El hallazgo de agua en la Luna abre el camino para la exploración del satélite

La confirmación de la NASA de la existencia de agua en la Luna es un gran avance para la ciencia y la carrera espacial, pero implica retos tecnológicos que se tendrán que resolver, aunque también se vislumbra la presencia humana en un futuro cercano, coincidieron en señalar científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"El agua es una molécula esencial para los seres vivos, y el hecho de que se encuentre en la Luna abre la posibilidad de que pueda ser utilizada para las futuras misiones que vayan al satélite, que se establezcan con usos variados: consumo humano, producción de combustible y oxígeno que se requiere para la respiración", afirmó Rafael Navarro González, astrobiólogo del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional.

Con este descubrimiento, se vislumbra más cerca la presencia de una futura colonia humana en la Luna.

Julieta Fierro Gossman, investigadora del Instituto de Astronomía (IA) de la Universidad Nacional, considera que el hallazgo abre camino al hombre para la exploración en el satélite.

Corroboración

La experta en el estudio del sistema solar comentó que si bien se había encontrado ese líquido en la Luna desde hace mucho tiempo con el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (Sofia, por sus siglas en inglés) de la NASA, no se tenía la certeza de que fuera agua, hecho que se corroboró.

"Se sabía que en los polos de la Luna hay agua, en particular en el Sur, lo que es muy importante para los astronautas y ahora se encontró en unas grietas, en zonas donde nunca entra la luz del Sol", precisó la especialista.

José Franco López, investigador del IA, sostuvo que "cualquier agua que pueda existir en la parte superficial o un poco debajo de la superficie del satélite natural de la Tierra se evapora en el día y se vuelve a condensar durante la noche, así que quizás exista un ciclo del agua. Además, en los cráteres que están cerca de los polos lunares, donde nunca da el Sol, se mantiene agua congelada a menos 150 grados, es una roca sólida que puede estar estable durante millones de años".

Representación artística del robot al momento de descender en el cuerpo celeste a investigarFoto Afp

Recolectar alrededor de 60 gramos de partículas del cuerpo celeste, el objetivo // La masa exacta se conocerá hasta el sábado

 

Washington. La sonda estadunidense Osiris-Rex entró brevemente en contacto este martes con el asteroide Bennu, tal como estaba previsto, confirmó la NASA, aunque el nivel del éxito de la operación de toma de muestras no se conocerá hasta dentro de algunos días.

"Aterrizaje confirmado", "Muestreo terminado", anunció la agencia espacial durante la retransmisión en vivo de las operaciones, arrancando una ovación entre el equipo al terminar esta intervención de algunos segundos, que llega más de cuatro años después del lanzamiento de la sonda.

"Todo fue perfecto", explicó minutos más tarde Dante Lauretta, jefe de la misión, emocionado.

"Escribimos una página de la historia esta tarde", añadió.

Tras arrojar nitrógeno comprimido a la superficie de Bennu, el brazo del robot debía recoger las partículas de menos de 2 centímetros de diámetro. El objetivo era acumular al menos 60 gramos durante esos pocos segundos, lo que sería la mayor muestra extraterrestre recogida desde las misiones lunares Apolo.

Sin embargo, la masa exacta de la muestra no se conocerá hasta sábado.

Hasta ahora, Osiris-Rex sólo ha podido enviar mensajes de confirmación, pero ninguna imagen: la sonda apenas lo hizo la noche del martes al miércoles, en cuanto regrese a su órbita y se encuentre a distancia segura del asteroide, tras cargar las baterías.

En las próximas horas y días, enviará numerosos datos e imágenes que darán una estimación del resultado de la toma de muestras.

Existe la posibilidad de que el brazo de la sonda no se haya podido posar sobre una superficie plana y aspirar el polvo, por ejemplo si ha caído sobre una gran roca.

En caso de fracaso, se podría decidir hacer un nuevo intento, en otro punto, en enero.

"En realidad no podemos aterrizar en la superficie de Bennu, así que sólo se besó la superficie", agregó Beth Buck, de Lockheed Martin.

El interés de analizar la composición de los asteroides del sistema solar se basa en que están hechos de los mismos materiales que formaron los planetas.

Es "casi una piedra Rosetta, algo que está ahí fuera y cuenta la historia de toda nuestra Tierra, del sistema solar durante los pasados miles de millones de años", aseguró Thomas Zurbuchen, científico jefe de la NASA.

Las muestras regresarán a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, con un aterrizaje planeado en el desierto de Utah. Con ese material, los laboratorios podrán llevar a cabo análisis mucho más potentes de sus características físicas y químicas, informó Lori Glaze, directora de la división de ciencia planetaria de la agencia espacial estadunidense.

Bennu no es un asteroide liso, cubierto por una "playa" inofensiva de arena fina, que esperaba la NASA. En realidad, se eligió porque está convenientemente cerca y es antiguo: los científicos estiman que se formó en los primeros 10 millones de años de la historia del sistema solar, hace 4 mil 500 millones de años.

(Con información de Ap)

Martes, 20 Octubre 2020 05:31

Contando historias con estadística

Contando historias con estadística

Hoy, 20 de octubre, celebramos en todo el planeta el Día Mundial de la Estadística. La consigna que promueve la Comisión de Estadística de Naciones Unidas es que esta disciplina conecta al mundo con datos confiables. Por ello, es un momento ideal para acercar a los profesionistas de distintos ámbitos a su uso, reflexionando sobre un vehículo cuya popularidad está creciendo como forma efectiva de comunicar en muy diversas esferas: el arte de contar historias apoyándose en datos y estadísticas.

Contar historias es un elemento central de la existencia humana. Es parte de la revolución cognitiva que permitió al Homo sapiens distinguirse de otros animales, como lo detalla Yuval Noah Harari en su libro Sapiens: De Animales a Dioses, donde sostiene que se requiere la ficción para crear civilizaciones, pues "un gran número de extraños puede cooperar con éxito si cree en mitos comunes. Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes".

Contar historias es una actividad común a todas las civilizaciones, tanto ancestrales como modernas. Al inicio de la historia de la humanidad, los cuentos acumulaban el conocimiento necesario para sobrevivir y a través de ellos se transmitía el conocimiento. Las historias consolidaron el vínculo biológico de los hombres con los lazos sociales que creaban.

Las sociedades y formas de transmitir el conocimiento han evolucionado, pero permanece el gusto por las historias. La fe, la ciencia, el amor, los fenómenos sociales, necesitan de una historia con la cual la audiencia se sienta identificada a nivel intelectual y/o emocional. De hecho, hasta las campañas políticas requieren de una narrativa para ser efectivas. Son estas historias las que hacen que la información sobre cada uno de los temas sea memorable.

Las historias pueden ser contadas por distintas personas, en distintos momentos y cada público las interpretará de acuerdo con su experiencia, sus ideas e imaginación. Una misma historia puede tener tantas interpretaciones como combinaciones de narrador y escucha o lector existen.

