Buscando al trabajo, buscando al socialismo

La crisis en curso, su manejo y las políticas de austeridad que pretenden "resolverlo" en favor de las clases dominantes agudizando, por ejemplo el desempleo (según la OIT en 2012 había en el mundo 197 millones desempleados; este año habrá más de 202 millones de personas en busca de trabajo, Global Employment Trends 2013, 22/1/13) hacen pensar a cada vez más gente que debe haber alguna alternativa.

 

No sólo una política alterna que pondría el problema del empleo en el centro (algo que frente a las medidas antipopulares y fascistoides igual haría mucha diferencia), pero una alternativa sistémica.

 

Según la editorial Merriam-Webster, especializada en diccionarios, el "socialismo" y el "capitalismo" fueron elegidas como "Las palabras del año 2012" por la cantidad de búsquedas online por personas que simultáneamente consultaban ambos términos ( Página/12, 6/12/12).

 

Al final es alguna lucecita en estos "tiempos oscuros" y una señal de que a pesar del fracaso del "socialismo real" hay quienes aún creen que puede haber una alternativa al capitalismo o que siempre es la misma: "socialismo o barbarie". Pero: ¿qué socialismo?

 

Es interesante el aporte de Michael A. Lebowitz, un destacado marxista canadiense que no sólo rescata el término, sino también lo reconecta con sus orígenes.

 

Para Lebowitz que lamenta que muchos marxistas, dado que el autor de El Capital no escribió un tomo separado sobre el trabajo asalariado, olvidan el lado de los trabajadores estudiando el lado del capital como si fuera la totalidad del sistema (Beyond Capital: Marx's Political Economy of the Working Class, 1992) la "alternativa socialista" sólo puede ser un resultado de la autoorganización de los trabajadores, siendo ellos los principales sujetos que pueden transformar la sociedad desde abajo, mediante la libre asociación y cooperación ( The Socialist Alternative: Real Human Development, 2010).

 

Según él –siguiendo a Marx–, la sociedad socialista es la que remueve todos los obstáculos para el pleno desarrollo de las capacidades humanas que es un fin en sí mismo. Mediante el trabajo, el trabajador no sólo transforma el mundo, sino también a sí mismo. Producir un producto significa producir dos cosas: la mercancía y un tipo de persona que es el productor. Sin embargo, el capital tiene un doble efecto: no sólo explota a los trabajadores, sino también los deforma, privándolos de la totalidad de su humanidad. Por eso es necesario ir más allá del capitalismo, donde ésta podría alcanzar su plenitud (así no se trata tanto de disminuir el tiempo de trabajo, sino de convertirlo en "trabajo socialista").

 

Analizando el fracaso del "socialismo real", Lebowitz subraya que éste falló, porque las "relaciones de trabajo vanguardistas", fruto de un perverso contrato social, excluyeron a la clase obrera del proceso productivo dándole la prioridad a los gerentes, que persiguiendo la "eficiencia" abrazaron la lógica del capital abriéndole finalmente la puerta a la restauración del capitalismo. Para él, la principal contradicción del "socialismo real" era la relación vanguardia-trabajadores; la solución, en vez de "liberar al gerente", debería haber sido "liberar al trabajador" ( The Contradictions of "Real Socialism". The Conductor and the Conducted, 2012).

 

Para el mismo autor, la búsqueda del socialismo pasa por el Estado como un espacio de la práctica revolucionaria: un buen ejemplo de esto es Venezuela, que gracias a Chávez rescató en buena parte el término, demostrando que es posible construir el socialismo –"del siglo XXI"– con logros (por ejemplo, el desempleo es ahora de 8 por ciento), aunque no sin dificultades (en la autogestión obrera). Lebowitz ha acompañado y estudiado este proceso ( Build It Now: Socialism for the 21st Century, 2007) y basándose también en él subraya la necesidad de un Estado socialista ( The State and the Future of Socialism, en: Socialist Register 2013).

 

Según Lebowitz, para el "socialismo del siglo XXI" necesitamos también un "marxismo del siglo XXI" o más bien un retorno al "marxismo de Marx" que, sobre todo los escritos de 1844-1858, están llenos de pasajes sobre el desarrollo humano y la necesidad del socialismo para alcanzar su plenitud, algo que fue perdido en el siglo XX por el "marxismo vanguardista" que no veía más allá del desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Esta parcialidad se refleja hoy en el debate alrededor de la crisis: mientras abundan discusiones sobre el "problema de la transformación" o la caída de la tasa de ganancia –el mismo Lebowitz en un viejo ensayo rechazó mirarla sólo desde el lado de la producción, Marx's Falling Rate of Profit: A Dialectical View, 1976– escasean análisis acerca del proletariado como sujeto y su praxis.

 

La respuesta a la crisis será desde la teoría, pero sobre todo desde la práctica de la clase trabajadora, sin excluir a los desempleados (lo único que determinará el camino al socialismo será la lucha de clases). El trabajo –en el capitalismo– deforma, pero condenar millones a un paro indefinido (ante todo los jóvenes, "una generación en peligro" según la OIT, Global Employment Trends for Youth 2013, 8/5/13), también es una mutilación. La búsqueda del socialismo basado en la emancipación mediante el trabajo es una vía humanista frente a un sistema inhumano e ineficiente que desperdicia las vidas y la fuerza laboral.

 

De acuerdo con Lebowitz, el capitalismo sigue porque logra producir los trabajadores que necesita, convencidos de que "no hay una alternativa"; para ir más allá de él se necesita una visión que remplazaría este falso "sentido común", cambios que pueden darse sólo si salen de nosotros mismos. Si no los buscamos, de una vez podemos abrir el diccionario y consultar la palabra "fascismo".

 

Maciek Wisniewski. Periodista polaco

 

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Miércoles, 08 Mayo 2013 19:27

Otoño del imperio y del capitalismo

Otoño del imperio y del capitalismo

ALAI AMLATINA, 07/05/2013.- Cuando el imperio es incapaz de mantener su hegemonía aportando soluciones a las crisis sistémicas recurre a la “hegemonía explotadora” (1), con toda la violencia y la destrucción que la acompaña. Así sucedió en la decadencia de la hegemonía imperial de Holanda.

 

Fue tratando de salvarse imponiendo el libre comercio con una hegemonía explotadora que terminó el imperio británico, y algo similar pero de naturaleza diferente es lo que desde hace ya unas tres décadas estamos presenciando en la decadencia de la hegemonía mundial de Estados Unidos (EE.UU.).

 

Hegemonía explotadora suena muy bien como apellido del neoliberalismo, de esa extraordinaria expansión financiera, comercial e industrial que el imperialismo estadounidense quiere llevar a sus límites extremos, que ya no puede controlar ni remediar sus terribles secuelas de disolución social y desastre económico, ni la concentración del poder y riqueza en las cuentas de la oligarquía que poseen los monopolios ya presentes en prácticamente todas las ramas de los sectores económicos, sin hablar de la destrucción ambiental y el recalentamiento global que amenaza la vida del planeta.

 

En los casos de Holanda y Gran Bretaña las fases de hegemonía explotadora fueron en efecto el “otoño” de esos imperios, pero también las “primaveras” en el proceso de desarrollo del capitalismo, y en particular del modo de producción del capitalismo industrial.

 

En el caso del imperio estadounidense hay razones para pensar que la hegemonía explotadora no solo es el “otoño” del imperio sino también del modo de producción capitalista, que ya se encuentra ante la “barrera insalvable” que anticipaba Karl Marx.

 

Bajo el imperio estadounidense el capitalismo industrial adquiere su forma más perfeccionada y desarrolla –no solo en EE.UU.- las bases de un modo de producción basado en la automatización, logrando concretar una parte del gran objetivo del gran capital, o sea la de producir de manera continua y prescindiendo de la mayor parte o la totalidad de la fuerza de trabajo asalariada.

 

Desde hace más de medio siglo, por las transformaciones que la automatización produjo en el modo de producir, el desenvolvimiento de las estructuras empresariales transnacionales y el creciente papel del capital financiero en la determinación de las inversiones a efectuar, lo que fue posible vía las inversiones directas, los flujos financieros y la deslocalización de la producción, el sistema capitalista se universalizó, o sea que completó la segunda parte del objetivo del gran capital.

 

El gran sueño del capital, de liberarse de la fuerza de trabajo asalariada o de pagar los salarios más bajos posibles, y de universalizarse, se hizo realidad con la automatización y la deslocalización. Pero esta transformación implicó un creciente reemplazo de la extracción de plusvalía, el uso de la fuerza de trabajo asalariado en las sociedades avanzadas –que crean los imprescindibles “puntos de consumo” para la realización del capital, de que hablaba Marx-, por la plusvalía extraída en el exterior, en otras sociedades, y que llega a las casas matrices en el centro imperial como renta diferencial, o sea como ganancias que van a parar a los accionistas y ejecutivos de las empresas.

