Sábado, 19 Mayo 2012 07:58

Golpe histórico al Ejército mexicano

Golpe histórico al Ejército mexicano
La detención de tres generales, esta semana, por presuntos vínculos con el narcotráfico, sin precedentes en la historia moderna de México, abrirá sin duda una nueva etapa en las relaciones entre el poder civil y los militares en este país. El estallido del caso, en el ecuador de la campaña electoral, ha desatado las especulaciones sobre la extensión de la corrupción en las filas del Ejército —implicado por el presidente Felipe Calderón en la guerra lanzada a principios de su mandato, en 2007, contra el crimen organizado— y también sobre la posible intencionalidad política de estos arrestos en vísperas de un cambio de Administración tras las elecciones del próximo 1 de julio.
 
El general de división retirado Tomás Ángeles Dauahare, un militar de gran prestigio y ex número dos de la Secretaría de la Defensa Nacional, y el general brigadier Roberto Dawe González, fueron detenidos el martes por su supuesta relación con el cartel de los hermanos Beltrán Leyva, muy mermado en la actualidad, al que habrían brindado protección en años pasados. Ahora se ha sabido que el general Ángeles estaba siendo investigado desde tiempo atrás por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA). El general Dawe dirigió una división del Ejército en el Estado de Colima, en el Pacífico, una ruta clave en el tráfico de drogas al norte, y fue representante de la Procuraduría General de la República (PGR) en el violento Estado de Chihuahua, fronterizo con EE UU.
 
El tercer militar arrestado, en la noche del jueves y al parecer en Veracruz, el general de división también retirado Ricardo Escorcia Vargas, había desempeñado a principios del sexenio de Calderón el cargo de subjefe Administrativo y Logístico del Estado Mayor, uno de los 12 puestos más importantes en el organigrama de la Defensa Nacional. Escorcia Vargas se vio envuelto en un turbio asunto a finales de 2007, cuando comandaba la 24 Zona Militar. En aquel entonces militares y agentes de la Policía Federal Preventiva permitieron el aterrizaje de un avión cargado de cocaína procedente de Suramérica en el aeropuerto de Mariano-Matamoros, en el Estado de Morelos (centro del país), donde tanto los tripulantes como la droga desaparecieron. El avión estaba siendo monitorizado por la DEA. El general fue separado y degradado, pero finalmente salió limpio y fue enviado al Estado de Sinaloa (oeste) como jefe de la Tercera Región Militar, cargo en el que apenas duró dios meses, pues en 2008 solicitó un año sabático.
 
Funcionarios de la PGR a cargo de la investigación, dan por seguro que serán detenidos más militares en las próximas horas y niegan que éstas tengan relación con la política. “Las detenciones carecen de connotación o relación alguna con las campañas en curso o los candidatos en contienda”, ha declarado la PGR en un comunicado.
 
Las investigaciones contra los tres generales surgen a partir de las declaraciones de diversos testigos protegidos, identificados con los nombres de Jennifer, Mateo e Iván, hombres al servicio del cartel de los hermanos Beltrán Leyva, que ya han realizado imputaciones en otros casos en el pasado que luego no fueron sustentadas.
 
La detención del general Ángeles, un militar de trayectoria intachable hasta su retiro en 2008, ha sido acogida con gran sorpresa entre académicos expertos en el mundo castrense, como Sergio Aguayo y Raúl Benítez Manaut. Este último subraya que el jefe militar era un hombre de despacho, al que le gustaba la compañía de intelectuales, y que “los narcos, a quienes habitualmente corrompen, es a los jefes con mando de tropas que actúan sobre el terreno”.
 
Otros comentaristas apuntaban ayer en la prensa mexicana a la posibilidad de enconos personales dentro de las Fuerzas Armadas, la existencia de un grupo de generales disconformes con la estrategia de guerra contra el narco ordenada por el presidente Calderón, e incluso una suerte de “asesinato de la reputación”, es decir, una operación política para desacreditarle y apartarle de la élite militar que acompañará al próximo presidente de México.
 
El general Ángeles participó el pasado 9 de mayo en un foro de seguridad organizado por la Fundación Colosio en San Luis Potosí a la que asistió el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, en el marco de su campaña electoral. En aquel foro, el general criticó públicamente la falta de objetivos definidos en la lucha contra el crimen organizado. “Me atrevo a decir que no tenemos estrategia de seguridad nacional”, afirmó. Invitó a desarrollar un plan coherente en ese combate “y no estar dando brochazos por diferentes circunstancias a través de líneas de acción que nos conducen a veces a la nada”. También defendió la creación de una nueva policía o guardia nacional. Peña Nieto no ha perdido un segundo en desligarse del general tras su detención.
 
