Miércoles, 19 Septiembre 2018 06:11

Sudáfrica: del apartheid al neoliberalismo

Sudáfrica: del apartheid al neoliberalismo

La transición en Sudáfrica de un régimen de racismo institucionalizado a una democracia electoral es un acontecimiento de gran relevancia. Desgraciadamente, este giro no se reflejó en la situación económica. En un tiempo récord el Congreso Nacional Africano (CNA), el partido que había liderado la lucha contra la opresión racista, abrazó y consagró las políticas del neoliberalismo que habían cimentado el sistema de explotación y desigualdad del apartheid. El análisis de la economía política de este proceso de transición es una lección importante para cualquier gobierno que aspire a un cambio social y económico real.

A finales de la década de 1980 la situación en Sudáfrica había llegado a un callejón sin salida. Los enfrentamientos habían drenado la energía de ambos bandos y los militantes del CNA sabían que el aparato represivo de la minoría blanca estaba agotado y rebasado. Pero aun así, una insurrección final con tintes violentos conduciría a un baño de sangre.


La minoría blanca confiaba en su formidable arsenal policiaco-militar. Pero el régimen estaba en plena bancarrota política y su aislamiento internacional lo llevaría al fracaso en caso de escoger el camino de la represión. Además, el apartheid chocaba con la lógica de la acumulación capitalista al impedir la libre movilidad del trabajo. Toda la industria en Sudáfrica estaba sufriendo los inconvenientes. Había llegado el tiempo de negociar para asegurar un acuerdo de transición ventajoso.


Durante la segunda mitad de los años 1980 las reuniones secretas entre la élite económica y los altos mandos del CNA se multiplicaron. Cuando Nelson Mandela fue liberado en 1990, los contactos se hicieron más frecuentes. Mandela y Harry Oppenheimer, el magnate de la industria minera y de diamantes, se reunían para comer en Little Brenthurst, la casa de campo del industrial. Para la minoría blanca el objetivo era crear condiciones que permitieran la transición política sin sacrificar los privilegios económicos adquiridos durante el apartheid.


En el acuerdo final de transición negociado entre el CNA y la minoría blanca, el ingrediente sobresaliente fue el de la democracia electoral: una persona, un voto. Pero esta paridad política escondía la desigualdad económica: la nueva constitución garantizó los derechos de propiedad de la minoría sobre tierras, minas, fábricas, bancos y telecomunicaciones. La ley suprema consolidó la profunda desigualdad que siempre había prevalecido en Sudáfrica.


El programa de los años de lucha del Congreso Nacional Africano incluía un fuerte proceso de nacionalizaciones de industrias (especialmente en la minería) y una robusta reforma agraria. Todo eso quedó en el olvido con la nueva Constitución. Además, el CNA aceptó el pago de la deuda acumulada durante los años del apartheid y el nuevo gobierno acabó pagando más de 2 mil millones de dólares anuales por concepto de intereses de deuda odiosa acumulada antes de 1994. Es decir, aceptó pagar por los créditos que habían sido utilizados para oprimir a la mayoría de la población. Hasta la autonomía del banco central fue ratificada como parte del paquete de organización económica (al mando del instituto monetario quedó el funcionario que lo había dirigido durante los años del apartheid). Los principios de austeridad y finanzas públicas sanas también fueron incorporados como elemento esencial de la nueva estrategia económica.


Es decir, el gobierno de unidad nacional abrazó los principios del neoliberalismo. Los instrumentos utilizados para convencer a los mandos del CNA incluyeron numerosas promesas de nuevas inversiones incumplidas, la corrupción, el engaño, la intimidación y hasta el asesinato (como en el caso de Chris Hani).


En última instancia, el Congreso Nacional Africano adoptó la idea de que la economía de Sudáfrica era un mecanismo delicado que sólo los expertos de la minoría blanca podían manejar con eficiencia. Solamente los peritos versados en la ortodoxia neoliberal podrían guiar la política macroeconómica. Los dictados neoliberales en materia de estabilidad de precios y recortes presupuestales serían la brújula del nuevo gobierno.


Hoy sabemos que estabilidad de precios no es sinónimo de estabilidad macroeconómica y que el manejo correcto de la deuda pública mediante el superávit primario conduce al desastre. Pero en 1994 el gobierno sudafricano prefirió las migajas para el gasto social y algo de inversiones en obras públicas sobre los cambios medulares en la estrategia económica heredada del apartheid.


El resultado para Sudáfrica no sorprende: estancamiento, desempleo de 27 por ciento, desigualdad y pobreza cada vez más intensa. Los niveles de violencia y criminalidad no se quedan atrás, porque es imposible combatir la criminalidad sin abandonar el neoliberalismo. La lección es clara y en México no debemos ignorarla: no tocar nada para mejor administrar el modelo neoliberal y pretender que los beneficios lleguen por goteo a la mayoría no es una buena estrategia.
Twitter: @anadaloficial

 

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2017 registró el mayor incremento de milmillonarios de la historia

El PIB global sumó 80,6 billones de dólares en 2017, según el Banco Mundial. Mientras, la deuda global de los estados, empresas y hogares de todo el mundo ascendió, en el primer trimestre de 2018, a 247,2 billones de dólares, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), lo que representa ya el 318% del PIB mundial. ¿Qué peso tiene la globalización financiera y cómo ha evolucionado? El informe de 2017 del Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea y que opera como “un banco central para los bancos centrales”, señala que la apertura financiera se aceleró desde mediados de la década de los 90 en las economías del Norte. Así, los activos y pasivos financieros exteriores “se han disparado” desde el 36% del PIB global en 1960 hasta cerca del 400% (293 billones de dólares) en 2015. El BPI, del que forman parte 60 bancos centrales, resalta que en Estados Unidos las multinacionales participan en más del 90% de las operaciones comerciales, de las que más de la mitad se realizan entre entidades vinculadas a una misma transnacional. La citada fuente reconoce que la proporción de la renta que concentra el 1% de las principales fortunas ha “aumentado significativamente” desde la mitad de los años 80 del siglo pasado.

“Todo sigue igual en el casino financiero global”, sostiene el movimiento ciudadano internacional ATTAC, surgido en 1998 en Francia y un año y medio después en el estado español. ATTAC ha publicado en castellano (mayo de 2018), francés, inglés y alemán el libro “10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas”, coordinado por Dominique Plihon, miembro del movimiento en Francia; Myriam Vander Stichele, en Países Bajos y Peter Wahl, en Alemania. El texto de 127 páginas ha sido presentado en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València por la economista feminista Carmen Castro, y por el profesor de Sociología en la Universitat de València, Ernest García, miembros del Consejo Científico de ATTAC.


El ensayo ahonda, desde una perspectiva crítica, en el impacto de las finanzas. En el mercado de divisas (el mayor del mundo) el volumen de negocio diario –más de 5,3 billones de dólares- equivale aproximadamente a cinco veces el PIB anual de España. Sin embargo, “menos del 3% de estas transacciones sirven a la economía real, es decir, al comercio y la inversión”, apunta el libro redactado por Isabelle Bourboulon, de ATTAC Francia. Es la misma estrategia con la que actúan los bancos, también embarcados en la “financiarización”, que dedican una proporción cada vez menor –entre el 30% y el 40% de sus balances en la UE- a los sectores productivo, hipotecas y depósitos bancarios.


El ensayo también resalta el poder actual de los lobbies. De hecho, los investigadores del Observatorio Europeo de las Corporaciones (CEO) han revelado que en Bruselas trabajan cerca de 25.000 lobbistas y grandes grupos de presión como la European Chemical Industry Council (CEFIC), de la industria química; o EUROCHAMBRES, que representa a 43 asociaciones nacionales del comercio e industria y otras dos transnacionales. El 17 de julio la UE y Japón firmaron en Tokio un Tratado de Libre Comercio “ambicioso” e “histórico”, que las instituciones comunitarias celebraron por las ventajas para las empresas europeas, exportadoras de bienes y servicios al país asiático por valor de 86.000 millones de euros anuales. Sin embargo, el CEO ha denunciado que, para alcanzar los acuerdos, entre enero de 2014 y enero de 2017 la Comisión Europea mantuvo 213 reuniones a puerta cerrada con los lobbistas; de estos encuentros, 190 –el 89%- se produjeron con lobbies de las corporaciones, mientras que 9 (4%) tuvieron como interlocutores a ONG, sindicatos de agricultores o grupos de consumidores.


La mezcolanza de intereses señalada por ATTAC remite a políticos como Durao Barroso, exprimer ministro de Portugal (2002-2004) y expresidente de la Comisión Europea (2004-2014); en julio de 2016 Durao Barroso fichó por Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión responsables hace una década de la crisis de las hipotecas “subprime”. Y lo hizo conservando una pensión pública de 18.000 euros mensuales por su anterior cargo en la Comisión. El Observatorio Europeo de las Corporaciones reveló asimismo que Durao (ya presidente no ejecutivo de la subsidiaria de Goldman Sachs en Londres) y el actual vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, se reunieron en octubre de 2017 en un hotel de Bruselas para tratar sobre “asuntos de comercio y defensa”.


