Los mitos de la ciencia y la ingenuidad de los científicos

En estos días que se habla con ardor acerca del papel de la ciencia, y de su hija mayor la tecnología, para el futuro del país, conviene recordar apreciaciones básicas sobre la verdadera función de esta institución llamada ciencia, uno de los mayores pilares de la modernidad que padecemos. Con apenas dos siglos de existencia y en plena sinergia con el capitalismo, los combustibles fósiles, la industria, el individualismo y el patriarcado, la ciencia es la culpable mayor de múltiples beneficios pero también de los principales riesgos, lacras, peligros y amenazas que hoy afectan a la humanidad.

Tres son los principales mitos que engalanan a la ciencia contemporánea y que sirven para ocultar su verdadera esencia. El primero atañe a su fetichización. Siempre se tiende a hablar de La Ciencia (con mayúsculas) elevada a una suerte de entidad suprema, en vez de reconocer las diferentes modalidades del quehacer científico cada una de las cuales persigue fines diferentes y hasta antagónicos. Este fetiche se ve acompañado, segundo mito, por la falsa idea de que toda actividad científica es automáticamente benéfica, moralmente buena e ideológica y políticamente neutra. En consecuencia el científico se identifica siempre como un ser virtuoso: santos del conocimiento verdadero, héroes de la objetividad, mártires por la humanidad, abnegados practicantes del experimento. Su mayor virtud, se afirma, es la de haber sometido a la pasión y eliminado a la subjetividad de sus análisis. El tercer mito lo ha descrito con precisión Jorge Reichmann: “El conocimiento científico es un gran bien. Pero ¿cómo pueden tantos investigadores caer en la ingenuidad cientificista de creer que simplemente incrementar el conocimiento conducirá a la mejora de la condición humana? El progreso científico no implica necesariamente progreso humano. Para que se diera progreso humano sería necesario que las comunidades de ese enrevesado simio averiado que se llama Homo sapiens estuviesen en disposición de usar el conocimiento creciente de forma adecuada”.

Estos tres mitos son cada vez menos creíbles por una razón: En los últimos 50 años, la "ciencia desarrollada" ha sido cooptada, influenciada, dirigida y/o financiada por el capital corporativo que hoy domina al mundo. Los datos de la Unesco indican que la inversión privada se incrementó notablemente en Corea del Sur, China, Alemania, Estados Unidos, Turquía y Polonia. En Estados Unidos hacia 1965 la ciencia académica financiada por el gobierno representaba 60 por ciento y la ciencia corporativa 40 por ciento. Para 2015 ya se había invertido a 30-70 por ciento (Unesco, 2015). La ciencia corporativa mantiene un mundo insustentable al generar gases, líquidos y sustancias tóxicas, fertilizantes químicos, pesticidas, plásticos, alimentos dañinos, medicamentos nocivos, organismos transgénicos, gases de efecto invernadero, y especialmente armas cada vez más sofisticadas y complejas. Sólo las 10 mayores corporaciones de la industria bélica tuvieron en conjunto ingresos anuales de 194 mil millones de dólares (2017), con unos 800 mil empleados, de los cuales 10-20 por ciento son científicos, técnicos e ingenieros. Es probable que la mayoría de los casi 8 millones de científicos que existen en el mundo trabajen ya para las corporaciones. De la misma manera que sucede con muchos gobiernos y empresas, partidos políticos, la Iglesia católica, o la realeza europea, hoy la actividad científica esta teñida de corrupción y desprestigio. Por ejemplo, revistas científicas de larga tradición que han cedido a las presiones de las corporaciones farmacéuticas y biotecnológicas, o el gremio de los Premios Nobel que ha escandalizado con los casos de investigadores racistas (como William Schockley, y el descubridor del ADN, James Watson) o con la carta que firmaron 110 premiados en favor de los alimentos transgénicos y contra Greenpeace (ver).

Es en este contexto que sorprenden por ingenuos los reclamos de "más presupuesto para la ciencia" o "libertad de investigación". En México, la política pública en la materia ha carecido de discusión seria y profunda, y ha seguido los vaivenes marcados por los grupos de poder incrustados en puestos clave del gobierno y de la academia. Grupos que imponen sus líneas de investigación y sus visiones anacrónicas y que, como sucede en la UNAM, buscan controlar áreas como la biotecnología, la ecología, la biomedicina, la química y las ingenierías. Hoy hace falta poner sobre la mesa de discusión los objetivos y la orientación de un Programa Nacional de Ciencia y Tecnología que se ocupe de la resolución de las mayores y más urgentes problemáticas de la nación, sin perder de vista el conflicto que se da entre una ciencia mercantilizada y una ciencia comprometida con el bienestar social y ambiental del país y del planeta. Hoy, la verdadera ciencia se mide por su poder para resolver problemas, no para crearlos. Y este desafío atañe por igual a todas las comunidades científicas del mundo.

 

Viernes, 08 Febrero 2019 08:06

¿Qué significa la universidad pública?

¿Qué significa la universidad pública?

En tiempos de una profunda crisis global de la educación; del surgimiento de modelos de universidad como la universidad privada, la universidad mita, la universidad corporativa, por ejemplo; contradictoriamente, en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento; en una época de una profunda crisis medioambiental, y de una crisis económica galopante y de gran alcance; también, en una época marcada por una transición civilizatoria, de la vieja civilización Occidental hacia una nueva civilización cuyo nombre aún no ha sido esculpido –en estos tiempos se impone la pregunta: ¿qué significa la universidad pública?

 

La pregunta tiene un foco bien preciso: América Latina en general, y Colombia en particular. Con sus complejidades, historia y futuros posibles.

 

a) La universidad pública implica, en primer lugar, la confianza por parte del Estado, y su compromiso abierto y denodado por la educación gratuita; esto es, por el acceso universal a la educación superior y, por consiguiente el reconocimiento expreso del derecho a la educación como un derecho humano, fundamental.

 

En este sentido, la universidad pública significa que el Estado no le cede la responsabilidad de la educación superior al sector privado –empresa, fundaciones, iglesias–, sino que asume la responsabilidad de formar sujetos libres, críticos y con mejores horizontes de vida como un asunto de gobierno y de Estado. En la historia de Colombia, la universidad pública ha sido estratificada administrativamente en tres niveles: la Universidad Nacional, universidades departamentales –como la del Valle, el Tolima o la UIS, por ejemplo–, y universidades municipales, como la Distrital, de Bogotá. Por consiguiente, la estratificación administrativa se ha traducido necesariamente en estratificación económica, pues una cosa es un presupuesto nacional, y otra distinta, en tiempos de descentralización administrativa, las universidades departamentales y municipales.

 

b) La universidad pública significa que el Estado y los gobiernos nacionales creen en el futuro, y más exactamente en el futuro a mediano y a largo plazo.

 

En efecto, en un país en el que las empresas pequeñas representan cerca del 94 por ciento de todo el sector empresarial, apostar por el futuro a mediano y largo plazo es un tema de la mayor importancia, pues ello significa exactamente apostar por la vida. Al fin y al cabo, la vida es un juego que se asume para el largo plazo, en contraste con la racionalidad efectista, cortoplacista, y productivista. No en vano el sector privado es el principal agente renuente a contratar en el país a doctores (Ph.D.) en las empresas. Mientras que en el marco de la dependencia del país de otros poderes (grandes corporaciones, E.U., etc.) se impone una visión de corto plazo, la educación en general, y la educación pública en general significan construir y sembrar al mismo tiempo para el largo alcance. Estos tiempos pertenecen a la lógica misma de la educación superior, la cual se articula en tres grandes niveles, así: la formación de pregrado, que oscila entre cuatro y cinco años, dependiendo de las carreras; la formación en Maestrías, habitualmente dos años, y la formación en estudios de Doctorado (Ph.D.), que oscilan entre cuatro y ocho años, en función de varios factores. Sin ambages, la educación pública se estructura en torno a tiempos que oscilan alrededor de doce años. Demográficamente, más de media generación. Lo cual se torna en un asunto bastante más serio cuanto la educación se mide, por ejemplo, en términos de currículo, en torno a por lo menos cuatro promociones. Así las cosas, se trata de un futuro con estimaciones de doce años que se multiplica por lo menos por cuatro. Esto es lo que significa la educación pública en términos de tiempo.

 

c) Ahora bien, en el contexto de la educación que se define en torno al desarrollo y la investigación (D + I) e incluso de la innovación (D + I + i), el aspecto verdaderamente determinante de la educación superior es la formación de investigadores, no simplemente de profesionales.

 

Hoy por hoy las universidades se miden principalmente por los grupos de investigación, por la calidad de los profesores, por la producción intelectual, en fin, por la existencia de Centros e Institutos de Investigación, mucho más que simplemente por los egresados de pregrado. Fundamentales, los egresados de pregrado tienen la exigencia, por parte de la sociedad, del mercado y de su propio desarrollo humano, de tener algo más que un pregrado. Así las cosas, la investigación se articula en dos niveles: investigación formativa y científica. Aquella se encuentra en función de ésta, en la cual encuentra su piedra de toque verdadera.

 

De esta suerte, los tiempos de la educación superior se hacen más densos, con todo y el reconocimiento explícito de que la investigación jamás se ha definido por campanas de Gauss (esto es grande promedios), sino, por el contrario, por el trabajo con diferenciales. En este sentido, la formación de investigadores en la universidad pública equivale exactamente a la formación de lo mejor de la sociedad y del país en términos de conocimiento, creatividad e innovación. El Estado y los gobiernos nacionales asumen la formación de investigadores de la máxima calidad y prestigio como un asunto de interés nacional y de compromiso país. Algo que no ha sucedido plenamente hasta la fecha.

 

d) La universidad es el espacio en el que se desarrolla lo mejor de la juventud de un país. Por consiguiente, deben ser espacios amables, de calidad en toda la expresión de la palabra, estéticos y con los mejores instrumentos posibles; esto es, laboratorios, profesores, bibliotecas, hemerotecas, videotecas, pinacotecas, por ejemplo.

 

Los campus de las universidades públicas deben ser lugares amables, hermosos y con la mejor calidad de vida, algo que, en el estado actual de cosas es más bien la excepción. Espacios existencialmente plenos, en los que, si lo importante es el conocimiento, por eso mismo, exactamente, debe serlo la belleza, la armonía y el arte. En la vida, la forma es el fondo mismo, y no existe, en absoluto, ninguna separación entre forma y fondo.

 

Los edificios, los jardines, las bibliotecas, los salones y los auditorios, por ejemplo, deben ser espacios que en muchas situaciones sean mejores que las de los propios hogares de quienes estudian y trabajan en ellas. Sin embargo, en total consonancia con lo anterior, la universidad púbica debe disponer de las mejores bases de datos, repositorios, bibliotecas, sistemas de computación y demás, que hagan que el conocimiento y la vida se puedan desenvolver de manera armónica y lo mejor posible.

 

En esta realidad-proyección la juventud no es simple y llanamente una condición biológica, es ante todo una condición existencial, cultural y espiritual de suerte que la educación es afirmación de juventud y de vida, en toda la acepción de la palabra. Un investigador se forma en las primeras tres décadas de existencia, en promedio, pero se despliega en las siguientes cinco o seis. La vitalidad del conocimiento es una sola y misma cosa con la vitalidad de una forma de vida. La universidad pública es el espacio y el tiempo de esta vitalidad, para sí misma, para la sociedad y el país.

 

e) En el contexto de una sociedad laica y secular, la universidad pública implica la total libertad de pensamiento, libertad de opinión y de palabra, y de organización, y el no-confesionalismo, de ningún tipo. La universidad pública es el espacio mismo de la construcción de democracia, y más radicalmente, de que otra democracia es posible.

