Viernes, 07 Septiembre 2018 07:46

Crisis en Argentina

Crisis en Argentina

Las políticas económicas de la nueva administración de gobierno, entre las que destacan el endeudamiento externo público, la desregulación financiera, la apertura de las importaciones, la elevada tasa de interés, el incentivo a la especulación y valorización financiera y la permisividad frente a la fuga de capitales han determinado una necesidad de financiamiento de divisas, por encima de lo que aportan las exportaciones, por una magnitud del orden de los 40.000 millones de dólares anuales. Esta dependencia del financiamiento externo es la que ha colocado al país en un escenario al borde de la cesación de pagos, en la jerga económica, de default. Es este, y no otro, el núcleo del problema que está por detrás de las dos últimas corridas cambiarias que el país afrontó en los últimos cinco meses.

Es el temor de los acreedores frente a la posibilidad de que Argentina tenga que cumplir efectivamente los pagos de la enorme deuda pública que acumula el que dispara los comportamientos de salida de capitales que presionan al alza el tipo de cambio, en un contexto de elevada especulación sobre el valor del dólar. Ese fue el escenario de la primera corrida cambiaria de finales de abril y mediados de mayo, que en apenas 15 días hizo devaluar la moneda en un 50 por ciento. Es en el marco de esta primera corrida cuando el gobierno presenta un inesperado acuerdo con el Fmi. El acuerdo con el Fmi buscaba eliminar las incertidumbres de los acreedores respecto a la capacidad de pago de la deuda argentina, ya que se comprometía a otorgar un financiamiento del orden de los 50.000 millones de dólares por un período de tres años. Obviamente este acuerdo suponía también las vueltas de las condicionalidades del Fmi, ahora denominadas “metas”, que involucran al conjunto de la política económica, ya que van desde metas fiscales hasta monetarias, de reservas y de inflación. Metas que, en la práctica, se transforman en una política de ajuste de la economía, principalmente a través del ajuste del gasto primario, que, del 3,5 por ciento de déficit previsto para 2018, el acuerdo lo fija en 2,7 por ciento para el mismo año, una reducción del 1,3 por ciento en 2019 y un equilibrio para 2020. Metas que ocultan que su cumplimiento implica una reducción del 20 por ciento del gasto primario actual, que combinaría un ajuste del 80 por ciento de la obra pública, del 75 por ciento de las transferencias a las provincias, del 40 por ciento de los planes sociales (excepto las asignaciones familiares que se reducirían sólo un 5 por ciento) y de un 13 por ciento de los salarios de los estatales.


Las metas acordadas con el Fmi no son otra cosa que la reedición de una vieja receta fracasada en Argentina, que es la del déficit cero sobre la base de la reducción del gasto primario. Fracaso en un sentido, pero éxito en el otro. El fracaso estriba en que nunca se alcanza con esta lógica el ansiado déficit fiscal, puesto que la reducción del gasto primario supone una caída de la demanda interna. Entonces, la caída del gasto primario se traduce en caída de los ingresos, y el déficit primario se mantiene. A esta lógica hay que agregarle que los intereses de los pagos de deuda hacen incrementar el gasto total y le agrega una presión adicional a la reducción del gasto primario. De esta manera, se configura un proceso de ajuste perpetuo, que transforma el déficit en la excusa para reducir el gasto, sin que nunca se elimine el déficit. Fracaso, puesto que nunca se alcanza el déficit fiscal, pero éxito, porque el objetivo final buscado es la recesión del nivel de actividad, a la que se llega por efecto de la caída de la demanda interna, la que a su vez impacta en la reducción de las importaciones y permite achicar las necesidades de financiamiento. De este modo, la recesión es un objetivo buscado y no un accidente de esta política económica. El impacto en la caída del Pbi, del empleo, de los ingresos y el aumento de los fenómenos de la pobreza y la desigualdad son un efecto necesario, y no un defecto contingente, de esta estrategia de política económica.


LA FIESTA DE LOS EXPORTADORES.

Sin embargo, esta estrategia tiene un defecto a los ojos voraces del capital financiero: tarda mucho en concretarse. Es una espiral que se retroalimenta en sucesivas rondas de recortes del gasto y su impacto en el deterioro del nivel de actividad. La recesión llega, pero lentamente. Es en este marco de avidez por el ajuste en que emerge la segunda corrida cambiaria de principios de agosto, con la excusa de que la meta de inflación acordada con el Fmi (del 32 por ciento) no se iba a cumplir, puesto que el efecto obvio de la primera corrida cambiaria era, como todos esperaban, un aceleramiento de la tasa inflacionaria. Así, con los datos de que la inflación (del 35 por ciento anual), fruto de la primera corrida, superaba la meta con el Fmi (del 32 por ciento), se desató la segunda corrida cambiaria que en apenas una semana hizo devaluar un 30 por ciento adicional a la moneda doméstica. No alcanzó con que se anunciara un nuevo acuerdo con el Fmi en el que se comprometía a adelantar la totalidad del financiamiento previsto para 2018 y 2019, sino que hizo falta que la devaluación alcanzara el cien por ciento del valor que la moneda tenía a principios de abril para que, en momentos que esto se escribe, se presencie una cierta calma cambiaria. Una calma que supone haber perpetrado una brutal transferencia de ingresos en favor de las empresas exportadoras, principalmente a las 15 líderes exportadoras (casi todas cerealeras), que en cinco meses tuvieron un crecimiento de 550.000 millones de pesos en su facturación (el mismo monto que el gobierno se comprometió con el Fmi a reducir del gasto público). Se ve con claridad que la fiesta de los exportadores la paga la sociedad en su conjunto.
La calma cambiaria se verifica en el marco de las nuevas metas fiscales que el gobierno comprometió con el Fmi, que supone profundizar el ajuste en curso. Si para 2018 el acuerdo anterior suponía un déficit del 2,7 por ciento, ahora en el anunciado nuevo acuerdo la meta es del 2,6 por ciento; y para el 2019, en que se había previsto un déficit del 1,3, ahora se prevé llegar directamente al equilibrio en dicho año, con el agravante de una cuenta de intereses que crece exorbitantemente, y que alcanza nada menos que 600.000 millones de pesos. La novedad del acuerdo respecto al anterior es que en el primer acuerdo la meta se conseguía con un ajuste del gasto primario, y en la nueva meta se la consigue con un ajuste sobre los ingresos, los que vuelven a aportar recursos fiscales por vía de la restitución de las retenciones a la exportaciones. Se trata de una retención light, puesto que es de apenas dos puntos porcentuales para las empresas exportadoras de aceites de soja. Este dato nuevo pone en tela de juicio el fracaso de la estrategia anterior. Esta vez están dadas las condiciones del doble éxito de la política económica: por un lado, pueden conseguir el ansiado superávit primario, ya que este no se centra sólo en reducción de gasto primario, que sigue estando, sino que se compensa con el aporte de los recursos fiscales de las retenciones. El segundo éxito es que la brutal devaluación supone derrumbar la actividad económica rápidamente, en un verdadero shock recesivo, que logra en un corto plazo lo que la estrategia anterior requería un tiempo de maduración.


