Domingo, 23 Agosto 2009 09:25

Autopsia

Primero vino la muerte, después el entierro y después el olvido. Y después, un mes y medio después, llegaron los especialistas para desenterrar el cadáver y hacer la autopsia. Los especialistas, en este caso, son cuatro de los siete integrantes de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la relatora especial para la Libertad de Expresión de ese organismo.

Esta semana estuvieron en Honduras para auscultar el cuerpo social y preparar un informe sobre la muerte de su democracia. No fue un trabajo difícil para veteranos acostumbrados a escuchar a familiares de desaparecidos argentinos, a indígenas bolivianos en condición de servidumbre y a sobrevivientes de las masacres de los paramilitares colombianos.

La causa de muerte de la democracia hondureña estaba cantada: golpe de Estado. Hace un mes y medio militares hondureños secuestraron al presidente electo y lo echaron del país. Así, fulminante, como un ataque al corazón.

La comisión lo explica en términos clínicos:

“Los órganos del sistema interamericano de derechos humanos han sostenido en reiteradas oportunidades que el sistema democrático es la garantía principal para la vigencia de los derechos humanos. En ese sentido, la Comisión considera que únicamente el retorno a la institucionalidad democrática en Honduras permitirá que se den las condiciones para el efectivo cumplimiento de los derechos humanos de todos los habitantes de Honduras”.

Después de un golpe, lo demás es casi automático. El gobierno de facto nace sin legitimidad y sin posibilidades de legitimarse por la vía natural de las urnas. Entonces debe hacerlo a través de la represión, suprimiendo los anticuerpos democráticos. A medida que la resistencia va muriendo, la represión afloja un poco y entonces es posible acercarse al cadáver, que luce desgarrado y deformado, y que huele a putrefacción.

Después de cuatro días de viajes y reuniones por todo el país, en combi y helicóptero, después de abrir una oficina para recabar denuncias en el Hotel Intercontinental, después de hablar con golpistas y golpeados, represores y reprimidos, los especialistas informaron lo que vieron con la asepsia propia del lenguaje diplomático:

“La Comisión confirmó la existencia de un patrón de uso desproporcionado de la fuerza pública, detenciones arbitrarias y control de la información dirigido a limitar la participación política de un sector de la ciudadanía. La Comisión constató la represión ejercida contra las manifestaciones a través de la colocación de retenes militares, la aplicación arbitraria de toques de queda, detenciones de miles de personas, tratos crueles, inhumanos y degradantes, y malas condiciones de detención. De particular gravedad es la muerte de cuatro personas (foto) y varios heridos de arma de fuego... La Comisión recibió información que podría vincular estas muertes con el accionar de agentes del Estado”.

Jamás lo pondrá en sus informes, pero hasta el forense más curtido se conmueve ante un cuerpo tan mutilado. Este cronista habló con dos miembros de la delegación antes de que partiera de Tegucigalpa. ¿Quieren saber lo que vieron? Vieron a una mujer de 25 años que fue detenida el 14 de agosto en medio de una manifestación en San Pedro Sula y llevada a un baldío, donde fue violada consecutivamente por cuatro policías.

Vieron que los policías golpeaban a los manifestantes hombres pero manoseaban a las manifestantes mujeres, mientras les gritaban qué estaban haciendo ahí, en vez de estar cocinando o cuidando a sus hijos.

Vieron a un hombre con la cara deformada que dijo que se había arrodillado con las manos en la nuca en señal de rendición en una marcha en El Paraíso, y que en esa posición lo molieron a culatazos.

Pudieron comprobar la militarización de la sociedad hondureña, especialmente de las alcaldías y las escuelas de los pueblos del interior, donde el gremio docente encabezó la resistencia. Vieron los retenes militares donde fueron fusiladas tres de las cuatro víctimas fatales del golpe. Vieron a jueces cobardes que avalaron lo actuado y a jueces valientes que intentaron, hablar con los prisioneros de los militares, pero fracasaron en el intento.

Vieron a decenas de personas que fueron golpeadas y torturadas en el sótano del Congreso, y que luego fueron juzgadas por “terrorismo”. Vieron que los militares prestaron apoyo a las fuerzas policiales en tareas represivas, y que las de elite Cobra fueron la fuerza de choque utilizada para romper las manifestaciones.

Vieron a periodistas amenazados por el régimen, que contaron cómo los militares tomaron una antena de televisión y cortaron el cable para censurar las transmisiones de Telesur y CNN en las horas cruciales que siguieron al golpe.

Vieron que miles de personas fueron detenidas arbitrariamente con la excusa del toque de queda, que ya no rige en la capital porque ya no hace falta. Vieron aparecer a un desaparecido, de apellido Armendáriz, que no había sido visto desde que la policía se lo llevó después del golpe.