 

Es a partir de este desenvolvimiento, en mi opinión, que es posible explicar tanto la naturaleza de la crisis estructural del capitalismo como la relativamente irreversible realidad actual en las sociedades del capitalismo avanzado.

 

Así sería posible explicar esta crisis de sobreproducción y subconsumo, el creciente y cada vez más crónico desempleo tecnológico –como definía John M. Keynes al reemplazo de los trabajadores por las maquinas- en un contexto de mayor creación de riquezas que se concentra en las pocas manos de los monopolios y los financieros, y que ya no entra sino marginalmente en la reproducción del capital en los países avanzados.

 

Asimismo explica que el subconsumo tiende a volverse crónico por la disminución del empleo y la masa salarial total, factor que a su vez amplia la espiral del desempleo y el subempleo, que termina poniendo en crisis las ramas de la economía aun no automatizadas.

 

Esto también explica el aumento de la deuda familiar –falta de empleos y bajos salarios-, y el endeudamiento de los Estados por la contracción de la recaudación fiscal –la carga tributaria descansa fundamentalmente sobre los ingresos de los trabajadores-, y el aumento del gasto público para paliar el desempleo, entre otros aspectos más.

 

Y, no olvidemos, esta universalización del capitalismo y de las nuevas tecnologías también permite explicar la rápida emergencia de las nuevas potencias industriales en Asia, donde las transnacionales tuvieron que integrarse a un sistema capitalista parcialmente regulado por Estados que no cedieron toda su soberanía ante el neoliberalismo.

 

Quizás puede también explicar que a la luz de las experiencias asiáticas y por la falta de verdadero desarrollo económico, se esté dando en los países en desarrollo que primero sufrieron la experiencia neoliberal, los de América latina, la búsqueda de nuevas estrategias de desarrollo para reparar la herencia neoliberal, como el desempleo y el subempleo, la pobreza y extrema pobreza, la destrucción de los sistemas estatales y de los programas sociales de salud, educación y de pensión.

 

El anzuelo sin carnada

 

Según los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, no es posible saber cuándo, pero es seguro que esta hegemonía explotadora del imperio estadounidense terminará muy mal (2).

 

Por el momento constatamos que ante su impotencia para salir de estas crisis el imperialismo ha retornado y se aferra a las políticas depredadoras –como una más pérfida institucionalización del libre comercio que permita aumentar la extracción de rentas-, y junto a sus aliados retorna a las políticas guerreristas y colonialistas del pasado, con sus terribles consecuencias sociales, económicas y políticas para todos los pueblos afectados.

 

Con la automatización y la deslocalización reemplazando a los trabajadores, y habiendo desaparecido la “amenaza” comunista con el desmembramiento de la URSS, el capitalismo estadounidense desmanteló totalmente el programa básico que describía Immanuel Wallerstein: “satisfacer las demandas combinadas del Tercer Mundo (relativamente poco para cada uno, pero para mucha gente) y de la clase obrera occidental (para relativamente poca gente, pero mucho para cada uno)”.

 

En realidad, como bien observaba Wallerstein hace casi dos décadas, el capitalismo emprendió un retornó a “la situación anterior a 1848, en la que, en los focos del Estado liberal {…} los obreros estarían mal pagados y fuera del ámbito de los derechos políticos y sociales” (2).

 

Sin posibilidad real a corto, mediano y largo plazo, de una vigorosa recuperación económica, las empresas transnacionales y los bancos de los países avanzados siguen “sentadas” en billones de dólares y no utilizan los préstamos casi gratuitos que los bancos centrales han puesto a su disposición. Como apunta el columnista canadiense Thomas Walkom, del diario Toronto Star, esas empresas y financieros no invertirán en la producción que creará empleos “a menos que tengan un mercado para sus productos”.

 

Esta situación general y las políticas de austeridad para mantener la deflación que favorece al sistema financiero ya incuban crisis políticas e importantes protestas sociales, que en la UE empiezan a meter miedo en la clase política, como muestra el forcejeo de algunos gobiernos para que se extiendan –y no para extinguir- los plazos para cumplir con las metas de austeridad fiscal.

 

Y en medio de estas crisis simultáneas el principal objetivo de EE.UU. es expandir y profundizar la liberalización con el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, en su sigla en inglés), mientras que la UE se esfuerza en cerrar un acuerdo de liberalización económica y financiera con Canadá, para comenzar a negociar uno similar con EE.UU.

 

Ni siquiera cabe preguntarse si al negociar estos acuerdos los gobiernos están respondiendo a los intereses de sus países o simplemente a las trasnacionales y monopolios que poco o nada contribuirán en esos países desde el punto de vista fiscal, en materia de creación de empleos y de demanda interna.

 

Es bien conocido que EE.UU. dejó de ser la “fábrica” del mundo, que ahora está en China y el resto de Asia oriental, y también ha perdido –como señalan Arrighi y Silver- el papel del único “cajero” de las finanzas mundiales. Y por si fuera poco la baja del consumo en EE.UU. lo inhabilitó para seguir siendo la “locomotora” de la expansión económica mundial.

 

Si la realidad cambió hay que cambiar la manera de pensar

 

En febrero pasado el historiador y economista Robert Skidelsky describía la ola de automatización en la manufactura en los países occidentales –que está llegando a China-, y que la substitución del trabajo asalariado por capital (la automatización) está yendo más allá de la manufactura y no solo se está “comiendo” los trabajos poco pagados, sino también “los mejores trabajos”, de nivel técnico y que parecían seguros (4).

 

Haciendo referencia al “desempleo tecnológico” de John M. Keynes, Skidelsky opina que la solución es reducir la jornada laboral: “Si una máquina puede reducir a la mitad la necesidad de mano de obra humana, ¿por qué en vez de prescindir de la mitad de los trabajadores no los empleamos a todos durante la mitad del tiempo? ¿Por qué no aprovechar la automatización para reducir la semana laboral media de 40 horas a 30, después a 20 y después a diez, contabilizando esa jornada laboral decreciente como un empleo a tiempo completo? Esto sería posible si el rédito de la automatización, en vez de quedar exclusivamente en manos de los ricos y poderosos, se distribuyera equitativamente.”

 

Y concluye señalando que hay que prepararse “para un futuro en el que la automatización nos dejará más tiempo libre. Pero para ello será necesaria una revolución del pensamiento social.”

 

En 1996 la recientemente desaparecida ensayista y escritora francesa Vivianne Forrester (5) afirmaba, en entrevista con el diario L’Humanité, que “el horror económico (de la sociedad neoliberal) se debe en gran parte al hecho de que vivimos con los criterios del siglo 19 en lo tocante al empleo”, subrayando que ella no confundía “la idea del trabajo, valor fundamental, con la idea del empleo”.

 

Pero al conservar los criterios del siglo 19 –decía Forrester-, culpabilizamos a quienes sufren la situación. Toda la argumentación se funda sobre la necesidad de encontrar un empleo. Terminemos de decirles constantemente a las personas –en particular a los jóvenes- que no pueden encontrar un salario para sobrevivir, que el solo modelo de vida autorizado es la vida asalariada. Los programas de los partidos políticos son sensiblemente idénticos a lo que eran cuando creían temporaria la crisis del empleo. Las políticas deben tomar en consideración la mundialización, las tecnologías de punta, y no dejar esas realidades ser la propiedad de la sola economía.

 

Para la brillante analista ya estaba planteada la cuestión de “qué hacer en una sociedad en la cual el trabajo asalariado, el empleo asalariado” se reduce constantemente, y que era hora de preguntarse si “continuaremos diciendo que la dignidad depende del hecho de tener un empleo”.

 

Preguntada por L’Humanité si esperaba algo de “un partido como el Partido Comunista” francés, la ensayista respondió que no era adherente de ese partido, pero que “yo espero de todos los partidos, incluyendo el suyo, que consideren la situación de manera realista, moderna y actual. Que se ocupen más de la mundialización y de las tecnologías de punta, y de la consiguiente reducción del empleo, de manera a dejar de pretender que se puede arreglar una era industrial ya superada, y a no seguir alimentando la vergüenza que padecen muchos de los cesanteados por estar desempleados, o el miedo que quienes aun trabajan tienen de perder sus empleos”.

