Jueves, 23 Agosto 2018 15:05

Sobre la guerra y el nacionalismo

Sobre la guerra y el nacionalismo

En medio de la disolución de la antigua Yugoslavia en la década de 1990, la península balcánica europea asistió al auge más tremendo del nacionalismo jamás visto después de la Segunda Guerra Mundial.

 

El horror que el mundo vio en el periodo de expansión de la ideología Nazi y que generó millones de muertes atroces, fue recordado en Sarajevo, capital de Bosnia, cuando las fuerzas militares y paramilitares serbias atacaron durante algunos años territorio bosnio escudándose en la defensa de sus valores nacionales y de su pueblo. El 28 de junio de 1914, la misma ciudad de Sarajevo había sido testiga del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, quien horas después de un atentado con un artefacto explosivo a su paso por una de las calles de la ciudad, del cual resultó ileso, fue abaleado en otra de las calles del mismo lugar, muriendo instantáneamente, al igual que su esposa quien también recibió impactos de bala. Este hecho fue la excusa para desatar uno de los primeros conflictos bélicos del siglo XX, con amplia resonancia e impacto sobre buena parte del mundo durante casi todo el siglo XX.

 

Nuestra intención aquí no es relatar paso a paso los hechos acaecidos durante la Primera Guerra Mundial que en noviembre próximo cumple 100 años desde su finalización. Más bien, aprovechamos este suceso para cuestionar el fenómeno de la guerra y la noción de nacionalismo.

 

La guerra siempre ha sido un fenómeno hostil. Hasta ahora, entre los seres humanos, ha sido fácil traducir el conflicto, que les es inherente a través de la diferencia, en términos de confrontación bélica. La historia de la humanidad ofrece muchos registros de esta actitud y despliegue ofensivo contra el otro de diversas formas: religiosamente, políticamente, racialmente, etcétera. No es gratuito que la preocupación por la guerra haya sido frecuente entre las mentes más brillantes de cada época.

 

Las respuestas ante este fenómeno han estado siempre sobre la mesa, desde los griegos y hasta nuestros días, el fenómeno de la guerra ha tenido un espacio en medio de las discusiones conceptuales más agudas, de los dramas políticos más tensos y hasta en medio de tiempos de relativa tranquilidad, pues a la paz la han definido casi siempre como aquel estado donde ocurre la ausencia de guerra. Como vemos, esta última ha sido uno de los eventos estructurales que ha acompañado el desarrollo de la historia de Occidente. Desde Aristóteles y su preocupación por la Constitución de los atenienses, pasando por Maquiavelo y su idea de la regulación del conflicto a través de instituciones como el Tribuno del pueblo para regular el conflicto entre gobernantes y gobernados, hasta nuestros días y los esfuerzos democráticos por evitar la confrontación armada, paradójicamente, en medio de ella.
Colombia y su contexto de violencia –situación especialmente importante para nosotros– ha tenido tiempos de guerra donde las cifras siempre asustan, más allá de que muchas veces se conviertan, para la mayoría, en un asunto de producción natural de la muerte.

 

Los excesos que acompañan a la guerra se han vuelto tan familiares en nuestro contexto que ya no sorprenden los relatos de las víctimas por más desgarradores que sean, tampoco el testimonio físico de las heridas que deja a su paso toda confrontación con las armas.

 

Además de este proceso de naturalización del horror, la guerra también puede ser invisible, o por lo menos, escudarse en medio de la ausencia formal de ella, pues luego de la finalización oficial del conflicto armado colombiano entre el Gobierno Nacional y las Farc, según el relato gubernamental los sistemáticos asesinatos de líderes sociales no tienen nada que ver con el conflicto estructural de un país que se ha desarrollado históricamente en medio de la injusticia, la desigualdad, la falta de oportunidades y la estigmatización y eliminación de toda forma diferente de emprender, asumir y construir la vida individual y colectivamente. Esta diferencia alimenta el conflicto que parece no puede resolverse sin los disparos y muertes de miles de seres humanos.

 

Pese a esta dinámica histórica, la enseñanza y el reto es que la diferencia debe ser asumida en términos estructurales entre los seres humanos, adjunta a la identidad y el principio de individuación propio de todo ser que se asume como único, no como justificación del rechazo y eliminación de todo aquello que no es igual a una posición hegemónica de ver la vida y entender las relaciones sociales. Entender que la diferencia es algo que puede ser resuelto de manera definitiva nos empuja a una salida que implica el rechazo del otro, y la instauración de modelos únicos y necesarios donde se pretende que quepamos todos bajo una única forma de pensar y actuar. No asumir la diferencia como una forma esencial de los seres humanos es negar a la humanidad misma, es creer que pueden canalizarse todas las pulsiones de hombres y mujeres en función de una identidad absoluta pretendiendo, ingenuamente, solucionar la conflictividad inherente a estos. Esta vía de solución del problema como nos dice Estanislao Zuleta “es tratar de negar los conflictos internos y reducirlos a un conflicto externo, con el enemigo, con el otro absoluto: la otra clase, la otra religión, la otra nación; pero este es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, pues es el que genera la felicidad de la guerra”**, y esto no hace más que alimentar y fomentar una consciencia de identidad única, forma esta sobre la cual se han desplegado los nacionalismos más virulentos y dañinos de la historia de la humanidad. La felicidad de la guerra, expresión con la que juega Zuleta, nos pone de cara al horror que supone el placer que puede llegar a surgir de aquello que nos daña y nos limita en diversas formas. La identidad con este tipo de actitudes es propia de la consolidación del nacionalismo.

 

El nacionalismo puede definirse como un fenómeno que encuentra su fundamento en un conjunto de creencias y prácticas justificadas, las más de las veces, en mitos como la patria, la tierra, la religión, la raza o la sangre, y que además deben prevalecer sobre cualquier otra noción de conjunto social o comunidad política que no encuentre lugar en este conjunto.

 

El cierre político del siglo XX en Europa, como ya hemos visto, también tuvo lugar en territorio balcánico. Las guerras de secesión yugoslavas son la última manifestación de los excesos del nacionalismo en ese siglo. La feroz confrontación entre las diferentes repúblicas unidas bajo la bandera yugoslava después del fin de la Segunda Guerra Mundial generó una crisis que volvió a poner en tela de juicio el concepto de nacionalismo. Las armas como principal vía de solución de conflictos étnicos y políticos en aquel territorio aún remueven los cimientos de las diversas naciones que tienen su lugar en los Balcanes. Para no alejarnos de nuestro objetivo principal volvemos a nuestro contexto para cerrar esta reflexión.

 

Si bien en Colombia no emerge una idea clara de nación por parte de grupos identificados con ideas acabadas y unilaterales respecto de una única forma de vida y una única forma de relacionamiento con los demás, fenómenos como el paramilitarismo y el auge de formas religiosas tradicionales que buscan por todos los medios imponer una sola idea de cómo construir la vida, nos alertan sobre la posibilidad de un nacionalismo velado al interior del país, pues nociones como la defensa de la patria y de una única forma de familia, propiedad y administración política, dejan especular sobre el peligro de enfrascarnos aún más en el conflicto al cual hoy, históricamente, tememos la posibilidad de responder por vías diferentes a la de la confrontación armada que ha costado tanta sangre y dolor a un pueblo tan vilipendiado como el nuestro.

 

Lo que nos deja entonces la experiencia histórica de la guerra y el nacionalismo es la pregunta sobre la forma cómo debe construirse la vida en medio de las diferencias que nos constituyen. Ya tenemos algunas sugerencias de cómo se construye el infierno sobre la Tierra, no debe insistirse en ello, tampoco aspirar a la construcción de ningún paraíso, pero con toda certeza sabemos que otras formas de asumir nuestra humanidad y la dificultad que va de suyo son posibles.

 

* Centro de Estudios Estanislao Zuleta.
** Zuleta, Estanislao, Colombia: violencia, democracia y Derechos Humanos, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2008, p. 29.

Publicado enEdición Nº249
Marta Lucía Ramírez, nueva vicepresidenta de Colombia: "Juan Manuel Santos resucitó a las FARC"

Es mujer de carácter y criterio, ha sido ministra de Defensa, de Comercio Exterior, senadora, dos veces candidata a la Presidencia logrando una alta votación y dirige su firma de asesoría que ahora deja para ocupar la vicepresidencia de Colombia. La conservadora Marta Lucía Ramírez, abogada de 61 años, será a partir de este martes "la segunda de abordo" de Iván Duque, dice en entrevista con EL MUNDO en su oficina de Bogotá. En su abultado portafolio de tareas que le asignó el nuevo jefe de Estado figura coordinar el área económica, combatir la corrupción, que hizo metástasis en los dos gobiernos Santos, y ayudar a que la población femenina supere la desigualdad y acceda a una mayor porción de la tarta empresarial.

