Green New Deal: del capitalismo verde al cambio de sistema

Si bien el debate de los últimos meses en los movimientos ecologistas está fundamentado en “Green New Deal vs decrecimiento”, quizá sería más acertado plantearlo en términos de “Green New Deal para el decrecimiento", ¿cómo lo hacemos”?

 

Hay pocas formas más brillantes y sencillas de describir la crisis socioecológica a la que nos enfrentamos que la que expuso Greta Thunberg en el Foro de Davos en 2019: nuestra casa está ardiendo. Vivimos en un escenario de urgencia, donde la economía, la política y la cultura hegemónicas le han declarado la guerra a la vida, a través de la construcción de sus paradigmas completamente en contra de las bases materiales que la sostienen. La ciencia actual confronta la idea de que es posible alcanzar una economía sostenible bajo el mantra del crecimiento ilimitado. Iago Otero y algunos de sus colaboradores concluyen en su trabajo que la única forma de frenar la pérdida de biodiversidad es abandonando esa línea, igual que ocurre si queremos respetar los límites de emisiones de gases, y por tanto resistir el cambio climático, como señala Jason Hickel.

En el imaginario colectivo parece imposible la renuncia a este sistema tóxico, y aunque “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, la cuestión es si podemos pagar el precio de creer que no existen alternativas. O visto desde otro ángulo, si podemos pagar el precio de pensar que todo lo que está respaldado por la razón nos va a permitir construir políticas públicas, o tiene más de mantra sobre el que fundamentamos nuestros discursos. Quizá tener un discurso basado únicamente en el conocimiento científico, pero que no apele a nuestros deseos, dudas y sentimientos, que es lo que nos hace humanos, no sea suficiente para construir hegemonía en torno a esas alternativas.

Además, nos surge otra dificultad: la necesidad de conseguir este cambio por el que llevamos décadas luchando, en apenas cinco años, el margen de seguridad con el que contamos si no queremos presenciar la sexta extinción masiva, o la emigración forzada de casi un tercio de la población mundial huyendo de la sequía, las inundaciones y el hambre.

En este escenario de urgencia, no nos queda alternativa a elegir que el camino más corto entre nuestra realidad y el mundo nuevo que hay en nuestros corazones —que decía Buenaventura Durruti— y asegurarnos victorias que nos permitan generar una transición que no deje a nadie atrás. Y si bien el decrecimiento es la única opción a largo plazo, no parece que sea una alternativa realista en el corto, cuando tenemos que disputar hasta las medidas más obvias de transición ecosocial, como las zonas bajas en emisiones en el centro de las ciudades.

Por ello, la posibilidad de contar con un Acuerdo Verde, puede ser el primer paso (insisto, el primer paso, no el fin) para mantenernos bajo los límites de seguridad ecológica, mientras generamos el resto de condiciones materiales que nos permitan el cambio de sistema, inevitable para garantizar nuestra supervivencia.

Por ello, si bien el debate de los últimos meses en los movimientos ecologistas está fundamentado en “Green New Deal vs decrecimiento”, quizá sería más acertado plantearlo en términos de “Green New Deal para el decrecimiento, ¿cómo lo hacemos?”. Y es que si bien muchos de los modelos presentados por distintas naciones en torno a esto se basan en que todo cambie para que nada cambie, la indefinición manifiesta de este tipo de políticas nos permite reapropiarnos de ellas, de forma que el Green New Deal nos interese en tanto en cuanto sea una herramienta para el cambio de sistema.

Tenemos que articular medidas y marcos de referencia que superen la tibieza del mismo, y aunque es una propuesta arriesgada sabiendo la facilidad que tiene la economía de reapropiarse de nuestro discurso y despojarlo de cualquier elemento emancipador, no podemos esperar a que, parafraseando a Jorge Riechmann, lo necesario ecológicamente se haga posible políticamente. Y quizá sea esta una de las palancas que hagan posible lo imposible.

Resignificar el Green New Deal implica de base incidir en que esta propuesta tendrá que ir unida a la reparación al Sur Global y no a perpetuar nuestras dinámicas colonialistas, a democratizar la alimentación y la energía, a incluir una mirada feminista y de cuidados en las propuestas económicas o a expulsar al poder corporativo de los procesos internacionales de toma de decisiones. Lamentablemente, la fina diferencia lingüística entre lo que el Green New Deal “es” y lo que “puede ser” puede cambiar el devenir de la humanidad.

Empujar en esa dirección implica en primer lugar asegurar lo que ya tenemos, y por tanto crear y mantener redes de resistencia para evitar los peores efectos sobre los ecosistemas y las personas vulnerables. Junto con esto, y más si entendemos el Green New Deal como un proceso, tenemos la tarea de crear e implementar alternativas en todos los sectores que nos permitan esa transición, a la vez que aseguramos recorrido.

Por último, y quizá lo más importante, necesitamos una movilización masiva que presione a empresas e instituciones en la dirección que debemos tomar, que no puede ser otra que la superación de la economía neoliberal. Este es posiblemente el punto también más complicado, ¿cómo conseguimos que decenas de miles de personas se movilicen por un cambio de sistema que no permitirá el desarrollo de muchos planes que comercialmente nos han prometido? ¿Cómo asociamos esa movilización a un esfuerzo por imaginar un mundo más allá del consumo desenfrenado?

En septiembre tendrá lugar la Online Youth Gathering for Climate and Social Justice, un evento online organizado por la red Young Friends of the Earth y con el apoyo de decenas de organizaciones, que reunirá a jóvenes de toda Europa para debatir, reflexionar y avanzar en la creación de escenarios realistas posibles y ambiciosos para la configuración de una sociedad más justa y respetuosa. Grupos de base de todo el continente nos reuniremos del 3 al 13 de septiembre, en un encuentro abierto a escuchar las voces de todos y todas, generando redes de resistencia y creación de alternativas.

Puede que esto sea uno de los pasos que nos permita tener a miles de personas bloqueando instalaciones extractivistas, cultivando huertas en las ciudades o instalando placas solares junto a sus vecinas. Puede que tengamos días oscuros, pero no podemos perder. Porque hay mucho en juego. Y para ganar solo tenemos una receta: movilizar, resistir y transformar.

Por Miguel Díaz-Carro

responsable de Juventud en Amigos de la Tierra (@MDiazCarro)

27 ago 2020 05:25

Publicado enMedio Ambiente
Franco "Bifo" Berardi: "Asistiremos al colapso final del orden económico global"    

Entrevista al filósofo italiano

El autor de Lá fábrica de la infelicidad cree que ese final de ciclo "podría abrir la puerta a un infierno político y militar esencialmente caótico. El caos es el verdadero dominador de la época pandémica". Bifo habla también de vacunas, medio ambiente, virtualidad y vínculos humanos hundidos en una "epidemia de soledad".

 

“Estamos en un umbral que puede durar años”, sentencia Franco “Bifo” Berardi, escritor, filósofo y activista italiano, en diálogo con Página/12. En un momento que "no es para conclusiones", analiza el escenario y prevé alternativas. Escribe, en un extenso mail, que “el caos es el dominador de la época”, y que son posibles “un colapso final del orden económico global” y un despliegue de comunidades autónomas con eje en la igualdad. Descree del poder del Estado. El verdadero poder, para él, está en el capitalismo. Recorre varios temas que hacen a este hecho total que es la pandemia. Vacuna, medio ambiente, virtualidad, vínculos humanos hundidos en una "epidemia de soledad".

