Jueves, 27 Febrero 2020 05:21

Líbano, retrato de una revolución

Manifestantes intentan traspasar el pasado 11 de febrero los muros de hormigón levantados para impedir el acceso de civiles al Parlamento libanés en Beirut NATALIA SANCHA

La desigualdad, la corrupción y el lastre de unas élites sectarias enquistadas en el poder han desatado una ola de protestas que dura ya cinco meses y que protagonizan los que no tienen nada que perder

 La lluvia de piedras e insultos contra los antidisturbios parece no terminar. “Corruptos, ladrones, nos habéis robado nuestro futuro”, grita un joven enmascarado entre el centenar de manifestantes que desde hace horas descarga su ira en el empobrecido barrio de Tariq al Yadid, en los arrabales de Beirut, la capital libanesa. Los médicos voluntarios evacuan a los heridos mientras sobre sus cabezas el viento agita amarillentos pósteres de Saad Hariri, dimitido primer ministro y zaim (líder político-confesional, en árabe) de este puñado de calles de población suní.

Esta misma estampa se repite a lo largo y ancho del país desde el pasado 17 de octubre, fecha en la que una nueva tasa sobre las llamadas de WhatsApp se convirtió en el detonante de una protesta social que ha sacado desde entonces a cientos de miles de libaneses a la calle para exigir la dimisión en bloque de los zaim de todos los partidos y confesiones.

Los manifestantes arremeten contra una élite que se agarra al poder desde hace tres décadas y a la que acusan de haber saqueado las arcas del Estado. Líbano acumula una de las deudas públicas más altas del mundo (unos 76.000 millones de euros, el 150% del PIB). Entrando en el quinto mes de protestas, los expertos denuncian la flagrante desidia de la élite dirigente ante el posible colapso económico del país, aquejado también de una corrupción que lo sitúa en el puesto 137 de 180 (cuanto más cerca del 180, más corrupto) en el índice elaborado por la organización Transparencia Internacional.

El nombre del joven enmascarado que grita contra los corruptos es Abdalá Jarah. A sus 20 años encarna a esa generación posterior a la guerra civil (1975-1990) que ahora lidera las protestas —en las que también es importante la voz de las mujeres y rechaza un sistema heredado que reparte el poder político y económico en función de cuotas confesionales (hay 18 oficiales). La fractura generacional es patente y arrecian las críticas contra los septuagenarios líderes de los partidos.

Hace seis meses que Jarah tuvo que dejar los estudios universitarios de Informática porque no puede pagar las tasas universitarias. “Me gustaba mucho y soy bueno”, lamenta. En un país donde la educación y la sanidad son servicios casi exclusivamente en manos del sector privado, cada día son más los jóvenes que abandonan las escuelas y las familias sin cobertura médica.

“Hace dos meses que me han reducido el sueldo de dos a un millón de libras libanesas (LBP, en sus siglas en inglés, y equivalente a una disminución de 1.200 euros a 600)”, cuenta su madre, Igtimad, de 65 años y divorciada. Es funcionaria de la empresa estatal de telefonía Ogero. Paga 600.000 libras (360 euros) mensuales de alquiler. “Gracias a Dios tenemos salud. Pero si ocurre algo, nos dejarán morir en la puerta del hospital”, afirma indignada. La mayoría de los funcionarios han visto sus sueldos reducidos a la mitad. 

Truncada la vía de los estudios, Jarah tampoco encuentra trabajo. “Su única opción para no tirar su futuro es emigrar”, interviene su madre. A esa misma conclusión han llegado miles de jóvenes libaneses. Los que tienen diplomas universitarios y doble pasaporte o buenas conexiones para obtener un visado ya han abandonado Líbano. El resto, como este joven, da rienda suelta a la frustración a pedradas y pega simbólicamente los currículos en los muros de hormigón tras los que se parapeta el Parlamento. Han acudido varias veces a las asociaciones caritativas suníes del partido El Futuro que lidera el ex primer ministro Hariri y que antaño, con respaldo saudí, proporcionaban becas y ayudas a su base social. Sin recursos, la solidaridad vertical construida a partir de los partidos y las confesiones a las que representan se resquebraja.

El Gobierno de unidad libanés que vio la luz en enero de 2019, tras nueve meses de arduas negociaciones, ha sido la primera víctima del movimiento de contestación popular y acabó con la dimisión de Hariri en octubre pasado. El empresario Hasan Diab ha sido nombrado nuevo jefe de un Gobierno tecnócrata liderado por el tándem chií Hezbolá-Amal (moderado) junto con el principal partido cristiano, Corriente Patriótica Libre (CPL), al que pertenece el presidente libanés, Michel Aoun.

La desesperación de la familia Jarah va en aumento. “Me siento como en un oscuro túnel del que no veo la salida por ninguna parte”, se sincera en el salón de su casa Nadia Jarah, única hermana de Abdalá. Madre de tres y con un marido inválido, la mirada acuosa de Jarah no se despega de la pila de cartas que desde la mesita del salón le recuerda que hace nueve meses que el banco amenaza con desahuciarla. Un miedo que afecta a otros miles de ciudadanos sobre los que se cierne una  inminente devaluación del 30% de la moneda. En las casas de cambio, el dólar, que ha permanecido en un cambio fijo de 1.500 LBP desde 1997, se vende esta semana a 2.450.

Ante la desidia del Banco Central de Líbano (BCL), las entidades bancarias han impuesto medidas informales para el control de capitales. Cada día, los clientes hacen horas de cola a las puertas de Bank Audi, donde pueden retirar 600 dólares al mes si sus ahorros son inferiores al millón de dólares, y 2.000 si los superan. “De cada 11.000 dólares que traigo de fuera gano 4.700 al cambio”, admite un empresario francés afincado en la capital libanesa. Cada día aterrizan funcionarios de ONG internacionales, de la ONU, la UE, diplomáticos y empresarios locales o extranjeros que atraviesan el control policial cargados con fajos de dólares. Miembros de Hezbolá afirman, además, que llegan maletas cargadas de dólares desde Teherán para pagar sus sueldos. 

De devaluarse la libra en un tercio, la mitad de la población libanesa caería de la noche a la mañana bajo el umbral de la pobreza, advierte en un informe el Banco Mundial (BM). “La crisis libanesa necesita una estrategia integral […] para corregir las ineficiencias y beneficios desproporcionados de un sistema de crecimiento desigual”, opina en una entrevista por correo electrónico Wissam Harake, economista del BM. Los Jarah hacen equilibrios sobre la intangible frontera de la pobreza, que ya afecta a un tercio de la población libanesa, según informes de la ONU.

Durante una de tantas manifestaciones, un desesperado padre de familia en la cincuentena se rocía con gasolina. “Ya no sé qué hacer”, solloza el hombre, a quien otros manifestantes salvan de quemarse vivo, pero no de la desesperación. La inflación ha disparado los precios de productos básicos en un 25% y ha forzado al recién nombrado Ejecutivo a pedir ayuda a varios países para asegurar las divisas necesarias con las que subvencionar la importación de trigo, medicamentos, leche en polvo y combustible.

La clase media libanesa va camino de desaparecer. “El 10% de la población adulta acumula el 55% de los ingresos nacionales, algo que sitúa Líbano entre los países con mayor desigualdad económica en el mundo”, escribe en un reciente informe la economista libanesa Lydia Assouad.

El otro extremo

En el extremo opuesto, la clase más adinerada intenta poner a salvo sus fortunas antes de que se haga efectiva una devaluación y pierdan un tercio de sus depósitos bancarios. Lo hace gastando tanto como puede y la banca les permite. La sucursal de Rolex en Beirut hace su agosto. “El reloj más barato cuesta 6.000 dólares y algunos de colección superan los 20.000”, cuenta una empleada. Coches, oro y diamantes son otros productos de lujo en los que invierten, así como en el sector inmobiliario, cuyas ventas se han disparado. La especulación financiera favorece al que tiene dólares en efectivo. De ahí que las pistas de esquí y las discotecas VIP del país estén a rebosar.

