La organización de la vida y el trabajo en el mundo

ALAI AMLATINA, 05/02/2016.-No vamos a esbozar aquí los problemas que plantea a la imaginación, la utopía de More, Bacon, o Fourier. Vamos a limitarnos a esbozar algunos problemas de distopia, y no sólo en relación a los muchos, para quienes es un infierno la vida en la tierra, sino para todos los seres humanos, incluso para los que gozan de la "dolce vita", y, de hecho, para cuanto ser viviente se encuentra en el Planeta y goza de eso que se llama la biósfera.

En una segunda parte vamos a ver cómo conocimientos y denuncias no faltan en relación al infierno de los muchos, y tampoco sobre los peligros de ecocidio que a todos los seres vivientes amenazan.

Es más existiendo conocimientos precisos, válidos, confiables y abundantes, y viniendo ese saber de numerosos investigadores científicos, que en su inmensa mayoría son de "la corriente principal", es decir de la que recibe el apoyo de fundaciones y gobiernos, resulta sorprendente que cuando comprueban esos daños y peligros ni les hacen caso, ni sólo los descalifican por cuanto medio está a su alcance, sino hasta los persiguen, como si fueran culpables al no legitimar sus autores el sistema de los "decision makers", integrantes del "poder oculto" tras el capitalismo corporativo al que dominan unos cuantos billonarios superpoderosos, como los del tristemente famoso Grupo Bilderberg que se reúne regularmente en los grandes hoteles con sus "think tanks", y sus invitados distinguidos, algunos candidatos a gobernar. Ese grupo sobre todo, y algunos otros cuyos miembros se le integran o asocian, determina la suerte de buena parte de la humanidad y de los conflictos a enfrentar mediante colusiones, cooptaciones, corrupciones y represiones de variadas tramas, organismos e instituciones...

En palabras llanas, la descalificación y el asedio contra los investigadores que publican hechos y evidencias sobre peligros de que son causantes los grandes propietarios y accionistas de las corporaciones multinacionales, trasnacionales y globales, psicológicamente corresponde a esa "negación" freudiana de causas y efectos que política y consciente o inconscientemente buscan ocultar sus autores, y que en términos psicopatológicos y hobbsianos se ocultan a sí mismos.

Daños al mundo y peligros actuales y futuros que sufre la humanidad se niegan de varias maneras. O se afirma que los informes y estudios que los revelan son falsos, y eso se sigue afirmando todo lo que se puede, o cuando ya no se puede más, se afirma que los fenómenos "negados" no son ni tan peligrosos ni tan amenazadores como sostienen personas y grupos a los que se califica de apocalípticos o perversos y, ya en último extremo, esto es, cuando aparecen una tras otra las crisis anunciadas, se dice que los males que las provocan van a ser resueltos, y se emplean varias formas de mentir sobre el tiempo y magnitud en que van a resolverse, o sobre los recursos que van a emplearse y los subsidios e inversiones que se van a hacer, o sobre las tecnologías que los resolverán y que por supuesto en nada afectarán las inmensas ganancias que para las corporaciones significa, como efecto no deseado, la destrucción de la tierra.

La situación cognitiva resulta ser todavía más grave cuando se comprueba que a tamañas falsedades se añade el hecho invariable de que las partes se cuidan de adquirir compromisos vinculantes, o acuerdos ejecutivos, que en alguna y poca medida lograrían las políticas con que creen y hacen creer que se resolverán los problemas ecológicos, todo lo cual entraña una conclusión necesaria en que los ricos y poderosos no quieren ni pensar, y es la de que en la organización actual de la vida y el trabajo es totalmente imposible resolver los problemas sociales y ecológicos de la humanidad y del planeta. Y ese totalmente es rigurosamente determinista como algunas leyes de la física... Pero con una diferencia, que eso no ocurrirá si se implanta otra organización de la vida y el trabajo con "atractores" que no sean la maximización de poder, riquezas y utilidades.

Ese es el verdadero problema y aquélla la ciega defensa de los intereses creados. Ese es el origen del mentir y mentirse. Aquélla la irracionalidad de mentiras y peligros que se acallan o descalifican y que muestra las entrañas innegables de la prioridad por el poder y la riqueza que lleva a sus beneficiarios a disponer lo que, por un tiempo, les permita alargar la vida de que gozan, con una "duración" que no incluye ni siquiera a sus jóvenes descendientes. No, literalmente no piensan más que en ellos mismos y para nada en los demás y ni en sus estirpes, observación que hago aquí más que como un problema ético, como un problema cognitivo y psicopatológico.

La "negación" que Freud descubriera casi un siglo atrás en algunos de sus enfermos, la "negación" como descalificación actual de quienes sostienen eso que en inglés se llama "unconfortable knowledge", y la insistencia en recurrir a las "ilusiones" de que "las amenazas ecológicas son problemas tecnológicos", que van a resolver las corporaciones con sus nuevas tecnologías, son consecuencia de un gigantesco y dramático autoengaño pues si las nuevas tecnologías realmente se aplicaran y realmente fueran resolviendo los problemas, correlativamente irían reduciendo las inmensas utilidades y riquezas que los accionistas de las corporaciones tienen, problemas que en el fondo saben y ocultan super-ricos y super-poderosos, para entregarse a los problemas y temas habituales de pensar y tomar decisiones que aseguren su poder, sus ganancias, y su seguridad personal y corporativa, así como las que consoliden la inmensa fe que tienen en el poder de las tecnociencias y de los recursos de producción, mediación, corrupción y destrucción de que disponen para dominar y acumular, para persuadir e ilusionar, y para acentuar las crisis hechizas que desde los años sesenta aplican cada vez más y que los ayudan a enriquecerse, fortalecerse y dominar el mundo. Con crisis, corrupción y deudas dominan los estados con los mercados y los mercados con los estados, amén de variadas medidas que entrañan las políticas neoliberales.

Que esas crisis buscadas y controladas deriven en una crisis no buscada, incontrolada e inevitable no cabe en los problemas de que se ocupa la mayoría de los actores ni en la prepotencia mental o en la mentalidad bursátil, policial o mafiosa de quienes sólo ponen atención, inteligencia y energía en un negocio o crimen o peligro determinado, o en un conjunto de ellos, pero no en los que forzosamente, y hágase lo que se haga se darán con el tiempo en todo el mundo y por los que al fin perderán con su propia vida sus propios bienes. No es ese su tema. No forma parte de su existencia.

Es así como ni por asomo, el común de los ricos y el poderosos plantea el problema de que con la crisis del capitalismo estamos asistiendo también a la crisis de la civilización y de la especie humana, y que en la causa de ellas ocupan un primer lugar el capital corporativo y su entramado mundial de asociados, coludidos, cooptados, corrompidos así como las articulaciones de los complejos-empresariales-militares-políticos-y-mediáticos, y la fusión del negocio organizado y el crimen organizado. No pensar que corporaciones y complejos son causantes de lo que Bush padre llamó "la guerra sin fin" y que con ella advino la crisis terminal del sistema capitalista y de la civilización occidental, representa para todas esas fuerzas un conjunto de problemas que dan por ideológicos, o académicos, o falsos, y que, en todo caso, no les interesan, interesados como están en la maximización de su poder, utilidades y riquezas con un bienvenido subconsciente que los lleva a vivir los atributos de la eternidad...

Los complejos militares-empresariales, políticos y mediáticos dominantes, que para la toma y puesta en práctica de las decisiones mundiales cuentan con el eficiente y eficaz apoyo de sus coludidos, cooptados, subrogados y empleados exigen de éstos un silencio cómplice que quien rompe –traidor o enemigo– se enfrenta a su inmenso entramado de organizaciones formales e informales, de negocios respetables y de crímenes organizados, con grandes fuerzas gubernamentales y mediáticas de alcance global que están comprometidas, "compradas" e inclinadas a obedecer, defender, y legitimar a los poderosos, y de criminalizar, perseguir, despojar y eliminar a los miserables, marginados o pobres, así como a destruir la vida, riqueza, libertad o fama de los insumisos y rebeldes, muchos de los cuales al ser acosados, cooptados o aplastados por el sistema también se doblan o se quiebran. Así piensan. Así actúan.

El sistema dominante opera con fuerzas amalgamadas muy eficientes e inescrupulosas y emplea sus variadas redes en una guerra integral, que diseñan y libran sus expertos y conocedores, y de la que se aprovechan -en todos los niveles de mando y servil obediencia- quienes dirigen o realizan las operaciones de la guerra real y virtual, que los señores del sistema han desatado, usando para apoyarla una notable variedad de armas en que destacan las finanzas, las asociaciones, las macro-corrupciones y macro-represiones por las fuerzas políticas y sociales, militares y paramilitares, abiertas y encubiertas, uniformadas y disfrazadas, reales y virtuales, todas con el encargo de combatir, crear y armar el terrorismo, el narcotráfico y el mercado negro o paralelo, y de perseguir y destruir a los competidores y rebeldes en medio de "un caos controlado" para una "crisis controlada". Esas también son sus creencias, sus convicciones.

El conjunto de los ejecutores de tamaña "guerra sin fin" fomenta cuanto atentado quepa imaginar, muchas veces revestido de un fanatismo a modo, que sus adeptos invocan cuando destruyen sus propios templos y ciudades, matan a sus propias familias, a mujeres, niños, jóvenes y ancianos, al tiempo que apoyan –como en Siria- los bombardeos de manzanas enteras y los "golpes aéreos inteligentes", que según los jefes de estado de las grandes potencias son de tal modo precisos que sólo destruyen la habitación de la ciudad o villa en que se halla un terrorista identificado, sin que nadie más a su alrededor sufra daño alguno...

Como antecedente notable de tan siniestra y ya acostumbrada situación se da el hecho de que terroristas y bombarderos han tomado como campo de batalla las ciudades y poblados donde los terroristas se meten y donde los "aparatos inteligentes" indican el sitio exacto en que están los terroristas. En los hechos al destruir a uno o a varios terroristas, los aviones y las fuerzas de mar y tierra, también destruyen las infraestructuras urbanas y rurales existentes. Y esa es la extraña coincidencia entre los terroristas y sus enemigos de las grandes potencias; los dos destruyen a los pueblos, tanto quienes los defienden o dicen defenderlos como quienes dicen atacarlos y los atacan.

Con tales artimañas muchos de los habitantes de África, del Mundo Musulmán y Asia Central se han quedado sin ciudad, sin país, y con víctimas que llegan a millones entre sus residentes y entre quienes prefieren ahogarse en el mar con su mujer e hijos buscando escapar a la macabra guerra de bombas y drones que acabaron con la casa que tenían, con la escuela a donde sus hijos iban, con los hospitales donde sus enfermos graves y leves se atendían, y hasta con las infraestructuras de transporte terrestre y aéreo, de electricidad, agua, gas y calefacción, tan necesarias todo el año y sobre todo en el crudo invierno.