Los generales Ángeles y Dawe se encuentran actualmente bajo arraigo durante 40 días, una figura jurídica muy discutida en México, pues permite la extensión de la detención durante todos esos días sin presentación de cargos mientras continúan las investigaciones. Los militares podrían ser procesados penalmente por la justicia civil por los delitos de delincuencia organizada y contra la salud. Los arrestos se producen también en medio de un recrudecimiento de la violencia de los carteles de la droga con centenares de muertos en lo que va de mes.
 
Detenido un cuarto jefe militar
 
El teniente coronel retirado Silvio Isidro de Jesús Hernández Soto ha sido el cuarto jefe militar en caer en este golpe histórico a los supuestos vínculos entre narco y Ejército. Antes de Hernández Soto, que actualmente era subsecretario de Seguridad Pública en el Estado de Veracruz., fueron detenidos, en un intervalo de una semana, los generales Ricardo Escorcia Vargas (la noche del jueves) y Tomás Ángeles Dauahare y Roberto Dawe González, el martes.
 
Silvio Isidro de Jesús Hernández Soto, de 53 años y que formó parte del cuerpo de Caballería, ocupó entre otros puestos el de subjefe de escoltas de la residencia presidencial de Los Pinos. Tras conseguir el retiro voluntario el 30 de noviembre de 2002, se reconvirtió en asesor de seguridad de varias empresas y, después, trabajó como inspector general en la Policía federal. En el Estado de Sinaloa, cuna del narcotráfico, fue nombrado director de la Policía Ministerial de 2008 a 2011. A continuación pasó a dirigir la Agencia Veracruzana de Investigaciones.
 
La Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) no ha precisado las causas de esta detención, ordenada el pasado 7 de mayo pero ha asegurado que "con esta última diligencia se cumplen las cuatro presentaciones de personal requeridas por la Procuraduría General de la República [la Fiscalía]". 

Por Luis Prados México 18 MAY 2012 - 21:48 CET
 
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Con la muerte en combate de 11 militares se reabren interrogantes sobre el servicio militar obligatorio
La muerte en combate de 10 soldados regulares y un cabo primero del Ejército Nacional, vuelve a poner en tela de juicio el servicio militar obligatorio.

Mientras el Estado colombiano condena el reclutamiento forzoso (en particular de menores de edad) por parte de los grupos armados ilegales, recurre a esta misma práctica con jóvenes de extracción popular y campesina, a través del servicio militar obligatorio.

Los recientes hechos de ocurridos en inmediaciones entre Panamá de Arauca y Arauquita, donde murieron 11 soldados regulares, son apenas el episodio más reciente de la tragedia que significa el conflicto armado, también para los jóvenes que son llevados a prestar el servicio militar obligatorio y luego son conducidos a zonas de orden público.

En este caso, se trataba de un pelotón de 13 soldados,  la mayoría no sobrepasaba los 21 años de edad, que habían iniciado su servicio en junio del 2011 y en septiembre fueron trasladados a Arauca, donde 11 de ellos murieron en medio de un combate con la guerrilla de las Farc. Según un comunicado de la Decima Octava Brigada, los hechos tuvieron lugar hacia las 4:30 p.m. del sábado en jurisdicción del municipio de Arauquita "a 600 metros hacia el sur de la carretera que de Panamá de Arauca conduce a la vereda Puente Lipa".

Los medios de comunicación han difundido ampliamente las declaraciones de familiares de los soldados quienes han denunciado que sus hijos no estaban preparados para estar en una zona de conflicto. Juan José Rodríguez, padre de Mauricio Alejandro Rodríguez, dice que él no estaba en condiciones de prestar el servicio militar. "El era mecánico de motos, de guerra no sabía absolutamente nada, pero así se lo llevaron para Arauca la zona más difícil del país".

Además de ser obligatorio, el servicio militar se ha convertido en la única fuente de trabajo y oportunidades para muchos jóvenes colombianos de escasos recursos, particularmente en el campo.  Los familiares del soldado Cristian Camilo Lugo confirmaron “que el joven se fue al Ejército con la ilusión de seguir la carrera militar y conseguir una vivienda digna para su madre y su hermano”.
Marta Ayala, tía del soldado Juan Ovidio Ortiz, dijo que su sobrino "con solo 18 años dejó de cultivar y trabajar en su finca en zona rural de Ibagué, para buscar un mejor futuro para su mamá y hermano".

