Lunes, 20 Julio 2020 06:29

Déjà vu

Manifestante afuera de oficinas de la policía que fueron incendiadas el fin de semana en Portland, donde se han agravado las protestas contra el racismo.Foto Ap

Escenas, declaraciones y órdenes recientes provocan traer a la memoria tantas películas, libros de historia, ensayos, testimonios que documentan los peligros y horrores del fin de las libertades y derechos civiles en tantos países a lo largo del último siglo. Muchas se autojustificaron al hablar de la amenaza del "caos", con frecuencia proveniente del "extranjero", y de la urgencia de restaurar "la ley y el orden" en defensa de "la patria". Al tomar el poder, toda señal de disidencia era considerada una "amenaza al pueblo" y "traición". Tropas de asalto y policía secreta secuestraban a los que se atrevían a desobedecer, se exigía la presentación de "papeles de identificación", se elaboraron bancos de datos sobre todo sospechoso, se atacaba a los medios y se construían campos de concentración.

Hoy día, esas escenas se repiten en otro país. Sólo en los últimos días, fuerzas federales en uniforme de camuflaje circulando en camionetas no identificadas de repente aparecen en las calles de una ciudad y secuestran a manifestantes jóvenes; después de horas los dejan salir sin presentar cargos. Las madres de algunos de ellos salen a protestar coreando: "dejen en paz a nuestros hijos"; la fuerzas federales responden con gas lacrimógeno. Esto se repite durante días, a pesar de denuncias de la ilegalidad de tales operaciones. Una líder del partido opositor expresó su alarma: las “tropas de asalto no identificadas, vehículos no marcados, secuestros de manifestantes… estas no son acciones de una república democrática”.

El líder de tal país insiste en que está ordenando estos operativos para "salvar" al país contra fuerzas que promueven la "anarquía" y advierte que no se tolerará el desorden en las ciudades del país.

El régimen en el poder ha acusado que a su oposición política de cometer "traición"; y afirma que existe una amenaza de la "izquierda radical" que busca "destruir a nuestro país" (eso se repite cada día), y declara a todos los medios de comunicación no alineados a él "enemigos del pueblo".

El régimen en el poder presentó una nueva doctrina en la cual declara que los derechos humanos supremos son los de la "propiedad privada" y la "libertad de religión".

El régimen persigue día y noche, y defiende el uso de la violencia contra cualquiera que no sea ciudadano blanco. Aterroriza a comunidades enteras con operativos de agentes armados, helicópteros y asaltos a hogares; hiriendo y matando con impunidad. Incita y aplaude a las agrupaciones armadas de sus simpatizantes mientras otros, que se oponen al líder, son declarados "extranjeros".

El régimen encarcela a familias con hijos menores de edad y amenaza con separarlos a la fuerza (igual que en los campos de concentración nazis).

El líder del régimen, en nombre de la defensa de la democracia, rehúsa comprometerse a respetar la legitimidad del proceso electoral de su país.

Como muchos han adivinado, ese país es Estados Unidos en el año 2020.

Un país donde casi 14 millones de niños no tienen suficiente para comer, donde unos 40 millones están desempleados y millones de familias están por perder sus hogares.

Y es un país cuyo líder declaró en estos últimos días que todas las encuestas que demuestran que está perdiendo "son falsas"; confiesa que no le gusta "perder", y que rechaza todos los hechos que ponen en duda su versión de la realidad. Este líder acaba de repetir este fin de semana de que no está seguro si aceptará o no los resultados de la elección presidencial de noviembre.

En los años 30, James Waterman Wise comentó que el fascismo estadunidense probablemente "llegará envuelto en una bandera estadunidense y alabado como una súplica por la libertad y la preservación de la Constitución", recuerda Sarah Churchwell en el New York Review of Books.

Se repiten las lecciones del pasado, pero ¿se ha aprendido algo? En las calles sigue la resistencia, y aunque ha rescatado la esperanza, y las encuestas pronostican el fin del régimen... si es que respeta las urnas, aún no se sabe si todo esto será suficiente como para rescatar al país ante tanto déjà vu.

(https://www.youtube.com/watch? v=aV4zqixpx4A) (https://www.youtube.com/watch? v=B-c6GphpAeY) (https://www.youtube.com/watch? v=VwcKwGS7OSQ)

Publicado enInternacional
Lunes, 20 Julio 2020 06:20

En clave electoral

En clave electoral

La pandemia no está controlada en ninguna parte. Los rebrotes de contagios previenen la apertura funcional de las actividades económicas. Un paso adelante y dos atrás es la norma.

Es un dilema mayor para todo gobierno. Unos han actuado de modo más efectivo que otros, y no se vislumbra el resultado final de lo que se ha hecho. Es un asunto mayor para las sociedades que responden, igualmente, de modo diferenciado. Todo se ha politizado con creciente confrontación.

Las actitudes respecto del virus tienen consecuencias y no son secreto. Los argumentos de que los muertos no son tantos y que es el precio para reabrir la economía parecen indecentes. Todo puede justificarse mientras sean otros los que enferman y mueren, otros los que se arriesgan atendiendo en los hospitales.

En estas condiciones se hacen previsiones del costo económico de la pandemia: menos producción, más desempleo, menos ingresos de las familias, menos recaudación de impuestos, menos gasto, más fragilidad de los negocios, los bancos, las pensiones, etcétera.

Se especula con las condiciones de una posible recuperación de la actividad económica, pero a decir verdad no se sabe si se llegó al fondo. No puede especificarse qué tipo de recuperación habrá: su composición por sectores productivos y regiones geográficas, la absorción de distintos grupos de la población y su rapidez. Hay mucha fantasía en el ambiente.

Seguramente el impacto de la caída y de la recuperación, cualesquiera que sean sus magnitudes y cuando sea que ocurran, será muy desigual. Esto definirá un escenario distinto al que se desprende de los modelos económicos convencionales y más aún del que postulan los discursos de los políticos. No puede eludirse el elemento crucial de la incertidumbre en la previsión de escenarios económicos y sociales; conviene no olvidarlo.

En algunos países los gobiernos intervinieron extensamente para aminorar el fuerte impacto económico de la pandemia sobre la gente que quedó desempleada y los negocios que tuvieron que cerrar, especialmente los de menor tamaño.

Los programas se diseñaron con una duración limitada y, en algunos casos, se añadieron medidas de apoyo ante la falta de condiciones para reabrir la actividad económica de modo firme por los rebrotes del contagio.

En Estados Unidos, me refiero a este caso por la estrecha relación económica que México tiene con ese país, el gobierno federal aprobó a finales de marzo pasado un programa de apoyos por 2 trillones de dólares (billones, según se mide aquí) para hacer pagos directos a personas y gobiernos estatales, además de fondos de rescate para una serie de negocios. El objetivo del Congreso era salvar la economía y luego revivirla del efecto de la crisis.

Esto se sumó a las provisiones anuales de ayudas establecidas en el presupuesto, además de los destinados a los programas de protección social. Con eso se estimaba que el costo de la intervención alcanzaría el orden de los 4 trillones de dólares.

Se enviaron pagos directos de mil 200 dólares al mes a millones de familias cuyos ingresos fueran como máximo de 75 mil dólares anuales y un complemento de 500 dólares por hijo. Se reforzó la ayuda por desempleo con 13 semanas adicionales.

Para los pequeños negocios se aprobó un monto de ayuda de 377 mil millones de dólares y otros 500 mil millones para empresas en problemas por la caída de la demanda. Muchos negocios pequeños han cerrado definitivamente y no abrirán más.

Los cuatro meses de duración de las medidas previstas por la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica por el Coronavirus (Cares Act) significaron que para una parte de la población estos ingresos superaran los que recibían antes de la pandemia y conforme a algunas mediciones la pobreza disminuyó. Parte de esos ingresos deben haber sostenido las remesas a México. Misterios, no hay.

Las provisiones de la Cares Act están por terminar y se estima que para millones de trabajadores eso significará una caída de más de 50 por ciento de sus ingresos actuales. De ser así, habrá que reestimar el impacto de la crisis. El Congreso reconviene esta semana y definirá las condiciones de los apoyos. El desempleo en ese país llegó a su punto máximo en abril con 23 millones de personas y en junio se contaron más de 17.5 millones, un nivel muy alto en términos históricos.

En este escenario no puede eludirse la naturaleza y el efecto esperable de las acciones de apoyo público que se han decidido en México para enfrentar la pandemia. Tampoco lo que representa la asignación de los recursos a proyectos públicos de inversión en un escenario de ingresos menguados por la caída de la actividad económica. A eso hay que sumar la caída severa de la inversión privada.

Todo esto repercute en la estructura social y productiva del país, en las diferencias regionales y, sobre todo, en la fragilidad creciente que se extiende entre una gran parte de la población. No es posible avizorar ahora el detalle del grado de afectación del armazón social del país a raíz de esta crisis. Pero sí adelantar que será profunda y con efectos duraderos.

En Estados Unidos y aquí un aspecto crucial es que todo lo que se hace está ya definido en clave electoral. No es la mejor de las condiciones.

Publicado enInternacional
La "madre de todas las recesiones" toca las puertas de la economía mundial

El fondo de inversión BNP Paribas Asset Management ha alertado que la economía mundial está amenazada por una ofensiva procedente de una "madre de todas las recesiones" como consecuencia de la pandemia.

