El futuro del mundo explicado por el hombre que dirige la mayor agencia de desarrollo

 Achim Steiner, administrador del PNUD, advierte de que el cambio climático es cruel porque castiga a quienes menos han contribuido a él. Pero, asegura, ni los ricos van a poder comprarse un escenario distinto

 

La trayectoria de Achim Steiner en el sistema de Naciones Unidas ha estado casi siempre ligada a la preservación del planeta. Dirigió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente durante una década (2006-2016), y también ha sido director general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y secretario general de la Comisión Mundial sobre Represas. Y esto se nota en sus preocupaciones actuales como administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cargo que ostenta desde junio de 2017.

Desde el pasado enero, el PNUD ya no es el encargado de coordinar al resto de agencias, fondos y programas, una función que venía ejerciendo desde hacía un cuarto de siglo. Preguntado por este cambio en su despacho de Nueva York, con el Río Este de fondo, Steiner se limita a mencionar las razones que han llevado al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, a crear una nueva institución de coordinación en el marco de la reforma del sistema de Naciones Unidas. En resumen, para lograr una mayor eficiencia. "Algunos podrían incluso decir que así será más fácil que nos concentremos en el trabajo de desarrollo", zanja sobre cómo afecta al PNUD esta medida.

Con todo, Steiner pilota una de las agencias más grandes de la ONU con enorme peso en el impulso de Agenda 2030, la hoja de ruta internacional para lograr un mundo más justo, pacífico y un planeta todavía habitable para esa fecha. Pero cuatro años después de su aprobación, cuando tenía que despegar y empezar a mostrar resultados, la ONU advierte que no ha sido así. No se hace lo suficiente ni se avanza al ritmo que requieren los retos de la humanidad recogidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la igualdad de género, garantizar educación de calidad para todos y sanidad universal.

Pregunta. El informe de seguimiento de los ODS dice que, al ritmo actual de progreso, no se logrará ningún objetivo en 2030. ¿Cuál es su análisis?

Respuesta. Creo que estos son objetivos realizables, nadie debería sentarse ahora y decir: "Oh, nunca lo lograremos". En algunos países estarán mucho mejor y eso debería ser un estímulo para los demás. En solo 30 años hemos logrado reducir la pobreza extrema del 36% al 8%, teniendo en cuenta que la población casi se ha duplicado en ese tiempo, es un ejemplo de que, en realidad, las políticas y los programas funcionan.

P. El documento alerta de que el cambio climático es una amenaza para los ODS y no se está haciendo suficiente contra este mal. ¿Está de acuerdo?

R.. Estamos lejos de hacer lo suficiente. Pero seamos claros, Europa se ha comprometido a una reducción de emisiones del 40% y tengo mucha confianza en que cumplirá. Igualmente, hace 10 años, el mundo siempre señalaba a China e India como países que estaban frenando el progreso en la acción climática global. Hoy es diferente. China está trabajando activamente en la diversificación de su matriz energética para reducir las emisiones. Como estos, puedo dar muchos ejemplos. El problema es que hemos construido este sistema durante 200 años y ahora estamos perdiendo un tiempo que no tenemos para hacer un cambio en nuestros sistemas energéticos, de transporte, agrícolas... Nos dirigimos hacia una situación de emergencia, la ventana se está cerrando y no estamos actuando lo suficientemente rápido, que es distinto a decir que no se está haciendo nada.

P. Entonces, ¿qué hace falta para salvar el planeta?

R. La verdad amarga es que quienes son lo suficientemente ricos comprarán su salida. Comprarán tierras más altas; aquellos que sean lo suficientemente ricos se mudarán de las naciones isleñas que desaparecerán por la subida de los océanos, podrán pagar el doble de primas para asegurar sus propiedades contra inundaciones y poner más aires acondicionados en sus casas. Algunos comienzan a usar la ruta del norte y celebran el hecho de que el hielo del Ártico se esté derritiendo, lo que facilita el transporte de combustibles fósiles. Es la ironía de principios del siglo XXI: el cambio climático es un fenómeno muy cruel porque ha comenzado a castigar a quienes menos han contribuido a él. Pero en algún momento, incluso con todo el dinero del mundo, no vas a comprarte un futuro diferente.

P. ¿Qué hace el PNUD en este sentido?

Respuesta. El PNUD se ha convertido en uno de los principales socios de los países en desarrollo para abordar la adaptación al cambio climático. Esto se consigue con estrategias nacionales para introducir energías renovables, así como sistemas de transporte más eficientes energéticamente. Hoy tenemos más de 800 proyectos en los 140 países a los que apoyamos, y cerca de dos tercios de ellos están directamente relacionados con el cambio climático.

P. El otro problema que frena el progreso del mundo es, según la ONU, la desigualdad. ¿Qué se debe hacer contra este problema?

R. La desigualdad afecta a todas nuestras sociedades, tanto en las llamadas naciones desarrolladas como las que están en vías de desarrollo. Las tensiones políticas y la polarización han surgido de un aumento en el nivel de desigualdad. El problema es que hemos seguido un paradigma económico que básicamente pone el crecimiento económico por encima de todo lo demás. Nos dijimos: "Mira, la destrucción del medio ambiente y la creciente desigualdad social son en realidad el precio que pagas por un desarrollo acelerado". La gente ya no está dispuesta a aceptar esto.

P. ¿La solución es un cambio del sistema económico?

R. A lo que nos enfrentamos ahora es a cómo abordamos el desarrollo sin, digamos, una disrupción económica. Porque los ricos a los que les ha ido bien con este sistema económico no quieren cambiarlo ni debatir sobre los impuestos, subsidios, sobre cómo se sostiene el sistema de bienestar social o cuánto invierte el Estado en la gente que de otra manera no se las arreglaría, ya sea en las niñas para acceder a la educación, las personas con discapacidad o las comunidades rurales. No se trata de hacer que todos sean iguales, lo que es una contra teoría ingenua; se trata de la equidad en el acceso a las oportunidades. La gente ya no aceptará que, por el hecho de haber nacido en una parte de la ciudad, no se tenga el mismo acceso a la educación que alguien en el otro lado. Pero, ¿significa que todos terminarán con el mismo título universitario? Obviamente, no.

P. ¿Se puede evitar el debate sobre impuestos, acumulación de riqueza y paraísos fiscales en la lucha contra la desigualdad?

R. Puedes culpar a las personas ricas, pero creo que es, francamente hablando, una idea limitada. La riqueza extrema es producto de un marco regulatorio que la permite, tolera y promueve. Me sorprendió, hace unas semanas, que varios multimillonarios en Estados Unidos decían que están listos para pagar más impuestos, porque la sociedad en la que quieren vivir no es una en la que su riqueza pueda crecer sin cesar. Ya sabes, las personas no están seguras mientras otras tantas viven en la miseria y cuyos hijos están en condiciones de extrema pobreza. Las discusiones que queremos apoyar son: ¿cuál es el nivel correcto de impuestos? ¿Cómo deben invertirse los ingresos fiscales? ¿Cuál debe ser la proporción de fondos para zonas urbanas y rurales? ¿Y entre educación y defensa? Estas son elecciones que las sociedades tienen que hacer, pero nuestro papel como Naciones Unidas no es decirles cuál debe ser su elección.

P. ¿Cuál es su papel?

R. Mostrarle a los países cuáles son sus opciones. Y, con la experiencia de ver el ingenio de los seres humanos por todo el mundo, poder enseñarles buenos ejemplos. Si quieren eliminar gradualmente los combustibles fósiles, indicarles la forma en que algunas sociedades lo han hecho con éxito, que no es simplemente anunciando el lunes por la mañana que el precio de la gasolina aumentará en un 20%, lo que hará que todos se enfaden. Con el tema de los impuestos, ¿quién está a favor? Nadie. Pero a todo el mundo le gustaría tener sanidad, un sistema de seguridad social, carreteras, policía en la calle... Así que pagamos impuestos y, en muchos países, no nos oponemos a ello. Lo que no nos gusta es pagarlos y no ver lo que deberíamos obtener a cambio.