Hay historias que transcurren por completo en la fantasía, pero hay otras que buscan tener una semblanza de realidad. De ahí la importancia de agregar estadísticas a las historias. Al nutrir las narraciones con datos, éstas adquieren objetividad. Los mensajes contados con números logran permanecer intactos a través del tiempo, independientes de las interpretaciones.

Pero para contar historias con estadísticas debemos primero entender lo que ellas dicen y discernir cuáles aportan evidencia a nuestro relato. El primer reto que enfrentamos es seleccionar datos de calidad, que provengan de fuentes confiables, como las oficinas nacionales de estadística que generan información con rigor metodológico. El segundo reto es narrar con la habilidad de traducir las estadísticas de forma que resulten relevantes para nuestro relato, significativas para nuestra audiencia y útiles para los estudiosos y hacedores de política.

Las historias nutridas con estadísticas son un poderoso mecanismo para generar conocimiento en nuestro mundo tan lleno de datos. Contar historias es relevante para los comunicadores, los maestros, los historiadores, la mercadotecnia de las empresas y para la sociedad en general. Las estadísticas no deben verse sólo como números usados por un grupo de técnicos especializados, sino como una herramienta que la sociedad debe aprender a usar en su favor.

No hay que elegir entre números o historias: hay que usar ambas, contar historias soportadas con estadísticas.

Las encuestas reflejan múltiples historias, los datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, por ejemplo, muestran que trabajando hombres y mujeres tiempo completo (40 horas o más a la semana), al llegar al hogar las mujeres laborarán casi 18 horas a la semana más que los hombres en actividades sin sueldo, como el quehacer doméstico o el cuidado de miembros del hogar. Estas cifras sustentan las historias de desigualdad de género en nuestro país que, bien contadas, comunican la dimensión de este fenómeno.

Este poder de la estadística debe llamar la atención y celebrarse en un día como hoy. Mientras en la comunidad estadística debemos esforzarnos por contar historias que promuevan el conocimiento de los datos, los profesionistas de otras disciplinas deben estar conscientes de que no podrán más clasificarse entre creativos o analíticos, entre hábiles o torpes con los números, sino que deben, cada vez más, desarrollar las habilidades para explotar las estadísticas en cada uno de sus campos.

"Somos, como especie, adictos a las historias. Incluso cuando el cuerpo duerme, la mente permanece despierta toda la noche, contándose historias". (Jonathan Gottschall, El animal cuentahistorias: Cómo las historias nos hacen humanos.)

Por Julio A. Santaella, presidente del Inegi

Publicado enSociedad
Unsplash/Nicolas Lobos, CC BY-SA

Hace décadas que el gran divulgador Carl Sagan imaginó magistralmente diferentes ambientes para la vida en un sistema solar que poco a poco íbamos descubriendo. En tiempos recientes, las especulaciones han ido dejando paso a evidencias firmes de que algunos de estos entornos tienen el potencial de albergar hábitats extraños pero sospechosamente familiares. Los últimos datos científicos nos permiten enfocar la búsqueda hacia los lugares que parecen más probables.

En las últimas semanas, varias noticias han dibujado tres situaciones muy distintas. El fosfano en Venus nos invita a pensar en formas de vida suspendidas a gran altura, en un hábitat completamente aéreo. Apenas unos días más tarde se anunciaban nuevos resultados sobre Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que enfatizaban la idea de un océano encapsulado. Finalmente, Marte volvió a presentar su candidatura para la habitabilidad con la confirmación de lagos de agua líquida y salada bajo su superficie.

¿Vida en las nubes, en un océano atrapado por el hielo o en lagos subterráneos? No son lugares tan extraños como podría parecer.

Las posibilidades de Venus han sido muy comentadas recientemente. Los autores del descubrimiento de fosfano han mostrado también un posible ciclo de vida que permitiría el mantenimiento de microbios en una biosfera aérea. Esta hipótesis ya había sido discutida con anterioridad y permite abrir diversas líneas de investigación en el ambiente terrestre. Las hipótesis que se manejan para Venus implican la vida contenida en el interior de las gotas de las nubes para compensar tanto la acidez como la enorme falta de agua en nuestro vecino.

Encélado es una luna compuesta básicamente por agua, cubierta de hielo en el exterior. En su interior, la fricción generada por las mareas de Saturno proporcionarían la fuente de energía necesaria para crear un gigantesco océano encapsulado. Esta situación sería similar a la de otros satélites, como Europa, en Júpiter.

En 2005, la sonda Cassini detectó la presencia de un géiser de agua. Desde entonces se ha intentado determinar por diferentes métodos cuál es la proporción de ingredientes como sal, urea, o amoníaco tanto por favorecer como por perjudicar la posible presencia de seres vivos.

Un reanálisis profundo de los datos acumulados durante 13 años por Cassini ha permitido detectar regiones más finas y jóvenes alrededor de las "rayas de tigre" que muestra Encélado. Estas zonas podrían estar relacionadas con puntos calientes en el océano profundo, tal vez, como en la Tierra, volcanes o fumarolas.

El ambiente volcánico submarino ha sido señalado como el posible origen de la vida en la Tierra y es el sueño de cualquier astrobiólogo, dado que permite tanto buscar vida fuera de la Tierra como estudiar nuestro propio origen. El análogo terrestre más cercano sería el lago Vostok, en la Antártida. Si recordamos el enorme esfuerzo que supuso acceder al propio lago bajo apenas un par de kilómetros de hielo queda clara la enorme complejidad de acceder al posible hábitat de Encélado, bajo una corteza tal vez diez veces más gruesa.

Marte, el eterno candidato

Por último, Marte aparece siempre en la astrobiología, no solo por las más que firmes pruebas de la presencia continuada de agua líquida en su superficie, sino también porque la exploración de sus potenciales hábitats, tanto presentes como pasados, es quizá una de las más sencillas.

Recientemente, la misión Mars Express ha confirmado la detección previa de lagos enterrados un kilómetro y medio bajo la superficie. Aunque se sigue debatiendo la interpretación de las observaciones, agua con una elevada salinidad podría permanecer líquida en esas condiciones, al abrigo de algunas de las dificultades que ofrece la superficie del planeta rojo, como son los cambios extremos de temperatura y la indefensión ante la radiación solar.

Las posibilidades marcianas de los organismos halófilos, adictos a los ambientes salados, se han estudiado por su potencial para generar metano, el gas biomarcador que parece haber sido detectado en el planeta rojo.

Estos tres ambientes, tan aparentemente diferentes, tienen en común sus analogías con la Tierra y son por lo tanto escenarios muy sugerentes donde buscar formas de vida sencilla en nuestro vecindario galáctico. Todos ellos cuentan con sus propias limitaciones, pero también con un gran potencial para incrementar nuestro conocimiento sobre cómo la vida pudo prender y prosperar en nuestro propio planeta.

