Domingo, 15 Diciembre 2013 05:32

Cinco eventos que cambiaron el mundo en 2013

Silvio Berlusconi está fuera y Angela Merkel fue reelecta. Fallecieron Nelson Mandela y Hugo Chávez. Fidel Castro, no. La gente protestó en las calles de Kiev y Bangkok, El Cairo y São Paulo. Teherán se sentó a negociar con Estados Unidos por primera vez en 34 años. China eligió a un nuevo líder y encarceló a otro. El aprendiz de tirano en Pyongyang ejecutó a su tío. Por primera vez en 700 años un Papa renuncia y lo reemplaza un latinoamericano que nos entusiasma a todos. Algunas de las cosas que fueron noticia este año no son demasiado importantes para el mundo. Otras sí. Es imposible incluirlas todas aquí. Pero estos son cinco cambios que me parecen muy trascendentes.


» Estados Unidos se consolida como potencia energética. Esto ya se venía perfilando, pero este año se despejaron todas las dudas: el extraordinario aumento en la producción de gas y petróleo en EE UU es una realidad que cambiará el mundo. En los próximos cinco años, América del Norte en su conjunto producirá casi cuatro millones de barriles de crudo más cada día, y sus importaciones caerán a la mitad. Puede que EE UU no solo llegue a ser autosuficiente, sino que hasta podría exportar energía. Las consecuencias de esto son enormes y muy diversas. Oriente Próximo sufrirá un fuerte shock económico y político, por ejemplo. La influencia de Rusia y otros petroestados será menor. La abundancia energética estimulará la expansión del sector manufacturero estadounidense. Y la abundancia de hidrocarburos desestimulará el desarrollo de energías renovables, lo cual es una pésima noticia.


» El desprestigio de Estados Unidos. El mundo ha visto cómo Barack Obama no tuvo poder para cumplir su amenaza de castigar a Bachar el Asad si usaba armas químicas. O para evitar que el Tea Party le paralizara el Gobierno. O para hacer funcionar el sitio de Internet de su programa prioritario: la reforma sanitaria. Tampoco pudo impedir que la presidenta de Brasil cancelara su visita a Washington al descubrir que EE UU espiaba sus conversaciones telefónicas. Dilma Rousseff se unió así a Angela Merkel y otros jefes de Gobierno que regañaron a Obama. Esto, como sabemos, fue el resultado de las filtraciones de Edward Snowden, las cuales, sin duda, constituyen uno de los acontecimientos geopolíticos más trascendentes del año.


La percepción que se esparció por el mundo es que la superpotencia no solo es abusiva, sino inepta. Y que Barack Obama es un líder débil que se deja avasallar por jugadores menores como Bachar el Asad, Dilma Rousseff o el Tea Party. Estas percepciones son exageradas e irán cambiando. Pero en política las percepciones son una parte de la realidad, y la imagen de un Estados Unidos debilitado por la parálisis del Gobierno y un presidente que no tiene el poder de tomar decisiones o cumplir sus amenazas seguramente moldeará los cálculos y las actuaciones de aliados y rivales.


» La nueva agresividad internacional de China. En noviembre, China anunció restricciones al tráfico aéreo en un amplio territorio que incluye pequeñas islas que Japón considera suyas. Estados Unidos reaccionó enviando dos bombarderos B-52 a sobrevolar el área sin pedir autorización a China. Japón hizo lo mismo y reiteró su soberanía sobre esa zona. Las tensiones siguen. Pero lo importante de este incidente es que anuncia una más agresiva política internacional que el mundo debe esperar de Pekín en los próximos años.


» Irán, Siria, Egipto, Palestina, Israel y más... mucho más. Oriente Próximo nunca tiene un año fácil. Pero este estuvo lleno de sorpresas, algunas de las cuales condicionarán el futuro. El derrocamiento de Mohamed Morsi y la tragedia siria. Las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Las conversaciones entre palestinos e israelíes, que comenzaron en julio y buscan llegar a un acuerdo final a mediados de 2014. Es posible que ninguno de estos dos acercamientos llegue a nada. Pero garantizan que el torbellino que está sacudiendo Oriente Próximo tendrá consecuencias que van más allá de este año y de esa región.


» Guerra abierta a la desigualdad. Siempre han existido. Los científicos y periodistas las documentan regularmente. Pero este año, el papa Francisco, Barack Obama y millones de personas marchando en las calles denunciaron como inaceptables las enormes y crecientes brechas entre ricos y pobres. Cada vez más gobiernos, instituciones y ciudadanos tratarán de revertir esta tendencia. Esta es una buena noticia. Pero el reto será luchar contra la desigualdad sin dar el poder a demagogos que, de hecho, terminan agravándola.


Esta es mi última columna de este año. ¡Muy feliz 2014!


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Miércoles, 11 Diciembre 2013 06:45

"No hay razones para ser optimistas"

"No hay razones para ser optimistas"

A cinco años del estallido financiero de 2008, el cambio de modelo económico que pregonó Barack Obama no se ha materializado. Sigue dependiendo de burbujas y parece haberse estancado.

 

 

El crecimiento del último trimestre en Estados Unidos y la caída del desempleo son señales aparentemente auspiciosas, pero luminarias del pensamiento económico demócrata como el Premio Nobel de economía Paul Krugman y el ex secretario del Tesoro Lawrence Summers opinan que hay un estancamiento no del todo diferente al vivido por Japón en las últimas dos décadas. Es más, a cinco años del estallido financiero de 2008, el cambio de modelo económico que pregonó Barack Obama no se ha materializado, como tantas otras promesas que hizo de dar una vuelta de página tras los aciagos ocho años de George W. Bush. Página/12 dialogó con el codirector del Center for Economic and Policy Research de Washington, Dean Baker, sobre la marcha de la economía estadounidense y su impacto a nivel mundial.


–Estados Unidos creció un 3,6 por ciento en el último trimestre y el desempleo bajó. ¿Es esto una economía en estancamiento?
–No hay razones para ser optimistas. La mayor parte del crecimiento se debió a un aumento de los inventarios de las empresas. Que las empresas tengan todos esos productos que todavía no han salido a la venta sirve para sumar un crecimiento estadístico ahora, pero no augura nada bueno para el próximo trimestre si no aumentan las ventas, que en este trimestre se mantuvieron en un 2 por ciento. En términos de empleo, si seguimos creando unos 200 mil empleos mensuales no llegaremos al objetivo del empleo pleno hasta 2019 o 2020. El problema de fondo es que hay una demanda insuficiente en la economía estadounidense desde los '90. Hemos tenido burbujas en los '90 para sustituir esta caída de la demanda. La burbuja del dot com y luego la de la vivienda.


–En 1978 un salario medio estadounidense equivalía a unos 48.000 dólares a valores actuales. Hoy es de 33.000 dólares. Si el consumo estadounidense siguió siendo un motor del crecimiento en estas décadas fue gracias al crédito. ¿Puede la economía crecer sin burbujas?
–No. Seguimos dependiendo de las burbujas. Cuando Barack Obama asumió habló de promover un crecimiento más basado en la producción manufacturera que en la especulación financiera y ahora mismo acaba de hablar sobre el impacto negativo a nivel económico de la desigualdad, pero en concreto no ha pasado mucho. Hay un desfase entre los discursos que pronuncia Obama y la política concreta. La agenda comercial que está impulsando es la misma. A nivel financiero no ha cambiado prácticamente nada. Tenemos un déficit comercial del 3 por ciento. Mientras tanto estamos viendo un aumento de los precios de la vivienda. Quizá no es todavía una burbuja, pero va en ese camino.


–Se ha hablado mucho de un relajamiento de la política de emisión monetaria electrónica, el Quantitative Easing. Este año se vio una emisión de unos 80 mil millones de dólares mensuales, pero cada vez que se menciona la posibilidad de relajar esto hay pánico en Estados Unidos y el mundo. ¿Cuándo piensa que va a suceder? ¿Qué impacto puede tener sobre la economía?


–Creo que en algún momento del año próximo va a haber una reducción de esta emisión. Es difícil prever el efecto que tendrá en la economía estadounidense, porque todavía hay mucho debate respecto del impacto que tuvo. Personalmente creo que es una política positiva de estímulo, pero tiene que estar acompañada por una política que evite la formación de burbujas. Hoy la Reserva Federal tiene una política de guía de las tasas de interés por la que anuncia con antelación qué tipo de tasa tendrá para el futuro, a veces un período de dos años. Lo mismo podría hacerse con los precios de la vivienda para evitar una burbuja. Si se sabe que se va a intervenir para que el precio no pase de un cierto punto, la gente especulará menos. Al mismo tiempo, creo que el gobierno debería mirar lo que hizo el Banco Central de Japón, que para salir de su estancamiento subió la tasa de inflación mensual. La Reserva Federal debería hacer algo similar y elevar las metas inflacionarias a un 3 o 4 por ciento. No creo que la presidenta entrante, Janet Yellen, se atreva a hacer eso a menos que haya una caída muy abrupta de la economía.