Además, “la relación entre banqueros y políticos es incestuosa”, resume Pierre Issa, director de la ONG Arcenciel, durante una conferencia en Beirut. En el primer mes de protestas, en octubre pasado, los bancos cerraron al público durante tres semanas y un puñado de accionistas transfirieron 2.300 millones de dólares a Suiza para escapar al corralito. No pocos de ellos son los mismos que se sientan en el Parlamento. El director del Banco Central, Riad Salame, es el nombre y rostro más criticado por los manifestantes. Como muchos líderes políticos que le cortejan, lleva apoltronado en su cargo cerca de tres décadas.

Al igual que los bancos, los políticos han dilapidado el remanente de confianza ciudadana que les quedaba. “Viven en la inopia y no son conscientes de la gravedad de la situación en que se encuentra el país”, afirma en Beirut un diplomático europeo.

“No habrá más ayudas hasta que no propongan un plan económico real y viable”, repiten como un mantra desde hace dos años unos hastiados donantes internacionales sobre los 11.000 millones de dólares (10.137 millones de euros) prometidos en la conferencia de Cedres en París, organizada en abril de 2018. Expertos internacionales consultados por este diario coinciden en que hoy es una cantidad insuficiente para un país que necesitaría una inyección de entre 28.000 y 41.000 millones de euros para mantenerse a flote.

No es de extrañar tampoco que los bancos y cajeros se hayan convertido en diana privilegiada de las pedradas de los manifestantes, menos numerosos a medida que pasa el tiempo, que intentan asaltar el Parlamento fortificado en el centro económico de Beirut. A las protestas se suman desesperanzados jóvenes suníes llegados del norte, de la empobrecida Trípoli, o del sur, de los suburbios marginales chiíes de Dahie. Enfrentados por la religión, comparten hoy cebollas entre irrespirables nubes de gases lacrimógenos, unidos por ese sentimiento que comparten los que no pueden emigrar, los que ya no tienen nada que perder.

La rabia colectiva contenida estalló en todo su apogeo el segundo fin de semana de enero, con 575 heridos como el peor balance hasta la fecha de unas refriegas en las que Human Rights Watch denunció el “uso excesivo de la fuerza por parte de la policía antidisturbios”. Un millar de manifestantes han sido arrestados, decenas torturados, sostiene la ONG. Entre la lluvia de piedras corretean niños y niñas que venden botellas de agua o mendigan divertidos entre el inusual gentío

“No tengo dinero para pagar. ¡Bajadme de la ambulancia!”, grita en un ataque de llanto una niña a los incansables voluntarios de la Defensa Civil. Dumoo —que en árabe significa lágrimas— ignora su fecha de nacimiento. Calcula tener 12 años, “o por ahí”. Se trata de la única niña herida en los primeros cuatro meses de protestas, dicen los paramédicos. Tiene la frente abierta y a las tres de la madrugada es atendida en un hospital de Beirut. Está de suerte: el Ministerio de Salud cubrirá los gastos de los siete puntos de sutura, así como el de toda persona herida en las protestas.

Entre la pobreza y la miseria

Ya en casa, su madre, Suad, una ciudadana siria de 33 años, refunfuña hastiada, no solo por la herida: “Los 11 miembros de la familia dependemos de ella tanto para el alquiler como para la comida”, afirma cuando oye que Dumoo necesita al menos dos días de reposo. La pequeña se encoge de hombros y su padre, pescador palestino nacido en Líbano, esquiva la mirada.

En la seguridad que le da su barrio, Ouzai, en los arrabales del sur de Beirut, Dumoo vuelve a ser esa mocosa desafiante que ha pateado mucha calle. Desde los seis años trabaja 10 horas diarias vendiendo botellas de agua para traer entre 30.000 y 50.000 libras a casa (entre 18 y 30 euros). Hoy gana lo suficiente para mantener a sus ocho hermanos, de entre 2 y 17 años, y a sus padres. Ninguno de ellos sabe leer ni escribir.

La calle en la que vive la familia está en una zona mayoritariamente chií y las fachadas están empapeladas con pósteres en honor a los mártires de la milicia-partido Hezbolá. Aquí, las asociaciones caritativas también han reducido drásticamente las ayudas para medicamentos, hospitales y escuelas. La electricidad se limita a 15 horas diarias en el piso de alquiler de tres habitaciones que ocupan. En todo el país, las cajas de la solidaridad sectaria han quedado vacías.

Líbano alberga a 400.000 refugiados palestinos y 1,5 millones de sirios, lo que equivale a un tercio de la población libanesa. Con el país vecino a punto de entrar en el décimo año de guerra, el 75% de los refugiados sirios en Líbano vive bajo el umbral de la pobreza y la crisis amenaza con hundirles aún más. Las ayudas de la ONU para sirios y palestinos también han sufrido severos recortes.

En la familia de Dumoo, esta niña supone el débil hilo de los ingresos para subsistir que de romperse arrojaría a 10 personas a la pobreza absoluta. La crisis de los bancos no les afecta porque guardan sus pocos ahorros en una bolsa de plástico en algún lugar seguro de la casa. Sus hermanos adolescentes no tienen trabajo y se quedan en casa porque temen convertirse en víctimas del enfado de una población libanesa que les acusa de “robarles el trabajo”.

Es la una de la tarde. Han pasado 24 horas desde que fue herida. Dumoo se despereza y con los hilos azules de los puntos de sutura y la sangre reseca pegada al flequillo sale con el estómago vacío a trabajar. Abandona este masificado barrio a bordo de una furgoneta que cubre los cuatro kilómetros que separan Ouzai del corazón económico de Beirut. Un trayecto que sirve de línea divisoria entre una periferia pobre y un corazón rico cada día más pequeño. En el centro, muros revestidos de mármol conducen a escaparates de Louis Vuitton o Hermes, y ferraris aparcados junto a la acera.

“En las revoluciones del resto de países de la región tuvieron que derrocar a un Ben Alí (Túnez), a un Mubarak (Egipto) o a un Gadafi (Libia)”, dice el joven Abdalá Jarah. “Aquí tenemos que derrocar a seis: uno por cada confesión en el poder”, zanja.

Publicado enInternacional
El socialismo en el marco de la crisis civilizatoria

Al final del siglo XX el socialismo quedó totalmente cuestionado; en lo que va del siglo XXI la democracia también está contra el paredón. Entonces, ¿es posible otra democracia, una más allá de la realmente existente? ¿cuáles serían sus principios guía? Y del socialismo, ¿podemos y debemos rescatar valores y principios, ¿cuáles?

“Se puede hablar de dos tipos de crisis: la funcional y la orgánica. La primera es como una gripa para el cuerpo y las gripas son necesarias al sistema, el cuerpo necesita de vez en cuando desintoxicarse, reanimarse, fortalecerse y en un sistema su dinámica y su equilibrio permanente está ligado a crisis funcionales. Pero una crisis orgánica si es una crisis diferente, son excepcionales, duran siglos; lo que llamaríamos transiciones. Y yo me atrevo a decir que desde los años 70 asistimos a la tercera crisis orgánica de la civilización” comentó el docente universitarios e investigador social Luis H. Hernández.

Con ánimo de dar respuesta a estos interrogantes compartimos un vídeo con apartes del evento preparatorio  en Bogotá el 14 de Noviembre de 2019 –El socialismo en el marco de la crisis civilizatoria- a cargo de Luis H. Hernández que nos habla de cómo desde los años setenta  la humanidad asiste a la tercera crisis civilizatoria con la aparición de dos factores que así lo testimonian: el cambio en la matriz energética –hacia las energías limpias– y el giro comunicacional.

Este fue un evento preparatorio para el "Foro Internacional 19-20-21 de marzo de 2020. Repensar las bases teóricas para la reconstrucción de un ideario social con perspectiva postcapitalista. Más información haciendo click aquí:


https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/38185-insumos-para-una-discusion-urgente.html

 

Para inscripción: https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=189&search=inscrip

Publicado enColombia
Quema de autos en Viña del Mar en la protesta contra Piñera.

Las reacciones a los serios incidentes en la apertura del Festival de Viña del Mar

El mandatario chileno volvió a exigir un "gran acuerdo por la democracia, contra la violencia y por la paz". El lunes estuvo marcado por un estado de tensa calma en las calles.