 

Entonces, por qué y para qué el TPP y demás acuerdos…

 

Una característica del TPP y de los acuerdos de liberalización económica y financiera que la UE negocia con Canadá y próximamente con EE.UU. es que esas negociaciones son secretas, tienen lugar entre los tecnócratas gubernamentales y los representantes de las transnacionales, y que no serán presentadas ante los parlamentos para ser discutidas, enmendadas y puestas a votación (6).

 

Acerca del por qué de estas negociaciones hay que mencionar lo que Arrighi y Silver destacan en el libro citado, sobre la integración económica transnacional lanzada por EE.UU., que en Asia oriental fue “menos institucionalizada y sustantivamente más abierta” que la producida por la integración en la UE.

 

Ambos observaban que EE.UU. había tenido poco éxito en “utilizar su declinante pero todavía considerable poder político-económico para reorientar la integración económica regional hacia formas institucionalizadas, que crearían un ámbito más favorable para sus exportaciones e inversiones”.

 

Por otra parte, las transnacionalizadas corporaciones estadounidenses, en particular las industrias de alta tecnología, no se comportaban efectivamente como “cuñas para mantener abiertas” a la influencia de EE.UU. las puertas de Asia oriental, y que hasta podían estar actuando en sentido contrario. Por esto mismo, agregaban, “las fuerzas de la economía transnacional están claramente minando el poder de los Estados pero, en este proceso, el de algunos está creciendo”, como el de Japón y otros países asiáticos.

 

Más adelante señalan la sorprendente velocidad con la que esta formación regional se ha convertido en el nuevo taller y cajero del mundo bajo el liderazgo ‘invisible’ de un Estado empresarial (Japón) y una diáspora empresarial (la china)”, que ha contribuido a generalizar el ‘temor a la caída’ en los principales centros de la civilización occidental.

 

En efecto, si la deslocalización industrial occidental en Asia es un fenómeno conocido y estudiado, menos se habla de los “cajeros” asiáticos, los importantes centros financieros (Hong Kong, Singapur y otros más) donde operan las transnacionales y en los cuales importan las decisiones regionales tanto como las de Wall Street, de la City de Londres o de Francfort.

 

Y también está el papel clave que han jugado y están jugando las autoridades monetarias y los bancos centrales, públicos y privados de Japón, de China y Corea del Sur.

 

Imperio en decadencia queriendo vivir de rentas

 

La transnacionalización y deslocalización de la producción industrial y de las finanzas en el contexto del Asia oriental, y particularmente de China, aumentó el poder de los Estados de esa región y redujo el poder hegemónico de EE.UU., lo que explica el afán de Washington y los monopolios en recuperarlo mediante la institucionalización de las reglas (el chaleco de fuerza) del neoliberalismo, que comprenden aspectos económicos, financieros, y comerciales, como el crucial respeto al derecho de propiedad intelectual que figura en el TPP.

 

En cuanto al “para qué servirá el TPP”, es claro que una institucionalización implica un intento de imponer esta hegemonía explotadora mediante la aplicación extraterritorial de las leyes estadounidenses en los mercados de los países signatarios, para aplicar estrictamente la protección al derecho de propiedad intelectual, entre otros aspectos más, y así aumentar la captación de la renta por parte de las empresas transnacionales.

 

Tal institucionalización proporcionaría a Washington y a los intereses estadounidenses una poderosa palanca –vía el arbitraje obligatorio fuera de las cortes- para operar en el marco político y legal de los demás países signatarios y disponer así de un poder de veto en materia de cambios políticos o económicos que afecten a sus intereses. Eso es lo que Washington y Ottawa querían con el ALCA, pero que no pudieron obtener.

 

La negociación del TPP aceleró el interés de la UE en negociar con Canadá y EE.UU., y eventualmente con los países de América latina.

 

Los objetivos son similares: avanzar en la institucionalización que constituya el chaleco de fuerza que mantenga el orden establecido para impedir que se fortalezcan en Asia los poderes estatales que restringen el neoliberalismo, y se consolide en América latina el camino de una integración regional basada en los principios de nuestras instituciones, como el ALBA, UNASUR, MERCOSUR y CELAC.

 

En fin, todo esto define la hegemonía explotadora que puso en marcha el imperialismo estadounidense, y que muy bien puede estar señalando tanto el ocaso del imperio como el del capitalismo.

 

La Vèrdiere, Francia.

 

Por Alberto Rabilotta periodista argentino - canadiense.

 

Notas:

 

1.- La expresión “hegemonía explotadora” fue acuñada por el economista estadounidense David Calleo (1) para describir las “potencias en declive (que) en lugar de conformarse y amoldarse, intentan apuntalar su tambaleante preeminencia en una hegemonía explotadora”. David Calleo, Beyond American Hegemony: The Future of the Western Alliance, New York, Basie Books, 1987, página 142, citado por Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver.

2.- Ver las “cinco proposiciones” que forman las conclusiones del libro de los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, “Caos y orden en el sistema-mundo moderno”, ediciones Akal (2000).

3.- Immanuel Wallerstein, “Response: Declining States, Declining Rights? 1995. International Labor and Working-Class History 47, citado por Arrighi y Silver.

4.- Robert Skidelsky, economista e historiador de la economía.
The Rise of Robots (en español) http://www.project-syndicate.org/commentary/the-future-of-work-in-a-world-of-automation-by-robert-skidelsky/spanish

5.- Vivianne Forrester, autora de “L’horreur économique” (1996), falleció a comienzos de mayo de este año, a la edad de 87 años. Se pueden consultar las entrevistas en L’Humanité en 1996 y 2000: (1996):
http://www.humanite.fr/social-eco/deces-de-viviane-forrester-auteure-de-lhorreur-eco-533610
(2000) http://www.humanite.fr/node/424533

6.- Sobre estas negociaciones ver http://rabble.ca/blogs/bloggers/council-canadians/2013/04/five-reasons-canada-should-not-ratify-canada-eu-free-trade- Y http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-tpp-an-oppressive-us-led-free-trade-agreement-a-corporate-power-tool-of-the-1/5329497
http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-obamas-secret-trade-deal/5329911

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Miércoles, 08 Mayo 2013 06:05

“Admitir el fracaso de la austeridad”

“Admitir el fracaso de la austeridad”

La austeridad en Europa no da para más. En su primer discurso como primer ministro ante el Parlamento italiano, Enrico Letta fue contundente: “Italia está muriéndose con la aplicación de la austeridad. Necesitamos políticas de crecimiento”. No es una voz aislada. En la última semana, nada más y nada menos que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, dijo que se necesitaba “una política correcta que tenga al mismo tiempo aceptación social y política”. La contundente derrota en febrero del candidato de la austeridad Mario Monti fue la más clara señal del agotamiento político y social de la austeridad. Con un desempleo que ha superado el 27 por ciento en España y Grecia, es record en Portugal y Francia y suma 19 millones en los 17 países de la Eurozona, este agotamiento se hace día a día más visible. Con este clima de fondo, el Banco Central Europeo bajó la tasa de interés a un mínimo histórico para estimular el crecimiento. Página/12 dialogó con Simon Tilford, del Centro para la Reforma Europea con sede en Londres, sobre el futuro de la Eurozona

.

–¿Le sorprende que desde el ortodoxo José Manuel Barroso hasta Enrico Letta o los documentos del Partido Socialista Francés filtrados a Le Monde, todos hablen del fracaso de la austeridad?

 

–La idea de que la austeridad iba a allanar el camino al crecimiento mediante el retorno de la confianza de los mercados no ha funcionado. Hoy, muchas economías se encuentran en una recesión o aun una depresión. Los datos son incuestionables. El problema es que admitir el fracaso de la austeridad es muy difícil para los políticos, porque tendrían que admitir que hay dificultades institucionales en Europa que hay que cambiar.

 

–¿Cuáles son estos problemas institucionales?

 

–Se necesita una autoridad bancaria que actúe realmente como un prestamista de última instancia para toda la Eurozona. La única razón por la que bajaron los costos de financiamiento de los países periféricos es porque el presidente del Banco Central de Europa (BCE), Mario Draghi, dijo en agosto pasado que haría todo lo necesario para sostener al euro. Es decir, no sucedió –como dicen algunos políticos– porque se siguiera una política de austeridad, un absurdo si se piensa que el costo de la deuda ha bajado también para Francia, que se resiste a aplicar la austeridad. Lo que pasó es que los inversores piensan que el BCE va a actuar como prestamista de última instancia si hay un problema. Pero esto debe institucionalizarse y se necesita una federalización del sistema bancario de la Eurozona para romper el vínculo actual entre la deuda de los bancos y la de los Estados. Y, por supuesto, es fundamental que haya políticas de crecimiento que reemplacen a las actuales de austeridad.