Vieron que la presión económica y diplomática funciona pero no alcanza, y vieron que la restitución del presidente legítimo Manuel Zelaya para lo que queda de su mandato es casi una utopía. Vieron que en dos semanas empieza la campaña electoral y que la participación popular en esa campaña servirá para legitimar al régimen que la promueve.

“La Comisión considera fundamental que el gobierno de facto adopte medidas urgentes para garantizar el derecho a la vida, integridad personal y libertad personal de todas las personas”, advierten los comisionados.

¿Tiene sentido pedirle a un asesino que no siga matando? ¿Vale la pena hacer la autopsia, si la autopsia no lleva a la cárcel a los culpables de esa muerte?

El comisionado argentino Víctor Abramovich dice que sí. Además de los liberados, del aparecido, de los retenes que se levantaron para no empañar la visita, de las manifestaciones que no fueron reprimidas por la misma razón, además de los que hicieron fila en el hotel para que finalmente alguien los escuche, el especialista citó otra razón. “Acá todos los medios dicen que no hubo golpe, sino una sucesión constitucional. Que vengamos nosotros y digamos que hubo un golpe es muy importante”, señaló.

La muerte de una democracia es una muerte contagiosa. Primero infecta a los organismos multilaterales que no pudieron impedirla ni revertirla, después el virus suele prender en el vecindario.

Primero la muerte, después el olvido, después el lamento tardío. Hay gente dentro y fuera de Honduras que sigue luchando para mantener vivos la memoria del fallecido y el sueño de su resurrección. Otros apenas cumplen con el ritual de masajear el corazón del muerto, sabiendo que no servirá de nada. Otros dan vuelta la cara para no espantarse.

La semana que viene llega a Honduras una delegación de seis cancilleres en representación de la OEA. Su objetivo de máxima parece ser la remoción del dictador Goriletti y su reemplazo con un títere del régimen, lo que ellos llaman “la solución intermedia” al Plan Arias. El Plan Arias, vale recordar, se había vendido como “la solución intermedia” a la vuelta de Zelaya. Pero la restitución del presidente legítimo es la única cura posible, la única medicina que receta ese vademécum de la OEA que se llama Carta Democrática.

Por eso, por más que lleguen llenos de bríos y cargados de buenas intenciones, los cancilleres ya lo saben, o lo deberían saber. El muerto está frío, la autopsia está hecha y sólo les queda cumplir con el trámite de firmar el certificado de defunción.

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La Paz, Bolivia. En protesta por los ataques israelíes en la franja de Gaza que han dejado un millar de palestinos muertos, Bolivia y Venezuela anunciaron por separado que rompen relaciones con Israel.

"Quiero informar que Bolivia tenía relaciones diplomáticas con Israel, frente a estos hechos graves de atentado a la vida y a la humanidad, Bolivia rompe relaciones diplomaticas con Israel", dijo Morales.

Por su parte, la cancillería venezolana informó a través de un comunicado que su gobierno -el cual expusló hace una semana al embajador Shlomo Cohen por estos mismos hechos- insistirá ante la comunidad internacional para que los líderes iraelíes sean denunciados ante la Corte Penal Internacional por "crímenes de lesa humanidad".

Indicó que ante la "violación del principio de convivencia pacífica entre los pueblos y la utilización sistemática de la guerra como política de expansión y herramienta de persecución contra el pueblo palestino", el gobierno decidió romper las relaciones diplomáticas con Israel.

Agregó que la conducta de Israel elimina "cualquier posibilidad de justificación de estas acciones atroces y muestran el frío cálculo realizado por el gobierno" israelí.

"El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela hace pública, ante los pueblos y gobiernos del mundo, su indignación por el reiterado desacato y desconocimiento del estado de Israel de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, la última de las cuales fue aprobada el 8 de enero de 2009", se advierte en el comunicado.

Asimismo, calificó de "infame" el comportamiento del gobierno de Israel, que se ha traducido en 19 días de continuos de "bombardeos, el asesinato de más de mil personas y el arrase de la infraestructura de la población de Gaza; una catástrofe humana se está desatando ante los ojos del mundo entero".

"Este repugnante ensañamiento contra la población civil, no es sino fiel ejemplo de la utilización reiterada del terrorismo de Estado por parte de Israel, cobrándose las vidas de los seres más débiles e inocentes: los niños, las mujeres y los ancianos", alertó.