 

P. ¿Decían que jugaría un papel en los programas derivados del acuerdo de paz con las FARC?
R. Sí, debo ordenar todo y concentrarlo en la Presidencia para garantizar que haya los recursos pero también la eficiencia en el gasto, porque en nombre de la paz se ha gastado mucha plata de manera ineficiente y poco transparente.


P. ¿Cómo combatir la corrupción si ustedes no tienen mayoría en las Cámaras legislativas y el Gobierno anterior acostumbró a comprar voluntades?
R. La primera prueba de fuego de Duque ha sido nombrar un gabinete donde ningún ministro representa una camarilla política. Dicho eso, sabemos que hacer política significa ir de la mano con el Congreso, no podemos trabajar en guerra porque nos paraliza el Gobierno. Pero hay que cambiar las reglas de funcionamiento. Los congresistas que quieran hacer política y recuperar credibilidad y apoyo de la ciudadanía, van a entender que lo mejor que pueden hacer es trabajar con nosotros. Si empiezan con el forcejeo bajo la mesa a cambio de puestos y contratos, no vacilaremos en hacerlo público. Y hay que subir los estándares éticos de la sociedad.


P. Los críticos insisten en que ustedes serán marionetas de Uribe.
R. La gente que me conoce sabe que no soy marioneta de nadie, Iván Duque, tampoco. Somos estadistas. Y la relación con Uribe seguirá siendo respetuosa, es un líder muy importante en el Congreso.


P. Tendrán que lidiar con la dura oposición de Gustavo Petro. Ya convocó a sus fieles a manifestarse el día de la posesión.

R. Creo que el país lo va a ir conociendo cada vez más por esas actitudes radicales, poco patrióticas. Debería estar más agradecido con un pueblo que le dio una votación enorme a pesar de sus grandes deficiencias en la capacidad de administración que quedaron comprobadas en Bogotá. Llamar en este momento a una resistencia contra un Gobierno que todavía no ha empezado lo único que nuestra es mezquindad política.


P. ¿Qué legado económico reciben de la era Santos?
R. Una situación fiscal muy difícil. Han comprometido recursos enormes, vigencias futuras. La responsabilidad es poner la economía a crecer.


P. Y cuatro veces más cultivos de hoja de coca, con un récord de 200.000 hectáreas.
R. Por el aumento de esa producción Colombia vive nuevos ciclos de violencia. Qué más da si los asesinos se llaman FARC, ELN, cártel de Clan del Golfo o Rastrojos, no importa el rótulo, lo cierto es que son muchas muertes relacionadas con la subida del narcotráfico. No vamos a ahorrar ningún esfuerzo para hacer una guerra sin cuartel al narcotráfico pero también atacaremos con programas sociales.


P. ¿Pondrán un freno al proceso de paz con el ELN como prometieron en campaña?
R. Siempre hemos dado el mismo mensaje: cualquier negociación tiene que estar condicionada a que se fije un sitio de concentración de la guerrilla. Ningún tipo de acción terrorista, reclutamiento de niños o secuestro es admisible durante los diálogos. Bajo esas condiciones estamos dispuestos a conversar. De lo contrario, no.


P. El ELN no aceptará.
R. El ELN tiene que ser consciente del enorme rechazo de la sociedad colombiana hacia ellos y que las Fuerzas Militares van a retomar su papel de garantizar la defensa y la seguridad nacional y van a actuar con más contundencia que lo que hicieron en estos años. Por otro lado, deben saber que su santuario en Venezuela está llamado a desaparecer. O se acomodan a hacer una negociación en Colombia o su futuro no es viable.


P. Si se sientan a negociar, ¿lo harán de tú a tú como hasta ahora?
R. Para nada. Nosotros no creemos que se pueda igualar el Estado colombiano con un grupo terrorista, criminal, que ha estado metido en el narcotráfico. Volver ahora al argumento ideológico y político no tiene posibilidad. Es uno de los errores grandes que se cometió con las FARC. Santos resucitó un grupo que estaba derrotado y lo puso de igual a igual con el Estado.


P. Hablan de revertir el acuerdo con las FARC pero no parece viable.
R. Y no tendría lógica. Hay que dejar a los que se desmovilizaron mientras sigan así. Lo que es necesario son ajustes como el despropósito de ver unos [ex comandantes] sentados en el Congreso que cuando pasen por la Jurisdicción Especial para la Paz tendrán que contar que cometieron crímenes atroces.


P. Hay voces que piden una intervención extranjera en Venezuela.
R. Yo pienso que sí, pero creo que tiene que haber algo más drástico en materia económica porque con el Gobierno de Maduro se ha tenido una tolerancia inexplicable, empezando por Estados Unidos y la Unión Europea y hay que cerrarle la llave. También, que América Latina, Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la ONU inicien un diálogo sincero con China y Rusia porque Venezuela se ha vuelto una ficha de ajedrez en el tablero geopolítico y a nadie le importa la tragedia humanitaria, cómo se ha destruido un país. Lo que mantiene vivo ese régimen son las relaciones con esas dos potencias.


P. Será la primera vez que una presidenta del Congreso de España asista a la toma de posesión del presidente de Colombia. ¿Qué lectura puede hacer?
R. Lógicamente, me sorprende. Para nosotros la relación con España ha sido siempre muy importante, hemos tenido una relación privilegiada. Es lamentable que no venga el rey ni el presidente. No sé si los nuevos vientos que soplan en la política española sean el augurio de algo diferente a lo que ha sido hasta ahora.


P. El viernes anunciaron que Pedro Sánchez viajará a Bogotá a finales de agosto
R. No sé si habrá hablado informalmente con el canciller, pero no hay una invitación oficial porque el Gobierno no ha tomado posesión.

 


 

Iván Duque comienza su mandato en Colombia


Asume el delfín de Uribe

 

Página12

 

El viento corre en contra del político de derecha: desde la investigación penal que cayó sobre su mentor, pasando por la paz que aún no se concreta, hasta las tensiones con Venezuela.

Iván Duque, el derechista y delfín político del ex mandatario Alvaro Uribe, asumirá hoy la presidencia de Colombia. Pero desde la investigación penal que cayó sobre su mentor, pasando por la oposición en las calles y una paz que todavía no se concreta, hasta las tensiones con Venezuela, el ex senador de 42 años comenzará su mandato con el viento en contra. La ceremonia de asunción se llevará a cabo en Bogotá y contará con la presencia de 10 jefes de estado y de delegaciones procedentes de 17 países.

A pesar de que cuenta con una breve carrera política, Duque fue el elegido de Uribe. Por ello, durante la campaña, la oposición apuntó incisivamente a la influencia que el ex mandatario tendría en el nuevo gobierno, llegando incluso a llamar a Duque títere de Uribe. Prueba de esto es que quienes estarán al frente de las carteras de Defensa, Interior, Hacienda y Cancillería, serán personas cercanas al ex presidente, quien, a su vez, liderará la bancada oficialista en el Congreso.

Sin embargo, los expertos coinciden en subrayar que esta cercanía podría manchar al nuevo gobierno, a raíz de una indagación penal por fraude procesal y soborno, delitos por los que acusan al ex presidente. Actualmente, la Corte Suprema de Justicia se encuentra investigando si Uribe manipuló testigos contra un senador opositor, en un caso que se remonta a 2012 y que le podría significar hasta ocho años de prisión.

Otro de los conflictos es el acuerdo de paz –aún en negociación en Cuba– con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla reconocida oficialmente en Colombia. El presidente electo ya había adelantado en campaña su rechazo al pacto alcanzado con las FARC y anticipado nuevas y duras condiciones de diálogo para el ELN: suspensión de lo que llaman todas las actividades criminales y la concentración de las tropas rebeldes bajo verificación internacional. “Es bastante difícil que el ELN se acoja a esos planteamientos”, aseguró el académico e investigador del conflicto Camilo Echandía.

Colombia está profundamente dividida entre detractores y simpatizantes del pacto que ha evitado 3000 muertes al año y desarmó a 7000 combatientes.

Uno de los más férreos defensores del acuerdo es el senador y rival de Duque en las últimas elecciones, Gustavo Petro, quien prometió protestas públicas en rechazo al nuevo gobierno y en apoyo al acuerdo con las FARC. La primera está convocada en paralelo a la toma de posesión del mandatario, en reclamo a las cientos de muertes de activistas y defensores de derechos humanos.

Otro de los conflictos que le deja Juan Manuel Santos al flamante presidente viene desde fuera de las fronteras: una tensa relación con su vecino, el mandatario venezolano Nicolás Maduro. Este último involucró directamente al presidente saliente en el atentado que sufrió el pasado sábado, una acusación que Bogotá negó enfáticamente. Todo indica que la relación entre ambos mandatarios no va a mejorar bajo el mandato de Duque, quien en lo único en lo que coincide con Santos es en el rechazo al gobierno de Caracas.

