¿Por qué no avanza la lucha contra el cambio climático?

La creación de reglas internacionales para controlar el calentamiento global ha sido un tour de decepciones. Primero, habría que adentrarnos un poco en el proceso físico de degradación del planeta: Las emisiones de Bióxido de Carbono (CO2) principalmente ocasionadas por la acción humana, quedan atrapadas en la atmósfera, cuestión que altera todo el ecosistema y ocasiona graves tragedias como el derretimiento de los polos, la multiplicación de huracanes y fenómenos meteroleógicos, el deterioro de la vida terrestre y submarina, además, como lo han demostrado estudios recientes, una inusitada extinción de especies.


Hemos llegado a la lógica conclusión que los recursos de la Tierra son finitos, lo cual debiera implicar una transformación radical del pensamiento y los esquemas de producción. Complejos estudios sobre uso de materiales, algunos realizados por instituciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) consideran que al menos al octavo mes, ya se agotaron los recursos que teníamos para consumir en todo un año. De modo que, en términos de utilización de riquezas naturales, estamos viviendo “de prestado” con cargo a las próximas generaciones.


En 1998 se instaló el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, que reúne a lo mejor de la Ciencia en el mundo para estudiar el fenómeno. Ni presidentes, políticos, mucho menos ignorantes de la farándula deberían tener voz para desautorizar con ligerezas, cientos, quizá miles de estudios serios que confirman que el calentamiento global es una realidad apremiante.


En 1997 se suscribió el Protocolo de Kioto que establecía el compromiso de los países de reducir sus emisiones de CO2 con respecto a 1990. El acuerdo entraría en vigor cuando lo ratificaran los responsables del 55 por ciento de estos contaminantes. Esta meta no se pudo alcanzar hasta ocho años después, en buena medida porque el “texano tóxico” como le llamaba Giovanni Sartori (2003) a George Bush hijo, se había comprometido en una irresponsable aventura militar en Iraq y desde luego, era un defensor muy poco encubierto de los intereses petroleros norteamericanos, que siempre fueron renuentes a asumir compromisos en defensa del medio ambiente.


El tema quedó en el limbo hasta que se suscribió el Acuerdo de París en 2015, esta vez con una actitud más proactiva del presidente Obama, dado el papel preponderante de los EEUU en esta agenda. A diferencia de Kioto, el tratado de París entró en vigor rápidamente al obtener mayor consenso. Sin embargo, el texto legal pudo haber quedado peor que su antecesor. Aunque se establece como objetivo que la temperatura de la Tierra no rebase los dos grados centígrados, el acuerdo no señala metas específicas de reducción. Y las potencias económicas no han parado de contaminar desde entonces, al no tener obligaciones claras qué cumplir.


Todo parece quedar sujeto a la buena voluntad de los gobernantes, un poco de presión social y que las catástrofes, que se multiplican sin parar, no generen crisis irresolubles.
Sartori era un pensador bien informado, pues preveía que la Humanidad podría extinguirse en 2100, cosa que han confirmado estudios e informes recientes: Nos encontramos ante la última oportunidad de lograr que el cambio climático sea irreversible.


Aunque toda medida de ahorro, reducción de consumos personales y cambio de hábitos ayuda, es ineludible mirar la enorme responsabilidad que tienen las compañías.
Porque si se sigue explotando irreflexivamente la Laguna para hacer lácteos, Chiapas para producir refrescos, Baja California para instalar cerveceras o si la industria automotriz no hace compromisos serios para crear vehículos que contaminen menos, parece que seguimos con la hoja de ruta extraviada.


Una visión sustentable de nuestro entorno puede evitar conflictos sociales a futuro. En última instancia, la lucha contra el calentamiento global implica profundos cambios sistémicos que necesitamos tener presentes.

25 mayo 2019 

Publicado enMedio Ambiente
Informe sobre la biodiversidad: los motores invisibles

Hace 10 días el Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad dio a conocer el resumen de su informe sobre el estado de la biodiversidad en el mundo (www.ipbes.net). El contenido es alarmante: la biósfera, nuestra casa en el planeta, está siendo perturbada a una escala sin precedente. La biodiversidad está declinando más rápidamente que nunca antes en la historia de la humanidad.

La lista de daños al medio ambiente es el catálogo de una pesadilla: 75 por ciento de la superficie cultivable se encuentra alterada, 66 por ciento de ecosistemas marinos sufre impactos negativos acumulativos y 85 por ciento de la superficie de los humedales en el mundo se ha perdido. La mitad de los arrecifes coralinos en el mundo ha desaparecido en los pasados 100 años y las pérdidas se aceleran por los efectos del cambio climático. Entre 2010 y 2015 se perdieron 32 millones de hectáreas de bosque primario en los ecosistemas tropicales de alta biodiversidad. El tamaño de las poblaciones silvestres de vertebrados ha declinado en los pasados 50 años.

El informe de IPBES revela que desde 1970 la producción agrícola, la extracción de pesquerías y la producción forestal han amentado. Pero las aportaciones de la biósfera para mantener la producción futura en esas actividades han declinado. Esto significa que la producción no es sustentable.

¿Cuáles son los motores de esta destrucción sin precedente? En este terreno, el informe de IPBES se queda en la superficie. En IPBES los motores de la degradación ambiental se dividen en dos categorías.

En la primera están los cambios en uso de suelos y aguas, explotación directa de organismos, cambio climático, contaminación y la invasión de especies exóticas. Según IPBES, estos cinco factores directos son el resultado de los factores indirectos: crecimiento de la población y expansión de la economía mundial.

La debilidad del análisis sobre los motores económicos de la destrucción ambiental es característico de este tipo de estudios. Según el IPBES, los factores indirectos dependen de "valores sociales" y "patrones de producción y consumo". Esta redacción revela una falta absoluta de categorías analíticas para abordar el problema de las causas de la degradación ambiental.

En la oscuridad quedan las fuerzas económicas responsables de la sobre-inversión en capital fijo y la intensificación de tasas de extracción en la producción minera, forestal, pesquera y en desarrollo de monocultivos en grandes superficies. Lo mismo se puede decir de la expansión de la mancha urbana a escala mundial, producto de la especulación inmobiliaria y de la malsana relación del sistema financiero con el sector de bienes raíces.

El informe IPBES sí menciona prácticas no sustentables en la producción pesquera, agropecuaria y forestal, pero las atribuye a incentivos malsanos, como los subsidios que favorecen el uso de combustibles fósiles, fertilizantes y plaguicidas. Pero si bien los subsidios perversos efectivamente desempeñan un papel nefasto, son sólo una parte del problema.

A escala global, las fuerzas económicas que impulsan el deterioro ambiental están íntimamente relacionadas con la transformación de la economía bajo el esquema neoliberal. La obsesión con las exportaciones como motor de crecimiento ha dejado una profunda cicatriz ambiental a escala planetaria. A eso hay que añadir la concentración de poder de mercado, la dinámica de la competencia intercapitalista, así como el papel del sector financiero.

Varios ejemplos ilustran lo anterior. El uso de commodities como activos financieros es un factor de destrucción ambiental de primera magnitud. Se debe a la desregulación que permitió la irrupción de la especulación financiera en los mercados de futuros de materias primas. Esto ha sido confirmado por el comovimiento de los precios de commodities en los tres complejos de materias primas (energía, agropecuario y minerales).

En la agricultura encontramos que 92 por ciento de unidades de producción agrícola en el mundo son pequeñas propiedades y se ubican en 24.7 por ciento de la superficie cultivable global. A pesar de ser responsables de la producción de 50 por ciento de alimentos consumidos en el planeta, tienen que luchar en contra de estructuras adversas de precios y falta de apoyos gubernamentales. En cambio, los proyectos de agricultura comercial en gran escala, intensivos en agroquímicos y grandes destructores de biodiversidad, reciben todo tipo de apoyos.

La sección sobre Intervenciones de política, del informe IPBES, deja mucho qué desear. Es normal. Las recomendaciones de política para contrarrestar y revertir la destrucción ambiental serían más pertinentes en la medida en que el diagnóstico sobre las causas fuera más riguroso. Por el momento parece que tenemos que conformarnos con más análisis sobre las múltiples enfermedades del cuerpo ambiental, pero sin ahondar en las causas de esos males. Lo grave: el mal diagnóstico no permite recetar la medicina adecuada.