 

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Viernes, 09 Enero 2009 08:19

Gaza salpica los estadios


"Saludé con el brazo en alto porque es un gesto de camarada a camaradas". Este es el banal argumento que utilizó Paolo Di Canio, futbolista del Lazio, para justificar su saludo fascista hacia la grada ocupada por los ultras de su equipo después de un derbi romano disputado en diciembre de 2005. Aquella tarde, el veterano jugador reprodujo un símbolo que evocaba directamente a la época más oscura y amarga de la historia de Italia. "Es un poco exhibicionista, pero es un buen chico", razonó el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. "Fue un gesto de emoción", alegó, por su parte, el presidente lacial, Claudio Lotito, en defensa de un futbolista que no dudó en exponer públicamente su afinidad hacia el régimen pregonado por Mussolini un siglo atrás. Pero el caso de Di Canio no es una excepción. Han sido muchos los deportistas que se han posicionado a favor de una determinada causa política o un problema social. El último, Frederic Kanouté, integrante del Sevilla.

Nacido en Francia, pero con pasaporte malí, el ariete del conjunto andaluz se refugió en el Islam a una edad temprana "porque contestaba a todas mis preguntas". Pero más allá de sus profundas convicciones religiosas y la fe que profesa por Alá, Kanouté ha demostrado en diversas ocasiones que es una persona comprometida. Pese a haber podido jugar en una referencia futbolística como la selección francesa, Fredy (así le conocen sus allegados) optó por Mali como respuesta a su sensibilidad hacia el continente africano. Allí, en Bamako, ha desarrollado un proyecto solidario para que los niños más desfavorecidos del país puedan estudiar y jugar al fútbol. Concienciado por el conflicto que azota a Gaza, el pasado miércoles Kanouté dio un paso más en su lucha. Tras marcar el segundo gol del Sevilla frente al Deportivo en un partido de Copa, exhibió una camiseta reivindicativa a favor de Palestina.

Sobre un fondo negro salpicado de letras blancas y en cuatro idiomas, quiso enviar un mensaje a favor de la histórica región de Oriente Próximo, asolada desde finales de enero por los continuos bombardeos de Israel. El futbolista no se ha quedado solo. Un día después, la embajada palestina en España respaldó su acción. "Es un paso muy importante hacia delante. El delantero del Sevilla ha demostrado ser una persona muy valiente apoyando a nuestro pueblo en un acto público. Los deportistas son seres humanos y no pueden reprimir sus sentimientos. Seguro que los niños palestinos, que aman el fútbol español, se alegran por este gesto". Mientras, el técnico del Valencia, Unai Emery, reclamaba desde la sala de prensa de la ciudad deportiva de Paterna el final del conflicto. "No sé si es el lugar apropiado para hacerlo, pero al 2009 le pido que se termine esta guerra, que dura ya demasiados años".

La sombra alargada de Di Canio

Como fenómenos de masas, la política y el deporte han mantenido un nexo encubierto, más allá de las gradas, que registra casos especialmente singulares. Deportistas de élite que toman partido. La estampa de Di Canio con el brazo alzado en el Olímpico de Roma es uno de los exponentes más claros en los últimos tiempos. Al margen del saludo fascista, el jugador exhibe con orgullo un tatuaje en el que hace referencia al Dux (Duce, caudillo italiano). "Soy fascista, no un racista", declaró. "El saludo era para mi gente. Con el brazo en alto no quiero incitar a la violencia y mucho menos al odio racial". Antes de ser futbolista, en plena adolescencia, era él quien ocupaba un hueco entre la facción más dura de los ultras del Lazio, adheridos a la extrema derecha. Quizá por eso, el partido ultraderechista Alianza Nacional propuso una colecta entre los aficionados para pagar la sanción que le impuso la federación italiana (un partido y 10.000 euros de multa).

Su compatriota Gianluigi Buffon fue menos expresivo, pero más enigmático. En el inicio de su carrera, en las filas del Parma, el flamante portero de la selección italiana mostró una camiseta en la que se podía leer el eslogan Boia chi molla (Verdugo al que afloja), el grito de batalla preferido por Mussolini y los camisas negras. Ante el aluvión de acusaciones que le relacionaban con el fascismo, él apeló a la cotidianeidad de la expresión entre los habitantes de su región de origen (la Emilia Romagna), aunque poco después, Buffon no tuvo mejor idea que escoger el dorsal 88 para su camiseta, un número que los neonazis alemanes emplean para expresar Heil Hitler! (la h es la octava letra del alfabeto).

