Sodoma: homosexualidad e hipocresía en la Iglesia

Frederic Martel publicó un libro en que sostiene que 80 por ciento del clero de la curia romana es homosexual. Paradójicamente esta mayoría homosexual en Roma es homófoba. La utilizada como una máscara para encubrirse. El 21 de febrero en Roma, justo en el inicio de la cumbre antipederastia convocada por el papa Francisco, se presentó este libro titulado Sodoma, traducido a varias lenguas. Tuve la oportunidad de estar presente en la sala internacional de periodistas donde el autor explicó la naturaleza de su investigación. Cuatro años de trabajo, mil quinientas entrevistas, 30 países visitados, 80 investigadores de apoyo y traducción en diversos países y 14 abogados que lo defiendan de posibles demandas. Sin duda, el libro es no sólo una bomba, sino un éxito editorial por un enfoque no explorado. Su lanzamiento internacional es orquestado como un producto global. Es fruto de una paciente investigación cualitativa que despierta sorpresas en su contenido y cierto morbo, en los países católicos, como secuela de los escándalos de abuso sexual de clérigos a menores.

Sodoma, título del libro, fue una ciudad situada a orillas del mar Muerto según los textos del Antiguo Testamento. Junto a Gomorra, fue destruida por Yavhé. Sodoma, según los relatos, era lugar de perversión, vicios y perdición, castigada con violencia divina por una implacable lluvia de fuego y azufre.

La tesis central del libro es la incongruencia del discurso homófobo de los más altos jerarcas de la Iglesia católica de cara a su práctica y vida homosexual. El posicionamiento público de los jerarcas romanos contradice su comportamiento secreto y privado. Hay una suerte de hipocresía patológica, según el autor, pues existe una discordancia profunda entre su rechazo tajante y visceral ante todo lo homosexual con sus propios secretos íntimos. Mientras más críticos son con la homosexualidad, más lujuriosa es su vida oculta como gays, opina el autor. ¿Cómo explicar que cardenales homosexuales ataquen con todo al papa Francisco? Un gay friendly, es decir, tolerante y hasta condescendiente con los homosexuales. Sin embargo, el investigador francés no vincula la homosexualidad con el abuso pederasta del clero. Nos introduce a una manera alternativa para interpretar los laberintos vaticanos del poder. Martel reinterpreta a lo largo de sus más de 600 páginas la renuncia de Benedicto XVI, la crisis de Vatileaks, la lucha de poder entre camarillas y redes de clérigos homosexuales, entre otros episodios. Reinterpreta con nuevos parámetros los pontificados de Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Circulan en la lectura personajes siniestros como Marcial Maciel, Fernando Karadima (Chile), Alfonso López Trujillo, cardenal colombiano que le declaró la guerra frontal a la teología de la liberación. También aparecen como cabezas de clóset homosexual los secretarios de Estado Angelo Sodano y Tarcisio Bertone. Retrata las redes de complicidades palaciegas que son consecuencia, entre la corrupción, la cobertura y el chantaje. Hay relatos abrumadores de una extraña relación de atracción-repulsión de actores eclesiásticos que se han envilecido.

En la conferencia de prensa en el centro histórico de Roma, diversos vaticanistas lo encararon, reprochando la falta de seriedad y rigor en su investigación. Es un análisis de entrevistas y hasta chismes, muchos sin posibilidad de corroborar. Con humor, Martel respondió que sólo un investigador gay como él podría hacer un trabajo de tal envergadura porque conoce los códigos de las comunidades homosexuales. Recapituló que recibió información en entrevistas de 41 cardenales, 52 obispos, 45 nuncios apostólicos, periodistas, embajadores extranjeros y más de 200 sacerdotes y seminaristas para develar el secreto mejor guardado en la Iglesia: la homosexualidad como sistema dominante. Incluso se ufanó de haber usado la seducción para adquirir información, aportación "novedosa" a la metodología científica. Y reprochó a los vaticanistas: "Ustedes no entienden nada de lo que ocurre en el Vaticano", o peor, son cómplices de los secretos de alcoba de los altos monseñores.

Bajo esta lupa, Martel analiza la crisis de vocaciones sacerdotales. Antes el sacerdocio era una salida digna para un joven homosexual. Con la apertura y mayor comprensión social a la condición, ahora la Iglesia resulta poco atractiva. Porque se ha convertido en un espacio de homosexualidad unas veces casta, otras veces, la mayoría manifiesta y promiscua, pero siempre teñida de homofobia

En el diario Francés Le Figaro, el dominico Thierry-Dominique Humbrecht ofrece una lectura crítica del libro. Reconoce revelaciones impactantes, pero ante todo increpa que es un trabajo militante. Un periodista miembro de la comunidad gay reprocha al Vaticano y a la Iglesia vivir no sólo una identidad homosexual retorcida, es decir, esquizofrénica, escondida y reprimida, sino también una sistemática agresión a las comunidades gays reales que viven con libertad su condición. El dominico reconoce que Martel pretende forzar a la Iglesia a evolucionar sobre la homosexualidad.

Martel, en Sodoma, nos introduce a las entrañas del Vaticano con diferentes claves de lectura. Ahí su originalidad. Exhibe espesuras fangosas desconocidas de la institución eclesiástica y un embarazoso sistema. Bajo una ley no escrita, lo que él llama "el código Maritain", clave que posibilita comprender los cimientos, actitudes y comportamientos de los actores no sólo del Vaticano, sino de muchas Iglesias locales. La Iglesia mexicana no escapa de esta investigación provocación. No sólo existe Maciel, no es él un accidente aislado, hay muchos otros actores agazapados en el clóset. Seguro vendrán nuevas pesquisas.

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Más de un millar de ciudades del mundo se suman a la revuelta generacional por el cambio climático

Las señales del impacto del cambio climático se agolpan alrededor del mundo. Y los jóvenes han dicho basta. Pertenecen a una generación que recibe como herencia un problema que ellos no han creado. Este viernes están saliendo a denunciarlo en más de un millar de ciudades del planeta (unas 50 en España). Protestan contra la inacción de los Gobiernos ante una crisis ambiental que ya no se puede revertir pero sí mitigar. La solución para que el calentamiento no tenga consecuencias tan devastadoras se conoce: eliminar los gases de efecto invernadero de la economía, según exponen la mayoría de los científicos.

"Los políticos no están haciendo lo suficiente", se lamenta desde Adelaida (Australia) Tomás Webster Arbizu, de 13 años. Este adolescente es uno de los miembros en su ciudad del movimiento Friday for Future, que se inspira en Greta Thunberg, la joven sueca que en agosto decidió parar todos los viernes como protesta por la falta de ambición de su país ante el calentamiento global.


Su gesto se fue contagiando a otros chicos a lo largo del planeta. Australia fue uno de los países en los que primero prendió la protesta. En noviembre se celebró una primera gran huelga. 15.000 personas participaron en las concentraciones, recuerda Webster por teléfono. Cuatro meses después, los organizadores esperan que se duplique la asistencia. Y ya no se trata de un movimiento de carteles cutres y lemas pintados de colores. Webster explica que tienen un listado de 30 peticiones concretas para su Gobierno. Enumera las más importantes: "Se debe impedir que se abra la mina de carbón de Carmichael, que sería la más grande del hemisferio sur. Se debe frenar la producción de combustibles fósiles en el país y en Australia en 2030 toda la energía debe ser renovable".


Mientras que en muchos países, como Australia, las protestas han sido ya masivas, en España las pocas concentraciones que se han celebrado apenas han reunido a algunos centenares de estudiantes. Y eso que, según el CIS de noviembre –que realizó varias preguntas sobre el cambio climático– parece que no hay muchas dudas sobre el problema. Hasta el 83,4% de los encuestados para ese sondeo sostuvo que existe el cambio climático y hasta un 93,4% de ellos consideró que la acción del hombre influye mucho o bastante en ese calentamiento.


La prueba de fuego para el movimiento será este viernes en España. Algunos datos parecen apuntar a la concienciación de los jóvenes. "En España, desde hace casi un año, en los estudios de opinión se ve que entre las principales preocupaciones los jóvenes figuran, además de la igualdad, el cambio climático", apunta Belén Barreiro, socióloga y directora de 40dB. Y esa preocupación disminuye cuanto mayor es la edad del encuestado, añade. Barreiro considera que este puede ser un rasgo distintivo de esa generación y que se puede achacar a que "se han socializado" en un mundo cargado de información sobre los efectos del cambio climático. "Cada vez la información es más clara sobre el cambio climático", añade Barreiro.


