La cumbre del clima de la ONU negocia las reglas para reforzar el Acuerdo de París

Las conclusiones de la conferencia que arranca en Marrakech pueden catapultar la ambición de la lucha contra el cambio climático


“Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”, decía el conde de Romanones (Álvaro de Figueroa), 17 veces ministro de Alfonso XIII, sabedor de que la letra menuda puede a veces más que las grandes proclamas. Convocados por la ONU, representantes de cerca de 200 países se reúnen en Marrakech (del 7 al 18 de noviembre) para negociar la aplicación del Acuerdo de París, el primer pacto mundial para combatir el cambio climático, firmado en diciembre del 2015 en la capital francesa. No será una conferencia histórica. El pacto político ya está hecho. Pero sus conclusiones pueden apuntalar, reforzar o, incluso, catapultar la ambición de la lucha contra el cambio climático; o, por el contrario, hacer que todo quede en agua de borrajas. Lo dicho: la respuesta está en la letra pequeña, que empieza a escribirse en Marrakech.


El Acuerdo de París estableció el compromiso mundial para evitar un aumento de temperaturas “muy por debajo” de los 2ºC respecto a las de la época preindustrial, y proseguir los esfuerzos para que esa subida no supere los 1,5ºC. Los grandes países firmantes del acuerdo han presentado sus contribuciones nacionales o planes de acción climática para frenar, limitar o reducir las emisiones de gases invernadero, aunque con metas libremente elegidas por cada país (en función de sus capacidades). Y deberán renovar su compromiso al alza cada cinco años.


Pasar del pacto a tener reglas, para verificar las promesa hechas


La rápida ratificación del acuerdo subraya el alto nivel de consenso sobre la necesidad de combatir el calentamiento. “Pero ahora se trata de traducir los grandes objetivos y principios en reglas de transparencia y de funcionamiento”, dice Pablo Saavedra, secretario de Estado de Medio Ambiente. En Marrakech se debe empezar a escribir las reglas sobre cómo se hará el control y verificación de las contribuciones nacionales presentadas, algo que será clave para abordar con garantías la revisión que se iniciará en el 2018.


“Debe haber transparencia y se debe consensuar la manera de verificar el cumplimiento, para que se pueda determinar si se están dando avances significativos”, dice Manuel Pulgar-Vidal, responsable de clima y energía de WWF Internacional.


Lograr la transparencia y que haya confianza entre los países


Pero consensuar esa transparencia no será fácil. “Hay que recordar que el último inventario de emisiones de China data del año 1995, pues este país se resiste a someterse a los mecanismos de vigilancia de la comunidad internacional”, apunta Marta Subirà, secretaria de Medi Ambient de la Generalitat, para ilustrar de qué se está hablando.


Está en juego, pues, la confianza entre las partes, para que no se venga abajo este precario castillo de ilusión construido en París.


Las nuevas contribuciones deben ser más homogéneas en el 2020


Disponer de reglas bien claras es necesario sobre todo para que los países sepan cómo pueden presentar sus nuevas contribuciones en el 2020 de forma homologable (las mismas características del informe, iguales períodos de cumplimiento...). Hay que tener en cuenta que las contribuciones nacionales presentadas hasta ahora (voluntarias) no tienen un criterio homogéneo; y por eso se ha programado un encuentro en el año 2018 con el objeto de facilitar esa tarea y sistematizar y mejorar la presentación de los planes.


Así, a la luz de lo acordado en el 2018, se señalarán qué acciones de carácter global son más eficaces para combatir el calentamiento o mejorar la adaptación al cambio climático para determinar las acciones más eficaces (protección de costas, seguridad alimentaria, sequía...), explica Teresa Ribera, ex secretaria de Estado de Cambio Climático de la etapa socialista.


Frenar la subida de temperaturas por debajo de los 2ºC


Todo este encaje de bolillos se tiene que hacer porque la meta final es cuadrar las contribuciones nacionales en un esfuerzo común orientado a aumentar la ambición de la lucha contra el calentamiento. Porque ahora los números (las reducciones de gases prometidas) no salen. Son insuficientes. “Antes del pacto de París, la tendencia climática marcaba un aumento de temperaturas de entre 3,8ºC y 4ºC (respecto a la época preindustrial). Con la suma de las contribuciones prometidas en París el aumento de temperaturas se sitúa en 2,8 ºC; pero sigue estando por encima de la meta de los 2 grados”, recuerda Manuel Pulgar-Vidal, ex ministro de Medio Ambiente de Perú, que presidió la conferencia del clima de Lima (2014).


Otro obstáculo es que el acuerdo de París no prevé sanciones por incumplimiento de las promesas hechas por los países, y sólo se busca señalar con el dedo (¿avergonzar?) a los menos cumplidores. Se pactaron modestos instrumentos de persuasión como contrapartida a que todos los países estuvieran en el pacto. En el año 2020 los países deberán presentar sus nuevas contribuciones mientras que en el año 2023 el tratado debe actualizar sus compromisos globales.


Los grupos ecologistas piden una ambición mucho mayor


Los grupos ecologistas piden acelerar los plazos y reclaman para el 2018 una revisión que sirva para impulsar “un notable incremento en la ambición de los países”, señala Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción. “La revisión del inventario de las emisiones presentadas no debe ser usada como pretexto para posponer la aplicación de las directrices de los expertos (del panel intergubernamental de cambio climático). Si no se modifican al alza en el 2018 los compromisos presentados por los países, no podremos limitar el incremento de la temperatura global a 1,5ºC”, continúa Andaluz.


De la misma manera, un informe del programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente presentado la semana pasada indica que el mundo debe incrementar de manera urgente su ambición para recortar más o menos un 25% las emisiones de gases de efecto invernadero, si se quieren evitar los peores efectos del cambio climático. Si no se produce una pronta reducción de esos gases, el planeta experimentará previsiblemente un incremento en su temperatura media de entre 2,9ºC y 3,4ºC, aunque se apliquen en su totalidad los compromisos pactados en París.


Buscar compromisos para ayudar a los países menos adelantados


Otro gran asunto de discusión es la financiación. El acuerdo de París obliga a los países desarrollados a contribuir a la financiación de las políticas de mitigación y de adaptación al cambio climático en los estados menos adelantados.


Se trata ahora de lograr que los fondos aumenten progresivamente hasta lograr reunir 100.000 millones de dólares para el año 2020. “¿Qué parte de esta cantidad será pública y cuál privada?, ¿cómo y de qué manera se controla la aplicación de este fondo?”, son algunos de los interrogantes que se suscitarán, explica Salvador Samitier, director de la Oficina Catalana del Canvi Climàtic.


Descarbonizar la economía en la segunda mitad de siglo, meta deseable


El Acuerdo de París es considerado como una punta de lanza para descarbonizar la economía; es decir, para sustituir los combustibles fósiles por un modelo energético más limpio. Pero no hay metas globales concretas para reducir a esta dependencia de la energía fósil; ni se esperan cambios en este punto en Marrakech. El pacto de París dice sólo que los países firmantes se comprometen a alcanzar en la segunda mitad del siglo “un equilibrio entre las emisiones generadas por las actividades humanas” y las que el planeta puede absorber, lo que da pie a que se puedan usar mecanismos naturales o técnicas de captura o almacenamiento geológico de CO2.


Arrinconar los combustibles fósiles es un reto que choca con múltiples intereses. Los expertos estiman que entre el 60-80% de las reservas de carbón, petróleo y gas de las compañías que cotizan en bolsa no deberían ser quemadas y tendrían que permanecer bajo tierra, si se quiere que el aumento de temperaturas no rebase los 2ºC. Las reservas totales de carbón, petróleo y gas identificadas por las bolsas mundiales como activos económicos equivalen a 762 Gt CO2 (una cuarta parte de las reservas totales del mundo).

 

 

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Viernes, 04 Noviembre 2016 06:06

¿Por qué invertir en ciencia y tecnología?

¿Por qué invertir en ciencia y tecnología?

Desde hace mucho tiempo las sociedades más desarrolladas han comprendido que estamos viviendo en una sociedad del conocimiento y por eso invierten en Ciencia y Tecnología (CyT). El creciente bienestar y desarrollo humano de las sociedades depende del conocimiento y los avances en esta materia dependen de la inversión en CyT. Entendemos a la CyT como permeando todas las ramas del saber: desde las ciencias exactas y naturales a las sociales. La cura de enfermedades, la producción de energía sin la cual no podemos vivir, el cuidado del medio ambiente, la comprensión de nuestras sociedades, todo eso y mucho más dependen de la CyT.


La inversión en CyT es una condición necesaria, sine qua non. Pretender desarrollarse sin inversión es una fantasía y un autoengaño. Trataremos de documentar esto con datos empíricos (datos de 2013).