–La mera posibilidad de un relajamiento de la flexibilización monetaria afectó a Brasil, que acaba de sufrir una caída del valor de su moneda del 1,5 por ciento, la mayor entre 24 países emergentes estudiados por Bloomberg. ¿Qué impacto tendrá cuando efectivamente ocurra este relajamiento de la flexibilización monetaria del que tanto se viene hablando?


–Es inevitable que estas intervenciones de la Reserva Federal tengan un impacto en todo el mundo, porque son claves para fijar la tasa de interés a nivel mundial. Esto sigue pasando a nivel financiero a pesar de los cambios globales que están ocurriendo y la creciente importancia de China, que es también la menor relevancia de Estados Unidos. Esta menor relevancia se ve más claramente con la marcha económica en general. La economía ha estado creciendo a un ritmo bajo del 2 por ciento en 2011, 2012 y en este año, y pasará lo mismo el año próximo. Todavía nos falta mucho para volver al punto previo a la crisis de 2008. Y, sin embargo, esto va a afectar mucho menos a América latina que en otras épocas. Estados Unidos es hoy mucho menos importante para la economía mundial que en otras épocas. Si China sigue con su cambio de modelo económico y creciendo al ritmo de este último año, incluso un poco menos, pongamos un 6 o 7 por ciento, esto le permitiría a América latina tener un buen desempeño aun si la economía estadounidense sigue siendo débil.

 

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Lunes, 09 Diciembre 2013 08:48

La oposición radicaliza sus protestas

El frente opositor ucraniano volvió a copar la simbólica Plaza de la Independencia. Más de 100.000 manifestantes pidieron ayer la renuncia del presidente Viktor Yanukovich, un llamado a elecciones anticipadas y el acercamiento a la Unión Europea, en detrimento de la actual alianza con Rusia. La llamaron la "Marcha del millón", pero se quedó corta, pese a la tensión que aún domina muchas partes de la capital, Kiev, y del oeste del país, donde sólo se habla ucraniano, a diferencia del este, donde la mayoría también habla ruso, y muchos se sienten más cercanos al Viejo Continente que a Moscú. La policía contó más de 100.000 manifestantes, mientras que los organizadores hablaron de cientos de miles de personas. La hija la ex primera ministra Julia Timoshenko, actualmente en prisión, fue una de las personas que habló ante la multitud y leyó un mensaje de su madre. "No se rindan y no se sienten con ellos a la mesa", pidió la política de 53 años a través de su hija Yevguenia Timoshenko. Muchos de los manifestantes aseguraron a los medios presentes que se trata de una revolución como la que los mismos grupos pro europeos lideraron hace nueve años contra Yanukovich, el mismo hombre que hoy está en el poder. La llamada Revolución Naranja, dirigida entre otras por Timoshenko, fue un levantamiento popular que cuestionó y logró revertir la victoria electoral del actual presidente, quien era y sigue siendo considerado como un férreo aliado de Moscú. En aquel momento, Yanukovich acusó a las potencias europeas de haber financiado y promocionado esa revuelta. Sin embargo, durante su mandato tuvo algunos acercamientos con Bruselas, aunque nunca puso en peligro su alianza con Rusia.

 

Esta polarización entre los sectores promoscovitas y los proeuropeos volvió a poner en jaque la estabilidad del país hace unas semanas, después de que el presidente Yanukovich anunciara que suspendía la firma de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE). Según denunció la oposición y más tarde confirmó el gobierno ucraniano, Yanukovich cedió a las presiones de Rusia, que amenazó con suspender toda la cooperación bilateral si firmaba el acuerdo con Bruselas.


La reunión entre el presidente ucraniano y su par ruso Vladimir Putin el viernes pasado enardeció aún más a los opositores, quienes además denunciaron que el Kremlin está intentando sumar a Ucrania en su unión aduanera, que por ahora sólo incluye a Kasajistán y Bielorrusia, otras dos ex repúblicas soviéticas. Oficialmente, se informó que la reunión entre los mandatarios tuvo como prioridad el abastecimiento de gas ruso a precios menores que los del mercado.


Por eso, además de copar la simbólica Plaza de la Independencia, algunas columnas de manifestantes, principalmente simpatizantes del partido nacionalista Svoboda, marcharon por Kiev y levantaron barricadas para bloquear los accesos a la mayoría de los edificios oficiales en el llamado Barrio Gubernamental de la capital. Además, expandieron el campamento de la protesta a la zona gubernamental y a varias avenidas centrales de la capital y también hubo quienes derribaron una estatua de Vladimir Lenin.


Ante el anuncio de la oposición de expandir su protesta a toda la ciudad, el gobierno ucraniano desplegó al menos mil policías antidisturbios alrededor de la sede de la Presidencia, mientras que efectivos de las tropas del Ministerio del Interior rodeaban el edificio de la Rada Suprema (Parlamento). El gobierno también respondió con la apertura de una causa penal, mediante el Servicio de Seguridad de Ucrania, por "acciones dirigidas a la toma del poder del Estado", delito que, según la Constitución de ese país, va contra la seguridad nacional y puede ser castigado con penas de hasta diez años de cárcel.


La oposición ucraniana, en tanto, calificó de provocación la apertura de la investigación penal por parte de los servicios secretos, mientras que el líder del partido opositor Batkivshina, Arseni Yatseniuk, dijo que el gobierno de Yanukovich se está preparando para declarar el estado de excepción.


Ante la creciente tensión, la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, viajará a Kiev esta semana para impulsar una solución política, según informó ayer la Comisión Europea. Dirigentes de la UE y de los gobiernos europeos ya han manifestado su apoyo a los opositores que reclaman el ingreso pleno de su país al bloque vecino.


El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, habló ayer por teléfono con Yanukovich, a quien le transmitió su preocupación por la situación que se vive en ese país y llamó al gobierno y a la oposición a mantener un diálogo pacífico. Según un comunicado de la ONU, durante la conversación con Yanukovich, Ban señaló que en ningún caso se debe recurrir a la violencia para resolver la crisis generada en Ucrania. Además, el secretario general dio la bienvenida a las garantías del presidente ucraniano de iniciar consultas para calmar la situación.

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Argentina volvió a vivir en la madrugada del domingo al lunes otra noche de saqueos, con muerto en la provincia de Entre Ríos y 25 personas heridas en medio de la pasividad de la policía. El pasado martes sucedió en el municipio de Córdoba. Y este domingo se produjo en la localidad de Concordia (116.000 habitantes), en la provincia de Entre Ríos, en la frontera con Uruguay. Los agentes de Córdoba se negaron a salir de los cuarteles, cientos de personas asaltaron los comercios, una persona murió y más de cien resultados heridas. Finalmente, el gobernador peronista -aunque opositor al Gobierno nacional- José Manuel de la Sota, cedió al chantaje policial y firmó una subida de salario.

 

Desde el primer momento quedó claro que aquello fue una pésima solución, un mal negocio para la democracia. Y al día siguiente el problema se extendía a cinco de las 23 provincias del país. En la mayoría de las provincias, las autoridades cedieron ante los reclamos mientras el Gobierno nacional movilizaba el sábado a 10.000 agentes para reforzar las zonas de mayores conflictos. Pero la amenaza de los saqueos siguió latente. Hasta que el domingo volvieron a verse imágenes de calles sin policías y ladrones cargando con electrodomésticos.
Los momentos de mayor violencia se vivieron el domingo en las localidades de Concordia, Mar del Plata (Buenos Aires) y Santa Fe (en la provincia del mismo nombre). Desde Concordia, a las dos de la madrugada el periodista Osvaldo Bodean, del portal Elentrerios.com, relató al canal Todo Noticias imágenes del caos. Ante la ausencia de policías, en un primer momento fueron los propios vecinos quieren formaron cordones de protección delante de algunos comercios cuando algunos asaltantes se acercaban en motocicletas. Pero después, ante el acuartelamiento de la policía, que dejó desguarnecida a la ciudad, decenas de locales fueron asaltados. Y otros tantos, incendiados. El gobernador de Entre Ríos, el kirchnerista Sergio Urribarri, declaró al canal TN que la víctima mortal se encontraba en el lugar de los saqueos y murió "electrocutada".


Juan Carlos Fuser, periodista de Radio Activa, describió en el citado canal un panorama de comerciantes armados, manchas de sangre y vidrios rotos. "Yo lo que quiero resaltar más que nada es la ausencia total de información por parte del intendente (alcalde) y del gobernador. Estamos desprotegidos", indicó.