En los últimos años son incontables los estudios e informaciones sobre las señales del cambio climático. Y no se trata de avisos de lo que podrá ocurrir en el futuro, sino de lo que está ocurriendo ya. Por ejemplo, durante el último decenio se han dado en el planeta ocho de los 10 años más cálidos desde que hay registros fiables. Esos registros datan de finales del XIX, de la segunda Revolución Industrial, cuando se empezó a torcer la salud del planeta. En las zonas desarrolladas del mundo, gracias a los avances tecnológicos, el ser humano ha alcanzado un nivel de bienestar inédito. Pero el crecimiento se ha basado en unos combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas natural– que al quemarse liberan los gases de efecto invernadero que guardaban en su interior.


La masiva quema de esos combustibles, aunque arrancó con la Revolución Industrial, no se disparó hasta los años cincuenta del siglo pasado. “La gran aceleración se produce a partir de la II Guerra Mundial, cuando se dispara el consumo de combustibles fósiles, los daños ambientales, el uso de agua”, explica Amaranta Herrero, profesora de Sociología Ambiental en la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta docente e investigadora es una de las promotoras de un escrito de apoyo a la protesta de este viernes que han firmado unas 300 personas ligadas al mundo científico.


La alianza entre la ciencia y los jóvenes es otro de los rasgos diferenciadores de esta protesta. En Alemania –donde también se han producido nutridas manifestaciones en las últimas semanas– hasta 12.000 científicos han firmado un escrito similar. "Existe un desfase gigante entre el consenso científico sobre el cambio climático y la falta de acción de los políticos", señala la investigadora Herrero. "Desde la comunidad científica nos preguntábamos cómo no reaccionaba la sociedad. Hay un consenso científico brutal y hay que gritarlo", añade.

La ciencia señala, por ejemplo, a una concentración en la atmósfera de dióxido de carbono –el principal gas de efecto invernadero– que se ha disparado más de un 30% desde 1960. “Las pruebas del cambio climático actual son inequívocas (...) Desde 1880 la temperatura media de la superficie mundial ha aumentado entre 0,8 y 1,2 grados”, recordaba esta semana el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. La ONU advertía también del incremento en la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos –como inundaciones o sequías– asociados al cambio climático que ya se está produciendo.


"Estamos preocupadas por nuestro futuro. Nos hemos encontrado un mundo diferente al que se encontraron nuestras madres y abuelas", resume Gemma Barricarte, de 25 años y una de las estudiantes promotoras de las protestas en Barcelona.


La docente Amaranta Herrero, habla del concepto de "justicia intergeneracional" para referirse a este movimiento estudiantil que, como el cambio climático, es global. "Ellos no han causado el problema y se lo van a comer con patatas", añade.


"Los Gobiernos se comprometen a cosas y luego no cumplen", apunta Gemma Barricarte sobre los motivos de la protesta. Naciones Unidas ha vuelto a advertir esta semana de que los planes de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero que han propuesto los países no son suficientes. Se necesita que aumenten mucho más esos compromisos. "No vamos a parar hasta conseguirlo", dice esta estudiante catalana.

Por Manuel Planelles
Madrid 15 MAR 2019 - 04:05 COT
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Chelsea Manning, encarcelada por negarse a testificar en el caso Wikileaks


La exanalista militar estadounidense, que filtró cientos de miles de documentos secretos a la organización de Julian Assange, reitera que no cooperará con la investigación

Chelsea Manning, la exanalista de Inteligencia del Ejército estadounidense que filtró miles de documentos secretos del Pentágono y del Departamento de Estado a la organización Wikileaks en 2010, ha sido detenida este viernes después de que un juez federal la declarara en desacato por negarse a testificar ante un gran jurado que investiga a la compañía de Julian Assange. La decisión del juez se produce tras una breve audiencia en la que Manning, de 31 años, ha confirmado que no tenía intención de cooperar con la investigación, a pesar de que los fiscales le garantizaron inmunidad por su testimonio.

Manning deberá permanecer en prisión hasta que acceda a testificar o hasta que el gran jurado termine su trabajo. Sus abogados han pedido que fuera enviada a casa a cumplir su pena, por complicaciones médicas que padece, pero el juez ha negado la petición.


“En solidaridad con muchos activistas que se enfrentan a la adversidad, me mantendré fiel a mis principios”, ha dicho Manning. “Mi equipo legal continúa impugnando el secretismo de este proceso y estoy preparada para enfrentarme a las consecuencias de mi negativa”.


Un juez militar condenó a la exanalista a 35 años de cárcel por la filtración de más de 700.000 documentos, pero solo cumplió siete, gracias a la conmutación de pena concedida por el expresidente Barack Obama en 2017, en los últimos días de su mandato. Por su condición de persona transgénero adaptándose a su vida como mujer, Manning lo pasó particularmente mal en la prisión militar masculina e intentó quitarse la vida en dos ocasiones en 2016.


El caso, que tiene lugar en una corte federal de Virginia, es parte de la amplia investigación sobre Wikileaks y Assange, que se encuentra desde 2012 viviendo en la Embajada de Ecuador en Londres para evitar su arresto. Durante su juicio en 2013, Manning reconoció haber enviado archivos de documentos secretos a Wikileaks. Aseguró haberse comunicado online con alguien que probablemente fuera Assange, pero afirmó que actuó por su cuenta sin ser dirigida por nadie de Wikileaks.


La filtración de Manning lanzó a la fama global a Wikileaks. Años después, la organización de Assange publicó los correos electrónicos del Partido Demócrata supuestamente robados por hackers rusos durante la campaña presidencial de 2016, lo que la convierte en una pieza importante en la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia rusa en dichas elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Por Pablo Guimón
Washington 8 MAR 2019 - 15:06 CO

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Control territorial estricto por los paramilitares

Nuevamente nuestra Comunidad de Paz de San José de Apartadó se ve en la necesidad de acudir al país y al mundo para dejar constancia de los últimos hechos de los cuales hemsido víctimas por parte de los paramilitares que actúan con plena libertad en nuestra región.


A pesar de las continuas declaraciones del Gobierno en las que afirman la no existencia de estructuras paramilitares y la implementación de los acuerdos de paz, sin embargo la experiencia del campesinado de la región es que la presencia del paramilitarismo es cada vez más asfixiante. La estructura que se autodenomina “Autodefensas Gaitanistas de Colombia” sigue actuando a sus anchas, lo que implica que existe una absoluta tolerancia, aquiescencia o complicidad de la fuerza pública en su accionar y a la vez desmiente que las entidades creadas por el Acuerdo de Paz para reprimir las actividades paramilitares estén funcionando. Los paramilitares tienen cada vez más asfixiado al campesinado de la región mediante impuestos, normas de prohibiciones, exigencia de someterse a ellos, control de todos sus movimientos y reclutamiento continuo de menores. Durante los fines de semana se percibe gran afluencia de paramilitares en el casco urbano de San José de Apartadó donde consumen altas dosis de licor y lanzan amenazas contra nuestra Comunidad de Paz,afirmando de nuevo su propósito de exterminarnos.

Los hechos de los cuales dejamos constancia hoy son los siguientes:


• El viernes 8 de febrero de 2019, de nuevo fueron vistos cruzar 10 paramilitares portando uniformes militares y armas largas en la vereda Mulatos Cabecera de San José de Apartadó


• Este mismo viernes 8 de febrero de 2019 los paramilitares convocaron y realizaron una reunión en la vereda Arenas Bajas de San José de Apartadó, allí obligaron a la población civil a participar en dicha reunión.


• El sábado 9 de febrero de 2019, fue visto un grupo de 7 paramilitares portando armas largas cruzar por la vereda la Unión de San José de Apartadó.


• El domingo 10 de febrero de 2019, en horas de la tarde 10 paramilitares vestidos de negro asechaban nuestro asentamiento de San Josesito y al parecer permanecieron allí por el rio hasta altas horas de la noche.


