Miércoles, 12 Agosto 2020 05:38

Misión imposible en Líbano 

La explosión en Líbano generó también una ola de protestas por la crisis económica. Foto Ap

“¡Sí, todos podemos estar de acuerdo en que el mar absorbió 70 por ciento de la explosión!”, me anunció un amigo libanés esta semana, con una base científica interesante, aunque dudosa. Yo le había preguntado –porque sabía la respuesta– cuál de las comunidades religiosas sufrió de manera más profunda la explosión que transformó a la nación. O que no la transformó, como podría ser el caso.

Como todo en Líbano, su cálculo podría ser correcto. Porque Beirut, como Trípoli –y Haifa, para el caso–, está construida sobre uno de esos antiguos promontorios del este del Mediterráneo, como “la cara de un viejo pescador”, según la frase memorable con que la describió Fairouz. El gran estruendo tal vez abarcó más agua de mar que edificios. Y los peces, hasta donde sabemos, no son religiosos.

Pero mi conocido –un musulmán sunita, servidor civil de muchos años, lector de libros más que de memorandos– se apresuró a advertir: “No veamos esto en términos de la guerra civil. Pero sí, los cristianos recibieron la peor parte porque viven junto al puerto, en el este de la ciudad, maronitas en su mayoría. Los del lado musulmán de Beirut perdieron sus ventanas; los cristianos perdieron la vida.” Pero ni siquiera eso era del todo cierto.

Los que dijeron que entre los muertos hubo libaneses de todos los credos también tenían razón. Hubo musulmanes –sunitas y chiítas entre los bomberos, tenderos y otros–, sin olvidar las docenas de refugiados sirios que podrían sumar la cuarta parte de las bajas. De hecho, los sirios de algún modo quedaron incluidos en la cuota mortal de Líbano. Pero hubo algo un tanto extraño en la forma en que esta tragedia se relató en Occidente.

En Francia, en Gran Bretaña y Estados Unidos –y, según noté, también en Rusia–, la narrativa (palabra que detesto) fue un poco diferente. Nos dicen que los “libaneses” protestan contra las “élites” y el gobierno –que han corrompido al país, llevado la economía a la bancarrota, han sido incapaces de proteger a su pueblo– y ahora exigen un nuevo sistema político, democrático, no sectario, incorrupto, etc., etc. Cierto otra vez.
Y sí, las casas y edificios aplastados y las calles devastadas son sin duda parte de la destrucción de Beirut. Pero sus nombres –Gemmayze, Mar Mikhael, Ashrafieh– fueron presentados como meras ubicaciones en el mapa de una ciudad, más que como el epicentro no solo de la ola expansiva, sino del viejo corazón cristiano de la capital libanesa. Esos distritos eran bellos, preservaban con magnificencia su herencia otomana… vean nada más lo que le ocurrió al asombroso Museo Sursock.

Eran zonas alegres, centros de reunión para jóvenes (sobre todo de clase media, pero tanto musulmanes como cristianos), llenos de restaurantes y bares, inmensamente populares no solo entre los libaneses, sino entre los occidentales que vivían en la ciudad y se sentían seguros entre pobladores que hablaban francés e inglés y eran en su mayoría pro europeos (y a menudo antisirios y anti iraníes).

Antes de la guerra civil era al revés: los extranjeros vivían en el oeste de Beirut, arracimados en torno a la Universidad Americana con su educación liberal, sus manifestaciones de protesta, sus movimientos palestinos (entonces), sus sunitas y drusos de clase media y, si uno se alejaba treinta kilómetros, su gran mayoría chiíta ignorada. En guerras subsecuentes con Israel, esas y otras áreas musulmanas fueron arrasadas por las bombas, diezmadas por explosiones, sus habitantes confinados en reductos. Los distritos cristianos se salvaron en parte.

Gemmayze y Mar Mikhael fueron líneas del frente falangista cristiano; las calles de Beirut oriental eran patrulladas por una mezcla de palestinos venales y milicias musulmanas. Cuando los israelíes invadieron Líbano, en 1982, fueron recibidos como salvadores por decenas de miles de cristianos y bienvenidos en las calles. Ariel Sharon se reunió con el líder de las milicias cristianas y luego asesinó al presidente electo Bahir Gemayel en el magnífico restaurante Au Vieux Quartier de Beirut oriental; el lugar fue remodelado hace mucho, pero la calle donde estaba seguía devastada el 4 de agosto pasado.

Y no, la bola de fuego cuyas ondas de choque terminaron con la vida de esas personas la semana pasada no fue una especie de venganza política por el pasado. Los cristianos resistieron meses de bombazos de las milicias musulmanas durante la guerra y después los bombardeos de Siria y, en meses recientes, su pueblo estaba entre los que aplaudían a quienes demandaban el fin de los gobiernos corruptos de Líbano. Pero entre ellos también están quienes dieron histérica bienvenida del exilio al terrible y –según creencia de muchos– demente general cristiano Michel Aoun, quien era enemigo de Siria y hoy es su amigo, y cuyo yerno es hoy ministro del exterior (de allí el ataque a su ministerio el fin de semana).

Por Robert Fisk | martes, 11 ago 2020 19:40

Publicado enInternacional
Acechado, renunció el gobierno del Líbano

Lo anunció el premier Hassan Diab, seis días después de las dos explosiones en Beirut

La caída del gobierno se produce en medio de la creciente indignación popular tras el enorme estallido de un depósito con nitrato de amonio en el puerto de la capital. 

 

El primer ministro libanés, Hassan Diab, anunció la renuncia de su gobierno tras la partida de varios ministros y las protestas sucesivas por la devastadora explosión ocurrida hace seis días en Beirut.