 

En las universidades privadas predomina la confesión, el acatamiento, la lealtad. En una palabra, la ausencia de una democracia radical (Habermas) y de libertad. Todo lo contrario sucede y debe suceder en la universidad pública.

 

La universidad pública ha sido objeto de escarnio, silenciamiento y persecución debido a que en su interior se respira crítica. Esta crítica debe permanecer y debe ser garantizada de todas las formas. En este sentido, la universidad pública es secular y laica. El respeto a todas las creencias debe ser compatible con la ausencia de preferencias por cualquiera de ellas. El secularismo es una verdadera ganancia de la modernidad, pero necesita ser ampliado y fortalecido constantemente. Los medios de comunicación de la universidad pública desempeñan un papel fundamental al respecto: boletines, circulares, cátedras, emisoras, y demás.

 

La universidad pública no se debe a ningún agente del sector privado ni tampoco del sector público, se debe al país y a la sociedad, en primer lugar. Por esta razón, la buena educación es una sola y misma cosa con la existencia de garantías de discusión y de debate, esto es, de argumentos, antes que de posiciones institucionales o personales.

 

La educación en general, y a fortiori la educación pública, se nutre de argumentos, pruebas, demostraciones, refutaciones, y jamás de autoridad, en ningún sentido de la palabra. De esta suerte, secularismo, democracia y libertad de pensamiento forman un trípode que define a una universidad libre y autónoma.

 

f) La universidad pública significa, autonomía. Por consiguiente, la fuerza pública debe mantenerse alejada de sus campus y bajo ninguna circunstancia pueden entrar en ellos. Este aspecto no es distinto, en absoluto, a la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento, la libertad de investigación.

 

En muchas universidades privadas la investigación tiende a ser disciplinada. Esto no puede suceder en la pública. La disciplinarización de la investigación oculta afanes de imposición de jerarquías. En contraste, la universidad pública es el espacio de la plena autonomía. Para América Latina, por lo menos en su espíritu, la universidad mexicana, pública y autónoma, constituyen un buen ejemplo de lo que es una universidad, y de sus relaciones con los poderes políticos del momento.

 

En pocas palabras, los administrativos no están para decirle a los académicos lo que deben y no deben hacer. Esto es lo que sucede, ampliamente en las universidades privadas. En contraste, la universidad pública reconoce que los cargos administrativos son provisorios y que se encuentran en función de la vida académica. Los administrativos, desde rectores hacia abajo, son académicos que en algún momento cumplen una función distinta a la academia y la investigación. Por un tiempo fijo y limitado. La existencia de cargos administrativos de suyo es perjudicial a todas luces para la vida universitaria. Las universidades privadas constituyen manifiestamente un mal ejemplo para el país.

 

La universidad pública es el aprendizaje, por parte de sus integrantes, estudiantes, profesores y administrativos, de verdaderos ejercicios de democracia, de libertad y de autonomía. En este sentido, es deseable que la democracia del país se alimente de la democracia de la universidad pública y no de la universidad privada. Según parece, la historia de la corrupción y la violencia encuentra en la universidad privada remansos de alimento.

 

En fin, en un país democrático en el que el conocimiento, la naturaleza y la vida sean el fundamento de la vida social, la relación entre universidades privadas y públicas debería ser tal que la pública tenga más y mejores garantías y apoyos por parte del Estado y de los gobiernos nacionales. Un Estado social de derecho sabe de la importancia de la universidad pública. En contraste, simplemente un Estado de derecho la relega a un lugar secundario y subsidiario.

Publicado enColombia
¿Qué significa la universidad pública?

En tiempos de una profunda crisis global de la educación; del surgimiento de modelos de universidad como la universidad privada, la universidad mita, la universidad corporativa, por ejemplo; contradictoriamente, en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento; en una época de una profunda crisis medioambiental, y de una crisis económica galopante y de gran alcance; también, en una época marcada por una transición civilizatoria, de la vieja civilización Occidental hacia una nueva civilización cuyo nombre aún no ha sido esculpido –en estos tiempos se impone la pregunta: ¿qué significa la universidad pública?

 

La pregunta tiene un foco bien preciso: América Latina en general, y Colombia en particular. Con sus complejidades, historia y futuros posibles.

 

a) La universidad pública implica, en primer lugar, la confianza por parte del Estado, y su compromiso abierto y denodado por la educación gratuita; esto es, por el acceso universal a la educación superior y, por consiguiente el reconocimiento expreso del derecho a la educación como un derecho humano, fundamental.

 

En este sentido, la universidad pública significa que el Estado no le cede la responsabilidad de la educación superior al sector privado –empresa, fundaciones, iglesias–, sino que asume la responsabilidad de formar sujetos libres, críticos y con mejores horizontes de vida como un asunto de gobierno y de Estado. En la historia de Colombia, la universidad pública ha sido estratificada administrativamente en tres niveles: la Universidad Nacional, universidades departamentales –como la del Valle, el Tolima o la UIS, por ejemplo–, y universidades municipales, como la Distrital, de Bogotá. Por consiguiente, la estratificación administrativa se ha traducido necesariamente en estratificación económica, pues una cosa es un presupuesto nacional, y otra distinta, en tiempos de descentralización administrativa, las universidades departamentales y municipales.

 

b) La universidad pública significa que el Estado y los gobiernos nacionales creen en el futuro, y más exactamente en el futuro a mediano y a largo plazo.

 

En efecto, en un país en el que las empresas pequeñas representan cerca del 94 por ciento de todo el sector empresarial, apostar por el futuro a mediano y largo plazo es un tema de la mayor importancia, pues ello significa exactamente apostar por la vida. Al fin y al cabo, la vida es un juego que se asume para el largo plazo, en contraste con la racionalidad efectista, cortoplacista, y productivista. No en vano el sector privado es el principal agente renuente a contratar en el país a doctores (Ph.D.) en las empresas. Mientras que en el marco de la dependencia del país de otros poderes (grandes corporaciones, E.U., etc.) se impone una visión de corto plazo, la educación en general, y la educación pública en general significan construir y sembrar al mismo tiempo para el largo alcance. Estos tiempos pertenecen a la lógica misma de la educación superior, la cual se articula en tres grandes niveles, así: la formación de pregrado, que oscila entre cuatro y cinco años, dependiendo de las carreras; la formación en Maestrías, habitualmente dos años, y la formación en estudios de Doctorado (Ph.D.), que oscilan entre cuatro y ocho años, en función de varios factores. Sin ambages, la educación pública se estructura en torno a tiempos que oscilan alrededor de doce años. Demográficamente, más de media generación. Lo cual se torna en un asunto bastante más serio cuanto la educación se mide, por ejemplo, en términos de currículo, en torno a por lo menos cuatro promociones. Así las cosas, se trata de un futuro con estimaciones de doce años que se multiplica por lo menos por cuatro. Esto es lo que significa la educación pública en términos de tiempo.

 

c) Ahora bien, en el contexto de la educación que se define en torno al desarrollo y la investigación (D + I) e incluso de la innovación (D + I + i), el aspecto verdaderamente determinante de la educación superior es la formación de investigadores, no simplemente de profesionales.

 

Hoy por hoy las universidades se miden principalmente por los grupos de investigación, por la calidad de los profesores, por la producción intelectual, en fin, por la existencia de Centros e Institutos de Investigación, mucho más que simplemente por los egresados de pregrado. Fundamentales, los egresados de pregrado tienen la exigencia, por parte de la sociedad, del mercado y de su propio desarrollo humano, de tener algo más que un pregrado. Así las cosas, la investigación se articula en dos niveles: investigación formativa y científica. Aquella se encuentra en función de ésta, en la cual encuentra su piedra de toque verdadera.

 

De esta suerte, los tiempos de la educación superior se hacen más densos, con todo y el reconocimiento explícito de que la investigación jamás se ha definido por campanas de Gauss (esto es grande promedios), sino, por el contrario, por el trabajo con diferenciales. En este sentido, la formación de investigadores en la universidad pública equivale exactamente a la formación de lo mejor de la sociedad y del país en términos de conocimiento, creatividad e innovación. El Estado y los gobiernos nacionales asumen la formación de investigadores de la máxima calidad y prestigio como un asunto de interés nacional y de compromiso país. Algo que no ha sucedido plenamente hasta la fecha.

 

d) La universidad es el espacio en el que se desarrolla lo mejor de la juventud de un país. Por consiguiente, deben ser espacios amables, de calidad en toda la expresión de la palabra, estéticos y con los mejores instrumentos posibles; esto es, laboratorios, profesores, bibliotecas, hemerotecas, videotecas, pinacotecas, por ejemplo.

 

Los campus de las universidades públicas deben ser lugares amables, hermosos y con la mejor calidad de vida, algo que, en el estado actual de cosas es más bien la excepción. Espacios existencialmente plenos, en los que, si lo importante es el conocimiento, por eso mismo, exactamente, debe serlo la belleza, la armonía y el arte. En la vida, la forma es el fondo mismo, y no existe, en absoluto, ninguna separación entre forma y fondo.

 

Los edificios, los jardines, las bibliotecas, los salones y los auditorios, por ejemplo, deben ser espacios que en muchas situaciones sean mejores que las de los propios hogares de quienes estudian y trabajan en ellas. Sin embargo, en total consonancia con lo anterior, la universidad púbica debe disponer de las mejores bases de datos, repositorios, bibliotecas, sistemas de computación y demás, que hagan que el conocimiento y la vida se puedan desenvolver de manera armónica y lo mejor posible.

 

En esta realidad-proyección la juventud no es simple y llanamente una condición biológica, es ante todo una condición existencial, cultural y espiritual de suerte que la educación es afirmación de juventud y de vida, en toda la acepción de la palabra. Un investigador se forma en las primeras tres décadas de existencia, en promedio, pero se despliega en las siguientes cinco o seis. La vitalidad del conocimiento es una sola y misma cosa con la vitalidad de una forma de vida. La universidad pública es el espacio y el tiempo de esta vitalidad, para sí misma, para la sociedad y el país.

 

e) En el contexto de una sociedad laica y secular, la universidad pública implica la total libertad de pensamiento, libertad de opinión y de palabra, y de organización, y el no-confesionalismo, de ningún tipo. La universidad pública es el espacio mismo de la construcción de democracia, y más radicalmente, de que otra democracia es posible.

 

En las universidades privadas predomina la confesión, el acatamiento, la lealtad. En una palabra, la ausencia de una democracia radical (Habermas) y de libertad. Todo lo contrario sucede y debe suceder en la universidad pública.

 

La universidad pública ha sido objeto de escarnio, silenciamiento y persecución debido a que en su interior se respira crítica. Esta crítica debe permanecer y debe ser garantizada de todas las formas. En este sentido, la universidad pública es secular y laica. El respeto a todas las creencias debe ser compatible con la ausencia de preferencias por cualquiera de ellas. El secularismo es una verdadera ganancia de la modernidad, pero necesita ser ampliado y fortalecido constantemente. Los medios de comunicación de la universidad pública desempeñan un papel fundamental al respecto: boletines, circulares, cátedras, emisoras, y demás.

 

La universidad pública no se debe a ningún agente del sector privado ni tampoco del sector público, se debe al país y a la sociedad, en primer lugar. Por esta razón, la buena educación es una sola y misma cosa con la existencia de garantías de discusión y de debate, esto es, de argumentos, antes que de posiciones institucionales o personales.