La economía mundial se ha visto cada vez más amenazada a medida que la pandemia por COVID-19 se propaga por el mundo y a pesar de que varios países ya retomaron su economía después de pasar el pico más alto de contagios los pronósticos para la economía mundial pos-COVID no son nada alentadores.

En una entrevista con el periódico Financial Times, Frederick Jeanbon del fondo de inversión de Europa BNP señaló que el crecimiento constante del mercado de valores tras el colapso registrado el mes de marzo no refleja la situación económica real actual y además no contempla otros escenarios que podrían golpear con más dureza a la economía mundial.

"El enorme repunte que hemos visto durante varios meses después del punto más bajo en marzo puede estar ocurriendo demasiado rápido y no tiene en cuenta el riesgo de una segunda ola [de contagios]", argumentó Jeanbon.

Agregó que la recuperación económica será larga y en forma de U, mientras que una recuperación en forma de V es poco probable.

Son pocos los expertos y analistas que pronostican una recuperación de la economía mundial en forma de V. Según una reciente encuesta realizada a los gestores del Banco de América, la mayoría espera una recuperación más prolongada —en forma de U o de W—. Por su parte, el FMI predijo la mayor caída de la economía mundial desde la Gran Depresión.

01:28 GMT 20.07.2020URL corto

Publicado enEconomía
Sábado, 18 Julio 2020 06:02

El capitalismo es la pandemia

El capitalismo es la pandemia

Cuando lo viral es político

 

Altamente competitivo en un sistema mundial igualmente competitivo, el Coronavirus no solo infecta cuerpos, sino discursos y pensamientos. Como el capitalismo devenido en pandemia, el bicho coloniza, domina, usa aliena, explota, depreda, contamina, violenta y mata. (Ilustraciones: Marcin Owczarek).

En los últimos meses han circulado enormes volúmenes de información relacionada con la evolución, selección y progresión del nuevo Coronavirus asociado al síndrome respiratorio agudo grave tipo 2 (SARS-CoV-2, acrónimo del inglés Severe Acute Respiratory Sindrome – associated CoronaVirus-2) o enfermedad por Coronavirus-19 (COVID-19, acrónimo a su vez del inglés coronavirus disease-2019). Asimismo, han proliferado artículos y debates acerca de la “guerra” entre la especie humana y el virus, gráficos sobre la progresión de casos positivos de infección y muertes humanas, especulaciones en torno a la selección de personas inmunes al mismo, así como argumentaciones alrededor de las implicancias políticas, sociales, económicas y ambientales asociadas tanto a la génesis de la pandemia como a lo que se avizora como un futuro incierto.

A tal punto ha llegado la sobrecarga de información acerca del virus y sus efectos que bien podría afirmarse que este virus se ha viralizado. Qué obviedad y qué tamaña novedad a la vez: un virus que no solo infecta cuerpos, sino que infecta discursos y pensamientos. El filósofo italiano Bifo (seudónimo de Franco Berardi) hace alusión a una pandemia que se nos presenta en forma de “una epidemia psíquica, de un virus lingüístico generado por un biovirus”.

Hablamos de un virus total, un virus de la globalidad, un virus que logra infiltrarse de un plano de la realidad al otro: nunca un virus logró tal competencia. Y es que buena parte del debate involucra el concepto de competencia. Pareciera ser que compiten las especies entre sí, que compiten los modelos de planeamiento, las lógicas y las racionalidades gubernamentales para enfrentar la pandemia. Compiten las naciones por los recursos materiales para equipar hospitales y por encontrar tests efectivos y vacunas. Compiten las compañías farmacéuticas por encontrar terapias efectivas y rentables contra el virus. Compiten los medios de comunicación por viralizar la información y la desinformación acerca del virus. Compiten las empresas en medio de la crisis por extraer un margen de ganancia a costa de la salud de sus trabajadorxs. Compiten las teorías y modelos sobre el origen del virus y sobre las proyecciones de su infectividad y mortalidad. Compiten las exégesis filosóficas sobre el devenir del planeta alertando acerca de la profundización de los mecanismos capitalistas de control social y represión, tal el caso de Byung-Chul Han, o por el contrario, entreviendo la posibilidad del advenimiento de un comunismo reinventado, en palabras de Zizek.

Estuvieron también quienes se preocuparon más por una filosofía de vida de lo inmediato, la de competir por el último rollo de papel higiénico o por el récord de frascos de alcohol en gel adquiridos. Luego están quienes no clasificaron para la competencia. Su realidad material en villas o barriadas les impidió desde acceder a la formación o al tiempo para formular teorías filosóficas o modelos explicativos, pasando por el poder adquirir alcohol en gel o hasta lo más elemental: disponer o no de acceso al agua potable o a una vivienda digna donde poder aislarse. Así fue como Ramona, en la villa 31, “perdió” en la competencia por recursos que fue favorable a sectores acaso más “necesitados”, tales como el grupo Techint, Ledesma, la Sociedad Rural o McDonald´s, que sí calificaron para recibir una importante ayuda del Estado. Sea como sea, a la larga se dirá que aquellos países que hayan logrado atravesar con menores sobresaltos la crisis habrán sido en definitiva quienes mostraron “mayor competencia” en el tema.

El origen de las especies y del SARS-CoV-2: ¿competir o compartir?

A la hora de desarrollar su teoría evolutiva sobre el origen de las especies y la selección natural, Charles Darwin[1] se basó en conceptos económicos de Thomas Robert Malthus[2]. Malthus sostenía que la población tiende a crecer en progresión geométrica (es decir, exponencial), mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética (es decir, lineal), por lo que la población se encuentra siempre limitada por los medios de subsistencia. Darwin fue influido por estas ideas para forjar sus hipótesis según las cuales el principio de variación, el de herencia y el de selección determinan que aquellas variantes heredables asociadas a una mayor supervivencia y/o a dejar una mayor descendencia resultan seleccionadas.

Pero fue Thomas Henry Huxley, célebremente conocido como “el Bulldog de Darwin”, quien difundió las ideas del mismo interpretando que la evolución procede a través de una lucha a muerte entre especies, al estilo de un circo romano. Años después, el llamado “darwinismo social” era utilizado para justificar las versiones más extremas de la libre competencia y el individualismo. Las más perversas teorías eugenésicas del nazismo fueron desarrolladas al calor de estos conceptos. Paradójicamente, o quizás no tanto, el nieto de Thomas Huxley, Aldous, escribiría la novela distópica Un mundo feliz[3] varios años después de la muerte de su abuelo. Políticas como las de Trump o Bolsonaro, en las que se deja morir “por selección natural” a quienes menos recursos tienen, son dignas herederas de estos conceptos.

A pesar de estas ideas, el naturalista ácrata Pedro Kropotkin -gran admirador de Darwin- sostenía en El Apoyo Mutuo que las especies pueden evolucionar cooperando entre sí[4], cosa que Huxley habría sido incapaz de advertir por sus prejuicios victorianos. El prestigioso biólogo evolutivo contemporáneo Stephen Jay Gould retomó a Kropotkin para afirmar que quienes usan la selección natural como justificación para la opresión social no han comprendido a Darwin, y que es probable que el proceso de evolución haya sido efectivamente también en gran medida colaborativo[5]. En este mismo sentido, la bióloga contemporánea Lynn Margulis ha señalado numerosos ejemplos de cómo el mutualismo y la simbiosis entre especies han constituido un fuerte motor en la evolución[6].

Llamativamente, en sintonía con las hipótesis de Kropotkin, Margulis y Gould, una de las más recientes hipótesis para explicar el origen del SARS-CoV-2 es la existencia de un evento de recombinación genética entre dos virus: un virus de murciélago (similar al BatCoV-RaTG13 de la provincia de Yunnan) con un virus de pangolín, el mamífero más traficado del mundo[7][8]. Mientras que el genoma del virus de murciélago comparte mayor identidad de secuencia con el SARS-CoV-2 humano (96%)[9], el del pangolín, que comparte un 91%[10] a nivel general, presenta un 100% y un 98% de identidad en las secuencias aminoacídicas correspondientes a las proteínas de envoltura y membrana, respectivamente. Sin embargo, aún existe controversia respecto del origen del virus, si fue transmitido desde murciélagos o si hubo una especie intermedia como el pangolín. De hecho, para el SARS-CoV-1 y para el virus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio o MERS-CoV hubo especies intermedias y fueron dos mamíferos diferentes: el camello y la civeta o musang. Lo cierto es que, en cualquiera de los casos, la idea de que la irrupción del SARS-CoV-2 pudo haber tenido un origen artificial, léase a través de una manipulación genética en laboratorio, parece no ser consistente con los datos de secuenciación: el SARS-CoV-2 no se deriva de ninguna estructura de virus previamente utilizada ni se encuentran las “marcas” o “cicatrices” típicas de la manipulación mediante técnicas de laboratorio[11].