• El lunes 11 de febrero de 2019, en horas de la noche llegaron dos hombres armados y portando capuchas, al parecer paramilitares, a la vivienda de un poblador de la zona y lo obligaron a pagarles 2.000.000 de pesos, según ellos de vacunas, a lo cual el campesino se resistió y no quiso pagar la extorsión; de inmediato lo amenazaron de muerte por no pagar la alta suma de dinero que le estaban pidiendo, luego se marcharon.


• El martes 12 de febrero de 2019, en horas del día fue visto un grupo de paramilitares en trajes negros a pocos minutos del casco urbano de San José de Apartadó por la parte del rio La Sucia hacia arriba.


• El jueves 14 febrero de 2019, pasaron por la vereda La Resbalosa de San José de Apartadó 10 paramilitares portando uniformes militares y armas largas en el punto conocido como la “YE” al parecer venían desde las veredas Baltazar y Naín del departamento de Córdoba.

• El jueves 21 de febrero de 2019, a las 12:00 horas del día 5 paramilitares armados detuvieron por espacio de 15 minutos a dos pobladores en la vereda la Unión de San José de Apartadó, allí les manifestaron el interés de saber en dónde quedaba situado el espacio de la Comunidad de Paz y si quedaba muy lejos, a lo que dichos pobladores no dieron ninguna información. Luego los dejaron en libertad y los paramilitares ingresaron al espacio de la Aldea Rigoberto Guzmán, de la Comunidad de Paz; al ser vistos por algunos pobladores intentaron esconderse pero ya habían sido detectados. Más tarde, hacia las 3:00 p. m. pasó por allí mismo una tropa del ejército.


• El domingo 24 de febrero de 2019, a las 9:00 a.m. un grupo de aproximadamente cinco paramilitares detuvieron a un miembro de nuestra Comunidad de Paz en la vereda Mulatos y lo sometieron a interrogatorios durante 10 minutos luego lo dejaron en libertad.

• El mismo domingo 24 de febrero de 2019, tropas del ejército, quienes habían sostenido un enfrentamiento con algún grupo irregular, pasaron pos veredas entre Córdoba y San José de Apartadó prohibiendo a los campesinos el uso de teléfonos celulares.


Durante los días 19 a 22 de febrero nuestra Comunidad de Paz realizó la acostumbrada peregrinación a Mulatos Medio donde el 21 de febrero de 2005 fueron masacrados varios líderes de la Comunidad con sus familias. En todos los recorridos que hicimos fue visible el seguimiento de paramilitares de civil, quienes controlaban nuestros movimientos por radios de comunicación. Es un hecho que todos los asentamientos de la zona están controlados por “puntos” o personas-espías que están informando de todo movimiento a los líderes paramilitares.


El 13 de febrero la Juez Segunda Promiscua de Apartadó, teniendo en cuenta que la Corte Constitucional seleccionó para revisión la sentencia de Tutela interpuesta por la Brigada XVII contra nuestra Comunidad de Paz, ordenó suspender el incidente de desacato, hasta que se pronuncie la Corte Constitucional.


Desde nuestro territorio amado y oprimido agradecemos las muchas voces de ánimo que recibimos desde el país y el mundo, pues todo su apoyo político y moral nos da mucho valor para seguir adelante, en resistencia, en este territorio tan dominado por el poder de las armas al servicio de lo peor.

Comunidad de Paz de San José de Apartadó
Febrero 26 de 2019

 

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Sábado, 09 Febrero 2019 06:36

El tuerto rey

El tuerto rey

Llevan tres meses manifestándose contra el gobierno de Emmanuel Macron y a muchos de ellos se les han mutilado ojos, pies y manos en una represión brutal. El sábado pasado marcharon sobre todo contra el uso de los lanzadores de balas defensivas, con los que las “fuerzas del orden” francesas atacan a los manifestantes con una violencia inédita desde 

 

Con ese inoxidable don francés gracias al que existir y representar la existencia se enlazan y borran precedencias o jerarquías, el sábado pasado tuvo lugar el llamado “acto XII” de las protestas de los chalecos amarillos. En este caso, la denominación teatral dada a cada una de las movilizaciones de quienes desde hace tres meses llevan adelante una sabatina (re)presentación de su determinación política estuvo más justificada que de costumbre.


En esta oportunidad, falsos y verdaderos heridos desfilaban para representar la saña represiva; los falsos, disfrazados y maquillados con ojos emparchados y mejillas sangrantes de ketchup, representaban a los numerosos heridos por aproximadamente 1.900 chalecos amarillos. Porque sucede que Macron –“elegido” con el argumento extorsivo que supuso declarar preferible cualquier cosa antes que el “fascismo” de Marine Le Pen– resultó ser un presidente golpeador, que ataca a los manifestantes con una violencia inédita desde 1968.


En particular, heridos e ilesos denuncian el uso de las púdicamente llamadas “armas intermediarias” (es decir, entre los cachiporrazos y los balazos), que, prohibidas en varios países de la Unión Europea, están permitidas en Francia, país en el que su stock crece, sobre todo si se trata de los lanzadores de balas defensivas (Lbd, variante de las flash-balls), ahora lanzadas con el beneplácito del Consejo de Estado, que el viernes 1 de febrero confirmó estar conforme con su uso, a pesar de los pedidos de supresión formulados por varios organismos de derechos humanos. El tiro tendido, en lugar de parabólico, de las granadas lacrimógenas y los Lbd supuestamente reservados para defender la integridad física de los policías fueron usados contra manifestantes notoriamente pacifistas, como sucedió el sábado 26 de enero con Jérôme Rodrigues, un chaleco amarillo que recibió un tiro de un Lbd en un ojo, mientras invitaba a sus compañeros a retirarse hacia lugares sin black blocksa la vista. A fines de diciembre, en la ciudad de Marsella, mientras intentaba cerrar las persianas de su casa para protegerse de los gases lacrimógenos lanzados contra los chalecos amarillos, Zineb Rom-dhane, de 80 años, recibió en su rostro impactos de granadas que le produjeron la muerte.

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS.


Una de las primeras víctimas de los Lbd fue en Nantes, en 2007, cuando un liceal de 16 años, que entonces se manifestaba contra la reforma universitaria (la ley Lru) directamente inspirada en el proceso de Bolonia y en la sujeción universitaria a criterios empresariales, recibió un tiro que le dejó el ojo, pero le llevó la vista. Hoy, entre los chalecos amarillos, es alto el número de a quienes se les han mutilado pies, manos y ojos, y los grupos de socorristas voluntarios que acompañan las movilizaciones sabatinas reparten ante cada carga policial gotas y dosis de suero fisiológico para calmar la vista en compota debido a los gases.


De ahí que entre los eslóganes fatídicamente ocurrentes de estos días figuren “en el país de los ciegos el tuerto es rey” o “esto es democracia, rompe los ojos”. La diversidad e inventiva de las consignas escandidas en grupo o inscriptas en un sinfín de soportes, que incluyen los chalecos amarillos propiamente dichos y banderolas de todo tipo y forma, muestra la extensión del hartazgo que en lo inmediato produjo Macron –someramente tratado de “presidente empleado de la banca Rothschild”– y que más profundamente produce un mundo que sólo ofrece trabajo y consumo, cuando ofrece algo.


Por esto, consignas que reclaman la reimplantación del impuesto a las fortunas, suprimido por Macron, o un sistema fiscal más justo, que permita una mejor redistribución de la riqueza, coexisten junto con consignas de mayor abstracción y alcance –“si no hay justicia, no hay paz”, “quien siembra vientos recoge tempestades”, “Macron, tu jihad contra los pobres no pasará”, “primer aviso en 2005, revolución en 2019”, “barrios populares y mundo rural”, “comé, adelgazá: la publicidad vuelve esquizofrénico”, “hermoso como una insurrección impura”, “Macron = Louis XVI”–, que muestran un mundo que ya no va, crecientemente inverosímil.

En ese elenco de denuncias, reivindicaciones, burlas y bravatas, se reserva un lugar notorio para la prensa y el sistema judicial, acusados de sumisión ante un Poder Ejecutivo omnipotente. De igual modo, el también inoxidable culto francés a la singularidad habilita a que cada uno diga lo suyo a propósito de lo que a todos involucra, y de esta manera se hacen presentes entre los manifestantes de los sábados en París los manifestantes de los viernes en Gaza.