 

Por Santiago Pérez Hoyos

Investigador Doctor Permanente - Astronomía y Astrofísica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

17/10/2020  

“Ni la teoría marxista es una disciplina científica ni el marxismo es una ciencia”

Entrevista a Francisco Erice sobre En defensa de la razón (II)

 

El profesor Francisco Erice es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y miembro de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

En los últimos años, ha centrado sus investigaciones en los problemas de la memoria colectiva, la historia del comunismo y la historiografía. Fruto de ello son libros como Guerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva (2009) y Militancia clandestina y represión. La dictadura franquista contra la subversión comunista, 1956-1963 (2017), así como numerosos artículos en revistas y capítulos en obras colectivas.

En Siglo XXI de España, Erice ha publicado E.P. Thompson. Marxismo e historia social (2016, junto a José Babiano y Julián Sanz, (eds.) y un capítulo en Historiografía, marxismo y compromiso político en España. Del franquismo a la actualidad (2018, José Gómez  Alén, ed.) y En defensa de la razón (2020). En este último libro centramos nuestra conversación.

*

Estábamos en este punto. Hay una referencia y comentario en tu libro, sorprendente para mí, sobre El queso y los gusanos de Ginzburg. ¿Este ejemplo de “microhistoria”, deslumbrante en mi opinión, alimentó también las críticas posmodernas en contra de los “grandes relatos”, de la macrohistoria?

El queso y los gusanos, que a mí también me parece deslumbrante, y la microhistoria en general, no se presentan como manifestaciones del posmodernismo, sino como reflejo de un clima historiográfico general en el que entran en cuestión los paradigmas estructurales y excesivamente deterministas. Los referentes teóricos de esta corriente son diversos y eclécticos. Pero Ginzburg no es un posmoderno; baste ver las diferencias en cómo trata a su personaje (Menocchio), ensanchando los límites de lo individual pero sin negar las reglas sociales, frente a un Foucault que, al tratar del asesino Pierre Rivière, excluye cualquier interpretación para no forzarlo -dice- reduciéndolo a la razón ajena.

Ginzburg tiene claro -y así lo recalca- que de la propia época y clase “nadie se escapa” y que los individuos pueden optar entre diversas posibilidades latentes, pero dentro de una “jaula visible e invisible” que construyen la lengua y la cultura, ejerciendo dentro de ella una “libertad condicionada”. Las críticas más importantes que pueden hacerse a la microhistoria van por otras vías; por ejemplo, por las dificultades de reconstruir el sentido de las acciones individuales sin el conocimiento previo enmarcador de los contextos sociales y culturales en las que se producen.

Te has referido a Foucault en dos ocasiones pero tengo que preguntarte: ¿también Michel Foucault, desde tu punto de vista, es un pensador posmoderno?

Lo es sin duda alguna. No por casualidad se le considera (junto con Derrida, Barthes, Deleuze y algún otro) una de las figuras fundamentales de lo que en Estados Unidos se ha conocido como French Theory, del posestructuralismo, eje central del posmodernismo. Pero, además, Foucault refleja como pocos algunos de los rasgos cardinales del pensamiento posmoderno, entre otras cosas por su conexión directa con Nietzsche: la fragmentariedad y la discontinuidad (piénsese en su teoría de las “epistemes”, sus libros sobre la locura o la prisión, etc.), la ruptura con la idea de causalidad y el descriptivismo (su seguidor Paul Veyne, lo califica como el primero historiador “totalmente positivista”), la negación de la objetividad, etc.

Otra cosa es que Foucault sea, dentro de los posmodernos, el mas interesante, al menos para los historiadores, con algunas aportaciones -y sobre todo sugerencias- importantes.

¿Nos puedes citar alguna de sus aportaciones importantes?

En realidad, más que aportaciones sólidas, yo diría intuiciones o incluso ideas-fuerza que han estimulado investigaciones históricas o sociológicas relevantes, aunque representen también factores de debilidad conceptual o desviación de los enfoques con respecto a otras posibilidades fructíferas.  Pienso por ejemplo en su noción del “poder difuso”, la relación entre saberes y poder, su interés por los márgenes, el análisis de los “sistemas disciplinarios” o incluso -aunque a mí no me parecen especialmente interesantes- sus nociones de biopolítica, de gubernamentalidad o poder pastoral. Son ideas que han generado y generan debates. Aunque en una entrevista reciente convertían una frase incidental mía, donde afirmaba que probablemente Foucault estaba sobrevalorado, en titular llamativo, no pretendía con eso negar todo valor a su obra. Ni siquiera soy, en esto, la mitad de radical que Thompson, que decía que Foucault era “un charlatán”, o de Ginzburg, que lo reducía en gran medida a “una nota a pie de página de Nietzsche”; o incluso del gran marxista español, fallecido hace unos años, Juan Carlos Rodríguez, que relacionaba lo que denominaba “mito Foucault” con un cierto “antimarxismo sutil”.

Sobre estas cuestiones me remito al libro, donde se habla más extensamente de todo ello. 

Ciertamente, le dedicas un capítulo entero, el IV, “Miseria y grandeza del foucaultismo”, título que de nuevo recuerda a Brecht, el del “Terror y miseria del Tercer Reich”.

Hablabas antes de Nietzsche: ¿por qué, como afirmas, Nietzsche y Heidegger son dos predecesores reaccionarios del posmodernismo?

Al hablar de ambos pensadores como precursores del posmodernismo no descubro ningún secreto, porque son las dos grandes figuras influyentes, en mayor o menor medida, en los autores posmodernos. Es bien conocido, por ejemplo, el fuerte influjo heideggeriano en Derrida, o el quizás aún mayor nietzscheano en Foucault. Del carácter política y socialmente reaccionario de ambos filósofos alemanes creo que no caben demasiadas dudas, por más que se haya intentado interpretar a “Nietzsche contra Nietzsche” o “Heidegger contra Heidegger”.

El rechazo al racionalismo ilustrado, las idas de diferencia o discontinuidad, el papel central del lenguaje, el relativismo y tantos otros elementos del pensamiento posmoderno se inspiran en gran medida en ellos. Al presentarlos, en el libro, bajo el epígrafe de “Dos precursores reaccionarios”, se intenta resaltar el llamativo contraste entre pensadores posmodernos sedicentemente de izquierdas y la influencia determinante en ellos de pensadores tan ultraconservadores como los dos citados, o la de Carl Schmitt entre los politólogos posmodernos.

Es difícil pensar que puedan separarse tan radicalmente sus opiniones políticas del resto de sus ideas. Visto así, hablar de “nietzscheanos de izquierdas” o “heideggerianos de izquierdas” va más allá de un simple oxímoron o una “contradictio in terminis”.  