Otro presidente que –junto al líder portugués y José María Aznar- apoyó la invasión militar de Iraq en 2003, liderada por George W. Bush y que según la organización estadounidense Just Foreign Policy causó 1,4 millones de muertos hasta 2010, fue Tony Blair. El político laborista encadenó una década como primer ministro del Reino Unido con su contratación como asesor, en 2008, del grupo Zurich Financial Services y también de JPMorgan Chase, banco sancionado en 2013 por el Gobierno de Obama con una multa de 13.000 millones de dólares por malas prácticas hipotecarias. Respecto al actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, “es un antiguo banquero de inversiones (por su pasado en la banca Rotchild) que da su apoyo masivo a la industria financiera francesa para permitirle aprovechar la exclusión de la City del mercado europeo tras el Brexit”, critica el libro de ATTAC.


Otro punto que trata el texto es del fraude y la evasión fiscal. El Índice de Secreto Financiero que cada dos años publica Tax Justice Network (TJN) está encabezado en 2018 por Suiza, país al que siguen Estados Unidos, Islas Caimán, Hong Kong, Singapur, Luxemburgo y Alemania. La red independiente calcula entre 21 billones y 32 billones de dólares la riqueza privada que en todo el mundo está sin gravar, sometida una imposición reducida o en zonas con secreto bancario. “Los Países Bajos son el país por el que transitan los mayores flujos de capital no gravado hacia los paraísos fiscales, después de Estados Unidos”, subraya ATTAC. En 2013 la Comisión Europea cifró en un billón de euros anuales los recursos que la UE dejaba de ingresar por la evasión fiscal, cantidad equivalente a la inversión sanitaria de los 28 países de la Unión en 2008.


Una de las entidades financieras citadas en el texto, por su relación con la comercialización de hipotecas “basura”, es el Deutsche Bank, cuyo balance arrojó pérdidas en el periodo 2015-2017. Las agencias de prensa informaron que el principal banco de Alemania llegó, en diciembre de 2016, a un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense para el pago de 7.200 millones de dólares por multas y reclamaciones civiles, derivadas de la emisión de valores y “titulización” de hipotecas “tóxicas” entre 2005 y 2007. La cifra propuesta unos meses antes era la de 14.000 millones de dólares. Asimismo se enfrentaron a multas sociedades como Goldman Sachs, Bank of America y Citigroup. Pero el libro comienza con la recesión de 2008 y sus efectos. Un año después el FMI estimó en 4,1 billones de dólares las pérdidas que, por la caída del valor de los activos, generaría la crisis en los países del Norte; y señalaba que la banca resultaría la principal afectada. Sin embargo, en 2009 JPMorgan Chase afirmó que duplicaba sus beneficios, que alcanzaron los 11.728 millones de dólares. Goldman Sachs también demostró su fortaleza: en el tercer trimestre de 2009 declaró un beneficio neto de 3.030 millones de dólares, frente a los 845 millones de dólares registrados entre enero y marzo de 2008.


La contrapartida puede advertirse en las informaciones de la agencia estadounidense RealtyTrac, especializada en el mercado inmobiliario. En 2008, más de 2,3 millones de casas recibieron notificaciones de venta en subasta o fueron embargadas por las entidades prestamistas en Estados Unidos, un 81% más que en 2007, resalta el informe recogido por el portal Idealista.com. A mayor escala, ATTAC subraya las desigualdades del modelo apoyándose en economistas como Thomas Piketty o Samuel Zucman (“Informe sobre la desigualdad global” de 2018); afirman que, en Estados Unidos y Europa Occidental, la participación del 1% de mayor ingreso era en 1980 cercana al 10% del Ingreso Nacional, pero que mientras en Europa Occidental aumentó al 12% en 2016, en Estados Unidos escaló el mismo año hasta el 20%. Por el contrario, la participación del 50% de menores ingresos de Estados Unidos en el Ingreso Nacional pasó del 20% en 1980 al 13% en 2016. Otro sustento para la crítica a las desigualdades es el informe de Oxfam “Premiar el trabajo, no la riqueza” (enero de 2018). Sostiene que en 2017 se produjo el mayor incremento en el número de milmillonarios de la historia, al ritmo de uno cada dos días; el número de patrimonios superiores a los mil millones de dólares asciende a 2.043; además, el 82% del crecimiento de la riqueza mundial durante 2017 se concentró en el 1% más rico. “A la mitad más pobre de la población mundial no le ha llegado nada de ese incremento”, concluye el documento de la ONG.

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¿Cuánto más ganan los líderes mundiales que los ciudadanos de sus países?

Donald Trump gana seis veces los ingresos anuales de un ciudadano americano, aunque el primer ministro con mayor remuneración bruta por desempeñar sus funciones es el australiano Malcolm Turnbull. El que mayor brecha retributiva ostenta respecto al sueldo medio que recibe su sociedad civil es el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto.


¿Cuál es el sueldo más generoso por presidir un país? Y, sobre todo, ¿qué nivel retributivo tienen los líderes mundiales en relación al salario medio que reciben sus propios conciudadanos? A estas dos preguntas acaba de dar respuesta la firma de inversión británica IG Group.


Sus datos oficiales y recabados de los presupuestos de cada socio de la OCDE –organización considerada como el club de las potencias industrializadas– ayudan a valorar, con mayor precisión, si las aportaciones de los contribuyentes de un país al jefe de su Ejecutivo (o de Estado) se adecuan más o menos a la riqueza real y efectiva que es capaz de producir y distribuir según sus patrones de crecimiento; es decir, sus modelos económicos.


Los datos no son baladíes, ya que proceden de fuentes de información fidedignas y actualizadas y resultan esenciales para dilucidar, a golpe de vista y con precisión, si el desempeño de la labor de presidente de Gobierno guarda relación con el poder adquisitivo medio de sus conciudadanos, que son, al fin y al cabo, los que le pagan por su labor.


Con independencia de sus aciertos o sus fracasos. Y a pesar de que la práctica totalidad de sus decisiones, reformas estructurales, propuestas legislativas (muchas con marcado ribete ideológico, que pueden llegar a cambiar substancialmente el clima para hacer negocios o el contrato social labrado en el pasado reciente) o actuaciones institucionales generan unos efectos directos sobre ciertos estratos sociales.


Este ranking, además, se desvela en un momento crucial. Casi diez años después de la crisis financiera de 2008, el mayor credit crunch desde el crash de las bolsas de 1929 y del que ha emanado un fenómeno que difiere en el calado de su brecha, pero que tiene un denominador común incuestionable: la desigualdad entre ricos y pobres.


Con estos factores en el subconsciente colectivo de todo el mundo, IG Group pasa revista a los 32 líderes mundiales que representan a los países asociados a la OCDE. Clasificación que depara varias sorpresas. Por ejemplo, que la nómina más generosa es la que recibe Malcolm Turnbull, el primer ministro australiano, quien se reembolsa 527.854 dólares anuales. El único que supera la barrera del medio millón de dólares.


Pero, al profundizar en la comparativa entre los emolumentos por el cargo y los ingresos medios de sus ciudadanos, el gran beneficiado es el presidente de México. Enrique Peña Nieto percibe más de diez veces el baremo promedio de mexicanos. Una diferencia más que notable. Donald Trump supera en algo más de seis veces esa cota. Así quedaría, según IG Group, la lista salarial, por orden creciente –de menor brecha a mayor– entre los principales dirigentes del mundo –los de la órbita de la OCDE–, en función de la citada comparativa.


32.- Miro Cerar. Primer ministro de Eslovenia. Desde septiembre de 2014 hasta marzo pasado en el que presentó su dimisión al presidente, Borut Pahor, después de una sentencia del Tribunal Supremo que anuló un proyecto ferroviario que había sido refrendado en consulta popular. De esta crisis ha emergido el ultranacionalista, Janez Jansa, del Partido Demócrata Esloveno, quien ya fue primer ministro y que logró el pasado 3 de junio una victoria en las urnas con el 25% de los votos.

Población: 2,064 millones de habitantes.