En su primera aparición pública luego de los serios incidentes en Viña del Mar, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, dijo que el país "ya ha sufrido demasiada violencia". En ese sentido, le exigió a todos los sectores de la sociedad y la política que condenen cualquier acto que atente contra la democracia. Sin embargo, su respuesta al conflicto fue, una vez más, el refuerzo del aparato represivo. La ciudad de Viña del Mar amaneció el lunes blindada por carabineros, que reforzaron los puntos centrales de ese centro balneario luego de las masivas protestas contra el gobierno de Piñera y los graves incidentes registrados el domingo por la noche. El gobierno chileno teme que la efervescencia en las calles sea un anticipo de la radicalización de las protestas a partir de marzo, mes en el que se esperan varias manifestaciones.

"Llegó el tiempo de un gran acuerdo por la democracia, contra la violencia y por la paz. Este acuerdo tiene que incluir no solo condenar la violencia, no solo defender la democracia y el Estado de Derecho, sino también, condenar a quienes no condenan la violencia y a los que atentan contra la democracia", destacó Piñera, que el lunes retomó su agenda política con una reunión con todos los ministros a la vuelta de sus vacaciones.

"Necesitamos asegurar el orden público y vivir en paz para tener un plebiscito que sea democrático, limpio y transparente. Todos queremos mejorar, cambiar, modernizar y perfeccionar la Constitución", agregó el mandatario. El plebiscito del próximo 26 de abril es una de las principales apuestas de Piñera para desactivar la grave crisis que vive el país desde octubre pasado, cuando iniciaron las manifestaciones contra el cuestionado modelo chileno, herencia directa del pinochetismo.

El lunes, la calma parecía volver a las calles de Chile luego de un domingo tenso. Sin embargo, tres colegios registraron incidentes por la mañana, en el inicio de clases en la comuna de Antofagasta. Supuestos alumnos encapuchados realizaron un recorrido por distintos establecimientos con el objetivo de obstaculizar la vuelta a clases y sumar más jóvenes a una marcha que iniciaron por Calle Orella, para continuar por las principales vías del casco central. 

Por la tarde tuvieron lugar nuevas manifestaciones en Viña contra el festival musical, que se desarrollaron sin mayores inconvenientes. A la noche se esperaba la presentación de la cantante chilena Mon Laferte , quien ha apoyado fuertemente las protestas sociales y a la que algunos grupos de ultraderecha anunciaron que buscarán boicotear su actuación.

Temiendo nuevos incidentes, el gobierno chileno redobló las medidas de seguridad con un amplio operativo policial en los alrededores de Viña. La alcaldesa de la ciudad balneario, la conservadora Virginia Reginato, pidió ayuda al gobierno para enfrentar nuevos actos de violencia y aseguró que los chilenos quieren "que vuelva la paz" a sus hogares y a ciudades. "Quiero mandarle un mensaje al presidente de la república: yo creo que ya la delincuencia no puede seguir en las calles de Viña", agregó Reginato.

Por su parte, el jefe de la Quinta Zona de Carabineros, Hugo Zenteno, se refirió a los disturbios que se registraron el domingo en los alrededores de la Quinta Vergara, y aseguró que no hubo errores en el despliegue de la policía uniformada. La institución informó que durante las manifestaciones 23 uniformados terminaron lesionados y atribuyeron los hechos ocurridos a "la delincuencia".

En ese sentido, Zenteno manifestó que "el único error es que esta gente atenta contra la seguridad de las personas". El uniformado agregó que, en su particular visión de los hechos, no es posible hablar de "situaciones de derechos humanos, porque realmente los manifestantes atentan contra todo: hay jóvenes, hay niños, que van a un festival y eso no es digno de nuestro país".

La ciudad de Viña del Mar, a 135 kilómetros al oeste de Santiago, fue escenario la noche del domingo de duros enfrentamientos entre carabineros y manifestantes que se concentraron bajo el lema "Calles con sangre, Viña sin festival". Pedían la cancelación de la cita internacional de música por la grave crisis que atraviesa el país.

Además de los choques, grupos de encapuchados incendiaron varios autos, saquearon comercios y atacaron con piedras el edificio de la municipalidad y el emblemático Hotel O'Higgings, que tuvo que ser desalojado por unas horas y donde se encontraban artistas, periodistas y trabajadores del festival. Hubo también destrozos en sucursales bancarias y empresas de telecomunicaciones.

La policía les cortó a los manifestantes el paso con un inédito y fuerte operativo de seguridad que incluyó un helicóptero y un globo con cámaras de vigilancia. A pesar de la dura represión con gases lacrimógenos y carros hidrantes, los manifestantes resistieron y llegaron hasta los alrededores de la Quinta Vergara, donde unas 20 mil personas aguardaban el inicio del tradicional festival. Según el ministerio del Interior, la noche dejó 24 detenidos, 29 agentes policiales heridos, nueve tiendas saqueadas y una decena de autos incendiados.

Chile vive desde el pasado octubre su crisis más grave desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), con al menos treinta muertos y miles de heridos, además de graves acusaciones contra las fuerzas de seguridad por violaciones a los derechos humanos. Lo que en un principio empezó como un llamamiento de los estudiantes a protestar contra el aumento de la tarifa del subte, se convirtió en una revuelta por un modelo económico más justo.

La situación generó un fuerte descenso en la aprobación del cuestionado presidente Piñera, con índices menores al 9 por ciento según las últimas encuestas. En este escenario, las autoridades temen una nueva radicalización de las protestas a partir de marzo, cuando culminan las vacaciones de verano y arrancan nuevamente gran parte de las actividades productivas en el país. 

Publicado enInternacional
Elecciones en Venezuela: legislativas vs. presidenciales

El gobierno y sectores de la oposición llaman a legislativas, mientras Guaidó asegura que sólo participará de presidenciales. 

Nicolás Maduro ha mantenido una constante desde el año pasado: afirmar que habrá elecciones legislativas en el 2020, como indica el calendario electoral. Si entonces se trataba de una fecha lejana tomando en cuenta la dinámica vertiginosa de la política venezolana, ya es un escenario cercano alrededor del cual se centran los debates.

Se trata de una cuestión compleja por tres razones centrales. En primer lugar, es una elección a la Asamblea Nacional (AN), espacio sobre el cual la oposición construyó su trinchera institucional desde el 2016 y que, desde el año pasado, fue nombrado por Estados Unidos como única institución legítima, ardid a partir del cual designaron a Juan Guaidó como presidente encargado.

En segundo lugar, porque desde el mes de enero existe un nuevo presidente de la AN, Luis Parra, miembro del partido opositor Primero Justicia, que sesiona en las instalaciones del poder legislativo. Pero Guaidó y los diputados articulados alrededor de su bloque no han reconocido esa victoria y realizan sesiones en plazas públicas atribuyéndose la verdadera presidencia legislativa.

En tercer lugar, esa misma división en filas opositoras responde no solamente a disputas por negocios y corrupción como se han acusado mutuamente, sino justamente a la estrategia ante las próximas elecciones. La AN presidida por Parra, así como la oposición nucleada en la denominada Mesa Nacional de Diálogo, trabaja hacia el escenario de las legislativas, mientras que el sector de Guaidó sostiene que las próximas elecciones deben ser las presidenciales.

La oposición que participará de las legislativas era minoritaria hasta el año pasado. Pero, desde septiembre hasta la fecha ha tomado fuerza, sumado dirigentes, partidos, y el efecto se ha invertido: Guaidó, que responde al plan trazado desde Washington, luce ahora en minoría.

Existe un punto central transversal a este debate: la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE). Esta semana fue reactivada una comisión integrada por diputados del chavismo, de la AN presidida por Parra y diputados nucleados alrededor de Guaidó, para trabajar sobre la conformación del nuevo poder electoral.

Pero, mientras los diputados del chavismo y de la oposición alejada de Guaidó afirman que el nuevo CNE será para elecciones legislativas, Guaidó mantiene que, aunque sea parte de la comisión para el nuevo poder electoral, sólo participará de presidenciales.

Esa misma posición tiene su correlato internacional. El Grupo de Lima, por ejemplo, se reunió el día jueves en Canadá y expuso en la declaración final que “las parlamentarias solas son un problema y que lo necesario en este momento son unas elecciones presidenciales libres”.