Tal es el panorama de quienes viven en el Medio Oriente y en Asia Central con diferencia en cuanto al clima en el Zagreb y en África Negra, y con formas de horror y odio parecidas, todas ellas "adaptadas al contexto religioso e ideológico", y aplicadas en variable escala con igual sevicia, como ocurre en las regiones de nuestra América donde habitan los pueblos indios campesinos, hoy despojados de sus tierras, con millones de ellos también desterrados de sus campos y países, y que viven bajo el terror y la miseria o que en el camino a la utopía de Hollywood caen en la esclavitud o la muerte, o en el paso de fronteras y ya en los territorios añorados caen en las redes de la migra y son deportados a su lugar de origen. Y así muchos que ya llegaron vuelven al mismo sitio de que habían buscado escapar.

La emigración de los miserables alcanza a millones de seres humanos de acuerdo con las estadísticas oficiales, y esos millones son mucho más cuando no sólo se incluye a quienes emigran a otros países y continentes, sino a los que emigran de un lugar a otro en su propio país, y dejan las tierras y casas de sus mayores. En estudios recientes –es cierto-, se ha descubierto que la mayoría de los emigrantes no viene de los más pobres, sino de las clases medias con profesionales y técnicos que tienen los recursos necesarios para pagar transportes costosos. Sumado este hecho a los anteriores, en que la mayoría de las víctimas siguen siendo los pobres se ve que junto a la destrucción de las ciudades e infraestructuras se está cambiando la política que Andre Gunther Frank calificó de "desarrollo del subdesarrollo" por una política de "subdesarrollo del desarrollo", que alcanza a numerosos países que vivieron con las ilusiones de los gobiernos desarrollistas. Para colmo de males, a los desastres de la guerra y de la emigración se añade la disminución de la esperanza de vida, y el incremento de la tasa de mortalidad por las hambrunas y pandemias y por el aumento de los desastres ecológicos producidos por el creciente peso económico-político-cultural e informático de las corporaciones y sus subsidiarias, y por los desastres ecológicos derivados de grandes incendios, inundaciones, y poluciones del agua, la tierra, el aire, los lagos, los ríos y el mar, hechos a los que se añade la disminución y desaparición de numerosas especies animales y vegetales y la del medio ambiente desde el Polo Norte hasta el Polo Sur en que los deshielos causan la muerte de osos y esquimales.

A lo desagradable que resulta hablar de todo esto, se añade lo doloroso de vivirlo en carne propia. Pero como dijo un inglés notable "a todo nos acostumbramos".

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No puedo menos de esbozar aquí esta breve descripción del mundo en que vivimos. Lo hago a sabiendas de que me encuentro ante los miembros e invitados de un organismo vinculado a la educación, la ciencia y la cultura.

La emoción que expresan verdades como éstas es parte de un conocimiento de la ciencia, la cultura y la pedagogía que impulsen acciones responsables destinadas a enfrentar, explicar y construir alternativas a una situación, que en nuestro tiempo tiene enredadas las cabezas con profundas incógnitas, ante innegables dificultades y ante obstáculos abrumadores, en que la firmeza de las convicciones propias y de la fuerza de los pueblos, a pesar de todo y por encima de todo, nos llevará a repetir el firme clamor de "¡VENCEREMOS!" con la convicción de que, "más temprano que tarde", como dijo Salvador Allende, nuestra nueva proclama de "otro mundo posible" se convertirá en realidad.

Nosotros aquí, y muchos otros en otros muchos lugares de Nuestra América y otros continentes, podemos contribuir al nuevo pensamiento crítico y creador que asuma los problemas y los enfrente en sus movimientos insumisos al amparo de la ciencia, la cultura y la educación.

La prioridad de los problemas a enfrentar –estoy seguro– es la política del desconocimiento, del engaño y de la barbarie reinantes, precisando la actual organización de la vida y del trabajo en el mundo, y no sólo buscando y practicando las alternativas más idóneas, sino atendiendo un problema no menos grave y descuidado, el de los procesos de transición a un mundo en que la vida y el trabajo se organicen en un sistema que no tenga como atractor principal la maximización de poder, de riquezas y de utilidades, sino la democracia con el socialismo y con la libertad, con los tres amalgamados, si a la realidad conceptos y palabras se refieren.

Llegados a este punto vemos la necesidad de aclararnos "¿qué tanto es lo posible?" y cómo varía y variará "lo posible" en el tiempo, el espacio, la organización y la estrategia,-que es como varían muchas otras categorías reales y conceptuales...

Reparar en el significado actual de aquéllas categorías que sean fundamentales para la acción y la reflexión, y señalar el éxito de valor universal alcanzado por la Revolución del 26 de julio en Cuba, o por los indios mayas del movimiento zapatista en México, nos llevará a incluir también algunos de los avances y obstáculos de los movimientos bolivarianos que con Venezuela encabezó Hugo Chávez y que con el Estado Plurinacional de Bolivia encabeza Evo Morales, así como de los avances y retrocesos de gobiernos progresistas que surgieron en América del Sur y evolucionaron, se fortalecieron y debilitaron entre diferencias significativas.

En todo caso, de los movimientos revolucionarios y progresistas buscaremos deducir algunos requisitos para la construcción de otro mundo posible y necesario...

Para emprender el análisis de la organización de la vida y el trabajo en el capitalismo del siglo XXI, es un buen principio partir de los Estados Unidos de Norteamérica, en tanto se trata del único Estado-Nación que tiene bases militares en toda la Tierra y una influencia global mucho mayor que la de cualquier otro país. Es más, si no vivimos en un mundo unipolar como pretende el complejo militar empresarial norteamericano, los habitantes de América y el Caribe sí vivimos en lo que tradicionalmente ha sido el "patio trasero" del imperio norteamericano. Desde fines del siglo XIX, Estados Unidos es la principal potencia que domina esta región del mundo con la excepción de Cuba. Estados Unidos destaca también en el entramado de poder empresarial, militar, político y mediático que caracteriza al capitalismo global y al Estado neoliberal de Occidente como el sistema autoregulado más eficaz para lograr las mediaciones de gobiernos, partidos y movimientos afines.

El país metropolitano y los países dependientes -con excepción de Cuba- muestran una dialéctica controlable por su "complejo empresarial-militar", en períodos relativamente largos, con inclinaciones a la derecha y a la izquierda que son aceptables para el "complejo". En el propio país metropolitano, las inclinaciones a la derecha hasta ahora han mostrado ser controlables, incluso hoy en que revelan un movimiento parecido al de los años veinte en Alemania e Italia, con una ideología de extrema derecha a la "americana", que acentúa sus rasgos y sus expresiones racistas, y abiertamente colonialistas y represivos.

El viraje a la derecha en los países latinoamericanos y caribeños tiende a modernizar sus tradiciones golpistas y ultra-conservadoras anteriores y a unir gobiernos, partidos y movimientos bajo nuevas posiciones de dependencia. El "aggiornamiento" de los dictadores civiles y militares los lleva a aplicar la vasta cultura de la contrainsurgencia y de los aparatos inteligentes para su mayor eficiencia en el gobierno de las democracias de fachada con estados adelgazados y países más y más empobrecidos, despojados de sus recursos naturales y sus mercados de producción y de servicios por los efectos de la política neoliberal.

Sobre todos esos países en el mundo entero en el momento actual, se ha lanzado una ofensiva creciente en que el complejo empresarial-militar de Estados Unidos ha logrado posiciones cada vez más ventajosas. La ofensiva no sólo afecta a los Estados Nación en lo individual sino a Nuestra América y a los convenios de solidaridad y apoyo mutuo como el ALBA y el ALMA. La ofensiva pesa en particular también contra los países ricos en recursos naturales –como el petróleo- y sobre los países que tienen gobiernos progresistas, desde los más moderados hasta los que significan un avance al socialismo, la democracia y la libertad, en los que destaca Cuba con su gran experiencia martiana y marxista de valor universal.

La ofensiva cobra formas diferentes en cada circunstancia, pero abarca a todas las naciones, incluso a las más neoconservadoras o neoliberales. Así va desde Venezuela con su gran proyecto chavista y bolivariano y su petróleo, pasando por Ecuador, Brasil, hasta Argentina en el Sur y México en el Norte, aquélla que ya perdió su gobierno progresista y éste que ya privatizó su petróleo y una gran cantidad de propiedades que antes eran nacionales, sociales y comunales.

En medio de la ofensiva hay resistencias notables y nuevos peligros que se enfrentan como es el caso de Cuba, último y primer valuarte del socialismo, la democracia y la libertad, o el de Venezuela con un Estado de orientación bolivariana y socialista, o, el de Bolivia, constituido por las naciones de los pueblos originarios que buscan construir un nuevo estado pluriétnico. En la resistencia, destaca también el proyecto zapatista que abarca una inmensa región cultural y cuyos integrantes –organizados y armados– cuentan como una fuerza inmensa con su moral organizada, con su conciencia y su voluntad organizadas en que transfieren a la sociedad el poder del estado. El movimiento zapatista en su pensar y hacer incluye el saber de los pueblos mayas y los nuevos valores y medios con que se ha enriquecido la democracia con el principio del poder en el pueblo, y por el pueblo. El zapatismo ha hecho aportaciones notables a la organización de un gobierno que es pueblo y de un pueblo que es gobierno. Desde l994 no cesa de enriquecer su pensamiento, su discurso, y la organización del trabajo y la vida hacia las metas que desde sus albores formuló en el decir y el hacer con su clamor de "Libertad, Justicia, Democracia". Es un movimiento que cada vez más afirma y organiza su posición socialista, democrática y libertaria contra "la hidra capitalista". Como todos los demás se encuentra inserto en esta lucha mundial en que a las incógnitas sobre la mejor estrategia a seguir algunos responden optando por una de las líneas tradicionales y otros respondemos apoyando toda lucha que tienda en los hechos a organizar la libertad, la justicia, la democracia y el socialismo con el pueblo, entre el pueblo, y por el pueblo.

Hoy, no podemos ignorar que están siendo acosados y en muchos casos destruidos muchos de los logros emancipadores de la Humanidad y que a los inmensos peligros de injusticia, terror y violencia actuales y polémicos de los complejos empresariales-militares que dominan el mundo, se añade un nuevo peligro en la historia de la humanidad, y es su capacidad de destruir la vida, y de provocar un ecocidio tanto con la acelerada destrucción de los recursos naturales, como con las luchas por los recursos naturales y los mercados y con las guerras reales y virtuales de desposesión y despojo que están lejos de asegurar el control de una guerra nuclear.