P. Se habla mucho de acelerar las medidas para conseguir los ODS en 2030. Pero ¿por qué no se habla de dejar de hacer lo que no funciona, causa daño o impide el progreso, como la venta de armas o los paraísos fiscales?

R. Algo, claramente, no está funcionando muy bien. En 2019 tenemos más conflictos armados dentro y entre países de los hemos tenido en los últimos 30 años. Hay 70 millones de personas que se han visto obligadas a dejar el lugar que llaman hogar. Estos son

P. ¿Qué falla?

R. Si recuerdo bien, entre las grandes potencias se gastan fácilmente un billón de dólares en Defensa. Mientras que la financiación total de la Cooperación para el Desarrollo es de alrededor de 150.000 millones. Es una proporción de nueve a uno. Esta ratio de inversión ya dice mucho. Dirijo hoy el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Es el más grande en la familia de las Naciones Unidas. Funciona en 170 países. Pero su capacidad para invertir en el desarrollo es una fracción de lo que puede hacer un ministro de Defensa nacional al comprar la próxima ronda de tanques o aviones. Creo que sería interesante que en el futuro, el conflicto no sea la solución, sino que la cooperación sea el camino a seguir. Habrá quienes dirán que esto es solo un sueño. Pero no. Hay argumentos sobre qué funciona mejor, si las inversiones militares o para el desarrollo. Hay una cierta ironía en el hecho de que, entre las cinco potencias del Consejo de Seguridad con derecho a veto, cuatro son las mayores exportadoras de armas del mundo. No es una buena estadística.

P. Siempre se mencionan los casos de China e India como buenos ejemplos de desarrollo. Pero África subsahariana, según los informes, no avanza. ¿Se está el mundo olvidando de esta región?

R. No debemos subestimar el tamaño de África y la cantidad de países que tiene, más de 50. En este continente hay historias muy diferentes que contar. Algunas de las economías de más rápido crecimiento en la última década son africanas. Senegal es un buen ejemplo. Pero lo que el mundo oye y ve de África son los conflictos y las guerras civiles como la que hay en República Centroafricana. Creo que existe la clara necesidad de mejorar la gobernanza y la creación de instituciones, porque los países en los que los Gobiernos no funcionan tarde o temprano se desmoronan. En segundo lugar, la comunidad internacional tiene que invertir en África, creo que los rendimientos serán enormes. Es la región económica con mayor y más rápido crecimiento en el mundo. Pocos se dan cuenta de que, en solo 30 o 40 años, en el continente habrá 2.000 millones de ciudadanos, es un mercado global. Creo que su futuro está lleno de esperanza

Por Alejandra Agudo

Nueva York 30 JUL 2019 - 17:01 COT

Publicado enSociedad
 Greta Thunberg (la segunda por la derecha) junto a un grupo de jóvenes activistas medioambientales en la Asamblea Nacional de París. Philippe Wojazer Reuters)

La activista sueca, invitada de honor en la Asamblea Nacional francesa

 

 

La puesta en escena para Greta Thunberg en París no podía ser más elocuente. No porque estuviera invitada para debatir en la Asamblea Nacional francesa, un raro honor más extraordinario aún vista la corta edad de la joven, 16 años. Sobre todo, porque el París al que llegó Thunberg este martes es una ciudad —y todo un país— casi fundidos por una oleada de calor, la segunda en pocas semanas, que pone en evidencia que los riesgos del cambio climático contra los que lleva advirtiendo desde hace más de un año la joven activista sueca son un problema que, más que a la vuelta de la esquina, están ya metidos en casa.

“De aquí a 2030, si no hacemos nada, no podremos revertir el cambio climático”, advirtió, muy seria, ante los casi 200 diputados que acudieron a escucharla.

La presencia de Thunberg ha provocado una fuerte controversia en Francia. Diputados sobre todo de derecha y de la extrema derecha criticaron en los últimos días la presencia de la joven, a quien llamaron a boicotear tras calificarla, entre otros, de “profeta en pantalones cortos”, “gurú apocalíptico”, “premio Nobel del miedo” o marioneta al servicio de lobbies ecologistas. Unas calificaciones y unas ausencias —Thunberg y otros tres jóvenes activistas franceses hablaron finalmente en una sala y no el hemiclo— que no inmutaron a la adolescente sueca.

“Algunos han decidido no venir aquí hoy, algunos han decidido no escucharnos. No pasa nada. Ustedes no están obligados a escucharnos, al fin y al cabo, no somos más que chavales. Pero ustedes sí tienen el deber de escuchar a la ciencia. Es todo lo que pedimos: que se unan tras la ciencia”, replicó Thunberg agitando en su mano el último informe del grupo de expertos intergubernamentales sobre la evolución del clima de la ONU, el Giec. Además de contra responsables políticos, la joven también cargó contra empresarios y periodistas, a quienes responsabilizó de “mentir” sobre lo que hacen jóvenes como ella y de no contar lo que está pasando ni de advertir de la seriedad de la emergencia climática para concienciar adecuadamente a la sociedad.

Mientras Thunberg hablaba, toda Francia sudaba. El país sufre su segunda oleada de calor en pocas semanas, tras haber registrado en junio el récord absoluto jamás registrado: 46 grados en el sur del país. París se apresta a batir también en los próximos días su propio récord con temperaturas de hasta 41 grados. El último récord, recuerda la Agencia France Presse, data de 1947, cuando los termómetros capitalinos marcaron 40,4°C.

La sequía es ya una preocupación nacional y sectores como el vinícola se preparan para el golpe que se avecina, con una caída de la producción de entre 6 y 13% respecto al año pasado, según estimaciones oficiales. En numerosas ciudades del país se han dispuesto salas “de refresco”, se ha limitado la circulación y se han decretado medidas dirigidas sobre todo a los mayores, la población más vulnerable en estos momentos, con vistas a evitar un episodio como el de la oleada de calor de 2003, que dejó 15.200 muertos en Francia.

Desde la Asamblea Nacional, Greta Thunberg tomaba sorbos de agua de una botella de aluminio reciclable —también ha venido a Francia en tren para contaminar menos— mientras seguía reclamando que los responsables políticos y sociales actúen de una vez y lo hagan de verdad, no solo como “bellas campañas de relaciones públicas”. “La emergencia climática es hoy y es ahora, y no acaba más que comenzar, y solo va a empeorar”, insistió.

Por Silvia Ayuso

París 23 JUL 2019 - 10:02 COT

Publicado enMedio Ambiente
El FMI recorta drásticamente la previsión de crecimiento para América Latina en 2019

La economía de la región se expandirá un 0,6%, frente al 1,4% proyectado hasta ahora. Brasil, el mayor damnificado por esta revisión

 

 

La dinámica se ha convertido en casi un ritual: la economía latinoamericana empieza el año con previsiones de crecimiento más o menos robustas y, a medida que avanzan los meses, va perdiendo fuelle. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado este martes severamente su pronóstico de crecimiento para América Latina y el Caribe en plena desaceleración global: la región cerrará este año con un avance del 0,6%, muy lejos de lo que cabría esperar para un bloque emergente y de la proyección del propio fondo hace tres meses, cuando auguraba que la expansión rondaría el 1,4%. Una rebaja que el propio Fondo califica de “considerable” y que no ayudará a la consecución de otros objetivos como la reducción de la pobreza o la informalidad, ambos estrechamente dependientes de una evolución positiva de la economía. Para 2020 las noticias son algo mejores, aunque también peores de lo que se esperaba hasta ahora: de cumplirse la proyección, Latinoamérica crecerá un 2,3%, una décima menos de lo pronosticado en abril.