Entre los jefes de Estado que asistirán al acto que se celebrará en la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, a partir de las tres de la tarde (hora local, cinco de la tarde en Argentina) figuran los de México, Enrique Peña Nieto; Chile, Sebastián Piñera; Ecuador, Lenín Moreno, y Panamá, Juan Carlos Varela. También acudirán los de Argentina, Mauricio Macri; Bolivia, Evo Morales; República Dominicana, Danilo Medina; Costa Rica, Carlos Alvarado; Guatemala, Jimmy Morales, y Honduras, Juan Orlando Hernández. Además, habrá representación de 17 países. Entre los invitados especiales asistirán la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley; el alcalde de Miami, Francis Suárez, y el presidente del Partido Popular de España, Pablo Casado.

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Confirmaron el asesinato de los tres periodistas

La muerte del cronista Javier Ortega, del fotógrafo Paúl Rivas y del chofer Efraín Segarra, del diario ecuatoriano El Comercio, fue ratificada ayer por el presidente de ese país, Lenín Moreno, en un mensaje televisado.

 

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno confirmó ayer el asesinato del cronista Javier Ortega, del fotógrafo Paúl Rivas y del chofer Efraín Segarra, del equipo periodístico del diario local El Comercio, después de 19 días de incertidumbre. Los periodistas habían sido secuestrados el 26 de marzo por disidentes de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la zona de Mataje, provincia de Esmeraldas, en Ecuador.


“El mensaje es a todas las ecuatorianas y ecuatorianos y es así: Con profundo pesar, lamento informar que se han cumplido las 12 horas de plazo establecido, no hemos recibido pruebas de vida y lamentablemente tenemos información que confirma el asesinato de nuestros compatriotas”, reveló el mandatario. Los familiares de los asesinados rompieron en llanto al escuchar el mensaje, y gritaron en medio del abrazo de los presentes.


“Queridos ecuatorianos, ¡basta ya! Indignación, repugnancia, dolor e ira acompañan al corazón de todos los ecuatorianos. Hemos sido siempre un país de paz, de tolerancia, respeto. No podemos permitir que se juegue con ese bien que ha sido nuestro bien más preciado”, dijo el presidente Moreno en la conferencia de prensa en Quito, en la que no permitió preguntas.


El mandatario hizo el anuncio luego de una reunión del Consejo de Seguridad Pública de Ecuador (Cosepe), conformado por las principales autoridades civiles y militares del país. Asimismo, informó que se ha coordinado con actores de paz como el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Iglesia Católica para el rescate de los cadáveres en la zona fronteriza.


En la tarde de ayer el canal RCN de Colombia entregó fotografías que mostraban tres cuerpos fallecidos, pero hasta la noche las autoridades de Ecuador no pudieron confirmar su veracidad.


Moreno dijo, citado por el diario local El Comercio, que se han retomado las operaciones de seguridad en la zona del secuestro, suspendidas previamente cuando se buscaba la liberación de los periodistas, y dispuso siete medidas más, entre ellas que se levante la reserva sobre la información del manejo del secuestro.


También afirmó que incluyeron a Walger Patricio Arizala Vernaza, alias Guacho –y al que calificó de narcoterrorista–, en la lista de los más buscados de Ecuador y ofreció una recompensa de 100.000 dólares por información que conduzca a su captura en Ecuador o en Colombia. Guacho, que comanda la columna Oliver Sinisterra de las ex FARC, había dicho en un primer comunicado sobre el secuestro de los periodistas que el gobierno ecuatoriano rechazaba que fuesen liberados a cambio de hacer lo propio con tres miembros de su grupo. Por ello, lanzó una operación militar ofensiva que, sostuvo, terminó con la muerte de los hombres de prensa.
“Nunca (los secuestradores) tuvieron la voluntad de entregarlos sanos y salvos”, señaló por su parte el presidente ante más de un centenar de medios de comunicación nacionales e internacionales.


Moreno canceló su visita a Perú y su participación en la Cumbre de las Américas y retornó a Quito, junto con familiares de los trabajadores de prensa fueron secuestrados el 26 de marzo 2018 en Mataje, Esmeraldas, cuando efectuaban un trabajo periodístico en la frontera con Colombia sobre la inseguridad en esa región. Los tres profesionales estaban llevando la investigación desde enero pasado.


Asimismo, el mandatario anunció una serie de medidas de seguridad, entre ellas la de declarar el área fronteriza con Colombia zona de seguridad, e incrementar los controles militares y policiales a fin de realizar, según dijo, acciones coordinadas en esa área. La coordinación de acciones en la zona fronteriza se realiza de manera conjunta con el alto mando militar y policial de Colombia, cuyos integrantes se encuentran en Quito.


“Estamos de luto, pero no vamos a dejarnos amedrentar, hoy más que nunca pido al país la unidad por la paz”, sentenció el mandatario y aclaró: “Esto último bajo ninguna circunstancia significa que se quiera limitar la libertad de expresión”.


En ese sentido, Moreno pidió a los medios de comunicación que no dejasen de criticar: “Sabemos reconocer nuestros errores y todo esto nos permitirá reconocer si los ha habido”, dijo. “El pueblo perdona errores pero no que se le mienta; no vamos a mentir al pueblo ecuatoriano”, finalizó.


Por su parte, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, condenó el asesinato de los periodistas y ofreció toda la colaboración de su país para capturar a los responsables. Tras participar en una conferencia en la VIII Cumbre de las Américas, que se celebra en Lima, el mandatario aseguró: “Colaboraremos con Ecuador en todo lo que estime necesario para perseguir y capturar a los responsables”. En este sentido, el gobernante colombiano remarcó que ya comenzaron las operaciones en ambos lados de la frontera entre Ecuador y Colombia para hallar a los autores del crimen y descartó que los asesinos sean de las FARC porque afirmó que éstas dejaron de existir hace mucho tiempo.

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La decisión de Trump de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén causó la ira de los palestinos.

 

Tras su reunión con Netanyahu, Trump volvió a la carga con los palestinos

El mandatario norteamericano reprochó a los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina el “desaire” a su vice, Pence. Dijo que retirará su ayuda si no se sientan a negociar la paz. Erekat, de la OLP, habló de chantaje y presiones.

 

Las declaraciones del presidente de EE.UU., Donald Trump, luego de su reunión privada por fuera del Foro Económico Mundial en Davos con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, avivaron ayer aún más el fuego en torno al conflicto palestino-israelí. El magnate republicano amenazó con retirar más ayuda a los palestinos si no se sientan a negociar la paz. Además, advirtió a Israel de que el reconocimiento de Jerusalén como capital tendrá un costo.

Trump reprochó a los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina haber “faltado el respeto” al “gran vicepresidente estadounidense”, Mike Pence, al negarse a recibirlo en su reciente viaje a la región. El presidente palestino, Mahmud Abbas, no se reunió con Pence en protesta por la decisión estadounidense de reconocer Jerusalén como capital de Israel el pasado 6 de diciembre, momento desde el que considera que EE.UU. se ha “descalificado” como mediador para la paz. Esta razón, considerada un desaire, le dio pie al mandatario estadounidense para recordar que su gobierno decidió congelar la ayuda de 65 millones de dólares que aporta al presupuesto regular de la agencia de la ONU para Refugiados Palestinos y suspender 45 millones en ayuda alimentaria. “Ese dinero está en la mesa, y el dinero no va a ir a ellos (los palestinos) a menos que se sienten y negocien la paz”, aseveró.

Más aún, Trump defiende su controvertida decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel y asegura fue un intento de impulsar el proceso de paz entre palestinos e israelíes. “El tema más difícil sobre el que tenían que hablar era Jerusalén. Quitamos Jerusalén de la mesa (de negociaciones). Ya no hay necesidad de hablar más sobre ello”, dijo.

La respuesta palestina no tardó en llegar. “El mensaje de hoy es claro: Trump está chantajeando y presionando al pueblo palestino por luchar y creer en su libertad y derechos humanos por la ley internacional y las resoluciones de la ONU”,dijo el secretario general de la Organización para la Liberación Palestina (OLP), Saeb Erekat, en un comunicado, y agregó: “Quien diga que Jerusalén está fuera de la mesa de negociaciones dice que la paz está fuera de la mesa”. También, acusó a EE.UU. de estar “fuera del consenso internacional”. Y no se equivoca. La posición de Washington rompió con décadas de consenso internacional según el cual el estatus de la ciudad debería definirse como parte de un acuerdo entre israelíes y palestinos que vislumbre dos Estados. La disputa por la ciudad proviene desde 1967 cuando el ejército israelí ocupó la Ciudad Vieja de Jerusalén y se dio la reunificación, bajo control israelí, de la cuidad que había quedado dividida por la “línea verde” establecida en 1949. “No es un juego para los palestinos. Se trata de nuestra existencia, que sigue siendo negada por Israel con todo el apoyo de EE.UU.”, concluyó Erekat.