Si tan grave situación obedece a un sistema como el capitalista cuyo atractor principal es la acumulación de poder, riquezas y utilidades, el fenómeno indica día a día que corresponde a una crisis del capitalismo y también de la civilización con posibilidades de terminar con la historia de la especie humana y con cuanto ser viviente habita en la Tierra. Ante esos peligros, plenamente confirmados por las ciencias, y ante la vulnerabilidad que mostraron los países del llamado "campo socialista" que hoy viven bajo la restauración del capitalismo, lejos de caer en el fatalismo y el desánimo, debemos enfrentar éstos grandes problemas con propuestas derivadas de nuestras experiencias, y con las que sean capaces de frenar y derrotar las estrategias de dominación de corporaciones y complejos, y de una la organización de la vida y el trabajo en la Tierra no sólo extremadamente cruel sino ecocida.

1°. En el terreno del conocimiento y la acción por nuestra parte, en primer lugar creo que debemos considerar la estrategia y la táctica de quienes nos atacan. Al hacerlo descubriremos la importancia que para ellos tiene fomentar el individualismo en nuestras organizaciones. Con sus distintas formas de operar, el individualismo que fomentan los complejos empresariales-militares logra romper las organizaciones de la liberación de los pueblos y las que construyen las clases proletarias y los trabajadores o los jóvenes rebeldes que están con ellas. El individualismo representa a lo largo de la historia, una fuerza mucho mayor de aquélla que nos imaginamos con meras acusaciones y juicios de descalificación de personas o grupos, como los que se limitan a hacernos pensar que fulano o zutano son "oportunistas", "disidentes" o "traidores". Estas acusaciones, o las sanciones que los inculpados y organizaciones reciben, se quedan en el nivel de lo personal o de luchas entre grupos. No permiten destacar que el individualismo es una categoría general de la lucha contra la liberación y contra las clases explotadas y oprimidas. Tomar en cuenta la ofensiva del individualismo aplicado en nuestra contra como una estrategia de dominación, permitirá disminuir la vulnerabilidad de las fuerzas emancipadoras.

Y a continuación señalo otras formas de la ofensiva:

2º. La corrupción, que en gran y en pequeña escala acaba con líderes, partidos, sindicatos, uniones campesinas e incluso con estados-nación. Los funcionarios "vendidos" pueden ser frenados en todo momento por quien los compró, o denunciados por éste como corruptos si no obedecen demandas crecientes, más y más comprometedoras. En las clases y estratos sociales, la corrupción se presenta como cohecho, o como subsidio o como regalo, o como caridad, o como acción "humanitaria". Para enfrentarla se usa el rechazo colérico o firme, y entre la gente pobre, la dignidad... La corrupción en los países que se encuentran encabezados por las fuerzas de liberación, se realiza en el mercado negro, y el mercado negro o la economía informal no sólo contribuyen a resolver algunos problemas de escasez de una parte de la población sino debilitan la moral de los usuarios que empiezan a creer eso de que "la vida es así". De muchos de ellos salen las bases de apoyo cómplice para la restauración del capitalismo. El problema no queda allí. Incluye a los negociantes del mercado negro que hacen fortunas impresionantes con la complicidad de empleados públicos y de altos funcionarios. La lucha contra la corrupción constituye un imperativo de combate defensivo que ha sido de máxima prioridad en Cuba, y que enfrenta un arma enemiga que no cesa en su ofensiva en la propia Cuba. Es vital contraatacarla como lo saben los propios cubanos y todos aquellos que luchan por la emancipación. .

3º. Ilusionar con los sueños de la "sociedad de consumo", es característica de la propaganda y la publicidad que vuelve sumisa a una parte de la juventud rebelde. Y para eso también sirve el opio o la marihuana. Volviendo a Cuba, es cierto que la ilusión revolucionaria se pierde por algunos jóvenes que no vivieron en la Cuba esclavizada anterior a la Revolución del 26 de Julio. Pero no es sólo eso lo que determina el atractivo de los jóvenes que quieren irse y buscar fortuna o que añoran revivir el pasado. Tanto en los viejos tiempos como ahora hay muchos jóvenes –hombres y mujeres- que eran y son conformistas, y otros que eran y son insumisos... orgullosamente rebeldes. Y éstos son hoy más que ayer. Pero incluso con aquéllos puede la pedagogía moral y política crear una conciencia, una inteligencia, una voluntad de lucha, muchas veces admirables e inesperadas con su participación orientada en acciones y organizaciones colectivas.

4º. Y aquí tocamos otro objetivo que amerita capítulo aparte: el de la moral como moral de lucha y como moral de cooperación y de "compartición", ese neologismo zapatista que la computadora pone en letras rojas. Ya Benedetti decía que cuando hablamos de moral no hablamos de "moralina". Es más: aquí queremos acentuar que la moral es una fuerza de tal modo importante que sin moral se despedaza toda revolución, todo movimiento emancipador, toda lucha por el socialismo, por la democracia y la libertad. Si usar el término de "moral" se ha prestado a razonamientos que reducen la moral a una conducta personal o a una posición meramente idealista, ya es tiempo de que nos percatemos que sin moral personal y colectiva estamos gravemente desarmados.

5º. El teatro de la guerra, el engaño y la mentira del poder establecido han progresado enormemente desde la época de Shakespeare. Las guerras "virtuales" y las guerras "a modo" son su máxima expresión. No sólo se diseñan para confundir la realidad con sus imitaciones de lo real y sus materializaciones de lo teatral. Sirven para organizar juegos de guerra en que los imperialistas arman el juego y los pueblos ponen los muertos. Y para que los juegos hagan destrozo y medio entre los propios pueblos, tanto la guerra política como la militar despojan las luchas de toda ideología, de todo programa que pugne por la organización de un mundo menos injusto y menos autodestructivo. No hacen de los mahometanos una raza maldita, como los nazis la hicieron de los judíos, hacen de ellos unos terroristas criminales a los que juntos bloques, estados, corporaciones y pueblos deben castigar o eliminar. Es así como luchas y guerras son relegadas al orden de lo criminal y se dan contra los terroristas o contra los narcotraficantes, son relegadas sin más alternativa.

Y allí donde la guerra es más fuerte -en la inmensa región musulmana-, la guerra neofascista se junta con la guerra por el petróleo y otras riquezas, y de paso con la eliminación neodarwinista de negros y musulmanes desechables, en que los genocidios acostumbrados sustituyen a los campos de concentración y a los hornos crematorios que los nazis organizaron para eliminar a los judíos. En cambio la destrucción de los pueblos africanos, árabes, y mahometanos se hace dizque para castigar a "quienes merecen castigo", que son enjuiciados, comprobados como culpables y justamente castigados mediante acciones que lejos de ser terroristas constituyen una "guerra justa" de cielo, mar y tierra. Y esas mentiras colosales son compartidas por los pueblos y gobiernos partidarios de una globalización que incluye a Estados Unidos y Europa y a la que China cada vez se acerca más.

Actualizar, reforzar y comprometerse con ideologías y programas que den termino al actual modo de dominación y acumulación, de organización del trabajo esclavo, tributario, servil, y mentirosamente asalariado, así como al inmenso desempleo de miles de millones de jóvenes que luchan inútilmente y desesperados por un trabajo o una escuela es una tarea urgente que tome en cuenta todas las experiencias anteriores que fallaron, para no recurrir a ellas y todas las que tuvieron éxito para aplicarlas y adaptarlas, más las que han florecido recientemente y que enriquecen el proyecto revolucionario de otro mundo verdaderamente posible.

Ese mundo no puede tener como "atractor" o atractivo principal la maximización de poder y riquezas, sino la organización de la sociedad y del mundo entero en torno a los valores humanos que los clásicos y lo nuevos movimientos emancipadores defienden.

Lograr ese objetivo en la práctica corresponde a un proceso que se da, y tal vez se dé, como muchos otros, entre movimientos insumisos y rebeldes, políticos o armados, y entre confrontaciones y negociaciones. En cualquier caso las fuerzas progresistas y revolucionarias tendrán que encontrar tanto las alternativas que efectivamente les permitan construir la libertad, el socialismo y la democracia, como los procesos de transición que den mínimas garantías a los participantes para defender sus intereses y valores vitales en la nueva organización mundial.

La alternativa principal no es hoy reforma o revolución, sino desconocimiento o conocimiento de que la actual organización de la vida nos lleva a genocidios descomunales, a crisis crecientes de la civilización, y a la muerte del planeta. Este ya nos está enviando un mensaje indiscutible: capitalismo y muerte, o libertad, socialismo, democracia y organización de la vida y del trabajo para alcanzar esos objetivos.

En el mundo entero el país más indicado y con más experiencias en las luchas y las negociaciones emancipadoras es Cuba. Muchos consideramos que en ella debe organizarse el dialogo mundial permanente sobre las alternativas y las transiciones posibles para la organización de un mundo que asegure la vida y el trabajo En ese diálogo tendrían que participar los "think tanks" de las corporaciones y complejos y los representantes de las luchas contra "la hidra del capitalismo", imagen clara de los zapatistas que de las mil cabezas nos indica una que es necesariamente mortal, y en este caso mortal para el capitalismo.

El capitalismo sin fin es un mito. Y sin embargo ese mito es el que se está imponiendo en el mundo, no sólo con la aplicación del neoliberalismo, sino con la instauración del capitalismo corporativo en el antiguo "campo socialista", y a últimas fechas con una creciente ofensiva, que coincide con la presencia cada vez mayor de la extrema derecha en Estados Unidos y Europa, y con el avance de la globalización en el camino de un mundo unipolar encabezado por Estados Unidos, entre los grandes obstáculos están los que representa entre contradicciones Rusia y China.

Tales hechos, sin duda constituyen un freno para cualquier proyecto de transición negociada a la organización del trabajo y de la vida en dirección al post-capitalismo. Y en este terreno Cuba es también la que nos convoca a hacer de nuestra voluntad, de nuestra moral, de nuestra conciencia una norma a seguir hasta el fin, y no sólo controlando el miedo sino perdiendo todo miedo, como les dijo Fidel hace tiempo a los estudiantes de la Universidad de La Habana.

Y termino esta plática de una manera no acostumbrada: ¡Viva la vida! ¡Venceremos!

21/01/16

Por Pablo González Casanova, exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Texto presentado en la II Conferencia Internacional CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS, que se realizó en La Habana, del 25 al 28 de enero con motivo de la reunión del Consejo Mundial del Proyecto José Martí.