Frente a la ambigüedad del guardameta y el patriotismo exacerbado de Di Canio, en Italia existe otro futbolista de gran calado político que festeja sus goles puño en alto. Cristiano Lucarelli es uno de los estandartes del comunismo en el Calcio. Nacido en Livorno, cuna del Partido Comunista italiano, mostró la efigie del Che Guevara en 1997 tras marcar un gol con la selección sub21'. Jamás volvió a ser convocado. En 2003, a Lucarelli se le presentó la oportunidad de jugar para el equipo de sus amores. A pesar de tener sobre la mesa ofertas de otros equipos de la Serie A y contratos con muchos ceros, él se decantó por el Livorno, la Serie B y un salario muy inferior al que le ofrecían en otros sitios. Allí, en su ciudad natal, colaboró en la fundación de un periódico con el objetivo de generar empleo y difundir ideas. "Mi ciudad está en crisis y mi deseo siempre ha sido crear puestos de trabajo. Sólo con el diario ya suman dieciocho", expuso.

El 'Black Power' se reivindica en México

Alejados de los terrenos de juego, sobre las pistas de atletismo, Tommie Smith y John Carlos, atletas estadounidenses de raza negra, convulsionaron al mundo con su protesta contra el racismo en los Juegos Olímpicos de México de 1868. La estampa de los dos velocistas en el podio con sus puños enfundados en dos guantes negros pasará a la historia como uno de los grandes iconos del Black Power. Smith, motor de la reivindicación, era el séptimo hijo de los doce que tenía un recogedor de algodón de Texas. Hastiado de los abusos, la discriminación y las vejaciones que tuvo que padecer su familia, encontró en el deporte el canal idóneo para expandir su mensaje. "John, ha llegado el momento. Aquí están todos estos años de sufrimiento, de miedo. Yo voy a hacerlo. Tú decides lo que quieras", dijo. "Tommie, si alguien dispara, ya conoces el sonido. Muévete rápido", respondió Carlos.

En las elecciones americanas de este año, Smith pidió el voto para Obama, al igual que muchos otros deportistas afroamericanos del país. En Eindhoven, el nadador serbio Milorad Cavic fue expulsado de los Europeos de natación por lucir una camiseta con el lema "Kosovo es Serbia". Más cercano, el conflicto de las selecciones autonómicas experimentó un nuevo episodio en diciembre cuando 165 futbolistas y ex futbolistas vascos firmaron un manifiesto para jugar bajo la denominación de Euskal Herria. La ofensiva de Israel sobre Gaza tampoco ha quedado al margen de las canchas de baloncesto. El pasado martes, el partido entre el Turk Telecom y el equipo israelí Bnei Hasharon tuvo que ser suspendido debido a los incidentes protagonizados por el público turco, que profirió gritos como "¡Dios es grande!" o "¡Israel asesino!". Los jugadores visitantes tuvieron que abandonar el pabellón entre insultos y escoltados por las fuerzas de seguridad.

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Bagdad, 22 de diciembre. El periodista iraquí, Muntazer Zaidi, quien aventó sus zapatos y le gritó “perro” al presidente saliente de Estados Unidos, George W. Buh, el pasado 14 de diciembre, sostuvo que “si volviera el tiempo atrás, lo haría de nuevo”, declaró hoy su hermano Uday Zaidi, quien denunció que el reportero, de 29 años, presenta claras señales de tortura.

Zaidi visitó a su hermano en la fortificada zona verde de Bagdad, donde está detenido, y señaló que el reportero declaró ante un juez que creyó que iba a ser baleado después de lanzar el primer zapato contra Bush. Pero como eso no ocurrió, “me dio tiempo para lanzar el segundo (zapato)”, dijo el periodista según su hermano.

Uday Zaidi también denunció que su hermano “tiene claras señales de tortura”; afirmó que le falta un diente, tiene lesiones en la nariz y moretones en brazos y piernas.

El abogado de Zaidi, Dhiya Saadi, también denunció ayer el estado físico en el que se encuentra su cliente

El juicio contra el informador empezará el 31 de diciembre y las autoridades iraquíes darán acceso total a la prensa.

De acuerdo con el artículo 223 del código penal iraquí, Zaidi podría ser condenado a una pena de cinco a 15 años de prisión si se considera que cometió una “agresión caracterizada”. Pero el tribunal podría estimar que se trató de una “tentativa de agresión”, castigada con sólo de uno a cinco años de cárcel.

Por otro lado, el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) reconoció hoy oficialmente el fin de la misión del organismo mundial en Irak al renunciar en Nueva York a prolongar el mandato para la tropa multinacional encabezada por Estados Unidos que expira el 31 de diciembre.

En una resolución aprobada de forma unánime se afirma que la situación de la seguridad en el país mejoró claramente y que Irak logró construir una nueva asociación con la comunidad internacional.

Los cerca de 140 mil soldados estadunidenses que representan la mayor parte de la tropa multinacional permanecerán en el país con base en un acuerdo bilateral entre Bagdad y Washington.

Sin embargo, no está claro el estatus legal de unos 6 mil soldados de otras nacionalidades. El Parlamento iraquí pospuso hoy por tiempo indeterminado las deliberaciones sobre el estatuto que regulará la futura situación legal de los 4 mil soldados británicos y otros 2 mil de procedencia no estadunidense acantonados en Irak, informó la agencia de noticias Aswat al-Irak.

