo urbanos. La entrevista “El largo tiempo de la guerra, el largo tiempo de las farc”, que hice a Reyes en diciembre de 1996, conservó actualidad dos años después. Se publicó con portada en el Magazín de El Espectador.

“Nos tocaba madrugar a cargar el agua por allá de una playa pública como a seis cuadras de la casa en Florencia (Caquetá) –recuerda. Como a tantos otros, la vida de campesino pobre convirtió a Luis Devia en concejal amenazado y en Raúl Reyes guerrillero. A su padre, que labró en “el Huila una cuestión de aserríos”, le tocó emigrar para el Caquetá. “Irse dejando todo botado. Sólo pudo rescatar un hacha, un azadón y un pico” –fue una de sus respuestas.

Omar Roberto Rodríguez: ¿Piensa usted rescatar –mediante reclamo– el cadáver de su hermano?
Mariela Devia: Eso me tiene por aquí con riesgo de mi vida. Es lógico que ante el dolor de un hijo que muera, o asesinen, una familia tiene el derecho de darle sepultura.

O.R.R.: Cómo lo concibe, ¿con una huelga de hambre, ir a la Fiscalía, o con qué otra cosa; una entidad internacional como la Cruz Roja tendría que intervenir?
M.D.: Sí. Una entidad que tenga la facultad de ayudarnos en ese aspecto. Es lo más justo, que nos den esa oportunidad de dar entierro como merece, a esos restos que dejaron.

O.R.R.: Un hermano de Camilo Torres Restrepo, en acuerdo con el general Álvaro Valencia Tovar, reclamó los restos mortales del cura guerrillero y admitió ocultar a Colombia la verdad. ¿Igual, usted aceptaría enterrarlo en un lugar oculto?
M.D.: Yo lo reclamo a nombre de toda mi familia, de mis sobrinitos y de mi cuñada, la mamá de sus hijos, que yo estoy segura, lo quiso y aún lo quiere, porque a costa de su vida se expuso a pedir que se lo entregaran. Ella tiene derecho a saber dónde está sepultado. No me parece lógico, moral, que yo lo reclame y sólo yo sepa sin que mi familia tenga derecho a saber de su sepultura. Me parece una actitud egoísta que mi propio hermano rechazaría.

O.R.R.: El coronel Guevara murió en poder de las farc. La mamá y sus familiares reclaman su cadáver. ¿Qué les dijera si los encuentra, o no piensa buscarlos?
M.D.: No pienso buscarlos porque yo sé que el dolor que ellos han sentido yo también lo siento. Y no sólo ahora. Casualmente, a nuestro hermano menor también lo mataron estando Luis (Raúl Reyes) todavía vivo. Y lo mataron en una zona de total control militar, diciendo que las farc lo hicieron.

O.R.R.: ¿Cómo? ¿En qué lugar lo mataron, en la montaña o en un lugar urbano?
M.D.: Fue por los lados de Puerto Rico (Caquetá), a la orilla de una carretera para San Vicente, en los primeros días de 2002. Yo ya había tenido que huir de allá. El peladito pagaba el servicio militar. Seguro se dieron cuenta de que él era hermano de Raúl Reyes, y como el muchachito era muy calladito, un muchachito campesino, muy ensimismado, lo mataron y dijeron que eran las farc.

O.R.R.: ¿Supo en que circunstancias murió?
M.D.: Pues, a disparos porque qué más.

O.R.R.: ¿Al pisar de nuevo en Colombia, piensa pedir protección?
M.D.: Es difícil porque yo no confío en la injusticia colombiana. Si han matado a tantos estudiantes y dirigentes políticos que se han lanzado a hacer una política limpia, cómo pensar que a uno lo van a cuidar. Menos, cuando a uno lo imaginan que es de lo peor. Que una es terrorista, porque entiende la injusticia que hay, y que supuestamente se les escapó…
O.R.R.: ¿A quién se refiere? ¿quiénes son los que eso dicen?
M.D.: …Dicen “esa vieja hijuetantas se voló” y que algún día tengo que volver y el delito es ser hermana de él. ¿Puedo confiar? No puedo mostrarme ilusa. Las “águilas negras” aquí y en todas partes de Latinoamérica y Norteamérica buscan al que puedan matar.