Esa posición sigue la política norteamericana que sostiene que además de una elección presidencial, es necesario que sea sin Maduro en la presidencia. Es lo que, traducido en Venezuela, Guaidó afirma semanalmente desde hace más de un año: el cese de la usurpación, seguido de un gobierno de transición y elecciones libres, es decir la fórmula que sí resultó en Bolivia con el golpe de Estado.

Mientras el debate electoral avanza hacia un posible CNE y fecha de contienda, la estrategia norteamericana es agudizar el bloqueo contra la economía venezolana. El Departamento del Tesoro sancionó esta semana a la empresa petrolera rusa Rosneft Trading S.A, filial de Rosneft Oil, una acción que se suma al ataque a la empresa estatal de aviación Conviasa, anunciada pocas semanas atrás.

El objetivo de Estados Unidos es cercar la economía, impedir el funcionamiento de sus áreas vitales como la industria petrolera, la venta de oro, o el acceso a los sistemas financieros. Esa presión, junto con operaciones encubiertas y promesas de salvación a quienes traicionen, busca forzar al gobierno a ceder o lograr un quiebre interno.

El plan norteamericano no ha dado ese resultado y, en vez de contar con un respaldo mayoritario en Venezuela, ha ampliado rechazos tanto en la sociedad como en sectores de la dirigencia opositora política y económica. Quienes se oponen la política de asfixia son quienes a su vez se presentarán a las elecciones legislativas.

Quedan días, semanas y meses de negociación. El plan del chavismo y del sector con quien se dialoga es lograr traccionar a la mayor cantidad de fuerzas opositoras para darle mayor legitimidad a la contienda.

El desafío de Guaidó es el de frenar esa emigración política, para lo cual necesita poder ofrecer un plan que no sea únicamente asfixiar la economía, que brinde resultados concretos. Una vez más, quien podría tener la capacidad para hacerlo, no será él, sino el poder norteamericano, lo que dependerá de una superposición de cálculos electorales y geopolíticos. 

Publicado enInternacional
Sobrevivir sin dólares, reto para los venezolanos

Caracas. Cada vez se habla más de cómo circulan dólares en determinadas zonas de Caracas. Pero, ¿qué sucede con aquellos que no acceden a la moneda estadunidense o sólo lo hacen de forma esporádica? ¿Cómo enfrentan el día a día?

El proceso se aceleró durante 2019. Si antes era centralmente de clases medias altas –una entrada a una discoteca en las zonas adineradas caraqueñas se pagaba en dólares–, en meses recientes se elevó la presencia y necesidad de la moneda norteamericana.

El cambio central no fue tener al dólar como moneda de referencia y de ahorro, algo que, como en otros países de América Latina, por ejemplo, Argentina, es costumbre. La transformación fue que comenzaran a circular dólares para gastos de cada día: los billetes comenzaron a multiplicarse en las calles, en particular en denominaciones de uno a 20 dólares.

Quienes dolarizaron sus ingresos, cálculos y cuentas bancarias quedaron a salvo de las dificultades económicas. ¿Qué sucede, en cambio, con quienes quedaron por fuera, o en los bordes, de ese proceso?

La economía venezolana ha atravesado en los pasados cinco años situaciones tan complejas como el desabasto de productos de primera necesidad, la inflación e hiperinflación, o la ausencia y reventa de dinero en efectivo. La llamada dolarización es uno de los nuevos fenómenos dentro del cuadro prolongado de diferentes dificultades.

Ante esos escenarios han surgido numerosas formas de resistencia y recomposición. Mariana García y Hernán Vargas, investigadores venezolanos, han estudiado durante tres años esas mutaciones, particularmente en los sectores populares, pero también en las clases medias.

García y Vargas señalan cuatro puntos centrales "para responder a la pregunta de cómo hace la gente para sobrevivir, para resolver".

En primer lugar están las migraciones laborales. "La reconfiguración del trabajo que hace que te muevas del trabajo formal al informal, por cuenta propia, que puede ser adentro o fuera del país, porque la búsqueda es la de mayor cantidad de divisas". Así surgieron las iniciativas de trabajo informal, ventas, reventas, o pequeños negocios, como las ya características peluquerías en las calles.

Ese fue uno de los mecanismos ante el aumento de precios, depreciación de la moneda, y consecuente depreciación de los salarios. Los sueldos dejaron de alcanzar, mucha gente dejó los trabajos asalariados, y se perdió una característica de los años anteriores del chavismo, cuando, explica Vargas, "todo el mundo quería trabajar fijo, contratado, en alguna institución pública, quizás en una privada".

En segundo lugar mencionan los subsidios y García explicó que una de las cosas "determinantes en la materialidad cotidiana son las políticas de transferencia monetaria directa, o de subsidio al consumo, como el Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap) o los bonos".

"Esto tiene un peso tremendo en la supervivencia de la gente que vive de su trabajo", dijo Vargas. A esas políticas se debe agregar el "subsidio invisible" de los servicios, como agua, luz, gasolina y algunos transportes.

En tercer lugar, los investigadores señalaron cambios en el consumo, el cual bajó en comparación con el modo de vida que se había logrado en los años anteriores del chavismo.

"El modo de vida de estos años que era que todos los fines de semana te ibas a tomar cerveza con los amigos, los asalariados podíamos almorzar en la calle todos los días, todo eso se viene a pique y eso es importante en términos de cómo se recompone la vida en Venezuela", explica Vargas.

A esto siguen las resistencias colectivas. "Las reconfiguraciones han llevado a unas formas colectivas cada vez mayores, que pueden ser organizadas, mercados comunales, campesinos, sistemas de intercambio entre comunidades organizadas y cooperativismo".

Esas formas colectivas descritas por Vargas se articulan con lo que, explica, es el "crecimiento de lo pequeño", como la agricultura familiar, el apoyo mutuo entre familias, el intercambio directo entre vecinos, por grupos de WhatsApp. Lo pequeño, multiplicado en la escala nacional, tiene impacto masivo.

Las estrategias para conseguir ingresos en dólares dependen de posibilidades, habilidades y reflejos históricos. Así, por ejemplo, para las clases medias, acostumbradas a oficios tradicionales, como por ejemplo los profesores, "se ven en la necesidad de irse, porque no saben hacer otra cosa distinta que trabajar a cambio de un salario por eso que sabe hacer".

Esa migración, que es transversal a la sociedad, genera remesas y reconfiguraciones de los espacios, donde en algunas zonas medias "ves cada vez más puros viejitos caminando por ahí viendo cómo resolver, viejitos que a veces se quedan con los más pequeños". Allí muchos de los jóvenes se fueron al extranjero a trabajar y enviar dinero a las familias.

Esa serie de dinámicas reconfiguran el mapa de la economía de cada día, de las calles y los comercios, creando divisiones entre acceso y cantidad de dólares. Se trata de una dinámica visible, que incrementa las desigualdades, generando una estabilidad para una franja pequeña de la sociedad, aquella que logró garantizar ingresos en dólares.

"Tienes sectores que de los mil dólares hacia arriba empiezan a operar de otra manera, empiezan a tener dinero para poder comprar cosas, otro carro, un negocio, importan y exportan porque van y vienen, viene aquí a hacerse la cirugía estética, el trabajo odontológico, cosas que en otro lado son más caras", explica Vargas.

La expansión desigual de los dólares en la economía crece mes tras mes. El gobierno de Nicolás Maduro afirma que se está ante una "autorregulación de una economía en resistencia", lo que parece significar que se trata una situación que se permitió e incentivó en un contexto de asedio por las sanciones económicas que Estados Unidos impuso a Venezuela.

Marco Teruggi / Sputnik

Publicado enEconomía
La izquierda latinoamericana frente a Venezuela

Venezuela acabó por ser un peso político para las izquierdas, cada vez más y mejor aprovechado por las derechas para construir fantasmas de «venezuelización». Frente a un escenario en el que el proceso venezolano resulta cada vez más alejado de visiones emancipatorias, gran parte de las izquierdas carecieron de herramientas teórico-políticas para dar cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El 30 de enero de 2005, en el estadio Gigantinho de Porto Alegre, el presidente Hugo Chávez declaraba la necesidad del socialismo. Con su característica camisa roja, el líder venezolano dijo:

«Negar los derechos a los pueblos es el camino al salvajismo, el capitalismo es salvajismo. Yo cada día me convenzo más, [entre] capitalismo y socialismo… no tengo la menor duda. Es necesario, decimos y dicen muchos intelectuales del mundo, trascender el capitalismo, pero agrego yo […] al capitalismo hay que transcenderlo por la vía del socialismo […].»