En cuarentena, aparte de pintar, Bifo ha escrito un texto muy original y literario llamado Crónica de la psicodeflación, que contiene una definición del coronavirus"virus semiótico""fijación psicótica" que  “prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global" y ha bloqueado “el funcionamiento abstracto de la economía”. Luego publicó Más allá del colapso. El escritor nacido en Bolonia en 1949 tiene historia. Ha participado de las revueltas juveniles del '68, fue amigo de Félix Guattari, frecuentó a Foucault. Fundó revistas, creó radios alternativas y señales de TV comunitarias. Algunos de sus libros destacados son La fábrica de la infelicidadGeneración post-alfaFélix La sublevación. Actualmente es profesor de Historia Social de los Medios en la Academia de Brera, en Milán.

-Con el coronavirus la filosofía ha quedado en el centro de la escena. ¿Cuál es su misión en esta pandemia?
-Es la misma desde hace miles de años: entender, concebir, disponer el pensamiento colectivo. El filósofo intenta transformar lo que percibimos en la experiencia común en conceptos que permitan iluminar el camino. Es muy simple, pero tal vez el ejercicio se hace problemático. Si lo que entendemos de la realidad implica que no hay salida ética, política ni científica de una situación, si la imaginación filosófica no logra imaginar otra salida que la barbarie, otro horizonte que la extinción, el trabajo se vuelve muy duro. Tenemos que reconocer y contar lo que nos parece inevitable desde el punto de vista del entendimiento, pero al mismo tiempo siempre recordar que tal vez el imprevisto subvierte los planos del inevitable. Esa es la misión de la filosofía: imaginar lo imprevisible, producirlo, provocarlo, organizarlo.

-En Más allá del colapso plantea dos escenarios: “Lo que queda del poder capitalista intentará imponer un sistema de control tecno-totalitario. Pero la alternativa está aquí ahora: una sociedad libre de las compulsiones de acumulación y crecimiento económico”. ¿De qué manera podría construirse una alternativa? 
-Las consecuencias actuales de la pandemia y del lockdown (confinamiento) son muy contradictorias. Hay tendencias divergentes, hasta opuestas, en la esfera económica, la del poder. De un lado asistimos al desmoronamiento de los nudos estructurales de la economía. El colapso de la demanda, del consumo, una deflación de largo plazo que alimenta la crisis de la producción y el desempleo, en una espiral que podemos definir como depresión, pero es algo más que una depresión económica. Es el fin del modelo capitalista, la explosión de muchos conceptos y estructuras que mantienen juntas a las sociedades. Al mismo tiempo asistimos al enorme fortalecimiento del capitalismo de las plataformas y las empresas digitales en su conjunto. La relación entre sistema financiero y desmoronamiento de la economía productiva aparece incomprensible: Wall Street confirma su tendencia positiva, casi triunfal. ¿Se está produciendo una enorme burbuja económica que en el futuro próximo podría explotar? ¿O, al contrario, eso significa que la abstracción financiera se ha hecho totalmente independiente de la realidad de la economía social? Creo que en el próximo año asistiremos al colapso final del orden económico global, que podría abrir la puerta a un infierno político y militar esencialmente caótico. El caos es el verdadero dominador de la época pandémica. Un caos que el capitalismo no puede someter. No hay una alternativa política visible en el futuro próximo. Hay revueltas. Las habrá. Pero no se puede imaginar una estrategia política unificante.

-Ha escrito que la igualdad, “destruida en la imaginación política en los últimos 40 años”, podría ganar protagonismo. ¿No contrasta esta idea con lo que está sucediendo aquí y ahora? El virus profundizó la pobreza, el desempleo, la desigualdad.
-En la situación caótica que se puede desplegar van a proliferar las comunidades autónomas, las experimentaciones igualitarias de supervivencia. Claro que hoy se manifiesta un tentativo de las fuerzas empresariales, mafiosas, neoliberales de apoderarse lo más posible de la riqueza social, los recursos físicos y monetarios. Pero eso no va estabilizar nada. Todas las medidas de estabilización que están intentando las fuerzas políticas de gobierno en Europa como en otros lugares no pueden estabilizar nada en el largo plazo. El crecimiento no volverá mañana ni nunca. La Ecosfera terrestre no lo permitirá; no lo está permitiendo. La demanda no subirá, no solo porque el salario va disminuyendo, sino también porque la crisis producida por el virus no es solo económica. Es esencialmente psíquica, mental: es una crisis de las esperanzas de futuroEn esta situación tenemos que imaginar formas de vida autónoma post-económicas, de auto-producción de lo necesario, de auto-defensa armada contra el poder, de coordinación informática global.

-¿Qué cree que significa esta pandemia para el ordenamiento geopolítico mundial?
-El caos toma el lugar de comando. No existe de manera objetiva. Hay caos cuando los acontecimientos que interesan nuestra existencia son demasiado complejos, rápidos, intensos para una elaboración emocional y consciente. El virus, invisible e ingobernable, ha llevado al caos a un nivel definitivo. No puedo prever los puntos donde el desmoronamiento produzca efectos más notables. Lo que me parece muy probable es un proceso de guerra civil en los Estados Unidos. Según un artículo publicado en el Dallas News hace algunos días no habrá guerra civil, sino una situación caótica de terror permanente. Los ciudadanos americanos siguen comprando armas de fuego, si bien ya hay más de un arma por cada ciudadano, incluidos niños y abuelos. El trumpismo no ha sido una locura provisional. Es la expresión del alma blanca de un país que nació y prosperó gracias al genocidio, la deportación, la esclavitud masiva. Los efectos globales de la desintegración de los Estados Unidos no se pueden prever.

-Una vez que aparezca una vacuna, ¿cree que la humanidad se relajará y el daño ecológico volverá a profundizarse o se podrá repensar la relación con el medio ambiente? ¿Existe el riesgo de una vida en estado pandémico permanente?
-Claro que existe. El Covid ha sido solo uno de los virus que pueden proliferar contagiosamente. No puedo explayarme sobre la posibilidad de una vacuna eficaz porque no soy biólogo, pero no creo que la experiencia del coronavirus termine con la vacuna. La pandemia 2020 sólo ha sido el comienzo de una época de catástrofes globales, a nivel biológico, ambiental y militar. El efecto de la pandemia sobre el medio ambiente es contradictorio también. De un lado ha habido una reducción de los consumos de energía fósil, un bloqueo de la polución industrial y urbana. Del otro, la situación económica obliga a la sociedad a ocuparse de los problemas inmediatos y posponer las soluciones de largo plazo. Y no hay largo plazo a nivel de la crisis ambiental, porque los efectos del calentamiento global ya se despliegan. Pero al mismo tiempo podemos imaginar (y proponer) la creación de redes comunitarias autónomas que no dependan del principio de provecho y acumulación. Comunidades del sobrevivir frugal.

