Las Cumbres de la Tierra y el fracaso del “desarrollo sostenible”
Han transcurrido 20 años desde la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo o “Cumbre de la Tierra” (Rio, 1992). La reunión buscaba acuerdos para edificar un mundo incluyente, con esperanzas para los pobres, en equilibrio con la naturaleza. Basados en un “desarrollo sostenible”, propuesto por el Informe Brundland1, definido como “desarrollo que satisface las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras”, los gobiernos se comprometían un plan denominado Agenda 21, para llevar a la humanidad por la ruta de la sustentabilidad. Así, al dogma del desarrollo se le adjetivaba “sostenible”, como criterio para que la economía de mercado identificara las variables que permitirían seguir creciendo sin preocuparse por los límites físicos (¡como si fuera posible!). En la trampa caerían muchos ideólogos de la izquierda y el ambientalismo.

Luego, en dos reuniones (Nueva York 1997; Johannesburgo 2002) se revisaron los acuerdos ambientales, concluyendo que los patrones de producción, consumo y acumulación no se habían modificado y que los problemas ambientales y sociales se habían agudizado. Asimismo, en la Cumbre del Milenio (Nueva York, 2000), se fijaron los Objetivos del Milenio para superar los desafíos de la humanidad: erradicar la pobreza, reducir la mortalidad infantil, controlar el sida, garantizar la primaria universal e igualdad de géneros. Además: promover el desarrollo sostenible.

Contrario a la retórica de políticos y teóricos del desarrollo sostenible, los resultados son desastrosos. En los 20 años se consolidó el neoliberalismo, que dogmáticamente institucionalizó la idea del crecimiento económico como indicador absoluto de progreso y única solución a los problemas de pobreza y desigualdad. Tal política significó la explotación crecientemente agresiva de los bienes naturales comunes (agua, aire, tierra, biodiversidad) y la expulsión de comunidades para implementar megaproyectos.

Son evidentes la crisis climática, empujada por el uso cada vez mayor de combustibles fósiles y la consecuente emisión de Gases Efecto Invernadero (GEI); la crisis energética, aupada por el uso de combustibles fósiles, hoy marcada por el declive de las reservas petrolíferas y el uso de tecnologías en crisis (energía nuclear); la crisis económica, que quebró varios bancos internacionales y mostró la lógica perversa de la especulación; crisis de gobernabilidad, guerras y conflictos en que el capitalismo apuesta por revitalizarse con la fabricación y la venta de armas, estimulando las “guerras de baja intensidad” para mantener el motor de la acumulación mediante la guerra y el despojo de territorios.

Así se llega a Río+20, nueva Cumbre de la Tierra, en una profundización del extractivismo: explotación de recursos fósiles, minerales, madera, biodiversidad, agua. La rapiña capitalista se centra en los países periféricos que exportan materia prima, sometidos a las condiciones de explotación histórica, en África, Asia y América Latina, con la “maldición de la riqueza”, ensañada con sus habitantes. Allí abundan minerales estratégicos, combustibles fósiles y biodiversidad. Estos 20 años no han llegar el “desarrollo sostenible” y ni remotamente los Objetivos del Milenio. En cambio, se incrementan las guerras a sus territorios, en disputa por los minerales y combustibles. El saqueo del Congo genera ya más de cinco millones de muertos, producto de la presión del capital que va por el coltán, esencial para la industria electrónica. La agresión sobre Centro y Suramérica, con guerras de baja intensidad significa expulsión y despojo de territorios estratégicos. La acumulación significa la adecuación política territorial para que el gran capital entre e implemente a su antojo los megaproyectos mineros, hidroeléctricos, agrocombustibles. Con el espectro privatizador, las guerras locales son el mecanismo de expulsión de las comunidades que se resisten. Para ello, el paramilitarismo es el lugar común en Guatemala, Colombia y Perú.

Crisis climática y falsas soluciones al problema del clima


Para entender las propuestas oficiales de Río+20 hay que analizar la discusión y la negociación para asumir la crisis climática, generada por el uso de combustibles fósiles, cuyo resultado es la acumulación de Gases Efecto Invernadero (GEI) en la atmósfera, desde comienzos de la revolución industrial, pero intensificados en el siglo XX con la industria del petróleo. Los grandes emisores de GEI son los países industrializados. La única opción sostenible es cambiar el modelo productivo-económico, buscando fuentes alternativas que no emitan GEI. Estados Unidos y otros países manifiestan que nada harán que signifique cambios en su estilo de vida, lo que significa la falta de disposición a buscar soluciones que toquen el fondo el problema: el derroche energético y material de la sociedad de consumo.

Desde 1995 se han hecho 17 cumbres sobre cambio climático sin compromisos reales de los países industrializados. La Convención de Cambio Climático se ha dedicado a construir “mecanismos de flexibilidad” que les permitan a los países desarrollados “hacer esfuerzos” para conseguir niveles de reducción de GEI, sin tocar el dogma del desarrollo, la sociedad de consumo y las políticas de crecimiento económico, de modo que su estilo de vida no se afecte. Son soluciones gatopardistas que, sin soluciones de fondo. El mecanismo de flexibilidad típico fue propuesto por Estados Unidos: es el “Mecanismo de Desarrollo Limpio” (MDL). En él los países industrializados compensan sus propias emisiones, reduciendo GEI en proyectos de desarrollo en países no industrializados. Estas reducciones se convierten en Bonos de Carbono, comercializables en bolsas económicas, abriendo una estrategia de Mercados de Carbono. Doble felicidad para aquéllos: se evitan el compromiso de la reducción efectiva de GEI en sus territorios (manteniendo intacto su estilo de vida) y abren un nuevo mercado. No podría haber mejor solución neoliberal.

Otro ejemplo de falsa solución a la crisis climática es el impulso a los agrocombustibles. Ante la crisis energética y climática, se crea la ‘oportunidad’ de promover una nueva industria, supuestamente limpia, basada en cultivos de maíz, soya y caña de azúcar, para producir alcohol etílico que vaya sustituyendo la gasolina, o de palma aceitera para generar biodiesel, opción para cambiar el carburante de motores diesel. Tal tecnología, fuera de no reducir el CO2, mantiene intacta una causa del problema ambiental: la industria del automóvil. Por otra parte, pone en riesgo la alimentación de las comunidades más pobres por la competencia que tiene con la producción de alimentos, y el uso del agua y el suelo.

Mientras, los indicadores del problema climático son hoy más alarmantes: la concentración de CO2 en la atmósfera alcanza 392 ppm (comparando con 280 ppm antes de la revolución industrial); de los 20 últimos años, ocho alcanzan el récord máximo de temperatura medida en los últimos 200 años; la emisión de CO2 a la atmósfera duplica cada año el valor estimado por los científicos como límite que no produzca cambios (14, 7 Gton de CO2/año). Las consecuencias sobre el clima son ya noticia cotidiana.

Rio+20: del desarrollo sostenible a la “economía verde”


Se celebrará esta nueva Cumbre de la Tierra en una profunda crisis de civilización que reclama nuevas miradas, nuevos e incluyentes modelos, y que exige romper con toda clase de dogmas, sobre todo económicos. El documento “El futuro que queremos” (Documento Cero de la reunión) se enfoca en impulsar dos aspectos: una economía verde y la gobernanza ambiental. Se afianzan los principios neoliberales del crecimiento económico, el mercado como gestor de la sostenibilidad, y los criterios de acomodo de la estructura ambiental de los gobiernos. Desde el comienzo se entiende que no se trata de cuestionar el camino del desarrollo sostenible sino de ampliarlo y darle nuevas dimensiones. El término nada novedoso de economía verde proviene del texto escrito por Pearce y otros2, “Plan para una economía verde” (1989), sobre políticas necesarias para el desarrollo sostenible.

En 2009, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicó un informe, “Nuevo acuerdo verde global”, con base en la investigación de Edward Babier, “Global Green New Deal”3. Con esa base, el PNUMA presenta un extenso documento4 escrito de varios expertos del mundo, con la común idea de que la crisis socio-ambiental puede ser resuelta en el marco de la economía de mercado, siempre que ésta se transforme con el uso de nuevas tecnologías emergentes y en especial se nutra de las oportunidades que brinda la biomasa. La propuesta de economía verde no es sino la profundización y ampliación del modelo actual, para poner en el mercado los bienes naturales que por algún motivo no se han insertado completamente en las leyes de la oferta y la demanda.