También incluyes a Laclau y Mouffe entre los pensadores posmodernos. Sin embargo, como sabes, no sé si con inconsistencias, algunas formaciones políticas de la llamada nueva izquierda reivindican su pensamiento, su concepción de la política y lo político. ¿Es posible entonces un posmodernismo político de izquierdas?

Laclau y Mouffe son claramente posmodernos; sus influencias declaradas y el desarrollo de sus esquemas de análisis son, en ese sentido, inequívocos. También lo son (aunque con más matices) Negri y Hardt en su teoría del Imperio. Y hay también un “posmodernismo desde el Sur” con muchas variantes (Boaventura de Sousa Santos, Dussel, Aníbal Quijano, etc.).

El posmodernismo ha influido mucho en los a veces llamados “nuevos movimientos sociales” y en los análisis histórico-sociales ligados a los mismos (Historia de género, Cultural Studies, Estudios poscoloniales, etc.). Eso significa que hay, evidentemente posmodernismo que se reivindica de la izquierda, y cuyos defensores son muchas veces firmes y consecuentes militantes de la izquierda. Por eso es importante el debate, la confrontación crítica con estas posiciones desde la izquierda de orientación marxista, para delimitar posiciones de manera clara, pero, por supuesto, entendiendo que estas diferencias no deben excluir las posibles y necesarias colaboraciones prácticas.

En el caso de Laclau y Mouffe, defensores de un “posmarxismo” teórico que se proyecta políticamente como “populismo de izquierdas”, creo que cabe reprocharles, desde posiciones marxistas, su remisión al campo lingüístico de las contradicciones sociales, la separación de lo social (que prácticamente se difumina) y lo político, la ambigüedad de sus posiciones sobre la transformación social o la concepción de la política como una movilización sobre la base de las emociones y los sentimientos, tremendamente peligrosa por su potencial irracionalismo, que condena objetivamente a los movilizados a una posición subalterna.        

¿Ha habido aportaciones importantes, destacables y reconocidas, del posmodernismo en el ámbito de la historia, o sus reflexiones se han centrado más bien en la metahistoria o en la filosofía en general? ¿Hay historia posmoderna interesante por decirlo de algún modo?

Suele decirse que hay mucha reflexión teórica posmoderna en el campo de la Historia (Hayden White es un claro ejemplo), pero pocos historiadores posmodernos, y creo que es cierto, aunque con algunos matices. La razón está en que llevar a la práctica postulados posmodernos extremos supone atentar contra la misma lógica del oficio de historiador; no es de extrañar que uno de los defensores de estas tesis, Jenkins, llegue a pronosticar el fin próximo de la Historia (de la Historia como disciplina) y hable de futuras sociedades que ya no necesiten a los historiadores. Por eso lo que sí hay es una amplia gama de influencias parciales o de posmodernismo light o moderado. Y, sobre todo, un clima propicio a la difusión de este tipo de planteamientos, siempre mezclado con otros o matizado. La Historia posmoderna más completa, lo que sus cultivadores llaman, por ejemplo, la Historia postsocial, es hoy bastante minoritaria. 

Pero esto que señalas del fin de la historia como disciplina científica o la consideración de que de hecho nunca lo fue, ¿no son también tesis o consideraciones próximas a Althusser o a sus discípulos o seguidores?

La proximidad de Althusser a algunos de estos autores es evidente (por ejemplo, su influencia en Laclau), aunque, en todo caso, Althusser tenía una concepción “cientifista” del marxismo y hablaba pomposamente de Marx como descubridor del “continente de la Historia”. A lo mejor parte del problema es qué entiende por ciencia o la contraposición ciencia-ideología.

Para los historiadores, creo que los dos principales problemas que plantea Althusser tienen que ver con el “anti-historicismo” y “anti-empirismo” por un lado, y el “antihumanismo” por otro. Thompson percibió bien -aunque no sé si lo formuló del todo correctamente- los efectos deletéreos para la Historia de un “anti-empirismo” que degenera en “teoricismo”, rompiendo el “diálogo” de la construcción teórica con el material empírico. El antihumanismo, además, degradando el papel de la acción humana, refleja el carácter “políticamente sombrío” del marxismo althusseriano, como decía Eagleton, reforzado por su noción de ideología, que subraya la opacidad necesaria de los procesos sociales incluso en el ámbito de una hipotética sociedad emancipada.    

¿Cuáles serían tus principales críticas a lo que llamas historia de género?

La llamada “Historia de género”, y no digamos ya la Historia de las mujeres, noción más amplia pero estrechamente relacionada con ella, han hecho aportaciones verdaderamente sustanciales a la renovación historiográfica de las ultimas décadas. Lo que el libro critica no es este campo historiográfico, ni la noción en sí de género, entendido como construcción cultural de los roles atribuidos a hombres y mujeres. Más bien se cuestiona una determinada manera de definir el género, vinculada precisamente a las teorías posmodernas, que entiende las diferencias como mera construcción lingüística y se desvincula del estudio de las relaciones materiales y sociales que afectan a las mujeres.

Es esta Historia reductivamente “culturalista”, tremendamente peligrosa además para la misma legitimación de los movimientos feministas, la que debe ser teóricamente combatida. Hay, por el contrario, intentos de imbricación de género y clase o de explicación histórica materialista de la historia de las mujeres, ligada a las condiciones materiales de su existencia, sin olvidar -claro está- los factores culturales, que constituyen una vía de desarrollo historiográfico verdaderamente prometedora para el futuro.     

La tercera parte de tu libro lleva por título “La historia marxista después de la tormenta. Propuesta para una reconstrucción”. Son muchas las sugerencias y tesis que en ella defiendes. Sobre algunas de ellas. ¿Qué fue Marx en tu opinión? ¿Un economista, un filósofo, un revolucionario, un historiador? ¿Todo en uno?

Humildemente, debo reconocer que esta tercera parte tiene quizás más sugerencias que tesis perfiladas. En todo caso, sin querer decir que en las dos anteriores se planteen los análisis de manera más sólida o afianzada, me pareció que era más oportuno subrayar, en esta parte final, el carácter abierto de los debates sobre cómo reconstruir un marxismo historiográfico que recoja lo mejor de la tradición materialista y a la vez no se repliegue sectariamente frente a las contribuciones del propio desarrollo de la Historia como disciplina.

Con respeto a la identificación “gremial” de la obra de Marx o en el encasillamiento de su figura, creo que posee todas esas dimensiones y alguna más. Pero todas ellas, lejos de superponerse, se integran en una visión unitaria, como Schumpeter supo ver bien a propósito de la Economía y la Historia. Creo que Marx absorbe y combina muchos ingredientes y perspectivas, pero nunca es “ecléctico”. Quizás la dimensión central más justificable de su obra sería la de filósofo, más que de científico. Y por supuesto, la de revolucionario, que asume la “crítica de las armas” como realización del “arma de la crítica”.

