Jair Bolsonaro y sus colaboradores con el lema de campaña: Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos.

La investigadora franco-marroquí habla de cómo funciona la lógica de la “teología de la prosperidad” en el vecino país. Los evangelistas están en todas las esferas de poder: en el aparato judicial, en la política, en la policía.

La ficción es una disciplina que depende de la realidad. Esta, a veces, suele ser más impresionante que todas las ficciones juntas. El Brasil que está a punto de elegir a Jair Bolsonaro como próximo presidente de la República es una de las historias reales más ficticias que se puedan conjeturar. La periodista franco marroquí y especialista de América Latina Lamia Oualalou la cuenta desde su más insólita raíz: el movimiento evangélico que se apoderó del primer país católico del mundo y, desde allí, mucho antes de las elecciones presidenciales,derrotó a la izquierda brasileña en la intimidad de los templos de las múltiples iglesias evangélicas que pululan en el país. Su investigación periodística publicada en francés por les Editions du Cerf, Jésus t’aime, (Jesús te ama) es la crónica resplandeciente y rigurosa de un movimiento de vagos arraigos teológicos que fue trepando por la columna vertebral del país humilde y periférico abandonado por el Estado, la Iglesia Católica y la misma izquierda. La nación que en los años 60 vio nacer la teología de la liberación perdió ante lo que la autora llama “la teología de la prosperidad” y sus elocuentes y disparatadas escenificaciones: la Juda Cola remplaza a la Cola Cola, Bolsonaro es un un santo al lado de Satanás, es decir, el PT, los pastores de las iglesias evangélicas son los nuevos millonarios del Brasil y los propietarios de los principales medios de comunicación que pusieron al servicio del candidato que salió a la cabeza de la primera vuelta.


Lejos de las radiografías fáciles, la investigación periodística de Lamia Oualalou demuestra que el auge del evangelismo es una forma de respuesta a la ausencia del Estado, que su arraigo en la urbanidad periférica responde al alejamiento de la Iglesia Católica de esas áreas y que su pavorosa influencia política se apoya en el abandono de las clases más vulnerables por parte de una izquierda que las dejó huérfanas. Jesús Te ama es un libro oriundo de la raíz más profunda del Brasil, donde la periodista (Le Figaro, Mediapart, Europe 1, Le Monde Diplomatique) vivió muchos años. En esta entrevista con PáginaI12, Lamia Oualalou recorre el camino paradójico de una doble victoria, la de los evangelistas y Bolsonaro, paralela a la derrota de la izquierda y de la Iglesia del papa Francisco.


–Con los resultados de la primera vuelta de las elecciones en Brasil y el peso considerable que han tenido en ella los evangelistas ¿se puede decir que hay una expansión del evangelismo en América Latina?


–Sí hay una expansión en México, en Argentina, en Chile. En Brasil vemos la consecuencia de la influencia de los evangelistas directamente en las elecciones: los pastores evangelistas llamaron a votar por Bolsonaro. Hoy tenemos una buena parte de la población brasileña que no sólo es evangélica sino que también sigue lo que le dice el pastor. Esto ha tenido y tendrá un impacto muy complicado porque el PT no sabe hablar con los evangélicos. Ese ha sido uno de los grandes errores que ha cometido en el pasado.


–Usted demuestra en su investigación que esa expansión del evangelismo es una respuesta a la ausencia del Estado…y algo más.


–Hubo varios factores combinados. Por un lado, poco a poco la Iglesia Católica fue desapareciendo de los lugares más populares, sobre todo de las nuevas ciudades y las favelas que se crearon con una velocidad enorme después de los años 70. La Iglesia Católica tiene aquí un problema de presencia urbana: en las favelas y las ciudades emergentes la Iglesia Católica no entra. En ese mundo suburbano, pobre, con gente oriunda por ejemplo del Nordeste, no hay lugares de sociabilización. Lo único que existe es el templo evangélico: allí pueden cantar, hacerse de amigos, dejar a sus hijos. No están presentes ni el Estado con sus ayudas (salud, trabajo, educación), ni la Iglesia Católica, pero sí los evangelistas que suelen prestar algunos de esos servicios. Los evangelistas, en Brasil, ocuparon el espacio del Estado con el consiguiente impacto cultural y político que ello acarrea: la gente sólo escucha la radio evangélica, ve la televisión evangélica, acude a los grupos evangélicos de Facebook y WhatsApp. La gente vive encerrada en ese mundo. Y claro, viven en ese círculo porque los partidos y movimientos progresistas, el PT por ejemplo, abandonaron a esta gente. Al final, lo que ocurrió es que se cortaron los puentes para dialogar con la gente humilde.


–¡Qué enorme y dolorosa paradoja!:Brasil fue la tierra donde se forjó la Teología de la Liberación y hoy se ha vuelto la cuna del evangelismo, al que usted define como una “teología de la prosperidad”.


–La lógica de la teología de la prosperidad es fascinante porque le dice al miembro de la Iglesia que, básicamente, tiene derecho a todo: a la salud, a una buena vida material. ¡ Y eso ahora mismo y no en la próxima vida !. Y si no lo tiene ya es porque no sabe exigir. Esto implica un cambio con respecto a la relación con Dios: Dios tiene que darte eso y sólo tienes que saber pedírselo. Y para pedírselo debes formar parte del grupo evangélico, pagar y rezar. Y al final, de alguna forma funciona: cuando los evangelistas dicen “deja de beber y vas a encontrar un trabajo”, la gente termina trabajando más y mejor sin estar borracha. Por eso la gente termina viendo que hay un impacto positivo en su vida, aunque lo que obtengan sea mínimo.


–La izquierda brasileña parece que tampoco entendió el tema de la teología de la prosperidad.


–No, claro que no y eso ha sido otra tragedia. La izquierda interpretó la teología de la prosperidad de forma muy básica. La leyó únicamente como una adaptación del neoliberalismo. Es cierto que hay una parte de consumismo, pero también existe una fuerte lógica de solidaridad. Hoy se pagan las consecuencias: lo que empezó con Dios se convirtió en un enorme movimiento moralista, anti PT, anti intervención del Estado.