Tras la huelga salvaje de los policías de Córdoba, los reclamos de los agentes se extendieron como una mancha de aceite por otras zonas del país. En la provincia de Catamarca los policías provinciales cercaron la sede de la gobernación hasta que fueron desalojados por efectivos de la gendarmería nacional. Hubo cuatro heridos en los enfrentamientos, pero los policías de Catamarca consiguieron finalmentes un 45% de aumentos. En las provincias de La Rioja y San Juan también lograron un incremento en los salarios.


En la localidad bonaerense de Mar del Plata se acuartelaron los efectivos de cuatro dependencias policiales. A partir de ese momento se produjeron varios saqueos y los agentes que no estaban en huelga detuvieron a 15 personas. En la provincia de Santa Fe cientos de policías iniciaron protestas el viernes. El Gobernador opositor socialista, Antonio Bonfatti, pidió el refuerzo de gendarmes y la Casa Rosada envió 2.500 efectivos. Pero desde la tarde del domingo se produjeron asaltos a comercios en la localidad de Santa Fe capital (415.000 habitantes). "Se escuchan disparos de armas de fuego en todos los barrios de la ciudad", comentó el periodista Juan Ruiz en Todo Noticias. Ruiz comentó que los saqueos estuvieron precedidos de cortes de luz y de agua a causa de una tormenta.


En la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país y con mayores núcleos de pobreza, no se produjeron saqueos durante el fin de semana. Pero la psicosis se palpaba en el ambiente. Decenas de supermercados estaban custodiados por gendarmes especialmente asignados para prevenir los saqueos. En las redes sociales fluían los mensajes que convocaban a saqueos en los próximos días. El gobernador de la provincia, el peronista Daniel Scioli, se encontraba en Río de Janeiro, donde tenía previsto encontrarse con el expresidente Bill Clinton, pero se vio obligado a cancelar su agenda y volvió de urgencia a Buenos Aires.

 

Por Francisco Peregil Buenos Aires9 DIC 2013 - 11:34 CET73

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Viernes, 29 Noviembre 2013 07:16

¿Qué recuperación económica?

¿Qué recuperación económica?

Existe hoy un ambiente de euforia en los círculos económicos y financieros y, por lo tanto, también en los círculos políticos de mayor peso en el establishment español, basado en la percepción de que la Eurozona –como colectividad económica y monetaria- se está recuperando y, como parte de esta recuperación, la economía española también está saliendo del hoyo.


Las voces optimistas en la Eurozona son abundantes entre aquellas autoridades que han presionado más por las políticas de austeridad (es decir, recortes de gasto público –incluyendo el social-, disminución de las pensiones y reducción de los salarios), y que ven esta supuesta recuperación como prueba de la sabiduría de las políticas que, por cierto, han sido impuestas a las poblaciones de los países de la Eurozona (y digo impuestas porque en ninguno de estos países los partidos gobernantes que las llevan a cabo tenían tales políticas en su programa electoral).


Hay múltiples ejemplos de estas autoridades y su optimismo. El Sr. José Manuel Durão Barroso, un hombre de derechas, Presidente de la Comisión Europea, declaró el pasado 11 de septiembre que "los últimos datos económicos muestran que los sacrificios realizados hasta ahora están dando sus frutos". El Sr. Wolfgang Schäuble, Ministro de Finanzas del gobierno alemán y uno de los arquitectos e inspiradores de dichas políticas de austeridad a nivel europeo, también celebra en las páginas del Financial Times la recuperación económica, escribiendo que "lo que estamos ahora viendo es lo que ya dijimos que ocurriría. Las políticas fiscales y las reformas estructurales están llevándonos a esta recuperación, habiendo sembrado las bases para un crecimiento económico estable" (FT. "Ignore the doomsayers: Europe is being fixed". 16.09.13). Para el Sr. Ministro alemán, una política fiscal correcta es poner como objetivo central de la política gubernamental bajar el déficit y la deuda pública a base de recortes y más recortes del gasto público, y por reformas estructurales necesarias entiende el debilitamiento del mundo del trabajo para permitir la reducción de los salarios, políticas todas ellas promovidas por el gobierno alemán, por el Consejo Europeo, por la Comisión Europea, por el Banco Central Europeo, y por el gobierno español. En realidad, el Sr. Luis de Guindos, Ministro de Economía y Competitividad, también ha declarado al Financial Times que "España ya comienza a ver el fruto de nuestras políticas" (FT., 04.09.13).


Esta percepción de recuperación y este optimismo aparecen no solo entre las derechas, sino también en amplios sectores de las izquierdas. Por ejemplo, en Catalunya, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, Josep Oliver Alonso, uno de los economistas más influyentes en las áreas económicas del Partido Socialista de Catalunya (el PSC) y que fue asesor económico del gobierno del Tripartito, y que ha sido una de las voces más insistentes en llevar a cabo tales políticas, promovidas por el gobierno alemán (celebró la victoria de la candidata Merkel como un buen indicador para el futuro de la Eurozona), ha indicado, en una entrevista televisiva en la cadena de televisión pública del gobierno de la Generalitat de Catalunya, TV3, que la economía española crecerá el próximo año fiscal un 1,3%, una estimación mayor que la proyectada por el gobierno Rajoy, que es un 0,7%, y ello, de nuevo, como resultado de las medidas de austeridad y reformas del mercado laboral que ha estado proponiendo.


Miremos los datos: ¿dónde está la recuperación, y de dónde deriva, si es que existe?


Martin Wolf, el comentarista en jefe de economía del Financial Times, hace una crítica devastadora de este falso optimismo, crítica que no ha aparecido en nuestros mayores medios. Para entender lo que está ocurriendo hay que entender a dónde nos han llevado las políticas de austeridad y reformas estructurales a los países de la Eurozona. Y los datos muestran esta realidad. Como bien señala Martin Wolf, el PIB de la Eurozona ha bajado un 13% respecto a su tendencia previa a la crisis (en España este bajón ha sido de 7,5% respecto a su pico pre-crisis; en Portugal un 7,6%; en Irlanda un 8,4%; en Italia un 8,8%; y en Grecia un 23,4%). Estos porcentajes de pérdida de riqueza son enormes, causados en gran parte por aquellas políticas que podrían haberse prevenido si se hubieran desarrollado políticas de expansión de signo opuesto, como ocurrió en crisis financieras y económicas anteriores, tales como el New Deal, en EEUU (con el Presidente Roosevelt), y en el periodo post II Guerra Mundial en Europa con el Plan Marshall. El haber llevado a cabo políticas de signo contrario ha contribuido en gran manera a este bajón tan notable.


Una consecuencia de aquellas políticas ha sido un enorme crecimiento del desempleo, un gran bajón de los salarios y una gran reducción de la demanda. El desempleo en la Eurozona ha subido a un 12% (en España a un 26,3%; en Grecia a un 27,9%; en Portugal a un 16,5%; en Irlanda a un 13,8%; y en Italia a un 12%). Y en la mayoría de estos países, el desempleo entre los jóvenes dobla estas cifras. (Es interesante subrayar que las mismas voces que señalan que las pensiones no se podran pagar porque hay demasiados ancianos y pocos jóvenes, apoyan políticas que crean un gran desempleo entre los jóvenes –un 56% en España, mostrando que el mayor problema para la sostenibilidad de las pensiones no es la escasez de jóvenes, sino la escasez de puestos de trabajo para los jóvenes y la precariedad y bajos salarios de estos jóvenes).


La justificación económica para llevar a cabo las políticas de claro corte neoliberal (austeridad más bajos salarios) era incrementar la competitividad y exportar más, y con ello estimular la economía. Es la misma política que se siguió en América Latina en los años noventa, hasta que fueron interrumpidas por gobiernos de izquierda, con programas expansivos que permitieron a aquellos países salir de la crisis. Pero, como bien señala Martin Wolf, Irlanda ha recuperado su competitividad y sus exportaciones han aumentado considerablemente. Y en cambio, su crecimiento económico está estancado, y ello resultado del estancamiento del mayor motor económico y de producción de empleo, que es la demanda doméstica, determinada por el nivel salarial, la tasa de ocupación y el gasto público. A no ser que estas tres variables mejoren, las economías no se recuperarán.