UNA MULTITUD DE POSICIONES.


La decisión macroniana de ir a paso de carga contra los respetables restos del Estado de bienestar, que a la salida de la Segunda Guerra Mundial el gaullismo concedió a los comunistas para evitar un mal que imaginaban peor (una Francia bajo batuta soviética), y el palpable sinsentido de una vida en que el espíritu fue cooptado por las industrias culturales han logrado reunir un amplio arco de voluntades dispuestas a hacer de la calle, nuevamente, un lugar de encuentros ines-


perados, en los que el espíritu se pone de nuevo a soplar. La Navidad pasada hubo chalecos amarillos que prefirieron esperar la medianoche en el frío de las rotondas, compartiendo vituallas de supermercado, antes que abotagarse en los sofás delante de la tevé.


Ese arco que incluye a quienes blanden retratos del Che Guevara en rojo y negro y a quienes piden una fiscalidad más social no sólo es extenso, sino que además abarca una multitud de posiciones intermedias o ambiguas. La prensa que quisiera separar al buen chaleco amarillo pacifista y víctima del black block enteramente concentrado en su empresa de demolición suele ignorar a quienes, sin romper vidrieras ni mobiliario urbano, permanecen en la vuelta sin alejarse mucho de los “casseurs” (rompedores), que, uniformados de negro, se manifiestan con violencia.

POLICÍAS Y FLORES

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El sábado, horas después de que la Place de la République fuera desalojada por la Policía y el “acto XII” hubiera concluido, en el persistente tufo a gas lacrimógeno, un policía de una compañía Crs (compañías republicanas de seguridad), antaño temible y hoy superada en ferocidad por otros cuerpos policiales, intentaba obsequiar un ramo de flores a una transeúnte, mientras explicaba que, al recibirlas de regalo de manos de un chaleco amarillo, había dicho que se las ofrecería a alguna señora.


Y aunque en la víspera de la manifestación en las redes sociales se había instado a demostrar un ánimo fraterno con las “fuerzas del orden” llevándoles flores, y aunque haya quienes opinen que entre los Crs hoy hay unos cuantos que están a un paso de vestir chaleco amarillo, lo que más se oyó el sábado fue: “Todo el mundo detesta a la Policía”, eslogan escandido junto o separado de: “París, levantate, sublevate”.


En el paro general y la manifestación por la Rue de Rivoli que partieron en dos la tarde del martes, confluyeron los convocantes sindicales Cgt y Sud más una pléyade de grupos trotskistas, ecologistas, anarquistas y de chalecos amarillos. Las consignas ocurrentes volvieron a florearse, aunque probablemente la que mejor resume ese encuentro sea “fin de mes, fin del mundo”: la dificultad de tantos de llegar a fin de mes no es ajena a las dificultades planetarias, puesto que se trata del mismo sistema que depreda por igual vidas humanas y sistemas ecológicos.

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Domingo, 03 Febrero 2019 05:36

Nuevos aires para los WikiLeaks

Nuevos aires para los WikiLeaks

Ante las restricciones que le impuso la embajada ecuatoriana, donde se encuentra asilado, Julian Assange, fundador de WikiLeaks, nombró en septiembre al periodista islandés Kristinn Hrafnssn para reemplazarlo como editor en jefe.

Tic toc tic toc. Pasan las horas los días los meses los años y la vista no cambia: abajo la calle, enfrente un gran edificio de ladrillos rojos expuestos. Una pared roja con agujeros de vidrio en el coqueto barrio londinense de Knightsbridge. Desde de su ventana de planta baja Julian Assange no alcanza a ver el cielo. Sólo ladrillos que nunca cambian de lugar. Cada tanto pispea por si los ladrillos se han movido, jugando con su mente para combatir la monotonía. Pero todo sigue igual. Hace más de seis años que el fundador del icónico sitio de megafiltraciones, WikiLeaks, vive en los confines de la embajada ecuatoriana de la capital británica, encerrado en dos cuartos chicos, una despensa, un bañito y un comedor.


No le gusta quedarse mucho tiempo mirando la ventana. Tiene miedo que le acierte un francotirador. Colecciona amenazas de muerte por internet y se las toma en serio. La embajada tiene un balcón. Lo ha usado pero apenas, siempre bajo estrictas medidas de seguridad, ya sea para hacer un anuncio importante o para mostrarse con alguna figura. Fueron las únicas veces que sintió el aire fresco en la cara y que pudo ver la luz del sol. En las fotos de balcón se le ven las mejillas rosadas y los ojos chiquitos.


Su situación es delicada en varios frentes. Necesita ir urgente al dentista para que le saque una muela que se le quebró hace más de dos años. Tiene un brazo que no puede levantar mas allá de su cintura y que ningún médico revisó a fondo, ya sea con una resonancia magnética o con una ecografía. Está pálido y flaco por la condiciones de su encierro, ni hablar de sus batallas en todos los frentes imaginables, necesita asistencia psicológica. También tiene a su cargo el cuidado e higiene de un gato, con el que comparte espacios, decisión de la que probablemente hoy se arrepiente, por más que su “Embassy Cat” tenga miles de followers en Twitter.


Sin embargo, las autoridades británicas no le permiten visitar a una clínica para una extracción de muela o para una resonancia de hombro, ni le permiten caminar una hora por día en un patio interno adyacente a la embajada, tal como han pedido los abogados del editor australiano para evitar que su salud no se siga deteriorando. Para la justicia británica Assange es un prófugo que violó su libertad condicional, ya que no reconocen el asilo que le dio Ecuador. Assange, que vivía en un régimen de libertad vigilada debido a un pedido de captura de Suecia, solicitó asilo después de que la corte suprema británica fallara 3-2 en su contra y le ordenara entregarse a las autoridades.


Hoy día Assange no tiene más problemas con la justicia sueca. Durante años una fiscal pidió su detención para ser investigado por un presunto delito sexual, pero el caso fue archivado en mayo de 2017 sin que mediara una acusación formal. Más allá de esa circunstancia, ni bien Assange salga de la embajada será arrestado por la justicia británica. En ese país evadir a la justicia no es un crimen demasiado pesado. Tiene hasta un año de castigo y casi siempre se paga con multa. El problema para Assange es que al momento de ser detenidoquedaría a tiro de extradición de Estados Unidos, donde en Arlington, Virginia, un Gran Jurado ha presentado cargos formales en su contra por las megafiltraciones de 2010 y 2011 de despachos de guerra y cables diplomáticos. La ley de Virginia permite que los cargos formulados por un Gran Jurado permanezcan “sellados” o bajo secreto de sumario hasta que el fiscal los haga públicos, cuestión que generalmente ocurre justo antes de la detención, para no perder el elemento sorpresa. Por lo tanto Assange y sus abogados creen que si cae detenido en Gran Bretaña aunque sea por unas horas sería se pondría en marcha un mecanismo para retenerlo bajo custodia hasta ser enviado a Estados Unidos, donde sería acusado de traición y terrorismo y condenado a varias décadas de prisión.


Desde el punto de vista político la situación de Assange también es harto complicada. Si bien obtuvo un gran triunfo diplomático tres años atrás cuando un panel de Naciones Unidas dictaminó que él era un preso político de Gran Bretaña y Suecia, su situación no mejoró, sino más bien lo contrario. Al año siguiente Lenin Moreno reemplazó a Rafael Correa en la presidencia de Ecuador y Assange perdió el apoyo del gobierno ecuatoriano. Antes había perdido a su principal apoyo a nivel global, la Unasur de los líderes progresistas que entonces gobernaban la región. En una de sus primeras declaraciones Moreno dijo que Assange era un estorbo y que debía entregarse a los ingleses. La relación con la Foreign Office británica nunca fue buena. Un eventual ascenso al poder del laborista Corbyn podría destrabar la situación, ya que Corbyn estaría dispuesto a ofrecer las garantías de no ser extraditado que Assange exige para entregarse. Pero ya van seis años tic tac tic tac y por ahora siguen gobernando los conservadores.