Publicado enSociedad
Jueves, 04 Febrero 2016 06:36

Bullying a ciencia, arte y humanidad

Bullying a ciencia, arte y humanidad

La dominación vía la proyección de fuerza policial-militar, para-militar y de espionaje, no es suficiente para el ejercicio hegemónico. Si de la proyección de dominio Estados Unidos tiene en exceso, es aguda la debacle de su liderato moral e intelectual, el otro puntal esencial para llevar la batuta mundial y afrontar los grandes retos del siglo XXI: el colapso climático antropogénico (CCA) en curso, la hipermilitarización doméstica e internacional de Estados Unidos y la financiarización de la economía, con su cauda de desigualdad extrema, pobreza, descomposición y polarización, en centro y periferia capitalista. Ante estos retos hay carencias estructurales inherentes, por los límites planetarios a una acumulación capitalista centrada en la expansión para el aumento perpetuo de la ganancia, por lo que preocupan los síntomas de deterioro y de acoso de corte inquisitorial (bullying), contra ciencia, arte y humanidad.


Los límites del régimen político/electoral de Estados Unidos, de presencia patente (y patética) en París, no sólo impidieron a esa potencia ofrecer alternativas reales para frenar y mantener en niveles no-catastróficos el CCA, condición sine qua non para el consenso mundial, sino que fungió como obstáculo mayor a un acuerdo vinculante y efectivo ante lo que, junto a una guerra nuclear, representa el riesgo mayor antropogénico que enfrenta la biota global. En ese contexto están fuera de lugar el regaño del secretario de Estado de Estados Unidos a James Hansen por criticar la COP21, o el del primer ministro (PM) de Canadá, Justin Trudeau, exigiendo a Leonardo DiCaprio detener su inflamada retórica ambientalista por su repudio a la codicia corporativa en la explotación de arenas bituminosas en Alberta. Hansen acertó porque los compromisos voluntarios en materia de emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) se quedaron cortos de mecanismos concretos y lejos de la meta.


Si bien celebro el ascenso de Trudeau, que tome nota de la gran toxicidad de ese tipo de explotación y sus efectos sobre la salud de la población, además de la devastación de flora y fauna y de los efectos atmosféricos y climáticos, todo bien analizado por Tony Clarke (Tar Sands Showdown, 2015). Esas arenas deben quedar bajo tierra. De otra manera (Hansen dixit) acaba todo para el planeta. En esto DiCaprio acertó.


En Estados Unidos el bullying a la ciencia climática y a la comunidad científica en general, a las humanidades y las artes cinematográficas, realizado por grupos y organismos negacionistas del CCA, cuenta con apoyos institucionales y financieros de las industrias y negocios de los combustibles fósiles. Un estudio sistemático del fenómeno, además de incluir los donativos –ahora ilimitados– a las campañas presidenciales y de senadores y diputados federales, estatales, así como a gobiernos locales, detectó la presencia abierta y encubierta del big oil. Las investigaciones sobre las fuerzas que sostienen al negacionismo y sus movimientos organizados, institutos de investigación (think tanks), cabildos de las industrias involucradas y centros como el American Enterprise Institute, la Fundación Heritage y el Instituto Cato, incluyen a fundaciones conservadoras y fondos secretos. Estudios más recientes (R.J.Brulle, 2013) analizan el universo más amplio del negacionismo, con financiamiento estimado en poco más de 900 millones de dólares anuales.


El negacionismo es más que un riesgo a la humanidad. Opera con sigilo en legislaturas estatales, el Congreso y en los pasillos del uno por ciento. Su sesgo inquisidor lo ejemplificó el físico teórico Lawrence Krauss: en valioso texto publicado por el Bulletin of the Atomic Scientists (23/7/14) narra que diputados republicanos promovieron enmiendas a la Ley de Presupuesto en Energía. Recortaron fondos a las energías renovables, al transporte sustentable y a la eficiencia energética más grave, dice Krauss, sus enmiendas prohiben a científicos del Departamento de Energía (DE) realizar investigaciones sobre los posibles impactos del cambio climático. Una enmienda de J. Langford, de Oklahoma, prohíbe la aplicación de cualquier orden ejecutiva sobre el precio del carbón o que el DE estudie los beneficios de las leyes que restringen las emisiones de CO2. Paul Gozar, de Arizona, propuso prohibir al DE el desarrollo de mejoras al programa de modelos climáticos, con frecuencia criticados por los negacionistas. Una tercera enmienda republicana impediría al DE actividades de apoyo a la elaboración de la Evaluación Climática Nacional –de EU– y al Informe del IPCC de la ONU. Lawrence Krauss pregunta a los negacionistas: si fingimos que el cambio climático antropogénico no está ocurriendo, ¿desaparecerá?


El reto no es asunto menor. La ciencia social debe visibilizar al público y a las cortes, las bases financieras y corporativas que alientan la institucionalización del atraso de más de 20 años en el recorte a los GEI: la COP 21 fue otra zancada del big oil hacia el abismo climático.


jsaxef.blogspot.com

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Los siete mayores cambios para el medio ambiente que veremos en 2016

El fin del mito del coche eficiente, la emergencia definitiva del consumidor sostenible o la nueva movilidad urbana son algunos de ellos.

 

El fin del mito de los coches eficientes


El coche eficiente ha sido el caballo de batalla de la industria durante décadas. La idea era convertir el viejo automóvil, ruidoso y contaminante, en el nuevo vehículo del siglo XXI, limpio y silencioso. Durante años, los fabricantes han esgrimido estadísticas que demuestran que los coches de hoy emiten una fracción de los óxidos de nitrógenos, partículas, etc., que emitían en los ochenta o noventa. Incluso se presentan datos de reducción paulatina de las emisiones de CO2. El caso Volkswagen ha dado al traste esta estrategia. Ahora sabemos que el coche eficiente de motor convencional es un callejón sin salida, que la reducción drástica de emisiones solo se podrá conseguir utilizando una tecnología completamente distinta.

 

Pero la industria ha anunciado con orgullo la venta de más un millón de coches en 2015, todos los cuales, menos 2.000, son de motor de gasoil o gasolina. Más de un millón de coches de los que expulsan humo por el tubo de escape, muchos de los cuales seguirán rodando en 2026.

 

La emergencia definitiva del consumidor sostenible


Tras el consumidor verde de tipo heroico que solo quería salvar al planeta, aunque fuera a costa de su salud y su bolsillo y el ecoconsumidor pijo, amante de productos eco súpersaludables y súpercaros, llega el consumidor sostenible, es decir, el que quiere ahorrar dinero, mejorar su salud y de paso salvar al planeta. Y a su encuentro sale toda una nueva rama de la economía: consumo colaborativo, economía circular, cultura de compartir más que de tener.

 

Muy buenos ejemplos de todo esto hay en la movilidad, con el auge del coche compartido en todas sus variantes, que está acabando con la cultura de "tener coche" propia de la gente de más edad. O nuevas formas de comprar comida, más orientadas a lo vegetal que a lo animal. O una nueva manera de considerar los artículos desechados, que antes tirábamos automáticamente a la basura, como valiosos objetos para reparar y dar una nueva vida.


La salida del armario del gamberro ambiental, sin complejos


Ahora que parece que hay un consenso mundial sobre la manera de proteger nuestro planeta del desastre climático, es posible que llegue a su fin del consenso sobre la sostenibilidad cotidiana. Hasta hace poco, los ciudadanos concienciados y responsables que comían poca carne e iban al trabajo en bicicleta se veían como algo folklórico, ligeramente ridículo pero completamente inocuo. Esto ha sido así hasta que estos ecociudadanos, a través de sus representantes, han conseguido alguna parcelilla de poder político. Y entonces hacen cosas tan horrendas como pretender combatir la contaminación restringiendo el uso del coche.

 

La reciente experiencia de Madrid ha mostrado como la respuesta de una parte no despreciable de la ciudadanía a esta restricción ha sido poner el grito en el cielo y acusar a los promotores de la medida de antisistemas que quieren destruir nuestro modo de vida civilizado y occidental. Unas cosas llevan a otras, y este mismo influyente sector de la opinión pública, que podríamos llamar el partido del chuletón y el tubo de escape, critica acerbamente la lucha contra el cambio climático, las energías renovables el reciclaje, el coche eléctrico, las recetas vegetarianas y muchas cosas más por el estilo. Sin complejos.


La nueva movilidad urbana


ANFAC ha presentado recientemente siete medidas para reducir drásticamente la contaminación en las ciudades. Todas ellas se pueden interpretar en la dirección de la nueva cultura de movilidad. Por ejemplo, el etiquetado de vehículos o la recuperación de las rutas de empresa.

 

Es muy interesante la división de todos los coches de España en seis categorías: desde la cero (azul) a la 5 (rojo carmesí). Es la base fundamental para que aquellos con etiqueta roja paguen más impuesto de circulación, no tengan acceso a zonas restringidas, etc.


Las consecuencias de la COP 21 de París


La resaca de París va a ser muy prolongada. Una vez que se firmó el último documento de compromiso de acción y se vació la última botella de champán, todo parece tranquilo, pero por debajo de esas calmadas aguas hay cientos de equipos jurídico-político-técnicos dispuestos a entrar en acción en cada una de la Potencias firmantes. Hay mucho trabajo por hacer: redactar nuevas leyes, conseguir aprobaciones parlamentarias, establecer nuevos protocolos de actuación y nuevas normas técnicas.

 

Como en las movilizaciones militares, una vez que la maquinaria técnico-jurídica se pone en marcha ya no hay forma de pararla. Esperemos que las 195 maquinarias estatales implicadas en la firma que echaron alegremente en la COP21 no se detengan esta vez.


El fin del mito del petróleo


El petróleo, que imponía tanto respeto hasta hace poco, está de capa caída. Para empezar, es barato, hasta extremos insultantes (27,07 dólares por barril el 11 de enero). Los países compradores ahorran dinero a espuertas (no los compradores de gasolina, que pagan casi lo mismo). Los países vendedores ya no reciben tanto dinero como antes, y su poder político mundial disminuye en proporción.

 

El fracking, la gran esperanza fósil hasta hace poco, se ha revelado como lo que es: una manera demasiado cara y demasiado contaminante de conseguir hidrocarburos. Hay una desgana general en todo el asunto petrolífero. Es verdad que todavía es la energía predominante en la economía mundial, pero cada vez se ve con más claridad la era post-petróleo. Comparado con las excitantes nuevas energías, como la termoeléctrica o la hidroeólica, el petróleo resulta decimonónico.


La contaminación visible (y hasta vistosa)


Hubo un tiempo no muy lejano en que la contaminación se podía masticar, literalmente (en Pekín todavía pueden hacerlo). Densas masas de partículas impedían toda visión más allá de cincuenta metros. La ropa tendida se llenaba de carbonilla negruzca y las medias y paraguas de agujerillos por el ácido sulfúrico.