El jefe del gobierno, que se presenta como independiente, culpó a la clase política tradicional de su fracaso, y arremetió contra la "corrupción" que llevó a este "terremoto que golpeó al país".

"Hoy, anuncio la dimisión de este gobierno", dijo en un discurso televisado. "La catástrofe que afectó a los libaneses en el corazón ocurrió a causa de la corrupción endémica en la política, la administración y en el Estado", añadió Diab, profesor universitario que formó su gabinete en diciembre de 2019, en respuesta a la ola de protestas que estalló en el país el 17 de octubre en contra de la clase política tradicional. 

"Algunos no han leído bien la revolución de los libaneses del 17, era contra ellos, pero no lo entendieron", agregó siempre sin dar nombres.

Responsabilizó de la catástrofe de Beirut a la "clase política" que "lucha con todos los medios sucios" y subrayó que su Gobierno tecnócrata hizo "todo lo que pudo por salvar el país", pero hay una "gran barrera" frente al cambio.

Este gobierno que se presentó como un equipo de tecnócratas tuvo que negociar las carteras con un solo campo político, el movimiento chiíta del Hezbolá y sus aliados, especialmente el partido presidencial, la Corriente patriótica libre (CPL).

Tras anunciar su decisión, Diab se reunió con el mandatario del país, Michel Aoun, en el palacio presidencial para informarle oficialmente de la decisión. Aoun aceptó la renuncia del gobierno, pero le pidió que siga en funciones hasta la formación de un nuevo Ejecutivo.

Cuando Diab iniciaba su discurso, se registraron choques en el centro de la ciudad en los alrededores del parlamento. Manifestantes lanzaron piedras contra las fuerzas de seguridad que replicaron con gases lacrimógenos.

"¡Renunció, renunció!", gritaba Rasha, de 27 años, en medio de unos tímidos gestos de celebración, mientras un centenar de manifestantes se enfrentaba con las fuerzas de seguridad. "Lo que pasó ahora tendría que haber pasado antes. La explosión mató a gente y por eso dimiten, pero no es suficiente. Todo el sistema debe cambiar, empezando por el presidente hasta los diputados", afirmó Rasha, mientras se aleja con prisa del centro de los disturbios.

Esta renuncia no daría satisfacción al movimiento de protestas que pide la salida de toda la clase política acusada de corrupción e incompetencia.

Cuatro miembros de su gabinete ya habían dimitido después de la explosión del 4 de agosto que provocó la muerte de al menos 160 personas y 6.000 heridos y reactivó las protestas populares.

Casi una semana después de la explosión, las autoridades libanesas acusadas de corrupción e incompetencia por la ciudadanía aún no respondían con claridad a la pregunta que se hace todo el mundo: ¿por qué una enorme cantidad de nitrato de amonio se encontraba almacenada en el puerto de la capital libanesa?

La explosión de casi 3.000 toneladas de nitrato de amonio que estaban almacenadas en el puerto desde 2014 sin las debidas medidas de precaución, tal y como admitió Diab el día de los hechos, ha generado un efecto dominó, mientras el número de muertos sigue creciendo.

El Ministerio de Salud elevó ayer a 220 los fallecidos y señaló que ya hay "menos de veinte" desaparecidos, aunque sigue la búsqueda de cuerpos bajo los escombros tras la catástrofe, que causó además más de 7.000 heridos.

El Ejército libanés anunció en un breve comunicado que equipos de rescate militares de este país, junto a los grupos de búsqueda de Francia y Rusia, recuperaron cinco cadáveres.

Tras las tensas manifestaciones de sábado y domingo, los ministros de Finanzas, Ghazi Wazni, y de Justicia, Marie-Claude Najm, anunciaron su dimisión, lo que elevó a cuatro las renuncias de integrantes del ejecutivo. El domingo ya habían anunciado su marcha del ejecutivo la ministra de Información, Manal Abdel Samad, y el de Medio Ambiente, Damianos Kattar. Nueve diputados también renunciaron a su cargo.

El primer ministro había asegurado que estaba dispuesto a mantenerse dos meses en su cargo hasta la organización de elecciones anticipadas.

En las protestas del fin de semana, reprimidas por las fuerzas de seguridad, los manifestantes clamaban venganza contra una clase política acorralada.

"Todos quiere decir todos", gritaban los manifestantes que desconfían de la clase política.

En el lugar de la explosión, los socorristas perdieron la esperanza de encontrar a nuevos supervivientes. Quedan menos de 20 personas desaparecidas, según las autoridades.

Publicado enInternacional
La bandera libanesa cuelga de la estatua de los Mártires en la Plaza de los Mártires en Beirut, Líbano. /EFE/EPA/WAEL HAMZEH

La intromisión de Occidente en Líbano ha existido incluso desde antes de su independencia en 1943. Primero Francia y después Estados Unidos se han entrometido en la política interna de un país que fue desgajado artificialmente de Al Sham, la Gran Siria. Su enorme complejidad religiosa dificulta hallar una solución que solamente podrá abordarse si antes se resuelven los conflictos regionales.

 

La explosión del cuatro de agosto en el puerto de Beirut ha desencadenado una ola de solidaridad occidental con Líbano que se traducirá en el envío de una ayuda de un montón de millones de dólares y en innumerables declaraciones de ánimo al maltrecho país del otro extremo del Mediterráneo, no exentas de consejos y buenas intenciones.

Sin embargo, de la misma manera que el infierno está lleno de buenas intenciones, los problemas del diminuto Líbano son gigantescos y no parece que la injerencia occidental vaya a resolverlos. Al contrario, al inmiscuirse en su política, algo que viene haciendo Estados Unidos desde siempre, es muy posible que asistamos a un deterioro de la situación, con un mayor riesgo de inestabilidad.