Desde luego, no es exactamente un historiador, pese a que Pierre Vilar le gustaba identificarlo como tal (las obras de Marx, si acaso, nos recuerdan a las actuales Sociología histórica o Historia del Presente), por su evidente y fundamental tendencia a “pensarlo todo históricamente”.    

¿La teoría marxista de la historia es una disciplina científica? Si lo fuera, ¿qué tipo de ciencia sería?

Ni la teoría marxista es una disciplina científica ni el marxismo es una ciencia. Pero sí creo que la concepción marxista, racionalista, materialista y crítica, nos ayuda a la construcción de la Historia como ciencia. El marxismo lo que nos ofrece o nos permite construir es una teoría de la sociedad que funcione como un “horizonte metodológico” o “ideal regulativo” (tomo las expresiones de Moradiellos) para el análisis de los materiales históricos. Pero no hay una “ciencia marxista”, como no la hay “proletaria” o “feminista”.

Las ciencias, sin que ello implique sacralizarlas, representan el horizonte máximo de racionalidad metódica y sistemática alcanzado por las sociedades humanas. Hablar de la Historia como ciencia se sitúa en las antípodas del posmodernismo, que la identifica en lo esencial con la Literatura o la ficción, o que niega principios esenciales como el de causalidad, determinación o continuidad. Obviamente, la Historia es una ciencia “humana”, en la que el sujeto operatorio (el historiador) es imposible de neutralizar del todo (como sucede en las ciencias físico-naturales) en el proceso de construcción del conocimiento. Pero existen mecanismos que permiten alcanzar grados de veracidad significativos (la crítica rigurosa de las fuentes, los principios deontológicos del trabajo del historiador, la socialización “gremial” o el contexto institucional de los conocimientos, etc.), que permiten a la Historia figurar decorosamente en el campo de las ciencias humanas o sociales que se ha ido institucionalizando a lo largo de los dos últimos siglos. Creo que la teoría de la ciencia de Gustavo Bueno plantea correctamente el asunto, sin renunciar al análisis sociológico de la misma, pero no incurriendo en el sociologismo o el relativismo.  

Tomemos un respiro. El último.

Como quieras.

Por Salvador López Arnal | 14/10/2020 

Fuente: El Viejo Topo, septiembre de 2020

Primera parte: Entrevista a Francisco Erice sobre En defensa de la razón (I), «Pensamientos y lenguaje no forman un mundo aparte, son ‘expresiones de la vida real’», https://rebelion.org/los-pensamientos-y-el-lenguaje-no-forman-un-mundo-aparte-sino-que-son-con-toda-su-complejidad-expresiones-de-la-vida-real/

Publicado enPolítica
Firman ocho países los Acuerdos Artemis para la exploración de la Luna

Buscan determinar zonas de seguridad para evitar conflictos entre las naciones que operen en el satélite y se permitiría a empresas privadas que sean propietarias de los recursos que extraigan

 

Washington. Ocho países firmaron un pacto internacional para la exploración lunar llamado Acuerdos Artemis, anunció la NASA ayer, en un momento en que ésta busca fijar los estándares para edificar asentamientos a largo plazo en la superficie del satélite terrestre.

Los acuerdos, que reciben su nombre del programa lunar Artemis de la NASA, buscan ampliar la ley espacial internacional vigente, estableciendo zonas de seguridad que rodearían a futuras bases lunares para evitar conflictos entre los estados que operen allí, al tiempo que permitirían que compañías privadas sean propietarias de los recursos que extraigan.

Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Luxemburgo, Italia, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos firmaron los acuerdos bilaterales durante una conferencia anual espacial, tras meses de negociaciones en un intento estadunidense de crear aliados bajo su plan de volver a enviar astronautas a la Luna en 2024.

Lo que intentamos hacer es determinar normas de comportamiento que puedan aceptar todas las naciones, sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, a los medios. Según indicó, los acuerdos son coherentes con un tratado de 1967 que indica que la Luna y otros cuerpos celestes están exentos de reclamaciones nacionales de propiedad.

Estamos haciendo operativo el Tratado del Espacio Exterior con el propósito de crear la coalición humana más amplia, inclusiva y grande de viajes espaciales en la historia de la humanidad, destacó Bridenstine.

El gobierno de Donald Trump y otros países con capacidad de vuelo espacial ven la Luna como un activo estratégico. También tiene valor para una investigación científica a largo plazo que podría permitir futuras misiones a Marte, actividades que entran bajo el régimen de la ley espacial internacional, considerada en general como desfasada.

En 2019, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, dio instrucciones a la NASA para el regreso de astronautas a la Luna en 2024 –reduciendo a la mitad el cronograma previo de la agencia– y establecer una presencia humana a largo plazo en el satélite.

Italia contribuirá al programa con el suministro de módulos habitables para la tripulación y con la prestación de servicios de telecomunicación.

Según Riccardo Fraccaro, subsecretario del Consejo de Ministros de Italia, es “una firma histórica, porque abre un capítulo nuevo y apasionante en la exploración espacial, 50 años después del primer desembarco en la Luna.

Este documento nos permitirá a nosotros y a las generaciones futuras una exploración pacífica, segura y sostenible del espacio para mejorar la vida en la Tierra, añadió.

Ensayan en Texas tecnología de alunizaje

Por otro lado, la empresa Blue Origin, de Jeff Bezos, lanzó ayer un cohete New Shepard por séptima vez desde un rincón remoto de Texas para ensayar una nueva tecnología de alunizaje de la NASA.

El vuelo, que alcanzó una altura máxima de 106 kilómetros, duró 10 minutos. El cohete impulsor regresó al centro de lanzamiento y lo siguió la cápsula, que cayó en paracaídas en el desierto.

La cápsula transportó experimentos científicos, además de 1.2 millones de semillas de tomate que serán entregadas a niños de Estados Unidos y Canadá, así como decenas de miles de tarjetas postales con dibujos de temática espacial que serán devueltos a los jóvenes remitentes.

El cohete impulsor llevaba equipo de navegación de la NASA para futuros alunizajes. Los sensores y la computadora –ensayados durante el descenso de la nave– tendrán un nuevo viaje suborbital con Blue Origin. Es parte del programa Artemis de la NASA que busca enviar a la primera mujer y un hombre a la Luna.

(Con información de Ap y Sputnik)

© Foto : Pixabay/geralt

Cosmólogos de la Universidad de California en Riverside utilizaron una serie de herramientas y una nueva técnica para calcular cuánta materia hay en el universo.

 

Para calcularla, los científicos primero contaron la materia en una sola galaxia observando cómo órbita las galaxias vecinas, y luego escalaron la cantidad para todo el universo. 

El equipo descubrió que la materia constituye el 31% del universo, el resto es energía oscura, una "forma desconocida de energía" que los científicos aún no entienden.

Según los autores del estudio, de ese 31%, el 80% lo constituye la materia oscura, una sustancia que solo se detecta a través de sus interacciones gravitacionales con otra materia. La cantidad de materia conocida —el gas, el polvo, las estrellas, las galaxias y los planetas— constituye solo el 20%.

