«Situación» y «proceso» en Venezuela

La complejidad de las agitaciones, las protestas y las marchas y contra–marchas en Venezuela constituyen un motivo serio de reflexión; o de preocupación; o de estudio —para politólogos, internacionalistas, políticos, economistas, analistas de medios y para la sociedad civil, por decir lo menos, en América Latina.


La "situación" no es simple. Desde el seguimiento y el recuento de los acontecimientos en Mérida o en Caracas, en Maracaibo o Lara, por ejemplo, lo cierto es que la sociedad entera se encuentra fuertemente polarizada. Las elecciones pasadas presidenciales, de gobernadores y municipales así lo permitían anticipar. Algo serio sucede en la "Revolución Socialista del Siglo XXI", como solía denominarla Hugo Chávez.
Pues bien, si hay que creerles a los dirigentes, lo de Venezuela —desde la llegada al poder del socialismo con el golpe, primero, y la victoria, después, de Chávez— no es una situación. Es un proceso revolucionario. Un proceso que estuvo alimentado por el incremento vertiginoso y milagroso de los precios internacionales del petróleo. Un proceso al que lo más trágico que le pudo haber sucedido fue la desaparición temprana de su más destacado dirigente, el ciudadano–presidente Chávez.


Lo que vemos hoy en las noticias y los twitters, en la información oficial y en la no–oficial, es el resultado de un proceso que se venía incubando desde cuando Chávez estaba al frente del poder. Él lo previó y lo vio venir. Hasta cuando se le atravesó, como se dice correctamente, esa "enfermedad larga y penosa".


Para bien o para mal, lo de Venezuela es un proceso revolucionario. Pero —eso hay que tomarlo al pie de la letra— no a la manera de los procesos acontecidos en el siglo XX. Exactamente en ese sentido quiere llamarse "socialismo del siglo XXI". Esto es, un socialismo que no depende para su victoria ya de un bloque internacional fuerte y consolidado, sino un gobierno socialista que emerge en un mundo multipolar, en crisis sistemática y radical del capitalismo, el cual, sin embargo, está lejos de ser derrotado; en fin, de la emergencia de diversos centros estratégicos alrededor del mundo. Un socialismo que exige reformularse a sí mismo de manera constante.


La principal fortaleza del proceso venezolano consiste en las bases populares que las diversas Misiones venezolanas han implementado de manera sistemática. Con la ayuda decisiva de La Habana, y en el proceso de construcción de las defensas todas —sociales y políticas, militares e ideológicas— de la revolución bolivariana que se inicia en 1999 y a la fecha lleva 15 años. Un abrir y cerrar de ojos en perspectiva histórica.
En ese proceso se han cometido graves errores —siendo quizás el más serio la falta de comprensión y de decisiones del gobierno con respecto al capitalismo venezolano—. Como resultado, los capitales que se han fugado son inmensos, y continúan saliendo de Venezuela, y esta es, con seguridad, una de las principales razones del desabastecimiento, la devaluación y la inflación. Según algunos cálculos, se han fugado de Venezuela más de 400 mil millones de dólares en los últimos meses. En fin, al cabo no son tanto las ideas las que mueven a los hombres y pueblos, sino razones más básicas, como hambre, injusticia, violencia.


A lo que hay que agregar el más sensible de cualquier proceso político o revolucionario en cualquier país, a saber la existencia —más fuertes o débiles, más tarde o temprano— de divisiones al interior de los círculos de poder. Con nombre propio: Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Elías Jaua, para nombrar los tres nombres más destacados de cada una de las fuerzas constitutivas y articuladoras del proceso venezolano.
Y en medio de todo, qué duda cabe negarlo, serias acusaciones de corrupción y desvío de fondos, de enriquecimiento ilícito y alianzas dudosas con fuerzas y poderes poco claros; en fin, la prevalencia de actitudes típicamente astutas y maquiavélicas, jugando todas en los entresijos entre lo público y lo oculto.


La suerte de Venezuela depende en el futuro inmediato de las acciones y decisiones de Nicolás Maduro. Y de quienes lo asesoran, claro. Pero, como en todas las revoluciones, si Maduro resulta incapaz de sostener el control del poder y apaciguar las protestas, el protagonismo pasará a D. Cabello o a E. Jaua; y a quienes ellos representan. Venezuela es sujeto de sus propias acciones y decisiones.

Pero, al mismo tiempo, Venezuela es objeto de intereses, presiones y fuerzas externas. Las miradas no siempre se han concentrado con sensibilidad sobre éstas fuerzas. Asimétricas y desiguales, Venezuela es el objeto de interés por parte de Washington, La Habana, Pekín, Teherán y la propia comunidad latinoamericana. Todo, en primer lugar, gracias al histórico poder natural del hermano país: el petróleo.


La revolución bolivariana, como cualquier revolución, puede radicalizarse. En cualquier acepción de la palabra. Si ello sucede así, los costos no serán pocos. Pero puede también acaso retroceder y perder el control. En cuyo caso los costos también serían onerosos. En cualquier caso, todo parece depender de un balance de costos–beneficios, una expresión que se dice fácil pero que tiene consecuencias del más alto calibre para muchos: los venezolanos mismos, América Latina, los Estados Unidos, La Habana, y en alguna menor medida, también sobre Pekín y Teherán.


Algunas expresiones de esta radicalización son los controles a los medios masivos de comunicación: nacionales e internacionales, por ejemplo. La más seria de todas las consideraciones resulta, por tanto, ¿son los procesos revolucionarios reversibles o irreversibles? La respuesta a esta pregunta no se mide en la noticia del día a día, sino en escalas de tiempo más amplio.


La historia del control del poder entre adecos y copeyanos fue la historia de profundas desigualdades e inequidades de un Estado que siempre estuvo sirviéndose de las rentas petroleras en desmedro de la construcción real de un sector industrial más amplio. Por una razón primaria: la perdurabilidad del petróleo en el mundo tiene un límite histórico en el futuro inmediato o a mediano plazo de la humanidad, como ha sido reconocido por todo el mundo.


El desangre humano, intelectual, social y económico de Venezuela es un factor que no cabe desconocer ni menospreciar en manera alguna. Y la construcción del capital humano, social e intelectual correspondientes que logren remplazar a aquellos no está, a la fecha, garantizado para nada.


Precisamente por ello el título de un problema que cabe tomar en toda su complejidad: "El socialismo del siglo XXI". Inventar la revolución para el mundo actual, o reconvertir las ideas revolucionarias en consignas carentes de contenido real.


Y hablando de procesos de radicalización: en el panorama latinoamericano, la mayoría de países son o tienen gobiernos socialistas, con la excepción de cinco gobiernos de derecha: Perú, Colombia, Panamá, México y el próximo ganador (cualquiera que sea) en Costa Rica. Pero a los grandes capitales no les preocupan los gobiernos socialistas de la región, puesto que la función de producción, las estructuras de poder y las tendencias históricas no han sido alteradas de manera estructural para nada en Argentina, Bolivia y demás. De manera puntual, todos aquellos gobiernos no han cortado para nada las asesorías y pactos militares con los Estados Unidos. Con la notable excepción de Venezuela: una de las primeras medidas que hizo Chávez fue cortar todo vínculo de asesoría militar y demás con Washington.


