Jueves, 23 Agosto 2018 15:11

Blancos, demasiado blancos

Blancos, demasiado blancos

Pese al paso de los años, el racismo no ha desaparecido de la sociedad, en particular de la gringa y, por el contrario, ha mutado, afectando o reforzando de múltiples maneras la cultura dominante. Asi lo resalta esta serie.

 

Una escena de Querida Gente Blanca (la película, 2014) sintetiza la trama principal de la segunda temporada de Querida Gente Blanca la serie, 2018). Sucede así: caminando por los tranquilos y grandes espacios verdes de la Universidad Winchester, el decano Dean Fairbanks, hombre negro, imponente y gran estratega, se encuentra frente a frente con Sam, mujer autodefinida negra, estudiante de producción audiovisual y voz principal de un programa radial llamado, precisamente, Querida Gente Blanca. El decano Dean no está contento, no se alegra al verla y ella lo sabe. Sabe que su programa levanta polvo entre la directiva y la comunidad de la Universidad (compuesta de personas blancas, especialmente hombres) y eso no le gusta al decano, quien ha escalado puestos siendo “prudente” con sus opiniones sobre el racismo. Ella espera el disparo. “Sam –dice el decano– tu programa es racista”. Sam ya sabe qué responder, lo ha tenido que hacer muchas veces: “Los negros no pueden ser racistas, prejuiciosos sí, pero no racistas. El racismo es un sistema de desventajas basado en la raza. No podemos ser racistas los negros porque no nos beneficiamos del sistema”. Racismo investido, ese concepto creado para deslegitimar las luchas afro, es precisamente lo que ataca Sam.

 

Contextualicemos. Querida Gente Blanca, una tragicomedia, es una serie de Netflix que se inspiró en la película homónima producida en el 2014. La película es buena, sí, hace las mismas denuncias de la serie, pero ésta, sin embargo, lleva a un nivel superior toda la estética, la trama y la perfección de los personajes de la película. Transcurre en la Universidad de Winchester donde se cree que el racismo es cosa del pasado, que ya no existe. Sam y todas las personas negras saben que no es así. Es más, Sam afirma que creer tal cosa es una forma de perpetuar el racismo y por eso crea un programa radial en el que le explica a los blancos, sarcásticamente, cómo se expresa su racismo, dice: “querida gente blanca, tener novio o novia negros para molestar a tus padres, es una forma de racismo. Querida… el número de amigos negros para no parecer racistas ha llegado a dos. Querida… cuando nos veas en los pasillos no nos toques el cabello ni hagas bromas al respecto, y, por favor, los negros no somos iguales, así que deja de cambiarnos el nombre”.

 

Una Universidad dividida

 

La casa Armstrong-Parker es el bastión de la comunidad negra organizada, reconocida por ser crítica y por liderar procesos contra el racismo. Su contraparte es la casa Davis, habitada en su mayoría por personas blancas adineradas que organizan fiestas en las que se disfrazan de personas afro, escuchan rap, hablan improvisando y portan armas, para “liberar su negro interno”. Esta es la trama de la casa Armstrong-Parker, donde Sam descubre la fiesta y decide denunciarla documentándola con su cámara. Pero al ver que no genera una respuesta, un cambio, sanciones o reprimendas, sino que, por el contrario, se intenta opacar el debate argumentando que se trata de una acción de “libre expresión”, Sam organiza una protesta el día de las donaciones a programas que ayudan a comunidades negras, todo para reducir impuestos. Pero las cosas se salen de control. Troy Fairbanks, hijo del decano y líder “obligado” de la casa A-P, se da cuenta del engaño de las fundaciones y ataca el edificio con una pala. Además, por causas desconocidas, durante la protesta la casa Davis es consumida por un fuego. Por todo esto, Sam va a hacer señalada como la culpable de incitar al desorden y motivar el odio entre las culturas.

 

A partir de ahí, en la segunda temporada, su drama consiste en ser el blanco de ataques de aquellos que la acusan de revivir un problema del pasado y de alentar al genocidio blanco. Durante toda esta temporada, con justa razón, su defensa será argumentar que no pueden sacrificar al mensajero, que ella lo único que hace es visibilizar el racismo, no crearlo. Entre tanto, ella, y todos los de la casa A-P, tienen que convivir con los nuevos huéspedes, los estudiantes de la casa Davis, convertida en cenizas. Esto va a servir para que las tensiones se intensifiquen y para que se resalten las diferencias culturales entre unos y otros. Así, en el programa Querida Gente Blanca y por los pasillos de la casa, el tema será el comportamiento de los blancos en comparación con el de las personas negras y viceversa. Sí, porque considerarse persona negra no es sólo cuestión de color de piel. Serlo implica consumir productos culturales de personas negras y pensar, actuar, vestir, hablar, y peinar como uno. Esto, que pareciera a simple vista como un simple Checlist, genera conflictos tanto personales como interculturales. Coco, esvelta mujer negra con gran espíritu competitivo, es criticada por Sam por alisarse el cabello, usar Victoria Secret, y en sí aparentar ser una mujer blanca elegante para poder ser aceptada. Pero Sam también comete algunos “pecados”. El primero y más significativo es mantener una relación con un hombre blanco al cual trata de mantener oculto, Gabe, asiste de clase y productor y realizador de un documental titulado ¿Soy racista? ¡Vaya tema! Ya se imaginarán la opinión de Sam al respecto.

 

Querida Gente Blanca también narra una serie de conflictos producto del racismo. Lionel encarna uno de ellos: ser un hombre negro homosexual. Lionel es, podría decirse, el segundo personaje más importante de la historia. Él es quien, a través de sus investigaciones como periodista, es el primero en descubrir la fiesta racista, desenmascarar a las fundaciones y, para esta segunda temporada, descubrir quién es AlttlvyW, representante de una logia de supremacistas blancos y el twittero que, oculto, ataca a Sam diciendo que ella es el producto de un mestizaje entre un hombre blanco y un simio. Es quien nos revelará en una tercera temporada todo sobre la organización clandestina negra que, al parecer, maneja los hilos del poder.

 

Por otro lado, Troy Fairbanks representa a las nuevas generaciones de líderes negros que se enfrentan a un mundo muy diferente al de sus padres y abuelos. Troy tiene una carga muy pesada. Continuar liderando la lucha por sus derechos, pero, al ser impuesta, entra en un conflicto existencial. No sabe quién es ni qué quiere. Por tanto, emprende una búsqueda de autoconocimiento que lo hará cometer muchos errores. Pero lo peor es que su comportamiento lleva a creer firmemente que la historia no es una secuencia progresiva al infinito ni que las victorias de ayer son inmodificables.

 

Por último, el conflicto que representa Reggie Green es una respuesta ante el creciente número de personas negras asesinadas por policías blancos racistas. En la primera temporada, Reggie fue amenazado por un policía que le apuntó a la cara con un arma, frente a los estudiantes asistentes a una fiesta universitaria. El hecho, claro, le generó un trauma. Durante la segunda temporada vemos a un Reggie distinto. No puede dormir y si lo hace la imagen del policía invade todos sus sueños. Al ver un uniformado, suda y le tiemblan las manos. Poco ríe y siempre se ve tenso. Peor aún si tiene que toparse constantemente con el policía que lo amenazó, dado que la universidad no consideró como un acto grave que un agente apunte a un estudiante desarmado y con las manos arriba.

 

De esto era de lo que hablaba la Sam de la película al director Dean. Si la víctima hubiera sido un estudiante blanco, diría, la historia del policía seria distinta. Pero al denunciarlo en Querida Gente Blanca la cuestionarían diciéndole si a ella le gustaría que hubiera un programa titulado Querida Gente Negra. Ante lo cual, ella respondería, como en efecto lo hizo: “no hace falta, grandes medios ya dicen lo que los blancos piensan de los negros”.

Publicado enEdición Nº249
Miércoles, 22 Agosto 2018 10:06

Una lección de geografía

Una lección de geografía

En los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe, realizados en Barranquilla del 19 de julio al 3 de agosto, participaron una serie de países que muchas veces no se nombran, o que no se tienen en cuenta cuando se habla de la región. Tres países de la parte nororiental de América de Sur caribeño y por lo menos 21 países antillanos.

 

En América del Sur existen tres países que casi nunca se nombran, caribeños ellos, antiguas colonias europeas, localizados en la parte nororiental de Venezuela, son ellos:

 

1. La República Cooperativa de Guyana, poblada por indígenas de la familia Caribe. Como recordaremos, con la invasión europea llegó la esclavitud, dando paso luego a los libertos mestizos (negros e indígenas) llamados Bush Negroes; a este territorio llegaron, detrás de sus recursos, españoles holandeses e ingleses, al final se quedaron los ingleses y fundaron en 1831 lo que se llamó “Guayana Británica”.

 

Desde 1834, después de la abolición de la esclavitud, los ingleses introdujeron mano de obra barata proveniente de China, Java e India, de allí la composición actual del país: de origen indio, de raíces africanas, nativos y de origen portugués y chino.