El famoso "milagro alemán" que se atribuye erróneamente a las reformas Schröder, tuvo poco que ver con el supuesto éxito de aquellas reformas. De nuevo, cuando dichas reformas se realizaron, Alemania tenía una ligera recesión, no la depresión que existe ahora en los países periféricos. Y Alemania no tenía ningún problema en financiarse. Los países periféricos están en depresión, y debido a la negativa del Banco Central Europeo a proteger a los Estados frente a la especulación financiera, comprando bonos públicos, estos países no pueden salir de la crisis con las medidas que llevó a cabo aquel gobierno. Comparar la situación de Alemania de los años 2000 con la de los países PIGS es, como bien subraya Martin Wolf, un absurdo. Estos países no pueden salir de la crisis a base de exportaciones. Y España es un ejemplo de ello. Las exportaciones han subido y subido y la economía está estancada, pues el mayor problema económico de estos países es la falta de demanda doméstica, que está relacionada con el enorme deterioro del mercado de trabajo, creado precisamente por las reformas neoliberales.


De ahí que el mayor problema que existe en la Eurozona, y muy en especial en los países de la periferia, sea el desempleo (al cual ahora se añade el descenso de la población que trabaja, y el descenso de los salarios). Estos son los problemas económicos (además de sociales y humanos) que hoy existen y que las políticas que se están llevando a cabo están empeorando. El bajísimo crecimiento económico que se prevé es insignificante para resolver aquellos problemas. Esta es la realidad ignorada, cuando no ocultada, en los centros donde tal sabiduría convencional se reproduce.


29 nov 2013
Por Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University


Artículo publicado en la revista SISTEMA el 11 de octubre de 2013

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Domingo, 03 Noviembre 2013 06:19

Demoler edificios

Demoler edificios

La cantidad de viviendas sin vender en España suma 675.000 unidades, según la estimación oficial, elevándose a 815.000 de acuerdo a cálculos del sistema financiero. A ese stock se agrega casi 500.000 casas en construcción registradas por agentes inmobiliarios y el propio gobierno. En algunas provincias, como Castellón, el 25 por ciento de las viviendas está deshabitado. Con el estallido de la burbuja del ladrillo, la situación del mercado inmobiliario español se resume en que la oferta supera a la demanda, como le gusta sintetizar a los economistas. Con el mismo criterio simplista para abordar cuestiones complejas, la solución que encontraron para ese desequilibrio es la demolición de viviendas. Así disminuye la oferta para intervenir sobre el mercado con el objetivo de nivelarlo a la demanda. La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), conocido como el "banco malo" que absorbió activos incobrables de entidades para salvarlas de la quiebra, tiene un presupuesto aprobado en marzo pasado de 103 millones de euros para la destrucción de edificios no terminados. La estrategia de la piqueta ya la aplicó Irlanda a través de su "banco malo" (Nama) en grandes urbanizaciones casi vacías donde se acumulaban unas 300.000 casas sin habitar. La demolición de viviendas responde a criterios económicos convencionales, cuyos promotores consideran que su concepción de la ciencia económica es la "racional" y cualquier otra que la cuestione pasa a integrar el grupo de "irracionales". Ante el desequilibrio del mercado inmobiliario, sin evaluar los motivos y quienes son los responsables que lo provocaron, la propuesta es destruir unidades justificándola con el argumento de que el costo de conservación de esos edificios es superior al operativo de derribarlos, además de que su existencia en el mercado mantiene deprimido el precio del resto de los inmuebles de la zona. Sólo como observación a esa línea de acción ofertista y de mercado, ¿no ingresa dentro de las posibilidades contemplar un Estado activo, no para salvar bancos, sino invirtiendo para la satisfacción de las necesidades urgentes de vivienda social en una economía con más de un cuarto de la población desempleada, desalojos masivos y suicidios por la pérdida de la casa propia?

 


La descripción del problema inmobiliario en España es un caso extremo de aplicación de la lógica económica convencional, donde ortodoxos y no pocos heterodoxos sacian la pretensión de redentores de una sociedad desorientada. Ante tensiones más o menos importantes, aunque para ellos todas son trascendentales, se presentan como los portadores del saber para aliviarlas, con una particularidad: en general, afectan las condiciones materiales de las mayorías buscando proteger los intereses de minorías intensas e influyentes. Cualquier gobierno o economista que proponga la ecuación inversa, o relativice algunas preocupaciones instaladas como graves en el sentido común, es rápidamente señalado como negador o incompetente para comprender "la realidad". Por caso, la cuenta turistas de divisas se presenta como un problema de gravedad extrema, exageración que requiere ser neutralizada con una estrategia estructural vinculada a disminuir la brecha cambiaria más que a profundizar ensayos impositivos o impulsar un tipo de cambio específico para el sector.

 


Es abrumador el bombardeo diario sobre los peligros que estarían acechando a la economía argentina por el estado de las reservas, la competitividad del tipo de cambio y las cuentas externas, además del repiqueteo constante acerca de la inflación. Esos frentes están en una situación menos aliviada que hace algunos años, lo que no significa la inevitabilidad de un estallido, menos aún cuando existen herramientas de política económica para manejarla sin efectos traumáticos. Algunas de ellas se están aplicando, como el plan de inversión de YPF o la exigencia a los privados en el mercado de hidrocarburos para recuperar el autoabastecimiento energético y aliviar la presión de divisas por la importación de combustible.

 


Las turbulencias que se presentan en el sector externo son originadas por una economía en crecimiento; no por una en recesión, endeudamiento asfixiante o pronunciado deterioro sociolaboral, como en las décadas del '80 y '90. Por lo tanto, el sendero a transitar debería ser diferente al tradicional de quienes evalúan ambas situaciones como si fueran idénticas. El desafío no menor es evitar medidas de demolición de edificios. Estas tienen de piqueta el ajuste clásico cuyo horizonte es alcanzar el equilibrio económico, objetivo que unifica a diversos economistas, incluyendo a heterodoxos que todavía no descubrieron cuánto de conservador tienen sus propuestas.
La terapia sugerida hasta por ex funcionarios de éste y de otros gobiernos, que tuvieron el privilegio de implementarla y probar el sabor del fracaso, está integrada por:

 


- Subir la tasa de interés para supuestamente desalentar la compra de dólares, minimizando su impacto sobre el nivel de actividad.
- Disminuir fuerte los subsidios a las tarifas de servicios públicos (luz, agua y gas), aclarando que habrá una tarifa social sin precisarla y sin mencionar su impacto inflacionario y reducción del ingreso disponible afectando la demanda del mercado interno.

 


- Devaluar en forma brusca el tipo de cambio para recuperar la competitividad de economías regionales y encarecer el turismo al exterior, ocultando los efectos regresivos social, económica y políticamente de esa medida, además de no mencionar que la recesión en las economías desarrolladas han generado excedentes de producción que afectan la salida exportadora de esas actividades. Y que la cuenta turismo de divisas está determinada por la brecha cambiaria en un contexto de elevados ingresos en sectores acomodados de la población que deciden viajar al exterior al tiempo de crisis en países desarrollados que disminuye el turismo receptivo.

 


- Reducir el gasto público porque la carga del Estado agobia al sector privado, con efecto inmediato de caída de la demanda doméstica.
El saldo de cada una de esas opciones para abordar supuestos desequilibrios macroeconómicos es una fuerte caída del crecimiento rumbeando hacia la recesión. Es probable que disminuya así la tasa de inflación pero también el Producto, el empleo y el salario con la consiguiente inestabilidad social.

 


FIEL, una de las principales usina de la ortodoxia económica donde abrevan analistas y fuerzas políticas para sus habituales comentarios aunque no estén directamente identificados con ese think tank del establishment, es una referencia para conocer el relato convencional sobre cómo abordar la cuestión económica. Como se sabe, el desembarco de FIEL con su equipo económico en el gobierno de la Alianza duró pocas semanas ante la resistencia al plan de ajuste del gasto en Educación, Anses y Salud, pensiones graciables, poda del 30 por ciento de empleados de la administración pública y eliminación de exenciones al IVA. En el último boletín informativo mensual, el economista de FIEL Daniel Artana planteó los desafíos de mediano plazo. Vale reconocer la sinceridad de la que carecen muchos de sus colegas al afirmar que "aun suponiendo que la situación no se deteriora de aquí a 2015, el próximo gobierno tendrá la necesidad de encarar un ajuste fiscal cercano a tres por ciento del PIB". Precisa que "el candidato natural a ese ajuste es la reducción de subsidios a la energía que insume 2,5 por ciento del PIB. Ese subsidio favorece a los consumidores residenciales (aproximadamente el 40 por ciento) y al comercio y la industria. Indica que debería haber un esfuerzo fiscal reducido para proteger a los consumidores de los tres deciles más bajos de la pirámide ingresos. Pero advierte que "aproximadamente un 40 por ciento de la contribución de los usuarios residenciales proviene de los cuatro deciles siguientes que tendrían ingresos familiares entre 10.000 y 22.000 pesos mensuales". El ajuste fiscal vía reducción de subsidios recaería en los sectores medios, que tienen el extraño comportamiento de acompañar ese tipo de propuestas, para luego quejarse con ganas por haber sido perjudicados.

