Mérida, 14 de julio. La ciencia es fundamental para todos los países y debe tener un beneficio en su economía, pero sin el apoyo para el desarrollo de la ciencia básica será imposible alcanzar las aplicaciones del conocimiento, aseguró Joseph H. Taylor, premio Nobel de Física 1993.

El científico estadunidense consideró que el mundo debe basarse en el conocimiento científico para progresar: “las ciencias son en gran medida una empresa internacional”. Subrayó que no es necesario que México, al igual que muchas otras naciones, cubra todas las áreas científicas, sino que debe concentrarse en puntos particulares que a largo plazo tengan impacto en el desarrollo de la economía.

En entrevista en el contexto de la 40 Olimpiada Internacional de Física, que se celebra en esta ciudad, el Nobel dijo que los científicos deben tomarse un tiempo “para hacer comprensibles sus investigaciones y se entienda por qué es importante estudiar las leyes de la naturaleza y obtener conocimientos que posiblemente no tengan aplicación práctica el día de hoy, inclusive en años, pero que con el tiempo se volverán importantes”.

Aseveró que es verdad que el conocimiento básico no brinda resultados aplicables inmediatos, pero es un hecho que esas investigaciones en todas las áreas, en particular en la física, han generado el desarrollo de instrumentos tecnológicos que hoy son comunes y prácticos para la sociedad.

Las leyes del electromagnetismo, un ejemplo

Un ejemplo, explicó, es el descubrimiento de las leyes del electromagnetismo, hace casi 200 años, que actualmente son la base para la construcción de sistemas de motores eléctricos, radios, televisores y grabadoras, entre otros.

“Todos estos adelantos existen hoy día porque entendemos esas leyes, lo que no hubiera sido posible sin haber realizado antes estudios fundamentales. La mayor parte de los científicos que hacen este trabajo se interesan más en responder las preguntas que en realizar aplicaciones; éstas vienen inmediatamente después (de las respuestas).”

Joseph H. Taylor, quien obtuvo el Premio Nobel en Física junto con su alumno Joel Weinsberg gracias al descubrimiento de un nuevo tipo de pulsares que demuestran parte de la teoría de la relatividad de Albert Einsten, y que abrió nuevas perspectivas y posibilidades en el estudio de la gravitación, expresó que “parte de la emoción de ser científico es descubrir algo totalmente nuevo, algo que nadie sabía”.

Manifestó que sus investigaciones aún no le han brindado utilidades económicas, pero confió en que ese conocimiento será importante en el futuro. “A veces uno hace descubrimientos fundamentales para la ciencia, pero no para la vida cotidiana (a corto plazo); sin embargo, lo importante es el incremento de los conocimientos.”
Taylor, quien interactúa de cerca con los 400 jóvenes participantes en esa justa internacional, consideró que para que México pueda aumentar su capacidad científica es necesario que se incremente la cobertura y calidad de la educación media superior y superior, además de que los profesores de esos niveles cuenten con alta preparación académica.

Destacó la importancia y prioridad que países como China e India han dado al desarrollo de la ciencia y la manera en que se han aprovechado para beneficiar directamente a sus economías, las cuales “crecen de manera muy rápida”. En contraparte, indicó que en Estados Unidos existe preocupación porque se ha “perdido el liderazgo que teníamos”.

Indicó que todos los países deben aprovechar los adelantos científicos del más alto nivel para progresar, porque la ciencia es uno de los elementos fundamentales para tal fin.

“El mundo tiene que progresar, por lo que se debe poner énfasis en que las ciencias son una empresa internacional, y, aunque existe competencia, también se comparten los resultados. Cuando se hacen nuevos descubrimientos no se mantienen en secreto, sino al contrario, se ponen a disposición de todos; así otros países pueden sacar ventaja al igual que la nación en la que se realizó el hallazgo.”

Al referirse a la importancia de la edición 40 de la competencia juvenil internacional, Taylor aseveró que “es una excelente oportunidad” para que estudiantes brillantes de todo el mundo se reúnan, compartan experiencias y resuelvan problemas sobre física.

Despertar vocaciones

Consideró que su participación “es útil” para los alumnos, pues “puedo darles alguna guía o inspiración para que decidan desarrollarse como físicos”.