Con una crisis capitalista en cierne, es necesario diversificar la economía, introduciendo nuevas tecnologías (nanotecnología, biología sintética, geoingeniería) que hagan intensivo uso de la biomasa y ponerla en venta, como se hace con otros bienes naturales. También en la agricultura, la biotecnología impulsada por los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) se mostrará como opción verde. No es la primera vez que se usa el adjetivo “verde”, evocador de la naturaleza, tratando de impulsar estrategias que luego muestran su verdadera intensión. En los años 60 se llamó “revolución verde” a la agricultura basada en agroquímicos (plaguicidas y fertilizantes químicos) que le causan daño al medio ambiente y la salud humana. El impulso a una química “verde” basada en la biomasa pudiera generar productos comercializables que sustituyan a los derivados del petróleo y que mantengan la dinámica productiva con base en nuevas mercancías. La biomasa así entendida es la naturaleza, la biodiversidad comercializada, hecha mercancía. Más, ¿dónde está la biomasa? Sobre todo en los países biodiversos, en sus bosques y selvas. Sin esta materia prima, el modelo no funciona. Por eso, se necesita urgentemente garantizar que las tierras (los territorios) estén libres de habitantes y comunidades que se opongan a los nuevos negocios. De allí la disputa por la tierra y la obsesión de países y empresas por acapararla.

El capitalismo se pinta de verde y construye una retórica, una semiótica comunicativa para insertarse radicalmente en su nueva etapa, lo que Escobar llama “forma posmoderna del capital ecológico”. Este ajuste verde nada tiene de benévolo; no es su intención moderar su agresión contra la naturaleza sino apropiarse de algo no tocado hasta hoy: la esencia de la vida. De allí la obsesión por darles precio a los bienes y funciones del ecosistema mediante el uso del mercado como el único medio posible para responder a la crisis ambiental que el mercado mismo ha creado. Por otra parte, es necesario abrir la discusión sobre el desarrollo económico como criterio de progreso. Este desarrollo no pretende resolver las necesidades humanas sino que se alimenta de nuevas necesidades, que crea todos los días. Por esto necesita cada vez más energía, materias primas y territorio para implementar sus megaproyectos. En ningún caso puede llegar a ser sostenible. Desarrollo y sustentabilidad son contradictorios; esta última sólo puede construirse con base en nuevas relaciones sociales que consideren los límites físicos de la vida y los derechos de la naturaleza.

Respuesta de los pueblos


Pero no todo es pesimismo. Como respuesta al nuevo embate capitalista contra territorios y habitantes, muchos organismos ambientalistas, sindicatos, indígenas, campesinos, ciudadanos comunes se organizan y se dan cita en Rio de Janeiro para participar en la Cumbre de los Pueblos por la Justicia Social y Ambiental, contra la Mercantilización de la Vida y la Naturaleza y en Defensa de los Bienes Comunes”. Esta Cumbre, en paralelo con la cumbre oficial, tiene como ejes orientadores: 1) causas estructurales de la actual crisis; 2) Soluciones reales y nuevos paradigmas de los pueblos, y 3) Agendas y movilizaciones que unifiquen el proceso de lucha anticapitalista después de Rio+20.

El choque de dos visiones del mundo está aquí: una, que cree que sólo el mercado soluciona los grandes desafíos humanos, y que lo impone con violencia y guerra; y otra, que construye día a día procesos sustentables; promueve opciones agrícolas que protegen suelo, semillas y biodiversidad; crea lazos de solidaridad y organización para defender sus territorios; asume el conocimiento como mecanismo de intercambio colectivo y solidario; protege la Madre Tierra porque entiende que sin ella es imposible la vida; organiza y se moviliza, incluyendo a los indignados del mundo; y promueve múltiples modelo de buen vivir porque asume que la diversidad y la complejidad son base de la sustentabilidad.
  1. Publicado como “Nuestro Futuro Común”, este informe, coordinado por Brundland en 1983, constituyó por algún tiempo la insignia del ambientalismo oficial, para la búsqueda de la construcción de un desarrollo que no destruyera nuestra base natural.
  2. Blueprint for a Green Economy; “Plan para una economía verde”, Pearce, D; Markandya, A.; Barbier, E.
  3. Barbier, E., A global green new deal. UNEP-DTIE, febrero de 2009.
  4. UNEP, 2011, Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication, www.unep.org/greeneconomy.
Publicado enEdición 180
Encrucijada de Chile bajo un gobierno con cierta incapacidad de gobernar

Como ocurrió en el conflicto estudiantil 2011, la estrategia político-mediática del gobierno de Sebastián Piñera apunta "a dividir para reinar”, está vez en Aysén, región patagónica situada en línea recta a unos 1.680 km al sur de Santiago, pero accesible para camiones por la Patagonia argentina en un trayecto de 1.933 km.

 
"División entre dirigentes impide fin de bloqueos en Aysén.  Los líderes sociales y gremiales de la zona continuarán hoy debatiendo para alcanzar una postura común ante el gobierno", reza este martes el titular de La Tercera, de Alvaro Saieh, mientras El Mercurio, de Agustín Edwards, asegura hoy: "Diferencias entre aiseninos traban acuerdo con el Gobierno para retomar el diálogo". 

 
Un titular más sintonizado con la realidad real –no virtual- en los únicos dos grandes diarios políticos de circulación nacional -coincidentes con la ideología gobernante- podría haber dicho “Intransigencia del gobierno bloquea solución en Aysén”, cuyos habitantes de todos los colores políticos –gobiernistas, de oposición e independientes- bloquearon hace casi un mes los caminos y puentes de la Región 11ª para llamar la atención del gobierno y conducirlo a un diálogo serio por sus reivindicaciones regionales antes de la llegada del otoño-invierno, que ya se hizo presente en la zona.  Pero el gobierno pretende arrodillarlos antes de empezar a conversar. 
 

Los ayseninos redujeron y regularon sus bloqueos, a la espera de conversaciones, pero saben que si levantan el movimiento quedan desarmados.  La reunión del lunes con el subsecretario de la Presidencia, Claudio Alvarado, terminó de nuevo a fojas cero, pero con el gobierno adoptando el rol de víctima de una supuesta intransigencia y explotando el desabastecimiento generado por el propio conflicto, que impidió ayer la reanudación de clases porque no hay combustible para calefaccionar las escuelas.
 

Emulando la rebelión transversal del año pasado en la más austral Punta Arenas, desatada cuando el gobierno aumentó el precio del gas que más tarde tuvo que revertir, los ayseninos reclaman mejores condiciones de vida, salarios de sobrevivencia y un precio subsidiado de los combustibles, en un total de 10 peticiones, que incluyen salud y otros temas.  Un año después, lo único logrado en Punta Arenas fue conservar el precio del gas, pero alzado por el índice inflacionario que no se aplica a los salarios.
 

Ayer, los aysesinos permitieron el ingreso desde Argentina de seis camiones con alimentos a Coyhaique y Puerto Aysén, donde hoy un paquete de cigarrillos vale más de 8 dólares y el litro de diesel más de 4. La Moneda, que ya envió tropas de choque de Carabineros a la zona, amenaza con la Ley de Seguridad Interior del Estado, que en teoría conduciría a la cárcel a casi todos los habitantes locales, unas 100.000 personas excluidos los turistas, según el Censo 2002.

 
El Movimiento Social de Aysén lleva adelante un reclamo denominado “Tu problema es mi problema”:

• Reducir precios de combustibles (diesel, bencina, parafina, gas, leña).
• Salud de calidad (especialistas e infraestructura tecnológica como diálisis).
• Equidad laboral (sueldo mínimo regional, asignación nivelada de zona, estabilidad para servidores públicos).
• Plebiscito o consulta vinculante para que sea la región quien decida construcción de represas y respaldo a Aysén como reserva de vida de la Tierra.
• Universidad pública regional de calidad y formación académica según intereses y necesidades de Aysén.
• Regionalización de recursos naturales (agua, hidrobiología, minería, silvo-agropecuarios).
• Medidas urgentes para preservar la pesca artesanal, amenazada por políticas públicas en beneficio de grandes industriales que exterminan recursos hidro-biológicos, con entrega de derechos de pesca y recursos bentónicos a 3.000 pescadores de la región.
• Rebaja en costos de canasta básica (electricidad, agua, alimentos esenciales).
• Pensión regionalizada para adultos mayores y personas con capacidades diferentes.
• Rutas de acceso para pequeños y medianos campesinos.

 
Marco político

 
Todo esto ocurre al regreso de vacaciones, justo cuando Adimark dio las cifras de aprobación (33%) y desaprobación del Presidente (58%) al cumplirse dos años y la mitad de su gestión.  La adhesión al gobierno cayó de 35% a 31% y la desaprobación aumentó a 61%.  La mayor desaprobación a Piñera está en los encuestados de 36-55 años, y los de 18-24 años, que son los electores más enigmáticos desde que se aprobó la inscripción automática y voto voluntario.  El estrato que mas rechazo muestra es el segmento socioeconómico medio.