 


La economía es un espacio de tensión y rupturas permanente donde se dirimen intereses contrapuestos de diferentes sujetos económicos y sociales y, por lo tanto, de disputa de poder. Por ese motivo está en desequilibrio; entonces lo relevante es observar cómo se orientan esas pujas a través de la política económica. Para eludir las recetas convencionales entonces se requiere primero estar convencido de querer desafiarlas, luego cohesionar un equipo económico que tienen a sus cinco integrantes dedicados a dejar trascender diariamente sus posiciones divergentes, después precisar el diagnóstico eludiendo lugares comunes que tan bien se reflejan en la mayoría de los medios de comunicación, para finalmente tener la convicción de intervenir de otro modo al tradicional. Esto implica que frente a la irrupción de la restricción externa lo principal es descartar la opción de demoler edificios.
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Crisis civilizatoria y sus expresiones en Latinoamérica

Es común hacer referencia a que el término civilización comparte con el de ciudad la raíz latina de civitas. Esto se relaciona con una visión de superioridad de las ciudades y quienes vivían en ella frente a los "bárbaros" que no habían sido capaces de edificarlas y de vivie bajo nuevas reglas de comportamiento que más tarde se conocerían como de "urbanidad". Esto implicó identificar como superiores a formas culturales y educativas, por encima de aquellas que se mantendrían llamadas como toscas o incultas, pertenecientes a la vida rural y a los sectores populares.

 

Sin embargo, es en el siglo XVIII cuando el término civilización adquiere real contenido y pasa a formar parte del pensamiento ilustrado. Esto significa, que la "civilización" estuvo íntimamente ligada al establecimiento del capitalismo y superación del feudalismo, y a la ideología del progreso, que es a su vez, la que justificaría los afanes de amplia explotación del trabajo humano y de la naturaleza. La relación entre civilización y progreso, en el inicio del sistema capitalista, estuvo acompañada por el mejoramiento parcial y momentáneo de niveles materiales de vida y por la imposición de una perspectiva global y ideológica, que abarca todos los campos de la vida, incluyendo a las ciencias inundadas de positivismo.


De esta manera, hemos llegado al momento en el cual civilización se entiende en el marco de una forma cultural, frecuentemente llamada occidental, cuyas características son las propias del desarrollo del capitalismo. Esto hay que tenerlo claro, porque nos permite definir con precisión de qué estamos hablando cuando decimos "crisis de civilización", comprendiendo que la crisis del sistema es siempre multilateral, diversa y que contiene una crisis en los sistemas hegemónicos de pensamiento y en las prácticas sociales.


Esto es más visible en nuestros días, cuando la crisis ambiental, resultante del modo de producción y de los modos de vida que se incluye, adquiere una importancia al hacer visibles los límites naturales al crecimiento económico y, por tanto, poner en cuestión fuertemente a la idea de progreso ilimitado y siempre hacia lo mejor, creencia propia de la modernidad.


Por supuesto, siempre hubo visiones alternativas. Vale por ello recordar aquella frase adjudicada a Víctor Hugo: "Primero, fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre. Ahora, es necesario civilizar al hombre en su relación con el medio ambiente".


Al hablar de crisis de civilización muchos la han relacionado con un problema de irracionalidad y de creciente crisis ética. Estas no son más que expresiones de lo que sucede debido al carácter general de la crisis, pero su importancia radica en que plantear un ángulo importantísimo de la necesidad de una nueva ética para una nueva sociedad. La ética en crisis, es la ética de la explotación del trabajo ajeno, la nivelación de la dignidad humana y la lógica de la acumulación de la riqueza en pocas manos, que se constituye en la columna vertebral del sistema y frente a la cual poco importan los derechos humanos y menos aún los de la naturaleza. Esto es muy fácil verlo en todas aquellas ocasiones en las cuales a partir de cálculos económicos se toman decisiones que afectan gravemente a los pueblos y además al equilibrio ecológico.


¿Es esta una crisis terminal? En realidad no necesariamente aquello es así. Por profunda que sea la crisis, la transformación de un sistema de producción no es un hecho mecánico que se produce como consecuencia de la existencia de esas condiciones. De hecho se trata de una transformación que sólo puede surgir de amplias capas sociales concientizadas en los orígenes y efectos de la crisis y, sobre todo en la necesidad de superar el capitalismo. Desde aquellos ambientes en los cuales ha planteado la superación del neoliberalismo, pero no del capitalismo, se podrá tener algunas reformas de carácter positivo para la vida de la gente, pero que serán siempre limitadas y de corto plazo. Y la superación del sistema requiere de esfuerzos auténticamente revolucionarios, que se caracterizan más por rupturas y saltos, que por largos procesos de continuidades y reformas.


Esto último es importante comprenderlo cuando, en América Latina, algunos gobiernos se han planteado la recuperación del Estado en el marco de una reconstrucción institucional (que que en determinados casos entra en las propuestas de neo-institucionalismo que habrían realizado incluso instancias como el Banco Mundial), junto a medidas de carácter social y reforzamiento del nacionalismo, pero que en lo fundamental modernizan el capitalismo con la exacerbación de actividades extractivistas que mantienen el encadenamiento de nuestros países al mercado internacional y al modelo de acumulación.


Si no hay el sujeto social, que de ninguna manera es un individuo por importante que éste sea, sino una colectividad actuante en dirección a transformaciones profundas, la crisis dará paso a un proceso de recomposición del capital internacional, tal y como ha sucedido en momentos anteriores de la historia del sistema capitalista. De hecho, para que esto se produzca, hay que recordar que una necesidad es la destrucción de factores de producción y que para ello, las guerras han sido empleadas por los capitalistas.


Si hay una crisis, hay ganadores y perdedores. Lo evidenciado hasta hoy en los países desarrollados que determinan la economía mundial, confirma que los perdedores han sido los trabajadores y los pueblos, en una expresión de lucha de clases desde arriba. Pero el despojo de la riqueza social que se ha expresado en todas las medidas de ajuste estrictamente neoliberales planteadas en los países capitalistas desarrollados, se complementa con formas de despojo de los bienes comunes realizadas en los países dependientes principalmente por medio de una estrategia denominada extractivismo, la cual no presenta diferencias en las distintas formas de políticas latinoamericanas.


Bertold Brech nos preguntaría "¿Quién es un criminal mayor? ¿El que roba un banco el que lo fundó? ("La ópera de los 3 centavos", 1928). Eduardo Galeano nos entrega " Las venas abiertas de América Latina". En estos y miles de textos más, se confirma la existencia de una verdadera lucha de clases que ha permitido que aquellas que son dominantes en la sociedad mantengan su poder y acrecienten su acumulación. No hay que olvidar que luego de analizar la base de datos Orbis, que registra 37 millones de compañías, y estudiar las relaciones entre unas y otras, los investigadores del Swiss Federal Institute of Technology, (Suiza) concluyeron que el poder económico confluye en 147 grandes corporaciones, en las que recae el 40% de las ganancias globales. Apenas 660 personas son las principales propietarias de esa riqueza, demostrando que la principal causa de la pobreza es la acumulación en pocas manos.[2]


A escala global y también a escala nacional, esos niveles de acumulación y los dramáticos índices de diferenciación entre los pocos ricos y muchos pobres evidencian el lado más dramático de la crisis.

Manifestaciones de las distintas dimensiones de la crisis y su relación con América Latina


1. La crisis económica

 

La crisis económica tuvo su punta de iceberg en 2008 con el estallido de diversas burbujas financieras que, en realidad, surgieron como una manifestación de la sobreproducción de mercancías frente al mercado potencial que éstas hubiesen tenido. Por ejemplo, la llamada burbuja inmobiliaria, al no encontrar compradores en Estados Unidos, requirió que se entreguen préstamos de alto riesgos a familias de clase media o pobres que no tenían ingresos suficientes para cancelarlos. Esto condujo a la quiebra de bancos que, a su vez, no lograban pagar a instituciones financieras superiores que garantizaban esos "créditos basura" mediante la creación de un negocio de seguros que garantizaban otros seguros por sobre los intereses y que finalmente llevaban también a la quiebra. Los Estados corrieron al salvataje bancario y, sólo en Europa, en los primeros años les entregaron una cantidad superior a la necesaria para garantizar 270 años sin hambre en el mundo.[3]
Pero la sobreproducción y consecuente crisis se ha expresado también a nivel de sectores industriales, conllevando fenómenos como el de la quiebra de la ciudad de Detroit o las manifestaciones de una recesión mundial. Como parte de ello, más de mil 300 millones de personas viven bajo la línea de pobreza, con menos de un dólar al día, según datos de Naciones Unidas.