 

En 1966, después de duras luchas, Gran Bretaña reconoció la independencia de Guyana dentro de la Commonwealth. Su capital es Georgetown, su población 763.000 habitantes, idiomas oficiales: inglés, hindi y el urdu; moneda dólar de Guyana y es una República Unitaria. Proclamada República Cooperativa en 1970. Y, de religión cristiana, hinduista. Con recursos como arroz y caña de azúcar, y diamantes, oro y bauxita. Tráfico de drogas y turismo. Está en conflicto con Venezuela, pues este país reclama como suyo una porción de territorio de 159.000 km2 (de un total de 214.970 km2) que dicen les fue arrebatato por los ingleses en el siglo XIX.

 

2. República de Surinam, capital Paramaribo, su población suma 515.000 habitantes; idiomas: holandés, inglés y tongo; moneda dólar de Surinam, república unitaria y presidencialista.

 

3. La Guayana francesa, departamento de Francia, con 80.000 mil habitantes, capital Cayena; idiomas francés y creole local; moneda euro. Cuenta con recursos de bauxita y oro, una zona de paso para la cocaína y la minería ilegal del oro. Los tres países participaron en los juegos, y tuvieron buenos resultados en natación, atletismo y fútbol.

 

Y esos países de los que casi nadie se acuerda, junto con 4. Las islas caribeñas llamadas Antillas menores, no solo tienen deporte sino que también han ganado medallas en sus diferentes participaciones. (Ver medallero).


Como puede observarse, pises que son invisibilizados también tienen su “toque”. Todos ellos tienen en común que fueron colonias de Inglaterra, Holanda y Francia, y varios de ellos hoy son o departamentos de Francia o participantes de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth). Incluso países tan pequeños como Belice, en Centroamérica (la antigua Honduras Británica), con 340.000 habitantes, donde se habla inglés, con Belmopán como su capital, conquistaron cinco medallas. O el caso de Haití, donde se supone no juegan a nada y nunca ganan nada, sin embargo en esta oportunidad obtuvieron 3 de oro, 12 de plata y 24 de bronce, para un total 39.

 

En estos países de las Antillas menores se juega fútbol que ha desplazado hasta cierto punto al deporte rey de las Antillas de origen británico: el criquet; en la parte hispánica y de influencia de los EEUU es el béisbol; también se practican el voleibol, tenis, natación, boxeo, atletismo y deportes extremos.

 

La historia de estos países es la del colonialismo, y la lucha contra su pervivencia, así como contra el dominio del capital financiero internacional.

 

Pese a esto, hasta ahora estos juegos siguen dominados por los mismos países de siempre:

 

- Cuba, 1.956 medallas de oro y en total 3.804
- México, 1.499 de oro y en total 4.219.
- Venezuela, con 589 de oro y en total 2.389
- Colombia, con 530 de oro y en total 1.802.

 

En esta ocasión, con 132 medallas de oro, loa Juegos fueron para México, seguida por Cuba con 102, tercero el país anfitrión con 72 medallas doradas, cuarta Venezuela con 34 del preciado metal, y quinta República Dominicana con 25. Participaron 5.434 deportistas de 37 países, en 44 deportes.

 

tabla

 

Publicado enEdición Nº249
Miércoles, 22 Agosto 2018 06:53

Del glosario neoliberal (51 eufemismos más)

Del glosario neoliberal (51 eufemismos más)

La primera compilación de eufemismos neoliberales (La Jornada, 15/8/18), tuvo una recepción insólita.

A continuación, los enviados generosamente por nuestros lectores:


A


Américas (Las): feudo de la Doctrina Monroe.
Antisemita: crítico de la entidad genocida llamada “Israel”.
“Ausencia de argumentos”: ninguneo.


B


“Bestsellerismo”: antiliteratura.
Borges: nombre propio que sigue a la expresión “como diría…”


C


Cambio climático: obsesión izquierdista.
Caudillo: aplica únicamente a líderes de izquierda.
Coca-Cola: agua bendita para obesos.
Condición humana: anacronismo existencial.
“Contrapesos” (de la democracia): subterfugios leguleyos.
Cosmopolita: escritor con tarjeta de crédito platinum.


D


“Descalificación”: reacción instintiva frente a la crítica.
Desmitificación: negación de la fe popular.
Digitalización: habilidad con dos pulgares y ni un dedo de frente.
Dictadura: cualquiera, con excepción de la plutocrática.


E


Estado: empresa de demolición del sector público.
Estado judío: utopía sionista.
Estrategia: exterminio calculado.
Estridencia: fastidio aristocrático.


F


Fondos de pensión: fichas de casino.


H


Hemisferio occidental: anacronismo geopolítico.
Hispanos: “indigenous”.


I


Iberoamérica: territorio sin culturas prehispánicas.
Información “sesgada”: información verdadera.


L


Latinos: los que hablan mal inglés y latín.
Lectura: hábito en caída libre.


M


Mensaje de texto: reflejo pavloviano.


N


Nacionalismo: virus antimperialista.


O


Operador de bolsa: hijo de puta.
Opinión: patente de corso.
Orwell: nombre propio para decir que algo es “orwelliano”.


P


“Pensar distinto”: derecho a difamar.
PISA (pruebas): misil contra la educación pública.
Politólogos libres: los de “Letras”.
Politólogos modernos: los mapaches.
Politólogos pachucos: (íd. ant.), ambos.
Programador: demiurgo.


R


Redentor: antihéroe krauziano.
Robot: artefacto no previsto en la teoría de la evolución.


S


Salario: variable del ajuste.
“Sin concesiones”: aplica al escritor novel del mes.
Sionismo: nazismo plus.
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP): amigos de George Orwell.
Soporte-papel: libro.


T


Táctica: exterminio aplicado.
Teléfono celular: primero Dios.
Titanic: técnica monetaria de navegación.
Trending topic: camino de Santiago.
Tv: espejo nuestro de cada día.


X


Xenofobia: ADN anglosajón y europeo.


Y


Yoyo: juguete de los operadores de Bolsa.

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Un hombre puede –y debe– ser feminista

Sí. Un hombre puede –y debe– ser feminista. Por supuesto, debemos serlo en el marco que entiende al feminismo como una lucha por la igualdad para mujeres y hombres, erradicando la opresión, la explotación y el sexismo que ellas llevan sufriendo histórica, social y culturalmente a lo largo de los siglos. Pero debemos hacerlo desde la posición que nos corresponde: un papel secundario en una lucha que jamás debemos liderar ni pretender comprender del todo –porque no hemos vivido en nuestras carnes lo que significa ser mujer–, en la que debemos trabajar de forma activa no para ser vistos ni aplaudidos por nuestra descubierta sensibilidad, sino para reconstruirnos a nosotros mismos desde el feminismo, entendiendo que es un proceso que jamás estará completo, porque estaremos constantemente aprendiendo.

De ahí que el hecho de ser feministas no nos convierte ni de cerca en líderes de opinión ni en cabecillas del feminismo. Sería lo mismo que una persona heterosexual pretendiese liderar las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ… ¡Imposible! Primero, porque a pesar de su magnífica sensibilidad y empatía, jamás sabrá lo que es sentir miedo de decir “te quiero” o “me gusta esa persona”, o de ir de la mano por la calle con la persona que quiere sin preocuparse por el sitio, la hora o si hay más gente o no; segundo, porque jamás ha sentido ni vivido dentro de su cuerpo las sensaciones, pensamientos o emociones de una persona del colectivo, que no es que sean distintas, pero muchas se viven de forma diferente; tercero, porque no ha sentido la presión de ocultarse o de esconder sus sentimientos… Y podría seguir, pero creo que queda claro el concepto: podemos ser feministas, pero como aliados de la causa; con la idea certera y convencida de que somos apoyo en una lucha que, si bien nos interesa y nos beneficia como personas y como sociedad, no es nuestra y nunca lo será. Al menos no en exclusiva.

Los hombres tenemos algunas ventajas adquiridas simplemente por el hecho de ser leídos socialmente como hombres, por mucho trabajo de equidad que se esté haciendo desde distintos ámbitos de la sociedad. Todavía recuerdo el impacto que me provocó el testimonio de un hombre trans que, desde que comenzó a hormonarse con testosterona, ya no sentía miedo al ir por la calle de noche, porque el temor a una violación se desvanecía simplemente por el hecho de ser hombre. Eso nos demuestra la inmensa labor que tenemos por delante.

Esos privilegios de los que hablábamos podemos constatarlos en muchas experiencias: más libertades para chicos que para chicas, que ellas deben cuidarse más y ser más delicadas, no porque necesariamente lo sean, sino porque es lo que se supone que deben ser; más peligros para ellas en un sistema que permite sin pudor la cosificación de las mujeres, su explotación sexual, donde la prostitución está instaurada como una institución y que, además, es incapaz de erradicar la mutilación, la violencia, el asesinato sistemático, el acoso sexual, entre otras. Pero también se ve en el entorno laboral, en el universitario, en las salidas profesionales, en las carreras escogidas, en el cine, la televisión, los museos, la literatura… Y también lo palpamos en la sociedad y en esos arraigados estereotipos que persisten pese a todos los esfuerzos.