 

Tras duro trabajo de eliminar calderas de carbón, cambiar fuel pesado por gas, alejar industrias, etc., la atmósfera volvió a recuperar su transparencia. Es verdad que eso era si la mirabas desde el interior de la ciudad, porque desde fuera la boina oscura se veía con claridad tras unos pocos días de atmósfera en calma. Pero en general nos dábamos menos cuenta, las autoridades municipales nos tranquilizaban y pensábamos que el problema había sido erradicado.

Según se ha informado, el episodio de contaminación de diciembre de 2015 aumentó en un 10% las consultas en urgencias en la ciudad de Madrid. Una y otra vez, se publican estudios que demuestran que la contaminación nos enferma. En la ciudad antes citada, a lo largo de 2015, la media mensual de densidad de dióxido de nitrógeno fue de 40 microgramos por metro cúbico. Esto va a salir a la luz. La contaminación no es un fenómeno natural, sino un problema que socava gravemente nuestra calidad de vida y que tiene solución.


Iniciativas y otras cosas


The Carbon Levy Project: 90 compañías de petróleo, gas y carbón son responsables del 63% de las emisiones totales de CO2. ¿Deberían pagar por este daño que hacen al clima?

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Cambio climático: el camino a recorrer tras la Cumbre de París

El 12 de diciembre, casi 200 países aprobaron el llamado "Acuerdo de París". Este documento de 32 páginas de extensión detalla minuciosamente el nuevo plan oficial de la humanidad para hacer frente a la crisis que supone el cambio climático. Las negociaciones para llegar al acuerdo se llevaron a cabo en un complejo fuertemente protegido ubicado en la zona parisina de Le Bourget. En virtud del "estado de emergencia" declarado tras los atentados terroristas que el 13 de noviembre provocaron la muerte de 130 personas en París, en todo el territorio francés estaban prohibidas las manifestaciones. Pese a ello, hubo activistas que no acataron la prohibición, también en virtud de un "estado de emergencia", frase con la que describen la situación del clima del planeta. Durante las dos semanas de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático se llevaron a cabo manifestaciones, por momentos violentamente reprimidas por la policía, en las que personas de todo el mundo pidieron un tratado justo, ambicioso y vinculante a fin de evitar las peores consecuencias del cambio climático.


Dos días después del término de las negociaciones, el periodista británico George Monbiot sostuvo en Democracy Now!: "Lo que veo es un acuerdo sin plazos ni objetivos, con vagas y leves aspiraciones. Veo muchas palmadas en la espalda, mucha auto-felicitación, pero veo muy poco en términos del contenido real que se requiere para evitar el colapso de clima".


La postura de George Monbiot es opuesta a la de muchas personas comprometidas con la causa ambiental, quienes consideran el resultado de las negociaciones como un avance positivo. Michael Brune, director ejecutivo de Sierra Club, dijo: "Casi todos los países del mundo se comprometieron ya sea a reducir su propio nivel de emisiones de carbono o a poner un tope al aumento de sus emisiones. Hubo también un reconocimiento explícito de que aquello a lo cual se comprometieron no es suficiente y por tanto se estableció un proceso para evaluar el grado de avance que se alcanza y comprometerse entonces a efectuar mayores reducciones de forma ininterrumpida en los años siguientes".


La cumbre comenzó con el mayor encuentro de jefes de estado de la historia. El Dr. Hoesung Lee, presidente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), organización de casi 2.000 científicos que publica el consenso de la comunidad científica mundial sobre el cambio climático, se dirigió a los líderes y enunció: "El clima ya está cambiando y sabemos que ello se debe a la actividad humana. De continuar de esta manera, nos arriesgamos a enfrentar impactos cada vez más graves e irreversibles: aumento del nivel del mar, sequías e inundaciones cada vez peores, escasez de agua y alimentos, aumento de los flujos de inmigración y refugiados a causa del clima, para mencionar solamente algunos". En casi todos los rincones del planeta, las conclusiones de la ciencia que estudia el clima se aceptan como un hecho.

Estados Unidos, principal país contaminante en la historia y sede de algunas de las compañías de extracción de combustibles fósiles más poderosas y políticamente influyentes a nivel mundial, es el único lugar donde se da crédito a quienes niegan el cambio climático.


Los especialistas en clima del IPCC proporcionaron distintos escenarios posibles frente al calentamiento global en los que describen de qué manera podría ser el mundo si el planeta alcanzara una serie de distintas temperaturas. Ya nos encontramos 1° Celsius por encima de la temperatura promedio de la era preindustrial y enfrentamos impactos devastadores. El principio rector del Acuerdo de París es la promesa de mantener "el aumento de la temperatura promedio del mundo muy por debajo de los 2° Celsius (lo que equivale a 3,6° F) en relación a los niveles preindustriales y desarrollar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5° Celsius (o 2,7º F) por encima de los niveles preindustriales".


Esta diferencia, en apariencia pequeña, resulta de suma importancia. Con una rápida descarbonización de la economía mundial, con un rápido pasaje a energías renovables no contaminantes podríamos limitar el aumento de la temperatura a 1,5° Celsius. En ese escenario, los pequeños países insulares podrían sobrevivir al aumento del nivel del mar que se prevé. Con un aumento de 2° Celsius, el hielo polar se derrite, el agua se calienta y por tanto se expande y el nivel del mar se incrementa 91 cm.

Varios pequeños países insulares, como Maldivas o las Islas Marshall quedarían completamente sumergidos y desaparecerían. El objetivo de limitar el aumento de temperatura a un grado y medio por encima del nivel de la era pre-industrial se incluyó en el Acuerdo de París, pero como destaca George Monbiot: "Es como si se hubieran permitido adoptar 1,5° Celsius como objetivo al que aspirar ahora que esa meta ya es casi imposible de alcanzar".


La periodista y activista Naomi Klein habló también sobre el acuerdo. Klein sostuvo: "Pasará por encima de los límites cruciales establecidos por los científicos y pasará también por encima de los límites de la equidad. Sabemos, haciendo cálculos y sumando los objetivos que las principales economías presentaron en París, que esos objetivos nos llevan a un futuro muy peligroso. Nos llevan a un futuro con un calentamiento de 3 a 4 grados Celsius".


Asad Rehman, de Amigos de la Tierra, describió el límite de la equidad del que hablaba Naomi Klein: "Se trata de dar apoyo a los más vulnerables, las personas más pobres, que son quienes ya están perdiendo sus vidas y medios de sustento y que son quienes van a enfrentarse a impactos climáticos cada vez peores, principalmente por responsabilidad de los países ricos y desarrollados que han crecido y se han enriquecido gracias a la contaminación con carbono". En el Acuerdo de París, a este apoyo se le llama "Pérdidas y daños", que en los hechos significa un sistema de compensaciones de índole financiera por parte de los países ricos a los países pobres que sufren los graves impactos del cambio climático. Rehman agregó: "Los países ricos responsables de esta crisis pretenden ahora trasladar la carga de la responsabilidad de los ricos a los pobres. Mi gente habla del legado de Obama en lo que refiere al cambio climático. Desafortunadamente, el legado que dejará en este sentido es un cáliz de veneno para los pobres, al hacerles pagar realmente los impactos del cambio climático".


Una amplia coalición de organizaciones de acción contra el cambio climático prometieron un agresivo año de acciones directas orientadas a precipitar el fin de la era de los combustibles fósiles. Como me dijo Kumi Naidoo, de Greenpeace: "La mayoría de los que formamos parte de las organizaciones de la sociedad civil, nunca hablamos del 'camino hacia París', siempre hablamos del 'camino que pasa por París'.

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La COP21 de París y la propuesta del "anexo 0"

Altó en París el empuje y el entusiasmo en la calle del medio millón de manifestantes que podían esperarse, pidiendo justicia climática. La matanza del 13 de noviembre de centenares de personas jóvenes quitó el ánimo de quienes iban a manifestarse, tanto de los parisinos como los que iban a llegar de fuera. Como ocurrió tras el 11 de septiembre 2001, la agenda alternativa de los movimientos socio-ambientales en el Norte y en el Sur, es brutalmente aplazada y desviada por esos atentados masivos y por las realidades de las guerras (aunque sean guerras por petróleo). Los valientes esfuerzos de manifestarse para pedir un "clima de paz" en las calles de París no pudieron sustituir la masa de gente en la calle que hubiera presionado a los gobernantes mundiales.

Los resultados de la conferencia de cambio climático son presentados como un éxito por unos, y negativamente por otros. La visión negativa está justificada pues no hay compromisos vinculantes de reducción de emisiones, y tampoco en la práctica se ha reconocido la deuda climática que tienen históricamente los países industrializados. Estados Unidos y la Unión Europea boicotean desde hace años el reconocimiento de esta deuda, así se protegen y protegen a sus empresas de juicios por daños causados al clima mundial, como la desaparición de glaciares y la subida del nivel del mar. No hay motivos de celebración porque las emisiones de gases de efecto invernadero continuarán aumentando durante unos años si no las frena una crisis económica que alcance a China e India. La sobre-oferta actual de combustibles fósiles y su precio barato, y también la deforestación, hacen improbable que se limite el aumento de temperatura, contrariamente a lo proclamado en París. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera seguirá aumentando.

Dentro de este panorama, se propone desde los movimientos de justicia ambiental continuar las acciones locales (con repercusión global) para dejar el carbón, el petróleo y el gas en tierra. Esa propuesta de moratoria que Oilwatch propuso ya en 1997 en Kyoto en las reuniones alternativas, está más fuerte que nunca. Es lo que Naomi Klein llama "blockadia" y Oilwatch llama irónicamente el "anexo 0". Desde el tratado de cambio climático de Río de Janeiro de 1992, los países fueron clasificados en los del Anexo 1 (que se comprometían a rebajar emisiones) y los demás, que todavía no se comprometían pero que en los meses anteriores a París han presentado propuestas. En conjunto, las propuestas presentadas en París, que no son obligatorias, no significan una disminución, sino un aumento de las emisiones.