 

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Sábado, 29 Noviembre 2008 07:56

Periodismo para desenmascarar la injusticia

Un hombre se encadena en un poste de luz en el centro de Atenas para protestar por los presos políticos, la falta de libertades, los atropellos del gobierno. Es 10 de mayo de 1974, plena dictadura de la junta militar fascista griega. En cuestión de minutos aparece la policía y lo apresa. Lo torturan. El hombre había tomado medicamentos para soportar lo más posible el dolor. Cuando los verdugos empiezan a arrancarle la primera uña de un pie habla. “Confiesa” que se llama “Hans” Wallraff y que se solidariza con la oposición antifascista. Es encarcelado.

Las autoridades no sospechan siquiera que han metido a sus calabozos a un reportero encubierto. Su primer nombre, en realidad, es Günter. Amigo de exiliados griegos en Alemania, el “periodista indeseable” formaba parte del Comité de Solidaridad con los disidentes helenos y había descubierto la colaboración secreta del gobierno alemán con la junta castrense en Atenas.

Empieza el juicio en su contra. Enfrenta una condena de al menos dos años. En su comparecencia ante los jueces –todos militares– los insulta: prostitutos de la CIA que tienen más tanques que cerebro, dinosaurios en uniforme, les dice. Los saca de sus casillas. Después logra hacer llegar al extranjero, clandestinamente, las transcripciones del juicio que se transmiten, íntegras, por la BBC de Londres y la Deutsche Welle. El gobierno le reduce la sentencia a 14 meses; tiene prisa en expulsar a Wallraff de Grecia.

El resultado de esta acción es el documental El fascismo de al lado, golpe mayúsculo para la dictadura, socia de las democracias de la OTAN.

Como un moderno Till Eulenspiegel –popular bufón de la literatura medieval germana que se burlaba y sacaba al sol los trapos sucios de la aristocracia–, el periodista encubierto se ha inventado decenas de personajes como éstos y ha lanzado decenas de acciones de wallraffeo, verbo que ha sido incorporado al diccionario alemán. Estudia largamente su rostro y el papel que va a asumir. Crea cuidadosamente su leyenda. Se maquilla y se prueba decenas de pelucas y anteojos, se mete en el rol, como un actor consumado. “Sé que ya estoy dentro de mi papel cuando empiezo a soñar con ese otro yo.

Generalmente son pesadillas de que descubren mi verdadera identidad antes de tiempo.”
Su tema central es la injusticia. Su obsesión, quitarle la máscara a la hipocresía del sistema laboral alemán. “La Constitución alemana –explica– tiene una orientación muy humanista, siendo el país donde se cometió el peor crimen contra la humanidad. El primer artículo establece que la dignidad del hombre es intocable. Pero en la realidad, hay dos Alemanias.”

La oculta, la de abajo, ha sido diseccionada en centenares de reportajes bajo su firma. Cabeza de turco, como se conoce en español su experiencia como obrero turco en el complejo automotriz de Thyssen (Ganz Unten, hasta abajo, es su nombre en alemán) y El periodista indeseable son los únicos libros suyos que circulan en México.

Cada rol, cada nuevo engaño a la clase patronal, ha generado un reportaje de implacable denuncia, uno y varios libros, documentales y próximamente una película. Inevitablemente, también provoca largas, costosas y tediosas sesiones frente a los jueces.

Titulares a modo

En algún lugar de Alemania, una mujer se suicida. El tabloide sensacionalista Bild Zeitung se solaza con la historia: “Por una depresión primaveral, afanadora se mata con su propio martillo”. Su marido, acosado por las burlas de sus vecinos y la hostilidad de la familia de su mujer, que considera que la ridiculizó públicamente, también se suicida. ¿Cómo reporteó Bild esta historia? Pues enviando a sus reporteros, disfrazados de policías, a interrogar a los familiares.

Desde la redacción, alguien descubre cómo el drama de la mujer es distorsionado en la mesa de redacción para ajustarlo a un titular más llamativo. En realidad, la mujer se había ahorcado, víctima de una crisis depresiva.

Como esta, decenas de historias falseadas destruyen vidas y reputaciones de los ciudadanos. Pero Bild vende más de un millón de ejemplares cada semana. Hasta que un día, sin saberlo, mete al enemigo en casa. Contrata a un reportero con un nombre falso, que además de cumplir órdenes tramposas y sucias de su editor, investiga las entrañas de esta publicación. Al cabo de un año, sale a la luz pública El titular. Autor: Günter Wallraff.

