Jill Lepore, en Cambridge, Estados Unidos

La historiadora y profesora de la Universidad de Harvard acaba de publicar el libro 'If Then' sobre la primera empresa que revolucionó el mundo de los datos electorales para las campañas y los medios en Estados Unidos

 

Las clases que da en la Universidad de Harvard la historiadora Jill Lepore son una de las experiencias más vivas e intensas del campus. La disección de la democracia de Estados Unidos, la historia del Derecho y la investigación de las pequeñas historias dentro del arco político y social de varios siglos ayudan a comprender tanto los detalles de la vida y las ideas de 1700 como el estado actual del país.

Lepore da clases, publica libros con un ritmo admirable -nueve en los últimos 10 años- y es colaboradora permanente del New Yorker. Uno de sus secretos es que no tiene cuentas en redes sociales y dedica todo su tiempo laboral a enseñar, investigar y escribir. En 2018 publicó These Truths, un repaso de la democracia de Estados Unidos desde su fundación hasta la elección de Trump con el hilo conductor de las verdades, las mentiras y los mitos construidos a lo largo de la historia. 

Ahora acaba de publicar If Then, sobre la empresa de datos "que inventó el futuro". Una compañía llamada Simulmatics y fundada en 1959 empezó a venderles a los políticos y a los medios lo que llamaban "The People Machine" ("La máquina del pueblo"), para introducir datos sobre los votantes o consumidores y predecir su comportamiento. Se atribuyeron parte del mérito de la victoria de John F. Kennedy en 1960 y llegaron a abrir oficina en Saigón para asesorar sobre los pasos adecuados en la guerra de Vietnam. Para Lepore, es el precedente de las plataformas que hoy dominan nuestros datos y nuestras vidas. 

¿Por qué quería contar ahora la historia de Simulmatics?

Me topé con la historia en los archivos y me pareció relevante para lo que está pasando hoy. 

La empresa no acabó bien. ¿Puede ser un aviso a navegantes para la actualidad?

No creo que se pueda extraer una lección de la historia de esta empresa. Fracasó por todo tipo de razones que son bastante específicas de la década de los 60: no tenían suficientes datos para hacer el tipo de modelo que querían; el coste del tiempo de computación era entonces prohibitivamente alto. 

En el libro subraya en particular lo mal que se portaban estos hombres con sus parejas. ¿Por qué?

Históricamente, mucho de lo que se escribe sobre la innovación disruptiva tiene un tono celebratorio y triunfalista, alimentado por la utopía tecnológica. Mucho de ello es para autojustificarse. Yo escribo sobre este mundo desde fuera. Muchos de los supuestos que aceptamos sobre el mundo, sobre el comportamiento humano, me llaman la atención como profundamente misóginos. No tenía previsto estudiar a fondo los asuntos domésticos de estos hombres, pero no hacía más que encontrarme con evidencias de esto y pensé que era importante contarlo. 

Escribe sobre cómo periódicos y televisiones abrazaron la tecnología para predecir resultados y categorizar votantes (me encantó la historia de las luces que proyectaba el 'New York Times' hasta los años 50 para anunciar los resultados). Algunos expertos sugieren ahora que las predicciones electorales ayudaron a Trump en 2016. ¿La obsesión por las encuestas y las predicciones dañó el proceso democrático?

Es una pregunta muy interesante. Y a mí también me encantaron las luces del Times. Esta obsesión data de un pasado bastante distante. Lo que fue raro sobre 2016 es cuánta gente pareció creer en encuestas que se estaban convirtiendo en cada vez menos fiables, como escribí en 2015. 

¿Hasta qué punto cree que Trump es el resultado de esa era de automatización y polarización que describe en el libro?

Oh, creo que Trump es sobre todo el resultado del sufrimiento económico que pasa la gente que votó por él.

Más allá de si pierde o gana, ¿es Trump un accidente o un síntoma del estado del país?

Ésta es una gran, gran pregunta, pero creo que la respuesta es diferente si pierde. Si pierde, será visto como una aberración. Si gana, será visto como la nueva dirección en la que está ahora el país. 

¿Su presidencia es el principio o el final de un ciclo para la democracia de Estados Unidos?

La mayoría de lo que consideramos el "Trumpismo" en realidad precede a Trump. A él le encanta la atención, quiere que todo sea sobre él, pero, al final, no es así. Quienes creen que lo que Trump representa terminará cuando él ya no sea presidente simplemente se equivocan, por desgracia. 

¿Ya está trabajando en su nuevo libro?

Oh, no. Ahora estoy haciendo una pausa. Como historiadora, necesito encontrarle el sentido a estos últimos cuatro años, tal vez para un nuevo capítulo de mi libro These Truths. Pero, por lo demás, estoy sólo leyendo, leyendo y leyendo. 

30 de octubre de 2020 22:13h

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https://economiafeminita.com/ambiente-feminismo-y-pandemia/

Utilizo el término posturismo como una metáfora de lo que el capitalismo agonizante es capaz de hacer con tal de salvar las ganancias y su acumulación en manos de una minoría: amputarse, con la esperanza de que luego aparezca una prótesis inteligente, un órgano importante, pero sacrificable en nombre de concentrar sus esfuerzos en la apropiación de zonas estratégicas, fuentes de agua, minerales, gas, maderas, petróleo y trabajo humano.

Desde que el virus Sars-CoV-2 salió de la frontera de China para alcanzar Italia y las zonas más exclusivas de esquí en Europa y Estados Unidos, se difundió la imagen que el agente infeccioso microscópico acelular que solo puede replicarse dentro de las células de otros organismos, eso es, el virus, viajaba en avión, utilizaba la octava potencia mundial que produce más C02 (la industria aeronáutica), un sistema de transporte moderno que es urgente modificar y que era aparentemente imparable1. Más aún, viajaba en avión y se hospedaba en hoteles, en ciudades y aldeas especiales al servicio de la anestesia y la ceguera de los sectores medios y altos que huyen de casa en cuanto pueden, para hacerle de turistas en destinos de los que no ven nada. Puede ser que el nombre de Ischgl, la exclusiva estación de esquí de Tirol, sea desconocido en América Latina, pero es asociado en Europa a un lugar clave de difusión de la pandemia. Así Vail, en Colorado, es asociado a la infección de los ricos esquiadores estadounidenses, mexicanos, colombianos, brasileños que regresando a casa infectaron a sus empleadas domésticas y a amplios sectores de la población. En el hemisferio norte, el covid 19 se propagó en invierno y afectó primeramente a las zonas de recreación invernal, pero no se detuvo y alcanzó la primavera y el verano, con su industria de sol y playa, con lo que el sector turismo alcanzó un 45 por ciento de pérdidas mundiales. No te muevas, quédate en casa: una puñalada mortal al sector turismo que, en 2018 contribuyó con 8,8 billones de dólares a la economía mundial y generó el 10,4 por ciento de toda la actividad económica2.

El coste del turismo lo conocemos: concentración de la mano de obra local, despojada de sus trabajos tradicionales para entrar al sector de servicios, desaparición de actividades productivas, destrucción de la flora y la fauna terrestre y marina (en México y Belize, la destrucción de la segunda barrera coralina del mundo por el impacto de los cruceros y por los desechos de cientos de cuartos de hoteles), aniquilación de la ritualidad tradicional en nombre de una falsa festividad para uso y consumo de la fluctuante y poco pensante población turística. Esto sin hablar de la violencia que acompaña las actividades ilícitas que rodean las zonas turísticas, desde la trata de mujeres y niñas para la prostitución y la pornografía forzadas hasta el narcotráfico, y que afectan a regiones cuando no a países enteros. Y pensando todavía menos en que la contraparte del turismo, con sus viajes organizados para que los pasaportes de los países del norte industrial den acceso a cualquier país a sus portadores, son los viajes sin descanso ni comodidades, con peligros y discriminaciones, de poblaciones desplazadas por las guerras, las hambrunas, los desastres ecológicos y el capitalismo de mercado.

Hay ciudades en el mundo cuya población ha preferido mudarse antes que seguir soportando a miles de personas ajenas en sus calles; pensemos en Venecia, por ejemplo. Y ciudades, como Alepo, cuya población ha debido huir por los bombardeos. Así como regiones de pastoreo devoradas por las pistas de esquí, comunidades que temen por la desaparición de sus mujeres jóvenes, costas destruidas por la invasión hotelera, asesinatos selectivos de las mujeres y hombres que dirigen la resistencia de las comunidades indígenas asentadas en playas que los ministerios de turismo promocionan. La industria del ocio no escatima aliarse con sicarios y otros delincuentes con anuencia de los funcionarios de Estado que se ocupan de turismo3, para que quemen zonas de protección ambiental para ampliar las construcciones y aniquilar bosques, manglares, fuentes de agua, selvas y aldeas.

El ecocidio propio del capitalismo es evidente en la industria turística, así como la producción de valor en detrimento de quienes lo producen. Pero el turismo puede ser sacrificado con tal de incrementar la presión sobre la actividad extractiva y la expoliación de los recursos naturales a las comunidades que los defienden como vida. El extractivismo es un sistema de producción que devora ecosistemas naturales, culturales, sociales y de producciones locales.


Desde que el covid-19 fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud en marzo de 2020, la población mundial ha sido bombardeada por una información tendiente a no permitir que circulen más noticias que las que conciernen a la enfermedad, su propagación, sus efectos mortales, con el fin de provocar un terror que suspende la voluntad de saber y actuar. Confinada y a la espera de una solución única, poco probable en realidad, como el descubrimiento de una vacuna efectiva, la población mundial vive en un presente desinformado y controlador. Los medios de información y una parte de la academia han actuado como reproductores y justificantes de los discursos de alarma que sirven de cobertura al capital extractivo. Mientras fiscalizamos las veces que la vecina se lava las manos, las poblaciones migrantes se han encontrado atrapadas en zonas de frontera y confinamiento que van de la más deshumana incuria y hacinamiento, como en Grecia y en Marruecos, a la dispersión y abandono como en México.

Todos detenidos, menos las actividades más destructivas contra el ambiente que garantizan la apropiación y acumulación de valor por parte de las minorías capitalistas que pretenden no ofrecer nada a cambio del uso de los mantos acuíferos para irrigar campos de soya o maíz transgénicos, bañados en pesticidas que envenenan esa misma fuente de agua. Nada a cambio de los cerros y bosques que desaparecen bajo una maquinaria que escarba la superficie de la tierra para extraerle minerales; una actividad destructiva que no produce siquiera trabajos y salarios justos: las zonas mineras son las más pobres en términos de redistribución y bienestar para la población local4.

Durante este período de encierro profiláctico, las mujeres han sufrido un doble embate: por un lado se han visto obligadas a convivir estrechamente con hombres potencialmente agresivos y, por otro, a volver a asumir la satisfacción gratuita de las exigencias de reproducción de la sociedad (atención de enfermos e infantes, alimentación, cuidados higiénicos, alimentarios, etcétera) desde una posición imposible de combatir si se está aislada. La pandemia se ha tornado útil para expulsar los sujetos femeninos del mercado de trabajo capitalista, asalariado, para que ofrezcan servicios gratuitos funcionales al patriarcado y al capitalismo mismo, en el momento que ya no necesitan una gran cantidad de mano de obra.

Durante los últimos 8 meses de alerta sanitaria global, se ha incrementado la violencia de género como efecto de una precisa determinación capitalista de regresar al orden binario de las posiciones “femeninas” y “masculinas” en un mundo del trabajo donde no se contempla la redistribución de la riqueza entre sectores relativamente amplios de la población. Actualmente, las mujeres pueden ser llamadas o menos a tener hijas/os, según su condición de clase y situación migrante, pero no a decidir libremente sobre sus cuerpos y su capacidad reproductiva. En México hay 400 mujeres presas por aborto (todas ellas pobres y muchas indígenas) y las manifestaciones del 28 de septiembre por el derecho a decidir fueron reprimidas en diversos estados, incluyendo la capital del país, gobernada por una mujer que supuestamente apoya las demandas femeninas. Igualmente, mientras no se prestan las atenciones que las víctimas de desaparición, violencia sexual, feminicidio se merecen, un nuevo conservadurismo discursivo hoy responsabiliza a las mujeres de las condiciones de vida, la salud, la alimentación, la flexibilidad laboral y la obediencia a la ley de su núcleo de convivencia.

Para pensar el carácter concentracionario de la economía extractivista, que nos expolia también de las condiciones de una vida digna, en un ambiente que implica desde el aire hasta el derecho al agua y a una salud y educación pública de calidad, es suficiente pensar que los ¡22 hombres más ricos del mundo tienen más dinero que todas las mujeres de África!5. Gracias a la evasión de impuestos de las empresas que influencian la política, la erosión de los derechos laborales, el recorte de gastos sociales, la expoliación de tierras comunales para la implementación de megaproyectos desarrollistas no requeridos por los pueblos, la brecha se ensancha aunque aparentemente el mundo está detenido. Según la organización caritativa británica Oxfam, 2 mil 153 multimillonarios tenían más riqueza que 4 mil 600 millones de individuos en 2019, siendo que el 1 por ciento más rico de la población acumula el 82 por ciento de la riqueza mundial6. Si a la empresa de gestión de inversiones Black Rock se le considerara como un país, sería el cuarto más rico del mundo después de China, Estados Unidos y Japón. La asociación ciudadana Attac Acordem, de Catalunya, la califica “el nuevo dueño del mundo”7. Si en marzo de 2020 sufrió una crisis, en junio se había recuperado totalmente, mientras que, durante los últimos 8 meses, millones de personas han perdido el trabajo y otros tantos están realizando trabajo a distancia en sus casas, donde deben combinar tareas productivas con tareas de reposición, sin derechos claros al descanso y a la finalización de la jornada laboral.

Eso es lo que ha sucedido desde que el miedo a la muerte por medio de una enfermedad descrita en términos de terror y combatida (es una metáfora militar que se utiliza a diario) desde gobiernos influenciados por una institución global como la Organización Mundial de la Salud, financiada en un 76 por ciento por donantes privados, en un 9.8 por ciento por uno solo de ellos, Bill Gates8, por un sector médico empobrecido y desprotegido, mientras la prensa nos habla de un mundo de actividades suspendidas y pececillos en las aguas de Venecia. Recordemos que la soberanía sanitaria implica el derecho al aborto y el derecho de las mujeres a decidir sobre el número de hijas/os que quieren tener; la soberanía alimentaria, la producción campesina de semillas locales y agua limpia, ya que toda la población tiene derecho a alimentarse sanamente y la agroecología implementada por campesinas y ecofeministas es un modo de lograrlo; la soberanía territorial, poder decidir sobre los proyectos que se llevan a cabo en el lugar de vida de las comunidades y poner fin a las agresiones de sicarios y grupos militares, policiacos y paramilitares contra las mismas.

En cuanto al posturismo, apoyemos la muerte de la hotelería y de la mercantilización de nuestros lugares de vida, démosle una patada a los capitalistas de Air B&B y volvamos a decir, como era común en México, “mi casa es tu casa” a todas las amigas y amigos viajeros y migrantes.

