La economía china se acelera y crece un 7,8% en el tercer trimestre

La economía china da señales de renovada vitalidad. El producto interior bruto (PIB) ha aumentado un 7,8% en el periodo de julio a septiembre respecto al año anterior, lo que supone el mayor alza en todo el año tras los aumentos del 7,5% en el segundo trimestre y el 7,7% en el primero, según ha informado este viernes la Oficina Nacional de Estadísticas. La actividad se ha visto beneficiada por una mayor firmeza de las demandas exterior e interior, que han mejorado la producción industrial y las ventas minoristas.

 

"La economía nacional en su conjunto ha logrado un crecimiento constante y ha gozado de un buen impulso", ha afirmado el departamento estadístico en un comunicado. "Los principales indicadores se han mantenido en un rango razonable, que favorece la promoción de la reestructuración económica y empuja hacia las reformas".


Sheng Laiyuan, portavoz del organismo, ha asegurado que las autoridades dejarán al mercado jugar un papel mayor para resaltar el vigor intrínseco de la economía. El crecimiento del PIB en el conjunto de los nueves meses ha sido del 7,7%, hasta 38,68 billones de yuanes (4,64 billones de euros).


La cifra de crecimiento del PIB en el tercer trimestre es la mayor desde el 7,9% del último periodo de 2012 y presagia que China cumplirá su objetivo del 7,5% para el conjunto de 2013. El Gobierno suele fijar metas conservadoras, que supera año tras año. Este aumento es mucho mayor que el de las otras grandes economías del mundo, pero se tratará del peor comportamiento del país asiático en los últimos 23 años.
Otros datos hechos públicos hoy muestran que la producción industrial subió un 10,2% en septiembre -9,6% en los nueve meses-, mientras que las ventas minoristas –un indicador clave del consumo- lo hicieron un 13,3%. La inversión en activos fijos, que refleja el gasto gubernamental en infraestructuras, ha ascendido un 20,2% en los nueve meses, y la inversión inmobiliaria, un 19,7% en el mismo periodo.
A pesar de la aceleración en el tercer trimestre, las señales de recuperación no son sólidas. Han aparecido indicios de declive, como muestra la sorprendente caída de un 0,3% de las exportaciones en septiembre, cuando se esperaba un alza del 6%, y la demanda global continúa siendo frágil.


Algunos economistas aseguran que el salto que ha experimentado el PIB en el último trimestre se debe principalmente a los estímulos oficiales desde finales de junio, que han incluido mayor inversión en la red ferroviaria y otras obras públicas, reducciones de impuestos y una política monetaria más flexible. Las medidas fueron tomadas después de que la economía se ralentizara en los dos primeros trimestres del año tras haber cerrado 2012 con un alza del 7,7%, el peor valor desde 1999.


Los últimos datos económicos llegan en medio de los esfuerzos del Gobierno para reformar el modelo de desarrollo con objeto de hacerlo menos dependiente de las exportaciones y la inversión y ligarlo más al consumo y la demanda internos, aunque la economía crezca a menor ritmo.


Los analistas aseguran que Pekín dispone de escaso margen para flexibilizar más la política monetaria, debido a factores como la inflación y un exceso de liquidez en el mercado. Al mismo tiempo, consideran que el fuerte endeudamiento de los gobiernos locales y la ralentización del crecimiento de los ingresos fiscales ponen coto a nuevos incentivos fiscales.


Los líderes chinos han mostrado en las últimas semanas su confianza en el futuro económico de China. El presidente, Xi Jinping, ha afirmado este mes en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, en sus siglas en inglés) celebrada en Indonesia, que la ralentización es un resultado planeado, consecuencia de las propias iniciativas del Gobierno. "El ímpetu viene de la reforma, la regulación y la innovación", ha dicho. Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, ha señalado: "Confiamos en cumplir los objetivos de desarrollo económico y social fijados para 2013".

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Lunes, 30 Septiembre 2013 07:11

Desarrollo humano

Desarrollo humano

El debate económico sobre indicadores estadísticos de precios, los números del Presupuesto o la magnitud del crecimiento económico han ingresado en el terreno gaseoso de la categoría "mentira" o "verdad". Transitar por esa línea orienta a un análisis con cierta tendencia a lo rústico. En ese fango, el emisor de la sentencia recibirá aprobación de acuerdo a la idea preconcebida o a la preferencia política de apoyo o rechazo al gobierno nacional del interlocutor ocasional. Esta dinámica de la evaluación de variables económicas pasó a formar parte de la disputa política electoral y de la construcción del sentido común para la interpretación sobre lo acontecido durante el kirchnerismo.

 

Este desvío se originó en la deficiente intervención oficial para instrumentar una necesaria reforma en la organización del Instituto Nacional de Estadística y Censos, como también una imprescindible actualización de índices claves, entre los que sobresalen precios al consumidor, línea de pobreza o distribución funcional del ingreso. La notable carencia informativa del Indec en la tarea de divulgación sobre los cambios realizados en un territorio hostil ha derivado en que especialistas en estrujar datos para presentar escenarios de zozobra, con el objetivo de domesticar a la población para que acepte el ajuste con pérdidas de derechos laborales y sociales, alcancen legitimidad en la exposición de sus propios números, también conocidos como "dibujos" en la jerga que utilizan para hablar de estadísticas oficiales.

 

Así, el FMI, cuyas proyecciones macroeconómicas, estudios técnicos sobre impacto de medidas de ajuste fiscal y los resultados por recetas impuestas a países vulnerables fueron y son un fiasco, se ha convertido en juez sobre la calidad de las estadísticas oficiales. Lo mismo que las calificadores de riesgo internacional (Standard & Poor's, Moo-dy's y Fitch) con varios antecedentes recientes de fraude con sus notas a países y compañías. Ese lugar de privilegio también pasó a ser ocupado por los hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica. Paladines indiscutidos en el libre juego de la búsqueda de profecías autocumplidas y en la elaboración de pronósticos fallidos. Ellos encontraron refugio al desprestigio provocado por sus desaciertos en la muletilla "el dibujo del Indec". Las cifras que difunden cada mes sobre el recorrido de los precios, sin precisar metodología ni alcance de la muestra ni lugares de captura de datos, han logrado aceptación social con el indisimulado apoyo de grandes medios y grupos de oposición pese a la fragilidad técnica de esos indicadores.

 

Conociendo antecedentes lejanos y recientes de esos protagonistas, se requiere de una férrea voluntad militante para dar crédito a las cifras que ofrecen. Es legítima las dudas sobre el Indec, pero avalar la de esas usinas es un acto de fe mística.

 

En ese escenario resbaladizo de las estadísticas se está desarrollando una disputa política acerca de los resultados económicos y sociales del ciclo kirchnerista, con el objetivo de proyectarse sobre la lectura histórica de este período político. La línea argumental por derecha e izquierda es explícita: no bajó la pobreza ni la indigencia, no hubo tanto crecimiento económico, las jubilaciones no avanzaron, las condiciones sociales y laborales no mejoraron, no ha habido industrialización y tampoco desendeudamiento. El destino de esta interpretación se dirimirá, por un lado, en el espacio político, y por otro, en el devenir histórico. Mientras, para aquellos que tienen la ambición de comprender más que de pontificar, existe abundante información local e internacional, diversas investigaciones cuantitativas y cualitativas privadas y públicas, nacionales y del exterior, para abordar esas cuestiones eludiendo ordinarias evaluaciones.

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha publicado la investigación "Argentina en un mundo incierto: asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI" como parte del informe nacional sobre desarrollo humano 2013 de la ONU. Martín Santiago Herrera, representante residente del PNUD, explica en el prólogo que ese documento "es el resultado de un proceso de reflexión, discusión e investigación" y "brinda un panorama de la evolución del desarrollo humano en Argentina, de las tendencias globales que condicionarán su futuro, y de las opciones estratégicas para aprovechar sus oportunidades y mitigar sus riesgos e incertidumbre".

 

El informe destaca que, entre 2003 y 2011, "se produjo una suave convergencia hacia niveles más altos de desarrollo humano y una disminución de su desigualdad, motorizada principalmente por mejoras en el nivel y la distribución del ingreso". Esta conclusión no inhibió para advertir que "estos logros invitan a redoblar esfuerzos para que el país alcance un desarrollo humano congruente con su potencial de recursos, y un grado de igualdad acorde con su historia social, objetivos aún distantes".