Lamentó que en esta justa académica exista tan poca participación femenina, pues más de 90 por ciento de los competidores son hombres. Dijo que este fenómeno no se presenta exclusivamente en la olimpiada, sino que es un problema común en muchos países en los que las áreas científicas son prácticamente copadas por el sexo masculino, aunque en años recientes la situación se ha ido revirtiendo y más mujeres comienzan a interesarse por esas áreas del conocimiento.

Un ejemplo, dijo, es Irán: “Hace dos años visité ese país para participar en algunas conferencias en la Universidad de Terán, la más grande para estudios científicos y técnicos de esa nación, y descubrí que tiene un gran departamento de física donde más de la mitad de los estudiantes son mujeres. Estaba muy impresionado y pregunté cómo era posible tal circunstancia, porque en mi país no es así. La respuesta fue que las madres les recomiendan que estudien física, porque es el futuro del mundo”.

Por Emir Olivares Alonso
Enviado
 

Publicado enInternacional

¿Tiene sentido debatir sobre el concepto de desarrollo en medio de una crisis como la actual? ¿Hay lugar para otras prioridades, más allá de cómo crear empleo, cómo evitar el avance de la pobreza, o cómo garantizar la financiación de la actividad económica…? ¿Acaso podemos preocuparnos ahora por nuevas orientaciones para el bienestar humano, cuando éste se ve amenazado en primera instancia por una profunda recesión económica?

Es posible que muchas personas respondieran negativamente a estas interrogantes. Y lo más probable, además, es que lo hicieran con rotundidad. Y es que, como ya ocurriera en otros momentos de la historia, la preocupación por afinar en la definición del progreso humano tiende a difuminarse en épocas de crisis, en las que sólo lo más inmediato y perentorio parece tener un lugar en las preocupaciones políticas y académicas.

Sin embargo, es posible que tales debates tengan hoy más sentido que nunca. En primer lugar, porque nos encontramos frente a una crisis global, sistémica, distinta de todas las anteriores, pese a tener algunos componentes también presentes en ellas. Una crisis que trasciende el ámbito de los que comúnmente –y en contra de Aristóteles- se considera lo “económico”, para afectar de lleno a la política, el ambiente, la cultura, etc., es decir, al modelo de desarrollo.

Y en segundo término, porque la crisis que actualmente azota a muchos millones de personas en todo el mundo, hace que se sumen a los cientos de millones que, en muchos países, ya vivían en la miseria antes de que nadie hablara de las hipotecas basura. Esta es una crisis inseparable de las ideas y los conceptos que se han ido imponiendo en las últimas décadas sobre cómo se entiende el progreso y el bienestar humanos. De nuevo nos encontramos ante el tema del desarrollo.

Estas dos cuestiones hablan de la pertinencia y actualidad del debate sobre el modelo económico y social, como elemento básico para entender muchos aspectos de la crisis, e incluso su propia naturaleza. Se trata de asuntos directamente  relacionados con el diagnóstico de lo que está ocurriendo. Pero, dadas su especial naturaleza y sus múltiples dimensiones, una mirada rigurosa sobre la crisis no debería abarcar únicamente al pasado más inmediato, sino referirse a un período considerablemente más extenso. Es necesario examinar una larga trayectoria, en la que los medios e instrumentos que supuestamente debían servir para avanzar hacia el bienestar, la libertad, la equidad, y la sostenibilidad, fueron paulatinamente convertidos en fines en sí mismos, con las consecuencias que hoy conocemos.

Es evidente –pues, por fin, existe un amplio consenso al respecto- que las políticas desreguladoras, auspiciadas por gobiernos y organismos multilaterales durante las últimas dos décadas, están en la base de profundos desequilibrios y asimetrías en algunos mercados (especialmente los financieros y, en algunos países, los inmobiliarios) que han acabado por reventar, generando un tsunami que ha afectado al conjunto del sistema económico. Son ya muchos quienes sostienen, además, que dichas políticas han favorecido prácticas financieras y empresariales desastrosas, generadoras de precariedad laboral e inseguridad humana, mientras paradójicamente alimentaban un modelo de consumo tan alocado como insostenible. Es decir, no hay duda de que la crisis tiene causas, bien identificadas, que tienen que ver con la deserción del Estado y, en general, de las instituciones económicas que abdicaron de su función principal –garantizar el bienestar humano y la estabilidad del sistema-, para dejar en manos del mercado el destino de las personas. 