Renta básica anual del primer ministro: 87.818 dólares.
Salario medio ciudadano: 34.965 dólares.
31.- Pedro Sánchez. Presidente de Gobierno de España. Desde el pasado 2 de junio en que tomó posesión del cargo ante el Rey Felipe IV, tras ganar una moción de censura a Mariano Rajoy.
Población: 46, 443 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 97.926 dólares.
Salario medio ciudadano: 37.333 dólares.
30.- Maris Kucinskis. Primer ministro de Letonia.
Población: 1,960 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 59.644 dólares.
Salario medio ciudadano: 22.389 dólares.
29.- Mateusz Morawiecki. Primer ministro de Polonia.
Población: 37,948 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 57.772 dólares.
Salario medio ciudadano: 25.921 dólares.
28.- Antonio Costa, primer ministro de Portugal.
Población: 10,324 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 72.352 dólares.
Salario medio ciudadano: 24.529 dólares.
27.- Peter Pellegrini. Primer ministro de Eslovaquia.
Población: 5,428 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 70.973 dólares.
Salario medio ciudadano: 23.508 dólares.
26. Giussepe Conte. Primer ministro de Italia. Sustituyó, el pasado 2 de junio, a Paolo Gentolini. Dirigirá una coalición de gobierno entre la extrema derecha de la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas.
Población: 60,600 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 109.607 dólares.
Salario medio ciudadano: 35.397 dólares.
25.- Alexis Tsipras. Primer ministro de Grecia.
Población: 10,746 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 82.405 dólares.
Salario medio ciudadano: 25.124 dólares.
24.- Mark Rutte. Primer ministro de Holanda.
Población: 17,018 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 193.844 dólares.
Salario medio ciudadano: 52.833 dólares.
23.- Juha Sipilä. Primer ministro de Finlandia.
Población: 5,495 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 161.498 dólares.
Salario medio ciudadano: 42.127 dólares.
22.- Erna Solberg. Primera ministra de Noruega.
Población: 5,232 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 210.714 dólares.
Salario medio ciudadano: 53.643 dólares.
21.- Katrin Jakobsdòttir. Primera ministra de Islandia.
Población: 334.250 de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 242.619 dólares.
Salario medio ciudadano: 55.984 dólares.
20.- Xabier Bettel. Primer ministro de Luxemburgo.
Población: 582.970 habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 278.035 dólares.
Salario medio ciudadano: 62.636 dólares.
19.- Leo Varadkar-Taoiseach. Primer ministro de Irlanda.
Población: 4,773 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 234.447 dólares.
Salario medio ciudadano: 51.681 dólares.
18.- Viktor Orbán. Primer ministro de Hungría.
Población: 9,817 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 99.394 dólares.
Salario medio ciudadano: 21.711 dólares.
17.- Lars Lokke Rasmussen. Primer ministro de Dinamarca.
Población: 5,731 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 249.774 dólares.
Salario medio ciudadano: 52.580 dólares.
16.- Benjamin Netanyahu. Primer ministro de Israel.
Población: 8,547 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 168.210 dólares.
Salario medio ciudadano: 34.023 dólares.
15.- Theresa May. Primera ministra del Reino Unido.
Población: 65,637 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 212.247 dólares.
Salario medio ciudadano: 42.835 dólares.
14.- Èdouard Philippe. Primer ministro de Francia.
Población: 66,896 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 220.505 dólares.
Salario medio ciudadano: 42.992 dólares.
13.- Shinzo Abe. Primer ministro de Japón.
Población: 126,994 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 202.700 dólares.
Salario medio ciudadano: 39.113 dólares.
12.- Justin Trudeau. Primer ministro de Canadá.
Población: 8,547 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 168.210 dólares.
Salario medio ciudadano: 34.023 dólares.
11.- Stefan Löfven. Primer ministro de Suecia.
Población: 9,903 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 224.615 dólares.
Salario medio ciudadano: 42.816 dólares.
10.- Recep Tayyip Erdogan. Presidente de Turquía.
Población: 79,512 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 148.626 dólares.
Salario medio ciudadano: 25.655 dólares.
9.- Donald Trump. Presidente de Estados Unidos.
Población: 323,127 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 400.000 dólares.
Salario medio ciudadano: 60.154 dólares.
8.- Sebastián Piñera. Presidente de Chile.
Población: 17,909 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 190.466 dólares.
Salario medio ciudadano: 28.434 dólares.
7.- Sebastian Kurz. Canciller de Austria.
Población: 8,747 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 328.584 dólares.
Salario medio ciudadano: 48.295 dólares.
6.- Charles Michel. Primer ministro de Bélgica.
Población: 11,348 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 358.635 dólares.
Salario medio ciudadano: 49.587 dólares.
5.- Angela Merkel. Canciller de Alemania.
Población: 82,667 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 369.727 dólares.
Salario medio ciudadano: 46.389 dólares.
4.- Alain Berset. Presidente de Suiza.
Población: 8,372 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 482.958 dólares.
Salario medio ciudadano: 60.124 dólares.
3.- Jacinda Ardern. Primera ministra de Nueva Zelanda.
Población: 4,692 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 339.862 dólares.
Salario medio ciudadano: 39.397 dólares.
2.- Malcolm Turnbull. Primer ministro de Australia.
Población: 24,127 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 527.854 dólares.
Salario medio ciudadano: 52.063 dólares.
1.- Enrique Peña Nieto. Presidente de México.
Población: 127,540 millones de habitantes.
Renta básica anual del primer ministro: 166.797 dólares.
Salario medio ciudadano: 15.311 dólares.
Rajoy: 10.446 euros anuales exentos de tributación


La retribución por jefatura del Estado, pues, puede variar. En función del cristal por el que se mire. Puede parecer más o menos generosa –o más o menos testimonial– si se analiza en clave cuantitativa. Pero esta visión puede distorsionarse en una dirección u otra –justificación o queja– si se atienden otros parámetros.
Por ejemplo, en el caso de España, la retribución del presidente del Gobierno queda estipulada en 78.966 euros brutos en doce pagas. A razón de 6.580 euros mensuales. Sin embargo, Rajoy ha percibido durante sus años al frente del Ejecutivo salarios adicionales e ingresos atípicos pero legales. Entre estos últimos, destaca su derecho a cobrar 870 euros por gastos de manutención, libres de impuestos, por ser diputado por la circunscripción de Madrid. En total, 10.446 euros exentos de tributación al año. A pesar de que seguirá viviendo en la capital.


Amén de subidas puntuales, como la del 1% al comienzo de esta legislatura, o el alza que contempla el programa presupuestario que ha asumido su sucesor, Pedro Sánchez, y que está supeditado aún a su visto bueno en las cámaras legislativas. Según la web www.sueldospublicos.com, Rajoy cobró, entre 2011 y 2015 –es decir, en su anterior mandato presidencial– más de 40.000 euros libres de impuestos en concepto de indemnización para gastos. En línea con algunos de sus ministros, como Fátima Báñez o Cristóbal Montoro que, pese a tener domicilios propios en Madrid, percibieron 1.823 euros mensuales. En total, 84.000 euros en los cuatro años de legislatura.


El patrimonio de Rajoy –reconocido desde el propio PP, que le concede un sueldo por presidir el partido, amén del que se reembolsa desde el registro de la propiedad de Santa Pola, del que es cotitular pese a estar en excedencia, un privilegio sinigual de la peculiar profesión de registrador, mitad funcionarios y mitad empresario, según cómo les convenga– aumentó un 43,7% entre 2003 y 2007. Durante esos años fue ministro y también jefe de la oposición, ya que en 2004, Zapatero llegó al poder. Eran meses en los que ingresaba un gran salario como presidente del PP.


También pudo ahorrar durante esos cinco años con depósitos y cuentas bancarias. Pasó de declarar 58.604 euros a 231.527 euros bajo su titularidad. En un ejercicio inédito, con objeto de justificar sus ingresos en un momento de máxima atención mediática (la crisis del plasma, una comparecencia en la que trasladó a la ciudadanía el mensaje de que el caso judicial abierto sobre las cuentas de su partido era una causa contra el PP) reconoció que, como jefe de la oposición cobraba 240.000 euros de su formación. Entre 2006 y 2011, pasó de cobrar 146.000 euros brutos del PP a 200.000, aumento del 36%. Entre 2007 y 2009 esa cantidad subió en 39.000 euros, un 24%. Únicamente bajó un poco en 2010, un 5%, para volver a una nueva subida en 2011 de un 10%, hasta llegar a los 200.000 euros. Además, entre 2007 y 2011, años de crisis, se aumentó el sueldo un 27%.


En esos últimos años a Rajoy le bajaba lo que ingresaba del Congreso, porque así se aprobó en la Cámara Baja para dar ejemplo en plena crisis; pero el PP le compensó durante esos años subiéndole la retribución por su cargo en el partido. Como si le garantizase una base retributiva mínima.


Los millones de Donald Trump


Desde EEUU también surge un escenario también peculiar. Derivado de un déficit normativo en materia de incompatibilidades que posibilita una cohabitación pacífica entre el ejercicio público propio de un cargo en la Administración y los negocios privados. En el paraíso, además, de los lobbies. El equipo de Donald Trump, sin ir más lejos, es el que más multimillonarios alberga en la historia del país, con una riqueza combinada de sus componentes que supera con creces los 6.000 millones de dólares.