La figura muestra un gráfico sumamente interesante y relevante. En el eje horizontal está la inversión en CyT que realizan los diferentes países, medida en términos del porcentaje (%) del Producto Bruto Interno (PBI, que puede ser considerado representativo de la riqueza que genera un país). En el eje vertical se ve el PBI per cápita. Este número se relaciona con lo que le tocaría de la “torta” a cada uno si ésta estuviese repartida uniformemente. En este gráfico se ven una serie de puntos. Cada uno de ellos representa la situación de un país particular. Como se puede ver, estos puntos se ordenan aproximadamente alrededor de una línea recta. De hecho, la recta dibujada es la que mejor ajusta esos puntos, la que pasa por el “medio” de todos y hace mínima la distancia de todos ellos a dicha recta (técnicamente es la recta que representa la regresión lineal mínimo-cuadrática). La bondad del ajuste está representado por el coeficiente de correlación, que como se ve en el gráfico es cercano a 0,9. Es decir que las dos variables, porcentaje del PBI invertido en CyT y PBI per cápita están fuertemente correlacionadas. Si los puntos se ordenasen perfectamente sobre una recta, el coeficiente de correlación sería 1.


En el gráfico vemos que la recta pasa cerca del cero, confirmando que los países que no invierten en CyT son al mismo tiempo los más pobres (no están mostrados explícitamente, pues están apilados cerca del cero, es decir en la esquina inferior izquierda del gráfico). Existen anomalías que no están graficadas de países que sin invertir son ricos. Se trata de pequeños países que viven de las finanzas (“paraísos fiscales”) o de regalías petroleras por ejemplo (como Qatar).

Después aparece un grupo de países entre los cuales está la Argentina, y varios otros latinoamericanos y de otras zonas del mundo. De Latinoamérica, el país que más invierte en CyT es Brasil (aproximadamente el 1,1 por ciento de su PBI), como parte de su estrategia para desarrollarse. China también parece estar en la misma tesitura. Luego viene nuestro país, que en el período 2002-2012 casi duplicó su inversión en CyT (pasó de 0,35 a 0,65) y también lo hizo su PBI (de 230 mil a 500 mil millones de dólares, U$S). Chile y Argentina son los países de la región que mayor PBI per cápita tienen (14.900 y 12.300 dólares, respectivamente), pero aún están lejos de los así llamados países del primer mundo. Después vienen países “intermedios” como Italia y España, que alcanzan valores de 34.500 y 29.400 dólares para el PBI per cápita e invierten aproximadamente 1,4 por ciento de su PBI en CyT. Finalmente, “arriba de todo” están los países como Canadá, Australia, Francia, Alemania, EE.UU. y otros que invierten entre 2 y 3 por ciento de su PBI y tienen PBI per cápita de entre 43 mil y 54 mil dólares. La inclinación (pendiente) de la recta tiene un valor de aproximadamente 17 mil dólares per cápita por cada 1 por ciento de aumento de la inversión en CyT. Esto está mostrado con las dos flechas rojas, una horizontal que parte del punto representativo de nuestro país, y otra vertical a partir de la punta de la anterior y que nos llevaría a un lugar similar a Italia-España. Esta trayectoria está también para sugerir la estrategia que debería seguir nuestro país para desarrollarse: aumentar sustancialmente la inversión en CyT para eventualmente llegar a aproximarnos a la recta pero en una posición sustancialmente mejor. La cantidad de dinero que representa un 1 por ciento del PBI es de unos 5 mil millones de dólares (la mitad de lo pagado a los fondos buitres). El “rendimiento” que tendría esta inversión si la estrategia fuese exitosa sería de 17 mil dólares por 40 millones de habitantes, o sea de unos 680 mil millones de dólares, lo que más que duplicaría nuestro PBI. El factor entre lo “ganado” y lo invertido sería de ¡136 veces! Estamos en presencia de un gran amplificador. Por supuesto que esto no ocurriría inmediatamente. Sería un camino que además debería ser acompañado por otras medidas inteligentes impulsadas por un Estado activo y dedicado, como lo ha sido en los países que están “arriba”. Se debería invertir en sectores en los cuales la Argentina tiene tradiciones exitosas sin descartar nuevas opciones, fomentar y cuidar a las Pymes como generadoras de trabajo calificado y bien remunerado, fomentar el mercado interno como dinamizador de la economía al ser consumidor de la producción local, sustituir importaciones, impulsar e incentivar la innovación tanto en nuestras instituciones de CyT y universidades como en las empresas, utilizar el gran poder de compra del Estado para apoyar a la industria nacional, utilizar plenamente la capacidad de nuestros profesionales y técnicos bien formados en nuestras universidades e institutos, ocupar nichos a nivel internacional, etc.


Va de suyo que esta inversión en CyT tendría otros efectos altamente positivos: nuestros jóvenes (y también los no tan jóvenes) tendrían oportunidades y podrían realizarse plenamente desplegando sus potencialidades, sus talentos y sus mejores cualidades humanas aquí y se podrían sentir parte de la noble y solidaria gran tarea de contribuir al desarrollo de su país. No tendríamos que vivir de nuevo una fuga de cerebros, exportando materia gris a los países desarrollados que están ávidos de ellos.


Lejos de “rebalsar” el sistema científico y tecnológico argentino es aún demasiado chico. No queremos que nos roben la esperanza que acariciamos estos últimos años. Vamos a defenderla con nuestras mejores armas, mostrándoles a nuestros conciudadanos que invertir en CyT es una de las mejores estrategias a seguir.

 

Por Andrés J. Kreiner, CNEA-Conicet-Unsam.

Miércoles, 12 Octubre 2016 06:40

Habitat III y la Nueva Agenda Urbana

Habitat III y la Nueva Agenda Urbana

ALAI AMLATINA, 11/10/2016.-/La tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible –Habitat III–, que tendrá lugar en Quito, Ecuador, del 17 al 20 de octubre, se realiza en un contexto muy diferente de las dos anteriores, realizadas en Vancouver 1976 y Estambul 1996.Hoy la realidad se presenta marcada, entre otros aspectos, por el acelerado crecimiento de las ciudades en las últimas décadas, a la par del éxodo rural –se estima que de aquí a mediados del siglo, el porcentaje de la población mundial que vive en zonas urbanas pasará de 51% a 67%–, la reciente burbuja financiera inmobiliaria que precipitó la crisis financiera mundial de 2007-2008, además de la crisis ambiental y el calentamiento global.

La Nueva Agenda Urbana (NAU)[1] <#_ftn1>, documento central que los gobiernos adoptarán en Quito -cuyo contenido de 175 artículos ya fue convenido el mes pasado tras dos años de negociaciones-, sitúa el reto de los asentamientos humanos en la agenda del Desarrollo Sostenible Post-2015 y afirma tres principios: no dejar a nadie atrás, economías urbanas sostenibles e inclusivas y sostenibilidad ambiental.Entre los conceptos y lineamientos fundamentales que promueve la Agenda para que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes, sostenibles y participativas, la NAU incluye: la densificación urbana, en lugar de la extensión del perímetro de las ciudades; el uso mixto del suelo, en lugar de la zonificación; la preservación de los paisajes y recursos naturales y los espacios públicos para todos. Además, pone énfasis en los vínculos urbano-rurales.

Como en el caso de otras conferencias mundiales de Naciones Unidas, la Agenda que se adopta no es vinculante, pero sí establece un marco referencial para la adopción de políticas, que en muchos casos orienta la actuación de los gobiernos nacionales, sub-nacionales/intermedios y locales, a la vez que da mayor legitimidad a la acción de los actores no-estatales (tanto en el caso de organizaciones ciudadanas como de la empresa privada, siempre presente –e influyente– en estos espacios).Además, en esta oportunidad se han incluido mecanismos de monitoreo y revisión sobre los avances en la implementación de la agenda.

*Nuevos temas*

Los organizadores de Habitat informan que hubo un amplio proceso de consultas previas con autoridades locales, entidades de la sociedad civil y otros actores; que recibieron aportes de expertos y numerosos documentos de propuestas que fueron tomados en cuenta para elaborar la Agenda.Muchos actores de los gobiernos locales y movimientos sociales consideran, sin embargo, contradictorio que la Agenda sea aprobada por los gobiernos nacionales, y que los gobiernos intermedios y locales y sectores ciudadanos, que son los directamente concernidos, no tengan participación directa en las decisiones.

Entre las propuestas que han logrado un cierto avance en la NAU está el enfoque de integrar campo y ciudad.Esta propuesta la levantan particularmente los gobiernos regionales o sub-nacionales, cuya característica es que su gestión abarca las áreas urbanas y rurales.Este tema será debatido esta semana en Bogotá en la Cumbre Mundial de Líderes Locales y Regionales (12-15 octubre), donde se espera la participación de 2000 autoridades, para definir recomendaciones frente a la Nueva Agenda Urbana.

