Joseph Biden, Venezuela y América latina

La dimensión de la crisis que parece corroer a Estados Unidos quedó expuesta en tres miércoles consecutivos de enero. El día 6, una movilización convocada por el presidente Donald Trump tomó el Capitolio, el 13 fue aprobado el segundo impeachment contra Trump en la cámara de Representantes, y el 20 ocurrió la toma de posesión del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris con un despliegue de 25 mil efectivos en la ciudad de Washington.

El país atraviesa una superposición de crisis que no logra ocultar. En el tiempo de un año se vio la incapacidad de enfrentar la pandemia, la violencia sistémica de las fuerzas policiales sobre la población afroamericana, los levantamientos y movilizaciones contra esa violencia, las respuestas aún más represivas, la acción de milicias armadas en su mayoría de supremacistas blancos, la defensa de esas organizaciones por parte de Trump, el desconocimiento de los resultados electorales de Trump y una mayoría de sus votantes, las falencias estructurales del sistema electoral, hasta los hechos de un enero que quedará en la historia.

Biden asumió en ese marco con un discurso de apelación a la unidad, la necesidad del reencuentro nacional, con un gabinete que, en términos de imagen, busca proyectarse como progresista: una mujer vicepresidenta, un afroamericano, Lloyd Austin, al frente de la secretaría de Defensa, una mujer indígena, Deb Haaland en la secretaría de Interior, un cubano-americano, Alejandro Mayorkas, en la Seguridad Nacional, una mujer transgénero, Rachel Levine, como asistente de salud.

Pero la multiculturalidad, el primer plano de las denominadas minorías en el gobierno, no indica cuáles serán las políticas, algo que no augura cambios progresistas en vista de los recorridos de hombres y mujeres que están en puestos claves de la nueva administración. Un repaso por las trayectorias de Biden, el secretario de Estado, Antony Blinken, la subsecretaria de Asuntos Políticos, Victoria Nuland, la directora de la USAID, Samantha Power, el secretario de la CIA, William Burns, y el mismo Austin -que proviene además de la contratista militar Raytheon- muestran una historia de realización directa o apoyo de acciones armadas abiertas o encubiertas en Iraq, Siria, Libia, Yemen y Ucrania, para mencionar algunos casos.

Biden se encuentra ante dos objetivos centrales. Por un lado, recomponer las crisis internas, en el orden de lo económico, sanitario, y la fractura social que con Trump -emergente de esa misma crisis- adquirió nuevas formas y radicalidades que, todo indica, continuarán. Y si el nuevo presidente apeló a la unidad, también volvió a referirse al concepto de “terroristas internos”, en un posible punto de inflexión en una política interna de criminalización y vigilancia que podrá extenderse hasta donde lo permita el término “terrorista”, es decir, hasta donde lo necesite la administración y los poderes generalmente invisibles que, en los últimos meses, emergieron por momentos a la luz.

Por otro lado, el nuevo gobierno está ante la necesidad de recomponer el frente externo, tanto en el regreso a multilateralidades abandonadas por Trump, como el Acuerdo Climático de París -reingreso ya decretado por Biden-, y la Organización Mundial de la Salud, como en la reconstrucción de la imagen y mitología internacional estadounidense que se encuentra en decaída internacional, buscando encabezar un autoproclamado eje democrático, así como la recuperación de espacios perdidos ante el crecimiento de potencias, como China y Rusia, que continuaron su avance durante el 2020 en varias partes del mapa, como en nuestro continente.

América Latina

Blinken, interrogado por Marco Rubio en el Senado, sostuvo la necesidad de “aumentar la presión sobre el régimen del brutal dictador” Nicolás Maduro, en una audiencia en el Senado el día martes, en la cual expuso cuáles serán las líneas de política exterior. Las palabras de Blinken no fueron sorpresivas: se anticipa que la probabilidad más grande sea que la nueva administración no realice grandes cambios en su narrativa pública hacia Venezuela, y que el asunto no sea prioridad en medio del incendio estadounidense y asuntos exteriores prioritarios, como China, Rusia o Irán.

Sin embargo, tras el posible mantenimiento de un discurso similar ante el expediente Venezuela que ha sido bipartidista, también se anticipa que podrían ocurrir modificaciones en el abordaje, en el regreso de diálogos y, tal vez, de acuerdos. Uno de los hombres señalados como centrales esa nueva posibilidad es Gregory Meeks, nuevo presidente de Asuntos Exteriores de la cámara de Representantes, que fue parte de la fundación del Grupo de Boston, un grupo entre parlamentarios venezolanos y estadounidenses creado tras el golpe de Estado en abril del 2002. Meeks, quien estuvo en Caracas en el funeral de Hugo Chávez y luego dos veces más, aparece como un actor de la trama, casi siempre invisible, de acercamientos, intentos de diálogos y mediaciones, que suelen ocurrir entre ambos países.

Venezuela será uno de los temas centrales de América Latina, un continente bajo disputas e inestabilidades. La victoria de Biden representa una derrota de la apuesta política del presidente Jair Bolsonaro, quien manifestó una y otra vez su cercanía con Trump, así como del partido del gobierno de Colombia, el Centro Democrático, conducido por Álvaro Uribe, señalado de hacer campaña en el estado Florida a favor del ahora ex presidente. Este escenario, si bien anticipa posibles tensiones, las mismas, a menudo maximizadas mediática y políticamente, no deben hacer perder de vista que existen acuerdos políticos permanentes que no se modifican sustancialmente con cambios de administración en la Casa Blanca y la superficie del departamento de Estado.

El punto en el cual puede ocurrir un cambio significativo es en el caso Cuba, donde la diferencia entre la administración de Barack Obama, que abrió un acercamiento, y la de Trump, que redobló el bloqueo, fue significativa. El plan de Biden, según se anticipó, es el de regresar a las claves desarrolladas con la isla con el anterior gobierno demócrata, es decir cuando él era vicepresidente.

El nuevo gobierno estadounidense asume en medio de crisis extraordinaria y una geopolítica en reconfiguración y sin marcha atrás. La posibilidad de continuidades, de reproducción de mecanismos, como la infiltración en los poderes judiciales en América Latina para desarrollar el lawfare, con el objetivo de garantizar los intereses estadounidenses en nuestra región, parece más probable que un giro sorpresivo.


Cómo será, y cómo no será, la relación de Biden con América Latina

Alfredo Grieco y Bavio

21 de enero de 2021 14:21h

El único pasaje de sus memorias donde Barack Obama menciona a América Latina es una anécdota. Extenuado, en una cena siente que se va a caer dormido bajo el efecto narcótico de una repetitiva perorata de Sebastián Piñera. El presidente chileno, como un latino estereotipado, habla sin sentido de la proporción sobre una bebida estereotipadamente latina que también genera somnolencia: el vino. Había un tema, sin embargo, que lo mantuvo despierto al presidente demócrata de EEUU: Libia. Si generalizáramos a partir de este relato, para Obama, América Latina es un lugar donde él no quiere estar, ni siquiera en pensamiento, porque le roba lucidez y energía para ocuparse de las cuestiones verdaderamente importantes, que están en otro lado. A pesar de que fue su vicepresidente durante dos mandatos, y de que ha reinstalado en puestos claves del gobierno a tantos y tantos ex colaboradores de Obama, nadie cree que Joe Biden busque apartar de sus pensamientos a Latinoamérica, región a la que viajó 16 veces, más que cualquier otro funcionario de su rango. La pregunta es si en los cuatro años que empiezan podrá hacer mucho más que pensar.

Joe Biden es un presidente que llega al poder sin un slogan. Sin una consigna que lo identifique y que señale la dirección y el sentido que buscar darle a su gobierno. O peor: sí tiene un slogan: el de Donald Trump, America First! Si eligiera uno propio, mentiría. Toda la política exterior de su mandato se verá absorbida, sin permitirse digresión ni desvío, por EEUU. Por el COVID-19 en EEUU y por la recesión económica en EEUU. Todos los días y noches será America First! Es cruel: el slogan más falso e inutilizable para Biden es el que cantaba Obama: Yes, We Can. La política internacional deberá hacer frente a los males que trajo el America First!, sin jamás eludir las desgracias, más persistentes por más antiguas, que dejó el Yes, We Can. No podrá deshacerse del America First!, mientras que el Yes, We Can seguirá en el tacho de basura de la Historia. Si en 2011 a Obama lo adormecía Chile, y no lo dejaba dormir Libia, no se podía considerar extraño a la guerra en el norte de África. Era una consecuencia de su política personal de exportación de una democracia que a sus ojos exhibía como primer mérito y último progreso el haberlo elegido a él, un afrodescendiente, como presidente. El aliento a las primaveras árabes había prendido fuegos que ni anticipó ni extinguió, porque siguen encendidos. El septuagenario Biden podría indicar que es muy democrático que EEUU, votándolo a él, le rehusara un segundo período presidencial a Trump, su más joven rival, que lo dejó solo el día de la transmisión de mando. Es difícil representarse a Piñera, en su nuevo mandato, discurseando sobre exportaciones vinícolas con Biden –el empresario chileno sabe qué ilusiones perder.  

Las únicas acciones que se pueden dar por descontadas de la presidencia Biden con respecto a América Latina son aquellas que la nueva administración demócrata considera que serán redituables porque le aliviarán problemas aun al costo de que les creen más y mayores problemas a los países latinoamericanos concernidos.

A la construcción del costoso muro en la frontera con México le llega su fin el primer día de gobierno. También son suprimidas o sustituidas desde el minuto uno todas las normativas trumpistas sobre la situación de los migrantes sin papeles en el interior del país, la de quienes solicitan asilo del otro lado del muro en suelo mexicano así como las regla del juego para quienes aleguen derecho de asilo y para las familias separadas a un y otro lado del muro. Todo será más humano, prometen, y todo invita a creer que será así.

Caravanas y guerras

La migración hacia el sur de la frontera, desde México y sobre todo desde Centroamérica y el Caribe, es una situación para la cual las soluciones que Trump puso en vigor resultaron onerosas para el fisco, lesivas para los derechos y la dignidad humanos, y dañinas para la imagen de EEUU en el mundo. También fueron onerosas las consecuencias no deseadas de esas medidas, la judicialización de los reclamos, las indemnizaciones, el derroche de recursos humanos administrativos, militares, de fuerzas de seguridad. Sin embargo, la cuestión del flujo de migrantes latinoamericanos no se resuelve de por sí con el enervar de una vez, el primer día, y al mismo tiempo, todas juntas, las soluciones brutales, pero ineficaces, puestas en vigor por la administración anterior.

