¿Calentamiento Global? ¿Cambio Climático? ¿Desequilibrio climático? ¿De qué hablamos y qué podemos hacer?

La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que no admite excusas. Es alentador comprobar que los jóvenes, -principales sufridores de las consecuencias futuras-, se han puesto en marcha para interpelarnos. Siempre hubo huracanes, grandes borrascas, sequías y otros fenómenos climáticos, pero es un hecho constatable que cada vez son más frecuentes e intensos.


La principal causa de este cambio o desequilibrio son las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la actividad humana.


Los datos del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) son concluyentes respecto a lo que está sucediendo con el clima global: los fenómenos atmosféricos extremos se correlacionan con la temperatura de la superficie del mar en los océanos, que han capturado el 90% del calor adicional producido en los últimos 50 años. Tenemos la obligación de reducir los efectos potenciales de ese calentamiento. Abordar medidas para la mitigación y para la adaptación, lo que implica actuar para minimizar los efectos que empezamos a sufrir. Eso supone la reducción de las concentraciones de gases de efecto invernadero, preferiblemente mediante la reducción de sus fuentes. Pero no se están tomando medidas para lograr una reducción significativa. En muchas regiones del Hemisferio Sur se da por sentado un incremento de temperaturas excesivo.


En países como España, asumiendo el cumplimiento del Acuerdo de París, supondría, en cualquier caso, un aumento en torno a los 4ºC, con terribles consecuencias, ya anticipadas científicamente, para el sector agrícola y las poblaciones costeras, por la subida del nivel del mar.


No hay un Acuerdo Internacional de cómo gestionar la capacidad de carga de la biosfera, de absorber los residuos de nuestra actividad industrial. Lo de París fue un acuerdo de mínimos y no va a tener trascendencia en el control de emisiones.


Hoy existen más refugiados por causas climáticas que por guerras: según datos de Naciones Unidas hay más de 20 millones de personas desplazadas por desastres ecológicos. Los que quieren seguir pensando que son fenómenos naturales quizá no sepan que, en muchos de esos focos de emigración, por ejemplo, en África, sus habitantes llevaban siglos viviendo en durísimas condiciones climatológicas y sabían afrontarlo. Los desplazamientos son algo nuevo y en muchos casos tienen que ver con las políticas de los Gobiernos, favorecedoras de las grandes Multinacionales y de los monocultivos y sobreexplotación de recursos. Acaparan tierras, pero, más dramático aún, acaparan agua en muchos sitios donde ya de por sí escasean y obligan a sus moradores a desplazarse. En ese sentido el Brasil de Bolsonaro nos sirve de triste ejemplo. Lo primero que ha hecho al llegar al poder ha sido desproteger los territorios del acoso de grandes corporaciones madereras, ganaderas o extractivistas en general.


El cambio de paradigma necesario requiere actuar en distintos frentes:


Movilidad global, ordenación del territorio, sobre todo en los crecimientos urbanísticos desproporcionados que generan mayor necesidad de desplazamientos; Gestión hídrica y cierre del ciclo natural del agua. Recuperación de sistemas de protección naturales en nuestro litoral, que eviten las consecuencias de tener buena parte de nuestra costa encementada; mantenimiento de zonas forestales en condiciones óptimas que eviten o minimicen los incendios forestales que cada vez afectan con más intensidad y a mayores extensiones.
Desafortunadamente la mayoría de los medios de mitigación parecen efectivos para prevenir calentamiento adicional, no para revertir el calentamiento existente. Y eso es preocupante. Medidas como: reducir la demanda de bienes y servicios que producen altas emisiones, incrementar la eficiencia, el uso y desarrollo de tecnologías de bajo nivel de CO2 e ir sustituyendo los combustibles fósiles. Incrementar la eficiencia energética de los vehículos, dando mayor peso en el transporte terrestre al ferrocarril y al transporte colectivo. Se precisan cambios en los estilos de vida y en las prácticas de negocios. Así como en el planeamiento urbano, que también debería servir para reducir la expansión descontrolada de las ciudades y con ello, reducir los km viajados, minimizando las emisiones del transporte.


La planificación urbana tiene un efecto evidente sobre el consumo de energía. El uso ineficiente de la tierra, muchas veces tierra fértil escasa, para los desarrollos urbanísticos, más allá de las necesidades reales, y basándolo en la especulación, ha aumentado los costes de infraestructura, así como la cantidad de energía necesaria para el transporte, los servicios comunitarios y en edificios. Se podrían reducir los consumos energéticos considerablemente a través del uso más compacto y mezclado de los patrones del suelo.
El parque urbanístico construido a toda velocidad en los años de la burbuja, no ha cumplido los estándares adecuados desde el punto de vista de eficiencia energética y aprovechamiento pasivo de energía, y, para colmo, la especulación ha impedido cubrir las necesidades de vivienda de la población. Se necesita mejorar la eficiencia energética del parque edificatorio y facilitar el derecho a disfrutar de viviendas en condiciones dignas.


Una grave derivada tiene que ver con la especulación en el litoral. La invasión urbanística del espacio costero y llanuras de inundación ante fenómenos cada vez más fuertes hace también a las poblaciones litorales más vulnerables a sus efectos.


Otro grave problema es el imparable proceso de desertificación donde concurren diversos factores que se van sumando para empeorar la situación: la pésima gestión del ciclo del agua, sobre todo por el elevado peso de la que se destina a regadíos y asimismo la falta de protección a lugares de especial relevancia y valor natural, como el emblemático PN de Doñana, con su especialmente vulnerable y frágil marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría e invernada para miles de aves. Porque también cumplen las marismas importantes funciones, como la de amortiguar y minimizar las corrientes marinas cuando hay mucho viento o tormentas, y esa es una función fundamental en relación a la protección del litoral frente al cambio climático, que no siempre se considera, cuando se le da vía libre a procesos de encementado del litoral.


A lo anterior hay que agregar la acelerada subida del nivel del mar, que además es cada vez más rápida: desde los 1,2 mm año del periodo 1901 a 1990 a los 3,4 mm anuales de los últimos años, que además en el litoral malagueño llega a ser de 9 mm/año. Este incremento del nivel del mar se suma al producido por el oleaje amplificando la zona inundada por el mar.


La conclusión es clara: es urgente tomar medidas contra el cambio climático, de mitigación y de adaptación.


En 2017, la que fue secretaria general del Convenio Mundial contra el Cambio Climático, Christiana Figueres, publicaba en la revista ‘Nature’ un manifiesto en el que advertía que nos quedaban tres años para cambiar la actual tendencia en materia de cambio climático y comenzar a reducir las emisiones. O sea, para 2020 debían estar en marcha medidas ambiciosas. Planteaba el desarrollo de una hoja de ruta de 6 puntos en sectores concretos que nos permitieran alcanzar ese objetivo.


El sector de la producción de energía es clave: el ambicioso objetivo era alcanzar con energías renovables para el año 2020 un 35% de la producción energética global. En materia de transporte vehículo eléctrico eficiente, pero mejor aún, ferrocarril movido por electricidad procedente de renovables. Detener totalmente la destrucción de las selvas y bosques tropicales, hoy tan amenazados. Y aquí tenemos pendiente buscar soluciones a los graves problemas de nuestras masas forestales, como la seca del alcornocal y mal estado de encinares y pinares, o frenar la expansión de eucaliptales que promueven empresas como ENCE para pasta de papel. Fundamental detener la degradación de los suelos. Las soluciones están ahí, y hay que ponerlas en marcha.