De hecho, y según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, en el que se refleja la evolución patrimonial de las grandes fortunas del país, se aprecia un descenso de 100 millones de dólares en la riqueza del presidente americano, aunque su valoración total supera los 2.800 millones de dólares. Es, dice este indicador, el nivel más bajo de su patrimonio desde que inició su andadura como candidato republicano –comienzos de 2016– en el pistoletazo de salida de la campaña del Grand Old Party.


Los datos corresponden a finales de 2017 y se miden en dólares, a precios actuales del mercado. Principalmente, por la caída de beneficios de Trump Tower, en Manhattan, y de sus 16 resort de golf. Su presencia en los grandes rankings de fortunas mundiales no siempre está garantizada. Por ejemplo, en la de los mayores 500 patrimonios globales de Bloomberg, porque la cantidad suelo supera los 4.000 millones de riqueza patrimonial. Pero Trump siempre se ha jactado y alardeado de superar con creces esta frontera. Cuando anunció su candidatura, todavía en 2015, aseguró que poseía más de 8.700 millones de dólares.

Por diego herranz
@dherranzd

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Las raíces del mal llamado populismo en EEUU (y en Europa incluyendo España)


El mayor problema en EEUU no es Trump: el problema es que la mayoría de la clase trabajadora le vota.


Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.


¿Por qué Trump fue elegido Presidente y puede que sea reelegido de nuevo?


La respuesta a esta pregunta es, en realidad, muy fácil de entender aun cuando no es fácil que usted pueda leerla o verla en los mayores medios de información españoles. Para ello, tenemos que observar qué ha estado pasando no tanto a la derecha sino a la izquierda del abanico electoral. Hay que ver qué ha pasado en EEUU durante estos años, analizando los cambios que le han ido ocurriendo a la izquierda estadounidense, es decir, al Partido Demócrata. Históricamente, el binomio izquierda-derecha en EEUU quedaba reflejado en el conflicto entre el Partido Demócrata –que en su día se auto definía como el Partido del Pueblo (People’s Party)-, que representaba sobre todo a la clase trabajadora y a otros sectores de las clases populares, y el Partido Republicano, que representaba a las derechas, muy cercanas al mundo empresarial. En este escenario, el mayor debate político se centraba predominantemente en la distribución de las rentas (y, en menor medida, de propiedad) entre el mundo del trabajo y el mundo del capital. El dominio en la vida política estadounidense durante el período de la postguerra (1945-1978) por parte del Partido Demócrata determinó que las rentas del trabajo crecieran notablemente a costa del descenso de las rentas del capital. Las primeras alcanzaron su máximo nivel al final de tal periodo llegando a constituir el 70% en 1979 de todas las rentas. Fue cuando se habló de “la época dorada del capitalismo”. Una situación semejante ocurrió en los otros países del mundo capitalista desarrollado a los dos lados del Atlántico Norte.


La contrareforma neoliberal que comienza en los años 80: el triunfo del capital


La respuesta de los propietarios y gestores del capital, a los que solía llamárseles los miembros de la “clase capitalista”, (término que no se utiliza hoy por considerarse “anticuado”), no tardó en presentarse. Fue la revolución neoliberal liderada por el Presidente Reagan que fue, ni más ni menos, que una lucha frontal contra la clase trabajadora estadounidense. Hay que recordar que la primera intervención pública que hizo tal presidente fue precisamente la destrucción de un sindicato: el sindicato de los controladores de vuelos en los aeropuertos. El eje de estas políticas neoliberales era debilitar a los sindicatos, desregular los mercados laborales y dar plena libertada a la movilización de capitales, expandiéndose el proceso de globalización, medidas todas ellas mantenidas más tarde por los gobiernos republicanos y también por los gobiernos demócratas. Entre estos últimos, el Presidente Clinton, fundador de lo que se llamaría posteriormente la Tercera Vía (representada en Europa por Tony Blair en el Reino Unido y Gerhard Schröeder en Alemania) abandonó las políticas redistributivas, haciendo suyas las políticas neoliberales iniciadas por Reagan y Bush senior.


A partir de entonces, la dicotomía izquierda-derecha no se basó en políticas redistributivas centradas en el conflicto entre los intereses de las clases populares, por un lado, y los intereses de las élites financieras y económicas que constituirían lo que en EEUU se llama la corporate class (la clase de los que poseen y/o gestionan las grandes corporaciones del país), por el otro. En su lugar, el conflicto se centró en si incluir o no a los grupos discriminados (afroamericanos, predominantemente, y mujeres) dentro de la estructura del poder de la cual habían sido excluidos, marginados y discriminados. Las políticas de inclusión e identidad sustituyeron el conflicto capital-trabajo. El éxito de tales políticas se tradujo en un aumento muy notable de afroamericanos y mujeres en las instituciones públicas (y, en menor grado, privadas) que alcanzó su zénit con la elección de un afroamericano, Barack Obama, como presidente de EEUU (en enero de 2009) y se esperaba que se completara con la elección de una mujer, Hilary Clinton, como presidenta. Esta última, basó su campaña en movilizar predominantemente a las mujeres y a las minorías. Las políticas públicas federales del Partido Demócrata enfatizaron la identidad y la antidiscriminación, generando una considerable expansión de afroamericanos y mujeres en las estructuras de poder político del país. Pero en políticas económicas el Partido Demócrata básicamente continuó las políticas neoliberales. En realidad, el primer presidente afroamericano de EEUU siguió las mismas políticas neoliberales que había seguido Clinton, los dos Bush y Reagan. De hecho, una de las personas más entusiastas de la globalización había sido su Ministra de Asuntos Exteriores, la Sra. Clinton, proponente de los tratados de libre comercio.


Las consecuencias de tales políticas neoliberales: el deterioro del nivel de vida de la clase trabajadora


La aplicación de tales políticas neoliberales tuvo un impacto devastador en el nivel de vida de la clase trabajadora. Las rentas del trabajo descendieron pasando de un 70% (en 1979) a un 63% (en 2014). Y los grupos más afectados fueron los miembros de la clase trabajadora en los sectores industriales, que eran los mejor pagados (y en su gran mayoría personas blancas), en parte debido a que habían tenido sindicatos fuertes. Las políticas federales favorables a la globalización provocaron un desplazamiento muy marcado de las industrias a países subdesarrollados, en busca de salarios bajos. Barrios blancos, de obreros industriales, han quedado destruidos por esta movilidad. Baltimore, por ejemplo, una de las ciudades más industriales de aquel país, quedó enormemente afectada cuando los Altos Hornos del Acero (uno de los mayores centros de empleo en tal urbe) dejó la ciudad. El barrio obrero blanco más grande de Baltimore (Dandork) es hoy un barrio deteriorado en extremo. Casi el 100% del electorado en este barrio votó a Trump, lo cual es lógico, pues identificaron la gran pérdida de su nivel de vida con las políticas federales que estimularon la globalización. Es más, percibían al gobierno federal como defensor de los afroamericanos y de las mujeres (de clase alta y media alta), ignorándolos a ellos, los obreros blancos. De ahí que la gran mayoría de mujeres de clase trabajadora votara a Trump. Y no puede atribuirse este hecho a un crecimiento del racismo, pues muchos de estos barrios blancos habían votado a Obama en elecciones anteriores. En realidad, los delegados al Colegio Electoral que dieron la mayoría a Trump procedían de barrios obreros que habían votado a Obama en 2009. Este enorme descenso del nivel de vida de la clase trabajadora blanca se ha traducido en el descenso de su esperanza de vida, como consecuencia del incremento de la mortalidad causado por el crecimiento de las enfermedades típicas del deterioro social.


¿Quién canalizó este enfado?


Este enfado se dirigió hacia el establishment político mediático del Este de EEUU, basado en el gobierno federal, y muy en particular hacia el que había sido el Partido del Pueblo. La canalización de este enfado antiestablishment, (que incluyó también un rechazo al establishment republicano) benefició a la ultraderecha, liderada por Trump, un personaje de una enorme astucia política, que sabe muy bien cómo comunicarse con los sectores abandonados por tal establishment, incluyendo a la clase trabajadora blanca y las zonas rurales, muy conservadoras en el país, que jugaron un papel clave en la victoria de Trump. Lejos de ser un incompetente, Trump es extremadamente astuto en su discurso iconoclasta, grosero e insultante (en contra de lo “políticamente correcto”) y que conecta muy bien con sus bases electorales que le son sumamente leales. Y la constante crítica por parte de los medios, le beneficia, pues los mayores medios de información son también altamente impopulares.