Pedagogía del Cuerpo Explotado

El modo de producción capitalista y la tecnociencia desarrollada en torno al mismo han concebido históricamente a la naturaleza como un recurso al cual depredar en clave extractivista. Resulta particularmente paradójica, a la vez que metafórica, la irrupción en escena de un virus minúsculo que nos utiliza como recurso para poder propagarse. Y es que, si bien somos enemigos del biologicismo o del determinismo que conduce al darwinismo social, resulta sí interesante que la metáfora, por contraposición al reduccionismo biológico, nos permite mayor potencia pedagógica, explicativa y predictiva. Paul Ricoeur plantea en La metáfora viva que la misma permite describir la realidad mediante un lenguaje simbólico y, por ende, prístino. El valor primordial de la metáfora no reside en ser ornamental, sino que ofrece nuevos niveles de información. Así las cosas, vale la pena recordar que es Marx quien encuentra que el concepto de parasitismo resulta una buena analogía para definir lo esencial del modo de ser de los capitalistas. En este sentido, Philippe Descola realiza un cuestionamiento antropológico a la distinción “naturaleza/cultura”. Advierte que la costumbre de dividir el universo entre lo cultural y lo natural no corresponde a ninguna expresión espontánea de la experiencia humana. Así es como como las teorías económicas de la época permearon las hipótesis evolutivas de Darwin, del mismo modo que la teoría política de Kropotkin se filtra en sus escritos de historia natural. Lo cultural, en definitiva, no puede reducirse a lo natural ni viceversa, así como tampoco es posible escindir ambas dimensiones como compartimentos estancos. Levins y Lewontin, dos prestigiosos biólogos norteamericanos, proponían un abordaje dialéctico para este tipo de problemas complejos en The dialectical biologist: la compenetración de las partes y el todo es una consecuencia de la intercambiabilidad del sujeto y el objeto, de causa y efecto.

Retomemos entonces la metáfora del virus que explota nuestros cuerpos con una lógica capitalista. Para poder subsistir y reproducirse, depende de la existencia y fuerza de trabajo de células como las de nuestro cuerpo. El patrón viral, el virus como patrón, no invierte ni aporta en “capital molecular constante”: maneja los medios de producción, sí, pero utiliza los de la célula trabajadora. Es ella quien aporta la energía, el agua, la infraestructura. Las células aportan mano de obra y sus propios medios, para beneficio y reproducción del patrón viral. Pareciera que el sistema de producción al que el virus somete a las células no es comparable con el de una fábrica del siglo XIX, sino que es más bien más analogable, vaya paradoja, con las lógicas del tardocapitalismo: precarización de la vida y del trabajo, explotación a domicilio o teletrabajo. Al aumentar el número de partículas virales y la alienación del trabajo celular, se llega eventualmente a una tensión entre las Fuerzas Productivas de la propia célula y las Relaciones Moleculares de Producción establecidas entre el virus y la célula enajenada. Si la célula se suicida (muerte celular programada o apoptosis) o es aniquilada por el sistema inmune previo a que el virus logre multiplicarse, el virus no logrará propagarse. Si el virus logra salir en grandes volúmenes de la célula, el hecho de que la célula muera o de que el propio virus la aniquile no resultará un problema para la expansión del virus. De modo similar, en otra escala, el virus debe lograr transferirse horizontalmente entre seres humanos. Si aniquila el cuerpo antes de poder infectar otro cuerpo, no podrá propagarse. En cambio, si la tasa de transferencia horizontal fuera suficientemente alta, si la mano de obra celular y el ejército de reserva de seres humanos fuera suficiente, no será un problema que la explotación a la que somete el virus a nuestro cuerpo ocasione algunas pérdidas: en términos de la estrategia de dominación viral puedan acaso considerarse como “accidentes laborales”.

Lxs condenadxs de la tierra

Cuando comenzó el cierre de fronteras y el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) en la Argentina, las tendencias de ese entonces auguraban 30 mil casos positivos de COVID-19 o más para principios de mayo. Que a principios de mayo haya habido poco más de 6 mil casos y alrededor de 300 muertes habla de una medida correcta, no de que haya sido exagerada o desacertada la proyección de casos en ausencia de la misma. Basta comparar con el número de casos, para la misma fecha, en otros países del continente en donde no se aplicó o bien se aplicó parcial o tardíamente, para demostrarlo: Ecuador (29 mil casos), Perú (65 mil casos), Brasil (156 mil casos). Se puede ponderar el número de casos en función de la cantidad total de habitantes por país: la conclusión es la misma. Se puede señalar que la definición de caso y el número de testeos es diferente en cada país en esas fechas ya distantes: observando el número de muertes Ecuador (1700 muertes), Perú (1800 muertes), Brasil (11 mil muertes), la conclusión es la misma. Que a nivel mundial la tendencia se haya desacelerado y a principios de junio “solo” haya 7 millones de casos y poco más de 400 mil muertes por COVID-19, también se explica en gran parte por este tipo de medidas en varios países del mundo.

Sin embargo, en las noticias, en las tendencias y curvas de casos y muertes que se muestran, se invisibiliza por lo general la tragedia de quienes siempre pagan las crisis. Mientras que en muchos lugares del país el número de casos positivos diarios crece relativamente poco, en las villas de CABA y en el Gran Buenos Aires, el número de nuevos casos se multiplicó (al menos inicialmente y veremos) de manera acelerada. Y es que la estrategia viral de dominación de células y cuerpos sinergiza con estrategias de dominación que se han viralizado en otros planos o niveles de la realidad: la dominación capitalista y la dominación patriarcal de esos cuerpos dominados.

Como se mencionaba anteriormente, un virus, un parásito obligado, cuya relación de tamaño frente un ser humano es similar a la de una gallina en comparación con el planeta Tierra, aparece como trágica metáfora de aquello que podemos denominar fase superior del parasitismo: una pequeña fracción de la humanidad, que representa solo el 0,02% de la biomasa sobre la Tierra, pero que ha impuesto valores y dispositivos, reglas y modos de producción hasta volverse un parásito total, un parásito de la totalidad. En Breviario de podredumbre, Emil Cioran describe “el ansia de primar”: “(…) Nos codeamos con sátrapas por todas partes: cada uno -según sus medios- se busca una multitud de esclavos o se contenta con uno solo. Nadie se basta a sí mismo: el más modesto encontrará siempre un amigo o una compañera para hacer valer su sueño de autoridad”.[12] El capitalismo, devenido en pandemia, coloniza, domina, usa, aliena, explota, depreda, contamina, violenta y mata: cuerpos, mentes, emociones, territorios, ríos, montañas, lagos y mares, suelo, aire y tierra. Nada en el planeta se encuentra a salvo de la codicia del capitalismo en tanto que viralización del ser parásito, nada escapa a las garras del capitalismo-pandemia. Es un prerrequisito, una condición de posibilidad para una pandemia de estas características, la existencia de un sistema-mundo capitalista, extractivista y colonial: tráfico y consumo de animales, desplazamiento de poblaciones humanas y animales por desmonte, hacinamiento en grandes ciudades, condiciones de pobreza, falta de acceso al agua y a la salud pública, enormes volúmenes de personas en tránsito por razones financieras, comerciales, turísticas, políticas, administrativas. Se requiere de todo este caldo de cultivo “artificial” para que un virus encuentre las condiciones propicias para volverse pandemia. Coronavirus, dengue, zika, chikungunya, hantavirus, incendios, cambio climático, glifosato… No se trata de plagas bíblicas: es el resultado lógico del modo de producción, económico, cultural y depredador que se nos impone. Lo que Rosa Luxemburgo vaticinaba como “socialismo o barbarie”, pero -al menos hasta el momento- sin el final que esperábamos.

A la vez, en forma dialéctica, la pandemia vuelve aún peores las condiciones de explotación, precarización y humillación de la clase trabajadora, con un aumento drástico en el número de asesinatos laborales o patronales de modo de asegurar la ganancia de empresarios y poderosos. Sin ir más lejos, ilustrando lo que significa el lucro de la salud, Bayer ha aumentado sus ganancias en un 20% en el primer trimestre del año comparado con el primer trimestre del año anterior. Mientras las grandes corporaciones farmacéuticas intentan imponer sus fármacos y se hacen un festín con la pandemia, mientras la Argentina paga 320 millones de dólares al FMI en concepto de intereses de deuda, millones de trabajadores en nuestro país y en todo el mundo se quedan sin empleo o ven recortados sus salarios. Es lo que algunos llaman la injusta distribución de la riqueza y que Fontanarrosa, a través de Inodoro Pereyra, denominaba “el generoso reparto de la pobreza”. Las alternativas que barajan quienes gobiernan son el aumento o bien en el número de muertes o bien en la cantidad de pobres. Pero en cambio el disminuir la riqueza de quienes más tienen no parece ser una posibilidad.

La pandemia, a su vez, refuerza las situaciones de violencia y los crímenes de odio contra mujeres y disidencias asociadas al ASPO, se descarga con mayor fuerza aún sobre estos sectores acentuando los privilegios de quienes no realizan tareas de trabajo doméstico o de crianza. Judith Butler explica que “la desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo. Es probable que en el próximo año seamos testigos de un escenario doloroso en el que algunas criaturas humanas afirmarán su derecho a vivir a expensas de otros, volviendo a inscribir la distinción espuria entre vidas dolorosas e ingratas, es decir, aquellos quienes a toda costa serán protegidos de la muerte y esas vidas que se considera que no vale la pena que sean protegidas de la enfermedad y la muerte.”[13]

Finalmente, en el caso de las poblaciones de villas, barriadas humildes y cárceles el sinergismo entre pandemia, capitalismo y violencia estatal se convierte lisa y llanamente en una pesadilla cuando las políticas de hacinamiento, falta de acceso a agua, ausencia de elementos de higiene y salud, en definitiva, cuando la militarización y el confinamiento en guetos se vuelve una opción viable. Son las relaciones sociales de producción asociadas al actual sistema-mundo capitalista, patriarcal, colonial y racista las que determinan, entre otras cosas, que en Chicago un latino o una afroamericana tengan más chances de morir por COVID-19 que un blanco; que en una villa de Buenos Aires no haya agua para poder higienizarse ni se pueda cumplir el “quedate en casa”; o que en cualquier lugar del mundo el ASPO aumente las chances de una mujer de ser violentada o asesinada en su casa.