La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que ya no admite excusas. Aceleremos las actuaciones necesarias. Los jóvenes y el futuro lo están demandando.

15 marzo, 2019
Por Carmen Molina Cañadas

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Lunes, 04 Febrero 2019 06:38

Crear valor

Crear valor

Reducido a su esencia, el propósito de la actividad económica en una sociedad es producir bienes y servicios para ser consumidos ahora o en el futuro.


La diferencia temporal es del todo relevante: significa que parte de la disponibilidad de los recursos tiene que invertirse para que el proceso no sólo pueda continuar, sino lo haga de manera ampliada para satisfacer las crecientes y cambiantes necesidades de la población hoy y después.


Es necesario, entonces, el ahorro, que consiste en la diferencia entre el ingreso y el consumo, tanto privado como público. La capacidad de ahorro en una sociedad puede asociarse con el fenómeno de la desigualdad, aunque no necesariamente las cuentas al respecto son una operación aritmética simple.


Su derivación de los métodos de la contabilidad nacional es cuestionable, a partir de la consolidación de ese concepto muy poco claro, lleno de concepciones técnicas, trucos e ideología que es el producto interno bruto, que se mide cada año y sobre el que se fija la política del gobierno desde el presupuesto.


Se trata, pues, de crear valor de modo constante. Esa es la fuente de la riqueza. Producir y distribuir los ingresos que se generan es factor clave de cualquier organización social. Cada modo de producción resuelve este problema de manera distinta. Cada uno entraña sus propios conflictos. No es un asunto meramente técnico y ocurre, por supuesto, dentro de un entramado políticamente determinado.


En principio la producción crea valor, pero es un proceso que tiene fugas. Esto quiere decir que al mismo tiempo ocurre también una extracción de valor que es apropiado por ciertos agentes económicos. Se trata, por ejemplo, de una diversidad de rentas que se derivan de posiciones de control, ya sea en la misma producción como ocurre con los monopolios o concesiones especiales para explotar algún recurso.


Otra forma de extracción son los impuestos. La justificación de los impuestos o tributos –los términos mismos son muy indicativos de lo que representan– es diversa y su uso por parte del Estado o el gobierno es controvertido.


Los impuestos son recursos que pueden ser usados para crear valor, siempre y cuando soporten la generación de riqueza. No es sencillo calificar el gasto del gobierno en cuanto a su capacidad de generar valor, no es clara la utilización eficiente de los recursos que concentra. También es justificable en principio su asignación con otros criterios.
En un sentido técnico eso tiene que ver, por ejemplo, con la manera en que se fijan los precios de los servicios públicos, cuestión que difiere del sector privado, donde una referencia son los precios en el mercado.


Los subsidios son de tipos muy variados y repercuten en la distribución del ingreso. Sería necesario cuantificar los efectos que tienen en la creación de valor y riqueza. La eficacia del uso de los recursos públicos es un asunto complejo, como puede advertirse.


En el caso de las actividades financieras la experiencia reciente de la crisis de 2008 ha puesto en evidencia que muchas de ellas no crean valor, sino lo extraen mediante la apropiación de rentas que distorsionan la actividad productiva y concentran la riqueza. Hay, sí, un uso productivo de las transacciones financieras.


La efectividad de la inversión privada se mide, finalmente, en las utilidades que genera luego del pago de los impuestos y en entornos distintos de competencia en el mercado. La efectividad del gobierno no se mide necesariamente por ese rasero. Lo nebuloso que en muchas ocasiones resulta la actividad productiva del gobierno y su capacidad de generar valor es hoy un asunto explícito en el país en torno a la grave crisis de Petróleos Mexicanos y no es el único caso.


Con respecto a lo esencial de la creación de valor por medio de la actividad productiva para consumir hoy y en el futuro, se aprecia que de modo recurrente tiende a producirse menos en lugar de alcanzar el potencial de utilización de los recursos materiales, financieros y especialmente la fuerza de trabajo.


Esta situación se justifica con argumentos tales como el riesgo de un alza en la inflación, los déficits en la balanza de pagos, los desequilibrios del presupuesto, el aumento de la deuda pública y privada o el colapso del peso. Todo esto se expresa finalmente en la distribución del ingreso y la riqueza.

 

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Viernes, 01 Febrero 2019 06:46

Una recorrida por Caracas

Una recorrida por Caracas

En Caracas se ve movimiento intenso de gente, automóviles, colectivos y motos que se hacen escuchar. Hay precios altos y especulaciones. Las cajas CLAP garantizan la subsistencia de una familia por un precio casi simbólico.

La oposición al gobierno de Nicolás Maduro tiene como uno de sus caballitos de batalla la tan mentada crisis humanitaria. Sostiene que existe una alarmante falta de alimentos y de medicamentos, entre otros. Sin embargo, un recorrido por las principales avenidas de la capital venezolana muestra un imagen que está lejos del escenario que plantean los opositores. Movimiento intenso de gente, automóviles, colectivos y motos, muchas motos hacen de Caracas una capital ruidosa. Los supermercados muestran sus góndolas completas y en las farmacias, algunas ya transformadas en esa especie de boutique donde se consigue de todo, también hay medicamentos. El problema está en los precios, muchos de los cuales son extremadamente altos, fruto de la especulación propia del comerciante que está pegada como una rémora al proceso inflacionario que se retroalimentan entre sí sin solución de continuidad. Sin embargo, Irimaira, una mujer de unos setenta y pico de años, asegura a PáginaI12 que la gente vive, viste y se alimenta porque está “la magia” del venezolano pero también por la fuerte presencia del Estado que ha logrado amainar los embates especulativos y el bloqueo económico que vive el país.


“Por suerte está Nicolás que es el hijo de Chávez, tú sabes”, dice Irimaira desnudando sus preferencias políticas. Camina lento por la avenida Urdaneta, una de las principales vías de comunicación de Caracas, hacia una de las sede de lo que se conoce como Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap), una suerte de caja que contiene alimentos para que una familia se sostenga durante unos 25 días. La CLAP se compra por unos 150 bolívares soberanos, un valor prácticamente simbólico si se considera que un kilo de azúcar se vende en la calle a 2500 bolívares. La caja contiene dos kilos de harina de maíz, dos kilos de caraotas (frijol) negras, un kilo de lenteja, tres kilos de arroz, dos kilos de fideos, un kilo de azúcar, un litro de aceite, cuatro latas de atún, salsa de tomate, mayonesa y un kilo de leche en polvo. Todo eso debe durar unos 25 días para una familia. En la casa de Irimaira hay tres cajas porque allí viven sus dos hijos con sus respectivas familias. “Vivimos, claro que vivimos con la Clap”, dice la mujer que además suma el dinero de los trabajos de sus hijos y un yerno. Reconoce que la situación está difícil pero afirma que “no es culpa de Nicolás”, así llama al presidente, y señala a la oposición como la responsable de los males que vive Venezuela. Cuando se le pregunta si el gobierno no tiene una cuota de responsabilidad ella sonríe. “Nicolás sigue los pasos del comandante Chávez, se puede equivocar pero, coño, es humano. Acá el peo (problema) lo hacen los del Este y el señor Trump”, afirma. ¿Pero qué es la magia a la que hizo referencia al principio? Irimaira sostiene que la magia está en las diferentes formas de ahorrar, de gastar en lo indispensable, de no derrochar y “agradecer a Dios que nos dio al gran mago que fue el comandante Chávez”.