Determinar exactamente cuánta materia hay en el universo no es una tarea fácil, explicaron los cosmólogos, al indicar que depende tanto de las observaciones como de las simulaciones.

"Hemos tenido éxito en hacer una de las medidas más precisas jamás hechas usando la técnica de cúmulos de galaxias", afirmó la coautora Gillian Wilson.

Este fue el primer uso de la técnica de la órbita de las galaxias, que implica determinar la cantidad de materia en una sola galaxia mirando cómo orbita otras galaxias. 

Como parte de su medición, el equipo comparó sus resultados con otras predicciones y simulaciones para obtener una cifra que "parecía perfecta".

"Un mayor porcentaje de materia daría como resultado más cúmulos", explicó el autor principal, Mohamed Abdullah.

"Pero es difícil medir la masa de cualquier cúmulo de galaxias con precisión porque la mayor parte de la materia es oscura y no podemos verla con telescopios", agregó.

La materia oscura es una sustancia relativamente desconocida que se cree que es el pegamento gravitacional que mantiene las galaxias juntas. Los cálculos muestran que muchas galaxias se separarían en lugar de rotar si no se mantuvieran unidas por una gran cantidad de materia oscura. Nunca ha sido observada directamente y solo puede ser vista a través de su interacción gravitacional con otras formas de materia. 

Para superar esta dificultad, los astrónomos desarrollaron GalWeight, una herramienta cosmológica para medir la masa de un cúmulo de galaxias usando las órbitas de sus galaxias miembros.

Con ayuda de esta herramienta, los investigadores crearon un catálogo de cúmulos de galaxias. Finalmente, compararon el número de cúmulos en su nuevo catálogo con simulaciones para determinar la cantidad total de materia en el universo. 

"Una gran ventaja de usar nuestra técnica de órbita de galaxias GalWeight fue que nuestro equipo pudo determinar una masa para cada cúmulo individualmente en lugar de depender de métodos estadísticos más indirectos", reveló el tercer coautor, Anatoli Klipin.

04:05 GMT 30.09.2020URL corto

Los hallazgos se han publicado en el Astrophysical Journal. 

Los investigadores creen que las zonas húmedas que han detectado en esa región marciana se deben a masas que permanecen en estado líquido. / Pixabay

Estos nuevos resultados "corroboran el descubrimiento inicial" de la Mars Express en 2018 y, al mismo tiempo, han destapado "un escenario más extenso y complejo, con parches de agua ubicuos alrededor del lago subglacial" del planeta rojo.

 

Bajo el polo sur del planeta Marte existen lagos de agua líquida salada de diversos tamaños, según describe un equipo internacional de científicos este lunes en la revista Nature Astronomy.

Los investigadores creen que las zonas húmedas que han detectado en esa región marciana se deben a masas que permanecen en estado líquido, a pesar de las bajas temperaturas, gracias a una alta concentración de sales de perclorato.

Con anterioridad, ya se había identificado una de esas regiones bajo la superficie del planeta rojo en base a los datos de uno de los instrumentos a bordo de la nave europea Mars Express, si bien todavía no se había cerrado el debate sobre su naturaleza y composición.

El grupo de Roberto Orosei, de la Universidad Roma III, junto a investigadores de Australia y Alemania, se han servido ahora de las técnicas usadas por los satélites terrestres que rastrean la Antártida a fin de volver a analizar los datos originales del radar de la Mars Express, conocido como MARSIS. El aparato comenzó a recolectar información del planeta en 2005, tras haber sido lanzado con la nave en 2003.

Tras varios años adquiriendo datos, la falta de evidencias claras de agua líquida bajo los casquetes polares marcianos hizo pensar a los científicos que, en caso de existir, el líquido estaría a mayor profundidad de lo que habían pensado. En 2018, sin embargo, una reinterpretación de esas exploraciones desveló un lago de 20 kilómetros de ancho en la región conocida como Ultimi Scopuli.

El trabajo publicado este lunes, en el que participan varios de los autores de aquel estudio original, trata de arrojar nueva luz sobre ese descubrimiento y ampliar su análisis. Para ello, han explorado una región de 200 por 350 kilómetros cuadrados alrededor de la ubicación donde se detectó el primer lago.

Sus resultados "corroboran el descubrimiento inicial" de "una masa estable de agua líquida en Ultimi Scopuli" utilizando "una técnica diferente el independiente", describe el texto publicado en Nature Astronomy. Al mismo tiempo, su trabajo ha destapado "un escenario más extenso y complejo, con parches de agua ubicuos alrededor del lago subglacial".

Las condiciones físicas, geológicas, climáticas y topográficas que permiten la existencia de esas masas líquidas son todavía motivo de debate, subrayan los científicos. Además, destacan al mismo tiempo que en la Tierra se han encontrado soluciones acuosas hipersalinas en zonas subglaciares a temperaturas "mucho más bajas que el punto de congelación del agua".

Ante esas evidencias, los científicos proponen que la forma de agua líquida más plausible bajo la capa helada marciana es la salmuera de perclorato, una solución acuosa con más de un 5% de concentración de sal.

londres

28/09/2020 18:19

efe

 

 Gina Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido).

ENTREVISTA — Catedrática de Neuroimagen Cognitiva

La investigadora de la Aston University (Reino Unido) explica que "si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos"

 

Una de las lecciones que ha dejado la pandemia de COVID-19 es que en biología no hay unos y ceros: la realidad es compleja y las excepciones, numerosas. La investigadora Gina Rippon (Reino Unido, 1950) defiende en El género y nuestros cerebros (Galaxia Gutenberg, 2020) que los cerebros de los seres humanos no pueden catalogarse de forma binaria según el género de su portador.

¿Reflejan nuestros cerebros que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus? Rippon, catedrática de Neuroimagen Cognitiva en la Aston University (Reino Unido), repasa la historia de la neurociencia y el estudio de las diferencias sexuales del cerebro con dureza y una dosis de humor británico.

En las páginas de El género y nuestros cerebros hay psicología barata, neurobasura, salmones muertos y bebés. Muchos bebés. Hablamos con ella sobre el órgano más complejo de nuestro cuerpo y los mitos sexuales que lo rodean y damos por sentado. 

¿Existe un cerebro masculino y femenino?

La idea [de que existen] surgió a finales del siglo XVIII y está pasada de moda. Como hombres y mujeres tenían cuerpos, habilidades y roles diferentes, se daba por sentado que también tendrían cerebros diferentes. Así empezó lo que yo llamo una "caza de diferencias", pero ninguna investigación ha podido asignar un sexo a un cerebro. Es importante tenerlo en cuenta, porque muchas políticas, estrategias educativas y estereotipos de género se basan en la idea de que sí existe un cerebro masculino y uno femenino.

