Sábado, 14 Noviembre 2015 06:58

Crónica de un desastre climático anunciado

Crónica de un desastre climático anunciado

El cambio climático existe y es grave. Cifras más o menos, todos los análisis convergen: para evitar que el planeta se siga calentando con impactos devastadores urge reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), consecuencia del sistema de producción y consumo con combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón. Los rubros que más GEI emiten son extracción y generación de energía, sistema alimentario agro-industrial –incluida deforestación y cambio de uso de suelo–, construcción y transportes.


Sin embargo, las reducciones necesarias y cómo garantizar que los principales responsables (países y empresas) dejen de contaminar el clima de todos y minar el futuro de nuestras hijas e hijos, no está en la agenda del próximo encuentro mundial sobre el clima que se realizará en París el próximo diciembre.


En su lugar, la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) que se reunirá las dos primeras semanas de diciembre prevé condonar un sistema de acciones voluntarias, llamadas contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (CPDN o INDC, por sus siglas en inglés) sin compromisos vinculantes ni real supervisión internacional, legitimando nuevas falsas soluciones y peligrosas tecnologías. De paso terminarán de enterrar el proceso multilateral de negociaciones para enfrentar esta crisis global.


El precedente de este próximo acuerdo-no acuerdo (se trata de legalizar que cada país haga lo que quiera) fue el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional vinculante que estableció que los principales países emisores, responsables de la mayoría de GEI, redujeran en 5 por ciento sus emisiones por debajo del nivel de 1990. El total de emisiones era entonces 38 giga toneladas equivalentes de dióxido de carbono anuales (equivalentes porque hay otros gases de efecto invernadero). Estados Unidos, principal emisor histórico y segundo actual, nunca firmó el Protocolo de Kyoto y siguió aumentando sus emisiones. Al 2010, las emisiones globales, en lugar de bajar, habían aumentado a 50 giga toneladas anuales. En ese año, China pasó a ser el primer emisor, ahora con 23 por ciento del total, seguido de Estados Unidos (EU) con 15.5 por ciento. Pero acumulado, EU es responsable de 27 por ciento de emisiones desde 1850. Con 5 por ciento de la población mundial, usa 25 por ciento de la energía global y sus emisiones de GEI per cápita son más de mil 100 toneladas por persona mientras en China son de 85 toneladas por persona. Cabe notar que el desarrollo actual de China sigue el mismo modelo destructivo de producción y consumo industrial, con crecientes brechas de desigualdad interna.


Esta nueva realidad de emisiones de países emergentes afirmó a los principales emisores históricos a exigir que todos debían reducir –aunque ellos no lo habían hecho nunca. Bloquearon una nueva etapa del Protocolo de Kyoto y aprovecharon para minar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que había sido un pilar de la CMNUCC.


Para la COP 21, por primera vez cada país debe entregar a la Convención su plan de contribuciones previstas, y como son determinadas a nivel nacional, el secretariado se limita a contabilizar lo que significan. A fin de octubre 2015, se habían entregado las contribuciones previstas de 146 países. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, esos planes se traducen en un aumento de 3 a 3.5 grados en el promedio global al 2100, casi el doble del límite oficial acordado de máximo 2 grados y mucho más de 1.5 grados que los estados insulares, la mayoría de países del Sur y organizaciones de la sociedad civil consideran máximo aceptable para no morir bajo las aguas, sufrir violentos huracanes, sequías y hambrunas.


Las medidas propuestas por los grandes emisores históricos son altamente insuficientes, incluso en términos formales. Un análisis de organizaciones ambientalistas, sindicales y sociales, aplicando un criterio de contribuciones justas por país (tomando en cuenta responsabilidad histórica y capacidad de hacer reducciones según nivel económico actual debido a la industrialización que provocó las emisiones) muestra que Estados Unidos, Japón y Europa ni siquiera llegan a 20 por ciento de lo que deberían reducir. Por el contrario, los países más pobres, contribuyen más de lo que nunca causaron y algunos países emergentes (China, India) proponen mucho más que su justa parte per cápita. (civilsocietyreview.org).


Es una perspectiva reveladora, pese a que no toma en cuenta otro aspecto fundamental: cómo se componen esas contribuciones que harían los países. Porque además de insuficientes, la mayor parte de sus contribuciones se basan no en reducir emisiones, sino en compensarlas con mercados de carbono, con técnicas de geoingeniería como captura y almacenamiento de carbono (CCS) con mal llamada bioenergía que devasta ecosistemas y compite con producción de alimentos, y con programas perversos contra comunidades campesinas e indígenas, como la agricultura climáticamente inteligente y REDD+para bosques.


Además de anunciarnos que aumentarán las emisiones, las medidas propuestas van contra las comunidades y movimientos que tienen alternativas reales, viables y posibles para salir de la crisis. La COP21 se dirige a consolidar un crimen histórico. Pero no será sin denuncia y resistencia desde abajo.


Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC

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Miércoles, 11 Noviembre 2015 06:12

Capital natural: una metáfora peligrosa

Capital natural: una metáfora peligrosa

Desde hace dos décadas avanza la idea perniciosa de que la naturaleza es una reserva de activos que producen servicios ambientales y de que a ese reservorio se le puede denominar capital natural. Los promotores de esta idea sostienen que esta es la forma de lograr que las empresas y los gobiernos valoren de manera adecuada a la naturaleza y comiencen a cuidarla en lugar de destruirla.


La idea de que la naturaleza entera, sus ecosistemas y componentes pueden ser equiparados al capital está basada en una profunda ignorancia de la teoría económica. Eso no deja de ser irónico, porque los animadores del capital natural quieren vestir de un ropaje técnico un discurso que conduce simple y llanamente a la mercantilización de la naturaleza.


Esta noción de capital natural ha sido adoptada por muchos organismos oficiales y no gubernamentales en el mundo. En México la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) piensa que el capital natural comprende el conjunto de ecosistemas de nuestro país y los organismos que éstos contienen, ya que por medio de sus procesos naturales generan bienes y servicios ambientales indispensables para la sobrevivencia y el bienestar social y el mantenimiento de la vida como la conocemos (biodiversidad.gob.mx).


Esto no es una definición, así que Conabio pasa a informarnos que ese capital natural es comparable a los capitales clásicos (financiero, de infraestructura, etc.) de un país y que constituye el entramado necesario para mantener la actividad productiva generada por los otros capitales.


Los promotores de la idea de capital natural ignoran todo sobre el concepto de capital. En especial, parecen no saber que el concepto de capital en teoría económica ha sido objeto de controversias desde el nacimiento de esta disciplina. En el siglo pasado la polémica más importante en teoría económica fue precisamente sobre el concepto de capital. El debate es conocido como las controversias de Cambridge sobre teoría del capital, y giró alrededor de una simple pregunta: ¿qué es ese factor de producción que se denomina capital en la teoría económica neoclásica? Y esa interrogante se desdobla en otra pregunta: ¿el capital es un conjunto de máquinas y medios de producción (físicos y heterogéneos) o es un fondo financiero?


Vale la pena sintetizar los términos del debate. Supongamos que el capital está compuesto de un conjunto de máquinas, edificios, herramientas, vehículos, etc. ¿Qué tienen en común estos objetos heterogéneos? Pues que cada uno tiene un precio. Y eso es lo que los autores neoclásicos y tanto aficionado a la economía utilizan para agregar los medios de producción y hablar de capital.