Ahora bien, se está exagerando el rol del personaje Trump. No fue Trump el que creó el movimiento antiestablisment. Fue al revés. Este último creó a Trump. Solo Bernie Sandres, el candidato socialista, podría haber representado una alternativa progresista a Trump. En realidad, las encuestas indicaban que Sanders habría podido ganar las elecciones a Trump. Pero el aparato del Partido Demócrata destruyó a Sanders. Y la victoria de Trump era inevitable. Hoy el Partido Demócrata está en una crisis enorme y todo parece indicar que no entienden (o que no quieren entender) las causas de su derrota. Hoy el aparato de tal Partido continúa controlado por la clase media ilustrada (personas con educación superior), con conexiones con el mundo empresarial y muy en particular con el financiero, muy alejado de su base electoral tradicional.


Algo parecido está ocurriendo en Europa (y en España)


El control de los partidos de izquierda por componentes de esta nueva clase social (la clase media ilustrada), que se han distanciado claramente de sus bases de clase trabajadora, ha estado creando situaciones semejantes en Europa y en España. Barrios obreros que habían votado a las izquierdas, están votando a la ultraderecha en país tras país en Europa. Y ello es resultado de la conversión de los partidos de izquierda a las políticas neoliberales (globalización y políticas de austeridad) que han hecho un daño tremendo a sus bases populares. El surgimiento del nacionalismo, del deseo de proteccionismo, de la recuperación de la soberanía nacional y el rechazo a la austeridad, son los ingredientes que caracterizan a los movimientos de rechazo y del mal llamado “populismo antiestablishment”. Las características de este mal llamado populismo varían. Pero es interesante resaltar la importancia del nacionalismo soberanista anti-globalización (antieuropeización) que, instrumentalizado por la ultraderecha en EEUU, juega un papel clave en las políticas “populistas”. Tal nacionalismo es especialmente atractivo para la clase trabajadora que atribuye el descenso de su nivel de vida a estas políticas llevadas a cabo por aquellos que en su día ellos apoyaron. Y la mayor base social de estos movimientos son sectores muy precarizados de la clase trabajadora así como amplios sectores de las clases medias proletarizadas que están viendo sus rentas disminuir notablemente.


Los movimientos antiestablishment a lo largo de Europa están tomando también un cariz antieuropeización que es comprensible pues identifican al estalishment europeo con las políticas de austeridad y las reformas neoliberales que han dañado, claramente, su calidad de vida y bienestar. Y cada uno de los sectores más perjudicados de las clases populares en general, y de la clase trabajadora en particular, son las bases más importantes de estos movimientos.


Una excepción en esta canalización del enfado por parte de la ultraderecha ha sido España donde Podemos fue un terremoto político que barrió el panorama político español convirtiéndose más tarde, junto con Izquierda Unida, la segunda fuerza de la oposición en un período muy corto. Existe, sin embargo, una versión de ultraderecha, Ciudadanos, con claro compromiso neoliberal, que está utilizando un nacionalismo jacobino muy agresivo, que intenta apelar a la clase trabajadora utilizando una narrativa de apelación a tal clase (es uno de los pocos partidos en España que explícitamente habla y apela a la clase trabajadora) que está creciendo enormemente, sobre todo en Cataluña donde tal nacionalismo españolista uninacional se presenta como el único capaz de evitar lo que definen como “ruptura de España” frente a un establishment gobernante en Cataluña, también de derechas y también nacionalista pero de sentido contrario. De ahí el reto de que las izquierdas, además de dirigirse a las clases populares en general y a la clase trabajadora en particular, deban desarrollar una visión distinta y opuesta a la visión de las derechas españolas y catalanas, ambas uninacionales presentando en su lugar una concepción de España plurinacional. Este es el reto de las fuerzas progresistas en Cataluña y en el resto de España.

Por Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

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Capitalismo y globalización contra la democracia

En 1929 el consejo del secretario del Tesoro Andrew Mellon al entonces presidente Herbert Hoover fue drástico: "Hay que liquidar el trabajo, las acciones, a los agricultores, los bienes raíces, y sólo así podremos purgar la podredumbre del sistema. La gente trabajará emprendedora podrá recoger los escombros y remplazar a los menos competentes". La Gran Depresión estaba comenzando y la recomendación de Mellon sintetizó de manera brutal la contradicción entre capitalismo y democracia. Algunos poderosos agentes económicos pueden invocar las fuerzas del mercado capitalista para destruir la forma de vida de millones de personas, sin importar sus opiniones políticas, con tal de "purgar al sistema de toda la podredumbre".

Hace ya casi 30 años, con el colapso de la Unión Soviética, se reavivó la creencia de que democracia y capitalismo formaban un binomio indestructible. La globalización era la prueba de que el capitalismo desbocado era la mejor forma de organizar la vida económica y política en el mundo. El neoliberalismo se presentó como la vía para una nueva era de riqueza, bienestar y, desde luego, democracia. Se decía que la única sombra que amenazaba este panorama se situaba afuera de las economías capitalistas y se ubicaba en el extremismo que albergaba el terrorismo islámico.

En el frente económico, el fantasma de una crisis económica parecía desvanecerse y en su lugar reinaba el optimismo. Los acuerdos comerciales que cristalizaban el ideal de la globalización se multiplicaban y la Organización Mundial de Comercio era presentada como guardián de unas reglas que supuestamente habrían de regir en la naciente economía globalizada.

Hoy las cosas han cambiado. La desigualdad se intensificó en todo el mundo. El pacto social que existió en los años dorados del capitalismo se fue rompiendo a golpes a partir de 1982, un poco a la manera que recomendaba Mellon, para "purgar" el sistema. En su lugar se fue imponiendo el régimen férreo del capitalismo desenfrenado. Y los resultados no tardaron en mostrar su verdadera cara. El crecimiento se hizo cada vez más lento. Los salarios se estancaron desde hace más de cuatro décadas y para la mayoría de la población en las economías capitalistas la única forma de mantener el nivel de vida tuvo que hacerse mediante el endeudamiento creciente. La especulación se adueñó del espacio económico y los gobiernos se convirtieron en amanuenses del capital financiero.

Ya es lugar común afirmar que las masas en las sociedades capitalistas se sienten decepcionadas. Su frustración alimenta un rencor que crece en la confusión política. Por eso se buscan culpables entre los migrantes o los extranjeros, los gobiernos, las élites o las grandes corporaciones. Por eso las elecciones han desembocado en triunfos de gobiernos que transmiten esa engañosa narrativa. Racismo, xenofobia, clasismo y fascismo son los puntos de referencia de estos movimientos. Ahí están los ejemplos del partido de Victor Orvan en Hungría, Ley y Justicia en Polonia, Cinco Estrellas y la Liga en Italia, y, desde luego, Trump y la victoria del Brexit en Inglaterra. En todos estos casos el repudio a los gobiernos que en su momento se consideraban portaestandartes de la democracia liberal se ha hecho más fuerte. El mensaje es claro: la principal amenaza a la democracia es interna y se encuentra anidada en la desigualdad intrínseca que es la piedra angular del capitalismo.

El auge de la globalización neoliberal terminó por minar las frágiles bases de la democracia en las economías occidentales. Si el capitalismo está cimentado en la desigualdad, la única manera de preservar algo que se parezca a la democracia es mediante una regulación capaz de frenar los abusos de las fuerzas económicas en una sociedad mercantilizada. El neoliberalismo es la reacción del capital en contra de esa regulación y la globalización es la culminación de un peligroso proceso histórico en el que las instituciones democráticas y el bienestar de la población pasaron a segundo plano. El sueño de que un capitalismo sin restricciones podría ser el aliado de la democracia liberal es una quimera, como bien señala Robert Kuttner (prospect.org).

La globalización neoliberal se organizó alrededor de una idea central: el libre juego de las fuerzas económicas debe ser el principio rector de la sociedad. Por eso en esta globalización neoliberal no hay lugar para una verdadera autoridad monetaria internacional, tampoco existe una agencia capaz de frenar el crecimiento de los oligopolios o la concentración de poder de mercado, y no impera una organización que proteja los derechos laborales. El régimen de la globalización neoliberal no rinde cuentas a nadie. Ni siquiera a sus principales beneficiarios, el capital financiero y los grandes grupos corporativos. Para retomar la senda de la democracia es necesario revertir el proceso histórico que condujo a la globalización neoliberal.

Twitter: @anadaloficial

 

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Lunes, 11 Junio 2018 07:35

No sólo es la economía

No sólo es la economía

El descontento político crece como un fenómeno global. Toma distintas formas, pero apunta a un escenario cada vez más inestable y peligroso. Se debilitan las formas conocidas de hacer política en unas sociedades que expresan de modo más abierto su irritación.

Las interpretaciones de los expertos se refieren a los signos más evidentes de este cambio. No por ello son irrelevantes, pero pueden no ser suficientes.

Que la globalización haya generado tensiones en distintas áreas del mundo es un argumento que finalmente se ha establecido en las discusiones.

Ese proceso, especialmente en su expresión financiera no sólo significó un rompimiento del andamio social al acrecentar la desigualdad económica, sino que desde un principio mostró que no podía abarcar todo el espacio del mercado capitalista.