Según el Presidente del Consorcio de Gobiernos Autónomos Provinciales del Ecuador –CONGOPE—, Gustavo Baroja, ésta sería la primera vez que los gobiernos intermedios participan en reuniones del proceso Habitat.La propuesta que llevan es justamente que se debe poner énfasis en el desarrollo territorial integral, más que solo en desarrollo urbano, ya que “la ciudad se nutre del campo, del agua cuyas vertientes están en el sector rural; se nutre de productos, sea primarios o de la agroindustria, que vienen del campo; de mano de obra para su infraestructura que viene del campo”; y sin embargo, “sigue habiendo una relación inequitativa, desigual e injusta entre campo y ciudad” que habría que superar con políticas desde una visión integral.De hecho, hay avances en este sentido, ya que la NAU hace frecuente referencia al “desarrollo urbano y territorial”, algo que no estaba presente en la Declaración de Estambul.

Una de las principales críticas de redes internacionales de movimientos sociales es que la Agenda de Quito no considera la importancia de proponer medidas frente al mercado financiero mundial.Vale recordar que la crisis económica del 2007-2008 fue debido, sobre todo, al descontrol del mercado inmobiliario y de hipotecas, que conllevó a la burbuja de especulación y su subsecuente estallido que dejó un saldo de millones de personas en la pobreza y miles de familias desalojadas de sus hogares en países como EEUU y España.

En una Carta Abierta[2] <#_ftn2>, de inicios de este año, donde constatan el fracaso del modelo de vivienda basado en dueños privados e hipotecas, estos actores advierten sobre un próximo colapso enAsia oriental, debido al crecimiento explosivo de los préstamos hipotecarios. “Los mega-proyectos liderados por el mercado, el acaparamiento de tierras y los proyectos de renovación urbana provocan el desplazamiento de personas y la destrucción de comunidades por todo el mundo.Esto es debido a que el capital financiero privado solo invierte con el interés de una alta rentabilidad para sus agentes financieros”, señala la carta.

No obstante, actores de la sociedad civil señalan también importantes logros en la NAU, en particular en referencia al Derecho a la Ciudad.Por primera vez en un documento de la ONU, se hace referencia al Derecho a la Ciudad (art. 11)[3] <#_ftn3>, concepto resultante de una lucha popular de varias décadas, que refiere al derecho de todos los y las habitantes, presentes y futuros, temporales y permanentes, de utilizar, ocupar y producir ciudades, pueblos y asentamientos que sean justos, inclusivos y sostenibles, y que sean entendidos como un bien común esencial para una vida plena y digna.Si bien no es aún un derecho consagrado internacionalmente, la NAU sí incorpora esta visión y saluda que haya gobiernos locales y nacionales que han reconocido este derecho.Además, a lo largo de la Agenda de Quito hay numerosas referencias a planteamientos relacionados con el Derecho a la Ciudad.[4] <#_ftn4>

*Agendas paralelas*

Para debatir temas como estos, en Quito, además de la Conferencia oficial, se están organizando múltiples eventos paralelos, en los cuales se espera la participación de más de 30 mil personas.Entre ellos se incluye una Asamblea Mundial de Gobiernos Locales y Regionales, una Asamblea General de la Organización de Regiones Unidas, un encuentro de gobiernos intermedios, un foro de gobiernos locales y diversas ferias y exposiciones.

Del lado de la sociedad civil, se realizará también un Habitat 3 Alternativo, como espacio autónomo de la academia y organizaciones sociales, reconocido en el marco del evento oficial.Por su lado, como en anteriores eventos internacionales sobre el hábitat, diversas organizaciones han convocado a un contraevento paralelo, en Quito y Guayaquil, titulado Resistencia Habitat III[5] <#_ftn5>, que se plantea como “espacio de movilización y construcción de propuestas desde los sectores populares y desposeídos del mundo, para cuestionar el modelo urbano global basado en la alianza gubernamental con el capital que no busca el bienestar humano, sino el crecimiento de los grupos de poder”.

Si bien los eventos paralelos ya no podrán incidir en el contenido de la Nueva Agenda Urbana a adoptarse en Quito, el hecho es que las declaraciones de la ONU solo adquieren vida si los actores las adoptan o las critican, empujan por su implementación, desarrollan iniciativas propias; y en este sentido, Habitat III es una oportunidad para profundizar el debate y ampliar el conocimiento sobre las propuestas e iniciativas para mejorar la vida en los asentamientos humanos del planeta.

- Sally Burch es periodista de ALAI.

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[1] <#_ftnref1> Por ahora disponible solo en inglés: https://habitat3.org/programme/the-new-urban-agenda/

[2] <#_ftnref2> Carta firmada, entre otras entidades, por la Habitat International Coalition -HIC- y la Alianza Internacional de Habitantes -AIH-: http://www.hic-gs.org/news.php?pid=6626

[3] <#_ftnref3> Ver: http://www.righttothecityplatform.org.br/espanol-el-derecho-a-la-ciudad-sera-incluido-por-primera-vez-en-un-documento-de-la-onu/?lang=es

[4] <#_ftnref4> Ver: http://www.righttothecityplatform.org.br/espanol-global-platform-for-the-right-to-the-city-reads-nua/?lang=es

[5] <#_ftnref5> https://resistenciapopularhabitat3.org/2016/10/06/agenda-todas-las-voces-en-resistencia/

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Sábado, 24 Septiembre 2016 06:36

La jaula mundial

La jaula mundial

“La tecnología prometió liberarnos. En lugar de eso nos ha capacitado para aislarnos del mundo a través de la cultura de la distracción y la dependencia. Poner en duda Silicon Valley no es oponerse a la tecnología. Es pedir más a nuestros tecnólogos, a nuestras herramientas, a nosotros mismos. Es situar la tecnología en el plano humano que le corresponde”. Formidable artículo de Nicholas Carr, quien fuera director del Harvard Business Review y que escribe sobre tecnología desde hace casi dos décadas.


Era la escena de una pesadilla: un chacal con la cara de Mark Zuckerberg estaba encima de una cebra recién muerta, royendo las entrañas del animal. Pero yo no estaba dormido. La visión llegaba al mediodía, provocada por el anuncio del fundador de Facebook -divulgado en la primavera de 2011– de que “la única carne que estoy comiendo es la de animales que he matado yo mismo”. Zuckerberg había comenzado su nuevo “reto personal”, aseguró a la revista Fortune, mientras hervía una langosta viva. Luego despachó a un pollo. Siguiendo con la cadena alimentaria, liquidó a un cerdo y cortó la garganta de una cabra. En una expedición de caza, según informó, le disparó a un bisonte. Él estaba “aprendiendo mucho”, dijo, “sobre la vida sostenible”.


Me las arreglé para eliminar la imagen del hombre-chacal de mi memoria. Lo que no pude evitar fue la sensación de que en el último pasatiempo del joven empresario yacía una metáfora a la espera de una explicación. Si tan sólo pudiera centrar la atención y juntar las piezas dispersas, podría conseguir lo que había buscado durante mucho tiempo: una comprensión más profunda de los tiempos extraños en que vivimos.


¿Qué representa el depredador Zuckerberg? ¿Qué significado podría tener la garra enrojecida de la langosta? ¿Y qué el bisonte, sin duda la más simbólica resonancia de la fauna americana? Estaba en lo cierto. Al menos, pensé, tenía que ser capaz de sacar una historia decente para mi blog. El artículo nunca fue escrito, pero muchos otros lo hicieron. Había comenzado a “bloguear” a principios de 2005, justo cuando parecía que todo el mundo estaba hablando de la ‘blogosfera’. Había descubierto, después de una pequeña investigación en el registro de dominios GoDaddy, que ‘roughtype.com’ estaba todavía disponible (un descuido característico de los pornógrafos), por lo que llame mi blog Rough Type (Tipo Rudo). El nombre parecía adaptarse a la crudeza provisional que tenía la calidad de la escritura en línea en ese momento.


El “blogueo” ya se ha subsumido en el periodismo -ha perdido su personalidad-, pero en aquel entonces se sentía como algo nuevo en el mundo, una frontera de lo literario. El disparate colectivista de los “medios conversacionales” y la “mente de la colmena” que llegó a rodear la blogosfera perdió su momento. Los blogs terminaron siendo producciones personales malhumoradas. Fueron diarios escritos en público, comentarios continuos de cualquier cosa que al escritor se le ocurriera escribir, lo que estuviera observando o pensando en el momento. Andrew Sullivan, uno de los pioneros, lo expresó así: “Usted diga lo que le dé la gana”. El estilo favorecía el nerviosismo de la web, necesitada de una agitación oceánica. Un blog era impresionismo crítico o crítica impresionista, y tenía la inmediatez de una discusión en un bar. Pulsabas el botón “Publicar”, y tu artículo se publicaba en la web, para que todos puedan verlo.