 
Los guarismos presentan un hecho muy curioso: la aprobación de seis ministros más que duplica a la del Presidente, por encima de 70%, mientras el único subalterno menos aceptado que su jefe es Harald Beyer, de Educación, con sólo 31% de aprobación.  La ministra mejor evaluada es Carolina Schmidt, del Servicio Nacional de la Mujer, con 78%.  Pero es una “independiente” que todavía no ha sido fichada por la Unión Demócrata Independiente (UDI) ni por Renovación Nacional (RN), los dos partidos de derecha en el gobierno.  La siguen Laurence Golborne-Obras Públicas (76%) y Luciano Cruz Coke-Cultura, Andrés Allamand-Defensa y Evelyn Matthei-Trabajo (los tres con 74%).  Más abajo, siguen Catalina Parot-Bienes Nacionales (73%), Felipe Larraín-Hacienda (65%) y el resto del gabinete.

 
Por otra parte, la llamada “clase política” más bien empeora su nivel de aceptación: la gobernante Coalición por el Cambio (UDI-RN) cayó a 26%, su desaprobación se mantuvo en 59%, en tanto la Concertación mantiene sus bajas evaluaciones, 18% que la aprueba, contra 70% que la desaprueba.

 
Las evaluaciones del Congreso tampoco mejoran: 23% aprueba a la Cámara de Diputados y 67% la desaprueba.  El Senado tiene 26% de aprobación y 63% de desaprobación.

 
Está prácticamente aceptado que el (o la) presidenciable de la derecha saldrá del gabinete y hoy Schmidt es la mejor eventual competidora de la silenciosa Michelle Bachelet.  Hoy es probable que haya combate electoral presidencial de mujer a mujer, pero aún no está claro si Bachelet representará a la desfallecida Concertación, que la considera su segura esperanza de resurrección política. 

 
Y aquí se presenta un problema, observado anoche por el analista Alejandro Guillier, de TV La Red: Como las elecciones presidenciales y parlamentarias son en noviembre 2013, por la situación descrita por las encuestas parece imposible que esta vez no haya primarias en serio para designar candidatos, pues nadie aceptaría que sean designados por las cúpulas político-partidarias.  Y, por añadidura, en octubre 2012 hay elecciones municipales que pondrán a prueba todo el sistema político chileno, con su atuendo binominal en las presidenciales y parlamentarias, más la incógnita de unos 5 millones de nuevos electores cuya preferencia -si es que votan- constituyen realmente un misterio que podría no resultar aclarado en las municipales.

 
Un punto señalado por el director de la encuestadora Adimark, Roberto Méndez, es que los ministros mejor evaluados probablemente deberían abandonar sus cargos de aquí a unos 6 meses, para tener tiempo de darse a conocer en las primarias presidenciales internas de la derecha, prácticamente encima de las municipales.  Y esta hégira masiva de los secretarios de Estado mejor evaluados debilitaría aún más al gobierno de Piñera. 

 
El férreo control duro de la UDI sobre el gobierno de un Presidente RN añade otros ingredientes -todavía imprevisibles- al alejamiento presidencial de las grandes masas que lo llevaron a un cargo donde no parece ejercer todo el poder, mientras se manifiestan nuevos conflictos -como el de los pescadores artesanales por sus cuotas de captura y las reivindicaciones de la nortina Calama, cercana a los yacimientos de cobres, en la misma línea que Aysén-, además del recrudecimiento de las movilizaciones más “viejas”, como el movimiento estudiantil, que comenzó a reinstalarse este lunes con la vuelta a clases. 

 
Otro aspecto curioso es que Chile presenta buenos resultados macro-económicos -bajo desempleo y alto crecimiento-, como una ínsula en medio de la crisis financiera mundial, pero el gobierno no capitaliza estos guarismos en popularidad, sino sus ministros, probablemente por el efecto “populista” y sectorial de algunas medidas gubernamentales como el post natal de 6 meses, que encumbró a la ministra Schmidt.  Aysén presenta una alta tasa de crecimiento, pero no se refleja en la distribución del ingreso a escala regional, lo mismo que en Calama, y tampoco a nivel nacional.
 

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Viernes, 02 Marzo 2012 06:40

Este desarrollo me hace pobre

Este desarrollo me hace pobre
En una breve cita, el sociólogo kuna, Juan Pérez A., resumió la esencia del diálogo entre gobierno nacional y pueblos ngobe y buglé en torno a la construcción de hidroeléctricas en la comarca del occidente panameño: “Este desarrollo me hace pobre”. Para algunos, la apropiación (robo) de tierras ajenas contribuye al “progreso” económico y al mal llamado crecimiento del producto interno bruto. Por lo tanto, si las leyes acaban con comunidades y desintegran familias es aceptable porque contribuye al “desarrollo”. Ese discurso gastado y mal concebido se sigue aplicando en Panamá. En el caso de la Comarca Ngobe-Buglé, se ha encontrado con el rechazo y la resistencia de los pueblos indígenas organizados y decididos a no ceder.

 
En todo proceso de negociaciones tienen que existir ciertas bases que son respetadas por las distintas partes. Sobre todo, el mediador – si existe – tiene que tener en sus manos estos lineamientos para asegurar la claridad del proceso y el éxito de las negociaciones. En el caso del “diálogo”, desde un principio el mediador debió haber identificado las causas del conflicto y sentado las bases sobre las cuales se  “dialogaría”.

 
La falta de transparencia quizás fue un descuido por parte de la mediación. El gobierno, por su lado, no tenía interés alguno en llegar a un arreglo que beneficiara a todas las partes. En el caso de los ngobe-buglé, llegaron a la mesa creyendo – equivocadamente – que las reglas estaban claras.

 
Para comenzar, la causa del conflicto fue el desconocimiento por parte del gobierno nacional del acuerdo suscrito en febrero de 2011 por el cual se prohibiría la construcción de hidroeléctricas en la comarca Ngobe-Bugle y sus territorios adyacentes. Las protestas y los dos muertos (producto de la represión desmedida del gobierno) causados por la introducción del proyecto de ley gubernamental en la Asamblea de Diputados en enero de 2012, condujo a un nuevo acuerdo en San Lorenzo mediante el cual se llevó el diferendo a una mesa de diálogo en la Asamblea.

 
El “diálogo” se reduce, entonces, a un solo punto: ¿Está el gobierno nacional dispuesto a cumplir con la palabra comprometida en febrero de 2011 de no permitir la realización de proyectos hidroeléctricos en la Comarca? Veamos primero cuales son las bases sobre las cuales se debió desarrollar el diálogo, antes de revisar el papel que han tenido la parte mediadora y la posición de las partes.

 
¿Cuáles son las bases sobre la cuales debió proceder la mediación para buscar una solución al conflicto entre las partes? A nuestro entender, hay cuatro elementos esenciales que deben tenerse en cuenta para que las partes juzguen la validez de la palabra dada por el gobierno en febrero de 2011 .

 
Por un lado, la Constitución Política de la República. Dice casi textualmente que el gobierno respetará la propiedad colectiva de los pueblos indígenas dentro de sus comarcas.

 
En segundo lugar, las leyes de la República, especialmente las que tienen que ver con la figura de la Comarca. La ley que creó la Comarca Ngobe Buglé estipula que todo proyecto originado desde fuera debe ser objeto de consulta y aprobación por parte de las instancias representativas del pueblo indígena.

 
Tercero, los acuerdos entre el gobierno y los pueblos ngobe y buglé. En este caso habría que poner sobre la mesa los acuerdos de San Félix de febrero de 2011 donde el presidente Ricardo Martinelli dio su palabra de que no se realizarían proyectos en la Comarca.

 
Por último, cualquier otro aporte que la mediación considere pertinente y que es aceptada por las partes. El padre Lacunza, de la Iglesia católica, a nombre de la mediación considero oportuno – sin razón – plantear que los indígenas tenían que someterse a las necesidades del Estado panameño para que las negociaciones tuvieran éxito. Lacunza es un excelente teólogo pero no tiene formación en ciencias políticas y desconoce que el “diálogo” se produce a nivel de una instancia del Estado. El gobierno (Ejecutivo) y la Asamblea (Legislativo) son, según la Constitución, “órganos del Estado”. A su vez, los pueblos ngobe y buglé también son reconocidos por la Carta magna como entes políticos y deliberantes.

 
En la mesa de “diálogo” están las partes del Estado (según la definición de la Constitución) negociando a nombre de sus intereses. Obviamente, la negociación es asimétrica. El Ejecutivo (gobierno) tiene en sus manos todo el poder material (recursos financieros, militares, legales e, incluso, culturales) y no pretende ceder en sus intenciones. En cambio, los indígenas sólo tienen su voluntad y determinación de proteger su tierra, apoyado por su espíritu de lucha.