Twitter: @anadaloficial

Publicado enMedio Ambiente
Jueves, 09 Mayo 2019 05:59

Biosfera y capitalismo (II)

Biosfera y capitalismo (II)

El lunes 6 de mayo (2019) la ONU hizo público un informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política Sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) bienvenido y de inmensa importancia para la civilización humana, que consolida estudios realizados en las últimas décadas del siglo XX y lo que va del XXI en torno a la aniquilación biológica en curso, relacionada, entre otros factores, al calentamiento global en aumento. El informe de mil 500 páginas, elaborado por 400 especialistas, identifica cinco factores como los responsables de este predicamento: el uso de tierras (agricultura, deforestación), explotación directa de recursos (pesca, caza), cambio climático, contaminaciones y especies invasivas.

Sin embargo, en el IPBES o en las notas de la prensa corporativa, no aparecen las grandes firmas de la agricultura o la pesca y la alimentación industrial, tipo Monsanto, Bayer, etcétera. El IPBES reconoce la interrelación entre la intensificación del "cambio climático" (en realidad un colapso bioclimático antropogénico ) y la acentuada pérdida de biodiversidad y todo parece apuntar "al hombre" como principal responsable. De acuerdo con una agencia noticiosa, "Desde el año 1500, el hombre ha propiciado la desaparición de 680 especies de vertebrados. Sin embargo, según el informe, hoy en día hay más plantas y animales en peligro de extinción que en cualquier otro periodo de la historia humana",

Para la ciudadanía y aun mucha de la academia que no se asomará al monumental estudio, la poderosa plataforma de los medios masivos de comunicación, al servicio de sus poderosos anunciantes, ya está lanzando en centro y periferia la idea de que la responsabilidad del desplome bioclimático recae en "el hombre", todo lo que reforzará la popularización de la noción misma de "antropoceno", para caracterizar el contexto, lo que invisibiliza a los grandes intereses financiero/corporativos responsables.

Desde mediados del siglo XX la comunidad científica internacional mostró alta preocupación por el hecho de que el planeta sufre de un desequilibrio energético "substancial" entre la cantidad de energía solar que absorbe la tierra, mayor que la energía que se irradia de vuelta al espacio. Como el dióxido de carbono y el metano (entre otros) juegan un papel central en lo referido al componente principal de lo "antropogénico" del fenómeno bioclimático, hasta la fecha (mayo de 2019) prevalece inamovible el "veto" de los poderosos cabildos de la industria de los combustibles fósiles y del motor de combustión interna a una formalización internacional vinculante para frenar de manera inmediata y drástica los gases de efecto invernadero (GEI). Se trata de unacatástrofe en que la formación social predominante, el capitalismo, juega un papel central.

Como lo plantea Elmar Altvater en Capitalismo y Capitaloceno: “…el modo de producción capitalista genera historia geológica… lo ha hecho hasta integrar una nueva fase que los geólogos denominarían Antropoceno. Fase que sería más adecuado calificar como Capitaloceno (Kapitalozän), que da razones más que válidas para dedicarse al análisis del capitalismo, al estudio de los escritos de Marx y Engels y al estudio de la tradición del marxismo crítico. Que da razones más que válidas para construir, con Marx, la crítica del Capitaloceno”.

El consejo de Altvater es valioso si se tiene presente el consenso científico que hoy existe sobre el colapso bioclimático en curso. En trabajos ofrecidos por Jorge Beinstein y Luis Arismendi, se hace referencia al "pulso tanático" observado por la comunidad científica en la dinámica capitalista. A las cúpulas políticas en centro y periferia tiende escapar la importancia de lo que Marx teorizó como una "ruptura metabólica" (RM) entre la sociedad capitalista y la Tierra.

Para James Hansen, climatólogo de primera línea, el desequilibrio entre la energía que llega a la Tierra y la que sale "es de cerca de 0.6 Watts/m2 (metro cuadrado) como promedio para el planeta". Hansen fue didáctico al explicar ese orden de magnitud: “No sé si esto da una idea sobre la magnitud de lo que ocurre. Puedo decir que el exceso de energía es de 300 billones (trillion –millones de millones–) de joules por segundo. Pero esa inmensidad puede ser insuficientemente evocativa. Resultaría igualmente válido decir que el desequilibrio de energía de la Tierra sería el equivalente a explotar diariamente más de 400 mil bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima, los 365 días del año. Esa es la cantidad de energía extra que la Tierra obtiene cada día por nuestro uso de la atmósfera como basurero de nuestros desechos de gases con efecto invernadero (carbon pollution)”.

Sin freno a los GEI dicen otros expertos "sería como vivir en medio de 10 mil accidentes aéreos diarios sobre el planeta, los 365 días del año".

No lo permitamos.

Por John Saxe-Fernández

www.jsaxef.blogspot.com

Facebook: JohnSaxeF

Publicado enMedio Ambiente
El PND y la descarada imposición de los “pactos”

Una vez más nos vuelven a hacer la misma vieja jugada. Y en esta ocasión sí que cabe hablar por todo el país. Una vez más un gobierno aprovecha la convencional y cuatrienal presentación del Plan de Desarrollo para imponer el conjunto de reformas que de otra manera habrían tenido que seguir su curso normal en el Congreso. El documento denominado “Bases del Plan”, un ladrillo de casi mil páginas, se convierte así, como sus antecesores, en un artefacto inútil. Lo importante es el Proyecto de Ley mediante el cual supuestamente “se expide” el Plan y se presenta el mencionado documento que va como anexo (Art 2), junto con un Plan de inversiones y presupuestos plurianuales (Título II, Capítulo I). Sin embargo, el proyecto de Ley incluye, en el mismo Título II, un enorme Capítulo II que, bajo la tramposa denominación de “Mecanismos de ejecución del Plan”, introduce todo un ambicioso programa de reformas e iniciativas legislativas. Trescientos artículos en más de doscientas páginas.

Siendo generosos, diríamos que, si acaso, unas tres docenas de estos artículos corresponderían a “mecanismos de ejecución del Plan”. Incluyendo la radical y controvertida reforma institucional que consiste en trasladar el manejo de la inversión pública, del DNP, que es donde está ahora, al Ministerio de Hacienda. El resto es un verdadero programa legislativo que sólo bajo el gracioso argumento de “todo tiene que ver con todo” se relacionaría con el Plan de “los Pactos”.

Esta argucia leguleya y autoritaria, como se dijo al principio, la están utilizando en Colombia desde hace por lo menos cinco gobiernos y desde entonces se ha impugnado por ser un clásico ejemplo de violación del principio según el cual toda ley debe conservar una estricta unidad de materia. El proverbial humor colombiano ha denominado, por eso, “micos” a esos artículos que nada tienen que ver con el objeto de la ley y sin embargo se le “cuelgan” al ramaje principal. Este caso, por la cantidad y singularidad de los artículos sobrantes, raya en el descaro. Casi como una demostración de arrogancia, a través de una burla, han incluido un artículo que autoriza al Banco de la República a ¡“emitir una moneda especial en conmemoración del bicentenario”! La argucia tiene además un claro propósito antidemocrático. Es una burda imposición ya que, según está previsto en la Constitución y la ley, si el Congreso no aprueba el Plan el Presidente está facultado para expedirlo por Decreto.

 

Indefensos, inermes y confundidos

 

El problema consiste en que los movimientos y organizaciones sociales, así como las agrupaciones políticas de oposición, en lugar de enfrentar semejante engendro, se limitan a examinar si su sector está bien posicionado y prefieren reclamar su inclusión. Y algo de razón tienen si nos enfocamos principalmente en los cuadros del plan de inversiones y los presupuestos plurianuales. Observemos, a manera de ejemplo, que en el reciente acuerdo con la minga indígena del Cauca el principal logro consiste en la precisión de un plan de inversiones por un monto de $ 823.148 millones, para las organizaciones participantes, que explícitamente ubican dentro del “plan de inversiones plurianuales previsto en el proyecto de Ley del Plan Nacional de Desarrollo que se encuentra en trámite en el Congreso de la República”. Aparece entonces un agravante que ya han señalado algunos periodistas: se le regala una nueva ventaja al presidente Duque pues el acuerdo se convierte en una presión en favor del respaldo y la aprobación del proyecto de ley del Plan.