Los propios datos del gobierno indican que la tasa de inflación se disparó arriba del 40 por ciento y que la economía se va a contraer más del 2 por ciento. El pequeño problema es que este éxito de la estrategia económica supone colocar al borde del estallido social a los sectores más vulnerables de la sociedad. Aprendices de la crisis de 2001, el gobierno y el Fmi prevén aportar recursos focalizados para atender la situación de los sectores más vulnerables (pero de todos modos los aumentos previstos no alcanzan a reparar toda la pérdida sufrida). Aunque se evite el estallido social, en el medio queda enterrada la noción de desarrollo económico. Argentina va a quedar confinada a ser una plataforma exportadora de materias primas, destruyendo las capas medias, expandiendo su pobreza y la desigualdad en aras de mantener el altar de los pagos de deuda.


Es en este marco que quien escribe ha presentado una denuncia penal contra el presidente por el acuerdo con el Fmi, que no ha respetado los resguardos constitucionales, y se ha solicitado una suspensión de dicho acuerdo. Porque consideramos que lleva a Argentina al borde del colapso social. Se requiere una nueva concertación política con un conjunto amplio de actores que fije otro rumbo económico.


* Economista. Presidente de Unidad Popular (Argentina). Ex diputado.

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Sábado, 25 Agosto 2018 07:22

Erdogan frente al desplome de la lira

Erdogan frente al desplome de la lira

Después del fallido golpe en su contra, el presidente turco puso en marcha un boom de crédito, insistiendo en mantener las tasas de interés bajas, y bloqueó cualquier medida del Banco Central de Turquía para frenar la inflación desbocada. Las sanciones de Estados Unidos contra su país fueron el gatillo que disparó el derrumbe económico.

La lira turca está en una crisis total. Ha perdido 40 por ciento de su valor frente al dólar en los últimos seis meses y cayó casi 20 por ciento en la última semana. Ha llegado la hora del juicio final para la economía del país y la errática política económica de su autocrático líder (recientemente reelegido), Recep Tayyip Erdogan.


Lo que ha desencadenado la crisis ha sido el bloqueo de activos en Estados Unidos ordenado por Trump contra Abdulhamit Gul, ministro de Justicia, y Suleyman Soylu, ministro del Interior, por su presunta participación en la detención de Andrew Brunson, un pastor protestante estadounidense. El señor Brunson, que ha dirigido una pequeña iglesia en Turquía durante dos décadas antes de ser arrestado en octubre de 2016, está acusado de participar en una conspiración para derrocar a Erdogan. El pastor ha calificado los cargos como “calumnias”. Su detención es sólo uno de varios desacuerdos entre Turquía y Estados Unidos, que van desde sus posturas divergentes sobre Siria hasta la compra de armas en Estados Unidos.


El viernes 10, Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, anunció que su país duplicaría el arancel a las importaciones de acero turco hasta situarlo en 50 por ciento, porque el 25 por ciento anterior no había sido suficiente para reducir las exportaciones turcas a Estados Unidos. “Duplicar el arancel sobre el acero procedente de Turquía reducirá aun más estas importaciones que el Departamento (de Comercio) considera que amenazan la seguridad nacional”, dijo Ross.

INFLACIÓN Y PURGAS.

Ese fue el gatillo, pero no la pistola que ahora apunta a la cabeza de la economía turca. La pistola ha sido el rápido deterioro de la situación económica. Después del fallido golpe militar contra él, en 2016, Erdogan puso en marcha un boom de crédito para impulsar la economía, mientras detenía a miles de personas y despedía de sus trabajos en las universidades públicas y el gobierno a otras tantas. Insistió en mantener las tasas de interés bajas y bloqueó cualquier medida del Banco Central de Turquía para frenar la inflación desbocada, calificando los tipos de interés como “la madre y el padre de todos los males”.


La economía capitalista de Turquía no lo soportó, y fue justo en el momento en que se fortalecía el dólar estadounidense tras la subida de las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. El problema para Turquía, un país sin recursos energéticos y que cuenta sólo con su mano de obra barata y calificada, es que la gran mayoría de los fondos para su desarrollo industrial, la construcción y el sector inmobiliario viene del exterior: los inversores son estadounidenses y europeos. Así los ciudadanos y las empresas de Turquía se endeudan de forma importante en dólares y euros.