Objetivo proclamado de la administración Biden es dar fin a las caravanas de migrantes económicos que huyen de las violencias políticas de sus países de origen. Los métodos elegidos por Trump fueron recusados con horror, y son abandonados con orgullo. Pero el equipo de transición de la nueva administración detectó una dificultad estructural en las políticas de fronteras, insalvable por el remplazo de viejos métodos por otros nuevos. La cuestión migratoria no se puede resolver en el límite internacional, porque ahí la espiral de la represión genera, demasiado cerca de EEUU, cuando no ya dentro de EEEU, renovadas violencias y violaciones de derechos humanos. El problema, decidieron, ir a resolverlo cuando y donde la caravana arranca su marcha, porque si empieza a marchar, cada día que pasa es política y económicamente más costoso. El equipo de Biden diseñó un plan de ejecución inmediata para dotar de fondos y asegurar créditos en entidades multinacionales para Guatemala, Honduras y El Salvador. 

Básicamente, en su estructura, Biden enfrenta la migración orientado por el mismo principio que guió la guerra contra las drogas de EEUU en América Latina. Como no se podía derrotar el tráfico ni frenar el consumo en suelo de EEUU –demasiada sangre norteamericana era derramada, la corrupción ensuciaba a las autoridades locales, la imagen nacional se deterioraba-, tropas y agencias federales se encaminaron a destruir cultivos de coca en Colombia o Bolivia, donde presionaron para que los campesinos se las arreglaran con cultivos y actividades económicas compensatorias, a la vez que financiaban programas de gobernabilidad para las autoridades que dejaran libertad de acción a la DEA. Con pareja diplomacia del dólar, la administración Biden buscará fortalecer el arraigo de potenciales migrantes en sus comunidades, que hoy por hoy son muy expulsivas. Por vías políticas se procurará un saneamiento de las instituciones en esos países centroamericanos, el financiamiento de comisiones locales independientes de verdad y justicia que investiguen la corrupción, el asesoramiento de las fuerzas armadas y de seguridad el combate contra la delincuencia, el crimen organizado, sin olvidar el narcotráfico. La administración trazó planes detallados para la creación de una entidad anticorrupción multilateral centroamericana, que sirva de sostén y referencia para las fiscalías de todos los Estados nacionales desde Panamá hasta Guatemala.

En esta iniciativa coordinada para Centroamérica no es imposible reconocer resonancias de la doctrina de la exportación de la democracia de tiempos de Obama. Aunque ahora la democracia no sea el fin –ni siquiera de palabra-, sino un medio al que se le pronostica un buen rendimiento en su tarea de reforzar la soberanía y seguridad nacionales de EEUU. El buen éxito en Centroamérica no luce asegurado de antemano -ni el de la vía económica ni el de la vía política. Pero por ahora es el proyecto cardinal de la administración Biden con respecto a América Latina.

Coexistencia ¿pacífica?

Para Trump, en Latinoamérica ‘democracia’ era un arma de fuego que se usaba para disparar contra Venezuela, Cuba y Nicaragua. Tres países con los cuales Biden buscará la coexistencia más pacífica posible, si esto fuera posible. Cuba será retirada, también de inmediato, de la lista de naciones que patrocinan el terrorismo, donde la había reubicado la Secretaría de Estado de Trump pocas semanas atrás.

En América Latina murieron más de medio millón de personas por COVID-19: sólo Europa tiene más muertes. Pero el país americano con más decesos, 400 mil, es EEUU. Biden hizo de la ofensiva contra la pandemia una prioridad absoluta y había sido su cliché de campaña electoral. Se ofrece ahora como unzona de forzada colaboración internacional con sus vecinos para la administración que se instala en Washington.

El de la salud es un área mayor de competencia estratégica en la rivalidad global de EEUU con China que Biden mantendrá en su propia administración America First! Pero como Biden está urgido por proveerse de un número de dosis suficientes para una campaña de inmunización masiva en EEUU, 100 millones de dosis aplicadas en los primeros 100 días, no tendrá nada que decir de la compra de vacunas a China por Latinoamérica: lo que no quiere el primer presidente católico de EEUU desde J.F. Kennedy es que se las pidan a él.

Otro capítulo clave de la plataforma electoral de Biden que lo obligará a relacionarse con la región es su agenda verde frente al cambio climático. La reincorporación de EEUU al acuerdo de París es otra de las medidas cancelatorias del primer día de gobierno. Ni hallará ni espera felicitaciones o sostén de dos presidentes que llegaron a ser, por caminos inconexos, aliados de Trump, el brasileño y el mexicano.

Biden ha declarado que conformará un fondo de 20 mil millones de dólares para la protección ecológica de la cuenca del Amazonas. Tal programa no es bienvenido por Jair Bolsonaro, pero tampoco por la mayoría de los brasileños, que miran con alarmada sospecha toda beneficencia exterior focalizada en la selva y la cuenca amazónicas como un ataque camuflado contra la soberanía nacional secundado por una subrepticia pero inocultable codicia de rapiñas y despojos.

Los entusiasmos de EEUU en pro de formas limpias de energía reciben habitualmente desprecio o sorna de Andrés Manuel López Obrador. El político que evoca al nacionalista Lázaro Cárdenas hace del monopolio estatal mexicano de la explotación de hidrocarburos una de las bases más inconmovibles de su gobierno y de su credo.

Es dudoso que Biden dedique tiempo o esfuerzo a vencer esas desconfianzas brasileñas o mexicanas. Cuando Trump asumió, varios países latinoamericanos, especialmente Brasil y México, temieron que el nuevo presidente se metiera con ellos. Ahora, es al revés: si algo parece temer el nuevo presidente norteamericano es que se metan con él. 

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Fuentes: Counterpunch [Foto: Marcha de la Alternativa Popular Revolucionaria en Caracas, diciembre de 2020]

El final de la presidencia de Hugo Chávez coincidió en Venezuela con la creación de un contrato social un tanto difuso. No era muy distinto del contrato social que sustentó al socialismo real durante décadas, tal como cuenta Michael Lebowitz en su libro Contradictions of Real Socialism.

En ambos casos una vanguardia garantizaba cierto nivel de bienestar a las masas a cambio de su apoyo pasivo. Es importante señalar que lo que las masas ofrecían a cambio de bienestar material y dignidad era su apoyo al gobierno, pero no su participación. Aunque la participación había sido un principio fundamental del Proceso Bolivariano encarnado en la constitución venezolana de 1999, fue gradualmente marginada al final de la primera década del siglo XXI.

El proceso por el que se abandonó la participación ciudadana en el proceso revolucionario venezolano ha sido poco estudiado y poco comprendido. Sin embargo reviste una crucial importancia. En su mayor parte, fue liderado por los cuadros medios, que sistemáticamente, de forma gradual y reiterativa, desbarataron las estructuras orgánicas de base del movimiento bolivariano y del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) con el fin de proteger su propio poder. Las estructuras orgánicas del poder popular –incluyendo los círculos bolivarianos creados antes de la elección de Chávez, los grupos de diez miembros que actuaron para dar forma al referéndum de 2004, y los “batallones” del partido creados en 2007– fueron tomando forma durante las diversas campañas electorales. Desafortunadamente, después de que cada una de estas estructuras organizativas alcanzara sus metas a corto plazo, los cuadros del partido las disolvieron, bloqueando así la formación de expresiones de base del poder popular, para inventar posteriormente otras nuevas cuando surgían nuevas tareas.

El efecto general de este proceso reiterativo fue el de erosionar y, en último término, derrotar al poder popular, que regresaba cada vez más debilitado tras cada nueva oleada de desmovilización. El resultado fue la consolidación del arriba mencionado contrato social, que implicaba el apoyo pasivo al gobierno en tiempo de elecciones a cambio de bienestar material. El proyecto respaldado por este acuerdo fue llamado “socialista”, aunque en realidad poco tenía que ver con los verdaderos objetivos socialistas. Esto se debe a que un proceso socialista, si pretende ser significativo y duradero, debe activar el protagonismo popular y la promoción del desarrollo humano integral.

 Un ejemplo claro del carácter de este falso quid pro quo “socialista” consolidado al final de la primera década del proceso bolivariano fue la muy aclamada Gran Misión Vivienda Venezuela. Se trató del último gran proyecto de Chávez que alcanzó resultados concretos. Era un gigantesco plan de construcción de viviendas que proporcionó más de 2,5 millones de hogares a venezolanos necesitados. Sin embargo, lo hizo sin la participación ni el empoderamiento de las masas. Los beneficiarios recibían las llaves en actos públicos, pero no participaban en la conceptualización ni en la planificación, y tampoco en la realización del proyecto.

Esta era la situación y la base del poder que Maduro heredó cuando fue elegido presidente en 2013. Sin embargo, enseguida se vio que era imposible de mantener. La caída de los precios del petróleo en 2014, el aumento de los ataques financieros al país y las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea iniciadas en 2015 impidieron al gobierno mantener la provisión de bienestar al pueblo, su parte del contrato. Paradójicamente, sin embargo, los ataques de EE.UU. al país, y en concreto las crueles sanciones petroleras, ofrecieron a Maduro y a su gobierno una salida. Puede que el tren del bienestar “socialista” estuviera avanzando sin combustible y que la gente se sintiera cada vez más insatisfecha, pero la cobertura que proporcionaron los ataques desde el exterior permitió a Maduro y a su equipo buscar ayuda en otro sector. En concreto en el sector compuesto por aquellos miembros del movimiento, del partido y  de sus aliados que querían establecer negocios para iniciar y expandir el desarrollo capitalista.

 Y esa es exactamente la dirección que tomaron Maduro y su gobierno. Incapaces de satisfacer el contrato social existente y a riesgo de perder apoyo popular, ahora podían culpabilizar de la situación económica a las fuerzas externas y neutralizar así la mayor parte de la disidencia popular, al tiempo que buscaban nuevos apoyos en una emergente clase capitalista.

¿Existía alguna otra alternativa? La otra opción habría sido recurrir a las masas, reinstaurar la participación popular para forjar de ese modo un nuevo contrato con las masas auténticamente socialista que no estuviera basado en un aumento del bienestar material sino en la participación y el protagonismo revolucionario. Pero el gobierno y el partido percibían el riesgo de esta opción, que habría amenazado el poder consolidado de los cuadros medios y superiores, pero que también chocaba contra el sentido común que tiende a impregnar la burocracia venezolana, un sentido común que proviene del pasado y que se infiltra a partir del contexto capitalista global, haciendo que los funcionarios gubernamentales desconfíen de las capacidades y la racionalidad de las masas.