Para resolver los problemas libaneses, como los de otros países árabes de la región, deberían darse dos circunstancias: la resolución del conflicto árabe-israelí y la profundización en un acuerdo similar al de Barack Obama con Teherán que fue desbaratado por el presidente Donald Trump.

Ninguna de estas dos condiciones, que son necesarias, va a darse por el simple hecho de que la política exterior americana se dirige al milímetro desde Tel Aviv y está claro que el Israel de Benjamín Netanyahu no tiene la menor intención de resolverlas; al contrario, todos sus pasos se dirigen cuidadosamente a crear más inestabilidad.

La injerencia den la política libanesa es constante y determinante. La embajadora de EEUU en Beirut, Dorothy Shea, ya montó un pollo considerable hace solo unas semanas dictando a los cuatro vientos qué debería hacer y qué no hacer el gobierno libanés, obrando de una manera inadmisible que ni EEUU ni ningún otro país permitiría de ningún diplomático extranjero.

Lo que más desearía Washington es exactamente lo que más desearía Israel, es decir que la tierra se tragara a Hassan Nasrallah, el líder de Hizbolá, la fuerza política y militar dominante. Washington y Tel Aviv querrían que desapareciera sin pagar ningún peaje, y que su desaparición se tradujera en la consolidación de la hegemonía israelí en la región, al fin y al cabo Nasrallah y sus padrinos de Teherán son el último obstáculo que se interpone para la dominación total de Israel.

Los israelíes no aceptarán ninguna otra cosa que no sea esa, y cuentan con el apoyo inequívoco de Trump para conseguirlo, al tiempo que la Unión Europea ha optado por aplicar cuatro "estrategias" alternativas que son inútiles: estar ausente, ignorar los problemas reales, ignorar que todos ellos conducen a Tel Aviv o saltar a la comba al ritmo que impone Washington, es decir de Tel Aviv.

Debe insistirse en que los problemas de Líbano no se resolverán si antes no se solucionan el conflicto árabe-israelí y las relaciones con Irán. Nasrallah dijo hace unos años que Hizbolá aceptará cualquier acuerdo con Israel que cuente con el visto bueno de los palestinos, pero ¿qué ha hecho el presidente Trump? Parir un engendro que llama "acuerdo del siglo" que es un disparate y certifica el expolio de los palestinos y las ya viejas políticas de apartheid.

En cuanto a Irán, hace solo unas semanas trascendió que las autoridades de Omán, que mantienen buenas relaciones con Irán e Israel, ofrecieron a Netanyahu un diálogo directo con Teherán. Netanyahu lo rechazó sin pensárselo dos veces por la sencilla razón de que lo último que le interesa es la estabilidad y aspira a tener comparsas dóciles y dispuestos a ejecutar sus designios, como ya lo hacen el príncipe saudí Mohammad bin Salman y el príncipe emiratí Mohammad bin Zayed, totalmente sometidos a su voluntad.

La inacción de las potencias europeas contribuye de una manera creciente a la inestabilidad. Francia y Alemania, y no digamos el Reino Unido, no mueven un dedo para frenar la evolución de un Oriente Próximo que más tarde o temprano volverá a crear problemas mayores a Europa. Al contrario, los europeos dan muestras de sentirse a gusto con esa dinámica que ahora tiene el punto de mira inmediato orientado a Libia y Líbano.

Dentro de una semana el Tribunal de la Haya se pronunciará sobre el asesinato del exprimer ministro libanés Rafiq Hariri. Diga lo diga el tribunal, su dictamen significará una nueva sacudida para Líbano. En todo caso, es evidente que los tribunales internacionales están muy politizados y al servicio de las potencias hegemónicas. En el caso de Líbano, no hay duda de que, en tanto que herramienta de Occidente, el dictamen solamente traerá inestabilidad.

Cuando Emmanuel Macron afirma que quiere evitar el "caos" que se cierne sobre Líbano, haría bien en apuntar en otra dirección ya que la situación en Líbano no se arreglará si no se arreglen los problemas regionales en los que está implicado Israel, unos problemas que no se van a resolver con un puñado de dólares ni con declaraciones bonitas que no guardan relación con el meollo de la cuestión.

Pensar, como se piensa en Occidente, que la caída del gobierno de Beirut y su sustitución por otro, o que el ejército debería tomar el control de la situación, va a resolver los problemas de Líbano, es una ingenuidad en estado puro. Los problemas de Líbano únicamente se solucionarán si se arregla el contexto de la región, una posibilidad que los occidentales ni siquiera se plantean.

11/08/2020 08:14

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Publicado enInternacional
Bill Gates. Credito: EP

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, lamentó este domingo 9-A "la locura de pruebas" del coronavirus SARS-CoV-2 que hay en EE UU, que ha sobrepasado ya los cinco millones de contagios de covid-19.

"Una variedad de pasos tempranos en falso por parte de EE UU y luego la atmósfera política han supuesto que no hicimos que nuestras pruebas comenzaran a funcionar", dijo Gates a la CNN.

"Ningún otro país tiene la locura de pruebas -agregó-, porque no hablarán de arreglarlas, debido a que piensan que simplemente deben seguir actuando, como si hubieran hecho un trabajo competente".

En su opinión, las prohibiciones de viaje desde otros países -como los vetos impuestos por el presidente Donald Trump a los visitantes desde China o desde algunos países de la Unión Europea- no han contribuido a evitar la expansión del virus en EE UU.

"Es una tontería que cualquier tipo de prohibición de viaje que hicimos fuera beneficiosa -agregó-. Eso no pasa la prueba del sentido común. Y ahora hemos ejecutado cierres en todo el país con menos fidelidad que en otros países".