Por su parte, Netanyahu aplaudió de nuevo la decisión de Trump de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén (que se llevará a cabo a fines de 2019) como “una decisión histórica” y subrayó que supone “un avance para la paz porque reconoce la historia, y la realidad presente, y la paz solo puede ser construida sobre la verdad”. Sin embargo, Trump dijo que el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel tendrá un costo para el Primer Ministro israelí: “Ganas en un aspecto y tendrás que ceder en algunos más adelante en la negociación” si ésta se reanuda alguna vez, señaló.

 

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Un palestino empuja un motocarro cargado con sacos de harina de la Unrwa, el miércoles en Ciudad de Gaza (Mohammed Abed / AFP)

 

El golpe de Donald Trump va directo a la línea de flotación de los palestinos. Si EE.UU. suele aportar unos 300 millones de dólares anuales, en dos partidas, a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, Unrwa (que representan el 30% de sus recursos), el presidente ha retirado 65 millones de la primera partida. Y el resto ya veremos...

La decisión parece seguir un dictado israelí. El pasado junio, el primer ministro Beniamin Netanyahu acusaba a la ONU de “obsesión antiisraelí” y decía: “Es hora de que la ONU reexamine a fondo la existencia de la Unrwa”, la cual “perpetúa el problema de los refugiados en lugar de resolverlo. Es hora de que la Unrwa sea desmantelada y se integre en el Alto Comisionado para los Refugiados”, el Acnur. Desde luego, no depende de la ONU (cuyas resoluciones Israel suele incumplir), sino de un acuerdo bilateral de paz resolver la cuestión de los refugiados. Pero por primera vez un primer ministro hablaba públicamente contra la Unrwa.

 

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Un barrendero a las puertas de una oficina de la Unrwa en el campo de refugiados de Dheishe, cerca de Belén, en Cisjordania (Musa Al Shaer / AFP)

 

La Agencia de las Naciones Unidas para la Asistencia y Trabajos de los Refugiados Palestinos (Unrwa) se creó en 1949 y reconoce como refugiados a los descendientes de aquellos de la guerra de 1948 con la que se creó el Estado de Israel. Esta consideración afecta al llamado derecho de retorno, que ha sido piedra angular palestina en las siempre frustradas conversaciones de paz.

La Administración Trump ha calcado los términos de Netanyahu. Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado, dijo: “Estamos echando un vistazo a la organización (...) y nos gustaría ver que se hacen algunas reformas”. ¿Cuáles? No lo dijo. Aparentemente, el secretario de Estado, Rex Tillerson; el de Defensa, James Mattis, y el consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, se impusieron a los criterios de la voz de Trump ante la ONU, la embajadora Nikki Haley, y de su yerno, Jared Kushner, supuesto coordinador de un inexistente proceso de paz, quienes pretendían cortar los fondos del todo. Así se entiende que la portavoz Nauert dijera que “es hora de que algunos países que nos han criticado, algunos muy ricos, den un paso adelante”. Fue una alusión a las monarquías del Golfo y, según diplomáticos europeos citados por France Presse, sería una opción porque la UE quizás no esté para más.

La posición del Departamento de Estado y del Pentágono, favorable a mantener cierta financiación, hay que entenderla en términos de seguridad en la región. La voladura de la Unrwa llevaría a los palestinos al límite. Y, al mismo tiempo, pondría la pelota en el tejado de Israel, ya que como Estado es responsable de la población ocupada, algo en lo que no parece pensar Netanyahu.

Cuando se habla de la Unrwa como garante de estabilidad –a lo que ha aludido la veterana dirigente de la OLP Hanan Ashrawi– hay que pensar no sólo en Cisjordania y Jerusalén Este sino sobre todo en Gaza, donde la dependencia de la Unrwa es mayúscula.

Hace una semana, el diario israelí Haaretz revelaba que oficiales del ejército, funcionarios y servicios secretos coinciden en que la economía de Gaza está al borde del colapso, “de cero a bajo cero”. El desempleo roza el 50%, y por el paso de mercancías de Kerem Shalom sólo cruza un tercio de los camiones que solían hacerlo; nadie tiene dinero para comprar nada. La Unrwa suministra alimentos a un millón de personas mensualmente, da educación a 245.000 niños y provee 10.000 empleos, “lo que significa diez mil familias”, señala Martí.

El bloqueo israelí impuesto a la franja en el 2007 –y del que Mahmud Abas ha sido cómplice–, más las dos ofensivas a finales de aquel mismo año y en el 2014 (en las que La Vanguardia fue testigo de ataques a instalaciones de la Unrwa, escuelas en particular, que suelen acoger a la población durante los bombardeos), han destrozado a dos millones de gazatíes: ocho de cada diez viven bajo el umbral de pobreza, la crisis sanitaria, de energía y de acceso al agua potable es absoluta y el índice de suicidios se ha disparado, unos 80 al mes en el 2016 por estas mismas fechas.

“Antes del 2014 no se hablaba de suicidios –explica Raquel Martí–. Ahora la cuestión del suicidio forma parte del currículo de Unrwa. Al principio se suicidaban adultos, pero ahora la mayoría son niños. Es la única manera de escapar”.

 

La aportación española

 

España ocupa el puesto 23 en la lista de países, agencias humanitarias y oenegés que financian o apoyan a la Unrwa, con una aportación de 2.476.824 dólares, según la última lista publicada, a 31 de diciembre del 2016. El pasado diciembre, la Agencia Española de Cooperación Internacional aprobó otros dos millones de euros. Pero además, existe un Comité Nacional Unrwa España que figura en el puesto 32 de la citada lista, con 459.046 dólares. Es un caso casi único, ya que sólo existen agencias similares en Estados Unidos e Italia. “El comité español se financia gracias a donantes de los gobiernos regionales y gracias a la colaboración de los ciudadanos y fundaciones, pero si lo comparo con agencias como Unicef o Acnur es poco”, explica Raquel Martí.

 

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Un niño ante un brasero en el campo de refugiados de Al Shati, junto a Ciudad de Gaza (Mohammed Saber / EFE)

 

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La diplomacia de EU, Rusia y China ha evitado una guerra nuclear en la península coreana

 

Son pocas las buenas noticias, como el plausible diálogo de las dos Corea bajo el espíritu olímpico de invierno, en medio del profundo caos global provocado por la decadencia de EU y el clásico llenado de sus vacíos geoestratégicos por Rusia y China (https://goo.gl/CuAiv3).

Vale la pena escuchar las declaraciones de los tres mandatarios supremos del planeta en referencia a la distensión de las dos Corea y al arranque de sus negociaciones después de dos años de parálisis –curiosamente: un año que correspondió a Obama y otro a Trump.

Llama profundamente la atención que los geoestrategas chinos y rusos admitan en forma realista el rol primordial de EU que, por lo menos, no ha torpedeado el espectacular acercamiento entre Pyongyang y Seúl, cuya reunión desembocó en varios notables acuerdos: la participación de Norcorea en los Juegos Olímpicos del 9 de febrero en Sudcorea a 38 kilómetros de la transfrontera; el aplazamiento de los ejercicios militares conjuntos de Sudcorea y EU; y el cese de pruebas nucleares y misilísticas de Norcorea.

A juicio de Wang Sheng –profesor de la Universidad Jilin– “Norcorea siguió el objetivo de probar armas nucleares y misiles como moneda de cambio (bargaining chip) para forzar a EU a negociar” (https://goo.gl/Uf5t8U).

Wang Sheng aduce que Norcorea, atrapada en un aislamiento diplomático bajo durezas económicas, busca mejorar las relaciones con Sudcorea para obtener beneficios economicos. A su juicio, la suspensión del desarrollo nuclear armamentista de Sudcorea evita el riesgo de una guerra de EU.

Wang Sheng alaba el “éxito de la política del lúcido mandatario sudcoreano Moon Jae-in de cooperación pacífica con Norcorea y comenta que el resultado del diálogo intercoreano debe ser visto como la versión experimental del congelamiento por otro congelamiento –que justamente impulsaron China y Rusia.

En su novena llamada por teléfono al presidente sudcoreano –quien a sus 64 años ha resultado un estupendo estadista–, Trump manifestó estar abierto a charlas directas (¡mega-super-sic!) con Norcorea en el momento apropiado, bajo las circunstancias adecuadas.

El mandatario sudcoreano también expresó su disposición a reunirse con su homólogo norcoreano cuando se cumplan las condiciones.