La relación con Estdos Unidos tampoco es buena. Al principio Trump había elogiado a WikiLeaks por las megafiltraciones sobre Hillary Clinton que lo ayudaron a vencer a su rival demócrata en las presidenciales del 2016. Pero todo cambió cuando WikiLeaks siguió publicando secretos de la CIA de Trump en dos megafiltraciones llamadas Vault 7 y Vault 8. Ahí el residente de la Casa Blanca, con los halcones revoloteando, cambió de canción y le ordenó públicamente a su entonces fiscal general, Jeff Sessions, que acelere las causa contra Assange y WikiLeaks.


La situación de Assange empeoró aún más a mediados del año pasado cuando a través de Twitter apoyó al independentismo catalán, al que llamó a perfeccionar sus redes informáticas. Los consejos públicos de Assange provocaron la reacción de varios países de la Unión Europea con problemas de separatismos varios, que se sumaron a la larga lista de enemigos de WikiLeaks. Esa lista, con el Pentágono y el Departamento de Estado a la cabeza, también se había el enojo de Rusia al sumar publicar los Emails de Bashir Al Assad con funcionarios rusos en 2017 y sobre todo el año pasado, cuando sumó un capítulo con firmas rusas a su famoso archivo de “Spy Files” dedicado a los agentes y equipos de espionaje en venta a través de contratistas privados. De China ni hablar, WikiLeaks.com está prohibida desde hace años por viejas revelaciones.


En medio de ese frágil tablero, con pocos apoyos y muchos frentes abiertos, los tuits sobre Cataluña gatillaron una reacción en cadena. Ante las quejas europeas la embajada ecuatoriana, bajo estrictas órdenes de Quito, tomó medidas drásticas. Le prohibió a Assange recibir visitas salvo sus abogados, le prohibió hacer declaraciones públicas sobre países “amigos” de Ecuador (o sea, prácticamente todos) y le cortó el acceso a internet. Hasta obligó a sus abogados a dejar los celulares en la puerta de la embajada.


Ante semejante emergencia Assange también tomó medidas drásticas y en septiembre del año pasado nombró al periodista islandés Kristinn Hrafnssn para reemplazarlo como editor en jefe de WikiLeaks.


Desde entonces no es mucho lo que ha cambiado. Assange sigue en un limbo jurídico y político mientras su salud se deteriora y sus anfitriones parecen perder la paciencia. Y WikiLeaks bajo Hrafnssn sigue publicando documentos secretos con impacto global. La última filtración, del martes pasado, revela comunicaciones secretas entre el Papa Francisco, un arzobispo y los principales líderes de la Orden de Malta, una de las instituciones más antiguas e influyentes de la Iglesia Católica. Los textos muestran que Francisco pidió que desplacen a un alto funcionario de la orden por repartir preservativos en Africa.


El mes pasado, también bajo la edición general de Hrafnsnn, WikiLeaks publicó las ubicaciones en la nube de los servidores que utiliza para guardar datos la empresa Amazon, que además de vender libros online es contratista del Pentágono. Ya en octubre el periodista islandés había debutado como editor general de WikiLeaks con un documento secreto de un abitraje por una venta de armas de Francia a Emiratos Arabes.


Hrafnssn había sido vocero de WikiLeaks desde el 2010. Durante ese período fue la cara pública de la publicación, una especie de embajador intinerante y portavoz del sitio de publicaciones, participando en diversos programas y congresos de periodismo, libertad de expresión y ciberdemocracia en distintos foros académicos, sociales y políticos por todo el mundo. Es uno de los poquísimos miembros de WikiLeaks que figuran como tales con nombre y apellido. De larga y reconocida trayectoria, antes de su trabajo con Assange, la Unión Nacional de Periodistas de su país lo había nombrado tres veces Periodista del Año por diversas investigaciones en su programa de tevé “Kompás”. Su primer trabajo para WikiLeaks fue completar la investigación y editar en el 2010 el famoso video “Asesinato Colateral” que muestra, con un audio escalofriante de los verdugos, cómo un helicóptero artillado estadounidense ametralla a un fotógrafo de Reuters y luego a un grupo de personas que intenta asistirlo en Baghdad, en julio del 2007.


Hrafnssn es flaco, alto, rubio ceniza, ojos celeste hielo, sonrisa afable, voz fuerte y clara, amistoso pero impenetrable. Al teléfono desde Reykiavik, mientras espera que la situación de Assange se resuelva en cualquier momento, cuenta las últimas novedades.


–¿Cómo está Assange?


–No está bien. Tantos años de encierro le están pasando factura. Su salud está peor, necesita atención médica urgente. Es absolutamente vergonzoso que el gobierno británico le niegue un salvoconducto y no reconzca su condición de asilado.


–¿Cuándo fue la última vez que lo vio?


–Hace un mes. Ahora han relajado la situación y se le permite recibir algunas visitas. También le han devuelto el acceso a Internet, pero sus condiciones de vida siguen siendo muy restrictivas. El embajador debe aprobar cada contacto y sé que muchos pedidos han sido denegados. Además lo vigilan las 24 horas.


–¿Cómo fue que usted asumido la dirección de WikiLeaks?


–Fue en esa época en que no tenía acceso a visitas o a Internet. Me pidió que asuma este rol porque tenía demasiados problemas. Nosotros venimos trabajando juntos desde el 2009 y no tuve problemas en decirle que sí. En este momento Julian está ocupado con su procesamiento en Virgina, que incluye miles de documentos y el testimonio de decenas de personas. Es un procesamiento absurdo porque tengo entendido que abarca las publicaciones del 2010 y el 2011. Esas filtraciones fueron compartidas y divulgas por decenas de medios de comunicación del mundo, incluyendo el suyo. Me da intriga saber qué va a hacer el Gran Jurado con los medios y periodistas que colaboraron con WikiLeaks.


–¿No le parece irónico que Assange, para muchos un ícono de la libertad de expresión, es quizás hoy la persona con menos libertad de expresión del mundo?


–Sí, es una ironía muy oscura. Lo que más me duele es que los periodistas no ven o no parece importarles la gravedad de la situación. Es una gran tragedia para toda la sociedad que un periodista esté encerrado por hacer su trabajo, que es revelar verdades y exponer la malicia de alguna gente.


–¿Cómo es WikiLeaks bajo su dirección editorial?


–Seguimos el mismo camino y no habrá cambios dramáticos. El modelo es muy simple, funciona muy bien y no es fácil cerrarlo (se refiere al sistema de recolección de datos que no puede ser rastreado y a la red de servidores espejo repartidos por el mundo para resistir ataques cibernéticos). Podrá haber ajustes menores porque Julian y yo tenemos personalidades distintas, pero en lo editorial mantenemos la misma estrategia y esperamos seguir publicando información útil.


Y mientras tanto, en la embajada, el tiempo no para de pasar, demasiado rápido, como escurriéndose de las manos. Pasan los presidentes, las filtraciones, las intrigas diplomáticas y las causas judiciales. Las noches de desvelo online con los cyberpunks, las interminables reuniones con los abogados. Las visitas de Pamela Anderson y las de su papá. Todo pasa delante de los ojos de como si fuera una película interminable. Por eso cada tanto mira por la ventana. Los ladrillos no cambian. Siguen ahí.


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Ortega acusa de golpistas a los impulsores de una marcha contra el machismo

El Gobierno nicaragüense despliega un fuerte dispositivo de seguridad en Managua para evitar la manifestación contra la violencia de género 

 

La Policía Nacional de Nicaragua prohibió la organización de una manifestación prevista para el domingo, en conmemoración del Día Internacional de la Violencia Contra las Mujeres, porque sus organizadores “están siendo investigados” por supuestamente organizar un “fallido intento de golpe de Estado” contra el presidente Daniel Ortega, en referencia a las protestas que desde abril exigen el fin del mandato del sandinista, que ha gobernado durante más de once años este país centroamericano.


La manifestación fue convocada por organizaciones de mujeres que forman la llamada Articulación Feminista y estaba apoyada por la Unidad Nacional Azul y Blanco, agrupación que reúne a más de 40 organismos opositores al régimen, entre ellas la Alianza Cívica, encargada de negociar una salida a la crisis política. Un grupo de personas se había presentado el jueves en la sede de la Policía Nacional para exigir el permiso a la manifestación, pero ningún funcionario de la institución quiso firmar el documento.