En Caracas también hay supermercados chinos. Una mujer recorre las góndolas y se detiene frente a una caja de 15 huevos. La caja tiene escrito a mano el precio: cinco mil bolívares. Duda y mira su celular. De repente una llamada salvadora porque desde el otro lado de la línea le dicen que encontraron la misma caja a 4200. La mujer dice que está siempre comunicada con su hija y se pasan datos de dónde comprar. Es parte de la magia que decía antes Irimaira pero esta mujer no cree en eso y mucho menos en las bondades del gobierno. Isabel es opositora aunque reconoce que no participa en las marchas y acciones de la oposición porque “no les creo nada”. Es lo que acá denominan una “ni-ni”. Claro que compra las caja CLAP “a pesar de que vengan de Turquía”, dice como refunfuñando. En su casa compran dos porque su hija y su nieto viven con ella. A pesar de la molestia que le genera hablar del gobierno reconoce que las CLAP lograron resolver el momento de desasosiego que se vivió en 2016 cuando las empresas de alimentos y las grandes cadenas prácticamente boicoteaban la economía venezolana. Estas cajas resolvieron ese momento de crisis que todavía hoy la oposición afirma que continúa. La crítica, como la que hizo Isabel, es que las cajas contienen muchos alimentos importados como si fuera una novedad cuando Venezuela importa gracias al petróleo y eso es sinónimo de Pdvsa.


Ayer, las avenidas de Caracas fueron la ruta de una gran movilización de los trabajadores de la petrolera estatal que concluyó frente al Palacio de Miraflores. La empresa fue objetivo de sanciones que aplicó el gobierno de los Estados Unidos contra Venezuela. El petróleo es la principal fuente de la riqueza, ahora y desde siempre, y es lo que le permite al gobierno financiar, por ejemplo, los programas sociales. En ese contexto los trabajadores salieron a la calle a repudiar la medida de la administración de Donald Trump. Edynnsonn, con cuatro enes, enfundado en una camisa roja y Pdvsa bordado en el bolsillo, aseguró que marcha “por la soberanía de Venezuela y por la no injerencia en nuestra patria de los gringos”.

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Lunes, 17 Diciembre 2018 05:53

La mala salud de hierro de Bolivia

La mala salud de hierro de Bolivia

El notable crecimiento del país andino lleva la contraria a los expertos que hablan de un modelo económico insostenible

Cada año los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial que trabajan con las cifras bolivianas concluyen que “la economía está bien, pero no es sostenible a medio plazo”. Un ejercicio después se repite la misma historia: “La economía sigue bien, pero es insostenible a mediano plazo”. Así ha ocurrido durante mucho tiempo. Cada facción de economistas bolivianos — en función de si son más o menos próximos a las tesis del Gobierno de Evo Morales— se aferra a una u otra parte de la sentencia, pero lo cierto es que el país andino lleva casi una década creciendo por encima del 4% todos los años, ritmo que el propio FMI reconoce que se mantendrá también este año y el próximo.


“La economía boliviana sigue gozando de buena salud, pese al contexto adverso. El tirón de la demanda interna ha logrado reducir la pobreza y las desigualdades”, dice Luis Arce, ministro de Economía desde el inicio del mandato de Evo Morales, en 2006, hasta mediados del año pasado, y considerado el principal artífice de este buen comportamiento. Para Arce el secreto del “milagro boliviano” no es otro que el modelo económico, que contrasta con el “neoliberal” que aplican los otros gobiernos sudamericanos.


El patrón económico local considera la existencia de dos sectores: uno “generador de excedentes”, conformado por las industrias petrolera, minera y eléctrica, y otro “generador de ingresos y empleos”, integrado por las industrias manufacturera, agropecuaria, la de construcción o la turística. El modelo se basa en la toma del primer sector por parte del Estado, que así se convierte en el principal actor de la economía, y la posterior transferencia de los excedentes al segundo grupo por la vía del gasto público y la redistribución económica, es decir, de la ampliación de la demanda.


Gracias al boom de ingresos entre 2006 y 2014, mayoritariamente gracias a la venta de materias primas, muchos de ellos canalizados hacia el mercado interno, aumentó el consumo y las actividades destinadas a satisfacerlo. También el bienestar social, una variable a tener muy en cuenta en el país con menor renta per cápita de América Latina, tres veces menos que México y casi cuatro menos que Chile. La extrema pobreza —personas con ingresos inferiores a dos dólares diarios— cayó del 38% a 18%, y hoy es de solo el 10% en las ciudades. Tras una década con el quinto mayor crecimiento económico de América Latina, Bolivia se ha convertido en un país de ingresos medios: “Solo” el 30% de su población gana menos de cuatro dólares por día.


Este dinamismo también convirtió a las principales industrias de cerveza, gaseosa, cemento y telecomunicaciones en empresas más grandes, mayoritariamente en manos de grupos extranjeros. E impulsó a los bancos nacionales, cuyos activos se multiplicaron por 3,6 entre 2008 y 2017 y cuyos beneficios casi se triplicaron en el mismo periodo. Arce añade que, a cambio, los grandes actores del sector financiero tuvieron que hacer abundante el crédito productivo, al que el Gobierno ha fijado una cuota obligatoria; si en 2005 este ascendía a 1.100 millones de dólares, hoy supera los 10.000.


Puntos débiles


Pero no todo es positivo en Bolivia. El economista Napoleón Pacheco incide en que la economía local atraviesa ahora una fase de menor crecimiento por la caída del precio internacional de las materias primas. “En la medida en que esto pasa, vuelven los viejos males, alejados por la prosperidad anterior: déficit fiscal y déficit en cuentas externas, con efectos en el corto plazo, como un mayor endeudamiento y el aumento del crédito interno del Banco Central al Estado para financiar la inversión pública”. Este aumento del crédito interno no se convierte en inflación porque se respalda con las reservas de divisas extranjeras y “porque en parte se va afuera, por medio de las importaciones de bienes”, agrega. Ambos procesos deterioran el nivel de las reservas internacionales, que cayeron de 15.000 a 8.400 millones de dólares en los últimos tres años.


Las importaciones pasaron del 20% al 30% del PIB entre el comienzo de la bonanza económica (2004) y los mejores años de esta etapa (2011-2014). Hoy están a mitad de camino: en el 24%. La prevalencia de las compras en el exterior llevó a varios economistas a diagnosticar un principio de “enfermedad holandesa” en Bolivia: un súbito aumento de la capacidad de compra que los productores locales no se hallan en la capacidad de aprovechar. Solo se libran las ramas que no compiten con las importaciones, como la construcción —que en el país sudamericano alcanza tasas de crecimiento del 10% anual—. Otro síntoma de este mal, que toma su nombre de la destrucción del sector manufacturero de Países Bajos tras el descubrimiento de enormes yacimientos de gas en el mar del Norte a mediados del siglo pasado, es la apreciación de la moneda. Es el resultado de la entrada de una gran cantidad de dólares y de la supresión, desde 2011, de las microdevaluaciones que se realizaban para ajustar la relación entre la moneda local, el boliviano, y las divisas de los países vecinos, con los que más comercia.