Por su parte, Fecode ya se apresuró, con el apoyo de un grupo de congresistas, a proponer una versión corregida de uno de los artículos que tiene que ver con la educación. Tampoco se enfrentan, pues, al contenido general de la colosal reforma antipopular que se plantea. Y esto para no mencionar a los diferentes defensores del Acuerdo de La Habana, limitados a exigir los recursos suficientes para la implementación. Todo sucede como si la política en Colombia se redujera a la disputa por el presupuesto público. Por cierto, son bastante peligrosas las reformas que se anuncian precisamente en estos tres temas: pueblos indígenas, educación, paz y reforma rural.

 

Toda una estrategia política y económica

 

A primera vista no es fácil orientarse en tan farragoso documento lleno de variantes jurídicas, sustantivas y de procedimiento, que sólo los especialistas de cada tema pueden entender. Sin embargo, el deliberado desorden, la extrema heterogeneidad y el fastidioso casuismo del articulado no deben engañarnos. Se trata de una clara estrategia política, institucional y jurídica, alineada en un todo con el más burdo fundamentalismo neoliberal. Es la misma filosofía que vimos en la defensa a ultranza de la rebaja de impuestos para las empresas que Duque ya había anunciado en su campaña y puso en práctica en la “ley de financiamiento”. Se supone que hay una rigidez institucional que no da confianza a los inversionistas. Los principios son entonces simples y simplistas: flexibilizar las normas, dar seguridad jurídica y ofrecer incentivos. Sobre todo, flexibilizar las normas ambientales, laborales y sociales, las normas de contratación pública, las exigencias de participación ciudadana y consultas. Así mismo se procede a la disminución de tributos, cargas y regalías, principalmente a nivel territorial, y en cambio se multiplican los incentivos económicos y se pone el Estado al servicio de la rentabilidad de la empresa privada.

Para decirlo en pocas palabras: el proyecto “tiene de todo” y parece hecho por los gremios, cada uno de los cuales puso allí sus exigencias y hasta sus caprichos. Pero ¿cuál es el propósito de semejante estrategia? En la argumentación de la tecnocracia neoliberal, que sigue siendo la eminencia gris del bloque de poder en sus diferentes formas y máscaras, es uno sólo: cortejar las grandes empresas, atraer la inversión extranjera. El modelo económico continúa siendo el mismo de hace más de veinte años: el “extractivismo”. Se le añade tal vez una nueva ilusión: la exportación de “servicios”. Por ejemplo de salud; quizás el turismo y, particularmente, la nueva golosina naranja: la cultura entendida como el negocio del entretenimiento. Es en ese sentido como pueden identificarse algunas líneas gruesas de la estrategia contenida en el famoso proyecto de ley.

Comienza de manera nada sorprendente con el sector minero energético, sector que reaparece una y otra vez en el articulado. El objetivo allí es remover todas las normas ambientales, de ordenamiento territorial, de propiedad y titulación de predios, y otras más, que supuestamente impiden la inversión. En esa misma línea aparece la facilitación del negocio de la construcción de infraestructura. Y, en cierto modo, la cuestión del desarrollo rural, el cual, aunque parece relacionarse con los acuerdos de paz, y hace mención del tema catastral y la adecuación de tierras, en realidad, está enfocado a los grandes proyectos de monocultivos, a través de la estabilidad, es decir seguridad y tranquilidad para los terratenientes. Cabe señalar, por cierto, que el tema de la seguridad, disfrazada de legalidad, ocupa un lugar extraordinariamente destacado en el proyecto.

En cambio, los trabajadores, en general, tanto los asalariados como los independientes, no deberían permanecer indiferentes ni mucho menos estar tranquilos frente a las amenazas que se anuncian. Con gran astucia se anticipan aquí importantes avances de lo que sería una reforma laboral, de “legalización” de la informalidad, y sobre todo de reforma pensional. Se habla de protección social pero todo se articula alrededor de un propósito de “saneamiento” de las finanzas públicas. Curiosamente frente a la crisis del sistema de salud lo que se puede deducir es que existe la pretensión de salvar la estructura de EPS y hacia el futuro incrementar su rentabilidad. Igual sucede con los servicios públicos que se mantienen dentro del enfoque privatista. Las nuevas normas en materia de innovación tecnológica y propiedad intelectual son igualmente preocupantes.

 

Un llamamiento

 

Tales son algunas de las líneas gruesas, pero también se encuentran centenares de pequeñas reformas, sobre muchos temas, que seguramente tienen igualmente grandes implicaciones. Ya sabemos que el diablo está en los detalles. Sería imposible y además irresponsable intentar un diagnóstico en una sola presentación. Lo único que puede recomendarse es el estudio detallado, por parte de quienes se encuentran en cada sector o área, de cada una de estas peligrosas iniciativas. Al menos sabremos de qué se trata, para, en caso de que se aprueben, organizar después la resistencia.

En todo caso, en el momento, sólo hay dos opciones. Una, que ya fracasó con los planes de Santos, consiste en que las organizaciones sociales le piden a la ínfima minoría opositora en el Congreso que trate de modificar lo mejor posible algunos de los artículos del proyecto. Otra, la más difícil, pero la única eficaz, es levantar un amplio movimiento popular de dimensión nacional que se coloque como único objetivo tumbar definitivamente el proyecto. Como mínimo, dejarlo reducido a su verdadero propósito de aprobación del Plan, obligando al Gobierno a presentar por separado cada una de las reformas que quiere hacer. Como quien dice: ¡A sacudir el árbol de los micos!

Publicado enColombia
El discurso completo de Greta Thunberg ante el Parlamento británico: "Volveremos a clase cuando escuchéis a la ciencia"

"Nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite", señaló la activista


"La crisis climática es a la vez el conflicto más fácil y el más difícil al que nos hemos enfrentado. El más fácil porque sabemos lo que tenemos que hacer y el más difícil porque nuestra economía depende de la destrucción de los ecosistemas"

 

Me llamo Greta Thunberg, tengo 16 años, soy sueca y he venido a hablaros en nombre de las generaciones futuras.


Sé que muchos de vosotros no queréis escucharnos. Decís que sólo somos niños. Pero nosotros sólo repetimos el mensaje de la ciencia sobre el clima.


Muchos de vosotros parecéis estar preocupados por ver cómo perdemos un tiempo de clase muy valioso, pero os aseguro que volveremos al instituto en cuanto empecéis a escuchar a la ciencia y nos deis un futuro ¿Os parece mucho pedir?


En el año 2030 yo tendré 26 años. Mi hermana pequeña, Beata, tendrá 23. Igual que muchos de vuestros hijos o nietos. Nos han dicho que es una edad genial en la que tienes toda la vida por delante. Pero no estoy segura de que vaya a ser tan genial para nosotras.


He tenido la suerte de nacer en una época y en un lugar donde todos nos dicen que soñemos en grande, que podría convertirme en lo que quisiera, que podría vivir en cualquier sitio que quisiera. La gente como yo lo ha tenido todo y más. Cosas con las que nuestros abuelos ni siquiera se atrevían a soñar. Hemos tenido todo lo que podíamos desear y, sin embargo, ahora podríamos acabar sin nada. Probablemente ya ni siquiera tenemos futuro.


Porque nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite y que sólo se vive una vez.


Nos habéis mentido. Nos habéis dado falsas esperanzas. Nos habéis dicho que el futuro era algo que anhelar. Y lo más triste es que la mayoría de los niños ni siquiera sabe el destino que nos espera. No lo comprenderemos hasta que sea demasiado tarde. Y, sin embargo, somos los más afortunados. Los que se verán más afectados ya están sufriendo las consecuencias. Pero sus voces no son escuchadas.


¿Está encendido el micrófono? ¿Podéis oírme?


Alrededor del año 2030, dentro de 10 años, 252 días y 10 horas, habremos desatado una reacción en cadena irreversible que escapará todo control humano y que seguramente pondrá fin a nuestra civilización tal como la conocemos. Eso es lo que sucederá a menos que en el tiempo que nos queda se tomen medidas sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad, incluida una reducción de al menos el 50% en las emisiones de dióxido de carbono.


Y tened en cuenta que estos cálculos dependen de inventos que todavía no se han inventado a esa escala, inventos que se supone que limpiarán la atmósfera de cantidades astronómicas de dióxido de carbono.


Además, estos cálculos no incluyen puntos de inflexión imprevistos y bucles de retroalimentación como el poderoso gas metano que se está escapando rápidamente con el deshielo de la capa de hielo ártico.