Pero ese proceder adolece de una circularidad fatal. El precio de los medios de producción, por ejemplo, de una máquina, depende de la ganancia que se espera obtener de ellos. Ahora bien, la tasa de ganancia no es otra cosa que el cociente que se obtiene dividiendo la ganancia por el precio de la máquina. Es decir, la tasa de ganancia sólo puede conocerse a través de la agregación (vía los precios) de los medios de producción. Pero esos precios dependen a su vez de la tasa de ganancia. Y en una economía en la que todos los medios de producción son mercancías producidas, el movimiento de precios trae aparejado un sistema caótico en el que no se puede decir nada sobre la cantidad de capital y sobre los procesos de mercado.


Para la teoría económica neoclásica esto implica un desastre porque desaparece la posibilidad de medir la intensidad de capital en función de la tasa de ganancia (o la tasa de interés). El movimiento de precios hace imposible la medición del capital: la agregación de los medios de producción a través de sus precios es una quimera. Vale decir que los sacerdotes supremos en el templo de la teoría neoclásica, con Samuelson a la cabeza, aceptaron este resultado.


¿Qué implicaciones tiene esto para la noción de capital natural? Para empezar habría que abandonar la idea de que el capital natural es comparable a los capitales clásicos. Como hemos visto, esos capitales no pueden ser objeto de una medición unívoca en la teoría económica. Así que la idea medular de la noción de capital natural carece de sentido.


Hablar de capital natural evoca también un proceso de apropiación y mercantilización aunque los componentes de los ecosistemas no hayan sido producidos para ser vendidos en el mercado y que por eso no tengan un precio. Hoy prolifera una rama de actividad pseudo-científica que consiste en examinar cómo se le puede poner precio a todo lo que hay en la naturaleza. Es el primer paso para crear mercados en los que los ecosistemas y sus componentes serán objeto de transacciones mercantiles. Hay que recordar que la polémica sobre la teoría del capital también demostró que el mercado de capital es caótico.


La noción de capital natural no es más que una metáfora peligrosa y no responde a ningún criterio científico o a un imperativo técnico. Pero cuidado, las metáforas tienen una extraña tendencia a adquirir vida propia.
Twitter: @anadaloficial

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Martes, 10 Noviembre 2015 05:46

El clima de París se calienta

El clima de París se calienta

"El cambio climático lo tenemos ya aquí. Eso no se puede negar. Y lo que está claro es que el ser humano ha provocado ese cambio ambiental y eso está afectando al bienestar de las personas y pone en peligro la viabilidad del sistema. Ésta es una crisis multidimensional: ambiental, social y económica", señala el investigador Iñaki Arto, del Basque Centre for Cli¬mate Change, que estudia causas y consecuencias del cambio climático.


Entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre se celebra en París la Cumbre Internacional sobre el Cam¬bio Climático, COP21 (21 Confe¬ren¬cia de las Partes). En este encuentro se pretende sustituir el protocolo de Kioto (1997) por otro vinculante en el que los países participantes se comprometan a poner freno a las emisiones contaminantes. También como novedad, se quiere conseguir que los compromisos adquiridos sean evaluables cada cinco años. Sin embargo, la propia responsable de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Christiana Figue¬res, ya anunció a finales de octubre que los compromisos voluntarios presentados por 147 países (la UE cuenta como un Estado), de los196 que está previsto que participen en esta cumbre del clima, no son suficientes. Las emisiones van a seguir creciendo.


El peligro de superar 2 grados


Los científicos ya fijaron que no se debía sobrepasar una subida de dos grados a finales de este siglo, como umbral de seguridad para el planeta. Pero las emisiones ya son tan elevadas que el cambio climático no se puede parar. "Sus impactos ya los estamos viendo", ha reconocido Figue¬res, y ha añadido que "no vamos a solucionarlo", pero que es necesario controlar situaciones peores.


La ONU asume el cálculo de la Agen¬cia Internacional de la Energía, que sostiene que en 2100 la subida de la temperatura media del planeta será de 2,7 ºC si no se reducen las emisiones a partir de 2030. "Se estableció en el Panel Intergu¬berna¬mental para el Cambio Climá¬tico (IPCC) que el límite de dos grados era considerado el punto de no retorno, porque a partir de dos grados, hiciéramos lo que hiciéramos, se fundirían los glaciares, se dispararían los índices de metano, etc. Y si ahora se pretende que sean 2,7 grados, el punto de no retorno ya sería superado", dice Jonathan Gómez Cantero, climatólogo, experto en riesgos naturales y revisor del Quinto Informe de Evaluación del IPCC de la ONU. Sin embargo, Figueres se muestra optimista y señala que en 2030 muchos países habrán alcanzado los objetivos fijando como horizonte los 2,7 grados.


Las organizaciones ambientales acusan a la ONU de no reconocer la gravedad de la situación, señalan que el incremento a finales de siglo puede superar incluso los tres y cuatro grados de media, y afirman que la Cumbre de París se está preparando como "un acuerdo de mínimos".


"No estamos dispuestos a falsos acuerdos otra vez", declara a Diago¬nal el portavoz de Cambio Climático de la federación Ecologistas en Ac¬ción, Javier Andaluz. Insiste en que los acuerdos voluntarios que presentaron los países a finales de octubre suponen sobrepasar los 2 ºC, tope de seguridad, e incrementar las emisiones entre un 37% y un 50% en 2030, y entre un 40% y un 70% en 2050, con respecto a 1990. "Esto significa que en menos de 15 años sobrepasaremos las cantidades de emisiones contaminantes máximas para mantenernos dentro del margen de seguridad [subida de 2 ºC]", afirman desde Ecologistas en Acción. Andaluz sostiene que la subida de las temperaturas recomendada de dos grados es una media global, "pero en el caso de España y todo el arco mediterráneo podríamos estar hablando de una subida de tempe¬raturas mayor, que podría ser de cuatro, cinco, seis grados o más".


Patrones comunes


La responsable de Energía y Clima de Greenpeace, Tatiana Nuño, señala: "El problema de los compromisos de los 147 países presentando recientemente es que no existe un patrón común y muchos se han fijado compromisos de reducción de emisiones respecto a 2005, otros respecto a 2007, y con proyecciones unos a 2025, otros a 2030, 2050...". Por ello explica que es necesario que la cumbre de París fije "patrones comunes y vinculantes para saber cuánto van a subir las temperaturas".

También admite que hay estudios "más pesimistas", de organizaciones como la Carbon Tracker, que documentan una subida de la temperatura a finales de 2100 de cinco grados, e incluso otros mantienen que será de ocho grados. Desde Greenpeace se insiste en que es necesario salir de París con "el compromiso de todos los países de acabar con la quema de combustibles fósiles en 2050".


Con respecto a Kioto, el presidente de EE UU, hasta hace poco el país más contaminante, se pronunció hace dos meses sobre el cambio climático: "No tenemos otro planeta, no hay plan B". Y en agosto aprobó el llamado Plan de Energía Limpia, que pretende que EE UU reduzca las emisiones de dióxido de carbono de sus plantas energéticas de carbón en un 32% para 2030 respecto a los niveles de 2005. Según datos del Banco Mundial, hasta 2011 EE UU era el país más contaminante de CO2 con emisiones de 17 toneladas métricas per cápita, el 19% mundial, superado en 2009 por China, ahora en el primer puesto, con unas emisiones per cápita de 6,7 toneladas, el 22% mundial. Brasil emite 2,2 toneladas per cápita, Alemania 8,9, Francia 7,1 y España 5,8, entre otros.


