Ser maestro y defender la tierra, emprendimientos letales

El 5 de junio, día de la Tierra, tres relatores de Naciones Unidas se pronunciaron denunciando que defender la tierra y el medio ambiente son "emprendimientos letales" en algunos países, y que los derechos humanos de las defensoras y defensores son violados continuamente, incluso el derecho más elemental: a la vida. México está entre los cinco países que encabezan esa lista a nivel global. Siete países, la mayoría en América Latina –Brasil, Colombia, Honduras, Filipinas, México, Perú y Guatemala–, suman 913 homicidios de activistas de los mil 24 que denuncia el reporte de la organización Global Witness sobre asesinatos a ambientalistas de 2002 a 2014. Varios de esos países encabezan también la lista global de asesinatos a sindicalistas (Colombia, Guatemala, Honduras) y México va camino a colocarse entre ellos.

Los que hicieron el comunicado son John Knox, relator sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente; Michel Forst, relator sobre la Situación de los Defensores de Derechos Humanos, y Victoria Tauli Corpuz, relatora sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. El asesinato de la líder indígena Berta Cáceres, en Honduras el pasado 3 de marzo –que sigue impune–, fue uno de los casos de alerta mundial que lo motivaron. En mayo de 2016, Michel Forst estuvo en México. En esa visita no oficial, declaró que entrevistas con más de 80 defensores revelaron una situación altamente preocupante de violación sistemática de derechos humanos en el país.

La decisión de hacer un comunicado conjunto fue porque los ataques, violaciones y asesinatos no están referidos a defensores del ambiente o derechos humanos solamente, sino también a luchadores por la tierra, territorios, por el derecho a sus culturas y formas de vida, a vivir dignamente en sus pueblos y comunidades.

Todas son luchas que forman parte también de las condiciones y batallas de los maestros y maestras de la CNTE, como los que el 19 de junio fueron atacados salvajemente por policías de varios niveles de gobierno en Oaxaca, resultando en 11 muertos (en el ataque y posteriormente), decenas de heridos y más de 20 desaparecidos. Entre los asesinados había también pobladores que los estaban apoyando. No sólo porque compartían su lucha, sino también porque los maestros son como ellos, indígenas, campesinos e hijos de campesinos. La lucha de esos dignos maestros y maestras contra la llamada reforma educativa (en realidad una reforma laboral para echar maestros críticos y hacer de la educación un mercado "competitivo") es por su sobrevivencia, pero también por la educación pública y no está separada de otras luchas de sus pueblos, contra mineras, represas y megaproyectos, robo y contaminación de agua, contra transgénicos, tala de bosques y otros despojos. A menudo son maestros los que informan, explican, trasmiten, apoyan, organizan. Eso lo saben las autoridades, por eso nada les da más rabia que un sindicato independiente como la CNTE.

Esta masacre se suma a otros asesinatos contra luchadores y defensores de los pueblos, comunidades, barrios que luchan por defender sus localidades, sus formas de vida y sustento, y que a través de ellas nos enseñan y cuidan a todos. Sigue abierta a flor de piel la herida por el asesinato de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes, futuros maestros, de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa la noche del 26 de septiembre de 2014. Otra vez, como con el caso de Ayotzinapa, el país entero se levanta para protestar contra la masacre de maestros, exigir que se castigue a los culpables, que termine la represión en lugar de diálogo, que se libere a los maestros presos, que renuncie el secretario (i)rresponsable. Desde todo el mundo aumentan las muestras de protesta y solidaridad, que se suman y expanden las protestas al gobierno de México por los crímenes contra los estudiantes de Ayotzinapa y la reciente "expulsión" gubernamental del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), para evitar que salga la verdad a la luz.

Como en los casos de Nochixtlán, Iguala y otros, las autoridades intentan cínicamente culpar de los hechos a las propias víctimas, encarcelan a los luchadores con acusaciones falsas y las difunden a través de los medios vendidos. Métodos similares usan en Brasil y Paraguay.

El 7 de abril de 2016, la policía y pistoleros de la papelera Araupel en el estado de Paraná, Brasil, asesinaron a dos militantes del Movimiento Sin Tierra (MST), Vilmar Bordim y Leonir Orback, e hirieron a seis más que estaban ocupando una tierra asignada para reforma agraria. Los policías afirmaron falsamente que habían sido "emboscados" aunque los Sin Tierra no traían armas; el crimen sigue impune.