Los evangelistas están en una lógica de consumo capitalista. No obstante, es preciso resaltar que ese era el discurso de todo el país. Incluso en los años de Lula se decía “ahora todos los brasileños pueden ser ciudadanos porque tienen acceso a una tarjeta de crédito” (Guido Mantega, ex ministro de Hacienda). Para mucha gente, los años de Lula le dieron más legitimidad a la teología de la prosperidad. Ese discurso se apoderó de todo el país. El evangelismo también es una forma de ascenso en la escala social. Ni el trabajo, ni la política ni el sindicalismo lo permiten.


–Los evangelistas hicieron un trabajo de penetración sector por sector: sedujeron a los deportistas, a los actores, a los surfistas, a la policía, al crimen organizado, etc, etc. Sectorizaron su expansión.


–De hecho no hay una Iglesia evangélica sino muchas. Su único punto en común es la fuerte personalidad de los pastores. Los evangelistas tienen una visión de marketing sobre la sociedad. Hacen una Iglesia que interesa a la gente que juega al futbol, otra Iglesia para los gays porque están excluidos, otra Iglesia más rigurosa y una más permisiva. Esto termina teniendo una fuerza increíble porque siempre acabas encontrando una Iglesia a tu gusto. Están igualmente en todas las esferas de poder: en el aparato judicial, en la política (tienen 90 diputados), en la policía. Si van a la página de la policía militar verán que una parte de las ayudas sociales están organizadas por los evangelistas. Hasta son mayoritarios en las cárceles. En Río de Janeiro, de las 100 representaciones religiosas que están presentes en las cárceles 92 son evangélicas. El Estado lo permite porque ha perdido si capacidad de intervención..


–Con Bolsonaro y sus respaldos evangélicos estamos ante una doble derrota: la del PT y la del Papa Francisco.


–Creo que cuando vino a Brasil el papa Francisco se dio cuenta de que era demasiado tarde. Las imágenes del viaje del Papa con millones y millones de personas correspondían a barrios católicos. Cuando les preguntaba a los evangelistas qué pensaban de Francisco, muchos de ellos no sabían quién era el Papa. Y estamos hablando del primer país católico del mundo. Además, para no perder terreno, una parte de la Iglesia Católica termina en muchos casos imitando a la Iglesia Evangélica. El Papa tuvo que aceptarlo. La única manera de cambiar la situación actual es con un trabajo de terreno. Pero la gente que está en Brasil fue nombrada por los dos papas anteriores (Benedicto XVI y Juan Pablo Segundo) y hoy no repercute lo que ordena Francisco. Derrota también del PT, claro. Como la izquierda brasileña abandonó a las poblaciones pobres esta población se fue cada vez más a la derecha. Encima la campaña se articuló en torno a WhatsApp, detalle que el PT tampoco entendió.


–En suma, Bolsonaro no estaría donde está sin los aportes de los evangelistas. Estos derrotaron al PT en los templos antes de las elecciones.


–El entendió muy bien cómo hablar con ellos. No es evangélico (su mujer sí) pero aceptó toda una parte del circo evangélico: pidió a un Pastor que lo bautizara y acude con frecuencia a los actos evangélicos. En este momento de crisis y de miedo él viene con este discurso de orden, de matar a los bandidos. A esto se le agrega el trabajo de demonización del PT que emprendieron los pastores. En los templos se dice que la crisis y la recesión son culpa de satanás, y ese satanás es el PT. Presentan al PT como si fuera un partido radical cuando en realidad es de centro- izquierda. Distribuyen una retórica que nada tiene que ver con la realidad y la gente cree. Además, los evangelistas trabajaron el tema de los medios. La segunda televisión del país es propiedad de Edir Macedo, el Obispo de La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). Macedo puso todo su aparato mediático al servicio de Bolsonaro. El poder de Bolsonaro va a depender mucho del poder de los pastores evangelistas. El PT intenta a la apurada acercarse a ese electorado, pero es tarde. Lo que habría que hacer es deconstruir la imagen de los pastores y demostrar que son bandidos, que son las principales fortunas del país. Pero esto no se lleva a cabo en un par de semanas.

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Rafael Correa mide su poder con las Fuerzas Armadas

La justicia ratifica al presidente de Ecuador como comandante en jefe


Nuevo paso en la guerra abierta entre Rafael Correa y el Ejército. El presidente ecuatoriano consiguió el miércoles una acción de amparo para que se le ratificara en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, una de las funciones que le confiere la Constitución del país latinoamericano. El antecedente es el fallo de un consejo de disciplina al interior de la Armada que no le reconocía su autoridad militar y no sancionó a un oficial de rango medio que, según el mandatario, se saltó la cadena de mando y respondió a un correo electrónico de Correa de forma desafiante.


El email del presidente fue enviado el pasado 13 de mayo a unos 40.000 militares con la intención de explicar el débito que hizo el Gobierno de 41 millones de dólares que el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas cobró en exceso al Ministerio del Ambiente por la venta de un terreno en Samanes (Guayaquil) en 2010. La comunicación del presidente ecuatoriano llegó cuando habían transcurrido tres meses desde de que el primer mandatario había destituido anticipadamente a la cúpula militar que se negó a devolver ese dinero.


El capitán de corbeta Edwin Ortega, ahora en el centro de la polémica, respondió al presidente con una carta de un folio y medio en la que enumeraba los puntos de roce entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas: el traspaso de colegios y hospitales militares al Estado, la eliminación de edecanes y agregadurías militares en el extranjero, el fortalecimiento de la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain) en perjuicio de la dirección de inteligencia de las fuerzas armadas, el uso de sabatinas para desprestigiar a los militares, y la destitución del Alto Mando

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En el párrafo final, Ortega escribe: “Le ruego, pare de desinstitucionalizarnos, pare de agredir a nuestros comandantes, respete nuestras tradiciones. Y, por favor, pare de mentirnos, que el país necesita la verdad y que se sancione tanta impunidad y corrupción...”. Esto es lo que más ha molestado al presidente y por lo que pidió la sanción que corresponda.
Consejos de disciplina


Otros ocho uniformados han sido procesados igual que Ortega —siete por contestar al correo electrónico del presidente y la teniente Karla Pozo, que compartió en la red social Facebook supuestos mensajes contra el Gobierno—, pero hasta hoy los consejos de disciplina han archivado los casos. Sin embargo, nada garantiza que no se instalen nuevos consejos de disciplina, como se hará con el capitán Ortega tras la acción de protección concedida al presidente.


