El FMI alerta de que la economía global crecerá este año a su ritmo más lento desde la Gran Recesión

El Fondo pronostica para 2019 una subida del PIB mundial de solo el 3% por el bajón del comercio y la industria

 

Hace casi dos años ya que Donald Trump dijo ante la élite financiera y empresarial del mundo que iba a colocar a América primero. “EE UU nunca volverá a hacer la vista gorda ante las prácticas económicas injustas”, aseguró en el Foro de Davos en enero de 2018. Han sido dos años regados de retórica nacionalista y de medidas y contramedidas proteccionistas. Desde entonces, la economía del mundo se ha ido frenando de forma paulatina. El FMI anunció el martes que la ralentización continuará este año con un crecimiento global del 3%, el más bajo desde la crisis de la década pasada, conocida como la Gran Recesión.

No ha tenido buena suerte Kristalina Georgieva en su puesta de largo al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI). La búlgara que antes ocupó altos cargos en la Comisión Europea y el Banco Mundial se estrena como directora gerente del Fondo con un jarro de agua fría sobre la economía mundial. La actividad crecerá poco este año. El próximo lo hará algo más, un 3,4%. Pero —tal y como repitió la economista jefa del Fondo, Gita Gopinath, en una comparecencia en Washington— esta recuperación futura es “precaria” y sometida a muchas amenazas.

“El crecimiento apagado es consecuencia de las crecientes barreras al comercio, de la elevada incertidumbre que rodea al comercio y a la geopolítica; de tensiones en economías emergentes y de factores estructurales como el bajo crecimiento de la productividad y el rápido envejecimiento en países desarrollados”, asegura el informe presentado el martes.

Esta enumeración sonará conocida a los que sigan los informes de organismos multilaterales y gabinetes de estudios. Hace meses que se repiten de forma casi idéntica. Pese a que parezca repetido, es cada vez más preocupante, porque la mera continuación de estos riesgos los convierte en más y más reales. Y golpean a todo el mundo. Así, los pronósticos que emite ahora el FMI son más pesimistas que los del pasado julio en prácticamente todos los países y áreas analizadas.

Gopinath dio algunas cifras que dan que pensar. La economista mostró su alegría por el acuerdo comercial preliminar entre China y EE UU. Pero dejó claro que los riesgos siguen vigentes; y que en la lista de prioridades mundiales destaca la pronta retirada de las barreras comerciales impuestas últimamente. “Esto podría impulsar la confianza, revitalizar la inversión e impulsar el crecimiento”, añadió. En sus previsiones, el FMI no incluye la posibilidad de un Brexit sin acuerdo. Si este se produjera, el Reino Unido perdería entre el 3% y el 5% de su PIB, dijo Gopinath. La situación sería peor sin la actuación de los bancos centrales. Gracias a su política monetaria expansiva, el crecimiento es cinco décimas mayor.

Preocupa Europa

Preocupan especialmente por su anémico crecimiento la eurozona (con países como Alemania e Italia creciendo muy poco o estancados) y Japón (cuyo aumento del PIB se quedará este año y el próximo por debajo del 1%). A España le rebaja también la previsión (2,2% este año y 1,8% el siguiente), pero sigue muy por encima de la media europea.

El EE UU trumpiano tampoco se salva de la quema. El FMI rebaja dos décimas su previsión de crecimiento para 2019 respecto a lo que decía tan solo tres meses atrás, dejándolo en el 2,4% este año y 2,1% el próximo, unas tasas aún respetables pero también a la baja. “Con las incertidumbres que rodean a muchos países y el enfriamiento previsto en China y EE UU y los importantes riesgos a la baja, es muy posible que se materialice un ritmo de crecimiento global aún más apagado”, añade el documento.

Lo peor de las previsiones que acaba de publicar el FMI no son las cifras en sí, que son malas pero no catastróficas. Sino la idea de que si no se hace nada para evitarlo, podrán ir a peor. “Para prevenir un resultado así, habría que enfocar las políticas decididamente a evitar tensiones comerciales y a reforzar la cooperación multilateral”, añade el documento.

Estas previsiones podrían empeorar aún más si la escalada proteccionista de EE UU con China y Europa continúa, o si el Brexit acababa resolviéndose sin acuerdo. Por eso, los analistas del FMI ven con buenos ojos los avances en ambos aspectos del pasado fin de semana. Pero nadie aquí quiere echar las campanas al vuelo, conscientes de que lo que un día son avances al día siguiente pueden convertirse en retrocesos.

Una de las preocupaciones del FMI es el retroceso del sector industrial. Este bajón se explica por tres factores que se refuerzan los unos a los otros: una importante caída en la producción y venta de vehículos, una baja confianza empresarial por culpa de las tensiones comerciales y tecnológicas entre EE UU y China; y un retroceso en la demanda china debida a los esfuerzos de las autoridades por reducir la deuda e impulsada por la escalada arancelaria.

Cuando habló en Davos en 2018, Trump justificaba que su política de poner a su país primero era algo que el resto de líderes del mundo deberían copiar. “América primero no significa América solo. Cuando la economía de América crece, crece todo el mundo”, decía entonces. La perspectiva que da el tiempo demuestra que esto no es así. Porque las trabas comerciales son la primera causa del enfriamiento de la economía global. Y, después de mucho anunciarla, esta es ya una realidad.

ENVIADO ESPECIAL, Washington 15 OCT 2019 - 11:03 COT

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Los Estados y las empresas no pueden resolver el cambio climático

Es muy positivo que millones de jóvenes salgan a las calles contra el cambio climático, en todo el mundo. Para muchas es la primera experiencia de lucha y movilización, y es destacable que lo hagan sin que medien aparatos políticos que convoquen y/o manipulen. Este es el aspecto fundamental que debemos valorar, especialmente cuando la acción directa no abunda en ninguna parte del mundo.

No comparto las críticas de quienes reclaman mayor politización, achacan ingenuidad de las y los jóvenes que se manifiestan, o quienes los acusan de no ser declaradamente anticapitalistas y no ser hijos de la pobreza. A menudo son críticas hechas desde una generación, la mía, que sigue creyéndose en posesión de la verdad, pese a los evidentes fracasos que hemos cosechado en el último medio siglo.

Creo que estas grietas (y desencuentros profundos) entre dos períodos de las luchas sociales, merecen alguna explicación.