Nos encontramos frente a graves problemas que hunden sus raíces en procesos que vienen de lejos, y que tienen que ver con muchos de los debates en los llamados “Estudios sobre Desarrollo”. 

Frente al optimismo de quienes pensaban que todo quedaría resuelto a través del crecimiento económico, ya en los años sesenta y setenta del siglo pasado algunas voces comenzaron alertar sobre sus limitaciones, así como sobre las nuevas amenazas que podían derivarse de un crecimiento ilimitado. Así, algunos problemas, como la redistribución y la pobreza, las negativas afecciones al medio ambiente y los recursos naturales disponibles, las restricciones de la libertad y los derechos humanos en nombre del crecimiento, y otros más, pasaron a formar parte de del debate. Algunos autores caracterizaron el modelo surgido como maldesarrollo, subrayando sus características globales, sistémicas, capaces de englobar las categorías hasta entonces más comúnmente empleadas (desarrollo y subdesarrollo).

Sin embargo, la grave crisis del modelo de acumulación capitalista habida en los años setenta, la incapacidad de las políticas keynesianas convencionales para hacerle frente, y la paulatina consagración de la nueva ortodoxia neoliberal, lograron dejar en un segundo plano aquellas sensatas preocupaciones. Peor aún: el continuo reduccionismo intelectual, y el avance del llamado por algunos “pensamiento único”, dejaron inermes a los teóricos del desarrollo para afrontar los nuevos retos que se presentaban, derivados esta vez del avance de la globalización y de la creciente transnacionalización de los problemas en presencia. En una palabra, el maldesarrollo se agudizaba, mientras la investigación sobre el mismo se debilitaba, y la “oficialidad” se mostraba despreocupada, cegada por el espejismo de la orgía de crecimiento y consumo de los últimos años.

En estas circunstancias, existe el peligro de que –como ha sucedido en otras ocasiones-  todos los esfuerzos políticos e intelectuales se concentren en volver a comenzar con el crecimiento económico. Enfrentamos el riesgo de intentar recuperar cuanto antes, y a cualquier precio, la senda del crecimiento económico y que, en consecuencia, queden postergadas cualesquiera otras consideraciones, incluidas las relativas a la equidad, la sostenibilidad, o los derechos humanos, ahondándose así en las características del mencionado maldesarrollo.  En caso de tener “éxito”, una estrategia de ese tenor podría satisfacer los intereses y preocupaciones de corto plazo de los grupos económicos y sectores sociales con más capacidad de incidir en la opinión pública y en la toma de decisiones políticas, en detrimento de un desarrollo humano y sostenible capaz de representar una alternativa de bienestar universalizable, a la vez que compatible con los derechos de las futuras generaciones.

Pero ello no podría evitar la recurrente irrupción de crisis sociales, ambientales y políticas, inherentes a un modelo económico desequilibrado, frágil, y crecientemente inestable. De ahí la necesidad y la urgencia de plantear alternativas a la actual crisis que vayan más allá de lo coyuntural y que, en línea con las exigencias del desarrollo humano y la sostenibilidad, planteen cambios estructurales en la manera de organizar la producción y la distribución, al servicio de las personas y acordes con la preservación de los recursos. De ahí la importancia que, en momentos como los actuales, tiene el debate sobre el desarrollo.

Por, Koldo Unceta, catedrático de Economía del Desarrollo de la Universidad del País Vasco (España). El presente artículo ofrece algunas ideas elaboradas en el ensayo “Desarrollo, Subdesarrollo, Maldesarrollo y Postdesarrollo. Una mirada transdisciplinar sobre el debate y sus implicaciones”, que acaba de publicarse en Carta Latinoamericana nº 7,  D3E-CLAES.

 


 

Publicado enInternacional
Miércoles, 04 Febrero 2009 10:18

El espesor de la comunicación

¿Por qué leemos o dejamos de leer un diario? ¿Por qué miramos o dejamos de mirar un noticiero de televisión? Años atrás los autores de las teorías clásicas de la comunicación responderían a estas preguntas en términos de confiabilidad, información objetiva, mayor cobertura de la noticia, etc., y relacionarían la posibilidad de que alguien otorgue veracidad a un mensaje a ciertas características específicas de esos destinatarios y a formatos más o menos adecuados a su perfil.

