La desigualdad puede ralentizar el desarrollo económico de América Latina

La reducción de los índices de pobreza en América Latina a lo largo de la primera década del siglo XXI es un éxito reconocido por toda la comunidad y organismos internacionales, sin embargo, la incapacidad por disminuir, en la misma intensidad, la brecha de la desigualdad es una asignatura pendiente que, si no se combate, puede obstaculizar el crecimiento económico en la región y contribuir a la ralentización que auguran todas las previsiones macroeconómicas, de acuerdo con el último informe del Banco Mundial. En el estudio Ganancias sociales en la balanza en América Latina y el Caribe, que la organización ha presentado este martes en Washington, se aconseja a los países del hemisferio que adopten políticas fiscales redistributivas y que garanticen el acceso generalizado a bienes y servicios básicos para promover un desarrollo inclusivo en el continente.


"La pobreza ha seguido decreciendo de manera importante en América Latina en 2012, situándose en el 12,3%. Pero ahora el mayor porcentaje de la población en la región lo componen las familias vulnerables", ha señalado durante la presentación del informe Louise Cord, responsable del Grupo de Reducción de la Pobreza, Género y Equidad del Banco Mundial. El informe advierte de que la falta de progreso en la reducción de la desigualdad en América Latina puede poner en riesgo el proceso de disminución de la pobreza en pos de un crecimiento de la clase media en la región. "Si no se reduce la desigualdad, esta circunstancia podría poner en cuestión el avance en la reducción de los niveles de pobreza" ha señalado Cord

Entre las causas que explican las dificultades de los Gobiernos de la región a la hora de no poder frenar la divergencia entre ricos y pobres, el Banco Mundial cita un crecimiento en los ingresos que no se ha visto acompañado por una redistribución de las rentas. El informe de la organización advierte de que si persiste esa inercia "el progreso en reducir la pobreza y mejorar la prosperidad pueden ser más evasivos".


El Banco Mundial propone como motores para paliar el problema de la inequidad la adopción de políticas económicas más redistributivas y el desarrollo de estrategias que extiendan el acceso a los bienes y servicios básicos a toda la población, poniendo el énfasis en la infancia. El informe, reconoce cómo son los países del Cono Sur –Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay- quienes continúan liderando a la región en cuanto a disminución de la pobreza, cayó un 37% en 2012, frente a la zona andina –donde ha descendido en un 22%-. Centroamérica y México, sin embargo, han expandido el tramo de población por encima del umbral de la pobreza, alcanzando el 41%.


Para George Gray Molina, economista jefe del programa de Desarrollo de Naciones Unidas de la Oficina para América Latina, ahora mismo México y Brasil constituyen los dos principales modelos en la región para abordar la reducción de la pobreza y la inequidad. "Las reformas fiscales en México tienden a crear un entorno más favorable para las empresas y están enfocados a reducir la desigualdad a través del crecimiento económico", ha señalado Gray durante la presentación del informe del Banco Mundial. "Brasil ha optado por el modelo de la protección social, enfocado en recortar la desigualdad a través de la inversión pública". Para el economista va a ser muy importante observar lo que ocurre en los próximos dos años en ambos países para determinar cuál de las dos estrategias es más eficaz.


De acuerdo con el informe, el crecimiento de los ingresos y las políticas redistributivas explican el liderazgo del Cono Sur, de acuerdo con el documento del organismo. En el caso de los países andinos, es únicamente el aumento de los ingresos lo que justifica la reducción en el nivel de la pobreza, mientras que en el caso de México y Centroamérica aunque estos dos factores "han contribuido por igual a disminuir la inequidad, la aportación de la subida de ingresos ha sido inferior que en el resto de regiones".


En cuanto a la política redistributiva, el Banco Mundial alerta del problema que para América Latina supone la generalización de los impuestos indirectos, un factor que contribuye a ralentizar la reducción de la brecha de desigualdad. "El impacto regresivo de la estructura impositiva afecta mucho más a los más pobres", señala el informe. Cord ha incidido en esta idea reconociendo que en la región "la política fiscal es un instrumento que no está siendo suficientemente utilizado por los Gobiernos para combatir la desigualdad.


En el caso de la generalización del acceso a bienes y servicios públicos, para el Banco Mundial "permitir que los menores tengan las mismas oportunidades de disfrutar de educación básica, salud e infraestructura inmobiliaria es central para fomentar una sociedad más equitativa, libre de pobreza y que garantice el desarrollo de todo el potencial de las personas durante la infancia". El informe pone el énfasis en el acceso a la educación, una vivienda digna y las nuevas tecnologías como los principales pilares para multiplicar las posibilidades de progreso y destaca que, en muchas ocasiones, es el entorno en el que una persona nace lo que determina la calidad y la extensión de ese acceso.


En este sentido, Cord tiene esperanza en la clase media, cada vez más afianzada en América Latina, pueda impulsar un cambio en esta tendencia. "La clase media está creciendo y va a demandar cada vez más de sus Gobiernos una mayor responsabilidad en que los servicios sean de calidad", ha señalado.

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Noventa por ciento de bogotanos sufre contaminación por plomo

Nueve de cada 10 bogotanos presenta algún grado de contaminación por plomo en sus tejidos, según un estudio realizado por la Universidad Nacional mediante biomarcadores para metales pesados.

De acuerdo con los resultados de la investigación, más del 90 por ciento de los 400 citadinos sometidos a análisis, en un rango poblacional de tres a 91 años, es víctima de esa contaminación. Con un doctorado en Salud Pública de ese centro docente, el profesor Luis Hernández reveló que la presencia de mercurio detectada en el cabello fue del 98,7 por ciento, 80,8 en la sangre y 40,6 por ciento en la orina, mientras el comportamiento del plomo en sangre fue del 93,9 por ciento.


Tres de las personas objeto de estudio presentaron concentraciones de mercurio superiores a los valores referenciales del Instituto Nacional de Salud (12,6 por ciento) en comparación con los de la Organización Mundial de la Salud, precisó.


A su juicio, el nivel de contaminación detectado es preocupante, si se tiene en cuenta que la concentración de metales pesados en el organismo puede afectar el sistema nervioso y originar trastornos psicológicos, parálisis y temblores.


En los niños, detalló, puede provocar problemas en el peso y la talla y afectar el proceso de aprendizaje. Además de su toxicidad, esa concentración tiene efectos acumulativos en el organismo.


El estudio fue realizado conjuntamente con las autoridades sanitarias de la capital colombiana.


(Con información de Prensa Latina)

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10 tesis sobre el "divorcio" entre izquierda y progresismo América Latina

No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores).

Todos sabemos que los gobiernos de la nueva izquierda han dominado el escenario político latinoamericano reciente. En un viraje sustancial, suplantaron a presidentes conservadores y neoliberales, y actualmente están presentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela.


También sabemos que se trata de un conjunto variado. Existen diferencias notables, por ejemplo, entre los modos de hacer política de Evo Morales y los de José Pepe Mujica en Uruguay. Más allá de su diversidad, tienen muchos elementos compartidos que explican que sean parte de un mismo conjunto, y que además son efectivamente distintos de gobiernos conservadores o neoliberales.


Así, se delimita el "progresismo" como una cristalización reciente de una identidad política específica; una denominación adecuada, usada en varios países, y que deja en claro que todos comparten la fe en el progreso, con sus particulares modos en organizar la economía, las relaciones sociales y la apropiación de los recursos naturales.


Pero, también, frente a estos gobiernos hay un creciente debate. No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores). Los señalamientos provienen de un número significativo de simpatizantes, militantes e incluso conocidos líderes de izquierda, que están lejos de ser dogmáticos, y que se sienten desilusionados, alejados o incluso enfrentados con este progresismo.


Impulso hacia la izquierda


Una de las razones de este malestar parece deberse a que el progresismo comienza a apuntar en sentidos que son significativamente distintos a los trazados por la izquierda que le dio origen. Como "izquierda" es también una categoría plural, estas comparaciones deben hacerse con precaución. La izquierda que lanzó al progresismo se nutrió de muy variadas tendencias, aprendió de sus errores y se renovó. Mucho de eso se debió a que convergió en lo que podría llamarse una "izquierda abierta" (parafraseando al "marxismo abierto" de Ernest Mandel), que intentaba no ser dogmática, era tolerante y aceptaba aportes diversos. Esto le permitió establecer relaciones estrechas con movimientos y organizaciones populares (especialmente indígenas y campesinos), destronar al neoliberalismo, fortalecer el Estado y atacar la pobreza. Fue una sinergia exitosa que fructificó en conquistar gobiernos, lanzar procesos de cambio y superar durísimas oposiciones internas (como en Argentina, Bolivia o Venezuela).