O, simplemente, ignorarte. Los primeros lectores de Rough Type fueron insignificantes, lo que, en retrospectiva, fue una bendición. Yo empecé a bloguear sin saber qué demonios quería decir. Solo murmuraba fuerte en un bazar. Luego, en el verano de 2005, llegó la Web 2.0. La Internet comercial, en estado de coma desde el accidente punto com de 2000, volvía a estar de pie, con los ojos abiertos y con hambre. Sitios como MySpace, Flickr, LinkedIn y la recientemente lanzada Facebook estaban sacando dinero de Silicon Valley. Los nerds se enriquecían de nuevo. Pero las jóvenes redes sociales, junto con el rápido incremento de la blogosfera y la interminablemente discutida Wikipedia parecían anunciar algo más grande que otra fiebre del oro. Eran, si se puede confiar en el bombo, la vanguardia de una revolución democrática en los medios de comunicación y la comunicación, una revolución que cambiaría la sociedad para siempre. Una nueva era estaba amaneciendo, con una salida de sol digna de la Hudson River School.


Rough Type tuvo su tema.


***


La mayor de las religiones locales de los Estados Unidos –mayor que los Testigos de Jehová, mayor que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, mayor incluso que la Cienciología-, es la religión de la tecnología. John Adolphus Etzler, un emigrante a Pittsburg, tocaba la trompeta en su testamento “El paraíso al alcance de todos los hombres” (1833). Mediante el cumplimiento de sus “fines mecánicos”, escribió, “los EE.UU. se convertirían en un nuevo Edén, en un “estado de sobreabundancia”, donde “habrá un banquete continuo”, “fiestas del placer”, “novedades, deleites y ocupaciones instructivas”, sin que tenga que desdeñarse la “infinita variedad y apariencia de los vegetales”.


Predicciones similares proliferaron a lo largo de los Siglos XIX y XX, con visionarios que se rendían a “su majestad tecnológica”, como el crítico e historiador Perry Miller que escribió: “nos encontramos con el verdadero americano sublime”. Podríamos mandar besos a los agricultores como Jefferson y a los amantes de los árboles, como Thoreau, pero nosotros hemos creído en Edison y Ford, Gates y Zuckerberg. Son los tecnólogos quienes nos inspiran.


El ciberespacio, con sus voces sin cuerpo y avatares etéreos, parecía algo místico desde el principio, y su inmensidad no terrenal un receptáculo para los anhelos espirituales y los tropos estadounidenses. “¿Qué mejor manera -escribió el filósofo Michael Heim en “La ontología erótica del Ciberespacio” (1991) “de emular el conocimiento de Dios que generar un mundo virtual constituido por fragmentos de información”. En 1999, el año en que Google pasó de un garaje de Menlo Park a una oficina de Palo Alto, el profesor de computación de Yale, David Gelernter, escribió un productivo manifiesto sobre “la segunda llegada de la computadora, repleta de delgadas imágenes de ‘cybercuerpos’ a la deriva en el cosmos computacional’ y ‘hermosas colecciones de salida de información, como gigantes jardines inmaculados’”.


La retórica milenaria se incrementó con la llegada de la Web 2.0. “He aquí”, proclamó Wired en un artículo de portada en agosto de 2005, que estamos entrando en un nuevo mundo, impulsado no por la gracia de Dios, sino por la “electricidad de la participación” de la web. Esta será un “paraíso de fabricación propia, manufacturado por los usuarios”. Las bases de datos de la historia serán borradas, la humanidad se reinicia. “Usted y yo estamos vivos en este momento”.


La revelación continúa hasta nuestros días, el paraíso tecnológico brilla para siempre en el horizonte. Incluso los hombres de dinero se han contagiado con el futurismo ilusorio. En 2014, Marc Andreessen, cofundador de la empresa Netscape Communications Corporation y miembro prominente del capitalismo de riesgo, envió una rapsódica serie de tweets -lo llamó un “tweetstorm”- anunciando que las computadoras y los robots estaban a punto de liberar a todos de las “limitaciones de la necesidad física”. Convocando a Etzler (y a Karl Marx), él ha declarado que “por primera vez en la historia la humanidad podrá ser capaz de expresar su naturaleza plena y verdadera: vamos a ser quien queramos ser”. Y: “Los principales campos del esfuerzo humano serán la cultura, las artes, las ciencias, la creatividad, la filosofía, la experimentación, la exploración, la aventura”. Lo único que quedó fuera fueron los vegetales.


***


Tales profecías no deberían ser descartadas por ser una charla de chicos ricos consentidos, sino porque han conformado la opinión pública. Mediante la difusión de una visión utópica de la tecnología, una visión que define el progreso como esencialmente tecnológico, han animado a la gente a apagar sus facultades críticas y dar a los empresarios y a los financieros de Silicon Valley vía libre para rehacer la cultura y adaptarla a sus intereses comerciales.


Si, después de todo, los tecnólogos están creando un mundo de sobreabundancia, un mundo sin trabajo o casi, no quieren que se ponga en duda que sus intereses son indistinguibles de la sociedad. Interponerse en su camino, o incluso cuestionar sus motivos y tácticas, sería contraproducente. Eso sólo serviría para retrasar la inevitable maravilla.


Los teóricos de las universidades y tanques pensantes le han otorgado una impronta académica a la línea de Silicon Valley. Los intelectuales que abarcan el espectro político desde la derecha randianista hasta la izquierda marxista, han retratado la red informática como una tecnología de la emancipación. El mundo virtual, argumentan, proporciona un escape a las represivas restricciones sociales, corporativas y gubernamentales; libera a las personas para ejercer su voluntad y una creatividad sin límites, ya sea como empresarios que buscan riquezas en el mercado o como voluntarios que participan en la “producción social” fuera del mercado. Como escribió el profesor de derecho de Harvard, Yochai Benkler, en su influyente libro “La Riqueza de las Redes” (2006):


Esta nueva libertad es una gran promesa práctica: una dimensión de la libertad individual; una plataforma para una mejor participación democrática; un un medio para fomentar una cultura más crítica y auto-reflexiva; y, en una creciente economía global dependiente cada vez más de la información, un mecanismo para lograr mejoras en el desarrollo humano en todas partes.


Llamarla una revolución, dijo, no es una exageración.


Benkler y su grupo tuvieron buenas intenciones, pero sus suposiciones no eran acertadas. Ellos pusieron demasiado entusiasmo en la precoz historia de la web, cuando las estructuras comerciales y sociales del sistema eran incipientes y sus usuarios eran una muestra sesgada de la población. No pudieron apreciar cómo la red canalizaría las energías de la gente en un monitoreado sistema de información con administración centralizada, organizado para enriquecer a un pequeño grupo de empresas y a sus propietarios.


La red generaría mucha riqueza, pero sería la riqueza de Adam Smith – y que se concentraría en unas pocas manos, no muy extendidas. La cultura que surgió en la red, y que ahora se extiende profundamente en nuestras vidas y en nuestras mentes, se caracteriza por la producción y el consumo frenético -los teléfonos inteligentes han hecho de todos nosotros máquinas al servicio de los medios de comunicación–, con poco poder real y aún menos capacidad reflexiva. Es una cultura de la distracción y la dependencia. Eso no significa negar los beneficios que supone tener acceso a un eficiente y universal sistema de intercambio de información, sino negar la mitología que envuelve el sistema. Supone negar la teoría de que el sistema, con el fin de crear beneficios, tuvo que tomar su forma actual.


Al final de su vida, el economista John Kenneth Galbraith acuñó el término de “fraude inocente”. Lo utilizó para describir una mentira o una verdad a medias que, debido a su adaptación a las necesidades o conceptos de aquellos que están en el poder, se presenta como un hecho verídico. Después de mucha repetición, la ficción se convierte en sabiduría común. “Es inocente porque la mayoría de quienes lo emplean no son conscientes de su error”, escribió Galbraith en 1999. “Es un fraude porque está, silenciosamente, al servicio de un interés especial”. La idea de la red informática como motor de la libertad individual es un fraude inocente.


Me encantan los buenos artilugios. Cuando, como adolescente, me senté en un ordenador por primera vez – una cosa con terminal monocromática conectadaa un procesador de computadora central de dos toneladas -, estaba maravillado. Tan pronto llegaron las asequible PCs me rodeé de cajas de color beige, disquetes y lo que antes se llamaba “periféricos”. Una computadora, descubrí, es una herramienta de múltiples usos, pero también un rompecabezas con muchos misterios. Cuanto más tiempo pasaba en averiguar cómo funcionaba, en aprender su lenguaje y lógica, sondeando sus límites, más posibilidades se abrían. Al igual que la mejor de las herramientas, invita y recompensa la curiosidad. Además, fue muy divertida, a pesar de los dolores de cabeza y los errores fatales.


A principios de 1990, puse en marcha un navegador por primera vez y se me abrieron las puertas de la web. Yo estaba cautivado – mucho territorio y pocas reglas. Pero no pasó mucho tiempo para que llegaran otros aventureros. El territorio comenzó a ser subdividido a modo de centro comercial y, como el valor monetario de sus bancos de datos creció, se empezó a convertir en una mina de oro. Mi emoción se mantuvo, pero se vio atenuada por la cautela. Sentí que los agentes extranjeros empezaron a intervenir mi ordenador a través de su conexión a la web. Lo que había sido una herramienta bajo mi propio control fue transformándose en un medio bajo el control de otros. La pantalla del ordenador se estaba convirtiendo, como tienden a convertirse todos los medios de comunicación, en un entorno, en un ambiente, en un recinto, o peor, en una jaula. Parecía claro que los que controlarían la pantalla omnipresente serían, si se les daba vía, quienes controlarían la cultura.