 

La educación en general, y a fortiori la educación pública, se nutre de argumentos, pruebas, demostraciones, refutaciones, y jamás de autoridad, en ningún sentido de la palabra. De esta suerte, secularismo, democracia y libertad de pensamiento forman un trípode que define a una universidad libre y autónoma.

 

f) La universidad pública significa, autonomía. Por consiguiente, la fuerza pública debe mantenerse alejada de sus campus y bajo ninguna circunstancia pueden entrar en ellos. Este aspecto no es distinto, en absoluto, a la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento, la libertad de investigación.

 

En muchas universidades privadas la investigación tiende a ser disciplinada. Esto no puede suceder en la pública. La disciplinarización de la investigación oculta afanes de imposición de jerarquías. En contraste, la universidad pública es el espacio de la plena autonomía. Para América Latina, por lo menos en su espíritu, la universidad mexicana, pública y autónoma, constituyen un buen ejemplo de lo que es una universidad, y de sus relaciones con los poderes políticos del momento.

 

En pocas palabras, los administrativos no están para decirle a los académicos lo que deben y no deben hacer. Esto es lo que sucede, ampliamente en las universidades privadas. En contraste, la universidad pública reconoce que los cargos administrativos son provisorios y que se encuentran en función de la vida académica. Los administrativos, desde rectores hacia abajo, son académicos que en algún momento cumplen una función distinta a la academia y la investigación. Por un tiempo fijo y limitado. La existencia de cargos administrativos de suyo es perjudicial a todas luces para la vida universitaria. Las universidades privadas constituyen manifiestamente un mal ejemplo para el país.

 

La universidad pública es el aprendizaje, por parte de sus integrantes, estudiantes, profesores y administrativos, de verdaderos ejercicios de democracia, de libertad y de autonomía. En este sentido, es deseable que la democracia del país se alimente de la democracia de la universidad pública y no de la universidad privada. Según parece, la historia de la corrupción y la violencia encuentra en la universidad privada remansos de alimento.

 

En fin, en un país democrático en el que el conocimiento, la naturaleza y la vida sean el fundamento de la vida social, la relación entre universidades privadas y públicas debería ser tal que la pública tenga más y mejores garantías y apoyos por parte del Estado y de los gobiernos nacionales. Un Estado social de derecho sabe de la importancia de la universidad pública. En contraste, simplemente un Estado de derecho la relega a un lugar secundario y subsidiario.

Publicado enEdición Nº253
El Banco Mundial alerta de que crecen los riesgos para la economía global

La actividad repuntará en la región de América Latina aunque con menos fuerza de lo anticipado

 

Las perspectivas económicas mundiales oscurecen. Es la advertencia que hace el Banco Mundial, que proyecta que el crecimiento global se modere al 2,9% este año. Es una décima menos que en 2018 y de lo anticipado en junio. Pero el organismo enciende el farolillo rojo al señalar que los riesgos crecen por la tensión comercial y porque un gran número de países experimenta presiones financieras “sustanciales”. América Latina repuntará del 0,6% al 1,7% en 2019, aunque será seis décimas menos robusta de lo que se auguró.

El ritmo de crecimiento global sigue siendo robusto. Pero la balanza de riesgos empuja más a la baja, reitera el organismo, para afirmar que “las perspectivas se han vuelto inciertas”. “La ralentización de la demanda externa, el encarecimiento de los créditos y la persistencia de la incertidumbre política harán de lastre”, continúa la institución financiera en la actualización de sus proyecciones.


Además, explica, hay otros potenciales desenlaces que pueden afectar a la actividad económica. Cita una “depresión” de los flujos de capital por un brusco encarecimiento de los costes de financiación. A la espiral alimentada por el alza de tipos y la apreciación del dólar se le suma la tensión comercial, que puede debilitar el crecimiento y alterar la cadena de suministro.
El panorama es completamente distinto al de hace un año, cuando se aguraba una expasión estable. "A comienzos de 2018", recuerda Kristalina Georgieva, consejera delegada del Banco Mundial, "el motor de la economía global disparaba todos los cilindros". "Pero fue perdiendo fuerza a lo largo del año y el camino puede ser incluso más agitado", advirtie. La volatilidad del mercado, añade, "es una señal" en ese sentido que preocupa al organismo.


Y aunque se ve improbable a corto plazo, se alerta de que la combinación de una eventual recesión en Estados Unidos y una mayor desaceleración de la esperada en China podrá “detonar una caída marcada de la actividad global”. La expansión en los países avanzados se mantiene en el 2% para este año. Es dos décimas menos que en 2018. Menciona la desaceleración de la zona euro, que pasa de crecer un 1,9% a un 1,6% este año. Supone una rebaja de una décima.


La expansión se moderará también en EE UU casi medio punto, al 2,5% este año. De ahí volverá a debilitarse al 1,7% en 2020 conforme se pierda el efecto de los estímulos fiscales. En el caso de China, se espera se modere al 6,2% por el reequilibrio de la demanda. Si la negociación comercial no da frutos, el Banco Mundial advierte de que los efectos de la escalada arancelaria serán severos.


Vulnerabilidades


Pekín puede contrarrestar el impacto de la tensión comercial tirando de la política fiscal y monetaria. Pero se corre el peligro de que eso provoque un aplazamiento de los esfuerzos que se están haciendo para contener la expansión de la deuda y se crearán vulnerabilidades por otro lado. “Si el estrés financiero se materializa”, señala, “la ralentización económica será mayor de la esperada”.


Los economistas del Banco Mundial señalan que cualquier factor negativo puede jugar en contra. La experiencia pasada ilustra, además, que el efecto dominó suele ser más severo del que se suele anticipar y se propaga rápido, de una manera sincronizada. La resolución de las tensiones comerciales, sin embargo, podría elevar el sentimiento y reactivar las inversiones y los intercambios.


Para Latinoamérica, la proyección es que Brasil se expanda un 2,2% este año, remontando de un 1,2%. Es tres décimas menos de lo que se dijo hace seis meses. México se modera una décima respecto a 2018, al pronosticarse un crecimiento del 2% este año. Supone un recorte de medio punto por la incertidumbre política. Los dos repuntarán al 2,4% en 2020, como toda la región.


Argentina se contraerá este año un 1,7% por el efecto de la consolidación fiscal, la pérdida de empleo, la criss cambiaria y la caída de la demanda y las inversiones. Supone una moderación de la recesión cuando se compara con el 2,8% en 2018. Pese a la mejora, representa una drástica rebaja de 3,5 puntos respecto a la previsión de hace seis meses. En 2020 volverá a crecer, un 2,7%.


Derrumbe


Colombia es de los que tira. Crecerá un 3,3% este año. También Chile y Perú, con un 3,5% y un 3,8% respectivamente en 2019. Venezuela sufrirá una contracción del 8%. Es más baja que el 18% el pasado ejercicio, pero eso no significa que la situación mejore. “El derrumbe económico es cada vez más profundo”, advierten, al tiempo que no se ve fin a la espiral hiperinflacionista.


Aunque el patrón de crecimiento regional muestra que se refuerza, el Banco Mundial reitera que “la mejora será más débil de la anticipada”. Los riesgos a la baja “dominan”, añade, por la posibilidad de una restricción abrupta de las condiciones financieras, una escalada de la batalla arancelaria, la incertidumbre política, una respuesta adversa a las condiciones fiscales y los desastres naturales.


Estas corrientes contrarias, además, hacen difícil ser precisos en las proyecciones. En las actuales condiciones, la posibilidad de que la economía global crezca un punto por debajo a la media estimada es del 21%. Es de un 17% para la eventualidad de que lo haga un 1% más alto. Como señala el organismo, todo esto se refleja en la volatilidad que acusa Wall Street desde octubre.


ECONOMÍA SUMERGIDA


S. P.


El Banco Mundial advierte de que la ralentización económica y las dificultades financieras pueden poner en peligro todos los progresos logrados desde la última crisis financiera para reducir la probreza extrema y lograr un mayor reparto de la prosperidad. Por eso se pide un esfuerzo coordinado para mantener el ritmo de las reformas y destinar recursos al capital humano.


El organismo recomienda que para navegar la actual incertidumbre, se adopten medidas que eleven la productividad y al mismo tiempo se doten de colchones fiscales para poder tener margen de maniobra en caso de que la coyuntura empeore. “Hay que reforzar los planes de contingencia, facilitar el comercio y mejorar el acceso a la financiación”, insiste Georgieva.
El Banco Mundial recuerda que la economía sumergida representa un 70% del empleo y un 30% del producto interior bruto en los países emergentes y en desarrollo. Es una parte de la economía que se asocia con la baja productividad y que no genera ingresos fiscales. “Es sintomático de una oportunidad perdida”, afirma. Por eso se insiste en que se diseñen políticas fiscales y sociales que equilibren la situación.

Publicado enEconomía
La Cumbre del Clima sella unos compromisos mínimos para salvar el Acuerdo de París

La comunidad internacional consiguió aprobar las reglas que garanticen que se puedan aplicar los Acuerdos de París.


Tras dos largas semanas de debate, la Cumbre del Clima (COP24) de Katowice, Polonia, ha sellado unos acuerdos mínimos que permitan aplicar el Acuerdo de París. El resultado del encuentro, nacido tras un día extra de reuniones, ha puesto encima de la mesa las necesidades imperantes de incrementar las ayudas y controles que garanticen una lucha efectiva contra el cambio climático.


El acuerdo final incluye una referencia al informe científico que apela a la importancia de acometer cambios "urgentes y sin precedentes" para limitar el aumento de la temperatura del planeta a 1,5 grados, tras una gran controversia que amenazó con frustrar la cumbre. Teresa Ribero, ministra española para la Transición Ecológica ha valorado la COP24 de Katowice de manera positiva y ha explicado que su resultado "hace operativo el Acuerdo de París".


Sin embargo, más allá del libro de reglas, apenas se han conseguido arrancar compromisos efectivos que garanticen que los países inscritos en el acuerdo comiencen a luchar contra la crisis climática. De hecho, el texto no ha logrado satisfacer las exigencias de los grupos ecologistas, que reclamaban un aumento de la ambición para garantizar que las acciones políticas se enmarcan dentro de las indicaciones científicas para combatir el cambio climático. Tanto es así, que las reacciones negativas no han tardado en salir a la palestra nada más concluir el COP24 de Katowice.


El eurodiputado de Equo en el grupo Verdes/ALE, Florent Marcellesi, ha mostrado su "decepción" por el resultado de estas negociaciones maratonianas. "Las decisiones y la acción climática de los gobiernos están cada vez más alejados de las demandas ciudadanas y los análisis científicos", ha explicado. El político de Equo asegura que, aunque se han conseguido algunos progresos, no se puede decir que el resultado tenga una "alta ambición alineada con el informe de los científicos internacionales" capaz de garantizar "un mejor clima y grandes oportunidades económicas con millones de empleos de calidad".


"La Unión Europea tiene su parte de responsabilidad por la debilidad del resultado. Con la salida de EEUU del Acuerdo de París y el bloqueo de países como Arabia Saudí y Brasil, la UE es la única que podría hacer avanzar las negociaciones frente al trumpismo climático. Lamentablemente, si bien España ha jugado un papel positivo en esta cumbre climática, la mayoría de los gobiernos europeos no han mostrado la suficiente ambición", ha opinado Marcellesi.


Desde Ecologistas en Acción, expresan su descontento con el resultado de la cumbre, que "debilita el Acuerdo de París" y convierte las obligaciones para frenar los efectos del cambio climático en "meras sugerencias". La organización señala las trabas que han puesto las grandes potencias petroleras como EEUU y Arabia Saudí durante las dos semanas de debate, cuestionando el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que indica que apenas queda tiempo —doce años— para frenar las emisiones de gases invernadero.