-Maristella Svampa, socióloga argentina, postula que la metáfora del enemigo invisible en el discurso político oculta la dimensión medio ambiental del virus. ¿Coincide?
-Coincido. El Covid-19 es una emergencia particular del colapso ambiental. Las elites políticas no me parecen a la altura del problema, lo que dicen no me parece muy importante. La política en su conjunto es impotente. ¿Qué hacen los políticos “buenos” (como Conte en Italia)? Aplican la disciplina sanitaria obligatoria, se pliegan a la decisión científica, que toma el lugar de la decisión política. ¿Qué hacen los malos (Bolsonaro, Trump….)? Se niegan a la decisión científica y afirman la autonomía de la política. Pero la política se ha vuelto un juego sin razón, sin conocimiento. La potencia del político es la locura, la venganza, la rabia contra la impotencia. Si la política ha sido durante la edad moderna una expresión de la voluntad, ahora está muerta porque la voluntad humana ha perdido su eficacia sobre el proceso real.

-¿Cómo imagina que serán los vínculos después de la pandemia? ¿Cómo son ahora?
-La pandemia marca una ruptura antropológica de una profundidad abismal. Pensemos en el acto más humano de todos: el beso, el acercarse de los labios, el acariciar paulatino y dulce de la lengua al interior de la boca de otro ser humano. Este acto se ha vuelto el más peligroso y anti-social que se pueda imaginar. ¿Qué efecto va a producir esta novedad en el inconsciente colectivo? Una sensibilización fóbica al cuerpo y la piel del otro. Una epidemia de soledad, y por tanto, de depresión. A nivel social el distanciamiento implica el fin de toda solidaridad. A nivel del inconsciente equivale a la bomba atómica. Tenemos que reinventar la afectividad, el deseo, el tocamiento, el sexo, pero… ¿tenemos la fuerza psíquica para hacerlo? No me parece. Pero lo repito con fuerza: estamos en un umbral, no podemos saber cómo saldremos de la oscilación en la que el inconsciente está capturado.

-Agamben ha escrito sobre la limitación de la libertad, “aceptada en nombre de un deseo de seguridad inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerlo”. ¿Qué piensa sobre el control del Estado con la pandemia como trasfondo?
-El Estado se identifica cada vez más con las grandes agencias de control informático, de captura de enormes cantidades de datos. No existe más como entidad política, territorial. Sigue existiendo en la cabeza de los soberanistas de derecha y de izquierda. No existe la política, ha perdido toda su potencia; no existe el Estado como organización de la voluntad colectiva, no existe la democracia. Son todas palabras que han perdido su sentido. El Estado es el conjunto de la disciplina sanitaria obligatoria, de los automatismos tecno-financieros, y de la organización violenta de la represión contra los movimientos del trabajo. El lugar del poder no es el Estado, una realidad moderna que se acabó con el fin de la modernidad. El lugar del poder es el capitalismo en su forma semiótica, psíquica, militar, financiera: las grandes empresas de dominio sobre la mente humana y la actividad social.

-En los países de Latinoamérica, la dicotomía que se plantea en los textos filosóficos europeos (capitalismo-comunismo) no resuena del mismo modo. Aquí pensamos más en términos de un Estado presente. ¿Qué lectura hace de la pandemia respecto de dos escenarios con diferencias estructurales como América latina y Europa? 
-En América latina ha habido una fuerza particular, un discurso neo-soberanista de izquierda, lo que podríamos llamar populismo de izquierda, según la versión de Laclau, Jorge Alemán y otros. La experiencia lulista, la kirchnerista, la de Evo en Bolivia y el chavismo son experimentos de soberanía popular, democráticos, con intentos sociales. Han sido valiosos, tal vez más o menos exitosos. Pero al final todos han fracasado, porque la complejidad de la globalización capitalista no deja espacios de maniobra a nivel nacional, provocando la violencia de la reacción. La pandemia es una prueba de la imposibilidad de actuar en la dimensión nacional. Claro que puede haber una gestión racional de la pandemia, como la de Argentina, y una manera irresponsable y genocida como la de Brasil. Pero al final la pandemia está provocando un apocalipsis global que ninguna política racional puede evitar. Marca también el fracaso final de toda hipótesis soberanista, de izquierda y de derecha.

-¿Qué piensa de los movimientos “anticuarentena”? ¿La idea de la libertad ha sido cooptada por la extrema derecha?
-La palabra “libertad” es un malentendido de la filosofía moderna y del pensamiento político. Los que hablan de libertad en la época de los automatismos tecno-financieros no saben de qué están hablando. El enemigo de la libertad no es el tirano político, sino los vínculos matemáticos de las finanzas y los digitales de la conexión obligatoria. Hay una libertad ontológica que significa que Dios decidió de no determinar la dirección de la vida humana, dejando así el libre albedrío a los humanos. Pero la materia de que los organismos son compuestos determina profundamente la posibilidad de actuación del organismo. Y la materia social, la economía, la enfermedad, la proliferación viral son verdaderos matadores de la libertad. La modernidad ha sido capaz de inventar un espacio de libertad verdadero: la potencia de la política moderna (desde Maquiavelo hasta Lenin) ha sido la capacidad de elegir estratégicamente y actuar tácticamente de manera tal de plegar no toda la realidad, pero sí espacios relevantes de la realidad social, técnica, hasta médica. El fin de la modernidad marca también el fin de esta libertad marginal: la creación de automatismos tecno-financieros ha destrozado la potencia política de la voluntad; ha matado la democracia. La palabra libertad hoy significa solo libertad de explotar a los que no pueden defenderse, de hacer esclavos a los otros, de matar a los africanos que quieren sobrevivir migrando en Europa. Libertad hoy es una palabra asesina. Solo igualdad es una palabra que puede restablecer algo de humano entre los humanos.

-“Creo que la pandemia actual marca la salida definitiva de la época moderna de la expansión y el ingreso en la época de la extinción”, escribió. ¿Se ha puesto a imaginar cuánto tiempo nos queda? ¿La extinción es inevitable?
-Antes que nada no soy un adivino. Cuando digo que entramos en la época de la extinción quiero decir que en el horizonte futuro la sola conclusión lineal de las tendencias existentes (sobrepoblación, polución, calentamiento global, reducción del espacio habitable, multiplicación de los gastos militares, proliferación de las guerras, epidemia psicótica) no implica otra perspectiva realista que la extinción de la civilidad humana (que ya se está manifestando) y de la especie humana (que parece cada vez más probable). Pero soy convencido de que el inevitable muchas veces no se realiza porque el imprevisible tiende a prevalecer.

El regreso de la muerte

-Una de las tantas cosas que el virus modifica es cómo se viven la muerte y los duelos. En Más allá del colapso usted se refiere al regreso de la muerte a la escena del discurso filosófico. ¿Cómo puede leerse este cambio?

-La muerte ha sido removida, denegada, borrada en la escena imaginaria de la modernidad. El capitalismo ha sido el intento más exitoso de alcanzar la inmortalidad. La acumulación de capital es inmortal. La vida humana se identifica con su producto abstracto y logra vivir immortalmente en la abstracción. En consecuencia, rechazamos la idea de nuestra mortalidad individual, porque consideramos a la vida como propiedad privada que no se puede acabar. La destrucción sistemática del medio ambiente es la prueba de que no creemos en la mortalidad: no importa si matamos la naturaleza, porque es la sola manera de realizar la acumulación de capital, nuestra eternidad. Pero la pandemia nos obliga a reconocer que la muerte existe, que es el destino de cada ser viviente. La abstracción ha perdido su potencia, el dinero no puede nada frente a la muerte. El problema es que no estamos hablando (sólo) de la individual, estamos hablando de la extinción del género humano como horizonte de nuestra época.