Gates, copresidente de la fundación que lleva su nombre y el de su esposa, Melinda, subrayó que los laboratorios comerciales han hecho que haya largas colas de personas para hacerse las pruebas, mientras que los ricos tienen acceso a tests rápidos.

"Es alucinante que no se pueda lograr que el Gobierno mejore las pruebas, porque solo quieren (desde el Gobierno) decir lo buenas que son", indicó Gates.

También les ha pedido otras medidas: "No reembolsen ningún test donde el resultado tarde más de tres días. Están pagando miles de millones de dólares de esta manera muy desigual para conseguir los resultados de los test con menor valor del mundo".

EE UU, el país más afectado por la pandemia, rebasó este domingo los 5 millones de contagios, con 5.036.387 casos confirmados hasta ahora, y 162.851 fallecidos.

Estimó que "para el mundo rico, deberíamos ser capaces de acabar con esto para finales de 2021, y para el mundo en general para finales de 2022".

Con información de agencias.

09.08.20 -

Por Aporrea

 

 

Publicado enSociedad
Martes, 11 Agosto 2020 05:38

Lecciones de la historia

"El caso brasileño fue muy particular. El giro económico de Rousseff, en su segundo mandato, es una de las claves para entender su derrocamiento", apunta Diego Rubinzal.  ________________________________________ Imagen: EFE

Los daños autoinfligidos. La experiencia brasileña

La menor desigualdad fue producto de la mejora de los ingresos laborales y de las transferencias estatales a los sectores más postergados entre 2002 y 2014. El cambio de régimen de política económica generó una recesión económica innecesaria en 2015.

 

El neoliberalismo se adueñó del tablero mundial tras el colapso del socialismo real. América latina no fue ajena a esa oleada. En los dos países más importantes del Cono Sur, los presidentes Carlos Menem y Fernando Henrique Cardoso fueron alumnos ejemplares del Consenso de Washington. Sin embargo, “nada es para siempre” como enseña la canción de Fito Paez.

La crisis social provocó la salida anticipada de varios gobiernos (Argentina, Ecuador, Bolivia). Esa fue la antesala del ascenso al poder de una variopinta centroizquierda regional.

Más allá de las diferencias, el “giro a la izquierda” se tradujo en mayor inclusión social. Según datos de la Cepal, el coeficiente de Gini disminuyó del 0,547 a 0,491, entre 2002 y 2014. A su vez, la brecha entre el diez por ciento que más y menos gana se redujo de 43 a 39 veces. La menor desigualdad fue producto de la mejora de los ingresos laborales y de las transferencias estatales a los sectores más postergados.

Un dato no menor fue que se consolidó esa tendencia a contramano de lo que ocurría a escala mundial. En otras palabras, la reducción de la brecha de desigualdad latinoamericana coexistió con mayor inequidad a escala global. A pesar de esos logros, la mayoría de esos gobiernos perdió apoyo popular con el paso del tiempo. Los motivos son multicausales e incluyen patrones comunes (por ejemplo: el lawfare) y específicos de cada país.

Por ejemplo, el caso brasileño fue muy particular. El giro económico de Rousseff, en su segundo mandato, es una de las claves para entender su derrocamiento. La historia comenzó con la designación del ortodoxo Joaquim Levy como ministro de Hacienda. Esa decisión generó fuertes resistencias internas en el Partido de los Trabajadores (PT). Sin embargo, la política de “austeridad” impulsada por el ex banquero fue defendida por Lula aduciendo que esa estrategia había arrojado buenos resultados en el tramo inicial de su primer gobierno. Sin embargo, el contexto internacional era incomparable.

Lo que ocurrió después fue muy predecible. El cambio de régimen de política económica generó una recesión económica innecesaria. El daño autoinfligido desplomó los índices de popularidad de Dilma. El clima estaba servido para la maniobra destituyente encabezada por Michel Temer.

¿Por qué el gobierno del PT cayó en esa trampa?. Responder ese interrogante no es una mera curiosidad histórica sino fuente de aprendizaje para el futuro. En "Conflicto distributivo y fin de la 'breve Edad de Oro' de la economía brasileña", los profesores de la Universidad de Rio de Janeiro Franklin Serrano y Ricardo Summa plantean que hubo una “revolución indeseada” (para los capitalistas) en el mercado laboral en Brasil entre 2004 y 2014. Eso fue resultado del fuerte aumento del salario mínimo, la creación de empleo y el empoderamiento sindical. En el período 2005-2015, la participación salarial aumentó un promedio de 1,2 puntos porcentuales anual, según las estimaciones de los economistas Saramago, Medeiros y Freitas.

“El giro neoliberal en la política económica de 2015 estuvo relacionado con las consecuencias de la “revolución indeseada” en el mercado de trabajo. Parece que ocurrió en la breve edad de oro brasileña algo en parte similar a lo que sucedió al final de la larga edad de oro de los países centrales: una reacción política a la intensificación del conflicto distributivo, que finalmente llevó a la adopción de políticas de austeridad. Además, existía la diferencia de que los capitalistas aquí confiaban en el apoyo de los trabajadores de mayores ingresos, enojados con la reducción de la desigualdad salarial y el costo creciente del trabajo en los servicios domésticos”, explican Serrano y Summa. El desenlace es conocido. Ceder a las presiones costó muy caro.

* Director Regional de la AFIP Santa Fe.