El escenario de recesión se plantea como una amenaza cercana por la desaceleración de la economía china, principal compradora de materias primas y socio creciente de las economías latinoamericanas.


Precisamente, al mantenerse la mayoría de países de América Latina dentro del rol de proveedores de materias primas, realidad que en algunos casos supera discursos de cambio de matriz productiva, éstos paulatinamente vivirán el efecto de una continua reducción en el consumo en los países desarrollados; en algunos casos, puede implicar, serias pérdidas de empleo y de salario. Cierto es que América Latina ha podido enfrentar esta crisis de mejor manera que otras, pero ello no implica que se ha desconectado o desacoplado de la dependencia frente a los mercados internacionales y al modelo de acumulación mundial. No deben engañarnos las cifras de crecimiento económico de América Latina, porque éstas precisamente están vinculadas a los procesos de la economía mundial y, en gran medida, a su condición de ofertante materias primas cuyos altos precios en parte se deben al manejo especulativo en el mercado. Si la crisis avanza, esos precios pueden rápidamente caer, tal y como sucedió tras la llamada crisis financiera de 2008, cuando cayeron en un 55% en apenas seis meses, o como sucedió en agosto de 2011 mientras se negociaba el límite de la deuda pública Estados Unidos, cuando los precios cayeron cerca de un 15% en apenas dos meses.[4]


La caída de los porcentajes de inversión extranjera directa, que antes de la crisis representó el 76% del crecimiento de flujos de capital, para llegar al 43% en 2010[5], es también otro peso para gobiernos que pretenden que ese tipo de inversiones son las que sacarán de la pobreza a nuestros países.


2. Crisis ecológica

 


Otra expresión de la crisis ecológica, que se expresa, por un lado, en la crisis ambiental generada por actividades humanas que provocan un cambio climático que a estas alturas tiene ya efectos irreversibles y que está ligada íntimamente con el modelo de producción y de consumo hegemónico a escala global. Cambio climático que obliga entonces a pensar en una civilización distinta en la que se entienda que "somos parte de la trama de la vida" y no sus dueños, tal y como nos dice la carta adjudicada al jefe indio Seattle, y que, es necesario restituir la "simbiosis" entre la sociedad y la naturaleza de la cual nos hablará Carlos Marx.


Pero el modelo productivo tiene consecuencias más inmediatas en la contaminación ambiental que sufren nuestros pueblos y que afecta su salud y su futuro, mientras otros buscarán hacer negocio de esa contaminación, originada principalmente por el afán de reducir costos de producción en las grandes empresas.


La ruptura del metabolismo con la naturaleza se expresa también en la llamada crisis de alimentos, en momentos en los cuales la humanidad produce una cantidad de alimentos superiores a las necesidades de la población mundial, sin embargo de lo cual cerca de 1.000 millones no cubren sus necesidades diarias de calorías y proteínas debido a que el impulso del afán de ganancia conduce a preferir alimentar automóviles mediante agrocombustibles antes que alimentar a las personas.


De allí que la conexión entre agrocombustibles, agricultura intensiva a gran escala que destruye a la producción familiar y campesina, utiliza de transgénicos con el agravante del alto consumo de agrotóxicos y la crisis alimentaria son evidencias de la forma capitalista de generar acumulación en pocas manos, esquilmando al trabajador y a la tierra, las dos fuentes de toda riqueza.[6]


De nada de eso se encuentran libres los pueblos latinoamericanos, sino que cotidianamente nuestras sociedades reciben los impactos de esa forma de producir destruyendo la naturaleza. La forma más acentuada es la del extractivismo, que significa la extracción de grandes volúmenes de recursos naturales, destinados al mercado internacional con poca o ninguna transformación previa, facilitando la acumulación por medio de todos los mecanismos al alcance para mercantilizar la naturaleza y considerar sólo su valor de cambio, desechando el valor de uso y el valor de no uso de cada uno de los bienes naturales. Extractivismo que responde a formas de despojo y de la necesaria violencia para garantizar ese despojo, en una manifestación más del sistema capitalista, que precisamente requirió en su surgimiento de una acumulación originaria de capital para la cual fue un elemento sustancial la colonización de América Latina y el despojo territorial de sus habitantes originarios.


Desde el poder, es frecuente escuchar que los pueblos originarios de nuestra América también fueron extractivistas porque usaron metales. Afirmación que solo busca confundir respecto a dos momentos históricos distintos y a la diferencia entre el extractivismo y el extraer lo estrictamente necesario. Precisamente, los pueblos originarios y lo podrían hacer de manera similar gobiernos de nuevo tipo, extraían solo o necesario y para emplearlo sin relación con el consumismo y menos con mecanismos de acumulación de capitales propios de este sistema. Lo que obtenían tenía casi siempre solo valor de uso de tipo ceremonial, pero no era una mercancía expuesta al mercado y mucho menos a uno de carácter internacional.


3. Crisis en la esfera de las ideas

 


Esta faceta de la crisis que tiene dos caras. La primera, la crisis del neoliberalismo y la necesidad de los capitalistas de ajustar las tesis neoliberales al momento actual, para lograr una recomposición del capital y para superar la crisis del capitalismo dándole mayor tiempo de vida, incluso llegando a formas de barbarie que fuera necesarias o impulsando algún tipo de neokeynesianismo.


La otra cara, está en la necesidad de que los sectores que resisten y se enfrentan al capitalismo, sea neoliberal o postneoliberal, ganen la hegemonía en el mundo de las ideas, planteando utopías y alternativas que posibiliten superar el capitalismo y construir una nueva sociedad.
Cuando hablamos de la emancipación, nuevamente hay que recordar también la problemática ideológica, ya que no habrá emancipación si no se logra terminar con la enajenación a la cual está sometida la mayoría como resultado de la separación artificial entre el trabajador y su producción y entre el ser humano y la naturaleza.


No se trata sólo de una lucha teórica y ética. Siendo éstas fundamentales, son insuficientes si no están integradas a una lucha económica y, principalmente a una lucha por el poder. Cualquier visión "civilizatoria" que pretenda desconocer la importancia de las culturas indígenas, de los saberes populares y de las prácticas de resistencia diversas y múltiples que se dan en el campo y la ciudad, no harán sino repetir un pensamiento colonizador hacia el interno de cada uno de los países y, con ello, impedir la construcción de una alternativa que convoque a la unidad de todos los sectores en resistencia.


Es en este terreno que en América Latina se está dando un debate particularmente importante con eco en distintas partes del mundo. Pero ninguna propuesta de los gobiernos que se autodefinen como progresistas al mismo tiempo que impulsan el extractivismo, rompe con los esquemas globales de acumulación y dominación geopolítica que nos somete a la posición de productores de materia prima.
El optimismo que mantienen algunos intelectuales de la región frente a estos gobiernos, no puede hacernos perder de vista este hecho fundamental. Tampoco debe conducirnos a posturas que expresan un dogmatismo primario al pretender que esos gobiernos no pueden ser criticados porque ello es favorecer a la derecha. Por el contrario, si esos gobiernos asumen políticas extractivistas, si permiten el ingreso de trasnacionales por encima de los intereses de las comunidades, si favorecen el uso de transgénicos y la fumigación que envenena a miles y miles de pobladores, serán esos gobiernos los que estarán favoreciendo a la derecha y al poder económico y los pueblos tienen la necesidad vital y la obligación de confrontar esas políticas.


La crisis es, por supuesto un momento de confrontación. O socialismo o barbarie planteaba Rosa Luxemburgo como las únicas opciones. Y el socialismo, como el Ché y demás marxistas aclararían, no puede separarse de su carácter de fase de transición hacia el comunismo. Maríategui, será muy recordado por decirnos que en América Latina el socialismo será construcción heroica y que no puede ser calco ni copia. Esa es la magnitud del reto que espera a quienes luchan por la transformación y la emancipación.

 

NOTAS

[1] Ponencia presentada en la I ASAMBLEA del MOVIMIENTO PARA LA SALUD DE LOS PUEBLOS LATINO AMERICA, realizada en Cuenca, Ecuador del 7 al 11 de octubre de 2013.
[2] Isch, Edgar, 2012. El 1% que es menos que eso: la acumulación de la riqueza en muy pocas manos. Quincenario Opción 245, de 1 a 15 de octubre de 2012.
[3] Max-Neef, Manfred, 2011. El mundo en ruta de colisión. En: http://lalineadefuego.info/2011/12/17/el-mundo-en-ruta-de-colision-manfred-max-neef/
[4] Munevar, 2011. Indice USB Bloomberg CMCI.
[5] Cepal, 2010. La inversión extranjera en América Latina 2010. Santiago de Chile
[6] Marx, Carlos. El Capital, tomo 1.