Enfermedad virtual

-“Cuando la pandemia finalmente se disipe (suponiendo que lo haga), es posible que se haya impuesto una nueva identificación psicológica: online equivale a enfermedad”, escribió. ¿Puede explayarse sobre esto, y sobre qué lugar le quedará al cuerpo?

-Se podría verificar algo muy interesante: después de un largo plazo de tiempo en que la relación corpórea ha sido remplazada por la online podría verificarse una identificación psíquica de la dimensión online con la enfermedad, con un período de soledad y miedo. ¿Cómo se resolverá la oscilación? ¿Con una epidemia de autismo suicida o con una explosión de deseo liberatorio? No lo sabemos, pero podemos reflexionar sobre las alternativas que se van designando en el umbral.

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Dani Rodrik propone un "nuevo Estado de Bienestar"

Definiciones del economista turco en la Universidad Di Tella

Si bien es crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. 

 

“Restituir las estrategias de desarrollo a través de un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial”, es el camino que se debería adoptar a nivel global para evitar la ruptura del contrato social, afirmó el reconocido

Rodrik es uno de los economistas más influyentes del mundo. De origen turco, es profesor de Política Económica Internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y tiene una posición muy crítica sobre el rumbo que adoptó el capitalismo desde comienzos de los ´90. "No generó más consumo ni diversificación, sino crisis más frecuentes y más dolorosas. La globalización de las finanzas no implica nada bueno en término de las cosas que más importan", indicó en una charla organizada por la Universidad Torcuato Di Tella que tuvo como moderador a Eduardo Levy-Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de ese centro de estudios.

Si bien Rodrik es muy crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, también advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. En cambio, plantea que el desafío es más complejo, ya que el futuro del empleo no radicaría en la manufactura sino en los servicios y considera que el Estado no debe solo asegurar educación, salud e ingresos mínimos sino también involucrarse junto al sector privado en la generación de conocimiento y empleos para evitar el "dualismo productivo", uno de los grandes problemas de economías como la Argentina.

El dualismo está dado por un nicho muy productivo que genera poco empleo y otra gran cantidad de sectores poco productivos que emplean a mucha gente.

La pandemia aceleró problemas

Para Rodrik, la crisis de la pandemia del coronavirus profundizó tendencias pre-existentes que venían poniendo en jaque la sostenibilidad de la actual organización de la economía mundial.

En primer lugar está la caída del comercio mundial, que no comenzó con el coronavirus sino hace más de diez años, después del estallido de la crisis financiera de 2008. “Esto rompe con la tendencia que comenzó a principios de los ´90, de creciente integración comercial. La retracción se explica en primer lugar por la dramática caída de las exportaciones chinas en relación a su producto bruto interno, del 35 por ciento en 2007 al 20 por ciento en la actualidad. Algo similar a lo que ocurre en la India”, explicó Rodrik.

El economista también subrayó la “creciente tensión entre los supuestos beneficios de la hiper-especialización productiva y la diversificación”. La especialización radica en que cada país del mundo ocupe un rol en la cadena de valor según su mayor ventaja comparativa (bajos salarios, tecnología o recursos naturales, por ejemplo) mientras que la diversificación supone protección comercial para que el aparato productivo nacional amplíe el rango de actividades que abarca. Sucede que el neoliberalismo extremo y sus instituciones globales como la OMC y el FMI hacen énfasis en el supuesto beneficio de la especialización y en el perjuicio de la política de protección comercial y otras medidas regulatorias. Pero está claro que el capitalismo globalizado en su organización actual genera creciente desigualdad y exclusión social, considera Rodrik.

Vinculado a lo anterior está la tendencia a la desmejora en la distribución del ingreso, que también es previa a la pandemia. “Cada vez es más evidente que es imposible compensar a los ‘perdedores’ con las ‘ganancias’ de la hiperglobalización”, dice Rodrik.

El gran problema: la falta de autonomía

El mayor problema es la falta de autonomía que tienen los países para poder aplicar políticas tendientes a mantener el contrato social y apuntar al crecimiento”, explica el economista, y advierte que esta falta de grados de libertad para la política pública es una de las grandes diferencias frente al período de Bretton Woods, que rigió entre el final de la segunda guerra mundial y la disolución de la URSS.

Para Rodrik, hay un “buen escenario” posible en la post pandemia que consiste en lo siguiente: “un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto como para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial, para poder restituir las estrategias de desarrollo”. El “mal escenario” sería un endurecimiento del conflicto comercial, similar a la etapa que siguió a la crisis del ´30.

Un nuevo Estado de Bienestar

“América latina sufre un dualismo productivo, con sectores que tiene alta productividad pero no generan empleo y sectores muy atrasados que generan mucho empleo. Esto achica oportunidades para la franja de ingresos medios. El Estado de Bienestar tradicional plantea que con mayor educación y salud pública, los trabajadores pueden acceder a mejores trabajos y así elevar su condición de vida. Pero esto ya no funciona, porque no está disponible la oferta laboral de buenos trabajos. Hay que cambiar la perspectiva”, explica Rodrik.

Para el economista, el “nuevo Estado de Bienestar” debe involucrar más políticas de producción, con fuerte integración del sector privado. Indica que es una prioridad mejorar las habilidades de los trabajadores para que puedan maniobrar la tecnología pero también acomodar la tecnología a las habilidades de los trabajadores. En este sentido, elogió el camino institucional recorrido por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“La mejora de la productividad no tiene que venir únicamente del crecimiento de los sectores de punta. Teniendo en cuenta el grado de atraso de gran parte de la sociedad, simplemente sacar a la gente de la informalidad en favor de empleos de productividad media ya mejoraría mucho la situación”, considera Rodrik.

El futuro del empleo

“Puede haber protección para que determinadas industrias se modernicen. Pero no creo que los empleos manufactureros vayan a volver, no creo que ese sea el futuro en la economía. Los grandes generadores de empleo serán los sectores de servicios, salud, educación y retail”, analiza el economista.

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¿A quién le importan las elecciones en EEUU?

Hubo un tiempo en que las elecciones en EEUU generaban interés y hasta entusiasmo en el mundo. No sólo entre las elites políticas sino también en la población, existía la creencia de que el triunfo de una u otra opción podía modificar el estado de las cosas.

 

Esta convicción se ha desmoronado, ya que tanto demócratas como republicanos han mostrado escasísimas diferencias en política internacional. En plena campaña electoral, los demócratas prometen revisar la política exterior de Trump, no porque les parezca inadecuada sino porque "cuatro años más con Donald Trump dañarán nuestra influencia hasta un estado irreparable".

La frase del programa demócrata revela que las intenciones de ambos candidatos son idénticas: mantener la dominación de la superpotencia en declive a lo largo y ancho del planeta.