“La formulación final del texto simplemente anima a los países a tener en consideración los resultados del informe y elimina del texto anterior que hacía una referencia numérica en torno a las reducciones necesarias”, señala el responsable de Clima de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz.


Por su parte, el portavoz de cambio climático del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Manuel Pulgar, comenta que "lo que hemos voisto en Polonia revela una falta de comprensión fundamental por parte de algunos países de la crisis actual".


Para Greenpeace, el acuerdo de Katowice sabe a poco "ante la necesidad de una acción más ambiciosa y urgente, especialmente después de las evidencias claras que han llegado desde la comunidad científica". La organización ecologista cuestiona la "falta de liderazgo de la presidencia polaca (de la cumbre)", ya que la negociación tuvo que ser finalmente "salvada" por los negociadores de Naciones Unidas.


En contra de las valoraciones de los grupos ecologistas asistentes a la cumbre, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, valora que el resultado “demuestra la resistencia del Acuerdo de París como hoja de ruta para la acción climática”.

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En la cumbre de la ONU sobre cambio climático, la juventud es la que indica el camino

KATOWICE, Polonia — Cerca de 15.000 personas se han dirigido a Katowice, en el corazón de la región carbonífera de Polonia, con motivo de la cumbre anual sobre cambio climático de la ONU. Este encuentro se llama “COP24” por ser la 24ª “Conferencia de las Partes” para las negociaciones sobre el cambio climático. Los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global han estado en marcha desde la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992. Entre las personas que se congregaron en Katowice se encuentran dos jóvenes mujeres, del norte y del sur del mundo, que han decidido dedicar sus vidas a revertir la destructiva adicción de la humanidad a los combustibles fósiles; con suerte, antes de que sea demasiado tarde.

“Dado que nuestros líderes se están comportando como niños, nos toca a nosotros asumir la responsabilidad que deberían haber asumido ellos hace mucho tiempo”. Con estas palabras se dirigió al Secretario General de la ONU, António Guterres, la semana pasada, Greta Thunberg, una activista sueca por la justicia climática de 15 años de edad.
Greta comenzó a estudiar el tema del cambio climático cuando tenía 9 años. En una entrevista para Democracy Now! durante la COP24 dijo “[Con el tiempo] caí en una depresión. Sentía que vivir no tenía sentido porque todo estaba tan mal”. La joven dejó de comer y de hablar. Su padre, actor, y su madre, una cantante de ópera de fama mundial, dejaron de trabajar para quedarse con ella y la cuidaron durante este difícil período hasta su recuperación. La activista reflexionó: “Pensé que podía hacer mucho con mi vida. ¿Cuál era el punto de sentirse así, cuando en realidad podía hacer algo bueno?”


Greta tiene síndrome de Asperger. A causa de esto, ella expresó: “Yo funciono de una forma un poco distinta a los demás. Veo las cosas en blanco y negro. Entonces, supongo que pude ver el mundo con una perspectiva diferente”.


En agosto de este año, Greta comenzó una “huelga estudiantil”. Se manifestaba frente al Parlamento sueco en lugar de ir a clases. Después de las elecciones que se llevaron a cabo en Suecia en septiembre reanudó sus clases, aunque sigue haciendo huelga los viernes.


Kevin Anderson, reconocido científico experto en clima, tuiteó: “Sobre el cambio climático, Greta Thunberg demuestra más claridad y liderazgo en un solo discurso que las contribuciones a lo largo de un cuarto de siglo de los llamados líderes mundiales. La ignorancia deliberada y la mentira han dejado pasar un aumento del 65% en las emisiones de dióxido de carbono desde 1990. Es hora de entregar la batuta”.


Cerca de la medianoche del miércoles, Greta Thunberg se dirigió a una sesión plenaria de la COP24: “Nuestra civilización está siendo sacrificada en favor de que una cantidad muy pequeña de personas siga haciendo enormes sumas de dinero. Nuestra biosfera está siendo sacrificada para que las personas ricas en países como el mío puedan vivir en la opulencia. Es el sufrimiento de muchos el que paga los lujos de unos pocos”.


Joanna Sustento es una filipina de 26 años de edad que, como sobreviviente del cambio climático, conoce demasiado bien ese sufrimiento. En un video de Greenpeace Filipinas, Joanna describe lo que sucedió el 8 de noviembre de 2013, cuando el tifón Haiyan azotó su ciudad natal, Tacloban: “Tenía una vida feliz, un buen trabajo, buenos amigos y una familia maravillosa. Pero en cuestión de minutos, todo eso cambió”.


En una entrevista para Democracy Now! en Katowice, Sustento relató: “El tifón Haiyan mató a más de 10.000 personas y dejó a más de 14 millones de personas sin hogar. Fui testigo de cómo mi madre, mi padre, mi hermano, mi cuñada y mi sobrino de 3 años fueron arrastrados por la marejada ciclónica. Quedamos mi hermano y yo para buscar los cuerpos de nuestra familia tras el paso de la tormenta. No logramos encontrar a nuestro padre ni a nuestro sobrino. Es difícil ser quien queda atrás. Tenemos que lidiar con todas las preguntas, el duelo, el dolor y el remordimiento”.


Joanna Sustento habló también sobre la iniciativa –primera en su tipo– que llevaron adelante en Filipinas para responsabilizar a las grandes corporaciones contaminantes, las llamadas “Gigantes del carbono”: “Shell, BP, Chevron, ExxonMobil, Suncor, Lukoil… hay 90 grandes corporaciones en todo el mundo, pero solo 47 de ellas están presentes en Filipinas. Esta petición fue presentada en 2015 por sobrevivientes del tifón, pescadores, agricultores y otras organizaciones ambientales ante la Comisión de Derechos Humanos de Filipinas para investigar a estas 47 empresas de petróleo, carbón y gas por su responsabilidad en las violaciones a los derechos humanos resultantes del cambio climático”.
Al igual que Greta Thunberg, Joanna Sustento está comprometida con la lucha por la justicia climática a largo plazo: “Veo que hay mucho poder en la gente. El pueblo tiene mucho poder para generar esa presión hacia nuestros gobiernos y corporaciones, para cambiar el sistema actual”.


Greta concluyó su testimonio ante la sesión plenaria del miércoles por la noche con las siguientes palabras: “Se han quedado sin excusas y se nos está acabando el tiempo. Hemos venido para hacerles saber que el cambio se producirá, les guste o no. El verdadero poder le pertenece al pueblo”.


En la COP24, celebrada en un centro de conferencias ubicado sobre una antigua mina de carbón, en una parte del mundo que ha sido testigo de los peores estragos de la guerra, los jefes de Estado reunidos aquí, así como sus representantes en las negociaciones sobre el cambio climático deberían escuchar las palabras de estas dos jóvenes sabias.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Miércoles, 05 Diciembre 2018 06:14

Katowice, cita con el destino

Katowice, cita con el destino

Se acabó el tiempo. Las emisiones de gases de efecto invernadero deben reducirse 45 por ciento antes de 2030 para mantener el calentamiento global por debajo del umbral de 1.5 grados centígrados para finales de este siglo. Desgraciadamente, el más reciente estudio del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) muestra que después de permanecer constantes durante el periodo 2012-2016, las emisiones han vuelto a recuperar su ritmo de crecimiento. La atmósfera no va a esperarnos.

Pero parece que los intereses económicos pesan más que cualquier consideración. Dinero y riqueza contra atmósfera, esa es la contienda. En un mundo donde 10 por ciento de la población acapara 85 por ciento de la riqueza, la contienda es desigual: la humanidad entera y la biosfera serán los grandes perdedores.

La Conferencia de las partes de la Convención sobre Cambio Climático, que se lleva a cabo en Katowice, Polonia, no es una reunión cualquiera. En esta COP24 se presenta la última oportunidad para adoptar medidas efectivas que reduzcan drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Ya es costumbre que los peores delincuentes en materia de contaminación sean también patrocinadores de las conferencias internacionales sobre protección del medio ambiente. La COP24 no es ninguna excepción. Las empresas de energía Tauron, JWS y PGE han sido nombradas copatrocinadoras de la conferencia: son de las compañías más contaminantes de Europa, porque sus plantas utilizan carbón. Katowice está situada en Alta Silesia, una de las regiones más ricas en carbón en Polonia, y en ese país 80 por ciento de la energía que se consume proviene de esa fuente de energía. Los problemas de contaminación en las ciudades polacas son testimonio de lo difícil que será la descarbonización de la economía. Pero invitar a estas empresas a ser copatrocinadoras de la COP24 es como convocar a los piromaniacos a apadrinar una conferencia sobre incendios.

El gobierno ultraconservador del partido Derecho y Justicia en Polonia ha sido moroso en su acción para transitar hacia otro perfil energético. Apenas ha adoptado el tímido objetivo de reducir su dependencia del carbón 60 por ciento para 2030, pero para colmo de males no ha presentado un plan detallado sobre cómo se va a alcanzar esa meta. En cambio, ese gobierno sí ha promovido una campaña antimigrante que le ha permitido consolidar su base electoral.

La COP24 debe sentar las bases para implementar el Acuerdo de París (resultado de la COP21, de 2015). Pero ese acuerdo no es más que una declaración de buenas intenciones de 200 países para reducir las emisiones de GEI, con la finalidad de mantener el calentamiento global este siglo por debajo del umbral de 2 grados centígrados (respecto de los años anteriores a la revolución industrial). Hasta el momento, los compromisos voluntarios adquiridos en el marco del Acuerdo de París son insuficientes y los modelos atmosféricos pronostican que el calentamiento global llegará a 2.7 grados.

La meta que recomiendan los científicos es inferior a 1.5 grados, si se quiere evitar una catástrofe de dimensiones planetarias. Si se mantienen las tendencias actuales en sólo 12 años, para 2030, el aumento de la temperatura global habrá alcanzado ese umbral. De no cumplirse los compromisos nacionales, para finales del siglo el incremento será de hasta 3.5 grados centígrados. En ese caso, el calentamiento provocará que varias fuentes de gases invernadero, en especial de metano, desencadenarán un proceso de causación circular acumulativa que podría llevar a la destrucción de la biósfera.

Dada la inercia en el sector energético mundial y la voracidad de sus agentes financieros, es muy probable que las metas nacionales voluntarias no se cumplan. Para solventar esos compromisos se necesitan cambios urgentes y de gran escala en los sistemas energéticos, el transporte y el manejo de suelos, bosques y manglares. La movilización de recursos es de una magnitud nunca vista en la historia de la humanidad. El capitalismo mundial está envuelto en múltiples contradicciones. Pero su desafío a la naturaleza promete arrastrar a la humanidad a la extinción.

La humanidad podrá seguir soñando con sus máquinas y artefactos que permiten producir masivamente, ir de compras y consumir hasta el cansancio. Pero el lenguaje del cambio climático y su hecatombe pronto a todos despertará. Sus palabras serán ásperas y groseras. Ciertamente no tendrán la forma de un discurso diplomático como los pronunciados en la COP24.

El campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau está a sólo 33 kilómetros de Katowice. Quizás los delegados de la COP24 tengan tiempo de visitar el museo de aquella catástrofe para recordar las palabras de Teodoro Adorno en 1946: "Escribir poesía después de Auschwitz será una barbaridad". Si no se revierten las tendencias actuales, escribir sobre el calentamiento global pronto será imposible.