Dejo de lado las amenazas de The Wall Street Journal (08/01/18) y la estrategia de nariz sangrienta de golpes militares limitados contra Norcorea por EU.

Por su parte, el mandarín chino Xi Jinping también habló por teléfono con el presidente Sudcoreano y expresó su pleno apoyo al diálogo intercoreano, así como a su reconciliación y cooperación (https://goo.gl/imMKS5).

El zar Vlady Putin afirmó que el mandatario norcoreano Kim Jong-un obviamente (sic) ganó este round y comentó que Kim era un político hábil y maduro” a sus 34 años.

A juicio del zar Vlady –uno de los máximos geoestrategas del siglo XXI junto al mandarín Xi Jinping–, Kim Jong-un completó su objetivo estratégico: posee el arma nuclear, tiene misiles de alcance global (¡mega-súper-sic!), hasta de 13 mil kilómetros que pueden alcanzar casi cualquier punto del planeta. Putin refirió además que el mandatario norcoreano desea tranquilizar la situación.

El zar Vlady es todavía más hábil al puntualizar los alcances misilísticos de Norcorea, sin citar obviamente a Estados Unidos (https://goo.gl/9iPYWq).

Quizá la muy capaz diplomacia rusa, que sabe calibrar los alcances misilísticos retóricos de Trump, haya aconsejado al juvenil mandatario norcoreano de que había llegado el tiempo de negociar con sus hermanos de Sudcorea, lo cual puso en desventaja las fanfarronadas de Trump, quien había amenazado borrar de la faz de la tierra a Norcorea.

Cada vez se asienta más la deliberada doble personalidad disociativa de Trump –quien un día opera como el bondadoso doctor Jekyll y otro día como un transformado maldito Hyde después de haber ingerido su poción bélica–, para confundir a su contraparte cuando estira la liga al máximo para negociar en óptimas condiciones y luego ceder en el punto idóneo después de haber obtenido un mínimo de concesiones, de acuerdo a su manual El Arte de Negociar (https://goo.gl/ZPtDvR).

Después de haber recibido a la primer ministro de Noruega Erna Solberg, Trump declaró sorprendentemente que colaborar con países, sea Rusia, (sic) o China (sic) o India (nótese la secuencia), o cualquiera de los países que rodean este mundo, es una muy buena cosa. No es una mala cosa.

Dejo de lado el primitivismo lingüístico de Trump, pero no deja de inquietar su perturbador maniqueísmo donde no caben ni matices ni sutilezas.

El analista Jin Xiangdong, de la Universidad Xiamen, arguye que para la erradicación total de las tensiones en la península coreana se requiere la voluntad de EU que no está interesado en acabar con las tensiones: “ninguna de las partes desea iniciar una guerra, incluyendo EU. Sin embargo, la paz (sic) en la península coreana no se encuentra en la agenda de Washington, puesto que, en ese caso, EU perdería el pretexto de consolidación con sus aliados, Sudcorea y Japón, contra China, por lo que no habría justificación alguna para la presencia de EU en Sudcorea, además de que EU perdería un inmenso mercado de venta de armas si se resuelve la crisis (https://goo.gl/ZREXWd)”.

Tal es el flagrante caso de la venta del sistema misilístico balístico de defensa (THAAD, por sus siglas en inglés) por EU a Sudcorea, obligada a comprar por mil millones de dólares.

Cada crisis candente y/o mayúscula, como el contencioso de la península coreana, tiene su propia resolución y sus propios actores, en diferentes sincronías y circunstancias geopolíticas.

A reserva de conocer los detalles que empujaron a dialogar a las dos Corea, dada la situación imperante de caos global que legó Obama y que exacerbó Trump,

Es notorio que la participación in extremis de China y Rusia evitaron que Trump apretara el botón nuclear que alardeó ser de mayor tamaño que el de su contrincante retórico de Norcorea.

Insisto: pese a las jeremiadas de Trump, todavía no emprende la guerra que ha marcado en fechas recientes a cada presidente de EU.

El peligro de una guerra con sello trumpiano es probable que se deba a dos consideraciones: las fuertes presiones de su yerno talmúdico Jared Kushner, ligado al eje de Bibi Netanyahu/Sheldon Adelson, para librar una guerra contra Irán; y la descomposición doméstica que le obligue a buscar una justificación bélica para sortear tanto la elección de noviembre como sus avatares judiciales y legislativos (https://goo.gl/CXVEoi).

La “colaboración (Trump dixit)” de las tres superpotencias –EU/Rusia/China– ha llevado a la distensión (détente) en la península coreana y puede servir de modelo de aplicación en otros frentes cuando y donde colisionen sus intereses, en sus esferas de influencia.

Queda enterrado el difunto formato hexapartita cuando la bilateralidad de las negociaciones entre las dos Coreas han sido lubricadas por el esquema tripolar, donde quedó marginada la belicosa Japón.

Hasta hoy la diplomacia tripolar de EU/Rusia/China ha evitado una guerra nuclear en la península coreana.

 

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Combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias, junto a un vehículo militar en Raqa, en el norte de Siria, el pasado mes de octubre.

 

Erdogan afirma que podría atacar en cualquier momento a milicias aliadas de Washington

 

La tensión entre Estados Unidos, Turquía y Rusia a causa de la guerra en Siria suma enteros por momentos. El presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan, reaccionó con evidente descontento y amenazas de lanzar una ofensiva militar al anuncio de que la coalición internacional contra el ISIS instruirá una fuerza militar con combatientes kurdos en el norte de Siria. Erdogan ha acusado a EEUU de estar “creando un Ejército terrorista” en su frontera meridional y ha advertido de que podría atacar las regiones sirias en manos de milicias kurdas aliadas de Washington. El régimen sirio ha criticado la iniciativa y Rusia ha sostenido, por boca de su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, que estos planes confirman que EEUU tiene una política destinada a la fragmentación de Siria.

“Las fuerzas armadas turcas resolverán el problema de Afrin y Manbij [regiones sirias controladas por los kurdos]. Los preparativos están ya completados. La operación puede comenzar en cualquier momento”, dijo el presidente Erdogan en un discurso en la capital turca. Esta nueva fuerza de seguridad fronteriza será desplegada a lo largo del valle del Éufrates, colindante con las fronteras turca e iraquí, y estará integrada en un 50% por veteranos de las Fuerzas Democráticas Sirias [FDS, unas milicias kurdas y árabes entrenadas por Estados Unidos]. El remanente de 15.000 combatientes está siendo reclutado sobre el terreno.

Thomas F. Vale, oficial de asuntos públicos de la coalición internacional que lidera Washington, precisó al anunciar la creación de la fuerza en una en una entrevista con The Defense Post que “actualmente hay aproximadamente 230 individuos en los entrenamientos inaugurales de las BSF, con el objetivo de crear una fuerza final de aproximadamente 30.000”. También confirmó la colaboración con las FDS para crear y entrenar el grupo.

 

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Con el ISIS prácticamente derrotado en Siria, la nueva fueza de seguridad fronteriza estará a cargo de monitorear la zona para evitar posibles embestidas por parte de varios miles de yihadistas desperdigados en las zonas desérticas al este de Siria que podrían reagruparse para contraatacar a las milicias kurdas del FDS. “El reclutamiento se está llevando a cabo con el fin de batir una fuerza que refleje la población a la que sirve, tanto desde la perspectiva del género como étnica”, precisó Veale. Por lo que los reclutas kurdos operarán en la región norte fronteriza con Turquía, mientras que los árabes lo harán en los territorios de la zona oriental del Éufrates donde predomina el sistema tribal árabe.

“La idea es reformatear las FDS en esta nueva fuerza para incluir un mayor porcentaje de árabes y así evitar el rechazo que ha provocado la presencia de los kurdos del YPG [Las Unidades de Protección Popular kurdas por sus siglas en kurdo] en las zonas que han arrebatado al ISIS”, valora al teléfono y desde Estambul el analista sirio Nawar Oliver. “Miembros de las tribus locales y con gran poder social, como la Bagara, están siendo incluidas”, acota.

El cantón kurdo de Afrin, situado en la esquina noroccidental de Siria y fronterizo con Turquía, está geográficamente separado del resto de territorio sirio controlado por las Unidades de Protección Popular (YPG), principal milicia kurdo-siria dentro del contingente de las Fuerzas Sirias Democráticas (SDF), aliado de EEUU. De hecho, entre los territorios controlados por las milicias kurdas hay una franja de unos 100 kilómetros de amplitud ocupada por efectivos de la operación Escudo del Eufrates, constituida por facciones rebeldes sirias con apoyo de tropas turcas desde que éstas penetraron en el país en agosto de 2016.