Sobre todo quedan en evidencia en la negación del machismo vigente, en la simulada ignorancia de quien dice no comprender la importancia del lenguaje, de los comportamientos sociales, de la publicidad y de los medios de comunicación en todo esto. Y más visibles son esos privilegios cuando hay personas que hablan de feminazismo como una corriente real, o de la imposición de la ideología –o últimamente también llamada dictadura– de género, una idea aberrante que no hay cómo cogerla, difundida con la única intención de minar, despreciar y desdibujar el motivo por el que estamos aquí: el fin de la opresión machista y del heteropatriarcado.

¿Suena apocalíptico? Seguro que más de alguien ha sentido correr un sudor frío por la espalda. Pero, si quitamos el populismo barato y la visión terrorífica de este motivo que nos ocupa, nos quedamos con algo que realmente no debería tener ningún tipo de contestación: la igualdad y el respeto a los demás sin importar su origen, su expresión, su ser. Es decir, una sociedad en la que los seres humanos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Es así de sencillo.

El primer paso para ser un hombre feminista, entonces, es aprender que la lucha no es nuestra y apoyarla. Después, vendría el largo y eterno proceso de desaprender los estereotipos, deshacerse de los privilegios y de enfrentarse a todo lo que se supone y se espera de nosotros por el simple hecho de ser hombres. Y el camino para conseguirlo está precisamente al lado de las mujeres, aprendiendo de ellas y, a través del cuestionamiento interno y compartido, replantearnos todo el sistema vigente para construir uno más equilibrado e igualitario.

 

http://tomasee.blogspot.com

 

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Viernes, 17 Agosto 2018 08:48

Contra el universalismo

Contra el universalismo

La Modernidad eurocentrada impuso la obsesión por lo ‘universal’, una manera de aplanar las diferencias y de ningunear los ‘localismos’.

 

Ya se sabe, quien no es cosmopolita no es moderno, quien no es moderno es una reliquia destinada a desaparecer y no es cosmopolita quien no tienen una visión universalista. Si esa fórmula impuesta sigue siendo vigente es porque ese ‘universalismo’ ha impregnado todas las ideologías contemporáneas.

Es universalista el fascismo, que traduce lo universal en lo totalitario: una sola forma homogénea de ver y organizar la sociedad, sin brechas, sin disensos. Es universalista el liberalismo, que no convive con otras formas ideológicas aunque se llene la boca con cierto respeto a la diferencia y que aplica la supuesta libertad de mercado (que es el mercado de unos pocos defendido por el Estado). Es universalista la izquierda tradicional (que, paradójicamente, es la ‘Moderna’), que tipifica al sujeto revolucionario sin importar la latitud de la que trate y que apuesta por el desarrollismo sin importar el idioma en el que se conjugue.


La Modernidad eurocentrada (que es la única Modernidad existente porque es ‘universal’) impuso la obsesión por lo ‘universal’ de una forma nada casual porque fue la Europa imperial y dominante la que denominó, pulió y dio esplendor a todo lo que ella misma decidió que era ‘universal’. Y esa aplanadora universalizadora nos empujó a despreciar, anecdotizar o exotizar los localismos, lo pequeño, lo que no tenía la vocación ‘inmanente’ de trascender y convertirse en universal.


Lo universal se impone de diversas maneras. Nos inventamos el Estado-nación para ‘incluir’ al planeta en la lógica de la democracia delegada universal (tan útil para el disciplinamiento social imprescindible para la acumulación capitalista); el aparato de lo que ahora se llama la industria cultural (en la que podríamos incluir la educación reglada) ha servido para que universalicemos las formas; las instituciones financieras internacionales (IFIs) han forzado a países de las latitudes más singulares a aplicar las fórmulas económicas del capitalismo depredador sin reparar en las ‘anécdotas’ localistas; la ONU nació para que nada (o casi nada) se saliera del guión de los derechos humanos universales que redactaron unos pocos y para que universalmente se pudieran controlar (no transformar) los desbordamientos fronterizos o los excesos del universalismo; y Frontex ha nacido para explicar a los ingenuos y anticuados localistas que las fronteras de lo realmente universal (y Moderno) son las de la Europa que siempre ha despreciado los otros afueras que ella no eligiera como potencialmente adentros.


Lo local es antiguo, limitado, atrasado, étnico quizá. Poco más. Y, sin embargo, es en las luchas concretas, locales, inmensamente pequeñas, territoriales, donde se está jugando la cuarta guerra mundial, esa que planta cara de frente al extractivismo voraz, a la gestión de las poblaciones como residuos sólidos, a los cantos de sirenos (siempre llevan corbata) que venden el ‘desarrollo’ y la educación eurooccidental como las puertas combinadas que nos pueden introducir en lo universal. Aprende inglés, o chino, saca un máster triple con certificación internacional, alójate en un servidor de internet para poder ser cósmico, no dudes en irte de vacaciones a 12.000 kilómetros de casa para poder tomarte un selfie con un decorado exótico… El mensaje para los más jóvenes vástagos del universalismo (los nacidos en eurooccidente) es claro y las familias se encargan de descartar una vida localista, localizada, situada, obtusa y aburrida. No es cool quedarse en el pueblo, no es ‘moderno’ cuidar vacas o mantener la tienda de barrio, es de fracasados hacer trabajos manuales (algo tan poco acorde a la revolución tecnológica que habita la minoría universal)… esas cosas sólo las hacen aquellos que no han sido capaces de incorporarse a ‘su’ tiempo (que es el tiempo determinado por los universalistas).


El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ya no es tan sexy desde que decidió concentrarse en su autonomía tras intentar (con poco éxito) de contagiar a las otras que aspiraban a ser mexicanas modernas o europeas revolucionarias a punta de facebookear poéticas frases de algún subcomandante que fuera personaje antes que sucio revolucionario anclado a la tierra. No hay nada que mirar en África o en Asia, continentes llenos de experiencias locales que pecan de un déficit de universalismo lamentable. Llevamos cinco siglos largos construyendo lo universal como para ahora mirar al terruño o a la propia comunidad. Y lo universal, que se traduce en lo estatal, es contradictorio e incompatible con lo comunitario. Por eso, en Europa, cuna del universalismo, acabamos con lo comunitario hace mucho tiempo: a sangre y fuego, primero, a punta de colegios e industria cultural después. Fuera de este espacio universalmente diminuto, que es la Europa imperial, las luchas van justo en contravía y buscan recuperar, potenciar y resistir desde/en/con lo comunitario.


Escribe Raúl Zibechi que “la lógica estatal y la lógica comunitaria son opuestas, antagónicas. La primera descansa en el monopolio de la fuerza legítima en un determinado territorio y en su administración a través de una burocracia civil y militar permanente, no elegible, que se reproduce, y es controlada por ella misma. Transformarla desde dentro es muy difícil y supone procesos de larga duración. (…) La lógica comunitaria está basada en la rotación de tareas y funciones entre todos los miembros de la comunidad, cuya máxima autoridad es la asamblea. En este sentido, la asamblea como espacio/tiempo para la toma de decisiones debe considerarse un ‘bien común’. (…) La comunidad se mantiene viva no por la propiedad común sino por los trabajos colectivos que son un hacer creativo, que re-crean y afirman la comunidad en su vida cotidiana. Esos trabajos colectivos son el modo como los comuneros y comuneras hacen comunidad, como forma de expresar relaciones sociales diferentes a las hegemónicas”.


La izquierda tradicional desprecia la lógica comunitariaporque ésta, siendo un contrapoder poderoso, no aspira a la toma del poder. La asamblea y la rotación de las responsabilidades, como explica Zibechi, dispersa el poder y no reproduce las lógicas piramidales y jerárquicas del Estado. Cada comunidad busca soluciones a sus problemas concretos. Pero, para que eso ocurra, debe existir lo comunitario. En el territorio arrasado de Europa toca reconstruir o reinventar el concepto de comunidad partiendo de lógicas locales, no universales. No significa encerrarse en una lógica autárquica e híper localista que niegue a las otras experiencias de contrapoder, sino de cultivar lo comunitario con paciencia para luego trabajar en la urdimbre de las alianzas entre experiencias. Es poco universal y poco moderno pero… ¿quién quiere ser universal y moderno?

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Miércoles, 15 Agosto 2018 07:00

101 eufemismos del glosario neoliberal

101 eufemismos del glosario neoliberal

A

“Ajustado a derecho”: justicia a modo.

Alternancia: marketingelectoral.
Aperturismo: destrucción del mercado interno.
Asimetría: “ley de hierro” de las oligarquías.
Ayuda: limosna.


B. Banco: templo para fieles preferentes.


Banca offshore: cueva de piratas con cuello y corbata.