La organización de lxs de abajo: solidaridad y apoyo mutuo

Hoy por hoy, capitalismo y pandemia nos amenazan de muerte. El capitalismo es la pandemia.

En línea con los argumentos de Margulis desarrollados arriba, Alberts y co-autores sostienen en Biología Molecular de la Célula, uno de los libros de cabecera de la carrera de Biología, que un cuerpo saludable es en definitiva una sociedad celular en donde el altruismo -en oposición a la supervivencia del más apto- es la regla[14]. Cada célula se organiza en asambleas colaborativas o tejidos y se divide, diferencia o muere según sea necesario para el bien del organismo. Lógicamente, ni las células humanas “deciden” ser trabajadoras altruistas, ni tampoco los virus se convencen a sí mismos de adoptar un modo de ser parasitario: ni la célula está compelida al “bien”, ni el virus al “mal”. Las categorías morales, como tales, no les convienen a seres de los cuales -en principio- no parecería poder predicarse la existencia de conciencia, libertad o intencionalidad. Un virus se encuentra determinado a ser un parásito, no puede sino ser un parásito, porque no tiene ni conciencia ni libre albedrío para transformarse en otra cosa diferente. En cambio, la sociedad humana no está determinada a desenvolverse de manera parasitaria, como se nos ha intentado hacer creer: el capitalismo no es “natural”. El hombre no necesariamente deba ser lobo del hombre, como planteaba Hobbes. Esto tampoco implica su opuesto, que el capitalismo sea “antinatural”: no estamos compelidos a arribar natural, inexorable e indefectiblemente al socialismo. Que las células que nos constituyen puedan cooperar entre sí no hace al ser humano necesariamente cooperativo o solidario en esencia. La naturaleza ha encontrado diferentes grados de libertad, de flexibilidad: ejemplos de todo tipo de modos de organización y producción, individualistas y competitivos, por un lado; cooperativos o altruistas, por el otro. Más importante aún, el capitalismo, como producto social, no puede ser explicado ni reducido al funcionamiento de un virus, de un cáncer o de un parásito, más allá de la célebre y atinada analogía de Marx. Lo que sí es necesario explicitar es que el capitalismo, como estructura, determina sí, la pérdida de nuestra libertad. Nos reduce a ser o bien explotadxs o bien explotadores. Es en nuestra propia posibilidad de recuperar la libertad que podemos elegir salirnos del modo de ser parasitario a través de priorizar nuestra facultad de organizarnos cooperativa y solidariamente.

La crisis sanitaria, social y económica se hace sentir sin dudas, y para que no se siga descargando sobre las espaldas de los sectores humildes y de la clase trabajadora en general, la única solución posible será tocar los intereses privados, hacer público todo aquello que no deba ser privado, suspender el pago de la deuda, denunciar cualquier tipo de violencia represiva, denunciar las condiciones de precarización laboral y los casos de asesinatos laborales: tender puentes entre quienes realmente necesitamos de los más dignos ejemplos del cuidado, desplegar los mejores y mayores niveles de solidaridad en y entre sectores de trabajadores.

Silvia Federici, escritora feminista, recupera el concepto de apoyo mutuo, acuñado por Kropotkin, para hacer referencia a las formas cualitativamente diferentes de cooperación proletarias dentro de los procesos de reproducción, las cuales limitan los efectos y el poder del capital y del Estado sobre las vidas de lxs trabajadorxs, evitando que innumerables trabajadores caigan en una ruina más profunda y plantando las semillas para crear una solidaridad generacional y de clase[15]. Uno de los mártires de Chicago, George Engel, decía en su discurso antes de ser ejecutado: “Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio”. El privilegio, que no es otra cosa que lo que aquí se llama “tener coronita”. Se podrá, eventualmente, detener la pandemia combatiendo individualmente al virus corona. Pero, en definitiva, no se podrá destruir lo que simbólicamente significa la corona, sin destruir el privilegio.

 

Escribe Matías Blaustein | Jun 15, 2020

[1]Darwin, C. (1964). On the origin of species: A facsimile of the first edition (Vol. 49). Harvard University Press.

[2]Malthus, T. R., Winch, D., & James, P. (1992). Malthus: ‘An Essay on the Principle of Population’. Cambridge University Press.

[3]Huxley, A. (1998). Brave New World. 1932. London: Vintage.

[4]Kropotkin, P. (2012). Mutual aid: A factor of evolution. Courier Corporation. Kropotkin, P. A. (1906).

[5]Gould, S. J. (1988). Kropotkin was no crackpot. Natural History, 7(97), 12-21.

[6]Margulis, L., & Sagan, D. (2008). Acquiring genomes: A theory of the origin of species. Basic books.

[7]Xiao, K., Zhai, J., Feng, Y., Zhou, N., Zhang, X., Zou, J. J., … & Zhang, Z. (2020). Iso-lation and characterization of 2019-nCoV-like coronavirus from Malayan pangolins. BioRxiv.

[8]Lam, T. T. Y., Shum, M. H. H., Zhu, H. C., Tong, Y. G., Ni, X. B., Liao, Y. S., … & Leung, G. M. (2020). Identifying SARS-CoV-2 related coronaviruses in Malayan pangolins. Nature, 1-6.

[9]Zhou, P., Yang, X. L., Wang, X. G., Hu, B., Zhang, L., Zhang, W., … & Chen, H. D. (2020). A pneumonia outbreak associated with a new coronavirus of probable bat origin. Nature, 579(7798), 270-273.

[10]Zhang, T., Wu, Q., & Zhang, Z. (2020). Probable pangolin origin of SARS-CoV-2 associated with the COVID-19 outbreak. Current Biology.

[11]Andersen, K. G., Rambaut, A., Lipkin, W. I., Holmes, E. C., & Garry, R. F. (2020). The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature medicine, 1-3.

[12]Cioran, E. M. (1966). Précis de décomposition (Vol. 94). Gallimard.

[13]https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus/

[14]Alberts, B., Bray, D., Lewis, J., Raff, M., Roberts, K., & Watson, J. (1992). Biología Molecular de la Célula. 2da ed. Ed. Omega SA Barcelona, España

[15]Federici, S. (2015). Sobre el trabajo de cuidado de los mayores y los límites del marxismo. Nueva sociedad, (256), pp. 45-62.

Publicado enSociedad
Dura respuesta de Estados Unidos a la Ley de Seguridad Nacional

Trump anunció sanciones a China y puso fin al trato preferencial de Hong Kong

El gobierno chino protestó contra las restricciones por "violar seriamente el Derecho Internacional". Prometió una respuesta aunque no dio mayores detalles.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una legislación que impone sanciones a China en respuesta a su Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong. A través de un decreto publicado este miércoles, el mandatario puso fin al trato preferencial de la excolonia británica, que a partir de ahora recibirá el mismo tratamiento económico que China. Días atrás, el ejecutivo estadounidense había rechazado los reclamos territoriales de Beijing sobre el Mar de la China Meridional, una región estratégica para la potencia asiática. En contrapartida, el gobierno chino protestó contra las sanciones impuestas y prometió una respuesta, aunque sin dar detalles.

En un comunicado difundido por la Casa Blanca, Trump explicó que la llamada Ley de Autonomía autoriza la imposición de sanciones a personas extranjeras, entidades e instituciones financieras que contribuyen "a las acciones de China para eliminar la autonomía de Hong Kong". El mandatario estadounidense agregó que la ley "aborda el incumplimiento por parte de China de ciertas obligaciones de la Declaración Conjunta Sino-Británica".

De esta forma, Trump da por finalizado el trato preferencial de Hong Kong, que a partir de ahora será considerado con el mismo estatus que la China continental. "Sin privilegios especiales, sin tratamiento económico especial y sin exportación de tecnologías sensibles", destacó el mandatario en la conferencia de prensa del martes por la noche.

La nueva legislación presentada por el gobierno estadounidense responde a la Ley de Seguridad impuesta el mes pasado por China en Hong Kong. La misma propone velar por la soberanía y la integridad territorial de la isla, y estipula condenas que pueden llegar a la cadena perpetua para ciertos delitos como secesión o subversión.

"Ninguna Administración fue más dura con China que esta", insistió Trump y apuntó que Estados Unidos considera a Beijing "completamente responsable de ocultar el coronavirus y propagarlo por el mundo". También disparó contra el exvicepresidente y candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden. "Toda su carrera ha sido un regalo para el Partido Comunista Chino", deslizó el mandatario metido de lleno en una campaña que eleva cada vez más la temperatura.