En realidad, el mismo Chávez llegó a tener en el último periodo de su presidencia la misma aversión a los riesgos que Maduro muestra actualmente. En ningún lugar fue más evidente este rasgo que en sus políticas hacia la vecina Colombia. A partir de 2007-2008, Chávez decidió promover un proceso de paz que conduciría a la desaparición de la guerrilla de las FARC, que llevaba 50 años combatiendo. En lugar de pensar en una radicalización de la guerrilla, que podría haberse efectuado trasladando los principios fundamentales del proceso bolivariano de participación y protagonismo popular a un contexto diferente al que Chávez estaba acostumbrado –un contexto definido por la lucha armada–, el presidente venezolano deseaba que la guerrilla hiciese un aterrizaje suave en la política legal. La lucha armada contra el imperialismo estadounidense es obviamente una empresa arriesgada, pero en su deseo por eliminarla parece que Chávez pensaba que estampar un sello de Marea Rosa (un giro a la izquierda) a la política legal podría funcionar en el país vecino. Pero era descabellado. Dicho modelo, que ya estaba en peligro en Venezuela por aquel entonces, nunca podría haber despegado del terreno en medio de la polarización existente en Colombia.

Practicar una política libre de riesgos es virtualmente una contradicción desde el punto de vista de la izquierda y, en el mejor de los casos, tiene una corta vida. Esto es así porque la seguridad que se adquiere siempre implica una mayor dependencia de la dinámica y las fuerzas del capitalismo. En la crisis que atravesó poco después de su llegada a la presidencia, Maduro tomó el camino de menor resistencia y pretendió eliminar los riesgos inclinándose hacia un desarrollo capitalista. La decisión del gobierno de reemplazar el contrato social existente para acoger a sectores capitalistas emergentes –un giro que se tomó con la excusa del brutal ataque imperialista– resulta evidente en la irónicamente denominada “ley antibloqueo”, aprobada en octubre de 2020. Se podría pensar que una ley antibloqueo intentaría cerrar filas con el pueblo venezolano para enfrentar al enemigo externo. Pero la ley aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente no tiene nada que ver con eso, sino que traiciona su verdadero propósito al incluir cláusulas que permiten la privatización de empresas públicas sin tener que rendir cuentas a la ciudadanía.

Es importante resaltar que, en los primeros cinco años de su presidencia, Chávez ni siquiera tuvo la opción de seguir una política libre de riesgos –aunque fuera una quimera– pues el contexto geopolítico global de la época y la falta de aliados poderosos no se lo permitía. Cuando Chávez echó a andar la revolución bolivariana en 1999 se encontraba casi en solitario en el contexto mundial. Por esa razón, el único apoyo que podía tener el movimiento fue el de las propias masas venezolanas. Fue este bloque popular, movilizado gracias al liderato carismático de Chávez, el que se enfrentó a un mundo dominado por Estados Unidos. Tuvo su momento de gloria cuando consiguió derrotar el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 2002 y el sabotaje petrolero que le sucedió. Sin embargo, con el ascenso de China y Rusia como potencias rivales del poder estadounidense, surgió otra opción sobre la mesa: la posibilidad de confiar en el apoyo de una emergente clase capitalista local y buscar el apoyo internacional de estas potencias rivales al tiempo que apartaba de la ecuación a las masas venezolanas.

Carece de sentido analizar una evolución histórica si no se examinan las opciones disponibles que se dejaron atrás en el camino. En Venezuela, el contrato social que definió los últimos años de Chávez –el apoyo pasivo de las masas a un gobierno que garantizaba su bienestar material– ya no es posible. Pero el giro que ha dado el gobierno actual para buscar apoyo en una emergente clase capitalista no es la única opción potencial. Las masas venezolanas todavía están vivas y efervescentes. Las prácticas de solidaridad social, los ideales igualitarios y el cuestionamiento de las actitudes hacia el liderazgo forman parte de la cultura popular venezolana desde antiguo. Estos rasgos fueron fomentados, aunque de formas contradictorias, durante la primera década de chavismo. Es posible incluso encontrar prácticas de solidaridad –junto con el individualismo que el comercio privado necesariamente implica– en el pequeño comercio y el trueque que permiten sobrevivir a los venezolanos de las ciudades. Las estrategias de supervivencia de las masas relacionadas con la salud, la alimentación y la vivienda todavía evidencian más las actitudes solidarias.

Otro importante centro de solidaridad social en Venezuela es el subconjunto de las comunas en funcionamiento, que continúan intentando producir nuevas relaciones sociales. Aunque el número de comunas activas sea relativamente pequeño, estas forman parte de un amplio movimiento de base campesina que engloba muchos de los mismos valores. Lo suyo sería hallar la manera de aumentar todas estas prácticas de solidaridad social, que representan la verdadera lógica del socialismo, y desarrollar al mismo tiempo los medios para traducir la solidaridad popular y la cooperación en participación política activa. Si se recuperara la participación –el camino que abandonó el proceso bolivariano en la última década– se produciría un importante e innovador giro hacia el socialismo genuino, más relacionado con la libertad y el desarrollo humanos y menos con el mero bienestar material distribuido a las masas pasivas. Esto último ni siquiera es ya una posibilidad en un futuro próximo, bajo cualquier régimen imaginable en Venezuela.

Conclusión: Si aumentara el peso en la sociedad de estas prácticas solidarias y estas formas organizativas, y pudieran convertirse en expresión política, el liderazgo se vería forzado a rectificar y a abandonar su giro hacia los sectores capitalistas emergentes. Todo ello implicaría graves riesgos. En cualquier caso, el camino hacia el socialismo y la liberación humana es inconcebible sin iniciativas arriesgadas, como la lucha armada que tuvo lugar en la Sierra Maestra de Cuba y el alzamiento venezolano del 4 de febrero [de 1992, encabezado por Hugo Chávez, y germen de la revolución bolivariana], ninguno de los cuales tenía muchas probabilidades de triunfar.

Chris Gilbert es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Es coautor del libro Venezuela: The Present as Struggle, donde da voz a las bases de la revolución bolivariana, reseñado en Rebelión: https://rebelion.org/venezuela-la-lucha-del-presente-voces-de-la-revolucion-bolivariana/

Por Chris Gilbert | 21/01/2021 | Venezuela


Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/01/17/how-the-left-got-where-it-is-in-venezuela-and-what-to-do-about-it/

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Biden y Trump: una película con final abierto

Singular y anómalo, el país que nunca tuvo nombre, y que desde su nacimiento excluyó el vocablo democracia en las poco más de 9 mil palabras que suman su Declaración de Independencia (1776) y Constitución (1787), junto con las 10 enmiendas (o Bill of Rights de 1791), y las 27 que añadió hasta 1992.

La primera de ellas: El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado. Un contrasentido, pues todos sus presidentes juraron frente a una Biblia. Y la segunda sostiene que no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas. Con lo cual, en aparadores, paredes y garajes de todo el país, las armas de fuego superan el total de su población.

Un país concebido para justificar el odio y el amor incondicional, y frente al que nadie ha permanecido indiferente. Recuerdo a mi viejo, por ejemplo, cuando comentó que había enviado 20 dólares a National Geographic, y la revista le devolvió un cheque por 20 centavos porque la suscripción costaba 19.80 dólares… ¡Sólo la estampilla costó 35 centavos!, narraba papá con admiración. Un país serio, añadió.

Sin embargo, aquel país seriohabía erigido su grandeza exterminando a los indios malos primero, siguiendo con la sangre de millones de esclavos e inmigrantes, por no hablar de la explotación y destrucción de pueblos enteros en los cuatro puntos del globo. Y que a finales del siglo XIX, añadió a Estados Unidos la expresión de América para fijar, de polo a polo, su área de seguridad nacional.

Una hermosa frase (¿populista?) de Abraham Lincoln: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo(Oración de Gettysburg, 1863). Pero la entidad llamada Estados Unidos de América, siempre fue gobernada por sus enemigos. Y Francia, igualmente proclive a universalizar ideales políticos, la incluyó en la Constitución de la Quinta República francesa (art. 2, 1958).

Como fuere, parece poco atinado (y cómodo) el recurso de sumar peras y manzanas para desenredar la crisis estadunidense. Así, asociar la derrota electoral del trumpismo (o la victoria de Biden) con la caída de la república alemana de Weimar (1918-33), puede desconcertar al lector urgido de explicaciones simples, que no simplistas.

En ese sentido, las películas Pandillas de Nueva York (Martin Scorcese, 2002) y Lincoln (Steven Spielberg, 2012) permiten una aproximación veraz al fenómeno Trump, y la esencia del capitalismo que los estadunidenses y el mundo llaman democracia, su antónimo.

La primera transcurre en 1862, cuando los problemas de la época giraban en torno a la inmigración irlandesa y la Guerra de Secesión en curso, y narra la historia del enfrentamiento entre dos pandillas rivales: los Nativos liderados por Bill Cutter, El Carnicero, y los Conejos muertos, un grupo de inmigrantes recién llegados. Mientras la segunda gira en torno a las intrigas y entresijos de Lincoln, para la aprobación de la enmienda que abolió la esclavitud.

Ambos filmes dejan claro que la noción de fraternidad, como bien apuntó Antoni Domenech (1952-2017), fue “un valor central en la ilustración europea […], pero nunca cuajó en Estados Unidos. Y es que los revolucionarios estadunidenses (como los europeos y los sudamericanos) hiperbolizaron la libertad republicana del mundo antiguo, reservando la democracia ateniense para la izquierda y la república romana para la derecha”.

Domenech sostiene que la democracia no es connatural al liberalismo. Agrega: “No ha habido ninguna idea en el mundo contemporáneo más revolucionaria que la de democracia, porque democracia quiere decir gobierno de los pobres […]. Ningún Padre Fundador, en Estados Unidos se llamó a sí mismo demócrata, y han dicho cosas terribles contra la democracia”.

Las grandes crisis políticas (individuales o sociales, tanto da) obedecen a procesos intransferibles y únicos. Y se entiende, en principio, la tentación de recurrir al ejemplo de Weimar. Pero en la analogía subyace el equívoco, quedando la duda de si, hasta la llegada de Trump, las pandillas de Washington debatían sus cuitas en una suerte de socialdemocracia made in USA.

En el contexto referido, Donald Trump fue, en efecto, la quintaesencia de la democracia más pervertida de la política contemporánea. No obstante, dialécticamente, hemos de agradecerle que haya desenmascarado el sistema que desde 1776 se ofrece como paradigma de libertad. A no ser (nunca faltan), los que por izquierda imaginan que partir de hoy, Joe Biden retomará sus ideales.