“La Informática ya no se refiere a los ordenadores”, escribió Nicholas Negroponte, del Instituto de Tecnología de Massachusetts en su bestseller Ser digital (1995). “Se trata de la vida”. Por eso en este siglo Silicon Valley estaba vendiendo, más que aparatos y software, una ideología. El credo se estableció en la tradición estadounidense de la tecno-utopía, pero con un toque digital. Los fanáticos de Silicon Valley eran feroces materialistas – lo que no puede ser medido no tiene sentido-, sin embargo, detestaban lo material. En su opinión, los problemas del mundo, desde la ineficiencia y la desigualdad a la morbilidad y la mortalidad, emanaban del físico mundo, a partir de su realización en la torpe e inflexible materia en descomposición. La panacea era la virtualidad – la reinvención y la redención de la sociedad en código informático. Nos construirían un nuevo Edén con átomos, pero sí con bits. Todo lo que es sólido se derretiría en su red. Esperábamos estar agradecidos y, en su mayor parte, lo estábamos.


Nuestro anhelo de regeneración a través de la virtualidad es la última expresión de lo que en Sobre la fotografía (1977), Susan Sontag describe como “la impaciencia de EEUU con la realidad, el gusto por las actividades cuya instrumentalidad es una máquina”. Lo que siempre hemos encontrado difícil de admitir es que el mundo sigue un guión que no escribió. Esperamos que la tecnología no sólo manipule la naturaleza, sino que la posea, que sea una envoltura para un producto que puede ser consumido pulsando un interruptor de luz o un pedal de gas o un botón que disparo. Anhelamos

reprogramar la existencia, y las computadoras es el mejor medio para hacerlo. Nos gustaría ver este proyecto como heroico, como una rebelión contra la tiranía de un poder ajeno. Pero no es eso en lo absoluto. Es un proyecto que nace de la ansiedad. Detrás se encuentra el temor de que el mundo atómico desordenado se rebelará contra nosotros. Lo que Silicon Valley vende y compramos no es la trascendencia, sino el aislamiento. La pantalla proporciona un refugio, un mundo mediático más predecible, más manejable, y sobre todo más seguro que el mundo recalcitrante de las cosas. Acudimos a lo virtual porque las demandas reales son demasiado pesadas para nosotros.


“Usted y yo estamos vivos en este momento”. Esa historia de Wired – bajo el título “We Are the Web“- me fastidiaba tanto como el entusiasmo por el renacimiento de internet en el 2005. El artículo era irritante, pero también una inspiración. Durante la primera semana de octubre, me senté en mi Power Mac G5 y elaboré una respuesta. El lunes por la mañana, publiqué el resultado en Rough Type – un breve ensayo bajo el portentoso título “La amoralidad de la Web 2.0”. Para mi sorpresa (y, lo admito, placer), los blogueros abundaban alrededor de la nota como fagocitos. En cuestión de días, había sido visto por miles de personas y había brotado una cola de comentarios.


Así comenzó mi discusión -cómo debo llamar este fenómeno cuando hay tantas opciones: la era digital, la era de la información, la era de Internet, la era del ordenador, la edad conectada, la era de Google, la era emoji, la era nube, la era teléfono inteligente, la era de los datos, la era de Facebook, la era robot, la era post-humana. Entre más nombres usaba, más vaporoso parecía. En fin, esta es una era orientada a los gerentes de marca. Terminé por llamarlo el “Now” (ahora).
Fue a través de mi discusión sobre ese “Now”, una discusión que ha generado más de un millar de artículos en blogs, que llegué a mi propia revelación; sólo a una modesta y terrestre revelación. Lo que quiero de la tecnología no es un mundo nuevo. Lo que quiero de la tecnología son herramientas para explorar y disfrutar el mundo que tenemos ante nosotros con todas sus “cosas contrastantes, originales, restantes, extrañas”, como Gerard Manley Hopkins lo describió una vez. Quizás todos podemos vivir ahora dentro de Silicon Valley, pero todavía podemos actuar y pensar como exiliados. Todavía podemos aspirar a ser lo que Seamus Heaney, en su poema “Exposure”, llamaba “emigrantes interiores”.


Y acerca de aquel bisonte muerto. De aquel multimillonario con una pistola. Supongo que el simbolismo era bastante obvio desde el principio.

 

23 septiembre 2016
Original en inglés: The world wide cage
(Artículo publicado en Aeon.co. Traducido para Cubadebate por Dariena Guerra)

Los delitos ambientales podrán ser juzgados como crímenes contra la humanidad

La Corte Penal Internacional perseguirá el acaparamiento de tierras o la explotación ilegal de los recursos por parte de empresas y gobiernos que afecta a miles de personas.


MADRID. Los gobiernos o individuos responsables de delitos contra el medio ambiente, el acaparamiento de tierras o la explotación ilegal de los recursos naturales podrán ser, a partir de ahora, perseguidos y juzgados por la legislación internacional.

La Corte Penal Internacional (CPI), el tribunal internacional permanente encargado de juzgar casos de crímenes de agresión, de guerra, de lesa humanidad y genocidio, ha incluido estos nuevos criterios entre los delitos de su competencia, en un documento que se hizo público la semana pasada y que ha sido aplaudido por las organizaciones de derechos humanos.

“El impacto de los crímenes puede evaluarse a la luz de, entre otras cosas, el aumento de la vulnerabilidad de las víctimas, el terror causado en consecuencia, o el daño social, económico o medioambiental causado a las comunidades afectadas. En este contexto, la Oficina prestará especial consideración a la persecución de los crímenes comprometidos a través del Estatuto de Roma o que tengan como resultado la destrucción del medio ambiente, la explotación ilegal de los recursos naturales o el despojo ilegal de las tierras”, señala la Corte Penal Internacional.


Aunque la iniciativa no supone una extensión formal de la jurisdicción de la Corte, sí amplía los ya de por sí estrechos márgenes en los que actúa este tribunal, abriendo la puerta a que los delitos contra la naturaleza, que tienen consecuencias directas sobre comunidades enteras, puedan ser considerados también como crímenes contra la humanidad.

Hasta ahora la CPI, con sede en La Haya y que se fundó en 2002 tras los genocidios de Yugoslavia y Ruanda, se había centrado en crímenes muy concretos que han tenido lugar en épocas de guerra. Pero la repercusión cada vez mayor que están teniendo para miles de personas los delitos contra el medio ambiente en entornos de paz ha hecho que la Corte incluya ahora estos nuevos criterios.

Según la organización Global Witness, que ha realizado varias investigaciones sobre estos casos en los últimos años, en 2015 fueron asesinadas de media tres personas cada semana por intentar defender su tierra del robo y las industrias extractivas, en una cifra récord. La mayoría murieron por conflictos derivados de la minería, seguidos de la agroindustria, las presas hidroeléctricas y la tala. Y en un 90% de los casos, los asesinatos jamás se resuelven.

Para hacerse una idea de las dimensiones que está adquiriendo el problema, al menos 38,9 millones de hectáreas han sido arrendadas a empresas o están en proceso de negociación desde el año 2000, según Land Matrix Project, una organización que recopila, compara y analiza los datos disponibles sobre la compra y venta de tierras.

“Expulsar a las comunidades de sus tierras y destrozar el medio ambiente se ha convertido en una forma aceptada de hacer negocios en muchos países pobres, pero ricos en recursos. La decisión de la CPI muestra que la impunidad está llegando a su fin. Los directivos de las empresas y los políticos cómplices del empoderamiento violento de la tierra, arrasando bosques tropicales o envenenado los recursos de agua, pronto podrían verse sometidos a juicio en La Haya junto a criminales de guerra y dictadores”, señala Gillian Caldwell, director ejecutivo de Global Witness, que denuncia que hasta ahora la Corte no estaba investigando las “atrocidades masivas cometidas en nombre del desarrollo”.

No obstante, la Corte Penal Internacional sólo puede juzgar a personas físicas. Pese a los muchos casos, actualmente no existen instancias jurídicas internacionales ante las que denunciar a las empresas por los casos de violaciones de derechos humanos o al medio ambiente. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó en 2014, a propuesta de Ecuador y Sudáfrica, una resolución para crear un instrumento jurídicamente vinculante que regule la actividad de las empresas transnacionales, pero las trabas por parte de los países inversores lo han impedido.

Almudena Moreno, de Alianza por la Solidaridad, señala que “el hecho de que la Corte Penal Internacional sentencie sobre estos delitos ayudará a reforzar la necesidad de contar con una normativa internacional que sea vinculante, dado que existirá ya una entidad internacional en la que poder denunciar”.