Twitter: @anadaloficial

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El saldo negativo de los gobiernos “progresistas” en América Latina y la llegada de AMLO a la presidencia de México, una revisión de Raúl Zibechi

Ciudad de México | Desinformémonos. Los gobiernos progresistas en América Latina “han resultado en una regresión y para los pueblos indígenas han significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha y conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos”, advierte Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escritor y acompañante desde hace más de 30 años de diversos movimientos sociales del continente.

“El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo”, sentencia Zibechi en entrevista con Desinformémonos, luego de participar en una serie de encuentros con movimientos sociales e indígenas de Chiapas y Oaxaca, durante una breve gira por México en la que presentó su más reciente libro: Los desbordes desde abajo (Ediciones Bajo Tierra, 2018).


De la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, Zibechi señala que no representa ningún cambio para la región. Y sus consultas, opina, “son mecanismos de desarticulación de la protesta”. Habrá resistencia, dice, “pues las luchas no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría”.
La desarticulación de los movimientos sociales, la inclusión de cuadros de abajo en el nuevo gobierno, la imposición de proyectos extractivistas, el aislamiento de los críticos, la polarización de la prensa, el rol de Estados Unidos, entre otros, son los temas de esta entrevista

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– ¿Cuál es el saldo de los gobiernos progresistas en América Latina?


– El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo. El saldo es Bolsonaro, el saldo es Macri, es una Venezuela destruida. El saldo es Daniel Ortega, genocida, violador. Como dijo Chico de Oliveira en Brasil, fundador del Partido del Trabajo de los Trabajadores, “el lulismo fue una regresión política”.


Y cuando decimos esto no hablamos de esos millones que salieron de la pobreza pero que ahora volvieron, no hablamos de algunas cuestiones interesantes que se hicieron interesantes, como las cuotas para las personas negras en las universidades brasileñas. Hablamos de que destruyeron la potencia emancipatoria de los pueblos porque dispersaron a los movimientos sociales, se llevaron a los dirigentes a los ministerios, se corrompieron.


No hay país con gobierno progresista en el que no haya habido casos de corrupción. El que fue vicepresidente de mi país, Uruguay, que tiene un apellido noble, Raúl Sendic, debió renunciar a la vicepresidencia por un caso de corrupción. En Argentina tiraban bolsos llenos de dinero adentro de un convento para eludir el tema de la apropiación indebida que hubo.
El saldo es negativo, pero eso no quiere decir que no comprenda a la gente que los votó, que los apoyó y que los sigue apoyando, porque frente a eso está una derecha espantosa. Pero en resumidas cuentas el saldo es negativo.


– En concreto, ¿cuál es el saldo en el ámbito económico?


– En lo económico no hubo reforma agraria, pero no hubo una reforma del sistema impositivo. No hubo reformas estructurales. Hubo una mayor renta a los sectores populares, pero esa renta fue bancarizada, financierizada, y entonces consiguieron, a través de las políticas sociales, que la gente tuviera un poco más de dinero, pero tiene además un cartoncito como el de las tarjeta de crédito o débito, que necesitan para poder sacar el dinero de las políticas sociales del banco y con eso van a los las malls o de shopping a comprar televisiones de plasma, motos, coches. Es una integración a través del consumo.


Durante el periodo de Lula en Brasil, el sector que más lucró y que tuvo las mayores ganancias de su historia fue la banca. Entonces fue una integración de los sectores populares, pero a través del consumo, y eso despolitiza, y además enriquece a la intermediación bancaria.


– ¿Y los megaproyectos en territorios indígenas?


– El extractivismo, la soja, la expansión del agronegocio, la minería, generaron un desplazamiento o acorralamiento de los pueblos indígenas. Hay un caso en Brasil que es demencial y se llama Belo Monte, que es la represa, la tercera más grande del mundo, que desvía 100 kilómetros del río Xingú, y en esa cuenca que se vacía se van a morir de hambre o van a tener que emigrar los pescadores, los habitantes de las riberas, todas las personas que vivían del río y que son pueblos originarios. Pero además, la demarcación de las tierras indígenas no se respetó.


Por otro lado tenemos el ejemplo paradigmático que es Bolivia. En Bolivia el movimiento popular tenía cinco organizaciones que hicieron el pacto de unidad, y después de la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) en 2011, el gobierno empezó a dividir a las organizaciones.


Hay dos organizaciones, y esto fuera de Bolivia se sabe poco: el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), dos organizaciones históricas de los pueblos indígenas, a las que Evo Morales y Álvaro García dieron sendos golpes de Estado. Mandaron a la policía, echaron a los dirigentes legítimos y atrás llegaron, protegidos por la policía, los dirigentes afines al gobierno, al Estado. Esto es un auténtico golpe de Estado y sucedió en Bolivia.


Cuando decimos que el progresismo ha resultado en una regresión, para los pueblos indígenas ha significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos.


– Vamos al terreno de las libertades. ¿Qué pasó en estos gobiernos con la libertad de expresión y con la libertad de manifestación? ¿Se llevaron a cabo “linchamientos” a quienes, desde la izquierda, se opusieron o cuestionaron lo que estaban haciendo?


– Durante los primeros años hubo una ampliación de libertades, de manifestación, de crítica, pero a partir de la crisis de 2008 hubo un repliegue de estos gobiernos. Una vez más Brasil es un caso paradigmático porque en junio de 2013, 20 millones de jóvenes salieron a las calles en 353 ciudades durante un mes, inicialmente contra el aumento del transporte, que es muy caro en Brasil (cada desplazamiento de autobús o metro vale entre 20 y 25 pesos mexicanos), pero terminó siendo una revuelta contra la desigualdad. São Paulo es la ciudad que tiene más helipuertos y helicópteros del mundo porque la burguesía no se digna a ir en coche por la superficie.


Esa revuelta contra la desigualdad tocó los límites del progresismo, que se limitó a repartir un poquito mejor la renta salarial, pero no la renta total y no tocó las desigualdades. Cuando surgió ese movimiento hubo un repliegue del gobierno de Dilma Rousseff, del PT y de la izquierda en su conjunto, y mandaron a la policía. Por supuesto que lo que habría tenido que haber hecho un gobierno de izquierda era ponerse del lado de la gente, pero al mandar a la policía generaron un vacío político y una desmoralización tan fuerte que de eso se vino aprovechando la derecha hasta el día de hoy. El 2013 fue un parteaguas en Brasil y en toda la región. Son los movimientos, la irrupción de la gente cansada de que le tomen el pelo, de que se burlen de ella, una de las dos o tres causas principales de la crisis de los progresismos en América Latina.
– ¿Y los medios de comunicación? ¿Qué papel jugaron y juegan?


– Sobre los medios de comunicación hay varias dinámicas. Hay países donde los Estados han ido avanzando sobre los medios de comunicación, como Venezuela, clausurándolos, domesticándolos o comprándolos. El grueso de los medios de comunicación de Venezuela son estatales o pro-estatales. El otro extremo podría ser Argentina, donde hay alrededor de 200 medios de comunicación culturales, autogestionados, digitales y en papel, como Desinformémonos en México. Esos 200 medios tienen entre cinco y siete millones de lectores mensuales, en un país de 40 millones de habitantes. Se trata de medios minoritarios, pero ya no son marginales. Más aún, cuando hay un conflicto, como cuando una fábrica de Monsanto se iba a instalar en las Malvinas Argentinas, y desde Uruguay, si se quería saber lo que pasaba, entrabas a la prensa de la derecha, La Nación, Clarín, y no aparecía nada. Entrabas a la prensa de la izquierda, como Página 12, y tampoco aparecía nada. Tenías que informarte en estos medios comunitarios o alternativos.


Estos medios ya no son una minoría marginada, sino que tienen una masa crítica, y cumplen el rol de que informan a los nuestros de lo que otros no informan.


– Hemos visto que se ha dado una polarización de los medios durante estos medios. Los que están con el gobierno, en este caso progresista, y los que tiene la ultraderecha…
Sí, claro. En Brasil está pasando algo increíble, Bolsonaro hace campaña contra la Red Globo, que es la hegemónica, y contra Folha de São Paulo, que es el periódico de las élites, y se apoya en las redes sociales y en los medios de comunicación evangélicos, que son de ultraderecha. Hay una reconfiguración de los medios muy interesante, que hay que seguirla, porque incluso Bolsonaro amenazó con clausura Folha de São Paulo, que es un escándalo, es como clausurar un diario de derecha de México. Es la misma actitud que tiene Donald Trump con los medios. Pero están emergiendo otros medios, como es el caso de los evangélicos, son una fuerza política y social que merece ser estudiada a fondo, y están compitiendo ya con la Red Globo en Brasil. Por otro lado, en la mayoría de los países existen medios como los nuestros, alternativos, pero no en todos tienen fuerza.
– Hay otros medios, que no son alternativos ni marginales, sino grandes medios de izquierda, o críticos al poder, bien colocados en sus países, como Brecha en Uruguay, o Página 12 en Argentina. ¿Qué papel juegan con los gobiernos progresistas?


– Debo decir que Brecha fue crítico antes de la llegada de los gobiernos y durante los gobiernos progresistas. Siempre hemos sido un periódico crítico. Página 12, en cambio, se hizo kirchnerista y dependió hasta hoy de recursos bajados por el Estado. Todo lo malo tiene una parte buena, y acá en México lo van a vivir. La parte mala es que los progresistas nos destruyen o nos crean muchos problemas. La parte buena es que el escenario se clarifica, ya no quedan lugares para las medias tintas, estás o no con el Estado. Cuando estás con el Estado la excusa es q ue ahora lo gobierna la izquierda, pero estás con el Estado, eso es lo principal. Y los que se mantienen en su trabajo de autonomía, de trabajo por fuera de las instituciones.


Página 12 claudicó, en los 90 fue un diario bien importante no sólo en Argentina, tenía una estética particular y un impacto con tapas de página muy potentes. Por otro lado, hay otros medios que se han mantenido fieles a su trayectoria. Yo no quiero exagerar, pero diría que Brecha, en Suadamérica, es de los pocos que ha atravesado el progresismo con muchas dificultades económicas. No vivimos de Brecha, estamos mal económicamente, pero mantuvimos la dignidad y una posición independiente, aunque hay matices. Hay algunos periodistas dentro más afines al gobierno, pero siempre críticos.


– ¿Y cuáles son los costos de mantenerse críticos, desde la izquierda, a los gobiernos progresistas?


– Los costos de mantener la postura crítica son el aislamiento, no te llaman para hacerte entrevistas, te ignoran. Hay deterioro económico personal, tenemos que buscarnos trabajitos para sobrevivir, y eso es un costo importante, pero hay que fijarnos muy bien, hay una trampa del progresismo que hemos logramos sortear, pues así cómo como la profesión periodística, en el caso de Brecha, hoy tiene un salario muy bajo, pero ha habido una renovación generacional y de género. Y hoy la mayoría de la planta son personas jóvenes y mujeres. Los que quieren ganar más se han ido con el gobierno o a crear periódicos afines al progresismo, y los que nos quedamos, bueno, pues ganamos poco, pero ahí estamos.
– ¿Lo que nos estás diciendo es que nos va a ir muy mal a los que mantengamos una postura crítica, en el caso de México, a Andrés Manuel López Obrador?


– Yo no diría “irnos muy mal”. El aislamiento es duro, pero te hace más fuerte. Y además no aspiramos a hacernos ricos. Por ejemplo en Brecha, de 35 trabajadores, habrá cinco o seis con carro, los demás vamos en transporte público, y eso me parece que es muy importante porque marca algo que en este momento es una siembra, no se ve, pero están ahí las semillas y en algún momento van a florecer.