En Curuguaty, Paraguay, 300 soldados atacaron el 15 de junio 2012 a 60 campesinos, mujeres, hombres y niños que ocupaban Marina Kué, tierra destinada a la reforma agraria; mataron a 11 campesinos y a seis de sus propios policías, para poder decir que fue una emboscada y justificar el juicio político que depuso al entonces presidente Lugo. La policía declaró que las mujeres y niños eran un señuelo para emboscarlos. Tras cuatro años de cárcel injusta, 11 de los propios campesinos afrontan un juicio falseado, acusados de los asesinatos. Hay una campaña mundial para exigir su liberación y absolución (https://absolucionya.wordpress.com).

Las mentiras del poder van cayendo cada vez más rápido, por la reconstrucción y memoria colectivas. Los ataques siguen, pero no logran imponer sus cuentos y así se desarma el terror que quieren sembrar. Al contrario, cada lucha es ejemplo de dignidad y fortalece a las que siguen.

*Investigadora del Grupo ETC

Publicado enInternacional
Break Free: La creciente ola de resistencia al cambio climático

“Bienvenidos a Fort McMurray. Aquí tenemos la energía”, es lo que dice el cartel que se ve al ingresar a esa ciudad ubicada en los bosques del norte de Alberta, Canadá, en el corazón de la zona de extracción de arenas alquitranadas. Los bosques que rodean Fort McMurray arden en llamas desde hace más de una semana, lo que ha provocado la suspensión de las operaciones en la vasta zona de arenas alquitranadas. Más de 90.000 personas han sido evacuadas, la mayoría de ellas de Fort McMurray, pero también miles más de los campamentos situados en los yacimientos de arenas alquitranadas, de donde se extrae lo que se considera como el petróleo más sucio del planeta, mediante la remoción de la arena alquitranada en minas a cielo abierto. Mientras tanto, más al sur del hemisferio, la importante compañía petrolera Shell ha iniciado operaciones de limpieza en el Golfo de México, donde hubo filtraciones en una plataforma petrolera que provocaron el vertido de más de 2.000 barriles de petróleo al mar, a unos 150 km de la costa de Louisiana.


La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica informó esta semana en su índice anual de gases de efecto invernadero que la “actividad humana ha incrementado el efecto directo de calentamiento por dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera en un 50% por encima de los niveles preindustriales durante los últimos 25 años". La agencia espacial de Estados Unidos, la NASA, informó que este último mes de abril fue el abril más caluroso desde que se lleva registro, por el margen más amplio de la historia. Esto se da tras una sucesión de doce meses en la que cada mes rompió el récord de temperatura establecido para el mismo mes en el pasado.


La respuesta oficial al catastrófico cambio climático tomó forma en el llamado Acuerdo de París, el documento de 31 páginas acordado hasta el momento por 175 países. El acuerdo alcanzado en París en diciembre y firmado en abril fue la culminación de años de negociaciones que muchos criticaron por estar lejos de ser justas, ambiciosas o vinculantes. El acuerdo es supervisado por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o CMNUCC, que en este momento lleva a cabo una reunión de alto nivel en Bonn, Alemania. Se trata de la primera reunión desde que se alcanzó el Acuerdo de París.


Kumi Naidoo, exdirector de Greenpeace International, nos dijo en París en vísperas de la publicación de la versión definitiva del acuerdo: "Hay tantos vacíos en ese texto que el avión en el que viaja el presidente de Estados Unidos podría pasar por uno de ellos. La conclusión, yo diría, es que hay huellas de la industria de los combustibles fósiles en demasiadas partes de ese texto". Y agregó: “La mayoría de los que formamos parte de las organizaciones de la sociedad civil, nunca hablamos del ‘camino hacia París’, siempre hablamos del 'camino que pasa por París'”.