Publicado enInternacional
Manifestantes que intentaban llegar al Parlamento libanés responden a los disparos de gases lacrimógenos de la policía, en el segundo día de protestas antigubernamentales tras las devastadoras explosiones que causaron 158 muertes y más de 6 mil heridos, así como 300 mil personas que perdieron sus viviendas. Los ministros de Información y de Medio Ambiente renunciaron ante las repercusiones políticas de la tragedia. Francia ha encabezado un puente aéreo y marítimo de ayuda internacional. Foto Ap. Agencias

 

Protestas y represión en las calles de Beirut por segundo día consecutivo

 

Beirut. La policía libanesa disparó ayer gas lacrimógeno para dispersar a manifestantes que arrojaban piedras y bloqueaban un camino cerca del Parlamento, en el segundo día de protestas antigubernamentales tras las devastadoras explosiones de la semana pasada.

Un incendio se desató en un acceso a la Plaza del Parlamento cuando los manifestantes intentaron irrumpir en un área acordonada. También entraron por la fuerza en las oficinas de los ministerios de Vivienda y Transporte.

Los ministros de Información, Manal Abdel Samad, y de Medio Ambiente y Desarrollo Administrativo, Damianos Kattar, renunciaron ante las repercusiones políticas de la tragedia, tras meses de crisis económica, al señalar que el gobierno fracasó en sus planes de reforma.

El estallido de más de 2 mil toneladas de nitrato de amonio el martes pasado mató a 158 personas, dejó más de 6 mil heridos y a unos 300 mil sin casa.

Policías antidisturbios se enfrentaron a manifestantes cuando miles convergieron en la Plaza del Parlamento, cerca de la Plaza de los Mártires, donde se instalaron carpas para distribuir pan, agua y comida caliente.

Los manifestantes respondieron a los disparos de gas lacrimógeno con el grito: "¡Revolución, revolución!" Algunos trataron de escalar las imponentes barricadas de la policía para proteger la calle que lleva al Parlamento.

El principal clérigo maronita cristiano del país, Bechara Boutros al Rai, dijo que el gabinete debería renunciar, ya que "no puede cambiar la forma en que gobierna".

La ayuda internacional sigue llegando. Francia creó un "puente aéreo y marítimo" para llevar más de 18 toneladas de ayuda médica y cerca de 700 toneladas de alimentos.

La ayuda de urgencia recolectada ayer por medio de una videoconferencia organizada por Francia y la Organización de Naciones Unidas para Líbano se eleva a poco más de 250 millones de euros.

El monto total de la ayuda de urgencia comprometida o movilizable a corto plazo es de 252 millones 700 mil euros, de los cuales 30 millones son de Francia, precisó el Palacio del Elíseo.

El presidente libanés, Michel Aoun, descartó el viernes una investigación internacional, en oposición a una solicitud planteada por su homólogo francés, Emmanuel Macron, quien el jueves visitó Beirut.

Hay que "actuar rápido", exhortó Macron en la videoconferencia de países donantes antes de pasar la palabra a su homólogo estadunidense, Donald Trump, quien se pronunció por una investigación internacional, y a los jefes de gobierno Giuseppe Conte, de Italia, y Pedro Sánchez, de España, así como responsables de las grandes organizaciones internacionales (FMI, Banco Mundial, Cruz Roja, etcétera).

La Organización de Naciones Unidas estimó que sólo el costo de las necesidades sanitarias asciende a 85 millones de dólares.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia calculó además que unos 100 mil niños pueden haberse visto afectados por la situación en que se encuentran sus viviendas, derruidas o semiderruidas, tras las explosiones, y muchos de ellos están entre las víctimas mortales y heridos a causa de este suceso.

Publicado enInternacional
 En la horca las figuras de cartón del primer ministro libanés Hasán Diab y el líder de las fuerzas libanesas, Samir Geagea, en el centro de Beirut.Foto Afp Manifestantes cargan contra una valla frente al Parlamento de Beirut.  ________________________________________ Imagen: EFE

Llegaron a 158 los muertos en Líbano por la explosión en el puerto de Beirut 

 

 Las explosiones en el puerto de Beirut del martes pasado, que hasta el momento dejaron 158 muertos, fue lo último que decidió soportar el pueblo del Líbano. Durante la tarde del sábado hubo un levantamiento popular que derivó en la toma de varios ministerios.

 

Las explosiones en el puerto de Beirut que dejaron 158 muertos el martes pasado fue lo último que decidió soportar el pueblo del Líbano. Durante la tarde del sábado hubo un levantamiento popular que derivó en la toma de varios ministerios. La situación fue controlada por las fuerzas de seguridad que reprimieron a los manifestantes. La gente también se congregó en la plaza central de la ciudad. Allí expresaron su hartazgo con el gobierno al que culpan por la catástrofe. Para descomprimir la situación el primer ministro libanés Hassan Diab dio un mensaje televisado a todo el país donde propuso adelantar las elecciones legislativas. "Asumimos nuestras responsabilidades y sabíamos que el país estaba en un estado de colapso político, financiero y administrativo", admitió Diab, citado por el diario L'Orient-Le Jour. "Sin embargo, solo podremos salir de la crisis estructural en Líbano organizando elecciones legislativas anticipadas para producir una nueva clase política", agregó.T ras la explosión que dejó devastada buena parte de la ciudad , más de 300.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares.

“El día del Juicio”

Los libaneses ya venían soportando el peso de una crisis económica inédita. La explosión en al capital fue la gota que derramó el vaso y relanzó un movimiento de protesta que había comenzado en octubre pasado. La crisis del coronavirus fue la causa por la que el movimiento perdió fuerza. Cerca de la Plaza de los Mártires, epicentro tradicional de las marchas en la ciudad, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes lanzaron piedras hacia la policía que respondió con gases lacrimógenos. "Estamos oficialmente en guerra contra nuestro gobierno", declaró una activista, Hayat Nazer.