 

–Está claro que el plan A o austeridad falló. ¿Cómo sería este plan B? ¿Estamos hablando de un plan keynesiano clásico?

 

–Europa necesita crecer. No se trata simplemente de gastar más dinero o que España o Italia se endeuden más para estimular el crecimiento. Lo que se necesita es que la Eurozona, en su conjunto, tenga una política de expansión. Es decir, que países con fuerte superávit comercial como Alemania relajen su política fiscal y gasten más, potenciando su consumo interno, y que haya un relajamiento radical de la austeridad en la periferia.

 

–Por el momento, de lo que se habla es de una reducción de las tasas de interés este jueves. ¿Eso serviría como un estímulo para el consumo?

 

–No creo que tenga un gran impacto. El tema es por qué el llamado mecanismo de transmisión del dinero está quebrado. La razón por la que el crédito es caro en España o Italia para el consumo individual o empresario es porque los bancos son muy débiles. Para solucionar eso necesitan quebrar el vínculo entre los bancos y el Estado. Los inversores son reticentes a prestarles a los gobiernos por el temor que tienen a la debilidad del sector bancario y a la necesidad de que el Estado tenga que rescatarlo. Y a su vez hay desconfianza en el sector bancario porque tiene mucha deuda del gobierno en sus balances. Esto se logra con un BCE que actúe como prestamista de última instancia y algún mecanismo de federalización del sistema bancario.

 

–¿Es posible tener un plan de inversión a nivel de la Comisión Europea para estimular el crecimiento en España, Italia, Grecia y Portugal?

 

–Las sumas que se necesitarían son gigantescas. Una inversión así podría mejorar un poco las cosas. Pero si uno piensa en España, no necesita más infraestructura. Italia o –fuera de la Eurozona– el Reino Unido sí necesitarían inversión en infraestructura que, en ambos casos, necesita urgente modernización. Lo que un país como España necesita es resolver su crisis bancaria, relajar la política de austeridad y que haya una demanda más fuerte de otros países europeos para salir de su crisis.

 

–El gran obstáculo para la adopción de un plan B es Alemania, pero por el momento, hasta las elecciones de septiembre, no hay ninguna posibilidad de cambio. Incluso si en las elecciones gana la oposición, que está ahora criticando más la austeridad, un cambio de política tomará tiempo en efectivizarse. ¿Tiene la Eurozona tanto margen político, económico y social para esperar un cambio?

 

–Me ha sorprendido mucho el grado de tolerancia que ha habido con la austeridad. La gente ha aguantado mucho más de lo que la mayoría de los observadores pensaban. Pero no se puede apostar a esto indefinidamente. Si uno mira a la creciente impopularidad de la Unión Europea y la frustración de la gente, creo que es una estrategia insostenible. Me sorprende que Francia, Italia y España no hayan coordinado más una posición común. Es posible que no hayan querido poner a Alemania contra la pared. Pero no descarto que lo hagan. Alemania misma va a tener que aceptar que esta estrategia no está funcionando. El problema es que, más allá de quién gane la elección en septiembre, el electorado alemán pondrá límites a un cambio de estrategia. En Alemania no hay mucha aceptación de la necesidad de federalización real de la Eurozona para que funcione. Sólo si la crisis llega a un punto límite y se fuerza un debate abierto en Alemania, podrá haber un cambio de estrategia.

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Lunes, 06 Mayo 2013 05:54

El divorcio con la izquierda

El divorcio con la izquierda

Hace un año, la Plaza de la Bastilla se había llenado de decenas de miles de personas que festejaron hasta que salió el sol la victoria presidencial del candidato socialista François Hollande, luego de derrotar al presidente saliente Nicolas Sarkozy. Un año más tarde, la Plaza de la Bastilla se volvió a llenar, pero esta vez con miles de personas que llevaban escobas, escobillones y cepillos en la mano para “barrer” el sistema actual. Convocada por el Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, la manifestación marcó el divorcio oficial entre la izquierda de gobierno y la izquierda de la izquierda que, como lo proclamaba una banderola desplegada por un manifestante al pie de la Bastilla, protesta porque “Hollande agrava la fractura social”. Mélenchon es hoy un duro adversario de la política de los socialistas, más incluso que la misma derecha.

 

La manifestación coincide con el aniversario de la victoria socialista, pero tanto entre la izquierda más dura como en los medios más moderados el tiempo pasado ha acumulado decepciones, retrocesos, ambigüedades, incumplimiento de promesas y, sobre todo, una austeridad programática que fue de hecho el lema central de la manifestación: “Contra la austeridad y la finanza”. Ambas se han combinado en Europa en una mezcla difícil de tragar. “Todo nos ha desencantado durante este año: la política, los hombres que la conducen, la idea general que se desprende del mandato de Hollande y, por supuesto, las consecuencias”, dice Marthe, una joven de 27 años, sin trabajo y casi sin domicilio, que hace un año votó por los socialistas con la certeza de un cambio que jamás se plasmó. “Vida inmediata austera, horizonte austero, dirigentes aburridos: estamos en el pantano de la miseria y el aburrimiento”, proclama Jean Claude, otro joven manifestante. A pesar de su aspereza y su –a veces– excesiva teatralidad, para muchos manifestantes Mélenchon es el único que encarna “otra opción política, el cambio”. El cambio es lo que nunca llega. Sea porque Europa o Alemania no lo permiten, la transformación prometida se convirtió en una paciente y repetida pedagogía sobre la necesidad de la austeridad como metodología de salvación y, tal vez, para más tarde, de crecimiento y reparto. “Pero hace mucho tiempo que estamos en eso. Soportamos los años del mandato de Sarkozy con la misma línea general y la seguimos aguantando ahora desde hace un año bajo un gobierno socialdemócrata. Nos han robado el voto de una manera escandalosa”, protesta Pierre, un empleado del correo a punto de jubilarse.

 

La Bastilla reunió a los decepcionados de la izquierda que habían votado por Hollande con cierta antipatía, pero con real esperanza. “Sacarse a Sarkozy de encima era una etapa necesaria, pero nunca pensamos que fuésemos a caer en este absurdo”, dice Amélie, una joven estudiante de Química. El sentimiento común era evidente: para la gran mayoría, más allá de los desencantos y las bromas de los carteles, el principal reproche que se le hace a Hollande consiste en que el dirigente socialista encarna un proyecto de sociedad que nada tiene que ver ni con lo que prometió ni con lo que, según el Frente de Izquierda, se imponía como política luego de tres presidencias conservadoras consecutivas. “La cuarta la ganó la izquierda y en vez de ser la del cambio, sobre todo después de la crisis, acabó siendo la presidencia del liberalismo disimulado bajo las sábanas de las buenas maneras. Seguimos en lo mismo: desempleo, despidos masivos, cierre de plantas y empresas, beneficios profundos como el abismo en que está la sociedad para las finanzas y los especuladores”, explicaban con rabia Eléonore y su marido, dos funcionarios de la educación nacional.

 

Otro miembro del cortejo gritaba medio solo entre la multitud: “Hollande ganó con las palabras, pero, ¿dónde han ido los actos que debían acompañarlos? Se quedaron en las cajas fuertes de los bancos...”. En ese contexto, Mélenchon se lleva todos los aplausos cuando dice ante los manifestantes: “No queremos que la finanza esté en el poder, no aceptamos la austeridad que lleva a nuestro pueblo, como a todos los pueblos de Europa, a un sufrimiento sin fin”. Los socialistas le responden a Mélenchon que si este primer año resultó difícil fue porque hubo que efectuar las correcciones necesarias, y que luego vendrá la hora de los frutos. Pero entre la gente de la izquierda más creativa y contestataria ya nadie les cree. “Ellos –dice Eléonore– no ganaron para corregir sino para cambiar: en suma, nos engañaron para quedarse con el poder y seguir con la misma política.” El Frente de Izquierda no variará su política. Al contrario: piensa acrecentar la presión sobre el gobierno para arrancarle, al menos circunstancialmente, alguna concesión social en un momento en que el gobierno se apresta a golpear la jubilación, el código de trabajo y los subsidios sociales.

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Domingo, 05 Mayo 2013 06:11

Fuerte rechazo al ajuste en Portugal

Fuerte rechazo al ajuste en Portugal

El gobierno conservador de Portugal obtuvo ayer un cerrado rechazo de la oposición y los sindicatos al plan de austeridad anunciado el viernes al país, que nadie está dispuesto a consensuar, como pidió el primer ministro, Pedro Passos Coelho. Las grandes centrales y los partidos de izquierda, entre ellos el socialista (PS), que encabeza las encuestas sobre intención de voto, acusaron al Ejecutivo de insistir en una “receta” que ha sumido al país en una espiral de recesión y desempleo y hará imposible el pago de su deuda, que supone ya un 125 por ciento del PIB.