Y dos hechos reales: a Estados Unidos le duele el petróleo venezolano; tanto a La Habana. Ni uno ni otro pueden permitirse la pérdida del preciado recurso energético. Y mientras tanto, los actores sociales y políticos en Venezuela juegan los papeles de guiones que parecen escritos por fuera de Caracas.


En cualquier acepción de la palabra, Venezuela no ha tocado aún fondo. Y entonces seguiremos siendo testigos de numerosas "situaciones". Todo, mientras se dirimen los procesos.

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Viernes, 21 Febrero 2014 09:02

Unas preguntas sobre Venezuela

Unas preguntas sobre Venezuela

Los más trascendentales proyectos de redención humana, en búsqueda de la libertad y el bienestar, han sustentado sus posibilidades de éxito en el encuentro de la verdad.

 

Así, la Biblia retrata a Jesús señalando: "Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres". En el mundo de las luchas independentistas de Nuestra América, Eugenio María de Hostos afirmó: "Dadme la verdad, y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad, destrozareis el mundo, y yo, con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo hayáis vosotros destrozado". Simón Bolívar, Libertador de América, fue, al respecto, categórico: "Nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza"; "la esclavitud es hija de tinieblas, un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción."

 

Siguiendo el ideario de estos símbolos del bien, la justicia y la búsqueda de la felicidad para los pueblos, encontrar la verdad es para la Humanidad un asunto de supervivencia, o correr el peligro de caer en la destrucción, la esclavitud y la barbarie. Como el hallazgo de la verdad es fruto siempre de un esfuerzo de búsqueda inconforme, que depende de hacer las preguntas adecuadas para llegar a las respuestas necesarias y no a la ilusión o la fantasía, voy a sugerir tan sólo algunas preguntas que me parecen cruciales respecto del escenario actual en Venezuela:

 

  1. ¿Por qué se dice que en Venezuela se sufre tan grave falta de alimentos que justifica destrozos e incendios, si fue uno de los cuatro países con menos hambre de América Latina en 2012 (de acuerdo con FAO y OMS), esto es inferior al 5%, y uno de los países con mayor índice de niños y jóvenes obesos? Siguiendo la lógica dominante, ¿Por qué no hay peores desmanes en un país hermano como Colombia, en el cual el hambre fue sufrida por el 12.6% de la población, es decir casi el triple que en Venezuela?
  2. ¿Por qué si las causas de los destrozos, incendios y manifestaciones es la escasez de productos básicos, se observan acciones de tipo político y no pobladas y saqueos de tiendas y almacenes, que es lo normal y esperable cuando de carencia generalizada se trata, como en República Dominicana en 1984? ¿Por qué uno de los dirigentes opositores, Henrique Capriles, afirma que se debe a "falta de medicinas" si los avances en salud en Venezuela están entre los más destacados de la región?
  3. ¿Por qué tanta violencia por supuesta "ausencia" o falta de acceso a comida si The Economist publicaba esta semana que la escasez sólo ha afectado a un 28% de los productos? ¿Por qué los mismos analistas no prevén algo igual en República Dominicana, país en el cual el Latinobarómetro detectó que alrededor del 70% de la población no tiene dinero suficiente para comprar la comida del mes?
  4. ¿Por qué el epicentro de las protestas por la "escasez" es Plaza Altamira, en medio de urbanizaciones de clases acomodadas y habitantes con piel tan blanca, y no como es más lógico en barrios pobres y población mestiza, siendo Venezuela el país con mayor proporción de afro-descendientes de Sudamérica, exceptuando Brasil?
  5. ¿Por qué Unesco reconoce a Venezuela como el quinto país con mayor matrícula universitaria del mundo, que ha crecido en más de un 800%, siendo alrededor del 75% educación superior pública, y sin embargo no se conoce una sola lucha del "movimiento estudiantil" actual para lograrlo, mientras hay "estudiantes" marchando contra "torturas" y por "comida"?
  6. ¿Por qué si los estudiantes de la educación superior en Venezuela ya superan los 2 millones 600 mil (es decir, alrededor de nueve veces lo que existe en República Dominicana) las manifestaciones que se observan son más bien en forma de focos o grupos de decenas o, a lo sumo, cientos de personas? ¿Por qué si lo habitual y normal es que los estudiantes o sindicatos marchen por más bienes y servicios públicos, y leyes más democráticas y equitativas, los "estudiantes" que marchan en Venezuela lo han hecho por papel higiénico, defendiendo la propiedad privada sobre medios de prensa o negocios de consumo? ¿Por qué no se conoce aún el nombre de ninguna federación u organización estudiantil, ningún pliego de demandas ni el nombre de ninguno de sus más importantes dirigentes o miembros de directivas, y sí se conocen los nombres de connotados y antiguos líderes de la oposición partidista y electoral, involucrados en las acciones golpistas de 2002 y 2013?
  7. ¿Por qué y quiénes producen las imágenes falsas de torturas, asesinatos y vejaciones posteriores a los confusos hechos del 12 de febrero de 2014, manipulando fotos de Chile, Europa o Siria para que aparezcan en las redes sociales y hasta en medios como CNN como si ocurriesen en Venezuela? ¿Qué liderazgo democrático y civilista se ha valido de algo así en la historia universal?
  8. ¿Por qué si los bolivarianos y sus aliados han ganado las elecciones de 2012 y 2013, incluidas las municipales de diciembre recién pasado cuando obtuvieron el 55% de los votos y el 76% de las alcaldías, se habla de que el oficialismo es hoy "minoría? ¿Por qué se propone su renuncia como salida a "la crisis" o un referéndum revocatorio, fuera de todos los plazos y procedimientos legalmente establecidos para ello en la Constitución hecha con el propio liderazgo bolivariana? ¿Por qué se invoca la falta de diálogo si hace apenas dos meses se dio en Venezuela un encuentro histórico entre el Ejecutivo nacional y todos los alcaldes recién electos, incluyendo oficialistas y opositores, y por tanto con la participación de todos los partidos y posiciones? ¿Con quién se dialoga, quién dirige o lidera "la crisis"?
  9. ¿Por qué el principal –y prácticamente único- vocero de las manifestaciones, supuestamente pacíficas y alentadas por la ineficiencia" del gobierno, es Leopoldo López, persona que no cuenta con ninguna representación salvo la de su minúsculo partido, y su llamado más importante es, desde hace meses, "sacar a quienes gobiernan"? ¿Por qué no usan las gobernaciones, alcaldías y curules en las Asambleas nacional y estatales para proponer un curso de acción pacífico y político, y por qué no canalizan a través de su enorme incidencia mediática las denuncias de "corrupción", "fraude", "totalitarismo", "hambre y "represión" con pruebas contundentes e irrefutables –no por twitts ni cápsulas de Youtube- cómo sí hacían las oposiciones a Trujillo, Balaguer, Pinochet o Videla?

 

Y para terminar:

 

10. ¿Por qué en República Dominicana tienen tanto espacio las voces que acusan la "crisis" y el "caos" en Venezuela, sin dársele casi ninguna oportunidad a la paz y tranquilidad para escuchar a un Gobierno y un bloque de partidos que en un año y medio han ganado tres elecciones, y que encarnan el legado que, según el Presidente de la República Danilo Medina, ha sido con nuestro país "el sinónimo de la solidaridad"?