El abogado del militar, Juan Vizueta, ya había anticipado que “jugaban en cancha inclinada, con árbitro arreglado” y tras la audiencia expresó su decepción. “Me siento frustrado de ver cómo se atropellan las leyes y bastante decepcionado del estado en que vive el Ecuador frente a un gobierno que secuestró la justicia para ponerla a su servicio y convertirla en un instrumento para perseguir a los que no piensan igual”, afirmó.


Juristas como Farith Simon y Santiago Guarderas, ambos vinculados a la academia, coinciden en que la acción de protección que pidió el presidente Correa es un derecho de los ciudadanos para defenderse contra el poder público y que no aplicaba en un caso en el que se ha enfrentado el Estado contra el Estado. La audiencia por la acción de protección fue breve: en menos de cinco minutos la jueza dio la razón al mandatario y refrendó la Carta Magna.

 

Quito 1 SEP 2016 - 16:23 COT

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Lunes, 22 Agosto 2016 06:45

El medallero del coronel

El medallero del coronel

La sobrerrepresentación de atletas vinculados a las fuerzas armadas en el medallero olímpico de Brasil encarna una de las tendencias de fondo de las sociedades actuales. Que algunos militares hagan la venia en el podio es harina de otro costal: una muestra del creciente conservadurismo de una sociedad en crisis.

 

Las cuatro primeras medallas que conquistó Brasil en los Juegos Olímpicos tienen algo en común que al principio no fue destacado por los medios: los cuatro atletas son sargentos que revisten en las fuerzas armadas. La judoca Rafaela Silva se llevó la medalla de oro y los medios destacaron que vivía en la favela Ciudad de Dios y que había sido víctima de racismo al ser eliminada en Londres 2012. El sargento Rafael Silva ganó la plata y la sargento Mayra Aguiar el bronce, también en judo. El sargento Felipe Wu se llevó la plata en tiro deportivo. De las primeras diez medallas, ocho las ganaron atletas vinculados a las fuerzas armadas.


Recién cuando el gimnasta Arthur Nory, la sexta medalla para Brasil, hizo el saludo militar sobre el podio, la polémica se disparó en los medios, que hasta ese momento no habían reflejado el fuerte papel en el medallero de los atletas formados en cuarteles. En realidad la polémica se remonta a los Panamericanos de Toronto, en 2015, ya que algunos atletas dijeron que los militares les sugirieron hacer la venia. Rafaela Silva dijo que evitó hacer el saludo militar, a diferencia de lo que hizo el año pasado, por temor a perder su medalla.


“Soy miembro de la Fuerza Aérea brasileña y es un momento de felicidad, de alegría para todo el país”, se excusó Arthur Zanetti, bronce en gimnasia, al ser abordado por los medios (O Globo, lunes 15). Marcos Goto, su entrenador, se sintió molesto y no ahorró críticas a los militares. “Me gustaría que los militares hicieran un trabajo de base, me sacaría el sombrero. Pero apoyar a un atleta de alto nivel es muy fácil. Quiero ver el apoyo a los niños hasta que lleguen al podio. Contratar un atleta que ya está formado es muy fácil”, dijo a los medios.


Muchos piensan, por el contrario, que la mayoría de estos competidores no hubieran conseguido subir al podio de no haberse incorporado al Programa Atletas de Alto Rendimiento (Paar) de las fuerzas armadas. Al hacerlo consiguieron los mismos beneficios que los militares de carrera: salario, plan de salud, vacaciones pagas y acceso a instalaciones deportivas de alto nivel donde son entrenados por especialistas. Pero otros, como Goto, creen que hay algo de oportunismo en los militares, que quizá utilicen el éxito de los deportistas como forma de mejorar su imagen ante la sociedad, ya que por ejemplo Zanetti se incorporó a la Fuerza Aérea apenas dos meses antes de los Juegos. En todo caso, el programa Paar fue una iniciativa del gobierno de Lula.


Creado en 2008, este programa supuso una inversión de unos 6,2 millones de dólares por año, divididos entre dos ministerios (Defensa y Deportes). Rápidamente se convirtió en un éxito, ya que Brasil obtuvo el primer puesto en los Juegos Mundiales Militares de 2011, también en Rio, con 114 medallas, seguido de China, Italia, Polonia y Francia. En Londres 2012 los atletas militares consiguieron cinco de las 17 medallas de Brasil, pero aspiran a encabezar el medallero brasileño en los Juegos actuales.


En total, integran las fuerzas armadas 145 de los 465 atletas que componen el equipo olímpico nacional, más del 30 por ciento. Se trata de soldados, sargentos y coroneles de la Armada, el Ejército y la Aeronáutica que participan en casi todas las modalidades olímpicas, desde taek-wondo y tiro hasta ciclismo y nado sincronizado. Toda la delegación de judo y la mitad de los nadadores son militares, que casi triplican los 51 efectivos que participaron en Londres 2012.


Pese a tener menos de 11 años, el Paar cuenta con 670 atletas, de los cuales 76 son militares de carrera y 594 son temporarios, como la mayoría de los medallistas. El salario que cobran puede alcanzar los 3.200 reales (mil dólares).


JUEGOS MILITARES.


Pese a todo, Brasil quedó lejos de los diez primeros puestos en Rio 2016. Un desempeño que contrasta con el importante desarrollo que ha tenido el deporte en algunos países de los llamados emergentes, con destaque de Rusia, China, Corea del Sur y Japón, y con Cuba como la excepción latinoamericana. En Estados Unidos, la principal potencia deportiva desde la caída de la Unión Soviética, son las universidades (estrechamente ligadas a la financiación empresarial) las encargadas de formar a los atletas, aunque este modelo no es el que ha seguido buena parte de los países europeos.


En todo caso, el apoyo estatal parece necesario para superar una situación de desventaja. Desde la década de 1950 los dos primeros lugares del medallero pertenecieron, con raras excepciones, a soviéticos y estadounidenses. Entre los diez primeros se colocaban los países de Europa occidental, con destaque de las dos Alemanias, y poco a poco empezaron a terciar europeos orientales y asiáticos. Los Juegos Olímpicos fueron un retrato vivo de la Guerra Fría.


China comenzó a participar recién en Los Ángeles 1984, porque no era reconocida por el Comité Olímpico Internacional, y a partir de ese momento sacudió el medallero con un imparable ascenso que coronó alcanzando el primer lugar en Beijing 2008. Esta notable performance no hubiera sido posible sin el concurso del Ejército Popular de Liberación (nombre oficial de las fuerzas armadas chinas). El papel de las fuerzas armadas en la formación de atletas es notable también en Rusia, las dos Coreas, Ucrania, Polonia y entre algunos países europeos, como Italia y Alemania.