 

Pero Passos Coelho defendió ayer que sus medidas de austeridad, para ahorrar 4800 millones de euros en tres años con reducción de pensiones y de 30.000 funcionarios, jornada laboral más larga en la administración y un año más en la edad de jubilación, hasta los 66, son necesarias para que Portugal pueda permanecer en la Zona Euro.

 

El líder conservador recordó al PS la responsabilidad que tienen los partidos que pueden gobernar Portugal de cumplir los compromisos del país, sujeto al rescate financiero de 78.000 millones de euros que pidió hace dos años, poco antes de que los socialistas perdieran el poder en elecciones anticipadas. “O estamos y cumplimos o no estamos”, subrayó Passos Coelho en referencia a la permanencia de Portugal en la moneda común europea, y al advertir de que el coste social y económico de abandonarla “sería inmenso”.

 

Pero el PS, al igual que los sindicatos y las fuerzas marxistas del Parlamento, se apresuró a rechazar las medidas y la invitación al diálogo con el argumento de que son “más de lo mismo”, recaen sobre trabajadores y pensionistas y no combaten la recesión y el desempleo, que se ha duplicado en tres años, hasta el 18 por ciento. El mayor sindicato luso, la Confederación General de Trabajadores de Portugal (CGTP, comunista), con unos 700.000 afiliados, calificó las nuevas medidas de “brutales” y anunció protestas y movilizaciones este mismo mes.

 

También la más moderada Unión General de Trabajadores (UGT, socialista), con cerca de medio millón de seguidores, expresó su rechazo a negociar el nuevo e “inaceptable” paquete de austeridad. El marxista Bloque de Izquierda (BI) exigió, como los socialistas, la dimisión del gobierno, y sostuvo que Portugal no podrá pagar una deuda tan alta con medidas de austeridad que dificultan el crecimiento, la productividad y el consumo. En los próximos ocho años hay que pagar 125.000 millones de euros, “¿de dónde va a salir ese dinero?”, se preguntó João Semedo, coordinador del BI. Además, consideró las nuevas medidas una burla a la sentencia del Tribunal Constitucional, que el 5 de abril anuló otros recortes similares por valor de 1300 millón de euros.

 

El Sindicato de los Cuadros Técnicos del Estado (STE), cuyos afiliados están entre los más afectados por las medidas, se quejó de que el gobierno los “castiga de nuevo” sin tocar los beneficios de concesiones y proyectos públicos con grandes empresas privadas. Según el STE, los funcionarios, más de 600.000 en un país de 10,5 millones de habitantes, sufrirán en total recortes por cinco mil millones de euros, cerca de la mitad de todos los ahorros del sector público, desde que Passos Coelho llego al poder, hace dos años, y hasta que concluya su plan de austeridad, en 2017.

 

La función pública verá aumentar de 35 a 40 horas semanales el horario de trabajo, perderá complementos salariales y pasará por nuevos sistemas de selección y cualificación profesional para ahorrar costes. También los militares lanzaron duras críticas al Ejecutivo por el aumento de su edad de jubilación a 58 años, y un portavoz de la principal asociación de oficiales lamentó que se vaya hacia unas Fuerzas Armadas llenas de ancianos. La Federación de los Sindicatos de Transportes pidió audiencia urgente al premier para que aclare cómo van a trabajar los conductores profesionales hasta los 66 años, tras la decisión de ampliar un año la edad de jubilación, si sus permisos de conducción se extinguen a los 65.

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Las tres velocidades de la crisis y su bifurcación

Para la segunda mitad de 2012 el ritmo de la economía mundial mostraba dos velocidades: de un lado, Estados Unidos y Europa con crecimiento económico cercano a cero debatiéndose entre el 'precipicio fiscal' y el 'riesgo soberano'; de otro lado, las economías emergentes, con tasas de crecimiento positivas –en vías de desaceleración- si bien con riesgos crecientes efecto de la apreciación cambiaria ligada al flujo de capitales de corto plazo y la disminución de la actividad económica de los países avanzados.

 

Sin embargo, de acuerdo al informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Perspectivas(1) de abril de 2013, la crisis se regionaliza y pasa de dos, a tres velocidades: 1) recesión en Europa, 2) repunte con volatilidad en las economías emergentes y 3) débil recuperación en Estados Unidos.

 

La 'fatiga del ajuste' se ha puesto de manifiesto en Europa con crisis política (Italia), incertidumbre financiera (Chipre se suma a la ecuación), tasas de paro en niveles históricos y depresión del mercado intrarregional. La actividad económica se contraerá 0.25% -incluyendo Alemania- en lugar de expandirse 0.25% como había registrado el Fondo en octubre de 2012. El propio José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, reconoce que la austeridad 'alcanzó su límite' en línea con el descrédito de trabajos 'científicos' como Crecimiento en tiempos del endeudamiento de Reinhart y Rogoff, donde el endeudamiento público es concebido como el peor de los males posibles.

 

Estados Unidos por su parte, pareciera 'despegarse' de la tendencia seguida por Europa: datos favorables en el mercado de trabajo colocan la tasa de desempleo por debajo de 8%, recuperación del crédito bancario, repunte del mercado inmobiliario y mayor solidez de los balances 'fortalecen' la recuperación. No obstante, el FMI niega obtusamente la gestación de burbujas financieras en Wall Street –cuyos principales índices, Nasdaq, Dow Jones y S&P han alcanzado sus niveles previos a la crisis sin recuperación en el consumo y el empleo– si bien reconoce 'señales de ingeniería financiera' inusuales en los últimos meses mediante la recompra de acciones con fondos captados por la vía de la emisión de títulos de deuda. En contraposición, el Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial(2) resalta que los ejercicios de flexibilización cuantitativa emprendidos por la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón aumentan la avidez de los inversionistas por activos financieros más riesgosos e incrementan el riesgo de liquidez en las economías emergentes.

 

Para Asia se prevé un repunte del crecimiento para 2013 de 5.7% producto de un mayor dinamismo en la demanda interna y alguna recuperación de la demanda externa en tanto el reciente reajuste cambiario del yen frente al resto de las monedas de la región podría desatar una guerra de divisas. La política monetaria nipona se encuentra en dilema: de un lado continuar con la inyección de liquidez para generar inflación en un contexto deflacionario; de otro el riesgo de cesación de pago de la deuda cuando la tasa de interés suba efecto del aumento de la inflación en el marco de una deuda total de 245% del PIB que absorbe el 40% del presupuesto nacional(3).

 

En cuanto a América Latina (AL), si bien las perspectivas de crecimiento económico aumentan para 2013 a 3.25%, de 3% en 2012, la vulnerabilidad frente a los flujos de capitales transfronterizos permanece intacta. De ahí que Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, considere(4) necesario el fortalecimiento de la integración financiera regional por dos vías: 1) implementando mecanismos de financiamiento contracíclicos de apoyo a la balanza de pagos y 2) aumentando la canalización de recursos para el financiamiento del desarrollo productivo.

 

El Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) incluye únicamente a siete –Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela– de las treinta y tres economías de la región. El reto está en ampliar este Fondo en términos tanto de volumen como de membresía. Bárcena considera que el FLAR, debería sumar 15,000 millones de dólares (mdd), actualmente es de 2,344 mdd. Nuestra apreciación es que el FLAR debería de poder contener estampidas cambiarias simultáneas de la región, exceptuando a Brasil y México y que esto requiere entre 50,000 y 100,000 mdd que podrían ser financiados mediante un ITF a los flujos de capital de corto plazo que actualmente suman 900,000 mdd anuales según el FMI. De acuerdo con Ocampo(5), con contribuciones de Brasil equivalentes al doble de los países con mayores aportes en la actualidad, el Fondo Regional alcanzaría una capacidad de crédito de 21,000 mdd, suficientes para cubrir 82% de las deudas de corto plazo. No obstante, subestima las deudas de corto plazo porque no toma en cuenta los flujos de las bolsas de valores en los países donde se emite deuda en moneda nacional comprada por extranjeros. La base de datos del FMI muestra esto claramente. Lo más significativo es el flujo de capital chileno en la bolsa de Sao Paulo y los flujos de paraísos fiscales en Sao Paulo, Lima, Bogotá y Caracas.