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Biodesarrollo: una propuesta alternativa emergente

Nuestro objetivo como forestales es trabajar para el bienestar de los habitantes que viven en y son dependientes de los bosques, así como dejar fluir la felicidad de los bosques. No un objetivo subordinado al otro sino ambos objetivos simultáneamente como afectivo encuentro.

La biodiversidad forestal no es solo cuestión de taxonomía o de formas, también es cuestión de historias y de relaciones intersubjetivas. Es cuando la ontología relacional me dice aun cuando alguna vez bajamos de los árboles, los árboles nunca nos han abandonado y hacen posible la vida más allá del espacio y el tiempo.

Partiríamos por reconocer que el concepto de desarrollo sostenible está institucionalizado y está legitimado por la sociedad de tal manera que aparece como la gran brújula de orientación para encaminar todos los esfuerzos de bienestar que integre el individuo, la sociedad y el planeta. No obstante, las buenas intenciones, y los avances alcanzados, el concepto ha demostrado sus límites porque no ha servido para evitar la crisis planetaria en la que nos encontramos cuyas manifestaciones tienen que ver con la amplia superación de varios umbrales ecológicos y cada vez afectamos más la biocapacidad de la tierra.

El problema central del concepto de desarrollo sostenible es que, aunque ha incorporado una diversidad temática amplia, superando la esquemática e insuficiente visión de dimensiones sociales, ambientales y económicas, y tiene una concepción más compleja el tema de fondo es que no cambia el modo de producción y de consumo, un estilo de vida que es precisamente la fuente de la crisis global en la que nos encontramos.

Es por ello que sectores del pensamiento sociocrítico, tanto de la academia como de los movimientos sociales, están generando propuestas alternativas al desarrollo. Una de esas propuestas precisamente se refiere al biodesarrollo. Otra propuesta alternativa refiere al bien vivir (o vida plena) ampliamente discutido y que cada vez ha ido ganando más adeptos.

Según Niño (2017: 32) el biodesarrollo es una:

“Propuesta teórica que busca la transformación del modelo de desarrollo, la apertura de escenarios en los que haya un uso más amable de lo que le brinda el entorno al ser humano, lo que incluye una transformación política y económica en la que las relaciones sociales y de poder estén encaminadas a la protección de la vida”. En tal sentido el biodesarrollo tiene una correspondencia con las perspectivas biocéntricas pues “Se trata de encontrar un desarrollo para y en función de la vida, de los sistemas vivos, y no únicamente de los seres humanos” (Gómez et al. 2016: 83).

Como señala Maldonado (2012: 33)

“El biodesarrollo es un modelo alternativo al desarrollo económico y con él, entonces, a la idea de crecimiento económico. Es un modelo alternativo a la economía de mercado como un modelo de vida (antes que, simplemente, un modelo económico).”

En nuestro proceso histórico ya hemos probado la organización de la vida en torno a diferentes centros articuladores: El Estado, la economía, el mercado, el sector privado y aunque se puede poner de relieve logros, periodos de expansión y apogeo, el tema concreto es que finalmente la primacía de las consideraciones económicas al final siempre ha pesado más y se ha sacrificado cuestiones sociales y ambientales.

No se niega que ha habido un proceso de “enverdecimiento” y de mayor empatía social pero que no logra ser genuino y profundo por cuanto siempre se subordinan las consideraciones sociales y ambientales. Es entonces cómo hemos llegado a aceptar que “primero la economía, luego las consideraciones sociales y ambientales.”

El mensaje ha sido repetido tantas veces y de diferentes maneras que gruesos sectores de la sociedad, incluyendo las instituciones y las disciplinas, que en verdad consideran que no existen otras maneras de hacer las cosas. Aunque se hable en términos de desarrollo sostenible muchas veces se refiere a desarrollos insostenibles, o maldesarrollo o la propia sostenibilidad del concepto de desarrollo sostenible esgrimido por los grupos hegemónicos.

El biodesarrollo lo que propone es que hagamos un giro ontológico, pasar de una visión centrada en la monetarización de todos los planes de la realidad o una visión enfocada en la vida en todas sus manifestaciones. Implica entonces hacer de la vida (humana y no humana) el eje fundamental de la civilización humana.

Hasta ahora nos hemos construido una civilización antropocéntrica en la que el ser humano es considerado como la cumbre de la creación, evolución (según sus particulares creencias o conocimientos) y de esta manera reducimos a la naturaleza al papel de canasta de recursos, o capitales que pueden ser sustituidos, a insumos de producción. Para ello hemos apelado a diferentes atributos que se consideraban propios del ser humano como la inteligencia, la conciencia, la cultura, el simbolismo, el lenguaje, la intencionalidad, la capacidad de fabricar herramientas, entre otros.

nuestra arrogancia antropocéntrica está en serio cuestionamiento. 

No obstante, ahora sabemos qué atributos considerados como exclusivamente humanos no lo son tanto, pues es posible encontrarlos en una diversidad de animales, aunque en diferente grado. Es más, ni siquiera se tendría que hablar de una inteligencia humana superior pues existe una pluralidad de manifestaciones de lo que constituye la inteligencia (Pouydebat, 2018). De ello, da cuenta el hecho que existen animales con atributos muchísimas veces magnificado en relación a las capacidades humanas. Así es que nuestra arrogancia antropocéntrica está en serio cuestionamiento. Otro mundo aparte es el tema de las manifestaciones de comportamientos de las plantas que es motivo de estudio de la neurobiología vegetal con casos realmente sorprendentes de sus capacidades para resolver problemas y responder a las presiones ambientales.

Como afirma Maldonado (2018: 81) “Una buena comprensión de la vida y los sistemas vivos implica el reconocimiento explícito de una mutua y total codependencia entre los diversos niveles, escalas, formas y expresiones de vida, sin absolutamente ninguna centralidad o prioridad de ninguna especie sobre las demás. En tal sentido,

“El biodesarrollo se entiende como rechazo y transformación del control y el autoritarismo a favor de procesos de cooperación e integración en términos de procesos abiertos y continuados de aprendizaje, aprendizaje recíproco y horizontal, apertura a nuevas alternativas, métodos estándares y modos de vida con base en la mejor ciencia de punta.” (Gómez et al. 2016: 83).

El biodesarrollo tiene como antecedente la bioeconomía (pero no la acepción que considera hacer negocios con los “bienes y servicios” que ofrece la naturaleza) y se conjuga con otras perspectivas que se vienen trabajando activamente tales como la biopolítica, el bioderecho, la biopolítica, el biopoder. Recoge además lo más avanzado del desarrollo de la vida que vienen desde las vertientes de la Biología de sistemas, la Biología computacional, la epigenética, la simbiogénesis, el enfoque eco-evo-devo y el reconocimiento que los humanos somos holobiontes es decir somos ecosistemas caminantes, somos cooperativas de células en sociedad con bacterias, virus y otras manifestaciones de vida (Maldonado, 2012b:4). 

Cuando se empieza a profundizar lo que es la vida uno se encuentra con lo difícil que es definir la vida, al igual que las especies, y el hecho de reconocer que no existe ninguna diferencia ontológica o material entre la vida y no vida, entre los factores bióticos de los abióticos pues las diferencias son únicamente de grados, cualitativos o de organización (Maldonado,  2016a: 288; Maldonado 2019a: 266). La biocomplejidad es la transdisciplina que aborda la complejidad de la vida y los sistemas vivos.

Poner la vida en el centro del pensar, sentir y accionar humano implica una transformación profunda de nuestra civilización. 

Poner la vida en el centro del pensar, sentir y accionar humano implica una transformación profunda de nuestra civilización. Hasta ahora ha primado una visión de dominio y sometimiento de la naturaleza, y aunque no cabe duda que esta actitud nos ha llevado a un desarrollo insospechado, también es cierto que perdimos la empatía con seres que vistos solo como cosas no da lugar, o de manera selectiva, para la sintiencia. 

Poner la vida como eje de la civilización implica una mejor relación entre los propios seres humanos (pues hay quienes todavía consideran subespecies a otros humanos o ciudadanos de segunda o tercera categoría) y entre los seres humanos y todas las otras expresiones de vida. Como refieren Gómez et al. (2016: 83)

“El biodesarrollo constituye un desplazamiento de los tradicionales indicadores económicos a través de mediciones de bienestar y calidad de vida, felicidad, gestión del conocimiento, innovación, integración con la naturaleza y armonía y belleza”

Cierto que no es fácil asumir una posición de respeto a todas las expresiones de vida y frecuentemente ello nos lleva a dilemas de difícil resolución. Es cuando la bioética debería jugar un papel de fundamental importancia para dilucidar estas situaciones enfrentadas. Una propuesta bioética no es fundamentalista en el sentido de considerar que la vida no humana es más importante que la vida humana, pero hay situaciones muy delicadas en las que hay que decidir con ética. Lo importante es eliminar o disminuir hasta donde sea posible daños innecesarios.

Ello implica, por ejemplo, en el campo de la vida no humana, el rol que juegan los zoológicos, los acuarios y peceras; el manejo forestal, el manejo agronómico, entre otras formas de intervención humana que consideramos naturalizadas. Lo mismo es una invitación a revisar conceptos como el papel de la caza en la conservación, revisar nuestras costumbres y prácticas gastronómicas, prácticas culturales que implican daño o sacrificio de animales, entre otros aspectos.

En el campo de la vida humana también hay grandes retos que superar. No se trata únicamente de premiar el esfuerzo personal y el emprendimiento individual sino de generar una estructura política, social y económica que implique oportunidades para todos, y que todos tengan las posibilidades para que se manifiesten a plenitud sus potencialidades, capacidades y facultades. El biodesarrollo por tanto es contrario a toda manifestación de racismos, sexismos, especismos. La celebración de la vida tiene mucho que ver con la valoración de la diversidad que cumple un papel muy importante en la resiliencia, la adaptación y la evolución.

 

Bibliografía revisada y referida:

– Arce, R. (2020). Implicancias de poner la vida como centro del bienestar en las relaciones sociedad naturaleza. Prensa CDP. Implicancias de poner la vida como centro del bienestar en las relaciones sociedad naturaleza – Prensa CDP (rio20.net)

– Ereú de Mantilla, Evelyn. (2018). Del antropocentrismo al biocentrismo: un recorrido hacia la educación para el desarrollo sostenible. Revista AGROLLANÍA. Vol 16 (2): 20-25. Articulo 4.pdf (50webs.com)

– Gómez Rodríguez, Dustin Tahisin; Barbosa Pérez, Ehyder Mario; Rojas Velásquez, William Eduardo. ciencias económicas 13.02 / 2016 / páginas 75–87.