Al sur de Afrin se halla la provincia de Idlib, controlada en buena medida por rebeldes islamistas y donde desde finales del año pasado Turquía también mantiene presencia militar, por lo que el pequeño cantón kurdo se halla prácticamente rodeado por fuerzas turcas o favorables a Ankara, a excepción de una pequeña lengua de terreno controlada por el Ejército regular sirio. Manbij, por su parte, también está controlada por las YPG y se halla al oeste del río Éufrates, hasta cuya orilla oriental han llegado las fuerzas de la operación patrocinada por Turquía.

Lavrov, ministro de Exteriores de Rusia, se refirió al asunto en su rueda de prensa anual, en Moscu. “Las actividades que observamos ahora muestran que EEUU no quiere mantener la integridad territorial de Siria”. “A grandes rasgos, esto supone el aislamiento de un enorme territorio a lo largo de la frontera con Turquía e Irán”, continuó el ministro. “Este territorio es controlado ahora por Fuerzas Democráticas Sirias, pero allí hay unas relaciones muy complicadas entre los kurdos y los árabes”, explicó Lavrov. “Nosotros y nuestros colegas de Turquía e Irán, al igual que muchos otros, esperamos que EEUU nos dé una explicación detallada”, señalo el ministro ruso, según el cual decisiones como la mencionada se toman sin ningún fundamento derivado de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU o de acuerdos logrados en las conversaciones de Ginebra.

Desde hace meses, Turquía ha acumulado tanques y soldados en la frontera con Siria y los ataques de la artillería contra las posiciones kurdas han sido constantes, respondidos en ocasiones desde el lado sirio de la frontera. “Les estamos golpeando con obuses y continuaremos haciéndolo. ¿Qué queréis que hagamos, retirarnos a nuestros refugios y esperar a que golpeéis vosotros?”, advirtió Erdogan: “Ya os avisamos [a EEUU] que este tipo de organizaciones terroristas deberían ser destruidas. No podemos aceptar que intentéis destruir el Daesh [el ISIS] mediante otra organización terrorista. Si queréis un socio estratégico, debéis cooperar con nosotros”. Turquía y EEUU son miembros de la OTAN. Al Gobierno turco le enerva profundamente que Estados Unidos dé apoyo táctico, armas, vehículos blindados y entrenamiento a estas milicias kurdo-sirias, puesto que colaboran estrechamente con el PKK, un grupo también kurdo considerado terrorista por diversos países, entre ellos Estados Unidos, y que actúa dentro de Turquía con atentados indiscriminados y ataques a las fuerzas de seguridad.

 

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EEUU fabrica un nuevo aliado para mantener su intervención en Siria

 

Estados Unidos no ha dado por terminada su intervención en la guerra de Siria, a pesar de la práctica desaparición del ISIS en el norte del país. Todo lo contrario, el Pentágono pretende ocupar las zonas fronterizas con la vecina Turquía en lo que supone de hecho una partición de Siria con independencia de los acontecimientos futuros de la guerra civil.

El objetivo es formar una nueva fuerza de unos 30.000 hombres, según ha confirmado un portavoz militar a AFP. La mitad de ellos pertenecería a la SDF, la milicia kurdo-árabe que dominan los kurdos de la YPG y que fue básica, con el apoyo aéreo norteamericano, en la derrota del ISIS en el norte del país y en la provincia de Raqqa. El entrenamiento ya ha empezado con 320 miembros de esa milicia.

Conscientes de que una fuerza exclusivamente kurda tendría problemas en zonas del norte de Siria habitadas por árabes, donde las consideran extranjeros, los militares norteamericanos sugirieron en su momento al YPG que formara una coalición más amplia a la que se llamó Fuerzas Democráticas de Siria (SDF en sus siglas en inglés).

Los nombres son importantes. A esta nueva fuerza pagada por EEUU se le llamará en inglés Syrian Border Security Force para darle una apariencia oficial.

El plan prevé que sean fuerzas kurdas las que controlen las zonas fronterizas con Turquía y que sean otras árabes las que se ocupen del valle del Éufrates. Según esos cálculos, faltan 15.000 combatientes por reclutar, que bien podrían salir de los grupos insurgentes sirios financiados por EEUU, o lo que quede de ellos.

Oficialmente, la razón aducida es impedir el regreso de ISIS a esas zonas, pero no se puede ocultar que se busca también que el Gobierno sirio no pueda extender su autoridad hasta el norte en el caso de que consiga acabar con los insurgentes sirios que resisten en la provincia de Idlib.

El secretario de Defensa, James Mattis, ya dijo que EEUU, que cuenta con más de 2.000 soldados en Siria, se quedará en el país “tanto tiempo como sea necesario”, lo que bien podría traducirse en unos cuantos años.

Si hay un país que considera este paso una declaración hostil es Turquía, que ya ha comenzado a tomar medidas para dificultarlo. Ankara afirma que nunca permitirá una presencia permanente del YPG al otro lado de su frontera. Considera a ese grupo una extensión del PKK, el grupo armado kurdo de Turquía, catalogado como grupo terrorista por EEUU, la Unión Europea y Turquía.

El miércoles, el Ministerio turco de Exteriores convocó al encargado de negocios de la embajada de EEUU en Ankara al conocer las primeras noticias de estos planes. Tras hacerse públicos, el portavoz de Erdogan emitió un comunicado con el que acusaba a Washington de “intentar legitimar y reforzar al grupo terrorista YPD mientras debería poner fin al apoyo que le presta”.

Pero no es en el campo de las declaraciones o de los movimientos diplomáticos donde Turquía tiene la oportunidad de contraatacar. En realidad, ya lo ha hecho.

 

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El sábado, el Ejército turco atacó con artillería desde el sur de Turquía varios objetivos relacionados con el YPD en la provincia de Afrin, en el noroeste de Siria, después de que Erdogan anunciara que habrá una operación militar en el norte de Siria “a menos que los terroristas abandonen las provincias de Afrin y Manbyi en una semana”.

Entre agosto de 2016 y marzo de 2017, Turquía realizó una incursión terrestre en el norte de Siria dentro de las operaciones contra ISIS para ocupar dos poblaciones. Pero el objetivo real era impedir que las fuerzas del YPG desplegadas en distintos puntos pudieran unirse y extender su control de la zona norte. Según la versión militar, los turcos perdieron 70 soldados, un precio alto que el Gobierno estaba dispuesto a pagar para alcanzar su objetivo.

Sin presencia del ISIS sobre el terreno, la rivalidad entre EEUU y Turquía, aliados en la OTAN, ya no tiene ninguna pantalla en la que ocultarse. La Administración de Trump ha decidido convertir en permanente su presencia en Siria y el apoyo a los kurdos del YPG iniciado en la época de Obama. Para Ankara, sólo son terroristas. Washington los ve como el aliado a sueldo de conveniencia para que ISIS no vuelva a aparecer y para que Asad nunca pueda volver a controlar toda Siria, incluso aunque gane la guerra. Porque la guerra continuará de otras formas, en algunos casos con protagonistas idénticos.

 

 

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EU 2018 y 2020 ¿Otra guerra electorera?

 

Hoy no es novedad el vínculo de la diplomacia de fuerza desplegada por el régimen de alta militarización de Trump contra Irán, Corea del Norte y Venezuela, y los comicios legislativos de 2018 en que los republicanos se juegan el control del Senado, de la Cámara de Representantes y las presidenciales de 2020. Gestar una guerra de agresión, electorera, como vimos en la relección de Bush/Cheney, todo un crimen de lesa humanidad, ha sido ingrediente usado por candidatos y mandatarios de Estados Unidos en pos de la Casa Blanca. Con la geopolitización de las relaciones económicas internacionales, entre los principales precipitantes de guerra mundial (A. Milward, 1986) Trump busca repetir aquello de que ante una amenaza externa la población se adhiere al presidente con alto efecto electoral, máxime en una economía permanente de guerra a la que le es esencial la movilización de recursos humanos y materiales contra enemigos internos o externos, reales o fabricados. (Sobre los costos y corrupción del sistema ver: Marcus Raskin y G. D. Squires “America’s Warfare Welfare State”, The Nation octubre 2012).

Sin embargo, cuando esto ocurre en un contexto de estancamiento secular con pobreza al alza, magna desigualdad salarial, económico-social y bajo creciente oligarquización del poder, la agresión de clase y la unilateralidad bélica es un coctel de alto riesgo doméstico y externo. Según estudio del Centro Stanford sobre Pobreza e inequidad, en los pasados 30 años la inequidad salarial en Estados Unidos se acercaba en 2011 al nivel extremo prevaleciente antes de la Gran Depresión, mientras la diferencia entre el sueldo de los gerentes y el sueldo promedio de un trabajador industrial o de producción pasó de 24 veces en 1965 a 185 veces en 2009. La concentración de la riqueza familiar se intensificó desde los años 1980. El 10 por ciento más rico en 1983 controlaba 68.2 por ciento de la riqueza total de Estados Unidos. Ya en 2007 ese control pasó a 73.1 por ciento. La inequidad siguió en aumento por género, raza, edad y educación.