El aparentemente rápido crecimiento económico de los últimos dos años se ha producido sobre pies de barro (crédito y préstamos del exterior), mientras las importaciones inundaban la economía local, las exportaciones y la rentabilidad del capital se redujeron sustancialmente en Turquía. El aumento de las tasas de interés y del precio del dólar a nivel mundial acabó con la fiesta y ha enfrentado a Erdogan a las realidades del capitalismo global.


RIESGO DE “CONTAGIO”.


Los bancos y las empresas turcas están en graves problemas. Los pasivos en moneda extranjera de las empresas no financieras de Turquía ahora superan a sus activos en más de 200.000 millones de dólares.
Los bancos y las empresas del país tienen que hacer frente a deudas por miles de millones de dólares. Sólo los bancos deben pagar 51.000 millones de dólares el próximo año, mientras que las empresas no financieras tendrán que abonar 18.500 millones. Estos pagos vencen en un momento en que el endeudamiento de las empresas alcanza el 62 por ciento del Pbi, y la mitad de esas deudas es en moneda extranjera (dólares y euros, en su mayoría).


A los inversores extranjeros les preocupa la posibilidad de que Turquía no sea capaz de financiar esos pagos; y es que en relación con su deuda externa a corto plazo, las reservas de divisas de Turquía han caído a nuevos mínimos.


Así que el capital ha huido del país y la lira se ha desplomado.


La preocupación esencial para el capital global es que si las instituciones financieras y las empresas de Turquía dejan de pagar su servicio de deuda, los bancos europeos podrían sufrir pérdidas significativas en sus propios balances –lo que los mercados llaman “contagio”: la extensión de las pérdidas y las bancarrotas a nivel internacional–. Algunos de los bancos turcos son propiedad de extranjeros, y los mayores prestamistas de Turquía son el Bbva, de España; UniCredit, de Italia, y el francés Bnp Paribas.


Los bancos turcos tendrían un montón de reservas y los préstamos a Turquía son sólo una pequeña parte del total de los préstamos realizados por estos bancos extranjeros. Pero incluso las pérdidas “marginales” pueden a veces suponer un punto de inflexión cuando las ganancias son escasas. Y la morosidad de los bancos ya ha ido en aumento.


OPCIONES DE SALIDA.


¿Cómo puede zafar Erdogan de este desplome de la lira turca? La solución capitalista es aumentar los tipos de interés de forma astronómica para bloquear nuevos préstamos. El gobierno debería recortar drásticamente el gasto público e incrementar los impuestos (es decir, la austeridad fiscal), y utilizar el “ahorro” para rescatar a los bancos y cumplir con los pagos de la deuda externa. Turquía también debería recurrir al Fmi para un préstamo, al estilo griego. Según las reglas del Fmi, podría pedir hasta 28.000 millones de dólares para financiar futuros pagos de la deuda, pero quedaría sujeto a los dictados de las medidas de austeridad del fondo. Esta solución capitalista llevaría a la economía turca a una fuerte crisis que golpearía a los ciudadanos turcos y dañaría seriamente el apoyo popular a Erdogan.


El gobierno podría introducir controles de capital y bloquear cualquier salida de dinero del país. Pero eso haría que los prestamistas extranjeros dejaran de prestar, lo que llevaría a la economía a una depresión aun mayor. Erdogan también podría tratar de obtener financiación de Rusia, China o Arabia Saudita (como acaba de hacer Pakistán). Desafortunadamente para él, no tiene muy buenas relaciones con estos países, así que por el momento se resiste a estas opciones, y pide a sus seguidores que “confíen en Dios” y en él.


El problema mayor es la creciente crisis de la deuda de las economías emergentes. Esto escribí en mayo, después de las elecciones generales en Turquía: “El aumento de las tasas de interés mundiales y la creciente guerra comercial iniciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, van a golpear a las llamadas economías capitalistas emergentes, como Turquía. El costo de los préstamos en moneda extranjera va a aumentar mucho y es probable que se frene la inversión extranjera (…). Turquía está en primera fila para sufrir una crisis de la deuda, junto con Argentina (donde ya ha estallado), Ucrania y Sudáfrica”.
Así que la cosa se pondrá peor.

Por Michael Roberts
24 agosto, 2018
* Economista marxista británico. Trabajó 30 años en la city londinense como analista económico.
(Tomado del portal Sinpermiso.info. Brecha reproduce fragmentos. Titulación de Brecha. Originalmente publicado en el blog del autor: The Next Recession.)

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El imperio y la militarización del sistema financiero

Hace tres meses Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo con Irán en materia nuclear, que fue firmado en 2015 e incluyó a ese país, a los miembros del Consejo de seguridad de Naciones Unidas y Alemania. Los demás signatarios y la Agencia Internacional de Energía Atómica consideran que Teherán está cumpliendo los términos del acuerdo; pero el ocupante de la Casa Blanca ha preferido denunciar el pacto e imponer sanciones económicas y financieras sobre la república islámica.

El castigo tendrá serias consecuencias sobre la economía iraní. Las actividades afectadas en lo inmediato rodean el sector automotriz, la compra de aviones comerciales y hasta la adquisición de metales preciosos. Por eso es que el rial, la divisa iraní, se ha devaluado 40 por ciento en los últimos tres meses. Y en noviembre entrará en acción una segunda ola de sanciones que afectarán al sector petrolero y al sistema financiero de la república islámica, incluyendo el banco central.