En primer lugar, es evidente que existe una brecha generacional que ha impedido transmitir saberes y valores entre generaciones. Brecha que incluye las culturas políticas y los modos de vida, y ha llevado a que existan pocas posibilidades de convivencia entre generaciones. No tengo duda que el sistema (capitalismo neoliberal) es en gran medida responsable.

Sin embargo, en los movimientos hay pocas chances de diálogo entre las diversas experiencias históricas, ni siquiera puntos físicos de encuentro y, por lo tanto, casi nula capacidad de trasmisión generacional y de aprendizaje de los errores cometidos. Mi generación, la de los años 1960-1970, es en gran medida la responsable, ya que es reacia a la autocrítica y mira por encima del hombro a las generaciones más jóvenes.

En segundo lugar, parece poco probable que las grandes movilizaciones consigan sensibilizar al 1%, para que tomen medidas que modifiquen las pautas civilizatorias, que son las responsables en última instancia del cambio climático. En este punto, los jóvenes no hacen más que poner en práctica la cultura política hegemónica, consistente en presionar para conseguir algo a cambio.

Alguien debe explicar, aunque resulte antipático, que no existe la menor posibilidad de reducir las causas del cambio climático si la humanidad no abandona la cultura del consumo, a la que se están sumando frenéticamente las nuevas clases medias y sectores populares de los dos países más poblados del mundo: India y China. En cierto sentido, todos somos responsables por el cambio climático, aunque en con niveles de responsabilidad diferentes.

En tercer lugar, alguien debería también explicar, en particular a las generaciones más jóvenes, que el caos climático al que estamos ingresando es una tendencia profunda provocada por el comportamiento de la humanidad, incluyendo a quienes nos manifestamos en contra del cambio climático. Los gobiernos no pueden ni quieren detenerlo y, en el mejor de los casos, se limitan a declaraciones cínicas y mentirosas.

Las clases dominantes de Occidente se están preparando hace mucho tiempo para enfrentar situaciones caóticas, en base a sus recursos materiales que, creen, les permitirán sobrevivir al “hundimiento del Titanic”. El problema es que los sectores populares y los movimientos anti-sistémicos estamos muy lejos de asumir que un colapso de la humanidad es inevitable.

Por lo tanto, decir que “nos queda poco tiempo” para detenerlo, desvía la atención de las tendencias que nos llevan a la catástrofe, creando ilusiones de que podemos detenerlas si presionamos suficientemente a los de arriba. Sólo derrotando al 1% tendremos alguna chance de detener la catástrofe, pero con eso tampoco alcanza aunque sería un paso importante.

Si asumiéramos esta realidad, estaríamos construyendo las arcas comunes capaces de afrontar las tormentas que se avecinan. Es a esta construcción a la que debemos dedicar los mayores esfuerzos, las energías colectivas vitales para afrontar el futuro.

Aquí aparece un cuarto y decisivo factor. Es posible que podamos tomar decisiones capaces de salvar a una parte de la humanidad. Pero es seguro que no lo conseguiremos si no nos comprometemos a fondo con la realidad que nos rodea, en base a dos herramientas que nunca debimos desaprender: la crítica y la autocrítica.

14 octubre 2019 

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Convocados por el movimiento Extinction Rebellion, cientos de activistas se manifestaron ayer en más de 60 ciudades del mundo para exigir a los gobiernos emprender acciones con el fin de frenar el cambio climático. En la imagen, la protesta en Berlín.Foto Afp

Londres. Cientos de activistas fueron detenidos ayer en ciudades de todo el mundo al comienzo de una campaña de resistencia pasiva convocada por el movimiento Extinction Rebellion, en protesta por la falta de respuesta de los gobiernos ante el cambio climático, y que se extendió a más de 60 ciudades, entre ellas Londres, Madrid, Amsterdam, Berlín, Nueva York, Buenos Aires, Sidney y Nueva Delhi.

Respaldados por la adolescente sueca Greta Thunberg, los jóvenes exigen que se declare la "emergencia climática" y los gobiernos fijen para 2025 neutralidad en las emisiones de gases con efecto invernadero. Su principal forma de protesta consiste en bloquear vialidades y edificios, encadenándose o pegándose al pavimento.

Miles de manifestantes bloquearon las carreteras alrededor de Westminster, en Londres, y levantaron campamentos con carpas y pancartas para marcar el comienzo de dos semanas de protestas y exigir medidas gubernamentales urgentes sobre la crisis climática y ambiental. Al menos 276 personas fueron arrestadas.

París se sumó a la protesta global con el bloqueo a un puente y una plataforma sobre el río Sena, mientras en Madrid 200 jóvenes disfrazados y maquillados que representaban catástrofes naturales, como inundaciones o incendios, se congregaron frente al Ministerio para la Transición Ecológica.

La policía de Alemania informó que unas 4 mil personas se congregaron en la Columna de la Victoria de Berlín, y en el parque entre el Parlamento y la cancillería federal se instaló un campamento. En Amsterdam, más de un centenar de activistas fueron arrestados por bloquear la calle adyacente al Museo Nacional de la capital holandesa.

En Nueva York, unos 200 activistas se congregaron en Battery Park y realizaron una "marcha fúnebre" hacia Wall Street, posteriormente arrojaron pintura roja sobre la icónica estatua del Toro; alrededor de 30 fueron arrestados.

También hubo detenidos en Wellington, Nueva Zelanda.

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Lunes, 30 Septiembre 2019 06:05

Cumbres ambientales: objetivos incumplidos

Cumbres ambientales: objetivos incumplidos

En junio de 1972 tuvo lugar en Estocolmo la primera cumbre mundial sobre el medio ambiente. Convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue un parteaguas en el desarrollo de la política internacional sobre el tema. Asistieron representantes de 113 países, organizaciones no gubernamentales y calificados científicos. El canadiense Maurice Strong condujo las discusiones con gran tino. La cumbre sirvió para que todos los países vieran la necesidad de tomar medidas urgentes a fin de evitar la destrucción de los recursos naturales en aras de obtener el crecimiento económico.