Los demócratas se empeñan en más de lo mismo, insistiendo con el mismo candidato y hasta la misma iconografía que fracasó en 2016. Quizá por eso, el boletín de mayo del Laboratorio Europea de Anticipación Política (LEAP) titula la campaña electoral, bajo una foto en la que aparecen Biden y una Hillary Clinton, la excandidata demócrata, demacrada: "El retorno de los muertos vivientes".

"Biden es Hillary Clinton bis", reflexiona el LEAP. "Como este grupo ha sido particularmente exitoso en tomar el control del partido Demócrata, ese partido ya no puede producir nada más que Biden y Clinton… una y otra vez".

En efecto, la candidatura de Biden encarna un EEUU que ya no existe, el de la Guerra Fría y la hegemonía de la población blanca y masculina. Maneja un discurso que los medios afines reconocen que genera poco entusiasmo entre los jóvenes, los latinos y los negros, o sea entre una porción decisiva del electorado.

Para remediar esta desventaja, Biden eligió como candidata a la vicepresidencia a Kamala Harris, con la esperanza de que una mujer no blanca pudiera atraer al electorado que, aún rechazando la reelección de Trump, tiene muchas dudas en apoyar a Biden.

Harris se desempeñó como fiscal de distrito de San Francisco de 2004 a 2011 y fiscal general de California de 2011 a 2017 y se describe a sí misma como "progresista". En julio de 2019, cuando Harris competía en las internas demócratas, Marjorie Cohn, profesora de derecho en la Facultad de Derecho Thomas Jefferson en San Diego (California) y ex presidenta del Colegio Nacional de Abogados, escribió un artículo titulado: "Kamala Harris tiene una distinguida carrera al servicio de la injusticia".

Cohn la acusa de "mala conducta" por encubrir la existencia de informantes en cárceles de California para:

  • "obtener confesiones ilegalmente";
  • "favorecer la criminalización del absentismo escolar";
  • aumentar las fianzas de presos usados como mano de obra barata;
  • oponerse a que "la oficina del fiscal investigue de forma independiente los tiroteos policiales que resultaron en muertes".

Cohn afirma que la candidata a la vicepresidencia de Biden no tiene nada de progresista. Según el filósofo y periodista francés Philippe Grasset, director de la revista De Defensa, Harris tiene "reputación de tipo duro, del tipo ley y orden", además de ser "extremadamente rica", perteneciendo al famoso 0,1% con ingresos de 1,8 millones de dólares en 2018.

Por su parte, el LEAP considera que la elección en EEUU ya "no es el centro de interés del planeta" y que pese a que no hubo primarias por la pandemia, los que relevarán a las viejas guardias "parecen estar atravesando las grietas del pavimento bipartidista".

Lo fundamental es que el thinktank francés considera a Trump como "el enterrador de la vieja América", asistido por la pandemia de coronavirus. "Trump ha encarnado el exceso de una cierta América, y al hacerlo, ha puesto fin a ella". Para explicar este aserto hilvana una decena de "revelaciones".

La primera se refiera a que Trump "reveló la vulgaridad de una cultura de negocios que Estados Unidos había estado infligiendo al mundo durante décadas"; así como "el arraigado machismo y racismo del sistema de poder americano, despertando a la sociedad civil de su letargo".

Pero también reveló la debilidad de EEUU que ya no tiene los medios para llevar adelante sus objetivos globales. Entre ellos, uno de los más destacados gira en torno a "el problema de la presencia de EEUU en Medio Oriente", revelando que es la potencia la que crea problemas que luego no es incapaz de resolver.

Entre otras "revelaciones", el LEAP asegura que la presidencia de Trump mostró la dependencia de EEUU de China y del mundo, mientras la pandemia "es el último golpe mortal al sistema sanitario y social de la primera potencia mundial". En suma, bajo Trump el imperio aparece desnudo, siendo el momento de máxima inflexión del sistema deuda-petróleo-dólar que tiene de rehén al planeta.

Por último, la cuestión de la desigualdad, que no para de crecer y está llegando a niveles insostenibles. El último informe anual de Instituto de Política Económica asegura que las retribuciones de los CEO de las 350 principales empresas en los EEUU son 320 veces superiores al salario medio de un trabajador.

En 2019 los ingresos de los principales CEO crecieron 14% respecto a 2018. Pero el dato más importante es que en 1989 la diferencia de ingresos entre CEOs y trabajadores era de 61 a 1, lo que indica que la brecha de ingresos se multiplicó por cinco en apenas tres décadas.

Los autores del informe creen que el salario de los directores ejecutivos podría aumentar nuevamente en 2020, a pesar del colapso económico causado por el coronavirus.

La desigualdad está destruyendo los sueños de los jóvenes, de las minorías raciales y de los migrantes, que son los que se han volcado a las calles para denunciar la violencia policial luego del asesinato del afroamericano George Floyd el 25 de mayo. Pero la enorme desigualdad destruye también la legitimidad del sistema político de los EEUU y neutraliza la democracia.

Cuando se ingresa en una crisis sistémica, las diferencias entre las propuestas políticas que se formulan desde su interior, dejan de ser alternativas porque adhieren a la continuidad de lo existente y temen modificarlo, lo que explica que ambos partidos de EEUU prefieran hundirse con el sistema antes de correr los riesgos de modificarlo.

16:17 GMT 20.08.2020(actualizada a las 16:46 GMT 20.08.2020) URL corto

Por Raúl Zibechi

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Venezuela: Nueva estrategia, ¿misma abstención?

Un referendo puede oxigenar a Maduro para sus últimos años de gobierno o renovar al Chavismo que, de perderlo, podrá en el lapso de un mes presentar una nueva propuesta presidencial frente a una oposición dividida.

 

Muchos acontecimientos relacionados con la política electoral parecen haber establecido en las últimas semanas una ruta oficial para intentar salir de la crisis política y así generar un nuevo escenario de estabilización general en Venezuela. Esta ruta tiene varios elementos electorales y democráticos que se juntan con decisiones lanzadas por decreto desde instancias institucionales.

La estrategia de las fuerzas oficiales, en líneas generales, intenta generar un nuevo marco democrático que se sustenta sobre algunas decisiones tomadas los últimos días y que adelante mencionaremos.

Si bien este diseño político está lleno de inconsistencias constitucionales y decisiones arbitrarias, siempre en medio de una situación general de crisis económica y asedio financiero internacional, es el único que en los actuales momentos podría resultar factible y que podría tener su clímax en un posible referendo revocatorio presidencial en 2022 que el presidente Maduro ha reconocido como opción. El mantenimiento del interinato de Guaidó, venido a menos, ya pertenece al campo de las aventuras, no de la política.

Para lograr ese escenario deben estar presentes sobre todo dos cosas. Primero, que el gobierno de Estados Unidos, el de Trump o el de Biden, moderen su nivel de ataque hacia Venezuela y dejen de interferir en una salida democrática, llegando al nivel de sancionar a políticos de oposición que deciden dialogar con el gobierno. Aunque hay que reconocer que no lo han hecho con los nuevos nombramientos rectorales ni tampoco con los cambios internos a los partidos opositores.

Y segundo y lo más importante, que las mayorías populares retornen al voto como único modo posible de desactivar el campo minado que hoy representa Venezuela.