Se inició uno de los juicios legales más prolongados y escandalosos por difamación, usurpación de identidad, allanamiento de morada y varios cargos más. Wallraff debe pagar miles de euros para sostener su alegato legal: que la casa Springer Presse, que publica el diario, comete asesinato moral.
Diez años después publica otro libro más: El manual de Bild. Las nuevas denuncias superan al libro anterior, ya que a lo largo del proceso, recibe decenas de cartas de personas que han padecido el manejo amarillista de la revista. Cuando gana el juicio, Wallraff financia a varias víctimas de difamación en otras tantas demandas legales. El libro va en su undécima edición y cada versión contiene nuevas denuncias.

Porque este es uno de sus principios: dar seguimiento en sus casos; ser un actor y partícipe de las crisis que provoca hasta las últimas consecuencias.

Engañar a cambio de un salario

Una mañana cualquiera, Michael G. llega a su trabajo, el call center “ZIU Institut”, en una torre de oficinas en Colonia. Ha recibido un intensivo entrenamiento por parte de sicólogos que le han enseñado cómo engañar con éxito: hablar sin parar, someter al cliente potencial a una tormenta de ideas con cortes rápidos de un tema a otro para impedirle pensar con claridad. Jamás pedir datos de manera directa. Ejemplo: nunca diga ¿me da el número de su cuenta bancaria? En su lugar diga: “Bien, ahora vamos a tomar sus datos”. Poco a poco la víctima se ve envuelta en el engaño. Puede ser que del otro lado de la línea esté un jubilado a punto de comprometer todo lo que le queda de fondos para terminar su vida. No importa. Se le paga por número de clientes engañados.

Menos mal que Michael G., que en realidad es Wallraff, apunta los números de sus víctimas y por la noche, desde su casa, les vuelve a llamar para aconsejarles cómo retractarse de las compras inútiles y contratos abusivos. Cuando sale el documental, ZIU lo demanda por usurpación de funciones y personalidad. Él se declara culpable. En medio del escándalo transcurre el juicio. La oficina del consumidor lo declara “un caso no grave”. El dueño de la empresa reconoce: “Sí, mi negocio se basa en el engaño. Pero otros engañan más que yo.” Finalmente, pierde y tiene que pagar una multa de 750 mil dólares. Se le ordena cerrar el call center. Se va de Colonia pero se instala en Turquía, España, Holanda y la India. Desde ahí sigue vendiendo mentiras.

El periodista encubierto revela que los empleados de este tipo de compañías, en su mayoría estudiantes que así pagan sus carreras, no soportan la presión de la mala conciencia y que 80 por ciento abandona el empleo antes de año y medio con síndrome de burn out (desgaste) o adicción a alguna droga.

Napalm y los buenos católicos

Durante los años de la guerra en Vietnam, un fabricante de sustancias químicas –Wallraff, naturalmente– recibe una oferta, un contrato muy jugoso (falso) a cambio de fabricar napalm para subcontratistas del ejército estadunidense. El hombre es muy católico y entra en conflicto. Para lavar su conciencia, consulta con varios clérigos y teólogos, gente de la alta jerarquía, incluso funcionarios del Vaticano. Todos –excepto dos– le aconsejan firmar el contrato. Uno de ellos alega: “Mire, mi obispado tiene grandes viñedos. ¿Qué culpa tenemos nosotros si el vino de esas uvas lo venden y beben las prostitutas en los bares de mala muerte?”. Otro asegura que el napalm ayudará a acortar la guerra. “Lo malo, claro, es que entre los vietnamitas hay algunos buenos católicos. Bueno, pero ya llevaremos obras de caridad a esa gente, con sus donaciones, por supuesto”. Solamente un joven capellán de Francfort y un teólogo suizo le dijeron: “No lo haga, es un crimen”.

Blanche Petrich y Alma Muñoz /I
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Domingo, 30 Mayo 2010 08:40

Idiotas inútiles

 Excelentísimo presidente
de la República de Colombia
Don Alvaro Uribe Vélez
 
Señor Uribe, Perdone la molestia. Me tomo el atrevimiento de hacerle llegar estas líneas atento a la airada reacción que han tenido usted y altos funcionarios de su gobierno ante la difusión pública que ha tenido el testimonio del mayor retirado de la Policía Nacional Juan Carlos Meneses Quintero. Como usted sabe, el mayor Meneses acusó a su hermano menor, Santiago Uribe Vélez, de armar y dirigir a un grupo paramilitar en los años ‘90. El testimonio también lo salpica a usted, ya que según el testigo usted estaba al tanto y/o apoyó dichas actividades.
 