Por otro lado, China, líder del grupo de los 77, que reúne a los países emergentes, ha declarado que tiene como objetivo alcanzar su pico de emisiones de dióxido de carbono en 2030. Las emisiones de Chi¬na provienen en parte de empresas internacionales instaladas en su territorio. El año pasado China consiguió reducir sus emisiones de carbón.


Efectos del cambio climático


Los efectos sobre el cambio climático ya se dejan sentir en todos los países. "Este verano, en el hemisferio norte, según los datos astronómicos, será el sexto mes de junio más cálido desde 1961. Julio se convirtió en un mes extremadamente cálido, con 2,5 ºC por encima de la media, el más cálido de la serie histórica, es decir, desde que se tienen registros", afirma Gómez Cantero. Además, fenómenos como el huracán El Niño se prevén cada vez más agresivos. "En el hemisferio sur, y cuando entre el verano [22 de diciembre], la costa pacífica sudamericana se prepara para un fenómeno de El Niño muy fuerte", señala el climatólogo. El huracán de 2015 está considerado como el peor de los últimos 60 años.


Pero no sólo es el clima. Las especies están sufriendo también los efectos del cambio climático. El informe The Living Planet Report 2014 constata que la mitad de la fauna salvaje ha desaparecido en los últimos 40 años. Otro informe, publicado en la revista Sciencie Advances, señala que en total 617 especies han de¬saparecido a causa de la acción del hombre, y eso incluye el actual "consumo humano insostenible", señala. De entre esas especies, los científicos han estudiado la pérdida de anfibios a causa de la quitridiomicosis, una enfermedad infecciosa producida por el hongo B. dendrobatidis que está diezmando las poblaciones de anfibios. Los inviernos más cortos y menos fríos favorecen el aumento de la humedad en la época de cría, y el aumento de los días cálidos durante metamorfosis favorece la enfermedad. Se sabe que más de un tercio de las casi 7.000 especies de anfibios conocidas del planeta están amenazadas, y de momento más de 250 especies se consideran ya completamente extinguidas en la naturaleza.


También el cambio climático afecta a la adaptación de especies invasoras, como la hormiga argentina, que "estaba presente en las zonas del Mediterráneo y no entraba en la península porque era una zona más fría. Ahora la tienes en toda la geografía española", señala Fernan-do Valla¬dares, biólogo e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Además, Valladares apunta que la fenología (estudio de los factores climáticos y los ciclos de los seres vivos) cuenta con muchos informes que apuntan al cambio climático: "Sobre las aves migratorias, cuando llegan y cuando salen, sobre la floración o la fructificación de las plantas. Son miles de evidencias que señalan que los ciclos se están adelantando. Hay miles de estudios. O los problemas de polinización de algunas especies, porque el polinizador no responde igual al cambio climático que las plantas".

Fenómenos naturales extremos


Otra consecuencia del cambio climático son los fenómenos naturales extremos, como las sequías u otros desastres. Por ello miles de personas ya se ven obligadas a emigrar, son los llamados refugiados climáticos, que ya son una realidad. François Gemenne, experto en geopolítica ambiental y coautor del informe La situación del mundo 2015, del World¬watch Institute, editado en castellano por Fuhem Ecosocial e Icaria, señala que "los desastres meteorológicos desplazaron a unos 140 millones de personas, un promedio de 23 millones de personas al año, entre 2008 y 2013". Si, como se prevé, el nivel de los océanos va a subir hasta un metro a finales este de siglo "y son las zonas costeras y los deltas fluviales las regiones más pobladas de la Tierra", señala el informe, esto provocará una oleada de refugiados climáticos. Y, si como apuntan los científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) en su informe de 2014, se van a modificar las lluvias, se va a generar pobreza e inseguridad alimentaria en amplias zonas del planeta.


Sin embargo, a algunos gobiernos no parece impresionarles todo esto. La ministra de Ecología anfitriona de la Cumbre de París, Segolène Royale, declaró en junio que las negociaciones sobre cambio climático son "una pérdida de tiempo". Por otra parte, al cierre de esta edición se hizo público que, a partir del 13 noviembre y durante un mes, el Gobierno francés va a impedir el libre tránsito en sus fronteras. Francia se acoge al artículo 23 del acuerdo de Schengen, que permite a los países miembros restablecer controles durante un máximo de 30 días "en caso de amenaza grave para el orden público o la seguridad interior". Varios colectivos ya estaban encontrando problemas un mes antes de la cumbre para conseguir visados para viajar al país galo.


La Coalition Climat 21, que agrupa a más de 130 organizaciones sociales y ambientales, denuncia también que el Ayuntamiento de París no garantiza el alojamiento de los miles de activistas que se han dado cita en París. De momento "sólo se habían garantizado mil plazas en espacio públicos".


Consecuencias sin retorno


CONTAMINACIÓN


La Agencia Europea del Medio Ambiente señala que en Europa se producen cada año 430.000 muertes prematuras sólo por las partículas finas en suspensión.


METANO


Desde el IPCC, se ha señalado que "la gente debería dejar de comer carne un día a la semana si quiere contribuir a la lucha contra el cambio climático".


SIN CARBONO


Según los grupos ecologistas, es necesario descarbonizar la economía basada en combustibles fósiles y crear un sistema que tenga en cuenta los límites naturales del planeta.


MENOS LLUVIAS


La FAO estima que la escasez hídrica es cada vez mayor en China, India, África y Oriente Medio. Hoy, 805 millones de personas pasan hambre.


EL NIVEL DE LOS MARES YA SUBIO UNOS 20 CENTIMETROS DESDE EL COMIENZO DEL SIGLO XX


Pronóstico sombrío antes de la cumbre

 

Página12


La temperatura media en la superficie terrestre alcanzará este año un grado más que en los años preindustriales. En 2014, la media de emisiones de CO2 llegó un nivel inédito. Los datos fueron difundidos en el marco de la próxima reunión climática de París.

El nivel de los mares creció unos 20 centímetros desde el comienzo del siglo pasado y la temperatura media mundial en la superficie de la Tierra alcanzará este año un grado centígrado más que en los años preindustriales. Estos datos son algunos de los primeros informes que circulan en el marco de las negociaciones sobre el cambio climático previas a la cumbre de la ONU en París (COP21). En un contexto de datos de esta naturaleza, 60 ministros de diferentes países se encuentran reunidos para negociar ante la necesidad de llegar a un acuerdo en la cita que tendrá lugar en la capital francesa a fines de este mes.
"Avanzamos en territorio desconocido y la máquina acelera a un ritmo aterrador", alertó Michel Jarraud, el director de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), una agencia de la ONU con sede en Ginebra. Ayer a puertas cerradas, los ministros trataron cuatro temas cruciales para sellar un pacto definitivo: equidad entre los países del norte y del sur, ambición de los objetivos, financiación y acciones necesarias de cara al año 2020.


A tres semanas de la conferencia de París, el instituto Climate Central publicó otro informe que pone de manifiesto el impacto devastador que tendrá la subida del nivel de los mares en las grandes ciudades costeras.


Según el instituto, el nivel de los mares ya subió unos 20 centímetros desde el comienzo del siglo XX y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) predice que en el año 2100, aumentará entre 26 y 82 centímetros respecto a la media del período 1986-2005.


Por su parte, la agencia meteorológica británica Met Office anunció que por primera vez, la temperatura media mundial en la superficie de la Tierra será en 2015 un grado centígrado superior a los valores preindustriales. "Es la primera vez que alcanzaremos el listón de 1 grado y está claro que la influencia humana está llevando el clima moderno a territorios desconocidos", dijo Stephen Belcher, del Met Office.