El Gobierno de Morales no quiere devaluar su moneda ni un centavo para defender la “bolivianización” de las finanzas nacionales —una de sus banderas económicas— y para desalentar la fuga de capitales en un contexto internacional de alza del dólar. Para Juan Antonio Morales, presidente del banco central en la década de los noventa, la falta de flexibilidad del tipo de cambio es el peor error de política monetaria del Ejecutivo. “Desacostumbró a la población”, dice, “a ver cambios en el valor del dinero”, una variable que flota libremente en los grandes países de la región. Sin embargo, devaluar puede tornarse inevitable si el déficit comercial pone en jaque las reservas de divisa extranjera, clave para una economía en vías de desarrollo.


Arce señala que los economistas “neoliberales” son “anticuados” y no entienden que la economía boliviana ya no vive del comercio exterior, sino de la inversión y el consumo internos. El Gobierno alimenta la demanda interna con incrementos constantes de salarios y un alto nivel de gasto público (la tercera parte del PIB). Esta estrategia, insiste Pacheco, pasa por enfrentar el déficit comercial creando simultáneamente un déficit fiscal “gemelo” (que desde 2015 ha sido de un 7% del PIB). El economista Gonzalo Chávez la califica como una “huida hacia adelante”.


Baja deuda exterior


Los críticos con el modelo económico de Evo Morales creen que es insostenible seguir cebando la demanda interna sin incurrir en elevados déficits ni alimentar el fantasma inflacionistas. Sin embargo, el Gobierno tiene todavía un amplio espacio para mantener el dinamismo de la demanda interna, ya que debe al extranjero menos de 9.500 millones de dólares, apenas el 25% del PIB. Es una cifra bastante menor a la muchos países vecinos. Claroscuros de una economía, todavía, en expansión.

Por Fernando Molina
La Paz 15 DIC 2018 - 18:06 COT

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Altria, fabricante de los cigarrillos Malboro, se lanza al mercado de la mariguana

Nueva York. La compañía Altria, fabricante de los cigarrillos Marlboro y una de las compañías tabacaleras más grandes del mundo, se lanzó al mercado del cannabis con una inversión de mil 800 millones de dólares en Cronos Group, una empresa canadiense de mariguana medicinal y recreativa.


Esta inversión representa una nueva y emocionante oportunidad de crecimiento para Altria, comentó el presidente ejecutivo de la compañía, Howard Willard, en un comunicado publicado ayer al anunciar el acuerdo.


La firma tabacalera con sede en Richmond, Virginia, adquirió una participación de 45 por ciento en Cronos y agregó que pagará otros mil 400 millones de dólares por garantías que, de ser ejercidas, le darían a Altria una participación mayoritaria de 55 por ciento de la propiedad.


Eso significaría que la inversión de Altria estaría en el mismo nivel que los 4 mil millones de dólares gastados a principios de este año por Constellation Brands para adquirir acciones de Canopy Growth Corp, otro productor canadiense de mariguana.


La inversión realizada en agosto por Constellation, que fabrica Corona y otras bebidas, fue la mayor hasta la fecha por una corporación estadunidense importante en el mercado de cannabis.


La inversión de Altria ha animado a las empresas de cannabis que han empezado a establecerse en Canadá, donde las actividades relacionadas con la hierba han estado en auge, luego que desde el 17 de octubre de 2018 el país se convirtió en el segundo, después de Uruguay, en legalizar el consumo.


Cronos Group es una empresa con presencia en los cinco continentes que opera en el mercado de Canadá con productos relacionados con el uso recreativo del cannabis para adultos.
Se espera que el rápido crecimiento del mercado de cannabis continúe a medida que se extiende la legalización en Estados Unidos y cambian las normas sociales. El martes, el ultraconservador estado de Utah se convirtió en el sitio más reciente en legalizar el uso de la mariguana con fines médicos.


Arcview Market Research, una empresa de inversiones centrada en el cannabis, prevé que los consumidores gasten 57 mil millones de dólares al año en mariguana legal para 2027. En América del Norte, se espera que ese gasto aumente de 9 mil 200 millones de dólares en 2017 a 47 mil 300 millones en 2027.

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“Los algoritmos lo único que hacen es forzar a ver más de lo que nos gusta”, señala Fros Campelo, investigador de los procesos cerebrales.

El consumo de series en modo maratónico acabó definitivamente con el “tiempo en blanco” que imponía el modelo tradicional. Todas las empresas ponen juego estrategias psicológicas que tienen como fin la permanencia el mayor tiempo posible de los usuarios en sus redes.


“No pasés tanto tiempo frente al televisor que te va a hacer mal”. Todo niño escuchó alguna vez esa advertencia –palabras más, palabras menos– saliendo de la boca de alguna madre, tía o abuela. Aquella militancia anti tele se fundaba más en razones instintivas, mitos y fantasmas epocales que en argumentos científicos. Ese aviso –que a los oídos infantiles sonaba más a reprimenda que a alarma– podría tranquilamente parafrasearse en la actualidad, ante la enorme exposición a las pantallas en la que se encuentra el ciudadano tecnologizado del siglo XXI. En plena era dorada de las series, en una época en la que el consumo maratónico marca la supremacía del Ello freudiano, la frase de antaño de los adultos responsables se resignifica, generando nuevos interrogantes. ¿Es posible que la era digital esté moldeando

un nuevo “cerebro vidente”? ¿Cómo afecta el cada vez más extendido consumo maratónico a la capacidad de recepción? ¿Se consume más de lo que el cerebro puede procesar?
La posibilidad de ver series y películas de cualquier lugar del planeta a un click de distancia, sin moverse de casa, es una experiencia tan novedosa como única. La accesibilidad a un catálogo infinito de contenidos audiovisuales para todos los públicos resulta tan placentera como difícil de cuestionar. Sin embargo, la era digital parece estar imponiendo un tipo de consumo voraz que enciende las primeras luces de alarma: según un estudio de Netflix, la cantidad de usuarios que consumieron una temporada completa durante las primeras 24 horas de su lanzamiento creció más de 20 veces desde 2013 hasta el año pasado. Y nada hace pensar que esa tendencia se haya modificado en 2018. Más bien todo lo contrario: el binge-watching, que podría traducirse como exceso o atracón de mirar, resulta un ejercicio cada vez más cotidiano y popular.


Obesos de series


El perfil del espectador digital actual dista mucho del analógico del pasado. Básicamente porque la manera de acceder al contenido ha cambiado. Hasta no hace mucho, los televidentes accedían a las ficciones según lo dispusieran los programadores en la grilla televisiva. Las ficciones tenían un formato de emisión diario o semanal, por lo que por más fanatismo que provocasen siempre pasaba un tiempo prudente entre un episodio y el siguiente. El televidente analógico consumía, incluso fervorosamente, pero su potencial “adicción” estaba condicionada por los designios del programador, por un otro que imponía formatos, horarios y hasta tandas comerciales. El “tiempo muerto” acompañaba el visionado, aumentando la expectativa entre los televidentes, pero fundamentalmente permitiéndoles reflexionar sobre lo visto. Aquél televidente analógico tenía la “digestión televisiva” obligada.


Poco parece haber heredado el espectador digital del modelo conformado por décadas de televisión lineal. La posibilidad de acceder a programas de aquí y de cualquier parte del mundo en cualquier momento y a través de distintos dispositivos modificó la experiencia de ver y, por tanto, también el perfil del usuario. El consumo de series en formato maratónico, durante horas y sin interrupciones, acabó definitivamente con el “tiempo en blanco” que imponía el modelo tradicional. Cada cual se pudo trasformar en su propio y despota programador, en un sueño hecho realidad pero que en la práctica corre el riesgo de esconder un engaño: también construye su propio espectador adicto, de consumo voraz e impaciente, sin otro límite que el que impone el sueño o las obligaciones. Ese mundo anómico está configurando un nuevo sujeto vidente, atraído por mucho más que cuestiones artísticas. Hay procesos cerebrales que también intervienen en el voluminoso consumo de series actual.