C. Canasta básica: consumo utópico.
Capital productivo: anacronismo.
Capital financiero: especulación.
Capitalismo moderno: saqueo.
Carenciado: pobre.
Carta Democrática de la OEA: intervencionismo legalizado.
Carta de la ONU: antigualla histórica.
Ciudadano: consumidor.
Competencia: poner precio a lo que no lo tiene.
Comunicación: mercado de la industria informática.
Comunidad internacional: Estados Unidos.
Conflicto de interés: corrupción.
Conflictividad social: lucha de clases.
Contratista en conflictos bélicos: mercenario.
Crecimiento económico: desarrollo excluyente.
Crimen organizado: anarco capitalismo.
Crisis: adrenalina financiera.
Cultura: divertimiento.


D. “Daños colaterales”: masacre de civiles.
Defensa del medio ambiente: chiste de mal gusto.
Democracia moderna: dictadura corporativo-policial.
Derechos sociales: lastre económico.
“Derroche”: repartición justa del ingreso.
Desarrollo sustentable: empobrecimiento sostenido.
Deuda: obligación del pobre, o negociación del rico.
Deuda externa: chantaje financiero.
Diálogo: dar atole.


E. Economía: disciplina seudocientífica.
Economía de mercado: bolchevismo financiero.
Economía emergente: neocolonialismo moderno.
“Eje del mal”: integrado por todos los países, con excepción de Estados Unidos y Tel Aviv.
Empleo: utopía.
Endeudamiento: capacidad para contraer más deuda.
Enriquecimiento ilícito: saqueo de los fondos públicos.
Ética: dignidad negociable.
“Excesos”: tortura.


F. “Fascista”: cualquier líder popular y antimperialista.
Flexibilidad laboral: esclavitud posmoderna.
Fraternidad: sentimentalismo.
Fundamentalismo: aplícase a lo árabe, preferiblemente.


G. Generosidad: arcaísmo.
Gente: pueblo.


H. Hitler: vocablo político multiuso.


I. Inequidad: desigualdad.
Independencia: privilegio del más fuerte.
Información: transmisión de datos descontextualizados.
Inserción en el mundo: cesión de soberanía.
Internauta: alienado voluntario.
Informalidad laboral: desempleo programado.
Inversión: capital especulativo.
Izquierda “moderna”: derecha ambidextra.


L. Liberalismo: impostura ideológica.
Libertad: atole liberal.
Libertad de expresión: arbitrariedad mediática.
Librepensador: derechista vergonzante.
Libre comercio: algo que nunca existió.
Lucha contra la pobreza: vivir del cuento.


M. Maquila: explotación laboral.
Mercado: coto de caza.
Meritocracia: casta de ineptos, con diploma y medalla de oro.
Mesías: dirigente popular que habla con claridad.
Modernización: homogeneización.
Moral: árbol que da moras.


N. Narcotráfico: acumulación primitiva posmoderna.
Naturaleza: nuevo El Dorado.
Niño de la calle: sicario en formación.


O. Oportunidad: zanahoria.


P. País: mercado.
Patria: shopping center.
Pragmatismo: amoralidad.
Pluralismo: simulación.
Pobreza: fatalidad.
Pobreza extrema: indigencia hard.
Pobreza relativa: indigencia light.
Poder Judicial: anacronismo republicano.
Poder Legislativo: espacio para transar en lo oscurito.
Populismo: aplícase a lo políticamente distinto del statu quo.
Posverdad: mentira razonada.
Privatización de la guerra: negocio con rentabilidad garantizada.
Progreso: depredación del medio ambiente.
Prosperidad: crecimiento excluyente.
Proteccionismo: defensa del mercado interno.


R. Realismo: inescrupulosidad.
Régimen: aplícase a cualquier gobierno que no obedezca a Washington.
Relato: tergiversación a modo de la realidad.


S. Sectores sociales: clases sociales.
Seguridad: vigilancia invasiva.
Solidaridad: anacronismo.


T. Trabajo. ocupación económicamente retribuida, si Dios quiere.
Transparencia: opacidad legal.
Terrorismo: recurso natural del capitalismo salvaje.

Terrorismo mundial: miedo programado en Washington y Tel Aviv.


W. Wall Street: templo mayor de la civilización occidental.


Z. Zona de libre comercio: enclave neocolonial.


Observación: el glosario queda abierto. Faltan vocablos que empiecen con las letras J, K, Q, U y V. Propuestas serán bienvenidas.

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Afro Netto, frente a un mural en la fachada de una casa en el centro de Palenque

Colombia tiene 86 comunidades indígenas, 12 familias lingüísticas, 10 lenguas aisladas y dos de origen de africano, como la que se da en San Basilio de Palenque
"Necesitamos mucho más trabajo", dice el artista y líder social Afro Netto (Andris Padilla Julio). "Muchas veces la cultura se debilita porque la gente se va"
"Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones excluidas", dice Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional

 En la entrada de San Basilio de Palenque, un burro atado con una soga vieja mira a un grupo de visitantes con extrañeza, un niño juega con un palo y un grupo de mujeres corta fruta con un cuchillo de filo inmenso. El calor es abrasador y tanto el burro como los humanos buscan cobijo en la sombra en una maniobra de vida o muerte. Los palenqueros caminan despacio por las calles sin asfaltar y, a lo lejos, se oyen frases sueltas acompañadas del sonido de los tambores. De pronto, una lengua extraña (la palenquera) y las vestimentas africanas anuncian que estamos ante un municipio poblado por descendientes africanos. Palenque fue el primer pueblo libre de América Latina.


Un grupo de esclavos liberados y huidos establecieron su fortín en esta zona del norte de Colombia en el siglo XVII. La desbandada desde Cartagena de Indias y su lucha contra las tropas españolas tejieron el inicio de su leyenda rebelde y de su resistencia admirable. Hoy, este pueblo de unos 4.500 habitantes afrocolombianos lucha por subsistir y no caer en el olvido.


"Necesitamos mucho más trabajo", dice el artista y líder social Afro Netto (Andris Padilla Julio). "Muchas veces la cultura se debilita precisamente por eso, porque mucha gente se va de Panlenque por cinco o diez años a buscar trabajo para enviar plata al pueblo. Algunos no retornan por miedo a perder lo que han conseguido o porque encontraron una nueva vida por allá. Todo esto hace que se debilite la cultura palenquera", dice resignado y con una cadencia triste.


Colombia es el tercer país americano con mayor población de descendientes africanos después de EEUU y Brasil, según un censo realizado en el año 2005. Presentes en todo el país, pueblan mayormente los departamentos de Chocó, San Andrés y Providencia, Bolívar, Valle y Cauca. Sin embargo, la falta de trabajo y de oportunidades ha hecho que estas comunidades se hayan visto obligadas a desplazarse a las grandes ciudades del país: Cartagena de Indias, Cali, Barranquilla, Medellín y Bogotá.


"Muchos jóvenes se van del pueblo a estudiar cuando terminan la secundaria. Se van a Cartagena, a Barranquilla, a Santa Marta o a Bogotá. Ahora mismo, algunos también se están dedicando al deporte, al boxeo y al fútbol", puntualiza Netto.


"Yo no toco muy bien el tambor", dice un chico de poco más de 18 años mientras da vida a la piel y la madera con las yemas de sus dedos. "Los que se quedaron en Palenque tocan mejor que yo. Yo me fui a estudiar a Cartagena". Como él, muchos otros jóvenes abandonan estas pequeñas poblaciones que probablemente estarían casi vacías si no llega a ser por el turismo.


Afro Netto tiene 26 años, un grupo de música llamado Kombilesa-mi y hace dos años se presentó a las elecciones municipales "para dar voz a su pueblo". Y es exactamente eso lo que intenta hacer con la música y con un centro social que trabaja con unos 50 niños. Con apenas tres años, los niños tocan el tambor y siguen el ritmo con sus pies diminutos.


"Decidí presentarme a esas elecciones porque me doy cuenta de las cosas. Lo primero que veo es que no hay quien hable de nuestro pueblo a nivel municipal. Y lo segundo es que hay cosas como la educación y la sanidad que no llegan a toda la comunidad", dice el líder social. "Mi intención era poder hablar por toda esa gente, hablar para que se desarrolle nuestro pueblo. Luchar por Palenque".


A pesar de los carteles, de la música y de su empeño, Netto no fue elegido concejal por el partido ASI, Alianza Social Independiente. "Obtuve buenos resultados, pero no gané. Ahora me han escogido para consejero de Identidad, Patrimonio y Cultura de la junta directiva del Consejo Comunitario de Ma Kankamaná de San Basilio de Palenque, que es como el Gobierno local", añade con orgullo y desechando la idea de volver a presentarse a más elecciones.


De la frente y las mejillas de Netto caen borbotones de sudor justo al terminar un pequeño concierto improvisado. Hace mucho calor, pero nos explica hasta dónde ha llevado su música y las ganas que tiene de que el mundo conozca esta pequeña rareza colombiana. "Canté con Kase. O en Bogotá en un festival en el que se mezclaban varios estilos musicales", recuerda este hito de su grupo, que lleva en marcha desde 2011.
Colombia tiene 86 comunidades indígenas diferentes, tiene 12 familias lingüísticas, 10 lenguas aisladas y dos de origen de africano, como la que se da en San Basilio de Palenque y la raizal.