La respuesta china

"Para salvaguardar sus intereses legítimos, China aportará la respuesta necesaria e impondrá sanciones a las personas y entidades estadounidenses correspondientes", advirtió el ministerio chino de Relaciones Exteriores en un comunicado que salió al cruce de la polémica reglamentación firmada por Trump. Para la Cancillería china, la ley "calumnia maliciosamente la legislación impuesta por Beijing en Hong Kong y viola seriamente el Derecho Internacional y las normas básicas de gobierno". 

"El gobierno chino se opone a ella y la condena enérgicamente. Si Estados Unidos continúa por el camino equivocado, no hay duda de que China responderá", agregó el documento oficial recogido por el diario Global Times , sin dar mayores precisiones de esa posible reacción.

La tensión entre Estados Unidos y China no para de aumentar. La guerra comercial entre ambas potencias es un hecho, y Trump se refiere continuamente al nuevo coronavirus como el "virus chino". Además, ambos países se enfrentaron días atrás a costa del mar de China Meridional. Al respecto, Washington señaló que los reclamos de Beijing sobre sus recursos marítimos "son absolutamente ilegítimos", en una nueva muestra de injerencia sobre los intereses chinos.

Publicado enInternacional
Naomi Klein: "El virus obliga a pensar en relaciones e interdependencias en las que el capitalismo nos enseña a no pensar"

La escritora y académica cree que la crisis climática, la igualdad y la justicia deben ser cuestiones centrales sobre las que debe girar la reconstrucción del mundo pospandemia

 

¿Qué mundo nos dejará la crisis del coronavirus? Naomi Klein (Montreal, Canadá) insiste, en una entrevista con The Guardian, en que lo relacionado con la crisis climática, la igualdad y la justicia deben ser las cuestiones centrales alrededor de las que reconstruir el mundo pospandemia.

La activista, escritora y académica es la primera titular de la Cátedra Gloria Steinem de medios, cultura y estudios feministas de la Universidad Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos). La versión libro de bolsillo de su libro On Fire (2019) será publicada por la editorial Penguin el 24 de septiembre. 

¿Qué le parece el confinamiento?

Para quienes estábamos impartiendo clases a través de Zoom, y ese ha sido mi caso, además de mantener una escuela en casa, haciendo malabarismos y descubriendo cómo hacer cosas en el horno, ha sido muy cómodo. Ahora volveré a Canadá para pasar el verano con mi familia y en cuarentena, porque en Canadá, cuando regresas de Estados Unidos, tienes que pasar una cuarentena muy estricta. Ya llevo casi dos semanas sin salir de casa. De hecho, estoy empezando a desarrollar alguna fobia a salir del confinamiento.

Hay una cita muy buena en uno de sus últimos ensayos que dice: “Los humanos somos un riesgo biológico, las máquinas no lo son”. Me llegó a los huesos y me hizo sentir miedo por el futuro. Ha escrito cosas muy interesantes sobre un “Nuevo Acuerdo sobre las Pantallas”.

Silicon Valley tenía una agenda antes del coronavirus en la que ya imaginaba sustituir muchas, demasiadas, de nuestras experiencias corporales insertando tecnología en medio del proceso.

Por eso, para aquellos pocos espacios en los que la tecnología aún no media en nuestras relaciones, había un plan –por ejemplo, sustituir la enseñanza presencial por aprendizajes virtuales, la medicina del contacto personal por telemedicina y la entrega en persona mediante robots. Todo está siendo resignificado como tecnología sin contacto tras la COVID-19, es un modo de sustituir el diagnóstico del problema, que ahora es el contacto.

Pero en lo personal, lo que más echamos de menos es el contacto. Y necesitamos ampliar el menú de opciones que tenemos para vivir con la COVID-19, porque no tenemos vacuna y no está próxima. Incluso si se dan grandes avances, van a pasar muchos, muchos meses, posiblemente años, antes de que pueda desarrollarse a la escala que necesitaríamos.  

Entonces, ¿cómo vamos a vivir con esto? ¿Vamos a aceptar una “normalidad” previa a la COVID-19 pero muy menguada y sin las relaciones que nos sostienen? ¿Vamos a permitir que nuestros hijos reciban todo su aprendizaje a través de la tecnología? ¿O vamos a invertir en personas?

En vez de poner todo el dinero en un 'Nuevo Acuerdo sobre las Pantallas' y en tratar de resolver los problemas de un modo que disminuya nuestra calidad de vida, ¿por qué no nos ponemos a contratar profesores a todo trapo? ¿Por qué no tenemos el doble de profesores en clases con la mitad de alumnos y empezamos a pensar en la educación al aire libre?

Hay tantas formas en las que podemos pensar para dar respuesta a esta crisis que no aceptamos esa idea de que tengamos que regresar al statu quo previo a la COVID-19, solo que en una versión peor, más vigilados, con más pantallas y menos contacto humano.

¿Sabe de algún gobierno que tenga ese discurso?

Me anima escuchar a Jacinda Arden hablar de una semana laboral de cuatro días como solución al hecho de que Nueva Zelanda es muy dependiente de los ingresos del turismo. Nueva Zelanda es, probablemente, el país que mejor ha lidiado con la pandemia, al menos mejor que otros en lo que se refiere a tasas de mortalidad. No puede abrir las puertas a los turistas como lo ha hecho en el pasado y de ahí nace la idea de que quizás los neozelandeses deberían trabajar menos, cobrar lo mismo y tener más tiempo libre para disfrutar de su propio país con seguridad. 

¿Cómo bajamos el ritmo? Pienso mucho en eso. Parece que cada vez que pisamos el acelerador de “que todo siga igual” o “de regreso a la normalidad” el virus aparece de nuevo y dice: “Frenad”. 

A todos nos encantan esos momentos de frenar pero el gobierno del Reino Unido está empeñado en regresar a la normalidad pase lo que pase, abriendo todo, por ejemplo los pubs, y está desesperado por que nos vayamos de vacaciones. Es urgente que nada cambie en nuestras vidas, que nos limitemos a regresar a una realidad igual a la de antes.

Eso es una locura. Es muy pequeño el porcentaje de población que quiere abrir las puertas de nuevo como si nada. De hecho, hay una mayoría de personas mucho más preocupada por tener que regresar al trabajo antes de que sea seguro o por mandar a sus hijos al colegio antes de que lo sea. A veces, se presenta como dar a la gente lo que pide, pero no es eso lo que muestran las encuestas.

Hay ciertas similitudes en el modo en que Donald Trump y Boris Johnson han gestionado la crisis. La están convirtiendo en una especie de prueba de masculinidad y, en el caso de Johnson, incluso después de haber pasado la enfermedad. Jair Bolsonaro hablaba de que era atleta y sabía como gestionarlo [el presidente brasileño reveló que tenía coronavirus poco después de hacer esta entrevista]; Trump habló de lo bueno de su genética.

Me interesa su punto de vista sobre las protestas por los derechos civiles a raíz de la muerte de George Floyd. ¿Por qué cree que han sucedido ahora? Es intrigante que, en medio de una crisis como esta, se produzcan grandes manifestaciones contra el racismo por todo el mundo.

No es la primera ola de movilizaciones de estas características. Pero creo que hubo algunos aspectos que fueron únicos debido a la crisis de la COVID-19 y al impacto descomunal en las comunidades afroamericanas en ciudades como Chicago, por ejemplo, donde, según algunas fuentes, hasta el 70% de los fallecidos de COVID-19 eran afroamericanos.

Ya sea porque son quienes desempeñan trabajos de más riesgo con menor protección, por el legado de contaminación ambiental en sus comunidades, el estrés, el trauma o un sistema sanitario que las discrimina, las personas negras cargan de manera desproporcionada con las muertes por el virus. Es un hecho y desafía la idea de que todos estamos juntos en esto.

En este momento traumático, esos asesinatos, el de Ahmaud Arbery, el de George Floyd, el de Breonna Taylor, se abren paso. Y surge una pregunta recurrente: ¿qué hacen en esas protestas tantas personas que no son negras? Eso es nuevo. Al menos en la escala en la que ha sucedido. Muchas de estas manifestaciones fueron multirraciales de verdad; manifestaciones multirraciales lideradas por personas negras. ¿Por qué esta vez ha sido diferente?

Tengo algunas ideas. Una tiene que ver con que la pandemia ha introducido una cierta suavidad en nuestra cultura. Cuando bajas la velocidad, sientes más las cosas; cuando estás en una carrera constante por la supervivencia, no te queda demasiado tiempo para la empatía. Desde que todo esto comenzó, el virus nos ha obligado a pensar en relaciones e interdependencias. Lo primero en lo que piensas es, de todo lo que toco, ¿hay algo que lo haya tocado alguien antes? Lo que como, el paquete que acaban de entregarme, la comida de las estanterías. Son conexiones en las que el capitalismo nos enseña a no pensar.

Creo que vernos obligados a pensar de manera más interconectada puede habernos ablandado al pensar en estas atrocidades racistas, como algo que no es solo un problema de otras personas.

Esta es una gran cita de su último libro, On Fire: “Todo lo que ya era malo antes del desastre se ha degradado al nivel de lo insoportable”. El modo en que la policía trata a los hombres negros es insoportable.  