 

1 No es casual que en plena crisis del transporte aéreo, con muchos vuelos suspendidos y empresas que quiebran, la fabricante europea Airbus cree tres prototipos de aviones enteramente propulsados por hidrógeno, los ZeroE, para paliar las críticas del movimiento ecologista y la negativa de muchos jóvenes verdes de viajar en avión. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/airbus-crea-primer-avion-propulsado-totalmente-hidrogeno_15938
2 Carmen Porras Núñez, El turismo mundial crece más que la economía global por octavo año sucesivo, 28 de febrero de 2019, Hosteltur, https://www.hosteltur.com/127128_el-turismo-mundial-crece-mas-que-la-economia-global-por-octavo-ano-sucesivo.html#:~:text=La%20aportaci%C3%B3n%20del%20turismo%20a,%26%20Tourism%20Council%20(WTTC).&text=En%202018%2C%20el%20sector%20contribuy%C3%B3,de%20toda%20la%20actividad%20econ%C3%B3mica.
3 El caso más notorio es el de las comunidades garífunas de Honduras, asentadas frente al mar Caribe, que se resisten al despojo por parte de la industria turística. En los últimos 10 años, desde el golpe de estado de 2009, se han incrementado las persecuciones, la criminalización, la desaparición y el asesinato y el despojo de sus territorios, para la instalación de mega proyectos hoteleros que son otorgados con la complicidad del Estado de Honduras. El estado en ocasiones se apoya en los migrantes que regresan de Estados Unidos donde han adquirido costumbres de propiedad privada. María Ángeles Fernández y J.Marcos, “Los proyectos turísticos asedian al pueblo garífuna de Honduras. La desaparición de cuatro jóvenes afrodescendientes evidencia la violencia y la persecución que viven estas comunidades”, Público, 16 de agosto de 2020, https://www.publico.es/internacional/comunidad-garifuna-proyectos-turisticos-asedian-pueblo-garifuna-honduras.html y cfr. https://ofraneh.wordpress.com/2017/04/27/honduras-220-anos-de-resistencia-y-la-sobrevivencia-de-la-matrifocalidad-del-pueblo-garifuna/
4 En México, la Cámara Minera reconoce que la minería representa el 2.4 del producto interno bruto (PIB) nacional y 8.2 por ciento del PIB industrial, pero no informa acerca de la destrucción ambiental, el envenenamiento de acuíferos, del aire y de la tierra, ni de la brutal explotación de las y los trabajadores. México es el primer productor de plata del mundo, pero Fresnillo, la ciudad de donde se extrae más mineral, cuenta con un 46% de su población en condición de pobreza. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sostiene que 40 por ciento de quienes habitan en ocho de los 10 municipios que más oro producen en el país viven en extrema pobreza. Cfr: https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/Documents/Fichas-Monitoreo-y-Evaluacion-2017-2018.pdf
5 Oxfam Internacional, “Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global y cómo combatirla”, https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla
6 Oxfam Internacional, “Tiempo para el cuidado”, 20 de enero de 2020, en: https://www.oxfam.org/es/informes/tiempo-para-el-cuidado
7 ATTAC ACORDEM (acció ciutadana orientada a la democràcia econòmica) es una asociación de ciudadanas y ciudadanos constituida en enero de 2010. Está federada a ATTAC España y pertenece a la red del movimiento internacional ATTAC (asociación para la tasación de las transacciones financieras en ayuda al ciudadano) En su boletín del 12 de julio de 2020 publicó “Conoce a BlackRock, el nuevo dueño del mundo”, en el cual no solo lo describe como el mayor administrador de activos y “banco en la sombra” del mundo, más grande que el banco más grande del mundo (chino), con más de 7 billones de dólares en activos bajo administración directa y otros 20 billones de dólares administrados a través de su software de monitoreo de riesgos Aladdin, sino que ha promovido el fin de la independencia del banco central uniendo la política monetaria con la política fiscal. La crisis de COVID-19 presentó la oportunidad perfecta para ejecutar esta propuesta en los EE.UU., y esta empresa privada fue designada para administrarla. En marzo de 2020, se le otorgó un contrato sin licitación bajo la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus (Ley CARES) para desplegar un fondo ilícito de 454.000 millones de dólares establecido por el Tesoro en asociación con la Reserva Federal. Este fondo, a su vez, podría ser apalancado para proporcionar más de 4 billones de dólares en crédito de la Reserva Federal. Mientras el público estaba distraído con protestas, disturbios y cierres, BlackRock repentinamente emergió de las sombras para convertirse en la “cuarta rama del gobierno”, manejando los controles del dinero fiduciario impreso a pedido del banco central. https://www.acordem.org/2020/07/12/conoce-a-blackrock-el-nuevo-dueno-del-mundo/
8 https://elordenmundial.com/financiacion-organizacion-mundial-salud-oms/

 

 

 

 

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Deforestación para plantaciones de palma /Rainforest

La "explotación insostenible" de recursos que lleva a la alteración del clima y las extinciones masivas son el origen del surgimiento de nuevas enfermedades planetarias, concluye el análisis encargado por el Panel Intergubernamental de Biodiversidad de Naciones Unidas

 

“No hay un gran misterio: las pandemias están completamente provocadas por las actividades humanas”. Y esas actividades son las mismas que causan la crisis climática y la extinción masiva de especies: la “explotación insostenible” del planeta, según ha revelado este jueves un análisis del Panel Intergubernamental de la ONU sobre biodiversidad, el IPBES.

Entre las agresiones que conlleva esa explotación ambiental, el IPBES señala el cambio en el uso de los suelos, la expansión de la agricultura intensiva o el comercio con vida salvaje. Pero ¿por qué “el crecimiento exponencial del consumo y el comercio” ha llevado a la aparición de enfermedades infecciosas? “Porque interrumpe las interacciones naturales entre la vida salvaje y los microbios, incrementa el contacto entre esos animales silvestres, el ganado, los humanos y los patógenos lo que ha llevado a casi todas las pandemias”, responde el informe.

De hecho, los investigadores recuerdan que el 70% de estas nuevas enfermedades, y prácticamente el 100% de las que se han expandido planetariamente (desde la gripe al Sida y la COVID-19), son causadas por virus cuyo origen está en los animales y han saltado a los humanos por el contacto entre la vida salvaje, el ganado y las personas.

Al mismo tiempo, todas esas actividades que ha permitido la irrupción de patógenos son responsables además de, al menos, el 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global, según el Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCCC). Para completar el panorama, también han conllevado que hasta un millón de especies estén al borde de la extinción. Una tasa que supera varias veces la media de los últimos 10 millones de años, como alertó el mismo IPBES en mayo del año pasado.

"Reevaluar la relación entre humanos y naturaleza"

Que la destrucción de ecosistemas propicia que los virus de los animales alcancen a los humanos y, en última instancia, se conviertan en pandemias mundiales es un hecho conocido. Lo que pone de manifiesto esta revisión es que la evidencia surgida del conocimiento científico conmina a “reevaluar la relación entre los humanos y la naturaleza y reducir los cambios medioambientales globales causados por un consumo insostenible que llevan al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la emergencia pandémica”, concluyen los expertos.

“Las mismas actividades humanas que provocan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también son responsables del riesgo de pandemias”, remacha el zoólogo y ecólogo de enfermedades, Peter Daszak, director del grupo de expertos. “Los impactos en el medio ambiente son el camino a las pandemias”.

Porque el cálculo es que hasta 1,7 millones de virus permanecen contenidos en la fauna salvaje. Entre 500.000 y 800.000 tienen potencial para infectar a humanos, recuerdan los científicos. Están, especialmente, en mamíferos como murciélagos, primates o roedores, pero también aves y animales domésticos.

Clima, biodiversidad y patologías se intercontectan

La destrucción de hábitats y el cambio en el uso de los suelos, como la transformación de bosques tropicales en plantaciones de monocultivo como la palma o la soja, interconecta los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la irrupción de nuevas enfermedades.

El ciclo que pormenorizan los expertos del IPBES incluye la deforestación y ocupación de ecosistemas para abrir campos de cultivo y ganaderos -uno de los grandes emisores de gases de efecto invernadero-, pero también para desarrollos urbanísticos. Este proceso expulsa o extingue multitud de especies silvestres y abren hueco para el asentamiento de humanos y sus animales: “La senda para las pandemias”, lo llama este grupo de expertos.

Además, el cambio climático está favoreciendo el traslado de patógenos porque crea condiciones ambientales favorables para que vectores como, por ejemplo, los mosquitos invasores medren y sirvan para contagiar patologías como el dengue, la malaria o la fiebre del Nilo occidental. En España, el mosquito tigre, transmisor de graves enfermedades como el dengue ha doblado su presencia en cinco años. Y no se queda ahí la sinergia climática-pandémica. El cambio del clima está provocando movimientos masivos de personas. La transformación de ecosistemas ha liberado patógenos hasta ahora contenidos. Las especies animales que mejor se adaptan a nuevos entornos degradados y dominados por la acción humana pueden albergar nuevos virus.

Prevenir las causas: 100 veces más barato

El análisis insiste en que, hasta ahora, se han gestionado las pandemias de manera más reactiva o paliativa que preventiva: confinamientos, tratamientos médicos e incluso un gran esfuerzo humano y económico para hallar vacunas. Sin embargo, este estudio subraya que atacar las enfermedades en su origen, eliminar las condiciones que permiten su aparición sería una fórmula más efectiva y barata. “Todavía confiamos en los intentos para controlar las enfermedades después de que hayan aparecido, pero podemos escapar de la era de las pandemias con mucho más esfuerzo enfocado en la prevención”, asegura Daszak.

El riesgo de pandemias puede reducirse significativamente si disminuyen estas actividades, explica el informe. Entre las líneas de actuación, los expertos piden “promover un consumo responsable para que se reduzca el consumo insostenible de recursos en zonas calientes donde aparecen las nuevas enfermedades. También la reducción en el consumo excesivo de carne y productos ganaderos” que están al final de una reacción en cadena que se inicia al destruir ecosistemas para dar cabida a la producción intensiva.

Aunque el informe apunta a la necesidad de unos cambios que califica como “sísmicos”, también indica que el coste para prevenir la aparición de pandemias como la COVID-19 será “cien veces menos que el que provoca la misma pandemia pro lo que existen incentivos económicos muy fuertes para acometer estos cambios”. 

Por Raúl Rejón

29 de octubre de 2020 15:00h

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Publicado enMedio Ambiente
El crecimiento del PIB de EE UU bate récords en el tercer trimestre

La economía estadounidense crece un 7,4% entre julio y septiembre pero las dudas sobre el curso de la pandemia empañan el optimismo

 

La economía de Estados Unidos creció a un nivel sin precedentes en el tercer trimestre, con un aumento del 7,4% del PIB ―equivalente a un ritmo anualizado del 33,1%―, según ha anunciado este jueves el Departamento de Comercio. El alza se produce después de enormes pérdidas durante el segundo trimestre, cuando el PIB colapsó tras los confinamientos masivos durante la primera ola del covid-19 y cayó un 9%, la mayor caída desde que empezaron los registros en 1947. El PIB estadounidense sigue un 3,5% por debajo del nivel precrisis. El dato de crecimiento conocido a solo cinco días de las elecciones promete arrancar distintas lecturas políticas. Ya este martes, el presidente Donald Trump había prometido en Twitter “un gran PIB”, reforzando así su imagen de candidato más capaz de gestionar la economía.

Aunque el dato concreto resulte positivo, la economía de Estados Unidos se halla sumida en el agujero negro de la pandemia, que puso fin al mayor ciclo expansivo en la historia del país y lo abocó a la recesión. Los pronósticos de los analistas se cumplieron, pues apuntaban que el dato de crecimiento superaría el 7%, más del doble que cualquier tasa de crecimiento trimestral desde la Segunda Guerra Mundial. Pero la realidad es que la economía sigue ralentizándose, mientras la crisis sanitaria arroja muchas más sombras que certezas sobre el ritmo de la recuperación, como demuestran el desplome de Wall Street este miércoles por miedo a la espiral de la pandemia y la falta de acuerdo político entre la Casa Blanca y el Congreso para sacar adelante un nuevo plan de estímulos.

Es cierto que la economía estadounidense empezó a recuperarse del cierre de la actividad derivado del confinamiento en los meses de verano, pero los expertos recuerdan que la producción seguiría estando más de un 4% por debajo del nivel de finales de 2019, que es más del mínimo registrado en el pico anterior de la Gran Recesión. Por eso avisan de que un crecimiento rápido en el tercer trimestre no implica que la economía atraviese una fase de pujanza, ya que este periodo mide el nivel de producción de julio a septiembre comparado con la media de abril a junio, y el nivel en abril y mayo estableció una base de referencia tan baja que cualquier aumento, aun mínimo, habría servido para generar un buen dato. Para recuperar el nivel de crecimiento anterior a la pandemia, el PIB debería crecer aún con más fuerza, según los expertos.

“La cifra será histórica sin duda, pero, salvo para la propaganda política, estará por completo desprovista de sentido, pues no nos dirá gran cosa sobre lo que nos espera”, abundaba este miércoles en declaraciones a la agencia France Presse el economista Joel Naroff. El récord anterior de crecimiento trimestral fue del 16,7% en el primero de 1950.

Este jueves, el Departamento de Trabajo ha publicado las cifras relativas a las solicitudes de subsidio de desempleo, que cayeron por segunda semana consecutiva a 751.000, por debajo de lo previsto por los analistas. Aunque el número de solicitantes de ayuda ha bajado del máximo de 6,8 millones registrado en marzo, se halla por encima del pico experimentado en el peor periodo de la gran recesión de 2007-2009, cuando 665.000 estadounidenses se apuntaron al paro.

Sojuzgada por el impacto de la pandemia, la economía de EEUU, que cayó en recesión en la primera mitad del año, aún necesita ventilación mecánica, especialmente si empeoran los datos de contagio y hospitalizaciones por covid-19, sin control en el Medio Oeste del país. Signos claros -por ejemplo, un parón en la venta de casas nuevas desde el verano- apuntan a una desaceleración de la actividad económica este trimestre, y el mismo curso de la enfermedad no permite descartar la posibilidad de un segundo confinamiento y de una recesión aún más profunda.

A finales de marzo, el Gobierno de EE UU logró sacar adelante un plan de rescate de 2,2 billones de dólares, el mayor plan de estímulos económicos lanzado por un país en la historia. El programa, denominado Cares (las siglas en inglés de Ayuda, Alivio y Seguridad económica ante el coronavirus), incluía una partida de 250.000 millones en cheques directos a los ciudadanos con sueldos de hasta 75.000 dólares. En abril, se añadieron otros 484.000 millones de dólares (unos 450.000 millones de euros) para ayudar a los hospitales y a las pequeñas y medianas empresas. En total, Washington ha movilizado casi tres billones de dólares en ayudas a familias y empresas, si bien las ayudas del plan Cares concluyeron en mayo, arrojando a ocho millones de estadounidenses a la pobreza, según un estudio de la Universidad de Columbia.

Por MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO

Nueva York - 29 OCT 2020 - 08:38 COT

Publicado enEconomía
Coronavirus: Francia anuncia un nuevo confinamiento 

El presidente Emmanuel Macron anunció que la meta consiste en “volver al confinamiento que detuvo el virus". Cerrarán bares y comercios. Guarderías, primarios y secundarios seguirán abiertos

 

La pandemia de Covid-19 terminó fijando sus tiempos y Francia regresa desde este viernes a una configuración muy cercana a la que había en el país durante los meses de abril y mayo de 2020: el presidente francés, Emmanuel Macron, durante un solemne discurso transmitido por televisión, anunció que la meta consiste en “volver al confinamiento que detuvo el virus a partir del viernes (…) al menos hasta el primero de diciembre”. 