– Maldonado, C.E. y Gómez, N.A. (2011). El Mundo de las Ciencias de la Complejidad Una investigación sobre qué son, su desarrollo y sus posibilidades. 2011_el_mundo_de_las_ciencias_de_la_complejidad.pdf (ugr.es)

– Maldonado, C.E. (2012). Bioeconomía y biodesarrollo. El biodesarrollo: saber qué se quiere y qué necesitamos como búsqueda de un modelo alternativo. Le Monde diplomatique | el Dipló 116 | octubre 2012, pp: 32-33

– Maldonado, C.E. (2016). “Hacia una antropología de la vida: elementos para una comprensión de la complejidad de los sistemas vivos”. En: Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia, Medellín, vol. 31, N° 52, pp. 285-301 DOI: http://dx.doi.org/10.17533/udea.boan.v31n52a18

– Maldonado, C.E. (2016b). Complejidad de las ciencias sociales. Y de otras ciencias y disciplinas. Bogotá: Ediciones Desde abajo. Libro complejidad 090616.pdf (cinfopec.com.mx)

– Maldonado, C.E. (2018). Bioeconomía, biodesarrollo y civilización. Un mapa de problemas y soluciones. En: M. Eschenhagen y C. Maldonado (Edit.). Epistemologías del sur para germinar alternativas al desarrollo. Debate entre Carlos Maldonado y Horacio Machado. Bogotá: Universidad el Rosario. Universidad Pontificia Bolivariana. Pp: 69-93. Bioeconomía, biodesarrollo y civilización.pdf (cinfopec.com.mx)

– Maldonado, C.E. (2019a). Las ciencias de la complejidad son ciencias de la vida. En: Biocomplejidad: facetas y tendencias / editores Moisés Villegas Ivey, Lorena Caballero Coro- ´ nado, Eduardo Vizcaya Xilotl; [autores] Alfredo Marcos . . . [y diecinueve más]. Pp: 259- 295. México: CopIt-arXives, TS0018ES.pdf (unam.mx)

– Maldonado, C.E. (2019b). Educación e investigación en complejidad. Managua: Editorial Universitaria UNAN-Managua, miembro del Sistema Editorial Universitario de Centroamérica SEDUCA-CSUCA.

– Maldonado, C.E. (Edit.). (2021). Estética y complejidad. Elementos para un estudio crítico del arte. Bogotá: Editorial Corporación Creación – Arte & Ciencia. 184 p. Complejidad y estetica | Suratómica (suratomica.com)

– Maldonado, C.E. (2021b). Tres lecciones que aprender de la crisis. Ludus Vitalis, vol. XXVIII, num. 53, 2020, pp. 115-119. (PDF) TRES LECCIONES QUE APRENDER DE LA CRISIS (researchgate.net)

– Niño Roa, Miguel Fernando. (2017). Biodesarrollo, territorio y población en comunidades rurales. Un acercamiento a la construcción social del territorio en la zona rural del Valle de Tenza. Tesis Maestría en Investigación Social Interdisciplinaria. Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Ciencias y Educación Bogotá. NinoRoaMiguelFernando2017.pdf;jsessionid=F5157B996009E2D19921E1FCC31875FD (udistrital.edu.co)

– Pouydebat, Emmanuelle. (2018). Inteligencia animal Cabeza de chorlitos y memoria de elefantes Traducción de Ana Nuño. Barcelona: Plataforma Editorial.

– Ruiz Lara, Beatriz Cecilia. (2013). Educación superior transdisciplinar: generadora de biodesarrollo regional. Revista arbitrada del Centro de Investigación y Estudios Gerenciales. Año 4 N.º 1 [88-103] 4-1-6 (88-103) Ruiz Lara rcieg agosto 13_articulo_id109.pdf (grupocieg.org)

20 enero 2021


Por Rodrigo Arce Rojas,  Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Miércoles, 20 Enero 2021 05:10

Noticia de ASSA 2021

Noticia de ASSA 2021

Primera parte: el dilema principal


La conferencia anual de la Asociación Estadounidense de Economía ( ASSA 2021) fue inusual este año, por razones obvias. En lugar de que 13.000 economistas académicos y profesionales acudieran a una ciudad estadounidense para presentar y discutir cientos de artículos enviados durante unos días, debido a la pandemia de COVID-19, ASSA 2021 fue virtual. A pesar de eso, se presentaron una gran cantidad de artículos, junto con sesiones plenarias de los “grandes y buenos” de la teoría y la política económica convencionales.


Cada año, hay un tema que tiende a dominar en las presentaciones convencionales. En años anteriores ha sido la economía del aumento de la desigualdad y el año pasado fue la economía del cambio climático. No es de extrañar que este año haya sido el impacto económico del COVID-19 y las políticas para hacer frente a la crisis de la pandemia.


Hubo dos grandes paneles sobre su impacto económico. El primero fue sobre lo que le estaba sucediendo a la economía estadounidense y hacia dónde se dirigía. El ex gobernador del banco central de la India, Raghuram Rajan,  de regreso en su cátedra neoclásica en la Universidad de Chicago, planteó el riesgo de que el aumento de la deuda corporativa se convierta en "problemas corporativos". Calculó que el actual apoyo monetario y fiscal ofrecido a las pequeñas y grandes corporaciones "tendrá que terminar eventualmente" y "en ese momento, emergerá el verdadero alcance de la angustia". Rajan cree que es necesario un "apoyo específico" para reducir la acumulación de deuda y así evitar futuras deudas incobrables en el sistema bancario, una política para banqueros recientemente defendida por el llamado Grupo de los Treinta banqueros.


Carmen Reinhart, recientemente nombrada economista en jefe del Banco Mundial y autora conjunta con Kenneth Rogoff del enorme (y controvertido) libro sobre la historia de la deuda pública, también se hizo eco de la preocupación de Rajan por el aumento de la deuda, no solo en las empresas de EEUU, sino en particular en las llamadas economías emergentes. En la Gran Recesión, el dólar estadounidense se apreció fuertemente frente a otras monedas, ya que se lo consideró un "refugio seguro" para el dinero en efectivo y los activos. Pero en esta recesión pandémica del COVID-19, el dólar se ha depreciado significativamente porque parece que los inversores temen que el gasto fiscal estadounidense sea demasiado grande mientras que las tasas de interés en dólares se han desplomado. Pero, ¿qué sucederá con la capacidad de las economías emergentes para pagar su deuda en dólares si el dólar comienza a subir de nuevo?


Lawrence Summers, el gurú del estancamiento secular, reconoció que la recesión pandémica ha prolongado la duración del estancamiento en las economías avanzadas. Los tipos de interés habían caído en territorio negativo y el estímulo fiscal se había elevado a nuevas cimas. Pero eso no acabará con el estancamiento a menos que “se adopten políticas estructurales”. No detalló cuáles debían ser, pero argumentó en contra del gasto fiscal no focalizado como la propuesta de cheque de 2.000 dólares por persona para todos los estadounidenses, que consideró simplemente un aumento de los ingresos de aquellos que realmente habían incrementado sus ingresos durante el COVID. Summers ha sido atacado por la izquierda por rechazar el pago de esos 2.000 dólares. Pero es una prueba de que la corriente convencional de la teoría económica está cada vez más preocupada de que el estímulo fiscal y monetario esté creando niveles de deuda descontrolados (a pesar de los bajos costes de interés) que tendrán que ser controlados en algún momento, y también que la generosidad de la Reserva Federal ha terminado principalmente por impulsar el mercado de valores y beneficiar a los más acomodados.


El economista de izquierda liberal y premio Nobel, Joseph Stiglitz, pidió un reajuste de la economía estadounidense cuando termine la pandemia. Quería revertir los recortes de impuestos a las corporaciones y privilegios implementados por Trump; incrementar las regulaciones ambientales; romper el poder de los monopolios tecnológicos y realizar inversiones públicas productivas. ¿Cuál es la probabilidad de que ocurra algo así con la administración Biden durante los próximos cuatro años?


Por el contrario, el ortodoxo de derecha John Taylor, de la Universidad de Stanford quería que la Fed acabara sus compras de bonos COVID de emergencia y otras facilidades crediticias lo antes posible, y que la nueva administración Biden fuera prudente a la hora de implementar un mayor gasto público. Para Taylor, el sistema de mercado es innovador y funciona. Durante el COVID, los negocios y las compras en Internet se han disparado y este era el camino a seguir, reemplazando las viejas formas por las nuevas. Pero eso no necesita más regulación, sino menos, de empresas como Uber o Amazon.


Quizás el artículo más interesante de esta sesión fue el de Janice Eberly, de la NorthWestern University, quien mostró que durante la caída de COVID, las empresas habían ahorrado enormes cantidades de gastos de capital en oficinas, viajes y otros equipos físicos, ya que el personal trabajaba desde casa (a su cargo). Esto ha brindado una oportunidad para que las empresas impulsen la productividad de la fuerza laboral sin gastos de capital adicionales y menos mano de obra: ¿una salida para el capitalismo después de la pandemia?


La segunda gran sesión fue sobre la economía mundial. Se mire como se mire, los panelistas coincidieron en que la crisis del COVID-19 es la peor en la historia del capitalismo. Pero lo que es peor aun, las economías podrían tardar algún tiempo en volver a sus niveles anteriores a la pandemia, si es que lo hacen alguna vez. Según las proyecciones actuales, la OCDE reconoce que eso no sucederá hasta 2022 e incluso entonces, el PIB mundial estará por detrás de su tendencia prepandémica.

 

El impacto en el comercio mundial ha sido aún más perjudicial. Según la Organización Mundial del Comercio, el crecimiento del comercio mundial nunca volverá a su trayectoria anterior.

 

 

 

Y como se argumentó en la sesión económica estadounidense, los niveles de deuda global se encuentran en niveles récord.

 

 

 

Dale Jorgenson, de la Universidad de Harvard, es un experto en el crecimiento de la productividad global y sus componentes. En su presentación, estimó que se recuperarían los diferenciales de crecimiento de la producción y la producción por trabajador entre las economías del G7 y las 'economías emergentes' de China e India.  "El crecimiento en las economías avanzadas se recuperará de la crisis financiera y económica de la última década, pero se restablecerá una tendencia a largo plazo hacia un crecimiento económico más lento".  Curiosamente, argumentó que la opinión de consenso de que el crecimiento económico de China se desacelerará porque su población en edad laboral está disminuyendo puede no ser la correcta, si China puede mejorar la calidad de su fuerza laboral a través de la educación y extender la edad laboral. Eso podría generar una tasa de crecimiento anual más cercana al 6% que el 4-5% pronosticada por muchos.