La breve historia de los Juegos Mundiales Militares revela esta situación. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se creó el Consejo Internacional de Deporte Militar (Cism, por sus siglas en francés), con sede en Bruselas. En paralelo, los países del Pacto de Varsovia crearon otro consejo de deporte militar que se disolvió al finalizar la Guerra Fría, concentrándose todos los países en el Cism, que pasó a ser reconocido por el Comité Olímpico Internacional.


En 1995 se organizaron los Primeros Juegos Mundiales Militares en Roma. El medallero lo suelen encabezar Rusia y China, seguidos de cerca por Italia, Croacia, Corea del Sur, Ucrania y Alemania. Desde los Juegos de Rio en 2011, los primeros en que participó desde la creación del Paar, Brasil ocupó el primer lugar en esa edición y el segundo en la siguiente, realizada en 2015 en Corea del Sur.


En los Juegos Militares participan casi 9 mil atletas (frente a poco más de 10 mil en los Olímpicos), participan más de 100 países y se compite en las mismas especialidades olímpicas, aunque hay categorías típicamente castrenses (penta-tlón naval, aeronáutico, militar y paracaidismo). La principal diferencia de esos Juegos es la escasa participación de atletas estadounidenses (país que ocupa el lugar doceavo en el medallero de los cinco juegos realizados), británicos, australianos y de algunos países de Europa occidental.


Brasil comenzó a jugar un papel de primer nivel en estos Juegos desde que sus fuerzas armadas comenzaron a contratar atletas. “En 2011, en la edición de Rio, el país fue líder en dos métricas: el número de oros y el total de medallas. En 2015, en la ciudad surcoreana de Mungyeong, salió segundo por la cantidad de oros. Un año antes de empezar el programa la delegación brasileña no había obtenido ninguna medalla dorada en Hyderabad, India, en 2007” (Folha de São Paulo, 22-II-16).


Los demás países latinoamericanos tienen un desempeño tan pobre en los Juegos Militares como en los Olímpicos, con la excepción de Chile, que llegó a ostentar el puesto 14 en 2011 por las medallas obtenidas. En general se colocan bastante por debajo de los países africanos y árabes.


UN LEGADO IMPRESENTABLE.


Según las encuestas del Instituto Datafolha, 63 por ciento de los brasileños considera que el evento olímpico traerá más perjuicios que beneficios al país, y la mitad desaprueba la realización de los Juegos, porque quedarán en evidencia los problemas de transporte y seguridad de la ciudad (El País, 19-VII-16). Sin embargo, en junio de 2013 el 64 por ciento apoyaba los juegos y sólo uno de cada cuatro los rechazaba.


Era, por cierto, otro Brasil, donde la población todavía creía en las promesas de las autoridades. Uno de los principales escenarios deportivos es la Bahía de Guanabara, donde se realizan las competiciones de remo y vela, que presenta elevados niveles de contaminación ya que recibe toda la descarga fecal de la ciudad. El gobierno incumplió su promesa de descontaminar el 80 por ciento de sus aguas, mientras las lagunas que bordean el Parque Olímpico presentan también altos niveles de polución.


El famoso y proclamado “legado” de los Juegos a la ciudad no es visualizado por sus habitantes. Al parecer no es una excepción, ya que ciudades que han albergado competencias olímpicas han sufrido similares niveles de decepción. “El apoyo de la población a los megaeventos deportivos está en caída libre” en todas partes, como en la ciudad alemana de Hamburgo, donde el ayuntamiento “decidió retirar su candidatura para los Juegos de 2024 tras un referéndum que reveló que 51,6 por ciento de la población se oponía al evento” (El País, 19-VII-16). Algo similar sucedió en Boston.


Todo indica que el principal legado será una doble militarización. Por un lado, la masiva presencia de policías y militares en las calles. Por otro, el protagonismo de las fuerzas armadas en el medallero olímpico.


El presidente interino Michel Temer libró un decreto, el 8 de agosto, ampliando el área de actuación de las fuerzas armadas en Rio durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos que miembros de la Suprema Corte piden se extienda hasta las elecciones de octubre. Los uniformados vigilan no sólo aeropuertos, vías de transporte e instalaciones deportivas, sino barrios enteros, como Copacabana y la ciudad de Manaos.


Pero la intervención de los militares trasciende con mucho los espacios deportivos. Durante los Juegos, 1.200 soldados fueron llevados a Natal (Río Grande del Norte) para enfrentar al narcotráfico, otros para garantizar la distribución de agua en Acre, y hasta en casos de vacunaciones y atención social. Un general confesó al diario Estado de São Paulo (7-VIII-16): “El ejército debe ser el último recurso, pero no es bueno que el último recurso sea usado a toda hora”. Aunque Brasil tuvo tiempo de sobra para planificar la seguridad de los Juegos, hay problemas estructurales que no se pueden maquillar con la presencia militar masiva. Un soldado fue muerto en La Maré, un complejo de 16 favelas junto a la vía que conduce del aeropuerto a la Villa Olímpica, cuando tropas ingresaron en el lugar el miércoles 10, en los primeros días de la competencia.

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Jueves, 11 Agosto 2016 09:16

La tensión de los tiempos

La tensión de los tiempos

Existe una tensión de múltiples niveles, calibres y envergaduras entre estos tiempos. Se trata de la tensión entre el tiempo del acontecimiento, y el tiempo de la verdad decantada. Y no son, en realidad, sino dos facetas de un solo y mismo problema.

Es evidente que los acontecimientos se juzgan mejor —más apropiadamente— en el largo plazo. Acaso porque se han decantado las pasiones y la distancia ha contribuido a crear una mejor objetividad. Entonces cabe crear y recrear los hechos transcurridos de más de una manera.


Ya en la historiografía y en la teoría y la filosofía de la historia el problema de la datación es central, aunque la verdad es que cada vez lo es menos. Así, por ejemplo, un acontecimiento se juzga que es histórico cuando han pasado tres generaciones. Mientras tanto pertenecería al ámbito del presente, donde prácticamente todo cabe.