Con el paso del tiempo, en su seno emergió el progresismo con una identidad política propia y que apuntaría en una dirección distinta. Estaríamos frente a una "gran" divergencia entre izquierda y progresismo.
La divergencia

¿Cuáles son los temas en los cuales izquierda y progresismo están difiriendo? Se pueden identificar algunas cuestiones donde las propuestas progresistas actuales son diferentes a las de la izquierda que lo cobijó.

1. Desarrollo. Más allá de sus pluralidades, la izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 criticaba en profundidad el desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus bases conceptuales como sus prácticas concretas, como la de ser proveedores de productos primarios.
El progresismo actual ha abandonado en buena medida este debate y acepta las bases conceptuales del desarrollo. Festeja el crecimiento económico y los extractivismos. Es cierto que en algunos casos se denuncia al capitalismo, e incluso hay intentos alternativos (por ejemplo, con empresas nacionalizadas), pero prevalece la inserción en éste. Las discusiones están en cómo instrumentalizar el desarrollo (por ejemplo, si con más o menos Estado), pero no se disputa el mito del progreso. En cambio, sí mantuvo de la izquierda de los 60 y 70 una actitud refractaria a las cuestiones ambientales.


2. Democracia. Al menos desde fines de los 70, las izquierdas latinoamericanas hicieron suyo el mandato de la democracia. La idea de llegar al poder por las armas fue desechada; así lo entendieron desde Pepe Mujica a Hugo Chávez. No sólo esto, sino que se buscó ir más allá de las elecciones nacionales, hacia la llamada radicalización o profundización de la democracia. Se crearon los presupuestos participativos, se promovieron referéndums y se buscó diversificar la participación ciudadana.


El progresismo, en cambio, está abandonando ese entusiasmo y se contenta con el instrumento electoral clásico, las elecciones. Profundiza la democracia delegativa y llega a extremos hiperpresidencialistas.


3. Derechos humanos. Aquella izquierda incorporó la defensa de los derechos humanos, especialmente en la lucha contra las dictaduras en el Cono Sur. Fue un aprendizaje notable, donde el viejo ideal de igualdad se articuló con la salvaguarda y ampliación de los derechos. Hoy, las actitudes han cambiado, ya que cuando se denuncian incumplimientos en derechos, hay reacciones progresistas defensivas. En lugar de atender esos problemas, se cuestiona a veces a los denunciantes o se critica la institucionalidad jurídica. Incluso ponen en duda la validez de algunos derechos, como ha hecho Rafael Correa diciendo que los derechos de la naturaleza son "supuestos".


4. Constituciones y leyes. La izquierda abierta insistía en recuperar el papel de las constituciones como el marco básico compartido. Es más, en Bolivia, Ecuador y Venezuela se aprobaron nuevas constituciones (con innovaciones sobre los derechos), y nuevos ordenamientos normativos. A su vez, en todos los casos se proponía reforzar la independencia, imparcialidad y capacidades del Poder Judicial. Ahora, el progresismo da señales contradictorias. Se incomoda con obligaciones que le imponen sus propias constituciones, e incluso opera sobre ellas para aligerar controles políticos, sociales o ambientales. Se toleran desprolijidades en cumplir exigencias legales, manipular leyes o presionar al Poder Judicial. Y en algunos momentos parecería que erosiona su propio nuevo constitucionalismo.


5. Corrupción. La izquierda de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ése era uno de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y en aquellos años la izquierda atacó una y otra vez en ese terreno, desnudando negociados, favoritismos empresariales, etcétera. Aquel ímpetu parece menguar. Hay varios ejemplos en los que no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de figuras claves dentro de gobiernos progresistas, o la asignación de fondos públicos termina repitiendo viejos vicios. Asoma una actitud de cierta resignación y tolerancia.


6. Movimientos sociales. La izquierda latinoamericana durante décadas cultivó un relacionamiento estrecho con grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial resulta de esa simbiosis, ya que gracias a indígenas, campesinos o movimientos populares urbanos alcanzaron los gobiernos. Desde esos sectores surgieron votos, pero también ideas y prioridades, y unos cuantos dirigentes y profesionales que ahora están en las oficinas estatales.

En los últimos años, el progresismo parece alejarse de varios de estos movimientos, no comprende sus demandas, se pone a la defensiva, intenta dividirlos y si no lo consigue, los hostiliza. Gasta mucha energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y perdió los nexos con organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de derechos humanos, etcétera. La desazón se expande entre líderes sociales que, en el pasado fueron atacados por gobiernos neoliberales y ahora vuelven a serlo, pero desde el progresismo.

7. Justicia social. La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio apunta sobre todo a una justicia como redistribución económica, enfocada en la compensación monetaria a los más pobres y en el consumo masivo para el resto. No niego ni la importancia de esas ayudas para sacar de la pobreza a millones de familias, ni la relevancia de que los sectores populares accedan a servicios y bienes necesarios. El punto es que la justicia es mucho más que bonos, la calidad de vida es más que comprar televisores, y no se la puede reducir al economicismo de la compensación monetaria.


8. Integración y globalización. La izquierda logró relanzar la integración regional y continental, y combatió esquemas de liberalización comercial como el ALCA, los TLCS e IIRSA. Lanzó algunas iniciativas muy interesantes, como el Tratado de Comercio de los Pueblos, el SUCRE, el Banco del Sur y algunos de los convenios del ALBA.


Hoy se mantiene la retórica latinoamericanista, pero no se logran políticas continentales en sectores claves como energía, agroalimentos e industria. Hay avances en algunos planos (como la integración cultural), pero los Estados siguen compitiendo comercialmente y no pocas veces los vecinos hacen trampas comerciales. Y, finalmente, todos aceptaron la gobernanza global del comercio.
9. Independencia y crítica. La izquierda mantenía una estrecha relación con los intelectuales, y más allá de discusiones puntuales, respetaba la rigurosidad e independencia. Incluso se buscaban ángulos originales, se hurgaba en lo que estaba oculto y se navegaba en una pluralidad de voces.


El progresismo da señales que cada vez le gusta menos la crítica independiente y prefiere escuchar a los intelectuales amigos. Y cuando ellos escasean dentro del propio país, los traen del norte, aprovechando lo poco que saben de las realidades nacionales. Desconfía de análisis exhaustivos y prefiere las felicitaciones y el apoyo publicitario. Denuncia a libres pensantes y reclama seguidores fieles. La crítica es apresuradamente rotulada como traición neoliberal.


10. Discursos y prácticas. Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política, a veces con una retórica de ruptura radical que resulta atractiva, pero sus prácticas son bastante tradicionales en muchos aspectos. Por ejemplo, los discursos por la Pachamama se distancian de la gestión ambiental, se cita a Marx y Lenin pero los acuerdos productivos son con corporaciones transnacionales, se reivindica la industrialización pero prevalece el extractivismo, se dice responder a los movimientos sociales pero se clausuran organizaciones ciudadanas, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.
Entre el concepto y la praxis


Los senderos del progresismo

En la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda.


El progresismo nació como una expresión reciente en el seno de la izquierda latinoamericana. Maduró como una particular mezcla e hibridización de distintas condiciones culturales y políticas, pero quedó enmarcado en las ideas occidentales del desarrollo. No es una postura conservadora ni neoliberal, lo que explica que sus defensores lo presenten como una expresión de izquierda, y como ha sido exitoso en varios frentes, cuenta con apoyos electorales.


Pero, en la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda. Quedó enmarcado en el desarrollo convencional, y lo ejecuta a su manera, ajustando la democracia y apelando a compensaciones monetarias. Es un camino propio, pero que comulga también con el mito del progreso.


Tal vez este progresismo rectifique su rumbo en algunos países, retomando lo mejor de la izquierda clásica, para construir otras síntesis de alternativas que incorporen efectivamente temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio. Sean ésas u otras cuestiones, en todos los casos deberá desligarse del mito del progreso. Dicho de otro modo: menos progresismo y más izquierda. Pero si persiste en prácticas como el extractivismo o el hiperpresidencialismo, se alejará definitivamente de la izquierda.

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El legado del progresismo al pensamiento crítico latinoamericano

Después de aproximadamente una década del experimento político puesto en marcha por los llamados gobiernos progresistas en América Latina, se puede afirmar que éste ha dejado una gran enseñanza para el pensamiento críticodel subcontinente: Nunca más repetir lo andado, dar vuelta y caminar para el otro lado, desde otro lado. En base a esta enseñanza histórica, el pueblo latinoamericana tiene la urgencia de asumir como verdad política y ética dos cosas:

 

1. Abandonar definitivamente la promesa del desarrollo y el crecimiento económico, inherentes al paradigma del progreso y a la lógica de la economía capitalista.