La consigna con la que se reunieron en la plaza céntrica miles de personas fue: "El día del juicio". Los ciudadanos reclamaron a la clase dirigente que se responsabilice por la catástrofe del martes. Instalaron guillotinas de madera y agitaron sogas. "Venganza, venganza, hasta la caída del régimen", clamaron mientras las fuerzas de seguridad intentaban impedir a algunos grupos avanzar hacia el Parlamento. Al igual que durante la crisis del 2001 en Argentina, los bancos fueron uno de los blancos elegidos por la ciudadanía. Desde el año pasado el gobierno impuso duras restricciones para retirar y transferir de dinero. "No podemos más. Somos rehenes, no podemos salir del país, no podemos sacar dinero de los bancos, el pueblo está muriendo de hambre, hay más de dos millones de desempleados", expresó Médéa Azoury, una manifestante de 45 años.

Mientras las fuerzas de seguridad se concentraban en mantener el orden, unas 200 personas lideradas por oficiales retirados del ejército tomaron la sede del ministerio de Relaciones Exteriores. Rebautizaron el lugar como la "Sede central de la revolución". El exgeneral Samir Rammah exhortó a través de un megáfono a levantarse para perseguir a todos los corruptos. Detrás de él los manifestantes descolgaban y pisoteaban el retrato del presidente Michel Aoun. El ejército, enviado como refuerzo, desalojó el lugar horas más tarde usando balas de goma y gas lacrimógeno. Otro grupo de personas también intentó tomar la sede central de la Asociación de Bancos y la incendiaron antes de ser desalojados por el ejército. Varios ciudadanos irrumpieron también en el ministerio de Economía, así como el de Energía, símbolos de la mala gestión de los servicios públicos. La Cruz Roja libanesa informó que fueron trasladadas a hospitales cercanos 63 personas heridas. Otras 175 recibieron asistencia en el lugar.

“Pónganse de acuerdo”

Con el caos creciendo en las calles, el primer ministro anunció que adelantaría las elecciones legislativas. Diab sostuvo que solo los comicios iban a permitir salir al país de la crisis en que se encuentra. "Pido a todos los partidos políticos que lleguen a un acuerdo sobre la próxima etapa", añadió el jefe de gobierno. El político formó su gabinete en enero tras la renuncia de Saad Hariri a finales de octubre bajo la presión de las protestas. “Estoy dispuesto a seguir asumiendo mis responsabilidades durante dos meses hasta que se pongan de acuerdo", indicó Diab. Y dijo que presentaría su propuesta el lunes al Consejo de Ministros.

Aún no fueron esclarecidas las causas de la gigantesca explosión en el puerto. La catástrofe dejó más 6.000 heridos, dentro de los cuales 120 siguen en estado crítico, según el balance del sábado del Ministerio de Salud libanés. Además, 21 personas permanecen desaparecidas, y 43 sirios murieron, según su embajada en el Líbano. El presidente informó el viernes que no iba a propiciar una investigación internacional. A su vez, afirmó que la explosión podría haber sido causada por negligencia o por un misil. Una veintena de funcionarios del puerto y de las aduanas fueron detenidos, según fuentes judiciales y de seguridad. Cinco diputados opositores renunciaron desde el día de la explosión, entre ellos tres de un partido cristiano cuyo secretario general murió en la catástrofe.

El Líbano se encuentra en pleno naufragio económico tras haber caído en cesación de pagos de su deuda. El gobierno llevó a adelante tensas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) donde el organismo planteó duras condiciones para habilitar un préstamo. Hasta el momento fueron incapaces de ponerse de acuerdo. Las ayudas internaciones comenzaron a llegar desde hace algunas días. El presidente de Francia Emmanuel Macron, que el viernes viajó al país , encabeza las tratativas. El domingo tendrá lugar una videoconferencia para reunir donaciones coorganizada por la ONU y Francia. Sin embargo hasta la fecha sólo llegaron 39 millones de dólares desde la Unión Europea. 

Publicado enInternacional
La alternativa al dólar: el trabajo pendiente de la transición a un nuevo orden económico

El ascenso de China y el retroceso de Estados Unidos se perciben con mayor claridad si comparamos dos fechas: 2008 y 2020.

En este breve lapso, la transición hacia un mundo centrado en Asia no ha dejado de progresar, pero para cerrar este ciclo falta una alternativa a la previsible, y no necesariamente cercana, "muerte del estándar del dólar".

Los datos sobre la producción material hablan solos.

Según la World Steel Association, en 1991 China producía el 9,6% del acero del mundo, pero en 2019 ya produce el 53,3%, mientras los países del NAFTA apenas llegan al 6,3%. Esa abrumadora diferencia no ha hecho más que ensancharse durante la pandemia: en junio China alcanzó el 61% de la producción, mientras Occidente retrocede.

El punto de inflexión fue la primera década de 2000, ya que en 2007 producía ya el 36,5% del acero mundial.

Si ponemos la lupa en la producción de vehículos, el ascenso chino es tan impresionante como el estancamiento de Occidente: las fábricas del Dragón lanzaron dos millones de vehículos en 2000 para ascender a 29 millones en 2019. En tanto EEUU, Alemania y Japón retrocedieron o se estancaron.

Para quienes crean que el ascenso chino está focalizado en la producción masiva de mercancías de baja y mediana tecnología, la lista top500.org que analiza las 500 supercomputadoras más potentes del mundo, es más que ilustrativa. Recién en 2002 China entró en la lista, cuando EEUU sumaba el 48,6% de las mejores supercomputadoras.

En junio de 2020, la última lista difundida, China obtiene el 45,5%, duplicando a EEUU que obtiene sólo el 23,4% de las supercomputadoras.