La Unión Europea (UE) ha lamentado la decisión estadunidense. Pero Trump ha respondido amenazadoramente que “aquellos que no reduzcan sus vínculos económicos con Irán tendrán que atenerse a las consecuencias”. ¿Podrán los europeos proteger sus empresas frente a las amenazas de Estados Unidos? La Comisión Europea ha reiterado su compromiso de mantener los canales financieros con Irán, así como sus importaciones de petróleo y gas. Pero algunos proyectos económicos que hoy se encuentran amenazados incluyen una inversión de la empresa francesa Total de 5 mil millones de dólares (mmdd) para desarrollar el campo de gas natural más grande del mundo, otra inversión de una empresa noruega para construir plantas solares y el compromiso de Airbus para vender cien aviones a Iran Air.


Para proteger estos y otros proyectos la UE ha activado el llamado Estatuto de bloqueo, un mecanismo adoptado en 1996 para contrarrestar los efectos de sanciones económicas impuestas por otros países. El estatuto permite a empresas europeas desconocer resoluciones judiciales impuestas extraterritorialmente. Pero las nuevas sanciones financieras van mucho más lejos que cualquier medida relacionada con un bloqueo o boicot comercial.


El 6 de agosto venció el plazo fijado por Washington para que las empresas europeas no energéticas cerraran todas las transacciones en dólares con entidades iraníes y para las empresas en el sector energético el plazo vence el 4 de noviembre. A partir de esas fechas una empresa europea podría, por ejemplo, establecer una empresa fantasma para evadir el boicot comercial. Pero ningún banco europeo aceptaría poner en riesgo su acceso al espacio financiero en el que sigue dominando el dólar estadunidense.


En 2010 el Congreso estadunidense aprobó la Ley 111-95, que recurre al arma más importante en el arsenal económico: el bloqueo de las transacciones financieras. Esa norma establece un castigo letal, no sólo a los bancos iraníes, sino a cualquiera que tenga tratos financieros con esas entidades. Básicamente la ley estipula que cualquier banco extranjero con relaciones de corresponsalía con bancos en Irán sería excluido del espacio financiero estadunidense. En 2011 el castigo se extendió para cubrir transacciones con el banco central de Irán.


Esas son las sanciones que hoy enfrentan los bancos europeos. Si deciden mantener relaciones con entidades iraníes perderán sus cuentas de corresponsalía con el sistema bancario y financiero de Estados Unidos. Eso tendría como efecto en cascada la pérdida de una cantidad importante de su cartera de clientes y todas sus operaciones en las que intervienen dólares se verían seriamente perturbadas.


Estas sanciones secundarias colocan a las economías europeas directamente en la línea de fuego. Con razón el ministro de finanzas francés ha declarado con irritación que Europa no puede convertirse en un vasallo de Estados Unidos. Pero una encuesta reciente reveló que la mayoría de las empresas y bancos europeos creen que el Estatuto de bloqueo es un tigre de papel.


A Irán le queda el apoyo de Rusia y China. Será un recurso importante y quizás Teherán fortalezca su alianza con esas potencias, algo que Washington seguramente ya estará anticipando. Pero aun para las empresas de esos países la amenaza de quedar fuera del espacio financiero estadunidense será un elemento a tomar en cuenta y tendrán que tomar sus providencias.


Sabemos que el gasto militar de Estados Unidos supera el de los siguientes 10 países en esa escala. Pero si las sanciones impuestas contra Irán son susceptibles de tener más impacto que antes, eso no se debe al gigantesco arsenal militar estadunidense sino a la capacidad de Washington de utilizar su hegemonía monetaria en la economía mundial. Y si bien es cierto que algún día la supremacía del dólar llegará a su fin, mientras se mantenga esa posición dominante el mundo no podrá evadir los efectos de la militarización del espacio financiero.

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Venezuela: Todas las transacciones de la petrolera PDVSA serán en petros a partir del 20 de agosto

El presidente Maduro anunció que la gasolina será vendida a precios internacionales, aunque habrá dentro del país un subsidio directo para aquellos que en un lapso de cuatro días censen sus vehículos.

 

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, anunció que a partir de este 20 de agosto habrá en su país dos unidades monetarias y contables: el bolívar y el petro. La moneda nacional estará a su vez ligada a esa criptomoneda, que marcará el valor de referencia para Petróleos de Venezuela (PDVSA).


"Es la economía real que tendrá Venezuela, anclada al valor real de la moneda internacional", resaltó Maduro este lunes durante una reunión con su gabinete económico. Allí informó que tanto el sistema salarial como el precio de los bienes y servicios también estarán anclados al petro.


"Este sistema acabará por completo con la especulación de la moneda venezolana", afirmó Maduro, enfatizando que tal medida, como parte del programa de recuperación económica de Venezuela, equivale a un "cambio fundamental" en su modelo monetario.


De acuerdo al mandatario, el Banco Central de Venezuela (BCV) comenzará a publicar el precio real del bolívar en relación al petro y a las divisas internacionales. Adicionalmente, decretó como no laborable el próximo lunes, día en el que también entrará en vigor el nuevo "cono monetario", que eliminará cinco ceros al valor actual del bolívar.
Gasolina al precio internacional


Por otra parte, Maduro anunció un plan para resolver la "deformidad" existente en torno a la gasolina venezolana —considerada como la más barata del mundo—, hecho que, de acuerdo al presidente, ocasiona la pérdida de miles de millones de dólares anuales por su contrabando hacia Colombia.


"Tanto la gasolina como los demás hidrocarburos tienen que colocarse al precio internacional para que se acabe el contrabando", afirmó el mandatario.