Y estos cálculos científicos tampoco contemplan el calentamiento atrapado en la contaminación tóxica del aire. Ni el aspecto de equidad o justicia climática que se estableció claramente en el Acuerdo de París y que es absolutamente necesario para que los cambios funcionen a escala global.


También debemos tener en cuenta que estos son sólo cálculos. Estimaciones. Eso significa que los "puntos de no retorno" pueden ocurrir un poco antes o un poco después de 2030. Nadie puede saberlo con exactitud. Sin embargo, sí podemos estar seguros de que ocurrirán en esos períodos de tiempo, porque estos cálculos no son opiniones ni suposiciones hechas a lo loco.


Estas proyecciones están respaldadas por datos científicos, conclusiones a las que han llegado todos los países a través del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o IPCC. Casi todos los más importantes paneles científicos nacionales en todo el mundo apoyan sin condiciones el trabajo y las conclusiones del IPCC.
¿Me habéis oído? ¿Entendéis mi inglés? ¿Está encendido el micrófono? Porque estoy empezando a dudar.


En los últimos seis meses he viajado por toda Europa. He pasado cientos de horas en trenes, coches eléctricos y autobuses para repetir una y otra vez estas palabras que pueden cambiarnos la vida. Pero nadie habla de eso y nada parece haber cambiado. De hecho, las emisiones siguen aumentando.


Cuando viajo para dar discursos en diferentes países, siempre me ofrecen ayuda para escribir sobre políticas climáticas específicas en países específicos. Pero eso no es necesario. Porque el problema esencial es el mismo en todos lados. Y el problema esencial es que no se está haciendo nada para poner freno, o siquiera reducir, el colapso climático y ecológico, a pesar de todas las palabras bonitas y las promesas.


Sin embargo, el Reino Unido es un caso especial. No sólo por la extraordinaria deuda histórica de carbono, sino también por su recuento actual –y por cierto muy creativo– de sus emisiones de carbono.


Desde 1990 el Reino Unido ha logrado una reducción del 37% de sus emisiones territoriales de dióxido de carbono, según el Proyecto Global del Carbono. Y eso suena sorprendente. Pero estas cifras no incluyen las emisiones de la aviación, los barcos y aquellas asociadas con importaciones y exportaciones. Si se incluyeran estas emisiones, la reducción desde 1990 sería de alrededor del 10%, o un promedio de 0,4% al año, según el Centro Tyndall Manchester.


Y la causa principal de esta reducción no son las políticas climáticas, sino una directiva de la Unión Europea de 2001 sobre la calidad del aire que básicamente obligó al Reino Unido a cerrar viejas plantas de carbón que eran extremadamente contaminantes y reemplazarlas por estaciones energéticas de gas que son menos sucias. Y por supuesto, al pasar de una fuente de energía desastrosa a una menos desastrosa, las emisiones se reducen.


Pero quizá la idea más equivocada sobre la crisis climática es que tenemos que "reducir" las emisiones. Porque eso está lejos de ser suficiente. Si queremos que el calentamiento baje a menos de 1,5 o 2 grados, tenemos que poner freno a las emisiones. Por supuesto que es necesario "reducir" las emisiones, pero eso es sólo el comienzo de un proceso rápido que debe llevar al fin de las emisiones en un par de décadas o menos. Y cuando digo "fin" quiero decir cero y luego pasar rápidamente a cifras negativas. Eso descarta automáticamente la mayoría de las políticas actuales.

El hecho de que estemos hablando de "reducir" en lugar de "poner fin" a las emisiones es quizá la mayor prueba de que las cosas siguen igual que siempre. Por ejemplo, actualmente el Reino Unido está apoyando activamente la nueva explotación de combustibles fósiles con la industria del fracking de gas shale, la expansión de sus campos de petróleo y gas en el Mar del Norte, la expansión de los aeropuertos y el plan de permitir una nueva mina de carbón. Es más que absurdo.


Sin duda, este comportamiento irresponsable será recordado en el futuro como uno de los grandes fracasos de la humanidad.


La gente siempre nos dice a mí y a los millones de jóvenes que nos manifestamos que deberíamos estar orgullosos de lo que hemos logrado. Pero lo único que tenemos que hacer es mirar la curva de emisiones. Y, lo siento, pero sigue siendo ascendente. Esa curva es lo único que deberíamos mirar.


Cada vez que tomamos una decisión, debemos preguntarnos: ¿Cómo afectará esta decisión a la curva? No deberíamos seguir midiendo nuestra riqueza y nuestro éxito según el gráfico que muestra el crecimiento económico, sino según la curva que muestra las emisiones de gases de efecto invernadero. Ya no deberíamos sólo preguntarnos: "¿Tenemos suficiente dinero para poder hacerlo?", sino también: "¿Podemos lograrlo cumpliendo ampliamente con los objetivos de las emisiones de carbono?" Ese debería el foco de nuestra nueva forma de autoevaluación.


Muchas personas dicen que no tenemos ninguna solución para la crisis climática. Y llevan razón. ¿Cómo íbamos a tener una solución? ¿Cómo se "soluciona" la mayor crisis a la que se ha enfrentado la humanidad? ¿Cómo se "soluciona" una guerra? ¿Cómo se "soluciona" llegar por primera vez a la luna? ¿Cómo se "soluciona" inventar cosas nuevas?


La crisis climática es a la vez el conflicto más fácil y el más difícil al que nos hemos enfrentado. El más fácil porque sabemos lo que tenemos que hacer. Tenemos que poner fin a las emisiones de gases de efecto invernadero. Y el más difícil porque nuestra economía actual depende casi totalmente de los combustibles fósiles y de la destrucción de los ecosistemas para poder generar un crecimiento económico perpetuo.


"¿Y exactamente cómo resolveremos esto?" nos preguntáis a nosotros, los jóvenes que nos manifestamos contra el cambio climático. Y nosotros respondemos: "Nadie lo sabe con certeza. Pero debemos dejar de quemar combustibles fósiles y recuperar la naturaleza y muchas otras cosas que aún no sabemos bien cómo hacer".


Entonces nos decís: "¡Esa no es una respuesta!". Y nosotros os decimos: "Tenemos que comenzar a tratar la crisis como una crisis y comenzar a actuar incluso si no sabemos cuál es la solución". "Sigue sin ser una respuesta", decís vosotros. Entonces comenzamos a hablar de economía circular y de volver a una naturaleza salvaje y de la necesidad de una transición justa. Y vosotros no entendéis de qué estamos hablando.


Nosotros decimos que esas soluciones que necesitamos no las conoce todo el mundo y que entonces debemos unirnos en respaldo de la ciencia y encontrar juntos esas soluciones por el camino. Pero vosotros no nos escucháis. Porque esas son respuestas para resolver una crisis que la mayoría de vosotros no comprende bien. O no queréis comprender.
Vosotros no escucháis lo que dice la ciencia porque solo os interesan soluciones que os permitan seguir como antes. Como ahora. Y esas respuestas ya no existen. Porque no habéis actuado a tiempo.


Evitar un colapso climático requerirá un pensamiento catedral. Debemos poner los cimientos aunque todavía no sepamos cómo construir el techo.


Y estoy segura de que en cuanto comencemos a actuar como si estuviéramos en una emergencia, podremos evitar el colapso climático y ecológico. Los humanos somos muy flexibles: todavía estamos a tiempo de solucionar esto. Pero la oportunidad de hacerlo no durará mucho tiempo. Debemos comenzar hoy mismo. Ya no quedan excusas.


Los jóvenes no estamos sacrificando nuestra educación ni nuestra infancia para que vosotros nos digáis lo que consideráis que es políticamente posible en la sociedad que habéis creado. No hemos salido a las calles para que os hagáis selfies con nosotros y nos digáis cuánto admiráis lo que estamos haciendo.


Los jóvenes estamos haciendo esto para que vosotros los adultos despertéis. Los jóvenes estamos haciendo esto para que pongáis vuestras diferencias a un lado y comencéis a actuar como lo haríais en una crisis. Los jóvenes estamos haciendo esto porque queremos recuperar nuestras esperanzas y nuestros sueños.
Espero que mi micrófono haya estado encendido. Espero que hayáis podido oírme.


Traducido por Lucía Balducci

Publicado enMedio Ambiente
La emergencia del clima y la próxima generación

Decenas de miles de jóvenes salieron a la calle la semana pasada en muchas ciudades alredor del mundo para transmitir un mensaje claro a los dirigentes mundiales: actúen ya para salvar nuestro planeta y nuestro futuro de la emergencia del clima.