El país regresará así a estar confinado a escala nacional, aunque con algunas diferencias con respeto a la primavera europea. Hoy se habla de un confinamiento light, menos severo que el que imperó entre marzo y mayo de 2020. La situación es, sin embargo, más aguda porque la pandemia se amplificó ahora a todas las regiones, cosa que no ocurrió en marzo. ”La segunda ola será más dura y mortal que la primera”, dijo Macron antes de aclarar que se aplicará “un confinamiento adaptado”. A diferencia de lo que ocurrió antes, los colegios de primaria y secundaria permanecerán abiertos “con protocolos sanitarios reforzados”, lo mismo que las guarderías. 

Como en marzo, para salir de los hogares, ir a trabajar, salir de compras o tomar aire será necesaria una declaración jurada. Sin embargo, aunque el presidente señaló que “la economía no debe detenerse ni hundirse”, los comercios deberán cerrar, así como los bares y restaurantes y los establecimientos que reciben público (menos farmacias y alimentación). El comercio es el sector que se verá más afectado en los próximos 15 días fijados por el presidente para realizar un primer balance de las medidas anunciadas ayer. Las reuniones privadas y las manifestaciones públicas quedan excluidas y no habrá tampoco desplazamientos entre las regiones. Sólo se tolerarán los viajes de retorno previstos para este fin de semana con el fin de las vacaciones de todos los santos. El trabajo proseguirá, pero mediante un recurso masivo al teletrabajo.

Ninguna de las disposiciones anteriores frenó el avance de una pandemia que los responsables sanitarios ya calificaron hace unos días como "fuera de control". Peor aún, el número dos del Ministerio de Salud, Jérôme Salomon, predijo que "la segunda ola podría ser peor que la primera". Ni las restricciones, luego el cierre de los bares y, al final, el toque de queda a partir de las 9 de la noche (46 millones de personas concernidas) levantaron un muro ante la circulación del virus. Los hospitales gestionan desde hace un par de semanas un flujo ascendente de enfermos. Hasta este miércoles, más de la mitad de las 5.800 camas reservadas a la reanimación ya estaban ocupadas, una cifra a la que no se había llegado desde el pasado mes de abril. 

El mandatario francés advirtió que habría “9.000 pacientes en reanimación a mediados de noviembre”. Ello a equivale a que, dentro de menos de 15 días, la cifra de reanimaciones se multiplique por tres. A este respecto, Jérôme Salomon adelantó que la cantidad de enfermos en los servicios de reanimación “va a aumentar mecánicamente, cualquiera sean las medidas que se tomen”. Francia totaliza hoy 35.541 muertos, de los cuales 523 en las últimas 24 horas.

El país se preparó para el confinamiento antes de que el presidente francés lo anunciara oficialmente en la televisión a las 8 de la noche. Al final de la tarde, en París y sus alrededores, había más de 400 kilómetros de embotellamientos, lo que equivale a más del doble de un día normal. Entre la estampida, el toque de queda y el esperado anuncio presidencial la capital francesa volvió a ser un vacío atravesado por sombras desde las 7 de la tarde. A las 8 en punto resonó la Marsellesa en las pantallas de la televisión, apareció Macron y el país se quedó mudo. Si bien la segunda ola estaba en la agenda de lo muy posible, la rapidez con que se extendió y su volumen sorprendió a todos los epidemiólogos. El mandatario reconoció en su discurso que “el virus circula a una velocidad que ni siquiera las previsiones más pesimistas habían previsto”. ”Este virus es una porquería”, dice el profesor Yazdan Yazdanpanah, jefe del servicio de enfermedades infecciosas y tropicales en el hospital Bichat y también miembro del consejo científico que asesora a Emmanuel Macron (diario Libération). 

El profesor agrega:” habíamos previsto que la epidemia se reactivaría fuertemente, pero su extensión, su importancia, su amplitud y su velocidad son bastantes inesperadas”. Esa rapidez está plasmada en las cifras: entre el 23 de septiembre, cuando se aplicaron las primeras medidas de restricción social post confinamiento, y ahora fallecieron 4.100 personas, o sea, dos veces más que en los tres meses anteriores acumulados. Desde que en octubre el Ejecutivo empezó a multiplicar las medidas en las regiones más contaminadas el ritmo de las infecciones no ha dejado de aumentar. Según la Salud Pública francesa ese ritmo creció en un 45% por semana entre el 15 y el 22 de octubre. ” Todas las regiones están en alerta”, advirtió el jefe del Estado, quien también aclaró: “Si no frenamos brutalmente hoy las contaminaciones los médicos deberán elegir entre un paciente Covid y un accidente de la ruta”. El principal objetivo presidencial es “pasar de 40 mil contagios por día a 5.000”. Macron expuso lo que muchos especialistas vienen diciendo desde hace meses y meses. Nadie está verdaderamente a salvo: la “Covid-19 toca de forma grave a todas las generaciones. Contagiarse con el virus nunca es anodino, incluso cuando se tienen 20 años ".

El día sin fin está acá, la pandemia sin fin, el encierro sin fin. Macron dijo que si no se actuaba ahora de aquí a dentro de algunos meses “habrá que deplorar 400 mil muertos suplementarios”. Una lluvia de aplausos dedicados a los mozos de bares y restaurantes cubrió anoche las protestas y las expresiones resignadas de los parisinos que despedían la temprana noche pocos minutos antes de que entrara en vigor el toque de queda. Las persianas caían con los aplausos y las veredas se iban quedando desiertas. Resignación, rabia y también miedo porque, como gritaba un señor que andaba sólo por la Rue de Rivoli, »no se quejen, jodidos, que el virus está entre todos, en cada rincón del planeta ». La covid-19 ha esquivado todos los diques. París regresa a una era muy cercana, pero que todas y todos confiaban en que era sólo pasajera.

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John Bellamy Foster

ENTREVISTA A JOHN BELLAMY FOSTER

 

John Bellamy Foster (Seattle, 1953) me escribe antes de salir de Eugene, en Oregón: “Tuvimos que evacuar y tenemos un largo camino por delante. Pero intentaré enviarte la entrevista por la mañana”. Los incendios masivos en la costa oeste de Estados Unidos habían disparado el índice de calidad del aire (ICA) hasta valores de 450, sobre un máximo de 500; situación extremadamente peligrosa para la salud. 40.000 personas habían dejado sus casas y otro medio millón esperaba para huir si la amenaza crecía. “Así es el mundo del cambio climático”, sentencia Foster. Profesor de sociología en la Universidad de Oregón y editor de la emblemática revista Monthly Review, hace veinte años revolucionó el ecosocialismo marxista con La ecología de Marx 1/Su libro, junto a Marx and Nature de Paul Burkett, abrió el marxismo a una segunda ola de crítica ecosocialista que enfrentó todo tipo de paradigmas enquistados sobre el propio Marx, para elaborar un método y un programa que impactaron con fuerza en todo el panorama ecologista, como continúan haciéndolo hoy.

El gran desarrollo del ecologismo marxista en años recientes –que ha puesto de manifiesto cómo, a pesar de escribir en el siglo XIX, Marx resulta fundamental para reflexionar sobre la degradación ecológica– es en parte producto de aquel cambio protagonizado por Foster y otros autores vinculados a Monthly Review. Su corriente, que vino a denominarse la escuela de la fractura metabólica, por la noción central que Foster rescató del tomo 3 de El Capital, ha desarrollado todo tipo de líneas de investigación ecológico-materialistas en las ciencias sociales y naturales: desde el imperialismo o el estudio de la explotación de los océanos a la segregación social o la epidemiología (sobre este tema, véase Grandes granjas, grandes gripes, de Rob Wallace, de próxima publicación en castellano).

Lamentablemente, la extensa y muy destacada contribución de Foster y su corriente aún no ha sido lo suficientemente traducida a nuestro idioma. Obras tan importantes para explorar cuestiones centrales al ecosocialismo como, por poner solo dos ejemplos, The Ecological Rift (2010) o The Robbery of Nature (2020) –el primero de Foster, Brett Clark y Richard York; el segundo de Foster y Clark–, aún esperan su oportunidad para ser mejor descubiertas en nuestro contexto. Con motivo de la publicación de su último libro, The Return of Nature, una genealogía monumental de grandes pensadores ecosocialistas que le ha llevado veinte años completar, Foster nos habla del camino que recorrieron estos, desde la muerte de Marx hasta la eclosión del ecologismo en los 60 y 70, así como de la relación de su nuevo libro con La ecología de Marx y con los debates más destacados del ecologismo marxista actual. Sus reflexiones sirven así para repensar el significado de este legado ante la necesidad urgente de un proyecto que trascienda las condiciones que amenazan hoy la existencia en el planeta.

Alejandro Pedregal: En La ecología de Marx rebatiste algunas conjeturas sobre la relación entre Marx y la ecología muy establecidas, tanto dentro como fuera del marxismo, como que el pensamiento ecológico era algo marginal en Marx; que sus pocas ideas ecológicas se encontraban en su obra temprana; que mantenía puntos de vista prometeicos sobre el progreso; que veía en la tecnología y el desarrollo de las fuerzas productivas la solución a las contradicciones de la sociedad con la naturaleza, y que no mostró un interés científico genuino por los efectos de las intervenciones antropogénicas sobre el medio ambiente. Tu trabajo, junto a otros, refutó estos supuestos y modificó muchos paradigmas asociados a ellos. ¿Crees que estas ideas persisten en los debates actuales?

John Bellamy Foster: En los círculos socialistas y ecológicos de habla inglesa, y creo que en la mayor parte del mundo, estas primeras críticas a Marx sobre ecología están hoy refutadas. Están completamente contradichas por la muy poderosa crítica ecológica del propio Marx, que ha sido fundamental para el desarrollo del ecosocialismo y, cada vez más, para todo enfoque científico-social sobre las rupturas ecológicas generadas por el capitalismo. Esto es particularmente evidente en la influencia creciente y generalizada de la teoría de la fractura metabólica de Marx, cuya comprensión sigue expandiéndose, y que se ha aplicado a casi todos nuestros problemas ecológicos actuales. Fuera del mundo de habla inglesa, uno todavía encuentra ocasionalmente algunos de esos conceptos erróneos porque las obras más importantes hasta ahora han sido en inglés y gran parte de ellas aún no se ha traducido. Pero creo que podemos tratar esas críticas anteriores casi universalmente como inválidas, no solo por mi trabajo, sino también por el de Paul Burkett en Marx and Nature, Kohei Saito en Karl Marx’s Ecosocialism 2/y muchos otros. Casi nadie es tan simplista hoy para ver a Marx como un pensador prometeico, que promovía la industrialización por encima de todo. Existe una comprensión generalizada de cómo la ciencia y la concepción materialista de la naturaleza entraron en su pensamiento, reforzada por la publicación de algunos de sus cuadernos de extractos científicos y ecológicos en el proyecto Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA). Por tanto, no creo que la opinión de que el análisis ecológico de Marx sea algo marginal tenga mucha credibilidad, y esa idea está retrocediendo en todo el mundo (mientras el marxismo ecológico es cada vez más relevante). La única forma en que pudiera verse así sería adoptando una definición extremadamente estrecha y contraproducente de la ecología. Además, en ciencia a menudo son las percepciones más marginales de un pensador las que resultan más revolucionarias y avanzadas.

¿Por qué tantos autores estaban convencidos de que Marx ignoró la ecología? Creo que la respuesta más directa es que la mayoría de socialistas simplemente hicieron la vista gorda al análisis ecológico en Marx. Todo el mundo leía las mismas cosas de forma prescrita, saltándose lo que entonces se consideraba secundario. Otros problemas se debían a la traducción. En la traducción inglesa de El Capital, el uso Stoffwechsel o metabolismo por Marx se tradujo como intercambio material, lo que obstaculizaba más que ayudaba a su comprensión. Pero también había razones más profundas, que pasaban por alto lo que Marx entendía por el propio materialismo, y que abarcaba no solo la concepción materialista de la historia, sino también la concepción materialista de la naturaleza.

Lo importante de la crítica ecológica de Marx es que está unida a su crítica político-económica del capitalismo; de hecho, una no tiene sentido sin la otra. La crítica del valor de cambio bajo el capitalismo no tiene sentido fuera del valor de uso, relacionada con las condiciones naturales y materiales. La concepción materialista de la historia no tiene sentido al margen de la concepción materialista de la naturaleza. La alienación del trabajo no puede entenderse sin la alienación de la naturaleza. La explotación de la naturaleza se basa en la expropiación por parte del capital de los obsequios gratuitos de la naturaleza. La propia definición de Marx de los seres humanos como seres automediadores de la naturaleza, como explicó István Mészáros en La teoría de la alienación en Marx, se basa en una concepción del proceso de trabajo como metabolismo entre seres humanos y naturaleza. La ciencia como medio para mejorar la explotación del trabajo no puede separarse de la ciencia como dominio de la naturaleza. La noción de metabolismo social de Marx no puede separarse de la cuestión de la fractura metabólica. Y así sucesivamente. En Marx estas cosas no estaban separadas unas de otras, sino que fueron los pensadores de izquierda posteriores, que generalmente ignoraron las cuestiones ecológicas, o que emplearon perspectivas idealistas, mecanicistas o dualistas, quienes lo hicieron, y así despojaron a la crítica de la economía política de su base material real.

  1. P.: A propósito del prometeísmo, en tu obra mostraste cómo las reflexiones de Marx sobre Prometeo debían leerse en relación con su propia investigación académica sobre Epicuro (y con Lucrecio) y repensarse vinculadas al conocimiento secular de la Ilustración, más que como defensa ciega del progreso. No obstante, el uso dominante del término prometeico sigue siendo muy común, también en la literatura marxista, lo que da pie a que ciertas tendencias aceleracionistas y tecno-fetichistas reivindiquen a Marx. ¿Debería disputarse esta noción de forma más efectiva, al menos en relación con Marx y su materialismo?
  2. B. F.:Este es un tema muy complejo. Marx elogiaba a Prometeo y admiraba el Prometeo encadenadode Esquilo, que releía con frecuencia. En su tesis doctoral comparó Epicuro con Prometeo, y el propio Marx fue caricaturizado como Prometeo por la supresión de la Rheinische Zeitung [Gaceta Renana]; imagen que aparece en el volumen 1 de las Obras completas de Marx y Engels. Por tanto, fue común que algunos críticos, dentro y fuera del marxismo, caracterizaran a Marx como prometeico, en particular para sugerir que veía al productivismo extremo como el objetivo principal de la sociedad. Al no tener prueba de que Marx antepusiera la industrialización a las relaciones sociales (y ecológicas), sus críticos emplearon el término prometeico para exponer su punto de vista sin evidencia alguna, aprovechando esta asociación común.

Sin embargo, esto era una gran distorsión. En el mito griego, el titán Prometeo desafió a Zeus al entregar el fuego a la humanidad. El fuego, por supuesto, tiene dos cualidades: una es la luz y la otra es la energía o el poder. En la interpretación del mito en Lucrecio, Epicuro era tratado como el portador de la luz o el conocimiento en el sentido de Prometeo, y fue de esta idea que Voltaire tomó la noción de Ilustración3/. Es en este mismo sentido que Marx elogió a Epicuro como Prometeo, celebrándolo como la figura ilustrada de la antigüedad. Además, las referencias de Marx al Prometeo encadenado siempre enfatizaron al protagonista como revolucionario, en desafío a los dioses olímpicos.