 

El análisis económico convencional considera que el crecimiento del ingreso per cápita es el objetivo principal de los gobiernos y que es una medición del desarrollo de los países. El PNUD, basado en el enfoque propuesto por el premio Nobel de Economía Amartya Sen, adoptó la idea que el bienestar de las personas es más que su nivel de ingresos, incluyendo como parte del desarrollo humano otros aspectos: tener una buena nutrición (alimentos) y servicios médicos (salud) que permitan gozar de una vida larga y saludable; una mejor educación que posibilite más conocimientos; buenas condiciones de trabajo y tiempo de descanso gratificante; protección contra la violencia; y un sentimiento de participación en la comunidad de pertenencia. "Todas esas dimensiones hacen al desarrollo humano", explica el documento, para presentar un indicador que trata de reflejarlo: el Indice de Desarrollo Humano (IDH). Este considera tres dimensiones básicas: salud, educación e ingresos.

 

"La trayectoria del desarrollo humano en Argentina fue ascendente en las últimas tres décadas a pesar de los avatares económicos, sociales y políticos que experimentó el país", destaca el informe, para precisar que el desempeño se mantuvo siempre por encima del promedio mundial y el de América latina y el Caribe, y por debajo del promedio de la OCDE. La brecha con los países más desarrollados fue disminuyendo, "especialmente luego de 2003".

 

El anexo estadístico detalla la evolución del IDH y de sus tres componentes (la escala 1 es el máximo desarrollo humano, y 0 el peor):

 

1996: 0,785
2001: 0,798
2011: 0,848

 

El documento del PNUD avanza sobre el concepto del IDH puesto que considera que ese análisis "nada dice sobre la igualdad en la distribución del ingreso". Entonces, para tener una aproximación cuantitativa del impacto de la desigualdad en el desarrollo humano, elaboraron el Indice de Desarrollo Humano ajustado por Desigualdad (IDHD). Este permite calcular la pérdida en desarrollo humano debida a la distribución desigual entre las tres dimensiones (salud, educación e ingreso) y dentro de cada una de ellas. En ese análisis que profundiza la dimensión de las transformaciones económicas y sociales en estos años se observa una mejora sustancial en la primera década del nuevo siglo: el retroceso en el desarrollo humano debido a la desigualdad de ingresos era de 4,9 por ciento en 2001, baja a 4,3 por ciento en 2006 y al 3,4 por ciento en 2011. Esto significa que las mejoras en el reparto de la riqueza en este período han logrado avances en el bienestar de la población en salud, educación e ingresos (en el desarrollo humano).

 

"Argentina se caracterizó durante gran parte del siglo XX por ser la sociedad más igualitaria de América latina, con sistemas de salud y educación y niveles de ingresos y seguridad social que facilitaban la movilidad social ascendente", recuerda el informe del PNUD. Señala que eso comenzó a revertirse en el último cuarto del siglo XX, "especialmente como efecto de una sucesión de experimentos macroeconómicos de consecuencias catastróficas". Para concluir que aún se está lejos de recuperar aquellos niveles de igualdad y aquella movilidad social, pero "esto podría cambiar si la tendencia de la última década se mantiene y profundiza".

 

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Viernes, 13 Septiembre 2013 06:04

Crecer desde el Sur

Crecer desde el Sur

Un informe de Naciones Unidas estima el crecimiento de la economía mundial en 2,1 por ciento este año, mientras que los emergentes lo harían 4,5 puntos. Las razones.

 


La economía mundial crecerá 2,1 por ciento en 2013. Los países emergentes avanzarán 4,5 por ciento, mientras que los desarrollados lo harán un 1 por ciento. Así lo estimó ayer un informe de la División de Comercio y De-sarrollo de Naciones Unidas (Unctad). El estudio destacó algunos cambios relevantes en el escenario internacional durante los últimos años. Entre 2000-2012, los países emergentes pasaron de representar 22 por ciento del Producto global a 36 por ciento. En el mismo período, la participación de emergentes en las exportaciones mundiales subió del 32 al 45 por ciento. Las economías en desarrollo explicarán este año dos terceras partes de la expansión de la actividad global.

 

“El crecimiento permanecerá relativamente estable en América latina y el Caribe, en torno del tres por ciento, con la desaceleración de algunos países como México que probablemente se vea compensada por un crecimiento más rápido de la Argentina y Brasil”, puntualizó el documento. La principal causa de esta expansión es el consumo público y privado, lo que será clave para la estrategia de de-sarrollo de los países emergentes durante los próximos años. La recomendación de la entidad es dejar atrás el crecimiento impulsado por exportaciones, para concentrarse en fomentar la demanda del mercado interno. Esto se debe a que el panorama del comercio mundial no es favorable hacia adelante. Hasta el momento, las exportaciones e importaciones de economías avanzadas no recuperaron el nivel previo a la crisis financiera internacional de 2008.

 

En cuanto al intercambio de emergentes, hubo un mejor desempeño que se manifestó en una doble dirección. Por un lado, las exportaciones Sur-Sur avanzaron hasta representar cerca del 30 por ciento de los despachos mundiales, cuando a principios de la década pasada eran alrededor del diez. A su vez, el volumen de bienes vendidos por estos países pasó de ser la mitad del comercializado por las potencias maduras hasta un nivel casi idéntico. Sin embargo, la Unctad marcó que faltaron cambios estructurales: las exportaciones continuaron siendo mayormente de productos primarios.

 

“La participación de las economías en desarrollo en el PBI mundial y el comercio Sur-Sur han aumentado, pero para constituirse en su propio motor de crecimiento se requiere una reorientación de sus políticas”, apuntó el documento. El punto es que estos países que dependen en exceso de sus exportaciones deberán estimular el consumo interno para avanzar con el proceso de desarrollo. Algunas simulaciones del organismo precisaron que al aplicar este cambio de estrategia, las economías emergentes pasarán de crecer desde cuatro hasta seis por ciento en los próximos años. Elementos clave para potenciar este cambio en el esquema de crecimiento serían los siguientes.

 

- Atacar la desigualdad en los ingresos. “Los salarios no deben ser considerados como costos, sino como ingresos que permiten incrementar el consumo de los habitantes”, afirmó Gustavo Lugones, experto en economía internacional designado para presentar el documento en Buenos Aires.

 

- Coordinar acciones de estímulo con otros países, ampliando la escala de los mercados a través de la integración regional.

 

- Impulsar la participación del sector público, consiguiendo un equilibrio entre consumo de hogares, inversión privada y gasto del Estado.

 

Existe además otra serie de recomendaciones vinculadas con el papel del sistema financiero.

 

- Reorientar el crédito a inversiones productivas. El financiamiento debe ser a largo plazo para favorecer la innovación.

 

- Apostar a mayor regulación para evitar burbujas financieras.

 

- Fortalecer el rol de los Bancos centrales, obligando a la banca privada a prestar recursos para la producción.

 

- Utilizar fuentes de financiamiento internas y no externas. A través de esta medida, las economías emergentes evitarían la volatilidad de los mercados internacionales.

 

Informe: Federico Kucher.

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Sábado, 27 Julio 2013 06:58

La década ’00

La década ’00

La década ’00 fue la mejor de las últimas tres para América latina y el Caribe. La del ’80 fue considerada pérdida, la del ’90 estuvo dominada por la inestabilidad financiera y la primera del nuevo siglo ha sido apreciada como ganada en términos de disminución de la pobreza e indigencia y en mejoras en la distribución del ingreso. Así se desprende del más reciente documento de la Cepal presentado el miércoles pasado en Santiago de Chile, sede del organismo dependiente de las Naciones Unidas. Los meses previos a elecciones no es el período para esperar análisis desapasionados sobre tendencias estructurales de la economía debido a la exacerbación del discurso político. El caso argentino es particular debido a que la disputa mediática-política ha configurado un escenario de tensión permanente, lo que ha derivado en la agudización de esa característica de procesos electorales. Este rasgo del debate desordena la evaluación de ciclos económicos y su comprensión para precisar la dimensión de los avances como también de la agenda pendiente. Ante la prédica abrumadora y constante acerca de que poco y nada se ha mejorado en términos sociales, e incluso de equiparar la actual situación a la vigente en décadas anteriores, el informe de la Cepal es un aporte para contrarrestar la soberbia de los promotores de la ignorancia, nostálgicos de los noventa que pretenden el olvido de su pasado. El documento se ocupa de América latina y el Caribe en su conjunto, pero en ese análisis se filtra que el recorrido de Argentina en cuestiones sociales, reparto de la riqueza y tasa de crecimiento económico ha sido uno de los más destacados en la región durante la última década.