 
Debo señalar que me han hecho muchas observaciones y reclamos por los escritos que le hemos dedicado a este crucial tema del “diálogo”. Quiero destacar lo planteado por el ingeniero Oscar Sogandares, quien me corrige con relación a la identidad de los propietarios del proyecto para construir una hidroeléctrica en Barro Blanco sobre el río Tabasará (en la comarca Ngobe – Buglé). La empresa dueña de la concesión para construir una represa con capacidad para generar 28.8MW en Barro Blanco es hondureña y presidida por el empresario Luis Kafie. Este dato merece otro artículo aparte.

 
Por Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena.

http://marcoagandasegui11.blogspot.com

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Dilma prometió crecer, incluir y conservar

“Valió la pena, compañeras y compañeros”, dijo en el Gigantinho, uno de los estadios de Porto Alegre. Dilma Rousseff habló así del trayecto entre el Foro Social de 2001, el primero, y el Forum Social Temático que trabajó estos días en la capital de Rio Grande do Sul. También fue una forma de acercarse a los militantes de las organizaciones ambientalistas y plantearles qué marco quiere su gobierno para la cumbre mundial de junio próximo conocida como Río+20: “Crecer, proteger, incluir y conservar”.
 

Como Lula antes, Dilma decidió participar del Forum y conectarse directamente con las organizaciones sociales, incluso cuando entre ellas corrían rumores de que habría una fuerte silbatina de los ambientalistas más radicalizados. Su apuesta fue más completa: decidió que se comprometieran con el Forum y asistieran a talleres varios de sus funcionarios y ministros, como el consejero internacional Marco Aurélio García y la ministra de Derechos Humanos, María del Rosario Nunes.
 

Ella misma, ayer a la tarde, recordó que participó del primer encuentro del Foro en 2001 cuando era secretaria de Energía del entonces gobernador de Rio Grande do Sul, Olivio Dutra. Dutra, dirigente sindical bancario, es del Partido de los Trabajadores fundado en 1980. Fue la primera administración del PT en territorio gaúcho. La segunda comenzó hace un año con la gobernación de Tarso Genro, ex ministro de Educación y de Justicia de Lula.
 

“Aquí se afirmó la idea de que otro mundo es posible”, dijo Dilma. “Aquí se generó la oposición al pensamiento único.”
 

Luego salteó el relato y recordó que en los últimos 11 años la crisis internacional se convirtió en crisis real en 2008 “y no paró de agravarse”. Pero al mismo tiempo, afirmó, en América latina “fueron construyéndose propuestas progresistas y democráticas con importantes transformaciones económicas, sociales y políticas”. Agregó que “nuestros países crecen y reducen la pobreza y la desigualdad social, mientras en otras regiones aumenta la desigualdad, la exclusión y avanza la estagnación”. Advirtió que “no cedemos la soberanía frente a potencias o agencias calificadoras de riesgo”.
 

“Como decía aquella canción de la revolución de los claveles de Portugal, el pueblo es el que debe mandar”, rememoró para los nostálgicos. El 25 de abril de 1974, un grupo de oficiales jóvenes de Portugal, el Movimiento de las Fuerzas Armadas, se alzó contra la dictadura gobernante, tomó el poder en alianza con la izquierda y no sólo garantizó de ahí en adelante la democracia sino también la descolonización de Angola, Mozambique y Guinea Bissau. Los conjurados eligieron como santo y seña del comienzo de la revolución una canción prohibida del cantante José Afonso, “Grandola vila morena”. Cuando un comando tomara una radio y la pasara, los regimientos debían salir a la calle. Una parte de la canción, que es la que citó Dilma, decía: “O povo é quem mais ordena”. Y en otra parte reclamaba: “Terra da fraternidade”.
 

Después del guiño portugués, la presidenta brasileña dijo que “no es fácil producir nuevas ideas y alternativas cuando estamos dominados por preconceptos políticos e ideológicos”.
 

“Conocemos bien esa historia”, señaló. “En los años ’80 y ’90, esos preconceptos impusieron en América latina modelos conservadores que profundizaron la pobreza, el desempleo, la exclusión social y la recesión.”
 

Para la presidenta de Brasil, la cumbre de junio de Río+20 “debe ser un momento importante de renovación de ideas para que la palabra desarrollo sea crecer, proteger, incluir y conservar, articulando el crecimiento y la generación de empleo, la erradicación de la pobreza y la ampliación de derechos en medio de la preservación de los recursos ambientales”.
 

Parándose de manera específica en la cuestión ambiental, dijo que Brasil había reducido las emisiones de carbono y gases que producen el efecto invernadero, mientras que “lamentablemente otros países no lo hicieron”.
 

“En mi gobierno, cuando hablamos de desarrollo sustentable, estamos hablando de crecimiento acelerado de nuestra economía para poder distribuir riquezas, creación de empleos formales, ampliación del ingreso de los trabajadores, reducir la pobreza y terminar con la miseria, mejora de la educación, la salud y la seguridad pública”, explicó la presidenta de Brasil en el acto del Forum. El caso que dio fueron los 40 millones de pobres que dejaron de serlo al incorporarse al mercado de trabajo y al consumo. También dijo que “desarrollo sustentable” significa “mecanismos de participación social y profundización de la democracia en medio de la diversidad cultural”.
 

En el capítulo internacional, estableció que otro significado es “la inserción soberana en el mundo”.
 

“En 2003, Lula comenzó a desatar el nudo de la desigualdad y ahora llegaremos a un Brasil sin miseria”, dijo Dilma. Lula asumió el 1º de enero de 2003 después de ganar las dos vueltas de las elecciones de 2002, justo un año después del primer Foro Social. Dilma asumió hace poco más de un año, el 1º de enero de 2011, encabezando una coalición de fuerzas diversas hegemonizada por el PT tras dos mandatos exitosos de Lula.
 

“Brasil hoy es otro país”, declaró la presidenta en el discurso ante el estadio. “Somos un país más justo, más desarrollado y más respetado. Un país que convive armónicamente y quiere construir con los países de América del Sur, de América Central y del Caribe un polo de desarrollo para el mundo.”
 

Aprovechó para reivindicar la soberanía palestina, pero prefirió concentrarse más en la economía y la política. Dijo por ejemplo que los Brics, la sigla de países que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, quieren “un mundo más multipolar y democrático”. “Las organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos progresistas pueden ser decisivos en la nueva era”, dijo Dilma para evitar resquemores entre los partidarios del oenegeísmo y las fuerzas en el gobierno en Sudamérica.
 

En otra de las definiciones, reivindicó no sólo la movilización sino la presencia de las organizaciones sociales en Río de Janeiro en junio, con lo cual tocó de lleno otro de los fantasmas que había en sectores del gobierno y de la militancia social: que la cumbre sea un escenario de escándalo con cuestionamientos duros al gobierno.


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La crisis mundial amenaza con una nueva recaída, esta vez más aguda. A la crisis política en Grecia y las masivas movilizaciones en rechazo a un plan de ajuste más agresivo, las divisiones en la eurozona por un nuevo rescate a Grecia y el peligro de un “contagio” que haga estallar la propia eurozona, se suman los datos de la desaceleración en EEUU, la caída de la economía japonesa y el intento de China de frenar el sobrecalentamiento de su economía.

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El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se entrevistó con Fidel y Raúl Castro antes de terminar una visita de dos días a la isla, durante la cual revisó diversos proyectos financiados por su país, en especial las obras de modernización del puerto del Mariel, 45 km al oeste de La Habana, donde se construye una gran terminal de contenedores y diversas infraestructuras, con un crédito brasileño de 300 millones de dólares.

Raúl y Lula visitaron el miércoles la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, una obra considerada estratégica por el Gobierno cubano y destinada a convertirse en la principal puerta de entrada y salida de mercancías de la isla. El proyecto fue coordinado e impulsado durante la presidencia del exmandatario brasileño, que hoy ha volado a Caracas, donde participará en un foro con empresarios brasileños y se entrevistará con Hugo Chávez.

"Estoy feliz porque el trabajo que Brasil está haciendo con Cuba está marchando muy bien", ha dicho Lula antes de abandonar La Habana. Lula, que viajó a Cuba en cuatro ocasiones durante sus dos mandatos presidenciales, se entrevistó el miércoles con Fidel Castro, quien lleva alejado del poder desde 2006 debido a sus problemas de salud.

Lula dijo que encontró a Castro "muy hablador, como siempre"", y expresó su confianza en que "la presidenta Dilma (Rousseff) realice una visita a Cuba y que después el presidente Raúl visite Brasil para que nuestras relaciones continúen cada vez mejor".