Sin embargo, es igualmente cierto que abandonar el presente a los juicios del futuro —el de largo plazo, la longue durée— es irresponsable y peligroso. Al fin y al cabo la existencia se dirime en el presente. Es en el presente cuando amamos o nos enfermamos, cuando vencemos o perdemos a alguien, en fin, cuando sabemos algo o somos objeto del cansancio, por ejemplo. Dicho de forma franca y directa, el presente es el origen del futuro y, por tanto, no podemos tomarlo a la ligera, en absoluto. Nos jugamos la vida y el destino entero en cada momento.


Existe una tensión de múltiples niveles, calibres y envergaduras entre estos tiempos. Se trata de la tensión entre el tiempo del acontecimiento, y el tiempo de la verdad decantada. Y no son, en realidad, sino dos facetas de un solo y mismo problema.
El juicio sobre el presente debe ser agudo, incisivo incluso, pero también prudente y pausado. Una verdadera contradicción. A su vez, la acción en el presente debe ser vigilante y sesuda, espontánea y eficiente, pues de lo contrario, un mal paso puede cerrar alguna puerta, o pueden producirse, literalmente, bifurcaciones no deseadas.


Marx, cuando estaba entre esto del “joven Marx” y “el viejo Marx”, sostenía con lucidez: “Los seres humanos hacen la historia, pero no siempre la hacen como quisieran”. En la confección de la historia, como de la vida, el azar y la contingencia, las oportunidades y las desviaciones juegan papeles reales. Nadie es enteramente dueño de su propio destino, con todo y que es un ideal noble hacer el llamado para que cada quien asuma el destino en sus propias manos.


Somos la confluencia y el resultado de factores biográficos —como los sueños y los deseos, las ganas y el trabajo, la disciplina y nuestras pequeñas acciones del día a día—, de factores familiares —la fortuna o las debilidades, la fortaleza y el abandono, los afectos siempre que tenemos—, y también de factores sociales e históricos. Son particularmente éstos los que no terminamos de manejar enteramente. Factores tales como guerras y situaciones macroeconómicas, pasiones ajenas, avatares militares, circunstancias geológicas, y muchos otros que son, por definición, altamente imprevisibles.


El balance entre estos tres tipos de factores determinan aspectos sensibles tales como la innovación y la creatividad, la novedad y el genio, entre otros. Con todo y el reconocimiento permanente de que en la mayoría de los casos, las posibilidades de que una acción o una decisión no se hubiera llevado a cabo eran y son siempre altísimas.


Sin embargo, es igualmente verdadero que estos tres factores conjugados crean en numerosas ocasiones las tragedias y los dramas, y que hay quienes no pueden liberarse para nada de esta confluencia, y acatan, entonces, designios que no les son propios, aunque crean que son agentes verdaderos.


La historia y la literatura, la política y la filosofía, la sociología y la historia de la ciencia, por ejemplo, aportan casos que ilustran de manera profusa lo anterior.


Ahora bien, la evaluación del presente, esa que se hace con el tiempo, no es la obra de una sola ciencia o disciplina, de una única perspectiva o interés. Manifiestamente que los datos desempeñan un papel crucial, pero la imaginación no es menor en manera alguna. Los juicios sobre el pasado y el presente–sido se nutren de conceptos, juicios y categorías, pero también de metáforas, símiles e hipérboles que expresan en realidad la experiencia misma del tiempo.


Muchas veces se ha dicho que, particularmente en América Latina, la historia se escribe primero como relato, y después como concepto. Ello expresa, precisamente, la tensión entre el juicio sensato y la creatividad avivada por la tropología.


No hay nada que hacerle: la historia la contamos y la vivimos en conceptos y categorías, pero también en la forma misma de la tropología, y ninguna es más esencial que la otra. Es como decir que pensamos los acontecimientos y los vivimos en la forma de sustantivos, pero también de muchos adjetivos y adverbios.


Frente a la idea arriba de Marx, hay que decir que los seres humanos hacen la historia tanto como les es posible, y no siempre de forma necesaria. Pero a su vez, los seres humanos narran la historia como pueden.


Al fin y al cabo, narrar la historia no es única y principalmente contar verdades; claro que sí. Sobre todo y principalmente se trata de crear y re–crear una y mil veces escenarios de sentido, sueños truncos y actos cumplidos, posibilidades soñadas y horizontes que no se pudieron recorrer pero que no por ello dejaron de existir en algún momento.


No somos, según parece, más que los tejidos y los flujos de procesos que ocasionalmente se sedimentaron, pero que persisten particularmente en el acto mismo de narrar la historia: la que sucedió efectivamente, y la que creemos que tuvo lugar de alguna forma. La tensión entre ambas verdades no es distinta a la tensión misma de los tiempos.

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Complejidad de las ciencias sociales.  Y de otras ciencias y disciplinas

 

Edición 2016. Formato: 17x 24 cm. 308 páginas.

P.V.P: $ 35.000  USD: 8  ISBN: 978-958-8926-26-1

 

 

Reseña:

Cada época desarrolla la ciencia que necesita y la ciencia que puede. Asistimos a una época de una impresionante complejidad de la sociedad, el mundo y la naturaleza. Nuevas ciencias, nuevos enfoques, nuevas metodologías y nuevos lenguajes emergen y se dan a la tarea al mismo tiempo de comprender las cosas, y de hacerlas posibles en entornos recientemente inestables y turbulentos. Este libro estudia el proceso mismo de complejización de las ciencias sociales –ese conjunto de ciencias nacidas entre el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX–, pero con ella, entonces también la complejización del conjunto restante de ciencias y disciplinas.

 

 Carlos Eduardo Maldonado.

 

Carlos Eduardo Maldonado. Profesor titular de la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia. Autor de numerosos libros, artículos y ensayos sobre ciencia, política y cultura. Ph.D. en Filosofía por la Universidad Católica de Leuven (KU Leuven, Bélgica). Postdoctorados en Universidad de Cambridge, Universidad Católica de América (Washington, D. C.), Universidad de Pittsburgh. Mas del autor: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @philocomplex www.carlosmaldonado.org

 

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El costo de la guerra, el precio de la paz

¿Qué precio pagaría usted por no matar a otro ser humano? ¿Ante qué circunstancia cometería los delitos de deserción y "mala conducta ante el enemigo", de los que fue acusado el miércoles el Sargento Bowe Bergdahl?