 

Atrapados en el paradigma del Progreso, los gobiernos progresistas[1] de la América latina han impulsado, una vez más de las tantas veces a lo largo de nuestra historia, las viejas promesas del desarrollo y el crecimiento económico capitalista. La promesa de salir del subdesarrollo en base a la industrialización se presenta una vez más como la gran promesa que nos conducirá a los niveles de vida del mundo desarrollado. Y nuevamente la fórmula mágica del cambio de matriz productiva es profundizar y extender el extractivismo para salir de la economía primario exportadora, basada principalmente en el extractivismo. Este aparente absurdo a nivel del lenguaje expresa la contradicción de la economía capitalista, especialmente visible en las zonas del llamado tercer mundodebido a la relación asimétrica entre el centro y la periferia provocada por el intercambio desigual que articula el mercado mundial. Simplificando el argumento por motivos del espacio de la exposición, la idea es la siguiente: necesitamos capital para iniciar el cambio de matriz productiva basada en la sustitución de importaciones o industrialización.

 

El problema es que el histórico saqueo que han sufrido nuestros países, tanto por el capitalismo central como de los grupos de poder económico local articulado al primero, ha impedido la formación de capital nacional para iniciar el proceso de industrialización. En estas condiciones la intención de iniciar un proceso de industrialización implica conseguir el capital explotando y vendiendo materias primas, es decir más extractivismo. En todas las intentonas desarrollistas, los gobiernos progresistas de las distintas épocas han vendido los bienes naturales de nuestros países a nombre de la industrialización, hoy del llamado cambio de matriz productiva. El costo que ha significado para nuestros pueblos cada uno de estos intentos modernizadores, ha sido destrucción social, ambiental y más pobreza, pura hojarasca diría Márquez. Esta larga historia de destrucción me hace pensar que hoy no va a ser distinto, que la necedad de los progresistas nos va a pasar, quizá, la mayor factura de nuestra historia.

 

A nombre del progreso y la modernización, tanto en el occidente capitalista como en el capitalismo de Estado del Socialismo Real, el ser humano se ha autoflagelado. Los peores crímenes contra a humanidad, genocidios, etnocidio,comunicidios y ecocidiosse han perpetrado a nombre del desarrollo. Esta historia, ya vieja, comenzó con el despojo social y ambiental de la acumulación originaria de capital perpetrado en nuestro continente, saqueo colonial que destruyómuchas culturas y grandes civilizaciones donde murieron millones de seres humanos, sacrificados en nombre de la civilización y el progreso. La Europa campesina vivió la misma destrucción social y ambiental con el mismo argumento del desarrollo industrial y el crecimiento económico. Millones de seres humanos murieron en el proceso de la revolución industrial, la misma que destruyo gran parte del ecosistema y los tejidos sociales agrarios bajo la hegemonía inglesa. En el siglo XX el crecimiento y desarrollo de Norteamérica como potencia mundial ha significado la destrucción ambiental y social de gran parte del territorio del planeta donde la potencia imperial ha intervenido empresarial y militarmente hasta el día de hoy. El fascismo nazi estuvo muy vinculado al impulso del desarrollo industrial de Alemania,y es conocido el holocausto que provocó. El desarrollo industrial en la Unión Soviética generó destrucción cultural y natural; y lo que no logró la revolución cultural de Mao en China lo está logrando hoy el desarrollo acelerado del capitalismo: convertir al país oriental en la primera potencia industrial a costo de la destrucción social y ambiental de la China actual. Esta ha sido la historia del desarrollo moderno, el costo del bienestar capitalista, para ciertos sectores privilegiados de la población mundial, ha significado la miseria social y ambiental para la mayoría de habitantes del planeta. Un último informe de Oxfam sostiene que "La desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países. La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante." (Oxfam 2014)

 

Con el nuevo milenio los gobiernos progresistas de América latina retoman una vez más el sueño del progreso y el crecimiento económico vía desarrollo industrial. La modernización capitalista necesaria para hacer el sueño realidad ha implicado en esta última década: Laradicalidad de la actitud instrumental: el asesinato (léase culturicidio, etnocidio, ecocidio, comunicidio)[2]como parte del despiadado intento de alcanzar un objetivo, la reducción de las personas a medios disponibles (Zizek; 2011: 194), y, obviamente,la reducción de la naturaleza a recurso disponible."Esta es la sorprendente lección de las últimas décadas, la lección de la tercera vía socialdemócrata occidental europea, pero también de los comunistas chinos que están al frente del que probablemente es sea el desarrollo más explosivo del capitalismo en toda la historia de la humanidad: nosotros podemos hacerlo mejor." (Zizek; 2011:196)

 

El cumplimiento de la vieja promesa capitalista plantea un intercambio, ahora encubierto en el discurso de la ecoeficiencia, ciertos sectores dela población alcanzan niveles de vida del mundo desarrollado a cambio de destruir el medio ambiente y muchas formas sociales acogidas en él. Se reactualiza así el colonial intercambio desigual debaratijas por la vida que empezó con la Conquista. A este intercambio desigual se suma un nuevo intercambio desigual que supone una especie de condicionamiento "novedoso" implementado por los gobiernos progresistas: se ofrece crecimiento económico, desarrollo industrial, bienestar capitalista a cambio o con la condición de debilitar o suprimir muchos de los derechos y libertades humanas,como el derecho a protestar, a pensar distinto, a imaginar otro mundo más allá del progreso de la modernidad capitalista. Esta "novedad" en el ejercicio del poder escopiada del ejemplo de la China en su era industrial. Bien lo dice Zizek:

 

...China es en la actualidad el Estado capitalista ideal: el capital es libre y el Estado se encarga de "trabajo sucio" de controlar a los obreros. Por tanto, China, en cuanto superpotencia en ascenso del siglo XXI, parece materializar un nuevo tipo de capitalismo: indiferencia ante las consecuencias ecológicas, desprecio por los derechos de los trabajadores, todo ello subordinado al impulso de desarrollarse y convertirse en la nueva fuerza mundial. (Zizek; 2011:197)

 

Como testigos presentes del ensayo del progresismo en América latina podemos dar testimonio de la política represiva que se ha implementado en esta última década. La criminalización de la protesta social, la persecución, enjuiciamiento y encarcelamiento de dirigentes sociales, de intelectuales disidentes, de activista ambientales, de estudiantes críticos, de periodistas que investigan y denuncia la corrupción, así como la censura de la opinión y la expresión crítica, el control de la organización social autónoma, la censura a los medios de comunicación, etc., son prácticas del nuevo patrón de poder implementado por los progresismos. Esta forma de control político de la sociedad se justifica a nombre del progreso y el desarrollo, a nombre de un crecimiento económico que según dicen ha logrado combatir la pobreza vía bonos de la miseria. Un crecimiento económico medido, curiosamente, con los mismos parámetro y fetiches, como el PIB[3], utilizados por los organismo de administración del capital (FMI, Banco Mundial, BID). Se dice a la población que todo esto es necesario para alcanzar el progreso, pero no se dice cuales son las consecuencias sociales y ambientales del mismo, y a quienes quieren denunciar el coste del desarrollo simplemente se los silencia. Tampoco se dice que incluso si conquistaríamos los niveles de vida del mundo desarrollado habremos construido un mundo materialmente rico y espiritualy ecológicamente miserable. Basta mirar hacia el centro del desarrollo EEUU, Europa, China y observar lo que en las sociedades "soñadas"de la hiperproducción y el hiperconsumoacontece.


Una vez más, con los progresismos, América latina ha caído en la trampa del progreso y desarrollo capitalistas.Las consecuencias de esta necedad, como ya podemos observarlas y vivirlas esla destrucción ambiental y social. Ante esta constatación, que implica una toma de conciencia social y ecológica, la única posibilidad que le queda el pensamiento crítico de emancipación es decir NO a la promesa capitalista. "Ya es hora de deshacernos de la obsesión de la velocidad y de partir a la reconquista del tiempo, y por lo tanto, de nuestras vidas.". (Latouch; 2009:166)

 

2. Imaginar nuevos sueños, nuevos deseos y sobre todo nuevas formas de desear y soñar el mundo por venir.

 

Es sintomático que pensadores de origen europeo, es decir pensadores testigos del bienestar y el progreso del mundo desarrollado, como el economista francés SergeLatouche, entre otros, "...reclaman la liberación de la sociedad occidental de la dimensión universal de la economía, criticando, entre otras cosas, el concepto de desarrollo y las nociones de racionalidad y eficiencia económica." Si desde el centro del desarrollo capitalista surge la crítica a su promesa, por haber conducido al planeta y a la humanidad al borde de su colapso, no se comprende la necedad del progresismo Latinoamericano. Sorprende que los gobiernos autodenominados de izquierda no sean capaces de detenerse en su obsesión desarrollista y oír las intuiciones y los saberes colectivos que hablan desde la comunidades rurales. Sorprende más la capacidad de estos gobiernos de haber reducido el Buen Vivir a vehículo de las viejas promesas capitalistas.