 

La edición número 65 del Estudio Económico de América Latina y el Caribe del bienio 2012-2013 tiene como subtítulo “Tres décadas de crecimiento desigual e inestable”. En la primera parte se ocupa de las perspectivas de crecimiento de la región estimando que crecerá 3 por ciento este año, tasa similar a la registrada en el anterior. La Cepal señala que el retroceso en el crecimiento con respecto a la última proyección (3,5 por ciento en abril pasado) se debe a la baja expansión de Brasil y de México, y a que varios países que venían creciendo a tasas elevadas, como Chile, Panamá y Perú, muestran una desaceleración de su actividad económica en los últimos meses. El documento anual preparado por la División de Desarrollo Económico de la Cepal dirigido por Juan Alberto Fuentes tiene una segunda parte que aborda las políticas macroeconómicas vinculadas con el crecimiento entre 1980 y 2012. Concluye que la iniciada a partir de 2000 es ganada porque “en el entorno externo de la región se produjeron cambios muy pronunciados que se tradujeron en períodos sostenidos de crecimiento”. El informe destaca que el crecimiento del PIB de la Argentina a una tasa del 8,5 por ciento ha sido el más alto de la región entre 2003 y 2008.

 

En la cuestión social, la Cepal señala que “la desigualdad de ingresos dentro de los países –medida a través del coeficiente de Gini–, así como la pobreza, aumentaron y luego comenzaron a reducirse en la mayor parte de ellos en la última década”. El informe dice que las décadas de 1980 y 1990 fueron adversas en términos distributivos, pues la concentración del ingreso aumentó en doce países, incluidas las tres mayores economías (Brasil, Argentina y México). Lo define como un período de crisis, crecimiento inestable e inflación y desempleo elevados. A partir de 1998, y con mayor fuerza en la década que siguió, la concentración del ingreso comenzó a ceder, de tal modo que entre 2000 y 2011 el coeficiente de Gini se redujo en trece países. Menciona que dos de los países preferidos por la ortodoxia, Colombia y Chile, que también fueron beneficiados por ganancias de sus términos de intercambio, crecieron a tasas significativas y tuvieron tasas de inflación inferiores a un dígito, pero “no exhibieron tendencias claras a una menor concentración del ingreso en esos años”.

 

La Cepal menciona que la dinámica de la distribución del ingreso y la reducción de la pobreza en el período que va de 2003 a 2011 estuvo marcada por avances en el mercado de trabajo, transferencias hacia los hogares y cambios institucionales. Contribuyeron a la mejora de la distribución del ingreso el aumento del empleo de calidad y el incremento de las remuneraciones medias, que beneficiaron proporcionalmente más a los miembros de hogares de menores ingresos. También la sustancial recuperación del mercado laboral asociado al importante crecimiento económico, y además las políticas de transferencias a los hogares de menores ingresos, de salario mínimo y de fomento de la formalización laboral.

 

Pese a estos avances, la región continúa siendo altamente desigual en términos de la distribución del ingreso: el 10 por ciento más rico de la población concentra el 32 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 40 por ciento más pobre sólo percibe el 15 por ciento.

 

Las mejoras distributivas contribuyeron a uno de los logros recientes más relevantes de América latina y el Caribe: la reducción de la incidencia de la pobreza, que fue generalizada entre los países, aunque de magnitud desigual, apunta la Cepal. “La década de 1980 fue la década perdida en la región no solamente en términos económicos, sino también en cuanto a la evolución de la pobreza”, recuerda el informe. Al final de la década, la tasa de pobreza en América latina había pasado del 40,5 al 48,4 por ciento, casi uno de cada dos latinoamericanos era pobre, al mismo tiempo que el porcentaje de indigentes se había incrementado del 18,6 al 22,6 por ciento. En términos absolutos, esto significó que en 1990 la cantidad de pobres alcanzara los 200 millones y de indigentes, los 93 millones. “En un contexto de deterioro del bienestar, la política de restricciones fiscales para enfrentar la crisis de la deuda agravó la situación social”, explica.

 

Para panegiristas de la década del noventa, la Cepal observa que el período comprendido entre 1990 y 2002 se caracterizó por una disminución parcial de la incidencia de la pobreza como resultado de un crecimiento económico levemente más alto que en la década anterior, pero inestable y afectado por fuertes crisis en los países de la región de mayor tamaño relativo. En cambio, en la década siguiente, marcado por el auge del ingreso nacional disponible en un contexto externo favorable en los términos del intercambio, la mayoría de los países de la región experimentaron una reducción de los niveles de pobreza e indigencia. “La expansión económica se tradujo en un significativo aumento de los niveles de empleo, lo que, junto con un moderado crecimiento de los ingresos laborales reales, redundó en un incremento de los ingresos medios de los hogares. Esto a su vez contribuyó a la reducción de la pobreza y la indigencia, en conjunto con políticas de transferencias a los hogares más pobres”, destaca la Cepal.

 

Esas políticas se reflejaron en una caída de la tasa de pobreza de América latina de casi un 25 por ciento y de la tasa de indigencia de un 33 por ciento. En ambos casos, las tasas de 2008 fueron inferiores a las registradas en 1980. La reducción de la pobreza y la indigencia en ese período se concentró principalmente en las áreas urbanas, revirtiendo el proceso de aumento en estas zonas que se había producido en períodos anteriores. La Cepal no ignora que la crisis financiera mundial de 2008 y 2009 afectó el crecimiento económico, pero pondera que gracias a varios factores, entre los que menciona el aumento de los salarios reales, las políticas contracíclicas aplicadas en muchos países y la rápida recuperación del crecimiento, la pobreza no aumentó en la región y en los años posteriores su trayectoria decreciente se mantuvo, “de tal modo que su incidencia alcanzó un nivel estimado del 28,8 por ciento en 2012”. Es el valor más bajo de toda la serie desde 1980. En línea con esa tendencia en lo que va de la década ’10 del nuevo siglo, el desafío es su continuidad y profundización. La Cepal destaca a la Argentina junto a Ecuador, Venezuela, Honduras, Nicaragua, Colombia y México como los países que alcanzaron las mayores reducciones de las tasas de pobreza e indigencia.

 

En materia de reparto de la riqueza y de la cuestión social puede decirse que falta mucho o que se pudo haber hecho mucho más, pero que la situación es igual o peor que en las décadas del ’80 y ’90 y, por lo tanto, definir a la última como “desperdiciada” o “malograda” es un reflejo de desprecio a quienes pudieron dejar atrás la pobreza y la indigencia.

 


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Sueños de opio en el faraónico proyecto del Gran Canal interoceánico de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro preparaba su programa de televisión Esta Semana en Managua, y antes de grabar el segmento con la entrevista sobre mi nuevo libro de narraciones Flores Oscuras, le tocaba comparecer al doctor Jaime Incer Barquero, el más reputado de los científicos nicaragüenses y lúcido defensor de nuestro patrimonio ecológico cada vez más disminuido y abusado. Desde el estudio mismo donde aguardaba me dispuse a escucharlo lleno de expectativa, pues iba a hablar sobre el proyecto de construcción del Gran Canal interoceánico que hoy acapara, una vez más, la atención del país.

 

Un tema recurrente de nuestra historia, que yo diría vicioso, una especie de sueño maléfico que nos aparta de todo lo demás para arrastrarnos hacia esa eterna panacea entre brumas de opio. Pobreza, ignorancia, marginalidad, injusticia económica, todo queda cubierto una y otra vez por este velo mágico. El estrecho dudoso, que viene desde los tiempos de la conquista, cuando se buscaba el paso entre los océanos para llegar a las tierras del Gran Kan, y que ha desmedrado nuestra soberanía a la hora de firmar tratados como el Chamorro-Bryan con Estados Unidos en 1914, el epítome nacional de la aversión antimperialista.

 

El presidente Daniel Ortega ha enviado a la Asamblea Nacional una ley que otorga una concesión por 100 años para la construcción del Gran Canal a una incierta compañía china, HK Nicaragua Canal Development Investment Co, presidida por un misterioso personaje, Wang Jing. El consorcio de papel se halla establecido en algún lugar de la vasta Hong Kong, pero está inscrito en Gran Caimán, y se ha comprometido a invertir 40 mil millones de dólares en la obra, que además del canal acuático incluye líneas ferroviarias de costa a costa, puertos en ambos océanos, aeropuertos, carreteras de alta velocidad, etcétera. Otra Nicaragua de ciencia ficción, la de los sueños de opio.