Bowe Bergdahl era soldado raso cuando abandonó su puesto en Afganistán, en circunstancias que aún no se han dado a conocer públicamente, y fue capturado por el Talibán. Bergdahl estuvo secuestrado durante cinco años hasta que fue liberado como parte de un controvertido intercambio de prisioneros negociado por el Gobierno de Obama. Cinco miembros del Talibán que estuvieron detenidos en Guantánamo durante años fueron liberados de la prisión estadounidense para proseguir su detención bajo arresto domiciliario en Qatar a cambio de la liberación de Bergdahl, que ahora afronta un consejo de guerra y podría ser condenado a cadena perpetua. Mientras los artífices de las desastrosas guerras de Irak y Afganistán siguen sin ser enjuiciados, un nuevo informe afirma que alrededor de 1,3 millones de personas murieron en Irak, Afganistán y Pakistán en los primeros diez años de la llamada guerra contra el terrorismo.

El informe, titulado "Body Count" (Conteo de bajas), fue realizado por la organización ganadora del premio Nobel de la Paz Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear y publicado en Estados Unidos por la organización Physicians for Social Responsibility (Médicos por la responsabilidad social). "Minimizar la responsabilidad de las fuerzas aliadas en la masacre y la destrucción generalizada de la región era un objetivo de gran importancia en términos políticos", escribió el médico de San Francisco Robert M. Gould en el prólogo del informe. Gould me dijo: "La publicación de este informe en América del Norte nos brinda una explicación mucho más exhaustiva de lo que ha sido el costo humano de esta guerra. Aún podemos ver los impactos de la desestabilización que nosotros, que nuestro gobierno y sus aliados, causaron en Irak y otros países. Creo que de modo similar a nuestra experiencia colectiva con respecto a la información sobre la Guerra de Vietnam ha habido en este caso una verdadera desconexión con respecto al impacto que esta guerra ha tenido en las personas del lugar.

Sin duda se ha informado de los muertos y los heridos de nuestro lado, del número de soldados estadounidenses y de fuerzas de la OTAN que han muerto en los diversos conflictos. Pero estas otras muertes, esta destrucción, por una serie de motivos, se ocultan a la población de Estados Unidos, de modo que no vemos el verdadero costo de la guerra. Además, no vemos la conexión entre estas políticas y el grado de muerte y destrucción que provocan la desestabilización de estas regiones y la matanza sistemática que se realiza a través de la guerra con aviones no tripulados, etc. Estamos aislados de estos efectos y no entendemos la ira de la gente que ha sufrido la guerra en Irak durante doce años, o incluso por más tiempo en Afganistán. No sabemos cuáles son los efectos".

La publicación del informe coincidió con la visita del nuevo presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, a la Casa Blanca para reunirse con el Presidente Barack Obama. Obama anunció que postergará la retirada de los soldados estadounidenses de Afganistán y que dejará a 9.800 soldados en el país al menos hasta finales de 2015. "La fecha de nuestra retirada completa no se modificará, pero en mi opinión —y en la opinión del general [John F.] Campbell y de otras personas que están en el lugar— vale la pena proporcionar este plazo adicional para contribuir al triunfo de las fuerzas de seguridad de Afganistán". La guerra más larga de la historia de Estados Unidos continúa y no parece vislumbrarse su fin. Durante su estadía en Washington, Ghani también visitó el Pentágono y el Cementerio Nacional de Arlington, donde colocó flores en honor a los soldados estadounidenses caídos.

"Body Count" proporciona una sorprendente actualización del cálculo de muertes generalmente aceptado de la guerra contra el terrorismo en Irak, Afganistán y Pakistán. "La cifra es aproximadamente diez veces más elevada que la cifra manejada por la población, los expertos y los actores políticos. Y se trata apenas de un cálculo conservador", afirma el informe. Y añade que "el número total de muertes en los tres países podría exceder los dos millones, mientras que una cifra inferior a un millón es muy improbable". El ex secretario general adjunto de las Naciones Unidas Hans von Sponeck escribe en el prólogo que el informe "debe ser considerado un aporte fundamental para acortar la brecha entre los cálculos confiables del número de víctimas de la guerra, especialmente de víctimas civiles en Irak, Afganistán y Pakistán, y la información tendenciosa, manipulada o incluso fraudulenta que en el pasado ha nublado nuestra visión sobre la magnitud de las muertes y el despojo causados en los tres países", escribió. Desde su hogar en Friburgo, Alemania von Sponeck me dijo: "Creo que la importancia de todo esto es que utilicemos los datos como base para impulsar el debate postergado durante mucho tiempo en Washington, en Londres y, sin duda, en las Naciones Unidas en Nueva York sobre por qué sucedió todo esto y cómo podemos tratar de evitarlo". Hans Von Sponeck, que en 1957 fue uno de los primeros objetores de consciencia de Alemania Occidental, se desempeñaba como Coordinador de las operaciones humanitarias de las Naciones Unidas en Irak en el momento en que las fuertes sanciones impuestas por Estados Unidos estaban provocando la muerte de miles de personas en el país y, en oposición a esas medidas, decidió renunciar.

No hemos escuchado la explicación del prisionero de guerra Bowe Bergdahl sobre cómo y por qué abandonó su puesto aquella noche de junio de 2009. Si se lo somete a la misma "justicia" militar que a Chelsea Manning, probablemente se nos niegue la posibilidad de escuchar la declaración de Bergdahl durante el juicio. En el consejo de guerra de Manning, su testimonio pudo escucharse únicamente a través de una grabación filtrada, realizada en forma clandestina. El fallecido periodista de la revista Rolling Stone Michael Hastings publicó varios artículos acerca del caso de Bergdahl, en los que citó correos electrónicos enviados por el soldado a sus padres antes de haber sido capturado, en los que criticaba fuertemente la ocupación de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Bowe había escrito: "Me entristece todo lo que sucede aquí".

El Presidente afgano, Ashraf Ghani, honró a los miles de soldados estadounidenses que están enterrados en el Cementerio Nacional de Arlington. ¿Inspirará su gesto al Presidente Obama o a su sucesor a visitar los muchos cementerios colmados de muertos de las guerras de Irak, Afganistán y Pakistán?