El aumento de la temperatura será de 1,02 grado respecto al nivel del período 1850-1900, según una proyección basada en los datos colectados entre enero y septiembre por el programa HadCRUT, operado conjuntamente por el Met Office y la unidad de investigación del clima de la Universidad de East Anglia.


"Los incrementos en el nivel del mar mundial, causados por el calentamiento de los océanos y el deshielo, llevan más tiempo en responder al incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero que la temperatura del aire", afirma el Met Office.


La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, exhortó a todos los países a asumir su compromiso frente al cambio climático. "El compromiso de los países desarrollados con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no puede ser motivo de regateo frente a la responsabilidad histórica que deben asumir ante la humanidad", afirmó la ministra.


"Las emisiones per cápita de los países desarrollados, así como sus tasas de consumo, son enormemente mayores que las de los países en desarrollo, y el número de víctimas frente a las consecuencias del cambio climático sigue siendo incomparablemente mayor en los países en desarrollo –recordó Delcy Rodríguez– y sobre eso debe basarse cualquier acuerdo justo y sincero frente a los pueblos del mundo."


"Cada año, anunciamos un nuevo record de las concentraciones de gases de efecto invernadero", lamentó Jarraud, tras la publicación del informe anual de la OMM que señala que en 2014 la media mundial de emisiones de dióxido de carbono (CO2) alcanzó un nivel inédito.

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Lunes, 09 Noviembre 2015 06:42

De cara (y barbijo) al cambio climático

De cara (y barbijo) al cambio climático

La reunión Cumbre en París, a fines de noviembre, intentará mejorar el estrepitoso fracaso de la Cumbre de Copenhague, en la que no se llegó a ninguna conclusión ni compromisos. Qué se juega en esta reunión y cuáles son las expectativas.



Ya no caben palabras para definir la frontera que marcará la cumbre sobre el clima que se llevará a cabo en París a finales de noviembre (COP21). A su manera, entre reuniones preparatorias, militancia de las ONG y la sociedad civil e informes sobre el estado del calentamiento global, la cumbre ya empezó. No hay responsable político, científico o religioso que no admita que París será la última oportunidad. El postulado es paradójico porque, de hecho, la oportunidad ya se perdió hace rato. Cristina Figueras, la secretaria ejecutiva de la convención marco de la ONU para el Cambio Climático, asegura que "no se evitará el cambio climático". A lo sumo, en París, si hay acuerdo, se podrá hacer que las variables del clima sean mas "manejables".

Nada más. Según un estudio elaborado por el Climate Action Tracker (CAT, organización científica independiente con sede en Londres), los planes de acción climática presentados hasta ahora por 156 de los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático no evitarían que el calentamiento global del planeta llegue a los 2,7º C. La batalla del calentamiento global está entonces perdida de antemano y lo único que estará al alcance en la capital francesa será atenuar la hecatombe provocada por la descontrolada actividad humana. Y, tal vez, ni siquiera eso.


"En el cambio climático se juega el destino de la humanidad", repite Cristina Figueras. Los fabricantes de autos como Volkswagen y sus trampas masivas para esconder el nivel real de contaminación que provocan sus autos, o bancos como el BNP Paribas, que gastan más dinero en financiar las energías fósiles antes que las renovables, no parecen tener la misma conciencia global sobre ese destino planetario. De hecho, lo que se hará en París es decidir la sustitución del protocolo de Kioto, uno de los primeros andamios de la diplomacia internacional destinados a luchar contra el calentamiento climático pero cuyos postulados perdieron toda fuerza. Lejos de generar un consenso para preservar la humanidad y sus tesoros naturales, el cambio climático es objeto de una guerra interna al capitalismo donde se combaten dos visiones antagónicas entre preservación y derroche. Dentro de ese antagonismo entra otro: el que opone a los países más industrializados responsables supremos del calentamiento global, con los países menos desarrollados, a quienes se les exige un esfuerzo similar al de las potencias contaminantes con escasas compensaciones. Cerca del 90 por ciento de la contaminación global está regida por acuerdos escasamente aplicados, sobre todo por los tres bloques cuyas emisiones de gases de efecto invernadero representan el 50 por ciento del total: China, Estados Unidos y la Unión Europea.


París 2015 retoma los objetivos boicoteados en la cumbre que se celebró en Copenhague en 2009. Aquel encuentro fue un vergonzoso fracaso. El sector más liberal logró dejar fuera de juego a todo el sistema de las Naciones Unidas. El texto final de la cumbre de Copenhague había sido redactado por Estados Unidos y China. Venezuela lo rechazó, junto a Cuba, Bolivia y Nicaragua. Copenhague fue una tomada de pelo a toda la comunidad internacional. El difunto presidente venezolano Hugo Chávez decía: "Cambien el sistema, no el clima". Aquella declaración final no incluía ningún compromiso explícito sobre el porcentaje de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, no fijaba metas, no establecía plazos concretos o procedimientos de verificación, no era vinculante. En Copenhague quedó registrado para la historia cómo los países altamente desarrollados, principales emisores de gases de efecto invernadero y responsables de su expansión desde la era pre-industrial, trataron de imponer su ley.


Por consiguiente, lo que quedó sepultado en Copenhague y las cumbres posteriores se juega ahora en París. En lo concreto: hacer bajar la temperatura del planeta en unos dos grados, establecer quién tiene la mayor responsabilidad en ese objetivo, repartir los esfuerzos de forma justa y financiar los costos de las transformaciones en los países menos ricos. El reto es tanto más grande cuanto que, según la ONU, las proyecciones marcan que, de aquí a 2100, la temperatura subirá alrededor de tres grados. Incluso en un horizonte más cercano, de aquí a 2030, el termómetro no cesará de subir. Se calcula que ese ascenso será menor gracias a los compromisos que se adopten de cara al período que va de 2025 a 2030. El proceso requiere transformaciones profundas y, sobre todo, el trastorno de industrias energéticas que no se dejarán doblegar así nomás.


Nada permite afirmar que París sea la cuna del nacimiento de una nueva humanidad. La pugna entre los países industrializados, la controversia política que separa a republicanos y demócratas en Estados Unidos con respecto a este tema, los gigantescos intereses económicos que están en juego, los lobbies que conspiran contra el planeta y la indolencia generalizada ante las catástrofes climáticas que acechan a los países menos desarrollados no ofrecen ninguna garantía de éxito. Habrá acuerdo, sin dudas, pero éste será mínimo, lejos, muy lejos de las necesidades estructurales del cambio climático.

Porque lo que corre como una suerte de espada de Damocles sobre la cabeza de la humanidad es el modelo de desarrollo, depredador e injusto. Para cambiar el clima se impone transformar el sistema y allí está el límite. Los planes de acción climática presentados hasta ahora ante la ONU para recortar la emisión de gases que causan el cambio climático son insuficientes para alcanzar el objetivo de no superar los dos grados de incremento de la temperatura global del planeta. Queda, además, el tema de la financiación de las medidas y los consiguientes 100 mil millones de dólares que hacen falta para crear el fondo verde, fondo al cual China, uno de los grandes contaminantes del planeta, en principio no participa. Lo menos que se puede esperar entonces es que se evite otro episodio bochornoso como el de Copenhague donde, entre la feroz represión policial contra los manifestantes y un casi golpe de Estado contra los compromisos, se aprobó la inacción que permitió a los grandes países contaminantes seguir liquidando la vida en la Tierra.