 

En suma, la leve recuperación estadounidense podría tener un impacto sobre las tasas de interés de ellos con los efectos laterales sobre los flujos de capital de corto plazo, que para algunos podría ser tan pronto como mediados del año en curso (LEAP/E2020, ídem) mientras Europa se entierra en una depresión económica y Japón intenta inyectarle inflación a su deflación para recuperar crecimiento del consumo y las exportaciones con un mejor tipo de cambio. Para AL los caminos a seguir se bifurcan: 1) fortalecer el proceso de integración financiera regional para reducir el posible impacto de la crisis y aumentar el mercado intrarregional de la mano de un proceso de desarrollo productivo incluyente o bien, 2) permanecer en la inercia esperando que el huracán pase de largo. La moneda está en el aire y mientras, la crisis sigue su curso.

 

- Oscar Ugarteche es Economista peruano. Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org

Ariel Noyola Rodríguez es Miembro del proyecto OBELA, IIEC-UNAM. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Notas:

 

(1) Fondo Monetario Internacional. World Economic Outlook. Fecha de publicación: Abril (2013).

(2) Fondo Monetario Internacional. Global Financial Stability Report. Old risks, new challenges. Fecha de publicación: Abril (2013).

(3) LEAP/E2020. "Crisis sistémica global. Es declarada la guerra entre el ámbito económico-político y el financiero bancario" en GEAB No. 74. Fecha de publicación: 16-04-2013.

(4) Bárcena, Alicia. "América Latina necesita integración financiera regional frente a la volatilidad" en Infolatam. Fecha de publicación: 25-04-2013.

(5) Ocampo, José Antonio. La arquitectura financiera mundial y regional a la luz de la crisis. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Serie Macroeconomía del Desarrollo No. 131. Fecha de publicación: Marzo (2013).

 

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El 'austericidio' ya afecta a todos: Europa se contraerá un 0,4% en 2013

La recesión va a ir a peor en Europa, según las previsiones económicas de primavera publicadas este viernes por la Comisión Europea. La economía de la eurozona se contraerá un 0,4% este año —en lugar del 0,3% anteriormente previsto—, mientras que el conjunto de la UE caerá un 0,1% —frente al crecimiento del 0,1% que se calculaba en febrero—, debido al alto paro y al desendeudamiento de empresas y hogares tras la crisis financiera, .


La recesión va a afectar a todos los Estados de la UE menos Alemania, aunque en su caso también ve rebajados sus cálculos de crecimiento.  El Ejecutivo comunitario empeora también sus pronósticos para los grandes Estados miembros de la eurozona. Así, la economía alemana apenas crecerá un 0,4% —frente al 0,5% previsto en febrero—, mientras que Francia retrocederá un 0,1% —en lugar de crecer un 0,1%— e Italia se contraerá un 1,3% —en lugar del 1%—.

 

Entre los países rescatados el hundimiento será mayor: la economía chipriota se desplomará un 8,7% este año, Grecia caerá un 4,2% y Portugal un 2,3%. Irlanda es la única que se recupera con un crecimiento del 1,1%. La Comisión avisa de que persisten los "riesgos a la baja" a este escenario, en particular porque "los altos niveles de paro en algunos Estados miembros podrían afectar a la cohesión social y convertirse en permanentes si no se llevan a cabo más reformas".

 

El Ejecutivo comunitario resalta además que "la aplicación eficaz de las medidas de ajuste y políticas para reforzar la arquitectura de la unión económica y monetaria sigue siendo crucial para evitar que vuelva el estrés en los mercados financieros".

 


En el caso de España, la Comisión sigue sin creerse del todo las previsiones económicas del Gobierno de Mariano Rajoy. Corrigió este viernes las previsiones económicas que el Gobierno de Mariano Rajoy presentó hace sólo una semana y pronosticó una contracción del 1,5% para este año —en lugar del 1,3% que anticipó la semana pasada el ministro de Economía, Luis de Guindos— y una tasa de paro que se situará de media en el 27% de la población activa.

 

 En estas circunstancias, la Comisión prevé que España incumpla incluso los nuevos objetivos de déficit propuestos por el Gobierno tras retrasar dos años, hasta 2016, la meta del 3%. Sin medidas adicionales, el déficit alcanzará en 2013 el 6,5% (en lugar del 6,3% que espera Guindos) y volverá a subir el año que viene al 7% (en lugar del 5,5%).

 

En este sentido el vicepresidente de la Comisión Europea (CE) y responsable de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, confirmó que España tendrá dos años más para rebajar su déficit por debajo del 3 % del PIB. "A la vista de las previsiones económicas adversas y gracias a la estrategia fiscal de medio plazo creíble, hemos aconsejado al Gobierno español ampliar en dos años [de 2014 a 2016] el horizonte para corregir el déficit excesivo", señaló.

 


Bruselas retrasa además el inicio de la recuperación al primer trimestre de 2014. En los próximos seis meses la economía española seguirá cayendo (-0,2% en el segundo trimestre, -0,1% en el tercer trimestre), y sólo se estabilizará a finales de año, según las previsiones de la Comisión.

 

 En el conjunto de 2014, España crecerá en 2014 un 0,9% —en lugar del 0,7% previsto por el Gobierno—, aunque el Ejecutivo comunitario avisa de que este cálculo no tiene en cuenta el impacto contractivo de las medidas de ajuste adicionales que deberán tomarse para cumplir el nuevo objetivo de déficit. El paro apenas bajará y se situará en el 26,4%, la tasa más alta de la UE. Es decir, es probable que ese 0,9% no se cumpla.

 

"La mayor sensibilidad de los salarios a las condiciones del mercado laboral, uno de los objetivos clave de la reforma laboral de 2012, debería contribuir a moderar la caída del empleo", considera la Comisión.

 

 El nivel de deuda aumentará del 84,2% en 2012 al 91,3% este año y al 96,8% en 2014 debido a "los grandes déficits públicos, el bajo crecimiento nominal del PIB y los costes de la recapitalización bancaria".

 

 El dato más positivo de las previsiones de Bruselas es el de la inflación, que se situará de media este año en el 1,5% y el que viene en el 0,8%.

 

 España es el quinto país de la UE que registrará una mayor caída del PIB este año, sólo superada por Chipre (-8,7%), Grecia (-4,2%), Portugal (-2,3%) y Eslovenia (-2%). La eurozona en su conjunto se contraerá un 0,4%, mientras que en el conjunto de la UE el retroceso será del 0,1%.


Condiciones

 

 Bruselas espera que la demanda doméstica en España se contraiga este año "a un ritmo más rápido" como consecuencia "del desendeudamiento de los hogares, el elevado paro y la caída de la renta disponible". También caerá la inversión privada debido a "las débiles perspectivas de demanda, el ajuste de los balances empresariales y las dificultades de acceso al crédito, especialmente para las pymes". El sector de la construcción seguirá contrayéndose.

 

 En contraste, las exportaciones mantendrán su impulso gracias a la mejora de la competitividad en materia de costes y la diversificación geográfica. "Como resultado, en 2013 España tendrá superávit por cuenta corriente por primera vez desde 1997", dice Bruselas.

 

 "Las condiciones financieras seguirán siendo probablemente un lastre para el crecimiento económico en el futuro próximo. La necesaria reestructuración del sector bancario y las débiles perspectivas de crecimiento implicarán que las condiciones de crédito sigan siendo restrictivas para otros sectores domésticos a corto plazo, limitando el consumo privado y las decisiones de inversión", avisa el informe.

 

03/05/2013 11:04 Actualizado: 03/05/2013 12:20

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Miércoles, 01 Mayo 2013 06:51

Huelga General en Grecia

Huelga General en Grecia

En Grecia no paran los suicidios por la crisisGrecia vive hoy su segunda huelga general del año en protesta por los recortes del Gobierno, en un llamamiento convocado por los principales sindicatos aprovechando que la festividad del Día del Trabajo ha sido trasladada a la próxima semana por coincidir con la Pascua ortodoxa.

 

Para las 11.00 hora local (08.00 GMT) esta prevista una manifestación en el centro de Atenas, en la plaza de Klathmonos, convocada por los dos sindicatos mayoritarios, el ADEY del sector público y el GSEE, del privado.

 

Los transportes públicos están desarrollando numerosos paros, aunque no se vive una parálisis total en el tráfico, ya que los autobuses han decidido funcionar entre las 09.00 y las 21.00 horas locales (06.00 a 18.00 GMT), y sumarse a la huelga tan solo en el turno nocturno.

 

De esta forma, el sindicato quiere facilitar la participación masiva en las manifestaciones de protesta.

 

El metro, el tren suburbano y los trolebuses, en cambio, han acordado hacer el paro a la inversa, y permanecerán en las cocheras hasta las 21.00 horas locales.