El empeoramiento de la desigualdad con Trump a poco menos de un año en el poder no sólo es notable, sino que también alienta el rechazo de su base electoral al crecer la disonancia cognoscitiva ( Festinger 1957) entre las arengas del magnate-candidato en pro de trabajadores y clase media y la inequidad del magnate-presidente cuya política fiscal agrede en los hechos a las familias de ingreso bajo y medio.

Para Bernie Sanders, quien en 2016 movilizó 46 por ciento del voto presidencial demócrata, el recorte de impuestos recién aprobado por el Senado “es una victoria para los mil-millonarios y un desastre para la población de Estados Unidos”. En entrevista transmitida por CNN Jack Tapper dijo a Sanders: “entiendo que usted no está de acuerdo con la nueva ley y ya que según el Tax Policy Center en 2018 esa ley otorgará recortes impositivos a 91 por ciento de los estadunidenses de ingresos medios ¿no es eso bueno?” Sanders respondió: “Si, desde luego que eso es bueno. Pero debieron haber hecho recortes impositivos permanentes. Lo que hicieron los republicanos fue hacer recortes impositivos permanentes para las grandes corporaciones mientras los recortes temporales fueron para la clase media”.

Citando al Tax Policy Center aludido por Tapper, Sanders le recordó que según esa fuente “al final de 10 años 83 por ciento de los beneficios irán en favor del uno por ciento de mayores ingresos y 60 por ciento de los beneficios van hacia un décimo de ese uno por ciento: En 10 años más de 80 millones de estadunidenses estarán pagando más en impuestos y como resultado de esta legislación más de 13 millones habrán perdido su seguro de salud (health insurance), los deducibles subirán y tendremos un déficit adicional de un billón 400 mil millones (1.4 trillion) de dólares como resultado de esta ley y Paul Ryan (vocero de la mayoría republicana en la cámara baja) andará por ahí diciendo: ‘debemos realizar recortes a los seguros de salud y médicos’. Para responder a su pregunta, ¿debemos hacer recortes según las necesidades de la clase media?’ sí debimos. Pero en esta legislación la masa de los beneficios es para las grandes y lucrativas corporaciones y para los mil-millonarios”.

Como se muestra en estudios del economista Mark Weisbrot del Center for Economic and Policy Research, Washington DC, los recetarios del FMI, para la población, sea de la Eurozona o de América Latina, fracasan. Son guerra de clase. En México, con un medio paramilitar alimentado por Estados Unidos y la NRA con armas de asalto, el recetario fondista (alza a tortillas y gasolinas) es materia de alto peligro. Ya la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito recordó que hay unas 6 mil 700 ventas de armas a lo largo de la frontera con México, fuente de un torrente anual de unas 730 mil armas ilegales. También en Estados Unidos el clasismo de Trump y las ventas de la NRA gestan alta explosividad. Montar otro crimen de lesa humanidad para revertir costos electorales es gasolina lanzada a un planeta en llamas.

 

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¿Noche de paz? En el mundo hay más de 40 conflictos armados activos

Las religiones predican paz, pero la Tierra está en guerra permanente. Muchas de ellas, por choques de creencias y defensas fundamentalistas de dogmas de fe. En los conflictos armados, más o menos activos o larvados, aunque todos sin declaración oficial de cese de hostilidades o procesos de desarme sellados, hay 67 países involucrados y 775 movimientos insurgentes.


Otro año que vivimos peligrosamente... con más de una cuarentena de conflictos armados a lo largo y ancho del planeta. Algunos de larga duración, como el del Sáhara Occidental, con entre 14.000 y 21.000 muertos, que inició las hostilidades en 1970. O el colombiano, que aún mantiene en vilo a las fuerzas de seguridad con las FARC, el ELN, los paramilitares y los capos de la droga y sus poderosos cárteles, y que se inició allá por 1964 y ha acabado con la vida de más de 220.000 personas desde entonces. Pero también el de la República del Congo y que, a día de hoy, tiene al Ejército en una ofensiva en la región sureña de Katanga para combatir al movimiento rebelde e independentista Mai-Mai y que sólo desde 1997, año a partir del cual la contabilización de las víctimas se elabora con rigor objetivo, ha dejado más de 2.700 víctimas mortales.


Las más longevas de las confrontaciones bélicas no respetan continentes. Ni sistemas políticos. También han estado activas largas décadas, pese a los esfuerzos diplomáticos internacionales por conseguir algún tipo de armisticio. Cuatro de los más representativos siguen con la llama del enfrentamiento encendida. El conflicto palestino-israelí colisiona, desde 1948 -es decir, desde el instante mismo de la proclamación del Estado hebreo- la defensa del territorio, principio en el que asienta la doctrina de Tel Aviv, con la búsqueda del reconocimiento mundial a la creación de un Estado palestino en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Más de 120.000 personas han perdido la vida desde entonces.


En este escalafón hay que mencionar la guerra declarada y abierta entre las dos Coreas. A cuenta del paralelo 38, una superficie de 160 millas de largo y 2,5 de ancho que sigue siendo uno de los puntos más conflictivos del planeta desde la conflagración que duró entre 1950 y 1953 y que dividió en dos la península coreana. Más de 900 muertos. Una tensión permanente que guarda muchas similitudes con Cachemira. En este caso, entre Pakistán, India y grupos rebeldes que, desde 1947, reivindican este territorio al borde del Himalaya, entre los dos gigantes asiáticos, que conservan sus rencillas desde su segregación. Entre 47.000 y 100.000 muertos, según las fuentes que se consulten. ¿Demasiadas? No parece, si se tiene en cuenta que no ha pasado ni un sólo día, desde esa lejana fecha, en el que no haya habido algún intercambio de disparos.


El cuarto en discordia afecta a Indonesia, donde aún persisten ataques esporádicos a lo largo de la llamada Línea, entre movimientos separatistas indígenas de la Papúa indonesa y de la Papúa Occidental, que ocupan la mitad de Nueva Guinea, y que ha costado la vida, desde 1969, a unas 100.000 personas.

 

El centro de investigación IRIN -originariamente, Integrated Regional Information Network- que, durante 17 años, hasta enero de 2015, perteneció a la estructura de Naciones Unidas y que, a partir de esa fecha, se auto-declara organización independiente dedicada a la información y el análisis de los conflictos bélicos asegura que, en 2017, hay más de cuarenta hostilidades activas en todo el mundo, que involucran, en mayor o menor medida, a 67 países, para un total de 775 grupos rebeldes armados, bien sean milicias, guerrillas o movimientos anarquistas, separatistas o terroristas. De ellos, África sufre el mayor número de embestidas. Nada menos que 29 de sus naciones, con 240 movimientos. Le sigue Asia, con 16 países y 171 grupos, Europa -10 Estados y 81 facciones- y Oriente Próximo, con 7 países, pero con una cifra más que notable de insurgencia activa: 253 organizaciones. América ha soltado lastre de manera extraordinaria: 6 naciones y 27 movimientos insurrectos, la práctica totalidad de ellos, cárteles de narcotráfico.


De todos ellos, 43 obtienen el tratamiento oficial de conflicto de origen independentista: 21 en Asia y 12 en Europa.


Sin embargo, también hay conflictos olvidados. Alejados de los focos de atención mediática de guerras como la de Irak, Siria, Afganistán o Ucrania. Aunque sean pasajeros en el tiempo. Estos son diez de esas guerras abiertas sin apenas repercusión internacional. Muchos de ellos pueden considerarse conflictos larvados. En estado latente. Otros, mantienen una intensidad oscilante, según los años. Pero todos están en activo y conservan su capacidad de destrucción.


10.- Guerra civil de Somalia


Estado creado en 1960, colapsó en 1991 cuando el presidente Siad Barre fue depuesto de sus funciones. Sin gobierno, el país fue presa de grupos insurgentes y señores de la guerra durante varios años. Un Ejecutivo débil y muy variopinto en su configuración política logró formarse en 2000. Fue un intento baldío de controlar el país. Hasta que, en 2012 se celebraron las primeras elecciones desde 1967.


El nuevo gabinete que salió de las urnas intentó estabilizar Somalia, pero su misión se ha visto permanentemente violentada por las acciones de grupos insurgentes que se relacionan con Al-Shabab y Al-Qaeda. Tropas estadounidenses entraron en 2007 en el país en otro intento de instaurar la paz, pero los movimientos armados lo impidieron.