A demás de ser reclutados obligatoriamente, estos jóvenes son destinados a vigilar la infraestructura de mega proyectos pertenecientes a grandes capitales nacionales y extranjeros, y no a “defender y mantener la soberanía, la independencia y la integridad territorial” que son las funciones del Ejército.

En el caso de Arauquita, los soldados en esta zona se dedican a cuidar el oleoducto Caño Limón – Coveñas, propiedad de la multinacional de origen inglés OXY. El Coronel César Oswaldo Morales Ramírez, Comandante de la Décima Octava Brigada del Ejército Nacional, afirmó recientemente que esta unidad militar había frustrado cerca de 17 eventos con explosivos contra la infraestructura del oleoducto Caño Limón Coveñas en el departamento de Arauca.

Por su parte Ariel Ávila, investigador de la Corporación Nuevo Arcoiris, indicó que el 82 por ciento de las tropas del Ejército en esta zona, se dedica a cuidar infraestructura petrolera. Se estima que en Colombia hay unos 110 mil soldados regulares dedicados a  este tipo de operaciones de control militar del terreno.

La exministra de defensa Martha Lucía Ramírez, señala en su cuenta de twitter: que "el ministro ordene que en las zonas más difíciles en orden público sólo combatan soldados profesionales. ¡No más cuasi niños muertos!"

Mientras tanto, el gobierno nacional insiste en centrar la discusión sobre el “error táctico” que significó que los jóvenes permanecieran cinco y no dos noches en el sitio donde ocurrió la emboscada guerrillera, y promete apagar el incendio con más fuego: anunciando el envío de más hombres y equipos a la zona.

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Sábado, 03 Marzo 2012 08:33

La insolente insubordinación militar

La insolente insubordinación militar
La presidenta Dilma Rousseff enfrenta un problema serio con los militares brasileños. O más exactamente, con militares retirados, que suelen manifestarse a través de sus asociaciones de clase, los clubes de la Marina, del Ejército y de la Fuerza Aérea. Una nota en términos insolentes e irrespetuosos lanzada hace algunos días provocó la dura reacción de la presidenta, que determinó a su ministro de Defensa, embajador Celso Amorim, a exigir que el texto fuese retirado de los portales, en Internet, de los tres clubes. La nota critica a las ministras de Derechos Humanos, Maria do Rosario, y de la Secretaría de la Mujer, Eleonora Menicucci (quien fue presa política, compañera de celda –y de suplicio– de Dilma). El texto dice no reconocer autoridad en Amorim y que, como jefe constitucional de las Fuerzas Armadas, Dilma debería haber reprendido a sus ministras por las “críticas exacerbadas dirigidas a los gobiernos militares”.

No es la primera ni la décima vez que los militares retirados (e incluso activos) se insubordinan, en términos groseros, contra presidentes civiles en Brasil. Nostálgicos de la dictadura y al amparo de una esdrújula ley de amnistía que impide que se investiguen los crímenes practicados durante la dictadura que duró de 1964 a 1985, y principalmente impide que se juzgue a los responsables, gozan de impunidad para manifestar total falta de respeto frente a los civiles que alcanzaron el poder por la vía del voto popular. Basta con recordar lo ocurrido cuando el presidente Fernando Henrique Cardoso, él mismo un ex exiliado político, creó el Ministerio de la Defensa, en 1998. Hasta entonces, cada fuerza armada era un ministerio en Brasil. El primer civil en ocupar la cartera de la Defensa, un político opaco llamado Elcio Alvarez, sintió la afrenta en el momento de asumir el puesto, cuando los tres comandantes de las fuerzas armadas se retiraron groseramente de la ceremonia.

Lula da Silva aguantó, a lo largo de sus ocho años en la presidencia, hartas demostraciones de la prepotencia de los uniformados, especialmente los retirados. Nada, en todo caso, se compara con lo que ahora enfrenta Dilma Rou-sseff que, además de primera mujer en llegar a la presidencia del país, es también la primera ex presa política, víctima de tortura, en gobernar Brasil.

En el fondo, se trata de una clara muestra de la resistencia que los sectores militares imponen a la instalación de la Comisión de la Verdad que investigará –aunque sin condición punitiva– los crímenes cometidos bajo la dictadura. Los presidentes de los tres clubes militares firmaron, ostensivamente, un manifiesto censurando a dos ministras civiles y a la propia presidenta, en un acto de insólita insubordinación. No hubo ninguna reprimenda de los comandantes militares activos.

