Cambio climático: el camino a recorrer tras la Cumbre de París

El 12 de diciembre, casi 200 países aprobaron el llamado "Acuerdo de París". Este documento de 32 páginas de extensión detalla minuciosamente el nuevo plan oficial de la humanidad para hacer frente a la crisis que supone el cambio climático. Las negociaciones para llegar al acuerdo se llevaron a cabo en un complejo fuertemente protegido ubicado en la zona parisina de Le Bourget. En virtud del "estado de emergencia" declarado tras los atentados terroristas que el 13 de noviembre provocaron la muerte de 130 personas en París, en todo el territorio francés estaban prohibidas las manifestaciones. Pese a ello, hubo activistas que no acataron la prohibición, también en virtud de un "estado de emergencia", frase con la que describen la situación del clima del planeta. Durante las dos semanas de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático se llevaron a cabo manifestaciones, por momentos violentamente reprimidas por la policía, en las que personas de todo el mundo pidieron un tratado justo, ambicioso y vinculante a fin de evitar las peores consecuencias del cambio climático.


Dos días después del término de las negociaciones, el periodista británico George Monbiot sostuvo en Democracy Now!: "Lo que veo es un acuerdo sin plazos ni objetivos, con vagas y leves aspiraciones. Veo muchas palmadas en la espalda, mucha auto-felicitación, pero veo muy poco en términos del contenido real que se requiere para evitar el colapso de clima".


La postura de George Monbiot es opuesta a la de muchas personas comprometidas con la causa ambiental, quienes consideran el resultado de las negociaciones como un avance positivo. Michael Brune, director ejecutivo de Sierra Club, dijo: "Casi todos los países del mundo se comprometieron ya sea a reducir su propio nivel de emisiones de carbono o a poner un tope al aumento de sus emisiones. Hubo también un reconocimiento explícito de que aquello a lo cual se comprometieron no es suficiente y por tanto se estableció un proceso para evaluar el grado de avance que se alcanza y comprometerse entonces a efectuar mayores reducciones de forma ininterrumpida en los años siguientes".


La cumbre comenzó con el mayor encuentro de jefes de estado de la historia. El Dr. Hoesung Lee, presidente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), organización de casi 2.000 científicos que publica el consenso de la comunidad científica mundial sobre el cambio climático, se dirigió a los líderes y enunció: "El clima ya está cambiando y sabemos que ello se debe a la actividad humana. De continuar de esta manera, nos arriesgamos a enfrentar impactos cada vez más graves e irreversibles: aumento del nivel del mar, sequías e inundaciones cada vez peores, escasez de agua y alimentos, aumento de los flujos de inmigración y refugiados a causa del clima, para mencionar solamente algunos". En casi todos los rincones del planeta, las conclusiones de la ciencia que estudia el clima se aceptan como un hecho.

Estados Unidos, principal país contaminante en la historia y sede de algunas de las compañías de extracción de combustibles fósiles más poderosas y políticamente influyentes a nivel mundial, es el único lugar donde se da crédito a quienes niegan el cambio climático.


Los especialistas en clima del IPCC proporcionaron distintos escenarios posibles frente al calentamiento global en los que describen de qué manera podría ser el mundo si el planeta alcanzara una serie de distintas temperaturas. Ya nos encontramos 1° Celsius por encima de la temperatura promedio de la era preindustrial y enfrentamos impactos devastadores. El principio rector del Acuerdo de París es la promesa de mantener "el aumento de la temperatura promedio del mundo muy por debajo de los 2° Celsius (lo que equivale a 3,6° F) en relación a los niveles preindustriales y desarrollar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5° Celsius (o 2,7º F) por encima de los niveles preindustriales".


Esta diferencia, en apariencia pequeña, resulta de suma importancia. Con una rápida descarbonización de la economía mundial, con un rápido pasaje a energías renovables no contaminantes podríamos limitar el aumento de la temperatura a 1,5° Celsius. En ese escenario, los pequeños países insulares podrían sobrevivir al aumento del nivel del mar que se prevé. Con un aumento de 2° Celsius, el hielo polar se derrite, el agua se calienta y por tanto se expande y el nivel del mar se incrementa 91 cm.

Varios pequeños países insulares, como Maldivas o las Islas Marshall quedarían completamente sumergidos y desaparecerían. El objetivo de limitar el aumento de temperatura a un grado y medio por encima del nivel de la era pre-industrial se incluyó en el Acuerdo de París, pero como destaca George Monbiot: "Es como si se hubieran permitido adoptar 1,5° Celsius como objetivo al que aspirar ahora que esa meta ya es casi imposible de alcanzar".


La periodista y activista Naomi Klein habló también sobre el acuerdo. Klein sostuvo: "Pasará por encima de los límites cruciales establecidos por los científicos y pasará también por encima de los límites de la equidad. Sabemos, haciendo cálculos y sumando los objetivos que las principales economías presentaron en París, que esos objetivos nos llevan a un futuro muy peligroso. Nos llevan a un futuro con un calentamiento de 3 a 4 grados Celsius".


Asad Rehman, de Amigos de la Tierra, describió el límite de la equidad del que hablaba Naomi Klein: "Se trata de dar apoyo a los más vulnerables, las personas más pobres, que son quienes ya están perdiendo sus vidas y medios de sustento y que son quienes van a enfrentarse a impactos climáticos cada vez peores, principalmente por responsabilidad de los países ricos y desarrollados que han crecido y se han enriquecido gracias a la contaminación con carbono". En el Acuerdo de París, a este apoyo se le llama "Pérdidas y daños", que en los hechos significa un sistema de compensaciones de índole financiera por parte de los países ricos a los países pobres que sufren los graves impactos del cambio climático. Rehman agregó: "Los países ricos responsables de esta crisis pretenden ahora trasladar la carga de la responsabilidad de los ricos a los pobres. Mi gente habla del legado de Obama en lo que refiere al cambio climático. Desafortunadamente, el legado que dejará en este sentido es un cáliz de veneno para los pobres, al hacerles pagar realmente los impactos del cambio climático".


Una amplia coalición de organizaciones de acción contra el cambio climático prometieron un agresivo año de acciones directas orientadas a precipitar el fin de la era de los combustibles fósiles. Como me dijo Kumi Naidoo, de Greenpeace: "La mayoría de los que formamos parte de las organizaciones de la sociedad civil, nunca hablamos del 'camino hacia París', siempre hablamos del 'camino que pasa por París'.

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La COP21 de París y la propuesta del "anexo 0"

Altó en París el empuje y el entusiasmo en la calle del medio millón de manifestantes que podían esperarse, pidiendo justicia climática. La matanza del 13 de noviembre de centenares de personas jóvenes quitó el ánimo de quienes iban a manifestarse, tanto de los parisinos como los que iban a llegar de fuera. Como ocurrió tras el 11 de septiembre 2001, la agenda alternativa de los movimientos socio-ambientales en el Norte y en el Sur, es brutalmente aplazada y desviada por esos atentados masivos y por las realidades de las guerras (aunque sean guerras por petróleo). Los valientes esfuerzos de manifestarse para pedir un "clima de paz" en las calles de París no pudieron sustituir la masa de gente en la calle que hubiera presionado a los gobernantes mundiales.