 

Un proyecto sin el aval ni la participación del gobierno de China. Durante su reciente visita a Costa Rica, el presidente Xi Jinping declaró que su país privilegia los proyectos de cooperación con aquellos países con los que tiene relaciones diplomáticas, que no es el caso de Nicaragua, pues Ortega las mantiene con Taiwán. Y un canal interoceánico es necesariamente, además, un proyecto geopolítico, en el que ni siquiera los países del Alba encabezados por Venezuela parecen mostrar interés, ya no se diga Estados Unidos.

 

La dichosa compañía china, dueña absoluta del Gran Canal según esta extraña ley, que sin duda será aprobada por la Asamblea que Ortega controla ampliamente, irá cediendo anualmente al estado de Nicaragua el 1% de las acciones, de modo que dentro de medio siglo llegaría a compartir el canal por partes iguales.

 

Una gigantesca obra que, según se anuncia, se iniciará el año que entra; los voceros oficiales han informado que el PIB del país alcanzará dentro de dos años el 15 por ciento de crecimiento y la tasa de desempleo quedará reducida prácticamente a cero. De este sombrero de mago, por lo que se ve, saldrán infinidad de gordos y alegres conejos.

 

Pero oigamos al doctor Incer, asesor presidencial para asuntos ecológicos y protección del ambiente, aunque no ha sido consultado, ni la Asamblea Nacional lo ha llamado para que opine. Lo hace a través de este programa de televisión, uno de los últimos independientes que quedan en Nicaragua, y lo primero que dice, con sobrada extrañeza, es que toda la batería de estudios necesarios, ecológicos, batimétricos, sísmicos, oceánicos, y de las distintas especialidades de la ingeniería, no habiendo siquiera empezado, tomarían no pocos años en llevarse adelante, y para ello se necesita del concurso de firmas especializadas de diversas partes del mundo.

 


Dice también que todas las rutas propuestas para el Gran Canal que conectará al mar Caribe con el océano Pacífico, y por el que circularían los grandes buques post Panamax, pasan a través del Gran Lago de Nicaragua, cuya superficie se acerca a los 10 mil metros cuadrados. Pero contra lo que los profanos pensamos, el lago es sumamente superficial, y su escasa profundidad no es apta para esos megabarcos que cargan hasta 15 mil contenedores y tienen un calado mínimo de 20 metros. Esto significaría que dentro del lago mismo debe abrirse un canal de al menos 45 metros de hondo, en un trayecto de al menos 90 kilómetros. Un canal del canal.

 

La remoción de sedimentos de semejante dragado enturbiaría las aguas del Gran Lago de tal manera que dejarían de ser potables y la vida de toda su fauna llegaría a su fin. Una catástrofe, según el científico. Y aún otra, sólo para apuntar dos: el paso del canal por los ríos de la cuenca del Caribe necesitaría de la protección de los caudales, lo que sólo puede conseguirse con la reforestación de miles de kilómetros hoy dedicados a los pastos para ganadería, uno de los más importantes rubros de la economía de exportación del país. Árboles en lugar de ganado, si no no habría canal, lo que en términos de la pequeña economía de Nicaragua significaría un violento vuelco, y la ruina de miles de ganaderos.

 

Y otro vuelco demográfico, pues en un país donde la pobreza certificada alcanza la mitad de la población, esas obras faraónicas serían un potente imán de atracción desordenada: el país entero se trasladaría a vivir a las cercanías del Gran Canal. Pero la mano de obra ociosa, de ninguna manera especializada, sería inútil para las complejas tareas de construcción.

 

Cuando la entrevista termina y el doctor Incer baja del set, me acerco a darle las gracias. En apenas 15 minutos de respuestas certeras y ponderadas ha demostrado que semejante proyecto, tan desproporcionado y estrafalario, no es sino el mismo ardid de siempre para encender falsas esperanzas.

 

Puedo entonces seguir viendo al recurrente canal por Nicaragua como novelista, fascinado por los grandes mitos nacionales, éste el primero de todos, destinados, dichosamente, a no cumplirse nunca. Nuestra vieja linterna mágica descompuesta, que proyecta siempre las mismas viejas imágenes.

 

Masatepe, junio 2013.

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Miércoles, 22 Mayo 2013 06:40

Yasunizar el mundo

Yasunizar el mundo

Cuando Svante Arrhenius, químico sueco y premio Nobel, publicó los primeros ar­tículos sobre el cambio climático en 1896, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 300 partes por millón (ppm). Está ahora llegando a 400 y subiendo 2 ppm al año. Arrhenius anunció que al quemar carbón que estaba bajo tierra, los países industrializados estaban poniendo más y más dióxido de carbono en la atmósfera y que esto haría aumentar las temperaturas. Él no podía saber que en el siglo XX la quema de carbón aumentaría siete veces mundialmente ni que al carbón se añadiría la quema de mucho más petróleo y gas natural. Además de los efectos de la deforestación.

 

Lo que ocurre es que la nueva vegetación y los océanos no absorben todo el dióxido de carbono que produce la economía humana. Los combustibles fósiles son como fotosíntesis embotellada hace millones de años. Los sacamos, los “descorchamos” y los quemamos con demasiada rapidez. El aumento del efecto invernadero (así le llamó ya Arrhenius) será más y más rápido.

 

Es, pues, razonable la propuesta de dejar bajo tierra una parte del petróleo, del carbón y del gas. Debemos disminuir a la mitad la velocidad de extracción de los combustibles fósiles. Esta propuesta viene de lugares donde la extracción de petróleo, carbón o gas está haciendo mucho daño. Por ejemplo, la Amazonia de Ecuador y de Perú o el delta del Níger. En México, el petróleo ha dañado el ambiente en Tabasco y en Campeche y la BP causó en el Golfo de México un gran derrame en 2010. Pero también hay desastres por la minería de carbón en Colombia, China e India y por la extracción de las arenas bituminosas de Canadá.

 

En Ecuador, en la mitad del mundo, la organización Acción Ecológica propuso en 2006 dejar en tierra 850 millones de barriles de petróleo de los pozos ITT (Ishpingo, Tiputini, Tambococha) sitos en el Parque Nacional Yasuní, en la frontera con Perú. La propuesta fue aceptada por el entonces ministro de Energía y Minas, Alberto Acosta, y también la hizo suya a regañadientes el presidente Rafael Correa. Se añadió una cláusula. Ecuador se sacrificaba económicamente por bien propio y de la humanidad, dejaba de extraer petróleo que al quemarlo produciría 410 millones de toneladas de dióxido de carbono, conservaba la incomparable biodiversidad local, respetaba los derechos indígenas. Pero pedía una contribución exterior equivalente aproximadamente a la mitad del dinero que dejaría de ganar, unos 3 mil 600 millones de dólares en total, que fueran llegando a lo largo de 10 o 12 años. Estas contribuciones serían depositadas en un fideicomiso con administración conjunta del PNUD, constituido el 3 de agosto de 2010. La oferta está en pie, el dinero llega lentamente, el presidente Correa amenaza con un plan B de extracción de petróleo en algunos de los pozos protegidos. Correa no es ecologista, pero ha defendido en foros internacionales la propuesta Yasuní. Pero amenaza ahora con correr los límites del Parque Nacional Yasuní en junio de 2013.

 


La idea de dejar el petróleo en tierra se ha difundido. En el delta del Níger, algunos hablan de “ogonizar” más que de “yasunizar” porque los ogoni, después de 1995 y la muerte de Ken Saro-Wiwa, consiguieron expulsar durante muchos años a la Shell. Dicen allí, leave oil in the soil. En otros lugares añaden: leave coal in the hole, leave gas under the grass, planteando propuestas similares a la de Ecuador. Tanto es así, que Acción Ecológica escribió a la Real Academia Española para que ponga la palabra “yasunizar” en el diccionario.

 

En Guatemala se ha propuesto no extraer el petróleo de la Laguna del Tigre, un sitio Ramsar en el Petén (un humedal catalogado internacionalmente). En las islas de San Andrés y Providencia, de Colombia (cercanas a Nicaragua), se ha decidido oficialmente dejar el petróleo en el subsuelo haciendo caso de las protestas locales. En la distante Nueva Zelanda, quienes se oponen a la bestial extracción de lignito a cielo abierto, conocen la palabra “yasunizar”. Lo mismo sucede en Quebec, en Francia, en Bulgaria, en el País Vasco, donde se ha logrado de momento parar la extracción de gas de esquisto que puede perjudicar la capa freática, argumentando que si el petróleo del Yasuni ITT se queda en tierra, ¿por qué no puede seguirse la misma doctrina en esos otros lugares? Hasta en las islas Lofoten, en Noruega, se propone dejar el petróleo y el gas bajo el fondo del mar.