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En 2030 habrá 100 millones más en pobreza extrema si sigue el calentamiento global: BM

Sin un desarrollo rápido y climáticamente inteligente, el cambio climático podría empujar a más de 100 millones de personas a la pobreza para 2030, apunta el documento publicado a tres semanas de la conferencia de París sobre el clima COP21.
La advertencia del Banco Mundial aumenta la presión sobre los líderes del mundo que se reunirán en París desde el 30 de noviembre para la conferencia COP21, con el objetivo de concluir un acuerdo internacional que limite los gases que producen el efecto invernadero.


También ocurre pocos días después de un informe de la ONU el cual advirtió que los compromisos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero son, por sí solos, insuficientes para limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados.


El BM señala que el impacto sería particularmente fuerte en África, donde el cambio climático podría impulsar un incremento en los precios de los alimentos hasta de 12 por ciento en 2030.


Sería un golpe muy duro en una región donde el consumo de alimentos de los hogares más pobres representa más de 60 por ciento de sus gastos, dijo.


Un efecto similar ocurriría en el sur de Asia. En India, las crisis agrícolas y la proliferación rápida de las enfermedades resultantes de las perturbaciones climáticas podrían empujar a 45 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza extrema (es decir, con un ingreso de menos de 1.90 dólares diarios).


El impacto también se dejaría sentir en los servicios de salud.


Un calentamiento global de 2 a 3 grados centígrados con respecto a la temperatura existente antes del comienzo de la era industrial podría aumentar en 5 por ciento el número de personas expuestas a la malaria, es decir, un incremento de 150 millones de personas, según el BM.


La incidencia de las enfermedades diarreicas también podría subir 10 por ciento en los próximos 15 años, señala el informe.
A principios de octubre, el Banco Mundial había recibido con satisfacción los avances en la lucha mundial contra la pobreza extrema, señalando que este año iba a disminuir a un nivel sin precedente, afectando a menos de 10 por ciento de la población mundial, 702 millones de personas.


Pero este avance podría verse en peligro por el aumento de las temperaturas a escala global, señala el informe.


No va a ser posible poner fin a la pobreza extrema si no se toman medidas enérgicas para mitigar la amenaza que el cambio climático representa para los pobres, y si no reducimos las emisiones nocivas de forma masiva, dijo el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, citado en un comunicado.


Por ello, el BM llama a implementar un modelo de manejo consciente del clima, rápido y solidario, que refuerce las capacidades de las poblaciones para resistir los riesgos climáticos.


Mejorar los sistemas de protección social y poner en marcha sistemas de atención universal en salud son algunas de las propuestas del Banco Mundial, que sin embargo afirma que es indispensable hacer todo ello en forma coordinada a escala global.


A largo plazo, solamente una acción internacional inmediata y sostenida para reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero preservará a millones de personas de la pobreza, dice el organismo.


Los insectos corroboran que el cambio climático ya está aquí


Mª Victoria S. Nadal Madrid 9 NOV 2015 - 10:13 CET

 

Ole Karsholt y Jan Pedersen, dos empleados del Museo de Historia Natural de Dinamarca, comenzaron en 1992 a clasificar los insectos que encontraban en el tejado del museo. Ambos trabajadores, que tienen una amplia experiencia entomológica, llevaron a cabo este control cada semana hasta 2009. Lo que comenzó como un pasatiempo basado en la curiosidad científica se ha convertido en un estudio que revela cómo ha afectado el cambio climático a la comunidad de insectos de la zona.


El registro y la clasificación, hechos durante 18 años, sugieren que los cambios en el clima durante este tiempo han afectado especialmente a las especies que se alimentan de un único tipo de planta: se han vuelto más sensibles a los cambios meteorológicos. "Los resultados confirman que el cambio climático está afectando a la biodiversidad ahora mismo. No es algo que va a pasar en el futuro o sólo si la temperatura llega a aumentar en dos grados", dice Peter Søgaard Jørgensen, del centro de Macroecología, Evolución y Clima del Museo de Historia Natural de Dinamarca.


Siete especies nuevas de polillas y dos de escarabajos se registraron por primera vez en Dinamarca por Karsholt y Pedersen, incluyendo el escarabajo asiático "dama multicolor" (Harmonia axyridis), que desde entonces se ha extendido a la mayoría del país y ahora se considera invasivo.

Los científicos calcularon cómo cambió la temperatura del entorno de cada grupo de insectos y lo aplicaron al hábitat de la especie en toda Europa durante el periodo de estudio. El hábitat de la polilla experimentó un aumento de 0,14º C entre 1993 y 2008, y el de las especies de escarabajo aumentó en 0,42º C entre 1995 y 2008.


Las consecuencias de este aumento de temperatura afectaron especialmente al gorgojo de la tuerca (Curculio nucum), que se alimenta solo de un tipo de avellana. Vive más al norte de Europa que su pariente cercano el gorgojo de la bellota (Curculio glandium), que se alimenta solo de bellotas. Mientras que el gorgojo de la tuerca fue registrado sólo en la primera mitad del estudio, el gorgojo de la bellota sólo apareció en la última parte, sugiriendo que las especies que se alimentan de un solo tipo de planta se están moviendo hacia el norte.


"Es probable que perdamos a algunas especies debido a su huída hacia el norte de Europa, pero la tendencia que esperamos es que lleguen otras nuevas desde el sur. Aún así, es poco probable que lleguemos a saber si esto sucederá, los insectos no son casi nunca una prioridad para los estudios a largo plazo", denuncia Peter Søgaard Jørgensen, uno de los autores.


El registro cuenta con alrededor de 250.000 insectos, entre los que se identificaron 1.543 especies diversas de polillas y escarabajos en un solo tejado de Copenhague durante más de 18 años de seguimiento. Esto supone el 42% de todas las especies de polillas de Dinamarca y el 12% de los escarabajos. El estudio, que se ha publicado en la Revista de Ecología Animal, está liderado por investigadores del centro de Geogenética y el de Macroecología, Evolución y Clima del Museo de Historia Natural de Dinamarca y también de la Universidad de Copenhague.


Los científicos se quejan de la falta de atención política que tienen este tipo de estudios. "Las investigaciones de este estilo muchas veces están en un segundo plano en Dinamarca, y esto probablemente pase en muchos otros paises europeos", asegura Philip Francis Thomsen, uno de los expertos. "Sin estos dos trabajadores del museo, no sabríamos nada sobre la mayoría de las especies que hay en Dinamarca. Esperamos que esto pueda devolver este tipo de seguimientos naturales a la agenda política del país", concluye Thomsen.

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La naturaleza humana contra la madre naturaleza

La madre naturaleza nos ha estado mandando señales. El 2015 va en camino de ser el año más caluroso de la historia. Hace unas semanas el huracán Patricia, el más fuerte jamás registrado por los meteorólogos, generó vientos sostenidos de 320 kilómetros por hora, un récord.


Según la ONU, el número de tormentas, inundaciones y olas de calor es hoy cinco veces mayor que en 1970. Aunque parte de este aumento seguramente se debe a que ahora tenemos más y mejor información que entonces, todos los estudios evidencian la mayor frecuencia con la que ocurren fenómenos climáticos extremos: temperaturas extraordinariamente altas o bajas, lluvias torrenciales, sequías, incendios, etcétera. La cifra de personas desplazadas de sus hogares debido a desastres climáticos no tiene precedentes, y supera a la de los desplazados por conflictos armados.
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Un reciente estudio concluye que hacia finales de este siglo algunos centros de población del golfo Pérsico "experimentarán niveles de calor y humedad intolerables para los humanos". El sureste asiático también está expuesto a este tipo de amenaza. En estos análisis, "intolerable" no quiere decir muy incómodo; quiere decir que estar a la intemperie tan solo algunas horas implicará correr un riesgo mortal.