Maduro, no obstante, aclaró que podrán gozar de un subsidio a la gasolina las personas que registren sus vehículos en oficinas del Gobierno antes de este viernes.


"Quienes no se inscriban en este Censo Nacional de Transporte tendrán que comprar la gasolina a precio internacional", acotó el mandatario, precisando que este subsidio permanecerá vigente por un periodo de adaptación de dos años.

 

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Crecen las remesas, fracasa la economía del país

Las remesas que envían los colombianos en el exterior representaron la tercera fuente de ingresos para el país en el primer trimestre de este año.

 

En el año 2017 las exportaciones colombianas totalizaron 37.800 millones de dólares, siendo el petróleo el principal producto de exportación, con 13.046 millones de dólares; seguido por el carbón, con 7.390 millones de dólares; y el turismo, que logró el año pasado ingresos récord por 5.787 millones de dólares, ubicándose en el tercer lugar, mientras que las ventas de café escasamente ascendieron a 2.513 millones de dólares.


Entre enero y abril del año 2018 las remesas que enviaron los casi 5 millones de colombianos que viven en el exterior sumaron 1.896,2 millones de dólares, según lo informa el Banco de la República.
Si la dinámica se mantiene, las remesas podrían alcanzar al final del año una cifra que supere los 6,120 millones de dólares, casi 20 billones de pesos, constituyéndose en la tercera fuente de ingresos del país, después del petróleo y el carbón.


El Marco Fiscal de mediano plazo del Gobierno presenta como un éxito económico el crecimiento de las remesas, pues considera que el país ha logrado diversificar las fuentes de divisas para reducir el déficit de las cuentas externas. Pero la exportación de mano de obra, es decir, la migración de colombianos al exterior, más que un logro representa un completo fracaso de la política económica.
Las remesas crecen porque cada vez hay más colombianos migrando a otros países para buscar las oportunidades laborales y de ingresos que en nuestro país no pueden conseguir, y esto no puede llenarnos de orgullo. Al contrario, es una vergüenza nacional, que expresa el creciente empobrecimiento de nuestra nación.


De hecho, entre más pobre es un país más dependiente es de las remesas, como lo muestran casos como Haití, la nación más pobre de América Latina y a la vez la más dependiente de los giros externos. En el año 2017 recibió ingresos de los que han migrado al exterior por 2.772 millones de dólares, que representaron el 33,6% de su PIB, lo que supera las participaciones de todo el sector agrícola (21.9%) y de toda la industria nacional (20.8%).


Las remesas que recibió Honduras en 2017 sumaron 4.331 millones de dólares, que representaron el 19,5% de su PIB, 6 puntos más que la contribución del sector agrícola.
El Salvador tuvo ingresos por remesas en 2017 por 5.021 millones de dólares, lo que equivale al 18,3% de su PIB, cifra superior al 11% de participación de todo su sector agrícola, y es similar a la totalidad de las exportaciones de bienes primarios.


Las migraciones en todo el mundo tienen dos causas: la pobreza y las guerras. Esto explica por qué crece la migración de colombianos hacia otros países. Por una parte, está la política económica neoliberal, que se va a profundizar con el “nuevo” gobierno de Iván Duque, como lo deja entrever su equipo económico, encabezado por Alberto Carrasquilla, Ministro de Hacienda en el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, neoliberal puro, vinculado a los escándalos de los “Panamá Papers”. Y por otra parte está el ambiente político de retroceso en los Acuerdos de Paz pactados entre el Gobierno Santos y las FARC, y la violencia contra líderes sociales y de oposición, que viene creciendo.


Pobreza y violencia seguirán presionando la exportación de mano de obra, o sea la migración de nacionales hacia el exterior. Probablemente las remesas seguirán creciendo, y la tecnocracia neoliberal sacará pecho porque ya no solo exportamos petróleo y carbón, sino también personas.


El problema de los flujos migratorios de hoy, es que no solo están en crisis los países exportadores de personas, sino también los receptores. Las remesas que llegan a nuestro país provienen en un 45,1% de Estados Unidos y en un 23,6% de Europa, regiones donde se vienen endureciendo las políticas anti-migratorias por las dificultades fiscales, sociales, de desempleo y de precarización laboral de las que adolecen.


El desastre de los refugiados en Europa, así como la crisis de los “inmigrantes ilegales” en Estados Unidos, solo se pueden resolver si se superan los problemas de pobreza causados por los programas neoliberales y de ajuste fiscal que organismos supranacionales como el FMI y el Banco Mundial les imponen a los países del sur; y si cesan las guerras y las agresiones militares promovidas por brazos imperiales como la OTAN, de la cual ya hacemos parte por medio de nuestro ingreso a la OCDE. Parece que ahora también nos tocará exportar soldados para librar otras guerras a nombre de otros imperios.

Por: Carlos Julio Díaz Lotero. Analista ENS

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La fortaleza del dólar pone en jaque a las grandes divisas latinoamericanas

Las monedas de Brasil, México Colombia y Chile sufren por la subida de tasas en EE UU, pero esquivan el cataclismo del peso argentino
Ignacio Fariza

El mundo emergente se había acostumbrado en los últimos tiempos a una extraña sensación de calma. Los enormes volúmenes de liquidez acumulados tras años de políticas monetarias expansivas en las economías avanzadas habían rebosado las Bolsas y los mercados de bonos, llegando también a los activos de los países en desarrollo. Pero la volatilidad es inherente a su propia naturaleza emergente y, antes o después, vuelve a tocar a su puerta. Esta vez, la causa ha sido una combinación de factores que van desde el fortalecimiento del dólar estadounidense por la subida de tipos de interés en la primera potencia mundial hasta el efecto contagio de las dificultades argentinas, pasando por las expectativas de mayor inflación y la creciente percepción de proximidad del fin de ciclo económico. Un cóctel que amenaza con convertirse en un quebradero de cabeza en América Latina.