Los resultados de la conferencia de cambio climático son presentados como un éxito por unos, y negativamente por otros. La visión negativa está justificada pues no hay compromisos vinculantes de reducción de emisiones, y tampoco en la práctica se ha reconocido la deuda climática que tienen históricamente los países industrializados. Estados Unidos y la Unión Europea boicotean desde hace años el reconocimiento de esta deuda, así se protegen y protegen a sus empresas de juicios por daños causados al clima mundial, como la desaparición de glaciares y la subida del nivel del mar. No hay motivos de celebración porque las emisiones de gases de efecto invernadero continuarán aumentando durante unos años si no las frena una crisis económica que alcance a China e India. La sobre-oferta actual de combustibles fósiles y su precio barato, y también la deforestación, hacen improbable que se limite el aumento de temperatura, contrariamente a lo proclamado en París. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera seguirá aumentando.

Dentro de este panorama, se propone desde los movimientos de justicia ambiental continuar las acciones locales (con repercusión global) para dejar el carbón, el petróleo y el gas en tierra. Esa propuesta de moratoria que Oilwatch propuso ya en 1997 en Kyoto en las reuniones alternativas, está más fuerte que nunca. Es lo que Naomi Klein llama "blockadia" y Oilwatch llama irónicamente el "anexo 0". Desde el tratado de cambio climático de Río de Janeiro de 1992, los países fueron clasificados en los del Anexo 1 (que se comprometían a rebajar emisiones) y los demás, que todavía no se comprometían pero que en los meses anteriores a París han presentado propuestas. En conjunto, las propuestas presentadas en París, que no son obligatorias, no significan una disminución, sino un aumento de las emisiones.

Este fracaso motiva a quienes propugnan el "anexo 0" cuyos integrantes son los movimientos locales que consiguen que se dejen combustibles fósiles en el subsuelo. Por ejemplo, los alemanes del movimiento Ende Gelände que paran minas de lignito o los manifestantes que pararon con resistencia no violenta la construcción del oleoducto Keystone XL en Estados Unidos. O los lugareños que en Sompeta en Andhra Pradesh en la India consiguieron parar (a costa de algunos muertos propios) la extracción de carbón y la construcción de una enorme central termoeléctrica que destruiría su ecosistema y modo de vida local. O los indígenas guaraníes de Takovo Mora en Bolivia que rechazan la exploración petrolera en su territorio, y que en agosto del 2015 bloquearon la vía Santa Cruz-Camirí, lo que llevó a la intervención de un contingente policial cuyos excesos de violencia allanando viviendas y gasificando a la comunidad, fueron denunciados localmente. Hay cientos de casos parecidos hoy mismo en el mundo, incluidos bastantes contra el fracking del gas. Esos casos serían los del "anexo 0".

Muy visibles en París (aunque alejados de los comunicados oficiales) estuvieron los quechuas de Sarayaku, en la Amazonia de Ecuador, que han conseguido mantener a raya a las empresas petroleras. Fueron integrantes de esa comunidad los que difundieron ya hace años la noción del Sumak Kawsay, el "buen vivir". En 2002 la compañía argentina CGC (Compañía General de Combustibles), acompañada por el ejército ecuatoriano, entró ilegalmente en territorio de Sarayaku a producir explosiones en el proceso de "sísmica", para identificar dónde estaba el petróleo. La comunidad les expulsó. Finalmente el caso fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, creando un precedente histórico en la defensa de los derechos indígenas. (http://arturohortas.com/documentales/el-caso-sarayaku/). Su portavoz Patricia Gualinga declaró en París que los pueblos indígenas deben ser reconocidos como un actor de primer orden que ya ha mitigado el calentamiento global luchando contra la extracción de petróleo y minerales y con el mantenimiento de las selvas. Ellos son miembros destacados del "anexo 0".

Por Joan Martínez Alier, ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Aprobado el primer acuerdo mundial contra el calentamiento global

195 estados se comprometen a rebajar sus emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento a 2 grados a finales de siglo. En una fórmula que contente a todos, no estarán obligados legalmente a cumplir con sus compromisos pero sí a hacer un seguimiento, comunicarlo y presentar revisiones cada 5 años.


PARÍS. -Después de las intensas negociaciones que se han prolongado durante dos semanas y con más retraso del esperado, 195 países han dado por fin su visto bueno al primer acuerdo mundial contra el calentamiento global.

El pleno de la Cumbre del Clima, reunido en el centro de convenciones de París-Le Bourget, al noreste de la capital francesa, ha aprobado pasadas las 19:25 horas un texto definitivo que por primera vez en la historia implica a la práctica totalidad del planeta en la lucha contra el cambio climático y que se compromete a transitar hacia una economía baja en carbono. Aquí es donde radica precisamente el principal éxito del texto, en su universalidad. El Protocolo de Kioto, adoptado en 1997 también se proponía reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero sólo lo ratificaron 37 países, entre los que no se incluyeron grandes contaminantes como EEUU o China. Ahora todos están en el mismo pacto.

"Acabamos de hacer algo grande", ha dicho el presidente de la COP21, Laurent Fabius, en medio de un prolongado aplauso mientras abrazaba al secretario general de Naciones Unidas, Ban-Ki Moon. "Es el acuerdo más difícil que se ha negociado nunca", ha dicho este último.

El Acuerdo de París, que no entrará en vigor hasta 2020, tiene 11 páginas (en su versión inicial en inglés) y una 'decisión' que lo desarrolla en otras 20. Ahora cada país tiene hasta mayo de 2017 para ratificarlo. No obstante, no será efectivo hasta que lo hayan firmado, al menos, 55 países que sumen el 55% de las emisiones globales.

El objetivo que se marca el acuerdo es que la temperatura del planeta no sobrepase los 2 grados de aumento a final de siglo, aunque se hace referencia a hacer esfuerzos para aspirar a un objetivo más ambicioso de 1,5 grados. Como los compromisos voluntarios de reducción de emisiones de efecto invernadero que han presentado los diferentes países no son suficientes para lograr ese objetivo (según los cálculos se llegarían a sobrepasar los 3 grados), el documento incluye un mecanismo de revisión de esos compromisos cada 5 años, con el ánimo de hacerlos poco a poco más ambiciosos y lograr contener el calentamiento en el año 2100.

"Es un posible punto de inflexión. Abre la puerta para que dejemos atrás la irresponsabilidad climática. Que este acuerdo sirva para algo dependerá de nuestra capacidad en cada país que acelere el proceso desde abajo", ha dicho el portavoz de Equo en el Parlamento Europeo, Florent Marcellesi, presente en París.

Ahora bien, el texto evita fijarse metas concretas en el medio plazo, (en su lugar señala que "el objetivo es llegar al pico global de emisiones lo antes posible") y renuncia a utilizar el término "descarbonización".

En un principio, el texto recogía la necesidad de dejar atrás la quema de combustibles fósiles para 2050, lo que implica que se queden sin explotar el 82% de las reservas del carbón, el 40% de las de gas y el 33% de las de petróleo. Pero esto era un punto que las grandes potencias petroleras no estaban dispuestas a aceptar. En su lugar, se ha optado por una fórmula que no requiere necesariamente reducir las emisiones, sino "lograr un equilibrio de las emisiones antropogénicas (generadas por el hombre) a través de fuentes de absorción de gases de efecto invernadero", es decir, que los países pueden compensar sus emisiones a través de mecanismos naturales, como bosques u océanos; o artificiales, como la geoingeniería, métodos de captura y almacenaje de carbono, etc. El cualquier caso, el texto emplaza a los países a dirigir sus flujos financieros de acuerdo con los objetivos de reducción de emisiones (lo que supone dejar de subvencionar combustibles fósiles).