 

El pensamiento crítico y emancipador de América latina debe ser ciertamente radical, aún más hoy que debe enfrentar otra vez las ilusiones de la modernidad,tan radical que detenga el frenesí desarrollista y vuelva su mirada a aquellos ensayos vitales que han sobrevivido al desastre modernizador. Volver la mirada a aquellas formas de vida social no sub-desarrolladas, sino fuera del desarrollo, a las comunidades agrarias que siembran y se dedicaban a escuchar como crecen los cultivos, pues una vez sembrados, apenas queda ya más por hacer. A esos territorios fuera del tiempo donde la gente es feliz, todo lo feliz que puede ser un pueblo. (Cfr. Latouch; 2009:159) A esavida feliz que es propia de las comunidades del buen vivir colectivo, a esas comunidades que saben mantener un sano equilibrio con el medio ambiente y que lamentablemente están siendo paulatinamente destruidas por el subdesarrollo y sometidas a la miseria a nombre del desarrollo. Es ese tiempo otro por fuera del tiempo de la historia moderna el que debe nutrir el pensamiento crítico y emancipador de la América latina, ese tiempo que es despreciado por los progresismo cada vez que persiguen a las comunidades agrarias que resiste y se oponen a su programa desarrollista, sean las del TIPNIS en Bolivia o las de la Amazonía en Ecuador Venezuela y Brasil.

 

Es ese tiempo fuera del tiempo donde es posible imaginar otro modo de vivir, otro modo de ser y estar en un mundo otro. Es este tiempo fuera del tiempo, no intoxicado por la ilusiones del desarrollo y el progreso, el marco, el espacio vacío, donde la imaginación humana puede imaginarse distinta. Es desde ese hilo de tiempo proscrito por el desarrollo capitalista donde es posible pensarse, sentirse más allá de la producción y el consumo mercantil, más allá del bienestar ligado a la riqueza económica. Desde ese más allá quizás estaremos a salvo de la tentación de restaurar el viejo orden y abrirnos a la incertidumbre que genera el ejercicio de nuestra libertad de crear otra forma de existir, por fuera del marco capitalista y sus promesas. Esto, necesariamente, exige una transformación tan radical como radical es desaprender las percepciones, pensamientos, valores y prácticas aprendidas y convertidas en certezas y verdades universales, como aquello de que la felicidad depende del crecimiento económico y tecnológico. Es decir, desaprender lo aprendido en la colonización y neocolonización occidental, comprender que la civilización y la historia del progreso y el desarrollo son una más entre muchas y de ninguna manera el destino de la humanidad. La descolonización de la conciencia hace posible la distancia crítica necesaria para relativizar y negar los mitos occidentales que fundamentan la pretensión de control racional de la naturaleza y la fe en el progreso, el desarrollo y el crecimiento.(Cfr. Latouch; 2009:162).


El crecimiento no es sinoel apelativo vulgar de lo que Marx analizó como acumulación ilimitada de capital, fuente de todas las contradicciones e injusticia del capitalismo. Puesto que el crecimiento y el desarrollo son respectivamente crecimiento de la acumulación de capital y desarrollo del capitalismo, por lo tanto explotación de la fuerza de trabajo y destrucción ilimitada de la naturaleza. El decrecimiento no puede ser sino un decrecimiento de la acumulación, del capitalismo de la explotación y de la depredación. No se trata tanto de relentizar la acumulación como de cuestionar el concepto mismo para invertir el proceso destructor. (Latouch; 2009:168).

 

El pensamiento crítico y emancipador de la América latina tiene el desafío de imaginar nuevos sueños nuevos deseos, pero sobre todo nuevas maneras de soñar y desear, sobre todo esto último. No basta negar los contenidos del viejo orden, hay que negar sus formas y su forma no es otra que la forma-mercancía. Negada la forma mercancía, se niega el progreso como ideología que la fundamenta y se niega el desarrollo y el crecimiento económico como las prácticas que la reproducen. Esto implica una transformación epistemológica, es decir una transformación de las percepciones y nociones básicas con las cuales el ser humano moderno se mira y se comprende. Esto hace referencia a una transformación cultural de dimensiones radicales. Se puede afirmar con Zizek, entonces, que "...el problema de los intentos revolucionarios habidos hasta ahora no es que hayan sido 'demasiado radicales', sino que no lo han sido bastante, que no han cuestionado sus propios presupuestos."Uno de los cuales es aquel de considerar que la emancipación humana se asienta en la misma racionalidad económica y tecnológica del capitalismo. (Zizek; 2011:202)

 

A lo que el pensamiento crítico se enfrenta no es la construcción de una nueva sociedad, sino a la invención de una nueva vida, lo que implica la reconstrucción o mejor dicho la invención del deseo, no la realización del deseo capitalista. Ese es el gran reto, esa es la urgencia de la tarea. No basta cambiar la realidad para realizar los sueños de la sociedad moderna, hay que cambiar lo sueños. (Cfr. Zizek; 2011:203) Para enfrentar este desafío es necesario ser disidentes ideológicos, disidentes epistemológicos, así como ser disidentes prácticos, lo que supone ir inventando la otra vida aquí y ahora, desde los tejidos más delicados de la vida cotidiana. En ese andar nos iremos inventado como humanos otros, distintos, humanos de otros mundos; en ese andar por fuera del tiempo, tiempo de nuestros ancestros, que no están en el pasado sino en el futuro o que por estar en el pasado están en los mundos por-venir. Los mundos y las vidas por-venir al igual que los mundos y las vidas proscritas de nuestros ancestros son la fuente que fecunda el pensamiento crítico de América latina, la América Latina que dice NO más promesa capitalista.

 

Recuperar una relación sana con el tiempo consiste sencillamente en volver a aprender a vivir en el mundo. Conduce, por lo tanto, a liberarse de la adicción al trabajo para volver a disfrutar la lentitud, redescubrir los sabores vitales relacionados con la tierra, la proximidad y el prójimo. No se trata tanto de regresar a un pasado mítico perdido como de inventar una tradición renovada.
SergeLatouch

 

Referencias Bibliográficas


Di Donato, Mónica, Decrecimiento o Barbarie, entrevista a SergeLatouche, Revista Papeles No 107, 2009
http://www.usc.es/entransicion/wp-content/uploads/2011/11/Decrecimiento-o-barbarie_Serge-Latouche.pdf
Oxfam, Gobernar para las Elites, secuestro Democrático y desigualdad económica, 2014
http://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es.pdf
Zizek, Slavoj, En defensa de las causas perdidas, Ed. Akal, España, 2011

[1] Es curioso, para esta reflexión, el adjetivo progresistas que se ha dado a los gobiernos del Socialismo del Siglo XXI. Hay que poner atención en la semántica del término)
[2] El contenido del paréntesis es de este texto y no del autor citado.
[3] Referencia de SergeLatouche

 

Publicado por lalineadefuego el enero 29, 2014 ·

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Jueves, 26 Diciembre 2013 10:19

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

ALAI AMLATINA, 24/12/2013.- Uno de los mayores cambios políticos vividos en América Latina en los últimos veinte años fue el surgimiento y consolidación de los gobiernos de la nueva izquierda. Más allá de la diversidad de esas administraciones y de sus bases de apoyo, comparten atributos que justifican englobarlos bajo la denominación de "progresistas". Son expresiones vitales, propias de América Latina, en cierta manera exitosas, pero ancladas en la idea de progreso. Su empuje, e incluso su éxito, está llevando a que esté en marcha una divergencia entre este progresismo con muchas de las ideas y sueños de la izquierda latinoamericana clásica.


Para analizar estas circunstancias es necesario tener muy presente la magnitud del cambio político que se inició en América Latina en 1999 con la primera presidencia de Hugo Chávez, y que se consolidó en los años siguientes en varios países vecinos. Quedaron atrás los años de las reformas de mercado, y regresó el Estado a desempeñar distintos roles. Se implantaron medidas de urgencia para atacar la pobreza extrema, y su éxito ha sido innegable en casi todos los países. Vastos sectores, desde movimientos indígenas a grupos populares urbanos, que sufrieron la exclusión por mucho tiempo, lograron alcanzar el protagonismo político.


Es también cierto que esta izquierda latinoamericana es muy variada, con diferencias notables entre Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil, o Rafael Correa en Ecuador y el Frente Amplio de Uruguay. Estas distintas expresiones han sido rotuladas como izquierdas socialdemócrata o revolucionaria, vegetariana o carnívora, nacional popular o socialista del siglo XXI, y así sucesivamente. Pero estos gobiernos, y sus bases de apoyo, no sólo comparten los atributos ejemplificados arriba, sino también la idea de progreso como elemento central para organizar el desarrollo, la economía y la apropiación de la Naturaleza.