Lula llegó el martes a Cuba y ese mismo día fue recibido por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución, con quien revisó la marcha de las relaciones bilaterales y temas de la agenda internacional, según un comunicado oficial. Hoy, el presidente cubano, que cumple mañana 80 años, ha despedido en el aeropuerto a Lula y allí ha bromeado sobre su aniversario, reconociendo los desafíos que tiene por delante en medio del actual proceso de reformas.

"Es una lástima que no me pueda retirar cumpliendo lo que se acordó en el Congreso (del Partido Comunista de Cuba, PCC). Bueno yo no tengo dos periodos, voy por uno", ha expresado el gobernante. En abril, durante el VI Congreso del PCC, Castro aseguró que se procederá a cambiar las normas para limitar el periodo que los gobernantes y dirigentes partidistas pueden ejercer en un cargo, a dos mandatos de cinco años (antes no había límite).

MAURICIO VICENT | La Habana 02/06/2011
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Mucho se ha escrito sobre el ascenso del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y el giro del poder económico hacia el este a medida que Asia adelanta al resto del mundo. Pero la más sorprendente historia de éxito de la década pasada está en otro lado: un análisis de The Economist descubre que de 2001 a 2010, no menos de seis de las 10 economías de crecimiento más rápido están en África subsahariana.

El único BRIC que figura entre los primeros 10 es China, en segundo lugar detrás de Angola. Los otros cinco africanos son Nigeria, Etiopía, Chad, Mozambique y Ruanda, todos con tasas de crecimiento anual de alrededor de 8% o más. Durante las dos décadas anteriores a 2000 sólo una economía africana (Uganda) estuvo entre las primeras 10, contra nueve de Asia. Según pronósticos del FMI, África tendrá siete de los 10 primeros lugares en los próximos cinco años (nuestra clasificación excluye naciones de menos de 10 millones de habitantes, así como a Irak y Afganistán, que podrían tener un fuerte repunte en los años por venir).

En la década pasada la tasa de crecimiento real del PIB de África subsahariana saltó a un promedio anual de 5.7%, cuando en las dos décadas pasadas fue de 2.4. Fue superior al 3.3 de América Latina, pero no al 7.9 de Asia emergente. El asombroso desempeño asiático refleja en gran medida el peso de China e India; la mayoría de las economías tuvieron un crecimiento mucho más lento, como el 4% de Corea del Sur y Taiwán. El promedio simple no ponderado de las tasas de los países fue virtualmente idéntico en África y Asia.

En los cinco próximos años es probable que África tome el liderazgo. En otras palabras, la economía africana promedio adelantará a su contraparte asiática. Mirando aún más adelante, Standard Chartered prevé que la economía de África crecerá a una tasa anual promedio de 7% durante los próximos 20 años, ligeramente más aprisa que la de China. Y así debe ser, por supuesto.

Las economías más pobres tienen mayor potencial de crecimiento para la recuperación. El escándalo fue que el PIB per cápita de África cayera durante tantos años. En 1980 los africanos tenían un ingreso promedio casi cuatro veces más alto que los chinos; hoy los chinos son tres veces más ricos. El rápido crecimiento de la población africana también afecta su crecimiento en ingreso real per cápita, pero también éste se ha elevado a una tasa anual de 3% de 2000 a la fecha, casi dos veces más aprisa que el promedio mundial.

Para las empresas occidentales la economía africana aún parece minúscula, pues representa apenas 2% del producto mundial; Asia emergente es 20 veces más grande. Pero la proporción de África aumenta, no sólo por un crecimiento más ágil, sino porque el PIB ha sido seriamente subestimado en muchas economías. En noviembre el tamaño de la economía de Ghana fue revisado nada menos que en 75%, luego que las economistas del gobierno mejoraron sus datos y añadieron industrias como las telecomunicaciones. Es probable que otros países revisen al alza sus niveles del PIB en los próximos años.

Las fortunas cambiantes en África han sido impulsadas en gran medida por la creciente demanda china de materias primas y por el aumento de precios de los productos básicos, pero también otros factores han contado. África ha recibido grandes flujos de inversión extranjera directa, en especial de China, así como ayuda exterior y alivio de deuda. La urbanización y los mayores ingresos han impulsado un crecimiento más rápido de la demanda doméstica.

También el manejo de la economía ha mejorado. Los ingresos gubernamentales se han incrementado en años recientes por el aumento de precios de los productos básicos y el rápido crecimiento. Pero en vez de entrar en una fiebre de gastos como en el pasado, algunos gobiernos, como los de Tanzania y Mozambique, apartaron dinero para proteger sus economías durante la recesión.

Algunos avanzaron más despacio. La mayor economía africana hasta ahora, Sudáfrica, fue de las remisas: su crecimiento anual promedio fue de sólo 3.5% en la década pasada. De hecho, podría ser rebasada en tamaño por Nigeria en el curso de 10 a 15 años si las audaces reformas bancarias de este último país se extienden a las industrias energética y petrolera. Pero el gran reto para todos los exportadores de minerales será proporcionar empleos a una población cuyo crecimiento se estima en 50% entre 2010 y 2030.

El crecimiento impulsado por los productos básicos no genera muchos empleos, y los precios de esos productos pueden caer. Los gobiernos necesitan diversificar sus economías. Hay algunos puntos brillantes. Países como Uganda y Kenia, que no dependen de las exportaciones minerales, crecen también más aprisa que antes, en parte porque han aumentado las exportaciones de manufacturas. Standard Chartered cree que África puede convertirse en un significativo centro manufacturero.

El crecimiento enfrenta en África obstáculos formidables, entre ellos inestabilidad política, débil estado de derecho, corrupción crónica, cuellos de botella en infraestructura, y deficiencias en educación y salud. Sin reformas, el continente no logrará sostener un mayor crecimiento, pero los leones africanos se están ganando un lugar junto a los tigres asiáticos.

Fuente: EIU
Traducción de textos: Jorge Anay
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Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad”. En su reflexión se aúnan dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política. El resultado resalta una evidencia no siempre destacada: “Nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una “cooperación” con el tejido viviente del planeta.


¿Qué es la vida? Un paseo a través de las pasarelas de la Galería de la Gran Evolución del Museo de Historia Natural de París bosqueja una respuesta singular: los elefantes, los dinosaurios, las jirafas, las cebras, los monos, los tigres, los rinocerontes, las focas, los incontables pájaros y mariposas componen un retrato alucinante de la diversidad de la vida terrestre. Del silencio atomizado de esos animales, de su eterna inmovilidad científica ofrecida a la observación, se desprende una sensación de admiración, de extrañeza y de hermandad sustancial con aquel laberinto de especies. La terminología moderna define esa variedad de seres vivos que pueblan la Tierra con un término no siempre comprendido en su exacta profundidad: la biodiversidad, eso que el biólogo francés Robert Barbault llama “el tejido viviente del planeta”. Tejido, red, malla, entrelazado, entramado, la relación entre las especies es una interconexión permanente que no excluye al ser humano. Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad” que el entomólogo Edward Wilson puso de moda cuando advirtió sobre la acelerada desaparición de las especies. Biólogo, profesor en la Universidad de París VI y director del Departamento Ecología y Gestión de la Biodiversidad en el Museo Nacional de Historia Natural, Barbault ha explorado ese “tejido viviente” pero no como una curiosidad científica sino en su relación más directa y peligrosa con las sociedades humanas. En su libro más célebre, El elefante en la cacharrería (Editorial Laetoli, 2009), el biólogo francés analizó la “destrucción programada de la biodiversidad” bajo la presión del crecimiento de las sociedades humanas. La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) calcula que una tercera parte de las especies animales o vegetales están amenazadas de extinción y que la velocidad de esa extinción es mil veces más elevada que el ritmo natural. Barbault aúna en su reflexión dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política. El resultado es un trabajo riguroso y claro que resalta una evidencia no siempre destacada por la ecología política: “nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes”, todo lo que consumimos “proviene de los seres vivos”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una “cooperación” con el tejido viviente del planeta, es decir, con los seres vivos. Robert Barbault observa a menudo que de la biodiversidad sólo percibimos la palabra, que Occidente vive tan alejado de la biodiversidad que hasta perdió la conciencia de que la aventura del ser humano en el planeta es posible gracias a ella, incluso cuando consumimos gas o petróleo. ¿Qué es la vida? Pues precisamente eso: un tejido de diversidades que la especie humana se ha empeñado en destruir.

Los sentidos de la biodiversidad

–La biodiversidad es una palabra de moda cuyo sentido profundo, sin embargo, escapa a la comprensión completa. Los medios la resumen a la relación que puede haber entre una araña y una mosca, pero la biodiversidad es algo más complejo e incluso más estratégico que el cambio climático.