Al mismo tiempo que operaban grandes fuerzas de atracción hacia los mercados mundiales y sus centros, se creaban otras igualmente potentes de desplazamiento al nivel de actividades económicas, territorios y, por supuesto, de la población (la "deslocalización"). El cambio tecnológico ha sido un componente también relevante en este escenario.

En las pasadas dos décadas la globalización ha operado entre fuertes crisis con repercusiones extendidas; son notables: en 2001 las empresas tecnológicas (crisis de las dot com) y en 2008 la caída de Wall Street, cuyos efectos aun reverberan de manera estructural. No debe olvidarse un verdadero cúmulo de dificultades en diversos países durante ese mismo periodo.

La ampliación de la desigualdad es un aspecto cada vez más controvertido de la globalización. Se advierte a escala de las naciones, por el mismo efecto de la manera en que se genera riqueza y se acumula. Las ganancias derivadas de la actividad financiera se reproducen de modo más extenso que las obtenidas de otros usos del capital y, sobre todo, las del trabajo.

Pero la desigualdad crece también entre áreas del mundo. Puede señalarse como ejemplo la inmigración desde África a Europa, que responde en buena medida a la incapacidad de generar ingresos suficientes para la gente aunado a la violencia y hasta barbarie que ahí ocurre. En otras regiones ese conflicto se expresa de maneras distintas.

Políticamente se registran cambios bastante profundos como reacción a las tensiones económicas. Un caso notable es la elección de Donald Trump por una base de seguidores descontentos con la situación económica, con las minorías no blancas y los migrantes.

El presidente estadunidense juega esta carta todo el tiempo, como ocurre con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o hace un par de días con el G-7 en Toronto. En Europa surgió el Brexit, la deriva populista y xenófoba de Hungría y Polonia, y ahora de Italia.

La interpretación de todo este asunto no puede, sin embargo, ceñirse sólo a la economía. Alemania, dos décadas después de la reunificación, es la potencia más grande de Europa, entre 2005 y 2016 el desempleo cayó de 13 a 6.1 por ciento, da cuenta de 8 por ciento de las exportaciones globales y tiene un ingreso por habitante de 45 mil 500 dólares al año, el tercero de esa área.

No obstante, el partido Alternativa para Alemania consiguió en septiembre pasado ser el primer partido de extrema derecha en entrar al Bundestag desde la Segunda Guerra Mundial y es parte ya de las más grande fuerza de oposición.

El nacionalismo extremo, el populismo y el racismo exigen una atención más grande que sólo el impacto de las crisis y recuperaciones económicas cíclicas. El partido nazi ganó las elecciones en 1932 en medio de una gran crisis; fuerzas de ese tipo llegan hoy en un entorno muy distinto. La historia y la sicología han de tener un lugar y de privilegio.

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Domingo, 15 Abril 2018 05:42

El camino de la izquierda

El camino de la izquierda

La democracia parece asfixiar a la derecha latinoamericana. Mientras ésta solo disponga de un proyecto profundamente antisocial, no podrá someterse a la disputa democrática abierta, porque no tiene cómo conquistar a la mayoría de la población. 

A su vez, la izquierda está profundamente comprometida con la democracia, no tiene miedo a la disputa libre entre su proyecto y el de la derecha. La ofensiva conservadora en Latinoamérica revela, cada vez mas, cómo la derecha busca estrechar o incluso liquidar totalmente los espacios democráticos, sea para enquistarse en el poder, sea para llegar al poder por vías no democráticas.


Esa ofensiva solo confirma cómo la derecha latinoamericana no tiene compromiso con la democracia, mientras que es la izquierda la que nace, se desarrolla y gobierna por medios democráticos, y la que pelea democráticamente por seguir gobernando o por volver a hacerlo. Quien crea que la vía democrática se ha agotado es un iluso. Incluso porque la vía insurreccional sería camino a la derrota y la catástrofe para la izquierda, como el caso colombiano lo demuestra.


Lo que se agota es el compromiso de la derecha con la democracia. La estrategia híbrida, la nueva vía de acción del imperialismo, representa un sabotaje desde adentro de los sistemas democráticos. Valiéndose del monopolio de los medios, del financiamiento privado de campañas electorales, de un Judiciario adherido al affaire y a la judicialización de la política, se ha montado una estrategia de persecución judicial, policial y mediática de las fuerzas populares y de sus líderes, única vía posible de acceso o perpetuación de la derecha en el gobierno.


La pelea por la democratización está en la esencia de la estrategia de la izquierda. La izquierda solo puede llegar al gobierno por el convencimiento de la mayoría de la población. Solo puede gobernar contando con esa mayoría.


Aún cuando lo que se instala ya no es más un régimen de excepción, sino un Estado de excepción, que cierra todos los espacios legales, la izquierda no podría abandonar la lucha democrática. Tendría que aunar formas distintas de lucha, pero manteniendo el objetivo de abrir espacios democráticos, que son donde los movimientos populares pueden organizarse y desplegar todas sus formas de lucha.


El cambio radical en la correlación de fuerzas internacional con el fin del período de dos superpotencias, dando paso al período de una sola superpotencia, implicó también un cambio radical en la correlación de fuerzas en el plano militar. Por ello es que los movimientos guerrilleros en El Salvador y en Guatemala han reciclado sus formas de lucha para el plano legal e institucional, porque el triunfo por la vía miliar ya no sería posible.


El retraso de esa conversión en Colombia ha generado condiciones más desfavorables para los acuerdos de paz. Y una reconversión mucho más difícil para los movimientos guerrilleros.


Las condiciones de lucha se vuelven mas difíciles cuando la derecha se vale del sistema político para corromperlo desde adentro. Cuenta con errores de la izquierda, desde luego. Entre ellos, el no haberse planteado la democratización del Judiciario - tarea que Bolivia desarrolla con gran coraje. Así como el no haber sido capaz de democratizar a los medios.


Pero lo que ha afectado mas profundamente a la izquierda y la ha llevado, en algunos países, a derrotas graves, es el haber perdido la disputa por el dominio de la agenda nacional. Después de haber convencido a la mayoría de los países que la cuestión social, la de la desigualdad social, la de la exclusión social, la de del hambre y la de la miseria, son esenciales en el continente mas desigual del mundo, esa agenda ha sufrido un cambio, víctima de una campaña mediática monstruosa, que ha impuesto sus temas: la corrupción y los supuestos gastos excesivos del Estado. Fue ese viraje el que ha posibilitado a la derecha recuperar iniciativa, quebrar la hegemonía de la izquierda y retomar sus proyectos neoliberales.


Se ha valido de la falta de democracia: en los medios, en la judicatura, en el financiamiento de las campañas electorales. Le toca a la izquierda no abandonar la vía democrática, que es su oxígeno esencial, sino profundizar la pelea por la democracia, renovarla, ensancharla. Porque el camino de la izquierda es la democracia.

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Martes, 23 Enero 2018 05:59

Los ultra ricos

Los ultra ricos

“En 2017 establecimos un nuevo récord: registramos 2043 fortunas de más de 10 dígitos, una cifra superior a las 1810 del año pasado.” Con una mirada ideológica opuesta a la ONG Oxfam, la revista Forbes también da cuenta del avance de los ultra ricos. “En total, las fortunas de los multimillonarios se estiman en 7,7 billones de dólares, otro récord, lo que equivale a 1,2 billón de dólares más que el año pasado. Los mercados de valores en auge, el mayor precio en los productos básicos y el emprendimiento llano al estilo old fashioned fueron los factores que marcaron el debut de 195 multimillonarios en el listado de este año”, describió Forbes.

Forbes pone nombre y apellido a las 20 personas más ricas del mundo. Si el ranking se extendiera hasta las 42 personas con más dinero, ese stock de riqueza equivaldría a las posesiones materiales de 3700 millones de personas. En el puesto número uno de los más ricos está Bill Gates (Microsoft, Estados Unidos) con 86 mil millones de dólares. Le sigue Warren Buffett (Berkshire Hathaway, Estados Unidos), con 75.600 millones de dólares y Jeff Bezos (Amazon.com, Estados Unidos), con 72.800 millones. Completan el podio de los diez más ricos Amancio Ortega (Zara, España), con 71.300 millones; Mark Zuckerberg (Facebook, Estados Unidos), con 56 mil millones; Carlos Slim Helú y familia (Telecom, México), con 54.500 millones; Larry Ellison (Oracle, Estados Unidos), con 52.200 millones; Charles Koch (Koch Industries, Estados Unidos), con 48.300 millones y Michael Bloomberg (Bloomberg LP, Estados Unidos), con 47.500 millones de dólares.