Este fracaso motiva a quienes propugnan el "anexo 0" cuyos integrantes son los movimientos locales que consiguen que se dejen combustibles fósiles en el subsuelo. Por ejemplo, los alemanes del movimiento Ende Gelände que paran minas de lignito o los manifestantes que pararon con resistencia no violenta la construcción del oleoducto Keystone XL en Estados Unidos. O los lugareños que en Sompeta en Andhra Pradesh en la India consiguieron parar (a costa de algunos muertos propios) la extracción de carbón y la construcción de una enorme central termoeléctrica que destruiría su ecosistema y modo de vida local. O los indígenas guaraníes de Takovo Mora en Bolivia que rechazan la exploración petrolera en su territorio, y que en agosto del 2015 bloquearon la vía Santa Cruz-Camirí, lo que llevó a la intervención de un contingente policial cuyos excesos de violencia allanando viviendas y gasificando a la comunidad, fueron denunciados localmente. Hay cientos de casos parecidos hoy mismo en el mundo, incluidos bastantes contra el fracking del gas. Esos casos serían los del "anexo 0".

Muy visibles en París (aunque alejados de los comunicados oficiales) estuvieron los quechuas de Sarayaku, en la Amazonia de Ecuador, que han conseguido mantener a raya a las empresas petroleras. Fueron integrantes de esa comunidad los que difundieron ya hace años la noción del Sumak Kawsay, el "buen vivir". En 2002 la compañía argentina CGC (Compañía General de Combustibles), acompañada por el ejército ecuatoriano, entró ilegalmente en territorio de Sarayaku a producir explosiones en el proceso de "sísmica", para identificar dónde estaba el petróleo. La comunidad les expulsó. Finalmente el caso fue llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, creando un precedente histórico en la defensa de los derechos indígenas. (http://arturohortas.com/documentales/el-caso-sarayaku/). Su portavoz Patricia Gualinga declaró en París que los pueblos indígenas deben ser reconocidos como un actor de primer orden que ya ha mitigado el calentamiento global luchando contra la extracción de petróleo y minerales y con el mantenimiento de las selvas. Ellos son miembros destacados del "anexo 0".

Por Joan Martínez Alier, ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Aprobado el primer acuerdo mundial contra el calentamiento global

195 estados se comprometen a rebajar sus emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento a 2 grados a finales de siglo. En una fórmula que contente a todos, no estarán obligados legalmente a cumplir con sus compromisos pero sí a hacer un seguimiento, comunicarlo y presentar revisiones cada 5 años.


PARÍS. -Después de las intensas negociaciones que se han prolongado durante dos semanas y con más retraso del esperado, 195 países han dado por fin su visto bueno al primer acuerdo mundial contra el calentamiento global.

El pleno de la Cumbre del Clima, reunido en el centro de convenciones de París-Le Bourget, al noreste de la capital francesa, ha aprobado pasadas las 19:25 horas un texto definitivo que por primera vez en la historia implica a la práctica totalidad del planeta en la lucha contra el cambio climático y que se compromete a transitar hacia una economía baja en carbono. Aquí es donde radica precisamente el principal éxito del texto, en su universalidad. El Protocolo de Kioto, adoptado en 1997 también se proponía reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero sólo lo ratificaron 37 países, entre los que no se incluyeron grandes contaminantes como EEUU o China. Ahora todos están en el mismo pacto.

"Acabamos de hacer algo grande", ha dicho el presidente de la COP21, Laurent Fabius, en medio de un prolongado aplauso mientras abrazaba al secretario general de Naciones Unidas, Ban-Ki Moon. "Es el acuerdo más difícil que se ha negociado nunca", ha dicho este último.

El Acuerdo de París, que no entrará en vigor hasta 2020, tiene 11 páginas (en su versión inicial en inglés) y una 'decisión' que lo desarrolla en otras 20. Ahora cada país tiene hasta mayo de 2017 para ratificarlo. No obstante, no será efectivo hasta que lo hayan firmado, al menos, 55 países que sumen el 55% de las emisiones globales.

El objetivo que se marca el acuerdo es que la temperatura del planeta no sobrepase los 2 grados de aumento a final de siglo, aunque se hace referencia a hacer esfuerzos para aspirar a un objetivo más ambicioso de 1,5 grados. Como los compromisos voluntarios de reducción de emisiones de efecto invernadero que han presentado los diferentes países no son suficientes para lograr ese objetivo (según los cálculos se llegarían a sobrepasar los 3 grados), el documento incluye un mecanismo de revisión de esos compromisos cada 5 años, con el ánimo de hacerlos poco a poco más ambiciosos y lograr contener el calentamiento en el año 2100.

"Es un posible punto de inflexión. Abre la puerta para que dejemos atrás la irresponsabilidad climática. Que este acuerdo sirva para algo dependerá de nuestra capacidad en cada país que acelere el proceso desde abajo", ha dicho el portavoz de Equo en el Parlamento Europeo, Florent Marcellesi, presente en París.

Ahora bien, el texto evita fijarse metas concretas en el medio plazo, (en su lugar señala que "el objetivo es llegar al pico global de emisiones lo antes posible") y renuncia a utilizar el término "descarbonización".

En un principio, el texto recogía la necesidad de dejar atrás la quema de combustibles fósiles para 2050, lo que implica que se queden sin explotar el 82% de las reservas del carbón, el 40% de las de gas y el 33% de las de petróleo. Pero esto era un punto que las grandes potencias petroleras no estaban dispuestas a aceptar. En su lugar, se ha optado por una fórmula que no requiere necesariamente reducir las emisiones, sino "lograr un equilibrio de las emisiones antropogénicas (generadas por el hombre) a través de fuentes de absorción de gases de efecto invernadero", es decir, que los países pueden compensar sus emisiones a través de mecanismos naturales, como bosques u océanos; o artificiales, como la geoingeniería, métodos de captura y almacenaje de carbono, etc. El cualquier caso, el texto emplaza a los países a dirigir sus flujos financieros de acuerdo con los objetivos de reducción de emisiones (lo que supone dejar de subvencionar combustibles fósiles).

Fabius ha presentado el acuerdo como "legalmente vinculante", pero no todo su contenido tendrá el mismo grado legal. Los países no estarán obligados a cumplir los compromisos de reducción de emisiones que han presentado, es decir, no habrá sanciones si se incumplen. Aunque sí debe hacer un seguimiento de una manera transparente, a comunicarlo y a presentar revisiones cada cinco años, supuestamente para aumentar la ambición de su compromiso o, al menos, dejarlo como hasta ahora.

"Creo que es muy buen acuerdo y que marca una nueva etapa. Todos tendremos que aprender ahora a transformar las premisas de nuestro desarrollo", ha considerado Teresa Ribera, exsecretaria de Estado de Cambio Climático y directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI).


100.000 millones al año


La diferenciación (que establece el grado de compromiso que deben asumir los países en función de si son más o menos desarrollados, y por tanto, más o menos responsables del cambio climático) ha sido uno de los temas más conflictivos del acuerdo. La Unión Europea y EEUU querían que China e India, que no están considerados oficialmente como desarrollados pero que se han convertido en los últimos años en dos de los cuatro mayores contaminadores del mundo, tuvieran la misma responsabilidad que los países ricos en cuestiones, sobre todo, de financiación. Pero lo dos países asiáticos se negaban.

En el texto que se ha aprobado este sábado se ha llegado a una solución intermedia que establece, en casi todos los aspectos, tres velocidades diferenciadas: los desarrollados, las potencias emergentes y el resto de países. Sobre los primeros recae el grueso de las responsabilidades, pero a los segundos se les emplaza, de manera voluntaria, a hacer mayores esfuerzos. El tercer grupo debe empujar asimismo en la lucha contra el calentamiento, pero se les reconocen sus dificultades y se les concede mayor tiempo para adaptarse. También serán los que reciban el grueso de los fondos.

El documento compromete a los países desarrollados a movilizar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020 para que los países más pobres puedan adaptarse a la consecuencias del cambio climático. Esa será la cantidad mínima, que deberá revisarse para una posible ampliación en 2025. No obstante, este punto, que ha generado gran tensión entre los países, ha quedado finalmente fuera del articulado y sólo se contempla en la parte de las decisiones, lo que quiere decir que se puede cambiar en futuras cumbres.


Renuncias a cambio de un pacto universal


Conseguir un acuerdo que acepten 195 países no es nada sencillo. A cambio de ser universal se ha tenido que ceder ante las exigencias de muchos países y renunciar o rebajar objetivos ambiciosos. Por ejemplo, la Unión Europea aspiraba a que en el acuerdo estuvieran contempladas también las emisiones derivadas del transporte aéreo y marítimo, que representan aproximadamente el 10% del total, pero se han quedado fuera. Al ser emisiones en territorio internacional no están incluidas en los compromisos nacionales de los países y era necesario incluirlas expresamente.

Aunque el acuerdo sí reconoce que el cambio climático es también una cuestión de "derechos humanos", pero lo hace sólo en el preámbulo, lo que hace que pierda fuerza. En anteriores versiones sí se incluía esta consideración en el propio cuerpo del texto. Arabia Saudí es quien más se opuso en este punto.

El texto mantiene asimismo el mercado de carbono con los mismos mecanismos que ya se desarrollaron en el Protocolo de Kioto y que contempla la compraventa y el intercambio de emisiones entre países para que puedan lograr sus objetivos.

"Es decepcionante e insuficiente al carecer de herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el calentamiento global y al desoír las luchas ciudadanas que ya están naciendo contra el cambio climático", ha considerado Ecologistas en Acción. "Es una farsa en la lucha contra el cambio climático. No definirá el futuro de la humanidad y el planeta", ha sentenciado Amigos de la Tierra.

 

Por LUCÍA VILLA
@Luchiva

 

Documento

Acuerdo cambio climático

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Sábado, 12 Diciembre 2015 07:06

COP21, metas y geoingeniería

COP21, metas y geoingeniería

Uno de los temas más álgidos en la reunión global de la Convención de Naciones Unidas sobre el cambio climático que finaliza el 12 de diciembre en París (COP21), fue la definición de una nueva meta de calentamiento global que no se podría sobrepasar. Países insulares y otros del tercer mundo, desde hace años plantean que no sobrevivirán un calentamiento global mayor a 1.5 grados centígrados, ya que su territorio desaparecería por el aumento del nivel del mar y otros desastres. Razones más que atendibles, que se suman a que esos países no son los que han causado el cambio climático.


La temperatura global promedio aumentó 0.85 grados centígrados en el último siglo, la mayor parte en los últimos 40 años, a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de dióxido de carbono (CO2) y otros gases, causadas por el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), mayoritariamente para la producción de energía, sistema alimentario agro-industrial, urbanización y transportes. Si sigue el curso actual, la temperatura aumentará hasta 6 grados centígrados a fin del siglo XXI, con impactos tan catastróficos que no es posible predecirlos.


En el proceso hacia la COP21 y hasta su inicio, el texto borrador de negociación contemplaba fijar una meta de aumento global de 2oC hasta el año 2100, cifra que de todas maneras era combatida por los principales emisores.