–Si se inventó la palabra biodiversidad no fue sólo para afirmar que la vida es diversificada. No, fue para introducir algo nuevo y radicalmente diferente: se trata de tomar conciencia de nuestras implicaciones en la biodiversidad, a la que yo defino como el tejido viviente del planeta. Existen redes, mallas, tejidos e interacciones entre las especies, entre nosotros y las especies. Y es ese tejido el que hoy se está deconstruyendo, destejiendo. La biodiversidad es un fenómeno geopolítico que plantea muchos problemas. Cuando nos referimos a la biodiversidad estamos aprendiendo muchas cosas sobre nosotros, los seres humanos. La biodiversidad es un espejo, es un problema de la sociedad humana y no sólo de los seres vivos, que pueden prescindir de nosotros. El sistema de lobbies que está detrás del desarrollo actual tiene una potencia financiera tal, una capacidad de comunicación y de manipulación de la opinión tan grande que llega a sembrar la duda en la sociedad sobre los problemas derivados de la biodiversidad o del cambio climático. Tenemos una visión limitada de la biodiversidad, como si sólo se tratara de un catálogo de especies o de una colección de estampillas. No se llega a entender que una especie es semejante a la población humana, es un conjunto de individuos que depende de recursos, de un territorio.

–Usted señala en sus trabajos una paradoja terrible: nuestra relación con el sistema de los seres vivos es destructora cuando, en realidad, el ser humano depende enteramente de la integridad de ese sistema.

–El modo de desarrollo económico está gobernado por una especie, la humana, que se ha desarrollado a un paso acelerado y que, para vivir, requiere constantes recursos. El sistema económico dominante hizo perder de vista la noción según la cual nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes. Las energías fósiles, carbón o petróleo, son el resultado de los seres vivos. Todo lo que comemos proviene de los seres vivos, de la diversidad. La ropa con la que nos vestimos, incluso cuando es sintética, proviene de la diversidad porque sale del petróleo y el petróleo es el trabajo de la vida durante millones y millones de años. Todo parte de las estructuras de los seres vivos, estamos rodeados de ellos. La razón de ser de la diversidad es la estrategia de adaptación a los cambios, a las catástrofes. Ello explica por qué los seres vivos son tan diversificados y por qué hay mucho más que tres especies en la Tierra. Para durar en un mundo que cambia todo el tiempo sólo la diversidad tiene esa capacidad de adaptación.

El papel de la cooperación

–Usted también pone de relieve otra de las carencias de la visión contemporánea de la naturaleza. Se ahonda mucho en los principios de preservación, de protección, pero se aborda muy poco la noción de cooperación entre las especies, concretamente, entre el ser humano y su entorno natural. Se erigió la competición y el desarrollo como norma, o sea, como abuso.

–Consumimos en exceso lo que nos da la vida y olvidamos con ello la noción de cooperación con las especies. Se ha trabajado muy poco sobre la cooperación entre las especies. Hasta los años ’80 se hablaba mucho acerca de la relación entre el predador y la presa pero muy poco sobre la interacción, la cooperación. Eso me llevó a interesarme en la historia del pensamiento ecológico. En esos textos encontré un reflejo de la sociedad industrial, es decir, el concepto de competencia por encima de todo, la relación comedor/comido. Nada había sobre la importancia de las relaciones basadas en la cooperación. Sin embargo, en la historia de los seres vivos, la cooperación y las interacciones positivas entre individuos de la misma especie y de especies diferentes son fundamentales, tanto más cuanto que constituyen la fuente de la diversidad y de la vida en la Tierra. No niego la existencia de la competencia entre las especies, pero también encontramos los mismos niveles de cooperación. Por ejemplo, si reflexionamos un poco, enseguida nos damos cuenta de que la agricultura no es otra cosa que una relación de cooperación entre el Homo Sapiens, las plantas y los animales que hemos domesticado. Las sociedades humanas también funcionan en torno de la confianza y la cooperación. Como lo vimos con la crisis financiera, cuando se produce una ruptura en la confianza se fractura la sociedad y nada funciona. La misma ley que rige las sociedades humanas vale para los seres vivos.

–Sin embargo, el modelo de desarrollo es totalmente destructor, a la vez de la biodiversidad y de la idea de cooperación.

–Este sistema se construyó según la hipótesis de que la naturaleza era una cuestión de recursos infinitos, ilimitados. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII esa hipótesis podía ser válida porque el impacto del ser humano sobre la naturaleza era moderado. Pero con la aceleración del tiempo, gracias a los desarrollos técnicos y científicos y a la irrupción de la sociedad industrial, la población humana creció enormemente, y con ello sus necesidades. Esa hipótesis es entonces inaplicable. El cambio se produjo con la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí se aceleró la depredación de los recursos. Desde entonces nada detuvo el movimiento. Hoy sabemos que esa política no puede continuar. Se inventó el concepto de desarrollo sostenible, pero tengo la impresión que esa idea feliz se limita a una suerte de marca, de etiqueta, de sello carente de beneficios. De hecho, por más desarrollo sostenible que se quiera impulsar, si no se reflexiona sobre la falsedad en que se basó nuestro modo de funcionar, no sirve de mucho. Si se quiere cambiar el rumbo de la situación es imprescindible llevar a cabo esa reflexión, encontrar en qué nos equivocamos a fin de reincorporarnos al tejido de lo viviente planetario y tomar conciencia de que dependemos de él. Es preciso cambiar muchas cosas de forma radical. Esto no se hará de un día para el otro. Pasar de un sistema de desarrollo como el nuestro, totalmente depredador, a otro más racional, necesitará tiempo. Desarrollo sostenible también quiere decir desarrollar la calidad de vida. Pero claro, si se habla de desarrollar el crecimiento del PIB entonces caemos en un sin sentido. Lamentablemente ése es el riesgo que corremos hoy.

La dictadura del PBI

–La idea de crecimiento es intrínseca al concepto de desarrollo. Resulta filosófica y políticamente imposible hacer entender que la dictadura del crecimiento del PIB como única medida del desarrollo humano y del progreso es un suicidio programado.

–La realidad es la siguiente: si pasamos a un modo de crecimiento más económico y eficaz apenas esto nos permitirá ganar un poco de tiempo para intentar, al menos, cambiar de dirección. Pero el problema que se plantea es que es casi imposible hablar de decrecimiento. No se acepta la idea de que el crecimiento no puede ser eterno, es imposible hablar de ello o analizar qué estamos poniendo dentro de la palabra crecimiento, qué es lo que sí puede crecer y lo que no. Ese ha sido uno de los límites que encontré en el desarrollo sostenible. No se trata de discutir sobre lo sostenible sino sobre qué es exactamente el desarrollo, eso que concierne a las sociedades humanas y que debería permitirles durar el mayor tiempo posible. La crisis de la biodiversidad nos obliga hoy a reflexionar en esos términos. Lamentablemente, la biodiversidad sigue limitada a las reservas, a la idea simple de preservación. Y todo sigue igual porque las referencias son estrictamente económicas y ese modo de desarrollo económico no toma en cuenta los estragos que se ocasionan. ¡Muy por el contrario, los estragos están incluidos en el crecimiento! Cuanto más se destruye, más se aumenta el PIB. ¡Con un indicador semejante hemos empezado muy mal!

–Se ha llegado a una velocidad de destrucción de la biodiversidad mil veces superior a la velocidad natural.

–La velocidad de destrucción de la biodiversidad es considerablemente mayor que la natural y, sobre todo, si no se cambia nada esa destrucción continuará acelerándose. Esa es la principal preocupación, que muy pocos toman en serio.

–Incluso si hay un debate al respecto, muchos científicos sostienen que hemos llegado a la sexta etapa de la extinción.

–Depende de cómo se digan las cosas porque si no esto puede tener un aspecto más negativo que constructivo. Se dice: estamos en la sexta crisis de extinción y se hace la analogía con las cinco precedentes, que se produjeron cuando el ser humano no estaba aquí y en escalas de tiempo que nada tienen que ver con las escalas con las que vivimos hoy. La última extinción duró millones de años. Dicho esto, debemos comprender que estamos en un proceso, en una fase de aceleración de la tasa de extinción. En nuestra calidad de especie humana tenemos la capacidad de reaccionar. Si somos capaces de hacer la guerra de un día para otro, incluso cuando no hay dinero, pienso que podemos resolver el problema. No creo que vayamos a erradicar por completo la amplificación de la erosión de la biodiversidad, pero podemos tender hacia una estabilización, a una coexistencia pacífica con la biodiversidad. Prefiero decir que estamos en una fase de incremento de la extinción, conocemos la causa y tenemos los medios de corregir la tendencia. Necesitamos la riqueza de los seres vivos para seguir teniendo una calidad de vida humana en la Tierra. No es la supervivencia biológica del hombre lo que está amenazado, es su supervivencia como ser humano con una gran H lo que está en la cuerda floja, es decir, su dimensión de ser humano. Las causas de la destrucción de la biodiversidad son las mismas que desencadenan la degradación social. Hacer como si fueran cosas distintas, como si los problemas de las especies fuesen secundarios y los problemas del desempleo una cosa de primer plano, no es pertinente: en realidad, la misma aplanadora que degrada la sociedad humana degrada el marco de vida de las sociedades humanas en todo el mundo.