Las mujeres dijeron que con o sin permiso marcharían el domingo, pero desde la tarde del jueves el Gobierno ordenó desplegar un fuerte dispositivo de seguridad en toda la capital, con retenes policiales en las principales arterias, que detenían y revisaban automóviles, mientras que caravanas de antidisturbios patrullaban las zonas neurálgicas de una Managua convertida prácticamente en una ciudad sitiada. “A las 9 p.m. Managua es una ciudad fantasma y andar en la calle te dispara la adrenalina: retenes policiales en Carretera a Masaya, primera entrada de Las Colinas (barrio residencial) y rotonda Jean Paul Genie. Gracias a Dios llegué bien a mi casa”, escribía Katy, una capitalina, en Twitter, en un mensaje que demuestra la tensión en la que viven los habitantes de esta ciudad.


Los oficiales antidisturbios también fueron desplegados en el punto donde estaba previsto el inicio de la marcha y a lo largo de la céntrica Carretera a Masaya, que ha sido el escenario donde durante siete meses han marchado decenas de miles de nicaragüenses que exigen el fin del régimen. También fueron movilizados a la sede del Canal 100% Noticias, uno de los medios más críticos con el Gobierno y que ha sido sacado en varias ocasiones de la televisión abierta por informar de forma ininterrumpida de los ataques a las marchas opositoras por huestes leales al Ejecutivo de Ortega.


“No es la Policía la que debe decir si marchamos o no. Al solicitar el permiso cumplimos con un trámite, por las arbitrariedades que ha venido planteando la Policía”, dijo a EL PAÍS Ana Quirós, integrante de la Articulación Feminista. “La Constitución es muy clara y establece que tenemos derecho a manifestarnos, nos da plena libertad para hacerlo. La Constitución está por encima de cualquier ley, de cualquier normativa”, agregó la líder feminista.


El Gobierno de Ortega informó a finales de septiembre a través de un comunicado emitido por la Policía Nacional sobre la prohibición de las protestas en Nicaragua. Y amenazaba con enjuiciar a quienes organizaran nuevas manifestaciones. Para las autoridades las protestas son “ilegales” y una amenaza a la paz y la seguridad. En los últimos meses, la violencia se ha cobrado la vida de 326 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA. La mayoría de ellos eran civiles que murieron por la represión desatada desde el Estado. El Ejecutivo sandinista, sin embargo, solo reconoce 198 muertos y hace especial hincapié a través de los medios ligados al Gobierno de que 22 de esas víctimas eran policías.


En su comunicado del viernes para prohibir la marcha de las mujeres la Policía afirma que “no autoriza ni autorizará” movilizaciones públicas “a personas, asociaciones o movimientos que participaron y están siendo investigados por sus acciones en el fallido intento de golpe de Estado” contra el Gobierno de Ortega. Ana María Tello, jefa de misión de CIDH en Managua, dijo a los medios que algunas de las personas que habían solicitado el permiso para la marcha fueron “visitadas” luego por agentes de la Policía, mientras que otras sufrieron “hostigamiento e intimidación” en sus domicilios. Tello dijo que también había fuerte despliegue policial en el norte y centro de Nicaragua. “Lo vemos con mucha preocupación. Esto violenta los derechos humanos, es un impedimento a la manifestación pública, a la protesta pacífica”, afirmó.


Las agrupaciones feministas dijeron que insistirán en obtener el permiso para la manifestación, denominada “Por una Nicaragua libre de violencia”, con la que pretenden recordar a las 54 mujeres asesinadas en el país hasta noviembre por la violencia machista, pero también a los muertos en el contexto de la crisis que cumplió siete meses sin que haya voluntad política del Gobierno para encontrar una salida negociada. La feminista Quirós pidió a los nicaragüenses que se vistan el domingo de negro y que usen pañuelos color violeta como símbolo de resistencia y protesta.

Por Carlos Salinas
Managua 23 NOV 2018 - 16:46 COT

 

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Banksy: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”

Okey, última subasta, míster Banksy con la obra “Girl with balloon o Chica con globo”, 1,10, “quién da más”, 1,15… 1,18 millones de euros “se va, se va, se ha ido”. Tras cerrarse la compra sonó una alarma desde el cuadro y segundos después el lienzo, una reproducción de un mural pintado en 2002 por el artista del graffiti, empezó a deslizarse del marco pasando por una trituradora de papel que la destruye pero no totalmente. Luego, el silencio, la desorientación y el despliegue de numerosos celulares para tomar fotos desde todos los ángulos posibles. La difusión de imágenes y el consumo viral de contenidos inunda las redes con este performance, ¿contestario o cómplice?

 

El viernes 5 de octubre, durante la subasta en Sotheby’s (Londres) de la reproducción de un grafiti de Banksy, artista de la calle que con sus creaciones critica constantemente al sistema capitalista, lo que era un acto comercial trascendió como un suceso político en el cual la denuncia y el cuestionamiento a la cosificación y mercantilización dominante en nuestras sociedades, saltó al primer lugar.

 

Según sus historias de instagram, el artista ideó un sistema para la destrucción premeditada de su obra en caso de ser subastada. Ya había demostrado su frustración y desacuerdo frente a la iniciativa de una galería londinense de realizar una exposición titulada “El Banksy robado”, llevada a cabo el 28 abril de 2014 con siete de sus trabajos callejeros, extraídos de los lugares donde fueron creados, entre ellos: “La puerta de Berlín”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Rata de Liverpool” y “Chica con globo”.

 

La oposición de su creador a esta exposición, según sus propios argumentos, responde a que “[…] la muestra es el paso previo a una subasta […]. Y agregó, “Este ‘show’ no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que se permita que cualquiera pueda quitar arte de las paredes sin permiso”. Su oposición y denuncia permite preguntar, ¿Acaso en el capitalismo todo es susceptible de ser vendido o comprado?

 

Capitalismo y arte

 

El capitalismo es una sociedad hostil a las artes y las ciencias. El valor máximo que orienta los actos de quien vive en este sistema social es el dinero. Conseguirlo, cueste lo que cueste, es la única forma de ser exitoso. Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, es la quintaesencia de la experiencia del éxito capitalista. No es gratuito que uno de los activos principales de su fortuna sea el mafioso negocio de los casinos.

 

El esfuerzo común de crear resulta demasiado penoso para quien no se orienta por el cálculo egoísta y el frío interés. Este imperativo social ha tenido un efecto singular en la historia de las prácticas artísticas. Uno de los momentos más significativo de ese efecto fue la propuesta desarrollada por el norteamericano Andy Warhol en la década del cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

La imaginación de Warhol le permitió pensar la idea de una fábrica productora de objetos artísticos. Pero rápidamente asimiló que el producto fabril, al entrar en el mercado de consumo, se transmutaba en mercancía y que al asumir esa condición había que colocarle un precio. Establecer los criterios para asignarle precio a esa mercancía tan singular era un asunto de autoridad. Warhol, al fin norteamericano, captó la lógica del problema y se convirtió en millonario especulando con los precios.

 

Esta se convirtió en paradigma y sobre esa premisa tomó forma el mercado de las obras de arte. Esa incongruencia se nutrió de la necesidad de expropiar a los artistas de su autoridad de creadores, por la vía de comprar sus obras. Acumular pinturas y esculturas se convirtió en otro modo de acumulación de capital, ahora en forma de prestigio y autoridad.

 

El mercado del arte


El escenario donde el ritual acumulativo comenzó a tomar forma fue la subasta. Otro norteamericano, Alfred Taubman, convirtió a Sotheby’s –la organizadora británica de subastas–, en una institución global luego de comprarla en 1983. Pues bien, Branksy ideó un magnífico perfomance para mostrar el sinsentido de esa práctica ritual.

 

Orientado por la máxima: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”, Bransky lleva dos décadas creando experiencias artísticas. En ese proceder, no se sabe cuándo imaginó que una de sus piezas fuera subastada en Sotheby’s. Lo cierto es que decidió que uno de sus grafitis: “Chica con globo” podía cumplir ese propósito. Llevó al lienzo el grafiti y le colocó un dispositivo que al activarse lo haría trizas.