En estas declaraciones resonaba, lejanamente, aquella declaración del «carácter socialista» de la Revolución Cubana pronunciada por Fidel Castro en abril de 1961, en medio de fusiles y llamados a resistir la agresión imperialista. Venezuela no fue invadida, pero el chavismo extrajo una potente dosis de mística política de su victoria contra el golpe de Estado de 2002, apoyado por la oligarquía local y Estados Unidos, el paro patronal y la huelga en Petróleos de Venezuela (PDVSA) de 2002-2003, que provocó un fuerte golpe a la economía.

Frente a Chávez no había milicianos sino militantes sociales agrupados en el Foro Social Mundial, una articulación de partidos de izquierda y movimientos sociales movilizada contra la «mundialización del capital» y en favor de un cambio en las relaciones de fuerza a escala global. En este nuevo escenario post-socialismo real, el presidente bolivariano anunció, y enfatizó, que la nueva transición al socialismo debía ocurrir «¡En democracia!». Pero acto seguido aclaró: «Ojo pelao y oído al tambor: ¿en qué tipo de democracia? No es la democracia que míster Superman [por G. W. Bush] quiere imponernos desde Washington, no, esa no es la democracia». Y ahí subyace uno de los problemas neurálgicos del chavismo en sus dos décadas de hegemonía sobre la política venezolana. Si esa «no es» la democracia, ¿con qué tipo de democracia «superar» la democracia liberal? Y, en segundo lugar: además de la democracia, ¿qué diferenciaría a este «socialismo del siglo XXI» de las experiencias del socialismo real y las «democracias populares» del siglo XX en la Unión Soviética, el este de Europa, Asia y Cuba?

Se trataba entonces del momento épico de una «marea rosada» que se estaba completando. Ya estaban en el poder Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, y estaban por llegar Tabaré Vázquez, Evo Morales, Rafael Correa, Fernando Lugo, el enigmático Manuel Zelaya y, dos años más tarde, el más polémico Daniel Ortega. Venezuela parecía ocupar entonces el lugar de una suerte de «núcleo radical» alrededor del cual se iban ubicando regímenes nacional-populares o de izquierda democrática, más moderados y/o más novatos, que daban forma al inédito giro a la izquierda continental.

No obstante, el «socialismo del siglo XXI», que en sus comienzos contenía la promesa de una renovación de la izquierda que permitiera dejar atrás la historia del socialismo real, terminó por mostrar sus límites infranqueables. Lo que aparecía como una locomotora (la Revolución Bolivariana) para jalar a las fuerzas transformadoras latinoamericanas se fue transformando en un sistema crecientemente ineficiente y poco pluralista, y las semillas militaristas que contenía desde el comienzo terminaron por capturar el proceso político iniciado con el triunfo electoral de fines de 1998. En ese marco, Venezuela acabó por ser un peso político para las izquierdas continentales, cada vez más y mejor aprovechado por la derecha para construir fantasmas de «venezuelización» en cada país donde las fuerzas progresistas tienen posibilidades de triunfo. Como escribió el economista Manuel Sutherland: «En este infausto panorama, Venezuela constituye el mejor ‘argumento’ para las derechas más retrógradas. En cualquier ámbito mediático, aprovechan la situación para asustar a sus compatriotas con preguntas como: ‘¿Quieren socialismo? ¡Vayan a Venezuela y miren la miseria!’. ‘¿Anhelan un cambio? ¡Miren cómo otra revolución destruye un país próspero!’. Sesudos analistas aseveran que las políticas socialistas arruinaron el país y que la solución es una reversión ultraliberal de la revolución».

Frente a esta situación, las izquierdas carecieron de herramientas teórico-políticas para dar cuenta de lo que estaba ocurriendo, especialmente la izquierda congregada en el Foro de San Pablo. En el caso del Frente Amplio de Uruguay, existen visiones cada vez más críticas; en el Partido de los Trabajadores de Brasil, la detención de Lula da Silva y la llegada de la extrema derecha al poder parecen haber provocado un repliegue hacia posiciones más defensivas, lo que incluye la cuestión venezolana. En el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, el discurso es poco permeable a un balance crítico. Y aunque Bolivia estaba lejos de ser Venezuela, Evo Morales compartía algunas visiones no pluralistas del poder que lo llevaron a buscar la reelección una y otra vez, lo que a la postre desencadenó una crisis política y una ola de protestas que a su vez dieron lugar a un golpe de Estado policial-militar y a un giro conservador y un represivo gobierno dirigido por la senadora Jeanine Añez, quien entró en el Palacio con una enorme Biblia entre manos.

Mucho de lo que había hecho de Venezuela un modelo atractivo era profundamente contradictorio desde sus orígenes. El proceso venezolano combinó formas diversas de empoderamiento popular con el liderazgo ultracarismático de Chávez; redistribución de la renta petrolera con mecanismos de saqueo de los recursos estatales por parte de camarillas burocrático-militares que feudalizaron el Estado; democracia comunal «por abajo» con formas pretorianas y autoritarias «por arriba»; imaginación para impulsar proyectos posrentistas con absoluta incapacidad para llevarlos adelante; reforzamiento del rol del Estado con incapacidad de gestión pública. Y, desde la muerte de Chávez en 2013, un declive económico que condujo a una caída del PIB de más de 50% durante la gestión de Nicolás Maduro y una inflación de 130.000% en 2018 –según datos oficiales finalmente emitidos tras un largo silencio informativo oficial–.

Las izquierdas latinoamericanas leyeron –y aún leen– Venezuela a partir de los imaginarios del «cerco» construidos en relación con Cuba desde los años 60. De esta forma, el «socialismo petrolero» venezolano –tal como lo denominó el propio Chávez en 2007– es exculpado de manera regular por el retroceso al que está llevando a la sociedad venezolana. Predomina en estas visiones el antiliberalismo fuertemente afincado en las izquierdas regionales y que tiende a minimizar los problemas democráticos, en el marco de lo que en Francia denominan «campismo»: la sobredeterminación de las variables geopolíticas en el análisis de cualquier realidad nacional.

Así, el antiimperialismo se desacopla de su dimensión emancipatoria para asumir una dimensión justificatoria –e incluso celebratoria– de diversos regímenes supuestamente enemigos del Imperio (la popularidad de Muamar Kadafi en algunos sectores de las izquierdas continentales es un buen ejemplo de ello). La narrativa sobre el «poder popular» –a menudo abstracta– se vuelve una forma de encubrir los déficits democráticos y, más aún, las (abundantes) violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas represivas del Estado. De este modo, el «silencio Cuba», al decir de Claudia Hilb, de muchas izquierdas latinoamericanas –y de más allá también– devino en un «silencio Venezuela», que no significó, como tampoco ocurrió en el caso de la isla, no hablar de Venezuela, sino evitar enfrentar los problemas, desechando los datos empíricos y apelando de manera mecánica a las «agresiones imperiales» como única variable explicativa, tras años de hacerlo del mismo modo con la hoy pasada de moda «guerra económica».

Existen diversas correas de transmisión del discurso oficial venezolano hacia el resto de la región. Además de medios como Telesur, durante años la Revolución Bolivariana, al igual que en su momento la cubana, organiza diversos eventos de solidaridad, que sirvieron para organizar a una masa intelectual disponible para diversos tipos de pronunciamientos «solidarios», más o menos automáticos. Algunos han sido más organizados, e incluso apéndices de las embajadas, y otros menos, pero en general se fue construyendo un discurso sobre Venezuela que congeló la foto del golpe de 2002 y es incapaz de ver las aporías del bolivarianismo y los desplazamientos en la coyuntura política.