Después de décadas de debates, los científicos han concluido que estos cambios climáticos se deben al aumento de las emisiones de gases que produce la actividad humana. Aún quedan escépticos que dudan de esto, pero son cada vez menos. Y en algunos casos, el escepticismo es nutrido por tendenciosos "estudios científicos" financiados por actores que se verían perjudicados si el mundo se decide a cambiar la manera como produce y consume energía. Y sabemos que, hasta ahora, el mundo no ha sido capaz de actuar con eficacia para modificar su desastrosa trayectoria con respecto al calentamiento global.
Pero esta inacción ante una crisis cada vez más obvia no se debe, en esencia, a las manipulaciones de empresas y países que buscan proteger sus intereses a expensas del bien de todos.
Se debe a la naturaleza humana.


Nos cuesta mucho alterar hábitos y costumbres. Todas las investigaciones encuentran que la gran mayoría de quienes inician una dieta para bajar de peso la abandonan antes de lograr su objetivo. Quienes han intentado dejar de fumar saben lo difícil que es, dado lo adictiva que es la nicotina. También sabemos que no hay nada más eficaz para modificar hábitos, dietas y estilos de vida poco sanos que un infarto que no nos mata. En muchos, ese susto produce cambios positivos que parecían imposibles. ¿Será que necesitamos un gran susto colectivo para cambiar la forma en la que nos relacionamos con nuestro planeta?


¿Es que las señales que nos está mandado la naturaleza no son suficientes? Hasta ahora no. Pero todo apunta a que nos viene un infarto climático que obligará a la humanidad a hacer una dieta para la cual no está preparada.


La adicción que hoy día tiene el mundo al consumo de carbono es tan difícil de romper como la adicción al tabaco, al azúcar o al alcohol que tienen algunas personas. La manera en que alumbramos, calentamos o enfriamos nuestras casas y oficinas, nuestros medios de transporte o los productos que consumimos —de plásticos a hamburguesas— implican un alto consumo de carbono que, una vez emitido a la atmosfera como CO2, contribuye a calentar el planeta y a enloquecer el clima. Y esto tendrá que cambiar.


Si mantener una dieta resulta difícil para una persona, lo es aún más cuando muchos países la deben hacer colectivamente. Es costoso para todos. Por eso algunos países harán trampa. Otros pedirán que la dieta de los más gordos sea más severa que la de los más delgados. Y otros exigirán que los países que llevan desde la revolución industrial contaminando el planeta y su atmósfera sean quienes hagan la dieta, y no aquellos que aún están industrializándose.


La primera conferencia mundial sobre el medio ambiente se celebró en Brasil en 1992. La próxima tendrá lugar en París en unas semanas. Entre ellas ha habido muchas otras reuniones y muy poco progreso. La de París promete ser la que más avances logre y es probable que así sea.


Sin embargo, aun si tiene éxito, las metas que se plantean en cuanto a reducción de emisiones están por debajo de las necesarias para evitar que la temperatura aumente a niveles peligrosos. Así, la inercia de la naturaleza humana seguirá retando a la madre naturaleza. Sin importar que sepamos que, al final, la madre naturaleza siempre gana.


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El comité científico del clima se replantea su papel

¿Está el IPCC haciendo lo correcto? y ¿Está el IPCC funcionando correctamente? Son las dos preguntas que se hacen varios expertos de alto nivel sobre la necesidad de reformar el comité científico de la ONU para el cambio climático (IPCC), el mismo que llegó hace ya años a la revolucionaria conclusión de que el cambio climático está en marcha y se debe a la acción del hombre. Este replanteamiento coincide con el nombramiento de un nuevo presidente del IPCC y con la Cumbre del Clima que se inicia en París esta misma semana. Se espera que en la cumbre 195 países alcancen un acuerdo para limitar a dos grados centígrados el calentamiento global, algo que muchos expertos consideran ya imposible.

No es la primera vez que se plantea la reforma en profundidad de esta institución, creada en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, antes de la histórica primera Cumbre del Clima que se celebró en 1992 en Río de Janeiro. El IPCC "ha demostrado su valor para la colaboración científica a gran escala con el objeto de sintetizar y analizar la gran cantidad de investigaciones, para su uso por los políticos, así como para establecer la credibilidad de los resultados respecto a los Gobiernos nacionales", como señalan los autores del artículo sobre el tema que publica la revista Science. Entre ellos están el italiano Carlo Carraro, el alemán Ottmar Edenhofer y el estadounidense Robert Stavins.

El nuevo y cuarto director del IPCC es el coreano del sur Hoesung Lee, de 69 años. Como uno de los tres vicepresidentes del comité, era un candidato continuista para reemplazar al indio Rajendra Pachauri, que estuvo 13 años en el cargo y lo dejó antes de que se cumpliera su mandato a raíz de una acusación de acoso sexual. El IPCC ha hecho hasta ahora solo cinco informes de evaluación, pero han sido determinantes para que el mundo conozca su propia situación de cambios presentes y futuros del clima, lo que le valió un premio Nobel. Intenta ofrecer una instantánea de lo que la comunidad internacional sabe sobre el cambio climático, sin fomentar una opinión concreta. El último informe fue hecho público hace un año y la nueva etapa abre el camino para el sexto informe, que no estará listo antes de cinco años.

Los resultados clave del último informe, señala el propio IPCC, incluyen que la influencia humana en el sistema climático es clara, que cuanto mayor sea la perturbación de la actividad humana sobre el clima, mayores serán los riesgos de consecuencias graves, generalizadas e irreversibles y que la humanidad dispone de los medios para limitar el cambio climático y construir un futuro más próspero y sostenible.

Lee ha dicho ya que quiere que el IPCC se centre en encontrar soluciones para los efectos del calentamiento global en vez de limitarse a seguirlo, en responder a los problemas que se les planteen. "Hemos hecho un trabajo estupendo en identificar el problema del cambio climático, pero al mismo tiempo hemos sido algo lentos en identificar las soluciones", dijo al diario británico The Guardian tras su nombramiento. Para atacar el problema por el lado de las soluciones Lee pretende que en los informes participen más la industria y el mundo financiero y que las empresas puedan utilizar más fácilmente la enorme cantidad de información disponible. En un comunicado, Lee señaló: "En la siguiente fase de nuestra labor nos adentraremos en la comprensión de los impactos regionales, especialmente en los países en desarrollo, y mejoraremos el modo en que comunicamos al público nuestras conclusiones. Ante todo, es necesario que suministremos más información sobre las posibilidades que existen de prevenir el cambio climático y adaptarnos a él".

Expertos como Carraro y Edenhofer van en esa misma línea al abogar por que el IPCC proporcione la información necesaria para que los responsables de las políticas sobre el clima puedan elegir con más facilidad entre las opciones políticas disponibles para la mitigación y la adaptación —las palabras clave actualmente— a distintas escalas (regional, nacional e internacional). Para ello proponen cambiar la estructura del comité (ahora existen tres grupos de trabajo que funcionan independientemente) para llegar a poder ofrecer un análisis más integrado y proponen más interacción continua con los políticos y otras partes interesadas, como las empresas. También proponen cambios en el funcionamiento interno del IPCC y en la forma de presentar los informes.