Entonces, si alguien estudiara mi cerebro ¿no podría adivinar mi sexo?

Si miras cientos de estructuras y rutas en mil cerebros no encontrarás características comunes que permitan etiquetarlos como masculinos o femeninos. Cada cerebro es diferente al resto. Existen partes que tienden a ser mayores en los hombres y rutas que pueden ser más largas en las mujeres, pero es un mosaico, no una división entre rosa y azul.

Antes pesábamos cráneos y ahora contamos con los escáneres más avanzados. ¿Por qué las nuevas tecnologías no han zanjado el debate sobre las diferencias sexuales en el cerebro?

Tendemos a buscar evidencias que confirmen lo que ya creemos. A los científicos nos gusta considerarnos objetivos, pero a menudo las preguntas que se hacen forman parte de un sesgo de confirmación. Ya no medimos el ángulo entre la punta de la nariz y el lóbulo de la oreja; en su lugar intentamos demostrar que la amígdala masculina es más gruesa que la femenina, pero todo forma parte de la misma idea. Cuando no encontramos diferencias creemos que hay algo mal con las métricas, en vez de pensar que igual no existen. Aun así, creo que la neurociencia del siglo XXI maneja mejor las preguntas: por eso debemos revisitarlas.

Hoy sabemos que el cerebro es plástico y tiene gran capacidad de adaptación. ¿Puede esto poner punto y final al debate?

Es difícil, pero debería hacer que avance. Pensábamos que el cerebro era algo fijo que tenía un guion biológico, con una plantilla para hombres y otra para mujeres, y que si no encontrábamos diferencias era por culpa de la tecnología. Ahora sabemos que este órgano cambia a lo largo de nuestra vida y que su desarrollo no termina durante la adolescencia. Cambia según nuestras experiencias y según lo que el mundo espera de nosotros, de nuestro comportamiento y del grupo al que deberíamos pertenecer. En ese sentido sería mejor hablar de un cerebro "feminizado" o "masculinizado" para reflejar que lo que sucede fuera es tan importante como lo que pasa dentro.

En el libro asegura que una diferencia estadística no tiene por qué ser "útil". ¿A qué se refiere?

Si miras los datos asociados a diferencias [sexuales] entre cerebros y comportamientos verás que hay mucha variabilidad dentro de cada grupo, con una superposición enorme. Las diferencias entre los grupos son muy pequeñas, mientras que las diferencias dentro de los grupos son muy amplias. Sin embargo, nuestra atención siempre ha estado en las primeras, que son tan pequeñas que pueden no ser significativas. Que haya un número estadístico no significa que puedas coger una mujer o un hombre al azar y predecir su personalidad o el tamaño de su hipocampo.

A las defensoras del concepto de "neurosexismo" se les acusa de negar que existan las diferencias sexuales e, incluso, la propia biología. ¿Es cierto?

Soy neurocientífica, sería raro que negara la biología. Estoy de acuerdo en que existen las diferencias sexuales, el problema es que algunos aseguran que tienen un significado evolutivo y que por eso se han mantenido. Tenemos que preguntarnos cómo de significativas son [para explicar] las diferencias en logros y salud. Asumir que todo lo que necesitas saber de alguien es su género no te dará la respuesta correcta: el sexo influye, pero hay otros factores a tener en cuenta.

Sus críticos también aseguran que ustedes piden no investigar ciertos temas y, por lo tanto, censuran la ciencia.

 Me molesta mucho ese argumento porque yo no digo que no haya que estudiar las diferencias sexuales. No las negamos ni las consideramos una verdad incómoda. De hecho, son tan importantes que queremos llegar al fondo del asunto, asegurarnos de que las investigaciones son fiables y válidas, y que las preguntas e interpretaciones son rigurosas.

La batalla en curso [contra el neurosexismo] tiene un decepcionante nivel de mala comprensión sobre lo que hacen los científicos en cada bando. Es un debate importante y no solo académico: es sobre cómo la gente vive sus vidas y cría a sus hijos.

¿Es la salud mental uno de esos ejemplos en los que es importante estudiar las diferencias sexuales?

En la salud mental, depresión, desórdenes alimenticios y de autoestima hay influencias sociales muy poderosas. También puede ser que el cerebro de las mujeres sea más susceptible a estas influencias y de ahí vengan las diferencias, pero no surgen automáticamente. Emergen en el contexto de una sociedad muy dividida por géneros [que enfatiza] las diferencias sexuales. Las diferencias biológicas juegan un papel, pero no son solo genes y hormonas. También puede ser que la biología haya sido moldeada por los estereotipos, expectativas y experiencias.

Define a los psicólogos evolucionistas como "defensores del ‘statu quo’". ¿Es esto un problema en otros campos?

Es algo que sucede en la propia neurociencia, que en sus orígenes trabajaba partiendo del statu quo. La psicología evolucionista consiste en mostrar una diferencia sexual, como el instinto maternal o la agresión, y luego retroceder para decir que tiene un significado evolutivo y que se ha mantenido a lo largo del tiempo porque es importante. Así acabas diciendo que las mujeres prefieren el rojo al azul porque necesitaban recolectar bayas en el pasado, mientra los hombres escaneaban el horizonte en busca de mamuts. 

¿Buscamos excusas científicas para justificar decisiones políticas?

El argumento esencialista dice que todas estas brechas de género están basadas en diferencias naturales que no deberíamos cambiar. Quienes se benefician de las desigualdades piensan que habría que dejar las cosas como están, y hay evidencias que muestran que aquellos que creen en la existencia de diferencias biológicas fundamentales tienden a apoyar menos las iniciativas que fomentan la diversidad. Creen que si hay menos mujeres en ciencia o en los gobiernos así es como debería ser.

¿Cómo cambiar la visión de la sociedad en este tema? Llevamos años absorbiendo mala ciencia y titulares sensacionalistas.

A la gente le encantan libros como Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus porque sienten que reflejan su propia experiencia. Si hay datos que apoyan [las diferencias sexuales] y les dan algo de credibilidad científica es más probable que lo crean. No gusta oír que, en realidad, no son verdades universales sino algo que hemos construido en la sociedad. Necesitamos destacar las consecuencias negativas de los estereotipos y explicar que el mundo no tiene por qué ser así. Debemos explicar que somos más similares que diferentes: no somos ni de Marte ni de Venus, somos todos de la Tierra.

¿Qué papel juega en esto la educación?

La educación también es importante. En los primeros años de vida, cuando los cerebros son más absorbentes, [los niños] están más expuestos a estereotipos de género, desde la ropa a los juegos. Así empezamos a encaminar sus cerebros de formas diferentes. Debemos asegurar que todos puedan alcanzar su potencial. Pequeños cambios, como prohibir anuncios y juguetes que apoyen estereotipos de género, pueden ayudar.