En 1992 se celebró otra, la de la tierra, en Río de Janeiro. Patrocinada por la ONU, asistieron 108 jefes de Estado y de gobierno, 30 mil activistas locales y extranjeros y numerosos representantes de organizaciones de la sociedad. En Río se aprobó el Programa 21, el cual contempla metas ambientales y de desarrollo a cumplirse este siglo; una declaración que define los derechos y deberes de los estados sobre el medio ambiente y el desarrollo; otra de principios sobre los bosques y, finalmente, convenciones sobre el cambio climático, la diversidad biológica y la desertificación. También se reafirmó la meta de la ONU de que las naciones ricas dediquen 0.7 por ciento de su producto interno bruto a la cooperación internacional para el desarrollo.

A la aprobación de esos programas se opuso Estados Unidos, único país que no firmó el tratado sobre la protección de la fauna y la flora. Durante la reunión, el presidente George Bush desconoció la responsabilidad de las naciones ricas en la búsqueda de un desarrollo sostenible, el derecho de las poblaciones dueñas de los territorios donde viven a exigir la conservación de sus recursos naturales y tomar parte decisiva en su utilización.

Luego vendría otro encuentro clave en 1997, en Tokio, para abordar los problemas que ocasiona la generación de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global. Allí se acordó un protocolo que incluye medidas para evitar que la temperatura en el planeta aumente dos grados este siglo. Era urgente que las tomaran los gobiernos, la industria y la agricultura a fin de disminuir la generación de dichos gases. Los que más contaminan son Estados Unidos, China, India, los países europeos, Japón y Canadá.

Los objetivos trazados en esas tres grandes reuniones no se han cumplido a cabalidad y el planeta sigue calentándose. No cesa la destrucción y mal uso de los recursos naturales. Los efectos se dejan sentir por doquier, como se documenta periódicamente en las reuniones sobre el clima y el medio ambiente. La más notable desde Kyoto fue hace cuatro años en París, con nuevos diagnósticos, nada alentadores, y más promesas para evitar lo peor en el futuro próximo.

Este mes será recordado por la irrupción masiva de los niños y los jóvenes de casi todos los países del mundo en la lucha por hacer cumplir los acuerdos sobre el cambio climático y el uso racional de los recursos naturales. Cuestionan a los políticos y funcionarios gubernamentales y a las grandes corporaciones industriales por su desidia en torno a esos temas. Siempre los líderes hablan de que hay que conservar el planeta para las generaciones futuras. Hoy los jóvenes dicen que hacen lo contrario.

Y prueba de ello la tienen en lo que dijeron la semana pasada los presidentes de Brasil y Estados Unidos en la sede de las Naciones Unidas. El señor Jair Bolsonaro, negando que la Amazonia sea el pulmón verde del planeta; y que los ataques que sufre su gobierno por los incendios registrados en esa inmensa selva provienen de países colonialistas.

El señor Donald Trump, defendiendo un aislacionismo y un patriotismo que ya no tienen cabida en el mundo global que hoy vivimos, alardea que su país es la potencia más poderosa del mundo, pero oculta que su administración destruyó toda la política ambiental de su ­predecesor, Barack Obama. Y recalcó que hizo bien en retirarse del Acuerdo de París.

México ha firmado todos los compromisos sobre el clima y la conservación de los recursos naturales; se comprometió a disminuir para 2030 en 22 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero. Bien haría el gobierno en decirnos si esas promesas se están cumpliendo.

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Google proclama la 'supremacía cuántica' con el ordenador más potente (pero el informe desaparece)

El procesador realizó en 3,5 minutos un cálculo que le llevaría unos 10.000 años a la computadora convencional más avanzada, según el documento.

En lo que podría suponer un gran hito informático, Google afirmó esta semana haber construido el primer ordenador cuántico capaz de realizar cálculos que superan las posibilidades de las supercomputadoras más potentes existentes en la actualidad. El avance se anunció en un informe de investigadores de la compañía publicado en el sitio web de la NASA, que fue eliminado más tarde.

El documento, consultado por Financial Times, sostenía que el procesador pudo realizar en tres minutos y 20 segundos un cálculo que le llevaría unos 10.000 años a la computadora convencional más avanzada hasta la fecha, conocida como Summit.

"Un hito hacia la computación cuántica a gran escala"

Los investigadores anunciaron que, de esta manera, habían logrado la 'supremacía cuántica' —momento en que los ordenadores cuánticos llevan a cabo cálculos antes imposibles— y que el experimento suponía "el primer cálculo que solo se puede realizar en un procesador cuántico".

Los autores precisan que el sistema solo puede realizar un único cálculo altamente técnico, y que aún quedan años hasta el uso de máquinas cuánticas para resolver problemas prácticos, pero aun así califican el avance "un hito hacia la computación cuántica a gran escala".

Se desconoce por qué el informe fue retirado de la web, pero una fuente de Google familiarizada con la situación sugirió en declaraciones a Fortune que la NASA publicó accidentalmente el documento, antes de que las afirmaciones del equipo pudieran ser examinadas exhaustivamente a través de una revisión científica por pares.

Si bien en la actualidad ya existen ordenadores cuánticos, estos necesitan entornos muy particulares como laboratorios especializados para funcionar correctamente y su uso práctico es limitado. 

Nuevas posibilidades y nuevos desafíos

A diferencia de los ordenadores convencionales, que manipulan los elementos binarios básicos 'bits', con los valores 0 ó 1, los 'cúbits' (bits cuánticos) pueden encontrarse en ambos estados simultáneamente, lo que hace posible calcular millones de posibilidades al instante.

Un informe de Boston Consulting Group de 2018 adelantaba que los ordenadores cuánticos podrían cambiar drásticamente campos como la criptografía y la química —y, por tanto, la ciencia de los materiales, la agricultura y los productos farmacéuticos— "sin mencionar la inteligencia artificial y el aprendizaje automático", así como la "logística, fabricación, finanzas y energía".

Por otro lado, varios científicos advierten de que el gran potencial que auspicia la computación cuántica va a asociado a nuevos riesgos. En particular, sostienen que, gracias a su gran capacidad de procesamiento, esta tecnología podría usarse para 'hackear' la mejor seguridad cibernética con la que contamos en la actualidad, rompiendo en pocas horas un cifrado que sería prácticamente imposible de derrotar usando la mejor computadora convencional disponible en la actualidad. Por esa razón, instan a trabajar en el desarrollo de medidas de seguridad de criptografía cuántica que reemplacen los estándares informáticos existentes para proteger la transmisión de información.