Kenneth Rogoff, la otra mitad del equipo de historiadores de la deuda Rogoff-Reinhart, presentó nuevamente su posición de que el nivel de la deuda global está cerca de un punto de inflexión. Sí, las tasas de interés son muy bajas, lo que hace que el servicio de la deuda sea sostenible. Pero el crecimiento económico también es bajo y si los costes de interés (r) comienzan a exceder el crecimiento (g), entonces podría sobrevenir una crisis de deuda. Por lo tanto, el problema de la sostenibilidad fiscal no ha desaparecido, como muchos argumentan. Por supuesto, Rogoff solo habla de la deuda del sector público (gráfico), cuando el problema de la deuda corporativa récord es mucho más preocupante para la sostenibilidad del crecimiento económico futuro en las economías capitalistas.

 

 

La respuesta de Joseph Stiglitz a la crisis de la deuda mundial posterior a la pandemia es cancelar las deudas de los países más pobres. Esto debe hacerse "creando un marco internacional que lo facilite de manera ordenada".  ¿Qué posibilidades hay de que esto sea acordado e implementado por el FMI y el Banco Mundial, y mucho menos por todos los acreedores privados como los bancos y los fondos de cobertura?


Mi impresión general de estos paneles es que la corriente principal de la teoría económica es bastante pesimista sobre una recuperación económica suficiente de la pandemia, tanto en los EEUU como a nivel mundial. Pero los “grandes y buenos” se debaten entre el requisito obvio de mantener el estímulo monetario y fiscal para evitar un colapso de la economía mundial y los activos financieros; y la inminente necesidad de poner fin a ese estímulo para evitar niveles de deuda insostenibles y una nueva crisis financiera. Ese es el dilema para la teoría economica capitalista.


Ese dilema también empuja a algunos artículos de economistas de la corriente principal a buscar maneras de pronosticar futuros colapsos financieros. Un documento nos recordó que en lo más profundo de la Gran Recesión, la Reina de Inglaterra visitó la London School of Economics. Cuando se le mostraron gráficos que enfatizaban la escala de los desequilibrios en el sistema financiero, hizo una pregunta simple: "¿Por qué nadie se dio cuenta?"  Pasaron varios meses antes de que recibiera una respuesta oficial de los economistas. Acusaron la falta de previsión de la crisis a la “psicología de la negación”. Hubo un "fallo a la hora de prever el momento, el alcance y la gravedad de la crisis y evitarla"(Las causas de la Gran Recesión). Ahora, en este artículo, los autores intentan lidiar con esta falta de previsión con el aprendizaje automático. Utilizando estas técnicas modernas, calculan que ahora pueden predecir crisis financieras sistémicas con 12 trimestres de antelación.


En AnsweringTheQueen_MachineLearningAn_preview van más allá al sugerir que el trabajo empírico puede ofrecer 'pistas preciosas' sobre por qué hay crisis financieras regulares y recurrentes en las economías modernas, aunque yo no pude ver cuáles eran.


En otro artículo, los autores analizan cinco grandes crisis financieras durante los últimos 200 años del capitalismo para ver qué políticas fueron más efectivas para recuperarse de las crisis. En  TwoHundredYearsOfRareDisasters_Fin_powerpoint  descubren que las crisis tenían “efectos persistentes tanto en los mercados financieros como en la actividad económica”.  ¡Sorpresa! Sin embargo, también encontraron que desde el fin del patrón dólar-oro "las caídas en la actividad económica tras una crisis en el centro financiero continúan siendo bastante prolongadas, los efectos en los mercados financieros son mucho menos persistentes".  En otras palabras, las inyecciones monetarias de los bancos centrales en monedas fiduciarias flotantes pueden preservar el valor de los activos financieros pero no ayudar a los activos productivos. Tal como hemos visto durante la recesión de COVID.

 

 

La otra preocupación sobre el impacto de COVID para la corriente principal es el posible colapso del comercio y las 'cadenas de valor globales'. Un documento establece claramente que las guerras comerciales internacionales y la reducción de la distribución óptima de proveedores internacionales por razones políticas era perjudicial.  CuttingGlobalValueChainsToSafeguard_preview (1) recorta el PIB de EEUU un 1,6% "pero apenas cambia la exposición de EEUU a una crisis extranjera" .


El impacto del COVID-19 no fue el único problema que concentró las mentes de la corriente principal de la teoría económica. No se ignoró la economía del cambio climático. Otro documento mostró que las soluciones de mercado de la teoría económica dominante para hacer frente al calentamiento global están fallando. El precio del carbono no estaba funcionando. Quizás es hora de acabar gradualmente con la propia teoría económica dominante. Un artículo planteó la posibilidad de que la inteligencia artificial pueda reemplazar pronto a los economistas y hacer todos los cálculos que hacen actualmente los humanos ( WillArtificialIntelligenceReplaceCom_powerpoint)
 

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Miembros del Partido Alternativa Feminista marchan frente el Servicio Electoral de Chile, en enero de 2020.EDGARD GARRIDO / Reuters

Las listas de candidatos que disputarán una banca en abril evidencia el descrédito de los partidos políticos tradicionales

Chile ha cerrado las inscripciones para postular a la convención que redactará la nueva Constitución chilena, la primera en su historia escrita en democracia. El órgano de 155 miembros será electo el 11 de abril y tendrá características únicas: será paritario entre hombres y mujeres, como nunca antes había sucedido en el mundo, y tendrá 17 escaños reservados para los pueblos indígenas, la mayor cantidad que haya tenido un proceso constituyente. Como nunca antes en Chile, además, una gran cantidad de independientes buscan integrar la convención, al margen de los partidos políticos que sufren una crisis de representación profunda y estructural, que no han logrado revertir en la última década. De acuerdo con la información preliminar del Servicio Electoral (Servel), 2.213 personas se han postulado por fuera de las listas de las colectividades, las que fueron patrocinadas por medio millón de ciudadanos (480.977).

Es la primera vez en Chile que se permite a los independientes conformar sus propias listas. Sumando las de los partidos y bloques tradicionales, por lo tanto, llegan a 79 las listas que se han presentado en todo el país, de acuerdo al medio Tres quintos, lo que augura un alto nivel de diversidad y fragmentación.

Los independientes, sin embargo, no son un grupo homogéneo, aunque pertenecen sobre todo al centro y la izquierda, donde la sociedad se organizó por fuera de las colectividades del sector. La derecha oficialista del presidente Sebastián Piñera, pese a los problemas del Gobierno y de la coalición Chile Vamos, logró juntarse en una sola lista con miras a la conformación de la convención constitucional, que debería empezar a funcionar entre mediados de mayo y comienzos de junio.

Entre los independientes se encuentra la lista FyF Vota Feliz –de Felices y forrados, una firma de asesorías previsionales–, cuya fórmula para la obtención de respaldos está siendo estudiada por el Servel, por posibles vulneraciones de la ley.

Pero una parte de los independientes son expresión de determinadas organizaciones sociales, como el movimiento No+AFP (críticos al actual sistema de pensiones) y la Coordinadora feminista 8M. Existen, además, listas de candidatos formados por asambleas territoriales que se originaron luego de las revueltas del 18 de octubre de 2019, como la Lista del pueblo. También la sociedad civil se ha organizado para tener representación en la convención, como lo hizo Independientes no neutrales, que llegó en poco tiempo a conformar una orgánica nacional. El movimiento ha presentado 105 candidatos en 23 de los 28 distritos que existen en todo el territorio, con el patrocinio de unas 78.000 personas.

“Evidentemente, no da lo mismo un independiente de otro”, comenta la periodista Patricia Politzer, integrante de Independientes no neutrales y candidata a la convención. Remarca la importancia de que medio millón de personas hayan respaldado candidaturas de independientes en solo tres semanas, en medio de una pandemia y de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

“Hay una parte importante de la ciudadanía, fuera de los partidos, que está interesada en participar de la política, pero no de la forma en que se ha estado ejerciendo en el último tiempo, por lo que está fuertemente desprestigiada”, señala la autora de libros como Altamirano, una de las independientes que obtuvo una mayor cantidad de patrocinantes. Lo ejemplifica: “En 2017, cuando los partidos fueron obligados legalmente a refichar a sus militantes, el conjunto de las colectividades no alcanzó las 400.000 personas en el plazo de un año”. Para Politzer, sin embargo, no se trata de dejar caer a los partidos: “Sin partidos la alternativa es el fascismo”, asegura Politzer. “Pero para la redacción de una nueva Constitución debe configurarse una convención diversa y muy pluralista que contenga la mayor cantidad de miradas posibles”.

Los partidos políticos y el Congreso sufren una crisis estructural de representación. De acuerdo al informe Diez años de auditoría a la democracia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con datos de 2008 a 2018, tanto las colectividades como el Parlamento son las dos instituciones en las que menos confianza tienen los chilenos. En el proceso de elección de candidatos a la convención constituyente, partidos de todos los sectores ocuparon las clásicas técnicas de negociación que alejan a la ciudadanía. No ayuda que el mismo día en que se elegirán a los convencionales, el 11 de abril, se celebren las elecciones de alcaldes, concejales y las primeras democráticas de gobernadores (elegidos hasta ahora por el gobierno nacional). En total, 2.768 cargos que se llenarán en tres meses.

“Un sector importante de la sociedad politizada y activada tiene una desconfianza muy grande en los partidos y, por lo tanto, no se ven representados. Esto explica tanto interés por inscribir listas y se ha instalado tan fuertemente un discurso de la importancia de la independencia y de apoyar a candidatos independientes”, asegura Marcela Ríos, representante asistente en Chile del PNUD. “Quizá en algunos distritos los partidos van a lograr mantener el predominio y la correlación de fuerzas habitual, pero en muchos otros lugares se podrían dar mezclas distintas. Una de las principales interrogantes de la convención está en si los partidos quedarán o no desplazados. El desafío de los independientes es transformar los respaldos en votación”, analiza la socióloga.

Pueblos indígenas

Para los 17 escaños reservados para pueblos indígenas se han presentado 199 candidatos, de acuerdo a los datos preliminares del Servel. Los elegidos conformarán un solo distrito a nivel nacional. Se aseguró un cupo para cada una de las 10 etnias, pero la mapuche tendrá siete escaños, mientras que la aymara obtendrá dos. “Ocuparemos un porcentaje relevante dentro de la convención, que se aproxima al 12,8% que representa la población indígena del país”, asegura Salvador Millaleo, abogado constitucionalista mapuche, académico de Derecho de la Universidad de Chile, cuyo partido –el socialista– dejó fuera de las candidaturas a la convención. Millaleo explica que nunca antes a nivel mundial un órgano constituyente tuvo este número de escaños reservados para sus etnias originarias, lo que resulta especialmente llamativo en un país como Chile, “con una historia hostil a los derechos de los pueblos indígenas”.