Mayo ha traído consigo turbulencias en el mercado cambiario. La primera semana del mes fue la peor para las monedas emergentes en más de un año y esta avanza por los mismos derroteros. El nerviosismo se ha instalado sobre la tercera economía de América Latina, Argentina, un país que lleva el pánico financiero en su ADN y que ya ha tenido que pedir un rescate al Fondo Monetario. Y se ha extendido al resto de grandes países de la región. A la sangría del peso argentino se han sumado las fuertes caídas del peso mexicano, colombiano y chileno. También del real brasileño, que se deja un 14% en los tres últimos meses. "Al estar incluidos en la misma categoría de activos [emergentes y latinoamericanos], hay un cierto contagio de lo que está sucediendo en Argentina", apunta Jonathan Heath, ex economista principal de HSBC para Latinoamérica y hoy analista independiente.


Salvo inesperado cambio de rumbo, los tipos de interés de referencia en Estados Unidos llegarán en junio al 2% por primera vez desde mediados de 2008. Eran otros tiempos: Lehman Brothers aún vivía y la Gran Recesión solo empezaba a fraguarse. Y aunque el incremento en el precio del dinero ha sido telegrafiado desde el día uno después de la crisis, las consecuencias se dejan sentir en los mercados: el endurecimiento de la política monetaria y la expectativa de mayor inflación en los próximos trimestres ha llevado el interés del bono estadounidense a 10 años al filo del 3%, su nivel más alto desde 2014, introduciendo una variable nueva en el juego de equilibrios en la balanza de muchos inversores. "¿Merece más la pena depositar el dinero en activos de riesgo cuando el papel estadounidense —teóricamente exento de incertidumbre sobre su futuro pago— empieza a ofrecer rentabilidades atractivas?", se empiezan a preguntar en los cuarteles generales de las grandes firmas de inversión. Y el mero cuestionamiento agita a América Latina y el resto de emergentes.


"La combinación de mayores tasas en EE UU y perspectivas de inflación más altas es muy negativa para las monedas latinoamericanas", asevera Armando Armenta, estratega del banco de inversión suizo UBS para mercados emergentes. "La gente empieza a ver fundamentos menos sólidos y algunos entran en pánico, golpeando a los países con fundamentos más débiles, como Argentina", agrega un segundo analista de una gran firma de inversión que prefiere no revelar su nombre. "Es un año más volátil en general: lo hemos visto en la Bolsa y en el mercado de renta fija, y empezamos a verlo en el mercado de divisas". Paradójicamente, el bache de las monedas emergentes llega en momento dulce para el petróleo —una variable que suele estar positivamente correlacionada con la evolución de las monedas de la región, donde casi todos los países son productores—, que cotiza en máximos de tres años y medio impulsado por la inestabilidad geopolítica.


En poco más de 20 días, los grandes inversores han sacado 5.500 millones de dólares de los mercados emergentes de deuda, según los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) recopilados por Reuters. En el caso de Latinoamérica, esa cifra asciende a 1.200 millones de dólares solamente en la última semana, cuando se han acelerado las salidas, según Bloomberg. Este movimiento tiene, inevitablemente, un efecto directo sobre la cotización de las respectivas monedas regionales: vender deuda de un país supone, también, deshacerse de moneda nacional. Todo sin que, todavía, la mayor área económica del mundo junto con EE UU, la eurozona, haya movido ficha en forma de subidas de tipos.


En este entorno, Argentina es, por mucho, el país que peor lo tiene. A su posición más débil de reservas internacionales que el resto de grandes países latinoamericanos se suma la gran proporción de deuda pública denominada en dólares, tras haber recurrido en mayor medida a emisiones en moneda estadounidense para cubrir sus necesidades de financiación. Pero no es el único. México es la economía latinoamericana más expuesta al mercado estadounidense, y el debilitamiento del peso frente al dólar —que ya ha borrado todas las ganancias cosechadas desde el pasado 1 de enero— tiene efectos de calado su economía. Negativos, como el encarecimiento de los productos importados, con el consecuente repunte de la inflación o la pérdida de valor internacional de los ahorros de sus nacionales. Y positivos, como la mayor competitividad, un factor nada despreciable en una economía tan abierta como la mexicana: las manufacturas del país norteamericano son hoy un 8% más baratas que hace tres semanas por un único factor ajeno a la cadena productiva, la depreciación del peso.


"En líneas generales, los países de la región están mejor preparados que en el pasado para afrontar una situación así", apunta Martín Castellano, economista jefe del IIF para América Latina. "Sin embargo, la posición fiscal es peor, con deudas más altas y mayores déficits en todos los países de la región". El mayor riesgo pasa, en su opinión, por un giro radical de la política macroeconómica tras las elecciones que se celebran este año en tres países clave de la región: Brasil, Colombia y, sobre todo, México. En este último caso, aunque el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, lleva meses tratando de tranquilizar a los mercados, los financieros no las tienen todas consigo. No, al menos, hasta no ver con sus propios ojos que la retórica cristaliza en una política fiscal prudente y en la total independencia del banco central.


"En México hay factores propios que han llevado a la depreciación del peso: la incertidumbre en torno a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y la cercanía de las elecciones", agrega Alberto Ramos, de Goldman Sachs. "La disputa entre el sector privado y el candidato puntero en las encuestas [López Obrador] ha creado un entorno de volatilidad que no ha sido atajado, con la consecuente salida de capitales y la pérdida de fuerza del peso", cierra José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México.