El nuevo régimen global de política sobre el cambio climático, según el planteamiento que se plasma por primera vez en la Cumbre de París, se basa en la aplicación de políticas nacionales muy heterogéneas, cada una de las cuales la determina la situación del país. Christiana Figueres, la diplomática costarricense que organiza la cumbre desde la dirección de la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, reflexionó recientemente en The New Yorker sobre el momento actual, reconociendo, eso sí, que es una optimista. "Esto del cambio climático es un tema muy interesante de aprendizaje para la Humanidad. Soy antropóloga (....) y lo que vemos ahora es que lo que una nación hace tiene repercusiones sobre las demás. Y creo que el acuerdo de París representará la primera vez que las naciones se unan en darse cuenta de esto".

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Miércoles, 21 Octubre 2015 06:52

Cambio climático: la carrera contra el reloj

Cambio climático: la carrera contra el reloj

Existe la posibilidad de evitar una catástrofe en el terreno del cambio climático. Pero la ventana de oportunidad para lograrlo se está cerrando rápidamente. La conferencia sobre cambio climático en París dentro de seis semanas será, sin duda, un parteaguas en esta carrera contra el reloj.


Desde hace años el objetivo en materia de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ha sido estabilizar la concentración en la atmósfera en el nivel de las 450 partes por millón (ppm). Esa meta requiere cortar las emisiones de GEI en 80 por ciento para el año 2050, lo que permitiría asegurar que el cambio en la temperatura global no exceda de los 2 grados centígrados.


Para como están las cosas al día de hoy, parece muy difícil alcanzar la meta de las 450 ppm. Para hacerlo los países ricos en el mundo ya deberían estar reduciendo de manera muy marcada sus emisiones y para el año 2025, que realmente está a la vuelta de la esquina, las emisiones de gases invernadero de todos los países del mundo, ricos y pobres, ya deberían estar cayendo. Existe la posibilidad de alcanzar dicha meta, pero esa posibilidad está en riesgo de esfumarse.


La vigésimo primera Conferencia de las partes de la Convención marco sobre cambio climático de Naciones Unidas (UNFCCC) se celebrará en París dentro de escasas seis semanas. El instrumento de base para las negociaciones de la COP21 ya ha sido divulgado (el 5 de octubre) y está marcado por serios problemas. Se trata de un documento de 20 páginas del cual, literalmente, depende el destino de la humanidad.


Como se sabe, en el marco de las negociaciones de cara a la COP21 cada país ha sido llamado a presentar sus compromisos nacionales independientemente determinados (los ahora conocidos como INDCs por sus siglas en inglés). Estos compromisos son la respuesta a la pregunta siguiente: ¿quién determina las reducciones de emisiones que cada país debe aplicar? En vista de que las negociaciones sobre reducciones y topes de emisiones han estado estancadas desde hace años (para ser más exactos, desde poco antes de la COP de hace seis años en Copenhague), se pensó que sería mejor dejar en libertad absoluta a cada país el establecimiento de sus metas nacionales.


Hoy ya tenemos frente a nosotros los compromisos nacionales que de manera voluntaria han sido entregados al secretariado de la UNFCCC. El resultado es realmente desalentador. Varios connotados economistas han realizado los cálculos: la suma de todas estas metas nacionales corresponde a apenas 44 giga toneladas de CO2 equivalente, cuando lo que se necesita es un recorte de 55 giga toneladas para el año 2050 para mantenernos en la trayectoria de cambio climático de los 2 grados centígrados.


Es de esperar que de aquí a la inauguración de la COP21 en la capital francesa varios países modifiquen sus compromisos nacionales para poder alcanzar ese objetivo. Pero el documento de negociación tiene un defecto: no contiene un mecanismo que garantice el cumplimiento por parte de cada país de sus metas individuales independientemente determinadas.


En realidad, existen pocas esperanzas de estabilizar la concentración de gases invernadero en las 450 ppm. Para lograr este objetivo las emisiones de gases invernadero no pueden superar el nivel absoluto de entre 800 y mil giga toneladas de CO2: desde 1880 ya se han emitido 535 giga toneladas. Y del remanente ya se encuentran comprometidas unas 250 giga toneladas debido a las inversiones ya realizadas en infraestructura ligada a la industria de combustibles fósiles en todas sus formas. Las compañías que han realizado esas inversiones querrán amortizarlas y para ello van a hacer todo lo posible para que sus instalaciones sigan funcionando y emitiendo giga toneladas de CO2. Es decir, estamos atrapados en una trayectoria que conduce a un escenario de sorpresas realmente desagradables en materia de cambio climático.


Por el lado del mundo financiero también existen fuerzas que tienden a mantenernos atrapados en esa trayectoria. Hoy las 200 principales industrias ligadas a la industria de combustibles fósiles tienen un valor de mercado cercano a los 4 billones (castellanos) de dólares y una buena parte de ese monto corresponde al valor de sus reservas. En caso de lograrse un acuerdo fuerte en la COP21, con un compromiso claro para reducir emisiones, el valor de esas reservas deberá sufrir un fuerte ajuste a la baja, quizás hasta de 60 por ciento. Ahora bien, las conexiones entre la industria de combustibles fósiles y el mundo financiero son muy fuertes y eso traería aparejadas serias consecuencias. Por ejemplo, se estima que los fondos de pensión y las cuentas individuales de retiro en Estados Unidos poseen 47 por ciento de las acciones de las compañías de petróleo y gas natural de ese país. Es evidente que por el lado del sector financiero también existe una resistencia a cambiar el perfil energético de la economía mundial.


Sólo la presión de los pueblos de todos los países puede contrarrestar estas fuerzas. Quizás todavía hay tiempo, más allá de lo que suceda en la COP21.


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Miércoles, 14 Octubre 2015 06:27

¿Arde París? Cuenta regresiva para COP21

¿Arde París? Cuenta regresiva para COP21

Se dice que en agosto de 1944 el general Dietrich von Choltitz salvó la ciudad de Paris de la destrucción. La leyenda cuenta que había recibido órdenes estrictas de Hitler de no rendir la capital francesa a los aliados bajo ninguna circunstancia. El ejército alemán debía luchar hasta el último hombre y la ciudad debería quedar en ruinas antes de ser abandonada. Llegado el caso, Von Choltitz tendría que dinamitar puentes, iglesias, museos y hasta la torre Eiffel antes de dejar la ciudad.


En sus memorias von Choltitz contó cómo había rehusado cumplir esas órdenes que representaban un atentado en contra de la humanidad y la civilización. El título era bueno, ¿Arde París?, pero la historia era falsa.


Von Choltitz no fue una blanca paloma que en un momento de lucidez salvó a la Ciudad Luz de la destrucción. Su pasado tenebroso estuvo marcado por la destrucción de Rotterdam y, en el frente oriental, de Sebastopol, además del asesinato de la población judía en esa ciudad. Su carrera en el frente oriental es ejemplo de la complicidad de los mandos militares con la política de genocidio nazi. Pero sus memorias fueron una eficaz cortina de humo que le permitió entrar en la posguerra como una especie de héroe en lugar de un criminal de guerra.


El título de las memorias de Von Choltitz evoca casi literalmente la nueva batalla para la que se prepara París. Dentro de seis semanas se llevará a cabo la vigésimo primera Conferencia de las partes (COP21) de la Convención marco sobre cambio climático (CMCC). Sin exagerar, se trata de la conferencia mundial más importante sobre el cambio climático pues en ella se definirá el régimen de reducción de emisiones de gases invernadero y el futuro del clima en el planeta.


Los escenarios no son halagüeños. Hasta ahora se ha ido aceptando como base de todas las negociaciones el objetivo de estabilizar el aumento de temperatura en 2 grados centígrados para fines del siglo. Ese objetivo se ha ido aceptando a raíz de los trabajos del Panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC). Entre 1880 y 2012 la temperatura promedio de superficie ha aumentado 0.85 grados centígrados.