En el transcurso, ¡cuánto! Pero pretendo aquí concentrar la mirada en un aspecto básicamente habilitador y es que nos dimos cuenta de la fluidez del mundo. Desde que los físicos nos demostraron que la partícula es aporética (a la vez onda y corpúsculo), sabemos que toda sustancia es fluctuante. Es decir que el elemento constitutivo de cualquier sistema puede también ser visto como evento. Intento hacer un aporte en esta dirección con mis desarrollos en comunicación estratégica. Se trata de repensar las formas de pensamiento y de acción comunicacional tradicionales desde una perspectiva abierta a la complejidad. Me gusta hacerla crecer a partir de algunas coordenadas mínimas para abordar a la comunicación: que no la piense con un único centro; que no la piense estática, que no la piense descartando la riqueza de su espesor como proceso sociocultural cognitivo. Definido que el conocimiento no se puede separar del hombre, necesitaríamos repensar también el lugar de los medios masivos, en tanto y en cuanto está claro que no se trata ya de una tarea centrada principalmente en lo que se dice, como una narración objetiva acerca de la realidad. ¿Será que deberemos asumir que el lugar del medio en nuestra época no es sólo –ni es principalmente– el de informar, hacer agenda, persuadir, alienar y otras perversidades aledañas? No es fácil el planteo en tanto es cierto que el estilo dominante –especialmente en televisión– se asemeja a un parte de guerra macabramente engolosinado en informar muertos y destruidos del bando contrario cada jornada. Pero señalo que a la par también cada vez hay más gente que sintoniza radios FM “porque sólo hay música”. Para empeorar este aflictivo panorama cada vez más seguido escucho: “Ya no soporto ver noticieros de televisión, inmediatamente cambio de canal”. Pregunto: ¿cuál es el gesto que nos repugna al punto de hacer mover nuestro pulgar en busca de otra sintonía? Cuando alguien apaga el aparato porque “no puede ver” a quien habla hay una conexión especial que le habilita a ese movimiento. Es una sensación que al menos reconoce/recupera su contacto con otras sensaciones que cada quien ha ido acumulando a lo largo de su vida y que genera en cada uno de nosotros una habilitación básica. No suele ser una representación, como un algo que se desprenda de “lo que se dice”, sino un registro del lenguaje que se ubica en otra dimensión. Mi vecino lo expresa con frases del tipo: “Se me pone la piel de gallina cuando lo oigo”. Y es que hay algo en un orador sincero que lo conecta inmediatamente con su público. Hay, entonces, un componente de emoción que deberemos comenzar a reconocer y a no dejar fuera de la cuestión. Un registro distinto de este asunto que no hemos explorado suficientemente. Estamos acostumbrados a operar una sola dimensión de este fenómeno que es la informativa, pero hay muchas otras. Por ejemplo, la ideológica, la interaccional, la sociocultural. Es posible abordarlas desde las perspectivas de comunicación estratégica a partir del análisis y prescripción de marcas de racionalidad comunicacional. Implica ante todo un gran esfuerzo por salirnos del corset de los mensajes para abordar el espesor de la comunicación. Operar con estas herramientas nos permite trabajar desde lo fluido: ese especial tipo de orden de lo que está siempre cambiando. Colijo que de este y de otros desafíos necesitamos hacernos cargo para pensar la complejidad del fenómeno comunicacional. Creo que es al menos parte de lo que nos falta consolidar, desplegar, echar a andar para repensar a los medios en el contexto actual.

 Por Sandra Massoni. Doctora en Ciencias Sociales. Posgrado en Comunicación Ambiental. Universidad Nacional de Rosario.
Publicado enInternacional
Domingo, 28 Noviembre 2010 18:29

Cartagena de Indias, la Venus del Caribe

Las fiestas de los salones durante el Concurso Nacional de Belleza en Cartagena contrastan con la miseria reinante en la mayor parte de la población. Para disimular, a la gente se le botan las migajas del jolgorio de Getsemaní a través de los desfiles acuáticos.