“La dopamina es un neurotransmisor que el cerebro segrega cada vez que algo nos da placer, o cuando imaginamos la posibilidad de que ese placer se materialice. El cerebro segrega dopamina de antemano y activa conductas, motivación y deseo por aquello que podés consumir, sea una torta, la compra de ropa o de un capítulo de una serie. Hay una activación que te lleva a buscar la recompensa”, le explica a PáginaI12 Federico Fros Campelo, ingeniero e investigador de los procesos cerebrales, autor de El genio que llevamos dentro: innovación como nadie te enseñó. “Las series y sus nuevas maneras de consumo –detalla– están todo el tiempo proponiendo un consumo inconcluso. Ese capítulo que deja cabos sueltos con la intención de que quieras ver el siguiente están segregando dopamina y la persistencia hasta el final de la temporada de querer ver más y más. La absorción de dopamina en el cerebro funciona de la misma manera que una adicción. La diferencia es que la de las series es una adicción sin sustancia. Pero sus fundamentos son los mismos. Las llamamos adicciones conductuales, que se verifican sobre los medios digitales”.


La adicción conductual que generan plataformas como Netflix, Hulu, Amazon o HBO Go no pareciera ser obra exclusivamente de la calidad de las propuestas. Cada uno de los servicios on line tiene estudiado al detalle el perfil de cada uno de sus clientes, segmentados según sus preferencias, a partir de la monitorización de sus audiencias. Netflix, por ejemplo, ha identificado un total de 1300 comunidades de gustos entre los 130 millones de clientes dispersos en los 190 países en los que tiene presencia. Una big data que los servicios de video on line utilizan no solo para producir series a medida de cada uno de los segmentos reconocidos, sino también para personalizar y volver más eficiente la “experiencia de sentidos” que buscan diseñar cada vez que alguien usa sus plataformas. “Nada llega al intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”, dijo Aristóteles cientos de años a.c, cuando el entretenimiento digital ni siquiera era una quimera.


“Una cosa que no debemos dejar pasar por alto es que Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, por ejemplo, estudió psicología además de programación”, afirma Natalia Zuazo, la directora de la consultora Salto y autora del libro Los dueños de Internet. “En los equipos directivos de las plataformas y las redes sociales no sólo hay desarrolladores de productos y especialistas en marketing: también hay psicólogos que estudian y trabajan sobre el efecto adictivo de los servicios que brindan. Todas las empresas ponen juego estrategias psicológicas que tienen como único fin la permanencia el mayor tiempo posible de los usuarios en sus redes”, subraya la periodista.


Pinchar la burbuja


La pregunta que parece necesaria hacerse en tiempos de plataformas encantadoras de usuarios es si se están construyendo espectadores más libres y críticos que los de antaño. O si, en realidad, están produciendo una generación de consumidores más adictos y pasivos, siendo rehenes de la tecnología. ¿Puede haber real voluntad de elección cuando, ni bien finaliza un episodio de la serie que está viendo, el usuario se topa con un reloj en cuenta regresiva que le da 10 segundos para decidir ver o no el capítulo siguiente, como sucede en Netflix? ¿O cuando YouTube carga automática e inmediatamente el próximo video relacionado al que se acaba de ver? ¿Hay mayor libertad de elección en la era digital? El tipo de consumo maratónico, ¿responde a una “necesidad” propia de seguir viendo más o es creada, guiada y estimulada por la tecnología?


“Hay múltiples tipo de consumo en la actualidad”, analiza Santiago Marino, doctor en Ciencias Sociales, magister en Comunicación y Cultura y licenciado en Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA). “El consumo maratónico –señala– es un elemento que hoy está más disponible pero que antes estaba programado, como los maratones de Los Simpson, que habilitaban esa posibilidad sin que el receptor decidiera en que momento lo ve. No es que el consumo ahora solo es maratónico, voraz e impaciente. Está esa forma de consumo, irreflexivo, pero también el que está segmentado y mira solo lo que le interesa y reflexiona sobre lo que ve participando en foros. Lo que sucede, por ejemplo, en torno a Game of Thrones, que tiene espacios de discusión y podcasts como los que hace Posta.fm, que se estrenan no bien termina el último episodio para discutir sobre lo visto. Hay una combinación de consumos: el voraz e impaciente, que solo consume, y el que aún siendo maratónico discute y conversa sobre aquello que consumió”.


¿Y qué pasa con aquellos que siendo rehenes del visionado maratónico no pueden ejercitarlo porque sus series favoritas siguen emitiéndose semanalmente? ¿Cómo reaccionan ante ese impedimento los millones de fanáticos de todo el mundo de Game of Thrones, Better Call Saul o The wlaking Dead? “La insatisfacción genera un exceso de dopamina, que con la acumulación se transforma en adrenalina y noradrelanina, las hormonas del stress. El exceso de deseo termina generando nerviosismo, stress y ansiedad. El que espera desespera es un dicho popular pero que tiene razón de ser en procesos cerebrales y neuroquímicos”, reconoce Fros Campelo.


La manera en la que se consumen las series en estos tiempos, y sus efectos sobre la recepción, no es el único aspecto a tener en cuenta a la hora de pensar el perfil del usuario que está moldeando el nuevo modelo audiovisual. La utilización de los algoritmos también plantea otras inquietudes, en tanto las compañías personalizan sus mensajes y las sugerencias de series o películas para ver en función del historial en el consumo de cada usuario. Esos modelos predictivos que ponen en práctica las plataformas podrían llegar a construir usuarios cada vez más fijados en sus intereses y preferencias, reafirmando sus gustos una y otra vez, atentando contra la posibilidad de conocer nuevos lenguajes, otros universos. Un modelo que, en la búsqueda de la eficiencia, produce no solo contenidos estandarizados sino también espectadores (y ciudadanos) estandarizados.


“Los algoritmos lo único que hacen es forzar a ver más de lo que nos gusta”, subraya Fros Campelo. “Netflix, por ejemplo, tiene algoritmos que recomiendan aquello que ya vimos en nuestro historial de usuarios. Lo mismo sucede en YouTube, Instagram y en el resto de las redes sociales. Lo que se recomienda es más de aquello que te gusta. Entonces, la permanente exposición a contenidos semejantes hace que desde tu procesamiento cerebral tengas la impresión de que el mundo orbita alrededor de aquél contenido que a uno le gusta, sin tener noción de que hay infinidad de otras alternativas. Esta tecnología se puede combinar con un fenómeno de nuestro procesamiento mental que se llama sesgo de disponibilidad, que le hace creer a nuestra mente que solo lo que vemos es lo que está disponible en el mundo”, explica el autor de Mapas emocionales.


El riesgo algorítmico de darle al usuario lo que el usuario quiere, todo el tiempo, es el de moldear usuarios predecibles, a los que se les da más de lo mismo. “La periodista y psicóloga social Aleks Krotoski, autora de la revolución virtual, me dijo alguna vez que los algoritmos produce un efecto anti sedentipia, que es el efecto de encontrar cosas inesperadas. Ese efecto anti eureka, de limitar la posibilidad de descubrir cosas nuevas, es la consecuencia del condicionamiento algorítmico. Las redes sociales crean burbujas sociales, en el mejor de los casos, e individuales, en el peor. Las recomendaciones mainstream basadas en lo que todos están viendo y en nuestro propio historial atenta con la posibilidad de encontrar cosas nuevas. El usuario digital debe ser consciente de ese efecto y no encerrarse en la burbuja. ¿Cómo se hace? No mirando solamente una plataforma, leyendo recomendaciones por fuera del mundo digital. No porque Netflix no sea interesante, sino porque Netflix no es el mundo. Por suerte”, analiza Zuazo.