El progresismo no sólo tiene identidad propia por esas posturas compartidas, sino también por sus crecientes diferencias con los caminos trazados por la izquierda clásica de América Latina de fines del siglo XX. Es como si presenciáramos regímenes políticos que nacieron en el seno del sendero de la izquierda latinoamericana, pero a medida que cobraron una identidad distinta están construyendo caminos que son cada vez más disímiles. Es posible señalar, a manera de ejemplo, algunos puntos destacados en los planos económico, político, social y cultural.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 era una de las más profundas críticas del desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus ideas fundamentales, incluso con un talante anti-capitalista, y rechazaba expresiones concretas, en particular el papel de ser meros proveedores de materias primas, considerándolo como una situación de atraso. También discrepaba con instrumentos e indicadores convencionales, tales como el PBI, y se insistía que crecimiento y desarrollo no eran sinónimos.


El progresismo actual, en cambio, no discute las esencias conceptuales del desarrollo. Por el contrario, festeja el crecimiento económico y defiende las exportaciones de materias primas como si fueran avances en el desarrollo. Es cierto que en algunos casos hay una retórica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economías insertadas en éste, en muchos casos colocándose la llamada "seriedad macroeconómica" o la caída del "riesgo país" como logros. La izquierda clásica entendía las imposiciones del imperialismo, pero el progresismo actual no usa esas herramientas de análisis frente a las desigualdades geopolíticas actuales, tales como el papel de China en nuestras economías. La discusión progresista apunta a cómo instrumentalizar el desarrollo y en especial el papel del Estado, pero no acepta revisar las ideas que sostienen el mito del progreso. Entretanto, el progresismo retuvo de aquella izquierda clásica una actitud refractaria a las cuestiones ambientales, interpretándolas como trabas al crecimiento económico.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1970 y 1980 incorporó la defensa de los derechos humanos, y muy especialmente en la lucha contra las dictaduras en los países del Cono Sur. Aquel programa político maduró, entendiendo que cualquier ideal de igualdad debía ir de la mano con asegurar los derechos de las personas. Ese aliento se extendió, y explica el aporte decisivo de las izquierdas en ampliar y profundizar el marco de los derechos en varios países. En cambio, el progresismo no expresa la misma actitud, ya que cuando se denuncian derechos violados en sus países, reaccionan defensivamente. Es así que cuestionan a los actores sociales reclamantes, a las instancias jurídicas que los aplican, incluyendo en algunos casos al sistema interamericano de derechos humanos, e incluso a la propia idea de algunos derechos.


Aquella misma izquierda también hizo suya la idea de la democracia, otorgándole prioridad a lo que llamaba su profundización o radicalización. Su objetivo era ir más allá de la simples elecciones nacionales, buscando consultas ciudadanas directas más sencillas y a varios niveles, con mecanismos de participación constantes. Surgieron innovaciones como los presupuestos participativos o los plebiscitos nacionales. El progresismo, en cambio, en varios sitios se está alejando de aquel espíritu para enfocarse en mecanismos electorales clásicos.Entiende que con las elecciones presidenciales basta para asegurar la democracia, festeja el hiperpresidencialismo continuado en lugar de horizontalizar el poder, y sostiene que los ganadores gozan del privilegio de llevar adelante los planes que deseen, sin contrapesos ciudadanos. A su vez, recortan la participación exigiendo a quienes tengan distintos intereses que se organicen en partidos políticos y esperen a la próxima elección para sopesar su poder electoral.


La izquierda clásica de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ese era una de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y la izquierda lo aprovechaba una y otra vez ("nos podremos equivocar, pero no robamos", era uno de los slogans de aquellos tiempos). En cambio, el progresismo actual no logra repetir ese mismo ímpetu, y hay varios ejemplos donde no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de políticos claves dentro de sus gobiernos. Asoma una actitud que muestra una cierta resignación y tolerancia.


Otra divergencia que asoma se debe a que la izquierda latinoamericana luchó denodadamente por asegurar el protagonismo político de grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial se ubicó en esa misma línea, y conquistó los gobiernos gracias a indígenas, campesinos, movimientos populares urbanos y muchos otros actores. Dieron no sólo votos, sino dirigentes y profesionales que permitieron renovaron las oficinas estatales. Pero en los últimos años, el progresismo parece alejarse de muchos de estos movimientos populares, ha dejado de comprender sus demandas, y prevalecen posturas defensivas en unos casos, a intentos de división u hostigamiento en otros. El progresismo gasta mucha más energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y se ha distanciado de organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de los derechos humanos, etc. Se alimenta así la desazón entre muchos en los movimientos sociales, quienes bajo los pasados gobiernos conservadores eran denunciados como izquierda radical, y ahora, bajo el progresismo, son criticados como funcionales al neoliberalismo.


La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio, se está apartando de esa postura ya que enfatiza a la justicia como una cuestión de redistribución económica, y en especial por medio de la compensación monetaria a los sectores más pobres y el acceso del consumo masivo al resto. Esto no implica desacreditar el papel de ayudas en dinero mensuales para sacar de la pobreza extrema a millones de familias. Pero la justicia es más que eso, y no puede quedar encogida a un economicismo de la compensación.


Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política pero que cada vez tienen mayores distancias con las prácticas de gobierno. Se proclama al Buen Vivir pero se lo desmonta en la cotidianidad, se llama a industrializar el país pero se liberaliza el extractivismo primario exportador, se critica el consumismo pero se festejan los nuevos centros comerciales, se invocan a los movimientos sociales pero se clausuran ONGs, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.


Estos y otros casos muestran que el progresismo actual se está separando más y más de la izquierda clásica. El nuevo rumbo ha sido exitoso en varios sentidos gracias a los altos precios de las materias primas y el consumo interno. Pero allí donde esos estilos de desarrollo generan contradicciones o impactos negativos, estos gobiernos no aceptan cambiar sus posturas y, en cambio, reafirman el mito del progreso perpetuo. A su vez, contribuyen a mercantilizar la política y la sociedad con su obsesión en la compensación económica y su escasa radicalidad democrática.


El progresismo como una expresión política distintiva se hace todavía más evidente en tiempo de elecciones. En esas circunstancias parecería que varios gobiernos abandonan los intentos de explorar alternativas más allá del progreso, y prevalece la obsesión con ganar la próxima elección. Eso los lleva a aceptar alianzas con sectores conservadores, a criticar todavía más a los movimientos sociales independientes, y a asegurar el papel del capital en la producción y el comercio.


El progresismo es, a su manera, una nueva expresión de la izquierda, con rasgos típicos de las condiciones culturales latinoamericanas, y que ha sido posible bajo un contexto económico global muy particular. No puede ser calificado como una postura conservadora, menos como un neoliberalismo escondido. Pero no se ubica exactamente en el mismo sendero que la izquierda construía hacia finales del siglo XX. En realidad se está apartando más y más a medida que la propia identidad se solidifica.


Esta gran divergencia está ocurriendo frente a nosotros. En algunos casos es posible que el progresismo rectifique su rumbo, retomando algunos de los valores de la izquierda clásica para buscar otras síntesis alternativas que incorporen de mejor manera temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio, lo que en todos los casos pasa por desligarse del mito del progreso. Es dejar de ser progresismo para volver a construir izquierda. En otros casos, tal vez decida reafirmarse como tal, profundizando todavía más sus convicciones en el progreso, cayendo en regímenes hiperpersidenciales, extractivistas, y cada vez más alejados de los movimientos sociales. Este es un camino que lo aleja definitivamente de la izquierda.


Por Eduardo Gudynas, analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo.

Twitter: @EGudynas

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El crecimiento económico en América Latina no reduce la informalidad

Casi la mitad de los trabajadores de América Latina, un 47,7%, tiene un empleo informal. De los 275 millones de personas que forman la fuerza laboral de la región, solo 145 millones poseen un trabajo formal. Así lo indica el informe Programa Laboral 2013 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentado este martes en Lima. La directora regional de ese organismo, Elizabeth Tinoco, calificó la situación de "preocupante" pues si bien el desempleo urbano en América Latina y el Caribe bajó a una tasa mínima histórica de un 6,3%, ello no se debió a una mayor generación de empleo, sino a las personas que salieron del mercado laboral. El año anterior ese indicador fue de un 6,4%.


La representante del organismo dijo que, pese al crecimiento económico registrado en años anteriores, "el ritmo de reducción de la informalidad no ha sido acelerado y las perspectivas de reducción son casi las mismas. Si sigue como está la tasa de desempleo, con este crecimiento económico y con estas pocas medidas para combatirlo, va a mantenerse igual". En 2009 la tasa de informalidad en la región era de 50% y en 2011 de 47,7%.

Los índices de mayor empleo informal se registran en Centroamérica: Guatemala con 76,8% y Honduras con 72,8%, mientras que Perú, que el año pasado fue el segundo país en la región con mayor crecimiento, tiene el 68,8% de personas con ocupación informal.