México 8 MAY 2018 - 23:23 COT

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"Cuatro de cada 10 venezolanos piensan irse de Venezuela": Encuesta Datos Group

Cuatro de cada 10 venezolanos planean irse de Venezuela en los próximos 12 meses para escapar de la grave crisis económica, según un estudio de la encuestadora Datos Group.

"La gente se va porque no puede comer", dijo este lunes el director de la empresa, Luis Maturén, al explicar a la AFP los resultados del sondeo.

Los venezolanos enfrentan una crisis que combina escasez de todo tipo de bienes básicos, y una hiperinflación que según el FMI podría escalar a 13.000% en 2018.

"Viene una diáspora muy importante, pues cuatro de cada 10 venezolanos afirmaron que se irán del país en los próximos 12 meses", señaló Maturén.

La migración se relaciona con la búsqueda de ingresos en moneda extranjera para sostener a los miembros del grupo familiar que se quedan en el país, ante el hundimiento de la moneda local, el bolívar.

De acuerdo con la investigación, en la actualidad las remesas se ubican en unos 289 millones de dólares al año, lo que equivale al 0,1% del Producto Interno Bruto.

"El 42% viene de Europa y el 40% de Norteamérica, y vamos a estar viendo un incremento de Latinoamérica", subrayó Maturén.

El sondeo, realizado entre el 4 de enero y el 2 de febrero entre 2.074 personas, estima que unos tres millones de venezolanos reciben dinero de familiares en el extranjero, lo que representa 14% de la población.

Además, 5% "dijo que había recibido medicinas y alimentos del exterior", anotó el encuestador.

El volumen de remesas de Venezuela aún es bajo, pero los pronósticos apuntan a que para 2018 se duplique, añadió.

A su juicio, la pérdida de poder adquisitivo divide al país entre quienes reciben divisas y los que sobreviven con bolívares.

Pulverizado por la hiperinflación, el ingreso mínimo, de 1.307.646 bolívares, equivale a 36,6 dólares a la cotización oficial y a 6,1 dólares en el mercado negro.

La crisis política no figura entre las principales preocupaciones de los venezolanos.

"La prioridad es sobrevivir, pues 40% manifestó como principal preocupación el alto costo de la vida y 29% el desabastecimiento", afirmó el experto.

Tomás Páez, sociólogo especialista en migración, asegura que entre 400.000 y 500.000 venezolanos han abandonado el país en los dos últimos años.

Durante ese período se profundizó la crisis, especialmente por la caída de los precios del petróleo -fuente de 96% de los ingresos- y el férreo control de la economía por parte del gobierno, según economistas.

 

Por: Agencias | Lunes, 05/03/2018 04:11 PM |

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Carlos Garcia Rawlins

 

Nicolás Maduro anunció este viernes la emisión y adelantó que cada uno tendrá el valor de un barril de petróleo nacional.

 

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, anunció este viernes la emisión de 100 millones de petros, la nueva criptomoneda lanzada por el Gobierno bolivariano.

"Anuncio que he ordenado la emisión de 100 millones de petros, con el sustento legal de la riqueza petrolera venezolano, que he certificado y legalizado", indicó el jefe de Estado durante una alocución desde el Palacio de Miraflores, en Caracas.

El mandatario indicó que el anuncio será publicado en la Gaceta Oficial y precisó que "cada petro va a tener un valor igual al precio del barril petrolero de la cesta venezolana". El respaldo de estas operaciones serán las reservas de crudo de Venezuela, que figuran como las primeras a escala mundial.

Además de la emisión de criptomonedas, el Gobierno venezolano ha habilitado un registro de usuarios para minar este tipo de divisas en todo el mundo que cuenta con más de 90.000 afiliaciones; 50.000 de ellas ya están activas, refiere Panorama.

Se tiene previsto que el próximo 14 de enero sea el primer encuentro de los 'mineros' de criptomonedas y que sea presentada el acta de inicio formal del petro para empezar las colocaciones "a través de subastas", detalló el presidente venezolano.

 

Burlar bloqueo


A finales del año pasado, Venezuela dio un paso sorpresivo al anunciar su entrada al mundo de las monedas digitales para sortear el bloqueo financiero que, según sus autoridades, mantienen países como EE.UU. con el propósito de asfixiar a la economía de la nación petrolera.

Como ejemplo de esas operaciones de tenaza financiera, el ministro de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodríguez, nombró el caso de Euroclear, un organismo de compensación y liquidación de valores financieros que mantiene retenidos 1.250 millones de dólares "y que no quieren soltarlos para los alimentos y pago de medicamentos", publicó AVN el mes pasado.

La respuesta del país a esa situación ha sido el petro. Una de las ventajas que ofrece Venezuela, según expertos, es que su criptomoneda tendrá un respaldo real: los ingentes recursos naturales que posee el país, principalmente el petróleo. Esa certeza puede transmitir mayor seguridad a los inversionistas de activos digitales y, por ende, darle acceso a fuentes no convencionales de financiamiento.

La cotización también será diferente a la de otras divisas porque se regirá por el comportamiento de mercancías como el oro, el gas o el petróleo, en vez de la especulación del mercado. Además, el costo de la comisión y transferencia de esas operaciones tiende a ser cero, lo que permite una menor intermediación financiera.

 

 

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Maduro enfrentará el bloqueo de EU con el petro, nueva moneda virtual

 

Caracas.

 

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, anunció este domingo la creación del petro, una moneda virtual respaldada por la riqueza petrolera del país sudamericano para enfrentar el bloqueo financiero de Estados Unidos impuesto en agosto.