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La Concentración de Tierra en Colombia

Un reciente informe de Oxfam expone de nuevo la gran concentración de tierra en Colombia. El informe, usando datos del Censo Agropecuaria, el DANE y el IGAC demuestra la envergadura del problema de tierras en Colombia. Reconoce que las estadísticas acerca de la tierra y producción agrícola en el país son problemáticos, pues el Censo es el primero que se hace en 45 años, sin embargo, hace un análisis detallado del estado actual de las cosas.

Lo primero que salta a la vista es la gran cantidad de tierras en muy pocas manos. Según el estudio, el 1% de las UPA (Unidades Productivas Agrícolas) acaparan 73,78% de las tierras productivas del país(1). Dicha cifra no incluye los territorios indígenas. Si miramos a las UPA mayores de 2.000 hectáreas encontramos que “representan el 0,1% del total (2.362 explotaciones), en promedio tienen 17.195 hectáreas de tamaño y ocupan casi el 60% del área total censada (40,6 millones de hectáreas, o el 58.72%) (2).”

El mismo informe reconoce que una persona puede tener más de una UPA, pero también hay que decir que una UPA puede tener más de un inversionista. Así la cifra de dueños de tierra es aproximada, pero queda claro que estamos hablando de miles de personas, no más. Es decir, que para hacer una reforma agraria de verdad y no la reforma impulsada por el mercado acordada en el Acuerdo de Paz, tendríamos que afectar la vida de dos o tres mil personas no más, para beneficiar a los centenares de miles de campesinos con menos de 5 hectáreas. Demuestra cuan bajo cayeron las FARC que no van a tocar esas tierras. El Acuerdo de Paz habla de un Fondo de Tierras con tres millones de hectáreas y unas 7 millones más para formalizar, que no es más que dar titulo sobre lo que los campesinos ya tienen o de pronto devolver a los desplazados las tierras robadas por los terratenientes.

Las 40,6 millones de hectáreas repartidas en fincas grandes (un promedio de 17.195 hectáreas) no se van a tocar, porque hay unas 2.362 personas que tienen poder y no se pueden tocar. Según Oxfam en 42,7% de estas grandes UPA no existe claridad sobre la situación de tenencia.

Es más, cuando las FARC sublevaron en armas contra la oligarquía colombiana, las fincas mayores a 500 hectáreas ocupaban apenas cinco millones de hectáreas, y hoy en día ocupan más de 45 millones de hectáreas. Demuestra que la estrategia de las FARC a lo largo de su lucha guerrillera no ha podido frenar el acaparamiento de tierras, y también demuestra que la oligarquía ha profundizado las causas del conflicto (la distribución de la tierra) en vez de intentar mejorarlas. En 1960 apenas 29% de las UPA superaban las 500 hectáreas comparado con 66% en 2014. No hay duda sobre la forma de apoderarse de tanta tierra: robo, soborno, amenazas, asesinatos. Ahora, después de tantos años de violencia e ilegalidad para hacerse con esas tierras, ¡hay quienes quieren que creamos que esa misma gente está dispuesta a vender o donar sus tierras al Fondo de Tierras como su aporte a la paz! No tiene ni pies ni cabeza.

Colombia tiene la peor y más desigual distribución de tierras en América Latina, un premio que no es fácil ganar. La tierra está en manos de unos cuantos oligarcas, la reforma propuesta por el Acuerdo de Paz no tocará la estructura de poder en el campo, pues se plantea una reforma con apenas tres millones de hectáreas nuevas para los campesinos. Durante el conflicto la oligarquía se apoderó de 40 millones de hectáreas más y apenas buscan tocar tres millones. Cuando las FARC sublevaron en armas, esa oligarquía tenía en sus manos unas cinco millones de hectáreas en fincas que superaban las 500 hectáreas. Según los Farianos esas tierras eran una parte de las causas estructurales del conflicto, y hoy apenas proponen tocar una pequeña parte de las UPA en manos de ellos y hay quienes nos dicen que el Acuerdo de Paz pone fin a las causas del conflicto. Les faltan, por lo menos, unas 42 millones de hectáreas para poder decir eso respecto al conflicto por la tierra.

 

|Por: Gearóid Ó Loingsigh*|

(*) Para réplicas y contra-réplicas: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias:

(1) Todas las cifras citadas provienen del Estudio Oxfam (2017) Radiografía De La Desigualdad, Lo Que Nos Dice El Ultimo Censo Agropecuario Sobre La Distribución De La Tierra En Colombia, Oxfam. Disponible en https://www.oxfam.org/es/informes/radiografia-de-la-desigualdad
(2) Ibíd., Pág 15.

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Miércoles, 19 Julio 2017 06:48

La vergüenza neoliberal

La vergüenza neoliberal

En los últimos quince años unos 100 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y, sin embargo, la distancia que los separa de los más ricos apenas ha variado.
Diversas mediciones de la norma internacional usada para la desigualdad, el Coeficiente Gini, coinciden con el dato anterior, como por ejemplo:


El Banco Mundial y el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), en 2014, aplicando el Gini obtuvieron los siguientes resultados: África Subsahariana tiene un nivel de desigualdad del 56,5, seguido por América Latina (52,9) y bastante lejos de Asia (44,7) y Europa del Este y Asia Central (34,7).


De acuerdo con CEDLAS: "América Latina es muy desigual desde la colonia. Parte de las brechas actuales tienen su raíz en una larga historia de sociedades elitistas, con sistemas políticos poco democráticos y modelos económicos excluyentes. Los avances que se lograron a partir de 2000 sólo han compensado la profundización de la desigualdad en la década de los 80 y 90 que llevó a que la región consiguiera el mote de la más desigual del planeta".


Por otro lado, siguiendo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y a la Fundación Oxfam (2014), el 10% más rico de la población de América Latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1% más rico de la región tendría más riqueza que el 99% restante.
Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21% anual, es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media.


Amén, la CEPAL calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10% más rico solo equivale al 5% de su ingreso disponible. Como resultado, los sistemas tributarios de América Latina son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad.


Por otra parte, siguiendo a Sergio Melnick, exdirector de la Oficina de Planificación Nacional de Chile durante el régimen militar, junto a su hermano Jorge Melnick en su libro Infierno o Paraíso: “El 1% de la población mundial es dueño del 40% de la riqueza total. Más de un tercio de los más ricos del mundo vive en Estados Unidos; un 27% en Japón; 8% en Alemania; 6% en Gran Bretaña, 5% en Francia y un 4% en China. Ahí está lo que podemos llamar la híper opulencia y la mayor extravagancia... La economía entre 1950 y 2000 se expandió unas 50 veces, mientras la población se duplicó... Al margen de la distribución que, como hemos señalado, es muy desigual”.


En el año 2016 el Banco Mundial publicó un artículo llamado “Diferencias entre ricos y pobres no solo en dinero”, el cual, grosso modo, señalaba que si menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta, el resultado puede expresarse con una sola palabra: desigualdad.


La desigualdad, asimismo, no se define únicamente por la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos. También se evidencia en el acceso a agua potable, electricidad, saneamiento, educación, salud y otros servicios básicos.


La expansión de la economía a comienzos de este siglo ayudó a millones de personas a salir de la pobreza extrema. Y si bien América Latina registró las tasas más altas de crecimiento en su historia, la región sigue siendo la más desigual del mundo.


Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), acabar con la pobreza para 2030 implica que cada año 50 millones de personas deberían comenzar a tener ingresos por encima de US$1,90 al día. Es decir, cada semana aproximadamente 1 millón de personas tendrían que salir de la pobreza durante los próximos 15 años. ¿Es posible?
La clave para poner fin a la pobreza está no solo en el crecimiento económico, sino también en la importancia de reducir las desigualdades entre los que tienen más y los que menos tienen (el 40% más pobre). Para la ONU, la desigualdad de los ingresos en los países en desarrollo aumentó un 11% entre 1990 y 2010.


Si bien el crecimiento económico ha sido clave para mejorar la vida de los más pobres de Latinoamérica, la distribución del ingreso económico no ha sido del todo equitativa, lo que trae aparejado problemas familiares y sociales que gatillan un enorme descontento popular, velado y explícito, hacia el sistema político y económico imperante.


Por último, en cuanto a estadísticas, y como broche de oro para las consecuencias que ha acarreado el neoliberalismo a Latinoamérica en particular, y al mundo en general, la Fundación Oxfam en su informe Economía para el 99% de la población (2017) señala que: “Tan soloocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas; lo que demuestra que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor de lo que se temía. Las grandes empresas y los más ricos logran eludir y evadir el pago de impuestos, potencian la devaluación salarial y utilizan su poder para influir en políticas públicas, alimentando así la grave crisis de desigualdad”.


El informe también demanda un cambio fundamental en el modelo económico de manera que beneficie a todas las personas y no sólo a una élite selecta, que nosotros denominaremos como la élite de la opulencia.