Millaleo describe el engorroso proceso de negociación que con mucha dificultad terminó con el acuerdo de los 17 escaños reservados. La ley recién se promulgó el 23 de diciembre pasado y, pese a las dificultades, como la ruralidad y la pandemia, en solo algunas semanas todas las etnias originarias lograron levantar a sus candidatos a la convención. “Considerando las postulaciones de los partidos y las independientes, los candidatos de los pueblos indígenas son dirigentes y representan a sus bases y territorios”, asegura el académico.

Los independientes, sin embargo, tienen un camino cuesta arriba para superar a los partidos, que tienen oficio, estructura y financiamiento para ganar elecciones. En la franja electoral, por ejemplo, todos los independientes tendrán el mismo tiempo disponible que el partido que obtuvo menor votación en las últimas elecciones. Marta Lagos, fundadora del sondeo Latinobarómetro, es escéptica: “Existe una sensación de que el llamado a la convención constitucional había cambiado esta condición estructural de la democracia chilena –una democracia representativa que se organiza a través de los partidos– y que se podría modificar esta condición a través del concurso de los independientes. Pero la convención constitucional estará mayoritariamente ocupada por miembros elegidos a través del sistema de partidos, lo que va a producir una tremenda reacción negativa en contra de la convención”, analiza Lagos. “Va a haber renovación y tiraje de la chimenea, sin duda, pero va a ser minoritario”, concluye Lagos, que dirige hace 25 años la mayor encuestadora de América Latina.

Po Rocío Montes

Santiago de Chile - 15 ene 2021 - 15:44 UTC

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Kluge subrayó que se están realizando "enormes" esfuerzos de la organización y sus socios para que cada país pueda obtener los fármacos.  ________________________________________ Imagen: AFP

La pandemia profundizó las desigualdades entre ricos y pobres

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que el 95% de las vacunas contra el coronavirus está concentrado en diez países, por lo que  el director para le región Europa de la organización, Hans Kluge, hizo un llamando a ser más solidarios: "Todos los países capaces de contribuir, dar y apoyar el acceso y el despliegue justos de las vacunas háganlo".

El director de emergencias de la OMS, Michael Ryan, consideró un logro que en poco más de un mes unas 28 millones de dosis fueron aplicadas, pero lamentó que eso ocurrió en 46 países, mientras que diez concentraron el 95% de las aplicaciones.  

De acuerdo a la plataforma de análisis de datos Our World in Data, que se basa en cifras de la Universidad Oxford, esos diez países son: Estados Unidos, China, Reino Unido, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Italia, Rusia, Alemania, España y Canadá.

En conferencia de prensa, Kluge subrayó que se están realizando "enormes" esfuerzos de la organización y sus socios para que cada país pueda obtener los fármacos. La OMS anunció la semana pasada que comenzaría a fines de enero a repartir las primeras dósis a través de la alianza Covax, sistema alternativo para asistir a 172 países de manera equitativa sin importar su capacidad económica.  

El sistema surgió tras el frustrado reclamo ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), liderado por Sudáfrica e India, con el respaldo de otros 99 países, para que se libera el derecho comercial de patente de las vacunas, medida resistida por los potencias económicas que tienen el poder de producir la vacuna.  

Un 2021 con Covid-19, pero "más previsible"

Kluge intentó mantenerse optimista al decir que este 2021 “será otro año de coronavirus, pero más previsible" y "más fácil de controlar", también mostró preocupación ante las nuevas variantes detectadas especialmente en Reino Unido y Sudáfrica, cuya propagación es entre 40 y 70% más rápida.

"La situación es alarmante", confirmó Kluge. Estas nuevas variantes ya se expandieron a 50 países y 20 territorios, respectivamente. De hecho, en la región Europa, 25 países, entre ellos Rusia, ya confirmaron la detección de casos relacionados con la nueva variante VOC 202012/01.

"Con una transmisibilidad mayor y una gravedad de la enfermedad similar, la variante suscita preocupación: sin un mayor control para frenar la propagación, habrá un mayor impacto en los centros de salud, casi desbordados y bajo presión", explicó el director regional.

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Viernes, 15 Enero 2021 05:47

2020: desde la A hasta la Z

2020: desde la A hasta la Z

 A como ‘Artsaj’. Hasta que en septiembre estallara la guerra entre Azerbaiyán y las fuerzas étnicas armenias de esta "republiqueta" de facto (bit.ly/3hSpw89), pocos ubicaban este nombre. Pero allí nació la guerra moderna y la táctica militar pasó del siglo XX al XXI. El uso masivo e innovador de drones armados (turcos e israelíes), empleados hasta ahora más en operaciones de inteligencia o asesinatos extrajudiciales, le dio la superioridad al lado azerí por encima de las viejas doctrinas postsoviéticas armenias e inauguró una nueva época, confirmando de paso la relevancia para la izquierda del análisis militar del que en su tiempo fue pionero Engels −el "cumpleañero" de 2020 (bit.ly/3ofsV33)−, con su mirada de como el avance tecnológico moldea el moderno campo de batalla (véase: W. Streeck bit.ly/3hO6W0z).

B como ‘biopolítica’. Hablando de "la invención de una pandemia" (bit.ly/3oinvEs) −a punto de ser acusado de negar su gravedad (bit.ly/3hF0n0t)− G. Agamben logró poner la luz a la enorme capacidad del Estado de restaurar los disciplinamientos (M. Foucault) y dominios perdidos en años recientes al sustituir el "terrorismo" por una "amenaza médica" (bioseguridad) y miedo al virus que despolitiza/paraliza la acción mediante el permanente "estado de excepción" (C. Schmitt).

B como ‘#BlackLivesMatter (BLM)’. El asesinato de George Floyd, en mayo, por un policía en Minneapolis ("¡No puedo respirar!") ha sido una chispa que encendió las protestas a los largo de Estados Unidos (y el mundo), dando a luz todo un movimiento en contra de la brutalidad policiaca, el racismo sistémico y la asfixiante −literalmente (véase: A. Mbembe, bit.ly/38a9xyU)− pandemia que mata de manera desproporcionada a las personas de color (bit.ly/2Xbn9Dz).

C como ‘colonialismo’. Si bien al principio el coronavirus fue tildado como "un gran igualador" (sic), pronto resultó que no todos sentían sus efectos por igual y que las poblaciones de color, marginadas o los refugiados eran los más vulnerables. La pandemia demostró también la persistencia del colonialismo −"todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales" (véase: B. de Sousa Santos, bit.ly/2Ydmm6S)−, y de la “línea abisal que separa los cuerpos racializados y ‘blancos’” ( Ibíd., bit.ly/3cXZdtq), siendo Palestina el mejor ejemplo de cómo la pandemia, acelerando incluso el proyecto colonial de asentamientos israelíes, agravó aún más la precariedad de los cuerpos colonizados/ocupados palestinos y el trato desigual entre ellos y los ocupantes desde lockdown (bit.ly/2LmckvR) hasta el acceso a vacunas (bit.ly/2JNPtsN).

E como ‘esperanza’. En medio de la pandemia hubo también buenas noticias: la recuperación de la democracia en Bolivia y la arrasadora victoria del MAS, el triunfo del plebiscito que abrió la puerta para remplazar la Constitución pinochetista en Chile o la legalización del aborto en Argentina, pero abrazar la esperanza para 2021 implica también reconocer las fallas como las de Sanders o la incapacidad de construir un verdadero "bloque nacional progresista" en Estados Unidos (véase: M. Davis, bit.ly/3rT977P).

M como ‘monumento’. Los manifestantes que tiraban en el año pandémico a lo largo del mundo las estatuas de esclavistas, colonizadores y genocidas −un impulso inducido por el #BLM y un claro reclamo por el espacio público ( bit.ly/2MtEvcL)−, han sido acusados de "borrar la historia", pero en realidad lo que hacían era permitir que ésta sea contada por fin "desde el punto de vista de las víctimas" (W. Benjamin) y que se viera "más claramente" (véase: E. Traverso bit.ly/2JPXPAb).

M como ‘metáfora’. Junto con la pandemia llegó la infección del lenguaje: una avalancha de analogías sin ningún rigor que ocasionó "una verdadera infestación, contaminación y destrucción de la semántica" que más que explicar lo que acontecía, ayudaba sólo "a aislar el significado y trivializar la crisis" ( bit.ly/3bqRXc7); igualmente el uso de metáforas bélicas −alusiones a la Segunda Guerra, etc.− tendía más bien a "amenazar y limitar nuestras libertades" (véase: C. Ginzburg bit.ly/35eLU6s).

P como ‘pandemia’. Sin lugar a duda la palabra del año (bit.ly/3n3Aclc). El mundo −y nuestras vidas− quedaron "patas arriba" cuando el trabajar desde casa o el distanciamiento social se volvieron "la nueva normalidad". Cambió el año (el calendario gregoriano). Pero aún no se perfila una salida clara (bit.ly/38jj5Yv) y lo que arrancó con él −ahora en medio de la segunda ola de contagios, la re-imposición de las restricciones y el inicio de la vacunación− sigue. Y continuará.

Z como ‘Zoom’. Aunque al principio el traslado masivo, debido a las medidas del confinamiento, de actividades laborales, educativas y sociales a plataformas privadas en línea, se vislumbraba como "una gran explosión de la creatividad" y "una muestra de adaptación", pronto empezó a parecer lo que realmente era: el triunfo del "capitalismo de la vigilancia" (S. Zuboff), la extensión del control ejercido a través de las cámaras de video a cargo de la industria hightech y bigdata (Google, Facebook etc.), el avance de la "celularización social", despolitización, y −en el caso de la educación superior− la aceleración de la muerte de la universidad presencial (véase: G. Agamben, bit.ly/38Xlpn2).

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Adolescencia: nuevos comportamientos, nuevos síntomas

El bullying, los ni-ni y el cutting

La psicoanalista Damasia Amadeo de Freda analiza la adolescencia actual en el marco del "declive de la autoridad" característico de la época.

 

Desde que existe el psicoanálisis, los adolescentes son un lugar de interrogación para esta teoría. En el caso de la doctora en Psicología Damasia Amadeo de Freda, son también un modo de abordaje de comportamientos que pueden ser, a la vez, síntomas. Esta analista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela de Orientación Lacaniana, viene estudiando esta etapa de la vida desde hace tiempo. Primero fue en El adolescente actual. Nociones clínicas. Ahora es el turno de Bullying, ni-ni y cutting en los adolescentes. Trayectos del padre a la nominación (Unsam Edita), que es una suerte de continuación de las ideas planteadas en su primera publicación. Vinculado a la violencia hacia otro en forma de insulto u hostigamiento, el bullying es el más conocido. El cutting es un comportamiento que se caracteriza por la agresividad ejercida por el sujeto contra sí mismo (contra su propio cuerpo), mientras que en el caso de los ni-ni hay un grado de violencia social ejercida sobre los adolescentes caracterizados porque “no estudian ni trabajan”.