Publicado: 21 sep 2019 17:21 GMT

Sábado, 21 Septiembre 2019 05:26

Rebelión juvenil por el planeta

Millones de jóvenes en todo el mundo abandonaron ayer las aulas para manifestarse y exigir a los gobiernos acciones contra el cambio climático, en respuesta a la convocatoria de la sueca Greta Thunberg, quien el lunes hablará ante la ONU. Participaron en las movilizaciones científicos, artistas y sindicatos. En México, alumnos y académicos se movilizaron en la capital del país y en varios estados. En NY (imagen) participaron 250 mil. Foto @RDleni

Nueva York. Decenas de miles –organizadores calculaban 250 mil– de jóvenes y adultos a quienes invitaron inundaron la punta sur de Nueva York coreando que "los niveles del mar se elevan y nosotros también nos alzamos", al encabezar la principal marcha de la huelga global climática que se realizó en más de 150 países con unos 4 millones de participantes.

Esta vez, en lugar de que los adultos llevaran a sus hijos a sus actividades políticas, los niños llevaron a los adultos en lo que es una rebelión juvenil para rescatar el futuro. “Hoy no fuimos a la escuela… Y hemos visto que algunos adultos no fueron a sus trabajos. Y es porque esto es una emergencia. Nuestra casa está incendiada”, declaró Greta Thunberg, la estudiante sueca de 16 años que es la cara y voz global de este nuevo movimiento para enfrentar el cambio climático, después de encabezar, con sus contrapartes de aquí y otros países, esta marcha.

Miles de estudiantes abandonaron sus escuelas para sumarse a la huelga sobre cambio climático, algo que inició hace un año con la acción solitaria de Thunberg que cada viernes se iba de "huelga" para ponerse frente al parlamento sueco y exigir con una pancarta que los políticos rindieran cuentas y tomaran acción para frenar el cambio climático que está poniendo en jaque el futuro del mundo. "No hay Planeta B", es una de las pancartas más vistas.

Fueron acompañados por científicos, contingentes de los sindi-catos de enfermeras y de servicios, artistas y músicos –incluyendo una explosiva batucada femenina– activistas de otros movimientos como Black Lives Matter, de defensa de migrantes y puertorriqueños marcando el segundo aniversario del huracán María, agrupacio-nes indígenas incluyendo de Brasil, religiosos y, por supuesto, ambientalistas.

Pero los adultos reconocieron el liderazgo de los jóvenes. Un hombre mayor cargaba una pancarta que sólo decía "Gracias, niños".

 

"Queremos salvar el arcoíris"

 

En una primaria en Brooklyn, una clase de kínder elaboró carteles para mostrar a quienes pasaban rumbo a las marchas; uno decía: "queremos rescatar los arcoíris".

Hubo unos mil actos como parte de la huelga global alrededor de Estados Unidos, con miles en Chicago, Washington, San Francisco y otras ciudades haciendo eco de los demás en todos los continentes, incluyendo la Antártida,

"¿Por qué deberíamos de estudiar por un futuro que nos han robado a cambio de ganancias?", pregunta Thunberg en el mitin en el parque Battery donde concluyó la marcha. Aseguró que en sus viajes por diferentes países las personas en el poder son muy parecidas, "su inac-ción es la misma", y ninguno de ellos "está dispuesto a decir las cosas tal como están, eso nos lo han dejado a nosotros los niños".

Recordó que el lunes se realizará la Cumbre sobre el Clima de la Organización de Naciones Unidas en esta ciudad, y advirtió que los obligarán a "escucharnos". Comentó que a muchos políticos les encanta tomarse selfies con los activistas jóvenes, y “decirnos cuánto nos admiran… pero nosotros que-remos que se pongan en acción… Y si nadie más tomará medidas, nosotros sí lo haremos”.

"No somos unos jóvenes que se fueron de pinta ni algunos adultos que no fueron a trabajar, somos una ola de cambio y, si nos unimos, somos imparables", afirmó Thunberg. Concluyó que para todos los críticos y opositores de este movimiento les tenía “una mala noticia: esto es sólo el inicio… el cambio vendrá les guste o no”. [globalclimatestrike.net ]

 

Por  David Brooks

Corresponsal

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Viernes, 20 Septiembre 2019 06:30

Hoy, desde Nueva York, Huelga Climática Global

Hoy, desde Nueva York, Huelga Climática Global

Científicos se suman a la iniciativa// Frente común contra empresas del sector de los hidrocarburos// La esperanza en el futuro sale a las calles

Nueva York. Miles de jóvenes, entre ellos la invitada de honor, Greta Thunberg, y adultos convidados participarán en la Huelga Climática Global este viernes con una marcha por el antiguo centro de Nueva York, a la par con más de 5 mil acciones parecidas en 150 países, en lo que los organizadores llaman "la movilización sobre el clima más grande de la historia", todo como parte de una creciente rebelión por el futuro del planeta.

Aunque las "huelgas por el clima" se han realizado durante el último año –inspiradas por la inicial acción solitaria de Thunberg hace un año, de abandonar su escuela cada viernes para pararse frente al Parlamento sueco y exigir acción de los políticos– con actos internacionales que llegaron a incluir a cientos de miles (la última internacional masiva fue en mayo), en esta ocasión los jóvenes invitaron a los adultos en una carta abierta publicada en The Guardian, para que “todos desencadenemos la resistencia masiva… si nos importa, tenemos que hacer más que sólo decirlo. Tenemos que actuar”. ( https://www.theguardian.com/ commentisfree/2019/may/23/ greta-thunberg-young-people-climate-strikes-20-september ).

La respuesta ya es inédita: decenas de miles de científicos se han sumado a la acción, casi mil empleados de Amazon suspenderán su trabajo este viernes para acompañar a los jóvenes, la empresa de cosméticos Lush, la de ropa Patagonia y la de helados Ben & Jerry’s cerrarán sus puertas para que sus trabajadores participen. Granjeros en alianzas nuevas con ambientalistas asistirán por igual. En Nueva York, el Departamento de Educación anunció que no marcará ausencias si algunos de los más de un millón de estudiantes en las escuelas públicas de la ciudad abandonan clases para asistir a la marcha, y más de 600 médicos y trabajadores del sector salud elaboran una "nota médica" dando permiso a cualquier joven de faltar a la escuela, con el argumento de que la crisis ambiental es una emergencia de salud. Anunciaron que más de 6 mil portales y empresas digitales apoyarán la huelga.