Sorpresivamente, países del Norte, que son los principales culpables del caos climático, entre ellos Estados Unidos y Canadá, así como la Unión Europea, anunciaron en la COP21 que apoyarían una meta global de máximo 1.5 grados centígrados. Según estimaciones científicas, esto implicaría reducir sus emisiones en más 80 por ciento hasta 2030, a lo cual los gobiernos de los países del Norte se niegan rotundamente. ¿Por qué ahora dicen aceptar una meta de 1.5 grados centígrados?


Como es predecible, sus razones no son limpias y ocultan escenarios que agravarán el caos climático: se trata de legitimar el apoyo y subsidios públicos de tecnologías de geoingeniería y otras de alto riesgo, como nuclear, así como el aumento de mercado de carbono y otras falsas soluciones.


Cualquiera que sea la meta que se fije en el llamado Acuerdo de París, no tendrá costos para los que sigan contaminado. La Convención aceptó desde antes de la COP21, que los planes de reducción de gases no son vinculantes. Son contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional, por lo que cada país declara intenciones, no compromisos obligatorios. La suma de las contribuciones que ha declarado cada país hasta octubre 2015, resulta ya en un aumento de la temperatura de 3 a 3.5 grados centígrados al año 2100. Y esto ni siquiera es lo que realmente harán –que puede ser mucho peor– sino lo que declaran. Por tanto, aunque la meta global sea baja, los planes reales están a la vista y la catástrofe sigue en marcha.


Sumarse en el discurso a una meta aparentemente baja, no cambia los planes presentados, pero les da a esos gobiernos razones para argumentar que deben apoyar técnicas de geoingeniería, como almacenamiento y captura de carbono (CCS por sus siglas en inglés), técnica que proviene de la industria petrolera y que presentan como capaz de absorber CO2 de la atmósfera e inyectarlo a presión a gran profundidad en fondos geológicos terrestres o marinos, donde según afirma la industria, quedaría para siempre.


La tecnología existía bajo el nombre recuperación mejorada de petróleo o en inglés, Enhanced Oil Recovery. Es para empujar las reservas profundas de petróleo, pero no se desarrolló porque no es viable ni económica ni técnicamente. Rebautizada como CCS, la misma tecnología se vende ahora como solución al cambio climático. Así, los gobiernos tendrán que subsidiar las instalaciones (para cumplir las metas de la Convención), las empresas podrán extraer y quemar aún más petróleo y encima cobrar créditos de carbono por supuestamente secuestrar y almacenar gases de efecto invernadero.


CCS no funciona en realidad, sólo hay tres plantas operativas en el mundo, fuertemente subsidiadas con fondos públicos, además de algunas planeadas y otras cerradas por escapes de gas o fallas. No obstante, gobiernos e industrias que lo promueven aseguran que podrán compensar con estas técnicas el aumento de emisiones, para llegar a emisiones netas cero: no para reducir emisiones, sino para compensarlas con CCS, de esta forma la suma sería cero. Aseguran además que si a esto agregan el desarrollo de bioenergía a gran escala, con inmensos monocultivos de árboles y otras plantas para producir bioenergía, y luego entierran el carbono producido (lo llaman BECCS, bioenergía con CCS), resultará en emisiones negativas, con lo cual podrían incluso vender la diferencia a otros. Un muy lucrativo negocio para que los que provocaron el cambio climático sigan emitiendo gases, con mayores subsidios de dinero público. David Hone, de Shell, argumenta abiertamente en su blog en la COP21, la necesidad de lograr una meta de 1.5 grados, para apoyar el desarrollo de CCS, BECCS y otras técnicas de geoingeniería. (http://tinyurl.com/nkaqbcv)


Como estas tecnologías no funcionarán, sino que aumentarán el cambio climático, en unos años nos propondrán otras tecnologías de geoingeniería aún más riesgosas, como el manejo de la radiación solar. Desde ya, tenemos que desmantelar su discurso. No se trata de reducir, no se trata de metas bajas, no se trata de enfrentar el cambio climático. No son falsas soluciones. Son mentiras.


La autora es investigadora del grupo ETC

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India bloquea las negociaciones del acuerdo climático de París

El país asiático, tercer gran contaminante tras EEUU y China, exige diferenciar las responsabilidades de países ricos y pobres y más financiación.

 

PARÍS. Las negociaciones de cerca de 200 países para lograr un acuerdo universal y vinculante contra el cambio climático están en punto muerto por el bloqueo de India, que presiona para que el acuerdo diferencie claramente en los puntos clave del pacto las responsabilidades de las naciones más desarrolladas y las que menos.

 

Pese a que el presidente de Indio, Narendra Modi, subrayó en la inauguración de la cumbre del clima (COP21) que su país "no quiere quedar fuera" del pacto global que se prevé aprobar en 10 días, India no ha defraudado las expectativas de quienes vaticinaban que se convertiría en el Estado que más iba a complicar el acuerdo.

 

La jefa del equipo negociador español, Valvanera Ulargui, explicó que India se opone a que la diferenciación entre países ricos y pobres, en que se basa el Protocolo de Kioto (1997), "se vaya diluyendo".

 

India persigue que las contribuciones de reducción de emisiones para el futuro acuerdo sean de cumplimiento "voluntario" para los países en desarrollo, entre los que se incluye, y sólo sean jurídicamente vinculantes para los países del anexo I, que son los que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático considera los más ricos, pero de acuerdo a criterios de 1990.

Esa división entre ricos y pobres de hace 23 años dista mucho de la realidad actual ( No incluye a China, por ejemplo, que es el mayor contaminante del mundo) y de ella no quieren ni oír hablar ni Estados Unidos ni la Unión Europea (UE), que se oponen a que los compromisos de los países en desarrollo sean de cumplimento voluntario.


Exige financiación


La negociación no sólo permanece paralizada en ese punto, también lo está en todos los párrafos más importantes del acuerdo, cuyo cumplimiento India quiere condicionar a la recepción de financiación por parte de los países desarrollados.

El propio compromiso presentado por India -el tercer mayor emisor tras China y Estados Unidos- de reducir la intensidad de sus emisiones por unidad de PIB entre un 33 y un 35% para 2030 respecto a 2005 y que el 40 % de su electricidad provenga de renovables, está condicionado a la recepción de 206.000 millones de dólares de la comunidad internacional.

India quiere, además, que el acuerdo recoja la obligatoriedad de los Estados desarrollados de transferir, sin coste, conocimiento en tecnologías bajas en carbono a los países en desarrollo, un asunto regulado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y que no puede ser tratado en esta convención.

El país asiático no está solo: un buen número de naciones en desarrollo que se beneficiarían de que las contribuciones sean voluntarias le secundan en silencio.

"Tememos que China que, oficialmente se presenta como facilitador, sea más bien un apoyo", indicó un negociador de la delegación británica.


Una táctica


Para los negociadores más optimistas, el bloqueo de India forma parte de una postura táctica y esperan que la próxima semana, cuando los ministros acudan a París a ultimar el acuerdo, los diplomáticos de Nueva Delhi cedan si se les asegura la financiación y parte del lenguaje que desean en transferencia tecnológica.

Hay quien va más allá y cree que el bloqueo se debe a un conflicto de "orgullo país" mal gestionado: países como Estados Unidos no han dejado de repetir en los últimos meses lo "cooperante" que estaba China para alcanzar un acuerdo internacional, frente a "lo problemática" que estaba siendo India.

"India se ha podido sentir herido como país porque no se haya reconocido su recorrido", indicó la ex secretaria de Estado española de cambio climático Teresa Ribera.

La realidad es que el mix energético de India es cada vez más limpio, y que, aunque el carbón es la fuente de energía más barata y abundante del país, es cada vez más caro y complicado de extraer.

"La mayoría de los bancos ven más potencial en financiar proyectos solares que nuevas plantas de carbón", aseguró un delegado de India en la cumbre, al tiempo que consideró que su país "no puede aceptar limitar duramente sus emisiones cuando todavía estamos tratando de alumbrar a gran parte de la población, el 20% de nuestros habitantes no tienen acceso a la electricidad".

Apuntó a que los países ricos son los principales responsables del cambio climático, y que aún hoy "un estadounidense medio emite 10 veces más al año que la media de un habitante en India".

"Si hablamos de responsabilidades justas, los compromisos de la UE y Estados Unidos son menos ambiciosos que los de mi país en función de cuánto han contribuido al problema", añadió.

La única manera de acercar posturas, por ahora -cuando ninguna delegación quiere ceder en sus líneas rojas- sería que los más ricos aporten fondos para ayudar a financiar el recorte de emisiones de los que están en desarrollo.

Las "diferencias en la negociación en estos momentos son sanas, no se está debatiendo en contra de nadie", dijo la secretaria de la Convención Marco de Cambio Climático de la ONU (CMNUCC), Christiana Figueres, quien insistió en que "queremos un acuerdo con todo el mundo a bordo, nadie se va a quedar en el camino".

Publicado enMedio Ambiente
Viernes, 04 Diciembre 2015 05:52

El porqué del fracaso del protocolo de Kioto

El porqué del fracaso del protocolo de Kioto

El Protocolo de Kioto, así como el sistema europeo de comercio de derechos de emisión, están en vigor desde 2005, pero el consumo de combustibles fósiles, en especial de carbón, ha aumentado en total. La razón de ello son los precios baratos para carbón, gas y petróleo debido, entre otras cosas, la explotación –problemática desde el punto de vista medioambiental– de fuentes de energía "no convencionales" procedentes de arenas bituminosas o mediante fracturación hidráulica.


El comercio de derechos de emisión y los otros dos mecanismos "flexibles" de Kyoto fueron una falacia desde el principio. En las negociaciones del Protocolo de Kioto de 1997 la Unión Europea se había pronunciado a favor de límites máximos claros para las emisiones, pero los EE.UU. y Japón se impusieron. Los principales partidarios del comercio de derechos de emisión fueron BP y Shell, dicho sea de paso.


No debemos olvidar que al final de las arduas negociaciones del Protocolo de Kyoto, el comercio de derechos de emisión fue visto como una solución transitoria que debería ser reemplazada a partir de 2020. Ahora se declara como única opción. Esto no debe quedar así.


La UE instaló, al mismo tiempo, un sistema parecido. Pero dado que se expidieron demasiados certificados a las empresas, el comercio de derechos de emisión no ha servido como incentivo para inversiones en tecnologías con emisiones menores o libres de emisiones de CO2. Así, los precios para una tonelada de CO2 deberían estar entre 20 y 30 euros. A mediados de noviembre de 2015 el precio está en 8 euros.