“La Heroica” reproduce año tras año, de manera trágica, “El nacimiento de Venus”, obra maestra del pintor italiano Sandro Botticelli. Las diosas "criollas" de la belleza emergen impolutas sobre los miles de damnificados por las inundaciones y los deslizamientos en las miserables villas cartageneras. Mientras los empresarios se llenan los bolsillos con los dineros, públicos y privados, que les deja el espectáculo, las 2.500 familias afectadas en noviembre de 2010 por las lluvias y el aumento de las mareas muestran el rostro doloroso de la exclusión que ocultan con apremio las agencias de turismo, los medios y la administración local.

¿Dos ciudades?

La imagen de una ciudad dual, la rica y la pobre, hace parte de la ideología local. El mito de las dos ciudades intenta contar relatos duales o ambiguas de la urbe, sin articulación alguna ni corresponsabilidades. Este mito adorna los discursos de los políticos, es fuente de inspiración de académicos, sirve a la filantropía de los empresarios y apacigua la rebeldía popular. Sin embargo, los mitos hacen parte de la construcción de toda sociedad.

Además del mito del dualismo, otros tres imaginarios complementan el ocultamiento de la realidad de esta sociedad portuaria y se reproducen sin fin: la dependencia “neocolonial”, el capital humano y el desarrollismo. Al estudiar su historia de manera crítica, emergen cuatro pautas (normas que gobiernan los procesos y el estilo de desarrollo) o patrones organizativos que definen estructural y sistémicamente el proceso societal cartagenero: importancia geoestratégica y apartheid social, economía de enclave, exclusión y socio-racismo.

Esta matriz, conformada por los ocho elementos analíticos anotados (cuatro imaginarios o mitos, y cuatro pautas o patrones organizativos), está cruzada y articulada en su complejidad histórica por el conflicto de clases que producen y reproducen ésta específica formación social y sus relaciones socio-económicas y políticas que se fundamentan en la expoliación, la opresión y la explotación que alimenta la voracidad de la acumulación capitalista, de propios y extranjeros, en Cartagena de Indias1.

Para las comunidades afrocolombianas y populares, el desarrollismo de las élites cartageneras siempre significa violencia, despojo, destierro, segregación y exclusión. Uno, entre miles de ejemplos, recuerda este trágico destino: Chambacú. La novela costumbrista de Manuel Zapata Olivella relata cómo la plutocracia de la “Heroica” convirtió los ranchos de cartón y paja, donde habitaban “los negros”, en “tierra de muerte”, para después transformarla en uno de los principales “polos de desarrollo y valorización” de Cartagena. Este hecho constituye un penoso símbolo de la más cruda historia del racismo en Colombia.

Hasta finales de la década de 1970, la historia de la cultura afroamericana de Cartagena pasaba inexorablemente por Chambacú, un "corral de negros”, como lo describió el escritor Zapata Olivella. Hoy, el complejo y afortunado proyecto que se levanta sobre el terreno es propiedad de Chambacú de Indias S. A., empresa en la que confluyen los intereses de miembros del gobierno del entonces presidente de Colombia Andrés Pastrana (1998-2002) y sus familias, entre ellos el actual presidente del BID, Luis Alberto Moreno, y el presidente del partido Conservador, Fernando Araujo. Lo que se constituyó en un escandaloso proceso judicial estuvo antecedido por el cambio arbitrario de destinación del terreno para la construcción de vivienda de interés social a un lujoso centro comercial. La justicia esperó hasta que prescribiera el proceso, antes que importunar a tan “importantes familias”. Hoy, los polos de desarrollo de la ciudad (el mercado de Bazurto y la renovación de la zona colindante, la vía perimetral de la Ciénaga de la Virgen, las áreas aledañas a Transcaribe, el Cerro de la Popa y la nueva carretera hacia Barranquilla), constituyen una amenaza evidente contra los pobladores populares de estos espacios urbanos, quienes serán despojados y expulsados hacia los extramuros de la ciudad, lejos del litoral.

De acuerdo con el “Informe 2010 sobre el estado de los Derechos Humanos de la población afrocolombiana”, en Colombia la discriminación racial sigue siendo una conducta “normal” en las relaciones de sociabilidad. La principal víctima de este fenómeno es la población afrocolombiana, según los resultados y conclusiones de la Encuesta sobre la Percepción del Racismo y la Discriminación Racial, realizada por el Movimiento Cimarrón en las ciudades de Bogotá, Medellín y Cartagena.