Esos estudiantes han comprendido algo que muchas personas mayores parecen no captar: nos estamos jugando la vida en una carrera contrarreloj y vamos perdiendo. La oportunidad se está desvaneciendo; el tiempo es un lujo que ya no podemos permitirnos y retrasar la acción respecto al cambio climático es casi tan peligroso como negar que existe.
Mi generación no ha sabido reaccionar ante el enorme desafío del cambio climático y la gente joven lo siente profundamente; no les faltan motivos para enojarse.


A pesar de llevar años hablando del problema, las emisiones mundiales están alcanzando niveles récord y no muestran signos de haber tocado techo. Hoy tenemos la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera más alta en tres millones de años. Los pasados cuatro años fueron los cuatro años más calurosos desde que se llevan registros, y las temperaturas invernales en el Ártico han aumentado en 3ºC desde 1990. El nivel del mar está subiendo, los arrecifes de coral mueren y empezamos a ver repercusiones del cambio climático que pueden poner en peligro la salud mediante la contaminación atmosférica, las olas de calor y los riesgos para la seguridad alimentaria.


Por fortuna tenemos el Acuerdo de París, un contexto normativo visionario, viable y con visión de futuro donde se expone qué hacer exactamente para frenar las perturbaciones del clima e invertir sus efectos. Pero el acuerdo en sí es papel mojado si no va acompañado de medidas ambiciosas.


Por eso este año voy a reunir a los líderes mundiales en la Cumbre sobre la Acción Climática. Hago un llamado a todos los dirigentes para que vengan a Nueva York en septiembre con planes concretos y realistas a fin de mejorar sus contribuciones determinadas a escala nacional para 2020, en consonancia con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 45 por ciento en el próximo decenio y de que sean nulas para 2050.


La cumbre congregará a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, las administraciones locales y otras organizaciones internacionales para preparar soluciones ambiciosas en seis áreas: las energías renovables, la reducción de las emisiones, la infraestructura sostenible, la agricultura sostenible y la gestión sostenible de bosques y océanos, la resistencia a los efectos del cambio climático y la inversión en la economía verde.


El análisis más reciente muestra que, si actuamos ahora, podemos reducir las emisiones de carbono en 12 años y limitar el calentamiento global a 1.5°C. Pero si no cambiamos de rumbo, las consecuencias son imprevisibles.


Aunque la acción climática es indispensable para combatir una amenaza existencial, también tiene un costo. Los planes de acción no deben dejar un saldo de ganadores y perdedores o acentuar la desigualdad económica, deben ser justos y crear nuevas oportunidades para quienes salgan perjudicados, en el contexto de una transición justa.


Tenemos de nuestra parte a las empresas. Las soluciones aceleradas al cambio climático pueden reforzar nuestras economías y crear empleo, y a la vez conseguir un aire más limpio, preservar los hábitats naturales y la diversidad biológica, y proteger el medioambiente.


Con las nuevas tecnologías y soluciones de ingeniería ya se está produciendo energía a un costo más bajo que en la economía de los combustibles fósiles. La energía solar y la eólica terrestre son ahora las fuentes más baratas de nueva energía mayorista en prácticamente todas las grandes economías. Pero tenemos que poner en marcha un cambio radical.
Para ello hay que dejar de conceder subsidios a los combustibles fósiles y la agricultura de emisiones elevadas y optar por energías renovables, vehículos eléctricos y prácticas que respeten el clima. Hay que fijar unos precios del carbono que reflejen el costo real de las emisiones, desde el riesgo climático hasta los peligros que entraña para la salud la contaminación atmosférica. También hay que acelerar el ritmo de cierre de las centrales de carbón y sustituir esos empleos por alternativas más saludables para que la transformación sea justa, inclusiva y rentable.


Esta propuesta está cobrando impulso: la gente está atenta y hay una nueva determinación de cumplir la promesa del Acuerdo de París. La Cumbre sobre el Clima debe ser el punto de partida para construir el futuro que necesitamos.


Para terminar, tengo un mensaje para los chicos y las chicas que se manifestaron ayer. Sé que la gente joven puede cambiar el mundo y que, de hecho, lo cambia.
Hoy, muchos jóvenes piensan en el futuro con ansiedad y temor, y yo comprendo vuestras inquietudes y vuestro enfado. Pero sé que la humanidad es capaz de conseguir grandes logros. Vuestras voces me dan esperanza.


Cuanto más percibo vuestro compromiso y activismo, más confianza tengo en que vamos a ganar. Juntos, con vuestra ayuda y gracias a vuestro esfuerzo, podemos y debemos superar esta amenaza y crear un mundo más limpio, seguro y ecológico para todos.

Por António Guterres, Secretario general de la Organización de las Naciones Unidas

Publicado enMedio Ambiente
Carroza del carnaval que representa a la figura de la activista del clima Greta Thunberg, la semana pasada en de Duseldorf. Lukas Schulze

“Los jóvenes tienen razón”, afirman los profesionales ante la gran movilización global del próximo viernes

“Los jóvenes tienen razón”. “Ya no hay más excusas”. Esas son algunas de las conclusiones a las que han llegado científicos que este martes han presentado en Berlín una iniciativa con la que secundan la movilización de los jóvenes contra el cambio climático y que aseguran respaldan hasta 12.000 científicos firmantes.


Desde hace semanas, jóvenes de toda Europa se manifiestan los viernes para exigir a los políticos que actúen para proteger el futuro de las próximas generaciones. El movimiento, bautizado Fridays for Future e iniciado por la joven sueca Greta Thunberg, tiene previsto celebrar una gran huelga estudiantil global este próximo viernes contra el calentamiento global. Solo en Alemania, están previstas 180 protestas.


Será este viernes, cuando la lista de 12.000 científicos procedentes de Alemania, Austria y Suiza será entregada a los activistas de la huelga estudiantil. “La preocupación [de los jóvenes manifestantes] está justificada y respaldada por la ciencia disponible. Las medidas actuales para la protección del clima, la biodiversidad, los bosques, los mares y el suelo están muy lejos de ser suficientes”, indica el texto de los científicos. Y añade: “La gente joven exige correctamente que nuestra sociedad priorice la sostenibilidad y la acción climática sin más titubeos. Sin un cambio profundo, su futuro está en peligro”, sostienen los científicos de numerosas disciplinas.


Volker Quaschning, ingeniero y profesor de sistemas energéticos en la Escuela de Ciencias Aplicadas de Berlín dijo el martes que “nosotros somos los profesionales y decimos que esta generación de jóvenes tiene razón y tenemos que darles las gracias”, en alusión a las críticas del líder del partido liberal alemán FDP, que ha dicho recientemente que los estudiantes deberían dejar la lucha contra el cambio climático a los profesionales.


El presidente alemán, Frank Walter Steinmeier, ha apoyado sin embargo la lucha de las nuevas generaciones. “Me alegro de que os involucréis, porque muchos adultos no quieren darse cuenta de que se está haciendo demasiado tarde”, ha dicho recientemente. La canciller alemana, Angela Merkel, también ha apoyado al protesta estudiantil.


El divulgador científico Eckart von Hirschhausen criticó a los que en Alemania creen que las protestas deben tener lugar fuera del horario escolar, porque dijo que ninguna huelga se celebra en horas libres. “Los pilotos y los conductores de tren no hacen huelga en su tiempo libre”, indicó


Luisa Nuebauer, uno de los rostros más reconocibles de la protesta en Alemania pidió a los votantes que en las elecciones europeas de mayo se lo piensen dos veces antes de apoyar a un partido que no tengan un plan contra el cambio climático. Jakob Blasel, otro activista, explicó que uno de sus objetivos es llevar el cambio climático a la primera línea política con vistas a los comicios europeos. “Queremos que las elecciones europeas sean las elecciones del clima”, dijo Blasel, de Fridays for Future.

Por Ana Carbajosa
Berlín 12 MAR 2019 - 16:04 COT

Publicado enMedio Ambiente
Los mitos de la ciencia y la ingenuidad de los científicos

En estos días que se habla con ardor acerca del papel de la ciencia, y de su hija mayor la tecnología, para el futuro del país, conviene recordar apreciaciones básicas sobre la verdadera función de esta institución llamada ciencia, uno de los mayores pilares de la modernidad que padecemos. Con apenas dos siglos de existencia y en plena sinergia con el capitalismo, los combustibles fósiles, la industria, el individualismo y el patriarcado, la ciencia es la culpable mayor de múltiples beneficios pero también de los principales riesgos, lacras, peligros y amenazas que hoy afectan a la humanidad.