Como parte de ese camino y previo a la cumbre de Bonn, se lanzó la campaña Break Free (Líberate de los Combustibles Fósiles, en español). Coordinadas a nivel internacional, se llevaron a cabo toda una serie de audaces acciones motivadas por la urgencia de la crisis climática. En diferentes partes del mundo se realizaron bloqueos y sentadas, cuelga de pancartas y toda una constelación de acciones de desobediencia civil. La siguiente es solo una muestra de algunas de las manifestaciones llevadas a cabo en las últimas dos semanas, según un resumen de la organización sin fines de lucro de acción contra el cambio climático 350.org:


En el Reino Unido, activistas bloquearon el funcionamiento de la mayor mina de carbón a cielo abierto del país durante un día. Una acción de protesta similar detuvo cargamentos de carbón en Newcastle, Australia. En Estados Unidos, la gente ocupó vías de trenes durante toda la noche para detener los llamados “trenes bomba”, vagones cisterna cargados de petróleo que han explotado en el pasado, provocando la muerte a cientos de personas. En Alemania, 3.500 personas cerraron una mina de lignito y una central eléctrica cercana durante más de 48 horas. En Filipinas, 10.000 personas marcharon contra una planta de carbón proyectada. Organizaciones sociales y comunidades indígenas de Brasil obstruyeron el tránsito frente a las puertas de una de las mayores centrales térmicas de carbón del país. Por tierra y por mar, hubo personas que obstruyeron la entrada a las instalaciones de arenas alquitranadas de Kinder Morgan en Vancouver y, en Turquía, 2.000 personas marcharon hacia un gran vertedero de carbón y lo rodearon con una gigantesca cinta roja.


El reconocido lingüista y disidente político Noam Chomsky escribió recientemente un nuevo libro titulado “Who Rules the World?” (¿Quién gobierna el mundo?, en español). Chomsky afirma que los dos temas críticos que enfrenta actualmente la humanidad son las armas nucleares y el cambio climático y que resulta impactante ver lo poco que se tocan esos temas en la campaña electoral de cara a las elecciones de 2016 en Estados Unidos.
Chomsky dijo a Democracy Now!: “Cuando los republicanos de la Corte Suprema revocaron hace poco una normativa bastante moderada propuesta por Obama para regular la industria del carbón, fue como decirle al mundo: ‘No se molesten en hacer nada’. Al país más grande y más poderoso del mundo no le interesa, así que ‘sigan adelante y hagan lo que quieran’. Todo esto equivale literalmente a decir: ‘Corramos hacia el precipicio’”.


No obstante, mientras haya gente que lleva adelante acciones hay esperanza. En el estado de Massachusetts, hogar del profesor Chomsky, cuatro estudiantes de secundaria demandaron al Departamento de Protección Ambiental del estado, alegando que ese estado estaba infringiendo su propia norma de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80% para 2050 al no tomar medidas con la rapidez necesaria. Esta semana, el máximo tribunal del estado estuvo de acuerdo y Massachusetts deberá ahora implementar un plan orientado a reducir las emisiones.


Desde hace tiempo se escucha el llamado a salvar el mundo para las generaciones futuras. Pero resulta cada vez más claro que es la generación de los jóvenes la que nos va a salvar.


________________________________________
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enMedio Ambiente
Tierra y libertad: luchas campesinas por la humanidad

De Palestina a Brasil, pasando por Indonesia, Sri Lanka, Mozambique, País Vasco, Kurdistán, países europeos y latinoamericanos, llegaron hasta la Amazonia más de 170 delegadas y delegados de la Vía Campesina, pescadores artesanales y otros movimientos y organizaciones sociales, a la Conferencia internacional sobre reforma agraria en Marabá, Pará, Brasil, del 13 al 17 de abril de este año. La cita tenía mucha historia, razones y urgencias, además de abrazar desde los movimientos de todo el mundo el acto de memoria y protesta a 20 años de impunidad de la masacre de 19 campesinos en Eldorado dos Carajás en 1996, crimen de Estado a favor de latifundistas y por mano de la policía militar.

 

A 20 años de esa masacre de campesinos sin tierra, que motivó que La Vía Campesina declare el 17 de abril Día Mundial de las Luchas Campesinas, la criminalización y represión de campesinos, trabajadores rurales, defensores de territorios y derechos, incluso en regiones como Europa, sigue siendo un tema que atravesó las participaciones en la Conferencia, desde todas las esquinas del planeta.

 

Situación más grave aún sabiendo que la lucha por la tierra y por seguir siendo campesinas y campesinos, no sólo es justa, es un aspecto fundamental de la sobrevivencia de todos, estemos en campo o ciudad, y es un elemento esencial para responder a las más graves crisis planetarias.