La nota, firmada por 98 oficiales (incluso generales), provocó la inmediata reacción de Dilma, y luego de una rápida negociación entre el ministro de Defensa, Celso Amorim, y los comandantes de las tres armas, el texto fue retirado de Internet. Dilma determinó a su ministro punición para los responsables. Y ahí empezó la crisis: en la tarde de ayer, el mismo texto volvió a circular por Internet, pero ahora con la firma de 322 militares y 65 civiles. Firman el texto 44 oficiales-generales del Ejército y de la Fuerza Aérea (ninguno de la Marina), además de 195 oficiales superiores (13 de la Armada). Entre los civiles hay parientes de notorios torturadores.

Un comentario del general Gilberto Figueiredo, quien fue comandante militar de la Amazonia y presidió el Club Militar (que reúne a los tres clubes de las fuerzas armadas y es, con justicia, considerado un foco golpista desde hace al menos medio siglo), señala hasta qué punto se ejerce la insolencia. El general dijo que “cuando Lula era presidente, yo me sentía frustrado, porque nuestras notas de protesto eran sumariamente ignoradas y el tema moría en el mismo día”. Ahora, dice Gilberto Figueiredo, “gracias a la sorprendente reacción de Dilma Rousseff, eso se transformó en asunto nacional y el número de firmas de adhesión no hace más que aumentar”.

Entre los que firman el duro documento está el general Valdesio Figueiredo (un apellido común en el medio castrense brasileño, como se ve: conviene no olvidar que el último dictador también era un Figueiredo), ex presidente del Supremo Tribunal Militar. Es evidente que si adhiere a un gesto de clara insubordinación, lo hace por saber cómo los uniformados se juzgan entre ellos. También aparece el nombre del coronel retirado Carlos Alberto Brilhante Ustra, uno de los más perversos y cobardes represores y torturadores de la dictadura.

El auge de la insolencia, sin embargo, le tocó al general retirado Luiz Eduardo Rocha Paiva, quien fue comandante de la Escuela de Comando del Estado Mayor del Ejército y ocupó el puesto de secretario-general del Ejército, segundo en la escala de la fuerza en 2007, bajo la presidencia de Lula da Silva.

En una contundente entrevista concedida al diario conservador O Globo, de Río de Janeiro, Rocha Paiva reniega de la Comisión de la Verdad, critica frontalmente el deseo de aclarar torturas, muertes, desapariciones y ocultación de cadáveres y pregunta si Dilma Rousseff será convocada a testimoniar, ya que participó de “un grupo terrorista”. Luego de afirmar que nunca vio tortura en el Ejército durante la dictadura, dice dudar de que Dilma haya sido torturada. “Es lo que se dice, pero yo no sé...”, dijo.

Lo más sorprendente de todo eso es constatar que muy posiblemente no haya punición alguna a los insubordinados. Una ley firmada en 1986 por el entonces presidente José Sarney asegura a los militares retirados el derecho de opinar.

Es comprensible: durante la larga dictadura, Sarney era uno de los exponentes del partido Arena, que en la farsa parlamentaria de la época defendía ardorosamente el régimen. Ahora, para punir a los insubordinados, el gobierno tiene que encontrar alguna brecha en la ley.

Es decir, en Brasil, los torturadores quedan impunes, y militares irrespetuosos, insolentes e insubordinados, también. ¿Hasta cuándo?
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–¿Quieres que la arranquemos? –No. No sea que por arrancar
la cizaña arranquéis también el trigo; dejad que todo crezca. Cuando llegue el día de la siega, diré a los segadores: “Segad primero la cizaña, atadla en haces y quemadla
hasta reducirla a cenizas; pero el trigo,
llevadlo a mis graneros.

Giovanni Papini

María Esther Cayapú, naciste en la sombra de un silencio taciturno en el municipio de Florida (Valle del Cauca). Sobre tu rostro de ancestros indígenas, te advierto bella, airosa, de ojos lánguidos penetrantes, cabello abundante y piel cetrina. Reposas vehemente, fuerte, grácil, en el pensamiento de quienes te conocieron como compañera, madre, líder, partera y campesina.

Hacia 1975, erigiste tu casa en el municipio de Trujillo, con sentido ancestral recurriste a bahareque, madera y techo en teja de barro... Aquella casa llena de jardines, flores multicolores y olores recónditos se mezcló entre el montañoso paisaje verde y el bosque circundante. Entre el silencio de un tiempo taciturno, pariste a cuclillas seis hijos: Aníbal, Benedo, Ebert, Orlando, Doralba y Berenice. Con sobrio y pertinaz carácter, construiste amistades entre vecinos, comercializaste tu venta de moras, y tu presencia de partera penetra como una concavidad del destino en Trujillo. Abrigando quizá mortales concebidos por mujeres que entretejen la memoria distinta desde su útero: hombres, corteros, carpinteros, agricultores, sembradores, mujeres...