El 50% de las mujeres y el 45% de los hombres trabajan en condición informal. Así como la informalidad ataca más a ellas, el desempleo también: de los 14,8 millones de latinoamericanos que buscan empleo sin conseguirlo, más de la mitad son mujeres: 7,7 millones, además, hay unos 22 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan. "Seis de cada diez jóvenes tienen empleo informal", precisa a este diario Juan Chacaltana, especialista en empleo y mercado de trabajo de la oficina regional de la OIT.


"No es casual que en diversas ciudades sean los jóvenes quienes encabezan protestas cuestionando el sistema y las instituciones", indica el prólogo del reporte.


Tinoco destacó que la preocupación acerca del mercado de trabajo en América Latina y el Caribe también se debe a lo ocurrido con los salarios mínimos: estos aumentaron en 2012 en un 6,9% pero solo un 2,6% en 2013.


"En 2012 el crecimiento económico se ha desacelerado y también, en consecuencia, la generación de empleo. El impacto en el mercado de trabajo es de menor remuneración por salario, baja productividad que incide en la redistribución de la riqueza, alta informalidad mantenida y no reducida, cobertura de protección ineficiente y alto porcentaje de desempleo juvenil al alza", refirió Tinoco.


La OIT hizo un llamado a los gobiernos a "tomar medidas económicas pues no pueden estar divorciadas y separadas de la necesidad de generar más y mejores empleos", acotó la directora regional.


La funcionaria indicó que el desempleo juvenil que viven más de seis millones de latinoamericanos tiene "repercusión en la gobernabilidad de nuestras sociedades. La falta de esperanza y de posibilidades de insertarse genera frustración, no necesariamente violencia. Ésta se está acumulando en el espíritu de los jóvenes porque no tiene respuesta de parte del gobierno", añadió.


La tarde del sábado, tres jóvenes peruanos cantaban hip hop en un microbús que circulaba por el distrito de Miraflores, de clase media: se quejaban de la corrupción, de los políticos. Con su melodía y un aparato reproductor, pedían un apoyo a su arte a falta de oportunidades. Ellos, como otros miles que suben a vehículos de transporte o se buscan un ingreso en las calles, entran en la calificación de personas con empleo de acuerdo a la OIT, aunque dependiendo de su formación y sus ingresos, pueden considerarse en el subempleo y la informalidad. Quien trabaja al menos una hora por semana y obtiene un ingreso es considerado una persona con empleo.


El Panorama Regional de la OIT también destacó que América Latina registra índices de productividad por debajo del promedio mundial, e hizo también una invocación a los gobiernos en ese sentido pues es la región más rezagada en comparación con Europa y Asia. Desde el 2000 al 2010 apenas creció en 10% la productividad. "Si no hay productividad, ¿qué se va a redistribuir?", afirma Tinoco.
Ante este panorama, el organismo multilateral recomienda a los gobiernos a que tomen medidas para un mayor di

álogo con los sindicatos, mejorar la productividad, incrementar el empleo formal, promover el empleo juvenil, reducir el trabajo forzoso y las peores formas de trabajo infantil, entre otras. Sin embargo, no hay nada que obligue a los gobiernos y agentes económicos a actuar en ese sentido. "Es común moverse mucho por coyuntura y por indicadores de corto plazo, luego surge la preocupación cuando bajan algunos precios de materias primas, pero cuando tratamos el tema de diversificación económica los agentes económicos suelen responder 'eso demora'. Hay que empezar en algún momento", explicó Chacaltana a la consulta acerca de este obstáculo.

 

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Undécima carta a las izquierdas: ¿ecología o extractivismo?

En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.


Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía gozar de una gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis estos movimientos y esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas más directamente opuestas a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como única solución, y excepcionalmente hacen alguna declaración algo ceremonial sobre la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad. De hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Antes de la crisis el modelo de crecimiento en vigor era el principal blanco de crítica de los movimientos ambientalistas y ecologistas precisamente por insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecológica muestra que el capitalismo no sólo tiene prioridad sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.


Hoy, sin embargo, resulta evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca los límites de carga del planeta Tierra. En los últimos meses se han batido varios récords de peligro climático en Estados Unidos, la India, el Ártico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten cada vez con mayor frecuencia y gravedad. Prueba de ello son las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la escasez creciente de agua potable, el uso de terrenos agrícolas para agrocombustibles, la deforestación de bosques. Poco a poco se va constando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, en última instancia, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está relacionado: la crisis alimentaria, la ambiental, la energética, la especulación financiera sobre las commodities y los recursos naturales, la apropiación y concentración de tierra, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y su privatización, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para dar paso a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por la dramática degradación ambiental, con mayor incidencia de cáncer en determinadas zonas rurales, los organismos modificados genéticamente, el consumo de agrotóxicos, etc. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Rio+20, celebrada en junio de 2012, fue un fracaso rotundo debido a la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad a los beneficios de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.


La valoración internacional de los recursos financieros permitió en varios países de América Latina una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados) que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como "enemigas del desarrollo", se liberasen de este fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para llevar a cabo políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron aumentado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente hasta el punto de que algunos analistas vieron el surgimiento de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista: el neodesarrollismo basado en el neoextractivismo.


Sea como sea, este neoextractivismo tiene como base la explotación intensiva de los recursos naturales y plantea, en consecuencia, el problema de los límites ecológicos (por no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto resulta más preocupante en cuanto que este modelo de "desarrollo" es flexible en la distribución social pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que interfiera en su camino y complique el trayecto tiende a ser aniquilado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.


Dado su atractivo, estas locomotoras son magníficas para convertir las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ecológica y social que crean en un coste inevitable del "progreso". Por otro lado, privilegian una temporalidad afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos no va a durar siempre, y eso hay que aprovecharlo al máximo en el menor espacio de tiempo. El brillo del corto plazo ofusca las sombras del largo plazo. Mientras que el boom configure un juego de suma positiva, cualquiera que se interponga en su camino es visto como ecologista infantil, campesino improductivo o indígena atrasado de los que a menudo se sospecha que se trata de "poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales no se sabe al servicio de quién".


En estas condiciones, resulta difícil activar principios de precaución o lógicas a largo plazo. ¿Qué sucederá cuando termine el boom de los recursos? ¿Cuando sea evidente que la inversión en "recursos naturales" no fue debidamente compensada por la inversión en "recursos humanos"? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, quilombolas y ribereñas expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? La ideología económica y política dominante considera estas preguntas escenarios distópicos exagerados o irrelevantes, fruto del pensamiento crítico entrenado para pronosticar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y en absoluto atractivo para los grandes medios.


En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos sociales y organizaciones lo suficientemente valientes para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado de este modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Es un proceso lento en que la historia particular de cada movimiento todavía pesa más de lo que debería, aunque ya son visibles articulaciones entre luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, los transgénicos, la impunidad de la violencia en el campo, la especulación financiera con los alimentos, luchas por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y quilombolas, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, luchas por la economía solidaria, la agroecología, la gravación de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.


Al igual que ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica robusta y anticapitalista pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al "ecologismo de los ricos" hay que contraponer el "ecologismo de los pobres", basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad, vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.

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Crecimiento y violencia, la paradoja de América Latina

Nadie discute el éxito de América Latina al sacar a millones de personas de la pobreza. Un esfuerzo que elogian el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que está permitiendo emerger a una nueva clase media que aspira y exige más a sus gobernantes. También desde Naciones Unidas. Pese a los avances económicos y sociales, es la región más desigual e insegura del mundo.


De acuerdo con los datos del Programa para el Desarrollo (PNUD), más del 30% de los latinoamericanos se las tiene que ingeniar para vivir con menos de cuatro dólares al día. Están por debajo del umbral de la pobreza. El 16% de la población vive en la extrema pobreza; con menos de 2,5 dólares diarios. El 30% se considera parte de la clase media y el 2% son ricos.


Es cierto que la brecha de la desigualdad en los ingresos se redujo durante la última década en 16 de los 18 países de la región. Pero de los 15 países con más desigualdad del mundo, 10 se encuentran en América Latina. Y hay, además, una paradoja: en la última década la región no solo fue escenario de una gran expansión económica, también de una expansión delictiva.


La inseguridad, insiste la ONU, es un reto compartido y un obstáculo para el desarrollo social y económico en todos los países de América Latina. El último informe de desarrollo humano refleja con nuevos datos como el crimen y la violencia impactan en la región. Hay un dato que visualiza la dimensión de un problema en aumento: más de 100.000 asesinatos al año.


Es decir, mientras que la región fue un motor del crecimiento mundial, más de un millón de personas murieron asesinadas entre 2000 y 2010. El PNUD denuncia que en más de la mitad de los países analizados la tasa de homicidio aumentó, incluso en los que tienen menores niveles de pobreza. En 11 países se superan los 10 asesinatos por 100.000 habitantes, un nivel "epidémico".