–¿Cómo explicar la indiferencia y hasta la irresponsabilidad planetaria de la población humana, especialmente en Occidente, frente a la degradación de la biodiversidad, a la desaparición de las especies?

–Creo que es ante todo un problema de impotencia. Además, la población humana es cada vez más humana y Yalta un elemento central: la desaparición de la transmisión de la información sobre las especies. Ya casi no quedan abuelos para contar cómo era antes la naturaleza. Pero lo más fundamental que ha ocurrido es que el ser humano se cortó del resto de los seres vivos. Se descompuso la trilogía judeo cristiana: Dios, el hombre y la naturaleza. Cuando uno se baña en la visión dinámica de la biodiversidad, en el tejido de lo viviente en el planeta, en sus interacciones, en las relaciones de parentesco que hay entre las especies, lo que se llama el árbol de la vida, ello nos lleva a tomar conciencia de que estamos arraigados muy profundamente en lo viviente. En nuestros genes tenemos herencias que remontan a millones y millones de años. Por consiguiente, sentirse un primo cercano de los otros seres vivos en una época de profunda desestabilización equivale a una forma saludable de arraigamiento. A partir de ahí podemos redescubrir nuestra relación parental con las otras especies, nuestra dependencia con el resto de los seres vivos y ver así la riqueza que hay en todo esto. Nuestra relación de dependencia con los seres vivos también nos da nuestra libertad de seres humanos para desarrollar nuevas cosas. Hay una paradoja en la toma de conciencia de la dependencia, que es a la vez la base de una auténtica libertad.

Los caminos de la humanidad

–¿Cómo transmitir ese saber, esa conciencia, a las nuevas generaciones? La educación, que es una base decisiva, ha fracasado hasta ahora. ¿No habría que refundar el sistema educativo para desarrollar las nociones de biodiversidad, cooperación, interacción?

–La educación sigue siendo esencial. La educación debe ser un instrumento de formación al espíritu crítico.

–La ecología política tiene un lugar sobresaliente en el discurso y en la sociedad. ¿Acaso los ecologistas no pecaron por falta de amplitud, por una incapacidad de explicar con más generosidad la relación del ser humano con la naturaleza?

–Esa crítica es válida tanto para la ecología política como para la ecología científica. Si miramos la historia, la ecología nació poco después de la explosión de la Revolución Industrial con la influencia de Thomas Malthus y los problemas que planteó en torno del equilibrio entre el crecimiento de la población y los recursos. De inmediato, los científicos se pusieron a mirar cómo funcionaba la naturaleza, en qué se basa la regulación de los efectivos de las plantas y los animales. En ese entonces la ecología se hacía preguntas que hoy se hace el desarrollo sustentable. Era el problema de fondo. Pero después, de forma progresiva, la ecología fue monopolizada por los naturalistas. Se empezó a hablar de las poblaciones animales y vegetales, de los ecosistemas, como si el hombre no tuviera nada que ver. De hecho, se puso al ser humano de costado. La ecología política hizo lo mismo, con el condicionante negativo de que la ecología política no se apoyó en la ecología científica. No estoy seguro de que un solo partido político pueda responder a los problemas que nos plantea el mundo de los seres vivos. Para mí, lo importante es lo que yo llamo tener una visión ecológica del mundo. Debemos pasar de un mundo en donde se ven las cosas parcelarias a otro donde se perciben las interacciones entre el todo y el todo, tanto entre las mismas sociedades humanas entre sí como entre las sociedades humanas y el resto del mundo. Esa visión permite comprender las interacciones y los efectos colaterales. Con ese enfoque estamos seguros de que somos conscientes de que pertenecemos a la biosfera. La gente ni siquiera es consciente de que la atmósfera es un recurso natural y que también es el resultado del trabajo de los seres vivos. Si no hubiese habido vida en la tierra no tendríamos atmósfera.

–Finalmente, la idea individual de desarrollo, o sea, de crecimiento, aplastó a todas las demás.

–El acento que se puso en la individualización ha sido nefasto, pero esa idea es también una de las riquezas de las sociedades occidentales. Si no se la controla como es debido o si no tenemos conciencia de ella sólo cosechamos lo negativo. La libertad para cada individuo no excluye la responsabilidad y la interacción. Fíjese si no en la historia de Estados Unidos, llena de páginas oscuras. Estados Unidos es hoy uno de los grandes, grandes problemas, es uno de los responsables más decisivos de la situación actual. Hay algo muy perverso en el sistema norteamericano: por un lado está la imagen de libertad total, de imperio del bien. Pero no es así. Cuando analizamos el resultado de la cumbre de Copenhague, la culpa del fracaso no la tienen ni China ni la India. La situación a la que llegamos hoy la produjo la sociedad occidental. Hemos, por ejemplo, depredado muchos países. Pero el éxito de la sociedad occidental se forjó con el tributo oscuro que pagaron los esclavos, la trata de seres humanos, la expoliación. El saqueo de los recursos del mundo entero hizo nuestra riqueza pero hoy nos conduce a constatar que hasta el clima se degrada. Los responsables somos entonces nosotros. Si fuésemos responsables no diríamos que la culpa la tienen los chinos o la India porque quieren imitarnos. Habría que decir: pecamos en exceso y, ahora, debemos sanear la situación. Lamentablemente no se procedió así y vamos a perder 30 años. Occidente perdió una oportunidad. Todo esto es consecuencia del culto al individualismo que nos lleva a perder de vista una noción esencial: en las sociedades humanas, lo más importante es lo social, incluso en la economía. Sin la dimensión social el hombre no existiría.

Por Eduardo Febbro
Desde París

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Martes, 05 Octubre 2010 06:50

Ecuador: el árbol verde de la vida

Rafael Correa tomó posesión como presidente de Ecuador por primera ocasión en enero de 2007. Inició su segundo mandato en agosto de 2009. Lo concluirá el 10 de agosto de 2013. Una fecha que, a juzgar por el intento de golpe de Estado que sufrió el pasado jueves, le parece una eternidad a la oligarquía ecuatoriana.

La vocación golpista de las elites locales ha sido consistente. Entre 1995 y 2007 fueron depuestos tres mandatarios. Correa es el octavo jefe del Ejecutivo de Ecuador desde 1997.

Conforme pasa el tiempo, la popularidad del presidente crece. La primera vez que ganó las elecciones lo hizo en una segunda vuelta, en la que obtuvo 57 por ciento de los votos. En 2009 triunfó en la primera vuelta, con casi 52 por ciento de los sufragios. Las últimas encuestas ubicaban su índice de popularidad entre 60 y 62 por ciento.

Rafael Correa llegó al poder enfrentando tanto a una oligarquía mafiosa que manejó el aparato estatal durante dos décadas, conduciendo directamente el saqueo neoliberal, como a una partidocracia desprestigiada. Lo hizo enarbolando un programa en el que se expresaron algunas de las más importantes demandas del movimiento indígena y popular que durante 17 años resistió de manera destacada a las políticas de ajuste y estabilización, se opuso a la base militar estadunidense de Manta y al Plan Colombia, rechazó un tratado de libre comercio (TLC) con Washington y luchó contra los gobiernos de derecha. Sin embargo, construyó su candidatura y desarrolló su campaña electoral con un discurso ciudadano, al margen de esas fuerzas populares, en un momento en que éstas se encontraban en pleno reflujo.

Sus primeras medidas de gobierno consistieron en convocar a una consulta popular para que la ciudadanía decidiera si quería una Asamblea Constituyente, y la reducción de los salarios de los altos mandos del Estado, comenzando por el del presidente. El reclamo de una nueva Constitución, en tanto nuevo pacto social, provenía de los movimientos sociales, especialmente del indígena.

La Asamblea Constituyente sesionó en medio de importantes movilizaciones y acciones directas de masas respaldadas por el presidente. El resultado final fue una de las constituciones más avanzadas en el mundo, que, entre otras muchos derechos, reconoce los de la naturaleza y da herramientas para avanzar en una democracia radical.

Católico practicante, Rafael Correa insistió en que el nombre de Dios debía constar en la Constitución y asumió posiciones contra el aborto y contra el matrimonio entre homosexuales.