Pero lo que está sucediendo en México hay que leerlo de otro modo por dos razones. El ciclo progresista en América Latina inició por el 2000 y terminó por el 2014, y es un ciclo que fue posible gracias a los altos precios de las commodities, del petróleo, de la soja, del mineral de hierro, porque a las burguesías en esa época de bonanza económica no les importó mucho que les subieran un poco los impuestos, y porque los sectores populares estuvieron tranquilos. Pero hoy en día vivimos la post crisis del 2018. Las clases dominantes del mundo se han hecho más bestiales, más brutales. El uno por ciento tiene una riqueza como nunca soñó tener en la historia y se han hecho mucho más intransigentes, más ultras, y están en contra de los pueblos.


El gobierno de López Obrador llega en el momento en el cual las clases dominantes no están dispuestas a ceder en nada. Hay una situación que llevará muy rápidamente al gobierno a alinearse con los intereses empresariales. Estos pocos días que llevo en México he visto algo sorprendente. Prendo la televisión y en el parlamento unos diputados del PAN ponen una manta que dice “#NoALaDictaduraObradorista”. Son terribles, pero desde el primer día ya están oponiéndose, no le dan ninguna chance. Parece que eso va a marcar: Te doblegas completamente o vas a tener una oposición implacable como tuvo Dilma en sus últimos años en Brasil.


– ¿Qué representa la llegada de López Obrador para el Continente Americano?


Me gustaría decir que representa algo par ala región, pero yo creo que no representa nada, porque desde el punto de vista de la integración regional latinoamericana, no aporta nada, y desde el punto de vista de un giro a la izquierda en la región, ya no es posible, y tampoco aporta nada y porque la política exterior, por lo que yo entiendo, va a ser de alineamiento total con el nuevo NAFTA y con las políticas de Donald Trump. Entonces yo no espero nada.


Si hubiera sido diez o quince años atrás, capaz que se podría esperar algo en un clima distinto, pero hoy en día, cuando hay una guerra comercial con China y con Estados Unidos, cuando hay un encrespamiento de las relaciones internacionales y una intransigencia muy fuerte, como hace una semana que se pelearon Trump y Macron y hubo un destrato mutuo muy fuerte… pues no hay margen para ninguna otra política.


– Háblanos de los movimientos sociales dentro de los gobiernos progresistas, a los cuáles


– Los gobiernos progresistas han sido maestros en el arte de desactivar a los movimientos sociales y a la protesta social. Han cegado las bases sociales de sus movimientos con políticas sociales, pequeñas cosméticas que entusiasmaron a mucha gente que nunca había recibido nada. También cooptaron a los dirigentes de los movimientos.


El personal político de los gobiernos progresistas viene de abajo, los cuadros tecnocráticos que están al frente nacieron y conocen la cultura organizativa de los movimientos sociales, entonces, cuando están arriba saben muy bien qué teclas tocar para debilitar, y eso es muy peligroso.


Hay dos cosas que ponen en peligro a los movimientos sociales. Primero, el Estado se reviste de legitimidad con el progresismo, y un Estado con legitimidad, un Estado fuerte, es peligroso. Después, los saberes de abajo que han llegado allá arriba están destinados a debilitarnos. Y estas dos cuestiones juntas pueden ser enormemente depredadores para los movimientos populares. Un ejemplo es Bolivia con Evo Morales y Álvaro García, que se disfrazaron diciendo que era el gobierno de los movimientos sociales e hicieron los golpes de Estado a los mismos.


En Argentina está el caso piquetero. El movimiento piquetero fue completamente neutralizado, dispersado, destruido, por las políticas sociales. Hay un manual en un libro del Ministerio de Desarrollo Social, donde estaba la hermana de Néstor Kirchner, que dice que el funcionario ideal del Ministerio es “aquel militante social que en los 90 se opuso y organizó a la gente en la base social en los territorios contra el modelo neoliberal”. Succionan cuadros políticos y militantes y saberes a los Estados y eso es un elemento muy definitorio y fundamental.
El tercer ejemplo pueden ser los compañeros de Brasil del Movimiento de los Sin Tierra y de los Sin Techo, movimientos muy importantes, muy luchadores, con una trayectoria impecable, que reconocen que Lula y Dilma entregaron menos tierras con la reforma agraria que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, pero aun así, los apoyaron porque hay un chorro de dinero que fue destinado a la educación, la vivienda, etcétera. Son movimientos potencialmente revolucionarios que quedaron neutralizados completamente.
– Y el caso de México, país al que también conoces muy bien desde hace un cuarto de siglo


– En México hay muchos movimientos potentes. Los movimientos urbanos tienen una larga trayectoria de haber sido dispersados, sobre todo por gobiernos del PRD, pero me preocupan mucho los movimientos indígenas, que son una parte minoritaria de la población, pero importantísima, y me preocupa el aislamiento y la posibilidad de golpes o represiones quirúrgicas. Me preocupa mucho que en los próximos seis años haya un proceso de debilitamiento del zapatismo y del CNI, y de otros movimientos indígenas y populares, que son los que se han opuesto a los grandes proyectos.


Hay una operación muy fina. Las consultas que se ha hecho y las que se van a hacer son mecanismos de desarticulación de la protesta. Mañana tú puedes decir que estás en contra del Tren Maya por tal o cual razón, y te van a decir que vayas y votes. En esta consulta, la del aeropuerto, hubo 1 millón y cacho de votos, pero yo creo que en las próximas consultas pueden votar más personas, y si votan más personas mayor será la legitimidad de la consulta, aunque sea ilegal, sin sustento jurídico y sin sustento de ningún tipo.


Supongamos que respeten la consulta. El mensaje que están enviando los progresistas y López Obrador es que el conflicto no vale la pena porque es riesgoso, que votando o apoyando al gobierno se van a solucionar los problemas. El mecanismo de la consulta busca encasillar y conducir la protesta al terreno de las urnas. ¿Para qué me voy a oponer a la carretera si estoy en contra y puedo votar. Y si pierdo, por lo menos pude opinar en un ejercicio democrático en el que no tuve que poner el cuerpo y la policía no me dio un golpe? Lo que se hace es deslegitimar el conflicto y deslegitimar la protesta, y eso va de la mano de aislar a los que protesten. Los que protestan aislados son rápidamente víctimas de la represión estatal. Ése es el riesgo que yo veo ahí.


Espero que la consulta no tenga la última palabra. Con la consulta los pueblos tienen dos opciones: o jugarse por la consulta, que no creo que sean tan poco hábiles, o que digan que hagan todas las consultas que quieran pero que ellos no quieren que el tren pase por ahí, que es lo que han hecho otros pueblos en América Latina.


Por suerte, en algunos casos como el de las comunidades zapatistas o Cherán, hay una fortaleza. Igual la van a pasar muy mal, creo yo y ojalá me equivoque, pero no es lo mismo pasarlo mal cuando están temblequeando a cuando estás bien y firme en tus bases, como los zapatistas.


Po otra parte, estoy seguro de que López Obrador se jubilará, no creo que se pueda reelegir, aunque me imagino que ya está pensando en reelegirse. Pasarán seis años, se irá Morena o no, pero el zapatismo va a seguir en pie, y eso es importante porque son luchas de cinco siglos que no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría o tenga buenos modales.


– ¿Y la resistencia?


– Habrá resistencia. Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo, han traído más capitalismo, más transnacionales y más monopolios. Esto de hacer mega obras en el sur es para cooptar al resto de México, porque ha sido la zona más rebelde y eso todos lo sabemos. Los pueblos van a resistir. Hay muchas personas que, como decimos en Uruguay, “no se comen la pastilla”, no se dejan engañar. La gente está alerta, además ya tienen 15 años de nuestra experiencia y saben lo que pasó en el sur. Habría que ser un poco más optimista.


– ¿Qué papel juega Donald Trump y Estados Unidos?


– Trump es más que Trump. Es la mayor intransigencia de las clases dominantes, de los ricos, y la mayor intransigencia del Pentágono, que tiene tanto peso como las clases dominantes. Esta gente se está inclinando por la guerra, por militarizar el escenario global. La guerra comercial contra China es una guerra y, comercial por ahora. La guerra va a escalar y es probable que lleguemos a guerras entre naciones con armas nucleares, eso que los zapatistas llaman el colapso.


El régimen Trump tiene aspectos del colapso, es una manifestación de la crisis del sistema, del imperialismo yanqui, pero también es una manifestación de que ellos pueden apostar al colapso antes de soltar la sartén que creen o temen que se les está escapando. Un escenario horrible. El que venga después de Trump, aunque sea demócrata, va a seguir muchos de los pasos de Trump. El gobierno de Trump no es un paréntesis, sino un viraje en las estrategias de las clases dominantes.


Estados Unidos apuesta cada vez más a la subordinación absoluta de México. Es un patio trasero del cual no van a soltar las garras y por lo tanto, en ese proyecto de tener a México subordinado, el gobierno de López Obrador les pueda venir incluso muy bien, pues esto de llevar las mega obras al sur, de facilitar el flujo de mercancías, commodities, minerales, maderas, todo lo que haya para sacar, los monopolios lo ven muy bien, y más si además consigue aplacar a una parte de la ciudadanía.


Lo que no va a conseguir este gobierno ni ninguno, por ahora, es bajar los niveles de violencia, los feminicidios, la actividad del narcotráfico, de la ilegalidad. Eso para Estados Unidos es algo importante, porque desde la guerra contra el narco apuesta a la violencia, al Plan Mérida, a la descomposición del tejido social. Todos son planes del imperio que ahora los va a ejecutar López Obrador. Con este señor además se van a cumplir los planes que profundizan el capitalismo, el monopolio, y lo que los compas zapatistas han llamado la cuarta guerra mundial, el despojo de los pueblos. Eso es lo que está a la orden del día.


– Para finalizar, ¿qué lectura le das al fenómeno migratorio que estamos viviendo estos días de Centroamérica hacia el norte?


– Quiero creer que con esta marcha masiva de migrantes está naciendo un movimiento, porque antes la migración era individual, de familias, gota a gota, pero ahora es masiva y organizada. Para movilizarse 7 mil personas todas juntas hay que estar organizado. Capaz que es la primera de muchas marchas y si es así es bueno, porque la migración solitaria es fácilmente reprimible, vulnerable, pero con esta probablemente la gente haya llegado a la conclusión de que es mejor migrar en masa para estar más protegidos. No tengo claro que Trump vaya a poder impedir el paso de los migrantes por la frontera, a pesar de todas las gárgaras que hace. Es un costo político muy alto. Lo bueno es que está naciendo algo nuevo, desde abajo.

Por Gloria Muñoz Ramírez
29 noviembre 2018 

 

Publicado enInternacional
De la “guerra comercial” a la guerra económica global

Cuando hablamos de guerra económica, lo primero que se nos viene a la cabeza es una disputa entre bloques (EEUU, China y Unión Europea, principalmente), pero la verdadera guerra económica vigente es la que el capitalismo en su conjunto está librando contra la humanidad y el propio planeta.

El capitalismo nos conduce de manera acelerada al colapso ecológico y a un abismo de mayor violencia, autoritarismo y desigualdad. Para desmantelarlo, se hacen necesarios diagnósticos certeros sobre su dinámica interna (principales apuestas, límites, conflictos), que nos permitan poner palos en la rueda capitalista a la vez que impulsamos alternativas que pongan la vida, el trabajo y el bien común en el centro.


Pero no es un ejercicio sencillo. Vivimos en un sistema incierto y sobrecomplejizado, en el que la velocidad, la escala y la interdependencia en la que se desarrollan relatos, procesos y acciones dificultan la elaboración de radiografías atinadas de lo que nos ocurre.