Obviamente, durante la Ilustración Prometeo no se veía como un mito de la energía o la producción. Walt Sheasby, con quien trabajé al comienzo de Capitalism, Nature, Socialism mientras yo editaba Organization and Environment, escribió un artículo extraordinario para esta revista en 1999, demostrando que hasta el siglo XIX la noción prometeica era utilizada principalmente en ese sentido ilustrado. No estoy seguro cuándo cambió el uso, pero con Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley y Filosofía de la miseria de Proudhon, lo prometeico pasó a simbolizar la revolución industrial, viéndose a Prometeo como sinónimo de energía mecánica. Es interesante que Marx desafiara el prometeísmo mecanicista de Proudhon, atacando todas esas nociones en Miseria de la filosofía. Pero el mito de Prometeo se reificó como historia de industrialización, algo que los antiguos griegos nunca podrían haber imaginado, y la identificación de Marx con Prometeo se convirtió, por tanto, en una forma de criticarle por motivos ecológicos. Curiosamente, en Leszek Kolakowski, Anthony Giddens, Ted Benton y Joel Kovel esa acusación fue dirigida exclusivamente contra Marx y no contra ningún otro pensador, lo que apunta al carácter ideológico de tal acusación.

Lo más próximo a que Marx fuera prometeico (como glorificación de la industrialización) sería su panegírico a la burguesía en la primera parte del Manifiesto comunista, pero aquello era solo un preludio de su crítica a la propia burguesía, y páginas más adelante introducía todas las contradicciones del orden burgués: el aprendiz de brujo, las condiciones ecológicas (ciudad y campo), los ciclos económicos y, por supuesto, el proletariado como sepulturero del capitalismo. No hay ningún sitio donde promueva la industrialización como objetivo en sí mismo en oposición al desarrollo humano libre y sostenible. Explicar todo esto, sin embargo, lleva tiempo y, aunque he mencionado todos estos puntos en varias ocasiones, por lo general es suficiente con mostrar que Marx no fue en absoluto un pensador prometeico, si nos referimos a la adoración a la industria, la tecnología y al productivismo, o a la creencia en un enfoque mecanicista del medio ambiente.

  1. P.:Veinte años después de La ecología de Marx, el abundante trabajo de la escuela de la fractura metabólica ha transformado los debates sobre marxismo y ecología. ¿Cuáles son las continuidades y los cambios entre aquel contexto y el actual?
  2. B. F.:Hay diferentes líneas de debate. En parte se debe a la gran cantidad de investigación sobre la fractura metabólica como forma de entender la actual crisis ecológica planetaria, y a cómo construir un movimiento ecosocialista revolucionario en respuesta a ella. Básicamente, lo que ha cambiado es el espectacular auge de la propia ecología marxista, que ilumina tantas áreas diferentes, no solo en las ciencias sociales, sino también en las naturales. Por ejemplo, Mauricio Betancourt acaba de publicar un maravilloso estudio, “The Effect of Cuban Agroecology in Mitigating the Metabolic Rift”. Stefano Longo, Rebecca Clausen y Brett Clark aplicaron el método de Marx a la fractura oceánica en The Tragedy of the Commodity. Hannah Holleman lo utilizó para explorar los efectos dust bowls 4/pasados y presentes en Dust Bowls of Empire. Un número considerable de trabajos han utilizado la fractura metabólica para comprender el problema del cambio climático, incluido nuestro The Ecological Rift, que escribí con Brett Clark y Richard York, y Facing the Anthropocene de Ian Angus. Estas obras, junto a otras de Andreas Malm, Eamonn Slater, Del Weston, Michael Friedman, Brian Napoletano y un número creciente de académicos y activistas, pueden verse desde esta perspectiva. Una organización importante en esa línea es la Global Ecosocialist Network, donde John Molyneux tiene un papel destacado, junto a System Change, Not Climate Change! en EE UU. El trabajo de Naomi Klein se ha basado en el concepto de fractura metabólica, y también ha jugado un papel en el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) en Brasil y en los debates sobre la civilización ecológica en China.

Otra línea ha explorado las relaciones entre la ecología marxista, la teoría de la reproducción social feminista marxista y los nuevos análisis del capitalismo racial. Estas tres perspectivas se han basado en el concepto de expropiación de Marx como parte integral de su crítica, yendo más allá de la explotación. Estas conexiones nos motivaron a Brett Clark y a mí a escribir nuestro The Robbery of Nature, sobre la relación entre el robo y la fractura; es decir, la expropiación de la tierra, los valores de uso y los cuerpos humanos, y su relación con la fractura metabólica. Un área importante es el ámbito del imperialismo ecológico y el intercambio ecológico desigual en el que he trabajado con Brett Clark y Hannah Holleman.

Han surgido algunas críticas nuevas, dirigidas a la teoría de la fractura metabólica, planteando que es más dualista que dialéctica. Esto es algo erróneo, porque para Marx el metabolismo social entre la humanidad y la naturaleza (extrahumana), a través del proceso de trabajo y producción, es por definición la mediación de naturaleza y sociedad. En el caso del capitalismo, esto se manifiesta como una mediación alienada en forma de fractura metabólica. Este enfoque, centrado en el trabajo/metabolismo como mediación dialéctica de la totalidad, no podría ser más opuesto al dualismo. Otros han dicho que si el marxismo clásico hubiera abordado las cuestiones ecológicas, habría aparecido en análisis socialistas posteriores a Marx, pero no lo hizo. Esa posición también está equivocada. De hecho, eso es lo que abordo en The Return of Nature, con la intención expresa de explorar la dialéctica entre continuidad y cambio en la ecología socialista y materialista durante el siglo posterior a las muertes de Darwin y Marx, en 1882 y 1883 respectivamente.

  1. P.:Efectivamente, en La ecología de Marxte centrabas en el desarrollo del materialismo de Marx en correlación con el de la teoría de la evolución de Darwin y Alfred Russell Wallace, para terminar con la muerte de los dos primeros. Ahora partes de este punto para hacer una genealogía intelectual de pensadores ecosocialistas fundamentales, hasta la aparición del movimiento ecologista en los años 60 y 70. Durante mucho tiempo, algunas de estas historias no recibieron suficiente atención. ¿Por qué llevó tanto tiempo recuperarlas? ¿Cómo nos ayuda el redescubrimiento de estos vínculos a comprender de forma diferente el surgimiento del movimiento ecologista?
  2. B. F.:The Return of Nature es una continuación del método de La ecología de Marx. Esto se puede ver al comparar el epílogo del libro anterior con el argumento del último. La ecología de Marx, aparte de su epílogo, termina con la muerte de Darwin y Marx. The Return of Naturecomienza con sus funerales y con la única persona que estuvo presente en ambos: E. Ray Lankester, el gran zoólogo británico, protegido de Darwin y Thomas Huxley y amigo cercano de Marx. No se centra solo en el desarrollo de ideas marxistas, sino en los socialistas y materialistas que desarrollaron lo que hoy llamamos ecología como una forma crítica de análisis. Y podemos ver cómo estas ideas se transmitieron de una manera genealógico-histórica.

Como toda historiografía marxista, esta es una historia de orígenes y de la dialéctica entre continuidad y cambio. Presenta una genealogía en gran parte ininterrumpida, aunque de forma compleja, desde Darwin y Marx hasta la explosión de la ecología en los años 60. Parte de mi argumento es que la tradición socialista en Gran Bretaña, desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, fue crucial en eso. No solo fue este el principal período de desarrollo del socialismo británico, sino que el trabajo más creativo en las ciencias fue producto de una especie de síntesis de Darwin y Marx a lo largo de las líneas ecológico-evolutivas. Los científicos marxistas británicos estaban estrechamente relacionados con los pensadores marxistas revolucionarios de la fase temprana y más dinámica de la ecología soviética, pero a diferencia de estos, los británicos sobrevivieron y desarrollaron sus ideas, marcando el comienzo de perspectivas socioecológicas y científicas fundamentalmente nuevas.

Desde el principio, una crítica común a La ecología de Marx fue que incluso si Marx hubiera desarrollado una poderosa crítica ecológica, esta no se había completado en el pensamiento socialista posterior. Había dos respuestas a esto. La primera estaba en la afirmación de Rosa Luxemburg de que la ciencia de Marx había ido mucho más allá del movimiento inmediato y los problemas de la época, por lo que, a medida que surgieran nuevos desafíos, se encontrarían nuevas respuestas en su legado científico. Y es cierto que la percepción de Marx de la crisis ecológica del capitalismo, basada en las tendencias de su tiempo, estaba muy por delante de su desarrollo histórico; lo que hace a su análisis aún más valioso, no menos. Pero la otra respuesta era que la presunción de que no hubo un análisis ecológico socialista era falsa: de hecho, la ecología, como campo crítico, fue en gran parte creación de los socialistas. Ya había intentado explicar esto en el epílogo de La ecología de Marx, pero se necesitaba mucho más. El desafío estaba en destapar la historia de la ecología socialista y materialista en el siglo posterior a Marx. Pero esta era una empresa enorme, ya que no había literatura secundaria, excepto, en cierto sentido, el maravilloso Marxism and the Philosophy of Science de Helena Sheehan.

Comencé la investigación para The Return of Nature en el año 2000, cuando se publicó La ecología de Marx. La idea siempre fue explorar más a fondo las cuestiones del epílogo, centrándome en el contexto británico. Pero cuando comencé este trabajo, asumí el cargo de coeditor (y, con el tiempo, editor único) de Monthly Review, y eso naturalmente me devolvió a la economía política, que gobernó mi trabajo durante años. Además, cuando escribí sobre ecología en estos años tuve que lidiar ante todo con la crisis que venía, así que solo pude trabajar en un proyecto tan intensivo cuando la presión era baja, durante breves vacaciones en la docencia, por ejemplo. El trabajo avanzó lentamente. Nunca lo hubiera terminado sin el estímulo de algunos amigos (particularmente John Mage), y por el hecho de que el problema ecológico creció tanto que para Monthly Review la crítica ecológica acabó siendo tan importante como la de la economía política, lo que hacía más necesario que nunca un sistemático enfoque histórico.

Sin embargo, la razón principal por la que el libro tardó tanto fue porque estas historias no se conocían y requerían una enorme investigación archivística y cantidad de fuentes desconocidas; obras que nadie había leído desde hacía más de medio siglo. El papel de J. B. S. Haldane, Joseph Needham, J. D. Bernal, Hyman Levy y Lancelot Hogben en el desarrollo del pensamiento ecológico, a pesar de la relevancia que alcanzaron en su día, fue ignorado después; en parte debido a las luchas intestinas dentro del propio marxismo. También fueron olvidados los grandes clasicistas de izquierda como Benjamin Farrington, George Thomson y Jack Lindsay. Así, captar el vasto alcance de los análisis, colocados en el contexto histórico adecuado, tomó tiempo. Pero los vínculos históricos definitivamente estaban ahí. La historia lleva al final a Barry Commoner y Rachel Carson, y también a Stephen Jay Gould, Richard Levins y Richard Lewontin, Steven y Hilary Rose, Lindsay y E. P. Thompson, que se convirtió en el principal activista antinuclear de Gran Bretaña. La respuesta más sucinta a cómo esta historia puede ayudarnos en las luchas de hoy, quizás la encontremos en Quentin Skinner, a quien cito, que dijo que el único propósito de tales historias es demostrar “cómo nuestra sociedad impone limitaciones a nuestra imaginación”, y que “todos somos marxistas en este sentido”.

  1. P.:La ecología de Marxmencionaba cómo tu propia interiorización del legado de György Lukács (y Antonio Gramsci) te había impedido utilizar el método dialéctico para el ámbito de la naturaleza. Señalabas cómo esta debilidad común al marxismo occidental en parte había abandonado el campo de la naturaleza y la filosofía de la ciencia al dominio de variantes positivistas y mecanicistas. Sin embargo, The Return of Nature comienza precisamente cuestionando algunos supuestos sobre Lukács, centrales para el alejamiento del marxismo occidental de la dialéctica de la naturaleza. ¿Qué condiciones retrasaron tanto los hallazgos de esta importancia? ¿Cuáles fueron los principales efectos que estas conjeturas tuvieron en el marxismo, particularmente en relación con la ecología?
  2. B. F.:Quizás pueda explicar esto a través de mi propio desarrollo intelectual. Cuando era estudiante, estudié extensamente a Kant, Hegel, Schopenhauer, Marx, Engels, Lenin y Weber, así como a Marcuse, Mészáros, Ernst Cassier, H. Stuart Hughes y Arnold Hauser. Así, cuando llegué al posgrado, tenía una buena idea general de los límites entre kantismo y neokantismo, o hegelianismo y marxismo. Me sorprendió descubrir, en cursos sobre teoría crítica, que la primera proposición que se enseñaba era que la dialéctica no se aplicaba a la naturaleza, de acuerdo principalmente a una nota al pie en Historia y conciencia de clasede Lukács, donde criticaba a Engels por la dialéctica de la naturaleza. Solo rechazando esta, se argumentaba, podría definirse la dialéctica en términos del sujeto-objeto idéntico del proceso histórico. Por supuesto, el propio Lukács, como señalaría más tarde, nunca abandonó totalmente la idea de dialéctica meramente objetiva o dialéctica de la naturaleza, a la que se había referido en otra parte de Historia y conciencia de clase. De hecho, en su prefacio al libro de 1967, Lukács, siguiendo a Marx, insistió en una mediación dialéctica, como metabolismo, entre naturaleza y sociedad por medio del trabajo; en ese sentido, en una dialéctica de la concepción de naturaleza. El mismo argumento aparecía en Conversaciones con Lukács.

Fue así como interioricé hasta cierto punto, a nivel práctico, la noción del marxismo occidental de que la dialéctica solo era aplicable al ámbito histórico y no a las ciencias naturales, que se entregaron así al mecanicismo o el positivismo. Llegué a ver la dialéctica histórica de acuerdo al principio de Giambattista Vico, según el cual podemos entender la historia porque la hemos hecho, como fomentó E. P. Thompson. Pero a un nivel más profundo esto no me resultaba satisfactorio, porque los seres humanos no hacen la historia solos, sino junto al metabolismo universal de la naturaleza del que la sociedad emerge como parte. Pero mis intereses en los años 80 se centraron principalmente en la economía política e historia, donde esos problemas rara vez surgían.

Fue cuando volví a la cuestión de la ecología a finales de los 80 y en los 90 que este asunto se volvió inevitable. La dialéctica de la naturaleza solo podría dejarse de lado sobre bases idealistas o materialistas mecanicistas. Sin embargo, dada la complejidad del tema, en La ecología de Marx evité conscientemente, en su mayor parte, cualquier consideración explícita y detallada de la dialéctica de la naturaleza en relación con Marx (que entonces no estaba preparado para abordar), aunque el concepto de metabolismo social de Marx me llevaba en esa dirección. Así, en el epílogo me limité a señalar la referencia de Marx al “método dialéctico” como la forma de abordar el “libre movimiento de la materia”, y cómo esto era parte de la herencia de Epicuro y otros materialistas anteriores, mediada por Hegel. Como enfoque epistemológico, indiqué que esto podía defenderse como equivalente heurístico al papel de la teleología para la cognición humana en Kant. Pero evité en su mayor parte la cuestión ontológica más amplia, de una dialéctica meramente objetiva como apareció en Engels (y en Lukács), y su relación con Marx.