Y para que todo esto no muera, para que esa música siga sonando y la resistencia legendaria no se quede sin representantes, los palenqueros necesitan acción política. "Llevamos mal la victoria de Duque. En Palenque queríamos a Petro. Pensábamos que con Petro se podrían haber cambiado más cosas porque su ideal es más cercano al pueblo. Él sí que conocía las dificultades de la gente de estas comunidades. Veremos lo que pasa".


"La realidad es que hay varias colombias", dice tajante Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional. "Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones excluidas. A esos grupos, aislados de manera histórica, es muy probable que se les agreguen ahora la población migrante venezolana que está en una situación de gran desventaja porque no podrán formar parte de la economía formal", apunta Jiménez.


"Si vas a las zonas más afectadas por el conflicto y ves las situación de las poblaciones indígenas y de las comunidades afrocolombianas (como Palenque), se puede ver de manera todavía más acentuada (en comparación con las grandes ciudades) esos procesos de exclusión histórica", añade Jiménez. Efectivamente, en Palenque parece que el tiempo se detuvo y que su atmósfera marrón y calurosa permanecerá así eternamente.

Por Cristina Armunia Berges - Palenque (Colombia)

01/08/2018 - 21:08h

Publicado enColombia
La economía naranja  y el modelo de maquila cultural

Presionado por el capital internacional –léase Ocde– el gobierno Santos impulsó y logró la aprobación de esta Ley, la que junto con la Ley Lleras 6.0 y el proyecto Ley de Convergencias, arrasan con el patrimonio cultural inmaterial del país. Reducida a simple mercancía, las expresiones culturales y sus creadores son embolsados en el botín de las multinacionales.

 

En abril 26 de 2017, la denominada Ley Naranja, presentada por el senador Iván Duque Márquez, fue aprobada en último debate en la Cámara de Representantes. Inexplicablemente, la discusión se adelantó, pasando del puesto 25, que originalmente tenía en la agenda, al segundo. Con un quórum mínimo y sin un estudio real, obtuvo 80 votos a favor y solo 5 en contra. Otro ejemplo de cómo en nuestro país se aplica una política antidemocrática, aprobando leyes a pupitrazo, sin garantizar una amplia deliberación que incluya a la sociedad civil y a los sectores directamente interesados. Como era de esperarse, el presidente Santos, se apresuró a convalidarla, sancionándola en tiempo récord.

 

En 2013, Iván Duque y Felipe Buitrago, ya habían presentado para el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– un extenso estudio sobre el tema, con estadísticas mundiales de lo que ellos denominaban la economía de la cultura y la creatividad y sus posibilidades como nueva fuente de negocios y emprendimiento. Allí se calculaba el monto de la Economía Naranja en las Américas en 1.932 miles de millones de dólares de los cuales 1.664 en Estados Unidos, 175 en Latino América y el Caribe y 93 en Canadá. En el caso de Latino América, los países más relevantes son: Brasil con 66 mil millones de dólares, México con 55, Argentina con 17 y Colombia con 11.

 

El 17 de junio de 2018, en su discurso, tras ganar las elecciones en la segunda vuelta, Iván Duque resaltó éste renglón económico como uno de los pilares de su futura política gubernamental hasta el punto de mencionar posteriormente la posible creación de un viceministerio de la Economía Naranja. La importancia del tema por su relevancia económica y por ser el nuevo concepto con el cual pretenden manejar a la cultura y las artes, obligan a profundizar sobre las consecuencias que tiene para la Nación y la sociedad en general.

 

El concepto de Economía Naranja surge como otro derivado de las economías multicolores (verde, fucsia y demás), con las cuales las multinacionales pretenden solucionar sus problemas ante la crisis de rentabilidad a la que se ven enfrentadas.

 

En 2008, tras el crack financiero en el que colapsan Lehman Brothers y otras instituciones financieras norteamericanas y europeas, las instituciones financieras mundiales y los monopolios internacionales se apresuraron a buscar nuevos nichos de ingresos para salir de la crisis. No bastaron los enormes recursos que el gobierno americano invirtió en su rescate (solo el American International Group recibió 182.000 millones de dólares en asistencia y a distintas instituciones les ofrecieron alrededor de 16 trillones de dólares en “bailouts” –rescates– y otros subsidios de la Reserva Federal y del Congreso).

 

Fue la danza de los millones, con dineros públicos, para salvar a unos pocos, en este caso, especuladores privados. Millones que deben encontrar destino. Uno de cada diez dólares de la economía mundial va a la producción de bienes y servicios. El resto se invierte en modelos especulativos (mercados de deuda, de valores, futuros, seguros, etcétera). Hay millones de dólares que no tienen como invertirse y, por ende, se deben buscar nuevas fuentes o “nichos” que generen réditos. Entre estos se encuentra la “creatividad”. Es el gran capital buscando una nueva economía. Se trata de un modelo impuesto desde arriba y que no surge desde abajo. No son los artistas, son el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– y las financieras mundiales proponiendo un modelo de negocio.

 

Las industrias llamadas creativas comprenden los sectores que conjugan la creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural y/o aquellas que generen protección en el marco de los derechos de autor. La intención es incluir renglones ya existentes (gastronomía, arquitectura, publicidad, moda, turismo, agencias de noticias, videojuegos, etcétera) con otros nuevos de tipo artístico (artes escénicas, plástica, música, literatura, danza...). Dentro del nuevo modelo, el Estado se convertirá solo en un regulador y facilitador del nuevo negocio cuyos grandes beneficiarios serán las compañías oligopólicas del ramo.

 

Este modelo hace parte de una política neoliberal, que suprime expresiones de la cultura, como un derecho de la gente, con lo que pretende eliminar la obligación del Estado de garantizar, auspiciar, financiar y defender todas las expresiones artístico culturales de asiento nacional. De esta manera, la expresión cultural desaparece como derecho y se convierte exclusivamente en un negocio de las empresas del entretenimiento. Se intenta acabar con su papel como generadora de valores morales, éticos y estéticos, de nacionalidad y de construcción y reconstrucción del tejido social y se pone en entredicho la propiedad del patrimonio cultural inmaterial de la Nación.

 

El único criterio que se aplicará para que sobreviva cualquier iniciativa cultural, será que produzca réditos inmediatos. Así se trata, a las expresiones culturales, y al arte, como cualquier otro bien seriado, llámense zapatos, camisas, automóviles o goma de mascar. No se tiene en cuenta su carácter como productos únicos e irrepetibles. Tampoco se tiene en cuenta el valor que producen, no solo intelectual sino materialmente, a través del tiempo.

 

Las grandes obras, no solo perduran, sino que se reproducen por centurias. Se siguen montando los dramaturgos griegos, o a Shakespeare; se siguen tocando y escuchando la música de Bach, Mozart o Beethoven; y se siguen imprimiendo las obras de los grandes literatos, de Homero en adelante. Esto genera una riqueza material durante prolongados períodos de tiempo, por siglos, fuera del invaluable enriquecimiento a nivel intelectual y espiritual. La creación tiene unos parámetros totalmente distintos a las demás mercancías.

 

En este contexto, la Ley Naranja, en vez de solucionar el problema del abandono de los creadores por parte del Estado colombiano y de velar por el derecho fundamental del acceso a la cultura, busca que en medio de la crisis y la baja de la rentabilidad en otros sectores económicos, la economía creativa sirva como “oportunidad de negocios”, para grandes empresas nacionales e internacionales.

 

Como es conocido, dentro de los ciclos productivos se habla de creación, producción, distribución y comercialización. En este caso, serán los comercializadores los que se queden con el 90 por ciento del producido. La Ley Naranja hace parte del mismo paquete que incluye la Ley Lleras 6.01 y el Proyecto de Ley de Convergencias 1742, en los cuales dentro del concepto del copyright son los intermediarios quienes se benefician con la mayor tajada del pastel. A los pocos creadores “afortunados” que logren entrar en el negocio, les tocará un 10 restante, mientras los negociantes se apropiarán del conocimiento de la humanidad y manejarán su distribución únicamente bajo sus criterios de lucro y control del saber. Es el concepto del conocimiento, la cultura y las artes como propiedad privada, generadores del lucro, y no como bienes comunes de la sociedad.

 

El propósito es acomodar la “economía creativa” a los Tratados de Libre Comercio ya firmados y los por firmar. Con esta Ley se pretenden afinar los instrumentos jurídicos para que las industrias creativas extranjeras entren a saco al mercado colombiano con las mismas garantías de la industria nacional (nefasto Artículo 100 de la Constitución del 91). Se trata de impulsar que el modelo empresarial antinacional se lucre de la infraestructura que la nación, los departamentos y los municipios construyen con los impuestos de los colombianos y con el talento nacional. Es decir, estamos ante un nuevo caso de competencia desigual, en la que la desprotección y la falta de garantías llevarán a la ruina a las industrias culturales y los artistas nacionales. El creador colombiano, que no es ni siquiera mencionado en la Ley, terminará siendo apenas un empleado más, sin posibilidad de continuar con su creación independiente. En la práctica, el país se convertirá en una maquila cultural.