 

MEDIDAS: ENTRE LA COOPTACIÓN Y UNA SALIDA ELECTORAL

 

Primero. Con tres decisiones diferentes de junio y julio, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) intervino las directivas de los partidos Primero Justicia, Acción Democrática y Voluntad Popular y nombró como sus presidentes a dirigentes de esas toldas que han venido abriendo negociaciones, más o menos abiertas, con el ejecutivo nacional.

Segundo. También el TSJ nombró un nuevo Consejo Nacional Electoral el 13 de junio, una vez no pudieran ponerse de acuerdo las facciones internas a la Asamblea Nacional, órgano encargado por la constitución de hacerlo. La conformación del ente incluye la participación de actores políticos de oposición que decidieron sentarse en una mesa de diálogo nacional con el gobierno que viene operando desde finales de 2019 y donde participan varios partidos minoritarios. Hasta ahora las decisiones del ente han sido tomadas en consenso entre miembros de esta corriente de oposición y oficialismo. Han anunciado el 6 de diciembre como fecha de realización de las elecciones legislativas.

Tercero. El presidente Maduro anunció el 24 de junio la posibilidad de un referendo revocatorio presidencial en 2022, un instrumento contenido en la Constitución para todos los cargos de elección popular. Si bien la intención no ha generado mayores expectativas, sobre todo debido a que en 2016 fue bloqueada su aplicación por el anterior CNE, usando medidas administrativas, es la primera vez que se prefigura un escenario de este tipo desde el propio oficialismo.

Este conjunto de medidas abre dos escenarios posibles de cara a los próximos años.

El primero es un proceso de reoxigenación democrática de todos los actores, incluyendo al gobierno y al chavismo, aunque también a la oposición y las instituciones, de manera que se pueda atender la crisis desde los mecanismos democráticos y constitucionales y pueda crearse un marco general de entendimiento.

Un referendo puede oxigenar a Maduro para sus últimos años de gobierno o renovar al Chavismo que, de perderlo, podrá en el lapso de un mes presentar una nueva propuesta presidencial frente a una oposición dividida.

El segundo escenario posible es la consolidación del oficialismo como corriente única en el poder, una vez que, con una alta abstención el 6 de diciembre, conquiste la mayoría de curules del único poder público que no controla.

El escenario de la victoria del levantamiento de Guaidó ha disminuido a casi cero sus probabilidades de éxito.

Básicamente hay dos factores que harán peso en una dirección o en otra: los niveles de abstención, esto es, el nivel de credibilidad que tenga la estrategia política de Maduro y los actores de oposición que fragüen su ruptura con la línea del G4 (principales partidos opositores), y segundo, el papel de Estados Unidos. En la medida que se profundicen las sanciones y la presión internacional siga criminalizando a la dirigencia chavista, el oficialismo tenderá a cerrarse e impedir cualquier cambio democrático, mientras que si se desmontan las sanciones y los actores internacionales garantizan la apertura con Venezuela, se podría estar generando la posibilidad de un escenario democrático y electoral.

 

¿UNA NUEVA OPOSICIÓN?

 

El conjunto de medidas y decisiones institucionales no han recibido reacciones contundentes de las corrientes mayoritarias de las fuerzas opositoras, quienes se han visto impotentes de responder, no solo por la desmovilización de la pandemia, sino también por el desgaste político que lucen y el cúmulo de derrotas en fila desde el golpe militar del 30 de abril de 2019 en el que muchos líderes de los partidos participaron de manera pública, hasta el fallido intento de desembarco de comienzos de mayo, llamado operación Gedeón. Y todo ello desde la estrategia de los sectores radicales que gastaron toda la pólvora en el nombramiento de un interinato que no presenta ningún saldo a favor. También debido a la sumisión de los partidos más moderados hacia esta línea política forjada entre Washington y Miami.

Pero puede haber otra oposición.

En paralelo, el gobierno venía reuniéndose y negociando con actores políticos minoritarios en la mesa de diálogo nacional y que ahora son coparticipes de esta nueva estrategia con representantes en el CNE. Sumados a ellos, las siglas y tarjetas de los partidos tradicionales Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular con nueva directiva. El TSJ, por decreto, ha desplazado al liderazgo histórico de oposición y aun no se sabe qué consecuencias electorales esto pueda traer.

La alta jerarquía católica ha dado un paso histórico al salirse de la órbita de la oposición radical. Ha criticado fuertemente al abstencionismo y ha planteado la necesidad de ir a votar.

Con toda la armadura legal e institucional para convocar elecciones, con las tarjetas de los partidos activadas, con múltiples colores y marcas políticas, solo hay algo que aún no termina de verificarse y para ello hay que esperar el día electoral: si los militantes de esos partidos se entusiasman por la nueva situación y deciden acudir en masa, o si por el contrario, rechazan la nueva condición electoral que han armado las instituciones oficiales con actores de oposición y deciden no participar.

Esta es la clave para interpretar el éxito o fracaso de la estrategia oficial porque una alta abstención va a dificultar que esta ruta diseñada saque al país de la crisis. Pero también, una alta movilización de esos partidos podría reeditar un resultado desfavorable para el oficialismo.

El dilema oficial es el grado de participación que no sea tan bajo para deslegitimar el proceso, pero tampoco tan alto como para terminar arrasado nuevamente como en 2015.

 

ABSTENERSE O NO ABSTENERSE, HE ALLÍ EL DILEMA OPOSITOR

 

Como era de esperarse, el liderazgo opositor ha cuestionado este grupo de medidas y ha decidido no participar en los comicios de diciembre.

La alta abstención en la que se eligió al presidente Maduro en mayo 2018 (54%) dejó el camino abierto para el interinato de Guaidó y la vía violenta para forjar una transición política, una alta abstención el 6 de diciembre podría mostrar que no solo el partido de gobierno sino que incluso todo el sistema político está entredicho, y que los votantes opositores, que crecieron enormemente en las legislativas de 2015, no aceptan ni esta ruta ni la cooptación de los partidos políticos.

Pero también quienes apuntan a una política abstencionista tendrán que recordar el otro hito de 2005 cuando la oposición llamó a no votar y dejó solo en el poder legislativo al chavismo que terminó de ocupar todas las instituciones y salió tremendamente fortalecido, decisión que distintos voceros opositores han autocriticado con el paso del tiempo. Sin embargo, todo parece indicar que volverán a tropezar con la misma piedra.

Para intentar persuadirlos, Maduro ha dejado un anzuelo con la jugosa carnada de un posible referendo revocatorio para 2022. ¿Podrá la nueva oposición navegar hasta allá o naufragará antes de tiempo?

Para saberlo primero habrá que pasar por diciembre de 2020 y confrontar una nueva situación.

 

PARLAMENTARIAS 2020

 

Las masas opositoras pueden acatar el llamado a la abstención que sumada a la abstención tradicional de este tipo de comicios (suele aumentar en las elecciones de tipo no presidencial) y permitir al partido de gobierno convertirse en una mayoría aplastante dentro de la única institución que le ha sido esquiva los últimos años, la Asamblea Nacional, afianzará su control férreo sobre el Estado. Esto es lo más probable.

La alternativa es que los sectores opositores que han decidido participar, usando el argumento de un posible revocatorio en 2022, pueda generar entusiasmo para que las bases opositoras no acepten el llamado a la abstención de sus líderes históricos y acudan masivamente a votar para así coparticipar con el oficialismo en la Asamblea Nacional e impedir que este tenga el control total. Estarían emergiendo nuevos factores de oposición que le den sentido a la ruta oficial.