Hoy es imposible, por ejemplo, pensar el clivaje que atraviesa el país como un enfrentamiento «transparente» entre la izquierda y la derecha, o el pueblo y la oligarquía. En gran parte de las izquierdas regionales, se subestima la profundidad y la multidimensionalidad de la crisis, así como la degradación –política y moral– de la elite cívico-militar bolivariana. La «gente común» puede ser sacrificada sin problemas en el altar antiimperialista y funcionan eficazmente latiguillos como «la oposición es peor», «el problema son las sanciones estadounidenses», etc. Junto con ello, se minimizan los ataques al Estado de derecho y a la propia institucionalidad nacida de la Constitución bolivariana de 1999: la Asamblea Nacional Constituyente actúa como un poder supraconstitional y sin contrapesos, un poder de facto que no se concentró en redactar una Constitución sino en legitimar cualquier medida del gobierno sin necesidad de enmarcarse en una república constitucional.

Esto no significa, sin duda, que no existan agresiones e injerencias imperiales. Ni que los neocons que rodean a Donald Trump, como Elliot Abrams o John Bolton (quien finalmente terminó distanciado del presidente), no sean peligrosos. Pero precisamente esto ilumina otra cuestión: el discurso antiimperialista latinoamericano tiene como contrapartida un débil interés por estudiar el «Imperio» realmente existente, sus dinámicas políticas, sus (in)consistencias y sus intereses geoestratégicos concretos. Tampoco se trata de negar que en la oposición haya sectores financiados por Estados Unidos, halcones anticomunistas estilo Guerra Fría, antipopulistas racistas y elitistas retrógrados. Ni tampoco apelar al ni-nismo: «ni con Maduro ni con el Imperio». Sino, por el contrario, se trata de pensar la realidad venezolana en una doble clave: antiimperialista y democrática, sin sacrificar ninguno de los términos de la ecuación. La pregunta es sencilla: incluso si Maduro sale airoso de esta última batalla contra el «presidente encargado» Juan Guaidó, ¿qué tipo de futuro se puede esperar para Venezuela? ¿Qué energías vitales tiene la Revolución Bolivariana para encarnar los «nuevos comienzos» que Maduro promete una y otra vez para enfrentar la degradación societal que vive el país? El último nuevo comienzo es la dolarización informal de la economía.

Sin una izquierda más activa y creativa respecto de Venezuela, la iniciativa regional fue quedando, sin contrapesos, en manos de las derechas del continente. En la última reunión del Foro de San Pablo en La Habana, la secretaria ejecutiva, Mónica Valente, dijo que el vigésimocuarto encuentro de este espacio que reúne a gran parte de las izquierdas de la región «puede tener la misma importancia histórica de los años 90 cuando cayó el Muro de Berlín». No se refería específicamente a Venezuela, sino al «giro a la derecha» latinoamericano. Pero si se puede hablar de un Muro de Berlín regional, este se vincula de manera directa a la implosión de la Revolución Bolivariana –precisamente en el primer país que se declaró socialista después de 1989–. Por este solo hecho, el balance de esta experiencia es indispensable para cualquier renovación política y teórica de las izquierdas latinoamericanas.

Esta es una tarea importante, aunque las victorias de Andrés Manuel López Obrador en México y Alberto Fernández en Argentina hayan matizado la idea de un giro a la derecha tout court en la región.

Por Pablo Stefanoni | 22/02/2020 

Publicado enPolítica
La epidemia en el país asiático, que ha causado hasta ayer mil 868 muertos y 72 mil 436 contagios, obligó a autoridades de provincias y ciudades a imponer cuarentenas y limitaciones de viaje en distintos grados, reveló un estudio. En Hubei, donde surgió el coronavirus, se anunciaron ayer nuevas medidas, que incluyen la prohibición total de desplazamientos con vehículo y el cierre de negocios no esenciales. En la imagen, atención a un infectado en un hospital de Wuhan. Foto Ap. Agencias

Pekín. Casi la mitad de la población de China –más de 780 millones de personas– vive bajo diversas restricciones que van desde cuarentenas hasta límites sobre quién puede entrar y salir de los vecindarios, mientras las autoridades luchan por contener la propagación del Covid-19.

La epidemia del coronavirus, que ha provocado hasta este martes mil 868 muertos y 72 mil 436 contagiados, obligó a provincias y ciudades chinas a imponer cuarentenas y limitaciones de viajes de distintos grados, reveló un análisis de CNN. En la provincia de Hubei, donde surgió el virus, y las ciudades de Pekín, Shanghái y Lianoning, las restricciones van desde el encierro autoimpuesto hasta controles de ingreso en cada barrio.

Hubei, donde 56 millones de habitantes están aislados del mundo desde el 23 de enero, restringió la libertad de movimiento de sus ciudadanos más allá de la capital, Wuhan, donde surgió el primer caso.

Esta provincia anunció ayer nuevas medidas que incluyen la prohibición total de los desplazamientos con vehículo y el cierre de negocios no esenciales.

Las ciudades de Wuhan, Huanggang, Shiyan y Xiaogan, todas en Hubei, están sometidas a "una estricta gestión cerrada", las 24 horas del día, lo que significa que los habitantes no pueden salir de sus casas hasta nueva orden.

Las compras y la distribución de comida y de medicamentos se hará en puntos designados "sin contacto cara a cara", dieron a conocer ayer las autoridades de Wuhan.

Xiaogan, de 5 millones de habitantes y la segunda metrópolis con más contagios, ordenó a sus habitantes permanecer en sus hogares o podrían enfrentar hasta 10 días en detención, informó el diario inglés The Guardian.

El Parlamento chino y sus principales cuerpos consultivos consideran retrasar sus reuniones anuales previstas para marzo, informaron medios estatales.

China acusó a Estados Unidos de utilizar la crisis del coronavirus para "desprestigiar" al gigante asiático, actitud que Pekín consideró "temeraria", publicó el Diario del Pueblo.

Las fuerzas de seguridad de Hong Kong detuvieron a dos presuntos atracadores tras robar 600 rollos de papel higiénico con valor de mil 700 dólares hongkoneses (218 dólares) en un supermercado de la región administrativa especial china, donde se ha registrado escasez de productos provocada por el brote viral.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, informó que el virus es menos mortal que el síndrome de respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio de Medio Oriente, y destacó que cuatro de cada cinco de los afectados padecen la enfermedad de manera leve y se van a recuperar.

"De los pacientes con Covid-19 ligero, 80 por ciento se recuperarán; 14 por ciento de los casos el virus lleva al desarrollo de enfermedades serias incluidas la neumonía y la disnea; las formas críticas se registran en 5 por ciento de los enfermos, como el fallo de vías respiratorias, choque séptico y múltiple fallo de órganos", declaró Tedros, quien señaló que estas conclusiones se basan en los datos de 44 mil casos en Hubei.

En las últimas 24 horas se reportaron mil 886 nuevos casos, de los cuales 80 por ciento "son moderados", según autoridades chinas.

El número de contagiados por el coronavirus fuera de China alcanzó 694 personas, añadió el director de la agencia. Tailandia y Corea del Sur confirmaron nuevos casos.

Japón entró en una "nueva fase" de la infección viral, después de que el país constató cada día casos adicionales entre personas que no han viajado a China y que no han estado en contacto con visitantes provenientes de ese país, advirtió el ministro de Salud, Katrsunobu Kato, quien pidió evitar reuniones y lugares concurridos. Como consecuencia, fue cancelada la celebración pública por el cumpleaños del emperador Naruhito, el domingo.

Los casos del Covid-19 en Japón superaron medio millar este lunes, después de que se confirmaron 99 contagios más a bordo del crucero Diamond Princess, lo que eleva a 454 personas los contagios.

Catorce personas infectadas figuran entre los más de 300 estadunidenses desalojados del crucero. Los enfermos serán puestos en un "área especial de contención", señaló el Departamento de Estado.

Las autoridades sanitarias intentan contactar a cientos de viajeros del crucero Westerdam que desembarcaron en Camboya la semana pasada, después de que una pasajera estadunidense dio positivo al Covid-19.

La empresa naviera Holland America, propietaria del crucero, trabaja "en estrecha colaboración" con varios gobiernos, la OMS y centros de análisis de Estados Unidos "para investigar y detectar a las personas que pueden haber estado en contacto" con la turista infectada.

La OMS estimó que no era necesario suspender los cruceros y manifestó su oposición a cualquier "medida general" de este tipo para frenar la propagación de la epidemia.