No abordé la dialéctica de la naturaleza en detalle hasta 2008, en un capítulo para un libro editado por Bertell Ollman y Tony Smith, luego incluido en The Ecological Rift. Aún estaba atrapado en el problema de Lukács, aunque entendía que para el Lukács tardío el metabolismo de Marx ofrecía un amplio camino para salir del dilema epistemológico-ontológico (mientras otro camino, sostuve, estaba en lo que Marx llamó la “dialéctica de la certeza sensible”, representada por el materialismo de Epicuro, Bacon y Feuerbach, e incorporada en sus primeros trabajos). Sin embargo, aunque fuera un paso adelante, mi enfoque no era el adecuado en varios sentidos. Como luego entendí, en parte la dificultad radicaba en las limitaciones filosóficas (al tiempo de un alcance científico mucho más amplio) de una dialéctica materialista, que nunca podría ser un sistema circular cerrado, como en la filosofía idealista de Hegel, o totalizador que consistiera exclusivamente en relaciones internas y mónadas sin ventanas al exterior. La dialéctica de Marx era abierta, igual que el propio mundo físico.

La cuestión de la dialéctica de la naturaleza sería central en The Return of Nature, así como lo sería el Lukács tardío, en particular el de El joven Hegel Ontología del ser social. Fue clave el tratamiento por Lukács de las determinaciones de la reflexión de Hegel, que me ayudó a comprender la forma en que el naturalismo dialéctico de Engels se había inspirado en gran medida en la “Doctrina de la esencia” de la Ciencia de la lógica. Otro elemento vital en La ecología de Marx fue el realismo crítico de Roy Bhaskar, especialmente su Dialectic: The Pulse of Freedom. Pero en el corazón de The Return of Nature estaba el examen detenido de la Dialéctica de la naturaleza de Engels (así como de los escritos filosóficos de Lenin), que tenía una profundidad incalculable. Esto me permitió trazar la influencia de Engels sobre pensadores posteriores –sobre todo, Needham, Christopher Caudwell y Lindsay–. Además, William Morris en las artes y Haldane, Bernal, Hogben y Levy en las ciencias ofrecieron una variedad de poderosas ideas sobre la ecología dialéctica y materialista.

  1. P.:Lukács advirtió también cómo la división del trabajo alienado en el capitalismo servía para incrementar la división disciplinaria del conocimiento, de acuerdo a las necesidades de especialización funcional del capital. Como filosofía de la praxis, el marxismo se propone como un proyecto totalizador, entre otras cosas, para recomponer las muy variadas fracturas que el capitalismo ha expandido o impuesto: naturaleza y sociedad, pero también ciencia y arte. Un tema central de tu nuevo libro es la existencia de enfoques paralelos de ecología y socialismo en la ciencia y el arte. ¿Cómo contribuyeron estos vínculos al pensamiento ecosocialista materialista? ¿Cómo pueden ayudar a repensar esta interacción en relación con la ecología y la crisis ecosocial?
  2. B. F.:Al escribir The Return of Nature, la declaración de Morris en Noticias de ninguna partede que había dos formas insuperables de conocimiento, las ciencias y las artes, estuvo constantemente en mi mente. Todos los pensadores marxistas preocupados por la ecología cruzaron esos límites de diversas maneras, por lo que cualquier relato genealógico-histórico debía examinar sus desarrollos paralelos. Evidentemente, el análisis de la ecología como ciencia y su relación con la dialéctica de la naturaleza evolucionó principalmente a través de la corriente científica. Pero era difícil aislar esto de la estética socialista.

Así, Lankester era amigo de Morris y los prerrafaelistas. Hogben tomó de Morris la principal inspiración para su socialismo. Morris concebía que todo trabajo no alienado contiene arte, noción que sacó de John Ruskin, pero a la que añadió profundidad a través de Marx. Morris también reprodujo, independiente de Marx, la noción del carácter social de todo arte. Caudwell captó brillantemente tanto las vertientes estéticas como científicas de la crítica ecológica general. Su estética se valió del concepto de mimesis de Aristóteles y la tradición clásica británica radical de los ritualistas de Cambridge, representada por Jane Harrison, que luego unió a la dialéctica materialista. El poderoso enfoque de Caudwell llevó a los extraordinarios análisis de Thomson sobre los orígenes de la poesía y el drama. Todo este desarrollo estético-ecológico de la izquierda culminó con Lindsay, quien, debido a su enorme variedad de estudios clásicos, literarios, filosóficos y científicos, acabó por reunir nociones sobre la dialéctica de la naturaleza, basándose tanto en la estética como en la ciencia. No es casualidad que Lukács, Mészáros y Thompson tuvieran en tan alta estima a Lindsay, cuya obra no es lo suficientemente valorada, tal vez porque navegar por sus 170 volúmenes sea demasiado abrumador.

  1. P.:Engels es un personaje clave en tu libro. Durante mucho tiempo, en ciertos marxismos, Engels fue acusado de vulgarizar el pensamiento de Marx, pero tú señalas la relevancia y complejidad del materialismo dialéctico de Engels para una crítica social y ecológica del capitalismo. Aunque se reconoce cada vez más, persiste cierto desdén hacia Engels y hacia los vínculos de su obra con Marx. ¿Por qué sucede esto? ¿Cuáles son los aspectos esenciales que conocemos hoy para rebatir esas posiciones desde el pensamiento ecológico marxista?
  2. B. F.: Recuerdo escuchar a David McLellan en 1974, poco después de escribir su biografía sobre Marx, y quedarme desconcertado por su extraordinaria diatriba contra Engels. Esta fue mi introducción real a los ataques contra Engels que de múltiples formas definieron al marxismo occidental durante la Guerra Fría y se han trasladado a la era posterior. Todo esto, obviamente, no era tanto sobre Engels como sobre los dos marxismos, como lo llamó Alvin Gouldner. El marxismo occidental, y en gran medida el mundo académico, reclamaron a Marx como propio, como un pensador urbano, pero en su mayor parte rechazó a Engels por ser demasiado crudo, adjudicándole el papel de saboteador que había creado el marxismo, que no tenía nada que ver con Marx. Engels era responsable del economicismo, el determinismo, el cientificismo y las perspectivas filosóficas y políticas vulgares de la Segunda Internacional y, más allá, hasta Stalin. Quizá no debería sorprendernos, por tanto, que si bien podemos encontrar cientos y miles de libros y artículos que mencionan Dialéctica de la naturaleza, apenas se puede aprender nada de ellos, porque o tratan al libro de manera doctrinaria (como hacía parte del antiguo marxismo oficial) o, en el caso del marxismo occidental, simplemente se citan algunas líneas de él (o, a veces, del Anti-Dühring) para establecer su vulgarización del marxismo.

En términos de ecología marxista, Engels es esencial. Por brillante que sea el análisis de Marx, no podemos ignorar las vastas contribuciones de Engels a la epidemiología de clase en La situación de la clase obrera en Inglaterra, a la crítica de la conquista de la naturaleza o a la comprensión del desarrollo evolutivo humano. Su apropiación crítica de Darwin en el Anti-Dühring fue fundamental para el desarrollo de la ecología evolutiva. El materialismo emergentista de Dialéctica de la naturaleza es clave para una visión científica crítica del mundo.

  1. P.:Monthly Reviewsiempre ha mostrado gran sensibilidad hacia las luchas revolucionarias del Tercer Mundo. La teoría del imperialismo de Lenin junto a la del capital monopolista de Paul Sweezy y Paul Baran, la teoría de la dependencia (en Ruy Mauro Marini o Samir Amin, entre otros) y su diálogo con el análisis de sistemas-mundo, o los aportes de István Mészáros, entre muchas otras influencias, han sido esenciales para la elaboración de vuestra crítica ecosocialista. Sin embargo, el vínculo entre ecología e imperialismo a menudo se ha subestimado en otras corrientes marxistas y ecologistas. Incluso algunos consideran el imperialismo como una categoría obsoleta para lidiar con el capitalismo global. ¿A qué se debe que esta separación entre geopolítica y ecología siga siendo tan fuerte en ciertos sectores de la izquierda? ¿Es posible un enfoque diferente de estos asuntos?
  2. B. F.:La mayor parte de mi generación atraída por el marxismo en EE UU, impactada por la guerra de Vietnam y el golpe en Chile, llegamos a él por oposición al imperialismo. Fue en parte por eso que siempre me atrajo Monthly Review, ya que desde su nacimiento en 1949 fue una fuente importante de crítica del imperialismo, incluyendo a la teoría de la dependencia y el análisis de sistemas-mundo. Los escritos de Harry Magdoff en La era del imperialismo Imperialism: From the Colonial Age to the Presentson fundamentales para nosotros, así como los de Paul Baran, Paul Sweezy, Oliver Cox, Che Guevara, André Gunder Frank, Walter Rodney, Samir Amin, Immanuel Wallerstein y muchos otros. El hecho de que la perspectiva más revolucionaria en EE UU haya venido históricamente del movimiento negro, siempre más internacionalista y antiimperialista, ha sido crucial para definir a la izquierda radical estadounidense. Con todo, siempre ha habido importantes figuras socialdemócratas, como Michael Harrington, en paz con el imperialismo estadounidense. Hoy algunos representantes del nuevo socialismo democrático hacen a menudo la vista gorda ante las implacables intervenciones de Washington en el exterior.

Por supuesto, nada de esto es nuevo. El conflicto sobre el imperialismo dentro de la izquierda se puede encontrar desde los inicios del movimiento socialista en Inglaterra. H. M. Hyndman, fundador de la Federación Socialdemócrata, y George Bernard Shaw, uno de los principales fabianos, apoyaron al Imperio británico y el socialimperialismo. Del otro lado estaban figuras asociadas con la Liga Socialista, como Eleanor Marx, Morris y Engels, todos antiimperialistas. El imperialismo fue la cuestión más divisiva para el movimiento socialista europeo en la Primera Guerra Mundial, como se relata en El imperialismo, fase superior del capitalismo de Lenin. En la Nueva Izquierda en Gran Bretaña, desde los años 60, el imperialismo fue una gran fuente de disputa. Aquellos identificados con la Primera Nueva Izquierda, como E. P. Thompson, Ralph Miliband y Raymond Williams, eran fuertemente antiimperialistas, mientras que la Segunda Nueva Izquierda, asociada a la New Left Review, o veían el imperialismo como una fuerza progresista de la historia, como Bill Warren, o tendían a restarle importancia. El resultado, en especial con la ideología de la globalización en este siglo, fue un declive dramático en los estudios del imperialismo (acompañado por crecientes estudios culturales de colonialismo y poscolonialismo) en Gran Bretaña y EE UU. La consecuencia lógica de esto es que alguien tan influyente en la academia de izquierda como David Harvey declare, como hizo recientemente, que el imperialismo se ha “revertido”, con Occidente ahora en el lado perdedor.

Esto nos lleva al muy débil desempeño de la izquierda en el desarrollo de una teoría del imperialismo ecológico o del intercambio ecológico desigual; producto del fracaso sistemático para explorar la despiadada expropiación capitalista de los recursos y la ecología en casi todo el mundo. Se trata del valor de uso, no solo del valor de cambio. Así, por ejemplo, las hambrunas en la India bajo el dominio colonial británico tuvieron que ver con cómo los británicos alteraron por la fuerza el régimen alimentario en la India, modificando los valores de uso, las relaciones metabólicas y la infraestructura hidrológica esencial para la supervivencia humana, al tiempo que drenaban el excedente del país. Aunque este proceso de expropiación ecológica ha sido entendido durante mucho tiempo por la izquierda en la India y en gran parte del resto del Sur Global, todavía no es enteramente comprendido por los marxistas en el Norte Global. Una excepción es el excelente Los holocaustos de la era victoriana tardía de Mike Davis. De manera similar, la expropiación masiva de guano en Perú –que incluyó la importación de trabajadores chinos en condiciones “peores que la esclavitud”– para fertilizar el suelo europeo, que había sido despojado de sus nutrientes, tendría todo tipo de efectos negativos a largo plazo en el Perú. Todo esto está ligado a lo que Eduardo Galeano llamó Las venas abiertas de América Latina.

La ecología y el imperialismo siempre han estado íntimamente relacionados y se entrelazan cada vez más. El informe Ecological Threat Register 2020 del Instituto para la Economía y la Paz indica que hasta 1.200 millones de personas podrían ser desplazadas, como refugiados climáticos, para 2050. En tales condiciones, el imperialismo ya no puede ser analizado al margen de la destrucción ecológica planetaria a la que ha llevado. Esto fue lo que Brett Clark y yo buscamos transmitir en The Robbery of Nature, y que junto a Hannah Holleman explicamos en “Imperialism in the Anthropocene”. En ese artículo concluimos que “no puede haber revolución ecológica frente a la actual crisis existencial a menos que sea antiimperialista, extrayendo su poder de la gran masa de la humanidad que sufre. (…) Los pobres heredarán la tierra o no quedará tierra para heredar”.

  1. P.:Como hemos visto, el interés por el ecosocialismo de Marx ha crecido mucho en las últimas décadas. Pero esto va más allá de su contexto histórico particular. ¿Por qué es importante para el pensamiento ecológico actual volver a las ideas de Marx? ¿Y cuáles son los principales desafíos para el pensamiento ecológico marxista hoy?
  2. B. F.:La ecología de Marx es un punto de partida, no un punto final. En el pensamiento de Marx encontramos los fundamentos de la crítica de la economía política, y también una crítica de las depredaciones ecológicas del capitalismo. Esto no era algo accidental, ya que Marx presentaba el proceso de trabajo de forma dialéctica, como la mediación entre naturaleza y sociedad. En Marx, el capitalismo, al alienar el proceso de trabajo, aliena también el metabolismo entre humanidad y naturaleza generando así una fractura metabólica. Marx llevó esto a sus conclusiones lógicas, argumentando que nadie es dueño de la tierra, sino que la gente simplemente tiene la responsabilidad de cuidarla y si es posible mejorar sus condiciones para las generaciones futuras, como si fueran cabezas de familia. Definió el socialismo como la regulación racional del metabolismo entre humanidad y naturaleza, con el fin de conservar la mayor cantidad posible de energía y promover el desarrollo humano pleno. No hay nada en la teoría verde convencional o incluso de izquierda, aunque el capitalismo sea cuestionado en parte, que tenga esta unidad entre crítica ecológica y económica, o una síntesis histórica tan completa. Por tanto, ante nuestra emergencia planetaria, el ecosocialismo ha acabado por descansar inevitablemente en la concepción fundacional de Marx. El movimiento ecologista, para que tenga alguna importancia, tiene que ser ecosocialista. Pero nuestra tarea no es entretenernos en el pasado, sino unir todo esto para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Marx sirve para mostrar la unidad esencial de nuestras contradicciones político-económicas y ecológicas, y su fundamento en el orden social y ecológico alienado actual. Esto nos ayuda a desenmascarar las contradicciones del presente. Para llevar a cabo el cambio necesario debemos tener en cuenta cómo el pasado informa al presente y nos permite visualizar la acción revolucionaria necesaria.

El propósito del pensamiento ecológico marxista, además de comprender nuestras actuales contradicciones sociales y ecológicas, es trascenderlas. Dado que la humanidad se enfrenta a mayores peligros que nunca antes, dentro de un tren desbocado que se dirige al acantilado, esta debe ser nuestra principal preocupación. Hacer frente a la emergencia planetaria significa que debemos ser más revolucionarios que nunca, y no tener miedo a plantear la cuestión de alterar la sociedad (“de arriba abajo”, como decía Marx), partiendo de donde estamos. El enfoque fragmentado y reformista de la mayor parte del ambientalismo, que pone su fe en el mercado y la tecnología mientras se reconcilia con gran parte del sistema imperante, no va a funcionar; ni siquiera a corto plazo. Disponemos de más de un siglo de crítica socialista de las contradicciones ecológicas del capitalismo, con su enorme poder teórico, que apunta a una filosofía de la praxis diferente. En nuestro creciente reconocimiento de que no hay más remedio que dejar la casa en llamas del capitalismo, necesitamos una comprensión teórica más profunda de la posibilidad humana, social y ecológica de libertad como necesidad, como ofrece el marxismo ecológico. Como dijo Doris Lessing en su El cuaderno dorado, “el marxismo ve las cosas como una totalidad, relacionadas las unas con las otras”. Esta es la capacidad revolucionaria que más necesitamos hoy.