La ONG ha denunciado, entre otros, un proyecto hidroeléctrico sobre el río indígena Cahabón, en Guatemala, por parte de la empresa ACS, presidida por Florentino Pérez.

Publicado enMedio Ambiente
Los seres humanos desencadenaron el calentamiento global en 1830

Comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales, según investigadores de la Universidad Nacional de Australia.


MADRID.- La actividad humana lleva produciendo calentamiento global desde hace casi dos siglos, según una nueva investigación que prueba que este fenómeno no se ha desencadenado durante el siglo XX.

El investigador principal, la profesora asociada Nerilie Abram de la Universidad Nacional de Australia (ANU), dijo que el estudio encontró que el calentamiento comenzó durante las primeras etapas de la revolución industrial y fue detectable por primera vez en los océanos Ártico y tropicales en el decenio de 1830, mucho antes de lo que esperaban los científicos.

"Fue un hallazgo extraordinario", dijo Abram, de la Escuela de Investigación de Ciencias de la Tierra de la ANU y el Centro ARC de Excelencia para la Ciencia del Sistema Climático.

"Fue uno de esos momentos donde la ciencia realmente nos sorprendió. Los resultados son claros. El calentamiento climático que estamos presenciando hoy comenzó hace unos 180 años."ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima.

Los nuevos hallazgos tienen implicaciones significativas para evaluar la medida en que los seres humanos han hecho que el clima se aleje del estado pre-industrial, y ayudarán a los científicos a comprender el impacto futuro de las emisiones de gases de invernadero en el clima.

"En los océanos tropicales y el Ártico en particular, los 180 años de calentamiento han causado que el clima medio sobrepase la variabilidad normal en los siglos anteriores a la revolución industrial," explica Abram.

La investigación, publicada en la revista Nature, ha sido realizada por 25 científicos de Australia, Estados Unidos, Europa y Asia, trabajando juntos como parte del consorcio Past Global Changes 2000 year (PAGES 2K).

Abram declaró que el cambio climático antropogénico era generalmente visto como un fenómeno del siglo 20, debido a que las mediciones climáticas eran poco frecuentes antes de la década de 1900.

Sin embargo, el equipo estudió reconstrucciones detalladas del clima pasado que abarcan 500 años para identificar cuando la tendencia sostenida al calentamiento comenzó realmente.

Los científicos examinaron los registros de las variaciones climáticas naturales a través de océanos y continentes de todo el mundo. Estas historias climáticas aparecen preservadas en los corales, decoraciones de cuevas, anillos de árboles y núcleos de hielo.

El equipo de investigación analizó miles de años de simulaciones de modelos climáticos, incluidos los experimentos utilizados para el último informe del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC), para determinar qué causó el calentamiento temprano.

Los datos y simulaciones identificaron la aparición temprana del calentamiento alrededor de la década de 1830, y encontraron que el calentamiento temprano se atribuyó a los crecientes niveles de gases de efecto invernadero.

Los investigadores estudiaron la mayoría de las erupciones volcánicas a principios del siglo XIX y se encontró que sólo eran un factor de menor importancia en el inicio temprano del calentamiento climático.

Por qué el “desarrollo” tiene un significado negativo en América Latina

Existen mejores alternativas de vivir; no tenemos que priorizar el crecimiento económico a costa de una mayoría empobrecida y del ecosistema.

 

inforelacionada

"Es incongruente sacar carbón y hablar de que estamos contra el cambio climático"


Para muchos de nosotros en América Latina el "desarrollo" se asocia con –entre otras cosas– pobreza, explotación de los recursos naturales, desastres ambientales, discriminación social, dependencia económica y criminalización de la protesta.

América Latina es una de las regiones más desiguales del mundo, donde el 10% de la población concentra el 71% de la riqueza. Los desastres ambientales y la crisis climática se exacerban y, como consecuencia, también la tasa de migración dentro y fuera del país. Evidentemente son los países en Latino América –denominados “subdesarrollados”– quienes se encuentran entre los más afectados por esta crisis, hecho que no es casual ya que fueron estos países los que históricamente han sido colonizados, saqueados y como consecuencia de ello empobrecidos, es el caso de Bolivia.

En teoría, la idea de desarrollo –creado como algo positivo en el imaginario social y promovido por nuestros gobiernos y los sectores privilegiados– debería traer beneficios en términos de inversión económica y avances tecnológicos. Proyectos agrícolas, hidrocarburíferos, monocultivos, proyectos mineros e hidroeléctricos se presentan como iniciativas que generarán ingresos regionales, empleo local e innovación tecnológica. La realidad es que muchas economías de la región siguen dependiendo de la exportación de materias primas (cada vez más a China), que en última instancia, están destinadas a satisfacer el apetito de consumidores en los países denominados desarrollados. En Bolivia, por ejemplo, las áreas protegidas están siendo abiertas a la perforación de pozos para extraer petróleo y gas, poniendo en peligro la existencia de las comunidades indígenas, sus derechos y la biodiversidad.

Las consecuencias de este tipo de proyectos son devastadores, el año pasado en Brasil el colapso del dique de contención de la minera Samarco, que formó una riada de 62 millones de metros cúbicos de lodos tóxicos alcanzando áreas pobladas. Grandes extensiones de bosques vírgenes de América del Sur han sido devastadas para sembrar cultivos transgénicos de soja para el mercado mundial de carne. Y existen muchos ejemplos más al respecto.

América Latina encabeza la lista global en explotación minera, y es la segunda región en el mundo con reservas de petróleo. Creemos que no es coincidencia que los gobiernos que han tratado de resistir a la extracción de recursos naturales para el beneficio de los intereses extranjeros han sufrido algún tipo de intervención militar, y han sido sustituidos por gobiernos dispuestos a permitir el acceso a recursos y mano de obra barata.

Naomi Klein ha escrito sobre la forma en que el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende fue rápidamente seguido por una dosis masiva de "doctrina del shock", con la privatización de las empresas estatales, el recorte del gasto público y la apertura de las barreras comerciales. A lo largo de los años 80 y 90, regímenes flexibles acompañaron las políticas de ajuste estructural del Consenso de Washington, que fueron diseñadas para liberalizar el comercio y la inversión.

Las comunidades que se encuentran directamente afectadas por los proyectos extractivos, han determinado resistir, lo que las expone a una mayor represión y criminalización. Los conflictos mineros son moneda corriente en todo el Perú, mientras que América Latina también encabeza la lista del número de asesinatos de activistas ambientales, con la mayoría de las muertes vinculadas a mega-proyectos para la explotación de materias primas. Ese fue el caso de la líder indígena Berta Cáceres, que murió a tiros después de organizar la resistencia a la represa de Agua Zarca.

Pese a todo, existe un discurso que desafía el concepto de desarrollo económico en América Latina, el Vivir Bien. Esta idea debe mucho a la mirada y prácticas de los pueblos indígenas. Muchas de esas comunidades en Bolivia han conservado la propiedad comunitaria de su territorio, así como la gestión colectiva de sus recursos. Hay ejemplos en los que el acceso a la tierra y a los servicios básicos que son garantizados por este modelo de gestión se constituyen en un baluarte en contra la dinámica de comercialización y privatización, que a menudo conducen a la desposesión y generan desigualdades. Sin embargo, llevar esta idea a la práctica conlleva muchos desafíos que deberían ser superados para ir más allá del discurso.

El concepto de "vivir bien" no es sinónimo del modelo de crecimiento y consumismo que el modo actual de “desarrollo económico” trae consigo, y que cada vez más demuestra que no representa los verdaderos indicadores del bienestar. El desarrollo económico bajo su modelo actual no sólo ha traído más consecuencias negativas que beneficios a América Latina, sino que también ha puesto en riesgo al planeta con los impactos acelerados del cambio climático, algo muy evidente en toda la región, y especialmente en Bolivia.

Es hora de buscar formas alternativas de vivir que no reproduzcan relaciones de poder coloniales y capitalistas, a costa del sometimiento y explotación de la mayoría de los seres humanos por ser mujeres, indígenas o de color de sectores empobrecidos, además de la destrucción de nuestros ecosistemas como parte del orden natural de las cosas.

 

 

Una versión de este artículo fue publicado originalmente en The Guardian, bajo el título ‘The phrase 'economic development' has bad associations in Latin América’. Este artículo fue traducido del español al inglés por Maddy Ryle para The Guardian.

 

 

*Investigadores del Centro para la Democracia.