Médicos en Shanghái están usando infusiones de plasma sanguíneo de personas que se han recuperado del virus para tratar a quienes aún luchan con la infección, lo que ha llevado a resultados preliminares alentadores, informó Lu Hongzhou, codirector del Centro Clínico de Salud Pública de la ciudad, sin dar más precisiones.

Publicado enInternacional
Los supermercados se abastecen de productos importados y cobran en dólares o su equivalente.

Dolarización informal para sectores altos y ayuda social para el resto de la población 

La transformación económica ha creado una estabilización de una franja social alta con viejos y nuevos integrantes, anaqueles llenos, y una desigualdad que la revolución había reducido.

El regreso de Juan Guaidó encendió titulares que pronto se apagaron. Su llegada no trajo anuncios sino promesas de próximas acciones sin fecha ni formato, las movilizaciones que debían darse no tuvieron lugar, y se regresó a un estado similar de cosas en la superficie del conflicto político.

La crisis de la oposición para movilizar a su base social tiene varios elementos, como la falta de credibilidad de los dirigentes, hojas de ruta casi idénticas sin resultados, y un hastío por las lógicas del conflicto. Ya no se cree, y se hace lo que les permite el nuevo escenario a los estratos acomodados: vivir las burbujas de vida y consumo en dólares que se han multiplicado en Caracas.

Se trata de una situación que se expandió y consolidó en el 2019 con un punto de quiebre en el apagón del mes de marzo, cuando emergieron los dólares ante la falta de medios de pago electrónicos y de bolívares en efectivo debido a la escasez de circulante. Los comerciantes comenzaron a cobrar y dar vuelto en dólares de forma abierta e informalmente autorizada.

El fenómeno se multiplicó desde una tienda de repuestos de motos en un barrio popular del oeste hasta en un centro comercial del este acomodado caraqueño. Precios marcados en dólares o al cambio en bolívares para ese día.

Las diferencias se edificaron alrededor de la tenencia de la moneda extranjera. La sociedad se compuso en tres sectores que, como tipos ideales, pueden sintetizarse en: quienes viven y piensan en dólares con cuentas generalmente en el extranjero, quienes trabajan para las franjas dolarizadas o reciben, por ejemplo, remesas, y quienes quedaron por fuera. Estos últimos son la mayoría.

Un sector de la base social opositora, históricamente de clases medias y altas, encontró su nuevo espacio de vida con nuevas comodidades: métodos de pago, como Zelle, entre cuentas en Estados Unidos para no tener que manejar efectivo en dólares, bodegones con productos importados como Nutella, Pringles y Kit Kat, nuevas tiendas de marcas de ropa extranjera.


Es la capital descrita por corresponsales extranjeros, el festejo del retorno al capitalismo promocionado por el portal Bloomberg o narrado con expectativa crítica -hablar de demasiada estabilidad sería darle crédito al gobierno- por el diario The New York Times.

Se trata del sector que protagonizó las convocatorias de la oposición en años anteriores. La combinación de burbujas dolarizadas junto con la crisis prolongada de resultados de la estrategia golpista generó una inmovilidad. Ni siquiera la fotografía con Donald Trump influyó una voluntad de protesta en quienes ven cómo, de a poco, regresa un antiguo orden de cosas donde tienen privilegios exclusivos sin sentirse amenazados.

Nicolás Maduro se refirió al fenómeno comúnmente llamado dolarización como una “autorregulación de una economía de resistencia” que, en los hechos, fue acompañada por medidas para favorecerla. ¿Por táctica? ¿Por estrategia? ¿Por necesidad? Existen diferentes valoraciones al respecto en el cuadro de un país sometido a un bloqueo económico y financiero.

La realidad es otra para la mayoría de la población que no se dolarizó o, en el caso de las zonas de frontera, no adoptó la moneda del país vecino. Es donde se encuentra el núcleo central del chavismo, estimado en alrededor de un 25 por cienbo, que se explica por factores como la identidad, la lealtad, la organización, el análisis, la no renuncia, y la naturaleza del antichavismo y su amenaza.

La cotidianeidad por esas calles es un enfrentarse a diario para conseguir transporte público, dinero en efectivo, los productos menos golpeados por la inflación. La política social del gobierno tiene su epicentro ahí, con alimentos subsidiados vía Comités Locales de Abastecimiento y Producción, bonos sectoriales, la política de viviendas o el beneficio general de la casi gratuidad de precios del agua, la luz, la electricidad y la gasolina.

Esa metamorfosis económica ha creado una estabilización de una franja social alta con viejos y nuevos integrantes, anaqueles llenos, una desigualdad que la revolución había reducido, en un país atravesado por desencantos políticos extendidos y trincheras de pasiones políticas.

La oposición, en ese contexto, atraviesa además una crisis de sus estructuras partidarias y una división entre dos bloques: aquel que se mantiene alineado a la estrategia norteamericana, con Guaidó como figura, y el que se alejó de esa apuesta.

Ese segundo sector ha crecido en volumen de actores políticos. Se opone al bloqueo económico y dialoga con el gobierno en el marco de las elecciones legislativas que tendrán lugar este año. De allí deberá nacer un nuevo Consejo Nacional Electoral y la convocatoria a la contienda.

Esa elección, aún sin fecha, será el nuevo parteaguas político. El chavismo apuesta a ampliar la cantidad de factores que participen y ganar la mayoría: es la única fuerza que cuenta con una organización partidaria nacional, con presencia en los sectores populares a través de diferentes formas de organización y cuenta con la posición de fuerza que le da ser gobierno.

Estados Unidos ya ha dicho que no reconocerá esas elecciones. Eso, en términos del conflicto venezolano, significará, seguramente, un intento de operación violenta encubierta para buscar el derrocamiento o cambiar el curso de las tendencias y la correlación. Ante eso el gobierno desplegó este sábado el ejercicio militar llamado Escudo Bolivariano 2020.

Mientras esas tramas subterráneas se mueven, el país se reordena entre burbujas blindadas en dólares y batallas de cada día en bolívares.  

Publicado enInternacional
Domingo, 16 Febrero 2020 06:10

Occidente en el diván

Policías alemanes vigilan las inmediaciones del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la Conferencia de Seguridad de Múnich. Jens Meyer AP

Líderes mundiales advierten en la Conferencia de Seguridad de Múnich de la erosión del orden occidental, amenazado desde dentro y desde fuera

Un mundo más peligroso, con un Occidente ensimismado en su propia crisis de identidad y desgarrado por las tensiones internas y las amenazas externas. “El mundo se ha vuelto menos occidental”. Las palabras elegidas por el embajador Wolfgang Ischinger para inaugurar la Conferencia de Seguridad de Múnich marcaron el tono de un ejercicio de introspección política colectiva poco esperanzador. Decenas de mandatarios de todo el mundo se dieron cita en la capital bávara en busca de respuestas al retraimiento occidental y a la cesión en el escenario global a otros actores. El tono de la conferencia ha sido este año irremediablemente sombrío.

“El futuro de Oriente Próximo ya no se decide en Ginebra o en Nueva York. Se decide en Sochi o en Astana”, constató el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas. Apenas un síntoma, un ejemplo de los males que se enumeraron una y otra vez el viernes en Múnich: el repliegue nacionalista, el unilateralismo, las libertades cercenadas y la democracia amenazada. Son procesos, dijeron los participantes, que avanzan fuera y dentro de una Europa crecientemente dividida.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, contribuyó al desaliento colectivo al considerar que “la gente está perdiendo la fe en sus mandatarios”, que “el proteccionismo crece y el comercio se ha convertido en un arma de guerra” y que “las ansiedades políticas se convierten en turbulencias”. Una comunidad internacional menos cohesionada debe hacer frente a la proliferación de amenazas globales, con la crisis climática y transfronteriza a la cabeza, en un contexto en el que gana terreno la idea fuerza de la Administración estadounidense del interés nacional en su acepción más raquítica como motor único.

La conferencia inaugural corrió a cargo del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien habló de la propagación del discurso del odio en Alemania, pero también en el resto del mundo, y de una erosión del orden internacional en los últimos dos años. “Tenemos que pelear por nuestras sociedades abiertas […] las grandes potencias ya no actúan como garantes de la ley y el orden”. Steinmeier advirtió de que “la comunidad internacional no se puede dar por sentada".