O.R.R.: ¿Cómo se entera usted de la muerte de su hermano Luis?
M.D.: Por las noticias allá en mi nuevo país, Canadá. Allá recibo una atención, cuando en mi tierra donde nací no recibí sino dolor y saber que mi sangre rueda por la tierra…
–rueda la de unas y la de otras víctimas en cada orilla del conflicto…
…Es triste saber que hay un país donde a la gente que piensa le toca morirse o salir. Allá, veo noticias en internet. Cuando andaba la bola de su muerte, sagradamente, no creía. Así pasé todo el día, y comenté, a los hijos de él que tampoco sabían. Les dije: “Oigan noticias, pongan cuidado porque oí decir esto… y no estoy segura, espero que no sea así”.

O.R.R.: ¿Cuando usted vio la foto del cadáver, qué detalle le impresionó más?
M.D.: ¡Hay Dios! La situación tan bellaca como lo maltrataron. La bomba acabó su pierna, lo demás fue hazaña. Se ensañaron con él los militares sin honor, matones, que tiene Uribe.

O.R.R.: ¿Raúl Reyes no murió con la bomba que le perdió la pierna?
M.D.: Para mí no es cierto, perdió su piernita pero quedó vivo. Después fue que lo acabaron.

O.R.R.: ¿A partir de ese día, el gobierno canadiense la protege más?
M.D.: No. Ellos allá saben que yo soy hermana de él y así me acogieron.
O.R.R.: ¿Si no es inconveniente que lo diga, qué hace usted en Canadá?
M.D.: Allá no desempeño ningún empleo por las dificultades. La verdad es que es muy difícil para uno después de viejo, dicen que loro viejo no aprende a hablar.

O.R.R.: ¿En qué ciudad vive si se puede saber?
M.D.: No, no, no me gusta decir.
–Está bien…
…Sí, la verdad es eso, yo soy muy veraz de las cosas. No, porque allá también me ha tocado estar así. Allá se anida gente que dice estar perseguida y no es así. Que se está yendo porque la mandan a vacaciones después que ha sido una total asesina en nuestra patria.

O.R.R.: ¿Por qué Luis se puso como ‘nombre de guerra’ Raúl Reyes?
M.D.: Por un hermano que tiene 69 años. Así se llama el mayor por parte de papá que no es del matrimonio. Como no tiene el mismo apellido, no lo buscan. Se cobija por ese lado.

O.R.R.: ¿Su padre era liberal o del partido comunista?
M.D.: Siempre fue liberal y mi mamá también. Por eso, les tocó volarse de Argentina (Huila) para el Caquetá. Después de mi hermana y Luis Édgar, mis padres huyeron a las riberas de una fuente de agua llamada Villahermosa, como a seis horas de camino de Florencia, donde nacimos siete hermanos más. El mayor era Luis Édgar y nació en La Argentina (Huila), pueblito que le decían Plata Vieja. En ese tiempo, a quien no se confesaba, comulgaba y se comprometía a voltearse como conservador, lo mandaban a matar. La Iglesia se abanderó con el ejército y la policía. Mi papá no quiso ser voltiarepas.

O.R.R.: ¿Pero ustedes se fueron a vivir a Florencia?
M.D.: Por la parroquia del Corozo. En la casita, fruto de mi trabajo y el de mis padres.

O.R.R.: ¿Cuántas habitaciones tenía?
M.D.: Tenía dos y la salita y la cocinita. No teníamos más… y ahora, si la quieren tumbar que la tumben…

O.R.R.: ¿Cómo hacían para dormir tantos…?
M.D.: Él, mi hermanito mayor, con mis dos hermanos menores en la pieza pequeña, y en la siguiente, grande, nosotras con mi mamá.

O.R.R.: Cuando joven, ¿su hermano vendía leche y fue mensajero de una farmacia?
M.D.: Quería narrarle eso. De la vereda Villahermosa, donde nací, mi mamacita sacó a Luis para Florencia y lo puso a estudiar en el colegio Bautista Migani, y a trabajar en la farmacia de Manuel Beltrán, quien facilitó la forma para estudiar. Luisito era chiquitico, a duras penas alcanzaba por encima de la vitrina. Aprendió muy rápido a pesar de ser un mensajerito.

O.R.R.: ¿Él fue a la escuela o aprendió a leer por su cuenta?
M.D.: Mi mamacita fue quien le enseñó. Ella era educadora, normalista de Gigante (Huila), y nos enseñó a leer y escribir a todos. Cuando lo sacó a estudiar, él ingresó creo a tercero de primaria. El señor Beltrán lo quitó de mensajero y lo puso a trabajar en la droguería. Con los agentes viajeros aprendió farmacia, y luego con los de Bayer algo de veterinaria para una anexa a la droguería, donde Luis atendía lo tocante con los animalitos. Él enfrentó el hogar a la par de mi mamá para mantenernos.