 

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Lunes, 27 Octubre 2014 07:39

"Las reglas se pueden consensuar"

"Las reglas se pueden consensuar"

"En nuestro país, la dictadura colaboró mucho en que se descreyera en la autoridad" y ese fenómeno "erosionó también el lugar de autoridad de los docentes en la sociedad", advierte Mara Brawer. Acaba de publicar, junto con la psicóloga y docente Marina Lerner, el libro Violencia. Cómo construir autoridad para una escuela inclusiva, donde buscan orientar a docentes –pero también a padres, madres y jóvenes– a la hora de intervenir en situaciones escolares conflictivas. El libro no da recetas, "porque las recetas no funcionan", dice Brawer, docente, psicóloga, especialista en mediación y resolución de conflictos, ex funcionaria del área de Educación y diputada del Frente para la Victoria. A partir de experiencias escolares reales, las autoras analizan cómo se construye hoy la autoridad en las aulas, cuáles son los límites educativos que favorecen la inclusión y cuál es el rol de los distintos actores de la comunidad educativa. Sobre esos ejes se explaya Brawer en esta entrevista de Página/12.

 

–Antaño, la voz de los docentes tenía un peso social que pareciera ya no tiene. ¿Han perdido autoridad en las aulas y frente a la sociedad?


–Muchas familias se siguen acercando a las escuelas de sus hijos a preguntarles a las maestras cómo pueden resolver temas de crianza, muchos padres siguen respetando a la escuela como una institución a la que le confían a sus hijos varias horas al día. Pero esto no contradice la idea de que la escuela hace cincuenta años, y también menos, era garantía de una mejor inscripción cultural. Esto generaba, como dice Tenti Fanfani, "un efecto institución" sobre el rol docente. El alumno que atravesaba su escolaridad sabía que más allá de cómo ese docente cumpliera su rol, era garante de alguna manera de un lugar con mayor valor social para él. Esto legitimaba el fenómeno de autoridad en el vínculo docente-alumno. Hoy, en cambio, los jóvenes preguntan por el valor de lo que les enseñamos en las escuelas. La pregunta señala una cuestión de época: la autoridad dada, esa de la que por ser docente ya se era beneficiario, no ocurre más. Pero no les ocurre a los docentes, no les ocurre a los padres, no les ocurre a los médicos, no le ocurre al psicólogo... Hoy, para creer en el saber del médico, el médico tiene que dar cuenta de su conocimiento, si no, uno duda de alguna manera. Podemos decir que hoy la autoridad se constituye "en acto". Esta es nuestra época y desde acá trabajamos. Si la autoridad no está dada de antemano, hay que pensar en construirla; y el "cómo lo hacemos" intenta ser el desarrollo de nuestro libro.


–¿Hay otros factores que erosionaron el lugar de autoridad del docente?


–En nuestro país, la dictadura colaboró mucho en que se descreyera la autoridad. Se logra ser autoridad cuando se es una persona confiable, una persona atravesada por la ley que se les exige a los demás. En contraposición, si el poder te permite matar, torturar, robar niños, esa autoridad cae. Queda sólo el miedo al que está en el lugar del poder. Otra variable que conmovió los vínculos intergeneracionales fue el concepto de sujeto de derecho y el manejo de la tecnología de los más chicos. Ambos conmueven la asociación tan estrecha que había entre adulto y saber. Por ejemplo, si ahora un chico tiene una duda, puede googlear y satisfacer su curiosidad. ¿Esto implica que no se necesitan adultos? No, claro que no. Hoy más que nunca los chicos necesitan de docentes y de padres que puedan ocupar el lugar de la autoridad.


–Hubo algún caso incluso de padres que han recurrido a la Justicia para evitar que su hijo repitiera, es decir, han recurrido a los tribunales para cuestionar una decisión educativa. Una iniciativa de ese tipo era impensada dos décadas atrás...


–Ese tipo de hechos tiene lugar justamente por todo lo dicho antes. En esos casos, el juez debería ser muy prudente, porque si bien hay docentes que pueden cometer abusos y hay que resguardar que esto no ocurra, cada padre puede tener su verdad y cada docente también. ¿Cómo se resuelve esto? La decisión de un docente debe estar enmarcada en los criterios del sistema educativo y de su propia escuela; si el juez desautoriza esos criterios institucionales sostenidos en el sistema educativo, le está haciendo un gran daño al niño porque el sentido que le transmite en su fallo es que la ley se discute y se negocia.


–Otras situaciones nuevas son los casos de madres que directamente golpean a docentes. ¿Cómo explica ese tipo de episodios?
–Cuando un padre o una madre le pega a un docente o lo amenaza, está rompiendo la trama que vincula a la familia con la escuela, y sin esa trama es muy difícil que un niño pueda sostener sus trayectorias escolares. Queremos aclarar que esos episodios dolorosos y totalmente condenables son muy pocos –obviamente que no debería haber ninguno–, pero por el accionar de los medios pareciera que eso pasa siempre en una escuela y no es así; en las escuelas pasan otras cosas. Que un padre le pegue a un docente es muy raro; pero como sale por la televisión pareciera que eso es habitual en las escuelas, cuando no lo es.


–¿Qué factores entran en juego para que un docente tenga autoridad en el aula?


–En el segundo capítulo del libro se aborda justamente ese tema: el fenómeno de la autoridad siempre implica motivos, causas, una razón de ser; siempre hay un porqué que explica por qué un alumno reconoce y legitima la autoridad de un docente. Esa causa permite entender por qué hay docentes a los que sus alumnos lo ubican en el lugar de la autoridad. Focalizar en esas causas nos puede ayudar a entender qué rasgos son los que valoran los niños y los jóvenes de sus docentes. En general suelen valorar la justicia, cuando los tratan bien, la coherencia del docente, su saber, sus ganas de explicar la materia. Rasgos que en definitiva siempre fueron valorados. Esto es lo que llamamos construcción artesanal de la autoridad. Ahora bien, esto es importante, pero no suficiente. Hay que ir más allá y pensar en las condiciones institucionales de una escuela; cómo lograr que esos rasgos valorados por los niños y jóvenes se hagan rasgos ya no de un docente sino de una institución; cómo lograr una escuela que transmita a sus alumnos un discurso coherente de parte de los adultos para que los chicos se puedan orientar y saber qué quiere la escuela de ellos. Esto en la escuela secundaria se ve claramente: cuando un alumno llega a su primer año, se puede encontrar con once discursos diferentes, más el del preceptor. Por ejemplo, con respecto al uso de la gorra o del celular, etcétera. El mensaje debe transmitir un discurso que sostenga la comunidad educativa toda. Cuando se logra esto, observamos que se genera el "efecto institución" del que habla Tenti Fanfani y favorece a que cada docente se pueda ubicar en su rol de manera más amable. Es un trabajo, pero trae buenos resultados. Los chicos entienden rápido cuando los docentes y las familias se ponen de acuerdo en cuestiones importantes que hacen a la manera en que se habita la escuela.