 

Los hospitales únicamente ofrecen desde esta mañana servicios mínimos y las farmacias están cerradas en Atenas, pero no en El Pireo, donde abren con normalidad.

 

Todo el transporte marítimo está paralizado desde la medianoche y los barcos seguirán amarrados a puerto hasta transcurridas las veinticuatro horas de la huelga.

 

En el tráfico aéreo, en cambio, todo funciona con normalidad, y según indico a Efe una portavoz del aeropuerto de Atenas, el transporte aéreo no se ha adherido a la huelga.

 

La huelga tiene lugar tan solo tres días después de que el Parlamento aprobara las nuevas medidas de recorte acordadas entre el Gobierno tripartido dirigido por el conservador Andonis Samarás, y la troika formada por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

 

Este nuevo plan de ajuste, que ha sido requisito para obtener el próximo tramo del rescate financiero, contempla, entre otras medidas, el despido de 14.000 empleados públicos hasta finales de 2014.

 

Además, incluye una nueva reducción del salario mínimo y de los 580 euros mensuales actuales pasa a 490 euros para los mayores de 25 años y a 427 euros para los menores de esa edad.

 

1 mayo 2013

 

(Con información de El País)

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Estados Unidos, deuda y declive de su poder mundial

Todo el mundo habla de la deuda y la debilidad económica de Grecia, Portugal, España, y ahora también Hungría, como causa de fondo de la inestabilidad que recorre los mercados y de las amenazas a la recuperación económica y la salida a la crisis. ¿Es pensable, sin embargo, que media docena de países periféricos, subordinados y dependientes hayan pasado a convertirse hoy en el centro de la economía mundial?


Para contestar a esta pregunta, hay que remontarse atrás en el tiempo. Desde 1980, con la llegada de Reagan a la Casa Blanca, la economía norteamericana dio un giro de 180 grados, convirtiéndose de uno de los principales acreedores del mundo, en el mayor deudor del planeta.
Aunque este fenómeno ha podido ser relativamente enmascarado durante tres décadas por el éxito en la Guerra Fría y su transformación en la única superpotencia realmente existente, el estallido de la crisis financiera ha sacado a la luz esta realidad oculta: la deuda de la economía norteamericana constituye un termómetro que refleja con precisión fidedigna los cambios en la distribución del poder económico mundial y las nuevas tendencias de fondo que marcan el ocaso imperial yanqui y el ascenso de las potencias emergentes.


La madre de todas las deudas


Se ha dicho que la economía norteamericana es en la actualidad un caballo desbocado, galopando sin freno a la búsqueda de los ingentes recursos de capital que necesita para financiar la inmensa montaña de deuda sobre la que se asienta su hegemonía político-militar. Bastarán unos pocos datos para corroborar esta afirmación.


La deuda de la economía norteamericana asciende a un total de 55,7 billones de dólares. Por comparación, la deuda total española no llega a los 4 billones de dólares.


Al gobierno federal y los gobiernos estatales y locales les corresponde un 23,4% de esa deuda, algo más de 13 billones de dólares. Lo que a su vez significa que la deuda pública norteamericana, en relación a su PIB, es del 90,4%, muy por encima del 55% que supone la deuda pública española en relación a nuestro PIB.


¿Puede alguien en su sano juicio pensar de verdad que los poco más de 750 mil millones de dólares de deuda pública española son una grave amenaza, mientras que los más de 13 billones de deuda yanqui no suponen ningún problema? ¿Quieren hacernos creer que la deuda pública de España desequilibra la economía mundial, pero que la deuda de 18 Españas juntas no?


Por otra parte, se ha convertido casi en un tópico, sobre todo en sectores de izquierdas, considerar que en la base del gigantesco endeudamiento USA está el desaforado consumismo de las familias medias norteamericanas. Nada más alejado de la realidad, pues el endeudamiento de los hogares en hipotecas, créditos al consumo o tarjetas de crédito no llega a ser el 30% del total de la deuda. El resto, es decir, el 47% corresponde a los préstamos solicitados por la banca y las grandes corporaciones monopolistas en los mercados de capitales, endeudamiento con el que hicieron el negocio del siglo levantando una gigantesca burbuja inmobiliaria en el interior del país y una no menos gigantesca estafa a escala mundial con los productos financieros derivados del mercado inmobiliario.


En la base de este enorme endeudamiento, que es el origen de todos los desequilibrios de la economía mundial, se encuentran dos factores entrelazados.


En primer lugar, la necesidad de la oligarquía financiera yanqui de parasitar al resto del mundo a fin de seguir apropiándose de una cuota de la plusvalía mundial que ya no se corresponde a su peso real en la economía mundial. La sofisticada ingeniería financiera ideada por Wall Street estas últimas décadas, la desregulación de los mercados de capitales a escala global o el mantenimiento del dólar como núcleo del sistema monetario internacional y moneda de reserva mundial son otros tantos mecanismos de los que dispone el capital monopolista norteamericano para mantener la apropiación de la mayor parte de la plusvalía mundial, aunque sea a costa de precipitarse en un abismal déficit comercial y en unos niveles insondables de deuda.


El segundo factor es el coste del gigantesco aparato político-militar que exige el mantenimiento de su hegemonía mundial. Para hacernos una idea de lo que esto significa, sólo los gastos del Departamento de Defensa en 2009 consumieron en EEUU tantos recursos como la Seguridad Social en su conjunto. Si un país como España mantuviera esa misma relación de proporcionalidad entre uno y otro gasto, tendríamos que multiplicar los gastos en defensa... ¡por más de 15 veces! De hacerlo, en un sólo año el ejército español podría disponer de 25 portaaviones de última generación.


La acumulación, año tras año, de esta gigantesca deuda pública, bancaria y corporativa es la que está en el origen de todos los desequilibrios de la economía mundial que han estallado con la crisis de las hipotecas subprime.


Cambios en los flujos mundiales de capital


Antes del estallido de la crisis, los bancos facilitaban la salida de flujos internacionales de capital desde las regiones excedentarias, cuyos cuatro grandes pivotes están situados en Japón, la zona euro, los centros financieros asiáticos y los países exportadores de petróleo. El sistema bancario mundial –hegemonizado por Wall Street y la City londinense– canalizaba los fondos desde estas regiones a través de oficinas en el Reino Unido y los centros financieros del Caribe para transferirlos en última instancia a prestatarios de Estados Unidos.


Los altos retornos, en forma de dividendos o de intereses, que durante este tiempo estuvo proporcionando la burbuja inmobiliaria y el mercado de derivados financieros norteamericanos facilitaba este flujo de capitales desde todas las regiones productoras (y ahorradoras) hacia la economía norteamericana.


Sin embargo, a partir del estallido de la crisis se ha invertido la dirección de los flujos de capitales entre varias de las principales economías del mundo. El mayor cambio ha sido el rápido aumento de los reflujos netos desde EEUU hacia el Reino Unido, como resultado de una menor concesión de préstamos y de reducciones del valor contable de las posiciones frente a residentes en Estados Unidos por parte de las oficinas londinenses de los principales bancos con sede en Europa.


Pero no sólo Europa ha invertido el flujo de sus capitales. El pasado mes de diciembre, el Banco Central de China cogía a todo el planeta financiero por sorpresa al anunciar que ya no era el mayor tenedor de bonos del Tesoro USA, como resultado de haber puesto discretamente a la venta en el mercado mundial un paquete superior a los 36.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, los países productores de petróleo, poseedores también de grandes reservas de divisas, tras los catastróficos resultados de su inversión en la banca anglosajona los meses inmediatamente anteriores a la caída de Lehmann Brothers, han puesto en marcha un proceso de retirada de fondos y repatriación de capitales.
Sólo Japón ha mantenido de forma regular y constante su transferencia de ahorros hacia EEUU. Algo totalmente insuficiente para la voracidad recaudatoria de la economía USA.


Pero que esos capitales “huyan” actualmente de la economía norteamericana, no quiere decir, en absoluto, que permanezcan quietos. Simultáneamente a su retirada de los grandes mercados financieros de Occidente, se está produciendo un movimiento masivo en los flujos de capitales con destino a las economías emergentes, donde está concentrado el crecimiento de la economía mundial y las ganancias producidas por esa inversión son incomparablemente más altas y seguras que las que hoy proporciona el deteriorado mercado de EEUU.
Hasta el punto de que países como China o Brasil se han visto obligados, a fin de evitar un “recalentamiento” de su economía o la creación de burbujas financieras en torno al mercado de la vivienda o al bursátil, a dictar medidas de contención, poniendo nuevos impuestos para su entrada o bien simplemente limitándola.