Tres son los principales mitos que engalanan a la ciencia contemporánea y que sirven para ocultar su verdadera esencia. El primero atañe a su fetichización. Siempre se tiende a hablar de La Ciencia (con mayúsculas) elevada a una suerte de entidad suprema, en vez de reconocer las diferentes modalidades del quehacer científico cada una de las cuales persigue fines diferentes y hasta antagónicos. Este fetiche se ve acompañado, segundo mito, por la falsa idea de que toda actividad científica es automáticamente benéfica, moralmente buena e ideológica y políticamente neutra. En consecuencia el científico se identifica siempre como un ser virtuoso: santos del conocimiento verdadero, héroes de la objetividad, mártires por la humanidad, abnegados practicantes del experimento. Su mayor virtud, se afirma, es la de haber sometido a la pasión y eliminado a la subjetividad de sus análisis. El tercer mito lo ha descrito con precisión Jorge Reichmann: “El conocimiento científico es un gran bien. Pero ¿cómo pueden tantos investigadores caer en la ingenuidad cientificista de creer que simplemente incrementar el conocimiento conducirá a la mejora de la condición humana? El progreso científico no implica necesariamente progreso humano. Para que se diera progreso humano sería necesario que las comunidades de ese enrevesado simio averiado que se llama Homo sapiens estuviesen en disposición de usar el conocimiento creciente de forma adecuada”.

Estos tres mitos son cada vez menos creíbles por una razón: En los últimos 50 años, la "ciencia desarrollada" ha sido cooptada, influenciada, dirigida y/o financiada por el capital corporativo que hoy domina al mundo. Los datos de la Unesco indican que la inversión privada se incrementó notablemente en Corea del Sur, China, Alemania, Estados Unidos, Turquía y Polonia. En Estados Unidos hacia 1965 la ciencia académica financiada por el gobierno representaba 60 por ciento y la ciencia corporativa 40 por ciento. Para 2015 ya se había invertido a 30-70 por ciento (Unesco, 2015). La ciencia corporativa mantiene un mundo insustentable al generar gases, líquidos y sustancias tóxicas, fertilizantes químicos, pesticidas, plásticos, alimentos dañinos, medicamentos nocivos, organismos transgénicos, gases de efecto invernadero, y especialmente armas cada vez más sofisticadas y complejas. Sólo las 10 mayores corporaciones de la industria bélica tuvieron en conjunto ingresos anuales de 194 mil millones de dólares (2017), con unos 800 mil empleados, de los cuales 10-20 por ciento son científicos, técnicos e ingenieros. Es probable que la mayoría de los casi 8 millones de científicos que existen en el mundo trabajen ya para las corporaciones. De la misma manera que sucede con muchos gobiernos y empresas, partidos políticos, la Iglesia católica, o la realeza europea, hoy la actividad científica esta teñida de corrupción y desprestigio. Por ejemplo, revistas científicas de larga tradición que han cedido a las presiones de las corporaciones farmacéuticas y biotecnológicas, o el gremio de los Premios Nobel que ha escandalizado con los casos de investigadores racistas (como William Schockley, y el descubridor del ADN, James Watson) o con la carta que firmaron 110 premiados en favor de los alimentos transgénicos y contra Greenpeace (ver).

Es en este contexto que sorprenden por ingenuos los reclamos de "más presupuesto para la ciencia" o "libertad de investigación". En México, la política pública en la materia ha carecido de discusión seria y profunda, y ha seguido los vaivenes marcados por los grupos de poder incrustados en puestos clave del gobierno y de la academia. Grupos que imponen sus líneas de investigación y sus visiones anacrónicas y que, como sucede en la UNAM, buscan controlar áreas como la biotecnología, la ecología, la biomedicina, la química y las ingenierías. Hoy hace falta poner sobre la mesa de discusión los objetivos y la orientación de un Programa Nacional de Ciencia y Tecnología que se ocupe de la resolución de las mayores y más urgentes problemáticas de la nación, sin perder de vista el conflicto que se da entre una ciencia mercantilizada y una ciencia comprometida con el bienestar social y ambiental del país y del planeta. Hoy, la verdadera ciencia se mide por su poder para resolver problemas, no para crearlos. Y este desafío atañe por igual a todas las comunidades científicas del mundo.

 

Miércoles, 25 Diciembre 2019 06:06

¿Qué significa la universidad pública?

¿Qué significa la universidad pública?
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 

En tiempos de una profunda crisis global de la educación; del surgimiento de modelos de universidad como la universidad privada, la universidad mita, la universidad corporativa, por ejemplo; contradictoriamente, en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento; en una época de una profunda crisis medioambiental, y de una crisis económica galopante y de gran alcance; también, en una época marcada por una transición civilizatoria, de la vieja civilización Occidental hacia una nueva civilización cuyo nombre aún no ha sido esculpido –en estos tiempos se impone la pregunta: ¿qué significa la universidad pública?

 

La pregunta tiene un foco bien preciso: América Latina en general, y Colombia en particular. Con sus complejidades, historia y futuros posibles.

 

a) La universidad pública implica, en primer lugar, la confianza por parte del Estado, y su compromiso abierto y denodado por la educación gratuita; esto es, por el acceso universal a la educación superior y, por consiguiente el reconocimiento expreso del derecho a la educación como un derecho humano, fundamental.

 

En este sentido, la universidad pública significa que el Estado no le cede la responsabilidad de la educación superior al sector privado –empresa, fundaciones, iglesias–, sino que asume la responsabilidad de formar sujetos libres, críticos y con mejores horizontes de vida como un asunto de gobierno y de Estado. En la historia de Colombia, la universidad pública ha sido estratificada administrativamente en tres niveles: la Universidad Nacional, universidades departamentales –como la del Valle, el Tolima o la UIS, por ejemplo–, y universidades municipales, como la Distrital, de Bogotá. Por consiguiente, la estratificación administrativa se ha traducido necesariamente en estratificación económica, pues una cosa es un presupuesto nacional, y otra distinta, en tiempos de descentralización administrativa, las universidades departamentales y municipales.

 

b) La universidad pública significa que el Estado y los gobiernos nacionales creen en el futuro, y más exactamente en el futuro a mediano y a largo plazo.

 

En efecto, en un país en el que las empresas pequeñas representan cerca del 94 por ciento de todo el sector empresarial, apostar por el futuro a mediano y largo plazo es un tema de la mayor importancia, pues ello significa exactamente apostar por la vida. Al fin y al cabo, la vida es un juego que se asume para el largo plazo, en contraste con la racionalidad efectista, cortoplacista, y productivista. No en vano el sector privado es el principal agente renuente a contratar en el país a doctores (Ph.D.) en las empresas. Mientras que en el marco de la dependencia del país de otros poderes (grandes corporaciones, E.U., etc.) se impone una visión de corto plazo, la educación en general, y la educación pública en general significan construir y sembrar al mismo tiempo para el largo alcance. Estos tiempos pertenecen a la lógica misma de la educación superior, la cual se articula en tres grandes niveles, así: la formación de pregrado, que oscila entre cuatro y cinco años, dependiendo de las carreras; la formación en Maestrías, habitualmente dos años, y la formación en estudios de Doctorado (Ph.D.), que oscilan entre cuatro y ocho años, en función de varios factores. Sin ambages, la educación pública se estructura en torno a tiempos que oscilan alrededor de doce años. Demográficamente, más de media generación. Lo cual se torna en un asunto bastante más serio cuanto la educación se mide, por ejemplo, en términos de currículo, en torno a por lo menos cuatro promociones. Así las cosas, se trata de un futuro con estimaciones de doce años que se multiplica por lo menos por cuatro. Esto es lo que significa la educación pública en términos de tiempo.

 

c) Ahora bien, en el contexto de la educación que se define en torno al desarrollo y la investigación (D + I) e incluso de la innovación (D + I + i), el aspecto verdaderamente determinante de la educación superior es la formación de investigadores, no simplemente de profesionales.

 

Hoy por hoy las universidades se miden principalmente por los grupos de investigación, por la calidad de los profesores, por la producción intelectual, en fin, por la existencia de Centros e Institutos de Investigación, mucho más que simplemente por los egresados de pregrado. Fundamentales, los egresados de pregrado tienen la exigencia, por parte de la sociedad, del mercado y de su propio desarrollo humano, de tener algo más que un pregrado. Así las cosas, la investigación se articula en dos niveles: investigación formativa y científica. Aquella se encuentra en función de ésta, en la cual encuentra su piedra de toque verdadera.