O.R.R.: ¿Usted se enteró del vínculo de Luis con el partido comunista?
M.D.: Me daba cuenta de que él iba a reuniones, pero no sabía de qué se trataba. Sabía que andaba con unos amigos que el papá llamaba Arturo Pérez. Me comentaba: “Tengo que irme a una reunión allá donde los Pérez”.

O.R.R.: ¿Las reuniones eran en el campo?
M.D.: No. Porque él se iba a las cinco de la tarde y volvía por ahí a las nueve.

O.R.R.: ¿Y cómo llegó a ser dirigente sindical?
M.D.: Él siempre tuvo las ideas de izquierda. Desde muy niño le gustó leer mucho. Era muy estudioso y leía el periódico Voz. Andaba con una agendita en el bolsillo, y con un lápiz con punta bien aguda iba subrayando, tomaba apuntes de todo escrito que caía en sus manos, los resumía y extractaba. Así logró destacarse.

O.R.R.: Y también fue concejal…
M.D.: Después que Luis trabajó en la farmacia, conoció al doctor alemán Wolfang Völler, que escapó en la segunda guerra. Era dueño de una hacienda ganadera y una distribuidora veterinaria con Luis convertido en el administrador y distribuidor. ¡Ahí le llevo secuencia!
–Sí, cómo no. Gracias…
Allí trabajó dos o tres años, pero en Telecom le ofrecieron trabajo. También, fue cajero en el Banco de Colombia con una paga mejor. Luego, trabajó en Nestlé de visitador y asesor de fincas en manejo de vacas lecheras. Creo que por ahí conoció a los que andaban por el campo y enlazó algún compromiso con ellos, por la revolución. Él trató de contarme, pero yo no le puse cuidado. Yo estaba muy ajena a esas cosas políticas.

O.R.R.: ¿Cómo supo que su hermano se fue para la guerrilla?
M.D.: Nestlé abrió una planta procesadora y enfriadora de leche en Doncello con Luis como jefe. Él fue a fundarla y es cuando lo eligen concejal. Ahí vienen los problemas. Las fuerzas oscuras del Gobierno empiezan a perseguirlo (Ver Recuadros Nº 1 y Nº 2).

Recuadro Nº 1
Un concejal de Doncello, perseguido

O.R.R.: ¿Alguna vez, junto a su hermano, usted vio el peligro?
M.D.: Propiamente no. Pero en febrero del 81, cuando tenía 15 días de dieta por uno de mis hijos, un día por ahí a las seis y media tocaron la puerta. Me asomé y me puse contenta, pero se me hizo raro que Luis llegara a esa hora, porque él vivía con la familia en Doncello.

O.R.R.: ¿Venía de afán? ¿qué dijo por llegar tan temprano?   
M.D.: Yo lo notaba pensativo, como preocupado y dije:
–Le arreglo cama para que se acueste, porque lo veo cansado.
–Sí, no he dormido nada. Ya llevo como dos días sin dormir, contestó. A mi me extrañó. Habría dormido unos 15 minutos cuando pegó un brinco y se sentó de un solo salto.
–¿Qué pasó? –le dije.
–No, que soñé con una pesadilla
–¿Tiene problemas con la esposa o el trabajo? –Si eso fuera no sería nada, dijo. –Cuénteme entonces, qué es lo que le pasa. Y es cuando comenzó a narrarme la situación.

O.R.R.: ¿Qué le reveló?
M.D.: Llevaba ya como tres meses que lo seguían y seguían. Siempre había unos tipos, dos o tres, pendientes de él. Cuando él me narró todo, me preocupé demasiado. Ya había sabido que en Doncello mataron a una cantidad de gente amiga de él. Mataron a una familia que le regaló un ramo de flores él día que lo posesionaron concejal. Entonces, yo hablé con él cosas de hermanos y concienzudamente de la forma de ayudarlo.

O.R.R.: ¿Usted podía hacerlo?
M.D.: Yo no iba a dejarlo perecer así. Cité urgente a mis otros hermanos. Les dije que no podíamos permitir que él apareciera cualquier día tapando una cuneta en cualquier zanjón, y tomamos el acuerdo que lo mejor era que él se fuera. De una vez, llamamos a la cuñada para que mandara un bolso con la ropa de él, la más que pudiera. Y así fue. Al otro día, un hermanito lo acompañó hasta Garzón (Huila) y lo dejó sentado en un parque.