 

- Matías Bosch Carcuro, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - @boschlibertario en Twitter

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Estancamiento con deflación, el décimo momento de la crisis

ALAI AMLATINA, 10/0/2/2014.- Todo parece indicar que ha comenzado con fuerza el décimo momento de la crisis iniciada en agosto de 2007 que ha implicado múltiples quiebras bancarias y costos fiscales masivos en Estados Unidos. Esto ha sido seguido por ajustes de consumo que han impactado sobre el crecimiento de la economía de la Zona Euro y británica. La inyección de liquidez de la banca central para evitar una deflación llevó en un primer momento a un auge de precios en el mercado de commodities y generó una crisis de dos velocidades: los detenidos y los que crecían porque sus exportaciones tenían precios altos.


Los programas de estímulo monetario de la Reserva Federal (Fed) y el Banco de Inglaterra desde 2009, el Banco Central Europeo (BCE) desde 2012 y el Banco de Japón desde 2013, terminaron por dotar a la banca de inversión de un mayor apalancamiento y con ello, favorecieron apuestas especulativas en los mercados de renta variable (commodities, acciones, tipos de cambio y bienes raíces). De ahí se desprende que el repunte de los mercados de valores no haya arrastrado la recuperación del mercado de trabajo en ninguna parte. Lo que hizo fue sostener artificialmente un nivel de precios en leve crecimiento en un contexto de contracción del consumo en las economías maduras.


La decisión de Ben Bernanke de terminar con el programa de la Fed en mayo de 2013 puso sobre la mesa la fragilidad de la recuperación económica global y reveló el unilateralismo estadounidense en la toma decisiones para beneficio propio sin mirar los efectos sobre el resto del mundo. Durante su discurso en el Club de Prensa Nacional en Washington a mitad de enero de este nuevo año, la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, se convirtió en la primera autoridad mundial en alertar de "riesgos de deflación" en las "economías avanzadas". Esto es cierto para Estados Unidos pero en especial para la Zona Euro, con una inflación interanual de 0.80% a diciembre de 2013, por debajo del objetivo de 2% fijado por el BCE, los datos oficiales muestran deflación para prácticamente la mitad de Europa desde mayo. Japón apenas logra salir de su deflación de larga data iniciada en los años noventa.


Con expectativas de reducción de precios a futuro, el consumo presente se contrae con un efecto multiplicador negativo sobre la demanda agregada. La inversión se reduce y la banca se muestra más renuente a prestar. De otro lado, se precipita la quiebra de bancos y empresas y aumenta la centralización de capital (Véase A. Graña, "¿El mundo en deflación?",http://www.obela.org/node/1624). Los datos antes de la deflación muestran que durante 2013 desaparecieron 269 instituciones financieras europeas (EUbusiness, 21/01/2014) y 767 estadounidenses entre diciembre de 2010 y septiembre de 2013, según el FDIC, la agencia de seguros de depósitos de dicho país.


Por otro lado, de acuerdo con el informe Perspectivas de la economía mundial del FMI actualizado a enero de 2014, las economías emergentes crecerán 5.1% en promedio durante el año en curso arrastradas por China que crecerá 7.5 por ciento. Como ya es habitual, los estimados del Fondo están sobre valuados. Los indicadores del Metals Futures Market de enero mismo muestran una baja de precios de 11 por ciento. El descenso iniciado en el año 2011 se ha acentuado conforme se anunció el inicio del fin del programa de estímulos monetarios en mayo, se concretó en diciembre de 2013 y comenzó a implementarse en enero. Los precios de las materias primas están determinados a medias por la demanda real, la demanda financiera también juega un papel importante.


Lo que se está viendo, por tanto, es el fin del triple arbitraje de tasas de interés, tipos de cambio y precios de activos financieros, observado desde que las tasas de interés se volvieron negativas en el año 2003 y acentuaron su caída desde 2009. El fin del triple arbitraje implica la inversa con el impacto sobre los tipos de cambio de las economías emergentes, la tasa de inflación en dichas economías y las tasas de interés. La consecuencia de una contracción del consumo podría derivar río abajo en una recesión económica en el mundo emergente. En agregado significa la generalización global de la crisis. La interrogante es hasta cuándo permanecerá el continente asiático al margen de esta dinámica.


"La cooperación monetaria internacional se ha roto [...] Los países industrializados tendrían que desempeñar un papel protagónico en la restauración de [la cooperación entre los bancos centrales], no pueden lavarse las manos y ajustar" sentenció Raghuram Rajan, actual gobernador del banco central de la India y ex funcionario del FMI en una entrevista a Bloomberg TV (Citado por Larry Elliot, The Guardian, 30/01/2014). La verdad es que no les interesa. Mientras las tasas de interés en las economías maduras sigan negativas en términos reales, subirán en las economías emergentes; así aseguran el traslado de riqueza mientras intentan contener lo inevitable al menos en el corto plazo. Estamos en un escenario similar a 1934, con el optimismo de que la crisis ya pasó y el desastre ad portas.


Por Oscar Ugarteche es Economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org.
Ariel Noyola Rodríguez es Miembro del proyecto OBELA, IIEC-UNAM. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Domingo, 02 Febrero 2014 08:28

EE UU retrasa la hora de su ocaso

Las profecías acerca del ocaso de la supremacía global de Estados Unidos circulan desde hace tiempo y han proliferado con especial intensidad desde el estallido en 2008 de la crisis financiera incubada en Wall Street y aledaños. El reciente bloqueo político en Washington y el constante ascenso de China, entre otros elementos, han ofrecido sólidos apoyos para esa tesis. Los errores de Bush (en Irak) y los titubeos de Obama (en Siria) han echado más leña al fuego, igual que los límites mostrados por la intervención en Afganistán y ciertos éxitos diplomáticos de Rusia. Sin embargo, el conjunto de los debates, análisis y maniobras diplomáticas desarrolladas en la Conferencia de Seguridad de Múnich proyecta serias dudas sobre la teoría del desvanecimiento de esa supremacía en el corto y medio plazo.


Varios elementos se yuxtaponen a la nutrida galería de recientes dificultades, límites y fracasos de Washington.


EE UU se ha convertido en 2013 en el principal productor mundial de gas y petróleo. La eficaz utilización de la tecnología de la fractura hidráulica (fracking) permite explotar nuevos yacimientos en su territorio. La producción de crudo, que en 2008 rondaba los cinco millones de barriles diarios, ahora ronda los ocho millones. En el mismo periodo, la extracción de gas ha aumentado en más de un 20%.


Esta dinámica, que según los expertos seguirá, reduce la dependencia energética del país y, además, contribuye a enfriar los precios de los hidrocarburos, de los que dependen las aspiraciones de varios rivales de Washington. Empezando por Rusia, que es un monocultivo económico, pasando por Venezuela, Irán, y otros. Si la dinámica se confirma, pronto EE UU podrá depender tan solo de las importaciones de crudo de Canadá y México, dos países amigos.