La cara y voz más visible del movimiento internacional encabezado por jóvenes sobre el clima es la estudiante sueca Greta Thunberg con su iniciativa de Los Viernes por el Futuro (https://www.fridaysforfuture.org), pero el mosaico es mucho más amplio; abarca desde agrupaciones de desobediencia civil a cabildeo en el Congreso y campañas para enfrentar al sector de hidrocarburos y sus vínculos con el sector financiero.

Entre las nuevas expresiones está Extinction Rebellion (https://rebellion.earth), que realiza acciones de desobediencia civil a veces espectaculares para presionar por acción de los políticos y empresarios sobre el cambio climático y lo que científicos dicen es la "sexta extinción masiva" ya en curso en el planeta.

El Sunrise Movement está trabajando dentro del sistema político, impulsando cambios legislativos respecto del cambio climático. La iniciativa de más alto perfil en que ha colaborado este movimiento, en coordinación de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Ed Markey, con el apoyo de más de 100 legisladores, entre ellos el candidato presidencial Bernie Sanders, es conocido como el Green New Deal (https://www.sunrisemovement.org/gnd).

La organización civil 350.org, tal vez la primera en enfocarse especialmente en el cambio climático, está ejerciendo un papel clave al compartir su experiencia e infraestructura para apoyar esta movilización, entre otras cosas (https://350.org). A la vez, organizaciones ambientales como Greenpeace y el Sierra Club colaboran y apoyan estos movimientos también regenerando sus propias filas.

Uno de los frentes comunes es una campaña sostenida contra las empresas del sector de hidrocarburos, tanto en acciones públicas que demandan limitar y finalmente abandonar la extracción y producción, como a través de presión al sector financiero para frenar la inversión en esas actividades. En ejemplos del creciente poder de estas campañas, el fondo de inversiones de miles de millones de dólares del sistema universitario público de California acaba de anunciar que dejará de invertir en el sector, activistas dicen que esto se suma a otros aquí y en otras partes del mundo que han "desinvertido" cientos de miles de millones en esta área. Por otro lado, recientemente los ejecutivos de la OPEP declararon que el movimiento por el cambio climático representa una amenaza real a los intereses petroleros.

Esta semana, activistas jóvenes participaron en la primera Cumbre de los Pueblos sobre Derechos Humanos y Cambio Climático, convocada conjuntamente por Greenpeace y Amnistía Internacional en Nueva York, como parte de los preparativos para la cumbre sobre el clima que se realizará el lunes en la Organización de las Naciones Unidas.

También hay nuevas coaliciones. Los jóvenes estarán acompañados este viernes por activistas de la diáspora puertorriqueña, marcando el segundo aniversario del huracán María, que devastó esa isla caribeña, así como por representantes de comunidades y naciones indígenas estadunidenses y de otras partes del mundo, en reconocimiento de los primeros ambientalistas.

Junto con ellos participarán maestros, pequeños comerciantes que cerrarán sus tiendas, chefs cuyos restaurantes ofrecerán alimentos a los activistas, líderes religiosos protestantes, católicos, judíos, musulmanes, budistas, artistas, músicos y sindicalistas.

"Lo que todos tienen en común es algo que comparten con el resto de la humanidad: un creciente temor de que el calentamiento global esté fuera de control y que necesitamos actuar con una rápidez notable para mantener la esperanza de llevar a nuestra civilización por este siglo", escribe Bill McKibben, cofundador de 350.org, en Truthout.

Los organizadores señalan que las marchas de hoy son sólo el inicio de una semana de acción en todos los continentes al realizarse la Cumbre sobre el Cambio Climático y el arranque de la Asamblea General de la ONU esa semana. (https://globalclimatestrike.net)

De pronto hay esperanza en el futuro; estará en las calles este viernes.

Por David Brooks

Corresponsal

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 Un niño permanece junto a una bomba de agua instalada por una empresa minera china en Masumbiri, Sierra Leona, el 26 de julio de 2019. Nellie Peyton Thomson Reuters Foundation

Los pueblos colindantes a una mina quieren un hospital, un colegio y agua potable, pero de momento ni los han obtenido ni han dejado de ser pobres

Cuando los mineros chinos llegaron al pueblo de Masumbiri, en el norte de Sierra Leona, en busca de oro, todo el mundo se puso a la cola para conseguir un empleo. Los adolescentes mentían acerca de su edad, y las mujeres y las niñas iban a cocinar y limpiar el campamento de los trabajadores, un complejo cerrado situado en la ladera de una montaña cercana que da a los campos de arroz.

Dayu, una empresa privada que empezó a operar en Sierra Leona en 2018, no era más que la última de una serie de compañías chinas en busca de oro atraídas por la riqueza mineral del subsuelo del distrito sierraleonés de Tonkoili. "Al principio la gente estaba muy contenta con los empleos", cuenta Hasan Tholley, el envejecido jefe de Masumbiri, sentado en su porche junto a los ancianos del lugar en este pueblo de calles de tierra. Pronto, cientos de jóvenes con casco empezaron a llevar un sueldo a casa, y la población, con sus 5.000 habitantes, tuvo por primera vez cobertura móvil y bombas de agua, todo cortesía de Dayu.

Sin embargo, cuentan los lugareños, al cabo de 18 meses del comienzo del proyecto, cuyo valor asciende a miles de millones de dólares, el sueldo que ganaban no compensaba la pérdida de tierras, y la pobreza empeoró.

Al igual que muchos otros países africanos, Sierra Leona ha cortejado a las empresas extranjeras que pagan a los Gobiernos elevadas tasas por los derechos de extracción, mientras que la población local a menudo tiene la sensación de que no se le pide su opinión ni recibe ningún beneficio.

China es, con diferencia, el mayor exportador de minerales de África subsahariana. En la última década ha invertido alrededor de 30.000 millones de dólares en minería metálica en el continente, alrededor del 15% de ellos en Sierra Leona. Allí, la extracción de oro ha sido un sector relativamente pequeño comparado con el de los diamantes o el mineral de hierro, pero está aumentando con empresas como Dayu, que afirma tener la mayor mina de oro subterránea del país. Su explotación es el único proyecto de la compañía.