El FMI va más allá de los fríos números y constata con palabras contundentes la rebaja de su proyección para la región, el bloque donde más cae el crecimiento respecto a las proyecciones de primavera. “En América Latina la actividad se ralentizó notablemente al inicio del año en varias economías”, subrayan los técnicos de su institución al tiempo que hablan de cuestiones “idiosicráticas”. El 0,6% es una cifra débil incluso si se compara con los dos ejercicios anteriores, en los que la mayoría de organismos internacionales y casas de análisis coincidían en tildar de decepcionante: 1,2% y 1% en 2017 y 2018, respectivamente. Y se queda muy atrás respecto al resto de bloques en vías de desarrollo, que este año crecerán de media un 4,1% liderados, como viene siendo una constante, por Asia.

El organismo comandado por Christine Lagarde —que dejará Washington por Fráncfort, para ponerse al frente del Banco Central Europeo (BCE), a finales de octubre— se detiene sobre varios países de la región, pero solo hace análisis individuales de las dos mayores economías latinoamericanas: Brasil y México. En el primer caso, la proyección es un jarro de agua fría sobre los hombros de su presidente, Jair Bolsonaro, que se enfrenta con la primera revisión a la baja desde que está en el poder. La corrección no es menor: la economía brasileña, según los técnicos del Fondo, cerrará este año con un magro crecimiento del 0,8%, frente al 2,1% que pronosticaba en abril, la rebaja más severa de todos los países analizados. Solo el año que viene el gigante latinoamericano podrá presumir de una expansión económica por encima 2%: del 2,4%. El documento del FMI contiene extractos que dolerán, y mucho, en Brasilia: el prestamista de última instancia a escala global achaca la rebaja en sus previsiones a un sentimiento económico “considerablemente debilitado” como “reflejo de la incertidumbre persistente sobre la aprobación de la reforma de pensiones y de otros cambios estructurales”

 

Mal dato en México, a la espera del crecimiento hasta junio

Para México -que en poco más de una semana sabrá si entró en recesión en la primera mitad del año, tras cerrar en rojo el periodo entre enero y marzo- el diagnóstico es igualmente negativo, aunque el recorte en el crecimiento para el ejercicio en curso dista mucho del rejonazo brasileño. De acuerdo con las cifras del Fondo, la economía del país norteamericano crecerá este año un exiguo 0,9%, siete décimas menos de lo que la institución auguraba en primavera, y en 2020 lo hará un 1,9%. En ambos casos, la expansión se queda lejos del objetivo fijado por su presidente, Andrés Manuel López Obrador, que ha prometido por activa y por pasiva -tanto en campaña como después de tomar posesión- que la economía crecerá un 4% anual durante su sexenio.

La tercera economía de la región, Argentina -un país rescatado por el propio Fondo Monetario hace justo un año y donde la inflación permanece disparada-, se contrajo en el primer trimestre de 2019, aunque a una tasa menor que la registrada en el mismo periodo del año pasado, lo que lleva al FMI a revisar ligeramente a la baja para el resto del ejercicio aunque sin aportar datos en esta primera lectura. Para 2020, los economistas del Fondo pronostican que la economía argentina “se recuperará” -registrará tasas positivas-, si bien será de forma “modesta”. En Chile, aunque todavía con su economía -acaso la más sólida de América Latina- en tasas positivas, la revisión también es a la baja, en lo que constituye otro escollo para su presidente, Sebastián Piñera, que puso la revitalización económica como eje central de su campaña y que ha visto mermada su popularidad al no poder conseguir este objetivo en los primeros meses de su segundo mandato.

Sin embargo, la peor parte del pastel se la lleva, como siempre, Venezuela, una economía atenazada por un sistema de fijación de precios desnortado -la inflación sigue desbocada, en cifras inimaginables en cualquier otro país del mundo: 10.000.000% interanual- y a la que el propio Fondo Monetario señala siempre como el peor alumno de la clase global: el país sudamericano cerró 2018 con una caída del PIB del 25% y este año su economía sufrirá una dentellada del 35%. “La profunda crisis humanitaria y su implosión económica continúa teniendo un impacto devastador”, cierran los técnicos del FMI sobre un país, el presidido por Nicolás Maduro, que ya forma parte del triste club de los mayores descalabros de la historia económica global.

Por Ignacio Fariza

México 23 JUL 2019 - 13:38 COT

Publicado enEconomía
Ley de Regiones, ¿para la descentralización y el desarrollo territorial?

La Ley de Regiones es casi una realidad en Colombia, de ser refrendada por Duque, vendrán cambios en toda la estructura administrativa del país. ¿En qué consiste esta Ley? ¿Cuáles son sus implicaciones?

 

En abril del año en curso surtió conciliación en el Senado el articulado del proyecto de ley No. 258 de 2018 –Cámara– y 182 de 2017 –Senado– “Por la cual se dictan normas orgánicas para el fortalecimiento de la Región Administrativa de Planificación, se establecen las condiciones para su conversión en Región Entidad Territorial y se dictan otras disposiciones, en desarrollo de los artículos 3016 y 3017 de la C.P” ampliamente conocido como “Ley de Regiones”.

Esta iniciativa, surgida a comienzos del año 2017, luego de surtir cuatro debates en comisiones y plenarias de Cámara y Senado, fue aprobada y está a la espera de sanción presidencial para entrar en vigencia.

 

 

Implicaciones de la Ley de Regiones

 

Como su nombre lo indica, este proyecto de Ley pretende fortalecer las Regiones Administrativas de Planificación (RAP) y fijar condiciones para su posterior conversión en Regiones Entidad Territorial (RET). Las RAP son una forma asociativa entre dos o más departamentos, con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio, con el fin de promover acciones para el desarrollo regional, propender por la articulación de la planeación entre las distintas Entidades Territoriales que la conforman y velar por una visión regional en los distintos planes, programas y proyectos que se adelanten para el desarrollo del país.

Las RET, por su parte, implican un mayor desarrollo en su alcance, puesto que constituyen una nueva instancia institucionalizada de ordenamiento y organización político administrativa del país, en forma de Entidad Territorial –al igual que los municipios y departamentos–, lo que implica disposiciones orgánicas y arreglos institucionales en definición de competencias, articulación con otros niveles político administrativos, y el establecimiento de fuentes de financiamiento que pueden provenir del Presupuesto General de la Nación, de recursos de las Entidades Territoriales que las conforman, o de la generación de recursos propios, las cuales tendrían que garantizar su funcionamiento como una nueva estructura administrativa de ordenamiento y de instancias burocráticas implícitas en su conformación y desarrollo.

 

Discusiones entorno al proyecto de Ley

 

El proceso de sanciones y debates en torno al proyecto de ley desde su primera ponencia, atravesó diferentes modificaciones a partir de distintas disposiciones fiscales y discusiones frente a las implicaciones que tendrían algunas de las propuestas planteadas en sus inicios, que vale la pena traer a colación en tanto brindan una idea de las intenciones iniciales con que surge esta iniciativa.

Mientras el actual articulado aprobado deja claro que de ninguna manera la constitución de las RAP o las RET podrán generar presiones de financiamiento provenientes directamente de los recursos del Presupuesto General de la Nación o podrán modificar la asignación del Sistema General de Participaciones, las primeras propuestas de articulado ponían de manifiesto su interés en que esto fuera posible, especificando la necesidad de que los gastos de funcionamiento de las nuevas estructuras administrativas fueran garantizados por las transferencias de la Nación, lo cual implicaba el sostenimiento de una Gobernación y una Asamblea Regional como nuevas estructuras burocráticas, sin hallar una relación necesaria con los objetivos principales de planificación y gestión del desarrollo.