Alejandro Pedregal es escritor, cineasta y profesor en la Universidad Aalto, Finlandia. Su libro más reciente es Evelia: testimonio de Guerrero (Akal/Foca, 2019)

27 OCTUBRE 2020 

Notas

1/ Foster, John Bellamy (2004) La ecología de Marx. Marxismo y naturaleza. Barcelona: El Viejo Topo.

2/ De próxima publicación en castellano por Bellaterra y en catalán por Tigre de Paper.

3/ Los términos Lumière en francés y Enlightenment en inglés, que se refieren a la Ilustración, se pueden traducir como iluminación o esclarecimiento, además de significar luz en el caso del francés.

4/ Literalmente cuencos de polvo, en referencia a uno de los mayores desastres ecológicos del siglo XX.

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Lunes, 26 Octubre 2020 05:33

Energía y país

Energía y país

Se atribuye a Ahmed Zaki Yamani, quien fue ministro de Petróleo de Arabia Saudita, haber dicho hace 20 años que "la Edad de Piedra no se acabó por falta de piedras; la edad del petróleo acabará mucho antes de que el mundo se quede sin petróleo".

Poco antes de eso Don Huberts, quien trabajaba en el área de hidrógeno de la compañía petrolera anglo-holandesa Shell, señaló en la revista The Economist (julio de 1999): "Ciertamente no pienso que el petróleo se agote durante mi vida. Pero puede haber una falta de petróleo barato"; se refería a esa misma expresión sobre la Edad de Piedra de que "acabó porque las herramientas de bronce se hicieron más baratas".

Según ciertos análisis económicos de la industria energética, contar con nuevas energías renovables es ya más barato que operar las plantas productoras de carbón y la tendencia descendente de los precios relativos es continua. Forbes señaló en fechas recientes que para 2025 costará más operar todas las plantas carboníferas en Estados Unidos que remplazarlas con equipos solares y de viento en un margen de 35 millas de cada planta.

Hay muchos gobiernos y empresas que fijan metas de 100 por ciento de energías limpias y, con ello, una nueva demanda de trabajadores y técnicos para diseñar, construir, instalar y operar paneles solares y turbinas de viento y las redes de distribución. En Estados Unidos, una de las confrontaciones al respecto en las próximas elecciones gira en torno del impulso al carbón de Trump y las nuevas energías que apoya Biden.

Ésta es la transición desde el carbón a una economía limpia, con el desarrollo de nuevas industrias, empleo, capacidades de trabajo y de gestión empresarial, junto con nuevas tecnologías y formas de financiamiento. Véanse, por ejemplo, las metas fijadas en California para el uso único de autos eléctricos en 2030 y lo que significa para las gasolinas.

Éste es un proceso que Schumpeter denominó "destrucción creativa", a la que consideraba la base del proceso de cambio, desarrollo económico y generación de riqueza. Podrá, sin duda, ser un factor adicional de distancia entre los países más y menos desarrollados y, también, fuente añadida de desigualdad social.

El informe más reciente del Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas apunta que en 2019 aumentó la capacidad de generación de energía limpia; que ese aumento se consiguió con casi la misma inversión de 2018 (cifrada en 282 miles de millones de dólares), esto es, a menores costos.

La meta de limitar el alza de la temperatura del planeta por debajo de 2 grados centígrados para 2030 está vinculada con el desenvolvimiento esperado de esta industria y las tecnologías disponibles. La inversión en energías renovables en Estados Unidos creció 28 por ciento en 2019 aprovechando los beneficios fiscales que existieron, superando el monto registrado en Europa.

La publicación Energy Strategy Reviews plantea la transición energética como un fenómeno de suma relevancia en la industria. Las mayores empresas petroleras del mundo se posicionan cada vez más para transformarse en empresas de energía, lo que constituye un modelo económico muy diferente.

De las ocho petroleras más grandes, cinco han emprendido una inversión cuantiosa en energías renovables y en función de sus reservas probadas de crudo.

En el caso, por ejemplo, de British Petroleum, desde 2018 se planteó que su segmento de energía renovable sea su fuente de más crecimiento, con una expansión al quíntuple para 2040, hasta proveer alrededor de 14 por ciento de la demanda global.

A pesar de que no se ha llegado a la cúspide de la demanda de crudo, los expertos esperan que esa situación ocurra a medida que baje la demanda. De ahí se desprende la relevancia cada vez más grande del viento y el sol en la industria, con todo lo que eso representa para el conjunto de las actividades económicas, la productividad, los patrones del empleo y las corrientes de la inversión, además de la manera como muchos gobiernos se adaptarán a las nuevas condiciones. La transición en la industria energética representa un cambio radical en los modelos de negocio, su gestión y operación. Los costos de capital son diferentes, su asignación también y los determinantes de los flujos de ingreso y gasto para las empresas.

La transición ya está en curso y en no menor medida por las exigencias del cambio climático y las repercusiones sociales que provoca.

La intensidad y velocidad de la transición puede acelerarse. Las empresas petroleras y los gobiernos que se rezaguen incurrirán en grandes costos sociales y económicos.

En México el modelo energético está anclado en una concepción de la propiedad estatal y del usufructo de los excedentes por medios fiscales por parte del gobierno. La producción de energía del petróleo y la generación de electricidad podrían resolver problemas a corto plazo, por cierto cada vez más corto y más caro. Y después quedar fuera de la nueva fase de desarrollo de las fuentes de energía y su uso productivo.

El significado de todo esto es de enorme relevancia y gran riesgo para un modelo político de reducción de la pobreza y la desigualdad y, sobre todo, dada la menguada capacidad de crear empleo e ingresos, de generar riqueza de modo sostenido. Energía y políticas públicas están entrelazadas y merecen una atención privilegiada, apropiada y oportuna.

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Solo la guerra de clases puede detener el cambio climático

Un nuevo informe muestra que el 1 por ciento más rico del mundo es responsable del doble de las emisiones de toda la mitad inferior del planeta. El mensaje es claro: para luchar contra el cambio climático, tenemos que luchar contra la clase dominante.

Nuestro nuevo número, "AfterBernie", ya está disponible. Nuestras preguntas son simples: ¿qué logró Bernie, por qué fracasó, cuál es su legado y cómo debemos continuar la lucha por el socialismo democrático? 

Mientras los incendios arden en California, el permafrost se derrite en Siberia, las olas de calor azotan Europa y los huracanes y tifones se hacen cada vez más fuertes, existe una necesidad urgente de una acción climática ambiciosa. La pregunta es cómo será y quién soportará el peso de una transición hacia un mundo más sostenible.

Desde hace varias décadas, el mensaje ambiental dominante para el público ha sido la acción individual. Nos dijeron que para resolver la crisis climática, necesitábamos cambiar nuestras bombillas, cambiar a electrodomésticos de bajo consumo, comprar vehículos híbridos o eléctricos, aislar mejor nuestros hogares, dejar de usar bolsas de plástico y alterar nuestro consumo personal de otras formas.

Estas cosas son, sin duda, cambios positivos, pero no son suficientes para abordar la escala de la crisis que enfrentamos y pueden llevar a conclusiones perversas sobre dónde radica realmente la culpa de la crisis climática.

Existe un creciente argumento de que una de las fuerzas impulsoras de la crisis climática es la población mundial. El mundo está superpoblado, dicen estas personas, y por eso las emisiones son tan altas. Esta opinión la expresan con mayor frecuencia los  eco-fascistas , que creen que se necesita un genocidio para reducir la población humana. Pero la superpoblación también ha sido citada por destacadas figuras liberales como la primatóloga Jane Goodall  y el naturalista  Sir David Attenborough , lo que ha contribuido a generar conclusiones engañosas y preocupantes sobre lo que está alimentando el cambio climático.

Si bien centrarse en el consumo personal nos impone la responsabilidad a todos por igual, centrarse en el crecimiento de la población traslada la culpa a los países de África y Asia, donde la población ha seguido creciendo en las últimas décadas. Sin embargo, estas personas tienen una de las huellas de carbono más bajas del mundo, y cuando miramos qué jurisdicciones han  emitido los gases de efecto invernadero  que están calentando el planeta, la respuesta es definitiva: Estados Unidos y Europa.

Pero incluso culpar por completo a los estadounidenses y europeos es perder el panorama general. Un nuevo informe de Oxfam concluye que el 1 por ciento más rico de las personas por sí solo es responsable del doble de emisiones del 50 por ciento más pobre de la población mundial. Eso significa que incluso si la clase trabajadora del Norte global tomara todas las acciones individuales recomendadas o forzáramos a los pobres del Sur global a dejar de tener hijos, eso no resolvería el problema.

Nuestro presupuesto de carbono restante está siendo sacrificado para que la élite mundial pueda mantener su lujoso estilo de vida, mientras  llevan aviones privados a conferencias sobre el clima para dar la impresión de que les importa. El fundador de Virgin, Richard Branson, ha sido un líder en este lavado verde multimillonario, haciendo  promesas climáticas  que no cumplió mientras expandía su negocio de aerolíneas. Del mismo modo, ElonMusk  afirma preocuparse por el clima para vender más automóviles, mientras  critica el transporte público  y trata de  detener los proyectos de trenes de alta velocidad .

Pero quizás el más prominente de estos multimillonarios que lavan de verde sus actividades insostenibles es Jeff Bezos. A principios de este año, el CEO de Amazon fue elogiado en la prensa por su Bezos EarthFund de $ 10 mil millones; ¡incluso compró los derechos para  cambiar el nombre de un estadio de Seattle después de su promesa climática! Pero aún no  se han otorgado subvenciones del fondo, mientras que Amazon continúa  ayudando a las empresas de petróleo y gas a  extraer combustibles fósiles de manera más eficiente.

Estos multimillonarios afirman que el capitalismo puede resolver la crisis climática y sus inversiones están ayudando a crear una nueva forma de "capitalismo verde" que reducirá las emisiones y marcará el comienzo de un futuro sostenible. Los gobiernos también están cayendo en este mito y lo están colocando en el centro de sus planes de recuperación ante una pandemia.

En julio, el gobierno británico  anunció un plan de recuperación de 350 millones de libras esterlinas para poner al país a la vanguardia de la “innovación verde”, una gota en el océano de la inversión necesaria. Como era de esperar, no incluía ninguna sugerencia de asumir las emisiones de los ricos reduciendo su riqueza, prohibiendo los aviones privados o eliminando las industrias contaminantes de las que se benefician.

Mientras tanto, en los Estados Unidos, el presidente Donald Trump no tiene un plan climático, pero incluso JoeBiden se enfoca en las energías renovables y los autos eléctricos, mientras promete nuevas carreteras con estaciones de carga y se  niega a prohibir el fracking . Al norte, el reciente discurso en el trono del primer ministro Justin Trudeau  prometió hacer de la acción climática una “piedra angular” de la recuperación pandémica de Canadá, mientras se centra en los vehículos eléctricos, extrae más componentes para ellos e invierte más en energía hidroeléctrica. Guardó silencio sobre los  impactos ambientales   de esas iniciativas.

El capitalismo verde nunca facilitará la escala de acción necesaria para mantener el calentamiento por debajo de 1,5ºC o incluso 2ºC porque se niega a enfrentarse a las personas e industrias poderosas que están alimentando la crisis climática en primer lugar. Continúa asegurando que los beneficios fluyan hacia la cima mientras vaciando a la clase media y produciendo narrativas climáticas que transfieren la carga de la responsabilidad a aquellos que tienen poco poder para hacer los cambios necesarios: el público, si no los pobres del mundo.

El tipo de acción climática que necesitamos requiere enfrentar a los ricos y organizarnos en torno a una visión para un tipo diferente  de sociedad. Eso significa no solo hacer que los ricos paguen impuestos más altos, sino desmantelar activamente las estructuras económicas que facilitan su acumulación de riqueza, tratar al planeta como una abundancia ilimitada de materias primas gratuitas y generar todas las emisiones que calientan el planeta.

O nos enfrentamos al capitalismo y sus vencedores, o seremos incapaces de detener el cambio climático descontrolado, ayudar a los refugiados climáticos que creará o detener el mito eco-fascista de la superpoblación que surgirá como resultado. Nuestra elección es el socialismo o la barbarie, como dijo una vez Rosa Luxemburg. El capitalismo verde no nos salvará.

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  Mark Blyth, en una imagen reciente. Cedida por el entrevistado

Mark Blyth / Politólogo

 

Las ideas estúpidas abundan y acostumbran a dirigir la vida de la gente. Mark Blyth (Dundee, Escocia, 1967) está decidido a entender el porqué. Profesor de Ciencias Políticas, Economía Internacional y Relaciones Internacionales y director del Rhodes Center of International Economics en la Universidad de Brown, Blyth centra sus investigaciones en el papel que desempeña la incertidumbre en la configuración de los sistemas económicos, así como el de la política ideológica, y pone gran énfasis en la importancia de las políticas económicas.

Blyth, autor de varios libros, entre los que cabe destacar Great Transformations: Economic Ideas and Institutional Change in the Twentieth Century (Cambridge University Press, 2002), The Future of the Euro (Oxford University Press, 2015) y Austerity: The History of a Dangerous Idea (Oxford University Press, 2013), regresa con Angrynomics (Agenda, 2020), en el que sostiene, junto al gestor de fondos de inversión Eric Lonergan, que la creciente oleada de ira que domina la política global tiene su origen en políticas macroeconómicas desacertadas, tecnocráticas. En esta entrevista, Blyth analiza las repercusiones económicas de la crisis de la covid-19, los diversos enfoques que han adoptado los gobiernos y los bancos centrales de todo el mundo para controlarla y cuál podría ser la alternativa inteligente para lidiar con los problemas políticos a corto plazo, así como los de la civilización a largo plazo.

Empecemos por Angrynomics. Ustedes aluden a las raíces económicas que subyacen tras el profundo descontento y la rabia que han caracterizado al electorado occidental durante la última década. ¿De qué maneras la política económica perpetúa esa ira?

En el libro utilizamos la analogía de la macroeconomía como si fuera un ordenador. Todas las economías capitalistas tienen un hardware relativamente similar: todas tienen un mercado laboral y un mercado de capitales, que varían en alcance, profundidad y regulación. Todas las economías tienen software: un conjunto de ideas económicas o un guión dominante que dicta cómo se hacen las cosas en la economía. Históricamente hemos tenido tres “ordenadores” capitalistas diferentes.

El primero fue la globalización bajo el patrón oro, en el que el capital y las personas podían moverse libremente entre países y el sistema se ajustaba utilizando la balanza comercial mediante las exportaciones e importaciones. El problema derivado de esto era estructural: como todos querían ser exportadores, el sistema se sesgaba hacia la deflación. Esto supuso que los salarios se redujeran en relación con las ganancias, lo que derivó en una gran cantidad de mano de obra cabreada. Los primeros intentos de nacionalismo a principios de la década de 1900, como el socialimperialismo de Joseph Chamberlain, estaban destinados a resolverlo. La Primera Guerra Mundial fue el punto culminante, después del cual el sistema se vino abajo.