9.- Guerra de Darfur


No news, good news? En este caso, la premisa no se cumple. Darfur continúa siendo atacado por parte de las fuerzas gubernamentales sudanesas. El año 2016 fue especialmente sangriento para la población civil. Hasta el punto de que, además, Naciones Unidas estima que la región soportó el desplazamiento de más de 190.000 personas. Las fuerzas de pacificación de la ONU han sido asediadas por el Ejército sudanés, que se ha hecho con el control de la zona. Más de 2,6 millones de personas han tenido que trasladarse para evitar los efectos de la guerra. Y la lucha continúa.


8.- Guerra civil de Myanmar


Antes conocido como Burma. En guerra desde hace décadas. La contienda civil se inició en 1948. Desde el golpe militar de 1962, varios grupos armados se oponen al control militar del poder. Hay numerosos grupos étnicos que combaten por ser el movimiento dominante que se enfrente al gobierno militar. Desde el Ejército Arakan de Liberación, al Ejército Chin Nacional o el Kachin. Pero hay una docena. Todo pretende crear el caos en Myanmar. Un acuerdo de cese el fuego fue firmado por la cúpula armada del gobierno y varios de los grupos insurgentes en 2016. Sin embargo, tres de ellos se negaron a rubricar el tratado y mantienen activas las hostilidades. En los últimos tiempos, estos movimientos tuvieron fricciones en la frontera china. No hay visos de que pueda pararse tampoco esta guerra de más de siete décadas.


7.- Guerra civil de Sudán del Sur


El último estado en nacer tampoco ha tenido un parto incruento. Desde diciembre de 2013, más de 50.000 personas han perdido la vida en este conflicto nacional que también cuenta con 1,6 millones de desplazados. A pesar de que hay cerca de 14.000 cascos azules que han tratado de impedirlo. En un intento de acabar con la guerra civil, el presidente Salva Kiir firmó un acuerdo de paz con el líder rebelde Machar en 2015 por el que hacía a este último vicepresidente. Pero en 2016 la violencia rompió el trato y todo intento posterior de restablecer la estabilidad. Pese a que Machar abandonó el país, Sudán del Sur sigue en pie de guerra. Está, incluso, en una nueva escalada, con aumento del número de muertos y la reducción a casi la mitad (7.500) de efectivos de la ONU.


6.- La insurgencia en el Norte del Cáucaso


Esta región rusa ha protagonizado una violencia habitual desde hace dos décadas. A pesar de que se ha reducido el número de muertos en los últimos dos años. Pero, aun así, varios grupos insurgentes se han unido al Estado Islámico, que han realizado emboscadas contra el Ejército de Rusia. Oficialmente, el Kremlin dice haber cesado sus actividades de contra-terrorismo en el área pero, extraoficialmente, las escaramuzas y los ataques continúan rompiendo el frágil equilibrio en la región, que delimita con los mares Negro, Azov y Caspio.


5.- La Guerra de la Cabinda, en Angola


Conocida también como la Guerra Civil de Angola o la Guerra olvidada de Angola. Región rica en petróleo, varios líderes insurgentes han intentado la separación del resto del estado y acceder así a la fuente de riqueza del oro negro. El gobierno angoleño ha repelido todos los intentos, la mayor parte de ellos, cruentos. En 2009, las autoridades del país declararon acabada la guerra; sin embargo, las hostilidades son frecuentes. Y los intentos de la autoproclamada República de Cabinda de conseguir el reconocimiento exterior a una hipotética independencia, también. Tan sólo Francia lo ha hecho. Para el resto del mundo, Cabinda pertenece a Angola.


4.- La Guerra del terror en Egipto


El grupo terrorista Walayat Sinai lleva atacando las instituciones egipcias desde 2005, aunque la intensidad de sus actos ha experimentado numerosos altibajos. En los últimos tiempos declara una alianza con el Estado Islámico. Su objetivo declarado es el gobierno egipcio, pero las víctimas han sido, mayoritariamente, civiles. Las autoridades de El Cairo han intensificado las reacciones contra Walayat Sinai. Amnistía Internacional ha mostrado una creciente preocupación por la desaparición misteriosa de supuestos terroristas de esta organización en manos del gobierno lo que, a su juicio, dificulta las negociaciones de paz.


3.- La Guerra híbrida de África


Empezó en Mozambique, pero se extendió por África central y meridional hasta naciones como Zambia, Angola o Malawi. Inicialmente, surgió entre el gobierno mozambiqueño y RENAMO, el movimiento de resistencia nacional del país. La violencia se intensificó en 2013 y las tenciones siguen abiertas. De hecho, otro grupo, FRELIMO, el llamado Frente de Liberación, es el que tiene el control actual en la región. Entre ambos movimientos hay una lucha sin cuartel. El gobierno de Mozambique, una de los poderes económicos del subcontinente africano, teme la extensión del conflicto a otras latitudes si interviene de forma más directa.


2.- Tensiones militares en el Mar de China Oriental


Durante meses, Japón y China han elevado el tono por la hegemonía en el Mar de China Oriental. Ambos han incrementado, además, su presencia militar en la zona. Y se han producido algunas escaramuzas. China ha ampliado recientemente su flota naval y el número y la afluencia de sus patrulleras en las aguas internacionales. También Japón ha incrementado a más de 500 vuelos directos la frecuencia de sus incursiones aéreas. En disputa, las islas Senkaku/Diaoyu, que fueron reclamadas por Japón desde 1895. China reaccionó en los setenta del siglo pasado solicitando la soberanía sobre nueve de las islas de este micro-archipiélago. Japón echó más leña al fuego en 2012, cuando su gobierno adquirió tres islas de manos privadas.


1.- El conflicto de Nagorno-Karabaj


La violación del cese el fuego en abril de 2016 muestra que las tensiones por la disputa de las fronteras de esta región limítrofe entre Armenia y Azerbaiyán están lejos de remitir. Con un 95% de población armenia, de culto cristiano ortodoxo, el territorio pertenece a Azervaiyán, con unos habitantes mayoritariamente musulmanes. Tras el colapso de la Unión Soviética, iniciaron las hostilidades, en guerra abierta. A comienzos de los noventa, la región declaró su independencia. Desde el acuerdo de paz de 1994 las violaciones del acuerdo han sido frecuentes. Y violentos. Cinco soldados azeríes fueron asesinados por separatistas armenios en febrero de 2017 durante una batalla fronteriza entre ambas fuerzas.

 

Fuera de este decálogo, hay otro conflicto, el de Yemen, que no sólo se podría encuadrar dentro de las contiendas bélicas semi-olvidadas. También es otro ejemplo de control de información y de opacidad. Sobre todo, desde que Arabia Saudí se hizo con la comandancia militar de la alianza del Golfo. Sin olvidar su capacidad para extender las tensiones a toda la región, otra de las más convulsas, ya de por sí, del planeta. Porque Riad ha gastado sumas ingentes de dinero en esta guerra, hasta descuadrar un presupuesto que habitaba en el superávit por los petrodólares, que también está utilizando para hostigar a su enemigo, Irán.


Yemen sufre una guerra civil que es un auténtico collage: luchas tribales, movimientos yihadistas y grupos que, sencillamente, luchan por la supervivencia. Pero, por encima de todo, lo que está en juego es la hegemonía del wahabismo saudí (suní) y la milicia chií Huthi, apoyada por Teherán. Naciones Unidas cree que tres cuartas partes de sus 28 millones de habitantes precisan de algún tipo de ayuda humanitaria. Su economía está colapsada y la esperanza de vida de la gente resulta una quimera. Por si fuera poco, a comienzos de diciembre, se hizo oficial el asesinato de Abdalá Saleh, el ex presidente del país y antiguo aliado rebelde. Probablemente a manos huthies, que le consideraban un traidor, según fuentes saudíes.


El último Global Peace Index, del Institute for Economics and Peace, que incluye datos de 2015, ya revelaba que eran malos tiempos para la paz. Durante ese año, el número de muertes en combate había sido el más alto de los últimos 25 años, debido a los altos niveles de intensidad terrorista y a la mayor oleada de refugiados y desplazados desde la Segunda Guerra Mundial. La violencia, dice el estudio, tiene un alto coste. Nada menos que de 13,6 billones de dólares, si se mide en poder de capacidad de compra. Más que la economía de China a precios actuales del mercado. O cinco dólares por persona y día, si pagáramos todos los habitantes del planeta. U once veces el montante de la Inversión Extranjera Directa (FDI, según sus siglas en inglés) que fluye cada ejercicio económico por el mundo. Sólo en 2015.


Su versión de 2017 reconoce una ligera mejoría, que queda en stand by ante el creciente gasto militar de las grandes potencias. Estos son los cinco países que, a juicio de este barómetro, de reconocido prestigio internacional, lograron los mejores y peores resultados en los exámenes sobre pacificación de sus territorios.

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