El informe elaborado por el departamento que dirige el chileno Heraldo Muñoz, bajo la supervisión de Rafael Fernández de Castro, muestra que cinco de cada diez ciudadanos percibe un deterioro de la seguridad en su país. Los casos de robo, por ejemplo, se triplicaron durante las últimas dos décadas y media. Es el delito que más afecta a los latinoamericanos.


Además, uno de cada tres latinoamericanos señaló haber sido víctima de un delito con violencia en 2012. Esta percepción creciente de la inseguridad explica, por ejemplo, que en América Latina haya 3,8 millones de vigilantes privados, un 50% más que agentes de policía. Son los más armados del mundo. El crecimiento de la contratación de guardas de seguridad es del 10% anual.


La creciente inseguridad, como dice el PNUD, provoca que los ciudadanos tengan que cambiar su rutina para evitar ser víctimas del delito, lo que restringe sus libertades. Entre el 45% y el 65% de los encuestados, dependiendo del país, dejó de salir de noche y un 13% habla de la necesidad de cambiar su residencia, lo que equivale a 58,8 millones de personas aproximadamente.


El mensaje de las Naciones Unidas lo resume de la siguiente manera la administradora del PNUD, Helen Clark: "Sin paz no puede haber desarrollo, y sin desarrollo no puede haber una paz duradera". "Este grave problema sí tiene remedio", añade Heraldo Muñoz, pero precisa que "requiere visión y voluntad política de largo plazo". "No hay soluciones mágicas", remacha.


El reto, explica Fernández de Castro, es mayor porque las amenazas a la seguridad se entrecruzan. Suele referirse al narcotráfico para explicar el actual nivel de inseguridad en América Latina. Pero como indica el experto del PNUD, las dinámicas regionales, nacionales y locales son mucho más diversas. También señala que la política de la "mano dura" no funciona.


Quizás el primer paso que se puede dar en este sentido es acabar con la politización que sufre el problema de la inseguridad, estableciendo cada país un Acuerdo Nacional por la Seguridad Ciudadana entre gobierno, partidos políticos y sociedad civil. Es decir, como indica el embajador, se trata de "transformar" la seguridad en una política de Estado.


La ONU hace así otras recomendaciones, que van más allá de las medidas de control del delito. Para lograr una reducción duradera de la inseguridad, además de impulsar un crecimiento "incluyente y equitativo", se aboga por reducir la impunidad fortaleciendo la eficacia de las instituciones de seguridad y justicia y por políticas públicas que estimulen la convivencia.


A esto se le suma acciones como regular y reducir desde una perspectiva integral y de la salud pública lo que denomina como los "disparadores del delito", como el alcohol, drogas y armas. Eso mientras se elevan las oportunidades reales de desarrollo humano para los jóvenes, se previene la violencia de género y se protegen activamente los derechos de las víctimas.


El estudio hace mención, además, a lo que califica como "delito aspiracional", derivado del aumento de las expectativas de consumo y relativa falta de movilidad social en la región. El crecimiento rápido y desordenado de las ciudades, junto a los cambios en la estructura familiar y los problemas en la escolarización, añade la ONU, generan condiciones que inciden en la criminalidad.


Naciones Unidas pone cifra al impacto económico de la inseguridad. El organismo calcula que "el exceso de muertes" reduce en un 0,5% el potencial de la región, lo que equivale a unos 24.000 millones de dólares anuales. A esto se le suma la pérdida en la expectativa de vida. Eso sin contar con el alto coste para las cuentas públicas del delito y la violencia

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El socialismo bolivariano frente a la trampa económica del capitalismo

El PIB se ha triplicado. La balanza de pagos refleja un elevado superávit comercial. El gasto social real per cápita también se ha multiplicado por tres. Los ingresos públicos se han elevado exponencialmente. El ingreso promedio anual real (ajustado por la inflación) ha crecido. El salario real mínimo progresa adecuadamente. Se ha avanzado notablemente en materia de inclusión para alfabetización, educación inicial, primaria, secundaria y universitaria. Tiene premio por ser el país que más avanzó en la lucha contra el hambre. Se han creado más de 4 millones de puestos de trabajo y el desempleo se redujo a la mitad. Tiene el mayor apoyo de los ciudadanos a su democracia. La desigualdad se ha reducido y la pobreza también. La deuda pública en relación al PIB decrece. Todos estos no son datos del chavismo, sino que son cifras oficiales sobre Venezuela de fuentes tales como CEPAL, FAO, PNUD, OIT, UNESCO y Latinobarómetro.


Esa radiografía económica-política-social nunca jamás podría ser designada como precipicio, catástrofe, apocalipsis o hecatombe. Sólo atrevidos, y amantes de las profecías autocumplidas, como el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) y la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria (VenAmCham), buena parte de la prensa dominante o la oposición política y económica nacional e internacional, pueden afirmar tal desacertado diagnóstico.


¿Venezuela tiene problemas económicos? Sí, claro, como todas las economías de este mundo complejo. Venezuela no es la excepción. No obstante, la diferencia reside en que estas dificultades estructurales son propias de una acelerada transformación económica democratizadora. En otras palabras, los cambios políticos en Venezuela han permitido nuevas condiciones sociales inclusivas acompañadas de un aumento sostenido del consumo para las mayorías excluidas. Esta metamorfosis socialista a favor del pueblo exige -si se desea que sea duradera- de modificaciones necesarias en la economía real. Se ha culminado exitosamente una primera etapa que requiere ahora de la siguiente para que haya un tránsito virtuoso hacia más socialismo y para que se llegue a un punto económico y político de no retorno a las décadas perdidas del neoliberalismo.


En esta primera década ganada del chavismo, el capitalismo especulativo se aprovechó en Venezuela, por un lado, de la gran mejora del poder adquisitivo y de una amplia satisfacción de las necesidades básicas (educación, salud, vivienda), gracias a las exitosas políticas públicas, y, por otro lado, de una deficitaria capacidad productiva interna e ineficiencias institucionales en el control y gestión de otras políticas económicas. Este contexto social y económico, unido a la gran derrota electoral de Capriles en octubre de 2012, aceleró una reacción opositora centrada en la guerra económica como única arma para tumbar a cualquier precio el chavismo. A modo de golpe económico en cámara lenta, desde ese momento, el dólar paralelo se ha multiplicado por cinco, la inflación se ha disparado y los índices de desabastecimiento siguen creciendo. Todo esto no se debe solamente a este comportamiento de capitalismo buitre; algo de responsabilidad también hay en las filas chavistas. Sin embargo, decir todo lo contrario también sería un gran despropósito analítico. Toca ser un poco riguroso sobre todo esto.


En cuanto a la conformación de precios, el comportamiento es bien extraño: el año pasado, con un crecimiento del PIB elevadísimo (más del 5%), con alta demanda interna, el índice de precios al consumidor fue de 20,1%. ¿Cómo explicar en lógica económica que la desorbitada subida de precios sea justamente a partir de noviembre del año pasado cuando el crecimiento no es tan alto? Con el dólar ilegal sucede algo similar: pasa de estar a 11 (frente al 4,3 oficial) cuando gana Chávez las elecciones a más de 50 en la actualidad (frente al vigente 6,3). Esta práctica forzosa especulativa es justamente la que permite justificar la subida de precios: la burguesía importadora compra afuera con un buen porcentaje de dólares oficiales (a 6,3), y, en cambio, vende adentro como si todo les hubiese costado a valor de dólar paralelo. Dicho de otro modo, usan la economía real para hacer negocios especulativos en los que siempre ganan los mismos a costa de la pérdida de los de siempre.


Esto, sin embargo, no debe eclipsar los fallos en la política de control y gestión de asignación de divisas para importaciones de bienes necesarios, o la incapacidad productiva para construir una vigorosa oferta interna acorde a la creciente demanda interna. Por todo ello, la propuesta de paz económica del presidente Maduro, a partir de la autocrítica, de nuevo asumiendo errores -hablando hasta de agotamiento de una primera etapa-, se concentra en una propuesta integral a favor de la economía real, que satisfaga: a) en lo coyuntural, afrontar al capitalismo especulativo, y b) en lo estructural, consolidar una base económica y productiva que permita sosteniblemente acompañar materialmente las políticas sociales. Ese es el nuevo orden económico interno propuesto para forjar la transición hacia el socialismo bolivariano, que deje de obsesionarse por medidas nominales (por ejemplo, la fallida devaluación de hace meses), y se centre en acciones estratégicas de índole real, como las mencionada en la propuesta del presidente: 1) regular eficientemente las importaciones mediante un Centro Nacional de Comercio Exterior que eviten prácticas especulativas, 2) una política de control para la conformación de precios justos, 3) creación de un presupuesto nacional en dólares acorde con las exigencias reales de un Estado que exporta petróleo en divisas e importa -según necesidades- en esa misma moneda, 4) un mercado financiero que premie el ahorro interno en bolívares y que logre repatriar capitales del exterior, 5) hacer más virtuoso los canales de distribución del comercio, centrándose en la mejora de los sistemas de transportes en el país, y 6) procurar una política productiva ambiciosa que eleve la oferta venezolana real para satisfacer la demanda actual. De hecho, ese sexto punto, es sin duda el más importante de todos, que permitiría más soberanía, más independencia, y más paz económica.