La versión 2.0 contenía economías nacionales mucho más restrictivas y un sistema monetario internacional basado en el dólar, y un tanto ligado al oro: el sistema de Bretton Woods. Teníamos economías nacionales con mercados laborales nacionales, y los países que producían lo mismo ocasionalmente comerciaban entre sí. Debido al trauma del período anterior, el objetivo de las políticas era el pleno empleo. Ahora bien, el inconveniente de hacer del pleno empleo su objetivo político es el problema de Kalecki. Si se maneja un mercado laboral de pleno empleo durante treinta años, debido a la tecnología estática, en última instancia, lo que se hace es aumentar los salarios antes que la productividad. Eso perjudicará las ganancias y las expectativas de ganancia a través de la inflación en el sistema. Esto es exactamente lo que revirtió ese orden en los años setenta.

Después de las versiones 1.0 y 2.0, hubo un restablecimiento y reconstrucción fundamentales del hardware del capitalismo y una reescritura de su software. La reconstrucción supuso el surgimiento de bancos centrales independientes y la estabilidad de precios se convirtió en el objetivo de la política. Volvimos a abrir la economía mundial, esta vez con 700 millones de personas nuevas que se unieron al mercado laboral mundial y China pasó de la indigencia a la prosperidad relativa. Y, como mostró Branko Milanović con su famosa gráfica del elefante en 2015, esto contrajo los ingresos de aquellas economías de la OCDE que se encontraban entre los percentiles 50 y 85, particularmente en las economías angloamericanas.

Ahora añadamos a esto la crisis financiera de 2008, cuyos costes se distribuyeron asimétricamente. Los propietarios de capital fueron rescatados; el coste de esta operación se incluyó en el balance público, y el sector público se restringió mediante la austeridad. En última instancia, fue una década en la que las pérdidas de ingresos reales y el estancamiento de los salarios se vieron agravados por una depresión de largo efecto, especialmente en el sur de Europa y las periferias anglosajonas. Por lo tanto, la ira política que estamos presenciando ahora se ha estado gestando durante mucho tiempo.

Los partidos de centro y centroizquierda que cedieron la responsabilidad a los tecnócratas de los bancos centrales y la OMC fueron los que no estaban preparados en absoluto para la crisis. Con la covid-19 hemos visto más de lo mismo. Los gobiernos han transferido la responsabilidad política a los bancos centrales, que saben cómo llevar dinero a las empresas, pero no cómo dar dinero a la gente. Esto, por supuesto, conduce a una reacción violenta, que se arma de diferentes maneras y que en parte ha provocado lo que en el libro llamamos la ira pública.

Sus principales propuestas para hacer frente a esta ola de ira son la creación de un fondo nacional de riqueza y un dividendo de datos. ¿Cómo podrían resolver nuestros problemas estas políticas?

Si tienes un grupo de personas enfadadas, las invitas a cenar y las sientas a todas en una mesa unas frente a las otras en filas según de qué lado estén, será una experiencia muy desagradable. Pero si divides la habitación con sofás, pufs y luz ambiente, cambiarás la dinámica. Para salir de este lío necesitamos cambiar los muebles de la habitación.

No solo queremos pensar en políticas de mejora, queremos pensar en incorporar a la economía elementos que reestructuren las interacciones políticas y económicas. Un fondo ciudadano de inversión haría exactamente eso. En estos momentos, la Reserva Federal de hecho ha fijado un nivel mínimo a los precios de los activos, lo que significa que no se permitirá que los precios de las acciones caigan más allá de cierto punto. Esto fomenta el crecimiento en el mercado de valores a pesar de que la economía ha recibido un golpe tremendo, de tal manera que casi existe un divorcio entre el mercado y la economía. Se trata de una oportunidad desperdiciada. Cuando llegó el pánico por el coronavirus, los inversores abandonaron entre el 30 y el 50 % de sus participaciones en acciones. Todo el mundo quería comprar deuda pública porque es el activo más seguro. Esto significa que, teniendo en cuenta las tasas de inflación actuales, durante un período de diez a quince años, la deuda pública cotiza en negativo. Los inversores básicamente te están pagando por pedir prestado.

Con ese tipo de demanda y coste de financiación, la Reserva Federal podría haber emitido un 20%  adicional o más del PIB, comprar todas las acciones que simplemente se desecharon en todos esos mercados de valores y colocarlas en un fondo pasivo gestionado profesionalmente. Podrían gestionarlo como un gran fondo de inversión libre con un perfil de riesgo bajo y permitir que la magia de la prima del 6% que se obtiene en las acciones obre durante una década. El 6%  anual compuesto durante diez años sobre el 20 % del PIB estadounidense les proporcionaría miles de millones de dólares.

Podríamos utilizarlo para pagar nuestra deuda, si resulta molesta, o mejor, podríamos financiar completamente la descarbonización. Por ejemplo, una de las principales causas de fugas de dióxido de carbono son los edificios. Suponen el 30% de las emisiones. Podríamos modernizar todos los edificios de Estados Unidos durante un período de veinte años, y las aptitudes necesarias para ello mejorarían al conjunto de la clase trabajadora estadounidense. O si se piensa desde el punto de vista de un país pequeño y acomodado como Dinamarca, en el que ya se están haciendo cosas buenas, imagina lo que se podría hacer con un 20% más de PIB. Aquí las posibilidades son enormes.

En esta crisis no podemos juzgar quién lo está haciendo bien porque no sabemos muy bien a qué jugamos

En cuanto al dividendo de datos, el 20% de la bolsa estadounidense está compuesta por seis firmas, las denominadas FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google/Alphabet). Son lo que algunas personas llaman un negocio de coste marginal cero. Tienen enormes márgenes de ganancia sobre los costes y también tienen estatus de monopolio en muchos sectores. Esto significa que son increíblemente rentables. También significa que, debido a que pueden poner a un país en contra de otro, prácticamente no pagan impuestos.

Pero todas estas empresas funcionan porque se utiliza el producto y se les entrega los datos. Facebook es una mera plataforma. Les das los datos, que luego recolectan y venden. Entonces, ¿por qué se los regalamos? Tenemos el derecho de propiedad de nuestros datos y los datos que generaremos en el futuro para ellos. ¿Por qué no los ponemos en un fideicomiso nacional, en el que cada persona puede optar por participar o no, y después autorizar el uso de esos datos a dichas empresas por un precio muy elevado en lugar de impuestos? Si comienzan a hacer un uso abusivo, los recuperamos. De esa manera, podríamos otorgar transparencia y democracia a estas plataformas que son tan importantes pero que no rinden cuentas, y en el proceso también podríamos recaudar unos valiosos ingresos.

Muchas de las tendencias que presentan en el nuevo libro parecen haberse exacerbado durante esta crisis. El desempleo se ha disparado a nivel mundial, con 500 millones de personas en riesgo de caer en la pobreza, mientras que los multimillonarios estadounidenses han aumentado su fortuna en 565.000 millones de dólares hasta el mes de junio. En la ciudad de Nueva York, donde vivo, los apartamentos de lujo de Manhattan se vaciaron mientras que las UCI de Queens y el Bronx estaban por encima de su capacidad. Me hizo pensar en una frase suya: “Los Hamptons no es una posición defendible”. ¿Qué quiere decir con eso?

En todas las revoluciones provocadas por la desigualdad una cosa está clara: sabemos dónde están los ricos. En este momento están de fiesta en los Hamptons. Si posees capital, alguna salida y propiedades –o, para ser comprensivo, si tienes hijos y estás preocupado por la covid–, por supuesto que te irás a tu casa grande y bonita de la playa. En realidad este dato no es muy interesante, pero es representativo de cómo el mantra que se repetía al comienzo de la crisis de la covid-19 –la idea de que estamos todos juntos en esto– no es cierto. Hay grupos que tienen opciones y las van a utilizar. Y es entonces cuando las distinciones raciales, las distinciones de género, las distinciones de clase y las enfermedades salen a la luz en toda su crudeza.

Estoy sentado en la zona más rica de Providence (Rhode Island). La última vez que lo comprobé, el índice de contagio en mi barrio era del orden del 1 al 2%. Si voy a Central Falls o Pawtucket, o a algunas de las zonas más pobres de Providence, es de algo así como el 14 %. ¿Son los Hamptons una posición defendible? Quizás a corto plazo, pero a largo plazo, es una vulnerabilidad.

La crisis que surgió tras el confinamiento mundial parece muy diferente de la recesión típica. ¿Qué distingue a esta crisis de las demás?

A diferencia de las crisis financieras, esta no comenzó con una burbuja de deuda del sector privado, donde las valoraciones subyacentes no podían estar respaldadas por los flujos de ingresos en los que se basaban los activos. Le dijimos a la población activa que se fuera a casa, pero todo el capital sigue ahí. Ahora tenemos que preguntarnos: ¿podemos volver a la situación anterior? Si alguien te pregunta si a los Yankees les ha ido bien últimamente, la respuesta es bastante fácil de encontrar. Solo es necesario buscar el último partido que jugaron, verificar los marcadores y emitir un juicio basado en ese partido. Pero en esta crisis no podemos juzgar quién lo está haciendo bien porque no sabemos muy bien a qué jugamos. ¿Nos estamos jugando que nadie se quede desempleado durante los tres primeros meses? Esto tendría sentido si se cree que la economía se reactivará en tres meses. ¿Y si son seis meses? Ahí probablemente podemos hacer algo. ¿Pero qué pasa si son dos años? ¿Y si pasa a formar parte del mobiliario?

Analicemos a Boeing. Supone una parte enormemente importante de la economía estadounidense y es uno de los principales constructores de aviones del mundo, pero estaba tan obsesionado con el enriquecimiento de los altos ejecutivos y las readquisiciones que no se molestó en actualizar ninguno de sus diseños. Tenemos el 737 Max, del que todos sabemos que tuvo problemas. Volverá a un mercado en el que ya hay demasiados aviones. Luego está el 777 X: nadie lo quiere, nadie lo necesita. Esto es lo que está sucediendo en una de las empresas más grandes de Estados Unidos debido al enriquecimiento y la sobreinversión.

También podemos analizar las propiedades inmobiliarias comerciales. Digamos que las oficinas se vuelven problemáticas de cara al futuro de un modo distinto al de antes. ¿Qué sucede con los fondos de inversión inmobiliaria que dependen de los ingresos por rentas provenientes de clientes comerciales que después van a los inversores? Se aprecia que esto empieza a estar fuera de control de formas que no estamos monitoreando adecuadamente. Pero la mayor paradoja es que no destruimos nada de nuestro capital. No hubo una quiebra. Simplemente lo dejamos, y ahora, en muchos sectores, no está claro el modo en que podemos recuperarlo.

¿Podemos siquiera averiguar quién lo está haciendo bien? Se podría decir que Estados Unidos está cometiendo todos los errores: no mantuvo a la gente en ERTE, no la protegió, no protegió tanto a la economía. Los cobros por desempleo se concedieron al azar; no se puede acordar una extensión y ahora la gente perderá su casa o su trabajo. Pero ¿y si esos trabajos nunca regresan? ¿Y si necesitan aceptar nuevos trabajos a medida que resurgen los anteriores? La solución europea, lo que yo llamo el Volvo con todos sus airbags, es más amable, pero quizás no tan buena a largo plazo como el Mustang, ya que mantiene a la gente en trabajos que tal vez nunca resurjan. Entonces, ¿cuál es la mejor manera de avanzar? No lo sabemos.

¿Puede desarrollar esta distinción entre el “Volvo” y el “Mustang”? ¿Hasta qué punto se trata de una crisis de capitalismo “en el momento justo”? 

A menudo pienso en Antifragile, de Nassim Taleb, que sostiene que el despido es caro. La optimización es mucho más barata y sale mucho más rentable. Sin embargo, un sistema óptimo convulso se derrumba rápidamente. Hay un motivo por el que la naturaleza te da dos ojos y dos riñones cuando en realidad podrías vivir con uno. El despido es caro pero necesario.   

Esto enlaza con las diferencias entre un Volvo y un Mustang. Si tienes un accidente con un Volvo, no hay problema: está cubierto de airbags. Además es muy cómodo y bonito; mantenerlo cuesta una fortuna. Mientras que si tienes un Mustang, todo es rendimiento. Tienes un motor GT de cinco litros, dos asientos de verdad y algún airbag. Si se activa todo a la vez de la forma correcta, un Mustang puede alcanzar los 160 kilómetros por hora e ir por delante de los demás.

La economía estadounidense se parece mucho a un Mustang. No fabrica airbags. No se detiene. Si todo está optimizado –el mercado de trabajo es flexible, los mercados de capital y los mercados crediticios parecen proporcionar una liquidez infinita–, todo irá de maravilla. Pero si lo que importa es la supervivencia después de un accidente, un Mustang no es el ideal. Esto es lo que estamos viendo en la economía estadounidense en este momento. Cuando algo como la covid-19 alcanza a una economía que solo funciona cuando se asume que todo funciona perfectamente, el sistema se resquebraja y no está claro cómo hay que fabricar nuevos airbags para absorber los golpes. De modo que, el capitalismo “en el momento justo”, si quieres llamarlo así, no es la causa de la crisis, sino que ha exacerbado y amplificado las consecuencias.

La solución de Volvo a esta crisis sería enviar a todos a casa durante meses y pagarles el 80% de su salario original hasta que todos volvamos a nuestros puestos. Vivimos en un mundo en el que eso es posible. En primer lugar, porque todo es comercio de valor relativo, los déficits de todos los países se están disparando, motivo por el que se les culpabiliza. Todo el mundo tiene margen. En segundo lugar, por muchas razones simples y complejas, los tipos de interés llevan cayendo, según algunas estimaciones, ¡700 años! La inflación no se percibe en ninguna parte, excepto en las cestas de la compra de los pobres y en los precios de los activos. En estos tiempos de incertidumbre, se pueden emitir bonos con intereses negativos. Esta es la razón por la que el Volvo puede durarte mucho tiempo.

Sin embargo, a la larga tendrás que salir del Volvo. Ese es el problema. ¿Cómo lo haces? Los republicanos decían que el problema de dar 600 dólares semanales de prestación por desempleo es que se desincentiva a la gente para volver al trabajo. En primer lugar, no pueden volver porque los negocios siguen bajando la persiana. Y, en segundo lugar, cabe plantearse una pregunta más interesante: ¿por qué a los estadounidenses se les paga tan bajo que 600 dólares a la semana les representaría una diferencia tan grande para no incentivarles a ir a trabajar? Esto significa que se ha desarrollado una economía de salarios bajos, lo cual tiene consecuencias muy negativas.

Ya apenas se habla de una recuperación en forma de V,  ¿a qué se debe?

Una recuperación en forma de V presupone una reversión a la media. Incluso una recuperación en forma de W lo presupone. Lo que ha ocurrido es que hemos pasado por un gran bache. Se presupone que la economía volverá a su sitio. Pero ¿y si no es así?, ¿y si terminamos en una senda de crecimiento completamente nueva? En el momento en que somos conscientes de ello –la idea de que gran parte de nuestro capital tendrá que estar paralizado, otras partes deberán ser redistribuidas y que la forma en que hacemos negocios deberá replantearse–, se abandona la idea de reversión a la media.

 ¿Qué pasa con China? ¿Existe un escenario donde salga relativamente fortalecida de esta crisis?