La lucha del espectador digital, entonces, es la de intentar no ser atrapado por esa peligrosa burbuja algorítmica, que los quiere predecibles y homogéneos. Este visionado, basado en las huellas digitales que cada usuario deja cada vez que consume un contenido, también termina condicionando la producción audiovisual. La “intuición” de antaño a la hora de producir contenido es reemplazada por las estadísticas ultradesagregadas de los usuarios. ¿Y la creatividad? “Si el consumo masivo en servicios audiovisuales online que se instala –analiza Marino– es el que descansa en lo que nos recomienda el algoritmo, lo que va a suceder es que será cada vez más difícil para las novedades y productos emergentes instalarse y alcanzar un nivel de visibilidad significativo. Al menos hasta tanto sean comprados por la empresa que controla el algoritmo y nos lo recomiende. No sé si va a afectar la creatividad pero sí la posibilidad de que creaciones nuevas lleguen a audiencias masivas.”


Encontrar la fórmula infalible, minimizar al máximo el “fracaso”, es una búsqueda con la que todos los productores del mainstream sueñan. En la era digital, esa obsesión encuentra más y mejores herramientas, a partir de conocer las conductas previas de cada consumidor, pero también del neuromarketing. “Las grandes empresas –ejemplifica Fros Campelo– hacen estudios de neurociencia real aplicadas al marketing y al desarrollo de producto para que esté lo más verificado científicamente posible que el producto guste. Por ejemplo, con electroencefalografía miden la actividad cerebral, las ondas electromagnéticas del cerebro, en el que verifican la activación de excitación que genera lo que vemos. Es posible exponer al público a dos finales posibles de una serie y, a través de estos métodos, elegir a aquél que más excitación haya provocado. Esto se hace, incluso, con publicidades para el Superbowl o en los Mundiales de fútbol, que son eventos masivos en los que se estrenan anuncios con mucho impacto”.


Entre la adicción que alimenta el consumo maratónico, el modelo prefabricado que impone la aplicación de los algoritmos y la neurociencia aplicada al marketing, el espectador digital se enfrenta al desafío de que el Homo Videns no se fagocite al Homo Sapiens.

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“Hay topes y ya estamos llegando a ellos con un consumo voraz y de despilfarro”


La presidenta de la Asamblea General de la ONU reconoce que crece la brecha de la desigualdad e insta a ejecutar un cambio redistributivo y cultural que garantice formas sostenibles de producción y consumo



El viento en Roma va a una velocidad de 40 kilómetros por hora. De camino al Vaticano hay un árbol caído por el temporal y señales de tráfico en el suelo. La alcaldesa de la ciudad ha ordenado que los menores no vayan al colegio y los tozudos turistas se las ingenian para que no se les rompan los paraguas. En este inquietante día, la presidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa, se acaba de entrevistar con el papa Francisco para hablar de cambio climático, migraciones, juventud y trabajo decente. “Es realmente edificante ver su fuerte compromiso con el multilateralismo y las Naciones Unidas, con temas tan apremiantes como los derechos de los refugiados y los migrantes, coincidimos en que es necesaria una migración ordenada, regulada y de garantía de derechos. Está preocupado también por el cambio climático y es un gran abogado del combate a los plásticos de un solo uso”, menciona la presidenta, exministra de Defensa y Relaciones Exteriores de Ecuador, diplomática y poetisa.


Espinosa cuenta en su trayectoria con estudios de la Amazonia, un territorio que, a 9.500 kilómetros de Roma está en vilo por la reciente victoria en Brasil del ultra Jair Bolsonaro y su debilidad en el compromiso contra el cambio climático y por el medio ambiente. Una postura que choca, entre otras, con los principios que defiende la ONU. “En las democracias hay que respetar la decisión de los pueblos. Es de esperar que las nuevas autoridades de Brasil se comprometan con el multilateralismo, con la agenda internacional, y sean aliados estratégicos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en el combate contra la pobreza, la exclusión, por los derechos de los pueblos indígenas, el rol de las mujeres en el desarrollo, en la política,en la lucha contra todas las violencias de mujeres y niñas, contra el hambre… Todas estas cosas que van más allá de un país específico, pero que son parte de la agenda de la ONU y temas muy importantes para Brasil”, concluye.


Espinosa menciona el hambre, una vergüenza mundial que ha aumentado en los últimos tres años hasta alcanzar las 821 personas subalimentadas, mientras que 796 millones sufren obesidad y 2.200 millones tienen sobrepeso. Una realidad simultánea a la de esos 1.300 millones de toneladas de comida que terminan en la basura cada año (un tercio de la producción total), según los últimos datos de FAO (Agencia de la ONU para la Alimentación y la Agricultura), organización que tiene su sede en Roma y, a su vez, un fuerte vínculo con Brasil. El director general de la entidad, José Graziano da Silva, fue ministro Especial de Seguridad Alimentaria y Lucha contra el Hambre de Brasil durante el Gobierno de Lula Da Silva e impulsó allí el programa Hambre Cero, que se estima que benefició a más de 30 millones de personas. La clave para Graziano es la voluntad política. Según sus cálculos, si se priorizara la lucha contra la desnutrición en las agendas gubernamentales, como se ha reclamado estos días en la Cumbre Parlamentaria Mundial contra el Hambre y la Malnutrición celebrada en Madrid, el hambre podría erradicarse en 2030. Haría falta para ello una inversión de 232.000 millones de euros al año en el mundo de 2016 a 2030.


“Hay despilfarro. Mientras se botan los alimentos diariamente, hay personas que están muriendo de hambre en el mundo de manera literal. Las brechas de desigualdad siguen creciendo en el mundo. Se necesita un reajuste redistributivo, un cambio cultural que garantice formas sostenibles de producción y consumo. Todos los esfuerzos de crecimiento de las economías están orientados a incrementar la franja de consumidores, para todo. Y resulta que hay topes y ya estamos llegando a esos topes para un consumo voraz y de despilfarro”, señala Espinosa, que destaca que en Ecuador se lanzó una de las primeras iniciativas de etiquetado de alimentos para informar a los usuarios. “Es una de las políticas de etiquetado entre las consideradas más exitosas del mundo y ha reducido los niveles de obesidad en los niños de manera dramática”, indica la presidenta, que en su mandato se ha planteado trabajar siete prioridades por los siete días a la semana: el trabajo decente; los derechos de las personas con discapacidad; la acción ambiental; los migrantes y refugiados; la equidad de género; la juventud, la paz y la seguridad, y la reforma de la ONU.