Siempre que nos golpea un desastre escuchamos el mismo discurso: "El cambio climático no discrimina, la pandemia no discrimina. Estamos juntos en esto”. Pero eso no es cierto. Los desastres no funcionan así. Ejercen de intensificadores y magnificadores. Si tenías un trabajo en un almacén de Amazon que ya estaba afectándote antes de que esto comenzara o si estabas en alguna residencia de mayores y ya se te trataba como si tu vida no valiera nada, ya era malo antes, pero todo eso se magnifica hasta convertirse en insoportable ahora. Y si antes era desechable, ahora se te puede sacrificar.

Eso por hablar solo a la violencia visible. Tenemos que hablar más sobre la violencia escondida, la violencia doméstica. Sin rodeos, cuando los hombres se estresan, las mujeres y los niños lo sufren. Estos confinamientos son estresantes porque las familias no tienen manera de tomarse un tiempo los unos de los otros. Incluso la mejor familia necesita algo de espacio. Si añades despidos y presión económica el resultado es el que vemos, una situación actual muy mala para las mujeres.

Pasó gran parte del año pasado trabajando en la campaña de Bernie Sanders y en el denominado 'Green New Deal'. ¿Cómo ve todo eso ahora? ¿Se siente más o menos optimista respecto a su potencial?

En cierta manera, es más complicado. Menciona a Bernie y, sin duda, hubiera preferido que el resultado fuera un candidato presidencial que basa su campaña en el 'Green New Deal'. Solo podremos ganar cuando haya una interacción entre un movimiento de masas que presione desde el exterior con una receptividad en el interior del sistema. Creo que tuvimos esa oportunidad con Bernie.

Con Joe Biden es más difícil, pero no imposible. Al final de On Fire planteé diez razones a favor de un 'Green New Deal' y los motivos por lo que es una buena política climática. Una de esas razones es que funciona a prueba de recesiones. Si miramos atrás, vemos que el movimiento climático tiene una trayectoria pobre en cuanto resultados cuando la economía va relativamente bien. El tipo de soluciones que ofrecen los Gobiernos tienden a ser neoliberales y basadas en el mercado, impuestos climáticos o políticas basadas en energías renovables que se perciben como elementos que encarecen el coste de la energía. También impuestos al carbono que elevan el precio de la gasolina. En cuanto llega la recesión, no cabe duda de que el apoyo a ese tipo de políticas se evapora. Lo vimos después de la crisis financiera de 2008.

Lo que importa a la hora de hablar del 'Green New Deal' es que toma forma a partir de uno de los programas de estímulo económico más importantes de todos los tiempos: el New Deal de Roosevelt durante la Gran Depresión. Por esta razón, el mayor golpe que recibí cuando publiqué el libro hace poco más de un año fue: “Pero no hacemos cosas como esta cuando la economía va bien”.

Las únicas oportunidades en los que podemos señalar con claridad en la dirección de un cambio social rápido, grande, que actúe como catalizador –y sobre esto no me cabe duda alguna- es en momentos de gran depresión o guerra. Sabemos que podemos cambiar rápido. Lo hemos visto. Hemos cambiado nuestras vidas de forma sustancial. Y hemos descubierto que los Gobiernos tienen billones de dólares que podrían haber movilizado durante todo este tiempo.

Todo esto tiene un potencial radical. Siento que tenemos una oportunidad. No me describiría como optimista porque hablamos de un futuro por el que tenemos que pelear. Pero si miramos en dirección a los momentos de la historia en los que se han producido grandes cambios, son momentos como el actual. 

Traducido por Alberto Arce.

Publicado enCultura
La coronacrisis y el camino hacia un nuevo paradigma

La coronacrisis abre las puertas para que las izquierdas planteen la posibilidad de un nuevo paradigma. Un sistema de cuidados sostenible y con equidad de género debe ser uno de los pilares fundamentales de ese modelo a crear. El concepto de «seguridad humana» debe imponerse por sobre los criterios neoliberales del presente.

 

Con todos los desafíos planteados actualmente por la crisis mundial desatada por la pandemia del Covid-19, queda muy claro que, más allá de las estrategias para mitigar sus consecuencias a mediano y largo plazo, poco se dice sobre la necesidad básica de un cambio sistémico fundamental. La presente crisis probablemente sea un impulso para al menos dos cambios fundamentales de paradigma: uno relacionado con el trabajo de cuidados y el otro, relacionado con los cambios institucionales en materia de seguridad humana.

El núcleo de este doble cambio de paradigma es un redireccionamiento de las inversiones hacia sistemas sostenibles y preventivos que prioricen la asistencia y la seguridad de las personas. Esta redistribución no va en contra de los intereses económicos, sino a favor de una profunda transformación socioecológica.

Primero: cambio de paradigma para una remuneración justa e inversión en trabajo de cuidados

La pandemia de Covid-19 dejó algo muy claro: en la crisis global, son principalmente las mujeres las responsables de mantener los «sistemas», ya sea en espacios públicos como hospitales, centros de atención y cajas de supermercados, o en el hogar, en calidad de maestras, madres o familiares a cargo. En todas estas áreas, las mujeres representan más de 70% de la fuerza laboral o realizan la mayor parte del trabajo no remunerado.

Y a pesar de lo alta que pueda ser la valoración emocional de este trabajo en la actualidad, para muy pocas mujeres (con la excepción de las docentes o las médicas mencionadas anteriormente) esto se refleja en buenas remuneraciones.

Por lo tanto, este es el momento adecuado para provocar finalmente el cambio de paradigma –especialmente en lo que atañe al trabajo de cuidados– que hace tiempo hemos reclamado desde una perspectiva feminista.

Tenemos que:

- romper de una vez la lógica de productividad del modelo económico neoliberal,
- llevar a cabo una profunda redistribución de las inversiones en servicios públicos y en la creación de regímenes de cuidados resilientes,
- respecto del el trabajo de cuidados no remunerado, a) repartirlo con equidad de género y b) remunerar, con un cronograma de actividades y compensaciones salariales, el trabajo de cuidados no remunerado de familiares que prestan cuidados y ejercen al mismo tiempo una profesión,
- revalorar y remunerar mejor las profesiones sociales y minimizar el empleo precario (además de emprender la organización sindical y lograr convenios colectivos para los cuidadores y las cuidadoras),
- romper las cadenas de atención globales mediante a) un buen trabajo para quienes cumplen trabajos de cuidado en los países «emisores» y b) una revalorización y una ofensiva de cualificación para las profesiones relacionadas con el trabajo de cuidados en los países «receptores».

Con una crisis económica inminente como resultado de la pandemia, la atención se centra una vez más principalmente en los sectores de la producción. Pero incluso en epidemias y crisis económicas pasadas, fueron principalmente las mujeres quienes finalmente tuvieron que pagar el precio más alto, y quedaron relegadas. Los estudios sobre las pandemias de ébola y zika han demostrado, por ejemplo, que las respuestas ante las crisis ignoraron las desigualdades estructurales entre los sexos, con lo que se exacerbaron los efectos negativos para las mujeres. Las intervenciones en la autodeterminación sexual y los derechos reproductivos solo afectaron a la parte femenina de la población. También la mayor responsabilidad del trabajo de cuidados recae en ellas.

En la última crisis financiera y económica, las políticas de austeridad han profundizado enormemente las desigualdades y puesto en evidencia la desigualdad de género en muchos países. Algunas redistribuciones (como la bonificación por desguace en la industria automotriz y los subsidios de desempleo parcial) se pagaron mediante recortes en la infraestructura social. Los puestos de trabajo industriales masculinos se han asegurado a expensas de las mujeres que trabajan principalmente en otros sectores. También ahora, las mujeres corren un riesgo desproporcionado de perder sus fuentes de ingresos, especialmente muchas cuentapropistas y autónomas: peluqueras, modistas, artistas o libreras. Para las mujeres, el trabajo a tiempo parcial es la forma de combinar el trabajo de cuidados y el trabajo profesional, pero esto también revela desigualdad de ingresos y pobreza en la vejez.

Estas injusticias han dejado distorsiones profundas que continúan teniendo impacto en la actualidad.

Evitar errores del pasado

No se podrán evitar otras epidemias y crisis. Por lo tanto: ¡este es el momento de «inmunizar» a las sociedades y la economía! Sobre todo, se debe contrarrestar el argumento de que las cuestiones de género son un asunto menor o simplemente una distracción de la crisis real. Por el contrario, son un asunto central.

La crisis del coronavirus es global y continuará durante mucho tiempo, tanto en el plano de la medicina como en el de la economía. Pero también ofrece una oportunidad. Podría ser la primera crisis mundial en la que el género y las diferencias de género son registrados y tenidos en cuenta por investigadores y funcionarios. Los primeros análisis macroeconómicos ya están en marcha.

Durante demasiado tiempo, los políticos han partido del supuesto de que el trabajo de cuidados puede ser asumido por particulares, especialmente mujeres, quienes a su vez subsidian indirectamente a trabajadores y trabajadoras remunerados de otros sectores de la economía. Es hora de que la política socialdemócrata ponga fin a esta distorsión. Esto significa cambiar el paradigma del trabajo de cuidados, romper las cadenas de atención y mejorar las condiciones para el trabajo de cuidados dentro y fuera de los sectores asistencial y sanitario. ¡El trabajo de cuidados remunerado y no remunerado debe estar en el centro de la planificación de políticas macroeconómicas!

Segundo: cambio de paradigma a un sistema de «seguridad humana»

También desde una perspectiva global queda más claro que nunca que no hay sistemas regionales o supranacionales capaces de funcionar en caso de crisis. En cambio, a menudo son las constituciones nacionales, los planes de rescate, las legislaciones y las instituciones estatales las que entran en juego en la gestión de crisis.