 

De esta suerte, los tiempos de la educación superior se hacen más densos, con todo y el reconocimiento explícito de que la investigación jamás se ha definido por campanas de Gauss (esto es grande promedios), sino, por el contrario, por el trabajo con diferenciales. En este sentido, la formación de investigadores en la universidad pública equivale exactamente a la formación de lo mejor de la sociedad y del país en términos de conocimiento, creatividad e innovación. El Estado y los gobiernos nacionales asumen la formación de investigadores de la máxima calidad y prestigio como un asunto de interés nacional y de compromiso país. Algo que no ha sucedido plenamente hasta la fecha.

 

d) La universidad es el espacio en el que se desarrolla lo mejor de la juventud de un país. Por consiguiente, deben ser espacios amables, de calidad en toda la expresión de la palabra, estéticos y con los mejores instrumentos posibles; esto es, laboratorios, profesores, bibliotecas, hemerotecas, videotecas, pinacotecas, por ejemplo.

 

Los campus de las universidades públicas deben ser lugares amables, hermosos y con la mejor calidad de vida, algo que, en el estado actual de cosas es más bien la excepción. Espacios existencialmente plenos, en los que, si lo importante es el conocimiento, por eso mismo, exactamente, debe serlo la belleza, la armonía y el arte. En la vida, la forma es el fondo mismo, y no existe, en absoluto, ninguna separación entre forma y fondo.

 

Los edificios, los jardines, las bibliotecas, los salones y los auditorios, por ejemplo, deben ser espacios que en muchas situaciones sean mejores que las de los propios hogares de quienes estudian y trabajan en ellas. Sin embargo, en total consonancia con lo anterior, la universidad púbica debe disponer de las mejores bases de datos, repositorios, bibliotecas, sistemas de computación y demás, que hagan que el conocimiento y la vida se puedan desenvolver de manera armónica y lo mejor posible.

 

En esta realidad-proyección la juventud no es simple y llanamente una condición biológica, es ante todo una condición existencial, cultural y espiritual de suerte que la educación es afirmación de juventud y de vida, en toda la acepción de la palabra. Un investigador se forma en las primeras tres décadas de existencia, en promedio, pero se despliega en las siguientes cinco o seis. La vitalidad del conocimiento es una sola y misma cosa con la vitalidad de una forma de vida. La universidad pública es el espacio y el tiempo de esta vitalidad, para sí misma, para la sociedad y el país.

 

e) En el contexto de una sociedad laica y secular, la universidad pública implica la total libertad de pensamiento, libertad de opinión y de palabra, y de organización, y el no-confesionalismo, de ningún tipo. La universidad pública es el espacio mismo de la construcción de democracia, y más radicalmente, de que otra democracia es posible.

 

En las universidades privadas predomina la confesión, el acatamiento, la lealtad. En una palabra, la ausencia de una democracia radical (Habermas) y de libertad. Todo lo contrario sucede y debe suceder en la universidad pública.

 

La universidad pública ha sido objeto de escarnio, silenciamiento y persecución debido a que en su interior se respira crítica. Esta crítica debe permanecer y debe ser garantizada de todas las formas. En este sentido, la universidad pública es secular y laica. El respeto a todas las creencias debe ser compatible con la ausencia de preferencias por cualquiera de ellas. El secularismo es una verdadera ganancia de la modernidad, pero necesita ser ampliado y fortalecido constantemente. Los medios de comunicación de la universidad pública desempeñan un papel fundamental al respecto: boletines, circulares, cátedras, emisoras, y demás.

 

La universidad pública no se debe a ningún agente del sector privado ni tampoco del sector público, se debe al país y a la sociedad, en primer lugar. Por esta razón, la buena educación es una sola y misma cosa con la existencia de garantías de discusión y de debate, esto es, de argumentos, antes que de posiciones institucionales o personales.

 

La educación en general, y a fortiori la educación pública, se nutre de argumentos, pruebas, demostraciones, refutaciones, y jamás de autoridad, en ningún sentido de la palabra. De esta suerte, secularismo, democracia y libertad de pensamiento forman un trípode que define a una universidad libre y autónoma.

 

f) La universidad pública significa, autonomía. Por consiguiente, la fuerza pública debe mantenerse alejada de sus campus y bajo ninguna circunstancia pueden entrar en ellos. Este aspecto no es distinto, en absoluto, a la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento, la libertad de investigación.

 

En muchas universidades privadas la investigación tiende a ser disciplinada. Esto no puede suceder en la pública. La disciplinarización de la investigación oculta afanes de imposición de jerarquías. En contraste, la universidad pública es el espacio de la plena autonomía. Para América Latina, por lo menos en su espíritu, la universidad mexicana, pública y autónoma, constituyen un buen ejemplo de lo que es una universidad, y de sus relaciones con los poderes políticos del momento.

 

En pocas palabras, los administrativos no están para decirle a los académicos lo que deben y no deben hacer. Esto es lo que sucede, ampliamente en las universidades privadas. En contraste, la universidad pública reconoce que los cargos administrativos son provisorios y que se encuentran en función de la vida académica. Los administrativos, desde rectores hacia abajo, son académicos que en algún momento cumplen una función distinta a la academia y la investigación. Por un tiempo fijo y limitado. La existencia de cargos administrativos de suyo es perjudicial a todas luces para la vida universitaria. Las universidades privadas constituyen manifiestamente un mal ejemplo para el país.

 

La universidad pública es el aprendizaje, por parte de sus integrantes, estudiantes, profesores y administrativos, de verdaderos ejercicios de democracia, de libertad y de autonomía. En este sentido, es deseable que la democracia del país se alimente de la democracia de la universidad pública y no de la universidad privada. Según parece, la historia de la corrupción y la violencia encuentra en la universidad privada remansos de alimento.

 

En fin, en un país democrático en el que el conocimiento, la naturaleza y la vida sean el fundamento de la vida social, la relación entre universidades privadas y públicas debería ser tal que la pública tenga más y mejores garantías y apoyos por parte del Estado y de los gobiernos nacionales. Un Estado social de derecho sabe de la importancia de la universidad pública. En contraste, simplemente un Estado de derecho la relega a un lugar secundario y subsidiario.

Publicado enColombia
¿Qué significa la universidad pública?

En tiempos de una profunda crisis global de la educación; del surgimiento de modelos de universidad como la universidad privada, la universidad mita, la universidad corporativa, por ejemplo; contradictoriamente, en el marco de la sociedad de la información y del conocimiento; en una época de una profunda crisis medioambiental, y de una crisis económica galopante y de gran alcance; también, en una época marcada por una transición civilizatoria, de la vieja civilización Occidental hacia una nueva civilización cuyo nombre aún no ha sido esculpido –en estos tiempos se impone la pregunta: ¿qué significa la universidad pública?

 

La pregunta tiene un foco bien preciso: América Latina en general, y Colombia en particular. Con sus complejidades, historia y futuros posibles.

 

a) La universidad pública implica, en primer lugar, la confianza por parte del Estado, y su compromiso abierto y denodado por la educación gratuita; esto es, por el acceso universal a la educación superior y, por consiguiente el reconocimiento expreso del derecho a la educación como un derecho humano, fundamental.

 

En este sentido, la universidad pública significa que el Estado no le cede la responsabilidad de la educación superior al sector privado –empresa, fundaciones, iglesias–, sino que asume la responsabilidad de formar sujetos libres, críticos y con mejores horizontes de vida como un asunto de gobierno y de Estado. En la historia de Colombia, la universidad pública ha sido estratificada administrativamente en tres niveles: la Universidad Nacional, universidades departamentales –como la del Valle, el Tolima o la UIS, por ejemplo–, y universidades municipales, como la Distrital, de Bogotá. Por consiguiente, la estratificación administrativa se ha traducido necesariamente en estratificación económica, pues una cosa es un presupuesto nacional, y otra distinta, en tiempos de descentralización administrativa, las universidades departamentales y municipales.

 

b) La universidad pública significa que el Estado y los gobiernos nacionales creen en el futuro, y más exactamente en el futuro a mediano y a largo plazo.