El auge energético, de paso, es un elemento importante de la resurrección económica estadounidense. Tras el pánico de Lehman Brothers, EE UU ha logrado levantarse más rápido que Europa, con una eficaz actuación del Gobierno y de la Reserva Federal. Desde entonces, el PIB ha crecido con continuidad, las empresas han escalado las listas de capitalización bursátil y se han creado casi ocho millones de empleos. La economía creció a un notable 4,1% en el tercer trimestre de 2013, y un 3,2% en el último. Las previsiones para 2014 son buenas. El déficit se está reduciendo rápidamente.
Estos elementos riegan con sangre fresca el músculo estadounidense, cuya maquinaria militar sigue teniendo una ventaja sideral con respeto a los rivales. No solo su gasto en defensa es aún superior al de las siguientes diez principales potencias juntas; sino que décadas de mayor inversión y experiencia bélica han acumulado un activo prácticamente inigualable en el breve y medio plazo. Las retiradas de Irán y, este año, de Afganistán, permitirán a unas fuerzas armadas sometidas a un enorme esfuerzo respirar y adaptarse al futuro sobre la base de las lecciones aprendidas sobre el terreno.


La maquinaria diplomática —como se ha visto aquí en Múnich— sigue teniendo la ambición de abarcar de lleno todo el planeta. "No nos vamos a retirar de ningún lugar de la tierra", respondió el secretario de Estado, John Kerry, a una pregunta sobre la presunta tentación de Washington de reducir su abanico de actividad. Kerry explicó cómo pasó buena parte de las vacaciones de Navidad impulsando una tregua en Sudán del Sur.


Estos elementos, junto con la capacidad de innovación tecnológica, la excelencia de las universidades y el atractivo cultural que hace de imán a cerebros brillantes conforman una estructura de potencia que sigue siendo difícil igualar.


Al otro lado, China ha avanzado a pasos de titán en las últimas décadas. Su PIB ha crecido a un ritmo medio del 10% anual desde 1978. Su peso demográfico, industrial y comercial augura un claro futuro de superpotencia a Pekín. Pero China se está ralentizando —crecimiento inferior al 8% en los dos últimos años— y son grandes los desafíos que tendrá que superar para mantener el ritmo y acercarse a la capacidad militar, diplomática y tecnológica de Estados Unidos.


Entre ellos se pueden destacar tres: la creciente brecha social entre ricos y pobres amenaza con causar inestabilidad social y perjudicar el consumo interno chino, elemento indispensable para la consolidación del crecimiento económico; la subida de los salarios reduce la competitividad de los productos chinos, y está por ver que la economía del gigante asiático logre ofrecer suficiente valor añadido como para compensar esa pérdida —la llamada trampa de los países de ingresos medios—; la política del hijo único producirá una dinámica demográfica desfavorable en las próximas décadas.


A la vez, la inestabilidad que sufren en estos días sus divisas muestra que el triunfal ascenso de varios países emergentes no está exento de graves riesgos.


Pese a sus errores y límites, el ocaso de la supremacía de EE UU no parece tan cerca en el horizonte.

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Falsedades del pensamiento económico dominante

Permítame, Sr. lector, que le hable como si estuviéramos tomando un café, explicándole algunas de las mayores falsedades que se le presentan a diario en la prensa económica. Debería ser consciente de que gran parte de los argumentos que se presentan en los mayores medios de información y persuasión económicos del país para justificar las políticas públicas que se están llevando a cabo, son posturas claramente ideológicas que no se sustentan en base a la evidencia científica existente. Le citaré algunas de las más importantes, mostrándole que los datos contradicen lo que dicen. Y también intentaré explicarle por qué se continúan repitiendo estas falsedades, a pesar de que la evidencia científica las cuestiona, y con qué fin se le presentan diariamente a usted y al público.


Comencemos por una de las falsedades más importantes, que es la afirmación de que los recortes de gasto público en los servicios públicos del Estado del Bienestar, tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios, vivienda social, y otros (que están perjudicando enormemente el bienestar social y calidad de vida de las clases populares), son necesarios para que no aumente el déficit público. Y se preguntará usted, "y, ¿por qué es tan malo que crezca el déficit público?". Y los reproductores de la sabiduría convencional le responderán que la causa de que haya que reducir el déficit público es porque el crecimiento de este déficit determina el crecimiento de la deuda pública, que es lo que el Estado tiene que pagar (predominantemente a la banca, que tiene algo más de la mitad de la deuda pública en España) por haber pedido prestado dinero a la banca para cubrir el agujero creado por el déficit público. Se subraya así que la deuda pública (que se considera una carga para las generaciones venideras, que tendrán que pagarla) no puede continuar creciendo, debiéndose reducir recortando el déficit público, lo cual quiere decir para ellos recortar, recortar y recortar el Estado del Bienestar, hasta el punto de acabar con él, que es lo que está ocurriendo en España.

 

Los argumentos que se utilizan para justificar los recortes no son creíbles.


El problema con esta postura es que los datos (que la sabiduría convencional oculta o ignora) muestran precisamente lo contrario. Los recortes son enormes (nunca se habían visto durante la época democrática unos tan grandes), y en cambio, la deuda pública continúa y continúa creciendo. Mire lo que está pasando en España, por ejemplo, con la sanidad pública, uno de los servicios públicos más importantes y mejor valorados por la población. El gasto público sanitario como porcentaje del PIB se redujo alrededor de un 3,5% en el periodo 2009-2011 (cuando debería haber crecido un 7,7% durante el mismo periodo para llegar al gasto promedio de los países de semejante desarrollo económico al nuestro), y el déficit público se redujo, pasando del 11,1% del PIB en 2009 al 10,6% en 2012, y en cambio la deuda pública no bajó, sino que continuó aumentando, pasando del 36% del PIB en 2007 al 86% en 2012. En realidad, la causa de que la deuda pública esté aumentando se debe, en parte, a los recortes del gasto público.


¿Cómo puede ser eso?, se preguntará usted. Pues la respuesta es fácil de ver. El descenso del gasto público implica que disminuye la demanda pública y con ello el crecimiento y la actividad económica, con lo cual el Estado recibe menos ingresos por vía de impuestos y tasas. Y al recibir menos impuestos, el Estado debe endeudarse más, con lo cual la deuda pública continúa creciendo. Ni que decir tiene que el mayor o menor impacto estimulante del gasto público depende del tipo de gasto. Pero se está recortando en los servicios públicos del Estado del Bienestar, que son los que crean más empleo y que están entre los que estimulan más la economía. Permítame que repita esta explicación debido a su enorme importancia.


Cuando el Estado (tanto central como autonómico y local) aumenta el gasto público, aumenta la demanda de productos y servicios, y con ello el estímulo económico. Cuando baja, disminuye la demanda y desciende el crecimiento económico, con lo cual el Estado recibe menos fondos. Es lo que en la terminología macroeconómica se conoce como el efecto multiplicador del gasto público. La inversión y el gasto públicos facilitan la actividad económica, lo cual es negado por los economistas neoliberales (que se promueven en la gran mayoría de medios de mayor información y persuasión del país), y ello a pesar de la enorme evidencia publicada en la literatura científica (ver mi libro Neoliberalismo y Estado del Bienestar, Ariel Económica, 1997).

Otra farsa: nos gastamos más de lo que tenemos


La misma sabiduría convencional le está diciendo también que la crisis se debe a que hemos estado gastando demasiado, muy por encima de nuestras posibilidades. De ahí la necesidad de apretarse el cinturón (que quiere decir recortar, recortar y recortar el gasto público). Por regla general, esta postura va acompañada con el dicho de que el Estado tiene que comportarse como las familias, es decir "en ningún momento se puede gastar más de lo que se ingresa". El Presidente Rajoy y la Sra. Merkel han repetido esta frase miles de veces.