Muchos científicos consideran que el objetivo de 2 grados centígrados es ya demasiado arriesgado y puede acarrear consecuencias desastrosas. Pero una meta de 1.5 grados centígrados ya no es alcanzable. En los últimos 800 mil años se registraron aumentos de temperatura de 2 grados C y aunque no están asociados con desequilibrios radicales, sí están vinculados a incrementos importantes (hasta de 10 metros) en el nivel promedio del mar.


Esos escenarios indican que se necesita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a unas 20 giga toneladas anuales de CO2 equivalente para el año 2020. Pero en la actualidad (datos de 2014) las emisiones se acercan a las 40 giga toneladas y se ve muy difícil una reducción en los niveles de emisiones que nos permita alcanzar el objetivo trazado por el IPCC. Al contrario, la inercia que provocan las inversiones en infraestructura ligada al perfil energético basado en combustibles fósiles hacen pensable que en 2020 se genere un volumen de emisiones cercano a las 45 gigatoneladas de CO2 equivalente.


Lo más alarmante de ese pronóstico es que las emisiones reales al día de hoy ya están colocando al planeta en la trayectoria del peor escenario posible, con una probabilidad creciente de generar aumentos en la temperatura de entre 3.2 y 5.4 grados centígrados hacia finales del siglo (y concentraciones superiores a las 1000 partes por millón de CO2 equivalente en la atmósfera). Ese nivel de perturbación climática conlleva una muy alta (socialmente inaceptable) probabilidad de desencadenar eventos catastróficos para la humanidad.


En la COP21 no se esperan cambios radicales. Las conferencias de las partes se han venido sucediendo en los últimos cinco años sin que se haya logrado establecer un régimen regulatorio capaz de reducir de manera eficaz las emisiones de gases de efecto invernadero. La tendencia que domina cada vez con mayor fuerza es la de permitir a cada país fijar metas de reducciones de manera voluntaria. Estas metas voluntarias corren un muy alto riesgo de ser incumplidas y quedar como letra muerta. La COP21 puede ser la gran fiesta del lobby de las industrias fósiles, incluyendo a productores primarios y consumidores fundamentales (aquellos cuyos productos son inútiles sin combustibles fósiles).


París sufrió ya dos olas de calor extremo en la última década. En 2003 murieron 15 mil personas. Hace dos meses el termómetro volvió a subir y la nueva ola provocó 700 muertes. No se puede afirmar que estas olas de calor están directamente ligadas al calentamiento global, pero estos eventos son consistentes con las predicciones de los escenarios sobre cambio climático. La temperatura también va a subir durante la COP21. Y las mentiras sobre la eficacia de los mecanismos voluntarios para reducir emisiones estarán a la orden del día. ¿Podrá el aparato de propaganda de los poderes establecidos contar una mentira tan eficaz como la de Von Choltitz?


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Miércoles, 07 Octubre 2015 06:29

Motores económicos del deterioro ambiental

Motores económicos del deterioro ambiental

¿Cuáles son los motores de la degradación ambiental? Esta es una pregunta recurrente en todos los debates sobre medio ambiente. En esta discusión aparece con frecuencia el papel de las grandes corporaciones internacionales, en especial las directamente vinculadas al lobby de los combustibles fósiles. Hoy la mentira de la compañía Volkswagen para hacer aparecer a sus vehículos como más eficientes y menos contaminantes nos recuerda la importancia de afinar el análisis sobre las causas y motores de la degradación ambiental.


En 2005 se publicaron los resultados de la Evaluación de ecosistemas del milenio (EEM), ejercicio patrocinado por Naciones Unidas para estudiar los principales ecosistemas en el mundo. El principal resultado fue descubrir que en la segunda mitad del siglo XX la actividad humana había alterado los ecosistemas del mundo como nunca antes en toda la historia. Alrededor de 60 por ciento de los servicios de los ecosistemas del mundo están siendo degradados o explotados de manera insostenible.


Al tratar el tema de las causas o motores de este proceso de degradación, el estudio consideró varios enfoques alternativos. Después de discutir brevemente problemas de escala, horizontes temporales y esquemas de jerarquización, la EEM se decidió por clasificar en motores directos e indirectos a las fuerzas que impulsan la degradación ambiental. Los motores directos, según la EEM, son aquéllos que de manera inmediata contribuyen al deterioro ambiental: apertura de carreteras, obras de infraestructura, plantaciones comerciales en lugar de bosques, incendios, etcétera. Los motores indirectos, siempre según la EEM, son el crecimiento económico y el aumento de la población. Y en unas cuantas páginas, el EEM dispuso de estos dos fenómenos.


Desde 2005 la gran mayoría de las organizaciones internacionales que trabajan sobre el deterioro ambiental han adoptado esta clasificación. Es también la opinión de mucha gente y casi se ha vuelto un lugar común citar estas dos causas del deterioro ambiental. Pero un examen rápido de lo que está detrás de estos motores revela que las cosas son más complicadas.


Para empezar, el crecimiento económico no ha sido un proceso regular. Entre 1945-1975 la tasa de crecimiento en la mayoría de los países fue alta, pero entre 1975-2000 el ritmo de crecimiento se redujo casi por la mitad. Además, las crisis se multiplicaron y el crecimiento descansó cada vez más en episodios de inflación en los precios de algunos activos clave (fenómenos llamados burbujas). Hoy se anuncian años de estancamiento en la economía mundial y la pregunta obligada en el contexto de una reflexión sobre los motores del deterioro ambiental es directa: ¿el estancamiento económico es bueno para el medio ambiente?


Pidiendo disculpas a los lectores, hacemos abstracción momentánea de los temas claves de la desigualdad y la pobreza, dos variables afectadas negativamente por la crisis; pasamos a ver qué pasa en materia de deterioro ambiental. En algunas industrias contaminantes cuya contribución al deterioro ambiental se encuentra fuertemente correlacionada con el ritmo de actividad, es posible que la contracción económica haya reducido su aportación negativa. Pero, al mismo tiempo, es posible que la crisis haya retrasado la adopción de nuevas y más eficientes tecnologías. En otros casos, como en el de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el panorama es más complicado. En la Unión Europea las emisiones han mantenido su tendencia a la baja, pero no por la crisis, sino porque varios países adoptaron una política industrial y un régimen regulatorio que claramente definieron como prioridad la transición hacia las energías renovables. En países como Estados Unidos, las emisiones han seguido creciendo a pesar de la crisis, aunque a un ritmo más lento, precisamente porque no hay una política energética que asegura o acelere la transición hacia un perfil bajo en combustibles fósiles.


En cuanto al aumento de población, típicamente identificado como el otro motor del deterioro ambiental, hay que decir que la tasa de crecimiento demográfico ha mantenido una tendencia a la baja y hoy apenas supera el uno por ciento. Sigue en aumento el número de países que atraviesa por su transición demográfica (proceso en el que las tasas de mortalidad y de natalidad decrecen casi a la par). Hoy el principal fenómeno demográfico es el de la urbanización. Y eso trae consigo cambios importantes en materia de patrones de consumo y acceso a mercados.


Hablar de crecimiento y de población en general no ayuda gran cosa. Es más importante comenzar a hablar de la macrocefalia e inestabilidad del sector financiero mundial, de la concentración de poder de mercado en casi todas las industrias del planeta, de los crecientes niveles de desigualdad y de la evolución de variables económicas como tasas de rentabilidad y salarios. Sin entrar en este nivel de análisis muy poco vamos a entender sobre los motores del deterioro ambiental.


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