Población y pobreza

Cartagena de Indias registra una rápida expansión de la población y un elevado crecimiento económico desde finales del siglo XIX. En 1905, los habitantes se acercaban a la cifra de 10.000. Para 1951, la población de la ciudad sumaba 128.887 personas. De acuerdo con las proyecciones del Dane, la población en 2010 llega a 944.250 habitantes. Según los datos del DNP, la pobreza en Cartagena pasó de 35,8 por ciento en 2008 a 36 por ciento en 2009. En la extrema pobreza se mantienen nueve de cada 100 cartageneros. No obstante, en los niveles 1,2 y 3 del Sisben, que el sistema asimila a población en condiciones de pobreza, se encuentra el 90,5 por ciento de la población.

La pobreza, tan extendida en la ciudad portuaria, obedece a una economía de enclave que no genera empleo digno. Durante 2010, la tasa de desempleo es de 12,5 por ciento, por encima del promedio de las 13 principales ciudades del país. El empleo informal afecta al 60,5 por ciento de los trabajadores, esto es, en condiciones precarias, inestables y sin seguridad social. El empleo que se genera es mayoritariamente por cuenta propia, microemprendimiento, servicio doméstico y trabajadores familiares sin remuneración. En una economía de enclave, las empresas carecen de vinculaciones significativas con los circuitos de la economía local. No hay un proceso de difusión tecnológica ni de entrenamiento o capacitación de la mano de obra nativa; tampoco una articulación con actividades complementarias locales, como el sistema educativo, las políticas sociales o el desarrollo urbanístico. La acumulación de capital del enclave empresarial cartagenero tiene como fuentes la industria, el comercio, la construcción, el sector financiero y las actividades asociadas con el turismo y portuarias.

Según una reciente investigación, “en las tres últimas décadas Cartagena ha sido una de las ciudades colombianas con mayor crecimiento económico y demográfico. Sin embargo, la repartición de esa prosperidad ha sido muy desigual. […] Cartagena es una ciudad con gran polarización en los ingresos y las oportunidades sociales, lo cual tiene una clara manifestación en el espacio físico: los pobres están localizados en determinados sitios, y los más altos ingresos están en otros lugares. Además, hay un componente étnico en esa polarización. Los más pobres, que además se ubican en los sitios menos atractivos, son mayoritariamente afrodescendientes”2.

De otra parte, el manejo de las finanzas públicas no promueve la justicia, la equidad ni la inclusión. Los ricos no pagan impuestos y los programas sociales son de corte asistencialista. El déficit fiscal de Cartagena es de carácter estructural, lo que refleja: i) la clase dirigente no es proclive a afectar la desigual distribución del ingreso a través de los mecanismos fiscales que dispone la administración local, ii) el rápido enriquecimiento de la ciudad durante las últimas décadas ha beneficiado principalmente a los ricos, en una tendencia constante de concentración de la riqueza, sin que se refleje en un fortalecimiento de las finanzas públicas, iii) el financiamiento del déficit de la ciudad mediante empréstitos beneficia al sector financiero, a la vez que les quita recursos a las vigencias futuras y genera dependencia política de la ciudad respecto a los interés de los banqueros, iv) la ciudad, en la actual estructura presupuestaria, no cuenta con procedimientos incluyentes (presupuestos participativos) ni con los recursos financieros sostenibles para adelantar una política pública social que garantice la inclusión, la universalidad de los Derechos Humanos y el ejercicio pleno de la ciudadanía de los cartageneros.

En resumen, es necesario comprender, enfrentar y transformar, desde las propias comunidades afectadas, las pautas o factores históricos y las estructuras que determinan la dinámica de Cartagena, esto es: la economía de enclave, la exclusión, el socio-racismo y la segregación geográfica (con instituciones que unifiquen, infraestructura que conecte, e intervenciones que focalicen, redistribuyan e incluyan).

Es importante develar y destruir los mitos fundantes que aún campean en el imaginario de la “Heroica”. Sólo así es posible una ciudad que integre un modelo de desarrollo local sostenible, y de políticas públicas orientadas por los valores de dignidad, inclusión, democracia y derechos humanos. La premisa mayor de este cambio es la organización y el empoderamiento político popular, esto es, un ejercicio diario de poder instituyente y constituyente de las comunidades en sus espacios locales de existencia.