Varios equipos menores, algunos de los cuales operan ilegalmente, también extraen oro de la zona al mismo tiempo que las empresas grandes. "Considerando la actividad de extracción, las comunidades deberían estar experimentando un gran desarrollo", señala Mohamed Smooth Bagura, miembro del consejo del distrito de Tonkoili.

A lo largo de la pista embarrada y llena de baches que conduce a Masumbiri, los carteles oxidados anuncian las compañías mineras que llegaron y se fueron. Los únicos coches, edificios o carreteras nuevas en un radio de kilómetros estaban en el campamento chino.

Empleos

Desde su tienda de la calle principal de Masumbiri llena de cerraduras, camisetas y relojes, Ibrahim Thulleh cuenta que el negocio ha disminuido. "Desde que llegó Dayu, la gente tiene menos dinero para gastar", se lamenta durante una tarde calurosa, sentado en su choza descubierta.

Antes de Dayu, durante algunos años no hubo en el pueblo ninguna compañía minera grande. La gente acudía en masa a buscar pepitas de oro, a menudo con éxito, y luego iba a la tienda de Thulleh a gastar lo ganado. Dayu contrató a unos 350 lugareños, y los demás mineros se fueron porque la empresa se quedó con los yacimientos que ellos explotaban.

Thulleh cuenta que, cuando los trabajadores reciben la paga —cada uno cobra entre 50 y 150 dólares al mes—, la reparten entre la familia y los vecinos y la utilizan para liquidar sus deudas. "A final de mes no queda dinero", cuenta Abdulai Kargbo, un minero de 29 años que tiene uno de los empleos mejor pagados: ocuparse de las voladuras y la perforación de la montaña en busca de oro. Antes de Dayu, transportaba a gente en su moto y ganaba entre 10 y 15 dólares al día, más del doble de lo que gana ahora, cuenta el trabajador, que es padre de seis hijos. Las ventajas de un empleo estable no compensan la mengua de los ingresos, asegura. Dentro de unas semanas, cuando lleve un año trabajando en la mina, piensa dejarlo y volver a la moto.

A William Bangura, que tiene dos hijos trabajando para Dayu, no se le ocurre nada que la familia pueda comprar ahora que no pudiese permitirse ya antes. "Solo nos llega para ir tirando", se queja. Aún así, está agradecido por los empleos. "No teníamos elección", sentencia.

En vez de cribarlas a mano y venderlas en el sitio, ahora las partículas de oro se extraen triturando las rocas en una planta de procesamiento situada en la ladera de la montaña. En el suelo de la última sala se apilan grandes bolsas blancas llenas de polvo gris que contiene unos cuantos gramos de oro. En este estado se transporta en camiones al puerto donde se embarca rumbo a China.

Repartir la riqueza

Sierra Leona está "abierta a las empresas", anunciaba el presidente Julius Maada Bio, que ha pregonado su mensaje entre los inversores de China, Gran Bretaña y Emiratos Árabes Unidos desde que llegó al cargo el año pasado con el compromiso de garantizar que su país se beneficiaría de la minería. De acuerdo con el Código de Minería, las compañías como Dayu pagan medio millón de dólares anuales al Gobierno por una licencia de extracción a gran escala, y se les exige que dediquen el 0,01% de sus ingresos al desarrollo de las comunidades.

Pero las medidas para el desarrollo de las comunidades no están claras y el código no siempre se aplica, afirmaba el Gobierno el año pasado al anunciar una nueva política minera dirigida a poner en marcha una serie de reformas.

Dayu ha decidido aumentar su contribución al 1%, pero todavía está negociando las condiciones con la población local, informaba Mohamed Daffae, gestor encargado de relaciones con la comunidad. Los tres pueblos de la zona piden cosas diferentes. Uno quiere un colegio, otro un centro de salud, y el tercero necesita agua potable, explica el concejal Bangura. Hasta ahora solo se han instalado las bombas de agua, que llega directamente del río sin filtrar. "Hacemos todo lo que podemos para contribuir al desarrollo de la comunidad", declara Peng Hui Yao, director general de Dayu. "Queremos sinceramente que la gente de la zona sea feliz".

Según Daffae, la población está impaciente por que le lleguen los beneficios. "La principal dificultad es que entiendan la concesión", añade desde su oficina del complejo. Los lugareños creen que la tierra y los minerales son suyos, pero no tienen autorización, afirma.

El acuerdo de Dayu con el Gobierno da acceso a la empresa a 9,6 kilómetros cuadrados durante 25 años. Hace poco, Daffae se encontró con la resistencia de la gente del lugar que estaba extrayendo oro de la zona en la que la empresa china quería excavar. "Tuve que desplazarme hasta allí y explicarles que no pueden parar una explotación como esta, que es para todos nosotros", concluye.

Este artículo ha sido realizado gracias al apoyo de la Fundación Thomson Reuters, la sección sin ánimo de lucro de Thomson Reuters dedicada a informar sobre temas humanitarios, derechos de las mujeres y LGTB+, tráfico de personas, derechos de propiedad y cambio climático.

Por Nellie Peyton y Richmond Tholley

MASUMBIRI (Sierra Leona) 20 SEP 2019 - 03:01 COT

Publicado enInternacional
La matriz energética y el desarrollo sostenible en América Latina

En agosto de 2019 la Comisión Económica para América Latina (Cepal) apuntó que los países latinoamericanos deben preocuparse por el medioambiente, además de por el crecimiento económico, el combate a la desigualdad y el aumento en la productividad. La propuesta de un modelo de crecimiento ecológico debe tener en cuenta la estructura del sector energético de los países latinoamericanos. El sector energético es de suma importancia para el crecimiento económico, por ser una de las fuentes motrices de la actividad económica. De este modo, cuando se habla de “crecimiento sostenible”, como lo llama la Cepal, se debe tener en cuenta que la energía utilizada para la actividad económica sea de origen ecológico.