 

Por lo demás, la ley no habla del fortalecimiento del sector a través del apoyo financiero del Estado. Por el contrario, entrega al capital financiero el manejo de la “Economía Naranja”. En materia de presupuesto solo contempla créditos y líneas de inversión a través de Bancoldex, Findeter y Procolombia, entidades que promueven y financian el libre comercio, con lo que, finalmente, además de encadenar la Economía creativa a los ciclos de la apertura económica, encarece su consumo, obligando a los ciudadanos a pagar los costos.

 

De esta manera, el patrimonio cultural inmaterial del país recibe su sentencia de muerte. No solo se entrega la creación nacional en manos de los grandes empresarios, sino que las regiones, las etnias y los municipios pierden toda posibilidad de una expresión cultural autónoma e independiente y quedan sometidos a los circuitos financieros y al modelo empresarial que promueve esta Ley.

 

La nuestra es una crítica que no cuestiona la posibilidad de que exista la cultura del entretenimiento y de que existan empresas que se beneficien con ello. El primer problema es que los pequeños y medianos productores nacionales tendrán que enfrentar una competencia desleal donde los únicos beneficiados son los monopolios culturales nacionales y extranjeros. El segundo, y tal vez el principal, es que se despoje al pueblo colombiano del derecho a tener un arte y cultura nacionales y se exima al Estado de sus obligaciones. En Colombia el presupuesto del Ministerio de Cultura representa solo el 0.16 por ciento del presupuesto general.

 

El país tampoco cumple con las mínimas recomendaciones de la Unesco de la cual somos miembros. La Convención de la Unesco para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, del 2005, especifica “que las actividades, los bienes y los servicios culturales son de índole a la vez económica y cultural, porque son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si solo tuviesen un valor comercial”. La Declaración Internacional sobre la Condición del Artista aprobada en Belgrado en 1980 y ratificada en París en 1997, dice: “Sin dejar de apreciar el creciente interés del sector privado hacia el apoyo a la creación sobre todo cuando su contribución evita que se pierdan talentos creadores por falta de medios, reafirmamos la importancia de mantener la financiación pública de las artes”.

 

Desoyendo estas y otras recomendaciones, lo que se pretende imponer es la ley del más salvaje y del “sálvese quien pueda”, ante la arremetida voraz de los monopolios impulsadores de la banalidad, lo trivial y lo vacuo, lo cual busca reforzar su perniciosa ideología y el concepto de contra-cultura a nivel mundial.

 

La cultura y el arte necesitan una legislación que esté acorde con su estado actual y que impulse y defienda la creación nacional y sus aportes a la sociedad. Ante esta ley y las demás del ramo, ya sea que estén aprobadas o en proyecto, es fundamental realizar un amplio debate en el que participen todos los actores involucrados; retirar el arte y la cultura de los tratados de libre comercio y del bloque de la llamada Economía Naranja y evitar su entrega a las multinacionales; se debe crear una Política Pública Cultural del Estado y una Nueva Ley General de la Cultura y el Arte que incluya el fortalecimiento y la promoción del artista y su trabajo, a la vez que defienda todo el arte colombiano y, por supuesto, la producción de las industrias culturales nacionales. En definitiva: proteger la soberanía cultural nacional.

 


 

* Unidad Nacional de Artistas
1 La ley Lleras 6.0 ya fue aprobada el 22 de mayo tras ser tramitada con un mensaje de urgencia del gobierno, para cumplir las exigencias de EEUU que había condicionado su aval para que Colombia ingresara a la Ocde, a la aprobación de la misma. Debido a la protesta de amplios sectores, se le hicieron pequeñas reformas de maquillaje (a las bibliotecas se les posibilitó el préstamo público y se les permite tener terminales para disponer “in sito” de contenidos; las Medidas Tecnológicas de Protección (MTP) impuestas son menores de la ley aprobada en 2012 pero las excepciones son muy limitadas; se amplió de 3 a 10 años la prescripción para los dineros que las sociedades de gestión deben distribuir a los autores identificados; el capítulo que se ocupa de obras huérfanas (aquellas de las cuales no se conoce o no se halla el autor) contempla una mínima parte de ellas y en forma restrictiva; no se incluyó el concepto del “fair use” (uso justo), el cual sí se aplica en EEUU; el castigo de prisión para la piratería se aplicará a aquellos que supone que actúen no sólo con intención sino que tengan escala comercial o interés de lucro.) El fondo del problema se dejó intacto, manteniendo la propiedad y el manejo y la distribución del conocimiento en manos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación y ampliando sus derechos de propiedad de 50 a 70 años.
2 El 12 de junio, el proyecto de Ley de Convergencias 174, también recomendación de la Ocde, tuvo que ser retirado por el gobierno debido a la masiva protesta de los sectores del audiovisual y de organizaciones de la cultura como la Unidad Nacional de Artistas. En él se proponía un único regulador que se ocupe de la TV, las redes y la infraestructura de las telecomunicaciones, acabando de tajo el concepto de las comunicaciones como un servicio de interés social y dejando sin garantía de financiación a los 10 canales de la televisión y a los medios audiovisuales públicos; se liquidaban la Comisión de Regulación de Comunicaciones –CRC– y la Autoridad Nacional de Televisión –Antv– y se fusionaban El Fondo para el Desarrollo de la Televisión y las Comunicaciones y el Fondo para el Desarrollo de la Televisión y los Contenidos, creando un nuevo Fundo Universal Único –FUU– y la Autoridad Nacional de Regulación de Comunicaciones –Anrc–, administrados con criterios políticos por el gobierno de turno a través del Mintic; se reducían drásticamente los aportes al fondo de parte de los prestadores con título habilitado, al reducir sus aportes en más de 3 puntos y establecer una senda de decrecimiento de los mismos; y se ampliaban los permisos para el uso y explotación del espectro a 30 años renovables. Al ser una recomendación de la Ocde y bajo los criterios de la Economía Naranja impulsados por el Presidente elegido, Iván Duque, es seguro que se intentará hacer aprobar el proyecto en la próxima legislatura, razón por la cual las asociaciones del sector y la sociedad en general, deben estar alertas para rechazarlo de manera categórica.

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La economía naranja  y el modelo de maquila cultural

Presionado por el capital internacional –léase Ocde– el gobierno Santos impulsó y logró la aprobación de esta Ley, la que junto con la Ley Lleras 6.0 y el proyecto Ley de Convergencias, arrasan con el patrimonio cultural inmaterial del país. Reducida a simple mercancía, las expresiones culturales y sus creadores son embolsados en el botín de las multinacionales.

 

En abril 26 de 2017, la denominada Ley Naranja, presentada por el senador Iván Duque Márquez, fue aprobada en último debate en la Cámara de Representantes. Inexplicablemente, la discusión se adelantó, pasando del puesto 25, que originalmente tenía en la agenda, al segundo. Con un quórum mínimo y sin un estudio real, obtuvo 80 votos a favor y solo 5 en contra. Otro ejemplo de cómo en nuestro país se aplica una política antidemocrática, aprobando leyes a pupitrazo, sin garantizar una amplia deliberación que incluya a la sociedad civil y a los sectores directamente interesados. Como era de esperarse, el presidente Santos, se apresuró a convalidarla, sancionándola en tiempo récord.

 

En 2013, Iván Duque y Felipe Buitrago, ya habían presentado para el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– un extenso estudio sobre el tema, con estadísticas mundiales de lo que ellos denominaban la economía de la cultura y la creatividad y sus posibilidades como nueva fuente de negocios y emprendimiento. Allí se calculaba el monto de la Economía Naranja en las Américas en 1.932 miles de millones de dólares de los cuales 1.664 en Estados Unidos, 175 en Latino América y el Caribe y 93 en Canadá. En el caso de Latino América, los países más relevantes son: Brasil con 66 mil millones de dólares, México con 55, Argentina con 17 y Colombia con 11.

 

El 17 de junio de 2018, en su discurso, tras ganar las elecciones en la segunda vuelta, Iván Duque resaltó éste renglón económico como uno de los pilares de su futura política gubernamental hasta el punto de mencionar posteriormente la posible creación de un viceministerio de la Economía Naranja. La importancia del tema por su relevancia económica y por ser el nuevo concepto con el cual pretenden manejar a la cultura y las artes, obligan a profundizar sobre las consecuencias que tiene para la Nación y la sociedad en general.

 

El concepto de Economía Naranja surge como otro derivado de las economías multicolores (verde, fucsia y demás), con las cuales las multinacionales pretenden solucionar sus problemas ante la crisis de rentabilidad a la que se ven enfrentadas.

 

En 2008, tras el crack financiero en el que colapsan Lehman Brothers y otras instituciones financieras norteamericanas y europeas, las instituciones financieras mundiales y los monopolios internacionales se apresuraron a buscar nuevos nichos de ingresos para salir de la crisis. No bastaron los enormes recursos que el gobierno americano invirtió en su rescate (solo el American International Group recibió 182.000 millones de dólares en asistencia y a distintas instituciones les ofrecieron alrededor de 16 trillones de dólares en “bailouts” –rescates– y otros subsidios de la Reserva Federal y del Congreso).