 

Hay razones locales y razones globales (de cambio climático) para yasunizar el mundo.

 

Por Joan Martínez Alier, ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Jueves, 28 Marzo 2013 08:57

Bachelet anunció su candidatura

"Estoy frente a ustedes dispuesta a asumir este desafío, he tomado la decisión de ser candidata", afirmó la ex mandataria socialista, quien regresó de Estados Unidos y hará campaña para las elecciones de noviembre.

 

La ex mandataria chilena Michelle Bachelet anunció ayer que se postulará para competir en las elecciones presidenciales de noviembre. "Estoy frente a ustedes dispuesta a asumir este desafío, he tomado la decisión de ser candidata", afirmó Bachelet. En mayo competirá en las internas. La semana próxima tiene agendados encuentros en Montevideo con el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el presidente uruguayo, José Mujica. Entre aplausos de sus adherentes y tras haber dejado su cargo en Nueva York como directora de las oficinas de ONU-Mujeres, la socialista realizó el anuncio, que había generado gran expectativa entre sus simpatizantes y las filas del oficialismo y otros partidos de oposición.

 

"Con alegría, con determinación y con mucha humildad he tomado la decisión de ser candidata", remarcó la ex mandataria al inaugurar una muestra fotográfica sobre su gestión entre 2006 y 2010. En un acto en el Centro Cívico y Cultural de la comuna de El Bosque, la ex jefa de Estado, que ejerció los últimos tres años como directora de ONU-Mujeres, evitó hasta ahora ligar su imagen a los líderes políticos de la oposición, sumidos en el descrédito en encuestas. "La desigualdad es ética y políticamente inaceptable. Tenemos que repensar nuestro modelo de desarrollo", agregó. La dirigente, que dejó el poder en 2010 con un 80 por ciento de apoyo, es quien concentra más de la mitad de la intención de voto entre once candidatos y fue quien asumió los errores y falencias de los gobiernos democráticos, en especial en materia de equidad social. El segundo mejor posicionado en los sondeos es el ex ministro Laurence Golborne, en representación de la oficialista Unión Democrática Independiente (UDI), con 15 por ciento. "Estoy decidida a convocar a una nueva mayoría, no va a ser fácil. Sabemos que desde el retorno a la democracia, Chile ha tenido progreso y crecimiento", precisó Bachelet e informó el diario chileno La Tercera.

 

La ahora precandidata por el Partido Socialista, con apoyo del Partido por la Democracia (PPD), deberá competir en internas el 30 de mayo con tres de los postulantes de las otras fuerzas de la opositora Concertación: el ex alcalde Claudio Orrego, el senador radical José Antonio Gómez y su ex ministro de Hacienda Andrés Velasco. Contienda que se espera gane con comodidad.

 

La alcaldesa de Santiago y ex vocera de Bachelet, Carolina Tohá, agradeció a Bachelet por su decisión de volver y le prometió el respaldo de sus adherentes en el propio aeropuerto, a su llegada a primera hora. "Estamos muy agradecidos por su decisión, necesitábamos que volviera. Estamos preparados, estamos listos para iniciar una nueva etapa", indicó Tohá. En el oficialismo, cuyos candidatos están a 40 puntos de la ex presidenta en las encuestas, criticaron el legado de la ex mandataria, impulsora de mejoras en pensiones y seguridad social. "Durante el gobierno de Bachelet se consumaron los abusos más grandes y la pobreza aumentó", expresó el presidente de la conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), el diputado Patricio Melero. "Su gobierno fue el peor", insistió el parlamentario. El retorno de Bachelet a Chile rompió un silencio político de meses y para sus contrincantes se abrió una etapa de definiciones. "Creo que con esto termina el silencio. Ahora viene el tiempo de las ideas, debate y competencia", dijo uno de los tres candidatos con los que se enfrentará en elecciones primarias, Claudio Orrego. En tanto, el analista Patricio Navia advirtió que el mayor flanco débil de Bachelet no va a ser lo que ella diga, sino que lo que digan los políticos de su coalición. "Tanto porque mostrarán divergencias importantes sobre las políticas que promoverán, como por el mensaje de renovación y recambio que querrá promover Bachelet", añadió.

 

Bachelet, que anunció que construirá su programa en diálogos ciudadanos, llegó a un país sacudido por miles de protestas en los últimos tres años. Las manifestaciones, que derrumbaron el apoyo a los partidos de gobierno y de oposición por debajo del 20 por ciento, apuntan a la desigual distribución del ingreso en Chile y ofrecen como ejemplo que el 20 por ciento más rico de la población recibe mes a mes más ingresos que todo el resto de la población, en un país con un Producto Bruto Interno (PBI) por paridad de compra cercano a los 20 mil dólares per cápita. Los hogares deben pagar hasta 800 dólares mensuales en las universidades públicas y la salud es la más cara de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), según diversos estudios.

 

La ex presidenta de Chile regresó ayer por la mañana a su país. "Creo que aún hay muchas cosas por hacer para que nuestro país sea un mejor país para todos y todas, y yo también quiero contribuir en eso", sostuvo al arribar. Fue saludada en el aeropuerto por un centenar de simpatizantes que la recibieron al grito de "¡Se siente, se siente, Michelle presidente!" y por una treintena de dirigentes políticos de la coalición opositora de centroizquierda, aunque no hubo ningún presidente de los cuatro partidos que integran el conglomerado.

 

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Crisis del agua: espejo de la irracionalidad

El 22 de marzo de 1994 se celebró por primera vez el Día Mundial del Agua, en obediencia al mandato de Naciones Unidas, aprobado en 1992. Lo que significa que en el año que cursa se realiza por vigésima vez, con el ingrediente adicional que 2013 fue declarado el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua.

 

Las inquietudes que surgen alrededor de las condiciones en que se extrae y usa el líquido vital, que a diferencia de los demás recursos carece de sustituto, se comienzan a presentar en razón de la inutilización creciente de cuerpos de agua para el consumo humano, como consecuencia de fuertes cargas de contaminantes. La muerte literal de algunos ríos y lagos como ecosistemas vivos, fue el campanazo de alerta que dio inicio a verdaderas maratones de conferencias y simposios, y a la fundación de instituciones –cada vez más numerosas– dedicadas a plantear soluciones a la problemática.

 

Sin embargo, el avance parece bien poco, si nos atenemos a las cifras que manejan las mismas instituciones oficiales que, como veremos más adelante, son conscientes de que el agua es cada vez más escasa y se aleja de su condición de recurso libre y necesario, lo que le permitió a Adam Smith contrastarlo con los diamantes, como un ejemplo de un bien con un alto valor de uso y con bajo o ningún valor de cambio.

 

Y es esa escasez, paradójicamente, la que le da sentido a la consagración de este año como el de la Cooperación en la Esfera del Agua, pues se vislumbra la posibilidad de conflictos por el uso de cuencas transfronterizas. Como lo señala la Unesco, 148 países poseen al menos una cuenca transfronteriza, y de éstas se cuentan 276 en el mundo (64 en África, 60 en Asia, 68 en Europa, 46 en América del Norte y 38 de América del Sur), que quieren ser reguladas para reducir las probabilidades de conflicto, y, siguiendo la lógica del verdadero sentido de los acuerdos internacionales, para facilitar su uso a los más poderosos, que son las más "estresados" desde la perspectiva de la oferta hídrica.

 

Cifras que aterran

 

Para ilustrar el agua consumida en la producción de alimentos, la FAO utiliza un símil que quizá ilustra más que cuadros y gráficos. Dice: "Imaginémonos un canal de 10 metros de profundidad, 100 de ancho y 7,1 millones de kilómetros de largo (lo suficiente como para circunvalar 180 veces al globo terrestre). Esta es la cantidad de agua necesaria anualmente para producir el alimento de una población de 6,6 mil millones de personas. Si a esto se le suman otras 2 o 3 mil millones de personas, y se hacen los ajustes en sus dietas alimentarias a base de cereales, que actualmente están en proceso de cambio hacia carne y vegetales, habría que alargar el canal en unos 5 millones de km para obtener el agua necesaria para alimentar a la población mundial".