Esta frase tiene un componente de hipocresía y otro de falsedad. Déjeme que le explique el por qué de cada uno. Yo no sé cómo usted, lector, compró su coche. Pero yo, como la gran mayoría de españoles, compro el coche a plazos, es decir, a crédito. Todas las familias se han endeudado, y así funciona su presupuesto familiar. Pagamos nuestras deudas a medida que vamos ingresando los recursos que, para la mayoría de españoles, proceden del trabajo. Y de ahí deriva el problema actual. No es que la gente haya ido gastando por encima de sus posibilidades, sino que sus ingresos y sus condiciones de trabajo han ido deteriorándose más y más, sin que la población sea responsable de ello. En realidad, los responsables de que ello ocurra son los mismos que le están diciendo que tienen que recortarse los servicios públicos del Estado del Bienestar y también bajar los salarios. Y ahora tienen la osadía (para ponerlo de una manera amable) de decir que la culpa la tenemos usted y yo, porque hemos estado gastando más y más. Yo no sé usted, pero le garantizo que la mayoría de las familias no han estado comprando y amasando bienes como locos. Todo lo contrario.


La misma hipocresía existe en el argumento de que el Estado ha estado gastando demasiado. Fíjese usted, lector, que el Estado español ha estado gastando, no mucho más, sino mucho menos de lo que han gastado otros países de similar nivel de desarrollo económico. Antes de la crisis, el gasto público representaba solo el 39% del PIB, cuando el promedio de la UE-15 era un 46% del PIB. Ya entonces, el Estado debería haberse gastado como mínimo 66.000 millones de euros más en gasto público social para haberse gastado lo que le correspondía por su nivel de riqueza. No es cierto que ni las familias ni el Estado se hayan gastado más de lo que deberían. Y a pesar de ello, le continuarán diciendo que la culpa la tiene la mayoría de la población que ha gastado demasiado y ahora tiene que apretarse el cinturón.

También habrá usted escuchado que estos sacrificios (los recortes) hay que hacerlos "para salvar al euro".

De nuevo, esta cantinela de que "estos recortes son necesarios para salvar al euro" se reproduce constantemente Ahora bien, en contra de lo que constantemente se anuncia, el euro no ha estado nunca en peligro. Ni tampoco hay la más mínima posibilidad de que algunos países periféricos (los PIGS) de la Eurozona sean expulsados del euro. En realidad, uno de los problemas de los muchos que tienen estos países es que el euro está demasiado fuerte y sano. Su cotización ha estado siempre por encima del dólar y su elevado poder dificulta la economía de los países periféricos de la Eurozona. Y otro problema es que el capital financiero alemán ha prestado, con amplios beneficios, 700.000 millones de euros y quiere ahora que los países periféricos los devuelvan. Si alguno de ellos dejara el euro, la banca alemana podría colapsar. Esta banca (cuya influencia es enorme) no quiere ni oír hablar de que estos países deudores se vayan del euro. Les aseguro que es lo último que desean.
Esta observación, que es obvia, no es un argumento, por cierto, a favor de permanecer en el euro. En realidad, creo que los países PIGS deberían amenazar con salirse del euro. Pero es absurdo el argumento que se utiliza de que España tenga que ver reducido el tiempo de visita al médico todavía más para salvar al euro (que es el código para decir, salvar a la banca alemana y devolverle el dinero que prestó consiguiendo enormes beneficios).


Estas son las falacias que constantemente se le exponen. Pero le aseguro que se le presentan sin que exista ninguna evidencia que las avale. Así de claro.

 

La causa de los recortes


Y se preguntará usted, ¿por qué se hacen entonces estos recortes? Y la respuesta es fácil de ver, aunque raramente la verá en aquellos medios de información y persuasión. Es lo que solía llamarse "lucha de clases", pero ahora aquellos medios no utilizan esta expresión por considerarla "anticuada", "ideológica", "demagógica" o cualquier epíteto que utilizan para mostrar el rechazo y deseo de marginalización de aquellos que ven la realidad según un criterio distinto, e incluso opuesto, al de los que definen la sabiduría convencional del país.


Pero, por mucho que lo quieran ocultar, esa lucha existe. Es la lucha (lo que mi amigo Noam Chomsky llama incluso guerra de clases –como expone en su introducción al libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España, de Juan Torres, Alberto Garzón y yo) de una minoría (los propietarios y gestores del capital, es decir, de la propiedad que genera rentas) contra la mayoría de la población (que obtiene sus rentas a partir de su trabajo). Ni que decir tiene que esta lucha de clases ha ido variando según el periodo en el que uno vive.

Era distinta en la época de nuestros padres y abuelos de la que está ocurriendo ahora. En realidad, ahora es incluso más amplia, pues no es solo de las minorías que controlan y gestionan el capital contra la clase trabajadora (que continúa existiendo), sino que incluye también a grandes sectores de las clases medias, formando lo que se llaman las clases populares, conjuntamente con la clase trabajadora. Esta minoría es enormemente poderosa y controla la mayoría de los medios de información y persuasión, y tiene también una gran influencia sobre la clase política. Y este grupo minoritario desea que se bajen los salarios, que la clase trabajadora esté atemorizada (de ahí la función del desempleo) y que pierda los derechos laborales y sociales. Y está reduciendo los servicios públicos como parte de esta estrategia para debilitar tales derechos. También es un factor importante la privatización de los servicios públicos, que es consecuencia de los recortes, y que permite la entrada del gran capital (y muy en particular del capital financiero-banca y de las compañías de seguros) en estos sectores, aumentando sus ganancias. Usted habrá leído cómo en España las compañías privadas de seguros sanitarios se están expandiendo como nunca antes lo habían conseguido. Y muchas de las empresas financieras de alto riesgo (que quiere decir, altamente especulativas) están hoy controlando grandes instituciones sanitarias del país gracias a las políticas privatizadoras y de recortes que los gobiernos están realizando, justificándolo todo con la farsa (y créanme que no hay otra manera de decirlo) de que tienen que hacerlo para reducir el déficit público y la deuda pública.


"Aunque el mundo es globalmente más rico que nunca", señalan los relatores, "más de 1.200 millones de personas siguen viviendo en la extrema pobreza". En cifras, el 8% más rico se come la mitad de los ingresos, mientras que al 92% de la población le queda la otra mitad. "Mucha gente está cada vez más amenazada por la perspectiva de caer en las garras de la pobreza, como muchos ya lo están", señala Helen Clark, la responsable del PNUD.


Esta disparidad entre ricos y pobres, según la alta funcionaria, lastra el tipo de crecimiento que permite reducir la pobreza y generar oportunidades. El gran temor de la ONU es que el incremento de la desigualdad distorsione el proceso político y los presupuestos públicos dando más voz a las élites. "Esta brecha no es tolerable", lamenta Clark.


La desigualdad, alerta, mina la cohesión social y eleva las tensiones, lo que puede desembocar en situaciones de inestabilidad y conflicto. Eso, a su vez, ahuyenta a los inversores. En otras palabras, desde la ONU se insiste que la desigualdad no tiene sentido económico. Por eso se defiende una crecimiento "inclusivo", que permita compartir los beneficios de la actividad económica de una manera más equilibrada y equitativa.

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Lunes, 27 Enero 2014 05:58

El suq de Davos

El suq de Davos

El reciente Foro Económico Mundial de Davos fue un verdadero suq con muchos intercambios de análisis de funcionarios nacionales e internacionales, opiniones de expertos y ofrecimientos de gobernantes que compiten para atraer negocios e inversiones.