Ahora bien, cabe resaltar que la figura de las RAP definidas en el proyecto de ley aprobado, no son innovadoras sino que se implementaron incluso desde la expedición de la ley 1454 de 2011 que dicta normas orgánicas sobre el ordenamiento territorial del país, estableciendo las RAP como esquemas asociativos regionales que no generan presiones en el presupuesto nacional o en creación de nuevas instancias burocráticas, y que respondan a objetivos de planificación y gestión del desarrollo regional por medio de la devolución de competencias y recursos del nivel nacional al territorial.

Debe resaltarse que luego de 8 años de su implementación, las RAP no cuentan con evaluaciones técnicas ni experiencias claras de su puesta en marcha, siendo un modelo incipiente que presenta distintos retos para su consolidación y que, además, debería ser la evaluación de estas experiencias la que permitiera el análisis de las realidades territoriales locales, el entendimiento de sus propias dinámicas de desarrollo y sus necesidades de planeación, para luego determinar las estructuras administrativas que lo posibiliten y no de manera contraria como se propone.

En este sentido, cabe preguntarse si el logro de la dinamización de la planeación y el desarrollo territorial, de manera real y efectiva, depende de la creación de estructuras administrativas en niveles superiores de gobierno que definan las estrategias de desarrollo regional, o si más bien debería ser la definición propia de los espacios territoriales locales por medio de su fortalecimiento, quienes permitieran la construcción de una visión de planeación para el desarrollo que responda a sus propias dinámicas socio-económicas, culturales, geográficas y en especial funcionales, para que a partir de ellas puedan generar alianzas estratégicas con otros territorios locales, sin depender de su delimitación geográfica territorial sino de la pertinencia de su asociatividad de acuerdo a los objetivos que persigan.

Por otro lado, a pesar del cambio en las pretensiones de financiamiento por parte del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el funcionamiento de las RAP y las RET, y las definiciones de financiamiento centradas en la disposición de recursos de las Entidades Territoriales que las conforman, así como de recursos de cofinanciación, aún queda la inquietud frente a los mecanismos de concurso para la asignación de recursos para los proyectos de inversión definidos por cada una de las regiones, puesto que podría poner en desventaja a aquellas regiones que por su capacidad institucional no cuenten con ciertas fortalezas en la generación de proyectos de inversión bien formulados o. incluso, en la supeditación de objetivos locales de desarrollo territorial a costa de intereses e influencias más fuertes presentes en las amplias estructuras territoriales que implican las regiones.

 

El paso de las RAP a la constitución como RET

 

Lo anterior no pretende poner en duda la pertinencia del espíritu de desarrollo regional y las necesidades que el país presenta en esta materia, sino cuestionar los mecanismos institucionales y de ordenamiento que se dispongan para tal fin. Así, pese a que las RAP pueden traer beneficios para el desarrollo del país –como espacio para la planificación y gestión del desarrollo territorial–, lo que en este proyecto de ley llama principalmente la atención y genera múltiples dudas, es el paso de las RAP a su constitución como RET.

De ahí la necesidad de resaltar que una nueva forma de ordenamiento político administrativo en un nivel superior al departamental, puede generar novísimas presiones fiscales y burocráticas, y en un contexto real del país, es evidente que aún falta mucho camino para el alcance de autonomías locales y la consolidación efectiva de la descentralización, una pretensión que debiera pasar por el estimulo a la participación plena de la ciudadanía en la definición de proyectos de inversión que respondan a la identificación de sus propias necesidades para la transformación efectiva de su cotidianidad. De así avanzar, construyendo una visión de desarrollo local que parta de la participación democrática de sus habitantes, le estaríamos dando paso a una democracia cada vez más renovada, donde lo formal se someta a lo real, es decir, donde más allá de elegir a sus gobernantes de cualquier nivel administrativo, el ciudadano de a pie sienta los beneficios de la participación decisoria en todos los aspectos de su cotidianidad. Solo así, por ejemplo, podrían crearse barreras efectivas contra la corrupción, a la vez de construir vías de desarrollo acordes a su contexto.


Así mismo, solo basta con echar un vistazo a las debilidades territoriales para generación de recursos propios, a las generalizadas deficiencias en materia fiscal representadas en la calidad del gasto o su capacidad de recaudo de ingresos diferentes a los provenientes del origen nacional, a la baja capacidad en materia de planeación para la construcción de proyectos de inversión adecuados que superen la visión cortoplacista de los distintos gobiernos, o a los múltiples conflictos en torno a los títulos y delimitación de territorios así como su concentración en propiedad.

En este camino de búsquedas y fracasos, basta con recordar lo vivido con los procesos de municipalización y definición de formas claras de organización político administrativa en las áreas no municipalizadas del país, que abarcan nada menos que cerca de una cuarta parte del territorio nacional en los departamentos de Amazonas, Guainía y Vaupés; o mejor aún, cuando al cabo de 28 años de la celebración de la Constitución del 91, que abre paso a la conformación de las Entidades Territoriales Indígenas “ETI”, que serían definidas en la Ley de Ordenamiento Territorial, se expide esta última en 2011 sin referencia alguna frente a este punto, poniendo de manifiesto el constante desinterés y falta de voluntad de gobierno para el respeto por la autonomía, derechos y garantías a los pueblos indígenas del país.

Ante estas realidades y dilemas, es urgente estar al tanto de que la implementación de las RAP realmente resulte aportando de manera efectiva a la dinamización del desarrollo territorial, a la superación de brechas de desarrollo en los territorios, a la consolidación del proceso descentralizador del país, y a la generación de nuevas autonomías que permitan una mejor planificación y ejecución de proyectos de inversión con visión regional. Pero, en especial, debería esperarse que el paso a las propuestas RET se de a partir de una evaluación realista de la experiencia de implementación y efectividad de las RAP.


Estamos ante el último paso que debe surtir este proyecto para transformase en Ley, y existe expectativa por la decisión que tomará Duque frente al mismo, aunque es previsible su aprobación por lo jugosa que resulta la oportunidad de potenciar su acumulado político a partir de las banderas siempre pretendidas de descentralización y autonomía, así como de sus proclamas presentes desde el inicio de su campaña en pro de la construcción de un país de regiones. Al final de este debate de varios años, esto es lo determinante, a un lado quedan participación, democracia real, autonomía, mejoramiento de lo administrativo, y autodeterminación propia de la visión de desarrollo regional, así como otros tópicos indispensables de considerar para que el país camine por la senda de la construcción democrática del territorio, dejando a un lado la senda requerida por instancias superiores burocráticas de gobierno.

 

* Economista de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de maestría en Estudios Políticos del mismo centro de estudios.

Publicado enColombia
Ley de Regiones, ¿para la descentralización y el desarrollo territorial?

La Ley de Regiones es casi una realidad en Colombia, de ser refrendada por Duque, vendrán cambios en toda la estructura administrativa del país. ¿En qué consiste esta Ley? ¿Cuáles son sus implicaciones?

 

En abril del año en curso surtió conciliación en el Senado el articulado del proyecto de ley No. 258 de 2018 –Cámara– y 182 de 2017 –Senado– “Por la cual se dictan normas orgánicas para el fortalecimiento de la Región Administrativa de Planificación, se establecen las condiciones para su conversión en Región Entidad Territorial y se dictan otras disposiciones, en desarrollo de los artículos 3016 y 3017 de la C.P” ampliamente conocido como “Ley de Regiones”.

Esta iniciativa, surgida a comienzos del año 2017, luego de surtir cuatro debates en comisiones y plenarias de Cámara y Senado, fue aprobada y está a la espera de sanción presidencial para entrar en vigencia.