La debilidad de las relaciones trasatlánticas, con un aliado estadounidense que abdica de su rol tradicional, según los participantes en Múnich es la gran fractura que debilita a Occidente. “El cambio real no es el auge chino, sino que Estados Unidos ha dejado de ser el policía global”, interpretó Maas, quien puso de ejemplo los conflictos en Siria, Afganistán o África. Ese vacío, continuó, lo ocupan ahora “Rusia, Turquía e Irán con principios y valores diferentes”, añadió.

La presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, la demócrata Nancy Pelosi, pidió desde el escenario “ser beligerante con las fuerzas autocráticas”. Hizo causa común con el presidente Donald Trump, al acusar a China de “exportar su autocracia digital a través de Huawei”. “Tener un 5G dominado por una autocracia es la forma más insidiosa de agresión”, consideró Pelosi.

Dependencia tecnológica

El gigante tecnológico chino, al que EE UU acusa de robar secretos comerciales, y su participación en las redes de comunicación extranjeras fue uno de los protagonistas, cuando arrecia en las capitales europeas, y sobre todo en Alemania, el debate sobre cómo proteger las infraestructuras estratégicas. “¿Está la competencia ideológica siendo reemplazada por la competencia por la dependencia tecnológica?”, se preguntó Ivan Krastev, el brillante politólogo búlgaro, autor de La luz que se apaga.

“Hay una guerra fría entre China y Estados Unidos y los europeos tenemos que decidir dónde queremos estar”, sostuvo en el bar del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la conferencia, el historiador Timothy Garton Ash. “Es una cuestión de soberanía digital”, indicó a este diario Norbert Röttgen, presidente de la comisión de Exteriores del Bundestag. Röttgen cree que el desarrollo de infraestructuras digitales podría convertirse en una oportunidad para desarrollar proyectos transatlánticos conjuntos y demostrar que la cooperación es posible.

China fue el gran elefante en la habitación, pero a la vez, ejerció de constatación y ejemplo máximo del cambio de los tiempos y de que ahí fuera hay una modernidad alternativa. Lo dijo Sebastian Kurz, el canciller austriaco conservador. “Lo que ha cambiado es que vemos que hay otros sistemas que pueden ser exitosos económicamente. China ha construido un hospital en diez días”, recordó.

Por eso, Wolfgang Schäuble, el presidente del Bundestag alemán, advirtió de que la erosión de los valores occidentales es solo una de las caras de la moneda. La otra tiene que ver con “la competencia económica”. Las libertades, dijo, deben ir acompañadas de “mercados eficientes y con crecimiento”. La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, participó en un debate sobre el futuro del comercio internacional, donde defendió la cooperación para gestionar la interdependencia.

En Múnich hubo autocrítica, declaraciones de intenciones y promesas, pero por momentos la cita sonaba a una cámara de eco. Los participantes hablaban de tender puentes a los que piensan diferente, de un Occidente más diverso, de la necesidad de un diálogo profundo con los otros. El problema es que esas otras voces apenas se escucharon el viernes en Múnich, donde el mensaje monocorde corría el riesgo de ejercer de profecía autocumplida.

Ante tanto pesisismo, Krastev fue el encargado de arrojar algo de luz al final del túnel. Habló de la resiliencia de los sistemas democráticos, que se resisten a morir –“miren a Hong, Hong”, dijo–. Y habló también de cómo en el Este de Europa hay cada vez más líderes liberales, como reacción a las corrientes nacionalistas. “El nacionalismo es una vacuna”, se consoló. “Ahora hablamos y nos tomamos más en serio la democracia que hace cinco años”.

Por Ana Carbajosa

Múnich 14 FEB 2020 - 15:50 COT

Publicado enInternacional
EU inundado por sus deudas al consumo: deuda de los hogares rebasa los 14 millones de millones de dólares

Estados Unidos está inundado por sus estratosféricas "deudas al consumo": adeudos hipotecarios, deuda estudiantil (https://bit.ly/2wnyxSZ) y casi un millón de millones de dólares en tarjetas de crédito.

Las “deudas de los hogares (household debt)” representan mayormente "empréstitos para comprar casas o para refinanciar las hipotecas existentes", según el Banco de la Reserva Federal de Nueva York (https://nyfed.org/2St7BK2).

Mientras que la economía china se basa en el ahorro, la de EU exhibe una adicción al consumismo que representa alrededor de 80 por ciento de su PIB.

En forma ominosa, la "deuda de los hogares" alcanzó 14.15 millones de millones de dólares – ¡11.6 veces más que el PIB nominal de México!– al último trimestre de 2019 y es mucho mayor al anterior pico de 12.68 millones de millones de dólares del tercer trimestre del 2008: previo a la debacle financierista de Lehman Brothers.

¿Cuál será el límite de la deuda colosal de EU? El mayor componente de la "deuda del hogar" lo constituyen las hipotecas por 9.56 millones de millones de dólares (67.56 por ciento), y el restante está constituido por una variedad de adeudos: empréstitos de automóviles –que alcanzaron 1.33 millones de millones de dólares–, tarjetas de crédito y adeudos estudiantiles.

Wilbert Van Der Klaauw, vicepresidente de la Reserva Federal de Nueva York comentó que los "orígenes hipotecarios que incluyen los refinanciamientos se incrementaron en forma significativa", así como los empréstitos para adquirir automóviles. Agregó que "desde 2016, notablemente entre los prestatarios más jóvenes", existe un fuerte número de "transacciones morosas" de los tarjetahabientes.

La morosidad –atraso de 90 o más días– de los millennials es casi el doble (9.36 por ciento) que el restante de los prestatarios (5.32 por ciento), lo cual exhibe un problema del sector de las tarjetas de crédito.

Wilbert Van Der Klaauw comentó que "los incrementos en la tasa de morosidad de las tarjetas de crédito" exhibe una de dos cosas: "a algunas partes de la población no les está yendo tan bien o es sólo el resultado de parámetros más relajados de los empréstitos".

El adeudo en tarjetas de crédito alcanzó 930 mil millones de dólares (https://on.wsj.com/2SKJoO8), mientras la proporción de "morosidad grave" se incrementó entre los millennials.

Los economistas de la FED juzgan que la "reclasificación de adeudos de algunas tarjetas de consumo de los almacenes como deudas de tarjetas de crédito, en lugar de una deuda de consumo sin tarjetas de crédito, explica parcialmente el incremento".

Yuka Hayashi de The Wall Street Journal –gran aliado de Trump– considera que ello se debe a que "los estadunidenses gastaron en forma agresiva (sic) en el contexto de una economía vigorosa y un robusto mercado laboral" cuando "el mes de enero agregó 225 mil empleos y la tasa de desempleo fue de 3.6 por ciento", mientras que los salarios se incrementaron 3.1 por ciento.

Hayashi exulta y exculpa que "el incremento en los balances de las tarjetas de crédito forma parte de la expansión continua del crédito al consumo visto en años recientes, que inició con el crecimiento de la deuda estudiantil y de los automóviles y que luego se trasladó a la deuda de hipotecas y de las tarjetas de crédito" cuando "la economía se encuentra en su onceavo año de expansión y el desempleo se encuentra casi a sus niveles más bajos de hace 50 años".

Sin duda, todo ello abona para un escenario de relección de Trump, de 73 años, quien espera la nominación de su contrincante del Partido Demócrata cuando el establishment ha empezado a mover la carta del multimillonario israelí-estadunidense Mike Bloomberg, de 78 años y con una fortuna de casi 62 mil millones de dólares (https://bit.ly/2SufOgN) quien pudiera ser acompañado por Hillary Clinton como candidata a la vicepresidencia (https://bit.ly/3bHQLhW).

¿Comprará Bloomberg la nominación con el fin de impedir el ascenso irresistible de Bernie Sanders (https://bit.ly/2HshbGB), admirable judío progresista de 78 años al que veneran los millennials y cuyo "socialismo" perturba a la omnipotente triada de Wall Street/Silicon Valley/Pentágono?

http://alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: http://vk.com/id254048037

Publicado enEconomía
Página 1 de 172