Alguien me sugirió que China es un camión militar en lugar de un Volvo o un Mustang. En cierto modo me gusta. Es lo suficientemente grande como para pasar por encima de todos los baches de la carretera, pero hay que soportar los golpes. Solo sobrevive porque tiene una infraestructura militar. Si quieres que continuemos con la analogía, ahí es donde iría.

China tiene para su economía un sistema de mando y control muy diferente. Cuando los bancos centrales de Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo, dicen a los mercados financieros que lanzarán un programa que comprará activos, en realidad están jugando entre ellos. El Estado chino se dirige directamente al sistema bancario y dice: “Le prestarán tanto dinero a esta entidad. Luego dígale a la entidad qué hacer con el dinero”. Es mucho más directo.

Pero el problema, como han señalado Herman Mark Schwartz y Michael Pettis, es que el multiplicador fiscal que se obtiene del dinero disminuye con el tiempo. La primera vez que se recibe un enorme estímulo monetario, es bueno, pero al final se han construido todos los puentes que se podrían construir. Por lo tanto, China puede estar a punto de ofrecer grandes estímulos, pero la efectividad de tales programas de estímulo parece disminuir con el tiempo. De este modo, también está enormemente endeudado en su balance público. Cuenta con los activos correspondientes, pero queda la cuestión de valoración de dichos activos porque es una economía relativamente cerrada.

La pandemia tardó mucho más en asentarse en los países en vías de desarrollo, pero parece que está haciendo estragos tanto en los sistemas de salud pública como en las economías de América Latina y países como India. ¿Cómo les irá según la estructura que usted ha diseñado?

América Latina, a pesar de sus propios esfuerzos y dedicación –y a veces debido a sus propios esfuerzos, ya que se puede ganar mucho dinero con la soja y la destrucción del Amazonas–, siempre se ha integrado a nivel mundial. Los países de América Latina son exportadores de materias primas, y si la economía global se hunde, nadie quiere materias primas, ya sea petróleo o soja. Estos países también se han cargado con una gran cantidad de deuda internacional, expresada en dólares, que ahora es dos veces más cara porque las monedas locales han caído. Esto lo hemos visto en muchas ocasiones con anterioridad en América Latina, y con la covid-19 ha regresado con fuerza.

India es un caso muy distinto. Tiene casi la misma población que China, pero una huella económica mucho más pequeña, un nivel de desigualdad mucho mayor y una gran cantidad de personas que todavía viven en condiciones de subsistencia. Obviamente, la covid-19 les va a afectar mucho más. Estamos empezando a ver esto incluso en aquellas áreas del país a las que parecía que les iba muy bien, como Kerala. Cuando el Golfo Pérsico se quedó sin dinero debido al derrumbe del precio del petróleo, comenzaron a enviar trabajadores migrantes a casa. Sin embargo, todos los trabajadores migrantes habían estado viviendo en barracones, potencialmente con covid-19, y todos están regresando a sus poblaciones de origen. Pero los datos demográficos de la población sin duda parecen ayudar. Ser un país joven parece significar menos muerte.

Digámoslo así. Es bueno tener un Mustang porque aunque tengas un accidente, sigues teniendo un Mustang, aunque la reconstrucción sea dolorosa. Está muy bien estar en un Volvo si tienes un accidente de tráfico; la pregunta es si una vez que te has subido, podrás salir. Para todos los demás que conducen un camión del ejército o simplemente caminan por la carretera, es mucho más difícil.

Se ha hablado mucho de volver a trasladar la producción a Europa Occidental o Estados Unidos, que carecían de la capacidad para abastecerse de kits de pruebas y mascarillas durante la primera oleada de la pandemia. Incluso antes de que estallara la pandemia, existían muchas dudas acerca de la globalización. ¿Qué le depara a dicho proyecto político?

El libro The Leveling, de Michael O'Sullivan, sostiene que la era de la globalización ha terminado y tenemos un vacío de liderazgo mundial. ¡Olvídense del G20, hay un G0! Creo que es cierto, pero hay un problema con simplificar demasiado los efectos negativos de la globalización. El libro de Martin Sandbu, The Economics of Belonging, lo explica muy bien. Es cierto que las crisis comerciales y las atroces políticas internas de ciertos países han ahuecado la base industrial y aumentado la desigualdad. Pero no olvidemos que Apple es una empresa estadounidense que paga sus impuestos a través de Irlanda y Holanda. Prácticamente ninguna de las ganancias termina siendo remitida a Estados Unidos en forma tributable y todavía fabrican muchos de sus productos en China.

Pongamos que relocalizas Apple. ¿Qué ocurriría? Lo que Sandbu destaca es que, en la industria de la manufactura, el capital sustituye al trabajo al margen mejor que en cualquier otro sector. Si se reubica la producción de Apple, esta no pagará a más trabajadores estadounidenses de Foxconn, estos construirán robots. Cada vez se necesita menos que la gente haga cosas. Solo hay que pensar en la impresión 3D y los productos manufacturados a mayor escala. Es un problema fundamental que nos negamos a hacernos a la idea. La cuestión entonces es cómo distribuir el valor añadido de ese aumento de la producción de un modo que derive en un crecimiento sostenible. Se trata de una cuestión política, no económica.

Usted no es en absoluto aislacionista. ¿Cómo propone que orientemos la crítica de la globalización mientras mantenemos un compromiso con el internacionalismo?

El nacionalismo no es una categoría económica. Desde el punto de vista económico, uno se mete en problemas cuando se reemplaza la coherencia entre los medios económicos de producción y el área que abarca un acuerdo democrático. Ahí es donde estamos. La democracia es local, la producción es global. Si puedes diseñar un conjunto de reglas para alinear más estrechamente esos intereses, quizás puedas hacer que el juego sea más positivo.

El otro elemento que me gusta de las economías nacionales es que todos podemos probar cosas diferentes. Si algo critico de la UE, es su idea decimonónica de que solo existe un único conjunto de prácticas idóneas. Si tenemos un conjunto de instituciones encargadas del mercado y un conjunto de formas de lidiar con las crisis, entonces aplanamos todos los nichos, complementariedades y aspectos únicos de estos diferentes modelos de crecimiento, como si existiera una cosa llamada “economía europea”. No existe.

De las economías nacionales se infiere que puede haber experimentos nacionales. Como explicamos al final de Angrynomics, nadie sabe cómo llegar a la descarbonización total. ¿Deberíamos hacer un gran pacto internacional sin supervisión, como el de Copenhague? ¿O deberíamos hacer que cada uno se enfrente a la realidad a su manera y trate de hacer lo que les funcione? Los experimentos nacionales individuales nos permitirían aprender unos de otros y escalar a partir de ahí. Creo que es un modo de hacerlo mucho más sensato y que se puede sobrevivir. Si la desglobalización significa algo, eso es lo que significa para mí.

A lo largo de esta conversación ha criticado el papel de los bancos centrales, la resaca de la austeridad y la redistribución al alza de la renta antes y durante la pandemia. Todo esto se remonta al aumento del descontento social sobre el que escribió en Angrynomics. ¿Cómo sería un programa alternativo?

He escrito sobre el neoliberalismo como un conjunto de ideas, pero otro enfoque es considerarlo un conjunto de prácticas. Me refiero literalmente a las cosas que se hacen: abrir, privatizar, globalizar e integrar. Una vez que se haya tomado esa decisión, a menos que haya guerras, pandemias u otros eventos que alteren el rumbo, es muy difícil imaginar un mundo diferente. Lo que intentamos en Angrynomics es decir que no es necesario un nuevo plan completo, solo es necesario cambiar los muebles.

En la primera parte de la crisis enviamos a la población activa a casa, lo que provocó una caída del consumo y la producción. En la segunda parte nos dimos cuenta de que no hay recuperación en forma de V. No podemos volver a los cruceros, porque no habrá pasajeros. Nuestro capital todavía está allí –no ha sido destruido, a diferencia de lo que ocurre en una guerra–, pero está funcionalmente destruido en el sentido de que no podemos usarlo en estos momentos, y no estamos seguros exactamente de lo que podemos y no podemos utilizar en el futuro.

Pero entonces cabe plantearse una buena pregunta: ¿cómo reutilizamos ese capital? Tenemos una escasez crónica de viviendas, y efectivamente dejamos de construir vivienda pública en 1980. Tenemos todo estos espacios de oficinas, algunos de los cuales son muy elegantes, en lugares verdaderamente agradables. Imaginemos que se contrata a las personas de esos sectores desplazados de la descarbonización y esos edificios se convierten en viviendas neutrales en emisiones de carbono. Puesto que nuestro capital no ha sido destruido, hay que preguntarse cómo deberíamos redistribuirlo. Ese es el lado positivo de todo esto, y teniendo en cuenta el coste actual del capital, solo queda limitado por nuestra imaginación.

Pero este proceso de redistribución de nuestro capital también puede convertirse en una oportunidad para pensar sobre lo que realmente necesitamos y el modo de conseguirlo. Parte de la función del gobierno es actuar como esa financiación provisional que permite al sector privado liquidar activos malos de tal modo que no quiebren y luego reasignar ese capital de tal modo que todos obtengamos un nuevo conjunto de inversiones. Pienso en la descarbonización como la mayor oportunidad de inversión del siglo XXI. Si se hace bien, a partir de ese momento, todo será maravilloso. Si se hace mal, todo lo demás carece de importancia. Es como una opción de compra. La covid nos va a obligar a empezar a tomar esas decisiones.

Por Álvaro Guzmán Bastida Nueva York , 23/10/2020

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Esta entrevista se publicó originalmente en inglés en Phenomenal World.

Traducción de Paloma Farré.

Publicado enEconomía
Franco Berardi ‘Bifo’: “Tenemos que entrar en sintonía con el caos”

El filósofo italiano Franco Berardi Bifo presentó su libro El umbral. Crónicas y meditaciones, donde comparte su diario durante la pandemia y analiza la situación geopolítica que cristalizó el coronavirus.

 

Bifo dice que el comienzo de la pandemia le produjo una soledad eufórica: “Se desató un tiempo tan terrible como útil. Escribir sobre mi experiencia personal ha sido una manera casi involuntaria de analizar muchos acontecimientos que pasan en el psiquismo global”. Sobre la portada del libro El umbral. Crónicas y meditaciones (Tinta Limón, 2020), donde destaca una ilustración de su autoría, cuenta que es resultado de momentos donde está “un poco nervioso” y necesita conectarse con “una esfera menos racional”. Referente del movimiento de la autonomía obrera italiana y fundador de importantes experiencias de comunicación alternativa, Bifo se transformó en una de las voces más influyentes para leer la coyuntura internacional.

¿Qué significa que el coronavirus pasó de ser un biovirus a un infovirus y por qué eso nos coloca como humanidad ante un umbral?


Tengo que anticipar el discurso a un período anterior a la explosión de la pandemia. Al final del año 2019, durante la explosión de revueltas en todo el mundo. De Hong Kong a Quito, La Paz, Santiago de Chile, Barcelona, París, Beirut. En el otoño de 2019 me pareció que se estaba verificando algo de nuevo muy espasmódico. Me pareció que estábamos ante una confusión del cuerpo global. Como si el cuerpo de las nuevas generaciones, especialmente de la generación precarizada, hubiese nacido en el interior de la aceleración telemática.

Esta generación estaba produciendo un rechazo muy violento, muy corpóreo a la sofocación. Esa sofocación es el punto de partida de todo esto. La imposibilidad de respirar que el movimiento negro expresa con las palabras “I can’t breathe”. Es el símbolo y el síntoma al mismo tiempo del efecto que 40 años de dictadura neoliberal ha producido sobre el cuerpo y el cerebro, entendido de una manera neurofisiológica casi. Es esta corporeidad conectiva la que explota sin proyecto, sin estrategia. Desde mi perspectiva, el centro de la revuelta de otoño de 2019 es Chile. Porque en Chile todo empezó. En Chile todo puede terminar. La dictadura fascista y neoliberal.

Pero la explosión fue como un estallido de locura, una convulsión. Y la convulsión anticipaba el colapso que llegó en febrero con la pandemia. En este momento es el caos lo que tenemos que interpretar. No podemos interponer fórmulas políticas del pasado. Tenemos que entrar en sintonía con el caos. Cuando se verifica una situación de caos es inútil y peligroso pensar que tenemos que hacer la guerra contra el caos. El caos se alimenta de la guerra.

Es la primera vez que se puede usar la palabra extinción en un sentido político y no biológico. Porque la extinción se ha vuelto muy probable. Lo que tenemos que hacer es captar un nuevo ritmo, a nivel sensible, a nivel de formas de vida. Es un proceso que puede ser muy largo y muy doloroso. Yo creo que la pandemia obliga a la sociedad global a buscar un ritmo sintónico con la situación caótica que 40 años de locura neoliberal han producido. Estamos en el umbral. El pasaje de la oscuridad a la luz y de la luz a la oscuridad.

¿Y qué evidenció el virus?


Cada vez más la fuerza dominante ha sido la abstracción tecnofinanciera que ha impuesto sus reglas y que ha destrozado unos estructuras de la vida social. Pero durante la pandemia nos damos cuenta de que el problema no es el dinero. Lo importante son cosas muy concretas como las estructuras sanitarias, las mascarillas, la comida. Lo que necesitamos básicamente se impone como lo que está al centro de la atención.

Entonces, la frugalidad es la palabra que mejor expresa esta vuelta a lo concreto. Frugalidad no significa pobreza significa una relación buena, feliz, entre lo que necesitamos y lo que podemos tener. Pero hay un punto que vamos a ver claramente en el futuro: solo una redistribución de la riqueza, de los recursos a nivel planetario y local podrá permitir una salida de la crisis espantosa que se está desarrollando en el mundo. Redistribución de la riqueza, frugalidad, igualdad.

Lejos de esta posibilidad, las crecientes expresiones de derecha en el mundo han negado la pandemia y pujan desde el comienzo por volver a “encender la máquina”. Lo vemos en Brasil y en Estados Unidos, donde cada vez más se habla de un proceso de guerra civil.


El fenómeno Bolsonaro es tan extremo en su vulgaridad que me hace pensar en una especie de Berlusconi en una fase de senilidad extrema. Creo que la senilidad y la impotencia son claves muy importantes para entender la ola de violencia machista y racista. En cuanto a Estados Unidos, la guerra civil se está desarrollando. Es un potencial que no se desarrolla en las calles, se desarrolla en las grandes instituciones del imperialismo estadounidense. Pero existe también una guerra racial y social que ha explotado en los últimos cuatro meses y no parará con las elecciones. Es una crisis psíquica.

Un dato esencial es la subida ininterrumpida del consumo de drogas oficiales que lleva a una intoxicación masiva, sobre todo de la población blanca senilizante. En junio se vendieron tres millones de armas de fuego, que fue una de las mercancías más vendidas durante la pandemia: hay 300 millones de armas de fuego bajo los colchones. La insurrección del movimiento norteamericano después del asesinato de George Floyd se explica en términos de reactivación psíquica del organismo pensante de la organización colectiva. Un intento subconsciente por evitar una depresión suicida en el largo plazo.

¿Cómo vivir ante la posibilidad de la extinción en el horizonte?


El problema es que el colapso no puede ser superado al interior del paradigma neoliberal. La cuestión principal que yo me pongo es la siguiente: ¿se puede imaginar vida feliz en el horizonte de la extinción? La respuesta es sí. Es la única manera para escapar de la extinción. Seguir imaginando ternura, imaginando erotismo, imaginando aventura. 

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