 

La pintura entró a circular en el mercado, hasta que se produjo lo esperado: la obra se ofreció en subasta en octubre de este año, vendiéndose por la suma de un millón doscientos mil euros. En el momento en que el subastador dio por terminada la puja, se activó el dispositivo, seguramente a control remoto, y la obra quedó casi destruida. De esta manera, Bansky quiso burlarse de los galeristas y del consumismo vacío, pero tuvo el efecto rebote: al no destruirse en su totalidad su obra duplicó de inmediato su valor y cayó en la trampa del mercado. Sotheby’s anunció que el 13 y 14 de octubre la exhibiría de nuevo en las galerías New Bond Street, ahora con el nombre “El amor está en la basura”, y sus proyecciones económicas no fueron erradas: las enormes filas para entrar a la galería así lo atestiguan.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 

Cómo en la metáfora de Marx, la solida experiencia de la subasta original quedó disuelta en el aire ante el pasmo de los asistentes. La travesura que desnuda las pretensiones de los ricos de expropiar la autoridad estética del artista, para usarla como patrimonio propio, cumple claramente el propósito de confortar a los perturbados. En un primer momento parecía que los confortables estarían comprometidos en una batalla legal para definir quién perdía el dinero invertido: si el comprador o Sotheby’s; finalmente no fue así, la obra duplicó su valor.

 

A propósito de esto es necesario tomar en cuenta que hace cien años se desató una especie de tsunami creativo a propósito de la Revolución de Octubre. La expectativa de una sociedad donde las personas pudieran realizar a plenitud sus potencialidades humanas cristalizó en lo que se llamó las vanguardias en la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la arquitectura, el diseño. El desenlace final de ese principio tan esperanzador dejó una herencia de aciertos y frustraciones.

 

Hoy se está dando un nuevo tsunami creativo y Bansky es uno de los protagonistas principales. Todo parece indicar que está culminando la época donde predominó la idea del fin de la historia y el imperio absoluto del capitalismo; luces con distintas intensidades y brillos se desprenden del cuerpo que con diversas lógicas y armas dominó e impuso su lógica a lo largo de los últimos siglos, luces bajo las cuales va tomando forma y se vislumbra el cuerpo –la época– de quien lo superará.

 

* https://www.instagram.com/banksy/?hl=es-la

 

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Domingo, 28 Octubre 2018 05:32

La ceremonia de los miércoles

La ceremonia de los miércoles

Cada miércoles por la tarde, delante de la embajada japonesa en Seúl, un puñado de mujeres coreanas de más de noventa años reclama en vano que Japón reconozca lo que hizo con ellas. Cada vez son menos porque, desde que empezó el reclamo, en el año 1991, han ido muriendo casi todas: hoy sólo quedan treinta y cinco sobrevivientes. Por esa razón, desde el año 2011 se han ido erigiendo estatuas de esas mujeres frente a las embajadas japonesas, no sólo en Seúl, sino también en Hong Kong, Taipei, Yakarta y Tainan, para que su reclamo no cese cuando ellas no estén. ¿Qué hizo Japón, el Japón imperial, con esas mujeres? Las convirtió en esclavas sexuales para su ejército, cuando todas ellas eran menores de edad, entre 1937 y 1945. 

La historia empezó después de la tristemente célebre masacre de Nanking. En diciembre de 1937, luego de que las tropas japonesas arrasaran la capital china, mataran más de trescientos mil civiles y violaran ochenta mil mujeres, el emperador Hirohito se escandalizó con sus altos mandos y ordenó que no se repitieran más “semejantes estigmas para la imagen del Imperio” (cito textualmente). Los altos mandos inventaron entonces las “estaciones de consuelo”, unos burdeles militares que debían cumplir tres funciones: dar satisfacción sexual a las tropas, evitar las violaciones de mujeres locales y reducir la transmisión de enfermedades venéreas, ya que las integrantes de estas “estaciones de consuelo” eran sometidas a revisaciones médicas semanales.


El reclutamiento de “voluntarias” comenzó en 1941, principalmente en Corea. Fueron pueblo por pueblo y aldea por aldea. Amparados en la Ley de Movilización General que regía en todo el imperio, se llevaban las hijas mujeres de todas las familias. Se les decía que viajarían a Japón a colaborar con el ejército imperial cocinando para las tropas, o remendando uniformes, o trabajando de enfermeras. Pero no se las enviaba a Japón sino al frente, donde eran sometidas a un régimen inhumano: vivían apiñadas en las “estaciones de consuelo” sin permiso para salir, mal alimentadas, sometidas a castigos constantes y obligadas a satisfacer las demandas de las tropas, que se incrementaban antes de cada batalla (podían llegar a ser hasta sesenta soldados por noche) porque los japoneses creían que tener sexo antes de combatir los fortificaba y protegía.


El asunto quedó convenientemente silenciado después de la guerra porque los japoneses quemaron todos los registros y, además,porque la gran mayoría de las víctimas murieron (durante la guerra o inmediatamente después, por suicidio o por enfermedades consecuencia de su internación)o no se atrevieron a volver a sus pueblos natales, por falta de recursos o por vergüenza. Recién en 1991, cuatro años después de que se estableciera la democracia en la República de Corea del Sur algunas de las sobrevivientes se atrevieron a contar por primera vez su historia. Una de ellas llamada Kim Hak-sun aceptó relatar su experiencia para un diario coreano: dijo que el calvario no había terminado con el fin de la guerra, que callarlo era casi igual de malo que habérselo confesado a sus familiares porque la escarnecían cada vez que tomaban unas copas. La única solución que veía era unirse, contarlo públicamente. Logró que doscientos cincuenta de sus compañeras se sumaran y comenzaron a juntarse cada miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl, al principio con casi nula repercusión.
El debate acerca de la esclavitud sexual en las “estaciones de consuelo” gira en torno al modo en que fueron reclutadas sus integrantes. El gobierno japonés sostuvo durante años que no había habido reclutamiento forzoso, que se trataba de “trabajadoras sexuales con licencia para ejercer y cobrar”, una forma de prostitución legal, como la que regía en su propio territorio. Las sobrevivientes no tenían ningún documento que sostuviera su acusación: sólo podían ofrecer el relato de su atroz experiencia. Pero reuniendo uno a uno esos testimonios se pudo establecer que las “mujeres de consuelo” fueron no menos de veinte mil (y se estima que pueden haber llegado hasta ochenta mil). Luego de que la legendaria jurista argentina Carmen Argibay presidiera el Tribunal Internacional de Mujeres para el Enjuiciamiento de la Esclavitud Sexual, que condenó en diciembre de 2000 al ejército nipón por los crímenes cometidos en las “estaciones de consuelo” durante la Segunda Guerra (Argibay publicó poco después un formidable trabajo sobre el tema en el Berkeley Journal of International Law) se creó en Japón el Fondo de Reparación de Mujeres Asiáticas.


Era una iniciativa privada, orquestada por Yoshiko Yamaguchi, ex actriz chino-japonesa devenida diputada en el Parlamento nipón (hablé de ella en otra contratapa: “La Orquídea de Manchuria”). El resarcimiento sólo fue aceptado por 285 de las víctimas en Corea, China, Filipinas y Taiwan: se le entregó a cada una la suma de dos millones de yens (diecisiete mil dólares). Mientras tanto siguieron las marchas de los miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl y de a poco empezaron a repetirse en otras ciudades del sudeste asiático, hasta que en el año 2015 el gobierno japonés aceptó presentar disculpas públicas a las ya ancianas víctimas sobrevivientes, en forma de un nuevo Fondo de Reparación. Lo hicieron a la manera japonesa: con reticencia, afirmando que no habían logrado hallar en los archivos oficiales ninguna prueba concreta de esclavitud sexual en las “estaciones de consuelo”. El Comité por la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas decretó este año que la respuesta de Japón no es suficiente.