En el ámbito económico, hasta el estallido financiero de 2008, imperaba un consenso multilateralista en la agenda hegemónica, que apostaba por acumular tratados comerciales, megaproyectos y organismos internacionales en favor del mercado global. Hoy, en cambio, son de actualidad conceptos como guerra comercial, proteccionismo, aranceles, complejo industrial-militar, disputa energética, cuarta revolución industrial (4RI), etc. Y estos definen la actual coyuntura, en el marco de una guerra económica a escala global.


¿Asistimos a un giro en la agenda hegemónica? ¿Han perdido los tratados su rol estratégico tras el congelamiento del TTIP y el avance de gobiernos como el de Trump? ¿Se consolida un escenario des-globalizador en el que prima el proteccionismo estatal? ¿Son los aranceles el centro de la disputa entre bloques corporativo-regionales?


Para responder a estos interrogantes parece necesario discernir lo relevante de lo mediático, complejizar el análisis de la realidad. Con ese ánimo abordamos el reto de definir guerra económica como un fenómeno innegable, pero que debemos situar dentro de las señas de identidad del capitalismo actual.


Cuando hablamos de guerra económica, lo primero que se nos viene a la cabeza es una disputa entre bloques (EEUU, China y Unión Europea, principalmente, de la mano de sus transnacionales), atravesada además por conflictos entre diferentes tipologías de capital (financiero, industrial-militar, digital, extractivo, etc.). Siendo esta la acepción comúnmente aceptada, es solamente una parte de algo más amplio: la verdadera guerra económica vigente es la que el capitalismo en su conjunto está librando contra la clase trabajadora, la humanidad y el propio planeta.


El capitalismo atraviesa un momento especialmente crítico, en el que a las escasas expectativas de reproducción de un enorme excedente financiero se le une la incuestionable merma de la base física en la que opera el sistema. Cómo sostener la acumulación de capital en un contexto de bajo crecimiento, cómo hacerlo con menos recursos materiales y energéticos, y además en un contexto de crisis climática, define su gran paradoja presente.


Para tratar de salir de esta, lanza una virulenta ofensiva en forma de capitalismo del siglo XXI. Su principal objetivo es derribar cualquier barrera (geográfica, política, sectorial) a la mercantilización capitalista a escala global. Todo, de este modo, debe convertirse en espacio de acumulación capitalista. Nada, en sentido contrario, puede impedir el flujo natural del comercio y la seguridad de las inversiones. Y como esta apuesta tiene un alcance limitado, se pretende iniciar una nueva onda económica expansiva de la mano de la 4RI (inteligencia artificial, robotización, automatización, etc.), que permita ampliar exponencialmente la productividad y los sectores de reproducción del capital de la mano de las megaempresas digitales.


Este y no otro es el principal exponente de la guerra económica en ciernes: el conflicto entre un capitalismo caníbal —que exacerba su matriz dictatorial, desigual e insostenible— y la propia vida.


No obstante, la actual coyuntura también exacerba los conflictos intracapitalistas. Quienes detentan el poder compiten por el menguante pastel del crecimiento económico. Se trata de conflictos que no ponen en cuestión la ofensiva capitalista —al menos por el momento, sin descartar hipotéticas escaladas bélicas—, delimitando su disputa dentro del marco de ciertos patrones estructurales vigentes. Destacamos tres, que definen el marco de lo posible para la guerra económica intracapitalista.


En primer lugar, las finanzas son el gran hegemón, imponiendo al sistema en su conjunto su naturaleza cortoplacista, inestable y auto-ultrarregulada en su favor a escala mundial. No hay agenda capitalista que no se adapte a este patrón, en mayor o menor medida.


En segundo término, las cadenas económicas se estructuran en lógicas globales, a partir del control que ejercen las empresas transnacionales. La interdependencia de agentes es muy significativa; toda medida en un territorio (aranceles, intereses, tipos de cambio, etc.) tiene una respuesta global y efectos secundarios cual boomerang, lo que dificulta una guerra abierta y total donde todas las partes tienen mucho que perder.


Y tercero: los capitales en su conjunto son conscientes de la crisis ecológica y de acumulación, por lo que la verdadera confrontación se centra en los materiales y fuentes de energía, por un lado, así como en tratar de tomar la delantera en sectores avanzados de la 4RI (datos, inteligencia artificial, comercio digital), por otro.
Por tanto, la guerra intracapitalista se inserta en los límites de una economía globalizada y financiarizada, que centra sus esfuerzos en superar la grave crisis de acumulación y el colapso ecológico, aunque ello conlleve una guerra abierta entre capital y vida.


Esta es la clave para caracterizar la actual guerra económica. Si analizamos la agenda de EEUU, principal percutor del estallido del consenso multilateralista, veremos cómo lo mediático no corresponde con lo estratégico. Así, frente a la supuesta primacía de la guerra arancelaria con China y la UE, y frente a la pretendida apuesta proteccionista sustentada en el America First y el congelamiento del TTIP, EEUU asume la guerra económica en su integridad. Pero siempre dentro de los tres patrones estructurales señalados, ofreciendo así una mirada diferente del concepto.


De esta manera, Wall Street es “quien manda aquí”, no la industria clásica y agroexportadora. La globalización se sigue imponiendo, por tanto, a la necesidad de protección. Las finanzas han conseguido hacer saltar por los aires todo intento de regulación financiera, rebajar los impuestos, elevar los tipos de interés y mantener un dólar fuerte, generar ofensivas contra monedas más débiles y sostener la firma de tratados comerciales como herramienta de blindaje corporativo (como evidencia la actualización del TLCAN), aunque aceptando la necesidad de negociar en mejores condiciones los acuerdos multilaterales como el TTIP.


Esta es la base de la agenda real, que se completa con la competencia salvaje con China por el control de los datos como materia prima —Europa se muestra bastante ausente en este sector—, así como por el desarrollo de nuevos servicios digitales como espacio de acumulación. Esta disputa, junto a la constatación del enorme superávit comercial chino y su control sobre la deuda pública estadounidense, convierten al gigante asiático y a su soberanía en el verdadero objetivo de la guerra intracapitalista, con Europa como convidado de piedra y escenario vulnerable por influenciar. El cuadro de la agenda mainstream concluye con el sostenimiento —también militar, si es necesario— del complejo extractivo de energía y materiales, ante el agotamiento global.


A partir de ahí se desarrollan otras medidas de rango menor, que tratan de contentar al resto de capitales: escaladas verbales belicistas (Rusia, Venezuela, acuerdo atómico, etc.) para favorecer al complejo industrial-militar e incremento limitado de aranceles para la industria doméstica y agroexportadora, que al menos compense el dólar fuerte y sostenga apoyos electorales. Pero todo ello sin la relevancia que le otorgan los medios, dada la interdependencia global que impide una guerra abierta.


En definitiva, EEUU como adalid de la guerra económica muestra que esta se libra fundamentalmente en el ámbito financiero, energético-material y en torno a la 4RI, cuestiones que no parecen estar en el foco mediático. Las finanzas son el eje sobre el que pivota el marco de lo posible, por lo que la apuesta globalizadora y en favor de los tratados se mantiene, con matices. Los aranceles y el proteccionismo estatal, en cambio, tienen un alcance limitado y con un fuerte componente retórico; solo hay verdaderas restricciones al flujo de personas, desde lógicas racistas. Mientras tanto, la guerra económica en sentido amplio se silencia, siendo la mayor amenaza.


En este contexto, ¿cómo enfrentar la guerra económica? En primer lugar, asumiendo la acepción amplia de confrontación con el capital. El cambio en la matriz económica desde claves ecológicas, feministas y de clase, la defensa de los bienes comunes y la disputa en torno a la 4RI —rompiendo el falso relato de la «economía colaborativa»— aparecen como prioridades estratégicas.


En segundo término, no teniendo que elegir entre un capitalismo u otro, uno multilateralista u otro más unilateralista. Ambos nos conducen al abismo social y al colapso ecológico. Por supuesto, se trata de frenar sin ambages el fascismo social y político, pero la alternativa nunca habrá de pasar por un universalismo abstracto y mercantilizado que también nos condena.


Romper esta dicotomía a la que nos empujan los mass media es un tercer eje prioritario, creando una agenda económica y comercial ajena por completo a los relatos y prácticas excluyentes y reaccionarias. Sin por ello denostar la disputa por las soberanías, no solo la estatal sino también la local, regional y global. Y la energética, alimentaria, feminista y popular, redefiniendo conceptos y perspectivas desde una mirada radical e inclusiva. Pese al ruido mediático, el antagonista es claro; el desafío es cómo hacerlo descarrilar.

 

Por Gonzalo Fernández
Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad

publicado
2018-11-23 11:15:00

 

Publicado enEconomía
EEUU y los grandes mercados emergentes frenan la lucha contra el cambio climático


Los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- y la mayor economía mundial son las grandes rémoras al control de emisiones de CO2. Y, por ende, los principales causantes de que la temperatura del planeta suba por encima de los 2 grados centígrados en 2050. Un estudio de la consultora BCG compara sus políticas, sus inversiones y su tecnología junto a las de Alemania, adalid del cumplimiento de los Acuerdos de París.


Los gobiernos están aún muy lejos de adquirir conciencia plena de los efectos del calentamiento del planeta. Sus políticas son inadecuadas y abocan al desastre. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) lo advertía a comienzos del pasado mes de octubre. Persiste la idea de que las consecuencias del efecto invernadero son inevitables, fruto de la normal evolución de la Tierra y que la acción del hombre no resulta determinante.


Un cóctel explosivo que convierte en distopía la declaración de intenciones de los Acuerdos de París, de 2015, de lograr que el globo terráqueo no supere un calentamiento superior a los dos grados centígrados respecto a los niveles de la era pre-industrial a partir de 2020.


Superado el ecuador de esta primera fase de actuación, el IPCC no sólo alertan del freno que, para la consecución del tratado, supone la salida del pacto de la primera potencia mundial, por decisión expresa de la Administración Trump. También del riesgo aparejado de que, probablemente, no habrá más oportunidades de revertir la situación. Y de que los grandes mercados emergentes -China, Brasil, Rusia, India y Sudáfrica- tampoco están haciendo esfuerzos de la suficiente intensidad como para contribuir decididamente a la causa. Priman entre sus dirigentes el deseo de seguir con su ritmo de desarrollo, con medidas anacrónicas, propias de la revolución industrial, en la que los límites a las emisiones de CO2 nunca fueron un obstáculo.


Los expertos independientes del IPCC, además, han empezado a clamar contra el propio acuerdo. Lo consideran poco ambicioso. Aconsejan a la comunidad internacional que, si de verdad desean paliar los desastres que provocará el calentamiento global en el futuro, deberían tratar de lograr un repunte de temperatura más ambicioso, de 1,5 grados.


En juego está la brusca extensión de amplias franjas del territorio planetario que pasarán a registrar súbitos episodios de calentamiento extremo, de desabastecimiento de agua, de sequías y de miles de islas, primero, y zonas costeras, después, que quedarán irremediablemente sumergidas bajo el nivel de mares y océanos. Todos estos fenómenos afectarán a la vida diaria de cientos de millones de habitantes, provocarán flujos de migraciones, acabarán con la producción y la rentabilidad de vastas áreas agrícolas, destruirán los arrecifes de coral, imprescindibles para la subsistencia de millones de especies de la fauna y flora marinas y precipitará la extinción de especies terrestres. Y lo más irónico de todo -enfatiza el IPCC- es que se está en disposición de lograr contener el calentamiento a sólo 1,5 grados en sólo 22 años. De lo contrario, perdurará más de lo recomendable el uso de combustibles fósiles, desde el carbón hasta el gas o el petróleo, los mayores detonantes del cambio climático.