En paralelo, los sectores radicales mantendrán el mantra de derrocar a Maduro como condición sine qua non para incorporarse a la esfera política lo que se traduciría, avivados por un “triunfo” del abstencionismo, que la oposición radical mantenga el control interno y siga produciendo hechos violentos y apueste por la profundización de las sanciones e incluso intentar nuevas aventuras militares.

Todo está por verse, cualquier opción pasa por diciembre de 2020

 

Por OCIEL ALÍ LÓPEZ

SOCIÓLOGO, ANALISTA POLÍTICO Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

20 AGO 2020 06:00

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En Corea del Norte prohibieron tener perros como mascotas por ser un "lujo burgués"

Desde el gobierno de Kim Jong-un afirman que tener esa mascota es un símbolo de la "decadencia del capitalismo". Sin embargo, los dueños de los caninos temen que sean utilizados para resolver las escasez de alimentos que afecta a gran parte de la población.

 

El régimen de Kim Jong-un, líder supremo de Corea del Norte, prohibió la tenencia de perros como mascotas por considerarlo "un lujo burgués"  y ordenó la confiscación de los caninos de Pyongyang, la ciudad capital del país. Sin embargo, los dueños temen que sus mascotas sean utilizadas para resolver la escasez de alimentos que afecta a gran parte de la población.

Según publicó el portal de noticias The Chosun Ilbo, desde la cúpula del gobierno norcoreano expresaron que la prohibición de canes servirá para proteger al país contra la "decadencia capitalista", y calificaron la tenencia de perros como una "tendencia contaminada por la ideología burguesa". Una fuente citada por el medio explicó que "la gente común cría cerdos y ganado en sus casas, pero los funcionarios de alto rango y los ricos son dueños de perros, lo que avivó cierto resentimiento".

De acuerdo a la información publicada por el periódico de Corea del Sur, "las fuerzas de seguridad han identificado hogares con perros y están obligando a las familias a entregarlos". 

Los perros confiscados son enviados a zoológicos públicos para que se reproduzcan o vendidos a restaurantes que ofrecen carne de perro. Cabe recordar que la carne de perro se ha considerado durante mucho tiempo un manjar en la península de Corea, aunque la tradición de comer perros se está desvaneciendo en Corea del Sur. Aun así, se estima que un millón de perros se crían en granjas para ser consumidos cada año en el sur de Corea.

Por otro lado, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 60% de los 25,5 millones de habitantes de Corea del Norte enfrentan a una "escasez generalizada de alimentos" que se ha agravado por las sanciones internacionales impuestas al régimen por sus programas de misiles nucleares.

La escasez también se acrecentó por la decisión de cerrar la frontera con China a causa de la pandemia de coronavirus. Pekín es tradicionalmente el principal patrocinador de Pyongyang y la fuente de gran parte de los alimentos necesarios para alimentar al pueblo de Kim

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El derretimiento del permafrost liberará patógenos de hace millones de años

París. El despertar de un virus prehistórico congelado, el regreso de la viruela, el dengue que se instala en Europa, entre otras hipótesis dignas de películas de cine catastrófico, son seriamente estudiadas por los científicos, preocupados por el riesgo de epidemias vinculadas con el calentamiento climático.

La pandemia de Covid-19, con su virus sin duda procedente de un murciélago, ha sacado a la luz los peligros de las interferencias cada vez más importantes entre las actividades humanas y la naturaleza.

Sin embargo, el riesgo de epidemias también lo puede generar el cambio climático, que provoca el desplazamiento de mosquitos portadores de la malaria o el dengue, y el inicio del deshielo del permafrost, donde están atrapados microbios de otras épocas.

“En mis momentos más pesimistas veo un futuro realmente horrible para el Homo sapiens”, señaló Birgitta Evengard, microbióloga de la Universidad de Umea, en Suecia.

El permafrost es una "verdadera caja de pandora", destacó.

Estos suelos permanentemente congelados, que recubren un cuarto de las tierras del hemisferio norte, en Rusia, Canadá y Alaska, son una bomba de tiempo climático: una parte "importante" podría descongelarse para 2100, liberando decenas o centenares de miles de millones de toneladas de gas de efecto invernadero, según los expertos del clima de la ONU.

No sólo eso. "Los microorganismos pueden sobrevivir en un medio congelado mucho tiempo", advirtió Vladimir Romanovsky, de la Universidad de Alaska en Fairbanks.

"En cuanto se descongela el suelo, el agua empieza a correr, arrastrando partículas, materias orgánicas o microorganismos que estuvieron aislados durante centenares o miles de años", detalló el geofísico.

La ciencia ha demostrado que algunos de estos microorganismos pueden revivir.

"Cuando se pone un grano en un suelo helado durante miles de años, no ocurre nada, pero cuando se calienta el suelo, el grano va a germinar. Es lo mismo con un virus", sostuvo Jean-Michel Claverie. Con su equipo del Instituto de Microbiología del Mediterráneo, reactivó virus siberianos de hace 30 mil años.

En las regiones heladas, "los neandertales, los mamuts, los rinocerontes lanudos tuvieron enfermedades, murieron y cayeron. Es posible que los virus que causaron sus problemas estén aún ahí", advirtió.

El "verdadero peligro", según Claverie, está en las capas profundas que pueden tener 2 millones de años y potencialmente esconden patógenos desconocidos.

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Lunes, 17 Agosto 2020 06:40

El rescate de EU

El rescate de EU

La república estadunidense está bajo amenaza por un régimen con tintes neofascistas que está acelerando la contribución de Estados Unidos al fin del mundo con sus políticas antiambientales y militares, así como su apoyo a fuerzas derechistas por todo el mundo.

A la vez, este es un país donde hay un cambio demográfico y generacional fundamental, en el cual la mayoría de los menores de 16 años no son blancos y una mayoría de jóvenes favorecen al socialismo sobre el capitalismo. A la vez, es un país que, como siempre, es rescatado, resucitado y culturalmente educado por los migrantes.

El futuro depende de cómo se enfrenta y aborda una coyuntura en la que está en juego, pues, casi todo en Estados Unidos. Y hoy día, casi todas las personas conscientes afirman que la tarea más urgente es la derrota del régimen actual, considerado el más peligroso en la historia de Estados Unidos.

Para ello, mucho depende de la conformación de algún tipo de frente popular por lo menos en los hechos, el cual incluye un mosaico extenso de todo tipo de expresiones que se han asomado en tiempos recientes, entre las cuales está el movimiento de protesta social más grande en la historia de Estados Unidos, Black Lives Matter, el cual contiene a su vez cientos de agrupaciones y organizaciones. A la par, el gran movimiento ambientalista, y el movimiento contra la violencia, antiarmas, y por otro lado el de los derechos de los migrantes, han sido renovados y radicalizados en años recientes por jóvenes.