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Sólo un radical cambio del modelo económico y del gabinete salvará al gobierno venezolano

1. Maduro cerca del punto de implosión

 

Si el gobierno de Maduro/Cabello no toma medidas inteligentes y drásticas de manera inmediata en lo económico y político, tiene los meses contados. Bajo esa premisa consideramos que no llegará más allá de marzo/abril 2014. Los escenarios de la eventual caída son evidentes: movilizaciones callejeras dirigidas por Washington y la derecha, o una alianza destituidora y sustitutiva entre Fuerzas Armadas y Gobernadores. Dada la incapacidad total para enfrentar los graves problemas del país, que ha demostrado el gobierno, es poco probable que pueda evitar su colapso, salvo una radical reestructuración del modelo económico del Presidente Chávez y el cambio del 80% de los ministros del Gabinete que no son eficientes.


2. Colapso del modelo económico del Presidente Chávez

 

Con un 49.4% de inflación anualizada (sept. 2012-13, BCV), Venezuela terminará el 2013 con una hiperinflación de alrededor del 58%, dado que las elecciones municipales de diciembre y el pago de aguinaldos harán imposible detener la espiral. Parte del problema es el desmesurado aumento de la liquidez monetaria (money supply) que creció alrededor de 66.5% respecto al mismo período de 2012.
Otro factor es la fuga de capitales que ronda los 150 mil millones de dólares en los últimos nueve años. El control de cambio de divisas sólo funcionó alrededor de 2003. Hoy día asfixia al pueblo y las clases medias, mientras que transfiere anualmente unos 43 mil millones de US-dólarespreferenciales a la burguesía. Ésta agradece el favor de la Revolución "bolivariana y cristiana," generando unos 2,7 mil millones (sic) de dólares anuales, a cambio. (Ver excelente trabajo de Manuel Sutherland (Aumento del 894% en importación estatal, caída en las reservas y estatización del Comercio Exterior).


Tal inflación genera una tasa de ahorro cero de los asalariados; la sustitución de facto del bolívar por monedas fuertes o metales preciosos (ley de Gresham); una baja tasa de inversión; altas tasas de interés; ganancias monetarias desmesuradas sobre los diferenciales del tipo de cambio (arbitrage); fuga de capitales; escasez de productos y, finalmente, a una inevitable y brutal devaluación de jure. Peor aún: tal espiral inflacionaria se combina con un crecimiento anual del PIB del 1% (CEPAL), menor que el crecimiento demográfico. Estamos ante la stagflation, combinación letal de estancamiento con inflación alta.


Ante este panorama, el aumento del 45% al salario mínimo anunciado por el Presidente Maduro para el 2013, ni siquiera compensa la pérdida de la capacidad adquisitiva de los trabajadores respectivos. Al mismo tiempo el índice de escasez se encuentra en 21.2%. La deseada sustitución de importaciones, de industrialización, de soberanía alimenticia y financiera, ha quedado esencialmente en buenos deseos: las importaciones estatales crecieron de 2003 al 2012 en casi 900%; el peso industrial-manufacturero en el PIB no ha aumentado (Sutherland); el Presidente acaba de autorizar la compra de 3,5 millones de toneladas (sic) de alimentos por un valor de 4.6 mil millones de dólares y el costo de los créditos adquiridos por el Estado y PdVSA tiene un promedio de 11,59 % anual: casi el doble del promedio del de las naciones en desarrollo (de acuerdo a cifras del Bank of America).


Según el BCV, sus propias reservas internacionales en divisas (dólares con los que se cuenta para cancelar las importaciones y la deuda externa) alcanzaron la suma de 3 mil millones de dólares a mediados del año, mientras que las líquidas (en efectivo) suman 900 millones de dólares. Sin embargo, la importación mensual requiere en promedio 4.6 mil millones de dólares. De ahí, que sólo una masiva transferencia desde las cuentas no-presupuestales, como el Fondo de Desarrollo China-Venezuela, nuevos créditos o la monetarización de las reservas de oro pueden impedir una moratoria en los pagos externos.


3. La quijotesca economía socialista


Desde el arribo del Bolivarianismo al poder (1999) en Venezuela, nunca ha habido ninguna medida económica socialista: ní del Socialismo del Siglo 20, ni del Socialismo del Siglo 21. El modelo político-económico desarrollado por Hugo Chávez después del 2003, nunca fue más que un desarrollismo progresista, semejante al primer gobierno del General Perón. Agotado ya en el 2010 entró en la segunda etapa de Perón: la erosión creciente y el camino hacia el abismo. El Plan Guayana Socialista, el Control Obrero, las Comunas –el más grande disparate de los Rasputines socialistas de Miraflores (Marta Harnecker et al)— no son más que quimeras en una economía capitalista de mercado (crematística) como la venezolana. Ahora toda esta fantasía implosiona.


4. El chamanismo como razón de Estado


Mientras la economía se hunde en las contradicciones internas del modelo, Maduro y Cabello tratan de curarla con alquimia. Pontifican contra la satánica guerra económica de la derecha –¿no ha sido ésta su función subversiva de clase desde siempre?– y pretenden conjurarla mediante su propia Santa Trinidad: el kitsch teológico, implorando la protección de San Francisco de Asís; la palabrería bolivariana y quimeras burocráticas socialistas.


Oratoria de Maduro: "Le pedimos a San Francisco de Asís para el pueblo de Venezuela, que nos traiga la paz y el amor. En tú nombre, Cristo redentor, San Francisco, basta ya de odio, que cese el odio de los que odian la patria desde siempre." (Presidente Maduro anuncia que el 9 de octubre se iniciará segunda jornada del gobierno de calle). Construye entes burocráticos y virtuales por doquier. Para combatir el desvío de alimentos a la economía informal y reducir la burocracia en el sector, generó el "Órgano Superior de Defensa Popular de la Economía". En Carabobo lanzó la Fuerza Bolivariana Socialista de Trabajadores contra la Guerra económica y la Guerra del Imperialismo y la Oligarquía, diciendo que "Este Presidente obrero necesita el apoyo incondicional para defender la Patria."


Durante su alocución por las nuevas Leyes habilitantes en la Asamblea Nacional dijo que requiere estos nuevos poderes para profundizar, acelerar y dar la batalla a fondo por una nueva ética política, una nueva vida republicana y por una buena sociedad. Oratoria vacía pseudo-clerical. Lo que debe decir es qué grupos y clases sociales cargarán con los enormes costos sociales que implica la inevitable sanación de la economía, que pasa por la devaluación y la política de austeridad.


5. ¿Qué hacer?


La política de Maduro y Cabello se debe al intento surrealista de prolongar el modelo político-económico de Hugo Chávez, ya agotado estructuralmente en el 2010. Como el modelo no tenía nada de socialismo, el Comandante nunca tuvo la intención de destruir a la burguesía. Sólo quería que aceptara la legalidad de su gobierno. Igual que Perón, Correa, Evo et al. Por eso, ante todo conflicto serio respectivo cedió y sacrificó a sus lugartenientes (Samán, Vielma Mora, etc.)

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Que Maduro y Cabello ahora traten de realizar la tarea que el Comandante Chávez siempre evitó, es poco probable. No tienen la estatura de Chávez, ni la voluntad, ni la ciencia para hacerlo. Tienen los dólares, los tanques, los medios y la mayoría del parlamento, para vencer a la oligarquía. Pero, no tienen el software. ¿Habrá alguna fracción del Bolivarianismo que podrá suplirlo?


Por Heinz Dieterich, sociólogo alemán, residente en México, teórico del socialismo del siglo XXI

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ALAI AMLATINA, 16/10/2013.- En los Estados Unidos todo el mundo está peleando por el paro del gobierno estadunidense. George Will (periodista que apoyó a Reagan en 1980) lo compara a la Ley contra Esclavos Fugados; Bill Moyers (periodista vocero de la Casa Blanca 1965-67) con la secesión. De todos lados, desde Rush Limbaugh (conservador con un popular programa de radio) hasta Jon Stewart (sátiro, crítico político de TV), se lanzan acusaciones mordaces. La ciencia política, la teoría del juego e incluso la astrología son invocadas para explicar la vergüenza de la arriesgada política de Washington.

 

Superficialmente, el impasse es producto de la Ley de Salud Asequible (Obamacare) y el Límite de Deuda Nacional. Desafortunadamente, estos puñetazos partidarios son sólo el inicio de una dolorosa lucha por la transición económica en EUA. Cíclicamente el mundo ha experimentado este tipo de conmociones políticas desde el inicio del capitalismo. La historia muestra que la transición es inevitable. Sin embargo, el resultado de la misma es incierto.