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Fuera de juego: el cambio climático podría dejarnos sin Juegos Olímpicos en el futuro cercano

Cuenta la leyenda que la primera maratón tuvo lugar en la Grecia antigua, en el año 490 A.C. Los atenienses habían impedido la invasión de los persas y enviaron a un mensajero a que fuera corriendo a llevar la noticia de la victoria desde el lugar de la batalla, la ciudad de Maratón, hasta la capital, Atenas. Corrió alrededor de 40km, entregó el mensaje y, acto seguido, se desplomó y murió al instante. Los historiadores cuestionan la veracidad de la leyenda, pero sigue siendo un mito fundacional del popular acontecimiento. Ahora, el futuro de la maratón en particular, y de los Juegos Olímpicos en general, podría estar en peligro. Un informe que acaba de publicar la revista médica británica The Lancet da a entender que para el año 2085 casi todas las ciudades que podrían ser anfitrionas de los Juegos Olímpicos serán demasiado calurosas para realizar eventos al aire libre.

Kirk Smith, catedrático de salud ambiental mundial de la Universidad de California, Berkeley, encabezó el equipo que redactó el artículo para The Lancet. Smith escribió: “La maratón es la actividad que exige mayor resistencia y, por consiguiente, da una buena idea de si las condiciones serán seguras para otras disciplinas olímpicas”. El científico observó que las temperaturas extremadamente elevadas ya han provocado que se cancelaran maratones, como ocurrió con la maratón de Chicago en 2007. Durante las pruebas de clasificación para elegir al equipo olímpico estadounidense que iría a los Juegos Olímpicos de Río este año, realizadas en Los Ángeles, el 30% de los corredores abandonaron la carrera debido al calor. El informe señala que: “En 2085, solamente 8 de las 543 ciudades fuera de Europa Occidental con capacidad de ser anfitrionas de los Juegos entrarían dentro de la categoría de bajo riesgo. Es decir, sólo el 1,5 por ciento”.


Los investigadores de The Lancet aprovecharon que las miradas de todo el mundo están puestas en los Juegos Olímpicos para plantear un hecho más importante: “Después de 2050, el mundo afrontará graves dificultades debido a que el grado y la velocidad del cambio climático podrían exceder la capacidad de adaptación de la sociedad”, escribieron los científicos. La mitad de los trabajadores del mundo trabajan al aire libre, acotaron, y los espacios exteriores, al igual que los espacios interiores sin refrigeración adecuada, son cada vez menos seguros. Advierten que “los golpes de calor tras realizar esfuerzo físico y sus consecuencias negativas, incluida la muerte, se volverán una parte fundamental del trabajo al aire libre en todo el mundo”. Si tomamos el ejemplo de otro deporte, miles de trabajadores están trabajando en condiciones de calor extremo en Qatar, construyendo estadios para el Campeonato Mundial de Fútbol de 2022 que se realizará en ese país. La Confederación Sindical Internacional estima que “más de 7.000 trabajadores morirán antes de que se patee la primera pelota de la Copa del Mundo de 2022”.


Estas terribles condiciones refuerzan la necesidad urgente de abordar la amenaza del problema climático. El Acuerdo de París alcanzado en diciembre aspira a poner un límite máximo de 1,5 a 2 grados Celsius al aumento promedio de la temperatura mundial. La ciencia sugiere, cada vez con mayor contundencia, que el clima está cambiando más rápido de lo previsto y que es necesario adoptar medidas en forma urgente. Cada día que pasa en que se debate este problema y se adoptan soluciones a medias, el problema se vuelve cada vez más difícil, sino imposible, de resolver.


Estados Unidos ha sido el mayor emisor de gases de efecto invernadero en la historia de la humanidad. Hemos quemado combustibles fósiles en forma desenfrenada durante siglos. Según la Administración de Información Energética del país: “Más del 80% del consumo total de energía en Estados Unidos durante los últimos 100 años han provenido exclusivamente de tres fuentes de combustibles fósiles: pétroleo, gas natural y carbón”.

Si bien el uso de fuentes renovables, principalmente la energía solar y eólica, están aumentando, siguen representando una pequeña porción de lo que deberían para cumplir las promesas realizadas durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático celebrada en París.
El Presidente Barack Obama acaba de anunciar lo que probablemente será su última orden sobre estándares de vehículos eficientes. Su legado climático es considerablemente limitado (teniendo en cuenta, por supuesto, que tuvo que enfrentar en estos asuntos la firme oposición de los negadores del cambio climático del partido Republicano). Pero, ¿qué hay de los dos posibles sucesores de Obama? Hillary Clinton reconoce que el cambio climático es un problema urgente, pero ha dado una señal contraria al anunciar, esta semana, que su equipo de transición estaría encabezado por Ken Salazar, ex Secretario del Interior y ex senador de Estados Unidos por Colorado. Salazar ha promovido con entusiasmo la fracturación hidráulica y apoya la construcción del oleoducto Keystone XL y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

Por su parte, Donald Trump ha descrito el cambio climático como un “engaño”. Mientras Trump asistió esta semana a su primera reunión informativa sobre información clasificada de seguridad nacional de Estados Unidos, el Golfo de México está siendo azotado por lluvias torrenciales e inundaciones. Al menos 11 personas han muerto y más de 20.000 fueron evacuadas de sus hogares en Baton Rouge y las zonas aledañas. En el sur de California, siguen los incendios forestales provocados por las graves sequías consecuencia del cambio climático, que han obligado a más de 82.000 personas a abandonar sus hogares. Julio fue el mes más caluroso de la historia desde que se llevan registros. Como parte de la información clasificada, a Trump le deberían mostrar las conclusiones del Pentágono, que durante años ha identificado el cambio climático como una de las peores amenazas a la seguridad nacional.

Publicado el 19 de agosto de 2016

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enMedio Ambiente
Plan Cambio Climático 2050 y el capitalismo verde*

 

La disputa global que vive la humanidad entre caos climático y buen vivir, entre capitalismo verde, o financiarización de la naturaleza, y decrecimiento, entre soberanía popular y capitalismo voraz, tiene cada vez más expresiones en nuestro territorio, tanto en el conjunto del país como en partes específicas del mismo. Explotaciones petróleras en territorios de comprobada fragilidad ambiental, desvío de ríos, inundaciones de amplios y fértiles territorios rurales, sembrados de monocultivos, fumigaciones con agrotóxicos de reconocidas secuelas negativas para la tierra y el aire, etcétera, son parte de esta realidad.

 

Paso a paso, con la anuencia estatal y de quienes controlan el gobierno, enfrentando la voluntad popular, el llamado “capitalismo verde” hace su aparición entre nosotros. “Capitalismo verde” que llega de la mano de grandes conglomerados internacionales, avalado y potenciado por la Ocde, como protección de inversores y capitales de todo tipo.

 

Reorganización del capital, y apuesta de las élites transnacionales por los “mercados verdes” que también busca ahondar el sometimiento financiero de los “países del sur”, pretendiendo profundizar el coloniaje en países como el nuestro, para ampliar su circuito de negocios mediante el endeudamiento externo. La COP 21 de Naciones Unidas ha facilitado esta pretensión corporativa al ratificar que la salida a la actual crisis climática obliga a una transición programada hacia el “capitalismo verde”, de la mano del cual llega y se profundiza la producción de agrocombustibles, demandante de grandes cantidades de tierra y agua bajo la forma de monocultivos, con los cuales también amplían el desplazamiento de comunidades campesinas y étnicas. Como es conocido, estos agrocombustibles son cultivados de manera intensiva con agrofertilizantes derivados del petróleo y responsables en gran medida de la contaminación del planeta. Con todo esto, la producción alimentaria local, las tradiciones y ritmos locales, quedan arrasados

 

Un segmento adicional del “capitalismo verde” es el de las titularizaciones por pagos indemnizatorios a la contaminación atmosférica, con la cual han abierto un segmento rentable en los mercados de capitales globalizados. Estamos ante el empleo de tecnologías genéticas que atentan contra el ciclo natural de la vida vegetal. Los árboles genéticamente modificados plantean nuevos retos a la contaminación planetaria. Conseguir más bienes en menos tiempo transgrediendo el ciclo de elaboración de bienes por la naturaleza se convierte en un requisito ineludible en la agricultura contemporánea para adecuarse a las exigencias de la intensificación productiva en las industrias tecnológicamente desarrolladas y al ritmo frenético de la circulación de mercancías en el comercio mundial.

 

 
En nuestro territorio

 

En Colombia, esta disputa global se expresa, de una parte, en la imposición de la política minero energética y los agronegocios a través de una legislación para el despojo de facto y la represión y judicialización de las protestas sociales ante los múltiples conflictos económicos, socioambientales y culturales generados por los megaproyectos. Y, de otra, en las resistencias sociales como expresión organizada y argumentada de “víctimas del desarrollo” contra la imposición del modelo neoliberal extractivista y por la defensa de la vida y el territorio.