*    Economista y máster en teoría económica. Filósofo y especialista en análisis existencial. Consultor, investigador y escritor independiente. Integrante de los comités editoriales de los periódicos desde abajo y Le Monde Diplomatique. Investigador asociado del Observatorio Derechos Sociales y Desarrollo de Cartagena de Indias.

1    La profundización y el análisis de estos ocho elementos se presentan en el libro: Sarmiento Anzola, Libardo (2010); Cartagena de Indias: el mito de las dos ciudades; Observatorio Derechos Sociales y Desarrollo; Cartagena de Indias.
2    Aguilera, María y Meisel, Adofo (2009), ¿La isla que se repite? Cartagena en el Censo de Población de 2005, en: Revista del Banco de la República, Vol. LXXXXII Nº 976, Bogotá, febrero de 2009, p. 24.

Publicado enEdición 163
Alrededor de la 50 Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizada en Medellín en la última semana de marzo, se llevó a cabo, de manera alterna, la “Asamblea de los pueblos. Alternativas de desarrollo”. Su objetivo: discutir y denunciar, el comportamiento de la Banca multilateral en el continente, al tiempo que construir elementos para una propuesta alternativa al modelo de desarrollo vigente.

 Así, en la presentación de la “Asamblea de los pueblos” se resaltó la continuidad de la injusticia en la región. Los participantes destacaron que para el año 2007, un 34.1% de la población de los latinoamericanos se encontraba en situación de pobreza. Pero esto no es todo, la extrema pobreza y la indigencia abarcan un 12.6% de sus habitantes. En conclusión: 184 millones de personas sobreviven en situación de pobreza, de las cuales 68 millones se encuentran en la indigencia. ¿Para qué han servido, por tanto, las políticas para el “desarrollo”? ¿para qué la manutención de una burocracia que durante cincuenta años ha patrocinado las políticas económicas y sociales que han ampliado la desigualdad social?

Sobre este y otros aspectos conversamos con Jorge Tadeo Vargas, delegado de la organización mexicana “Marea Creciente”, integrante de la red Jubileo Sur, uno de los participantes de la “Asamblea de los pueblos, alternativas de desarrollo”.

desde abajo: ¿Qué objetivos la realización de la “Asamblea de los Pueblos”?
Jorge Tadeo Vargas: Uno es compartir y analizar el trabajo de los distintos movimientos sociales que tienen asiento en América Latina. Otro, desde la Asamblea de Acreedores, presentar casos de proyectos financiados por el BID en los cuales se evidencie que su propósito no era el desarrollo social sino, y por el contrario, la extracción masiva de recursos naturales, proyectos para enriquecer empresas y empobrecer comunidades, proyectos en los cuales las comunidades sobrellevan los efectos ambientales y la inmensa deuda social que muchos de ellos acarrean.

La idea de la Asamblea era, por tanto, lograr que los acreedores tuvieran voz y pudieran presentar de una o de otra manera sus denuncias.

da. Nos puede referir algún caso en el sentido por usted planteado.
JTV: Bueno, el caso de México, que fue el que me tocó presentar. Allí el BID financia, con gran cantidad de dinero, la privatización de los servicios de agua potable y saneamiento en los municipios. El Banco inyecta dinero para que exista inversión privada y así comenzar a privatizar el agua. Proceso que se adelanta con chantaje incluido,  pues obligan a los municipios a que acepten la inversión privada.

Bueno, también tenemos el caso de algunas represas, sobre todo hidroeléctricas. Se presentó un caso en Honduras, otro de Brasil, pero también tenemos la misma situación en México, y creo que en toda América Latina. Proyectos y experiencias que no dejan sino desplazados y graves daños en la naturaleza.