Prácticamente todas están interrelacionadas entre sí. El cambio climático incide en los territorios, que a su vez impactan en la seguridad alimentaria, en el empleo que se genera en esa zona, en las migraciones de la juventud y en las condiciones de trabajo... Otro informe reciente de la FAO indica que la subida de temperaturas perjudicará el comercio de las zonas en desarrollo y aumentará las exportaciones de los países ricos, y la dependencia de los países del sur, una dinámica que apunta a continuar, según se vislumbra por la fragilidad de los compromisos de los países en el Acuerdo de París para reducir las emisiones. "Ese compromiso tiene ya tres años y no se ponen de acuerdo en repartir el trabajo", reclama Espinosa, quien pone sus esperanzas en la próxima conferencia sobre cambio climático de Katowice este diciembre. "La cuenta del cambio climático está mal distribuida. ¿Quién va a pagar la adaptación y mitigación, sobre todo en los países del Sur? También está la transferencia de tecnología baja en carbono, y multiplicar la capacidad de los países sobre todo del sur, para hacerlos más resilientes. Habrá grandes inundaciones, sequías, escasez...", prevé.


Las mismas esperanzas tiene en la cumbre de alto nivel a celebrarse en Marrakech sobre el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, también en diciembre. "La tarea es gigante y requiere obviamente que se sume toda la comunidad internacional. No se puede afrontar el tema de la migración en aislamiento como tampoco el cambio climático. Por su propia naturaleza son cuestiones transfronterizas, globales". Alerta la presidenta de la necesidad de un equilibrio geográfico para reforzar las ciudades intermedias. "Se requieren mecanismos que eviten la migración masiva del campo a la ciudad, algo que también pone en riesgo la seguridad alimentaria. Las megaciudades ya no están en el norte, están en el sur, son las que más crecen", apunta.


La lucha por el trabajo decente se le presenta entonces como un fuerte desafío. "Datos del Banco Mundial señalan que para el año 2030 debemos crear alrededor de 600 millones de puestos para poder cumplir con los ODS. ¿De dónde van a venir? Hay que hacer un compromiso y adaptarnos a la modificación de los mercados, a los impactos de las nuevas tecnologías. Hay que garantizar educación universal y de buena calidad para los jóvenes. El sector público tiene un espacio y una responsabilidad, pero es el sector privado, son las inversiones las que tienen un mandato ético de generar las oportunidades para los jóvenes. Los adultos deben crear espacios de deliberación conjunta", reclama. También está la diferencia por zonas. En el ámbito rural abunda la precarización y no suelen estar las universidades. En el supuesto de que se encontrara ahora a una universitaria de Kenia, cuya familia de zona rural ha hecho todo el esfuerzo del mundo para que pueda estudiar una carrera. ¿Qué sería lo más óptimo que hiciera? "Primero, que estamos en el momento de la especialización. También le diría que hiciera redes con otros jóvenes, que tienen la posibilidad de articular y organizar movimientos que superen las voces aisladas y lleguen a la participación política", responde.


Enlaza así con otras de sus prioridades: "Soy la cuarta mujer en 73 años en asumir la presidencia de la Asamblea General. No es mucho ¿no? Se ha comprobado que cuando la mujer tiene oportunidades en la economía el PIB puede subir porque son más productivas. Y estamos empujando fuertemente porque en las operaciones de mantenimiento de la paz haya más mujeres, porque se ha demostrado que su participación es transformadora. Hay cosas concretas más allá de cualquier esencialismo, de una visión romántica… Donde están las mujeres, por lo general, hay mejores resultados y las mujeres son extremadamente productivas, creativas, competentes y capaces de hacer la diferencia en todos los espacios".

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Un fracaso, la meta de eliminar o reducir el tráfico y uso de drogas

El mercado mundial es más grande que nunca, a pesar de los millones de dólares invertidos en 10 años: IDPC

Nueva York. El objetivo que hace 10 años se fijaron los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para "eliminar o reducir" el tráfico, consumo, producción y uso de drogas ilícitas en el mundo ha fracasado y a menudo ha sido contraproducente, apuntó un informe difundido este lunes.

Elaborado por el Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC, por sus siglas en inglés), con base en datos de la ONU y de otros estudios académicos, el informe señaló que las "cifras desgarradoras" demuestran la carnicería que la "guerra contra las drogas" ha desatado en la última década.

"El mercado mundial de drogas es más grande y más robusto que nunca, a pesar de los millones de dólares invertidos en la reducción de la oferta y en el riguroso cumplimiento de la ley. En paralelo, los daños de los enfoques represivos han alcanzado proporciones épicas", dijo Ann Fordham, directora del IDPC.

Titulado Balance de una década de políticas de drogas, el documento destacó que ha habido un aumento de 145 por ciento en las muertes relacionadas con este flagelo en la última década, totalizando 450 mil durante 2015.

Subrayó, además, que al menos 3 mil 940 personas han sido sentenciadas a la pena de muerte y ejecutadas por un delito relacionado con las drogas en la última década en 33 países.

Asimismo, cerca de 27 mil ejecuciones extrajudiciales se han registrado por la campaña contra las drogas en Filipinas; en tanto que más de 71 mil muertes por sobredosis se reportaron en Estados Unidos sólo en 2017.

En el mundo, además, se ha registrado un encarcelamiento masivo alimentado por la criminalización de las personas que consumen drogas; uno de cada cinco presos ha sido privado de la libertad por delitos relacionados con éstas, principalmente por posesión para uso personal.

El documento indicó que el Informe Mundial sobre Drogas de 2018 elaborado por la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU señaló que "la gama de drogas y los mercados de se están expandiendo y diversificando como nunca antes".

Por un lado, países como Uruguay y Canadá han regulado el uso de la mariguana para uso recreativo en adultos; en tanto que se endurecen enfoques destructivos como el del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte.

 

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Ya es legal el consumo de la mariguana para fines recreativos en todo Canadá

A partir de ayer sus habitantes pueden portar hasta 30 gramos de cannabis para su uso personal

Montreal. Tras prácticamente un siglo de prohibición, Canadá se convirtió ayer en el primer país del mundo industrializado y en el segundo, después de Uruguay, en legalizar la venta y consumo de marihuana con fines recreativos, lo que se consideró una reforma histórica que fue celebrada con largas filas de clientes ansiosos, pero al mismo tiempo recibida con cautela por los mercados.

La legalización permite a las 13 provincias y territorios de la nación organizar la venta con diferentes condiciones de un lugar a otro, por lo que hay distintos modelos en todo el país para un mercado valorado en unos 4 mil 600 millones de dólares al año.

Al cumplir su promesa de campaña, el primer ministro Justin Trudeau resaltó que la medida permitirá restringir el acceso de menores a esa droga y sacar dinero de los bolsillos de las organizaciones criminales.

Sin embargo, la oposición conservadora ha multiplicado sus ataques contra la medida, la cual considera precipitada y con riesgo para la seguridad y la salud pública de los habitantes.

Cuando la gente comience a ver las consecuencias culparán por los fracasos a Trudeau, advirtió el líder opositor Andrews Scheer.

Por su parte, el ministro de Seguridad Pública, Ralph Goodale, anunció un plan para perdonar a quienes recién cumplen condenas por posesión simple dealgunos gramos de la hierba.

Según estadísticas oficiales, 16 por ciento de la población canadiense había fumado cannabis en 2017, una proporción superior a los fumadores de tabaco.

Con la legalización, un adulto puede poseer hasta 30 gramos de la droga legalizada desde ayer. Los hogares podrán cultivar hasta cuatro plantas, excepto en las provincias de Quebec y Manitoba, donde sembrar el enervante está prohibido. Se podrá adquirir en tiendas autorizadas públicas o privadas. Según el gobierno canadiense se podrían abrir cerca de 300 puntos de venta a finales de año.