Aun así, la gente me pregunta si alguna vez tendremos una sociedad neutral en cuanto al género, y me dice que va a educar así a sus hijos. Yo creo que el único camino hacia adelante es tener una sociedad en la que el género sea irrelevante, en la que este no decida cómo una persona puede contribuir a la sociedad, qué habilidades tiene y qué se le da bien o mal.

Muchos científicos critican que no se publiquen más resultados negativos. ¿Son los estudios de diferencias sexuales la punta del iceberg?

 Sí, y es algo que pasa en la ciencia en general. Diseñamos un estudio para demostrar la hipótesis de que hay diferencias entre los cerebros, y cuando no las encontramos pensamos que quizá hicimos algo mal y no lo publicamos. La ciencia debería compartir todo lo que encuentra. De lo contrario, quien ojee la literatura académica pensará que hay miles de estudios que muestran diferencias en el cerebro de hombres y mujeres, cuando hay muchos más que no se han publicado.

¿Nos fijamos demasiado en las diferencias 'per se', en vez de en sus implicaciones?

Completamente cierto. Hemos gastado millones en medir pequeñas partes del cerebro, pero no sabemos cómo las diferencias estructurales se traducen en diferencias de comportamiento. Podemos medir todo lo que queramos, pero nada de eso explica que haya más hombres jóvenes que se suicidan, mujeres jóvenes con desórdenes alimenticios, menos investigadoras, o más hombres en prisión. Podemos decir que hay una asociación, pero no sabemos realmente lo que significa. 

La ciencia superó hace décadas el debate entre naturaleza y crianza, ¿por qué parece haberse mantenido en la sociedad?

Esta vieja dicotomía refleja los inicios del feminismo, que sostenía que las mujeres deberían ser capaces de hacer cualquier cosa, y cualquier explicación biológica era una especie de conspiración para mantenerlas en su sitio. Por eso defendían ignorar la biología y centrarse en la crianza. La gente piensa así todavía porque no se dan cuenta de cómo el mundo moldea nuestro cerebro. No es naturaleza ni crianza: están enmarañadas, e intentar agarrarse a un lado u otro nos ha limitado siempre.

En los últimos años se escucha cada vez más que el sexo humano no es binario, ¿qué opina del tema?

Hasta los biólogos dicen que no deberíamos pensar en términos binarios rígidos porque sabemos que la distinción no es tan clara. Aunque aceptemos que hay un sexo biológico binario, eso no determina en absoluto cuál debería ser tu identidad de género. Además, [el género] es un proceso biológico, pero es mucho más flexible y multidireccional de lo que pensábamos. Deberíamos decir a la gente que su identidad está determinada por quién sienten que son, pero a veces existe una tensión por mantener la vieja dicotomía.

¿La mala ciencia ha afectado a la lucha por la igualdad de género?

Sí, es la base de la desigualdad de género porque históricamente se ha creído que [las diferencias sexuales] eran por motivos biológicos. Esto socava el progreso en muchas iniciativas, no solo de género. Centrarse en la biología puede ser un problema porque esta no funciona en el vacío: tienes que cambiar la cultura en la que se desarrolla para asegurar que los esfuerzos por igualar la brecha de género valen la pena.

Una de las preguntas que deja sin resolver en 'El género y nuestros cerebros' es la llamada paradoja de la igualdad, por la que aquellos países más igualitarios tienen menos investigadoras. ¿Por qué cree que sucede?

Es muy simplista decir que las mujeres no hacen ciencia porque prefieren a la gente, mientras que los hombres prefieren las cosas, como si hubiera una preferencia biológica predeterminada. Esto lleva a sugerir que no hay que molestarse con iniciativas para impulsar la diversidad. La autoestima es muy importante: dirige nuestro comportamiento y es un mecanismo de supervivencia casi tan fundamental como el hambre y la sed. Hay muchas formas en las que una cultura puede socavar la autoestima de una persona, y si una persona con habilidades puede escoger dónde usarlas, puede decidir evitar los sitios donde no va a ser reconocida, recompensada ni ascendida. Es un gran ejemplo de la paradoja por la que la sociedad culpabiliza al individuo sin mirar su propio papel en el comportamiento de este.

Por Sergio Ferrer

6 de septiembre de 2020 22:03h

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Vista global simulada por computadora del cuerpo celeste, elaborada en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA

Residen dentro de las gotas de las nubes // El planeta tiene una atmósfera similar a la de la Tierra

 

Un nuevo estudio astrobiológico concluye que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido en la atmósfera de Venus, que les permitirá sobrevivir durante quizá millones de años.

Con un demoledor efecto invernadero, una presión superficial aplastante y nubes de ácido sulfúrico, Venus ciertamente no es amigable para la vida tal como la conocemos, y las pocas naves espaciales que la humanidad ha enviado a su superficie sólo han resistido unos minutos.

Pero a unos 40 a 60 kilómetros sobre la superficie, la atmósfera de Venus es la más parecida a la de la Tierra que a la de cualquier otro lugar del Sistema Solar. Allí, ese planeta tiene una presión de aire de alrededor 1 bar y temperaturas en el rango de cero a 50 grados Celsius.

La pregunta de si los microbios podrían sobrevivir allí ha sido especulada durante mucho tiempo por científicos, desde Carl Sagan en 1967. Un estudio en 2004 analizó cómo el azufre podría ser utilizado por microbios como un medio para convertir la luz ultravioleta en otras longitudes de onda de luz que podrían usarse para la fotosíntesis. Uno más, en 2018, planteó que las manchas oscuras que aparecen en la atmósfera del planeta podrían ser algo similar a las floraciones de algas que ocurren de forma rutinaria en los lagos y océanos de la Tierra, informó Universe Today.

Análisis anteriores

Sin embargo, la mayoría de los estudios anteriores concluyeron que los posibles microbios en la atmósfera de Venus podrían tener sólo una vida útil corta: caerían a través de las nubes hacia la capa de neblina inferior y terminarían incinerados y/o aplastados por la presión atmosférica más alta que está más cerca de la superficie.

Un nuevo estudio de la astrobióloga Sara Seager, profesora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, sugiere que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido, que les permitirá sobrevivir quizá millones de años.

Ella investigó la posibilidad de que los microbios puedan vivir dentro de las gotas de la nube de ácido sulfúrico. "Suponiendo que la vida debe residir dentro de las gotas de las nubes, resolvemos el enigma posterior de las que se depositan gravitacionalmente y alcanzan regiones más calientes e inhabitables al proponer un ciclo de vida venusiano en el que es un paso crítico. Los microbios se secan para convertirse en esporas al alcanzar la capa de neblina inferior relativamente estancada, que llamamos un depósito con fugas. Las esporas secas residirían allí hasta que algunas puedan ser transportadas de regreso a las capas de nubes templadas y habitables, donde actuarían para promover la formación de nubes, y quedarían envueltas en gotas de nubes para continuar el ciclo de vida", escribió Seager en su artículo, publicado en la revista Astrobiology.

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