Todo ello constituye una estrategia integral en base a acciones de economía real que requerirán de una nueva arquitectura institucional pública, con más y mejor gestión, con eficiencia socialista tanto en la distribución de los recursos como en la generación de los mismos. El socialismo boliviariano, en Venezuela, de nuevo, con esta propuesta, se impone a sí mismo su próximo desafío para evitar caer en la trampa económica del capitalismo. Chávez seguramente estaría orgulloso de esta nueva etapa porque, una vez más, el chavismo se revitaliza a partir de repensarse a sí mismo, procurando que siga construyéndose la revolución dentro de esta revolución.

Por Alfredo Serrano (@alfreserramanci) es Doctor en Economía..


 

MADURO ANUNCIO MEDIDAS ECONOMICAS EN CONTRA DE LA ESPECULACION


Venezuela controla precios.

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció que creará un sistema de fijación de precios justos y máximos, entre otras medidas económicas. "Vamos a iniciar una gran operación en todo el territorio nacional de lucha contra la especulación y el acaparamiento, una gran operación cívico-militar mediante la cual se inspeccionará hasta el último almacén", señaló el mandatario venezolano. Aseguró, además, que se crearán un fondo especial de compensación y estabilización para la protección de los precios de los bienes y productos de consumo masivo y una corporación nacional de comercio exterior. También anunció la creación del Centro Nacional de Comercio Exterior, que se encargará como institución superior de dirigir la política de administración de divisas del país en el que rige un control de cambio desde 2003.


Con estos mecanismos, el gobierno venezolano apunta a reforzar el control de precios, administrar las importaciones y alentar las exportaciones no petroleras, según explicó Maduro. El gobierno intenta proteger al pueblo y garantizar el abastecimiento alimentario ante el sabotaje del sector privado que, a juicio de Maduro, causa la escasez de bienes básicos y la inflación creciente que vienen afectando al país en los últimos años. "Hay que cambiar todo lo que sea necesario para lograr un nuevo orden económico para la transición al socialismo y es lo que yo vengo a proponerles a ustedes", dijo Maduro durante el extenso discurso que pronunció en el Palacio de Miraflores y que fue transmitido por la cadena oficial de radio y televisión.


Señaló, a su vez, que es necesario romper el estancamiento en el que se ha caído, situación que, a su entender, se debe a "circunstancias históricas" que se produjeron en los últimos tres años. Se espera que el Centro Nacional de Comercio Exterior cree nuevos mecanismos para impulsar la transición al socialismo. También, que el nuevo organismo tenga a cargo a la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), al Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad) y supervise el ingreso de dólares, su inversión, su salida y también promueva las exportaciones.


Tanto la Cadivi como el Sicad son los encargados de tramitar la entrega total de los dólares, que son puestos en manos del sector privado, en un momento en que la diferencia entre el precio de la divisa verde al precio oficial que ofrece el Estado es de 6,3 bolívares, un valor que puede ser ocho veces superior en el mercado negro. Eso se suma a una inflación que entre enero y septiembre rondó el 40 por ciento y un agravamiento del de-


sabastecimiento de productos que golpea de manera crónica a Venezuela. Por otra parte, Maduro aseguró que aunque su gobierno hizo frente al desabastecimiento de productos básicos, "al pueblo lo roban en la calle" los especuladores que multiplican hasta por 30 el costo de los artículos

 

Fuente: Página12

Publicado enInternacional
Sábado, 02 Noviembre 2013 08:19

Estado del clima: de mal en peor

Estado del clima: de mal en peor

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), panel científico de referencia en el tema, publicó en septiembre de 2013 la primera parte de su nuevo reporte mundial sobre el estado del clima. Muestra un panorama sumamente preocupante y afirma con mayor contundencia que en su informe anterior de 2007, que el cambio climático es causado por "influencia humana". Claro que en realidad la causa no somos los humanos como especie, sino el modelo industrial capitalista de producción y consumo. Por evitar la confrontación con empresas y gobiernos causantes de la crisis climática –como es su responsabilidad por el conocimiento del que disponen– el IPCC comienza a considerar falsas "soluciones" como geoingeniería, aunque reconocen los grandes riesgos que conlleva. Es todo un síntoma que estas propuestas altamente especulativas hayan sido incluida en el resumen del IPCC, y una muestra muy preocupante de lo que podrían hacer unos pocos, con dinero y tecnología, para manipular y desequilibrar aún más el clima de todos, base de toda la vida en la Tierra.

 

El nuevo informe del IPCC sostiene que desde 1950, los cambios observados en el clima no tienen precedente en "los últimos decenios o hasta milenios". Constatan que "la atmósfera y el océano se han calentado, el volumen de nieve y hielo [en Ártico y glaciares] ha disminuido, el nivel medio global del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado".
Cada una de las tres décadas pasadas han sido sucesivamente más calurosas que cualquier década precedente desde 1850. En el hemisferio norte, el periodo 1983 a 2012 ha sido el más cálido en mil 400 años.


En el periodo 1901-2010, el nivel del mar medio global aumentó en 0.19 m. En el escenario futuro más optimista, esta cifra podría "solamente" duplicarse en este siglo.


La concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso –los tres gases de efecto invernadero más graves– aumentó a niveles sin precedentes en 800 mil años. Según el IPCC "la concentración de CO2 aumentó 40 por ciento desde la era preindustrial, en primer lugar debido a emisiones de combustibles fósiles y en segundo lugar debido a emisiones por cambios netos en el uso de la tierra" (deforestación y agricultura industrial). Las emisiones fueron mayores, pero los océanos absorbieron cerca de 30 por ciento del dióxido de carbono, causando su acidificación, una crisis global tan grave como el cambio climático en sí mismo. La acidificación ya significa un problema serio para los corales y crustáceos que no pueden formar sus caparazones. Y ambos están al inicio de la cadena alimenticia marina.


Esto ha llevado a un aumento de la temperatura media de 0.85 grados en el último siglo. En los escenarios del IPCC, el más optimista indica que a final del siglo la temperatura aumentará en promedio 1.5 grados y los más pesimistas un mínimo de 4.8 grados o más, lo cual sería catastrófico por las afectaciones gravísimas en cultivos, aumento de nivel del mar, fenómenos climáticos extremos, desaparición de glaciares y fuentes de agua, etcétera. Pero aún el escenario de 1.5-2 grados, significa que habrá mucho más y peores impactos como lo que ya sufrimos, inundaciones, huracanes, sequías, etcétera.


Este informe corresponde al Grupo I del IPCC, que evalúa la ciencia sobre el clima y el cambio climático. El grupo II evalúa la vulnerabilidad y las posibilidades de adaptación y el Grupo III las posibilidades de limitar las emisiones de gases y mitigar el cambio climático. Por ello es aún más sorprendente que el del Grupo I haya incluido en su resumen dirigido a responsables de políticas, a la geoingeniería, o sea la manipulación tecnológica, deliberada y a mega escala del clima con el supuesto objetivo de contrarrestar los efectos del cambio climático.
Pese a incluir esta propuesta extrema y especulativa, el informe no discute energías alternativas, transporte público o producción agrícola ecológica ni ninguna otra medida, ya que su mandato es evaluar datos científicos recientes para actualizar el diagnóstico del cambio climático, no analizar formas para enfrentarlo, que es tarea de los Grupos II y III que presentarán sus informes en 2014.


Aunque pasa de contrabando la geoingeniería, el IPCC reconoce que ésta tiene altos impactos y "conlleva efectos laterales y consecuencias de largo plazo a escala global". Sin embargo, sugiere que las técnicas de manejo de la radiación solar (geoingeniería para crear inmensas nubes volcánicas artificiales para tapar la luz del sol) "si son factibles, tienen el potencial para revertir el aumento global de la temperatura" –una absurda simplificación que esconde la naturaleza especulativa y la complejidad práctica de estas propuestas–, que podrían tener inmensos impactos, alterando los patrones de lluvia y viento de toda Asia y África, lo cual pondría en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 mil millones de personas.


Es notable que el IPCC, por evitar confrontar los intereses de trasnacionales y gobiernos poderosos, no asuma su responsabilidad de señalar sin tapujos las causas y los responsables del caos climático, dejando claro que éstas son las que tienen que cambiar radicalmente para avanzar realmente en la reducción de emisiones. En su lugar, especulan (nada científicamente) sobre el uso de geoingeniería, que dejaría intactas las causas, calentando cada vez más el planeta, mientras enfriarlo será un negocio de esas mismas empresas y gobiernos.
*Investigadora del Grupo ETC

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