 

Fue la danza de los millones, con dineros públicos, para salvar a unos pocos, en este caso, especuladores privados. Millones que deben encontrar destino. Uno de cada diez dólares de la economía mundial va a la producción de bienes y servicios. El resto se invierte en modelos especulativos (mercados de deuda, de valores, futuros, seguros, etcétera). Hay millones de dólares que no tienen como invertirse y, por ende, se deben buscar nuevas fuentes o “nichos” que generen réditos. Entre estos se encuentra la “creatividad”. Es el gran capital buscando una nueva economía. Se trata de un modelo impuesto desde arriba y que no surge desde abajo. No son los artistas, son el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– y las financieras mundiales proponiendo un modelo de negocio.

 

Las industrias llamadas creativas comprenden los sectores que conjugan la creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural y/o aquellas que generen protección en el marco de los derechos de autor. La intención es incluir renglones ya existentes (gastronomía, arquitectura, publicidad, moda, turismo, agencias de noticias, videojuegos, etcétera) con otros nuevos de tipo artístico (artes escénicas, plástica, música, literatura, danza...). Dentro del nuevo modelo, el Estado se convertirá solo en un regulador y facilitador del nuevo negocio cuyos grandes beneficiarios serán las compañías oligopólicas del ramo.

 

Este modelo hace parte de una política neoliberal, que suprime expresiones de la cultura, como un derecho de la gente, con lo que pretende eliminar la obligación del Estado de garantizar, auspiciar, financiar y defender todas las expresiones artístico culturales de asiento nacional. De esta manera, la expresión cultural desaparece como derecho y se convierte exclusivamente en un negocio de las empresas del entretenimiento. Se intenta acabar con su papel como generadora de valores morales, éticos y estéticos, de nacionalidad y de construcción y reconstrucción del tejido social y se pone en entredicho la propiedad del patrimonio cultural inmaterial de la Nación.

 

El único criterio que se aplicará para que sobreviva cualquier iniciativa cultural, será que produzca réditos inmediatos. Así se trata, a las expresiones culturales, y al arte, como cualquier otro bien seriado, llámense zapatos, camisas, automóviles o goma de mascar. No se tiene en cuenta su carácter como productos únicos e irrepetibles. Tampoco se tiene en cuenta el valor que producen, no solo intelectual sino materialmente, a través del tiempo.

 

Las grandes obras, no solo perduran, sino que se reproducen por centurias. Se siguen montando los dramaturgos griegos, o a Shakespeare; se siguen tocando y escuchando la música de Bach, Mozart o Beethoven; y se siguen imprimiendo las obras de los grandes literatos, de Homero en adelante. Esto genera una riqueza material durante prolongados períodos de tiempo, por siglos, fuera del invaluable enriquecimiento a nivel intelectual y espiritual. La creación tiene unos parámetros totalmente distintos a las demás mercancías.

 

En este contexto, la Ley Naranja, en vez de solucionar el problema del abandono de los creadores por parte del Estado colombiano y de velar por el derecho fundamental del acceso a la cultura, busca que en medio de la crisis y la baja de la rentabilidad en otros sectores económicos, la economía creativa sirva como “oportunidad de negocios”, para grandes empresas nacionales e internacionales.

 

Como es conocido, dentro de los ciclos productivos se habla de creación, producción, distribución y comercialización. En este caso, serán los comercializadores los que se queden con el 90 por ciento del producido. La Ley Naranja hace parte del mismo paquete que incluye la Ley Lleras 6.01 y el Proyecto de Ley de Convergencias 1742, en los cuales dentro del concepto del copyright son los intermediarios quienes se benefician con la mayor tajada del pastel. A los pocos creadores “afortunados” que logren entrar en el negocio, les tocará un 10 restante, mientras los negociantes se apropiarán del conocimiento de la humanidad y manejarán su distribución únicamente bajo sus criterios de lucro y control del saber. Es el concepto del conocimiento, la cultura y las artes como propiedad privada, generadores del lucro, y no como bienes comunes de la sociedad.

 

El propósito es acomodar la “economía creativa” a los Tratados de Libre Comercio ya firmados y los por firmar. Con esta Ley se pretenden afinar los instrumentos jurídicos para que las industrias creativas extranjeras entren a saco al mercado colombiano con las mismas garantías de la industria nacional (nefasto Artículo 100 de la Constitución del 91). Se trata de impulsar que el modelo empresarial antinacional se lucre de la infraestructura que la nación, los departamentos y los municipios construyen con los impuestos de los colombianos y con el talento nacional. Es decir, estamos ante un nuevo caso de competencia desigual, en la que la desprotección y la falta de garantías llevarán a la ruina a las industrias culturales y los artistas nacionales. El creador colombiano, que no es ni siquiera mencionado en la Ley, terminará siendo apenas un empleado más, sin posibilidad de continuar con su creación independiente. En la práctica, el país se convertirá en una maquila cultural.

 

Por lo demás, la ley no habla del fortalecimiento del sector a través del apoyo financiero del Estado. Por el contrario, entrega al capital financiero el manejo de la “Economía Naranja”. En materia de presupuesto solo contempla créditos y líneas de inversión a través de Bancoldex, Findeter y Procolombia, entidades que promueven y financian el libre comercio, con lo que, finalmente, además de encadenar la Economía creativa a los ciclos de la apertura económica, encarece su consumo, obligando a los ciudadanos a pagar los costos.

 

De esta manera, el patrimonio cultural inmaterial del país recibe su sentencia de muerte. No solo se entrega la creación nacional en manos de los grandes empresarios, sino que las regiones, las etnias y los municipios pierden toda posibilidad de una expresión cultural autónoma e independiente y quedan sometidos a los circuitos financieros y al modelo empresarial que promueve esta Ley.

 

La nuestra es una crítica que no cuestiona la posibilidad de que exista la cultura del entretenimiento y de que existan empresas que se beneficien con ello. El primer problema es que los pequeños y medianos productores nacionales tendrán que enfrentar una competencia desleal donde los únicos beneficiados son los monopolios culturales nacionales y extranjeros. El segundo, y tal vez el principal, es que se despoje al pueblo colombiano del derecho a tener un arte y cultura nacionales y se exima al Estado de sus obligaciones. En Colombia el presupuesto del Ministerio de Cultura representa solo el 0.16 por ciento del presupuesto general.

 

El país tampoco cumple con las mínimas recomendaciones de la Unesco de la cual somos miembros. La Convención de la Unesco para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, del 2005, especifica “que las actividades, los bienes y los servicios culturales son de índole a la vez económica y cultural, porque son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si solo tuviesen un valor comercial”. La Declaración Internacional sobre la Condición del Artista aprobada en Belgrado en 1980 y ratificada en París en 1997, dice: “Sin dejar de apreciar el creciente interés del sector privado hacia el apoyo a la creación sobre todo cuando su contribución evita que se pierdan talentos creadores por falta de medios, reafirmamos la importancia de mantener la financiación pública de las artes”.

 

Desoyendo estas y otras recomendaciones, lo que se pretende imponer es la ley del más salvaje y del “sálvese quien pueda”, ante la arremetida voraz de los monopolios impulsadores de la banalidad, lo trivial y lo vacuo, lo cual busca reforzar su perniciosa ideología y el concepto de contra-cultura a nivel mundial.

 

La cultura y el arte necesitan una legislación que esté acorde con su estado actual y que impulse y defienda la creación nacional y sus aportes a la sociedad. Ante esta ley y las demás del ramo, ya sea que estén aprobadas o en proyecto, es fundamental realizar un amplio debate en el que participen todos los actores involucrados; retirar el arte y la cultura de los tratados de libre comercio y del bloque de la llamada Economía Naranja y evitar su entrega a las multinacionales; se debe crear una Política Pública Cultural del Estado y una Nueva Ley General de la Cultura y el Arte que incluya el fortalecimiento y la promoción del artista y su trabajo, a la vez que defienda todo el arte colombiano y, por supuesto, la producción de las industrias culturales nacionales. En definitiva: proteger la soberanía cultural nacional.