Fabius ha presentado el acuerdo como "legalmente vinculante", pero no todo su contenido tendrá el mismo grado legal. Los países no estarán obligados a cumplir los compromisos de reducción de emisiones que han presentado, es decir, no habrá sanciones si se incumplen. Aunque sí debe hacer un seguimiento de una manera transparente, a comunicarlo y a presentar revisiones cada cinco años, supuestamente para aumentar la ambición de su compromiso o, al menos, dejarlo como hasta ahora.

"Creo que es muy buen acuerdo y que marca una nueva etapa. Todos tendremos que aprender ahora a transformar las premisas de nuestro desarrollo", ha considerado Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de Cambio Climático y directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI).


100.000 millones al año


La diferenciación (que establece el grado de compromiso que deben asumir los países en función de si son más o menos desarrollados, y por tanto, más o menos responsables del cambio climático) ha sido uno de los temas más conflictivos del acuerdo. La Unión Europea y EEUU querían que China e India, que no están considerados oficialmente como desarrollados pero que se han convertido en los últimos años en dos de los cuatro mayores contaminadores del mundo, tuvieran la misma responsabilidad que los países ricos en cuestiones, sobre todo, de financiación. Pero lo dos países asiáticos se negaban.

En el texto que se ha aprobado este sábado se ha llegado a una solución intermedia que establece, en casi todos los aspectos, tres velocidades diferenciadas: los desarrollados, las potencias emergentes y el resto de países. Sobre los primeros recae el grueso de las responsabilidades, pero a los segundos se les emplaza, de manera voluntaria, a hacer mayores esfuerzos. El tercer grupo debe empujar asimismo en la lucha contra el calentamiento, pero se les reconocen sus dificultades y se les concede mayor tiempo para adaptarse. También serán los que reciban el grueso de los fondos.

El documento compromete a los países desarrollados a movilizar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 para que los países más pobres puedan adaptarse a la consecuencias del cambio climático. Esa será la cantidad mínima, que deberá revisarse para una posible ampliación en 2025. No obstante, este punto, que ha generado gran tensión entre los países, ha quedado finalmente fuera del articulado y sólo se contempla en la parte de las decisiones, lo que quiere decir que se puede cambiar en futuras cumbres.


Renuncias a cambio de un pacto universal


Conseguir un acuerdo que acepten 195 países no es nada sencillo. A cambio de ser universal se ha tenido que ceder ante las exigencias de muchos países y renunciar o rebajar objetivos ambiciosos. Por ejemplo, la Unión Europea aspiraba a que en el acuerdo estuvieran contempladas también las emisiones derivadas del transporte aéreo y marítimo, que representan aproximadamente el 10% del total, pero se han quedado fuera. Al ser emisiones en territorio internacional no están incluidas en los compromisos nacionales de los países y era necesario incluirlas expresamente.

Aunque el acuerdo sí reconoce que el cambio climático es también una cuestión de "derechos humanos", pero lo hace sólo en el preámbulo, lo que hace que pierda fuerza. En anteriores versiones sí se incluía esta consideración en el propio cuerpo del texto. Arabia Saudí es quien más se opuso en este punto.

El texto mantiene asimismo el mercado de carbono con los mismos mecanismos que ya se desarrollaron en el Protocolo de Kioto y que contempla la compraventa y el intercambio de emisiones entre países para que puedan lograr sus objetivos.

"Es decepcionante e insuficiente al carecer de herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el calentamiento global y al desoír las luchas ciudadanas que ya están naciendo contra el cambio climático", ha considerado Ecologistas en Acción. "Es una farsa en la lucha contra el cambio climático. No definirá el futuro de la humanidad y el planeta", ha sentenciado Amigos de la Tierra.

 

Por LUCÍA VILLA
@Luchiva

 

Documento

Acuerdo cambio climático

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Sábado, 12 Diciembre 2015 07:06

COP21, metas y geoingeniería

COP21, metas y geoingeniería

Uno de los temas más álgidos en la reunión global de la Convención de Naciones Unidas sobre el cambio climático que finaliza el 12 de diciembre en París (COP21), fue la definición de una nueva meta de calentamiento global que no se podría sobrepasar. Países insulares y otros del tercer mundo, desde hace años plantean que no sobrevivirán un calentamiento global mayor a 1.5 grados centígrados, ya que su territorio desaparecería por el aumento del nivel del mar y otros desastres. Razones más que atendibles, que se suman a que esos países no son los que han causado el cambio climático.


La temperatura global promedio aumentó 0.85 grados centígrados en el último siglo, la mayor parte en los últimos 40 años, a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de dióxido de carbono (CO2) y otros gases, causadas por el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), mayoritariamente para la producción de energía, sistema alimentario agro-industrial, urbanización y transportes. Si sigue el curso actual, la temperatura aumentará hasta 6 grados centígrados a fin del siglo XXI, con impactos tan catastróficos que no es posible predecirlos.


En el proceso hacia la COP21 y hasta su inicio, el texto borrador de negociación contemplaba fijar una meta de aumento global de 2oC hasta el año 2100, cifra que de todas maneras era combatida por los principales emisores.


Sorpresivamente, países del Norte, que son los principales culpables del caos climático, entre ellos Estados Unidos y Canadá, así como la Unión Europea, anunciaron en la COP21 que apoyarían una meta global de máximo 1.5 grados centígrados. Según estimaciones científicas, esto implicaría reducir sus emisiones en más 80 por ciento hasta 2030, a lo cual los gobiernos de los países del Norte se niegan rotundamente. ¿Por qué ahora dicen aceptar una meta de 1.5 grados centígrados?


Como es predecible, sus razones no son limpias y ocultan escenarios que agravarán el caos climático: se trata de legitimar el apoyo y subsidios públicos de tecnologías de geoingeniería y otras de alto riesgo, como nuclear, así como el aumento de mercado de carbono y otras falsas soluciones.


Cualquiera que sea la meta que se fije en el llamado Acuerdo de París, no tendrá costos para los que sigan contaminado. La Convención aceptó desde antes de la COP21, que los planes de reducción de gases no son vinculantes. Son contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional, por lo que cada país declara intenciones, no compromisos obligatorios. La suma de las contribuciones que ha declarado cada país hasta octubre 2015, resulta ya en un aumento de la temperatura de 3 a 3.5 grados centígrados al año 2100. Y esto ni siquiera es lo que realmente harán –que puede ser mucho peor– sino lo que declaran. Por tanto, aunque la meta global sea baja, los planes reales están a la vista y la catástrofe sigue en marcha.


Sumarse en el discurso a una meta aparentemente baja, no cambia los planes presentados, pero les da a esos gobiernos razones para argumentar que deben apoyar técnicas de geoingeniería, como almacenamiento y captura de carbono (CCS por sus siglas en inglés), técnica que proviene de la industria petrolera y que presentan como capaz de absorber CO2 de la atmósfera e inyectarlo a presión a gran profundidad en fondos geológicos terrestres o marinos, donde según afirma la industria, quedaría para siempre.


La tecnología existía bajo el nombre recuperación mejorada de petróleo o en inglés, Enhanced Oil Recovery. Es para empujar las reservas profundas de petróleo, pero no se desarrolló porque no es viable ni económica ni técnicamente. Rebautizada como CCS, la misma tecnología se vende ahora como solución al cambio climático. Así, los gobiernos tendrán que subsidiar las instalaciones (para cumplir las metas de la Convención), las empresas podrán extraer y quemar aún más petróleo y encima cobrar créditos de carbono por supuestamente secuestrar y almacenar gases de efecto invernadero.