En América Latina, del total de la producción energética, la proporción dirigida a la exportación representa más de la mitad para estos países: Ecuador con 70 por ciento (petróleo crudo), Venezuela con 66 por ciento (petróleo crudo), Bolivia con 65 por ciento (gas natural), Trinidad y Tobago con 58 por ciento (derivados del petróleo) y Paraguay con 51 por ciento (electricidad producida con hidroenergía). En general, dichas energías no renovables exportadas son consideradas “sucias”, por el alto grado de afectación del medioambiente y su carácter no renovable. La extracción del petróleo y el gas natural provoca la contaminación de los ecosistemas y la emisión de gases de efecto invernadero, que contribuye al calentamiento global.

La dinámica exportadora de energías “sucias” se presenta en toda América Latina. El petróleo crudo exportado por Colombia, México, Guatemala, Honduras y Jamaica, y el gas natural, especialmente el peruano, son las principales fuentes de energía exportadas desde esta región. A excepción de Colombia y Venezuela, los países exportadores de petróleo no tienen la capacidad productiva para refinar el crudo. Esto condiciona a los exportadores de petróleo a importar derivados petroleros para su consumo final.

En cuanto a las importaciones, 13 de los 21 países latinoamericanos revisados importan más de la mitad del consumo final energético. La mayor parte de las importaciones de estos países son productos derivados del petróleo para la generación de electricidad o el consumo en transporte. La segunda fuente de energía que más se importa es el gas natural, para generar electricidad o para licuarlo y revenderlo con mayor valor agregado, como en el caso peruano.

Brasil, Bolivia, Colombia, Venezuela y Argentina son los únicos países que gozan de soberanía energética. Producen internamente lo suficiente para satisfacer su demanda e incluso cuentan con producción excedente dirigida a las exportaciones, y, a su vez, el porcentaje del consumo de origen extranjero está por debajo del 30 por ciento. En su mayoría, las importaciones brasileñas y argentinas corresponden al gas natural de Bolivia para la generación de energía eléctrica y a la electricidad de Uruguay. Resaltan, igualmente, los casos de República Dominicana, Jamaica y Panamá, por su porcentaje de importaciones del consumo final, mayor a 100. Esto se explica por el hecho de que en estas economías una gran parte de la importación de combustibles se queda en los buques para el comercio internacional, por lo que nunca entran a ser parte del consumo interno.

Los principales socios por país y su parte de petróleo refinado importado respecto del total de dicho producto presentan un denominador común en casi todas las economías latinoamericanas. El socio predominante, en 19 de los 21 países, es Estados Unidos; 11 de ellos cuentan con un tratado de libre comercio. Esta lógica condiciona la dinámica económica de la región, por la concentración del mercado petrolero y de refinación estadounidense, la volatilidad del precio del petróleo y la caída de la productividad en este sector desde 2014 con un crecimiento anual negativo.

Frente al nuevo impulso de la economía verde de la Cepal, cabe enfatizar que 15 países de América Latina consumen menos del 30 por ciento de energías verdes respecto del total. Estos utilizan biomasa como fuente de energía, principalmente leña, que, a través de un proceso de quema, produce energía eléctrica o calorífica. Este proceso no está exento de emitir gases de efecto invernadero. Aún son muy pocos los proyectos de energías verdes existentes: el parque solar en Jujuy, Argentina, o los parques eólicos en Oaxaca, México. En la estructura de producción y consumo energético de Latinoamérica todavía son predominantes las energías “sucias”.

La propuesta de la Cepal de crecer de manera sostenible no puede ignorar la situación del sector energético en Latinoamérica, basado en exportar petróleo y gas natural, importar derivados del petróleo y consumir, en su mayoría, energías “sucias” importadas de Estados Unidos. Es un sector dependiente del exterior y nada ecológico. Incluso la electricidad generada con energía hidráulica no es necesariamente energía verde: aunque no emite contaminantes, sí afecta a los ecosistemas acuáticos a largo plazo. Las iniciativas de transitar hacia una economía sostenible, como la emisión de bonos verdes o las propuestas de la Cop21, promueven la generación de energías verdes para los países latinoamericanos, pero los avances son muy lentos cuando el problema no está en el futuro, sino en el presente. Todo indica que China está acumulando tecnología solar propia que es la que más crece en términos de capacidad instalada de energía solar. En esto se distingue de Estados Unidos, que está aferrado a la exportación de gasolina refinada y vehículos a gasolina. América Latina aún no toma en serio las energías limpias, que quizás lleguen de la mano de China, más pronto que tarde.

Por Óscar Ugarteche / Carlos de León

6 septiembre, 2019

*    Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y el Sistema Nacional de Investigadores‑Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela).

**           Facultad de Economía de la Unam, miembro del Obela.

Publicado enMedio Ambiente
Viernes, 06 Septiembre 2019 06:30

Salvar el planeta

Salvar el planeta

La Amazonia arde, Groenlandia se derrite, 800 millones de personas padecen hambre, hordas de migrantes huyen de las guerras y la miseria hacia los países del derroche, y los gobernantes de los países más poderosos evitan discutir el cambio climático y los desastres ambientales para no irritar a Donald Trump.
Quizá la Tierra ha empezado a sacudirse la plaga humana.

 

 El BUFÓN.

Desde comienzos de la década del 90 el comediante George Carlin creó y refinó una rutina en los escenarios titulada Saving the Planet (Salvar el planeta) en la que, con su habitual insolencia salpicada de groserías, cuestionaba los fundamentos mismos de las políticas ambientales y las campañas y esfuerzos de protección de la naturaleza y las especies amenazadas de extinción. “El planeta está bien, está perfectamente bien”, afirmaba el bufón inteligente, fallecido en 2008. “Los que estamos jodidos somos nosotros”. (Quienes deseen la experiencia directa de su acto de 7.38 minutos pueden visitarla en Youtube, con subtítulos en español.)

“El planeta ha estado aquí por 4.500 millones de años”, continuaba Carlin. “Nosotros hemos estado aquí ¿qué?, ¿100 mil años, tal vez 200 mil años? Hemos tenido industrias pesadas por poco más de 200 años. ¿Y tenemos la pretensión de que, de alguna forma, somos una amenaza?”“El planeta ha sobrevivido y superado cosas mucho peores que nosotros”, añadía con una larga lista de acontecimientos como terremotos, volcanes, placas tectónicas en movimiento, desplazamientos continentales, tormentas solares, manchas solares, tormentas magnéticas, la reversión magnética de los polos, cientos de miles de años de bombardeo de cometas y meteoros, enormes inundaciones, tsunamis, vastos incendios, rayos cósmicos, glaciaciones repetidas. “¿Y nos creemos que las bolsas de plástico y las latas de aluminio harán alguna diferencia?”, preguntaba Carlin.