En Quebec y otras provincias, los clientes hicieron largas filas a las afueras de las tiendas, desde la noche previa a que entrara en vigor la despenalización. Sebastian Bouzats, francés de Burdeos, dijo que llegó a Canadá para vivir la experiencia: "Los franceses vendrán todos a fumar aquí", estimó.

"Hace tiempo debió ser legalizada. la fumo desde que tengo 15 años, tengo 33", señaló por su lado Mathieu, quien junto a decenas de personas arribó a una sucural de la calle Sainte-Catherine, una de las principales avenidas de Montreal, desde las tres de la mañana.

El ministro encargado de la reducción del crimen organizado, Bill Blair, señaló que los grupos delincuenciales, no van a desaparecer de la noche a la mañana, pero consideró que a finales de 2018 se habrá eliminado 25 por ciento del mercado negro y cerca de la mitad en el curso de un año.

 

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¿Es Banksy quien trolea al capitalismo o el capitalismo el que trolea a Banksy?

A pesar de que el artista urbano quiso mofarse de los galeristas y del consumismo vacío, su obra ha terminado duplicando su valor y cayendo en la trampa del mercado


"El capitalismo se caracteriza por absorber cualquier acción que está en contra", critica Daniel Lesmes, profesor de Teoría del Arte

 

El viernes pasado Banksy despeinó algunos peluquines en la casa de subastas de Londres Sotheby's. Una fila de mujeres ataviadas con perlas y peinados lacados atendían los teléfonos mientras que en el patio de butacas los asistentes pujaban cada vez más alto por un lienzo de la Niña con globo. "¡Vendido!", anunció Oliver Baker al alcanzar los 1,2 millones de euros, y justo cuando el subastador dejaba caer la maza sobre la mesa, el cuadro comenzó a desintegrarse ante la mirada atónita del público.


La triquiñuela del artista británico copó los titulares de todo el mundo y él mismo se lo tomó como un triunfo ante los tiburones del mercado del arte en su Instagram. Es cierto que Banksy "interrumpió el flujo del capital por un noche", como escribió el crítico de arte de la revista New York, pero la intención de su troleo se desvirtuó tan pronto como la maquinaria despertó del shock.


La subasta de la Niña con globo se ha convertido en un hito de la historia del arte -a su manera- y es improbable que el mercado deje de sacar tajada. Según el experto en compraventa de arte, Joe Syer, la obra semitriturada ha duplicado su valor inicial y ronda en este momento los 2 millones de libras (2,3 millones de euros). El artista urbano quiso hacer mofa del consumismo vacío de la alta cultura, y esta le ha devuelto el golpe sin un ápice de vergüenza: no solo va a seguir lucrándose con él, sino que facturará el doble.


"Toda acción de modificación sobre una obra tiene como resultado el aumento de su valor. Está cantado", explica a eldiario.es Daniel Lesmes, profesor de Teoría del Arte en la Universidad Complutense y presidente de la asociación de artistas y teóricos CRUCE. Para el periodista de la New York, Banksy merece nuestros respetos solo por haber noqueado al "insidioso mundo de las subastas". Sin embargo, quizá su bofetón fuera más aparente que efectivo.


"El término autodestrucción no es exacto, porque lo que hay es una transformación de la obra", indica Lesmes. La obra, por tanto, no se desintegró al ser rajada con las cuchillas, sino que se reconvirtió en otra todavía más valiosa para la compraventa. Se trata, como explica el docente, de una práctica "muy antigua" que "en el arte contemporáneo se lleva haciendo desde los años 60".


De hecho, el mismo Picasso al que hizo referencia Banksy en su cuenta de Instagram afirmaba que "un cuadro es una suma de destrucciones". Precisamente por ello, Lesmes apunta que "podríamos valorar esta performance como una suerte de reflexión de las contradicciones del capitalismo", y de cómo hasta las trizas de papel pueden convertirse en objetos de deseo, "pero es que ni siquiera en ese caso el acto de Banksy habría sido original".


Lo que existe, por tanto, es una manifestación de la lógica de la economía aplicada al ámbito de la cultura. Hasta las ruinas de una obra pueden ser comercializadas, ya que es el gesto previo de la performance el que les ha otorgado valor. "Una vez que está dentro del sistema no puede hacer nada, ya que el capitalismo se caracteriza por absorber cualquier acción que está en contra", critica el experto en arte.


Al profesor universitario le parece anecdótico que Banksy haya decidido colgar el vídeo del momento en su cuenta de Instagram, ya que convierte la supuesta lucha contra el capital en "una lógica del espectáculo" que al final "favorece al nombre del creador".


Según Lesmes, de haberse doblado el precio del cuadro destruido, eso revertiría "en todas las obras de Banksy, porque en nuestra sociedad es el nombre y la marca lo que termina adquiriendo valor". Pone un ejemplo: Salvador Dalí podía transformar un papel blanco en un lienzo de 40 dólares con solo estampar su firma.
¿Cuánto cobra Banksy?


Esta última performance ha abierto de nuevo el debate sobre el arte urbano como el azote del capitalismo y sobre Banksy como el mesías de este movimiento. Teniendo en cuenta que el británico es un ente anónimo, es imposible calcular con exactitud cuánto ha facturado por sus obras de arte e instalaciones. Y aún así, Forbes estimó su patrimonio neto en 20 millones de dólares.


"Para que se perfeccione una compraventa tiene que haber una persona jurídica. Tú puedes vender tu coche o una obra porque tienes tu DNI o tu CIF. Si al fin y al cabo se está generando un dinero es porque hay un contrato, y si hay un contrato es porque hay una persona jurídica. Así que habría que estudiar hasta qué punto el anonimato es un componente crítico contra el capitalismo", piensa Daniel Lesmes.


Aunque sus métodos de financiación son ligeramente distintos a la de los artistas, sean urbanos o no, al final Banksy gana dinero como cualquier otro: vendiendo sus obras en el mercado. Desde finales de los 90 hasta 2008, lo hacía a través del agente británico Steve Lazarides (conocido por haber elevado el arte callejero al mundo de las bellas artes) y después a través de Pictures On Walls, una empresa e imprenta que Banksy fundió junto a otros artistas para vender sus obras online.

 


En enero de 2018, POW se disolvió al haber contribuido a distorsionar el mensaje del arte urbano. "Se produjo un desastre y muchos de nuestros artistas tuvieron éxito. Ya que no podemos o no queremos formar parte del mercado que una vez denunciamos con tanto ahínco, nos vemos obligados a renunciar", explicaron en un comunicado.


Según uno de los vendedores de Banksy con quien contactó la web Artspace, su obra impresa y firmada costaba entre 20.000 y 40.000 dólares, y un póster offset (sin firma ni numeración) rondaba los 500 y 1.500 dólares. Este dinero se invierte en diferentes instalaciones, como Dismaland o The Walled Off Hotel (el hotel con las peores vistas del mundo), que a su vez generan beneficios directos para el artista.


También es cierto que gran parte del trabajo de Banksy termina en un mercado de segunda mano que succiona su valor y del que no percibe ni un centavo. Aunque él no se lucra, otras muchas personas sí, por lo que sería cuanto menos contradictorio definirlo como arte anticapitalista.


El artista es el primero que reconoce que ni el más sofisticado caballo de Troya (o trituradora de papel) sirve para derrotar a este imperio, y así se lo hizo saber a The New Yorker: "Me encanta la forma en que el capitalismo encuentra un lugar, incluso para sus enemigos".

Mónica Zas Marcos / José Antonio Luna
10/10/2018 - 20:07h

 

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