Pero lo que es aún peor: estudios para el año 2012 muestran que la mayor parte del comercio con certificados de emisión fue realizado por inversores financieros que comercian por motivos de ganancia. Estos inversoren sacan mayores beneficios en la compraventa si hay grandes fluctuaciones. Y no tienen un interés directo en la reducción de emisiones de CO2. El sistema, sin embargo, se basa precisamente en que no sólo haya precios bastante elevados, si no que éstos también sean estables y las empresas puedan planificar.


Los otros dos llamados "mecanismos flexibles" del Protocolo de Kioto permiten a los contaminadores en los países industriales liberarse de los esfuerzos en política climática invirtiendo en otros países del Norte Global o del Sur Global. A esto se le llama "aplicación conjunta" o "mecanismos de desarrollo limpio". De cara a los países en desarrollo esto es descaradamente imperial, porque los proyectos climáticos a menudo están en contra de los intereses de la población local. Es por ello que en muchos lugares han surgido resistencias locales. El investigador de política climática Achim Brunnengräber habla con mayor precisión de "comercio moderno de indulgencias", porque las empresas más ricas y poderosas del Norte pueden seguir contaminando gracias a que apoyan proyectos muchas veces dudosos en otras partes.


Lo último en política climática internacional, las "contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional" (en inglés INDC, a mediados de este mes todos conoceremos el término), es una nueva ronda de voluntariedad no vinculante. Lo que significa "voluntariedad" lo podemos ver actualmente en Alemania en el escándalo relacionado con Volkswagen.


Desde un punto de vista político no se trata de negociar eternamente límites máximos, si no de terminar con métodos de producción destructivos. Por eso hay que constatar: el comercio de derechos de emisión y los otros dos "mecanismos flexibles" cimientan con su lógica neoliberal el sistema económico basado en fuentes de energía fósiles (y nucleares). Las alternativas están siendo bloqueadas. Mientras en la política climática existan mecanismos flexibles y presuntamente conformes al mercado, estará asegurada ante todo una cosa: el poder de las empresas mineras, de los grupos energéticos e industriales así como de los gobiernos que los sostienen.


Una reforma fundamental de la economía energética y de la economía en general no debe ser sometida a los intereses de actores con poder de mercado. Los éxitos reales en política climática y contra el cambio climático como la ley de promoción de las energías renovables en Alemania fueron implementados contra la resistencia inicial de la industria.


El abandono de la energía del carbón actualmente en la agenda política en Alemania necesita un debate político concreto en Alemania. Por eso son importantes los debates críticos públicos y los movimientos locales de resistencia contra las iniciativas de fracturación hidráulica o la construcción de centrales térmicas de carbón. El movimiento Ende Gelände (Terreno Final) a favor del cese de la extracción y explotación de carbón se está perfilando como el sucesor legítimo del movimiento antinuclear.
Y existen muchas iniciativas que ya hoy viven un modelo de prosperidad diferente: abandonando el automovilismo, los alimentos procedentes de fábricas de carne y de la agricultura industrializada y otras muchas.


Se trata de reconstruir fundamentalmente el modelo de producción y el estilo de vida, se trata de una transformación social y ecológica. Que esta transformación no se haga a expensas de los débiles, si no que se piense en lo social y lo ecológico conjuntamente con las cuestiones de poder y de propiedad es el punto de inserción específico de la política progresista.


En el ámbito internacional esto significa ofrecer alternativas a medio plazo para los países cuyas economías se basan en la extracción y venta de petróleo, gas y carbón. Se trata por lo tanto de una economía mundial ecológica y solidaria.
Traducción del alemán: Olivia van Riesen.


El autor es catedrático de Política Internacional en la Universidad de Viena.

¿Por qué es tan difícil un acuerdo global contra el cambio climático?

Los líderes mundiales claman por un acuerdo ambicioso y a la altura de las circunstancias, pero las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses, economía global, corporaciones y lobbies en general.



PARÍS. - La Cumbre del Clima que reúne en París a los delegados de 195 países de todo el mundo arrancó el lunes con la impresionante comparecencia de 150 jefes de estado pidiendo acción contra el cambio climático y la necesidad de alcanzar un acuerdo global para mitigarlo. Se oyeron, entre otras, las demandas de Barack Obama y Xi Jinping, los presidentes de las dos economías más contaminantes del planeta. Pero también las de Vladimir Putin, Angela Merkel o Narendra Modi apelando a la necesidad de impulsar estas negociaciones que deben durar dos semanas.

Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) dijo en la ceremonia de inauguración que 2015 marca un cambio hacia una economía resiliente y baja en carbono, y que este cambio es ya irreversible.

"Este momento es realmente remarcable, pero el trabajo no ha terminado aún. Depende de ustedes capturar este progreso y diseñar un camino hacia adelante, con un destino claro, metas y un calendario para responder a las demandas de la ciencia y la urgencia del desafío" dijo en el plenario.

Pero una cosa son las buenas palabras y otra lo que de ellas quede finalmente. Si se va a alcanzar un acuerdo es todavía una incógnita ¿Por qué es tan difícil alcanzar un pacto?

Las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses de países, economía global, corporaciones y lobbies en general. Ponerse de acuerdo no es en absoluto sencillo. Para empezar, hay algunos países que han llegado a París sin los deberes hechos.

Cada uno de los 195 países que son parte CMNUCC debía presentar antes del 1 de octubre su contribución con los esfuerzos de reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático que cada país logrará para 2025 o 2030. Por ejemplo, la Unión Europea se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 40% en 2030 respecto a los niveles de 1990.

Aunque antes de que arrancara la cumbre este lunes un total de 181 países que representan más del 90% de las emisiones globales han presentado sus propuestas, hay un puñado de naciones que no lo han hecho. Algunas por falta de capacidad técnica, como es el caso de Panamá o Nepal, y otros como Cuba, Venezuela o Nicaragua por razones ideológicas. Estos países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas (ALBA), con una posición más radical en las negociaciones, se resisten a adoptar compromisos de reducción de emisiones argumentando que son los países con más emisiones históricas, es decir, los países desarrollados, quienes deben hacerlo. En el primer día de la COP21 anunciaron que el proceso basado en las contribuciones de reducción de emisiones está destinado al fracaso. "No queremos ser cómplices de llevar al mundo a 3 o 4 grados de calentamiento y a la muerte y destrucción que eso representa" ha dicho el negociador por Nicaragua.
Esto nos lleva a uno de los temas más complicados de esta y todas las cumbres: la diferenciación.

Dentro del lenguaje de Naciones Unidas, 'diferenciación' se refiere a decidir quién reduce más emisiones y quién empieza a hacerlo antes. En el Protocolo de Kioto era muy claro: los países listados en el Anexo I eran los desarrollados, y los únicos que debían reducir emisiones de forma vinculante.

El acuerdo de París pretende que todos los países del mundo contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, el hecho de la diferenciación desaparece.

Países parte del grupo de negociación BASIC, como China o India, entienden que la diferenciación es la clave del nuevo acuerdo de París, así no tendrán la responsabilidad de reducir las emisiones tan drásticamente. En el lado opuesto está la Unión Europea, que pide que el acuerdo tenga objetivos de reducción de emisiones para todos los países, aunque esta reducción puede ser menos importante para algunos países menos responsables. Y en medio la propuesta de Estados Unidos, que es la que siguen las contribuciones que se han presentado este año, es decir, cada uno decide lo que quiere reducir.

En su discurso inaugural, Barack Obama ha señalado precisamente este tema, subrayando: "Pongámonos objetivos que son para cada uno de nosotros y por cada uno de nosotros. Una estrategia que da a cada uno de nosotros la confianza de que todos estamos cumpliendo nuestros compromisos".


La forma legal del acuerdo


También hay opiniones muy dispares sobre la fórmula legal que debería tener el acuerdo. Aunque Naciones Unidas no tenga la capacidad de obligar a los países a tomar acuerdos ni de penalizarlos si no los cumplen, hay diferentes formas de entender el acuerdo por lo que se refiere a su definición legal.

La Unión Europea cree que el futuro acuerdo de París "debe estar en la forma de un protocolo con el fin de consolidar la voluntad política y proporcionar previsibilidad y durabilidad" y, por lo tanto, que sea de obligado cumplimiento.

En cambio, Estados Unidos pide que el acuerdo tenga 'fuerza legal', pero no que sea vinculante, ya que así evita que el Senado pueda no aceptar la propuesta de reducción de emisiones.


El post-acuerdo: finanzas y revisión


Si en algo están de acuerdo la mayoría de los países es el hecho que París no es el final del camino donde se cierra el acuerdo, sino que significa el inicio de un trabajo colectivo para implementar lo acordado y hacerlo cada vez más ambicioso.

Como dijo Xi Jinping, presidente de China, en el primer dia la COP: "La conferencia de París no es el objetivo final, es el punto de partida. Que París nos inspire para que cada nación contribuya en la medida de sus posibilidades."

Esto implica que los países considerados desarrollados deberían proveer financiación a los países menos desarrollados, para que estos puedan reducir sus emisiones y adaptarse mejor al cambio climático. Es sabido que un acuerdo sin financiamiento claro y con unas metas definidas será directamente rechazado por los países en vías de desarrollo, desde China hasta las islas del pacífico.

El acuerdo deberá ser revisado periódicamente para incrementar la ambición de los objetivos y compararlos con la ciencia más reciente. Es por esto que la Unión Europea pide que el acuerdo sea revisado con normas de cumplimiento muy claras y estrictas.

Para algunos países esta revisión es vista como un ataque a la soberanía nacional, y países como China e India tienen como líneas rojas la verificación de la reducción de sus emisiones y las revisiones de cumplimiento, especialmente si no hay financiación adicional para ayudarlos a cumplir con estos requerimientos.


Llegar a un acuerdo


En definitiva, hay muchos detalles que forman parte del mismo proceso de Naciones Unidas que hacen difícil el proceso de toma de negociaciones. Los acuerdos que se tomen deben incluir muchas formas diferentes de entender el mundo, realidades sociales distintas, y todo debe decidirse por consenso.

Además de los intereses de los países, debemos sumar al proceso de negociación la influencia de todos los observadores de las negociaciones, que se reúnen continuamente con los delegados. Desde ONGs, sociedad civil, industrias, empresas... todos tratan de influenciar en su favor las negociaciones, desplegando su poder económico y mediático dentro y fuera de la conferencia.

Quedan casi dos semanas enteras de discusiones muy técnicas sobre palabras, comas y puntos del texto que debería ayudar al mundo a frenar el cambio climático. Como expresó Laurent Fabius, el ministro de exteriores francés: "Lo que nos jugamos es demasiado, la amenaza del cambio climático es demasiado grande para nosotros como para estar contentos con un acuerdo minimalista."

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