O.R.R.: ¿Les dijo que iba a trabajar a otro lugar o que se iba para la guerrilla?
M.D.: No. Él aún no estaba comprometido. Tomó la decisión de ir a Bogotá adonde un tío. Pero usted sabe que uno, cuando está arrimado, los primeros días santo y bueno, pero después se cansan con uno, más cuando se dieron cuenta de que el hombre tenía peligros y estaba huyendo (Sigue Recuadro Nº 2).

Recuadro Nº 2
Luis Devia estudió en Moscú

“Él estuvo en Bogotá y allá encontró la gente que lo relacionó. Fue cuando le dieron la beca o no sé qué, y se fue por dos o tres años a estudiar a Moscú”.

O.R.R.: ¿Qué estudió allá?
M.D.: La verdad no sé y nunca me interesó preguntar. Entre menos sepa uno, es mejor. Me contó, porque él escribió varias carticas que yo guardaba con las de mis hermanos y mi mamá; pero las dejé botadas. En el 2001, me tocó salir como gata ardida y todo se perdió.

O.R.R.: ¿Por qué usted salió y dejó sus cosas?
M.D.: Comencé a recibir malas llamadas. Anónimas. Una criaturita que casualmente yo la enseñé, me dijo que la Sijin me tenía en lista para allanar. Entonces me fui para Boyacá. Cuando quise volver, vi que se la pasaban atisbándome. Yéndome a preguntar a la casa que cuándo volvía. Y en la tienda diagonal, unos motorizados se la pasaban esperándome.

O.R.R.: ¿De ahí salió para Canadá o para otro lugar?
M.D.: Yo estuve en Bogotá hasta el 2003, volteando y comiéndome lo poco que había logrado tener. Por fortuna, toqué puertas en la embajada de Canadá, donde conté cuál era el problema mío: tenía el infortunio de ser la hermana de él.

O.R.R.: ¿La acompañó algún abogado?
M.D.: No. Yo hice las cosas por mis propios medios.

O.R.R.: ¿Hasta qué año estudió, primaria, normalista?
M.D.: Si, yo hice primaria y soy normalista. Después estudié una carrera.

O.R.R.: ¿Cuál? ¿se puede saber?
M.D.: No, porque siguen buscándome por eso y dicen que soy entrenadora de guerrilleros.

Recuadro Nº 3
Luis Devia se va p’al monte

O.R.R.: ¿Después que su hermano llegó de Moscú, usted se encontró con él?
M.D.: Él estuvo con nosotros, cinco u ocho días, poco tiempo. Le hicimos fiesta y nos fuimos a baño con él, pero siempre con las medidas de precaución. Contratamos carro y lo ocultábamos porque nos daba miedo. Después de eso, él volvió y se fue.

O.R.R.: ¿Les dijo en ese reencuentro que se “subía p’al monte”?
M.D.: Nunca. Nunca nos dijo nada.

O.R.R.: ¿Cuándo supiste que era guerrillero? ¿viste una foto o cómo?
M.D.: Cuando la cuestión de Casa Verde con Belisario.

O.R.R.: ¿Qué sintió usted?
M.D.: Alegría, porque bendito Dios supimos que estaba vivo. Esa fue mi petición para que se fuera cuando salió de Florencia: –Yo prefiero saber que vive, así nunca vuelva a verlo, y no que por estar acá lo maten.

O.R.R.: ¿Usted fue a San Vicente del Caguán a hablar con él?
M.D.: Nunca. Por cuidarle la espalda y por cuidar la mía, nunca quise que de pronto él muriera por los apegos míos. No me asomé por allá, por temor a que me siguieran y detrás fuera alguien a asesinarlo, aunque hubo amigos que me decían que me llevaban hasta allá.

O.R.R.: ¿Conoció a Olga López, una estudiante de odontología, que fue compañera sentimental de Luis?
M.D.: No. Supe que tuvieron una niña y que ella quería conocernos, pero no se dónde está, infortunadamente. Quisiera entrevistarme con ella porque es mi sangre, es mi familia.

Destacado

Andaba con una agendita en el bolsillo, y con un lápiz con punta bien aguda iba subrayando, tomaba apuntes de todo escrito que caía en sus manos, los resumía y extractaba. Así logró destacarse.

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