También hay nuevas expresiones dentro de lo que es un universo sindical debilitado y burocratizado, encabezado por maestras, enfermeras, trabajadores de comida rápida y almacenes, jornaleros, empleadas domésticas y sobrecargos, que han sacudido a las cúpulas y prestado fuerza a otros movimientos sociales. Hasta los trabajadores de correos se han radicalizado ante las amenazas de sabotaje a esa institución pública: su sindicato acaba de modificar el lema oficial de ese servicio de que “ni nieve, lluvia, calor, ni noche detiene el correo al agregar ahora el "fascismo" a la lista. ( https://pbs.twimg.com/media/ EfWuIQfUMAAIgl9?format=jpg&name=medium ).

Nuevas expresiones de luchas añejas por los derechos de las mujeres y de la comunidad gay ante el ataque por las fuerzas derechistas en el poder se combinan con las de veteranos de luchas recientes y antiguas, incluido los de Ocupa Wall Street y el movimiento altermundista; luchas comunitarias locales tanto urbanas como rurales, así como algunas partes del movimiento indígena, y expresiones como la Campaña de los Pobres, resucitando el proyecto por la justicia económica y social de Martin Luther King.

El mapa de estos movimientos y expresiones es extenso, fragmentado y lleno de conflictos. Pero de ellos depende no sólo el fin del régimen actual, sino el principio de otro futuro para este país y todos los que afecta.

Por ahora, en el corto plazo, el desafío son las elecciones. Aunque en el ámbito electoral la cúpula del Partido Demócrata logró frenar la insurgencia del socialista democrático Bernie Sanders, el ala progresista está más fuerte que nunca, según el propio Sanders: "El movimiento progresista ha tenido avances enormes, no sólo en elegir a candidatos al Congreso" a nivel estatal y local, sino que "hemos avanzado enormemente en traer al pueblo estadunidense en nuestra dirección, sobre todo las generaciones jóvenes".

Esos avances se expresan no sólo en la elección de políticos progresistas, sino en un fortalecimiento de las agrupaciones que han logrado romper el monopolio político tradicional. Cori Bush, organizadora dentro de Black Lives, quien recién ganó su elección primaria en Misuri y será diputada federal del proximo Congreso, declaró: "hemos sido llamados radicales, terroristas... hemos sido descartados como movimiento marginal, peor ahora como un movimiento masivo multirracial, multi-étnico, multigeneracional, multifé, unido en exigir cambio".

De eso depende el rescate de Estados Unidos.

https://www.youtube.com/watch?v=0SEGHvLElxc

https://youtu.be/S4cD8eyWpwQ

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EEUU, UE y Grupo de Lima desechan a Guaidó: De "Presidente Encargado a titular de la Asamblea Nacional"

15.08.20 - A casi dos años del apoyo a Juan Guaidó, Estados Unidos, junto a sus organizaciones satélites de la Unión Europea y el Grupo de Lima, dejaron por sentado su distanciamiento del líder ultraderechista en un comunicado publicado el viernes.

Guaidó pasó de «presidente encargado de Venezuela» a un simple «titular de la Asamblea Nacional». Así lo refirió el autoproclamado Grupo de contacto en el comunicado de este viernes, reflejando un notable cambio discursivo, cuando desde enero del 2019, el líder fue reconocido (sin comicios, ni consultas) como presidente de Venezuela para toda la comunidad internacional, aliada a los planes injerencistas de las potencias occidentales.

Desechar a Guaidó ya era evidente luego que el exasesor de Seguridad Nacional de EE.UU. revelara el pasado junio en su libro titulado The Room Where It Happened: A White House Memoir (La habitación donde sucedió: un recuerdo de la Casa Blanca), que el presidente de EEUU, Donald Trump, apenas 30 horas después de mostrarle su respaldo a Guaidó, le preocupaba que el líder opositor pareciera débil, “un niño», en comparación con el «duro de Maduro”, por lo que consideró cambiar de estrategia.

Trump, reconoció públicamente a través de una entrevista concedida a Telemundo el pasado mes de julio, que «Guaidó parece estar perdiendo el Poder».

El fracaso de Guaidó al no poder concretar los diferentes planes golpistas que lideró contra el presidente constitucional Nicolás Maduro, fueron la crónica de una muerte anunciada de su andar político, tanto por las vías democráticas, como por las vías injerencistas propias del gobierno estadounidense.

Después de dejar la puerta abierta para que Reino Unido y EEUU se apoderarán de activos esenciales para la salud, alimentación, educación y demás necesidades primarias del pueblo venezolano. Esos mismo que lo aplaudieron y celebraron, hoy lo bajan de su trono mediático, voluble y ficticio.

 

Por, Aporrea, domingo 16/08/2020

 

 

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En Bolivia ya hay fechas para las elecciones presidenciales

Luego de dos postergaciones, se estableció que los comicios serán el 18 de octubre

La medida contó con el apoyo del expresidente Evo Morales, no así con el de la Central Obrera Boliviana (COB), que inició las protestas en rechazo a la última postergación de los comicios

 

La presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez, promulgó este jueves la Ley de Elecciones que determina la fecha definitiva -luego de dos postergaciones- de los comicios presidenciales para el 18 de octubre, casi un año después de que quedaran sin efecto los resultados de la votación de 2019 que llevaron al país a una crisis institucional aún no resuelta.

 “Promulgo esta ley que confirma el 18 de octubre como fecha de la elección”, expresó Áñez durante el anuncio de promulgación de la norma, con la que intenta poner fin a una semana de protestas. “Con la norma se garantizan los comicios, por lo que los movilizados ya no tienen pretextos para bloquear las rutas en señal de protesta”, completó Yerko Núñez, ministro de la Presidencia.

La nueva ley cuenta con el apoyo del expresidente Evo Morales pero no con el de la Central Obrera Boliviana (COB), organización que salió a las calles para manifestar su rechazo a la última postergación de los comicios, que estaban previstos para el 6 de septiembre.

"La Asamblea Legislativa sancionó la ley que garantiza elecciones en Bolivia con un plazo, una fecha límite, definitiva, impostergable, que blinda de posibles chicanas con garantes internacionales; y lo que es más importante: evitará una nueva masacre", publicó Morales en su cuenta de Twitter.

Mientras que, el secretario Ejecutivo de la COB, Juan Carlos Huarachi, anunció esta tarde que tanto el ente matriz como el Pacto de Unidad, rechazan la nueva ley electoral. "Hoy hemos sufrido una traición, esta ley jamás se ha consensuado con el pueblo boliviano, nunca se nos ha tomado en cuenta", manifestó en conferencia de prensa.

Sancionada la ley, la Cámara de Diputados dejó en manos del Tribunal Supremo Electoral (TSE) un eventual diálogo con la Central Obrera Boliviana para la resolución de los conflictos.

De concretarse en la fecha prevista por la ley, las elecciones se celebrarán un año después de las que se hicieron en 2019 que, según el gobierno de entonces arrojaron un resultado que aseguraba la reelección de Morales, pero que fue puesto en duda por la oposición que denunció fraude.

A pesar de que tales acusaciones nunca se confirmaron, las elecciones quedaron invalidadas y ante la crisis y clima de protestas que se originó, en noviembre Morales fue obligado a renunciar, tras denunciar un golpe de Estado.

Ese mismo mes y en un Senado sin quorum, Áñez se autoproclamó presidenta y ahora, luego de represiones a grupos sociales y repetidas excusas de postergación electoral, intentará llegar al Gobierno por el voto popular.

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