“Quiero anunciar que Venezuela va a implementar un nuevo sistema de criptomoneda a partir de las reservas petroleras. Vamos a crear el petro para avanzar en materia de soberanía monetaria, para hacer transacciones financieras, para vencer el bloqueo”, anunció Maduro en su programa dominical de televisión.

Venezuela incursionará en el mercado de las monedas virtuales con el petro, ante la devaluación de 95.5 por ciento del bolívar (su moneda), y sus graves problemas de liquidez provocados por la crisis política y económica que atraviesa el país petrolero, aunado al bloqueo multinacional que le cerró el acceso a los mercados financieros internacionales, hecho que le impide mitigar su déficit fiscal, estimado en unos 12 mil millones de dólares para 2018.

Las sanciones internacionales contra Caracas también complicaron sus operaciones de comercio exterior y los planes de Maduro para renegociar la deuda externa soberana de Venezuela, de unos 150 mil millones de dólares y de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la inflación en Venezuela superará 2 mil 300 por ciento en 2018.

Ante esta crisis, el petro estará vinculado a la riqueza gasífera y a las existencias de oro y diamantes, además del petróleo, del cual Venezuela posee las mayores reservas del mundo, indicó Maduro.

Esto nos va a permitir avanzar hacia nuevas formas de financiamiento internacional para el desarrollo económico y social, subrayó el mandatario, quien revisará todos los contratos de petróleo y cargos directivos en medio de la purga en la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) tras los escándalos de corrupción que llevaron a la cárcel a un ex presidente de la firma estatal y a un ex ministro de Petróleo: Nelson Martínez y Eulogio Del Pino, respectivamente.

Maduro también anunció la creación del observatorio del blockchain, que es la plataforma más segura de software para para comprar y vender monedas virtuales.

Lo anterior, en momentos en que el país y PDVSA fueron declarados en default parcial por un grupo de acreedores y agencias calificadoras por pagos atrasados de capital e intereses de bonos por 90 mil millones de dólares.

El tema de las monedas virtuales no es nuevo para Venezuela, considerado por especialistas como un paraíso para producir la principal moneda virtual, el bitcoin (11 mil 300 dólares por unidad) por los ínfimos costos de la energía.

Los analistas estiman que decenas de miles de personas realizan esta actividad en el país para protegerse de la inflación, pues pueden cambiar sus ganancias por dólares o más bitcoins.

 

 

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Maduro denuncia el "secuestro" de recursos para importar alimentos y medicinas

El presidente Nicolás Maduro denunció este jueves que la proveedora de servicios financieros Euroclear tiene congelados mil 650 millones de dólares de Venezuela, a raíz de las sanciones de Estados Unidos.

Según el mandatario, que tildó el caso de "secuestro", se trata de 450 millones de dólares líquidos y de mil 200 millones en títulos para importar alimentos y medicinas, de gran escasez en el país.

Los 450 millones "nos los congelaron desde hace seis semanas en Euroclear. ¡Cese al secuestro de dinero venezolano en el exterior!", exigió Maduro durante un acto en el que celebró su cumpleaños 55.

"Tenemos, además, mil 200 millones en bonos emitidos por la República, aceptados por agentes económicos para vendernos medicinas y alimentos, y nos los tienen secuestrados", agregó.

Euroclear es un gigante de servicios financieros, incluida la custodia de valores, con sede central en Bruselas y clientes en unos 90 países.

Maduro vinculó esta cuestión con las sanciones impuestas el 25 de agosto pasado por Estados Unidos, que prohíbe a los ciudadanos de ese país negociar nueva deuda emitida por el gobierno venezolano y la empresa petrolera Petróleos de Venezuela (PDVSA).

"Es la guerra económica que nos tiene el gobierno imperialista de Estados Unidos, que persigue el dinero que tenemos por el mundo", sostuvo.

Una fuente que pidió el anonimato confirmó a la agencia Afp que el Banco Central de Venezuela tenía "paradas sus operaciones por Euroclear".

Según esta versión, debido a las sanciones de Washington, Caracas debe cumplir ahora con nuevos requisitos de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos, que dificultan los giros.

Euroclear "no puede poner en riesgo su mercado en Estados Unidos", señaló la fuente.

Venezuela y PDVSA, que aporta 96 por ciento de las divisas del país, fueron calificadas en default parcial por un grupo de acreedores y las calificadoras de riesgo Standard & Poor’s y Fitch, por pagos con retraso de intereses y capital de sus títulos de deuda.

Ahogada por sus problemas de flujo de caja, Venezuela sufre además una creciente inflación que el Fondo Monetario Internacional proyecta en más de 2 mil 300 por ciento para 2018.

En tanto, Óscar Pérez, el policía buscado por "terrorismo" en Venezuela tras atacar las sedes de la Corte Suprema y el Ministerio del Interior desde un helicóptero el pasado 27 de junio, reapareció en un video que circuló el pasado miércoles en redes sociales.

En el video Pérez guarda silencio mientras un individuo con el rostro descubierto lee a su lado una proclama en la que llama a "todos los venezolanos" a protestas callejeras contra el gobierno de Maduro.

En otro orden, Washington solicitó el jueves al gobierno de Maduro acceso a los ejecutivos venezolanos-estadunidenses de la refinería Citgo que fueron detenidos en Caracas esta semana, informó un funcionario del Departamento de Estado.

Cinco de los seis ejecutivos de Citgo arrestados por acusaciones de corrupción son ciudadanos de Estados Unidos, aseguró el miércoles una fuente cercana al caso. Los seis detenidos están en la sede de contrainteligencia militar venezolana, indicó el fiscal general en un comunicado difundido este jueves.

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