Reconversión de los mix energéticos


Hay estados, ciudades, empresas, inversores y asociaciones filantrópicas que han iniciado acciones en la dirección adecuada. Pero sin la involucración de las grandes potencias, los esfuerzos serán demasiado dispersos y vanos. De ahí que los investigadores carguen contra la permisividad en esta materia de EEUU y los mercados emergentes. A ellos les encomiendan especialmente que pongan en marcha medidas para corregir sus mix energéticos. Para reducir las emisiones de los combustibles fósiles. Y que apuesten todo a las energías renovables.


Incluso no dudan en hacer un llamamiento abierto a los ciudadanos de los países incumplidores para que castiguen en las urnas a los candidatos que no revelen un compromiso expreso en este desafío. Más allá de los partidos a los que representen. Su juicio es premonitorio. Con un control exigente -el reto de aumentar 1,5 grados la temperatura global para 2050- el nivel promedio del mar sería aproximadamente 17,7 centímetros menos que bajo un incremento de 2 grados. Mientras que, si se alcanzase esta cota, algo difícil de cumplir con los parámetros de actuación actuales, el derretimiento de las barreras de hielo de la Antártida será ineludible y propiciará catástrofes por todas las latitudes con subidas de los niveles de agua de los océanos. Sin contar con esta negra predicción sobre el continente del sur, el mar subiría diez centímetros más que si se limitara a 1,5 grados, con el consiguiente daño o desaparición de numerosos ecosistemas y, probablemente, transformaciones irreversibles, más a largo plazo, para frenar el cambio climático.


Pero, ¿cuál es el escenario actual en el que se mueven los grandes países contaminantes? Un reciente informe realizado por Boston Consulting Group (BCG) pasa revista a las iniciativas que se siguen en seis países -Alemania, EEUU y los BRICS que, juntos, son responsables de casi el 60% de las emisiones de CO2-, arroja luz sobre sus diferentes estrategias y añade argumentos sólidos al mensaje de Naciones Unidas de que el mundo aún dispone de doce años para tratar de evitar la catástrofe climática.


l estudio, dirigido por Jens Burchardt y Philipp Gerbert hacen hincapié en que la ausencia de la prioridad esencial para este cometido, una acción concertada global, implica para las naciones que se han enfrascado en la reducción de emisiones “se enfrenten a significativas desventajas”, porque sus iniciativas “les pasarán factura” en el orden macroeconómico. Incluso si programas ambiciosos como los que han empezado a implantar los líderes en el cambio climático, logran suprimir entre el 75% y el 95% del CO2, a través los avances tecnológicos implantados para tal misión, para 2050. Contribución que dejaría el alza de temperatura en 1,5 grados. Pero este escenario sombrío sólo se produciría a corto plazo.Porque, a la larga, “los obstáculos al crecimiento se convertirán en un motor indiscutible de prosperidad”. En línea con el tenor de otros informes como el de la Comisión Global sobre la Economía y el Clima (GCEC, según sus siglas en inglés) que pronostica un aumento del PIB mundial de 26 billones de dólares (equivalente a la suma de las economías de EEUU, Japón e Italia) si los gobiernos y las empresas focalizaran sus políticas y sus negocios al reto del cambio climático. A razón de 2 billones de dólares anuales en el próximo decenio. Aunque sus científicos advierten que, para ello, “hay que erradicar la idea de que suprimir la combustión de carbón y de otros combustibles fósiles es demasiado costoso”, dice Helen Mountford, directora del estudio.


El diagnóstico de BCG, que lleva la firma de su think-tank corporativo, el Instituto Henderson, pasa revista a tres escenarios: las políticas ecológicas en vigor en cada país; la aplicación de tecnología para la contención de emisiones científicamente probada y sus agendas reformistas encaminadas a la consecución del objetivo de limitar el calentamiento a los 2 grados que estipula el Acuerdo de París. Su conclusión es clara: “subyacen sobradas razones económicas y medioambientales para que los estados aceleren sus esfuerzos para mitigar el cambio climático” sin que haya motivos que impidan que “no empiecen ya” a paliar los efectos de las energías contaminantes.


El espejo alemán


Alemania surge como modelo a seguir. Para alcanzar tal aseveración se basan en otro estudio, en esta ocasión, realizado en colaboración con la empresa de investigación Prognos, que revela que el Gobierno germano está en la senda de reducir las emisiones de CO2 entre un 72% y un 93% de los niveles de polución de 2015, para el ecuador de este siglo. Lo que equivale -dice el informe- a unos recortes de entre el 80% y el 95% en relación a la cota de gases de efecto invernadero de 1990.


Un esfuerzo de reconversión energética que sitúa a Berlín ante un horizonte considerado ya como “económicamente viable”; incluso si siguiera su protocolo de actuación de manera unilateral; es decir, sin un conveniente consenso internacional, que impulsaría los distintos proyectos nacionales en todo el planeta. Si se diera este caso, Alemania lograría, sin problemas, la cota de recorte de emisiones de las bandas más anchas de su doble horquilla mencionada -la que se compara con las cotas de contaminación de 2015 y 1990- y añadiría más crecimiento a su economía; tan sólo con una mayor apuesta -e inversión- en tecnología. Cuantitativamente, exige un recorte de 62 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono y la eliminación de ciertos sectores industriales, que serían suplidos por segmentos de actividad. Y constantes inversiones. Toda reducción superior al 77%, además, requiere nuevos instrumentos tecnológicos para llevarla a cabo. Pero Alemania, uno de los líderes indiscutibles de la Revolución 4.0, la digitalización industrial, está en ello.


Según datos de la BDI, la patronal industrial alemana, el sector energético está en condiciones de abastecer con energías renovables -solar y eólica- el 80% de la demanda del país y de sustituir la generación eléctrica de carbón y lignito por gas. En paralelo, el resto de segmentos productivos se adaptarían con bastante diligencia a las nuevas pautas de consumo; desde la construcción hasta el transporte. Sin problemas de que se produzca caso de sobredimensionamiento del potencial energético renovable. También el escenario tecnológico resulta idóneo para que la biomasa supla, en el sector industrial, a los combustibles fósiles en los procesos de generación calorífica. Aunque los avances futuros deben concentrarse en ampliar la red de suministro energético, conseguir una mayor capacidad de almacenamiento, especialmente de baterías limpias, en crear un sistema de integración energética más flexible y en apostar por inversiones que ayudan a cambiar el parque automovilístico hacia los vehículos eléctricos o las sustituciones de caladeras y bombas de calor en hogares e industrias. Algo factible, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, en la construcción, más del 80% de los edificios del país deben acometer obras de rehabilitación antes de 2050, lo que adelantaría la renovación hacia las energías de bajas emisiones contaminantes. O que, en el sector del transporte, los vehículos eléctricos hayan empezado a sustituir, no sin controversias sociales, aunque mínimas, las flotas de furgonetas comerciales, autobuses y otros servicios públicos o la red de camiones que circulan por las grandes autovías del país.
El coste de las inversiones necesarias para que Alemania alcance el objetivo de la reducción de dos grados es substancial: 1,6 billones de dólares hasta 2050. Casi el PIB español. Pero asumible, si se tiene en cuenta que esta cifra supondría apenas un 1,1% de su economía cada año. Además, si se descuentan el ahorro de los costes operativos, la cantidad se reduciría a menos de 20.000 millones anuales.


Europa y EEUU, en distinta dimensión


Las potencias industrializadas, incluidas mayoritariamente en el espacio europeo, y EEUU registran aún altas emisiones per cápita. A pesar de sus agendas industriales de bajas emisiones y la notable eficiencia de sus adelantos tecnológicos. Todos ellos, han aumentado su porción de suministros de electricidad en detrimento de los combustibles fósiles. Al igual que Alemania, gran parte de sus socios de la UE han minimizado su crudo-dependencia. Sin embargo, Europa, con perspectivas de pérdida demográfica en los próximos decenios, pese a los flujos de inmigración que recibe, no está ante el mismo escenario futuro que EEUU que, donde se espera un incremento de población de 67 millones de personas. Las necesidades de transporte en la primera potencia mundial serán una fuente mayor de emisiones. Aunque también hay otro notable hecho diferencial. EEUU tiene sobradas fuentes de energía en su territorio, fósiles y de otros orígenes, con las que puede jugar a la hora de modificar su mix energético.


En cualquier caso, el parón en la atención al cambio climático de la Administración Trump, que ha dado manga ancha a la contaminación industrial para espolear su producción y generar puestos de trabajo inmediatos -dentro de su política proteccionista- deja una brecha substancial entre ambas orillas del Atlántico. El impacto mínimo de las actuales políticas medioambientales entre Alemania, prototipo europeo, y EEUU arroja unas predicciones muy distintas. Así -señala el informe de BCG-, mientras la locomotora europea rebajaría su huella de emisiones en un 45% el mayor mercado del mundo lo haría en apenas un 11%. En 2050. De forma que el esfuerzo ecológico de la Casa Blanca debería ser mucho mayor en las próximas décadas.


El resto del mundo, a remolque


La mayoría de las economías emergentes anda en el furgón de cola. Aunque en longitudes de onda distintas. Todos siguen empleando tecnologías de bajo coste e intensivas en carbón. Causa de que sus emisiones per cápita “no sean sostenibles”, según BCG. Aun así, sus trayectorias son también ambivalentes. China espera un crecimiento de más del 300% de su PIB para 2050. Es, sin embargo, del grupo BRICS, el que más ha impulsado la agenda ecológica. Para ese año, con una población en descenso y con aumentos de la eficiencia energética y tecnológica, la gran factoría mundial aumentará un 6% sus emisiones. India, por su parte, tiene una proyección de incremento de su PIB del 700%, con fuerte expansión demográfica (un 26% más) y una apuesta decidida por el carbón, principal fuente de su tejido industrial. Doblará sus emisiones en 2050, lo que le convertirá en el segundo país más contaminante del planeta. Escenario similar al de los tigres asiáticos.


En Brasil, tanto la economía como su población crecerán a ritmos que harán ineludibles las subidas de las emisiones. En todos los sectores productivos. Por si fuera poco, la victoria de Jair Bolsonaro no invita al optimismo. En una nación en la que más del 40% de sus emisiones de gases de efecto invernadero procede de la agricultura, unos de sus motores exportadores. Sudáfrica, en cambio, es el que mejores perspectivas obtiene. Hasta el punto que reduciría sus emisiones, pese al fuerte repunte económico y demográfico, ya que se espera que su población crezca más del 40%. El país africano ha empezado a reemplazar centrales de generación eléctrica de carbón. El éxito de Rusia depende, en gran medida, de la demanda global de combustibles fósiles y de que transforme su agenda de reformas con mayores medidas de mitigación de la polución.


Ante esta tesitura, las voces internacionales en favor de acciones concertadas se dejan sentir cada vez con más fuerza. JP Morgan cree que, si EEUU no contribuye a parar el cambio climático, el 40% de su población, la que vive en zonas costeras, estará amenazada. Al Gore asegura seguir siendo optimista de que estalle una revolución sostenible. Y el presidente de la Cruz Roja, Peter Maurer, piensa que el cambio climático promoverá la conflictividad mundial y tendrá un impacto decidido sobre las crisis humanitarias y, en consecuencia, sobre los flujos de inmigración globales.

madrid
21/11/2018 11:37 Actualizado: 21/11/2018 11:37
DIEGO HERRANZ

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