 

 

Implicaciones de la Ley de Regiones

 

Como su nombre lo indica, este proyecto de Ley pretende fortalecer las Regiones Administrativas de Planificación (RAP) y fijar condiciones para su posterior conversión en Regiones Entidad Territorial (RET). Las RAP son una forma asociativa entre dos o más departamentos, con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio, con el fin de promover acciones para el desarrollo regional, propender por la articulación de la planeación entre las distintas Entidades Territoriales que la conforman y velar por una visión regional en los distintos planes, programas y proyectos que se adelanten para el desarrollo del país.

Las RET, por su parte, implican un mayor desarrollo en su alcance, puesto que constituyen una nueva instancia institucionalizada de ordenamiento y organización político administrativa del país, en forma de Entidad Territorial –al igual que los municipios y departamentos–, lo que implica disposiciones orgánicas y arreglos institucionales en definición de competencias, articulación con otros niveles político administrativos, y el establecimiento de fuentes de financiamiento que pueden provenir del Presupuesto General de la Nación, de recursos de las Entidades Territoriales que las conforman, o de la generación de recursos propios, las cuales tendrían que garantizar su funcionamiento como una nueva estructura administrativa de ordenamiento y de instancias burocráticas implícitas en su conformación y desarrollo.

 

Discusiones entorno al proyecto de Ley

 

El proceso de sanciones y debates en torno al proyecto de ley desde su primera ponencia, atravesó diferentes modificaciones a partir de distintas disposiciones fiscales y discusiones frente a las implicaciones que tendrían algunas de las propuestas planteadas en sus inicios, que vale la pena traer a colación en tanto brindan una idea de las intenciones iniciales con que surge esta iniciativa.

Mientras el actual articulado aprobado deja claro que de ninguna manera la constitución de las RAP o las RET podrán generar presiones de financiamiento provenientes directamente de los recursos del Presupuesto General de la Nación o podrán modificar la asignación del Sistema General de Participaciones, las primeras propuestas de articulado ponían de manifiesto su interés en que esto fuera posible, especificando la necesidad de que los gastos de funcionamiento de las nuevas estructuras administrativas fueran garantizados por las transferencias de la Nación, lo cual implicaba el sostenimiento de una Gobernación y una Asamblea Regional como nuevas estructuras burocráticas, sin hallar una relación necesaria con los objetivos principales de planificación y gestión del desarrollo.

Ahora bien, cabe resaltar que la figura de las RAP definidas en el proyecto de ley aprobado, no son innovadoras sino que se implementaron incluso desde la expedición de la ley 1454 de 2011 que dicta normas orgánicas sobre el ordenamiento territorial del país, estableciendo las RAP como esquemas asociativos regionales que no generan presiones en el presupuesto nacional o en creación de nuevas instancias burocráticas, y que respondan a objetivos de planificación y gestión del desarrollo regional por medio de la devolución de competencias y recursos del nivel nacional al territorial.

Debe resaltarse que luego de 8 años de su implementación, las RAP no cuentan con evaluaciones técnicas ni experiencias claras de su puesta en marcha, siendo un modelo incipiente que presenta distintos retos para su consolidación y que, además, debería ser la evaluación de estas experiencias la que permitiera el análisis de las realidades territoriales locales, el entendimiento de sus propias dinámicas de desarrollo y sus necesidades de planeación, para luego determinar las estructuras administrativas que lo posibiliten y no de manera contraria como se propone.

En este sentido, cabe preguntarse si el logro de la dinamización de la planeación y el desarrollo territorial, de manera real y efectiva, depende de la creación de estructuras administrativas en niveles superiores de gobierno que definan las estrategias de desarrollo regional, o si más bien debería ser la definición propia de los espacios territoriales locales por medio de su fortalecimiento, quienes permitieran la construcción de una visión de planeación para el desarrollo que responda a sus propias dinámicas socio-económicas, culturales, geográficas y en especial funcionales, para que a partir de ellas puedan generar alianzas estratégicas con otros territorios locales, sin depender de su delimitación geográfica territorial sino de la pertinencia de su asociatividad de acuerdo a los objetivos que persigan.

Por otro lado, a pesar del cambio en las pretensiones de financiamiento por parte del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el funcionamiento de las RAP y las RET, y las definiciones de financiamiento centradas en la disposición de recursos de las Entidades Territoriales que las conforman, así como de recursos de cofinanciación, aún queda la inquietud frente a los mecanismos de concurso para la asignación de recursos para los proyectos de inversión definidos por cada una de las regiones, puesto que podría poner en desventaja a aquellas regiones que por su capacidad institucional no cuenten con ciertas fortalezas en la generación de proyectos de inversión bien formulados o. incluso, en la supeditación de objetivos locales de desarrollo territorial a costa de intereses e influencias más fuertes presentes en las amplias estructuras territoriales que implican las regiones.

 

El paso de las RAP a la constitución como RET

 

Lo anterior no pretende poner en duda la pertinencia del espíritu de desarrollo regional y las necesidades que el país presenta en esta materia, sino cuestionar los mecanismos institucionales y de ordenamiento que se dispongan para tal fin. Así, pese a que las RAP pueden traer beneficios para el desarrollo del país –como espacio para la planificación y gestión del desarrollo territorial–, lo que en este proyecto de ley llama principalmente la atención y genera múltiples dudas, es el paso de las RAP a su constitución como RET.

De ahí la necesidad de resaltar que una nueva forma de ordenamiento político administrativo en un nivel superior al departamental, puede generar novísimas presiones fiscales y burocráticas, y en un contexto real del país, es evidente que aún falta mucho camino para el alcance de autonomías locales y la consolidación efectiva de la descentralización, una pretensión que debiera pasar por el estimulo a la participación plena de la ciudadanía en la definición de proyectos de inversión que respondan a la identificación de sus propias necesidades para la transformación efectiva de su cotidianidad. De así avanzar, construyendo una visión de desarrollo local que parta de la participación democrática de sus habitantes, le estaríamos dando paso a una democracia cada vez más renovada, donde lo formal se someta a lo real, es decir, donde más allá de elegir a sus gobernantes de cualquier nivel administrativo, el ciudadano de a pie sienta los beneficios de la participación decisoria en todos los aspectos de su cotidianidad. Solo así, por ejemplo, podrían crearse barreras efectivas contra la corrupción, a la vez de construir vías de desarrollo acordes a su contexto.


Así mismo, solo basta con echar un vistazo a las debilidades territoriales para generación de recursos propios, a las generalizadas deficiencias en materia fiscal representadas en la calidad del gasto o su capacidad de recaudo de ingresos diferentes a los provenientes del origen nacional, a la baja capacidad en materia de planeación para la construcción de proyectos de inversión adecuados que superen la visión cortoplacista de los distintos gobiernos, o a los múltiples conflictos en torno a los títulos y delimitación de territorios así como su concentración en propiedad.

En este camino de búsquedas y fracasos, basta con recordar lo vivido con los procesos de municipalización y definición de formas claras de organización político administrativa en las áreas no municipalizadas del país, que abarcan nada menos que cerca de una cuarta parte del territorio nacional en los departamentos de Amazonas, Guainía y Vaupés; o mejor aún, cuando al cabo de 28 años de la celebración de la Constitución del 91, que abre paso a la conformación de las Entidades Territoriales Indígenas “ETI”, que serían definidas en la Ley de Ordenamiento Territorial, se expide esta última en 2011 sin referencia alguna frente a este punto, poniendo de manifiesto el constante desinterés y falta de voluntad de gobierno para el respeto por la autonomía, derechos y garantías a los pueblos indígenas del país.