Capitalismo: doctrina e historia


Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y el desmembramiento de la Unión Soviética (URSS) en 1991 corrió a través del mundo una alarmante voz que propalaba que el socialismo había fenecido, tal como lo planteó Fukuyama en su libro “El Fin de la Historia y El último Hombre”. El capitalismo devenido en neoliberalismo, este último creado en el laboratorio chileno a cargo de los economistas con posgrados en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago y su sanguinaria doctrina del shock, era el victorioso campeón de la batalla ideológica bregada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial... ¡Marx definitivamente ha muerto! ¡El socialismo ha muerto! ¡Triunfó la “libertad”.
Para adentrarnos en el capitalismo debemos conocer sus principales elementos legitimadores, los cuales son:


a) El socialismo está finalizado, por lo acontecido en Europa durante el siglo XX.


b) La necesidad del capitalismo como forma única y esencial de desarrollo.


c) La competencia perfecta, entre individuos, es la regla funcional del mercado, cuyo cumplimiento acarrea el verdadero bienestar.


De lo anterior surge la pregunta, ¿por qué un cúmulo de intereses particulares y egoístas, como señaló Adam Smith, derivan en un interés colectivo?


Para demostrar que la propiedad del capital y la acumulación de riqueza son moralmente aceptables, los partidarios del libre mercado suelen recurrir a la mano invisible del mercado la cual guía a los individuos a actuar en su propio interés y de manera colateral implantar un bien colectivo. Otra teoría capitalista es la denominada filtración o chorreo, la que sostiene que la prosperidad de los que están en la cima social y económica se filtra a los niveles inferiores y hace que todos sean más ricos. Situación falaz ya que en ese tipo de sociedad se acrecienta la desigualdad y se exacerba el individualismo.


La creencia capitalista tiene como motor los intereses privados, siempre y cuando se cumpla el requisito de que este proceso sea autorregulado por la oferta y la demanda. Esta creencia se ciega ante el hecho que la autorregulación requiere de dos condiciones. Una de ellas es que la autoridad o gobierno se abstenga de intervenir, porque al hacerlo introduciría distorsiones al sistema de construcción de precios. La otra condición es que los participantes del proceso económico sean equivalentes en su poder de afectar la libertad del proceso de intercambio, es decir, que ninguno incida más que el otro. Si esto fuese así se haría innecesario cualquier papel de la autoridad en el nivel macro, lo cual no sería capaz de ofrecer soluciones eficaces y justas puesto que siempre en una relación comercial existe un cierto grado de asimetría de información, por el cual uno de los agentes económicos queda en desventaja en relación al otro.


Finalmente, si el sistema capitalista fuese tan perfecto y beneficioso para la población surge la pregunta, ¿por qué existe tanta pobreza e indigencia en el orbe?


John Maynard Keynes decía que “El capitalismo es la asombrosa creencia de que los hombres más perversos harán cosas por el mayor bien común”. Siguiendo esta frase, realicemos una breve reseña histórica acerca de la moralidad de este sistema:


La historia del capitalismo en Latinoamérica comienza el siglo XV con el proceso de descubrimiento y colonización, destinado a la expansión del comercio, a la obtención de propiedades territoriales y a la extracción de riquezas (oro y plata).


En Sudamérica, en el año 1879 se produjo una guerra entre Chile Perú y Bolivia, que por más que muchos historiadores conservadores catalogaran como conflicto heroico, fue más una pugna entre distintos gobiernos por el dominio de la riqueza mineral: el salitre.


La Primera Guerra Mundial tenía como telón de fondo una expansión política y comercial de las principales potencias de Europa.


La Segunda Guerra Mundial principia con el afán del fascismo y el nazismo de abrir espacios para el desarrollo de las burguesías nacionales; como por ejemplo: la expansión fascista colonizadora de África y la expansión colonizadora alemana en Europa en busca de pueblos a esclavizar y sojuzgar en busca de riquezas materiales.


Neoliberalismo: doctrina y falacias


Sistema económico surgido en Chile tras el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, contra el gobierno constitucional de Salvador Allende. Este sistema posee una santísima trinidad: la reducción al mínimo del Estado, la privatización de empresas y servicios públicos y un gasto social prácticamente nulo... Lo vivimos y pensamos en nuestro diario quehacer, es aquello que el pensador marxista italiano Antonio Gramsci denominaba hegemonía.


El neoliberalismo dice ser pariente del liberalismo clásico, aquel que respetaba las libertades públicas e individuales, que se oponía tenazmente a las monarquías absolutas y que amparaba y propugnaba el libre comercio. De aquel liberalismo clásico, eso sí, en lo único en que tiene cierta semejanza es en el “amparo al libre mercado”, y lo ponemos entre comillas porque sabemos que este sistema favorece la concentración de la riqueza a través de monopolios y oligopolios.


De acuerdo con el libro El otro modelo (2013), el neoliberalismo trata de ejercer superioridad filosófica y económica en base a dos falacias, a saber:


A) Que el denominado Estado del Bienestar (que provee seguridad a los ciudadanos entendiendo derechos sociales como universales), constituye un camino de servidumbre, como lo denominó Friedrich Von Hayek, pues las prácticas de aquel Estado debilitarían a las instituciones democráticas, fomentando prácticas clientelísticas del Estado hacia el ciudadano. En síntesis, por esta vía se llega al totalitarismo y a la esclavitud.


Para demoler el argumento anterior, diremos que no hay Estados occidentales que a través de la práctica de derechos sociales universales hayan arribado al totalitarismo servil del ser humano.


B) El desarrollo se alcanza cuando el Estado no interviene en materia económica. Ante esto, señalaremos que “Desde el siglo XX todos los Estados que han alcanzado el desarrollo lo han hecho merced a una política industrial atizada desde el Estado”.


Karen Hudes y la conspiración


Karen Hudes es graduada de la escuela de Derecho de Yale y trabajó en el departamento jurídico del Banco Mundial durante 20 años. En calidad de asesora jurídica superior, tuvo suficiente información para obtener una visión global de cómo la élite domina al mundo. De este modo, lo que cuenta no es una 'teoría de la conspiración' más.
De acuerdo con la especialista, citada por el portal Exposing The Realities en el año 2012, la élite usa un núcleo hermético de instituciones financieras y gigantes corporaciones para dominar el planeta.


Hudes también señala; basada en un estudio del Instituto Federal Suizo de Tecnología, de Zürich, que analizó las relaciones entre 37 millones de empresas e inversores de todo el mundo y que descubrió que existe una "superentidad" de 147 megacorporaciones muy unidas y que controlan el 40% de toda la economía mundial; que un pequeño grupo de entidades, en su mayoría instituciones financieras y bancos centrales, ejercen una enorme influencia sobre la economía internacional entre bambalinas. "Lo que realmente está sucediendo es que los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo... Los capturadores del poder corruptos han logrado dominar los medios de comunicación también”.


Según Hudes, también dominan las organizaciones no elegidas y que no rinden cuentas pero sí controlan las finanzas de casi todas las naciones del planeta. Se trata del Banco Mundial, el FMI y los bancos centrales, como la Reserva Federal estadounidense, que controlan toda la emisión de dinero y su circulación internacional.
La cúspide de este sistema es el Banco de Pagos Internacionales (BPI):


"Una organización internacional inmensamente poderosa de la cual la mayoría ni siquiera ha oído hablar controla secretamente la emisión de dinero del mundo entero. Es el llamado el Banco de Pagos Internacionales [Bank for International Settlements], y es el banco central de los bancos centrales. Está ubicado en Basilea, Suiza, pero tiene sucursales en Hong Kong y en Ciudad de México. Es esencialmente un banco central del mundo no electo que tiene completa inmunidad en materia de impuestos y leyes internacionales (...). Hoy, 58 bancos centrales a nivel mundial pertenecen al BPI, y tiene, con mucho, más poder en la economía de los Estados Unidos (o en la economía de cualquier otro país) que cualquier político. Cada dos meses, los banqueros centrales se reúnen en Basilea para otra 'Cumbre de Economía Mundial'. Durante estas reuniones, se toman decisiones que afectan a todo hombre, mujer y niño del planeta, y ninguno de nosotros tiene voz en lo que se decide. El Banco de Pagos Internacionales es una organización que fue fundada por la élite mundial, que opera en beneficio de la misma, y cuyo fin es ser una de las piedras angulares del venidero sistema financiero global unificado".

Finalmente, de acuerdo con Hudes, la herramienta principal para esclavizar naciones y gobiernos enteros es la deuda...


"Quieren que seamos todos esclavos de la deuda, quieren ver a todos nuestros Gobiernos esclavos de la deuda, y quieren que todos nuestros políticos sean adictos a las gigantes contribuciones financieras que ellos canalizan en sus campañas. Como la élite también es dueña de todos los medios de información principales, esos medios nunca revelarán el secreto de que hay algo fundamentalmente errado en la manera en que funciona nuestro sistema”.

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