Según encuestas recientes, el 70 porciento de la población coreana cree que el asunto de las “estaciones de consuelo” sigue sin resolución, mientras que el 50 porciento de la población japonesa considera que quedó finiquitado en 2015. Lo que hace falta, sostienen mientras tanto las últimas sobrevivientes, es un museo y un centro de investigaciones que nuclee todos los testimonios y documentos posibles antes de que ellas mueran: para que sea el mundo y no sólo ellas quienes pidan explicaciones al Japón. Así las cosas, en los últimos meses sucedió un hecho minúsculo que quizá tenga enormes consecuencias en esa dirección: la coreana-canadiense Emily Jungmin Yoon publicó un extraordinario libro de poemas en inglés, titulado A Cruelty Special to Our Species (“Una crueldad especial para nuestra especie”), en el que utiliza las voces de las sobrevivientes, sus testimonios, para dar a conocer al mundo los detalles y los alcances de aquella aberración.


Ya en el primer poema, titulado “Una desgracia habitual”, Yoon dice: “Han pasado setenta años ya y nadie sabe / nadie dice que éramos niñas / y esclavas / y cuán habitual era esa desgracia”. Cuenta Yoon que, cuando llegó a América, descubrió que nadie conocía la historia de las “estaciones de consuelo” y que muchas veces, hablando con canadienses y norteamericanos, le preguntaban qué pasaba entre Japón y Corea, ¿tan diferentes eran? Ella contesta así en su libro:”Hace muchos muchos años que en Japón / usan la frase jûgoen gojissen para decir coreanos / Una crueldad especial con nuestra especie / porque jûgo suena a morir en coreano / y goji suena a mentir en coreano”. Yoon dice que se decidió a terminar y publicar su libro cuando leyó que, de aquellas cuarenta mil o doscientas mil esclavas sexuales, sólo quedaban treinta y cinco sobrevivientes. Sus poemas, como esas estatuas que hay frente a las embajadas japonesas en Seúl, Hong Kong, Taipei, Yakarta y Tainan, seguirán hablándole al mundo cuando ya no quede ni una sola de esas ancianas para asistir a la ceremonia de los miércoles.

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Banksy: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”

Okey, última subasta, míster Banksy con la obra “Girl with balloon o Chica con globo”, 1,10, “quién da más”, 1,15… 1,18 millones de euros “se va, se va, se ha ido”. Tras cerrarse la compra sonó una alarma desde el cuadro y segundos después el lienzo, una reproducción de un mural pintado en 2002 por el artista del graffiti, empezó a deslizarse del marco pasando por una trituradora de papel que la destruye pero no totalmente. Luego, el silencio, la desorientación y el despliegue de numerosos celulares para tomar fotos desde todos los ángulos posibles. La difusión de imágenes y el consumo viral de contenidos inunda las redes con este performance, ¿contestario o cómplice?

 

El viernes 5 de octubre, durante la subasta en Sotheby’s (Londres) de la reproducción de un grafiti de Banksy, artista de la calle que con sus creaciones critica constantemente al sistema capitalista, lo que era un acto comercial trascendió como un suceso político en el cual la denuncia y el cuestionamiento a la cosificación y mercantilización dominante en nuestras sociedades, saltó al primer lugar.

 

Según sus historias de instagram, el artista ideó un sistema para la destrucción premeditada de su obra en caso de ser subastada. Ya había demostrado su frustración y desacuerdo frente a la iniciativa de una galería londinense de realizar una exposición titulada “El Banksy robado”, llevada a cabo el 28 abril de 2014 con siete de sus trabajos callejeros, extraídos de los lugares donde fueron creados, entre ellos: “La puerta de Berlín”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Rata de Liverpool” y “Chica con globo”.

 

La oposición de su creador a esta exposición, según sus propios argumentos, responde a que “[…] la muestra es el paso previo a una subasta […]. Y agregó, “Este ‘show’ no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que se permita que cualquiera pueda quitar arte de las paredes sin permiso”. Su oposición y denuncia permite preguntar, ¿Acaso en el capitalismo todo es susceptible de ser vendido o comprado?

 

Capitalismo y arte

 

El capitalismo es una sociedad hostil a las artes y las ciencias. El valor máximo que orienta los actos de quien vive en este sistema social es el dinero. Conseguirlo, cueste lo que cueste, es la única forma de ser exitoso. Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, es la quintaesencia de la experiencia del éxito capitalista. No es gratuito que uno de los activos principales de su fortuna sea el mafioso negocio de los casinos.

 

El esfuerzo común de crear resulta demasiado penoso para quien no se orienta por el cálculo egoísta y el frío interés. Este imperativo social ha tenido un efecto singular en la historia de las prácticas artísticas. Uno de los momentos más significativo de ese efecto fue la propuesta desarrollada por el norteamericano Andy Warhol en la década del cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

La imaginación de Warhol le permitió pensar la idea de una fábrica productora de objetos artísticos. Pero rápidamente asimiló que el producto fabril, al entrar en el mercado de consumo, se transmutaba en mercancía y que al asumir esa condición había que colocarle un precio. Establecer los criterios para asignarle precio a esa mercancía tan singular era un asunto de autoridad. Warhol, al fin norteamericano, captó la lógica del problema y se convirtió en millonario especulando con los precios.

 

Esta se convirtió en paradigma y sobre esa premisa tomó forma el mercado de las obras de arte. Esa incongruencia se nutrió de la necesidad de expropiar a los artistas de su autoridad de creadores, por la vía de comprar sus obras. Acumular pinturas y esculturas se convirtió en otro modo de acumulación de capital, ahora en forma de prestigio y autoridad.

 

El mercado del arte


El escenario donde el ritual acumulativo comenzó a tomar forma fue la subasta. Otro norteamericano, Alfred Taubman, convirtió a Sotheby’s –la organizadora británica de subastas–, en una institución global luego de comprarla en 1983. Pues bien, Branksy ideó un magnífico perfomance para mostrar el sinsentido de esa práctica ritual.

 

Orientado por la máxima: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”, Bransky lleva dos décadas creando experiencias artísticas. En ese proceder, no se sabe cuándo imaginó que una de sus piezas fuera subastada en Sotheby’s. Lo cierto es que decidió que uno de sus grafitis: “Chica con globo” podía cumplir ese propósito. Llevó al lienzo el grafiti y le colocó un dispositivo que al activarse lo haría trizas.

 

La pintura entró a circular en el mercado, hasta que se produjo lo esperado: la obra se ofreció en subasta en octubre de este año, vendiéndose por la suma de un millón doscientos mil euros. En el momento en que el subastador dio por terminada la puja, se activó el dispositivo, seguramente a control remoto, y la obra quedó casi destruida. De esta manera, Bansky quiso burlarse de los galeristas y del consumismo vacío, pero tuvo el efecto rebote: al no destruirse en su totalidad su obra duplicó de inmediato su valor y cayó en la trampa del mercado. Sotheby’s anunció que el 13 y 14 de octubre la exhibiría de nuevo en las galerías New Bond Street, ahora con el nombre “El amor está en la basura”, y sus proyecciones económicas no fueron erradas: las enormes filas para entrar a la galería así lo atestiguan.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 

Cómo en la metáfora de Marx, la solida experiencia de la subasta original quedó disuelta en el aire ante el pasmo de los asistentes. La travesura que desnuda las pretensiones de los ricos de expropiar la autoridad estética del artista, para usarla como patrimonio propio, cumple claramente el propósito de confortar a los perturbados. En un primer momento parecía que los confortables estarían comprometidos en una batalla legal para definir quién perdía el dinero invertido: si el comprador o Sotheby’s; finalmente no fue así, la obra duplicó su valor.

 

A propósito de esto es necesario tomar en cuenta que hace cien años se desató una especie de tsunami creativo a propósito de la Revolución de Octubre. La expectativa de una sociedad donde las personas pudieran realizar a plenitud sus potencialidades humanas cristalizó en lo que se llamó las vanguardias en la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la arquitectura, el diseño. El desenlace final de ese principio tan esperanzador dejó una herencia de aciertos y frustraciones.

 

Hoy se está dando un nuevo tsunami creativo y Bansky es uno de los protagonistas principales. Todo parece indicar que está culminando la época donde predominó la idea del fin de la historia y el imperio absoluto del capitalismo; luces con distintas intensidades y brillos se desprenden del cuerpo que con diversas lógicas y armas dominó e impuso su lógica a lo largo de los últimos siglos, luces bajo las cuales va tomando forma y se vislumbra el cuerpo –la época– de quien lo superará.

 

* https://www.instagram.com/banksy/?hl=es-la

 

Publicado enEdición Nº251
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