 

El régimen económico neoliberal establecido en los años 1980 promovido por Ronald Reagan y Margaret Thatcher—al igual que docenas de períodos económicos liberales anteriores—agoniza dolorosamente. Las economías liberales sustentadas en la privatización y desregulación típicamente generan una concentración de riqueza espectacular y amplían la brecha de la inequidad económica. Burbujas de especulación y explosiones financieras suceden cuando los vendedores ya no tienen compradores, son incapaces de resolver la crisis de sobre-producción que inevitablemente ocurre cuando los mercados dominan sin freno sobre la economía, el ambiente y la sociedad. Si los mercados sin regulación continúan indefinidamente, destruirán tanto la sociedad como la base material para la existencia del capitalismo. Por ello, tarde o temprano, se introducen reformas. La última vez que sucedió fue al final de los años 1920, después de la crisis financiera de 1929, la Gran Depresión en EUA y el Nuevo Pacto (New Deal).

 

Pero las reformas no se dan suavemente a través de acuerdos lógicos. Históricamente el gobierno está forzado a hacerlas en convulsivos períodos de agitación financiera y social. Además, las reformas pueden ser políticamente progresistas, represivas, totalitarias o democráticas (diferencias como las que se observan entre las reformas en EUA de los años 1930 y las de Alemania nazi). Pero el ritmo de implementación y la naturaleza política de las reformas económicas estructurales dependen de la política, no sólo la de los partidos, sino de la de los movimientos sociales con capacidad de generar voluntad política. Estos movimientos también expresan todo tipo de posiciones.

 

Parece que el Tea Party (organización política de extrema derecha), Noticias Fox y los hermanos Koch (billonarios que defienden el libre mercado) comprenden perfectamente este suceso histórico. Ellos consolidaron su poder político partidista manipulando el voto en los distritos y sacando ventaja del Partido Republicano. Actualmente influencian a la sociedad civil a través de la inundación propagandística, la seudo-ciencia y el activismo comunitario. Negar en este momento la Ley de Salud Asequible no es únicamente un espectáculo políticamente inteligente. El Tea Party representa a las élites provinciales ricas y educadas, a quienes algunos analistas llaman "the Newest Right" (la Derecha más nueva) de los viejos blancos del Sur. Ellos saben perfectamente bien que en la actual recesión, altos índices de desempleo, aplastante deuda estudiantil y profundización de las crisis alimentaria y de salud, si el sistema público de EUA logra, aunque sea una incipiente reforma en el sistema de salud, esto podría desatar la voluntad política para otro tipo de reformas federales progresistas, las cuales podrían socavar el menguante poder demográfico de esta "Derecha más nueva". También podría sabotear su deseo de atraer hacia el Sur la "inversión amistosa" del capital global (léase: sin regulaciones).

 

No es que el gobierno de Obama proponga un cambio a la globalización neoliberal. Por el contrario, al igual que el presidente anterior, Clinton, sin descanso ha empujado la agenda neoliberal en EUA y en el extranjero. La Ley de Salud Asequible es una leve reforma que no aborda las causas de la creciente crisis de salud, como tampoco amenaza a la dominación corporativa de las compañías aseguradoras, a la enorme industria farmacéutica ni a los proveedores de salud.

 

Los ambientalistas se molestan con Obama por su hábito de parafrasear al reformista Franklin Delano Roosevelt cuando dijo "¡Esa es una magnífica idea! Ahora actúen y oblíguenme a llevarla a cabo". Sea el presidente Obama evasivo o sincero, el hecho es que sin un movimiento social fuerte que demande los cambios desde la base, incluso los reformistas más valientes no tienen poder para cambiar el statu quo. Tampoco tendrán la capacidad de proteger a la sociedad del sabotaje político de los fanáticos, quienes, en nombre del patriotismo, defienden agendas elitistas de pocos ciudadanos y un puñado de billonarios reaccionarios.

 

Lejos del populismo, la élite del Tea Party y compañía temen la potencial emergencia de movimientos sociales de base. Ante las crisis alimentaria, energética, financiera y ambiental que se viven en EUA, estos movimientos podrían inclinar la inevitable transición económica hacia una agenda de reforma más progresista. Aunque los movimientos sociales (alimentario, laboral, ambiental, etc.) están fragmentados y carecen del apoyo económico billonario del Tea Party, crecen constantemente en todo el mundo en la medida que la economía neoliberal fracasa y defrauda a la sociedad.

 

Hay mucho que aprender del cierre del gobierno estadunidense, sin importar cómo se desarrolle. Necesitaremos estas lecciones para comprender y comprometernos de manera constructiva en las políticas de la economía de transición que se avecina.

 

Por Eric Holt-Giménez, Director Ejecutivo de FoodFirst (California).

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BM: pese a las reformas, México será el de menor crecimiento en AL

El Banco Mundial (BM) calificó de desafortunado que México y Brasil, las dos principales economías de América Latina y el Caribe, crecerán este año a una tasa menor al promedio de la región, aunque descartó la ocurrencia de crisis financieras como las de décadas pasadas.

 

La pérdida de dinamismo de la región se expresa en el hecho de que la tasa de crecimiento de América Latina y el Caribe se redujo en 2013 a menos de la mitad de la que registró en 2010, un año después de la crisis financiera de 2009, que llevó al mundo a la recesión, mostraron datos divulgados este miércoles por el Banco Mundial.

 

"Desafortunadamente los gigantes regionales, Brasil y México, crecerán en 2013 por debajo del promedio regional; el crecimiento de México caerá por debajo de 2 por ciento a pesar de la ola de reformas que se están llevando a cabo", definió el organismo este miércoles.

 

La víspera, el Fondo Monetario Internacional redujo de 2.9 a 1.2 por ciento el pronóstico de crecimiento de la economía mexicana para este año, nivel que representa el segundo más bajo de los países Latinoamericanos –excluido el Caribe–, sólo mejor al de Venezuela, que avanzará apenas uno por ciento.

 

El fenómeno de pérdida de dinamismo del crecimiento descrito para América Latina no es la excepción, sino que apunta a ser más bien un denominador común en las regiones del mundo en desarrollo o emergentes, como las llama el organismo.

 

"Ciertamente la desaceleración del crecimiento de la región forma parte de una ralentización de las economías emergentes, incluidos los países de ingreso medio de Europa oriental, Asia oriental y América Latina y el Caribe, así como China", explicó el Banco Mundial en el reporte La desaceleración en América Latina y el tipo de cambio como amortiguador, publicado ayer. Esta desaceleración ha provocado una reducción de 3 puntos porcentuales en las tasas de crecimiento reportadas en 2010 hasta ahora.

 

En América Latina y el Caribe la tasa de crecimiento disminuyó de 6 por ciento en 2010 a 3 por ciento en 2012, para retroceder a 2.5 por ciento, nivel previsto por el organismo para 2013. A su interior, la región presenta una dinámica heterogénea. En Jamaica y Venezuela la tasa de crecimiento esperada para este año no supera uno por ciento; Perú y Panamá oscilarán entre 5.5 y 8 por ciento, respectivamente. Un "buen número" de países de ingreso medio, como Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala y Uruguay tendrán un desempeño en torno al promedio regional. En tanto, las dos mayores economías regionales, Brasil y México, se situarán debajo del promedio.

 

"La gran desaceleración y la intensificación de la volatilidad de los flujos de capitales y los precios de los activos financieros han desencadenado una ola de pesimismo con respecto al futuro de la región", planteó el informe. "Expresiones como 'economías sumergidas' y 'la fiesta se acabó' se han vuelto habituales en la jerga de analistas e inversionistas, lo que supone un vuelco en las opiniones que hasta hace poco tiempo no hacían sino alabar la década de progreso económico y social de Latinoamérica", añadió. Los "escépticos sostienen que el progreso fue en buena medida un espejismo y una oportunidad perdida para el desarrollo de proporciones dramáticas", planteó.

 

Para el Banco Mundial, apunta el reporte, la década pasada "de progreso económico y social de la región está lejos de ser una ilusión: 70 millones de personas abandonaron la pobreza y alrededor de 50 millones se sumaron a la clase media".

 

El bajo crecimiento, junto con un entorno global menos favorable no se traducirá, "como advierten los escépticos, en el tipo de angustia financiera de los años 90", dice el informe. "Si se analiza la capacidad de las economías regionales de sobrellevar los efectos de un entorno internacional menos favorable, uno se da cuenta que los días en que depreciar la moneda terminaba en desastre son prácticamente cosa del pasado", agregó. "Es por esto que creemos que es equivocado analizar la tendencia actual con los ojos del pasado y asumir que América Latina inevitablemente caerá en las mismas trampas de antes".

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