 

La extracción de agua dulce por año gira alrededor de 4 mil kilómetros cúbicos, de los cuales el 70% se dedica al sector agropecuario, el 22% a la industria y el 8% restante es para el consumo doméstico. Dado que la cantidad de agua dulce renovable se estima en 43.700 kilómetros cúbicos aproximadamente, no deberíamos tener problemas de abastecimiento si no fuera porque de ese total, una cifra cercana al 69% son glaciares y nieves perpetuas, y otro 30% son aguas subterráneas. En otras palabras, las aguas de extracción fácil son una pequeña parte, y de los aproximadamente 11 mil kilómetros cúbicos de agua dulce superficial, en la actualidad se explota cerca del 30%.

 

El problema hacia adelante consiste en que el "desarrollo" implica un aumento más que proporcional del consumo de agua respecto del crecimiento de la población. En efecto, si tenemos en cuenta que la diferencia de consumo per cápita entre un habitante promedio del llamado mundo desarrollado y uno de bajos ingresos del mundo "subdesarrollado" es de 7,5 veces, es de esperarse que la presión sobre los recursos hídricos será cada vez más fuerte. Las estimaciones más aceptadas concuerdan en que para el año 2025, la demanda de agua en el mundo será un 56 % superior al suministro.

 

Pero, si observamos el problema regionalmente, éste toma un cariz aún más dramático, pues la distribución del agua dulce no es ni mucho menos homogénea. La región asiática, por ejemplo (ver tabla), que alberga el 60% de la población mundial, dispone tan sólo del 36% del recurso, y Europa –cuya población representa el 13%– posee tan sólo el 8% del bien. América, Australia y Oceanía, son las únicas regiones que cuentan con una disponibilidad mayor frente al porcentaje de población que tienen, siendo Suramérica una región privilegiada en ese sentido.

 

El desbalance entre oferta y demanda de agua ha dado lugar al concepto de "presión hídrica", cuyo límite se estima en 1.700 m3/habitante-año. Por debajo de 1.000 m3/habitante-año, que la organización Mundial de la Salud considera como el consumo de agua mínimo requerido para la satisfacción de las necesidades básicas, se habla de "umbral de penuria hídrica". Las personas que se estima están sometidas a presión hídrica, ascienden a 2.300 millones, mientras que las sometidas a penuria hídrica suman 1.700 millones, esto es, que el 57% de la población mundial tiene problemas de alguna gravedad con el suministro de agua. Para el año 2025 se considera que la cifra total de habitantes con este tipo de problemas puede llegar a 5.900 millones de personas (70% del total).

 

En la actualidad, en Asia, el 65% de los poblados carece de agua corriente potable, mientras que en África esa cifra es del 27%. En América Latina y el Caribe la carencia alcanza el 6% y en Europa el 2%, en una muestra que la distribución geográfica de la población en relación con la oferta hídrica, además, claro está, de otros problemas, cuestiona seriamente la forma como el capital ha terminado agrupando la gente en los distintos espacios geográficos, hasta el punto que el 85% de la población mundial vive en la mitad más seca del planeta.

 

Una de la formas de escapar de la escasez localizada del agua ha sido mediante el recurso de la importación de bienes intensivos en ese bien. El intercambio comercial que tiene lugar por esa razón se conoce como flujo de "agua virtual", que puede representar un 16% del uso de agua en la agricultura. Se calcula que el 62% de la "huella hídrica" (total de agua utilizada en la producción de bienes y servicios de un país o región) del Reino Unido proviene del agua virtual y tan sólo el 38% se extrae de sus recursos hídricos internos.

 

Arabia Saudita anunció que va a disminuir su producción de cereales para reservar sus aguas subterráneas, amenazadas por la sobreexplotación. La compra de tierras por parte de éste país petrolero tiene también como propósito reemplazar el uso de su propia agua, lo que nos indica otra dimensión del acaparamiento de tierras por parte de los países excedentarios en recursos financieros, pues con la tierra llega el agua (se estima que el 66% del agua dulce disponible en la región árabe tiene su origen fuera de la región).

 

Contradicciones que matan

 

Si se acepta que el límite de los 1.700 m3/habitante-año, es una cifra aceptable para que las personas no sufran carencias de agua, es necesario triplicar la producción de agua, tan sólo para que la población actual satisfaga sus necesidades. Sin embargo, hasta acá no hemos considerado que una parte no despreciable del agua deja de ser utilizable para el consumo humano. En efecto, el 85% de las aguas utilizadas no tienen tratamiento, lo que aumenta no sólo la vulnerabilidad de la población, sino que hace de la contaminación un factor fuerte de reducción de la oferta hídrica para el consumo humano directo.

 

Entre fertilizantes y pesticidas provenientes de una agricultura adicta a los químicos, residuos industriales y aguas servidas, se calcula que se vierten a los cuerpos de agua alrededor de 2 millones de toneladas de desechos, estimándose que la carga de contaminación puede afectar en la actualidad un volumen aproximado de 12.000 kilómetros cúbicos de agua. Si bien las fuentes de agua cuentan con procesos de autodepuración, el tamaño y periodicidad de las descargas impide que esos procesos cumplan su ciclo y reviertan los efectos de las descargas.

 

El agua es víctima, entonces, de los procesos de aglomeración urbanos y de una agricultura cuyo paquete tecnológico es irracionalmente tóxico (se calcula que en los países de altos ingresos el 54% de los contaminantes los vierte la producción de alimentos, y que en los de bajos ingresos esa cifra se eleva a 54%). El asunto, sin embargo, tiende a agravarse, si se sigue incrementando el área que se cultiva para agrocombustibles, pues se considera que se requieren 820 litros de agua por cada litro de carburante producido.

 

La producción de energía a través de las hidroeléctricas también tiene su lado oscuro, pues se ha convertido en un verdadero problema al cortar los flujos naturales de los ríos y alterar el ciclo hídrico y las velocidades y los caudales, provocando inundaciones o bajos niveles en las restantes zonas del cuerpo de agua. En la actualidad, existen en el planeta más de 45.000 presas con más de 15 metros de altura, que no sólo han representado alteraciones de las tierras aledañas, sino desplazamientos masivos y pérdida significativa de biodiversidad.

 

Pero, el cierre del círculo viene de la mano de la explotación del gas de esquisto, a través del proceso de fracturación (fracking) de las piedras, que requiere de una mezcla o "lodo" concentrado de agua, arena y químicos, que hace del agua utilizada en el proceso un líquido fuertemente contaminado, sin opción de utilizarse posteriormente para consumo humano. Pemex, petrolera mejicana, estima que en los pozos de ese país se necesitan de 3 a 8 millones de galones de agua por pozo.

 

Llama la atención, entonces, que se dediquen días al agua, pero que simultáneamente se promueva el aumento de la productividad agrícola y "segundas" revoluciones verdes. Igualmente que se silencie el uso de fuentes de combustible "alternativas" como el gas de esquisto, un indiscutible depredador de agua. También es curioso que sobre los riesgos de la escasez hídrica, a diferencia de los disensos sobre el calentamiento global, la academia haya mostrado consenso, pero nada se haga al respecto.

 

Gerry Galloway, profesor de ingeniería de la universidad de Maryland, acuñó el concepto del "dilema de la caja de agua", para señalar que el problema era conocido tan sólo entre especialistas. Ya sea que se trate de académicos o de un reducido número de activistas, a lo que Galloway se refiere es que al interior de la "caja de agua" puede haber acuerdo, pero que nada se gana si por fuera de esa caja, nadie se interesa. Políticos y empresarios, así como la burocracia internacional parecen incrédulos, cuando en realidad son cómplices de priorizar las ganancias, la eficiencia y la geopolítica sobre la vida misma. Las poblaciones afectadas por los macroproyectos y la minería, como es el caso de los pobladores de Cajamarca en el Perú, los habitantes de la zona de influencia del páramo de Santurbán en Colombia o los resistentes a la hidroeléctrica del Quimbo, en el sur de éste mismo país, han demostrado que están dentro de la "caja del agua". Hace falta que de una forma integral, quienes creen que "otro mundo es posible" también se metan allí para que las ganancias no derroten a la vida.

 

Las víctimas de siempre

 

De acuerdo con el boletín número tres de la Unesco sobre el agua, 1.523.000 personas mueren al año en el mundo por diarrea provocada por mala calidad del líquido, 863.000 por malnutrición y 526.000 por malaria, casos asociados de forma directa a fallas en el suministro de agua en buen estado. Los países más pobres gastan el 14% del PIB enfrentando desastres naturales relacionados con el ciclo hidrológico, siendo los más importantes las inundaciones (50%), las epidemias relacionadas con el agua (28%), sequias (11%), avalanchas (9%) y hambrunas (2%).