CCS no funciona en realidad, sólo hay tres plantas operativas en el mundo, fuertemente subsidiadas con fondos públicos, además de algunas planeadas y otras cerradas por escapes de gas o fallas. No obstante, gobiernos e industrias que lo promueven aseguran que podrán compensar con estas técnicas el aumento de emisiones, para llegar a emisiones netas cero: no para reducir emisiones, sino para compensarlas con CCS, de esta forma la suma sería cero. Aseguran además que si a esto agregan el desarrollo de bioenergía a gran escala, con inmensos monocultivos de árboles y otras plantas para producir bioenergía, y luego entierran el carbono producido (lo llaman BECCS, bioenergía con CCS), resultará en emisiones negativas, con lo cual podrían incluso vender la diferencia a otros. Un muy lucrativo negocio para que los que provocaron el cambio climático sigan emitiendo gases, con mayores subsidios de dinero público. David Hone, de Shell, argumenta abiertamente en su blog en la COP21, la necesidad de lograr una meta de 1.5 grados, para apoyar el desarrollo de CCS, BECCS y otras técnicas de geoingeniería. (http://tinyurl.com/nkaqbcv)


Como estas tecnologías no funcionarán, sino que aumentarán el cambio climático, en unos años nos propondrán otras tecnologías de geoingeniería aún más riesgosas, como el manejo de la radiación solar. Desde ya, tenemos que desmantelar su discurso. No se trata de reducir, no se trata de metas bajas, no se trata de enfrentar el cambio climático. No son falsas soluciones. Son mentiras.


La autora es investigadora del grupo ETC

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India bloquea las negociaciones del acuerdo climático de París

El país asiático, tercer gran contaminante tras EEUU y China, exige diferenciar las responsabilidades de países ricos y pobres y más financiación.

 

PARÍS. Las negociaciones de cerca de 200 países para lograr un acuerdo universal y vinculante contra el cambio climático están en punto muerto por el bloqueo de India, que presiona para que el acuerdo diferencie claramente en los puntos clave del pacto las responsabilidades de las naciones más desarrolladas y las que menos.

 

Pese a que el presidente de Indio, Narendra Modi, subrayó en la inauguración de la cumbre del clima (COP21) que su país "no quiere quedar fuera" del pacto global que se prevé aprobar en 10 días, India no ha defraudado las expectativas de quienes vaticinaban que se convertiría en el Estado que más iba a complicar el acuerdo.

 

La jefa del equipo negociador español, Valvanera Ulargui, explicó que India se opone a que la diferenciación entre países ricos y pobres, en que se basa el Protocolo de Kioto (1997), "se vaya diluyendo".

 

India persigue que las contribuciones de reducción de emisiones para el futuro acuerdo sean de cumplimiento "voluntario" para los países en desarrollo, entre los que se incluye, y sólo sean jurídicamente vinculantes para los países del anexo I, que son los que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático considera los más ricos, pero de acuerdo a criterios de 1990.

Esa división entre ricos y pobres de hace 23 años dista mucho de la realidad actual ( No incluye a China, por ejemplo, que es el mayor contaminante del mundo) y de ella no quieren ni oír hablar ni Estados Unidos ni la Unión Europea (UE), que se oponen a que los compromisos de los países en desarrollo sean de cumplimento voluntario.


Exige financiación


La negociación no sólo permanece paralizada en ese punto, también lo está en todos los párrafos más importantes del acuerdo, cuyo cumplimiento India quiere condicionar a la recepción de financiación por parte de los países desarrollados.

El propio compromiso presentado por India -el tercer mayor emisor tras China y Estados Unidos- de reducir la intensidad de sus emisiones por unidad de PIB entre un 33 y un 35% para 2030 respecto a 2005 y que el 40 % de su electricidad provenga de renovables, está condicionado a la recepción de 206.000 millones de dólares de la comunidad internacional.

India quiere, además, que el acuerdo recoja la obligatoriedad de los Estados desarrollados de transferir, sin coste, conocimiento en tecnologías bajas en carbono a los países en desarrollo, un asunto regulado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y que no puede ser tratado en esta convención.

El país asiático no está solo: un buen número de naciones en desarrollo que se beneficiarían de que las contribuciones sean voluntarias le secundan en silencio.

"Tememos que China que, oficialmente se presenta como facilitador, sea más bien un apoyo", indicó un negociador de la delegación británica.


Una táctica


Para los negociadores más optimistas, el bloqueo de India forma parte de una postura táctica y esperan que la próxima semana, cuando los ministros acudan a París a ultimar el acuerdo, los diplomáticos de Nueva Delhi cedan si se les asegura la financiación y parte del lenguaje que desean en transferencia tecnológica.

Hay quien va más allá y cree que el bloqueo se debe a un conflicto de "orgullo país" mal gestionado: países como Estados Unidos no han dejado de repetir en los últimos meses lo "cooperante" que estaba China para alcanzar un acuerdo internacional, frente a "lo problemática" que estaba siendo India.

"India se ha podido sentir herido como país porque no se haya reconocido su recorrido", indicó la ex secretaria de Estado española de cambio climático Teresa Ribera.

La realidad es que el mix energético de India es cada vez más limpio, y que, aunque el carbón es la fuente de energía más barata y abundante del país, es cada vez más caro y complicado de extraer.

"La mayoría de los bancos ven más potencial en financiar proyectos solares que nuevas plantas de carbón", aseguró un delegado de India en la cumbre, al tiempo que consideró que su país "no puede aceptar limitar duramente sus emisiones cuando todavía estamos tratando de alumbrar a gran parte de la población, el 20% de nuestros habitantes no tienen acceso a la electricidad".

Apuntó a que los países ricos son los principales responsables del cambio climático, y que aún hoy "un estadounidense medio emite 10 veces más al año que la media de un habitante en India".

"Si hablamos de responsabilidades justas, los compromisos de la UE y Estados Unidos son menos ambiciosos que los de mi país en función de cuánto han contribuido al problema", añadió.

La única manera de acercar posturas, por ahora -cuando ninguna delegación quiere ceder en sus líneas rojas- sería que los más ricos aporten fondos para ayudar a financiar el recorte de emisiones de los que están en desarrollo.

Las "diferencias en la negociación en estos momentos son sanas, no se está debatiendo en contra de nadie", dijo la secretaria de la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU (CMNUCC), Christiana Figueres, quien insistió en que "queremos un acuerdo con todo el mundo a bordo, nadie se va a quedar en el camino".

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Viernes, 04 Diciembre 2015 05:52

El porqué del fracaso del protocolo de Kioto

El porqué del fracaso del protocolo de Kioto

El Protocolo de Kioto, así como el sistema europeo de comercio de derechos de emisión, están en vigor desde 2005, pero el consumo de combustibles fósiles, en especial de carbón, ha aumentado en total. La razón de ello son los precios baratos para carbón, gas y petróleo debido, entre otras cosas, la explotación –problemática desde el punto de vista medioambiental– de fuentes de energía "no convencionales" procedentes de arenas bituminosas o mediante fracturación hidráulica.


El comercio de derechos de emisión y los otros dos mecanismos "flexibles" de Kyoto fueron una falacia desde el principio. En las negociaciones del Protocolo de Kioto de 1997 la Unión Europea se había pronunciado a favor de límites máximos claros para las emisiones, pero los EE.UU. y Japón se impusieron. Los principales partidarios del comercio de derechos de emisión fueron BP y Shell, dicho sea de paso.