Mientras en los países más ricos no se acierta aún a encauzar la salida afianzada de la crisis –ya en su sexto año–, en las economías emergentes las condiciones de relativo crecimiento y estabilidad macroeconómica se empiezan a resquebrajar. Alrededor de todo esto se acrecientan los conflictos políticos y regionales por todo el planeta.


Así se desprendía de los continuos y machacones reportes televisivos y periodísticos desde la población suiza, filtrados según los propios intereses de las empresas de noticias. Se mostró este bazar de reuniones y entrevistas donde fluían sin cesar declaraciones y reiteraciones sobre la situación económica y política prevaleciente.

El FMI señalaba lo sabido sobre la precariedad del crecimiento del producto, la fragilidad de los sistemas financieros, la creciente volatilidad de las tasas de interés y tipos de cambio. La OCDE hacía lo propio con los problemas de la productividad y los efectos nocivos de los flujos de capital. La OIT declaraba acerca del severo problema que representa el muy alto desempleo en el mundo. El Banco Mundial hablaba de la creciente pobreza y desigualdad social por todas partes. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo dijo tener los recursos para acometer enormes proyectos de infraestructura. Las grandes organizaciones empresariales manifestaban su disposición a actuar y atender al desempleo, sobre todo entre los jóvenes. Todos aseguran saber qué tienen que hacer, al mismo tiempo, que dejan en evidencia su incapacidad para hacerlo.


Los funcionarios de la Unión Europea insisten con firmeza doctrinaria en que la austeridad es el único camino posible para enfrentar la crisis y alcanzar un ajuste, a pesar de los magros resultados obtenidos y su altísimo costo social. Las certezas expresadas contrastan con la evolución de las economías y las debilidades financieras que hay en ese continente. Nadie se atreve a avizorar cuándo habrá una inflexión al alza de las tendencias que se registran.


Los mandatarios latinoamericanos ofrecían grandes oportunidades de negocios en sus países, llamaban la atención sobre las reformas que han hecho; unas apenas en proceso. Y, en plena euforia, ocurría otra crisis cambiaria en Argentina. La repetición de una historia contada tantas veces y su efecto adverso se extendió por los mercados bursátiles de inmediato.


Otra vez, los organismos internacionales no acertaban a recetar otra cosa que la necesidad de proseguir con las reformas estructurales, a saber: flexibilidad de los mercados laborales (menos salarios y horas de trabajo); reformas fiscales (para que los gobiernos gasten más, aunque no necesariamente bien); más apertura comercial y financiera para aumentar los niveles de la productividad. Lo siento, pero no pude dejar de sentir eso que los alemanes llaman schadenfreude. Las caras de todos ellos no mostraban ninguna convicción sobre lo que estaban diciendo.
En medio de la crisis se está gestando otro duro embate por la apropiación de los recursos, y sus consecuencias en la distribución de la riqueza ya no sólo entre distintas naciones, sino de manera cada vez más evidente al interior de las mismas. En esto no hay conspiraciones, sino intereses. Y fuerzas relativas. Por eso es que el tema de desigualdad no pudo mantenerse al margen, reconociendo aunque fuese implícitamente las repercusiones de los procesos globales en curso desde hace muchos años, con los desplazamientos de los puestos de trabajo y las actividades productivas y con un predominio de los flujos de capitales que son los que dictan las políticas públicas. La pobreza no disminuye y la desigualdad crece.


Oxfam señaló que las 85 personas más ricas del mundo tienen una riqueza equivalente a la de 3 mil 500 millones de personas, la mitad de la población mundial. Esto queda como la leyenda de Davos 2014. Los expertos se desgranaron en considerar el problema esencial de la falta de trabajo en prácticamente todas partes, así como la reducción de los salarios y de los ingresos disponibles para consumir.


Así no puede haber ninguna recuperación económica. Un dato revelador es que en Estados Unidos las nuevas inversiones en manufactureras están signadas por bajas retribuciones a los trabajadores y con reducidos beneficios. Hoy esa economía está considerada ya como una de bajos salarios. Según el Centro de Investigación Automotriz, en 2012 la compensación promedio por hora en ese sector, incluyendo beneficios, es de 45.34 dólares frente 58.82 en Alemania, 45.77 en Francia, 41.65 en Japón y 39.04 en Canadá. En el otro extremo y con muy similares niveles de productividad están México, con 7.80; Brasil 18.78; Corea 25.74, y 4.10 en China. Ya veremos qué se dice en el suq de Davos en 2015.

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La economía de China logró cerrar 2013 con un avance mayor de lo esperado del 7,7% en tasa interanual. Sin embargo, esta supuesta mejora no logró ocultar los problemas latentes en un modelo económico necesitado de profundas reformas que tendrán que llevarse a cabo a corto plazo y bajo la persistente amenaza de una crisis de crédito

Sobre el papel, el dato final de 2013 supera en dos décimas el objetivo del Gobierno para todo el año aunque, echando la vista atrás, supone una leve moderación frente al balance del trimestre anterior (7,8%). Por su culpa, repite el ritmo de crecimiento registrado en 2012, con lo que mantiene la tasa más bajo de los últimos 14 años dentro del proceso de enfriamiento gradual con el que prevé dar paso al cambio de moleo.
El país está en plena transformación mientras agota el modelo de crecimiento basado en las exportaciones, una apuestsa que le ha llevado a crecer a ritmos superiores a los dos dígitos hasta el estallido de la crisis financiera internacional y la caída de la demanda en los países receptores. Para ello, las autoridades chinas han anunciado en los últimos meses una serie de reformas cuyo objetivo es fomentar la demanda interna, lo que permitirá a la larga un crecimiento estable y sostenible.


Para este año, las previsiones apuntan a un resultado similar al de 2013. "Creo que será muy difícil que el crecimiento alcance un 8% este año", dijo a Reuters Ting Lu, un economista del Bank of America-Merrill Lynch en Hong Kong. Sus proyecciones pasan por que la economía de China se expanda un 7,6% este año. Además, los analistas ponen el foco en la producción industrial, que pese a que se expandió un 9,7% en 2013 con respecto al año anterior, pierde impuslo. Por su parte, las ventas al por menor crecieron un 13,1% interanual en 2013, para alcanzar un volumen de 23,44 billones de yuanes, o 3,84 billones de dólares.


Después de 30 años de crecimiento económico de dos dígitos que sacaron a varios millones de chinos de la pobreza, pero también devastaron el medio ambiente, China quiere cambiar de enfoque y adoptar un desarrollo sostenible y de mayor calidad. Se espera que cualquier cambio se dé al coste de un crecimiento económico menor, un precio que Pekín dice estar dispuesto a pagar.


En cuanto al resto de economías, el Producto Interior Bruto (PIB) del país alcanzó a cierre de 2013 los 56,88 billones de yuanes, o 9,31 billones de dólares, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Con ello, se mantiene como segunda potencia mundial a una gran distancia Estados Unidos, cuyo PIB superará los 15 billones de dólares.


No obstante, aunque en su conjunto todavía no alcanza a EE UU, algo que podría pasar en un par de años, ya sí ha adelantado a la primera potencia en el intercambio de mercancías al convertirse en líder del comercio mundial durante 2013.