Si nos fijamos en el sector financiero, en 1999 EEUU copaba la lista de los 10 mayores bancos por capitalización, con seis bancos, encabezados por Citigroup. Entre los 20 mayores no había ninguno chino. En julio de 2020, la lista la encabezan cuatro gigantes chinos, con el ICBC a la cabeza, habiendo sólo dos estadounidenses entre los diez mayores.

El diplomático Alfredo Toro Hardy nos recuerda en el Observatorio de la Política China, que el Dragón es ya una superpotencia tecnológica, que "posee nueve de las 20 mayores empresas de alta tecnología en el mundo", encabezadas por Alibaba, Tencent, AntFinancial, Bytendance y Baidu, pero a renglón seguido nos dice que "las 11 remanentes son todas estadounidenses".

El último dato es importante porque EEUU está en declive, pero en modo alguno es una potencia derrotada, ni siquiera en lo económico. China es el segundo mayor inversor del mundo en investigación y desarrollo tecnológico después de Estados Unidos, aunque el Dragón crece cuatro veces más deprisa.

Por eso, Toro Hardy concluye: "Estados Unidos y China mantienen una competencia en la que el primero lleva aún la delantera, pero donde la segunda descuenta aceleradamente la ventaja. Como en las carreras de caballos, quien alcanza gana".

Creo que es un buen ejemplo que echa luz sobre los conflictos en curso. Sin embargo, la gran ventaja de Washington es el dólar. Como destaca el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), "el tema más crítico de toda la transición mundial, es la reforma del sistema monetario internacional".

Según este think tank francés, luego de la crisis de 2008 que golpeó al dólar, el mundo se ha abocado a "resolver la paradójica obligación de liberarse de su dependencia de la moneda estadounidense, protegiendo, al mismo tiempo, el valor de las inmensas reservas de divisas denominadas en dólares, acumuladas en las arcas de los bancos centrales".

Más de una década después, aún no está claro cómo se resolverá la sucesión del dólar. Uno de los cambios más notables, anotados por el LEAP, es que el mercado de futuros del petróleo, que cotizan en yuanes en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghai, ya representan el 10% de los volúmenes de hidrocarburos comercializados en el mundo.

Se trata de un importante avance, pero insuficiente. El último boletín del LEAP anticipa que "las monedas vinculadas al dólar perderán; mientras que las monedas vinculadas a la potencia china y al euro serán áreas de estabilidad monetaria".

Estamos en un punto decisivo y delicado. El ascenso de China es un hecho, pero EEUU aún tiene la capacidad de impedir que siga avanzando. Si nos basamos en la historia de las transiciones hegemónicas (de España a Inglaterra y de ésta a EEUU, por mencionar las más recientes), todas implicaron guerras que consagraron las tendencias de fondo.

En este momento, todo apunta al Mar del Sur de China como escenario de una conflagración entre ambas potencias. El analista Pepe Escobar cita un informe chino no publicado, que asegura que la aviación del Pentágono está siendo neutralizada por "dispositivos de interferencia electrónicos ubicados en islas y arrecifes en el Mar del Sur de China".

Añade que "no hay absolutamente ninguna manera de que la Flota del Pacífico de EEUU pueda ganar una guerra de disparos en el Mar del Sur de China".

Es posible que sea así, aunque el anti-imperialismo suele exagerar las capacidades de quienes se oponen a EEUU y desconsiderar las fortalezas que conserva y desarrolla aún la superpotencia.

Por el contrario, el especialista en seguridad mundial Michael T. Klare, considera que la principal limitación de EEUU es su frágil situación interna. Si la guerra fría en curso se deslizara hacia una guerra caliente, EEUU afrontaría la limitada capacidad de reclutamiento del Pentágono:

"A diferencia de la Guerra Fría original, los hombres jóvenes en este país ya no están obligados a servir en el ejército de los EE. UU", argumenta Klare.

En efecto, en las guerras de EEUU desde el 11S, se utilizaron incentivos económicos para alentar a los soldados profesionales y así "evitar la protesta pública por esas guerras", como sucedió en Vietnam, una guerra perdida en las ciudades y campus estadounidenses.

Eso fue posible, agrega Klare, "porque el número de soldados que participaron en combate no era enorme en comparación con las épocas de la Guerra de Corea o Vietnam". Pero una guerra contra China, y probablemente también contra Rusia, necesita de un nivel de reclutamiento que sería imposible en la situación interna que vive EEUU.

Una sociedad quebrada por el empobrecimiento de la clase media y el brutal enriquecimiento de los más ricos y la 'epidemia de opioides', que se traducen en la disminución de la esperanza de vida, un caso único entre los países desarrollados.

Un país que está "demasiado roto para combatir el coronavirus", como señala una columna de The New York Times, no puede encarar ninguna empresa seria. El casi amotinamiento que vivió la tripulación del portaaviones Theodore Roosevelt, en apoyo al comandante Brett Crozier, ante el brote de coronavirus en la tripulacion y desobedeciendo al alto mando, es una pequeña muestra de lo que puede suceder en una sociedad en pie de guerra contra el 1%.

15:32 GMT 07.08.2020URL corto

Publicado enEconomía
Sábado, 08 Agosto 2020 06:14

Anhelos de cambio

 Aleksandr Lukashenko

Mañana domingo, 6 millones 880 mil habitantes con derecho a voto de Bielorrusia –pequeña república eslava, estratégica por su ubicación entre la OTAN y Rusia– están convocados a las urnas para elegir quién los va a gobernar los siguientes cinco años, pero lo que su invariable presidente desde 1994, Aleksandr Lukashenko, concibió como simple trámite para su sexta relección no será tan fácil al colmarse el vaso de la paciencia de sus electores.