No debemos olvidar que al final de las arduas negociaciones del Protocolo de Kyoto, el comercio de derechos de emisión fue visto como una solución transitoria que debería ser reemplazada a partir de 2020. Ahora se declara como única opción. Esto no debe quedar así.


La UE instaló, al mismo tiempo, un sistema parecido. Pero dado que se expidieron demasiados certificados a las empresas, el comercio de derechos de emisión no ha servido como incentivo para inversiones en tecnologías con emisiones menores o libres de emisiones de CO2. Así, los precios para una tonelada de CO2 deberían estar entre 20 y 30 euros. A mediados de noviembre de 2015 el precio está en 8 euros.


Pero lo que es aún peor: estudios para el año 2012 muestran que la mayor parte del comercio con certificados de emisión fue realizado por inversores financieros que comercian por motivos de ganancia. Estos inversoren sacan mayores beneficios en la compraventa si hay grandes fluctuaciones. Y no tienen un interés directo en la reducción de emisiones de CO2. El sistema, sin embargo, se basa precisamente en que no sólo haya precios bastante elevados, si no que éstos también sean estables y las empresas puedan planificar.


Los otros dos llamados "mecanismos flexibles" del Protocolo de Kioto permiten a los contaminadores en los países industriales liberarse de los esfuerzos en política climática invirtiendo en otros países del Norte Global o del Sur Global. A esto se le llama "aplicación conjunta" o "mecanismos de desarrollo limpio". De cara a los países en desarrollo esto es descaradamente imperial, porque los proyectos climáticos a menudo están en contra de los intereses de la población local. Es por ello que en muchos lugares han surgido resistencias locales. El investigador de política climática Achim Brunnengräber habla con mayor precisión de "comercio moderno de indulgencias", porque las empresas más ricas y poderosas del Norte pueden seguir contaminando gracias a que apoyan proyectos muchas veces dudosos en otras partes.


Lo último en política climática internacional, las "contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional" (en inglés INDC, a mediados de este mes todos conoceremos el término), es una nueva ronda de voluntariedad no vinculante. Lo que significa "voluntariedad" lo podemos ver actualmente en Alemania en el escándalo relacionado con Volkswagen.


Desde un punto de vista político no se trata de negociar eternamente límites máximos, si no de terminar con métodos de producción destructivos. Por eso hay que constatar: el comercio de derechos de emisión y los otros dos "mecanismos flexibles" cimientan con su lógica neoliberal el sistema económico basado en fuentes de energía fósiles (y nucleares). Las alternativas están siendo bloqueadas. Mientras en la política climática existan mecanismos flexibles y presuntamente conformes al mercado, estará asegurada ante todo una cosa: el poder de las empresas mineras, de los grupos energéticos e industriales así como de los gobiernos que los sostienen.


Una reforma fundamental de la economía energética y de la economía en general no debe ser sometida a los intereses de actores con poder de mercado. Los éxitos reales en política climática y contra el cambio climático como la ley de promoción de las energías renovables en Alemania fueron implementados contra la resistencia inicial de la industria.


El abandono de la energía del carbón actualmente en la agenda política en Alemania necesita un debate político concreto en Alemania. Por eso son importantes los debates críticos públicos y los movimientos locales de resistencia contra las iniciativas de fracturación hidráulica o la construcción de centrales térmicas de carbón. El movimiento Ende Gelände (Terreno Final) a favor del cese de la extracción y explotación de carbón se está perfilando como el sucesor legítimo del movimiento antinuclear.
Y existen muchas iniciativas que ya hoy viven un modelo de prosperidad diferente: abandonando el automovilismo, los alimentos procedentes de fábricas de carne y de la agricultura industrializada y otras muchas.


Se trata de reconstruir fundamentalmente el modelo de producción y el estilo de vida, se trata de una transformación social y ecológica. Que esta transformación no se haga a expensas de los débiles, si no que se piense en lo social y lo ecológico conjuntamente con las cuestiones de poder y de propiedad es el punto de inserción específico de la política progresista.


En el ámbito internacional esto significa ofrecer alternativas a medio plazo para los países cuyas economías se basan en la extracción y venta de petróleo, gas y carbón. Se trata por lo tanto de una economía mundial ecológica y solidaria.
Traducción del alemán: Olivia van Riesen.


El autor es catedrático de Política Internacional en la Universidad de Viena.

¿Por qué es tan difícil un acuerdo global contra el cambio climático?

Los líderes mundiales claman por un acuerdo ambicioso y a la altura de las circunstancias, pero las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses, economía global, corporaciones y lobbies en general.



PARÍS. - La Cumbre del Clima que reúne en París a los delegados de 195 países de todo el mundo arrancó el lunes con la impresionante comparecencia de 150 jefes de estado pidiendo acción contra el cambio climático y la necesidad de alcanzar un acuerdo global para mitigarlo. Se oyeron, entre otras, las demandas de Barack Obama y Xi Jinping, los presidentes de las dos economías más contaminantes del planeta. Pero también las de Vladimir Putin, Angela Merkel o Narendra Modi apelando a la necesidad de impulsar estas negociaciones que deben durar dos semanas.

Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) dijo en la ceremonia de inauguración que 2015 marca un cambio hacia una economía resiliente y baja en carbono, y que este cambio es ya irreversible.

"Este momento es realmente remarcable, pero el trabajo no ha terminado aún. Depende de ustedes capturar este progreso y diseñar un camino hacia adelante, con un destino claro, metas y un calendario para responder a las demandas de la ciencia y la urgencia del desafío" dijo en el plenario.

Pero una cosa son las buenas palabras y otra lo que de ellas quede finalmente. Si se va a alcanzar un acuerdo es todavía una incógnita ¿Por qué es tan difícil alcanzar un pacto?

Las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses de países, economía global, corporaciones y lobbies en general. Ponerse de acuerdo no es en absoluto sencillo. Para empezar, hay algunos países que han llegado a París sin los deberes hechos.

Cada uno de los 195 países que son parte CMNUCC debía presentar antes del 1 de octubre su contribución con los esfuerzos de reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático que cada país logrará para 2025 o 2030. Por ejemplo, la Unión Europea se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 40% en 2030 respecto a los niveles de 1990.

Aunque antes de que arrancara la cumbre este lunes un total de 181 países que representan más del 90% de las emisiones globales han presentado sus propuestas, hay un puñado de naciones que no lo han hecho. Algunas por falta de capacidad técnica, como es el caso de Panamá o Nepal, y otros como Cuba, Venezuela o Nicaragua por razones ideológicas. Estos países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas (ALBA), con una posición más radical en las negociaciones, se resisten a adoptar compromisos de reducción de emisiones argumentando que son los países con más emisiones históricas, es decir, los países desarrollados, quienes deben hacerlo. En el primer día de la COP21 anunciaron que el proceso basado en las contribuciones de reducción de emisiones está destinado al fracaso. "No queremos ser cómplices de llevar al mundo a 3 o 4 grados de calentamiento y a la muerte y destrucción que eso representa" ha dicho el negociador por Nicaragua.
Esto nos lleva a uno de los temas más complicados de esta y todas las cumbres: la diferenciación.

Dentro del lenguaje de Naciones Unidas, 'diferenciación' se refiere a decidir quién reduce más emisiones y quién empieza a hacerlo antes. En el Protocolo de Kioto era muy claro: los países listados en el Anexo I eran los desarrollados, y los únicos que debían reducir emisiones de forma vinculante.

El acuerdo de París pretende que todos los países del mundo contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, el hecho de la diferenciación desaparece.