–Proponen en el libro pensar límites educativos que favorezcan la inclusión. ¿Cómo sería?


–El límite educativo no sólo implica un "no" sino también un "sí", es una instancia que permite ver un encuadre, una forma, un hábito, una manera. Implica un marco que encuadra a una escena, que se diferencia de la anterior; un límite siempre implica una diferencia; si ésta no se produce, no podemos hablar de límites en términos educativos. Por ejemplo, cuando toca el timbre del recreo en una escuela, esto no se convierte en límite de nada si el docente no les propone a los alumnos una tarea que diferencie el espacio de su materia con el recreo; si el docente no lo hace, el timbre deja de ser un límite y los chicos no lo respetan. El límite debe demostrar que hay un antes y un después, y su estructura es acotar e incluir (el no y el sí). Se termina el recreo y se comienza con la actividad de lengua, por ejemplo. La sanción es la versión punitiva de los límites. Pero es claro que las sanciones sólo pueden tener un efecto en el chico, cuando dialogan con los límites propuestos por los adultos, entendidos en términos de marcos de referencia. Si una escuela no construye hábitos que permitan a los chicos regular sus propios impulsos y ponerlos a trabajar en la tarea escolar, es muy difícil que una sanción tenga efectos positivos en el alumno. Hacemos la distinción con la expulsión, porque la expulsión prohíbe y no permite nada a cambio, sólo se deja por fuera de la escuela. El límite educativo, en cambio, permite hacer el proceso de acotar los impulsos y ponerlos a trabajar en la tarea escolar. La expulsión no educa. En nuestro país, el Estado garantiza la educación obligatoria hasta el fin de la escuela secundaria.


–¿Cómo evalúa los acuerdos de convivencia escolar? ¿Funcionan o es una política que podría haber afectado la autoridad docente al permitir la participación de alumnos en la toma de decisión frente a una situación de indisciplina escolar?


–No existe una cultura en el mundo o en la historia que no tenga una ley que posibilite y regule los vínculos. Nunca es de cualquier manera, la premisa hago "todo lo que quiero" no es compatible con una cultura, por lo tanto con una escuela tampoco. La diversidad implica una pluralidad de criterios, de sentidos, de valores. Cuando hablamos de respetar la diversidad, decimos que la diversidad requiere de un debate y de un consenso para construir lo común, eso que vamos a respetar todos. Justamente, los acuerdos de convivencia escolar representan la construcción de lo común en un ámbito donde se respeta la diversidad; éstos deberían ser el resultado de un debate y de un consenso de todos los sectores que hacen a la comunidad educativa. Se nota rápidamente una escuela que no hizo ese proceso, porque es muy difícil que se legitimen los acuerdos de convivencia y sean respetados. Cuando los docentes y los alumnos pasan por el proceso de construcción, el propio proceso de participación es educativo en sí mismo y enseña mucho de límites. El Acuerdo Escolar de Convivencia permite sostener criterios consensuados: ¿quién tiene razón, la profesora de historia que considera que no se pueden usar piercings o la de matemática que está convencida de que sí? La respuesta al tema debe ser obtenida por consenso. Ninguna escuela va a debatir si está bien o no llevar armas a la escuela, eso está claro. Las leyes no se discuten. Pero las reglas se pueden consensuar. Por ejemplo, el uso del celular, de cómo vestirse, de la gorra, son temas en los que se deben lograr acuerdos, de los que deben participar los alumnos y las familias también. Cuando una de estas reglas no se cumple en una escuela, hay que pensar si es representativa de la cultura institucional o si sólo se le ocurrió al director. Es muy difícil sostener una regla que no sea representativa de la comunidad en su mayoría. Es un esfuerzo titánico de parte de los docentes que intentan sostenerla, y generalmente no se logra. En la provincia de Salta estaba prohibido el coqueo, mascar coca, y la mayoría de sus habitantes transgredían la ley, no porque sean transgresores por naturaleza los salteños sino que esa ley –hoy derogada– no representaba al pueblo salteño. Los Acuerdos de Convivencia Escolar son necesarios para acordar criterios y encontrar una coherencia institucional, el valor de la diversidad requiere construir lo común en materia de cómo debemos habitar un espacio.


–En el libro recorren buenas experiencias que han observado. ¿Cuáles destacaría?


–Aproximadamente dos años atrás había una rectora en la EMEM 7 del Distrito Escolar 4 de la Ciudad de Buenos Aires que nos contó que en su escuela, del barrio de La Boca y turno vespertino, les costaba a los chicos cumplir con la prohibición del uso de la gorra. Esto había empezado a traer consecuencias entre los docentes, porque se culpaban unos contra otros la falta de respeto de los jóvenes sobre el tema. Había docentes que creían que estaba bien que los chicos usaran gorra y otros no; esto es un clásico en una escuela. Frente a ese problema, la rectora reconoció que esa regla no fue el resultado de un proceso de participación sino que, en algún momento, dos o tres docentes consideraron importante que los chicos no usaran gorra. La rectora decidió entonces convocar a una jornada para debatir su uso y el del celular.


–¿Qué pasó con la gorra?


–En el debate se desplegaron las diferencias, un grupo de docentes explicó que ellos querían verles la cara a los chicos y éstos tomaron lo dicho y les ofrecieron usar la visera para atrás. Así fue la regla: se puede usar gorra, pero siempre con la visera para atrás. Nos contaba la rectora un mes más tarde que los propios alumnos se regulaban entre sí, cuando veían a un compañero transgrediendo. Por más que parezca mínimo, esto es un logro muy grande.


–¿Qué puntos en común encontraron con otras experiencias positivas en distintas escuelas?


–Los Acuerdos de Convivencia Escolar deben ser el resultado de un proceso de participación; sólo de esta manera logran ser legitimados y así respetados; es muy difícil que un alumno se sienta parte de una escuela si no se lo invita a participar para pensar la vida cotidiana de la escuela.

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