 

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El Banco Mundial tiene más confianza en sus previsiones, tanto para los países en desarrollo como en las economías más potentes del planeta. Su previsión ahora es que el crecimiento global repunte al 3,2% este año, ocho décimas más robusto que en 2013, para estabilizarse en el 3,4% en 2015 y 2016. Es un ritmo muy similar al que crecerá América Latina. El organismo cree así que finalmente se está dejando atrás cinco años de crisis.


Pero aunque ve que las economías en desarrollo se beneficiarán de una aceleración del crecimiento en los países con las rentas más altas por vía de un incremento de las importaciones, también ve puntos de vulnerabilidad. Se refiere al efecto del alza de tipos de interés y a la volatilidad en los flujos del capital tras la Reserva Federal iniciar la transición hacia la normalidad monetaria.


De hecho, el Banco Mundial indica que gran parte del repunte se atribuye a que las economías desarrolladas superan la recesión. Para este grupo, el crecimiento para este año es del 2,2%, casi un punto más que en 2013. En los dos años sucesivos rondaría el 2,4%. EE UU va por delante, con un crecimiento que rondará el 3%. Para la zona euro, el crecerá un 1,1% este año y un 1,5% para 2016.


En el caso de los países en desarrollo, el crecimiento será menor de lo esperado. Ahora se proyecta que repunte del 4,8% en 2013 al 5,3% en 2014, para de ahí subir dos décimas más en 2015 y llegar al 5,7% en 2016. Este rendimiento es dos puntos porcentuales inferior al registrado antes de la crisis. Pese a ello, desde el Banco Mundial dicen que "no hay motivos para preocuparse".
Primero, señala que el potencial de crecimiento de las economías emergentes casi no se vio afectad

o. Segundo, recuerda que este ritmo sigue siendo un 60% más robusto que las dos décadas previas. Aunque como añade Kaushik Basu, economista jefe del Banco Mundial, "no hay que ser particularmente inteligente para percibir los peligros que acechan bajo la superficie".
Se refiere, por un lado, a la moderación en el precio de las materias primas. Por otro, a las "perturbaciones" por el efecto de una política monetaria más restrictiva. "Si los tipos suben demasiado rápido, el flujo de capital hacia los países en desarrollo podría caer un 50% y provocar crisis en las economías más vulnerables", advierte el organismo.


Son dos riesgos que el Banco Mundial dice pueden afectar a América Latina. El pasado fue ya un año complicado para muchos países de la región. Su proyección ahora es de un crecimiento del 2,9% este año, frente al 2,5% en 2013, y del 3,1% en 2015, antes de acelerarse al 3,7% en 2016. Es decir, es un rendimiento dos puntos inferior al de los países en desarrollo aunque próximo al global.


Los economistas señalan que estas tasas de crecimiento a medio plazo se ajustan a su potencial, aunque sea también inferior a los años previos a la crisis. El principal motor del repunte en América Latina será México, al que le eleva su tasa de expansión del 1,4% en 2013 al 4,2% para esa fecha. En su caso el rendimiento de la economía dependerá de la recuperación en EE UU.


El incremento de las exportaciones y del consumo interno deberían impulsar el crecimiento de Brasil desde el 2,2% el año pasado hasta el 3,7% en 2016. Argentina, por su parte, seguirá la tendencia opuesta. De crecer un 5% en 2013, su ritmo de expansión se habrá recortado a la mitad para 2016. Colombia y Ecuador son vulnerable a un abaratamiento de las exportaciones.


El Fondo Monetario Internacional tiene previsto presentar dentro de una semana su actualización general de las proyecciones de crecimiento para la economía mundial. Christine Lagarde, su directora gerente, ya dijo días atrás que habrá una revisión al alza. En la proyección más reciente el pasado otoño, anticipó una expansión del 3,6% para este año.


Jim Yong Kim, presidente del organismo, señala que el repunte del crecimiento es solo un factor más para acelerar la reducción de la pobreza. Además, indica, para cumplir sus promesas "las naciones en desarrollo necesitan adoptar reformas estructurales para incentivar la creación de empleo, reforzar sus sistemas financieros y mejorar la estructura de protección social de los ciudadanos".

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Lunes, 13 Enero 2014 05:59

Robasueños

Alguien se robó el sueño americano y nadie quiere confesar.


Los políticos se la pasan lamentando el sufrimiento de tantos ciudadanos y de cómo el futuro está anulado para muchos, como si todo fuera un accidente o algo causado por la naturaleza, y después le echan la culpa a los del otro partido por no hacer más para remediar el problema. Pero ninguno asume responsabilidad, y mucho menos responsabilizan a los más beneficiados de que las cosas estén así.


En Washington se repite la misma obra de teatro cada semana. Los demócratas proponen curitas para aliviar tantito la pobreza, el desempleo y otras consecuencias de las políticas que ellos mismos han impulsado, mientras los republicanos suelen acusar que son justo estas políticas de más gasto social y normas laborales y ambientales las que frenan al mágico mercado libre que solito generaría la prosperidad para resolver todo. Más aún, algunos hasta culpan a los pobres y los que apenas se mantienen gracias a programas sociales por su propia situación de miseria, o sea, por ser parásitos del gobierno y no superarse.


Uno de los regalos de Navidad que Washington entregó a los ciudadanos para arrancar el año fue no extender los beneficios de desempleo de emergencia para un millón 300 mil personas que se quedaron sin chamba y no han logrado encontrar otra en más de seis meses. No sólo eso, sino también están negociando reducir en miles de millones el principal programa de asistencia alimenticia para los pobres en este país. Y no falta el constante ataque contra el programa de Seguro Social por ambos partidos. Ahora, como siempre, todo esto se usa como balón en el partido de futbol político en la capital.


En tanto, en el país más rico del planeta casi 50 millones de estadunidenses viven en la pobreza, entre ellos 13 millones de niños. La tasa de pobreza –de entre 15 a 16 por ciento– es la más alta desde 1965, informa el Urban Institute. Esa tasa sería el doble, de 29 por ciento en lugar del actual 16 por ciento, sin los programas de asistencia pública, muchos creados a partir de la guerra contra la pobreza proclamada por el presidente Lyndon B. Johnson hace justo 50 años.


Durante la última generación, mientras la productividad se ha incrementado 80 por ciento, el sueldo del trabajador medio se ha incrementado sólo 4 por ciento, según el Instituto de Política Económica. El salario mínimo real es más bajo hoy que hace 40 años.


Aunque la devastación de millones de familias por la gran recesión que dicen que concluyó hace más de dos años incrementó el índice de pobreza, el desempleo, la población sin techo y el hambre en este país, todo eso fue sólo la culminación de más de 30 años de la aplicación aquí de las recetas neoliberales que, antes, sólo se aplicaban a países del tercer mundo.


Pero a la vez, por esas mismas políticas, está la otra cara de la moneda, más bien, las monedas están en otro lugar. Un 95 por ciento del crecimiento económico desde el fin de la recesión ha sido captado por el 1 por ciento más rico del país. En 2012, el 1 por ciento de las familias captaron 22.5 por ciento del ingreso nacional, con 90 por ciento de abajo captando 49.6 por ciento (hace tres décadas las cifras eran que el 1 por ciento captaba 10.8 por ciento, y el 90 por ciento de abajo 64.7 por ciento), según el más citado análisis del profesor Emmanuel Saez, de la Universidad de California. Pero según otro estudio, del economista Edward Wolf, de la Universidad de Nueva York, la desigualdad en riqueza es aún más pronunciada: 20 por ciento de las familias más ricas del país concentran 88.9 por ciento de la riqueza nacional total (el 1 por ciento más rico tiene 35.4 por ciento de la riqueza nacional).