 

En efecto, en un país en el que las empresas pequeñas representan cerca del 94 por ciento de todo el sector empresarial, apostar por el futuro a mediano y largo plazo es un tema de la mayor importancia, pues ello significa exactamente apostar por la vida. Al fin y al cabo, la vida es un juego que se asume para el largo plazo, en contraste con la racionalidad efectista, cortoplacista, y productivista. No en vano el sector privado es el principal agente renuente a contratar en el país a doctores (Ph.D.) en las empresas. Mientras que en el marco de la dependencia del país de otros poderes (grandes corporaciones, E.U., etc.) se impone una visión de corto plazo, la educación en general, y la educación pública en general significan construir y sembrar al mismo tiempo para el largo alcance. Estos tiempos pertenecen a la lógica misma de la educación superior, la cual se articula en tres grandes niveles, así: la formación de pregrado, que oscila entre cuatro y cinco años, dependiendo de las carreras; la formación en Maestrías, habitualmente dos años, y la formación en estudios de Doctorado (Ph.D.), que oscilan entre cuatro y ocho años, en función de varios factores. Sin ambages, la educación pública se estructura en torno a tiempos que oscilan alrededor de doce años. Demográficamente, más de media generación. Lo cual se torna en un asunto bastante más serio cuanto la educación se mide, por ejemplo, en términos de currículo, en torno a por lo menos cuatro promociones. Así las cosas, se trata de un futuro con estimaciones de doce años que se multiplica por lo menos por cuatro. Esto es lo que significa la educación pública en términos de tiempo.

 

c) Ahora bien, en el contexto de la educación que se define en torno al desarrollo y la investigación (D + I) e incluso de la innovación (D + I + i), el aspecto verdaderamente determinante de la educación superior es la formación de investigadores, no simplemente de profesionales.

 

Hoy por hoy las universidades se miden principalmente por los grupos de investigación, por la calidad de los profesores, por la producción intelectual, en fin, por la existencia de Centros e Institutos de Investigación, mucho más que simplemente por los egresados de pregrado. Fundamentales, los egresados de pregrado tienen la exigencia, por parte de la sociedad, del mercado y de su propio desarrollo humano, de tener algo más que un pregrado. Así las cosas, la investigación se articula en dos niveles: investigación formativa y científica. Aquella se encuentra en función de ésta, en la cual encuentra su piedra de toque verdadera.

 

De esta suerte, los tiempos de la educación superior se hacen más densos, con todo y el reconocimiento explícito de que la investigación jamás se ha definido por campanas de Gauss (esto es grande promedios), sino, por el contrario, por el trabajo con diferenciales. En este sentido, la formación de investigadores en la universidad pública equivale exactamente a la formación de lo mejor de la sociedad y del país en términos de conocimiento, creatividad e innovación. El Estado y los gobiernos nacionales asumen la formación de investigadores de la máxima calidad y prestigio como un asunto de interés nacional y de compromiso país. Algo que no ha sucedido plenamente hasta la fecha.

 

d) La universidad es el espacio en el que se desarrolla lo mejor de la juventud de un país. Por consiguiente, deben ser espacios amables, de calidad en toda la expresión de la palabra, estéticos y con los mejores instrumentos posibles; esto es, laboratorios, profesores, bibliotecas, hemerotecas, videotecas, pinacotecas, por ejemplo.

 

Los campus de las universidades públicas deben ser lugares amables, hermosos y con la mejor calidad de vida, algo que, en el estado actual de cosas es más bien la excepción. Espacios existencialmente plenos, en los que, si lo importante es el conocimiento, por eso mismo, exactamente, debe serlo la belleza, la armonía y el arte. En la vida, la forma es el fondo mismo, y no existe, en absoluto, ninguna separación entre forma y fondo.

 

Los edificios, los jardines, las bibliotecas, los salones y los auditorios, por ejemplo, deben ser espacios que en muchas situaciones sean mejores que las de los propios hogares de quienes estudian y trabajan en ellas. Sin embargo, en total consonancia con lo anterior, la universidad púbica debe disponer de las mejores bases de datos, repositorios, bibliotecas, sistemas de computación y demás, que hagan que el conocimiento y la vida se puedan desenvolver de manera armónica y lo mejor posible.

 

En esta realidad-proyección la juventud no es simple y llanamente una condición biológica, es ante todo una condición existencial, cultural y espiritual de suerte que la educación es afirmación de juventud y de vida, en toda la acepción de la palabra. Un investigador se forma en las primeras tres décadas de existencia, en promedio, pero se despliega en las siguientes cinco o seis. La vitalidad del conocimiento es una sola y misma cosa con la vitalidad de una forma de vida. La universidad pública es el espacio y el tiempo de esta vitalidad, para sí misma, para la sociedad y el país.

 

e) En el contexto de una sociedad laica y secular, la universidad pública implica la total libertad de pensamiento, libertad de opinión y de palabra, y de organización, y el no-confesionalismo, de ningún tipo. La universidad pública es el espacio mismo de la construcción de democracia, y más radicalmente, de que otra democracia es posible.

 

En las universidades privadas predomina la confesión, el acatamiento, la lealtad. En una palabra, la ausencia de una democracia radical (Habermas) y de libertad. Todo lo contrario sucede y debe suceder en la universidad pública.

 

La universidad pública ha sido objeto de escarnio, silenciamiento y persecución debido a que en su interior se respira crítica. Esta crítica debe permanecer y debe ser garantizada de todas las formas. En este sentido, la universidad pública es secular y laica. El respeto a todas las creencias debe ser compatible con la ausencia de preferencias por cualquiera de ellas. El secularismo es una verdadera ganancia de la modernidad, pero necesita ser ampliado y fortalecido constantemente. Los medios de comunicación de la universidad pública desempeñan un papel fundamental al respecto: boletines, circulares, cátedras, emisoras, y demás.

 

La universidad pública no se debe a ningún agente del sector privado ni tampoco del sector público, se debe al país y a la sociedad, en primer lugar. Por esta razón, la buena educación es una sola y misma cosa con la existencia de garantías de discusión y de debate, esto es, de argumentos, antes que de posiciones institucionales o personales.

 

La educación en general, y a fortiori la educación pública, se nutre de argumentos, pruebas, demostraciones, refutaciones, y jamás de autoridad, en ningún sentido de la palabra. De esta suerte, secularismo, democracia y libertad de pensamiento forman un trípode que define a una universidad libre y autónoma.

 

f) La universidad pública significa, autonomía. Por consiguiente, la fuerza pública debe mantenerse alejada de sus campus y bajo ninguna circunstancia pueden entrar en ellos. Este aspecto no es distinto, en absoluto, a la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento, la libertad de investigación.

 

En muchas universidades privadas la investigación tiende a ser disciplinada. Esto no puede suceder en la pública. La disciplinarización de la investigación oculta afanes de imposición de jerarquías. En contraste, la universidad pública es el espacio de la plena autonomía. Para América Latina, por lo menos en su espíritu, la universidad mexicana, pública y autónoma, constituyen un buen ejemplo de lo que es una universidad, y de sus relaciones con los poderes políticos del momento.

 

En pocas palabras, los administrativos no están para decirle a los académicos lo que deben y no deben hacer. Esto es lo que sucede, ampliamente en las universidades privadas. En contraste, la universidad pública reconoce que los cargos administrativos son provisorios y que se encuentran en función de la vida académica. Los administrativos, desde rectores hacia abajo, son académicos que en algún momento cumplen una función distinta a la academia y la investigación. Por un tiempo fijo y limitado. La existencia de cargos administrativos de suyo es perjudicial a todas luces para la vida universitaria. Las universidades privadas constituyen manifiestamente un mal ejemplo para el país.

 

La universidad pública es el aprendizaje, por parte de sus integrantes, estudiantes, profesores y administrativos, de verdaderos ejercicios de democracia, de libertad y de autonomía. En este sentido, es deseable que la democracia del país se alimente de la democracia de la universidad pública y no de la universidad privada. Según parece, la historia de la corrupción y la violencia encuentra en la universidad privada remansos de alimento.

 

En fin, en un país democrático en el que el conocimiento, la naturaleza y la vida sean el fundamento de la vida social, la relación entre universidades privadas y públicas debería ser tal que la pública tenga más y mejores garantías y apoyos por parte del Estado y de los gobiernos nacionales. Un Estado social de derecho sabe de la importancia de la universidad pública. En contraste, simplemente un Estado de derecho la relega a un lugar secundario y subsidiario.

Publicado enEdición Nº253