Países parte del grupo de negociación BASIC, como China o India, entienden que la diferenciación es la clave del nuevo acuerdo de París, así no tendrán la responsabilidad de reducir las emisiones tan drásticamente. En el lado opuesto está la Unión Europea, que pide que el acuerdo tenga objetivos de reducción de emisiones para todos los países, aunque esta reducción puede ser menos importante para algunos países menos responsables. Y en medio la propuesta de Estados Unidos, que es la que siguen las contribuciones que se han presentado este año, es decir, cada uno decide lo que quiere reducir.

En su discurso inaugural, Barack Obama ha señalado precisamente este tema, subrayando: "Pongámonos objetivos que son para cada uno de nosotros y por cada uno de nosotros. Una estrategia que da a cada uno de nosotros la confianza de que todos estamos cumpliendo nuestros compromisos".


La forma legal del acuerdo


También hay opiniones muy dispares sobre la fórmula legal que debería tener el acuerdo. Aunque Naciones Unidas no tenga la capacidad de obligar a los países a tomar acuerdos ni de penalizarlos si no los cumplen, hay diferentes formas de entender el acuerdo por lo que se refiere a su definición legal.

La Unión Europea cree que el futuro acuerdo de París "debe estar en la forma de un protocolo con el fin de consolidar la voluntad política y proporcionar previsibilidad y durabilidad" y, por lo tanto, que sea de obligado cumplimiento.

En cambio, Estados Unidos pide que el acuerdo tenga 'fuerza legal', pero no que sea vinculante, ya que así evita que el Senado pueda no aceptar la propuesta de reducción de emisiones.


El post-acuerdo: finanzas y revisión


Si en algo están de acuerdo la mayoría de los países es el hecho que París no es el final del camino donde se cierra el acuerdo, sino que significa el inicio de un trabajo colectivo para implementar lo acordado y hacerlo cada vez más ambicioso.

Como dijo Xi Jinping, presidente de China, en el primer dia la COP: "La conferencia de París no es el objetivo final, es el punto de partida. Que París nos inspire para que cada nación contribuya en la medida de sus posibilidades."

Esto implica que los países considerados desarrollados deberían proveer financiación a los países menos desarrollados, para que estos puedan reducir sus emisiones y adaptarse mejor al cambio climático. Es sabido que un acuerdo sin financiamiento claro y con unas metas definidas será directamente rechazado por los países en vías de desarrollo, desde China hasta las islas del pacífico.

El acuerdo deberá ser revisado periódicamente para incrementar la ambición de los objetivos y compararlos con la ciencia más reciente. Es por esto que la Unión Europea pide que el acuerdo sea revisado con normas de cumplimiento muy claras y estrictas.

Para algunos países esta revisión es vista como un ataque a la soberanía nacional, y países como China e India tienen como líneas rojas la verificación de la reducción de sus emisiones y las revisiones de cumplimiento, especialmente si no hay financiación adicional para ayudarlos a cumplir con estos requerimientos.


Llegar a un acuerdo


En definitiva, hay muchos detalles que forman parte del mismo proceso de Naciones Unidas que hacen difícil el proceso de toma de negociaciones. Los acuerdos que se tomen deben incluir muchas formas diferentes de entender el mundo, realidades sociales distintas, y todo debe decidirse por consenso.

Además de los intereses de los países, debemos sumar al proceso de negociación la influencia de todos los observadores de las negociaciones, que se reúnen continuamente con los delegados. Desde ONGs, sociedad civil, industrias, empresas... todos tratan de influenciar en su favor las negociaciones, desplegando su poder económico y mediático dentro y fuera de la conferencia.

Quedan casi dos semanas enteras de discusiones muy técnicas sobre palabras, comas y puntos del texto que debería ayudar al mundo a frenar el cambio climático. Como expresó Laurent Fabius, el ministro de exteriores francés: "Lo que nos jugamos es demasiado, la amenaza del cambio climático es demasiado grande para nosotros como para estar contentos con un acuerdo minimalista."

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Lunes, 30 Noviembre 2015 06:48

Abre la cumbre del termostato

Abre la cumbre del termostato

Ciento cincuenta líderes de Estados abrirán hoy las deliberaciones por el compromiso mundial para el cambio climático. Aunque se producen cambios, las expectativas de modificar la actual tendencia son escasas. Oficialmente cierra el 11 de diciembre.

Ciento cincuenta jefes de gobierno de todo el mundo tomarán la palabra hoy en el inicio de la Cumbre del Clima en París, entre ellos el anfitrión François Hollande, Barack Obama (Estados Unidos), Xi Jinping (China), Narendra Modi (India) y Vladimir Putin (Rusia). Protegidos por 2800 policías y gendarmes, los participantes en la COP21 intentarán sellar un acuerdo mundial para limitar a dos grados la subida del termostato respecto de la era preindustrial. De no ser así, los climatólogos predicen el agravamiento de fenómenos que ya son visibles, como el derretimiento de los glaciares o la desaparición de especies.


Los negociadores de 195 países iniciaron ayer las discusiones de la conferencia del clima, observando un minuto de silencio por las 130 víctimas de los ataques del 13 noviembre. El cónclave que busca un acuerdo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durará hasta el 11 de diciembre. La cita puede servir también para otros encuentros bilaterales en un mundo con conflictos abiertos, empezando por la amenaza jihadista en Siria e Irak, que provocó esta semana un serio incidente entre dos teóricos aliados, Moscú y Ankara.


Proveniente de Washington, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó a París con la esperanza de alcanzar un acuerdo para frenar el cambio climático. "Soy optimista en cuanto a lo que podamos realizar, porque vi a Estados Unidos hacer progresos increíbles estos últimos siete años", escribió en su página de Facebook. "La cumbre es la oportunidad de ser solidario con nuestro aliado más antiguo, tan sólo dos semanas después de los ataques salvajes cometidos allá", añadió.


Hasta los bancos se dan cuenta de que el cambio climático "empezará a ser inquietante si no se anticipa", afirmó Pierre Forestier, de la Agencia Francesa de Desarrollo, para quien "desde hace dos o tres años hay una verdadera tendencia a la desinversión", no sólo motivada por un interés de marketing de dar una imagen ecológica sino que está "basada a la vez en una noción de riesgo y en una noción de oportunidades de posicionamiento comercial y de ventaja comparativa en el futuro". Aun la agencia de calificación norteamericana Standard and Poor's incluye ahora el riesgo clima en sus elementos de valoración.


Las ONG Corporate Knights, 350.org y South Pole Group lanzaron un simulador de resultados. Para 13 de las 14 empresas participantes se demostró que si hace tres años hubiesen decidido desinvertir, habrían obtenido 22 mil millones de dólares de rendimiento suplementario.


El acuerdo de París, de alcanzarse, entraría en vigor en 2020. "Las condiciones para que sea un éxito están reunidas, pero no está ganado de antemano", advirtió Laurent Fabius, que se mostró "cauto y activo". En tanto, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo ser "optimista". Cuando los mandatarios abandonen París, los negociadores tendrán hasta el sábado para entregar un texto de compromiso. A partir del lunes 7 empieza la recta final, con los ministros de cada país directamente involucrados en las negociaciones, que se cierran oficialmente el viernes 11.


Enfrentamientos durante la marcha por el clima en París

Afp, Ap y Dpa


Al grito de: ¡no nos quitarán el derecho a manifestar!, cientos de personas se enfrentaron este domingo a la policía en la Plaza de la República de esta capital para denunciar el estado de emergencia climática y presionar a los líderes del mundo que este lunes arrancan la 21 Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21).