Ante estas realidades y dilemas, es urgente estar al tanto de que la implementación de las RAP realmente resulte aportando de manera efectiva a la dinamización del desarrollo territorial, a la superación de brechas de desarrollo en los territorios, a la consolidación del proceso descentralizador del país, y a la generación de nuevas autonomías que permitan una mejor planificación y ejecución de proyectos de inversión con visión regional. Pero, en especial, debería esperarse que el paso a las propuestas RET se de a partir de una evaluación realista de la experiencia de implementación y efectividad de las RAP.


Estamos ante el último paso que debe surtir este proyecto para transformase en Ley, y existe expectativa por la decisión que tomará Duque frente al mismo, aunque es previsible su aprobación por lo jugosa que resulta la oportunidad de potenciar su acumulado político a partir de las banderas siempre pretendidas de descentralización y autonomía, así como de sus proclamas presentes desde el inicio de su campaña en pro de la construcción de un país de regiones. Al final de este debate de varios años, esto es lo determinante, a un lado quedan participación, democracia real, autonomía, mejoramiento de lo administrativo, y autodeterminación propia de la visión de desarrollo regional, así como otros tópicos indispensables de considerar para que el país camine por la senda de la construcción democrática del territorio, dejando a un lado la senda requerida por instancias superiores burocráticas de gobierno.

 

* Economista de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de maestría en Estudios Políticos del mismo centro de estudios.

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Personas pobres afectadas por las disputas de tierra en Cambodia se han visto obligadas a vivir en un cementerio en Phnom Penh.Foto Afp

Al llamar a redoblar los esfuerzos para erradicar la pobreza extrema, especialmente la rural, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló que se calcula que 10 por ciento de la población mundial se encuentra en esa condición.

 

El organismo expuso que "desde 1990 el progreso mundial para reducir la pobreza no tiene parangón". Sin embargo, "alrededor de 736 millones de personas siguen padeciendo" esta condición y es muy posible que las cifras aumenten. “Se espera que una desaceleración continua del crecimiento económico mundial impida –o incluso invierta– el progreso hacia la reducción de la pobreza, en particular en las zonas rurales de los países más pobres”.

 

De acuerdo con el Banco Mundial, de 1990 a 2015 la tasa de pobreza extrema se redujo, en promedio, un punto porcentual por año (de casi 36 por ciento a 10), pero sólo bajó un punto entre 2013 y 2015.

 

En ese lapso, mil millones de personas salieron de ese rango, pero una desaceleración económica mundial podría poner en riesgo el Objetivo de Desarrollo Sostenible de eliminar la pobreza en 2030.

 

Sostuvo que se debe hacer más evidente el vínculo entre pobreza y hambre, "promoviendo la coherencia de las políticas entre los sectores de la protección social, la seguridad alimentaria y la nutrición y facilitando programas que aglutinen la asistencia social, el acceso a la educación nutricional, la atención sanitaria y una agricultura que tenga en cuenta la nutrición". Llamó a la inclusión económica de las personas en extrema pobreza en las zonas rurales, con la promoción de inversiones agrícolas y para la alimentación y de las oportunidades de empleo.

 

Señaló que es esencial promover medios de vida ambientalmente sostenibles y resilientes, incluyendo la reducción de la pobreza en las medidas relativas al cambio climático. "Teniendo en cuenta estas tendencias, la FAO considera que es necesario un mayor esfuerzo para llegar a las personas extremadamente pobres, que viven predominantemente en las zonas rurales".

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La imagen de Steffen Olsen, del Instituto Danés de Meteorología, dio la vuelta al mundo. En ella se observa a sus perros de trineo avanzar con dificultad en una zona de hielo derretido. La experta Ruth Mottram teme que por las temperaturas récord aumente el descongelamiento del glaciar más alto de Groenlandia, el cual podría afectar a zonas costeras del mundo. Foto Afp

Sólo el 17 de junio perdió 3 mil 700 millones de toneladas de hielo // Se romperá récord de 2012, advierten

 

Copenhague. Aún no ha llegado el verano y los científicos ya temen un infierno en Groenlandia debido a las temperaturas récord y a la anticipación del deshielo. De continuar así, en el futuro el derretimiento de la capa congelada podría inundar las zonas costeras del planeta.

 

Los científicos no excluyen que 2019 sea un nuevo annus horribilis para el continente blanco. "Es posible que se batan los récords de 2012, tanto en lo que concierne a la banquisa (capa de hielo provocada por el congelamiento de las aguas oceánicas) más baja del Ártico (...) como para el deshielo del casquete glaciar más alto de Groenlandia", advirtió Ruth Mottram, climatóloga del Instituto Danés de Meteorología (DMI). "Esto dependerá sobre todo de las condiciones climáticas", agregó.

 

Una foto impresionante del deshielo precoz captada la semana pasada en el noroeste del territorio por un científico del DMI ha dado la vuelta al mundo.

 

En tanto buscaba balizas oceanográficas y una estación meteorológica, Steffen Olsen captó la imagen de sus perros de trineo avanzando con dificultad sobre un fiordo cuya banquisa estaba recubierta por cinco o seis centímetros de hielo derretido. Bajo un cielo extremadamente azul, frente a las montañas casi sin nieve, el trineo parece navegar sobre el agua.

 

"La imagen es impactante (...) puesto que muestra realmente cómo está cambiando el Ártico", prosiguió Mottram.

 

"Los lugareños (que acompañan la expedición) no esperaban que la banquisa empezara a fundirse tan pronto. Acostumbran tomar la ruta porque el hielo es muy espeso, pero tuvieron que dar marcha atrás debido a que el agua era cada vez más profunda y ya no podían avanzar."

 

La víspera, el 12 de junio, la estación meteorológica más cercana, la de Qaanaaq, registró 17.3 grados Celsius, o sea 0.3 grados por debajo de su récord absoluto del 30 de junio de 2012.

 

"El invierno ha sido seco y recientemente hubo corrientes de aire caliente, el cielo despejado y mucho sol, todas las condiciones necesarias para un derretimiento precoz", señaló Mottram.

 

A medida que la atmósfera se calienta, se espera que este fenómeno se agrave, con la consecuencia de alterar el modo de vida de la población local, al reducir los periodos de caza y perturbar el ecosistema.

 

La cantidad de osos polares en todo el Ártico ha disminuido en 40 por ciento durante la última década, según el Instituto de Estudios Geológicos de Estados Unidos, así como la de narvales –también llamados unicornios de mar–, que se encuentran cada vez más privados del refugio natural que constituye para ellos la banquisa contra la orca, un temible predador.

 

El 17 de junio, en un solo día, Groenlandia perdió 3 mil 700 millones de toneladas de hielo, según estimaciones del instituto danés.

 

Desde comienzos de este mes, la pérdida ha llegado a 37 mil millones de toneladas, escribió en su cuenta de Twitter Xavier Fettweis, climatólogo de la Universidad de Lieja, Bélgica.

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Por qué es más correcto hablar de "crisis climática" y no de "cambio climático"

El término "crisis" incide en cómo afecta a la sociedad la actual coyuntura climática. Tanto científicos especializados como colectivos ecologistas llevan meses utilizando este concepto para evidenciar la emergencia del momento.  

 

La realidad informativa de España, este diario incluido, utiliza de manera habitual términos como "cambio climático" o "calentamiento global" para referirse a los problemas medioambientales que sufre el planeta. Aunque estos conceptos son válidos, la expresión "crisis climática" parece haber calado en los entornos ecologistas. Con ella se busca evidenciar que la situación medioambiental del planeta pende de un hilo temporal de tan sólo diez años, tal y como advierten los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Fueron precisamente los científicos del IPCC los que emplearon las palabras "crisis" y "emergencia" para referirse a la situación climática del presente. Unos conceptos que fueron recogidos por los colectivos sociales que durante los últimos meses han salido a las calles de Europa, capitaneados por la joven Greta Thunberg, para reclamar acciones políticas que reviertan los riesgos medioambientales hacia los que camina la humanidad.