Disculpe que me haya dado por aludido el jueves pasado cuando usted tildó de “idiotas útiles” a los activistas por los derechos humanos Adolfo Pérez Ezquivel y Javier Giraldo que facilitaron el testimonio en Buenos Aires y a los periodistas del diario The Washington Post que lo difundieron en Estados Unidos. Es que yo presencié ese testimonio, y ese testimonio salió publicado primero en este diario.
 
Entonces quería escribirle para darle la tranquilidad de que la entrevista con Meneses y su testimonio se publicaron porque son de un valor periodístico innegable y no por otra razón. Usted dijo que quienes difundimos el testimonio de Meneses fuimos serviciales a los intereses de los narcoterroristas. Pero no fue por el accionar psicológico de los narcos que la noticia tuvo tanta difusión en Colombia. Después de ocho años de Seguridad Democrática no me va a decir que, además de Página y el Post, las FARC manejan también a los medios colombianos, incluyendo el multimedios propiedad de la familia de su excelentísimo señor vicepresidente. Sin embargo, todos se hicieron eco de la noticia.
 
Es que, señor Uribe, vamos, hay que decirlo, sobre su hermano Santiago pesa un estado de sospecha. El testimonio de Meneses no cayó del cielo. Se inserta en un contexto que es bueno recordar. Su hermano es un importante hacendado de Antioquia, donde prácticamente nacieron las bandas paramilitares, y muy cerca de la finca de su hermano operó un sanguinario escuadrón de la muerte conocido como los Doce Apóstoles. Es bien conocido, usted lo sabrá, que los escuadrones paramilitares fueron creados por hacendados y empresarios para combatir con métodos ilegales la guerrilla y la delincuencia, y que esos grupos se vincularon con fuerzas militares y de seguridad a través de los políticos locales. En los tiempos de los Doce Apóstoles usted fue senador por y luego gobernador de Antioquia. La estrategia de los paramilitares de aliarse, o para usar un término suyo, “penetrar” la clase política colombiana fue muy exitosa. Si lo sabrá usted: cerca de un tercio del Parlamento y varios gobernadores y alcaldes, incluyendo su primo Mario, están presos o bajo proceso por sus vínculos con los paramilitares. Casi todos son o fueron aliados suyos.
 
Volviendo al estado de sospecha que pesa sobre su hermano, no es que simplemente estaba en el momento justo, en el lugar justo, y en las condiciones ideales como para gestar y financiar una formación paramilitar. Seguramente no todos los hacendados asediados por la guerrilla en los ’90 respondieron a la amenaza con escuadrones de la muerte. Hasta es posible imaginar que los Doce Apóstoles hayan limpiado a los enemigos de Santiago y (de los demás hacendados) de gusto nomás, por iniciativa propia. Pero hay más.
 
Santiago Uribe ya había sido investigado dos veces como presunto cabecilla de los Doce Apóstoles, por la Fiscalía de Antioquia en 1998 y por Fiscalía General en el 2002. En ambos casos se dictó una falta de mérito o auto inhibitorio, como dicen ustedes allá, porque las fiscalías consideraron que no había suficientes pruebas para procesar o sobreseer a su hermano. El año pasado el dirigente opositor Gustavo Petro intentó abrir una investigación parlamentaria por el mismo tema pero no consiguió suficientes votos. Usted dirá: lo investigaron dos veces porque los fiscales son idiotas útiles del narcoterrorismo, y lo acusaron en el Congreso porque el narcoterrorismo penetró la bancada parlamentaria del Polo Democrático.
 
De hecho el testimonio de Meneses corrobora los dichos de un testigo de identidad reservada que figuran en el expediente judicial de los crímenes de los Doce Apóstoles. El testigo secreto sería un agente que habría servido de nexo entre la policía local y los paramilitares. Meneses era el jefe directo de este testigo y el responsable de la seguridad de toda la zona, amén de un oficial de alto rango de la institución policial. Dada la situación en que se encontraba, bajo cualquier parámetro de razonabilidad, hay que admitir que se trata de un testigo clave.
 
Y como bien apuntó el fiscal general de su país, Guillermo Mendoza Diago, al ser consultado sobre la situación de su hermano hace un par de días: “Cuando hay resoluciones inhibitorias y sobreviene una prueba, la obligación del funcionario correspondiente es revocar dicha resolución e iniciar una investigación según lo que amerite esa nueva prueba”. De sus dichos se desprende que Mendoza Diago reabriría la investigación de su hermano, sumándose así a su extensa lista de idiotas útiles al servicio del narcoterrorismo. Le recuerdo que Santiago Uribe nunca ha sido juzgado aún por los crímenes de los Doce Apóstoles, por lo que su derecho a no ser juzgado dos veces por el mismo cimen está prácticamente garantizado.
 