 

El Plan de Desarrollo de Santos garantiza el control de nuestros territorios por parte de las Corporaciones transnacionales Endesa, Enel, Emgesa, Pacific Rubiales, Emerald Energy, Estatal Hydrochina, entre otras. Para tal efecto, se impone una legislación para el despojo de las comunidades al declarar de utilidad pública los territorios que sean necesarios para los “Proyectos de Interés Nacional y Estratégico” –Pines– como los del Plan Maestro de Aprovechamiento (privatización) del río Magdalena convirtiéndolo en una gran hidrovía para la movilización de petróleo, carbón, contenedores, cereales (maíz, trigo y soya). Incluye, además, la construcción de 17 hidroeléctricas a lo largo del río hasta Honda, entre ellas, 7 más para el Huila: Guarapas, 140 MW y Chillurco 180 MW (en Pitalito), Oporapa 280MW (en Oporapa), Pericongo 80 MW (en Timaná), El Manso 140 MW (en Neiva), Veraguas 130 MW (en Aipe), Bateas 140 MW (en Villavieja).

 

Además, pretenden imponer 50 Pequeñas Centrales Hidroeléctricas –PCH– en el Huila con la inversión de capital privado por incorporar al Sistema Interconectado Nacional para exportación. Actualmente, ya han radicado 14 solicitudes ante la Corporación Autónoma del Alto Magdalena –CAM– para Licenciamiento Ambiental que afectan las cuencas de los ríos Bache (3 PCH), Las Ceibas, Cabrera, Venado, Narváez, Bedón, La Plata, Páez, Suaza, Guarapas, Naranjo, Aipe.

 

La Agencia Nacional de Hidrocarburos, en el marco de las “Rondas Colombia 2012 y 2014”, asignó 12 áreas de exploración petrolera en el Huila concesionada a nueve compañías transnacionales, entre ellas, a la multinacional francocanadiense Alange Energy Corp en la Cuenca del río Las Ceibas. El bloque denominado VSM 16 (Valle Superior del Magdalena), incorpora a los municipios de El Agrado, Altamira, Elías, Garzón, Gigante, Guadalupe, Hobo, La Plata, Paicol, El Pital, Tarqui, Tesalia y Timaná que afectan las márgenes derecha e izquierda del río Magdalena y parte del río Suaza con el uso de la técnica de extracción de gas y petróleo en yacimientos no convencionales (pozos profundos) denominada fracking o fracturación hidráulica. El gobierno autorizó una licencia ambiental global a la empresa Emerald Energy para la construcción de tres plataformas multipozo al interior del Campo de Producción Gigante, y la construcción de líneas de flujo que podrán transportar agua, gas y crudo afectando el Páramo de Miraflores.

 

En el Huila, además, están socializando el denominado Plan Cambio Climático 2050 cuya prioridad es la privatización del agua para “la demanda del consumo humano concentrada en los centros urbanos y las cabeceras municipales” –enajenación de los acueductos comunitarios–, “el suministro de riego para la producción agroindustrial” –Zidres– y, fundamentalmente, para “la generación de energía a través de represas a lo largo del eje hidroeléctrico sobre el río Magdalena en cantidades estimadas de alrededor de 20.000 megavatios” –Plan Maestro de Aprovechamiento del río Magdalena–.

 

Los Acueductos Comunitarios que son construcciones sociohistóricas en torno a la gestión del agua, que hacen parte de los territorios sociales en veredas, resguardos indígenas y territorios de comunidades negras, y barrios de las diferentes regiones y ciudades del país están siendo objeto de liquidación y privatización al servicio de las corporaciones transnacionales para que continúen invadiendo nuestros territorios a través del Plan de Privatización del río Magdalena (más represas) la explotación de Petróleo a través del fracking y los agronegocios, atentando contra la naturaleza pública de los mismos.

 

* Apartes, reorganizados, del documento “Agenda mínima, movimiento regional por la defensa del territorio y la vida ¡Ríos vivos!”
Fuente: http://www.quimbo.com.co/

 

 

 

Publicado enEdición Nº226
Francisca Ramírez en una de sus fincas en la comunidad de La Fonseca, Nicaragua.

 

Francisca Ramírez es el símbolo de la lucha de los agricultores y ambientalistas contra la construcción de la obra interoceánica a cargo de una empresa china

 

Francisca Ramírez supervisa sus cultivos de tubérculos montada en una yegua. Esta campesina bajita, de piel morena quemada por el sol, da instrucciones a sus trabajadores, que arrancan del suelo uno a uno los bulbos, mientras explica los motivos que la llevaron a convertirse en la cara del movimiento campesino que se opone a la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua. La faraónica obra, valorada en 50.000 millones de dólares, es el sueño con el que el presidente Daniel Ortega espera tener un lugar destacado en la historia.


“Nací en una familia pobre”, dice Ramírez sin bajarse de la yegua. “Toda mi niñez fui pobre. Cuando crecí y tuve mis hijos, luché y trabajé para que ellos no pasaran por lo que yo pasé, para que tuvieran tierras donde trabajar, donde vivir”, agrega. “Esa es la lucha que he emprendido hoy, porque me ha sorprendido que este Gobierno haga una ley quitándonos lo que tenemos, lo que hemos logrado con tanto esfuerzo. Quiere expropiarnos sin tomarnos en cuenta. ¿Cuál va a ser nuestro futuro? Nos tiran a la suerte”, explica la campesina.


El Gobierno del exguerrillero sandinista Ortega impulsó la aprobación de la Ley 840, la que entrega por 100 años la concesión para la construcción del canal interoceánico al empresario chino Wang Jing. El inicio de la obra se ha retrasado en dos ocasiones, en parte por la férrea oposición de los campesinos y organizaciones defensoras del medio ambiente, y porque aún no se conoce la lista de inversores dispuestos a participar en el proyecto.


El canal tendría una extensión de 278 kilómetros, atravesaría el país desde el Caribe hasta el Pacífico y permitiría el paso de cargueros de enorme calado, que ahora no pueden atravesar el Canal de Panamá, recientemente ampliado. La obra de ingeniería requerirá de enormes trabajos de excavación y la expropiación de terrenos, lo que afectaría a miles de nicaragüenses que habitan en la ruta del proyecto. Además, se construirían puertos, aeropuertos y zonas de libre comercio.


Ramírez se ha puesto al frente del movimiento que se opone a la obra, a la cabeza de decenas de manifestaciones en las que los campesinos exigen la derogación de la ley que entregó la concesión a Wang y el respeto a sus propiedades y su forma de vida. La campesina ha increpado a oficiales de la Policía Nacional que intentaron evitar una de esas marchas y hasta se enfrentó a un pistolero —un presunto policía—, que la amenazó en la oscuridad de la noche, mientras miles de campesinos se trasladaban hasta Managua para participar en una manifestación pacífica frente a la sede del Parlamento. Ramírez los animó a seguir el viaje.


En Nicaragua la llaman cariñosamente doña Chica, a pesar de contar apenas con 39 años. La pobreza de su juventud y el duro trabajo en el campo la hacen parecer mayor. Ramírez vive con su esposo y sus hijos en una lejana aldea llamada La Fonseca, en las fértiles tierras del Caribe nicaragüense, una región rica en recursos naturales que se vería afectada por la construcción del canal.


Esta mujer con apenas estudios básicos —no llegó a aprobar el tercer grado de primaria— es una próspera agricultora, comerciante y ganadera. Ramírez cuenta con tres fincas en las que cultiva tubérculos, jengibre y granos y cría ganado. Es también propietaria de dos camiones de carga en los que traslada el producto del campo a la ciudad. Son esas tierras las que doña Chica defiende ante la amenaza de la expropiación.


“El canal nos va a quitar la cultura de ser campesinos”, afirma Ramírez. “Aquí tenemos todo, producimos las tierras. Nos van a quitar los lazos familiares, van a hacer una zanja, van a destruir. Vemos que es este trópico húmedo el que quiere desbaratar el Gobierno, sentimos que esto nos va a traer perjuicios a todos los nicaragüenses. ¿Qué va a pasar si aquí Ortega le da toda el agua a este chino Wang Jing? Quiere decir que a él, más adelante, hasta el agua le podemos comprar”, lamenta.


—¿Qué le diría al presidente Ortega si pudiera verlo en persona?


—Que escuche al pueblo, que cuando el pueblo dice no, es no; y cuando el pueblo se decide a algo prefiere morir y no entregarse. Yo le diría que si es un Gobierno que quiere la paz en Nicaragua, que lo demuestre.

 


Sin temor a las represalías


Ramírez asegura que no va a claudicar en su lucha. No tiene miedo, a pesar de las amenazas que ha sufrido, según sus propias denuncias. En junio, cuando dejó su aldea para protestar en Managua, la Policía detuvo a un grupo de jóvenes —mexicanos, argentinos y costarricenses— que habían llegado hasta La Fonseca para enseñar a los campesinos a fabricar cocinas ecológicas. Fue ella quien se plantó ante las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial para exigir su liberación. También ha encabezado un movimiento para llevar alimentos a las regiones golpeadas por la sequía en Nicaragua, a pesar de que el Gobierno prohibió que los entregaran.


“Estoy dispuesta a morir, si es necesario. Lo he dicho siempre, con tal de que queden libres mis hijos y tengan una casa y una tierra dignas”, remata la campesina que planta cara al canal chino en Nicaragua.

 

 

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