 

Si sumamos la irracionalidad en el consumo que, por ejemplo, prioriza la ingesta de carne cuya producción requiere de 15 metros cúbicos de agua por cada kilo del producto, a la de cereales en la que el gasto de agua por kilo producido es tan sólo de 1,5 metros cúbicos, o a la de legumbres, raíces y tubérculos en los que el gasto de agua se reduce a un metro cúbico, completamos una arista más del cuadro del absurdo en el que se han convertido las relaciones sociales capitalistas en esta etapa postmoderna.

 

Las multinacionales, en el entretanto, hacen su agosto. La compañía Coca Cola que es la empresa de bebidas más grande del mundo, utiliza más de 283.000 millones de litros de agua por año. Esta empresa, que gastó entre 2,7 y 4,0 litros de agua por cada litro de su bebida de marca, embotella agua que es equiparable a la de las llaves y por la que puede cobrar hasta 100 veces el valor de la del tubo (en Londres, la compañía fue acusada de agregar bromato –un producto cancerígeno– al agua embotellada para darle sabor). Bechtel, Monsanto, Vivendi y Suez, entre las principales, se apoderan del agua en el mundo y la mercantilizan, controlando hoy el acceso al agua potable de más de 100 millones de personas en el planeta.

 

Si el agua es vida, dejárnosla arrebatar o permitir que la contaminen es abrazar la muerte. Meternos todos en la "caja del agua" significa renegar de las lógicas del capital y plantear distintas formas de ser. Alterar las prácticas del consumo, recuperar para el colectivo las condiciones básicas de la vida y demostrar que la eficiencia y el costo no son en todos los casos criterio fiable en la toma de decisiones, son tareas que urge asumir, si de verdad perseguimos un mejor vivir.

 

Gráfico

Población y disponibilidad de agua

Región América del Norte y Central América del Sur África Asia Australia y Oceanía Europa

Población (%) 8 6 13 60 < 1 13

Disponibilidad

de agua (%) 15 26 11 36 5 8

 

Fuente: Naciones Unidas (Informe sobre desarrollo de los recursos hídricos)

 

Publicado enEdición 189
Para una caracterización del ecosocialismo en diez rasgos

1. Frente al nihilismo contemporáneo, el ecosocialismo propugna una moral igualitaria basada en valores universales, arrancando en el primero de ellos: la dignidad humana. Más allá de la moral capitalista de poseer y consumir, más allá de su moral, la nuestra: vincularse y compartir. El pensador marxista franco-brasileño Michael Löwy, uno de los teóricos del ecosocialismo moderno, ha argumentado la necesidad de una ética ecosocialista con los siguientes rasgos: social, igualitaria, solidaria, democrática, radical y responsable.


2. Frente a la deriva biocida de las sociedades contemporáneas, el ecosocialismo apuesta por vivir en esta Tierra, “haciendo las paces” con la naturaleza. El socialismo, como sistema social y como modo de producción (sobre la base de la producción industrial), se define esencialmente por las condiciones de que el trabajo deja de ser una mercancía, y la economía se pone al servicio de la satisfacción igualitaria de las necesidades humanas. El valor de uso ha de dominar sobre el valor de cambio: esto es, la economía ha de orientarse a la satisfacción de las necesidades humanas (y no a la acumulación de capital). El ecosocialismo añade a las condiciones anteriores la de sustentabilidad: modo de producción y organización social cambian para llegar a ser ecológicamente sostenibles. (No mercantilizar los factores de producción –naturaleza, trabajo y capital—, o desmercantilizarlos, es la orientación que un gran antropólogo económico como Karl Polanyi sugirió en La Gran Transformación).


3. Frente a la pérdida de horizonte alternativo (tanta gente que ya sólo concibe la vida humana como compraventa de mercancías), el ecosocialismo es anticapitalista en múltiples dimensiones, incluyendo la cultural, y está comprometido con la elaboración de una cultura alternativa “amiga de la Tierra”. Hablaremos de “socialismo” en el sentido propio e histórico del término, un socialismo radicalmente crítico del capitalismo que busca sustituirlo por un orden sociopolítico más justo (y hoy hay que añadir: que sea sustentable o sostenible). No nos referimos, por tanto, a la profunda degeneración de la corriente política socialdemócrata que ha terminado desembocando en partidos políticos nominalmente “socialistas” aunque practiquen políticas neoliberales.


4. Frente a la tentación de refugiarse en los márgenes, el ecosocialismo mantiene la lucha por la transformación del Estado. Me impresionó, hace no mucho, un artículo de Ignacio Sotelo donde, tras decretar la inviabilidad de la revolución –“mitología decimonónica de una clase obrera supuestamente revolucionaria”− y también de la mera reforma –ya que “la rebelión y la protesta no van a cambiar el capitalismo financiero establecido”-- el catedrático de sociología –que se supone representa de alguna manera la izquierda del PSOE, no lo olvidemos− concluye que “no queda otra salida que trasladarse a otro país –la emigración vuelve a ser el destino de muchos españoles– o bien encontrar acomodo en la economía alternativa, saliéndose del sistema” . Es llamativa la coincidencia de esa propuesta de supervivencia en los márgenes, altamente funcional al desorden establecido, con la tentación de una parte considerable de los movimientos alternativos indignados: organicémonos por nuestra cuenta al margen del Estado (si destruyen la sanidad pública, creemos cooperativas de salud autogestionadas, etc.). Frente a esa tentación, el ecosocialismo afirma: no renunciamos a la transformación del Estado, de manera que llegue a ser alguna vez de verdad social, democrático y de Derecho.


5. Frente a la dictadura del capital que se endurece a medida que progresa la globalización, el ecosocialismo defiende la democracia a todos los niveles. Desmercantilizar, decíamos antes: y también democratizar. El ecosocialismo trata de avanzar hacia una sociedad donde las grandes decisiones sobre producción y consumo sean tomadas democráticamente por el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas, de acuerdo con criterios sociales y ecológicos que se sitúen más allá de la competición mercantil y la búsqueda de beneficios privados.


6. Frente al patriarcado, ecofeminismo crítico. Como ha señalado Alicia Puleo, el ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisión crítica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecológica. El análisis feminista de las oposiciones naturaleza/ cultura, mujer/ varón, animal/ humano, sentimiento/ razón, materia/ espíritu, cuerpo/ alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquización que desvaloriza a las mujeres, a la naturaleza, a los animales no humanos, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominación del varón, autoidentificado con la razón y la cultura. El dominio tecnológico del mundo sería un último avatar de este pensamiento antropocéntrico (que sólo otorga valor a lo humano) y androcéntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e históricamente por exclusión de las mujeres). La negación y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo doméstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos bélicos y de destrucción del planeta. Un ecofeminismo no esencialista y decidido a realizar una “ilustración de la Ilustración”, como el que propone Alicia Puleo , hemos de considerarlo imprescindible aliado del ecosocialismo que aquí se propugna.


7. Frente a la idea de un “capitalismo verde”, el ecosocialismo defiende que no tenemos buenas razones para creer en un capitalismo reconciliado con la naturaleza a medio/ largo plazo, aunque en el corto plazo sin duda serían posibles reformas ecologizadoras que permitirían básicamente “comprar tiempo” con estrategias de ecoeficiencia (“hacer más con menos” en lo que a nuestro uso de energía y materiales se refiere) . La razón de fondo de tal incompatibilidad es el carácter expansivo inherente al capitalismo, ese avance espasmódico que combina fases de crecimiento insostenible y períodos de “destrucción creativa” insoportable. Hoy ya estamos más allá de los límites, y por eso suelo decir que “el tema de nuestro tiempo” (o al menos, uno de los dos o tres “temas de nuestro tiempo” prioritarios) es el violento choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta. (y hoy “sociedades industriales” quiere decir: el tipo concreto de capitalismo financiarizado, globalizado y basado en combustibles fósiles que padecemos). Si se quiere en forma de consigna: marxismo sin productivismo, y ecologismo sin ilusiones acerca de supuestos “capitalismos verdes”.


8. Frente a la quimera del crecimiento perpetuo, economía homeostática. Una economía ecosocialista rechazará los objetivos de expansión constante, de crecimiento perpetuo, que han caracterizado al capitalismo histórico. Será, por consiguiente, una steady state economy: un “socialismo de estado estacionario” o “socialismo homeostático”. La manera más breve de describirlo sería: todo se orienta a buscar lo suficiente en vez de perseguir siempre más. En los mercados capitalistas se produce, vende e invierte con el objetivo de maximizar los beneficios, y la rueda de la acumulación de capital no cesa de girar. En una economía ecosocialista se perseguiría, por el contrario, el equilibrio: habría que pensar en algo así como una economía de subsistencia modernizada, con producción industrial pero sin crecimiento constante de la misma.