La pandemia global ha dejado algo en evidencia: los inmensos déficits y la ineficacia de los sistemas de prevención disponibles en términos de seguridad humana. Las medidas de «seguridad humana» (human security) han sido durante décadas peor diseñadas y equipadas que los sistemas de seguridad tradicionales, es decir, los presupuestos militares y de defensa. Recién ahora el gobierno alemán ha confirmado su objetivo de aumentar el gasto militar a 2% del PIB, conforme a los acuerdos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Para estar mejor preparados ante futuras pandemias –que seguramente vendrán–, hay que hacer evaluaciones de riesgo y evaluaciones de impacto completamente nuevas, también con miras a encontrar soluciones interestatales y supraestatales. Los problemas de seguridad humana (incluidas las migraciones y la sostenibilidad ambiental) no se detienen en las fronteras nacionales y deben tener prioridad sobre las cuestiones de seguridad tradicionales. Estas nuevas cuestiones de seguridad también requieren inversiones prioritarias. Estas no solo tienen que ir a los sistemas sociales y de salud. La sociedad civil organizada, los servicios de voluntarios y las organizaciones sin fines de lucro también deben ser capaces de enfrentar y mitigar estos riesgos.

¡Hora de actuar!

Es hora de un cambio disruptivo que nos aleje de los patrones de la retórica y de las respuestas de la guerra, hay que ir hacia una arquitectura de seguridad humana comunitaria y basada en la solidaridad.

¿Cuándo, si no ya mismo? ¡Es hora de congelar o recortar los presupuestos militares que continúan expandiéndose en todo el mundo y aumentar la inversión en salud, educación, protección climática, lucha contra las causas de las migraciones forzosas y las infraestructuras públicas!

La coronacrisis es otro desastre para la humanidad que indica que con el aumento de la globalización y la urbanización, los riesgos para la seguridad humana también aumentan. Es muy probable que haya nuevas cepas del virus, tan virulentas como letales. Mientras tanto, los efectos del cambio climático y los patrones climáticos extremos nos afectarán aún más. La creciente desigualdad está alimentando conflictos, enfrentamientos militares, huidas en masa y desplazamientos, pero esto no puede combatirse con medidas de seguridad tradicionales, al menos en sus causas.

La política socialdemócrata tiene la misión de garantizar las condiciones de seguridad humana, y esta misión se acrecienta en la medida en que aumentan estos nuevos riesgos. Al tratarse una redistribución en términos de transformación socioecológica, la política socialdemócrata debería, sobre todo, echar mano también al presupuesto de defensa. Un doble cambio de paradigma que canalice la inversión en seguridad humana y trabajo de cuidados sostenible y con equidad de género es una oportunidad para salir de la crisis.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: FES

Publicado enSociedad
“Venezuela tiene en el horizonte un momento de colapso inevitable”

El periodista e historiador venezolano José Roberto Duque publicó recientemente su libro “Venezuela crónica”. En esta entrevista desarrolla algunos de los conceptos vertidos en esta obra pensada para quienes observan desde afuera un proceso apasionante y complejo.

 

Semanas atrás salió a la luz el libro Venezuela crónica. Cómo fue la historia que nos trajo hasta aquí. Este texto, editado por Tinta Limón y disponible para su descarga gratuita, es obra de José Roberto Duque, historiador venezolano que ha ejercido como jefe de redacción y periodista en varios medios de comunicación de su país.

La publicación, que sintetiza la historia del siglo XX y los comienzos del XXI en Venezuela, está pensada para lectores y lectoras que ven la realidad del país caribeño desde afuera. Una mirada que está mediada y oscurecida por intereses geopolíticos y empresariales que tienen su voz en los grandes medios de comunicación de América Latina y el mundo.

“Hay un discurso estandarizado y propagado desde hace décadas en todos nuestros países, que traen una especie de aviso luminoso que mucha gente decidió adorar sin cuestionarlo”, sentencia Duque. No obstante asegura que quien crea que a Venezuela “le va a ir muy bien con solo quitar a unos malos administradores del capital y poner a unos buenos, es un chiste que se explica solo”.

– Tu libro, escrito desde Venezuela y por un venezolano, busca hablarle a un público no familiarizado con ese país y su historia ¿por qué? ¿qué fue lo que te llevó a desarrollar un proyecto con ese enfoque?

– Yo no tenía pensado hacerlo, pero llegaron los chicos de Tinta Limón y me animaron a escribirlo. Ahora pienso que ese ejercicio deberíamos hacerlo varias veces en la vida los militantes, investigadores o ciudadanos comunes: el resumen, el recuento de lo que nos hicieron y lo que hicimos al respecto. Cada generación debería producir periódicamente ese tipo de material: el informe de gestión de nuestra historia.

– La primera parte del libro hace un repaso histórico del siglo XX venezolano “para principiantes”, que va marcando algunas transformaciones fundamentales ¿Cuáles son para vos los principales aspectos positivos y cuáles los negativos de este proceso?

– Bueno, yo me he negado rotundamente a valorar de esa manera nuestra historia. Mientras escribía el libro y también después, no he querido hacer valoraciones, porque cualquiera que haga va a resultar amarga. Me contento entonces con decir “esta ha sido nuestra historia y así nos hemos desenvuelto”. Tal vez no esté preparado para ese ejercicio que me propones.

– Discutiendo con otros relatos, vos destacás que el chavismo no surgió de la nada, si no que existía un acumulado histórico del pueblo venezolano ¿cuáles son esas raíces o antecedentes sobre los que se apoyó la Revolución Bolivariana?

– Hay un detalle, un acontecimiento poco explorado o poco admitido como antecedente del chavismo. Está el legado bolivariano, que es la raíz más obvia y conocida. Pero al mismo tiempo que Bolívar, o justo cuando Bolívar entra en guerra por la independencia, estalla en el llano venezolano un movimiento de masas, una rebelión popular al mando de José Tomás Boves, un pulpero asturiano. 

Este movimiento buscaba liquidar a todos los propietarios del momento, hacia 1813-1814, sin importar si eran españoles realistas o criollos independentistas. Era un ejército popular de liberación que salió a exterminar a los españoles y a los criollos. Los esclavos y la servidumbre encolerizada arrasó con buena parte de los blancos en el país. Los pobres detestaban a Bolívar y a los españoles por igual y contra ellos se fue el pueblo a hacer la guerra. Bolívar debió huir de Venezuela espantado por la furia de los pobres. Bueno, la circunstancia de Boves es una raíz del chavismo que sigue siendo un tema tabú. Y por supuesto: en un proceso Bolivariano nadie quiere invocar al anti-Bolívar por antonomasia.

– En contraposición al discurso que habla de que Venezuela vive una dictadura, la Revolución Bolivariana ha vivido una gran cantidad de procesos electorales y además se ha caracterizado por fomentar una enorme participación popular que incluso, en algunos casos, ha entrado en contradicción con el aparato estatal chavista ¿cómo se gestó y en qué experiencias concretas se expresa ese “chavismo salvaje”?

– Lo que Reinaldo Iturriza [NdR: intelectual y ex ministro de Comunas de Venezuela] ha llamado chavismo salvaje tiene de salvaje precisamente su activación o expresión en forma de corriente, conducta o actitud, no necesariamente en forma de estructura u organización. Esa faceta del chavismo no institucionalizado es fascinante, porque consiste en la propagación de un espíritu rebelde y no domesticable. 

El riesgo es que en esos territorios que no reconocen jefaturas a veces se cuelan agitadores o intrusos que han convencido a muchos de que apoyar al gobierno de Nicolás Maduro es ser “de derecha”. Es una perversión ridícula de cierto chavismo citadino y de academia, que anda intentando permear un segmento fundamental del chavismo.

– Durante los últimos años “ser como Venezuela” se convirtió en una expresión negativa en casi toda América Latina. Acuñada por sectores conservadores, caló también en cierto progresismo que se puso a la defensiva buscando diferenciarse del proceso chavista ¿por qué creés que se pudo construir ese imaginario?

– Hay un discurso estandarizado y propagado desde hace décadas en todos nuestros países, que traen una especie de aviso luminoso que mucha gente decidió adorar sin cuestionarlo. Ese aviso fluorescente dice: «El capitalismo es buenísimo, lo malo es que hay corruptos que se roban la plata del pueblo y por eso la economía de los países se destruye». 

Que un idiota formado en Harvard y en cualquier otra fábrica de burgueses y neoliberales crea en eso o lo difunda, así no se lo crea, se entiende. Pero que una izquierda idiotizada, esa plaga “progre” que pulula en las izquierdas, de verdad crea que a Venezuela le va a ir muy bien con solo quitar a unos malos administradores del capital y poner a unos buenos, ya es un chiste que se explica solo.

– ¿Qué rol juega el imperialismo estadounidense en este sentido?

– Estados Unidos diseñó nuestras debilidades y nuestros modos de funcionar, las reglas de juego de nuestro funcionamiento, nuestro sistema de valores. El chavismo ha logrado sobrevivir como Gobierno gracias a una jugada que al imperialismo le salió mal: nos obligaron a legitimar nuestras instituciones por medio de elecciones, y ya hemos ganado 23 de 25 en lo que va de siglo. 