 

Un 70 por ciento de los habitantes del planeta se alimentan gracias a la producción campesina, la pesca artesanal, la recolección de alimentos silvestres, las huertas urbanas. Pese a este notable aporte, solamente tienen 25 por ciento de la tierra agrícola global. (Grain, 2014, goo.gl/6uR1R7) 90 por ciento son campesinos e indígenas y hay millones de trabajadores agrícolas sin tierra. En casi todo el planeta, sufren ataques permanentes a sus modos de vida, tierras y recursos, además de políticas públicas discriminatorias, clientelares o para generar dependencia.

 

Sus tierras, en muchos casos las que quedaron después de ser desplazados de las praderas más fértiles, siguen siendo codiciadas y arrebatadas por grandes inversionistas, sea para instalar monocultivos de granos de exportación y/o árboles, para explotar otros recursos, para abrir paso a proyectos de infraestructura, energía, ampliación especulativa de mancha urbana, para transporte para todos esos emprendimientos o hasta para especular con mercados de carbono. O deben abandonarlas porque les secan y contaminan las fuentes de agua.

 

En todos los casos, la vida, las culturas, la enorme y esencial contribución histórica y presente de las formas de vida campesina e indígenas, parece siempre quedar en último lugar. No sólo en políticas que favorecen los intereses corporativos, también por el mito falso de que campesinos e indígenas producen poco, cuando en realidad son responsables de la alimentación de la mayoría de la población mundial.

 

La contracara es que el sistema alimentario agroindustrial, dominado por empresas trasnacionales, ocupa la mayor parte de la tierra y usa entre 70 y 80 por ciento de todos los combustibles y agua que se usan en la producción alimentaria, contaminando con agrotóxicos suelos, aguas y la comida de todos, con enorme desperdicio de alimentos desde el campo a los hogares. Esto es el principal factor de cambio climático, aunque solamente alimenta 30 por ciento de la población mundial y emplea una ínfima parte, la mayoría en semiesclavitud o salarios miserables.

 

Estas condiciones hacen que la lucha campesina por la tierra sea aún más importante. La conferencia de Marabá afirmó esa lucha, pero también dejó claro que su camino va mucho más allá. A partir de reflexiones y experiencias acumuladas en sus regiones, creciendo las conclusiones de su conferencia internacional de 2012 en Indonesia, plantearon nuevas metas y desafíos. Integraron a sus metas el concepto de reforma agraria popular, propuesto desde el trigésimo Congreso del Movimiento Sin Tierra de Brasil: la producción alimentaria es un tema de toda la sociedad y requiere ser asumida por todos los movimientos. La necesidad de alimentos es de todos, así como los impactos en salud, ambiente, sociales, económicos, culturales que el sistema agroalimentario conlleva. El sistema industrial es controlado por unas cuantas empresas trasnacionales que operan en todo el planeta y son un pilar fundamental del sistema de explotación global. Otros desafíos que formularon fue pasar de la lucha por la tierra a la defensa de territorios; integrar los conceptos de autonomía y soberanía alimentaria; cambiar el modelo de producción agrícola capitalista por otros basados en agricultura ecológica y campesina, cuestionando no sólo la propiedad de la tierra, sino también la matriz tecnológica que subyace al modelo capitalista; fortalecer los procesos permanentes de reflexión y formación política y teórica; desarrollar y crear medios propios de comunicación, a la par que denunciar la manipulación informativa de medios masivos; afirmar la lucha feminista, de género y por diversidad sexual; construir alianzas con otros movimientos y luchas urbanas y rurales; articularse a nivel internacional, especialmente contra trasnacionales, contra la criminalización; afirmar la solidaridad internacional en zonas de guerra como Palestina y Kurdistán.

 

Cuando lanzaron la convocatoria de la conferencia, no sabían que coincidiría con el reality show de votos comprados en el Congreso de Brasil para esta nueva clase de golpes de Estado. La conferencia lo denunció y expresó todo el apoyo a los movimientos contra el golpe. Pero la mejor medida fue sin duda la reflexión colectiva y crítica sobre lo construido, los errores, faltas y aciertos, asumiendo un amplio espectro de nuevos desafíos.

 

*Integrante del Grupo ETC

 

Publicado enInternacional
Página 2 de 2