El gran resultado: la peor desigualdad económica desde 1928 (justo antes de estallar la gran depresión) y sus efectos políticos y sociales. No hay otro tema que defina más el momento en Estados Unidos.


No se oculta. El propio presidente Barack Obama afirmó que, aunque sus políticas económicas están rindiendo fruto, se requiere más para rescatar el sueño americano para las mayorías. La semana pasada, el mandatario declaró que este será un año de acción donde se promoverá una misión nacional para asegurar que nuestra economía ofrecerá a todo aquel que trabaje duramente obtener oportunidades y éxito. Como estadunidenses, eso es lo que deberíamos de esperar, o sea, el sueño americano.


Pero, como afirma Robert Reich, ex secretario de Trabajo y analista socioeconómico, la generación de empleo continuará siendo anémica si no se incrementa la demanda, y esa demanda no se puede incrementar si no se le da a los trabajadores los ingresos que necesitan para comprar y mantener un nivel de vida decente. Eso, argumenta, sólo se puede hacer elevando los salarios, empezando por el mínimo, la promoción masiva de programas de generación de empleo e incrementar el gasto en servicios públicos, desde educación hasta reconstrucción de la infraestructura nacional, y a la vez, obligar a que los ricos paguen más.


Pero eso, por ahora, no va suceder. Primero, porque los que se robaron el sueño americano no lo quieren regresar. Segundo, los más beneficiados por ese hurto no sólo han comprado en gran medida el proceso político estadunidense, algo ya muy documentado, sino que los supuestos representantes del pueblo ya forman parte de esa élite.


Esta semana el Congreso federal logró algo sin precedente. Por primera vez en la historia la mayoría de los legisladores (senadores y representantes) son millonarios, según un análisis del Center for Responsive Politics, organización no partidaria. Del total de los 534 integrantes actuales del Congreso, por los menos 268 tenían una fortuna personal en promedio de un millón o más. El centro indica que esto es significativo justo cuando al centro del debate legislativo están temas como beneficios de desempleo, asistencia alimenticia y el salario mínimo. Más aún, el centro subraya que en el sistema electoral actual, los candidatos requieren acceso a la riqueza para sus campañas, o sea, dependen de los ricos para ganar.


En Estados Unidos uno ya no puede dormir, porque si cierra los ojos aquí se roban los sueños.

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Jueves, 09 Enero 2014 08:06

El sacrificio de los griegos

El sacrificio de los griegos

En la asunción de Grecia de la presidencia protémpore de la Unión Europea (UE), el primer ministro heleno y el presidente de la Comisión Europea (CE) destacaron las reformas económicas neoliberales adoptadas por el endeudado país. "Grecia, con grandes sacrificios, deja atrás la crisis", aseguró triunfalista el primer ministro griego, Antonis Samaras, durante una intervención conjunta con el presidente de la CE, José Manuel Barroso, poco antes del inicio de la ceremonia oficial inaugural. El país europeo, sin embargo, busca salir de la crisis por sus propios medios tras el vencimiento de su programa de rescate en 2014, señaló el ministro de Finanzas, Ioannis Stournaras. "En el caso ideal no necesitaremos nuevos créditos", dijo el funcionario, rechazó un tercer paquete de rescate condicionado a nuevas medidas de ahorro y una condonación de la deuda.


Desde mayo de 2010, el país europeo depende financieramente de préstamos de rescate concedidos por otros países de la UE, que usan el euro y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar que su masivos déficit y deuda externa provoquen un default, lo que podría acarrear una masiva bancarrota bancaria europea. A cambio de los miles de millones de euros prestados, sucesivos gobiernos griegos impusieron durísimas medidas de ajuste y adoptaron profundas reformas neoliberales recetados por el FMI, lo que provocó un enorme malestar en extensos segmentos de la sociedad griega, sobre todo en los más golpeados.


Atenas espera salir de sus seis años seguidos de recesión en los próximos seis meses y negociar un acuerdo con sus acreedores internacionales. Samaras dijo que durante la presidencia griega del bloque de los Veintiocho, Grecia se abocará a las medidas de recuperación económica, incluyendo el combate al desempleo, y a las cuestiones de seguridad, entre ellas la inmigración.


Precisamente, la tasa de desempleo en la Eurozona siguió en noviembre en un nivel record: un 12,1 por ciento de la población activa, según informó ayer Eurostat, oficina de estadística de la Unión Europea en Luxemburgo. La tasa se mantuvo invariable respecto al mes precedente, octubre. En noviembre, un total de 19,241 millones de personas no tenían trabajo en los 17 países del euro. En el conjunto de la Unión Europea fueron 26,553 millones los que carecían de empleo, lo que supone una tasa 10,9 por ciento.


En este escenario, Grecia encabeza la lista de países con más desocupados, con un índice del 27,4 por ciento, seguido de España con un 26,7 por ciento, donde más de la mitad de los jóvenes que busca un trabajo no lo encuentra. De este modo, la tasa de desempleo en los países del euro no cambia desde abril de 2013. Los estadísticos estimaban que la tasa de desocupación caería en octubre por primera vez en dos años y medio, pero luego corrigieron la cifra. En septiembre Eurostat registró un nivel record de desempleo de 12,2 por ciento, que ahora revisó a la baja.


Sobre los rescates financieros, Barroso dijo que son beneficiosos pese a la resistencia que generan, y puso como ejemplo el caso de Irlanda, que este año logró dejar su propio programa de salvataje externo y que anteayer retornó a los mercados de créditos internacionales con una exitosa colocación de bonos.


"Los programas son exitosos y no deberíamos poner en peligro los logros conseguidos", dijo Barroso. "Hace no mucho había gente que especulaba con la salida de Grecia del euro, con la implosión del euro e incluso de la UE. El hecho de que estemos aquí celebrando el comienzo de la presidencia

helena, de un miembro pleno de la UE y de la Eurozona, demuestra que las predicciones estaban equivocadas", agregó el funcionario europeo. Con Barroso, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y comisarios europeos de todo el bloque en Atenas, las autoridades cerraron calles y estaciones de subte y desplegaron a cientos de policías antidisturbios por toda la antigua ciudad.


Las manifestaciones se prohibieron durante 18 horas en áreas cercanas a los eventos por la asunción de la presidencia de la UE, y la policía empleó gases lacrimógenos para dispersar a unos 200 manifestantes que intentaron desafiar la veda y marchar hasta el lugar donde se realizaba la ceremonia oficial. Una persona fue detenida luego de que manifestantes intentaran romper un cordón policial en la universidad de Atenas a menos de un kilómetro de distancia del lugar donde estaban reunidos los diplomáticos de la UE.


Alexis Tsipras, líder de Syriza, principal partido de la oposición que rechazó los programas de rescate y los ajustes, no asistió a los actos oficiales, por lo que fue criticado por los partidos de la coalición gobernante, Nueva Democracia (ND), de Samaras, y el socialista Pasok. Los ajustes pusieron a los sindicatos en pie de guerra y aumentaron la conflictividad social en Grecia, con innumerables huelgas, paros y marchas de protesta en los últimos años

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