La revolución ciudadana de Correa coincide en el tiempo y es parte de la reconstrucción de la arquitectura del poder y la geopolítica en América Latina. Hay en el continente una redefinición de las relaciones y la inserción con Estados Unidos y los organismos y Ecuador es parte central de ello. No suscribió el TLC y no renovó el alquiler de la base militar de Manta con Washington; tomó distancia del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional; ha buscado anular tratados de inversión con otros países, al tiempo que las inversiones chinas (sobre todo en energía) crecen rápidamente.

Hoy existe mayor control del Estado sobre los recursos naturales y mayor participación del Estado en la renta petrolera y minera. La reacaudación tributaria ha crecido. Y la inversión social pasó de 4 por ciento del PIB a 8 por ciento. Sin embargo, no se ha reducido significativamente ni la pobreza ni la inequidad.

La administración de Correa ha sido crítica contra los grupos oligárquicos, a los que llama los pelucones (término que hace alusión al uso anacrónico de las pelucas por la aristocracia, y que, en el caso ecuatoriano, es utilizado para referirse a aquellos que han hecho fortuna con fondos públicos). Se ha enfrentado permanentemente a los monopolios audiovisuales, controlados por los grandes banqueros. Este 20 de octubre se cumple el plazo legal fijado para que éstos y sus familiares hasta en cuarto grado de consanguinidad, vendan sus acciones en los medios. A pesar de ello, la banca ha tenido en estos años significativas utilidades en dólares: 20 por ciento en 2008, 13 por ciento en 2009.

Los desencuentros (y los choques) del mandatario con el movimiento indígena, parte del movimiento popular y organizaciones ecologistas han sido importantes y, en ocasiones, muy duros. Éstos han criticado su política hacia la minería a cielo abierto y el hecho de que no se ha desarrollado un nuevo patrón para redistribuir la riqueza y tampoco otra forma de inserción en el mercado mundial. Ven en la Ley de Minería y en la de Aguas retrocesos legales, y en la de Soberanía Alimentaria superficialidad. No hay, aseguran, un esfuerzo por superar el extractivismo. Señalan, además, que el gobierno no los escucha.

Por su parte, el presidente percibe a los movimientos sociales que lo cuestionan como grupos corporativos que buscan intereses particulares. Ha tildado a los críticos de su política ambiental de infantilismo ecológico. Existen, por supuesto, movimientos sociales que lo apoyan, pero el centro de su esquema de acción política es el de una revolución ciudadana.

El desencuentro (y confrontación) no deja de ser una ironía trágica. El movimiento popular (especialmente el indígena) fue quien creó el espacio para enfrentar las políticas de Washington, abrió el terreno para la derrota político-electoral de la oligarquía y creó un nuevo sentido común. Sin estos cambios en la correlación de fuerzas, el triunfo de Correa habría sido impensable.

¿Facilitará la intentona golpista las condiciones para revertir este desencuentro y radicalizar el proceso de transformación política en Ecuador? Así sucedió en Venezuela en 2002, con el fracasado golpe de Estado contra Hugo Chávez. Pero todo dependerá de la lucha misma. Parafraseando a Goethe, Carlos Marx decía que gris es la teoría [...] verde el árbol de la vida. Ante la adversidad, el verde árbol de la revolución ecuatoriana tendrá que dar nuevos frutos.

Por Luis Hernández Navarro
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América Latina tiene una historia de logros para la izquierda mundial en la primera década del siglo XXI. Esto es cierto en dos sentidos. El primero y más ampliamente visible es que los partidos de izquierda o de centroizquierda han ganado una serie notable de elecciones durante la década. Y por primera vez, colectivamente, los gobiernos de América Latina se han distanciado, en grado significativo, de Estados Unidos. En la escena mundial, América Latina se volvió una fuerza geopolítica relativamente autónoma.
 
Pero hay un segundo modo en que América Latina tiene una historia de logros para la izquierda mundial. Los movimientos de las naciones indígenas de América Latina se han reafirmado a sí mismos políticamente casi en todas partes y exigen su derecho a organizar su vida política y social de manera autónoma. La primera vez que esto logró atención mundial fue con el dramático levantamiento del movimiento neozapatista en el estado mexicano de Chiapas, en 1994. Lo que ha sido menos visible es la emergencia de movimientos de tipos similares por toda Latinoamérica y el grado en que han ido creando una red interamericana de sus estructuras organizativas locales.
 
El problema es que los dos tipos de izquierdas –los partidos políticos que han accedido al poder en varios estados y los movimientos de naciones indígenas en varios estados– no tienen objetivos idénticos y usan un lenguaje ideológico bastante diferente.
 
Los partidos han hecho que su objetivo principal sea el desarrollo económico, buscando lograr este objetivo al menos en parte mediante un mayor control de sus propios recursos y mejores arreglos con el exterior –las empresas, los gobiernos y las instituciones intergubernamentales. Buscan crecimiento económico, argumentando que sólo de este modo se mejorará el estándar de vida de sus ciudadanos y se logrará una mayor igualdad mundial.
 
Los movimientos de naciones indígenas han buscado obtener mayor control sobre sus propios recursos y mejores arreglos no sólo con los actores externos, sino también con sus propios gobiernos nacionales. En general, dicen que su objetivo no es el crecimiento económico sino llegar a un entendimiento con la Pacha Mama o madre tierra. Dicen que no buscan un uso más amplio de los recursos de la tierra sino uno más cuerdo, que respete el equilibrio ecológico. Buscan el buen vivir.
 
No es sorpresa que los movimientos de naciones indígenas han entrado en conflicto con los pocos gobiernos más conservadores de América Latina –como México, Colombia y Perú. Con mayor frecuencia y muy abiertamente, estos movimientos también han entrado en conflicto con los gobiernos de centroizquierda de la región, como Brasil, Venezuela, Ecuador e incluso Bolivia.
 
Y digo aun Bolivia porque ése es un gobierno que eligió a un presidente que viene de una nación indígena con respaldo masivo de los votantes de naciones indígenas del país. Y sin embargo, ha habido conflicto. El punto, ahí como en otras partes, es cómo se desarrollan los recursos naturales, quién hace las decisiones y quién controla los ingresos.
 
Los partidos de izquierda tienden a acusar a los movimientos de naciones indígenas que entran en conflicto con ellos de ser, a sabiendas o no, peones (si no es que agentes) de los partidos nacionales de derecha, y de las fuerzas exteriores, en particular Estados Unidos. Los movimientos de naciones indígenas que se oponen a los partidos de izquierda insisten en que actúan en favor de sus propios intereses y de su propia iniciativa, y acusan a los gobiernos de izquierda de actuar como los gobiernos conservadores de antaño sin una real consideración de las consecuencias ecológicas de sus actividades desarrollistas.
 
Recientemente pasó algo interesante en Ecuador. Ahí, el gobierno de izquierda de Rafael Correa, quien de entrada ganó el poder con el apoyo de los movimientos de naciones indígenas, a últimas fechas ha entrado en marcado conflicto con ellos. La más aguda división ha sido por el deseo gubernamental de desarrollar los recursos petroleros en una reserva protegida de la Amazonia llamada Yasuní.
 
Al principio, el gobierno ignoró las protestas de los habitantes indígenas de la región. Pero luego, el presidente Correa ha abogado por una ingeniosa alternativa. Él propuso a los gobiernos ricos del norte global que, si Ecuador renunciaba a cualquier desarrollo en Yasuní, estos gobiernos ricos deberían compensar a Ecuador por esta renuncia, bajo el argumento de que era una contribución a la lucha mundial contra el cambio climático.
 
Cuando tal cosa se propuso por vez primera en la cumbre climática de Copenhague en 2009, se le consideró una fantasía. Pero tras seis largos meses de negociaciones, cinco gobiernos europeos (Alemania, España, Bélgica, Francia y Suecia) acordaron crear un fondo que habrá de administrar el Programa de Desarrollo de la Organización de Naciones Unidas para pagarle a Ecuador el hecho de no desarrollar Yasuní con el argumento de que esto contribuye a la reducción de emisiones de carbono. Ya se habla de inventar un nuevo verbo, yasunizar, para denotar tales tratos.
 
Pero, ¿cuántos acuerdos de éstos se pueden hacer? Hay un punto más fundamental en juego. Éste es la naturaleza del otro mundo que es posible –para utilizar la consigna del Foro Social Mundial. ¿Es ése uno basado en un constante crecimiento económico, aun si es socialista y pudiera elevar el ingreso real de la gente del sur global? ¿O es lo que algunos llaman un cambio en los valores civilizatorios, un mundo de buen vivir?
 
No será un debate fácil de resolver. Entre las fuerzas de la izquierda latinoamericana esto es actualmente un debate. Pero situaciones análogas subyacen en muchos de los jaloneos internos en Asia, África e incluso Europa. Puede volverse uno de los grandes debates del siglo XXI.

Por Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera
 
 
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