"El declive del Nombre del Padre que, en líneas generales, vendría a ser el declive de la autoridad, tiene incidencia en otros grupos etarios, pero se manifiesta de manera muy característica en la adolescencia”, dice la autora. ¿Por qué? “Porque en la adolescencia, el pasaje de la niñez a la adultez es donde se trata fundamentalmente de desprenderse de la figura del padre, cuestionar al padre, romper las identificaciones con la figura paterna y obtener el relevo de esas identificaciones en otras figuras de autoridad. Eso es lo que está trastornado”, agrega esta psicoanalista.

--En relación a los tres síntomas específicos que aborda, ¿se trata de nuevos comportamientos o nuevas formas de mencionar situaciones ya existentes desde hace tiempo?

--Desde mi lectura como psicoanalista considero que son nuevos síntomas. No quiere decir que sean síntomas para los adolescentes. Se manifiestan como comportamientos, no como síntomas y son nuevos. Tienen una novedad que no tiene por qué ser del día de ayer sino que fueron surgiendo desde la mitad del siglo XX para adelante.

--¿Se puede decir que este tipo de conductas son transgresoras?

--De alguna manera, pueden serlo. Si empezamos por el bullying, es un comportamiento disruptivo en el ámbito escolar. Es estudiado sobre todo en el ámbito escolar como manifestación. De hecho, lo estudian los pedagogos. Es transgresor respecto de un comportamiento mínimamente civilizado. Y es muy distinto de las peleas entre compañeros que uno conoce desde siempre. Está más vinculado al término de la violencia por pura diversión.

--No hay que diferenciar el bullying de la violencia, ¿verdad?

--Es una forma de violencia, que también tiene sus reglas. Al haberlo estudiado, se nota que es una estructura fija tripartita: el acosador, la víctima y el espectador. Así lo estudian muchos referentes. Pero tiene una particularidad que son las motivaciones que dan lugar a la violencia, que generalmente está muy vinculada a una segregación respecto de lo diferente en el otro. En una época se restringía a las burlas ("el gordito"), y el rasgo diferencial permanecía limitado a cierta burla o chiste. El bullying es otra cosa: apunta a la destrucción del otro. Apunta a destruir lo propio del otro, desde los insultos hasta la violencia física, o el cyberbullying.

--¿Qué lugar ocupa el grupo de pares en comportamientos como el bullying?

--En los tres síntomas indago en la sustitución de la caída del Nombre del Padre por la nominación. Es la tesis con que me manejo. La nominación es un nombre que viene a reagrupar al adolescente que está de por sí desorientado por la caída del Nombre del Padre. Frente a esa desorientación, una de las orientaciones que encuentran está en los grupos de pertenencia bajo un nombre. El bullying es uno de ellos. Entonces, la ideología que está en juego en ellos y en los espectadores o en los que avalan el bullying no es tanto porque estén de acuerdo en todos los casos en su conjunto sino por el peligro o la inquietud que podría suscitar quedar fuera del grupo (esto se da de manera inconsciente).

--Respecto del cutting, ¿por qué el dañarse el propio cuerpo es también una forma de solucionar, mediante el daño físico, una angustia existencial?

--Es muy buena pregunta porque no es tanto la conclusión a la que yo llego sino la información que obtengo de quienes lo practican. Encontré ciertas particularidades muy características de la adolescencia. Por supuesto que cada vez se extiende a edades más tempranas y se prolonga hacia la juventud. Se da fundamentalmente en las mujeres. Ellas dicen que no es un problema (y lo dicen de manera contundente) sino que es una solución que encuentran a la angustia, a dolores internos, distintas maneras de nombrar algo que no pueden nombrar. Tiene que ver con una angustia, un padecer que es emocional pero al que no le encuentran causa a ese dolor. Y el corte viene a solucionarlo. Y lo solucionan sustituyendo un dolor físico por ese dolor emocional. Eso es lo que dicen de manera prácticamente unánime.

--¿Puede significar alivio a un sufrimiento psíquico una autolesión física?

--Es lo que dicen. De hecho, lo llamativo es que buscando paliar un dolor, en un momento dado se encontró esa solución. Algo para destacar es que después ese comportamiento se diseminó como reguero de pólvora, sobre todo entre las mujeres. Como psicoanalistas, nosotros conocemos una característica en las mujeres --que Freud llama "las histéricas"--, que es la plasticidad para copiar un síntoma. Y eso podría ser un orientador o una brújula en por qué hay semejante contagio entre esa población.

--¿Lo que se denomina como "generación ni-ni" es producto del discurso capitalista del cual hablaba Lacan, donde es más importante el tener que el ser?

--Sí, creo que está sujeto totalmente a las condiciones de época, cuya forma socio-económica y política es capitalista. Por eso no se presenta como un síntoma individual. Los ni-ni más bien es un comportamiento, un fenómeno social que estudia la sociología sobre todo. Pero al mismo tiempo mantiene ciertas características que me permite agruparlo dentro de los otros dos síntomas porque un nombre viene a inscribir a los sujetos (en este caso, adolescentes o jóvenes), a inscribir nuevamente en lo que previamente fue una expulsión social; es decir, ni trabajar ni estudiar. Quedan primero por fuera del entramado simbólico-social y luego hay una nueva inscripción en donde se alinean nuevamente al discurso social indicando, por otro lado con ese nombre, el desalojo: ni estudian ni trabajan. También hay que diferenciar esto de la idea de no querer estudiar ni trabajar. Más bien es producto de un discurso que previamente los ha expulsado por distintos motivos. También está el "ni-ni" en las diferentes capas sociales porque no sólo el ni-ni es producto de la pobreza. En las clases altas también hay formas de ni-ni: aquellos que deciden dejar de estudiar y de trabajar. 

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 Mensaje en que la red social Twitter notifica que la cuenta @realDonaldTrump, perteneciente al presidente estadunidense –que contaba con 88.7 millones de seguidores–, fue suspendida permanentemente debido "al riesgo de mayor incitación a la violencia".Foto Ap

Debido a la inquisitorial censura del GAFAM/Twitter, una plétora de libertarios optó por Signal, alentado por Elon Musk, y Telegram que rebasó ya 500 millones usuarios.

Así como Trump censuró a los chinos de Tik Tok y a Huawei, apuesto a que el equipo de Biden prohibirá Telegram en EU y en su periferia satelital, bajo el pretexto exorcista de ser ruso.

Biden y Trump son las dos caras de la misma moneda del cibertotalitarismo neoliberal (sic) cuando cunde la Guerra de la ciberseguridad (https://bit.ly/3boiuqhx) –planeada hace nueve años y ejecutada ahora como "nuevo 11/9 cibernético"– que ya pusieron en jaque las libertades básicas en EU y en los países donde opera el GAFAM/Twitter en forma supraconstitucional. Se decanta así un G-2: Biden contra Rusia y Trump contra China.

Es el Pentágono –y sus tentáculos del deep State (CIA, FBI, etcétera), al unísono de la bancocracia plutocrática– que controla a los gigantes tecnológicos de Silicon Valley, al GAFAM y al minúsculo Twitter (pero con enorme poder letal): mediante el oculto big brother orwelliano del Consejo de Innovación de Defensa.

El año 2021 es ya el 1984, de Orwell, y el Mundo feliz (¿con vacunas del GAVI (https://bit.ly/35C1DfV)?), de Huxley: premonitorias obras inglesas.

La canciller alemana, Angela Merkel, quien se caracterizó por su colisión con Trump, arremetió contra la censura del GAFAM/Twitter y comentó que la “libertad de opinión es un derecho fundamental ( Daily Mail, 11/1/21)”. Su preocupación radica en que tal censura es "problemática" porque otorga "demasiado poder a los jerarcas de las redes sociales": este "derecho fundamental puede ser interferido a través de las leyes y del marco definido por la legislatura y no de acuerdo con la decisión de la gestión de las plataformas de las redes sociales". ¿Golpe de Estado cibernético privado contra los estados?

Global Times, de China, anti-Trump, critica el "silenciamiento de Trump" que rompe el principio de la libertad de expresión y que juzga mucho más relevante que la “intrusión al Capitolio (https://bit.ly/2MY9iii)”. ¡Mega-uf!

En Rusia, donde se exiló Edward Snowden, feroz crítico de Mark Zuckerberg (https://bit.ly/39v1rAt), causó estupor el pisoteo politizado de la libertad de expresión.

En México, el presidente López Obrador alertó sobre el advenimiento de un "gobierno mundial (sic)" bajo la égida del GAFAM/Twitter (https://bit.ly/35z3zWE).

El israelí progresista Thierry Meyssan hace honor al apotegma laico y tolerante de Voltaire: "Desapruebo lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo" y expone en el portal francés Réseau Voltaire que “la arbitrariedad y la censura han regresado a Occidente (https://bit.ly/2LLiZQk)”. Advierte que se necesitarán siglos (sic) para "restablecer la libertad de expresión".

La tragedia novelesca de EU, que semeja más a las parodias de Netflix (controlado por Obama), pretende competir con las tragedias griegas cuando Ivanka vendió a su padre, bajo el "factor Jared Kushner", para asistir a la toma de posesión de Biden (https://bit.ly/3sdUNah), lo cual se veía venir cuando sus dos grandes aliados en el gabinete –el israelí-estadunidense Steve Mnuchin, secretario del Tesoro, y el "cristiano sionista" Mike Pompeo, ex director de la CIA y saliente secretario de Estado– traicionaron a Trump a quien deseaban aplicar la Enmienda 25 por disfuncionalidad mental.

No fue nada casual el encuentro antier a la vista pública de Pompeo con el director del Mossad en el Café Milano, según reporta la connotada periodista Meredith McGraw (https://bit.ly/38DagZK).

La cibercra-"CIA" aplica ya la ominosa "técnica Hasbara" del Mossad/Israel cuando en su Santa Inquisición afloran los mismos términos y la misma metodología (https://bit.ly/3qcUKcT).

La técnica Hasbara es el manual lingüístico desinformativo del sionismo cuando lo negro lo hacen blanco y viceversa: poderosa propaganda negra gracias a su control de los multimedia globales y ahora con su manejo liberticida de la cibercra-"CIA".

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