9. Frente al individualismo anómico y la competencia que enfrenta a todos contra todos, frente a la cultura “emprendedora” que convierte a cada cual en empresario de sí mismo presto a vender sus capacidades al mejor postor, el ecosocialismo defiende el bien común y los bienes comunes. Esta consigna apunta a priorizar los intereses colectivos (¡no solamente los de los seres humanos, y no solamente los de las generaciones hoy vivas!), y a gestionar las riquezas comunes más allá de las exigencias de rentabilidad del capital. Educación, sanidad, energía, agua, transportes colectivos, telecomunicaciones, crédito –ninguno de estos servicios básicos deberían ofrecerlos empresarios privados en mercados capitalistas. Tendrían que proveerse mediante empresas públicas y cooperativas gestionadas democráticamente.
10. Frente a la fosilización dogmática, ecosocialismo es socialismo revisionista. Pero es que, como decía Manuel Sacristán, “todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis” . Aquí también es de utilidad la categoría pasoliniana de empirismo herético que le gustaba recordar a Paco Fernández Buey. Yendo a lo nuestro: lo esencial del marxismo, como repetían estos grandes maestros, es el vínculo de una idealidad emancipatoria con el mejor conocimiento científico disponible. Cada elemento teórico concreto del pensamiento socialista es revisable en función de lo que hayamos logrado saber recientemente: lo que resulta irrenunciable es la moral igualitaria que aspira a acabar con el patriarcado y con el capitalismo.

 

Veinte elementos para un programa de transición poscapitalista

 

En cierto momento de El socialismo puede llegar sólo en bicicleta (Los Libros de la Catarata, Madrid 2012), hacia el final del capítulo 8, me atreví a esbozar lo que podrían ser líneas maestras de un “programa de transición”. Lo completo y actualizo aquí.

 

1. Reforma ecológica de la Contabilidad Nacional, para disponer de indicadores adecuados que permitan evaluar la economía en su comportamiento biofísico (más allá de la esfera del valor monetario).


2. Socialización del sistema de crédito. Banca pública fuerte que canalice la inversión necesaria para la transición económico-ecológica.


3. Entre los mecanismos más interesantes para la planificación indirecta no burocrática de la inversión en economías con sectores de mercado importantes se hallan los descuentos y recargos en los tipos de interés. La banca pública presta dinero a las empresas con ciertos descuentos o recargos en el tipo de interés, decididos para cada sector de bienes de consumo en función de criterios sociales y ecológicos.


4. Reforma fiscal ecológica, para “internalizar” una parte de los costes externos que hoy provoca nuestro insostenible modelo de producción y consumo. La figura central sería un fuerte ecoimpuesto sobre los combustibles fósiles. Se haría en el marco de una


5. Distribución más igualitaria de la riqueza y los ingresos. “Nuevo contrato fiscal” que globalmente aumentaría la tributación de las rentas altas y del capital, y pondría más recursos en el sector público (y desde luego eliminaría los paraísos fiscales).


6. Intensa reducción de las disparidades salariales.


7. Reducción del tiempo de trabajo, de manera que se pueda disfrutar de mucho más ocio (entendido no como consumismo en el tiempo libre, sino como actividades autotélicas –aquellas que se buscan por sí mismas, no como medio para otros fines--, que son una de las claves principales de la vida buena)…


8. …y buscando las condiciones para que la reducción del tiempo de trabajo se traduzca en nuevo empleo (ello dista de ser automático). El pleno empleo volvería a ser un objetivo esencial de las políticas económicas. Trabajar menos (solidaridad social) y consumir menos bienes destructores de recursos escasos (solidaridad internacional e intergeneracional) para trabajar todos y todas, y consumir de otra forma.


9. Políticas activas de empleo; formación continuada a lo largo de toda la vida laboral; sistemas renovados de recalificación profesional.
10. “Tercer sector” de utilidad social, semipúblico, para atender a las demandas insatisfechas (por ejemplo las que se refieren a la “crisis del cuidado”).


11. “Segunda nómina” que el Estado abonaría a los asalariados que no trabajasen a jornada completa o lo hicieran por debajo de un salario mínimo decente.


12. Fiscalidad sobre el consumo lujoso, ya sea por medio de impuestos sobre el gasto (tipos impositivos crecientes por encima de cierto nivel de gasto), ya mediante tipos altos de IVA a los bienes de lujo.


13. Estrategia de fomento de los consumos colectivos para mantener un alto nivel de satisfacción de necesidades con mucho menor impacto ambiental.


14. Provisión de bienes y servicios públicos de calidad por parte de un sector de la economía socializado: energía, transporte, comunicaciones, vivienda, sanidad, educación...


15. Infraestructuras para la sustentabilidad: energías renovables, transporte colectivo, ciudades y pueblos sostenibles...
16. Fuertes restricciones a la publicidad comercial. Para empezar, una reforma impositiva: no permitir a las compañías declarar la publicidad como gastos de empresa desgravables.


17. Reducción de la escala física de la economía hasta los límites de sustentabilidad. Economía “de estado estacionario” en ese sentido (no necesariamente en cuanto a la “creación de valor”). Yo prefiero la expresión economía homeostática, una economía dinámica que deja de expandirse materialmente (y estabiliza su “flujo metabólico” de materiales y energía en niveles de sustentabilidad).


18. Aplicación del principio de biomímesis (reconstruir los sistemas humanos imitando algunos rasgos importantes de los sistemas naturales, de forma que los primeros sean más compatibles con los segundos), generalizando estrategias que ya han dado sus frutos en algunos sectores y disciplinas (agroecología, química verde, ecología industrial, etc.)


19. Estrategia de ecoeficiencia.


20. Desglobalizar y relocalizar lo esencial de la producción.

 


Jorge Riechmann*
Fuhem Ecosocial

*Profesor titular de filosofía moral, Universidad Autónoma de Madrid

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Viernes, 25 Enero 2013 07:32

El territorio como espacio emancipatorio

El territorio como espacio emancipatorio

Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indígenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimación del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominación y modificaron el escenario geopolítico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.

 

Han jugado y jugarán también un papel decisivo en la construcción de un mundo nuevo. Si ese mundo, como señala Immanuel Wallerstein (La Jornada, 12 de enero de 2013), “será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas”, las “pequeñas mariposas” capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por más masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con prácticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.

 

Hasta ahí, son temas que hemos venido debatiendo en los últimos años. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producción (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestión no se agota allí. El sistema aprendió a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acción) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinación de fuerza bruta (militar y policial) con políticas sociales para “combatir la pobreza” es parte de esa estrategia de aniquilación.

 

Ante esta situación compleja y difícil, crece la tentación de replegarse de los territorios en los que nacieron múltiples sujetos colectivos, buscando lugares más propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Perú, aunque está presente en casi todos los países.

 

Es cierto que lo territorial por sí solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer política donde la gente común decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonomía territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educación, vivienda y alimentación para todos y todas.

 

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratégicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacéticas dimensiones; y porque la acumulación por despojo o guerra –que es el principal modo de acumulación del capitalismo actual– ha convertido a los movimientos territoriales en el núcleo de la resistencia. La mutación del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

 


A ellas se podría agregar un tercer argumento: sólo es posible resistir “en” las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simbólicos. Si sólo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los “poros” de la vida en las fábricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde –aun esos mismos trabajadores– se vinculan entre sí en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperación que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

 

No es una cuestión teórica y por lo tanto sólo se puede “mostrar”. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Sólo queda hacerse fuertes y autónomos allí, neutralizando las políticas sociales que quieren destruir lo colectivo “salvando” al pobre individualmente.

 

El pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferrándose a sus territorios. Así derrotaron a los conquistadores españoles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligió la República criolla en la guerra de exterminio conocida como “Pacificación de la Araucanía” en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las políticas “antiterroristas” de la democracia, debidamente condimentadas con “políticas sociales” para someter con migajas lo que no pudieron con palos.

 

No es la excepción sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinación de guerra y domesticación son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que allí existen los modos de vida heterogéneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemónico. No nos engañemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fábricas ni en los demás lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

 

Por eso las políticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que allí venían perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jóvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. Allí sólo existen como “representados”, o sea como ausentes.

 

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer más corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestión de pura voluntad.

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