Esto no quiere decir que los otros términos hayan quedado desactualizados, de hecho, seguirán apareciendo en las informaciones tal y como ocurre en el resto de publicaciones científicas. Sin embargo, el reconocimiento de la crisis climática a nivel mediático tiene que ver con "subir el nivel del debate", expone Héctor de Prado, responsable de Energía y Clima en Amigos de la Tierra. "Al final se trata de comunicar, pero hay que darle el significado real a las palabras y hay que hacerlo de una manera honesta", añade.

"Cuando cambiamos el lenguaje también cambiamos la forma en la que pensamos", argumenta Javier Andaluz, responsable de Clima en Ecologistas en Acción. El activista expone que el cambio terminológico que se está dando en los últimos meses tiene que ver con "asumir y aceptar que nos encontramos ante un reto de grandes magnitudes que nos afecta en muchísimos aspectos de la vida cotidiana".

Se trata, además de una medida que trasciende a los medios de comunicación. Buen ejemplo de ello es The Guardian, que el pasado mes de mayo decidió incluir "crisis climática" dentro de su libro de estilo. "Queremos asegurarnos de que estamos siendo científicamente precisos, al mismo tiempo que nos comunicamos claramente con los lectores sobre este tema tan importante", argumentaba Katharine Viner, jefa de edición del medio británico.

El guante del periódico ingles lo ha recogido también la propia Fundéu española –fundación que vela por el buen uso del lenguaje en los medios de comunicación–, que hace una semana publicó una nota en la que advertía de que el concepto "crisis climática" era el "más adecuado para referirse a la magnitud y a las consecuencias del calentamiento global causado por la actividad humana".

"Si bien en los medios de comunicación se viene empleando la denominación cambio climático para aludir al aumento de la temperatura del planeta Tierra provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la dependencia de los combustibles fósiles, amplios sectores de la comunidad científica consideran que se trata de una fórmula que no describe con la suficiente precisión la gravedad de la situación actual", exponía la fundación de la Agencia EFE.

 

Diferencias terminológicas

 

Cambio climático, calentamiento global, crisis climática. Son conceptos válidos. Incluso pueden emplearse como sinónimos a nivel informativo, pero tienen diferencias importantes a nivel científico. 

Cuando hablamos de cambio climático nos referimos estrictamente al fenómeno físico que se ha dado en el planeta y que se sigue dando, sea de manera natural o inducido por el ser humano. Es decir, las mutaciones climáticas, las modificaciones en las temperaturas y las precipitaciones o las transformaciones de los patrones del viento son cualidades que han estado presentes a lo largo de la historia del planeta. Este término, por ende, no incide en el origen antropogénico de la coyuntura climática del presente. 

El calentamiento global, por su parte, es el fenómeno final o el resultado climático que se está experimentando en la actualidad. Este término, a nivel científico, hace referencia a la subida de las temperaturas del planeta y a cómo estas pueden cambiar los ecosistemas.

Sin embargo, la terminología referida a la "crisis" y a la "emergencia" climática, sin negar nada de lo anterior, apunta a la acción del ser humano y las emisiones que esté genera como causa principal de las mutaciones que se están produciendo en la Tierra. En ese sentido, la palabra "crisis" llena de contenido social y acerca a la sociedad un problema que hasta el momento podía parecer ajeno a la humanidad. 

 

La emergencia climática

 

El cada vez más común uso de la palabra "crisis" para referirse a las consecuencias del calentamiento global inducido por el hombre viene ligado a las múltiples manifestaciones verdes que recorren Europa y otras zonas del planeta. Unas protestas civiles que buscan, por encima de todo, que las instituciones gubernamentales reconozcan la emergencia climática.

Esta es la reacción que se requiere desde los colectivos medioambientalistas para revertir la crisis climática actual. De esta forma, la declaración de emergencia se vincula a dos premisas: reconocer el problema y plantear un eje de actuación para solventarlo. Por el momento, Reino Unido es el primer país que aprobó está medida. A su declaración le siguieron las de Irlanda y las de Escocia y Gales. Además, en EEUU y Australia hay 17 ciudades que han aprobado la declaración. En el caso de Europa, más allá del espacio británico e irlandés, sólo encontramos declaraciones regionales impulsadas por gobiernos locales de Italia, Alemania, Suiza, Francia y España (declaración impulsada por el Govern de Catalunya).

Aunque la lista de declaraciones de emergencia es breve, la realidad muestra que, por el momento, estas no van cargadas de la ambición que se reclama desde las calles. Así, una medida que se presenta como revolucionaria termina convirtiéndose en algo simbólico y esto es algo que también puede ocurrir con la popularización del término "crisis climática"

"Hay que evitar que se convierta en una expresión manida como ocurrió en su momento con la palabra sostenibilidad", opina De Prado. Sin embargo, Andaluz incide en el riesgo que puede suponer vaciar de contenido expresiones tan importantes como estas. "Si perdemos el tiempo adulterando los términos es que no hemos entendido nada de lo que supone reconocer la crisis climática", espeta el activista, para evidenciar que el ser humano apenas tiene una década para afrontar la "crisis climática". 

12/06/2019 08:00 Actualizado: 12/06/2019 08:00

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Sábado, 08 Junio 2019 04:58

La Tierra

La Tierra

El miércoles de esta semana fue el Día del Medio Ambiente, y pasó sin pena ni gloria, como pasan delante de nuestros ojos tantos de los hechos de los que dependen nuestras vidas. Mientras el calentamiento global sigue su curso entre otras cosas porque han logrado convertir incluso la expresión “medio ambiente” en algo neutro, en algo de lo que se ocupan los onegeístas, en algo casi abstracto o lejano. En este tema, como en otros, hay que rasgar con urgencia las vestiduras; no las propias, sino las de esa máscara que el poder global ha colocado sobre algunas palabras para que pierdan su real significado. 

No ha sido una operación ni espontánea ni inocente. Como en todo, pero especialmente en relación el medio ambiente, lo han hecho porque era imprescindible volver inocuo lo atroz, para dejar libres las manos que diariamente firman boletos de compra y venta de enormes territorios, para ser explotados como fueron explotados tantos seres humanos que hasta que el trabajo hizo su retirada, y ahora son directamente eliminados o abandonados a su suerte.


“Si el medio ambiente fuera un banco ya lo habrían salvado”, dijo hace poco Pierre Larrouturou, economista, ingeniero agrónomo, eurodiputado por la coalición de Partidos Verdes de distintos países que tienen como principal punto de lucha el calentamiento global. Larrouturou propuso una medida concreta: la creación de un Banco Climático Europeo destinado a la protección de la biodiversidad. Propuso que cada país disponga de un 2 por ciento de su PBI para avanzar hacia una economía sin emisiones de carbono, es decir, un cambio radical en el modo de producción que privilegie las energías renovables, proteja los suelos y tome las medidas necesarias para impedir las extinciones de especies en cadena que sobrevendrán muy pronto. Es curioso como el ciudadano promedio urbano de esta parte del mundo mira la televisión mientras se viste para ir al trabajo para saber si hará frío o calor. Es curioso que sólo la meteorología haya quedado en la agenda acrítica de los grandes medios, mientras sus causas –las de las largas sequías, las del crecimiento de los cinco océanos, las de los huracanes devastadores y las inundaciones o los maremotos– permanezcan en un misterio insondable que nunca es especificado.