En desafío al estado de excepción que rige en Francia desde los atentados perpetrados por el Estado Islámico el 13 de noviembre, un grupo de encapuchados lanzó piedras y otros objetos durante los enfrentamientos con la policía, mientras los uniformados respondieron con gas lacrimógeno y granadas aturdidoras.


Algunos de los objetos lanzados eran botellas y velas que procedían del memorial de las víctimas de los ataques yihadistas de enero y noviembre a los pies de la estatua de la República.


Fue un poco violenta pero se controló perfectamente, declaró el jefe de la policía, Michel Corot, quien aseguró que detuvieron a más de 200 personas, aunque sólo 174 quedaron en arresto provisional.


Horas antes, miles de activistas participaron sin incidentes en una cadena humana convocada por el colectivo Alternativa y la asociación Attac para protestar por la anulada Marcha Global del Clima en París, que enlazó los alrededores de la Plaza de la República con la Plaza de la Nación, a lo largo del bulevar Voltaire, y que se interrumpió a la altura de la sala de conciertos Bataclan, en señal de respeto a las víctimas de los ataques.


La ONG Avaaz organizó una marcha simbólica con zapatos en la Plaza de la República. En una semana lograron recolectar 13 mil pares, uno del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y otro del papa Francisco.
Los zapatos marchan por quienes no están aquí, explicó Fleury Girard, voluntario de Avaaz, en referencia tanto a la marcha prohibida como a las víctimas de los atentados yihadistas de París.


En tanto, el presidente de Francia, François Hollande, calificó en Bruselas de escandalosa la movilización en la capital francesa al afirmar que había elementos perturbadores que nada tienen que ver con los defensores del ambiente y que "solamente están in situ para perturbar".

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Domingo, 29 Noviembre 2015 05:46

La última chance, en París

La última chance, en París

Después de Kioto en 1997 y Copenhague en 2009, muchos ven la COP 21 como la oportunidad final de hacer algo por el planeta, crear un protocolo mundial vinculante y darle un rol serio a la ONU. La resistencia de las potencias industriales.


"¿Podemos aún salvar el planeta?" La pregunta, a toda página, la formula la ultima edición del vespertino Le Monde en vísperas del inicio de la conferencia mundial sobre el clima, la COP 21, que se celebra en Francia entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre. Los 195 jefes de Estado pertenecientes a los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) buscarán en París un acrobático acuerdo para disminuir las emisiones de efecto invernadero que destruyen al planeta. Nada parece más difícil, ni más hipotético. Varios frentes se cruzan en esta mega cumbre: los países en vías de desarrollo y los emergentes se confrontan a las grandes potencias contaminantes (Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia). Y las potencias entre sí se confrontan en torno del carácter vinculante o no de las decisiones que se adopten en París.


Ya antes que una batalla entre potencias sucias y promotores de la salvación de lo que nos queda de planeta, la cumbre se convirtió en una pugna entre la sociedad civil y el Estado francés. Los atentados terroristas de 13 de noviembre –130 muertos, 350 heridos– condujeron a la adopción del Estado de Emergencia, una medida que prohíbe muchas cosas, sobre todo las manifestaciones, y le otorga a los organismos de seguridad derechos astronómicos y sin control. Los imperativos de seguridad llevaron a que se anule la mega manifestación prevista para este domingo 29 de noviembre y que, también, se prohíba todo tipo de manifestaciones. Esto ha dejado afuera a la sociedad civil que pensaba marcar su postura en las calles. El ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, admitió también que 24 militantes ecologistas considerados "activistas peligrosos" se encuentren actualmente bajo arresto domiciliario. El lector apreciará el abuso implícito en la forma de hacer pasar a un militante ecologista con el mismo perfil de peligrosidad que un terrorista asesino.


Sin dudas, el Estado francés quiere evitar que se repitan los graves accidentes que marcaron la cumbre sobre el clima que se llevó a cabo en Copenhague en 2009, cuando decenas de miles de personas se opusieron con furia al escandaloso espectáculo que dio la comunidad internacional. Se habían reunido para salvar al planeta y lo único que hicieron los países industrializados fue salvar sus intereses, es decir, no aprobar ningún texto vinculante, ni la más mínima medida o programa de protección. De hecho, la COP 21 de París retoma los trabajos allí donde los dejó Copenhague. Las potencias, principalmente Estados Unidos y China, habían logrado dejar afuera a las Naciones Unidas. Entre 2009 y 2015 lo que se logró es que le ONU recobrara su papel preponderante en este ciclo.


El fantasma de Kioto


El objeto central de la COP 21 consiste en reemplazar al difunto protocolo de Kioto para empezar a aplicar uno nuevo a partir de 2020. El protocolo de Kioto, firmado en 1997, había fijado los objetivos que debían cumplir los países desarrollados para reducir la emisión de gases contaminantes. Kioto fue un fracaso y un éxito. Fracaso porque sólo 37 Estados del mundo aceptaron las medidas vinculantes. Las grandes potencias emisoras de gases, Estados Unidos y China por ejemplo, no lo aplicaron –Estados Unidos ni siquiera lo ratificó–. El éxito está en que allí donde se llevó a la práctica al pie de la letra, el protocolo de Kioto superó la meta inicial del 5 por ciento y la reducción de gases alcanzó el 22 por ciento. Sin embargo, el fracaso volvió a cerrar el camino de la salvación. Como las potencias mundiales no lo aplicaron, la emisión de gases se incrementó en 24 por ciento entre el 2000 y el 2010.


París es entonces un momento clave. Para muchos, la COP 21 es considerada como "la última oportunidad" de hacer algo realmente serio por el planeta. "En el cambio climático se juega el destino de la humanidad ", dice Christiana Figueres, la secretaria ejecutiva de la ONU a cargo del cambio climático. "París 2015 es una fecha casi fatal", repiten a coro responsables de toda índole. Lejos de generar un consenso para preservar la humanidad, el cambio climático es objeto de una guerra interna en el capitalismo donde se combaten dos visiones: una, industrial, liberal y mercantilista pone en tela de juicio la realidad del cambio climático, otra, algo más global y responsable, pone el acento en la destrucción que el aumento de la temperatura acarrea en la tierra. Dentro de ese antagonismo entra otro: el que opone a los países más industrializados responsables supremos del calentamiento global y de las emisiones de gases de efecto invernadero, con los países menos desarrollados, a quienes se les exige un esfuerzo similar al de las potencias contaminantes con escasas compensaciones.


La intención, en París, es que los 195 países firmantes implementen medidas para atenuar las emisiones de gases contaminantes y fijen un marco para la próxima gran conferencia del clima que se llevará a cabo en 2020, con la cual se reemplazará definitivamente el protocolo de Kioto. Como se puede apreciar, el mundo juega con la seguridad climática como con una bomba de tiempo. Varios organismos internacionales ya consideran que París y sus acciones preparatorias llega demasiado tarde. Un estudio elaborado por el Climate Action Tracker (CAT, organización científica independiente con sede en Londres), advierte que los planes de acción climática presentados hasta ahora por los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático no evitarían que el calentamiento global del planeta llegue a los 2, 7º C. En la capital francesa se busca que, a finales del siglo, la temperatura global no sobrepase los dos grados. Con lo cual, la cruzada a favor de una temperatura salvadora está perdida. Los científicos del IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático, un organismo dependiente de la ONU) alegan que si se continua con el ritmo actual, la temperatura global ascenderá entre 3,7 y 4,8 grados en el ano 2100.