Entre este espacio y otro, el tiempo se asomó extrañamente en la noche del 31 de marzo y la madrugada del 17 de abril de 1990. Diez individuos entre militares y civiles penetraron a la vereda La Sonora, deteniendo y llevándose a 11 personas: agricultores, corteros, sembradores, carpinteros y una partera: María Esther Cayapú...

Me he preguntado cientos de veces... ¿desapareciste como Alicia en el país de las maravillas o un trabalenguas te desapareció?

Dime triste trabalenguas
que trabas, tristemente a leguas ya no trabas


Preguntas y más preguntas, querida María Esther...

Con el tiempo una brisa se asoma y bajo mis pupilas tu rostro aparece sin tiempo. Una voz leve me dice:
 
...aparecieron las motosierras entre ahogos y tormentos, éstas se colaron entre palabras y gritos en el municipio de Trujillo... El color púrpura de tu cuerpo se levantó como señal en el río Cauca. Seguramente aún transitas entre peces multicolores por el río, posiblemente deambulas como otros tantos, sin hallar lugar fijo hasta que la historia nos diga donde debes detenerte, y probablemente nos respondan quienes te ausentaron de tu casa, de tus hijos, de tus amigos y de tu amado esposo...

Bajo tu desaparición aún aguardo y creo que esta espera no será vacua, vana, ante el impostor de la historia. Sí, te digo que la muerte oprime como una pesadilla en el pensamiento de quienes estamos vivos. Será probable que, mientras vivamos, nuestro compromiso por los ausentes sea perenne y constante, que insistiremos siempre...
Allí, María Esther te encarnas... Sí, como un acto de un pasado reciente. De un pasado que refleja nuestro propio presente.

¿Qué me anima a verte? ¿a instalarnos este 18 de julio de 2009? Me miro y te digo: lo verdadero, la búsqueda y el sentido por la significación de una historia que no repose en las más inocuas intransigencias, bordeadas quizá por la peste y el olvido ante quienes te desaparecieron esa madrugada del 17 de abril de 1990.

Sí, mi querida María Esther Cayapú. En la estratagema de una red aparecen todavía sombras tortuosas de concilios macabros, donde se gestaron desapariciones, centros de torturas, lugares de infierno, antros de fuego, que, con el tiempo, abrazados a las sombras permitieron fosas comunes...

Es necesario que sepas cómo se tiraniza la voz de los muertos, esa señal del tiempo sin conjuras, sin tradición, sin auxilio escabroso del pasado, bajo trazos de impunidad con nombres: militares y civiles que a través del engaño, la crueldad y la soberbia quisieron fosilizar la memoria de mujeres y hombres obscenamente en fosas comunes: los verdugos de un lado y las víctimas en ellas. Sin querer detenernos sobre el ergástulo de los fratricidas que recubren lo ocioso, lo pernicioso, lo injusto y lo macabro...

Tu voz femenina transita hacia otros signos de la palabra, para querer transformar seguramente tu historia, la de otros. Allá te encarnas en las circunstancias esencialmente elegidas por este pasado. Los de ayer, los otros y los de aquí. Te digo que la historia distingue el presente y el pasado en los hechos de la memoria…, Sí, Esther, los hombres hacen su propia historia. Sé que en nuestro tiempo seguirás vertiginosamente emergiendo sin desentendernos del presente. Ante ello, se asoma a mis ojos tu leve sonrisa, la indígena, la madre, la partera, la líder, la campesina que, sin enterrar la palabra junto a otros, seguirán desde su pensamiento dando señales de vida.

Te digo: lejos de ser cautivos de un pasado escabroso, pongámonos al servicio de la justicia en la piel de la memoria y caminemos justo en la frontera del presente ante el horror del pasado. En esa frontera del presente es necesario proseguir más allá, ante la astucia de un charlatán, maligno, burlador, despellejador, culebrero, homicida que fermenta el aliento desde su nicho hacia una mezcolanza de frívolos, ociosos, átomos pasivos, recaudadores de tesoros mal habidos, parásitos, fanáticos del dinero, petrificadores de la ley, de la historia, todos acumulando depósitos personales bajo su figura ‘patriarcal’, sin duda cubriendo su propia miseria bajo la baba de palabras y actos pedidos...
Publicado enEdición 149
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