Hace ya tres años, la periodista norteamericana especializada en ciencia Elizabeth Kolbert recibió el Pulitzer por su trabajo, luego best seller, La sexta extinción. Era un análisis de documentos científicos en los que biólogos, paleontólogos y cientistas de otras disciplinas detallaban que el planeta ha atravesado ya cinco extinciones masivas que, cada una en su momento, borró más de la mitad de la vida sobre la tierra. Especies que ya tenían una historia de doscientos mil años sencillamente desaparecieron. Se cree que alguna fue por la caída de un enorme meteorito, otra por el despertar inesperado de distintos volcanes. Pero esta vez, cuando ahora –en el último abril– la propia ONU habla del peligro de la sexta extinción y llama –con esa débil voz que tiene la ONU para hablarles a los dueños del mundo–, el desastre sería el primero provocado no por un cataclismo sino por un modo de producción. Es decir, por un modelo de vida. O mejor: por los réditos que muy pocos sacan de eso.


El problema no pasa lejos, pasa lejos y cerca, pasa en todas partes, y lacera. En Pergamino no hay agua potable porque los agrotóxicos la envenenaron. Las muertes por residuos letales del glifosato tiene nombres y apellidos y hasta tumbas que no han sido fotografiadas en el Litoral. En Rosario el miércoles hubo una marcha de los barbijos, y entre las otras pocas manifestaciones colectivas es destacable la de la Garganta Poderosa, que publicó un posteo titulado “Hacen agua por todas partes”. En él, dice la organización villera que “aprovechando el Día del Medio ambiente”, querían recordarle a Rodríguez Larreta que el 70 por ciento de la villa 21–24 sufre emergencia hídrica por falta de presión, que las viviendas desbordan de líquido cloacal y tienen altos niveles de contaminación en el agua.


Un poco más arriba en el mapa pero muy cerca de nuestra necesidad de supervivencia, la Amazonía se enfrenta a una deforestación nunca vista. La extracción sin control del litio en nuestro norte podría anteceder a una sequía sin fin. En la vida real, en los países vecinos, los líderes sociales son asesinados de igual manera que los defensores de los recursos naturales. Los pobres organizados y las comunidades rurales están contemplados como sobrantes de un sistema que sigue avanzando.


En su libro, Elizabet Korbert escribió bajo dos acápites muy bellos, pero hay que hundirse en ellos para entender la dimensión de la que hablan. El primero era de E. O. Wilson: “Si la trayectoria humana encierra algún peligro, no es tanto en la supervivencia de nuestra propia especie como en dar cumplimiento a la ironía última de la evolución orgánica: que en el momento de alcanzar la comprensión de sí misma a través de la mente humana, la vida haya condenado a sus más bellas creaciones”.
Y la siguiente, de Borges: “Siglos y siglos y sólo en el presente ocurren los hechos”.

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No es una crisis del planeta, es una crisis de la humanidad

Numerosas voces se alzan pidiendo la declaración del estado de excepción climática. Quedan tan sólo 10 o 12 años para cambiar de rumbo a nivel planetario y evitar lo peor de un cambio climático del que empezamos a percibir sus consecuencias. Pero el calentamiento global es solo una manifestación de una crisis más profunda, la de una forma de vida que por primera vez en su historia se enfrenta a los límites que le impone su propia supervivencia.

 

Desde hace décadas la comunidad científica y los grupos ecologistas vienen alertando sobre algunos de los problemas que ahora se están intensificando: contaminación, residuos, cambio climático, pérdida de biodiversidad o sequías. En el año 1972 el Club de Roma publicaba el informe Los Límites del Crecimiento, que había encargado al MIT unos meses antes, con la conclusión evidente de que es imposible incrementar de forma indefinida el consumo de recursos del planeta.


Casi 50 años después todo sigue igual o peor. Somos conscientes de que nuestro modelo de vida no puede mantenerse por mucho más tiempo, pero no solo no lo cambiamos si no que profundizamos aún más en él. Se ha barajado hipótesis sobre la incapacidad del ser humano de actuar a largo plazo y sobre todo de anticiparse a los peligros que no son inminentes, en contraposición con unos ciclos naturales y planetarios que se producen a lo largo de cientos o de miles de años. Quizás la premura nos ayude a tomar decisiones. O quizás todavía vemos el peligro lejos en el tiempo o en el espacio. Quizás algunos mensajes no ayudan, como aquellas imágenes de osos polares en el Ártico, o como esas de un planeta en llamas.
Porque el planeta no va a salir ardiendo. Lo que está en juego no es el planeta, es la propia supervivencia del ser humano, la vida, nuestra vida, tal y como la conocemos. El planeta seguirá aquí, con toda probabilidad, hagamos lo que hagamos, con mayor o menor número de especies animales y vegetales, con ser humano o sin él.


Como tantas otras especies que han aparecido y se han extinguido a lo largo de los últimos dos mil o tres mil millones de años, la humanidad puede desaparecer de la faz de la Tierra en un suspiro como quien dice, y la vida y el planeta seguirán su curso. Habrá sido un episodio efímero, apenas unos minutos o unas horas “humanas” en la vida del planeta, un resfriado leve.
¿Por qué debe importarnos entonces lo que hagamos? Puede incluso que el ser humano siga aquí durante otros 200.000 años o más. Es un ser capaz de adaptarse a situaciones muy variables y adversas, y pueden sobrevivir algunos millones de personas en algunos lugares del planeta, por muy difíciles que se pongan las cosas.


Pero no nos engañemos, esto no sucederá para la mayoría de las personas. Miles de millones morirán o pasarán vidas muy duras. De seguir el rumbo que llevamos, podemos enfrentarnos a procesos catastróficos que reduzcan drásticamente la cantidad de alimento, de energía, y de materiales disponibles. La sociedad humana que hemos desarrollado, especialmente en las últimas décadas, industrial, tecnológica y globalizada, puede ver su fin al faltarle suministros básicos.


Pero sobre todo, lo que puede dar al traste con una sociedad que ha evolucionado de forma razonable en los últimos siglos o milenios, son los conflictos sociales y bélicos que pueden darse en un mundo con escasez de recursos, y que pueden ser los peores que se hayan vivido nunca, dado el enorme poder de destrucción que, en paralelo, hemos desarrollado.
Faltan probablemente algunas décadas para llegar a situaciones especialmente graves, pero las personas jóvenes de hoy vivirán seguramente experiencias duras. Como bien dicen, les estamos robando el futuro. A muchas personas, de hecho, se les roba el presente.


Por otro lado, ante la creciente huida de zonas depauperadas, inhóspitas, del hambre y de la guerra, se abre cada vez con más fuerza el auge del fascismo y la xenofobia, de sistemas autoritarios y cerrados, de la polarización social, los muros y las alambradas, las muertes en las fronteras y en los mares, las tensiones y el sufrimiento de miles o millones de personas. Ya está pasando, está empezando, y puede ir a más.


Ante este panorama solo nos queda la humanidad, en el mejor sentido de la palabra, la capacidad de empatía, de solidaridad y de apoyo mutuo, la generosidad con nuestros congéneres más allá de nuestros intereses personales, la voluntad de trabajar por lo colectivo, por un bien superior, la capacidad de no conformarnos con un destino autoimpuesto.


Los cambios que debemos realizar son enormes; llevamos miles de años en un proceso expansivo y acaparador, peleándonos por ver quién la tiene más grande. Esto incluye el funcionamiento de las empresas y el sistema económico, cortoplacista y depredador, por un sistema económico y social diferente: capaz de satisfacer las necesidades humanas sin poner en riesgo su supervivencia, que posibilite los avances tecnológicos, sociales y culturales en un marco de balance estable con la naturaleza, y de entendimiento entre las personas.
Se hace necesario un cambio cultural, un nuevo marco que genere ilusión, una historia que cambie la historia. Aún estamos a tiempo.

Por Rodrigo Irurzun Martín de Aguilera

publicado
2019-06-05 15:58:00

 

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