La diferencia entre la cumbre COP 21 y el protocolo de Kioto radica en que no se obligará a que los países reduzcan de manera obligada sus emisiones de CO2. El esquema que se ha presentado es el voluntario, es decir, cada país presenta sus propios compromisos. 170 naciones del mundo adelantaron hasta ahora sus propuestas. La ONU calcula que las llamadas "medidas voluntarias" fijadas para el horizonte 2025-2030 elevarán la temperatura a un pico de 2,7 grados. De todas formas, todos son conscientes de que, hasta 2030, la temperatura no disminuirá.


El gran salto al vacío de la COP 21 está en el carácter vinculante del acuerdo. La Unión Europea pugna por un texto que, al menos, tenga capítulos vinculantes. Estados Unidos pone trabas, sobre todo legislativas. Es altamente probable que el Congreso y el Senado norteamericano rechacen cualquier tratado vinculante. El carácter vinculatorio del tratado es el objeto de todas las controversia. Muchos países pueden hacer fracasar la cumbre al negarse a firmarlo. Y no es todo. El otro contenido polémico son las medidas de compensación destinadas a los países más pobres que deben adaptarse al cambio climático.

Desde 2020 comenzará a funcionar el llamado Fondo Verde del clima. Dotado de 100.000 millones de dólares, el Fondo compensará lo que ciertos países pierden al adaptarse a la tragedia climática. Esto es, en si, un absurdo, porque numerosos países en vías de desarrollo sufren ya de manera drástica los estragos del clima destruido por el club de potencias contaminantes. Como decía un indígena Papúa invitado a Francia, Mundlya Kepanga, "si se sigue destruyendo la naturaleza, todo esto existirá sólo en sus museos".

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Los dos ejes de la comprensión de los sistemas vivos

La literatura, en toda la extensión de la palabra, no es otra cosa que el esfuerzo por verbalizar, comprender y explicar el mundo humano, que no es, al cabo, sino la expresión más inmediata del universo de los sistemas vivos.



Sin la menor duda, uno de los últimos problemas en ciencia como en la vida es el de la comprensión y explicación de los sistemas vivos. Pues bien, cabe destacar dos polos de trabajo, investigación, esfuerzo, de este problema. El primer eje es la biología.


Originada a partir de la obra de Darwin de 1859 —el Origen de las especies por medio de la selección natural—, la biología comprende inicialmente dos capítulos: la zoología y la botánica. Durante cerca de cincuenta años la biología no será otra cosa.
Sin embargo, en el curso del siglo XX, ésta se complejiza y comprende, además de los dos campos ya mencionados, la biología celular, la biología marina, la ecología, la fisiología, la genética y la histología. Esta es, digamos, la biología normal (kuhnianamente hablando). Ello, no obstante, la biología se ha desarrollado ampliamente en años recientes, y llega a abarcar, además de las áreas mencionadas, la malacología (el estudio de los moluscos), la mastozoología (el estudio de los mamíferos), la ictiología (el estudio de peces), la herpetología (el estudio de los reptiles), la ornitología, la entomología, la ficología (el estudio de las algas), la pteribiología (el estudio de helechos y afines), la protozoología, la bacteriología y la virología.


Y ello para no mencionar algún desarrollo vinculado con la astronomía y la cosmología, como la exobiología, esto es, la búsqueda de vida en el espacio exterior, un área estrechamente vinculada a los programas SETI (búsqueda de inteligencia extraterrestre) y la terraformación.


Más recientemente, la mejor comprensión de la biología se conoce como biología de sistemas. O bien, dicho en otros términos, pero de forma equivalente, se trata del enfoque Eco–Evo–Devo, y que quiere significar: la ecología evolutiva del desarrollo.
Como se aprecia, la biología ha ganado en muchas áreas o campos en un espacio que abarca, a la fecha, bastante menos de doscientos años. Con esas áreas, el espectro de comprensión de la vida se ha enriquecido y ampliado al mismo tiempo, y todo ello con una idea de base, a saber: la teoría que funda a la biología es la teoría de la evolución, la cual puede ser entendida en un dúplice sentido, así:


De un lado, es el hecho de que todo en biología tiene sentido a partir de la evolución y nada tiene sentido sin ella. Al mismo tiempo, de otra parte, la teoría de la evolución es, propiamente dicho, una teoría del cambio de los sistemas vivos. En un espectro más amplio, por ejemplo, el de la filosofía de la ciencia, la teoría de la evolución es una de las dos teorías más sólidas y robustas en toda la historia de la humanidad. (La otra es la teoría cuántica).


El otro polo en la comprensión de los sistemas vivos tiene sentido a partir del hecho de que, para los seres humanos, la experiencia más inmediata de la vida y de los sistemas vivos son ellos mismos, esto es, los propios seres humanos. Pues bien, el segundo polo puede ser entendido como el esfuerzo por comprender la condición humana. Ahora bien, ningún área es mejor y más propicia para entender la condición humana que la literatura.


La literatura es, de lejos, la mejor de las formas como logramos entender a los seres humanos. Nombres tan diversos como Shakespeare o Dostoievski, Tolstoi o Murasaki Shikibu, Durrell o Rulfo, Longus o Musil, entre muchos otros, tienen la grandeza de permitirnos alcanzar mejores luces sobre el corazón humano y sus avatares.


Bien entendida, la literatura no sabe de géneros. Éstos son el resultado de clasificaciones —usualmente artificiosas— de orden reciente. Así, por ejemplo, la novela y el cuento, o la propia literatura y la poesía. En la antigüedad y durante mucho tiempo no existía la división de géneros literarios, y acaso la forma más básica, era tan sólo la distinción entre prosa y verso.


La literatura, en toda la extensión de la palabra, no es otra cosa que el esfuerzo por verbalizar, comprender y explicar el mundo humano, que no es, al cabo, sino la expresión más inmediata del universo de los sistemas vivos.


En este sentido, saber narrar (story-telling) es, de todas, la experiencia humana fundamental constitutiva de grupo, comunidad o mundo. Desde cuando nos sentábamos, allá en el paleolítico, alrededor del fuego a escuchar las historias de los mayores, hasta cuando cada quien comparte las tribulaciones de un personaje en la intimidad del libro, físico o digital.


Incluso los científicos olvidan que lo verdaderamente determinante no son las ecuaciones ni las fórmulas, los argumentos ni las demostraciones de cualquier tipo. Desde el punto de vista cultural, social e histórico, lo que queda de la ciencia es el relato, la historia, el cuento. Y es la apropiación de ese relato lo que hace de la ciencia una realidad social y cultural. Gracias a un buen relato la gente llega a comprender la ciencia y apropiársela. Pero si ello es así, el científico se orienta entonces hacia la literatura, como al espacio en el que la ciencia se hace realidad cultural para cada quien.


Pues bien, entre ambos polos, entre la biología y la literatura, se sitúan en algún lugar intermedio, las ciencias sociales y las humanas, dos expresiones de origen decimonónico (y al cabo, arcaicas). Como bien lo decía, en otro contexto y lugar, R. Merton, todas las teorías de las ciencias sociales y humanas no son más que "teorías de rango medio"; una expresión refinada para significar que son simplemente teorías imperfectas e imprecisas, provisorias y artificiosas.


Biología y literatura: dos caras de una misma moneda, cuyas fases son los sistemas vivos en general, o la comprensión de la experiencia humana. Dos formas de señalar a uno de los últimos problemas de la ciencia y el conocimiento.