Tras deshacerse de sus principales rivales –Serguei Tijanovsky, bloguero opositor a quien se denegó el registro como candidato y ahora se encuentra en prisión por asistir a una manifestación de protesta; Víctor Babariko, banquero que acabó en la cárcel con su hijo, acusados de un delito que ellos consideran fabricado, y Valeri Tsepkalo, ex diplomático y empresario a quien también se impidió participar y tuvo que irse al exilio–, Lukashenko creyó que ya no tenía enfrente a nadie que pudiera disputarle la presidencia.

Y la arrogancia de Lukashenko se estrelló contra la dignidad de una joven mujer, Svetlana Tijanovskaya, que no dudó en tomar el relevo de su esposo encarcelado y que en un mitin reciente reunió a 10 por ciento del padrón como candidata unificada de la oposición, mientras el mandatario, con descalificativos sazonados con un machismo primitivo, llegó a afirmar que "ninguna mujer tiene capacidad para gobernar Bielorrusia, sería un desastre".

Traductora y ama de casa que nunca imaginó que tendría que dedicarse a la política, Tija-novskaya concentra los anhelos de cambio de los bielorrusos y anunció que, en caso de ganar, dimitirá dentro de seis meses para convocar comicios, a diferencia de los actuales, limpios y transparentes.

Si el conteo de votos –y dos días antes de los comicios, la comisión electoral dijo que ya había ejercido su derecho a sufragar más de 22 por ciento del padrón– se va a basar en los mismos métodos con que Lukashenko se libró de sus principales rivales, nocabe duda que se proclamará vencedor.

Importa no tanto quién va a ganar, con reglas así sólo puede haber un triunfador, sino cuánto tiempo podrá mantenerse en el cargo, ya que es previsible que salgan a la calle decenas de miles de descontentos. De la magnitud de la protesta dependerá si Lukashenko lanza el ejército contra su pueblo o dimite.

Publicado enInternacional
Las fuerzas de seguridad libanesas dispersaron con gases lacrimógenos a decenas de manifestantes enfurecidos, quienes acusaron a las autoridades de incompetencia y corrupción al desoír la advertencia sobre el cargamento de 2 mil 750 toneladas de nitrato de amonio almacenadas en el puerto, el cual explotó el pasado martes y causó 149 muertos y 5 mil heridos. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, acudió ayer a la zona de la tragedia y prometió apoyo e investigación internacional. Foto Xinhua. Agencias

Crean comisión investigadora y le dan 4 días para rendir un informe

 

Beirut. Las fuerzas de seguridad libanesas dispersaron anoche con gas lacrimógeno a decenas de manifestantes enfurecidos por las explosiones del martes en el puerto de Beirut, tragedia que se convirtió en símbolo de la incompetencia y la corrupción de las autoridades. Horas antes, al grito de "¡revolución, revolución!", multitudes asediaron al presidente francés, Emmanuel Macron, de visita en esta capital, quien prometió apoyo e investigación internacional y afirmó que "sin reformas, Líbano seguirá hundiéndose".

Los manifestantes destrozaron comercios y lanzaron piedras a la policía en el barrio del Parlamento, según la Agencia Nacional de Información. La policía respondió y varios manifestantes resultaron heridos.

La ira y la consternación se acrecientan en Beirut luego de que medios de comunicación confirmaron que las autoridades recibieron advertencias sobre el cargamento de 2 mil 700 toneladas de nitrato de amonio almacenadas en el puerto que estallaron el martes dejando 149 muertos, 5 mil heridos y 300 mil personas sin techo.

Durante el recorrido de Macron por las devastadas calles capitalinas la multitud enfurecida le gritaba: "Queremos la caída del régimen. (El presidente) Michel Aoun es terrorista. ¡Ayúdenos!"

El mandatario prometió que propondrá un nuevo pacto político y reiteró que su país dará a la nación asistencia médica y humanitaria que "no terminará en manos corruptas", e instó al gobierno a implementar "reformas indispensables" para evitar el "hundimiento" de Líbano. También anunció una conferencia internacional para recaudar fondos para la nación.

Macron pidió una investigación internacional sobre las explosiones provocadas por el incendio en un depósito del puerto donde se guardaban 2 mil 700 toneladas de nitrato de amonio desde 2014.

"Líbano no está solo", tuiteó el presidente francés.

Macron se dirigió primero al puerto y luego al devastado barrio de Gemmayze, donde enfrentó a una multitud enojada con la clase política, que apenas ha cambiado desde el final de la guerra civil (1975-1990), y a la que acusa de corrupción y negligencia.

Francia, que ejerció un mandato sobre Líbano desde la década de 1920 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y conserva lazos profundos con el país, quiere "organizar la cooperación europea y más ampliamente la ayuda internacional", mientras la diáspora libanesa ya empezó a movilizarse.

Varios países ya enviaron socorristas y material y la Unión Europea anunció ayuda de emergencia por 33 millones de euros (unos 40 millones de dólares).

El jefe de la diplomacia libanesa, Charbel Wehbé, anunció ayer la creación de una comisión investigadora "que tiene cuatro días para dar un informe detallado con el fin de deslindar responsabillidades".

Las autoridades no pusieron en marcha ningún dispositivo para albergar a las personas sin techo, pero los libaneses salieron a las calles a limpiar los escombros y acogieron a quienes perdieron sus hogares.

Según fuentes de seguridad, las autoridades del puerto, los servicios de aduanas y los de seguridad estaban todos al corriente de que había material químico peligroso en el puerto, hablaban incluso de una "bomba flotante", pero se acusan mutuamente de ser responsables. En Twitter circulaba la tendencia #Cuélguenlos para exigir castigo a los culpables.

Esta tragedia ocurre en un país sumido en una crisis económica, con hiperinflación y despidos masivos, además de la pandemia de coronavirus.

Publicado enInternacional
Página 1 de 205