Entonces, casos hay muchos. Parece que hay una tendencia en el BID a financiar con prestamos y con “programas para el desarrollo” la privatización de recursos naturales, en la actualidad específicamente del agua.

da: Según el informe que presentó el BID, la pobreza y la indigencia ha disminuido en América Latina, ¿Qué piensa sobre el particular?
JTV: Creo que es al contrario. En toda América Latina la crisis económica está pegándole mucho más duro a las comunidades más pobres. Entonces, el BID se presenta como el salvador, como el promotor de los programas para la justicia, pero lo que hace es fomentar más marginación, más pobreza, y que exista mucho más violencia contra las comunidades.

da: ¿Cuáles son las actividades más importantes desarrolladas en la Asamblea?
JTV: Creo que una de las actividades más importantes fue la “Asamblea de acreedores”, porque se lograron presentar casos y darnos cuenta de que las políticas del BID son las mismas para toda América Latina, pero al mismo tiempo darnos cuenta que los posproyectos se parecen mucho. Este intercambio nos sirve para articular luchas, para caminar de manera conjunta; que todas estas resistencias, que de pronto se sienten tan solas, se agrupen en una sola, porque a fin de cuentas el daño se parece mucho en toda América Latina.

Pero por otro lado la organización ha sido muy buena, la gente de Medellín ha participado: nos enteramos de muchas cosas que pasan aquí, el caso de los desconectados es impactante, me sorprendió mucho la situación en la que están sus habitantes. Y bueno, se van articulando acciones, nos vamos uniendo más en una lucha que también tiene que ser más unida porque tenemos un enemigo común, el BID y cada uno de nuestros gobiernos que se conjugan con él.

da: ¿De este evento sale una coordinación para enfrentar estas políticas? 
JTV: No oficial, pero creo que con el paso de los días es muy probable que surja una coordinación. Sería muy importante que de una u otra forma se pudiera armar una coordinación de acreedores del BID y poder conjugarla con la lucha.  

da: ¿Cuáles alternativas de solución se pueden plantear frente a las políticas del BID?
JTV: Se tiene que presionar a los gobiernos para reconorcernos como acreedores de las deudas que nos están dejando las instituciones financieras internacionales, no sólo el BID, sino el Banco Mundial, el FMI. Reconocernos como acreedores del BID, no como deudores, reconocer que la deuda que se tiene es ilegitima y comenzar a hacer una presión para que el BID ya no tenga presencia en nuestros países, o sea, el BID con sus políticas de fomentar la injusticia no tiene razón de ser.

Entonces, de entrada la alternativa tiene que ser el BID fuera y buscar otro mecanismo de apoyo a las comunidades, que de pronto ya existen y que uno mismo las puede ver. Las comunidades se saben organizar muy bien, no necesitan de los apoyos de ninguna institución financiera internacional para empezar a trabajar.    

da: ¿Qué piensa de la alternativa que han planteado algunos gobiernos, denominada Banco del Sur?  
JTV: La propuesta hay que tomarla con calma. Aunque pueda resultar una alternativa interesante e importante para los pueblos, hay que llamar la atención que si continúan dominando los mismos criterios que hoy rigen al BID se mantendrían las políticas finacieras que aprovecha un cierto sector en cada uno de nuestros países para dominar

Al analizar la propuesta de Banco del Sur, detallar las políticas que lo orientarían, impedir que con lenguaje de izquierda se apliquen políticas de derecha.

da: ¿Usted no está de acuerdo con aplicar préstamos con intereses, entonces ¿cómo plantea que deberían ser las relaciones a nivel económico? 
JTV: Me parece que no se presentan de manera justa, que a fin de cuentas los intereses que cobran en este caso las instituciones financieras internacionales, son tan altos que implican a muchas generaciones y esto solamente sirve para seguir engordando los bolsillos de un cierto sector del poder. Creo que si tenemos que seguir insertados dentro de este modelo de desarrollo económico, se tiene que buscar una forma diferente de acceder a este tipo de dinero, formas que no tengan que ver con estos intereses tan altos, los mismos que  pagan nada más ciertas personas.

da: Otro ponente de hablaba de la relación del BID con la guerra. ¿Qué piensa sobre el particular?
JTV: En sí no escuché la ponencia, pero me parece que las grandes instituciones financieras internacionales se benefician mucho de los procesos bélicos. Estos procesos, por lo general, están acompañados de programas que les permiten a los gobiernos acceder a préstamos de la banca multilareal, pero que no favorecen a la población más pobre. Así sucede con Estados Unidos en Iraq, así ocurre en Colombia, y de igual manera lo estamos experimentando en México en la “guerra contra el narco”. La guerra es un gran negocio.

Publicado enColombia