MÁS DE LO MISMO.

El cambio climático, el agotamiento de recursos naturales, la contaminación del agua y el aire, y la destrucción de las junglas tropicales y los mantos de hielo figuran entre los problemas que, en todo el mundo, las generaciones más jóvenes ponen al tope de sus preocupaciones, y que los más viejos suelen desestimar. Esto ha motivado protestas multitudinarias, la creación de fundaciones, programas, coaliciones y actividades encaminadas a la conservación de la energía que se obtiene con la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), el desarrollo de fuentes alternativas de energía y la sustitución de materiales, especialmente plásticos, por otros que sean biodegradables. La multiplicación de partidos verdes es un fenómeno que cuenta ya con más de tres décadas, y las conferencias y acuerdos internacionales sobre asuntos ambientales son una rutina. Preocupaciones similares continúan emergiendo acerca de la biotecnología, el desarrollo de organismos manipulados genéticamente y medicamentos más potentes para combatir gérmenes que se adaptan y sobreviven a los medicamentos más potentes de hace apenas algunos años.

Los esfuerzos por salvar especies animales y vegetales amenazadas por la extinción –en muchos casos debida a la destrucción humana de los hábitats naturales– van acompañados por campañas de educación para que las sociedades, cada vez más urbanizadas y distanciadas de la naturaleza, entiendan el papel que cumplen los insectos en la polinización, la ganadería extensiva en la deforestación y la pesca industrial en el exterminio de los peces.

Pero, aun con toda la mejor voluntad y los propósitos más altos, muchas de las políticas ambientales en varios casos conducen a una aceleración de la destrucción y la contaminación. Un ejemplo casi cotidiano: las bolsas, vasos, pajitas, envases y todo tipo de objetos de plástico. Las campañas para reducir, mediante educación o multas, el uso de las bolsas de plástico –que se han vuelto omnipresentes en los mercados– proponen dos opciones: o las bolsas de plástico, no desechables, fuertes y resistentes, que pueden usarse muchas veces, o las bolsas de papel, un material desechable. La realidad es que la producción de bolsas de plástico más resistentes requiere más energía y materia prima –que por ahora, en su mayor parte, procede de los hidrocarburos–, y, en el caso del papel y del cartón, demanda más celulosa, que sólo puede obtenerse de la tala de más bosques.

La gran alternativa a los vehículos automotores que consumen gasolina o diésel es el desarrollo de vehículos eléctricos, los cuales demandan… electricidad, pues, que muchas veces proviene de plantas que queman combustibles fósiles. La masificación de los vehículos eléctricos soñada por tantos ambientalistas promete otro problema: la falla del suministro de electricidad paralizará la economía. Imagínese una ciudad de 15 millones de personas donde, en un futuro, el 90 por ciento de los vehículos sean eléctricos, y un apagón de diez días. Con el añadido del agotamiento de todas las baterías con que funcionan nuestros celulares, el número creciente de minicomputadoras dentro de los vehículos que todavía usan gasolina.

Los enormes recursos financieros y científicos dedicados a la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos sólo producirán compuestos a los que las bacterias se adaptarán en menos de una década. El propósito de estas investigaciones y desarrollos es, en definitiva, la prolongación de la vida humana, cuando el planeta soporta ya casi 8 mil millones de personas que siguen, seguimos, consumiendo más recursos.

UNA SACUDIDA.

Las últimas semanas, la atención mundial –y la distracción forzada del Grupo de los 7 en Biarritz– se centró en los incendios forestales en el sur de la Amazonia, un 84 por ciento más extensos que hace un año. Del llamado “pulmón del planeta” que debería contribuir a la absorción de dióxido de carbono en la atmósfera, se levantan enormes columnas de humo que se extienden por cientos de quilómetros. El gobierno brasileño, que ha movilizado a más de 40 mil soldados para combatir las llamas y, supuestamente, reprimir a los responsables de la deforestación por fuego, es el mismo que abrió esas regiones a la explotación de recursos madereros, de los cuales se obtiene, entre otras cosas, la celulosa, y otras riquezas que demanda, ávida, una creciente población mundial. Las corporaciones y gobiernos que buscan y explotan estos y otros recursos naturales no lo hacen porque sean demoníacas, sino porque hay una constante demanda de los consumidores que… somos nosotros. Hemos adoptado un estilo de vida que nos hace dependientes de una red global de producción y distribución que es cada vez más frágil.

Hace 33 años la explosión de un reactor en Chernóbil, de la entonces República Soviética de Ucrania, dispersó por gran parte de Europa una nube radioactiva y dejó una región de 2.400 quilómetros cuadrados vedada para la presencia humana hasta hoy. Aparte de las fallas que se han atribuido a los técnicos de Chernóbil y la torpeza del régimen soviético para encarar el desastre, está el hecho de que la energía nuclear se ha desarrollado para suministrar electricidad a partir de una fuente alternativa a los hidrocarburos. En el bosque silvestre que ha crecido en torno a Chernóbil, han reaparecido especies animales consideradas casi extintas, tal como en regiones rurales de España, abandonadas por la agricultura, se han multiplicado los caballos salvajes.

“El planeta se sacudirá de nosotros como una peste de pulgas, una molestia superficial”, según Carlin. “Estará aquí por mucho, mucho, mucho tiempo después que nosotros hayamos desaparecido, y el planeta se sanará a sí mismo, se limpiará porque eso es lo que hace. Es un sistema que se corrige a sí mismo. El aire y el agua se recuperarán y la Tierra se renovará.”“El planeta no se va a ninguna parte”, predecía el bufón. “¡Nosotros nos vamos! Recojan su mierda, gente. Los que nos vamos somos nosotros. Y no dejaremos mucha traza, tampoco. Gracias a dios por eso. Bueno, quizá sí, un poco de poliestireno. El planeta estará aquí, y nosotros habremos desaparecido hace mucho tiempo. Simplemente, otra mutación fallida.”

Por Jorge A. Bañales

6 septiembre, 2019

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