Está bien, es cierto, su hermano y su vicepresidente se encargaron de recordar esta semana que Meneses había sido pasado a retiro por problemas legales y/o disciplinarios, dando a entender que es un testigo poco confiable. Yo lo entrevisté y le confieso que no le compraría un auto usado. Pero Meneses cobraba la pensión militar, sus causas judiciales se habían archivado y tenía un negocio informático que andaba bien. Todos sus afectos están en Colombia.
 
¿Qué necesidad tenía de exiliarse, pasar a la semiclandestinidad y autoincriminarse a riesgo de pasar años en la cárcel? ¿Qué necesidad tenía de confesarle a sus hijos que él es un asesino que mató y mandó a matar por orden de Santiago Uribe? ¿Todo eso por un puñado de dólares de los narcos? ¿Dónde y con quién iba a disfrutar ese dinero?
 
¿Y cómo hizo Meneses para convencer a los idiotas útiles de Naciones Unidas de que le dieran status de refugiado en Venezuela porque su vida corría peligro en Colombia? ¿Los miembros de los Doce Apóstoles que han muerto en circunstancias poco claras en los últimos años, se hicieron matar a propósito, para que Meneses tuviera una excusa para escaparse del país?
 
Qué sé yo. Hay que reconocer, señor presidente, que su jefe de Policía, el general Oscar Naranjo, estuvo rápido de reflejos. No bien salió publicado mi artículo citó al coronel Benavídez, ex jefe directo de Meneses, para un interrogatorio. Meneses me había dicho que tiene una grabación secreta de Benavídez donde el coronel avala la denuncia contra su hermano y contra usted. La cosa es que Naranjo salió del interrogatorio del coronel con un hallazgo: el testimonio de Meneses había sido comprado por un grupo narco llamado “los cambas”. El coronel no hizo declaraciones pero no importa: con lo que dijo Naranjo alcanzó para que usted, su hermano, su vice y su candidato en las elecciones de hoy salieran a difundir la idea de que Meneses es un agente del narcoterrorismo.
 
Lo que no termino de entender es lo que dijo su hermano. Explicó que el testimonio de Meneses fue armado para influir en la campaña electoral. Pero resulta que mientras su candidato se cansó de hablar del tema, el principal candidato de la oposición lo ignoró por completo. Entonces, más que de idiotas útiles habría que hablar de idiotas
 
inútiles, porque instalamos un tema en la agenda mediática supuestamente para perjudicarlo a usted, señor presidente, pero el tema lo termina capitalizando su candidato, el candidato oficialista.
 
Ojo que a mí no me molesta. Siempre digo que bastante difícil es hacer periodismo como para querer cambiar el mundo. Si la información vale, lo que se haga con ella o se deje de hacer ya no es mi problema.
 
No hace falta que diga que considero a su hermano inocente hasta que se demuestre lo contrario. Eso se da por descontado. Tampoco me compro todo lo que dijo Meneses, aunque todo lo que dijo me resulta creíble por el contexto antes mencionado. Pero me parece que no se puede negar que se trata de un testigo clave. Acusa a su hermano de asesino y a usted de cómplice. Dice que estuvo reunido con Santiago Uribe en presencia de otros testigos “unas cinco o seis veces”. Aporta datos sobre hechos, nombres y lugares en minucioso detalle, datos que podrían ser corroborados con inspecciones oculares, careos, documentos y demás diligencias judiciales para saber si dice o no la verdad. Ya verá el fiscal si conviene reabrir la causa.
 
Si no, hay otras instancias a las que tanto su hermano como los familiares de las víctimas de los Doce Apóstoles pueden acudir en busca de justicia. Usted sabe que tanto la fiscalía de la Corte Penal Internacional con sede en La Haya como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con sede en San José de Costa Rica han realizado visitas a Colombia durante su mandato e informado sobre serias deficiencias en el funcionamiento de la Justicia de su país, sobre todo en zonas de conflicto. Es un mandato del derecho internacional que cuando las condiciones no están dadas para llevar a juicio a personajes importantes en un determinado país, las cortes internacionales tienen la obligación de intervenir y juzgar a los acusados.
 
Convengamos que su decisión de extraditar a Estados Unidos a los principales jefes paramilitares justo cuando empezaban a revelar sus contactos con políticos y militares no dejó muy bien parada a la Justicia colombiana. No es un detalle menor que la Corte Suprema recién se enteró de las extradiciones cuando los paras ya estaban arriba de un avión en vuelo a Florida.
 
Por todo lo antedicho, señor presidente, permítame la osadía de ofrecerle un consejo. Me parece que en casos como éste no conviene sacar conclusiones precipitadas sobre la salud mental de quienes difunden ciertos testimonios. Es posible que algunos no sean tan idiotas como usted piensa.
 
Saludos.
 
Por Santiago O’Donnell
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