Es importante partir de este movimiento pendular de los flujos de capitales para comprender la urgencia de Washington en “poner orden” en la zona euro.


Las sacudidas sísmicas que vive Europa desde principios de año, no están sólo dictadas –como desde algunos sectores se nos quiere hacer creer– por la intransigencia de la banca alemana para proteger sus inversiones y préstamos en el sur de Europa, sino también por las necesidades norteamericanas –gestionadas a través del FMI– de transferir rentas desde las economías más débiles y dependientes de su órbita de dominio y obtener para sí una mayor parte del mercado mundial de captación de capitales, expulsándolas de ellos.


Liderazgo dubitativo y frentes que se abren


Si hubiera que resumir en una sola idea la naturaleza de la profunda crisis que atraviesa el mundo capitalista occidental, ésta sería la siguiente: el endeudamiento de la economía norteamericana es insostenible por más tiempo en las actuales condiciones geoestratégicas y de distribución del poder económico mundial.


La abismal separación que existe –y que cada día se profundiza más– entre la base económica real de EEUU y su supremacía política y militar ha podido ser mantenida durante los últimos 30 años gracias al endeudamiento. Pero éste ya no da más de sí.


En el capitalismo, el sistema crediticio es por naturaleza elástico, la velocidad de circulación de los capitales a través del crédito proporcionado por el sistema bancario permite acelerar y expandir el proceso de revalorización y acumulación de capital. Pero Wall Street ha llevado está elasticidad mucho más allá de cualquier límite razonable, precipitando así la crisis.


Esta situación de deterioro acelerado tiene, a su vez, efectos en la política mundial y en la correlación de fuerzas entre los distintos jugadores activos.


En la base del dubitativo liderazgo que Obama ha mostrado hasta ahora en la escena internacional está precisamente esta cada vez más insostenible contradicción. 
  
Los bandazos en las relaciones con China, que inició Obama con la propuesta de un G-2, a la que le siguieron unos meses de duros enfrentamientos con los motines de Xinjiang, la venta de armas a Taiwán, el incidente político con Google patrocinado por el departamento de Estado o la reunión con el Dalai Lama, para a continuación volver otra vez mansamente a la mesa de diálogo estratégico. Acontecimientos como los ocurridos en la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático, donde China, India, Brasil y Sudáfrica negociaron las resoluciones al margen de EEUU. La incapacidad para someter a Irán y limitar su programa nuclear. O el más reciente ataque israelí contra la flotilla de Free Gaza, poniendo de relieve tanto la capacidad de “insumisión” de Tel Aviv frente a Washington, como la acelerada emergencia de Turquía como potencia regional en Oriente Medio. 


Todos ellos superan con mucho la categoría de anécdota  al mostrar a un Obama que va a remolque de los acontecimientos, en lugar de preverlos y conducirlos, la lógica que se correspondería a su condición de superpotencia. Como decía hace poco un reputado columnista del Washington Post, David Ignatius, es un axioma de la política internacional que “si no estás en la mesa es que estás en el menú”.
Su creciente debilidad multiplicada por la crisis hace que EEUU no pueda estar en todas “las mesas” del planeta. Y en cada una de ellas que no está, o que llega tarde, forma parte “del menú”. Es decir, le dan bocados a una hegemonía que en otro tiempo fue omnímoda.

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Martes, 30 Abril 2013 06:58

París no es una fiesta para Merkel

París no es una fiesta para Merkel

El modelo de una amistad donde uno de los integrantes, en este caso Alemania, domina como un amo los contenidos de la relación ha encendido un conflicto de fuertes acentos entre la derecha francoalemana y el Partido Socialista francés. Hace unos días, en un documento de 21 páginas emitido por la dirección del Partido Socialista, el PS interpelaba al presidente François Hollande para que, abiertamente, enfrentara a la canciller alemana Angela Merkel y a la misma derecha alemana a fin de cambiar la aplanadora de austeridad que impera en Europa bajo la batuta de Berlín. El texto contenía términos poco usuales dentro de la relación estratégica entre los dos países. El PS francés recriminó a Merkel su “intransigencia egoísta” y estimó que el “proyecto europeo está herido” debido a la “alianza de circunstancia” entre Merkel y el primer ministro británico, David Cameron. De inmediato, la dividida derecha francesa hizo causa común contra el Ejecutivo socialista y salió en defensa de la canciller alemana, a la cual, sin embargo, tanto conservadores, socialistas europeos y economistas de renombre acusan de tener una responsabilidad aplastante en la situación de recesión, crisis de la deuda y políticas de rigor por las que atraviesa Europa.

 

Al concierto de la mediocre derecha francesa –pocas veces ha sido tan pobre en ideas y líderes– se le sumó la respuesta del propio campo de Merkel, quien impugnó abiertamente a Francia y abrió con ello un frente antagónico que rompió el sano consenso de las relaciones. Hasta ahora, el presidente socialista François Hollande se había limitado a evocar la “tensión amistosa” que existía entre París y Berlín. El Partido Socialista rompió el consenso público que imperaba en el seno de la socialdemocracia europea y los lobos liberales no tardaron en aullar sus letanías. El Ejecutivo alemán suavizó la controversia y habló del excelente “trabajo mutuo” de Merkel y Hollande. El portavoz de Merkel, Steffen Seibert, dijo que sólo importaba el trabajo “de los gobiernos, no el de los partidos”. La formación de la canciller, CDU, en cambio, fue mucho más lejos. El diputado Andreas Schockenhof habló de “expresiones improcedentes” y dijo que “el de izquierda no puede desviar la atención del hecho de que Francia necesita reformas estructurales profundas”. Schockenhof señaló que el texto del PS francés no hacía más que “mostrar la desesperanza en la cual se encuentran los socialistas franceses. Incluso un año después de su llegada al poder (el próximo seis de mayo) no encuentran ninguna respuesta convincente a los problemas financieros y económicos de su país”. La derecha francesa le agregó su manto de hipocresía a la polémica. En un comunicado conjunto firmado por los dos hermanos enemigos de la derechista UMP, su actual presidente provisorio Jean-François Copé y su contrincante, el ex primer ministro François Fillon, ambos denuncian la “responsabilidad personal” de Hollande en la degradación “constante de la relación francoalemana”. A su vez, estos dos líderes políticos que hipotecaron su credibilidad durante la batalla indecente que protagonizaron por el control de la UMP denunciaron el “clima germanófobo que gana al PS y a su aliado de la extrema izquierda”, en este caso Jean-Luc Mélenchon. La derecha francesa se ha vuelto una calamidad. No tiene ideas, ni proyectos y sólo existe por la xenofobia, el conservadurismo rancio y la pesca constante de los errores de sus adversarios.

 

En realidad, los socialistas no hicieron más que llenar con palabras audibles los espacios en los cuales todo el mundo se expresa de la misma manera pero en silencio. El consenso hace que cualquier crítica abierta al liberalismo alemán se convierta en un insulto o en una falta histórica cuando, de hecho, desde hace dos años no hay líder político que no haga la misma reflexión, aunque con otras palabras. Pero el aparato bancario alemán es intocable. La Europa del sur viene clamando a gritos otra política. El recién nombrado presidente del Consejo Italiano, Enrico Letta (ver aparte), fue el último en exponer un vibrante alegato contra las políticas de austeridad impuestas por Alemania y la Comisión Europea. Letta dijo que “con sólo sanear las cuentas Italia se muere. Al cabo de una década sin crecimiento, las políticas de estímulo no pueden esperar más. Ya no hay más tiempo”. Sin embargo, el control de los déficit, el ahorro público a costa de matar al Estado de bienestar del Viejo Continente se imponen a cualquier estímulo público de la economía. La posición del PS deja al descubierto la existencia de una ya encarnada guerra de modelos. Como lo expresó muy bien el jefe de la diplomacia alemana, Guido Westerwelle, “el debate actual sobre el porvenir de Europa no es un conflicto entre Francia y Alemania, sino una discusión necesaria entre escuelas políticas diferentes sobre el camino adecuado para salir de la crisis”. De hecho, Alemania empuja a Francia a ahondar las llamadas “reformas estructurales”, es decir, la reforma del sistema de pensiones, la del mercado de trabajo y la supresión de puestos de trabajo en el servicio público. En una situación de recesión grave y desempleo record, esas medidas serían una sentencia de muerte para el socialismo francés, que en 2014 enfrenta dos elecciones: las europeas y las municipales. Nunca hubo en Francia tantos desempleados como hoy y jamás hasta ahora, luego de apenas un año de mandato, un presidente había llegado a niveles tan bajos de popularidad como Hollande.

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