Ahora quieren romper con ese canon e imponer un gobierno por la fuerza. Y es lógico: el que tiene las armas busca usarlas para imponerse.

– Actualmente los distintos modelos políticos que predominaron en América Latina a comienzos del siglo XXI -sean neoliberales, desarrollistas o revolucionarios- están en un período de crisis que viene desde antes de la pandemia de coronavirus ¿qué perspectiva hay hacia adelante en este sentido y qué rol puede tener la Revolución Bolivariana en ese futuro?

– Venezuela tiene en el horizonte un momento de colapso inevitable. Algo veremos colapsar violentamente: la ciudad capitalista industrial, el Gobierno bolivariano, el equilibrio de convivencia con Colombia o con Brasil. Después de la pandemia los venezolanos seguiremos al margen de eso que han llamado «el retorno a la normalidad». Probablemente mientras otros países los procesos regresen precariamente a su cauce (porque portarse bien con Estados Unidos deja algunas recompensas) nosotros todavía viviremos varios episodios más de sabotaje y destrucción de nuestros procesos. 

El papel de la Revolución Bolivariana, sobreviva o no como institucionalidad, será el de servir de ejemplo y modelo para algo que después ocurrirá en todas partes: ¿Quieren los neoyorkinos, bogotanos, parisinos y mexicanos asomarse a lo que será de esas ciudades en el futuro? Vengan a Venezuela y fíjense en la destrucción sostenida de ciudades como Maracaibo, San Cristóbal, Barquisimeto. Ese es el futuro de la ciudad capitalista. Los venezolanos solo estamos adelantándonos un poco, ayudados por la soberbia imperial.

Por: Notas Periodismo Popular / Aporrea | Martes, 14/07/2020 09:46 AM |

Publicado enInternacional
Bill Richardson viaja a Caracas para intentar excarcelar a estadunidenses

Surgen intermediarios dispuestos a colaborar con Maduro en el sector petrolero, pese al acoso de Trump

 

Caracas. El veterano diplomático Bill Richardson viajó a Caracas para reunirse con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, con el objetivo de discutir el estado de varios ciudadanos estadunidenses detenidos allí, dijo ayer su fundación.

En un mensaje difundido en Twitter, el Centro Richardson indicó que el ex gobernador de Nuevo México y embajador de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas llevaría a cabo una misión humanitaria privada en Venezuela "a pedido de varias familias de prisioneros estadunidenses", a los que no identificó.

"Llegó hoy (lunes). Ahora vamos a ver su agenda", indicó el vicepresidente de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodríguez.

El gobierno de Venezuela actualmente mantiene detenidos a dos ex integrantes de las fuerzas especiales estadunidenses, Luke Denman y Airan Berry. Fueron capturados en mayo por liderar un fallido intento de incursión destinado a capturar a Maduro.

También están en prisión desde 2017, seis ejecutivos petroleros de Citgo Petroleum Corp, la unidad de refinación estadunidense de la compañía petrolera estatal de Venezuela (Pdvsa), por acusaciones de malversación de fondos.

El gobierno de Estados Unidos y los abogados de los ejecutivos han dicho que los cargos no tienen fundamento. Cinco de ellos tienen ciudadanía estadunidense.

El Centro Richardson agregó que el ex gobernador también discutirá otros asuntos humanitarios relacionados con la pandemia de coronavirus en la nación sudamericana.

Aunque la visita de Richardson es una misión privada, la coordinó con el Departamento de Estado de Estados Unidos y ha mantenido a las autoridades estadunidenses al tanto de sus planes, según una persona familiarizada con el viaje quien habló a condición de no ser identificada para comentar los detalles de planificación.

Richardson, quien fue embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas durante la presidencia de Bill Clinton y también fue gobernador de Nuevo México, ha abierto canales diplomáticos extraoficiales con varios gobiernos hostiles hacia Estados Unidos como Irán, Cuba y Corea del Norte, para conseguir la liberación de unos 40 estadunidenses, y en Venezuela logró la liberación del misionero Joshua Holt, en 2018.

En otro asunto, Ap indicó que mientras las sanciones estadunidenses ahuyentan a las navieras más grandes del mundo de la industria petrolera venezolana, nuevos intermediarios están dispuestos a asumir los crecientes riesgos y ayudar a Maduro a seguir a flote, según un reporte de C4ADS e IBI Consultants, dos centros de estudios con sede en Washington dedicados a cuestiones de seguridad nacional.

Publicado enInternacional
Olla popular en Perú.   ________________________________________ Imagen: EFE

"El virus, como el terrorismo, no respeta fronteras" afirma Antonio Guterres

Entre 83 millones y 132 millones de personas se agregarán en 2020 a las que ya sufrían el hambre: será consecuencia de la recesión económica provocada por la pandemia. 

 

Desde Roma. Naciones Unidas estima que a causa de la covid 19, el hambre aumentará de modo alarmante en el mundo, agregando un mínimo de 83 millones y un máximo de 132 millones, a los 690 millones de personas que ya padecían hambre en el mundo en 2019, según un informe difundido este lunes.

En el mundo se habla sobre todo de las consecuencias económicas del coronavirus, centrando las preocupaciones en el gran nivel de desocupación generado (la Organización Internacional del Trabajo calcula la pérdida de unos 195 millones de puestos de trabajo a tiempo completo), en la alarmante pobreza y el hambre. Pero el secretario de Naciones Unidas, Antonio Guterres, al inaugurar el 6 de julio en la ONU de Nueva York la Semana contra el Terrorismo, mencionó además la posibilidad de que las debilidades del sistema que han salido a relucir con la pandemia, puedan ser aprovechadas por “formas nuevas de terrorismo” como ataques cibernéticos, bioterrorismo y mal uso de las tecnologías. “Como el virus, el terrorismo no respeta fronteras”, dijo Guterres, señalado que “afecta a todas las naciones y sólo puede vencerse colectivamente”.

Según el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, el estudio realizado por distintas instituciones de Naciones Unidas difundido este lunes, los 690 millones de hambrientos de 2019 significan un aumento de 10 millones respecto a 2018. El informe fue difundido pocos días después de que el secretario Guterres presentara el 9 de julio otro documento sobre el impacto del covid-19 en América Latina y el Caribe, aconsejando a los gobiernos a tomar ciertas medidas para la recuperación de la crisis, reduciendo la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Aunque la ONU reconoce que todavía es un poco temprano para establecer los efectos reales de las cuarentenas en los distintos países y de las otras medidas de contención aplicadas, estima sin embargo que los 83/132 millones que se agregarán en 2020 a los que ya sufrían el hambre, serán el efecto de la recesión económica provocada por el coronavirus. Estos datos hacen cada vez más difícil conseguir el objetivo de “Cero Hambre en 2030” que se había propuesto la ONU, dice el informe elaborado entre otros por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa Alimentario mundial (PAM) y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), las tres con sede en Roma, además de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Asia es el continente con más desnutridos (381 millones), seguido por África (250 millones) y América Latina y Caribe (48 millones), dijo el informe ONU. Es necesario aclarar que Asia es el continente con más población (más de 4.600 millones según estimaciones para el 2020), seguido por África (unos 1.300 millones). América Latina y Caribe en torno a los 650 millones de habitantes pero eso no la salva de la pobreza y el hambre. El mayor porcentaje de desnutridos en proporción a la población está en Africa (19,1%), seguido de Asia (8,3%) y América Latina (7,4%), precisó el informe ONU. Si se continúa con esta tendencia, en 2030, África será el lugar donde se encontrará más de la mitad de las personas que sufren hambre en el mundo, añadió.

“La pandemia intensificó la vulnerabilidad y las deficiencias del sistema alimentario mundial”, afectando las actividades productivas, la distribución y el consumo de alimentos. Por eso el estudio llamó a todos los gobiernos a incorporar el tema nutrición en sus políticas agrícolas, tratando de disminuir los costos de la producción, transporte y distribución y apoyando a los productores pequeños y locales para cultivar y vender más alimentos nutritivos, asegurando su acceso a los mercados. La idea es dar prioridad además a la nutrición de los niños, fomentando cambios en la educación y en los medios de comunicación, a fin de favorecerla, pero también facilitar el acceso a dietas saludables que podrán ser diferentes de un país a otro.

En cuanto a América Latina y el Caribe en particular, el documento difundido por la ONU el 9 de julio destacó que la región se ha transformado en un punto de acceso de la pandemia donde los más vulnerables sectores de la población son una vez más los más afectados y mencionando en este sentido a las mujeres, los ancianos, los indígenas, los africano-descendientes, los migrantes y refugiados, entre otros.

“Para Latinoamérica y el Caribe la comunidad internacional debe proveer liquidez (dinero efectivo), asistencia financiera y aliviar sus deudas”, subrayó Guterres al presentar el documento sobre Latinoamérica. “En una región donde las desigualdades se han hecho insostenibles, es necesario desarrollar un sistema de asistencia social accesible a todos”, creando además un sistemas de impuestos equitativo, promoviendo trabajos decentes y reforzando los mecanismos de protección social, fomentando, entre otras cosas, la participación masiva de las mujeres en la vida pública y económica. “Junto podemos superar esta crisis y construir una sociedad sostenible para todos”, concluyó el secretario general de Naciones Unidas.

Publicado enInternacional