 


 

* Unidad Nacional de Artistas
1 La ley Lleras 6.0 ya fue aprobada el 22 de mayo tras ser tramitada con un mensaje de urgencia del gobierno, para cumplir las exigencias de EEUU que había condicionado su aval para que Colombia ingresara a la Ocde, a la aprobación de la misma. Debido a la protesta de amplios sectores, se le hicieron pequeñas reformas de maquillaje (a las bibliotecas se les posibilitó el préstamo público y se les permite tener terminales para disponer “in sito” de contenidos; las Medidas Tecnológicas de Protección (MTP) impuestas son menores de la ley aprobada en 2012 pero las excepciones son muy limitadas; se amplió de 3 a 10 años la prescripción para los dineros que las sociedades de gestión deben distribuir a los autores identificados; el capítulo que se ocupa de obras huérfanas (aquellas de las cuales no se conoce o no se halla el autor) contempla una mínima parte de ellas y en forma restrictiva; no se incluyó el concepto del “fair use” (uso justo), el cual sí se aplica en EEUU; el castigo de prisión para la piratería se aplicará a aquellos que supone que actúen no sólo con intención sino que tengan escala comercial o interés de lucro.) El fondo del problema se dejó intacto, manteniendo la propiedad y el manejo y la distribución del conocimiento en manos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación y ampliando sus derechos de propiedad de 50 a 70 años.
2 El 12 de junio, el proyecto de Ley de Convergencias 174, también recomendación de la Ocde, tuvo que ser retirado por el gobierno debido a la masiva protesta de los sectores del audiovisual y de organizaciones de la cultura como la Unidad Nacional de Artistas. En él se proponía un único regulador que se ocupe de la TV, las redes y la infraestructura de las telecomunicaciones, acabando de tajo el concepto de las comunicaciones como un servicio de interés social y dejando sin garantía de financiación a los 10 canales de la televisión y a los medios audiovisuales públicos; se liquidaban la Comisión de Regulación de Comunicaciones –CRC– y la Autoridad Nacional de Televisión –Antv– y se fusionaban El Fondo para el Desarrollo de la Televisión y las Comunicaciones y el Fondo para el Desarrollo de la Televisión y los Contenidos, creando un nuevo Fundo Universal Único –FUU– y la Autoridad Nacional de Regulación de Comunicaciones –Anrc–, administrados con criterios políticos por el gobierno de turno a través del Mintic; se reducían drásticamente los aportes al fondo de parte de los prestadores con título habilitado, al reducir sus aportes en más de 3 puntos y establecer una senda de decrecimiento de los mismos; y se ampliaban los permisos para el uso y explotación del espectro a 30 años renovables. Al ser una recomendación de la Ocde y bajo los criterios de la Economía Naranja impulsados por el Presidente elegido, Iván Duque, es seguro que se intentará hacer aprobar el proyecto en la próxima legislatura, razón por la cual las asociaciones del sector y la sociedad en general, deben estar alertas para rechazarlo de manera categórica.

Publicado enEdición Nº248
Jueves, 26 Julio 2018 08:04

Escribir con sangre

Amigos de uno de los grafiteros pintan en su ataúd.

La sociedad calla ante la corrupción reinante en el país, ante los asesinatos, pero ven un muro rayado y se escandaliza.

La ciudad aún duerme, la madrugada sigue tan oscura que parece la noche. Una bien planificada estrategia cumple su objetivo: lograr entrar en la zona del metro de Medellín, donde se encuentran los vagones que no serán usados ese día. Seguramente, con muchos días de anticipación, los tres jóvenes habían observado, una y otra vez, el lugar más óptimo para realizar su acción, un lugar donde pudieran pasar desapercibidos de las cámaras de seguridad. Las vías aún no están en funcionamiento. El metro de Medellín significa ESCRIBIR en lo prohibido, en el Everest de los grafiteros.

Va amaneciendo, probablemente ya estaban por culminar su obra, probablemente no se percataron del tiempo o si lo hicieron decidieron correr otro tramo más de riesgo, tal vez sintiendo la adrenalina que produce exponerse al límite para mostrar su arte, para confrontar de la manera que saben hacerlo, para ganar el respeto de otros artistas grafiteros y de la sociedad, que cierra una y otra vez las puertas y cercena las posibilidades de expresar lo fresco, lo renovado, lo joven, de embellecer cualquier fondo con otros colores diferentes a los habituales. Tal vez todas esas cosas juntas impidieron medir correctamente los tiempos, y el primer tren de la mañana, no el de pasajeros, sino el de la verificación de ruta –antes de iniciar la jornada del día–, los encontró y cobro con sangre el ímpetu de su juventud.

Los detalles de lo ocurrido nadie los conoce, los escritores de muros y paredes se los llevaron consigo. Tiempo después de lo ocurrido la fiscalía y medicina legal dan explicaciones que salvaguardan la imagen del metro de Medellín, de la alcaldía, de toda la “respetable” institución pública. Ante esta situación, decidimos hablar con Juan López (nombre falso para cuidar el anonimato del artista) quien aceptó dialogar con desdeabajo, y al contarnos su historia nos mostró también la humanidad, el ímpetu marcado por la edad y la fuerza que mueve a las nuevas generaciones.

– “Soy grafitero hace once años, el grafiti me dio una salida de la violencia, porque en el barrio donde crecí siempre ha sido muy violento. Cuando yo era pequeñito, desde que me levantaba, pasaba por encima de los muertos. Siempre he convivido con las drogas, el vicio, el licor, y todo ese tipo de asuntos. Entonces, para no caer en ese tipo de vueltas –porque ya me estaban empezando como a gustar– me empezó a llamar mucho más la atención lo que era el grafiti, lo que era rayar y todo este asunto. A mi no me gustaba ni dibujar como tal, pero empecé a tener gusto por los colores, las líneas, las letras y todo el asunto. El grafiti para mi fue una salida a todo ese entorno, una escapada al entorno que me agobiaba todos los días”.

Al iniciar nuestra conversación, Juan estaba muy reacio a hablar con nosotros, pero una vez que empezó a narrar su historia iba teniendo más confianza para expresarse, para contarnos y hacernos entender la importancia de lo que significa el mundo del arte grafitero para ellos.

– “El objetivo fundamental es apropiarnos de los espacios, porque la ciudad siempre ha estado llena de gris, nosotros algunos años atrás vivimos unas olas de persecución con diferentes alcaldes –depende de la ideología– que nos borraban los grafitis cada quince días y la ciudad se veía muy gris, entonces la idea de nosotros es apropiarnos de eso que llaman espacio público, que es de todos, y volverlo más colorido, porque el grafiti y el arte como tal se hizo para trasgredir, para incomodar, no para agradar a todo el mundo”.

Esa necesidad de incomodar, de la que nos habla Juan, dispara mi imaginación, porque de inmediato pude recordar las imágenes, letras, colores, cosas bellas y realidades incomodas estampadas en los muros y calles por los que camino constantemente, esos que seguramente, a partir de esta conversación miraré y leeré más atenta, pues allí hay mensajes, hay historias detrás de cada uno de esos lienzos callejeros. Es inevitable preguntarle a Juan ¿a quién quiere incomodar?

–“Incomodar a todo el mundo que prefiere una ciudad gris, en vez de una ciudad llena de color, una ciudad llena de expresión, una ciudad llena de libertad. Mucha gente dice: a mi lo que me gustan son los pajaritos y las flores –que es lo que pinta todo el mundo acá, que es lo que la alcaldía les paga por hacer–, pero no me gustan esas letras y cosas feas por ahí. La gente siempre ve un realismo bonito, un rostro y dicen: ¡uy! eso sí es arte.

Para pintar hay un lado legal, cuando pides permiso para una obra de gran magnitud, y el otro lado, el ilegal, que es cuando la persona quiere pasar ese tipo de límites y se fija otras metas: dejar su nombre en lo alto, llegar donde nadie más ha llegado. Todo eso es incomodar. Demostrar que no hay límite. Yo no le veo nada de malo a la pintura, pues la pintura se borra con pintura, en realidad hay problemas más graves en la sociedad que enfrentar. Todo el mundo se preocupa y tiene la doble moral; acá dicen que: ´ay no, los grafiteros´ y toda la vuelta, pero que pasa con los problemas de corrupción del país, con los asesinatos, con los robos, ante eso si callan, pero ven un muro rayado y se escandalizan”.

Como dice el poeta, “se hace camino al andar”, y de ello saben los jóvenes mucho, lo saben por intuición, lo saben por deseo de renovación, de cambio, de ruptura, lo saben por su deseo de que la vida sea mejor para todos y no para unos pocos. Hay sed de justicia y disposición para plasmarla.

Es la edad de las rupturas, de las trasgresiones, de la imaginación, de la realización plena, audaz. Es la edad donde los riesgos pierden sus límites, donde la relación acción-consecuencia se difumina, sin importar las consecuencias; es una lucha individual pero sobre todo colectiva: los jóvenes que se reconocen como grupo buscan su lugar en el mundo, pero el mundo, sobre todo en países como Colombia, les niega ese lugar y los margina, lo que acrecienta su decisión de trasgredir, de escandalizar, de romper las normas ilógicas creadas por adultos. Los grafiteros encuentran su fuerza e inspiración justamente en esos lugares prohibidos de pintar, donde el anonimato –que es su condición más preciada– puede escribir acerca de su disconformidad.

Juan concluye para nosotros, diciendo: “El grafiti siempre ha sido ilegal; no creo que los grafiteros sientan temor. Además, esta ciudad ya está llena de violencia, entonces, sino les da miedo hacer un grafiti en un barrio peligroso, ¿por qué temer hacerlo en otro espacio? Para ir más allá la cultura grafitera se une, lo que nos brinda más confianza para actuar”.

 

 

 

 

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